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El Café Literario en Colombia PDF

Este documento describe el desarrollo histórico de los cafés literarios en Colombia, especialmente en Bogotá, durante el siglo XX. Explica que aunque Colombia era un gran productor de café, los colombianos tardaron en adoptar la cultura del café. El primer café literario fue La Gruta Simbólica en 1900, durante la Guerra de los Mil Días. En las décadas de 1920 y 1930 surgieron cafés como el Windsor, Asturias y Automático, donde se reunían escritores e intelectuales para debatir ideas de vanguardia que influyer
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Este documento describe el desarrollo histórico de los cafés literarios en Colombia, especialmente en Bogotá, durante el siglo XX. Explica que aunque Colombia era un gran productor de café, los colombianos tardaron en adoptar la cultura del café. El primer café literario fue La Gruta Simbólica en 1900, durante la Guerra de los Mil Días. En las décadas de 1920 y 1930 surgieron cafés como el Windsor, Asturias y Automático, donde se reunían escritores e intelectuales para debatir ideas de vanguardia que influyer
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El caf literario en Colombia: smbolo de la vanguardia en el siglo XX.

Brigitte Knig
1

[[email protected]]

El caf como lugar pblico de reunin tiene una larga historia en Europa. Al comenzar
el siglo XX surgieron algunos en este continente, covirtindose en centros de tertulias
literarias. En el ambiente de estas tertulias nacieron ideas polticas, culturales, literarias
de vanguardia y tambin correspondientes a obras de literatura. Casi lo mismo ocurri
en Amrica Latina. Este artculo estudia los Caf Literarios en Colombia, especialmente
en Bogot; describe el desarrollo histrico de estos Caf, sus tertulias, as como las
generaciones y grupos que en ellos se reunan. Analiza la importancia que tuvieron,
como lugares de nacimiento de ideas de vanguardia, para el progreso poltico y cultural
en general y para la literatura colombiana. Nombres como Germn Arciniegas, Alberto
Lleras Camargo, Ricardo Rendn, Len de Greiff, Gabriel Garca Mrquez, para
nombrar slo algunos pocos, no se les podra rememorar sin mencionar su presencia en
los Caf bogotanos como el Windsor, el Asturias, el Automtico y otros. As el Caf
Literario se convirti en un smbolo de vanguardia en el siglo XX. La tradicin de estos
lugares se extingui en Europa como en Latinoamrica, alrededor de 1950.

Palabras clave: Colombia. Caf Literario. Vanguardismo. Literatura. Historia. Poltica.
Cultura

The literary cafs in Colombia: symbol of the Twentienth-century avant-garde
Brigitte Knig

The caf (or coffee-house) as a public meeting place has a long history in Europe. From
the beginning of the Twentieth Century many cafs became established as centers of
literary circles within which political, cultural and avant-garde literary ideas were born,
as well as literary texts. The same occured in Latin America. This essay studies the
literary cafs of Bogot and describes their historical development, and the literary
circles and generational groups that met there. It analyzes the importance they had as
sites of avant-garde ideas for both general political and cultural progress, as well as for
Colombian literature. Names such as Germn Arciniegas, Alberto Lleras Camargo,
Ricardo Rendn, Len de Greiff, and Gabriel Garca Mrquez, to name but a few, and
all most important figures in the political and cultural life of the coutry, cannot be
thought of without their presence-sometimes continual-in such Bogot cafs as the
Windsor, the Asturias, and the Automtico. Thus the literary caf has become a
symbol of the Twentieth-Century avant-garde. The tradition of the literary cafs, in both
Europe and Latin America, came to an end around 1950.

Keywords: Colombia. Caf Literario. Avant-garde movement. Literature. History.
Politics. Culture.

Introduccin


Desde hace algunos aos hemos estado observando un fenmeno muy extrao:
Mientras que la gente lleva una vida cada vez ms aislada, surfing en el Internet en vez de
comunicarse cara a cara, estudiosos de diversas disciplinas enfocan un sitio clsico de
comunica-cin directa donde siempre se han tratado no solamente asuntos privados, sino
tambin culturales y polticos: el caf. Numerosos trabajos han salido al respecto en Europa,
por ejemplo: Ulla Heise (1996), Kaffee und Kaffeehaus. Eine Bohne macht
Kulturgeschichte. (El caf y el Caf. Una planta hace historia cultural.) La autora describe
en su libro el desarrollo del consumo de caf en Europa, desde el siglo XVI hasta el XX, y
los establecimientos donde se consuma y se consume la bebida. Resulta que los cafs
funciona-ban como lugares lujosos, centros de debates polticos, focos de rebeliones, salas
de concierto, talleres literarios, y muchas cosas ms, a veces tambin reemplazaban a la
patria chica, incluso la casa misma.

En casos extremos como en el del escritor Peter Altenberg en Viena, los autores
pasaban el da entero en el caf, e incluso se les enviaba el correo all. Particularmente
famosos fueron los cafs literarios donde se reunan regularmente los miembros de las
tertulias literarias para leerse recprocamente mente sus ltimos textos y para discutir sobre
los desarrollos novsimos de la literatura. Otra publicacin importante es el libro Literarische
Kaffeehuser. Kaffeehaus-literaten. (Cafs litera-rios. Literatos de Caf.), editado en Viena
por Michael Rssner, quien escribi tambin la introduccin y la sntesis. El volumen rene
estudios sobre los cafs literarios de varias ciudades europeas y latinoamericanas, entre ellos
el mio sobre los cafs literarios de Bogot, vistos desde la perspectiva crtica literaria y
lingstica. Cafs como el Caf Central en Viena, A Brasileira en Lisboa, Caf Pombo en
Madrid, Caf Slect y Caf Flore en Paris, Caf Florian en Venecia o Caf Gren-wahn,
que quiere decir Caf Megalomana, en Berlin, siguen siendo lugares mticos de la
literatura.

Esta contribucin se ocupa del caf literario en Bogot como smbolo de vanguardia,
enfocando principalmente los aos veinte, pero echando tambin una mirada a las tres
dcadas siguientes. A modo de nota preliminar hay precisar lo que se entiende en el presente
contexto bajo el concepto de caf literario. Es aquel caf donde literatos de toda ndole
poetas, cuentistas, cronistas, periodistas, ensayistas, escritores hablando en general
celebran regularmente, mejor dicho, diariamente, su tertulia, estando as en contnuo
intercambio espiritual, y esto a plena vista del pblico en el caf. Tambin sea explicado
brevemente el concepto de vanguardia, como se entiende aqu: Con buena razn, este
concepto ha sido definido por la crtica literaria en un sentido muy restringido -para no dejar
lugar a dudas de lo que se habla en el campo literario: es el nombre colectivo para las
diversas tendencias artsticas (los llamados ismos) que surgen en Europa en las primeras dos
dcadas del siglo veinte[2].

Los llamados ismos eran por ejemplo el futurismo, el expresionismo, el dadaismo, el
ultraismo, el surrealismo y encadenaban otros ismos en Latinoamrica como como el
estridentismo, el concepcio-nismo etc. En este sentido, los llamamos tambin las
vanguardias histricas. En el presente contexto se parte, en cambio, de la antigua
semntica militar y se entiende el concepto de vanguardia como sinnimo de combatiente
de avanzada, y esta definicin implica, naturalmente, al lado de la vanguardia literaria,
tambin la poltica, artstica, etc., es decir, la entendemos, en un sentido ms general, como
la vanguardia cultural que se adelanta a sus contemporneos para romper con lo viejo y
luchar por lo nuevo.

1 Desarrollo de los cafs en Colombia

Los llamados cafs literarios tambin existan en Amrica Latina. Ultimamen-te se han
in-vestigado los de Buenos Aires, de Sao Paulo, de Montevideo, de Mxico Ciudad. En
todas estas ciudades existieron Cafs desde finales del siglo XVIII o principios del XIX, y
all se reunan polticos, actores, bailarines, jugadores de ajedrez, periodistas y literatos.
Cmo fue la cosa en Colombia?

1.1 El pas cafetero sin caf

Colombia representa un caso muy curioso: A mediados del siglo pasado, cuando en
Europa ya se beba caf desde haca doscientos aos, los colombia-nos todava rechazaban
decididamente ese impdico brebaje, como Jos Mara Vergara y Vergara lo denominaba
en sus famosas Tres tazas.[3] Y hacia 1900, cuando el caf de Colombia ya fue el
producto principal de cultivo, las cifras de exportacin subiendo continuamente, las ventas
nacionales se mantenan en un nivel muy inferior. Igual que el producto caf, tambin el
sitio caf se introdujo en Colombia en general y en su capital Bogot con bastante atraso.
Alrededor de 1890 cuando en Europa los lugares gastronmicos llamados caf de muy
diferentes decoraciones interiores y exteriores, dicho sea de paso ya existan desde algunos
siglos no haba en Colombia ninguno que mereciera esa denominacin. Es verdad que haba
establecimientos gastronmi-cos de mltiple ndole pero no se trataba de cafs tpicos sino
ms bien de bares, tiendas, piqueteaderos.

1.2 La Gruta Simblica, tertulia de transicin

Las tertulias tambin las tertulias literarias se reunan en casas particulares. En
1900 se di adems un especial motivo para una vida retrada: la Guerra de los Mil Das con
los consecuentes alborotos, toque de queda e inseguri-dad general. Lus Mara Mora
describe, en sus Croniquillas de mi ciudad, la atmsfera que reinaba en aquel entonces en la
ciudad:

La violencia de los histricos, despus del 31 de julio, haba hecho de la vida bogotana una larga
pesadilla, con su ruido constante de esposas en las crceles, con la arrogancia de los esbirros en las
calles. Ni diversiones ni teatros haba, y aun las relaciones sociales se haban relajado mucho a causa
de la divisin de los colombianos entre dos bandos terribles que se debatan con singular arrojo en
los campamentos[4].

A raz de esta situacin se fund una tertulia literaria que en su tiempo fue
caracterizada como asociacin de payasos[5], sobre la que se sonren nuestros crticos
contemporneos[6] y que a veces es rechazada desdeosamente como testigo de la
tradicin de la pobreza de la literatura colombia-na cuyos autores escribiran textos
insoportables llenos de un retintn montono[7]; se trata de la Gruta Simblica. Fue un
grupo de poetas, artistas y literatos que se reuna durante las horas de toque de queda para
recitar versos, improvisar sainetes, epigramas, sonetos y otros gneros poticos y, dicho sea
de paso, para tomar ron. El ms famoso de ellos fue Clmaco Soto Borda (1870 - 1919), el
prncipe del epigrama y de la risa, rey y seor del chiste y del gracejo[8] quien
dondequiera iba diseminando primorosos juegos verbales. En su juventud un cachaco
mundano y elegante, pareca en los ltimos tiempos, no cumplidos los cincuenta aos, un
anciano sucio y abandonado. Aqu no queremos evaluar esta tertulia bajo aspectos
poetolgicos o estticos sino como una especie de piedra miliar en el camino hacia el Caf
Literario.

Es verdad que tambin la Gruta Simblica igual que otras tertulias celebraba sus
sesiones en casas particulares la mayora de las veces en la caserona de -Rafael Espinosa
Guzmn pero se trataba ya de tertulias semipblicas, porque se admitan huspedes no
miembros del crculo que asistan a las sesiones en nmero cada vez mayor, a medida que
creca la fama de la Gruta, y tambin porque estaba presente la prensa que publicaba los
textos escritos durante las sesiones de la tertulia o preparados para ella.

Es decir que la Gruta Simblica puede considerarse como fenmeno de transicin de
las tertulias privadas hacia las pblicas en el caf, y tambin bajo otro aspecto: Miembros de
la Gruta se reunan adems en diversos bares, cantinas, piqueteaderos de nombres tan
prestigisos como La Botella de Oro, La Rosa Blanca, La Cuna de Venus, La Gata Golosa.
Tambin La Gran Va era muy frecuentada. En estos lugares los grutistas se preparaban para
las sesiones de su tertulia, que transcurran desde las 8 de la noche hasta las 6 de la
madrugada, o las finalizaban all con un fuerte plato de desayuno. Con eso qued
introducido el espacio pblico como sitio de encuentro. Dentro de pocos aos sera el lugar
de reunin permanente. La Gruta Simblica existi hasta 1903, es decir, hasta el final de la
guerra civil. Alberto Lleras Camargo la apreci desde la retrospectiva: La Gruta
Simblica, que pas por ser un aquelarre sdico, no fue ms que una tendencia a establecer
un Montmartre entre nosotros[9].
1.3 Los aos veinte

El resultado ms humillante y deplorado todava hoy en da de la Guerra de los Mil
Das fue la prdida de Panam. Dado que tambin los Estados Unidos estaban involucrados,
las relaciones entre ellos y Colombia forzosamente se congelaron. Sin embargo, despus de
algunos aos, los dos estados trabajaron con xito por reanudar sus relaciones, y bajo la
presidencia de Pedro Nel Ospina (19221926) Colombia obtuvo como indemnizacin por la
prdida de Panam el pago de 25 millones de dlares. Esta suma, junto con elevados
crditos adems de un fuerte aumento de las importaciones de caf por parte de los Estados
Unidos, trajo consigo una bonanza sin par, la famosa Danza de los Millones que facilit
cambios fundamentales en Colombia. La nueva era brind la electricidad para muchos
hogares, los ferrocarriles, vas de trnsito, automviles, en breve, muchas cosas que se
pueden resumir bajo la palabra mgica de progreso, entre ellas tambin los cafs.


1.4 El consumo de caf en Colombia

Entretanto se hacan grandes esfuerzos por aumentar el consumo de caf en el pas. En
la prensa se hablaba sobre los resultados que tendra un mayor consumo de caf en
Colombia:

Suponga-mos que de nuestros seis millones de habitantes se lograra [...] que tan slo dos y medio
millones consumieran anualmente cinco libras por cabeza: esto represen-tara para el mercado
interior cien mil sacos anuales, y el consumidor no habra gustado arriba de diez tazas al mes [...]
supongamos en seguida que el nmero de consumidores no subiera, pero que cada cual aumentara su
caf a veinte tazas mensuales: aun es infima cantidad, y con ella tendramos, no obstante, vendido en
el pas un nmero de sacos igual a la sexta parte de lo que ltimamente se ha exportado[10].

En el artculo La negra y sutil bebida CROMOS no solamente realiza ficticios
clculos estadsticos sino tambin ensalza las cualidades del caf, llamando la atencin de
los lectores sobre sus benficos efectos: tiene la virtud de estimular convenientemente los
nervios, mantener en lucidez y actividad las facultades mentales, reanimar los msculos, dar
brios y buena disposicin para el trabajo: es decir, tiene todas aquellas condiciones que
tantsimos miles de personas buscan en licores y bebidas diversas con resultado negativo y
con dao permanente de la salud [11].
Incluso cita a Balzac quien tambin apreciaba mucho el caf, para despus proseguir:
Mandatos igualmente vivos y eficaces impone al cerebro del hombre cientfico, del
comerciante, del universitario, del poltico, del industrial, del artista, del funcionario, la
mgica bebida[12]. Despus, el artculo compara pases de bajo consumo de caf, entre
ellos Colombia, con aquellos de alto consumo, como Argentina, Brasil, Estados Unidos, y
justifica las evidentes ventajas que estos ltimos tienen sobre Colombia con los efectos
benficos del caf. Para corrorobar su argumentacin, el autor del artculo cita un dilogo
que mantuvo con l un argentino que estaba de visita en Bogot:

Dgame: aqu, en secretaras del Estado, en bancos, en ferrocarriles, no pasan caf a
ninguna hora?
No... aqu no hay costumbre de pasarle caf a nadie.
Caramba! Y no se les adormecen los empleados?
Pues... algo de eso hay, si seor[13].
1.5 Los cafs

Pocos aos despus, el caf se haba impuesto tambin en Colombia y junto con l
tambin los Cafs. Es verdad que hacia 1900 existieron sitios que ya se denominaban
Caf, pero se les reconoca su autoridad social recin en los aos veinte[14]. Haba cafs
en todas las principales ciudades de Colombia. En Medelln, El Globo y La Bastilla tenan
gran importancia para la vida cultural de Antioquia; eran focos de inteligencia y de genio y
lugares de origen de importantes internados de caf de Bogot. Para Barran-quilla, se
podra nombrar, por ejemplo, El Bodegn. En Bogot surgieron muchos, entre ellos el Caf
Riviere, el Caf Astor, el Caf Pensilvania. Alberto Lleras Camargo, despus de subrayar la
importancia que tena para los bogotanos la calle como mercado abierto donde viviran la
mayor parte de su tiempo, caracteriza los cafs como sigue:

Apenas nos alejbamos de ella (la calle) para entrar a los puertos de cabotaje ms cercanos, los
cafs donde recalbamos por horas enteras, pero que no dejaban de ser parte integrante de esa
corriente de la cual apenas nos separaban sus puertecillas movedizas, con persianas de madera,
escotillas que dejaban ver los pies y las piernas de los traseuntes. En esos cafs, recintos casi
sagrados de mi juventud, consum muchas ms horas que productos de los humildes negocios [...].Se
tomaba, desde luego, caf, mucho caf, negro y amargo, y adems [...] algn licor fuerte, whiskey,
brandy, ron o aguardiente, o grandes jarros de cerveza negra o rubia, que llegaba en toneles, en
grandes carros tirados por percherons imponentes. Aquello era barato, al alcance de nuestra pobreza.
Y an as tenamos que firmar vales sin mucha cautela, que el dueo del establecimiento extenda a
sus amigos por razones imprecisas que no tenan mucho que ver con la firmeza del crdito
perso-nal[15].

2 El Caf Windsor

El ms famoso de los cafs fue el Caf Windsor. Estaba ubicado en la calle 13, No. 7-
14, cerca de los principales diarios y de las mejores libreras, de los centros polticos y de las
instituciones ms importantes de enseanza superior. Se trataba de un sitio agradable y bien
decorado, de propiedad de los hermanos Agustn y Luis Eduardo Nieto Caballero, con un
pblico heterogneo pero fino, principal-mente de intelectuales, cita Rodrguez Morales a
Ada Martnez.[16] Estos propietarios e intelectuales eran, en primer lugar, miembros de los
Centenaristas, de aquella generacin que, por sentimiento y pensamiento patriticos, queran
superar el abismo que exista entre conservadores y liberales.

Compartan su caf con ganaderos, hacendados y algunos sobrevivientes de la Gruta
Simblica. Sin embargo, de pronto conquistaron el local algunos jvenes rebeldes que
declararon abiertamente querer romper con todas las convenciones y tradiciones, tanto
literarias como polticas. Los Arquilkidas causaron sensacin entre sus contemporneos y
dominaban el mbito del caf con animados debates y discusiones. Gilberto Loaiza Cano
dice en su fulminante obra Luis Tejada y la lucha por una nueva cultura[17]: se encargaron
de preparar en el caf Windsor, el sagrado recinto sagrado de los 'centenaristas', la puesta en
tela de juicio del capital intelectual legado por las viejas generaciones[18].

Se trataba de un grupo heterogneo, contituido por Len de Greiff, Luis Tejada, Silvio
Villegas, Ricardo Rendn, Hernando de la Calle, Jos Umaa Bernal, Juan Lozano y
Lozano, entre otros. Los nombres de Silvio Villegas, el futuro lder del nacionalismo de
derecha, y Luis Tejada, quien, en determinado momento, sera el jefe de la nueva
intelectualidad socialista, dejan entrever las grandes diferencias ideolgicas entre los
miembros de este grupo. Estos jvenes rebeldes e iconocla-stas causaron terror e
indignacin en el campo intelectual y poltico. Cuando al cabo de pocos aos la censura los
puso en jaque mate se transformaron, junto con otros amigos, en el grupo de -Los Nuevos.
Ya sus contemporneos discutan mucho sobre esta denominacin y sus posibles miembros.
En 1928, la revista Univer-sidad de Germn Arciniegas publica, por ejemplo, un discurso
que Hernando de la Calle antiguo miembro de los Arquilkidas y hombre de aparatosa
elocuencia[19] haba pronunciado un mes antes en Manizales.[20] En el mismo niega la
existencia del grupo Los Nuevos y sobre todo la justificacin de esta denominacin de aquel
pequeo ncleo de periodistas, escritores, poetas que solo representara una pequea parte
de aquella generacin de hombres nuevos en todos los campos de la ciencia, de la
economa, de la jurisdiccin etc. Estos haban de enfrentarse con las consecuencias de la
Primera Guerra Mundial, con el abrupto acopla-miento de Colombia, antes tan aislada, al
mundo exterior. Los Nuevos se agruparon en 1925 alrededor de ese nombre y de su revista
homni-ma. sta dej de existir despus de la aparicin de cinco nmeros ya. La tertulia de
Los Nuevos se encontraba diariamente en el Caf Windsor. Juan Lozano y Lozano
recuerda: Formbamos nosotros el ncleo permanente del Caf de Windsor; y a nuestra
mesa reservada y tenida casi en propiedad, caan para discutir y hablar y recitar [...] tantos
otros que en el mundo de las letras y de la poltica han venido dirigiendo en los ltimos aos
la vida nacional[21].

Hay que mencionar por lo menos algunos de los que formaban ese ncleo permanente
del Windsor: Se trataba de Eliseo Arango, Germn Arciniegas, Len de Greiff, Al-berto y
Felipe Lleras Camargo, Juan Lozano y Lozano, Jos Mar, Rafael Maya, Germn Pardo
Garca, Jos Umaa Bernal, Rafael Vsquez, Luis Vidales, Jorge Zalamea [22]. La tertulia
atraa a otros personajes como Carlos Pellicer, Gregorio Castaeda Aragn, Ricardo
Rendn, para nombrar algunos pocos. Tam-ben en este caso me abstengo de hacer una
apreciacin crtica literaria. Mi principal inters aqu es destacar aquel fenmeno de que un
intercambio permanente de reflexiones y consideracio-nes en el lugar pblico del caf
produce cambios que no pueden ser sobreestimados, como se ver ms adelante. En este
sentido, no estoy totalmente de acuerdo con Cobo Borda quien caracteriza el grupo como
un grupo de muchachos, totalmente afrancesados, y deslumbrados por los novelistas rusos,
haciendo sus primeros ejercicios intelectuales[23].

No podra darse aqu el caso de que un eminente crtico y literato colombiano
sucumba al modo de pensar eurocentrista? Qu posibilidades tenan los jvenes
intelectuales de Bogot para enfrentarse con las nuevas y novsimas corrientes? Gutirrez
Girardot, en todo caso, habla de una iniciacin de la vanguardia que no surgira bajo la
influencia de las vanguardias europeas porque no se tuvo ms que un conocimiento
fragmentario y posterior de ellas [24].

El Windsor fue, en primer lugar, centro de reunin donde Los Nuevos intercambiaban
sus textos durante sus sesiones diarias y de muchas horas de duracin. Los trabajos
comparativos reunidos en la obra arriba mencionada[25] parten de la teora dicho sea de
paso de que el caf como lugar de recepcin de textos influye tambin en la produccin de
los mismos, incluso cuando no se escriben en el caf. Porque aquellos textos que se escriben
en el contexto general de la tertulia diaria estn particularmente orientados hacia su
recepcin, mucho ms que aquellos del solitario autor de novelas que trabaja en el
aislamiento de su escritorio, y sin enfrentar las reacciones inmediatas de los contertulianos.
Pero, como ya se dijo, la meta de esta ponencia no es el anlisis literario-lingstico de la
llamada literatura de caf[26] sino la de valorizar el caf literario como smbolo de
vanguardia.

En el ao de 1996 tuve el inolvidable placer de sostener una entrevista con Germn
Arciniegas sobre el tema de los cafs literarios. No solamente me dedic una tarde para
contarme detalles de su vida de joven intelectual bogotano sino que adems se vali de la
entrevista para publicar en El Tiempo del 28 de marzo de 1996, en la columna Hechos
histricos, bajo el ttulo de El Windsor, un hermossimo artculo.[27] All expone
algunos recuerdos de ese caf largos aos olvidado, pero ahora resucitado, sto ltimo
gracias tambin a los ensayos de Ricardo Rodr-guez Morales en la Gran Enciclopedia de
Colombia y en el maravilloso libro de Hugo Sabogal Voces de bohemia[28]. Arciniegas, y
en 1996 el nico sobreviviente de las tertulias del Windsor, lo caracteriza como sigue:

En ese pequeo trozo de Bogot [...] apare-cieron, como borradas entre el humo que haca casi
irrespirable la atmsfera, toda la poesa, el chisme y la crnica en que se ambientaba la poltica y
naca la nueva poesa de la Colombia de entonces [...]. Se saban los cuentos de la vida diaria y se
conocan poemas que iran a cambiar el tono de la literatura colombiana [...]. En un tiempo en que
todos usbamos sombrero no habra en el Windsor dnde colgar los de la clientela. Ni se necesitaba.
Para eso estaban las cabezas. Siendo limitado el espacio, casi no haba separacin entre las sillas que
ocupaban quienes negociaban ganado y trigo de Sogamoso y los poetas que se comunicaban sonetos
y baladas. Leo Le Gris, Rendn, Luis Tejada, cubran ms espacio con sus chambergos, y
boyacen-ses y cundinamarqueses se contentaban con el espacio de los borsalinos... Todo el primer
mamotreto de las tergiversaciones de Leo Le Gris, lo conocimos nosotros en el Windsor. Toda la
poesa de Castaeda Aragn. Todas las crnicas de Luis Tejada[29] (subrayados son mos).

A continuacin, quisiera presentar a cinco personajes ejemplares y representativos
para las tertulias de los Arquilkidas o Los Nuevos y evaluar su importancia como
abanderados de la vanguardia: los poetas Len de Greiff y Luis Vidales, el cronista Luis
Tejada, el caricaturista Ricardo Rendn y el mismo Germn Arciniegas en su poca de joven
estudiante.

2.1 Len de Greiff (18951976)

Len de Greiff, quien proceda en tercera generacin de una familia de inmigrantes
escandinavo-alemanes en Antioquia, lleg por primera vez a Bogot en el ao de 1918. Muy
pronto se asoci al grupo de los jvenes rebeldes de los Arquilkidas y en 1925 fue co-
fundador del grupo y de la revista de Los Nuevos siendo con treinta aos el mayor de todos.
Pero ya antes, en 1914 y todava en Medelln, es decir, en un tiempo cuando Guillermo
Valencia moldeaba sus motivos antiguos en versos exquisitos y cuando los cisnes y los
crepsculos del modernismo eran lo ms atrevido que poda ofrecer la poesa colombiana,
Len de Greiff se burl en formas poticas inauditas de la mediocridad alrededor suyo. Con
neologismos, arcaismos, palabras extranjeras, alusiones, ritmos extremos y otros
procedi-mientos poticos cre un lenguaje potico com-pletamente nuevo y constern
amigos y enemigos con el invento de sus abstrusas cantilenas.[30] Por ejemplo, en su
poema Villa de La Candelaria (1914) se queja as:

Gente necia, / local y chata y roma. / Gran trfico / en el marco de la plaza. / Chismes. /
Catolicismo. / Y una total inopia en los cerebros...[31].

En 1915 perteneca a la tertulia Los Panidas que editaba la revista Panida y a la cual
erigi un monumento lrico en su Balada Trivial de los 13 Panidas:

satricos y humoristas, / o muy ingenuos, si os parece / en el caf de los Mokistas / los Panidas
ramos trece! [...] en veladas aquelarristas / sesiones ntimas, secretas! / y en bodegones, si os
parece / en esas citas indiscretas / los Panidas ramos trece! / Fumvoros y cafestas / y bebedores
musagetas! [...] en nuestras Sbbats liturgistas / los Panidas ramos trece![32].

Los Panidas continuaron la tradicin de la tertulia literaria

No slo las libreras servan de receptculo a las tertulias : all estaban los cafs, en donde al calor
de los aguardientes, se recitaban poemas o se polemizaba sobre las corrientes literarias en boga...los
PANIDAS surgen entonces para continuar esa cultura de bohemia respaldada por su propia e
impor-tante revista literaria. [...] All, en el ambiente de caf, encuentran sus afinidades y cohesionan
las ideas alrededor de su exagerada sensibilidad y de su permanente inquietud por las
manifestaciones imperantes en el poca[33].

Su contertuliano Rafael Maya recuerda el escndalo que produjeron Len de Greiff y
sus poemas entre el pblico:

En ese medio y a esa hora surgi Len de Greiff. El escndalo fue enorme. Los males acadmicos y
seudoclsicos entrecruzaron las espadas en torno al diccionario para defender los fueros del idioma.
Los poetas erticos se consagraron en capillas y sinagogas para llorar la muerte del soneto,
estrangulado cmo un cisne por las manos de un poeta rubicundo, de nombre brbaro, que instal al
bho sobre el hombro de la Musa [34].

Segn la opinin unnime de la crtica, de Greiff fue el renovador ms radical de la
poesa colombiana. Sorprenda a los habituales lectores de versos con una poesa diferente
de todas las que hasta entonces se haban escrito en Colombia[35]. Fernando Charry Lara
llama la atencin sobre la simbiosis que exista entre la apariencia del poeta y sus poemas.
Con sus ojos azules, el pelo rojizo y la figura alta, la barba, la pipa (un requisito inusual en
la Colombia de aquel entonces), el sombrero de alas anchas y vestidos descuida-dos, de
Greiff fue una figura original en su ambiente bogotano. Eso es tpico para la personalidad
del literato de caf, como lo observamos tambin en poetas como Fernando Pessoa en
Lisboa, Peter Altenberg en Viena, Else Lasker-Schler en Berln y muchos otros. Testigos
contemporneos describen a de Greiff como un hombre de la calle y de los espacios pblicos
que se pasaba su vida en cafs. Fue un personaje lleno de contradicciones: Por un lado, era
evidente que necesitaba de la comunidad de la tertulia y el espacio pblico del caf para ser
capaz de escribir poesa; por el otro, se le consideraba el gran solitario y excntrico y as se
describe a s mismo en muchos textos. Aunque, segn los recuerdos unnimes se le poda
encontrar da y noche en la calle y en los cafs, cumpla, no obstante, con sus deberes en
diversos puestos administrativos de los ferrocarriles, del banco y de instituciones parecidas.
Ejecutaba su trabajo, aunque con resignacin melanclica, con exactitud, formalidad y
seguridad. Alberto Lleras Camargo recuerda: Slo al crepsculo verpertino el poeta
banquero abandonaba su caverna de nmeros para ocupar su puesto de avanzada[36].

La tertulia en el Windsor inspiraba a de Greiff en muchos aspectos. Transformaba
poeticamente las conversaciones en el caf: Bogot fue, a pesar de su provincialidad de
entonces, la capital del pas y centro cultural de todos los intelectuales del pas, y en el caf
se reunan no solo los bogotanos sino colombianos de todas las regiones:

Len haba escrito la Balada del Mar no Visto con toda la nostalgia del marino condenado a vivir en
el corazn de la montaa oyendo los relatos de sus abuelos llegados del Bltico o del Mar del Norte.
Castaeda Aragn llegaba de Santa Marta, traa impregnadas sus ropas del yodo y la sal que corren
por la brisa. Lo oamos como se oyen los cuentos de Simbad. Y as como conocimos el mar desde el
Windsor, conocimos las historias de las montaas de Santander, o los misteriosos relatos de Ipiales y
Pasto, trados al caf con un lenguaje en tono menor que le daba el colorido de la frontera
ecuatoriana [...]. Esa era una provincia totalmente nuestra. Se llegaba de Medelln, de Santa Marta,
de Pasto, directa-mente al Windsor. Y en el Windsor se tramaban todas las conspiraciones, los
enredos, y del Windsor salan los libros y en el Windsor nacan y moran las ilusiones [37].

La rebelin literaria y poltica contra el pragmatismo y la obsesin de los
Centenaristas por la armona, y contra la tradicin, convencin y el estableci-miento en
general determinaba las largas sesiones de la tertulia y Lon de Greiff la expresaba
poticamente. Muchos de sus poemas escarne-cen el orden existente. En la Balada de
asonancias consonantes o de consonancias disonantes o de simples dis-onancias dice por
ejemplo: Para el asombro de las greyes planas / suelo zurcir abstrusas cantile-nas. / Para
ofender la mesocra-cia ambiente / mi risa hago sonar de monte a monte; / tizno mis versos
de bizarro rictus / para el mohn de lo leyente docto[38].

Insuperable en este sentido es tambin la Farsa de los Pinginos Peripatti-cos que
Jorge Zalamea en la reedicin preparada por l llama una pequea obra maestra y de la
cual dice: no abunda nuestra poesa en creaciones de este (del satrico) gnero y bien vale
recordar al pblico lector [...] que la irona es la hermana secreta de la poesa[39].

Una preciosidad de imitacin lingstica de las discusiones apasionadas y del parloteo
acalorado y ebrio en el caf se encuentra en las Prosas de Gaspar donde el poeta habla de las
noches que pasa con su tertulia en el caf. Describe cmo se les expulsa del local con
escarnio y sarcasmo a otros huspedes de manera que la tertulia termina por quedar sola y
entre amigos. Parodia las prolongadas discusiones nocturnas sobre todos los tpicos
imaginables, de los no imaginables, y de otros, an pero de preferencia sobre motivos de
poesa y de esttica y sobre el nuevo libro Brbara Charanga de Don Lope de Aguinaga.

En este texto, de Greiff ironiza los interminables debates de la tertulia con medios
rtmicos, con redundan-cias, con trucos onomatopo-ticos como la reparticin de acentos,
acumulaciones de oclusivos, elementos sintcticos como la lipse, fenmenos lexicales
como arcaismos, neologismos etc.[40] El ficticio autor Lope de Aguinaga, dicho sea de
paso, es una de las persona-lidades en las que Len de Greiff se multiplica en sus sueos y
en sus textos; cada una de ellas posee propios rasgos humanos y funciones literarias, y de
Greiff las emplea como seudonmi-cos. El ms conocido y ms nombrado es Leo de Gris.
Charry Lara las define como los dobles suyos: objetiva-ciones de un mundo interior en el
que se juntan, hasta confundirse, las riquezas de la experiencia vital y de la experiencia
cultural del poeta[41].

Es bien sabido que Len de Greiff escribi tambin muchos poemas que no tienen
ningn rastro de irona, stira, sarcasmo etc. sino que en un lenguaje puramente potico y
bello, pero sin embargo nuevo y original moldean un nuevo romanticismo como por ejemplo
Esta mujer es una urna / llena de mstico perfume o Esta rosa fue testigo y muchos ms.
Estos textos corresponden igualmente a los criterios de una poesa radicalmente nueva. De
Greiff no encaja en las diversas vanguardias histricas, lo sac todo de su cabeza como
dijo alguna vez el crtico Enrique Anderson Imbert. Pero no obstante fue un verdadero
combatiente de avanzada en la lucha colombiana por la moderni-dad.

2.2 Luis Vidales (1902 1990)

Al lado de Len de Greiff, a Luis Vidales se le considera el otro poeta de vanguardia
del grupo de los Nuevos. En 1926 public una antologa con el ttulo Suenan timbres que
contiene textos tan sensacionales que los compradores formaron colas delante de las
librerias para adquirirla. Sin embargo, este masivo inters no se deba al entusiasmo por la
lectura sino a su curiosidad y el deseo de conocer los textos que provocaron un escndalo
tan grande. Como anteriormente en el caso de de Greiff, tambin ahora se registr la
defuncin de la poesa.[42] El ttulo de la antologa es una alusin a los timbres elctricos
que empezaban a reemplazar poco a poco las tradicionales aldabas y quiere, tal vez, anunciar
nuevos tiempos tambin en la poesa. La poesa de los aos veinte se caracterizaba por la
disolucin del modernismo a la cual Luis Vidales contribuy en alto grado cuando dijo, por
ejemplo, en su poema Oracin de los Bostezadores:

Seor, / nos aburren tus auroras, / y nos tienen fastidiados / tus escandalosos crepsculos [...];
Seor / te suplicamos todos los bostezado-res / que transfieras tus crepsculos / para las 12 del da. /
Amn[43].

En el poema siguiente, del ttulo Super-Ciencia, que se parece mucho a un Haiku
japons, se expresa ejemplarmente una mirada nueva, paradoja, el mundo al revs, como
dice Gutirrez Girardot[44], al mundo en trance de transformacin: Por medio de los
microscopios / los microbios / observan a los sabios.[45] El parentesco de esos poemas con
las gregueras de Ramn Gmez de la Serna tambin es obvio. Como poeta urbano, Vidales
tematiza, igual que de Greiff, el caf como espacio de vida donde la mirada enajenante
deforma objetos e im-presiones visuales y acsticas y los dota de una nueva semntica.
Gutirrez Girardot compara este procedimiento con el esperpento de Valle-Incln. Para
ilustrar esta estrategia textual, cito del poema En el caf:

El piano / que grue metido en un rincn / le muestra la dentadura / a los que le pasan junto [...]
solo a grandes sorbos / bebo msica .
Otro ejemplo es el poema La Msica:

En el rincn / oscuro del caf / la orquesta / es un extrao surtidor. / La msica se riega / sobre las
cabelleras. / Pasa largamente / por la nuca / de los borrachos dormidos. / .

Igualmente el poema en prosa Teora de los objetos. Pltica en el caf:

La bola de billar es un taco estancado y el taco es una bola que ha hallado continuidad [...]. Todos
los objetos estn en potencia con respecto a su forma contraria. [...] La lnea es una circunferencia
desinflada. Y la circunferen-cia es una recta que ha hechado panza [46].

Alberto Lleras, en su artculo Un libro extraordinario. SUENAN TIMBRES y las
distinciones especficas de una generacin habla de una obra desconectada del pblico y
del aplauso, que no podra encontrar la recepcin como aquellas

ridculas concepciones que tienen por musa, por acicate, por motivo y por fin nico alguna de esas
damitas romnticamente idiotas que nos brind nuestra sociedad de hace cincuenta aos, y que
todava no han desaparecido del todo [47].

Caracteriza a Vidales como un verdadero humorista y constata que el pblico de
Bogot recibira con ms benevolencia a un monstruo que a un humorista; humor sera algo
sumamente sospechoso. Charry Lara establece que Vidales quera enfrentarse con su
humorismo al tradiciona-lismo y al estira-miento social que dominaba la vida colombiana
de entonces. Y efectivamente, los lectores bogotanos comprendieron los textos de Vidales
como un enfrentamiento, como un ataque, no solamente debido a la forma de los versos
que se consideraban como ren-glones desarticulados y dispares que no obedecan a ninguna
meloda exterior ni interior, y que en parte incluso estaban escritos en prosa, sino tambin
por sus tpicos que estaban tan alejados de lo que conceban como potico.[48] Son
precisamente estas caractersticas las que hacen de Vidales un vanguardista que conquist
nuevas formas y nuevos tpicos para la poesa de Colombia. Luis Tejada lo salud con
entusiamo en su crnica Un poeta nuevo como a un poeta en el mejor y ms noble
sentido de la palabra[49].

A diferencia de Len de Greiff, que defenda sus posiciones polticas esclusivamente
en crculos privados o en la tertulia, pero no en sus textos ni mucho menos como miembro
de una entidad poltica, Luis Vidales ya en los aos veinte y hasta de muy avanzada edad
profesaba ideas socialistas y comunistas. Se podra decir entonces que perteneci desde la
perspectiva histrica tambin a la vanguardia poltica. Estudi economa poltica y
ciencias sociales en la Escuela de Altos Estudios de Pars (1926 1929), y organiz con
Luis Tejada y otros de Los Nuevos el primer grupo comunista que hubo en Colombia.
Tambin fue director del peridico comunista Vox Populi.

2.3 Luis Tejada (1898 1924)

Luis Tejada muri muy joven, antes de que se agruparan Los Nuevos; no obstante en
su generacin y en el grupo de los precursores Arquilkidas desempe un papel de lder
cuya importancia es muy difcil de ignorar. En los aos de 1917 a 1920 se gan fama como
periodista en Pereira, Barran-quilla y Medelln. En Medelln, ya con el apodo del pequeo
filsofo, Tejada fue participante en las tertulias de los jvenes intelectua-les donde era muy
estimado y rebuscado. Las prolongadas discusiones de los jvenes, frecuentadas tambin por
autores mayores y de reputacin como Toms Carrasquilla, eran extraordinariamente
estimulantes. Gilberto Loaiza Cano constata:

De todas esas posibilidades de reunin entre intelectuales nacieron proyectos ms o menos
quimri-cos; algunos culminaron en efmeras revistas; en el debut de algn poeta desconocido
promovido por los comentarios de Tejada, como sucedi con los versos futuristas de Juan
Francisco Arboleda; tambin nacieron serias intenciones de afiliacin al movimiento socialista,
como sucedi con el poeta Miguel Agudelo y con el periodista Horacio Franco; o se logr crear para
el gremio de periodistas liberales de Medelln una organizacin que reivindicara sus intereses. Esta
ltima tentativa fue la ms feliz en este ao y Tejada fue el principal responsable[50].

1921 lleg a Bogot y, con sus ideas sobre la esttica, sobre la nueva cultura y la
nueva poltica, se puso al frente de la joven generacin en su lucha contra el establishment
de regeneracionistas y de centenaristas. Esta lucha era conducida sin piedad y preparada en
largos debates en las reuniones en el Caf Windsor o Riviere en cuanto que la censura la
permita. A veces discutan directamente con los centenaristas presentes en el caf. Dice
Gilberto Loaiza Cano:
En los cafs de Bogot encontr el ambiente conspirativo ideal para hacer menos solitaria su
impugnacin. [...] En mesas ocultas por el humo de los cigarros y de las pipas y que apenas si dejaba
ver un tumulto de sombreros de alas anchas, se fue delineando el primer esfuerzo colectivo de
demolicin de la tradicin intelectual decimonnica y de los valores ticos y estticos promovidos
por las generaciones que precedan al grupo de nuevos intelectua-les[51].

Luis Tejada luchaba por una nueva cultura en su pas con el arma de la crnica, segn
Cobo Borda aquel gnero que nace en Hispanoamrica con el modernismo en el momento
de la creacin de los grandes diarios. Cobo Borda lo caracteriza as: La crnica, que es
hasta cierto punto periodismo pero que es, ante todo, buena prosa, oscila entre el ensayo
breve y la digresin aguda, y tiene a Luis Tejada como su ms destacado exponente [52].

Luis Tejada escriba sus crnicas basndose en las observaciones que haca durante
sus largas caminatas por la ciudad, pasando inadvertido como una partcula perdida entre la
muchedumbre, pero con los ojos muy inquisidores y el alma abierta a pequeas y grandes
emociones como dijo l mismo.[53] Dominaba el arte de extraer de aparentemente
insignificantes observaciones aquella esencia que representa la totalidad actual de la realidad
vista. En un artculo publicado en 1962, Antonio Meja Gutirrez lo caracteriza como
socilogo de lo cotidiano.[54] Alberto Lleras Camargo compar su estilo con aquel de las
caricaturas de Rendn: un estilo de simplicidad y firmeza que recordaba la lnea de los
dibujos de Rendn, en abierta contradiccin con los principios retricos de la poca.2[55]
Mini-stril, trovero, juglar / de alma singular, escribe Len de Greiff en su BALADA
AHSVERICA DEL MINISTRIL, TROVERO Y JUGLAR dedicada a Luis Tejada.

2.4. Ricardo Rendn (1894 1931)

Germn Arciniegas postul: Rendn se quit la vida en La Gran Va. Nunca lo
hubiera hecho en el Windsor. Del Windsor a La Gran Va haba un siglo y seis cuadras de
distancia. Len dijo: Seora muerte que se va llevando / todo lo bueno que en nosotros
topa [56].

Ricardo Rendn, el caricaturista ms importante que ha tenido Colombia, fue, como
tambin Len de Greiff, uno de los trece Panidas. Form parte de los Arquilkidas y fue
tambin miembro de Los Nuevos. Los peridicos El Espectador, El Tiempo, La Repblica y
otros productos de prensa se disputaban sus caricaturas. Rendn ayudaba a su contertuliano
Germn Arciniegas en su nueva revista Universidad, dibujaba comerciales e incluso rechaz
ofertas lucrativas de Buenos Aires y de Nueva York. Fue el emperador de la
caricatura[57]. Sus caricaturas, que en lneas claras sintetizaban la apariencia y el carcter
de los polticos, sus actuaciones polticas as como tambin la actual situacin poltica del
pas[58], ejercan una influencia dificil de sobreestimar.

Mientras que la caricatura poltica de hoy en da se comprende ms bien como
comentario de los contenidos escritos de la prensa, en aquel entonces y en vista del
porcentaje de analfabetas dramticamente alto se habla de un 71% de analfabetas en
1918[59] era la noticia misma y no se entenda en general como un espejismo deformado o
exagerado, sino como una verdadera imagen de la realidad. En todo caso, los dibujos de
Rendn hablaban directamente al observador: y desde luego (el prodigioso mundo de
Rendn) explicaba mejor lo que estaba ocurriendo, en elementales sntesis que el pueblo
devoraba, hastiado de editoriales pomposos, de retrica centenari-sta, de imgenes literarias,
a las cuales no tena fcil acceso, siendo, como era, casi analfabeto[60].

Segn los testimonios de sus contertulianos, Rendn era un participante fiel pero
callado de las tertulias; participaba muy poco en las discusiones violentas, muchas veces
catalizadas por bebidas alcohlicas. Escuchemos una vez ms a Carlos Lleras Restrepo:
Nos una a todos una bohemia amable y poco vistosa, limitada ms an por nuestra
pobreza. Pasbamos das enteros entre las sombras picantes de humo y vapores del alcohol
del Windsor, o del Riviere [...]. Qu das y qu noches aquellas de un tiempo en que se
senta prximo un gran cambio en todas las cosas![61].

Una relacin especialmente estrecha lo una a Luis Tejada. Horacio Franco la defini
como sigue: Nosotros encontrbamos siempre un paralelismo ntimo y perspicaz entre
Rendn y Tejada. Muchas de las paradojas de este ltimo servan de base a los dibujos de
Rendn y varias veces le vimos mover en el aire las manos, como en signos cabalsticos al
escuchar a Tejada alguna de sus origina-les concepciones de la vida y de las gentes[62].

El despertador de Bogot, como Germn Arciniegas llam a Rendn alguna vez,
jugaba un papel decisivo en las elecciones del 1930 cuando despus de cincuenta aos de
gobierno conservador se produjo el gran cambio en Colombia. Alberto Lleras Camargo
valoriz la trascendencia que tena Rendn en ese momento: A la maana siguiente a la
victoria del liberalismo el pas entero los liberales con gratitud, los conservadores con
acerba , reconoci que Rendn era el gran triunfador de esa batalla democrtica[63].

Poco ms de un ao despus de esta victoria, Rendn se mat con un tiro en el
reservado del local La Gran Va. Hubo muchas especulaciones alrededor de ese suicidio. Se
mencionaron motivos como su tempera-mento ciclotmico, la ausencia de enemigos en el
gobierno, su vida de bohemia o la suma de todos estos factores.[64] Incluso sus amigos ms
ntimos no encontraron una explicacin concluyente, lo que significa que a pesar de la
comunidad y amistad permanente de la tertulia, Rendn sigui siendo un solitario, casi un
extranjero, rodeado de sus contertulianos. Cuando enterraban a Rendn se hizo manifiesta la
estima que haba ganado en toda la poblacin: segn testigos, toda Bogot, ms personas
que en ningn otro entierro, sea de un artista, un literato, un poltico, asistieron a los
funerales de Ricardo Rendn.

2.5. Germn Arciniegas (19001998)

Por ltimo hay que caracterizar con algunas palabras a Germn Arciniegas quien con
tanto cario habla de la vida de los jvenes intelectuales en los cafs de Bogot. En el
presente contexto no se puede abarcar toda la larga y fructuosa vida de ese Sumo Pontfice
de la cultura colombiana. En cambio, quiero limitarme a la poca de sus recuerdos del Caf
Windsor, basndome sobre todo en informaciones obtenidas del libro de Juan Gustavo Cobo
Borda, Arciniegas de cuerpo entero, Bogot 1987. All aparece una entrevista que sostuvo
Andrs Muoz, de Mundo Argentino, con Arciniegas en la cual este ltimo describe sus
actividades de estudiante bogotano. La revolucin universitaria en Crdoba de 1928 haba
tenido una honda repercusin entre los jvenes intelectuales colombianos. Se fund la
Asamblea de Estudiantes, con Arciniegas como su secretario perpetuo. Arciniegas, gastando
bienes y herencias familiares, fund y dirigi su rgano periodstico, la revista Universidad.
En este marco, Arciniegas luch incesantemente por implantar una reforma radical de los
mtodos de la enseanza superior, todava dominada por cnones de la iglesia, anticuados
principios tradicionalistas y unos profesores humanitarios de los que Arciniegas dice que su
lema era reducir a la mnima expresin el esfuerzo intelectual de sus alumnos[65].

Arciniegas y la Asamblea de Estudiantes consiguieron la renovacin de la ley
universitaria, la reapertura de la ctedra de sociologa, clausura-da desde 1876, y una
reestructuracin de la formacin jurdica, entre otras cosas. En la revista Universidad
aparecieron los textos de los jvenes poetas y literatos de Colombia que se reunan en sus
tertulias del Caf Windsor y del Caf Riviere. Fue la tribuna pblica de lo que se hablaba,
lea y discuta en el caf. Partiendo de la idea del caf como lugar de incubacin del espritu,
la inteligen-cia y la vanguardia, Arciniegas concibi la idea de hacer escribir un libro sobre
una virtual taberna: Como lugar de accin imagin una taberna, que es el sitio ms
frecuentado por los estudiantes de todos los tiempos. A esa taberna habran de venir,
saltando desde las pginas de la historia, los estudiantes de otros siglos, para reunirse con el
de nuestra poca, en torno de una mesa redonda. Las cosas que podran decirse en esa
tertulia estudiantil![66].

Compil y reuni materiales y detalles para ese libro que les ofreca a amigos
escritores de la tertulia para que ellos lo escribieran, pensando, en aquel momento, no poder
escribirlo l mismo por no ser escritor profesional. Pero ellos no queran. Entonces, en 1932
en Londres, Arciniegas empez a escribirlo y lo public bajo el ttulo El estudiante de la
mesa redonda, la primera de sus numerosas obras.

De todos modos, Arciniegas desempe un papel sumamente importante en esa poca
de transicin, de cambios radicales y de avanzada. Fue la Eminencia Gris de todos esos
disturbios e inquitudes, el asesor intelectual de esa banda de muchachos inconformes, el
consultor de esos grupos agitados e iconoclastas[67].

Tambin en otro sentido, Germn Arciniegas segn la apreciacin de Rafael
Gutirrez Girardot fue un adelantado de la cultura colombiana. Con sus mtodos de
investigacin y su estilo literario cre en Colombia un gnero nuevo y era su ms puro
representante: el feuilleton. Este gnero implica, segn Gutirrez Girardot, la utilizacin de
algunos medios de ensayo para divulgar temas complejos de manera accesible y amena a un
pblico lector[68].

El ya varias veces mencionado y citado artculo en El Tiempo, Germn Arciniegas lo
concluye: Lo del Windsor no se repetir jams. Ni tiene nada que ver con los cafs de Paris
o de Viena. Es el caf de los hombres solos que no se quitan el sombrero y recitan sonetos,
consumiento tinto o sifn, mientras en la calle rueda el transva de mulas, sube el partido
liberal, y para no romper la costumbre bogotana, llueve a cntaros y se muere de fro.

3 Los aos treinta y cuarenta

Ya no eran los tiempos de los cambios espectaculares; pero s seguan surgiendo
vanguardias en el sentido arriba definido, y tambin ellas estaban ligadas al espacio pblico
del caf. Ahora estaba muy frecuentado, sobre todo por polticos y periodistas, el Caf La
Cigarra en la Sptima/esquina calle 14. En este caf haba una pizarra grande donde
figuraban con tiza las ltimas noticias; porque encima del mismo se hallaban las salas de
redaccin de El Espectador, y los redactores, que bajaban para tomar su tinto que ahora
formaba parte indispensable de la vida diaria, provean con sus noticias ms frescas a los
visitantes del caf.

En el Caf Victoria (Calle 14, No. 7-71), despus de las clases de la universidad,
Carlos Martn y Jorge Rojas se encontraban con Eduardo Carranza, Gerardo Valencia y
Toms Vargas Osorio a los cuales se agregaban con el tiempo ms poetas.[69] Estudiaban a
autores latinoamericanos como Rubn Daro, Pablo Neruda y Vicente Huidobro pero, al
mismo tiempo, consagraban sus horas de lectura a la tradicin de la pennsula ibrica,
leyendo los textos de la Generacin del 27, y sto con mayor intensidad despus de la
publicacin de la antologa Poesa Espaola, Antologa 1915 1931, editada en Madrid, en
1932, por Gerardo Diego. Las obras contenidas en esa antologa constituan, junto con los
clsicos del Siglo de Oro como Gngora, Garcilaso, Lope de Vega, su lectura diaria, como
declararon ms tarde.[70] Las reuniones regulares en el caf Victoria contribuyeron a
consolidar su movimiento literario. En 1939, al cabo de algunos aos de tertulia, charlas,
lecturas conjuntas o paralelas, formaron un grupo de generacin potica y se dieron el
nombre de Piedra y Cielo, segn un tomo de poemas de Juan Ramn Jimnez del mismo
ttulo. Muchas veces, las horas de tertulia en el Caf Victoria continuaban y culminaban en
la casa de su contertuliano Jorge Rojas, lder, editor y generoso mecenas del grupo.

Otro caf de los aos treinta y cuarenta fue el caf Asturias (Calle 14, No. 6 - 92),
tambin ubicado en pleno centro de la ciudad donde se reunan con bastante frecuencia los
ahora constitudos piedracielistas. All tambin se encontraban periodistas, polticos
especialmente los franquistas y sus simpatizantes y el poeta inevitable de la vida de caf
en Bogot, Len de Greiff. Es decir, que en el caf se hallaba la tradicional coalicin
colombiana formada por representantes de la poltica, el periodismo y la poesa. Fernando
Arbelez (1924 1994), un poeta del grupo Mito, constitudo en 1955, recin llegado a
Bogot para sus estudios universitarios, recuerda sus primeras visitas al caf Asturias:

fue en el caf Asturias extraamente olvidado en las reminiscencias de la dcada de 1940 en
donde encontr por primera vez algunos de los personajes de un olimpo literario que se me antojaba
inalcanzable. [...] En una esquina del fondo del caf, Len de Greiff con su alta pipa y su tahea
barba pergeaba solitario sus Mamotretos entre copa y copa de aguardiente. Alberto Angel
Montoya, un poeta cuya obra completa recitaba de memoria en mis nocturnas navegaciones, y a
quien imit en mi adolescencia, asista all, medio ciego, a una tertulia de fieles amigos que
celebraban, como expresionnes de la mayor genialidad, sus paradojas muy a lo Wilde y sus boutades
sobre la ordinariez de la vida bogotana. Por ah desfilaban Eduardo Corranza, Jorge Rojas, Arturo
Camacho Ramrez y Carlos Martn, los adelides del movimiento de Piedra y Cielo. A veces llegaban
a la mesa de Angel Montoya o se vean rodeados de sus propios amigos y admiradores [71].

Los piedracielistas acabaron con el neoclacisismo rezagado de Guillermo Valencia y
convirtieron a Madrid en la capital de la lrica colombiana y universal [72]. No es ste el
lugar evaluar su valor esttico y potico, pero s hay que constatar que otra vez fue el sitio
del Caf donde surga algo nuevo. Interesante e incluso curiosa es la diatriba que lanz Juan
Lozano y Lozano, antiguo miembro de Los Nuevos, en febrero de 1940 en el Suplemento
Literario de El Tiempo y la que l mismo llam un cordial leal comentario. Los saluda
como a un grupo de mozos sin formacin intelectual demasiado severa que ante el fracaso
de diversos ismos buscaran algo a que atenerse, y lo encontraran en Gngora, en los
prerrafaelitos ingleses, en el simbolismo francs, y en la imitacin de algunos poetas
contemporneos espaoles. [...] su obra [...] es un desperdicio de papel, de talento y de
sensibilidad, constata Lozano y Lozano y propone para Camacho Ramrez y todos sus
amigos: Quitarle las cucarachas de la cabeza. [...] Y estn tan baratas los insecticidas
[73].

Gutirrez Girardot confirma[74] que en toda Bogot se llevaban apasionados debates
sobre esta crtica de Lozano y Lozano. Charry Lara recuerda que las discusiones sobre
Piedra y Cielo continua-ron durante aos y recien en 1948 encon-traron su fin, con el
bogotazo. El valoriza los efectos a largo plazo de este grupo y confirma que fueron ellos los
que liberaron a la poesa colombiana de la tendencia hacia una oratoria pomposa y la
supremaca de la ratio para iniciar una poesa ms ligera, ms intensa, ms directa y ms
expresiva.[75]

Los textos del grupo distan mucho de aquellos elementos que encontramos en Len de
Greiff. El Caf fue condicin para su constitucin y el grupo fue indispensable para la
autorreflexin de los diferentes autores. Sin embargo, sus altas exigencias poetolgicas y su
orientacin hacia los modelos de la generacin del 27 hicieron que el espacio pblico del
Caf Literario no pudiera ejercer influencia sobre sus textos.

Finalmente, Fernando Arbelaz se atrevi a acercarse a los ms jvenes de los poetas
y escuchaba entusiasmado sus discusiones sobre Joyce y Eliot, sobre el surrealismo y la
prctica marxista. Dice:

Lo cierto era que mis visitas al Asturias se convertan en un reto pleno de signos, de imgenes, de
poderes significativos, que resultaban de los comentarios que all se hacan sobre los libros ms
recientes y las revistas extranjeras que nunca haban estado al alcance de mis manos. De todas
maneras el caf era para m una aula mucho ms importante que aquellas en las que pretenda
estudiar el Derecho Civil o las leyes Indianas [76].

Los escritores y poetas ms jvenes de las tertulias en el Asturias pertenecan, en su
mayor parte, a un grupo que iba publicando cuadernos literarios con el nombre Cntico.
Por la forma de cuaderno, la prensa los llamaba, con un poco de desprecio, los
Cuaderncolas. Este grupo estaba integrado por el editor de los cuadernos, Jaime Ibaez, el
poeta Andrs Holgun y los prestigiosos poetas y crticos literarios Fernando Charry Lara y
Rogelio Echavarra, entre otros. La tertulia de los Cuaderncolas algo como puente entre
las generaciones de los piedracielistas y Mito se reuna diariamen-te en el Asturias,
despus del trabajo, pero no por muchas horas, como la bohemia de los aos veinte, ni
noches enteras como la Gruta Simblica. No desarrollaban programas temticos, ni lean sus
textos. Discutan sobre tpicos de la poesa, la literatura y la poltica o charlaban sobre
cuestiones generales de la vida diaria y privada. Los Cuaderncolas se distanciaban de las
filiaciones poetolgicas del grupo Piedra y Cielo pero seguan teniendo presente los modelos
espaoles como p.e. los de Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y Antonio Machado.

El 9 de abril de 1948 puso fin a las tertulias en el Asturias, como a muchas otras cosas
ms: El bogotazo dividi el siglo en dos y es considerado en Colombia como una cesura
de similar importancia como la tuvo la primera guerra mundial para Europa.

4 La nueva poca

En los fuegos del bogotazo desapareci tambin La Fortaleza, un caf que exista en
la planta baja del Ministerio de Educacin, en la Avenida Jimnez entre la Cuarta y la
Quinta Calle. La Fortaleza fue algo como el caf sucesor del Asturias. Arriba, Jorge
Zalamea y Germn Arciniegas, que en los aos veinte pertenecieron a Los Nuevos, dirigan
el Ministerio. Despus de la destruccin de La Fortaleza surgi el famoso caf El
Automtico, digno sucesor de los cafs literarios de los antiguos tiempos antes del
bogotazo. Este caf sigue existiendo, aunque algunas calles ms al norte. Durante los aos
cincuenta, se encontraban all pintores, escultores, literatos; incluso se les admita a mujeres.

Tambin en el Automtico, Len de Greiff sigui siendo la estrella y el soberano del
pequeo imperio del caf, secundado por el propietario del caf, Fernando Jaramillo, a quien
se le denominaba spiritus rector del local como sede de escritores y artistas [77]. De Greiff
presida una tertulia a la cual solo los ms ntimos amigos y contertulianos tenan acceso y el
permiso de aguantar sus perodos de silencio absoluto. Poetas ms jvenes, como por
ejemplo Fernando Arbelez, se sentaban a muy prudente distancia porque teman tener que
enfrentar los despiadados sarcasmos de de Greiff[78]. Transcurridos algunos aos y gracias
a la ya reconocida reputacin de Arbelez como poeta, ste pudo atreverse a sentarse en la
mesa de la tertulia de De Greiff y gozar de la compaa de destacados literatos como los
hermanos Zalamea, Juan Lozano y Lozano y otros viejos amigos de los tiempos de los
Nuevos. Este privilegio termin de un da al otro.

De Greiff se haba burlado de los Cuaderncolas en sus Sonetines facetos y Arbelez
no solo tuvo la impertinencia de parodiar al maestro en el estilo de sus propios sonetos de
mofa, sino tambin de publicar su parodia en la prensa. Esta inaudita provocacin fue,
durante muchos meses, el principal tema de los crculos intelectuales de Bogot[79], y su
autor la recuerda ahora con cierto malestar: Al media el siglo tenamos menos de treinta
aos, y, ahora, cuando lo recuerdo, experimento una especie de escalofro [80].

Ya no eran los tiempos de mutuas recitaciones de poemas y textos como haban sido
costumbre en el Caf Windsor. No obstante, las tertulias en el Automtico hicieron surgir,
como anteriormente en el Caf Victoria, otro grupo literario: E indudablemente Mito surgi
de nuestras controversias, de nuestras plticas, de nuestras ambicio-nes en esas largas
tertulias del caf Automtico [81]. El grupo Mito estaba compuesto por personajes tan
destacados como Fernando Arbelez, Fernando Charry Lara, Rogelio Echavarra, Gabriel
Garca Mrquez, Alvaro Mutis y otros. Todos ellos son representantes de una nueva
tradicin que no tiene nada que ver con la tradicin de la pobreza evocada por Cobo
Borda. Han producido textos importantes no solo en el marco nacional, y entre ellos hay,
como se sabe, incluso un premio Nobel.

Conclusiones

Los precursores de la tradicin de las tertulias de los Cafs Literarios en Bogot fueron
los miembros de la Gruta Simblica, que no se reunan en cafs, pero que realizaban sus
tertulias en forma semipblica. Sus textos no son de mucha relevancia, pero ellos fueron los
primeros que rompieron con viejas convenciones y que llevaron la tertulia del mbito
privado al pblico. Su representante de mayor fama es Clmaco Soto Borda cuya apariencia
y modo de vida se asemejan mucho a los de algunos literatos europeos como Peter
Altenberg, Fernando Pessoa y otros.

El verdadero literato de caf de la primera y de la ltima hora fue Len de Greiff. Sus
textos, igual que los de su contertuliano Luis Vidales, son innovativos, originales y
provocantes, sobre todo en los aos veinte. Los dos poetas se dejaban inspirar por la tertulia,
empleaban los tpicos surgidos en las reuniones, y tematizaban el caf como lugar de vida.
Luis Vidales se comprometi tambin polticamente, mientras que de Greiff, a pesar de sus
ocupaciones administrativas, vea el sentido de la vida en la literatura y en la msica.
Compona su poesa y prosa sobre todo en el contexto y permanente intercambio de los
Nuevos en el caf Windsor. Produca textos que demuestran parmetros temticos y
formales que pueden ser considerados constitutivos de la literatura de caf en general, pero
tambin textos con otros caratersticos. De Greiff, Vidales, Luis Tejada, Ricardo Rendn y
Germn Arciniegas son representantes de una vanguar-dia colombiana cuya transcendencia
es, a veces, subestimada. Produca cambios esenciales en la poesa, la literatura, la cultura en
general e incluso en la poltica. Esta vanguardia tuvo su punto de partida en los cafs
Literarios.

El Automtico sigue existiendo. El retrato de Len de Greiff sigue colgado en la
pared; como en los aos veinte, exclusivamente hombres estn sentados en las pequeas
mesas, charlando y conversando, pero ya no se trata de la lite de la intelectualidad
bogotana. Los intelectuales y poetas contemporneos viven dispersos en la gigantesca urbe
de Bogot; los bogotanos, en cuanto puedan, huyen del antiguo centro de la ciudad donde
existan numerosos cafs como refugios de la inteligencia. Los literatos viven en los barrios
residenciales del norte, y los cafs all son frecuentados por dinmicos jvenes del
neoliberalismo que no recitan sonetos sino cotizaciones de Bolsa.

Tal vez sea necesario crear otra vez un Windsor donde se agrupen los jvenes
intelectuales de todos los campos, y no solo en Bogot, sino tambin en todas las capitales
del mundo, para tener una vanguardia que enfrente la crisis mundial.



Bibliohemerografa

Peridicos y Revistas

Cromos. Revista semanal ilustrada; diversos nmeros y aos.

Lecturas Dominicales, Suplemento Semanal de El Tiempo, diversos nmeros y aos.

Semana, diversos nmeros y aos

El Tiempo. (Ao de 1996)

Universidad, diversos nmeros y aos.

Literatura

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Notas

[1] Versin traducida y modificada de mi ensayo Knig en Rssner (1999: 510539).

[2] Verani (1986: p.9). Ver tambin Charry Lara (1988: p. 21).

[3] Vergara y Vergara (1969: 72101).

[4] Mora (1972: p. 243).

[5] Ibid. p. 243.

[6] Gutirrez Girardot (1982: 445536; esp. p. 453461).

[7] Cobo Borda (1980: 136).

[8] Eduardo Castillo en Lecturas Dominicales, Vol. V, No. 111, del 28-6-1925.

[9] Lecturas Dominicales No. 152, 6-6-1926.

[10] CROMOS, Nmero 202, del 20 de marzo de 1920. Volmen IX, p. 145.

[11] Ibid.

[12] Ibid.

[13] Ibid.

[14] Comp. Rodrguez Morales (1995: p. 50).

[15] Lleras Camargo (1976: p. 7).

[16] Rodrguez Morales (1995: p. 235).

[17] Loaiza Cano 1995.

[18] Loaiza Cano (1995: p. 136).

[19] As lo caracteriza Augusto Ramrez Moreno en su libro Los Leopardos , p. 214.

[20] Universidad, No. 86, del 16 - 6 - 1928.

[21] Lozano y Lozano (1956: p. 249).

[22] Comp. Fernando Charry Lara (1988: p. 19 s).

[23] Cobo Borda (1985: p. 73 s).

[24] Comp. Gutirrez Girardot (1982: p. 490).

[25] Ver arriba p. 1; Los Cafs Literarios. Literatos de Caf.

[26] Ver en este respecto en el mismo lugar mi ensayo Produktions- und
Rezeptionsbedingungen von Literatur im Kaffeehaus in Bogot (18901950)
(Condiciones de produccin y recepcin de literatura en el Caf en Bogot (18901950);
en Rssner (1996: 510539).

[27] Reimprimido en Arciniegas (1996: 149151).

[28] Sabogal (1995).

[29] Arciniegas (1996).

[30] de Greiff (1995: p. 80 ss.)

[31] Ibid. p. 13.

[32] Ibid. pp. 15 ss.

[33] Juan Luis Meja A. en su Prlogo de la Edicin Facsimilar de Panida.

[34] Maya 1982, Tomo II, p. 215.

[35] Comp. Charry Lara (1985, 1988); Gutirrez Girardot (1982); Fajardo (1991) et al.

[36] Lleras Camargo et al. (1976: p. 7 s).

[37] Ibid.

[38] de Greiff (1995: pp. 80 ss., esp. p. 83).

[39] Zalamea (1942).

[40] de Greiff (1986. Tomo II: pp. 222 s.).

[41] Charry Lara (1985: p. 64).

[42] Comp. Eduardo Carranza en A manera de prlogo en Vidales (1985: p. 5): Los
tradicionalistas fanticos y todo el conservatismo literario registr notoriamente la defuncin
de la poesa.

[43] Vidales (1985: p. 57 s.).

[44] Gutirrez Girardot (1982: p. 493).

[45] Vidales (1985: p. 27).

[46] Ibid. p. 101.

[47] Lecturas Dominicales No. 149, Vol. VI, del 11-4-1926 pp. 375 s.

[48] Comparar Charry Lara (1988, pp. 76 ss.

[49] Tejada (1977: p. 159).

[50] Loaiza Cano (1995: p. 75).

[51] Ibid.: p.133.

[52] Cobo Borda en Tejada (1977: p. 22).

[53] Tejada (1977), La ciudad, mayo 15 de 1918, OC, I, p. 174; citado en Loaiza Cano
(1995: p. 51).

[54] Comp. Loaiza Cano (1995: p. 95, nota 4).

[55] Lleras Camargo et al. (1976: p. 8).

[56] Arciniegas (1996).

[57] Lleras Camargo et al. (1976: p. 23).

[58] Lleras Camargo caracteriza las caricaturas de Rendn: (la lnea era llevada) a la ms
grande simplicidad y a la penetracin ms astuta y mordaz de la psicologa de ese mundo
poltico, en el cual agonzaba, impotente, la hegemona conservadora, que para nosotros
resultaba insoportable, con sus personajes solemnes , Ibid. p. 8).

[59] Nueva Historia de Colombia, Vol. IV, p. 346.

[60] Lleras Camargo et al. (1976: p. 10).

[61] Ibid. p. 8.

[62] Horacio Franco en Alberto Lleras Camargo et al. (1976: pp. 35 ss.).

[63] Ibid. p. 10.

[64] Jos Mar, en El Espectador del 6 - 12 - 1960, dijo: Puede ser una paradoja, pero tal vez
no sea un disparate decir que a Ricardo Rendn lo mat su victoria.

[65] Muoz en Cobo Borda (1987: p. 28).

[66] op.cit. p. 30. Forero Benavides en Cobo Borda (1987: p.36).

[67] Loc. cit.
[68] Gutirrez Girardot (1982: p.503).

[69] Comp. el relato de Carlos Martn en su contribucin As naci Piedra y Cielo en
Martn (1995: p. 31 ss.).

[70] Ver Charry Lara (1991: p. 340).

[71] Arbelez en Sabogal (1995: p. 73).

[72] Gutirrez Girardot (1985: p. 522).

[73] A continuacin se cita segn la reimpresin en Lozano y Lozano (1956: pp. 337 350).

[74] En entrevista telefnica conmigo, el da 22 de junio de 1996.

[75] Charry Lara (1991: p. 346).

[76] Arbelez en (Sabogal 1995: p. 74).

[77] Carta que me escribi Rogelio Echavarra del 17 de mayo de 1996.
[78] Arbelez en Sabogal (1995: p. 83).

[79] Comp. la polmica p.e. en Suplemento Literario del 6-2-1949, Alegato sobre la
Poesa, Semana del 2-4-1949 El Lo de los Poetas.

[80] Arbelez en Sabogal (1995: p. 95).

[81] Ibid. p. 97.

1
Brigitte Knig es alemana con estudios en ingls, francs y espaol. Tiene trabajos y
publicaciones de traducciones de textos historiogrficos y crticos. Ha cursado estudios en las
universidades de Bamberg y Munich (Historia, Filologas Germnicas y Romnicas); Maestra
de la Ludwig-Maximilians-Universitt de Munich en Filologa Romnica (lingstica y crtica
literaria), Literatura General y Comparativa. Diversas publicaciones de ensayos de crtica
literaria; participacin en proyectos de investigacin (Cafs literarios/Literatos de caf, La
nueva novela histrica latinoamericana, Poscolonialismo y Lugares de Memoria). Doctorado de
la misma universidad. Tesis de doctorado: Speech Appeal. Metasprache und fingierte
Mndlichkeit im Werk von Mario Vargas Llosa (Metalenguaje y oralidad fingida en Mario
Vargas Llosa), publicada en Tbingen.

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