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P. Berger & Th. Luckmann - Modernidad, Pluralismo y Crisis de Sentido

Explicación de dos de los principales sociólogos del siglo XX sobre cómo los individuos en las sociedades actuales enfrentan el pluralismo y la crisis de sentido existencial.

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Explicación de dos de los principales sociólogos del siglo XX sobre cómo los individuos en las sociedades actuales enfrentan el pluralismo y la crisis de sentido existencial.

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Paidés Studio ‘Ghimos tuts pblicados 11, S, Ahilananda - Psleologia Hindi 10 Mas ald del syeto 15. Formal = Lamoiatagreze Fr Lyotard = La fenamelogle Tucan -Pragnentt te una podtcn del fuego Th BLVeyne y otras. Sobre finde 7), §,Puteau Bracsch~ Inroduccén al astrlogla 40. F Askovis-Leherpeux = La swpersticidn BL Jo. Haton y M:t: Haton- La intligencaartifital 82. A. Motes 21 Kitsch 33, PTameson ‘fetter ain avaneudo $4, Adal Lago y A Rovat Blog de pdr 85. O: Vato facade ta inersretacion 38. Efron -Del ener afer #7, L-VoThomat-Larmerie E172, Vrnet- Lat ongenes Cel pensomionogrego ©. E Fromm: Lo inconsient sola 30. Je Bron Attlee cco 51:1: Brun = Paton fa adem IM Girdnee“f erdenaor como clenifco See: ri rts Eom en potter P- Grin a vide on fa Roma antigua E Fromm - Ef ertede ereulor E Fromm -Lapatolosa dee normalidad Fromm Espn soceded EL Prom =f mone Como tpt reat Leslie: line de terror Jasin Fenos El cine de cincia fein 1, Bs Mane: Vee ons fe cine coal (1973-1992) Gene Obsersndo el {Wiser “Lone indo dee stds Unies de América E alner-Poomodernmonracony religion 6G. Botanior “Ef poder en eens Catan estrn Binsin Sobre ef hunon'smo :ielng visto defor ur expattes asa 1492 ee a cnr mat w El init dela fovola "8, Gada “ceidental 3: B:W. Seid Representaciones del telectual ELA. Havelock = La musa aprendre a escribir CP Heredorey A: Santana Bl eine negro inam -La herenca del ragrtisno ‘Merger yT, Luckmenn Morernidad, plualismo y crisis de sentido HG. Gadaner, ito yracar HG Gadamer, Arte verdad de ta palabra FoI, Brun = Dicelonavio de trmines psteoligeosfurdamentales HP re “Peter L. Berger Thomas Luckmann Modernidad, pluralismo y crisis de sentido La orientacién del hombre moderno Prélogo de Joan Estruch QQ fywel yD PalD6s arcana Buenos ins tee fodernitat, Plcalismus und Sinnkrise. Die Orientiering des modernen Menschen Publicado en alemsin por Verlag Bertelsmann Stiftung, Guterstoh ‘Tiulo orig ‘Traduccign del Centro de Estudios Publicos Revisin técnica de In traducci6n de Joan-Carles MBlich SUMARIO CCubietta de Mario Bskenazi Esta edicign esté tomada, con fa debida autorizacin, de fa traducci6n al castellano publicada originalmente en la revista Estudios Piblicos, 63 {inviero de 1996), Centro de Estudios Publics, Santiago, Cie. fee Introduecide, Jaen Kittel wv sei ems = 9 conn ti inn ie nr ayia ap aa rican neat yet rapa 1, Los fundamentos de la signilicacién de la vida Sieduesareneuneyoke ! Rene eee a © 1995 by Verlag Bertelsmann Sting, Giterstoh re ; 3 Siastaia leeeboe ca caclanes? 2 = 2. Lasignificacién de las relaciones sociales, la coin- Blclonos Pade Ibérice, A, cidencia de sentido y las condiciones generales Mariano Cubf, 92 -08021 Barcelona ' para la aparicidn de una crisis de sentido 4B y Editorial Paid, SAICF, Defensa, $99 -Buenos » 3. Modernidad y crisis de sentido Le 9 ae 4. La pérdida de lo dado porsupuesto . . .-. 79 Depésita legal: B-22.925/1997 5, Habitos de sentido y crisis de sentido. . . 95 Impreso en Novageafik, $.L., i 6. La resolucidn social de las crisis de sentido: ilu- Puigcerda, 127 - 08019 Barcelona siones y posibilidades . 107 Iimpresoen Espa Printed ie Spain De Bee pectives sper eaie ers utile INTRODUCCION El propésito de estas paginas introductorias no es otro que el de situar minimamente en su contexto a los autores del ensayo Modernidad, pluralism y crisis de sentido. Ellec- tor interesado exclusivamente en el contenido del texto de Berger y Luckmann puede, pues, prescindir tranquilamen- te de ellas, por cuanto no me dedicaré a analizar, nia inter- pretar, ni siquiera a glosar dicho rexto. Berger y Luuckmann son sin duda dos de los socislogos mas importantes y destacados del siglo xx. Se da Ia cit- cunstancia de que he tenido el privilegio, y In suerte in- mensa, de conocer personalmente a ambos, de haberles tratado, de haber traducido al catalan algunos de sus escri- tos, En una palabra, de saberme no sélo discipulo de uno y otro, sino amigo de los dos. De shi que me atreva al ejer- cicié'de tratar de explicar brevemente quiénes son, y de cefectuar un somero recortido por su obra anterior, con es- pecial hincapié en los textos que escribieron conjuntamen- te con anterioridad al presente ensayo, a fin de mostrar al- gunos de los clementos que atestiguan tanto la continuidad de su reflexién como la otiginal dad y la singulatidad de sus aportaciones a la sociologfa contemporénea 10 JOAN ESTRUCH 1 Peter Berger y Thomas Luckmann... Viena, enero de 1991. Un seminatio internacigsal red- ne, en un hotel de Ins afueras de la ciudad, a dos doce- nas de participantes. Mientras la mayoria desayuna en la cafeteria, a través de los cristales puede verse el exterior, nevado. Algo difuminada en medio de la neblina, se divi- sa una figuta que, vestida con atuendo deportivo, regresa jadeante de un ejercicio de footing matutino. Es Thomas Luckmann, quien al rate entra en la sala y se sienta en la mesa donde Peter Berger, delante de una taza de café hu- meante, saborea el primer cigarsillo del dia Peter Berger y Thomas Luckmann... Conozeo a am- bos desde hace aiios, pero ésta es la primera ocasion en que les veo juntos. Entre sonrisas, y con aquel ctimulo de complicidades técitas de quienes necesitan de pocas pala- bras para entenderse, inician un divertido didlogo en el que Luckmann advierte a Berger que el tabaco es perju- dicial para la salud, y éste replica que lo que realmente petjudicaria su salud secia corter en calzoneillos por la nieve, a varios grados bajo cero. Las diferencias entre ambos personajes, en efecto, son ostensibles. Alto, delgado, de constitucisn asténica, Luck- mann, Robusto y con una ligera tendencia a la obesidad, Berget. El primero, peloy barba grises, un gris que debié haber sido castaiio claro, El segundo, ecjas negeas como ‘nico vestigio en una cabeza reluciente como una bola de billar, Ojos azales en Luckmann, que expresan a la ver, ternutra y un cierto aire ce melancolia; oscuros en Berger, INTRODUCCIGN u penetrantes e inquisitivos, dispuestos a reir y a hacer reir en cualquier momento. ese a todas las disparidades, en la apariencia y en el ta- lante, son sin embargo muchas més, y mucho més impor- tantes, las cosas que unen a ambes autores, las expericncias que allo largo de sus respectivas biografias han compartido, Ambos nacieron en los iltimos afios de Ia década de los veinte; Berger en Viena, y Luckmann en Eslovenia: dos mundos no resignados todavia a la separacién, y consternados por In desaparicién del Imperio austro- hingaro como consecuencia de: desenlace de la Primera Guerra Mundial." Ambos cursa:on sus estudios de ense- jianza media en la antigua capital imperial: una Viena que era todavia la Viena de Freud, de Wittgenstein y de Schiitz, yno atin la del Anschlussy el nazismo, pero que de 1, En diversas ocasiones Berger y Lickmann han comentade, medio cn broma medio en serio, que acaician a fantasta de deca unos aos desu vez a escribir juntos una novela o una historia novelada del Impe- austrohiingaro, presentando su derrumbamiento como uno de los contecimientos mis lamentables de a historia dl siglo xx europeo. Sin luda no cs ajeno a sta nostalgia su profundo interés por el Robert Musi dde Der Mann obne Eigenschaften (tad. cas: EUbombre sn atribuos], ps blicado originalmente cuando ellos eran nits. Véase el atculo de Ber er, «The Problem of Multiple Realities: Alfred Schatz and Robert Mu: sil, de 1970, reproducido en Thomas Luckmann, ed, Phevomierology and Sociology, Nueva York, Penguin Books, 1978, pigs. 343-367. Muy te centemente, Berger ha vuelto sobre el tema en un ensayo includ en su ‘timo libro, A Far Glory (tad. east: Une gloria liana, Barcelona, Her- dle, 1994], cuyo planteamiento guarda cierto paralelismo con algunos de los elementos del texto de este volumen, tulado «Robert Musi y el sa vamento del yoo. 2 JOAN ESTRUCH todos modos ya no era la esplendorosa capital europea de antes de la guetta - ‘Cosmopolitas los dos desde su juventud —apatrida més bien, precisaria Luckmann en su caso— ambos aca- barian emigrando a Norteamética, y adquitiendo al cabo de los afios la nacionalidad estadounidense. ‘Aunque llegados a Nueva York en momentos disti tos —Berger, muy joven atin, emigrado con su familia in- mediatamente después de la Segunda Guerra Mundial; tunos afios mas tarde Luckmann— a comienzos de la dé- cada de los cincuenta coinciden ambos en la New School for Social Research como estudiantes posgraduados. En aquel periodo de hegemonia absoluta de la socio- Jogfa funcionalista en los ambitos académicos —por aquellas fechas aparece la primera edicién de El sistema social, de Talcott Parsons— la New School de Nueva York se ha convertido en una especie de oasis en el que la filosoffa y las ciencias sociales son cultivadas siguiendo otros detroteros muy distintos. En buena parte porque es una institucién que ha sido preparada por su antiguo di- rector, el norteamericano Harty Johnson, para acoger en- tre su profesorado a intelectuales centroeuropeos a quic: nes el terror nazi ha forzado al exilio. Y en la New School for Social Research se encuentran, por vez primera Peter Berger y Thomas Luckmann: con- cretamente, en un seminatio impartido por el filésofo Karl Léwith. Aunque por razones distintas, los dos socidlogos 2, Luckmann asi lo consigna en el boletin de la American Sociolog- cal Association, Perspectives, va. 15, n.2, 1992, pag. 4 inTRODUCC:ON B se interesan fundamentalmente por la sociologia de la reli- ‘in, y reciben en esta etapa crucial de su formacién unas, influencias comunes que dejardn en ambos una buella in deleble: las de sus maestros Carl Mayer, a través de quien conectan con la obra de Weber, Albert Salomon, que les introduce sobre todo en el conocimiento de Durkheim, y Alfred Schiitz, el gran inspirador de su posterior obra conjunta La construccién social de la realidad. Si estuviéramos més familia-izados con una respeta- ble tradicién historiogréfica muy anglosajona, éste serfa el momento de hacer un largo inciso, para intentar lo que cellos llaman el intellectual portrcit de tres parejas: Alfred else Schiitz, Thomas y Benita Luckmann, Peter y Brigi te Berger. En nuestras latitucles, sin embargo, esos ejer- cicios tienden a ser considerados dignos de la prensa del corazén, y poca cosa més. Limitémonos, por lo tanto, a dejar consignado otro rasgo comin a nuestros dos auto- res, y no excesivamente frecuente en el mundo de la so- ciologi: a saber, que ambas esposas son asu vex socidlo- as. ‘Al finalizar sus estudios en la New School, Berger y Luckmann inician sus respectivas carreras académicas. ‘Luckmann permanece en el area de Nueva York, ensefia ‘durante dos cursos en el Hobart College, y se reintegra en 1960 a la New School, hora como profesor de su Depar- tamento de Sociologia. Alfred Schiitz acaba de fallecer, y su esposa Ie encomienda a Luckmann que se haga cargo 3. Véase la nota de agradecimientoen las iltimas linea del prélogo de La construcién socal dela relided. 4 JOAN ESTRUGH de su proyecto de publicacién de la obra péstuma, de la que no existen en realidad sino algunos fragmentos, guig~ nes, y anotaciones mas o menos dispersas.’ Berger, por su parte, tras un afio de estancia en Ale- ‘mania, petmanece dos cursos en la Universidad de Caro: lina del Norte, y de ahi pasa a Hartford, en el Estado de Connecticut, antes de :eintegrarse asimismo a la New School for Social Research en 1963. La experiencia doceate en las condiciones de vida de un Estado como el de Carolina del Norte, en el que per- siste por aquellos aiios un régimen de segregacién racial pura y dura, por no citar sino el ejemplo més flagrante, setvira a Berger para redactat, una vez en Connecticut, su famosisima Invitation to Sociology, traducida a lo largo de los afios a més de veinte idiomas distintos.’ Por otra par- te, en este mismo periodo Berger publica dos libros de sociologia de la religi6n: The Precarious Vision, que cons- tituye un esfuerzo de ditlogo entre los ambitos de la so ciologia y la teologia, y que més tarde reanudaré en su A Rumor of Angels (y mas tecientemente en A Far Glory), y un espléndido anélisis de la situacién religiosa norteame- ricana, con el titulo de The Noise of Solemn Assemblies. 4, La obra se publics en inglés (y también en alemén), en dos voli: ‘menes,firmados conjuntamente por Schitzy Luckmann, con el titulo de The Structures of te Life: Worl. Fl primero se publicé en 1973, y el se- ‘gundo en 1984. 5. Entre ellos el catalan y el euskera, ademds por supuesto del caste llamo, en una versisn infame parpetrada en México, 6, Bnisten ediciones en castellano de Rumor de dngelesy de Una glo +a lejana, ambas publicadas en Barcelona por Herder. INTRODUCCION, 5 En cuanto a Luckmann, también en 1963 publica, en alemén, su obra Das Problem der Religion in der moder- nen Gesellschaft (literalmente, «El problema de la reli- gién en la sociedad moderna»), primera versién del libro que unos afios mas tarde se editaré en inglés, corregido y aumentado, con el titulo de The Invisible Religion Para ambos el afio 1963 es, pues, un afio crucial: afio de publicaciones importantes, afio de reencuentro perso- nal en tanto que profesotes de la New School for Social Research, y afio del comienzo de su estrecha colaboracié 1 Peter Berger y Thomas Luckmann, en efecto, han pu- _ blicado en total un libro y tres articulos conjuntamente, ademas del ensayo que aparece en el presente volumen. Entre uno y otros median casi treinta afios. Y sin embar- g0, la mayoria de las cuestiones abordadas en el texto més reciente aparecen ya apuntadas en los anteriores, consti- tuyendo en cierto modo como una prolongacién de la re- flexién iniciada en Ia década de los sesenta. Tanto el libro como los tres articulos son fruto de ese petiodo de estrecha colaboracién que se inicia en 1963. El libro, al que antes se ha hecho ya referencia, es el fa- moso tratado de sociologia del conocimiento titulado La 7. Versisn alemanaincial, Friburgo, Rombach, 1963; versin en in- slés, Nueva York, Macmillan, 1967; taducci6n eastellana de esta dltima, La religion invible, Salamanca, Sigueme, 1973. 16 JOAN ESTRUCH construccién social de la realidad Los articulos son, por ‘orden ctonolégico, «Sociology of Religion and Socidlogy of Knowledge» (1963), «Social Mobility and Personal Identity» (1964),"° y «Secularization and Pluralism» (1966),"' coincidente con el afio de aparicién de La cons- tnuccién social. Es de destacar el hecho de que todos ellos datan de un periodo en el que ninguno de los dos autores habia cumplido atin los cuarenta afios. El primero de estos articulos es fundamental en mu- chos sentidos, Entre otras cosas, porque nos proporciona algunas claves para conocer la génesis del libro de La cons- traccién social, En el prélogo del libro los autores se limitan a consignar que empezaron a concebir la obra durante el verano de 1962, y que a comienzos de 1963 tenfan bosque: jado un primer esquema. En «Sociology of Religion and Sociology of Knowledge» se detectan claramente las preo- cupaciones subyacentes a esa primera elaboracién. Como ha quedado dicho, tanto Berger como Luck- mann son fundamentalmente, al menos por esas fechas, socidlogos de la religin, y a esa disciplina han dedicado sus publicaciones recientes. El articulo toma como punto de partida la constatacién de una proliferacién de estu- 8, The Social Consiruction of Reality. A Treatise in the Sociology of Knowledge, Nueva York, Doubleday, 1966, Edicién castllana en Buenos Aires, Amorrorta, 1968. Vers én catalana en Barcelona, Herder, 1988, 9. Aparecida en Sociology and Socal Research, vol. 47, n. 4, 1983, igs, 417-427. 10. En Archives Européornes de Sociologie, 5, 1964, pigs. 331-343. LL, En Internationales Jakrbuch fir Religionssoziologe, vol. 2, 1966, pags. 73-81, mvrRopucaéN v7 dios més 0 menos sociolégicos, que responden a los inte reses de las instituciones eclesiisticas, y que constituyen ‘una vatiante de la investigacién de mercados. Se trata, en efecto, de unos estudios financiados por unas organiza ciones eclesiésticas que se enfrentan a unos problemas ptagmiticos, y que buscan soluciones no menos praginé- ticas a tales problemas. De ahi que el marco de referencia, tedrico de dichos estudios venga detetminado por esas, preocupaciones, y que su metodologfa sea eminentemen. te sociogréfica. Lo cierto ¢s, sin embargo, que existe una distancia enorme entre esa especie de sociologia de la religi6n y el lugar que el fenémeno religioso habfa ocupado en la teo: rfa socioligica clésica, Tanto Weber como Durkheim vei- an en la religin un fenémeno central de la realidad so- cial, de suerte que su andlisis era légica y necesariamente fundamental para cualquier comprensién_sociolégica. Con los cambios habidos en fechas mas recientes, por el contratio, la sociologia de la reigién se ha convertido en tuna rama marginal de Ia sociologia. Pero sila religién ha dejado de ser un tema central de la teoria sociolégica, 0 del anilisis sociolégico de la sociedad contemporanea, at- uyen Berger y Luckmann, ello es debido al hecho de que el ambito de la sociologia de la religién se esta definiendo «en tétminos eclesidsticos. Ello sapone que se estan acep- tando tcitamente los puntos de vista oficiales de la insti- tucién, hasta el extremo de que terminan siendo los bu- récratas eclesidsticos quienes acaban definiendo el objeto de la investigacién sociol6gica. El problema crucial con el que debe enfrentarse el so- 1 NAN 2 8 JOAN ESTRUCH = ciélogo de la religién es el de saber cules son las caracte~ risticas de los procesos de legitimacién que realmente cuentan en las sociedades contempordneas. Ahora bien, el hecho de que dichas sociedades sean sociedades secu- latizadas implica precizamente que las legitimaciones fundamentales se hallan mayoritariamente fuera del ém- bito de las religiones institucionalmente especializadas (en forma de Iglesias). Se trata de investigar, por consi- guiente, cudles son estas formas de legitimacién, hasta qué punto estan institucionalizadas, y en qué émbitos. Y ésa es exactamente la tarea que Berger y Luckmann asignaran a la sociologia del conocimiento. En una frase que constituye una excelente sintesis de los propésitos de La construccién social de la realidad, Berger y Luckmann afirman en «Sociology of Religion and Sociology of Know: ledge» que la tarea de una sociologia del conocimiento ha de consistir en el anilisis de las formas sociales de conoci- miento, de los procesos a través de los cuales ese conoci miento es adquirido por los individuos, y de la organiza. ciGn institucional y la distribucién social del conocimiento, Desde esta perspectiva, concluyen, la sociologia de la religin es parte, y partefundamental, de la sociologia del conocimiento, puesto que su objetivo es el de analizar el aparato cognitivo y notmativo por el que se legitima un universo socialmente coastituido. Por un lado, pues, este primer articulo de Berger y Luckmann pone de marifiesto una de las razones bésicas subyacentes al proyecto de La construccién social: reen- troncar con la tradici6n clasica de la sociologia de la reli- gidn y evitar su creciente marginalidad, fundamenténdo- nvrRopucessy 19 Ia en el marco de una nueva concepcién de los objetivos y el alcance de la sociologia del conocimiento. Por otto lado, y aunque no estén atin elaborados algunos de los conceptos centrales del ensayo de 1995, como el de es- tructuras intermedias, en este texto de 1963 aparecen ya algunas de sus preocupaciones bisicas: as consecuencias, de la crisis de plausibilidad de unos determinados siste- mas de legitimacién, y la necesidad, tipica de las socieda- des modernas, de hallar elementos de respuesta a la pre- gunta del hombre por el sentido de sus acciones y de su trayectoria social El segundo articulo, sobre movilidad social ¢ identi- dad personal, se publica un aiio mas tarde, y es un texto redactado paralelamente al de La construccién social, Po- dria ser visto incluso como una prolongacién de una de las "partes del libro, que ahonda monogrsfieamente en un as- pecto particular de lo que en el libro queda planteado sélo en términos mas generales. En efecto, el tiltimo capitulo dela obra, qué trata de la sociedad como realidad subjeti- va, comporta un primer bloque temético sobre Ia inte- riorizacién de la realidad y los procesos de socializacién, tun segundo apartado sobre las interconexiones entre la in- teriorizacién y la estructuta social, y desemboca en un ter cer bloque dedicado a las teorias sobre la identidad. ) Dentro de este contexto, esta claro que lo que se pro: pone el articulo es ver con mayor detalle e6mo se plantean las cuestiones relativas a la idertidad personal en una sociedad estructurada en clases sociales, en la que la mo- vilidad social ascendente es percibida como un objetivo a lograr, y la movilidad social descendente como un indica- 20 JOAN ESTRUCH dor de fracaso. Ambos tipos de movilidad reperéuten, por consiguiente, sobre la percepcién que el individuo tiene de su identidad, pudiendo dar lugar a una crisis de ider tidad en el caso de la movilidad descendente, y al fen meno que Berger y Luckmann califican de alternaci6n en el caso de la ascendente. '\ También en este segundo caso se observa, por consi- sguiente, cémo el articulo apunta ya a algunos de los temas, ‘que son objeto del ensayo del afio 1995: Ia identidad y el sentido, y las crisis de sentido y de identidad, como temas tecuttentes y tipicos de la modernidad, fruto de la difu- minacién de dquello que tradicionalmente habia sido considerado como el mando «dado por supuesto»s, Llegamos con ello al tercero y tiltimo de los articulos radactados conjuntamente por Berger y Luckmann du- rante la década de los sesenta: el dedicado a la seculariza- cién y el pluralismo, publicado en 1966, el mismo afio de la aparicién de la edicién original de La construccién so- cial de la realidad, Se trata de un texto capital, profusa- mente citado desde entonces por socidlogos de la religion de todas las orientaciones y tendencias, y que sin ningiin ‘género de dudas habrie de figurar en cualquier antologia de los esctitos mas decisivos e influyentes que en sociclo- sia de la religién se han escrito en el siglo xx, Pese a que hoy en dia ambos autores, y especialmente Berger, han afinado su anilisis del fanémeno del pluralismo, y han te- 12, Véage The Social Construction of Reality, pi 161, donde en co- nexién con el fenémeno de laalternacién los autores hacen precisamente referencia asu articulo sobrela movilidad social y la identidad, INTRODUCCION ai visado en parte su diagnéstico sobre Ia realidad y sobre Jas consecuencias del proceso desecularizacién, el artfcu- lo continda siendo de referencia obligada Al mismo tiempo, se trata de un articulo que en muy buena parte nos proporciona la clave pata explicar una de Jas mayores paradojas de La construccién social de la reali- dad, En efecto, si segtin antes se dijo Berger y Luckmann acometen la redaccién de la obra con el propésito de ha- llar un marco teético de referencia que les permita «des- ‘marginalizar» la sociologia de la religién y proseguir sus investigaciones en ese ambito, gpor qué son tan escasas en La construccién social las refexencias explicitas al fendme- no religioso? Mas aiin, gpor qué en un capitulo crucial como el dedicado a las legitimaciones se hace constante _ hineapié en la importancia de los «universos simbélicos> como cuatto y tiltimo nivel (metateérico) de las legitima- ciones, y sin embargo las altsiones a la religién no apare- cen como quien dice sino veladamente, en notas a pie de pagina?” Dados los objetivos iniciales de La construccién social de la realidad, lo logico hubiera silo esperar una prolonga- ci6n dela colaboracién entre Berger y Luckmann, en forma le investigacisn especifica sobre los fenémenos religiosos. Ello no obstante, lo cierto es quel afo siguiente de la apa- ricién del tratado de sociologia del conocimiento, Luck- 1B. Vease, como ejemplo paradigmatic, la nota 69, en la pig. 201 del edicién nortamericana original, donde afitman que su coneepto de caniversosimbélico»es muy prdxino ala nocién durkeimiana de arel- sid 2 JOAN ESTRUCH mann publica su The Invisible Religion, mientras que Berger saca ala luz The Sacred Cavopy." Esta tiltima obra es, efecti- vamente, una aplicacién de la perspectiva de la sociologia del conocimiento al anilisis de los fendmenos rligiosos, y de hecho toda su primera partees una sintesisy una acaptacin de los contenidos esenciales de La construecién social @Por qué, pues, dos publicaciones separadas, y no una ‘obra conjunta? Fundamentalmente, porque Berger y Luck- mann toman como punto de partida dos aproximaciones distintas al fendmeno religioso desde el punto de vista con- ceptual, Luckmann aboga decididamente por una defini- cién funcional de Ia religidn: una definicién de muy ampli spectro, que le permita llevar el andlisis mucho més allé de Jas acreligiones institucionalmente especializadas, en forma de Iglesia», para aproximarse al fenémeno de Ia areligién invisible» (en el sentido de escasamente institucionalizala). Berger, por el contratio, es partidatio de una definicién sus- tantiva de religidn, mas restrictiva que la de Luckmann, y més en consonancia con aquello que tradicionalmente se ha entendido como tal.” Asi pues, el desacuerdo en torno a las definiciones de partida es el que hace inviable un planteamiento teérico 14, La obra de Luckmann,segin se a dicho ya, era una reelabora ci6n de la que en 1963 habla publicado en ale set, publiade por Doubleday igualmenteen 1967, fue traducida al caste Ilana con el ttl de Pore se ior socaligice dr le reli, Barcelona, Kairés, 1971 15. Véanse ls obras respectves,y muy pactcularmente el apéndice primero del libro de Berger, «Definicionessocilégicas de le religién>, donde se hace referencia express a estas discrepancias, INTRODUCCION B comin, y el que explica asimismo los rodeos con los que la cuestidn de la religién como sistema de legitimacién es abordada en La construccién social. Sin embargo, ambos au- totes coinciden en afirmar que esés divergencias no impli- can necesariamente diferencias interpretativas respecto a procesos sociohist6ricos concretos, En otras palabras, que a ahora de analizat por ejemplo la sgnificacién de la secula- rizacin y del pluralismo en las sociedades occidentales con: temporsneas, las conclusiones de ambos son coincidentes. En este sentido cabria afitmer, pues, que el articulo sobre «Secularization and Pluralism» del afio 1966 refle- jaba aquellos puntos en los cuales si les era posible a am- bbos autores susctibir un mismo tipo de andlisis. Y en ese sentido también, el ensayo contenido en el presente volt men se sittia en perfecta continuidad con La construccién social por una parte, y con el articalo sobre secularizacién y pluralismo por otra, mm Quedatia finalmente un Giltimo punto por dilucidar, antes de dar por concluidas estas paginas introductorias. Tras ese periodo de colaboracién, breve pero particular- mente intenso, al que acabamos de referimos, cpor qué razén Berger y Luckmann han tardado cerca de treinta afios en volver a publicar algo juntos? Goincidiendo con el vigésimoquinto aniversario de la apaticién de La construccién social de la realidad, la Aso- ciacién Sociolégica Norteamericana organiz6 algo pareci- 24 JOAN BSTRUCH do aun acto de homenaje a ambos autores, ante el que Berger, con su catactetistico sentido del humor, reaccio né diciendo, entre otras cosas, que se sentia incsmodo porque suele darse por supuesto que el agasajado esté a punto de morir, cuanco no hu fallecido ya. Al invitarles 1 pronunciarse, se les formulaba entre otras esta misma pregunta: por qué, después de La construccién social, no hhan seguido trabajando juntos? Desde Europa, Luccmann mand6 una respuesta escrita en la que comentaba que el hecho eta s6lo atribuible a «la distancia geogréfica, que no intelectual». Y Berger contest6 cen términos parecidos, diciendo textualmente: «Mi colabo- racién con Luckmann, que sigue siendo uno de mis mejores amigos, terminé por la sencilla razén de que él acepté un puesto académico en Europa. Con el océano de por medio se pueden realizar estucios empiricos conjuntos. Pero el tra- bajo tedtico en comiin requiere —por decitlo con una fr- mula que es una mezcla de Webet y de Schiitz— el pianiss- ‘mo de a situacién caraa cara» Efectivamente, antes incluso de la apaticién de La cons- trucci6n social de la realidad, Luckmann abandoné la New School de Nueva York para trasladarse a la que él mismo calificaba de «catedral de la sociologia criticw», Frankfurt, en cuya Universidad trabajé entre 1965 y 1970, afio en que ppasé alla recién creada Universidad de Constanza, lo cual le ha permitido desde entonces residir en una localidad ofi- ialmente suiza, trabajar en una localidad oficialmente alc- mana, y sobre todo ir a pescar a un rio oficialmente austria co, sin tener que recorrer més que unos pocos kilémetros. Berger, por su parte, permanecié en la New School for So- mvTRODUCCION ~% cial Research hasta 1970, luego fue profesor de la Rutgers University entre 1970 y 1979, y desde esta fecha reside en Boston, en cuya Universidad dirige el Institute for the Study of Economic Culture, que él mismo funds en 1985. Por otra parte, y aun cuando la distancia que les ha mantenido separados haya sido geogrifica, y no intelec- tual ni afectiva, no es menos cierto que a lo largo de los Uiltimos treinta afios sus respeciivas investigaciones han seguido caminos parcialmente distintos. ‘Asi, a raiz de una estancia en el centro cultural de Cuernavaca (México), dirigido por Ivan Illich, Berger co- menzé a interesarse vivamente, a partit de 1969, por los problemas relacionados con el desarrollo econémico y la modernizacién. Sin abandonar jamés el ambito de sus in- vestigaciones en sociologia de la religién, que tras The Sa- cred Canopy y ptescindiendo de méltiples articulos tiene como hitos mas importantes la publicacién de A Rumor of Angels (1969), The Heretical imperative (1979), y A Far Glory (1993), Berger abriré por esa via una nueva linea de trabajos en la que destacan The Homeless Mind (1973), esctita conjuntamente con su mujer Brigitte y su cufia- do Hansftied Kellner, y Pyramzids of Sacrifice (1974), para ‘culminar en la que probablemente sea su obra més polé- mica y mas provocativa, The Capitalist Revolution (1986)."° ‘Ambas lineas de investigacién convergen en los trabajos actualmente en curso en el seno del Institute for the 16, Traducciones: Un mundo sin begar, Santander, Sal Terra, 1979: Pisdinides de sarifcio, Santander, Sal Terrae, 1979; La revolucén capita: liste, Barcelona, Peninsula, 1989; 2" edicin revisads, 1991 26 JOAN BSTRUCH Study of Economic Culture, cuya propia denominacién punta ya a esa interrelacién entre lo econémico y distin tos aspectos de la cultura, tales como la religi6n, la moral y los estilos de vida. Asi, por ejemplo, en el Instituto se esta trabajando actualimente en cuestiones come las di mensiones culturales de los amilagtos econémicos» de los apequefios dragones» del Extremo Oriente, el desa- rrollo de un peculiar «espiritu capitalista» en el contexto de un pats mayoritariamente iskimico como Indonesia, el fenémeno de la transicién politica en Africa del Sur, o las consecuencias socioeconémicas del espectacular creci miento del protestantistro en América Latina “Thomas Luckmann, por su parte, ha trabajado desde Constanza a un nivel mis «microsociolégicon, en estu- dios empfticos sobre las estructuras y las funciones de los procesos comunicativos, a través de los cuales se constru- ye y se reconstruye la realidad. Combinando la teoria del interaccionismo con la sociologia del conocimiento de su La construccién social de la realidad, ha ido desarzollando todo un programa de investigacién de los procesos co- municativos, o de lo que él mismo ha llamado a veces una teoria de los géneros comunicativos. De la paulatina im- plementacién de este programa han ido derivandose su- cesivamente, como principales publicaciones, sus libros So ciology of Language (1975), Lebenswelt und Gesellschaft (1980), y Theorie des sozialen Handebns (1992).”” 17. Esta ltima ha sido traducida al castellano en Paidés, Teoria de a «aci6n social. De la segunda existe una versién en inglés, Life: World and Social Realities, Londres, Heiremann, 1983. INTRODUCCION a Esta relativa disparidad de intereses y de estudios a lo argo de los diltimos afios muestra ahora su complementa- riedad, y st fecundidad, en el resultado de ese nuevo tex- to escrito en colaboracién que es Modernidad, pluralismeo yy crisis de sentido, {Que no sea ésta la tiltima vez en la que aparecen juntos, en una misma publicacién, los nombres de Peter Berger y Thomas Luckmann! Joan Esrructt Universidad Auténoma de Barcelona, 1997 Capfruto 1 LOS FUNDAMENTOS DE 1.4 SIGNIFICACION DE LA VIDA HUMANA No es evidente que lo que hoy se dice acerca de una ctisis de sentido en el mundo actval y en la vida del hom- bre moderno corresponda, efectivamente, a una nueva forma de desorientacién. No podria ser que tan solo es- tuvigramos oyendo la joven repeticién de un viejo lamen- to? ¢No sera la queja con que se expresa la sensacién an- gustiante que ha invadido una y otra vez a la humanidad al enfrentarse a un mundo que se ha vuelto inestable? 2No ser aquel viejo lamento de que la existencia huma- na es sélo un camino hacia Ia muerte? ¢No sera la duda de-siesta vida podtia encontrar su sentido en una historia trascendente de salvacién? ¢O es la desesperacién que suscita la falta de ese sentido? Estamos lejos en el tiempo del libro del Eclesiastés («vanidad de vanidades y todo es vanidad»), pero no tan lejos del espiritu de la Cronica del obispo Otto von Freising, escrita hace més de ochocien- tos cincuenta afios; «En resumidas cuentas, nos deprimen atal extremo el recuerdo de las cosas pasadas, la presién del presente y el temor de las vicisitudes futuras, que aceptamos la sentencia de muerte que hay en nosotros y puede que lleguemos a cansarnos de la vida en si». Pese a 30 MODERNIDAD, PLURALISMO Y CRISIS. Ja mayor distancia en el tiempo no esti muy lejos de las concepciones acerca del destino del ser humano desde ‘Tucidides hasta Albert Camus. ¢En qué se sustenta la convicci6n de los exiticos de la sociedad y la cultura actuales (tanto la de los criticos mo- dernos como posmodernos), en el sentido de que la crisis, de nuestro tiempo seria fundamentalmente distinta a to: das las desdichas pasadas? Estos observadores rara, vez parten del supuesto de que ha habido un cambio radical, ena vida humana, en la conditio humana, Mas bien pare- cen sospechar que Ia modernidad conlleva una nueva configuracién social del sentido (Sinn) de la vida humana, que ha hecho que éte, y con ello la existencia humana queden sumidos en una crisis tinica desde el punto de vis- ta histérico, Tales especulaciones resultan muy sugeren- tes y pueden parecer convincentes, lo cual no significa que puedan resistir el examen empftico. El andlisis soci légico contemporsneo tiende, con demasiada ligereza, a suponer que existe algo semejante al sentido y la signifi- cacién (Sinnbaftigheit) como motivacién de la accién hu mana y como telén de fondo contra el cual se hace evi dente la crisis de sentide en la época moderna, Por eso, ¢s preciso hacer algunas consideraciones antropol6gicas, preliminares que nos permitan identificar las condiciones generales y las estructutas basicas del sentido en la vida, Tan sélo de ese modo llegaremos a entender mejor los cambios histéricos que se dan cn las estructuras particu- ares de sentido en la existencia del ser humane. El sentido (Sinn) se constituye en la conciencia huma- nn la conciencia de. individuo, que esta individuali- ni SIGNIFICACION DE LA VIDA HUMANA 31 zado en un cuerpo vivo (Letb) y ha sido socializado como pérsond. La conciencia, la individuaci6n, Ia especificidad del cuerpo vivo, la socialidad y le constitucién histérico- social de Ia identidad personal son caracteristicas de nuestra especie, sobre cuya filogenia y ontogenia no cabe hacer aqui mayores consideraciones} Con todo, haremos un breve esbozo de las operaciones generales de Ia conciencia a partir de las cuales se construyen las milti- ples significaciones de Ia experiencia y de la accién en la cexistencia humana. La conciencia en sf misma no es nada, es siempre conciencia de algo. Existe s6lo en la medida en que dirija su atencién hacia un objeto, hacia una meta, Este objeto in- tencional esta constituido por los miltiples logros sintéti- cos de la conciencia y aparece en su estructura general, ya sea en la percepcién, la memoria o la imaginacién; alrede- dor del nticleo, del «tema» del o2jeto intencional, se ex- tiende un campo tematico delimitado por un hotizonte abierto, Este horizonte, en el que siempre viene dada la 4, conciencia del propio cuerpo vivo, se puede a la vez tema- tizar, La secuencia de temas interrelacionados —lamémos- los «vivencias» (Erlebmisse)— no tiene, en sf, sentido, Ella «s, con todo, el fundamento desde el cual puede surgir el sentido, Pues las aprehensiones que no ocurren pura y sim- plemente, y en forma independiente, sino que atraen la atencién del yo, adquieven un meyor grado de definicién temética; se tornan «experiencias» claramente perfiladas. Consideradas individualmente, las experiencias no ten- dian aiin sentido. Sin embargo, como un niicleo de expe- tiencia que se separa del trasfondo de vivencias, la concien- 32 MODERNIDAD, PLURALISMO ¥ CRISIS cia capta la relacién de este niicleo con otras experiencias, La forma mas simple de tales relaciones es la de «igual a», «similar a», «diferente der, «igualmente buena que», «dis- tinta y peor que», ete. Asi se constituye el nivel més ele- mental de sentido, Fl sentido no es més que una forma algo més compleja de conciencia: no existe en forma indepen- diente. Tiene siempre un punto de referencia, El sentido es conciencia del hecho de que existe una relacién entre las varias experiencias. Lo contratio es también cierto: el sen- tido de las experiencias —y, como veremos, de las accio- nes— debe construitse a través de las funciones «relacio- nales» de la conciencia, Es posible relacionar la experiencia actual, en un momento dado, con otra del pasado inmedia- to o distante. Generalmente, cada experiencia esté relacio- nada no con alguna otra, sino con un tipo de experiencia, un esquema de experiencia, una maxima, una forma de le- gitimacién moral, etc., btenidos de muchas experiencias y almacenados en el conocimiento subjetivo o tomados del acervo social del conocimiento (Wissensvorra). Por intrincada que pueda parecer esta fenomenologia del funcionamiento miltiple de la conciencia, sus frutos, son los simples componentes del sentido en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, en la vivencia de una flor hay una tipica forma (Gestalt) ligada a un color tipico, relaciona- do con una cuslidad tipica de aroma, tacto y uso. En la conciencia dirigida, esta aprchensién se transforma cn experiencia; esta experiencia es captada en relacién con otras experiencias («tantas flores») o relacionada con una clasificacién tomada del acervo social del conocimiento. («una flor alpina»), y puede ser finalmente integrada en SIGNIFICACION DE LA VIDA HUMANA, 3 un plan de accién («jla corto y se la llevo a mi amadal>). En este proceso, varios tipos («flor alpina», «amadan) se integran en un esquema procedimental («la corto y se la llevor) y se funden en otra unidad de sentido mas com- pleja, pero aun asi habitual. Si finalmente este proyecto no se lleva a cabo porque entra en conflicto con una mé- xima fundada en la moral («ino la cortes!, jes una flor muy exética!»), se llega a una decisin y se configura un nivel superior de sentido a través de Ia evaluacién se- cuencial de los valores e intereses envueltos. Este ejemplo ya indica el doble sentido de la «accién» (Handeln) y del «acto» (Handlurg). El sentido de la ac- cin presente se configura por anticipado. Un acto con- cluido tiene sentido de un modo tetrospectivo. La accién cs guiada por una perspectiva determinada hacia un fin preconcebido, Este proyecto es una utopia en la que el actor anticipa una condicién futura, evalia su deseabili- dad y su urgencia y considera los pasos que habrin de ha- ~ cetla posible —en la medida en que el proceso, a través ~ de acciones similares previas, no sea familiar y no se haya convertido en un habito—, El sentido de las acciones, «en el acto», se configura por su relacién con el propési- to. El acto concluido, ya sea o no con éxito —pero tam- bién el acto proyectado como algo concluido—, puede compararse con otros actos, ser entendido como el cum- plimiento de méximas, explicado y justificado como la cjccueién de normas, justificadlo como desaffo a una nor- ma, negado a otros y, en dltima instancia, a uno mismo. Ese caracter dual del sentido, ast como la compleja es- tructura del sentido, estén presentes en toda accién, pero M4 MODERNIDAD, PLURALISMO ¥ CRISIS. en Ia rutina diaria puede ocurrir que esas caractetisticas aparezcan borrosat. Desde luego Ia accién social comparte esa estructura del sentido, pero asume también otras dimensiones: pue- de ser indirecta o directa, puede ser mutua o unilateral. La accién social puede ir dirigida hacia otras personas, presentes o ausentes, muertas 0 ain por nacer. Puede que busque dirigirse a ellas en su individualidad, pura y sim- plemente en tanto categoria social, Puede orientarse a conseguir una respuesta 0 no —y puede haber o no una respuesta, Puede ser concebida como sinica o puede que busque convertirse en una reiteracidn habitual, o prolon- garse en el tiempo. El complejo sentido de la acci6n social y de las relaciones sociales se construye en estas diferen- tes dimensiones del sentido. ‘Al referirnos a la manera en que se constituye el sen- tido en la conciencia del individuo ya quedé claro que esto no podia aludir al sujeto aislado, a la ménada inco- municada, La vida diatia esta llena de secuencias de ac- idn social y la identidad del individuo se forma tan sélo en dicha accidn. Las aprchensiones puramente subjetivas son el fundamento de la constitucién de sentido: los es- tratos mas simples del sentido pueden crearse en la expe- riencia subjetiva de una persona, Los estratos superiores yuna estructura més compleja del mismo dependen de la “objetivacién del sentido subjetivo en la accién social, El individuo puede hacer complicadas conexiones Iégicas ¢ iniciar y controlar secuencias diferenciadas de accién, sélo si él o ella es capaz de hacer uso del acervo de expe- riencia disponible en el contexto social. De hecho, ele- SIGNIFICACION DE LA VIDA HUMANA 35 ‘mentos del sentido modelados por antiguas vertientes de Ja accién social (las «tradiciones») fluyen incluso en los ~niveles mas bajos del sentido dela experiencia individual. La tipificacién, la clasificacién, los patrones experiencia les y las esquuemas de accidin son elementos de los acervos subjetivos de conocimiento, tomados en buena medida de los acervos sociales de conocimiento, Por cierto que la constitucién subjetiva del sentido es el origen de todos los acervos sociales de conocimicnto, Jos depésitos histéricos de sentido en que pueden apo- yarse las personas nacidas en una sociedad y en épocas patticulares. El sentido de una experier quiera surge «en alguna partes, «en algiin momento», como la accién consciente de un individuo «para resolver un problema» en relacién con su entorno (Umwelt) natu- ral o social. No obstante, puesto que la mayoria de los problemas a los que se ve enfrentado el individuo afloran a Ia vez en las vidas de otras personas, las soluciones a esos problemas no son sélo subjetivamente sino que tam: bin intersubjetivamente relevartes. Los problemas aflo ran a la ver de la accién social interactiva, de modo que las soluciones deben encontrarse también en comin, Tales soluciones pueden objetivarse en alguna de un cierto nui mero de formas posibles, a través de sefiales, instrumen- tos, elaboraciones, pero sobre todo a través de las formas comunicativas de un lenguaje (Sprache), quedando asi disponibles para otros. En las objetivaciones, el sentido subjetivo de la expe- riencia, o del acto, esté desligade de Ia singulatidad de la situacién original y se nos ofrece, él mismo, como un sen- © acto cual- 36 MODERNIDAD, PLURALISMO Y CRISIS tido tipico para ser incorporado a los acervos sociales de conocimiento, Asi como personas que son diferentes reac- cionan de manera similar a desafios similares, puede lle gar a ocurrir que también esperen estas mismas reaccio nes en los demés 0 que incluso se obliguen unas a otras a afrontar dicha situacién tipica de ésta y de ninguna otra forma. Esa es la precordicién para que los actos sean transformados en instituciones sociales. La aparicién de depésitos de sentido y de instituciones histéricas libera al individuo de la pesada carga de solucionar los problemas de la experiencia y el acto que afloran, como por primera vez, en situaciones particulares, Si la situacién concreta es basicamente idéntica a las constelaciones que ya son fa miliares, entonces el individuo es capaz de recurrit a modalidades familiares, y practicadas anteriormente, de experiencia y acto. Sin embargo, al igual que todos los actos repetitivos no se transforman en instituciones, no todo el sentido:subjeti- vamente constituido e intersubjetivamente objetivado es absorbido por los acervos sociales de conocimiento. Se in- terponen otros jprocesos, en los cuales el sentido objetivado ¢s socialmente «procesado», Tales procesos son en buena medida determinados po: las relaciones sociales dominan- tes. Las instituciones existentes de dominacién y trabajo, pero sobre todo las instituciones que socializan las transac- ciones con fuerzas inusuales, se dirigen a los distintos nive- les y éreas en los que se produce el sentido y, con éxito va- riable, intentan influir en dicha produccién 6 intervenir en ella, Las diferencias que se observan en el grado de control del sentido han sido y continéian siendo enormes, aun en SIGNIFICACION DE LA VIDA HUMANA 37 tuna misma época. Esto resulta evidente si uno compara la supervision de la produccién de sentido en cl antiguo Egip- tocon la de Israel y Babilonia, o a el Irén actual con la de Suecia. Avin més significativas son las diferencias aprecia- bles a través de épocas sucesivas, incluso si uno asume que hasta los albores de Ia modernidad hubo una caracteristica estructural comin: la tendencia a la monopolizacién. Las «soluciones» subjetivas a los problemas de la expe- riencia y el acto, las objetivaciones «primatias» del sentido «que se vuelven intersubjetivamente :ecuperables a través de Ja comunicacién (Mitteilung) con o:r0s, son procesadas s0- cialmente en distintas «vias» que han variado muchisimo a través de la historia, En los procesos «secundatios», institt- cionalmente controlados, mucho es obviado por su insigni- ficancia; otras cosas son descartadas por inapropiadas incluso por peligrosas. Algunas objetivaciones del sentido ccongideradas en el procesamiento son simplemente almace- nadas, y alas que se considera adecuadas o correctas se les, confiere alguna forma de ordenamiento, mientras que cier- tos elementos adquieren el rol de gemplos. Las jerarqufas del saber y los sistemas de valores as{creados pueden estar intimamente interrelacionados —como en el mundo pre- moderno— o pueden desarrollarse independientemente unos de otros, Es mas, esos elementos de sentido y los siste- mas de sentido que son retenidos quedan recottados en una forma apropiada para su transmisin a las generaciones fu- turas. Ha habido especialistas dedicados a esta funcién en todas las sociedlades, excepto en las mas simples, Expertos particularmente entrenados asumen la funcién censora, de canonizacidn, de sistematizacién y pedagdgica. 38, MODERNIDAD, PLURALISMO ¥ CRISIS. Como resultado general de todas estas actividades sur- ge la estructura histérice especifica de los depésitos soci les de sentido. Dicha esiructura se caracteriza por la pro- porcién que se da entre lo que es accesible a todos los, miembros de Ia sociedad, en Ia forma de un conocimiento general, y el conocimiento de los especialistas, de acceso restringido, La fraccién del depésito de sentido que es co- nocimiento general constituye el micleo del sentido comiin cotidiano (Alliagsverstardes), mediante el cual el individuo haa de hacer frente al entomno (Umuvelt) natural y social de Ja época, Esta fraceién no cuenta con una estructura sis- tematica de cariicter global, pero no carece de estructul contiene éeas de sentido que permiten trazat el mapa de Jas varias regiones de la realidad cotidiana que es preciso rmanejar, asi como otra drea de sentido que se hace cargo de la realidad extraordinatia. Algunas de estas éreas de senti- do adquicren un mayor grado de estructuracién que las restringidas a la rutina cotidiana, por el expediente de im- portar sistemas de conocimientos especificos, La vida coti- diana (Alliag) de las sociedades modernas esta cada vex mas moldeada por tales «importaciones»: los medios de co- ‘municacién masivos difunden en forma popularizada el sa ber de los expertos y Ia gente se apropin de fragmentos de dicha informacién y los integra a su bagaje de experiencia, Las reas de sentido estan estratificadas. Las tipifica- ciones «inferiores», las nds simples, relativas a hechos de Ja naturaleza y del universo social, son los fundamentos, de los diversos patrones de experiencia y accién. Agluti- nados en dichas tipificaciones estén los esquemas de ac- cin inspirados en méximas de accién que apuntan a va- SIGNIFICACION DE LA VIDA HUMANA 39 lores superiores. Desde Ia época de las antiguas culturas, avanzadas, primero los expertos religiosos y después los expertos filoséficos han desarrollado «configuraciones de valores» supraordinales que luego transforman en sis- temas de valores. Esas configuraciones pretenden expli- cat y regular, de una manera que tenga sentido, la con- ducta del individuo en su relacién con la comunidad, tanto en la vida cotidiana como en la superacién de crisis, en relacién con realidades que trascienden la vida coti- diana («teodicea») La pretensién de las configuraciones de valores su- praordinales y de los sistemas de valores de dotar de sen- tido a la totalidad de la existencia es mas evidente en un esquema que retine modelos de acto en las sirens mas di- versas y los acomoda en una proyeccién de sentido que se extiende desde el nacimiento haste la muerte. Este esque- ma de sentido relaciona la totalided de una vida con una época que trasciende a Ia existencia concreta de un indi- viduo (por ejemplo, la «eternidad»). Las categorias bio- agrificas de sentido, como las denominamos, hacen que el sentido de las acciones de corto aleance adquiera una sig- nificacién de largo plazo. El sentido de las rutinas coti- dianas no desaparece enteramente sino que esté subordi- nado al «sentido de la vida». Aqui mencionaremos, entre las muchas elaboraciones histéricas de esquemas biogré- ficos, s6lo el género menor de «das vidas ejemplares» y el mayor de «las vidas de santos», a antigua épica heroica y la leyenda heroica moderna (por ejemplo, el principe Eu- genio, George Washington, el barén von Richthofen, An- toine de St.-Exupéry, Rosa Luxemburgo, Stajanov). 40 MODERNIDAD, PLURALISMO ¥ CRISIS Todas las instituciones conllevan un sentido-de-acto (Handlungssinn) «original» que se manifiesta en la regla- mentacién definitiva de la accién social en un area fun- cional en particular. Singularmente importantes son aquellas instituciones cuya labor incluye el procesamien- to social de sentido. Las mas relevantes son aquellas cuyas principales funciones consisten en controlar la produe- cin de sentido y transmitir sentido. Tales instituciones han existido en casi todas las sociedades a excepcién de Jas més arcaicas. En las antiguas culturas avanzadas, en Jas sociedades de la modernidad temprana (frithen New- zeit) y més tarde (por ejemplo, en el Irn actual), las insti- tuciones morales religiosas han estado intimamente liga- das al aparato de dominacién, pudiendo abocarse con relativo éxito tanto a Ja produccién como a la distribu- cin de una jerarqufa relativamente consistente de senti do. Si, con todo, las condiciones tanto de la produccién como de la distribuciéa de sentido se aproximan a las de tun mercado abierto, ello repercutira de manera conside- rable en el «costo del sentido». En ese caso, cierto ntime- 10 de proveedores de sentido compiten por el favor de un piiblico que se enfrenta a la dificultad de tener que elegir el més apropiado de entre un raudal de sentidos disponi- bles. Volveremos sobre este punto més adelante. La tarea de las instituciones consiste en acumular’sen- tidos y ponerlos a disposicién del individuo, tanto para sus acciones en situacicnes particulares como para toda su conducta de vida, Esta funcidn de las instituciones se rela- ciona, sin embargo, de un modo esencial con la funcién del individuo como consumidor, pero también, depen- SIGNIFICACION DE LA VIDA HUMANA al diendo de cada caso, con su funcién como productor de sentido, Esta relacién puede ser comparativamente simple tanto en sociedades arcaicai como en la mayorfa de las culturas avanzadas tradicionales. En tales civlizacioncs cl sentido de las esferas de accién individuales se integra sin grandes rupturas con el sentido global de la conducta de vida y,a su ver, éste se remite a ur sistema de valores rela: tivamente coherente. La comunicacién de sentido esti asociada al control de la produccién de sentido. Con la educacidn o el adoctrinamiento directo se procura asegu- rar que el pensamiento y las acciones del individuo se jian a las normas basicas de la sociedad. Y con el control y Ja censura de todo lo que se dice, ensefia y predica a nivel piiblico, se busca impedir la difvsién de opiniones disi- dentes. En cuanto a la competencia interna y externa, se intenta evitarla o eliminarla (jno siempre con éxito!). El sentido de las acciones y de la vida es impuesto como una norma incuestionable de aplicacién general. Por ejemplo, Ja relaci6n matrimonial y entre padres ¢ hijos son defini- das sin ambigtiedades. Padtes e hijos se ajustan comtin- mente a lo establecido; las desviaciones son claramente definidas como algo que se aleja de la notma. Las condiciones son diferentes en las sociedades mo dernas, Naturalmente hay todavia instituciones que trans- miten el sentido de las acciones dentro de su particular Area de accién; todavia rigen sistemas de valores adminis- trados por algunas instituciones csinv extegorias de con- ducta de vida dotadas de sentido. Sin embargo, como se demostraré més adelante, hay diferencias, en compara- ci6n con las sociedades premodemas, en el grado de co- 2 MODERNIDAD, PLURALISMO Y CRISIS herencia de los sistemas de valores, as{ como en la com- petitividad interna y externa por la produccién de senti- do, la comunicacién de sentido y Ia imposicién del mis- mo. Volviendo una vez més al ejemplo: en las sociedades modctnas sctia dificil encontrar padres e hijos cuya rela- ci6n tenga para ambas partes el mismo grado de obliga- toriedad y que esté definida, de manera incuestionada, por un sélido sistema de valores. CapfruLo 2 LA SIGNIFICACION DE LAS RELACIONES SOCIALES, LA COINCIDENCIA DE SENTIDO. Y LAS CONDICIONES GENERALES PARA LA APARICION DE UNA CRISIS DE SENTIDO Las reservas de sentido socialmente objetivado y proce- sado son «mantenidas» en depésitoshistoricos de sentido y «administradas» por instituciones. La accién del individuo est moldeada por el sentido objetivo proveniente de los acervos sociales de conocimiento y transmitido por las ins- tituciones a través de las presiones que ellas ejercen para su acatamiento, En este proceso, el sentido objetivado man- tiene una constante interaccién con el sentido constituido subjetivamente y con proyectos individuales de accién. No obstante, el sentido también puede ser adscrito —incluso, podriamos decir, sobre todo— a Is estructura intersubjeti va de telaciones sociales dentro de la cual el individuo ac- tiiay vive. El nifio se incorpora desde un comienzo al émmbito de las relaciones sociales: con sus padres y con otras perso- nas importantes, Estas relaciones se transforman progre- sivainente en actos regulates, directos y reciprocos. En ri- gor, el nifio es incapaz de realizar una accién en la acepcién amplia de la palabra, Avn asi, como organismo individuado dispone de las capacidades corporales y de 44 MODERNIDAD, *LURALISMO Y CRISIS. conciencia inherentes a la especie humana, las que em plea en su comportamien:o frente a los demés. La accién de otras personas respecto del nifio est determinada en gran medida por esquemas de experiencia y acto extrat- dos del depésito social de sentidos. El nifio aprende, de una manera progresiva, a comprender ya entender el sen- tido de las acciones de sus contrapartes. De este modo, es capaz de percibir los actos de los demas como actos tipi cos a la luz de patrones histéricos de experiencia y acto. E] nifio se sittia a si mismo en relacién con las reservas so- ciales de sentido. Durante este proceso desarrolla progre- sivamente su identidad personal. Una vez que llega a comprender el sentido desus acciones, también entiende que a él se le considera en principio responsable de sus propias acciones, Y eso es lo que constituye la esencia de la identidad personal: el control subjetivo dé la accién de la que uno es objetivamente responsable. Imaginemos, para esta situacién basica de la comuni- cacién de sentido, dos var-antes descritas como tipos idea- les estilizados. En primer lugar supongamos que existe un sistema de valores aplisable a toda la sociedad y con el cual se encuentran adecuadamente coordinados los di- versos estratos del depésito histético de sentido. Supon- gamos, ademas, que los padres y las demas personas im- portantes para el nifio se han formado sus respectivas identidades personales conforme a los patrones del dep6- sito histérico de sentido, En ese caso, el comportamiento del nifio se ve reflejado de un modo coherente en las ac- ciones de los demés. Si arroja al suelo un plato desde una mesa, no recibir como recompensa la sonrisa de uno de SIGNIFICACION DE LAS RELACIONES SOCIALES 45 los padres y una mirada airada del otto, En esas condi- es, la identidad del nifio normalmente se desarrollar con pocas dificultades —y mucho menos con «crisis de sentido»—, de la misma manera como se formé la identi dad de los padres: en confarmidad con las categorias hio- _gficas y el sistema de valores del depésito de sentido de la sociedad, Para nuestro segundo caso supongamos, por el con- trario, que no existe un sistema de valores de aplicacién general, ni un depésito adaptado de sentido con catego- rias y esquemas de accién biograticos, y que el comporta- miento del nifio no se refleja ni siquiera aproximadamen- te en las acciones de las demas personas que establecen relaciones sociales con él. ;Las tipicas consecuencias que esto tendré para el desarrollo del nifio son predecibles! La concordancia perfecta, proyectada en el primer caso, nunca se aleanza, aunque las sociedades arcaicas y las cul- turas avanzadas tradicionales no se alejaron mucho de ello, Para el caso opuesto, sin embargo, no existe una rea- lidad correspondiente: es dificil concebir como tal a una «sociedad» que carece de un sistema de valores —cual- quiera sea su naturaleza— y de reservas de sentido adap- tadas a sus caracteristicas, Todos nacemos y nos criamos dentro de comunidades de vida (Lebensgemeinschaften) que ademas son —en diversos grados— comunidades de sentido (Sinngemeinschaften). Lo anterior quiere decir que incluso si se carece de una reserva de sentide com- partida universalmente, y adaptada a.un sistema de valo- tes tinico y cerrado, pueden desarrollatse concordancias de sentido dentro de las comunidades, o bien éstas pue- 46 MODERNIDAD, PLURALISMO Y CRISIS. den extraerse del depésito histérico de sentido, Por ende, esos sentidos comunes pueden, desde luego, ser transmi- tidos a los nifios de manera relativamente coherente. Las comunidades de vida se caracterizan por una ac- cin que es directamente reciproca y que se repite con re gularidad en un contexto de relaciones sociales duraderas. Las personas involucradas confian, ya sea institucional: mente o de cualquier otra manera, en la perdurabilidad de la comunidad, Més alld de estas concordancias basicas, hay matcadas diferencias entre las sociedades en cuanto a las distintas formas de comunidades que se encuentran insti- tucionalizadas al interior de ellas. La forma basica y uni- versal a constituyen las comunidades de vida dentro de las que uno nace. No obstante, existen también comunidades de vida por las cuales uno es adoptado y aquellas a las cua- les uno se integra, como los cényuges en el matrimonio. Al- ‘gunas comunidades de vida se forman al adaptar nuestra vvida con miras a la prolongacién de relaciones sociales que en un principio no se pretendfa que fueran prolongadas; otras tequieren una iniciacién. Entre los ejemplos pueden mencionarse las érdenes sagtadas, que se constituyen como comunidades de sentido, asf como las colonias de le- prosos, los hogares de ancianos y las prisiones. En las comunidades de vida se presupone la existen- cia de un grado minimo de sentido compattido. Este gra- do puede set muy teducido en algunas sociedades y para algunos tipos de comunided: puede referirse tinicamente a la coincidencia del sentido objetivo de los esquemas de la accién social cotidiana, como quizés ocurtia en las fa- milias de esclavos de la antigiiedad, 0 como tal vez. suce- SIGNIFICACION DE LAS RELACIONES SOCIALES 47 de en las prisiones modernas. Las comunidades de vida pueden también aspirar a una armonia total en todos los, estratos del sentido, incluidas las categorias de toda la conducta de vida, como ocurre en algunas érdenes mo- ndsticas o en el ideal de ciertos tipos de matrimonio. Sin embargo, la mayoria de las comunidades de vida, a través de distintas sociedades y épocas, anhelan alcanzar un gra- do de sentido compartido que se sitde de algtin modo en- tre el nivel minimo y el maximo. Las expectativas cercanas al minimo son més habitua- les en comunidades institucionalizadas mediante la fuer- za. Sus problemas se refieren rara vez al sentido. Incluso alli donde las expectativas sobrepasan con mucho el ni- vel minimo, y donde incluso se presume que la existencia de cierto grado de coherencia en los niveles superiores de sentido es esencial para la comunidad de vida, resulta poco probable que una verdadera falta de congruencia en determinados estratos de sentido cree dificultades adicio- nales, fuera de los problemas propios que afronta la co- munidad en la vida real —en la medida en que la discre- pancia entte expectativas y realizacién prictica no se ‘wuelva demasiado grande—. La situacién cambia si el sis- tema de valores de una sociedad prescribe que las comu- nidades de vida y de sentido sean coincidentes; por ejem- plo, que todas ias personas que vivan en comunidades deban también armonizar sus modos de experiencia y de accién. En tal caso, cualquier discrepancia aparentemen- te trivial de sentido, cualquier falta de concordancia, pue- de desatar una crisis de sentido en dicha comunidad de vida. 48 MODERNIDAD, FLURALISMO ¥ CRISIS Por ejemplo, un matrimonio puede profesar los idea- les de la sociedad en que vive y ambos esposos pueden as- pirar a vivir juntos una vejez plena y feliz. Supongamos que slo el hombre experimenta el envejecimiento en co- iin con su esposa tal cusl éste ocutre, en el sentido obj tivado, mientras que la mujer percibe una discordancia demasiado marcada entre los sentidos que sugiere la so- ciedad y su propia experiencia concteta, Sien Ia sociedad en que ella vive los matrimonios no se caracterizan por tuna petfecta comunidad de sentido, la divergencia entre ambos cényuges en la interpretacién del envejecimiento en comin puede conducira disputas y graves discusiones, pero dificilmente se traducita en una crisis de sentido que amenace su comunidad de vida. Si, por el contrario, en la sociedad se da por supuesto que en un matrimonio debe haber una comunidad absoluta de sentido, entonces el de- sacucrdo sera doloroso para ambos cényuges y la crisis de sentido se agravaré hasta transformarse en una crisis exis- tencial Detengémonos por un momento en nuestro ejemplo. Supongamos que la esposi se reiine con otras mujeres ¢a- sadas de edad madura que han llegado a compartir una visién similar frente al envejecimiento, la cual no coincide con la posicién predominante que comparten sus mari- dos. Elintercambio de experiencias entre las esposas po- dia dar lugar ala formacién de una nueva comunidad de sentido, En la primera variante de nuestro ejemplo, esta nueva comunidad de sentido sigue siendo tan parcial como lo es el desacuerdo con el esposo y, por tanto, sirve como compensacién y no como reemplazo. En la segun- SIGNIFICACION DE LAS RELASIONES SOCIALES 49 da variante, cualquier divergencia parcial es interpretada como «totab» y a comunidad de sentido recién descu- bierta podria ocupar el lugar del matrimonio deshecho.. En las comunidades de vida debe presuponerse la existencia de una minima comunidad de sentido, pero no ala inversa, Las comunidades de sentido pueden, en cier- tas circunstancias, transformarse en comunidades de vida, pero también pueden desarrollars: y mantenerse exclusi- vamente a través de una accién rec(proca y mediada. Estas comunidades pueden formarse ea diferentes niveles de sentido, no directamente pricticcs, y pueden referirse a intos ambitos de sentido, tales como el filosdfico (por ¢jemplo, los circulos humanistas de principios del perfodo moderno); el cientifico (por ejemplo, los numerosos gru- pos que han surgido en el dltimo tismpo con el uso del co- reo electrénico 0 E-Mail), o el «encuentro de almas» (del cual dan cuenta las famosas relaciones epistolares, como la que sostuvieron Eloisa y Abelardo), Hemos observado que en ciertsscircunstancias pudie- ra haber problemas con la construccién intersubjetiva de a identidad personal del nifio, a les cuales podria aplicar- se el término crisis subjetiva de sentido. Si el comporta- miento del nifio se ve permanentemente confrontado con reacciones incongruentes por parte de los adultos més préximos a él, éste sélo podré discemnit con dificultad el sentido social objetivo de sus acciones,o bien sera incapaz de discemitlo del todo. Si el nifio no recibe respuestas que sean razonablemente coherentes a la pregunta «zquién soy yo?» que se expresa a través de su conducta, entonces, le resultara muy dificil asumir la responsabilidad de si mis- 30 MODERNIDAD, PLURALISMO Y CRISIS mo. Incluso si en citcunstancias més favorables Ia identi- dad de una persona ha sido estructurada sin problemas, su fortaleza puede verse comprometida mas adelante por una ineongruencia persistente y sistemética eft la forma en que sus acciones se reflejan en las de los demés Asimismo, hemos observado que en determinadas tuaciones pueden ocurtie ctisis intersubjetivas de sentido. Los parimetros t{picos de coherencia son diferentes en las diversas comunidades de vida, y también difieren de una sociedad a otra y de un periodo a otto. La condicién para «que se produzea una crisis de sentido es que los miembros, de una determinada comunidad de vida acepten incon. dicionalmente el grado de coincidencia de sentido que se espera de ellos, pero que sean incapaces de aleanzarlo, Como ya se sefials anteriormente, la discrepancia entre lo que «es» y lo que «deberia ser» se manifiesta con particu- Jar frecuencia cuando en los ideales de una comunidad de vida se insiste en que deberfa reinar en su interior una ab- soluta comunidad de sentido. Silas crisis de sentido subjetivas ¢ intersubjetivas ocu- rren en forma masiva en tna sociedad, de tal manera que legan a transformarse en un problema social generaliza- do, entonces no deberemos buscar las causas en el sujeto mismo, ni tampoco en la supuesta intersubjetividad de la existencia humana. Més bien lo mas probable es que di- chas causas se encuentren en Ia propia estructura social, Es preciso, por consigniente, que averigiiemos cudles son las estructuras especificas de una sociedad histérica que contrarrestan el desarrollo de una crisis de sentido y eud- les lo favorecen. Mas predsamente: écuales son las condi- SIGNIFICACION DE LAS RELACIONES SOCIALES 51 ciones estructurales para que haya un grado suficiente de coincidencia en los reflejos intersubjetivos, de tal manera que se den las bases requeridas para la formacién de la identidad personal con un sentido constante?, ecuindo desatan crisis subjetivas de scntido cstos procesos? y gcuales son las condiciones estructurales que promueven, y cuales impiden el suficiente grado de coincidencia entre las relaciones sociales, que es la base en la que se susten- tan las comunidades de vida resistentes a las crisis? Intentaremos responder a estas preguntas en términos coneretos, a la luz del desarrollo h stérico de la sociedad moderna, no sin antes exponer algunas consideraciones enerales y abstractas. En efecto, rese a Ia importancia y multiplicidad précticamente infinita de las diferencias en- tre sociedades, es posible identificar —con respecto a nuestra pregunta sobre las condiciones estructurales para cl surgimiento de la crisis de sentido— dos tipos basicos de estructura social alo largo de todas las épocas. El primer tipo que no es particularmente susceptible de experimentar crisis de sentido lo constituyen las socie- dades que cuentan con un sistema de valores jinico y de aplicacién general, dentro del cual los distintos estratos y mbitos del sentido se encuentran adecuadamente inte- grados: desde los esquemas cotidianos de experiencia y accién, hasta las categorias supracrdinales de conducta de vida y de manejo de crisis orientadas hacia realidades cextraordinarias. La reserva total de sentido se almacena y administra en las instituciones sociales, Debio a que los esquemas de accién, objetivados y transformados en obligatorios en las instituciones socia-

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