Caso clínico 1
Identificación del paciente
La paciente es una adolescente de 12 años de edad a la que llamaremos Rocío. Cursa 1º de E.S.O. el cual está
repitiendo, en un instituto público. Pertenece a una familia desestructurada de nivel sociocultural bajo. En la
actualidad vive con su madre, aunque fue criada por su abuela materna, y su padre se encuentra en situación
penitenciaria, no tiene hermanos. Rocío muestra una conducta hostil que va en aumento.
Motivo de consulta
A raíz de un programa de prevención de violencia realizado con escolares de varios institutos durante 4 meses, de
los 16 adolescentes con los que se intervino, se continuó con algunos casos haciendo una intervención más
personalizada e individual, como es el de Rocío, contando con el beneplácito de su familia y la dirección del centro
puesto que su actitud empeoraba y con ella su rendimiento académico. Siempre se ha negado a acudir a un
profesional. Desde el centro le han ofrecido múltiples recursos pero siempre los ha rechazado. Por ello se
aprovechó su actitud receptiva en esta ocasión para realizar la intervención.
Rocío se siente incomprendida y atacada constantemente, es agresiva verbalmente con profesores y familiares,
con compañeros está empezando a presentar conductas agresivas físicas, en clase tiene un comportamiento
disruptivo y sus compañías son cada vez más perjudiciales. No tiene buena relación con su madre y su padre se
encuentra en la cárcel. Presenta una interacción desequilibrada con el otro sexo, cambiando a menudo de pareja,
en relaciones destructivas y celos, que a menudo, utiliza para enfrentarse a su madre. El odio, el rencor, la rabia e
ira, están constantemente en su expresión.
Historia del problema
Rocío siempre ha sido una niña con carácter y las complicaciones han estado presentes en su vida desde que nació.
Nunca tuvo un hogar estable, a temporadas vivía con su abuela, a la cual considera su verdadera madre y que la
protegía desmesuradamente. Con su madre tiene una relación totalmente enfrentada. En la actualidad viven
juntas, el rencor por su sentimiento de abandono marca su relación, no le tiene respeto pero sí unos profundos
celos hacia las nuevas parejas de la madre, la cual se divorció hace 6 años del padre de Rocío. A pesar de la
situación penitenciaria de éste, la niña lo idolatra, y culpa a su madre de su suerte.
No sabe relacionarse con normalidad entre amistades, tiene peleas y discusiones muy intensas, pasa de una
emoción a otra en un instante con sus compañeros de clase, al ser repetidora, ha adoptado un rol dominante,
agresivo y disruptivo, insultando, gritando y agrediendo a compañeros.
Hipótesis diagnostica:
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Justifique su respuesta:
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Caso clínico 2
Identificación del paciente
Raúl, paciente varón, con 15 años en la fecha de inicio de la intervención. Cursa 1º de E.S.O. en un
Instituto de Educación Secundaria. Es el segundo de 4 hermanos, cuyas edades son 17, 15, 12 y 7 años,
respectivamente.
El paciente pertenece a una familia de un nivel sociocultural/económico medio. Su padre es mecánico
y su madre dependienta. Son originarios del lugar en el que residen, nunca han cambiado su localidad
de residencia. La madre es la persona con la que se ha mantenido el contacto durante el proceso
terapéutico. Se trata de una persona colaboradora, muy preocupada por su hijo y dispuesta a hacer
todo lo posible por mejorar la situación.
El sujeto cuenta con una capacidad intelectual limitada, con serias dificultades para relacionarse.
Reacciona negativamente ante los refuerzos que se le proporcionan en público y con frustración ante
los fracasos. Habitualmente no presenta una mala conducta, pero en ocasiones es capaz de explotar si
alguien se mete con él o si él cree que lo hacen.
Raúl tiene una relación especial con su hermano de 12 años. Cuando sale, es con éste y con su grupo de
amigos con quienes lo hace.
Análisis del motivo de la intervención
El sujeto presenta conductas de agresividad extrema contra sus compañeros de clase. La frecuencia de
dichas conductas es variable, aunque no ha habido períodos superiores a un mes sin su aparición,
habiéndose incrementado significativamente en los meses previos a la intervención. Durante los 4
primeros meses del curso presentó episodios violentos en, al menos, 5 ocasiones. La intensidad de las
conductas es siempre bastante fuerte y su duración es de aproximadamente 10 minutos en sus
momentos más violentos. Pese a que el centro académico realizó distintas actuaciones con el fin de
reconducir la situación, éstas no tuvieron éxito. Al contrario, la conducta problema empeoró,
mostrándose incluso más violento y amenazando de muerte a sus compañeros. Raúl no muestra
culpabilidad tras sus conductas. No parece consciente de que éstas no son adecuadas ni
desproporcionadas. Según verbaliza, “es lo que se merecen”. Su respuesta no es inmediata a una
provocación. Está un buen rato rumiando lo que le han hecho y lo que él va a hacer y, cuando le parece
más oportuno, arremete contra el compañero en cuestión.
El paciente está siempre a la defensiva y ve enemigos en todas las personas. Se imagina o presupone lo
que están pensando los demás. Cuando cree que algún compañero se mete, o quiere meterse con él,
reacciona con mucha agresividad.
Historia del problema
El paciente tuvo problemas al nacer, con sufrimiento fetal. Empezó a andar a los 18 meses y a esa misma
edad empezó a hablar.
Raúl es 2 años mayor que su hermano, el tercer hijo del matrimonio. Su madre cuenta que cuando éste
era pequeño, sus primos se lo llevaban a su casa y a Raúl siempre se lo dejaban. Esto ocurría día tras día,
hasta el punto que a veces le cerraban la puerta para que no pudiese ir con ellos. Al salir de la guardería,
Raúl solía permanecer solo con su abuelo.
Según nos cuenta su madre, los problemas de Raúl empezaron a los 7 años, concretamente indica la
fecha del 16 de enero de 2001, día en que sufrió una parálisis facial severa, que le dejó el ojo derecho
completamente abierto y la boca torcida. A raíz de esta afección, el niño empieza a presentar problemas,
tanto adaptativos como de aprendizaje. En el mes de marzo de ese mismo año, araña la cara a una niña,
de la cual era muy buen amigo hasta entonces. Tras varias semanas, la madre se entera, a través de su
hijo menor, de que los niños se burlan del paciente. Esto hace que los padres empiecen a buscar ayuda:
- Acudieron a la Unidad de Salud Mental de Castellón, a cuyo tratamiento psicológico el paciente no
respondía, porque “se encerraba en sí mismo, pues no confiaba en nadie”, según manifiesta la madre.
- Acudían mensualmente al Hospital Provincial de Castellón, donde se le realizaron numerosas pruebas
y un TAC en el que se apreció una “pequeña obturación de una vena que riega el cerebro”. Cabe destacar
que desde esta prueba, realizada en el año 2001, no se le ha realizado ninguna otra prueba neurológica.
A medida que pasaba el tiempo, su conducta en el colegio iba a peor. También su rendimiento escolar
se vio afectado y tuvo que repetir curso. Un día, en clase, insultó a unas niñas y tiró todas las mesas y las
sillas del aula. Avisada la madre, se presentó en el colegio y vio cómo había quedado la clase, regañó a
su hijo delante de todos sus compañeros y le pidió que le ayudara a recogerlo todo. Él obedeció y se
avergonzó de lo que había hecho, según cuenta su madre. Tras este episodio, el paciente fue expulsado
del centro durante 3 días, lo que provocó que acudiera a disgusto al colegio y que su comportamiento
fuera cada vez peor.
La evolución de la conducta de Raúl llevó a sus padres a acudir a la Unidad de Salud Mental de Vinaròs,
donde recibió atención psicológica y donde le fue prescrito “Risperdal”, medicación que estuvo tomando
durante 3 años. Dicha medicación hacía que estuviera tranquilo en clase, pero le adormecía y le
mantenía ausente. Ya no pegaba a nadie, pero no seguía el ritmo de la clase ni avanzaba a nivel socio-
afectivo. “Mientras esté tranquilo…”, afirma la madre que le decían en el colegio. Sus padres decidieron
entonces llevarle a Instituto Médico del Desarrollo Infantil.
Dos días después, tras finalizar una clase que había transcurrido sin incidentes, y mientras todos los
alumnos recogían, se encaró a un compañero y le propinó arañazos en la cara, el cuello y el pecho y
golpes en la cara, sin motivo aparente. Mientras la profesora y otros alumnos intentaban separarles,
Raúl estaba completamente descontrolado y gritaba “vuelve a llamarme imbécil”. Tras tranquilizarle, la
psicopedagoga le preguntó por el motivo de esa reacción, a lo que respondió que el compañero “me ha
mirado mal y quería insultarme, pero finalmente se ha callado”. Al mismo tiempo que hablaba con la
psicopedagoga, insultaba a todos los que había en el aula.
Pocos días después del comienzo de un nuevo trimestre, un profesor acompaña a Raúl al Departamento
de Orientación del Instituto. Afirma que nunca le había visto tan violento: le había encontrado
totalmente descontrolado, dando fuertes patadas a un compañero que estaba en el suelo, llorando. Raúl
entró en el despacho verbalizando para sí mismo, sin parar: “Siempre igual. ¿Por qué me tenía que decir
que soy tonto? Estoy harto. Luego lloran. Todos son iguales. Todos muertos. Una bomba, ¡eso tendría
que tirar!”. Mientras la psicopedagoga le tranquilizaba e intentaba hacerle reflexionar, él seguía
rumiando lo mismo, una y otra vez, hasta que decidió marcharse, dejando con la palabra en la boca a la
psicopedagoga.
Desde el Instituto destacan que habitualmente el paciente no presenta una mala conducta. Tiene una
capacidad intelectual borderline, pero se esfuerza por trabajar y por hacer los deberes en aquellas
asignaturas en las que se encuentra a gusto, aunque deja de lado aquellas que le parecen inaccesibles y
reacciona con frustración ante los fracasos.
Hipótesis diagnostica:
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Justifique su respuesta:
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