Bojorge, H. - El Liberalismo Es La Iniquidad
Bojorge, H. - El Liberalismo Es La Iniquidad
Horacio Bojorge
Es bastante obvio que el liberalismo, y ms en su versin religiosa, ha escandalizado a muchos. Es decir, ha hecho tropezar a muchos cristianos. Ha inducido a confusin. Ha sido causa de extravo para muchos catlicos, sin excluir clrigos ni obispos, desvindolos por los caminos del catolicismo liberal.
Introduccin Dado que los dems expositores de este Encuentro, se han ocupado ya y se ocuparn luego, del liberalismo; tanto como doctrina, cuanto de sus antecedentes histricos y filosficos y tambin de sus actuales consecuencias, yo me ceir a tratar en mi exposicin, no tanto del sujeto de esta proposicin el liberalismo, sino del predicado: es pecado. Y, respecto de este predicado, me permitir precisar un poco ms esta determinacin del sujeto el liberalismo, modificando el predicado es pecado y afirmando, - demostracin mediante -, que el liberalismo no es simplemente pecado, es decir, un pecado, sino el pecado. Pues, cuando decimos es pecado, podramos entender que se trata de un pecado ms entre otros mientras que yo afirmo que es el pecado por excelencia, raz, suma y cima de todos los pecados, que Nuestro Seor Jesucristo llam: la iniquidad. Creo que con la precisin que introduzco, interpreto la intencin ltima del Padre Flix Sard i Salvany, que as titul su obra: El liberalismo es pecado.
La tesis que expondr Al explicitar que El liberalismo es El pecado, el pecado por excelencia, pretendo avanzar un paso ms en la comprensin de qu tipo de pecado se trata y por qu el liberalismo lo es en forma plena y llana. La tesis que voy a exponer, pues, es que: El liberalismo es el pecado, porque el liberalismo es la iniquidad: es el pecado contra el Espritu Santo, es el rechazo del Hijo y la Rebelin contra el Padre. El ttulo y el tema de mi exposicin, ahonda en el significado, o sea en el sentido en que debemos entender que el liberalismo es pecado. Es el pecado directo contra Cristo y el Padre. Es, por eso, el pecado contra el Espritu Santo. Y a este pecado, como veremos, se le llama, en el Nuevo Testamento,La iniquidad. En efecto, afirmo que el liberalismo no solamente es pecado, - un pecado-, sino que es el pecado, el pecado del Diablo, del que se dice en el libro de la Sabidura que por envidia, es decir: por acedia del Diablo entr la muerte en el mundo y la experimentan los que
le pertenecen , cuando, se rebelan contra Dios, como el Diablo y, asocindose en un mismo no servir aspiran a colocarse en el lugar de Dios. ste es el pecado, suma, suprema iniquidad cuya plena manifestacin est reservada al fin de los tiempos y a la que San Pablo llama El misterio de la iniquidad (Mysterium iniquitatis) . Toda mi exposicin tiende a mostrar al liberalismo como manifestacin del misterio de la iniquidad que san Pablo denuncia como actuando ya ocultamente en sus tiempos. Y, aunque volveremos sobre ello, conviene adelantar que la iniquidad, consiste, segn el Nuevo Testamento, en el rechazo de Jesucristo y de la revelacin de Dios Padre, como vida y salvacin del hombre. La iniquidad es la oposicin del espritu impuro al Espritu Santo y, por eso, es el pecado directo contra el Espritu Santo. Este rechazo, puede ser explcito como el de los judos y de otros que niegan validez a la revelacin histrica cristiana, o implcito, como el de los ateos prcticos y los indiferentes, o de los que no se oponen a la verdad sino que simplemente la relegan distradamente al terreno de los implcitos, que es muchas veces el terreno de lo que se considera innecesario explicitar, y a veces incluso inconveniente hacerlo.
Un ejemplo reciente: Y pongo un ejemplo reciente para explicar a qu tipo de silencios, omisiones o bien olvidos, me refiero. El Papa Benedicto XVI as tengo entendido - introdujo una pequea modificacin en la letra del Tema de la V Conferencia del Episcopado en Amrica Latina y el Caribe. El Tema que le presentaban era: Discpulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos tengan vida. El Papa agreg apenas un en l: Discpulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en l tengan vida Con este pequesimo agregado de dos partculas: en l, el Papa explicit algo fundamental, esencial. Algo que, de haber quedado implcito, habra podido cobijar un funesto equvoco en la comprensin de la expresin tengan vida. Tener vida en l, quiere decir tener la vida plena de Hijos, que Jesucristo viene a anunciar. La meta de la misin de los discpulos queda definida explcitamente por su finalidad: para que tengan vida en l. Con este agregado a la letra, que inspiradamente introdujo el Vicario de Cristo, no solamente el Tema de la Conferencia, sino la Conferencia misma, qued vacunada contra la reduccin gramsciana de la idea de vida del hombre, que la limita al existir puramente terreno. Una reduccin inmanentista que tiene su raz en el racionalismo, el naturalismo y el liberalismo, y culmina en el materialismo marxista. Me dara por feliz y contento, si al final de mi exposicin pudiera comprenderse la naturaleza del pecado del liberalismo, y comprender as mejor la naturaleza del peligro que conjur el Papa, recordando a los pastores y fieles de la Iglesia catlica en estas regiones de Amrica Latina y el Caribe, que la meta de su tarea misionera y evangelizadora es procurar que
estos pueblos tengan vida en Cristo mediante el anuncio del Padre. Es decir aquellavida, vida eterna, vida catlica, que solamente se puede tener en l. Aquella vida que consiste en entrar en comunin con el Padre y su Hijo Jesucristo por obra del Espritu Santo. Notemos cmo en el fondo de la imprecisin, en el fondo de la vaguedad, en la raz de la distraccin que hubiera permitido implicitar algo esencial al evangelio; en la implicitacin de que se trata de vivir en Cristo, como Hijos del Padre celestial, se dejaba lugar para que se agazapara, - en una omisin que sirve al silenciamiento, porque no lo disipa -, se dejaba lugar para que se agazapara, - decimos -, la inficin liberal, que separa la vida del hombre de su vida en Dios. Una visin naturalista, para la cual, el ltimo horizonte de la vida del hombre es la calidad de vida. El silencio acerca de lo esencial sera particularmente daoso si proviniese de un olvido de lo esencial y sera demonaco si proviniese de una aversin acediosa a lo esencial.
Captulo 1: El liberalismo es pecado. Antes de proseguir el desarrollo de mi exposicin quiero detenerme un momento a resumir, como punto de referencia fundamental, el diagnstico que nos da el Padre Flix Sard i Salvany en su obra El liberalismo es pecado. Dice el Padre Sard: El Liberalismo es pecado, ya se le considere en el orden de las doctrinas, ya en el orden de los hechos. En el orden de las doctrinas es pecado grave contra la fe, porque el conjunto de las doctrinas suyas es hereja, aunque no lo sea tal vez en alguna que otra de sus afirmaciones o negaciones aisladas. En el orden de los hechos es pecado contra los diversos Mandamientos de la ley de Dios y de su Iglesia, porque de todos es infraccin. Ms claro. En el orden de las doctrinas el Liberalismo es la hereja universal y radical, porque las comprende todas: en el orden de los hechos es la infraccin radical y universal, porque todas las autoriza y sanciona. Enunciada la doble tesis, el Padre Sard i Salvany pasa a fundamentarla: a) En el orden de las doctrinas el liberalismo es hereja. Hereja es toda doctrina que niega con negacin formal y pertinaz un dogma de la fe cristiana. El liberalismo doctrina los niega primero todos en general y despus cada uno en particular. Los niega todos en general, cuando afirma o supone la independencia absoluta de la razn individual en el individuo, y de la razn social o criterio pblico en la sociedad. Decimos afirma o supone, porque a veces en las consecuencias secundarias no se afirma el principio liberal, pero se le da por supuesto y admitido. a. Niega la jurisdiccin absoluta de Cristo Dios sobre los individuos y las sociedades, y en consecuencia la jurisdiccin delegada que sobre todos y cada uno de los fieles, de cualquier condicin y dignidad que sean, recibi de Dios la Cabeza visible de la Iglesia. b. Niega la necesidad de la divina revelacin, y la obligacin que tiene el hombre de admitirla, si quiere alcanzar su ltimo fin. c. Niega el motivo formal de la fe, esto es, la autoridad de Dios que revela, admitiendo de la doctrina revelada slo aquellas verdades que alcanza su corto entendimiento. d. Niega el magisterio infalible de la Iglesia y del Papa, y en consecuencia todas las doctrinas por ellos definidas y enseadas. e. Y despus de esta negacin general y en globo, niega cada uno de los dogmas, parcialmente o en concreto, a medida que, segn las circunstancias, los encuentra opuestos a su criterio racionalista. As niega la fe del Bautismo cuando admite o supone la igualdad de todos los cultos; niega la santidad del matrimonio cuando sienta la doctrina del llamado matrimonio civil; niega la infalibilidad del Pontfice Romano cuando rehsa admitir como ley sus oficiales mandatos y enseanzas, sujetndolos a su pase o exequtur, no como en su principio para asegurarse de la autenticidad, sino para juzgar del contenido.
b) En el orden de los hechos es radical inmoralidad. Lo es porque destruye el principio o regla fundamental de toda moralidad, que es la razn eterna de Dios imponindose a la humana; canoniza el absurdo principio de la moral independiente, que es en el fondo la moral sin ley, o lo que es lo mismo, la moral libre, o sea una moral que no es moral, pues la idea de moral, adems de su condicin directiva, encierra esencialmente la idea de enfrenamiento o limitacin. Adems, el Liberalismo es toda inmoralidad, porque en su proceso histrico ha cometido y sancionado como lcita la infraccin de todos los mandamientos, desde el que manda el culto de un solo Dios, que es el primero del Declogo, hasta el que prescribe el pago de los derechos temporales a la Iglesia, que es el ltimo de los cinco de ella. Por donde cabe decir que el Liberalismo, en el orden de las ideas, es el error absoluto, y en el orden de los hechos, es el absoluto desorden. Y por ambos conceptos es pecado, ex genere suo, gravsimo; es pecado mortal. .
El camino a seguir Todo lo que dice el P. Sard i Salvany es verdad. S! Pero hay an ms. Intentar mostrarlo, explicitando algo que est implicado en el certero diagnstico espiritual del apologista espaol. Ese ms que hay, es que: el Liberalismo es el pecado. Y lo es en el sentido especfico en que l es la iniquidad. La cual - nos ensea el Nuevo Testamento - es ni ms ni menos que la puesta en acto de la suprema iniquidad anticristiana y antitea, incoada ocultamente en la historia, cuya manifestacin virulenta, es signo esjatolgico, porque es causante de una disolucin final de la humanidad y prembulo de la dominacin del Anticristo. Como veremos, San Juan define ese pecado como la iniquidad, en griego: he anoma, la anoma. Ese pecado muy nico y singular, esa anoma, aparece en el Nuevo Testamento siempre vinculada al Anticristo y a los ltimos tiempos; al juicio final o a los antecedentes de la Parousa de Nuestro Seor Jesucristo, y se aplica, ya desde los comienzos de la Iglesia, al rechazo de Cristo y de Dios Padre a quien el Hijo viene a revelar. Muchos anticristos han aparecido afirma San Juan en su primera Carta Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo el que niega al Hijo, tampoco admite al Padre; quien reconoce al Hijo tambin admite al Padre. Este rechazo lo experiment el mismo Jesucristo durante su vida y lo calific de blasfemia contra el Espritu Santo . El mismo rechazo lo siguieron experimentando, - presente y operante dentro de ellas-, las comunidades eclesiales apostlicas. Y tanto Juan como Pablo, iluminados por las palabras de Jess, interpretaron su naturaleza y anunciaron que recrudecera en los ltimos tiempos.
Un ejemplo de lenguaje inicuo Vase, como botn de muestra del lenguaje de la iniquidad moderna, lo que dice David Friedrich Strauss, pastor y telogo, rbitro ilustrado de lo que puede ser un Cristo aceptable: Mientras el cristianismo sea considerado como algo dado a la Humanidad desde afuera de ella; Cristo como alguien venido del cielo; su Iglesia como una institucin para quitar los pecados de los hombres por medio de su sangre, se estar concibiendo el cristianismo a lo judo y la Religin del Espritu seguir siendo carnal. Slo se entender al Cristianismo cuando se reconozca que en l, la Humanidad slo se ha hecho ms consciente de s misma de lo que hasta ahora lo haba sido: que Jess es slo aquel Hombre en el que por primera vez se manifest esta conciencia ms profunda como una fuerza determinante de toda su vida y de todo su ser; y que slo mediante el acceso a esta nueva conciencia se quita el pecado.
Captulo 2: La rebelin contra el Padre He querido subtitular esta exposicin: La Rebelin contra el Padre. La cita de San Juan que aduje antes, nos ensea que, en ltimo trmino, el pecado, la iniquidad, consiste en el rechazo de Dios Padre, en la rebelin contra un Dios Padre. Un rechazo y rebelin que se manifiesta en el rechazo del Hijo, enviado por Dios Padre, y de aqullos discpulos a quienes el Hijo enva. No se quiere al Hijo porque se rechaza al Padre, y se rechaza al Padre, porque no se quiere estar sujeto al Padre por la obediencia filial. El rechazo de la obediencia y de la sujecin al gobierno de la vida humana por Dios, no lo olvidemos, es de antiguo abolengo bblico. Recordemos al pueblo de Israel querindose sustraer de la gua de Moiss, o reclamando a Samuel que les diera un rey como el de los pueblos vecinos. Dios interpreta este pedido de un rey como un intento de secularizacin de la vida poltica, una especie de temprano sarampin liberal: No te han rechazado a ti le explica a Samuel me han rechazado a m, para que no reine sobre ellos. Y, efectivamente, la monarqua ser una historia de infidelidades del pueblo elegido a su Alianza con Dios, encabezado en la apostasa por los reyes que ellos quisieron darse como guas. Pasando al Nuevo Testamento recordemos la parbola de los viadores homicidas, que matan al hijo para desposeer al dueo de la via y apoderarse de ella. Recordemos algunos de los dichos de Jess: Quien a vosotros recibe, a m me recibe y quien me recibe a m, recibe a Aqul que me ha enviado . E inversamente: Quien a vosotro s os rechaza, a m me rechaza; y quien me rechaza a m, rechaza al [Padre] que me ha envia do. El rechazo de Dios en el Antiguo Testamento contina en forma de rechazo de Dios Padre en el Nuevo.
Las herejas de cuo liberal El liberalismo produjo, dentro del mundo cristiano, sin excluir al mundo catlico, formas de liberalismo religioso. Este liberalismo religioso, fustigado en su momento por el Cardenal John Henry Newman, produjo desviaciones y herejas teolgicas que implican el rechazo del DiosPadre y que padecemos an hoy. Una de ellas fue el as llamado desmo, que acepta a un Dios creador, Supremo Arquitecto, pero que una vez construida la casa, la deja en manos de sus habitantes y ya no mantiene con
ellos ninguna relacin de comunin o cercana. El desmo fue un rechazo naturalista, racionalista, de Dios Trino, Padre, Hijo y Espritu Santo. Un rechazo del Dios de la revelacin cristiana, afirmando a un Dios creador pero no comunional e incomunicado. El Cardenal Pie diagnostic sagazmente que este rechazo de la comunin con un Dios que invita a ella no es, en ltima instancia, sino el miedo que produce el vrtigo de las alt uras a que Dios nos ha llamado. Miedo a la vinculacin, que invadir luego todas las dimensiones de la vida humana, produciendo el individualismo liberal, la dialctica del amo y el esclavo en sustitucin de la fraternidad cristiana, la lucha de clases, y por fin la dictadura de los envidiosos que impondr el odio al mejor y la tirana del igualitarismo con el nombre de democracia.
Del Jess sin Padre al Jess contra el Padre Otro resultado del liberalismo religioso ha sido la reduccin jesunica de la figura de Cristo, al estilo de la propugnada por David Friedrich Strauss, que hemos citado ms arriba. Este jesuanismo consiste en presentar a un Jess histrico separado del Cristo de la fe, y sin referencia al Padre, como horizonte ltimo del anuncio evanglico. En el discurso teolgico y pastoral que de all dimana, el Padre queda relegado al silencio de los supuestos que solamente se explicitan a pedido. De ese jesuanismo contemporneo ha dicho el Padre dominico Le Guillou que: Sita [] a Cristo no con el Padre, sino en lugar del Padre. De ese modo se ve disear vagamente una especie de cristicismo o de jesusismo (dejando en silencio generalmente el nombre del Padre) que trata de hacerse pasar por el verdadero cristianismo. Como dice San Pablo: cmo invocarn a aqul [en este caso al Padre] en quien no han credo? cmo creern en aqul [el Padre] a quien no han odo? Cmo oirn si no se les anuncia?. Lo que no se predica no se cree. Y si el Padre queda implcito, va cayendo fuera de la conciencia del predicador y de los creyentes. Este hecho lo ha sealado Monseor Paul Josef Cordes en su obra: El Eclipse del Padre en estos trminos: Cuando se pregunta a grandes telogos contemporneos de ambas confesiones (protestantes y catlicos) por el Padre de Jesucristo, se obtiene una perspectiva sorprendente: los investigadores piensan ms frecuentemente y ms expresamente en Dios que en el Padre eterno; si se hace una estadstica sobre las veces que en la relacin Padre -Hijo utilizan en sus investigaciones la palabra Padre, sta queda desconsoladamente relegada. A qu se debe esto? a que la infeccin liberal contagia el sentido comn de una cultura y termina refluyendo sobre los creyentes y afectndolos, sin excluir a los predicadores. Sucede as que, glosando a San Pablo, podra decirse de la incapacidad del predicador liberal para anunciar al Padre: cmo predicarn si no creen? El jesuanismo, o cristicismo pastoral, es frecuente en la propuesta de las sectas y comunidades protestantes. Pensemos en lo que se oye predicar en algunas carpas y audiciones radiales de predicadores protestantes, donde todo se queda en el anuncio de Cristo tu salvador personal, sin referencia al Padre ni a la entrada en comunin con l, como punto de llegada de la salvacin que se anuncia.
Pero el mismo mal se ha venido extendiendo y penetrando tambin en el sentido comn de los catlicos, sacerdotes y telogos incluidos. Los remito a su experiencia propia como oyentes de la predicacin habitual en nuestros templos. Personalmente, me ha llamado la atencin en el Mensaje final de la Conferencia de Aparecida, - ntese bien que no me refiero al estupendo Documentofinal de la Conferencia, sino al Mensaje final, de alguna manera provisorio, redactado por una Comisin ad hoc me ha llamado la atencin, digo, que, en ese Mensaje, a diferencia del posterior Documento, el Padre ha quedado relegado a la regin de los implcitos en toda la primera parte, la doctrinalkerygmtica, en la que se habla de Jess (10x) o Seor Jess (1x) o Jesucristo (4x). En el Mensaje se nombra al Padre solamente tres veces. Nunca se lo nombra en la primera parte donde se presenta a Jesucristo, sino recin despus de pasado el momento doctrinalkerygmtico, en un contexto parentico, en los nmeros cuarto y quinto. De modo que Jesucristo es presentado sin referencia explcita a su Padre, y predominantemente como Jess. El contraste con el discurso inaugural de Benedicto XVI, es llamativo. Porque all Benedicto XVI nos anuncia reiterada y explcitamente al Padre como la meta del proceso evangelizador al que convoca la Conferencia de Aparecida y se refleja, efectivamente, en el Documento final.
El fenmeno que vengo describiendo, de la creciente desvinculacin de Jess del Padre, se acenta hasta llegar a un paroxismo por efecto de la difusin del psicoanlisis freudiano. El psicoanlisis de Freud, como mtodo y tcnica, - ha escrito el Padre Ignacio Andereggen es intrnsicamente solidario de su intento fundamental de hacer consciente del modo ms pleno la rebelin del hombre contra Dios Padre, radicada en la estructura inconsciente de sus vicios y pasiones no restauradas por el influjo de la gracia. Para Freud, como para Nietzsche, consiste en su oposicin consciente contra Dios y en la pretensin de ocupar su lugar.
De la rebelin contra Dios-Padre a la sociedad sin padres Como nota Monseor Paul Josef Cordes: Freud que conoca la analoga entre el padre terrenal y el celestial -, para terminar con el Padre celestial, tena que liberarse primero del terrenal y por eso lo ataca, en el alma del analizado, mediante el psicoanlisis. El P. Le Guillou, en su obra antes citada, seala el hecho de que la abolicin de Dios Padre est en la base de lo que Mons. Paul Josef Cordes ha llamado el Eclipse del Padre en nuestra cultura, una desaparicin progresiva de las figuras paternas y de la cultura de la paternidad; una destruccin del varn paterno. La rebelin religiosa contra Dios Padre de la civilizacin liberal ha tenido consecuencias sociolgicas y culturales. Ha ido exterminado al hombre paterno, pero tambin al hombre filial, al hombre esponsal, al hombre fraterno. Si la generacin actual abandona a sus padres internndolos en un hogar de ancianos es porque la generacin de sus padres ya haba internado a Dios Padre relegndolo al cielo como a un hogar de ancianos; ya no convivan con Dios, sino que iban a verlo de vez en cuando en das y horas de visita, y a veces nunca. El psicoterapeuta y socilogo italiano Claudio Ris, en su libro Il Padre lassente inaccettabile (El Padre, el ausente inaceptable), dedica un captulo entero a describir cmo Occidente se aleja del Padre. Claude Ris establece un paralelo entre el proceso de secularizacin iniciado en la Revolucin Francesa, en la que eclosionan semillas sembradas por la Reforma Luterana, y la decadencia y desaparicin de la figura paterna y de los derechos del padre de familia en Occidente.
As en la tierra como en el Cielo Nada de extrao. Porque como ha demostrado Mircea Eliade en sus estudios de Historia de las Religiones, el hombre edifica su civilizacin y su cultura imitando a sus dioses: Al reactualizar la historia sagrada, -dice - al imitar el comportamiento divino, el hombre se instala y se mantiene unido a los dioses, es decir, en lo real y significativo. En oposicin a esta actitud del hombre religioso, El hombre moderno irreligioso dice Mircea Eliade - asume una nueva situacin existencial: se considera a s mismo como nico sujeto y agente de la Historia y rechaza toda llamada a la trascendencia [] no acepta ningn modelo de humanidad fuera de la condicin humana, tal como se la puede descubrir en las
diversas situaciones histricas. El hombre se hace a s mismo y no llega a hacerse completamente ms que en la medida en que se desacraliza y desacraliza el mundo. Lo sacro es [para l] el obstculo por excelencia que se opone a su libertad. No llegar a ser l mismo hasta el momento en que se desmitifique radicalmente. No ser verdaderamente libre hasta no haber dado muerte al ltimo Dios. La rebelda religiosa del liberalismo contra Dios Padre termina as con la disolucin no solamente de la cultura paterna, sino de toda la cultura, porque desata fuerzas de destruccin del corazn humano que aceleran y precipitan el desencadenamiento de las amenazas apocalpticas sobre la humanidad apartada de Dios. Afirma Mircea Eliade que, En una perspectiva judeo-cristiana podra decirse que la noreligin equivale a una nueva cada [original] del hombre [] Despus de la primera cada, la religiosidad haba cado al nivel de la conciencia desgarrada; despus de la segunda cada, ha cado an ms abajo, a los subsuelos de lo inconsciente, ha sido olvidada .
Captulo 4: El hombre no religioso, un hombre religado, un hombre desvinculado Creo que a esta altura de mi exposicin podemos entender mejor la relacin que existe entre el pecado que es la iniquidad y los dems pecados que derivan de este pecado. Al volverse los hombres contra el Cielo, se vuelven unos contra otros en la tierra. Dios vino a buscar al hombre que haba cado por el pecado original. Cuando el hombre cado se rehsa a tomar la mano que se le extiende para levantarlo, cae an ms profunda e irremediablemente. A esta luz, la profeca de Malaquas, ltimas palabras del Antiguo Testamento, adquiere tintes apocalpticos. Esta profeca cierra el Antiguo Testamento anunciando la venida de Elas. El Nuevo Testamento conecta esta vuelta de Elas con la venida del Bautista, precursora de la de Cristo: He aqu que yo os envo al profeta Elas antes de que llegue el Da de Yahveh, grande y terrible. l har volver el corazn de los padres a los hijos, y el corazn de los hijos a los padres; no sea que venga yo a herir la tierra de anatema. En nuestro mundo, los hombres irreligiosos y antirreligiosos tuvieron antepasados religiosos. Hay, junto con la rebelin contra el Dios Padre, una rebelin contra los propios padres. El corazn de los hijos se ha vuelto contra los padres y el corazn de los padres se ha vuelto contra los hijos. Si tras la venida de Cristo, que reconcili todas las cosas con la sangre de su Cruz, - tambin a los padres con los hijos y los hijos con los padres, como sucedi en el mundo de la cultura catlica -, si tras la venida de Cristo, - digo -, el hombre vuelve a rechazar a Cristo y al Padre, como hace el liberalismo, los hombres vuelven a enemistarse con Dios Padre y entre s. Pero ya no hay posibilidad de una nueva reconciliacin. Entonces, la nica perspectiva que queda, es la de una tierra herida por el anatema. Un anatema que los hombres pudieron haber evitado pero rehusaron libremente evitar. Un anatema que libremente eligieron, malusando su libertad para rechazar el bien y elegir el mal.
Un ejemplo de la rebelda del hombre: El manifiesto kantiano de la liberacin religiosa de la moral Me he detenido en un recorrido de autores contemporneos, que toman el pulso de las dolencias de la cultura actual y que comprueban, coincidentemente, todos, que estos males tienen su origen en la Reforma Luterana, la Revolucin Francesa, la Ideologa de la Ilustracin, la Revolucin sovitica. De ese recorrido resulta patente que la emancipacin irreligiosa de la moral conduce irremediablemente a la disolucin de los vnculos morales entre los hombres. Estamos pues en condiciones de comprobar cmo la historia le est dando un desmentido a la utopa kantiana que propugnaba precisamente la emancipacin de la moral de todo anclaje divino y religioso y su secularizacin. Escuchemos y juzguemos si fue acertado o no el manifiesto liberal de Kant: La moral, dice - en cuanto que est fundada sobre el concepto del hombre como un ser libre que por el hecho mismo de ser libre se liga l mismo por su Razn a leyes incondicionadas, no necesita ni de la idea de otro ser por encima del hombre para conocer el deber propio, ni de otro motivo impulsor que la ley misma para observarlo [] As pues, la moral, por causa de ella misma
(tanto objetivamente por lo que toca al querer, como subjetivamente por lo que toca al poder) no necesita en modo alguno de la Religin [entindase la revelacin cristiana] sino que se basta a s misma en virtud de la Razn pura Prctica. Acabamos de or el manifiesto de la iniquidad. La voz del pecado del que dimana todo otro pecado, de la impiedad religiosa de la que deriva toda impiedad entre los hombres: seris como dioses, conocedores del bien y del mal. Acaso el hombre libre, segn lo piensa el liberalismo, necesita de la revelacin cristiana; de un Dios por encima de l, Padre o Hijo o Espritu Santo; para vivir moralmente? No, gracias. Acaso necesita ser salvado de algo por Dios? Para nada! El se basta a s mismo!
La bestia de muchos cuernos que deca grandes cosas Cuando leo este manifiesto de Kant, cuya falacia ha sido entretanto desenmascarada por la historia subsiguiente, pero sin embargo vigente y parecera que hoy ms que nunca, acude espontneamente a mi imaginacin la ltima Bestia emergente del fondo del mar que vio en su sueo Daniel. Sabemos que el fondo del mar, en el lenguaje bblico, es el lugar donde residen las potencias enemigas de Dios. La ltima Bestia que surge del mar, a diferencia de las anteriores, es una fiera que habla, dice grandes cosas, y sobre su cabeza despuntan y se multiplican los cuernos. Las grandes cosas que proclama son las mentiras de Satans, mentiroso desde el principio y padre de la mentira. Y los cuernos son los mltiples poderes polticos basados en sus mentiras. Los intrpretes cristianos del Apocalipsis han visto, por eso, acertadamente, en esta Bestia y sus cuernos, las figuras de los poderes polticos y de las ideologas que los sustentan: naturalismo, racionalismo, libre pensamiento, liberalismo, socialismo, comunismo, marxismo, progresismo, secularismo, modernidad, post modernidad, etc. Esta Bestia es figura, pues, de la suma de la iniquidad, del rechazo de Cristo y de la rebelin contra Dios su Padre. Esta Bestia habla y dice grandes cosas. Opone a la Palabra de Dios, al Verbo hecho Hombre, su grandilocuencia y su verborrea, las voces de su propaganda, los discursos errneos de su ideologa, los manifiestos de su anoma. Si las bestias anteriores son temibles por sus fauces o sus garras, esta bestia lo es por su elocuencia engaosa. Una sofstica convincente, opuesta a la Palabra de Dios, que, llegados al Apocalipsis de Juan, se convertir en un croar de ranas ensordecedor. De esta Bestia, que figura a Satans mismo, puede interpretarse el dicho del Seor: No temis a los que matan el cuerpo [el len el oso y el leopardo que ve Daniel] temed ms bien a Aqul que puede llevar a la perdicin alma y cuerpo [la cuarta bestia que dice grandes cosas, el Padre de la Mentira y todos sus servidores, el Prncipe de este mundo y todos los reinos que le pertenecen].
Captulo 5: El pecado es la iniquidad El liberalismo es, pues, una manifestacin histrica del espritu del Anticristo que prepara, incondolo en la historia, el reinado final del Anticristo. Misterio de la iniquidad cuya irrupcin en los ltimos tiempos profetiza san Pablo en un texto sobre el que volver en su momento (2 Tes 2,7). Pero antes de hablar del misterio de la iniquidad paulino, volvamos a ocuparnos de la Anoma exponiendo cul es su esencia segn la expone la Sagrada Escritura. Y comencemos por la Primera Carta de San Juan. Afirma el Apstol San Juan en su primera Carta: El pecado es la iniquidad. Nos conviene atender y tener en cuenta el contexto en que se engarza esta afirmacin: 1 Ved qu [gran] amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados [por l] hijos de Dios, y ya lo estamos siendo! Por esto el mundo no nos est reconociendo [nos est ignorando] a nosotros porque no le [re-] conoci a l [lo ignor a l]. 2 Carsimos, desde ahora estamos siendo hijos de Dios, aunque todava no se ha revelado lo que seremos. Sabemos que, cuando se revele, seremos semejantes a l, porque le veremos tal cual es. 3 Y todo el que tiene esta esperanza en l, se purifica a s mismo, como l (Jess) es puro. 4 Todo el que comete el pecado (ten hamartan) comete tambin la iniquidad, (ten anoman) y el pecado (ten hamartan) es la iniquidad (ten anoman). 5 Y sabis que Aqul se revel para quitar los pecados y en l no hay pecado. 6 Todo el que permanece en l, no anda pecando . Pero todo [el que es] pecador no le ha visto ni le ha conocido. 7 Hijitos, que nadie os engae (planto). Quien practica la justicia es justo, como l es justo. 8 Quien comete el pecado se es del Diablo, porque el Diablo peca desde el principio. Y para esto apareci el Hijo de Dios, para destruir las obras del Diablo. 9 Todo el que ha nacido de Dios no peca, porque la simiente de Dios est en l, y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. 10 En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del Diablo: todo el que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano. (1 Juan 3, 1-10) En este denso pasaje, Juan opone a los hijos de Dios y los hijos del Diablo. Dos generaciones, en el sentido de dos progenies o razas humanas. En toda la carta ensea a discernir quines pertenecen a la una o a la otra. Discernimiento necesario y arduo por dos motivos. El primero es que an no se ha manifestado lo que sern los hijos de Dios. El segundo es que, siendo la raza de vboras, o la generacin de la serpiente, o los hijos del Diablo, - todo es lo mismo - descendencia del Mentiroso desde el principio, ellos Mienten! De pensamiento, palabra y con la vida! Son hipcritas consumados que se hacen pasar por hijos de Dios. Ms an, se arrogan el ser los verdaderos hijos de Dios y acusan y condenan a los verdaderos. Y sus mentiras son como el ensordecedor canto de las ranas del pantano. Son el clamor del pantano.
La Iniquidad o anoma Vamos a extendernos ms en la interpretacin del sentido de la anoma o iniquidad en las Sagradas Escrituras a travs de sus textos. Porque la comprensin de su naturaleza, revelada en las Escrituras, nos permitir entender lo que es el pecado del mundo, que vino a quitar Jesucristo. Y de ese modo, entender cmo y por qu el liberalismo es la iniquidad, tanto en sus
formas radicales, jacobinas, anticlericales rabiosas y desenmascaradas, como en las formas que han sido llamadas secundarias, parciales o mitigadas, pero que son en el fondo formas hipcritas, suaves solamente en apariencia. Tomada etimolgicamente, la palabra griega anoma, [de -nomos] significa literalmente falta de ley, negacin de ley, sin ley. Lo que la Vulgata tradujo por iniquidad, vendra a significar la falta de ley, la negacin de la Ley. Y en este sentido, anoma sera un calificativo adecuado al liberalismo con toda justicia y verdad, puesto que ste se desvincula de la ley divina y de toda ley exterior al individuo, haciendo, de la voluntad de cada individuo, ley para s mismo. As se lo hemos odo decir a Kant en su manifiesto de la liberacin de la moral. Por este relativismo moral, el liberalismo redivivo ha dado lugar en nuestros das, entre otros errores, por ejemplo, a lo que en teologa moral se conoce como moral de situacin. Contra el relativismo moral moderno, engendrado por el liberalismo, ha tenido que luchar Juan Pablo II. Entre muchas de sus intervenciones le dedic una, severa y memorable, en su encclica Veritatis Splendor, en la que defiende la objetividad de la ley natural y del mal moral, contra el relativismo y el subjetivismo moral. Si, como le hemos odo decir a Kant, el hombre no necesita que venga Dios a decirle lo que es bueno, porque l tiene la ciencia del bien y del mal entonces Benedicto XVI no cesa de sealar, refutar y combatir sin cuartel, el relativismo moral, que invade hoy ctedras y parlamentos, como a una de las bestias negras del mundo actual, de cuya inficin no est libre la academia moral catlica. Sera pues exacto decir que el liberalismo es pecado debido a aqulla iniquidad, aquella anoma, consistente en sacudirse, ms o menos artera y maosamente, la sujecin a toda ley, y principalmente la ley de Dios, negando todo lmite a la autodeterminacin de la voluntad del individuo, o de la sociedad. Si lo entendemos segn el pensamiento de Mircea Eliade, diramos que la anoma es prescindir de la ejemplaridad divina en la configuracin de la vida humana. Cuando San Juan afirma, que: El pecado es la iniquidad su afirmacin tiene un sentido especfico muy particular que, sin negar la oposicin a la ley que la palabra anoma expresa generalmente en griego, la prdica en especial de la negacin de Jess, que no ha venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento. Considerando esta perspectiva cristiana, es obvio afirmar que quien rechaza a Aqul que lleva la ley a su cumplimiento, rechaza la plenitud de la ley. Quien ignora, desconoce o prescinde de Aqul que lleva a su cumplimiento y perfeccin la ley, comete la anoma total, ltima y extrema. Incurre en la mxima iniquidad, en el Pecado ms radical y perverso. Y por lo tanto el ms funesto y mortal para s mismo y para la humanidad. La anoma segn san Juan consiste, pues, en el rechazo de Jesucristo, revelador, hijo obediente que vive y pone por obra la voluntad del Padre. Jesucristo, el Hijo, Plenitud de la Ley, que revela plenamente, mediante su comportamiento filial, cul es la voluntad del Padre: Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en l, tenga vida eterna (Juan 6, 40).
Quien no cree en el Hijo, quien lo ignora o lo desconoce, ignora y desconoce la voluntad del Padre y comete la anoma, se rebela contra la voluntad del Padre, excluyndose a s mismo de la vida eterna por negarse a cumplir la justicia filial. En resumen: para san Juan el pecado es: la anoma, la iniquidad, Y la iniquidad es la incredulidad, la negativa a creer en Cristo. Es la negacin del Hijo y del Padre, el rechazo del nico camino para ingresar en la comunin de vida con ellos. Negarse a creer es negarse a ingresar y a participar en el Nosotros divino humano. Por lo tanto es el rechazo de entrar en la comunin, o peor an, es la apostasa, el abandono de la comunin en la que se haba ingresado, o en la que vivieron los antepasados. La iniquidad, es principalmente la apostasa. Que suele hacerse visible cuando el rechazo de la comunin eclesial, la desvinculacin a la pertenencia eclesial, se pone de manifiesto pblicamente como un apartarse de los hermanos, a los que, previamente se ha enjuiciado, acusado y condenado. En este apartarse del amor a los hermanos de la Iglesia se pone de manifiesto que se ama ms al mundo que al Padre, ms a las propias pasiones y al mundo que a Dios como Padre.
Captulo 6: Anoma y esjatologa. La palabra anoma, se usa en el Nuevo Testamento en contexto predominantemente escatolgico, es decir, relativo al Juicio, a la Parousa, al futuro eclesial y al fin de los tiempos. No tiene, por lo tanto, un sentido predominantemente moral, sino religioso, relativo a la salvacin o la condenacin de los hombres. En el Sermn de la Montaa, omos a Jess decir, refirindose al juicio futuro en el que l ser el Juez: Muchos me dirn en aquel da, Seor, Seor Acaso no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre obramos muchos prodigios? Y entonces les declarar pblicamente: Nunca jams os conoc, apartaos de m los que obris la iniquidad [ten anoman]. La iniquidad, que ser desenmascarada en el Juicio, habr podido ser perpetrada, por lo tanto, en la historia, mediante la invocacin del nombre de Cristo y obrando, mediante esa invocacin, signos prodigiosos, profecas y expulsin de demonios que pareceran acreditar a los que los obran como verdaderos cristianos. Cmo entenderlo? Jess nos pone en guardia, en sus instrucciones sobre el futuro: Mirad que nadie os extrave, diciendo Yo soy el Mesas porque muchos vendrn en mi nombre diciendo, Yo soy el Mesas, y extraviarn a muchos [] Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aqu est el Mesas o all, no lo creis, porque se levantarn falsos Mesas y falsos profetas y exhibirn grandes seales y grandes portentos, hasta el punto de ser seducidos, si posible fuera, an los elegidos. Mirad que os lo tengo predicho. Son estos impostores los que se presentarn ante el Juez, diciendo Seor, Seor, hemos hecho milagros en tu nombre. Jess los rechazar por haber sido obradores de la iniquidad: apartaos de m, no os conozco, obradores de la iniquidad. Se presentan y obran invocando el nombre de Jess, pero haciendo hipcritamente su propia voluntad y no la del Padre. Anuncian una salvacin mesinica e intentan ponerla por obra. Pensemos, por ejemplo, en ciertas autoproclamadas teologas de la liberacin que se presentaron en el nombre de un Cristo liberador pero postulando la lucha de clases. No promovan la libertad de los hijos de Dios anunciada por Jesucristo, la filiacin y la amorosa sujecin de la propia vida a la voluntad del Padre. Estos y otros pseudomesas, erigen la voluntad humana en norma de interpretacin de las palabras de Jesucristo, e instrumentalizan hipcritamente su figura.
Anoma y escndalo Pero continuemos con nuestra lectura de los pasajes de la Sagrada Escritura que nos ensean lo que es la anoma. En la parbola del trigo y la cizaa, que nos remite a los ltimos tiempos, leemos: As, pues, como se recoge la cizaa y se echa al fuego para que arda, as ser en la consumacin del mundo. Enviar el Hijo del Hombre a sus ngeles, los cuales recogern de su reino todos los escndalos y todos los que obran la iniquidad (la anoma) y los arrojarn al horno del fuego, y all habr llanto y el rechinar de dientes. Este texto exige algunas observaciones:
Primera: Aqu los que obran la iniquidad se presentan, ntese bien, como internos al Reino: los ngeles recogern de su Reino. Es algo que sucede dentro del Reino y en nombre de Jess, con conocimiento de su enseanza e invocndola, tergiversada segn ajenas conveniencias, pero no haciendo lo que Jess ensea: escuchan mis palabras y quizs hasta las enseen en mi nombre pero no las practican. Segunda: Los que obran la iniquidad la obran, en este contexto, dando escndalo, es decir, motivo de tropiezo y de cada a los creyentes en su fe. Hay que notar aqu el sentido tcnico y salvfico de la palabra escndalo, que nosotros, actualmente, entendemos ms bien en sentido moral, de pecados escandalosos. Escndalo tiene, en boca de Jess, el sentido de hacer tropezar a alguien en el seguimiento; de hacer tropezar al discpulo en el camino -que es Jesucristo- al Padre. Cmo se relaciona la iniquidad con el escndalo? Escndalo en paralelo con iniquidad, supone, en este contexto, que el inicuo, por el solo hecho de serlo, induce a muchos creyentes a la iniquidad. La iniquidad es contagiosa, y por eso daosa para la fe de los creyentes. Y ms cuando ella se ha convertido en un ambiente, en una civilizacin, en una cultura que penetra por contagio y por smosis, como por una insensible colonizacin cultural, el corazn de los creyentes; su sentido comn; sus modos de ver la vida y las cosas. De tal manera que, ellos tambin, se hacen cristianos hipcritas, seres cripto-inicuos, que habiendo comenzado por escuchar las palabras de Cristo, terminaron por no practicarlas, o terminaron practicando una reinterpretacin de ellas, que es lo mismo. Vctimas, ms o menos culpables, de la reinterpretacin a la que los inicuos han sometido la doctrina de Jess para evacuarla. Esta definicin de iniquidad no se aplicara perfectamente a una pedagoga, pretendidamente cristiana, que se limitara a ensear valores, pero se desentendiera de su realizacin y concrecin prctica en el ejercicio de las virtudes, empezando por las teologales y siguiendo por las cardinales? Presenciamos hoy la fcil sustitucin de Jesucristo por valores. Ya ni siquiera por virtudes. La sustitucin del anuncio evanglico explcito y fiel, por un sucedneo elstico de values light and stretch. Un procedimiento escalofriante porque evoca la operacin de cambio por treinta valores con la que Judas traicion a su Maestro. La sustitucin del anuncio del evangelio por el anuncio de valores, an pretendidamente evanglicos, no es algo as como una traicin? Ciertamente esta definicin se aplica al programa de la heterointerpretacin del lenguaje creyente que propona Gramsci que ha sido piedra de tropiezo para tantos creyentes.
Captulo 7: Catlicos liberales La parbola de la cizaa puede ayudarnos a tomar posicin frente al fenmeno del liberalismo religioso. Es bastante obvio que el liberalismo, y ms en su versin religiosa, ha escandalizado a muchos. Es decir, ha hecho tropezar a muchos cristianos. Ha inducido a confusin. Ha sido causa de extravo para muchos catlicos, sin excluir clrigos ni obispos, desvindolos por los caminos del catolicismo liberal. Y es tambin obvio que esto ha sucedido especialmente con los cristianos ms sensibles a los halagos del mundo y ms temerosos de sus condenaciones o persecuciones. El Padre Flix Sard i Salvany, observa cmo la iniquidad liberal instalada en la mente de sacerdotes y obispos se convierte en motivo de escndalo, es decir de tropiezo, de los fieles que, por ese motivo, terminan por encontrar aceptables las opiniones liberales. A los fieles que se espantan de que algo as pueda suceder, les dice: S, amigo lector, s, puede haber tambin, por desdicha, ministros de la Iglesia liberales, y los hay de esta secta fieros, y los hay mansos, y los hay nicamente resabiados. Exactamente como entre los seglares. No est exento el ministro de Dios de pagar tributo a las humanas flaquezas [] Y qu tiene esto de particular, cuando no ha habido apenas hereja alguna en la Iglesia de Dios, que no haya sido elevada o propagada por algn clrigo?. A aquellos hombres de Iglesia que han sucumbido al contagio liberal le son aplicables las palabras de Jess: vosotros por de fuera parecis justos a los hombres, mas de dentro estis repletos de hipocresa y de anoma. La gravedad de la hipocresa, lo que la convierte en anoma, en iniquidad, es precisamente el impedir a los hombres entrar por el camino filial y llegar al Padre: Ay de vosotros, porque cerris [el acceso] al Reino de los cielos delante de los hombres, y ni entris vosotros, ni dejis entrar a los que estn por entrar! (Mateo 23, 13). Puesto que el Reino de los cielos no es otra cosa que la condicin filial por la que se accede a la comunin con el Padre en calidad de hijos, la hipocresa es iniquidad, porque aparta de la fe en Cristo y por lo tanto del ingreso a la comunin con el gran Nosotros divino Humano. Y la iniquidad es escndalo, porque hace tropezar y caer en el camino al Padre, que es el seguimiento de Cristo. A esos adalides de la oposicin a l, en todos los tiempos, Jesucristo los considera y los llama hijos de Satans, Raza de vboras, generacin perversa. Serpientes, raza de vboras, cmo vais a escapar al juicio de la Gehenna?. Volvemos a encontrarnos aqu la misma oposicin que vimos antes en el texto de la primera Carta de San Juan, entre los hijos de Dios, puros como el Cordero, y los hijos de Satans opuestos al Hijo y autores de la anoma, que es el Pecado.
La Iniquidad segn san Pablo La enseanza de San Pablo sobre la iniquidad prolonga la doctrina que se desprende de los textos de San Mateo y de San Juan. El pasaje ms significativo que contiene esa enseanza dice: 1 Por lo que respecta a la Venida de nuestro Seor Jesucristo y a nuestra reunin con l, os rogamos, hermanos, 2 que no os dejis alterar tan fcilmente en vuestro nimo, ni os alarmis por alguna manifestacin del Espritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que est inminente el Da del Seor. 3 Que nadie os engae de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasa y manifestarse el Hombre del pecado [anthrpos ts hamartas], el Hijo de perdicin [ho huios ts aplias], 4 el Adversario [ho antikimenos] el que se levanta [ho huperairmenos] sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto [la religin], hasta el extremo de sentarse l mismo en el Santuario de Dios y proclamar que l mismo es Dios. 5 No os acordis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? 6 Vosotros sabis qu es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. 7 Porque el misterio de la iniquidad [mysteron ts anomas] ya est operando [d energitai]. Tan slo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, 8 entonces se manifestar el Impo [ho nomos], a quien el Seor destruir con el soplo de su boca, y aniquilar con la Manifestacin de su Venida. 9 La venida del Impo estar sealada por el influjo de Satans, con toda clase de milagros, seales, prodigios engaosos, 10 y todo tipo de seduccin de injusticia [apat adikas] en dao de los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. 11 Por eso Dios les enva un poder seductor que les hace creer en la mentira, 12 para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la injusticia [t adika]. 13 Nosotros, en cambio, debemos dar gracias en todo tiempo a Dios por vosotros, hermanos, amados del Seor, porque Dios os ha escogido desde el principio para la salvacin mediante la accin santificadora del Espritu y la fe en la verdad.
El Misterio de la Iniquidad - mysterion ts anomas. Estamos ya en plena prediccin esjatolgica, en plena doctrina apocalptica. Y por eso podemos vincular al liberalismo con aquella iniquidad esjatolgica que, invocando los misterios cristianos se opone a ellos y sin embargo los parasita, obrando prodigios en su nombre. Prodigios de eficacia, por ejemplo, que se atribuyen a s mismos para recomendarse, aumentar su prestigio y engaar a los elegidos con su hipocresa.
Romano Guardini: el fraude y doblez de la Modernidad Romano Guardini ha sabido describir la perplejidad del cristiano frente a la Edad Moderna en estos trminos que muestran sus rasgos comunes con el misterio de la iniquidad: El recuerdo [que tuvo el cristiano] de la rebelin de la Edad Moderna contra Dios fue demasiado vivo; su forma de poner todas las esferas de la actividad cultural en contradiccin
con la fe y a sta misma en una situacin de inferioridad, fue excesivamente sospechosa. Adems, se produjo aquello que hemos llamado el fraude [la hipocresa] de la Edad Moderna, aquella doblez, que consisti en negar de una parte la doctrina y el orden cristiano de la vida, mientras reivindicaba de la otra para s la paternidad de los resultados humano-culturales de ese orden y de esa doctrina. Esto hizo que el cristiano se sintiera inseguro en sus relaciones con la Edad Moderna: por todas partes encontraba en ellas ideas y valores cuyo abolengo cristiano era manifiesto, pero que, sin embargo, eran presentados como pertenecientes al patrimonio comn. En todas partes tropezaba con elementos del patrimonio cristiano, que, sin embargo se volvan contra l. Es un hecho digno de ser reflexionado ulteriormente. A m se me ocurre repensarlo a la luz de las observaciones de Mircea Eliade. Si pensamos en la situacin del cristiano en un medio liberal, y donde tambin existe un liberalismo religioso qu le sucede a ese cristiano cuando vive en un mundo que l no puede configurar religiosamente de acuerdo a sus arquetipos divinos, sino que le es impuesto construido por otros segn las configuraciones anrquicas del hombre irreligioso? No se sentir tentado de conciliar lo inconciliable, la configuracin del mundo irreligioso con los arquetipos religiosos de su fe? No ingresar as en un estado de confusin? No podr escindirse en l la fe religiosa por un lado y un sentido comn liberal o secularizado por el otro? Es un asunto para pensar. Pero vengamos ya al pensamiento del Padre Leonardo Castellani, con el que voy a dar por finalizada esta exposicin.
Captulo 8: Las enseanzas del Padre Leonardo Castellani Entre nosotros, pocos han disertado, con la profusin y la profundidad del Padre Leonardo Castellani, sobre el misterio de la iniquidad en el contexto apocalptico del Anticristo y tambin sobre el liberalismo como fenmeno apocalptico relacionado con el misterio de la iniquidad. Voy a recordar aqu un poco extensamente algunos pasajes de Castellani, que me parece sirven de repaso y confirmacin de lo dicho, por expresar una visin coincidente con lo que he venido exponiendo. Espero tambin que sus dichos amenicen esta argumentacin que ya va siendo demasiado larga. El Misterio de la iniquidad dice Castellani es el odio a Dios y la adoracin idoltrica del Hombre. Aunque en este lugar el Padre Castellani no establezca la ecuacin con el liberalismo, ella es evidente. Tambin el liberalismo se define adecuadamente como negacin de Dios y endiosamiento del hombre. Oigamos pues lo que nos dice el Padre Castellani sobre el Misterio de iniquidad comentando otras figuras del Apocalipsis conexas con este misterio: Las dos Bestias explica Castellani - son [la primera:] el poder poltico y [la segunda] el instinto religioso del hombre vueltos contra Dios y dominados por el Pseudo Cristo y el Pseudoprofeta. [] La Gran Ramera es la religin descompuesta y entregada a los poderes temporales. La adoracin del hombre con el odio a Dios explica Castellani - ha existido siempre [] l tiende a corporizarse en cuerpo poltico y aplastar a los santos. l fue quien conden a Scrates, persigui a los profetas, crucific a Jess, y despus multiplic los mrtires; y l ser quien destruya a la Iglesia, cuando, retirado el Obstculo que lo retiene segn dice San Pablo se encarne en un hombre de satnica grandeza, plebeyo genial y perverso, quizs de raza juda, de intelecto sobrehumano, de maldad absoluta, a quien Satn prestar su poder y su acumulada furia. El Padre Castellani prev que este desborde de la iniquidad, como siempre, afectar mortalmente al catolicismo: la estructura temporal de la Iglesia existente dice - ser presa del Anticristo, fornicar con los reyes de la tierra al menos una parte ostensible de ella, como pas ya en la historia -, y la abominacin de la desolacin entrar en el lugar santo. En otros pasajes de sus comentarios al Apocalipsis, el P. Castellani vincula explcitamente con el liberalismo a una de las tres ranas del Apocalipsis de San Juan. Las tres ranas aparecen en escena luego del derramamiento de la sexta de las siete copas del furor de Dios que los siete ngeles enviados derraman sobre la tierra. Es bueno recordar que las ranas, (hbr. Tsefardcm) son la segunda plaga con que el Seor castiga al Faran . Aunque aqu parecen ser tres ranas solitarias, podra pensarse que convocan a los reyes de la tierra para acaudillar una invasin de ranas que llenan el pas como las del xodo que se metan hasta en los hornos y en las casas. Una invasin que se mete por todos lados. Las tres ranas salen, respectivamente: de la boca de la Serpiente, de la boca de la primera Bestia, que es el poder poltico, y de la boca del falso profeta que algunos identifican con la segunda bestia.
Estas tres ranas son: tres espritus de demonios que realizan seales prodigiosas, y van donde los reyes de todo el mundo para convocarlos a la gran batalla [contra Dios]. Observa pintorescamente Castellani que las ranas: han hecho sudar el quilo y romperse el mate a los intrpretes; los santos Padres, casi todos, han visto en ellas herejas, las ltimas y novsimas. Son, - interpreta Castellani - el liberalismo, el comunismo y el [] modernismo. Idntica interpretacin da Castellani por boca de Don Benjamn Benavides: La tres ranas son el liberalismo, el comunismo y el modernismo, tres herejas vocingleras, saltarinas, pantanosas y tartamudas [] surgen de la plaga sexta y segn dice el profeta son tres espritus impuros [opuestos al Espritu Santo] y capaces de hacer prodigios para congregar a los [ocho] reyes de toda la tierra a la ltima batalla contra Dios. El texto no dice tres demonios como tampoco coincide con el salir dos de ellos de boca de dos hombres: el texto dice espritus [impuros] palabra que, en todas las lenguas designa tambin un movimiento, una ideologa, una teologa. [] se parecen a ranas, animal viscoso y lascivo, oculto y fangoso, vocinglero y aburridor, que repite sin cesar su croar montono: Cu, cu, cu, cantaba la rana Cu, cu, cu, debajo del ro La democracia, cu, cu, Justicia social, cu, cu, Y la Humanidad, cu, cu, Canta el diablico tro. Esta hereja poltica, - contino citando a Castellani - difusa hoy en todo el mundo, que an no tiene nombre y cuando lo tenga no ser el propio suyo, que Newman en el siglo pasado llam liberalismo religioso (y por cierto vio en ella, como yo ahora, presagios del Anticristo); que san Po X llam modernismo y Belloc aloguismo, es el viejo naturalismo religioso que remonta a Rousseau y los Enciclopedistas; y en su raz, si se quiere, al presbtero belga Baius (Michel Bay) la cual es, en su fondo, la idolatra del Hombre y de la Humanidad, el peor error posible, atribuido por San Pablo al nomos, Mucho he escrito sobre ella, me resumir aqu. Consiste en una adulteracin sutil del cristianismo, al cual vaca de su contenido sobrenatural dejando la huera corteza, la cual rellena de inmediato el espritu que ama los sitios sucios y los lugares vacantes con el antiguo Seris como dioses. Josef Pieper observ con justeza que el dicho la Religin es cosa privada y al Estado no le interesa, lema del liberalismo, comporta nombrar Dios al Estado, ponindolo por encima del Dios privado. Es la estatolatra, tan vieja como el mundo, o por lo menos, como los Csares romanos, proclamada ahora abiertamente por Hegel: la adoracin de la Nacin, creacin del hombre, la ms alta obra del intelecto prctico dice Santo Toms; el cual aade, refirindose al antiguo culto de los Csares, que si el hombre deja de adorar a Dios, cae a adorar al Estado a su nacin, a su raza, a su Ciencia, a su Esttica, a su poder blico, a la Libertad, a la Constitucin y a la Diosa Razn; a cuyas tres ltimas deidades tribut culto la Revolucin Francesa; aunque era Robespierre, en el fondo, que estaba all detrs de las prostitutas enjaezadas de seda y oro sacerdotales, a quien suba el humo del incienso.
Don Benjamn Benavides ofrece ms detalles sobre la relacin entre las tres ranas: El liberalismo, en pugna con su hijo el comunismo, - dice Don Benya son el espritu batracio que sali de la boca de la Bestia, y el otro que sali de la boca del Dragn [] El modernismo coaligar a los dos [] el modernismo es el fondo comn de las dos herejas contrarias, que algn da que ya vemos venir las englobar por obra del Pseudoprofeta. [El modernismo] no se puede definir brevemente. [] Esa hereja no es ms que el ncleo explcito y pedantesco de un impalpable y omnipresente espritu que permea el mundo de hoy. Su origen histrico fue el filosofismo del siglo XVIII, en el cual, con certero ojo, el Padre Lacunza vio la hereja del Anticristo, la ltima hereja, la ms radical y perfecta de todas. Desde entonces ac ha revestido diversas formas, pero el fondo es el mismo, dice siempre lo mismo: Cu, cu, cantaba la rana, cu, cu, debajo del ro [] Cualquiera interpreta lo que dice una rana! ri Don Benya es ms un ruido que una palabra. Pero es un ruido mgico, arrebatador, demonaco, lleno de signos y prodigios Atrae, aduerme, entontece, emborracha, exalta [] pero as, aproximadamente y a bulto. El cu, cu, del liberalismo es libertad, libertad, libertad; el cu, cu, del comunismo es: justicia social, el cu, cu, del modernismo, de donde nacieron los otros y los reunir un da, podramos asignarle ste: Paraso en la tierra; Dios es el Hombre; el hombre es Dios [] y la Democracia es el coro de las tres ranas juntas: democracia poltica, democracia social, y democracia religiosa [] Estas son las tres ltimas herejas, porque no se puede ir ms all en materia de falsificacin del cristianismo. Son literalmente los pseudocristos que predijo el Salvador. En el fondo de ellos late la abominacin de la desolacin; [que consiste] en la adoracin del hombre en lugar de Dios, y eso bajo formas cristianas y an manteniendo tal vez el armazn exterior de la Iglesia. Despus de este recorrido por los escritos del P. Castellani, podemos concluir que el liberalismo no solamente es el pecado, sino que es un espritu impuro es decir, opuesto al Espritu Santo que proviene del Padre por el Hijo. El Padre Castellani termin su conferencia sobre Esencia del Liberalismo tomando, de una carta de San Martn, una cita que Castellani presenta como la definicin argentina de hombre libre. El hombre verdaderamente libre escribi San Martn - es aqul que, exento de temores infundados y deseos innecesarios, en cualquier pas y cualquier condicin en que se halle, est sujeto a los mandatos de Dios, al dictado de su conciencia y a los dictmenes de la sana razn.... Y en esa misma conferencia, Castellani anima a la juventud presente dicindoles que ni ustedes ni yo podemos vencer de golpe a los liberales, hay una manera de vencerlo a la larga: dar testimonio como lo dieron los grandes catlicos que se midieron intelectualmente con l.
Captulo 9: Conclusin: Oracin al Padre He intentado mostrar cmo y en qu sentido es posible decir que el liberalismo es el pecado, la iniquidad suprema, el pecado contra el Espritu Santo que obra la obediencia filial y amorosa al Padre en los hombres que viven como el Hijo, que viven como hijos; y es por lo tanto, en su esencia, la rebelin contra el Padre,que le grita el non serviam, no te servir, no quiero obedecerte, porque no quiero ser hijo tuyo. No te reconozco como Padre. No te reconozco ningn derecho sobre m. No quiero recibir mi ser de ti. Quiero ser yo mismo mi principio y mi fin. Yo soy dios! Ante esta terrible blasfemia de nuestro tiempo, como deca el Padre Castellani, no tenemos nada que oponer sino nuestro testimonio de querer ser hijos, de empearnos en vivir como hijos y de reconocer a Dios como nuestro Padre. Por eso los invito a orar conmigo diciendo: Padre, engndranos, en esta hora, y en cada hora; en este da, y en cada da. Queremos recibir el ser de Ti siempre y en cada momento aqu sobre la tierra; y en el cielo eternamente, para que podamos glorificarte como T lo mereces. Danos el ser, el ver, el or, el pensar, el entender, el querer tu voluntad, el recordar tu caridad, el quererte sobre todas las cosas. Oh T Padre, fuente de caridad, de donde venimos y hacia donde vamos. Gozo nuestro y paz nuestra. Felicidad nuestra. Te adoramos, te alabamos, te bendecimos. No tenemos felicidad fuera de Ti. Darte gloria es la bienaventuranza de tus hijos. No nos dejes caer en la tentacin en esta civilizacin de la acedia en la que nos has colocado, que se entristece por nuestras alegras. Lbranos del Malo. Que nada pueda su tristeza contra el gozo de tus hijos. Para que nada empae tu gloria y la que le diste a tu Hijo Jesucristo. Amn. Y llenos de alegra por ser hijos de Dios, oremos juntos repitiendo el Padre Nuestro, que Jess nos ense.