La búsqueda de gaia es el intento de encontrar la mayor criatura viviente
de la tierra; la búsqueda de gaia coincidió en la fecha con los planos de la
nasa, el libro esta homenajeado a la expedición marciana realizada por los
2 vikingos mecánicos, el autor se sentía cautivado por estar presentas en
las reuniones donde se discutía los planos de marte.
Se formuló algunas pregunta de ¿cómo es que unas pruebas hechas en la
tierra nos demostraran que existe vida en marte? Algunos de sus colegas
aun entusiasmado al preguntarle cuales serían sus respuestas no le
prestaron mucha atención pues el propuso en preocuparse en la
disminución de la entropía. La entropía es casi sinónimo de desorden. A
pesar del rechazo la idea se implanto en él, y cada vez fue madurando poco
a poco, hasta que con la ayuda de algunos colegas (Dian Hitchcock, Sidney
Eptonn, Peter Simmonds y especialmente Lynn Margulis) se pudo plantear
la hipótesis del cual es tratado el libro. Confió en que encontraría
información de la vida en libros científicos, pero para su sorpresa había
escasa información de ello, incluso ni siquiera se hablaba del punto principal
“la vida”.
Algunos biólogos pueden pensar que el proceso de la vida queda
adecuadamente descrito mediante la expresión matemática de conceptos
físicos o cibernéticos. La causa de que los científicos tengan diferentes
suposiciones, la causa de nuestra cerrazón es que entre nuestros instintos
heredados hay ya un programa muy rápido y eficiente destinado al
reconocimiento de la vida, una memoria "readonly". Nuestro sistema de
reconocimiento automático de lo vivo parece sin embargo haber paralizado
la capacidad de pensamiento consciente sobre qué define a la vida,
continúa incontestada la pregunta de cómo definir la vida en términos
cibernéticos. en aquel siglo algunos físico(Bernal, Schroedinger y Wigner)
intentaron definir la vida, llegando a una idéntica respuesta: la vida
pertenece a esa clase de fenómenos compuestos por sistemas abiertos o
continuos capaces de reducir su entropía interna a expensas, bien de
substancias, o bien de energía libre que toman de su entorno,
devolviéndolas a éste en forma degradada. Resulta evidente que esta
definición es aplicable a los remolinos de un arroyo, a los huracanes, a las
llamas o incluso a ciertos artefactos humanos como podrían ser los
refrigeradores.
Marte carece de océanos. La vida, de haber aparecido, habría tenido que
hacer uso de la atmósfera o estancarse. Al poner a prueba la idea de
experimentar que clases de pruebas se pudieran hacer para encontrar vida
en marte pero poniendo primero como sujeto de prueba nuestro planeta.
Los resultados obtenidos fueron: la atmosfera de la tierra altamente
improbable, simplemente es causado por la manipulación diaria de la
superficie y que el agente manipulador era la vida misma. En conclusión se
puede verificar la existencia de la vida, haciendo prueba de los gases
atmosféricos que tienen dicho planeta.
Aunque estaban a mediados de la década de los 60 sus hallazgos fueron
impresionante, y fue publicado, diciendo que la atmósfera de marte solo
existía dióxido de carbono, el planeta rojo era un planeta muerto, estas
fueron muy malas noticias para quienes auspiciaban la investigación.
La utilización del análisis atmosférico para la detección de vida, reside
naturalmente en la idea de que la atmósfera podría ser una extensión de la
biosfera. Al trabajar en un nuevo entorno intelectual pude olvidar a Marte
y concentrarse en la Tierra y en la naturaleza de su atmósfera. El resultado
de esta aproximación menos dispersa fue el desarrollo de la hipótesis; No
es distancia pequeña la que separa el sistema plausible de detección de vida
y la hipótesis según la cual es la biosfera. La composición química de la
atmósfera no guarda relación con lo que cabría esperar de un equilibrio
químico de régimen permanente. Fue William Golding, el escritor, vecino a
la sazón, quien solventó felizmente su carencia de nombre. Recomendó sin
vacilación que esta criatura fuera llamada Gaia en honor de la diosa griega
de la Tierra, también conocida como Gea.
Dio a conocer mediante una jornada científica los orígenes de la vida en la
tierra pero los únicos interesados fueron Lars Gunnar Sillen y Lyn Margulis.
La hipótesis Gaia es para aquellos que gustan de caminar, de contemplar,
de interrogarse sobre la Tierra y sobre la vida que en ella hay, de especular
sobre las consecuencias de nuestra presencia en el planeta.
Por la edad de nuestro planeta sabemos muy poco de la vida que se originó
hace 3 eones, la secuencia de acontecimientos conducen a la formación del
primer ser vivo, tenía casi todo en contra. La vida era, pues, un
acontecimiento casi completamente improbable que tenía casi infinitas
oportunidades de suceder y sucedió. Para responder algunas curiosidades
de la vida en la tierra, es prudente saber el origen de la tierra, pues esto se
debió posiblemente a una supernova que dio origen a nuestro sistema
solar. Lo más raro quizá sobre nuestro planeta es que consiste sobre todo
en fragmentos procedentes de la explosión de una bomba de hidrógeno del
tamaño de una estrella. La vida empezó probablemente bajo condiciones
de radiactividad mucho más intensas que las que tanto preocupan a ciertos
medioambientalistas de hoy.
Es probable que, hace eones, Marte, Venus y la Tierra fueran planetas ricos
en moléculas de metano, hidrógeno, amoníaco y agua a partir de las que
puede formarse la vida. La atmosfera fue testigo del comienzo de la vida, el
átomo de hidrogeno es el más pequeño de todos y por lo tanto a lo que se
refiere a velocidad siempre es el más veloz y más ligero. La historia del clima
de la tierra es uno de los argumentos de más peso en favor de la existencia
de gaia; además se sabe que el clima no vario mucho desde hace más o
menos 3 eones. El clima, hablando de las edades de hielo solo afectó al 30%
de la superficie terrestre y solo afecto a la flora y fauna. Se ha comprobado
que nuestra estrella a aumenta su energía radiante en un 30% en los
últimos 3 eones. Aunque si solo el sol fuera el causante de proporcionar
calor a nuestro planeta; pues nuestro planeta hubiera estado en
congelación el primer eón, se descubrió que el metano y el dióxido de
carbono ayudaron a encarcelar la energía solar, y así manteniendo una
temperatura más estable para la vida, es por eso que también son
conocidos como gases de efecto invernadero. Además, 2 científicos
sugirieron, que en épocas pasadas la tierra era de color negro, y por ello
atraían más la luz solar.
Es factible creer que la vida surgió en el agua, mares, ríos, etc. Al formarse
la primera biosfera, la forma de la tierra empezó a cambiar, fue hasta que
se empezaron a acabar los suministros de alimentos cuando apareció la
relación de depredador-presa. El carbono e hidrógeno descendían en forma
de detritos orgánicos, esto estaban formados por la circulación cíclica, estos
se unían con algunos compuestos orgánicos y otros gases, como es del
hidrogeno que se unía con el oxígeno para formar el agua y otra parte del
hidrogeno escapaba de la atmosfera terrestre. Al desaparecer estos gases,
disminuiría el efecto invernadero.
Sagan y Mullen han propuesto que quizá fuera la biosfera la encargada de
mantener el status climatológico aprendiendo a sintetizar y a reemplazar
el amoníaco que utilizaba como nutriente. Si esto es verdad entonces fue la
primera tarea que tuvo gaia. La auténtica historia de aquellas épocas no se
sabrá jamás, y todo lo que se puede hacer es suponer basando en las
probabilidades de que el clima nunca fue un obstáculo para la vida.
En el cuaderno parte 3
La manipulación genética de microorganismos en beneficio de la
humanidad ha sido una actividad a la que muchos han dedicado su tiempo
y su talento.
El código genético de la vida real, ese lenguaje universal que todas las
células vivas comparten, lleva inscritos demasiados tabús para que algo así
pueda suceder, sin contar con el complejo sistema de seguridad encargado
de que ninguna exótica especie proscrita crezca por su cuenta hasta
convertirse en un floreciente sindicato del crimen. A lo largo de la historia
de la vida y a través de innúmeras generaciones de microorganismos, han
debido ser descartadas grandes cantidades de combinaciones genéticas
viables.
Fue Norbert Wiener, el matemático norteamericano, quien puso en
circulación el término "cibernética”, para describir la ciencia que estudia los
sistemas de comunicación y control autorreguladores en los seres vivos y
en las máquinas, la función primaria de muchos sistemas cibernéticos es
mantener el rumbo óptimo a través de condiciones cambiantes para arribar
a un puerto predeterminado. El mantenernos derechos hasta cuando nos
empujan o la superficie en la que nos sustentamos se mueve, como sucede
en un autobús o en un barco; la capacidad de andar o correr sobre terreno
irregular sin caer; el que nuestra temperatura corporal se mantenga dentro
de unos estrechos límites con independencia de la exterior, son ejemplos
de procesos cibernéticos, son procesos únicos de los seres vivos, es gracias
a los sensores nerviosos que poseemos en nuestra piel y/o órganos , el
cerebro proceso toso un caudal de información para mantenernos en
equilibrio.
Como los seres vivientes, buscan la perfección y se acercan a ella, pero
nunca la alcanzan del todo. La realización correcta de cualquier actividad,
ya sea cocinar, pintar, escribir, andar o jugar al tenis es siempre un asunto
de cibernética. En todas estas actividades intentamos acercarnos lo más
posible a la perfección, cometer el mínimo número de errores:
comparamos nuestros resultados con este ideal y aprendemos por
experiencia, esforzándonos continuamente por mejorar hasta sentir la
certidumbre1 de estar tan cerca del óptimo como nuestras aptitudes
permiten. En la década de los treinta, ya se utilizaban técnicas cibernéticas,
aunque los hombres y mujeres que las empleaban no fueran conscientes de
ello. Los ingenieros y los científicos las incorporaban al diseño de
instrumentos y mecanismos complejos, aunque en casi ningún caso existía
entendimiento formal o definición lógica del principio implicado, En
cibernética, la causa y el efecto dejan de ser patrón universal; es imposible
establecer cuál se produce antes que el otro, y hasta la cuestión misma deja
de tener importancia.
Es evidente: cuando queremos entender el modo de funcionamiento de un
sistema cibernético ;hasta de un sistema tan primitivo como es el horno—
el método analítico, el método de dividir en partes y estudiar cada una por
separado, la esencia del pensamiento lógico en términos de causa y efecto,
no nos lleva a ninguna parte. La Tierra gira frente a una fuente de calor no
controlada, el Sol, cuyo rendimiento está muy lejos de ser constante. Sin
embargo, la temperatura media de la superficie terrestre ha variado bien
poco desde el comienzo de la vida; Nunca ha tenido tan escasa o tan
elevada como para impedir la continuidad de los fenómenos vitales, a pesar
de los drásticos cambios experimentados por la composición de la
atmósfera inicial y los altibajos en el rendimiento energético del Sol.
Nuestros pies, manos y piel han de soportar una amplia gama de
temperaturas; hasta cuando se hallan próximos a la congelación, están
diseñados para funcionar con poco más que algún estremecimiento de
protesta.
T. H. Benzinger y sus colegas ampliaron la perspectiva con su
descubrimiento de que la temperatura corporal es mantenida en un
margen óptimo continuo mediante una decisión consensual tomada por el
cerebro en consulta con las demás partes del cuerpo. El descubrimiento
decisivo, escondido bajo una avalancha de observaciones científicas
rutinarias acerca de la sudoración, el temblor y de los procesos relacionados
con ellos resultó ser que la valoración cuantitativa de estas actividades
ofrecía una explicación completa y convincente de la regulación de la
temperatura corporal. Cada animal se sirve de cada uno de estos procesos
reguladores en medida diferente. Dijo Walter B. Cannon, célebre fisiólogo
norteamericano: "Los procesos fisiológicos coordinados que mantienen
gran parte de los estados de régimen permanente en el organismo y en los
que toman parte el sistema nervioso, el cardiopulmonar, el
hepatoesplénico y otros.), son de tal complejidad y tan característicos de
los seres vivos que he sugerido una especial designación para ellos:
homeostasis." Haremos bien en tener presentes estas palabras cuando
pretendamos dilucidar si existe o no un proceso de regulación de la
temperatura planetaria, mientras intentamos poner de manifiesto ese
grupo, que no medio único, de mecanismos diseñados para controlar la
temperatura global.
Intentando responder algunas de las preguntas sobre gaia: ¿Cómo
reconocemos un sistema automático de control? ¿Buscamos el suministro
de energía, el panel regulador o quizá los complicados amasijos de piezas?
Como ya hemos dicho, para entender el funcionamiento de un sistema
cibernético el análisis de sus partes por separado no suele ser de gran
ayuda: a menos que sepamos qué buscar, los métodos analíticos están
condenados al fracaso, ya sea en sistemas cibernéticos domésticos o
planetarios. Los especialistas en cibernética utilizan un enfoque general
para reconocer los sistemas de control. Se le conoce como el método de la
caja negra
Tan normal es entre nosotros aceptar el genocidio mientras condenamos el
asesinato, combatir contra los mosquitos y tragarnos los camellos, que bien
podríamos preguntarnos si esta conducta híbrida constituye una
característica paradójica que, como el altruismo, favorece la supervivencia
de la especie. En muchos sistemas complejos, como nuestros cuerpos,
coexisten bucles de realimentación positiva y negativa. Es obvio lo
conveniente de la realimentación positiva en ocasiones, cuando, por
ejemplo, se trata de restablecer una temperatura normal tras un
enfriamiento repentino. Cuando se ha logrado el propósito apetecido, la
realimentación negativa vuelve a tomar las riendas.
Uno de los puntos ciegos de la percepción humana ha sido la obsesión con
los antecedentes. Es ésta la época, sin embargo, en la que a la hora de
conseguir trabajo tanta importancia tiene el nivel educacional, la titulación
universitaria, el curriculum académico. Son éstos los factores que suelen
determinar la elección de un candidato entre el conjunto de solicitantes;
pocas veces se intenta averiguar la valía real, el potencial auténtico de cada
uno.
Gracias a todo el conocimiento que sobre nuestro planeta ha aportado y
aporta aún la investigación espacial, gozamos, desde fecha bien reciente,
de una perspectiva completamente nueva. Ocurriera lo que ocurriera en el
pasado remoto, somos indudablemente una parte viva incluida en una
anomalía extraña y bella de nuestro sistema solar. Nuestros conocimientos
sobre la composición y el comportamiento del tenue velo gaseoso que
envuelve al planeta, cuyas capas más próximas a la superficie exhiben una
curiosa mezcla de gases activos que, si bien en recombinación perpetua,
nunca dejan de estar en equilibrio. En la atmósfera existen diversos estratos
bien definidos: la troposfera, es la zona inferior de la atmosfera donde se
producen todo los fenómenos meteorológicos, y tiene un espesor de 12 a
16 km; la estratosfera, es la zona superior donde se halla la capa de ozono
que impide el paso de los rayos ultravioletas. Se trata de una zona
“tranquila” muy apreciada por sus cualidades aerodinámicas; y la ionosfera,
zona donde los gases estas provistos por carga eléctrica, allí se reflejan la
ondas de radio y se originan las auroras boreales.
El nivel actual de la tensión de oxígeno representa para la biosfera
contemporánea lo mismo que el suministro de electricidad de alto voltaje
para nuestra sociedad de hoy. El potencial redox mediría en realidad el
voltaje de una hipotética pila que tiene uno de sus polos conectado al
oxígeno y el otro a las substancias nutritivas. Casi todo el oxígeno que
genera la fotosíntesis de las plantas verdes se introduce en la atmósfera
para ser utilizado en esa otra actividad fundamental de la vida, la
respiración, en un lapso de tiempo relativamente corto. Aproximadamente
el 0,1 por ciento del carbono fijado anualmente es enterrado con los restos
vegetales que, procedentes de las masas terrestres, terminan en los cursos
fluviales o en los mares. En los primeros tiempos, el amplio gradiente de
energía potencial actualmente suministrado por el oxígeno estaba
disponible tan sólo en el espacio intracelular de los citados
microorganismos. Nuestra atmósfera actual, cuyo nivel de oxígeno es del
21 %, se halla en el límite superior del intervalo seguro para la vida. El actual
nivel de oxígeno está en un punto donde el riesgo y el beneficio se
equilibran confortablemente.
Cuando el metano alcanza la atmósfera, se comporta como un regulador
bidireccional de oxígeno, capaz de retener a un nivel y de devolver a otro.
Parte llega a la estratosfera antes de que la oxidación lo convierta en
dióxido carbónico y vapor de agua; es la fuente principal de éste en las capas
altas de la atmósfera. Este proceso asegura, a largo plazo, un pequeño
incremento del oxígeno, si la situación está equilibrada, el escape de
hidrógeno siempre significa una ganancia neta de oxígeno.
Quizá, cuando la tasa de oxígeno atmosférico se hace excesiva, se genere
algún tipo de señal que desencadene una mayor producción de metano; el
paso de este gas regulador a la atmósfera pronto restablecería el
amenazado equilibrio.
El óxido nitroso es otro desconcertante gas atmosférico; Si hay abundancia
de nitrógeno y escasez de óxido nitroso se debe a que el primero es un gas
muy estable y se acumula, mientras el óxido nitroso es destruido
rápidamente por la radiación ultravioleta del Sol. Un exceso de ozono sería
tan malo como carecer de él; el ozono, del mismo modo que los demás
componentes de la atmósfera, tiene también un óptimo deseable. Si se
incrementara en cuantía superior al 15 por ciento se producirían
repercusiones negativas en el clima. El sistema de control de Gaia incluiría
también un medio para detectar la cantidad de ultravioleta filtrada a través
de la capa de ozono, regulándose subsiguientemente la producción de
óxido nitroso.
La función del amoniaco es, casi con toda seguridad, controlar la acidez
ambiental. El amoníaco generado por la biosfera es justamente el necesario
para mantener alrededor de 8 el pH de la lluvia, De faltar el amoníaco, este
pH caería hasta un valor de 3. Es verdaderamente una suerte que los ácidos
y el amoníaco estén equilibrados, que la lluvia no sea ni demasiado ácida ni
demasiado alcalina. Si aceptamos la hipótesis del mantenimiento activo de
este equilibrio mediante el sistema cibernético de control de Gaia, el costo
energético de la producción amoniacal habrá de cargarse a la cuenta total
de la fotosíntesis.
Los así llamados gases nobles y raros del aire no son particularmente raros
ni enteramente nobles. Hoy se sabe que el kriptón y el xenón forman
compuestos. El gas más abundante de este grupo es el argón que, con el
helio y el neón, supone casi el 1 por ciento de la atmósfera, lo que parece
en contradicción con el remoquete de raro. Nuestro persistente y
autoimpuesto apartamiento de la naturaleza suele hacernos pensar que los
productos industriales están en las antípodas mismas de lo "natural": en
realidad, habida cuenta de que son el resultado de la actividad de un grupo
de seres vivos, la especie humana, resultan a la postre tan naturales como
todos los demás compuestos químicos de la Tierra. Obviamente en
ocasiones son productos agresivos, peligrosos o incluso letales, como los
gases nerviosos, pero ninguno de ellos supera en toxicidad a la toxina
fabricada por el bacilo botulinus. El dióxido de carbono y el agua están en
equilibrio con el ácido carbónico y su anión disuelto.
La cantidad de CO2 que, laxamente fijada de este modo, contienen los
océanos, es casi cincuenta veces superior a la del aire. . A consecuencia del
quemado de combustibles fósiles, el CO2 del aire ha aumentado
aproximadamente un 12%. Si Gaia regula el CO2, es más probable que lo
haga indirectamente, ayudando al restablecimiento del equilibrio, que
oponiéndose frontalmente al aumento del gas. Son muchos los signos de
impaciencia que, en el caso del CO2, muestra Gaia ante la lentitud del
restablecimiento del equilibrio. En la mayoría de los seres vivos se detecta
la enzima anhidrasa carbónica, cuya función es acelerar la reacción entre el
dióxido de carbono y el agua.
El doctor A. E. Pringwood ha sugerido que la incesante fragmentación del
suelo y las rocas causada, en mayor o menor grado, por todas las formas de
vida acelera la reacción entre el dióxido de carbono, el agua y las rocas
carbonosas. En cuanto gas "invernadero", su presencia junto al vapor de
agua en la atmósfera contemporánea eleva notablemente la temperatura:
si, a causa de la combustión de combustibles fósiles, el nivel de CO2 creciera
demasiado rápidamente para las fuerzas inorgánicas del equilibrio, la
amenaza de sobrecalentamiento podría resultar seria, pero, por fortuna
este gas "invernadero" interactúa intensamente con la biosfera.
La relación de la biosfera con el dióxido de hidrógeno, sigue un modelo
parecido aunque es todavía más fundamental. La luz solar no hace
espontáneamente en la superficie de la Tierra es separar el oxígeno del
agua ni establecer las reacciones que determinan la síntesis de substancias
y estructuras complejas.
Quizá fuimos realmente expulsados del Paraíso y el ritual es repetido de
forma simbólica en la mente de cada generación.
La doctrina bíblica sobre la caída, paradigma del paso de un estado de
inocencia beatífica al penoso mundo de la carne y el mal a causa de un
pecado de desobediencia, resulta difícil de aceptar en nuestra cultura
contemporánea; Es posible que, en última instancia, nuestro frenético
desarrollo tecnológico se pruebe doloso o destructivo para nuestra especie,
pero las pruebas aportadas para demostrar que la actividad industrial, ya
sea en su nivel de hoy o en el de un futuro inmediato, puede poner en
peligro al conjunto de la vida de Gaia, son verdaderamente muy endebles.
Si de letalidad se trata, los venenos que la poseen en mayor grado son, con
gran diferencia, compuestos naturales. Entre ellos se cuentan la toxina
botulínica, producida por una bacteria. Uno de los mohos de la familia
Aspergillus ha descubierto cómo fabricar una substancia llamada aflatoxina
que es mutagénica, carcinogénica y teratogénica; dicho con otras palabras,
es causa de mutaciones, tumores y malformaciones fetales.
Si por contaminación entendemos el vertido masivo de substancias de
desecho, hay verdaderamente pruebas sólidas de que la contaminación es
tan natural para Gaia como para nosotros y casi todos los demás animales
es respirar. Ya he mencionado el mayor desastre ecológico padecido por
nuestro planeta: la aparición en la atmósfera de oxígeno libre gaseoso hace
aproximadamente un eón y medio.
La conmoción ambiental, comparativamente menor, provocada por la
Revolución Industrial, ejemplifica cómo pueden producirse tales
adaptaciones.
El concepto mismo de contaminación es antropocéntrico; quizá sea incluso
irrelevante en el contexto de Gaia. Muchos de los así llamados
"contaminantes" están presentes en la naturaleza, lo que hace sumamente
difícil determinar cuál es el nivel necesario para justificar el apelativo de
"contaminante". Parece legítimo pensar que la humana es capaz de
soportar sin perecer una exposición normal a los numerosos riesgos de
nuestro entorno: si, por cualquier causa, uno o más de estos riesgos
aumentara, aparecerían adaptaciones tanto individuales como de especie.
En lo tocante a la contaminación industrial, las zonas más intensamente
afectadas son, con diferencia, las áreas urbanas muy pobladas de las zonas
templadas del hemisferio norte.
Las regiones industriales, vistas desde lo alto, pocas veces son los estériles
desiertos que los catastrofistas profesionales nos han enseñado a esperar.
Si esto es así para las áreas más populosas y contaminadas de nuestro
planeta, no parece que las actividades humanas sean motivo de muy
urgente preocupación, aunque por desgracia esto no es necesariamente
cierto: se trata tan sólo de buscar los trastornos en los lugares incorrectos.
La especie humana, con la ayuda de las industrias a su mando, ha causado
perturbaciones importantes en algunos de los ciclos químicos
fundamentales de nuestro planeta. Somos causantes de un incremento del
20 por ciento en el ciclo del carbono, del 50 por ciento en el del nitrógeno
y de más del 100 por cien en el del azufre. Lo único que hasta ahora ha
sucedido es un aumento del 10 por ciento en el dióxido carbónico de la
atmósfera. Las partes de la Tierra responsables del control planetario quizá
sean las portadoras de nutridas hordas de microorganismos. Las algas de
los mares y del suelo se sirven de la luz solar para llevar a cabo la tarea
esencial de la química de la vida, la fotosíntesis.
El problema de alimentar una población mundial de 8.000 millones de
personas sin dañar seriamente a Gaia parece más urgente que el de la
contaminación industrial. Debemos mucho a Rachel Carson por habernos
advertido de modo tan conmovedor sobre la amenaza que para la biosfera
supone el empleo descuidado y excesivo de pesticidas, aunque tiende por
regla general, a olvidarse de que sí se toman precauciones.
Del fuego, la primera de las armas tecnológicas, se decía que era un buen
criado pero un mal amo. Lo mismo sucede con las contribuciones más
recientes al arsenal de la tecnología.
Es muy posible que el intenso impulso emocional de los ecologistas
radicales nos haga falta para permanecer alerta ante los riesgos reales o
potenciales de la contaminación. La experiencia de Gaia puede indicarnos
cuál es el camino a seguir. Si los cálculos de los científicos son correctos,
muchos sucesos del pasado habrían deteriorado sensiblemente la capa de
ozono. La supervivencia de nuestra especié y la rica variedad de la vida en
Gaia parece prueba concluyente de que o el deterioro de la capa de ozono
no es tan letal como a menudo se pretende o que las teóricas agresiones
citadas nunca tuvieron efecto. Debemos ingualmente dejar de
preocuparnos acerca de las grandes cantidades de óxido nitroso y cloruro
de metilo —compuestos frecuentemente acusados de tener una acción
destructora potente sobre el ozono— que llegan a la atmósfera desde
fuentes biológicas, porque hoy se piensa que esta acción destructora no
pasa del 15%, demasiado ozono es tan perjudicial como demasiado poco:
la producción de óxido nitroso y cloruro de metilo podría formar parte de
un sistema regulatorio gaiano.
Si Gaia existe, existen entonces asociaciones de especies que cooperan para
llevar a cabo ciertas funciones reguladoras esenciales. El yoduro de metilo
producido por las algas o termina por escapar a la atmósfera o reacciona
con el agua marina para formar una substancia más estable químicamente
y aun de mayor volatilidad, el cloruro de metilo. El yoduro de metilo
escapado del mar viaja por el aire, pero en cosa de horas. El mar abierto es
comparativamente un desierto donde escasea la vida. Poniendo la vista en
Gaia, es importante pensar que el mar abierto es una especie de Sahara
marino, y tener bien presente que la abundante vida de los océanos y mares
se concentra en las aguas costeras y por encima de las plataformas
continentales. El llevar a efecto la explotación costera a la escala que hoy
se cultivan las tierras podría tener desagradables consecuencias para Gaia
y para la especie humana.
El alga Polysiphonia fastigiata extrae azufre del mar y lo convierte en dimetil
sulfuro que pasa a la atmósfera; probablemente sea el vehículo natural del
azufre en el aire. La eliminación de estas "malas hierbas" del mar en interés
de un mejor resultado de los cultivos podría tener consecuencias
incalculables. De no existir este proceso, que por cada átomo de carbono
extraído del ciclo de la fotosíntesis y la respiración deja una molécula
adicional de oxígeno en el aire, la concentración atmosférica de este último
decaería inexorablemente hasta desaparecer casi por completo. La
deforestación mediante incendio es práctica habitual, así como la quema
anual de la hierba. Este tipo de fuegos introducen en la atmósfera, además
de dióxido de carbono, un amplio surtido de compuestos químicos
orgánicos y una enorme masa de partículas de aerosol. Parece, por lo tanto,
que los principales peligros que acechan a nuestro planeta como
consecuencia de las actividades humanas no son precisamente los males,
especiales y singularizados, que derivan de sus núcleos urbanos e
industriales. La experiencia europea, americana y china indica que, con
técnicas agropecuarias adecuadas, podría alimentarse a una población
mundial doble de la de hoy sin despojar a otras especies, asociadas a
nosotros en Gaia, de sus habitáis naturales.