Historia Económica y Social Argentina
Trabajo final
¨Lo que queremos es que nos deseen”. Apuntes para
el estudio del Frente de Liberación Homosexual
(FLH) en los 70’.
CARRERA:
Licenciatura en Sociología
ESTUDIANTE:
-Failla, Sebastián Emanuel (Mat. 17163)
Introducción
“No queremos que nos persigan, ni que nos prendan ni que nos discriminen, ni que nos maten, ni que nos
curen, ni que nos analicen, ni que nos expliquen, ni que nos toleren, ni que nos comprendan: lo que queremos
es que nos deseen”
Néstor Perlongher
El siguiente trabajo de la materia Historia Económica Social Argentina, tiene como
objetivo indagar sobre el surgimiento del Frente de Liberación Homosexual y sus
cosmovisiones políticas pensando una historia de la resistencia a la homofobia o una
historia de la militancia LGTTTBIQ en la Argentina.
En la primera parte del trabajo se hará un rastreo sobre la juventud, la radicalidad y
la política desde el 56 al 76 teniendo en cuenta la cultura, el consumo y la militancia
política enlazada en la idea de liberación. Para eso se utilizaré el texto de Pujol Rebeldes y
Modernos.
Una segunda parte del trabajo rastrea los discursos patologizantes de la
homosexualidad, médico, jurídicos y psiquiátricos que proliferaban durante los 70’ a partir
de los textos de Modarelli, Rapisardi, Bazán.
La tercera parte expresa el surgimiento del FLH, su organización, tareas, junto con
su relación con el feminismo y la izquierda a partir del testimonio de uno de sus militantes:
Néstor Perlongher. También se explorarán sus concepciones políticas a partir del texto de
Vespucci que se plasman en la Revista Somos y su compendio “Sexo y Liberación”. Allí se
tendrán en cuenta sus concepciones respecto a la homosexualidad, la familia y la liberación.
Para finalizar realizaré una reflexión respecto al aislamiento del FLH debido a no
poder pensar la categoría de identidad desgajada de la idea de abolición del capitalismo.
Destacaré también la emergencia de nuevas homonormatividades o modelos de
homosexualidad hegemónicos que se configuran en las últimas décadas y también voces
críticas de denuncia.
Entre Luis Alberto Spinetta y Rodolfo Walsh. Cultura juvenil, liberación y
radicalidad (1955-1976)
“Juan represión viste
un traje azul, triste
vive como pidiendo perdón,
y se esconde a la luz del sol”
Juan Represión, Sui Generis (1974)
Como expresa Pujol en Rebeldes y modernos. Una cultura de los jóvenes (2003),
después del 55’ y antes del golpe militar del 76’ se puede dar cuenta de una cierta identidad
juvenil mundial propia de aquellos que habían nacido durante los 40’ y 50’. Según el autor
esto engloba por lo menos dos generaciones cuyos ejemplos paradigmáticos son Luis
Alberto Spinetta (1950) y Rodolfo Walsh (1927). Tanto los escritos de Walsh como las
canciones de Spinetta reflejan de algún modo un ethos signado por la sed del futuro, un
malestar por el orden existente y una confianza o fe en nuevo orden de las cosas. En
palabras del autor: “Hubo una praxis estética y una praxis política, y desde finales de los
60’ se hicieron varios intentos -con resultados dispares, pero en sí mismos significativos-
de fusionar ambas acciones” (Pujol, 2003: 285).
Con el golpe del 55’, que interrumpe el segundo gobierno de Juan Domingo Perón,
ciertas actividades del orden de lo privado se convierten en objeto de sospecha. El ocio y la
noche comienzan a ser mal vistas por las nuevas autoridades de gobierno. Mientras La
Nación y La Prensa expresaban la autoridad cultural del mundo periodístico con sus
suplementos literarios; los jóvenes parecen adherir con optimismo al proyecto desarrollista
de un país moderno tanto en el ámbito cultural como en el ámbito económico.
Los jóvenes de finales de los 50’ no tenían mayores diferencias, valga la
redundancia, con sus mayores. Se realizaban grandes bailes nocturnos en clubes sociales y
deportivos donde participaba toda la familia. En esta época se realizan “las primeras
pinceladas” del rock de la mano de Elvis Presley y Bill Haley mientras el bolero sigue
ocupando un lugar prioritario en la cultura musical argentina junto con el jazz y el folclore.
El radioteatro también seguía ocupando un lugar central en las familias argentinas y en las
más adineradas aparecía el “combinado”.
Pujol señala que a finales de los 50’ parece gestarse la antesala de la rebeldía propia
de los 60’. A medida que se acrecentaban las industrias culturales, emergían fuertes
tensiones entre lo nuevo y lo viejo, lo de gran masividad y lo vanguardista, lo popular y lo
culto. El autor expone que el cine intimista de Leopoldo Torre Nilsson y la música de Astor
Piazzola representaron hechos artísticos de desobediencia contra el optimismo y confianza
del modelo desarrollista de Arturo Frondizi (Pujol, 2003: 294).
Los jóvenes argentinos de comienzos de la década de los 60’ expresaban el
desencanto por el modelo desarrollista y sus pretensiones de modernización. El pesimismo
existencialista y los escritos de Jean Paul Sartre comienzan a proliferar en las páginas de
Sur; mientras la alianza entre la juventud y el desarrollismo se había quebrado fruto de la
polémica por la Ley de Enseñanza libre y otras cuestiones propuestas por Frondizi. Desde
allí la juventud, junto a los intelectuales y artistas de la época tambalean entre el
compromiso y el escepticismo.
La década de los 60’ sin embargo trajo consigo grandes transformaciones en la vida
cotidiana, sobre todo en la moral sexual y los roles genéricos. Esta década significó una
verdadera revolución moral, donde el sexo comenzó a asociarse con la libertad y el
autoconocimiento (Pujol, 2003: 297). Además, la revista Claudia reflejó una mujer
argentina independiente, fanática del cine-club y admiradora de grandes directores de cine.
Pujol señala que a medida que subían las posiciones en la estructura social, las posturas
resultaban menos moralistas y más liberales. Por otro lado, el impacto del discurso
psicoanalítico representó una piedra de toque que penetró el sentido común para la
separación del sexo y la procreación, hecho sumamente revolucionario. Algunas lecturas de
Herbert Marcuse aparecieron bajo el slogan de “sexo y libertad”, del amor libre hippie
contra el moralismo o mojigatería de décadas anteriores.
Es importante destacar además que durante los 60’ aparece un nuevo medio masivo
de comunicación: la televisión. Esta trae consigo desde programas “pasatistas” a espacios
culturales. La nueva caja negra atraía una amplia gama de espectadores: Buenas tardes,
mucho gusto con consejos para mujeres, programas para chicos, y películas y series del
estilo El Show de Dick Van Dyke para adultos. De todas formas, el cine no fue eclipsado por
la televisión. Se proyectaban películas de la Nouvelle Vague (Truffaut, Gordard, Rivette,
Rohmer, Chabrol) y Federico Fellini e Ingmar Bergman tenían un gran prestigio a nivel
nacional. Con la llamada generación de los 60’ (Feldman, Kuhn, Birri, Favio, Murúa, entre
otros) el cine adquiere un tinte reflexivo y crítico en materia política y social.
Como expresa Pujol “(…) a partir de los 60’, la juventud se convirtió en un
segmento relativamente autónomo (…) dentro de la sociedad occidental (Pujol, 2003: 308).
Esta época estuvo signada por el despertar político influido por la revolución cubana y el
che Guevara; tampoco deben olvidarse hechos paradigmáticos como el Mayo Francés en el
68’ y el Cordobazo en el 69’. Pero a medida que se escribía una historia de una
contracultura, también la juventud se convertía en una categoría mercantil, en un nuevo
mercado. Mientras el Club del Clan apuntaba a un público despolitizado y pasatista, el rock
adquiere una connotación contestataria de liberación nacional y lucha contra el
imperialismo. De todas maneras, podía diferenciarse un público rockero comprometido
políticamente, de aquellos que solamente iban a escuchar las bandas. Pero no solamente el
rock adquirió una connotación contestataria sino también el folclore de la mano de
Mercedes Sosa y Horacio Guarany. Esta bipolaridad que señala Pujol entre la inercia del
Club del Clan y el compromiso político propio de finales de los 60’ y principios de los 70’,
se escindió completamente a partir del 76’ donde no habría diferencias entre hippies y
marxistas para el terrorismo de Estado.
La transformación de la inercia a la rebelión se produce a finales de los 60’. Allí
emerge una contracultura argentina que va en paralelo con la represión y la dictadura de
Onganía. El autoritarismo represivo de Onganía con discursos clericales y moralistas tendió
a marginalizar a los hippies como sujetos sospechosos y despreciables. Por otro lado, la
censura tiñó las radios y los medios de comunicación, mientras la juventud también entró
en los binoculares de la sospecha. Se pensaba que aquellos jóvenes hippies atentaban contra
la moral cristiana y representaban la perversión de la sexualidad (Pujol, 2003: 315). Con
Onganía se materializaron las razias y detenciones arbitrarias.
La vuelta de Perón en el 73’ significó una suerte de halo de esperanza para las
juventudes, tanto en lo político como en lo cultural. Sexo y política se convirtieron en los
temas predilectos para los diarios. En los diarios de la época, aparecían desde Rodolfo
Walsh, hasta el boxeador Bonavena y las fotos calientes de Isabel Sarli. Sin embargo
aparejado a los discursos de la liberación nacional y la contracultura emerge un espiral de
violencia. Dicho espiral puede leerse como el corolario del golpe del 76’; un período oscuro
signado por la persecución, la tortura, la censura, la clandestinidad y los campos de
detención.
Homosexualidad en los 70’: de lisiados, trastornados y apretables.
“Creo que es un error llamar, al homosexual, depravado o pervertido, porque estas dos palabras
implican una deliberada desviación de un sano estado normal de heterosexual, a un estado de
homosexualidad. El verdadero invertido jamás ha tenido tal opción: no se ha desviado de ninguna parte. El
afecto heterosexual jamás ha sido una realidad en él. Solo ha conocido una atracción, la del propio sexo. En
nada se diferencia de un niño que nace lisiado”
Francisco Parenti, cura tercermundista en la revista Boom (1970)
Como lo expresa el testimonio de Héctor Anabitarte, un militante de izquierda en
Fiestas, baños y exilios. Los gays porteños en la última dictadura (2001), dentro de la
Federación Juvenil Comunista ser homosexual significaba un estigma. Anabitarte viajó a
Moscú en 1967 para el aniversario de la Revolución rusa y le fueron asignadas tareas
menores hasta lograr que dejara de participar. Un famoso sexólogo de la burocracia sindical
rusa aconsejó a Héctor que con el casamiento se curaría su homosexualidad (Bazán, 2004:
336).
Por otro lado un Policía declaraba en la revista Boom rosarina, que la
homosexualidad se hace visible en la ciudad de Rosario debido a su infrecuencia. En
Capital Federal, sin embargo la homosexualidad parecía una cuestión más habitual. De
algún modo, trata de constatar que el porcentaje de rosarinos gays es menor al de los
porteños. En esta misma revista el cura tercermundista Perenti también esboza un discurso
en torno a la homosexualidad; en este testimonio el cura da cuenta de la naturalidad de la
homosexualidad en la sociedad y que la ignorancia de algún modo entorpece la
problemática. Para Parenti el problema de la homosexualidad es en primer término una
cuestión psiquiátrica y luego moral. Como expresa el epígrafe de este apartado, la figura del
homosexual pasa de pervertido a lisiado. De algún modo, sigue bajo la línea de un discurso
que patologiza la diversidad sexual y expone a la psiquiatría como el oráculo del saber
respecto al tema.
Bazán explica en Historia de la homosexualidad en la Argentina: de la conquista de
América al Siglo XX (2004) que se desarrollaban en la época ciertas tipologías o tics de la
homosexualidad. En primer término aparecía la figura del hermafrodita, que se refería al
estereotipo de la marica u “hombre afeminado” o la marimacho para el caso del
lesbianismo; se trata de la tipología “más identificable”. En segundo lugar se encontraba el
homosexual oculto donde no se existe ningún tipo de signo externo de vestimenta o
gesticulaciones, como si la homosexualidad se tratase de síntomas, vestimentas y
gesticulaciones que le son propias. Estos suelen ser según el autor profesionales casados
que deciden tener relaciones homosexuales ocasionales y tapadas. En tercer término se
encontraba el angustiado, aquel que suele tener relaciones ocasionales compulsivamente y
recure a baños públicos en busca de aventuras sexuales. En cuarto lugar aparece el
integrado, cuya vida es convencional gracias a la terapia psicoanalítica y logra formar una
pareja estable. El bisexual es la quinta figura; se trata de hombres y mujeres heterosexuales
que incurren en relaciones sexuales con el sexo opuesto sin ningún tipo de culpa. Por
último aparece el homosexual ocasional, figura que se refiere a relaciones sexuales gays y
lésbicas producidas en ciertas instituciones de encierro o totales (como la cárcel y el
ejército) que son ocasionales y no vuelven a repetirse una vez que la persona sale de ellas.
Por supuesto, no faltaban en la época los discursos de los especialistas, los discursos
médico-psiquiátricos que patologizaban la homosexualidad como práctica. El doctor Luis
Schwarstein, endocrinólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Rosario -que
aceptaba que la homosexualidad no tenía un origen hormonal- manifestaba que se trataba
de una alteración psicológica respecto a la sexualidad. Como si se tratara de una
enfermedad, llamaba a la población a ayudarlos para que no corran la misma suerte que los
esquizofrénicos (Bazán, 2004: 349). Por otro lado el psiquiatra Carlos Solomonoff
señalaba, siguiendo algunas lecturas psicoanalíticas ortodoxas, que la homosexualidad y el
onanismo eran etapas que debían superarse de la sexualidad hasta la culminación de la
heterosexualidad. Cuando esta “evolución” no se daba, la persona estaba enquistada en la
patología y la enfermedad.
La revista amarillista boom también decidió entrevistar a dos homosexuales de la
época para dar cuenta de sus testimonios de vida. El miedo, y la frustración parecían
características propias de los homosexuales de la época. La culpa también se encuentra
presente. Estos testimonios señalan una cierta persecución policial en las calles debido a
modales afeminados. Por otro lado la revista Confirmado en el 71’, decide entrevistar a una
psicoanalista de la época: Isabel D’Agostini. La psicoanalista señala que “la
homosexualidad es tan solo un síntoma que oculta generalmente los más diversos
trastornos psíquicos y disturbios del desarrollo que perturban la vida sexual normal”
(Bazán, 2004: 356).
Dentro del ámbito de la militancia de izquierda y me refiero a agrupaciones
trotskistas, y peronistas como el PRT (Partido Revolucionario de los trabajadores), ERP
(Ejército Revolucionario del pueblo) y Montoneros, la homosexualidad era también objeto
de marginalización. La revolución parecía no ser un asunto ni de gays ni de lesbianas. A
nivel internacional tampoco gozaban de prestigio ya que Fidel Castro pronunció en un acto
que “la revolución no necesita de peluqueros” a lo cual el activista gay y escritor cubano
Severo Sarduy respondió con una frase de Néstor Perlongher “Lo primero para hacer la
revolución es ir bien vestida”. Además es importante destacar que en un contexto de
guerrilla y clandestinidad, los homosexuales eran considerados “apretables” por tener
relaciones sexuales con personas que se encontraban por fuera de las agrupaciones. Como
medida de seguridad para el grupo eran expulsados. Un testimonio señala que Montoneros
ejecutó a dos compañeros homosexuales debido al pánico de que pudieran difundir
información y ser “apretables” (Bazán, 2004: 361.
Como expresa este aparatado la homosexualidad era objeto de discursos
patologizantes de la medicina, la psiquiatría y la iglesia, de sospechas policiales, de
ejecuciones por parte de compañeros de agrupaciones de izquierda en los 70’. Al compás de
este clima homofóbico propio de los 70’, emerge el Frente de Liberación Homosexual
(FLH) en la Argentina.
Deseo, sexualidad y política. El Frente de Liberación Homosexual (FLH).
Por qué seremos tan perversas, tan mezquinas
(tan derramadas, tan abiertas)
y abriremos la puerta de calle
al monstruo que mora en las esquina,
o sea el cielo como una explosión de vaselina
como un chisporroteo,
como un tiro clavado en la nalguicie.
¿Por qué seremos tan hermosas?, Néstor Perlongher (1980)
Hacia finales de 1969 un grupo de homosexuales de un conventillo porteño dan
nacimiento a la primera organización homosexual en la Argentina: Nuestro Mundo. Según
Perlongher en Prosa plebeya (2013), este grupo se encontraba liderado por un ex militante
de izquierda y formado por un grupo de gays de clase media y media baja. Estos se
dedicaron durante dos años a bombardear periódicos evocando la liberación sexual. En
1971 el grupo Nuestro Mundo ligado a otros intelectuales hacen florecer el Frente de
Liberación Homosexual de la Argentina (FLH). El Cordobazo en 1969 y la radicalización
política que terminó con el gobierno de Onganía son condiciones de emergencia de esta
agrupación política.
El FLH en sus comienzos estuvo integrado por Juan José Sebrelli, Hector
Anabitarte, Manuel Puig, Blas Matamorro y Juan José Hernándes. Luego, en 1972,
ingresan un grupo de estudiantes que cambiarían los aires de la agrupación donde se
encuentra la destacada figura de Néstor Perlongher. Su organización se caracterizaba por la
convergencia de diversas agrupaciones que funcionaban autónomamente y coordinaban
acciones: Grupo Eros, Nuestro Mundo, Profesionales, Safo (formado por lesbianas),
Bandera Negra (anarquistas), Emanuel (cristianos) y Católicos Homosexuales Argentinos.
Más allá de las diferencias entre los grupos; confluían en ciertos puntos básicos que
expresaban “reivindicaciones democráticas específicas – el inmediato cese de la represión
policial antihomosexual y la libertad de los homosexuales presos-, se caracteriza el modo
de opresión sexual heterosexual compulsivo y exclusivo vigente como propio del
capitalismo y de todo sistema autoritario, se llama a la alianza de liberación nacional y
social y con los grupos feministas” (Perlongher, 2013: 103)
La relación con los movimientos de liberación nacional y social fue bastante
compleja debido a lo señalado en el apartado anterior: los homosexuales eran considerados
apretables. El peronismo y el marxismo, de derecha a izquierda parecían repudiar al
movimiento salvo el caso particular del Partido Socialista de los Trabajadores que prestaba
una oficina para que se reuniesen (Vespucci, 2011: 180). La relación con el feminismo fue
radicalmente diferente ya que pudieron articular acciones conjuntas con la Unión Feminista
Argentina y el Movimiento de Liberación Femenina. Así el FLH, la UFA y el MLF forman
el 72’ “grupo política sexual” (GPS) que se prolongó hasta el 76’, dando lugar a
intervenciones contra ciertas cruzadas morales como la de la prohibición del uso del
anticonceptivo. Así el GPS, aparecía en distintas conferencias de Abogados y Psiquiatras
intentando disputar las concepciones moralistas y sacralizantes del sexo y las concepciones
patologizantes de la sexualidad.
En 1973 el FLH crea la revista Somos que circuló desde esa fecha hasta 1976 con 8
números que hacían tanto un diagnóstico como una crítica de la realidad existente. Además
editaron un compendio teórico político denominado “Sexo y Liberación” que daba cuenta
de sus cosmovisiones políticas de la realidad Argentina.
Respecto a las tareas, el FLH se reunía en casas particulares de homosexuales
debido a la condición de clandestinidad que le dio origen. Allí se explicaban lineamientos
generales con la idea de concientizar a los gays y también de espantar a los que ellos
consideraban burgueses. Según Perlongher, el FLH siempre tuvo escasos recursos y estaba
compuesto de personas de clase media y media baja, algunos proletarios y lumpenes.
Sobre sus discursos y cosmovisión política es importante traer a colación el trabajo
de Guido Vespucci, Explorando un intrincado triángulo conceptual: homosexualidad,
familia y liberación en los discursos del Frente de Liberación Homosexual de Argentina
(2011). En ese artículo el autor expresa la idea de que el FLH crea un marco interpretativo
propio en contra de los discursos patologizantes de la psiquiatría y el psicoanálisis
ortodoxo. Este marco interpretativo estaba formado por 3 elementos: 1) Redefinir el sentido
de la homosexualidad, 2) Posicionarse ante la institución familiar y 3) El significado de la
liberación. Sobre la sexualidad, el FLH retomó concepciones psicoanalíticas propias del
freudo-marxismo. En la revista Somos se encontraba un claro intento de despatologizar la
homosexualidad y concebirla como constitutiva de la líbido. Siguiendo una lectura
marcusiana, pensaban que la moralidad burguesa significa una moralidad de los instintos
reprimidos a partir de la cultura. Si la homosexualidad era constitutiva de la líbido y
anterior a la cultura represiva, entonces la homosexualidad deviene como natural. Ese
discurso intentaba enfrentar la idea de la homosexualidad como lo antinatural y patológico.
En segundo término, “la familia aparecía como un engranaje superestructural de un
sistema cuyo fin era la explotación de la fuerza de trabajo” (Vespucci, 2011: 187). La
familia aparece entonces como un aparato ideológico del Estado cuya promoción es la
felicidad burguesa y la represión del placer; la reducción de la sexualidad a la reproducción
heterosexual. Así, para Vespucci la homosexualidad en los discursos del FLH es la amenaza
a la sociedad heterosexual familiarista. Por último se encuentra la cuestión de la liberación
ligada los movimientos de liberación nacional y los disturbios de stonewell. Volviendo a las
concepciones freudo-marxistas de Marcuse y Reich consideraban que el fin del capitalismo
y la moralidad burguesa era el fin de la represión de la sexualidad y por eso abogaban por la
liberación. Revolución social y sexual se volvían una sola y la homosexualidad aparecía
como un “sujeto universal” de esa revolución (Vespucci, 2011:194). En palabras del autor:
“el FLH entendió que para liberar la homosexualidad era necesario lograr la muerte de la
familia” (Vespucci, 2011:195).
A pesar de la producción escrita y de las distintas intervenciones, Néstor Perlongher
considera que el FLH fracasó y se disolvió en el 76’. Según el militante y autor no
consideró imponer ninguna de sus consignas ni concientizar a la comunidad gay argentina.
Parece solo ser considerada una experiencia indeleble para sus militantes con un alto grado
de concientización pero con la incapacidad de lograr llegar al resto de la comunidad gay-
lésbica argentina. Sin embargo el estudio de esta agrupación constituye una piedra de toque
para una historia de la militancia LGTTTBIQ en la Argentina.
A modo de cierre o conclusión.
El Frente de Liberación Homosexual (FLH) constituye una rica experiencia de
resistencia política en tiempos de razias, golpizas, detenciones y de la proliferación de
discursos patológicos respecto a sexualidades disidentes. La radicalidad de la juventud de
los 60’ y los 70’ en la Argentina, la idea de liberación, revolución y despatologización de la
homosexualidad constituyeron sus principales estandartes. Sostengo que a diferencia de lo
que constituyó la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) en los 80’ bajo la consigna
“Ser visibles para ser iguales y libres” , el FLH no podía pensar la categoría de identidad
desgajada de la idea de capitalismo. No podía pensarse la despatologización y la igualdad
por fuera de la destrucción del capitalismo o mejor dicho por fuera del modo de producción
capitalista y esto se debe a su impronta freudo-marxista propia del espíritu de la época.
Políticas de la identidad, inclusión social e igualdad de derechos para todos se encuentra
por fuera de sus consignas. Desde su perspectiva era imposible pensar un matrimonio gay-
lésbico-trans porque la familia era el aparato ideológico del Estado burgués. Quizás debido
a estas ideas tan radicales se debió su aislamiento y la incapacidad de llegar hacia la
comunidad gay en general. De todas formas, debe tenerse en cuenta que en un contexto
homofóbico, de proliferación de discursos patologizantes de la homosexualidad, de razias y
de una izquierda y derecha que los marginaba; su fracaso también se debió a ciertas
condicionamientos histórico-políticos.
Indagar sobre el surgimiento del FLH, los marcos interpretativos, cosmovisiones y
praxis política constituye una piedra de toque esencial para pensar una historia de la
homosexualidad en la Argentina, una historia de la resistencia contra la homofobia, y
también una historia del pensamiento LGTTTBIQ de la Argentina.
Luego de la sanción del matrimonio igualitario vuelven a surgir voces que
denuncian la heterosexualidad como un régimen político, el asimilasionismo y la inclusión
al régimen capitalista de producción. La teoría queer hacia los 90’ en Europa, Estados
Unidos y Latinoamérica denuncia que comienza a delinearse un nuevo modelo gay-lésbico
hegemónico que se casa y tiene hijos como patrón de normalidad excluyendo a aquellos
que no se encuentran en ese patrón como perversos, anómalos y promiscuos. La idea de la
muerte de la familia como brazo del capitalismo aparece nuevamente y enérgicamente en
las voces contestarías de quienes encarnan sexualidades, géneros y corporalidades
disidentes contra la familia, el patriarcado y el capitalismo.
Bibliografía
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de América al Siglo XX. Buenos Aires: Editorial Marea.
DONZELOT, Jacques (2008), La policía de las familias. Buenos Aires: Nueva Edición.
MARCUSE, Herbert (1989) Eros y civilización. Barcelona: Ariel.
PERLONGHER, Néstor (2013) Prosa plebeya. Buenos Aires: Editorial Excursiones.
PUJOL, Sergio (2003), “Rebeldes y Modernos. Una cultura de los jóvenes”. En Nueva
Historia Argentina. Tomo 9. Buenos Aires: Sudamericana; 282 – 328.
RIPISARDI, Flavio y MODARELLI, Alejandro (2001), Fiestas, baños y exilios. Los gays
porteños en la última dictadura. Buenos Aires: Sudamericana.
VESPUCCI, Guido (2011) “Explorando un intrincado triángulo conceptual:
homosexualidad, familia y liberación en los discursos del Frente de Liberación Homosexual
de Argentina” en Revista Historia Crítica No 43, Bogotá.