EL DIA EN QUE EL NIÑO JESÚS NO QUERIA NACER
(Cuento de Navidad)
Narrador: Ahora, en estos días que el frío, la lluvia, la nieve y las noches son como personajes de nuestra
tradición, me atrevo, a la luz de la lumbre de la memoria, a contar algo que no sé si es una historia o un cuento,
un milagro o una fantasía; algo que no sé si lo he vivido o me lo han contado, si lo soñé o lo he inventado. Tengo
serias dudas respecto a este relato, pero juraría que es cierto que una vez recibí una carta de unos niños que me lo
contaron. Los niños que me la mandan no se han atrevido a decírselo a nadie por temor a que los tomaran por
embusteros o por ilusos (los niños, como siempre tan sabios saben de sobra de nuestras torpezas y de nuestra
mezquindad) y fuera peor el remedio que la enfermedad. Ellos en su carta me cuentan que...
“En las primeras oscuridades de la Nochebuena, mientras descansaban de la colocación del Nacimiento, que lo
tenían casi a punto, se asomaron al balcón a ver la calle, sabedores de que la calle tendría algo especial esa noche.
Intentaron abrir una hoja del balcón, pero un puñado de aire, mitad frío, mitad nieve, les hizo cambiar de idea.
Unos dicen que aquel aire olía a castañas asadas, otros que a torta de manteca, otros que olía a frío... Y sería
verdad: haría frío... ¡Qué fría es la noche que el cielo escogió!
Dicen que iban y venían las gentes cruzando la calle entre bocinas y luces de coches. Iban con abetos de plástico,
cargadas de cajas envueltas en papel de brillo rematado en hábiles lazos de color. Dicen que de la mano de su
madre iba un niño con un llanto caprichoso, refregándose con la manita la cara pringosilla de lágrimas y moquillos
de frío. Dicen que sonaban en las tiendas villancicos de siempre: peces que no se cansan de beber en el río,
pastores alentados que se acercan a Belén, y la Marimorena, ande que ande. En algún sitio suena Noche de Paz.
Los niños que, me cuentan, han hecho con las manos una “ventanita” en la empañadura del cristal del balcón, ven
un mundo de luces parpadeantes, de letreros luminosos que corren de un lado a otro de las fachadas de los
escaparates, un mundo de abrigos, bufandas y guantes. Y ven a gentes que van con cestas cargadas de comida,
abundante comida y bebidas para la gran cena de Nochebuena. Y ven también que en la puerta (en alguna puerta)
hay un niño que tiene frío porque va medio desnudo.
Los niños se han vuelto al salón, junto a la chimenea que, como manso perro de fuego, echado, asienta las últimas
brasas. Junto a la chimenea han levantado, como todos los años, el Nacimiento, sobre un viejo tablero sobre dos
borriquetes. Está hermoso. Y tan natural que parece el mismo Belén.
El rincón del salón era, dicen, un sueño cuando encendieron las luces del Nacimiento. Y parecía fuego aquella
pequeñez luminosa que simulaba la llama entre los menudos leños de la candela. Y algo de aurora tenía la oscura
claridad del cielo de cartón piedra que asomaba lleno de estrella de papel de plata. Y algo de amanecida la luz de
la lamparilla tras las montañas de papel arrugado y corcho. Todo a punto para la Nochebuena: los tres Reyes,
bajando el camino (uno de ellos, Melchor, ya en el puente de tablas); el ángel, en su olivo, “suspendido”, entre
hábiles algodones; los pastores al pie de la hoguera, junto al puchero de barro, expectantes, mirando al cielo. La
lavandera lavando arrodillada en la vera del mentiroso río de cristal. Y el molinero, cargado con un saco de trigo
bajo las aspas del molino. Y el vendedor callejero, con la mano ahuecada en la mejilla, pregonando su carga...
Están locos de contento los niños. El yeso y el polvo de talco “hielan” las cumbres de corcho, mientras el labrador
traza surcos. Magnífico el Portal: una chocita de corcho, íntima, con más sombra que luz, a cuya puerta se
arrodillan los pastores. Dentro, echados, el buey tiene una mirada de hermosa mansedumbre, mientras la mula,
sagaz, tiene las orejas empinadas. José, de pie, apoyado en su báculo y ligeramente inclinado. Serio, con una
majestad sobresaliente. María, sentada, empezando a componer una sonrisa y con los ojos alegres como los de
una paloma libre mirando al...
¿Y el Niño? ¿Dónde está el Niño Jesús?
Algunos de los niños corrieron a mirar a las virutas de la caja donde guardaban las figuras, pero no estaba. Uno
de ellos, el más pequeño, al que echaron la culpa de la pérdida, dijo lloriqueando que él no lo había perdido, que
él lo cogió y lo dejó acostado en el pesebre, sobre los trocitos de paja. Y que le pareció verle sonreír.
Nadie pudo replicar al chiquillo, pues cuando iban a hacerlo, sonó un golpe seco. Era la puerta del salón, que se
había cerrado sola, sin que nadie la empujara. Y, además, no pudieron abrirla cuando lo intentaron. Se apagaron
las luces del salón, las ascuas de la chimenea se volvieron apagadas cenizas y en el Nacimiento sólo se mantuvo
encendida una pequeña luz celeste, la que iluminaba el olivo donde estaba el ángel. Empezó a silbar un vientecillo
entre las copas del bosque de papel. Los niños se abrazaron asustados. Dicen que no pudieron gritar porque el
miedo los ahogaba. Fue entonces cuando se hizo más clara la luz del olivo y se vio al ángel de barro que se movía
y hablaba:
Ángel: “No temáis, Soy un ángel mensajero de Dios y vengo a daros una noticia. No busquéis más al Niño porque
vosotros no lo habéis perdido. Y es verdad que uno de vosotros lo dejó acostado en el pesebre y ahora no está.
Pero Dios Padre se opone a nazca su Hijo, a que nazca Jesús. Vosotros seréis los encargados de hacerlo saber a
la humanidad. Estad atentos y no temáis.
Narrador: El ángel recorría con la mirada todo el paisaje del nacimiento mientras una luz que nadie sabía de
dónde manaba dejaba un extraño resplandor donde las figuras eran poco menos que sombras. Y volvió a hablar.
Ahora a las figuras:
Ángel: ¡Sabedlo: Jesús, el Mesías, no nacerá. Su Padre, el Altísimo, sabe que el mundo es contrario a su
nacimiento porque el mundo tiene conciencia de la gravedad de un salvador en esta hora. Tú, molinero, deja la
faena y vete, que Jesús no nacerá!
Molinero: ¿Qué el Niño no ha a nacer? ¡Y eso cómo puede ser, si está loco mi molino moliendo el trigo más fino
para ofrecérselo a El! ¡Y está la nieve que trina (¿no la ves en la colina?) lampando para su altura la blancura de
mi harina? No digas, ángel amigo, no digas que no va a nacer Jesús. ¿Acaso no sabes tú que Él es de mi trigo
espiga?
Ángel: ¡No nacerá, no, nanas de calumnia, mecidas de odios, arrullos de heridas preparan para Él! ¡Lavandera,
deja tu ropa y vete, que Jesús no nacerá!
Lavandera: Lavando en esta orilla, de agua escarchada, llevo ya de rodillas varias jornadas. Y lavo y canto, que
nunca unos pañales fueron a tanto. No me digas ahora, ángel bendito, que el Niño-Dios no nace, cuando está
escrito. Dile a la Altura que no nos niegue el parto de esa criatura. ¡Si Él ha de ser la corriente donde se lave la
herida de la vida de la gente!
Ángel: ¡No nacerá, no. Porque la mentira está agazapada entre los matorrales como raposa, y la soberbia cocea
en las paredes del Portal asustando a María! ¡Tú, labrador, suelta la yunta y vete; guarda tu arado y abandona el
surco, que Jesús no nacerá!
Labrador: ¿Qué no va a nacer Jesús? ¡Si está la reja que brilla de haber abierto en barbecho cuarenta surcos
derechos para albergar la semilla! ¡Que no va a nacer Jesús? ¡Pues no faltaría más que el que es Semilla del mundo
se quedara sin sembrar!
Ángel: ¡No nacerá, no. Que José ha tenido que ahuyentar los víboras de la vejación que se estaban encamando
entre la paja del pesebre! ¡No nacerá Jesús! ¡Tú, costurera, deja tus puntadas y vete; recoge tus telas y tu silla y
abandona este lugar, que el Niño-Dios no nacerá!
Costurera: Hebras y agujas de oro tengo en el arca guardadas para bordarle su nombre en la que será su almohada
aún me parece pequeño el valor de este metal para acompañar su sueño. Guardo terciopelo, pana y vara media de
seda y otro tanto o más de lana. ¡Que no quiero, que no quiero, que el que es Abrigo del mundo vaya por el mundo
desnudo! No digas, ángel amigo, que estas puntadas que están dando mis manos serán para nada. ¡Si esa criatura
tiene loca la cesta de mi costura!
Ángel: ¡No nacerá, no. Que los alacranes de la envidia le buscan el vientre a María para sembrarle el veneno. No
nacerá Jesús! ¡Tú, leñador, enfunda tu hacha y vete; deja el bosque y las sombras y busca el camino de tu casa,
que Jesús, el Mesías, no nacerá, según disposición del Altísimo!
Leñador: ¿Qué no va a nacer mi Dios? Si están gritando las ramas:-“¡Córtame a mí, leñador, quémame con la
retama. Para cuando nazca Dios yo quiero ser ya una llama que pueda darle calor!” ¡Si tengo el monte desnudo y
romo el filo del hacha para que se asuste luego, con el fuego, la rigidez de la escarcha!
Ángel: ¡No nacerá ¡ No nacerá, Jesús. Que los lobos del egoísmo aúllan en los cerros cercanos y vuelan bajo los
milanos poderosos queriendo rapiñar los polluelos de la inocencia! ¡No nacerá Jesús! ¡Tú, mujer que estás a la
puerta de tu casa, echa los cerrojos y vete a dormir, que lo esperado, el Hijo de Dios, no nacerá. Vete!
Posadera: (Ignorando al ángel y como mirando al Niño). Yo soy la posadera. La que se quedó esperando a que
tus padres vinieran llamando; la que todavía espera. Yo sé que te han cerrado todas las puertas, pero las mías las
tengo abiertas y guardo dentro una cálida cuna para tu cuerpo. Y aunque no lo sabe nadie, chiquillo de mi fortuna,
al aire de la mañana tengo encargada una nana para dejarla en tu cuna. ¡Que no me digan a mí que Tú no vas a
llegar! Si tengo de par en par las puertas y yo esperando, despierta, hasta que quieras llamar!
Ángel: ¡Que no va a nacer Jesús, sabedlo! ¡Que tras las nubes que parecen de lluvia remediadora se esconden
truenos de guerra y rayos de violencia acechando el nacimiento del Hijo de Dios! ¡Pastores, recoged vuestro hato
y volved a vuestras casas, que Dios no nace. Callad vuestras canciones y dormid, que nada extraordinario esta
noche ha de ocurrir!
Pastores: ¿Pastores en Nochebuena, sin tenerle a quien cantar? ¡Pues vaya una Navidad! Hemos dejado el rebaño
a su apaño, en el redil, para llegar hasta aquí con rezos y villancicos, a celebrar al Dios Chico de Belén. Y en esta
noche de frío, que venimos al Portal, tú nos vienes a contar que está el pesebre vacío... ¡Dile que somos pastores
en vela; dile que somos pastores que esperan, cantando, la llegada de su Dios, que los librará del daño! ¡Dile que
queremos ser rebaño donde Él quiera ser Pastor!
Ángel: ¡No nacerá Jesús, no. Que trepa la hipocresía como yedra por las tapias del mundo. Y todo es un sinsentido
en lo diario, donde arraiga la grama de la insolidaridad y las traiciones! ¡Tú, vendedor, vuelca tu carga y vete, que
nada tienes que hacer aquí esta noche, pues no nacerá el Dios que esperas!
Vendedor: Traigo yo de reata mi borriquilla, que vienen bien cargadas las angarillas: Naranjas, peros y melones
tardíos también los llevo. Pero yo no pregono mi mercancía. Mi voz está esperando que rompa el día; subir al
viento y pregonarle al mundo su Nacimiento. No digas, ángel amigo, que no va a nacer mi Dios, después que he
pasado el día metido en la serranía, limpiando al aire mi voz, para anunciar en pregón la llegada del Mesías!
Ángel: ¿Cómo va a nacer Dios? ¿No veis la gangrena de la maldad, vestida de perfume, cómo devora la carne
del hombre? ¿O es que acaso no llevamos veinte siglos cerrándole las puertas a la Alegría que quiere quedarse
con nosotros? ¿De qué os extrañáis? Si no sois capaces de mirar a los que tenéis cerca, ¿seríais capaces de
reconocerlo a Él? ¡No, no nacerá Jesús!¡Reyes, majestades, desandad el camino, que vuestros pajes tomen la reata
de vuestros camellos. Emprended la vuelta, Jesús no nacerá, sabedlo!
Reyes magos: Que tres Reyes que desdeñando sus leyes han venido expresamente desde Oriente hasta el Portal,
bien guiados por aquella buena estrella que ahora señala el lugar, tengan que volverse atrás porque no nace el
Mesías, cuando hay una profecía escrita, que escrita está... ¿Qué hacemos con el incienso, con la mira, con el oro
que traemos para Él, tres símbolos que han de ser su pasión y su tesoro? Ese Niño ha de nacer. Nos lo han dicho:
“Lo hallareis antes de entrar en Belén, en un pesebre ha de ser, entre María y José, junto a una mula y un buey.
Lo adoraréis. Y estando cerca de Él, comprenderéis que tres reyes van a ser vasallos de un solo Rey”.¡Cómo es
que no va a nacer!
Ángel: ¡Pues no va a nacer! Dios sabe que, a boca de parto, hay Herodes disfrazados de adoradores. Además,
¿tiene sentido para alguien el nacimiento de Jesús? Jesús es hoy una dificultad para los hombres; no sé por qué
os quejáis. ¡A retomar el camino, majestades, a desandarlo. Ya no hay nadie en el Nacimiento que no sepa que
Jesús no va a nacer. Son ustedes los últimos y es hora de que nos vayamos...
Narrador: El ángel va a volverse cuando, de pronto, observa que unas sombras se mueven por los cerros...
Ángel: Y aquello... ¿Qué es aquello? ¿Quiénes son esos que vienen en grupo bajando por los cerros? ¿Eh!, ¿quién
anda ahí? ¿Eh, vosotros, quiénes sois? ¿De dónde venís, y a qué? ¡Pero... cómo es posible, si vosotros no existíais,
no estabais entre las figuras del Nacimiento! ¿Dios mío, son niños...! ¿Qué querrán estos niños ahora? ¡Pero...
bueno, ¿es que sois sordos o qué?! ¿Eh, un momento, no os acerquéis al Portal! ¿No habéis oído lo que acabo de
decirles a todos? ¡Eh, tu, ¿adonde vas? ¿Quién eres tú?
Niño 1º: Yo soy la Justicia
Ángel: - ¿Y qué esperas?
Niño 1º: La noticia del Nacimiento de Dios. Su venida beneficia a toda la Humanidad, pues al nacer El, se inicia
la senda que me propicia la Igualdad. Y están los injustos rompiendo a su gusto la Equidad. Hace falta un justo
Juez en la vida. Número, Peso y Medida ha de traer. Y ese Juez ha de nacer en Belén, esta noche, sin tardanza.
Así ha de ser. El pondrá derecho el Fiel de la Balanza.
Narrador: Y el ángel nada decía. Miraba y se sorprendía.
Ángel: Y tú, ¿quién eres?
Niño 2º: La Paz
Ángel: Y ¿qué quieres?
Niño 2º: Regalar el sentido de mi nombre y convertir a los hombres a la buena voluntad. Por eso vengo al Portal
a pedir la Navidad del Niño-Dios en la Tierra. Y el Niño-Dios nacerá, porque Él sabe que a la Paz las puertas no
se le cierran, que si no, devorará los trigales de la Paz la cizaña de la guerra.
Narrador: Y el ángel, nada decía; miraba y se sorprendía.
Ángel: Y tú, ¿tú, quién eres?
Niño 3º: ¿Yo?, Yo soy la pobreza. Por amor, no por condena. Fui libre cuando aquel día, junto a mi bolsa vacía,
sentía mi vida llena de alegría. Más le falta una razón a mi vida para ser. Por eso vengo a Belén a pedir que nazca
Dios. Dile tú que yo te mando. Dile que su Nacimiento la Pobreza está esperando.
Narrador: Y el ángel, nada decía: miraba y se sorprendía.
Ángel: Y tú, ¿tú, quién eres?
Niño 4º: Yo soy la Fe
Ángel: Y ¿qué quieres?
Niño 4º: Ver nacer al Mesías
Ángel: ¿Y no eras tú quien decía que creería sin ver?
Niño 4º: Y así es. Pero me estoy acabando. Necesito ir renovando mi firmeza. Y la fuerza de mi Luz y de mi
Conocimiento sólo la da el Nacimiento de Jesús. Dile que nazca a ese Bien! ¡Dile que se dé premura!¡Dile... que
se está poniendo oscura la claridad de la Fe!
Narrador: Y el ángel, nada decía; miraba y se sorprendía.
Ángel: Y tú, ¿tú quién eres?
Niño 5º: ¿Qué quién soy yo? Yo soy la Libertad, y necesito un camino por el que poder andar. Y si El no nace,
vendrán las rejas y las cadenas de la pena; nos llevarán al castigo y cerrarán con cerrojos los postigos de la mente.
Y a su antojo irán cegando los ojos inocentes. ¡Dile que venga conmigo. Que necesito pensar, que necesito luchar,
que necesito creer y poder alcanzar las ramas de la Verdad en su Arbolillo del Bien! ¡Dile que venga al Portal,
que el mundo lo necesita! ¡Dile que tiene una cita con la Libertad!
Narrador: Y el ángel, nada decía, miraba y se sorprendía.
Ángel: Y tú, ¿tú quién eres?
Niño 6º: ¿Qué quién soy yo? Yo soy la Esperanza. La virtud que no se cansa de esperar. No temo a la lontananza.
Yo sé que todo se alcanza, que todo habrá de llegar.
Por eso vengo al Portal, sin dolerme la tardanza, que esperar en esperanza es gozar lo que aún no está. Pero dile
tú que sueño su pequeño despertar. Dile que estoy esperando, celebrando su venida a la Vida. Más si no quiere
nacer, porque esté cumpliendo fiel del cielo alguna ordenanza, coméntale mi añoranza y dile que esperaré hasta
que lo quiera El. ¡Por algo soy la Esperanza!
Narrador: Y el ángel, nada decía. Miraba y se sorprendía.
Ángel: Y tú, tú, ése, el último. ¿Tú quién eres?
Niño 6º: (Jubiloso) ¿Yo? ¿Qué quién soy yo? ¡Yo soy el Amor! La amistad, la ternura. La esencia pura de la
Verdad. Sin mí, el mundo es mala locura, aventura de mal fin. Yo soy bálsamo en la herida, y soy brazo donde se
apoya el fracaso y se ayuda la caída. ¡Soy el lazo de la vida! Yo soy el eje del mundo, su motor. La comprensión,
la amabilidad. Y la Luz. Eso que sin ser salud es vida en la enfermedad. ¡Soy el Amor! Y soy la misericordia,
refugio en el perseguido, y soy pan en el hambriento, y soy agua en el sediento, y en el desnudo, vestido. Alegría
en el anciano. Soy lo divino y lo humano. En mi nombre van los hombres de la mano en armonía. Soy la risa, la
alegría, la razón que cada día nos motiva el caminar. Soy la sombra que al final del camino siempre espero para
hacerlo llevadero. Y soy más: soy el cariño que acompaña a la paciencia. La inocencia, la imprudencia de los
niños. Y soy luego, entre el hombre y la mujer, ese que dicen que es ciego, aunque sea el que más ve. Y soy fuego,
soy candela siempre ardiendo en centinela de la voluntad mejor. ¡Soy el Amor! Y estoy en la pena ajena, y abrazo
conmigo al enemigo. Y en toda necesidad, yo soy la caridad con el hermano. Caridad siempre dispuesta a pedir
con esta mano lo que irá dando con ésta. ¡Soy el Amor! Y hagan lo que hagan los hombres, si no se hace en mi
nombre, no tendrá ningún valor. Pero fíjate, que yo, siendo el Amor, como soy, no seré nada si hoy no naciera mi
razón. ¡Vete, ángel, dile a Dios que venga a la Nochebuena, que sí merecer la pena... que se lo pide el Amor!
Narrador: Pero el ángel nada decía. Miraba y se sorprendía... Y al tiempo se asombraba de una música que
empezó a sonar y de un murmullo creciente, creciente: Desobedeciéndolo, todas las figuras habían vuelto...
Ángel: (Enfurecido) Pero... ¿Qué pasa? ¿Adónde van los labradores y esos bueyes? ¿Por qué cantan los pastores
y han vuelto a montar los Reyes? ¿A qué bajan los luceros desde el cielo con tal brío? ¿Y a qué la flor del romero
abre su azul bajo el frío? ¿Por qué corres, lavandera? ¿Adónde vas, costurera, abandonando el bordado? ¿Qué has
visto desde el collado, posadera? ¿Por qué saltas, leñador? ¿Qué pregonas, vendedor? ¿Adónde vais, si Dios no
vendrá a la madrugada?
Narrador: Y cuando el ángel pensaba decir otra vez que no, algo le dijo la Luna, que miró para la cuna... ¡y
estaba naciendo Dios!
FIN