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Antonio Alatorre - La Crítica Literaria

antonio alatorre sobre crítica literaria en méxico.

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LA CRITICA LITERARIA La primera cuestién que se podria plantear en una mesa redonda sobre critica literaria! es la de su necesidad o legitimidad. Son muchos, en efecto, los que niegan todo papel a la critica, diciendo que las obras literarias se hicieron para que las goce ingenuamente el lector, para que éste recree y reviva la intuicién y la emocién del poeta,” y que lo que hace el critico es interponerse, como cuerpo opaco y estorboso, entre la obra y el lector. Lo que pasa, claro, es que hay criticos y criticos, de la misma manera que hay lectores y lectores. De los nueve a los once afios fui yo lector fandtico de Emilio Salgari sin que entre él y yo se interpusiera ningun critico (y para las lectoras fanaticas de Corin Tellado cualquier critico seria un estorbo). Pero a los veintidés afios, cuando lef por primera vez a Neruda, y a los veinticinco, cuando lef por primera vez a Géngora, ;qué utiles me fueron Amado Alonso y Démaso Alonso! La funcién exegética, sin honduras “filoséficas”, podra ser una de las mds elementales de la critica, pero esa modesta funcién puede resultar indispensable. El lector del siglo xvi lefa el Quijote sin ninguna ayuda exegéti- ca, pero no hay duda de que el del siglo xx necesita una buena edicién anotada si es que quiere gozar plenamente a Cervantes. Por otra parte, ;cémo cerrar los ojos al hecho de que hay criticos malos, criticos torpes, criticos tontos? Pero ésos no nos interesan ahora. Nos interesan los buenos, que existen —y han existido * Ponencia leida en la mesa redonda “La critica literaria en México”, organi- zada por la Direccién de Difusién Cultural de la unam, el 4 de octubre de 1955, en la Facultad de Filosofia y Letras. 2 Poeta significa aqui “escritor”, “autor de una obra literaria” (poesia, novela, etc.); poema significa “obra literaria”. Es el uso aleman. 18 ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA siempre— no por otra raz6n que por su utilidad en la republica de las letras. El buen critico no estorba, sino ayuda, y su misién, entre otras cosas, es de indole pedagégica, pues guia a los dems lectores. El ctitico es un lector, pero un lector més alerta y mas “total”, de sen- sibilidad més aguda: las cualidades de recepcién del lector corriente estan como extremadas y exacerbadas en el lector especial que es el critico. Y éste, ademas, tiene una intima necesidad de comu- nicacién: debe participar a otros la impresién recibida. Recrea, en cierta forma, la obra del poeta; es una especie de creador. En el poeta, la creacién tiene un cardcter absoluto: él no juzga. El critico sf juzga, pero en esta tarea no se apoya fundamentalmente en bases cientificas, sino en una intuicién personal iluminada por la inteligencia. Si el poeta nos comunica una experiencia, una intuicién intensa —y solo las verdaderas obras literarias son capaces de comunicdrnoslas—, el critico nos comunica su experiencia del poema. El creador original parte de la emocién suscitada en él por un hecho de la naturaleza, de la humanidad, de su viven- cia personal, de su fantasia. El critico parte, creadoramente, de su impresién de la obra literaria. Si todo lector refleja, como un espejo, la experiencia artistica transmitida por el poema, el ctitico, lector privilegiado, dotado no sélo de mayor receptividad y de mayor sagacidad literaria, sino también de la capacidad de comunicacién, es un espejo mucho mis fiel y sensible, de mas pronta respuesta. Y, ademés, un espejo mucho mas amplio; mucho mis capaz de reflejar en toda su complejidad la esencia de la obra. Las impresiones que en el lector ordinario son difusas e imprecisas, se dan organizadas, coherentes y luminosas en el critico. El critico sera tanto mas perfecto cuanto més perfectamente sepa recibir y transmitir el modo peculiar de experiencia que se manifiesta en el poema. Entre el critico excepcional y el criticastro hay una gama infinita, andloga a la que hay entre LA CRITICA LITERARIA 19 el poeta genial y el poetastro. Lo que hace al gran poeta es su modo de experiencia especialmente valioso, y ademas una extremada sinceridad, una acrisolada fidelidad a su visién, y la capacidad creadora de comunicarla; el poeta mediano es tam- bién sincero consigo mismo, pero su modo de experiencia no se levanta mucho sobre el nivel comtin de los hombres, 0 no logra expresarse perfectamente; y el mal poeta es el no sincero, el que simula, el que se adorna con plumas prestadas, el que pretende hacer pasar el cobre por oro. As{ también, el gran critico es el que capta en su integridad el mensaje poético y expresa robusta y sinceramente su experiencia del poema; el critico mediano es el que, aunque hable con sinceridad, no llega a penetrar en el mundo del poeta; y el mal critico es el que tuerce, el que agranda 0 achica, el que deforma, el que traiciona. He dicho que, en mi opinién, el critico genial es el que puede captar y comunicar el mayor numero posible de las infinitas dimensiones que hay en toda gran obra literaria, el que mas se acerca a la intuicién creadora del poeta en toda su riqueza y complejidad, agoténdola en todos sus sentidos. Por eso una de las cumbres de la critica literaria en lengua espafiola es, para mi, el libro de Amado Alonso sobre Residencia en la tierra de Pablo Neruda. Neruda nos transmite una visién peculiar de la vida, y Alonso su visién de esa vision. No le hace falta decir siquiera que el modo de experiencia de Neruda es valioso, que es él uno de los mayores poetas de nuestros tiempos; no hace propaganda: le basta con formular precisamente, armoniosamente, lo que noso- tros apenas balbucearfamos. Pero esta critica total, exhaustiva, agotadora, es la excepcién. Lo comin son las criticas parciales. Parcial era hacia 1934, en Espafia por lo menos, la critica segtin la cual Garcia Lorca parecfa no haber escrito mds que el romance de “La casada infiel”. Y parcial también la critica gongorina ante- rior a Alfonso Reyes y a Damaso Alonso, para la cual Géngora valia por sus letrillas y obras ligeras, pero no por el Polifemo y las Soledades. He aqui algunos otros tipos de criticas que podriamos 20 ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA llamar parciales: la que da una simple informacién sobre la obra, la que se detiene en lo puramente biogrdfico, la critica histérica (la historia literaria, por ejemplo, pone juntos a Lope de Vega y aun pésimo dramaturgo como Matos Fragoso), la critica que estudia a los autores en funcién de otros autores o de las ideas de su época, la que descubre particularidades lingiiisticas, la que explica pasajes oscuros, la que revela las influencias sufridas por el poeta, la que analiza el vocabulario, la versificacién, los recursos estilisticos, las imagenes por si solas, la que se detiene en el contenido ideoldgico, filoséfico, ético, social, etc. La enume- racién de estas criticas parciales no tendria fin. Casi todas estan presentes en un libro como el ya citado de Amado Alonso, pero su grandeza no esta en la acumulacién de ellas, sino en la visi6n totalizante. Cierto es que, por lo comin, debemos contentarnos con criticas mds o menos parciales, 0, mejor dicho, con esos elementos de la critica. Porque el critico, como el poeta, no da mis de lo que puede dar. Muchos de esos “elementos de la critica” o “criticas parcia- les” se fijan en los valores extraestéticos 0 se guian por juicios aliterarios. O sea que, en tales casos, no se puede hablar en ri- gor de critica literaria. Conviene insistir en esto. Hay muchas apreciaciones sobre poetas y escritores en las cuales hay cierta- mente critica, pero falta la referencia a lo literario. Uno de los primeros juicios sobre la poesia en el mundo occidental es el que hace Platén en su Republica. No hay para qué citarlo aqui. Todos sabemos que Platén rechaza la literatura por ser mentirosa y perjudicial. Juzga, pero sus criterios no son literarios, sino intelectuales, éticos, politicos. ;Demostré Platén que Homero o Séfocles eran artisticamente malos? No. Si acaso, demostré que su lectura era dafiosa en el Estado que él sofiaba. También Menéndez Pelayo hace critica, pero no critica literaria, cuando desdefia ciertas obras de Juan de Valdés con la peregrina explica- cién de que “la lengua castellana no se forjé para decir herejias”, o cuando condena malhumorada y tajantamente esa extrafia obra LA CRITICA LITERARIA 21 maestra que es la Lozana andaluza por su franqueza sexual tan sin tapujos. Los criticos marxistas de ahora suelen condenar de manera igualmente tajante a los escritores que no se refieren a determinados aspectos sociales. Y un sacerdote catélico, en el Ultimo ntimero de cierta revista mexicana, viene a decir mas 0 menos que los poemas que él escribe, rebosantes de sentimiento religioso, son mejores que Muerte sin fin de José Gorostiza, porque éste es un poema ateo.? La critica literaria, por supuesto, tiene que manejar también criterios extraestéticos, precisamente porque en las obras literarias suele haber valores extraliterarios. ;Cudntas dimensiones hay en Dante, en Shakespeare o en Cervantes que no son de orden puramente estético! La comprensién total de Dante —y eso es ante todo la critica: comprensi6n— incluye también la compren- 3 “EI libro de José Gorostiza subié como el hongo de las armas nuevas [ Pero, hay que confesarlo, tan bello edificio se levantaba sobre una columna ideo- légica sin consistencia, ya perfectamente catalogada por los tratados en su inep- cia evolucionista. Después de algunos afios, Muerte sin fin nos da la sensacién de haber sido escrita sin fin alguno. Nadie pudo tomarla como una respuesta Iégica a las angustias del hombre actual [...]. Ese ‘Dios inasible que me aho- ga...’ no es conceptismo ni gongorismo: es la retérica del antifaz que no tenia cara”: Manuel Ponce, “Dios y el poeta”, en Abside, vol. 19, 1955, pp. 330-331. La experiencia del padre Ponce estd en-el polo opuesto de la mia. A mi el poe- ma de Gorostiza se me engrandecié el dia en que, suprimiendo “mi ingenuo afin de traducir el lenguaje del poeta al lenguaje de las sesudas cuestiones ontolé- gicas y epistemolégicas”, senti que Muerte sin fin “es 99 por ciento mtsica y 1 por ciento hilo conceptual”: véase mi articulito “Nada ocurre, poesia pura”, en Biblioteca de México, nim, cero, noviembre-diciembre de 1990, o bien nim. 1, enero-febrero de 1991, Esto me hace pensar en otro articulo mio, “La Noche oscu- ra de san Juan de la Cruz”, publicado en la Gaceta del Fondo de Cultura Eco- némica en diciembre de 1989. Digo alli: “Un lector catélico, que siente como cosa real el comercio entre Cristo y el alma, forzosamente lee la poesia mistica con ojos distintos de los de un agnéstico [como yo], para el cual esas cosas son ilusién”. Me atrevo, pues, a sostener que la Noche oscura y el Cdntico espiritual han sido supervalorados por criticos como Menéndez Pelayo y Damaso Alonso, que se quedan alelados ante esos poemas porque su tema es jla unién del alma con el Ser Supremo! 22 ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA sién de su filosofia, de su cosmologia, de su religiosidad, pero ninguna de estas cosas constituye por si la grandeza de Dante. Una novela de Pérez Galdés, Dona Perfecta, trata del problema de la intolerancia y el oscurantismo; en nuestra apreciacién total de Dora Perfecta tiene que intervenir, pues, la aprecia- cién de ese problema; pero si éste fuera el tinico criterio, el libro de Galdés no se distinguiria de dos insignificantes novelas que hacia la misma época, y sobre el mismo tema, escribieron otros dos espafioles, un tal G. de Villarminio y don Gumersindo de Azcdrate. Podemos afiadir que para comprender mejor a Pablo Neruda, sobre todo al Neruda posterior a Residencia en la tierra, podria ser util acudir no sdlo al libro de Amado Alonso, sino también a las criticas marxistas, las que subrayan y desnudan su “mensaje” social. La critica de los autores del pasado es, en muchos sentidos, més facil que la de los contemporaneos. Tenemos en ella una perspectiva adecuada y discernimos con bastante claridad el grano de la paja y lo literario de lo aliterario. Matos Fragoso, en sus tiempos, pudo ser preferido a Lope de Vega; pero no en los nuestros. Asi también, sabemos que Virgilio vale, desde el punto de vista literario, infinitamente mds que Cicerén; que un poema de Hélderlin vale estéticamente mds que toda la obra de Fichte, por grande que sea la importancia filosdfica de Fichte, y un solo soneto de sor Juana mas que todo cuanto escribidé Sigiienza y Géngora. Pero hasta la critica de los autores del pasado raras veces es total. No hay critica que, en un momento dado, haga plena justicia a todas las dimensiones, a todas las intuiciones creativas de un autor o de una obra. Un critico de los méritos de Menéndez Pelayo menosprecié los grandes poemas de Géngora y alabé en cambio a muchas modestas medianjas de fines del siglo xix. El critico ideal es, en efecto, una entelequia. El critico real es un hombre de su época, y participa necesariamente de los ideales estéticos, sociales, filosdficos de su tiempo: de las infinitas LA CRITICA LITERARIA 23 dimensiones de la obra literaria toma sobre todo aquellas que concuerdan con el espiritu de su siglo. Asf, pues, para un hombre de nuestros dias la I/fada no es, no puede ser, lo que fue para la Antigiiedad, lo que fue para el Renacimiento, para el siglo de Boileau, para los tiempos de Goethe o para fines del siglo xix: cada época ha visto en ella, validamente, aspectos distintos. Los cambios de apreciacién pueden observarse a veces en un mismo critico: Damaso Alonso, después de sus estudios entusiastas y reveladores sobre Géngora, declara ahora: “De 1927 a 1948 mucho ha variado nuestro concepto del arte. Lope y Quevedo, sin duda, son hoy [...] los poetas del siglo xvit que estan mds cerca de nuestro corazén”.4 Estas consideraciones tienen que llevarnos a pensar en las limitaciones de la critica literaria: la critica no es una ciencia exacta y fria. Y en la critica de los contempordneos se hacen sentir més atin esas limitaciones, a causa del estrechamiento del enfoque. El mismo Sainte-Beuve se permitié desdefar a tres de sus mas grandes contempordneos (Stendhal, Balzac y Baudelaire), quiza por pereza, quiz4 por imposibilidad de adaptar su visién a modos artisticos desusados. En cambio, los criticos contem- pordneos de Campoamor veian fielmente reflejados los ideales de su tiempo y de su sociedad en los versos de ese hombre que para nosotros casi no merece llamarse poeta, y lo juzgaban, con absoluta honradez, como “Shakespeare, Homero y la Biblia, todo uno”. Sin embargo, no por esas limitaciones debe renunciar la critica a su misién. Y creo que la misién més urgente de la critica, aqui y ahora, en el México contempordneo, es justamente discriminar lo valioso de lo menos valioso, precisar lo que es poesia y lo que es chapuceria. “El critico debe o deberia indicar al publico cuales son las auténticas obras literarias, deberia apartarle de las grose- + A Borges le sucedié lo contrario que a Damaso Alonso: en los tiltimos afios de su vida no fue ya Quevedo, sino Géngora, su poeta espaol preferido. 24 ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA ras simulaciones. Mas atin: le deberfa explicar, en lo posible, la indole y la fuerza de la intuicién estética suscitada por cada obra” (Damaso Alonso). La tarea no es facil; pero el critico, digamoslo asi, tiene que apostar, tiene que comprometerse. Pero apostar honradamente, y comprometerse con la verdad, es decir, con los valores auténticamente literarios. En resumen: 1. La critica literaria es una comprensién més clarividente de la obra literaria. Significa un aumento de conocimiento intuitivo. Si la literatura es vida, la critica es un aumento de vida. 2. Lacritica més alta es la que comprende y transmite la tota- lidad de las dimensiones de la obra, y éste es el ideal a que debe acercarse el critico. 3. Las criticas parciales (la biografica, la hist6rica, la lingiiistica, la ideolégica, etc.) no se sostienen por si: son sélo elementos, mas o menos valiosos, de la verdadera critica literaria. 4, En el fondo, la critica literaria est4 unida por mil hilos a disciplinas extraestéticas, y el mds breve e incompleto fragmento de lirica representa, en su ritmo y en su imagen, la expresién de una relacién determinada con el mundo. Pero esta relacién, por si misma, no es la que determina la calidad literaria. 5. La critica de los contemporaneos es més dificil e infinita- mente més expuesta a error que la critica de los autores del pasado. Pero el critico tiene que cumplir de todas maneras su misién. El juzgar a los contempordneos tiene algo de apuesta, pero es preciso hacerla, con la mayor honradez posible. Hasta ahora no me he referido en concreto a la critica literaria en México. Ello se debe a que creo en la universalidad de la critica. Su esencia, sus necesidades, sus peligros, son aqui los mismos que en todas partes. Hablar de los problemas de la critica en general es hablar de los problemas de la critica en México. Me parece conveniente, sin embargo, sefialar escuetamente los principales LACRITICA LITERARIA 25 defectos y escollos de la critica literaria entre nosotros. Son, en mi opinién, los siguientes: 1. El dilettantismo. El critico no se improvisa, porque no es un lector ordinario. El critico debe tener no sélo una sensibili- dad mds aguda, sino también una experiencia mucho mas rica, mayores conocimientos de teoria literaria y lecturas muchisimo més amplias de lo escrito ahora y en el pasado, en México y fuera de México. 2. El nebulismo. Me refiero con esta palabra a la nebulosidad e imprecisién de gran parte de la critica mexicana, a su falta de rigor y concrecién. La critica, como muchos han observado, suele quedarse en el aire, en conversaciones del café, en chismes de la calle o del circulo de amigos. Y la misma critica escrita suele estar tan lena de eufemismos, de circunloquios y frases vagas, que nada le dice al lector. El critico debe tener el valor de ser honrado. Debe comprometerse y cumplir el compromiso contraido con la literatura. 3. El doctrinarismo. El primer compromiso de la critica literaria, vuelvo a repetir, es su compromiso con la literatura. La literatura es un valor sustantivo, no una cobertura de algo que seria “lo que de veras vale la pena”. El enfoque de la cri- tica literaria no debe ser, pues, el mensaje, el contenido social, filoséfico, politico o religioso de la obra. (No es absurdo pensar en la posibilidad de que la poesia de Gorostiza sea inferior, en efecto, a la de su critico catélico; pero la razén no podria ser la presencia de lo religioso en los poemas de este ultimo, sino la mayor intensidad de los valores creativos y expresivos, la cual deberia demostrarse.) 4. El cuatachismo. La \lamada critica literaria de- muchas de nuestras revistas no es mds que una excelente organizacién de elogios mutuos, como alguien la ha bautizado, con frase feliz. Manifestar simpatia por el autor, elogiarlo, no es hacer critica literaria (como tampoco manifestarle antipatia o insultarlo). El 26 ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA critico deberfa tener en cuenta que la mejor manera de servir a sus amigos es hacer juicios sinceros de sus obras. Los poetas y los criticos mexicanos deben concebir la critica literaria como la libertad de ayudarse ¢ iluminarse unos a otros.® 5 Post-scriptum. Las paginas anteriores, destinadas a una lectura, hubieran podido transformarse ficilmente en un verdadero articulo de revista, desarro- Ilando algunos puntos y abreviando otros. He preferido dejarlas como estan, No revelan grandes verdades, pero servirén quiz4 como un testimonio. Varios libros fundamentales y algunos articulos de lectura reciente han dejado su huella en lo que he escrito. Me apresuro a reconocer mis deudas: Alfonso Reyes, El deslinde; La experiencia literaria. Damaso Alonso, Poesia espanola. Ensayo de métodos y limites estilisticos. René Wellek y Austin Warren, Theory of literature. John Middleton Murry, El estilo literario, trad. de Jorge Hernandez Campos. William H. Heath, “The literary criticism of John Middleton Murry”, en Publications of the Modern Language Association, vol. 70, 1955, pp. 47-57. Harry Levin, “Criticism in crisis”, en Comparative Literature, vol. 7, 1955, pp. 144-155. Julien Benda, “Qu’est-ce que la critique?”, en la Nouvelle Revue Francaise, afo 2 (1954), nam. 17. Francesco Flora, “Uufficio delle lettere e il metodo della critica”, en Lettera- ture Moderne, vol. 4, 1953, pp. 253-275. Francis Fergusson, “Teaching and criticism”, en el Yearbook of Comparative and General Literature, vol. 3, 1954. Gianni Scalia, resefia del libro de G. Lukacs, I marxismo e la critica lettera- ria, en Convivium, 1954, pp. 743-748. Jorge Portilla, “Critica de la critica”, en Revista Mexicana de Literatura, 1955, néim. 1, pp. 48-58.

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