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Luigi Balsamo
La bibliografia
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3VIII. HACIA NUEVOS DESARROLLOS
Por ahi pasa la esealera espiral, que se abisma y se eleva hacia
lo remoto, En el zagudn hay un espejo, que fielmente duplica
iencias. Los hombres suelen infer de ese espeio que la
cn es infinita (silo fuera realmente, 2a qué esa dupli-
las 9
Biblio
‘acid ilusoria?); yo prefiero softar que las superficies beuiti-
das figuran y prometen el infinito...
J.-L BORGES
Wiscusiones de cardcter tebrico que a comienzos del siglo XIX se dieron en toro
\iefinicin y la fancién de la bibliografia, no estaban relacionadas con el mundo
cstudios. Frente al intenso ritmo que, en un segundo momento, instituciones
inicas y estudiosos particulares impusieron a la investigacién, llegando a obte-
sesultados de gran relieve, especialmente en el campo de las ciencias aplicadas; la
renérica del «biblidgrafo» fue adquiriendo una connotacién distinta, incluso
el rea gecménica. La tendencia a la especializaci6n llev6 a que, particular-
los estudiosos ¢ investigadores, asumieran los cometidos de la actualizacién
| bibliogratica y documental, y resulta curioso cémo sélo entonces —en la seguan-
ud del siglo— se generaliz6 formalmente el uso del término bibliografia como
Ade los repertorios, esto es, con el sentido que, como hemos constatado, desde
tiempo se habia hecho comin en la Lengua hablada.
jecisamente a finales de siglo se puso en marcha una grandiosa tentativa de
jacion internacional, que, a la luz de la experiencia actual, puede parecer
lanco por sa inadecuada instrumentaeién come por algunos aspectos casuales
jariosos de la organizacién. Sin embargo, todavia permanece como testimo-
blematico de la ambiciosa aspiracién a una «memoria» bibliogréfica univer-{180} [LA RIBLIOGRAFIA, HISTORIA DF UNA TRADICION
ble. Me refiero al proyecto del Institut International de Bibliographie de Br
constituido en 1895 tras afios de discusién. El objetivo preliminar de sus
res, Paul Otlet y Henri La Fontaine, era unificar y mejorar las técnicas del
bibliotecario (comenzando por la clasificacién y adopcién de una ficha de
tinico}, con vistas a la elaboracién de bibliografias generales y especiales, st
cas y alfabéticas, que debian conducir a un «repertorio bibliografico universale)
ccuya necesidad declaraban: «hay una perfecta unanimidad. En cambio, so
1modos y los medios, y no Gnicamente de la organizaci6n préctica, hasta al
ponemos de pocas propuestas detalladas~.' En los afios sucesivos siguieron
cigndose estudios y discusiones, mientras se iba constituyendo un fichero cet
llegé a recoger cerca de diez millones de fichas, obtenidas de! escrutinio de
0s y bibliogeafias. Mas adelante, en 1908, se proyect6 una biblioteca c
nacional, que exigfa la colaboracién de eada pais, por lo que, naturalmentey
cil de acometer. Se encontraron obstaculos tanto de cardcter técnico, del
dificultad de un acuerdo —especialmente entre el érea anglosajona y la
tinental— que eliminase las diferencias en los métodos de codificacién y I
de los datos conservados; como de indole politica para obtener la partici
y el apoyo oficial de los diferentes gobiernos.
No menos interesante, aunque también carente de efectos practicos,
proyecto de una «Escuela del libro» (1897), que fue preparado por encal
‘mo Institut International.* Este contemplaba entre las materias de e
Bibliologéa, entendida como ciencia total del libro, subdividida en tres
ria del libro, bibliogeafia (teoria, historia, técnica, literatura de los ee
biblioteconomia. Se podia eliminar asi cualquier residuo de ambigtiedad
esto no ocurri6, debido a la frecuente superposicién que atin hoy se
bibliologia e historia del libro. En cambio, resultaron claramente def
po y los cometidos de los bibliotecarios, y no exclusivamente con respecto
ros, al igual que los de la redefinici6n repertorial de la bibliografia ta
no de la metodologia de la enseitanza y de la investigacién cientifiea
afecta a los historiadores—, como en el plano técnico; por obra, so
Perzholdt y de Stein. La incertidumbre mantenida en la primera érea se
| P. OTLET-H. LA FONTAINE, Création d'un Repertoire Bibliographigque m
Intemational de Bibliogeaphie- Bulletin, 1 (1895), p. 13,
E, LAMEERE - Ch. SURY, Les Ecoles du Live et la eration d'une Ecole du Lina
“lost Intemational de Bibliographic -Bullesins, Ml (1897), pp. 217-244.
sal y unitaria, que, por ello mismo, se considera, 0 al menos se confia que se
i HACIA NUEVOS DESARROLLO [ast]
incia, a la errada aproximacién historiogrsfica al campo de la historia del libro,
Esto se explica porque, ciertamente, la historiografia académica no era todavia
sible a Los aspectos mas complejos y artculados de una historia de la cultura, al pre-
elecer la atencién positivista hacia los acontecimientos y Jos hechos, de modo que
wanto afectaba a los avatares de la produccidn y a las caracteristicas de los libros se
pixnaba al area de las denominadas «ciencias auxiliares» de la Historia. La madura-
Wn de una vision mas organica, atenta al conjunto unicario de las multiples fases de
vida del libro, exigia otros tiempos, que permitieran abarcar con la misma 6ptica las
pas del proyecto editorial, de la impresi6n, la difusin y el disfrute del libro a tra-
tanto del comercio como de! servicio desarrollado por las bibliotecas pablicas. Por
| motivo, atin hoy resulta inadecuada la investigacion historiogréfica de la funcién
Vitucional que han desarrollado las bibliotecas en el Ambito de la difusin cultural,
rcchamente relacionada, obviamente, con las caracteristicas de la produccién de
vos y con las condiciones politicas y sociales de las distintas areas geograficas.
En realidad, los estudios sobre los aspectos tipogrficos los han cultivado, efec-
jamente, bibliotecarios «conservadores», aquellos que se ocupan de libros antiguos
faros y, por ello, han mantenido estrechos vinewlos con la bibliografia tipogrfica
2, con todo, ha recibido un profundo y original desarrollo cuando se han ocupa-
dle ella Los estudiosos que la han orientado hacia el ambito de a filologia moder-
sto ha ocurrido en el érea anglosajona. Y cuando Walter W. Greg afirme que
4 bibliografia es el estudio de los libros en cuanto objetos tangibles. Examina los
weriales que los componen y la forma en que esos materiales han sido reunidos»,!
tesis no resultard nueva, ya que el libro, considerado como objeto y segiin las
jcteristicas de su fabricacién material, ya habia sido competencia especifica de la
iografia de los libreros del XVII. También Boulard y Achard, con intereses no
lusivamente comerciales, habfan llamado la atencién sobre el hecho de que cada
mnplar puede esconder pequetias peculiaridades individuales, que se verifican con
stigaciones y descripciones particulares. Hay cierta novedad, pero reside en el
into objetivo del andlisis y de la descripciGn bibliografica, dirigida, en este caso,
/oporcionar indicaciones tiles para reconstruir ciertas modalidades y vicisitudes
Jn transmisién del texto, que interesan a la filologia. Por ello, el término iblio-
WW GREG, The fomndation of Bibliography is terry crticiom iltated ina stay of the test
iKing Lear, en “Neophilologes>, XVIM 1833), pp. 241-262: 243[182] [EA IBLIOGRAFIA HISTORIA DE UNA TRADICION
-grafia adopta otra nueva acepcién, atin hoy escasamente aceptada en el
curopeo, esa de «estudio de la transmisiGn material de documentos litera
cualquier otro género (textual bibliography).
El Ambito de la «bibliografia» en sentido estricto, o sea, dedicada a los
torios, ha atendido en nuestro siglo a las fuerzas mas intensas y a las
ciones mas profundas que ha provocado el progreso tecnoldgico. La bibl
hha puesto en tela de juicio a causa de su propia naturaleza, ligada en st
al libro y con escasa extensidn a las publicaciones periddicas y, por ello, in
frente a la aparicién de nuevos y diferentes soportes documentales. A veceSy
‘mentacién se ha presentado en discordia con ella, incluso desde posiciones
tuales un tanto ingenuas, por su pretensién de novedad metodoligica.
para los documentalistas, el libro ha dejado de ser el principal punto de
su interés se centra, esencialmente, en los nuevos soportes del registro gr
de el escrito dactilogeafico al diagrama, desde la fotografia al microfilm
cen tipos diversos de documentacién y de «textos», en relacién directa
ciente demanda que provocan nuevas précticas técnico-cientificas, 0
‘mundo de la produccién industrial y de los negocios. Tales materiales im
lidades de tratamiento, con un propésito de informacién y recuperaciOny
de aquellas tradicionales, caracteristicas de la bibliografia y de la bibli
El error inicial de los documentalistas fue, segiin ha destacado Jesse He
haber visto que sus operaciones se fundaban en la practica bibliotecariany
compartian, sustancialmente, la misma finalidad: facilitar al méximo la
puiblica de los documentos graficos. «La clasificacién», afirma S.C,
base fundamental de la documentaci6n», pero recuerda que ésta tiene
larga historia, de la cual las Pandectae de Gesner constituian una etapa, Si
si significativa en los avatares de la organizacién bibliogratica. Desde el
usuarios hay que sefialar una diferencia sustancial entre bibliografia y
cidn: los de esta Gltima resultan ser grupos de téenicos y especialistas
plina, a diferencia del pablico genérico, o también especialista pero,
‘campo de las ciencias humanas, el cual recibia un servicio atin sati
biblioteca y de la bibliografia tradicionales.
'Asi pues, no ha cambiado el concepto de informacin, que ni se
el dato ni con el tipo de soporte, sino que, fundamentalmente, es
tural entre los datos y el receptor/intérprete dentro de un sistema de
dotado de c6digos de transmisién y de métodos de consulta y local
En cambio, ha sufrido modificaciones la forma de conocimiento que
que, a su vez, condiciona la organizacién del sistema mismo, La bibliogialld 9
visto siempre como «conocimiento de los libros», pero ciertamente las distiNtWs
‘mas de ese conocimiento han caracterizado las modalidades de codificaci6n y CO
ricacién de los datos. Lo que esté fuera de discusién es su insuficiencia, didi 4 It
demanda de informacién actual. La respuesta se hace posible sélo geacias a la (6
sologia avanzada, que esta provocando en el campo de la informacién, incluso eh
{ural, una revolucién mas profunda que la que en su tiempo provocé la invencidi
le Gutenberg,
La dimensién cuantitativa ha impuesto también la necesidad de instrumentos
lecnol6gicos que superen las capacidades directas del ser humano. En el mismo émbi
to bibliografico, frente a la entidad alcanzada en nuestros dias por la produccién de
Hibros, se han vuelto problematicos su control y, aun mas, su seleccién. Los datos del
iho 1975 registran cerca de 600.000 obras publicadas en el mundo en un solo afio;
{nfo 6s, mas del doble de las editadas a lo largo de todo el siglo XVI. Pero, a su vez,
jis obras impresas en el iltimo decenio han representado més del doble de la pro-
Ahvccién editorial registrada desde los origenes de la imprenta hasta finales del XVIII,
1 sca en los primeros tres siglos y medio de la edad moderna (y nos referimos tini-
samente al ntimero de titulos, no al de ejemplares).
‘A comienzos de siglo, André Leroi-Gourhan* perfil6 certeramente esta situacién:
La memoria colectiva ha aleanzado en el siglo XIX un volumen tal que se ha vuel-
{imposible exigir ala memoria individual que reciba el contenido de las biblioecas; ha
parecido necesario organizar el pensamiento inerte encerrado en el cerebro impreso de
la colectividad mediante un tejido suplementario, en el cual se proyectase una imagen,
simplificada al maximo, de su contenido. Ante rodo, resultaba indispensable que las célu-
las de este nuevo tejido fueran suscepribles de un ensiquecimiento indefinido y de una
reconstruccién apropiada a cada tipo de investigaci6n sobre el material documental. El
siglo XVIII y gran parte del XIX han vivido atin sobre libretas y catalogos; desputs se
ha legado a la documentacidn en fchas, que se organiza de manera efetiva s6lo a comien-
20s del siglo XX. En su forma mas rudimentatia, se corresponde con la constitucién de
una verdadera y propia corteza cerebral exteriorizada, por cuanto que un simple fiche-
ro bibliografico se presta, en las manos de quien lo usa, a varias clasficaciones: por auto-
res, por materias, geografica, cronolégica.
‘A. LEROLGOURHAN, Le geste et la parole, Technique t Language, Paris, A. Michel, 1964 (tra,
‘win, 197721, pp. 309-310.[184] {LA BIRLIOGRAFIA, HISTORIA DE UNA TRADICION
(o sea, con combinaciones en niimero bastante limitado, que responden a
_guntas poco espectficas).
Esto es ain mas evidente en un fichero de informaciones cientifica, donde
mento de la documentacién, si se quiete, puede estar relacionado con rodos los
Por otra parte, la imagen de la corteza es, hasta cierto punto, ernea, ya que, si un
+0 ¢s memoria en sentido estricto, es una memoria privada de medios propios de
rizacién y para animaela es necesario introducirla en el campo operativo, visual
del investigador.
NOTA BIBLIOGRAFICA
Posteriormente se han realizado otros progresos, hasta legar a las
pputadoras electr6nicas, que son méquinas con una capacidad indefinida para
‘datos que les introduzca el hombre, de modo que, en teorfa, «pueden com \
cl trabajo cerebral de la comparacién. porque entre todas las cosas, en comparacién con ése, lo dems
Estas nuevas dimensiones que en el siglo XX ha asumido la resp no tiene ninguna importancia. Y asi, el que entiende no quie-
Logica inventada por el hombre para satisfacer las nuevas demandas de re una copia, sino la autenticidad de las cosas; aquella es con
dad profundamente transformada en sus caracteristicas sociales, eco
turales, requieren un tratado singularizado, que considere también las BPETRARCA
de un desarrollo posterior. «Suponer», aiiade Leroi-Gouthan, «que en’
proximo no existiran méquinas superiores al cerebro humano para ej
operaciones confiadas a la memoria y al juicio racional, equivak Capitulo 1
lugar del pitecantropo que hubiese negado la posibilidad del bodoque del
y que se hubiese reido de los arcabuces, 0, més aii, en el de un rapsoda ‘Todos los manuales y tratados de «bibliografia» intentan dar al comienzo una defi-
{que hubiese rehusado la escritura por considerarla un procedimiento de sicién del término a partir de su etimologia. En general, la ausencia de investiga-
ci6n sin ningtin futuro». ‘ones historiogrdfieas impide identificar el contexto de los cambios semainticos a los
El progreso tecnol6gico continuaré, al igual que continuaré la |qwe el término ha estado sujeto en el pasado. Ocurre asi que entresacas demasiado
libros y su conservacién junto a los del pasado. Por ello, también la bi parciales en diccionarios 0 manuales de siglos precedentes producen a veces una
practicard, probablemente con formas y modalidades nuevas, con la ayuda Impresién de confusién e incluso el lamento de que no se puede adecuar lo hist
nas cada vez mas perfeecionadas, que permitiran la posterior € mente sucedido a los esquemas presentes, mas racionales. Un ejemplo de entre tan-
inmensa memoria colectiva. Ello no obsta para que persista, en st s puede ser el de una obra reciente, The Function of Bibliography de ROY STOKES
bblema de fondos aquel mismo que Giovanni Nevizzano enuncié hace ya [Aldershot Gowet, 1982 [2.'], 1." ed. de 1969), en cuyo capitulo inicial —«The
cul puede ser el modo més correcto de seleccionar una cantidad tan finition of Bibliography»— el autor toma nota, un poco de mala gana, de que no
puede dejar de lado lo que aquélla ha sido, por lo que es necesario aceptar, en el
lano léxico, la situacién tal como es («es bastante cierto que el término bibliogra-
con todo lo incorrecto y desafortunado que pueda ser, esta aqui para quedarse
hha de aceprarse esta situacién», p. 3). Sin embargo, sugiere, «cualesquiera que
Igual que sucede con los alimentos, para que beneficien a quie-
nes los utilizan, el uso de los libros debe imitarse a la calidad,
frecuencia malsana, y ésta es siempre itil