Soluciones al crimen.
18 cosas que podemos hacer para luchar contra el crimen
1
1. Rescatar a los jvenes de la barbarie.
Por John DiIulio Jr.
(Universidad de Princeton/Brookings Institutions Center for Public
Management)
Los hurfanos crecen y se convierten en psicpatas insensibles en
nmeros abrumadores, suponiendo un gran peligro para el pblico.
Los jvenes maltratados o severamente descuidados deben ser
arrancados de las manos de sus padres desaprensivos para darles
una oportunidad en un nuevo ambiente.
Escuche atentamente. Ese tick-tick constante que se oye a la
distancia es la bomba de tiempo del delito en Amrica. El aparato est
conectado a tendencias demogrficas irreversibles. La bomba est
programada para explotar en el ao 2000, cuando habr alrededor de
500.000 jvenes masculinos de entre 14 y 17 aos ms de los que hay
hoy en da. La explosin eliminar lo que queda de orden y civilidad en
las reas ms degradadas de las ciudades, donde predominan negros y
latinos; estallarn las ventanas en los enclaves urbanos de la clase
trabajadora blanca a la deriva; y se har sentir en los ms encumbrados
barrios de la ciudad, en los suburbios protegidos con sus alarmas
antirrobo, en los ricos distritos de negocios con sus policas privadas. Lo
peor es que la inminente explosin del delito ser especialmente
violenta, pues la prxima generacin de delincuentes juveniles, negros,
blancos y latinos, ser especialmente perversa.
Las tasas de crmenes entre adolescentes y jvenes adultos se
han multiplicado en las ltimas dos dcadas, sobre todo entre los
negros. Conocemos poco acerca de dnde vienen estos predadores
1
Publicado originariamente en The American Enterprise, May/June, 1995, pp. 32-51.
Traduccin al castellano de Mariano H. Gutirrez (Universidad Nacional de Lomas de
Zamora), Mximo Sozzo y Gustavo Gonzlez (Universidad Nacional del Litoral).
Publicado en Delito y Sociedad. Revista de Ciencias Sociales. N 15-15.
adolescentes. La mayora procede de familias destruidas. Alrededor de
la mitad de los nios alojados por periodos prolongados en los
reformatorios estatales tienen uno o ms miembros directos de su
familia (padre, madre, hermano) que ha estado encarcelado. Se estima
que un 75 por ciento de los jvenes encarcelados ms violentos son
muchachos que han sido maltratados por un miembro de su familia. El
mismo porcentaje ha presenciado hechos de violencia extrema
(homicidios, violaciones, asaltos) antes de que ellos mismos los
cometieran. 825.000 jvenes menores de 18 aos hoy en da tienen
uno o ambos padres en prisin.
Policas veteranos, fiscales y personas que se ocupan de estos
problemas advierten que el nivel de violencia homicida por parte de
estos muchachos de las reas degradadas de los centros urbanos era
impensable tan slo una dcada atrs. Leo y escucho lo mismo de los
presos. En un libro prximo a salir titulado From Behind the Walls,
Mansfield Frazier, un hombre que ha sido arrestado 15 veces por
distintos delitos y condenado cinco veces, escribe acerca de la
amenaza que viene: una clase de delincuentes de las reas
degradadas de los centros urbanos que prometen ser monstruos...
Nunca antes en la historia tanta cantidad de nios ha sido tan
descuidada y brutalizada.
Tiene razn. Hace unos meses habl con un grupo de presos con
condenas a largo plazo o perpetuas en una gran crcel estatal de
mxima seguridad. La mayora de ellos eran negros, menores de 40
aos y condenados por mltiples delitos, incluso homicidios. Estos
hombres haban dominado las peligrosas calles de Newark y Camdem
en los aos 70 y principio de los 80. Ahora todos ellos estn trabajando
en un programa especial que acerca a los nios que han tenido
problemas con la ley a la crcel, para que vean una muestra de la
vida institucional como si se les preguntasen: Es este tu futuro?.
Les pregunt: Cmo explicar el incremento de la violencia juvenil
homicida en sus antiguos barrios?
Pocos presos hablaron sobre la pobreza, la desocupacin y otras
causas profundas convencionales. Ninguno sostuvo que los nios se
conviertan en criminales por sus privaciones econmicas. La mayora
sostuvo, en cambio, que -en las palabras de un preso- Los chicos que
vienen ahora a la crcel estn totalmente perdidos. El Crack mat a sus
madres. No escuchan nada ni a nadie, no tienen respeto, ni miedo
agreg otro, advirtiendo que no se trata de mandarles a los
rubios[los asistentes sociales blancos]. Yo era un gladiador callejero
muy jodido, un preso dijo, pero [los chicos del barrio hoy en da] son
predadores fros como una piedra.
Las crecientes filas de fros predadores consisten
principalmente en hombres negros de las reas degradadas de los
centros urbanos que alcanzan la madurez fsica sin conocer la caricia
del amor de una madre, hermana o abuela o la mano disciplinante de
un padre, hermano, vecino, profesor o entrenador. Los modelos de
rol que tienen importancia en sus vidas aisladas son gangsta
rappers
2
millonarios, que practican la gratificacin material y sexual
instantnea y predican la violencia impulsiva contra cualquiera que les
falte el respeto de cualquier manera. Gracias a la disolucin de la
familia, nadie les ha impartido a estos individuos las normas de una
vida civilizada, ni siquiera las bsicas, de respeto a sus pares y a las
autoridades, de superacin personal, de trabajo duro y otros valores
de clase media. En sus vidas casi todos les han enseado con su
ejemplo a estar extremadamente orientados slo al presente y a
pensar solamente en ellos mismos.
Los fros predadores no son intimidados fcilmente por las
condenas penales porque casi no valoran el futuro, el suyo o el de
cualquier otro. No pueden ser constreidos por el estigma, las
mortificaciones de la conciencia, o la angustia del encarcelamiento,
porque no poseen un nivel normal de empata o emocin humana.
Nada, ni Head Start
3
, ni, con seguridad, jugar basketball a la
medianoche, es suficiente para desviarlos de sus planeadas incursiones
criminales. No estn anclados moral ni psicolgicamente a ningn
futuro, ningn pasado, ningn amor, ningn odio, ninguna pena,
ningn remordimiento. Son una nueva raza de criminales ms letal que
ninguna vista antes.
Esto nos puede turbar, pero no sorprendernos. Aristteles
adverta hace mil aos que los hombres aislados de la ley y la justicia
2
N. Del T. : Literalmente Raperos Pandilleros (de gangsta, deformacin de
gangster o pandillero); se utiliza para denominar los cantantes de rap que difunden
una esttica y un discurso violento, que suelen estar emparentados con las pandillas
juveniles.
3
N. del. T: Se trata de un programa de prevencin del delito juvenil.
son los peores animales. La gente se vuelve buena (capaz de querer,
amable, responsable, obediente a la ley) slo cuando estn
debidamente entrenados y habituados y utilizan su tiempo en
propsitos valiosos, bajo alguna forma de orden correcto, siempre que
este orden tenga la suficiente fuerza. Porque la mayora de la gente de
cualquier estrato socio econmico que nace de padres decentes, no se
convierte en delincuente. Pero si se permite a las comunidades que
evolucionen hasta llegar a que el 75 por ciento de los nios sean hijos
extramatrimoniales, que el uso de drogas sea algo comn, que la
economa local pase por el delito, que las polticas del Estado
Benefactor frustren la formacin de la familia, que las influencias cuasi-
familiares (maestros dedicados, vecinos preocupados) se evaporen;
entonces, la barbarie no estar muy lejos.
Podemos intentar lidiar con los predadores antisociales
mediante la elusin - cambiar los lugares donde vivimos, trabajamos,
compramos, vamos a clase, vacacionamos e invertimos. Podemos
demandar que las leyes penales establezcan el cumplimiento efectivo
de las sentencias condenatorias para que saquen de circulacin por
muchos aos a individuos peligrosos mayores de 16 aos. Podemos
focalizar los recursos humanos policiales en los barrios de alto nivel de
delitos. Pero la nica estrategia realmente efectiva para controlar el
delito ser aquella que, en primer lugar, mantenga a los nios alejados
de convertirse en delincuentes. Esto implica someter a los nios al
cuidado de adultos que les enseen a distinguir lo bueno y lo malo, que
les provean la disciplina del amor y que les estimulen el respeto por la
dignidad y la humanidad de los otros.
Antes que esperar al tercer o cuarto contacto con la
burocracia del servicio social o de los jueces, desde la primera vez que
un nio es maltratado o desatendido, debe ser retirado de la casa y
todos los derechos paternos sobre l deben ser eliminados. Como el
etngrafo urbano Mark Fleisher escribe en su prximo libro Beggars
and Thieves, debemos hacer algo ms que seguir pidiendo a los padres
que dejen de pegar a sus hijos. Debemos rescatar para siempre a los
jvenes de sus padres irresponsables que los han maltratado o
descuidado. En lugar de aceptar que es muy probable que se
conviertan en delincuentes en un futuro cercano, debemos enviarlos a
orfanatorios, casas grupales o colegios internados.
Lo que tengo en mente para las reas degradadas de los centros
urbanos son instituciones residenciales, privadas, basadas en una
iglesia, a cargo de hombres y mujeres negros integrantes de la gran
poblacin negra urbana que paga impuestos, trabaja duro, profesa su
culto con fe y cra buenos nios. Pienso en ellos como un kibutz negro
urbano.
Pueden estas instituciones parroquiales ser creadas frente a la
frrea oposicin de los burcratas de los servicios de cuidado sustituto
y sus perversas polticas de preservacin familiar que devuelven una
y otra vez al nio a sus padres biolgicos, incluso los ms violentos? Y
una vez instituidas, porqu habra que esperar que estas instituciones
funcionen? Podran mantener sus rigurosos estndares y su
independencia mientras reciben fondos del gobierno con todos los
manejos y obstculos polticos que ello trae aparejado? Podran
sobrevivir a las impugnaciones legales por parte de la iglesia o el
estado, producidas por los mismos defensores de los derechos civiles
que nos dejaron polticas de vivienda pblica sin posibilidad de
desalojo, escuelas sin reglas, cdigos criminales blandos y otros
desastres?
Con toda honestidad, no lo s. Pero sugiero que mejor
probemos y lo averigemos - pronto.
2. Salvar los bebes de la droga.
Por Paul. A Logli
(Fiscal en Winnebago, Illinois).
Los aos ochenta produjeron una oleada de bebes afectados por
la droga daados en el tero por el consumo irresponsable de
drogas ilegales por parte de su madre, y una vez nacidos, por la
negligencia y el abandono - que no muestra signos de menguar.
Las legislaturas deben sancionar textos legales especficamente
para atacar el abuso de drogas por parte de los nios.
En los tardos aos 80 esta nacin se conmocion al saber
nacan que cerca de 380.000 nios por ao con evidencias de cocana u
otras drogas ilegales en su sangre. Las imgenes que ilustraban las
historias de este nuevo grupo de nios en riesgo exhiban bebs
pequeos y dbiles nacidos prematuramente, acostados en cunas de
hospital con cables y tubos conectados a sus cuerpos. Otras imgenes
mostraban nios mayores afectados por drogas, fcilmente irritables e
incapaces de concentrarse normalmente en tareas diarias.
Entre los cientos de miles de nios afectados por drogas estn
los que simplemente fueron abandonados por sus madres en los
hospitales donde nacieron. Estos son los llamados boarder babies y a
veces aprenden a caminar estando todava en la maternidad de un
hospital. Pierden cualquier oportunidad de crianza temprana cuando
sus madres los abandonan para consumir drogas, ejercer la
prostitucin, y otras actividades que no dejan tiempo, energa o aptitud
para criar debidamente a un nio. Nmeros significativos de estas
madres volvern nuevamente al hospital a dar a luz a nios
estropeados por la droga.
Esta plaga de nios afectados por las drogas ha elevado la
preocupacin en las comunidades mdica y jurdica. Los hospitales han
tenido que soportar grandes gastos por el cuidado de estos nios. An
los jvenes que no han sido daados fsicamente padecen daos
emocionales y psicolgicos, que a la postre requerirn asistencia
mdica, social y educacional especial.
La respuesta legal ha sido un esfuerzo por parte de los fiscales
para responsabilizar a las madres por daos ocasionados por el uso de
drogas a los nios por nacer. La mayora de los esfuerzos por aplicar las
leyes existentes han fallado. Defensas exitosas han argumentado que
las madres nunca haban sido notificadas que este comportamiento era
punible por la justicia.
Los esfuerzos para sancionar leyes especficas para prohibir el
consumo de estupefacientes por parte de las madres durante el
embarazo, han fallado en casi todas las cmaras legislativas. Todos los
proyectos legales no han sido sancionados, aun cuando contemplaban
la inclusin de la imputada en un rgimen de probation con la
condicin de realizar un tratamiento de recuperacin. A pesar de que
existe una condena casi universal para el consumo de drogas por parte
de una madre embarazada, los legisladores no han tenido voluntad de
oponerse al intenso lobby de los intereses pro-abortistas y de las
polticas de salud.
A los diseadores de leyes se les dice que las medidas punitivas
solo llevarn a las madres que abusan de drogas fuera del sistema de
salud y que darn a luz en sus propias casas o en algn callejn oscuro,
con tal de evitar que se descubra su abuso de drogas. Estas aserciones
ignoran que la mayora de stas mujeres ya estn fuera del sistema de
salud y no buscan cuidados mdicos para su embarazo hasta que estn
a punto de parir.
El lobby pro-abortista, por otro lado, argumenta que un
enfoque punitivo del problema, an uno que privilegie la probation y el
tratamiento por sobre el encarcelamiento es simplemente perseguir a
la mujer y atentar contra su derecho a hacer lo que quiera de su cuerpo
y de su feto.
Paralizados por el miedo de ser etiquetados como sexistas o
anti-liberales, los legisladores se han rehusado a considerar sanciones
que reflejaran la reaccin social frente a las conductas ilcitas de un
pequeo grupo de personas abocadas a la destruccin egosta de sus
propios nios inocentes. Y de esta forma, grandes cantidades de nios
continan siendo daados.
Un esquema legislativo humanitario debera establecer que la
sangre de todos los nios sea examinada al nacer, a fin de determinar
la presencia de estupefacientes y otras sustancia letales. Se ha
demostrado que la intervencin temprana en la vida de los nios
afectados por las drogas puede prevenir muchos de los efectos
dainos, a largo plazo, de la toxicidad de las drogas. En muchos casos
los efectos de los estupefacientes no son evidentes en el nio sin un
examen de sangre y por ello, muchos son enviados a sus casas con sus
padres que abusan de drogas y que constituyen una amenaza continua
a la seguridad, la salud y la debida nutricin de los mismos. El examen
universal de los bebes permitira a las autoridades locales y estatales
intervenir en situaciones potencialmente trgicas, desarrollar una
intervencin temprana adecuada y, tal vez, eliminar algunos de los
efectos daosos en los nacimientos afectados por drogas.
Tambin debera ser sancionada una legislacin que prohba
especficamente la provisin de estupefacientes ilegales al feto cuando
est en el tero materno. Esto situara las polticas pblicas claramente
del lado del feto inocente, por nacer y contra una madre que no tiene
derecho de abusar de drogas o poner en peligro el futuro bienestar de
su prole. Tambin esto atacara el problema recurrente de nios
nacidos muertos o que mueren poco despus de su nacimiento como
resultado del abuso de drogas de su madre. En tales supuesto, al haber
nacido el nio muerto, los tribunales de menores no tienen jurisdiccin
sobre las acciones futuras de la madre. Se les permite salir del hospital,
sin tratamiento y seguir produciendo a voluntad otros nios daados.
Cualquier legislacin que sea sancionada debera proveer en
primera instancia probation, tratamiento contra las drogas y
rehabilitacin. Entonces s podran establecerse sanciones progresivas
para los individuos que se rehsen a cooperar con los programas
establecidos o que subsiguientemente, den a luz nios afectados por
las drogas. Estas disposiciones legales disuadiran a los padres jvenes
de tomar decisiones trgicas que afecten su salud y la de sus hijos.
Ofrecera ayuda y establecera lmites morales apropiados a la
conducta que atropella los derechos de los otros. Apenas una pizca de
valenta poltica producira leyes que prevendran que esta terrible
amenaza siga cayendo sobre ms nios norteamericanos.
3. Controlar a los terroristas juveniles.
Por Ed Koch
(Ex - Alcalde de New York)
Las disposiciones especiales establecidas desde hace dcadas en
nuestras leyes para proteger y excusar a los jvenes ya no
corresponden a esta era de violencia sin precedente entre los
delincuentes juveniles. Las leyes para manejar ofensores
juveniles deben ser endurecidas, los padres burdamente
negligentes deben perder a sus hijos y deben crearse nuevas
organizaciones para inculcar valores morales en los nios.
Demasiado frecuentemente, en New York y otras jurisdicciones,
el derecho trata a los jvenes criminales como nios delincuentes, a
pesar de que actan ms bien como animales feroces. Los jvenes
parecen ver esta falta de lmites como una licencia para atacar a los
mayores, los dbiles y los otros nios que no pueden defenderse a s
mismos.
Cada ao, los jvenes cometen ms delitos que nunca. De
acuerdo a las estadsticas del Departamento de Justicia el nmero de
jvenes arrestados por homicidio aument 104% a nivel nacional desde
1970 hasta 1992. Desde 1980, las muertes provocadas por pandillas
juveniles -la causa de muerte que ms rpido se incrementa- aument
371%.
Los jueces y los fiscales no tienen capacidad para tomar
medidas adecuadas para enfrentar este bao de sangre, porque hemos
creado irracionales eximentes y atenuantes legales para los jvenes
que cometen delitos graves. En nuestra bsqueda por proteger la
privacidad de los jvenes malvivientes, que en muchos casos crecern
hasta ser malvivientes adultos, hemos establecido un sistema en el que
los delincuentes juveniles condenados no pueden ser identificados por
el pblico. No le gustara saber si el chico de mitad de cuadra ha sido
condenado como incendiario? O es un delincuente sexual? En New
York, los adolescentes no pueden ser fichados dactilarmente ni
fotografiados por ciertos delitos, incluyendo posesin de un arma
cargada o haber disparado a una persona causndole lesiones
corporales. Por qu no?
Los fiscales de los tribunales de familia en New York no tienen
permitido obtener ordenes de allanamiento y detencin cuando un
joven est involucrado - aunque el fiscal sepa que un arma homicida
est en la casa del joven. Crase o no, no hay mecanismos legales para
conseguir la orden de allanamiento y secuestrar ese arma homicida en
el estado de New York.
Cuando los jvenes condenados en los tribunales de familia son
requeridos en los tribunales de adultos, los fiscales y jueces no pueden
acceder por completo a su historia criminal, porque los archivos sobre
jvenes estn protegidos por restricciones de confidencialidad.
Muchas veces se les informa a los tribunales que son ofensores
primarios, cuando no son nada por el estilo. A nivel nacional, la tasa de
reincidencia de los ofensores juveniles alcanza el 75%. Y esto no ser
controlado hasta que los archivos de informacin sobre los jvenes
estn disponibles en las cortes para que puedan imponer el castigo
adecuado a los ofensores crnicos.
Los jvenes se dedican al delito porque no hay respeto por la
ley o la autoridad y existen pocas probabilidades de ser arrestados o
castigados. Nuestros legisladores estatales no reconocen que los
crmenes de estos pequeos pillos han ido mucho ms all de hurtos,
pinchaduras de gomas y beber cerveza en pblico. Las leyes creadas
para controlar estas ofensas menores simplemente ya no son
adecuadas para tratar los delitos graves que los jvenes cometen hoy
en da.
En New York, por ejemplo, la mxima condena posible para
delitos graves cometidos por jvenes, como disparar contra alguien con
un arma de fuego, robar en banda o con violencia, es de 18 meses. Para
los ms aberrantes, como el homicidio y la violacin, las condenas para
jvenes pueden ir de tres a cinco aos y el mximo raramente se aplica.
Toda Inglaterra se horroriz cuando dos nios de 10 aos
secuestraron y mataron un beb. El primer ministro John Major
resumi los sentimientos de las personas ms responsables cuando dijo
Siento que la sociedad necesita condenar un poco ms y comprender
un poco menos. Desgraciadamente, esa respuesta con sentido comn
raramente puede ser encontrada en nuestras legislaturas estatales.
Recientemente en New Jersey, dos mellizos de siete aos
fueron arrestados por irrumpir en una iglesia -su tercer robo con
violencia en dos semanas. Previamente, de acuerdo a la prensa,
robaron y saquearon una escuela -causando $30.000 de daos- y
tambin una casa privada. Luego de su tercer arresto fueron devueltos
a su madre, una drogadicta en recuperacin. La Divisin Estatal de
Servicios Juveniles y de Familia enviar ahora un tutor para asegurarse
de que estn en casa y fuera de problemas, de acuerdo al peridico
local de New Jersey.
Por qu no se hizo nada luego del primer robo? An si tena
alguna clase de sentido no hacerlo en la primera ocasin, seguro que
no tiene sentido dejar a esos nios en custodia de su madre ahora. Sin
intervencin, la experiencia nos muestra que sus prontuarios crecern
ms y ms.
Adems de endurecer las leyes para tratar los delitos cometidos
por los jvenes, qu podemos hacer para sacar a los jvenes de la
senda delictiva?. Es reconocido, casi universalmente, que las escuelas
pblicas, por una gran cantidad de razones, no transmiten moralidad.
Una propuesta que, creo, el Congreso debera explorar y tal vez, testear
en Washingnton D.C., son operaciones de vigilancia de nios desde
cinco aos de 3 a 6 p.m.
La segunda propuesta, diseada para los mayores de 17 aos es
formar Cuerpos de Conservacin Civil, diseados para ensear a los
jvenes oficios, proveerles tratamiento de recuperacin de las drogas,
si lo necesitan, y asistirlos para que completen la escuela secundaria.
Luego de servir dos aos en estos cuerpos, aquellos que hayan entrado
con prontuarios delictuales seran elegibles para el otorgamiento de un
perdn si no consumen drogas y evitan conflictos con la ley por un
perodo de tres aos.
Para lidiar con la explosin actual de la delincuencia juvenil
debemos ser muy duros, duros con los delincuentes y duros con
nosotros mismos. No debemos ver ms a las conductas aberrantes
como una fase de la infancia que ser superada por el nio. La
delincuencia juvenil grave es ahora parte de nuestra cultura y
necesitamos medidas urgentes para castigar y rehabilitar a los jvenes
que estn violando los derechos de los dems.
4. Reducir los crmenes graves restaurando el orden
Por George Kelling
(Northeastern University - Harvard University)
Para atacar los delitos graves y mantener los barrios habitables
debemos reforzar el orden pblico. Faltas como la vagancia o el
mendigar no son problemas menores; indican un colapso ms
amplio de las normas sociales. La Polica debe atacar el
desorden pblico para resolver el problema en lugar de
reaccionar ante los delitos una vez que ya comenzaron.
El debate nacional sobre el delito ronda alrededor de grandes
temas como el control de las armas, la regla three strikes and youre
out
4
y la pena de muerte. Pero en el mbito cotidiano, los ciudadanos
reclaman algo ms simple: que la polica se les una nuevamente para
4
N. Del T.: Literalmente tres golpes fallidos- y ests afuera. Hace referencia con
una expresin del vocabulario del bisbol a las diversas leyes sancionadas en EEUU
durante los aos 80 y 90 que contemplan para los casos de triple reincidencia en cierto
tipos de delitos la condena a cadena perpetua.
restaurar el orden pblico. Ciertamente los ciudadanos estn
preocupados por los grandes crmenes, especialmente los violentos.
Pero sus prioridades acerca de lo que ms se necesita combatir el
delito en su propio barrio suelen diferir de las de los dirigentes a nivel
nacional.
En focus groups, encuentros comunitarios y encuestas, los
ciudadanos regularmente plantean como sus preocupaciones centrales
en torno a la seguridad, el mendigaje, la juventud descarriada tomando
posesin de esquinas o plazas, el beber en pblico, la prostitucin, y
otras conductas desordenadas. Tales preocupaciones van ms all de
las diferencias de clase, raza u origen tnico y se dan en cualquier lugar
del pas. En New York durante los ochenta, las encuestas a los
ciudadanos que dejaron de utilizar el subterrneo como medio de
transporte, mostraron que no estaban escapando de crmenes graves
sino de problemas comnmente asociados con los vagabundos: orinar
y defecar en pblico, mendigaje agresivo, individuos tirados en los
bancos o en el piso de los trenes y de las estaciones. Respondiendo a
los reclamos ciudadanos, los funcionarios encargados del subterrneo
usaron su polica para reforzar vigorosamente las reglas y, al mismo
tiempo, proporcionar respuestas genuinas a los verdaderamente
necesitados.
En San Francisco, los ciudadanos demandaban que los parques,
espacios pblicos y veredas sean liberados de prostitutas, mendigos y
adictos a las drogas. Por ello, el alcalde Frank Jordan instituy la
Operacin Matrix, un esfuerzo multiagencial, combinando las
acciones de los servicios sociales, la agencia de mantenimiento de
parques y la polica. Nuevamente, los funcionarios ofrecan a los
desviados ayuda si la necesitaban, pero paralelamente abogaban por
un cumplimiento estricto de ordenanzas y leyes.
Porqu estn los ciudadanos tan preocupados por el
desorden? Acaso no es el crimen grave el tema de debate? No tanto.
Como James Q. Wilson y yo argumentamos en 1982, en un artculo en
The Atlantic, los ciudadanos intuitivamente comprenden los lazos entre
desorden, decadencia urbana, miedo y crimen. Nosotros describimos
estos lazos a travs de la siguiente metfora: as como una ventana
rota sin reparar resultar en ms graves perjuicios porque es un signo
de que nadie, en particular, se preocupa por el edificio; el desorden
pblico que no se corrige en un barrio es un signo de indiferencia, y
llevar a delitos ms graves y a la decadencia urbana. Los posteriores
estudios empricos de Wesley Skogan probaron nuestra hiptesis:
encontr que en muchas ciudades a lo largo del pas el desorden era el
caldo de cultivo de delitos ms serios futuros.
Por supuesto que los intentos de restaurar el orden suelen traer
aparejadas demandas por parte de activistas, frecuentemente
abogando por aquellos eufemsticamente llamados sin techo -una
poblacin que sufre privaciones y es extremadamente problemtica.
Han argumentado que la presencia de estos individuos es, en realidad,
buena para la sociedad porque proveen el necesario estimulo para
incrementar los servicios sociales. Algunos jueces han tomado el
comportamiento desordenado de estos individuos como expresin de
sus derechos individuales y negaron cualquier intento de restringir su
presencia es espacios pblicos. Otros, sin embargo, han reconocido las
consecuencias de la falta de regulacin de tales conductas
desordenadas y han permitido que se tomen medidas para limitarla.
Cmo habrn de resolverse estas batallas legales an no es claro, pero
su resultado determinar cuntos de estos barrios prosperarn o
caern en la espiral de la decadencia urbana.
Ahora tenemos muchos ejemplos de qu pasa cuando el orden
bsico es restaurado en los espacios pblicos. Como resultado de los
esfuerzos de la polica para mantener el orden en las lneas
subterrneas de la Ciudad de New York, los robos se han reducido un
55% en cuatro aos. El Parque Bryant de New York ha sido recuperado.
Los espacios pblicos del centro de San Francisco han sido restaurados
para su uso pblico. La degradacin del rea comercial de la
Universidad de Seattle ha sido revertida y la plaza Oregons Pioneer
Square de Portland ha sido mantenida como un espacio pblico
utilizable.
Las demandas ciudadanas de orden han cambiado
sustancialmente las respuestas oficiales frente al delito. La polica, en
particular, est comenzando a re-orientase. Sin embargo, las tcticas
reactivas que enfatizan el patrullaje, el responder rpidamente a los
llamados de emergencia (911) y a un grupo concentrado de delitos
graves todava dominan muchas fuerzas policiales.
La respuesta rpida a llamados telefnicos de emergencia como
el ncleo de una estrategia policial puede parecer sensata, pero las
investigaciones indican que es un camino sin salida. El sistema de
respuesta centralizada, fuerza a los oficiales a focalizarse puramente en
delitos graves, impidiendo que se integren a los barrios y encerrndolos
en sus autos, esperando que el desastre ocurra, en lugar de ponerlos a
trabajar con los ciudadanos para prevenir el crimen. Por todo esto, la
respuesta rpida solo produce algn resultado en menos del 3% de los
crmenes graves.
La polica siempre ha pasado un tiempo considerable en
actividades de mantenimiento del orden, pero extraoficialmente, en
gran medida sin reconocimiento y sin compensacin. Los polticos y los
oficiales de polica que han invertido mucho en las promesas del
sistema respuesta rpida a veces resisten su reemplazo. Pero si la
polica ha de ser una fuerza preventiva en la comunidad, no tienen otra
opcin.
Las buenas noticias son que los policas estn comenzando a
responder a las demandas de los ciudadanos y estn regresando a los
barrios. Algunos fiscales tambin estn cambiando sus prioridades.
Estamos dndonos cuenta de que si el crimen grave debe prevenirse,
los oficiales pblicos deben trabajar con los residentes locales para
restaurar las defensas naturales contra el desorden, que no es otra
cosa que un primer paso hacia la predacin.
5. Simplemente, quitar las armas a los criminales.
Por James Q. Wilson.
(University of California at LA)
Olvdese del control de la tenencia de armas. Para quitar las
armas a la gente que mata, permitamos que la polica retenga
sujetos que parecen sospechosos en la calle, los requise y
secuestre sus armas.
El pblico sospecha que las leyes de control de armas no sirven
como un medio para sacar las armas de las manos de los criminales.
Est en lo cierto.
Hay 200 millones de armas en propiedad de particulares, cerca
de un tercio son armas de fuego cortas. Solo el 2% de stas ltimas son
empleadas para cometer delitos. An ms, slo cerca de un sexto de las
armas de fuego cortas usadas por los delincuentes son compradas. La
mayora de estas armas son robadas, prestadas u obtenidas a travs de
compras entre particulares que no se ven afectadas por las leyes de
regulacin de la tenencia de armas.
Lo que es peor, cualquier esfuerzo exitoso para reducir el stock
de armas (y municiones) compradas legalmente reducira la capacidad
de los ciudadanos obedientes de la ley de defenderse a s mismos. Los
partidarios del control de las armas se mofan de la importancia de la
autodefensa pero se equivocan al hacerlo. Gary Kleck, criminlogo de
la Florida State University, ha estimado que las armas son exhibidas o
disparadas por los ciudadanos para defenderse ms de un milln de
veces al ao. Esto es ms que el nmero total de arrestos policiales en
un ao por crmenes violentos y robos de viviendas.
La gente que se defiende con un arma es menos vulnerable a
perder su propiedad en un robo o ser lastimada en un asalto que los
que no lo hacen, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimizacin.
Las estadsticas demuestran que las chances de un ladrn que penetra
en una casa de ser baleado, son las mismas que las que tiene de ir a la
crcel. Los delincuentes saben esto, aunque los partidarios del control
de armas consideren que no y sta es la razn de que las casas en
EE.UU. sean mucho menos pasibles de ser robadas que las de Europa,
donde los residentes raramente tienen armas.
Algunos partidarios del control de armas reconocen esto pero
responden que el costo de la autodefensa es la auto-lesin. Sin
embargo, la mayora de los accidentes involucran rifles y armas de tiro,
no armas cortas. An ms la tasa de accidentes fatales ha declinado
mientras que el nmero de propietarios de armas ha aumentado. Hay
accidentes fatales con armas, as como hay accidentes fatales con
autos, pero slo en menos del 2% de todos los accidentes fatales con
armas ha sido vctima una persona confundida con un intruso.
Aquellos que prohibiran o restringiran severamente la venta de
armas ignoran estos hechos. Peor, promueven un curso de accin
moral y polticamente absurdo. Ellos dicen, en efecto, tu gobierno,
habiendo fallado en protegerte del asalto de un delincuente, ahora
intenta privarte de la oportunidad de protegerte a ti mismo.
Los opositores al control de armas cometen un error diferente.
La National Rifle Association y sus aliados nos dicen: las armas no
matan; mata la gente y urgen al gobierno a castigar ms severamente
a la gente que comete delitos con armas. Encerrar a los delincuentes s
ayuda a proteger a la sociedad de futuros crmenes. Y la probabilidad
de ser encerrado bien puede disuadir a los delincuentes. Sin embargo,
la experiencia muestra que las condenas ms severas son tambin
menos pasibles de ser impuestas como consecuencia de la resistencia
de ciertos jueces y fiscales.
La NRA, al focalizarse en los crmenes ya cometidos, ignora el
hecho de que la mera presencia de armas ilegales puede tornar los
encuentros callejeros ms peligrosos. Los delincuentes llevan armas no
slo para cometer delitos sino para protegerse de otros malvivientes
armados. Las armas suelen convertir explosiones espontneas de furia
en encuentros fatales que resultan una amenaza tanto para los
ocasionales presentes como para sus participantes. Debe ser una de
nuestras metas sacar las armas de las manos de estos inestables
jvenes antes de que sean utilizadas en algn delito, y no slo despus
de ello.
Desarmar a los ciudadanos respetuosos de la ley no es el
camino a seguir para ello. En cambio, debemos reducir el nmero de
gente que lleva armas ilegtimamente en sitios pblicos. Esto importa
impulsar a la polica a realizar requisas callejeras.
La Cuarta Enmienda de la Constitucin prohbe revisaciones y
detenciones arbitrarios. En 1968 la Corte Suprema decidi en Terry vs.
Ohio que palpar las ropas de una persona es procedente si el oficial de
polica tiene sospecha razonable de que la persona est armada y es
peligrosa. Si al palpar se encuentra un objeto que pueda ser un arma, el
oficial puede meter la mano en el bolsillo del sospechoso para retirarla.
Si el arma es portada ilegalmente, el sospechoso puede ser arrestado.
Este test de sospecha razonable es mucho menos restrictivo que
el standart de la causa probable, que la polica debe tener para
efectuar arrestos. Una sospecha razonable, sin embargo, es mucho ms
que una corazonada; debe estar apoyada en hechos especficos. Los
tribunales han sostenido, no siempre consistentemente, que estos
hechos pueden incluir supuestos tales como: escaparse ante la
presencia de un polica, existencia de bultos sospechosos en los
bolsillos de conductores que son retenidos por faltas de trnsito, o
informacin de una fuente confiable acerca de que alguien est
portando un arma. La Corte Suprema incluso ha ratificado la requisa de
personas bajo probation o libertad condicional.
Algunos departamentos de polica requisan mucha gente, pero
muchos otros no. En 1992 la polica arrest cerca de 240.000 personas
por portacin ilegal de armas. Cerca de cuatro veces ms, fueron
arrestados por ebriedad. El polica promedio no har en todo el ao
confiscaciones ni arrestos por tenencia de armas. El profesor Mark
Moore ha encontrado que la mayora de los arrestos por portacin
ilegal de armas han sido realizados por la denuncia de un ciudadano y
no porque la polica estuviera abocada a descubrir la posesin ilegal de
armas.
Es fcil ver porqu. Muchas ciudades sufren de escasez de
personal policial, y an aquellas con gran cantidad de agentes policiales
se preocupan de no ser acusados de atropellos policiales, o por no ver
sus casos anulados por razones constitucionales. Pero los riesgos de
violar la Constitucin o de atropellar a los ciudadanos pueden ser
reducidos sustancialmente.
Se puede entregar a cada oficial encargado de un patrullero una
lista de gente en libertad condicional o probation que viva en la zona
que le corresponde y se lo puede recompensar por detenerlos
frecuentemente para asegurarse de que no lleven armas. Los oficiales
pueden ser entrenados para reconocer las clases de conductas que la
Corte aceptar como prueba de la sospecha razonable necesaria para
la detencin y requisa. La ley y la jurisprudencia podran establecer que
formar parte de una banda conocida por asaltos y comercio de drogas
sea condicin que justifique la requisas en busca de armas.
Y la ciencia moderna puede ser llamada a ayudar. Los
detectores en los aeropuertos han reducido a casi cero el nmero de
atentados y secuestros de aviones. Pero estos aparatos funcionan slo
en mbito muy limitado. Lo que se necesita es una mquina que
permita a la polica detectar un arma en el bolsillo de alguien desde
una distancia de 3 o 5 metros. Recibir una seal de este tipo
significara, para el agente, tener una base razonable para la requisa.
Fsicos nucleares e ingenieros electrnicos sub-empleados
seguramente tienen el talento para desarrollar tiles detectores de
armas hoy en da.
5
An si hacemos todas estas cosas, seguir habiendo quejas.
Gente inocente seguir siendo detenida. Los jvenes masculinos negros
e hispanos seguramente sern retenidos con ms frecuencia que los
adultos masculinos blancos y que las mujeres de cualquier raza. Pero si
pretendemos ser serios en reducir los tiroteos ocasionales, las guerras
entre bandas y las peleas mortales en lugares pblicos, debemos sacar
las armas ilegales de las calles. No podemos hacer esto alargando los
formularios que hay que completar en las tiendas de armas o
pretendiendo que las armas no son un problema hasta que las usa un
delincuente.
6.- Poner ms armas en los bolsillos de la gente obediente de la ley.
Por Dave Kopel.
(Independence Institute)
Un nmero creciente de estados estn permitiendo a los
ciudadanos respetuosos de la ley portar armas con las cuales
defenderse. Las investigaciones muestran que estas leyes
incrementan la seguridad personal y no tienen efectos
secundarios negativos.
Los expertos en control de armas acuerdan en dos puntos
bsicos: cada ao, las armas son usadas muchas miles de veces para
perpetrar delitos. Y cada ao, las armas son usadas muchos miles de
veces para proteccin legtima.
El sentido comn nos sugiere, entonces, que las polticas sobre control
de armas deben seguir dos caminos: reducir el nmero de usos
ilegtimos de las armas, y aumentar el nmero de usos legtimos de las
5
Nota del Editor (en la edicin originaria): Las propuestas del profesor Wilson en esta
rea han dado frutos recientemente. En marzo, el Departamento de Justicia contrat a
tres laboratorios para el desarrollo de un prototipo de detector de armas ocultas. En 18
meses, estarn disponibles aparatos que pueden identificar y describir un arma oculta
en una persona desde una distancia de 4 metros. De aqu en ms, se desarrollarn
dispositivos mviles utilizables desde las patrullas an desde distancias ms largas.
mismas. Mientras que el primer enfoque ha ganado mayor atencin
por parte de los medios de comunicacin, un gran nmero de estados
en los ltimos ao han adoptado leyes utilizando el segundo enfoque.
Veintitrs estados actualmente tienen polticas que establecen que
cualquier ciudadano entrenado y obediente de la ley puede obtener un
permiso para portar arma.
Cuando la legislacin sobre portacin de armas es debatida, los
opositores tpicamente sacan a luz el miedo de que la sangre se
derrame en las calles mientras ciudadanos armados se disparan entre s
en los embotellamientos. Un reciente estudio que hemos realizado con
Clayton Cramer sobre los resultados en los estados que han legalizado
la portacin de armas descubre que esto no es cierto. Ningn estado en
los que se permite ha visto un incremento anormal en la tasa de
homicidios, e incluso un estado Florida- experiment una brusca cada
en su tasa de homicidios luego de que la ley cambi.
Ms all de si la habilitacin para la portacin de armas trae
aparejado una reduccin de la tasa de delitos o no, estos estados
pasan holgadamente el test basta con que salve una vida, propuesto
por los defensores del control de armas. En octubre de 1991 el
psicpata George Hennard entr con su camioneta por el ventanal de
la cafetera Lubys en Killen, Texas. Usando un par de pistolas, asesin a
23 personas en 10 minutos, detenindose slo cuando lleg la polica.
La Dra. Suzanna Gratia, encargada de la cafetera, tena un arma
en su auto, pero de acuerdo a las leyes de Texas, no poda hacerlo; a
pesar de su imagen de salvaje oeste, Texas fue el primer estado en la
nacin en prohibir cualquier portacin de armas cortas (la sancin de la
reforma sobre la portacin de armas es virtualmente un hecho para
1995).
Si la Dra. Gratia hubiera tenido su arma, podra haber disparado
a Hennard. Tena un blanco perfecto, explicara posteriormente.
Tena lugar para apoyar mi mano; el tipo ni siquiera estaba atento a lo
que nosotros hacamos.
Hennard recarg cinco veces, y tuvo que tirar una de las pistolas
porque se trab, as que hubo muchas oportunidades para que alguien
le dispare. Pero por las leyes restrictivas de Texas, ni la Dra. Gratia ni
otro ciudadano estaba armado. Los padres de Gratia estuvieron entre
las vctimas.
Dos meses despus un par de delincuentes con pistolas robadas
hicieron entrar a 20 clientes y empleados a la cmara frigorfica del
restaurante Shonney en Aniston, Alabama. Glenn Terry estaba
escondido bajo una mesa del restaurante, armado con una pistola 45
semi-automtica que portaba legalmente. Uno de los ladrones lo
descubri, pero Terry lo mat de cinco tiros en el pecho. El segundo
ladrn, que retena como rehn al gerente dispar a Terry y lo roz.
Terry respondi al fuego e hiri gravemente al ladrn.
La experiencia de los estados con leyes que permiten la
portacin de armas demuestra claramente que la gente que obtiene los
permisos -pasando por la toma de huellas dactilares, 90 das de
examen socio-ambiental y clases de entrenamiento- son ciudadanos
estables, obediente de la ley y no se convierten en psicpatas cuando
le es concedido el permiso. Ms all de la histeria del control de armas,
en ninguna jurisdiccin de las que hemos estudiado los poseedores
legales de armas representan un problema para las agencias
encargadas de hacer cumplir la ley.
Habindose opuesto decididamente a la reforma legal del
Estado de Florida, la administracin policial del Condado de Dade, en
1988 comenz a llevar adelante informes detallados de cada
enfrentamiento de la polica con un poseedor legal de armas de fuego.
Los informes fueron dejados de lado en 1992 dado que slo muy
excepcionalmente se producan tales enfrentamientos. Ms de 200000
permisos fueron concedidos en Florida desde 1987 y slo 18 fueron
revocados como consecuencia de una inconducta con un arma de
fuego (generalmente, portar el arma en un lugar indebido, como un
bar). La misma historia se repite en los otros estados.
La nica evidencia de que las leyes que permiten la posesin
legal de armas de fuego son contraproducentes es un trabajo no
publicado de la Universidad de Maryland que sostiene que existe un
aumento en el nmero de homicidios en las ciudades que adoptan este
tipo de legislacin. Esta porcin de ciencia de escaso valor usa
informacin que no distingue entre las muertes ocasionadas en
legitima defensa y los homicidios, no analiza si los homicidios
ocurrieron o no fuera del hogar (el nico lugar en el que estas leyes
autorizan la posesin de armas), alteran los aos analizados de ciudad
en ciudad para minimizar las tasas de homicidios anteriores a la sancin
de la legislacin, usa fundamentalmente ciudades de Oregon y Florida
pero ignora el hecho de que las tasas de homicidios descendieron en
ambos estados, presumen que el cambio legal sobre la posesin es la
nica explicacin plausible del cambio en las tasas de homicidio y, mas
importante an, no presentan evidencia de que siquiera un poseedor
legal de arma de fuego haya perpetrado un homicidio.
Ms all de las vidas que han salvado y los delitos que han
evitado, las leyes de portacin de armas de fuego han generado en los
tenedores autorizados una preciosa tranquilidad. Si una mujer puede
sentirse segura caminando tres cuadras hasta el 7-Eleven luego de
que ha oscurecido, en lugar de permanecer prisionera en su propia
casa, el permiso tiene un valor aun cuando el arma defensiva nunca
fuera necesaria. Un nmero importante de mujeres han comenzado a
demandar el derecho de protegerse a s mismas de esta manera.
Cuando promulg la reforma de la ley sobre portacin de armas de
fuego de Alaska en 1994, el gobernador Walter Hickel explic que un
factor decisivo fueron las mujeres que llamaban a su oficina: Aquello
que me impresion ms fueron las mujeres que llamaban y decan que
trabajaban hasta altas horas de la noche y deban atravesar
estacionamientos oscuros y preguntaban porqu no podan portar un
arma permitida? . En Colorado un grupo de 1600 mujeres denominado
SWAM (Seguridad para las Mujeres y Maternidad Responsable) se
transform en la voz lder de las demandas por la reforma legal.
California ya concede a las vctimas de violencia domstica que una
corte considera que se encuentran en un peligro inmediato, el derecho
de portar una arma corta para proteccin, sin necesidad de llevar
adelante el largo proceso para la obtencin del permiso.
Los opositores a las reformas que autorizan la posesin de
armas de fuego, encontrando que la experiencia de los estados que las
han realizado han sido bastante positivas, recurren a eslganes tales
como: Qu sucedera si todos tuviramos un arma?.
La cuestin carece de sentido, dado que la informacin emprica
de los estados que autorizaron la posesin de armas de fuego,
demuestra que slo entre el 1% y el 4% de la poblacin adulta elige
obtener un permiso. Pero aun si todos tuvieran un arma de fuego,
llevando al escenario del Salvaje Oeste preanunciado por los
opositores a las reformas, la nacin podra estar mucho ms segura. El
historiador Roger McGrath en su anlisis detallado de las tasas de
delitos reales en el siglo XIX en American West, Gunfighters,
Highwaymen and Vigilantes, ha demostrado que ms all del hecho de
que la regin estuviera poblada, fundamentalmente, por jvenes
varones cuya permanencia en la misma era siempre transitoria, sujetos
a escasos controles sociales y a una dbil actividad de hacer cumplir la
ley, la tasa de robos anual per capita era equivalente al 7% de la actual
de New York, la tasa de robos en vivienda al 1% y la violacin era casi
inexistente. Todos portaban un arma y los ancianos, los dbiles, las
mujeres, los inocentes y aquellos que no deseaban pelear eran muy
raramente los blancos de los ataques, segn McGarth. Salvo a los
varones jvenes que les gustaba beber y pelear entre s por deporte,
los residentes del bien armado Oeste estaban mucho ms seguros que
los residentes de las ciudades actuales en las que a las personas
comunes les est prohibido portar un arma de fuego.
Con reformas legales que permiten la posesin de armas de
fuego ya sancionadas en 23 estados y bajo atenta consideracin en 15
ms, parece inevitable que un proyecto de alcance nacional sea
considerado. En el corto plazo, el Congreso debera plantear la
abolicin de la prohibicin de portacin de armas cortas en
Washington DC y su reemplazo por una ley que requiera a las
autoridades el establecimiento de un permiso para la portacin
defensiva para cualquier residente obediente de la ley del Distrito que
lo requiera y est dispuesto a realizar un curso de seguridad. Dejar que
los residentes de la capital nacional ejerciten el derecho concedido en
la Segunda Enmienda de protegerse a s mismos de la inseguridad
asesina que actualmente se difunde rpidamente alrededor de ellos, es
una idea valiente cuyo tiempo ha llegado.
7.- Ir a la gente
Por John Carlson
(Washington Institute for Policy Studies)
La dudas entre los lderes polticos sobre las medidas duras
contra el crimen puede ser evitada dirigindose directamente al
pblico. As fue como los residentes de Washington inventaron la regla
three strikes and youre out y como forzaron en la ley la introduccin
de nuevas previsiones no carentes de sentido atacando el delito
armado.
Cuando se pelea contra el crimen es importante enfocarse en
sus fuentes reales. La primera y la ms grave de las causas es dejar a
los criminales fuera de la crcel. Las condenas cortas para violentos
delincuentes reincidentes perpetan el problema. Nuestra respuesta
desde el estado de Washington fue la primera ley three strikes and
youre out del pas que ordena la prisin perpetua para cualquiera
despus de la tercer condena por un delito grave (incluye cualquier
infraccin clase A o clase B violenta). Simple y claro. No Sin, si o
pero. Sin excepciones, excepto por clemencia oficial del gobernador,
quien debe responder a sus votantes por sus acciones.
Al principio intentamos instituir esta reforma a travs del
proceso legislativo. Ni siquiera nos acercamos. Las ideas frescas del
exterior tienden a debilitarse rpido en el ambiente denso y asfixiante
de las capitales federal y estatales.
Pero en el estado de Washington tenemos el procedimiento de
la iniciativa popular, y luego de un trabajoso esfuerzo por juntar
182.000 firmas, nuestra propuesta fue planteada a la gente en
Noviembre de 1993. Fue aprobada con el 77% de los votos.
Socilogos, defensores pblicos y activistas de los derechos
civiles se apuraron por definir la nueva ley como un slogan simplista
que en nada ayudara a reducir el crimen. Pero los oficiales de polica,
guardiacrceles y fiscales informaban que an los criminales ms duros
se refrenaron con la nueva ley. El titular del programa de registracin
de ofensores sexuales de Seattle dijo que algunos criminales estaban
dejando el estado, y que otros estaban procurando el ingreso en los
tratamientos antidrogas y alcohol, que haban rehusado cuando
estaban en prisin. Los convictos que ya tenan dos condenas se
preguntaban en voz alta por qu no les corresponderan tres
oportunidades nuevas en lugar de restarle solo una.
Un mvil de TV de la filial de NBC de Seattle visit la crcel King
County Jail para entrevistar a los internos sobre la nueva ley. La
mayora dijo que era injusta, pero todos ellos dijeron que lo pensaran
mejor antes de dar un tercer golpe (strike).
Es demasiado pronto temprano para juzgar definitivamente la
ley three strike de Washington. Pero las estadsticas estatales
muestran un descenso de 10% en homicidios, l8% en violaciones y 4%
en lesiones en los primeros 6 meses bajo la nueva ley, mientras que el
homicidio y el asalto haban crecido el ao anterior.
El paso siguiente que tomamos para combatir el delito fue un
tiempo duro para el delito armado, otro proyecto legislativo fracasado
fallido que deriv en una consulta popular. Como trhree strikes,
tiempos duros est enfocada en un objetivo especfico, en este caso
la gente que utiliza ilegalmente armas de fuego, o de cualquier otra
clase, y la que obtiene armas ilegalmente. Hasta tiempos recientes la
ley en el estado de Washington no consideraba como ms grave el
robo de un arma de U$S 350 del robo de un estreo de U$S 350.
Muchos de los estados an no lo hacen. El debate poltico se centra,
infructuosamente, en armas y municiones compradas legalmente por
parte de ciudadanos obedientes de la ley, ignorando el hecho de que
difcilmente las armas utilizadas en un delito violento provengan de
esta fuente.
Tiempos duros, crea el nuevo delito de robo
6
de arma de
fuego, y establece ms de un ao de prisin por robar un arma. Un
incremento sustancial con respecto a los 60 das que el ladrn de armas
puede sufrir bajo la ley actual. Tiempos duros, tambin agrega hasta
5 aos de condena por el uso de arma de fuego en un delito (ninguno
de los cuales puede ser descontado por buen comportamiento), y hasta
2 aos por el uso de otra arma mortal como un cuchillo o un palo de
jockey. Adems ordena al estado mantener registros pblicos sobre
como los jueces condenan a los criminales armados y de cualquier
negociacin de la pena.
La esperanza es que tiempos duros, estigmatizar el uso y
tenencia ilegal de armas mortales, particularmente de fuego. Los
grupos de propietarios legales de armas, cansados de contemplar la
lluvia de armas usadas por los criminales, apoyan la medida, as como
los fiscales, los partidarios de los derechos de las vctimas, y por
supuesto los policas.
6
N. del T.: segn la terminologa utilizada puede referirse a robo o hurto
indistintamente.
La iniciativa ha reunido los requisitos para la consulta popular
del ao prximo, pero la legislatura, luego de la eleccin que ha
significado un drstico cambio en los escaos (de 35 republicanos a 61
sobre un total de 98 de la Cmara de Representantes), ha tenido un
cambio de voluntad y quiere aprobar directamente la iniciativa. El voto
en la Cmara Baja fue de 88 a 6. Esperamos pronto un voto favorable
del senado.
Nuestra prxima medida contra el delito se dirigir a los
delincuentes juveniles y al mal manejo que hace de ellos el sistema
judicial.
.
8.- Salvar la pena de muerte del simbolismo
Por John Di Iulio J.R.
(Universidad de Princeton/Brookings Institutions Center for Public
Management)
La pena de muerte se aplica raramente en estos das, por ello
sabemos poco de sus efectos disuasivos. Estudios muestran que
muchos asesinos cometern ms crmenes si son liberados, y
que las condenas a muerte no son injustamente asignadas en
razn de la raza. Los americanos apoyan la pena de muerte
como una expresin de justicia de la que actualmente estn
obteniendo muy poco-.
Entre 1977 y 1993, 300000 fueron asesinados.
Ahora, tome este test demltiple choice y adivine que les pas a sus
asesinos:
1. Cunta gente estaba en la fila de la muerte en 1993 por
aquellas vidas robadas desde 1977?
A) 58.590
B) 14.152
C) 2.716
2. Cuntos de los miles de individuos en la fila de la muerte
en 1993 fueron ejecutados efectivamente ese ao?
A) 491
B) 164
C) 38
3. Entre 1977 y 1993 cuntos homicidas supone Ud. que
fueron ejecutados en EEUU. en total?
A) 22.600
B) 2.260
C) 226.
4. Cul es la condena promedio actualmente en una prisin
estatal para el condenado por homicidio?
A) 40 aos
B) 30 aos
C) 20 aos.
5. Cunto tiempo el homicida promedio permanece
encerrado antes de ser liberado?
A) 21
B) 14.7
C) 8.5
La respuesta correctas a cada es C, lo que significa que el
mensaje de nuestro sistema de justicia para cualquiera que crea que el
homicidio debe ser castigado con la pena de muerte en ms que
algunos casos simblicos, es actualmente algo as como raj de ac.
En los aos recientes ningn estado ha ejecutado ms
homicidas que Texas. En 1993 Texas llev a cabo 17 penas capitales,
Virginia fue el segundo con solo 5. Pero Texas, como otros estados,
conmut todas las penas de muerte en condenas perpetuas, luego que
la Corte prohibiera la pena de muerte en 1972; y un estudio reciente
nos muestra que pas con esos internos de la fila de la muerte
cuando Texas dej de ejecutarlos. Revela que desde 1974 los
prisioneros que fueron retirados de la fila de la muerte por revisin
judicial o conmutacin de pena son tres veces ms de los que fueron
ejecutados. Luego de ser incluidos a la poblacin general de las
prisiones, 12 de 47 presos conmutados fueron responsables de 21
ataques violentos serios contra otros internos o personal penitenciario.
Uno de los internos de la fila de la muerte mat a otro preso. Y otro,
luego de un ao de libertad condicional mat a una nia.
Esto no quiere decir que todos los condenados en la fila de la
muerte, mataran nuevamente si son liberados de all. Pero estos
individuos s tienden a ser criminales reincidentes. Ms del 40 % de las
personas en la fila de la muerte en 1992, estaban en probation,
libertad condicional o asistida en el momento en que cometieron
homicidio. (Investigaciones en curso, realizada por m mismo y otros,
indican que quizs un tercio de los homicidios cometidos en el pas en
las ltimas dcadas, fueron llevados a cabo por personas liberadas
bajo supervisin judicial, decenas de miles de americanos hoy estn
muertos, simplemente, por que estos criminales fueron liberados).
Una de las cosas que ha obstruido y retrasado el cumplimiento
de las condenas a muerte es el temor a que hayan sido dictadas de
manera injusta en funcin de la discriminacin racial. Hay registros de
estudios que testean esto ponderando en los factores raciales en las
penas de muerte. Los estudios que controlan todos los factores
relevantes, incluidas variables legales (testigos presentes,
circunstancias agravantes), no encuentran ninguna evidencia de
discriminacin racial en las condenas a muerte contemporneas.
De aquellas personas condenadas a muerte en 1993 cerca del
58 % eran blancos. Esto es mucho ms alto que la proporcin de
blancos entre todos los homicidas. Histricamente la tasa de homicidio
de los negros nunca ha sido inferior a 5 veces la tasa de homicidios de
los blancos y muchas veces desde 1950 ha sido 10 veces mayor.
No importa que tipo de reformas sean adoptadas para reducir
las interminables apelaciones que actualmente bloquean la ejecucin
de la mayora de las condenas a muerte; Amrica nunca har simple o
menos caro la ejecucin de homicidas convictos. Adems el verdadero
cuello de botella que refrena el uso de la pena de muerte hoy, no est
en el final del proceso sino en el principio: los fiscales cansados de la
polmica no buscan la pena de muerte si pueden evitarlo, menos an
en casos con cierta carga racial. Cuando la Corte Suprema termin con
la pena de muerte en 1972, los casos de homicidio y otros crmenes
violentos cayeron en el agujero de las negociaciones de la pena.
Cuando la Corte reinstaur la pena de muerte en 1976, los fiscales no
se mostraron muy ansiosos por sacarla a flote. Hoy la cultura
burocrtica y de asamblearia de la mayora de las fiscalas de las
grandes ciudades, no favorece el requerimiento de la pena de muerte -
francamente no mucha justicia para un gran esfuerzo y costo
financiero.
En las ltimas dcadas las ms importantes encuestas de
opinin pblica muestran que la gran mayora de los americanos
blancos, negros, jvenes y viejos, sin distincin apoya la ejecucin de
los asesinos. Los americanos valoran la pena de muerte no solo por su
utilidad como herramienta para reducir el delito, la valoran como una
forma de hacer justicia. Sin embargo, salirse con la suya en un
asesinato sigue siendo relativamente fcil en Amrica. Solo una
pequea fraccin de los ms aberrantes asesinos son ejecutados. Ni la
disuasin ni la justicia pueden ser conseguidas de esta manera.
9. Cerrar la brecha del habeas corpus
Por Kent Scheiddeger.
(Criminal Justice Legal Foudation)
Los delincuentes y sus abogados explotan los procedimientos legales
con apelaciones inconsistentes y llevan casos penales estatales hasta la
justicia federal. Esto retrasa en aos la ejecucin de la justicia y es muy
costoso. La Cmara Baja ha cerrado esta va en febrero Seguirn esto
el Senado y el Presidente Clinton?
El jurado vuelve. Al fin han decidido. Los familiares de la vctima
asesinada esperan ansiosos. Han soportado el horror de un asesinato.
Luego la investigacin. Luego los meses de maniobras legales antes del
juicio. Luego el juicio. Luego la etapa de la condena.
Por fin, el veredicto es ledo. La condena es a muerte. Ahora,
finalmente, piensan, se har justicia.
Pero estn trgicamente equivocados. Tomando prestada la
frase de Churchill, no es el final, o el principio del final, en el mejor de
los casos es el final del principio.
Nadie niega que las apelaciones sean necesarias en los casos
penales. Para asegurar que los juicios sean justos, algunos deben ser
revisados cuidadosamente por el Tribunal de Apelacin. En casos
complejos, especialmente con la pena capital, este proceso lleva un
largo perodo.
Lo que s es muy discutible, empero es la necesidad de la
siguiente instancia en el sistema actual. En otra clase de casos, una vez
que el juicio es confirmado en la apelacin, la cuestin queda firme y
no puede ser disputada en otra sede. Solo en los casos penales
estatales son las sentencias revisadas en un tribunal distinto y no
superior. Luego de que el tribunal de alzada ha examinado
exhaustivamente el caso y no ha encontrado errores reversibles, el reo
corre a los tribunales federales y consigue una segunda revisin basado
en argumentos constitucionales. Esta cuidadosa consideracin y
denegatoria de sus reclamos por los tribunales estatales, no tiene peso
alguno en el procedimiento federal llamado Habeas Corpus.
El caso de Kermit Smith ilustra el retraso innecesario y la
interferencia con el procedimiento estatal que esto causa. En 1980
Smith secuestr a tres colegiales porristas y viol brutalmente y asesin
a una de ellas de 19 aos, Whelette Collin. Luego de su juicio, las
cortes estatales revisaron su condena en tres procedimientos por
separado, en el lapso de 7 aos. A pesar de esta exhaustiva
investigacin los abogados de Smith retrasaron su ejecucin por seis
aos y medio ms, planteando una peticin federal de hbeas corpus.
Catorce aos despus de la muerte de Whelette Collin, su asesino
finalmente fue ajusticiado. Cerca de la mitad del retraso ocurri en el
fuero federal y esto fue en un caso en el que no haba duda respecto de
la identidad del asesino.
Esta prctica golpea al corazn del federalismo. La aplicacin
del derecho penal es la funcin ms importante de los gobiernos
locales y estatales. La proteccin de nuestras personas y propiedades
de al acecho es una de las principales razones por la cual tenemos
gobiernos. Si los estados no son capaces de juzgar y castigar a los
delincuentes por homicidio, violacin, robo, deberamos comenzar a
preguntarnos para que tenemos estados.
Como muchos problemas de exceso de gobierno, este tiene su
razn en un remedio drstico para un problema atroz, un remedio que
ha sobrepasado su necesidad y rebalsado sus lmites.
El antiguo procedimiento legal del hbeas corpus era un
remedio para la gente retenida en custodia ilegalmente. Sus
beneficiarios incluan prisioneros polticos encarcelados por el rey y
sospechosos a quienes haba sido denegada de manera inapropiada la
posibilidad de una fianza antes del juicio. La ley era clara, sin embargo,
un condenado por un delito en un tribunal adecuado no poda usar
este remedio para revisar o retrasar su condena.
Esta ltima regla fue seguida en Amrica en el Siglo XX. Caso
tras caso gigantes legales como el presidente de la corte John
Marshall, los ministros Joseph Story y Oliver Wendell Holmes reiteraron
que cualquier reclamo que no se refiriera a la jurisdiccin del tribunal
de juicio no poda ser considerado en un habeas corpus, aunque el
reclamo estuviera basado en la Constitucin.
En 1920 esta prctica comenz a cambiar. El procedimiento
penal estaba necesitando seriamente de una reforma, especialmente
en los tribunales estatales. Los viejos casos se hallaban repletos de
confesiones coaccionadas, grupos de favorables al linchamiento
alrededor de los tribunales e indigentes imputados enjuiciados sin
asistencia legal o con una representacin solo formal descuidada.
Acechando sobre todo esto estaba el viejo problema del racismo.
La Corte Suprema expandi la proteccin constitucional para
corregir estos abusos. Al mismo tiempo, expandi la garanta del
hbeas corpus para proteger todos los reclamos constitucionales, no
solo los que hacan a la competencia del tribunal de juicio. En 1953
dej caer la bomba. Ignorando sus posturas anteriores en contrario,
inst a los tribunales federales inferiores a re-evaluar materias que ya
haban sido decididas completa y justamente en los tribunales
estatales.
Retrospectivamente, no es difcil ver por qu semejante paso
fue necesario en 1953, especialmente en un caso del sur que
involucraba discriminacin racial en la seleccin del jurado. Dada la
magnitud del problema, instituir los tribunales federales inferiores en
minicortes supremas con poder absoluto para revisar decisiones de
tribunales supremos estatales bien puede haber sido un mal necesario.
Los cambios en la ley y en el pas desde 1953 sin embargo, han
hecho esta prctica mucho menos beneficiosa y mucho ms perversa.
Amrica es en gran medida diferente de la que era. Los gobernadores
no se paran en la puerta de las escuelas, los presidentes no necesitan
enviar al ejercito para reforzar el cumplimiento de las rdenes
judiciales. Los jueces estatales no declaran inaplicable la Constitucin,
como lo hizo el Juez en el caso Billie Sol Estes. Los lmites
constitucionales son reconocidos y aplicados cada da, en cada juzgado
penal del pas.
El uso del hbeas corpus para realizar juicios estatales en el
fuero federal puede ser justificado en dos situaciones, ambas
excesivamente poco comunes. Primero, si el defendido tiene nueva
evidencia slida de su inocencia que el estado se niega a considerar,
entonces s el hbeas corpus puede prevenir un error fundamental de
la justicia. Segundo, si la Corte Estatal desafa un precedente de la
Corte Suprema, de manera tan clara que jueces razonablemente no
puedan deberan diferir, entonces un mecanismo correctivo es
necesario.
Lo que necesita ser detenido es el uso de hbeas corpus para
simplemente ir a la bsqueda de jueces, planteando los mismos
argumentos que fueron planteados previamente a mltiples tribunales,
hasta que alguno concuerde con el defendido. El 8 de febrero de 1995,
la Cmara de Diputados aprob la resolucin HR729, para eliminar este
abuso. Queda por ver si el Senado y el Presidente acordarn.
10- Angostar radicalmente la regla de exclusin
Por George Dentes.
(Fiscal del distrito de Tamplens County, New York)
Nuestra actual regla de exclusin es otra brecha, judicialmente
construida, que obstruye a la justicia. Empantana la mayora de
los juicios penales y con frecuencia permite a flagrantes
culpables, salir libres porque evidencia importante ha sido
excluida del tribunal. Debe ser reducido radicalmente en el
mejor de los casos.
El objetivo del sistema de justicia debera ser castigar al culpable
y vengar al inocente. En cambio, nuestro sistema suprime con
regularidad evidencia fehaciente y en consecuencia libera al culpable.
Este es el resultado de la llamada regla de exclusin.
La regla de exclusin excluye la prueba de la autora en un juicio
penal si la prueba fue obtenida inconstitucionalmente. Por ejemplo, si
la polica necesita una orden de allanamiento pero no pudo obtenerla,
la evidencia que encuentran drogas, armas, manchas de sangre, lo
que sea- no ser admisible en el juzgado.
La racionalidad de la regla es que si la polica no puede usar las
pruebas obtenidas de manera incorrecta, no actuarn incorrectamente.
Esa es la teora. En la prctica, la regla fracasa y causa ms injusticias
de las que previene.
El problema clave es que la regla de exclusin descansa en una
presuncin falsa; esta es que la ley es clara y que la polica puede tomar
decisiones sencillas entre lo correcto y lo incorrecto. De hecho la ley es
frecuentemente confusa, pasible de distintas interpretaciones cuando
se aplica a los hechos.
Consideremos los hechos que afront el oficial James Doyle.
Patrullaba por Manhattan cuando recibi una llamada por radio para
ocuparse de una denuncia de disparos. La llamada dio la direccin, el
apartamento 3 C, de calle 163 oeste, n 450, una conocida casa de
drogas.
Doyle respondi rpidamente, subi las escaleras y encontr la
puerta semi abierta. Escucho voces adentro. Empuj la puerta y entr.
Encontr cuatro hombres. Dos de ellos tenan armas de fuego cortas.
Uno de ellos dej caer su arma a la orden de Doyle, el otro la tir por la
ventana. En una mesa cercana haba siete onzas de cocana, una
balanza y un fraccionador. Arrest a los cuatro hombres y se los acus
de delitos relacionados con las drogas y la tenencia de armas. Muchos
consideraran a Doyle un hroe.
Entremos al sistema judicial y a la regla de exclusin. Los
defendidos buscaron excluir las drogas y las armas, alegando que Doyle
haba violado sus derechos entrando en el departamento sin la orden
judicial. La fiscala argumento que los disparos reportados presentaban
una situacin de emergencia que hacan la orden innecesaria. El juez
dictamin que Doyle estaba, por cierto, en una emergencia, y sostuvo
la admisibilidad de la prueba. Todos los acusados fueron condenados a
penas entre quince aos y perpetua.
En sus apelaciones los imputados renovaron sus argumentos de
que Doyle entr ilegalmente en el departamento. Dos salas distintas
de jueces de apelacin entendieron en el trmite, de tal manera que
cada sala tramit el tema el mismo da, sin saber que la otra lo estaba
haciendo.
Una Sala sostuvo por unanimidad que Doyle entr legalmente, y
la otra, por unanimidad, que lo hizo ilegalmente. El resultado es que
uno de los acusados est libre ahora, mientras los otros cumplen
condenas de quince aos a perpetua.
Resultados como el precedente no son la norma, pero la
confusin sobre el derecho de investigacin y detencin es comn. Si
nuestros jueces, con todo el tiempo y la tranquilidad que necesitan
para deliberar, no pueden ponerse de acuerdo en cmo aplicar el
derecho a los hechos, cmo pueden pretender que un polica en la
calle tome decisiones correctas en un instante?.
Bajo la actual aplicacin de la regla de exclusin, no cuenta en
absoluto que un polica haya actuado de buena fe. De hecho, las
nuevas reglas constitucionales son aplicadas retroactivamente, esto
implica que la prueba es suprimida aunque la polica haya actuado
legalmente segn las normas que en el momento estuvieran en
vigencia.
A la regla de exclusin no le importa en absoluto el impacto
pblico de la supresin de la prueba.
Si un oficial detiene un auto sin una razn adecuada y encuentra
la colilla de un cigarrillo de marihuana en el piso, hay poco
preocupacin pblica sobre si la falta queda impune. Pero si el oficial
encuentra un arma que prueba que el conductor cometi un homicidio,
la supresin de la prueba del arma puede llevar a dejar en libertad al
asesino y a encender la furia del pblico. La conducta del oficial en
ambos casos es la misma, pero las consecuencias para el pblico varan
drsticamente.
La regla de la exclusin carga nuestros tribunales con una
multitud de audiencias por supresin de pruebas. Estas son audiencias
previas al debate en las que el imputado ataca al polica intentando
mostrar una conducta inconstitucional. Los abogados defensores
ponen un gran esfuerzo en estas audiencias, porque ganar un dictamen
de supresin puede excluir prueba vital el arma en un tiroteo, la
cocana en un delito relacionado con drogas, el equipo de msica
robado en un robo de vivienda- y poner fin a la persecucin penal. Me
atrevo a decir que pasamos ms tiempo litigando la cuestin de las
faltas policiales que e problema de la culpabilidad del acusado.
Algunos pueden decir que necesitamos la regla de la exclusin
para protegernos. Pero lo cierto es que la regla slo protege a los
culpables. Supongamos que dos hombres caminan por la calle, uno es
un traficante de drogas, el otro, obediente de la ley. Un polica los para
a ambos y los requisa, encontrando drogas en el traficante pero nada
en el otro. El hombre obediente de la ley puede seguir caminando. El
traficante es acusado de tenencia de drogas y va a los tribunales.
Solicita la supresin de la prueba y la peticin es concedida sobre la
base de que el oficial careca de una razn adecuada para detenerlos y
requisarlos.
La regla de exclusin nada tiene que ver con el hombre
respetuoso de la ley. l puede apelar a otros remedios demandar
civilmente al oficial, o tal vez quejarse ante una junta de supervisin
policial-. El vendedor de drogas, por otro lado, tiene todos los derechos
del hombre obediente de la ley ms el derecho de evitar el castigo por
su delito. Los nicos castigados son los miembros de la comunidad en
general, que sufren la continua presencia del vendedor de drogas.
Cambiar la regla de la exclusin no debe ser necesariamente
una odisea. La Constitucin misma no dice nada acerca de excluir
evidencia. La Corte Suprema impuso la regla en las cortes federales en
1914 y la extendi a los estados en 1961. Los primeros
pronunciamientos de la Corte sugeran que la regla era un requisito
constitucional, pero ms recientemente la Corte ha descripto la regla
como un remedio creado judicialmente ms que un derecho
constitucional del imputado. La Corte, entonces, puede aceptar la
propuesta de que la regla de exclusin pueda ser cambiada por el
Congreso.
La eliminacin completa de los remedios de exclusin no sera
deseable. Debe haber algunos lmites para evitar que la polica
atropelle brutalmente los derechos individuales. Mtodos
inescrupulosos como la tortura y el suero de la verdad pueden aportar
evidencia confiable, pero son claramente inaceptables.
Asimismo, restringir la regla de exclusin no pondra en peligro
la libertad. Ninguna de las democracias en Europa o en cualquier otro
lugar tiene una regla de exclusin como la nuestra. Sin embrago, no son
estados policiales. Y ninguno tiene una criminalidad como la nuestra.
Las opiniones judiciales interpretan que la clusula
constitucional del debido proceso prohbe las tcnicas probatorias que
sacudan la conciencia. Un criterio como ese debera ser adoptado
para las cuestiones de supresin de prueba. El tribunal estara en
libertad de sopesar la buena fe del polica, la gravedad del delito, y el
impacto en el pblico de suprimir la prueba.
Este cambio afectara nicamente a la admisibilidad de la
evidencia, sin menospreciar la violacin a los derechos civiles. La
conducta policial incorrecta seguir siendo incorrecta y se podr tratar
a travs de los remedios civiles existentes, que permaneceran para
proteger los derechos del acusado.
11- ...O deshagmonos de ella por completo
Por Jadish Bhagwati.
(Columbia University)
Otra alternativa es deshacernos de la regla de exclusin por
completo. Otras previsiones legales salvaguardan las libertades
civiles tambin y probablemente, mucho mejor.
La flexibilizacin de la regla de exclusin en el proyecto de la
Cmara Baja, que permitira admitir en los tribunales la evidencia
conseguida ilegalmente pero de buena fe, ha enfurecido a los liberales.
Se basan en el argumento convencional de que esto violar nuestro
derecho fundamental a ser protegido de investigaciones
inconstitucionales. Los conservadores justifican la revisin de la regla
en el remaido argumento de que los delincuentes no deben escaparse
gracias a simples tecnicismos (una cuestin que trajo a luz el caso O.J.
Simpson cuando la evidencia fundamental, supuestamente conseguida
sin la orden judicial respectiva, casi resulta excluida).
No obstante, en rigor de verdad, nuestra actual regla de
exclusin y la propuesta por la Cmara, son ambas inadecuadas. La
primera desva regularmente la justicia colocando pruebas cruciales
fuera de su alcance; mientras que la ltima excusa violaciones policiales
a los derechos fundamentales cuando son hechas accidentalmente
antes que maliciosamente.
Un enfoque mas adecuado emerge de la teora econmica, que
afirman que para alcanzar de forma eficiente mltiples objetivos se
suele requerir mltiples instrumentos de resolucin de problemas (esta
es la posicin en virtud de la cual Jan Tinbergen gan el primer Pemio
Nobel de economa. O como nuestros mayores lo plantearon: no
puedes matar dos pjaros con una sola piedra).
Actualmente en los casos en los que la evidencia ha sido
obtenida en forma constitucionalmente indefendible, los tribunales
deben luchas para reconciliar dos objetivos muy difciles: los culpables
deben ser castigados y, al mismo tiempo, los ciudadanos deben ser
protegidos de una polica que se extralimita.
Al rechazar cualquier uso de pruebas contaminadas (como era
el estndar hasta la excepcin limitada del comportamiento de buena
fe cuya extensin ahora est siendo analizada), forzamos a los
tribunales a utilizar un nico instrumento poltico para perseguir
distintos, y a veces contradictorios, objetivos.
Sera seguramente ms efectivo utilizar dos instrumentos para
manejar los dos problemas que tenemos entre manos. Esto podra ser
hecho admitiendo toda prueba slida en los tribunales sin importar
cmo haya sido conseguida, para que la determinacin judicial de la
culpabilidad sea lo ms precisa posible, mientras, simultneamente,
proveer mecanismos diferentes para hacer a los policas responsables
por sus procedimientos, castigndolos cuando las
inconstitucionalidades sean judicialmente establecidas.
Tal solucin mejorara la eficiencia del sistema de justicia penal
castigando al verdadero culpable, y sera tambin un instrumento ms
efectivo para proteger nuestros derechos constitucionales. La simple
exclusin de la evidencia reunida inconstitucionalmente disuade a los
policas de futuras violaciones slo indirectamente, por medio de la
esperanza de que al fracasar en acusar delincuentes ante la justicia se
sentirn tan frustrado que corregirn sus mtodos. El castigo directo
del polica deshonesto sera un mejor disuasivo, y lo hara sin el efecto
secundario de penalizar al pblico liberando conocidos delincuentes.
El senador de la Comisin Judicial Orrin Hatch ha introducido en
el Senado un proyecto que encuadra perfectamente en el enfoque que
hemos delineado. La propuesta de Hatch hara desaparecer la obsoleta
regla de exclusin, de ochenta aos de edad, y en su lugar permitira a
las vctimas de procedimientos ilegales demandar a la polica y obtener
reparaciones por daos reales y punitivos (con un tope de U$S 10.000
para los daos punitivos) .
Pueden ser diseadas otras formas alternativas, y tal vez
mejores, de castigar y disuadir a los policas deshonestos. Pueden ser
creados mecanismos automticos para que el estado inicie de oficio las
acciones judiciales en lugar de depender de la accin por daos del
particular. Para hacerlo, el Estado obviamente requerira prueba de
que prima facie se ha llevado a cabo un procedimiento ilegal. Pero esta
prueba slo se materializara durante el juicio una vez que el defendido
haya perdido el derecho a excluir la evidencia contaminada y sus
abogados el no tengan ningn incentivo para argumentar la
improcedencia constitucional del procedimiento. Para superar este
problema de incentivo la reforma podra incluir una mitigacin
gradual del castigo, que asegure, sin embargo, la condena con prueba
contaminada.
No importa cmo lleguemos al polica deshonesto, es evidente
que se necesita una solucin de doble va si pretendemos perseguir de
forma eficiente objetivos diferentes, el el justo castigo del delito y la
proteccin slida de nuestros derechos. Establecer la responsabilidad
de la polica es una va. Terminar con el improductivo experimento de
la exclusin de la prueba, es la otra.
12- Abrir los jurados
Por Joseph E. Di Genova
(Manatt, Phelrs, & Phillips)
Los jurados no estn operando eficientemente o de manera
justa estos das, particularmente en las grandes ciudades y en
los grandes casos. Se necesitan reformas importantes para
tener jurados ms informados y representativos y evitar malos
veredictos.
Los jurados americanos claman por ayuda. Debemos
escucharlos.
Los jurados ejercen uno de los trabajos ms importantes en una
democracia. Sin embargo, actualmente les negamos los instrumentos
necesarios para cumplir bien su tarea. En recientes entrevistas
realizadas a un grupo de jurados que haban participado en casos
recientes, les pregunt como podra ser cambiado nuestro sistema
actual de jurados. Sugirieron grandes reformas que podran mejoraran
acabadamente nuestra administracin de justicia.
Los jurados dilucidan hechos, por lo que no sorprende que
querran hacer preguntas durante el juicio. Segn los jurados abogados
y jueces, si bien son generalmente capaces, no suelen entender qu es
lo que necesita el jurado. Sugieren estar habilitados para someter
preguntas al juez para su consideracin. Estn preparados para aceptar
que sus preguntas pueden no ser procedentes por alguna razn en
particular, pero quieren el derecho de proponer indagaciones en el
proceso antes de la deliberacin. No hay ninguna buena razn por la
que esto no sea debera ser permitido, an as la mayora de los jueces
rehsa considerarlo.
Los jurados quieren recibir copias de las instrucciones legales
impartidas a ellos al final del caso. De hecho, les gustara poder
consultarlas desde el inicio del juicio. Dicen que el juez los instruye en
complejos temas legales usando palabras, frases, y conceptos extraos
a ellos, y que quieren ser capaces de leer estos legalismos ininteligibles
y discutir su significado en el cuarto de deliberaciones. De todas
formas, hoy por hoy, hacen esto basados en lo que recuerdan de las
instrucciones orales. Los jurados quieren, particularmente, copias de
las instrucciones en conceptos legales claves como duda razonable.
Informan que se pierden horas tratando con conceptos de este tipo,
porque estn forzados a recordar definiciones especficas.
Los jurados quieren ser informados el derecho, definiciones, y
procedimientos durante el juicio y antes de los alegatos finales - no
slo al final de los mismos. Los jueces y los abogados tienen copias de
las instrucciones, ellos dicen, porqu no la deberan tener los jurados?
Nuevamente, la mayora de los jueces se rehsan a hacer esto.
Los jurados solicitan el derecho de tomar nota durante el juicio
sin el permiso del juez. En casos largos y complejos creen que esto es
esencial, escuchar lecturas de porciones de lo transcripto no les es de
tanta ayuda como cree el juez -sealan- y algunos jueces se niegan
incluso a eso. El miedo a que un buen tomador de notas pueda
dominar las deliberaciones es ridculo, dicen los jurados, dado que
algunas personas insisten ya en hechos clave mientras otras disienten.
Jueces y abogados tienen anotaciones sobre el caso; los jurados,
tambin deberan.
Siendo que alguno de sus compaeros de panel pueden ser
irrazonables, irracionales, e injustos, los jurados creen que un veredicto
no unnime en algunos casos criminales sera de gran ayuda. Algunos
estados ya permiten esto y es un experimento digno de ser analizado y
replicado.
Los jurados informan que algunos candidatos ocultan la verdad
durante los procedimientos de voire dire a travs de los cuales los
jurados son seleccionados. Algunas personas que entrevist estaban
profundamente ofendidas por la deshonestidad de sus compaeros
que, en esencia, mintieron para estar en el juicio, dicindoles a los
abogados y al juez lo que saban que les complacera, o sencillamente
escondiendo informacin. Una vez seleccionados estos jurados
profesaban una conviccin religiosa de que no tienen derecho a juzgar
a otro, o alguna otra conviccin prejudicial. Hay preocupante evidencia
de un nmero creciente de potenciales jurados que violan sus
juramentos para sentarse en un caso, particularmente los de gran
notoriedad. Estas revelaciones requieren que los jueces sean muy
cuidadosos y respetuosos de la funcin de voir dire.
Jurados recluidos para la deliberacin nos contaron que las
razones de su reclusin son irracionales, que en muchos casos la gente
discute los casos an cuando no se supone que lo hagan, y que las
presiones de la reclusin a veces fuerzan decisiones en las que nadie
est garantizado. Informan tambin que muchos jurados retrasan
artificialmente sus decisiones individuales porque disfrutan la
camaradera, la atencin, los servicios del hotel, la comida, y todo lo
que la reclusin trae consigo.
Los jurados creen que les debe ser permitido discutir entre ellos
la prueba a medida que un caso progresa. Creen que esto los obligara
a prestar ms atencin y les permitira comenzar a hablar, y trabajar
juntos antes del proceso. Sugieren que el final del juicio es demasiado
tarde para comenzar las deliberaciones, y dicen que es irracional no
poder discutir diariamente los testimonios, pruebas, exhibiciones.
Muchos jurados creen que algunos de los otros miembros no
deberan estar all porque no tienen inters en los procedimientos o no
fueron capaces de comprenderlos. Consideran que el padrn de
jurados disponibles es muy pequeo y que muchos jurados educados
son excluidos. Para asegurar jurados atentos, inteligentes, serios, debe
ser incluido un espectro ms amplio de ciudadanos .
Los jurados creen que deben ser removidos del servicio
nicamente por una causa fundada. Las eliminaciones perentorias
deben eliminarse. Este cambio llevara a una participacin ms amplia,
juicios ms cortos, y a dejar ms personas apta en los jurados.
Cada uno de los jurados con quienes habl dijeron que no era el
poder que esto traa aparejado los serios, sino ms bien, su sentido de
la responsabilidad. Los abogados, jueces y legisladores deberan sentir
una responsabilidad similar para mejorar el pobre sistema en el que
los jurados con conciencia se mueven hoy. Los procedimientos
establecidos hace uno o dos siglos podan haber sido adecuados
cuando los jurados se sentaban por unas horas en un juicio sencillo. No
son adecuados hoy en da.
13- Contratar policas y construir crceles paga
Por Steven D. Levitt.
(Harvard Society of Fellows)
Hay debates encendidos sobre si la Nacin se beneficiara con
ms polica y ms camas en la prisin. Estudiar algunos
experimentos naturales a lo largo del tiempo da una respuesta
clara: debemos tener ms de ambos.
La polica y las prisiones representan la primera lnea de defensa
en la lucha contra el crimen. En 1992 haba alrededor de 700.000
policas en los Estados Unidos (casi 50% ms que dos dcadas atrs) y
alrededor de un milln de americanos en crceles y prisiones. El
presupuesto anual para la polica y las prisiones esta cerca de
$100.000.000 por ao. A pesar de todo esto los crmenes violentos per
cpita han crecido un 80% las ltimas dos dcadas.
Significa esto que lo que gastamos en prisiones y policas es
una prdida de dinero? Algunos observadores se han apresurado a
llegar a esa conclusin, an yendo tan lejos como para proponer una
moratoria en la construccin de nuevas prisiones. Las investigaciones
que yo he conducido acerca de la conexin entre la polica y
disponibilidad en las prisiones y las tasas de delitos, sin embargo, llegan
a conclusiones muy diferentes.
Tanto la polica como las prisiones parecen ser una herramienta
eficiente en controlar el crimen, y cada una de ellas ha ido creciendo
numricamente simplemente porque la curva de delitos se ha
incrementado marcadamente. Las altas tasas de criminalidad
requieren de polica adicional, esa es la razn por la que Detroit tiene el
doble de oficiales de polica per cpita que Omaha. La relacin entre el
tamao de la poblacin carcelaria y la tasa de criminalidad es ms
directa an: salvo que el sistema judicial se vuelva ms permisivo, la
poblacin penitenciaria subir uno a uno con la tasa delictiva.
La manera ms prctica de juzgar la efectividad de la polica y la
prisin es estudiar experimentos naturales donde el nmero de
policas y presos flucta por razones totalmente independientes de la
incidencia del delito. Examinando el efecto de estos cambios en la
polica o en la prisin sobre los niveles de victimizacin, es posible
estimar impactos causales.
Las elecciones de alcaldes y gobernadores proveen buenas vas
para testear los la efectividad de los refuerzos policiales. En las grandes
ciudades, el aumento de las fuerzas policiales se da
desproporcionadamente durante los aos electorales,
presumiblemente porque a quienes les incumbe quieren mostrarse
duros con el crimen. En las dos ltimas dcadas las fuerzas policiales
en las ciudades con poblaciones mayores a 250.000 habitantes han
crecido en promedio de 2.8 por ciento en aos de electorales y solo un
0.7 por ciento en otros aos.
Luego de controlar los efectos de las elecciones en el volumen
del personal policial frente otros factores, uno encuentra que las
expansiones de la polica tiene grandes efectos en las tasas delictivas.
En las grandes ciudades que examin, un oficial de polica adicional de
oficiales elimina un 4.5 crmenes violentos y 6 delitos contra la
propiedad por ao. Basados en las mejores estimaciones de los costos
del delito para las vctimas, esta reduccin de delito vale mas de
$100.000 por oficial por ao. Cualquier reduccin en el volumen de
conduccin de automviles en estado de ebriedad, actividades
relacionadas con drogas, incendios, o fraudes, debida a un polica
adicional debe ser sumado a lo anterior, as como tambin cualquier
beneficio psicolgico de la poblacin por sentirse ms segura. Dado
que el costo de emplear un nuevo agente policial es de
aproximadamente U$S 75.000 al ao, parece que el contratar nuevos
policas es una aproximacin rentable en trminos costo-beneficio para
combatir el crimen en muchas ciudades.
Aumentar los presos tambin parece ser una estrategia rentable
para reducir el crimen. El experimento natural que utilic al analizar
las prisiones es fruto de las acciones por superpoblacin carcelaria
presentadas por ciertos grupos como la Unin Americana por los
Derechos Civiles. En muchos lugares estas demandas obligaron a los
administradores penitenciarios a liberar internos. En los estados
afectados por stas rdenes judiciales los niveles de encarcelamiento,
en un perodo de tres aos, se redujeron en un promedio de 15% con
respecto al resto de los Estados Unidos. Durante ese lapso, las tasas de
delitos en aquellos lugares se incrementaron un 10% ms rpidamente
que el promedio nacional para los delitos violentos y 5% ms rpido
para los delitos contra la propiedad.
Calculo que de cada preso adicional que se saca de las calles se
elimina entre dos a tres delitos violentos y diez delitos contra la
propiedad por ao. Slo los beneficios econmicos de prevenir esos
delitos alcanzan aproximadamente $ 45.000, cifra muy superior a los
costos anuales de la prisionalizacin que promedian entre $ 25.000 a $
35.000 por preso.
Cuntos delitos esperamos razonablemente eliminar mediante
el incremento de la polica y la prisin? Poner otros 100.000 policas en
las calles y 100.000 delincuentes ms tras las rejas muy probablemente
reducira la tasa de delitos violentos en un 10%. Ms all de este
punto, los retornos disminuiran constantemente haciendo cualquier
ulterior incremento econmicamente poco atractivo.
.
14. No hay alternativa a la construccin de ms prisiones
Por Richard R. Willard.
(Steptoe & Johnson,)
Algunos sostienen que podramos habilitar amplios espacios en
la prisin donde ubicar los reincidentes de hoy, simplemente
dejando salir los condenados por delitos leves, particularmente
los relacionados con drogas. Esta gente est equivocada.
Muchos criminales violentos estn siendo liberados luego de
cumplir condenas asombrosamente leves. Esto ha producido un
llamado a construir mas prisiones para que los delincuentes violentos
reincidentes puedan ser encerrados por ms tiempo. Por otro lado se
suscita la cuestin permanente sobre si nuestra capacidad
penitenciaria actual est siendo utilizada adecuadamente. Algunos
crticos sostienen que nuestras prisiones contienen una cantidad
sustancial de delincuentes menores, especialmente aquellos
condenados por delitos relacionados con las drogas, que pueden ser
liberados con seguridad sin poner en peligro a nuestras comunidades.
Antes que gastar millones de dlares en nuevas celdas, afirman,
deberamos hacer mejor uso de los espacios existentes reduciendo o
eliminando las condenas por estas infracciones no amenazantes.
Algunas de estas crticas citan un estudio del Departamento de
Justicia de 1994 que ha indicado que el 21% de las presos federales lo
estn por delitos leves relacionados con las drogas. Los problemas de
este estudio comienzan con el uso del eufemismo delincuente
relacionados con las drogas. En la prctica resulta que virtualmente
todos estos presos federales estaban condenados por trfico de
drogas. Estos no son ciudadanos obedientes de la ley en general que
casualmente han sido atrapados por un consumo ocasional de drogas.
Son traficantes.
La distribucin y venta de drogas es un delito grave. Los
vendedores de drogas destruyen barrios. Involucran a los nios en su
red de distribucin ilegal, y a todos difunden sus venenos. La mayora
de ellos utiliza la violencia como parte de su negocio. Suelen llevar
armas de fuego, casi siempre ilegalmente. La mayora de los homicidios
hoy en da estn relacionados con las drogas.
An si uno creyera que algunos comerciantes de drogas no
merecen largos perodos de prisin, el estudio del Departamento de
Justicia sobredimensiona seriamente el nmero de presos federales
que podran ser considerados no peligrosos para sus comunidades. Su
lista de delincuentes menores incluye muchos con registros
anteriores por graves comportamientos delictivos. El protocolo de
seleccin del estudio se supone que elimina a los delincuentes con
historias de delitos violentos, pero un posterior anlisis ha mostrado
que se ha colado un porcentaje significativo de personas acusadas de
delitos violentos. An ms, muchos de esos que tienen registros no
violentos han sido acusados de delitos graves robo en vivienda, un
delito que sin duda es una amenaza seria para la seguridad de la
comunidad. Adems el 45% de los comerciantes de drogas primarios
que el estudio presenta como candidatos para su liberacin no son
ciudadanos de los Estados Unidos y ninguna consideracin se realiza
sobre si estos individuos podran tener antecedentes criminales en el
extranjero, y, por ende, no ser delincuentes primarios.
Otro factor que desvirta la afirmacin del estudio de haber
identificado una gran poblacin de presos no peligrosos, es el hecho de
que muchos de los registros de arrestos y condenas juveniles an para
los crmenes ms violentos- son confidenciales o han sido borrados y
por lo tanto no estn disponibles para los investigadores. Muchos de
los pretendidos delincuentes primarios resultan tener un largo
prontuario de conductas delictivas anteriores delincuente juvenil. Es
bastante predecible que muchos de estos condenados cometern
crmenes violentos y predatorios tan pronto como sean liberado.
Un problema ms fundamental al usar este estudio para afirmar
que nuestras prisiones contienen grandes cantidades de individuos
inofensivos es este: La investigacin del Departamento de Justicia slo
cubri el sistema penitenciario federal, que contiene menos del 7% de
la poblacin carcelaria total del pas. Y, a diferencia de su contraparte
federal, slo una pequea proporcin de los prisioneros estatales estn
constituida por delincuentes relacionados con las drogas. Hay 27.000
presos condenados, por primera por delitos relacionados con las
drogas en las prisiones estatales actualmente -menos del 4% del total
de la poblacin carcelaria estatal.
En consecuencia, es difcil ver cmo nuestros estados puedan
habilitar mayor capacidad adoptando polticas criminales menos
severas para los delincuentes relacionados con drogas. Una gran
proporcin de estos delincuentes ya reciben diversin procesal,
probation o condenas cortas en prisiones locales. Todos los
delincuentes relacionados con las drogas que son encerrados en las
prisiones estatalesincluyendo muchos reincidentes- cumplen tras las
rejas una condena promedio de apenas 12 meses.
Ciertamente es verdad que deberamos optimizar el uso de
nuestra limitada y costosa capacidad carcelaria. Y esto puede ser
posible liberando un pequeo nmero de presos que siguen
tratamientos antidrogas. En tales casos, debera haber exmenes
frecuentes de consumo de drogas respaldados por la orden de
encarcelamiento en caso de que persista el uso de las mismas.
Reducir las condenas por drogas, sin embargo, no solucionar
nuestra escasez de capacidad carcelaria. Tanto en las crceles
federales como estatales, la mayora de los presos tienen largas
historias de conducta delictiva y antisocial. Grandes cantidades son
delincuentes crnicos. Estas personas que difcilmente puedan ser
rehabilitadas, sin son liberadas slo aumentaran la victimizacin y las
prdidas que conlleva el crimen en la sociedad. Debemos proveer
suficiente espacio en nuestras prisiones para que estos criminales
violentos y reincidentes puedan ser incapacitados no por condenas ms
cortas sino por condenas mucho ms largas que las que ahora estn
siendo impuestas.
15.- Gestionar las crceles de manera diferente
Por Charles Logan
(Connecticut University)
Olvidmonos de la rehabilitacin, las crceles son para castigar.
Necesitamos ajustarnos ms estrictamente a las condenas
originalmente impuestas por los tribunales a los reos y hacer que
nuestros castigos sean inflexibles. Tambin necesitamos construir ms
prisiones. Para conseguir ms barrotes por cada uno de nuestros
dlares deberamos permitir que nuestras prisiones sean administradas
privadamente.
Las crceles son el blanco favorito de todas las crticas del
sistema de justicia penal americano. Algunos dicen que tenemos
demasiadas, otros, pocas. Se argumenta que estn muy llenas, que
cuestan demasiado, que son demasiado cmodas, o no lo
suficientemente. Se plantean preguntas sobre si rehabilitan, deterioran
o an incapacitan.
Algunas de estas controversias se aclararan si tuviramos una
mejor comprensin de la importancia prctica y moral de las prisiones.
El castigo a travs del encarcelamiento es por sobre todo, una
expresin de nuestro sentido de justicia y del valor que nuestra
sociedad le otorga a la libertad y a la responsabilidad individual. Hacer
justicia es la verdadera misin de nuestras prisiones y lo ms
importante que podemos hacer por ellas es purgarlas de cualquier
responsabilidad oficial de rehabilitar.
Las crceles no deberan tratar de ser instituciones
correccionales. Cambiar el comportamiento no es imposible -la
mayora de aquellos que son liberados de prisin no regresan- pero
slo se produce a travs de la autoconstriccin y la superacin
individual. Cuando definimos la rehabilitacin como una
responsabilidad colectiva a ser alcanzada a travs del sistema de
justicia penal, el principio de responsabilidad se ve diluido.
El mensaje de la prisin debe ser simple: los delitos son actos
incorrectos y controlables, y los que los cometan sern castigados. Las
instituciones que apuntan a la rehabilitacin, en cambio, suelen
transmitir este mensaje confuso: los delitos son el resultado de
deficiencias sociales y personales (de oportunidad, conocimiento,
habilidades, hbitos, temperamentos, etc.), y la sociedad tiene la
responsabilidad de corregir esas deficiencias. Este mensaje representa
a la conducta criminal como incontrolable, antes que voluntaria, y
retrata a sus autores como autmatas, antes que seres humanos
responsables que deben aceptar las consecuencias de sus acciones. Tal
mensaje puede excusar e incluso estimular al crimen; por lo menos
debilita el mensaje central del encarcelamiento como castigo.
Pero, nos advierten, la mayora de estos presos volvern a la
sociedad eventualmente; acaso no queremos que vuelvan preparados
para vivir vidas no criminales?. S, de hecho lo queremos. No slo lo
queremos, lo exigimos, pero se lo exigimos al victimario no al sistema
carcelario. Y en esto no pedimos mucho: no pegue, robe, mate, estafe
o agreda de cualquier otra manera a sus conciudadanos. Aquellos que
son enviados a una prisin y no a un hospital psiquitrico, ya tienen los
instrumentos que necesitan para refrenarse del crimen. Lo que hagan
con sus vidas ms all de eso no es asunto del sistema penal.
Entonces cmo podemos mejorar la efectividad de la prisin
para reformar los comportamientos antisociales y llevar a cabo la
justicia? Por un lado, las condenas necesitan ser menos elsticas.
Muchos de los presos hoy, han cometido delitos que el ciudadano
comn considera firmemente que deberan llevarlo a la crcel, y las
condenas especficas impuestas por lo general reflejan un amplio
consenso acerca de la seriedad de los crmenes cometidos.
Una vez dictada, la sentencia debe ser cumplida en su totalidad.
Para lograr un mensaje claro sobre lo incorrecto del delito, necesitamos
un sistema en que los castigos sean ejecutados completamente tal
como fueron prescriptos. Cuando las condenas son reducidas luego de
haber sido dictadas por razones de conveniencia, terminamos
cometiendo una injusticia (como cuando un homicida termina
cumpliendo menos tiempo que un ladrn) y mezclamos las seales
hacia los infractores de la ley (como cuando se determina que un
crimen merece 10 aos de privacin de libertad y slo se cumplen 3).
Por lo tanto, necesitamos mantener la verdad en la ejecucin de las
penas: que se requiera que todos los presos cumplan al menos 85% de
su condena.
Para responder al nivel actual de delitos graves en los Estados
Unidos necesitamos tambin ms prisiones. Podemos afrontarlo: las
prisiones siguen representando un porcentaje pequeo, aunque
creciente, del gasto gubernamental. Pero, ciertamente no queremos
desperdiciar dinero en ellas. Cmo pueden los contribuyentes saber si
el gobierno est dando buen uso a sus dlares invertidos en la prisin?
La mejor garanta es poner al gobierno en competencia con el sector
privado.
Para junio de 1994 haba 84 prisiones privadas con una
capacidad total de 43.508 camas, bajo contrato con varios cuerpos
gubernamentales. Una creciente cantidad de investigaciones
demuestran que estas prisiones privadas ahorran dinero, mejoran la
calidad y protegen los derechos de los internos, y que no producen
problemas distintos a los que enfrentan las operadas por el gobierno.
La privatizacin de las prisiones ha sido calificada de polmica pero
gran parte de la resistencia ha sido fabricada por opositores
interesados, como los gremios de empleados estatales que se ven
amenazados por la posibilidad de la competencia (como deberan
estarlo). Una dcada de experiencias mayoritariamente positivas ha
probado el valor de las prisiones privadas.
Esta es la razn por la cual polticos de ambos partidos las
apoyan ahora a nivel nacional, como han hecho desde hace tiempo a
nivel local. Cuando la administracin Reagan requiri dinero para el
manejo privado de una prisin federal, un Comit dominada por
demcratas denunci la idea y deneg los fondos. Pero el presupuesto
propuesto por la administracin Clinton para el ao fiscal 1996 llama a
contratar la administracin de cuatro prisiones federales y la
privatizacin de la mayora de las prisiones federales de mnima
seguridad y de las instalaciones de detencin que se construyan en el
futuro. An mayor nivel de privatizacin de las prisiones debera
considerarse en todos los niveles de gobierno.
16. Usar exmenes de consumo de drogas para reducir el uso de
estupefacientes.
Por James Q. Wilson.
(University of California at LA)
Muchos de nuestros peores adictos a las drogas que con sus
hbitos riegan destruccin a lo largo de la sociedad - ya estn
bajo la supervisin del sistema de justicia penal, porque estn en
libertad condicional o probation. Examinndolos
frecuentemente y castigndolos por el uso de drogas, podemos
eliminar una gran parte de la demanda total de drogas.
No hay duda de que las drogas, especialmente el crack,
contribuyen al crimen. Lo que divide a los expertos es porqu. Para
algunos, las drogas provocan delincuencia porque son ilegales: la gente
roba para poder costearlas, o disparan a sus rivales para poder dominar
el mercado negro. Para otros, las drogas causan delincuencia porque
alteran el estado subjetivo del consumidor: el abuso de drogas hace a
la gente incapaz de un empleo regular y de manejar sus propias vidas.
Cualquiera sea la postura que uno tome, el crimen se reducira si la
demanda de drogas se redujera.
Hay algunas razones para pensar que la demanda de drogas ha
declinado desde los picos que presentara en la dcada del 80, pero
esta cada se reduce al uso por parte de consumidores livianos o
casuales. Con respecto a la cocana, al menos, el nmero de
consumidores habituales y las cantidades consumidas se han
incrementado dramticamente. Como resultado, el problema de la
cocana, en trminos de consumo total, es tan grave hoy como hace
diez aos y mucho peor en trminos de su concentracin en
consumidores pesados.
Los esfuerzos para reducir su demanda atacando a los
proveedores para que los precios suban han tenido poco o ningn
efecto. El precio de la cocana ha bajado y su pureza ha permanecido
alta. Dado los vastos esfuerzos involucrados en reducir la provisin,
esto parece paradjico, pero puede ser explicado por la economa de la
produccin de drogas.
Expertos de la RAND Corporation estiman que el precio de la
cocana en trnsito a Estados Unidos es de $17.000 el kilo, pero en las
calles de Estados Unidos el mismo kilo vale $129.000. Este amplio
margen significa que an si las autoridades consiguieran secuestrar un
kilo de cada diez enviados (que parece ser lo ms que se puede
pretender) el precio en la calle de la mercanca que llega necesita ser
aumentada apenas en un 1.5% para recuperar el cargamento perdido.
Esto ha llevado a la mayora de los expertos a concluir que es
ms efectivo, en trminos de costo, invertir en programas de
tratamiento -si es que funcionan. S funcionan para quienes
permaneces en ellos. El problema es que muchos consumidores,
especialmente los jvenes, no estn buscando en el fondo romper
verdaderamente con las drogas. El mayor nfasis en el tratamiento slo
reducir el uso de drogas entre consumidores pesados si muchos de
ellos se sienten motivados a terminar con su abuso.
Una manera de motivarlos es la coercin. Esto no es ni una
dificultad institucional ni peligroso constitucionalmente como pudiera
sospecharse - si tomamos en consideracin el hecho que el uso de
cocana se ha concentrado entre una poblacin relativamente
pequea.
El test de orina en las crceles muestran que una mayora de los
nuevos internos usaron drogas uno o dos das con anterioridad a su
confinamiento. En el curso de un ao o dos, una gran fraccin de
consumidores pesados de crack en el pas cay bajo la supervisin del
sistema de justicia penal. Por esta razn los programas de tratamiento
basados en la prisin deberan ser expandidos. Pero tienen dos lmites:
Primero, sin un seguimiento basado en la comunidad, la tasa de recada
seguramente ser alta. Segundo, tres cuartos de los delincuentes
supervisados estn en las calles, bajo probation o libertad condicional y
no en la prisin.
Varios expertos, entre los que se destacan Mark Kleinman, Eric
Wash y Robert Dupont, han propuesto someter a aquellos que se
encuentren bajo probation o libertad condicional a frecuentes y
aleatorios exmenes de consumo de droga, con sanciones moderadas
pero gradualmente en aumento si fallan la prueba. Dado el horizonte
de corto plazo de los consumidores de drogas, frecuente, debera
implicar varias veces a la semana, y las sanciones (una noche o dos en
la prisin, una semana de arduo trabajo colectivo) deben ser impuestas
inmediatamente.
Dado que estaramos examinando personas que ya se
encuentran bajo la supervisin del sistema de justicia penal, el
problema de las libertades civiles se vera muy reducido. Los que estn
bajo libertad condicional o probation no estn beneficiados por todas
las protecciones constitucionales contra los procedimientos arbitrarios,
y en algunos estados han renunciado a estas garantas como condicin
para su liberacin.
Las investigaciones demuestran que la participacin coactiva
puede mejorar las oportunidades de un tratamiento exitoso. Kleiman
estima que el costo de los exmenes sera de $2.000 por persona por
ao. Habra costos adicionales por las sanciones, pero seran
relativamente bajos si los castigos fueran moderados pero aplicados
rpidamente. Todos estos costos seran parcialmente compensados por
la reduccin en la delincuencia relacionada con las drogas, las
respectivas investigaciones y los costos del encarcelamiento.
Este programa ha sido probado como proyecto piloto, pero
nunca en una gran jurisdiccin por perodos prolongados. Para que esto
sea posible los oficiales de polica y los encargados de la supervisin de
la probation y libertad condicional deben tornarse agresivos a la hora
de identificar y examinar condenados por el abuso de drogas, los jueces
deben responden duramente a aquellos que fallen la prueba, y las
autoridades correccionales deben crear un conjunto de sanciones
graduales. Algunos de nuestros nuevos tribunales de drogas son
capaces de lograr todo esto. Pero la tarea no ser sencilla, dado que
requiere que nuestro sistema de justicia penal tenga xito en cosas en
la que generalmente no ha sido muy bueno.
17. Controlar, seguir y encerrar a los delincuentes sexuales
por Marc Klaas.
(Marc Klaas Foudation for Children)
Los criminales sexuales violentos no pueden ser curados. Harn
a la gente inocente sus presas, especialmente a los nios,
repetidamente a lo largo de sus vidas salvo que sean
controlados de cerca. Los delincuentes sexuales deben ser
sometidos a una terapia de modificacin de comportamiento,
deben ser seguidos de cerca y deben ser revelados a sus vecinos,
y muchos de ellos deben ser encerrados con largas condenas.
Saba Ud. que los delincuentes que continan perpetuando
ataques sexuales contra los nios cometen un promedio de 380 hechos
de este tipo en su vida? En 1986, uno de cada ocho delincuentes
violentos en las prisiones estatales estaban cumpliendo condena por
victimizar a un nio. Esto implicaba 40.000 vctimas jvenes Saba que
la tasa de violaciones a nias menores de 17 aos es cuatro veces
mayor que la tasa de adultos? Saba que en California hay 65.000
delitos sexuales registrados, y solo uno de cada cinco arrestos por
ataque a un nio termina en condena? Todos y cada uno de los nios
en Amrica est en riesgo de un ataque sexual.
El tpico agresor sexual de nios tiende a ser una persona de
buenos modales y amigable, que busca empleos que le den acceso a los
nios. Ashley Estell fue secuestrada, abusada y asesinada mientras
miraba a su hermano jugar al ftbol en Plano, Texas, en 1993. En el
video confiscado como evidencia se identific a tres pederastas
presentes all, incluyendo al rbitro.
Las unidades de investigaciones forenses en los hospitales
estatales a lo largo de Estados Unidos han tenido programas de
rehabilitacin para delincuentes sexuales durante aos. De acuerdo al
Dr. Chris Hatcher, psiclogo clnico de la Universidad de California, San
Francisco, los profesionales slo pueden esperar lograr un control
superficial sobre los impulsos que determinan un ilcito sexual. Los
esfuerzos para curar a los pederastas no funcionan, porque ellos
responden a conductas compulsivas, como el alcoholismo, que nunca
ha probado tener verdadera cura. Si se quiere algn grado de supresin
de estos impulsos son necesarios tratamientos a largo plazo, terapias
antidrogas y terapias de modificacin de comportamiento.
Son necesarias soluciones legales para proteger a la sociedad de
los delincuentes sexuales reincidentes. Los estados que adoptan leyes
para registrar a los delincuentes sexuales y darlos a conocer a sus
comunidades, y que vigilan a los delincuentes sexuales liberados
nuevamente, envan un mensaje claro. No vamos a permitirlo ms. Las
conductas desviadas no sern toleradas en nuestra jurisdiccin.
Debido a la naturaleza nmade de los delincuentes sexuales, la
informacin recopilada en estas bases de datos debe estar disponible a
todos los agentes encargados de hacer cumplir la ley a lo largo del pas.
Los objetivos de las leyes de registro de los delincuentes
sexuales que incluyen notificacin a las comunidades son: colaborar
con las investigaciones de las agencias policiales; establecer bases
legales para detener delincuentes conocidos cuando sean encontrados
en circunstancias sospechosas; disuadir a los delincuentes de cometer
nuevos delitos; y ofrecer a los ciudadanos informacin para que
puedan protegerse. Para disipar los miedos a la venganza, el cdigo de
California tiene tipificado un delito que pena con cinco aos de prisin
a aquel que use la informacin pblica sobre un delincuente sexual
para perseguirlo una vez liberado.
El FBI estima que de la totalidad de las fichas dactiloscpicas
procesadas en los arrestos estatales y federales, dos tercios de los
sujetos tienen arrestos previos. De estos, un 25% a 30% tienen
registros de arrestos estatales y federales en ms de un estado. Por lo
tanto, un agente policial en Winscousin debe tener la misma
informacin que est disponible para su par en California. En 1984 el
ndice de Identificacin Interestatal (III), un sistema de archivo nacional
de historias criminales voluntario y descentralizado, fue establecido
para que los prontuarios sean accesibles a los oficiales desde el
patrullero. De los 50 millones de prontuarios criminales disponibles en
los estados hoy, slo 20.5 millones estn contenidos en la base de
datos del III. Es una traicin a la fe pblica que 21 estados no provean
al III los antecedentes criminales de delincuentes sexuales o violentos
en libertad condicional. Esto debe ser remediado.
Mientras tanto, el valor disuasivo de la pena de prisin para los
delincuentes sexuales es muy pobre en la mayor parte de los lugares.
Los delincuentes habituales, incluidos los pederastas, cumplen un
promedio de apenas un 37% de la pena tras las rejas. Las vctimas de
ataques sexuales pasan aos recuperndose del horror del hecho,
mientras, el violador promedio est en crcel por slo tres aos, y el
pederasta cumple slo 2 aos y cuarto en prisin. Los ciudadanos de
todos los sitios deben exigir verdad en las leyes sobre el
cumplimiento de las condenas, basado en el standard federal del 85%
de condena cumplida como mnimo. Cada da que un pederasta est
tras las rejas es un da que no puede victimizar a un joven inocente.
Concentrando nuestros esfuerzos hacia la verdad en la ejecucin de
las penas junto con el aumento de las condenas por crmenes
reiterados, podremos salvar la vida de innumerables nios. La persona
acusada de matar a mi hija, Polly Klaas, tiene una historia criminal
violenta de 20 aos. An as, cumpli menos de la mitad de una
condena a 16 aos por el ataque y robo de su segunda vctima
secuestrada. Menos de tres meses despus, Polly estaba muerta.
Estamos librando una guerra por la seguridad de nuestros nios.
El pblico debe insistir que los legisladores a todo nivel apoyen las leyes
necesarias para proteger a los jvenes. En el proceso de crear un futuro
seguro para nuestros nios, crearemos una nacin segura para todos
los ciudadanos inocentes.
18. Contraataque. Personalmente
Por Jeffrey R. Snyder.
(Arms, Law & Society )
Defenderse a s mismo, su familia y su propiedad no es la
responsabilidad de nadie ms. Cada ciudadano debe estar
preparado personalmente para resistirse al acecho de los
merodeadores -que es una especie de esclavitud- o las sanciones
morales contra el comportamiento criminal se perdern.
La cuestin sobre qu hacer con el crimen violento suele ser
encarada estrictamente como un problema de ingeniera social, como
una bsqueda de polticas que disuadan al individuo inclinado a
cometer crmenes violentos, o que cambien las condiciones materiales
o morales de las que estas personas emergen. Ms all de estos
esquemas hay medidas para manejar el crimen cuando ocurre.
No es respuesta adecuada decir que la polica cumple esta
funcin. Los delincuentes eligen el tiempo y el lugar para sus hechos, y
no les importa cometer sus crmenes cerca de la misma polica. No
importa cuntos policas coloquemos en las calles, simplemente no
suelen estar all cuando se los necesita.
Hay, sin embargo, una persona que siempre est en la escena
del crimen y es capaz de hacer algo cuando y donde ocurre: la potencial
vctima. Sorprendentemente, en nuestras discusiones sobre polticas
criminales nunca se pregunta si la potencial vctima tiene un deber con
respecto a s mismo, a su familia y a su comunidad de defenderse y de
detener al criminal antes de que caiga sobre otros.
El hecho de que las polticas criminales tanto liberales como
conservadoras cuidadosamente evitan el remedio de la auto-
proteccin refleja nuestro deseo de que el gobierno resuelva el
problema institucionalmente sin nuestra participacin. De hecho, la
polica y los medios tpicamente nos aconsejan que cuando debamos
enfrentarnos con una situacin de violencia, o de amenaza de
violencia, simplemente debemos abandonar nuestros bienes y acceder
a las demandas del criminal. Dejemos que el estado se encargue de los
villanos.
El problema del crimen endmico, empero, no puede ser
abordado sin discutir la responsabilidad moral de las potenciales
vctimas. La nocin de que los ciudadanos deben dejar que el crimen
sea manejado por el estado, y no deben resistir personalmente, es una
monstruosa colaboracin a la conducta inmoral. Porqu habran de
respetar nuestra vida y nuestra libertad los delincuentes si nosotros
mismos no les mostramos que vale la pena luchar por ellas? Si los
criminales no se encuentran con una resistencia inmediata y furiosa
porqu habran de creer que lo que estn haciendo est tan mal?
Porque lo dice la ley? Entonces, su ofensa sera solo contra el estado,
no contra la persona de la vctima.
Decir que las vctimas deberan cooperar porque ninguna
billetera o automvil vale una vida, es racionalizar la cobarda moral. El
robo en s no es ms a la propiedad de lo que la violacin es al sexo. El
crimen violento somete a la vctima y a su libertad. Es un acto de
esclavizamiento.
Su billetera o su automvil a lo mejor no valen su vida, es
verdad, pero su libertad y su dignidad, s. Si no vale la pena luchar por
estas cosas, no existen. Cooperar para preservar su vida es afirmar que
usted puede ser dominado a la fuerza. Estimula la misma predacin
que todos tratamos de evitar.
El crimen violento florece, en buena medida, porque cada uno
de nosotros se rehsa a condenar al criminal violento con nuestros
acciones en el preciso momento en que esa condena se requiere,
creyendo, en cambio, que la ley comunicar -y esto ser suficiente
para reforzar- los valores por los cuales no tenemos voluntad de dar
batalla nosotros mismos. Nos maravillamos de que crmenes que hace
treinta aos eran impensables se hayan convertido en un lugar comn,
sin ver que la depravacin criminal en aumento refleja nuestra propia
negacin a actuar conforme nuestros juicios morales.
Dejemos que los ingenieros sociales hagan lo mejor que
pueden. Tal vez sus reformas puedan salvarnos sin nuestra
participacin. Ms probablemente, el crimen violento seguir
expandindose y los criminales sern cada vez ms arrogantes, pues las
calles de Amrica constituyen hoy en da una vaco moral donde cada
persona cree que su propia seguridad es una responsabilidad de otro.
Los criminales mantendrn el control alta hasta que aprendamos y
enseemos que combatir el delito es responsabilidad de todos. La
dignidad y la libertad no requieren menos que eso.