Karl R.
Popper
LA LGICA
DE LA
INVESTIGACIN
CIENTFICA
EDITORIAL TECNOS
MADRID
Los derechos para la versin castellana de la obra
The Logic of Scientific Discovery
publicada por HUTCHINSON & Co. LTD., de Londres,
son propiedad de
EDITORIAL TECNOS, S. A.
Traduccin por
VICTOR SANCHEZ DE ZAVALA
.' edicin, 1962.
1." reimpresin, 1967.
2. reimpresin, 1971.
3. reimpresin, 1973.
4. reimpresin, 1977.
5." reimpresin, 1980.
EDrrORIAL TECNOS, S. A., 1980
O'Donnell, 27. Madrid-9
ISBN: 84-309-0711-4
E>epsito legal: M. 1.112.1980
Printed in Spain. Impreso en Espaa por ARTES GRFICAS BENZAL. - Virtudes. 7. - MADRID-3
CAPITULO PRIMERO
Panorama de algunos problemas
fundamentales
El h o m b r e de ciencia, ya sea terico o experimental, p r o p o n e enun-
ciados o sistemas de enunciados y los contrasta paso a paso. E n
particular, en el campo de las ciencias empricas construye hiptesis
o sistemas de teoras y las contrasta con la experiencia p o r medio
de observaciones y experimentos.
Segn m i opinin, la tarea de la lgica de la investigacin cient-
fica o lgica del conocimiento es ofrecer u n anlisis lgico de tal
modo de p r o c e d e r : esto es, analizar el mtodo de las ciencias em-
pricas.
P e r o , cules son estos mtodos de las ciencias empricas? Y,
a qu cosa llamamos ciencia emprica?
1. E L PROBLEMA DE LA INDUCCIN
De acuerdo con u n a tesis que tiene gran aceptacin y a la q u e
nos opondremos en este l i b r o , las ciencias empricas pueden carac-
terizarse p o r el hecho de qxie emplean los llamados .mtodos indue-
tivosv: segn esta tesis, la lgica de la investigacin cientfica sera
idntica a la lgica inductiva, es decir, al anlisis lgico de tales m-
todos inductivos.
Es corriente llamar inductiva a u n a inferencia cuando pasa de
enunciados singulares (llamados, a veces, enunciados particulares),
tales como descripciones de los resultados de observaciones o expe-
rimentos, a enunciados universales, tales como hiptesis o teoras.
Ahora bien, desde u n punto de vista lgico dista mucho de ser
obvio que estemos justificados al inferir enunciados universales par-
tiendo de enunciados singulares, p o r elevado que sea su nmero ; pues
cualquier conclusin que saquemos de este modo corre siempre el
riesgo de resultar un da falsa: as, cualquiera que sea el nmero de
ejemplares de cisnes blancos que hayamos observado, no est justifi-
cada la conclusin de que todos los cisnes sean blancos.
Se conoce con el n o m b r e del problema de la induccin la cues-
tin acerca de si estn justificadas las inferencias inductivas, o de
bajo qu condiciones lo estn.
El problema de la induccin puede formularse, asimismo, como
la cuestin sobre cmo establecer la verdad de los enunciados uni-
versales basados en la experiencia c o m o son las hiptesis y los sis-
28 La lgica de la investigacin cientfica
temas tericos de las ciencias empricas. Pues muchos creen que
la verdad de estos enunciados se asabe por experiencia; sin embar-
go, es claro que todo informe en que se da cuenta de una experiencia
o de una observacin, o del resultado de un e x p e r i m e n t o no pue-
de ser originariamente un enunciado universal, sino slo un enuncia-
do singular. P o r lo tanto, (juieii dice que sabemos por experiencia la
verdad de un enunciado universal suele querer decir que la verdad
de dicho enunciado puede reducirse, de cierta forma, a la verdad de
otros enunciados stos singvilares que son verdaderos segn sabe-
mos por experiencia; lo. cual equivale a decir (jue los enunciados uni-
versales estn basados en inferencias inductivas. As pues, la pregunta
acerca de si hay leyes naturales cuya verdad nos conste viene a ser
otro modo de p r e g u n t a r si las inferencias inductivas estn justifica-
das lgicamente.
Mas si queremos encontrar un modo de justificar las inferencias
inductivas, hemos de intentar, en primer trmino, establecer un prin-
cipio de induccin. Semejante principio sera un enunciado con cuya
ayuda pudiramos presentar dichas inferencias de una forma lgica-
mente aceptable. A los ojos de los mantenedores de la lgica induc-
tiva, la importancia de un principio de induccin para el intodu
cientfico es m x i m a : ...este principio dice R e i c h e n b a c h (' T
mina la verdad de las teoras cientficas; eliminarlo de la c'' la
significara nada menos que privar a sta de la posibilidad de deci-
dir sobre la verdad o falsedad de sus teoras ; es evidente que sin l
la ciencia perdera el derecho de distinguir sus teoras de las crea-
ciones fantsticas y arbitrarias de la imaginacin del poeta ^.
P e r o tal p r i n c i p i o de induccin no p u e d e ser una verdad pura-
mente lgica, como una tautologa o un enunciado analtico. En rea-
lidad, si existiera un principio de induccin p u r a m e n t e lgico no ha-
bra problema de la induccin; pues, en tal caso, sera menester con-
siderar todas las inferencias inductivas como transformaciones pura-
mente lgicas, o tautolgicas, exactamente lo mismo que ocurre con
las inferencias de la lgica deductiva. P o r tanto, el principio de in-
duccin tiene que ser un enunciado s i n t t i c o : esto es, uno cuya nega-
cin no sea contradictoria, sino lgicamente posible. Surge, pues, la
cuestin acerca de por qu h a b r a que aceptar semejante principio,
y de cmo podemos justificar racionalmente su aceptacin.
Algunas personas que creen en la lijica inductiva se precipitan
a sealar, con Reichenbach, que hi totidad de la ciencia acepta
sin reservas el principio de inihic'in, y (pie nadie puede tampoco
d u d a r de este principio en la vida i'orrinte ". No obstante, aun su-
p o n i e n d o que fuese as despus de todo, la totalidad de la cien-
cia p o d r a estar en u n e r r o r yo seguira afirmando que es super-
fluo todo principio de indviccin, y que lleva forzosamente a incohe-
rencias (incompatibilidades) lgicas.
' II. REICHENBACH, Erhenntnis 1, 19''0 l;;- 186. (Cf. tambin las pgs. 64
y sig.) Cf. los comciiUrins de Russell r-csria i!c Hume, que he citado en el apar-
tado *2 de mi Postscript.
' REICHENBACH, ibid., pg. 67.
Panorama de algunos problemas fundamentales 29
A p a r t i r de la obra de H u m e *^ debera haberse visto claramente
que aparecen con facilidad incoherencias cuando se admite el prin-
cipio de i n d u c c i n ; y tambin que difcilmente pueden evitarse (si
es que es posible tal cosa ) : ya que, a su vez, el principio de induccin
tiene que ser u n enunciado universal. As pues, si intentamos afir-
m a r que sabemos por experiencia que es verdadero, reaparecen de
nuevo j u s t a m e n t e los mismos problemas que motivaron su introduc-
cin : para justificarlo tenemos que utilizar inferencias i n d u c t i v a s ;
p a r a justificar stas hemos de suponer un principio de induccin de
orden superior, y as sucesivamente. P o r tanto, cae por su base el
intento de fundamentar el principio de induccin en la experiencia,
ya que lleva, inevitablemente, a una regresin infinita.
K a n t trat de escapar a esta dificultad admitiendo que el princi-
pio de induccin (que l llamaba principio de causacin universal)
era vlido' a priori. P e r o , a mi entender, no tuvo xito en su inge-
niosa tentativa de dar una justificacin a priori de los enunciados
sintticos.
P o r mi p a r t e , considero que las diversas dificultades que acabo
de esbozar de la lgica inductiva son insuperables. Y me temo que
lo mismo ocurre con la doctrina, tan corriente hoy, de que las infe-
rencias inductivas, aun no siendo estrictamente vlidas, pueden al-
canzar cierto grado de seguridad o de probabilidad. Esta doc-
trina sostiene que las inferencias inductivas son inferencias proba-
bles^. Hemos descrito dice Reichenbach el principio de induc-
cin como el medio por el que la ciencia decide sobre la verdad. P a r a
ser ms exactos, deberamos decir que sirve para decidir sobre la
p r o b a b i l i d a d : pues no le es dado a la ciencia llegar a la verdad ni
a la falsedad..., mas los enunciados cientficos pueden alcanzar nica-
mente grados continuos de p r n b a b d i d a d , cuyos lmites superior e in-
ferior, inalcanzal)lcs, son la verdad y la falsedad *.
P o r el momento, puedo hacer caso omiso del hecho de que los
creyentes en la lgica inductiva alimentan una idea de la probabili-
dad que rechazar luego por sumamente inoportuna para sus propios
filies (vase, ms adelante, el apartado 8 0 ) . Puedo hacer tal cosa, por-
que con recurrir a la probabilidad ni siquiera se rozan las dificulta-
des mencionadas: pues si ha de asignarse cierto grado de probabili-
dad a los enunciados que se l)asan en inferencias inductivas, tal pro-
ceder tendr que justificarse invocando u n nuevo principio de
induccin, modificado convenientemente; el cual habr de justificarse
a su vez, etc. An ms : no se gana nada si el mismo principio de
induccin no se toma como verdadero, sino como meramente pro-
bable. En r e s u m e n : la lgica de la inferencia probable o lgica
" Los pasajes decisivos de Hume se citan en el apdice *VII (texto correspon-
diente a las notas 4, 5 y 6 ) ; vase tambin, ms adelante, la nota 2 del apartado 81.
" Cf. J. M. KEYNES, A Trcalise on Probability (1921); O. KLPE, Vorlesungen
Uber Logik (ed. por Selz, 1923); REICHENBACH (que emplea el trmino implicacio-
nes probabilsticas), Axiomatik der Ifahrscheinlichkeitsrechnung, Mathem. Zeitschr,
3 4 (1932), y otros lugares.
* REICHENBACH, Erkenntnis 1, 1930, pg. 186.
30 La lgica de la investigacin cientfica
de la p r o b a b i l i d a d , como todas las dems formas de la lgica induc-
tiva, conduce, bien a una regresin infinita, bien a la doctrina del
apriorismo *^.
La teora que desarrollaremos en las pginas que siguen se opone
directamente a todos los intentos de apoyarse en las ideas de una
lgica inductiva. Podra describrsela como la teora del mtodo de-
ductivo de cunlraslar**, o como la opinin de que una biptesis slo
p u e d e contrastarse empricamente y nicamente despus de que
lia sido formulada.
P a r a poder desarrollar esta tesis (que podra llamarse deducti-
vismo, por contraposicin al inductivismo'') es necesario que pon-
ga en claro primero la distincin entre la psicologia del conocimiento,
que trata de heclios em[)ricos, y la lgica del conocimiento, que se
ocupa exclusivamente de relaciones lgicas. Pues la creencia en una
lgica inductiva se debe, en gran p a r t e , a una confusin de los pro-
blemas psicolgicos con los epistemolgicos ; y quiz sea conveniente
advertir, de paso, que esta confusin origina dificultades no slo en
la lgica del conocimiento, sino en su psicologa t a m b i n .
2. E L I M I N A C I N DEL PSICOLOGISMO
He dicho ms arriba que el trabajo del cientfico consiste en pro-
p o n e r teoras y en contrastarlas.
La etapa inicial, el acto de concebir o inventar una teora, no me
parece que exija u n anlisis lgico ni sea susceptible de l. La cues-
tin acerca de cmo se le ocurre u n a idea nueva a una persona y a
sea u n tema musical, un conflicto dramtico o u n a teora cientfica
p u e d e ser de gran inters para la psicologa emprica, pero cai-ece
de importancia p a r a el anlisis lgico del conocimiento cientfico.
" Vanse tambin el captulo X especialmente, la nota 2 del apartado 81
y el captulo *II del Postscript, en los que se hallar una exposicin ms completa .
de esta crtica.
** Se liabr observado ya que empleamos las expresiones contraste, contrastacin,
contrastar, someter a contraste, etc., para traducir los trminos ingleses test, testing,
to test, etc. Los autores de habla inglesa incluyendo al de esta obra utilizan tam-
bin to contrast, pero puede verterse sin dificultad e incluso ms conforme a su
sentido por contraponer o contraponerse. (N. del T.)
LiEBlc (en Indukion und Deduktion, 1865) fue probablemente el primero que
rechaz el mtodo inductivo desde el punto de vista de la ciencia natural: su ataque
se diriga contra Bacon. Dim EM (en La Thorie physique, son objet et sa structure,
1906; vers. ingl. por P. P. WIENEK, The Aim and Structure of Physical Theory, 1954)
ha mantenido tesis marcadamente deductivistas (* Pero en el libro de Diihem se en-
cuentran tambin tesis inductivistas, por ejemplo, en el cap. III de la primera parte,
en el que se nos dice que con slo experimentacin, induccin y generalizacin se
ha llegado a la ley de la refraccin de Desearles; cf. la trad, ingl., pg. 155.) Vanse,
asimismo, V. KBAFT, Die (Wundjormen der wissenschajllichcn Methoden, 1925, y
CAUNAP, Erkennnis 2, 1932, pg. 440.