Judith Butler
Gayatri Chakravorty Spivak
EQUIEN LE CANTA AL
ESTADO-NACION?
Lenguaje; politica, pertenencia
Prélogo de Eduardo Griner
ain
a” :
a PAIDOS ESPACIOS DEL SABER
_‘Tiealo original: W/o Sings th Navion-Stat?,Caleus, Seagull Books, 2007
Por acuerdo con Seagull Books
Traducido por:
SBN 978-950-
4. Ensayo Politic. |. Spivak, Gayatri Chakravory_ 1. Titulo
cop ass
“Tradvocién de Fermin Rodriguez
(© 2009 de ross las ediciones en castellano
Edigoral Paidés SAIC
Defensa $99, Buenos Aires
E-mail
[email protected]
‘wor paldosargentina.comar
‘Queda hecho el depésto que previene la Ley 11.723
Tinpreso en ls Argentina ~Prined in Argentina
Impreso en Primera Clase, California
ida de Buenos Aires, en enero de 2009"
“Tirade: 3000 ejemplares
ISBN 978-950-12-6572-9
Indice
Nota introductoria ...
Prologo. Sobre el estado-bifurcacién y otrasNota introductoria
Hacia finales de los afios noventa, el Critical
‘Theory Institute de la Universidad de California,
Irvine (UCI) convocé en una mesa redonda a
Jacques Derrida (comprometido al Departamento
de Humanidades de dicha Universidad desde
1986), 2 Gayatri Chakravorty Spivak y Judith
Butler. Las tres personalidades académicas toma-
ron asiento en ese orden.
EI profesor Manuel Asensi, titular de Filologia
en la Universitat de Valéncia, asiduo visitante en
calidad de docente invitado por diferentes univer-
sidades de los Estados Unidos, asistié al encuen-
tro y afirma haber escuchado el siguiente comen-
tario de una persona sentada a su lado: “Mira, si
parecen el padre, la madre y la hija”.
1, MACBA, Revista del Museu d? Art Contemporani de
Barcelona, n° 1 (too de 2005).
9Judith Butler y Gayatri Chakravorty Spivak
La glosa no estaba exenta de cierta malevolen-
cia pero, si como afirma Asensi, se piensa en la
familia como un espacio conflictivo, muchas
veces sin posibilidad de resolucién, entonces se
puede comprender con mayor claridad el parti-
cular vinculo que unié a estas tres notables figu-
ras del pensamiento contempordneo.
La partida final de Derrida, en 2004, sin duda
dejé un vacio ~personal y afectivo antes que inte-
lectual-, aunque Spivak se anima a afirmar que,
mis alli del dolor provocado por la pérdida del
amigo, “del mismo modo que la muerte de Hegel
no implicé el final de la dialéctica, tampoco la
muerte de Derrida supone el fin de la decons-
truccidn. zDénde empez6 la deconstruccién?
La deconstruccién contintia, en consecuenci
y el didlogo también. El 4 de mayo de 2006, la
UCI volvi6 a reunir a Gayatri Spivak y a Judith
Butler para debatir acerca de las nuevas condicio-
nes asociadas a las ideas de estado, nacién y per-
tenencia, y sus variables expresivas pélitico-cultu-
rales. En esa oportunidad no intervino un
moderador en sentido estricto, y la vinica partici-
pacién externa que se consigna es la de Dina Al-
Kassim, profesor asistente de Literatura Compa-
rada en Irvine, quien realiza algunas preguntas
hacia el final del libro.
La obra, que refleja el fragor del didlogo, fue
publicada en su versin original por Seagull
10
{Quin le canta al estado-nacin?
Books (Calcuta, India, 2007), sin dar mayores
apreciaciones ni detalles acerca del encuentro,
consignando apenas la desgrabacién del debate
en estado puro.
Para la presente edicidn en espaiiol, se tomé
en cuenta la transcripcién de Seagull Books, y
gracias a los aportes de Ia profesora Butler, se
intent6 profundizar con mas datos acerca del
encuentro en beneficio de nuestros lectores.
Ex Eprror
uPrologo
Sobre el estado-bifurcacién y otras
perplejidades dialogantes
EDUARDO GRUNER
Inmiscuirse -bajo el pretexto de un Prélogo-
en un diglogo entre dos pensadoras (aunque hay
que decir, més bien, que se trata de un mondlogo a
dos voces: es Judith Butler, casi siempre, la que
planta las cuestiones y marca los ritmos) es una
empresa con dificultades miltiples. La primera,
la mis obvia, es la elecci6n del tono: ;“dialogaré”
yo también?, gy quién me autoriza a hacerlo?
Después de todo, tengo la ventaja —de la cual no
me privaré de aprovecharme- de conocer todo el
didlogo de antemano; pero guna intervencién
retroactiva -incluso con la posibilidad de acuer-
dos y diferencias aprés-coup~ puede, tanto en tér-
minos éticos como l6gicos, formar parte del “dié-
logo”? Y ademés: tendré -la gramitica y la
dramética dialogantes me lo imponen casi “tota-
litariamente”, como diria el provocador Roland
Barthes~ que usar el casi/Sbsceno yo/€uando uno
13Eduardo Griiner
de los temas del didlogo ~ya se lo leeré— es cémo
pasar al nosotros. Y sin embargo, seria mas obsce-
no atin que yo usara un nosotros, pues he sido invi-
tado a este didlogo por la editorial, y no por las
dialogantes, y por lo tanto deberé asumir mi con-
dicién de solitario voyeur (mas bien lecteur, pero
en la misma posicién de espia) que hace (ab)uso
de la palabra.
Finalmente —but not least, como dicen los bri-
ténicos- hay una dificultad zcmo Hamarla? “te6-
rica”.“Yo” dialogo por escrito,“Iuego de que
Butler y Spivak lo hicieran oralmente, para luego
ser pasadas a la letra impresa. Parecerd una trivia~
lidad. En todo caso, un nimio inconveniente téc-
nico (ghabrén funcionado bien las grabadoras?,
se habra hecho correctamente la transcripci6n?,
etcétera)./Pero los deslizamientos entre la orali-
dad y \a escritura,/tan’ tesbaladizo$ ellos, son una
de las nervaduras centrales de Ja lectura llamada
deconstructiva, a la que supongo se puede decir
que pertenecen ~aunque de distintas maneras, se
me ocurre- las dialogantes; y no es un dato
menor -mis bien es algo que qgusta up poco-
que una de ellas“Gayatri Spivak, Sea la traducto-
ra al inglés(que no es, por supuesto, su lengua
materna, para aumentar los deslizamientos) nada
menos que de De la Gramatologia, de Jacques
Derrida. Y también se leerd més adelante sobre
los largos alcances —filosifico-politicos, y no tan
14
Prélogo
solo “técnicos”, otra vez— que proyecta la cues-
ti6n desesperante de la traduccidn esa biisqueda
imposible y omnipotente de una lengua divina ori-
ginaria y prebabélica, como hubiera dicho
Walter Benjamin-, asi como la cuesti6n de la v2,
incluso del canzo: el de un himno llamado “nacio-
nal”, por ejemplo, que inscribe no solamente en
Ia lengua, sino en sus competencias posticas, en
el ritmo y la propia métrica, la pretendida unidad
de ese invento moderno llamado el estado-nacién.
Sobre (casi) todo esto habré que volver, desde ya.
Permitaseme, por ahora, decir tan solo que la
auto-autorizacién que me he dado para entrome-
terme entre Judith y Gayatri -si de didlogo se
trata, aunque falso, me permitiré también la
familiaridad de los nombres- merece que ponga
en negro sobre blanco, que escriba, lo mas breve-
mente que sea capaz, los efectos ~de los que ellas,
se entiende, no pueden ser hechas culpables,
aunque sf responsables~ de mi asistencia a una con-
versacién inteligente, apasionante, enjundiosa
=ya casi no se escucha esa estupenda palabra-,
ante la cual el ocasional desacuerdo (menos y
menores de los que habia prejuzgado, lo confie~
so) es impotente para siquiera entorpecer en lo
minimo el placer de escuchar. Y con la debida
atencién.
IsEduardo Griiner
“Pensadoras”. Asf las Ilamé hace un momento
a Judith Butler y Gayatri Chakravorty Spivak. Ya
no es de buen tono, se sabe, llamarse “fildsofo/a”,
© sencillamente “intelectual”. Son “pensado-
res/as”. El epiteto ~es eso- nunca me terminé de
convencer. Incluso tiene, 0 puede tener, subtonos
desagradables. E] més obvio es el de cierto aris-
tocratismo del espiritu que expulsa fuera del
campo de la praxis pensante al resto de la huma-
nidad. Este es -si bien esta muy lejos de ser tini-
camente- el tono que por momentos adquiria en
Heidegger quien, si no me equivoco, es el que
impuso el epiteto. Por otra parte, no estoy segu-
ro de que ellas quisieran reconocerse en la des-
cripcién. En un momento del intercambio,
Spivak se impacienta -no le falta razén— porque
alguien “se dirige” a Butler como “filésofa”, y a
ella como “prictica” (supongo que quiere decir
“militante”). Esa separacién, dice, le hace mucho
dafio al mundo. Spivak es, me parece, mas grams-
ciana que Butler (lo demuestra, al menos discur-
sivamente, su recurso al concepto de subalterni-
dad, acufado por Gramsci): para ella, todos son /
somos potencialmente “fil6sofos”; es el mito -0
mejor: el “ideologema”~ de la division del traba-
jo (manual / intelectual, para empezar) lo que
obtura la reflexién critica sobre el propio pensa-
16
Prolog
miento (también es, Spivak, més “kantiana” que
Ja més “hegeliana” Butler).
De todas maneras, zqué clase de “pensadoras”
son? Ambas son “distinguidas académicas”
como se dice- que han optado por cabalgar
incémodamente entre la aceptacién de las reglas
y su transgresién “intersticial”, y permanente. “
Ambas, también, procuran ser practicantes de su
propio pensamiento criticé: ‘Spivak, /principal-
mente, desde lo que ha dado en Hamarse -ella
quiz lo discutiria— el post-colonialismo (es una
pata de lo que Moore-Gilbert denominé la “san-
tisima trinidad” de esa teoria, completada con el.
fallecido Edward Said y Homi Bhabha); ‘Burles, pre.
principalmente, desde lo que se ha denominado #””""*
~ella misma lo ha hecho~ el post-feminismo (su
lugar en este campo es relativamente solitario).
Sabemos que no importan mucho las etiquetas:
son taquigrafias de la industria editorial o de los
disciplinamientos académicos, empresas para las
cuales es imprescindible una grilla clasificatoria.
Sin embargo, las etiquetas operan, marcan, con-
dicionan: sirven también para auto-ubicarse en el
lugar desde el cual se quiere salir. El prefijo post 4
yano es lo que fue en las tiltimas dos 0 tres déca~_ P
das (el inicio de su declinacién puede fecharse
muy precisamente el II de setiembre de 2001,
aunque no tengo tiempo de demostrarlo aqui).
Pero sus efectos epistémicos, lo usemos 0 no,
17”
Eduardo Griiner
siguen trabajando ambiguamente ~ambivalente-
mente, incluso- en ellas, como en otros. El esti-
lo de anilisis -quiero decir: de lectura y escritu-
ra~ “postestructuralista / deconstruccionista”, el
juego de derivas significantes (aprendido -aun-
que no con la teorfa correspondiente, critican
algunos, como Zizek~ en Lacan, en Foucault, en
Derrida) son afinidades indudables, aunque no
tinicas ni homogéneas. En alguna otra parte me
he atrevido a cuestionar, en esas estrategias, una
hciertapérdida de la fnaterialidad, de cierta carna-
lidad de la “experiencia vivida” (soy consciente
de estar usando una jerga muy “sartreana”, quiz
un poco reactivamente), asf como de las “durezas
objetivas” de la historia, en privilegio de los “sig-
nificantes flotantes” o “vacios” (si me lo permi-
ten, respectivamente, Lévi-Strauss y Laclau)
Pero en forma simulténea, el uso inteligente-
mente critico de las bifurcaciones de sentido ~ya
volveré, espero, sobre esto~ que a ambas les per-
mite esa elecciGn, se verd cudn estimulante puede
ser incluso si la nuestra es otra.
De todas maneras, serfa una simpleza intelec-
tual dejar la cosa ahi. Tampoco ninguna de las
dos aceptarfa ser sencillamente catalogada como
cultora del “no hay nada fuera del texto”. En
esto, paradéjicamente, la derridiana Spivak
puede llegar a ser la més dura de ambas. En una
entrevista publicada en el volumen The Spivak
18
Prélogo
Reader, por ejemplo, un poco harta de que el
entrevistador la empuje todo el tiempo al rineén
textualista-postmoderno, Spivak le espeta mas 0
menos lo siguiente (estoy citando de memoria):
“Mire, todo eso est muy bien. Pero’yo vengo de
Ja India’ El mio es un pafs donde millones de per-
sonas no solo viven en la calle, sino que alli duer-
men, comen y hacen sus necesidades. Y después
que las hacen, las escrutan muy atentamente,
porque su color les indica cusnto tiempo de vida
les queda. Ese es el Iimite del texto”. O sea: lo
real, supongo que lo llamaria un lacaniano: algo
que ningiin “texto” es suficiente para articular, y
que no flota ni se vacia en ningiin significante.
Butler) quizd represente mas acabadamente una
vertiente foucaultiana de los “dispositivos de dis-
curso”, eteétera (que también en Foucault, o en
sus distintas etapas, es mas matizada de lo que
suele creerse; en una de sus tiltimas entrevistas,
por ejemplo, reconoce que se hubiera ahorrado
mucho trabajo de haber estudiado més atenta-
mente y antes a la Escuela de Frankfurt). Pero
también ella se lo podria apreciar sin dubitacio-
nes en este didlogo- est muy atenta a los “rea-
Jes” extra-simbélicos. Al revés, también Spivak
me impresiona como més apegada -necesaria-
mente, por la naturaleza misma de su trabajo
“postcolonial” a una dimensién historica mas
densa que la que puede intuirse en Butler.
yy
pooleEduardo Griiner
Aqui hay que tratar de ser, como se decia
antes, “dialécticos”. Por un lado, serfa necio -o
peor: ingrato y deshonesto— no ver que el estruc-
turalismo y después el post-estructuralismo ense-
fié a leer, a toda una generacién a la que perte-
nezco, el valor de las autonomias rextuales, de lo
que entonces se llamaba la literariedad especifica,
mis alla de los reduccionismos sociologistas, psi-
cologistas o historicistas del perfodo anterior. Es
cierto que los excesos igualmente empobrecedo-
res de esa estrategia de lectura en s{ misma rica,
posibilitaron las vertientes més discutibles de un
“postmodernismo” liquidador de la historicidad,
de Ja materialidad conflictiva y sangrienta de lo
social, de una &xperiencia trdgica que sigui6 atra-
vesando ~y cada vez peor- a una humanidad que
dificilmente podia reconocerse en el si
“anti-humanismo” propagandistico de los
sadores débiles” (y tampoco esto ultimo es tan
ficil de evaluar: hay varias clases de “anti-huma-
nismo, y no todas ellas cumplen ‘una funcién
retr6grada; pero no hay tiempo aqui de discutir-
lo). También es cierto, por otro lado, que todo
es0 cambié de significacién en su vinculo con las
transformaciones del contexto histérico y politi-
co -demostrando, de paso, los limites flexibles
pero existentes de aquella autonomia “relativa” -.
En épocas de lo que por entonces se hubiera
mado “alza revolucionaria” (me refiero a los
20
Prélogo
sesenta y primeros setenta de Argelia, Vietnam,
Cuba, Palestina, los “mayos 68” y varios etcéte-
ras, se piense lo que se piense de cada uno de los
ejemplos), cuando en el plano teérico era tan
fuerte la tentacin (y Ja “naturalizaci6n”) de
reconducirlo todo a un politicismo clasista o
“tercermundista” exacerbado, la atencién més
fina y matizada a los “juegos del significante” fue
un poderoso correctivo complejizador en el
mejor sentido~ para el pensamiento critico. Al
contrario, en épocas de “reflujo”, marcadas por el
arrasamiento neoliberal de las tiltimas décadas ~y
que supuso una polarizacién social inédita en Ia
historia del capitalismo mundial-, de aniquila-
cién de lo politico, de reduccién feroz de las rela-
ciones internacionales a la légica de la guerra, de
renacimiento igualmente feroz de los fundamen-
talismos y los racismos, en una época asi, digo, la
concentracién textualista y la consiguiente des-
materializacién de lo social, lo econémico, lo p
tico-cultural no puede sino tener, “objetivamen-
te”, un efecto reaccionario.
“No se trata;/desde ya, de encontrar la “sinte-
sis”, la “articulaci6n” ni la “tercera via” entré esas
extremidades. Se trata de generar una nueva cons-
telacién (para retomar esa compleja categoria
benjaminiana) que, sin renunciar a lo mejor de
las “conquistas” (post)estructuralistas y neo-her-
menéuticas —Ia especificidad de lo discursivo, la
any
Eduardo Griiner
tancialismos’y pensamiento “identitario’
reagrupe en torno a un niicleo de pensamiento
{fuerte en el que los “grandes relatos” del marxis-
mo y el psicoandlisis, del andlisis critico del
imp joy Tas multiplicadas formas del neo-
mo, del “choque de las historicidades
diferenciales” que han conformado las socieda-
des, las culturas y hasta la propia subjetividad de
Ia llamada “periferia”, en fin, de lo que en algin
momento me atrevi a llamar la experiencia de lo
trdgico en la historia, constituyan, todo eso, una
suerte de “base material” para un modo de produc-
cién de conocimiento critico que, repito, al tiempo
gue afirme el valor gozoso, liidico y deseante de
la dimensién “estética”, sortee la debacle intelec-
tual de la estetizaciin de lo politico, que ha sido si
°F hubiera que esquematizarla en una formula
sucinta— el signo, o mejor, el significante vacio
axial del ya agnico “post-modernismo”.
Insistamos: Butler y Spivak (hablamios de ellas
porque son las que motivan este prélogo: podria~
mos hacer otros nombres) “no pueden ser acusa-
(4%, das de semejante “estetizacién”, no importa cud-
e
les sean nuestras préferencias te6rico-politicas
=personalmente, quisiera verlas més cerca de
Frankfurt, de Sartre, de Fredric Jameson, por
solo mencionar a los “europeos”; pero no son mis
deseos lo que importa aqui. El “post-feminis-
22
Prélogo
mo” de Butler, es gierto, extrema una impronta
post, anti-identitaria y anti-iluminista, que la con~
duce a no admitir siquiera la distincién feminista
“moderna” entre sexo y género. Para ella -cercana
al bio-poder de Foucault aunque relativamente cri-
tica, como se verd en el didlogo, de la bio-politica
de Agamben, asf como del politicismo de Hannah
Arendt- Ia biologia, y la propia naturaleza, son ya
una construccién cultural sin retorno. Intentar
una distincién entre “naturaleza” y “cultura” (se
puede leer entre Iineas, en esto, una critica impli-
cita a Lévi-Strauss, a mi juicio equivocada, pero
dejemos eso por ahora), y correlativamente entre
\ero”, es ya caer en la trampa de las
dicotomias “logo-falo-céntricas” que se procuraba
sortear (la apoyatura central para esto, obviamen-
te, es Luce Irigaray). Sin embargo, esta operacién
te6rico-politica -ademés de producir efectos
potencialmente “refrescantes” en la propia teoria
feminista~ no descuida para nada (es justamente
su objetivo principal) la dimensién omnipresente
del poder y la dominacién, Lo demuestra, entre
otras cosas, la ya mencionada critica a Agambi
cuya nocién de la'nuda vitd ¢s recusada por sus ilu-
siones inadvertidamente “naturalistas”, como si
aparentemente reducida a su
minima’ expresion biolégica, no fuera ella misma
un producto (y un objeto de permanente vigilan-
cia y control) del Poder.
23
cw tw
A yombenPod
Eduardo Gritner
Spivale, por su parte, y quia para sorpresa de
muchos que la leen unilateralmente en la ‘serie
post”, no tiene empacho en auto-definirse como
‘marxista. Ya dije que su anélisis de la subalternidad
le debe al menos tanto a Gramsci -y por esa via,
por supuesto, a Marx- como a Foucault, Deleuze
o Derrida. Si su critica del imperialismo la con-
duce a recurrir al mismisimo Lenin, no le tem-
blaré la voz. Puesta en “post-colonial”, esta mis
atenta que Butler (y esta, en el didlogo, lo reco-
noce implicitamente) a las consecuencias (no solo
“culturalmente”) catastréficas de la llamada “glo-
+ sbalizacién” -ese eufemismo’ mediocre y engafio-
os
bee
i
wil
a ie
Heed so para la mundializacién de la ley del valor del
Capital, como aclara Samir Amin) a quien Spivak,
que yo sepa, no cita, pero a cuya misma légica
responde al menos en este terreno. Sus siempre
inteligentes andlisis literarios -como los que atra-
viesan buena parte de toda su obra, pero muy
especialmente una de las grandes secciones de su
Critique of Postcolonial Reason (un titulo; dicho sea
entre paréntesis, en el que se lee un homenaje,
ignoro si voluntario 0 no, a autores tan “moder-
nos” como Kant, Sartre y Horkheimer)~ nunca
dejan de remitir, con todas las mediaciones nece-
sarias para no reducir su especificidad, a lo que
en otros tiempos se hubiera llamado el “contexto
histérico”. Sus eriticas més directamente “histo-
riogréficas”, en ese mismo libro, se apoyan de
24
a
Ao oA
ie
| ys-
mo
Prélogo
manera que me gustaria interpretar como decisi-
va en las teorias de los no-historiadores profesio-
nales que constituyen la gran trilogia “moderna”
de los maestros de la sospecha (Ricoeut), 0 de los
fundadores de _discurso (Foucault): Marx,
Nietzsche, Freud. Vale decir ~permitaseme ser
cargoso con mis propias obsesiones-: casualmen-
te, de los tres pensadores para los cuales la trage-
dia es una “metéfora tedrica” privilegiada. Y,
finalmente, desde luego que Spivak es “anti-
identitaria” y “anti-esencialista”. Pero, conscien-
te de las necesidades particulares de la historia y la
politica, gno es ella misma la que ha acufiado la
categoria de fsencialismo estratégicd! como instru-
mento de defensa y critica ante los etnocidios cul~
turales que son la consecuencia de la “globaliza-
ci6n”? i ih
Para ser breves: Butler y Spivak son, sin duda,
“pensadoras” pos. Pero que, como se dice vulgar-
mente, “no mastican vidrio”. Saben que la reac-
cién post, incluso la “de izquierda”, contra los
abusos de la modernidad, el iluminismo y el
racionalismo abstracto -en tanto “ldgicas de un
capitalismo temprano” (para parafrasear a
Jameson) qué justificaron cosas como el colonia-
lismo y el dominio mundial de la explotacién
capitalista / imperialista— corre el peligro de
transformarse en la “Idgica del capitalismo tar-
dio” (otra vez Jameson, ahora literal), acompa-
25
hehEduardo Griiner
fiando con sus excesos textwalistas a la plena mun-
dializacion del fetichismo de lg mercancta; median-
te la cual Ia hegemonfa del Capital financiero ha
desmaterializado por completo tanto la produc-
cién como la Palabra’ En esta situacién —que
muy bien podrfa ser terminal para el mundo tal
como lo conocemos- no es ya posible (ni desea-
ble) retroceder al refugio seguro pero falso de las
monoliticas identidades modernas. Pero hay que
mantener un momento “estratégico” de vigilan-
cia sobre las (ideo)légicas del Poder, para el cual
solo hay ganancia en la disolucién plena de nues-
tras identidades “resistenciales”, mientras que los
duefios del Poder conservan las suyas inc6lumes.
El discurso post, en esta perspectiva, no es una
mera “adquisicién” (buena o mala) intelectual. Es
‘un campo de batalla .
Hay, en este didlogo, un /ocus privilegiado, algo
asi como un mudo que permite desatar ~valga la
expresin- el “hilo rojo” de las cuestiones que
estén en juego. No tiene sentido que hagamos
aqui la pardfrasis escrita de un intercambio cuya
oralidad lo hace mucho mejor. Pero me permitiré
decir algo a propésito de ese nudo. Se trata de la
“anéedota” -transformada, a los efectos del and-
26
/
lon
fo"
we
pct ewe y Cparrek
Prélogo
lisis critico emprendido por Butler y Spivak, en
verdadero acontecimiento, en un sentido aproxi-
mado al de Alain Badiou~ del (en su momento)
sonado episodio en el cual una manifestacién de
inmigrantes ilegales hispanos (como los laman en
/ 0s Estados Unidos, aunque casi nunca lo sean
totalmente, ya que la mayorfa son mestizos: una
tipica operacién fetichista de pars pro t010), bajo la
consigna de “Nosotros también somos
(Norte)América” (para proseguir con los feti-
cK chismos, como se sabe, los Estados Unidos se la-
man a si mismos “América” sin més), cantaran
¥\"\Jw* fervorosamente el ‘himno estadounidense.‘. en
castellano (y no_en_espariol, Yengua_inexistente
como tal: evitemos en lo posible nuestros propios
fetichismos). Como no era para menos, el acto
fue recibido con apenas contenida furia por el
presidente Bash) quien célebremente declaré en
piblico: “El himno solo se puede cantar en
inglés”.
La “anéedota” -si se la quiere llamar asf es un.
disparador (y un analizador, como dirfan tal vez
los psicélogos) de una casi interminable secuen-
cia de posibilidades de anilisis critico, “post-
colonial” o de cualquier otra clase. Para empezar
por lo (aparentemente) més sencillo e inmediato,
se nos presenta la paradoja de que el presidente
Bush... tiene razén. Un himno llamado nacional,
(€s decir, el emblema maximo, junto a la bande-
27Eduardo Griiner
ra, del “estado-nacién” y sus tradiciones histéricas)
solo tiene sentido (sentido lingiiistico, poético,
semantico y “patriético”, y no Solamente juridico)
J cantado en la lengua igualmente nacional, si bien
(=v aqui, apenas hemos echado a andar, ya tropeza-
mos con una primera pequefia piedra~ es, en tanto
lengua “oficial”, una lengua compartida, al menos,
| con la antigua metrépolis, Inglaterra, asf como con
| Canadé, Australia, etcétera. Al igual que el caste~
\ llano, por supuesto. Vale decir: una lengua nacional
que es al mismo tiempo multi-nacional. Al revés,
una gran cantidad de ciudadanos norteamericanos
(que se calcula que en un par de décadas serén
wal, mayorfa), y ni digamos ya los “ilegales”, no son ori-
os ‘i ginariamente anglo-parlantes —la lengua de su
oat if
rain
patria no es su lengua materna: boccato di cardinale
para feministas, va de suyo-. Pero, aun dejando de
o _hado por el momento este enredo, es cierto que un
.«W Whimno “nacional” $e compone para una “letra” -y
Wish ello incluye cosas como una métrica, una cierta
: cadencia del habla, inflexiones fonéticas, melédi-
Gone” cas, titmicas y via dicendo- que pertenece a Ja len-
Meee” gua oficial, y por lo tanto es ~como se dice de la
| Poesia en general, por ejemplo, y al revés del mito,
L. ju segtin lo analizaba Lévi-Strauss estrietamente
lw! “intraducible!’Tan intraducible, digamos -y el lector
"fe sabré aprovechar la ironfa-, como la“lengua sagra-
da del Coran} cuya traduccién es considerada una
transgresi6n intolerable por los fieles islimicos.
28
_ disonancia que deforma el sentido “arm
Prilogo
{Estin cometiendo, pues, los “ilegales”, una
afrenta al himno norteamericano? Es, esa tra-
ducci6n, un acto, por asi decir, subversivo ? No
necesariamente. La cuestién es diferente, y més
complicada. Recuérdese que eso se ha hecho bajo
la consigna “Nosotros también somos Améri
Y, finalmente, se estd cantando el himno nacional
norteamericano, y no, por ejemplo, La
Internacional. Uno (0 una, no sabemos) de los
asistentes al didlogo Butler / Spivak sefiala
=desde el lugar de cierto sentido comin que
podriamos llamar de “binarismo critico”- que
esos “cantantes” terminan aceptarido Tos cédigos
contra los cuales presumiblemente protestan,
puesto que lo hacen en nombre de su deseo de
incorporacién al estado-nacién_norteameric;
(0 “estadounidense”) que hasta ahora los rechaza.
Es muy cierto. Pero, justamente: lo que los “can-
tantes” hacen es operar un desplazamiento intole-
rable (“Bush tiene raz6n”, decfamos) al propio
interior de esos cédigos. Literalmente, crean una
ico” (y
esta palabra no es inocente) de la composicién
originaria, para hacer con /o mismo algo que sin
dejar de ser “lo mismo”, es también otra cosa (y es
raro que Butler y Spivak no recuerden, como
parece obvio hacerlo, Ia famosa versién del
himno norteamericano de Jimi Hendrix en
Woodstock, con su transformacién de las notas
29Eduardo Griiner
altas en el “sonido y a furia” de las bombas
cayendo sobre Vietnam). Si hay “subversién”, se
diria entonces que esté en la propia operacién
interna a la aceptacién. Es como si se dijera: “Nos
consideran ilegales, a pesar de que es en buena
medida gracias a nosotros, a nuestro trabajo
infra-pagado y sin reconocimiento ciudadano, a
nuestra super-explotacién invisible, que mantie-
nen su economia y su propia ‘ciudadanfa demo-
critica’? Pues entonces nos asu
tales, y en nombre de nuestra legalidad futura,
deseada, cometemos a conciencia una ilegalidad
actual”, Una ilegalidad, entendémonos, que es
‘mucho mas que una falta juridica: si es verdad que
semiéticamente, por asi decir, el himno es “intra-
gs? ducible”, se trata entonces de una plena transgre-
JW sanala Ley simbélica misma, a la “poética nacio-
geet nal”. Solo que no es una “revolucién” desde
@ftera, un asalto al poder aunque fuera pura-
[mente simbélico-, sino un retorcimiento de la
ge. | “interioridad”, una suerte de pliegue de la propia
ST | trama “textual” en Ja que se esté atrapado.
% Esa trama es, en primer lugar, la del estado-
nacién. Un invento “moderno”, repitamos, y
estrictamente correlative de la emergencia
potencialmente mundial de ese nuevo modo de
produccién denominado capitalismo. El socio-
metabolismo del Capital, como diria MeszAros, es
en efecto mundial, “global”, pero ~paradoja solo
30
Prélogo
aparente~ su administracién politica requiere de
Ja segmentacién localizada de los estados naciona-
les. Como muchos autores -empezando por el
propio Marx han sefialado, el eje oculto de esa
administracién es el control de la fuerza de trabajo,
esa “fuerza productiva” de plusvalia para el
Capital. El establecimiento de fronteras geogri-
ficas nacionales, dentro de las cuales el estado
~como lo definfa Max Weber- aspira al ejercicio
“Jegitimo” de la fuerza sobre un territorio, es, en
esta perspectiva, una estricta mecesidad administra
tiva para mantener aquel control sobre los flujos
migratorios de la fuerza de trabajo. No es por lo
tanto en absoluto azaroso que con el derrumbe
del muro de Belin haya estallado a plena luz. del
dia esa verdad oculta del capitalismo “globaliza-
do”: hay una contradiccién irresoluble entre las
promesas de plena ciraulacién en, todas las direc-|
ciones de bienes, mensajes y sujetos (para retomar la|
célebre “triada comunicacional” de Lévi-Strauss)
y el hecho de que el Capital no puede tolerar la
libre circulacién mundial de la fuerza de trabajo.
Este es el origen de lo que Wallerstein y Balibar
han llamado el nuevo racismo laboral que viene a
sobreimprimirse a los viejos aunque de todas
maneras producidos en la “modernidad”— racia-
lismos énico-culturales. Pero también es el ori-
gen de las nuevas formas de “hibridacién” cultu-
ral e identitaria, de lo que podriamos titular las
31\ Eduardo Griiner
Poy Prélogo
w ra
su reverso: qué es ser un sin-estado )? Todas estas
preguntas, dicho sea de paso, estin a la orden del
dia en un caso plenamente actual como el de la
Bolivia de Evo Morales (que Spivak, en el diélo-
go, cita lamentablemente solo como al pasar, sin
tiempo para una mayor profundizacién): un
“estado-nacién” multi-étnico y multi-lingiiistico,
con tina Tengua oficial (el castellano), pero que en
i “| Io real habla quichua, aymara, chipaya, etc., etc.
Seguramente lo mismo podré encontrarse en
tantas “naciones” africanas (los bantiies, que son
una de las comunidades étnico-lingiifsticas mas
extendidas, :son “rwandeses”, “ugandeses”, “tan
zanios”?), con toda seguridad en la India “spiva-
kiana” (donde hay una docena de lenguas reco-
nocidas oficialmente y més de una treintena
habladas de hecho), y aun en Europa (¢“bos-
ios”? z “croatas”? z“eslovenos”? ¢“georgianos”?
é“azerbadjianos”?), y ciertamente no solo en la
Europa implosionada con la caida del muro y la
disolucién de la URSS, sino en la més “clisica” y
_p |venerable (zqué es un “espafiol” para los catala-
ye nes, vascos, gallegos, asturianos, andaluces?; equé
es un “italiano” para los piamonteses, toscanos,
,wr\napolitanos, amalfitanos, sicilianos, calabreses,
+” corsos, sardos?; zqué es, incluso, un “francés”,
, feuando nos enteramos de que las tres cuartas
> partes de ese “pueblo” que en 1789 hizo la
Revolucién Francesa hablaba vasco, gasc6n, bre-
A
“piss fronterinal que afectan, desde ya, alos terri-
torios mismos, pero también a los “lindes” étni-
cos, nacionales, sexuales, genéricos, subjetivos. Y
no se trata, como cierto “multiculturalismo”
complaciente quisiera creer y hacernos creer, de
felices y creativas combinatorias culturales y
estéticas (aunque eso por supuesto que tambié
existe, por aquello de “hacer de necesidad vir-
tud”) sino, ante todo, de los efectos de un feroz
‘poder de dominacién, que frecuentemente logra
ocultar las espantosas desigualdades que ha creado
detras de sus celebradas “diferencias”.
Retomemos, entonces, el hilo de la “anéedota”
que motiva el intercambio Butlep / Spivak. El
(x modesto, casi imperceptible, gesto de “traducir”
we el himno estadounidense dispara, como si fuera
» "9 2 Ia abrupta emergencia de un gigantesco sintoma
ye! dela “mundializaci6n del Capital”, una réfaga de
/ 4 interrogantes criticos cuyas respuestas -si las
| boi hay deberin ser elaboradas, deberin ser construc:
"Qo cones de una voluntad colectiva, mas allé de que
yi" algunas hipétesis puedan ser anticipadas, tentat-
Sets vamente, por los/las “pensadores/as eriticos/as”.
Preguntas como: {Qué es un estado-nacién (y su
\ reverso: gqué es un estado sin_nacién, o una
nacidn sin estado, como la palestina?)?
2Qué es una “frontera”?
£4 Qué es-una “identidad” (nacional, mica, cultu-
av, fal, politica, sexual)? ¢Qué es ser un ciudadano (y
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Eduardo Griimer
Nuevamente: en tanto materia del “pensa-
miento critico”, oro en polvo para pensadores/as
‘post -aungue en seguida veremos que no sola-
mente para ellos/as-. Lo que los “cantantes” del
himno operan, decfamos, es un desplazamiento (0
también, si se quiere, un “re-anudamiento” en
forma de banda de Moebius) que deja al desnudo
todas esas perplejidades. La metéfora del despla-
zamiento esta lejos de ser caprichosa en una era
como la nuestra, toda ella “sobredeterminada”
por las travesias, casi siempre tragicas, de cuerpos
‘des-territorializados” y obligados a
‘re-territorializarse” pero ya como membra disjec-
ta, como retazos, restos, desechos: desde los
Imillones conducidos en trenes a los campos de
concentracién nazis a los contingentes de emi:
grantes forzados por las guerras “postmodernas”
y las “limpiezas étnicas”, pasando por los “ilega-
les” y “sans-papiers® que pueblan las metrépolis
ex-colonialistas si es que no han terminado antes
en el fondo del mar, el mundo parece haber deve-
nido un maelstrom de “flujos rizomiticos”, de
“multitudes” a la deriva, pero compuestos de rui-
as antes que —con las excepciones que cada uno
podré citar de sanos re-dimensionamientos del
34
Prolog
espacio territorial, simbélico-cultural 0 subjeti-
vo.
Los “cantantes” del himno saben, sin “saber-
Jo”, todo esto. Lo que estén produciendo, a
modo de defensa, incluso de resistencia, es una
bifuurcacién (de nuevo: territorial, simbdlica, sub-
jetiva y “estado-nacional”), Como lo dice inme-
jorablemente Lévi-Strauss en su canénico semi-
nario de La Identidad -que es, en realidad, el que
usa el concepto “bifurcacién”, siguiendo a
Michel Serres-, actiian, de manera homéloga al
mito, mediante una
conexién entre “1
igualmente ricos que podrian ser otros tantos
“nudos” semejantes. Pensemos en un ejemplo
clisico de Frantz/Fanon en su Sociologia de la
Revolucién (Fanon es, desde luego, un/aytor muy
%
reivindicado por los “post-coloniale
casi nada por las feministas, sean 0 no
una léstima-; lamentablemente, han
lo general a enmarafiarlo en las redes “textualis-
tas”, lo cual en si mismo no estarfa mal ni bien, si
no fuera que ha sido al precio de despojarlo tam-
bién a él ~justamente a Fanon- de toda su densa
carga trigica). En los inicios de Ja insurgencia
argelina, los ocupantes franceses dictan un decre-
to obligando a las mujeres islémicas a quitarse el
velo (bajo el argumento, se entiende, de una civi-
35