El General Torres Rojas en La División Acorazada Brunete. Roberto Muñoz Bolaños
El General Torres Rojas en La División Acorazada Brunete. Roberto Muñoz Bolaños
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El general Torres Rojas en la divisin acorazada Brunete: el
involucionismo militar ante la transicin democrtica, 1975-1980
General Torres Rojas in Brunete armored division: Tendency
to military coups against the democratic transition, 1975-1980
Roberto Muoz Bolaos
Universidad Camilo Jos Cela
Instituto Universitario General Gutirrez Mellado (UNED)
Fecha de recepcin: 31.12.2012
Fecha de aceptacin: 30.04.2013
RESUMEN
Durante la segunda mitad del ao 1979 se gest en el seno de la Divisin Acorazada Brunete
n. 1 (DAC) y de la Brigada Paracaidista (BRIPAC), una operacin golpista cuya fnalidad era dar
un golpe de estado para modifcar el rumbo democrtico de la poltica espaola. Sus protagonistas
se escudaron en el terrorismo y en la crisis poltica y econmica de Espaa en ese momento.
Esa operacin golpista fue una ms de las que se tramaron contra la transicin democrtica y en
ella destac el protagonismo del general de divisin Luis Torres Rojas. Era un militar de ideologa
falangista, devoto de la fgura del dictador Franco. Sin embargo, el gobierno lo coloc al frente de
la unidad ms importante del ejrcito, la DAC, con unos regimientos que podan rodear y controlar
la capital de Espaa sin difcultad. Durante su perodo de mando en la DAC, cometi importantes
faltas de disciplina, sin que el gobierno se atreviese a cesarlo. Slo fue cesado cuando el gobierno
tuvo informacin fdedigna de la operacin golpista que tramaba en 1979. Sus actitudes y su
comportamiento pueden servir de arquetipo del militar que se opuso a la transicin democrtica y
que presion abiertamente al gobierno y al propio rey para frenar los cambios polticos.
PALABRAS CLAVE: Espaa, ejrcito, historia poltica, golpismo, transicin democrtica.
ABSTRACT
During the second half of 1979 within the Brunete Armored Division n. 1 (DAC) and the
Parachutist Brigade (BRIPAC), a coup operation was attempted which aimed to change the existing
political system in Spain. The coup leaders hid behind terrorism and the political and economic crisis
that Spain was experiencing at the time. That coup was but another among the many that were plotted
against the Democratic Transition and led by Major General Luis Torres Rojas. He was a soldier of
Falangist ideology, devoted to the fgure of General Franco. However, the government placed him
at the head of the most important unit of the army, the DAC, whose regiments were around Madrid
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EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
and could surround and take the capital without diffculty. During his period of command in the DAC,
he made signifcant errors of personal discipline without the government daring to stop him. He was
only fred once the government knew reliable information about the coup that he was plotting in 1979.
His attitude and his conduct are representative of the military archetype that openly opposes the
government and the king to halt political changes.
KEY WORDS: Spain, Armed Forces, Political History, tendency to military coups, Democratic
Transition.
INTRODUCCIN
El 20 de noviembre de 1975, muri el general Franco, comenzando as la crisis del
rgimen que haba encabezado durante 36 aos y abrindose de modo defnitivo el proceso
de transicin a la democracia. Sin embargo, este proceso no iba a ser sencillo. Haba muerto
Franco pero el franquismo como estructura de poder era muy fuerte. Sobre todo contaba con
un sostn decisivo, las Fuerzas Armadas (FAS), que tenan capacidad sufciente para infuir
en el proceso de cambio poltico. Durante los primeros siete aos del rgimen democrtico,
determinados sectores de las FAS pusieron en marcha operaciones tendentes a destruir o,
en todo caso, controlar los contenidos del rgimen democrtico. Una de estas operaciones
fue la que, bajo el liderazgo del general de divisin Luis Torres Rojas, comenz a gestarse
a fnales de 1979, en el seno de la Divisin Acorazada Brunete n. 1 (DAC) y de la Brigada
Paracaidista (BRIPAC). Para explicarla, se seguir el siguiente esquema. En primer lugar,
se abordar la situacin espaola a comienzos de 1979 y las causas o pretextos que
provocaron el intervencionismo militar durante la transicin (1975-1982). En segundo lugar,
describiremos las distintas formas de intervencin, de acuerdo con la tipologa establecida
por Samuel Finer as como la evolucin del intervencionismo militar durante la transicin
a la democracia. En tercer lugar se explicar el papel desempaado por el general Torres
Rojas, para pasar a un cuarto punto, el del anlisis de su perodo de mando en la DAC y, por
ltimo, desentraar la operacin golpista que provocara el cese de Torres Rojas al frente
de esa gran unidad militar.
1. UNA COYUNTURA DIFCIL. LAS CAUSAS DEL GOLPISMO EN LA TRANSICIN
El ao 1980 comenz con la noticia de que se haba descubierto un supuesto complot
militar, protagonizado por el general de divisin Luis Torres Rojas, jefe de la DAC, la unidad
militar ms poderosa del ejrcito espaol
1
. La situacin que viva Espaa en esos momentos
puede califcarse como difcil, a tenor de los siguientes hechos:
1. El 1 de marzo de 1979 se celebraron elecciones legislativas, gan la UCD y Adolfo
Surez repiti como presidente del gobierno. No obstante, poco despus se produjo
el primer acontecimiento que provoc la entrada de este partido y de su lder en
una crisis irreversible: la derrota de la UCD en las elecciones municipales del 3 de
abril de 1979. El partido de Surez obtuvo el mayor porcentaje de votos, un 31,3%,
que era sensiblemente inferior al de la suma del PSOE, con un 29,3%- y del PCE,
1 El Pas, 27 de enero de 1980
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con 7,1% pues haban pactado con anterioridad
2
un acuerdo de coalicin
3
para
gobernar los municipios juntos despus de las elecciones
4
. Este pacto proporcion
a la izquierda el gobierno de la mayor parte de las ciudades de Espaa, en total tres
cuartas partes de su poblacin
5
.
2. La agudizacin de la crisis econmica como consecuencia de la revolucin islmica
que haba derrocado al Sha de Irn Muhamed Reza Palevhi. El defcit de la balanza
corriente se sito a partir de ese ao en el 2% del PIB. Pero, lo ms importante fue
que el desempleo se dispar, provocando una grave crisis social
6
.
NMERO DE DESEMPLEADOS (1978-1981)
7
1978 818.500
1979 1.037.200
1980 1.277.300
1981 1.566.200
3. El aumento de la escalada terrorista, que se centr especialmente en las FAS y en
las Fuerzas de Orden Pblico (FOP), y que iba a alcanzar en el bienio 1979-1980
su mxima virulencia, como refejan las siguientes tablas:
VICTIMAS MORTALES DE LOS GRAPO (1975-1981)
8
1975 5
1976 1
1977 6
1978 9
1979 31
1980 6
1981 7
2 En dichas elecciones, la UCD obtuvo 29.619 concejales en toda Espaa, mientras que el PSOE, 12.200 y
el PCE, 3.608.
3 Historia de la democracia. La aventura de la libertad. 1975-1995. 20 aos de nuestra vida, Madrid, El
Mundo, 1995, p.487.
4 Memoria de la transicin, Madrid, El Pas, 1995, p. 248.
5 Las ciudades gobernadas por la coalicin de izquierdas, Historia de la democracia..., p. 487.
6 A. Trullen i Thomas, Fundamentos econmicos de la Transicin poltica. La poltica econmica de los
acuerdos de La Moncloa, Madrid, Ministerio de Trabajo, 1993, pp. 267-286.
7 A. Carreras y X. Tafunell (coords.), Estadsticas histricas de Espaa. Siglos XIX y XX, Bilbao, Fundacin
BBVA, 2005, vol. I, pg. 1218.
8 H. Roldn Barbero, Los GRAPO. Un estudio criminolgico, Madrid, Comares, 2008, pp. 82-90.
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VICTIMAS MORTALES DE ETA (1975-1981)
9
1975 16
1976 17
1977 10
1978 66
1979 76
1980 92
1981 30
A esta coyuntura difcil se una la tradicin intervencionista del ejrcito espaol. Las
causas que han provocado el intervencionismo militar en el mbito poltico han sido
estudiadas por numerosos historiadores y politlogos, la mayora de origen anglosajn,
destacando sin duda Samuel E. Finer, Charles Moskos, Morris Janowitz y Charles
Huntington
10
. A partir de sus obras, y de nuestras investigaciones, hemos elaborado una
tipologa propia, que se articula en nueve condiciones que justifcan y hacen posible la
intervencin de los militares en poltica, y que en la Espaa de 1975 se cumplan en su
totalidad:
1. Patriotismo versus supremaca civil. Consideraban que su lealtad a la nacin como
concepto se situaba por encima de la obediencia a las autoridades civiles. Algunos
autores, como Cardona
11
, defenden que el franquismo haba creado el ejrcito ms
obediente de nuestra historia. Pero esto no es cierto completamente. El ejrcito
haba actuado como elemento constituyente del rgimen de la dictadura
12
, y a
partir del 1 de octubre de 1936, un militar, que encabezaba el escalafn de los tres
ejrcitos, haba sido el Jefe del Estado, y un ministro militar encabezaba cada una
de las ramas de las FAS. Por tanto, los militares se haban limitado a obedecer a
sus jefes naturales, ya que la cadena de mando terminaba en el propio Franco,
capitn general de los Ejrcitos, y no en las autoridades civiles, sin ningn mando
directo sobre los militares, principal sostn del nuevo Estado creado en los aos de
la guerra civil. Con esa estructura se lleg a la muerte de Franco y, por tanto, los
militares, al fallecer Franco, trasladaron esa lealtad a su sucesor, el Rey Juan Carlos
9 P. Gutirrez, Todas las vctimas de ETA, http://www.elmundo.es/eta/victimas/
10 S. E. Finer, Los militares en la poltica mundial, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1969; G. Harries-
Jenkins y Ch. Moskos, Las fuerzas armadas y la sociedad, Madrid, Alianza, 1984; M. Janowitz, The Professional
Soldier: A Social and Political Portrait, Nueva York, The Free Press, 1960, y S. P. Huntington, Soldier and the
State: The Theory and Politics of Civil-Military Relations, Cambridge, Harvard University Press, 1957
11 G. Cardona, El problema militar en Espaa, Madrid, Historia 16, 1990, p. 209.
12 El nombramiento del entonces general de divisin Francisco Franco Bahamonde, el 1 de octubre de 1936,
como Generalsimo de los Ejrcitos y Jefe del Estado Espaol, fue una decisin tomada por los generales
sublevados contra la II Repblica, tras dos reuniones celebradas los das 21 y 27 de septiembre de 1936, en
Salamanca. En dichas reuniones, los distintos dirigentes polticos de los partidos que apoyaron la rebelin,
no tuvieron participacin ninguna, a pesar de que Franco no slo asumi el mando militar de la llamada Zona
Nacional, sino tambin el poltico. La decisin correspondi nica y exclusivamente al ejrcito y, en mucha
menor medida, a la Armada. Sobre esta reunin, vase G. Cabanellas, Cuatro generales, Barcelona, Planeta,
1977, tomo I, pp. 650-655; A. Kindelan Duany, Mis cuadernos de guerra, Barcelona, Planeta, 1982, pp. 101-
111, y E. Vegas Latapie, Los caminos del desengao. Memorias polticas (II). 1936-1938, Madrid, Tebas,
1987, pp. 83-87.
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I, convertido en capitn general de todos los ejrcitos. Sin embargo, esa lealtad no
era tan profunda como la que sentan con Franco, ya que importantes sectores de
las FAS no eran monrquicas, lo que explica que no dudasen en enfrentarse con
los gobiernos de turno, e incluso pusieran en tela de juicio la fgura del monarca,
apoyndose para ello en sus propias ideas de patriotismo
13
.
2. La falta de profesionalismo. Las FAS espaolas no eran un cuerpo completamente
profesionalizado. Durante el franquismo, sus miembros haban actuado en
numerosos ministerios y organismos, destacando en este sentido el Instituto
Nacional de Industria (INI), y haban controlado las FOP. Estos hechos les haban
permitido extender su infuencia en determinados sectores de la administracin
y ponerles en contacto con la clase poltica franquista, establecindose vas de
relacin, que favoreceran su intervencin en el mbito poltico.
3. El destino manifesto de las FAS. Las FAS espaolas eran, como seala Finer,
una de las organizaciones militares con un ms alto concepto de su funcin
como defensores de la patria, y sus nicos salvadores en los momentos de crisis.
Esta consideracin tena su origen en la guerra civil, que para la mayora de los
integrantes de las FAS en 1975, segua siendo una cruzada que haba evitado la
destruccin de Espaa. En este sentido, el teniente general Manuel Dez-Alegra,
uno de los miembros ms liberales de las FAS, haba escrito: ...pueden existir casos,
enormemente restringidos exactamente, en que las Fuerzas Armadas pueden,
sin afliarse a ninguna corriente de opinin determinada, pero hacindose eco del
sentimiento general de su pas, recoger de la calle los atributos del poder para
impedir con ello la prdida de la Nacin, al perderse sus esencias fundamentales
14
.
4. La necesidad de prestigio de las FAS en la sociedad. Las FAS espaolas gozaban
de un indudable prestigio entre los sectores ms conservadores de la sociedad
espaola, al considerarlas el nico dique capaz de detener el proceso de
disgregacin que se haba iniciado tras la muerte de Franco. Este apoyo al ejrcito
se manifestaba fundamentalmente a travs de medios de comunicacin como El
Alczar, El Imparcial o El Heraldo Espaol.
5. La defensa del inters nacional. Las FAS espaolas justifcaron sus intervenciones
a lo largo de la transicin apoyndose en el inters nacional, especialmente en su
13 Esta idea aparece desarrollada en el informe enviado por el entonces teniente coronel de Infantera Manuel
Fernndez-Monzn Altolaguirre al vicepresidente del Gobierno para Asuntos de la Defensa teniente general
Manuel Gutirrez Mellado, titulado Connotaciones de <<Galaxia>> y fechado el 7 de diciembre de 1978,
donde se puede leer: En primer lugar conviene fjarse en lo que pudiramos denominar <<problema poltico de
fondo>> de los militares espaoles. Este consiste en que son muchos, dentro de las Fuerzas Armadas, los que
no creen en la democracia y en el sufragio universal como expresin defnitiva de una real soberana popular.
Consecuentes con ese escepticismo no consideran tampoco soberanamente aceptables las decisiones de
los representantes elegidos a travs de ese sufragio universal en el que no creen diputados y senadores-.
De ello se deriva un no sometimiento total a las decisiones esenciales de aquellos. Paralelamente est claro
que unos hombres muchos militares- que se consideran depositarios (asi se les ha formado) de los valores
permanentes y esenciales de la Nacin o Patria se autoperflan inconscientemente como jueces supremos de
la vida espaola, con derecho de tutela y dictamen ltimo sobre las decisiones del poder poltico, dimanado
del sufragio de muchas generaciones que nos precedieron o sufragio de la Historia. Archivo del general de
divisin ngel Lossada y de Aymerich.
14 M. Daz-Alegra, Ejrcito y sociedad, Madrid, Alianza Editorial, 1973, p. 46
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lucha contra el terrorismo, el separatismo y el desorden pblico, que consideraban
que estaban poniendo en peligro la propia existencia de Espaa como nacin.
6. La defensa de intereses sectoriales. Las FAS espaolas tenan intereses sectoriales
que defender durante la transicin. Sus intervenciones no podran vincularse
con ninguna clase determinada, ya que econmicamente los militares espaoles
se situaban en el espectro de la clase media. Mayoritariamente procedan de
territorios de cultura castellana, teniendo un desprecio muy acusado por cualquier
manifestacin cultural espaola de otra procedencia, a la que consideraban siempre
como separatista, y defendan importantes intereses corporativos, especialmente
su deseo de mantenerse fuera del control del Gobierno, dependiendo directamente
del Rey.
7. La existencia de frustraciones en las FAS. Las FAS espaolas en 1975 no eran una
institucin frustrada, a pesar del escaso sueldo de sus integrantes y la pobreza de
su armamento. Por el contrario, en su mentalidad pesaba enormemente la memoria
de haberse forjado sus miembros, sobre todos sus mandos, en dos victorias: en la
campaa de Marruecos (1909-1927) y en la guerra civil (1936-1939). Ni siquiera
la lamentable campaa del Sahara Occidental (1974-1975) haba modifcado esa
mstica victoriosa. No obstante, a lo largo de la transicin a la democracia, un hecho
habra de causar una gran frustracin en el seno de las FAS espaolas: el azote del
terrorismo, de cuyas acciones los militares acusaban al gobierno, por su incapacidad
para desarticular los comandos del GRAPO y de ETA. Esta incapacidad era jaleada
por la prensa de extrema derecha y provocaba graves tensiones en el seno de las
FAS; sera una de las razones que se utilizara para justifcar el intervencionismo del
ejrcito en poltica
15
.
8. La incapacidad de las autoridades civiles para acabar con los problemas del pas.
A lo largo del perodo comprendido entre 1975 y 1978, y de forma ms clara a
partir de esta ltima fecha, los integrantes del ejrcito llegaron a la conclusin de
que los sucesivos gobiernos postfranquistas eran incapaces de frenar de forma
clara lo que consideraban un deterioro del pas, especialmente en tres mbitos:
el del terrorismo, en la crisis econmica y en lo que consideraban un aumento del
separatismo y el independentismo. Esta incapacidad sera una de las justifcaciones
para su intervencin en el mbito poltico.
9. La existencia de una coyuntura favorable, manifestada en la crisis poltica y
econmica que vivi Espaa entre 1975 y 1982.
Junto a estas nueve condiciones, existen otras tres que, segn nuestra opinin, son
las que, en caso de intervencin militar, explican y facilitan el triunfo de dicha intervencin,
y son stas:
1. La unidad de las FAS. La intervencin militar en la vida poltica tiene xito cuando
15 Segn el capitn general (h) Gutirrez Mellado, los terroristas buscaban con sus atentados que las FAS
dieran un golpe de estado; por tanto, los militares golpistas hacan el juego a los terroristas. Igualmente, segn
el citado militar, la extrema derecha se alegraba de la muerte de guardias civiles, brindando con champagne,
ya que favoreca la posibilidad de un golpe de Estado. Entrevista con el capitn general (h) Manuel Gutirrez
Mellado. 8 de septiembre de 1987. Fundacin Jos Ortega y Gasset-Gregorio Maran.
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las distintas ramas de las FAS actan conjuntamente, sin que existan divergencias
en el seno de las mismas. Por el contrario, si las FAS se dividen, la intervencin
militar puede terminar en fracaso, e incluso acarrear una guerra civil. Eso fue lo que
ocurri en Espaa en 1936.
2. La existencia de un lder. Es literalmente imposible que una intervencin militar, sea
en la forma que fuese, alcance el xito si las FAS no tienen un lder indiscutido. Lo
contrario crea divisiones, tensiones y facciones en el seno del ejrcito, debilita su
intervencin y provoca su fracaso.
3. El reconocimiento del nuevo gobierno por, al menos, una gran potencia.
Reconocimiento necesario para legitimar la intervencin militar y su triunfo en el
mbito internacional.
Estas tres condiciones no se daban durante el perodo de la transicin a la democracia
en Espaa. En efecto, no todos los miembros de las FAS estaban dispuestos a intervenir
en poltica; tampoco exista un lder indiscutido dentro de las mismas, ya que el propio
general Franco haba impedido que otro militar le hiciera sombra. Por ltimo, tampoco
existan potencias dispuestas a avalar una intervencin militar que truncase el proceso
de democratizacin iniciado en Espaa. Sin embargo, determinados sectores de las FAS
pensaron de otro modo y trataron de realizar operaciones tendentes a modifcar o moderar
en sentido conservador el sistema democrtico espaol, especialmente en el mbito de la
estructura autonmica.
2. LAS FORMAS DE INTERVENCIONISMO MILITAR. LA INVOLUCIN MILITAR EN
ESPAA ENTRE 1975 Y 1982
Estas operaciones se ajustaron a las cuatro formas establecidas por el politlogo e
historiador estadounidense Samuel E. Finer, cuyas caractersticas conviene recordar.
En primer lugar, la denominada infuencia, propia de pases con una cultura poltica
desarrollada. Consiste en que las FAS tratan de infuir en el Gobierno siguiendo los cauces
legales normales, con objeto de atraerlos a su propia forma de pensar, pudiendo incluso
llegar rivalizar con las autoridades civiles y discutir con ellas, pero sin pasar nunca los
limites de la legalidad
16
.
La segunda, a la que llama extorsin, es propia de pases de menor cultura poltica.
Esta forma de intervencin implica la amenaza de no colaborar con las autoridades civiles, la
desobediencia directa, la intimidacin e incluso la amenaza de violencia contra el gobierno,
si no sigue los dictados de las FAS
17
. La tercera recibe el nombre de desplazamiento, y
es propia de pases con baja cultura poltica democrtica. Consiste en la sustitucin de
un gobierno civil por otro, gracias a la accin de las FAS. Este desplazamiento se puede
realizar de tres formas: con la amenaza de una intervencin militar, con la negativa de las
FAS a defender al gobierno frente al desorden civil, y, por ltimo, con la violencia militar
directamente. Esta ltima cobra dos formas: el ataque directo por parte de las FAS al
Ejecutivo (golpe de Estado), o la rebelin sucesiva de las guarniciones militares (cuartelazo
16 S. Finer, Los militares en la poltica mundial, p. 187.
17 Ibidem, pp. 187-201.
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o pronunciamiento)
18
. La cuarta modalidad sealada por Finer recibe el nombre de
suplantacin, y es tambin propia de pases de baja cultura poltica democrtica. Consiste
en sustituir el gobierno civil por un gobierno militar, y se desarrolla de acuerdo a las mismas
formas que el desplazamiento
19
.
En el proceso de transicin espaola a la democracia, se pueden distinguir tres
perodos claramente diferenciados en funcin de esta tipologa.
1. Perodo de infuencia. Se corresponde con la presidencia de Carlos Arias Navarro
(XI/1975-VI/1976), cuando el gobierno careci de un proyecto articulado para iniciar
la transicin a la democracia. Como resultado de esta carencia, los sectores ms
involucionistas del franquismo, tanto polticos como militares, intentaron utilizar
como correa de transmisin a los militares que formaban parte del gobierno,
para evitar que Arias Navarro modifcara las instituciones propias de la dictadura
montada desde la guerra iniciada el 18 de julio de 1936. La fgura clave sobre la que
actuaron esos sectores fue el entonces vicepresidente del gobierno para asuntos
de la defensa, el teniente general Fernando de Santiago y Daz de Mendivil, y,
en menor medida, el ministro del ejrcito, el teniente general Flix lvarez-Arenas
y Pacheco. En este proceso de infuencia cabe destacar entrevistas que dichos
generales sostuvieron. La primera, con Jos Antonio Girn de Velasco, lder de la
lnea falangista y no monrquica del franquismo, y con el teniente general en situacin
B, Carlos Iniesta Cano, su correligionario militar. Ambos invitaron a almorzar a los
tenientes generales De Santiago y lvarez-Arenas el 12 de enero de 1975, en el
restaurante Casa Gerardo, en Las Rozas (Madrid), que se abri exclusivamente
para la citada comida para una mayor intimidad
20
. Cbalas aparte, se acepta que
Girn e Iniesta advirtieron a ambos ministros militares de la grave responsabilidad
histrica en la que incurriran si permitan que se modifcasen las Leyes
Fundamentales, esto es, el marco institucional propio de la dictadura franquista
21
.
En segundo lugar se produjo la entrevista con el anterior ministro del franquismo,
el tecncrata Laureano Lpez Rod, cuando el 15 de enero de 1975 este poltico
explic al vicepresidente De Santiago que la situacin del pas se estaba deteriorando
rpidamente por la pasividad del gobierno ante las movilizaciones sociales de la
izquierda y las reivindicaciones del nacionalismo, especialmente el cataln. De
Santiago termin la entrevista, diciendo: El Ejrcito no consentira que se quebrante
el orden institucional. Yo no soy el General Berenguer. He advertido al Gobierno que
no se muestre complaciente con la propaganda subversiva, y luego, cuando las
cosas se pongan feas, recurra al Ejrcito con el expediente de la militarizacin. O
jugamos todos o rompo la baraja. La Ley hay que cumplirla
22
.
En tercer lugar, la entrevista del vicepresidente De Santiago con otros colegas
del ejrcito, como el teniente general Alfonso Prez Vieta, destacado falangista,
el teniente general Iniesta Cano, el general de divisin Toms Liniers y Pidal,
18 Ibidem, pp. 201-216.
19 Ibidem, p. 201.
20 Ya, 13 de enero de 1976. El teniente general Iniesta Cano no incluye esta reunin en sus memorias.
21 C. Fernndez, Los militares en la transicin poltica, Barcelona, Argos Vergara, 1982, p. 63.
22 L. Lpez Rod, Memorias IV. Las claves de la Transicin, Barcelona, Planeta, 1993, p. 212
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comandante general de Melilla, y el general de brigada de Infantera Juan Cano
Portal. Tuvo lugar el 8 de marzo de 1976. Acordaron enviar un escrito al Rey donde
se plasmasen las inquietudes del Ejrcito y se pidiese el oportuno cambio poltico.
El escrito, redactado bajo la supervisin de Prez Vieta, y con la aprobacin del
teniente general De Santiago, fue presentado al Jefe del Estado, y ste recomend
al militar que se atuviera a sus competencias y no se entrometiese en las del
presidente del gobierno
23
. Precisamente, Arias Navarro, al enterarse de lo que haba
ocurrido, no dud en dirigirse a los militares de su gobierno, durante un consejo de
ministros, para espetarles que tomasen el poder de una vez. Segn Areilza: El
general De Santiago se pone nervioso y musita unas excusas diciendo que jams
las Fuerzas Armadas aceptaran hacerse cargo del poder
24
. Este hecho es de suma
importancia, y demuestra que en el seno de las FAS no exista un lder que pudiese
ejercer un liderazgo indiscutible.
2. Perodo de extorsin. Se corresponde con la presidencia de Adolfo Surez, y
transcurre entre el 3 de julio de 1976, cuando el poltico abulense fue nombrado
presidente del gobierno, y el 9 de abril de 1977, cuando se produjo la legalizacin
del Partido Comunista de Espaa (PCE). Este perodo est caracterizado porque
el nuevo gobierno s que defne un proyecto de transicin clara a la democracia,
por lo que determinados sectores involucionistas, tanto polticos como militares,
decidieron intervenir para detener este proceso. Conviene sistematizar las acciones
ms destacadas de este perodo:
a. La reunin del 8 de septiembre de 1976 entre Surez y los consejos superiores
de los tres ejrcitos, formados por los tenientes generales y almirantes que
ocupaban los principales mandos castrenses
25
. Su objetivo era que el jefe del
23 J. Tusell, Tiempo de incertidumbre. Carlos Arias Navarro entre el Franquismo y la Transicin (1973-1976),
Barcelona, Crtica, 2003, pp. 279-281.
24 J. M. de Areilza, Diario de un ministro de la monarqua, Barcelona, Planeta, 1997, p. 104.
25 A esta reunin, asistieron treinta tenientes generales, y almirantes. S. Segura y J. Merino, Las vsperas
del 23-F, Barcelona, Plaza & Jans, 1984, p. 193. La representacin ms amplia correspondi al Ejrcito,
presente con dieciocho tenientes generales. Sus nombres y destinos eran: Vicepresidente del Gobierno para
Asuntos de la Defensa, Fernando de Santiago y Daz de Mendvil; Ministro del Ejrcito, Flix lvarez-Arenas
y Pacheco; Jefe del Estado Mayor Central (EMC), Manuel Gutirrez Mellado; director general de la Guardia
Civil, ngel Campano Lpez; Presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar (CSJM), teniente general
Emilio Villaescusa Quilis; director de la Escuela Superior del Ejrcito (ESE), teniente general Carlos Garca
Riveras; capitn general de la I Regin Militar (Madrid), Jos Vega Rodrguez; capitn general de la II Regin
Militar (Sevilla), Pedro Merry Gordon; capitn general de la III Regin Militar (Valencia), Antonio Taix Planas;
capitn general de la IV Regin Militar (Barcelona), Francisco Coloma Gallegos; capitn general de la V
Regin Militar (Zaragoza), Manuel de Lara Cid; capitn general de la VI Regin Militar (Burgos), Manuel
Prada Canillas; capitn general de la VII Regin Militar (Valladolid), Federico Gmez de Salazar Nieto; capitn
general de la VIII Regin Militar (La Corua), ngel Suanzes de Vias; capitn general de la IX Regin Militar
(Granada), Joaqun Valenzuela y Alcibar-Jauregui; capitn general de Baleares (Palma de Mallorca), Emilio
de la Cierva Miranda; capitn general de Canarias (Santa Cruz de Tenerife), Ramn Cuadra Medina; Jefe del
Cuarto Militar de la Casa de S.M. el Rey, Ernesto Snchez-Galiano Fernndez. Igualmente, la totalidad de
los tenientes generales del Ejrcito del Aire que deban asistir a la reunin, en origen, haban pertenecido al
Ejrcito. Pues, hasta el 8 de agosto de 1939 -fecha de la fundacin del Ejrcito del Aire-, la Aeronutica Militar
era una rama de ste. Fueron siete: Ministro del Aire, Carlos Franco Iribarnegaray; teniente general Jefe del
Estado Mayor del Aire (JEMA), Felipe Galarza Snchez; capitn general de la I Regin Area, Mariano Cuadra
Medina; capitn general de la II Regin Area, Fernando Martnez Vara del Rey y Crdoba Benavente; capitn
general de la III Regin Area, Antonio Seidane Cagide; Jefe del Mando de Defensa Area, Antonio de Als
ROBERTO MUOZ BOLAOS
352 | Vnculos de Historia, nm. 3 (2014)
ejecutivo explicase a los lderes de las FAS su proyecto de reforma poltica.
Una vez que se tuvo conocimiento de la celebracin de la misma, los sectores
ms involucionistas tanto civiles como militares, decidieron utilizarla para
frenar el proyecto reformista de Surez. As, Gonzalo Fernndez de la Mora
se entrevist con el almirante Gabriel Pita da Veiga, ministro de Marina, amigo
de Franco y azul
26
, para explicarle que Surez con su proyecto de reforma
poltica pretenda el desmantelamiento del franquismo. Tambin se reuni con
De Santiago, con el objetivo de discutir la reunin que los consejos superiores
de los tres ejrcitos, que agrupaban a los tenientes generales y almirante que
ocupaban los principales mandos iban a celebrar con Adolfo Surez el 8 de
septiembre de 1976. Fernndez de la Mora prepar dos notas a De Santiago
para que las leyese en la reunin prevista con dos contenidos claros, que no
estaban de acuerdo con dicho proyecto de reforma y que, de llevarse a cabo,
usaran la fuerza contra el mismo. Sin embargo, el vicepresidente del gobierno
no las ley
27
. S realizaron intervenciones en esa direccin otros militares
como los tenientes generales Francisco Coloma Gallegos, capitn general de
la IV Regin Militar (Catalua), y Mateo Prada Canillas, capitn general de la
VI Regin Militar (Burgos), opuestos a la modifcacin del estado franquista
28
.
Sin embargo, sus palabras no fueron apoyadas por el resto de los generales
y almirantes presentes, logrando Surez el objetivo que persegua: el apoyo
de las FAS a su proyecto de reforma poltica.
b. La dimisin del teniente general De Santiago el 21 de septiembre de 1976, y su
posterior explicacin mediante una carta a sus compaeros donde explicaba
sus desavenencias con el gobierno, buscando as el apoyo del resto de las
FAS. No lo consigui, pero s que provoc un grave deterioro de la imagen
del gobierno entre las FAS, sobre todo porque internamente no fue bien vista
la decisin por la que el gobierno los pas a la situacin de reserva, junto a
Iniesta Cano. Posteriormente un juez militar anul la decisin
29
.
Herrero; Jefe del Mando de Material; Carlos de Castro Cavero. Por ltimo, la Armada estuvo representada
por cinco almirantes: Ministro de Marina, Gabriel Pita da Veiga y Sanz; Almirante Jefe del Estado Mayor
de la Armada (AJEMA), Carlos Buhigas Garca; capitn general de la Zona Martima del Cantbrico, Pedro
Espaol Iglesias; capitn general de la Zona Martima del Mediterrneo, Francisco Javier de Elizalde y Lanez,
y capitn general de la Zona Martima del Estrecho, Vicente Alberto Lloveras.
26 Sobre la ideologa de Gabriel Pita da Veiga, el coronel de Artillera Diplomado de Estado Mayor (DEM)
Jos Ignacio San Martn, que le conoci muy bien, afrma que era cercana a la de Iniesta Cano, y enemiga de
la de los tecncratas del Opus Dei. Carta escrita del coronel de Artillera DEM, Jos Ignacio San Martn Lpez
para el autor, Madrid, 26 de abril de 1998.
27 Carta escrita de Gonzalo Fernndez de la Mora para el autor, Madrid, 15 de julio de 1998. Entrevista con
Jess Palacios. Tiempo, 25 de diciembre de 1989. El fragmento de la misma dedicado a esta reunin, puede
verse en J. Palacios, 23-F. El golpe del CESID, Madrid, Planeta, 2001, p. 72.
28 Sobre la intervencin de Coloma Gallegos, vase C. Fernndez, Los militares en la transicin, p. 105
y S. Fernndez Campos, Las Fuerzas Armadas en la Transicin, p. 21 http://e-spacio.uned.es:8080/fedora/
get/bibliuned:
Derechopolitico-1999-45-A89CE6EB/PDF
29 De Santiago escribi su carta el 22 de octubre, y pronto se hizo pblica, publicndola El Pas, el 26 de
octubre de 1977. El teniente general Iniesta Cano le contest al da siguiente mediante una carta abierta
publicada en el diario ultraderechista El Alcazar, donde le mostraba todo su apoyo, y criticaba claramente al
Gobierno. ste cometi entonces el error de pasar a ambos militares a la Reserva, sin haber cumplido la edad
reglamentaria, y sin seguir los cauces previstos en la ley, el 1 de octubre. El Pas, 2 de octubre de 1977. De
EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
Vnculos de Historia, nm. 3 (2014) | 353
c. La legalizacin del Partido Comunista de Espaa (PCE). Realizada el 9 de
abril de 1977 por el gobierno de Surez, produjo una autntica conmocin en
el seno de las FAS, que se sintieron traicionadas por el gobierno, ya que, en la
reunin del 8 de septiembre de 1976, Surez les haba prometido no legalizar
nunca a esta fuerza poltica. De ah, la vehemencia con la que reaccionaron
los principales mandos militares. El almirante Gabriel Pita da Veiga, ministro
de Marina, dimiti el 11 de abril de 1977, el teniente general Federico Gmez
de Salazar, capitn general de la I Regin Militar ,convoc una reunin de sus
mandos para analizar la legalizacin del PCE
30
, y los tenientes generales que
formaban el Consejo Superior del Ejrcito (CSE), se reunieron el 12 de abril
de 1977 y elaboraron una dursima nota donde se rechazaba la decisin del
gobierno
31
. Aunque Surez logr sofocar el descontento militar, superando
Santiago e Iniesta Cano recurrieron esta decisin, y se instruy entonces un expediente administrativo, que
declar que la decisin del Gobierno No era admisible en Derecho, obligando a admitir la readmisin de
ambos militares en el Ejrcito. El Alczar, 9 y 14 de octubre de 1976.
30 El capitn general de la I Regin Militar, teniente general Federico Gmez de Salazar, decidi convocar
una reunin urgente en el edifcio de Capitana General, a la que asistieron todos los mandos de la Regin,
incluido el ms importante, el general de divisin Jaime Milans del Bosch y Ussa, jefe de la DAC. Este
encuentro tuvo lugar en la maana del 12 de abril, en un ambiente extraordinariamente crispado. Segn
algunos testimonios, el jefe de la DAC estuvo a punto de sacar los carros de combate a la calle. Sino lo hizo
es porque no contaba con el apoyo del Rey. Por el contrario, el entonces coronel Senz de Tejada, asistente
a dicha reunin, afrm: Se llega a exponer que las Fuerzas Armadas a partir de ese momento no tenan por
qu dar su confanza a una persona, Surez, que haba adquirido un compromiso en el mes de septiembre
de 1976 prometiendo a todos los mandos superiores de los tres Ejrcitos que nunca sera legalizado el PCE
y ahora lo haca. Ante esa falta de seriedad debamos retirar nuestra confanza a esa persona, a ese jefe de
Gobierno, e incluso haba que creo que llegamos a decir que el ministro del Ejrcito deba presentar su
dimisin como forma de manifestar ese descontento (). Jams se habla all de actuar contra el sistema,
se trata tan solo de trasmitir un estado de opinin al mando. Jams se dijo nada como hay que hacer algo.
Jams. Se mencion, ya digo, que esa retirada de confanza implicara la dimisin del ministro, pero ms no.
Cmo fue el tono de la reunin? spero. Muy contundente. F. Medina, Memoria oculta del Ejrcito, Madrid,
Espasa-Calpe, 205, pp. 300-301. Es muy probable que Senz de Tejada tenga razn. En una reunin de ese
tipo, con la presencia de algunos militares leales al Gobierno, como Gmez de Salazar, difcilmente se iban a
producir escenas y actitudes golpistas.
31 Su contenido era: EL MINISTRO DEL EJRCITO A TODOS LOS GENERALES, JEFES, OFICIALES Y
SUBOFICIALES: En la tarde del pasado da 12 de abril, el Consejo Superior del Ejrcito, por convocatoria del
Ministro del Departamento, y bajo la presidencia del Teniente General Jefe del Estado Mayor del Ejrcito, por
enfermedad de aqul, se reuni a efectos de considerar la legalizacin del Partido Comunista de Espaa y el
procedimiento administrativo seguido al efecto por el Ministerio de la Gobernacin, segn el cual se mantuvo
sin informacin y marginado al Ministro del Ejrcito. El Consejo Superior consider que la legalizacin del
Partido Comunista de Espaa es un hecho consumado que admite disciplinalmente, pero consciente de su
responsabilidad y sujeto al mandato de las Leyes expresa la profunda y unnime repulsa del Ejrcito ante
dicha legalizacin y acto administrativo llevado a efectos unilateralmente, dada la gran trascendencia poltica
de tal decisin. La legalizacin del Partido Comunista de Espaa por s misma, y las circunstancias polticas
del momento, determinan la profunda preocupacin del Consejo Superior, con relacin a instancias tan
fundamentales cuales son la Unidad de la Patria, el honor y respeto a su Bandera, la solidez y permanencia
de la Corona y el prestigio y dignidad de las Fuerzas Armadas. En este orden, el Consejo Superior exige
que el Gobierno adopte, con frmeza y energa, todas cuantas disposiciones y medidas sean necesarias
para garantizar los principios reseados. Vinculado a cualquier decisin que se adopte, en defensa de los
valores trascendentes ya expuestos, el Ejrcito se compromete a, con todos los medios a su alcance, cumplir
ardorosamente con sus deberes para con la Patria y la Corona. Madrid, 14 de abril de 1977. FLIX ALVREZ-
ARENAS Y PACHECO. Vase El Alczar, 13 de abril de 1977. De este comunicado, se hicieron 50.000
copias para ser enviadas a las distintas Unidades. R. Pardo Zancada, La pieza que faltaba, Barcelona, Plaza
& Jans, 1998, pp. 289-290. El contenido del mismo constitua una autntica ofensa para el Gobierno, y as
lo entendi su presidente. Surez telefone, el 13 de abril, a lvarez Arenas y a Vega y, en palabras textuales
ROBERTO MUOZ BOLAOS
354 | Vnculos de Historia, nm. 3 (2014)
la situacin a corto plazo, la legalizacin del PCE rompi en ese momento
la relacin de confanza entre las FAS y el ejecutivo y facilit el eco de los
defensores de un claro intervencionismo militar.
As, a partir de abril de 1977 y hasta el 27 de octubre de 1982, el intervencionismo militar
adoptara la forma de desplazamiento y suplantacin. Fueron los aos en que se produjeron
tres actos militares en este sentido. Primero la Operacin Galaxia, una accin de suplantacin
mediante un golpe de Estado (toma del Palacio de la Moncloa, sede de la Presidencia del
Gobierno), seguida de un cuartelazo o pronunciamiento masivo, cuyo objetivo era establecer
una junta militar
32
; luego el 23-F, una operacin de desplazamiento mediante un golpe de
Estado (asalto al Congreso de los Diputados) combinado con un pronunciamiento (salida
de los cuarteles de las tropas de la III Regin Militar, a la que seguiran las del resto de
las capitanas generales)
33
, y, por ltimo la Operacin Cervantes, o golpe de Estado de los
coroneles, una accin de suplantacin que debera haber tenido lugar el 27 de octubre de
de Gutirrez Mellado, los pein, por lo ocurrido en la reunin. Memoria de la transicin, p. 472. Los dos
militares decidieron entonces repudiar el primer comunicado, que se califc de no ofcial, elaborando otro
ms moderado -lo hicieron Vega e Ibez Freire-, que fue emitido el 14 de abril, por el Gabinete de Prensa
y Relaciones Pblicas de la Secretaria Militar y Tcnica del Ministerio del Ejrcito. Deca as: EL MINISTRO
DEL EJRCITO A TODOS LOS GENERALES, JEFES, OFICIALES Y SUBOFICIALES: Por una inadmisible
ligereza de la Secretara Militar de este Ministerio, se envi un documento dirigido a los Generales, Jefes,
Ofciales y Subofciales del Ejrcito exponiendo unos hechos que no corresponden a la realidad, con el
peligro de producir gran confusin entre nuestros Cuadros de Mando. Dicho documento no haba obtenido
mi aprobacin ni la del Jefe de Estado Mayor del Ejrcito, pero su precipitada difusin no pudo ser totalmente
evitada. El documento que mereci mi aprobacin fue del siguiente tenor: <<Es de gran inters que llegue
a conocimiento de todos los componentes profesionales del Ejrcito que en relacin con la legalizacin del
Partido Comunista, no me fue posible informarles oportunamente de las razones y justifcacin de dicha
legalizacin porque el documento justifcativo lleg a mi poder el viernes, da 8, por la tarde y la legalizacin
fue ofcial el sbado, da 9. En consecuencia, el Consejo Superior del Ejrcito fue convocado para la tarde
del da 12 del corriente al objeto de informar a los Altos Mandos de dichas razones, que se justifcaban con
base en los ms altos intereses nacionales en las circunstancias actuales, para que, a su vez, dichos Mandos
trasmitieran a sus subordinados las conclusiones del Consejo Superior, que se reproducen a continuacin
y que fueron objeto de una posterior nota ofcial: El Consejo Superior del Ejrcito acord por unanimidad
informar al Sr. Ministro de los siguientes extremos, segn el Acta levantada al efecto: -La legalizacin del
Partido Comunista ha producido una repulsa general en todas las Unidades del Ejrcito. -No obstante, en
consideracin a intereses nacionales de orden superior, admite disciplinadamente el hecho consumado. -El
Consejo considera debe informarse al Gobierno de que, el Ejrcito, unnimemente unido, considera obligacin
indeclinable defender la unidad de la Patria, su Bandera, la integridad de las Instituciones monrquicas y el
buen nombre de las Fuerzas Armadas>>. Para evitar cualquier confusin en relacin con lo anterior, me
interesa exponer que el acuerdo del Consejo fue unnime en la redaccin de las conclusiones y que es un
deber ineludible de todos nosotros hacer honor a lo que en las mismas se dice. As pues, quiero expresar
mi seguridad de que todos cuantos orgullosamente pertenecemos al Ejrcito espaol, sabremos cumplir con
nuestro deber de mantenernos disciplinadamente unidos, confando plenamente en nuestros mandos, a los
incondicionales rdenes de nuestro Rey y Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, as como al servicio de
Espaa, dentro del mayor respeto y acatamiento a las decisiones de nuestro Gobierno, que no tiene otra mira
que laborar incansablemente por el bien de la Patria y con la ms absoluta lealtad a la Corona, al tiempo que
con la mayor consideracin y afecto para las Fuerzas Armadas. Madrid, 16 de abril de 1977. FLIX ALVREZ-
ARENAS Y PACHECO. Vase El Alczar, 15 de abril de 1977.
32 R. Muoz Bolaos, <<Operacin Galaxia>>. La primera intentona golpista de la transicin, Historia del
Presente, 20 (2012), pp. 119-142.
33 R. Muoz Bolaos, La involucin militar en la Transicin. El golpe de estado del 23-F, tesis leda en la
Universidad Autnoma de Madrid el 21 de diciembre de 2012, y califcada con Apto Cum Laude.
EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
Vnculos de Historia, nm. 3 (2014) | 355
1982, y que fue desactivado por el CESID
34
. Precisamente fue en esta ltima etapa cuando
se situ la Intentona del general Torres Rojas, de fnales del ao 1979.
3. EL GENERAL LUIS TORRES ROJAS
A comienzos de 1980, el general Torres Rojas era uno de los ltimos africanistas en el
servicio activo y uno de los militares ms prestigiosos del Ejrcito espaol, especialmente
entre la ofcialidad de las unidades ms operativas, como la BRIPAC o la DAC, a cuyo frente
haba estado.
Torres Rojas haba nacido en Melilla, el 13 de octubre de 1918. Ingres en el Ejrcito
el 4 de agosto de 1936 como falangista voluntario en Tetun, ideologa con la que se sinti
identifcado a lo largo de su vida. Consideraba al falangista teniente general Iniesta Cano
su modelo
35
. Alfrez provisional de Infantera el 31 de mayo de 1937, estuvo destinado
durante la guerra civil en el Frente de Madrid, formando parte primero de unidades de la
Falange, y, a partir de abril de 1938, de las mehal-las jalifanas. Con la mehal-la jalifana del
Rif n. 5 obtuvo la Medalla Individual Colectiva por las acciones desarrolladas en el sector
de la Cuesta de la Reina (Toledo), durante los das 26, 27 y 28 de noviembre de 1938
36
.
Por su actuacin durante la guerra, realiza el curso de ampliacin y perfeccionamiento
para teniente en la Academia Militar de Infantera, sita en Toledo, donde obtuvo el grado de
teniente provisional de Infantera el 14 de marzo de 1939. Con ese grado intervino en las
ltimas acciones del conficto desarrolladas en la zona de Toledo-Madrid
37
.
Terminada la guerra, fue destinado a la mehal-la jalifana de Larache n. 3, acuartelada
en el Marruecos de Protectorado espaol, hasta el 1 de octubre de 1941, cuando pas
a la Academia de Transformacin para Ofciales de Guadalajara, donde permanecera
hasta el 21 de diciembre de 1942
38
. Tras su salida de la academia, inici una lenta carrera
de militar de guarnicin en el enorme pero desabastecido y mal armado ejrcito espaol
de la postguerra, que combin con los estudios en Educacin Fsica, especialidad en la
que se diplom en 1943. Sin embargo, en 1961, cuando era teniente coronel
39
, tom una
importante decisin en su carrera: realizar el curso de paracaidista, que super
40
, lo que iba
a modifcar radicalmente su trayectoria en el Ejrcito. El 15 de junio de 1961 fue destinado
a la Agrupacin de Banderas Paracaidistas, que en 1965, se transformara en la BRIPAC
41
,
34 El Pas, 8 de octubre de 1982. Miguel Platn consider, por boca de los militares que le ayudaron a hacer
su libro, que este golpe de Estado por su complejidad, y por sus lderes, los coroneles de Artillera DEM Luis
Muoz Gutirrez y Jess Crespo Cuspinera, y el teniente de Artillera DEM Jos Enrique Crespo Cuspinera
de escasa capacidad, nulo liderazgo y empleos sin mando efectivo de tropas-, era imposible de llevar acabo.
M. Platn, Hablan los militares, Barcelona, Planeta, 2001, p. 641-2.
35 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
36 Causa 2/81. Sumario. Hoja de Servicios de Luis Torres Rojas. Folios. 2609-2611v.
37 Causa 2/81. Sumario. Hoja de Servicios de Luis Torres Rojas. Folio 2612
38 Causa 2/81. Sumario. Hoja de Servicios de Luis Torres Rojas. Folios. 2613-2613v.
39 Torres Rojas ascendi a teniente coronel de Infantera el 21 de noviembre de 1959. Causa 2/81. Sumario.
Hoja de Servicios de Luis Torres Rojas. Folio 2595v.
40 Causa 2/81. Sumario. Hoja de Servicios de Luis Torres Rojas. Folio 2601v.
41 La BRIPAC era una de las unidades de lite del Ejrcito espaol, bajo dependencia directa del JEME, y
con su cuartel General en Alcal de Henares (Madrid). Estaba constituida por:
I Bandera Paracaidista Roger de Flor
II Bandera Paracaidista Roger de Lauria
III Bandera Ortiz de Zrate.
ROBERTO MUOZ BOLAOS
356 | Vnculos de Historia, nm. 3 (2014)
donde Torres Rojas iba a permanecer destinado durante la mayor parte del tiempo hasta
su ascenso a general de divisin. En esta unidad, primero como jefe de bandera (batalln),
luego como 2 jefe a partir de 1975, y fnalmente como general-jefe, se ganara la fama de
general-soldado
42
, por su relacin con los hombres con los que conviva en igualdad de
condiciones, al obligar a sus ofciales a realizar las comidas en las mesas donde lo hacan
los soldados
43
. Adems, y estando destinado en esta unidad, realiz importantes cursos en
Estados Unidos: el de paracaidismo (1963 y 1967) y el de operaciones psicolgicas (1968),
logrando ser Graduado de Honor
44
.
La culminacin de su carrera en la BRIPAC se produjo el 17 de noviembre de 1975,
cuando tras su ascenso a general de brigada de Infantera el 10 de octubre de ese mismo
ao, se le nombr general jefe de dicha unidad
45
. Tres das despus, mora el general
Franco, del cual Torres Rojas siempre fue un admirador profundo
46
. En consecuencia,
desde el primer momento, Torres Rojas no se sinti cmodo con ninguna idea que facilitara
el cambio poltico hacia la democracia. Esto se manifest en diversos enfrentamientos con
el Gobierno.
El primero tuvo cuando el teniente general Manuel Gutirrez Mellado, entonces jefe
del Estado Mayor Central (EMC), plante la posible vuelta o reingreso en el ejrcito de los
militares que haban formado la Unin Militar Democrtica (UMD) y que se encontraban
expulsados por sus ideas. El 18 de agosto de 1977 Torres Rojas se entrevist con Gutirrez
Mellado, y segn el entonces coronel de Artillera Diplomado de Estado Mayor (DEM) Jos
Mara Senz de Tejada y Fernndez de Bobadilla -jefe de Estado Mayor (EM) de la DAC,
que mandaba su ntimo amigo el general de divisin Jaime Milans del Bosch y Ussa-, lo
ocurrido fue que Luis Torres Rojas, entonces jefe de la Brigada Paracaidista, acompaado
de su jefe de Estado Mayor, Eduardo Gmez Acebo, se present en el despacho del jefe de
Estado Mayor Central del Ejrcito. Y lo que vino a decir es que si ingresaban los ofciales de
la UMD, l actuara. Se lo dijo as: Mi general, vengo a decirte que si reingresa a la gente
de la UMD yo no respondo de lo que haga la Brigada Paracaidista
47
.
Esta actitud y amenaza de Torres Rojas muestra la tensin existente en el Ejrcito a
propsito de la amnista de la UMD. De acuerdo con la tipologa establecida por Samuel
Finer, puede catalogarse omo una intervencin militar de tipo Blackmail o extorsin, y
debera haberle costado la retirada del mando y un arresto. Sin embargo, no ocurri tal
cosa. Por el contrario, la amenaza funcion. Segn Senz de Tejada, Gutirrez Mellado fue
informado de lo que realmente era la UMD por el fscal del proceso contra sus miembros,
el entonces coronel de Infantera DEM Luis Sez Larumbe, y a partir de ese momento,
se opuso frontalmente al reingreso de sus miembros en el Ejrcito, como reconoca aos
despus. Oposicin que quedara plasmada en el Informe 1/1976, denominado propsito
del mando, donde afrmaba:
Compaa del Cuartel General.
Compaa de Cazacarros.
Grupo de Artillera.
Batalln Mixto de Ingenieros.
Grupo Logstico.
Batalln de Instruccin (Alcantarilla, Murcia).
42 R. Pardo Zancada, 23-F. La pieza que falta, p. 76.
43 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
44 Causa 2/81. Sumario. Hoja de Servicios de Luis Torres Rojas. Fs. 2601v-2602.
45 Causa 2/81. Sumario. Hoja de Servicios de Luis Torres Rojas. F. 2642v.
46 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
47 F. Medina, Memoria oculta del Ejrcito, p. 265.
EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
Vnculos de Historia, nm. 3 (2014) | 357
La UMD era una organizacin clandestina, que, al romper la disciplina y lnea jerrquica
del Ejrcito, atenta contra su seguridad y unidad, razn por la cual la institucin reaccion
contra aquella aplicando a los encartados los preceptos legales de su ordenamiento
jurdico. Por encima de las personas est el Ejrcito, y ste no poda por menos de castigar
conductas que tan gravemente ponan en peligro la misma esencia e incluso existencia de
la Institucin
48
.
El resultado sera que los miembros de la UMD resultaron amnistiados por el Decreto-
ley de Amnista, el 30 de julio, lo que supuso su excarcelacin, aunque se les mantuvo la
pena accesoria de separacin del servicio, por lo que los afectados no pudieron volver al
Ejrcito
49
.
A comienzos de 1977, tendra su segundo incidente importante con el gobierno a
propsito de un discurso de Gutirrez Mellado, ya vicepresidente primero del Gobierno para
Asuntos de la Defensa, donde defna a Espaa, como una nacin plural. Tal defnicin
sent muy mal entre los mandos de la BRIPAC, lo que motiv la visita de Torres Rojas
a Gutirrez Mellado para exponerle su disgusto ante esas palabras. Tras una pequea
discusin en la que el Jefe de la BRIPAC mantuvo una actitud protocolaria, en posicin de
frmes, y tratando de usted a Gutirrez Mellado (normalmente se tuteaban, ya que haban
coincido en diversos ejercicios militares), se decidi que, para evitar malos entendidos, el
vicepresidente del Gobierno acudiera al Cuartel General de la BRIPAC, sito en Alcal de
Henares (Madrid), y explicara el contenido de sus palabras. As ocurri. El 29 de enero de
1977, Gutirrez Mellado, con uniforme de campaa, se present ante los mandos de la citada
unidad y dio un discurso donde afrm que el concepto plural que haba utilizado tena
como referente la labor colonizadora de Espaa, con cuyas naciones estaba hermanada,
por eso era una nacin plural. Aadi y precis: Espaa era una y no permitiramos
que nos la rompieran
50
. El discurso, que el propio Torres Rojas defni como hbil, dej
satisfechos a los mandos de la BRIPAC
51
.
Torres Rojas permanecera al frente de la BRIPAC hasta su ascenso a general de
divisin, el 16 de abril de 1979
52
. Poco despus se le nombr 2 jefe de Tropas de la
IX Regin Militar y gobernador militar de la Plaza y Provincia de Mlaga, destino que no
llegara a desempear, ya que el 1 de junio reciba el mando de la DAC
53
.
48 M. Gutirrez Mellado, Un soldado de Espaa. Conversaciones con Jess Picatostes, Barcelona, Argos-
Vergaras, 1983, p. 133.
49 Real Decreto-Ley 10/76, de 30 de junio. Boletn Ofcial del Estado (BOE), 3-4 de agosto de 1976. Aos
despus, el Gobierno socialista presidido por Felipe Gonzlez permitira el reingreso en el Ejrcito de los
miembros de la UMD, mediante la Ley 24/1986, de 24 de diciembre, de rehabilitacin de militares profesionales,
donde se reconoca que en la aplicacin de la amnista establecida en el Real Decreto-ley 10/1976 y en la
Ley 46/1977, se haba cometido un trato desigual con relacin a otros empleados pblicos. BOE, 30 de
diciembre de 1986. Sin embargo, al haber transcurrido un tiempo excesivo, no se dieron las circunstancias
para hacer factible la ocupacin de los destinos que alguno de ellos hubiera deseado, por lo que todos, en
un corto perodo de tiempo, pasaron a la situacin de reserva. Finalmente, por la Orden PRE/3279/2009, de
4 de diciembre, se dispuso la publicacin de la Declaracin Institucional de reconocimiento a miembros de
las Fuerzas Armadas en la transicin a la democracia con especial mencin a la Unin Militar Democrtica
(UMD). BOE, 5 de diciembre de 2009.
50 M. Gutirrez Mellado, Un soldado de Espaa, p. 72
51 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998. Vase,
tambin, Diario 16, 30 de marzo de 1978, y El Alczar, 30 de marzo de 1978.
52 Causa 2/81. Sumario. Hoja de Servicios de Luis Torres Rojas. F. 2644.
53 Causa 2/81. Sumario. Hoja de Servicios de Luis Torres Rojas. F. 2644v.
ROBERTO MUOZ BOLAOS
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4. TORRES ROJAS EN LA DAC
La DAC era 1979 la unidad ms poderosa del Ejrcito espaol. Constitua un autntico
cinturn acorazado que rodeaba Madrid por los cuatro puntos cardinales, y poda tomar
la capital de Espaa en pocas horas
54
. Eso explica que su mando, como indicaba el
entonces general de brigada de Artillera Senz de Tejada, jefe del EM de la I Regin Militar,
constituyera un autntico asunto de Estado que estaba siempre en el centro de inters
del Gobierno
55
. Por eso, resulta difcil de explicar que tras el cese de su anterior jefe,
Antonio Pascual Galmes, por ascenso a teniente general
56
, se nombrara con tanta celeridad
para ocupar tan importante destino a un general que si bien tena mucho prestigio, no era
muy favorable al proceso de cambio democrtico que estaba en marcha
57
.
En esta unidad, Torres Rojas se gan el aprecio de toda la divisin, pues, tal y
como relata Senz de Tejada, tena muchas dotes de mando
58
. Si embargo, desde el
primer momento volvi a polemizar con el gobierno, politiz el funcionamiento de la DAC,
convirtiendo las reuniones con su EM en tertulias donde se analizaba la situacin de Espaa,
especialmente en temas como el terrorismo, el supuesto separatismo o las ofensas a los
smbolos nacionales, que eran los que ms preocupaban al general
59
. Los resultados de
esta actitud seran unos Estados de Opinin de la DAC muy duros, donde segn el citado
general Senz de Tejada, jefe del EM de la I Regin Militar, se pas mucho
60
, y una serie
de incidentes que terminaran provocando su cese.
El primer conficto con el gobierno se produjo cuando unidades de la DAC compaas
y batallones comenzaron a realizar ejercicios en las cercanas de Madrid, sobre todo, por
54 La DAC tena su Cuartel General en El Pardo (Madrid) y estaba constituida por 210 carros de combate y
un general de divisin, tres de brigada, 99 jefes, 667 ofciales, 936 subofciales, 234 especialistas y 12.202
soldados, que sumaban un total de 14.132 hombres.
55 Entrevista con el teniente general Jos Senz de Tejada y Fernndez de Bobadilla. 29 de septiembre de
1987. Fundacin Jos Ortega y Gasset-Gregorio Maran.
56 Real decreto 1163/1979, de 18 de mayo, por el que se asciende REAL DECRETO 1183/11119, de 18 de
mayo por el que se asciende al empleo de teniente general del Ejrcito de Tierra al general de divisin del
Ejrcito de Tierra don. Antonio Pascual Galmes. Nombrndole capitn general de lo Sexta Regin Militar.
Boletn Ofcial del Estado, 19 de mayo de 1979.
57 Esta era la opinin del propio Torres Rojas. As, el coronel de Artillera DEM Jos Ignacio San Martn
Lpez, jefe del EM de la DAC, El general era <<todo corazn>> y absolutamente sincero. Y toda su inquietud
e indignacin se las expona a los tenientes generales Gutirrez Mellado, Gabeiras y Quintana. Tanto que
l mismo no se explic como a los pocos das de ser nombrado gobernador militar de Mlaga se le daba el
mando de la DAC. vase J. I. San Martn, Apuntes de un condenado del 23-F, Madrid, Espasa-Calpe, 2003,
p. 124.
58 Entrevista con el teniente general Jos Senz de Tejada y Fernndez de Bobadilla. 29 de septiembre de
1987. Fundacin Jos Ortega y Gasset-Gregorio Maran.
59 Entrevista con el teniente general Jos Senz de Tejada y Fernndez de Bobadilla. 29 de septiembre de
1987. Fundacin Jos Ortega y Gasset-Gregorio Maran. R. Pardo Zancada, 23.F. La pieza que falta, p.
76.
60 Los Estados de Opinin eran unos informes que el jefe de una unidad militar enviaba a sus mandos
superiores mensualmente, refejando la situacin de su unidad, y las preocupaciones de los generales, jefes
y ofciales de la misma. Tericamente, deban refejar la opinin de todos los militares que integraban la
unidad; pero, en realidad, refejaban el pensamiento de quien las mandaba, que era la persona encargada de
redactarlos. Los de la DAC eran muy duros, y refejaban las preocupaciones polticas de Torres Rojas, lo que
inmediatamente le indispuso con Gutirrez Mellado y Quintana Lacaci, destacando sobre todo el de enero de
1980. Entrevista con el teniente general Jos Senz de Tejada y Fernndez de Bobadilla. 29 de septiembre
de 1987. Fundacin Jos Ortega y Gasset-Gregorio Maran. Sobre los Estado de Opinin de la DAC, vase
J. I. San Martn, Apuntes de un condenado del 23-F, pp. 121-122.
EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
Vnculos de Historia, nm. 3 (2014) | 359
la noche
61
. La explicacin de los mismos, segn Torres Rojas, estaba en la necesidad de
tener a las unidades perfectamente adiestradas. Adems, se trataba de unos ejercicios
que, segn el propio general, elevaban la moral de la tropa
62
. Estas ideas chocaron con el
ministro de Defensa, Agustn Rodrguez Sahagn, que, en una discusin con el general, a
propsito de los ejercicios nocturnos, le dijo que pusiera gafas oscuras a los soldados, para
que se imaginaran que estaban por la noche
63
, a lo que el general contest: no slo es la
noche, tambin necesito nieve. Para que las unidades de carros aprendan a moverse sobre
ella
64
. Al ser conocido por la prensa este tipo de entrenamiento, se produjo alarma en la
opinin pblica pensado que eran claros ensayos para una posible toma de Madrid. Tuvo
que aclarar la Capitana General de la I Regin Militar, cuyo titular era el teniente general
Guillermo Quintana Lacaci, que no tena las rdenes de operaciones de estos ejercicios
65
,
aunque este punto sera refutado por el entonces comandante de Infantera DEM Ricardo
Pardo Zancada, destinado entonces en la DAC
66
. Finalmente los entrenamientos nocturnos
fueron prohibidos.
Igualmente, fueron prohibidos otros, tambin nocturnos, diseados por el general, que
tenan por objeto defender el campamento militar de El Goloso (Madrid), mediante pequeas
patrullas mviles, que se iran rotando en las labores de vigilancia. Segn el propio general, la
causa de estas prohibiciones estaba en la negativa del Gobierno, especialmente de Gutirrez
Mellado, de que las unidades operativas del Ejrcito alcanzaran un alto grado de efcacia
67
.
Esto muestra que su enfrentamiento con el vicepresidente del Gobierno, con el que antao
haba mantenido una relacin muy cordial, haba alcanzado un nivel muy elevado.
No obstante, los incidentes ms graves se manifestaron en otros momentos. En julio,
estando en el despacho del capitn general Quintana Lacacci, Torres Rojas escuch una
conversacin de ste con Rodrguez Sahagn. El ministro de Defensa le inform que el general
de divisin Rafael Allendesalazar Urbina, gobernador militar de Madrid, y el coronel de Infantera
DEM, destinado en la DAC, Vctor Espinos Orlando -ms tarde, Fiscal en la causa 559/78 sobre
la Operacin Galaxia-, eran objetivo de ETA, si no se le entregaba una determinada cantidad
de dinero. El ministro dijo al teniente general que, dado que ambos militares tenan permiso
de verano, que cambiasen el lugar elegido y que le informasen de los itinerarios que iban a
seguir, para que el gobierno estableciera las medidas de proteccin adecuadas. Quintana
inform a Torres Rojas de la conversacin y llam telefnicamente a ambos militares. Tras
estas llamadas, se produjo la siguiente conversacin entre ambos militares:
[Torres Rojas] Guillermo, yo no tolero que se me amenace anticipadamente de muerte a un
subordinado mo. T, qu piensas hacer?
[Quintana Lacaci] Hombre, el Gobierno va a tomar sus medidas. Con eso ya vale.
[Torres Rojas] Claro, de la misma forma que las adopt con el teniente general Gmez
Hortigela [asesinado un mes y medio antes, tras ser amenazado por ETA]. Si a un teniente
general, con el alto cargo que tiene en el Ministerio de Defensa, le ha fallado el apoyo del
61 F. Reinlein, Capitanes Rebeldes. Los militares espaoles en la transicin, Madrid, La Esfera de los Libros,
2002, p. 325.
62 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
63 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
64 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
65 Diario 16, 25 de enero de 1980.
66 R. Pardo Zancada, 23-F. La pieza que falta, p. 78.
67 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998. R. Pardo
Zancada, 23-F. La pieza que falta, p. 78.
ROBERTO MUOZ BOLAOS
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Gobierno; no me digas lo que le va a pasar a mi coronel y a tu general.
[Quintana Lacacci, irritado] Bueno, y qu quieres que haga? Esto est ya en manos del
Gobierno, y el Gobierno se encargar.
[Torres Rojas] A m, me ha ido muy bien con otras medidas...
[Quintana Lacacci, cortndole] No quiero or hablar de ninguna medida. Se acab. Dselo t
tambin al coronel que te de nota, y si no, que venga el coronel personalmente y me diga el
itinerario de su permiso y que cambie los sitios a dnde iba ir, y que no vaya, pues estarn
todos controlados por ETA.
[Torres Rojas] Bueno, a tus rdenes. (Me dio asco, y q.e.p.d., desde luego)
68
.
Sin embargo, el general no obedeci a su superior, ya que nada ms salir del edifcio de
la Capitana General de la I Regin Militar, dio la siguiente orden a su ayudante: maana a
las 7:45, estn presentes en mi despacho de El Pardo, todos los coroneles y generales de
la divisin. No digas para qu, slo que el asunto es muy importante, y por eso tiene que
ser muy temprano
69
. A la maana siguiente, el general lleg al Cuartel General de la DAC,
pero esta vez no fue a correr, como haca a diario
70
, sino que se dispuso a preparar la citada
reunin. A la hora indicada, llegaron todos los mandos citados. Les inform de la conversacin
del ministro con el teniente general Quintana Lacaci, y de su conversacin posterior con
ste. A su izquierda, estaba el coronel Espinos Orlando, totalmente impresionado por lo que
el general acababa de decir. Tras esta exposicin, el general dijo a los presentes:
Bueno, seores. A m, en la Paracaidista, no me han matado a nadie porque he seguido
siempre una norma. Yo he comunicado, y hoy voy a hacer lo mismo, si estis de acuerdo
conmigo, y el que no est de acuerdo que, se levante y se vaya. Pero, yo propongo ante Dios
y la Bandera, que si algo le ocurre, no al coronel Espinos o al general Allendesalazar, sino
a un soldado de la Acorazada, al ltimo incorporado, yo me voy al pas vasco, y me traigo a
diez alcaldes de Herri Batasuna, que se donde estn. El primero el de Hernani, pues yo he
vivido all, cuando estuve destinado en San Sebastin, porque era ms barato. Entonces,
no exista lo de ETA. Al de Hernani, por lo pronto, y luego, a unos cuantos. Y se los voy
entregando, uno a uno, al Consejo Supremo de Justicia Militar, para que los juzgue como
criminales, por estar en relacin con ETA
71
.
Tras estas palabras, los presentes comenzaron a mirarse unos a otros, y uno de ellos
pregunt: Mi general, eso no ser tomarnos la justicia por nuestra mano?
72
. A lo que el
general respondi:
S, algo de eso es. Pero no voy a matar a nadie por la espalda ni a tomarme la justicia de
quitarle la vida, por mi cuenta. Lo ms que har, antes de entregrselo al Supremo, para que
los juzgue, ser decirse si quieren batirse en duelo conmigo, como se haca en la poca del
honor. Eso s. Darle una leccin de honor. Quiere batirse? A lo que sea: a pistola, a sable, a
puetazos; como quiera, me da igual. Por lo menos, tener ese encuentro con ellos, y darles
esta leccin. Y eso, desde luego, les har refexionar
73
.
68 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
69 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
70 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
71 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
72 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
73 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
Vnculos de Historia, nm. 3 (2014) | 361
Otro mando presente dijo: No ser...
74
. El general le cort, afrmando:
Bueno, hemos terminado. El que no est de acuerdo, puede pedir destino y marcharse;
porque, no le quiero en la divisin. Caramba! Aqu hay que defender a nuestros subordinados
por encima de todo. Y sobre todo, al soldado, porque no va a morir el coronel solo, morir
con su chofer, eso seguro. Y si no, con el Ayudante, y si no con otro. Y tampoco, aunque le
maten slo. Yo anunciada la muerte previamente..., todava, que muera en un accidente, por
una bomba que ha colocado ETA, nada, que le vamos a hacer, mala suerte! Le ha tocado,
porque ha pasado en ese momento por ah, o, en ese momento, le han colocado la bomba;
pero que, me anuncien con nombre y apellido a quien van a eliminar!, eso no lo puedo
tolerar. El que no est de acuerdo...
75
Todos los presentes exclamaron su apoyo a las palabras del general. A Espinos
Orlando se les saltaron las lgrimas
76
. El general le pidi que le diese nota de sus nuevos
itinerarios. A lo que el coronel contest: yo, nota ahora! No necesito apoyo del Gobierno,
ni nada, para qu me pase como al general Gmez Hortigela? No, me voy donde a tena
que irme y no ando huyendo, ni escondido por las esquinas
77
. El general le contest: Muy
bien, as me gusta. T tienes el valor que todo militar debe tener
78
. Tras este dilogo con
Espinos Orlando, el general dijo a sus subordinados:
Yo ahora se lo voy a decir a Garaicoechea; que, enseguida, se lo anuncie a ETA, para
que apunten hacia donde no haya defensores de los subordinados; haca donde haya jefes
cobardes. Y me voy a ver al capitn general, ahora mismo, para decrselo; y, al Rey tambin;
y, al ministro, claro. Para que el Rey tambin lo sepa hoy mismo
79
.
El general telefone a la Capitana General de la I Regin Militar, donde se puso el
general Senz de Tejada, jefe de EM de la misma, con el que tuvo la siguiente conversacin
80
:
[Senz de Tejada] Bueno, Luis, dime que es lo que quieres; porque el capitn general se va
ahora que tiene una entrevista con el ministro.
[Torres Rojas] No, no; pues que no se vaya. Yo me voy ahora mismo para all a que hora
se va?
[Senz de Tejada] No, sobre las nueve y pico.
[Torres Rojas] Bueno, tengo tiempo de llegar, hombre! Son las ocho y media, tengo tiempo
de sobra
[Senz de Tejada] Bueno, pues vente enseguida
[Torres Rojas] S, porque por telfono no te lo puedo decir, es una cosa...
El general lleg al edifcio de la Capitana General de la I Regin Militar, donde le sali
a recibir el propio Senz de Tejada, que quera enterarse del asunto, a lo que Torres Rojas
74 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
75 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
76 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
77 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
78 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
79 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
80 Para otra versin de estos hechos, Vase P. Urbano, Con la venia..., yo indagu el 23-F, Barcelona, Plaza
& Jans, 1982, p. 46. Pardo Zancada tambin los relata de forma resumida. R. Pardo Zancada, 23-F. La pieza
que falta, pp. 78-79.
ROBERTO MUOZ BOLAOS
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le respondi: no, hasta que no lo sepa el capitn general, no. Aunque seas el jefe del
Estado Mayor de la Regin. Y sintindolo mucho, porque te aprecio
81
. Torres Rojas pas
al despacho de Quintana Lacacci, y le inform de la reunin que haba mantenido con los
coroneles y generales de la DAC. En palabras del propio general: se sent, porque no
poda aguantar de pie
82
. Y acto seguido, le recrimin su actitud en los siguientes trminos
83
:
[Quintana Lacacci] Pero bueno, Luis. Esto no se puede hacer. Como te has atrevido a
hacer esto! Hay que dar marcha atrs
[Torres Rojas] Marcha atrs! Si ya lo sabe ETA
[Quintana Lacacci] Cmo qu lo sabe ETA?
[Torres Rojas] S, se lo he transmitido a Garaicoechea.
[Quintana Lacacci] A Garaicoechea antes que a mi?
[Torres Rojas] Naturalmente, porque tu no vas a matarme al coronel; pero Garaicoechea, si
me lo puede salvar, dicindole a stos que apunten para otro sitio.
[Quintana Lacacci] Pero, eso es una barbaridad! Donde te has metido. Que no puede ser,
hombre!...
[Torres Rojas] Pues yo ya no doy marcha atrs. Ya Garaicoechea lo sabe. Llama a
Garaicoechea, si quieres. Ya lo veras, s te lo contesta por telfono (Yo no haba hablado
directamente con Goicoechea. Se lo haba transmitido de forma indirecta. Para eso he
hecho en EE.UU. el curso ms alto de operaciones psicolgicas!)
[Quintana Lacacci] Te va a costar...
[Torres Rojas] Bueno, djame a m que me cueste. Pero, yo quiero a mi coronel vivo, y no
muerto. Muerto no me sirve para nada. Y aqu, va incluida tambin la defensa de tu general.
Y quieres qu te diga una cosa, Guillermo? -y perdn por la Medalla Militar que llevas,
bien ganada en la guerra-. Ahora, me ests fallando, y te digo una cosa: Dios quiera, que
no te amenace ETA y te cueste la vida, porque tus compaeros te dejen abandonado, y no
te defenda nadie.
El incidente termin sin que el general diese marcha atrs en su decisin. Lo que
provoc que el Gobierno y el propio capitn general de la I Regin Militar, comenzaran a
desconfar de l
84
, y a pensar en su sustitucin
85
.
El segundo incidente tuvo lugar a propsito de la festa de Todos los Santos. Esta
haba sido trasladada por el gobierno al domingo siguiente, de acuerdo con la propia Iglesia
catlica. Torres Rojas consideraba este hecho como un sacrilegio y se neg a aceptarlo.
As, dispuso, que la festa se celebrara en el da previsto en el santoral, el 1 de noviembre.
Esta decisin ocasion una reunin durante la noche anterior a dicha fecha en la propia
casa del general. A la misma asistieron los generales de la DAC, algunos coroneles, y
los componentes del EM de la DAC, con objeto de convencer a Torres Rojas para que
obedeciese las rdenes del gobierno, que lo sealaban como da de trabajo. El general se
neg, diciendo: pues no, yo toda la vida lo he celebrado como da de festa. Toda la vida se
ha hecho la Santa Misa. Toda la vida se han mandado comisiones de representacin a los
cementerios para rendir honores a nuestros muertos, en general; a todos los muertos. Por
81 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998. El
teniente general Senz de Tejada obvio esta reunin y nunca la mencion cuando hablaba de sus relaciones
con Torres Roja. Entrevista con el teniente general Jos Senz de Tejada y Fernndez de Bobadilla. 29 de
septiembre de 1987. Fundacin Jos Ortega y Gasset-Gregorio Maran.
82 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
83 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
84 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
85 R. Pardo Zancada, 23-F. la pieza que falta, p. 76.
EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
Vnculos de Historia, nm. 3 (2014) | 363
tanto, en la DAC maana sale la orden como todos los aos
86
. Esta decisin del general,
de acuerdo con sus propias palabras, sent muy mal al Gobierno
87
. Senz de Tejada
afrmaba aos despus que El general Torres Rojas se pas y decidi declarar da festivo
en la DAC. Sin embargo, resulta curioso que no informase de este hecho a su jefe, el
teniente general Quintana Lacaci, que se encontraba en los baos de Archena (Murcia),
para evitarle un disgusto
88
.
Sin embargo, le ofrecieron una oportunidad de paliar sus culpas y olvidar lo sucedido,
si daba explicaciones por su actitud. El general se neg a hacerlo. Primero, ante Quintana
Lacaci. Luego ante el ministro de Defensa, Rodrguez Sahagn. Por ltimo, ante el propio
vicepresidente del Gobierno para Asuntos de la Defensa, Gutirrez Mellado, a quien dijo: no
me llamen ms, ni altos mandos del Gobierno ni del Ejrcito, porque no doy explicaciones a
nadie. Porque es un asunto entre Dios y yo. Sois unos apstatas y ya no quiero saber nada
de mi relacin amistosa con vosotros. Nada ms. La reducir a la ofcial
89
. A partir de este
momento, rotas ya las relaciones institucionales, el cese de Torres Rojas era cuestin de
tiempo. Era evidente, el gobierno no poda tolerar que al mando de la unidad ms poderosa
del ejrcito estuviera un general con actitudes de clara rebelda contra el gobierno espaol.
Pero antes de que se produjera el cese, tuvo lugar un ltimo y grave incidente. El
motivo fue una audiencia que para el da 6 de diciembre Torres Rojas tena programada
nada menos que con el Rey, el Jefe del Estado. Siguiendo las instrucciones del protocolo,
Torres Rojas envi al jefe de la Secretara de S.M. el Rey el texto que iba a leer ante el
monarca. Era el general de brigada Sabino Fernndez Campo el jefe de la Secretara,
no parece que se aprobase el texto pues el da anterior a la audiencia el teniente general
Quintana Lacacci orden a Torres Rojas presentarse en su despacho y, segn testimonia
ste ltimo, tuvo lugar la siguiente conversacin
90
:
[Quintana Lacacci] El ministro ha estudiado tus palabras. Y yo tambin. Y no se puede decir
esto..., esto... (Comenzando a tachar frases del discurso que el general iba a dar ante el
Jefe del Estado).
[Torres Rojas] Pero es que yo estoy totalmente sensibilizado con lo que voy a decir, con lo que
he redactado en ese escrito. Y no puedo prometer que, en ese momento de apasionamiento,
de deseo de expresar al Rey, como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, a lo mejor, diga
algo de esto que me estis prohibiendo. Adems, esto es un delito. Prohibir decirle al Rey
esto..., si yo doy cuenta y nombr a un juez..., es un delito que estis cometiendo, que no
lo voy a hacer! De modo que, mi general, en este momento, rechazado todo esto. Yo le
hablar al Rey de corazn a corazn, y lo que salga, sale, y lo que no salga, no sale. Y no
tratar de eliminar lo que me habis prohibido. Eso, desde luego, te lo garantizo.
[Quintana Lacacci] Ests cometiendo un acto de indisciplina.
[Torres Rojas] Bueno, de indisciplina, por qu? Porque yo a mi Jefe Supremo quiero
ponerle al corriente de la sensibilizacin nuestra? No ma sino de mis generales, coroneles,
e incluso tropa, porque voy a llevar tropa a ver al Rey...
86 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
87 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
88 Entrevista con el teniente general Jos Senz de Tejada y Fernndez de Bobadilla. 29 de septiembre de
1987. Fundacin Jos Ortega y Gasset-Gregorio Maran.
89 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998. Este
incidente aparece descrito en la obra de San Martn. J. I. San Martn, Apuntes de un condenado por el 23-F,
p. 127.
90 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998. Vase
tambin J. I. San Martn, Apuntes de un condenado por el 23-F, pp. 126-127.
ROBERTO MUOZ BOLAOS
364 | Vnculos de Historia, nm. 3 (2014)
[Quintana Lacacci] Hombre!, qu vas a llevar tropa a ver al Rey?
[Torres Rojas] Naturalmente. Soldados y cabos y sargentos... y mecnicos, de las Unidades
mecanizadas y acorazadas. Llevo de todas las categoras. Porque al Rey lo que menos le
interesa es hablar con los generales, coroneles y tal, pues con esos habla todos los das.
Al Rey le interesa ms, que yo le conozco, hablar con la tropa misma. Por eso, va a hablar
con la tropa, para preguntarle lo que quiera...
[Quintana Lacacci] Bueno, pues atente a las consecuencias.
La audiencia tuvo lugar al da siguiente. Tal como haba prometido, Torres Rojas se
present con una comisin de la DAC en la que estaban representados todos los empleos,
incluidos los de Tropa, Armas, Servicios y Escalas. Quiso darle al acto un contenido simblico
entregndole al Jefe del Estado la nueva boina negra, caracterstica de los carristas, y
emblema de la DAC. Torres Rojas pronunci el texto integro del discurso, tal como lo haba
redactado inicialmente. Conviene reproducirlo ntegramente para conocer el esquema
bsico de su ideologa
91
:
Seor:
La DIVISIN ACORAZADA BRUNETE N 1, ante su Jefe Supremo, ante su Rey. El Rey
de Espaa. Y digo la Divisin Acorazada, porque, en efecto, esta Comisin, que me honro
en presidir, os aporta el sentir y la lealtad de los miles de hombres que la integran. Desde el
soldado a los Generales, Jefes, Ofciales y Subofciales aqu presentes.
Esta DIVISIN ACORAZADA -SEOR-, consciente de su responsabilidad en el presente
y futuro de nuestra Patria:
-Trabaja con ilusin.
-Desarrolla un completo y ambicioso plan de instruccin.
-Riega con su sudor los Campos de Espaa para estar siempre en su ms alto nivel de
potencia y efcacia.
-Cumple con nuestras Reales Ordenanzas con profundo sentido del compaerismo y
ejemplaridad y lealtad a los Mandos, a su Jefe Supremo, el Rey, y a ESPAA.
Pero, SEOR:
-Ante la inquietante situacin mundial.
-Ante algunos acontecimientos que se producen en nuestra Patria ESPAA, con
el corazn enlutado por los crmenes que se cometen en las personas de espaoles y
compaeros nuestros, asesinados alevosamente con derroche de cobarda y traicin.
-Entristecidos por los atentados a la Bandera que juramos.
-Temerosos de cuanto pueda poner en peligro la sagrada unidad de Espaa.
Yo, SEOR:
En nombre de la DIVISIN ACORAZADA, unidos a nuestros soldados que constituyen la
verdadera ESPAA, dentro del marco de las FUERZAS ARMADAS.
Con la NOBLEZA Y LEALTAD que caracteriza nuestras tradiciones Os prometo, SEOR:
Que de la misma forma que antes dije que regamos con nuestro sudor los Campos
de ESPAA para estar siempre en condiciones de cumplir la MISIN, tambin sabremos
regarlos con nuestra sangre, para defender la UNIDAD DE ESPAA, SU INDEPENDENCIA,
SU INTEGRIDAD TERRITORIAL Y EL ORDEN CONSTITUCIONAL.
SEOR:
Estas son las razones de nuestra presencia aqu.
Y siempre estimulados por el imparable deseo de contribuir a la unin, fortaleza y
compaerismo de las Fuerzas Armadas.
Por ello, a nuestro Rey su Jefe Supremo, ROGAMOS acepte esta BOINA, que forma parte
de nuestra uniformidad y es caracterstica de la personalidad de la DIVISIN ACORAZADA.
91 Reconquista, 357 (1980), p. 45.
EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
Vnculos de Historia, nm. 3 (2014) | 365
Como gesto de lealtad. Como expresin de la alegra, orgullo y VOLUNTAD DE VENCER
que sentimos bajo VUESTRO SUPREMO MANDO.
DIVISIN ACORAZADA BRUNETE N 1, desde lo ms profundo de TU CORAZN, grita
conmigo.
VIVA EL REY!
VIVA ESPAA!!
El Rey, que conoca el discurso, contest al general Torres Rojas con las siguientes
palabras
92
:
Agradezco profundamente esta oportunidad que me habis proporcionado de estar hoy
con esta Comisin representativa de la Divisin Acorazada Brunete N 1, as como que
hayis tenido la idea de hacerme entrega de la boina caracterstica de vuestra Unidad.
Tambin agradezco las calurosas palabras de Vuestro General, inspiradas por elevados
sentimientos de patriotismo y lealtad.
Si el compaerismo es una de las principales virtudes que adornan a los componentes
de las Fuerzas Armadas, constituye para m un gran honor sentirme estrechamente unido a
todos vosotros, con las mismas preocupaciones, con los mismos ideales y, sobre todo, con
la ilusin suprema de que, juntos y disciplinados, sabremos superar cuantas difcultades se
presenten y lograr para nuestra Patria un futuro de paz y de progreso.
Otra vez muchas gracias y para todos, un abrazo muy fuerte.
El contenido del discurso del general era obviamente duro pues explicitaba de
modo claro la advertencia al Rey de la posible intervencin del Ejrcito si la situacin no se
cambiaba y persista el deterioro que tanto le preocupaba, aunque utilizara en su discurso
el orden constitucional. Esto explica el porqu de la insistencia, tanto de Quintana Lacacci
como de Rodrguez Sahagn, para que fueran omitidas determinadas frases. En todo caso,
que no lograran torcer el empeo del general Torres ni que se atrevieran a cesarlo eran
hechos evidentes de que exista una manifesta debilidad del Gobierno en su control del
ejrcito
93
.
5. LA OPERACIN GOLPISTA. EL CESE DE TORRES ROJAS
Si estas polmicas constituan por s mismas una manifestacin del enfrentamiento
entre el general y las autoridades civiles y militares, y deberan haber provocado su cese,
a partir de diciembre de 1979, se produjo un hecho de enorme gravedad del que Torres
Rojas estaba informado. Se trata de los prolegmenos de una operacin golpista, en la que
estuvieron implicados mandos de la DAC y de la BRIPAC bajo la jurisdiccin del general
Torres. Sobre dicha operacin golpista existen cuatro testimonios directos, si bien cada uno
tiene su dosis de fuente evidentemente parcial.
El primer testimonio procede del comandante Pardo Zancada -destinado en el EM
de la DAC-, quien escribi: No es cierto que se pusieran en marcha una operacin de la
Brigada Paracaidista (BRIPAC) y de la Acorazada (DAC), aunque s se produjera algn
contacto de acercamiento en el nivel de los mandos y Estados Mayores respectivos
94
.
92 Ibidem, p. 45
93 Pardo Zancada y San Martn tambin describen este incidente. R. Pardo Zancada, 23-F. La pieza que
falta, p. 79; J. I. San Martn, Apuntes de un condenado del 23-F, pp. 124-127.
94 R. Pardo Zancada, 23-F. La pieza que falta, p. 78.
ROBERTO MUOZ BOLAOS
366 | Vnculos de Historia, nm. 3 (2014)
Lgicamente no explic este comandante que estos acercamientos estaban prohibidos
por el cdigo penal militar, y adems tampoco expuso el objetivo de los mismos.
El segundo testimonio es el del propio Torres Rojas que niega completamente que
se estuviera preparando una operacin golpista bajo su direccin. Pero esta negativa hay
que comprenderla en su visin de la intervencin militar, porque este general tampoco
consideraba que el 23-F fuera un golpe de Estado, sino, por el contrario, la interpretaba
como una operacin para restablecer el orden constitucional. Por eso afrmaba que l no
haba participado nunca en golpes de Estado
95
Sin embargo, s que reconoci que esta
operacin golpista, que l vincul con una informacin proporcionada por el CESID, fue la
causa de su cese, ya que caus un gran temor al gobierno
96
.
El tercer testimonio del que disponemos es el del capitn de Infantera Fernando
Reinlein, procesado por su pertenencia a la UMD. Este militar haba creado una amplia
red de informacin en la guarnicin madrilea, denominado Grupo Sajonia, integrado por
antiguos miembros de dicha organizacin y sus simpatizantes dentro del Ejrcito, y cuyo
objeto era informar de cualquier accin involucionista. Fueron miembros de este grupo o
antiguos simpatizantes de la UMD, como el teniente coronel de Infantera Jos Luis Crespo,
los que le informaron de la conspiracin en marcha, tanto en la DAC como en la BRIPAC
97
.
El cuarto testimonio es el del entonces jefe del EM de la I Regin Militar, el general Senz
de Tejada, quien afrm que no supo nada de esta conspiracin, pero aadiendo un dato
de suma importancia: la informacin que manejaba Fernando Reinlein era siempre correcta
y veraz. Por tanto, esta declaracin sirve para confrmar como ms fable el testimonio
del miembro de la UMD. Esto signifcaba, por tanto, que a comienzos de 1980 estaba en
marcha una conspiracin contra los cambios democrticos, fraguada precisamente en el
seno de las dos unidades ms operativas del ejrcito espaol
98
. Conviene detallarla por lo
que supone de precedente del intento de golpe del 23-F de 1981.
En efecto, cul era el diseo de esta operacin? Segn los testimonios manejado por
Reinlein, se trataba de una de una accin muy similar a la operacin Galaxia
99
. En sta el
teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina y el capitn de Infantera adscrito
a la Polica Armada Ricardo Senz de Ynestrillas haban pretendido tomar el palacio de la
Moncloa un da en el que hubiera consejo de ministros. Esta accin creara un vaco de
poder que actuara como detonante para provocar una intervencin masiva del ejrcito.
Esta idea era la que tambin manejaban los mandos implicados en la DAC y la BRIPAC.
La razn de que optasen por una operacin golpista de este tipo era que en el seno de las
FAS no exista un consenso sobre la necesidad de que el ejrcito interviniese en poltica,
especialmente en los escalones ms altos, lo que impeda una intervencin institucional
del Ejrcito. No obstante, estaban convencidos, como tambin lo estaban Tejero y Senz
de Ynestrillas, de que si se produca un vaco de poder, el ejrcito intervendra de forma
masiva, provocando la quiebra del sistema poltico vigente, que sera sustituido por una
junta militar
100
.
95 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
96 Entrevista mantenida con el general de divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998.
97 F. Reinlein, Capitanes Rebeldes, pp. 235-237.
98 Entrevista con el teniente general Jos Senz de Tejada y Fernndez de Bobadilla. 29 de septiembre de
1987. Fundacin Jos Ortega y Gasset-Gregorio Maran.
99 R. Muoz Bolaos, Operacin Galaxia, pp. 131-132.
100 Actualidad. Connotaciones de <<Galaxia>>. 7 de noviembre de 1978. Archivo del general de divisin
ngel Lossada y de Aymerich.
EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
Vnculos de Historia, nm. 3 (2014) | 367
Por tanto, la accin diseada se iba a inspirar en el diseo de la Operacin Galaxia; una
operacin esta ltima que algunos mandos de la DAC como Pardo Zancada, y tambin de
la BRIPAC, conocan muy bien, ya que estaban implicados en la misma
101
. De hecho, fueron
precisamente esos mandos, que no haban sido encausados tras la desarticulacin de la
Galaxia, de la que Tejero e Ynestrillas eran slo la punta del iceberg
102
, los que planifcaron
una operacin golpista en la que deberan participar la BRIPAC y la DAC, con el apoyo de
las Fuerzas Aeromviles del Ejrcito de Tierra (FAMET), compuesta en su totalidad por
helicpteros. La primera, con ayuda de las aeronaves citadas, realizara un asalto areo al
Palacio de la Moncloa. Mientras, la segunda tomara los puntos estratgicos de Madrid con
ayuda de sus carros de combate. A las unidades de Madrid se sumaran posteriormente
las del resto de Espaa, lo que supondra el fn del sistema poltico vigente, que sera
sustituido por un gobierno militar presidido por el teniente general en situacin B Jos Vega
Rodrguez, un enemigo de Gutirrez Mellado
103
, que procedera a disolver el Parlamento, y
a ilegalizar el PCE
104
.
Este plan fue descubierto gracias a la informacin proporcionada por Reinlein al ministro
de Defensa Agustn Rodrguez Sahagn, y a la indiscrecin de uno de los participantes,
el capitn de Infantera Jos Tormo Rico, destinado en el Grupo de Fuerzas Regulares
Indgenas (GFRI), n. 2, de Melilla, que relat la operacin preparada a un grupo de
compaeros. Alguno de ellos inform a sus superiores y el citado capitn fue detenido
el da 16 de enero. Ese da fue tambin arrestado otro de los supuestos implicados en la
accin, el capitn de Artillera Carlos Gonzlez de las Cuevas, destinado en el Regimiento
Mixto de Artillera, n. 32, de Melilla. Al conocer los hechos, tanto Surez como Rodrguez
Sahagn decidieron actuar rpida pero discretamente. El ministro de Defensa se present
por sorpresa en el Cuartel General de la BRIPAC, en Alcal de Henares (Madrid), donde
pronunci un discurso donde dej entrever que estaba al tanto de la conspiracin. De esta
forma qued desmontada la operacin
105
. Por su parte, Torres Rojas fue cesado de forma
fulminante mientras estaba de vacaciones con su familia en las Islas Canarias y destinado
al gobierno militar de La Corua
106
. Como sustituto de Torres Rojas, se nombr al tambin
general de divisin Jos Juste Fernndez, que fue el que tuvo el mando de la DAC cuando
el intento de golpe de Estado del 23-F.
101 R. Muoz Bolaos, Operacin Galaxia, pp. 132-133.
102 Actualidad. Connotaciones de <<Galaxia>>. 7 de noviembre de 1978. Archivo del general de divisin
ngel Lossada y de Aymerich.
103 El teniente general Jos Miguel Vega Rodrguez, dotado de prestigio en el seno del Ejrcito, y que haba
ejercido los mandos ms importantes de ste director general de la Guardia Civil, capitn general de la I
Regin Militar, jefe del EMC- era un gran amigo de Torres Rojas. Entrevista mantenida con el general de
divisin Luis Torres Rojas en Madrid, 4 de junio de 1998. Por el contrario, haba tenido un fuerte enfrentamiento
con Gutirrez Mellado en 1978, ya que Vega defenda que el Ejrcito slo debera estar subordinado al rey,
y no al Gobierno; mientras que Gutirrez Mellado opinaba que el Ejrcito era una institucin ms del Estado,
y por tanto debera estar bajo el control del poder ejecutivo. Como consecuencia de este enfrentamiento,
Vega dimiti como jefe del EMC el 18 de mayo de 1978. No obstante, a pesar de este enfrentamiento,
Gutirrez Mellado lo califcaba de amigo. Entrevista con el capitn general (h) Manuel Gutirrez Mellado. 8
de septiembre de 1987. Fundacin Jos Ortega y Gasset-Gregorio Maran.
104 Diario 16, 25 de enero de 1980. Por esta informacin proporcionada por los contactos de Reinlein,
el director de este rotativo, Miguel ngel Aguilar fue procesado por el juzgado militar n 6 por el delito de
calumnias a un militar, y cesado de su cargo de director por la empresa editora. El Pas, 28 de mayo de 1980.
105 F. Reinlein, Capitanes Rebeldes, pp. 236-237.
106 El Pas, 27 de enero de 1980. Diario 16, 25 de enero de 1980. F. Reinlein, Capitanes Rebeldes, p. 238.
ROBERTO MUOZ BOLAOS
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CONCLUSIONES
Del estudio del comportamiento del general Torres Rojas y del anlisis de sus sucesivos
enfrentamientos con el gobierno que, elegido por los espaoles, diriga Espaa hacia la
democracia, cabe extraer conclusiones signifcativas y reveladoras sobre la visin de ciertos
sectores militares y sobre el peso que ejercieron en los aos de transicin democrtica entre
1975 y 1980. En primer lugar, queda en evidencia el choque frontal de ciertos sectores de las
FAS con las decisiones del gobierno de avanzar hacia un rgimen democrtico. Se puede
plantear que inicialmente no tenan ese rechazo, pero lo acentuaron como consecuencia
de la crisis poltica y econmica, pero sobre todo por sufrir directamente los atentados
terroristas. A esto se sumaron ofensas a los smbolos nacionales por parte algunos sectores
radicales.
Se deriva as una segunda conclusin, que ese franco rechazo a la transicin democrtica
se convirti en una oposicin activa, llegando en algunos casos a la participacin en
operaciones involucionistas que tenan por objeto modifcar o acabar con el nuevo rumbo
poltico hacia la democracia. Destacaron en este sentido los jefes y ofciales de las principales
unidades militares acantonadas en la capital, la BRIPAC y especialmente la DAC, donde
la mayora de la ofcialidad apoy a Torres Rojas en sus enfrentamientos con el gobierno,
como tambin lo hizo luego con el teniente coronel Tejero y el teniente general Milans del
Bosch, durante el golpe de Estado del 23-F
107
.
Cabe sealar como tercera conclusin el dato poco conocido hasta ahora de la
operacin golpista fraguada en 1979 en el seno de esas dos grandes unidades militares
acantonadas en Madrid bajo el mando del general Torres Rojas. Aunque ste neg que
estuviese preparando un golpe de Estado, existen informaciones contrastables que
afrman lo contrario, incluyendo la del entonces comandante Pardo Zancada, uno de los
protagonistas del golpe de estado del 23-F, que reconoci la existencia de reuniones
secretas entre mandos de la BRIPAC y la DAC. No obstante, esta operacin apenas estaba
diseada cuando Torres Rojas fue destituido, y qued truncada con su cese.
No hay que minusvalorar otro aspecto, una cuarta conclusin, por tanto, la de que en
todo el proceso analizado del mando del general Torres Rojas, el gobierno, especialmente
el vicepresidente primero Gutirrez Mellado y el ministro de Defensa Rodrguez Sahagn,
mostraron una notoria debilidad ante las constantes faltas de disciplina del citado general.
Adems, estos actos del general Torres Rojas no fueron la excepcin sino una constante
entre importantes mandos del ejrcito
108
. Tales faltas de disciplina no fueron atajadas con
107 R. Muoz Bolaos, La involucin militar durante la transicin, pp. 170-183 y 213-218.
108 El 20 de septiembre de 1979, el teniente general Jess Gonzlez del Yerro, capitn general de Canarias,
y legionario en su juventud, afrm, durante los actos conmemorativos del LIX aniversario de la fundacin del
Tercio: Espaa se nos est muriendo. Diario 16, 21 de septiembre de 1979. Ese mismo da, otro legionario
y franquista ortodoxo, Pedro Merry Gordon, capitn general de la II Regin Militar, dijo: Ratas de alcantarilla
nos atacan por la espalda. El Pas, 21 de septiembre de 1979. Tres das despus, su compaero Milans del
Bosch, durante su entrevista con Mara Mrida, verti frases muy duras contra el proceso poltico iniciado a la
muerte de Franco: Objetivamente hablando, el balance de la transicin -hasta ahora-, no parece presentar un
saldo positivo: terrorismo, inseguridad, infacin, crisis econmica, paro, pornografa, y, sobre todo, crisis de
autoridad. Los militares, en general, hemos contemplado la transicin con actitud expectante y serena, pero
con profunda preocupacin. (...). El Ejrcito deber intervenir cuando se evidencie que las leyes, la accin
policial y la judicial son insufcientes. ABC, 23 de septiembre de 1979. Las palabras de los tres tenientes
generales ocasionaron un autntico revuelo en el pas. El Pas, 26 de septiembre de 1979. El Gobierno tom
cartas en el asunto, y llam a capitulo a los dos ms caracterizados: Gonzlez del Yerro y Milans del Bosch.
El primero en serlo fue el capitn general de Canarias. En una tensa entrevista con el titular de Defensa,
Rodrguez Sahagn, plante su dimisin. El Pas, 24 de septiembre de 1979. Sin embargo, el ministro no se
EL GENERAL TORRES ROJAS EN LA DIVISIN ACORAZADA BRUNETE: EL INVOLUCIONISMO MILITAR...
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contundencia, ya que el control del ejecutivo sobre las FAS era muy frgil, sobre todo
por carecer de militares de confanza en los ms altos empleos para sustituir a los ms
indisciplinados.
Por ltimo, hay que plantear una ltima conclusin, que la decisin de cesar fnalmente
a Torres Rojas fue un acierto por parte del ejecutivo, aunque ste aprovechase para ello
las vacaciones del general en Canarias. Sin duda, si este general, comprometido en la
intentona golpista del 23-F y por lo que sera procesado y expulsado del Ejrcito, hubiera
seguido al mando de la DAC las consecuencias hubieran sido imprevisibles en esa tarde y
noche del 23 de febrero de 1981.
la acept; pues, era lo que buscaba precisamente el militar; ya que su renuncia supondra el detonante para el
comienzo de una dimisin en cadena de la mayora de los tenientes generales con mando en Regin Militar.
ABC, 26 de septiembre de 1979. De esta forma se hubiera generado una situacin crtica para el Gobierno,
ya que tendra que hacer frente a una intervencin militar pasiva, pero, a la vez, institucional, que le hubiera
obligado a variar su poltica en los temas que ms afectaban al estamento militar: autonomas, terrorismo
y reforma del Ejrcito. Por tanto, el asunto qued zanjado con una simple reprimenda del ministro. Algo
parecido ocurri con Milans del Bosch. Llamado a capitulo el 27 de septiembre, tampoco fue cesado de su
cargo. Simplemente, como en el caso de su compaero, recibi una amonestacin. El Pas, 28 de septiembre
de 1979.
ROBERTO MUOZ BOLAOS