LA
MEDITACION
EXPERIENGIA
RELIGIOSAVersién castellana de Srventano Tataveno Tovan, de la obra
Bennecsiseinserwelterung durch Meditation,
Verlag Herder KG, Friburga de Briegovia 197%
Primera celieiin 1976
Segunda ecitcidn 1980
Impnixiase: Barcelona 22 de julio de 1975
+ José Capmany, obiepo auxiliar y vieario general
® Verlag Herder, Freiburg im Breisgau 1975
«® Editorial Herder $.A., Provenza 388, Barcelona (Espafia) 1976
TSBEN 3-451-16783-2 edicion original
ISBN §4-254- 1044-4
Es PROPIEDAD DeposiTo LEGAL: 8. 17,603-1980 PRINTED IN SPAIN
Graresa - Napoles, 249 - Barcelona
INDICE
Presupuestos de la oracidn cristiana .
por Ladislaus Boros, Zurich
Introduccién ,
£
ie
PS eee ey
—
Dios esti todavia mds elite
La acimiracidn
ee a
La obligaciin . r
Ia suledad .
La dude. .
La tentacidn . ;
La esperanza. . els
El callar en el ilencio ‘
Interioridad .
Humanidad .
La soledad come experiencia limite
por Jobannes B. Lotz, Munich-Rovea
is
a
Ai
4.
zi
6.
7
Lo indestructible en la experiencia de si mismo
Consideraciones introductorias
Nueva seguridad hoy .
Viejo desamparo .
Nuevo desamparo
Aislamiento como. situacién Haaltt
Aislamiento coma «koan»
Aislamiento y coincidencia .
por Balthasar Staehlin, Zurich
1, Lo indestructible en la naturaleza biokjgica de
cada hombre puede Iamarse la segunda realidad .
5
28
35
37
44
51
35
352.
3.
4
El esbozo de las dos realidades de la naturaleza
de cada hombre. . .
La propia experiencia de i ntareuchite 5 ,
Un suefio y una carte, indicios —jno pruebas! —
de la existencia de Ja Po realidad. . ,
Bibliograffa
Meditacidn en las religiones orientales y en el cristianismo
por Ernst Benz, Marburgo
1,
a
=~
4.
Pérdida de Ja meditacidn en el cristianismo .
La meditacién budista yp zen .
Diferencias fundamentales entre la meditackin
oriental y la cristiana . .
Practica de la meditacién, leeds a te reetided ,
Influjo de las drogas sabre el cerebro, la conciencia y
la conducta . . ae
por Peter G. Wie Zurich
1, Introduceién . ‘
2. Anatomia y fanciones peiquicas del corebeo yo
3, Efecto general de los medicamentos sobre cl subs:
trato mervicso *
4, Algunos farmacos tipicos ti niece. neu-
réticas y de Ja psique, que influyen en la conciencia
y la conducta .
5, Psicoférmacos cldsicos aeicitines newtolépitess , ale.
cindgenos. 2. -
6. Efectos a en dl hombre 4
7. Conelusiones . ee ie
Bibliografia
Adiestramiento en la serenidad .. %
por Walter Strolz, Friburgo de Drtesiets
lL
2.
3.
El pensamiento cientifico-técnico y el rsgate de
la serenidad . :
Sobre la experiencia de ipenizad en la pocea
y la naturaleza . :
Serenidad en la experiencia biblica de be fe .
Datos biogrdficos y bibliogrdficos de los colaboradores ,
104
112
117
17
118
19
140
147
151
158
PRESUPUESTOS DE LA ORACION CRISTIANA
Por Laptsitaus Boros, Zurich
Introduccién
El concepto «oracién cristiana» no se utiliza en esta
aportacidén para designar una accidn limitada (al lado
de otras}, sino que indica una actitud fundamental que
debe informar todas las demas acciones del cristiano.
La humanidad actual, tal y como ha Ilegado a ser his-
i6ticamente, no vive ya en una universal apertura cara
a Dios. Por eso deberia romper el cristiano su acostum-
brada esfera vital para volver a acercarse a Dios, que
se encuentra al otro lado. En esa tensién de la ora-
cién se da Ja existencia cristiana. La oracién cristiana
es simultdneamente esfuerzo y regalo. Con ello estarfa
determinada nuestra tarea con precisién, La existencia
cristiana representa la cercania de Dios para uno mis-
mo y pata los otros gracias al propio esfuerzo y en
cuanto don gratuito, No es falta de humildad presen-
tarse interiormente ante Cristo y pedirle: «Sefior, en-
séfianos a orare (Le 11,1), a lo que entonces respondid
él con Ja oracién dominical. Si queremos hablar de los
presupuestos de la otacidén cristiana, tendremos que
esbozar primeramente la situacién actual de la oracién,
Pero slo de modo somero, baséndonos en dos expe.
riencias,l, Dios esta todavia mas callado
No quisiera aqui dar a entender que el no interviene
en el confusionismo de nuestro tiempo con imposicién
alguna, valiéndose de su superioridad. No seria, en
ahsoluto, su. modo de actuar. Pera una cosa sabemos
todos y, con frecuencia, nos hace sufrir indeciblemente:
Dios todo Jo ve, lo oye, lo sabe y, sin embargo, calla.
jCon cudnto gusto desearian oir siquiera una yez su voz
aquellos hombres callados que en su entrega, en su
vida monétona, realizan innumerables obras buenas, una
voz que reconociera lo bueno, que animara a los suyos!
Pero Dios calla. Existencias rotas piden auxilio a gritos
en una soledad que las aplasta. Con frecuencia, Dios
no les da sefial alguna de su cercania, sino que perma-
nece mudo. En el Antiguo Testamento hallamos en
todas partes la queja de los probados: «jA ti clamo,
Sefior! jTu eres mi roca! jQue no se me cierre tu ofdo!
Si ti no me escucharas, me pareceria a los que bajan
a la fosa» (Sal 28,1). O también: «jTii lo has visto,
Sefior! jNo te calles Sefior, no te quedes lejos de mi!»
(Sal 35,22).
Se podrian multiplicar los ejemplos. Un dia se en-
contré el Hijo de Dios ante sus enemigos. Lo acu-
saron, lo condenaron y se rieron de él. Y Dios se
quedé también callado. Cristo rezé en la cruz cn
alta voz. Su grito, que desgarraba el coraz6n, era un
signa de miedo: «Dios mio, Dios mio, gpor qué me
has abandonado?» (Mc 15,34). También entonces callé
Dios.
El hecho del silencio de Dios no es nuevo. Pero
parece que hoy nos oprime mds, porque ha Ilegado a
su limite en nuestro tiempo. Los hombres tienen que
8
enfrentarse mds que nunca con este misterio'. A eso
se debe el preguntar con temor, dada nuestra incapacidad:
éTiene sentido realmente hablar a un Dios que ca-
Ila? ¢Tiene sentido rezarle?
El horror ante una supuesta ausencia de Dios, lo
incomprensible de su silencio, que hoy dolorosamente
experimentamos, nos hace sentir lo que desde siempre
hemos sabido, pero que quizdés no lo hemos tomado en
serio, es decir, que Dios estd indeciblemenre por enci-
ma de todo lo que existe fuera de él y de lo que fuera
de él puede pensarse*, No puedo al principio arriesgar
una respuesta a esta pregunta. Encontrard, segtin espe-
ro, una progresiva aclaracidn a lo largo de estas consi-
deraciones. Pero a nuestra situacidn respecto de la ora-
cién pertenece, por otra parte, lo siguiente; el cristiano
necesita de la oracién a pesar del agobiante silencio
de Dios, Por muy abierta que esté la vida cristiana para
la Iglesia y el mundo, por mucho que sea el bien que
haga, las innumerables necesidades que remedie, por
muy altruista que sea su entrega terrena, si no se en-
cuentra abierto a Dios, entonces le falta algo decisivo.
Por mas que el cristiano est€é muy metido «en los asuntos»
y que las ventanas de su experiencia estén abiertas en
todas direcciones, sus acciones no Ilegan a brillar, ni
Toman perspectivas y constancia determinadas, ni pue-
den reflejar perfectamente su belleza y esplendor. Solo
la «luz de arriba» es la que puede dar a sus acciones
todo esta, la entrega a un poder y gloria supraterrenos,
1. Como complemento a este breve telaw scbre la situacidn quisiera Ila-
mar la atencién sobre ci artfcula de Fr. Wowr, 5.1,, Vorw Veriast wad der
Nenentdeckung des Gebeter in naserer Zeit, en «Geist und Lebens 41 (1963)
407-13.
2. «Super omnia quar practer ipsum sunt et concipi possunt, ineffabiliter
excelsuss, CoNcILIo Vaticano 3, Constivucién dogmdtica Dei Filins, acerca
de fa fe cutélicn, cup. 1, De Deo rere oni creatore (D5 3002),
91, Dios esta todavia més caliado
No quisiera aqui dar a entender que el no interviene
en el confusionismo de nuestro tiempo con imposicién
alguna, valiéndose de su superioridad. No seria, en
ahsoluro, su. modo de actuar. Pera una cosa sabemos
todus y, con frecuencia, nos hace sufrir indeciblemente:
Dios todo lo ve, lo oye, lo sabe y, sin embargo, calla.
jCon cudnto gusto desearian oir siquierag una vez su voz
aquellos hombres callados que en su entrega, en su
vida monétona, realizan innumerables obras buenas, una
voz que reconociera lo bueno, que animara a los suyos!
Pero Dios calla. Existencias rotas piden auxilio a gritos
en una soledad que las aplasta. Con frecuencia, Dios
no les da sefial alguna de su cercania, sino que perma-
nece mudo. En el Antiguo Testamento hallamos en
todas partes la queja de los probados: «jA ti clamo,
Sefior! {Tu eres mi roca! {Que no se me cierre tu ofdo!
Si ti no me escucharas, me pareceria a los que bajan
a la fosa» (Sal 28,1). O también: «jTi lo has visto,
Sefior! jNo te calles Sefior, no te quedes lejos de mi!»
(Sal 35,22).
Se podrian multiplicar los ejemplos. Un dia se en-
coniré6 el Hijo de Dios ante sus enemigos. Lo acu-
saron, lo condenaron y se rieron de él. Y Dios se
quedé también callado. Cristo rezé en la cruz en
alta voz. Su grito, que desgarraba el corazén, era un
signa de miedo: «Dios mio, Dios mfo, gpor qué me
has abandonado?» (Me 15,34). También entonces callé
Dios.
El hecho del silencio de Dios no es nuevo. Pero
parece que hoy nos oprime mds, porque ha Ilegado a
su limite en nuestro tiempo. Los hombres tienen que
8
enfrentarse mds que nunca con este misterio'. A eso
se debe el preguntar con temor, dada nuestra incapacidad:
éTiene sentido realmente hablar a un Dios que ca-
Ila? ¢gTiene sentido rezarle?
El horror ante una supuesta ausencia de Dios, lo
incomprensible de su silencio, que hoy dolorosamente
experimentamos, nos hace sentir lo que desde siempre
hemos sabido, pero que quizaés no lo hemos tomado en
serio, es decir, que Dios estd indeciblemenre por enci-
ma de todo lo que existe fuera de él y de lo que fuera
de él puede pensatse*, No puedo al principio arriesgar
una respuesta a esta pregunta. Encontrard, segtin espe-
ro, una progresiva aclaracidn a lo largo de estas consi-
deraciones, Pero a nuestra situacién respecto de la ora-
cién pertencce, por otra parte, lo siguiente; el cristiano
necesita de la oracién a pesar de! agobiante silencio
de Dios, Por muy abierta que esté la vida cristiana para
la Iglesia y el mundo, por mucho que sea el bien que
haga, las innumerables necesidades que remedie, por
muy altruista que sea su entrega terrena, si no se en-
cuentra abietto a Dios, entonces le falta algo decisivo.
Por mas que el cristiano esté muy metido «en los asuntos»
y que las ventanas de su experiencia estén abiertas en
todas direcciones, sus acciones no llegan a brillar, ni
toman petspectivas y constancia determinadas, ni pue-
den reflejar perfectamente su belleza y esplendor, Solo
la «luz de arribas es la que puede dar a sus acciones
todo esta, Ja entrega a un poder y gloria supraterrenos,
1. Como. complemento a este breve aclaw sobre la situcida quisiera Ia-
mar ta ateacion sebre cl acticulo de Fe. Wonr, §.1,, Vorr Verinst und der
Newentdeckwng dex Gebeter in anserer Zeil, en «Geist und Lebenr 41 (196%)
407-13,
2. «Super omnia quae practer ipsum sunt et concipi possunt, ineffabiliter
excelsuss, CONCIETO VaTicawo 1, Conscrucién dogmitica Dei Filins, soca
de fa fc cutélicn, cap. 4, De Deo rerum onmninnr creatore (D5 3002),
9Lo cual no es asi cuando el cristiano en todo su esfuerzo,
por mucha amplitud gue tenga, en realidad sdélo se
apoya en si mismo; cuando su esfuerzo se realiza en
un terreno, por desgracia, cerrado precisamente hacia
artiba, de donde no le llega luz alguna, y hacia el que
no s¢ permite ninguna vista panordmica. No se sabe a
ciencia cierta de quién quiere dar testimonio, a qui¢n
se vuelve en lo mds profundo de su existencia.
Después de habernos referido sucintamente a estas
dos experiencias fundamentales —el silencio de Dios
y la imperiosa necesidad que el cristiano tiene de la
oraci6n—, quisiera ahora centrarme en la siguiente
cuestién fundamental: ¢En qué consiste esa oracién a
la que Dios responde la mayorfa de las veces con su
silencio y de la que, sin embargo, ¢! cristiano necesita?
Quisiera mencionar aqui diez «presupuestos» de la
oracién cristiana:
2. La admiracion
A la admiracién se llega cuando uno se encuentra
con algo que hasta entonces no le habia ocurrido, que
le resulta extrafio, taro y nuevo, ante lo cual lo tnico
que puede hacer es preguntar por su sentido y origen.
Pero Ja aclmiracién frente a lo cristiano no es algo pa-
sajero, De la admiracidn no se libera jamés la existencia
cristiana y hasta puede decirse que crece en la medida
en que el cristiano se asimila su condicidn de tal. Si el
ctistiano quisiera avergonzarse de ello, puesto que no
logra encajar su propia existencia en ninguna parte, en-
tonces tendria que dejar de ser ¢ristiano. Los milagtos
en Ia Biblia estén puestos como signos, como «sefiales
de alarma»: lo que nos espera no es continuacién de lo
10
ocutrido hasta ahora, sino algo totalmente nuevo, Pre-
cisamente esa «alarma» es la que el cristiano deberia
sentir respecto de toda su existencia, Pero los mila-
gros son al mismo tiempo acontecimientos consoladores
y auxiliantes: siempre se trata de un cambio radical
de salvacién frente a Ja marcha del mundo que amenaza
al hombre, Los milagros son siempre promesas y mues-
tras de un mundo liberado, en el que ya no habrd dolor,
ldgrimas ni muerte. En realidad lo decisivamente nuevo,
el milagro de los milagros, es Cristo mismo, con el
cual el cristiano se ve confrontado sin interrupcidn de
una manera siempre nueva y exigente. El hombre que
tiene la suerte de tener que maravillarse ante Cristo
y de poder hacerlo, se hace un desconocido, otro dis-
tinto, un extrafio. ¢Cimo iba a hacérsele corriente y
clara al ctistiano su existencia ante este «tener que»
y ante este poder? Ser cristiano es, por consiguiente,
algo apasionadamente nuevo, algo ante lo cual el hombre
se deberia inclinar maravillado *.
3. La sorpresa
Pero la existencia cristiana no puede quedarse en
un mero admirar y extrafiatse. En cuanto que Dios pro-
voca admiracién del modo antes descrito, haciendo del
cristiano un hombre admirado, exige al hombre, hace
de él un sorprendido por Dios. Se «abandona» a Dios
en Ja admiracién. Dios lo asaltdé, lo aleanzé y lo apri-
siond. No hay vuelta posible. Yo, en cuanto hombre
conereto, con tal cardcter, con ciertas propiedades, con
mi coraz6n frecuentemente tan rebelde y tan angustiado,
3. Karl Barth enumera las siguientes propiedades en otro contexto. Cf.
K. Bantu, Eisfiihrung in die evamyelische Theologir, Zorieh 1962.
-
ilme veo personalmente exigido, en mi situacién histé-
rica, por este Dios. Existencia cristiana es, en primer
lugar, la vida propia, totalmente personal de cada ctis-
tlano.
Se trata de vocacidn, de su eleccidn y santifica-
cién, de su alegrfa y de su dolor; se trata de fa oporru-
nidad incomparable de su corta vida y de su muerte. La
condicién de cristiano afecta de hecho a todo el hom-
bre y, por tanto, también a lo més privado de Ja vida.
Esa profunda sorpresa por parte de la intervencidn de
Dios obliga al cristiano no sdlo en su vida privada,
sino, al mismo tiempo, en la cristiandad, Todo lo que
ocurre en esta vida comunitaria, debida a la lamada
de Dios, se hace insoslayablemente asunto suyo propio.
Lo alcanza el juicio de Dios sobre la comunidad de los
creyentes, sobre la Iglesia, afectdndole igualmente la
promesa hecha a esa comunidad. Todo cuanto acontece
y deja de acontecer en la vida del pueblo de Dios, de
uno u atro modo, bueno o malo, interesa al cristiano
de manera inmediata, se hace, por lo mismo asunto
suyo. Y, por tilltimo, ademds de todo lo dicho: todo el
mundo en su historia actual es un tiempo de gracia de
nuestro Dios. Aunque todos los demas pudieran pres-
cindir de la suerte de la humanidad actual —de Ja
humanidad hoy existente: europeos y africanos, ameri-
canos y asidticos, comunistas fandticos y anticomunistas
quizds mds fandticos atin, creyentes y no cteyentes —,
al cristiano no Ie esté permitido pasar de largo, pues
se le ha concedido cl don gratuito de tener que po-
nerse totalmente a disposicién de Dios y el poder
hacerlo, Y este Dios dice asf a todo el géneto humano.
E] cristiano existe en el mundo actual, es discutido por
él, hetide en el corazén. «Cuando oyeron (el pueblo)
esto, les pesé intimamente y dijeron a Pedro y a los
12
demds apdstoles: “;Qué debemos hacer, hermanos? ”»
(Act 2,37)4,
4, La obligacién
La actitud interna del cristiano, debida a la admi-
racién y la «sorpresa», crea una esfera existencial de
«desaffo». Se trata de algo bello y didfano, pero implica
también una obligacién fuerte y hasta temerosa que
Dios le tome asi a su servicio, Ya se nord al hablar
de la admiracién que alcanza a todo el hombre sin
excepcién. También la sorpresa se tefiere a toda la
existencia, Por supuesto que en la tevelacién existen
igualmente verdades periféricas que no implican para
el cristiano tal obligatoriedad, aunque no carezcan de
valor especifico, Pero lo que atafie insoslayablemente al
cristiano es la plenitud de Dios y su exigencia. El cris-
tiano deberfa hacer girar toda su existencia en torno
al «centro de la fe» y juzgar todo a partir de él. Por
tanto, no le esté permitido, por una parte, prescindir
ni siquiera de un punro de Ja periferia, Por otra, tam-
poco le es licito construir por propia iniciativa un
«segundo centro», ni dirigir a los detalles su anhelo
de religiosidad. Unicamente Cristo es el centro aunan-
re de nuestra fe, y quien no recoge con ¢l desparrama.
Ser cristiano, en el sentido mas fundamental y religioso
de la expresién, singnifica realizar ambas cosas en una
vida humana, mantener todo por mas que aparezca
como secundario y, al mismo tiempo, sentirse obligado
4. R, Guanoma ha analisado con cxactitud les propiedades de la sorpresa
en dow breves articulou: Vow Simm der Schwernmnt y Der Acsgangspunkt der
Denkhousgumg Siren Kierkegaords. Ambo se hallan en: K. Guarpi, Unter:
tebaidung dee Coristlicbex, Maguncia 196), 302-33 y 473-301,
13en definitiva al unico centro, Cristo, Tado lo demds
(quizds con la mejor buena intencidn) es, a lo sumo,
beateria, y nada tiene que ver con el micleo de la
existencia cristiana. En este tranquilo equilibrio, debido
Gnicamente a la fe vivida y con frecuencia suftida con
toda honradez, el cristiano puede y debe y hasta tiene
la obligacién de ser un hombre alegre. En el sentido
ptimitivo de la palabra esta «satisfechor: ha encon-
trado lo que le bastaba. Sabe de qué se trata en defi-
nitiva. Para él existe una
,
2. Nueva seguridad hoy
Tras nuestras consideraciones introductorias vamos
a profundizar en Ja experiencia de la soledad; intima-
mente unida a ella esté la sensacidn de seguridad, y
con ella yamos a empezar. Esta coloca al hombre en
telacién con poderes protectores, tinicos que le con-
ceden su ser de hombre o al menos su perfeccién, Estos
poderes, que no detetminamos todavia, son protectores
o dan seguridad en cuanto que el hombre los necesita
y depende de ellos, sin ellos esta sometido a peligros
que lo ponen en tela de juicio, amenazan con destruirlo
0, al menos, no lo dejan Wegar a su pleno desarrollo.
Si no reconoce que esta condicionado por los poderes
Protectores y se rebela contra ellos para independizarse
9, sin pretenderlo, se sale de su dmbito por el rumba
de los acontecimientos, se destruye a si mismo o se pre-
para al exterminio, cayendo en el aistamiento destructor,
por el que es separado de las rafces de su fuerza y de
su vida. ¢Qué relacién tiene esto con el aislamiento
en la existencia actual? La cultura presente y, sobre
todo, los sorprendentes progresos de la ciencia y la
técnica modernas nos han regalado ciertamente muchos
logtos que nos son imprescindibles y sin los que no
quisiéramos vivir ya. A esto se afiade también una
3. Cf ef Hbro citado en Ja nota 2, 2° parte: Wesen and Entjaltung der
Medtrarion,
ae
nueva seguridad que vamos a exponer sucintamente y
que en tiempos anteriores era desconucida e imposible.
En primer lugar las ciencias humanas (scieuces bunras-
nes), desarrolladas ultimamente de modo poderoso, in-
vestigan su condicién humana (condition humaine), en
especial su incorporacién al contexto total de la realidad;
sé guian para ello por la finalidad expresa de ser res-
petuosas para con esa condicién a la hora de construir
el contexto vital, brindando de esa forma al hombre
Ja seguridad que necesita, A ello contribuye un redes-
cubrimiento de su incomparable valor y dignidad sin-
gular, que espolea a ofrecer a todos, especialmente en
los Iamados pafses en vias de desarrollo, las condi
ciones econdmicas y sociales de vida en las que verda-
deramente pueda ser hombre y sentirse seguro,
Afiddase la tendencia a edificar una sociedad en la
que cada uno encuentre la mas amplia seguridad posible
y en la que, por lo tanto, se sienta protegido, Esto se
tefiere, por ejemplo, al ascenso social, al puesto de tra-
bajo, al seguro de vejez, también a una residencia
para esta etapa, como refugio para el anciano que o
carece de familia o no halla lugar alguno para ¢] en su
seno. Ademds uno puede hacerse sus seguros privados
que, por asi decirlo, lo defienden de todos Jos vaivenes
del destino, aumentando su sensacién de seguridad. Ni
siquiera en su fespa libre esté el hombre abandonado;
bibliotecas, clubs, reuniones para pasar el tiempo, viajes
comunitarios lo reciben como regazo protector, Hasta
en la alta politica se preparan progresos que llevan a
un mundo unificada, en el que ya no serd posible que los
pueblos se aniquilen en guerras criminales. La creciente
investigacién sobre la paz y sobre Jas condiciones que
lleva a ella —nueva disciplina que debe tomarse en
serio — vislumbra esta paz como una situacién perma-
33
Boros 3nente, de lo que puede resultar un crecimiento de la
sensaci6n de seguridad, que hoy apenas podemos ni
imaginarnos.
En cuanto a la salied, la higiene moderna ha he-
cho desaparecer précticamente los tetribles azotes de
la humanidad que suponen las epidemias; del hombre
enfermo se cuidan también médicos competentes y hos-
pitales bien dotados; al hombre Ie ofrecen proteccién
y curacién ademds innumerables medicamentos conse-
guidos gracias a enormes inversiones en la investiga-
cién *, Tampoco se puede ignorar que el hombre actual
cuenta con una proteccidén mucho mayor frente a los
inealculables poderes naturales como consecuencia de
medidas preventivas, remedios eficaces, apoyo mundial.
Finalmente, mas que en otros tiempos, se busca hoy
la consecucién de la mayor seguridad posible examinan-
do cuidadosamente todos los pasos: los nuevos medi-
camentos se experimentan muchas veces y durante Jar-
go tiempo, antes de aplicarios a los hombres: en lo
referente a casas y puentes las catdstrofes se excluyen
mediante calculos estadisticos antes de ponerse a edi-
ficarlos; lo mismo se diga de la navegacién espacial, en
la que se planifican todos los detalles y se hacen tantos
experimentos que hasta esta accién arriesgada’ es pric-
ticamente insuperable en cuanto a seguridad y preci-
sién. La futurvlogfa como ciencia ha empezado asimisma
a proyectar anticipadamente el futuro, para atajar ya
de rafz pasos que pudieran resultar funestos, impul-
sando otros qne prometen ser beneficiosos.
6 Cf J. Lows, Kramkiet¢ und Tod in chrisstichben Sicbr, Karlsruhe 1970.
34
3. Vieja desampare
Seria, con todo, una ilusién de graves consecuen-
cias pensar que la nueva seguridad de que disfrutamos
haya eliminado toda inseguridad. Una mirada impar-
cial a la realidad de nuestros dias demuestra mas bien
que no solo sigue el antiguo riesgo, sino que ha hecho
su aparicidn otra nuevo hasta ahora desconocido; pa-
rece como si existiera una ley conforme a la cual a
lo positivo acompafie siempre en este mundo algo ne-
gativo. Consecuentemente, tampoco ha desaparecido to-
do el abandono del hombre, al contrario, lo que habia
quedado del antiguo desamparo se acrecienta con nue-
vas formas de aislamiento. Se hace insoslayable plan-
tearse la pregunta de si el aislamiento ha perdido gra-
cias a los progresos modernos Ia acritud de una situa-
cidn limite. También se plantea esta contrapregunta: si
el aislamiento no ha llegado al cénit como situacién
limite precisamente en la hora presente,
Aun queda mucho del antigua desamparo, lo que
van a probar algunos ejemplos. También en nuestros
dias se han cobrado miles de victimas los terremotos,
inundaciones y huracanes, y han sido muchisimos los
que sc han quedado sin casa y sin propiedades, pres-
cindiendo de lo que han destruido las disputas bélicas,
que todavia no han podido ser erradicadas a pesar de
todos los progresos, Las imagenes de estas regiones
azotadas por la tragedia nos muestran innumerables
personas desposeidas de cuanto pudiera ampararles, que
busean una salida de la miseria en medio de un ini-
maginable abandono y aislamiento. Las epidemias co-
bran igualmente su tributo, como demuestra, por ejem-
plo, la ola de gripe que anualmente recorre cl orbe
35terresire y que no siempre tiene cardcrer benigno. De
cualquicr forma, a todos les llega la hora en que no
vale la ayuda de médicos, hospitales ni medicinas, te-
niendo que enfrentarse insoslayablemente con Ja muerte,
a la que se estd expuesto sin amparo posible y en la
que nadie puede acompafiar. La muerte arranca al
hombre de cuanto puede protegerlo y Jo lanza a un
aislamiento sin fronteras. Pero esta tltima experiencia
limite suena como algo inseparable y sobreentendido
en la vida de cada uno, puesto que tiene Ja muerte
siempre ante los ojos.
Finalmente oprime a la mayoria de los hombres
el destino de la edad y Ja ancianidad, que no se ha
suprimido porque se haya alargado considerablemente
la esperanza de vida’. El que se ya haciendo mayor
sale del dmbito protector de su vida profesional, del
circulo amparador de los colegas y colaboradores; ha
cumplido sus tareas y la vida ya no lo necesita. Parecido
es lo que ocurre con la familia que uno ha fundado;
los hijos se independizan, dejan Ja casa paterna y cons-
truyen su propia vida, en Ja que se encontrarén tan en
su casa gue no se verdn afectados por la vida de los
padres sino tangencialmente. A esto se agrega fre.
cuentemente la muerte de la esposa o del esposo, la
despedida del hogar a que uno se habia acostumbrado
y el paso a una residencia de ancianos con hombres to-
talmente desconocidos, la disminucién de facultades
y, consecuentemente, cl separarse de mucho de lo que
hace rica y alegre la vida. Las filas de las personas con
quienes uno tenfa confianza van disminuyendo, espe-
cialmente los de la misma edad; va creciendo una nue-
+) HJ, Baouwrn, News Wege dv der Altenpastoral, Friburgo 1971; G. Sun
"ee, Dir Altertrrvolation, Einsiedeln 1972; E, Miuren-Zavow, Des Glick
der spaien Jabre, Friburgo 1972
36
va genetacién que piensa y siente de distinta manera,
ante le cual el mayor se siente extrafio, porque apenas
es posible un entendimiento mutuo, En muchisimos
casos el viejo se aisla progresivamente; cada vez hay
menos gente que se preocupe de ¢l, hasta que ignorado
ya y olvidado, la muerte lo libera.
4. Nuevo desanzpara
E] antiguo desampato que atin continda, se profun-
diza y agudiza por nuevas y hasta ahora desconocidas
formas de abandono y aislamiento, Comencemos por
la contaminacién y destruccién del medio ambiente
que nos oprime hoy mds que nunca y exige una solu.
cién rdpida, total, porque esté alcanzando niveles que
constituyen una verdadera amenaza para la vida. Esto
vale de la impureza de las aguas, de la infeccién del
aire con gases nocives que se mezclan con [a niebla
y que las circunstancias atmosfericas no pueden puri-
fiear, de la destruccidén de la naturaleza mediante una
explotacién irtesponsable de las materias primas y la
instalacién incontrolada de industrias y zones de vivien-
da dentro de areas en cierta manera saludables y vir-
genes hasta ahora, Hay que acentuar ya la proteccién
de la naturaleza y salvar de Ja aniquilacién espacios
dedicados al recteo mediante ordenaciones especiales
0 dedicar nuevas zonas para que cl hombre siga encon-
trando en alguna parte amparo en su medio ambiente
y se halle como en su casa, en lugar de errar desam-
patado y némada en un ambiente deshumanizado y
hasta cruel.
Surge, pues, un nuevo y terrible aislamiento que
atrebata al hombre aquella proteccién que es capaz
aede brindarle Ja naturaleza no corrompida con su cre-
cimiento y esplendor ®, No se diga que esto es romanti-
cismu barato, una vez que la naturaleza ha sido redu-
cida por la ciencia actual a férmulas matemdticas y, por
tanto, se Ja ha desmitificado, Para quien vive en medio
de la naturaleza, ésta le brinda profundos misterios,
invisibles sélo para quien se ha apartado de ella como
consecuencia del aislamiento que acabamos de descri-
bir y que carece de un contacto fructifero con la misma,
Una segunda preocupacién, no menos oprimente
que Ja anterior, es cl vertiginosa crecimiento de la po-
Blacién mundial debido a la lucha ganada contra las
epidemias y al mejoramiento de las condiciones higié.
nicas,.con lo que ha disminuido la mortalidad infan-
til y se ha prolongado la vida humana. Puesto que los
alimentos no han ctecido al ritmo de la poblacién, he
aumentado el hambre en el mundo de modo alarmante,
y gente sin ndmero ha perdido Ia proteccién que brinda
una alimentacién suficiente, Al mismo tiempo, el exce-
dente de poblacién no ha podido ser bastante asimilada
por las estructuras sociales existentes, por lo que mu-
chos vegetan abandonados y aislados. En especial son
los viejos, tan abundantes ultimamente, quienes ya nn
encuentran sitio en las formas sociales disponibles,
teniendo que sufrir una terrible soledad, aislados con
frecuencia del trato con quienes ellos aman; esto vale
no sélo de quienes viven solos, sino también y sobre
todo de quienes se encuentran en asilos.
Concentrémonos en los efectos de la culteora téens-
é4, que no ofrece en absoluto proteccién completa, sino
B.A Hisier, Mretthabwe Umweli? Die Vergiftang con Wasser, Luis
and Erde oder die Rettayg ansertr bedrolten Welt, Olten 1972, J. Lorz,
Urrwelt snd Welt, Se trata de una conferencia en un cicla d= Ix Universidad
de Viens en septiembre de 1972.
38
que més bien engendra igualmente nuevas formas de
desamparo o peligro. Nos lo hacen recordar de modo
insoslayable a cada paso los muertos y heridos de! tr4-
fico o a causa de las catdstrafes aéreas. Lo manifesta
el miedo siempre oculto o a veces manifesto de una
posible guerra atémica, a la que el hombre estaria
expuesto sin apenas defensa ®. Fsto mismo nos panen
ante los ojos las enfermedades que antes o no existian
o no existian cn la misma medida, como el cancer y
las perturbaciones cardiovasculares. Afiddase el que Ja
produccién industrial y el nivel de vida dictan en gran
medida el estilo de vida, con lo que la familia y otras
formas sociales se disuelven de modo temeroso; el
hombre condicionado por las matematicas y las ciencias
naturales asi como por la técnica parece que hasta llega
a incapacitarse para encnentros mas profundos, con lo
que las relaciones humanas caen en una cierta super-
ficialidad mecanica, perceprible hasta en el arte. Los
jovenes, por ejemplo, buscan una salida al dislamiento
del anonimato en sus grupos de miisica beat y en una
sexualidad superexcitada, que con frecuencia no hace
sino obligarles a experimentar dramdticamente Jo bal-
dio de su esfuerzo; més profunda es la frustracién en
quienes despiertan tras haber intentado vencer su ais-
lamiento mediante el consumo de drogas. Aqui hay
que mencionar la répida difusién en los Estados Unidos
de un movimiento que ofrece a los que se sienten solos
algo de ternura por cinco délares; todos los sdbados
se hace en un horel un entrenamiento de contacto cor-
9. R. Ripmeaor, Geschichie der (ndusrielisierung, Munich 1972,
WW. Fr. Waowes, Die Wisremschafe aed die gejdbrdcie Wels, Munich
1964; alli se teara del speligro a que se expone el hombre por ja energfa
atémica> (vrt), Del mismo autor: Weg wed Abweg der Neturwisrestebaft. Denke
und Steubtusformen, Fortschritivelauhe und Wirsexcha}isrelinion, Munich |97h
les una exposicién mds resumida).
39poral, que intenta’ facilitar el encuentro con otros
hombres *?,
Con la cultura técnica se relaciona el furiasn ¢arbe-
lino del progreso, del cambio del hombre y sus situa-
ciones. Hoy ocurre, por asi decirlo, de la noche a la
mafiana aquello que antes necesitaba largo tiempo;
antes de que una ola haya desaparecido, se levanta Ja
siguiente. A ello se debe cl que a pesar de la cuidadosa
experimentacion de que antes se hablé, sean muchas
las cosas que no se prueban Io suficiente antes de Ile-
yatlas a la prdctica, con lo que al hombre se le vienen
encima consecuencias que no habia esperado y para
las que tampoco estaba preparado; éstas le complican
indeciblemente y lo lanzan a veces a situaciones sin
salida, Tampoco se dispone de tiempo ni se tiene pa-
ciencia pata probar exhaustivamente, si los progresos
que se inician o las novedades que se introducen tie-
nen efectos buenos o malos, con lo que las experiencias
recogidas son demasiado escasas, admitiendo las posibi-
lidades que se ofrecen con Ja misma felta de critica con
que se aceptaron las anteriores. El ritmo alocado es
hoy especialmente peligroso, porque muchas veces se
trata de cambios de unas proporciones imposibles para
épocas anteriores y solo factibles gracias a la ciencia
y la técnica modernas. Con ello se destruyert no pocas
veces tealidades que ofrecian un cierto apoyo y se pro-
vocan aislamientos que no se pretendicron y a los que
dificilmente se encuentra un remedio. Un pequefio
ejemplo es Je planificacién errada de ciertas residencias
para ancianos, Se Jas ha situado en las afueras de las
ciudades en un paisaje atrayente, que deberia rezumar
una sensacién de seguridad. En realidad Jo que han
11. Segtin wn informe de Ku Mennexr.
40
hecho es smultiplicar el aislamiento, porque les an-
clanos viven demasiado lejos de sus familiares y de la
palpitante vida de los otros.
Apayan el torhellino del progreso las ideologtas
empefiadas a toda costa en realizar ¢] cambio del hom-
bre y de sus relaciones sociales que a ellas les conviene,
destruyendo sin reparo todo Jo que ha habido hasta
ahora; imponen sin consideracién alguna sus nuevas
ideas, asolando violentamente toda resistencia. Un ca-
mino parecido Ievan algunos representantes de las
ciencias bumanas, tales como la biologia genética, la
psicologia profunda y la sociologia, que con toda setic-
dad examinan las posibilidades de cultivar un hombre
nuevo, influyendo en el proceso genético y del incons-
ciente. Las ideologias esperan de ese hombre que se
acomode sin problemas a la sociedad totalitaria que
les es propia y que venza su aislamiento con la protec-
cién impuesta por ellas. Admiten, desde luego, que
el aislamienro surge una y otra vez; pevo se desentien-
den fdcilmente de esta realidad, diciendo que se trata
de un fenémeno de transicién que hunde sus raices
en el hombre todavia no totalmente reeducado; mas en
realidad lo que sale a flote es que el aislamiento es
una calamidad fundamental del hombre, a la que nun-
ca se le podrd hacer insensible, y que el apoyo im-
puesto totalitariamente no es remedio suficiente, En
definitiva, las ideologias consideran al hombre total-
mente reeducado como capaz de edificar su propia exis-
tencia independiente de todos los poderes protectores,
no necesitado ya de apoyo en una sociedad sin clases,
en la que supera automdticamente todo aislamiento,
No es equivocado comparar con la Aybris griega tales
utopias, asi como los intentos de transformar radical-
mente al hombre con ayuda de los descubrimientos cien-
41tificos; la Aybris cs la desmesura o arrogancia unida
a la ate o cegueta, que no reconoce la situacién propia
al hombre, es decir, la condition bumaine y, por tanto,
lo destruye, Y esto mismo acontece cuando se pre-
tende hacer un hombre nucvo desposeida de la expe-
riencia del aislamiento; al fin lo finico que se va a
conseguir ts que la incomunicacién surja con mds fuer-
za en el hombre destruido.
Si volvemos la mirada desde el antiguo y nuevo
desamparo al nuevo apoyo que, segiin lo dicho anterior-
mente, puede ofrecer nuestra época, constatamos que
esa proteccién no Ilega al micleo de la existencia hu-
mana, hi afecta, consecuentemente, a lo més profundo
de su aislamiento. Aqui se trata de la relacién del
hombre con Dios, a la que el nuevo apoyo en nada con-
tribuye, puesto que deja al hombre totalmente solo
frente a sus necesidades mds profundas. Si, es cierto
que se busca brindarle una ayuda intramundana tan
completa que no quede hueco alguno que haga necesario
un apoyo supramundano, ni el hombre !o busca ya,
porque su aislamiento quedé apaciguado intramunda-
namente de mucho tiempo arrds 4. El ateismo con-
tempordneo expreso o tdcito arranca también a Dios
de Ja vida del hombre, robdéndolo asi cl amparo def-
nitive y abandondndolo a la soledad mds abismal "*.
Todo cl apoyo que se pierde con Ia desaparicién de
Dios y todo el aislamiento que surge, lo ha expresado
Nietzsche con terrible claridad, como lo demuestra
12. Pa Waonen (dir), Memchemmitchrueg Daz Problem der genctischen
Manipulieruna des Menschen, Munich 1969; J. Ittres, Fir efne sentchenssir.
digs Zukunft Die gemeciniame Verantwortung von Biologie and Theologie,
Friburgo 1972; J. Rarrwen, Tiefeaprrchelogic wed Harnanismus, Prychologitebe
Untersuchungen iiber Mensch und Menschlicbkeit bewte, Zurich-Stuttgart 1957,
Lj. G.A. Werter, Koseruismut wed Religion (en la serie Entecheidang)
Kevelaer 1963, 23.
I4. E. Corners: - J, Lotz, Atheivmes, érittsch berrachte:, Munich 1971.
42
aquel magnifico pasaje suyo sobre la oracién; No vol-
verds a rezar jamds... ", Hoy en dia muchos ya no son
capaces de sufrir por esta terrible caida, porque la ago-
nia interior ha avanzada mucho mientras tanto. La
misma direccién llevan las ideologias, al pretender artan-
car toda necesidad religiosa y con ella la experiencia
del mds profundo aislamiento. Este no dejara de sen-
tirse jamds y aparecerd en el hombre «nuevo» y en el
ya muerto, una vez hayan experimentado bastante la
falsedad de la protecci6n que se les brindé. En la actua-
lidad lo que més hace sufrir a los creyentes es el aisla-
miento frente a Dios; viven de muchas maneras la le-
jania, la ausencia, el silencio de Dios o la «tiniebla de
Dioss, como M. Buber ha llamado a esta situacién.
Se sienren influidos por la idea de algunos contempo-
réneos de que todo discurre como si Dios no existiera
(una férmula que recuerda a D. Bonhoeffer), o por la
hipétesis de que «Dios» se ha vuelto superfluo con el
descubrimiento de las relaciones intramundanas. Se
sienten abandonados no sdlo de Dios, sino del cristia-
nismo también y de la Iglesia, porque no encuentran
ya en ellos la seguridad clara y eficaz, que en otro tiempo
les brindaban y que continiian esperando, porque pa-
rece ser que ya no son capaces de darles la cercania
de Dios que para tales creyentes significé antes todo.
Por eso se extiende ahora entre ellos una sensacién
de aislamiento incomparable ",
15. Fa. Nisrascne, Die frobliche Wissenschaft (edicidn de bolsillo Kroner},
vol. 74, LS? iv. castellana: E/ gay saber, Nercea, Madsid 1973),
lé. Sin poder asentir a todo, nos parece tipico en este ventido D. y. Hn
neseann, Des nerwilstere Weinberg. Ratisbona 1973: In, Das srojemische
Prerd in der Stadt Gottes. Ratisbona 1969.
435. Aislamiento como situacion limite
Las consideraciones precedentes han puesto de ma-
nifiesto, al menos en algunos aspectos, cl aislamiento
como nota predominanre de nuestro tiempo. Por més
que el moderno desarrollo haya aliviado algunos de sus
efectos, no pudo, con todo, hacer desaparecer esa sen-
sacién de incomunicacién; no sdlo no ha vencido el an-
tiguo aislamiento, sino que lo ha acrecentado con otro
nuevo, cuyas proporciones nos plantean unas tareas
enormes, Visto en su totalidad hoy el aislamicnto se
ha hecho mds amplio y mds pesado, en vez de aminorar
y aligerarse; este balance responde a los hechos y no
se ha exagerado con negros colores, Més concretamen-
te; el aislamiento no ha perdido su cardcter de situa-
cidn limite, pues ya son demasiados los casos de catds-
trofes, enfermedad y muerte, asf como el envejeci-
miento en medio de la incomunicacién, pata todo lo
cual no hay salida extramundana. La misma imagen
se ofrece cuando miramos la destruccidn de Ia natura-
leza, la explosién demogrdfica, la teenificacién de la
existencia, el torbellino del progreso que dificulta toda
reflexidn, las ideologias que ponen en peligro al hom-
bre, las ciencias humanas aplicadas con Aydris, el ateis.
mo y la crisis cristiana de fe. De todas las grietas y
hendiduras de nuestro edificio cultural Auye, como en
la tardfa antigiiedad, la disolucién y, consecuentemen-
te, el desamparo y la amenaza, el abandono y el aisla-
miento; se anuncia el fin de un época y se plantea con
toda seriedad la cuestién de si no es demasiado tarde
para todo remedio intramundano. A algunos esta diag-
nosis les parecerd demasiado negra, porque se encuen-
tran al lado placentero de la vida, mas ellos también
. 44
aprecian el rumor subterrdneo, tan pronto como dejan
de estar adormecidos por ilusiones. Pero muchos otros,
quiz4s la mayoria, contemplan las fauces del abismo
abiertas ante si y se ven lanzados continuamente por
su desamparo y aislamiento a los lfmites mismo de la
existencia intramundana; en medio de su apuro, el des-
tino del mundo se oscurece con frecuencia hasta cous-
tituir un peso insoportable. ?
La situacién desesperada aqui descrita no debe in-
ducir, por una parte, a la desesperacién, que lo tinico
que hace es cruzarse de brazos, dejando que todo se
precipite al hundimiento, pues una actitud asi es el
camino més derecho a Ia ruina. Lo que hay que hacer
es més bien aprovechar al méximo todas las ayudas
intramundanas para combatir el desamparo y el aisla-
miento. Lo que hemos dicho sobre la nueva seguridad
que se desarrolla en la actualidad, ha mostrado que ya
se hace mucho en este sentido. A tales intentos se afiade
la estructura interna de las cosas y ante todo del hom-
bre, que se oponen a cualquier clase de coaccién y a
todo abuso, levantandose, a la larga, en una especie
de rebelidn contra una cultura descaminada'. Por
otra patte, al tratar de realizar tales remedios se experi-
mentard precisamente que a la hora de la verdad no
son en definitiva decisivos 0 que no Ilegan al fondo
de Ja situacién actual. Cuando se adentra uno con mas
profundidad en las convulsiones, no se puede adorme-
cer en Ja esperanza de que tras algunas dificultades de
paso todo volveré a su cauce, resolviéndose el fururo
con la postura bdsica adoptada hasta ahora. Segdin todas
las probabilidades, tenemos que aprender a ver que
nuestra situacién es equivocada o que en nuestro desarro-
17. Exe. Kisrmn, Anfstend der Dinge, en: «Ensemble 4. Internationales
Jahrbuch fiir Litersturs, Munich 1973, 118-38.
45ilo va en la direccién falsa; se abre cada ver mds paso
Ja idea de que es de todo punto necesario un cumbia
radical de nuestra postura, sin que baste con variar los
presupuestos ccondmicas y sociales ni tampoco al hom-
bre en el sentido de las ideologias y las ciencias hu-
manas que se van expafidiendo hasta la saciedad ",
Con esta idea hemos llegado plenamente al limite
de la existencia intramundana y sus posihilidades o el
aislamiento se ha convertido para nuestra generacién
verdaderamente en Ia situacién limite en su forma extre-
ma, Al modo de pensar de Jaspers, hemos llegado al
fracaso de todos los esfuerzos intramundanes por aca-
bar con el aislamiento, lo que ocasiona el abrirse paso
a través de la inmanencia y meterse en la trascenden-
cia, no sdlo en el terreno del pensamiento, sino como
cambio existencial, A un camino parecido lanza Hei-
degger al hombre, cuando le pide que pase a una postu-
ra fundamental distinta, es decir, del predominio del
ente y el olvido del ser 2 la prevalencia del ser y, por
consiguiente, al verdadero dominio del ente™. En la
misma direccién sefala la »edétactén®, que realiza
el paso de la primera dimensién intramundana, dentro
de la cual las cuestiones Ifmite como el aislamiento
evan a una situacién insoluble, a la olra dimenvidn
que es supramundana, en cuya esfera las mismas cues.
tiones hallan su propia y verdadeta solucién; por su-
puesto que ésta tiene el cardcter del Iuminaso misterio
1G. E. Towmsco, Die bedrobie Kalter. Die Salzburger Rede, Munich 1972.
AIll se dice: «El fin dltimo fue climinado de hucsire pensamiento, porque
tenemos ante Ios ojos nicumente metas inmediates> (12). Por ello: «El
mondo ha perdido su direccidn» (ibid.).
i. Ch. J. Lore, Wie serene es mach AMI. Heidegger wor den Mernchen?,
en: sAkedcmiker-Informations (Bregenz) 1972, nm. 318.
20. Segin TIowmsco (nota 18): sficmos olvidado Ip que puede ser con-
templacién. Ya na somes capaces de meditate (12). «Tenemos que aprender
dc mucvo a sorprendernnss (13).
. 4b
y permanece inalcanzable a todo cfleulo racional y a
toda adaptacién técnica”, Por medio de la meditacion
el hombre se adentra en la seledad salvadora, liberan-
dose de lo mucho intramundano que Jo distrae y, aban-
donandolo tado, se vuelve a Ja unica base supramundana,
con la que se unifica progresivamente, superando asi
el aislamiento, E] hombre actual huye de la soledad casi
siempre porque tinicamente Ia ve coma nada y vacio
y no tiene ninguna sensibilidad para la plenitud que
brilla en ella*. En realidad, el meditante se retira, con
todo, por su soledad sélo del contacto exterior con lo
mucho que le distrae, para encontrar su patria en la
unica base primordial, desde la cual vuelve luego al
contacto intimo con la multitud de las cosas. Por este
camino pueden volver a experimentar esa base primar-
dial el ateo que niega a Dios y el positivista apegado a
lo exterior, naturalmente presuponiendo que se abran
honradamente al proceso de la meditacién y no se lo
cierren por adelantado o den de lado a todo como
sueiios ilusorios. El hombre de nuestros dias, enredado
en la situacién antes descrita, venceré su aislamiento
sélo en la medida en que, en su propia situacién deter-
minada por la historia precedente, sepa renovar la
soledad que en otto tiempo dio una seguridad tan pro-
funda al hombre medieval y al oriental, a cada uno
al modo que les es propio.
21, La obra ¢itada en nota 2 expone con mis detalle la diferencia de
ambas dimensiones.
22. Sobre la meditectén Ki. Tiwann, Iniciecién def nite om cl arte
de meditar, Herder, Barcelona 1964; |. Lorz, Bivddweg des Meditieres anv
Newen Testameni, Pranciort ‘1973,
476. Aislamiento como «koan»
El aislamiento mismo prepara el camino para aden-
trarse en la meditacién, en cuanto que a situacién |fmi-
te que el aislamiento crea se toma como oa, El koan
desempefia un papel central en la meditacién del budis-
mo zen japonés, E] foa# consiste en la sentencia de
un maestro totalmente paraddjica, incomprensible para
el normal raciocinio y hasta aparentemente absurda.
Pero al ocupatse la inteligencia del 4oan y esforzarse
por encontrarle una solucién sin conseguirlo, experi-
menta su incapacidad total. Antes se creia capaz de
vencer todo, pero ahora se da cuenta de que hay cier-
tas cosas que supetan sus fuerzas. El doloroso des-
engafio que ello implica hace barruntar al hombre que
no se agota en lo racional, sino que hay en él fuerzas
superiores y més profundas. En la continuacién del
estuerzo meditativo se despiertan precisamente tales
fuerzas adormecidas e inexplotadas, se las pone en mo-
vimiento y se las empieza a desarrollar. Asi sobrepasa
el hombre lo racional, adentrdndose en la experiencia
suprarracional, cuya fuerza irradiadora supera toda di-
visién y cdlculo racional y, por consiguiente, jamds se
deja alcanzar por él, En el dmbito asi abierto ilumina
como un rayo la solucién del koan, con lo que el apa-
rente absurdo se revela en la realidad como sentido
profundo que aparece necesariamente como disparatado
a quien no se adentra en esta esfera. Pero mientras
que la primera dimensién de lo intramundano est4 or-
denado al pensamiento racional, a la percepcién su-
prarracional corresponde la otra dimensién, la de lo
supramundano, a la que conduce Ia solucién del koan
que alcanza asi su sentido, Expresamente hay que no-
48
tar que lo percibido originalmente de modo suprarra-
cional se puede a su vez pensar de modo racional pos-
teriormente, pero mediante una racionalidad superior,
que en el lenguaje escoldstico se llama andloga, en con-
traposicién a la normal, que es univoca®,
Para aproximarnos al aislamiento como soan, di-
remos que pueden ser koa no sdlo las sentencias de los
maestros, sino también las realidades de la vida, Este
es el caso ante todo para la pregunta sobre el sentido.
A la vista de ciertos acontecimientos el hombre se
siente inclinado a decir que carecen de sentido, que
son incluso absurdos y que hasta son una prueba de que
toda Ja existencia es insensata. Como ejemplo de
ello puede ponerse Auschwitz *; las atrocidades que alli
sé cometicron han hecho dudar a no pocos del sentido
de Ja vida, diciendo que el absurdo rige al mundo, que
na se puede creer en Dios después de lo de Auschwitz.
Es cierta que el pensamiento racional falla al aplicarse
a éste y otros acontecimientos, por lo que uno se siente
inclinado a negar todo sentido y, al tiempo que se pro-
testa, devolver la entrada, como suele decirse. Pero
quien se entrega a lo que aparece a primera vista, su-
cumbe a la crisis en la que sc ha metido, en vez de
superatla; esto lo consigue tinicg y exclusivamente
quien es capaz de pasar de lo que se ve a lo que al
principio permanece oculto, es decir, a la percepcidn
Suprarracional, que es la que descubre ¢! sentido velado
que abarca todo lo que a primera vista es absurdo,
De ahi surge Ja certeza de que en definitiva todo tiene
sentido por mds que nadie pueda decir en concreto .
* Nombre alemin de la ciudad polaca de Osviecim, donde durante [a
segunda guerra mundial se instalé uno de los tristemente ctllebres campos
Ce concentracién. Nota del editor.
23. Sobre el foam, cf. el libro mencionade en nota 2, parte 4°
45
Bors 4en qué consiste. Esta certeza del sentido da, mds que
cualquier raciocinio, luz, confianza y tranguilidad fren-
te a todo, aunque se trate de algo sumamente contra-
dictorio. Por tanto, la meditacién ofrece una ayuda
—quizds la definitiva— en las cuestiones dificiles de
la vida ™,
fste es el caso igualmente en lo relativo al aisla-
miento, si es que Ilega a alcanzar la acritud de la situa-
cién limite y a expetimentatse como oan, Nuestras
consideraciones han mostrado suficientemente cémo el
aislamiento, en cuanto destino mundial y cn espe-
cial en aquellos a quienes afecta mis duramente, alcan-
za el cenit de una situacién limite. Su falta de salida
nos pone en el estado que solemos describir con estas
palabras: incomprensible. El pensamiento racional no
encuentra una salida al aislamiento; sus consideraciones
abstractas tienen por supuesto validez, pera no con-
siguen ayudar en el apuro concreto. Este conmueve
al hombre hasta lo m4s profundo de su ser, por lo
que la solucién tiene que partir de todo el hombre
y de su mds profunda inrimidad. El fallo de su nivel
racional afecta al hombre, por tanto, del modo mis
radical, alli donde se umifican todas sus fuerzas, su
pensar, querer y sentir, y actéan de modo inseparable
en cuanto sentir y experiencia suprarractonales; pero
también entonces le ilumina la profundidad mds re-
céndita del todo, el Ultimo misterio de si mismo y de
todas las cosas. Se abre paso a través de lo intramun-
dano y llega a la base primordial supramundana, y al
aduefiarse de ¢l su unidad a una con esta base, supera
radicalmente el aislamiento en medio de la soledad.
24. J. Lora, Vow der rormirsenschafflichen Gewifibeit im Hinhlick auf
dle Atbeisorr-Frage, en: Atbeismns, kritiieh betrachtet, Munich 1971, 22-43,
ci. el articulo que Je sigue de Comers.
350
Puesto que el proceso aqui expuesto es exactamente
el mismo que el de [a mecitacidn, el hombre es con-
ducido a éste de modo efectivo mediante el aislamien-
to considerado como oan, lo mismo que al revés: la
meditacién ofrece la solucién del koan o la ayuda de-
finitiva para el aislamiento a base de Ja soledad que
es propia de la meditacién.
7, Aislamiento y coincidencia
Dentro del aislamiento como situacién Limite en
el sentido de oan nos hemos fijado hasta ahora en la
contraposici6n que existe entre Io multiple intramun-
dano y Io nico supramundano. Nos vamos a ocupar
del otro aspecto ya incluido y actuante ahi, es decir, de
una cierta coincidencia existente entre ambos sectores,
que ofrece igualmente un camino hacia la meditacidn.
Vamos a intentar descubrirlo poco a poco. Al experi-
mentar el hombre, hasta sus tiltimas consecuencias, en
medio del aislamicnto, que nada intramundano es ca-
paz de darle una seguridad definitiva, se da cuenta
progresivamente de que él sobrepuja a todo esto; y a
medida que su maduracién interior le afine los senti-
micntos, tanto mds notard no sdlo su superioridad, al
verse privado de lo intramundano, sino también quan:
do encuentre en é] un cierto apoyo. El hombre persigue
de modo ininterrumpido la huella que descubre asi en
la meditacién, resultdndole cada vez més clara Ja pro-
funda coi#cidencia que une su més intima realidad con
la base originaria supramundana; percibe, en concreto,
que su capacidad de recepcién en definitiva sélo se
puede colmar con dicha base supramundana y que el
aislamiento tnicamente puede ser superado a través
alde ella, En la medida en que se va profundizando el
encuentro con la base primordial, se perfila ésta pro-
gtesivamente hasta Iegar a revelarse como el ts divino,
que es el tinico capaz de hablar al centro intimo del
hombre, Séle en el coloquio a solas entre el yo humano
y el ti divino, sélo en didlogo personal que otorga al
hombre la experiencia de su compafiero divino, sélo
en él se le da una sensacién plena de seguridad que
le hace superar todo aislamiento en lo mds intimo
de su ser.
Por mis que la meditacién hecha de verdad abre
la puerta a la profundidad antes mencionada, también
ella est4 sometida a las limitaciones de todo lo humano.
En primer lugar conoce numerosos grados de interio-
rizacién, por lo cual sus comienzos no satisfacen plena-
mente, pero son como una atrayente promesa que nos
invita a seguir profundizando, aunque haya que esfor-
zarse; sdlo poco a poco nos Ilegaremos a percatar de
que la meditacién cura verdaderamente nuestro ais-
lamiento, Ademds ésta no siempre nos satisface y da
plenitud esplendorosa, sino que hay tiempos de seque-
dad y aguante, en los que meditar resulta mas dificul-
roso, nos sentimos abandonados por cl compaiiero di-
vino y tenemos la impresién de que hemos vuelto a
caer en el aislamiento. En rales ezapas de seguedad
lo que hay que hacer es mantener la sensacién de se-
guridad ganada por mds que por cl momento no apa-
rezea tan convincente, sabiendo que Ia cercanfa del
ti divino no se ha perdido y que pronto volverd a
hacerse notar, Ademads al hombre puede atormentarle
el pensamiento de que el compafiero divino se le ne-
gard a causa de su culpabilidad y que lo abandonard
en su aislamiento, con lo que todo esfuerzo meditativo
seria baldio, A esto nos responde tajantemente el cris-
52
tianismo diciéndonos que Dios es amor®, Dios se nos
revela como e] amador mediante la humanizacién, la
muerte y la resurreccién de su Hijo, asi como por los
sacramentos de la Iglesia, en los que estos misterios
de salvacién siguen actuando. Por eso quiere dejarse
encontrar por nosotros en el meditar y adentrandose
consoladoramente en nuestro aislamiento, En definitiva
toda la seguridad durante nuestra vida terrena no su-
pera lo parefal, con Jo que esta claro que la curacidn
de nuestro aislamiento es provisional, sedicntcs de ver-
lo cara a cata, no conformaéndonos con que nuestro
compaficro se mantenga oculto. Por eso la mediracién
sigue marcada por el peregrinar lejos del Sefior y, pot
tanto, matizada de un cierto aislamiento que tinicamen-
te desaparecerd en la patria futura del mds alla.
La superacién de] aislamiento por la unidn medira-
tiva con el td divino 0 con el uno suptamundano tiene
sus tepercusiones en nuestra relacién con Ja pluralidad
intramundana. Precisamente porque lo miltiple se basa
por esencia en lo uno, es por lo que la waidm con éste
leva a Ja que se realiza con lo wltiple, creciendo ésta
a medida que aumenta aquélla. Pero dado que lo uno
es la base mds fntima de lo multiple, ésre se funda en
su mds profunda intimidad en lo uno, por lo que la
unién con lo multiple derivada de lo uno afecta a lo
multiple desde su m4s profunda radicalidad. Por tanto,
pot muy separado que uno se encuentre, mirando exte-
riormente, de los hombres y las cosas y, por lo mismo,
por muy separado que uno se encuentre, mirada exte-
unido con todo gracias a la unidn meditativa de modo
tan profundo que no se rompa por ninguna separacidn
externa; se encuentra solo, pero no aislado, sino que
5. Un 48 y 16. Cf. J Lom, Die Stvjew des Liebe, Franciort 1971.
33se ha adentrado en la verdadera soledad que, a partir
de la base divina primordial, lo une con todos los
hombres y las cosas, sin duda mds intimamente que
cuanto puede hacer la unidn externa*. Con ello brin-
da lo multiple también una céerte (no la definitiva) se-
guridad, contribuyendo, en consecuencia, a superar el
aislamiento; en lo multiple se manifiesta incluso la
seguridad definitiva, en cuanto que lo uno la sostiene
y determina en la medida en que éste relumbra en lo
multiple o este ultimo gana en transparencia al orde-
narse a lo uno. Aqui se manifiesta la coincicencia entte
lo midiltiple intramundano y el uno supramundano, coin-
cidencia que es intrinseca a su diferencia, que pone cn
camino de la meditacién, ayudando de ese modo a
pasar del aislamiento a la soledad. Es la soledad, por
tanto, la que garantiza la unidad con el todo siempre
y esencialmente mediante la unidad con el uno o
con el tu divino y, por lo mismo, cura el aislamiento
tanto en profundidad como en extensién. De modo pa-
recida es como experimenta el Oriente Ja gran unidad
en la iluminacién en cuanto perfeccién de su manera
de meditar, es decir, experimenta la unidad con la base
primordial, y mediante ella con el todo, E] aislamiento
como situacién limite nos empuja eficazmente a tras-
pasar Ja frontera en orden a esa unidad.
36. CE en especial J. Lorz, Ober dic Verrinsameing wad Binrarekeit, en:
Meetchenbild und Lebensfibrung, dir. por L. Bsc, Munich 1963, 26-47,
54
LO INDESTRUCTIBLE EN LA EXPERIENCIA
DE Sf MISMO
Por BALTHASAR STAEHLIN, Zurich
1. Lo indestructible en la naturaleza bioldgica de cada
hombre puede Wlamarse «la segunda realidad»
Uno de los principios definitivns e inconcusos des-
de hace més de 300 afios en las ciencias naturales
reconocidas oficialmente —entre las cuales quisicran,
pueden y deben contarse en gran medida también la
medicina, la psicologia y la parapsicologfa— es que
todo ser viviente se caracteriza entre otras por tres
constantes:
— una temporalidad individual y limitada,
— una espacialidad individual y limitada y
— una historia vital individual, es decir, distinta y
delimitada respecto a cualquier otro viviente.
Estas tres constantes son ensefiadas por las cien-
cias naturales, la biologia, la medicina, la psicologia
médica y las otras ciencias cultivadas oficialmente en
las universidades del mundo occidental — sometidas
al espiritu de la sacionalidad y del pragmatismo— y
del oriental —sometidas al espfritu de la racionali-
dad y del materialismo dialéctico. Tales constantes se
aceptan como algo indiscutible y casi excluyente de
todo lo demas, Un ser viviente superior, por ejemplo,
55un pez, un oso blanco, un hombre, es engendrado,
nace, anda por un espacio determinado, por un tiempo
concreto, es conformado pasivamente, vive, determina
activamente él mismo una historia vital individual y
muere. Estas tres constantes se tomaron como cosa
tan natural ante todo, por ejemplo, en la interpretacién
filoséfica del hombre por parte de Karl Marx, Sigmund
Freud y Alexander Mitscherlich, que ya no se podfa
dudar de su exactitud y exclusividad. Nuestra biolo-
gia actual, nuestra medicina de hoy, la psicolopfa mé-
dica oficial — por ejemplo Horst Richter —, nuestra
picologia y sociologia actuales, incluso de modo cre-
ciente nuestra teologia, que pronto se someteta a la
exclusividad de Ja racionalidad y la politologia, todas
ellas aceptan estas constantes facilmente apreciables
como piedras maestras de su interpretacién del hombre
y de sus investigaciones. En estas ciencias la vida intete-
sa casi sdlo en sus condicionamientos espacia-tempora-
les y en su diferenciacién individual —o social —, ast
es como se interpreta y se la trata, mejordndola o fre-
cuentemente también empeordndola, Mencionemos de
paso unicamente que cada vez se hacen mds progresos
en el descubrimiento de una nueva imagen del hombre
por parte, entre otras, de la fisica moderna (Walter
Heitler), la parapsicologia (Hans Bender) o el arte mo-
dernos (Inge Borkh, Yehudi Menuhin, Willi Fries),
E| hecho de que toda vida individual — virus, lom-
briz, rata, gato, hombre, ete. — pudiera tener quizds
otra nueva realidad (Hans Bender), una dimensién
dislocada (Paul Tillich), uma segunda realidad, apenas
si interesd, ni interesa, y ya ni importa, ni se investiga,
no tratanduse de esa «oa, de esa segunda» brisqueda
ni en Jas ciencias oficiales ni de acuerdo con el espiritu
de ilustracién que caracteriza a nuestro tiempo. Pero
56
bien pudiera ser que una vida no dependa dnicamente
del principia de estas tres constanies, sino ademas, por
ejemplo, de los principios opuestos a ellas que aparen-
temente excluyen todo cuanto pueda contradecirlas.
Pudiera ser, por tanto, que un ser viviente, un hombre,
por ejemplo, pertenezca a lo incondicional, a lo infinito
ademds de a su primera realidad, espacio-temporal e
individual, dependienre, por tanto, de determinados con-
dicionamientos (de acuerdo con la idea del hombre
propia del tiempo de la ilustracién, por ejemplo, Vol-
taire, Virchov, Paulov, Darwin, Engels, Haeckel, Sar-
tre),
En mis escritos sobre esta segunda realidad he Ila-
mado la atencidn sobre esta relacién, ante todo en mis
libros: Haben und Sein, Die Welt als Du y Urnentrauen
und Zweite Wirklichkeit, a partir de la medicina, la
psicologia médica y la psiquiatria, Unicamente éstos son
los campos profesionales y cientificos que me competen,
empiricos y ejercitados en la prdctica. Observdndolo
empiricamente, o sea, fijandome en Ja naturaleza, es
decir, de acuerdo con Jas ciencias naturales, he intentado
mostrar que a la naturaleza de cada hombre le competen,
ademds de las tres constantes mencionadas de | reali-
dad primera y condicionada, también y siempre las
constantes de lo contrario, de la realidad incondicional
y segunda.
Si esta observacién es cierta —la he hecho yo y,
como yo, otros miles de personas —, quiere decir entre
otras cosas que estamos en camino hacia una imagen
del hombre distinta y nueva en la ciencia, la cultura, la
ética, la pedagogfa y la polftica. «Nuevo» significa aqui
s6lo una diferenciacién de la interpretacién del hom-
bre «comin, oficial, ilustrada» desde hace dos o tres
siglos. Esto pudicra implicar que nos dirigimos irresisti-
57blemente hacia una nueva época. De todos modos hoy
acttia ya un sentir, pensar, obrar de vanguardia que
se diferencia de Ja izquierda neomarxista y de la derecha
neofascista, Se adentra en la dimensién de las profundi-
dades de la naturaleza humana que, como se ha dicho,
podemes designarla con el nombre de «la otra realidad,
la incondicional, la eterna, la cdsmica, la segunda».
Podemos mencionar aqui que el psicoanilisis y el
andlisis existencial no quieren ver precisamente esta
segunda dimensién, esta profundidad propia del alma
humana, sino que se’ mueven siempre en el ambito de
la primera realidad de la naturaleze humana. Precisa-
mente esta cambia ahora radicalmente. Asi lo evidencia
la busqueda creciente, supraconfesional y aconfesional
de una parte de Ja generacién joven interesada por la
dimensién de lo meditativo, lo transcendente en la natu-
raleza hioldgica de cada hombre. Es un fendmeno sor-
prendente, suprtarracional, supracolectivo, o sea, incon-
dicional, cSsmico.
En el presente escrito no quiero repetir lo ya dicho
en otro lugar. Basdndome en mi trabajo diario —la
psicologia médica y la psicoterapia — quiero Gnicamente
lamer la atencién sobre tres hechos:
Primero: La naturaleza de cada hombre es también
eterna, césmica y unitaria con todo. En esta direccidn
apunta Ja empitia de las ciencias naturales, aunque la
prueba Idgica, con todo, jamds podrd aducirse, pues se
trata de algo que es en definitiva inexpresable.
Segundo: El modo de pensar ¢ investigar discursivo,
dualistico, determinado por el rompimiento entre su-
jeto-objeto, practicado por las ciencias naturales ofi-
ciales, ¢s demasiado parcialista y Leva igualmente a
resultados demasiado incompletos, por mas que a veces
sean indiscutibles, grandiosos.
58
Tercero; Sobre los puntos uno y dos se darén indi-
caciones, consecuencias y, al final de esta aportacién, se
expondran dos ejemplos empiricos.
2. El esboza de las dos realidades de la maturaleza
de cada hombre
En mi aportacién quisiera ante todo mostrar lo
dicho en la introduccién a base de dos ejemplos prdac-
ticos del quehacer diario de la psicologia médica. Pero
para que los dos ejemplos que luego vamos a exponer
sean facilmente inteligibles en el sentido que nos inte-
resa, me petmito adelantar resumidamente el «esbozo de
las dos realidades de la naturaleza de cada hombre»,
que ya presenté en un libro (Urvertranen and Zweite
Wirklichkeit).
Este esbozo —un esquema grdfico, lineal, con to-
das las simplificaciones inherentes a tales esquemas —
quiere resumir la imagen e¢ idea del hombre, que me
he legado a formar a lo largo de una actividad médica
de veinte afios en contacto con personas sanas y en-
fermas, ya sea somatica 0 psiquicamente, actividad como
psiquiatra y psicoterapeuta tanto en la praxis privada
como también en mi calidad de ayudante en la clinica
psiquidtrica Burghéleli de Ja Universidad de Zurich
(director de entonces: profesor Manfred Bleuler) y
como médico consejeto para psicologia médica en el
Policlinico de la Universidad de Zurich (director: pro-
fesor W, Siegenthaler),
Este esbozo consta de dos imagenes. La primera,
la patte superior def dibujo, quiere caracterizar esque-
méticamente y simplificar la idea del hombre correspon-
diente al cgncepto oficial que de él se ha tenido desde el
5?tiempo de la ilustracién hasta la actualidad. La segunda
imagen, la parte inferior del dibujo, afade de modo es-
quemdtico y generalizado a esta imagen positivista,
racionalista y naturalista del hombre el concepto que de
él tienen las ciencias naturales abiertas a lo incondicio-
nal, absoluto y eterno, apertura que se va extendiendo
cada vez mds en nuestro tiempo.
Comencemos con una somera explicacién de la pri-
mera parte, es decir, de la mitad superior del dibujo:
De los innumerables hombres de este mundo se han
representado dos de ellos con dos triangulitos. Conforme
a la idea dominante del hombre, que atin hoy se sigue
teniendo como acertada, cada uno se encuentra entre su
generacién y su muerte sobre la recta correspondiente
a su tiempo, espacio y biografia, representada por la
linea horizontal del dibujo, Segtin el modo de ver cien-
tifico-natural y materialista, el hombbre no vive antes
de ser engendrado ni después de so muerte. La tem-
poralidad, espacialidad e¢ historia vital individuales de
un hombre son, pot supuesto, pensadas, conocidas, expe-
rimentadas siempre como distintas y separadas de las
de otro hombre,
Para ello permitaseme mencionar el siguiente ejem-
plo: «gCudnta tierra necesita el hombre?», preguntd
Tolstoy, respondiendo més o menps asi: «Tanta como
su cuerpo desplaza», algo parecido, pues, a lo dicho
por Arquimedes para determinar el peso especifico, la
densidad del ser que es el hombre: Ja densidad de la na-
turaleza del hombre es tan grande como el agua que su
cuerpo desaloja,
Esta concepcién del hombre se caracteriza, pues,
por un dualismo notorio, por la Mamada escisién exis-
tente entre sujeto y objeto, un dualismo que, en esta
exclusividad «ilustrada», no se encuentra ni en las cul-
60
caminos hacia le
“oxperiancia
objetiva
hacia fuera",
hacia el mundo.
qua nos todas
(primer pensar,
dualiamo sentir, obrar)
yey a a
muerte
primera
realidad:
temperalidad
horizon- sapectalided
historicid
pinta Individuaies
no dualidad
“yo soy ti”
Segunda
realidad:
aterporalidad
verticalidad aeapacialidad
1 unidad con tedo
en dieccion a
Lo definitive Incandicional,
eterno, Io abeoluto, #l absoluto
caminos de ls “experiencia
subjative interior”
(segundo santir,
pansar, obrar) ,
(representacian 2)
E| asboze con las dos realidades, con los des camines distintos
de la xperiancia y el conocimients.
élturas superiores del budismo o del hinduismo, ni en la
Iglesia cristiana de oriente, ni en Parménides, Plardn
o Plotino, ni en los gnésticos, ni en Ja mistica cristiana,
islimica o tdntrica (Ayit Mookeryec), ni en la cabala,
el hasidismo (Martin Buber), ni en Henri Bergson o
Teilhard de Chardin. Este dualismo, caracteristico de Ja
imagen que del hombre se tiene en occidente, la «ofi-
cial y umiversitaria», este dualismo que excluye todo
lo eterno-absoluto de Ja naturaleza humana, se halla
claramente manifestado en los paises occidentales del
«hombre blanco» tanto en Jas ciencias naturales, en
la medicina, la psicologia, como también en las dos
interpretaciones més poderosas e «ilustradas» del hom-
bre como son la pragmdtico capitalista -y la marxista
comunista,
Las ideas que sobre el hombre se tienen en la ac-
tualidad y su aplicacién en la psicologia, sociclopia y
politica, tal y como se las imaginan los que politica-
mente buscan hoy a la izquierda, a la derecha y tam-
hién en el llamado centro, tales ideas, digo, me parecen
poco acordes con Ja naturaleza del hombre. En primer
lugar, porque no puedo aplicar dentro de mi actividad
profesional la exclusividad dualista de la mencionada
imagen occidental del hombre septin me ensefia lo que
he podido observar desde el punto de vista médico-
psicoldgico. Tal exclusividad se me manifiesta ademés
equivocada (lo mostrardn la descripcién de la segunda
parte del dibujo y Jos dos ejemplos) en lo mds {ntimo
del ser, alli donde radica la confianza primordial del
hombre. Una medicina, psicologia, sociologla y polito-
logfa que correspondiera a la naturaleza del hombre,
hubiera tenido que empezar sus preguntas ante todo
también en la profundidad de esta otra realidad del
hombre, la segunda. En las ciencias quizds estemos ante
62
cambios que se avecinan, originados por un «segundo
sentir, pensar y obrar».
Esta imagen del hombre, parcial y dualista del occi-
dente «oficial» (y hubo y hay bastantes interpreraciones
«inoficiales» del hombre, condenadas al ostracismo, que
ensefian Jo contrario:; el ocultismo, Ja alquimia, la
sarapsicologia, 1a esotérica, la mistica, la segunda vista,
el sexto sentido), ha conducido a un sentir, pensar y
obrar muy tipicos que han desplazado todo lo demés:
un sentir, pensar y obrar hacia fuera, exterior a mi,
en orden al objeto, a la cosificacién al mundo que me
rodea, a la sociedad, todo Io cual fue concebido como
la realidad sin mds ni més, como Ja unica realidad.
Ejemplo de ello es el «tener-que-acomodarse-a-la-reali-
dad», como dice el psicoandlisis freudiano, o la aparen-
temente necesaria pérdida de la individualidad ante las
exigencias de la sociedad en el marxismo o en el fascis-
mo. En las cicncias naturales, el modo de pensar obje-
tivizante corre el peligro de olvidar lo subjetivo no
condicionado.
Pero este sentir, pensar, obrar, sin duda con fre-
cuencia muy eficaz y también beneficioso (ejemplos tipi-
cos de éxito se hallan especialmente en la medicina y
la técnica), fue posible dinicamente por la exigencia de
exclusividad en la escisién entre sujeto-objeto y por
no querer conceder que la naturaleza del hombre se
distingue ecesariamente, también en el aspecto bioldgico,
de modo innato en razdn de lo que se puede llamar
«segunda realidad, segunda subjetividad (no condiciona-
da), segunda ética, segundo sentir, pensar u obrar».
Pero aunque en la psicologia médica de los tltimos
cien afios se presintié, descubrid, investigs de modo
creciente un inconsciente que se halla bajo la conciencia
de «ada hombre —piénsese en nombres como Emile
63Coué, Sigmund Freud, Carl Gustav Jung y sus escue-
las—, sin embargo, ese inconsciente se toméd, se con-
sideré y, comsecuentemente, se traté sicmpre séla como
algo existente en lo individual, como vinculado de
modo exclusivo al individuo en cuestién, formando con
él algo independiente, aislado de otro inconsciente. Esto
vale mayormente en el inconsciente individual de Coué,
Freud y Paulov y también, aunque en menor medida,
en el sinconsciente colectivo» de Jung.
El inconsciente de Freud y Jung lo he representado
en nuestro dibujo mediante las dos paralelas pun-
teadas por debajo de ambos tridngulos.
Pasamos a explicar brevemente la segunda parte
del dibujo, la inferior de la representacién de las dos
realidades. La experiencia profesional con la psicologia
médica y la psicoterapia me permite pensar que més
alla de esta primera realidad de la naturaleza de cada
hombre, al mismo tiempo subyacente a ella; si pensa-
mos lineal y esquematicamente como en el dibujo,
hay una segunda-realidad que caracteriza la naturaleza
de cadz hombre: por tanto, no sélo la de un par de
elegidos, agraciados, misticos, santos. Esta segunda di-
mensién —que, por supuesto, es distinta en el aspecto
cuantitativo — se caracteriza por el principio de la no
dualidad, © sea, también por la atemporalidad, aespacia-
lidad y por ser uma con todo y con cada cosa, también,
pues, con el ultimo absoluro, incondicional, el absoluto
como persona. Intento caracterizar esta segunda realidad
y la esencia de su propiedad con la férmula expresiva
de «yo soy nis. Mediante el término ftav me permito
ptesentar la base mds profunda y originaria del alma
individual, que desemboca en el absolutamente uno.
El ftaw no es jamas ya este definitivo absoluto. Jamas
puede tener lugar una auténtica divinizecién del hombre,
64
Esta segunda realidad de Ja naturaleza del hombre
lleva, por consiguiente, de lo individual 2 lo unitario,
de lo relativo a lo abscluto, de la temporalidad, de
estar ligado al tiempo, leva a lo eterno, de la espacia-
lidad a lo césmico, de la desesperacién a la seguridad
sin limites, de la falta de confianza a la firmeza originaria.
E! ftan — como de la sustancia del definitivo absoluto —
jamds enferma ni médica ni politico-sociolégicamente,
ni en el aspecto ecoldgico.
El hecho de la naturaleza de cada hombre en su
segunda dimensién —en su ser unitario — pasa a la se-
gunda realidad del hombre que viene a continuacién,
del otro, de cada hombre, del que existid, existe y
existird, también en otras estrellas y humanidades cdés-
micas, ese hecho puede representarse en este grafico
—lineal, esquematico, simplificado y, por lo mismo,
imperfecto — prolongande los lados de ambos tridngulos
hacia abajo hasta el infinito: luego se cortan en un punto
determinado de sus prolongaciones. Alli es donde se
da el paso —dicho con simplicidad esquemdtica —
de la primera a la segunda realidad. En este punto de
interseccién pasan lo individual y condicionado a lo uni-
tario € incondicionado,
Agui puede recordarse de nuevo que de esta forma
la época de la ilustracién, con sus dos criaturas domi-
nadoras del mundo, el pragmatismo y el materialismo,
quizds tenga que ceder el paso a una nueva era que
reconozca al mismo tiempo lo incondicional y eterno
en el hombre, paso’ que serd insoslayable puesto que
concuerda con la auténtica naturaleza de cada individuo.
Es probable que nos estemos encaminando a una época
especialmente religiosa, aunque de tipo supraconfesional,
adogmdtica, para lo cual ayudaré una ciencia natural
ampliada especialmente en orden a esta profundidad.
65Mi experiencia profesional sobre este segunda di-
mensién con su subjetividad correspondiente y las pro-
pledades que Ie son caracteristicas — cuyos contenidos
son ante todo: amor, ayuda, proteccién, libertad, todo
en favor de otros —, coincide con muchas otras inter-
pretaciones ya citadas de] hombre. Ejemplos de ello fuc-
ron la mistica cristiana y cxtractistiana, la parapsico-
logia, el taoismo, el neoplatonismo. Nuevo aqui ¢s, 4
lo més, el intento de probar Ja verdadera existencia de
esta segunda cimensién de la naturaleza humana con
ayuda’ de la empiria propia de Jas ciencias naturales,
con observaciones cientificas, con el apoyo de |a psico-
logia) médica; cuando hasta ahora precisamente estas
ciencias, es decir, la psicologia médica, la psiquiatria y,
sobre todo, el psicoandlisis ortodoxo (Sigmund Freud,
Alexander Mitscherlich, Herbert Marcuse, Horst Rich-
ter) y el marxismo radical, que hoy sigue considerdndose
como moderno, todos ellos quieren probar cientifica-
mente esta aparente materialidad exclusivista, condi-
cionamiento, espacialidad, temporalidad ¢ individualidad
limitadas, quieren probar, con otras palabras, esta ma-
yoria de edad de la razém humana aparentemente secu-
larizada, Tal endiosamiento de la racionalidad exclusi-
vista, tal negacién de que la razén y Ia libertad se
enraizan necesariamente, conforme a su propia natu-
raleza, en otra segunda dimensién incondicionada, tiene
que llevar siempre a las distintas formas de totalita-
rismo, cuyos ejemplos son dogmas cientificos, dogmas
convencionales y sociales, dictadura politica. Libertad,
igualdad, hermandad — internacionales — sdlo pueden
ser eficaces cuando esta segunda dimensién, que sirve
de base fundamental a todo, sea vista y vivida igual
que lo es la primers.
Antes de exponer dos casos de mi experiencia diaria
66
como indicios de Ja existencia de esta otra realidad
—y podria nombrar cientos de ellos —, quisiera aclarar
un ultimo detalle de nuestro esbozo, referente a la
parte inferior: el sentir, pensar y obrar de acuerdo con
la segunda realidad, representada por la vertical, se hace
no tan objetivamente hacia fuera. Mas bien el sentir,
pensar, obrar, este segundo sentir, pensar, obrar surge
desde el camino que indica hacia la interioridad. Es el
de la experiencia subjetiva, interior, representada en
el dibujo por una Hecha vertical desde el vértice de un
tridngulo hacia abajo en direccién al infinito, lo eterna.
Ahora se ve la decisiva importancia del principio
auténticattente meditativa para la investigacién cient
fica, médica, psicoldgica, socioldgica, pedagdgica, politica,
y en definitiva para la nueva época que se estd gestando:
son ante todo los caminos de Ja eaperiencia subjetiva,
interior, si consiguen llevar de la primera a la segunda
subjetividad con su segundo sentir, pensar, obrar, los
que podrdn posiblemente dar resultados cientificos acer-
tados sobre la naturaleza humana en orden a esta se-
gunda realidad césmica, Prueba de ello son desde hace
siglos y milenios las mas distintas ejercitaciones de yoga,
zen y mistica (en los pafses de lengua alemana cite-
mos al Maestro Eckhart, Suso, Tauler, Patacelso), El
principio de lo meditativo —me parece, y sdlo hablo
basdndome en métodos auténticos, probados criticamen-
te— va a hacer surgir en los préximos decenios y
sigles unas cicncias naturales, una biologia y medicina
ampliadas en orden a esta segunda dimensidn de la
naturaleza humana, con las enormes consecuencias corres-
pondientes. Lo mismo se podrfa decir, por ejemplo,
de las diferentes confesiones ctistianas orientadas hoy
ante todo hacia la primera dimensidn. No es necesario
advertir que estos caminos meditativos hacia el interior
67no podernos aqui en occidente tomarlos simplemente de
oriente, sino que hay que adaptarlos a nuestro modo
de ser, Sobre este punto ha Ilamado Ja atencién con
insistencia también C.G. Jung (cf. ademds en este vo-
lumen Ja aportacién de Ernst Benz).
Una tiltima aclaracién sobre nuestro grifeo: en la
flecha vertical ditigida hacia el definitivo absoluto e
incondicional se halla un concepto nuevo: el fra. Con
ftan quiero referirme a la base tiltima del alma indi-
vidual, base ya contenida en este definitive incondicional
y en este uno con todo por encima y més alld del
tiempo, el espacio y el individuo. Aqui no podemos
ecir mds a este propdsito. Remito primero a: El esbozo
de las dos realidades, en cl tomo en colaboracién del
ENGADINER KoLLecium, 1972, Endliches und Unendli-
ches im Menschen y en segundo lugar remito a: Ein
Beispiel einer groBen Ftan-Erfabrung, por ultimo, véase
Urvertrauen und Zweite Wirklichkett.
3. La propia experiencia de lo indestructible
La indestructible, en cuanto segunda realidad propia-
mente dicha, que desemboca en Io indestructible de
manera absoluta, en lo césmico, puede ser rastreado a
partir de la inconsciencia mediante el ejercicia e inclusa
puede Megar a ser experimentado hasta un cierto punto.
El ejercicio meditative ayuda, pues, a hacer desaparecer
la disolucién que casi siempre existe en cada hombre
en nuestra época de la ilustracidn entre el talante y
conciencia de la primera realidad frente al talante y la
conciencia de la segunda realidad. El grado de esta
autoexperiencia difiere de hombre a hombre, incluso
después de haber pasado muchos afios de ejercicio en
68
este sentido, Pero ciertamente que ese grado casi siem-
pre aumenta con el ejercicio constante y diario a Jo
largo de los afios mas que si no se ejercitara y trabajare
uno consigo mismo y con su caracter.
Agui hay que advertir que un ejercicio auténtico,
sencilio, no Mamativo implica una disciplina interior y
exterior y una sujecién y entrega humildes.
Es cierto que el ejercicio aqui mencionado no co-
rrespande a los escritos de Sigmund Freud ni al psico-
anglisis neomarxista hoy tan extendido —a causa de su
marcado ateismo y negacién de esta otra dimensidn de la
naturaleza humana—, pero no Jo es menos que uno de
los muchos modos de practicar este ejercicio es también
la psicoterapia empleada con regularidad, se haga como
tratamiento indiyidual 0 como psicoterapia de grupo,
consciente o inconscientemente, De todos modos quisiera
prescindir aqu! de aquellas psicoterapias de grupo orien-
tadas tinicamente hacia la primera realidad (cf. en este
sentido autores como H. Richter y Shepard), En algunos
puntos, que aqui no podemos tratar, la psicoterapia
medicopsicolédgica corresponde a muchas técnicas medi-
tativas, pues éstas colocan precisamente tal ejercicio en
su centro de interés, Por técnicas de mediracidn se
entiende agui slo los esfuerzos verdaderos, sencillos,
honrados, es decir, que sirvan para eliminar la disloca-
cién antes mencionada, sin perseguir ninguna ventaja
en provecho propio.
El principio del ejercicio a que aqui nos referimos,
el principio de estos métodos en orden a la experiencia de
la ‘propia pertenencia al definitivo incondicional, pue-
de aclararse con la frase de un famoso conocedor del
zen: «Uno de los factores esenciales del ejercicio del tiro
con arco y de las demds artes que se practican en Japdn
probablemente también en otros pafses del Extremo
69Oriente, es el hecho de que no sirven para fines de pro-
vecho, ni tampoco se han pensado para un placer mera-
Mente estético, sino que significan una educacidn de la
conciencia y deben Hevar a ésta a relaciones con la rea-
lidad dltima,..» (Daiserz T. Suzuxr en su introduccién
al libro del fildsofo alemin EucEen Herricer, Zen in
der Kunst des Bogenschiessens, que €n poco tiempo
alcanzé L5 ediciones, o sea, que vino a cubrir una autén-
tica necesidad).
En esta cita se habla de un principio importante,
que es propio de muchos métodos meditativos, Pienso
€N artes misticas de inmersidn, como se describieron, por
ejemplo, en el ambiente cristiano 0, mds especialmente,
en los magnificos escritos de Karlftied Diirckheim sabre
cjercicios zen, en el libro de Ayit Mookeryee sobre el
método mistico-erdtico Tantra Asana, en la obra Wege
der Meditation-bewte de Ursula con Mangold, en el
comentario ul Bagaved gii@ de Mahesh Maharishi Yogi
y el libro de Gualteria Weiss sobre el mismo tema: tal
ejercicio no ¢s un juego, sino que sirve a la tarea de
sacrificar la individualidad propia y obstinada en pro
del florecimiento de lo indestructible incondicione! en
lo relative individual.
Mas pienso que lo meditativo, de acuerdo con la
cita anterior, tiene demasiado poco en cuenta el punta
quizds mas importante, es decir, la esencia del amor.
El principio de] amor al prdjimo esté en el centro, por
ejemplo, de Ja mistica cristiana y de la meditacidn
transcendental de Mahesh Maharishi, pero no en la
cita que hemos hecho, En ella se echa de menos la ayuda,
el amor, la promocién y cuidado de un ni en el mundo
diario, en el propio «fuera-de», entendiendo aqui siem-
pre el ti como casas, personas o Dios. ¥ eso que falta’
es la propiedad mds necesaria que deberia surgir de
70
la dislocacién en el hombre gracias al ejercicio medi-
tativo, De acuerdo con Ja cita aducida lo meditative no
esta al servicio de todas aquellas posibilidades que otre-
ce a uno la propia realidad primera, la propia vida
individual. Tal ejercicia sirve mds bien y ante todo
para ampliar la via de la interioridad y para caminar
por él, para recorrerlo cada vez mds conscientemente,
un camino que conduce «vertical» — recordemos nues-
cro. grdfico — mediante la segunda dimensién propia
hasta la experiencia, conciencia y conocimiento de que
el hombre es también unidad con el definitive. El acon-
tecimiento de tal experiencia grande y rara la Nama
el zen sator?. Yo me permito |a designacion de «gran
experiencia-ftan», independiente de cualquier confesidn,
libre de todo, neutral. Pero lo que a mi me parece que
se tiene en cuenta demasiado poco en Ja via del zen
y otras parecidas es que la esencia de la segunda dimen-
sidn, de esta interioridad es el amor al otro.
Por supuesta que toda actividad de la vida diaria,
hasta el escribir a maquina o los trabajos caseros, por
ejemplo, pueden suponer tal ejercicio, lo mismo que
disparar el arco o colocar flores, Karlfried Diirckheim
puede, pues, Hamar a su escrito sobre este tera: La
vida cotidiana como ejercicio de superacién moral, De
mi quehacer diario puede citar, por ejemplo, en pri-
mer lugar, la prdctica de la psicoterapia profesional.
Quiero decir la relacién que se reduce al contacto ver-
bal y al silencio entre el paciente y el psicoterapeuta,
que comprende muchas horas, quizds cientos de ellas,
sin contacto corporal ni social fuera de las horas de
tratamiento. En segundo lugar, un paseo matutino por
el bosque en el sentido de la «terapia bdsica psicoso-
mdtica», de una terapia meditativa, ritmica basada en
el movimiento, tal como se expone en el libro; Uruer-
TLtrauen und zweite Wirklichkeit, Tercera, un ejetcicio
consistente en el sentarse silencioso tendente a encon-
trar la tranquilidad interior y la inactividad, cosa gue
puede hacerse tanto solo y a diario conforme al método
de la meditacién transcendental como asimismo cada
quince dias en un grupo formado ex profeso como base
de experimentacién cientifica (cuyos comienzos se des-
criben en el libro que se acaba de citar),
Mencionemos otro ejemplo de la vida cotidiana
de cada uno, en Ia que —aunque la mayoria de las
veces de modo inconsciente — hemos hecho o hacemos
fuestros propios «ejercicios» diarios de mayor o menor
duracién, Un ejercicio referible a lo dicho; por ejemplo:
disparar el arco al modo oriental, colocar flores, la es-
grima, la lucha, danzas ritmicas, el dibujo a la aguada,
los ejercicios de yoga hindies o t4nericos, Algo de la
vida cotidiana y, sin embargo, de una peculiaridad espe-
cial es el mostrar las distintas clases de amor a personas
dererminadas, por las que sentimos una fidelidad y vincu-
lacién exclusivas, por aquellos a quienes tenemos un
amor casi sagrado, respecto de nuestros propios hijos,
a este o aquel amigo, al préjimo, El ejercicio a que aqui
nos referimos existe con una clara relacién de amor que
salta a los ojos ante todo cuando a una persona amada
se le pide que haga experimentar cada vez mds de los mo-
dos mis diversas, que haga consciente, que convierta en
articulacién y lenguaje interior y exterior el contenido
también sagrado de la unidad amorosa comin, o sea, el
contenido de la segunda dimensién no dual, la del «yo
say tiv. Ejemplos de ello san el erotismo espiritual y
corporal, la sexualidad, Ia palabra hablada y escrira,
prenda de un amor solicito,
A propdsito de este ejemplo cotidiano del amor entre
hombre y mujer, permitasenos recordar que la raciona-
72
lizacién y cosificacién de todas las relaciones de la vida
humana que aumentan alcanzan al parecer plena macu-
rez, cuando los postulados de la ilusttacién adn per-
duran, han contribuido cada vez mas a artebatar tam-
bién precisamente a este amor entre varén y mujer,
y ante todo a su erotismo y sexualidad, la sacralidad
que sigue implicando, que alimenta precisaimente de la
segunda dimensidn, de esta indestructibilidad de la natu-
valeza bumana, contribuyendo a arrebatarle su cardcter
santo y eterno. Pienso que a esta violacién, secularizaci’n,
profanacién del amor, del erotismo, de la sexualidad
ha contribuido precisamente la hostilidad del cristia-
nismo frente a lo sexual, viendo pecado en toda, y su
consiguiente postura de prevencién y suspicacia frente
a tedo lo corporal.
Pero recalquemos otra vez: mi experiencia profe-
sional me dice que el esfuerzo ininterrumpido por man-
tenerse fiel al compafiero que una vez se acepté con
amor ¢s un presupuesto para poder experimentar autén-
tica y continuamente y de modo cada vez mds profundo
y fresco lo sagrado del amor, el erotismo y la sexuali-
dad: ¢l amor es siempre por esencia cosa de la segunda
subjetividad. La infidelidad (respecto del amor y no
simplemente frente a una institucién) pone en tela de
juicio la eternidad y, por tanto, Ja confianza primordial.
Al hablar de la «época de la ilustracién», pensamos
en la nuestta, en la que al hombre se le mira sdlo en su
dimensién condicionada, sin reconccer una medida ab-
soluta, Ejemplo de ello es ¢] desarrollo actual de una
parte de la psiquiatria y sociologia: para la evolucién
fallida de un joven se echa Ia culpa ante todo a los
«malos padres», presuponiendo, pues, nozmas de con-
dicionamientos cause-efecto; como razén de evoluciones
fallidas juveniles o de instiruciones equivocadas: escue-
73la, universidad, cuartel militar, se piensa frecuentemente
que es la «mala sociedad» la que tiene la culpa, En la
psiquiatria comienza a surgir un movimienta psicoana-
litico-materialista en contra de los «malos padres».
Para combatir a la «sociedad podrida» se levanta tam-
bién en occidente cada vez con mas fuerza el movi-
miento socioldgico neomarxista, Es sintomidtico que en
orden a los movimientos cientificos mencionados se pue-
de constatar lo mismo que en cualquier dogmatismo
(y fascismo); se trata de la falta de amor auténtico y
comprensidn verdadera dispuesta a ayudar, es decir, la
carencia de las propiedades que tienen su otigen en
la segunda dimensién. Un neomarxismo actual y todo
fascismo pasado o presente se distinguen al menos por
algo comun: por el no poder ver, ni experimentar, ni
conocer esta sepunda realidacl, petteneciente a toda
naturaleza humana, observable a nivel cientifico natural
y empirico. Poco a poco esto va cambiando: se lo debe-
mos en gran medida a los movimientes meditativos
existentes otra vez en las confesiones cristianas y fuera
de ellas, ante todo entre la generacidén joven.
En el ejemplo de tal amor a una o varias personas
se aprecia en seguida la diferencia existente tespecto del
principio usado en el zen que resalta Suzuki, carac-
teristico quizds de todo ejercicio meditative oriental:
en los distintos modos de amor hacia un ti, reconocible
especialmente en el grande y taro amor erdético entre dos
personas que se quicten y en las diarias concreciones
de las demés maneras de amor, se impone inmediata-
mente el imperativo ético, propio de la segunda rea-
lidad: el imperativa de ayudar, apoyar, favorecer en lo
posible a tado, tanto en Ia primera realidad, la de la
persona amada y la que quienes la aman, asi como
también —y esto es lo definitivamente nuevo — en la
74
primera realidad de cualquier otro ti —sean cosas,
personas o Dios — con el que uno se encuentra en su
vida diaria. Volveremos a hallar en el apartado si-
guiente este imperativo tipico de la segunda dimensidn
en favor de la «potenciacién», de la «santificacién» y
de la promocién de la propia persona y de Ja madura-
cién de los demas en su cardcter, Tal imperativo es
algo tipico de la profundidad de nuestra segunda di-
mension.
En esta eclosidn del imperativo en orden a la propia
maduracién y preocupecién amorosa, no sdlo tolerante,
sino activamente ayudadora respecto de los otros en
la vida diaria propia, en ese empuje es donde se observa
el «ama a tu prdéjimo como a ti mismo» o el «amad
a vuestros enemigos», propio del] campo cristiano, En
este imperative tipico de la estera cristiana y judia
en orden al amor que busca al préjimo, se manifesta
también que no todo yo en este mundo puede ser
amado del mismo modo, sino que pueden existir dife-
rencias cuantitativas en el amor a este o aquel tu.
Mas a pesar de estas diferencias, en ese amor a
cada semejante se impone la necesidad de ayuda que
va mas alld de la pertenencia a una o varias colectivi-
dades privadas, por ejemplo, a Ja familia, profesién, par-
tido politico, una determinada confesién, raza, nacidn,
continente, Se impone la biologia de la segunda dimen-
sién humana en el sentido de la no dualidad, como !o
expresa el ayo soy ni».
Las propiedades de Ja segunda realidad, de la propia
indestructibilidad, sobrepasan el anhelo de sentirse uni-
do individualmente con el absoluto, como es tipico de
las inmersiones orientales. Ellas, en cuanto edificacién
amorosa, alcanzan a uno o varios td en la propia reali-
dad primera, en el quehacer diario en este mundo. El
73