Ab Initio, Nm.
8 (2013)
VV.AA.
Perspectivas historiogrficas sobre
PERSPECTIVAS HISTORIOGRFICAS SOBRE LA
COLONIZACIN GRIEGA*
HISTORIOGRAPHICAL PERSPECTIVES UPON
GREEK COLONIZATION
Estefana Alba Benito Lzaro, Manuel Alejandro Cruz Martnez, Elisa GmezPantoja Gemes, Mara Pontn Choya, Antonio Rodrguez Fernndez
Alumnos de 5 de Licenciatura de Historia (UCM)
Resumen: Anlisis del problema
histrico de la colonizacin griega de
poca arcaica en Occidente desde el
punto de vista de cinco tendencias
historiogrficas actuales: Positivismo,
Marxismo, Estructuralismo, Posmodernismo y Poscolonialismo. Comentario
de los diferentes mtodos interpretativos
que emplea cada una de ellas en relacin
con el objeto de estudio en cuestin.
Abstract: Analysis of the historic
problem
which
Archaic
Greek
colonization of the West represents,
from the point of view of five current
historiographical tendencies: Positivism, Marxism, Structuralism, Postmodernism,
and
Postcolonialism.
Commentary on the different methods of
interpretation that each of them uses
regarding the studied issue.
Palabras clave: Colonizacin griega,
poca arcaica, tendencias historiogrficas, historiografa, Positivismo,
Marxismo, Estructuralismo, Posmodernismo, Poscolonialismo.
Key words: Greek colonization, Archaic
Age, Historiographical Tendencies,
Historiography, Positivism, Marxism,
Structuralism, Postmodernism, Postcolonialism.
Para citar el artculo: VV.AA., Perspectivas historiogrficas sobre la colonizacin
griega, en Ab Initio, Nm. 8 (2013), pp. 45-86, disponible en www.ab-initio.es
Recibido: 19/10/2012
Aceptado: 15/01/2013
INTRODUCCIN
La imagen del arquelogo intrpido que, ataviado con una sahariana caqui, asiste
maravillado a un hallazgo grandioso del pasado ms remoto ha llegado a
convertirse en una tpico recurrente de la percepcin generalizada sobre qu es la
historia a da de hoy. No puede negarse que esta visin, difundida con
generosidad, supone cierto fracaso en la comunicacin que toda ciencia ha de
tener con la sociedad, pues de ella se infiere la presuncin de que la historia no es
ms que la reconstruccin, ms o menos precaria, de un pasado esttico que est
esperando a ser descubierto. El papel del historiador queda relegado, de esta
manera, al de un simple compilador de datos que los gestiona de la forma ms
atinadamente posible, de ah que normalmente se acente la memoria como su
herramienta bsica.
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Pero nada ms lejos de ello, tal y como tenemos intencin de reflejar en el
presente artculo, la historia es una ciencia viva, dinmica, cuya interpretacin
depende de numerosos condicionantes del pasado y del presente, del elemento
vertebrador de la ideologa. Al fin y al cabo, la historia difcilmente puede ser
total al no existir un pasado absoluto, sino obediente a diferentes premisas de
base, a distintas formas de procesar la realidad. Aunque normalmente, por
cercana, se tiende a pensar en la historia contempornea como un periodo de
estudio con mayores connotaciones polticas, stas se extienden por cada poca
analizada como elemento inherente de nuestra ciencia. Por supuesto los siglos de
la colonizacin griega, que tan distante pueden parecernos, tampoco sern una
excepcin en este sentido tal y como tendremos oportunidad de comprobar.
Las tendencias historiogrficas que hemos elegido para evidenciar las enormes
posibilidades de interpretacin positivismo, marxismo, estructuralismo, postmodernismo y post-colonialismo sirven de repaso para un largo devenir
historiogrfico. Debe advertirse que cada una de ellas no es un conjunto aislado y
hermtico, ni una herramienta neutra que el historiador elige segn las
circunstancias, sino grandes nociones abstractas con elementos de convergencia y
divergencia. A travs de ellas podremos adentrarnos en la problemtica de la
historia y su eterno dilogo con el pasado, pues hablan de las genuinas
concepciones del mundo que conviven y combaten en nuestro tiempo.
I. POSITIVISMO
El positivismo se caracteriza por entender y definir la Historia como el relato o la
recopilacin de una serie de acontecimientos sucedidos en el pasado transmitidos
a travs de las fuentes escritas. Precisamente por esta concepcin, los positivistas
consideran que el dato aporta un conocimiento absoluto ya que informa y permite
comprender la Historia. En este sentido, la labor del historiador, segn el
planteamiento positivista, consiste en recopilar informacin y, a travs de los
distintos mecanismos de difusin, disponer de los resultados de la investigacin
histrica1.
A pesar de que la mayora de los autores que se han manejado para este captulo
coinciden con esta idea y con la utilizacin de dichas fuentes, existen algunas
divergencias, o variantes que se observan sobre todo a medida que nos acercamos
a nuestros das. Son cada vez ms los autores positivistas que tienen en cuenta
otro tipo de fuentes, sobre todo tras el surgimiento de la Nueva Arqueologa y de
* Este artculo es el resultado de un trabajo desarrollado en el marco de la asignatura Tendencias
Historiogrficas Actuales. Historia Antigua, impartida por la Dra. M Cruz Cardete, cuyo
asesoramiento y coordinacin han sido esenciales a lo largo de todo el proceso. La iniciativa ha
contado con el apoyo del Departamento de Historia Antigua de la Facultad de Geografa e
Historia de la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
1
KOLAKOWSKI, Leszels, La filosofa positivista, Madrid, 1979, p. 262; LPEZ SNCHEZ,
Jos Mara, La historiografa europea del siglo XIX, en dem, Las ciencias sociales en la edad
de plata espaola: el Centro de Estudios Histricos, 1910-1936, Tesis Doctoral, Madrid, UCM,
2004, pp. 319-328.
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otras tendencias historiogrficas que de una forma u otra han influenciado a los
historiadores2.
El Positivismo enfoca la colonizacin griega a travs de la utilizacin de las
fuentes que ms a mano tenemos, tanto literarias como arqueolgicas. Por una
parte, las fuentes escritas constituyen para ellos un testimonio de un valor
incalculable, ya que se entienden como el fruto de un proceso de
experimentaciones histricas acontecidas en el pasado, que han sido tanto
transmitidas por los autores clsicos como compartidas. En cuanto a las fuentes
arqueolgicas, aunque de ellas se extrae informacin relevante, es minoritaria su
importancia dentro de la vertiente ms tradicional, si bien es complementaria con
aquello que se puede obtener de las fuentes escritas y es aplicable para conocer los
diferentes elementos que conforman una entidad cultural.
Los positivistas consideran que las fuentes sirven para recopilar la informacin
del pasado, algo que, segn ellos, el historiador realiza sin valoraciones, de forma
objetiva, de modo que, en palabras de Fustel de Coulanges, la Historia se hace
con textos o, segn Langlois (1876-1929) y Seignobos (1854-1942), los
documentos son irreemplazables; sin ellos, no hay Historia3. Pero esta no implica
que los textos antiguos puedan ser cuestionados, en cuanto a su veracidad y su
contenido.
La primera virtud del historiador tena que ser el espritu crtico: todo
documento, todo testimonio sera, para empezar, objeto de sospecha; la
desconfianza metdica es la forma que tomara, aplicado a la historia, el
principio cartesiano de la duda metdica, punto de partida de toda ciencia;
sistemticamente uno tendra que preguntarse ante cualquier documento:
pudo el testigo engaarme?, quiso engaarnos?4.
Una de las problemticas para estudiar el Positivismo como tendencia
historiogrfica es que ellos mismos no se consideran como tal. Sin embargo,
desarrollan para su labor un tratamiento de los datos y una catalogacin, y por lo
tanto, inconscientemente, en el desarrollo de dicha sistematizacin establecen una
serie de principios metodolgicos por los cuales no siempre tiene que darse un
consenso entre los historiadores. Al tratar los datos, incluso inconscientemente, el
historiador introduce unas ideas propias que convierten el dato en una
interpretacin, de modo que a pesar de no aceptarlo, el Positivismo tambin se
puede asimilar como una tendencia concreta.
En el caso de John Boardman (1975) que abarca tambin otro tipo de fuentes, sobre todo
arqueolgicas. Le consideramos un autor interesante para destacar este punto de vista, ya que en
su obra queda justificada con el empleo fundamentalmente la arqueologa para explicar la
existencia de los colonos griegos puesto que su arqueologa propiamente dicha va unida a
la de la metrpoli.
3
LANGLOIS, Charles Vctor, SEIGNOBOS, Charles, La bsqueda de documentacin
(heurstisca), en dem, Introduccin a los estudios histricos, Salamanca, 2003, p. 59.
4
MARROU, Henr-Irne, El conocimiento histrico, Barcelona, 1999, p. 79.
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A pesar de que los historiadores positivistas no se consideren a s mismos como
parte de una tendencia, hoy en da es difcil identificar a un investigador como
puramente positivista, ya que lo que predomina es el prstamo de pequeas ideas
de diversa procedencia, ideas que se han filtrado y que son aplicadas
inconscientemente por las personas y por los autores sin asumir que son aspectos
procedentes de corrientes historiogrficas. Existen autores en la actualidad que no
se posicionan en una sola tendencia, sino que, simplemente, han seleccionado
varios aspectos de algunas de ellas y han confeccionado su obra, seguramente sin
intencin alguna de inclinarse hacia una tendencia u otra.
A travs de las fuentes
Para el estudio de la colonizacin los positivistas han empleado mltiples obras de
autores clsicos que reflejan claramente la importancia del fenmeno colonial
griego. De entre los autores antiguos, Victor Duruy5, al hablar de la colonizacin
jnica como la ms importante de todas, se sirve de Herdoto (I, 162) como la
nica fuente literaria de verdadera importancia porque constituye la primera
narracin detallada sobre la historia griega arcaica. Pero otros autores positivistas
tambin tienen en cuenta testimonios como los de Tucdides, Estrabn y
Pausanias, sobre todo para referirse al mbito geogrfico de las colonias, junto
con la corroboracin de otros datos tales como la datacin de la fundacin de un
determinado asentamiento o el referido a un hecho histrico o legendario. Lo
mismo ocurre con John Boardman6, quien destaca a Hecateo de Mileto como una
persona interesada por la geografa y por las leyendas.
Siguiendo la metodologa positivista, la colonizacin se vera como el fenmeno
migratorio por el cual, debido a numerosos factores, los griegos civilizaron al
elemento brbaro, es decir, al indgena, beneficindose, a su vez, de las relaciones
que se establecieran entre ambos. Utilizando los textos, Duruy, adems de
constatar la colonizacin a travs de la existencia de diversos dialectos extranjeros
en Asia segn Herodoto, enumera numerosas causas que impulsaban las
emigraciones de los griegos, sin detenerse en su explicacin: religin, carcter,
posicin geogrfica, revoluciones interiores y exceso de poblacin; y ms
adelante el deseo de extender las relaciones polticas de la madre patria, y de
ocupar en su nombre y en lejanas tierras, puntos de apoyo para su dominacin o
su comercio7.
Las causas principales que ms destacan los autores positivistas son el alto nivel
demogrfico de una regin o la bsqueda de rutas comerciales8. El modo en que
se refieren a estas causas es aludiendo a relatos concretos sobre fundaciones de
5
DURUY, Victor, Historia de Grecia, Barcelona, 1859, p. 187.
BOARDMAN, John, Los griegos de ultramar: comercio y expansin colonial antes de la era
clsica, Madrid, 1975, p. 30.
7
DURUY, V., Opus Cit., p. 187.
8
FINLEY, Moses I., La Grecia primitiva. Edad del Bronce y Era Arcaica, Barcelona, 1987
(1984), pp. 112-118; BERMEJO BARRERA, Jos C., Grecia arcaica: la mitologa, Madrid,
1996, p. 5.
6
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colonias, como la de Naxos o la de Naucratis, de la que Boardman menciona su
caso particular, siendo una sequa la que llev a los agricultores de Cirene a
emigrar.
Los griegos se asentaron en Cirenaica al mismo tiempo que en Egipto; pero,
si bien los de Naucratis eran mercaderes, los de Cirene eran agricultores.
Una severa sequa en la patria les haba llevado a buscar nuevos lugares en
ultramar. El camino les fue facilitado por mercaderes que haban visitado ya
antes el norte de frica, y el establecimiento de colonias all tena una
considerable valor comercial9.
Es habitual encontrar en los manuales y en obras que tratan un tema especfico
una referencia al famoso Orculo de Delfos y su papel en la colonizacin, ya que
el sitio en que haba de levantarse una poblacin deba de ser elegido y revelado
por la divinidad, segn relatan las fuentes. Pero es interesante ver cmo un autor
tradicional como Duruy aplica su propia interpretacin al querer sealar que el
orculo no slo sirvi para consultar el lugar y el momento adecuados para fundar
una colonia o incluso ordenar la fundacin, sino tambin para resolver disensiones
entre pueblos buscando, tal y como comunica la Pitia, un legislador que dictase
las leyes con la finalidad de establecer un cierto orden universal10.
Otro elemento que se destaca a travs de esta tendencia es la importancia de la
geografa para los griegos. Ya que las causas planteadas para la colonizacin se
vinculaban con la economa y la agricultura, la eleccin del territorio se interpreta
como vital.
En primer lugar, encontrar una posicin defendible: acrpolis escarpada,
pennsula e isla cercana a tierra firme, y este ltimo emplazamiento es el que
sin duda haba sido ya buscado por los mercaderes que trataban con los
indgenas. En segundo lugar, asegurarse de tener a mano buena tierra
cultivable para mantener a la comunidad creciente11.
No slo consideran la bsqueda de tierra adaptable para el cultivo importante sino
tambin la presencia de ros, como un vehculo de comunicacin social y
comercial y un elemento til para moverse e ir explorando el lugar desconocido.
Hay adems otros factores que se argumentan a travs del relato de la fundacin
de la colonia de Massalia, ciudad comercial importante, donde aprovecharon el
curso del Rdano que comunicaba las Islas Britnicas, lugar de procedencia del
estao12.
BOARDMAN, J., Opus cit, p. 162.
DURUY, V., Opus cit., p. 193.
11
BOARDMAN, J., Opus cit., p. 171.
12
DURUY, V., Opus cit., p. 195.
10
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Diversos mbitos de estudio en el positivismo
La interpretacin juega un papel fundamental en muchas obras positivistas,
aunque esto no se reconozca. Para demostrarlo, plantearemos diferentes formas de
entender la relacin entre griegos e indgenas, que se pueden extraer de obras
tradicionales. Una primera postura, plantea que los indgenas se muestran reacios
ante la llegada de gente procedente de otras tierras y, sobre todo, al observar que
su intencin era la de asentarse de forma permanente. Dicha intencin provoc
ciertos enfrentamientos, alcanzando incluso un final fatdico ante, como afirman
los positivistas, la superioridad griega 13 . Para justificar esto, utilizan la
informacin de Herdoto (I, CLXX) quien nos cuenta que los Carios, despus de
haber habitado mucho tiempo en las islas, fueron arrojados de ellas por los
Jonios y Dorios, y se pasaron al continente.
Otro punto de vista, contrario a la situacin anterior, plantea la coexistencia
pacfica, es decir, a travs del intercambio de productos y de bienes cuyo
resultado era el beneficio mutuo, se permita la presencia griega en el lugar. Un
ejemplo explicativo utilizado por Boardman es el impacto inmediato de las ideas y
de la cultura griega en los sculos. A travs de la arqueologa, se han encontrado
en muchos emplazamientos sculos vasos que son indgenas por su forma pero
griegos por su decoracin, y figuritas de bronce y arcilla, en las que se revela una
interesante mezcla de estilos14. Junto a este intercambio de estilos, tambin cabra
esperar alguna influencia indgena sobre los griegos, pero esta se limita al ajuste
de pesos para el comercio, segn esta interpretacin. Existen planteamientos ms
recientes, como el de E. Ciaceri, en sus tres volmenes de Storia della Magna
Grecia, donde se otorga ms importancia al papel de los indgenas 15 . Sin
embargo, Dunbabin, quien recupera la idea indigenista a mediados del siglo XX,
reconoce slo la presencia activa de los indgenas cuando estos ya se encuentran
los suficientemente helenizados como para compartir las premisas culturales
griegas16.
Por ltimo, otra visin se refiere a las relaciones mantenidas entre la colonia y la
metrpoli, donde el lazo de unin se mantena debido al empleo de las
instituciones de la madre patria, a pesar de la autonoma de la que gozaban los
colonos. Esta interpretacin es argumentada a travs de los datos sobre la eleccin
de un jefe 17 por parte de la metrpoli encargado de organizar el nuevo
emplazamiento colonial.
Si bien se plantea una visin de la historia muy concreta y objetiva, queda claro a
primera vista que la interpretacin juega un papel evidente. Sin embargo, el aporte
13
DURUY, V., Opus cit., p. 188.
BOARDMAN, J., Opus cit., p. 196.
15
CIACERI, Enmanuele, Storia della Magna Grecia, Vol. I-III, Roma, 1966.
16
DUNBABIN, T. J., The western Greeks: The history of Sicily and South Italy from the
foundation of the Greek colonies to 480 B.C, Oxford, 1968.
17
DURUY, V., Opus cit., p. 197.
14
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positivista para la investigacin de este tema debe medirse en cuanto al trabajo de
compendio, bsqueda y restauracin realizado durante dcadas, que nos permite
hoy contar con una larga lista de textos y referencias a las cuales acudir. Aunque
la propia corriente, a pesar de ser dominante en el mundo acadmico, se muestra
hoy poco atractiva por su rechazo a la interpretacin, el legado que nos deja en
forma de grandes obras y textos clsicos es de incuestionable valor para el resto
de tendencias, y debemos tenerlo presente a la hora de revisar su labor.
II. MARXISMO
Hemos visto ya la importancia que el positivismo ha tenido en la creacin de las
grandes compilaciones del saber. Pero si bien es cierto que este trabajo titnico ha
alimentado los trabajos histricos de las diferentes tendencias que, sin duda, lo
habran encontrado bastante menos estimulante , por otro lado, se han visto
inevitablemente condicionadas por el sesgo poltico que implican estas nociones y
periodizaciones. Desde la ptica marxista clsica incluso la diferenciacin estricta
de colonizacin y relacin causal resulta conflictiva. La razn de esta aparente
incongruencia estriba en el determinismo economicista que vertebra la
consideracin de este proceso como necesario e inevitable por las propias
necesidades materiales de las metrpolis para la supervivencia. As pues, la
colonizacin y sus causas se relacionan de forma intrnseca:
En los antiguos Estados, en Grecia y Roma, la emigracin coercitiva que
tomaba la forma del establecimiento peridico de colonias constitua un
permanente eslabn en la cadena social. Todo el sistema de esos Estados se
hallaba edificado sobre la determinada limitacin numrica de la poblacin,
que no se poda superar sin someter a un peligro la existencia misma de la
civilizacin antigua. Mas cul era la causa de ello? Pues que a estos Estados
les era completamente desconocida la aplicacin de las ciencias naturales a
la produccin material. Slo mantenindose en exigua cantidad podan
conservar su civilizacin. En caso contrario, se hubieran convertido en
vctimas del pesado trabajo fsico, que en aquel entonces transformaba a un
esclavo en ciudadano libre. El deficiente desarrollo de las fuerzas
productivas colocaba a los ciudadanos en dependencia de una determinada
correlacin cuantitativa que era imposible violar. Y debido a ello, la nica
salida era la emigracin coercitiva18.
La sociedad se concibe de esta manera como un gran organismo, un aparato de
relojera cuya maquinaria interna se articula segn la relacin de la sociedad con
la naturaleza. Es por esta razn que no debe sorprendernos el tono atemporal del
aserto, pues todo fenmeno est determinado por las leyes que imperan en la
infraestructura econmica. En este sentido, y aunque pueda resultar paradjico,
las causas de la colonizacin seran, por una parte, los problemas recogidos de las
fuentes en convergencia con el positivismo: la falta de tierras, el hambre, etc.;
aunque con el tratamiento propio de la anatoma social de Marx, esto es, las clases
18
MARX, Karl, ENGELS, Friedrich, Obras, Tomo IX, Madrid, 1975, p. 278.
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y la dialctica opresor-oprimido como punto de divergencia con el positivismo, en
donde s se evitan en la medida de los posible los marcos tericos sujetos a la
interpretacin subjetiva.
En contrapartida, el factor comercial resultara inconcebible, pues el comercio
requiere la existencia de superproduccin. Sin embargo, el excedente dentro de
este esquema resulta impensable por la economa de subsistencia derivada de las
limitaciones tecnolgicas a la hora de aumentar la explotacin y transformacin
de la naturaleza, en suma, la productividad19. Por tanto, el comercio slo podra
entenderse como consecuencia y no como causa de la colonizacin. Una vez esa
presin coercitiva disminuye, las nuevas tierras aportadas por las colonias
permiten el nacimiento de nuevas clases sociales, fruto asimismo del proceso
dialctico. Haciendo una transposicin perfectamente asumible desde el marxismo
clsico, por la cualidad atemporal de las leyes economicistas, dice el Manifiesto
comunista: de los siervos de la Edad Media surgieron los vecinos libres de las
primeras ciudades; de este estamento urbano salieron los primeros elementos de la
burguesa 20 . Desde esta ptica, el comercio se habra desarrollado con
posterioridad dando un proceso social anlogo, la aparicin de comerciantes como
clase social emergente. La presencia de los artesanos, normalmente identificados
con los demiurgos, sera un elemento social reducido en el periodo
inmediatamente anterior al inicio de la colonizacin, pues la base econmica a
travs de la cual se articula el modelo de sociedad segn esta visin es casi
exclusivamente agraria, fundamentalmente agrcola. Este pequeo estamento
estara formado por artesanos que fabrican los enseres cotidianos a nivel local y
una pequea minora especializada al servicio de la oligarqua terrateniente. Esta
es la razn, potencialmente econmica, por la que normalmente se prescinde
desde el marxismo clsico del comercio como posible factor causal, que ms tarde
se dinamiza con la potenciacin de las rutas comerciales y el consiguiente auge de
las manufacturas, de la explotacin de recursos mineros21, etc.
En segundo lugar se encuentran las causas que encajan ms bien, se hacen
encajar en este modelo terico osificado, como mecanismo necesario dentro de
su concepcin histrica, encuentren o no testimonios en las fuentes. Tal es el caso,
por ejemplo, del elemento poltico que aparece levemente en las explicaciones,
siempre imbuido de pretenciosidad. Escribe Struve el proceso formativo de polis
se cumpla en Grecia en las condiciones de una aguda lucha poltico-social. Los
que iban siendo derrotados en tal lucha se dirigan generalmente en busca de
refugios a pases extraos22. Un argumento que nace, por tanto, de la presuncin
19
No as la produccin, pues el hecho de la colonizacin como un fenmeno impuesto
econmicamente implica que la produccin haya llegado a su mximo segn sus capacidades de
explotacin.
20
MARX, Karl, El manifiesto comunista y otros ensayos, Madrid, p. 29.
21
Para una reflexin interesante sobre la naturaleza de la economa en la antigedad en lo
relativo a produccin, distribucin y consumo, Vid. GONZLEZ WAGNER, Carlos, Precios,
ganancia, mercados e historia antigua, en Kokalos, Nm. 4 (1995), pp. 797-822.
22
STRUVE, Vassili V., Historia de la Antigua Grecia, Madrid, 1986 (1974), pp. 161-162.
52
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natural del conflicto inter-clasista ante las tensiones de naturaleza econmica, con
la consiguiente negativa una vez ms del plano mental dirigido al control social.
No es, sin embargo, tan importante la dominacin efectiva como la percepcin
que pudieran tener de ella los dominados. Y es que la frase que abre el primer
captulo del Manifiesto Comunista no puede ser ms reveladora en este sentido:
La historia de todas las sociedades hasta nuestros das es la historia de las luchas
de clases23. No ser hasta Gramsci cuando empiece a cuestionarse, dentro de su
estrategia poltica para alcanzar la sociedad utpica, la realidad hasta entonces
obviada de otros factores que pudieran impedir que tal conflicto preconcebido
hiciera saltar el resorte del automatismo: la ideologa. Y es que el efecto inhibidor
para la liberacin de la humanidad, como ms tarde potencia definitivamente el
neomarxismo de la escuela de Frankfurt, puede ser tanto ms poderoso que las
propias circunstancias materiales una vez se naturalice en la sociedad.
Desde esta perspectiva pueden apreciarse as nuevas relaciones causales de la
colonizacin, unas ms explcitas que otras. Tal es el caso de las referencias
salpicadas en las fuentes a diezmos dados como ofrenda humana a la divinidad
en buena parte a Apolo y su vinculacin con el orculo de Delfos, que deben
partir para poblar la nueva fundacin. Por ejemplo:
Regio es una fundacin de los calcidios, que de acuerdo con un orculo y a
causa de una hambruna se ofrecieron a Apolo en concepto de diezmo, y
luego cuentan que desde Delfos fueron enviados hasta aqu a colonizar,
trayendo consigo tambin a algunos otros de sus compatriotas24.
No habra por tanto aqu dudas desde el neomarxismo en cuanto a la forma en que
la religiosidad llega a supeditarse a los intereses de la oligarqua, legitimando su
partida con el argumento solemne de la voluntad divina. La duda radica en la
cuestin de hasta qu punto estos argumentos pudieran construirse en el presente
de la colonizacin por los mencionados intereses o bien pudieran llegar a
naturalizarse en el binomio ciudadana-religin actuando con independencia. Esta
consideracin es importante puesto que, el hecho de actuar en el plano mental
autnomamente implica la posibilidad de su pervivencia desligndose del origen
ms material del fenmeno, para integrarse en el mbito cultural como
contradiccin en el proceso dialctico.
La composicin social de la colonia
La colonia, con su fundacin, supone el nacimiento de un nuevo estado que, si
bien mantiene vnculos siempre vigentes con la metrpoli, consta de una
organizacin poltica autnoma. Quizs sea interesante hacer aqu, al menos, una
aproximacin acerca de cmo el marxismo entiende el establecimiento de lo que
paulatinamente ir fragundose como la oligarqua local, que hunde, o hace
hundir, sus races en el oikists. Las teoras generales acerca de la formacin de
23
24
MARX, K., Manifiesto, p. 27.
Estrabn, VI, 1, 6.
53
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los estados, ms an cuando estn imbuidas de posturas marxistas clsicas, suelen
tender a conceptos evolucionistas en su explicacin. De esta manera, ya presente
en la historiografa alemana decimonnica, el estado se erige en el nivel de
organizacin lgico dentro de la concepcin organicista que, con leves pinceladas
darwinistas, se eleva teleolgicamente a una etapa natural del proceso social. El
marxismo enfatiza la creacin del estado como forma evolucionada de los lazos
de dominacin para consolidar un orden social fundamentado en la desigualdad.
La diferencia radica, como apunta Vctor Fernndez, en entender dicho proceso en
base a la complejidad o bien a la desigualdad a lo que podramos aadir la
dominacin: Complejidad sugiere una actitud descriptiva, objetiva y racional
sobre un fenmeno natural e inevitable, mientras que desigualdad insina por el
contrario una actitud interpretativa, subjetiva y emotiva sobre un fenmeno social
y por lo tanto contingente y evitable. Mientras la primera produce conformidad de
un trabajo cientfico bien hecho, la segunda induce a la justa indignacin y empuja
a la accin poltica an pendiente25.
Esta digresin sobre la creacin de los primeros estados quizs pueda parecer
anecdtica en relacin con la fundacin de las nuevas colonias, pues stas
responden a realidades distintas. Sin embargo, s puede ser til para la reflexin
acerca de las formas anlogas en que una nueva entidad poltica, desde el
neomarxismo, busca legitimarse como orden poltico, social y econmico natural
e incuestionable; y el oikists como cspide de la pirmide social requiere
revestirse igualmente de los smbolos de la sacralidad. Un nuevo estado necesita
renovar y construir de esta manera el entramado ideolgico que, bajo la forma de
derivado opiceo, explica su propia realidad. No ser hasta despus de la II
Guerra Mundial cuando el neomarxismo, que renueva el inters por los escritos
del Marx joven, se detenga en estos aspectos de la superestructura que haban
quedado velados en el Marx maduro de El Capital con tan slo algunas
referencias salpicadas como la clebre frase la religin es el opio del pueblo, pero
criticando igualmente a los socialistas utpicos por un voluntarismo que se
anticipaba a las circunstancias materiales u objetivas.
La mayor parte de los estudios historiogrficos dedicados a la exploracin del
mbito socioeconmico han centrado su inters en clasificar nunca mejor dicho
la sociedad arcaica en funcin de la tenencia de los medios de produccin: de
esta manera la distinta posesin de la posesin rural llega en lo esencial a
determinar la posicin econmica y social de las personas26. Este determinismo
econmico que vertebra lo social imposibilita la existencia de otras realidades que
podran ampararse en el mbito cultural como, por ejemplo, oficios de prestigio
como el rapsoda, el curandero, el squito de la aristocracia, etc. Siguiendo esta
lgica, en los primeros tiempos de la colonizacin la dualidad social se
fundamenta en funcin de la distribucin asimtrica de las tierras haciendo una
25
26
FERNNDEZ, Vctor, Una arqueologa crtica, Barcelona, 2006, p. 111.
GSCHNITZAF, Fritz, Historia social de Grecia, Madrid, 1987, p. 58.
54
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Perspectivas historiogrficas sobre
cierta transposicin del esquema social metropolitano a la colonia, una asimetra
que tiende a agudizarse con el tiempo.
Sin embargo, los problemas epistemolgicos derivados de la falta de fuentes
resultan especialmente graves cuando una tendencia que, como el marxismo,
entiende la articulacin de la sociedad en base a la propiedad, se sumerge en el
agitado debate acerca de la posibilidad de propiedades comunales. Esta discusin
nace del giro interpretativo sobre las obras homricas. Hasta entonces, por influjo
del desdn potico del positivismo hacia las obras que no narraran explcitamente
un contenido especfico y rastreable, Homero haba escrito, o descrito, una
aproximacin distorsionada por la oralidad del mundo micnico en que se
integran los acontecimientos de Troya. Pero cmo no entender a Homero sin su
presente? No es acaso, ms all de entretener a la audiencia, una estampa de la
percepcin del pasado, de su memoria colectiva? Al margen del debate,
perfectamente comprensible por la enorme complejidad de las obras homricas,
desdear la nica fuente escrita que, junto con Hesodo, contamos del periodo que
nos ocupa sera un sacrificio difcilmente asumible y, podramos decir, hasta
temerario. Sin ir ms lejos en este sentido, la intencin de estas ltimas lneas va
dirigida a exponer la sensibilidad latente del materialismo histrico y su teora
social ms esquemtica, que se ve notablemente trastocada por unas leves
alusiones a propiedad comunal en la Ilada:
Por el contrario, como dos hombres rien por unos mojones / en un
labranto comunal con los instrumentos de medir en la mano / y en un
reducido espacio disputan por una particin igual27.
En cualquier caso, y ante la imposibilidad de conocer si estas propiedades
colectivas se transfirieron culturalmente a las colonias28, el marxismo imprime su
nfasis en que independientemente de si esta forma de propiedad pudo existir en
sus orgenes, en cualquier caso, la dinmica socioeconmica habra ido
imponiendo la concentracin de tierras en una minora hasta conformar la
anatoma social que ya se observa claramente en poca clsica. Este periodo,
oscuro por la limitacin de las fuentes, es entendido como un trnsito desde
aquellas formas originales difcilmente reconocibles hasta el periodo liderado por
los euptridas y la creciente esclavitud por deudas que la legislacin de Soln
tratar de reconducir. En suma, el desarrollo de las estructuras de dominacin, de
la alienacin de la humanidad tan slo entendida en la distribucin desigual de los
bienes y de las propiedades. Y frente a la conciencia de clase, el anhelo por la
propiedad y la posicin inasequible de unas lites cubiertas por los ropajes de la
dignidad, de la fortuna al gozar del favor de los dioses y de la tradicin.
27
Ilada, XII, 421-423.
La existencia de propiedad individual existe en cualquier caso y su compraventa con
regularidad se insina en la obra de Hesodo: debes contar con la gracia y el favor de los dioses
para que puedas comprar la parcela de otros, y no otros la tuya (Erga, 341).
28
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Los vestigios legados del pasado siempre han estado condicionados por la propia
realidad social de forma evidentemente desigual. La mayor parte de esta herencia
arqueolgica y textual empuja, de esta manera, a una lectura histrica ciertamente
mediatizada por este hecho hasta el punto de imbuir todos los estudios histricos
hasta bien entrado el siglo XX y, podramos decir, hasta el presente. Incluso
los intentos que, como novedad capital, introduce el marxismo para la
comprensin de la historia en un sentido social ms amplio, han de pasar
igualmente por el tamiz de los narradores de la pica aristocrtica, de los poetas
refinados o de la decoracin de la cermica de prestigio.
El inters por el oprimido, por el olvidado, elemento omnipresente a lo largo de
toda la evolucin del marxismo, est bellamente representado en la estampa de W.
Benjamin del historiador como el trapero que ha de recomponer de los jirones de
la historia la memoria de las mayoras obviadas, o expresamente silenciadas29. Las
excepciones que dan voz ms directa y explcita de la mayora social
posiblemente sean la epigrafa y los grafitos sin apenas testimonios para el
periodo de la colonizacin . Y es que incluso la concepcin del poder y la tesis
del pensamiento dominante desde el materialismo histrico, aunque pueda resultar
paradjico, han jugado en ocasiones a favor de la omisin de otras realidades
mentales en el elemento social difuso que podemos denominar el pueblo.
Tradicin, religin y poder
En este apartado se busca exponer, a travs de algunos aspectos y ejemplos
especficos, las formas en que desde el marxismo se ha entendido el plano de las
mentalidades, en relacin intrnseca con las nociones de poder y de dominacin en
las colonias; tambin, por supuesto, del elemento socioeconmico en su base.
Dentro de la dilatada evolucin terica marxista el componente ideolgico que
haba quedado subsumido en el marxismo clsico adquiere, con la escuela de
Frankfurt, la importancia que antes se le haba negado. Estas nuevas
concepciones, como bien puede imaginarse, suponen una torsin profunda del
entendimiento del proceso histrico y, sobre todo, de su finalidad como
instrumento que acta en aras de la transformacin social.
Estos replanteamientos, que revitalizaron nuevas perspectivas historiogrficas e
histricas , si bien han servido para una profunda reflexin acerca de las lgicas
ideolgicas que imbrican la sociedad contempornea de forma sistmica 30 , en
ocasiones encuentran una difcil adecuacin a aquellos periodos lejanos del sesgo
29
BENJAMIN, Walter, La dialctica en suspenso: Fragmentos sobre historia, OYARZN
ROBLES, Pablos (Trad.), Santiago de Chile, 2009, p. 117.
30
Por ejemplo, la percepcin de los objetos en nuestra sociedad que ms tarde estudia
Braudillard en El sistema de los objetos desde el postmodernismo: el fetichismo de la mercanca
o la fantasmagora de la que habla W. Benjamin, a travs de las cuales la mercanca consigue
presentarse desligada de su proceso productivo al consumidor, como si fuera autnoma, sin
huella de su realizacin humana, como ideal de felicidad o, mejor dicho, como autorrealizacin
personal con su compra.
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normativo de la Ilustracin contra el cual se articula la crtica, ms an si
sumamos la reducida disponibilidad de las fuentes para el universo mental de la
colonizacin. No existen as, los grandes ideales abstractos de progreso, de
evolucin, de desarrollo, sobre los cuales se habra construido la legitimacin, o el
pretexto, hasta conducir a se desencanto del mundo que entona Weber en su
metfora de la Jaula del hierro y que el neomarxismo recupera 31 . La base
fundamental del proceso dialctico radica en la relacin del hombre con la
naturaleza, que en ocasiones suele identificarse de forma un tanto reduccionista
con la economa32 por nuestras propias percepciones desde la vida urbana en un
mundo globalizado.
Esa vocacin transformadora del hombre sobre la naturaleza sera, desde la
perspectiva del materialismo histrico, el trabajo y las relaciones de produccin
que de l se derivan. Hago esta aclaracin para una mejor comprensin de cmo,
partiendo de Marx, el neomarxismo ha entendido la esencia ideolgica en esta
dialctica nacida de la pulsin entre la naturaleza y la humanidad. Resulta
especialmente interesante para el tema que nos ocupa cmo Horkheimer y Adorno
en su Dialctica de la Ilustracin, han concebido el sustrato ideolgico en el mito,
rastreando las huellas de algunas nociones de la Ilustracin hasta en el relato pico
de los poemas homricos y, en concreto, en Ulises33. Mientras otros protagonistas
de la guerra de Troya una guerra, ya de por s, personalista segn la narracin
eran descritos su actitud valiente, combativa, por su rapidez, etctera, a Ulises le
destacan por una cualidad especfica que se diferencia del resto: su astucia. No es
un buen guerrero, no destaca por sus combates individuales, su actitud es genuina
respecto al resto de los lderes griegos. Identifican a Ulises como la
caracterizacin esencial de la racionalidad, de la racionalidad entendida en el
mencionado pulso entre el hombre y la naturaleza. Parten de la tesis del mito
como primer sustrato de la Ilustracin. La Ilustracin desmitifica el conocimiento,
que ha de ser objetivo y, con ello, incuestionable; pero el mito asimismo serva en
el mismo sentido, para explicar el pasado y fijarlo con la mitologa, con la
religin, un contenido doctrinario compartido con el pasado eterno del
positivismo.
Independientemente de estas huellas de la Ilustracin, no existe una base para
consolidar un conjunto mental al vetusto tiempo de la colonizacin griega.
31
WEBER, Max, Ensayos sobre sociologa de la religin, Vol. I, Madrid, 1983, p. 165.
Una confusin que preocupaba curiosamente al mismo Engels en virtud de las crticas llovidas
con profusin hacia una teora social que tachaban de economicista y reduccionista, tal y como
puede observarse en una de sus cartas, enviada en 1890 a Ernest Bloch: Segn la concepcin
materialista de la historia, el factor determinante es, en ltima instancia, la produccin y la
reproduccin en la vida real. Ni Marx ni yo alguna vez hemos afirmado otra cosa. Si luego
alguien retuerce esta proposicin y le hace decir que el factor econmico es el nico
determinante, la transforma en una frase vaca, abstracta, absurda. (Fragmento tomado de la
obra VOVELLE, Michel, Ideologa y mentalidades, Barcelona, 1985, p. 9).
33
ADORNO, Theodor, HORKHEIMER, Max, Odiseo, o mito e ilustracin, en Dialctica de la
Ilustracin, Vol. 3, Madrid, 2007 (1981), pp. 57-91. Un anlisis de este excurso en GMEZ,
Vicente, El pensamiento esttico de Theodor W. Adorno, Madrid, 1998, pp. 31-35.
32
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Asumiendo las limitaciones existentes, el neomarxismo en la vertiente de lo ideal
ha desarrollado nuevas concepciones del poder que se alejan de los modelos ms
esquemticos y unidireccionales, de carcter vertical y con especial nfasis en el
estado, en la colonia-estado para este caso concreto. Estos vnculos de
dominacin, que se vertebran por todo el espectro ideolgico, simblico o
poltico, parten de una concepcin de poder que comparte cierto elementos con
los micro-poderes de Foucault, es decir, el poder no fluye simplemente desde la
infraestructura lo que supone un poder que se irradia nicamente desde la clase
privilegiada hacia los oprimidos, sino un poder laminado y aprehendido en un
sentido ms amplio de lo social34. Es decir, el neomarxismo observa la hegemona
ideolgica de una minora social que controla la mayor parte de los medios de
produccin, pero dicha ideologa cala en lo social hasta alcanzar un componente
cultural que acta autnomamente y que obtiene su aceptacin por los subalternos
a travs de una serie de instituciones enraizadas en la naturaleza incuestionable de
la religin, la moral y la tradicin. La asimilacin del orden social vigente no se
ampara, por tanto, en un mecanismo automtico desde la ms pura materialidad
como s conceba el marxismo clsico y puede observarse en la afirmacin de
Gschnitzef: la riqueza tambin otorgaba de forma inmediata una alta prestancia:
quien es rico pasa por ser feliz, por favorito de los dioses, por el hombre que hasta
ahora ha obrado cabalmente y en adelante actuar de manera atinada 35 . La
dominacin se ejerce, por tanto, desde una multiplicidad de elementos que se
alimentan recprocamente hasta conformar el pensamiento dominante, el sentido
comn, lo socialmente aceptado frente a lo antinatural. Se concibe as la
construccin o, siguiendo la terminologa de Hobsbawn, la invencin de la
tradicin.
Tradicin inventada se refiere al conjunto de prcticas, regidas normalmente por
reglas manifiestas o aceptadas tcitamente y de naturaleza ritual o simblica, que
buscan establecer ciertos valores, normas de comportamiento por medio de la
repeticin, lo que implica de manera automtica una continuidad con el pasado.
Las tradiciones sobre los orgenes remotos, mticos, de la fundacin colonial,
entran dentro de la misma lgica de otros procesos constructivos acerca del
pasado como argumento de autoridad: la veneracin hacia el padre fundador de la
colonia a Hesodo se le honra enterrndole junto al fundador de Orcmeno 36 ,o
la creacin de las genealogas aristocrticas que crean lazos mticos de parentesco
hasta entroncarse con los dioses, los hroes del pasado y el oikists. Las relaciones
sociales quedan mediatizadas por la religiosidad que impregna el mismo binomio
ciudadana-religin, desde las altas estructuras como el papel sancionador del
34
FOUCAULT, Michel, Vigilar y castigar, Siglo XXI, Mxico, 1977, p. 33: Ahora bien, el
estudio de esta microfsica supone que el poder que en ella se ejerce no se conciba como una
propiedad sino como una estrategia, y que sus efectos de dominacin no sean atribuidos a una
apropiacin, sino a unas disposiciones, a unas maniobras, a unas tcticas, a unos
funcionamientos, que se descifre en l una red de relaciones siempre tensas, siempre en
actividad: que se d como modelo la batalla perpetua ms que el contrato que opera una cesin o
la conquista que se apodera de un territorio.
35
GSCHNITZAF, F., Opus cit., p. 61.
36
Lo que se traslada a las colonias con el culto al oikists.
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orculo de Delfos hasta la cotidianeidad de los individuos los rituales, la moral,
etc. Cabe reconocer el predicamento que, en este punto, ha tenido la visin de
Althusser sobre la ideologa como la representacin de las relaciones imaginarias
de los individuos con sus condiciones reales de existencia37 aunque con posturas
dispares en la intensidad de la ligazn entre lo ideal y lo material38.
Todo este conjunto que he contenido bajo el ttulo Tradicin, religin y poder
condiciona igualmente las relaciones con los indgenas quienes, si bien constan de
formas sociales distintas en base a su modo de produccin desde el marxismo, se
ven paulatinamente condicionadas por la llegada de los colonos. La influencia se
ejerce, as pues, a travs de la denominada como dialctica negativa, por la cual la
sntesis no se entiende como producto de los opuestos, sino con la pervivencia de
contradicciones. Este modelo terico trasladado al contacto entre colonos e
indgenas tiende a posturas del mbito de la aculturacin, aunque con la
aplicacin de los modelos genuinos del marxismo. Por tanto, la aculturacin est,
desde esta perspectiva, profundamente mediatizada por el plano de la desigualdad,
por la asimetra entre los indgenas y los colonos, estos ltimos con estructuras de
dominacin ms desarrolladas 39 . En el proceso de contacto y, por ello, de
transformacin, se van imponiendo paulatinamente las dinmicas econmicas,
culturales y polticas de los colonos, apoyadas tambin en el mbito de lo
ideolgico como ocurre, por ejemplo, con las cermicas de prestigio. Esta
posicin, tal y como podremos observar en el ltimo apartado del presente ensayo,
diverge de la hibridacin del post-colonialismo. Una hibridacin que reivindica, de
forma un tanto idealizada, el papel del indgena en el proceso de transformacin
dentro de la dialctica ms puramente hegeliana.
III. ESTRUCTURALISMO
Como Estructuralismo se define, en trminos generales, la corriente de
pensamiento que nace en la Francia de los aos cincuenta como una metodologa
de las ciencias humanas basada en la elaboracin de relaciones constantes y
sistemticas entre los elementos fundamentales del fenmeno, tema o materia que
se tome como objeto de estudio. En ocasiones, el estructuralismo se ha presentado
a s mismo como anti-humanista (en el sentido crtico con la concepcin del
hombre como sujeto libre y consciente que se haba defendido) y antihistoricista (rebelndose contra la idea de una historia entendida como recorrido
lineal y continuo40), pese a lo cual, se ha convertido, a lo largo de su breve pero
intenso recorrido por el mundo acadmico y de las publicaciones, en una de las
37
ALTHUSSER, Louis, Lenin y otros ensayos filosficos, Barcelona, 2007, p. 209; IEK,
Slavoj (Ed.) Ideologa. Un mapa de la cuestin. Fondo de Cultura Econmica, Mxico, pp. 115155.
38
FERNNDEZ, V., opus cit., p. 83.
39
Frente a la visin ms tradicional, entendiendo el proceso en base al poder duro, a la guerra y
al concepto de supremaca tcnica y militar.
40
CAMASCHELLA, Valeria (Coord.), Filosofia. Schemi riassuntivi, parole chiave, glossari,
Novana, 2010 (1997), p. 324.
59
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tendencias historiogrficas de ms influencia en las investigaciones de las ltimas
dcadas, y de forma especial en aquellas dedicadas a la historia de Grecia. La
razn principal de ello es el nuevo mtodo de trabajo e interpretacin que plantea,
consagrndose por primera vez al estudio de las mentalidades y del componente
simblico e ideolgico en Historia, y abriendo un nuevo horizonte de anlisis y de
planteamientos que otras corrientes anteriores (salvo contadas excepciones)
apenas se haban interesado por esbozar.
En el captulo que sigue, trataremos de plantear cmo se afrontara el estudio de la
colonizacin griega desde una perspectiva estructuralista, en la que el anlisis
puramente histrico (entindase aqu evenemencial, en el sentido tradicional
que hemos mencionado anteriormente) no tendra lugar. Al estructuralista le
interesa, ante todo, la colonizacin griega como mito, o como sistema a
descodificar. La visin estructuralista sobre el fenmeno que nos ocupa se
centrar en aspectos que podran esquematizarse en distintos niveles de anlisis
(en concreto, tres), formas o vas de aplicacin. En primer lugar, podran
emplearse las analogas con otras colonizaciones histricas conocidas de la
Antigedad; por otro lado, el estudio podra centrarse en analizar los diversos
mitos griegos41 acerca de la colonizacin y los relatos fundacionales, tratando de
comprenderlos dentro de su propia lgica y de su propio contexto42; y por ltimo,
tambin sera posible analizar la colonizacin griega como una estructura en s
misma, como un sistema organizado en distintas clulas que pueden verse
sistemticamente aplicadas en un nmero considerable de ejemplos concretos de
colonias y que, por tanto, constituiran, en su conjunto, una estructura43.
El empleo de analogas con otras colonizaciones del Mediterrneo
Como hemos indicado antes, una de las vas ms apropiadas para una mejor
comprensin del fenmeno colonizador griego sera el establecimiento de
analogas con otros procesos colonizadores que conocemos. La comparacin con
la colonizacin griega dirigida hacia la zona nororiental del Mediterrneo sera la
primera en surgir, por razones obvias, pues responde, al fin y al cabo, al mismo
sistema y parte de la misma iniciativa (la griega) que la occidental, si bien no son
totalmente contemporneas44. Se trata de un proceso colonizador que se dirigi,
41
Si admitimos de base que la colonizacin como mito y reflejo de una estructura mental
inherente a la naturaleza humana tendra una manifestacin (por ello) en todas las culturas, el
anlisis debera llevarse, tambin, a algunos mitos fuera del mundo griego. Sin embargo, no hay
lugar en este trabajo para la exhaustividad que requerira tal estudio, y hemos considerado
conveniente, en este aspecto, salvaguardar el contexto.
42
VERNANT, Jean-Pierre, Mito y pensamiento en la Grecia Antigua, Barcelona, 2007 (1965), p.
24.
43
Estructura que formara parte, a su vez, de una red de relaciones ms amplia, compuesta por las
estructuras que tambin supondran el resto de procesos colonizadores que hemos mencionado en
el primer nivel de anlisis.
44
Tradicionalmente, se acepta que la colonizacin griega se completara en dos fases,
correspondiendo la primera al proceso occidental, y la segunda, al oriental, que finaliz algo ms
de un siglo ms tarde. En FINLEY, M. I., Opus cit., p. 109.
60
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fundamentalmente, hacia el rea del Mar Negro, con algunos emplazamientos en
Tracia, en islas cercanas y en ciertos enclaves de Asia Menor.
En segundo lugar, resulta especialmente destacable a este respecto el papel de las
colonias fenicias, cuya relacin con las griegas siempre se haba considerado de
inters, aunque en los ltimos tiempos se est revistiendo de una importancia an
mayor. El hecho de que hayan podido documentarse ciertos lugares, como la isla
de Sicilia, en los que convivieron colonias fundadas por ambos pueblos, junto con
los datos procedentes de recientes investigaciones que parecen apuntar a que, al
menos al comienzo de los movimientos coloniales en el Mediterrneo, la apertura
de ciertas rutas pudo responder a iniciativas conjuntas y comunes de fenicios y
griegos eubeos, puede aportar una gran cantidad de elementos para el anlisis
comparativo.
Por ltimo, el fenmeno colonizador/municipalizador romano tambin podra ser
llamado a debate en este sentido, aunque presenta una mayor distancia en el
tiempo con las colonias griegas, y no obedece a unos modelos tan fcilmente
asimilables, por lo que debe ser tratado con cierta precaucin. Una precaucin
que, como es lgico, no har otra cosa que crecer a medida que se vaya
importando el modelo de la colonizacin griega a pocas cada vez ms lejanas, si
bien hemos de admitir que sera posible registrar, casi hasta la actualidad, ciertos
elementos y patrones repetidos, sntomas de un sistema, en un gran nmero de
procesos de este tipo.
Evidentemente, no podemos pasar por alto que existen diferencias significativas
entre los procesos colonizadores mencionados, pero un estructuralista no dara
especial relevancia a tales diferencias45, ya fueran de cultura, tiempo o espacio
concretos (consideradas anecdticas, al fin y a al cabo), para resaltar por encima
de todo las semejanzas, que se consideran ms importantes y reveladoras de
estructuras mentales subyacentes, comunes a todos los seres humanos. En
palabras de Joseph Campbell:
Por supuesto que hay diferencias entre las numerosas mitologas y
religiones de los hombres, pero este libro est dedicado a sus semejanzas; y
una vez que stas hayan sido entendidas, ha de descubrirse que las
diferencias son mucho menos grandes de lo que popular (y polticamente) se
supone46.
As, estas semejanzas podran rastrearse en todos aquellos factores que las
mencionadas colonizaciones tienen en comn, como podran ser: unas causas
similares (econmicas, demogrficas, psicolgicas, sociales) para el comienzo
45
El estructuralismo no niega la existencia de las diferencias, pero las matiza considerablemente:
las diferencias seran tan slo formas o representaciones (significantes, si seguimos la
terminologa lingstica estructural) que adopta un fenmeno que, en lo esencial, se mantiene sin
perturbaciones a lo largo del tiempo y del espacio (el significado).
46
CAMPBELL, Joseph, El hroe de las mil caras. Psicoanlisis del mito, Mxico, 2009 (1949),
p. 10.
61
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de la actividad colonizadora; un patrn similar de asentamiento en los nuevos
lugares a colonizar (con el establecimiento previo en pequeas islas cercanas a
poblaciones indgenas preexistentes, caracterstica propia de la colonizacin
fenicia, pero que tambin ha podido observarse en los ejemplos griegos); o unas
formas de relacin entre los colonos y el sustrato indgena presente en los nuevos
territorios ms o menos tipificadas, entre otros muchos elementos susceptibles de
comparacin.
El estudio de los mitos griegos referentes a la colonizacin
En lo que respecta al estudio de los mitos griegos en relacin con la colonizacin,
debemos comenzar recordando que el mito supone un elemento clave (tal vez
podramos decir, incluso, que se trata del elemento fundamental), para el anlisis
estructural de cualquier cuestin histrica. Siguiendo a Lvi-Strauss, interpretado
por Jos Carlos Bermejo, el mito consiste en una forma de conocimiento (igual de
vlida y racional que el pensamiento cientfico47) que permite clasificar los datos
empricos de acuerdo con las reglas de una lgica especfica, cuyo funcionamiento
viene determinado tanto por los medios de comunicacin de que una sociedad
dispone como por la propia estructura que esa sociedad posee48.
Lo interesante del mito no es estudiarlo de forma aislada, sino como parte
integrante de un sistema de pensamiento con distintos niveles de funcionamiento,
cuyo anlisis nos permitir comprender a los pueblos, culturas o grupos humanos
que emplean mitos, en su conjunto, es decir, nos preparar para entender la forma
que estas sociedades tienen de ver el mundo, a la propia sociedad y, en ltimo
trmino, al hombre. El mito toma elementos de la naturaleza, del mundo vegetal y
del mundo animal, de la meteorologa y de la astronoma, as como del mundo
humano, y los imbrica y relaciona dentro de estructuras significativas y formando
cdigos, que estn dotados de una lgica propia. Estos cdigos se entrelazaran
entre s, y a su vez, con otros fenmenos sociales, psicolgicos y de todo tipo (es
decir, con otros cdigos), creando una doble trama de significaciones 49. Son estas
mismas estructuras y sus cdigos los que posibilitarn la relacin con otros
cdigos que se encuentren dentro de estructuras y sistemas ms amplios y
diferentes, esto es, con elementos que se encuentren, por ejemplo, en la mitologa
de otros pueblos, y su consideracin resultar, por ello, inestimable para el
anlisis estructural.
En relacin con ello, el mito puede ser entendido (y lo es habitualmente dentro de
esta tendencia) como un lenguaje, estructurado en elementos significativos
mnimos denominados mitemas (a la manera de los fonemas de la
47
Una idea sobre la que reflexionan y que comparten varios autores dentro de la corriente
estructuralista, y sobre la que vuelve Bermejo Barrera en Grecia arcaica, pp. 55-56, tomando
como ejemplo el hecho de que los sistemas mticos siguen vivos despus del surgimiento de las
filosofas, y de una forma tan intensa como lo estaban antes.
48
BERMEJO BARRERA, Jos C., El mito griego y sus interpretaciones, Madrid, 1988, p. 54.
49
Ibdem, p. 55.
62
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Lingstica), que componen la estructura de cada mito concreto, y, al mismo
tiempo, permiten enlazar unos mitos con otros50, siguiendo el modelo de relacin
de cdigos que ya hemos explicado brevemente arriba.
Esto sera lo bsico en cuanto al funcionamiento interno del mito desde el punto
de vista del estructuralismo, pero, adems, debemos mencionar aqu la
interpretacin psicoanaltica que puede extraerse de las narraciones (como
producto del inconsciente y como justificacin ideolgica 51 , pero cumpliendo
una funcin similar a la del sueo, en tanto que manifiestan una tensin interna
del individuo y de la sociedad), as como la sociolgica (el mito entendido como
representante de un grupo social), de forma que el estudio estructuralista puede
incorporar en su mtodo ideas provenientes de estas otras tendencias, reas del
conocimiento o corrientes de pensamiento y anlisis paralelas.
As pues, teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, los mitos griegos
que aluden a fundaciones (a menudo, recogidos en las narraciones con ciertos
visos o al menos, pretensiones- histricos 52 de autores como Estrabn,
Herdoto o Tucdides 53 ) deben ser estudiados en profundidad, e interpretados
considerando en su justa medida todos los elementos que hemos resaltado en este
apartado y que proceden de la sntesis que realiza Lvi-Strauss y que sirve de gua
para los historiadores de la Escuela de Pars, que se dedican al estudio y al
anlisis estructural, precisamente, de los mitos griegos. Jean-Pierre Vernant dejar
ms definido este mtodo estructural, que para l, debe comenzar siempre con el
estudio de la misma narracin, del propio texto, del vocabulario especfico que
incluye y de los conceptos que el uso de este vocabulario supone, continuando con
el anlisis de las instituciones sociales que se ven reflejadas en el mito en
cuestin54. Valga como ejemplo de este planteamiento la siguiente reflexin:
Bastante alejado de nosotros para que sea posible estudiarlo como un
objeto, y como un objeto ms, al que no se aplican exactamente nuestras
categoras psicolgicas de hoy da, el hombre griego, no obstante, est lo
bastante cercano de nosotros para hacernos posible entrar en contacto con l
sin demasiadas dificultades, comprender el lenguaje que habla en sus obras,
alcanzar, ms all de los textos y documentos, los contenidos mentales, las
50
BERMEJO BARRERA, J. C., El mito griego..., p. 56.
Ibdem.
52
Como se ha repetido muchas veces y se considera tradicionalmente, la ms antigua historia
griega es el mito, en ADRADOS, F. R., MONESCILLO, E. R., MZ.-FRESNEDA, M. E., La
literatura griega en sus textos, Madrid, 1978, p. 119.
53
Por citar tan slo algunos ejemplos donde aparecen recogidos relatos de fundaciones
coloniales: en Tucdides, al comienzo del libro VI de la Historia de la Guerra del Peloponeso (en
referencia a las fundaciones sicilianas); en Estrabn, VI, 2, 4 (sobre Sicilia tambin) y VI, 1, 6
(sobre Regio); en Herdoto, IV, 153 (en referencia a Cirene); o en Diodoro Sculo VIII, 17
(acerca de Crotona y Sbaris).
54
BERMEJO BARRERA, J. C., El mito griego, pp. 56-57.
51
63
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formas de pensamiento y de sensibilidad, los modos de organizacin de la
voluntad y de sus actos55.
Dicho anlisis debera ser aplicado, por tanto, y de forma minuciosa, a todos los
relatos mticos relacionados con la colonizacin de que disponemos dentro del
mundo griego, para, as, poder extraer de ellos los elementos necesarios que
permitan ponerlos en relacin, y obtener una nocin de cmo sera la percepcin
griega a este respecto (o deducir la significacin que todo ello tendra para la
mentalidad griega), teniendo en cuenta, tambin, las circunstancias concretas (el
contexto) que caracterizan a cada momento creador de mitos y las
transformaciones que sufre la sociedad. Se trata, como puede apreciarse, de una
tarea inabarcable para este trabajo y en la que, por ahora, no tenemos ocasin de
profundizar, por lo que la dejaremos tan slo planteada, con vistas a un posible
desarrollo en trabajos posteriores, pasando, a continuacin, a exponer el ltimo
nivel de aplicacin de la tendencia estructuralista al fenmeno de la colonizacin
griega.
Una estructura propia tras la colonizacin griega
Como hemos anunciado algunas pginas atrs, la colonizacin griega puede ser
entendida como una estructura en s misma, y a explicar esta afirmacin es a lo
que dedicaremos este ltimo apartado, el ms extenso por las posibilidades de
anlisis que ofrece el concepto. Para ello, y con el fin de lograr una continuidad
con la va de aplicacin o nivel de anlisis expuesto en el apartado anterior,
tomaremos dos ejemplos de narraciones en que se trata de la fundacin de
colonias griegas: un fragmento del canto VI de la Odisea (de los versos 1 al 12) y
algunos extractos de la comedia Los Pjaros, de Aristfanes, entre los versos 753
y 89156.
55
VERNANT, Jean-Pierre, Opus cit., p. 18. Para un ejemplo detallado de aplicacin de este tipo
de anlisis estructural cfr. el estudio del mito hesidico de Prometeo en VERNANT, Jean-Pierre,
Mito y sociedad en la Grecia Antigua, Pars, 2003 (1974), pp. 154-169.
56
A pesar de que podran usarse otros muchos ejemplos, hemos escogido stos por ser
representativos de dos pocas y contextos distintos y distantes en el tiempo (y, por tanto,
testimonios evidentes siempre desde el punto de vista de esta tendencia historiogrfica de
cmo la estructura pervive a lo largo de los siglos y a travs de los cambios), y hemos credo
conveniente que slo sean dos con el fin de dotar de una mayor claridad expositiva a la
comparacin entre los distintos elementos. Resulta necesario sealar, en cuanto a las diferencias
entre ambas narraciones, que el texto de la Odisea (sin entrar aqu en disquisiciones relacionadas
con la cuestin homrica) se enmarcara en un contexto de prctica contemporaneidad con los
hechos coloniales (del siglo VIII a.C.), mientras que el fragmento de Los Pjaros se encuadra en
el siglo V a.C., en trminos de crtica y stira de la sociedad ateniense del momento, usando las
referencias al proceso fundador de colonias como alusiones a una realidad bien conocida por el
pblico asistente a la representacin de comedias. En VV. AA., Historia del mundo clsico a
travs de sus textos, 1. Grecia, Madrid, 1999, p. 67. Adems, se trata de dos ejemplos narrativos
que pueden considerarse el trasunto literario del fenmeno colonizador griego (Ibdem), y no
constituyen relatos histricos propiamente dichos, como los referidos en la seccin anterior.
64
Ab Initio, Nm. 8 (2013)
VV.AA.
Perspectivas historiogrficas sobre
En ambos relatos, como veremos, es posible encontrar distintos elementos que
pueden ponerse en comparacin y en relacin para extraer una interpretacin ms
general (trascendiendo los ejemplos concretos) sobre el fenmeno que nos ocupa,
y que delatan que, efectivamente, puede hablarse de un modelo de colonizacin
griega, de un sistema formado por unidades menores que estaran insertas en la
misma estructura, estableciendo conexiones entre ellas, y permitiendo, a su vez, la
conexin con otros sistemas de colonizacin, en los que no tendremos ocasin
de ahondar aqu.
En primer lugar, en sendos ejemplos se alude a las causas que impulsan la accin
colonizadora. Los feacios del texto homrico se marchan, al parecer, como
consecuencia del dao que les causaban los gigantes que habitaban su tierra de
origen (dado que eran ms robustos 57 ), mientras que, en el fragmento de
Aristfanes, la nueva ciudad que se crea se ofrece como un lugar en el que puedan
habitar los perseguidos por las leyes, los esclavos, los extranjeros, o incluso,
cualquiera que no fuera feliz en su ciudad de origen 58 . Ninguno de los dos
extractos, como vemos, hace referencia a las causas tpicas consideradas para el
proceso colonizador griego59, pero precisamente por ello, se trata de un valioso
testimonio, que no refleja explicaciones oficiales, sino, ms bien, de algn
modo, los sentimientos y percepciones reales de los griegos de las dos pocas
en que nos estamos moviendo ante el fenmeno de las emigraciones y
colonizaciones; esto es, la mentalidad griega60.
Por otra parte, estas narraciones tambin dan cuenta del papel que jugara el
oikists, es decir, el fundador de la nueva colonia, que se encuentra, en ambos
relatos, definido por las acciones que realiza y caracterizado, al fin, por su
capacidad de decisin y su autoridad ante las dems personas que le obedecen 61.
En la Odisea, Naustoo saca a los feacios de Hiperea y los asienta en Esqueria,
mientras que en Los Pjaros, es Pistetero quien toma las riendas y marca las
directrices de lo que ser la nueva fundacin.
Otro aspecto importante a destacar lo constituye la especial relevancia que se le da
en ambos textos al nombre de la ciudad. Independientemente de las causas
concretas que recogen los relatos, o se pueden deducir de ellos, para la eleccin
definitiva de la denominacin de la colonia (parece que para la Esqueria del texto
homrico, el nombre podra responder a su carcter costero derivando del
trmino schers-; mientras que, en la obra de Aristfanes, se termina
seleccionando el nombre, en griego, de Nefelokokkygia, en alusin al entorno en
que se halla emplazada la ciudad, y al hecho de que sus habitantes son pjaros 62),
no cabe duda de que se trata de uno de los primeros y ms apremiantes pasos a
57
Od., VI, 1-12.
Aristophanes, Aves., 753-891.
59
Ya analizadas en otras secciones de este trabajo. Vid. e. g. II. Positivismo.
60
VV. AA., Historia del mundo clsico..., p. 68.
61
Ibdem.
62
Ibdem.
58
65
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Perspectivas historiogrficas sobre
seguir en el momento de una fundacin colonial, y que obedecera,
principalmente, a las circunstancias concretas y al medio fsico que envolveran a
cada colonia en el momento de su nacimiento.
As, tambin constituye un momento clave la eleccin de una divinidad tutelar
para la ciudad (que, en el caso de la Esqueria de los feacios en la Odisea, ser
Poseidn para quien el oikists edifica, probablemente, uno de los templos a que
se alude en el fragmento que hemos tomado 63 -, y en la ciudad que imagina
Aristfanes, ser un gallo tras rechazarse la proteccin de Atenea Polada-), que,
adems, podemos encontrar referido en otras narraciones acerca del fenmeno
colonizador griego, como en la noticia de Tucdides acerca de la colonizacin de
Sicilia, cuando afirma que una de las primeras tareas de Tucles, el fundador de
Naxos, consisti en erigir un altar a Apolo Arquegeta (Tucdides, VI, 3)64.
Efectuados todos estos pasos, que dotaran a la nueva colonia de una existencia
que podramos considerar espiritual, en los dos ejemplos puede verse la
intencin de dar, a continuacin, forma fsica a esta ciudad, proveyndola de
murallas (como vemos en el texto de Aristfanes), as como de casas y muros
(como encontramos recogido en el pasaje de la Odisea); lo cual parece otra de las
preocupaciones y cometidos esenciales del oikists de la colonia, como puede
deducirse de la perfrasis con la que Calmaco alude a los fundadores: pues
quienquiera que en tiempos a alguna de estas ciudades alzle muralla (Aetia,
II, 54-55; o 68-70)65.
Por ltimo, y en estrecha relacin con lo anteriormente expuesto, el reparto de
lotes de tierra a los nuevos colonos constituye otro aspecto interesante a analizar
en los relatos. En la Odisea, asistimos a cmo Naustoo, directamente, reparte los
campos66, y en Los Pjaros (un poco ms adelante del fragmento al que estamos
haciendo continuas referencias en este apartado), vemos cmo llega a la recin
creada colonia un tal Metn, con la intencin de llevar a cabo la parcelacin del
territorio perteneciente a la nueva fundacin 67 ; lo cual resultar un elemento
fundamental desde el punto de vista econmico, y tambin social, conforme
avance el tiempo y la vida de la colonia.
Llama poderosamente la atencin, no obstante, el hecho de que en ninguna de las
dos narraciones que hemos analizado aparezcan referencias expresas al papel del
Orculo de Delfos como autoridad suprema y organizadora de los movimientos
coloniales griegos; un aspecto que, sin embargo, puede rastrearse con facilidad en
un gran conjunto de textos que no hemos incluido en esta explicacin, pero que
podran ser igualmente vlidos como ejemplos y suficientemente ilustrativos de la
idea que intentamos transmitir.
63
VV. AA., Historia del mundo clsico..., p. 69.
Ibdem.
65
Ibdem.
66
Od., VI, 1-12.
67
VV. AA., Historia del mundo clsico..., p. 70.
64
66
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Perspectivas historiogrficas sobre
Todos los elementos que hemos resaltado en este apartado, junto con algunos ms
que no aparecen reflejados en los ejemplos empleados, pero que podran extraerse
de otras narraciones de caractersticas similares (ya aparte de la cuestin del
Orculo), ponen de manifiesto, como puede verse, que la colonizacin griega
segua, en todas sus plasmaciones concretas, una serie de pautas fijas,
permanentes, las cuales, englobadas en un mismo sistema de significacin e
interconectadas, permitiran comprender la estructura comn oculta detrs de cada
acto colonial aislado.
IV. POSMODERNISMO
Abordar un tema histrico como la colonizacin griega desde un punto de vista
posmodernista, implica hacer uso de las herramientas tericas y metodolgicas
que emplea esta tendencia para su anlisis. Para entender estos mtodos o tcnicas
de anlisis tenemos primero que comprender la teora detrs de la prctica, la idea
vigente que produce una forma de interpretacin.
En razn de seguir un orden intentaremos no perder el hilo y proponer una
esquematizacin de elementos con su respectiva explicacin, pero hay que tener
en cuenta que este entramado terico muchas veces se cruza, mezcla y difumina
en diferentes planteamientos, hasta formar parte de un todo.
Crtica a la Modernidad
El primer punto esencial a tener en cuenta, es la actitud crtica a la modernidad,
a las ideas establecidas en todo este proceso que se engloba a partir de la
Ilustracin. El posmodernismo entiende este periodo como un momento de
creacin y establecimiento de ciertas ideas que constituyen la base de la
percepcin occidental del mundo. Esta percepcin es la que condiciona a la propia
investigacin, a todos los niveles, por tanto la aceptacin de su existencia y el
anlisis de su formacin son elementos esenciales para una mejor comprensin de
la sociedad en la que vivimos.
La modernidad asume diferentes periodos y procesos, segn los diferentes
autores. Algunos van a englobar a la modernidad slo a partir del proceso de la
Ilustracin, mientras otros se centran en el renacimiento o en el romanticismo
posterior. Dejando estos planteamientos temporales aparte, todo depende de hasta
dnde queramos rastrear ciertas ideas, y hasta dnde seamos capaces de
identificarlas como propias de su contexto, y no como un reflejo del presente
hacia el pasado 68 . Peter Burke se refiere a este cuestionamiento no como una
68
Este cuestionamiento es complicado a la vez que interesante. La naturalizacin de ciertas ideas
dentro de la sociedad lleva no slo a una comprensin esencialista de dichos conceptos, sino a su
reflejo en nuestra interpretacin de la historia. Por tanto, hay ideas que en primera instancia
parece que podamos rastrear hasta en la prehistoria, pero habra que intentar identificar y
67
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Perspectivas historiogrficas sobre
crtica directa, sino como una nueva visin 69 ; no como una actitud
destructiva, sino analtica y curiosa. Es una postura que ms que moderada parece
cautelosa, ante el difcil establecimiento de unos lmites para dicha crtica.
La idea detrs es bastante simple. La sociedad en la que vivimos ha sido
construida en la modernidad, y los elementos que consideramos como absolutos,
intocables y naturales, son en realidad producto de una construccin. Son los
llamados por Lyotard grand rcits o metarrelatos70. La crtica se centra en ideas
como la racionalidad y la objetividad, que se constituyen en la Ilustracin como
los baluartes de la ciencia, los motores del progreso. Esta mitificacin de la Razn
se une con el panorama de un incipiente sistema de poder burgus, que construye
bajo todo un aparato cultural un nuevo discurso de poder que se va a desarrollar
y modificarse con el tiempo para poder mantenerse.
A la hora de hacer historia, esta crtica se refleja en una serie de condicionantes,
de elementos a tener en cuenta en el anlisis histrico. Nos permite llegar a la
aceptacin de que toda historia es interpretativa, de que la percepcin de la
historia est condicionada por el investigador y la sociedad en la cual vive. La
bsqueda de una comprensin exacta o real de los hechos es algo imposible, en
tanto que nuestra visin y contexto condiciona nuestra interpretacin e
imposibilita asumir por completo una percepcin ajena a la nuestra. Al plantear un
tema de estudio como la colonizacin griega arcaica y clsica, debemos analizar
estos procesos no como datos, sino como construcciones humanas, como procesos
artificiales. Y en este sentido tenemos que distinguir tambin dos tipos de
procesos construidos, cuya diferencia es clara en la teora, pero muy compleja en
la prctica.
Uno de estos procesos correspondera a la construccin de la idea de colonizacin
en la antigua Grecia. La percepcin de la sociedad griega estaba condicionada por
diferenciar qu ideas son realmente naturales y cules construidas. El posmodernismo, en
principio, se va a cuestionar todo concepto esencialista.
69
Peter Burke plantea varias formas de enfrentarse a la crtica de la modernidad: ignorando el
cuestionamiento, eliminando directamente el concepto de Renacimiento o planteando una revisin
o una visin descentralizada, opcin ltima por la cual se decanta. BURKE, Peter, El Renacimiento
italiano y el desafo de la posmodernidad, Buenos Aires, 2005, en SCHRDER, Gerhart,
BREUNINGER, Helga (Comp.), Teora de la cultura. Un mapa de la cuestin, pp. 28-29.
70
Por metarrelato o gran relato, entiendo precisamente las narraciones que tienen funcin
legitimante o legitimatoria. Su decadencia no impide que existan millares de historias, pequeas,
no tan pequeas, que continen tramando el tejido de la vida cotidiana. LYOTARD, JeanFranois, La Posmodernidad (explicada a los nios), Barcelona, 1996 (1986), p. 31. Tambin
cabe resaltar la interpretacin de Craig Owens: (...) Lyotard diagnostica la condicin
posmoderna como una en la que los grands rcits de la modernidad -la dialctica del Espritu, la
emancipacin de los trabajadores, la acumulacin de riqueza, la sociedad sin clases- han perdido
toda credibilidad. Lyotard define un discurso como moderno cuando apela a uno u otro de esos
grands rcits para su legitimidad; entonces, el advenimiento de la posmodernidad seala una
crisis en la funcin legitimadora de la narrativa, su habilidad para obtener un consenso.
OWENS, Craig, El discurso de los otros: Las feministas y el posmodernismo, Barcelona, 1986,
en VV.AA., La posmodernidad, p. 104.
68
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Perspectivas historiogrficas sobre
toda una serie de elementos que formaban un discurso del poder. Esta visin era
parte de una construccin de su poca, un aparato artificial, que adems
funcionaba de forma dinmica, cambiando y modificndose segn la necesidad y
el momento. El segundo proceso es ms reciente, y corresponde al periodo de la
modernidad, a partir del cual se confeccionan las ideas de historia y de
colonizacin que se mantienen hasta nuestros das. Aqu es cuando podemos
aplicar este elemento de crtica al estudio de la colonizacin griega. La visin que
se ha construido a travs de historiadores positivistas parte de unos elementos
racionalistas, de un imaginario idlico creado por la Ilustracin, donde el
proceso de colonizacin toma un significado que podemos denominar
inconsciente. El estudio que se va a desarrollar en torno a la Grecia clsica estaba
ms enfocado a definir y beneficiar al propio proceso colonizador del XVII hasta
el XIX. A simple vista, era una historia de lo real, objetiva y veraz.
Inconscientemente, era una historia utilitaria e interpretativa.
La crtica a la modernidad nos permite cuestionar ciertas ideas que an
permanecen en nuestro imaginario a la hora de hablar de colonizacin. Ideas
como la funcin civilizadora del colonizador, la superioridad social, el nivel de
desarrollo en claves de economa y productividad, el progreso (entendido hoy en
da como tcnico-informtico), la asimilacin cultural o la explotacin
econmica como principal motor del fenmeno. Si logramos poner en duda estas
ideas, nos damos cuenta de dos cosas esenciales: una es nuestra incapacidad de
entender por completo un proceso tan lejano y ajeno, y otra es nuestra
imposibilidad de abandonar el contexto a partir del cual investigamos. Ser
conscientes de los elementos que nos influyen, lejos de impedirnos realizar
nuestra labor histrica, nos permite una cierta movilidad de anlisis y una actitud
de no dar por sentado ideas sin ms, permitiendo incluso realizar una
investigacin ms completa y crtica.
Relativismo
Esto nos lleva a un segundo punto de relevancia en la posmodernidad, y es el
papel del relativismo como instrumento de investigacin. Este es probablemente
el punto sobre el cual la crtica hacia la posmodernidad se centra ms. Qu es el
relativismo? Muchas veces el relativismo se asimila como un opuesto de
etnocentrismo, y se lleva a un supuesto extremo en el cual uno puede afirmar
que la ablacin del cltoris o el Holocausto son actos aceptables. Esto se vincula
con la idea, muchas veces repetida, de que el relativismo es una especie de todo
vale, donde nada es malo y todo se acepta.
Esto es, evidentemente, una interpretacin bastante confusa. El relativismo tal
como lo postula el posmodernismo no es un todo vale, sino un todo es
relativo. Puede parecer la misma afirmacin, pero en realidad no tiene nada que
ver una con la otra. Cuando se dice que todo es relativo, no se refiere a que todo
se puede aceptar, o que no existen equvocos; a lo que se refiere es a que hay
cosas que son aceptables y cosas que no lo son, pero todas ellas configuran una
69
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Perspectivas historiogrficas sobre
especie de escala de valores, de consideraciones sociales, de lmites morales, que
forman parte de una sociedad concreta. El todo es relativo hace referencia a las
diferentes escalas de valores que desarrollan diversas sociedades alrededor del
mundo y en diferentes pocas.
Esta diferencia puede parecer una tontera, pero no lo es. Del todo vale al todo
es relativo hay una distancia, y es la que establece el propio individuo que lo
plantea. La posicin que asumimos determina nuestra comprensin de los
sucesos; esta afirmacin en s misma es el verdadero logro del relativismo. No se
trata de plantearnos lo que es bueno o lo que es malo, sino de entender las
condiciones en las cuales dichas ideas se construyen, y la influencia que tienen.
Una forma ms dinmica de acercarnos al planteamiento posmoderno del
relativismo la encontramos en Ankersmit 71. l utiliza la llamada Paradoja del
Cretense para acercarnos a la problemtica. Esta paradoja nos presenta a un
cretense que afirma que todos los cretenses mienten. Ankersmit establece una
relacin directa entre la historia y la paradoja del cretense, de modo que llega a
afirmar que todos los historiadores mienten, y explica as la multiplicidad de
interpretaciones que pueden ocurrir sobre un hecho concreto. Pero su actitud
frente a esta paradoja no es ni de desconcierto ni de rechazo, sino de asimilacin.
El asume que la naturaleza de la historia es en s misma paradjica, y as
naturaliza el problema, lo entiende como un elemento intrnseco y propio.
Esto puede ocasionar un cierto reparo, sobre todo si tenemos en cuenta que uno de
los elementos en el que ms hincapi hace el posmodernismo en el estudio de los
discursos de poder es en la naturalizacin de las ideas y los conceptos, la
aceptacin de que forman parte de la naturaleza humana o de la naturaleza de las
cosas, y por tanto su justificacin como herramientas del poder. Pero dejando a un
lado esta crtica, el ejemplo que presenta es bastante prctico cuando lo
orientamos hacia el tema del relativismo. El relativismo plantea en s mismo una
paradoja. La afirmacin de que todo es relativo se contradice a s misma, puesto
que esta es una afirmacin absoluta, pero el posmodernismo plantea esta paradoja
como algo intrnseco, natural, como algo que forma parte del propio
planteamiento, y por tanto es posible de concebir. Lo importante es, en todo caso,
el valor que tiene como instrumento de trabajo a la hora de realizar una
investigacin. Si lo entendemos como un instrumento, la desmitificacin de una
idea nica o Verdad, frente a la existencia de mltiples verdades, permite al
investigador una variedad de opciones e ideas por donde moverse. La diversidad
de posibilidades de interpretacin enriquece el conocimiento y la percepcin de
los elementos de estudio, y es por tanto una herramienta a destacar de toda la
tendencia.
71
ANKERSMIT, Franklin Rudolf, Historiography and Postmodernism, en History and Theory,
Vol. 28, Nm. 2 (1989), pp. 142-143.
70
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Perspectivas historiogrficas sobre
Volviendo a nuestro tema de trabajo, en nuestra comprensin de la colonizacin
griega hemos diferenciado ya dos procesos diferentes, pero el proceso
propiamente griego nos ha quedado un tanto desfigurado, una vez que le hemos
quitado las valoraciones establecidas por el modernismo a la colonizacin. El
relativismo como herramienta nos sirve aqu para configurar esa visin del
proceso. La labor del investigador se convierte en la de definir cules son los
valores establecidos dentro de dicho proceso, ajenos a los nuestros, productos de
una sociedad y de unas motivaciones diferentes.
Las fuentes de la historia sirven como instrumento para acercarnos a estos valores.
Las referencias de textos y materiales arqueolgicos nos presentan un mundo de
significados, ajeno, que construyen para los propios griegos sus modos de
comprensin. Puede que la propia interpretacin de las fuentes poniendo como
objetivo la bsqueda de estos elementos concretos parezca chocar con la idea de
pretender hacer frente a la objetividad; pero la meta no es en ningn caso
reconocer estas valoraciones como reales, como verdaderas, sino como el
producto de una investigacin, de una interpretacin. La percepcin que se crea de
la colonizacin griega, centrada en analizar este proceso de construccin de
valores, no deja de ser una interpretacin ms, una forma de comprender la
historia que no es ms veraz ni ms objetiva, sino que simplemente se
corresponde con unas necesidades del contexto del investigador.
El Discurso del Poder
La desmitificacin del valor natural de las cosas se une con el siguiente punto a
tratar. El posmodernismo toma como uno de sus referentes ms importantes las
teoras de Hegel sobre la dinmica del poder, y hace especial hincapi en ese
planteamiento de la naturalizacin de las ideas, como elemento de justificacin
del poder. El discurso de poder se convierte desde Foucault en uno de los
elementos ms importantes en esta tendencia, no slo como un tema central, sino
como una herramienta de comprensin de las sociedades. El discurso implica la
construccin de una realidad que pasa a formar parte de una sociedad, se convierte
en su percepcin. La Verdad se difumina entre las verdades construidas y
reinventadas por unos mecanismos discursivos que emanan desde diversos puntos
de la sociedad. En este sentido, el discurso del poder es entendido en todos los
niveles, no slo el estatal, sino incluso el familiar. No existe un poder nico,
omnmodo y malvolo que disea y controla; sino un conjunto de ideas que se van
imponiendo, en ocasiones por un poder poltico, econmico o militar, pero
tambin por el desarrollo de costumbres, hbitos, necesidades o prcticas que no
necesariamente se vinculan a una lite o poder superior. El poder se difumina
entre la sociedad y la configura desde dentro72.
72
Foucault expone de manera sencilla esta nueva percepcin del poder en: FOUCAULT, Michel,
Microfsica del poder, Madrid, 1992 (1980), p. 114.
71
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Perspectivas historiogrficas sobre
Llevar esto al estudio histrico implica que el posmodernismo se va a centrar no
ya en los acontecimientos, ni en los personajes, sino en la percepcin que la
sociedad tiene de su momento histrico, y en cmo esa percepcin se construye y
forma parte de un discurso de poder que alcanza todos los niveles. Bajo esta
perspectiva, la lectura de las fuentes se transforma, y el objetivo propio del
historiador no es el descubrir una Verdad, ni un hecho, ni un pasado, sino
intentar desentraar la visin construida que tenan los propios individuos de su
sociedad y de su pasado.
En el caso de la colonizacin griega, la percepcin de los propios individuos
estaba condicionada por unos elementos de poder claramente establecidos. Quizs
el ejemplo ms evidente es el papel que el Orculo de Delfos va a cumplir en la
asignacin de colonias o de misiones colonizadoras. Las fuentes recubren la
fundacin de ciudades con un halo mitolgico, que formaba parte de la propia
visin de los griegos. Todo el discurso creado acerca de la colonizacin en los
autores clsicos, que justifican sus causas y recrean motivos, forma parte del
imaginario social de la poca. Lo que diferenciamos ahora por mitologa,
apartndolo del plano real, no tena ninguna divisin para ellos. Mito y realidad se
unan en esa construccin del discurso que configuraba su percepcin del mundo.
Estas dinmicas del poder se pueden rastrear a travs del propio lenguaje. Carol
Dougherty nos plantea un anlisis a partir de las metforas del significado de
los conceptos ms all de lo que se aprecia. El lenguaje se revela como
legitimador, creador de una identidad y herramienta esencial del poder. El
Orculo de Delfos, como regulador del proceso colonizador, utiliza estos
instrumentos lingsticos, estas metforas, con sus presagios ocultos en acertijos,
que permiten al poder jugar con el significado de las palabras; y tambin con la
transformacin de trminos autctonos en palabras griegas:
Delphic Apollo provides the Greeks with another colonial metaphor as
well; founding a colony is reenacted and represented through the act of
solving a bilingual, punning riddle. The Delphic oracle is famous for its
ambiguous language, in particular for riddles and puns, and the duality of a
bilingual, etymological pun allows the Greek colonists to reinterpret local
phenomena in Greek terms (...). The wordplay provides a Greek
interpretation of a foreign place-name, and the particular Greek translation
underscores the enduring nature of the Greek rights to the land.
Bilingual colonial riddles provide the mechanism for a kind of cultural
translation, or more accurately, a kind of cultural appropriation, and in this
way, they represent the contact the Greek colonists had with local
populations and the results of that contact73.
Finalmente, dentro del discurso del poder debemos hacer referencia a otro
elemento de la tendencia posmodernista: la bsqueda de los protagonistas ms
73
DOUGHERTY, Carol, The Poetics of Colonization. From City to Text in Archaic Greece,
Nueva York, 1993, p. 158.
72
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Perspectivas historiogrficas sobre
silenciosos (o silenciados) de la historia. En este sentido, los colonizados se
muestran en la literatura griega como un agente tcito. La dominacin de los
griegos sobre estos colonizados muchas veces queda fuera de nuestro alcance por
esta misma razn; desconocemos cmo se instaura el discurso de poder en la
sociedad autctona. Dougherty da importancia al matrimonio como instrumento
de esta dominacin; el acercamiento lingstico es tambin interesante para
plantear esta perspectiva.
El anlisis deconstructivo
Una vez que hemos identificado unos elementos de ese discurso del poder,
constructor de realidades, podemos aplicar sobre ellos otro mtodo de estudio. La
La Deconstruccin fue propuesta por J. Derrida como una alternativa, un estudio
exhaustivo que analice el origen del planteamiento y sea capaz de cuestionar su
naturaleza logocntrica74. La deconstruccin no consiste en dividir en piezas ni en
destruir, sino en analizar el proceso de construccin de un elemento para poder
localizar las razones de su existencia, su funcionamiento y su perduracin.
La pregunta clave del posmodernismo es el cuestionamiento de las afirmaciones.
Un simple Por qu? aplicado sobre una idea conlleva a buscar su
argumentacin, su origen, tras el cual se puede seguir indagando, cuestionando,
hasta alcanzar el nacimiento de dicha afirmacin. Este proceso de deconstruccin
lleva a ver ms all de un planteamiento, lleva a buscar lo que se oculta detrs de,
y a centrar en ello el estudio. Nos planteamos por ejemplo el porqu concebir la
colonizacin como un fenmeno vinculado slo a la explotacin, y nos
encontramos con unos ejemplos ms cercanos de colonizacin que tenan este
principio, o con una sociedad preindustrial que se centra en la produccin de
recursos; o nos preguntamos el porqu nuestro cuestionamiento de las fuentes
clsicas se centra en diferenciar el elemento mitolgico de los hechos, y nos
encontramos con una sociedad donde la idea ilustrada de la razn nos obliga a
diferenciar planos reales de planos religiosos, o con una idea ontolgica de la
historia donde las fuentes como elemento emprico reflejan hechos sin
interpretacin.
Ya hemos visto cmo esto se puede aplicar a la colonizacin griega, al
cuestionarnos las ideas que se crean sobre el trmino colonizacin y al ver la
construccin de la historia antigua partiendo de unas ideas ilustradas. Ms difcil
resulta intentar deconstruir ideas propias de los textos clsicos, para intentar
identificar el origen del discurso de poder. El buscar elementos propios del
discurso colonizador griego, como la expiacin religiosa, la figura del fundador, o
el culto de la colonia, es slo un primer paso. Deconstruir estas ideas nos lleva a
74
Derrida aplica por primera vez este mtodo con el cuestionamiento de las oposiciones binarias
bsicas del pensamiento filosfico europeo. DERRIDA, Jacques. De la Grammatologie, Pars,
1967, p. 25.
73
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Perspectivas historiogrficas sobre
entender el papel que cumple el Orculo como regulador, el oikists como
transmisor de una identidad o el culto como elemento unificador.
Sin embargo, estas interpretaciones planteadas tambin pueden deconstruirse
desde el presente, cuestionndonos por qu interpretamos una figura reguladora,
supra-estatal, de una manera tan natural (claramente la comparamos con otros
organismos internacionales actuales, pero su papel sera muy diferente a eso, y sin
embargo no nos cuesta entender que existiese una figura similar), o por qu
consideramos necesaria una transmisin identitaria o una unificacin social de la
colonia (nuestra demanda de identidad se refleja inconscientemente en la
interpretacin, as como la idea de la unidad social como factor fundamental que
configura un grupo humano, cuando dichas ideas podan entenderse de un modo
totalmente distinto). Como vemos, aunque es aplicable a las fuentes, la
deconstruccin funciona ms como un mtodo de anlisis del investigador y su
punto de vista, y tiene en ello su importancia. Reconocer nuestra perspectiva nos
permite un trabajo ms abierto y con mejores resultados, permitiendo la clara
diferenciacin de una tendencia historiogrfica y de un contexto actual.
V. POSCOLONIALISMO
El poscolonialismo se postula como la reinterpretacin del legado colonial de los
siglos XVI al XIX de nuestra era, que mantena una visin del mundo marcada
por la hegemona y superioridad absoluta de la civilizacin occidental -europea y
blanca- frente al componente incivilizado y retrasado de las tribus y pueblos
colonizados. Esta nueva tendencia busca la desaparicin de esa concepcin poco
realista y manipulada del fenmeno colonial redactada, exclusivamente, por y
para el mundo colonial occidental- obviando e ignorando la presencia del otro
factor de la ecuacin, el indgena o colonizado; y a la vez pretende una reflexiva y
correcta utilizacin de trminos vinculados con la fenomenologa colonial como
colonizacin y colonialismo olvidar sus connotaciones de dominacin y
superioridad per se de un pueblo sobre otro-.
La utilizacin abusiva o inadecuada del concepto colonialismo alimenta
justamente aquello que los crticos poscoloniales, que son quienes lo han
introducido en los anlisis histricos de la Antigedad, han pretendido
combatir -la colonialidad del pensamiento moderno- y ha restado valor a la
deconstruccin que nosotros podemos realizar desde nuestra periferia, que
no es geogrfica, pero si temporal. De hecho, una parte importante de la
literatura integrada en la denominada arqueologa del colonialismo puede
acabar teniendo efectos contrarios y reforzar, a travs de determinadas
narrativas del pasado, el discurso colonial. Este es el caso, por ejemplo, de
aquellas lecturas que niegan u olvidan que una relacin colonial es siempre
una relacin de poder y de dominacin, porque convierten el colonialismo en
un trmino vaco de significado; o bien, de quines asumen a priori que toda
relacin entre grupos que pertenecen a comunidades con estructuras y
prcticas econmicas y sociales distintas son siempre y desde un inicio
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forzosamente desiguales, porque naturalizan las relaciones de dominacin y
explotacin coloniales75.
Hay que hacer adems una advertencia importante, y es que en ningn caso
hablar de colonialismo en el mundo antiguo significa establecer un continuismo
entre el pasado y el presente, ni formular paralelismos directos con los fenmenos
coloniales modernos. El colonialismo en la Antigedad -como en la era Moderna
y Contempornea- responde a contextos socio-histricos especficos y, por tanto,
forzosamente distintos76.
Origen y planteamientos del Poscolonialismo
El poscolonialismo es una corriente de pensamiento relativamente joven, ya que
su aparicin se fecha en el primer cuarto del siglo XX y el inicio de los grandes
procesos descolonizadores acuciados por los problemas y secuelas de la Segunda
Guerra Mundial. Sin embargo, su consideracin como una nueva corriente de
pensamiento y va para analizar la historia, se ha fijado en 1978, con la aparicin
de la obra Orientalismo77 del palestino Edward Said, miembro, a su vez, de la
conocida como la santa trinidad78 poscolonial: el ya mencionado Said, Homi K.
Bhabha y Gayatari Chakravorty Spivak. Y ya fuera de esta lite fundacional
podramos destacar al semilogo argentino Walter Mignolo79.
Como norma general, un poscolonial no se plantea la aproximacin e
interpretacin de un contexto colonial a travs de trminos cmo colonizacin,
colonia o colonialismo dadas las connotaciones, ya expuestas, y de las que
resulta difcil desligarlos-. Prefiere la aplicacin de una nueva terminologa
concebida ex profeso para afrontar el mundo colonial. Por ejemplo, en vez de
hablar de colonizacin como el movimiento de un determinado grupo humano
hacia otro lugar totalmente desconocido; utiliza el concepto de dispora o
dispersin.
Centra su atencin en el papel del indgena, la agency la capacidad de accin de
un determinado individuo-. Esto es, les da protagonismo y les coloca en igualdad
de condiciones con respecto al colonizador. Y en relacin a esto ltimo surgir,
tambin, el hibridismo, basado precisamente en rescatar la funcin, la capacidad
de interaccin del ente autctono, olvidando los modelos de intercambio basados
75
DELGADO HERVS, Ana, Colonialismos fenicios en el sur de Iberia: Historias precedentes
y modos de contacto, en CANO GARCA, Glria, DELGADO HERVS, Ana (Eds.) De
Tartessos a Manila: Siete estudios coloniales y poscoloniales, Valencia, 2008, p. 20.
76
Ibdem, p. 22.
77
Primera edicin en ingls: SAID, Edward K., The Orientalism, Nueva York, 1978. En
castellano: SAID, Edward W., Orientalismo, Barcelona, 2003.
78
Trmino acuado por el estudioso poscolonial Richard Young en su obra Postcolonialism. A
very short Introduction (2001).
79
MIGNOLO, Walter, The darker side of Western modernity: global futures, decolonial options,
Duke University Press, Durham, 2011.
75
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en la aculturacin, la imposicin del supuestamente- ms fuerte el colonizadorsobre el colonizado. Todas estas nuevas aportaciones de la metodologa
poscolonial tendremos la oportunidad de verlas en profundidad ms adelante.
En cuanto a las causas del fenmeno colonial, el poscolonialismo no las establece
como objeto de estudio, a diferencia de corrientes como el marxismo o el
positivismo que plantean causas de tipo econmico, social, poltico, ambiental,
religioso, etc. Obviamente, los poscoloniales no rechazan tales hiptesis, se hacen
eco de ellas, pero las colocan en un segundo plano, pues se centran en el marco
colonial en s, no en los motivos especficos que llevaron a tal situacin -a no ser
que stos sean excepcionales o fundamentales para la explicacin e interpretacin
del contacto entre colonizador y colonizado-. Pero ello no quiere decir que no se
planteen el porqu, los motivos pero unos motivos menos especficos, ms
extensos y difusos y de carcter cultural- que justifiquen el modelo y las formas
de intercambio e hibridismo que se establezcan en la colonia. Para ellos es
esencial conocer el bagaje previo de ambos grupos, no las causas puntuales que
les llevaron a tal situacin, ya que se trata de una tendencia que centra todos sus
esfuerzos en el estudio de las transformaciones culturales y la cultura se percibe
como un proceso lento y resistente, en el que no va a influir o modificar de forma
drstica e inmediata una determinada coyuntura poltica, crisis econmica,
conflicto social, catstrofe ambiental u orculo favorable.
El poscolonialismo y sus influencias
Como ya dijimos al inicio del trabajo, el poscolonialismo se ha formulado como la
crtica de la interpretacin del mundo colonial tradicional heredada de la
modernidad-, por tanto su vinculacin con el posmodernismo es clara. Pero existe,
tambin, otro vnculo, menos patente, que es aquel que mantiene con el marxismo
del que acepta la desigualdad como variable constante, la opresin y el conflicto
social como motor del cambio y la importancia del factor econmico y social.
Del posmodernismo incorpora los denominados estudios de gnero, la
importancia del factor cultural, la ruptura con el evolucionismo, la construccin
de la identidad y la aplicacin de la arqueologa posprocesual. As pues, los
puntos de apoyo comunes con el posmodernismo, como podemos apreciar, son
ms numerosos que con el marxismo, ya que la sintona y afinidad con este ltimo
presenta algunas brechas; se le acusa de practicar un anlisis simplista,
economicista y poco profundo de la compleja sociedad colonial, el tipo de
sistemas de intercambio que se establecen y el reparto de poderes entre unos y
otros. La originalidad del contexto colonial es que la subestructura econmica es
tambin una superestructura (...) eres rico porque eres blanco, eres blanco porque
eres rico. Es por esto que el anlisis marxista siempre debera ser ligeramente
flexibilizado cada vez que tenemos que vrnosla con el problema colonial80.
80
BHABHA, Homi K., El lugar de la cultura, Buenos Aires, 2004 (1994), p. 104.
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Un elemento que el poscolonialismo no comparte ni con el marxismo ni con el
posmodernismo es su occidentalidad. Ambas tendencias nacieron en Occidente
y fueron planteadas por pensadores del Viejo Mundo. Por lo tanto esta nooccidentalidad es sumamente interesante y novedosa para el anlisis del
fenmeno colonial desde la perspectiva del colonizado. Pero, a su vez, esto mismo
se ha manifestado como un problema para la introduccin y aplicacin del
poscolonialismo en el mbito acadmico occidental. Apenas conocido en
comparacin con el mundo latinoamericano o hind del que proceden la mayora
de sus representantes- y en donde goza de una importancia considerable ya no
slo como una corriente de pensamiento ms, sino como un modo de
reivindicacin poltica, histrica y social, una forma de reconocimiento de su,
todava escaso, si no nulo, papel en la historia que nosotros imbuidos en nuestro
inevitable egocentrismo occidental concebimos como la nica y oficial.
El poscolonialismo se define como una perspectiva crtica que desvela y
denuncia como el conocimiento y la representacin del colonizado (del
otro) se ha generado en contextos coloniales e imperiales y ha sido una
pieza clave en los proyectos polticos de hegemona y de dominacin
colonial (...) La descolonizacin no se dirige tan slo contra espacios y
relaciones econmicas y polticas, sino especficamente persiguen la
descolonizacin intelectual y epistemolgica del pensamiento moderno
occidental. Descolonizar el saber es una de las consignas centrales de las
crticas poscoloniales y descoloniales81.
Los elementos clave del mtodo poscolonial
La dispora: Al utilizar este trmino como sustituto de colonizacin estamos
sentando las bases para la introduccin de un nuevo modelo de anlisis netamente
poscolonial. Pues las implicaciones que presenta esta palabra son mucho ms
ligeras y adaptable al objetivo poscolonial de la desmitificacin del agente
colonizador -como un elemento omnipresente y opresor- equiparando su
capacidad de accin (su agency) a la del colonizado. Al mismo tiempo, hablar de
dispersin en vez de colonizacin implica que el colonizador carece de unos
claros propsitos o de un plan previo que guie sus acciones y, por tanto,
disminuye an ms su papel hegemnico, de autoridad, en la ecuacin colonial82.
El hibridismo: es el resultado de la fusin de los elementos culturales de los
distintos pueblos que habitan en un mismo marco colonial y que mantienen
contacto entre s. No ha de verse como una mera imitacin de aquello que
importan los recin llegados sino como fruto de la observacin e incorporacin de
81
DELGADO HERVS, Ana, Poder y subalternidad en las comunidades fenicias de la
Andaluca mediterrnea, en Memorial Luis Siret, I Congreso de Prehistoria de Andaluca, la
tutela del patrimonio prehistrico, p. 1.
82
Resulta sumamente interesante los estudios del historiador norteamericano Gil Stein acerca de
este concepto de dispora y su clasificacin en funcin de una serie de factores. STEIN, Gil J.,
From Passive Periphery to Active Agents: Emerging Perspectives in the Archaelogy of
Interregional Interaction, en American Anthropological Association (2002), pp. 908-909.
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lo nuevo sin olvidar el background previo del pueblo aborigen. Cualquier
elemento hbrido nos remite automticamente a un nuevo contexto cultural, social,
econmico, etc. que rompe con el estado precedente de cualquiera de los dos
protagonistas del intercambio colonial, y es por ello por lo que no podemos hablar
de una simple copia o imitacin; la mmesis, la adopcin y la emulacin
reelaborada de objetos y de prcticas relacionados con los modos de
intercambio83.
La otredad: se vincula con la alteridad posmoderna y es un elemento clave de
cara a la construccin y deconstruccin de la identidad de la nueva colonia, pues
es a travs del antagonismo, la oposicin entre dos partes, dos entes, un opresor y
un oprimido, un yo y un otro, un colonizador y un colonizado donde se
crean, reconocen y negocian las identidades: La ambivalencia productiva del
objeto del discurso colonial: esa otredad que es a la vez un objeto de deseo y de
irrisin, una articulacin de la diferencia contenida dentro de la fantasa de origen
y de identidad. Lo que revela esa lectura son los lmites del discurso colonial y
permite una transgresin de estos lmites desde el espacio de esa otredad84.
La apoika griega desde el poscolonialismo
La perspectiva poscolonial aporta nuevas formas de interpretacin sobre la
colonizacin griega occidental de poca arcaica. En primer lugar, la
revalorizacin de la figura del indgena en los mismos trminos que hemos
explicado anteriormente- como un ente activo del marco colonial, cosa que
podemos reconocer en las propias fuentes clsicas con la alusin, en determinadas
ocasiones cuando esa poblacin autctona no se muestra hostil sino abierta y
favorable a la relacin con los colonos griegos- de diversos pactos. Estos
acuerdos entre dos pueblos, que se trataban de igual a igual, negociaban el reparto
de tierras los nativos eran los que mejor conocan esos territorios y podan optar
por ayudar a estas comunidades disporicas a buscar nuevas zonas de explotacin
ante la escasez de las mismas en la nueva colonia -; la disponibilidad de mujeres
segn las fuentes la apoika slo la podan llevar a cabo varones en edad
productiva por lo que tenan que solicitar a la comunidad nativa un cupo de
mujeres para fines reproductivos-; o la organizacin de la nueva lite colonial a
travs, por ejemplo, de los conocidos matrimonios entre el oikists y la hija del
jefe de la comunidad indgena-. Pero este pacto dependa de que el grupo humano
preexistente estuviese dispuesto a compartir todo con los colonos griegos. En caso
contrario, tenemos testimonio de los denominados pactos de esclavitud en los
que la libertad de la poblacin autctona quedaba supeditada a los deseos del
oikists y de su gente.
Otro elemento importante del poscolonialismo ha sido la inclusin del papel de la
mujer en el estudio de los ncleos poblacionales mixtos. Concretamente, en el
83
84
DELGADO HERVS, A., Colonialismos fenicios, p. 30.
Ibdem, p. 92.
78
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caso de la colonizacin griega, de mujeres de ascendencia indgena, al estar la
apoika protagonizada slo por hombres. As pues, la agency de la mujer indgena
es fundamental y el estudioso poscolonial la entiende como la pieza clave para la
construccin de la nueva identidad colonial, y la rastrea, fundamentalmente, en el
mundo de la cocina y la gastronoma. Busca su testimonio en la perduracin de
una determinada vajilla de estilo indgena en un contexto en el que el resto de la
cermica nos remite a formas coloniales y/o helenizadas; en la utilizacin de una
forma de coccin o de manipulacin y preparacin de alimentos el molino de
tipo indgena en vez de los molinos importados griegos, la coccin a horno o su
preparacin en el fuego del hogar, el modelo de consumo de los alimentos:
crudos, en salazn, especiados-; o en la eleccin de unos determinados
ingredientes y no otros para la preparacin de diversos platos una semilla
precisa, una tipo de harina especial, para hacer pan. La atencin a las prcticas de
cocina y a sus materialidades permite visualizar y dar voz a otros grupos sociales
silenciados por las narrativas coloniales, como es el caso de la mujer y romper con
el androcentrismo que ha caracterizado tradicionalmente a estos discursos85.
Y para concluir, otra nueva perspectiva que ofrece, es el estudio de la cultura
material del nuevo contexto colonial para demostrar que, salvo en casos
dramticos y en los que la poblacin indgena ha sido arrasada, la cultura de
ambos perdura y se entremezcla dando lugar a lo que los poscoloniales han
denominado como formas hbridas, hibridacin, elementos que presentan
caractersticas de ambos grupos pero que resultan ser absolutamente novedosos,
nicos y, ante todo, impensables, inviables sino estuvisemos ante un sistema de
intercambio y negociacin en condiciones de igualdad entre colonos e
indgenas86.
El hibridismo se puede rastrear a diferentes niveles: en el mbito de la
arqueologa, adems de en la cermica tanto de cocina como en la de mayor
prestigio se puede observar en la distribucin y construccin de las casas la
importacin de un modelo de habitacin griego conocido como la casa de planta
helenstica que podemos encontrar a lo largo de todo el Mediterrneo occidental,
la existencia de barrios dentro de las propias colonias claramente diferenciados
en funcin del tipo de edificacin que presentan si griega o indgena, el trazado
urbano de la nueva apoika, en la existencia, localizacin y distribucin de las
necrpolis en muchas de estas necrpolis coloniales la poblacin enterrada era
exclusivamente griega. Desconocemos, en muchos casos, los rituales de
enterramiento indgenas que obviamente no quisieron adaptarse, al menos en un
primer momento, al sistema heleno, o en el tipo de rito funerario y su difusin incineracin o inhumacin, en qu proporcin y quines lo practican, la
composicin de los ajuares, el tipo de enterramientos funerarios.
85
DELGADO HERVS, A., Poder y subalternidad, p. 8.
Dentro de este mbito, vale la pena sealar los estudios de Michael Dietler sobre el middleground (el espacio hbrido, destinado al contacto entre grupos diferentes) en el sur de Francia,
entre los griegos y los grupos autctonos. DIETLER, Michael, Archaeologies of colonialism:
consumption, entanglement and violence in ancient Mediterranean France, Berkeley, 2010.
86
79
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Pero este fenmeno de la hibridacin tambin se puede comprobar en aspectos
menos tangibles, ms abstractos, del contexto colonial como lo son la
gastronoma que ya hemos visto en relacin al papel de la mujer-, la distribucin
espacial del hogar y de la nueva colonia, la organizacin de la vida privada y
pblica o la propia religin, con la predileccin por unos dioses y no otros, la
iconografa, la incorporacin de divinidades indgenas al panten griego, la
pervivencia de festividades prehelnicas o el mantenimiento de los loca sacra
(lugares sagrados o santuarios) a lo largo del tiempo. Estos ltimos son quizs los
ms interesantes en el mbito religioso, porque se mezclan en dichos lugares las
costumbres y tradiciones que han marcado el devenir de una determinada
comunidad, uniendo de alguna forma cultos preurbanos (a la naturaleza, a las
divinidades de los bosques, fuentes o cuevas) con divinidades oficiales, del
mundo griego, y asocindolos en el mismo espacio monumental.
De esta manera inicia un poscolonial su aproximacin al estudio de la dispora
griega arcaica, teniendo e cuenta que el pueblo griego es un pueblo eclctico y
heterogneo, que hasta el siglo V a.C., cuando se acua el concepto de la Hlade,
no se les puede considerar como una comunidad ms o menos unida y
estructurada. Este factor es sin duda el que ms repercutir en la diversidad cultural, lingstica, poltica, religiosa, econmica y cultural- de los tipos de
modelo de intercambio con las diversas poblaciones autctonas del Mediterrneo,
enriqueciendo sus formas de hibridacin.
REFLEXIONES FINALES
Si algo ha quedado en evidencia para nosotros a travs de la investigacin que ha
suscitado esta publicacin, es que la perspectiva del investigador juega un papel
fundamental en la labor histrica. Lejos de la idea que inicialmente tenamos de la
Historia como un elemento inerte que espera por ser descubierto, nos hemos
encontrado cara a cara con un panorama variopinto, donde la posicin en la que el
investigador se encuentra es capaz de ofrecer unas conclusiones totalmente
diferentes a las de otro punto de vista, incluso tratndose del mismo tema.
El elemento principal que configura las diferentes posturas, el cual hemos querido
destacar en este artculo, es el mtodo de trabajo y las tcnicas de anlisis que se
adhieren a cada corriente. Cada ideologa desarrolla unas herramientas diferentes
a travs de las cuales se puede construir una interpretacin nueva. El uso de estas
herramientas constituye para el historiador el principal mtodo de trabajo.
Por ello, para concluir este artculo queremos destacar cmo el adquirir la
capacidad de identificacin y anlisis de las diferentes corrientes historiogrficas
es vital para el investigador, ya que adems puede valerse de ellas para definir su
propia metodologa de trabajo. Es, por tanto, un elemento fundamental para todo
historiador y debe tenerse en cuenta a la hora de plantear cualquier trabajo.
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disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=0sViEi2iCAE [21/5/2012]
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