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La Filosofía y La Imagen Científica Del Hombre
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Wilfrid Sellars
CIENCIA
PERCEPCION
Y REALIDAD
EDITORIAL TECNOS
MADRIDTe 14 mosoma y 14 ace crentirica
DEL HOMBRE
L._La INDAGACION FILOSOFICA
‘Cuando se lo formula abstractamente, el objetivo de la filosofia consiste
en comprender de qué modo las cosas —-en el sentido més amplio posible
de esta palabra— estén relacionadas entre s{ —asimismo en el més amplio
sentido posible de Ia palabra—; y bajo “las cosas en el sentido més am-
plio posible de Ia palabra” subsumo articulos radicalmente distintos, no
sélo “coles y reyes”, sino incluso mimeros y deberes, posibilidades y chas-
gueares de dedos, experiencias estéticas y la muerte, Asi pues, aleanzar
tun logro filoséfico seré —por emplear un giro contempordneo— “saber
cémo manejérselas” con respecto a todas estas cosas; pero no de la
irreflexiva forma en que el ciempiés del cuento sabfa cSmo bandearse antes
de que se le presentara la pregunta de cSmo andaba, sino de la refiexiva
manera que quiere decir que po se imponen condiciones intelectuales.
Saber Smo manejérselas es —por valermos de una distincién usual—
tuna forma de “saber emo", frente a “saber que": media toda la dife-
rencia del murdo entre saber cdmo se monta én Bicicleta y saber que una
fuerza constante impresa por las piernas de una persona en equilibrio
sobre los pedales dard lugar a un movimiento hacia adelante; igualmente
(Gi queremos emplear un ejemplo més cercano a nuestro tema), entre saber
que cada paso de una demostracién matemética dada se sigue de los pasos
anteriores y saber cémo se halla tal demostracién existe toda Ia diferencia
del mundo: pues hay ccasiones en que para ser capaz de dar con una
demostracién basta serlo de seguir un procedimiento ya establecido,
pero lo mas corriente es que tal cosa no suceda. Cabe sostener que todo
aquello a lo que pueda lamarse acertadamente un “saber cémo hacer algo
presupone un conjunto de conccimientos acerca de un que; 0, por decirlo
de otro modo, un conocimiento de una verdad, o de unos hechos; mas si
asf fuese, Ia aserci6n de que “los patos saben cdmo se nada” serfa tan
* “La filostia y ta imagen centfica del hombre" esté formado por dos confe-
rencias dadas en la Universidad de Pitsburgh en dicembre de 1960, formando parte
Ge una serie de conferensias sobre Ta historia y fa flosola de la cencia pronunciadat
por varios autores; ha aparecdo impreso en Frenters of Sclenee and Philosophy (al
Faidido de Rober Coloeny, Publicado. por ia University of Pitsburgh Pest (it
{ehurgh, 1982) que ba acoedda amablemente a su reimpresion en cl presente volumen,10 Ciencia, percepeién y realidad
Imetafbrica como la de que saben que el agua los sostiene. Sea ello como
fuere, el saber o6mo se hace algo al nivel de la actividad caracterstica.
‘mente humana presupone gran cantidad de conocimientos de que, es
evidente que un saber oémo manejérselas reflexivo en la disposicion de
las cosas (lo cual constituye el objetivo de la filosofia) presupone mucht-
simos conocimientos acerca de verdades,
Ahora bien, en cierto sentido, el objeto o tema de este conocimiento
de verdades que presupone el “saber e6mo” filoséfico cae enteramente
dentro del campo de las disciplinas especiales: en un sentido no desde
fable, la filosofia no posee un objeto o tema que se halle en la misma
relacin con ella que la que otros objetas o temas guardan con sus relti-
vas disciplinas especiales. Si los flésofos tuviesen semejante tema, pod
cedérselo a un nuevo grupo de especialistas, de igual modo que desde
khace dos mil quinientos afos han venido pasando otros temas especiales
4 os no fildsofos (primeramente las mateméticas, mds recientemente la
Psicologia y la sociologta y, en la actualidad, ciertos aspectos de Ia lin-
silstica tebrica): Io que caracteriza a la filosofia no es un objeto 0
tema especial, sino su finalidad de saber cémo manejérselas con respecto
alos temas u objetos de todas las dsciplinas especiales
Ahora bien, estas iltimas saben cémo manejérselas con sus objetos, y
cada una aprende a hacerlo en el mismo proceso de descubrir verdades
relativas a él; pero cada una tiene asimismo que poseer cirta idea sobre
como encaja su alguacilazgo en el conjunto del distrito, idea que en mu-
chos casos apenas excede.del no reflexivo “saber eémo manejérselas” que
a todos nos toca; y a ello se afiade que el especialista ha de tener una
idea de la manera en que, no solamente su tema, sino también los métodos
¥ principios de su forma de pensar sobre él, entran et el paisaje intelec-
tual, Asi, el historiador no reflexiona, sélo acerca de los acontecimientos
histricos mismos, sino asimismo sobre lo que es pensar histricamente,
Pues parte de su ocupacién consiste en reflexionar sobre su propio pensa-
riento (sobre sus objetivos, crterios y trampas): al ocuparse de cuestio-
es hist6ricas se ve obligado a enfrentarse con otras que no son histéricas
en un sentido primario, y darles respuesta; mas trata de estas ditimas a
medida que van surgiendo en su intento de responder a cuestiones espe-
clfcamente histéricas
1a reflexién sobre una disciplina especial cualquiera puede llevar pron-
to a la conclusi6n de que el estudioso idea! de tal dsciplina deberia ver
su tema especial y su manera de pensar sobre él a la luz de una penetrax
ign reflexiva,en-la totalidad del paisaje intelectual, Hay una gran parte
de verdad en la concepcin platSnica de que las disciplinas especiales se
Perfeccionan mediante la flosoffa, pero la que le hace pareja, 0 sea, la
de que el filésofo ha de saber cSmo manejérselas en cada disciplina como
el especialista, viene siendo un ideal cada vez més inaprehensible desde
que comenzé 'la revolucién cientifica. Con todo, si bien el filésofo no
Puede guardar esperanzas de manejérselas en cada disciplina de igual
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 11
‘modo que el especialista, en cierto sentido puede hacerlo con respecto al
objeto o tema de la disciplina, y ha de hacerlo para poder aproximarse a
las metas de la filosofta,
La multiplicacién de ciencias y disciplinas es un rasgo de la escena
intelectual con el que estamos familiarizados; y apenas menos conocida
5 la unificacién de tal multiplicidad que se esta produciendo merced a la
construccién de puentes cientificos entre ellas (acerca de lo cual diré algu-
nas cosas més adelante, en este mismo capitulo). Lo que no es tan obvio
para el lego es que, parad6jicamente, la tarea de “‘ver todas las cosas jun-
tamente” se haya fragmentado en especialidades; mas asimismo hay lugar
para la especializacién en filosofia, ya que, del mismo modo que no es
posible Megara saber cémo manejérselas en un sistema de carreteras y
autopistas en conjunto sin saber c6mo hacerlo en sus partes, tampoco
puede esperarse saber la manera de manejérselas en cuanto a “las cosas
en general” sin saber cémo hacerlo en lo que se refiere a los agrupamien-
tos principales de las cosas.
En congecuencia, Io que distingue a la empresa filosbfica es “la mirada
sobre la totalidad"’: por lo demés, apenas hay nada que distinga al fl6sofo
del especialista persistentemente reflexivo, al fildsofo de la historia del
historiador que no ceje en sus reflexiones. En la medida en que un espe-
cialista se preocupe més por reflexionar sobre la manera en que su trabajo
especializado se aiine con otros empefios intelectuales que por preguatar
y responder cuestiones dentro de su especialidad, diremos de él con toda
rain que tiene una mente filoséfica; y, en realidad, es posible “poner la
mirada en el todo” sin fijar Ia vista en él incesantemente (cosa que seria
luna empresa estérl). Ademés, lo mismo que les sucede a otros especialis-
tas, el filésofo que se especialice puede sacar gran parte de su idea del
todo de la orientacién prerreflexiva que constituye nuestra herencia co;
min. Por otra parte, sin embargo, dificilmente podré decirse de un fl6-
sofo que mantiene la mirada sobre el todo (en el sentido que aqu( nos
interesa) a menos que haya reflexionado sobre la naturaleza del pensar
filos6fico: es esta reflexién sobre el puesto de Ia filosofia misma en la
disposicin general de todas las cosas lo que constituye el rasgo distintivo
del fildsofo frente al especialista reflexivo; y en ausencia de esta reflexién
critica sobre 1a empresa fiios6fica, lo mas que puede uno ser, en el mejor
de los casos, es sélo un fildsafo en potencia,
Se ha dicho a menudo en los tiltimos afios que el objetivo del fl6sofo
no es el de descubrir verdades, sino el de “analizar” lo ya sabido. Ahora
bien, aunque el término de “andlisis" ha desempeiado un papel valioso
gracias a implicar que la filosoffa como tal no aporta nada sustantivo #10
que sepamos, y que se ocupa en alguna forma de mejorar la manera de
saberlo, es sumamente desorientador en cuanto opuesto al de “stntesis";
ues, merced al contraste entre ambos, taleé afirmaciones hacen pénsar
‘que la filosoffa es cada vez més miope y cada vez distingue més partes
dentro de otras partes, perdiendo de vista por turno cada una de ellas a
medida que otras se presentan a la mirada, Nos seatimos inclinados, pues,12 Ciencia, percepcién y realidad
4 contrastar la concepcién analitica de Ia filosofia como miopfa con la
visién sindptica de la verdadera filosoffa; y nos vemos obligados a admitir
que la filosoffa puramente analitica seria una contradiccién en sus térmi-
‘os si el contraste entre “anilisis” y “sintesis” fuese la connotacin activa
de esta metéfora. Aun en caso de que interpretemos “andlisis” por analo-
sia con el trazado de mapas a escala cada vez mds grande de la misma
zona (cosa que hace justicia al factor sinéptico), serd una inalogla per-
turbadora, ya que tendriamos que comparar la filosoffa con el trazado
de mapas a gran escala a partir de un original a pequefa escala; y un
‘mapa a mayor escala obtenido de tal suerte es una trivialidad.
-Incluso' si cambiamos esta analogfa por la de enfocar una imagen (lo
‘cual conserva el factor de sinopsis y el tema de trabajar dentro del marco
de algo ya conocido, afiadiéndole, a la vez, una dimensién de mejora),
sigue siendo perturbadora, y ello en dos aspectos.
@) Primeramente, hace pensar que las disciplinas especiales trabajan
fn la confusién, como si el hombre de ciencia tuviera que esperar a que
€l filésofo le aclarase su tema y objeto, eliminage su desenfoque, Ahora
bien, para dar.razén del papel cteador de la filosofia no es nevesario decir
ue el cientifico no se las sabe manejar en su propio campo: més bien
€ preciso decir que el especialista sabe manejérgelas dentro de su propio
fentorno en cuanto tal,, pero que no Io sabe igualmente en cuanto que sit
eitorno es parte del paisaje total,
b) Parece ademés implicar que el cambio gsencial aportado por la
filosotia es el de hacer que se destaquen los detalles de una imagen cap-
tada desde el principio en su totalidad. Mas, desde luego, ea la medida
en que hay una imagen que ha de captarse reflexivamente como un todo,
Ja unidad de Ia visién reflexiva constituye una tarea més que un dato
inicial; de ah{ que sea més apropiado comparar la busqueda de esta uni-
dad al nivel reflexivo con la contemplacién de un cuadro de grandes di-
mensiones y muy complejo, que “no se lo vea como una unidad sin una
previa exploracién de sus partes. Con todo, esta analogia no es completa
hasta que tenemos en cuenta una segunda forma de faltarle la unidad a
los datos de partida del filésofo contempordneo; pues con lo que éste
se enfrenta no es con una imagen, sino, en principio, con das o, en realidad,
‘con muchas. Mas la pluralidad a que me refiero no es la relativa a la dis.
tinci6n entre diversos aspectos de la experiencia, tales como la averigua-
cidn de hechos, el aspecto ético, el estético, el l6gico y el religioso, ya que
todos ellos no constituyen sino aspectos de una imagen compleja que ha
de captarse reflexivamente como un todo, y que, en cuanto tal, constituye
sélo uno de los términos de una dualidad decisiva con Ia que se enfrenta
1 flésofo contemporineo desde los comienzos mismos de su empresa:
la analogia més apropiada para la dualidad que mos interesa es la. de la
vision estereoscépica, en la que se funden en una experiencia coherente
las dos distintas perspectivas de un paisaje.
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 13
En efectg, el filésofo no se encuentra frente a una compleja imagen
pluridimensional cuya unidad hubiese de llegar a apreciar en Io que es,
sino frente a dos imagenes dotadas esencialmente del mismo orden de
complejidad, cada una de las cuales pretende ser una imagen completa del
hombre-en-el-mundo y que, tras escudrifiarias por separado, tiene que fun+
dir en una sola visién. Permitaseme que me refiera a estas dos perspec-
tivas, respectivamente, con los nombres de imagen manifiesta e imagen
cientifica del hombre-en-el-mundo, y que explique estas expresiones que
he elegido. En primer lugar, al llamarlas imagenes no pretendo denegarles
ninguna de ellas ni a ambas— la condicién de “realidad”: lo que
estoy haciendo es (por emplear la expresin de Husserl) “ponerlas entre
paréntesis", transformarlas de maneras de tener experiencia del mundo en
objetos de reflexién y evaluaci6n filosdficas. Pues el término de “imagen”
see una ambigiiedad muy conveniente: por una parte alude al contraste
entre un objeto (un drbol, por ejemplo) y su proyeccién sobre un plano,
© la sombra que proyecte sobre un muro, y en este sentido la imagen
es algo tan existente como el objeto del que sea imagen, por més que,
desde luego, su estado sea de dependencia; en el otro sentido, la “imagen”
es algo imaginado, y lo imaginado puede perfectamente no exist, aun-
{que el imaginarlo existe (caso en que podemos decir de la imagen que es
‘meramente imaginaria o irreal); sin embargo, lo imaginado puede exist
como sucede cuando uno se imagina que hay alguien bailando en la hl
taciéa contigua, y realmente lo hay. Esta ambigliedad me permite sugerir
que el filésofo se enfrenta con dos proyecciones del hombre-en-el-mundo
sobre el entendimiento humano: una es la que voy a lamar la imagen
rmanifiesta, y la otra, la imagen cientifca. Estas imégenes existen, y for-
‘man una parte tan real y tangible del mundo como la tarima desde la que
hablo o la Constitucién de los EE.UU.; pero, ademés de verse frente a
ellas en cuanto existentes, el fldsofo se las tropieza en cuanto imégenes
en el sentido de “cosas imaginadas” (0, como deberfa haber dicho mejor,
concebidas, ya que estoy empleando “imagen” en este sentido como una
metéfora de concepcién, y sabemos perfectamente que no todo lo que
puede concebirse cabe imagindrselo, en el sentido usual de esta sltima
palabra). Asi pues, el fildsofo se enfrenta con dos concepciones igualmente
pablicas, igualmente no arbitrarias, del hombre-en-el-mundo, y no puede
cludir el intento de ver de qué modo se atinan en una visién estereos-
e6pica.
‘Antes de que empiece a explicar la contraposicin existente entre
““manifiesto” y “‘cientfico” (en el sentido en que voy a utilizar estos tér-
minos), déjeseme poner muy en claro que ambos son “idealizaciones”, en
‘un sentido anélogo a aquel en que son idealizaciones los cuerpos’ sin
rozamiento o los gases ideales: tienen como objetivo aclarar la dindmica
interna del desarrollo de las ideas filosficas, del mismo modo que las
idealizaciones cientiicas aclaran el desarrollo en el tiempo de los siste-
‘mas fisicos. Desde un punto de vista ligeramente distinto, se las puede
comparar a los ‘‘tipos ideales” de la sociologia de Max Weber, si bien14 Ciencia, percepeién y realidad
ta cosa se complica debdo al hecho de que cada imagen tiene una hsto-
via, y de que, mientras que las lineas maestran de lo que voy a lamar
imagen manifesta tomaron cuerpo en las brumas de la pretistoria, Ia
Imagen cientfica si descontamos las promesas que os hace de rendit
en l futuro se a formado ante nuestros propios ojos,
TL, LA IMAGEN MANTETESTA
Gabe caracterizar 1a imagen “manifiesta” del hombre-en-el-mundo de
dos maneras, que son complementarias mAs que alternativas. En primer
lugar, constituye el marco basado en el cual el hombre ha liegado a ser
consciente de s{ mismo como hombre-en-el-mundo, el marco en que se
ha apoyado para llegar a encontrarse a s{ mismo —por emplear una expre-|
sidn existencialista— (cosa que sucedié, desde luego, cuando se convirti6)
hombre); pues el hecho de que se conciba a sf mismo como |
en-elemundo no es un rasgo meramente incidental del hombre, lo mism:
que es evidente, cuando se reflexiona sobre ello, que si “el hombre tuviese
tun concepto de sf mismo radicalmente distinto, seria un tipo de hombre
enteramente distinto”.
He dado un lugar preeminente a esta dimensin cuasi histrica de
nuestra construccin teorética porque quiero destacar desde el principio
Jo que podria llamarse la paradoja del encuentro del hombre consigo
mismo, paradoja consistente en el hecho de que no pudo ser hombre
hasta que se encontré a s{ mismo. Esta es la paradoja que apoya la ultima
Linea de resistencia de la creacién especial, y su tema central es la idea
de que cuanto merezca el nombre de pensamiento conceptual s6lo podré
aparecer dentro de un marco asimismo de pensamiento conceptual, @
bbase del cual podré ser criticado, apoyado o refutado (dicho brevemente,
evaluado): ser capaz de pensar es ser capaz de medir los propios pensa-
‘mientos con arreglo a criterios de correcci6n, de pertinencia y de pruebas.
En este sentido, un marco cpneeptual diversificado es un todo que, por
muy abocetadamente que sea, tiene que ser anterior a sus partes, y que
‘no cabe interpretar como und reunién de éstas que ya fuesen de carécter
conceptual; por Io cual es diffcl evitar la conclusién de que el paso
desde las pautas de comportamiento preconceptuales al pensamiento con-
ceptual tuvo que ser holistico *, un salto a un nivel de conciencia irreduc-
‘iblemente nuevo, salto que fue la egada al ser del hombre.
Hiay una profunda verdad en esta concepein de una diferencia radical
de nivel entre el hombre y sus precursores; y el intento de comprender
tal diferencia resulta ser parte integrante del intento de abarcar en una
sola-mirada las dos imégenes del hombre-en-el-mundo que me he pro-
= Adjetivo —enuy frecuente en la bibliogratia cenifica de lor pales de habla
Aopen forma a parr et eo Sec gue gin oth eters, compe,
fedel 7:
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 15
puesto describir, puesto que, como veremos, aparece como una disconti-
Fuidad irreductible en la imagen manifesta, en tanto que en la imagen
Gientifica se nos presenta como una diferencia reductible, que en cierto
Sentido requiere un andisis muy cuidadoso,
He caracterizado la imagen manifesta del hombre-en-el-mundo como
al marco de referencia a base del cual se encontr6 el hombre a s{ mismo,
Creo. que es una forma conveniente de caracterizarla, pero es también
fengafosa, ya que induce a pensar que la contraposiién que estoy dibu-
jando entre las imagenes manifesta y cientifica es la existente entre una
‘oncepsién.precientfca, acriica e ingenua del hombre-en-el-mundo y
tina concepcin refleja, disciplinada y critica —dicho brevemente, cienti-
fica, Pero esto no es todo a lo que me estoy refiriendo: pues al hablar
de imagen manifesta quiero decir que se trata de un afnado o elabora
tién de lo que podria llamarse la imagen “originaria", afinado cuyo grado
fs tal que lo hace pertinente para la escena intelectual contempordnea|
y cabe interpreterlo bajo dos epigrafes: a) el empirico y b) el categorial.
Con la expresién de afinado empirico me refiero al tipo de éste que
tiene lugar, en términos generates, dentro del marco de la imagen ¥ que,
por acercarse al mundo valiéndose de algo ast como los cénones de la
Inferencia inductive defnidos por John Stuart Mill —complementados
por los cénones de In inferencia estadistica—, afiade 0 retra cosas del
Eontenido del mundo (tty como es objeto de experiencia a base de tal
marco) y de las correlacicnes que se crea que existen en el interior
dicho contenido. Ast pues, el marco conceptual al que estoy llaman
imagen manifesta es a su vex, en un sentido apropiado de la expresin,
tina imagen cientifia? no solamente es disciplinada y critica, sino que,
ademas, emplea los aspectos del método cientffco que cabria agrupar bajo
tl epigrafe de “induction de corselaciones”, Hay, sin embargo, un tipo
de Tazonamiento clentifco al que, por estipulaciSn, no incluye: a saber,
1 que conlleva la postulacion de entidades no perceptibes, y de prin
pios relativos a ellas, para explicar el comportamiento de las cosas per-
ceptibles.
Esto hace patente que el concepto de ia imagen manifesta del hombre-
en-el-mundo no pertenece a un estadio pasado y desaparecido del desarrollo
de la concepcién que el hombre tiene del mundo y su puesto en él. Pues
5 perfectamente sabido que los métodos de correlaciones y de postula-
Giém han marchado de la mano en la evolucién dela cienca, e incluso, en
fealidad, se ban encontrado en una relacién diaéctica, ya que las hipé-
tesis postulatorias presuponen correlaciones « explicar, ¥ sugieren posi-
bles covrelaciones a investigar. La nocién de una visién cientiica de las
cosas puramente correlatoria es tanto una ficién histérica como metodo-
Topica, pues involucra que los frutos correlatorios se abstrigan de las
condiciones de su descubrimiento y de las teorfas a base de las cuales
Se les aé explicacin, Con todo, es una ficcin itil (y, por consiguient,
no mera ficcibn), dado que nos permitiré definir una manera de mirar a!
mundo que, aunque disciplinada y —en un sentido limitado— cientfca,3)
16 Ciencia, percepcién y realidad
ccontrasta rotufdamente con la imagen del hombre-en-el-mundo implicita
en los aspectos postulatorios de la teoria cientifica contempordnea y que
posible construir a partir de ellos..Verdaderamente, mejor podria lla-
arse imagen “postulatoria” o “teorética” .a lo que he lamado imagen
‘cientifica” del hombre-en-el-mundo y he contrapuesto a la imagen “mae
nifiesta”; pero creo que no seré demasiado desorientador que continue
utilizando, en la mayorfa de los casos, esta otra expresién,
Ahora bien, la imagen manifiesta tiene gran importancia para nuestros
ropésitos, porque define uno de los polos, que han atraido la reflexién
filos6fica: no solamente son los grandes ‘sistemas especulatives de la
ftosoffa antigua y medieval los que estdn construidos en torno a la imagen
‘manifiesta, sino asimismo muchos sistemas y cuasi sistemas del pensamien-
to’reciente y contempordneo, algunos de los cuales a primera vista apenas
pparecen tener algo en comiin con los grandes sistemas clésicos, El hecho
de que incluya aqut las principales escuelas del pensamiento europeo con-
temporineo es cosa que podria esperarse; acaso sorprenda algo més que
junte con ellas las tendencias de la filosoffa inglesa y norteamericana que
hhacen hincapié en el andlisis del ‘sentido coinin" y del “uso cortiente”, y,
sin embargo, el parentesco entre unas y otras se esti haciendo cada vez
ims visible tltimamente; de ahi que, en mi opinién, las distinciones que es-
toy trazando en este capitulo hayan de permitir una comprensién e inter-
pretaciOn de tal parentesco, Pues cabe entender fructiferamente todas estas.
filosoffas, segtin creo, como unas exposiciones més o menos adecuadas de
la imagen manifiesta del hombre-en-el-mundo, exposiciones que, juego se
toman por una descripcién plena y adecuada, en rasgos generales, de lo
que el hombre y el mundo son realmente, .
Perm{taseme insistir en este tema introduciendo otra construccién
teorética a la que voy a lamar —apropiindome de una expresin cuyo
significado no es enteramente ajeno a lo que quiero decir— la filosoffa pe-
renne del hombre-en-el-mundo, y que es el “tipo ideal” en cuyo torno
se agolpan las filosoffas de lo que podrfa lamarse (en un sentido debida-
‘mente amplio) la tradicin platénica, Se trata, simplemente, de la imagen
‘manifesta dada por real, al mismo tiempo que su silueta se toma por el
‘mapa a pequeiia escala de-la realidad al que la ciencia aporta un bordado
de detalles y una perfeccionada técnica de lectura de mapas,
Es probable que se le haya ocurrido al lector que ambas construccio-
nes teoréticas poseen resonancias negativas, tanto la “imagen manifiest
como la “filosofia perenne”. Y, en cierto sentido, tal es verdaderamente
lo que sucede: lo que estoy insinuando es que la filosofia perenne es
andloga a lo que puede verse cuando se mira a través de un estereoscopio
teniendo un ojo dominante, ya que la imagen manifiesta domina y tras-
trueca a la cientifica. Ahora bien, si la filosotia perenne del hombre-en-
el-mundo esté deformada en el sentido aludido, hay una importante con-
Secuencia que se esconde en la lejanta; pues también he insinuado que
‘el hombre es esencialmente el ser que se concibe a s{ mismo a base de la
-Amagen que la filosofia perenne afina y da por buena, de modo que, segiin
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 7
parece, Io que digo es que en Ia concepcién.qiie el hombre tiene de sf
‘mismo en el mundo no encaja fécilmente Th imagen cientiica, que existe
entre ellas una verdadera tensiOn, que el hoibte des el género de ser
que, segin se concibe a si mismo, es, y que su existencia se monta, en
Gierta medida, en tomo a un error. Si esto fuese lo que queria decir, me
encontrarfa en muy distinguida compatifa: piénsese, por ejemplo, en’Spi-
nnoza, que contrapuso el hombre tal y como falsamente se concibe a si
mismo al hombre tal y como se descubre a s{ mismo a lo largo del empeiio
cientifico; bien podria decirse que este filésofo distingui6 entre una im
gen “manifiesta” y una imagen “cientifica” del hombre, rechazando al
mismo tiempo la primera por falsa y acogiendo la segunda como verdadera.
Pero si en la versiOn de Spinoza la imagen cientifica (Gegin la inter-
preta él) domina la perspectiva estereoscSpica —ya que la imagen mani=
fiesta se presenta como la traceria debida a un error explicable—, el propio
hhecho de que yo emplee la analogla de la visién estereosoépica implica
que, segin lo veo yo, Ig imagen manifesta na queda, anulada,bajo Ja otra
en la sintesis de ambas.
Sin embargo, para que todas estas comparaciones tengan alguna justi+
ficacion he de caractgrizar tales imdgenes con més pormenor, recubriendo
de carne y sangre los nifdos huesos que he puesto ante los ojos del lector.
Ast pues, voy a dedicar el resto de este apartado y el apartado tercero
4 desarrollar la imagen manifesta, y en los apartados finales voy a carac-
terizar la imagen cientifica y a describir ciertos rasgos clave de la forma
fen que ambas imagenes se funden en una verdadera perspectiva estereos-
cbpica, a v
Ms arriba habia distinguido dos dimensiones del afinado que convertia
la imagen “originaria” en la “manifiesta”: la dimensién emplrica y la
ccategorial. Hasta ahora no he dicho nada de esta iltima, pese a que sobre
este punto es sobre el que hay que decir las cosas mds importantes, ya
que al hacerlo habré ocasién de describir la estructura general de la
imagen manifesta.
Una pregunta fundamental relativa a cualquier marco conceptual es
la de a qué género pertenecen los objetos bisicos de tal marco; pregunta
que involuera, por un lado, la contraposicién entre un objeto y lo que
pueda decirse de 61 como propiedades, relaciones y actividades, y, por
‘otro, una segunda contraposicién, que se establece entre los objetos bési-
cos de dicho marco y los diversos tipos de grupos que puedan formar.
Adviértase que aquellos objetos no tienen por qué ser cosas en el restrin-
Gido sentido de objetos fisicos perceptibles: los objetos bésicos de la
fisica teérica corriente son notoriamente no perceptibles ¢ inimaginables,
¥ Su cardcter de bésicos consiste en el hecho de que no son propiedades
ni agrupamientos de ningunas otras cosas que fuesen més fundamentales
(@l menos mientras no haya noticia en contrario). As{.pues, tiene perfecto
sentido preguntar si los objetos bésicos del marco de la teorfa fisica son
cosiformes, y si lo son, en qué met
Ahora bien, preguntar cudles son los objetos bésicos o fundamentales18 Ciencia, percepcién y realidad
‘
de un marco de referencia (dado) no es pedir una lista, sino una clasifi-
cacién; y ésta serd mds o menos “abstracta” segiin sea la finalidad de la
investigacién. Al fildsofo le interesa una clasiicacién que sea suficiente-
mente abstracta como para proporcionar una perspectiva sindptica del
contenido del marco de referencia, pero que no llegue al punto de men-
cionarlo simplemente como ciertos objetos 0 entidades; por lo tanto, nos
Acercamos a la respuesta a la pregunta por los objetos bisicos de la imagen
rmanifiesta’ cuando decimos que incluye personas, animes, formas infe-
rlores de vida y cosas “‘meramente materiales”, como rlos y piedras (esta
lista"no pretende ser.completa, por més que trate de hacer que resuenen
en ella los estadios inferiores de la “gran cadena del ser” de la tradicién
Plat6niea).
Lo primero que quiero subrayar es que, ett cierto sentido muy impor-
tante, los objetos primarios de la imagen mapifiesta son las personas; y
comprender cémo sucede asf es comprender ciertos temas centrales (en
realidad, decisivos)-de la historia de la filosofia. Acaso la mejor manera
de hacerlo sea volver la consideracién a la construccién teorética que he
amado imagen “originaria” del hombre-en-el-mundo, y caracterizarla como
‘un marco de referencia en el que todos los “objetos” son personas. Desde
“este punto de vista, el afinado de la imagen “originaria” hasta convertirse
en la manifesta es la “despersonalizaci6n” gradual de los objetos que no
«son personas? que algo asi ha ccurride con el avance de fa eivlizacion es
tun hecho de sobra conocido; y se dice (erréneamente, a mi entender)
que incluso las personas van quedando “despersonalizadas” con los avan-
ces del punto de vista cientifico,
Lo que quiero ahora destacar es que, si bien esta idea de la desperso-
nalizacién progresiva de la imagen originaria es perfectamente conocida,
se la malentiende radicalmente cuando se la asimila a un abandono gra-
ual de una creencia supersticiosa. Pues los hombres primitivos no crefan
ue los érboles que vefan enfrente eran personas, en el sentido de que los
considerasen drboles y personas a la ver (de andloga manera a como puedo
yo considerar que este ladrilto que veo ante m{ es un escal6n): si asf
hhubiese sido, al abandonar Juego la idea de que los Arboles son personas,
su concepto de drbol hubicra permanecido inalterado, pese a haber cam-
biado sus creencias acerca de los Arboles; pero la verdad es, mas bien,
‘que originariamente ser un drbol era una manera de ser una persona, 10
‘mismo que —por valernos de una cercana analog(a— ser una mujer es una
‘manera de ser una persona, 0 ser un tridngulo es una manera de ser una
figura plana. El que las mujeres sean personas no es algo de lo que se
pueda decir que uno cree en ello (aunque este ejemplo tiene suficiente
rebote histérico como para que merezca emplearse el otro, el de que es
imposible decir de nadie que cree que los tridngulos son figuras planas);
yy cuando el hombre primitivo ces6 de considerar como personas a lo que
amamos érboles, el cambio fue més radical que una modificacién de creen-
cias: fue un cambio de categorias.
‘Ahora bien, la mente humana no tiene las categorias li
itadas a lo que
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 19
ha sido capaz, de obtener por afinado a partir del mundo del hombre pri-
mitivo, del mismo modo que los limites de lo que podemos concebir no
estén fijados por lo que podemos imaginar: las categorias de la fisica
tebrica no son esencias destiladas a partir del marco de la experiencia
perceptiva. Sin embargo, si bien la inteligencia humana puede concebir
categorfas nuevas, también puede afinar las antiguas; y tan importante
como fo subestimar el papel de la creatividad en los empeios cientlficos
loves también no sobrestimar su papel en el desarrollo del marco a base
del cual tenemos todos la experiencia del mundo.
He indicado antes que en la construccién teorética que he denominado
imagen “originaria” del hombre-en-el-mundo todos los “‘objetos” son per-
sonas, y' todos los tipos de objetos, modos de ser persona. Esto quiere
decir que los'géneros de cosas que se dicen de los objetos de este marco
son los géneros de cosas que se dicen de las personas; y permftaseme acla-
rar que con “persona” no me refiero a “espiritu” ni a algo “mental”. En
favor de la idea de que el hombre es un tindem de dos cosas, una mental
y la otra un fuerpo, se han presentado muchas razones de distinto cariz,
Y peso en el chirso del desarrollo intelectual humano; pero basta una ligera
Teflexi6n para darse cuenta de que, sea lo que sea lo que los fildsofos hayan
hhecho de la idea de lo mental, la concepcién prefilosbfica de “espleitu”
—allf donde se la encuentra— es la de una persona fantasmal, algo muy
andlogo a unas personas de carne y hueso que “habitaran” en los hombres
© estuviesen {ntimamente vinculados con ellos de alguna otra forma; por
consiguiente, es un desarrollo que se ha presentado dentro del marco de
referencia de las personas, y serfa incorrecto entender la imagen manifiesta
de tal modo que las personas fuesen objetos compuestos. Por otra parte,
para que pueda funcionar, el marco manifesto tiene que ser tal que tenga
sentido la asercién de que lo que ordinariamente lamamos personas son
tun compuesto de una persona (en sentido riguroso) y un cuerpo; y, con
ello, que asimismo tenga sentido la tesis contraria, segin la cual aunque
el hombre tiene capacidades de distintos tipos, desde las que pose en
comin con las cosas infimas hasta la de dedicarse a reflexiones cientfficas
Y filos6ficas, es, de todos modos, un objeto, y no un tindem; pues hemos
e ver que el dualismo esencial de la imagen manifiesta no es el existente
entre algo menial y un cuerpo que fueran substancias, sino entre dos
formas radicalmente distintas de relacionarse el individuo humano con el
mundo. Pese a ello, es preciso admitir que la mayorfa de las teorfas Blo-
‘s6ficas dominadas por la imagen manifiesta son dualistas en sentido subs-
los factores que dan cuenta y razén de esto son muchos, y la
mayorfa de ellos caen fuera del alcance de este ensayo; en cuanto a los
{que nos conciernen, uno proviene de la inffuencia de la imagen cientiica
del hombre, imagen que se va desarrollando progresivaments, ¥ nos ocupa-
remos de él en el apartado siguiente; los demés surgen de la tentativa
de hacer perfectamente compreasible la imagen manifesta sin salirse{
de alla.
Para comprender ahora esta imagen como afiuado 0 despersonalizacion20 Ciencia, percepcién y realidad
de la “originaria”, tenemos que traer a las mientes la gama de actividades
caracteristicas de las personas; pues cuando digo que los objetos de Ia
imagen manifiesta son primariamente personas implico con ello que 10
‘que los objetos de este marco son y hacen primariamente es lo que las
personas son y hacen. Ast, las personas son “impetuosas” o “no se salen
de su paso”, aplican normas de accién ya establecidas o adoptan otras
nuevas, hacen las cosas por costumbre o sopesan alternativas, son inmadu-
ras 0 tenen un caricter formado; para lo que ahora me interesa, las
‘contraposiciones més importantes son las que separan los actos que son
expresiones del carécter de los que no lo son, por un lado, y los actos
hhabituales de los deliberados, por otro. Lo primero que quiero sefialar
5 que sélo de un ser capaz de deliberaciéa puede decirse propiamente
que actiie impuisivamente 0 por hébito: pues en su sentido pleno y no
metaférico, una acci6n es aquello que puede,hacerse deliberadamente; y
no es cosa accidental que digamos de ciertas acciones que se convierten
en habituales. Asimismo importa que nos percatemos de que el uso de la
palabra “hébito” cuando decimos que una lombriz de tierra adquiere
1 habito de girar a la derecha en un laberinto en T es una extensién
metaférica de este término; metéfora que no tiene nada de peligroso
hasta que se comete el error de suponer que los hébitos de las personas
son el mismo tipo de cosas que los (metaf6ricos) “habitos” de las lombrices
de tierra y las ratas Blancas. \
Repitimoslo: cuando decimos que algo hecho por una persona es
‘expresién de su cardcter, lo que queremos decir es que esté “en cardcter”,
(0 5¢a, que era de esperar, no que fuese una cuestién de hdbito: ser habitual
es estar “en carécter”, pero la inversa no es verdadera; decir de una ac-
cidn que esté “en cardcter”, que cabia esperarla, es decir que era predeci-
ble; pero no predecible “sin imponer cordiciones”, sino con respecto a
elementos de juicios relativos a Io que la persona que la leve a cabo haya
hecho anteriormente, y a las circunstancias tal y como ella las viera al
hacerla. Asf pues, una persona no puede (no puede ldgicamente) empezar
por actuar “en carécter”, de igual modo que tampoco puede empezar por
actuar en virtud de un habit.
Tiene una importanciasespecial advertir que, mientras que estar “en
carécter” es ser predecible, la inversa no es cierta: del hecho de que cierto
comportamiento humano sea predecible no se sigue que sea una expresin
del cardcter; as, el comportamiento con respecto al fuego de un nfo
aque se haya quemado es predecible, pero no expresa su cardcter. Por lo
tanto, si empleamos la locucién “la naturaleza de una persona” para resu-
‘mir cuanto sea predecible sin imponer condiciones en lo que se refiere
ella, hemos de tener cuidado en no hacer iguales la naturaleza de las per-
sonas con su cardcter, por més que éste forme “parte” de su naturaleza,
en un sentido, amplio; pues si cuanto haga una persona fuese predscible
(en principio) dado un conocimiento suficiente de ella y de las circuns-
tancias en que se encuentre, y, por consiguiente, fuese “expresién de su
naturaleza", de ello no se seguirfa que cuanto haga sea expresién de su
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 21
cardcter: es jndudable que al decir de una persona que cuanto hace es
‘expresiOn de su cardcter estamos diciendo que su vida es simplemente
tn realizar h4bitos formados y normas de actuaciGn, y semejante tipo de
persona no se da nunca en la vida real, sino s6lo aproximaciones a él. Ni
siquiera una persona madura acta siempre en cardcter, y, segin hemos
visto, no es posible que siempre haya actuado de este modo; pese a lo
cual, Si el determinismo es verdadero, todo cuanto haya hecho habré side
cexpresin de su “naturaleza”.
‘Ahora estamos en condiciones de explicar lo que quiero decir cuando
hablo de que los objetos primarios de la imagen manifiesta son personas:
con ello me refiero a que ésta es una modificacién de otra imagen, en la
‘que todos los objetos son capaces de la gama completa de las actividades
personales;, y la modificacién aludida consiste en una poda gradual de las,
consecuencias de decir, refiriéndose a lo que nosotros lamarfamos un
objeto inanimado, que ha hecho algo. Asi, en la imagen originaria, decir
que el viento nos ha derribado Ia casa implicaria que el viento, 0 bien
ha decidido hacerlo con vistas a determinada finalidad —y acaso podri
habérsele conyencido para que no lo hiciera—, 0 bien ha actuado irrefie-
xivamente (ya sea movido por una costumbre o por un impulso) o, tal vez,
sin darse cuenta —en cuyo caso una actuacién adecuada por nuestra parte
podria haberle hecho percatarse de Ia enormidad de lo que estaba a punto
de hacer.
En las primeras etapas del desarrollo de la imagen manifiesta ya no
se pensaba que el viento podria haber actuado deliberadamente, con vistas
4 una finalidad, sino movido por un hébito o-un impulso: la’ naturaleza
se convirtié en el locus de las “personas truncadas”, 0 sea, en lo que era
de esperar que hiciesen las cosas (sus habitos) 0 en lo que no ofrece orden
alguno (Gus impulsos). Ast pues, las cosas inanimadas dejaron de “hacer”
cosas en el sentido en que las personas las hacen, pero no porque se
hhubiese llegado a formar una nueva categorfa (de cosas y procesos imper-
sonales), sino porque la categoria de persona se aplica a aquellas cosas en
forma podada o truncada: decir de una persona que es “mera hija de sus
habitos e impulsos” constituye a todas luces una exageracién, pero en los
estadios primerizos de la formacién de la imagen manifesta el mundo
incluye personas truncadas que son meras hijas de sus hébitos, ya que
evan a cabo acciones puramente rutinarias, interrumpidas por impulsos,
fen una vida que nunca se eleva por encima de lo que son las nuestras en
sus momentos. més irreffexivos. Finalmente, el sentido en que el viento
““hacfa” cosas ha quedado podado de cuanto implicaba de “saber lo que
tuno hace” y de “saber en qué circunstancias se ests” —salvo con propé-
sitos poéticos y expresivos (y, estd uno por decir, ademés, filos6ficos).
De igual modo que tiene gran importancia no confundir el “carécte
de una persona con su “naturaleza”, esto es, el que una accién sea prede-
cible apoydndose en los elementos de juicio relativos a actos anteriores
con el que lo sea sin imponer condicién alguna, también la tiene que no
‘confundamos el que una accién sea predecible con el que sea causada: es22 Ciencia, percepeién y realidad
,
frecuente que se traten estos términos como si fuesen sinnimos, pero,
de obrar de tal modo sélo pueden surgir confusiones. Ast, en la imagen
“originaria”, una persona causa que otra haga algo que de otro modo
no hubiera hecho; pero la mayorfa de lo que hacemos no es nada que se
haya causado que hagamos, por més que sea sumamente predecible; por
ejemplo, cuando una persona tiene unas cqstumbres muy arraigadas es
fécilmente predecible lo que hard en determinadas circunstancias, pero ello
zo es razén para considerarlo causado. Vemos, pues, que la categoria de
causaci6n delata su origen en la imagen “originaria” (frente a lo que sucede
con la categoria de predecibilidad, que es més amplia); cuando todas las
cosas eran persons, la concepcién de que todo lo que una persona haga
hha de ser causado no formaba parte del marco conceptual de referencia,
indudablemente, como tampoco constitufa un principio de tal marco que
sea predecible todo lo que haga una persona; mas en la medida en que
Jas relaciones entre las “personas” truncadas del marco manifiesto eran
anélogas a las relaciones causales entre persgnas, aquella categoria conti-
nus utilizindose, si bien podada de lo que implica acerca de planes,
propésitos y normas de actuacién, La analogla més inmediata del nivel
inanimado de causacién en el sentido originario es la de una bola de billar
que cause un cambio de trayectoria en otra, pero conviene mucho advertir
‘que nadie que distinga entre causacién y predecibilidad preguntaria qué
3 lo que causd que la bola de billar que se movia sobre la mesa perfecta-
mente lisa continuara en Ifnea recta. Por lo demds, el rasgo distintivo de
la revolucién cientifca ha sido la conviccién de que todos los acontec
mientos son predecibles a partir de una informacién pertinente acerca de
las circunstancias en que ocurrieran, pero no que todos sean causados
(en ningin sentido usual de esta palabra).
IIL. La FILOSOF{A CLASICA Y LA IMAGEN MANIFLESTA
He caracterizado el concepto de imagen manifiesta como uno de los
polos hacia los que se ve arrastrado el pensamiento filoséfico. Ello me
compromete, desde luego, a admitir la idea de que dicha imagen no es un
puro patrén exterior con relacién al cual pudiera clasificar las posiciones
filoséficas una persona interesada por el desarrollo de Ia filosofia, sino
que posee, a su manera, una existencia objetiva en el pensamiento filos6-
fico mismo, e incluso, en realidad, en el pensamiento humano en general
y, con ella la otra idea de que solamente puede influir en el pensamiento
filoséfico merced a tener una existencia que, trasciende de alguna forma
al pensamiento individual de los pensadores individuales. Pronto voy a
recoger este tema, preguntando cémo es posible que una imagen del mundo
—que, después de todo, es una forma de pensar— trascienda al pensador
individual sobre el que influya (los rasgos generales de la respuesta tienen|
‘que ser evidentes, pero no siempre se han sacado algunas de las conse
‘cuencias que posee). Lo que quiero ahora sefialar es que, puesto que esta
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 2
imagen tiene un ser que trasciende al pensador individual, existen verdades
Y errores a su respecto, gun cuando tal imagen haya de ser rechazada, en
Ultimo andlisis, como fala
AAs{ pues, con independencia de que el mundo que encontramos en la
percepeién y en la consciencia de nosotros mismos sea o no en ltimo
término real, no cabe duda de que es incorrecto decir —como han hecho
algunos flésofos— que los objetos fisicos del mundo con que nos encon-
teamos son “complejos de sensacines",y de que asimismo lo es decir que
Jas manzanas no son realnience rojas, que los estados mentales son “dispo-
siciones a comportamientos", que no se puede tener intencién de hacer
algo sin saber que se tiene tal intencién, que decir que algo es bueno es
decir que @ uno le gusta, etc. Ya he sostenido que es posible interpretar
aran parte de la flosoffa convencional como un intento, por parte de una
serie de pensadores individuales, de dibujar el perfil de la imagen mani-
fiesta (no es menester aclarar que sin reconocerla como tal), imagen que
es a la ver inmanente en su pensamiento y trascendente a ; intento
por referencia al cual cabe evaluar una filosotia dada como perspicaz 0
oma, errénea o certera, aunque se esté dispuesto a coneeder que la
imagen que dibujan no es otra cosa que una de las maneras de presentarse
Ja realidad a la mente humana. Més ain: en realidad, a tarea de dibujar
tal imagen posee una importancia primordial, ya que, como hemos sefialado
antes, el hombre es lo que es por pensar de s{a base de tal imagen, y
es preciso entender ésta antes de preguntar en qué medida sobrevive el
hombre manifiesto en la perspectiva sinéptica que hace justicia igualmente
a la imagen cientfica con que ahora nos enfrentamos
Me parece que es exacto decir que la Hamada tradicién “analftica”
de Ia filosofiabriténica y norteamericana reciente ha hecho cada vez més
justicia —especialmente bajo la influencia del vlkimo Wittgenstein— a
la imagen manifesta, y que ha loprado cada vez més perfectamente aislarla
fn algo asf como su forma pura, a la vez que ha puesto en claro cuén ine
sensato es intentar reemplazarla trocito @ trocito por fragmentos de la
imagen cintiica. Al obrar as{ ha hecho patente su continuidad con la
tradicién perenne, y ha legado a percatarse de ella.
Ahora bien, uno de los rasgos caracteristicos més interesantes de la
filosoffa perenne reside en que trata de comprender la condiciéa de que
_g0ce a ojos de cada pensador et marco de ideas a base del cual se aprehenda
a s{ mismo como una persona en el mundo: ast, zoSmo llega cada indi-
viduo @ pensar basindose en tal complejo marco conceptual? ; remo
acaba por adquirir esta imagen? A este respecto deben advertirse dos
cosas: 1) la imagen manifiesta no presenta el pensamiento conceptual a
modo de un complejo de elementos que, considerados en x{ mismos y apar-
te de estas relaciones, fuesen de indole no conceptual (los candidatos més
plausibles son las imégenes, pero todas las tentativas de interpretar los
pensamientos como configuraciones complejas de imagenes han fracasado,
Ys segin sabemos, estaban condenadas a fracasar); 2) evalesquiera que
Sean los constituyentes ultimos del pensamiento conceptual, su proceso24 Ciencia, percepcién y realidad
misino, tly com acontece en Ia mente individual, tiene que ser un eco
‘més © menos adectiado de la estructura inteligible del mundo.
Como es natural, existfa una fuerte inclinaci6n, no slo a pensar que
13s constituyentes del pensamiento eran cualitativamente semejantes a Tos
del mundo, sino a pensar que éste slkimo era causa de que los consttu-
yentes aparezcan formando configuraciones en las que resuenan las conf
Buraciones de los acontecimientos. Mas cuando los precursores de la
Psicologla cientiica hicieron la tentativa de entender la génesis del pensa-
‘miento conceptual en el individuo a base de una “asociaciSn” de procesos
elementales que no fuesen a su vez conceptuales, en virtud de-ina accidn
directa del medio fisco sobre el individuo (cuyo caso paradigmético era
¢l del nfo que se hs quemado y huye del fuego), levaron a cabo una
tentativa prematura de construir una imagen cientifica del hombre.
a tradicién perenne no sentfa simpatia alguna por semejantes inten-
tos, pues se daba cuenta, a) de que la asociacién de pensamientos.no es
una asociacién de imégenes y, por presuponer un marca de pensamiento
conceptual, no puede dar cuenta y razén dei él, y b) de que la accion
directa de la naturaleza perceptible, en cuanto perceptible, sobre el indi-
viduo es capaz de-dar razén de vinculaciones asociativas, pero no de las
vinculaciones racionales del pensamiento conceptual.
Pese a todo lo cual, el mundo es de algin modo la causa de la imagen
aie de 4 se forme el jndividuo, y, como es bien sabido, T? concepcién
‘dominante durante siglos en la tradicin perenne fue Ia de una iiffuencia
causal directa del mundo, en cuanto inteligible, sobre Ia mente individual:
tema, iniciado por Platén, que cabe rastrear a lo largo de todo el pensa-
‘miento occidental hasta nuestros das. En la tradiién plat6nica se atribuye
este modo de causacién a un ser en mayor o menor grado andlogo a las,
Personas; incluso los aristotélicos distinguen entre la manera en que las
Sensaciones ponen a disposicién del hombre la estructura inteligible de
las cosas y el modo en que las contingencias de la experiencia perceptiva
asientan determinadas expectativas y permiten que los animales se acomo-
den no racionalmente a su metio;'y, segiin sabemos hy, a idea de que,
si bien la realidad es Ta “causa’ el pensamiento conceptual humano, este
papel causal no puede equipararse a un condicionamiento del indi
Por su medio de una forma que pudiese producise en prin
diacién de la familia y de la comunidad tiene muchos puntos en su favor
(la concepcién del mundo a lo Robinséa Crusoe, como si aquel pudiese
engendrar directamente en el individuo el pensamiento conceptual, es un
modelo exclusivamente simplista). La tradicién perenne se limité en gran
medida a dar cuenta y razin de Ia presencia en el individuo del marco
del pensamiento conceptual a base de wn tipo tinico de accién de la real
dad, en cuanto inteligible, sobre la mente indivjdual: las diversas maneras
de hacerlo se distingufan entre sf en lo que ae refiere a puntos de gran
interés, pero la tarea fundamental era siempre la misma. Hay que esperat
aque Hlegue el tiempo de Hegel para que se advierta el papel esencial dl
~prupo como factor de mediacién en esta causaci6n y por mas que ahoia
Ia filosofia y la imagen cientifica del hombre 25
nos sea fécil ver que la inmanencia y trascendencia de los marcos concep-
tuales con respecto al pensador individual es un fenémeno.social, y darnos
cuenta de que la propia forma que tiene nuestra imagen del hombre en el
‘mundo lleva implicitamente consigo un reconocimiento de este hecho, sélo
al Tlegar el siglo x1X se tuvo en cuenta —por insatisfactoriamente que
fuese— este rasgo caracterisico de la imagen manifesta
La teorla platénica de las facultades conceptuales como resultado de
la “iluminaci6n” de la inteligencia por unas esencias inteligibles limitaba
1 papel desempefiado por el grupo —y, en particular, por la familia— al
de hacer que tales facultades se ejercitasen (papel que, en principio, podla
ddesempefiarlo también la experiencia perceptiva) y al de ensefiar los medios
de darles expresién verbal ¥ sin embargo, el cardcter esencialmente social
del pensamiento conceptual salta a la vista cuando nos percatamos de
que no hay pensamiento con independencia de unos patrones comunes de
acierto y.de pertinencia, que ponen en relacién fo que yo realmente piense
con lo que cualquiera deberia pensar: el contraste entre yo y cualquiera
5 esencial pgra el pensamiento conceptual.
Es corriente comparar Ios patrones intersubjetivos sin Tos que no
existrfa pensamiento alguno con los patrones asimismo intersubjetivos sin
Jos cuales no existtia es0 que llamamos juegos, y la adquisicién de un
‘marco conceptual con el proceso por el que se aprende a jugar a un juego
determinado. Es conveniente darse cuenta, sin embargo, de que el pensa-
riento conceptual es un juego tinico en dos respectos: a) na cabe apren-
der a jugarlo por el procedimiento de que le digan a uno cules son sus
reglas, y b) todo cuanto se hace posible merced al pensamiento conceptual
(y sin di no puede darse nada caracterfsticamente hnumano) se hace posible
Bracias a que éste contiene en sf una forma de representar el mundo.
‘Cuando digo que el individuo como pensador conceptual es esencial-
mente un miembro de un grupo no quiero decir, desde Iuego, que el indi
vyiduo no pueda existr separado de éste (por ejemplo, como superviviente
tinico de una catéstrofe atémica), de igual modo que el hecho de que el
ajedrez sea un juego para jugarlo dos personas no significa que sea impo-
sible jugar al ajedrez contra si mismo, Ningin grupo lo es (en el sentido
{que ahora nos interesa) a menos que conste de cierto mimero de indivi-
duos cada uno de los cuales piense que es un “yo” contrapuesto a “los
demés”; asf pues, el grupo existe en la medida en que sus miembros se
representan a sf{ mismos, y no es un accidente que el pensamiento con-
ceptual se comunique a los demés, como tampoco lo es que la decisién
‘de mover una pieza del ajedrez encuentre expresiOn en una jugada que
‘se lleva a cabo en un tablero situado entre dos personas.
Por consiguiente, tenemos que entender la imagen manifiesta de modo
que incluya, por un fenémeno de grupo, una concepcién de. si mismo, y
ello de tal suerte que el grupo sirva de mediador entre el individuo y el
orden inteligible. Pero toda tentativa de explicar esta mediacién dentro
del marco de dicha imagen estaba condenada al fracaso, ya que ésta leva
fen sf los recursos necesarios para semejante tentativa sélo en el sentido26 Ciencia, percepcién y realidad
de que proporciona los fundamentos sobre los que la teorfa cientifica
puede construir un marco explicativo, y si bien las estructuras concep-
tuales de este ultimo se construyen sobre la imagen manifesta, no son
\definibles en su interior. De ahi que el hegeliano, lo mismo que el plat6-
‘nico, del que es heredero, se viese limitado en su intento de entender ana-
lgicamente la relaci6n entre el orden inteligible y las mentes individuales.
Donde comenzamos a advertir los trazos fundamentales de la forma
fen que el hombre puede tener una imagen de si-mismo-en-el-mundo es en
la imagen cientifica del hombre en el mundo, ya que empezamos a ver tal
{imagen como cuestién de un desarcollo evolutivo que constituye un fen6
‘meno de grupo, proceso ejemplificado a un nivel més sencillo por el des-
azrollo evolutivo que explica la correspondencia entre la danza de una
abeja obrera y la situacién con respecto al sol'de la flor de 1a que vuelva:
esta correspondencia, de igual modo que la relacién existente entre la
imagen “originaria” del hombre y el mundo, Yo es susceptible de explica-
ign a base de un impacto condicicnador directo del medio sobre el indi-
viduo como tal.
He llamado la atenci6n sobre el hecho de que la imagen manifiesta
involucra dos tipos de impacto causal del mundo sobre el individuo; y,
segiin he sefalado, esta dualidad de causaciOn, y la irreductibilidad —den-
tro de la imagen manifiesta— del pensamiento conceptual en todas sus
formas a procesos més elementales (irreductibiidad ligada a tal dualidad),
son lo que constituye el dualismo primario y esencial de la flosofia peren-
ne. Pues la concepeién dualista de lo mental y el cuerpo, que es caracte-
Hstica de la pilosophia perennis (pero en sfodo alguno tn fasgo suyo
invariable), se debe en parte a una inferencia.a partir de aquel dualismo
de la causacion y del proceso; en parte, sin embargo, es un resultado del
impacto de ciertos temas ya presentes incluso en los estadios minimos
del desarrollo de la imagen cientifca (segin hemos de ver més adelante).
Lo que me ocupa ante todo en este ensayo es la pregunta acerca de en
qué sentido y medida sobrevive 1a imagen manifiesta del hombre-en-el-
mundo a la tentativa de unirlg, en un campo tinico de visién intelectual,
‘con el hombre concebido a’base de los objetos postulados por las teorfas
cientfficas. Segiin hemos visto, podemos morder en esta pregunta apoyén-
donos en el hecho de que el hombre es el ser que se concibe a sf mismo
a base de la imagen manifiesta: en la misma medida en que el escorzo
manifiesto no sobreviva en la perspectiva sindptica, el hombre no sobre-
vivird. En cuanto a la cuestién de sila adopcién de la perspectiva sindptica
tansformaria al hombre sometido a servidumbre en hombre libre —como
Spinoza crefa— 0 a la inversa —segin muchos temen—, se trata de algo
que no puede suscitarse en forma adecuada hasta haber examinado las
pretensiones de la imagen cientifica
TV. La iMaGeN ciewrfetca
En los apartados anteriores he concentrado la atencién en un intento
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 27
4e defnir lo que llamo la imagen “manifesta” del hombre-en-el-mundo.
Asi, he sostenido que es preciso entender esta imagen como un alambica-
miento y afinado de la imagen a base de la cual Ileg6 por primera vez el
hhombre’a ser consciente de s{ mismo como hombre-en-el-mundo, he sefia-
lado que cualquiera que sea el sentido en que esta imagen sea “alsa” (en
cuanto referente al hombre), su falsedad amenaza al hombre mismo, dado
que él es —en cierto sentido no desdefable— el ser que posee esa imagen
de s{ mismo, y he sostenido que puede interpretarse lo que se ha llamado
la tradicién perenne de la flosoffa —phisolophia perennis— como la ten
tativa por comprender la estructura de tal imagen, por saber maneférselas
en ella relexivamente sin imponer condiciones intelectuales algunas; tam-
bign he analizado’ algunos resgos fundamentales de dicha imagen y he
hecho ver que cabl entender las categorias a base de las cuales enfoca
1 mundo como una poda progresiva de las relativas a la persona y a su
relacién con otras personas y con el grupo, he mantenido y razonado que
cs preciso entender de tal modo la tradicién perenne que no sélo incluya
la tradicién platénica en su més amplio sentido, sino asimismo las filoso-
del “sentido comin” y de la “usanza corriente", sosteniendo que 10
que todas eftas Slosofias tienen en comin es la admisién de la imagen
manifiesta como rea! (tratan de entender los logros de las ciencias teoré-
ticas a bage de este marco, subordinando las categorias de aquellas a las
de éste); y; finalmente, he insinuado que la manera més fértil de abordar
el problema de integrar la ciencia teorética con el marco de un sentido
comin alambicado en una visién sinéptica comprehensiva es la de mirarlo
no como una tarea que hubiera de realizarse trocito a troito (por ejemplo,
acoplando primeramente la concepciéa de los objetos fisicos propia del
sentido comtin con la de la fisica teérica, y Iuego, a modo de empresa
independiente, la concepeién del hombre que tiene el sentido comin con
Ta de la psicologfa teérica), sino como una cuestién de articular entre sf
dos maneras completas de ver la suma de todas las cosas, dos imagenes
del hombre-en-el-mundo, y de intentar reunirlas en una visién “estereos-
pica”
Ahora tengo el propésito de afiadir a la exposicién hecha de la imagen
‘manifiesta un bosquejo comparable de lo que he llamado la imagen cien-
.tifica, y de concluir el presente ensayo con algunas observaciones sobre
las respectivas aportaciones de una y otra imégenes a la visién unificada
“Wel -hombre-en-el-mundo que constituye la finalidad de la flosofia,
1a imagen cientiica del hombre-enel-mundo es, desde luego, una
‘dealizacién tanto como lo es Ia imagen manifesta, e incluso més que
tila, dado que se encuentra ain en el proceso de irse constituyendo. Debe
fecordars, por lo demds, que la contraposicién a que me reftro no es la
‘existente entre una concepcién cientifica y una acientifica del hombre-en-
el-mundo, sino la que opone la concepcién que se limita a lo que las téc-
nicas de correlacién pueden decirnos acerca de los acontecimientos accesi-
bles mediante la percepciOn y la introepeccion y la que postula objetos
Y sucesos no perceptibles con el fin de explicar corrlaciones entre los28 Ciencia, percepcin y realidad
perceptibles; y hemos concedido, como es natural, que, en cuanto a lo
Sucedido hist6ricamente, muchas de estas itimas correlaciones han sido
Sugeridas por teorfas introducidas para explicar otras correlaciones pre-
viamente asentadas, de suerte que existe una accién reciproca dialéctica
entre los procedimientos que emplean correlaciones y los que recurren a
Ja postulacién aludida. (Ast, es muy posible que no nos hubiésemos dado
cuenta de que el papel de tornasol se vuelve fojo con los dcidos Rasta
al momento en que una compleja teoria que piisiera en relacin la absor-
cin y emisién de radiaciones electromagnéticas por los objetos con su
composicién quimica hubiese propuesto la hipdtesis de que ast habla de
suceder; pese a lo cual, en principio, esta conocida correlacién podia
haberse descubierto antes de la formulaci6n de ninguna teorfa de esta
fndole, tal como, en efecto, ha sucedido). Por lo tanto, la contraposicin
{que nos ocupa se refiere a dos construcciones ideales: <) el afinado de la
‘imagen originaria” obtenido mediante correlaciones y categorialmente,
afinado al que amo imagen manifiesta, y b) la imagen procedente de los
frutos de la construccién de teorias por postulacién, a la que he bauti-
zado con el nombre de imagen cientifica,
Al Ilegar a este punto podré objetarse que no existe eso que seria la
imagen del hombre construida a partir de entidades y procesos postula-
dos, sino, por el contrario, tantas imagenes como ciencias hay que tocan
aspectos del comportamiento humano, Indudablemente, en cierto sentido
as{ es: hay tantas imagenes cientificas del hombre cuantas son las cien-
clas que tienen algo que decir acerca de él, de modo que hay el hombre
tal y como se le presenta al fisico tedrico (un torbellino de particulas, fuer:
‘as y campos fisicos), hay el hombre tal y coma se le aparece al bioqui-
nico, al fisilogo, al estudioso del comportamiento, al cientiico social; y
“es preciso contraponer todas estas imégenes al hombre tal y como se Ie
aparece a s{ mismo en el sentido comtin alambicado, la imagen manifesta
que todavia hoy incluye la mayor parte de lo que sahe sabre sf mismo al
nivel propiamente humano. Por consiguiente, la idea de la imagen cienti-
fica 0 postulatoria es una idealizacién en el-sentido de que lo que concibe
es la integracién de una multiplicidad de imagenes, cada una de las cuales
es'la aplicacién al hombre de un marco de conceptos dotado’ de cierta
‘autonomfa: pues cada teor‘a cientifica es, desde el punto de vista meto-
dol6gico, una estructura edificada en un “lugar” distinto y valiéndose de
procedimientos diferentes dentro del mundo de las cosas perceptibles, que
8 intersubjetivamente accesible; y de ah{ que "la” imagen cientifica sea
luna construccién teorética basada en cierto niimero de imagenes, cada
una de las cuales estd apoyada por el mundo manifesto.
EI hecho de que toda imagen teorética sea un edificio que reposa sobre
‘unos cimientos proporcionados por la imagen manifiesta y que, en este
‘sentido metodoldgico, presupone esta imagen leva fécilmente a suponer
gue esta iitima es previa en un sentido sustantivo, esto es, que las cate-
gorias de la ciencia teorética dependen légicamente de categorias refe-
Fentes a su cimiento metodolégico en el mundo manifiesto del sentido
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 29
comin alambjcado, de tal suerte que la nocién de un mundo que hiciera
visibles sus principios teoréticos sin hacer visibles, a la ve2, las categorias
Y principios del mundo manifesto conllevaria un absurdo. Y sin embargo;
cuando dirigimos 1a atenciéa a “la” imagen cientfica que surge de las
diversas imdgenes propias de las distintas ciencias advertimos que, si bien
aguélla depende metodoldgicamence del mundo del sentido comin alam-
bicado, y en este sentido no se tiene por si misma en pie, da a entender
que es una imagen completa, o sea, que define un marco que podria ser
toda ta verdad acerca de lo perteneciente a tal imagen. Ast pues, la imagen
cientifica, aunque metodol6gicamente es un desarrollo surgido en el inte-
rior de Ja imagen manifiesta, se presenta como imagen rival de ésta; y,
visto desde este éngulo, la imagen manifiesta, en la que reposa, es un
retrato “‘nadecuado” —por més que pragméticamente vtil— de la real
dad, que s6lo encuentra un retrato adecuado (en principio) en la imagen
cientfca (digo “en principio” porque esta tltima se encuentra ain en el
proceso de irse constituyendo, punto al que volveré al final de este
capitulo).
A todo lo cual, naturalmente, la imagen manifesta (0,
igho con mas
yor exactitud, la filosofia perenne, que respalda sus pretensiones) replica
{que 1a imagen cientifica no puede reemplazar a la manifiesta sin rechazar
sus propios fundamentos.
Pero, antes de que intentemos proyectar alguna luz sobre las opuestas
pretensiones de estas dos perspectivas del mundo, es menester decir algu-
nas cosas més acerca de la formacién de fa imagen cientifica a partir de
las diversas imagenes cientfficas cuya integracién supuestamente es ella
precauciones debidas, podemos unificar las imégenes bioquimica y ffsica,
ya que para hacerlo sélo se necesita apreciar el sentido en que cabe igualar
los objetos del discurso bioguimi
de objetos de la fisica tebrica. Sin duda, llevar a cabo esta ecuacién no
es igualar las ciencias correspondientes, ya que éstas,'en cuanto tales,
tienen métodos diferentes y vinculan sus entidades teoréticas con rasgos
intersubjetivamente accesitles del mundo manifesto a través de instru-
entos diferentes; pero la diversidad de esta indole es compatible con la
“dentidad” intrinseca de las entidades teoréticas mismas, es decir, con
la afirmacin de que los compuestos bioquimicos son “idénticos” a:confi-
guraciones de particulas subatémicas, ya que hacer semejante “ident
cacién” es, simplemente, decir que las dos estructuras teoréticas, cada una
ccon su propia vinculacién al mundo perceptible, podrian sustituirse por un
‘marco teorético vinculado al mundo tal y como lo percibimos a través de
instrumentos y métodos distintos y a dos niveles distintos de complejidad.
He distinguido antes entre la unificacién de las entidades postuladas
por dos ciencias y la de estas ciencias mismas. Pero tam!
distinguir entre ia unificacin de las entidades teoréticas de dos ciencia
y la de los principios teoréticos de una y otra, puesto que si bien decir30 Ciencia, percepcion y realidad '
ue las sustancias bioqufmicas son complejos de particulas fisicas es —en
cierto sentido que tiene gran importancia— decir por implicacién que las
leyes a las que obedecen aquellas sustancias san “casos especiales” de las
que gobiernan a estas particulas, existe verdaderamente el peligro de que
se malentienda el seatido en que esto es asf. Evidentemente, una configu:
racién determinada de particulas fisicas no puede obedecer en a bioqui-
‘mica a unas leyes distitas de aquellas a las que obedezca en la fisica;
sin embargo, puede ocurtiz que no haya relaclén sencilla alguna entre el
‘comportamiento de las configuraciones muy complejas de particulas fisicas
y el de las menos complejas: asi, puede muy bien suceder que la tinica
‘manera de descubrir las leyes concernientes a los complejos sistemas de
Particulas que son los compuestos bioquimicos sea mediante las técnicas
Yy métodos de la bioquimica, es decir, con las téenicas y procedimientos
de andlisis apropiados para ocuparse de las sustancias bioqulmicas.
Por consiguiente, la asercién de que las leyes de la bioguimica son
‘casos especiales” de las de la fisica es ambigua, ya que puede significar
dos cosas: ) que la bioquimica no necesita variables que no puedan ser
defisidas a base de las de la fisica at6mica, yb) que las leyes relativas
a Giertas configuraciones complejas de particulas subatémicas (que sean
Ja contrapartida de los compuestos bioquimicos) estén relacionadas en
forma sencilla con las relativas a configuraciones menos complejas. Como
5 natura, la primera de estas dos proposiciones es la énica que se com-
romete uno a admitir cuando se identfican los objetos teoréticos de las
dos ciencias en el sentido arriba expuesto,
Mutatis mutandis, a las imagenes fisioldgica y bioquimica del hombre
son aplicables andlogas consideraciones: fundirlas en una sole imagen
serfa mostrar que las entidades fisilégicas (en especial las neurofisio-
logicas) pueden ponerse en ecuacién con sistemas bioquimicos complejos,
¥, por lo tanto, que —al menos en un sentido débil— los principios te6-
Ficos relativos a aquéllas pueden interpretarse como “casos especiales”
de los principios referentes a éstos.
Mis interesantes son los problemas que surgen cuando tomamos en
consideracién el lugar putativamente ocupado por el hombre, segin lo
conciben las ciencias de la conducta, en “la” imagen cientffica. En primer
término, la expresién de “psicologla’ conductista” tiene varias acepciones,
Y para nuestros propésitos conviene mucho advertir que, por lo menos en
tuna de ellas, no se halla en ningin lugar dentro de esta imagen (en el
sentido en que estoy empleando esta ultima expresién), sino més bien
en el continuado alambicamiento correlatorio que experimenta la imagen
manifesta, Pues una psicologia es conductista, en un sentido amplio, si,
por mds que se permita emplear toda la gama de conceptos psicolégicos
pertenecientes al marco de referencia manifiesto, siempre confirma las
hipétesis acerca de acontecimientos psicolégicos a base de criterios refe-
rentes a la conducta: no se inquieta, pues, por los conceptos de sensacién,
imagen, sentimientos 0 pensamientos conscientes o inconscientes, todo lo
cual pertenece al marco manifesto, pero exige que sélo se afirme la apari-
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 31
cién de una sgnsacién de dolor, por ejemplo, apoyandose en tales criterios.
Por consiguieate, el conductismo asi entendido es simplemente buen sen-
tido: no es necesario definir de nuevo el Ienguaje de los sucesos mentales
a base de, criterios basados en a conducta para que la conducta observa-
ble proporcione elementos de juicio relativos a ellos; y, por lo demés,
desde luego, los comportamientos perceptibles constituyen, incluso en el
mundo del ‘sentido comiin, incluso en la imagen manifiesta, los tinicos
elementos de juicio intersubjetivos en favor de tales sucesos.
‘No cabe duda de que el “conductismo” en este sentido no nos impide
prestar atencién a lo que la gente diga acerca de s{ misma, ya que el
utilizar enunciados autobiogréficos como elementos de juicio referentes a
lo que una persona piense y sienta es cosa distinta de asentir pura y sim-
plemente a tales enunciados. Parte del peso que los enunciados autobio-
erificos tienen en el discurso corriente (y que no deja de guardar cierta
relacién con la manera que tienen de aprenderios los nifios) consiste en
que, a igualdgd de las demés circunstancias, si una persona dice “Me
encuentro en el estado 4", es razonable creer que se encuentra en dicho
estado, y la probabilidad’ correspondiente oscilard desde casi la certi-
dumbre en el aso de decir “Me duelen las muelas” a una mucho menor
si lo que se dice es “No odio a mi hermano”: no sblo los psicélogos
profesionales prescinden de la conducta verbal y no verbal como elemen-
tos de juicio utilizables,
Asf pues, el conductismo en su primer sentido es simplemente el
‘enfoque que se obtiene al alambicar los conceptos del marco de referencia
manifesto, enfoque que descansa en unas vinculaciones preexistentes en-
‘tre, por una parte, el comportamiento pblicamente observable verbal y
no verbal y, por otra, estados y procesos mentales (vinculaciones merced
a°las cuales aquél puede proporcionar elementos de juicio relatives a
éstos); y enfoque que, por lo tanto, habré que considerar perteneciente
4 Ta imagen manifiesta més bien que a la cientifica (en el sentido en que’
he definido estas expresiones). En su segundo sentido, el conductismo no
solamente limita la base que le ha de proporcionar elementos de juicio
a la conducta piiblicamente observable, sino que concibe su tarea como
la de encontrar correlaciones entre ciertas construcciones teoréticas que
introduce y define a base de los rasgos pablicamente accesibles del orga-
nnismo que sea y de su medio. La cuestién de mayor interés a este res-
pecto es la de si existen razones para creer que un marco conceptual
formado por correlaciones entre construcciones del tipo aludido podria
constituir una manera de comprender cientificamente la conducta huma-
‘a; mas la respuesta que se le dé dependerd en parte de cémo se la inter-
prete, e interesa que veamos por qué sucede ast.
‘Atendamos primeramente al caso del comportamiento animal, Eviden-
temente, sabemos que los animales son sistemas fisiolégicos muy complejos
y, desde un punto de vista que tenga en cuenta més finura de detalle,
Sistemas bioquimicos. 2Quiere esto decir que es preciso formular la ciencia
del comportamiento animal a base de concepciones neurofisiol6gicas 032 Ciencia, percepcién y realidad
bioquimicas? En cierto sentido hay que responder que, sin duda alguna,
no: en el estudio del comportamiento animal nos apoyamos en un saber
de fondo sobre algunas de las variables pertinentes a grandes rasgos idé-
eas para la descripeién y prediccién del comportamiento animal frente
al medio; y, ciertamente, tal saber de fondo no s6lo nos induce a pensar
que dichas variables —que son esas cosas que se agrupan bajo los epi-
grafes de “estimulo”, “respuesta”, “comportamiento de busqueda de una
meta’, “privacién”, ete— son tales que q base de ellas podemos com-
prender el comportamiento del animal, sino que la teoria de la evolucién
nos explica el hecho de que podamos, efectivamente, comprenderlo me-
diante ellas; pero las correlaciones mismas se pueden descubrir valiéndose
de métodos estadisticos, y, desde luego, importa mucho poderlas asentar.
Indudablemente, es necesario distinguit entre el descubrimiento y con-
firmacién de tales correiaciones por los procedimientos que emplean 108
estudios del comportamiento y su explicacién a base de las entidades y
procesos postulados por la neurofisiologia: en realidad, si bien las con
eraciones fisiolégicas pueden sugerir correlaciones que someter a prueba,
éstas mismas tienen que poderse asertar independientemente de la consi-
Aeraciones fisiol6gicas, si es que han de pertenecer a una ciencia del com-
Portamiento que no se confunda con otra ciencia (adviértase que esta
‘ondicién es de indole definitoria).
Por lo tanto, si designamos con el nombre de “estudio del comporta-
tmiento de la lombriz de tierra” el asentamiento de carrelaciones formu-
ladas en términos a grandes rasgos referentes a la lombriz de tierra y a
su medio, su contenido serd mAs bien escaso, ya que, para que una corre:
lacién pertenezca a dicha disciplina, ha de estar formvlada valindose de
tales términos; y, por otra parte, es evidente que no toda verdad relati-
Va a semejantes animalitos formard parte del estudio del comportamiento
de Ia lombriz de tierra, a menos que estiremos esta expresiOn hasta vax
Viarla de su sentido peculiar y distintivo. De lo cual se sigue que no es
posible explicar todo cuanto haga uno de estos animales a base de este
conductismo tal y como lo hemos definido; pues éste trabaja dentro de un
saber de fondo acerca de las “condiciones aormales o t{picas”, 0 sea,
aquellas en las cuales las correlaciones formuladas a base de las catego-
fas del comportamiento de la lombriz de tierra bastan para expl
predecir lo que hagan estos seres (en la medida en que quepa descr
mediante tales categor‘as), pero seinejante saber de fondo constituye, evi
dentemente, una parte esencial de la comprensiGn cientifica de lo que
hhagan las lombrices de tierra, por més que no forme parte del estudio del
comportamiento de éstas (ya que es, simplemente, la aplicacién a la
lombriz de tierra de la fisica, 1a quimica, la parasitologia, la medicina y
la neurofisiologia).
Hemos de tomar asixfismo en consideracién el hecho de que Ia mayo-
Hla de las interesantes construcciones teoréticas del estudio correlatorio
del comportamiento serén propiedades eventuales de organismos, propie-
dades pendientes de un “si”, ya que a lo que correspondern es a que
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 33
si en determinado momento se presentase cierto estimulo, se efectuaria
cierta respuesta. Asi —por valernos de un ejemplo procedente de otro
‘campo—, somos capaces de poner en correlacién el hecho de que se haya
hhecho pasar una corriente por un conductor helicoidal en cuyo interior
se encuentre un micleo de hierro con la propiedad (pendiente de un si
de que si se colocase una limadura de este mismo metal en sus proximi-
dades, seria atralda.
Ahora bien, en un estadio dado del desarrollo cientifico puede ser con-
Veniente 0 no suponer que las propiedades eventuales (pendientes de un
si) de los organismos estén vinculadas a los estados de un sistema postu-
lado de entidades que operen de acuerdo con ciertos principios postulados
(seré conveniente en caso de que las entidades postuladas sean lo suf-
Cientemente espectficas y susceptibles de vinculacién a una diversidad
Suficiente de variables a grandes rasgos del comportamiento para permi-
timnos predecir correlaciones nuevas). Es posible que se haya exagerado
la utilidad metodolégica de los métodos postulatorios para los estudios
del comportamiento de los organismos inferiores, debido, ante todo, a que
hasta hace poco tiempo apenas se sabfa nada en la esfera de la neurofi-
siologia que pudiese arrojar mucha luz sobre las correlaciones existentes
en el nivel a grandes rasgos de los estudios del comportamiento; sin
embargo, en Io que se refiere a estos estudios referidos al sujeto humano,
la situaci6n ha sido algo distinta desde el principio, ya que yna peculia-
ridad importante del comportamiento caracterfsticamente humano es que
dos comportamientos cualesquiera sucesivos suyos involucran esencial-
‘mente hechos eventuales —pendientes de un si— complejos, 0 muy com-
plejos, acerca de lo que la persona del caso hubiera dicho o hecho en cada
uuno de los instantes intermedios si se le hubieran preguntado ciertas
cosas; y sucede que nuestro saber de fondo hace razonable suponer que
tales hechos eventuales acontecen debido a que esté en marcha un proceso
interno que, en ciertos aspectos de gran importancia, es andlogo al com
Portamiento verbal manifiesto y tal que cada uno de sus estadios se
expresaria de modo natural mediante el habla manifiesta (punto sobre el
‘que volveremos més adelante).
Asi pues, en el estudio de la conducta humana sf resulta ser conve-
niente postular una sucesién interna de acontecimientos con vistas a in-
terpretar algo que, en principio, cabria formular austeramente mediante
correlaciones entre estados y propiedades del comportamiento (incluyendo
aqui los eventuales 0 pendientes de un si, que son muy importantes: en
realidad, esenciales). Pero es decisivo percatarse de que estos episodios
que postulamos no los postulamos baséndonos en razones. neurofisiol6-
-as (0, al menos, no ha sucedido asf hasta hace poquisimo tiempo), sino
en virtud de nuestro saber de fondo de que hay algo andlogo al habla que
‘estd en marcha mientras las personas se estén quietas “sin soltar prenda’
Para lo que ahora nos ocupa es casi indiferente decir que el estudio
de la conducta humana, en cuanto tal, postula unos procesos internos
anélogos al habla o que, con independencia de su valor explicativo 034° Ciencia, percepcién y realidad
hheuristico, semejantes procesos caen, por dafinici6n, fuera del estudio del
‘comportamiento, en el sentido estrieto de esta expresién: incluya o no
dl estudio de la conducta humana —en cuanto ciencia distimta de las
demés— enunciados acerca de entidades postuladas, las correlaciones que
asiente han de encontrar una contrapartida en la imagen postulatora, se-
‘iin vimos que ocurria en el caso de las correlaciones asentadas por el es-
tudio del comportamiento de la lombriz de tierra. De ahf que la explicucién
cientifica de la conducta humana tenga que dar raz6n de los casos en
‘que fallen las correlaciones caracterfsticas del organismo en circunstancias
“normales"; y, en realidad, ningin conduetista negaria que las corzela-
ciones que busca y asienta soa, en cierto sentido, la contrapartida de unas
Vinculaciones neurofisoldgicas y, en consecuencia, bioguimicas, ni que
‘estas tiltimas constituyen un caso especial dentro de todo un espectro
de vinculaciones bioguimicas relativas a log organismos humanos, Vincu-
laciones: de las cuales habré muchas que queden reflejadas en fendmenos
observables que, desde el punto de vista de los estudios de comporta-
riento, representen fallos de las explicaciones conocidas. Por lo tanto,
voy a admitir provisionalmente que, si bien tales estudios y la neurofi-
siologfa son ciencias distintas, el contenido correlatorio de aquéllos apunta
4 una estructura de procesos y principios que acaban por encajar en los
de la teor‘a neurofisiolégica, con todas las consecuencias que esto entraiia;
y si, basndonos en aquel supuesto, sacamos estas consecuencias, la ima
gen cientifica del hombre resultard ser la de un sistema fisico muy
complejo.
V,. EL CONFLICTO DE LAS IMAGENES
2De qué manera, pues, hemos de evaluar las opuestas pretensones de
va imagen manifesta y la cientiica (imagen esta ultima que, provisional-
mente, hemos interpretado como. slendo a exposicién verdadera y, en
Principio, completa del hogbre-n-elmundo)?
2Con qué alternativas contamos? Conviene que estudiemos cudl fue
‘A impacto producido pot los estadios anteriores de Ta clencia postlatoria
~ sobre la filosoffa; y a este respecto es oportuno réflexionar sobre la tenta~
tiva cartesiana de und sintesis ya que de este modo salen Tur las ten-
Siones principales que se producen siempre que se iatenta egar a una
isin sindpica. Indudablemente, en tempos de Descartes la ciencia eb
Fea no habla alcanzado an el nivel neurofsiolgico, salvo a modo de un
torpe pagaré: el reto nical de la imagen cietfica se dirigia a la imagen
manifesta de la naturaleza inanimada, y proponfa que las cosas fisicas
Se entendieran ~de una manera ya vsiumbrada por el atomismo griego—
Como sistemas de partculas impercepbes,carentes de las cuaidades per
ceptibles de la naturaleza manifesta, Ast pues, se ofrecan tres direction
tes por las que orienta el pessamlento: I) los objetos manifestos son
idéatces @ cletos sistemas de particulas impercepibes, en el mismo
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 35
y simple sentido en que un bosque ¢s idéntico a cierto mémero de drboles;
2) aquellos objetos son lo que realmente hay, y los sistemas mentados son
formas “abstractas” 0 “simb6licas” de representarlos, y 3) tales objetos
son) “apariencias” para la mente humana de una realidad constituida por
sistemas de particulas imperceptibles. Voy a examinar primordialmente
las posibilidades 1) y 3), en especial la dltima, por més que la 2) merezca
ser considerada seriamente y la hayan defendido algunos competentes
filoséfos.
Formulemos primeramente algunas observaciones acerca de 1). La tesis
de que los objetos pueden ser a la vez objetos perceptibles dotados de
ccualidades asimismo perceptibles y sistemas de objetos imperceptibles
(ainguno de los cuales posea cualidades perceptibles) no encierra en sf
paradoja alguna: a la pregunta de si los sistemas pueden tener, acaso,
Propiedades de que carezcan sus partes hay que responder que sf, si se
‘toma en el sentido del cuai seria un ejemplo paradigmitico el hecho de
que un sistema de trozos de madera pueda ser una escalera de mano, pese
a que ninguna de sus partes lo sea (podria decirse, en este caso, que, para
que el sistema en conjunto sea una escalera de mano, sus partes han de
tener tal y cusi forma y han de guardar entre s{ ciertas relaciones).
De suerte que el hecho de que los sistemas posean propiedades de que
ccarezcan sus partes no ocasiona dificultad alguna en caso de que tales
propiedades consistan en que sus partes tengan tales y cuales propieda-
des y guarden entre si tales y cuales relaciones. Pero no es posible tratar
de esta manera el caso de un cubo de hielo de color rosa, como vamos a
ver: no parece plausible decir que para que un sistema de particulas sea
tua cubo de hielo de color rosa éstas han de tener tales y cuales cualidades
imperceptibles y guardar entre s{ unas relaciones tales que formen entre
todas, aproximadamente, un cubo; pues de color rosa no parece estar
constituido por cualidades imperceptibles a la manera en que el ser una
escalera de mano esti constituido por ser cilfndricos (Jos travesafios),
rectangular (el marco), de madera, etc. El cubo de hielo manifiesto se
nos presenta como algo enteramente de color rosa, como un continuo de
‘este color, todas cuyas regiones, por pequefias que sean, son asimismo
de color rosa: se nos presenta como algo irreductiblemente homogéne:
yun cubo de hielo de colores variados, aun no siendo homogéneo en lo
que respecta a un color determinado, es “irreductiblemente homogéneo”,
en el Setitido sobre el que estoy lamando la atencién, o sea, en cuanto
al rasgo genérico de estar coloreado.
‘Ahora bien, cuando se reflexiona sobre este ejemplo se nos ocurre un
principio que cabria formular, aproximadamente, de la siguiente manera:
Si un objeto es, em sentido estricto, un sistema de objetos, cualquier propiedad
‘que tenga ba de consiatir en ef hecho de que sus constituyeates potean tales y
‘cuales propiedades y guarden eatre sf esas o aquellas relaciones; 0, dicho
sproximadimeme,
{oda propiedad de un sstema de objetos consis en propiedades de sus consti
fuyentes ¥ zelaciones entre ells,36 Ciencia, percepcién y realidad
Teniendo en las mientes un principio més o menos de este tipo habla-
mos sostenido que si un sistema fisico es, en sentido estricto, un sistema
de particulas imperceptibles, no puede tener, como todo, las perceptibles
cualidades caracteristicas de los objetos fisicos de la imagen manifesta;
y de ahf concluimos que los objetos fisicos manifiestos son “aparienci
para los serés perceptores humaos de ciertos sistemas de particulas im-
perceptibles, lo cual constituye la alternativa 3) arriba propuesta.
Esta alternativa, sin embargo, ofrece flanco a una objecién que nor-
malmente no suele dirigirse contra ella misma, sino contra una formulae
cién suya de escasa sensibilidad (la tesis ‘de que las cosas perceptibles
en tomo nuestro “en realidad no tienen color alguno”). En lo que se
refiere a esta formulaciGn, la objecién aludida posee el mérito de lamar
la atencién sobre el hecho de que, dentro de la imagen manifiesta, tan
absurdo es decir que un objeto visible no tiene color como decir de un
triéngulo que no tiene forma; mas cuando se la dirige contra la formu-
laci6n antes dada de la alternativa 3), 0 sea, la de que los objetos mismos
son apariencias (para los seres perceptores) de sistemas de particulas im-
perceptibles, tal objecin, una vez estudiada, resulta carecer de fuerza.
En efecto, en la forma que se debe directa o indirectamente al fil6sofo
briténico del “sentido comin” G. E. Moore, reza asi
Las sila, mesas, etc, tal y como las consideramos corsentemente, no pueden
ser “apariencias” do sistemas de particulas earentes de cualidades perceptibes,
uesio que sabemor que hay silas, mesas, etc, y el tener cualidades percept-
bles es un rasgo que Posen en vrtod del mateo general o estructura ef que se
¥y esta objecién simplemente desaparece en cuanto caemos en la cuenta
‘de que, cuando se la entiende como es debido, la tesis de que los objetos
fisicos ‘no tengan realmente cualidades perceptibles no es anéloga,a la
de que sea falso, en realidad, algo que suela tenerse por verdadero acerca
de cierto tipo de cosas; pues no consiste en negar cierta creencia situada
dentro de un marco o esqyema general, sino en desafiar a éste mismo:
reside en sostener que, por més adecuada que. sea para los propésitos
cotidianos el marco de los objetos perceptibles, ¢1 marco manifiesto de la
vida cotidiana no lo es, en ultimo término, y que es preciso rechazarlo
‘cuando con él se quiere dar razin de lo que hay teniendo todo en cuenta.
Una vez que nos percatamos de ésto advertimos también que el argu-
mento que se apoya en nuestro “saber” se mella contra el hielo, ya que
el razonamiento que sigue
sabemor que hay sillas,cubos de hielo de color rosa, ete. (objetosfiscos); pero
Tas alas ¥ los cubos de hielo de color rosa tinea coler, som objetos pereepibles
‘con cualidades pereeptibles; por consiguiente, ersten objeto fisicos perceptibles
con culidades perceptible:
opera dentro del marco de referencia de la imagen manifiesta, de modo
que no puede apoyarlo,
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 37
Otro argumento més alambicado serfa el que indicase que logramos
maneférnoslas perfectamente en la vida valiéndonos del marco conceptual
de los objetos fisicos coloreados situados en el espacio y el tiempo, y
‘que, por lo tanto, semejante marco de referencia representa las cosas tal
y como realmente son. Es un argumento de peso, pero es vulnerable a la
réplica de que apoyéndonos en el marco general que proponemos para
reemplazar al manifesto cabe asimismo dar cuenta de que no fracasemos
al vivir, pensar y actuar a base de este ultimo: basta para’ ello mostrar
que entre los objetos manifiestos y sus contrapartidas cientificas existen
Jas suficientes semejanzas estructurales para dar cuenta de tales logros,
Todo esto nos recuerda una actitud que se ha tomado mil veces para
defender la realidad de la imagen manifesta frente a consideraciones moti-
vadas ldgicamente, m&s que cientificamente: ast, se ha objetado que el
marco de los objetos fisicos situados en el espacio y el tiempo es incohe-
rente, ya que involuera antinomias o contradicciones, y que por ello no
es real. Con frecuencia, a contrarréplica a semejante objecién no ha
consistido en una minuciosa refutacién de los argumentos mediante los
‘cuales se sostenta que tal marco es incoherente, sino en algo que discurria
més 0 menos del siguiente modo’
Sabemos que esta colisién ha ocurido en un lugar y tempo distintos que
tos de aque om;
por lo tanto, el enunciado de que ta primera colisién ha sueedido en un
lugar y tempo distintos de lot de Ia segunda es verdadero;
uego el enunciado segin el cual las dos colisiones han sucsdido en empos
* y lugares distntos ex coherente:
‘de ahi que los enuncladoe acerca de lor acontecimientos que se produzcan
fen tiempos y lugares divertos sean, en cuanto tales, coberents
‘Ahora bien, esta argumentaciGn, lo mismo que la que hemos visto antes,
no demuestra lo que se habia propuesto demostrar, ya que opera dentro
del-‘marco que habria de evaluarse, sin proporcionar un punto de apoyo
exterior desde el cual se lo pueda defender. Ademés, supone ticitamente
que si un marco de referencia es incoherente, ello tiene que conducir @
incoherencias al por menor e inmediatas, algo asf como si obligase a las
personas que se sirvan de él a contradecirse constantemente. Pero esto es,
sin duda alguna, falso: el marco general del espacio y el tiempo podria
ser interamente incoherente y, sin embargo, constituir un instrumento
conceptual con el que consiguiéramos innumerables logros al nivel de
los pormenores; tenemos ejemplos de esta situacién en las teorfas mate-
miticas, en las’ cuales pueden existir incoherencias que no salgan a la
vista en los empleos corrientes.
"Aeaso parezea, que, el marco de referencia manifiesto da cueata de lot logros
cbienidos con el ciation, de modo que la sitvacén serfa siméiica; pero. ceo que
Una exposiciéa do Ta explicacién eleaifica que fuese mds penetrate due la. que be
ido eapaz de esbovar en ese capitulo haria ver que semejante pretesion es iusora.
Enel capitulo cuarto me oruparé de ese tema con alguna extension38 Ciencia, percepcién y realidad
Con todo, no me interesa sostener que la imagen manifiesta no es real
por ser en tiltimo término incoherente (en un sentido estrechamente 16g
£0). Los filésofos que han seguido este camino, o bien a) se han conten-
tado con sefialarlo (Hume; el escepticismo), o 5) han tratado de localizar
el origen de la incoherencia en ciertos rasgos del marco de referencia,
y han interpretado Ia realidad como una estructura inadecuadamente co-
nocida andloga a la imagen manifiesta, pero carente justo de los rasgos
‘a los que se debiera la incoherencia; en contraposicién a tales actitudes,
la eritica de la imagen manifiesta en la que nos hemos embarcado se basa
‘en consideraciones légicas en un sentido mas amplio y constructivo; 0
‘sea, en uno que compara esta imagen (desfavorablemente) con una versi6n
‘més inteligible de lo que hay.
Es un hecho perfectamente conocido que Descartes y otros intérpretes
de la nueva fisica relegaron a las mentes de los seres percipientes aquellos
rasgos del mundo manifiesto que no desempefian papel alguno en la expli-
‘eacién mecinica: se decia, por ejemplo, que el color sélo existia en la
sensacién, que su esse era percipi. Se sostenfa, en sustancia, que la expe-
riencia corriente conceptia como rasgos peculiares de objetos fisicos inde-
pendientes aquello que la reffexién cientificamente motivada reconoce ser
estados del percipiente, e incluso que semejantes cosas supuestamente
independientes y coloreadas son, en realidad, construcciones conceptuales
que imitan a los sistemas mecinicos del mundo real.
Las mismas’ consideraciones que llevaron a los filésofos a denegar
realidad a las cosas perceptibles les condujeron a una teoria dualista del
hombre. En efecto: si el cuerpo humano es un sistema de particulas, no
puede ser el sujeto del pensar y el sentir a menos que pensar y sentir sean
susceptibles de ser interpretados como interacciones complejas dé particu-
las fisicas; es decit, a menos que sea posible sustituir —sin pérdida de
ccapacidad descriptiva y explicativa— el marco manifiesto de referencia
del hombre como un Sex, conw una persona capsz de realizar tipos de
‘cosas radicalmente distintos; por una imagen postulatoria en la que sea
un complejo de particulastfsicas, y todas sus actividades sean cuestién de
cambios de estado y de relaciones de tales particulas.
El dualismo, desde juego, negaba que fuese posible entender del modo
indicado los sentimientos ni el pensar conceptual como interacciones com-
plejas de particulas fisicas, ni el hombre como un complejo sistema fisico.
Sus adherentes estaban dispuestos a decir que una silla es realmente un
sistema de particulas imperceptibles que se nos “aparece” en el marco
de referencia manifiesto como un “sélido coloreado” (recuérdese el ejem-
plo que habjamos puesto del cubo de hielo), pero no lo estaban & decir
que el hombre mismo es un sistema fisico complejo que se le “aparece”
1 sf mismo como si fuese el tipo de cosa que es en la imagen manifiesta. *
Veamos en mayor detalle la tentativa cartesiana de integrar las imé-
genes manifiesta y cientifica. Lo que importa advertir ahora es que Des-
‘cartes, algo as{ como si firmase un pagaré, dio por supuesto que en la
imagen cientifica entrarfan elementos que fuesen la contrapartida de las
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 39
Sensaciones, imagenes y sentimientos propios del marco de referencia
‘manifiesto: tales contrapartidas habrian de ser estados complejos del
cerebro que, obedeciendo a leyes puramente fisicas, se asemejaran y dil
ieran entre s{ de cierta manera que correspondiese a las semejanzas y
diferencias entre los estados conscientes con los que respectivamente estu-
viesen coordinados. No obstante lo cual, como es bien sabido, neg6 que
hhubiese estados del cerebro que en este mismo sentido fuesen los corre-
latos cerebrales del pensamiento conceptual.
Ahora bien, si fuésemos preguntar a Descartes por qué no podemos
decir que las sensaciones “sean realmente” procesos cerebrales complejos
del mismo modo que, Segiin 41, los objetos fisicos “son realmente" sistemas
complejos de particulas imperceptibles, podria contestar bastantes cosas,
algunas de las cuales serian consecuencia de su conviccién de que las
sensaciones, imégenes y sentimientos pertenecen a la misma familia que
creer, elegir y preguntarse por algo; dicho brevemente, de su conviccién
de que todo ello son grados inferiores del pensamiento conceptual, y com-
parten la supuesta irreductibilidad de éste a estados cerebrales. Pero cuan-
do hubiese que wiostrar su juego lo que quedaria serfa el siguiente ar-
gumento:
Hemcs extraido lus cualidades perceptibles del medio fisico y las hemos
introdveido en las vensaciones; si abore decimos que todo lo que realmente bay
cn In sensacign es una interaccion compleja de_partculas cerebrales, lat habre-
‘mos expulsido por completo del mundo, y habremos hecho inineligible cémo
6 sible que Ins cosas Se not aparecan siqulera como coloreaday
En lo que se refiere al pensamiento conceptual, Descartes no solamente
se negé a identificarlo con unos procesos neurofisiol6gicos,
‘aun le parecié que ello constituyera una verdadera opcién; pues, a su
juicio, era evidente que ningin proceso complejo de esta indole podria
ser suficientemente andlaga al pensar conceptual como para ofrecér una
candidatura seria a lo que éste “realmente es”. As{ pues, no es que Des-
cartes concediese que podria haber procesos neurofisiolégicos sorprenden-
temente anélogos al pensar conceptual, pero que considerase filoséfica-
mente desacertado identificarlos con él (del mismo modo que haba iden-
tificado los objetos fisicos del mundo manifiesto con sistemas de partfculas
imperceptibles), sino que no tom6 en serio la idea que haya tales procesos.
Pero incluso si lo hubiera hecho, es patente que hubiese rechazado
semejante identificacién, baséndose en que tenfamos una idea “clara y
distinta”, perfectamente definida, de lo que es el pensar conceptual mucho
antes de que hayamos llegado a sospechar que el cerebro tenga algo que
ver con él, Dicho en dos palabras: sabemos lo que es el pensamiento sin
coneebirlo como unproceso neurofisiol6gico complejo, luego no puede
ser semejarite proceso.
Mas es claro que lo mismo sucede con 10s objetos fisicos: sabfamos
lo que era un objeto fisico muchisimo antes de saber que existen partfculas
{isicas imperceptibles; de modo que, razonando parejamente, deberfamos40 Ciencia, percepcién y realilad
concluir que los objetos fisicos no pueden ser complejos de semejantes
partfculas. As{ pues, si Descartes hubiese tenido razones para pensar que
existen procesos neurofisiolégicos notablemente andlogos al pensamiento
conceptual, parece que, o bien hubiera debido cambiar de son en cuanto
2 las objetos fisicos, o haber dicho que el pensar conceptual es realmente
lun proceso neurofisiol6gico,
Ahora bien, a la luz de los progresos recientes de la neurofisiologla,
los filésofos han Ilegado a ver que no hay razfn para suponer que no pueda
hhaber procesos de esta indole que correspondan al pensar conceptual de
la misma marera en que los estados sensoriales del cerebro corresponden
las sensaciones conscientes. En realidad, incluso, no han faltado flésofos
—de los cuales et primero fue, tal vez, Hobbes— que hayan sostenido que
tal analogia deberia considerdrsela filos6ficamente como una identidad;
esto es, que una perspectiva del mundo que incluya tanto los pensamien-
tos como sus contragartidas neurofisiol6gicas seré redundante, de
manera que lo seré una que incluya tanto los objetos fi
manifiesta como configuraciones complejas de particulas fisicas. Pero frente
4 esta propuesta hay que contar con la evidente objecin de que exacta-
mente Io mismo que la tesis de que “los objetos fisicos son complejos
de particulas imperceptibles” nos hace toparnos con el problema de dar
‘cuenta de la condicién teorética de las cualidades perceptibles de los ob-
jetos manifiestos, la tesis de que “los pensamientos, etc, son procesos
‘neurofisiolégicos complejos” nos deja frente al problema de dar cuenta y
raz6n de la condicién teorética de ias cualidades introspeccionables de los
pensamientos. Y parece obvio que la tesis de que tales cualidades existen
en 1a consciencia introspeciva de los pensamjentos que parezcan poseerlas,
pero no en tales pensamientos mismos, encierra una regresién. viciosa,
ya que —dirfa tal argumentaciGn— es indudable que la introspeccién es
a su vez una forma de pensamiento; asf pues, meramente se desnudaria
un santo (un pensamiento) de sus cualidades para vestir a otro.
Podemos, por lo tanto, comprender perfectamente la inclinacién a
decir que, incluso aun habiendo procesos cerebrales asombrosamente and-
logos al pensamiento conceptual, se tratard de procesos que marchen para-
lelamente a este pensamiehto, sin que quepa identificarlos con él, de igual
‘modo que los estados sensoriales del cerebro marchan paralelamente a la
sensacién consciente; y, por consiguiente, podemos comprender la incli-
nacién a decir que todos estos embrollos provienen de tomar en serio Ia
pretensién que pueda arbolar cualquier parte de la imagen cientifica de
ser lo que realmente hay, ya retirarnos a Ip postura de que la realidad
‘que hay realmente es el mundo de la imagen manifiesta, en tanto que
todas las entidades postuladas por aquella otra imagen serlan “instru-
‘mentos simbélicos”, que nos servirlan para manejérnoslas en el mundo,
ssiendo tal su tinica funcién (algo asf como sucede con los medios de medir
distancias que se colocan junto a los mapas), pero sin que en s{ mismos
escribiesen verdaderos objetos ni procesos. De acuerdo con esta tesis,
todas las contrapartidas teoréticas de los rasgos de la imagen manifesta
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 41
serlan igualmente irreales, y la concepcién flos6ica certera del hombre.
en-clmundo seria aquella que respaldase a la imagen manifesta y situase
nou interior la imagen cientifiea a modo de instrumento conceptual
elnpleado por el hombre manifesto en su facultad de cientfco,
VI. PROLEGMENO A LA PRIMACIA DE LA IMAGEN CIENTIFICA
LEs esta la pura verdad, todo lo que hay que decir de la cuestién?
La imagen manifiesta (sujeta, desde luego, a un continuo afinado empirico
y categorial) ;:constituye la medida de lo que realmente hay? No lo creo
asf, Ya he indicado que de las tres alternativas de que nos estamos ocupan-
do en lo que se refiere a las pretensiones comparadas de las imagenes
‘manifiesta y cientfica, la primera (que, como un nifio, dice “las dos”)
queda excluida en virtud de un principio que no trato de defender en este
capitulo —aungue precisa ser defendido—; la segunda es la que acabo de
formular de nuevo y rechazar; propongo, pues, que volvamos @ examinar
cuanto milite, contra la tercera alternativa, la de la primacia de la imagen
cientifica. Voy a: utilizar la siguiente estrategia: defender que la difi-
cultad que antes habfamos suscitado, y que parece oponerse a la identiica-
ci6n del pensamiento con ciertos procesos cerebrales, procede del error de
suponer que en la autoconsciencia el pensamiento conceptual se n0s pre-
senta de guisa cualitativa; pues, como veremos, las sensaciones y las imé-
genes si se nos presentan con un carécter cualitativo (hechq que explica
que constituyan piedras de tropiezo cuando se intenta admitir Ia realidad
de la imagen cientiica), pero en nuestros dias apenas es neceberio sefialar
‘que, por muy relacionado que esté el. pensamiento conceptual con las
sensaciones y las imdgenes, no se lo puede igualar a ellas, ni a complejos
de ellas.
No es accidental que cuando los novelistas quieren representar Io que
pasa en la “cabeza” de una persona lo hagan “‘citando” sus pensamientos
Jo mismo que citarfan lo que dijese, ya que no s6lo son los pensamientos
el tipo de cosas que se expresan en el lenguaje, sino que los concebimos
‘como andlogos al discurso expresado. Asi pues, en la imagen manifiesta
se conciben los pensamientos no a base de su “cualidad”, sino como “algo
que pasa” internamente, es anélogo al habla y se expresa en ésta (aun
cuando, desde Iuego, puede pasar sin que Tlegue @ expresarse): no es
accidental que se aprenda a pensar en el proceso mismo de aprender a
hablar.
Desde este punto de vista podemos apreciar el peligro existente de
malentender lo que se encierra en el vocablo “introspeccién”. Pues si bien
existe, sin duda alguna, una analogia entre el directo saber que tenemos
de nuestros propios pensamientos y el saber perceptual que tenemos de lo
‘que pasa en el mundo en torno nuestro,, se trata de una analogia que
sélo es vélida en tanto en cuanto ambas cosas, Ia autoconsciencia y la
observacién perceptiva, son formas bésicas del saber no inferencial; pero
se distinguen, sin embargo, en que, mientras que en la segunda de las42 Ciencia, percepcién y realidad
edn ee, ee
ue gue perlecmenteexresado por el Oe aoe I
Gl de estado inter andlogo al habla, queda abierta con ell a posbidad
sol pa gs oe
pin a Sa tna on Be
Spann porte pate Gort
nas y las configuraciones concebibles de la organizacién neurofisiolégica,
Sn ap cit nis S's en
Blancas negras
PBR PIAR
¥ que tenemos el suficiente mundo para saber que las piezas de ajedrez
Pueden ser de cualesquiera formas y tamaiios, y que los tzbleros corres.
Pondientes pueden ser horizontales o verticales (en realidad, pueden haber
Sufrido cualquier distorsién con tal de que conserven cierios rasgos to-
ol6gicos de los tableros usuales). En tal situacién, es claro que, aunque
ensaremos que los jugadores de aquel pais moverdn reyes, peones, etc,
Se enrocarén y dardn jaque mate, el concepto de las piezas que muevan ¥
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 43
del moverlas mismo sera simplemente el concepto de unos elementos y
‘unos cambios que desempeiten un papel andlogo al de las piezas y las
jugadas que entran en juego cuando somos nosotros quienes jugemos al
ajedrez: sabemos que tales elementos tienen que poseer ciertas cualidades
intrinsecas (forma, tamafio, etc.), pero pensaremos que estas cualidades
serdn “aquellas que hagan posible llevar a cabo una sucesién de cambios
estructuralmente semejantes a los que tienen lugar sobre nuestros propios
tableros de ajedre2”.
Asi pues, el concepto que tenemos de “lo que son los pensamientos”
podria ser abstracto —lo mismo que lo es el de enrocar en el juego del
ajedrez— en el sentido de que no se ocupe de su cardcter intrinseco,
excepto en cuanto elementos que pueden presentarse en configuraciones
de relaciones andlogas a la forma en que las frases estén relacionadas unas
‘con otras y con los contextos en que se usen,
Mas si los pensamientos son elementos que concebimos a base de los
papeles que desempefian, no existe obstéculo de principio a la identifica-
cién del pensar conceptual con ciertos procesos neurofisiol6gicas: no habria
residuo “cualitativo” del que dar cuenta y razén. Es curiosp, pues, que
la identifcacién seria atin més directa que la de las cosas fisicas de la
imagen manifiesta con ciertos sistemas complejos de particulas fisicas; y
a este respecto (que es clave, si no decisivo), o sea, en cuanto a la maneja
de relacionarse ambas imagenes con el pensar conceptual, la imagen manti-
fiesta y la cientifica podrian fundirse en la perspectiva sindptica sin chocar,
{Cuél es Ia situacién en Jo referente a las sensaciones y los senti-
mientos? Toda tentativa de identificar estos elementos con procesos neu-
rofisiolégicos se topa con la dificultad a que ya hemos hecho alusién, y
que ahora podemos precisar més. Se trata de la dificultad que da raz6n
del hecho de que, con pocas excepciones, los filésofos dispuestos a iden-
+ tificar el pensamiento conceptual con ciertos procesos neuyofisiolégicos
nno hayan estado dispuestos a conceder una identificaci6n parecida en el
caso de las sensaciones.
‘Antes de plantear de nuevo el problema percatémonos de que —cosa
digna de nota— estos dos casos se parecen més de lo que suele admitirse.
Pues basta reflexionar sobre ello para darse cuenta de que, exactamente
de la misma forma que en la imagen conceptual se entiende el pensar
conceptual por analogia con la accién verbal, la sensacién se entiende va-
liéndose de una analogla con su causa exterior (ya que las sensaciones
son los estados de las personas que corresponden, en sus semejanzas y
diferencias, a las semejanzas y diferencias de los objetos que, en condi
ciones normale, las susciten); admitamos que asi sucede; entonces, 2por
qué no suponer que los estados internos que en cuanto sensaciones se
conciben por analogia con sus respectivas causas tipicas son in propria
persona unos episodios neurofsil6gicos complejos que tienen lugar en la
corteza cerebral? Si asi lo hiciéramos nos moveriamos paralelamente a la
conclusion que estamos dispuestos a extraer en el caso del pensamiento
conceptual.44° Ciencia, percepcién y realidad
{Por qué tenemos la sensacién de que tal suposicién serfa sumamente
extralia, o incluso absurda? La clave de la respuesta reside en advertir
tina importante diferencia entre identificar los pensamientos con estados
neurofisiolégicos e identificar las sensaciones con otros estados de la
misma indole: si bien tanto los pensamientos como las sensaciones se con-
ciben por analogia con elementos piblicamente observables, en el primer
aso Ia analogfa se refiere al papel desempefiado, y, por consiguiente, no
cierra ta posibiidad de que los pensamientos sgan, en su candcter intrinseco,
radicalmente distintos del comportamiento verbal, por analogia con el
‘cual se os concibe; pero en el caso de las sensaciones 1a analogia se
Tefiere a la cualidad misma. Asi, concebimos “una sensacién azul y trian
gular” por analogia con cierta superficie azul y triangular (situada frente
4 nosotros) de un objeto fisice, superficie que ger4 causa de aquélla cuando
Ja miremos a la luz del dia; mas la cuestién crucial es ahora la de si en el
marco de la neurofisiologia podemos definir unos estados que sean suf-
cientemente andlogos, en su cardcter intrinseco, a las sensaciones para
hhacer plausible la identificacién, :
Parece evidente que la respuesta a tai cuesién ha de ser negativa
Ello no es decir que no sea posible defnir en principio unos estados neuro-
fisiolgicos que posean un grado de analogia muy elevado con las sensa-
ciones de la imagen manifiesta (y el que pueda hacerse tal cosa constituye
tun hecho elemental de la psicofisica); la difcultad consiste en que la
peculiaridad que hemos llamado “homogeneidad irreductible, y que carac-
teriza las cualidades perceptibles de las cosas (por ejemplo, su color),
parece faltar esencialmente en el dominio de los estados definibles de los
nervios y en el de sus interacciones. Por expresarlo en forma tosca: las
extensiones coloreadas del mundo manifiesto constan de regiones que a su
vez son extensiones coloreadas, las cuales, a su vez, estin formadas por
regiones que son extensiones coloreadas, y asf sucesivamente, mientras
que el estado de un grupo de neuronas, aun teniendo regiones que son
asimismo estados de grupos de neuronas, acaba por reducirse a regiones
que no son tales estados, sine estados de neuronas sueltas; y lo mismo
‘curre si pasamos al nivel de los procesos biogumicos, de mucha mayor
finura de detale, :
‘Tampoco queremos decir que la irreductible homogeneidad de la sen-
sacién de un recténgulo rojo resida en que cada una de las particulas
fisicas de la regién apropiada de la corteza cerebral tenga color, ya que,
‘cualesquiera que sean las demds dificultades que involucre semejante tesis,
carece de sentido decir que las particulas de que se ocupa la teoriafisica
tienen color. Y, por otra parte, el principio de reducibilidad, que hemos
admitido sin discusién, hace insostenible la tesis de que los grupos de
particulas puedan tener propiedades que no sean “‘reducibles a" las propie-
dades y relaciones de los miembros del grupo correspondiente.
Merece la pena advertir que asf recurren los rasgos esenciales del pro-
blema de Eddington de “las dos mesas” (que en nuestra terminologla son
la mest de la imagen manifesta y la de la imagen cientifica): alli el
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 45
problema consistia en “acoplar” la mesa manifiesta con la cientifica, y
ahora consiste en acoplar la sensacién manifiesta con su. contrapartida
neurofisiolégica; y —cosa bastante interesante— en ambos casos la cues-
tign a resolver es esencialmente Ia misma: cdmo se reconcilia la irreduc-
tible homogeneidad de la imagen manifiesta con la irreductible no homo-
geneidad del sistema de los objetos cientificos.
Ahora bien, estamos rechazando la tesis de que la imagen cientifica
sea un mero “instrumento simbélico” para manejérnoslas con la imagen
manifiesta, y admitiendo la de que la versiOn cientifica del mundo es
(en principio) la imagen satisfactoria. Por lo tanto, una vez que hemos
situado las cualidades perceptibles de los objetos manifiestos en su ubica-
cién real en la sensacién, y recordando que nos habfamos enfrentado con
cl problema de elegir entre el dualismo y la identidad en lo que se refiere
4 la relacién entre las sensaciones conscientes y sus andlogos en el cértex
visual, la argumentacién que acabamos de exponer parece apuntar clara-
‘mente en la direcci6n dualista. Por su parte, la “homogeneidad irreduct
ble” de las cualidades perceptibles, que entre otras cosas impedia identi
ficar tales cualidades de los objetos fisicos con propiedades complejas de
sistemas de particulas fisicas, obstruye asimismo el camino de la identifi
cacién —en lugar de la puesta en correlacién— de las sengaciones cons
cientes con los complejos procesos neurales a los que, indudablemente,
se hallan vinculadas.
Pero semejante dualismo constituye una solucién irisatisfactoria, ya
que, por hipétesis, las sensaciones son esenciales para explicar cSmo lega-
mos a construir la “apariencia" que es el mundo manifesto: son esen-
ciales para explicar cémo puede siquiera parecer que haya objetos colo-
reados. Con todo, la imagen cientifica se presenta como un sistema
explicativo cerrado, y si se la interpreta como lo hemos hecho hasta el
‘momento, las explicaciones que dé se hardn a base de las construcciones
teoréticas de la neurofisiologia, las cuales, de acuerdo con nuestra argu:
‘mentacién, no conilevan la irreductible homogeneidad cuya apariencia en
la imagen 'manifiesta habia que explicar.
‘Nos encontramos, pues, frente a una antinomia: o bien a) la imagen
neurofisiolégica es incompleta, 0 sea, es preciso complementarla con nuevos
objetos (“campos sensoriales”) que posean una homogeneidad irreductible
¥y cuya presencia se haga notar de algin modo en la actividad del cértex
vidual como sistema de particulas fisicas, o b) tal imagen es complete, y
la irreductible homogeneidad de las cualidades sensoriales ser una mera
apariencia, en el radicalisimo sentido de que no existird en modo alguno
en el mundo espaciotemporal (por lo cual también serdn mera apariencia
las cualidades sensoriales mismas).
UEs irremediable esta situacién? El supuesto de la realidad de la ima-
gen cientifica (nos lleva a un dualismo de particulas y campos sensoriales,
© de materia y “‘consciencia”? Si asf es, teniendo en cuenta la {ntima
relacién que evidentemente existe entre la sensacién y el pensamiento
conceptual (por ejemplo, en la percepcién) no cabe duda de que habremos46 Ciencia, percepcién y realidad
de retroceder, y retractarnos de la identificaci6n del pensar conceptual con
ciertos procesos neurofisolégicos, que nos pareefa tan pleusible hace ‘un
momento, Podriamos entonces mantener que, aunque en atsencia de otras
consideraciones seria plausible igualar el pensamiento conceptual con tales
rocesos, cuando ensefamos todas las cartas tenemos que decir, mis bien,
ue, por muy andlogos que sean —y lo son— aquel y éstos al/comporta:
iento verbal en cuanto fenémeno piblico social (uno debido a la manera
isma de haberse formado la propia nociéa de “penser”, y los otros en
virtud de ser tal analogfa un hecho cientifcamente averigiado), son mera.
mente andlogos entre si, y no eabe identfcaros. En tal cao, las concep:
ciones manifesta y cientiica tanto de las sansaciones como del pensar
‘conceptual encajarfan en la perspectiva sinéptica a moco de provesos
Paraelos, dualismo que s6lo seria posible evitar interpretando la imagen
cientiiea en conjunto como un “recurso simbélico” para bubérnoslas con
el mundo tal y como se nos presenta en la imagen manifesta,
{Hay alguna otra altemativa? Mientras los consttuyentes sltimos de
la imagen cientifica sean corpisculos o particulas que formen sistemas
cada vez més complejos, nos veremos ineludiblemente abocados @ la elec-
cién antes mencionada, Mas la imagen cientifiea no estd ain completa, no
hhemos penetrado todos los secretos de la naturaleza; y si rsultase que las
particu, en Tugar de ser las entidades primitivas de la imagen cientl-
fica, pudieran considerarse como singularidades de un continuo espacio.
temporal que cupiese “fragmentar” conceptualmente y sin pérdidas apre-
ciables —al menos cuando se tratase de lo inorgdénico— en corpisculos en
Interaccién, no nos verfamos, al nivel de la neurofisiologl, frente al pro-
blema de comprender la relacién entre la consciencia sensorial (con st
irreductible homogeneidad) y los sistemas de particule; por el contratio,
dispondriamos de la posibilidad de decir, ent lugar de lo anterior, que,
aunque para muchos propésitos eabe entender el sistema nervioso central
‘como un sistema de corpisculos fsicos, cuando se trata de comprender
debidamence la relacién entre la consciencia sensorial y los procesos new-
rofisiolégicos hemos de penetrar hasta los fundamentos no corpusculares
de ta imagen de los corpiscufos, y reconocer que en tal imagen no cor-
ppuscular Ias cualidades de los sentidos constituyen una dimensién de los
procesos naturales que s6lo se presenta vinculada « aquellos procesos fisi-
cos complejos que, cuando se los “fragmenta” en pariculas a base de esos
rasgos peculiares que forman el mimo comén denominador de los pro-
esos fiscas (tan presentes en los procesos orgénicos como en los inorgi-
nics), se convierten en ese complejo sistema de corpiscalos que, en In
imagen cientfea actual, es el sistema nervioso central
VIL. INRODUCIMOS AL HOMBRE EN LA IMAGEN cIENrfEICA
De todas formas, aunque la sugerencia constructiva del apartado ante-
rior fuese susceptible de elaboraci6n hasta transformarla en una exposi
La filosofia y la imagen cientifica del hombre 47
satisfactoria dl modo en que Ia imagen cientifca podria recrear a base
de sus propios términos las sensaciones, imégenes y sentimientos de la
nmanifigsta, la tesis de la primacia de la imagen cientifica apenas
habria conseguido despegar. Pues ain restaria Ia tarea de mostrar que las
‘categorias relativas al hombre, en cuanto persona que se encuentra frente
@ normas —étjcas, légicas, etc.— que entran con frecuencia en conflicto
con sus deseos impulsos, pueden reconciliarse con la idea de que el
hhombre es 10 que la ciencia dice que es.
‘A primera vista habria s6lo una manera de volver a apresar lo espe-
cificamente humano dentro del marco de la imagen cientifica: seria posible,
tal vez, reconstruir sin pérdidas las categorfas de la persona a base de los
‘conceptos fundamentales de esta imagen en forma andloga a la empleada
para reconstruir (en principio) los conceptos de la bioqutmica a partir
de los términos de la fisica subat6mica. Frente a tal sugerencia se alza, en
primer lugar, Ja conocida objecién de que, simplemente, no es posible
entender las personas, en cuanto agentes responsables que verdaderamente
cligen entre verdaderas alternativas y que en muchas ocasiones podrfan
haber hecho casas que, en realidad, no hayan hecho, como sistemas fisicos /
—ai siquiera interpretados con tal amplitud que incluyeran las sensaciones
¥ sentimientos— que evolucionaran de acuerdo con las leyes de la natu-
raleza (estadisticas y no estadisticas). A lo que podria esperarse que quie~
nes adopten la postura antes indicada replicasen —apoyéndose en distin-
ciones trazadas en el apartado primero— que los conceptos a base de los
cuales consideramos el “‘cardcter” de una persona, el hecho de que
“podria haber obrado de otro modo” o que “cabe prever sus actos” apare-
cerfan en la reconstruccién como conceptos de complejisima definicin,
que serfa menester no confundir con aquellos a base de los cuales pen-
samos sobre la “naturaleza” del NaCl, sobre el hecho de que “el sistema X
Podrfa no haberse encontrado en el estado E aun dindose las mismas
‘condiciones iniciales” 0 sobre que “puede preverse que el sistema X adop-
tard el estado E dadas tales condiciones iniciales"; y creo que podria
claborarse una respuesta que siguiera estas lineas maestras y respondiese
4 esta objecién planteada contra la reconstruccién propuesta de las cate-
orias propias de las personas.
Pero incluso aunque tal reconstruccién pudiese hacer frente a lo que
podria lamarse objecién del “libre albedrio", no dejarfa de fracasar deci-
sivamente a otro respecto, ya que, segin creo, puede demostrarse conclu-
yyentemente que semejante reconstruccién es imposible en principio, con
tuna imposibilidad. esfrictamente ldgica (no voy a defender explicitamente
esta tesis, por mds que en las observaciones que siguen se encuentren las.
principales claves de tal argumentacién). En tal caso, toda la cuestién se
habria acabado, al parecer, y habria que preguntar si no deberfamos re-
tomar a una eleccin entre, a) un dualismo en el que los seres humanos
como objetos cientiicos se contrapongan a “lo mental” de cada uno de
ellos, que seria el origen y principio de su existencia como personas; 5) el
abandono de Ia realidad de las personas en favor de la exclusiva realidad48 Ciencia, percepcién y realidad
de los objetos cientfficos, y ¢) la vuelta de una vez y para siempre a la tesis,
de la {adole meramente “para los célculos”, “auxiliar", de los marcos de
referencia teoréticos, juntamente con la afirmacién de la primacia de la
imagen manifiesta
Si, de acuerdo con ¢l derrotero de toda la argumentacién de este capi-
tulo, admitimos que ninguna de estas alternativas es satisfactoria, yhay
alguna via de salida? A mi juicio si la hay; y aun cuando para exponerla
y defenderla convenientemente se necesitaria, por lo menos, el espacio
‘del presente volumen completo, cabe enunciar su quid dentro de breves.
mites. Decir que cierta persona querfa hacer A, crefa que su deber era
hacer B, pero se vio forzada a hacer C, no es describirla como podrfamos
deseribir un ejemplar cientifico: desde Iyego, al decir todo ello la descri-
bimos, pero hacemos también algo més, y en esto ultimo reside el irre-
‘ductible miicleo del marco de referencia de las personas.
UEn qué consiste este algo més? Veamos primero una cuestién rela-
tivamente superficial que nos abriré camino. Considerar persona a un
bfpedo implume es considerarla como un ser con el cual esté uno ligado
en una red de derechos y deberes, y, desde este punto de vista, Ia irreduc-
tibilidad de lo personal es 1a misma que la del “se debe” al “es”; pero
alin més bésico que esto —si bien en tiltimo término, como veremos, las
dos cuestiones coinciden— es el hecho de que considerar a un bipedo
implume como persona sea entender su gonducta a base de la pertenencia
actual o potencial a un grupo més amplio, cada uno de cuyos miembros
se considere a s{ mismo miembro del grupo. Llamemos “comunidad” a
semejante grupo, que en otro tiempo fue la tribu primitiva, hoy es (casi)
la “hermandad” de todos los hombres es potencialmente la “repiblica””
ide todos los seres racionales (cf. El reino de los fines, de Kant). Un indi-
\viduo determinado puede ‘pertenecer a muchas comunidades, algunas de
las cuales se traslapen y otras estén dispuestas como las cajas chinas
encajadas sucesivamente unas en otras; y la comunidad més amplia a
que pertenezca seré la de aquellos con los que pueda sostener un discurso
con sentido: el émbito Be tal comunidad es el del “nosotros” en su uso
no metaforico mas amplio, y, en este fundamental sentido (en el que es
‘equivalente al francés ‘on’ y al castellano ’se’), no es menos bésico “nos-
otros” que las otras “personas” con arreglo a las cuales se conjuga el
verbo, As{ pues, reconocer a un bipedo implume, un delfin o un mar-
ciano como persona es considerarse a s{ mismo y a tal ser como pertene-
cientes a una comunidad,
‘Ahora bien, los principios fundamentales de cada comunidad, que
definen lo que es “correcto” y lo “incorrécto”, lo que “esta bien”, y lo que
“estd mal”, lo “hecho” y lo “no hecho", son las intenciones comunes
‘ms generales en ella con respecto a Iq conducta de los miembros del
grupo. De donde se sigue que reconocer como persona a los seres men-
cionados (el bipedo implume, el delfin 0 el marciano) requiere que s¢ pien-
‘sen cosas “Hemos (o se han) de hacer (0 dejar de hacer) actos del tipo A
La filosofta y Ia imagen cientifica del hombre 49
fn las circunsfancias de tipo C"; y tener pensamientos de esta indole no
es clasificar nj explicar, sino reiterar una intencidn*,
Por lo tanto, el marco conceptual de las personas es aquel en el que
‘nos consideramos mutuamente participes de las intenciones comunitariag
‘que proporcionan el ambiente de principios y de normas —ante todo, los
‘que hacen posible el discurso con sentido y la racionalidad misma— den-
tro del cual vivimes nuestras propias vidas individuales: casi se puede
definir a las personas como los seres que tienen intenciones. De abi que
‘este: marco conceptual no sea algo que fuese preciso reconciliar con la
agen cientifica, sino algo que ha de afadirse a ella; por lo tanto, para
Gompletar la imagen cientfica necesitamos enriquecerla, pero no con més
maneras de decir lo que suceda, sino con el Ienguaje de las intenciones ~
de la comunidad y el individuo, de tal suerte que, al-entender cienttica-
mente los actos que intentemos realizar y las circunstancias en que inten-
temos Ilevarlos a cabo, pongamos en relacién directa con nuestros propd-
sitos el mundo tal y como lo concibe la teoria cientifica, convirtiéndolo
ea nuestro mundo, y no ya en un apéndice ajeno al mundo en que vivimos.
Como es natural, tal y como estén las cosas, esta incorporacién direct
de Ia imagen cientffica a nuestra forma de vida tnicamente podemos °
cfectuatla en la imaginacién; pero hacerlo, aunque sélo sea en la
naciés, es trascender el dualismo de las imégenes manifiesta y
del hombre-en-el-mundo.
Fas intenciones comunitarias ("Se ha de..") no son simplemente intenciones
rivadas, partcuares (He de." que tengan ‘odor (y al decir eito se emncia de
‘uo modo la ireductibiided del "nosotros" que hemos, mencionsda antes). Sin em.
bisto, existe una relacién Idgica, eaue unas y otras intenciones ya que 000 nO
comparie una intencién comunliaia, por frecveatemente que la rellee, a menos que
se gi Sempre gue sea perone prn el ssn, ov I intalon pate ane
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