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La Herencia Indígena. En: Teleras. Memoria Del Monte Quichua.

La herencia indígena. Por Ana María Llamazares y Carlos Martínez Sarasola. En: “Teleras. Memoria del monte quichua”. Carballo, B. y R. Paz (Eds.). p. 79-95. Ediciones Arte Etnico Argentino, Buenos Aires. 2005.
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La Herencia Indígena. En: Teleras. Memoria Del Monte Quichua.

La herencia indígena. Por Ana María Llamazares y Carlos Martínez Sarasola. En: “Teleras. Memoria del monte quichua”. Carballo, B. y R. Paz (Eds.). p. 79-95. Ediciones Arte Etnico Argentino, Buenos Aires. 2005.
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La herencia indgena

Ana Mara Llamazares


Carlos Martnez Sarasola

El particular emplazamiento geogrfico de


la llanura santiaguea, en una zona intermedia
entre el Chaco, las sierras centrales y el rea
andina, marc desde tiempos prehispnicos su
condicin de mosaico cultural.1 Las sociedades
agroalfareras andinas ejercieron sobre esta rea
innegables influencias, de las cuales la lengua
quechua es, quiz, la ms evidente. Por otra parte, pueblos provenientes de las tierras bajas
del este utilizaron la llanura santiaguea como
lugar de paso en sus desplazamientos hacia las
tierras altas de los Andes. Con el tiempo, parece haberse dado en la zona una integracin
de elementos, que termin por configurar una
entidad cultural con caractersticas propias.
En los textiles contemporneos de Santiago
del Estero pueden leerse las huellas de esas mltiples influencias prehispnicas. Este captulo
procurar brindar una primera aproximacin
al tema, elaborada a partir de los resultados de
una investigacin realizada por nosotros en el
ao 2000.2

cermico Averas (1350 a 1600 d. C.). En los


sitios arqueolgicos correspondientes a este estilo se han hallado, por centenares, torteros
o muyunas, pequeos discos de cermica de
dos a tres centmetros de dimetro, lisos o decorados, que se utilizan como contrapeso para
hacer girar el huso de hilar. Los torteros decorados son verdaderas muestras de un arte de la
miniatura, y en ellos son frecuentes los motivos
geomtricos curvilneos, los punteados, las espirales e, incluso, la figura del bho tpica de la
cultura chaco-santiaguea. De esta etapa son
tambin unos instrumentos de hueso cuya funcin era ajustar la trama del tejido.
El material utilizado en los textiles pudo
haber sido el algodn, pero es ms probable
que fuera la lana de llamas y alpacas. Esto supondra una mayor integracin econmica
con el Noroeste de donde provena la lana a
travs del comercio o, quiz, del establecimiento de colonias. Despus de la llegada de los
espaoles, la lana de camlidos americanos fue
reemplazada por la de oveja.
Ms all de los interrogantes acerca de los
materiales y su procedencia, lo cierto es que
hay indicios de una suerte de explosin de la
industria textil contempornea de la cermica
Averas, y de la popularidad de esta actividad
no solo en el rea del ro Dulce, sino tambin
ms al este, en las poblaciones del Salado.
Al respecto seala Alberto Rex Gonzlez (1977,
406): la destreza textil de este pueblo fue tal
que lleg a hilar las delicadas y sedosas hebras
de la tela de una araa que vive en los bosques
santiagueos.

Los orgenes del arte textil


Como no han sobrevivido tejidos arqueolgicos,
la antigedad de la prctica textil en Santiago
del Estero ha debido inferirse de modo indirecto,
a partir del estudio de piezas de alfarera con
improntas de tejidos. Ana Mara Lorandi (1977,
71) hace referencia a improntas halladas en
la base de vasijas con decoracin al pastillaje,
de estilo Sunchituyoj, y que datan del siglo 3
de la era cristiana.3
El auge de la actividad, sin embargo, es
posterior, y parece ser contemporneo del estilo

81

Secuencia cultural cronolgica para la llanura santiaguea


Torteros
o muyunas.
Coleccin Museo
Emilio y Duncan
Wagner, Santiago
del Estero.

Perodo

Datacin
aproximada

Entidad
cultural

Localizacin
geogrfica

de 1767 en adelante

Colonial

Antiguas poblaciones; estancias, villas

Hispanoindgena

1767
1543

Hispanoindgena

Mesopotamia. Margen derecha del ro


Salado, Sierras de Guasayn

Tardo

1000

Averas

Mesopotamia. Ros Dulce y Salado

Medio

800
700

Sunchituyoj
Sayanita

Gran parte de la superficie


de la llanura santiaguea

Temprano

600
300

La Candelaria
Las Mercedes

Ro Dulce (antiguo cauce y sector


central). ngulo ne del territorio
santiagueo. Sierras de Ambargasta

Puntas triangulares
Ayampitn

Sierras de Guasayn

Ampajango

Sierras de Ambargasta

agroalfarero
Criollo

d. C.
precermico
Mediotardo

2000
3000
6000
8000

a. C.

Nota: Respetamos en el cuadro la cronologa adoptada


por el Museo de Ciencias Antropolgicas y Naturales
Emilio y Duncan Wagner, Santiago del Estero.

y a asociarse con rayas, enrejados, espirales,


series de tringulos y escalonados.
A pesar de estos cambios, el patrn fundamental se mantuvo: el bho se representa
siempre de frente, con sus ojos redondos muy
abiertos con las pupilas dilatadas, como en
su tpica mirada nocturna, y sus alas abiertas
y desplegadas. Estas forman dos arcos, y se
van integrando con motivos geomtricos rayados y escalonados, que parecen simular el
plumaje. Tambin aparecen bien marcadas la
cola, abierta en actitud de vuelo, y las patitas,
sumamente esquematizadas.

El motivo del bho


Es posible que las primeras influencias de las
culturas selvticas que podran haber llegado
a Santiago del Estero hacia el ao 800
correspondan a la cermica Sunchituyoj. El tema
decorativo por excelencia de este estilo es la
imagen estilizada del bho, que aparece insistentemente en las grandes urnas globulares.
Este motivo present diferentes fases de
desarrollo; en general, la imagen es ms naturalista y curvilnea en los primeros tiempos,
y poco a poco tiende a hacerse ms geomtrica

82

83

Desarrollo y transformacin del motivo del bho


En los textiles actuales, el motivo de los brazos
abiertos4 puede remitir, quiz, a esa lejana influencia amaznica. Totalmente desnaturalizado en
formas geomtricas, o incluso reconvertido
en vegetal, all nos parece encontrar el mismo
patrn compositivo bsico: a uno y otro lado
de un claro eje de simetra (un zigzag, una raya,
una sucesin de tringulos), dos proyecciones
semicirculares (las alas?), generalmente orientadas hacia abajo y formadas por tringulos
adosados o figuras escalonadas.

Urna
Sunchituyoj.
Coleccin Museo
Emilio y Duncan
Wagner, Santiago
del Estero.

Tradicin cultural Chaco - Santiaguea


siglo 2111 - siglo 33

Los motivos de origen andino


La cermica Averas est finamente elaborada
y pintada, y su decoracin parece derivar o
estar inspirada en los diseos textiles. Los motivos decorativos son en su mayora geomtricos
espirales, zigzags y escalonados que se unen
a otras figuras, como tringulos, rombos, enrejados y crculos concntricos, aunque aparecen
tambin temas naturalistas aves, serpientes
y felinos, de resolucin muy abstracta y esquemtica.
La composicin es cuidada y armnica; respeta la simetra y cubre la pieza casi en su totalidad. Esta tendencia a llenar todo el espacio
decorativo disponible llega a tal punto que la
relacin motivo-fondo toma el carcter de reversible y adquiere aspecto de decoracin negativa
(Lorandi, 1978, 77, citado en Ottonello y Lorandi,
1987, 93). El efecto de decoracin en negativo
aparece tambin en los textiles actuales.
Ottonello y Lorandi (1987, 93) sealan que
la presencia de cermica de estilo Averas en
los valles serranos ubicados ms al oeste y,

Cermica del
estilo Averas
policromo.
Coleccin Museo
Emilio y Duncan
Wagner, Santiago
del Estero.

84

Sunchituyoj
Fase Las Lomas
800-1000/1200 d. C.

Fase Quimil Paso


1100/1400 d. C.

Primeras representaciones del


bho. Influencias
de La Aguada.
Rasgos felnicos:
cara achatada,
dientes aserrados.

Fase A Occidental
Representacin
naturalista y curvilnea. Figura
central en el exterior de las urnas,
y enfrentadas con
simetra radial
en el interior de
los pucos.

Fase B Oriental
Estilizacin combinando formas
geomtricas (espirales cuadradas,
escalonados,
tringulos aserrados, cruces).
Gran desarrollo
de las alas.

85

Averas

Yocavil

Textiles
contemporneos

1350/1600 d. C.

1500/1700 d. C.

1900 /2000 d. C.

Estilos policromo
(n-r/b), bicromo
(r/b), Las Maras.
Estilizacin lineal.
Campos de lneas
paralelas.
Oposicin de colores. Simetra axial
y radial.

Estilo Yocavil
policromo
(n-r/b). Desintegracin del bho.
Representacin
metonmica de
sus partes (ojos,
alas, patas).
Estilizacin lineal
y geomtrica.

Estilo geomtrico
con elementos
naturalistas.
Persistencia compositiva: cuerpo
vertical, alas
extendidas incurvadas, plumaje
descendente
geometrizado.

Motivos geomtricos de origen andino


a su vez, la presencia de cermica caracterstica
de pueblos andinos en Santiago del Estero (en
los mismos sitios donde se ha hallado cermica
Averas) son indicadores de las importantes relaciones que mantenan las dos reas.
Es indudable la continuidad entre los diseos indgenas que se encuentran en la cermica
arqueolgica (y seguramente en los tejidos, si
hubieran sobrevivido) y los que aparecen en los
textiles contemporneos de Santiago del Estero.
As como en el motivo de los brazos abiertos
puede rastrearse la lejana presencia de grupos
amaznicos, en los motivos de carcter geomtrico es clara la influencia de los pueblos del
Noroeste, y en general, del rea andina.5

Plato de cermica
del estilo
Epiaveras.
Coleccin Museo
Emilio y Duncan
Wagner, Santiago
del Estero.

Puco de cermica
estilo Yocavil
policromo.
Coleccin Museo
Emilio y Duncan
Wagner, Santiago
del Estero.

Los grupos indgenas a la llegada de los


espaoles
Hacia el siglo 321, la mesopotamia santiaguea
estaba ocupada por una poblacin autctona,
los tonocots (quiz de origen amaznico y en
proceso de andinizacin). Los lules, por su parte,
eran un grupo tnico chaqueo que por aquella
poca estaba migrando hacia la regin montaosa del Noroeste, posiblemente por la presin
de los guaycures, cuya presencia se haca sentir en todo el este de Santiago del Estero. Los
lules integraban, probablemente, una gran unidad
lingstica con los vilelas, que permanecieron
en el Chaco hasta el siglo 3211.
Alberto Rex Gonzlez y Jos Antonio Prez
Golln (1976, 113) definieron el proceso de desplazamiento de poblaciones procedentes de las
tierras bajas como influencias tardas en el
Noroeste. Explican estos autores:

86

Santiago del Estero


Textiles
Alfarera
contemporneos
arqueolgica

Noroeste argentino
Alfarera arqueolgica

Damero

Escalonado

Cruciforme

Zigzag

Rombo

Tringulo

87

La presencia de los lules en territorio santiagueo


es evidente hacia el ao 900, y se hace estable
al final del siglo 32. Cuando los conquistadores
espaoles llegaron a Santiago del Estero, consideraron a lules y tonocots como un solo grupo,
y los llamaron jures (de xuri, and en
quechua). Seguramente no estaban tan errados,
ya que despus de la invasin los pueblos terminaron por mezclarse.
En cuanto al resto de los grupos tnicos presentes en la zona, no se puede dejar de mencionar la ostensible influencia desde el oeste de
los diaguitas, con quienes estaban en contacto
tonocots y lules. Al mismo tiempo, pobladores
originarios de las sierras del norte de Crdoba,
comechingones y sanavirones, estaban asentados hacia el sur de la llanura santiaguea.
La presencia de empalizadas en las aldeas,
el uso de flechas envenenadas y ciertas vestimentas con plumas remitiran a un remoto origen
amaznico de los tonocots, que sin embargo
atravesaban un marcado proceso de andinizacin.
La integracin de elementos culturales de distintos orgenes se advierte tambin en el hecho
de que los antiguos restos humanos hallados
por los arquelogos dentro de grandes urnas
funerarias de cermica correspondiesen a individuos de tipo andino, si bien esta forma de
entierro es una costumbre de origen amaznico.
La llanura santiaguea participaba del extenso sistema de trfico e intercambio que en
tiempos prehispnicos una mediante caravanas
de llamas toda el rea andina (Prez Golln,
2000), y estos grupos debieron mantener constantes relaciones con los pueblos vecinos, y aun
con otros ms distantes. La presencia de estos
vnculos llev a considerar a la zona como una

diaguitas

lule-vilelas

guaycures

diaguitas

tonocots

guaycures
ro Salado

comechingones
metros
3000
1000
500
200
0

sanavirones
ro Dulce

En diversos momentos, grupos indgenas procedentes


del Chaco o de las florestas tropicales invadieron
los valles andinos y el pie de la montaa, hostigando
o destruyendo a las tribus sedentarias preexistentes
y asentndose sobre sus vencidos. Este proceso fue
cumplido por distintos pueblos, los guaranes entre
ellos. En el momento de la conquista fueron los lules
quienes desde Jujuy a Santiago del Estero se encontraban en un proceso cultural cuyos primeros
antecedentes aparecen claramente hacia la cuarta
centuria de la era cristiana, pero que quizs haya
comenzado antes.

88

subrea del Noroeste, del cual recibi numerosas influencias y con el que comparti rasgos
comunes. Pero ni esas semejanzas ni el carcter
heterogneo de las culturas de Santiago del
Estero impidieron la configuracin de una entidad con caractersticas propias.
En sntesis, en el siglo 321 la regin concentraba una gran diversidad de formas de vida
chaquea, andina, probablemente amaznica,
como si all se hubieran dado cita para mostrar
una gran sntesis tnica de ese momento histrico. Y es significativo que a la llegada de los
espaoles fuera el territorio que albergaba mayor
nmero de etnias (al menos seis) del actual
territorio argentino.
Es probable que en ese momento el arte
textil estuviera en pleno auge en Santiago. Sin
embargo, los primeros cronistas relatan que
los indios que encontraron iban prcticamente
desnudos o cubiertos por mantos de plumas
de avestruz, y en menor medida se cubran con
mantos tejidos, adornados con cuentas o trocitos de conchilla cosidos.

Sotelo de Narvez ratifica la existencia de textiles en las culturas originarias:

Andaban los hombres atados por la cintura con una


cuerda llena de plumas de avestruces muy largas
que les llegaban a las rodillas con que cubren sus vergenzas y otras plumas tambin por encima de los
hombros que les llegan hasta la cintura de manera
que su vestido es de plumas. Cbrense con una
manta en que traen chaquiras de huevos de buitres.
Las mujeres traen mantas de la cintura abajo
y otra por debajo de un brazo y un udo al hombro
a manera de las mujeres de Egipto.
(Fernndez [1571], 1914.)

Las referencias al origen prehispnico del tejido tambin se advierten en la tradicin oral.
Domingo Bravo (1990) y Jos Togo (1998) recogieron en Atamisqui una leyenda que cuenta
que apenas estuvieron asentados los espaoles
a orillas del ro Talcanco (as llamaban los
indgenas al ro Dulce, que los conquistadores
bautizaron como Soconcho), se hizo presente
un alfrez real que vena acompaado por una
princesa inca convertida al cristianismo. Entre
ambos haba surgido una intensa relacin
amorosa.

Vestanse los varones de plumas de avestruces con


que se tapaban sus vergenzas y unas mantas
las mujeres muy pequeas que hacan de cierta paja
y de lana de algn ganado que tenan de la tierra.
(Relacin de Sotelo de Narvez, en Levillier,
1931, 324.)
La presencia de grandes rebaos de camlidos
impresion a los espaoles, que los llamaron
ovejas de la tierra. Ese dato contribuye a fortalecer
la idea de que a la llegada de los conquistadores los indgenas ya conocan y haban desarrollado la prctica de la tejedura:
[...] e yo fui uno de los que fueron con el capitn
Francisco de Mendoca a descubrir la provincia de
los yuguitas adonde hallamos mucha comida
de mayz y algarrova e chaar e muchas ovejas.
(Crnica de Pedro Gonzlez de Prado, en
Levillier, 1931, 11.)

89

En uno de los tantos enfrentamientos con los


indgenas que an resistan la presencia del
espaol, el alfrez fue muerto. Ante la desgracia,
la princesa se recluy en el convento que los
jesuitas haban levantado en el lugar, y desde su
encierro se dedic a ensear a las jvenes lugareas el arte del teido, el tejido y la decoracin.
Las jvenes fueron iniciadas as en el secreto
de los colores y los simbolismos que la princesa
haba aprendido en las tierras del Inca.
Un da la princesa enferm posiblemente
por la tristeza que le caus la prdida de quien
tanto haba amado y al tiempo muri. El pueblo, conmovido por el triste final, y a la vez
agradecido por sus enseanzas, la enterr junto
a la tumba de su compaero. Poco tiempo despus, entre ambas sepulturas creci una planta
que los indgenas llamaron atamisqui, y que
dio nombre a la villa en la que, segn la tradicin, se encontraban las teleras ms famosas
de Santiago (Bravo, 1990).
Lejos de contradecir lo que venimos sosteniendo, esta leyenda brinda ms bien un aporte
complementario. Aunque el relato vincula el
surgimiento de la actividad textil con la llegada
de los espaoles, en realidad hace nfasis en su
origen incaico. En efecto, podra interpretarse
que el arte textil, si bien tuvo una gran expansin
con la llegada de los conquistadores, era una
actividad largamente conocida por los indgenas,
como parece indicar el relato con la referencia
a la influencia andina.
Garay (2000) seala que los espaoles le
dan a esta actividad, con el establecimiento de
los obrajes de pao y baetones, una estructura
y un dinamismo que hasta el momento no conoca. Hecho que solo pudo ser posible concretar

en tan breve lapso apoyado en el conocimiento


y la pericia de los indgenas en el manejo del
hilado, del teido y el tejido.

Una onza de algodn cada da


La actividad textil organizada por los espaoles
tuvo un amplio desarrollo en Santiago del
Estero donde era notoria la ausencia de oro y
plata, y se bas, sin duda, en la tradicin existente, an plenamente vigente.
Hacia fines del siglo 321, los obrajes textiles
organizados por el obispo Vitoria alcanzaron
tal magnitud que dieron lugar a la primera exportacin de que se tenga memoria en lo que
es hoy la Argentina: el 2 de septiembre de 1586
un cargamento de textiles santiagueos en
treinta carretas parti con rumbo a Buenos
Aires, para desde all ser embarcado con destino a Brasil. Los textiles fueron vendidos en
ochenta mil ducados, una cifra muy importante para la poca, y la fecha qued incorporada
al calendario como Da de la Industria.
Hacia la misma poca, en 1585, el capitn
Francisco lvarez Briceo informaba que
Hernando de Lerma haca trabajar a los indios
en la confeccin de ropa y lienzo, alpargatas
y calcetas y otras telas que todo se hace de
algodn, dems de esto se hacan de un hilado
que llaman cabuya, cinchas aparejos caballos...
Se trataba de un rgimen conocido como
encomienda: los espaoles reducan a los indios
a un sistema de servidumbre y los hacan trabajar a destajo en este caso en hilado y tejido.
Con parte de lo producido los indios pagaban
los tributos:

90

Dan de tasa el servicio de sus personas con mucha


moderacin, para beneficio de chcaras y heredades
y algodonales de que ellos se visten como dicho es
y despus benefician en telares este algodn y lanas
de ganado de Castilla que tienen los xpianos [cristianos] y naturales de que se hace mediante el industria de los espaoles, sobrecamas, vestidos de indios,
lienzos y telillas y otras cosas... Hay obrajes donde
se hacen paos, frezadas y sayales y bayetas, sombreros y cordovanes y [...].
(Crnica de Sotelo de Narvez, en Levillier,
1931, 325.)

La continuidad de la actividad textil despus de


la conquista tambin es reafirmada por Canal
Feijo (1937):
No sabra decir con absoluta certidumbre si los indgenas de la regin venan practicando desde antes
de la conquista la industria del tejido artstico con la
misma maestra y bajo las mismas formas que se
demuestran en la colonia. Pero puede afirmarse que,
merced a las nuevas condiciones de vida, la industria adquiere durante la colonia una intensidad que
antes no tena. Lo que merece ser muy sealado
es que nunca fue industria urbana, sino campesina;
y siempre estuvo en manos de indgenas, o mestizas o
criollas que haban aprendido el oficio de una de
aquellas.

A comienzos del siglo 3211 se promulgaron las


ordenanzas del oidor Francisco de Alfaro (visitador general de las provincias del Ro de la Plata,
Tucumn y Paraguay en 1610-12), que prohiban la esclavitud y el servicio personal de los
indios, y reglamentaban las horas de trabajo.
Los indgenas hombres, mujeres y nios, sin
embargo, siguieron siendo explotados de diversas maneras. Las mujeres aborgenes, por ejemplo, deban servir en el hilado del algodn
que se llevaba a cabo en los obrajes. Jos Togo
(1998, 104) cita una carta enviada al rey por
el gobernador Ramrez de Velasco donde relata
los excesos cometidos por los espaoles:

La historia posterior
La industria textil en Santiago del Estero mantuvo su dinamismo durante todo el siglo 32111
y buena parte del siglo 313, y comenz a decaer
en el siglo 33.6
Hacia el 1800, los distintos productos textiles
alfombras, chuses, ponchos blancos, ponchos
mestizos azules de lana, pellones, jergas, etc.
eran el principal ingreso a esta ciudad y su jurisdiccin (Palomeque, 1992, 40, citado en
Garay, 2000), y distintas fuentes informan sobre
el intenso intercambio que los mercaderes de
Santiago del Estero efectuaban no solo dentro
de los lmites de la provincia, sino trasladndose a lugares muy alejados. Algunos testimonios
ms recientes hacen suponer que los textiles
santiagueos llegaron, incluso, hasta el corazn
de los territorios indgenas en pleno mbito
pampeano:

Los indios son muy vejados y trabajados y se van


consumiendo y acabando, y las mujeres son tributarios porque hacen hilar una onza de algodn
cuatro das de la semana, a una onza cada da,
y no pueden acudir a servir a sus maridos y criar
a sus hijos, a cuya causa se huyen los maridos
y los hijos a otras gobernaciones.

91

Notas

Un espectculo que nos ha quedado indeleblemente


grabado en la memoria y no podemos nosotros olvidar era el que ofreca cierta gente que sola aparecer
en la campaa de Buenos Aires, procedente de la
provincia de Santiago del Estero. Cuando en nuestra
provincia se realizaban las tradicionales esquilas
de esos tiempos, solan ellos internarse en nuestros
campos con uno o dos cargueros, en los cuales transportaban ponchos, matras, caronillas, lazos, etc.,
para la venta. Recordamos que traan unos grandes
chifles hechos con guampas de vacunos criollos.
Eran mercaderes y vendan no solamente los trabajos
realizados en su provincia natal, sino que intervenan tambin en cualquier otro negocio o intercambio
de objetos. De estar a su alcance, y resultndoles
provechosa la operacin, hasta solan comprar caballos para luego volverlos a vender. De ms est decir
que tambin aquella gente realizaba un importante intercambio en lo referente a las prendas de plata,
comprando y vendiendo las mismas.
(Maguire, 1967,122.)

esta provincia un particular nfasis. Muchas de


las expresiones culturales que hoy se mantienen
vivas son consideradas folklricas o criollas,
aun cuando tienen claras races en las culturas
originarias de la regin.
En el arte textil actual de Santiago del
Estero, los lazos de continuidad con los diseos
indgenas originarios son indudables, como se
aprecia al comparar los que caracterizan a la
cermica prehispnica (y probablemente a los
tejidos de la misma poca) con los diseos textiles actuales. Mientras que los motivos naturalistas estn generalmente inspirados en elementos de origen europeo, gran parte de los
diseos de tipo geomtrico presenta influencias
de las culturas del Noroeste y, en general, del
rea andina. La influencia amaznica, por su
parte, se encuentra representada por los diseos de aves estilizadas propios de la cermica
Sunchituyoj.
La tradicin indgena, tantas veces negada,
qued viva en el corazn del monte santiagueo, y se expresa a travs del arte de las teleras,
que tiene mucho del mensaje de los antiguos.

A fines del siglo 313, la llegada del ferrocarril


impuls el comercio y la introduccin de los
productos importados, que poco a poco fueron
reemplazando a los locales. As, la tradicin
textil prehispnica, que haba sido retomada y
estimulada por los espaoles durante la colonia,
se fue diluyendo a la par del proceso de desmembramiento de las comunidades indgenas.

1. En el territorio santiagueo se pueden


distinguir ambientes diferenciados: la
llanura, los ros, las sierras, el bosque y
los esteros. Segn Orestes Di Lullo
(1943, 174-176) cada uno de ellos est
representado en la mitologa por un
numen tutelar: Pampyoj, Mayu-mama,
Orko-mama, Sachyoj y Mailn Paya,
respectivamente.
Pampyoj, madre de la tierra, es duea
de seres de apariencia ubicua avestruz
blanco, guanaco enano, hombre vestido
de blanco, jinete sobre caballo plateado,
castiga severamente la matanza excesiva,
pero sobre todo el desperdicio indebido;
a veces cede alguna pieza o miel de monte.
A Mayu-mama Di Lullo no le atribuye
expresamente la propiedad de los
animales acuticos; sin embargo, agrega:
afirman algunos haberle visto en su
verdadera forma, mitad mujer y mitad
pez (Cordeu, 1969-1970, 112-113).
Orko-mama es la madre del cerro, una
deidad localizada principalmente en la
sierra de Guasayn. Se la describe como
una mujer rubia que peina sus cabellos
de oro sentada en una roca, espejendose en las aguas de una calma laguna.
De ella dependen los temblores que conmueven la tierra y todos los misterios
que la selva encierra en sus espesas
redes (Colombres, 1992, 166 y 171).
Sachyoj vive en la profundidad de la
selva bajo la figura de un hombre, se
alimenta de frutas silvestres y animales
salvajes y su cuerpo est cubierto de
sajastas o barba del monte. Mailn
Paya, por ltimo, es la vieja del baado,
y antiguamente se asustaba con ella
a los nios de la costa del ro Salado.

La presencia indgena en la actualidad


2. El objetivo de la investigacin era identificar en los textiles artesanales santiagueos producidos entre fines del siglo
313 y mediados del siglo 33 elementos
de diseo de origen indgena. El trabajo
obtuvo una mencin especial en la
quinta edicin del Premio Telefnica de
Argentina (2001) y fue publicado por la
Fundacin para la Investigacin del Arte
Argentino fiaar. (Vase Llamazares y
Martnez Sarasola, 2000 y 2002.)

En Santiago del Estero parece existir una tendencia histrica a negar lo indgena, que si bien se
advierte en otros puntos del pas adquiere en

92

93

3. Las piezas de cermica ms antiguas


halladas en Santiago del Estero son bastante anteriores: datan del siglo 2 de la
era cristiana, y corresponden a la cultura
Las Mercedes, la primera poblacin agroalfarera de la provincia.
4. Vanse las piezas de las pginas 137
(izquierda arriba y derecha arriba),
138, 139, 140, 144, 145, 146, 147, 150, 151,
153,156 (izquierda abajo), 166, 167, 169
y 171.
5. Vanse las piezas de las pginas 100 a 136.
6. Una conferencia de los hermanos Wagner
en Buenos Aires, en 1932, da cuenta de
la existencia de una Escuela de Telares
en Santiago del Estero.

Bibliografa
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