Biotica,
Salud Mental
y Psicoanlisis
JUAN CARLOS FANTIN
PABLO FRIDMAN
(Comp.)
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BIOfT!CA, SALUD MENTAL Y PSICOANLISIS
3) Badiou Alain (2000), "tica y psiquiatra", en Reflexiones sobre nuestro
tiempo) Buenos Aires, Del cifrado.
CAPITULO 2
4) Duque, Flix et al. (1988), Los confines de la Modernidad, Barcelona,
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Los principios de la Biotica en
Salud Mental y Psicoanlisis
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Pablo Fridman
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universitaria.
Resulta bastante inexploraclo el cruce discursivo entre Biotica y
Salud Mental, quiz por la juventud de ambas disciplinas, o por las
mltiple; derivaciones que surgen hacta el campo de la tica, la
moral, o la deontologa. Tambin por lo infructfero que resulta de
agotar esta compleja problemtica en normativas morales (acuerdos o leyes}, consejos acerca de cmo "vivir bien". Sabemos que,
muchas veces, el peor autoritarismo es el de las "buenas intenciones". En principio, y como punto de partida, no queda claro porqu habra una moral especfica en el terreno de la Salud Mental. Y
si esto es materia de la Biotica, dado el campo que se le reconoce
ligado a los dilemas clnicos que se presentan como obstculos insalvables para la prctica cientfica.
Si bien los principios que se consideran clsicos de la Biotica
(Autonoma, Beneficencia - No Maleficencia, Justicia, Calidad de
Vida), son muchas veces criticados como una visn anglo-sajona
excesivamente esquemtica, pueden servir aqu de punto de apoyo,
para algunas reflexiones relativas a la Salud Mental y el Psicoanlisis. Sin lugar a dudas, los problemas ticos de la clnica y la investigacin exceden, con mucho, estos puntos de partida, y requieren
tambin, de parmetros pormenorizados y exhaustivos, acordes a
la importante complejidad que se encuentra en juego.
La Biotica es el campo (una de las aplicaciones de la tica terica), que se crea respecto de lo dilemtico de wia decisin o conclusin en determinada situacin clnica, o del catnpo de la investiga-
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14) Lan Entralgo, Pedro (1978), Historia de la medicina, Barcelona (Espaa), Masson.
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.1
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22) Zizek, Slavoj (2005), La suspensin poltica de la tica, Buenos Aires,
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Las ;;nnciplos de la Biotka en Salud Mental y Psicoanlisis
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cin en salud. Cuando lo dilemtico se presenta, se presentan varias
respuestas posibles, y ninguna adquiere una determinada prioridad
sobre las otras. "El dilema es una proposicin disyuntiva en la que
se afirman igualmente sus dos miembros"(l)~ cuando hay tres posibilidades se hable de trilema, en cuatro cuatrile~a, etc. El principio
es el mismo: no hay una sntesis. El dilema es un problema, donde
cualquier solucin posible constituye un nuevo problerna.
La medicalizacin de la vida olvida que la vida que importa es
"la que merece ser vivida'', y esto no se limita a la n1era subsistencia
de los rganos somticos. La Medicina transforma la condicin carente, no firme (infir1nitas) de 1a existencia hun1ana, en enfermedad.
Como lo dice Giovanni Berlinguer (2), cada vez ms se observa, a nivel epidemiolgico, un desplazamiento de las enfermedades
que se producen por contacto con la naturaleza, a las enfermedades que se producen por el contacto entre los propios seres humanos: Las enfer1nedades que derivan del malestar que ocasiona la re-
cierra ilusin de inmortalidad. Es lo que Hans Gadamer ha llamado el "estado oculto de la salud"(4); un estado opuesto al cuerpo
lacin con el otro (y con el Otro), que no es lo supuestamente
conocido del s mismo. La globalizacin del mundo es un efecto derivado de la expansin de la tcnica (aplicada a la expansin de los
mercados). Crea la ilusin de una mayor proximidad entre los seres humanos, una mayor porosidad entre las fronteras, la intrusin
mano. Es la condicin-misma de lo irrepetible, la condicin propia
declarado como enferrno, que genera malestar, incomodidad, rup-
tura de la sensacin ilusoria de libertad y de posibilidad. La demanda explcita que se le efecta al mdico, como concepcin cultural imperante, es la de restablecer un orden natural "sano")
desconociendo de ese rr1odo que la intervencin mdica es siempre
forzosamente artificial. El dolor del cuerpo es un signo inexacto
del malestar deJ cuerpo) y siempre est atravesado por la dimen-
sin inalienable de la valoracin de lo propio. No se puede pedir
objetividad all. El valor positivo de la enfermedad es lo que, even
tualmente, el.la puede ensearle al sujeto de s misn10.
Lo que caracteriza a lo humano como tal es lo irrepetible de
cada uno, lo nico de la forma de vida propia, creencias, modos de
soportar y sostener la existencia. Es a esto a lo que se refiere Em-
manuel Levinas cuando seala "la humanidad misma"(5) de lo hude la subjetividad, y es desde esta diferencia absoluta en que se establece el modo de lazo discursivo con los otros. Cabe agregar que
eso "irrepetible", ocurre ms all de la voluntad de las personas, y
tiene que ver con lo irrepetible del encadenamiento de ideas que se
produ~e en la asociacin libre, y del modo de goce de cada quien.
Lo irrepenole de cada sujeto es un resultado "a producirse", no es
en el otro, muchas veces la imposicin de culturas, "vivimos ms
cerca que nunca el uno del otro" (3). Los equvocos de la palabra
son los gestores del malentendido universal, y esta cercana genera
natural, no es obvio, requiere un esfuerzo de produccin, un dispositivo, y condiciones que lo permitan. Por ejemplo: frente a una
amenaza inminente los mrgenes de eleccin son escasos, generalmente se trata de evitar un dao inevitable; las opciones aparecen
cuando los mrgenes y las consecuencias no son tan claras.
nuevos problen1as.
La concepcin del cuerpo como una mquina que se descompo-
ne termina revelndose como una falsedad. Es el intento de producir una determinacin artificial y forzada, para obtener un resulta-
do mensurable. Por supuesto el resultado suele no ser el esperado, y
la creencia en la mquina revela su inconsistencia. La multideterminacin biolgica, social, familiar, religiosa, filosfica, etc., del
tica es eleccin
cuerpo no admite sntesis alguna. La medicalizacin de la vida hace
de la cura del cuerpo una obligacin, y transforma a los qu~ se ocu-
Si nos atenemos al rasgo singular de cada ser humano como
pan de atender la salud en "aliviadores" del dolor fsico; desconociendo la enorme complejidad de la existencia humana. Se omite
que la dimensin del dolor ~s, sin duda, mucho ms amplia que la
manifestacin neurolgica del dao del cuerpo (sin desconocer las
tal, considerando que ello se produce en determinadas condicio-
consecuencias, que pueden ser masivas, de dicho dolor fsico).
El cuerpo aparentemente sano (o lo que se reconoce como sano)
es mudo, no produce molestias, no provoca sntomas, crea una
cin. "(6) La tica definida as es la tica de la coyunmra del dilema
nes, que no se trata de una determinacin natural, o cultural; entonces "no puede haber tica general, sino solamente una tica de
verdades singulares, luego entonces, una tica relativa a una situatico, que contempla a cada situacin en su irrepetibilidad, que por
lo tamo, no puede proferir normas morales para todos por igual,
,_~'''
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8JOTJCA, SAtUD MENTAL Y PSJCOANLIS!S
2. Los principios de !a B)otica en SaluC .\4ef:::;,; ."f ?si;:;:;;;;r.;Hsis
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nada, y un segundo juicio, ineludible, sobre la posicin de quin la
ha perpetrado. "La tica consiste esencialn1ente (... )en un juicio sobre nuestra accin, haciendo la salvedad de que slo ti.ene alcance en
la medida en que la accin implicada en ella tambin entrae o supuestamente entrae un juicio, ncluso nplcito. La presencia del
juicio de los dos lados es esencial a la estructura." (10) La accin ms
evidente, incluso 1necnica o aparentemente simple, supone una posicin del que la ha ejecutado. No se puede escapar a ste doble juicio: sobre la accin) y tambin sobre el que la ha producido, por lo
que puede decirse aqu que no hay acciones obvias, u objetivas.
Hay que establecer aqu una diferencia sustancial entre el clnico propiamente dicho: aquel que compromete en su acto una escucha y una decisin, de la que se hace responsable luego; del tcnico
burcrata que se basa en tildar tems para administrar una tcnica,
tcnica de la que es mero ejecutor, y de la que por lo tanto, no se
hace responsable.
La prctica clnica de la salud se presenta sie1npre en algn mornento inconsistente, y no necesariamente por faltas en el saber.
Esto se debe a que es una praxis en la que enconrramos inevitablemente situaciones que rondan el terreno del equvoco, de la paradoja de las buenas intenciones, de las ambigedades relativas a
"querer el bien" ... , donde las frn1ulas y recetas fracasan, o se
muestran ineficaces de dar cuenta de la totalidad ck las variables.
El origen de los Comits de Biotica se produce a partir de un
punto de detencin (de impasse) del discurso mdico-cientfico.
Discurso que, hasta ese momento, era suficiente para responder, o
no responder, a los problemas que derivan de su prctica. Las respuestas que se sostenan desde esta posicin a los dilemas bioticos
eran de tono "paternalista". Por algn sortilegio acadmico, el
agente de salud estaba ms capacitado para resolver la vida del paciente que el paciente misn10! Esta funcin ha remitido histricamente a una derivacin de la responsabilidad subjetiva que le concierne a cada uno, a una figura de autoridad, que por fuerza deba
ser infalible, en cuyas manos se deposita el destino propio, y la relacin con la enfermedad y la muerte.
El establecimiento de un dispositivo interdisciplinario, pluralista, multidiscursivo, ha querido someter a debate aquellos impasses de la clnica, la docencia y la investigacin_ Se trata, indudablemente, de un dispositivo original, creativo, que pone en suspenso
los saberes de cada uno, con los que cada quin se inviste social-
que siempre en algn momento (por ms buenas intenciones que se
detenten), terminan siendo autoritarias.
En esta dimensin de la tica como acto nico se puede captar
mejor la famosa frase de John Keats: "La belleza es verdad; la verdad, belleza. Esto es todo lo que sabes sobre la tierra, todo lo que
necesitas saber."(7).En la verdad, en la belleza, en el acto tico, se
trata de lo singular, de lo irrepetible. De lo que tiene valor en un
momento, en una situacin) y solo para esa situacin.
Por estas razones, puede afirmarse que "hay tica donde hay
eleccin"(8), la eleccin siempre reconoce un marco, un lmite de
posibilidades, pero en ese marco (por mas amplio o limitado que
sea), es obligado ocupar una poscn, definir un lugar, del que se es
responsable. Tambin se debe destacar que dicha eleccin, para ser
autntica, no debe ser completamente determinada por ningn credo religioso, o dogma ideolgico establecido, la eleccin particular
puede tener sus referencias, pero se ubica siempre 1ns all de las
convicciones compartidas. Cmo podra, entonces, considerarse
la eleccin de perder la vida por no amputar una pierna gangrenada por la diabetes, cuando las consecuencias de dicha amputacin
significan la prdida del inters de seguir viviendo?
Confundir la Biotica con la tica en general, o con la moral
profesional, es diluir la riqueza y la complejidad de los problemas
que se presentan en este terreno, que derivan directamente del ejercicio de la prctica clnica en el amplio campo de la salud, y de las
consecuencias no deseables de la investigacin cientfica.
Como lo dice Jacques Alain Miller, se trata de "demostrar que
no hay clnica psicoanaltica sin tica"(9), y tambin puede decirse
que toda prctica clnica (se puede incluir aqu la clnica mdica,
psicolgica, psicopedaggica, etc.), en tanto la clnica supone un
lazo subjetivo, explcito o no, supone una tica. La demostracin no
es especulativa, no nicamente terica: es en acto, un acto propio e
irrepetible. Se trata de hacerse cargo del acto, y de sus consecuencias. Dichas consecuencias no estn predeterminadas, derivan del
acto que las produjo, pero no pueden conocerse en su totalidad, ni
siquiera anticiparse. El acto supone hacerse cargo de la incertidumbre de las consecuencia, soportar lo impredecible. Esto no implica
que, a posteriori, no se deba intervenir sobre estas consecuencias
(de todas maneras eso es, sn dudas, un modo de hacerse cargo).
Y se debe explicitar aqu que se trata en verdad de un doble juicio tico: un primer juicio que se produce sobre una accin determi-
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2. Los principios de !a Biotica en Salud Men-:21 _..,
B!OTICA, SALUD MENTAL Y PSICOANUSIS
Psk.,~n~1's-:s
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n1ente, de los cuales se obtiene habitualmente un cierto prestigio,
para establecer un debate que ocurre en un mismo plano horizontal, que posibilita un cierto dilogo entre discursos. Es desde alfr
que se puede enco~trar en un Co1nit de Biotica a religiosos, cientficos, filsofos, psicoanalistas y tambin vecinos de las Instituciones Asistenciales, pacientes o no. E.J espritu de un debate diverso
het~rogneo) de donde pueden extraerse soluciones siempre provi~
sonas, de donde pueden formalizarse cuestiones y conclusiones
que escapan a las normativas establecidas. Estas decisiones {no
obligatorias) pueden contemplar la dimensin subjetiva en juego,
es lo que per1nite a los Comits de Biotica que puedan evitar ''restaurar el sentido moral del Otro" (11 ). O sea emparchar los atolladeros de la moral en crisis.
Los Comits de Biptica, y la Biotica en general, no tienen por
objetivo construir normas morales, ni procedimientos estndares en
inateria de moral, sino ampliar las posibilidades en casos particulares, que presentan cruces discursivos conflictivos. Los Comits de
Biotica no son Tribunales de tica. En la Biotica no hay objetividad, lo que no significa arbitrariedad del pensamiento. El Comit de
Biotica no es el lugar de la asociacin libre, es el lugar del fundamento de lo que se sostiene como posicin tica del evento dilemtico.
El empuje a lo jurdico
Como efecto de la proliferacin de los juicios de mala praxis,
que se constituyen en parte como respuesta a la omnipotencia de la
medicina tradicional, y en parte a una "industria del juicio", que
vislumbra la posibilidad de un mercado del juicio profesional (donde no se calculan las consecuencias que dicha prctica podra tener
en el ejercicio profesional mismo), surge como efecto una desconfianza mutua que genera la susceptibilidad de encontrar en el otro
de la dada profesional-paciente, un enemigo potencial.
En algunos casos, se desva, en la implementacin de Comits
de Biotica legalistas, una tendencia no confesa hacia comits jurdicos larvados, o a veces semi-explcitos, que cierran el debate
biotico por una salida acorde a "lo legal", a la norma establecida.
O sea, se clausura la posibilidad de un debate fecundo en casos controversia les por una solucin jurdica, que no necesariamente
plantea el inters subjetivo que ha generado la situacin dilem-
tica. Por qu los jueces seran portadores de un saber para resolver casos, cuyo conflicto se centra en la irrupcin de la condicin
subjetiva del paciente, o el profesional?
Si bien este es un riesgo extendjdo, no por ello debe pasar desapercibido en el funcionamiento de los Comits de Biotica, donde muchas veces el recurso a la forma obtura la posibilidad de un verdadero
debate, o sea una discusin que no desmienta la transferencia que se
instala inevita ble1nente en la relacin entre el que busca un alivio a su
malestar, y aquel que propone un tratamiento para ese malestar.
Cuando en la prctica del Derecho se dice "dar a cada uno lo
suyo", qun decide esto en los conflictos que implican la posicin
subjetiva de cada uno? Quin puede leer las transferencias cruzadas que ocurren habitualmente en la clnica?
La responsabilidad
Cuando nos referimos a la responsabilidad, debemos discernir
con precisin si se trata de la responsabilidad Jurdica, Social, o
Subjetiva. En los tres casos se trata de dar respuestas, la palabra
responsabilidad remite a esto: dar respuesta. Se reconoce como responsable a aquel que puede dar una respuesta_ En el campo jurdico la respuesta es obligatoria, nadie puede aducir desconocer la ley
que rige para todos, justamente por eso son muchas veces difciles
de detectar los lmites y los alcances de la ley, concluyente en tanto
predicacin general, en ocasiones equvoca en su aplicacin, razn
por la cual la ley debe ser interpretada por aquellos que la aplican.
En el caso de la responsabilidad social, la obligacin compulsiva se diluye, y compete aqu a la interpretacin de cada uno, que se
rige por los valores y condiciones de cada quin. Valores que necesitan inscripcin y reconocimiento social, pero que tambin reconfortan ntimamente al ser realizados.
La responsabilidad subjetiva, en cambio, esta sostenida por el
sentimiento inconsciente de culpa (12), y es lo que permite que la
responsabilidad jurdica y la responsabilidad social tengan eficacia. El sentimiento inconsciente de culpa es lo que permite que el
castigo tenga alguna razn de ser. Sabemos que inoperante es cualquier forma de castigo (penal, religioso, moral, etc.,) cuando el
sentimiento de culpa no participa de la dimensin punitiva. Pero
resulta paradjico que la satisfaccin pulsional suponga una insa-
40
BIO~TICA, SALUD MENTAL Y f>S!COANUS!S
tisfaccin simultnea: el concepto de goce, como superposicin del
placer y el displacer, resulta indispensable para considerar desde
una perspectiva no normatizante los dilemas bioticos.
Segn Sigmund Freud, los sentimientos son concientes, excepto
el sentimiento inconsciente de culpa, alrededor del cual se organiza
toda su segunda teora en psicoanlisis. A partir de 1923 (El Yo y el
Ello (13)), los conceptos de Supery, masoquismo ergeno, resisten
cia teraputica negativa, malestar en la cultura ... , giran alrededor
del sentimiento inconsciente de culpa y la necesidad de castigo.
La paradoja es que el sentimiento de culpa es lo que produce
tambin su propio padecimiento, desde la Neurosis hasta la M_elancola. Es el responsable de la patologa de la responsabilidad ti
ca (14). El sentimiento inconsciente de culpa es el fundamento mis
mo del lazo social. De ah que el sujeto es siempre responsable. El
sujeto es en s mismo una respuesta al vaco de la culpa; es una respuesta en tanto est atravesado por el lmite de su posibilidad, que
en definitiva es el lmite de su existencia.
El concepto psicoanaltico de inconsciente plantea una situa
cin paradjica respecto de la responsabilidad: quin es responsa
ble de la asociacin libre? La respuesta de esa responsabilidad es el
deseo que el sujeto despeja en su anlisis, y de qu modo dicho deseo se entrama con los otros. No hay deseo en soledad, y no hay
deseo sin consecuencias para los otros. La responsabilidad subjeti
va es soportar las consecuencias que devenen de la propia posicin
deseante, soportar los efectos del deseo. No se trata, por cierto, que
exista una habilitacin para hacer cualquier cosa (al modo de una
lbertad ingenua), sino de las consecuencias que implica la relacin
deseante con los otros. El sujeto, a travs de un psicoanlisis, se
har responsable de su goce, implicado en su posicin de deseo. Y
se trata, tambin, de desplegar un deseo sin el lastre de la culpa.
De ah lo que seala Lacan: "De nuestra posicin de sujetos, somos siempre responsables". Entonces, como lo dice Eric Laurent:
"Al psicoanalista no le preocupa el 'justo medio' como.ideal" (15),
no se ubica a la justa distancia de los excesos, la solucin por el de
seo no tiende a una armona del Todo.
Las soluciones de la Biotica son soluciones parciales, coyunturales, que apuntan a tomar en cuenta la singularidad del deseo de
un sujeto, que eventualmente atraviesa su posicin de paciente de un
compromiso en su salud. Todo su recorrido en tanto paciente est
atravesado por su posicin subjetiva.
::i.
Los principios de !a Blotica en Salud Menta! y Pslcoanllsis
41
Autonoma versus beneficencia
Uno de los puntos controversiales en nuestro can1po es la tensin que se genera entre Autonon1a y Beneficencia. Cn10 compatibilizar, si esto es posible, la decisin de los pacientes con la in
tencin de "hacer el bien" del Equipo de Salud?
El concepto de Autonoma es extrado de la tica anglo-sajona,
donde e1 criterio prevalente es el de la independencia de cada uno,
y la justeza de respetar esta sitt1acin. Desde el psicoanlisis inspirado en Jacques Lacan, se cuestiona la "autonoina del yo", como
lo plantea la llamada "Psicologa del yo". Desde una lectura freudiana, la constitucin del yo se establece a partir de una compleja
red de intervenciones familiares, culturales, sociales ... Resulta difcil diferenciar que es propio del yo, y que se deriva de una trama
mltiple de identificaciones, alienaciones al discurso del Otro en
todas sus formas, evidentes o no.
La idea de Autonoma en la prctica mdica ha permitido una
restriccin del npaternalismo" benefactor, pero agrega otras dificultades: las que derivan de urilizar la Autonoma como excusa
para evitar la responsabilidad profesional inherente a la accin te
raputica. En este sentido la Autonoma, cuando se la plantea como
un absoluto en la decisin de los pacientes, puede ser funcional al
ideal cnico que caracteriza nuestra poca: "Que cada uno se las
arregle como pueda". Este ideal es funcional a tomar el cuerpo
como objeto del mercado, es decir como mercanca. El cuerpo deja
de ser un lugar de lo sagrado (como lo queran las religiones), y
pasa a ser parte de la privatizacin total de la salud, de la venta legal o ilegal de rganos, de la distincin fctica de una salud para ri
cos y otra para pobres ... , etc ...
La relacin entre los principios de Autonoma y Ben"eficencia se
complca an ms, cuando el paciente no quiere curarse. Parece
obvio, p~ro no lo es tanto, que no es obligatorio curarse, pese a los
mandatos sociales, culturales, religiosos ... La cura, o el alivio, es
una decisin que emana de la posicin subjetiva de cada uno, y
debe estar al abrigo de los ideales culturales, de presiones de toda
ndole, incluso en la supuesta "irresponsabilidad" de la psicosis.
En efecto, el sujeto psictico posee sus modos de expresin respec
to de su necesidad de tratamiento, y esto no tiene nada que ver con
lo que se pueda observar en el plano de los fenmenos. Existe una
clnica sutil, minuciosa, que puede despejar, con la prudencia del
I'11
,.
2. Los principios de la Biotica en SaltJ,d Mental y Pslcoanlis!s
42
8!0ETICA, SAlUD MENTAL Y PSICOANLISIS
caso, la verdadera posicin del sujeto psictico respecto de sus tratamientos, y su actitud deseante hacia la vida. Atender a la posicin del psictico desde una escucha sostenida y atenta, permite
ubicar niveles de responsabilidad, que no son los de la atribucin
jurdica, y que son pertinentes a la clnica en transferencia. Es un
deber tico de la clnica en general~ y de la psicosis en particular, des-
tacar la responsabilidad que se extrae de la experiencia del tratamiento, por sobre la determinacin legal.
En la experiencia cHnica, la verdadera Autonoma no es someterse ciegamente a lo que el paciente exige, sino respetar, en la me-
dida de lo posible, el goce de cada uno. No hay Una forma de enfermar, ni ta1npoco Una forma de tratamiento de la enfermedad, .en
la medida que eso conmueve los mrgenes de la posibilidad.
Calidad de vida?
El concepto de calidad de vida conlleva una serie de controversias. En principio, lo que se trata de rescatar es que no se trata de
conservar la vida de cualquier modo. La sobrevida no es siempre si-
43
arbitrarias) por la va de la piedad~ o la l~stna. Ningn paciente
necesita de la conmiseracin de un se1ne1antei que en e.se acto. se
ubica en un lugar de superioridad. Con cierta frecue~cia~ la v1da
enfrenta situaciones lmites, en las que se cr~zan los ideales de la
moral, con lo precario de la existencia. Conviene no ponderar demasiado las morales prodigiosas.
.
Sabetnos, tambin, el efecto devastad~r, exter:runa?or, qt.1e ,~
tenido (en el rgimen nazi, y en otros ... ) la 1deologta de 1mpedff la
d d. na de ser vivida"(16) cuando es aplicada al otro. Los ar-.
Vl a lil 1g
'
l
gumentos de conmiseracin, de producir un. :hvro de su~u~sto
malestar del prjimo, de una aparente conn:ioc1on .por el sufr1m1en-
to del otro, no disimulan el odio por la diferencia, en su aspecto
ms radical.
.
de "cura" como restablecimiento del organismo
Ante la d
1 ea
.,
.
d "cura,,
"sano'' es importante recuperar la acepc1on ant1g~a e
como s~rge (ocupacin, preocupacin), que en ale.man ?r~duce la
palabra besorge (prestar atencin, ocuparse con deter:.1m1~nto en
determinada cosa). Se trata de curar en tanto acompanar, 1nclus~
cuando no hay un tratamiento que revierta el proceso morboso (que
devastadora es la frase: No hay nada que hacer!, que suele ecirse
cuando los recursos teraputicos se han agotado). Acampan.ar sig-
nnimo de bienestar, ni de satisfaccin. Si bien parece ser obvio que
nifica tambin incluir la muerte como un acontecimiento (17) de la
1a posicin dominante en terreno de la salud es preservar la vida, no
es tan obvio en qu condiciones se establece dicha preservacin.
El derecho a una' "segunda opinin'i debe ser preservado por
vida. y que cada uno pueda acceder a su propia muer:e, la que es
los profesionales y por los pacientes. Es un modo de impedir (en alguna medida), el cierre de la dimensin subjetiva por el recurso a la
autoridad.
Los ideales del que interviene en la salud no deberan ser los
que determinen qu modo_ de vida es conveniente; No es tan sencilla la respuesta cuando colisionan las decisiones de los pacientes,
y los que los rodean. La calidad de vida de unos se ve afectada por
las decisiones de otros, en una trama donde no puede haber neutra-
lidad. Otra vez aqu no se trata del ideal de la "justa medida", ni
del "justo equilibrio": lo que est en juego es la preservacin de la
condicin subjetiva de cada uno, de lo irrepetible que hace a la condicin humana como tal. Estos son los elementos a evaluar al evi-
tar culpabilizar a las familias de los pacientes, y al tomar decisiones
relativas a externaciones, internaciones, decisiones que siempre
implican cambios relevantes en la vida de las personas. El Ideal teraputico puede adoptar muchas veces posiciones moralizantes y
un reflejo una resonancia, de aquello que hubo en su vida.
El fcil y adecuado acceso a los tratami:ntos p~ra preservar la
salud no es una obligacin, ni tampoco un 1mperat1vo cul~:r~al. En
todo caso es un derecho que no puede desconocer la cond1c1on hu-
mana donde se establece.
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10) Lacan J.: Seminario 7 "La tica del Psicoanlisis", pg. 370, Buenos Aireso Ed. Paids, 1988.
11) Miller J-A y Laurent E.: El Otro que no existe y sus comts de ticai Buenos Aires: Ed. Paids, 1005.
12) Freud S.: "El Yo y el Ello", Obras Completas, Tomo XIX, Buenos Aires:
Ed. Amorrortu, 1979.
13) Freud S.: "El Yo y el Ello", Obras Completas, Tomo XIX, Buenos Aires:
Ed. Amorrortu, 1979.
14) Miller J-A.: "Patologa de la tica", en el libro Lgicas de la vida
amorosa, pg. 72, Buenos Aires: Ed. Manantiali 1992.
15) Laurent E.: Los objetos de la pasin, pg. 102, Buenos Aires, Ed. Tres
Haches, 2004.
16) Platen-HalJermund A.: Exterminio de enfermos 1nentales en la Ale1nana
nazi, pg. 21, Buenos Aires: Ed. Nueva Visin, 2007_
17) Acontecimiento como lo formaliza Alain Badiou, en El Ser y el Acontecimiento (E.el. .Manantial); es decir como hecho relevante que produce un
corte en el Otro, pero que se genera en el Otro.