Gastronoma y anarquismo.
Restos de viajes a la
Patagonia. (Christian Ferrer)
Las expediciones
Cuatro son los puntos cardinales y cuatro los hombres significativos que ingresaron a la
Patagonia a fines del siglo pasado. Por el Norte, el General Julio Argentino Roca al mando
de un ejrcito; por el Sur, el anarquista Errico Malatesta junto a otros dos compaeros de
ideas; por el Este, doscientos emigrantes galeses que arribaron en un buque llamado
Mimosa, una suerte de Mayflower para la regin del Chubut, en busca de una nueva vida;
y por el Oeste, a travs de tierras araucanas, el francs Orllie Antoine de Tounens, hidalgo
provinciano arruinado que pretende un cetro y una corona. La Patagonia fue invadida por
un militar, que sera prximo Presidente de la Argentina; por un rey de opereta; por un
anarquista fugitivo del gobierno italiano; y por colonos cuyo lder, Lewis Jones, crea en un
vago ideario socialista de ndole fabiana. Cada uno de ellos tena en mente un modelo de
organizacin colectiva: la Comunidad corresponde a los colonos; el Imperio al autoasumido
Rey de Araucana y Patagonia; el Estado-Nacin al General Roca, y al fin la Revolucin
Mundial a los anarquistas. Cada una de estas expediciones patagnicas dej tras de s restos
histricos, emblemticos, espirituales, e incluso gastronmicos, que, a excepcin de la
crnica de la incursin estatal-militar, fueron disolvindose en el olvido, y resultan ser, para
los argentinos de hoy en da, vaporosos; a los sumo, ancdotas. Esos vestigios histricos
estn enterrados a ras de tierra: sobreviven dbilmente en las leyendas populares de la
regin o en los rumores excntricos que de vez en cuando alguien rememora. Es lo justo: el
Estado se ocupa de promover las gestas unificadoras del territorio y de incrustarlas en los
programas curriculares difundidas en escuelas y universidades. Los dems slo pueden
aspirar a la piedad histrica que se transmite de boca en boca, esas cuencas carnales que
amparan la historia social de un pueblo. En ocasiones, una sola persona en el mundo
recuerda
lo
ocurrido.
A mitad del siglo XIX la Patagonia era sinnimo de territorios desconocidos, vientos
furiosos, espacios gigantes, semidespoblados y nunca mensurados; de tierras de indios
Tehuelches y Mapuches. An circulaban las leyendas improbables sobre la existencia de El
Dorado, la ciudad de oro que buscaron afanosamente los conquistadores espaoles, esta vez
en uno de los ltimos territorios an inexplorados de Sudamerica. Lejos de su largusima
lnea costera, en donde de vez en vez se haban detenido exploradores, balleneros o
abastecedores de los escasos puertos all establecidos, el interior patagnico era tierra de
nadie, es decir, de indgenas; era La Tierra, tal como la llamaban los mapuches, sus
pobladores primigenios. Slo algunos pioneros y los eternos traperos que comerciaban con
los indios conocan algunos senderos interiores. El autntico gobernante de la Patagonia en
el siglo XIX era el viento, cuyas borrascas fogosas alcanzaban, en su momento de
esplendor, los ciento veinte kilmetros por hora. Al terminar el da, el silencio transparente
y la noche austral, espejos simtricos, se fundan suavemente. Patagonia era una palabra
escrita en un mapa vaco, al cual los gobernantes argentinos recientemente liberados de su
larga guerra civil vigilaban ansiosa y codiciosamente desde Buenos Aires, preocupados por
las posibles reclamaciones chilenas o europeas.
Colonos y soldados
Algunos galeses huan de la intolerancia religiosa; de los ingleses, todos. En 1865 los
colonos desembarcaron en el Golfo Nuevo y se internaron por el valle del ro Chubut.
Lucharon contra los elementos y fundaron pueblos a lo largo del ro: Madryn, Rawson,
Gayman, Trevelyn. Por aos, sus vecinos habituales no seran los argentinos sino los indios
tehuelches, quienes, pedigeos por naturaleza, les reclamaban continuamente comida y
todo tipo de objetos. El intercambio se haca en lenguajes intraducibles en Buenos Aires:
gals y tehuelche. A poco de llegar muri el primero de los colonos y fue enterrado en un
cementerio consagrado, atrs de la capilla protestante. Fue entonces cuando la ciudad de los
inmigrantes culmina su primer ciclo. Ese cementerio, ya colmado, fue clausurado en la
dcada de 1930. An as, el ltimo de los emigrantes originarios sera enterrado en ese
primer cementerio, reabierto exclusivamente para este ltimo de los primeros. Lentamente,
los galeses se acriollaron y al tiempo el valle del Ro Chubut comenz a ser compartido con
otras
corrientes
migratorias,
incluyendo
argentinos.
Aos despus, en 1878, el gobierno argentino comenzara la ocupacin final de la
Patagonia, mediante un movimiento militar de pinzas al cual se llam oficialmente la
conquista del desierto, es decir, la subordinacin de sus dueos originales al Estado
argentino. Para acabar con el problema del indio se envo un ejrcito al mando del
Ministro de Guerra, Julio A. Roca, cuya misin supona traspasar la lnea de frontera con
los indios establecida dcadas antes a travs de una serie de fortines, y derrotar en forma
drstica a las tribus ranqueles, pehuenches, pampas, mapuches y huiliches. Eran 6000
soldados organizados en 5 divisiones de ejrcito contra 2000 combatientes indgenas
dispersos. Eran fusiles y telgrafos contra lanzas y boleadoras. Cuando el 25 de mayo de
1879 el impulso beligerante de ese ejrcito ya haba dejado tierra arrasada detrs de s y
haba terminado con el poder del ltimo capitanejo indgena, el General Roca da por
finalizada la expedicin al llegar a los mrgenes del Ro Negro. Haban muerto 1300 indios,
se haban hecho 10500 prisioneros, y 55 millones de hectreas haban sido incorporados al
mapa del estado argentino. Poco despus, en esos territorios se funda una ciudad que hasta
el da de hoy mantiene su origen toponmico militar: Fuerte General Roca. El destino
posterior del Comandante sera la poltica, de la cual se transform en el gran arbitro
durante las dcadas siguientes. Militar, poltico, siempre sera un Hombre de Estado. An
as, la ocupacin definitiva de la Patagonia llevara diez aos ms de escaramuzas con los
indgenas localizados ms al sur.
El Rey
Dos dcadas antes, por el este, desde Chile, un hombre solitario que suea con imperios,
cruza la Cordillera de Los Andes. Tiene treinta y cinco aos. Haba sido procurador en
Prigueux, y siendo vido lector de libros de geografa y de viajes de exploradores, decide
viajar a Sudamrica a tentar suerte y conquistar tierras. En 1858 desembarca en el puerto de
Coquimbo, Chile. Durante los siguientes dos aos, y an antes de pisar los territorios donde
los Araucanos an vivan ajenos a los designios estatales del gobierno chileno, ya se haba
pertrechado de una bandera, un escudo y una constitucin para su futuro reinado. En 1860,
junto a dos comerciantes franceses que solan traficar abalorios y vicios con los indios, y a
los que haba prometido elevar al rango de ministros, se interna en la Araucana.
Lentamente, a lomo de mula, arrib a la tierra que se haba prometido a s mismo. El 17 de
noviembre de 1860, apenas conseguido un tmido y ambiguo apoyo de los caciques
indgenas, Orllie Antoine emite un decreto proclamndose a s mismo Rey de la Araucana.
Acto seguido, enva una comunicacin postal dirigida al Presidente de Chile, Manuel
Montt, anuncindole la buena nueva; noticia que el gobierno chileno decidi ignorar por
completo. Un rey sin ejrcito no supone un problema, por ms que el primer nmero
romano haya sustituido al apellido Tounens. Tres das despus, con otro decreto, anexa a la
Patagonia argentina entera a su reino, al cual bautiza con el nombre de Nueva Francia. La
primera aventura araucana de Orllie Antoine finaliza abruptamente en enero de 1862,
cuando, traicionado por dos de sus guas y lenguaraces chilenos, es atrapado por un
destacamento militar. Para entonces, el gobierno del nuevo presidente Jos Joaqun Prez
estaba medianamente alarmado ante la posibilidad de una sedicin indgena soliviantada y
liderada por un manitico francs. Dos aos de arengas a los indios y de pattico reinado se
desgranan lentamente en una prisin chilena, donde permanece por nueve meses. Es
juzgado, y condenado a ser recluido en la Casa de Orates de Santiago de Chile, humillacin
de la que es salvado por la oportuna intervencin del Cnsul de Francia en Valparaso, que
logra repatriarlo a Pars. Haba sido destronado. En su destierro francs, que dura de 1862
a 1869, se volver objeto de mofa o de curiosidad. Pero el hombre es incansable. Publica un
peridico propio, lanza un manifiesto, fatiga al senado francs con una peticin tras otra.
En 1869, desembarca nuevamente en la costa argentina de la Patagonia, en San Antonio, y
atravesando las pampas, desemboca entre las tribus araucanas de Chile. Uno de sus
acompaantes se llamaba Eleuterio Mendoza, que bien merecera ser el nombre de un
anarquista. Perseguido por el ejrcito chileno, vuelve a cruzar la cordillera en sentido
inverso, y llega al puerto de Baha Blanca, casi donde haba iniciado la reconquista de sus
territorios. Era julio de 1871. Embarca a Buenos Aires, donde es entrevistado por varios
peridicos. La Tribuna, que sera el rgano poltico del roquismo, se sorprende
irnicamente de que el gobierno argentino no le haya hecho la recepcin debida a su alto
rango. En abril de 1874 intenta por tercera vez llegar hasta sus sbditos. Desde Buenos
Aires, y en el barco Pampita, viaja a Baha Blanca, donde es reconocido, detenido y
expelido rpidamente a Francia. De all en ms vivir en una corte de mentira, rodeado de
ministros sin poder y de aventureros varios que inauguraban las sesiones de la corte
cantando el himno del Imperio a voz en cuello. Otorgaba ttulos de nobleza y venda
monedas acuadas de un reino inexistente, de valor nicamente numismtico, pues ni
siquiera en su falsa corte eran aceptadas como medio de pago. Curioso: mientras comparti
las rutas de los mapuches, solo el antiguo mtodo del trueque le permiti sobrevivir. Al fin,
corrido por sus acreedores, se refugi en la regin de Dordoa, donde se gan el pan de
cada da con el oficio de lamparero pblico en el Municipio de Tourtoirac. Y as hasta el 19
de septiembre de 1878, cuando el Rey de la Araucana y la Patagonia es llamado a visitar
un reino superior.
El anarquista
Errico Malatesta haba nacido un 14 de diciembre de 1853 en Santa Mara Capua Vetere,
una ciudad presidiaria. Sus padres eran modestos terratenientes, de ideas liberales. Cuando
Malatesta tena catorce aos escribi una carta, insolente y amenazadora, dirigida al Rey
Vittorio Emmanuele II. La polica se tom la correspondencia muy en serio: fue arrestado y
apenas logr salvar la ropa. El pronstico del padre no fue alentador: Pobre hijo, me sabe
mal decrtelo, pero a este paso acabars en la horca. Luego de enterarse de la insurreccin
de Pars, en 1871, adhiere a las ideas de la Internacional, y con diecisiete aos viaja a Suiza
a fin de conocer a Mijail Bakunin. De all en adelante, se transform en uno de los
revolucionarios ms famosos de su tiempo. Edit el peridico La Questione Sociale,
primero en Florencia, entre 1883 y 1884, luego en Buenos Aires, 1885-1886, y al fin en
New Jersey, 1899-1900. Organiz grupos de compaeros, sindicatos y publicaciones, lider
revueltas, escribi algunos libros breves, sobre todo procur unir a la familia anarquista y
salvarla de sus tendencias centrfugas. Con el tiempo editara tambin los peridicos
LAssociazone, LAgitazone, Volont, Umanit Nova y Pensiero e Volont. Pas treinta y
cinco aos de su vida en el exilio, difundiendo la idea por Espaa, Francia, Suiza,
Inglaterra, Portugal, Egipto, Rumania, Austra-Hungra, Blgica, Holanda, Estados Unidos,
Cuba y Argentina. En 1874 fue encerrado en la crcel por primera vez por liderar una
insurreccin en Apulia. Tres aos despus, al mando de una banda de anarquistas, Malatesta
ocupa la aldea de Letino, donde, en presencia de los campesinos, destituye al Rey Vittorio
Emmanuele y ordena quemar los registros fiscales de la regin. La bandada anarquista se
dirigi luego al pueblo de Gallo, donde rompieron la medida con la que se meda el
impuesto en harina. Nuevamente es llevado a juicio y condenado a tres aos de prisin, de
los que cumple solamente uno. Ms adelante pasara muchas temporadas en la mazmorra.
Cuando ya se haba hecho un nombre en los ambientes anarquistas, logra sortear una orden
de detencin impartida en Florencia, introducindose en un barco, oculto en una caja que
tambin contena una mquina de coser. Llegara a la Argentina munido del pasaporte
plebeyo de polizn. Era el ao 1885. En Buenos Aires se conecta con anarquistas italianos
nucleados alrededor del Crculo Comunista Anrquico, y casi inmediatamente reinicia la
publicacin de La Questione Sociale, que se reparta gratuitamente y de la cual se editaron
catorce nmeros. En esta ciudad trabaj primeramente, junto a su camarada Natta, como
mecnico electricista en un taller propio que fracas, y luego en la elaboracin de vinos.
Permanecera en Argentina hasta 1889. Durante toda su vida, cuya mitad transcurri en
crceles, exilios y arrestos domiciliarios, Malatesta se destac por su sentido prctico y su
capacidad organizativa y publicstica. Nunca fue un soador: siempre crey que la voluntad
humana era ms importante que la inevitabilidad histrica de la revolucin y que ninguna
acuacin utpica poda sustituir al anlisis preciso de las coyunturas histricas. Y sin
embargo, tambin l se intern en la Patagonia.
Geografa espiritual
Brjulas, teodolitos y astrolabios son imprescindibles para cartgrafos y exploradores;
tambin para propietarios de tierras y gobernantes. No obstante, la tierra tambin ha sido
una cuenca hollada por caravanas nmades, expediciones perdidas, errancias, disporas,
odiseas y xodos. El espacio fsico no es un dato material constante; por el contrario, es la
arcilla hendida y modificada continuamente por las leyes humanas del espaciamiento, en
cuya jurisdiccin rigen el esfuerzo y la imaginacin tanto como la suerte y la reticencia de
la naturaleza. En la conjuncin de estas cuatro condiciones se abren paso las expediciones
de hombres solos o de tropas organizadas. As como algunos adivinan el destino sobre un
portulano u oteando la rosa de los vientos otros avistan el derrotero en manifiestos o en los
rumores que son soltados en las ciudades. Entre los hombres y las regiones han de existir
secretas correspondencias a las que el cartgrafo hara bien en atender: paralelos
insospechados, y meridianos caprichosos. Dnde ubicar la seccin urea, el nmero de
oro de los pintores renacentistas, que ayude a organizar las proporciones de un atlas
espiritual? El aire de familia entre humanos y territorios pertenece al orden de los
elementos cuya correspondencia puede elevarse a rango de principio cosmognico. A esa
correspondencia cartogrfica podemos llamarla geografa espiritual. Se trata de una
ciencia que, sin renegar de la historia y la economa, permite vislumbrar los pasos perdidos,
los senderos olvidados, las rutas desusadas, y sobre todo, hace intersectar los atlas
imaginarios (literarios, utpicos, legendarios) y los dramas biogrficos. La imaginacin se
superpone e imprime sobre la materia: sirva de ejemplo la toponimia patagnica, que
expone la desbordante creatividad lingstica de exploradores y pioneros: el humor y el
delirio se unen al santoral y la simbologa estatal. En los mapas de la geografa espiritual no
buscamos energas csmicas ni horizontes tursticos novedosos sino la materia emocional
que un historiador atento debera rescatar de los escombros, documentos y relatos orales. El
buen cartgrafo debe aprender a desconfiar de las mediciones precisas, pues a cada espacio
fsico corresponde un atlas simblico. La geografa paralela bien podra ser la psiquis de la
cartografa y tambin la anmica de las naciones. A cada nacin les son propios territorios
legendarios a cuyos meridianos y paralelos sera intil determinarlos en forma positivista.
Brasil dispone de su Amazonas; Africa del Norte, de su Sahara; Rusia, de Siberia; la India,
del Himalaya; Canad, del Yukon. Argentina tiene su Patagonia. Y a cada una de estas
regiones de leyenda corresponden tipos caracterolgicos: el exiliado a la Siberia; el
tuareg al desierto; el alpinista al Himalaya; el garimpeiro al Amazonas; el buscador de oro
al Yukon y el pionero a la Patagonia. La ciudad no otorga este tipo de visados a las
vocaciones de sus habitantes; apenas los tickets imprescindibles para lubricar la circulacin
urbana. An ms: la globalizacin meditica, financiera y tecnolgica ha logrado que todas
las
grandes
ciudades
del
mundo
se
repliquen
mutuamente.
Hombres como Malatesta, Orllie Antoine o los colonos galeses queran confirmar que en
las grandes extensiones hay libertad. No una libertad metafsica. Aqu hay que inventariar a
beneficio de inventario la geometra defectuosa: falta catastro, frontera, hitos, plaza fuerte,
sealizacin. Pero a la libertad geogrfica perfecta, que es polar, la naturaleza no le es
propicia. Promover la lrica de la libertad expedicionaria o la nostlgica de los pioneros
y otros hombres de frontera resulta inconducente, pues si estos ejemplos sirven de algo, es
para pensar al impulso centrpeto de los ltimos cien aos, es decir la creciente mengua de
la capacidad humana para anhelar e imaginar libertades. Opuestamente, la preferencia por
lugares legendarios de ndole acfala pule nuestra mirada de manera de poder avistar la
grieta en la armadura, la babera en el yelmo, la mueca grotesca en la cabeza coronada.
Ciertas extensiones del planeta estn filiadas entre s, por guardar recodos, entradas y
paisajes que ningn hombre ha visto an. Sin embargo, no son los primeros hombres los
enemigos de las tierras vrgenes, sino el Estado. El explorador siempre ha sido un
Adelantado del Verbo: nombra los ros, clasifica la flora y bautiza los confines; pero el
agrimensor, notario estatal, mide, calcula y diagrama el terreno. No obstante, los
exploradores, los misntropos y los rprobos llegan antes. La Patagonia, incluso hasta
nuestros das, carece de historia; solo dispone de historias, a las que el sistema pedaggico
nacional soslaya prolijamente y que solo pueden ser rescatadas de los rumores que el viento
se llev. La de Malatesta es una de tantas. Las dimensiones de la cartografa poblada de
historias deben proyectarse a escala humana, tomando en consideracin el modo en que la
geografa actu sobre el destino de los que all incursionaron, no en tanto condicin
topogrfica o econmica, sino como activante de tareas o como resolutor de fuerzas
anmicas en tensin. El drama personal y el medio ambiente donde es puesto en obra
conforman las dos piernas del comps que traza los arcos espirituales de esta geografa
paralela.
Oro y anarqua
El alambrado de pa y los decretos de creacin de gobernaciones son las consecuencias
forzosas del poblamiento pionero, previo y desordenado, de un territorio. Luego, mucho
ms tarde, se explotan las riquezas naturales de la regin. Pero este tipo de soledades,
antes de ingresar en los relevamientos estadsticos y en los atlas fiscales de un pas, solo
ofrecan una riqueza, a la que desde antiguo acuden enjambres de desfavorecidos por la
rueda de la fortuna. An ms que el hambre o que la bsqueda de oportunidades, ms
todava que el xodo obligado por la guerra civil o por la persecucin religiosa, han sido los
metales los que desde antiguo han regido sobre las migraciones humanas. Una historia del
nomadismo mostrara un mapa de los desplazamientos de herreros y metalrgicos desde la
Edad de Hierro en adelante. En el norte del Canad como en el sur de la Argentina el oro
hibern durante siglos, pero quien busca la Ciudad de los Cesares tarde o temprano
encuentra sus ruinas detrticas. De todas maneras, la historia de las grandes ciudades que
han crecido al amparo de una sola explotacin es la misma historia de las efmeras fiebres
del oro. Esas ciudades se erigen, declinan, caen en el abandono, y son olvidadas.
Samarkanda, Petra, Timbuct, Potos, Nantuckett, Iquique, Manaos. Pueblos-campamento,
pueblos
del
camino,
pueblos
factora,
pueblos
fantasma.
En 1882 unos colonos galeses haban descubierto oro en un lugar cercano al ro Chubut, en
el Valle del Tecka. La noticia llega meses despus a Buenos Aires. En Chubut solo se haba
encontrado, en verdad, una sustancia llamada pirita, metal rutilante aunque sin valor
alguno, el as llamado oro de los tontos. No hubo tiempo para organizar una estampida de
aventureros hacia la Patagonia, pero mucha gente par los odos. Tres aos ms tarde se
anuncia que en el Cabo Vrgenes (actual provincia de Santa Cruz, entonces Territorio
Nacional de la Patagonia), mucho ms al sur, haba oro en cantidad aceptable. Malatesta,
anarquista prfugo, se entusiasma con la noticia y junto a dos compinches construye soviets
en el aire. Oro: en pos de ese palndromo viaj Errico Malatesta al extremo sur de la
Patagonia. Qu hacan tres anarquistas escarbando la Patagonia en busca de oro?
Malatesta haba liderado un par de revueltas fracasadas en Italia que, previa destruccin de
nminas fiscales y smbolos municipales, lo forzaron a huir al destierro. En Buenos Aires,
al comienzo, haba intentado estimular la accin gremial con pobres resultados. Malatesta
era todava un hombre joven que hablaba deficientemente el castellano, estaba varado en
ste puerto lejano, y siendo desaconsejable todava el retorno a Europa, habr considerado
que no perda nada con viajar a la Patagonia para encontrar su peculiar El Dorado y con el
honesto fin de financiar una imponente revolucin mundial con lingotes patagnicos. La
imaginacin de los revolucionarios suele impulsarlos hacia esplndidas auroras tanto como
al disparate y la catstrofe. Las aventuras aurferas del siglo XIX cobijaron a numerosos
utopistas y carbonarios: a la fiebre del oro de California acudieron no pocos fugitivos de la
frustrada revolucin francesa de 1848. Pero la fiebre del oro de los tres anarquistas durara
lo que un santiamn: la expedicin termin en un callejn sin salida. Los distritos aurferos
estaban mayormente bajo el control de una compaa explotadora, por la noche la
temperatura bajaba a 14 bajo cero, haba poca esperanza de hallar otra zona de buen
rendimiento y lleg el momento en que los tres revolucionarios se hartaron de sobrevivir
dando caza a las nutrias de mar. Siete meses despus de su llegada, en medio del invierno,
los anarquistas deciden abandonar la zona, luego de aventuras nada promisorias: casi
mueren de hambre y debieron ser rescatados por un barco en calidad de nufragos y
desembarcados en el pueblo de Carmen de Patagones, ya en la provincia de Buenos Aires.
Una vez en la ciudad de Buenos Aires, Malatesta se dedica a actividades propagandsticas,
y otro de los fallidos prospectores mineros, a falsificar dinero. Esos meses pasados en el sur
constituyeron un excntrico episodio en la vida del por lo dems bastante sensato
revolucionario. Cuando Malatesta, medio muerto de hambre, vuelve a Buenos Aires, da
conferencias en italiano en la Librera Internationale de E. Piette, en el Crculo de estudios
Sociales, y en el saln de actos del Club Vorwrts, En 1886 ayuda a organizar el primer
sindicato argentino moderno: el de panaderos (1), al cual le prepara sus reglamentos.
En 1888, participara en la primera huelga de panaderos del pas, que dur diez das,
y acab en triunfo. Un ao despus, parte a Europa, donde ms adelante liderara el
movimiento anarquista italiano, luego de sufrir incontables das de crcel en muchos
pases. Cuando muri, en 1932, hacia aos que sufra arresto domiciliario impuesto
por Mussolini.
La fiebre
A veces, la geografa gasta bromas pesadas a los estadistas: el oro del Yukon se halla a
escasos kilmetros de Alaska, territorio norteamericano. Pero siempre hay compensacin
para los ricos: dcadas despus se descubri oro negro en Alaska. Y antes an, los rusos se
haban alzado con la carne de la ballena y con las pieles de los grandes roedores y crvidos.
En cambio, al populacho, a los juntapuchos, a los parias y al proletariado solo les resta
recurrir a la apuesta y a la ilusin. No pocas veces ello acaba en desvaro: el oro y la fiebre
son siameses inescindibles. La quimera del oro, pelcula del comunista Charles Chaplin
sobre el rush del oro del Yukon, y el libro del anarquista B. Traven (Rett Marut) El Tesoro
de la Sierra Madre, del cual John Houston dirigi su versin, son dos indagaciones
desoladoras sobre las consecuencias que trae aparejada esa droga en polvo. Muchos de lo
que peregrinaron al Yukon murieron de hambre durante la travesa hacia el norte helado, y
los que all se quedaron debieron retornar al antiguo oficio de la caza y el comercio de
pieles. En la Patagonia el oro apenas alcanzaba para sobrevivir y extraerlo costaba un
trabajo extenuante. Pero incluso el oro encontrado en las zonas aurferas es oro de tontos,
pues en la historia centenaria de las fiebres del oro muy pocos se hicieron verdaderamente
ricos. La mayora solo encontraba las pepitas suficientes para subsistir ociosos por unos
das, para luego volver a trajinar las aguas del ro. En el nico lugar de la Patagonia donde
se encontr oro a raudales fue en la isla de Tierra del Fuego. De all, en la dcada de los
80, el extravagante rumano Julius Popper extraer una buena cantidad, dispondr de un
ejrcito, emitir moneda y estampilla hasta que su muerte prematura le evitara las
escaramuzas de rigor con el gobierno argentino. En Santa Cruz el nico filn seguro crece
en
el
ganado
ovino.
Pero
el
vellocino
no
es
de
oro.
Y sin embargo y a fin de cuentas, en los hornos de pan la masa de harina se vuelve
dorada.
En la letra de molde
Cada una de las expediciones tuvo su cronista. Al general Roca le corresponde toda la
historia oficial, y en particular los partes de guerra de la campaa militar enviados a Buenos
Aires. Su partido poltico dispondr de un peridico, La Tribuna. Al da de hoy, el nombre
de Roca se repite en todas las bocacalles de una de las ms importante diagonales de la
Ciudad de Buenos Aires, y su rostro ilustra el billete de 100 pesos, la ms alta
denominacin monetaria argentina. No debera sorprender: la toponimia del territorio tanto
como la estatuaria urbana y la efigie grfica obligatoria son privilegios de los estados. Pero
la monetaria, al menos, ser, sin dudas, una gloria efmera: en Argentina la inflacin suele
devorar
el
valor
de
la
moneda
con
mucha
celeridad.
Malatesta dej un breve testimonio (2)y ms tarde su bigrafo, Luigi Fabbri, contar la
aventura aurfera en un captulo de su biografa del revolucionario italiano (3). El Rey
Orllie Antoine I se vio obligado a ser su propio notario de actas, engrandeciendo los hechos
de su fiasco imperial en francs y en un libro titulado Orllie Antoine I, roi dAraucanie et de
Patagonie. Son avnement au trne. Relation crite par lui mme (4). Cincuenta aos ms
tarde, el estanciero Armando Braun Menndez sera el primero en ocuparse de recuperar y
ajustar la historia esperpntica del Rey, y alguien filmara una pelcula (5). En el tiempo
transcurrido entre en su primer retorno obligado a Francia y su segundo viaje a Patagonia
Orllie Antoine public intermitentemente un peridico en Marsella destinado a defender su
causa, La Corona de Acero, que resultaba ser una especie de boletn oficial de un reino
inexistente. Lewis Jones, en gals, escribi la historia de los colonos, Una Nueva Gales en
Amrica del Sud, traducida al castellano recin en la dcada de 1960. Pero antes, fundara
el peridico I Dravod (La Verdad), editado en lengua galesa en el Chubut, crnica diaria
de
la
experiencia
de
los
colonos.
Cuando las biografas, los peridicos facciosos y los testimonios ya han sido olvidados,
todava subsisten estas leyendas en otros estilos y formatos. Se sabe que en las mesas de los
bares circula un anecdotario curioso sobre personajes y eventos apenas conocidos. Todo eso
acaba en un sociales del rumor aunque, a veces, se transforma tambin en papilla
literaria, materia prima de escritores. Roberto Arlt debi haber escuchado la historia del
fracaso de la expedicin de Malatesta en algn bar porteo. Son conocidas sus
simpatas por el acratismo. Malatesta, que en su madurez sera conocido como el
Lenin de Italia, nunca se enter que su ancdota biogrfica sera integrada a la
novela Los Siete Locos, transmutada bajo la forma de un personaje que se propone
financiar la revolucin mundial con una cadena de prostbulos.
Tragedia
En 1921 la Patagonia sera el escenario de uno de los dramas ms conocidos de la historia
anarquista. Ese episodio trgico le garantiz a la regin su ingreso en el atlas histrico de la
revolucin. En aquellas huelgas y revueltas sucedidas en el Territorio de Santa Cruz
moriran ms de mil trabajadores. Pero la Patagonia atrae la imaginacin libertaria incluso
hasta el da de hoy. Osvaldo Bayer, cronista de aquellas gestas anarquistas de 1920 y 1921
(6), reclam en 1996 la independencia de Patagonia (7), propuesta que le gan la
animadversin del Senado Nacional, donde fue amenazado con ser declarado persona non
grata. Pero bien pensado, es inevitable que encontremos anarquistas en todos los arrestos
febriles de la historia. En la Fiebre del Oro los haba. La tierra prometida es siempre Terra
Nova, pero los adelantados que all llegan pronto descubren que su paso ha ido demasiado
rpido y los ha llevado demasiado lejos y que ya es tarde como para volver sobre sus pasos.
Irnicamente, los anarquistas, cuando todava eran peligrosos, solan acabar en el presidio
de Usuahia, institucin que malafam a Tierra del Fuego con el mote siniestro de La
Siberia
Argentina,
la
Isla
del
Diablo
fra
(8).
Secuelas
El 2 de abril de 1982 el ejrcito argentino inici abruptamente la conquista de la nica
porcin de suelo patagnico que cien aos antes haba quedado fuera de sus posibilidades.
Apenas comenzada la Guerra de Malvinas la colectividad galesa del Chubut tom
inmediato partido por la causa argentina. No fueron las tres generaciones nacidas en la
Patagonia las nicas causas que motivaron esa preferencia poltica y subjetiva. Los galeses
an recordaban la antigua opresin de Gales a manos de los ingleses, que incluso llegaron a
prohibir el uso pblico de los nombres propios escritos en gals, condicin que slo
recuperaron al pisar tierra argentina. A su vez, los escasos grupos anarquistas locales se
constituyeron en uno de los poqusimos grupos del arco de la izquierda en manifestarse en
contra de la guerra. Por ese tiempo, en el mismo momento en que la armada inglesa
navegaba hacia el Atlntico sur, un pequeo buque se desliz por el Canal de la Mancha en
direccin a las Islas del Canal, bajo soberana inglesa. Por la madrugada, el heredero actual
del Reino de Araucana y Patagonia, junto a un breve squito, plant la bandera del Reino
en la playa de la Isla Guernsy. El rey en el exilio francs haba decidido protestar contra el
intento ingls de invadir sus Illes Malouinas, a las cuales consideraba un apndice insular
de
su
enorme
aunque
prohibido
imperio.
Mucho antes, el 10 de mayo de 1886 el Presidente Julio Argentino Roca se dirigi
caminando, junto a todos sus ministros y seguidos por la escolta militar, hacia el Congreso
de la Nacin. Poco antes de entregar el mando a su concuado Miguel Jurez Celman, se
encaminaba a inaugurar el XXVI periodo de sesiones del Parlamento Argentino. All
dirigira el cclico y tradicional mensaje al pas. Por entonces el Congreso funcionaba en
una mansin que haba pertenecido a la familia Balcarce y que luego sera la sede del
Banco Hipotecario Nacional. Eran la tres de la tarde. En ese momento un anarquista
llamado, paradjicamente, Ignacio Monjes, sali de la multitud y se abalanz sobre Roca,
asestndole un golpe en la cara con una piedra. Mientras Roca cae al piso, Carlos
Pellegrini, su ministro de guerra y futuro presidente, derriba al atacante. La herida era leve,
y ya en el Congreso el ministro de salud, Eduardo Wilde, le practic las primeras
curaciones, y le vend la herida. A pesar del desalio ceremonial, Roca dirigi su mensaje
al pas. La escena fue inmortalizada en un cuadro que hasta el da de hoy puede
contemplarse en el Saln de los Pasos Perdidos del Congreso. Ignacio Monjes pasara diez
aos de su vida en la crcel. Sesenta aos despus, Laureano Riera Daz, ltimo dirigente
anarquista del Sindicato de Panaderos, una vez perdida la conduccin del gremio, viaj con
varios compaeros de ideas hacia Barcelona. Era el ao 1936 y en Catalua no slo los
panaderos eran anarquistas; la ciudad entera estaba ornamentada de banderas rojinegras.
Gastronoma
Quienes se internan en territorio desconocido han de sobrellevar an una prueba ms, y una
de las ms bsicas: la prueba del hambre. Demasiadas veces comer y sobrevivir se vuelven
verbos homnimos. La comida, salvo en el caso del ejrcito organizado de Roca, no la
tenan garantizada ni los pioneros, ni el rey sin corona, ni los tres anarquistas. De cada una
de las cuatro expediciones a la Patagonia cabe destacar su deriva gastronmica, que al fin y
al cabo sera la nica duradera. De antiguos imperios y de lenguajes que alguna vez se
hablaron en enormes extensiones hoy slo restan sus ruinas y sus ininteligibles escrituras. Y
sin embargo, sus costumbres culinarias sobrevivieron en posteriores reorganizaciones
geopolticas y en la poblacin que mientras tanto pudo haber cambiado sus dioses, sus
tecnologas y su alfabeto. La relacin entre una cultura gastronmica y el territorio donde
ella se despliega viene determinada por la cuota de animales y vegetales que en el momento
de la creacin les fuera otorgada en suerte. Tambin de la benignidad del clima y de la
voluntad de aprendizaje y cambio de un pueblo. Pero quienes estn en marcha dependen de
sus provisiones, de la bondad de los extraos, y de la suerte.
Indudablemente, los colonos galeses vivieron de lo que en Chubut sembraron y cosecharon,
y sin duda tambin, Orllie Antoine y los anarquistas debieron verse obligados, en algn
momento de su travesa, a recurrir a la caza y la pesca, y han de haber saciado el hambre
con un bife de guanaco o con una porcin de picana de avestruz (9). Sin embargo, todos
ellos innovaron en materia de gastronoma. Artemio Gramajo, edecn de campaa del
General Roca en su incursin a la Patagonia, le invent a su jefe el nico plato aceptado
actualmente en los ms finos restaurantes parisinos como autnticamente argentino: el
Revuelto Gramajo, bautizado a partir de su apellido. Mientras los soldados se vean
obligados a masticar su racin diaria de charqui, esa carne seca con que se nutra a la
soldadesca, Roca se relama, dentro de lo que las circunstancias permitan, ante un plato
superior. El revuelto gramajo, mezcla de papas fritas, huevo, cebolla, ajo, jamn, arvejas y
especias es, hasta el da de hoy, un plato gustosamente aceptado por los nios y
adolescentes argentinos. La colonia galesa del Chubut transmite an a la siguiente
generacin la receta de la Torta Galesa. Originalmente vinculada a la fiesta de casamiento,
la torta galesa, de consistencia dura y orlada interiormente de frutas secas, es una de los
tpicas ofrendas tursticas de la regin. Cuando una pareja galesa se una en matrimonio,
probaban apenas un trozo pequeo de la torta y guardaban el resto en una lata cerrada
hermticamente, que era nuevamente abierta en los siguientes aniversarios a modo de
prueba confirmatoria de la fortaleza y duracin del vnculo amoroso. Es una dieta posible
para enamorados, pero decididamente insuficiente para un rey. Gustave Laviarde DAlsena
era el nombre de uno de los lugartenientes de Orlllie Antoine I, y primo suyo en segundo
grado. Haba sido designado como sucesor, y a la muerte del fundador de la dinasta,
asumi el cetro adoptando el nombre de Aquiles I. Ya antes se arrogaba otros ttulos
nobiliarios que le haba conferido el Rey de la Patagonia, el de Prncipe de los Aucas y
Duque de Kiale. A pesar de que otorgaba, y a granel, ttulos nobiliarios de su imposible
reino de ultramar, Aquiles I jams sali de Pars. En su destierro parisino, alejado de las
riquezas explotables de su reino, y mientras denunciaba continuamente la usurpacin de sus
territorios a manos de los gobiernos de Chile y Argentina, el nuevo monarca se vio obligado
a terminar sus das como comensal a sueldo de Le Chat Noir, cabaret de moda de Pars en
la dcada de 1890, donde oficiaba a modo de oso carolina, es decir, de nmero
sensacional para los clientes. Cuando muri, en 1902, ya llevaba un cuarto de siglo
reinando sobre un mapa que slo una secta consultaba, en cuyo centro estaba marcada
Map, la aldea indgena que haba sido elegida como ciudad capital por su predecesor.
En 1889 Errico Malatesta abandona la Argentina, dejando atrs el combativo sindicato
combativo que l haba ayudado a organizar, el de Panaderos. Adems de pan, en los
locales de panadera argentinos despachan tambin la repostera matinal que ms
habitualmente desayunan los porteos, las facturas, de gusto dulce y horneadas a partir de
una mezcla de harina, levadura y manteca. Algunas de ellas son de origen europeo, pero en
Argentina adquirieron formas singulares y apodos sugerentemente blasfemos. Quizs la
ms conocida de ellas, la media luna, permita entender el sentido sarcstico de esos
nombres. Cuando en 1529 Viena fue sitiada por largos meses por los ejrcitos turcos, los
reposteros locales, a fin de animar el alicado nimo de la poblacin, tomaron el emblema
de los sitiadores, la media luna musulmana que flameaba en las banderolas del campamento
enemigo, y las moldearon en sus hornos de pan. Luego, el populacho se asomaba a las
murallas de la ciudad y se mostraba ante los irritados soldados turcos masticando su
smbolo sagrado. Blasfemia y gastronoma. A su vez, estas muestras de repostera argentina
llevan por nombre caones, bombas, vigilantes, bolas de fraile, suspiros de
monja y sacramentos, para escarnio del ejrcito, la polica y la iglesia respectivamente.
Habr existido una secreta conspiracin de los oficiales panaderos de ideas anarquistas
para dar nombres blasfemos a las facturas? Cabe conjeturarlo: el vnculo entre palabra y
comida parece haber sido suturado con hilo de coser ideolgico. El sindicato de panaderos
fue
conducido
por
dirigentes
anarquistas
por
varias
dcadas.
Los usos gastronmicos que dejaron las cuatro expediciones fueron resultado de la
nostalgia (la Tarta Galesa), del fracaso (la viandada semanal en Le Chat Noir), de la
urgencia (el Revuelto Gramajo) y de la voluntad de protesta (las Facturas). Ahora ha pasado
el tiempo, y los habitantes de Buenos Aires de la actualidad ya no reconocen en los
nombres de la repostera que suelen degustar por las maanas su retintn inquietante, pues
rara vez pensamos el vnculo entre nombre y forma, entre palabra y cosa, menos an la
relacin entre origen poltico-lingstico y costumbre gastronmica. Las palabras suelen
osificarse en el uso cotidiano, y lo que en un tiempo fue escndalo, hoy es rutina. Por su
parte, el anarquismo argentino ha quedado angostado a un mnimo caudal poltico, y su
audibilidad poltica es muy escasa. Y sin embargo, cada vez que mordemos una factura, el
crujido de lo que en otros tiempos fuera sarcasmo sedicioso popular resuena entre los
dientes.
Notas
1- Exista un sindicato de tipgrafos desde la dcada de 1870, aunque organizado segn
modalidades ms clsicas, a la manera de las organizaciones gremiales que brindaban
ayuda
mutua
y
formacin
profesional.
2- Fue publicado a modo de prlogo del libro de Max Nettlau Errico Malatesta. La vida de
un
anarquista.
Buenos
Aires,
Ed.
La
Protesta,
1923.
3Malatesta.
Buenos
Aires,
1954.
4- Publicado en Pars en 1863. Antes de morir volvera a intentar un alegato a favor de su
reino,
Araucanie,
publicado
en
Burdeos
en
1878.
5- El reino de Araucana y Patagonia. EMECE Editores, coleccin Buen Aire, Buenos
Aires, 1936. Curioso que Braun Menndez, miembro de una de las tres familias ms ricas
de la Patagonia contara la historia del rey menesteroso. La pelcula se llam La pelcula del
Rey, estrenada en 1986, y dirigida por Carlos Sorn, con guin propio y de Jorge
Goldemberg.
6- La Patagonia rebelde. 4 volmenes. Edicin revisada y aumentada. Ed. Planeta, Buenos
Aires, 1982-2000. La edicin original se llam Los vengadores de la Patagonia trgica,
editados en tres volmenes por Ed. Galerna, en Buenos Aires, 1974-1975, y cuyo cuarto y
ltimo volumen fue editado, ya en el exilio de Bayer, en Alemania, en 1978. Del libro se
hizo una versin flmica en 1974, que sera prohibida por aquellos aos: La Patagonia
rebelde, dirigida por Hctor Olivera, con guin de Bayer y Olivera.
7- En una entrevista realizada en la efmera seccin Patagonia del diario Pgina/12.
8- El presidio estuvo en funciones hasta fines de los aos 50. El anarquista ms famoso
que estuvo confinado all fue Simn Radowitzky, quien haba ajusticiado al Jefe de Polica
Coronel Ramn Falcn, y quien sera protagonista de dos fugas frustradas. Muchos otros
permanecieron aos en el lugar. Pero tambin estaba un preso enloquecido conocido como
El Rey de las Finanzas, quien realizaba rocambolescas e imaginarias especulaciones
financieras que le hacan afluir a la celda millones de dlares todos los das para diversin
de los turistas ocasionales. La historia del via crucis de Radowitzky fue contada por
Osvaldo Bayer en su libro Los anarquistas expropiadores, de Ed. Galerna, Buenos Aires,
1975. Y la historia de la planificacin de las dos fugas de Radowitzky, a cargo de Juan
Arcngel Roscigna, ha sido llevada recientemente a pelcula, en el Uruguay, en un
documental
titulado
Acratas.
9- Son dos platos tradicionales de la regin patagnica, aunque la caza del guanaco,
camlido sudamericano, y del avestruz, con cuyo pecho se confecciona la picana, estn
actualmente prohibidas.