0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 401 vistas52 páginasEl Gran Panico de 1789. La Revolución Francesa y Los Campesinos PP 191-293
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EL GRAN PANICO
.. DE 1789190. GEORGES LEFEBVRE
las diferentes provincias, donde obligan a pagar
contribuciones a las poblaciones; 3°, la escasez de
granos que soportamos ya desde hace demasiado
tiempo y que origina rumores y emociones popu-
Jares siempre peligrosas cuando no son ahogados
en su misma fuente”.
Sea como fuere, el miedo que despertaban los
aristécratas asi como el que se sentia ante los ban-
didos, siempre aparecian asociados en el espiritu
del pueblo, por lo que a toda prisa se realizaba la
sintesis —ya efectuada en Paris— entre el complot
aristocratico y el miedo a los bandidos. Es notable
Ja similitud que existe entre estos miedos y los
panicos de 1848: puesto que en todo el pais se te-
mia la Iegada de amotinados que amenazaban la
vida y las propiedades de los provincianos, el me-
nor indicio lograr4 exacerbar los 4nimos ya exal-
tados y la alarma se propogard sin obstaculos por-
que todo el mundo la espera. Sin embargo en 1789
la emocién es mucho mas profunda y esté mucho
més extendida. Todo el Tercer Estado se conside-
raba amenazado porque los amotinados estaban al
servicio de la aristocracia conjurada y porque se le
agregaban los regimientos extranjeros al servicio del
rey y las tropas de los soberanos que sostenian a los
emigrados; y porque venian no sélo de Paris sino
de todas las grandes ciudades. Por otra parte, las
circunstancias econémicas y sociales, la escasez y
el gran nimero de vagabundos favorecian mucho
mas en 1789 que en 1848 los panicos locales cuya
propagacién constituye el gran pdnico. De esta ma-
nera se explica que el fendmeno, al tomar una ex-
tensién extraordinaria, se convirtiera en un aconte-
cimiento nacional.
3. El gran panico
Cariruto XII
LOS CARACTERES DEL
GRAN PANICO
El miedo a los bandidos que comenzé a fines del
invierno alcanz6 su paroxismo en la segunda quin-
cena de junio y se extendié a casi toda Francia. Si
bien engendré el gran pédnico en realidad se distin-
gue muy bien de él, pues el gran pdnico tiene al-
gunos caracteres propios que enumeraremos @ con-
tinuacién. Hasta ese momento la legada de los ban-
didos era posible y se la temfa, pero ahora’ se habia
convertido en una certidumbre: estaban presentes,
se los vefa y se los ofa. En general esta situacién
podia engendrar un panico, pero esto no siempre
ocurria y muchas veces las poblaciones se limitaban
a adoptar algunas medidas de defensa o a alistar
las milicias que se habian organizado para realizar
esta defensa o para combatir a los aristécratas. Sin
embargo tales alarmas no constitufan un hecho to-
talmente nuevo, pues ya hemos hecho referencia a
muchas de ellas. La caracteristica propia del gran
panico reside en que esas alarmas se propagaron
hasta muy lejos y con gran rapidez en lugar de
seguir siendo locales. Y a medida que avanzaban,
engendraban nuevas pruebas de la existencia de
bandidos y también de tumultos que reforzaban la
corriente o la alimentaban y le servian de interme-
diario. Esta propagacién se explica también por el192 GEORGES LEFEBVRE
miedo a los bandidos: era muy facil creer que Ile-
gaban porque se los estaba esperando. Aunque las
corrientes del panico no fueron muy numerosas,
recubrieron la mayor parte del reino, de ahi que
causaran la impresién de que el gran panico fue
universal. Ademaés, como su marcha fue muy rapida
dieron la impresién de que el gran pénico estallé
simultdéneamente en todos lados “casi a la misma
hora”. Estos son dos grandes errores en los que ca-
yeron los propios contempordneos y que los demas
se limitaron a reproducir. Como se habia admitido
que el panico se habia declarado en todas partes
al mismo tiempo, se dedujo naturalmente que habia
sido provocado por algunos agentes y que era el
resultado de una conspiracién.
Los revolucionarios vieron en él una nueva prue-
ba de la autenticidad del complot aristocratico: pen-
saban que se habfa aterrorizado a las poblaciones
para volverlas a someter al antiguo régimen o para
provocar el desorden. Y lo que Maupetit escribia
el 31 confirma lo que decimos: “Las alarmas que
se han difundido casi el mismo dia en todo el reino
parecen ser la prolongacién del complot organizado
y el complemento de los desastrosos proyectos des-
tinados a perturbar a toda Francia. Pues es impo-
sible comprender que el mismo dia y en el mismo
momento casi en todos lados se haya tocado a re-
bato, si no fuera porque algunas personas enviadas
a propésito no lo hubieran provocado.” Y el 8 de
agosto por la tarde cuando se informé a la Asam-
blea Nacional de que en Burdeos se habia arrestado
aun correo que segtin se decia acababa de recorrer
Poitou, Angoumais y Guyena, anunciando la legada
de los bandidos, un miembro de ese cuerpo dijo: “La
infernal confederacién no se ha extinguido por
completo; si bien los jefes estén dispersos, todavia
puede renacer de sus cenizas. Sabemos que habian
intervenido en ella una cantidad de eclesidsticos
LA REVOLUCION FRANCESA 193
y de gentileshombres; por lo tanto, las comunas de
Francia no pueden bajar su guardia.” El 28 de julio
la Asamblea instituyé un comité de investigaciones
que inicié una encuesta, y que el 18 de septiembre,
refiriéndose al panico de Massiac y las perturba-
ciones que habian derivado de él, escribia al bai-
liazgo de Saint-Flour: “Al parecer, casi al mismo
tiempo en todas las provincias se ha dado un im-
pulso semejante, lo que permite suponer que existe
un complot organizado cuyo centro ignoramos dén-
de est4, pero que es imprescindible descubrir para
la salvacién del Estado.” La proclama del 10 di-
fundié al respecto la siguiente versién oficial: “Pues-
to que los enemigos de la nacién han perdido toda
esperanza de impedir por la violencia y el despo-
tismo la regeneracién ptiblica y el establecimiento
de la libertad, parecen haber concebido el criminal
proyecto de alcanzar el mismo fin a través del des-
orden y la anarquia; y ademas de recurrir a otros
métodos, han procedido a hacer difundir, en la
misma época y casi el mismo dia, falsas alarmas
en las diferentes provincias del reino, y al anunciar
incursiones y asaltos que no existian han provocado
excesos y crimenes que afectaron por igual a los
bienes y a las personas.” Los revolucionarios no se
imaginaban que al denunciar el complot aristocratico
ellos mismos estaban preparando inconscientemen-
te el gran panico.
Pero en verdad, los hechos se volvieron contra
la aristocracia pues el gran pAnico aceleré el arma-
mento del pueblo y provocé nuevas revueltas agra-
rias. Is fecit cui prodest. Por consiguiente, los con-
trarrevolucionarios echaron toda la responsabilidad
sobre sus adversarios. El 25 de septiembre, mien-
tras coma en una posada en Turin, Arthur Young
oy6 a unos emigrados que describfan los tumultos y
cuando les pregunté “quién habia cometido tales
atrocidades, si habian sido los campesinos 0 los194 GEORGES LEFEBVRE
bandidos, le contestaron que seguramente eran los
campesinos, pero que el origen de todas esas cala-
midades estaba en un plan que habian concebido
algunos dirigentes de la Asamblea Nacional que
contaban con el dinero de un gran personaje”, es
decir, del duque de Orledns. “Cuando la Asamblea
Nacional rechazé la mocién del conde de Mirabeau
de que se hiciera una solicitud al rey pidiendo que
se formara una milicia burguesa, habian sido en-
viados a todos los rincones del reino algunos correos
encargados de provocar la alarma universal hablan-
do de grupos de bandidos que avanzaban saqueando
y xobando todo por instigacién de los aristécratas,
y aconsejando al pueblo que se armara de inmedia-
to para su propia defensa; las noticias llegadas des-
de diferentes partes del reino habian demostrado
que esos correos debian haber partido al mismo
tiempo de Paris (y A. Young agregaba que en Pa-
ris habia cbtenido la confirmacién de ese hecho);
que también se habjan enviado falsas érdenes del
rey y de su consejo que incitaban al pueblo a que-
mar los castillos del partido aristocratico, y asi, por
una especie de magia, toda Francia se habia armado
simultaneamente y los campesinos se habian puesto
en condiciones de cometer las atrocidades que ha-
bian deshonrado al reino.” Esta versién aparece in-
corporada casi de inmediato a los documentos de
la época. El 24 de enero de 1790 el cura de Tulet-
te (Dréme) escribia en su registro parroquial: “Las
alarmas generales que el 29 de julio se difundieron
el mismo dia y a la misma hora en todo el reino,
fueron diseminadas por emisarios pagados por la
Asamblea que queria que el pueblo se armara.” Y
Lally-Tollendal la adopté en su Segunda carta a
mis electores. De alli pasé a las historias de la re-
volucién escritas por los contrarrevolucionarios —co-
mo Beaulieu y Montgaillard— y a algunas memo-
rias, de donde se la extrajo y se la transmitié de
LA REVOLUCION FRANCESA 195
generacién en generacién sin tener la menor prueba
que la confirmara. Beugnot cuenta en sus memorias
que é] intenté “remontarse hasta la causa” pero que
al interrogar al campesino de Colombey que habia
difundido el panico en Choiseul comprobé que este
hombre habia recibido la noticia de un habitante
de Montigny, y suponiendo que éste a su vez le
contestaria de igual forma, abandoné la partida para
limitarse al presunto complot. En efecto, hubiera
tenido que ir de aldea en aldea hasta Iegar al
Franco-Condado, Y sélo el gobierno hubiera podido
aclarar el asunto recurriendo a una encuesta me-
tédica, tal como se hizo en 1848, Pero no lo hizo,
no porquemo hubiera estado alerta ante las posibles
artimafias de sus adversarios, pues ya en mayo y
junio habia recibido algunas indicaciones sobre la
conspiracién y cada vez se habia esforzado por
aclarar el asunto. Tanto, que el 8 de mayo fue
arrestado en Meaux un individuo que habia Ilegado
desde Paris por considerarselo “muy sospechoso y
por haber expresado intenciones encandalosas y se-
diciosas”. Y el 21, el minstro de Puységur escribia
al respecto al teniente de policia: “Es posible que
este hombre no sea mas que un vagabundo que no
merezca demasiada atencién, pero es posible tam-
bién que haya sido enviado por algunos instigadores
que permanecen ocultos.” Por lo que ordend que
se enviara a Meaux un policia experimentado para
interrogarlo. El prisionero fue transferido al Cha-
telet y el 10 de junio el ministro admitié “que de
lo expresado por este individuo no se pueden sacar
Jas consecuencias que se habia previsto”. Por lo
tanto vemos que se ha exagerado la despreocupacién
del gobierno. También durante las revueltas agra-
rias y el gran pdnico se interrogé a los que propa-
Jaban noticias falsas y transmitian supuestas 6rde-
nes (como ya lo hemos indicado a propésito de los
disturbios de MAconnais) pero los resultados fue-196 GEORGES LEFEBVRE
ron negativos. Por esto mismo estamos seguros que
la encuesta fue fragmentaria, y si bien es mas di-
ficil realizarla en nuestros dias podemos sin em-
bargo lograr nuestros fines, porque estamos en con-
diciones de reunir y comparar una masa de docu-
mentos con los que las autoridades de la época
—abrumadas por los acontecimientos que se suce-
dian con tanta rapidez— no pudieron constituir un
expediente. Hoy podemos —por lo menos para al-
gunas regiones— remontarnos hasta el incidente que
dio origen al pdnico, desentrafiar cémo se propagd
y trazar su marcha.
Ya en 1789 se dijo —y se siguié repitiendo hasta
hoy— que el panico fue universal, porque se lo con-
fundié con el temor a los bandidos. Pero una cosa
es admitir que los bandidos existian y podian apa-
recer y otra imaginarse que ya habian Ilegado. Por
cierto era muy facil pasar del primer estadio al
segundo pues de otro modo no se explicarfa el gran
panico, pero no era obligatorio, y si bien toda
Francia creyé en los bandidos, el gran pdnico no
se produjo en todo el reino. No existié ni en Flan-
des ni en Henao, ni en Cambrésis ni en las Ardenas;
Lorena apenas fue contaminada; la mayor parte de
Normandia no lo experimenté y hay muy pocos
rastros de él en Bretafia; Medoc, las Landas y el
pais vasco, asi como el Bajo Languedoc y el Rose-
Il6n permanecieron indemnes; en las regiones donde
cundié la reyuelta agraria —Franco-Condado y Al-
sacia, Bocage normando, Maconnais— no hubo gran
panico, y a lo sumo se registraron algunas alarmas
locales. Sin embargo, esta confusién tradicional est4
tan profundamente arraigada en los espiritus que
muchos buenos autores que se esforzaron por es-
tudiar objetivamente el fenémeno no pudieran evi-
tarla, de modo que sus investigaciones tomaron un
camino equivocado y sus tentativas de explicacién
resultaron caducas. Como el temor de los bandidos
LA REVOLUCION FRANCESA 197
se origind en gran medida en la capital —aunque
no s6lo alli, como ya hemos indicado— se Ilegé a la
conclusién de que el gran panico provenia también
de alli y nadie se preocup6 por buscar el incidente
local que lo habia engendrado, Esto es lo que le pas6
a Chaudron al estudiar la Champafia meridional,
cuando la mera comparacién de fechas obliga a pen-
sar que el centro de conmocién se encontraba en la
misma provincia. A esto se debe también que mu-
chos autores imaginen el gran pdnico como una
onda que se expande concéntricamente a partir de
Paris, cuando en realidad tiene varios puntos de
origen, su marcha es a veces caprichosa y al-
gunos panicos refluyeron hacia Paris, como ocu-
rrié con los de Clermontois y Soissonnais que vi-
nieron desde el norte, y con el del Gatinais, que
legé desde el sur (y que a su vez fue una prolon-
gacién del pénico de Champafia).
Por lo tanto, es muy dificil aceptar que hoy to-
davia se diga que el gran panico estallé en todas
partes simulténeamente. Que lo hayan hecho los
propios contemporaneos es comprensible, pues es-
taban mal informados, pero nosotros poseemos ya
una documentacién lo bastante numerosa y pre-
cisa como para que no quepa la menor duda. El
gran panico de Mauges y Poitou empezé en Nan-
tes el 20; el del Maine al este de esta provincia, el
20 0 el 21; el del Franco-Condado, que abarcé el
este y el sudeste el 22; en Champafia meridional
aparecié el 24; en Clermontois y Soissonnais el 26;
en el sudoeste partid de Ruffec el 28, llegé a Bar-
jols (en Provenza) el 4 de agosto y a Lourdes (al
pie de los Pirineos) el 6 de ese mes. ;
Por otro lado, la tesis del complot no resiste
un estudio atento del origen y el mecanismo de
propagacién del pdnico. Muchos documentos citan
Jos nombres de quienes lo llevaron: no tienen nada
de misterioso y no se puede dudar de su buena fe.198 GEORGES LEFEBVRE
Puede alegarse —como lo hace Beugnot— que no
fueron més que instrumentos y que las pruebas de
la intriga se deben buscar en el mismo punto de
partida —pero justamente, jams se llega a esos
puntos de partida—. Y al descubrirlos se ve que
no son mas de diez y que est4n diseminados arbi-
trariamente. Por lo tanto, ga qué queda reducida
la leyenda de los correos expedidos metédica-
mente?
Por ultimo, el argumento basico que en el fon-
do inspiré Ja idea del complot es, para algunos, que
el gran pAnico debfa favorecer la contrarrevolu-
cién, mientras para otros debia provocar el arma-
mento y los disturbios agrarios. Es evidente que
no favorecié a la aristocracia, pero también es cier-
to que, si bien favorecié los progresos del arma-
mento y provocé nuevas revueltas agrarias, no fue
indispensable para que esto ocurriera. Creemos
haber probado que el armamento empezé desde
el momento mismo en que cundié el temor a los
vagabundos y se aceleré cuando se creyé en la
existencia del complot aristocrdtico —mucho antes
de que se desatara el gran panico— y por cierto,
no entraba en los planes de la burguesia conce-
derlo a los campesinos. En cuanto a las revueltas
agrarias, las del Bocage normando, Henao, Fran-
co-Condado, Alsacia y aun la del Maconnais son
anteriores al gran pdnico y la unica que podemos
atribuirle es la del Delfinado. Hay tan poca vin-
culacién entre la revuelta agraria y el gran panico,
que éste no aparece en la misma drea que la pri-
mera, salvo el Delfinado, Y al contrario, la revuelta
dei Franco-Condado engendré el panico en el Es-
te, mientras que las sublevaciones del Bocage, He-
nao y Alsacia no provocaron ningtin panico. Y mas
todavia: habria que demostrar que la burguesia
revolucionaria deseaba una revuelta campesina,
cuando todo parece indicar lo contrario.
LA REVOLUCION FRANCESA 199
Por lo tanto, el temor ante los bandidos y los
aristécratas, la revuelta campesina, el armamento
y el gran panico son cuatro hechos distintos, aun-
que haya entre ellos conexiones evidentes y para
estudiar el tltimo esta nocién fundamental debe
determinar el método que se seguird.Cariruxo XIII
LOS PANICOS PRIMITIVOS
Hemos podido distinguir cinco corrientes de pA-
nico, una de las cuales (la de Clermontois) tendria
que ser subdividida. Conocemos bien el origen de
tres de ellas, pero para las otras dos carecemos de
documentos suficientemente explicitos, aunque es-
tamos en condiciones de imaginar con bastante cer-
teza qué los ocasioné. En cuanto al pdnico del
Maine, el estado actual de la documentacién sélo
nos permite localizar aproximadamente su punto
de partida.
Dos de los panicos primitivos tienen una estre-
cha relacién con las reacciones populares contra
el complot aristocratico y por eso mismo se vincu-
Jan con la situacién politica de Francia. No cabe
la menor duda de que en el Este el panico nacié
de la revuelta de los campesinos del Franco-Con-
dado; por lo tanto a este respecto, todo el interés se
concentra en el mecanismo de su propagacién. En
cambio, el caso es mds complejo en Mauges y Poi-
tou. Como ya hemos visto, la ciudad de Nantes
se sublevé en cuanto recibié la noticia de la caida
de Necker, y el 20 de junio, hacia el mediodfa,
repentinamente cundié el rumor de que por la ruta
de Montaigu Iegaban los dragones para hacer en-
trar en razones a los nanteses. No sabemos de dén-
de partié tal noticia, pero no podemos asombrarnos
de que esto ocurriera por cuanto conocemos las
LA REVOLUCION FRANCESA 201
alarmas del mismo tipo que se habian desatado en
Paris el 13 y el 14 de julio. De inmediato los ha-
bitantes tomaron las armas y obligaron a los arme-
ros a que les entregaran todas las que tuvieran en
sus negocios mientras se ponia guardia en el puen-
te de Pirmil y la caballeria burguesa recorrié toda
la zona hasta el lago de Grandlieu. Tal como lo
atestigua la Correspondance de Nantes del 25 de
julio, esos movimientos engendraron el panico: “Sa-
bemos que algunos malintencionados desnaturali-
zaron el objetivo de los preparativos militares reali-
zados en Nantes y difundieron en las aldeas veci-
mas un enorme terror. Hay que sentir una cruel
complacencia frente a las desgracias de la patria
para concebir la idea de calumniar con tanta auda-
cia a los habitantes de una ciudad opulenta que
quedaria expuesta a las mayores desdichas si sus
campafias fueran devastadas.” Desgraciadamente,
como la Correspondance imputaba a los aristécra-
tas el error en que habian caido los campesinos,
omitié decirnos por qué se confundié a los nante-
ses con los bandidos, Es muy probable que se hu-
bieran alarmado simplemente al ver las tropas que
marchaban a lo lejos, ya que muchos panicos lo-
cales nacieron de este modo (y més adelante da-
remos algunos ejemplos de ello), pero tampoco
es imposible que temieran que los nanteses llegaran
para apoderarse de los trigos todavia disponibles,
puesto que habia antecedentes en tal sentido. En
efecto, el 19 un destacamento habia ido a Paim-
boeuf para apoderarse de algunos lanchones car-
gados con grano asi como de la pélvora que habia
llevado el botin a Nantes el 20. De este modo la
escasez y la rivalidad entre ciudades y campafia
se habrian combinado con las crisis politicas para
engendrar el panico en el Oeste.
En otras regiones el origen de los pAnicos est4
en la situacién econémica y en el temor a los va-204 GEORGES LEFEBVRE
a pesar de los edictos, impedia que se tomara en
arriendo un campo o “mercado” sin previo acuer-
do del arrendatario saliente.
Seguin el Journal de Troyes del 28 —confirmado
por una carta del subdelegado-, el 24 de julio nacié
el panico de la Champafia meridional en Maiziéres-
la-Grande-Paroisse, Origny y “otras adyacencias”,
ubicadas al sur de Romilly. Corrian rumores de que
los bandidos estaban en el cantén, pues se decia que
se los habia visto entrar en los bosques. “Se toca a re-
bato y tres mil hombres se retinen para ir a la caza
de los presuntos bandidos... pero los tales bandi-
dos no eran mds que un hato de vacas.” Quizd po-
driamos aceptar esta explicacién, pues hay muchos
ejemplos de casos semejantes, y algunas alarmas
nacieron porque a la vera de un bosque alguien oyé
el zumbido misterioso de animales que pastaban,
0 vio a lo lejos la polvareda levantada por el paso
de un rebafio. Pero si asi fuera, el panico de Cham-
pafia hubiera tenido como origen la causa més in-
significante de todas. Sin embargo podemos suponer
que este caso era semejante al del panico nantés, y
que en algo influyeron las expediciones de los ha-
bitantes de la ciudad en btisqueda de subsistencias,
pues el 18 hubo un tumulto en Nogent y el 20 en
Pont, mientras Romilly no debia estar mejor provista
que ellas.
El panico de Ruffec que se difundié en Poitou,
la meseta central y toda Aquitania, se vincula con
el temor a los vagabundos y nos recuerda la conmo-
cién de Sceaux, de la que ya hemos hablado. Le-
febvre, secretario de la intendencia de Limoges, nos
relata la causa en una carta escrita por el subdele-
gado; segtin él, fue provocada por “la aparicién de
cuatro o cinco hombres disfrazados de religiosos
de la Merced que pedian limosna para la redencién
de los cautivos. Se presentaron en diferentes casas
donde no siempre fueron bien recibidos. Descon-
LA REVOLUCION FRANCESA 205
tentos con la suma recaudada, abandonaron la ciu-
dad amenzando con volver muy pronto y en mayor
numero, pero no se los habia vuelto a ver; sdélo se
habian retirado a un bosque proximo. Ese pequefio
hecho, que con gran exageracién fue transmitido
hasta mucho mas lejos, causé el terror.” Por otro
lado, sabemos que el 28 fue arrestado un hombre
que habfa anunciado “la existencia de bandidos y
hhusares en el bosque vecino”. Alterado por todo lo
que habfa ofdo contar sobre los bandidos, habia
ereido verlos. Con su terror amplificéd la noticia
que habia originado la alarma, y su relato se pro-
pagé. Asi por ejemplo, en Angulema, ya no se ha-
blaba de mendigos disfrazados sino de bandidos
reunidos en los bosques. Si creyéramos al cura de
Vangais, otra versién corria al oeste de Ruffec: “una
banda de contrabandistas y ladrones hambrientos,
escondidos en los bosques de Aulnay, de Chef-Bou-
tonne y de Chizé, habian realizado incursiones sobre
Jas aldeas vecinas para buscar pan.” A través de
estos relatos vemos que junto con el miedo que se
sentia frente a los vagabundos aparece otro elemen-
to esencial: la aprensi6n que inspira el bosque. Pe-
ro un detalle —la mencién de los hisares— permite
descubrir que también se crefa en el complot aris-
tocratico,
En cuanto al panico del Maine, no podemos decir
qué incidente lo provocé, pero debid producirse
en los alrededores de La-Ferté-Bernard: muy cer-
ca de allf se encuentra Montmirall, cuyo bosque
alimentaba una fabrica de vidrio y que entre 1789
y 1792 fue un centro permanente de perturbaciones,
cada vez que encarecia el pan. Es muy probable
que el pdnico naciera como consecuencia de una
incursién de los obreros, o de circunstancias seme-
jantes a las de Ruffec.
De este modo, los pdnicos primitivos 0 que die-
ron origen al gran panico, tuvieron la misma causa206 GEORGES LEFEBVRE
que las alarmas anteriores y las mds activas de estas
causas fueron de orden econdmicosocial. Las mis-
mas que siempre habian alarmado a las campafias
y que la crisis de 1789 s6lo habia logrado exaspe-
rar. ¢Pero por qué esta vez el pAnico en lugar de
localizarse se propagé? ;Por qué la parroquia que
se alarmaba se apresuraba tanto a pedir socorro?
Porque a fines de julio la inseguridad parecia mas
amenazadora que nunca y porque en visperas de la
cosecha los 4nimos estaban més inquietos que en
cualquier otra época. Y también porque el complot
aristocratico y la noticia de que los bandidos habian
salido de Paris y de las grandes ciudades adjudi-
caban una significacion mucho més terrible a la
aparicién del m4s inofensivo vagabundo. Por Uulti-
mo, porque los saqueadores se habian convertido
en los instrumentos de los enemigos del Tercer Es-
tado y parecié muy natural apelar a la solidaridad
nacional y a esa federacién que ya se esbozaba entre
ciudades y burgos. Y por las mismas razones, aque-
llos cuyo auxilio se pedia no dudaron ni un instante
de que la noticia fuera verdadera, de modo que a su
vez ellos mismos la propagaron.
Cariruto XIV
LA PROPAGACION
DE LOS PANICOS
Es evidente que muy a menudo, ciertos individuos
que carecian de toda atribucién de mando se encar-
garon de propalar el panico. Algunos creian cumplir
con un deber civico al solicitar el envio de soco-
rros; otros querian poner sobre aviso a parientes
0 amigos; los viajeros contaban lo que habian visto
u oido, y sobre todo, muchos fugitivos se dedicaron
a exagerar el peligro para no ser acusados de co-
bardia. Los relatos de la época reproducen nume-
rosos incidentes pintorescos. En Confalens, un mo-
linero que venia de Saint-Michel, al entrar al barrio
de Saint-Barthélemy, se adelanté a un tal Sauvage,
aserrador. Este ultimo iba corriendo hacia su casa
y pedia ayuda, pues se hab{fa enterado que la guar-
dia publica estaba en Saint-Georges, que distaba
sélo un kilémetro del lugar. Al ver al molinero, le
grit6 que espoleara a sus caballos y diera la alerta
a la ciudad. EI otro le respondié: “No os preocu-
péis, vendran todos.” Sauvage Ilegé a su casa, tomé
su fusil y corrié a enfrentar a los bandidos, mientras
el molinero recorria las calles a los gritos incitando
a la gente a armarse. Pero estos buenos patriotas
no fueron recompensados por su celo: cuando el
panico se calmé, el comité los puso presos. El 29
por la mafiana en Rochechouart, el sefior Longeau208 GEORGES LEFEBVRE
des Bruyéres, de Oradour-sur-Vayres, llegé a caba-
Ilo por la ruta de Chabanis. Gritaba que “él huia,
que él venia de Champagne-Mouton donde habia
visto degollar a viejos, mujeres y nifios; que es ho-
trible, espantoso; que todo ha sido pasado a sangre
y fuego; que corre a su casa para poner en seguri-
dad a su gente. jResistid! jAyudadnos! jAdiés,
adidés! |Quizd sea la ultima vez!” Y desaparecié al
galope. Quienes introdujeron el panico en Limoges
fueron: primero, un canénigo de la orden de Santa
Genoveva (de la abadia de Lesterp, cerca de Con-
malens) que se habia asustado mucho durante la
noche que habia pasado en Rochechouart al ofr,
hacia las dos de la mafiana, algunos “gritos y la-
mentos”, por lo cual habia montado inmediatamen-
te a caballo; después, un ex guardia de corps al
que se le habia dicho que Ilegaban los bandidos
mientras estaba cazando, por lo cual habia corrido
a prevenir al intendente, y, por ultimo, un ar-
quitecto que volvia de viaje y que en el camino
habia recogido la noticia la tarde del dia anterior.
En Castenau-Montratier (Quercy) aparecié de gol-
pe el director de las mensajerias de Cahors, mon-
tado en un mulo que le habian prestado los capu-
chinos, “excitado solamente por la alarma y los ho-
rribles tumultos de la ciudad”. En Samer, en el
Boulonnais, el panico fue provocado por “algunos
viajeros”, en Saulieu, en Auxois, por el médico del
pueblo que volvia de Montsauche; a lo largo de
la orilla izquierda del Sena, desde Fontainebleau
hasta Villeneuve-le-Roi, el panico fue difundido
por los hermanos Gaudon, comerciantes en vino de
Boignes (en Gtinais). Y “una persona que llegaba
en la posta y que fue testigo de los excesos que se
permite esta canalla” confirmé a un diputado de
Ja nobleza —cuyas cartas a la marquesa de Créquy
poseemos— el robo de las cosechas de Montmorency.
Pero también se encargaron de propagar el pa-
LA REVOLUCION FRANCESA 209
nico —quiz4 no deliberadamente pero si con méto-
do— algunas personas que gozaban de crédito y
hasta las mismas autoridades. En general los curas
consideraron que era su obligacién prevenir a sus
colegas y a sus amigos nobles, tanto, que en el
Maine aquéllos figuran en primer plano por haber
sido prevenidos por una carta del intendente de
Mans. En Vendéme, el cura de Mazangé avisé a la
municipalidad; en Lubersac (Périgord) el vicario
de Saint-Cyr-les-Champagne se precipit6 a anun-
ciar que su aldea era presa de los bandidos; y un
cura corrié a todo lo que daba a Sarlot para con-
tar que Limeuil habia sido incendiada durante la
noche. En el Bourbonnais, el cura de Culant es-
cribié al de Verdun, quien a su vez envié un men-
saje a su colega de Maillet. Los gentil.shombres y
sus administradores actuaron del mismo modo. En
el Delfinado, quienes primero hablaron de la alar-
ma que cundia en Aosta fueron el abad de Leyssens,
la dame de Aosta, el caballero de Murinais y el
agente de la condesa de Valin, que a su vez acudié
a La Tour-du-Pin. En el Poitou, el administrador
del castillo de Maulevrier envié mensajeros a todas
partes pidiendo a los curas que armaran a sus fieles
Jo mejor posible y acudieran en auxilio de Cholet.
También cerca de Neuvic, en Périgord, curas y no-
bles transportaron la noticia: la sefiora de Plaigne
mandé un correo al barén de Bellinay para que a
su vez advirtiera al baron de Drohuet. Este habia
xecibido también otros avisos enviados por nobles y
eclesidsticos —entre otros el prior de Saint-Angel—
y se encargé de escribir al mismo barén de Bellinay
y al cura de Chillac. Son incontables los hechos del
mismo tipo que ocurrieron en todas partes. Los no-
ples enviaban a sus criados que, al atravesar a ca-
hallo las aldeas, difundian la alarma. Como los
campesinos muchas veces no los conocian, surgen210 GEORGES LEFEBVRE
en los relatos muchos correos desconocidos o mis-
teriosos.
Pero seguramente quienes desempefiaron el pa-
pel més curioso fueron las autoridades. Hoy en dia,
primero procurarian informarse por teléfono antes
de prevenir a la poblacién, y por cierto, también en-
tonces procuraron asegurarse enviando algunos in-
formantes, o encargando a la caballeria o a la guar-
dia publica que revisaran la campafia. Pero sabian
que pasaria mucho tiempo antes que se aclararan
Jas cosas; por lo tanto, consideraron prudente to-
mar de inmediato algunas precauciones, informar a
las parroquias y pedirles ayuda. Por lo tanto, las
municipalidades y los comités expidieron correos y
hasta redactaron algunas circulares en este sentido.
Esto hicieron, por ejemplo, los comités de Confolens,
Uzerche y Lon-le-Saunier. El de Evreux previno a
los burgos de los alrededores el 22 y 23 de julio y
el 24 envié una circular impresa a ciento diez pa-
rroquias del campo. Algunos jefes de milicia se arro-
garon el mismo derecho: el de Belléme dio la alerta
a Mortagne; el 28 de julio en Colmar, el coronel
de la milicia —que era uno de los presidentes del
Consejo soberano— incité a las comunidades rurales
a armarse. Pero tampoco se quedaron atrds las
autoridades del antiguo régimen, sobre todo los
jueces reales y los subdelegados: una carta del juez
de Lubersac alarmé a Uzarche; y el procurador de
justicia de Villefranche-de-Belvez contribuyé mu-
chisimo con sus cartas a que el panico llegara des-
de Périgord a Quercy. EI subdelegado de la Cha-
taigneraie lo difundié en toda su circunscripcién y
en especial en Secondigny. Algo mejor hizo el de
Moissac: indicé a los curas que tocaran a rebato.
Las comisiones intermediarias de las Asambleas pro-
vinciales intervinieron con menos frecuencia, pero
podemos citar a la de la généralité de Soissons —o
por lo menos a su procurador sindico—, cuyo aviso
have:
Bei
LA REVOLUCION FRANCESA 211
alerté a la ciudad de Guisa, y a la del distrito de
Neufchateau, que comprometié a las aldeas a to-
mar las armas y a estar listas “a la primera alarma”.
El 31 de julio, los comisarios de las comunas de
Provenza reiteraron a las parroquias el consejo de
organizar milicias para rechazar a los bandidos que
habian sido anunciados. El 1° de agosto, cuando
ocurrié la primera alarma en Toulouse, el parlamen-
to dio una resolucién autorizando a todas las co-
munidades a armarse y tocar a rebato.
Pero aun més caracteristica es la conducta de
algunas autoridades militares. La guardia publica
de Bar-sur-Seine Ilevé el panico a Landreville y
la de Dun lo confirmé en Guéret; lo mismo hizo
en Roye el marqués de Bains, inspector de la guar-
dia. En cuanto llegé a Belfort el comandante del
lugar, conde de Lau, advirtié a las parroquias cir-
cundantes que Ilegarian los bandidos y que debian
estar prontas a defenderse. Por ultimo, el marqués
de Langeron, que mandaba las tropas en el Franco-
Condado, contribuyé mds que ningun otro a di-
fundir el terror en su zona. En una circular que el
16 de julio Ileg6 a Morez y a Saint-Claude (y que
por lo tanto no podia ser posterior al 14) anuncié
que en la provincia habia entrado una banda de
doscientos habitantes del Vége —como sobre este
hecho no existe ningtin otro testimonio, probable-
mente su existencia habia sido aseverada sélo por
un panico local—. En cuanto comenzé la devasta-
cién de los castillos, se apresuré a atribuirla a los
bandidos mediante una circular del 23; mientras
que el 24 una tercera circular indicaba que otro
grupo venia desde Borgofia y avanzaba a través
de la regién. Por todo esto, Vernier de Bians, te-
niente de la guardia publica de Salins, quien re- ~
dacté un informe sobre las revueltas del Franco-
Condado, no vacilé en responsabilizar de ellas a
Langeron y en acusarlo de actuar asi a propésito.212 GEORGES LEFEBVRE
Cronistas de Clamecy decfan lo mismo de Dela-
tue, subdelegado, juez de la castellania y mas tar-
de presidente del departamento. Aunque en reali-
dad éste se habia enterado de la Ilegada de los
bandidos por una carta que el bailio de Coulanges
habia entregado a un maestro de danza de Cla-
mecy que iba a dar lecciones y luego volvia, habia
leido la carta en pleno mercado y habia hecho di-
fundir la noticia por un soldado de la guardia
publica,
También se ha sospechado con insistencia del
papel que en todo esto desempefiaron los correos
y los postillones de la administracién postal. Aun-
que se ha exagerado mucho sobre esto, los docu-
mentos dan fe de su intervenci6n. Por ejemplo: un
correo de la posta de Conchy-les-Pots contribuyé
a difundir el panico en Roye; un jefe de posta de
Saint-Jenien fue el primero que Ilevé noticias del
panico a Limoges; el preboste de Soissonnais de-
tuvo en Clermont al correo que el jefe de posta de
Saint-Just habia enviado para que anunciara que
el pais estaba pasado a sangre y fuego; en Angu-
lema un postill6n de Churet transmitié el p4nico
de Ruffec: dos jueces de la eleccién contaron que
‘un campesino” habia dicho “que en el bosque
habia una banda de bandidos y ladrones”. La pro-
pagacién del pdnico por obra de los correos se
nota en particular en la zona comprendida entre
Valence y Avifién: pues alli se transmitié de posta
a posta y por consiguiente con gran rapidez. Pero
todo esto es muy légico: si tantos viajeros hicieron
circular la noticia de que se aproximaban los ban-
didos, gpor qué no habrian de hacer lo mismo los
que los conducian? Y si las mismas autoridades se
preocupaban por hacerla conocer oficialmente, gqué
otro medio existia sino el de confiarla al correo? El
29 a las cinco de la tarde, la municipalidad de
Angulema recibié un correo enviado por la de Bur-
LA REVOLUCION FRANCESA 213
deos para requerir mayores precisiones sobre el
panico de Ruffec, del que ya se tenian noticias.
Dicho correo Hevaba una carta sin sellar y se le
hab{a recomendado que, si la alarma no era con-
firmada, lo dijera en todos los lugares por donde
pasara. Es probable que en el viaje de ida hubiera
mostrado y comentado la carta que se le habia
confiado, y éste es el correo del que se ocupé la
Asamblea Nacional en su sesién del 8 de agosto.
Sin embargo, de todo esto no debemos concluir
que tantos personajes importantes carecieran de to-
do sentido critico, pues en verdad hubo muchos
incrédulos. En Gimont (Lomagne) el barén de
Montesquieu se negé a creer en la existencia de
bandidos; el conde de Polastron prohibid que se
tocara la alama —aunque no obtuvo el menor éxi-
to—; un oficial que estaba de permiso en Saint-
Clair, cuando se le dijo que cuatro mil bandidos
acudian a Lauzerta, escribié irénicamente: “Estoy
seguro de que no los han contado.” A través de la
descripcién del panico de los alrededores de Saint-
Girons que hace el conde de Terssac en sus memo-
rias, él era igualmente escéptico. Algunos persona-
jes de menor importancia se opusieron también con
gran audacia a la propagacién del miedo: en Saint-
Privat-des-Prés, cerca de Ribérac, un administrador
Hamado Gouand detuvo la alarma a pesar de la
oposicién del comité y como se lo injurié y amenaz6,
hizo poner en prisién a tres habitantes. El cura de
Castélnau-Montratier pregunté a sus fieles si “los
enemigos habjan Iegado en globo” y detuvo la alar-
ma, mientras el cura de Vers, en Agenais, no permi-
tié que se la tocara. En Frayssinet-le-Gélat, el aboga-
do Delord, luego de haber revisado los periddicos Ile-
gé a la conclusién que el panico carecia de todo
fundamento “porque si los ingleses o los espafioles
hubieran penetrado en Francia no hubieran podido
introducirse en el corazén mismo de la provincia214 GEORGES LEFEBVRE
de Guyena sin que lo hubiéramos sabido de inme-
diato y en cambio fueron los ejercicios de tiro de
algunas ciudades de estas provincias las que hicieron
creer que habian entrado los enemigos”. El sub-
delegado de Moissac expresé la misma opinién pero
eso no le impidié tomar todas las medidas destina-
das no sélo a rechazar a los bandidos sino también
a convencer a todo el mundo de que efectivamente
éstos existian.
Esto se debe en primer lugar al hecho de que el
temor estaba tan generalizado (el mismo Bonald,
futuro ordculo de la contrarrevolucién y para ese
entonces intendente de Millau, no opuso la menor
objecién a la noticia de su llegada) que un admi-
nistrador consciente de sus responsabilidades y des-
provisto de todo medio rapido de informacién no
podia evitar que tal novedad lo impresionara a
pesar de las més sensatas reflexiones. Dom Mau-
duit, prior de Saint-Angel, expresO muy bien este
estado de 4nimo en su carta al barén de Drouhet:
Sobre todo, no hay ninguna seguridad de que los
relatos sobre los bandidos sean veridicos... Pero
como no hay fuego sin humo y como después de
todo lo que pasé en Paris es bastante probable que
se haya formado tal confederacién, todo el mundo
se reune para montar guardia de dia y de noche.
Por eso mismo convendria que vos nos imitarais.”
Por otro lado la incredulidad también era peli-
rosa. ¢Acaso no se podia sospechar que los que
hacian gala de ella y se negaban a tomar medidas
de defensa no intentaban adormecer al pueblo? Si
asi fuera, eran cémplices de los bandidos y en con-
secuencia también de los aristécratas, y esto podia
costarles bastante caro. El prior de Nueil-sous-
les-Aubiers (Poitou) tranquilizé a sus campesinos
diciéndoles que era imposible que, tal como se
contaba, veinticinco mil bandidos hubieran cafdo
sorpresivamente sobre Nantes, y que aun si esto
LA REVOLUCION FRANCESA 215
hubiera ocurrido una ciudad de ochenta mil habi-
tantes se hubiera defendido adecuadamente. Pero
mientras tanto, como unos cuatro o cinco mil hom-
bres ya habian acudido a Aubiers y murmuraban
contra él porque no habia Ilevado a su parroquia,
tuvo que ir a dar explicaciones. El peligro nacia
con mayor facilidad porque quienes habian llevado
Ja noticia se sentian heridos en su amor propio cuan-
do no se los tomaba en serio y no cesaban de hablar
mal de quien habia tenido el desparpajo de actuar
de tal modo. Para corroborar lo que decimos hay
que leer el relato del panico de Limoges que realizé
el secretario de intendencia cuyo nombre ya he-
mos citado, Ante la primera noticia, el intendente
dAblois envié la informacién y no pens mas en
ello, Un canénigo de la orden de Santa Genoveva
fue a Rochechouart y anuncié que eran mil cien
hombres. “Sefior prior”, respondié riendo d’Ablois,
“parece que los bandidos se reclutan muy rapido
pues esta mafiana slo se hablaba de unos quinien-
tos.” “Sefior”, respondié el interlocutor algo picado,
“informo lo que he visto y oido; vos haréis lo que
os plazca; yo me retiro.” Pero todo fue muy distinto
al mediodfa cuando llegé al galope y fusil al hom-
bro el guardia de corps Malduit. D’Ablois estaba
almorzando. “Yo no crefa que un guardia se asusta-
ra con tanta facilidad; creedme; tranquilizaos, sen-
taos a la mesa y comed una costilla; los bandidos os
daran tiempo para ello.” El otro lo tomé a mal:
“Sefior, yo no tengo miedo, simplemente, cumplo
con una misién muy importante; si vos no me creéis
otros prestaran mayor atencién a la advertencia
que acabo de haceros.” Muy pronto circulé en toda
la ciudad el rumor de que d’Ablois queria entregar
Ja ciudad a los que trabajaban para la aristocracia
Yy sus mismos secretarios tuvieron que intervenir
para que se decidiera a ser mas prudente y a actuar
de’ otra manera. Sin embargo, recibié del mismo216 GEORGES LEFEBVRE
modo al dia siguiente al arquicteto Jacquet, cuando
éste vino a anunciarle la Ilegada de cuarenta mil
espafioles: “Hasta este momento, sefior Jacquet,
os habia creido un hombre razonable; ahora temo
que os haydis vuelto loco. gCémo habéis podido
creer una historia semejante? jCuarenta mil es-
pafioles! jId a descansar y no habléis con nadie de
esto, pues se burlarén de vos!” Pero al contrario,
Jacquet, muy ofendido, se lo conté a todo el mundo
y todo el mundo le creyé. Y el asunto hubiera ter-
minado muy mal si el panico no se hubiera calmado
al recibir informaciones més precisas.
Con todo hay un dato que permite suponer que
las autoridades constituidas, desafiando tales ries-
Sos, se abstuvieron de propagar el pdnico y hasta
lograron detener su marcha: es el hecho de que
algunas regiones no padecieron el gran panico.
Por cierto, es posible que no Iegaran a experimen-
tarlo porque el alejamiento, la dificultad de las
comunicaciones, la diferencia de idioma y su poca
poblacién contribuyeron a preservarlas. Pero estos
factores también influfan en ciertas zonas donde
hubo panico y es mds probable que algunas autori-
dades hayan logrado imponerse por su sangre fria
y por el ascendiente que ejercian sobre la poblacién.
Este debié ser el caso de las municipalidades de Bre-
tafia cuya conducta después de 1788 inspiré gran
confianza y que mucho antes que todas las otras,
supieron tomar las medidas adecuadas para contener
tanto a la aristocracia como al bajo pueblo. Al me-
nos ésta es la opinién del corresponsal de la Ga-
zette de Leyde que el 7 de agosto escribla: “Se
temfa més por Bretafia y sin embargo es la provin-
cia més tranquila gracias a la buena politica de los
burgueses que se armaron desde el primer momen-
to.” Lejos de engendrar el desorden, medidas tales
como la revolucién municipal y el armamento po-
pular tranquilizaban al Tercer Estado, e imponian
LA REVOLUCION FRANCESA 217
la calma —y esto ya lo decian los revolucionarios—.
Pero cuando se desaté el panico, ambas disposicio-
nes s6lo comenzaban a aplicarse y en la mayorfa de
los casos nadie osaba oponerse al torrente.
A pesar de todo el pdnico no se propagé tan r4-
pido como se ha hecho creer. Desde Clermont en
Beauvaisis hasta el Sena, que sdlo distan unos cin-
cuenta kilémetros, necesit6 unas doce horas diur-
nas; desde Ruffec hasta Lourdes recorrié unos qui-
nientos kilémetros en nueve dias. completos: la
velocidad que empleé en este caso fue sélo la mi-
tad de la que utilizé en el otro, pero hay que tener
en cuenta que de noche debio avanzar menos ra-
pidamente. Se puede admitir que durante el dia
recorria unos cuatro kilémetros por hora. Desde
Livron lleg6é a Arles (ciento cincuenta kilémetros)
en cuarenta horas, lo que significa que en promedio
—tanto de dia como de noche— hizo cuatro kiléme-
tros por hora; pero en esta oportunidad fue trans-
mitido por los correos de la posta cuya velocidad
era inferior a la de los correos extraordinarios de los
que ya hemos hablado. Si como nosotros pensamos
esta difusién fue espontanea, tal marcha parece
bastante rapida, pero aquellos que la atribuian a
correos enviados expresamente por los conspirado-
res debian considerarla muy lenta.Cariruto XV
LOS PANICOS DEL ANUNCIO
En general —aunque no siempre— la mera noti-
cia de que los bandidos estaban a la vista origina-
ba un pdnico. En estos casos parece que las circu-
lares de las autoridades tuvieron menos potencia
emotiva que la propagacién oral o las cartas par-
ticulares. Por ejemplo, la mayoria de las parroquias
a las que Ilegé la circular del comité de Evreux no
parecen haberse preocupado demasiado. Tampoco
las de Langeron provocaron movimientos convul-
sivos pues las aldeas se limitaron a ponerse a la de-
fensiva. En estos casos en especial es muy impor-
tante no confundir el temor a los bandidos con el
gran panico. Sin embargo una tal sangre fria puede
considerarse verdaderamente excepcional: de cada
uno de los panicos primitivos —que no fueron muy
numerosos— derivaron otros, en increible cantidad,
que podemos llamar los panicos del anuncio.
Estos han sido descriptos muchas veces y el gran
panico es su rasgo mds conocido, o aun el unico
que conocemos. Se empieza por tocar la alarma que
muy pronto resuena durante horas en cantones in-
tegros. Las mujeres, que ya se ven violadas y ma-
sacradas con sus hijos en medio de las aldeas en
llamas, Horan y se lamentan, huyen hacia los bos-
ques o por los caminos, Ilevando algunas provisio-
nes y ropas juntadas al azar. Muchas veces los hom-
LA REVOLUCION FRANCESA 219
pres las siguen, después de enterrar lo que mas
aprecian y de dejar a los animales sueltos por el
campo. Pero con mayor frecuencia todavia, ya sea
por respeto humano, coraje, o temor a Ja autoridad
tradicional, acuden al llamado del sindico, el cura
o el sefior. Entonces comienzan los preparativos
para la defensa, bajo la direccién del sefior mismo
© de un ex militar. Todos se arman como pueden;
se colocan centinelas y barricadas a la entrada de
la aldea o el puente y se envian algunos destacamen-
tos a los alrededores. Al caer la noche circulan al-
gunas patrullas y todo el mundo permanece alerta.
En las ciudades se realiza una verdadera movili-
zacion y podria creerse que se esta en una plaza
sitiada; se requisan los viveres, se reine la pélvora
y las municiones, se reparan las murallas y se pone
la artillerfa en posicién. En medio de esta terrible
confusién ocurren toda clase de incidentes conmo-
vedores, cémicos o tragicos. En Vervins salt6 un
barril de pélvora y hubo algunas victimas. En Mag-
nac-Laval, se escaparon los alumnos del colegio y
el director desesperado interpelé a todas las auto-
ridades vecinas. Algunas veces los campesinos em-
piezan por poner en orden sus cuentas con Dios y
por ejemplo el prior de Nueil-sous-les-Aubiers (Poi-
tou) y los curas de Capinghem y de Ennetiéres (en
Flandes) les dieron la absolucién general. En Ro-
chejean, en el Jura, el informe, probabl. mente re-
dactado por el cura, destaca tan buenas disposicio-
nes y dice que los habitantes, despertados en plena
noche, “comenzaron por implorar la misericordia di-
vina y Ja intercesién de la Santa Virgen y de San
Bautista, patron de la parroquia. Para ello, a las
cuatro de la mafiana, se reunieron para asistir a una
misa solemne’en la que hubo exposicién y bendi-
cién del Santo Sacramento. También se hicieron
las oraciones ptiblicas habituales en caso de cala-
lamidad. Luego prometieron a Dios enmendar su220 GEORGES LEFEBVRE
conducta, cesar toda divisién, reparar los dafios si
los hubiera y una sincera renovaci6n de su piedad.”
Pero debemos confesar que a menudo las escenas
son menos edificantes. Pocos relatos son tan pinto-
rescos como el de Jean-Louis Barge, secretario de
la parroquia de Lavalla (ubicada cerca de Saint-
Etienne) y ex soldado. Desde el comienzo de la
alerta se apresuraron a atribuirle el mando de los
habitantes que irfan a enfrentar a los enemigos.
“Los hombres que tenfa bajo mis érdenes eran me-
nos que los que habian enloquecido y huido...
Champallier, uno de los que integraban la tropa,
se despidié de su mujer y de sus hijos diciéndoles:
iNo os volveré a ver!’” La noche trajo de vuelta
a los cobardes, pero al dia siguiente, después que
el cura hubo absuelto al ejército aldeano, Barge
quiso prevenir un segundo desbande y dio la orden
de partida “so pena de ser fusilado de inmediato”.
Los adioses fueron patéticos. “Dije adiés a mi mujer
que tenia los ojos secos como yesca y a mi madre
que estaba como muerta y con los ojos Ilenos de
lagrimas; me dio un pufiado de piezas de doce y
veinticuatro sueldos, me dijo un adiés eterno y de
inmediato se puso a orar.” Estaban por partir “bien
provistos de vino y guiso”, con un pffano y un tam-
bor a la cabeza de la columna, cuando legé un
hombre de una aldea vecina gritando que el ene-
migo se acercaba. Todo recomenz6: “El terror y la
desesperacién se apoderaron de todo el mundo. S$é6-
lo se ofan los gritos y los lamentos de las mujeres,
los nifios y los viejos. Era el mAs triste espectdculo
que uno podia ver. Marie Pacher, la mujer de
Martin Matricou, temblaba tanto que tiré toda la
sopa de la escudilla que tenia en la mano mientras
gritaba a todo lo que daba: ‘Ay, pobres hijos mios,
que van a ser degollados’, y cosas por el estilo. Su
marido, aunque fornido, era bastante miedoso y
queria tranquilizarla diciendo: ‘|Te agarras a este
r
y
LA REVOLUCION FRANCESA 221
cagén de Fonterive; Marion, no tengas miedo!’ Y
mientras le decia eso con tono inseguro, se lo veia
temblar... Nunca quiso ir con nosotros.” Desapa-
recié una parte del batallén y se inicié la busqueda
de los soldados que se habian ocultado mezclan-
dose con los otros fugitivos. “La Clémence, joven y
bonita sirvienta del cura, y la mujer de Tardy, Ila-
mada Chorel, fueron encontradas casi ahogadas,
con la cabeza metida en el heno y el resto al aire.”
Cuando por fin Barge pudo conducir a su gente
hasta Saint-Chamond el panico ya habia termina-
do. Se los elogié, se los festej6 y se los mandé de
vuelta: “al llegar a Lavalla ya no vi més tristeza; las
tabernas estaban Ilenas”.
Si creemos en este relato, pleno de la maliciosa
simplicidad del campesino francés, los habitantes
de Lavalla tuvieron cierta dificultad para vencer
sus aprensiones, pero finalmente lo lograron y acu-
dieron en auxilio de la ciudad vecina. En todas
partes encontramos la misma reaccién contra el
panico y con frecuencia fue mas rapida. En el fondo
es muy inadecuado designar tales acontecimien-
tos con el nombre de gran panico, porque no lo fue
el ardor guerrero que de inmediato desperté en los
franceses el mismo peligro que los amenazaba, ni
tampoco lo fue el caluroso sentimiento que desde
el primer momento los hizo acudir en auxilio re-
ciproco, Complejo sentimiento en el que intervenia
en mayor grado la solidaridad de clase que enfren-
taba al Tercer Estado con la aristocracia, pero en
el que también se podfa descubrir la prueba de que
la unidad nacional estaba ya muy avanzada por
cuanto los curas y los sefiores no vacilaron en mu-
chas oportunidades en ponerse a la vanguardia de
los grupos. Las ciudades fueron invadidas por enor-
mes bandas a las que no podian alimentar y por lo
tanto decidieron —aunque les costé hacerlo— man-
darlas de vuelta a sus hogares. En las orillas del222. GEORGES LEFEBVRE
Dordofia y del Lot los grupos reunidos parecian
ejércitos en campafia. Cuando el 30 los puertos de
Limeuil, Tunel y Linde pidieron ayuda a Mont-
pazier, la alarma soné veinticuatro horas en toda
la region y se presentaron mAs de seis mil hombres.
Catorce curas condujeron ellos mismos a sus fie-
les. Al llegar en plena noche a la orilla del rio “la
muchedumbre se asombré al ver que al otro lado
habia mas de mil fuegos encendidos”, cuenta el no-
tario de Montaigut. Eran los campesinos de Péri-
gord, que también habfan acudido y que habian
acampado al norte del Dordofia. Entonces se empez6
a retroceder para alcanzar a los refuerzos. Al dia
siguiente, cuando pudieron entrar en contacto, ya
habia cuarenta mil hombres. Al mismo tiempo trein-
ta mil hombres encabezados por los sefiores de la
regién se habian reunido también a orillas del Lot,
en Libos y Fumel. Tales cifras despiertan nuestro
escepticismo y nos recuerdan las habituales exage-
raciones de los cronistas de la Edad Media.
Sin embargo la imaginacién popular quedé pro-
fundamente impresionada y el recuerdo del pAnico
se conservé hasta muy ayanzado el siglo xx. Du-
rante mucho tiempo para los campesinos de Aqui-
tania 1789 fue T'anno de la paou, pero fueron los
historiadores quienes generalizaron el nombre de
gran pdnico. En muchas regiones, y en especial en
Champafia, se decia solamente el miedo, el terror
panico, la alarma, el pavor.
Mientras ocurrian estos acontecimientos, circu-
laban muchos rumores que reproducian la opinién
popular sobre la fulminante propagacién del terror.
Mientras los panicos primitivos se vinculan princi-
palmente con las circunstancias econémicas y socia-
les que habian generalizado la inseguridad, estos
rumores se refieren casi siempre a las circunstancias
politicas de la época, a la huida de los bandidos de
las ciudades sublevadas y a los manejos de los aris-
LA REVOLUCION FRANCESA 223
técratas. En Vendéme, Mauges y Poitou se hablaba
de bandas de bretones —lo que se explica, sin duda
alguna, por la profunda impresién que habian pro-
yocado las revueltas de Bretafia y la actuacién de
sus diputados en los Estados generales—. En Baig-
nes, Saintonge y Dozulé (en el pais de Auge) se
acusaba a los agentes fiscales, que habian quedado
sin trabajo. Pero en el resto del reino se aludia siem-
pre a los bandidos, ladrones y condenados a galera,
y a menudo se agregaba que venfan de Paris o de
las otras grandes ciudades. Minuto a minuto aumen-
taba su numero en cada lugar: en Champniers (Pé-
rigord) primero eran dos mil, después seis, catorce,
dieciocho y, de golpe, cien mil. Al norte de Paris
se decia que atacaban los sembrados y cortaban los
granos verdes; lo mismo pensaban en algunos pun-
tos de Aquitania meridional —Montastruc-la-Con-
seillére y Saint-Girons— aunque alli agregaban que
adem4s envenenaban las fuentes y los pozos. Tam-
bién en Gramat (Quercy) se hablaba de un indi-
viduo que habia sido detenido en Figeac con ocho
libras de veneno. Pero en general se les atribuye
simult4neamente saqueos, incendios y masacres y,
en los alrededores de Uzerche, se llega hasta hablar
de individuos que llevaban mechas de azufre.
A los bandidos se agregaban las tropas reales o
extranjeras. Al sur de Paris y en Picardia se indica-
ba la presencia de hiisares. El ejército alem4n del
que se hablaba en Limagne seguramente se vincu-
laba con la reputacién del Royal Allemand, al man-
do del principe de Lambesc. El emperador aparecia
en Forges (en el pais de Caux), en Tulle, donde se
decia que estaba en Lyon y en Caylus (en el Quer-
cy). Su intervencién se explica por su_parentesco
con la reisia, pues en Forges se confundié a mada-
me de La Tour du Pin-Gouvernet con Maria Anto-
nieta. En toda Aquitania, en el Poitou y hasta en
Cheverny (cerca de Blois) Ilegan los ingleses; en224 GEORGES LEFEBVRE
Aquitania y Lemosin los espafioles. En el Delfi-
nado se trata de piamonteses, y esta versibn avanza
junto con el panico hasta Figeac, Mende y Milllau;
en Malzieu (Lozére) se dice que han desembarca-
do en la costa del Languedoc, lo que quiz4 fuera
un eco de la alarma desencadenada en Montpellier
en el mes de mayo. En Mauges y el Poitou se teme
a los polacos, que legarfan por mar. Es evidente
que la situacién geografica orienté la imaginacién
popular, pues al norte del Loira y en los alrededores
de Paris casi nunca se menciona a los extranjeros.
Pero también influyeron las lecturas, los recuerdos
de los ex soldados y la tradicién oral. En Aquitania
todavia se hablaba a veces de htingaros y moros;
silos polacos entran en escena, esto se debe sin duda
a que Luis XV habia sido suegro de Estanislao y
tampoco es dificil comprender por qué se descu-
bren bandidos genoveses al norte de Tolén. Pero
tales explicaciones sélo valen para las variaciones
locales; lo esencial, es decir, la llegada de extran-
jeros, se vincula con el complot aristocratico y las
supuestas maquinaciones de los emigrados.
En efecto, a menudo se coloca a los principes
a la cabeza de tales bandidos e invasores. En Artois
se decia que Ilegaba el principe de Condé con cua-
renta mil hombres —pero con mayor frecuencia
todavia se aludia al conde de Artois—. En Uzerche,
venia de Burdeos con dieciséis mil hombres: “su in-
tencién era disolver y dispersar la asamblea nacio-
nal, expulsar a todos sus miembros y restablecer a
su hermano con todos sus derechos y prerrogati-
vas”. Célarié, agricultor de Bégoux (muy préximo
a Cahors), es mds locuaz y mezcla sus recuerdos
clasicos con los relatos populares: “El conde de
Artois viene con cuarenta mil hombres; todos son
bandidos que trajo del reino de Suecia y otros pai-
ses del Norte. Han reclutado a todos los forzados
que han encontrado en las galeras del rey que estén
€
5
g
a
LA REVOLUCION FRANCESA 225
en los puertos de Francia y a otros criminales que
estaban en las prisiones para formar y aumentar
la tropa; se dice que el tal conde, hermano del rey,
hace todo lo posible para reunir a todos los fugi-
tivos y vagabundos del reino de Francia, como hi-
cieron los vandalos en el afio 406. Y que con este
temible ejército queria saquear a Francia y domar
al Tercer Estado, asi como quiere que el clero y
los nobles contribuyan al pago de las recaudaciones
reales.”
Con los principes aparecia asociada toda la aris-
tocracia. El comité de Mas-d’Azil escribia que se
habfa anunciado la Iegada de “algunos miles de
bandidos, xesto odioso de los asesinos de la capi-
tal, esos execrados instrumentos de la tirania y de
la infernal conspiracién”. En Puisaye se decia que
varios malintencionados “han propalado que la no-
bleza y el clero enviaban esas huestes de bandidos
para aplastar al Tercero”. Y en Saint-Girons: “Esa
tropa est4 pagada por sacerdotes y nobles, que al
ver abortar sus proyectos en Paris y Versalles, re-
solvieron sembrar el hambre en las provincias.” “La
mera suposicién de que el clero y la nobleza pro-
yectan aplastar a los habitantes de las aldeas, aun-
que esté totalmente desprovista de toda veracidad,
es muy peligrosa”, escribia el conde de Peységur al
comandante de Languedoc, quien le habia comu-
nicado que tal conviccién estaba muy difundida en
su distrito. El cura de Touget, en Armagnac, tam-
bién crefa en “esta empresa escandalosa” y con sélo
ver al prior del lugar que permanecia tranquilo en
medio del panico Ileg6 a la siguiente conclusién:
“O el tal monje no se desconcierta jam4s, o forma
parte del complot nobilium.” Tampoco el hecho de
que los sefiores participaran con gran celo en la
defensa comin contribuyé a modificar aquella opi-
nién: se decia que lo hacian para disimular y se
Jos consideraba como rehenes. Los que permane-226 GEORGES LEFEBVRE
cieron indiferentes fueron mal mirados y cuando se
descubrié que los bandidos no existian se pensé que
los nobles habian querido vengarse de los campesi-
nos jugandoles una mala pasada y haciéndoles per-
der su jornada. De aqui surgieron nuevas pertur-
baciones, a veces muy graves, de las que hablare-
mos més adelante. Por consiguiente el principal re-
sultado del gran p4nico fue profundizar el odio que
ya se sentia contra la aristocracia y fortificar el
movimiento revolucionario.
Cariruto XVI
LOS RELEVOS
A pesar de que existieron circunstancias tan fa-
vorables para su difusién, el gran pdnico no hu-
biera recarrido tantas distancias —desde Ruffec has-
ta los Pirineos, del Franco-Condado hasta el Me-
diterr4neo— si los nuevos panicos que se multipli-
caron a lo largo del camino y le sirvieron de relevo
no hubieran renovado su poder expansivo. Para dis-
tinguirlos de los panicos originales y de los panicos
del anuncio, proponemos llamar a aquéllos panicos
secundarios 0 panicos de relevo.
Muchos de ellos fueron sélo una consecuencia
més o menos directa de los panicos del anuncio. En
primer lugar, podia ocurrir que en cuanto Iegara
un mensajero trayendo la noticia de que se apro-
ximaban los bandidos, otros aparecieran de inme-
diato, desde distintas direcciones. Por ejemplo en
La Chatre, un notario de Aigurande —que a su vez
habia sido avisado por el cura de Lourdoueix-Saint-
Michel— dio la primera alarma, pero al dia siguien-
te (el 30) a las dos de la mafiana, un correo de Cha-
teauroux, que ignoraba que La Chatre ya estaba
sobre alerta, atravesé el barrio gritando que se ar-
maran —con lo que provocé la segunda alarma—.
También podia ocurrir que las medidas que se adop-
taban para la defensa en lugar de tranquilizar a la
gente la asustaran mas todavia. Muchas veces los
campesinos que avanzaban contra el enemigo fue-228 GEORGES LEFEBVRE
ron confundidos con los bandidos. Esto produjo el
segundo panico en Clermonte (en Beauvaisis), y
quiz4 también en Loriol, al sur de Valence. Al pa-
recer, el panico de Tallard (al norte de Sisteron)
tuvo el mismo origen. Cuando los habitantes de Tau-
lignan y Valréas se dirigfan a Dieu-le-Fit sembraron
el terror entre los aldeanos de Montjoyer y La Tou-
che que los vieron pasar a lo lejos. Por ejemplo, el
jardinero de la Trappe d’Aiguebelette corrié aterrori-
zado hasta Tulette; de alli la noticia se difundié
hasta Pierrelatte (sobre el Rédano), Bolléne y Saint-
Paul-Trois-Chateux, donde engendré un ‘terrible
tumulto el dfa 30 a las seis de la tarde, Lo mismo
pas6 en Orange y este pAnico avanzé hasta llegar
a Arles. Una vez alli, Tarascon se encargé de di-
fundir que Orange habia sido incendiada. En la
madrugada del 1° de agosto, fueron victimas del
mismo error algunos destacamentos organizados en
los alrededores de Saint-Jean-de-Gardonnenque (Ce-
venes) que acudian a defender la ciudad. La tre-
menda alarma que se desaté entonces recorrié toda
la montafia y de ella descendieron tres mil hombres
que asi lograron que el pAnico Ilegara hasta Mi-
lau. Como es natural, la oscuridad de la noche fa-
vorecfa tales equivocaciones. En Clamecy, después
de la primera alarma Iegada desde el norte el 29
a las dos de la tarde, y de la segunda —provocada
por la inexacta informacién de una patrulla que
anuncié que Villiers, situada al sur de la ciudad, es-
taba envuelta en Ilamas—, hubo todavia una tercera
alarma a medianoche. Los centinelas se asustaron
y gritaron al ver a los obreros del canal de Niver-
nais que venian desde Tannay; pero al volver, los
mismos obreros infundieron miedo a Amazy, donde
se oyd en el silencio de la noche el ruido de una
muchedumbre que marchaba. Por lo tanto, los al-
deanos aterrorizados corrieron a Clamecy y desper-
taron a todos los habitantes, que asf sufrieron un
LA REVOLUCION FRANCESA 229
nuevo sobresalto a las dos de la mafiana. Muchas
veces las milicias urbanas —que tenian mas fusiles
que los campesinos— desencadenaron también mu-
chas alertas al abrir fuego sin razon. Al amanecer
del dia 23, la milicia de Lons-le-Saunier que regre-
saba del castillo de Visargent, creyé conveniente ti-
rar al blanco para descargar los fusiles antes de
entrar en la ciudad. “Al ofr las detonaciones, inha-
bituales a tal hora, algunos segadores que estaban
cortando las mieses en las cercanias del bosque, le-
vantaron las cabezas y vieron uniformes rojos y
armas brillantes. El miedo se apoderé de ellos y se
dispersaron gritando: ‘;Huyamos, los bandidos han
legado!’” ¥ esto bast para que todo el Vignoble
se alterara. Con mucha frecuencia, los mismos cen-
tinelas tiraban intempestivamente y en tal caso, las
alertas que desencadenaban eran muy similares a
los panicos desatados por los ejércitos. Se decia que
en Agenais y Quercy occidental la causa inmediata
del pAnico habia sido el tiroteo iniciado en el cas-
tillo de Fumel, donde el comandante de la Guyenne
habfa enviado cincuenta hombres para defender su
propiedad. En Viviers y en Maurs se debié a algu-
nas patrullas o guardias que tiraban sobre los me-
rodeadores. En Saint-Félix cerca de Saint-Afrique,
durante una boda, algunos jévenes hicieron tiros
de fusil o de pistola en honor de los recién casados
y provocaron la alarma en Vabrais.
Las sublevaciones que acompafiaron al gran pa-
nico constituyeron naturalmente relevos mucho mAs
eficaces. Gracias a la rebelién del Maconnais la
corriente nacida de la insurreccién del Franco-Con-
dado Mlegé al valle del Loira. Al sublevar al Delfi-
nado la misma corriente gané nuevas fuerzas para
trastornar a Forez y Vivarais y alcanzar Provenza
y la region de Nimes. En Saintonge, la rebelién de
,Baignes provocé Ja segunda alarma en Montendre
y la corriente originada en Ruffec parece haber re-230 GEORGES LEFEBVRE
cibido refuerzos en los alrededores del Dordoiia
gracias a algunos incidentes que no conocemos muy
bien. El que ocurrié en el castillo de La Roche-Cha-
lais (situado sobre el Dronne al norte de Coutras)
aparece mencionado en muchos lugares en la zona
comprendida entre el Dordofia y Toulouse como
punto de partida del pdnico: se decia que alli se
habian reunido seiscientos nobles para evitar que
se les obligara a ponerse la escarapela. El Tercer
Estado habia enviado una delegacién y ellos habian
estrangulado a los emisarios, por lo tanto el pueblo
habia incendiado el castillo y todos habian muerto
quemados. Esta historia hizo enorme impresién, pero
sobre su origen no tenemos més informacién que
ja que aparece en dos cartas de aquella época: una,
de la municipalidad de Sainte-Foy-la-Grande en
la cual se dice que “no existe otra causa que algunas
disputas entre algunos miembros de la nobleza y
el Tercero”; y otra de la municipalidad de Cahu-
zac, donde se dice que habia sido informada de que
“en la vispera (el 29) hubo una revuelta en Sainte-
Foy y en La Roche-Chalais, por problemas de la
cosecha”, No cabe duda que si hubiera ocurrido
una. sublevacién en Sainte-Foy, la municipalidad
no hubiera dejado de mencionarla en su carta, pero
quiza si la hubo en La Roche-Chalais. En Domme
la causa del tumulto se atribuyé a la sublevacién
de cuatro parroquias de los alrededores de Limeuil
“que arrasaron el castillo del sefior de Vassal, si-
tuado entre Limeuil y Le Bug”. Este rumor se di-
fundié hasta Cahors, pero no existe nada que lo
confirme e ignoramos su fuente. Tampoco sabemos
mucho sobre otros rumores no confirmados: el que
corrié en Lauzerte sobre la toma de los castillos de
Biron y de Monségur en Agenais, y el que nos ha
trasmitido Durand, secretario del senescal de Cas-
telmoron, en Gensac: “Acabamos de enterarnos que
unos quinientos jévenes de Angulema Ilegaron tran-
LA REVOLUCION FRANCESA 231
quilamente hasta el castillo de Saint-Simon y lo
quemaron. Una vez terminado su cometido se reti-
raron también tranquilamente. Esta es la causa de
nuestra alarma.” También algunos actos de pillaje
originaron las alarmas locales. En Tannay, en Ni-
vernais, después de una segunda alerta cuya causa
desconocemos, el 30 a las nueve de Ia noche legaron
los habitantes de Asnoix y provocaron la tercera:
“mas de novecientos hombres escapados de las obras
del canal de Chatillon saquearon las casas para
comer, pues decian que tenian hambre”.
Otra categoria de hechos nos retrotrae a las cau-
sas que ya hemos atribuido a los panicos originales.
En Loches, luego de que llegara la noticia transmi-
tida desde Tours de que se aproximaban los ban-
didos (el 27), y antes que llegara desde el sur la
corriente iniciada en Ruffec, el 29 se declaré un
panico local: venia remontando el Indre y al pa-
recer tenia su origen en los tumultos desencadena-
dos en Azay-le-Rideau y Montbazon a causa del
robo de granos, pero se habia amplificado porque
simult4neamente la milicia de Isle-Bouchard sem-
braba la inquietud en los alrededores de ese burgo
al requisar los granos de los ladrones. Del mismo
modo en Clamecy una alarma tardia se desencade-
né a comienzos de agosto. Lo mismo que en Sois-
sonnais y Montmorency, tuvo su origen en una que-
rella ocurrida entre un arrendatario y sus peones
por cuestiones de salarios. Varias aldeas se asus-
taron y tocaron la alarma. En las proximidades de
los bosques era mas frecuente el miedo a los va-
gabundos. Una tercera alarma se desaté en La
Chatre porque una patrulla habia arrestado aun
sirviente sin trabajo que merodeaba por alli, sin
dinero ni papeles y que —lo que parecié mucho mas
sospechoso atin— Ilevaba una larga barba. En Li-
moges una de las tantas alarmas que alli ocurrieron
se debié a unos lefiadores del bosque de Aixe que232 GEORGES LEFEBVRE
huyeron al ver algunos extranjeros que por la ma-
fiana temprano daban vueltas por alli y “observaban
los senderos”. Otro panico en La Queuille (al pie
de los Démes) se produjo porque se encontré seis
mendigos escondidos en un bosque, y en Forcal-
quier, porque habia tres familias en el bosque de
Volx. La tarde del seis de agosto los montafieses
avanzaban sobre Lourdes para socorrerla cuando
algunos pastores, que vieron a lo lejos unos contra-
bandistas, enviaron un emisario para avisarles que
los bandidos estaban en los valles, El mensajero
seguia hasta Lourdes a terminar su tarea. Natural-
mente, desencadené la cuarta alarma del 6 de agos-
to. La circular del comité de Uzerche, fechada el
16 de agosto, que informa a los campesinos sobre
los resultados de una investigacién respecto de las
causas del panico y los previene contra los temores
injustificados, cita algunos ejemplos interesantes.
En Chavagnac “al ver de lejos al guarda y al pes-
cador del conde de Saint-Marsault que tenian cada
uno su fusil” y que iban a comprar tabaco, un mu-
chacho de dieciséis afios que estaba trabajando en
el campo los tomé por bandidos. El 12 de agosto,
cuando la comisién de encuesta estaba llegando a
la misma aldea, una mujer que la vio salié huyen-
do, Al alcanzarla, confesé que iba a dar la alarma.
El mismo dia en Saignes algunos nifios desataron
una alarma porque habian visto que la sirvienta y
el sobrino del cura de Chamberet entraron en un
granero para descansar. El 13, un habitante de
Saint-Ybard, sorprendido por la lluvia en la noche
cerrada, llamé a la puerta de un campesino de Sain-
te-Eulalie para pedir asilo: de inmediato comenza-
ron a pedir socorro.
Finalmente, podemos agrupar en una ultima serie
los hechos que derivan de la autosugestién. El ga-
nado suelto por los bosques o que levantaba una
polvareda en los caminos o barbechos provocé mu-
LA REVOLUCION FRANCESA 233
chos panicos. En Chatillon-sur-Seine ocurrié asi gra-
cias a un vicario de la parroquia de Saint-Jean; en
Rochechouart, por obra de un postillén; en Limo-
ges, por intermedio de un tesorero de Francia que
habia partido hacia Aixe para descubrir a los ban-
didos. El resplandor de los hornos de cal, el humo
de las hierbas que se quemaban en los campos, el
reflejo del sol poniente en los vidrios de un castillo
bastaban para que muchos se convencieran de que
los bandidos habian iniciado los incendios: esto
pasé en Saint-Omer, en Beaucaire —donde el 30
se vio el castillo del rey René en llamas, al otro lado
del Rédano— y en Saint-Félix (Vabrais). Poco a
poco se llega hasta los incidentes mds insignifican-
tes, En Villefranche-de-Rouergue, un centinela se
asust6 al paso de una carroza que avanzaba de no-
che; en Choiseul, Bognot vio llegar a un labrador
que creia haber visto a los bandidos en los bosques
“a la incierta luz de la luna”. El 2 de agosto, cuan-
do entraba en la zona brumosa de los alrededores de
Saint-Girons, el sefior de Terssac encontré a un mu-
letero que avanzaba a todo galope gritando: “jLos
enemigos! ;Los enemigos!” “E] oia tambores y trom-
petas pero yo no ofa nada.” Terssac bajé de su ca-
ballo y traté de averiguar qué le habia causado tanto
miedo. “Eran algunos segadores que cantaban mien-
tras trabajaban al borde del camino... No vi ni
oi ninguna otra cosa. Sin embargo, la noche esta-
ba calma y el tiempo sereno.”
Agreguemos que el 27 de julio, un mozo de cor-
del declaré ante el comité de Besancon que el dia
anterior al volver de Vesoul los bandidos lo habian
arrastrado hasta un bosque “donde habian matado
a un guarda, quemado lefia y cocido dos tiras de
tocino”, mientras hablaban de las incursiones que
pensaban hacer contra una abadia y algunos cas-
tillos, El mismo se ofrecié como guia para llevarlos
alli, pero todas las buisquedas fracasaron. Finalmen-234 GEORGES LEFEBVRE
te confesé que habia inventado ese cuento y fue
condenado a ser engrillado, Aunque se ha hablado
tanto de ellos, éste es el tnico transmisor de falsas
alarmas —consciente por supuesto— que hemos en-
contrado.
TE eS a ee
Cariruto XVII
LAS CORRIENTES DEL
GRAN PANICO
Si se imagina que el gran p&nico se propagé
desde Paris hacia las provincias en ondas concén-
tricas, se supone también, como es légico, que si-
guid las grandes rutas naturales que la configura-
cién del suelo trazé en Francia. Y por ejemplo, se
dirfa que desde Paris a Burdeos siguié el valle del
Loira aprovechando la apertura del Poitou, 0 que
desde Paris a Marsella siguié el cauce del Saona
y el Rédano.
Pero la realidad es muy distinta: sélo dos co-
rrientes afectaron a la capital y en lugar de salir
de ella se dirigieron hacia ella. Lo que ocurrié nor-
malmente fue que el valle del Loira, en lugar de
ofrecer cauce para que corriera el panico, fue abor-
dado por él, ya viniera de Gatinais (desde més arri-
ba de Orledns) o del Maine (Bois o Tours). La
brecha del Poitou lo vio pasar, pero yendo del sud-
oeste al noreste, de Ruffec hacia Turena. Y no
avanz6 desde el Franco-Condado hacia el sur por
el Saona, sino a lo largo del Jura. Por su parte, el
Valle de] Garona no tuvo la menor intervencion en
su propagacién.
Al contrario de lo que se podria suponer, las mon-
tafias no fueron polos de repulsa. El panico de Ruf-
fec atravesé el Macizo Central para llegar a Au-Fic, 4: Las corrientes del gran pAnico.238 GEORGES LEFEBVRE
vernia; desde Maconnais y Lyonnais alcanzé di-
rectamente Limagne franqueando crestas y valles;
desde las orillas del Rédano penetré en Lozére y
Causses. Es cierto que para llegar desde el Delfina-
do hasta Provenza siguié el curso del rio, pero tam-
bién Ilegé a esta provincia desliz4ndose a través
de los Alpes. También cabria esperar alguna dife-
rencia entre las regiones de habitat disperso y aque-
Ilas que tenian sus aldeas concentradas, pero no fue
asi: el panico se propagé en el bajo Maine y en
Mauge de la misma manera que en Picardfa o en
ja Champafia 4rida.
Esas anomalias se explican por el origen de los
panicos y la forma en que se propagaron. Como na-
cieron a causa de incidentes locales que se produ-
jeron al azar y de inmediato se propagaron en los
alrededores, en general no encontraron a su dispo-
sicién las rutas naturales que hubiéramos esperado
que tomaran. La poblacién que se alarmaba pedia
ayuda a la ciudad més proxima o creia que su deber
consistia en advertir a la regién limitrofe; por lo
tanto, los obstdculos no la detenfan fdcilmente y
era més factible que un rio sin puente limitara su
impulso y no que lo hiciera la montafia. Adem4s, su
propagacién fue discontinua: se hizo de una mu-
nicipalidad a otra, de cura a cura, de sefior a sefior,
y no de manera continua, de casa en casa. Cuando
la autoridad tocaba a rebato los habitantes de una
parroquia de Mauges se reunian tan r4pido como
los de una aldea picarda.
Sin embargo, no hay que exagerar esta indiferen-
cia geografica. Cuando pudo hacerlo, el panico to-
mé por los valles —por ejemplo el de Champajia
y el del Rédano de Valence a Arles—o las otras
tutas tradicionales, como por ejemplo la transver-
sal que siempre unié Poitou con Berry a lo largo
del Macizo Central, la que une Limoges a Toulouse
a través del Perigord y Quercy o la que va de Cou-
LA REYOLUCION FRANCESA 239
tras al Béarn pasando por Agenais y Armagnac. Por
otro lado, si bien la montafia no detuvo su propa-
gacion, esto ocurriéd sélo si no se trataba de un
monte demasiado desolado o abruto. Por ejemplo,
la meseta de Millevaches, los altos macizos alpestres
© los del Diois fueron simplemente contorneados,
del mismo modo que el alto Vivarais y los Cevennes
fueron abordados, no franqueados. En otras oca-
siones pareciera que el pdnico se ahoga al subir
Jas pendientes; esto pasé en Champafia cuando su-
bid a la Céte-d’Or. Por ultimo, las regiones desier-
tas o muy poco habitadas permanecieron indemnes,
lo que parece bastante légico, pues de ellas no se
podia recibir ayuda, y esto pasd con Salogne, Lan-
des y Dombes. La zona de Double parece haber
desempefiado un papel muy importante a este res-
pecto: desde Angulema el panico se desliz6 hacia
Périgord y no hacia el pafs girondino, y sélo fran-
queando el Dordofa més arriba de su confluencia
de Isle pudo alcanzar el Agenais.
Es imposible seguir aqui paso a paso las diferen-
tes corrientes del gran pdnico sin cansar al lector
con enumeraciones fastidiosas, sin contar con que
su marcha —expresada en el mapa— tiene aun mu-
chas lagunas debido al estado actual de la docu-
mentacién. Sin embargo es importante dar una idea
de su trayecto e indicar algunos de los problemas
que se plantean para que los mediten e investiguen
los estudiosos locales.
vy
El pdnico de Mauges y del Bocage potevino fue
el primero cronolégicamente hablando, pero es aquel
del que menos conocemos, y como los archivos fue-
ron destruidos en gran parte durante la guerra de
la Vendée, es de suponer que nunca se pueda saber
mucho més de él. Fue el contragolpe del panico240 GEORGES LEFEBYRE
de Nantes, que se desaté el 20. Como al norte del
Loira no se habla de él, es probable que haya na-
cido al sur, en toda la zona comprendida entre el
Sévre y el lago de Grandlieu, el 20 a la tarde o en la
mafiana del 21. La primera mencién que encontra-
mos se refiere a su paso por Crisson. Desde alli
ascendié los valles de Sévre y Moine, llegé a Cholet
el 21 después del mediodia y un mensaje privado
enviado desde Baissay asi como los mismos dipu-
tados de Cholet Ievaron la noticia a Mortagne esa
misma tarde. Desde esta ciudad se irradié en toda
Ja regién de Mauges: lo encontramos en Saint-Lam-
bert-de-Lattay el 22 (venia de Cremillé); legé a
Maulevrier el 21 por la tarde y al dia siguiente todo
el pais estaba en ascuas, hasta Thouars, Airvault,
Bressuire y Parthenay. También se expandié hasta
el sur del Sévre, donde Chataigneraie lo recibié el
22. Ese dia el panico alcanzé el méximo y durante
mucho tiempo su recuerdo quedé asociado con la
fiesta de Santa Magdalena que se celebra el mismo
dia. Pero el 23 siguié su camino hacia el sudeste.
A la madrugada tocé Secondigny y provocé los
tumultos a los que Taine dio tanto renombre. Segin
parece, el mismo dia llegé el eco de estos sucesos
desde Parthenay a Poitiers y a Saint-Maixent. Es
posible que también resultara afectado el centro
del Bocage pues en Herbiers se contaba que los
bandidos habian quemado Légé y Montaigu. La no-
ticia lleg6 también a Fontenay-le-Comte pero se-
gin parece en la regién maritima de Bourgneuf aux
Sables y Fontenay sélo se temia a los bandidos y
no sufrieron el panico. Hacia el este el Area de pro-
pagacion quedo limitada por el Layon y el Thouet:
gracias a la cual Ja Ianura potevina permanecié
indemne. Lo mismo ocurrié hacia el sur: si la agi-
tacién del Bocage hubiera aterrorizado a la Ianura
se lo hubiera encontrado natural. En realidad, todo
sucedié como si la oposicién existente entre las dos
LA REVOLUCION FRANCESA 241
regiones hubiera impedido la contaminacién de la
“buena” regién.
El panico del Maine nacié casi al mismo tiempo
—probablemente el 21 por la mahana— pues la pri-
mera mencién que encontramos lo muestra entran-
do a Bonnétable ese mismo dia a las tres de la
tarde. Venia desde La Ferté-Bernard y Nogent, qui-
za de Nogent-le-Bernard, al noreste de Bonnétable.
No conocemos su punto de partida pero es casi
seguro que su antecedente inmediato fueron las
noticias que circulaban sobre las continuas revueltas
que se desataban en los mercados del Eure y del
Avre, Chartres, Dreux, Nonancourt y Verneuil y
también en Laigle. Ya hemos hablado de la carta
del intendente de Chartres; pues bien, en Mamers
Tleg6 otra (el 24) en la que se anunciaba que en
Dreux y Verneuil habian pasado mds de dos mil
bandidos que habian causado muchos dafios y “que
se habfan destruido ms de cuatro mil”. Desde Bon-
nétable el pdnico siguié hacia el norte atravesando
el Perche por Belléme, Mortagne, Moulins-la-Marche
y Laigle y el 23 ya se lo conocia en Evreux. Pero
se propagé sobre todo hacia el oeste. E] 22 avanzé
hacia el Sarthe: apareci6 en Mamers y Ballon a las
nueve de la noche, en Mans a la tarde; un correo
lo llevé desde esta ciudad hasta La Fléche la noche
del 22. El jueves 23, “el jueves loco”, toda la regién
desde Alencon hasta Mans estaba agitada mientras
al mismo tiempo la corriente atravesaba el bajo
Maine desde el Sarthe a Mayenne, donde se difun-
dié en todas partes (Lassay, Mayenne, Laval y Cha-
teau-Gontier) al final de ese mismo; el cura de Bri-
lon conservé muy bien el recuerdo de su paso. Hasta
entonces el alto Maine habia permanecido indem-
ne. Pero el 23 ocurrié en Ballon un incidente muy
grave: los campesinos masacraron a Cureau, lugar-
teniente del alcalde de Mans, y a de Montesson, su
yerno. Esos asesinatos parecen haber engendrado242 GEORGES LEFEBVRE
una segunda ola de pdnico, de tal modo que des-
pués del “jueves loco” hubo un “viernes loco”. En
Mortagne todas las caracteristicas del panico apa-
recieron el 24, y esta vez todo el Maine se sacudié
mientras el valle del Loir fue alceanzado desde Cha-
teau-du-Loir hasta Vendéme pasando por Saint-
Calais, la noche del 23.
A través de Craon el panico del Maine, salido de
Chateau-Gontier, alcanzé el oeste del Mayenne; el
24, por caminos diversos, salié de Laval y Mayenne
hacia las forjas de Port-Brillet y La Gravelle donde
los agentes fiscales alertaron al comité de Vitré.
También hacia el sur se expandié hasta mds del
Loir. El panico alcanzé Tours el 24 atravesando
Neuvy-le-Roy; el 27 Ilegé de nuevo desde Vend6-
me por la ruta de Chateaurenault; y desde Vendéme
también se dirigié a Blois. Al parecer Tours fue el
punto de partida de una corriente secundaria que
remont6 el valle del Loira por la margen izquierda:
pas6é por Ambroise el 25 y el mismo dia se difundié
en el Blésois meridional —sus efectos fueron des-
criptos por el sefior de Cheverny en sus Memo-
rias— y gané el valle del Cher a la altura de Saint-
Aignan. Desde Tours hasta Angers es posible que
Ja noticia fuera levada a los habitantes de Val por
intermedio de Sablé y de La Fléche pero por el
momento carecemos de documentos que informan
su repercusién. Al contrario de lo que se podria
esperar, nada indica que una €orriente hubiera des-
cendido el Loira desde Tours pues el 25 Langeais
pidié informaciones sin mencionar el pAnico. Pero
desde Tours el movimiento Ilegé hasta el valle del
Indre y culminé en Loches el 27. Hacia el noreste,
luego de atravesar el Perche el pAnico recibié nue-
vas fuerzas al descender el valle del Iton por Bre-
teuil y Damville. En la Ianura de Saint-André y
en la regién de Ouche sélo se ofa hablar de tumul-
tos que ocurrian en las zonas circunvecinas. La in-
LA REVOLUCION FRANCESA 243
surrecci6n de Ruan (del 12 al 14 de julio) fue atri-
buida por el comité de Evreux a los bandidos
legados de Paris y despert6 grandes temores. Lo
mismo pasé en Louyiers, en donde el 22 se pidie-
yon canones a Evreux para proteger las manufactu-
ras. A lo largo del Sena los convoyes con granos
estaban permanentemente amenazados y algunos
dias después (entre el 26 y el 28) el saqueo de un
barco en el dique de Poses casi provocé la guerra
civil entre los habitantes de Louviers y los de El-
beuf que habian tratado de impedirlo. Desde el 18
al 23 hubo tumultos casi constantes en Laigle, Ver-
neuil, Nonancourt y Dreux. También hubo sacudi-
das violentas el 24 en Evreux y sus alrededores.
Estas llegaron hasta Pont-Audemer pasando por
Le Neubourg y el comité de Evreux prolongé su
duracién al enviar la circular que ya hemos citado.
Desde el nacimiento del Rille, la alarma se pro-
pago también en el Lieuvin y por Orbec alcanzé
Lisieux el 24, y luego Pont-lEvéque. También des-
cendié el valle del Avre: el 27, Nonancourt informé
que cundia el panico en todos lados desde el 23;
corren rumores de que la ciudad iba a ser incendia-
da y que unos seiscientos 0 setecientos hombres ven-
drian a abrir las prisiones y pasar todo a sangre
y fuego. Recorrié también el Thimerais y de Cha-
teauneuf Mega a Dreux, el 24 al mediodia.
Sin embargo sabemos que no franqueé el Eure
y no penetré en Mantois, Es dificil que no Megara
a Perche Gouét, pero se nos ha dicho que en los
archivos de La Ferté-Bernard, Nogent-le-Rotrou y
Chateaudun no hay datos para este periodo. Ni la
regién orleanesa ni Sologne resultaron afectados,
y Loches es el limite extremo de su expansion hacia
el sur. Por el oeste no superé el valle del Auge y
ni el Bocage normando ni el bretén resultaron afec-
tados y se detuvo en Vitré; segiin parece en La Guer-244 GEORGES LEFEBVRE
che y Ch&teaubriant oyeron hablar del p4nico, pero
nada mas.
Por consiguiente el gran panico, tal como lo he-
mos definido, no se produjo ni en Bretafia ni en
Baja Normandia, aunque, por supuesto, también alli
se tenia miedo a los bandidos. En Bretafia la alar-
ma de Vitré hizo mucho ruido, tal como lo atesti-
gua el discurso que el Iugarteniente del alcalde
pronuncié ante la asamblea de habitantes de Les-
neven el 29 de julio: “Se urden tramas, se forman
complots, aprovechando los tumultos, bandas de
malvados intentan saquear las pequefias ciudades.
Hay algunas cartas privadas que indican que sobre
todo La Gravelle y Vitré han estado a punto de ser
saqueadas.” Es probable que provinieran de la mis-
ma fuente las observaciones que se hicieron el 3
de agosto en la asamblea de la parroquia de Baud
—situada entre Pontivy y Lorient— sobre “las alar-
mas que provocan en los alrededores las tropas de
bandidos, que son tan numerosas que més de dos-
cientos hombres tuvieron que reunirse estos Ultimos
dias para darles caza. Pero al ser alejados de las ciu-
dades, es de temer que esos desdichados se echen
sobre las campafias”. También en la asamblea de
Paimpol (reunida el 6 de agosto) se contaba que
una tropa de malhechores salidos de Paris se ha-
bia diseminado por las provincias. Sin embargo,
es posible que en Baud se hubiera tenido noticia de
una alarma que al parecer se desaté en la ciudad
de Vannes cuando se supo que algunas tropas ha-
bian sido avisoradas en la region de Sarzeau y Theix,
por lo cual se habian pedido a Lorient dos mil fu-
siles y se los obtuvo, Pero se produjo a fines de
julio, no tiene relacién directa con los panicos del
oeste y probablemente se explique por los rumores
relativos al complot de Brest.
En el Bocage sublevado, sélo hubo conmociones
locales en La-Ferté-Macé y Lassay. La revuelta
LA REVOLUGION FRANCESA 245
agraria produjo gran sensacién en Baja-Normandia.
En Cairon, cerca de Caen se organizaron patrullas
para el caso en que “los bandidos vinieran del Bo-
cage hacia la llanura”; en Sap se cred una milicia
el 22 de julio; el 24 los nobles de Vire invocaron
“Jas alarmas” para no acudir a la asamblea de su
orden convocada en Caen; los habitantes de Littry,
dirigidos por el director de las minas de carbén,
vigilaron de cerca el bosque de Cérisy, donde se
decia que habia bandidos. Los burgueses de Ba-
yeux esbozaron un moyimiento de panico al anun-
ciar a Caen (el 24) y a Carentan (el 26) que los
bandidos rondaban las ciudades, y no se sabe si
lo hicieron. porque los habfan alarmado las noti-
cias llegadas de Littry, o porque todavia actuaban
bajo la impresién causada por la revuelta que en
su propia ciudad se habia desatado como conse-
cuencia del arresto del duque de Coigny, a quien
el teniente del bailiazgo habia autorizado a embar-
carse, Pero no hubo panico y tampoco se propag6.
Por fin el 27 hubo una alarma local en Cherburgo,
cuando se anuncié que habia bandidos en la ruta
de Valogne. Fue bastante aguda pero no tuvo ma-
yores consecuencias. Como ya hemos dicho, el he-
cho de que Bretafia resultara tan escasamente afec-
tada fue atribuido a la organizacién anterior, y por
lo tanto mas sélida, de la burguesfa a partir de las
sublevaciones de 1788, pero es més dificil de com-
prender que la revuelta del Bocage no hubiera
originado una corriente de panico a través de Ba-
ja Normandia.
wy
Los pdnicos del este y el sudeste se vinculan
siempre con la revuelta del Franco-Condado pero
la filiacién es m4s o menos sélida segtin los casos246 GEORGES LEFEBVRE
y la propagacién no tuvo el mismo éxito en todas
las direcciones,
En el interior mismo de la zona insurrecta, al
norte del Doubs, no hubo panico. Hacia el oeste,
més alld de la ruta de Gray a Langres, se mencio-
na un solo ejemplo, que tuvo lugar en Chazeuil
(al este de Is-sur-Tille), pero no hay detalles ni
fecha precisa y ni siquiera un indicio que nos per-
mitieran pensar que se hubiera propagado. Lo tni-
co que se dice es que existfa el temor a los bandi-
dos. Probablemente este rumor se extendié hasta
Dijon y por eso el 26 de julio se hablaba alli de
masacrar a los privilegiados. La misma inquietud
aparece en las pendientes laderas de la Céte-d’Or
y en la meseta de Langres: en Montbard el 25 de
julio se denunciaron los asaltos provocados “con
el pretexto de sostener al Tercer Estado”; més al
sur, en Amay-le-Duc, las noticias del Franco-Con-
dado debieron combinarse con las del MAconnais
pues el 26 se organizaron micilias al correr el rumor
de que en diferentes provincias los bandidos “ata-
caban los castillos y los quemaban y obligaban a
pagar contribuciones a las personas mas acomoda-
das”. También la alarma que se declaré el 25 a las
tres de la tarde en Chitillon-sur-Seine puede rela-
cionarse con la del Franco-Condado, pero ésta tam-
poco se propagé. Por lo tanto hacia este lado no
hubo gran panico propiamente dicho. Es probable
que ocurriera lo mismo en Bassigny, y también Lan-
gres debié haber sentido fuertes conmociones, pero
sus archivos han desaparecido y no sabemos nada
de lo que pasé entre esta ciudad y Chaumont. Sélo
hemos comprobado que esta Ultima también oyé
hablar de los bandidos.
Hacia el norte Beugnot sefialé una sola alarma
en Choiseul (alto valle del Mosa) y su autor fue
un habitante de Colombey que creyé ver los ban-
didos a la luz de la luna —como ya lo hemos rela-
LA REVOLUCION FRANCESA 247
tado— y acudié anunciando que se aproximaban.
Beugnot la ubica en los primeros dias de agosto,
pero sabemos que el 2 se. desaté una alarma en
Sérécourt y Morizécourt, donde dos abadias ha-
bian sido amenazadas, y que la milicia de Lamar-
che habia acudido a socorrerlas. Cabe suponer en-
tonces que de alli partié el rumor que se difundié
en Colombey. Es cierto que Beugnot indica que
el hombre habia recibido la informacién de un
habitante de Montigny, pero quizd se trata de un
error o de un defecto de impresién, pues seria mas
adecuado decir Martigny ya que esta aldea esta
cerca de Lamarche. Si se trata realmente de Mon-
tigny-le-Roi, el rumor se vincularfa con las suble-
vaciones del valle del Amance. Sea como fuere,
Beugnot no hace la menor alusién a la propaga-
cién del panico de Choiseul, ya fuera hacia Neuf-
chateau o hacia Chaumont, por lo cual podemos
estar casi seguros de que el panico se extinguid en
el lugar de origen. Gracias a la firmeza de la mu-
nicipalidad de Remiremont —o al menos asi pode-
mos suponerlo— la incursién que realizaron los ha-
bitantes de Vége no dio origen a una nueva co-
triente de pénico aunque Lorena estuvo muy in-
quieta: en algunos lugares estallaron revueltas agra-
rias y corrié el rumor de que Remiremont y Plom-
biéres habian sido saqueadas. La municipalidad
de Blénod-lés-Toul recibié una carta en que asi
lo decia pero no conocemos su origen. De todos
modos alli tampoco hubo gran panico en sentido
especifico. El Barrois estuvo aun més _convulsio-
nado por las revueltas frumentarias de Bar-le-Duc,
Revigny y Ligny y por las sublevaciones agrarias
de Waly (al norte de Triaucourt) y de Tréveray
(sobre el alto Ornain). Pero, lo mismo que en Lo-
rena, todo parece haberse limitado al temor a los
bandidos y a las medidas de seguridad adoptadas
corrientemente. Segtin las Memorias del lugarte-248 GEORGES LEFEBVRE
niente del bailiazgo de Varennes, Carré de Malberg,
a comienzos de agosto hubo gran inquietud en
Argonne y Verdunois pero no se vinculaba con la
del Franco-Condado pues se decia que “grupos de
bandidos que venian del extranjero se habian echa-
do sobre Francia hacia el Mosa inferior”. En €fec-
to, la municipalidad de Ivoy-Carignan informé algo
después que “algunas personas malintencionadas se
habian dedicado a difundir el rumor de que se ha-
bian reunido mas de cuatrocientos bandidos que
amenazaban con infectar esta frontera y especial-
mente esta ciudad... de inmediato se dedujo que
los agentes fiscales que habian sido expulsados que-
marian las cosechas”. En este relato reaparece el
eco de las revueltas de la regién de las Ardenas y
puesto qtie repercutiéd hasta Argonne, es posible
que hubiera existido el pénico, pero las menciones
que acabamos de citar no bastan para asegurarlo.
Por otro lado, serfa bastante inverosimil que se hu-
biera producido sin que su contragolpe no se hu-
biera sentido en Vedun y en Metz, y da la casuali-
dad que estas dos ciudades no muestran el menor
rastro del panico.
De esto se puede sacar la conclusién de que la
onda nacida en el Franco-Condado se rompié contra
el talud que Lorena y la cuenca parisiense dibujan
por encima de la Ianura de Saona, mientras que en
cambio pudo expandirse con mayor libertad hacia
el sur y por la puerta de Borgofia. En efecto, al este,
el pénico se manifesté en Belfort, Montbéliard y el
Sundgau. El 24 de julio soné la alarma desde Bel-
fort hasta Altkirch y los campesinos corrieron a so-
correr a Belfort, donde una nueva alarma se produjo
el 26 a la mafiana. También hubo varias en Mont-
béliard. El panico de Sundgau preparé la rebelién
del 28, pero no se propagé en alta Alsacia. En esta
zona las revueltas agrarias s6lo provocaron algunas
alertas locales como la que ocurrié en Colmar el 24
LA REVOLUCION FRANCESA 249
y en Mulhouse el 31. Tampoco aparecieron en baja
Alsacia, por lo que parece que el terror de Sundgau
se expandié de preferencia hacia el obispado de
Basilea. Por ejemplo, sabemos que en Porrentruy se
tomaron medidas de seguridad y se cerré la fron-
tera y que en Basilea se desencadené la alarma ante
los pedidos de ayuda enviados por el principe re-
gente de Montbéliard, que venian a reforzar un ru-
mor desatado el 1° de agosto gracias a una carta de
Pierre Ochs en la que se decia que los campesinos
de Brisgau habian adherido a la sublevacién y de-
clarado que ya no pagarian impuestos ni aceptarian
el reclutamiento.
El gran poder de conmocién de Ja revuelta del
Franco-Condado se manifesté especialmente hacia
el sur, aunque no parece muy seguro que el gran
panico haya nacido por su impulso directo. Es cier-
to que el 26 de julio se declaré un panico en Marnay
sobre el Ognon y que el cronista Laviron relata
que también se desat6 en Besancon (aunque no
indica la fecha), pero las aldeas situadas al norte
de Marnay permanecieron bastante tranquilas. Pin
se limité a enviar algunos emisarios para requerir
informaciones (el 26) y poseemos las respuestas
que recibieron: Gy y Frétigney habian tomado las
armas pero no mencionan ninguna alarma, y en
Oiselay reinaba la calma. Ademas en ‘Gy y Frasnes
dijeron que los tan mentados bandidos no eran
mas que campesinos de la zona que sdlo atacaban
a los sefiores. Tampoco al sur del Marnay aparece
el menor rastro de panico. Pero todo fue muy dis-
tinto al sudeste de Besangon, pues en la meseta de
Omans la revuelta agraria fue provocada por un
panico que obligé a los habitantes a descender de
la montafia.
El gran pAnico se desaté sobre todo a causa de
las advertencias enviadas por las autoridades y de
algunos incidentes locales que parecieron justificar-250 GEORGES LEFEBVRE
las. La primera en adoptar esa actitud fue la muni-
cipalidad de Vesoul que, apenas ocurrido el inciden-
te de Quincey, supuso que el sefior de Mesmay se
habia refugiado en casa de su suegra, en el castillo
de Visargent, en Bresse, un poco al norte de Lou-
hans. Se apresuré a informarlo a la municipalidad
de Lons-le-Saunier, la cual a su vez expidié el 22 un
fuerte destacamento, La pesquisa no tuvo ningin
resultado y en la madrugada del 23 el grupo retorné
a su ciudad. Al aproximarse a Nance los soldados
improvisados sembraron el panico al disparar al-
gunos tiros de fusil a la entrada de un bosque. In-
mediatamente se desaté un terrible paénico en todos
los alrededores: cinco mil hombres acudieron a
Bletterans y tres mil a Commenailles; ascendié por
el valle del Seille hasta llegar a Lons-le-Saunier, don-
de se decia que diez mil hombres se habian reunido
al anochecer y desde alli se difundié por todo. el
Vignoble. Podemos seguir muy bien su marcha ha-
cia el noreste, pues pasd por Mantry y Poligny y
llegé el 23 a la una de la tarde a Arbois y Salins.
También se dirigié hacia Déle, que habia sido pues-
ta sobre aviso por el sefior de Deschaux, Alli, como
la noticia venia de Bresse, se pensd que los ban-
didos debian haber salido de Borgofia y asi lo con-
taron en Langeron. A su vez Besangon envié ciento
cincuenta hombres a Déle y es muy posible que el
panico sefialado por Laviron tuviera ese origen.
También es posible que el panico de la meseta de
Ornans no haya sido otra cosa que la prolongacién
del de Visargent, llegado desde Salins a la monta-
fia, lenta pero directamente, o utilizando a Besan-
gon como intermediario.
Pero las circulares de Langeron de las que ya
hemos hablado, tuvieron efectos aun més notables.
Las sublevaciones agrarias del alto valle del Doubs
les sirvieron de confirmacién y a su vez explican
algunas alarmas locales, tales como las de Rochejean
LA REVOLUCION FRANCESA 251
y Morez, que son inseparables de ellas. También
los suizos sufrieron idénticas conmociones, tanto mas
por cuanto Berna recibié un pedido de ayuda del
regente de Montbéliard y Saint-Claude rog6 a Gi-
nebra que le enviara armas. Por lo tanto hicieron al-
ganas batidas en el bosque a todo lo largo de la
frontera.
También la municipalidad de Bourg explicé el
panico que la afligié el 25 por la mafiana por las
circulares de Langeron: “venia de la frontera de
Bresse, del lado del Levante”, mds precisamente del
yalle del Ain; “al recibir esta advertencia las pa-
rroquias hicieron sonar la alarma y el terror se di-
fundié de aldea en aldea”. Los rumores que circu-
laron en Bresse indican que el centro de dispersién
fue la parroquia de Pont-d’Ain, punto neurdlgico
donde desemboca la quebrada de Ambérieu por
donde pasa la ruta de Saboya, a lo que se agregaba
el hecho de que desde comienzos de mes se habla-
ba de una invasién de los saboyanos. Sin embargo
la contaminacién sefialada por la municipalidad de
Bourg también pudo venir del norte. En efecto,
parece dificil que el pénico del Vignoble no en-
contrara ningtin eco hacia el sur. Entre las comu-
nas saqueadas se cita a veces la de Toirette, ubicada
mas al norte, cerca de la confluencia con el Bien-
ne. Por lo tanto el pAnico debié avanzar desde
Lons-le-Saunier a lo largo del Revermont, pasando
por Orgelet y Arinthod, lo que no excluye la exis-
tencia de algtin incidente local que hubiera conver-
tido a Pont-d’Ain o a d’Ambérieu en un centro de
vibraci6n.
Desde Pont-d’Ain el panico se desplegs en aba-
nico hacia el oeste: el 25 a las tres de la mafiana
estuyo en Simandre (al noreste), desde alli siguid
hasta Trefort el 26 por la mafiana y hasta Coligny
durante ese dia; el mismo 25 fue desde Bourg a
Pont-de-Vaux y a MAcon, desde donde penetro en252 GEORGES LEFEBVRE
el MAconnais; por fin descendié el Ain y Ilegé a
Meximieux, Montluel y Miribel. Meximieux pidid
auxilio a Lyon, que le envié algunos dragones. Ha-
cia el este llegé hasta la parroquia de Saint-Rambert
y de ese modo entré en Bugey: Belley lo sintié el
28 de julio y desde alli la corriente remonté el
Rédano por Seyssel hasta el Michaille (en la desem-
bocadura del Valserine), luego tomé por Valromey,
desde donde el panico llegé a Gex: a medida que
rehace el camino hacia el norte parece atenuarse
y convertirse en un simple temor a los bandidos.
Contornea las altas cadenas del Jura meridional
—alli Nantua no lo menciona— y sus movimientos
degeneraran en acciones antisefioriales.
Desde Ambérieu y Saint-Rambert también se di-
fundié hasta Lagnieu (el 25), que queda hacia el
sur y sdlo dista algunos kilémetros. Alli franqueéd
el Rédano y en el Delfinado encontré un relevo de
gran importancia.
Al comienzo alli no se desaté el panico; simple-
mente, entre el Rédano y el Bourbre se difundié el
25 y 26 la noticia de la proximidad de-los bandidos,
pero alli lleg6 hasta el valle del Guir, situado en la
frontera con Saboya, y que por lo tanto tenfa una
sensibilidad especial para tales novedades. Hacia
ese lado se produjo (el 27 por la mafiana) el inci-
dente que significé para el gran panico la iniciacién
de una nueva y exitosa carrera. Seguin el informe del
procurador general del Parlamento de Grenoble, “s6-
lo existieron algunos tiros de fusil intercambiados
entre ocho o diez contrabandistas y algunos agentes
fiscales que los rechazaron”; y la misma versién
aparece en las cartas de la municipalidad de Lyon.
Sin embargo no conocemos el lugar en que ocurrié
ese incidente. Algunos recaudadores de gabela fue-
ron hasta Morestel y anunciaron que Lagnieu habia
sido saqueada. Desde alli el panico se trasladé a
Aosta y Pont-de Beauvoisin, lo que nos inclinaria
LA REVOLUCGION FRANCESA 253
a opinar que su fuente estaba en el norte. Pero fue
desde Pont-de-Beauvoisin que se difundié hacia
el oeste y refluy6 sobre Morestel bajo la forma en
que tuvo mayor éxito, es decir, como el rumor de
que los saboyanos —que pronto se transformaria
en ejército piamontés— acababan de penetrar en
Francia. El 27 a las tres se dio aviso a La Tour-du-
Pin, a las cinco a Bourgoin, Virieur, la Ianura de
Biévre y la Céte-Saint-André. Por todos los valles
del Bajo Delfinado el panico descendié hacia el
valle del Rédano, desde Lyon hasta Saint-Vallier.
Hacia el sur por la ruta de Voiron, Ilegé al Isére
a la altura de Moirans, y mientras por un lado lle-
gaba hasta Grenoble a las once de la noche, por el
otro descendia por el valle hasta Saint-Marcellin
—adonde Ilegé a medianoche— y hasta Romans —a
las tres de la mafiana del 28—. Desde alli llegé a
Tain y después a Valence: alli ya su fortuna esta-
ba asegurada, pues el mismo dia comenzaron a
arder los castillos del Bajo Delfinado.
Tanto la rebelién del MAconnais —que como ya
dijimos fue anterior al paénico pero lo favorecié—
como la del Deltinado, que fue su consecuencia mas
grave, constituyeron excelentes amplificadores. La
primera contribuy6 a difundir en Chalonnais, y por
consiguiente en el vifiedo borgofién, si no el gran
panico al menos una gran inquietud (aunque Nuits
habla del “terror”); por lo tanto, Dijon fue atacada
también desde el sur. Lo mismo pas6 en Charolais:
si bien no hay panico en la Ilanura —Charolles, Pa-
ray y Digoin—, si existié en el reborde montafioso
del valle del Grosne, tal como lo atestiguan los in-
cidentes ocurridos en Saint-Point y Tramayes. Alli
se dijo el 31 que Ilegaban los bandidos, y el rumor
los ubicaba en Germagny, situado muy lejos hacia
el norte, o en Aigueperse, que esta al sureste, a
mitad de camino de La Clayette. Mas hacia el sur,
en la montafia de Beaujolais, el panico legé desde254 GEORGES LEFEBVRE
el Maconnais meridional, pasando por Beaujeu y
la garganta de Echarmaux, aunque es probable que
también llegara desde Villefranche, donde el 27
habia sido saqueado el castillo de Mongré, El 28 ya
se habia expandido por todas partes y alcanzé el
maximo el 29 en Chauffailles, desde donde legé a
las siete de Ja mafiana a La Clayette y Charlieu. Alli
se contaba que se habfan quemado las cosechas en
Thil y Cublize, que mil trescientos bandidos habian
acampado “en las alturas del Beaujolais”, que Beau-
jeu y Villefranche se habian armado y que mas de
cuarenta mil campesinos estaban listos para defen-
derse entre el Saona y el Loira. Por este lado pa-
reciera que el pénico no franqueé el Loira pues no
se lo sintié en Roanne. Pero no ocurrid Jo mismo
en Forez. El impulso que habia partido del Del-
finado y pasado por Lyon y Givors llegé el 28 a
los montes del Lyonnais, y se manifest6 en Tarare
y Saint-Symphorien; el 29 conmoyié a Feurs y a
toda la Manura de Boén, Saint-Germain-Laval y
Montbrison. Desde Boén franqueé la montafia por
la garganta de Noirétable, luego descendié hasta
Limagne (el 30 y el 31) y alcanzé Thiers, Riom
y Clermont. Por otra parte, como el 28 habia fran-
queado el Rédano entre Tain y Tournon, Ilegé el
mismo dia a Annonay, y a través de Pilat y Bourg-
Argentat, pudo penetrar en Layalla a las cuatro y
media de la tarde. También la depresién de Saint-
Etienne fue abordada por el norte y por el sur, mien-
tras que otra corriente que habia partido de Vienne
y Condrieu la remontaba el 28 al mediodia a través
de Rive-de-Gier y Saint-Chamond. El tumulto fue
muy violento en Saint-Etienne a partir de las cinco
y media. El 29 a las diez de la mafana el panico
estaba ya en Saint-Bonnet, del otro lado del Loira;
también alli franqueé la montafia y aleanzé Arlanc
el 30. Desde alli descendié hacia Ambert (al nor-
te) el 31 y el mismo dia siguiéd subiendo hasta La
LA REVOLUCION FRANCESA 255
Chaise-Dieu, cuyo abad se apresuré a pedir ayuda
a Brioude, que a pesar de ello no se conmoyié.
Mientras tanto a partir de Valence, el gran panico
corrié de aldea en aldea a lo largo de la orilla iz-
quierda del Rédano; el 28, entre las cuatro y las
cinco de la tarde ya estaba en Libron y Loriol y
hacia las seis en Montélimar; el 29 a la una de Ja
mafiana desperté a Pierrelatte y a las cuatro a Saint-
Paul-Trois-Chateaux; alcanzé Orange a las ocho y
media y poco después a Avifién. El 30 muy tempra-
no estaba en Tarascon y Arles y por la tarde ya
habia atravesado el Crau y reinaba en Saint-Cha-
mas. De esta corriente principal derivaban una can-
tidad de corrientes secundarias que se expandieron
hacia el oeste y el este. En la regién alpestre contor-
nearon los macizos. La mds importante remontd el
Dr6éme el 28; una rama se abrié camino desde Crest
hacia el sur por Dieu-le-Fit; el 29 a las cinco de la
mafiana habia llegado a Taulignan y ese mismo dia
a Valréas y Nyons. Mas arriba de Crest el camino
estaba trazado por Saillans, Die, Chatillon y Luc,
que ya se habian conmovido a causa de los rumores
infiltrados a través de Vercors: la garganta de Ca-
bre conducia hasta Veynes, que el 29 se convirtid
a su vez en un centro de disp.rsién. Hacia el este
el panico estallé con gran violencia el 29 y el 30
en Gap. Gap es también un nudo de caminos: hacia
el norte, la garganta de Bayard conduce a Champ-
saus. Por lo tanto la alarma descendié el Drac por
Saint-Bonnet y Corps el 30, la Mure el 31 y volvié
a entrar en Grenoble dejando indemne a Oisans.
Hacia el este remonté el Durance (aparecié el 30
en Embrun, y el 30 y el 31 en Briangon) y el Ubaye
por lo menos hasta Barcelonnette, aunque de acuer-
do a lo que sabemos, en todas esas ciudades no
estall6 el panico. Y al contrario, se prolongé hacia
el sur —desde Veynes a través de Serre y desde
Gap por Tallard— hasta el Durance y mas alld to-256 GEORGES LEFEBVRE.
davia, en dos corrientes paralelas a la de Dieu-le-
Fit y que fueron canalizadas por un lado por los
macizos de la Roche-Courbe, Chabre y Lure, y por
la otra por los del Cheval-Blanc. En el centro fueron
también canalizados por los macizos que separan el
Durance del Bléone. Por el Durance llegaron a
Sisteron el 30 por la tarde y a Forcalquier el 31;
por Turriers, el panico de Tallard, que recibié nue-
vo impulso el 1° de agosto, alcanzé Seynes el 31
a las cuatro de la mafiana y desde alli se expandié
hasta Digne a través del cuello de Maure. El 31
por la tarde ya tenian aviso del panico Riez y Mous-
tiers al sudoeste y, a través de Barréme y Senez,
Castellane, situado sobre el Verdon. El 1° de agosto,
a través de la montafia, la infiltracién siguiéd desde
Castellane hasta Roquesteron, Bouyon y Vence. Asi
se aleanzé el valle del Var que servia de limite al
reino. Pero el de Verdon no parece haber desbor-
dado hacia el sur. El rey de Cerdefia hizo custodiar
su frontera desde Saboya hasta el Var y el 31 envié
un desmentido oficial sobre las intenciones que le
atribuian los rumores que corrian en Pont-de-Beau-
voisin. Desde Montélimar se desgajé un ramal que
corrié hacia Grignan y Taulignan y desde Pierre-
latte otro mas vigoroso que se dirigié hacia Saint-
Paul-Trois-Chateaux y el valle del Aygues; alli se
unieron con el de Dieu-le-Fit y contornearon el
monte Venntoux, atravesando Vaison el 29 y Bédoin
y Sault el 30. Desde Orange, otra rama se dirigié
hacia Carpentras, Apt y Cadenet sobre el Durance,
que también fue remontado a partir de Avifién.
Entre los montes de Lure y de Léberon, esas oleadas
chocaron con la que bajaba desde Forcalquier y
provocaron confusos tumultos entre Manosque y
Banon. EI 30 a la tarde el Durance fue franqueado
a la altura de Cadenet y Pertuis, de modo que el
panico avanz6 sobre Aix antes de que llegara desde
Salon y Saint-Chamas. Durante los dias siguientes se
LA REVOLUCION FRANCESA 257
propagé con gran lentitud hacia el este, a través
de las mesetas que separan el Durance de Brignoles
y Draguignan. Por lo tanto, estuvo en Saint-Maxi-
min el 2 de agosto y el 4 en Barjols y Salernes. No
hay el menor rastro de su paso al sur de Argens y
la costa provenzal asi como tampoco aparece en el
Crau meridional y la Camargue.
Hacia el este los puntos de insercién de las co-
rrientes laterales de la orilla derecha son Pouzin,
Rechemaure y Teil, Bourg-Saint-Andéol y Beau-
coire, donde Loriol, Montélimar, Pierrelatte y Taras-
con trasmitieron el panico en cuanto lo recibieron.
También cabe citar en este caso a Arles. Tanto en
Loriol como en Pouzin hubo dos alertas el 28 a
la tarde y el 29 a mediodia, que se comunicaron
a Privas, que acudié a auxiliarlas. Durante la tarde
del 29 hubo una tal aglomeracién de gente en Pou-
zin que el sefior de Arbalestrier fue masacrado. Des-
de Privas el panico se difundié al noroeste hacia
él Alto Vivarais, Ilegando a Cheylard el 30 a las
cinco de la tarde y también a Saint-Agréve. Es pro-
bable que Yssengeaux y Le Puy recibieran un eco
de estos tumultos, pero en verdad el panico no fran-
queé las crestas. También desde Privas llegé al sur,
en Coirons: El 29 por la tarde recibié aviso Aube-
nas. El macizo de Coirons también fue abordado
por el sur desde Teil y Villencuve-de-Berg. El 30
Antraigues y Vals descendieron hasta Aubenas. Ta-
nargue, situado al oeste del Archéche, fue arrastrado
por Aubenas, por Villeneuve-de-Berg, que previno
a Largentiére el 29 a la siesta, y por la corriente
nacida en Bourg-Saint-Andéol el 29 al alba, la que
a su vez habia ascendido por Vallon hasta Louyeuse
y Vans. Aqui nos encontramos en el umbral de la
brecha de Villeford, por donde el panico Ilegé hasta
Mende el 30, Ese mismo dia corrié a lo largo del
Rédano hasta el sur de Bourg-Saint-Andéol, Ile-
gando a Pont-Saint-Esprit y Bangols. A partir de258 GEORGES LEFEBVRE
alli perdemos el rastro. Marché mucho més rapido
a lo largo de los Cévennes, donde la noche del 29
legé desde Vans a Saint-Florent y Alais y alcanzé
Saint-Jean-de-Gardonnenque. Alli una segunda alar-
ma le dio tal impulso que el 1° de agosto franqued
la montafia y alcanz6 Valleraugue y Saint-André-
de-Valborgne. Desde alli, y atravesando Meyrueis,
repercutid el mismo dfa hasta Mende y Millau. Men-
de, afectada por partida doble, la retransmitié hacia
el norte. Asi llegé a Malzieu el 1° de agosto y de
alli el rumor se expandié hasta Saint Flour y Lais-
sac a la entrada de Rourgue, donde llegé el 3 a la
tarde y desde donde refluyé hacia Millau. Millau,
Saint-Affrique y Vabre, que ya estaban en contacto
con el gran panico del sudoeste, tuvieron que sopor-
tar violentas sacudidas debidas a las alarmas locales
hasta el 3 de agosto. La noticia fue enviada a Lo-
déve y de alli tomé la ruta de Montpellier el 2 de
agosto. El panico de Saint-Jean-de-Gardonnenque
también habia alcanzado los eriales de Lédignan y
Sauve, mientras se advertia a Montpellier. Por ul-
timo, el 30 habia progresado desde Arles hasta Saint-
Gilles y Vavuert y el 31 desde Beaucaire hacia Ni-
mes. También la capital del Bajo Languedoc habia
recibido tales avisos, pero no perdié su sangre fria
y ningtin documento encontrado desde alli hasta
los Pirineos orientales relata nada relacionado con
el gran panico. Sin embargo el movimiento nacido
en el Franco-Condado, ayudado por numerosos re-
levos, habia logrado alcanzar el Mediterr4neo y
penetrar con bastante profundidad en el Macizo
Central.
SEE
La historia del pdnico de Clermontois es mAs
simple y su 4rea de difusién menos amplia. Como
ya lo hemos dicho, comenzé el domingo 26 de julio
LA REVOLUGION FRANCESA 259
por la tarde en Estrées-Saint-Denis y durante la
noche progresé bastante, pues llegé a Clermont el
27 a las siete mientras ya se habia instalado en
Sacy-le-Grand, Nointel y Lieuvilliers, ubicado en
Ja ruta de Saint-Just. Rapidamente alcanzé gran
amplitud y se difundié en todas direcciones con el
mismo impetu. Abordé de frente el valle del Oise
por debajo de Compiégne —en Verberie— por la
mafiana muy temprano, y, luego de pasar por Pont-
Sainte-Maxence y Creil, Ilegé hasta Beaumont atra-
vesando Chamby, para dominar plenamente aquella
ciudad a las once. Desde Beaumont fue Ilevado a
Pontoise a las doce y media de la mafiana y desde
alli se difupdié en el Vexin meridional alcanzando
Triel a las ocho de la noche y Meulan a las diez. El
28 los campesinos de los alrededores acudieron a
Melan, pero el movimiento no parece haberse pro-
Jongado hacia el valle, hacia Mantes y Vernon.
Tampoco franqueé el Sena, y, lo mismo que el pa-
nico del oeste, no se difundié en Mantois. Por el
contrario, si fue atravesado el valle del Oise y de
ese lado el panico dio mds que hablar porque avan-
z6 hacia Paris y su eco llegé hasta la misma Asam-
blea Nacional. Nada sabemos sobre su marcha a
partir de Beaumont, Isle-Adam y Pontoise, pero sin
duda pasé lo mismo que en la regién de Verberie:
siguié las rutas que confluian hacia Saint-Denis
hasta que, hacia la media tarde, encontré en Mont-
morency el relevo de que hemos hablado. A partir
de ese momento y durante toda la tarde agité los
alrededor.s de Paris y los electores enviaron un
pequefio ejército armado con artilleria que avanz6
por lo menos hasta Ecouen. Mientras tanto, el pa-
nico habia aprovechado para expandirse desde Ver-
berie, en Ja Ilanura de Béthisy, donde muy temprano
encontré otro relevo que lo Ievé rapidamente a
Valois y Soissonnais. A las ocho y media de la ma-
fiana ya estaba en Crépy; a la una y media en Sois-260 GEORGES LEFEBVRE
sons, cuya municipalidad escribia la carta que el
28 fue leida en la Asamblea. Desde el Soissonnais
fue anunciado en Maon, pero ningun indicio nos
permite decir que hubiera remontado el Aisne o
atravesado la desolada regién de Sissonne. Es po-
sible que se lo conociera en Reims, pero no sabemos
nada de los efectos que causé en esta ciudad. En
cambio tenemos datos sobre su marcha hacia el
sur. Desde Crépy y Villers-Cotterets gané Dammar-
tin y Meaux el 27 y el 28. La Ferté-sous-Jouarre y
Chateau-Thierry. Ese mismo dia remonté el Marne
por Epernay y Chalons, pero no sabemos nada mas.
No es probable que se difundiera en Vitry pues no
se lo conocié en el Barrois. Inclusive hubo una alar-
ma en Saint-Dizier y Joinville, pero parece ser del
28 y de origen puramente local, pudiendo relacio-
narsela con los tumultos de esa region y del Barrois.
Es posible que hubiera franqueado ei Mame para
llegar hasta los dos Morins, pero no hay rastros de
panico ni en Coulommiers ni en La Ferté-Gaucher.
Pareciera que sus progresos fueron poco favorecidos
por la Champafia drida, pero tampoco la zona de
Brie le result6 acogedora y no hemos podido en-
contrar su rastro.
Al noroeste remontdé el valle del Thérain, pues
Beauvais envid su milicia para socorrer a Cler-
mont. Desde Saint-Just también se dirigié a la region
de Gandvilliers y la trastorndé. Atravesando Thé-
rain, llegé a Forges el 28, y desde alli a la region de
Bray, pero no sabemos si alcanzé a Dieppe; desde
Grandvilliers se encaminé hacia Aumale y descen-
dié el valle del Bresle pasando por Blangy y Eu. Al
parecer no resultaron afectados ni Ponthieu al norte
ni el Vexin normando, la regién de Caux y el bajo
valle del Sena al oeste.
Hacia el norte el pénico desbordé en grandes
oleadas sobre la Ilanura picarda. El 27 a las nueve
de la mafiana estaba ya en Montdidier, desde don-
LA REVOLUCION FRANCESA 261
de tomé hacia Amiens por el valle del Avre; a las
diez entré en Roye creando perturbaciones en toda
la regién; siguiendo con este impulsé lego el mismo
dia hasta Corbie, Bray, Ham y Peronne. También
ascendi6 el valle del Oise por Ribécourt y Noyon
y en esta zona debié progresar con gran rapidez
pues una encuesta realizada a causa de la invasion
del castillo de Frétoy manifiesta su presencia en
Muirancourt, al norte de Noyon, el 27 a las seis
de la mafana. Siguid su camino por Chauny, La
Fére, Ribemont y Guisa e invadié Thiérache, donde
aparecié en Marle y Rozoy, situados en el valle del
Serre, y en Vervins. Los bosques de La Capelle y
del Nouvoin y las primeras estribaciones del Arden-
ne detuvieron su expansi6n, pero el Somme no fue
una barrera y pudo atravesar Artois. Desde Peron-
ne el 27 lleg6 a Bapaume y esa misma noche a
Arras; es probable que aribara a Béthune el 28 por
Ja mafiana, pues ese mismo dia aparecié en Merville,
sobre el Lys. También cabe suponer que el 28 o
el 29 estuvo en Aire y Saint-Omer, ya que el 30 la
municipalidad de Watten alerté a las del Flandes
maritimo. Desde Arras también se propagé hacia
el noroeste: aparecié en Samer el 29 y en Boulogne
el 29 0 el 30. Desde Saint-Omer se dirigié hacia
Calais; desde Béthune pasé al Flandes val6n y
alarmé a las aldeas del oeste de Lila para llegar
finalmente a Frelinghien sobre el Lys, mas al norte
de Armentiéres, donde se difundié el 29. Sin embar-
go, no afecté ni al resto de Flandes ni al Cambrésis
© al Henao, que eran siempre tan propensos a las
sublevaciones. Quizds este hecho nos permite dedu-
cir que el panico no fue muy violento en Artois 0
que se difundié en toda la regién con fuerza sufi-
ciente como para alcanzar el limite oriental de la
provincia.
ypuy262 GEORGES LEFEBVRE
Ya hemos dicho que en la Champafa meridional
el panico aparecié el 24 de julio al sur de Romilly.
Pues bien, el 25 le bast6 para atravesar Sénonais
de noroeste a sudoeste, ya que a las seis de la tarde
estaba en Thorigny y poco después en Sens y Vi-
Meneuve-lArchevéque. Desde Romilly y Nogent se
expandié hacia el norte del Sena siguiendo la costa
de la Me-de-France. E] 26, alarmadas por el rumor
de que los bandidos andaban por los alrededores,
Villegruis y Villenauxe tomaron las armas, Es pro-
bable que ese mismo dia estallara el pénico en Pro-
vins, pues se decia que los bandidos se habian es-
condido en los bosques vecinos, y si el 26 Donne-
marie constituyé una milicia con el pretexto de que
los bandidos habian salido de Paris, podemos supo-
ner que el panico de Romilly dio pie a tal actitud.
Ese mismo dia se generalizé el terror en el bailiazgo
de Sézanne y se propagé siguiendo la ruta que lleva
a Chilons, segiin testimonia Barentin. El] 28 apare-
cié en Vatry, situado a orillas del Soude y en Mairy
y Gogny, en la ribera del Marne, mds arriba de
Chalons. Es posible que en estas aldeas se tratara
de una repercusion del panico de Soissonnais, pero
todas las fechas indican que en la regién de Sézanne
la alarma provino de Romilly. Hacia el otro lado
ascendié por el valle del Aube, pero al comienzo
lo hizo con cierta lentitud, ya que Megé a Arcis el
26 o el 27, pero a partir de esta aldea aumenté su
velocidad y el 27 estaba en Bar-sur-Aube. El 25
Troyes tuvo noticias del panico de Romilly pero la
poblacién permanecié tranquila hasta el 28, cuan-
do estallé el panico que llegé desde el oeste, pues
el suburbio de Sainte-Savine, situado a la orilla iz-
quierda del Sena, fue el primero que lo sintié. En-
tonces si remonté el valle del Sena y de los afluen-
tes de la margen derecha y a las siete de la tarde
estuvo én Landreville, a la entrada del valle del
Qurce, a las nueve o diez de la nache en Mussy,
LA REVOLUCION FRANCESA 263
sobre el Sena, y desde alli, a las once, Iegé a Cha-
tillon. El 29 recorrié el valle del Barse y provocé
una segunda alarma en Bar-sur-Aube asi como el
pnico del Ource. El 28 en Bar-sur-Seine y Chati-
llon recibié el refuerzo de algunas corrientes late-
rales que, como en Troyes, venian del valle del
Armancon, constituido en un nuevo centro de di-
fusion.
No conocemos con seguridad el origen de esta
corriente. El panico del 25 no Iegé por el Yonne
més alla de Sens y no podemos asegurar que hubie-
ra atravesado el bosque de Othe, aunque en su bor-
de meridional encontremos dos centros de panico:
Saint Florentin (donde se lo sintié el 26) y Auxon
(el 27 6 28). Sin embargo, tanto la ubicacién de
estos lugares como la fecha en que estallaron los
panicos permiten suponer que existid algiin vinculo
de dependencia entre la corriente de Sénonais y la
de Armangon aunque algunos incidentes locales de-
bieron servir como relevos; por ejemplo, hay un
cronista que menciona uno ocurrido en Auxon, del
que fue responsable un vicario que se asusté al
ver algunos animales que pastaban en el bosque.
El pdnico no tardé en ser transmitido a las parro-
quias vecinas de Chamoy y Saint-Phal, a los bos-
ques de Aumont y de Chaource, y, poco después
del mediodia, al valle del Armance, Ervy y Chaour-
ce. No cabe duda de que esta misma oleada de pa-
nico afecté ese dia a diversos lugares ubicados en
el valle del Sena, pues siguid esta ruta a menudo
para avanzar desde Saint-Florentin y desde Brie-
non. De hecho Ilegé hasta Brienon y algo mas al
sur el 28 por la tarde. Avanzé hasta Tonnerre esa
misma mafiana, gracias a algunos viajeros que, al
aproximarse a Germigny, cerca de Saint-Floren-
tin, se asustaron al saber que habia bandidos en la
zona y retrocedieron. Por lo tanto, es posible que
el panico de Auxon corriera por el bosque de Othe264 GEORGES LEFEBVRE
hasta Saint-Florentin o que algiin incidente que
ignoramos lo reanimara ese dia en esa ciudad o en
sus alrededores. Es probable que desde Tonnerre
el panico ascendiera por el Armangon, pero no es
seguro, pues llegé a Saulieu desde Semur, no des-
de Morvan. Y por el contrario, sabemos que el 29
Chatillon-sur-Seine pidié ayuda a Dijon, la que
envié un destacamento el 30. Pero al llegar éste
a Saint-Seine ya todo habia pasado. De este modo
entraron en contacto en Dijon el panico de Cham-
pafia meridional y el del este, y en adelante ve-
remos que tales encuentros son frecuentes, aunque
ya hemos sefialado uno que acontecié entre For-
calquier y Pertuis. En estos casos se producen alar-
mas sucesivas 0 tumultos muy complejos, pero tam-
bién puede ocurrir que se cree una zona de
interferencia pues las corrientes tienen ya muy poca
fuerza en sus puntos terminales. Este fue el caso
de Dijon, donde no estallé ningin panico aunque
fueran a morir alli tanto la agitacion proveniente
de la regién de ‘Gray como las que venian del Mé-
connais y Champaiia.
Las alarmas de Champafia no sélo perturbaron
el valle del Sena sino que encontraron un amplio
campo de expansién hacia el oeste y el sur. Aun-
que faltan algunos puntos de referencia, se puede
suponer que la alarma del 24 se propagé desde
Nogent y Provins a Montereau, Moret y Fontaine-
bleau siguiendo la orilla izquierda del Sena y que
el pdnico de Nemours y Chateau-Landon se ori-
gind en Sens. Luego habria seguido hacia el nor-
te, lo que explicaria su aparicién en Corbeil el 28,
y el mismo dia, a las seis o siete de la noche, en
Choisy y Villeneuve-le-Roi. Dos habitantes de Ga-
tinais que venian desde Athis-Mons y probablemen-
te bajaron por el rio llevaron el panico a esas dos
aldeas. Contaron que los husares ya estaban en
Juvisy y que habian pasado toda la regién a san-
LA REVOLUCION FRANCESA 265
gre y fuego y saqueado a Montlhéry, Longjumeau
y Ris. Marmontel, que entonces residia en su casa
de campo de Grignon, situada entre Orly y Thiais,
cuenta en sus Memorias que hubo un desbande
general también y menciona el rumor relativo a los
hiisares. De este modo la capital, que ya el dia
anterior habia sufrido el pdnico proveniente del
norte, lo recibid de nuevo, esta vez viniendo del
sur. Hardy menciona este hecho en su diario: se
decia que Longjumeau habia sido saqueada y todo
el mundo acudié en su auxilio. Asi Iegé el panico
a Longjumeau, donde nada habia ocurrido.
Desde el valle del Loing el panico entré en
Beauce: el.29 por la mafiana aparecié en Boynes y
Boiscommun; més tarde, en Toury, situada mucho
més lejos; y hacia las tres de la tarde ya se ex-
pandia en Chateauneuf-sur-Loire, Jargeau y Saint-
Denis-de-I’Hétel. El rumor lIlegé hasta Orleans,
donde se eché la responsabilidad a los bandidos
del bosque de Orleans. No obstante, cabe indicar
que probablemente hubo una alarma el 27 en Chi-
Heurs y Neuville-aux-Bois, por lo que no es impo-
sible que por ese lado existiera un centro indepen-
diente. El resto de la regién de Beauce y de Hu-
repoix permanecieron indemnes, de manera que
entre esta Area y la del panico del oeste hubo una
amplia zona de tranquilidad que se extendia desde
el Loira, mAs abajo de Orleans, hasta el Sena, mas
abajo de Paris.
El panico del 28 se expandié esa misma tarde
sobre las dos margenes del Yonne, alcanzando ha-
cia el este los alrededores de Seignelay (poco des-
pués del mediodia) y hacia el oeste Champvallon
(al atardecer). Desde este ultimo lugar entré el 29
en el GAtinais meridional, donde afecté a Chateau-
renard y Chitillon-sur-Loing y se expandié en Saint-
Fargeau pasando por Aillant y Villiers-sous-Benoit.
También lo vemos tomar la direccién del Puisaye,266 GEORGES LEFEBVRE
donde Ilegé a Thury y Entrains (el 29). Asi des-
cendié de frente en el valle del Loira, por lo que
lo encontramos en Braire, y Sancerre el 29, desde
donde se expandié en el Sancerrois el 30, y en La
Charité, a donde Ilegé el 29 a las cinco de la tarde.
Es probable que desde aqui se dirigiera al atarde-
cer hacia Nevers. Pero tanto en La Charité como
en Nevers es posible que también Ilegara desde el
valle del Yonne.
Y en efecto, remonté este valle por Auxerre y
Champs. El valle del Cure capté una parte de esta
corriente y la encaminé por un lado hacia Avallon
y por el otro hacia Vézelay, pero mientras tanto,
la rama principal corrfa hacia Clamcey, donde fue
muy tumultuosa y dio origen a muchos relatos de-
tallados. A través de Tannay alcanzé Lormes y
Corbigny, desde donde se difundié hacia el oeste
hasta llegar a Montsauche y desde alli a Saulieu
(el 30). Siempre siguiendo el Yonne, el 30 a las
nueve de la mafiana entré en Chateau-Chinon, que
la trasmitié a Autun el mismo dia, asi como a Mou-
lins-Engilbert y Decize, para expirar luego entre
el Loire y el Arroux. Pero Bourbon-Lancy y Digoin
resistieron y tanto el Charolais como la regién de
Creusot constituyeron una nueva zona de interfe-
rencia entre este panico y el del este.
Por ultimo, desde Nevers la corriente ascendid
por el Allier y penetré en el Bourbonnais el 30 y
el 31. En esta zona no podemos delimitar exacta-
mente el area de su expansién pues se entremezcla
con la de la corriente del sudoeste, pero se le pue-
den atribuir los sobresaitos que tuvieron lugar en
Sancoins y Bourbon-l’'Archambault, Saint-Pierre-le-
Moutier, Moulins y Varennes-sur-Allier. En Gannat
y Vichy sus efectos aparecieron mezclados con los
de la corriente que a través del Berry meridional
llegaba desde el oeste.
ypuy
LA REVOLUCION FRANCESA 267
EI més tardio de los panicos, el del sudoeste, fue
el que se expandié més lejos, pero su propagacion
no plantea problemas tan dificiles de resolver como
en los demas casos, pues su poder explosivo fue
muy grande y permanecié intacto hasta el final. Par-
tid el 28 de Ruffec en las circunstancias que ya
hemos indicado. Hacia el oeste es probable que
alcanzara los bosques de. Chizé y Aulnay (a no
ser que éstos hayan sido un centro local de pertur-
baciones), aunque quizd no Ilegé mas alla de Sur-
géres, puesto que La Rochelle, Rochefort y Saint-
Jean-d’Angély sélo oyeron sus estruendos a lo
lejos. Hacia el norte aparecié el 28 en Civray y
Vangay y el 29 en Lusignan y Vivonne; descendid
el Clain pero expiré en Poitiers. El resto de la Ia-
nura potevina no lo conocié y permanecié como
una zona interpuesta entre el dominio de este pa-
nico y el del terror de la Vendée, que habia ter-
minado unos cuatro o cinco dias antes.
Desde Ruffee y Civray se dirigid hacia Vienne,
donde estuvo en Chabanais y Confolens hacia las
diez de la noche; desde allf remonté el valle por
Saint-Junien y Ilegé esa misma noche a Roche-
chouart y el 29 a las cuatro de Ja mafiana a Limo-
ges. Segiin dice George Sand en Nanon, prosiguié
su ruta hasta Saint-Léonard, pero es probable que
los montes de Ambazar y las mesetas de Gentioux
y Millevaches circunscribieran su expansion. Des-
de el alto Vienne se propagé sélo hacia el sur, don-
de se reunié con las corrientes venidas de Mansle
y Angulema. Donde esta corriente tuvo mayor im-
portancia fue en su recorrido desde Confolens al
Gartempe: descendidé este rio por Montmorillon y
Saint-Savin y es probable que se expandiera hacia
el valle del Vienne puesto que se lo mencioné en
Chavigny y sin duda Chatellerault no pudo igno-
rarla. Partiendo de Bellac el 29 a las seis de la
mafiana, recorrié el Gartempe pasando por Cha-268 GEORGES LEFEBVRE
teauponsac y Grand-Bourg, de manera que entré
en Guéret hacia la cinco de la tarde. Por ultimo,
desde Dorat y Magnac-Laval se expondié como
un abanico sobre la Basse-Marche y el valle del
Creuse, al que Ilegé esa misma tarde. Alli afecté
a Blanc, Argenton, Dun-le-Palleteau y Celle-Du-
noise, pasando por La Souterraine. Desde alli se
lanzé hacia el Indre. Los mds répidos fueron los
habitantes de Argeston, quienes lograron prevenir
a Chateauroux el 29 a las siete de la tarde; pero no
lo fueron menos los de Dun, que ya estaban en La
Chatre a las nueve y media. Por el contrario, fue
bastante lenta la travesia del Brenne y de la me-
seta de Sainte-Maure: sdlo el 30 Ileg6 a Tours, Lo-
ches y Chatillon la noticia enviada desde La Ha-
yes-Descartes, Preuilly y Blanc. Sin embargo, y gra-
cias a Chateauroux, ya el 29 Chatillon y Loches
habian recibido una fuerte sacudida. También en
este caso hubo un punto de encuentro: fue Loches,
donde se reunieron el panico del Maine y el de
Ruffec,
De Chateauroux y La Chatre el pénico marché
a la conquista del Berry oriental, y el 30 a la una
de la mafiana estaba en Issoudun. Ese mismo dia
franqueé el Cher en Chateauneuf y alcanzé Bour-
ges. No sabemos si se dirigid hacia el norte, pues
no podemos afirmar que se realizara la unién
con Blésois y Sancerrois. Hacia el sur también al-
canzé al Cher en Saint-Amand-Montrond y en Va-
Ilon, pasando por Chateaumeillant. El 30 invadié
el Bourbonnais y podemos seguir la corriente en
Saint-Bonnet-Troncais y Cérilly, Maillet y Heéris-
son, hasta Ilegar a Cosne y Bussiére. Con esto es-
taba a la puerta de Bourbon-l’Archambault donde
también estallaria el panico de Champaiia.
Para Guéret quedaban reservados Combrailles,
Auvernia y el Alto Lemosin. En efecto, la alarma
siguid el cauce del Creuse por Aubusson (el 29
LA REVOLUCION FRANCESA 269
a las once de la noche) y Felletin (el 30 a las tres
de la mafiana) y desde alli, rodeando Ja meseta de
Gentioux, refluyé sobre Meymac. Sin embargo, te-
nia el campo més libre hacia el este, por lo que
desde Guéret se dirigié hacia el valle superior del
Cher: por Boussac lleg6 a Montlugon y por Ché-
nérailles hasta Evaux y Auzances. Demostré su
predileccién por Montlugon, a la que desperté la
noche del 29, y a las dos de la mafiana estuvo ya
en Néris, pero sélo llegé a Auzances a las diez. Pa-
ra evitar la cadena de Puys, la corriente descendié
a Limagne por Montaigut, Pionsat y Saint-Gervais
y llegé a Riom y Clermont a las cinco de la tarde.
Durante el tyanscurso del dia 31 se encargé de en-
cerrar entre su ramas al Mont Dore. Partiendo de
Clermont, una de ellas tomé la ruta de montafia
que lleva a la Dordona. Alli legé a Bort, luego a
Riom-és-Montagnes (a las once de la noche), Vic-
sur-Cére y por fin Mur-de-Barrez (el 1° de agos-
to). La otra remonté el Allier por Saint-Amand-
Tallende, Issoire y Saint-Germain-Lembron, pun-
to al que arribé el 31 a las siete de la tarde. Entre
Issoire y Brioude se abre el valle del Alagnon que
lleva a Cantal, por lo tanto, siguié esta ruta en
Blesle y Massiac y desde all{ continué esa misma
tarde hasta Saint-Flour. En Riom, Clermont, Briou-
de y Saint-Flour el pAnico del oeste entré en con-
tacto directo con el que provenia del este. E] 1°
de agosto Ilegé a Murat y franqueé el Lioran; por
los montes de Luguet se infiltré hasta Condat y
Allanche, de tal modo que en Vic-sur-Cére volvid
a reunirse con el ramal del norte.
Sin embargo, el movimiento que tuvo su origen
en Ruffec alcanz6é su mejor éxito en el sur, donde
sumergié a casi toda Aquitania. Primero descendié
el Charente por Mansle y el 28 a las tres de la
tarde estuvo en Angulema, luego siguié el rio por ”
Jarnac y Cognac hasta Sainte. Alli perdemos su270 GEORGES LEFEBVRE
rastro y al parecer toda Ja regién maritima y me-
ridional de Saintonge permanecié tranquila. Desde
Angulema contagié a Barbezieux, Gagnes y Mon-
tendre, pero el Double lo detuvo en su camino
hacia Blaye. Su principal ruta se abrié hacia el
sudoeste. Desde Mansle aleanzé La Rochefoucald,
de manera que el 29 entre las seis y las siete de
la mafiana pudo aparecer en Champniers y poco
después del mediodia en Nexon, punto de partida
hacia Saint-Irieix, pues alli encontré un refuerzo
en las noticias enviadas desde Rochechouart y Li-
moges. Los valles del Dronne y el Isle se le ofre-
cieron y alli entré en contacto con el Bajo Lemo-
sin. Pero simultaneamente se habia deslizado como
una napa subterranea desde Angulema hacia el
valle del Dronne, al que trastorné de pies a cabeza.
Es probable que en La Roche-Chalais encontrara
el relevo del que hemos hablado, pues llegé a Cou-
tras a las cuatro de la tarde; durante la noche re-
corrié el Dordofia desde Fronsac, Libourne y Saint-
Emilion hasta Bergerac y a las cinco de la mafiana
del 30 Iegé a Sainte-Foy, situado sobre la margen
izquierda. Al mismo tiempo, el frente del Dronne
le sirvié para lanzarse desde todos lados hacia Isle.
Como es natural, Brantéme, Bourdeilles y Ribérac
enviaron los primeros avisos a Périgueux, adonde
legaron el 29 a la una de la tarde, y el 30 todo el
valle desde Thiviers hasta Mussidan estaba _alerta.
Pero ya la ola avanzaba hacia el Vézére: el 30 a las
cuatro de la mafiana estaba en Badefol-d’Ans (pro-
bablemente habia venido desde Perigueux a través
del bosque Barade); una hora después egaba a
Lubersac desde Saint Irieix, Thiviers y Excideuil
y se lanzaba hacia Uzerche. El 30 por la mafiana
se desparramé por todo el bajo Vézére, donde afec-
té a Terrasson, Montignac y Bug. Desde Vézére
enfilé hacia el Dordofia en dos corrientes divergen-
tes: una se dirigié desde Uzerche hacia e] alto
LA REVOLUCION FRANCESA 271
Dordofa y se hundié en el Macizo Central; la otra
avanz6 hacia el curso medio del rio, y asi logré
alarmar a La Linde, Limeuil (en la confluencia con
el Vézére) y Domme (que habia recibido aviso de
Sarlat) el 30, entre las dos y las tres de la tarde.
Por lo tanto, durante el transcurso de ese mismo
dia el Dordofa fue franqueado por todos lados,
por la mafiana al oeste de Bergerac y a la tarde al
este, Para aclarar mds esta corriente podemos dis-
tinguir al sur del rio tres ramales entre los cuales
se producen innumerables anastomosis: el de Sain-
te-Foy o de Agenais; el de Libos o del Agenais
oriental y Quercy; el del Domme o de Quercy orien-
tal. Este ultimo torcié hacia Figeac y el Macizo
Central, mientras que los otros dos corrieron di-
rectamente hacia el sur.
La corriente del Agenais, que salié de Sainte-
Foy y Gensac el 30, afecté al valle del Dropt desde
Eymet hasta Duras y Conségur, después, pasando
por Montflanquin y Tombebeuf, lleg6 hasta el valle
del Lot por la tarde, alcanzando a Villeneuve y
Castelmoron y por fin, hacia la medianoche, se
presenté en Agen. También afecté a La Réole y por
consiguiente es problable que se presentara en
Marmande y Tonneins, pero no hay indicios de que
penetrara en el Entre-Deux-Mers 0 que hubiera
franqueado el Garona para invadir el Bazadais. En
Agen cruzé hacia la orilla izquierda y atravesando
Armagnac, siguié a lo largo del Gers y el Baise
—por lo tanto, tuvo que pasar por Nérac y Con-
dom—. Aunque no penetré en las Landas se la en-
cuentra sobre el Adour, muy al sur de Aire, asi
como en Maubourguet y Vic-de-Bigorre, a donde
llegé probablemente desde Mirande. Sobre el Gers
aparecié en Auxh el 3 de agosto, casi seguramente
transmitida por Lectoure,
La corriente de Limeuil agité la Ianura de Bel-
ves, Montpazier y Villefranche-de-Périgord, don-
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