0 calificaciones 0% encontró este documento útil (0 votos) 143 vistas 17 páginas Calabrese, Omar - Como Se Lee Una Obra de Arte - La Intertextualidad en Pintura
Calabrese, Omar - Como Se Leee Una Obra de Arte - La Intertextualidad en Pintura
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OMAR CALABRESE,
COMO SE LEE
UNA OBRA DE ARTE
\e
moO,
‘TERCERA EDICION
CATEDRA
Signo e imagenDirector de la colecci6n: Jenaro Talens
“ratucon de A lengufe deta ctica dean, Natraleca neta
4 Shpecion dea Anctacion Peps Unter, de La terataldad
eos trbehores de Holbein: Anna Giordano;
‘epresniactn dela muerte
Sy muerte de la representaciin y La quiromancia
de Miguel Angel: Consuelo Vazquez de Parga
© Omar Calabrese
Ediciones Cétedea, 5. A, 1999
Juan Ignacio Luca de Tena, 15. 28027 Madeie
‘Depésito legal: M. 22.358-1999
ISBN: 84.376-1159-8
Printed in Spain
reso en Anzos, S. L.
inlabrada (Madeid)
In
El lenguaje de la critica de arte
\
1, PRIMERA PARTE: PROBLEMAS DE FONDO
Antes de afrontar et tema de cuéles son los instrumentos
gliisticos con que se expresa Ia critica de arte, conviene pattir como
premisa, del esclarecimiento del significado que atribuimos al propio
término, Una opinién comin quiere que Ia «critica de atten sea un
hecho eminentemente moderno, nacido mas o menos en la época de
Diderot (a quien muchos, efectivamente, consideran cl pionero en la
materia pot sus descripciones de los cuadros expuestos én los salones
pacisinos por los artistas de aquel tiempo). En definitiva, Diderot
hhabtia sido el primero en ejercer el eoficion de critico 0 «guiay a la
interpretacién y evaluacién de las obras de arte contemporineas a él;
un officio que, después, se habria desarrollado inioterrumpidamente
hasta nuestros diss. Como corolario, la critica, en tanto que arte de
Ja interpretacién, estaria vinculada'a la extension de un mercado
burgués del arte, a la aparicién de «movimientos» artisticos con
pottica concreta y vocaciéa de militancia cultural, y, por fin, a la
Wvulgacién del producto estético en las culturas que desde finales del
siglo xvia podemos empezar a definir, con mayor o menot exactitud,
«de masas» (por lo demés, el «csiticon comienza entonces a influit en
las piginas de los cotidianos y de los periédicos que, precisamente,
se configuran tal y como los conocemos hoy ai acabar dicho siglo).
‘Tal significacién, sin embargo, no convence a todos. La prucba
de ello es que, al menos en Italia, existen programas de ensefianza
veniversitaria dedicados a la critica de arte y 2 su historia que no se
circunseriben en absoluto a la interpretacién del arte moderno y con-
7La intertextualidad en pintura.
Una lectura de los Enbajadores
de Holbein
1. PReimawanes
Gencralmente esté ya aceptado que un texto! no consiste simple-
mente en un efecto de sentido global 0 en Ia sume-de los efectos de
sentido locales que produce, sino que ésté constraido segin una
maquina que regula en un nivel mis profindg la arquitectura inter
;. En donde por warquitectura interna» deberemos entender no sélo
Ja orgenizacién del texto en si mismo, sino también la relacidn entre
modalidad de ptoduccién del texto y texto mismo, y. la selacion
‘entre texto y lector abstracto 0 empiric pot él previsto’, Por tanto,
el primer corolario de tales consideraciones es el de que un texto debe
contener en su interior fas trezas de su miquina comunieativa y, por
tanto, contiene de hecho la ex
Tomo la nocién de testo de las tora tents covsenes,ente las cuales U. Boo,
Lata in fete, Barelona, Lamen, 1987. VE. Drseler, Einfthue, die Texting
Niemeyer, ‘Tubingen, 197% T. A. van Die, Texto y tentento, Madd, Citeden, 1998.
CSegee, weston, et Zepeda el 1982.
*'Dejo completamente indecia In eleecion ente one teria intespctativa de texto
generative on la segunda ees claro que abszeeto ext nec en
fs una especie de sie mente; en cambio, en la prety lector
: sign ie a nm ce i
lector empitices La opasicign entre teoriatgzeimaginae del texto narative y as i
ss dle Eco (Leer, ct) ex en exe punto bnatante radi
29“abstractas (reveladas o implicadas) sobre su propia generacién o sobte
su propia interpretacién?.
Peto si con esta perspectiva nos detenemos a pensar en el signi-
ficado de las afirmaciones precedentes en cl dmbito de los textos
pictéticos figurativos, observaremos en seguida que una meciniea
teansposicin de las modernas teorias textuales, de la actividad verbal
a la actividad pictériea, puede resultar metaforica c imprecisa. Fa
efecto, ea la pintura la rclacién entre teoria de ln construcciéa de un
texto y texto realizado pareceria, al menos cualitativamente, mis com-
pliceda. La sazén reside en dos constataciones incluso banales:
@) sabemos que la pintura figurative, a partic del siglo xv y desde Ia
invencién de la perspectiva, tiende’ a definitse como wicdnica», es
decir, como fandada en un contrato comunicative que presupone la
adherencia de’las cosas, representadas a las cosas del mundo (y poco
importa por ahora preguatarse si esto depende o no de la natutaleza
de tos ilamados asignos icénicoss)*; 6) Sin embargo, at mi
po, el diconismo» de Ja pintura —es decir su efecto de objetividad—
depende de técnicas coincidentes con un maximo de absteaccion
(reorias geométricas, teorias de Jos colores, etc.). En otros términos,
cuanto mis se busca un efecto de verosimilitud, mas se debe recuzrit
un maximo de artificio, que ademas, para pasar de «norma» a «uson,
requiere un fuerte adiestramiento téenico. Los dos ptincipios apenas
expuestos implican al menos dos corolarios: a) en la pintura figurativa
las teorias de la representacién cstin neccsariamente escondidar en el
texto, porque exhibirlas explicitamente sigaificaria exhibir un conflic-
to entte prafimdidad de la pintura (espacio maimético) y superficie de la
pintura (espacio de Ia, actividad pictésica) que pot norma debe en
cainbio evitarse; 4) en la pintura figurativa nos parece por tanto que
debe presuponerse la existencia de un espacio de la teorfa que a veces
‘esti expresado fisicamente (el pintor, por ejemplo, «pseparay el cna-
dro 0 lo dibuja o lo ciccunseribe, ete.), La demostracida de cuanto
estamos diciendo es evidente, por oposiciéa, si pensamos en la pro-
ducciéa de arte de vanguardia: cuando las teorias se tornan explictas
2 basen texto, peso obligan a la renuncia de la figuracién verosimil
© incluso, 2 menudo, a Ia tenuncia de In profundidad. Obsérvese de
Nocvierente topo
i, Barcelona, La
esc, Ati fiat gua,
Srcioas, J. Courts, Senuiien Diconari ragmado de eter deb
05, 1982, ad rn
asada que lo que estamos tlamando «espacio de la teorian no coin-
cide més que parcialmente con la puta’: en efecto, la poética englo-
ba también los sujetos «verosimiles» representados, mientras que, en
inestro caso, nos estamos limitando # la reflexidn sobre aquella parte
que concieme @ Ie consideracin de las pinturas como maquinas
abstractas,
‘A partir de estas primeras notas nos parece que es posible disefiar
uuna.especifica funcion para la semidtica aplicada al campo del arte
y en el caso en estudio de la pintusa figurativa. Mientras que disci-
plinas mis tradicionales como la historia del arté en sus diversas
escuelas, como la iconologia 0 Ia sociologia del arte, orientan su
intervencién en dreas como en la de Ja datacién, de ta inclusion del
objeto individual en una serie historica, de la lexicalizacion de sus
partes, de Ia relacién entre artistas y pablico empfrico, ete,, disciplinas
més abstractas como la semistica tienen la posibilidad de analizar los
objetos figurativos como objetos teéricos, dotados de propios y es-
pecificos ‘medios metalingdisticos. Ademis debe observarse que el
estudio del arte aplicado a sus objetos ceéricos (repetimos: objetos
que por el solo hecho de estar representados implican una teoria
autorreflexiva) conlleva al menos un cambio de perspectiva-cn el
campo de la semidtica del arte, asi comio éste ha venido manifestin.
jose hasta ahora®. Bs decir: el o de vista obliga a
cindir definitivamente de la posible tentacién de entender Ia semidtica
del arte como disciplina auténoma y totalizadora. Por un lado existe
Ja semiética con sus principios modeladores y por otro una geografia
© una cartografia de abjetos tedricos especificos. El objeto de inves-
tigacion se desplaza de la biisqueda de la teorfa semiética del arte en
su conjunto a la bisqueda de los lugares de las teorias,
Dicho esto, se puede sugerir que, en sus inicios, de alguna manera,
se facilica la constraccién de una geografia semejante. Si es ciesto que
toda obra figurativa contiene obligatoriamente las teorias que la
fundan, entonces también es verdad que existen obras, aunque sean
en niimero més exiguo, que son mas tedricas que otras y que incluso
estin destinadas, a veces explicitamente, a ln reflexion sobse los
de su construccién, Entre las obras que acaba-
, clegiremos para un anélisis-muestra los
Embajadores de Hans Holbein cl joven, obra ya definida de la misma
hie eficco al abundono del concepto de wetpecifcas lengusjes actisticas, hoy defi--
kivamente efeeeuado por ejemplo por eaudiosos de ane como lot reunides en el Cercle
Histoivebare de Tact del EHLESS. de Pais
31manera también por I rin tradicional’ y que equ nos seit ran
srucba un especifico principio de coherencia textual, el que
rerimids oe dete como wanereteaiiah® El objetivo dele
investigacion es el de verifier In existencis de expecitics modes
de manifestacién pietorica de Ia intertextualidad; 4) si y cémo ke
intertextualidad en la pintura no es simplemente un reticulo de efuen.
tes» més o menos explicitamente evocadas por el texto, sino que
también puede constituir, por medio de oportunas operaciones, un
principio de arquitectura del texto. Sin embargo, antes de proseguit
€s conveniente anticipar algo sobre el método empleado.
LA INTERTEXTUALIDAD
a noci6n de «intertextualidad» proviene de diferentes campos de
semidice Hera, y de odinai, define un cojunto de eapachades
presuatas en el lector y evocedas ms o° menos expleitamente en un
texto, que conciernen a algunas historias condensadas, ya producidas
«en wna coleors por pare dé algin autor (0 mejot a, de algin texto)
precedente. El «intertexto» de una obra viene a sex asi el reticulo de
lamadas textos © a grupos de textos precedents construlo pra
al doble objetivo de It inteligencia de Ia obss individual y para la
produccion de efectos estéticos locales 0 globales. La nocién de
ertextualidad generalmente ya esti aceptada pero en el mismo
Ambito literario quiza s¢"ha vuelto una nocién-paraguas, de Ia que ya
son necesarias ultetiores especificaciones para hacerla salir de lo des-
criptivo genérico. La intertextualidad, efectivamente, funciona segiin
mecanismos también muy diferentes entre ellos", Gérard Genevte,
\
véase i wsentida en l volamen Hl fgeae
eI Se ACE ivi yopretos ellos yfllopese de HW. Grob, Mla,
i concep ea de, Gee
once de wes “ eS Gente
limps Dest re, Mod, Tae, 19897 dlp "
1 Nabe Pay Sa BTR yn sneer! eterno
G. Mine Leah i ere in, Epc gre sie,
refaemen D8is M bin seoblnn thts, Uae Prt, 0 GSTS),
Ride I Tierente Ls Pans acer (960) 9 Le produ de tt,
Pals, Seal, 1979;
soatiene uma poscton completamente esp
por lo que reaped a lose
nd)
niacin ue plo so del conse pee fects de seni ey
iverson Cf, por efmplh, la divetsidad de le ponencias sobre el tena presentadss en
Congreso nacional del AIS, Como, 2-23 de octubre de 1982
2.
por ejemplo, ha mostrado una tipologia de aquélla, a la que él
propone llamar sranstextualided, que comprende cinco diversos mo-
delos: el infertexto propiamente dicho con sus variantes de Ia cits,
alusién y plagio (pero mejor seria traducir: acaleo»); el paratesto, que
consiste en el aparato que rodea al texto (aotas, titulos, subtitulos,
patégcafos, bibliogral lice); el metatexto, hecho del ‘conjuato de
indicaciones metalingiiisticas concetnientes a los textos citados y al
texto en acciéa; el arshitexta, que es el conjunto de las propiedades
de género, conteactualmente instituidas por el texto; el hipertexio,
constituido por mecanismos tipologicos de transferencia, como suce.
Primera: competencia sobse.cl_génsun.tetraxo~(nersanajes en pose,
Bek
definidos por las posiciones.de los brazos.y.de las piernas_y
alrada disigida,hasia.cl espectadoy). La segunc
# compelencia sobre
iclinid 68 por wer'sts:
5 Coilio 68 tajes, etapa, eT
feima dé Bbjetos cial
lac ‘Tos“objétOs Sobre Ia mesa), ‘La tercera: Competencia sobse,
1ato'de conte (pirecido'y minuciosidady. Poros
Ghiitibiye un primes nivel odpice representable
en la oposicid
eidético vs no cidético
donde todo el cuadso acaba situandose en el polo del eidefsmo en
contraposicién con Ia figura en primer plano que es no eidética. Sin
embargo, la oposicién no puede permanecer estable. Precisamente la
fuerza y Ia globalidad del aspecto cidético de todo eI cuadzo obliga
buscar la regla de transformacién de aquella tinica figura ao eidétien
fn uns figura cidética. El chogue entre las figoias es un chogue entre
formas que aparecen y que pueden sex 0 no ser lo que parecen y
tuna forma que no aparece y que puede set y no ser: por tanto, entre
formas que pueden resultar verdaderas 0 falaces y una forma que
pede rtultarfls 0 Secreta. Bn térinos de modaldades veriicis,
acid ¢s cxpresable como un contraste siciones
ineror del cuadado de la veriicion™s PonSiones em
verdad
no-parecer no-ser
falsedad
4, PRIMER ESTADIO: EL SECRETO
Jurgis Baltrusaitis, en su intachable anilisis de la obra de Holbein,
insiste en el aspecto teatral de la manifestacién del secreto, Dice
Baltrusaitis: «El Misterio de los dos Embajadores se compone de dos
I primer acto comienza cuando el visitante entra por la
puerta principal y ve frente a si, a cierta distanci
los dos sefiores
® Che A. J, Greinas, J. Coucié, Seti.) ic
ties 4, Siig. et, bajo b vor «Ve
38
que destacan en el fondo de Ia escena Queda asombrado por su
actitad hieritica, por la suntuosidad de! conjunto y por el realismo
intenso de la représentacién, Sélo un punto lo turba: el extraio
objeto que ve inmediatamente a los pies de los dos personajes. Avan-
za para ver las cosas més de cerca: el caricter fisico, casi material, de
Ia vision cumenta mis ain cuando se acerca, pero aquel objeto
‘especial sigue siendo absolutamente indescifrable. Desconcertado, el
visitante sale por la puerta de In derecha, Ia nica abierta y llegamos
asi al segundo acto. Cuando est a punto de penetrar en Ia sala
contigua, vuelve Ia cabeza para dar una iiltima mirada al retrato y lo
comprende todo: por la improvisada contraccién visual la escena
desaparece y sobresale Ia figura escondida. Donde antes todo era
esplendor mundano, ahora ve una calavera, Los dos personajes, con
su aparato cientifico, se desvanecen y en su lugar nace de la nada el
signo de la Nada, Fin de la representaciént
Por tanto, una calaxera, que-ann2-visidn unormabs-(ortogonel-al
cugdrO) esti-oculta-y-que.se xevela. 0 desvela s6lo-en
(Gamaticy Byienetoreg. Por tanto la natralera mucrea
represtiifada ena melts
te, para indicar su maje
poder. Este poder suyo se basa a su voz no en elementos
s, sino en, ta_ciencia, BL figura. sommn new
mente, este nivel
arquitectura del saber thoderng, Pero, natui
SoU TE Rsinpada tambien de indicios que confitman cl nivel pie
cedente, el de la personajes. Efectivamente hay que
recordar que precisamente en_cl cuadivio s¢ habia educado Jean de
Dinteville amante especialmente de fe ATE Ge le pintiay AIEEE
“AE CTT Muy dotado en ka astro: eis matematita’s” Pero hay
que afiadir, adem: 1 padre de Jean, Gaucher de
jonales también nuevas discip!
j6n del saber no se concluye en abs
ui, Otras citss en el texto 0 encajadas 1
inducen a profundizar por un momento en el tipo de metétora de la
cicncia y de a cultura is por Holbein. Primer cita: en el
mapamundi de Schner son perfectamente visibles unas naves que
ato
estar hacie jo del globo. Se tinta de la expedicion de
CMlagallanes, ida con la muerte del-mismo, pero también
a demosteacién de quc la - Los globos
son dos, uno terrestre y otto
te. Por qué dos? Pues bien, en
45este fatidico 1533, en Roma, delante del papa Clemente VII se m:
io para exponer las teorias de Nic
Copérnico, convencido defensor del heliocentrismo contra las anti-
guas teorlas geocéntricas. Para. el seminario. se utiliza una obrita
inédita del astrénomo, el llamado Commentariolus, escrito en realidad
ya. desde 1512 y més tarde puesto en circulacién entre los amigos
estudiosos, Batre estos amigos est también Nicolis Kratzer, mate-
mitico y astrénomo de Nuremberg que se habia transferido a Lon-
dres y amigo de Tomas Moro y de Erasmo de Rotterdam, a su vez
grandes amigos de Holbein. Holbein y Kratzer se conocen y sim-
Patizan, como esti testimoniado por el retrato de Kratzer realizado
ia casi seguramence al menos las ideas
de Copésnico y quiza habia leido su opiisculo. Del retrato de Kratzer
deducimos también que gran parte de los instrumentos cientificos del
plano superior le pertenecen (cto sobre cinco) psspesnlmente np
rgrisimo, el forguetum 0 gonidmetro, abia hecho famoso
por Nicomis de Cui
y de las estrellas, habia revolucionado la astronomia precopernicana
eliminando de la disciptina las nociones de «alto» y «bajo». Ahora un
extrsordinario fresco cientifico se presenta a auesizos ojos, porque
4 través del complejo sistema de citas y de citas en las citas vemos
retrato toda la serie de nombres del muevo humanismo
He-un alserior seoteio Bs, nada.menos- utero, que aflora
défibro de los canticgs que ye hemos, observado, Las paginas abier-
(Ge hospedan, de-hecho, dos cores Tuteranas; le primera estrofa de
Kon, heyliger geyst, berre Gott y el inicio del himao inspirado ca los
diez mandamientos Mensch,.williy leben selighich,
Por-tanto lasRéforma cientifigy también oxen eligi
Ja primera, como hemos visto, s¢ refiere tambien ila biografia de
sh Ja segunda pertenece a la de Georges? Bfectivamente cLahispo
‘eiiSlice pertenece al ala liberal de BTglesia, y anova ahicwamentela,
ies de ung reeBWENAGiit cntre as Sectas y-Ia plesiay, en segunda
tancia, Ja mignslieacitn- del cpiolicigman Precizamente dees
‘Gs ou escrito Remautranres addressantes auce- Alemans faictes ob. mises pat
sscrip! par Georges ane ie la
Seloe, que prensiaiieis Ia Contrarreform:
Gial, gin’ émbargo, €l obispo no vera ‘el comienzo, porque moriti
cuatro afios antes, en 1541 (¢l Concilio de Trento es de 1545).
Por tanto hemos asistido a la revelacién de una nueva cadena de
conewiones todas ellas.traidas por las citas. El-mecanismo de homo:
logacién de tales citas parece mas bien interesante. En efecto, se
observara que Ia isotopia de la cultura (y de la cultura eprogresivan)
46
funciona a dos niveles, uno genético y otro especifico. El nivel
genérico s¢ vale de una uniformidad retérica: las cites de obras de la
cultura valen como sinécdoque gencralizadora, es decie sc homolo-
gan, ya oe Son PARES park UA TOYS (er mapaineltal pare te astro
Homi; et ibro de cnticos para la religion, el laid para la misica,
érera; ademés: los dos jundi para Ia astronomia moderna,
el viaje para la geogratia
experimental, etc.) Sin embargo, bajo el nivel genérico hay vin nivel
especifico representado por Ia aparicién de determinados autores:
también aqui tenemos una serie de singcdoques generalizadoras que
remiten de la obra al autor de la obra, En fin, a través de las
sinéedoques poseemos la represenrac bres propios. La co-
nexion de ciencias y nombres propios de cientificos funciona como
una verdadera poética 0, al menos, como una declaracién de tenden-
cia, La base intextextual se torna asi también metatextual. Una thima
‘observaciéa merece finalmente el hecho de qué la sucesiva manifes-
tacién de isoropias ocultas en el nivel precedente hace salter las
formas del cuado de un lado a.otro de la oposicién, entre mentira
y secteto: la revelaciéa de una isotopia udetsis des una precedente
apariencia sensible encaja ua secrero dentro del tro, pero acaba
tzansformando lo que antes parecia secreto en una mentita respecto
al nuevo secreto. Esto sucede también en nuestro nivel repentina-
mente superado por el descatte de un nucvo concetivo, el conjunto
de los objetos cieatificos sobre la mesa.
7. CUARTO ESTADIO: LA AMISTAD
Una erie de personajes, itustres, mensajeros de la modernidad,
tiominados, por tanta liberales. Dos de ellos estén sicamente pr
sentes en el Cuadro, los otros estin citados, de diversas formas, ero,
precisamente ectuado mediante singedoque
gsnczalizadoral(unobisie.para, su onesopl os iaace a ver cn ef
Interior del efredlo de sabios'a lod que texto slude, también an
segunds circulo mis resttingido, un circulo de amigos, de los que
estin retratados normalmente, uno (Holbein) retentista y signatacio
4a izquierda en la sombra y otros tres diversamente presentes en Ia
obra, Nicolés Kratzer, de hecho, esti él mismo retratado: los objetos
cientificos 301 CHET Todos suyos y ya estin presentes cn el retrato
de GERI reresto por objetos y no por persona fisica se tomnard en
ln época de la natoraleza muerte casi canénico, por ejemplo en la
forma del «rincon de, estudio» en el chal estin amontonados los
jetos personajes del ue en el etrato quiere manifestarse ocultando
a7sus propios miembros. En fin, los Embuadores es ua setrato de grupo,
retrato de amistad, en el cual también Holbein esté presente no
s6lo con Ie firma sino con fa autocita (el retrato de Kratzer, pero
también un ulterior retrato de Dinteville esbozado y en el cus
Ja obra posterior Hoybre cou laid). Mas si éste es un reteato de
amistad, ottos dos personajes irrumpen aunque sea secretamente en
Ia escena: Tomas Moro’ y Erasmo de Rotterdam,
En efecto, es justamente Beasmo el inspizador de este gé
tetratos, como se puede argiit por la serie de cartas entre
holandés y Moro, en las que Exssmo presenta Holbein al Canciller
J Te aconiseja que lo emplee para los retratos que le enviar’ como
recuerdo amistoso, tal como él mismo ha hecho y hata sespecto a él
En ciianto aMoro) «como es posible no ver en este retrato miltiple
una proyeccién de las ideas de ha TepUDNER Te Tos i
LT horal, una proyecci6n de Utopia? Estamos en presencia de lo que
senette rtextoy.es decir transferencia de la estructura
genetal de una obi t~otra. Erasmo no puede estar fisicamente
presente: se sospecha su presencia. Moro tampoco: esti en Ia circel
por no haber quérido someterse a la imposicién de Enrique Vil de
bendecit su divorcio de Catalina de’ Aragén y su sucesivo matrimo-
rio con Ana Bolena que se celebta, como sabemos, en este fatidico
aiio 1533. Holbein, amigo de Moro, habia esperado que le presenta-
ran al rey durante su precedénte estancia londinense en los afios 20,
precisamente por aquel entonces Canciller. Pero Moro se halla en
desgracia y Holbein en su segunda estancia logea su propésito pre-
clsamente por'la intervencion de Jean de Dinteville, que lo presenta
al rey y que lo transforma en pintor oficial de la corte. En este mismo
aio 1533 Holbein dibuja él arco de triunfo para la coronaci6n de la
nueva teina. Bn 1536 llegarf a ser pintor personal de Enrique VIII,
con la temuneracin de treinta libras al afio. Tseinta denatios, si
quetemos,
Por tanto Erasmo y Moro se mantienén secretos por motivos
de conveniencia, peto estin presentes en el retrato de amistad para
coronar un quintero extremadamente acorde. Y estin presentes,
como veremos, también por ottos detalles, que pettenecen a ulterior
capas del secreto del cuadro y que aqui no ¢s oportano todavia
revelar.
Sin embargo, es conveniente observar ya desde ahora, que con el
‘euatto estadio recién descrito el retrato comienza no sélo 4 especificar
cada. vex més los niveles de sentido ocultos’ en su propio iaterior
jugando todas las formas en la oposicién secreto/mentira, sino que
casi clasifica los potenciales secreios en al menos tres direeciones: la
0 de
48
;
de la historia (identidad hist6rica de personajes cuya re-
ptesentacién esti motivada por un secreto); la dimensi6n de la filo-
sofla (identidad cultural de las formas tepresentadas que ocultan
secretos espititvales); Ia dimension del aite (identidad figurativa de
formas que ocuitan los secretos figurativos). La primera dimension
se profundiza ulteriormente 2 partir de otro conectivo, el pavimento
de la estancia,
8. Quinro ESTADIO: LA POLITICA
Es 1533 un aflo fatidico, aguncio de moderidad, fin del mundo
del saber medieval, fin del mundo politico de Ios grandes imperios,
inicio de las revoluciones nacionales modernas. Bl cisma anglicano,
con su espectacular momento en el divorcio y en el segundo matri-
monio de Entique VIII, amenaza caer sobre Europa como evento
dramético. Francia es catélica y por tanto aparentemente vinculada
ala Iglesia de Roma, Pero Francia esti asediada por Carlos V y Fran.
cisco I sediento de revancha después de la derrota de Pavia. justa-
mente ef este 1533 Jean de Dinteville, hombre diplomitico de ma
ximo rango, es caviado a Londres.” El tetrsto lo atestigua: el
pavimento de Ia estancin en la cual posan Tos 68 ig 5 una
sopia del_pavimento de la Abadia de Westminster, sftibolo mismo
de ii Tala faglaterra politica y teligiosa- Sobre este mismo pavimento esti
Georges de Selve, nuncio vaticano, cumbfe diplomitica de la Iglesia.
Por tanto, va a Westminster, no en privado a visitar al amigo de
Dinteville. El secreto del cuadto se hace sccréto'de
bajadores no son simplemente dos amigos de aquelle profesion, sino
embajadotes:en el acto de su mision secteta. Una vez mas es
vuna Hamada’ Ia competencia intertextual la que nos da la clave de
lectura: Ja cita de oto texto visivo. Las embaiadores en Londves
intentatin_una dificil mediacién politica: cvitat, le tuptuca
“terra con el fin de debilitar al emperadot cada vex mas agresivo, sin
con St Feniaclar AREAS UE piltcipio. Mibion elicada, cast
imposible. Trama sutil, ptesta a romperse con el minimo golpe de
viento. Y la trama probablemente se compe. En el cuadro hay dos
indicios para decimoslo, dos elementos simbélicos de doble y super:
puesta intexpretacién.
Plano bajo de la mesa. Hay un I
niece probablemente a Jean de Dintevill Gd de dicz cuerdas
tiene una cucrda partida: Ia armonia de Dinteville se ha roto (y entre
otras cosas también su salud, si deberi aGirmar posteriormente que
en los ocho meses de permanencia en la capital del ‘Tamesis, no paso
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