0% encontró este documento útil (0 votos)
142 vistas84 páginas

Boros, Ladislaus - La Meditación Como Experiencia Religiosa

Diversos especialistas. Meditación y trascendencia

Cargado por

giannimainiero
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
142 vistas84 páginas

Boros, Ladislaus - La Meditación Como Experiencia Religiosa

Diversos especialistas. Meditación y trascendencia

Cargado por

giannimainiero
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 84
LA MEDITACION EXPERIENGIA RELIGIOSA Versién castellana de Srventano Tataveno Tovan, de la obra Bennecsiseinserwelterung durch Meditation, Verlag Herder KG, Friburga de Briegovia 197% Primera celieiin 1976 Segunda ecitcidn 1980 Impnixiase: Barcelona 22 de julio de 1975 + José Capmany, obiepo auxiliar y vieario general ® Verlag Herder, Freiburg im Breisgau 1975 «® Editorial Herder $.A., Provenza 388, Barcelona (Espafia) 1976 TSBEN 3-451-16783-2 edicion original ISBN §4-254- 1044-4 Es PROPIEDAD DeposiTo LEGAL: 8. 17,603-1980 PRINTED IN SPAIN Graresa - Napoles, 249 - Barcelona INDICE Presupuestos de la oracidn cristiana . por Ladislaus Boros, Zurich Introduccién , £ ie PS eee ey — Dios esti todavia mds elite La acimiracidn ee a La obligaciin . r Ia suledad . La dude. . La tentacidn . ; La esperanza. . els El callar en el ilencio ‘ Interioridad . Humanidad . La soledad come experiencia limite por Jobannes B. Lotz, Munich-Rovea is a Ai 4. zi 6. 7 Lo indestructible en la experiencia de si mismo Consideraciones introductorias Nueva seguridad hoy . Viejo desamparo . Nuevo desamparo Aislamiento como. situacién Haaltt Aislamiento coma «koan» Aislamiento y coincidencia . por Balthasar Staehlin, Zurich 1, Lo indestructible en la naturaleza biokjgica de cada hombre puede Iamarse la segunda realidad . 5 28 35 37 44 51 35 35 2. 3. 4 El esbozo de las dos realidades de la naturaleza de cada hombre. . . La propia experiencia de i ntareuchite 5 , Un suefio y una carte, indicios —jno pruebas! — de la existencia de Ja Po realidad. . , Bibliograffa Meditacidn en las religiones orientales y en el cristianismo por Ernst Benz, Marburgo 1, a =~ 4. Pérdida de Ja meditacidn en el cristianismo . La meditacién budista yp zen . Diferencias fundamentales entre la meditackin oriental y la cristiana . . Practica de la meditacién, leeds a te reetided , Influjo de las drogas sabre el cerebro, la conciencia y la conducta . . ae por Peter G. Wie Zurich 1, Introduceién . ‘ 2. Anatomia y fanciones peiquicas del corebeo yo 3, Efecto general de los medicamentos sobre cl subs: trato mervicso * 4, Algunos farmacos tipicos ti niece. neu- réticas y de Ja psique, que influyen en la conciencia y la conducta . 5, Psicoférmacos cldsicos aeicitines newtolépitess , ale. cindgenos. 2. - 6. Efectos a en dl hombre 4 7. Conelusiones . ee ie Bibliografia Adiestramiento en la serenidad .. % por Walter Strolz, Friburgo de Drtesiets lL 2. 3. El pensamiento cientifico-técnico y el rsgate de la serenidad . : Sobre la experiencia de ipenizad en la pocea y la naturaleza . : Serenidad en la experiencia biblica de be fe . Datos biogrdficos y bibliogrdficos de los colaboradores , 104 112 117 17 118 19 140 147 151 158 PRESUPUESTOS DE LA ORACION CRISTIANA Por Laptsitaus Boros, Zurich Introduccién El concepto «oracién cristiana» no se utiliza en esta aportacidén para designar una accidn limitada (al lado de otras}, sino que indica una actitud fundamental que debe informar todas las demas acciones del cristiano. La humanidad actual, tal y como ha Ilegado a ser his- i6ticamente, no vive ya en una universal apertura cara a Dios. Por eso deberia romper el cristiano su acostum- brada esfera vital para volver a acercarse a Dios, que se encuentra al otro lado. En esa tensién de la ora- cién se da Ja existencia cristiana. La oracién cristiana es simultdneamente esfuerzo y regalo. Con ello estarfa determinada nuestra tarea con precisién, La existencia cristiana representa la cercania de Dios para uno mis- mo y pata los otros gracias al propio esfuerzo y en cuanto don gratuito, No es falta de humildad presen- tarse interiormente ante Cristo y pedirle: «Sefior, en- séfianos a orare (Le 11,1), a lo que entonces respondid él con Ja oracién dominical. Si queremos hablar de los presupuestos de la otacidén cristiana, tendremos que esbozar primeramente la situacién actual de la oracién, Pero slo de modo somero, baséndonos en dos expe. riencias, l, Dios esta todavia mas callado No quisiera aqui dar a entender que el no interviene en el confusionismo de nuestro tiempo con imposicién alguna, valiéndose de su superioridad. No seria, en ahsoluto, su. modo de actuar. Pera una cosa sabemos todos y, con frecuencia, nos hace sufrir indeciblemente: Dios todo Jo ve, lo oye, lo sabe y, sin embargo, calla. jCon cudnto gusto desearian oir siquiera una yez su voz aquellos hombres callados que en su entrega, en su vida monétona, realizan innumerables obras buenas, una voz que reconociera lo bueno, que animara a los suyos! Pero Dios calla. Existencias rotas piden auxilio a gritos en una soledad que las aplasta. Con frecuencia, Dios no les da sefial alguna de su cercania, sino que perma- nece mudo. En el Antiguo Testamento hallamos en todas partes la queja de los probados: «jA ti clamo, Sefior! jTu eres mi roca! jQue no se me cierre tu ofdo! Si ti no me escucharas, me pareceria a los que bajan a la fosa» (Sal 28,1). O también: «jTii lo has visto, Sefior! jNo te calles Sefior, no te quedes lejos de mi!» (Sal 35,22). Se podrian multiplicar los ejemplos. Un dia se en- contré el Hijo de Dios ante sus enemigos. Lo acu- saron, lo condenaron y se rieron de él. Y Dios se quedé también callado. Cristo rezé en la cruz cn alta voz. Su grito, que desgarraba el coraz6n, era un signa de miedo: «Dios mio, Dios mio, gpor qué me has abandonado?» (Mc 15,34). También entonces callé Dios. El hecho del silencio de Dios no es nuevo. Pero parece que hoy nos oprime mds, porque ha Ilegado a su limite en nuestro tiempo. Los hombres tienen que 8 enfrentarse mds que nunca con este misterio'. A eso se debe el preguntar con temor, dada nuestra incapacidad: éTiene sentido realmente hablar a un Dios que ca- Ila? ¢Tiene sentido rezarle? El horror ante una supuesta ausencia de Dios, lo incomprensible de su silencio, que hoy dolorosamente experimentamos, nos hace sentir lo que desde siempre hemos sabido, pero que quizdés no lo hemos tomado en serio, es decir, que Dios estd indeciblemenre por enci- ma de todo lo que existe fuera de él y de lo que fuera de él puede pensarse*, No puedo al principio arriesgar una respuesta a esta pregunta. Encontrard, segtin espe- ro, una progresiva aclaracidn a lo largo de estas consi- deraciones. Pero a nuestra situacidn respecto de la ora- cién pertenece, por otra parte, lo siguiente; el cristiano necesita de la oracién a pesar del agobiante silencio de Dios, Por muy abierta que esté la vida cristiana para la Iglesia y el mundo, por mucho que sea el bien que haga, las innumerables necesidades que remedie, por muy altruista que sea su entrega terrena, si no se en- cuentra abierto a Dios, entonces le falta algo decisivo. Por mas que el cristiano est€é muy metido «en los asuntos» y que las ventanas de su experiencia estén abiertas en todas direcciones, sus acciones no Ilegan a brillar, ni Toman perspectivas y constancia determinadas, ni pue- den reflejar perfectamente su belleza y esplendor. Solo la «luz de arriba» es la que puede dar a sus acciones todo esta, la entrega a un poder y gloria supraterrenos, 1. Como complemento a este breve telaw scbre la situacidn quisiera Ila- mar la atencién sobre ci artfcula de Fr. Wowr, 5.1,, Vorw Veriast wad der Nenentdeckung des Gebeter in naserer Zeit, en «Geist und Lebens 41 (1963) 407-13. 2. «Super omnia quar practer ipsum sunt et concipi possunt, ineffabiliter excelsuss, CoNcILIo Vaticano 3, Constivucién dogmdtica Dei Filins, acerca de fa fe cutélicn, cup. 1, De Deo rere oni creatore (D5 3002), 9 1, Dios esta todavia més caliado No quisiera aqui dar a entender que el no interviene en el confusionismo de nuestro tiempo con imposicién alguna, valiéndose de su superioridad. No seria, en ahsoluro, su. modo de actuar. Pera una cosa sabemos todus y, con frecuencia, nos hace sufrir indeciblemente: Dios todo lo ve, lo oye, lo sabe y, sin embargo, calla. jCon cudnto gusto desearian oir siquierag una vez su voz aquellos hombres callados que en su entrega, en su vida monétona, realizan innumerables obras buenas, una voz que reconociera lo bueno, que animara a los suyos! Pero Dios calla. Existencias rotas piden auxilio a gritos en una soledad que las aplasta. Con frecuencia, Dios no les da sefial alguna de su cercania, sino que perma- nece mudo. En el Antiguo Testamento hallamos en todas partes la queja de los probados: «jA ti clamo, Sefior! {Tu eres mi roca! {Que no se me cierre tu ofdo! Si ti no me escucharas, me pareceria a los que bajan a la fosa» (Sal 28,1). O también: «jTi lo has visto, Sefior! jNo te calles Sefior, no te quedes lejos de mi!» (Sal 35,22). Se podrian multiplicar los ejemplos. Un dia se en- coniré6 el Hijo de Dios ante sus enemigos. Lo acu- saron, lo condenaron y se rieron de él. Y Dios se quedé también callado. Cristo rezé en la cruz en alta voz. Su grito, que desgarraba el corazén, era un signa de miedo: «Dios mio, Dios mfo, gpor qué me has abandonado?» (Me 15,34). También entonces callé Dios. El hecho del silencio de Dios no es nuevo. Pero parece que hoy nos oprime mds, porque ha Ilegado a su limite en nuestro tiempo. Los hombres tienen que 8 enfrentarse mds que nunca con este misterio'. A eso se debe el preguntar con temor, dada nuestra incapacidad: éTiene sentido realmente hablar a un Dios que ca- Ila? ¢gTiene sentido rezarle? El horror ante una supuesta ausencia de Dios, lo incomprensible de su silencio, que hoy dolorosamente experimentamos, nos hace sentir lo que desde siempre hemos sabido, pero que quizaés no lo hemos tomado en serio, es decir, que Dios estd indeciblemenre por enci- ma de todo lo que existe fuera de él y de lo que fuera de él puede pensatse*, No puedo al principio arriesgar una respuesta a esta pregunta. Encontrard, segtin espe- ro, una progresiva aclaracidn a lo largo de estas consi- deraciones, Pero a nuestra situacién respecto de la ora- cién pertencce, por otra parte, lo siguiente; el cristiano necesita de la oracién a pesar de! agobiante silencio de Dios, Por muy abierta que esté la vida cristiana para la Iglesia y el mundo, por mucho que sea el bien que haga, las innumerables necesidades que remedie, por muy altruista que sea su entrega terrena, si no se en- cuentra abietto a Dios, entonces le falta algo decisivo. Por mas que el cristiano esté muy metido «en los asuntos» y que las ventanas de su experiencia estén abiertas en todas direcciones, sus acciones no llegan a brillar, ni toman petspectivas y constancia determinadas, ni pue- den reflejar perfectamente su belleza y esplendor, Solo la «luz de arribas es la que puede dar a sus acciones todo esta, Ja entrega a un poder y gloria supraterrenos, 1. Como. complemento a este breve aclaw sobre la situcida quisiera Ia- mar ta ateacion sebre cl acticulo de Fe. Wonr, §.1,, Vorr Verinst und der Newentdeckwng dex Gebeter in anserer Zeil, en «Geist und Lebenr 41 (196%) 407-13, 2. «Super omnia quae practer ipsum sunt et concipi possunt, ineffabiliter excelsuss, CONCIETO VaTicawo 1, Conscrucién dogmitica Dei Filins, soca de fa fc cutélicn, cap. 4, De Deo rerum onmninnr creatore (D5 3002), 9 Lo cual no es asi cuando el cristiano en todo su esfuerzo, por mucha amplitud gue tenga, en realidad sdélo se apoya en si mismo; cuando su esfuerzo se realiza en un terreno, por desgracia, cerrado precisamente hacia artiba, de donde no le llega luz alguna, y hacia el que no s¢ permite ninguna vista panordmica. No se sabe a ciencia cierta de quién quiere dar testimonio, a qui¢n se vuelve en lo mds profundo de su existencia. Después de habernos referido sucintamente a estas dos experiencias fundamentales —el silencio de Dios y la imperiosa necesidad que el cristiano tiene de la oraci6n—, quisiera ahora centrarme en la siguiente cuestién fundamental: ¢En qué consiste esa oracién a la que Dios responde la mayorfa de las veces con su silencio y de la que, sin embargo, ¢! cristiano necesita? Quisiera mencionar aqui diez «presupuestos» de la oracién cristiana: 2. La admiracion A la admiracién se llega cuando uno se encuentra con algo que hasta entonces no le habia ocurrido, que le resulta extrafio, taro y nuevo, ante lo cual lo tnico que puede hacer es preguntar por su sentido y origen. Pero Ja aclmiracién frente a lo cristiano no es algo pa- sajero, De la admiracidn no se libera jamés la existencia cristiana y hasta puede decirse que crece en la medida en que el cristiano se asimila su condicidn de tal. Si el ctistiano quisiera avergonzarse de ello, puesto que no logra encajar su propia existencia en ninguna parte, en- tonces tendria que dejar de ser ¢ristiano. Los milagtos en Ia Biblia estén puestos como signos, como «sefiales de alarma»: lo que nos espera no es continuacién de lo 10 ocutrido hasta ahora, sino algo totalmente nuevo, Pre- cisamente esa «alarma» es la que el cristiano deberia sentir respecto de toda su existencia, Pero los mila- gros son al mismo tiempo acontecimientos consoladores y auxiliantes: siempre se trata de un cambio radical de salvacién frente a Ja marcha del mundo que amenaza al hombre, Los milagros son siempre promesas y mues- tras de un mundo liberado, en el que ya no habrd dolor, ldgrimas ni muerte. En realidad lo decisivamente nuevo, el milagro de los milagros, es Cristo mismo, con el cual el cristiano se ve confrontado sin interrupcidn de una manera siempre nueva y exigente. El hombre que tiene la suerte de tener que maravillarse ante Cristo y de poder hacerlo, se hace un desconocido, otro dis- tinto, un extrafio. ¢Cimo iba a hacérsele corriente y clara al ctistiano su existencia ante este «tener que» y ante este poder? Ser cristiano es, por consiguiente, algo apasionadamente nuevo, algo ante lo cual el hombre se deberia inclinar maravillado *. 3. La sorpresa Pero la existencia cristiana no puede quedarse en un mero admirar y extrafiatse. En cuanto que Dios pro- voca admiracién del modo antes descrito, haciendo del cristiano un hombre admirado, exige al hombre, hace de él un sorprendido por Dios. Se «abandona» a Dios en Ja admiracién. Dios lo asaltdé, lo aleanzé y lo apri- siond. No hay vuelta posible. Yo, en cuanto hombre conereto, con tal cardcter, con ciertas propiedades, con mi coraz6n frecuentemente tan rebelde y tan angustiado, 3. Karl Barth enumera las siguientes propiedades en otro contexto. Cf. K. Bantu, Eisfiihrung in die evamyelische Theologir, Zorieh 1962. - il me veo personalmente exigido, en mi situacién histé- rica, por este Dios. Existencia cristiana es, en primer lugar, la vida propia, totalmente personal de cada ctis- tlano. Se trata de vocacidn, de su eleccidn y santifica- cién, de su alegrfa y de su dolor; se trata de fa oporru- nidad incomparable de su corta vida y de su muerte. La condicién de cristiano afecta de hecho a todo el hom- bre y, por tanto, también a lo més privado de Ja vida. Esa profunda sorpresa por parte de la intervencidn de Dios obliga al cristiano no sdlo en su vida privada, sino, al mismo tiempo, en la cristiandad, Todo lo que ocurre en esta vida comunitaria, debida a la lamada de Dios, se hace insoslayablemente asunto suyo propio. Lo alcanza el juicio de Dios sobre la comunidad de los creyentes, sobre la Iglesia, afectdndole igualmente la promesa hecha a esa comunidad. Todo cuanto acontece y deja de acontecer en la vida del pueblo de Dios, de uno u atro modo, bueno o malo, interesa al cristiano de manera inmediata, se hace, por lo mismo asunto suyo. Y, por tilltimo, ademds de todo lo dicho: todo el mundo en su historia actual es un tiempo de gracia de nuestro Dios. Aunque todos los demas pudieran pres- cindir de la suerte de la humanidad actual —de Ja humanidad hoy existente: europeos y africanos, ameri- canos y asidticos, comunistas fandticos y anticomunistas quizds mds fandticos atin, creyentes y no cteyentes —, al cristiano no Ie esté permitido pasar de largo, pues se le ha concedido cl don gratuito de tener que po- nerse totalmente a disposicién de Dios y el poder hacerlo, Y este Dios dice asf a todo el géneto humano. E] cristiano existe en el mundo actual, es discutido por él, hetide en el corazén. «Cuando oyeron (el pueblo) esto, les pesé intimamente y dijeron a Pedro y a los 12 demds apdstoles: “;Qué debemos hacer, hermanos? ”» (Act 2,37)4, 4, La obligacién La actitud interna del cristiano, debida a la admi- racién y la «sorpresa», crea una esfera existencial de «desaffo». Se trata de algo bello y didfano, pero implica también una obligacién fuerte y hasta temerosa que Dios le tome asi a su servicio, Ya se nord al hablar de la admiracién que alcanza a todo el hombre sin excepcién. También la sorpresa se tefiere a toda la existencia, Por supuesto que en la tevelacién existen igualmente verdades periféricas que no implican para el cristiano tal obligatoriedad, aunque no carezcan de valor especifico, Pero lo que atafie insoslayablemente al cristiano es la plenitud de Dios y su exigencia. El cris- tiano deberfa hacer girar toda su existencia en torno al «centro de la fe» y juzgar todo a partir de él. Por tanto, no le esté permitido, por una parte, prescindir ni siquiera de un punro de Ja periferia, Por otra, tam- poco le es licito construir por propia iniciativa un «segundo centro», ni dirigir a los detalles su anhelo de religiosidad. Unicamente Cristo es el centro aunan- re de nuestra fe, y quien no recoge con ¢l desparrama. Ser cristiano, en el sentido mas fundamental y religioso de la expresién, singnifica realizar ambas cosas en una vida humana, mantener todo por mas que aparezca como secundario y, al mismo tiempo, sentirse obligado 4. R, Guanoma ha analisado con cxactitud les propiedades de la sorpresa en dow breves articulou: Vow Simm der Schwernmnt y Der Acsgangspunkt der Denkhousgumg Siren Kierkegaords. Ambo se hallan en: K. Guarpi, Unter: tebaidung dee Coristlicbex, Maguncia 196), 302-33 y 473-301, 13 en definitiva al unico centro, Cristo, Tado lo demds (quizds con la mejor buena intencidn) es, a lo sumo, beateria, y nada tiene que ver con el micleo de la existencia cristiana. En este tranquilo equilibrio, debido Gnicamente a la fe vivida y con frecuencia suftida con toda honradez, el cristiano puede y debe y hasta tiene la obligacién de ser un hombre alegre. En el sentido ptimitivo de la palabra esta «satisfechor: ha encon- trado lo que le bastaba. Sabe de qué se trata en defi- nitiva. Para él existe una , 2. Nueva seguridad hoy Tras nuestras consideraciones introductorias vamos a profundizar en Ja experiencia de la soledad; intima- mente unida a ella esté la sensacidn de seguridad, y con ella yamos a empezar. Esta coloca al hombre en telacién con poderes protectores, tinicos que le con- ceden su ser de hombre o al menos su perfeccién, Estos poderes, que no detetminamos todavia, son protectores o dan seguridad en cuanto que el hombre los necesita y depende de ellos, sin ellos esta sometido a peligros que lo ponen en tela de juicio, amenazan con destruirlo 0, al menos, no lo dejan Wegar a su pleno desarrollo. Si no reconoce que esta condicionado por los poderes Protectores y se rebela contra ellos para independizarse 9, sin pretenderlo, se sale de su dmbito por el rumba de los acontecimientos, se destruye a si mismo o se pre- para al exterminio, cayendo en el aistamiento destructor, por el que es separado de las rafces de su fuerza y de su vida. ¢Qué relacién tiene esto con el aislamiento en la existencia actual? La cultura presente y, sobre todo, los sorprendentes progresos de la ciencia y la técnica modernas nos han regalado ciertamente muchos logtos que nos son imprescindibles y sin los que no quisiéramos vivir ya. A esto se afiade también una 3. Cf ef Hbro citado en Ja nota 2, 2° parte: Wesen and Entjaltung der Medtrarion, ae nueva seguridad que vamos a exponer sucintamente y que en tiempos anteriores era desconucida e imposible. En primer lugar las ciencias humanas (scieuces bunras- nes), desarrolladas ultimamente de modo poderoso, in- vestigan su condicién humana (condition humaine), en especial su incorporacién al contexto total de la realidad; sé guian para ello por la finalidad expresa de ser res- petuosas para con esa condicién a la hora de construir el contexto vital, brindando de esa forma al hombre Ja seguridad que necesita, A ello contribuye un redes- cubrimiento de su incomparable valor y dignidad sin- gular, que espolea a ofrecer a todos, especialmente en los Iamados pafses en vias de desarrollo, las condi ciones econdmicas y sociales de vida en las que verda- deramente pueda ser hombre y sentirse seguro, Afiddase la tendencia a edificar una sociedad en la que cada uno encuentre la mas amplia seguridad posible y en la que, por lo tanto, se sienta protegido, Esto se tefiere, por ejemplo, al ascenso social, al puesto de tra- bajo, al seguro de vejez, también a una residencia para esta etapa, como refugio para el anciano que o carece de familia o no halla lugar alguno para ¢] en su seno. Ademds uno puede hacerse sus seguros privados que, por asi decirlo, lo defienden de todos Jos vaivenes del destino, aumentando su sensacién de seguridad. Ni siquiera en su fespa libre esté el hombre abandonado; bibliotecas, clubs, reuniones para pasar el tiempo, viajes comunitarios lo reciben como regazo protector, Hasta en la alta politica se preparan progresos que llevan a un mundo unificada, en el que ya no serd posible que los pueblos se aniquilen en guerras criminales. La creciente investigacién sobre la paz y sobre Jas condiciones que lleva a ella —nueva disciplina que debe tomarse en serio — vislumbra esta paz como una situacién perma- 33 Boros 3 nente, de lo que puede resultar un crecimiento de la sensaci6n de seguridad, que hoy apenas podemos ni imaginarnos. En cuanto a la salied, la higiene moderna ha he- cho desaparecer précticamente los tetribles azotes de la humanidad que suponen las epidemias; del hombre enfermo se cuidan también médicos competentes y hos- pitales bien dotados; al hombre Ie ofrecen proteccién y curacién ademds innumerables medicamentos conse- guidos gracias a enormes inversiones en la investiga- cién *, Tampoco se puede ignorar que el hombre actual cuenta con una proteccidén mucho mayor frente a los inealculables poderes naturales como consecuencia de medidas preventivas, remedios eficaces, apoyo mundial. Finalmente, mas que en otros tiempos, se busca hoy la consecucién de la mayor seguridad posible examinan- do cuidadosamente todos los pasos: los nuevos medi- camentos se experimentan muchas veces y durante Jar- go tiempo, antes de aplicarios a los hombres: en lo referente a casas y puentes las catdstrofes se excluyen mediante calculos estadisticos antes de ponerse a edi- ficarlos; lo mismo se diga de la navegacién espacial, en la que se planifican todos los detalles y se hacen tantos experimentos que hasta esta accién arriesgada’ es pric- ticamente insuperable en cuanto a seguridad y preci- sién. La futurvlogfa como ciencia ha empezado asimisma a proyectar anticipadamente el futuro, para atajar ya de rafz pasos que pudieran resultar funestos, impul- sando otros qne prometen ser beneficiosos. 6 Cf J. Lows, Kramkiet¢ und Tod in chrisstichben Sicbr, Karlsruhe 1970. 34 3. Vieja desampare Seria, con todo, una ilusién de graves consecuen- cias pensar que la nueva seguridad de que disfrutamos haya eliminado toda inseguridad. Una mirada impar- cial a la realidad de nuestros dias demuestra mas bien que no solo sigue el antiguo riesgo, sino que ha hecho su aparicidn otra nuevo hasta ahora desconocido; pa- rece como si existiera una ley conforme a la cual a lo positivo acompafie siempre en este mundo algo ne- gativo. Consecuentemente, tampoco ha desaparecido to- do el abandono del hombre, al contrario, lo que habia quedado del antiguo desamparo se acrecienta con nue- vas formas de aislamiento. Se hace insoslayable plan- tearse la pregunta de si el aislamiento ha perdido gra- cias a los progresos modernos Ia acritud de una situa- cidn limite. También se plantea esta contrapregunta: si el aislamiento no ha llegado al cénit como situacién limite precisamente en la hora presente, Aun queda mucho del antigua desamparo, lo que van a probar algunos ejemplos. También en nuestros dias se han cobrado miles de victimas los terremotos, inundaciones y huracanes, y han sido muchisimos los que sc han quedado sin casa y sin propiedades, pres- cindiendo de lo que han destruido las disputas bélicas, que todavia no han podido ser erradicadas a pesar de todos los progresos, Las imagenes de estas regiones azotadas por la tragedia nos muestran innumerables personas desposeidas de cuanto pudiera ampararles, que busean una salida de la miseria en medio de un ini- maginable abandono y aislamiento. Las epidemias co- bran igualmente su tributo, como demuestra, por ejem- plo, la ola de gripe que anualmente recorre cl orbe 35 terresire y que no siempre tiene cardcrer benigno. De cualquicr forma, a todos les llega la hora en que no vale la ayuda de médicos, hospitales ni medicinas, te- niendo que enfrentarse insoslayablemente con Ja muerte, a la que se estd expuesto sin amparo posible y en la que nadie puede acompafiar. La muerte arranca al hombre de cuanto puede protegerlo y Jo lanza a un aislamiento sin fronteras. Pero esta tltima experiencia limite suena como algo inseparable y sobreentendido en la vida de cada uno, puesto que tiene Ja muerte siempre ante los ojos. Finalmente oprime a la mayoria de los hombres el destino de la edad y Ja ancianidad, que no se ha suprimido porque se haya alargado considerablemente la esperanza de vida’. El que se ya haciendo mayor sale del dmbito protector de su vida profesional, del circulo amparador de los colegas y colaboradores; ha cumplido sus tareas y la vida ya no lo necesita. Parecido es lo que ocurre con la familia que uno ha fundado; los hijos se independizan, dejan Ja casa paterna y cons- truyen su propia vida, en Ja que se encontrarén tan en su casa gue no se verdn afectados por la vida de los padres sino tangencialmente. A esto se agrega fre. cuentemente la muerte de la esposa o del esposo, la despedida del hogar a que uno se habia acostumbrado y el paso a una residencia de ancianos con hombres to- talmente desconocidos, la disminucién de facultades y, consecuentemente, cl separarse de mucho de lo que hace rica y alegre la vida. Las filas de las personas con quienes uno tenfa confianza van disminuyendo, espe- cialmente los de la misma edad; va creciendo una nue- +) HJ, Baouwrn, News Wege dv der Altenpastoral, Friburgo 1971; G. Sun "ee, Dir Altertrrvolation, Einsiedeln 1972; E, Miuren-Zavow, Des Glick der spaien Jabre, Friburgo 1972 36 va genetacién que piensa y siente de distinta manera, ante le cual el mayor se siente extrafio, porque apenas es posible un entendimiento mutuo, En muchisimos casos el viejo se aisla progresivamente; cada vez hay menos gente que se preocupe de ¢l, hasta que ignorado ya y olvidado, la muerte lo libera. 4. Nuevo desanzpara E] antiguo desampato que atin continda, se profun- diza y agudiza por nuevas y hasta ahora desconocidas formas de abandono y aislamiento, Comencemos por la contaminacién y destruccién del medio ambiente que nos oprime hoy mds que nunca y exige una solu. cién rdpida, total, porque esté alcanzando niveles que constituyen una verdadera amenaza para la vida. Esto vale de la impureza de las aguas, de la infeccién del aire con gases nocives que se mezclan con [a niebla y que las circunstancias atmosfericas no pueden puri- fiear, de la destruccidén de la naturaleza mediante una explotacién irtesponsable de las materias primas y la instalacién incontrolada de industrias y zones de vivien- da dentro de areas en cierta manera saludables y vir- genes hasta ahora, Hay que acentuar ya la proteccién de la naturaleza y salvar de Ja aniquilacién espacios dedicados al recteo mediante ordenaciones especiales 0 dedicar nuevas zonas para que cl hombre siga encon- trando en alguna parte amparo en su medio ambiente y se halle como en su casa, en lugar de errar desam- patado y némada en un ambiente deshumanizado y hasta cruel. Surge, pues, un nuevo y terrible aislamiento que atrebata al hombre aquella proteccién que es capaz ae de brindarle Ja naturaleza no corrompida con su cre- cimiento y esplendor ®, No se diga que esto es romanti- cismu barato, una vez que la naturaleza ha sido redu- cida por la ciencia actual a férmulas matemdticas y, por tanto, se Ja ha desmitificado, Para quien vive en medio de la naturaleza, ésta le brinda profundos misterios, invisibles sélo para quien se ha apartado de ella como consecuencia del aislamiento que acabamos de descri- bir y que carece de un contacto fructifero con la misma, Una segunda preocupacién, no menos oprimente que Ja anterior, es cl vertiginosa crecimiento de la po- Blacién mundial debido a la lucha ganada contra las epidemias y al mejoramiento de las condiciones higié. nicas,.con lo que ha disminuido la mortalidad infan- til y se ha prolongado la vida humana. Puesto que los alimentos no han ctecido al ritmo de la poblacién, he aumentado el hambre en el mundo de modo alarmante, y gente sin ndmero ha perdido Ia proteccién que brinda una alimentacién suficiente, Al mismo tiempo, el exce- dente de poblacién no ha podido ser bastante asimilada por las estructuras sociales existentes, por lo que mu- chos vegetan abandonados y aislados. En especial son los viejos, tan abundantes ultimamente, quienes ya nn encuentran sitio en las formas sociales disponibles, teniendo que sufrir una terrible soledad, aislados con frecuencia del trato con quienes ellos aman; esto vale no sélo de quienes viven solos, sino también y sobre todo de quienes se encuentran en asilos. Concentrémonos en los efectos de la culteora téens- é4, que no ofrece en absoluto proteccién completa, sino B.A Hisier, Mretthabwe Umweli? Die Vergiftang con Wasser, Luis and Erde oder die Rettayg ansertr bedrolten Welt, Olten 1972, J. Lorz, Urrwelt snd Welt, Se trata de una conferencia en un cicla d= Ix Universidad de Viens en septiembre de 1972. 38 que més bien engendra igualmente nuevas formas de desamparo o peligro. Nos lo hacen recordar de modo insoslayable a cada paso los muertos y heridos de! tr4- fico o a causa de las catdstrafes aéreas. Lo manifesta el miedo siempre oculto o a veces manifesto de una posible guerra atémica, a la que el hombre estaria expuesto sin apenas defensa ®. Fsto mismo nos panen ante los ojos las enfermedades que antes o no existian o no existian cn la misma medida, como el cancer y las perturbaciones cardiovasculares. Afiddase el que Ja produccién industrial y el nivel de vida dictan en gran medida el estilo de vida, con lo que la familia y otras formas sociales se disuelven de modo temeroso; el hombre condicionado por las matematicas y las ciencias naturales asi como por la técnica parece que hasta llega a incapacitarse para encnentros mas profundos, con lo que las relaciones humanas caen en una cierta super- ficialidad mecanica, perceprible hasta en el arte. Los jovenes, por ejemplo, buscan una salida al dislamiento del anonimato en sus grupos de miisica beat y en una sexualidad superexcitada, que con frecuencia no hace sino obligarles a experimentar dramdticamente Jo bal- dio de su esfuerzo; més profunda es la frustracién en quienes despiertan tras haber intentado vencer su ais- lamiento mediante el consumo de drogas. Aqui hay que mencionar la répida difusién en los Estados Unidos de un movimiento que ofrece a los que se sienten solos algo de ternura por cinco délares; todos los sdbados se hace en un horel un entrenamiento de contacto cor- 9. R. Ripmeaor, Geschichie der (ndusrielisierung, Munich 1972, WW. Fr. Waowes, Die Wisremschafe aed die gejdbrdcie Wels, Munich 1964; alli se teara del speligro a que se expone el hombre por ja energfa atémica> (vrt), Del mismo autor: Weg wed Abweg der Neturwisrestebaft. Denke und Steubtusformen, Fortschritivelauhe und Wirsexcha}isrelinion, Munich |97h les una exposicién mds resumida). 39 poral, que intenta’ facilitar el encuentro con otros hombres *?, Con la cultura técnica se relaciona el furiasn ¢arbe- lino del progreso, del cambio del hombre y sus situa- ciones. Hoy ocurre, por asi decirlo, de la noche a la mafiana aquello que antes necesitaba largo tiempo; antes de que una ola haya desaparecido, se levanta Ja siguiente. A ello se debe cl que a pesar de la cuidadosa experimentacion de que antes se hablé, sean muchas las cosas que no se prueban Io suficiente antes de Ile- yatlas a la prdctica, con lo que al hombre se le vienen encima consecuencias que no habia esperado y para las que tampoco estaba preparado; éstas le complican indeciblemente y lo lanzan a veces a situaciones sin salida, Tampoco se dispone de tiempo ni se tiene pa- ciencia pata probar exhaustivamente, si los progresos que se inician o las novedades que se introducen tie- nen efectos buenos o malos, con lo que las experiencias recogidas son demasiado escasas, admitiendo las posibi- lidades que se ofrecen con Ja misma felta de critica con que se aceptaron las anteriores. El ritmo alocado es hoy especialmente peligroso, porque muchas veces se trata de cambios de unas proporciones imposibles para épocas anteriores y solo factibles gracias a la ciencia y la técnica modernas. Con ello se destruyert no pocas veces tealidades que ofrecian un cierto apoyo y se pro- vocan aislamientos que no se pretendicron y a los que dificilmente se encuentra un remedio. Un pequefio ejemplo es Je planificacién errada de ciertas residencias para ancianos, Se Jas ha situado en las afueras de las ciudades en un paisaje atrayente, que deberia rezumar una sensacién de seguridad. En realidad Jo que han 11. Segtin wn informe de Ku Mennexr. 40 hecho es smultiplicar el aislamiento, porque les an- clanos viven demasiado lejos de sus familiares y de la palpitante vida de los otros. Apayan el torhellino del progreso las ideologtas empefiadas a toda costa en realizar ¢] cambio del hom- bre y de sus relaciones sociales que a ellas les conviene, destruyendo sin reparo todo Jo que ha habido hasta ahora; imponen sin consideracién alguna sus nuevas ideas, asolando violentamente toda resistencia. Un ca- mino parecido Ievan algunos representantes de las ciencias bumanas, tales como la biologia genética, la psicologia profunda y la sociologia, que con toda setic- dad examinan las posibilidades de cultivar un hombre nuevo, influyendo en el proceso genético y del incons- ciente. Las ideologias esperan de ese hombre que se acomode sin problemas a la sociedad totalitaria que les es propia y que venza su aislamiento con la protec- cién impuesta por ellas. Admiten, desde luego, que el aislamienro surge una y otra vez; pevo se desentien- den fdcilmente de esta realidad, diciendo que se trata de un fenémeno de transicién que hunde sus raices en el hombre todavia no totalmente reeducado; mas en realidad lo que sale a flote es que el aislamiento es una calamidad fundamental del hombre, a la que nun- ca se le podrd hacer insensible, y que el apoyo im- puesto totalitariamente no es remedio suficiente, En definitiva, las ideologias consideran al hombre total- mente reeducado como capaz de edificar su propia exis- tencia independiente de todos los poderes protectores, no necesitado ya de apoyo en una sociedad sin clases, en la que supera automdticamente todo aislamiento, No es equivocado comparar con la Aybris griega tales utopias, asi como los intentos de transformar radical- mente al hombre con ayuda de los descubrimientos cien- 41 tificos; la Aybris cs la desmesura o arrogancia unida a la ate o cegueta, que no reconoce la situacién propia al hombre, es decir, la condition bumaine y, por tanto, lo destruye, Y esto mismo acontece cuando se pre- tende hacer un hombre nucvo desposeida de la expe- riencia del aislamiento; al fin lo finico que se va a conseguir ts que la incomunicacién surja con mds fuer- za en el hombre destruido. Si volvemos la mirada desde el antiguo y nuevo desamparo al nuevo apoyo que, segiin lo dicho anterior- mente, puede ofrecer nuestra época, constatamos que esa proteccién no Ilega al micleo de la existencia hu- mana, hi afecta, consecuentemente, a lo més profundo de su aislamiento. Aqui se trata de la relacién del hombre con Dios, a la que el nuevo apoyo en nada con- tribuye, puesto que deja al hombre totalmente solo frente a sus necesidades mds profundas. Si, es cierto que se busca brindarle una ayuda intramundana tan completa que no quede hueco alguno que haga necesario un apoyo supramundano, ni el hombre !o busca ya, porque su aislamiento quedé apaciguado intramunda- namente de mucho tiempo arrds 4. El ateismo con- tempordneo expreso o tdcito arranca también a Dios de Ja vida del hombre, robdéndolo asi cl amparo def- nitive y abandondndolo a la soledad mds abismal "*. Todo cl apoyo que se pierde con Ia desaparicién de Dios y todo el aislamiento que surge, lo ha expresado Nietzsche con terrible claridad, como lo demuestra 12. Pa Waonen (dir), Memchemmitchrueg Daz Problem der genctischen Manipulieruna des Menschen, Munich 1969; J. Ittres, Fir efne sentchenssir. digs Zukunft Die gemeciniame Verantwortung von Biologie and Theologie, Friburgo 1972; J. Rarrwen, Tiefeaprrchelogic wed Harnanismus, Prychologitebe Untersuchungen iiber Mensch und Menschlicbkeit bewte, Zurich-Stuttgart 1957, Lj. G.A. Werter, Koseruismut wed Religion (en la serie Entecheidang) Kevelaer 1963, 23. I4. E. Corners: - J, Lotz, Atheivmes, érittsch berrachte:, Munich 1971. 42 aquel magnifico pasaje suyo sobre la oracién; No vol- verds a rezar jamds... ", Hoy en dia muchos ya no son capaces de sufrir por esta terrible caida, porque la ago- nia interior ha avanzada mucho mientras tanto. La misma direccién llevan las ideologias, al pretender artan- car toda necesidad religiosa y con ella la experiencia del mds profundo aislamiento. Este no dejara de sen- tirse jamds y aparecerd en el hombre «nuevo» y en el ya muerto, una vez hayan experimentado bastante la falsedad de la protecci6n que se les brindé. En la actua- lidad lo que més hace sufrir a los creyentes es el aisla- miento frente a Dios; viven de muchas maneras la le- jania, la ausencia, el silencio de Dios o la «tiniebla de Dioss, como M. Buber ha llamado a esta situacién. Se sienren influidos por la idea de algunos contempo- réneos de que todo discurre como si Dios no existiera (una férmula que recuerda a D. Bonhoeffer), o por la hipétesis de que «Dios» se ha vuelto superfluo con el descubrimiento de las relaciones intramundanas. Se sienten abandonados no sdlo de Dios, sino del cristia- nismo también y de la Iglesia, porque no encuentran ya en ellos la seguridad clara y eficaz, que en otro tiempo les brindaban y que continiian esperando, porque pa- rece ser que ya no son capaces de darles la cercania de Dios que para tales creyentes significé antes todo. Por eso se extiende ahora entre ellos una sensacién de aislamiento incomparable ", 15. Fa. Nisrascne, Die frobliche Wissenschaft (edicidn de bolsillo Kroner}, vol. 74, LS? iv. castellana: E/ gay saber, Nercea, Madsid 1973), lé. Sin poder asentir a todo, nos parece tipico en este ventido D. y. Hn neseann, Des nerwilstere Weinberg. Ratisbona 1973: In, Das srojemische Prerd in der Stadt Gottes. Ratisbona 1969. 43 5. Aislamiento como situacion limite Las consideraciones precedentes han puesto de ma- nifiesto, al menos en algunos aspectos, cl aislamiento como nota predominanre de nuestro tiempo. Por més que el moderno desarrollo haya aliviado algunos de sus efectos, no pudo, con todo, hacer desaparecer esa sen- sacién de incomunicacién; no sdlo no ha vencido el an- tiguo aislamiento, sino que lo ha acrecentado con otro nuevo, cuyas proporciones nos plantean unas tareas enormes, Visto en su totalidad hoy el aislamicnto se ha hecho mds amplio y mds pesado, en vez de aminorar y aligerarse; este balance responde a los hechos y no se ha exagerado con negros colores, Més concretamen- te; el aislamiento no ha perdido su cardcter de situa- cidn limite, pues ya son demasiados los casos de catds- trofes, enfermedad y muerte, asf como el envejeci- miento en medio de la incomunicacién, pata todo lo cual no hay salida extramundana. La misma imagen se ofrece cuando miramos la destruccidn de Ia natura- leza, la explosién demogrdfica, la teenificacién de la existencia, el torbellino del progreso que dificulta toda reflexidn, las ideologias que ponen en peligro al hom- bre, las ciencias humanas aplicadas con Aydris, el ateis. mo y la crisis cristiana de fe. De todas las grietas y hendiduras de nuestro edificio cultural Auye, como en la tardfa antigiiedad, la disolucién y, consecuentemen- te, el desamparo y la amenaza, el abandono y el aisla- miento; se anuncia el fin de un época y se plantea con toda seriedad la cuestién de si no es demasiado tarde para todo remedio intramundano. A algunos esta diag- nosis les parecerd demasiado negra, porque se encuen- tran al lado placentero de la vida, mas ellos también . 44 aprecian el rumor subterrdneo, tan pronto como dejan de estar adormecidos por ilusiones. Pero muchos otros, quiz4s la mayoria, contemplan las fauces del abismo abiertas ante si y se ven lanzados continuamente por su desamparo y aislamiento a los lfmites mismo de la existencia intramundana; en medio de su apuro, el des- tino del mundo se oscurece con frecuencia hasta cous- tituir un peso insoportable. ? La situacién desesperada aqui descrita no debe in- ducir, por una parte, a la desesperacién, que lo tinico que hace es cruzarse de brazos, dejando que todo se precipite al hundimiento, pues una actitud asi es el camino més derecho a Ia ruina. Lo que hay que hacer es més bien aprovechar al méximo todas las ayudas intramundanas para combatir el desamparo y el aisla- miento. Lo que hemos dicho sobre la nueva seguridad que se desarrolla en la actualidad, ha mostrado que ya se hace mucho en este sentido. A tales intentos se afiade la estructura interna de las cosas y ante todo del hom- bre, que se oponen a cualquier clase de coaccién y a todo abuso, levantandose, a la larga, en una especie de rebelidn contra una cultura descaminada'. Por otra patte, al tratar de realizar tales remedios se experi- mentard precisamente que a la hora de la verdad no son en definitiva decisivos 0 que no Ilegan al fondo de Ja situacién actual. Cuando se adentra uno con mas profundidad en las convulsiones, no se puede adorme- cer en Ja esperanza de que tras algunas dificultades de paso todo volveré a su cauce, resolviéndose el fururo con la postura bdsica adoptada hasta ahora. Segdin todas las probabilidades, tenemos que aprender a ver que nuestra situacién es equivocada o que en nuestro desarro- 17. Exe. Kisrmn, Anfstend der Dinge, en: «Ensemble 4. Internationales Jahrbuch fiir Litersturs, Munich 1973, 118-38. 45 ilo va en la direccién falsa; se abre cada ver mds paso Ja idea de que es de todo punto necesario un cumbia radical de nuestra postura, sin que baste con variar los presupuestos ccondmicas y sociales ni tampoco al hom- bre en el sentido de las ideologias y las ciencias hu- manas que se van expafidiendo hasta la saciedad ", Con esta idea hemos llegado plenamente al limite de la existencia intramundana y sus posihilidades o el aislamiento se ha convertido para nuestra generacién verdaderamente en Ia situacién limite en su forma extre- ma, Al modo de pensar de Jaspers, hemos llegado al fracaso de todos los esfuerzos intramundanes por aca- bar con el aislamiento, lo que ocasiona el abrirse paso a través de la inmanencia y meterse en la trascenden- cia, no sdlo en el terreno del pensamiento, sino como cambio existencial, A un camino parecido lanza Hei- degger al hombre, cuando le pide que pase a una postu- ra fundamental distinta, es decir, del predominio del ente y el olvido del ser 2 la prevalencia del ser y, por consiguiente, al verdadero dominio del ente™. En la misma direccién sefala la »edétactén®, que realiza el paso de la primera dimensién intramundana, dentro de la cual las cuestiones Ifmite como el aislamiento evan a una situacién insoluble, a la olra dimenvidn que es supramundana, en cuya esfera las mismas cues. tiones hallan su propia y verdadeta solucién; por su- puesto que ésta tiene el cardcter del Iuminaso misterio 1G. E. Towmsco, Die bedrobie Kalter. Die Salzburger Rede, Munich 1972. AIll se dice: «El fin dltimo fue climinado de hucsire pensamiento, porque tenemos ante Ios ojos nicumente metas inmediates> (12). Por ello: «El mondo ha perdido su direccidn» (ibid.). i. Ch. J. Lore, Wie serene es mach AMI. Heidegger wor den Mernchen?, en: sAkedcmiker-Informations (Bregenz) 1972, nm. 318. 20. Segin TIowmsco (nota 18): sficmos olvidado Ip que puede ser con- templacién. Ya na somes capaces de meditate (12). «Tenemos que aprender dc mucvo a sorprendernnss (13). . 4b y permanece inalcanzable a todo cfleulo racional y a toda adaptacién técnica”, Por medio de la meditacion el hombre se adentra en la seledad salvadora, liberan- dose de lo mucho intramundano que Jo distrae y, aban- donandolo tado, se vuelve a Ja unica base supramundana, con la que se unifica progresivamente, superando asi el aislamiento, E] hombre actual huye de la soledad casi siempre porque tinicamente Ia ve coma nada y vacio y no tiene ninguna sensibilidad para la plenitud que brilla en ella*. En realidad, el meditante se retira, con todo, por su soledad sélo del contacto exterior con lo mucho que le distrae, para encontrar su patria en la unica base primordial, desde la cual vuelve luego al contacto intimo con la multitud de las cosas. Por este camino pueden volver a experimentar esa base primar- dial el ateo que niega a Dios y el positivista apegado a lo exterior, naturalmente presuponiendo que se abran honradamente al proceso de la meditacién y no se lo cierren por adelantado o den de lado a todo como sueiios ilusorios. El hombre de nuestros dias, enredado en la situacién antes descrita, venceré su aislamiento sélo en la medida en que, en su propia situacién deter- minada por la historia precedente, sepa renovar la soledad que en otto tiempo dio una seguridad tan pro- funda al hombre medieval y al oriental, a cada uno al modo que les es propio. 21, La obra ¢itada en nota 2 expone con mis detalle la diferencia de ambas dimensiones. 22. Sobre la meditectén Ki. Tiwann, Iniciecién def nite om cl arte de meditar, Herder, Barcelona 1964; |. Lorz, Bivddweg des Meditieres anv Newen Testameni, Pranciort ‘1973, 47 6. Aislamiento como «koan» El aislamiento mismo prepara el camino para aden- trarse en la meditacién, en cuanto que a situacién |fmi- te que el aislamiento crea se toma como oa, El koan desempefia un papel central en la meditacién del budis- mo zen japonés, E] foa# consiste en la sentencia de un maestro totalmente paraddjica, incomprensible para el normal raciocinio y hasta aparentemente absurda. Pero al ocupatse la inteligencia del 4oan y esforzarse por encontrarle una solucién sin conseguirlo, experi- menta su incapacidad total. Antes se creia capaz de vencer todo, pero ahora se da cuenta de que hay cier- tas cosas que supetan sus fuerzas. El doloroso des- engafio que ello implica hace barruntar al hombre que no se agota en lo racional, sino que hay en él fuerzas superiores y més profundas. En la continuacién del estuerzo meditativo se despiertan precisamente tales fuerzas adormecidas e inexplotadas, se las pone en mo- vimiento y se las empieza a desarrollar. Asi sobrepasa el hombre lo racional, adentrdndose en la experiencia suprarracional, cuya fuerza irradiadora supera toda di- visién y cdlculo racional y, por consiguiente, jamds se deja alcanzar por él, En el dmbito asi abierto ilumina como un rayo la solucién del koan, con lo que el apa- rente absurdo se revela en la realidad como sentido profundo que aparece necesariamente como disparatado a quien no se adentra en esta esfera. Pero mientras que la primera dimensién de lo intramundano est4 or- denado al pensamiento racional, a la percepcién su- prarracional corresponde la otra dimensién, la de lo supramundano, a la que conduce Ia solucién del koan que alcanza asi su sentido, Expresamente hay que no- 48 tar que lo percibido originalmente de modo suprarra- cional se puede a su vez pensar de modo racional pos- teriormente, pero mediante una racionalidad superior, que en el lenguaje escoldstico se llama andloga, en con- traposicién a la normal, que es univoca®, Para aproximarnos al aislamiento como soan, di- remos que pueden ser koa no sdlo las sentencias de los maestros, sino también las realidades de la vida, Este es el caso ante todo para la pregunta sobre el sentido. A la vista de ciertos acontecimientos el hombre se siente inclinado a decir que carecen de sentido, que son incluso absurdos y que hasta son una prueba de que toda Ja existencia es insensata. Como ejemplo de ello puede ponerse Auschwitz *; las atrocidades que alli sé cometicron han hecho dudar a no pocos del sentido de Ja vida, diciendo que el absurdo rige al mundo, que na se puede creer en Dios después de lo de Auschwitz. Es cierta que el pensamiento racional falla al aplicarse a éste y otros acontecimientos, por lo que uno se siente inclinado a negar todo sentido y, al tiempo que se pro- testa, devolver la entrada, como suele decirse. Pero quien se entrega a lo que aparece a primera vista, su- cumbe a la crisis en la que sc ha metido, en vez de superatla; esto lo consigue tinicg y exclusivamente quien es capaz de pasar de lo que se ve a lo que al principio permanece oculto, es decir, a la percepcidn Suprarracional, que es la que descubre ¢! sentido velado que abarca todo lo que a primera vista es absurdo, De ahi surge Ja certeza de que en definitiva todo tiene sentido por mds que nadie pueda decir en concreto . * Nombre alemin de la ciudad polaca de Osviecim, donde durante [a segunda guerra mundial se instalé uno de los tristemente ctllebres campos Ce concentracién. Nota del editor. 23. Sobre el foam, cf. el libro mencionade en nota 2, parte 4° 45 Bors 4 en qué consiste. Esta certeza del sentido da, mds que cualquier raciocinio, luz, confianza y tranguilidad fren- te a todo, aunque se trate de algo sumamente contra- dictorio. Por tanto, la meditacién ofrece una ayuda —quizds la definitiva— en las cuestiones dificiles de la vida ™, fste es el caso igualmente en lo relativo al aisla- miento, si es que Ilega a alcanzar la acritud de la situa- cién limite y a expetimentatse como oan, Nuestras consideraciones han mostrado suficientemente cémo el aislamiento, en cuanto destino mundial y cn espe- cial en aquellos a quienes afecta mis duramente, alcan- za el cenit de una situacién limite. Su falta de salida nos pone en el estado que solemos describir con estas palabras: incomprensible. El pensamiento racional no encuentra una salida al aislamiento; sus consideraciones abstractas tienen por supuesto validez, pera no con- siguen ayudar en el apuro concreto. Este conmueve al hombre hasta lo m4s profundo de su ser, por lo que la solucién tiene que partir de todo el hombre y de su mds profunda inrimidad. El fallo de su nivel racional afecta al hombre, por tanto, del modo mis radical, alli donde se umifican todas sus fuerzas, su pensar, querer y sentir, y actéan de modo inseparable en cuanto sentir y experiencia suprarractonales; pero también entonces le ilumina la profundidad mds re- céndita del todo, el Ultimo misterio de si mismo y de todas las cosas. Se abre paso a través de lo intramun- dano y llega a la base primordial supramundana, y al aduefiarse de ¢l su unidad a una con esta base, supera radicalmente el aislamiento en medio de la soledad. 24. J. Lora, Vow der rormirsenschafflichen Gewifibeit im Hinhlick auf dle Atbeisorr-Frage, en: Atbeismns, kritiieh betrachtet, Munich 1971, 22-43, ci. el articulo que Je sigue de Comers. 350 Puesto que el proceso aqui expuesto es exactamente el mismo que el de [a mecitacidn, el hombre es con- ducido a éste de modo efectivo mediante el aislamien- to considerado como oan, lo mismo que al revés: la meditacién ofrece la solucién del koan o la ayuda de- finitiva para el aislamiento a base de Ja soledad que es propia de la meditacién. 7, Aislamiento y coincidencia Dentro del aislamiento como situacién Limite en el sentido de oan nos hemos fijado hasta ahora en la contraposici6n que existe entre Io multiple intramun- dano y Io nico supramundano. Nos vamos a ocupar del otro aspecto ya incluido y actuante ahi, es decir, de una cierta coincidencia existente entre ambos sectores, que ofrece igualmente un camino hacia la meditacidn. Vamos a intentar descubrirlo poco a poco. Al experi- mentar el hombre, hasta sus tiltimas consecuencias, en medio del aislamicnto, que nada intramundano es ca- paz de darle una seguridad definitiva, se da cuenta progresivamente de que él sobrepuja a todo esto; y a medida que su maduracién interior le afine los senti- micntos, tanto mds notard no sdlo su superioridad, al verse privado de lo intramundano, sino también quan: do encuentre en é] un cierto apoyo. El hombre persigue de modo ininterrumpido la huella que descubre asi en la meditacién, resultdndole cada vez més clara Ja pro- funda coi#cidencia que une su més intima realidad con la base originaria supramundana; percibe, en concreto, que su capacidad de recepcién en definitiva sélo se puede colmar con dicha base supramundana y que el aislamiento tnicamente puede ser superado a través al de ella, En la medida en que se va profundizando el encuentro con la base primordial, se perfila ésta pro- gtesivamente hasta Iegar a revelarse como el ts divino, que es el tinico capaz de hablar al centro intimo del hombre, Séle en el coloquio a solas entre el yo humano y el ti divino, sélo en didlogo personal que otorga al hombre la experiencia de su compafiero divino, sélo en él se le da una sensacién plena de seguridad que le hace superar todo aislamiento en lo mds intimo de su ser. Por mis que la meditacién hecha de verdad abre la puerta a la profundidad antes mencionada, también ella est4 sometida a las limitaciones de todo lo humano. En primer lugar conoce numerosos grados de interio- rizacién, por lo cual sus comienzos no satisfacen plena- mente, pero son como una atrayente promesa que nos invita a seguir profundizando, aunque haya que esfor- zarse; sdlo poco a poco nos Ilegaremos a percatar de que la meditacién cura verdaderamente nuestro ais- lamiento, Ademds ésta no siempre nos satisface y da plenitud esplendorosa, sino que hay tiempos de seque- dad y aguante, en los que meditar resulta mas dificul- roso, nos sentimos abandonados por cl compaiiero di- vino y tenemos la impresién de que hemos vuelto a caer en el aislamiento. En rales ezapas de seguedad lo que hay que hacer es mantener la sensacién de se- guridad ganada por mds que por cl momento no apa- rezea tan convincente, sabiendo que Ia cercanfa del ti divino no se ha perdido y que pronto volverd a hacerse notar, Ademads al hombre puede atormentarle el pensamiento de que el compafiero divino se le ne- gard a causa de su culpabilidad y que lo abandonard en su aislamiento, con lo que todo esfuerzo meditativo seria baldio, A esto nos responde tajantemente el cris- 52 tianismo diciéndonos que Dios es amor®, Dios se nos revela como e] amador mediante la humanizacién, la muerte y la resurreccién de su Hijo, asi como por los sacramentos de la Iglesia, en los que estos misterios de salvacién siguen actuando. Por eso quiere dejarse encontrar por nosotros en el meditar y adentrandose consoladoramente en nuestro aislamiento, En definitiva toda la seguridad durante nuestra vida terrena no su- pera lo parefal, con Jo que esta claro que la curacidn de nuestro aislamiento es provisional, sedicntcs de ver- lo cara a cata, no conformaéndonos con que nuestro compaficro se mantenga oculto. Por eso la mediracién sigue marcada por el peregrinar lejos del Sefior y, pot tanto, matizada de un cierto aislamiento que tinicamen- te desaparecerd en la patria futura del mds alla. La superacién de] aislamiento por la unidn medira- tiva con el td divino 0 con el uno suptamundano tiene sus tepercusiones en nuestra relacién con Ja pluralidad intramundana. Precisamente porque lo miltiple se basa por esencia en lo uno, es por lo que la waidm con éste leva a Ja que se realiza con lo wltiple, creciendo ésta a medida que aumenta aquélla. Pero dado que lo uno es la base mds fntima de lo multiple, ésre se funda en su mds profunda intimidad en lo uno, por lo que la unién con lo multiple derivada de lo uno afecta a lo multiple desde su m4s profunda radicalidad. Por tanto, pot muy separado que uno se encuentre, mirando exte- riormente, de los hombres y las cosas y, por lo mismo, por muy separado que uno se encuentre, mirada exte- unido con todo gracias a la unidn meditativa de modo tan profundo que no se rompa por ninguna separacidn externa; se encuentra solo, pero no aislado, sino que 5. Un 48 y 16. Cf. J Lom, Die Stvjew des Liebe, Franciort 1971. 33 se ha adentrado en la verdadera soledad que, a partir de la base divina primordial, lo une con todos los hombres y las cosas, sin duda mds intimamente que cuanto puede hacer la unidn externa*. Con ello brin- da lo multiple también una céerte (no la definitiva) se- guridad, contribuyendo, en consecuencia, a superar el aislamiento; en lo multiple se manifiesta incluso la seguridad definitiva, en cuanto que lo uno la sostiene y determina en la medida en que éste relumbra en lo multiple o este ultimo gana en transparencia al orde- narse a lo uno. Aqui se manifiesta la coincicencia entte lo midiltiple intramundano y el uno supramundano, coin- cidencia que es intrinseca a su diferencia, que pone cn camino de la meditacién, ayudando de ese modo a pasar del aislamiento a la soledad. Es la soledad, por tanto, la que garantiza la unidad con el todo siempre y esencialmente mediante la unidad con el uno o con el tu divino y, por lo mismo, cura el aislamiento tanto en profundidad como en extensién. De modo pa- recida es como experimenta el Oriente Ja gran unidad en la iluminacién en cuanto perfeccién de su manera de meditar, es decir, experimenta la unidad con la base primordial, y mediante ella con el todo, E] aislamiento como situacién limite nos empuja eficazmente a tras- pasar Ja frontera en orden a esa unidad. 36. CE en especial J. Lorz, Ober dic Verrinsameing wad Binrarekeit, en: Meetchenbild und Lebensfibrung, dir. por L. Bsc, Munich 1963, 26-47, 54 LO INDESTRUCTIBLE EN LA EXPERIENCIA DE Sf MISMO Por BALTHASAR STAEHLIN, Zurich 1. Lo indestructible en la naturaleza bioldgica de cada hombre puede Wlamarse «la segunda realidad» Uno de los principios definitivns e inconcusos des- de hace més de 300 afios en las ciencias naturales reconocidas oficialmente —entre las cuales quisicran, pueden y deben contarse en gran medida también la medicina, la psicologia y la parapsicologfa— es que todo ser viviente se caracteriza entre otras por tres constantes: — una temporalidad individual y limitada, — una espacialidad individual y limitada y — una historia vital individual, es decir, distinta y delimitada respecto a cualquier otro viviente. Estas tres constantes son ensefiadas por las cien- cias naturales, la biologia, la medicina, la psicologia médica y las otras ciencias cultivadas oficialmente en las universidades del mundo occidental — sometidas al espiritu de la sacionalidad y del pragmatismo— y del oriental —sometidas al espfritu de la racionali- dad y del materialismo dialéctico. Tales constantes se aceptan como algo indiscutible y casi excluyente de todo lo demas, Un ser viviente superior, por ejemplo, 55 un pez, un oso blanco, un hombre, es engendrado, nace, anda por un espacio determinado, por un tiempo concreto, es conformado pasivamente, vive, determina activamente él mismo una historia vital individual y muere. Estas tres constantes se tomaron como cosa tan natural ante todo, por ejemplo, en la interpretacién filoséfica del hombre por parte de Karl Marx, Sigmund Freud y Alexander Mitscherlich, que ya no se podfa dudar de su exactitud y exclusividad. Nuestra biolo- gia actual, nuestra medicina de hoy, la psicolopfa mé- dica oficial — por ejemplo Horst Richter —, nuestra picologia y sociologia actuales, incluso de modo cre- ciente nuestra teologia, que pronto se someteta a la exclusividad de Ja racionalidad y la politologia, todas ellas aceptan estas constantes facilmente apreciables como piedras maestras de su interpretacién del hombre y de sus investigaciones. En estas ciencias la vida intete- sa casi sdlo en sus condicionamientos espacia-tempora- les y en su diferenciacién individual —o social —, ast es como se interpreta y se la trata, mejordndola o fre- cuentemente también empeordndola, Mencionemos de paso unicamente que cada vez se hacen mds progresos en el descubrimiento de una nueva imagen del hombre por parte, entre otras, de la fisica moderna (Walter Heitler), la parapsicologia (Hans Bender) o el arte mo- dernos (Inge Borkh, Yehudi Menuhin, Willi Fries), E| hecho de que toda vida individual — virus, lom- briz, rata, gato, hombre, ete. — pudiera tener quizds otra nueva realidad (Hans Bender), una dimensién dislocada (Paul Tillich), uma segunda realidad, apenas si interesd, ni interesa, y ya ni importa, ni se investiga, no tratanduse de esa «oa, de esa segunda» brisqueda ni en Jas ciencias oficiales ni de acuerdo con el espiritu de ilustracién que caracteriza a nuestro tiempo. Pero 56 bien pudiera ser que una vida no dependa dnicamente del principia de estas tres constanies, sino ademas, por ejemplo, de los principios opuestos a ellas que aparen- temente excluyen todo cuanto pueda contradecirlas. Pudiera ser, por tanto, que un ser viviente, un hombre, por ejemplo, pertenezca a lo incondicional, a lo infinito ademds de a su primera realidad, espacio-temporal e individual, dependienre, por tanto, de determinados con- dicionamientos (de acuerdo con la idea del hombre propia del tiempo de la ilustracién, por ejemplo, Vol- taire, Virchov, Paulov, Darwin, Engels, Haeckel, Sar- tre), En mis escritos sobre esta segunda realidad he Ila- mado la atencidn sobre esta relacién, ante todo en mis libros: Haben und Sein, Die Welt als Du y Urnentrauen und Zweite Wirklichkeit, a partir de la medicina, la psicologia médica y la psiquiatria, Unicamente éstos son los campos profesionales y cientificos que me competen, empiricos y ejercitados en la prdctica. Observdndolo empiricamente, o sea, fijandome en Ja naturaleza, es decir, de acuerdo con Jas ciencias naturales, he intentado mostrar que a la naturaleza de cada hombre le competen, ademds de las tres constantes mencionadas de | reali- dad primera y condicionada, también y siempre las constantes de lo contrario, de la realidad incondicional y segunda. Si esta observacién es cierta —la he hecho yo y, como yo, otros miles de personas —, quiere decir entre otras cosas que estamos en camino hacia una imagen del hombre distinta y nueva en la ciencia, la cultura, la ética, la pedagogfa y la polftica. «Nuevo» significa aqui s6lo una diferenciacién de la interpretacién del hom- bre «comin, oficial, ilustrada» desde hace dos o tres siglos. Esto pudicra implicar que nos dirigimos irresisti- 57 blemente hacia una nueva época. De todos modos hoy acttia ya un sentir, pensar, obrar de vanguardia que se diferencia de Ja izquierda neomarxista y de la derecha neofascista, Se adentra en la dimensién de las profundi- dades de la naturaleza humana que, como se ha dicho, podemes designarla con el nombre de «la otra realidad, la incondicional, la eterna, la cdsmica, la segunda». Podemos mencionar aqui que el psicoanilisis y el andlisis existencial no quieren ver precisamente esta segunda dimensién, esta profundidad propia del alma humana, sino que se’ mueven siempre en el ambito de la primera realidad de la naturaleze humana. Precisa- mente esta cambia ahora radicalmente. Asi lo evidencia la busqueda creciente, supraconfesional y aconfesional de una parte de Ja generacién joven interesada por la dimensién de lo meditativo, lo transcendente en la natu- raleza hioldgica de cada hombre. Es un fendmeno sor- prendente, suprtarracional, supracolectivo, o sea, incon- dicional, cSsmico. En el presente escrito no quiero repetir lo ya dicho en otro lugar. Basdndome en mi trabajo diario —la psicologia médica y la psicoterapia — quiero Gnicamente lamer la atencién sobre tres hechos: Primero: La naturaleza de cada hombre es también eterna, césmica y unitaria con todo. En esta direccidn apunta Ja empitia de las ciencias naturales, aunque la prueba Idgica, con todo, jamds podrd aducirse, pues se trata de algo que es en definitiva inexpresable. Segundo: El modo de pensar ¢ investigar discursivo, dualistico, determinado por el rompimiento entre su- jeto-objeto, practicado por las ciencias naturales ofi- ciales, ¢s demasiado parcialista y Leva igualmente a resultados demasiado incompletos, por mas que a veces sean indiscutibles, grandiosos. 58 Tercero; Sobre los puntos uno y dos se darén indi- caciones, consecuencias y, al final de esta aportacién, se expondran dos ejemplos empiricos. 2. El esboza de las dos realidades de la maturaleza de cada hombre En mi aportacién quisiera ante todo mostrar lo dicho en la introduccién a base de dos ejemplos prdac- ticos del quehacer diario de la psicologia médica. Pero para que los dos ejemplos que luego vamos a exponer sean facilmente inteligibles en el sentido que nos inte- resa, me petmito adelantar resumidamente el «esbozo de las dos realidades de la naturaleza de cada hombre», que ya presenté en un libro (Urvertranen and Zweite Wirklichkeit). Este esbozo —un esquema grdfico, lineal, con to- das las simplificaciones inherentes a tales esquemas — quiere resumir la imagen e¢ idea del hombre, que me he legado a formar a lo largo de una actividad médica de veinte afios en contacto con personas sanas y en- fermas, ya sea somatica 0 psiquicamente, actividad como psiquiatra y psicoterapeuta tanto en la praxis privada como también en mi calidad de ayudante en la clinica psiquidtrica Burghéleli de Ja Universidad de Zurich (director de entonces: profesor Manfred Bleuler) y como médico consejeto para psicologia médica en el Policlinico de la Universidad de Zurich (director: pro- fesor W, Siegenthaler), Este esbozo consta de dos imagenes. La primera, la patte superior def dibujo, quiere caracterizar esque- méticamente y simplificar la idea del hombre correspon- diente al cgncepto oficial que de él se ha tenido desde el 5? tiempo de la ilustracién hasta la actualidad. La segunda imagen, la parte inferior del dibujo, afade de modo es- quemdtico y generalizado a esta imagen positivista, racionalista y naturalista del hombre el concepto que de él tienen las ciencias naturales abiertas a lo incondicio- nal, absoluto y eterno, apertura que se va extendiendo cada vez mds en nuestro tiempo. Comencemos con una somera explicacién de la pri- mera parte, es decir, de la mitad superior del dibujo: De los innumerables hombres de este mundo se han representado dos de ellos con dos triangulitos. Conforme a la idea dominante del hombre, que atin hoy se sigue teniendo como acertada, cada uno se encuentra entre su generacién y su muerte sobre la recta correspondiente a su tiempo, espacio y biografia, representada por la linea horizontal del dibujo, Segtin el modo de ver cien- tifico-natural y materialista, el hombbre no vive antes de ser engendrado ni después de so muerte. La tem- poralidad, espacialidad e¢ historia vital individuales de un hombre son, pot supuesto, pensadas, conocidas, expe- rimentadas siempre como distintas y separadas de las de otro hombre, Para ello permitaseme mencionar el siguiente ejem- plo: «gCudnta tierra necesita el hombre?», preguntd Tolstoy, respondiendo més o menps asi: «Tanta como su cuerpo desplaza», algo parecido, pues, a lo dicho por Arquimedes para determinar el peso especifico, la densidad del ser que es el hombre: Ja densidad de la na- turaleza del hombre es tan grande como el agua que su cuerpo desaloja, Esta concepcién del hombre se caracteriza, pues, por un dualismo notorio, por la Mamada escisién exis- tente entre sujeto y objeto, un dualismo que, en esta exclusividad «ilustrada», no se encuentra ni en las cul- 60 caminos hacia le “oxperiancia objetiva hacia fuera", hacia el mundo. qua nos todas (primer pensar, dualiamo sentir, obrar) yey a a muerte primera realidad: temperalidad horizon- sapectalided historicid pinta Individuaies no dualidad “yo soy ti” Segunda realidad: aterporalidad verticalidad aeapacialidad 1 unidad con tedo en dieccion a Lo definitive Incandicional, eterno, Io abeoluto, #l absoluto caminos de ls “experiencia subjative interior” (segundo santir, pansar, obrar) , (representacian 2) E| asboze con las dos realidades, con los des camines distintos de la xperiancia y el conocimients. él turas superiores del budismo o del hinduismo, ni en la Iglesia cristiana de oriente, ni en Parménides, Plardn o Plotino, ni en los gnésticos, ni en Ja mistica cristiana, islimica o tdntrica (Ayit Mookeryec), ni en la cabala, el hasidismo (Martin Buber), ni en Henri Bergson o Teilhard de Chardin. Este dualismo, caracteristico de Ja imagen que del hombre se tiene en occidente, la «ofi- cial y umiversitaria», este dualismo que excluye todo lo eterno-absoluto de Ja naturaleza humana, se halla claramente manifestado en los paises occidentales del «hombre blanco» tanto en Jas ciencias naturales, en la medicina, la psicologia, como también en las dos interpretaciones més poderosas e «ilustradas» del hom- bre como son la pragmdtico capitalista -y la marxista comunista, Las ideas que sobre el hombre se tienen en la ac- tualidad y su aplicacién en la psicologia, sociclopia y politica, tal y como se las imaginan los que politica- mente buscan hoy a la izquierda, a la derecha y tam- hién en el llamado centro, tales ideas, digo, me parecen poco acordes con Ja naturaleza del hombre. En primer lugar, porque no puedo aplicar dentro de mi actividad profesional la exclusividad dualista de la mencionada imagen occidental del hombre septin me ensefia lo que he podido observar desde el punto de vista médico- psicoldgico. Tal exclusividad se me manifiesta ademés equivocada (lo mostrardn la descripcién de la segunda parte del dibujo y Jos dos ejemplos) en lo mds {ntimo del ser, alli donde radica la confianza primordial del hombre. Una medicina, psicologia, sociologla y polito- logfa que correspondiera a la naturaleza del hombre, hubiera tenido que empezar sus preguntas ante todo también en la profundidad de esta otra realidad del hombre, la segunda. En las ciencias quizds estemos ante 62 cambios que se avecinan, originados por un «segundo sentir, pensar y obrar». Esta imagen del hombre, parcial y dualista del occi- dente «oficial» (y hubo y hay bastantes interpreraciones «inoficiales» del hombre, condenadas al ostracismo, que ensefian Jo contrario:; el ocultismo, Ja alquimia, la sarapsicologia, 1a esotérica, la mistica, la segunda vista, el sexto sentido), ha conducido a un sentir, pensar y obrar muy tipicos que han desplazado todo lo demés: un sentir, pensar y obrar hacia fuera, exterior a mi, en orden al objeto, a la cosificacién al mundo que me rodea, a la sociedad, todo Io cual fue concebido como la realidad sin mds ni més, como Ja unica realidad. Ejemplo de ello es el «tener-que-acomodarse-a-la-reali- dad», como dice el psicoandlisis freudiano, o la aparen- temente necesaria pérdida de la individualidad ante las exigencias de la sociedad en el marxismo o en el fascis- mo. En las cicncias naturales, el modo de pensar obje- tivizante corre el peligro de olvidar lo subjetivo no condicionado. Pero este sentir, pensar, obrar, sin duda con fre- cuencia muy eficaz y también beneficioso (ejemplos tipi- cos de éxito se hallan especialmente en la medicina y la técnica), fue posible dinicamente por la exigencia de exclusividad en la escisién entre sujeto-objeto y por no querer conceder que la naturaleza del hombre se distingue ecesariamente, también en el aspecto bioldgico, de modo innato en razdn de lo que se puede llamar «segunda realidad, segunda subjetividad (no condiciona- da), segunda ética, segundo sentir, pensar u obrar». Pero aunque en la psicologia médica de los tltimos cien afios se presintié, descubrid, investigs de modo creciente un inconsciente que se halla bajo la conciencia de «ada hombre —piénsese en nombres como Emile 63 Coué, Sigmund Freud, Carl Gustav Jung y sus escue- las—, sin embargo, ese inconsciente se toméd, se con- sideré y, comsecuentemente, se traté sicmpre séla como algo existente en lo individual, como vinculado de modo exclusivo al individuo en cuestién, formando con él algo independiente, aislado de otro inconsciente. Esto vale mayormente en el inconsciente individual de Coué, Freud y Paulov y también, aunque en menor medida, en el sinconsciente colectivo» de Jung. El inconsciente de Freud y Jung lo he representado en nuestro dibujo mediante las dos paralelas pun- teadas por debajo de ambos tridngulos. Pasamos a explicar brevemente la segunda parte del dibujo, la inferior de la representacién de las dos realidades. La experiencia profesional con la psicologia médica y la psicoterapia me permite pensar que més alla de esta primera realidad de la naturaleza de cada hombre, al mismo tiempo subyacente a ella; si pensa- mos lineal y esquematicamente como en el dibujo, hay una segunda-realidad que caracteriza la naturaleza de cadz hombre: por tanto, no sélo la de un par de elegidos, agraciados, misticos, santos. Esta segunda di- mensién —que, por supuesto, es distinta en el aspecto cuantitativo — se caracteriza por el principio de la no dualidad, © sea, también por la atemporalidad, aespacia- lidad y por ser uma con todo y con cada cosa, también, pues, con el ultimo absoluro, incondicional, el absoluto como persona. Intento caracterizar esta segunda realidad y la esencia de su propiedad con la férmula expresiva de «yo soy nis. Mediante el término ftav me permito ptesentar la base mds profunda y originaria del alma individual, que desemboca en el absolutamente uno. El ftaw no es jamas ya este definitivo absoluto. Jamas puede tener lugar una auténtica divinizecién del hombre, 64 Esta segunda realidad de Ja naturaleza del hombre lleva, por consiguiente, de lo individual 2 lo unitario, de lo relativo a lo abscluto, de la temporalidad, de estar ligado al tiempo, leva a lo eterno, de la espacia- lidad a lo césmico, de la desesperacién a la seguridad sin limites, de la falta de confianza a la firmeza originaria. E! ftan — como de la sustancia del definitivo absoluto — jamds enferma ni médica ni politico-sociolégicamente, ni en el aspecto ecoldgico. El hecho de la naturaleza de cada hombre en su segunda dimensién —en su ser unitario — pasa a la se- gunda realidad del hombre que viene a continuacién, del otro, de cada hombre, del que existid, existe y existird, también en otras estrellas y humanidades cdés- micas, ese hecho puede representarse en este grafico —lineal, esquematico, simplificado y, por lo mismo, imperfecto — prolongande los lados de ambos tridngulos hacia abajo hasta el infinito: luego se cortan en un punto determinado de sus prolongaciones. Alli es donde se da el paso —dicho con simplicidad esquemdtica — de la primera a la segunda realidad. En este punto de interseccién pasan lo individual y condicionado a lo uni- tario € incondicionado, Agui puede recordarse de nuevo que de esta forma la época de la ilustracién, con sus dos criaturas domi- nadoras del mundo, el pragmatismo y el materialismo, quizds tenga que ceder el paso a una nueva era que reconozca al mismo tiempo lo incondicional y eterno en el hombre, paso’ que serd insoslayable puesto que concuerda con la auténtica naturaleza de cada individuo. Es probable que nos estemos encaminando a una época especialmente religiosa, aunque de tipo supraconfesional, adogmdtica, para lo cual ayudaré una ciencia natural ampliada especialmente en orden a esta profundidad. 65 Mi experiencia profesional sobre este segunda di- mensién con su subjetividad correspondiente y las pro- pledades que Ie son caracteristicas — cuyos contenidos son ante todo: amor, ayuda, proteccién, libertad, todo en favor de otros —, coincide con muchas otras inter- pretaciones ya citadas de] hombre. Ejemplos de ello fuc- ron la mistica cristiana y cxtractistiana, la parapsico- logia, el taoismo, el neoplatonismo. Nuevo aqui ¢s, 4 lo més, el intento de probar Ja verdadera existencia de esta segunda cimensién de la naturaleza humana con ayuda’ de la empiria propia de Jas ciencias naturales, con observaciones cientificas, con el apoyo de |a psico- logia) médica; cuando hasta ahora precisamente estas ciencias, es decir, la psicologia médica, la psiquiatria y, sobre todo, el psicoandlisis ortodoxo (Sigmund Freud, Alexander Mitscherlich, Herbert Marcuse, Horst Rich- ter) y el marxismo radical, que hoy sigue considerdndose como moderno, todos ellos quieren probar cientifica- mente esta aparente materialidad exclusivista, condi- cionamiento, espacialidad, temporalidad ¢ individualidad limitadas, quieren probar, con otras palabras, esta ma- yoria de edad de la razém humana aparentemente secu- larizada, Tal endiosamiento de la racionalidad exclusi- vista, tal negacién de que la razén y Ia libertad se enraizan necesariamente, conforme a su propia natu- raleza, en otra segunda dimensién incondicionada, tiene que llevar siempre a las distintas formas de totalita- rismo, cuyos ejemplos son dogmas cientificos, dogmas convencionales y sociales, dictadura politica. Libertad, igualdad, hermandad — internacionales — sdlo pueden ser eficaces cuando esta segunda dimensién, que sirve de base fundamental a todo, sea vista y vivida igual que lo es la primers. Antes de exponer dos casos de mi experiencia diaria 66 como indicios de Ja existencia de esta otra realidad —y podria nombrar cientos de ellos —, quisiera aclarar un ultimo detalle de nuestro esbozo, referente a la parte inferior: el sentir, pensar y obrar de acuerdo con la segunda realidad, representada por la vertical, se hace no tan objetivamente hacia fuera. Mas bien el sentir, pensar, obrar, este segundo sentir, pensar, obrar surge desde el camino que indica hacia la interioridad. Es el de la experiencia subjetiva, interior, representada en el dibujo por una Hecha vertical desde el vértice de un tridngulo hacia abajo en direccién al infinito, lo eterna. Ahora se ve la decisiva importancia del principio auténticattente meditativa para la investigacién cient fica, médica, psicoldgica, socioldgica, pedagdgica, politica, y en definitiva para la nueva época que se estd gestando: son ante todo los caminos de Ja eaperiencia subjetiva, interior, si consiguen llevar de la primera a la segunda subjetividad con su segundo sentir, pensar, obrar, los que podrdn posiblemente dar resultados cientificos acer- tados sobre la naturaleza humana en orden a esta se- gunda realidad césmica, Prueba de ello son desde hace siglos y milenios las mas distintas ejercitaciones de yoga, zen y mistica (en los pafses de lengua alemana cite- mos al Maestro Eckhart, Suso, Tauler, Patacelso), El principio de lo meditativo —me parece, y sdlo hablo basdndome en métodos auténticos, probados criticamen- te— va a hacer surgir en los préximos decenios y sigles unas cicncias naturales, una biologia y medicina ampliadas en orden a esta segunda dimensidn de la naturaleza humana, con las enormes consecuencias corres- pondientes. Lo mismo se podrfa decir, por ejemplo, de las diferentes confesiones ctistianas orientadas hoy ante todo hacia la primera dimensidn. No es necesario advertir que estos caminos meditativos hacia el interior 67 no podernos aqui en occidente tomarlos simplemente de oriente, sino que hay que adaptarlos a nuestro modo de ser, Sobre este punto ha Ilamado Ja atencién con insistencia también C.G. Jung (cf. ademds en este vo- lumen Ja aportacién de Ernst Benz). Una tiltima aclaracién sobre nuestro grifeo: en la flecha vertical ditigida hacia el definitivo absoluto e incondicional se halla un concepto nuevo: el fra. Con ftan quiero referirme a la base tiltima del alma indi- vidual, base ya contenida en este definitive incondicional y en este uno con todo por encima y més alld del tiempo, el espacio y el individuo. Aqui no podemos ecir mds a este propdsito. Remito primero a: El esbozo de las dos realidades, en cl tomo en colaboracién del ENGADINER KoLLecium, 1972, Endliches und Unendli- ches im Menschen y en segundo lugar remito a: Ein Beispiel einer groBen Ftan-Erfabrung, por ultimo, véase Urvertrauen und Zweite Wirklichkett. 3. La propia experiencia de lo indestructible La indestructible, en cuanto segunda realidad propia- mente dicha, que desemboca en Io indestructible de manera absoluta, en lo césmico, puede ser rastreado a partir de la inconsciencia mediante el ejercicia e inclusa puede Megar a ser experimentado hasta un cierto punto. El ejercicio meditative ayuda, pues, a hacer desaparecer la disolucién que casi siempre existe en cada hombre en nuestra época de la ilustracidn entre el talante y conciencia de la primera realidad frente al talante y la conciencia de la segunda realidad. El grado de esta autoexperiencia difiere de hombre a hombre, incluso después de haber pasado muchos afios de ejercicio en 68 este sentido, Pero ciertamente que ese grado casi siem- pre aumenta con el ejercicio constante y diario a Jo largo de los afios mas que si no se ejercitara y trabajare uno consigo mismo y con su caracter. Agui hay que advertir que un ejercicio auténtico, sencilio, no Mamativo implica una disciplina interior y exterior y una sujecién y entrega humildes. Es cierto que el ejercicio aqui mencionado no co- rrespande a los escritos de Sigmund Freud ni al psico- anglisis neomarxista hoy tan extendido —a causa de su marcado ateismo y negacién de esta otra dimensidn de la naturaleza humana—, pero no Jo es menos que uno de los muchos modos de practicar este ejercicio es también la psicoterapia empleada con regularidad, se haga como tratamiento indiyidual 0 como psicoterapia de grupo, consciente o inconscientemente, De todos modos quisiera prescindir aqu! de aquellas psicoterapias de grupo orien- tadas tinicamente hacia la primera realidad (cf. en este sentido autores como H. Richter y Shepard), En algunos puntos, que aqui no podemos tratar, la psicoterapia medicopsicolédgica corresponde a muchas técnicas medi- tativas, pues éstas colocan precisamente tal ejercicio en su centro de interés, Por técnicas de mediracidn se entiende agui slo los esfuerzos verdaderos, sencillos, honrados, es decir, que sirvan para eliminar la disloca- cién antes mencionada, sin perseguir ninguna ventaja en provecho propio. El principio del ejercicio a que aqui nos referimos, el principio de estos métodos en orden a la experiencia de la ‘propia pertenencia al definitivo incondicional, pue- de aclararse con la frase de un famoso conocedor del zen: «Uno de los factores esenciales del ejercicio del tiro con arco y de las demds artes que se practican en Japdn probablemente también en otros pafses del Extremo 69 Oriente, es el hecho de que no sirven para fines de pro- vecho, ni tampoco se han pensado para un placer mera- Mente estético, sino que significan una educacidn de la conciencia y deben Hevar a ésta a relaciones con la rea- lidad dltima,..» (Daiserz T. Suzuxr en su introduccién al libro del fildsofo alemin EucEen Herricer, Zen in der Kunst des Bogenschiessens, que €n poco tiempo alcanzé L5 ediciones, o sea, que vino a cubrir una autén- tica necesidad). En esta cita se habla de un principio importante, que es propio de muchos métodos meditativos, Pienso €N artes misticas de inmersidn, como se describieron, por ejemplo, en el ambiente cristiano 0, mds especialmente, en los magnificos escritos de Karlftied Diirckheim sabre cjercicios zen, en el libro de Ayit Mookeryee sobre el método mistico-erdtico Tantra Asana, en la obra Wege der Meditation-bewte de Ursula con Mangold, en el comentario ul Bagaved gii@ de Mahesh Maharishi Yogi y el libro de Gualteria Weiss sobre el mismo tema: tal ejercicio no ¢s un juego, sino que sirve a la tarea de sacrificar la individualidad propia y obstinada en pro del florecimiento de lo indestructible incondicione! en lo relative individual. Mas pienso que lo meditativo, de acuerdo con la cita anterior, tiene demasiado poco en cuenta el punta quizds mas importante, es decir, la esencia del amor. El principio de] amor al prdjimo esté en el centro, por ejemplo, de Ja mistica cristiana y de la meditacidn transcendental de Mahesh Maharishi, pero no en la cita que hemos hecho, En ella se echa de menos la ayuda, el amor, la promocién y cuidado de un ni en el mundo diario, en el propio «fuera-de», entendiendo aqui siem- pre el ti como casas, personas o Dios. ¥ eso que falta’ es la propiedad mds necesaria que deberia surgir de 70 la dislocacién en el hombre gracias al ejercicio medi- tativo, De acuerdo con Ja cita aducida lo meditative no esta al servicio de todas aquellas posibilidades que otre- ce a uno la propia realidad primera, la propia vida individual. Tal ejercicia sirve mds bien y ante todo para ampliar la via de la interioridad y para caminar por él, para recorrerlo cada vez mds conscientemente, un camino que conduce «vertical» — recordemos nues- cro. grdfico — mediante la segunda dimensién propia hasta la experiencia, conciencia y conocimiento de que el hombre es también unidad con el definitive. El acon- tecimiento de tal experiencia grande y rara la Nama el zen sator?. Yo me permito |a designacion de «gran experiencia-ftan», independiente de cualquier confesidn, libre de todo, neutral. Pero lo que a mi me parece que se tiene en cuenta demasiado poco en Ja via del zen y otras parecidas es que la esencia de la segunda dimen- sidn, de esta interioridad es el amor al otro. Por supuesta que toda actividad de la vida diaria, hasta el escribir a maquina o los trabajos caseros, por ejemplo, pueden suponer tal ejercicio, lo mismo que disparar el arco o colocar flores, Karlfried Diirckheim puede, pues, Hamar a su escrito sobre este tera: La vida cotidiana como ejercicio de superacién moral, De mi quehacer diario puede citar, por ejemplo, en pri- mer lugar, la prdctica de la psicoterapia profesional. Quiero decir la relacién que se reduce al contacto ver- bal y al silencio entre el paciente y el psicoterapeuta, que comprende muchas horas, quizds cientos de ellas, sin contacto corporal ni social fuera de las horas de tratamiento. En segundo lugar, un paseo matutino por el bosque en el sentido de la «terapia bdsica psicoso- mdtica», de una terapia meditativa, ritmica basada en el movimiento, tal como se expone en el libro; Uruer- TL trauen und zweite Wirklichkeit, Tercera, un ejetcicio consistente en el sentarse silencioso tendente a encon- trar la tranquilidad interior y la inactividad, cosa gue puede hacerse tanto solo y a diario conforme al método de la meditacién transcendental como asimismo cada quince dias en un grupo formado ex profeso como base de experimentacién cientifica (cuyos comienzos se des- criben en el libro que se acaba de citar), Mencionemos otro ejemplo de la vida cotidiana de cada uno, en Ia que —aunque la mayoria de las veces de modo inconsciente — hemos hecho o hacemos fuestros propios «ejercicios» diarios de mayor o menor duracién, Un ejercicio referible a lo dicho; por ejemplo: disparar el arco al modo oriental, colocar flores, la es- grima, la lucha, danzas ritmicas, el dibujo a la aguada, los ejercicios de yoga hindies o t4nericos, Algo de la vida cotidiana y, sin embargo, de una peculiaridad espe- cial es el mostrar las distintas clases de amor a personas dererminadas, por las que sentimos una fidelidad y vincu- lacién exclusivas, por aquellos a quienes tenemos un amor casi sagrado, respecto de nuestros propios hijos, a este o aquel amigo, al préjimo, El ejercicio a que aqui nos referimos existe con una clara relacién de amor que salta a los ojos ante todo cuando a una persona amada se le pide que haga experimentar cada vez mds de los mo- dos mis diversas, que haga consciente, que convierta en articulacién y lenguaje interior y exterior el contenido también sagrado de la unidad amorosa comin, o sea, el contenido de la segunda dimensién no dual, la del «yo say tiv. Ejemplos de ello san el erotismo espiritual y corporal, la sexualidad, Ia palabra hablada y escrira, prenda de un amor solicito, A propdsito de este ejemplo cotidiano del amor entre hombre y mujer, permitasenos recordar que la raciona- 72 lizacién y cosificacién de todas las relaciones de la vida humana que aumentan alcanzan al parecer plena macu- rez, cuando los postulados de la ilusttacién adn per- duran, han contribuido cada vez mas a artebatar tam- bién precisamente a este amor entre varén y mujer, y ante todo a su erotismo y sexualidad, la sacralidad que sigue implicando, que alimenta precisaimente de la segunda dimensidn, de esta indestructibilidad de la natu- valeza bumana, contribuyendo a arrebatarle su cardcter santo y eterno. Pienso que a esta violacién, secularizaci’n, profanacién del amor, del erotismo, de la sexualidad ha contribuido precisamente la hostilidad del cristia- nismo frente a lo sexual, viendo pecado en toda, y su consiguiente postura de prevencién y suspicacia frente a tedo lo corporal. Pero recalquemos otra vez: mi experiencia profe- sional me dice que el esfuerzo ininterrumpido por man- tenerse fiel al compafiero que una vez se acepté con amor ¢s un presupuesto para poder experimentar autén- tica y continuamente y de modo cada vez mds profundo y fresco lo sagrado del amor, el erotismo y la sexuali- dad: ¢l amor es siempre por esencia cosa de la segunda subjetividad. La infidelidad (respecto del amor y no simplemente frente a una institucién) pone en tela de juicio la eternidad y, por tanto, Ja confianza primordial. Al hablar de la «época de la ilustracién», pensamos en la nuestta, en la que al hombre se le mira sdlo en su dimensién condicionada, sin reconccer una medida ab- soluta, Ejemplo de ello es ¢] desarrollo actual de una parte de la psiquiatria y sociologia: para la evolucién fallida de un joven se echa Ia culpa ante todo a los «malos padres», presuponiendo, pues, nozmas de con- dicionamientos cause-efecto; como razén de evoluciones fallidas juveniles o de instiruciones equivocadas: escue- 73 la, universidad, cuartel militar, se piensa frecuentemente que es la «mala sociedad» la que tiene la culpa, En la psiquiatria comienza a surgir un movimienta psicoana- litico-materialista en contra de los «malos padres». Para combatir a la «sociedad podrida» se levanta tam- bién en occidente cada vez con mas fuerza el movi- miento socioldgico neomarxista, Es sintomidtico que en orden a los movimientos cientificos mencionados se pue- de constatar lo mismo que en cualquier dogmatismo (y fascismo); se trata de la falta de amor auténtico y comprensidn verdadera dispuesta a ayudar, es decir, la carencia de las propiedades que tienen su otigen en la segunda dimensién. Un neomarxismo actual y todo fascismo pasado o presente se distinguen al menos por algo comun: por el no poder ver, ni experimentar, ni conocer esta sepunda realidacl, petteneciente a toda naturaleza humana, observable a nivel cientifico natural y empirico. Poco a poco esto va cambiando: se lo debe- mos en gran medida a los movimientes meditativos existentes otra vez en las confesiones cristianas y fuera de ellas, ante todo entre la generacidén joven. En el ejemplo de tal amor a una o varias personas se aprecia en seguida la diferencia existente tespecto del principio usado en el zen que resalta Suzuki, carac- teristico quizds de todo ejercicio meditative oriental: en los distintos modos de amor hacia un ti, reconocible especialmente en el grande y taro amor erdético entre dos personas que se quicten y en las diarias concreciones de las demés maneras de amor, se impone inmediata- mente el imperativo ético, propio de la segunda rea- lidad: el imperativa de ayudar, apoyar, favorecer en lo posible a tado, tanto en Ia primera realidad, la de la persona amada y la que quienes la aman, asi como también —y esto es lo definitivamente nuevo — en la 74 primera realidad de cualquier otro ti —sean cosas, personas o Dios — con el que uno se encuentra en su vida diaria. Volveremos a hallar en el apartado si- guiente este imperativo tipico de la segunda dimensidn en favor de la «potenciacién», de la «santificacién» y de la promocién de la propia persona y de Ja madura- cién de los demas en su cardcter, Tal imperativo es algo tipico de la profundidad de nuestra segunda di- mension. En esta eclosidn del imperativo en orden a la propia maduracién y preocupecién amorosa, no sdlo tolerante, sino activamente ayudadora respecto de los otros en la vida diaria propia, en ese empuje es donde se observa el «ama a tu prdéjimo como a ti mismo» o el «amad a vuestros enemigos», propio del] campo cristiano, En este imperative tipico de la estera cristiana y judia en orden al amor que busca al préjimo, se manifesta también que no todo yo en este mundo puede ser amado del mismo modo, sino que pueden existir dife- rencias cuantitativas en el amor a este o aquel tu. Mas a pesar de estas diferencias, en ese amor a cada semejante se impone la necesidad de ayuda que va mas alld de la pertenencia a una o varias colectivi- dades privadas, por ejemplo, a Ja familia, profesién, par- tido politico, una determinada confesién, raza, nacidn, continente, Se impone la biologia de la segunda dimen- sién humana en el sentido de la no dualidad, como !o expresa el ayo soy ni». Las propiedades de Ja segunda realidad, de la propia indestructibilidad, sobrepasan el anhelo de sentirse uni- do individualmente con el absoluto, como es tipico de las inmersiones orientales. Ellas, en cuanto edificacién amorosa, alcanzan a uno o varios td en la propia reali- dad primera, en el quehacer diario en este mundo. El 73

También podría gustarte