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I-16. La Diversidad Lingüística y El Conocimiento Etnobiológ

Capital natural de México.Compiladores: Jorge Soberón, Gonzalo Halffter, Jorge Llorente-Bousquets. México, CONABIO, 2008
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
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Capital natural de México.Compiladores: Jorge Soberón, Gonzalo Halffter, Jorge Llorente-Bousquets. México, CONABIO, 2008
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Cuarta parte

Diversidad cultural
y domesticación de la biodiversidad
16 La diversidad lingüística
y el conocimiento etnobiológico

autor responsable:  Alejandro de Ávila Blomberg


autores del recuadro:  Ausencia López Cruz  •  Alejandro de Ávila Blomberg
revisores:  Brent Berlin  •  Alejandro Casas Fernández  •  Fernando Nava

Contenido

16.1 Introducción / 498


16.2 La diversidad lingüística de México / 498
16.3 La documentación etnobiológica / 503
I Familia álgica /504
II Familia cochimí-yuma / 504
III Familia chontal de Oaxaca / 505
IV Huave / 506
V Familia maya / 507
VI Familia mixezoque / 513
VII Familia otomangue / 515
VIII Seri / 525
IX Tarasco / 526
X Familia totonaca / 526
XI Familia yutonahua / 527
XII Familia indoeuropea / 534
16.4 Discusión / 535
Referencias / 544

Recuadros

Recuadro 16.1. Plantas, animales y hongos en el zapoteco


de Güilá / 524

Apéndices

Apéndice 16.1. Distribución de las lenguas indígenas de


México y sus variantes / cd
2

De Ávila, A. 2008. La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico, en Capital natural de México, vol. I: Cono-
cimiento actual de la biodiversidad. Conabio, México, pp. 497-556.

[ 497 ]
498 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

Resumen

I ndonesia y México son países que destacan por la correlación


estrecha entre su gran diversidad biológica y cultural. México se
ubica en el primer lugar en el continente americano y el quinto
etnobiológica disponible para cada una de las 68 agrupaciones
dentro de las 11 familias lingüísticas indígenas representadas en
México, y para dos lenguas indoeuropeas habladas
del mundo por el número de lenguas vigentes en su territorio. Al históricamente en el país. La revisión de esa literatura, incluyendo
interior del país, la distribución de la variación lingüística materiales inéditos, nos permite identificar lagunas y definir
corresponde cercanamente con las áreas de mayor biodiversidad. prioridades para la investigación en la próxima década ante la
El conocimiento tradicional de la naturaleza está codificado en el muerte inminente de varias lenguas. El aislamiento genealógico
léxico de las lenguas que se hablan en cada región biogeográfica. de algunos linajes lingüísticos pobremente estudiados nos ofrece
En este capítulo evaluamos la amplitud de la documentación un criterio adicional de prioridad.

16.1  Introducción diversificado de cultivos a la agricultura planetaria (Her-


nández Xolocotzi 1998).
México es una de las áreas más diversas del planeta, tan- A pesar de ser una de las regiones mejor estudiadas,
to en términos biológicos como culturales. Es bien sabi- grandes zonas geográficas y varios grupos culturales
do que existe una correspondencia entre biodiversidad y mexicanos permanecen prácticamente desconocidos
variación cultural a escala global (Harmon 1995: 163; para la etnobiología. En este capítulo abordamos el cono-
Maffi 2001, 2005; Sutherland 2003), concentrándose am- cimiento tradicional de la biodiversidad tal como es co-
bas en las latitudes tropicales, pero pocos países mues- dificado en las lenguas mexicanas. Reseñamos la infor-
tran una concordancia tan marcada como el nuestro (To- mación sobresaliente acerca de cada una de las familias
ledo et al. 2001, véase Boege capítulo 15 del volumen II). lingüísticas representadas actualmente en el país para
La correlación es evidente si se contabiliza el número de señalar necesidades apremiantes de investigación por la
lenguas habladas en cada territorio, como una forma de muerte inminente de algunas lenguas, así como priori-
cuantificar la diversidad cultural. Siguiendo los criterios dades para el trabajo de campo en función del aislamien-
de clasificación del Ethnologue (Gordon 2005), la base de to genealógico de varios linajes lingüísticos donde no
datos más extensa disponible por ahora, la suma de las parece haberse hecho a la fecha estudio etnobiológico
lenguas vivas de México nos ubica entre los cinco países alguno.
más diversos del mundo.
La nomenclatura y clasificación de los seres vivos ha
sido documentada en algunas lenguas mexicanas desde 16.2  La diversidad lingüística de México
el siglo xvi por investigadores indígenas como Martín de
la Cruz y Juan Badiano (1552), y por estudiosos venidos Tomamos como referencia el número de lenguas repor-
de Europa como Bernardino de Sahagún (1577-1579). En tadas por el Ethnologue (Gordon 2005) para comparar la
los siglos subsecuentes el conocimiento indígena de la diversidad lingüística de México con otros países de
flora y de la fauna fue objeto de diversos estudios, enfo- América y otras regiones del mundo. Esta base de datos
cados en la mayoría de los casos en la farmacopea y en registra 291 lenguas vivas en el país, 1 008 en América y
otras especies de interés comercial. En los últimos 40 6 912 en todo el planeta; las lenguas habladas actualmen-
años se han llevado a cabo en México algunos de los tra- te en México representan así 28.9 y 4.2%, respectivamen-
bajos etnobiológicos más acuciosos publicados hasta te, del total continental y mundial.1 Según esta fuente, la
ahora en la literatura internacional. El país ha sido uno de diversidad lingüística documentada en el país es la más
los focos de la investigación en este campo precisamente alta del continente y ocupa el quinto lugar global (cuadro
por su gran diversidad biológica y cultural, y también por 16.1). Al seguir los criterios de clasificación del Ethnolo­
abarcar la mayor parte de Mesoamérica, una de las pocas gue, las lenguas mexicanas pertenecen a 11 familias lin-
áreas en el mundo donde la domesticación de plantas y güísticas (Fig. 16.1), entre las 61 familias y lenguas aisla-
animales tuvo origen local, aportando el conjunto más das representadas en América y las 140 registradas en
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 499

Cuadro 16.1  Diversidad lingüística de México comparada con otros países


País Lenguas Lenguas/área Familias Familias/área Familias restringidas
Papúa Nueva Guinea 820 177.17 14 3.02 8
Indonesia 737 38.98 12 0.63 7
Nigeria 510 55.21 5 0.54 1
India 415 13.11 7 0.22 2
México 291 14.81 11 (12) 0.56 6 (7)
Camerún 279 58.68 4 0.84 0
China 235 2.45 8 0.08 0
Australia 231 3.00 3 0.04 1
República Democrática del Congo 214 9.13 3 0.13 0
Brasil 188 2.21 19 0.22 6
Filipinas 171 54.06 3 0.95 0
Estados Unidos de América 162 1.70 18 0.19 7
Fuentes: Gordon 2005, Inali 2005, Encyclopaedia Britannica 2006.
Nota: este cuadro presenta la suma de lenguas y familias lingüísticas vivas en los 12 países más diversos del mundo, siguiendo los cri-
terios de clasificación del Ethnologue. La segunda columna muestra el número de lenguas vigentes registradas en cada territorio. La terce-
ra columna presenta un índice de diversidad al dividir el número de lenguas entre el área de cada país expresada en kilómetros cuadrados,
multiplicando el resultado por un factor de 100 000. La cuarta columna muestra el total de familias y lenguas no afiliadas, y la quinta
presenta el índice de diversidad respectivo, calculado de la misma manera que el primero. La sexta indica la cifra de familias y lenguas
aisladas restringidas al país, es decir, todas aquéllas cuya distribución histórica no sobrepasa las fronteras nacionales. En el caso de México,
los números entre paréntesis corresponden a la clasificación del Inali, que difiere del Ethnologue.

Familia lingüística
Álgica
Cochimí-yuma
Chontal de Oaxaca
Huave
Maya
Mixezoque
Otomangue
Seri
Tarasca
Totonaca
Yutonahua

Figura 16.1  Familias lingüísticas de México (Conabio 2008). Véase el apéndice 16.1 cd
2  .
500 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

todo el mundo; los linajes lingüísticos presentes en Méxi- lonial y las políticas integracionistas del Estado mexicano
co constituyen por lo tanto 18 y 7.9% de la suma conti- después de la independencia.3
nental y global. En el país, la variación lingüística presenta patrones de
De acuerdo con la misma fuente, el siguiente país en distribución espacial que reflejan la dinámica cultural de
diversidad lingüística en el continente es Brasil con 188 la época prehispánica y el periodo colonial, aunque tam-
lenguas vivas correspondientes a 19 familias, seguido por bién se relacionan con la historia natural del territorio.
Estados Unidos con 162 lenguas y 18 familias, Perú con Hay de nuevo una correlación estrecha entre pluralidad
93 lenguas y 20 familias, y Colombia con 80 lenguas y 20 lingüística y biodiversidad, pues los cuatro estados más
familias. Estas cifras colocan a México en una posición variados en términos ecológicos (Oaxaca, Chiapas, Vera-
excepcional a escala global al conjugar gran pluralidad cruz y Guerrero) se cuentan entre las cinco entidades
lingüística, reflejo de su historia cultural compleja, con más diversificadas lingüísticamente (cuadro 16.2). La
una megadiversidad biológica relacionada con la agitada complejidad es mayor dentro del ámbito cultural meso-
historia geológica y la ubicación biogeográfica privilegia- americano, delimitado de manera aproximada por las
da del territorio. Según el Ethnologue y las estimaciones cuencas de los ríos Lerma-Santiago y Pánuco, mientras
de la biodiversidad mundial, el único otro país que des- que en las áreas hacia el norte la variación lingüística es
cuella en ambas dimensiones es Indonesia.2 La diversi- relativamente baja.
dad lingüística de México y otros países americanos es Hacia el sur, la región de Oaxaca (incluyendo las zonas
especialmente notable dado que numerosas lenguas y al- adyacentes del sur de Veracruz, sur de Puebla y oriente
gunas familias se extinguieron después de la invasión de Guerrero) destaca como el área donde se dispara la
europea por la caída demográfica ocasionada por las epi- diversidad cultural (Fig. 16.2), con una densidad de len-
demias y la violencia. Se ha estimado que la población guas y familias comparable a las zonas más complejas del
indígena del centro de México, la zona mejor documen- mundo, como la isla de Nueva Guinea, el extremo orien-
tada en los archivos virreinales, disminuyó en 97% entre tal de los Himalayas o el altiplano nigeriano y los montes
1521 y 1625 (Cook y Borah 1963). En el norte del país, de Camerún. Aunque los factores que propiciaron esta
muchos grupos de cazadores y recolectores que habla- diversificación extraordinaria no son claros, procesos pa-
ban lenguas desconocidas perecieron en las campañas de ralelos en la historia temprana de esas áreas, probable-
exterminio que emprendió la sociedad novohispana. Va- mente relacionados con la domesticación de plantas y
rias lenguas más desaparecieron con los cambios so- una movilidad reducida, deben haber desempeñado un
cioeconómicos y culturales impuestos por el aparato co- papel relevante. Parece significativo en este sentido que

Cuadro 16.2  Entidades con mayor diversidad lingüística en México y Centroamérica


Entidad Lenguas Lenguas/área Familias Familias/área Familias restringidas
México 291 14.81 11 (12) 0.56 6 (7)
Oaxaca 158 168.17 6 6.39 1 (2)
Puebla 29 85.54 4 11.80 0
Chiapas 25 34.15 4 5.46 0
Veracruz 23 32.08 6 8.37 0
Guerrero 16 24.89 3 4.67 0
Guatemala 54 49.59 3 2.76 0
Panamá 14 18.66 4 5.33 0
Honduras 10 8.89 7 6.22 2
Costa Rica 9 17.61 2 3.91 0
Nicaragua 7 5.41 4 3.09 0
Fuentes: Gordon 2005, Inali 2005, Encyclopaedia Britannica 2006.
Nota: de manera análoga a los datos del cuadro 16.1, se presentan aquí las cifras correspondientes a los cinco estados de mayor
diversidad lingüística en México y los cinco países más diversos de Centroamérica, siguiendo los criterios del Ethnologue.
0 37.5 75 150 km

Familias Maya Mixezoque Agrupaciones Amuzgo Chontal de Oaxaca Mazateco Triqui Zoque
Chatino Cuicateco Mixe Tzeltal
Otomangue Chontal de Oaxaca
Chinanteco Huave Mixteco Tzotzil
Yutonahua Huave Chocholteco Ixcateco Náhuatl Zapoteco

Figura 16.2  Familias y agrupaciones lingüísticas de Oaxaca (Conabio 2008).


502 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

la evidencia arqueológica más temprana de selección ge- Indígenas (Inali). En cumplimiento del artículo 20 de la
nética bajo cultivo conocida hasta ahora en América pro- Ley General de los Derechos Lingüísticos de los Pueblos
venga del valle de Oaxaca y la zona de Tehuacán (����� Flan- Indígenas, el Inali ha elaborado el Catálogo de las lenguas
nery 1986; Smith 1997). indígenas nacionales: variantes lingüísticas de México
El área nuclear del grupo otomangue, la familia lin- con sus autodenominaciones y referencias geoestadísti­
güística más diversificada de México y del continente, cas, publicado en el Diario Oficial de la Federación el 14
coincide con la distribución de la Tradición Tehuacán, de enero de 2008; dicho documento está disponible para
un complejo de rasgos arqueológicos tempranos (5000 a consulta en línea (Inali 2007, 2008). Al señalar que la va-
2300 a. de C.) que se han encontrado desde Hidalgo y riación cultural del país es más compleja de lo que se ha
Querétaro hasta Oaxaca, y que incluyen restos de plantas pensado, el Inali ha resuelto catalogar la diversidad lin-
domesticadas antes de que aparezcan en otras áreas de güística de los pueblos indígenas a partir de tres catego-
Norte y Centroamérica (Winter et al. 1984). A partir de rías: familia, agrupación y variante. Se define la familia
estos hallazgos se ha inferido que los precursores de la como un conjunto de lenguas cuyas semejanzas estruc-
agricultura hablaban proto-otomangue, y que la ramifi- turales y léxicas se deben a un origen histórico común; la
cación temprana de la familia se relaciona con la intensi- agrupación se refiere al conjunto de variantes compren-
ficación del cultivo y un consecuente crecimiento demo- didas bajo el nombre dado históricamente a un pueblo
gráfico (Hopkins 1984), de la misma manera como se ha indígena. El Catálogo reconoce la existencia de 11 fami-
explicado la diversificación explosiva de las dos familias lias y 68 agrupaciones en México. La variante se define
de lenguas más numerosas en el mundo, la del Níger- como una forma del habla que presenta diferencias es-
Congo (Ehret y Posnansky 1982) y la austronesia (Pawley tructurales y léxicas en comparación con otras variantes
y Ross 1993). de la misma agrupación, y que implica para sus usuarios
Hemos citado hasta aquí información del Ethnologue; una determinada identidad sociolingüística, diferencia-
otros autores consideran que los lingüistas que han com- da de las identidades de los hablantes de otras. El Catá­
pilado esa base de datos tienden a sobrevalorar la varia- logo distingue 364 variantes vigentes en el país. Para
ción. Los criterios empleados en el Ethnologue para dife- efectos prácticos y jurídicos, se propone que el Estado
renciar una lengua de una variante dialectal se basan en mexicano reconozca a las variantes como lenguas: “De
la metodología desarrollada por investigadores del Insti- conformidad con el estado que guardan los estudios so-
tuto Lingüístico de Verano (ilv) para evaluar el grado de bre la realidad lingüística de nuestro país y con el propó-
inteligibilidad entre grupos de hablantes. Generalmente sito de evitar la discriminación lingüística, el Inali con-
toman como parteaguas 80% de comprensión oral para sidera que las variantes lingüísticas deben ser tratadas
diferenciar dos lenguas, considerando que ese grado de como lenguas, al menos en las áreas educativas, de la
divergencia dialectal es suficiente para “causar disrup- impartición y la administración de justicia, de la salud,
ción de la habilidad comunicativa”. Otro criterio citado así como en los asuntos o trámites de carácter público y
con frecuencia en el Ethnologue es el grado de similitud en el acceso pleno a la gestión, servicios e información
léxica, cuantificado como el porcentaje de términos don- pública” (Inali 2007).
de se reconoce una semejanza fonológica y semántica en Como primera parte del Catálogo, el Inali publicó en
una lista estandarizada de vocabulario. Un tercer criterio 2005 la cartografía contemporánea de los asentamientos
para justificar la separación de variantes se refiere a la históricos de 58 agrupaciones lingüísticas.5 Los 150 ma-
necesidad de producir materiales didácticos diferencia- pas que componen esa edición fueron elaborados a partir
dos para enseñar a leer y escribir la lengua a sus hablantes de los datos censales levantados por el inegi en 2000, y
nativos de manera eficaz. Casad (1974) y Egland (1978) se consigna en ellos las localidades donde un determina-
detallan la metodología empleada por los investigadores do porcentaje (variable de grupo a grupo, según la escala
del ilv para evaluar el grado de inteligibilidad entre va- cartográfica) de su población habla la lengua indígena.
riantes dialectales a partir de sus experiencias en diversas Los mapas publicados por el Inali en 2005 no distinguen
zonas de México. las variantes de cada agrupación; por otra parte, el Catá­
Las 285 lenguas indígenas orales vivas registradas por logo de 2007 solo registra las comunidades donde se ha-
Gordon (2005) en nuestro país 4 son una cifra considera- bla cada variante, sin aportar datos demográficos. El Eth­
blemente menor al número de variantes lingüísticas que nologue, en cambio, cita estimaciones del número de
reconoce oficialmente el Instituto Nacional de Lenguas hablantes de cada lengua, pero en muchos casos registra
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 503

una sola localidad donde está presente, lo cual dificulta bell considera que, a falta de mejor evidencia (el léxico
generar una cartografía que refleje sus criterios de clasi- reconstruido hasta ahora para la supuesta lengua ances-
ficación. El mapa que acompaña a este capítulo muestra tral es limitado), la relación genética que ha sido postula-
la distribución espacial de las familias, agrupaciones y da entre estas lenguas y varios linajes californianos es
variantes reconocidas por el Inali (2007), con el fin de incierta (1997, pp. 290-296). Propone por lo tanto man-
correlacionar los patrones geográficos de la diversidad tener separada a la familia cochimí-yuma, clasificar al
cultural y biológica del país. seri como una lengua aislada y a las lenguas chontales de
Otras fuentes utilizan criterios más restrictivos para Oaxaca como una familia independiente, posiblemente
jerarquizar la variación lingüística mesoamericana; Kauf­ emparentada con las lenguas jicaques (tol) de Honduras.
man (1989), por ejemplo, distingue “lenguas emergentes” Por otro lado, Gordon (2005) separa las lenguas tlapane-
que comparten solo de 10 a 40% de inteligibilidad, “gru- cas como una familia junto con el sutiaba (lengua extinta
pos dialectales” con 50 a 65%, “dialectos” con 65 a 80%, y de Nicaragua), mientras que Campbell y otros autores in-
“variedades” con 80 a 100% de inteligibilidad. De tomar cluyen ambos grupos en la familia otomangue. Estas dife-
esos criterios, la mayoría de las variantes reconocidas rencias en la clasificación de las lenguas mexicanas expli-
por el Catálogo del Inali (2007) y muchas de las “lenguas” can las cifras entre paréntesis en los cuadros 16.1 y 16.2.
enumeradas en el Ethnologue, incluyendo idiomas ro- Antes de evaluar la documentación sobre el conoci-
mances como el español y el portugués, serían conside- miento etnobiológico de cada grupo lingüístico del país,
radas dialectos.6 Sin embargo, los altos índices de diver- transcribimos la denominación propia, la distribución
sidad lingüística de México y su distribución en el país se histórica y el número de hablantes mayores de cinco años
mantienen constantes en las clasificaciones más conser- de edad registrados por el Inali (2005) con base en el
vadoras, como la que presenta Kaufman (2001) de las len- Censo General de Población de 2000, junto con la infor-
guas mesoamericanas.7 Aunque no se cuenta por ahora mación que hemos cotejado en otras fuentes. Aunque la
con cifras comparativas para otras áreas del mundo si- cartografía del Inali no señala cómo se distribuyen las
guiendo ese esquema, podemos prever que una unifica- diferentes variantes dentro de cada agrupación lingüísti-
ción de criterios a futuro reducirá quizá el grado de va- ca, como es el caso del zapoteco, el náhuatl y otras, en el
riación que reconoce el Ethnologue, pero probablemente apéndice 16.1 cd 2  , que se puede visualizar con un progra-
no alterará de manera significativa los patrones geográfi- ma de sistemas de información geográfica, ubicamos las
cos de diversidad que muestran sus datos. 364 variantes vigentes en México con base en los datos
geográficos del Catálogo del Inali (2007) y otras fuentes.
Las líneas de demarcación que muestra el mapa entre
16.3  La documentación etnobiológica una entidad lingüística y otra deben tomarse como una
aproximación tentativa a una realidad sociolingüística
Si bien hemos usado los datos de Gordon (2005) para sumamente compleja, donde la investigación es aún in-
comparar la diversidad lingüística de México con la de suficiente en grandes zonas. Se ha cuestionado la validez
otros países, seguimos la clasificación genealógica de las de ciertas variantes caracterizadas como lenguas distin-
lenguas indígenas de América propuesta por Campbell tas por el ilv (Anónimo 2005), mientras que autores
(1997), adoptada por el Inali (2005, 2007). Las diferencias como Smith Stark (2003) hacen hincapié en la falta de
más significativas entre ambas fuentes se refieren a la cla- información acerca de muchas comunidades donde pue-
sificación por familias. Campbell reconoce las siguientes den estar presentes lenguas bien diferenciadas no reco-
familias y lenguas aisladas vigentes en México (reordena- nocidas hasta ahora. A pesar de que los datos disponibles
das alfabéticamente): 1] familia álgica, 2] familia cochi- son limitados, el ejercicio cartográfico adjunto puede
mí-yuma, 3]  familia tequistlateca (chontal de Oaxaca), servir como guía para identificar áreas culturalmente di-
4] huave, 5] familia maya, 6] familia mixezoque, 7] fami- vergentes donde el conocimiento etnobiológico no ha
lia otomangue, 8] seri, 9] tarasco, 10] familia totonaca y sido documentado de manera adecuada. La diferencia-
11] familia yutonahua. ción léxica que permite solo 80% de inteligibilidad entre
A éstas hay que agregar la familia indoeuropea, a la variantes, uno de los criterios del Ethnologue para distin-
que pertenece el español. El Ethnologue incluye las len- guir lenguas de dialectos, puede implicar un vocabulario
guas yumanas de Baja California, el seri de Sonora y las bastante disímil para codificar el conocimiento de los se-
lenguas chontales de Oaxaca en la familia hokana; Camp­ res vivos.
504 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

Al citar los estudios etnobiológicos que conocemos gonquina, que incluye para dicho autor 21 lenguas vivas
para cada grupo, nos centramos en los trabajos más am- y seis extintas, abarca de la costa atlántica a las grandes
plios en su temática y más rigurosos en su metodología planicies de EUA y el sur de Canadá. La gente kikapú
lingüística y taxonómica. Las investigaciones lexicográfi- habitaba originalmente el actual estado de Wisconsin, al
cas forman parte de esta revisión porque el saber etno- sur de los Grandes Lagos; desde el siglo xix, la mayor
biológico está cifrado en la lengua vernácula y su medio parte de los hablantes de esta lengua viven en Oklahoma,
principal de transmisión es el habla cotidiana de cada co- Kansas y Texas. El Ethnologue registra 539 personas en
munidad. Sin embargo, también incluimos estudios acer- EUA según el censo de 1990. Salvo el trabajo etnobotáni-
ca de otras formas de expresión del conocimiento de la co de Latorre y Latorre (1977), junto con los escasos da-
naturaleza, como las artes plásticas, la danza y la música, tos incluidos en el estudio lingüístico de Moctezuma
en las pocas ocasiones que han sido documentadas. Nos (1982) y el vocabulario de Voorhis (1988), no conocemos
referimos de manera reiterada a los diccionarios porque investigaciones etnobiológicas acerca de este grupo en
en muchos casos son la única fuente de datos generales ninguno de los dos países. Su ocupación reciente de un
acerca del conocimiento de plantas, animales y hongos. ecosistema radicalmente distinto de su hábitat ancestral
No abordamos los estudios acerca de los usos tradicio- representa una oportunidad interesante para estudiar los
nales de la biodiversidad, que serán cubiertos en otra sec- cambios en el sistema de conocimiento de la naturaleza
ción del Capital natural de México, ni las investigaciones en una comunidad reubicada. La vitalidad de la lengua en
cuyo enfoque central es la etnobiología histórica, la agri- México, donde se reporta que es hablada por grupos de
cultura indígena, la medicina tradicional o la etnoecolo- todas las edades no obstante el tamaño reducido de la
gía (Toledo 1992, 2002); referimos a los lectores interesa- población, abre la posibilidad de investigaciones a largo
dos en esos temas a la base de datos bibliográficos del plazo.
Atlas etnoecológico recopilado por Toledo et al. (2001) y
a la Biblioteca de la medicina tradicional publicada por el II  Familia cochimí-yuma
Instituto Nacional Indigenista (ini 1994). Tampoco in-
cluimos en esta reseña los trabajos etnobiológicos acerca A esta familia pertenecen las lenguas cucapá, kiliwa, ku-
de una sola especie o un grupo taxonómico reducido, miai y paipai habladas en el norte de Baja California y el
que en el caso de las plantas pueden ser consultados en extremo noroeste de Sonora. La extinta lengua cochimí
la Base de datos etnobotánicos de plantas mexicanas se habló al sur de éstas; aunque se conservan pocos ma-
(Badeplam) del Jardín Botánico de la unam (Caballero y teriales, no hay duda de su parentesco con ellas. Camp­
Cortés 2001). La revisión exhaustiva de toda la literatura bell (1997) divide las lenguas yumanas propiamente en
para cada grupo cultural rebasa los fines de esta publica- cuatro subgrupos: 1] el pai, que incluye tres lenguas de
ción; si bien no pretendemos ofrecer una evaluación de- las tierras altas de Arizona junto con el paipai; 2] el ribe-
finitiva, consideramos que las grandes lagunas de infor- reño, que comprende cuatro lenguas de la cuenca baja
mación, evidentes a primera vista, y la agonía de algunas del río Colorado en Arizona y California; 3] el delta-cali-
lenguas nos permiten proponer prioridades inmediatas forniano, donde se ubican el cucapá y las lenguas diegue-
de investigación. ñas: ‘iipay, tiipay y kumiai, y por último, 4] el kiliwa.9

I  Familia álgica II.1 Paipai. El Inali (2005) registra 201 hablantes de esta
lengua, 57 de ellos en Santa Catarina, la única comuni-
Pertenece a esta familia la lengua kikapú (forma castella- dad registrada en su hábitat histórico. Según la misma
nizada de kikaapoa, “los que andan por la tierra”, de fuente, se nombran a sí mismos jaspuy pai, “personas no
acuerdo con el Inali, 2005), hablada según el censo de lavadas, no bautizadas”; Campbell (1997) anota la desig-
2000 por 138 personas mayores de cinco años, de las cua- nación akwa’ala. Santa Catarina, cerca de la costa del
les 95 viven en el nacimiento del río Sabinas en Coahuila, Pacífico en el área central del estado de Baja California,
un área con vegetación riparia rodeada por matorral xe- parece ser actualmente la localidad con el mayor número
rófito del desierto chihuahuense.8 Campbell (1997) la de hablantes de una lengua yumana en México. Toledo
clasifica en el grupo fox de la rama algonquina; además et al. (2001: ficha 244) citan una tesis inédita que compa-
de ésta, la familia comprende las lenguas ritwan del nor- ra el conocimiento etnobotánico paipai y kumiai.10 Salvo
te de California. La distribución histórica de la rama al- el trabajo de Owen (1963) sobre la medicina tradicional
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 505

en Santa Catarina y los pocos datos léxicos en la tesis otras lenguas yumanas, la ubicación de los kumiai en el
doctoral inédita de Joël (1966) acerca de la fonología y extremo noroccidental de la península los sitúa de lleno
morfología de la lengua, y en la narrativa recogida por la en la provincia californiana, de clima mediterráneo, y las
misma autora en torno a la recolección de alimentos especies con las que han convivido, en particular las
(1976), no conocemos investigación alguna que aporte plantas, muestran menor afinidad biogeográfica y feno-
información etnobiológica sobre este grupo, el más sure- lógica con la flora que le es familiar a las demás comuni-
ño que sobrevive en la península, de acuerdo con la car- dades indígenas mexicanas.
tografía del Inali (2005); es un caso prioritario para inves- El Catálogo del Inali (2007) registra al ku’ahl como
tigación, como las otras lenguas de esta familia. una agrupación lingüística distinta del kumiai, ubicando
a sus hablantes en cuatro comunidades del municipio de
II.2.1 Cucapá. El Inali (2005) reporta 178 hablantes ma- Ensenada, donde conviven con hablantes de paipai; el ku-
yores de cinco años (quienes se nombran a sí mismos miai no está presente en esas localidades, de acuerdo con
koipai, “los que van y regresan”, y kuapac, “el que viene, la misma fuente. Según el Ethnologue, ku’ahl es un sinó-
el que llega”); 85 de ellos viven en cinco localidades den- nimo o una variante dialectal del kumiai, también deno-
tro del área ocupada históricamente por el grupo en el minado diegueño. Esperamos que investigaciones futu-
delta del río Colorado en el noreste de Baja California y ras esclarezcan el estatus de esta lengua, sobre la cual no
el noroeste de Sonora, donde antiguamente practicaban hemos encontrado información etnobiológica.
un sistema intensivo de producción de alimentos aprove-
chando las avenidas periódicas del río. El Ethnologue cita II.3 Kiliwa. Aunque el Inali (2005), citando el censo de
150 hablantes de “cocopa” en EUA en 1994. Los únicos 2000, reporta 52 hablantes, cinco de los cuales viven en
datos etnobiológicos que conocemos en esta lengua son el territorio histórico del grupo en el norte de Baja Cali-
los términos para plantas y animales consignados en el fornia, otras fuentes indican que las personas que cono-
diccionario de Crawford (1989). Es prioritario documen- cen el kiliwa como lengua materna no llegan a diez, y
tar el conocimiento tradicional de éste y los demás gru- todos son de edad avanzada. Llaman a su lengua ko’lew.
pos yumanos, dado el número reducido de hablantes y la El hábitat ancestral del grupo, como el de los kumiai y
presión que enfrentan para abandonar su lengua al vivir paipai, abarcaba matorrales xerófitos, encinares y bos-
cerca de la frontera binacional. ques de coníferas entre la provincia biogeográfica califor-
niana y el desierto sonorense. Antiguamente los tres pue-
II.2.2 Kumiai. El Inali (2005) registra 243 hablantes, 111 blos subsistían de la recolección y la caza. La información
de los cuales viven en tres localidades dentro del área etnobiológica que conocemos sobre el grupo se reduce a
ocupada históricamente en el norte de Baja California. El los nombres de plantas y animales recogidos por Mixco
nombre del grupo parece provenir de otra lengua yuma- (1985, 1996, 2000) en su investigación lingüística, junto
na, y significaría “los de los altos”; la autodenominación con los datos etnográficos que aporta Ochoa (1978). El ki-
es tipai, “gente”. Al norte de la frontera, el Ethnologue liwa es considerado actualmente la lengua más amenaza-
reporta 75 hablantes de kumiai en la zona al oriente de da de extinción en México (junto con el ayapaneco, de la
San Diego, California, en 1994. El cuidado intensivo de familia mixezoque), y la documentación del conocimien-
plantas silvestres practicado antiguamente por este gru- to tradicional de este grupo es de la más alta prioridad.
po (identificado como kumeyaay) es un caso paradigmá-
tico en el modelo de Smith (2001) para elucidar el desa- III  Familia chontal de Oaxaca
rrollo de la producción de alimentos en diversas zonas
del mundo. Se han publicado algunos datos etnobotáni- La designación ‘chontal’ (del náhuatl chontalli, “foraste-
cos (Shipek 1991) y un vocabulario (Couro y Hutcheson ro”), como ‘popoloca/popoluca’, causa confusión porque
1973) de las lenguas tiipay e ‘iipay del extremo sur de designa a grupos geográficamente distantes que hablan
California, cercanamente emparentadas con el kumiai, lenguas no emparentadas: el chontal de Tabasco forma
pero no hemos encontrado documentación alguna sobre parte de la familia maya, mientras que las afinidades ge-
el conocimiento etnobiológico del grupo mexicano. To- néticas de las lenguas chontales de Oaxaca son tema de
ledo et  al. (2001: ficha 243) citan una tesis inédita que debate. Campbell (1997) distingue tres de ellas: la que se
compara la etnobotánica kumiai y paipai. Además de que habla en San Pedro Huamelula, Santiago Astata y comu-
su estudio es prioritario por razones ya expuestas para nidades vecinas de la costa en la porción occidental del
506 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

distrito de Tehuantepec; la que se habla en San José Chil- de plantas y animales en esta familia es el hecho de que
tepec, San Matías Petacaltepec y otros pueblos de la sie- presenta la morfología nominal más compleja dentro de
rra en la zona suroriental del distrito de Yautepec, y la la región de mayor variación lingüística en México, y su
que se habló en Magdalena Tequisistlán, al noroeste de sistema de categorización parece ser marcadamente dis-
Tehuantepec, que se extinguió el siglo pasado.11 El Inali tinto al de las lenguas otomangues que la rodean.
(2005), con base en el censo de 2000, reporta 4 959 ha-
blantes de chontal de Oaxaca, 2 583 de los cuales viven IV  Huave
en 35 localidades dentro del área ocupada históricamen-
te; dicha fuente agrupa de modo indistinto las dos len- Las comunidades huaves o “mareñas” ocupan una estre-
guas vigentes, mientras que el Catálogo del Inali (2007) cha franja en torno a las grandes lagunas costeras de la
reconoce tres variantes con sus correspondientes auto- costa del Pacífico en el Istmo de Tehuantepec. La deno-
denominaciones: chontal alto (tsame) hablado en Me- minación ‘huave’ proviene del zapoteco istmeño y tiene
caltepec, Petacaltepec y comunidades aledañas; chontal connotaciones peyorativas; la gente de San Mateo se lla-
bajo (tsome) en Acaltepec, Chontecomatlán y Teipan, y ma a sí misma ikoots, “nos (como complemento de un
chontal de la costa (lajltyaygi) hablado en Huamelula y verbo)”, y a su lengua ombeayiüts, “nuestra lengua”, la
municipios vecinos. cual no parece tener parentesco demostrable con grupo
El Ethnologue, citando el censo de 1990, registra 950 alguno dentro o fuera de Mesoamérica (Campbell, 1997).
hablantes del chontal de la costa, y 3 600 hablantes del El Inali (2005) registra 14 224 hablantes; 12 435 residen
chontal de la sierra; no cuantifica los grados de inteligibi- en 19 localidades dentro de su hábitat histórico. El Eth­
lidad entre ambas, pero otros autores mencionan que las nologue distingue cuatro lenguas huaves, que correspon-
posibilidades de intercomunicación son tan limitadas den a las cuatro cabeceras (San Dionisio del Mar, San
que la gente recurre al español. La primera solo es habla- Francisco del Mar, San Mateo del Mar y Santa María del
da por personas mayores y es prioritario documentar su Mar), con una población total estimada entre 16 500 y
léxico etnobiológico antes que desaparezca. Se ha hecho 18 500 hablantes en la década de 1990. Las variantes de
poca investigación biológica en la región chontal, si bien Santa María y San Francisco son las más reducidas en
se considera un área de interés por su alto endemismo población, con 500 y 900 hablantes, respectivamente; la
florístico, con un gradiente amplio de bosque mesófilo de variante de San Mateo, en cambio, es la lengua materna
montaña, pinares y encinares en la sierra a bosques tro- para 12 000 personas. La misma fuente estima grados
picales caducifolios y vegetación costera en la zona baja. de inteligibilidad que varían de 98% entre San Dionisio
De Ávila (2004) reseñó la información disponible acer- y Santa María, a 38% entre San Francisco y San Mateo.
ca del conocimiento de la naturaleza en estas lenguas. El Ca­tálogo del Inali (2007) reconoce solo dos variantes,
El vocabulario trilingüe chontal-español-inglés recopila- el huave del oeste (ombeayiüts) hablado en San Mateo y
do por Turner y Turner (1971) en San Matías Petacalte- Santa María, y el huave del este (ombeyajts) en San Dio-
pec es la fuente más importante que conocemos para nisio y San Francisco. Las comunidades huaves, margi-
documentar el léxico etnobiológico en esta familia. Los nadas por la expansión de los pueblos zapotecos, habitan
autores recogieron decenas de nombres de animales y un área muy reducida cubierta originalmente por bosque
plantas, anotando sus equivalencias en español e inglés, tropical caducifolio y bosque espinoso, palmares de Sa­
a falta de binomios científicos. Waterhouse (1967) regis- bal, humedales, manglares y dunas costeras. Su orienta-
tró unos cuantos términos en la lengua de Huamelula, ción económica y cultural hacia los recursos marinos los
para la cual O’Connor (2008) ha preparado un vocabula- distingue de los demás grupos indígenas mesoamerica-
rio etnobotánico con glosas breves descriptivas en espa- nos contemporáneos.
ñol. Al comparar los términos para plantas recogidos por De Ávila (2004) reseñó la documentación etnobiológi-
Turner y Turner y por O’Connor, llama la atención la baja ca de estas lenguas. Cardona (1979) analiza la clasifica-
frecuencia de cognados, es decir, vocablos derivados de ción y nomenclatura huave de los peces y las plantas, y
una misma raíz del proto-chontal. Es prioritario ampliar presenta una lista de especies de ambos. El diccionario
la documentación etnobiológica de ambas lenguas debi- compilado por Stairs y Scharfe de Stairs (1981) incluye
do a su aislamiento genealógico y por el número descen- un extenso apéndice sobre flora y fauna, con cientos de
dente de hablantes, sobre todo en la costa. Un factor adi- nombres en huave, latín y español. Como en otros diccio-
cional de interés para estudiar la clasificación tradicional narios publicados por el Instituto Lingüístico de Verano,
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 507

varias de las determinaciones taxonómicas son proble- la occidental dio origen al linaje chol-tzeltal y al kanjobal-
máticas. El trabajo etnobotánico de Zizumbo y Colunga chuj, y la rama oriental al grupo quiché-kekchí y al mam-
García Marín (1982), en cambio, presenta identificacio- ixil. Gordon (2005) enumera 69 lenguas mayas; según los
nes científicas confiables, respaldadas con ejemplares de criterios de clasificación del Ethnologue, la familia es la
herbario, pero algunas de sus transcripciones de la len- tercera más diversificada en el continente americano, re-
gua son dudosas. Las tres investigaciones fueron realiza- basada solo por las lenguas otomangues de México y las
das en San Mateo del Mar; conocemos pocos datos etno- lenguas tupís de Sudamérica. A partir de los años sesen-
biológicos de las otras variantes dialectales. Un estudio ta, Kaufman y sus colaboradores han documentado de
más amplio de las otras comunidades ikoots, que es ur- manera sistemática las lenguas mayas vivas y los materia-
gente en el caso de Santa María y San Francisco donde la les históricos sobre esta familia para compilar un diccio-
lengua probablemente desaparecerá en las próximas dé- nario etimológico (Kaufman y Justeson 2003) que incluye
cadas, ofrecerá la oportunidad de correlacionar la histo- una cantidad considerable de nombres de animales,
ria cultural del grupo a lo largo de los últimos 400 años 12 plantas y hongos, identificados mediante sus nombres
con la trayectoria de su sistema de conocimiento biológi- vernáculos en español; esa base de datos ofrece la única
co. La variación dialectal de las cuatro comunidades ve- información etnobiológica que hemos encontrado para
cinas, que comparten un ambiente relativamente homo- algunos miembros de la familia.
géneo en términos ecológicos, permite plantear esa
posibilidad si se reconstruye con mayor detalle la no- V.1 Lenguas huastecas. Kaufman (2001: 81) calcula que
menclatura biológica del proto-huave y se rastrea la se- el proto-huasteco se separó hace unos nueve siglos del
cuencia de cambios en cada variante. linaje que daría origen al chicomucelteco. Los hablantes
de huasteco se nombran a sí mismos tének, “los que vi-
V  Familia maya ven en el campo” según el Inali (2005), que registra
150 257 personas con base en el censo de 2000; 124 089
Diversos autores han propuesto que las lenguas mayas de ellas viven en 541 localidades cartografiadas en dicha
tienen un parentesco remoto con las lenguas mixezo- publicación. La misma fuente reporta que el grupo ma-
ques, las totonacas, y aun con el huave, y han denomina- yor de hablantes que han emigrado se ubica en el Estado
do “macro-maya” a esa afiliación. Campbell (1997: 324) de México. El Ethnologue distingue tres lenguas huaste-
cree que en el futuro se demostrará que las lenguas ma- cas: 1] la que se habla en Aquismón, Tanlajás y otros mu-
yas y mixezoques efectivamente están emparentadas, nicipios de San Luis Potosí, con 70 000 hablantes; 2] la
pero tal demostración requerirá trabajo más cuidadoso y lengua de Tantoyuca y los municipios vecinos en el nor­
detallado que las comparaciones léxicas presentadas has- oeste de Veracruz, con 50 000 personas, y 3]  la que se
ta ahora. Considera posible que las lenguas totonacas habla en la sierra Otontepec, en las comunidades de
también formen parte de esa agrupación más amplia, Chontla, Tantima, Tancoco y otras en el noreste de Vera-
pero excluye de manera definitiva al huave. Dentro de la cruz, con 1 749 personas (recuentos censales de 1990). El
familia maya propiamente, Campbell (1997: 163) clasifi- Inali (2007) reconoce las mismas variantes que el Ethno­
ca 30 lenguas vivas y dos extintas. La diversificación in- logue y las designa como huasteco del occidente, huaste-
terna de la familia comenzó hace aproximadamente 4 200 co del centro y huasteco del oriente. Kaufman (2001: 81)
años,13 al separarse la rama que daría origen a las lenguas estima que la variación interna del huasteco representa
huastecas, habladas hoy día al oriente de San Luis Potosí solo 300 años de divergencia. La mayor parte del área
y norte de Veracruz, y al chicomucelteco, lengua del sur­ originalmente estaba cubierta por bosques tropicales pe-
este de la depresión central de Chiapas que se extinguió rennifolios y subcaducifolios, y encinares tropicales; al-
a principios del siglo xx. Las lenguas huastecas son así gunas comunidades huastecas en San Luis Potosí se
las más divergentes de la familia hoy día. Unos 1 000 años asientan en la franja de bosques mesófilos de montaña de
después se desprendería la rama yucateca, que originó la Sierra Madre Oriental.
dos grupos: corresponden al primero el maya yucateco y Brown (1972) publicó un estudio breve acerca de la
el lacandón, y al segundo el itzá y el mopán, hablados en taxonomía huasteca de las plantas. En los años ochenta,
el Petén en Guatemala y Belice. Alcorn realizó investigaciones acerca del conocimiento
El resto de la familia, las lenguas mayas “nucleares”, se y manejo de la vegetación en comunidades tének cerca-
diferenció en dos grandes ramas (Kaufman 2001: 81-82): nas a Tancanhuitz, SLP, y preparó un libro voluminoso
508 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

(Alcorn 1984) que es uno de los trabajos más detallados bre el conocimiento de las plantas y los animales en las
y profundos de la literatura etnobotánica mundial. Su comunidades mayas de Quintana Roo, que son más con-
obra esclarece las relaciones entre la botánica vernácula, servadoras en términos culturales. El Atlas de Toledo
el conocimiento tradicional de los procesos ecológicos y et al. (2001) cita cerca de 600 estudios relacionados con
las prácticas productivas para el autoconsumo y el mer- la etnoecología maya, superando con mucho el número
cado externo. Ochoa (1998) ha estudiado la nomenclatu- de trabajos acerca de cualquier otro grupo indígena de
ra de las plantas en el huasteco del norte de Veracruz. En México y Centroamérica. Se cuenta además con varias
contraste con la amplia documentación etnobotánica, no compilaciones y estudios del léxico peninsular contem-
hemos encontrado información acerca del conocimiento poráneo en general; el más reciente que conocemos es el
de hongos y animales en estas lenguas, salvo los datos diccionario de Bricker, Po’ot y Dzul (1998). La revisión de
que aportan Kaufman y Justeson (2003) de las tres zonas. esta literatura voluminosa sobrepasa los objetivos de este
Larsen (1955) recopiló un vocabulario del huasteco de capítulo, pero podemos destacar que los estudios minu-
San Luis Potosí. Es prioritario documentar en mayor de- ciosos de las últimas décadas evidencian la sofisticación
talle la variante oriental, que parece ser la más divergente del conocimiento taxonómico y ecológico de una socie-
y es la que tiene menos hablantes. dad indígena, y ponen en perspectiva la falta de investi-
gaciones etnobiológicas más profundas entre otros gru-
V.2.1 Maya yucateco. En correspondencia con la relativa pos culturales del país.
uniformidad geológica y ecológica de la península de Yu-
catán, el maya (maaya t’aan en la propia lengua) es el V.2.2 Lacandón. El Inali (2005) reporta 635 hablantes de
grupo indígena mayoritario que presenta menor varia- esta lengua, de los cuales 562 viven en siete localidades
ción dialectal en México, pese a que el número de ha- en su territorio histórico en el noreste de Chiapas. Lla-
blantes se aproxima a un millón: el Inali (2005) registra man a su lengua maya y hach t’aan, y se nombran a sí
800 291, de los cuales 769 711 residen en las 1 108 locali- mismos hach winik, “hombres verdaderos”. Habitan un
dades marcadas en sus mapas. El Ethnologue distingue área cubierta todavía en su mayor parte por bosque tro-
dos variantes: 1] la que hablan 40 000 personas (censo de pical perennifolio. Diversos trabajos documentan el co-
1990) en la zona central de Quintana Roo, que corres- nocimiento lacandón de las plantas (Durán 1999), las
ponde al área ocupada por los cruzoob, desplazados por especies medicinales (Kashanipour y McGee 2004), los
las guerras de castas en el siglo xix, y 2] la que se habla mamíferos (March 1987), los reptiles (Góngora 1987),
en el resto de la península. El Inali (2007) reconoce una los hongos (Ruán-Soto et al., en prensa) y el entorno na-
sola forma de la lengua. Los mayas ocupan todo el gra- tural en general (Marion 1991). El estudio para la crea-
diente latitudinal de vegetación de la subprovincia bio- ción de un área protegida en Nahá (ine 1996) incluye
geográfica yucateca, progresivamente más árida confor- listas de varios vertebrados y algunas plantas con nom-
me se avanza del suroriente al norponiente. bres en maya lacandón y en latín. Boot (1997) ha recopi-
El conocimiento etnobiológico maya es el caso mejor lado un vocabulario del dialecto de Naja’ (Nahá) con base
documentado entre las lenguas mesoamericanas, inclu- en un estudio gramatical de 1968. La información dispo-
yendo un corpus considerable de materiales coloniales y nible es limitada aún, y el grupo merece investigaciones
del siglo xix. Las investigaciones contemporáneas par- más amplias. El análisis comparativo de los lacandones y
ten del trabajo pionero de Roys (1931), retomado por los mayas peninsulares, sus parientes lingüísticos cerca-
Barrera Marín (1976) y otros autores. Posteriormente se nos (Kaufman [2001: 81] estima en 500 años la divergen-
inicia la publicación de la serie Etnoflora yucatanense, cia entre ambas lenguas), arrojará luces sobre la historia
dedicada en parte a la etnobotánica maya, primero en el del sistema de conocimiento etnobiológico de los segun-
Inireb (Sosa et al. 1985) y después en la Universidad Au- dos, el mejor documentado en Mesoamérica, pero el es-
tónoma de Yucatán (Arellano et  al. 1992). De manera tudio de la comunidad lacandona es de gran interés in-
paralela, se han publicado varios estudios acerca de la trínseco por tratarse de la sociedad indígena menos
etnozoología (Mandujano y Rico-Gray 1991; Hovey y afectada por la cultura europea en el país, al haber perma-
Rissolo 1999, entre otros) y etnomicología (Mata 1987) necido aislada en la selva hasta mediados del siglo xx.
de la península. En la zona oriental, Eugene F. Anderson
y sus colaboradores (Anderson et al. 2005; Anderson y V.3.1.1 Lenguas choles. El linaje chol-tzeltal se bifurcó
Medina 2005) han realizado investigaciones extensas so- consecutivamente, dando origen la primera línea a las
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 509

lenguas choles y el chontal de Tabasco, y a dos lenguas que denomina chontal central, del este, del sureste y del
guatemaltecas, el ch’orti’ y el extinto choltí (Campbell, norte. Las comunidades chontales ocupan un área de
1997: 163). Kaufman (2001: 81) estima que la variación grandes humedales tropicales. Los únicos datos acerca
interna del chol-tzeltal representa unos 19 siglos de di- del conocimiento tradicional del medio ambiente que
vergencia, mientras que las diferencias dentro del grupo hemos encontrado para este grupo los aportan el estudio
chol-choltí son del orden de 14 siglos. Las lenguas choles etnoecológico de Vásquez-Dávila (2001) y los trabajos
se distribuyen en el norte de Chiapas y en comunidades lingüísticos de Pérez-González (1985) y Keller y Luciano
vecinas de Tabasco: el Inali (2005) registra 161 766 ha- (1997), junto con los términos recopilados por Kaufman
blantes, de los cuales 144 153 habitan en localidades den- y Justeson (2003). Montoya et al. (2003) han reunido una
tro del área ocupada históricamente por el grupo. El extensa base de datos léxicos. El Atlas etnoecológico (To-
nombre con el que se les conoce parece derivar de ch’ol, ledo et al. 2001: fichas 8 y 33) cita una tesis inédita acerca
“milpa”; la lengua es designada lak ty’añ, “nuestra len- del conocimiento y manejo de los palmares, y otra sobre
gua”. El Ethnologue distingue dos variantes, el chol de Tila las plantas medicinales. Además de su interés especial
con 43 870 hablantes en 2000, y el chol de Tumbalá y Sa- como miembros del linaje chol para dilucidar la historia
banilla con 90 000 hablantes en 1992. Según los lingüistas maya, los pueblos chontales llaman la atención por su
del ilv, la primera muestra 82% de inteligibilidad de la adaptación cultural a terrenos inundables y el desarrollo
segunda. El Catálogo del Inali (2007) también reconoce de prácticas agrícolas con rendimientos extraordinarios.
dos variantes, que designa ch’ol del noroeste y ch’ol del
sureste. Los pueblos choles están asentados en un área V.3.2.1 Lenguas tzeltales. En la clasificación propuesta
originalmente cubierta por bosques tropicales perenni- por Campbell (1997), el tzeltal y el tzotzil son los únicos
folios y bosque mesófilo de montaña. No hemos encon- integrantes del grupo tzeltal dentro del linaje chol-tzeltal.
trado información etnobiológica en estas lenguas salvo El Inali (2005) reporta 284 826 hablantes de lenguas tzel-
los datos que aparecen en los vocabularios de Tila (Schu- tales, de los cuales 249 843 viven en las 807 localidades
mann 1973) y de Tumbalá (Aulie y Aulie 1998), la recopi- registradas en sus mapas dentro de la distribución histó-
lación de Montejo et al. (2001) y los materiales de Kauf- rica del grupo en la región central y nororiental de Chia-
man y Justeson (2003). El Atlas etnoecológico (Toledo pas; un número considerable de familias han migrado a
et al. 2001: ficha 1961) cita una tesis acerca de etnobo- otras zonas del estado. El Ethnologue distingue dos va-
tánica médica chol en el municipio de Palenque. En ge- riantes: el tzeltal de Oxchuc, hablado en la zona alta por
neral, es sorprendente la parvedad de investigaciones 90 000 personas (estimación de 2000), y el tzeltal de Ba-
etnográficas y lingüísticas sobre este grupo, dada su im- chajón, hablado en la zona baja por 100 000 personas (es-
portancia demográfica y cultural. El chol y sus parientes timación de 1993). El Catálogo del Inali (2007) reconoce
son particularmente relevantes para los estudios epigrá- cuatro variantes, que designa tzeltal del occidente, del
ficos porque las inscripciones mayas de la región sureña norte, del oriente y del sur. Como otros grupos, los tzel-
durante el periodo clásico, que constituyen el cuerpo tales llaman a su lengua “palabra verdadera”, bats’il k’op,
más copioso de textos y el sistema más refinado de escri- y a sí mismos “hombres verdaderos”, bats’il winik. Su te-
tura de la América antigua, corresponden a una lengua rritorio incluye áreas originalmente cubiertas por bos-
de esta agrupación. ques de pino y encino y bosques mesófilos de montaña;
hacia el sur, algunas comunidades ocupan tierras en la
V.3.1.2 Chontal de Tabasco. El Inali (2005) registra 38 570 cuenca alta del Grijalva donde la vegetación natural fue
hablantes de esta lengua, 26 620 de ellos en 118 localida- bosque tropical caducifolio. En el último siglo, los tzelta-
des dentro de la distribución histórica del grupo en el les han colonizado áreas extensas de bosque tropical pe-
centro de Tabasco. Llaman a su lengua yokot’an, “lengua rennifolio hacia el noreste de su hábitat histórico en Los
verdadera”, y a sí mismos yokot’ano’, “hablantes de len- Altos de Chiapas.
gua verdadera”. Según el Ethnologue, hay variación dia- Berlin et al. (1974) estudiaron el conocimiento de las
lectal considerable entre Tamulté de las Sabanas, Buena plantas en la comunidad de Tenejapa en la zona alta; la
Vista, Miramar y San Carlos Macuspana; reporta grados monografía resultante marcó un parteaguas en la litera-
de inteligibilidad de 80 a 94% de esta última por parte de tura etnobiológica internacional por la fidelidad con que
los hablantes de otras variantes. El Catálogo del Inali fue recabada la información en la lengua indígena, res-
(2007) distingue de la misma manera cuatro variantes, paldando cada nombre tzeltal con ejemplares de herba-
510 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

rio. El estudio contribuyó de manera decisiva a la formu- 20 000 personas, y 6] tzotzil de Zinacantán, 25 000 per-
lación teórica de los principios de categorización que de sonas (datos demográficos de 1990). La misma fuente
acuerdo con lo propuesto por Berlin (1992) rigen los sis- estima 66% de inteligibilidad entre la lengua de San Bar-
temas de conocimiento tradicional de los seres vivos en tolomé y la de Chenalhó, y grados más bajos aún entre la
todo el mundo. Recientemente, el autor ha hecho un aná- primera y otras variantes. El Catálogo del Inali (2007) re-
lisis de la experiencia etnobotánica de una sola persona, conoce siete variantes, que enumeramos y ubicamos en
Alonso Méndez Ton, su colaborador principal (Berlin y el mapa adjunto a este capítulo. Como los tzeltales, los
Berlin 1997; Berlin 1999), que se publicará próximamen- hablantes de tzotzil llaman a su lengua “la palabra verda-
te en español. A raíz del trabajo pionero de Berlin y sus dera”, bats’i k’op, y a sí mismos “los hombres verdaderos”,
colegas, otros investigadores han documentado los sa- bats’i vinik. La mayoría de las comunidades se ubican en
beres acerca de los animales (Hunn 1977), los hongos zonas cubiertas originalmente por bosques de pino y en-
(Shepard y Arora 1992; Lampman 2004), la adquisición cino; algunos asentamientos hacia el sur y hacia el norte
del conocimiento entre los niños (Stross 1973; Zarger y ocupan áreas que corresponden a bosques tropicales ca-
Stepp 2004), y otros aspectos de la etnobiología tzeltal de ducifolios y bosques mesófilos de montaña, respectiva-
la zona alta. La investigación de Hunn es notable por su mente.
amplia cobertura taxonómica, incluyendo todos los in- La documentación etnobiológica de las comunidades
vertebrados conocidos en Tenejapa, organismos pocas tzotziles es limitada en comparación con sus vecinos
veces considerados en los estudios etnozoológicos. En tzeltales. La investigación más profunda que conocemos
cambio, para las variantes de la zona baja la única fuente fue realizada por Breedlove y Laughlin (1993) en torno al
que hemos encontrado es el diccionario de Bachajón conocimiento de las plantas en Zinacantán, siguiendo los
(Slocum et al. 1999). pasos del valioso estudio agroecológico de Collier (1975).
La información ahora disponible acerca de la zona alta Acheson (1966) documentó el conocimiento de los ani-
es comparable en profundidad con la literatura etnobio- males en la misma variante. Shepard y Arora (1992) han
lógica yucateca. A diferencia del maya peninsular, la va- estudiado la nomenclatura y uso de los hongos en algu-
riación dialectal tzeltal y la heterogeneidad ecológica de nas comunidades tzotziles. Berlin y Berlin (1996) regis-
su territorio ofrecen oportunidades para trabajos com- tran de manera meticulosa los parásitos gastrointestina-
parativos a futuro que permitan abordar otras interro- les, los padecimientos que ocasionan y las plantas que los
gantes teóricas relacionadas con la evolución de los siste- curan en varios municipios tzotziles y tzeltales; los mis-
mas de conocimiento y su respuesta ante cambios mos autores han recopilado una enciclopedia etnomédi-
sociales drásticos, como la incorporación de las comuni- ca de ambos grupos (1997). Los extensos diccionarios de
dades a la economía de mercado. La experiencia reciente Laughlin (1975), con 35 000 entradas en la variante de
de los pueblos tzeltales, junto con sus vecinos tzotziles, Zinacantán, y Laughlin y Haviland (1988) aportan datos
choles y tojolabales, puede ayudar a esclarecer estas pre- adicionales. Al ser parientes cercanos (Kaufman [2001:
guntas dada la intensidad de las transformaciones propi- 81] estima 14 siglos de divergencia entre ellos), el estudio
ciadas por la expansión del café y la ganaderización de las comparativo de ambos grupos, que son dos de los pue-
tierras bajas tropicales, sin que decaiga su vigorosa resis- blos indígenas mejor estudiados en el continente en tér-
tencia cultural y política. minos lingüísticos y etnográficos, ofrece la posibilidad de
reconstruir a detalle la nomenclatura y clasificación bio-
V.3.2.2 Lenguas tzotziles. El Inali (2005) registra 297 561 lógica del proto-tzeltal-tzotzil.
personas, 244 183 de ellas en las 595 localidades marca-
das en sus mapas dentro de la distribución histórica del V.4.1.1 Kanjobal. Kaufman (2001: 81) estima que la va-
grupo en el centro y norte de Chiapas; como en el caso riación interna del linaje kanjobal-chuj representa unos
tzeltal, muchos hablantes han migrado a otras zonas del 21 siglos de divergencia y lo divide en dos grupos, ubi-
estado y a entidades vecinas. El Ethnologue distingue seis cando en el primero al cotoque, al kanjobal y a los parien-
variantes: 1]  tzotzil de Chamula, hablado por 130 000 tes cercanos de éste: el acateco y el jacalteco, mientras
personas; 2] tzotzil de Chenalhó, 35 000 personas; 3] tzo- que en el segundo coloca al tojolabal y al chuj. La diver-
tzil de Venustiano Carranza (San Bartolomé de los Lla- sificación del primer grupo refleja cerca de 15 siglos de
nos), 4 226 personas; 4] tzotzil de San Andrés Larráinzar evolución lingüística; las diferencias entre q’anjob’al,
(Sakamchén), 50 000 personas; 5]  tzotzil de Huixtán, ku-ti’ (acateco) y popti’ (jacalteco), que el autor conside-
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 511

ra “lenguas emergentes”, equivaldrían a 700 años. La ma- “lenguas emergentes”, con unos seis siglos de divergencia
yoría de los hablantes de kanjobal vive en la región llama- entre ellas; ambas conforman el “cotoque” y tienen como
da Los Cuchumatanes en el departamento de Huehuete- linaje hermano al kanjobal y sus dos parientes cercanos.
nango en Guatemala. En el área colindante de Chiapas, el El motozintleco y tuzanteco son lenguas moribundas,
Inali (2005) registra 65 localidades con 4 977 personas. habladas solo por personas de edad avanzada; el Inali
Los refugiados guatemaltecos asentados en Campeche (2005) las considera una sola lengua (qa-took, “nuestra
y Quintana Roo que hablan esta lengua elevan el total palabra”) y registra 174 hablantes únicamente, 146 de
nacional a 9 015 personas. El Ethnologue distingue el ellos en las dos localidades de asentamiento histórico. El
kanjobal oriental del occidental o acateco; cita 77 700 ha- Ethnologue reporta 168 hablantes de “mocho”, citando
blantes del primero en Guatemala en 1998, pero no do- datos censales de 1990, y considera al tuzanteco como un
cumenta su presencia en México. La misma fuente indica dialecto de la misma lengua. El Catálogo del Inali (2007)
que en 1991 había en nuestro país solo 100 hablantes de incluye al qato’k como una de las 68 agrupaciones lin-
acateco originarios de Chiapas más 10 000 refugiados, güísticas indígenas del país, con dos variantes: muchu’ o
mientras que en Guatemala había 48 500 personas en tuzanteco y mocho’. Kaufman (1967-2003a) ha recopilado
1998. El Inali (2005) parece agrupar ambas lenguas bajo una base de datos léxicos para el “kotoke de Motozintla” y
el nombre kanjobal, castellanización de q’anjob’al, “con otra para el “kotoke de Tuzantán” (1967-2003b). Salvo los
lo que hablamos”, mientras que el Catálogo del Inali (2007) nombres de plantas y animales que presentan Kaufman y
distingue al Akateko (Kuti’) del Q’anjob’al.14 El  hábitat Justeson (2003) recogidos en ambos pueblos, no conoce-
histórico de este grupo y de sus parientes lingüísticos mos estudios etnobiológicos sobre ninguna de las dos va-
cercanos es un área montañosa cubierta originalmente riantes, que son una prioridad para la investigación por-
por pinares, encinares y bosques mesófilos de altitud. que se restringen a dos comunidades y porque se avecina
Los únicos datos etnobiológicos que hemos encontrado su desaparición, además de que son los únicos miembros
de estas lenguas son el léxico registrado en dos dicciona- del grupo kanjobal que se hablan solo en México.
rios publicados en Guatemala (De Diego et al. 1996; Aca-
demia de Lenguas Mayas de Guatemala 2003a) y en una V.4.2.1 Chuj. Kaufman (2001: 81) estima que la divergen-
descripción general del acateco de la frontera (Zavala cia entre el chuj y el tojolabal, su pariente más cercano,
1992), junto con los materiales recabados por Kaufman y representa unos 16 siglos de separación. El Inali (2005)
Justeson (2003). reporta 1 796 hablantes de chuj (koti’, “nuestra lengua”)
en México, 527 de ellos en 13 localidades dentro de la
V.4.1.2 Jacalteco. Como sus parientes cercanos, esta len- distribución histórica del grupo en la colindancia entre
gua se habla principalmente en Guatemala y se ubica jus- Chiapas y la zona de Los Cuchumatanes en Guatemala,
to al sur de ellos. El Inali (2005) reporta 529 personas en donde radica la mayor parte de la población. Refugiados
México, de las cuales 402 viven en 13 localidades en el transfronterizos de este grupo se han asentado en Cam-
área de distribución histórica del grupo. El Ethnologue peche y Quintana Roo. El Ethnologue distingue dos va-
distingue dos variantes: el jacalteco occidental, hablado riantes, el chuj de San Sebastián Coatán, con 19 458 per-
por 77 700 personas en Guatemala y 10 000 personas en sonas en Guatemala, y el chuj de Ixtatán, con 22 130 en
México (1 300 hablantes nativos de Chiapas y varios mi- Guatemala y 9 500 en México, según estimaciones de
les de refugiados), y el jacalteco oriental, hablado por 1991. El Catálogo del Inali (2007) no reconoce variantes
11 000 personas en Guatemala, según estimaciones de de Koti’ en el país. Hopkins (1980) ha estudiado la no-
1991-1998. El Catálogo del Inali (2007) reconoce una sola menclatura y clasificación de los animales en esta lengua;
forma de Jakalteko (Popti’) en nuestro país. La docu- Breedlove y Hopkins (1970) documentan el conocimien-
mentación etnobiológica que hemos encontrado de esta to etnobotánico. Datos adicionales sobre la terminología
lengua es aún más pobre que la del kanjobal, limitada a etnobiológica chuj pueden encontrarse en dos vocabula-
los pocos datos que consigna un vocabulario publicado rios publicados en Guatemala (Felipe 1998; Academia de
por el ilv (Church y Church 1955) y los materiales que Lenguas Mayas de Guatemala 2003c).
reúnen Kaufman y Justeson (2003).
V.4.2.2 Tojolabal. El Inali (2005) registra 37 986 personas
V.4.1.3 Motozintleco. Kaufman (2001: 91) distingue al hablantes de esta lengua, 34 417 de ellas en 253 localida-
mochó o motozintleco del muchú o tuzanteco 15 como des dentro de su distribución histórica en el centro-
512 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

oriente de Chiapas. Tanto el Ethnologue como el Catá­ es qyool, “nuestra palabra”, y la del grupo wnaqqo, “nues-
logo del Inali (2007) reconocen una sola forma de esta tra gente”. Del lado mexicano, las comunidades mam
lengua. Tojol ’ab’al se refiere a la “palabra bien escucha- ocupan terrenos originalmente cubiertos por bosques de
da” (Lenkersdorf 2006). Como los hablantes de chuj, este pino y encino en su mayor parte, y un área más húmeda
grupo ocupa zonas altas originalmente cubiertas en su de bosque mesófilo y bosque tropical perennifolio en el
mayor parte por bosques de pino y encino. La única in- Tacaná. Hostnig et  al. (1998) han estudiado el conoci-
formación etnobiológica que conocemos en su lengua miento etnobotánico en la variante de Quetzaltenango
proviene del diccionario de Lenkersdorf (1979) y de la en Guatemala. Hay datos sobre la nomenclatura de otros
base de datos de Kaufman y Justeson (2003). Es impor- grupos taxonómicos en dos vocabularios publicados
tante investigar el conocimiento tradicional del grupo (Maldonado et al. 1983; Academia de Lenguas Mayas de
para ampliar la base comparativa de información sobre Guatemala 2003b), además del trabajo de Kaufman y Jus-
los pueblos mayas de los Altos de Chiapas. Junto con sus teson (2003). Es urgente documentar el tacaneco, que
vecinos tzeltales, tzotziles y choles, las comunidades to- según el Ethnologue representa la variante más divergen-
jolabales participan de manera activa en los movimientos te y que está cayendo en desuso en ambos países.
por su autonomía y por la reivindicación de sus derechos
culturales. El grupo entero vivió las peores condiciones V.5.1.2 Teco. El Inali (2005) registra 210 hablantes de esta
de opresión como peones acasillados durante el siglo xix lengua (q-yool, “nuestra palabra”, también conocida
y principios del xx (Lenkersdorf 2006), experiencia que como tectiteco), 75 de ellos en siete localidades dentro
debe haber marcado sus tradiciones orales y sus patrones del área de ocupación histórica al oriente del motozintle-
de uso de los recursos naturales. co en el sureste de Chiapas. El Ethnologue estima una
población en México de 1 000 adultos mayores (las gene-
V.5.1.1 Mam. Kaufman (2001: 82) estima que la varia- raciones más jóvenes ya no usan el teco), y en Guatemala
ción interna de las lenguas mayas nucleares orientales de 1 265 personas de todas las edades para el año 2000. El
refleja unos 34 siglos de divergencia. Dentro de esa divi- Catálogo del Inali (2007) consigna Qyool y B’a’aj como
sión, las lenguas que componen el grupo mam-ixil y las autodenominaciones del Teko. La única información et-
que pertenecen al grupo quiché-kekchí muestran un gra- nobiológica que hemos encontrado de esta lengua son
do similar de diversificación, que equivale a 26 siglos. los datos de Tectitán (Guatemala), Mazapa y Amatenan-
Kaufman divide al primero en dos linajes, el ixil-aguaca- go de la Frontera (Chiapas) incluidos en el diccionario de
teco y el mam propiamente; estima para el segundo 15 Kaufman y Justeson (2003). Es importante investigar el
siglos de diferenciación interna, y ubica en él al teco jun- conocimiento tradicional de este grupo en vista del nú-
to con tres variantes de mam. El Inali (2005) cita 7 580 mero reducido de hablantes y en consideración de su
hablantes, 3 383 de ellos en 216 localidades en el área de ubicación, junto con el mam y las lenguas del grupo kan-
distribución histórica en el suroriente de Chiapas. Refu- jobal-chuj, en el área montañosa del occidente de Guate-
giados guatemaltecos de este grupo se han asentado en mala, que se piensa fue el hábitat del proto-maya y donde
Campeche y Quintana Roo. El Ethnologue, a partir de se inició la diversificación de la familia.
estimaciones realizadas entre 1991 y 2000, reporta más
de 540 000 hablantes de mam en ambos países. Distingue V.5.2 Otras lenguas mayas. El Catálogo del Inali (2007)
seis lenguas: 1] mam del norte, con 200 000 personas en incluye dentro de las 68 agrupaciones lingüísticas indíge-
Guatemala y 1 000 en México por colonización reciente; nas presentes en México, cinco que son habladas exclu-
2]  mam del sur, con 125 000 personas en Guatemala; sivamente por migrantes guatemaltecos que se han esta-
3] mam de Tajumulco, con 35 000 personas en Guatema- blecido en décadas recientes en la franja fronteriza de
la; 4]  tacaneco, con 20 000 personas en Guatemala y Chiapas, Quintana Roo y Campeche: Awakateko, Ixil,
1 200 en México; 5] mam central, con 100 000 personas Kaqchikel, K’iche’ y Q’eqchi’. La transcripción que hace
en Guatemala, y 6] mam de Todos Santos Cuchumatán, el Inali de los nombres de estas agrupaciones sigue las
con 50 000 personas en Guatemala y 10 000 en México. convenciones ortográficas establecidas por la Academia
El Catálogo del Inali (2007) reconoce cinco variantes pre- de las Lenguas Mayas de Guatemala. Campbell (1997:
sentes en nuestro país, a las que designa mam de la fron- 163) clasifica al Q’eqchi’ (kekchí) como la lengua más
tera, del norte, del sur, de la sierra y del Soconusco (Qyool divergente dentro de la rama quicheana de la división
Mam o B’anax Mam); la autodenominación de la lengua quiché-mam; las lenguas quicheanas “nucleares” inclu-
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 513

yen el Kaqchikel-Tz’utujil y el K’iche’, entre otras. �����


Kauf- una lengua mixezoque. Los glifos de la estela de La Mo-
man (2001: 82) estima que la variación interna de la rama jarra, el sistema de escritura más antiguo del continente
quicheana y de las lenguas nucleares representan 26 y 10 descifrado hasta ahora, muestran rasgos léxicos y gra-
siglos de divergencia, respectivamente. Campbell (1997) maticales específicos de una lengua zoque (Kaufman y
divide la rama mam en dos linajes, el Teko-Mam y el Justeson 2001); si bien la estela es posterior a La Venta,
Awakateko-Ixil; Kaufman (2001) no proporciona un cál- todo permite suponer que la gente que ocupó la región
culo de la distancia temporal en el último. El Catálogo del desde el periodo formativo hablaba una lengua del mis-
Inali (2007) registra en México tres variantes de K’iche’ mo linaje. Kaufman (2001) ha documentado el préstamo
(oriental, central y occidental) y dos de Ixil (chajuleño y de varios términos mixezoques a otras familias meso-
nebajeño). americanas durante el periodo clásico (incluso algunos
En Guatemala se han publicado en fechas recientes nombres de animales y plantas), evidencia que lo lleva a
vocabularios extensos del Awakateko (Tuyuc 2001; Men- proponer que la élite de Teotihuacan hablaba una lengua
doza y Rodríguez 2007), del Kaqchikel (Cojti et al. 1998; de esta familia. Desde 1993, Kaufman y sus colaborado-
Ruyán et  al. 1991; Patal 2007), del Ixil (Jewett y Willis res están recopilando información extensa sobre varias
1996; Asicona et al. 1998; Cedillo y Ramírez 1999; Aca- lenguas mixezoques, incluyendo vocablos etnobiológi-
demia de Lenguas Mayas de Guatemala 2003d), del cos; 16 una parte de sus materiales está disponibles para
Q’eqchi’ (Sam et al. 1997; Cu 1998; Academia de Len- consulta en internet (Kaufman et al. sin fecha).
guas Mayas de Guatemala 2004) y del K’iche’ (García
et al. 1995; Ajpacaja et al. 1996). En contraste con el vo- VI.1.1 Lenguas zoques. Kaufman (2001: 80) estima que la
lumen de recopilación léxica, la documentación etnobio- variación dentro de la rama zoque representa 20 siglos de
lógica de estas lenguas es muy pobre, no obstante su im- divergencia. Distingue dos grandes grupos: las tres len-
portancia demográfica. Collins y Liukkonen (2002), guas zoqueanas del Golfo (10 siglos de diferenciación), y
Bourbonnais-Spear et al. (2005) y Treyvaud et al. (2005, el zoque propiamente (8 a 10 siglos), que a su vez divide
2006) han estudiado el conocimiento de las plantas en en dos conjuntos: las lenguas zoques occidentales y las
comunidades de habla Q’eqchi’ en el sur de Belice y nor- orientales, ambas con una variación interna de cerca de
te de Guatemala. Nicolas (1999) ha investigado las espe- cinco siglos. Kaufman atribuye la fragmentación y poste-
cies de uso medicinal en la zona K’iche’. El Atlas etnoe­ rior divergencia de las lenguas zoques a la llegada de los
cológico (Toledo et al. 2001: ficha 1109) cita una tesis de hablantes de chiapaneco hacia el año 700 d. de C. Dentro
licenciatura acerca del conocimiento de los hongos en un del bloque occidental, Campbell (1997: 162) separa dos
pueblo Kaqchikel. Conocemos un solo estudio etnobio- lenguas, el zoque de Santa María Chimalapa y el de San
lógico de los refugiados indígenas de la zona fronteriza, Miguel Chimalapa, ambos en Oaxaca; reconoce cinco
realizado en una comunidad del Petén fundada por mi- lenguas y variantes en el bloque oriental, habladas en
grantes después de 10 a 12 años de exilio en México Chiapas y comunidades adyacentes de Tabasco: 1] el zo-
(Nesheim et al. 2006), tema que amerita más trabajo por que del norte en Magdalena y Francisco León; 2] el zoque
sus implicaciones humanitarias y por su relevancia glo- del noreste “A” en Tapalapa, Ocotepec, Pantepec y Rayón;
bal creciente. 3] el zoque del noreste “B” en Chapultenango y Oxolo-
tán; 4] el zoque central en Copainalá, Tecpatán y Ostua-
VI  Familia mixezoque cán, y 5] el zoque del sur en Tuxtla y Ocozocuautla.
El Inali (2005) reporta 51 464 hablantes de las lenguas
Campbell (1997: 162) reconoce 18 lenguas vivas y una zoques de Chiapas y Oaxaca, 37 933 de ellos en 428 loca-
extinta en la familia, haciendo en este caso una diferen- lidades en el área de distribución histórica. El Ethnologue
ciación más fina que la del Ethnologue. Kaufman (2001: distingue cuatro lenguas en Chiapas y Oaxaca, y registra
80) estima que la variación interna corresponde a unos el número de hablantes según el censo de 1990: 1] zoque
30 siglos de divergencia. Hacia el año 1000 a. de C., el de Copainalá, 10 000 personas; 2] zoque de Rayón, 2 000
proto-mixezoque se dividiría en dos ramas, la zoque y la a 2 300 personas; 3]  zoque de Francisco León, 20 000
mixe. La familia ocupa un lugar central en la historia personas; 4] zoque de Chimalapa, 4 500 personas. El Ca­
mesoamericana porque los constructores de La Venta y tálogo del Inali (2007) reconoce ocho variantes y trans-
otras ciudades tempranas en el sur de Veracruz y Tabas- cribe para ellas autodenominaciones distintas: zoque del
co, que hoy llamamos “olmecas”, deben haber hablado centro (tsuni), del sur (tsuni), del este (ode), del norte
514 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

alto (ore), del norte bajo (ode), del noroeste (ote), del (nuntaj±yi’/nunta anh+maatyi) y al texistepequeño
sureste (ore) y del oeste (angpo’n tsaame).17 El territorio (wää ’oot) entre las 68 agrupaciones lingüísticas del país;
de los pueblos zoques es heterogéneo y estuvo original- reconoce una sola forma para cada una de ellas. El área
mente cubierto por bosques de pino-encino y mesófilos de distribución de estas lenguas corresponde a bosques
de montaña en la zona alta, bosques tropicales perenni- tropicales perennifolios y humedales, con bosque mesó-
folios en las tierras bajas en la vertiente del Golfo, y bos- filo de montaña en la Sierra de Santa Marta. La docu-
ques tropicales caducifolios y sabanas en la vertiente del mentación etnobiológica de ellas es pobre; los únicos
Pacífico y en la depresión central de Chiapas. trabajos que conocemos se refieren al conocimiento de
A pesar del interés que representa una distribución los hongos (Alatorre 1996), las plantas (Escalante 1996) y
ecológica tan amplia, y no obstante el protagonismo de las especies medicinales (Mata-Pinzón 1984, 1988; Leonti
las lenguas zoques en la historia cultural mesoamericana, et  al. 2002, 2003a) 19 en dicha sierra, complementados
el único estudio etnobiológico que conocemos para este con los datos que aportan el diccionario popoluca de la
grupo es la breve monografía de Isidro-Vásquez (1997) misma zona publicado por el ilv (Elson y Gutiérrez 1999)
acerca del uso de plantas en el área de Tuxtla Gutiérrez. y el de Texistepec (Wichmann 2002). Kaufman y Himes
El Atlas etnoecológico (Toledo et al. 2001: fichas 121, 123 (1993-2005), Reilly y Bereznak (1994-2004) y Suslak et al.
y 124) cita un estudio sobre plantas medicinales en Tec- (1996-2005) han recopilado bases de datos léxicos de las
patán, una segunda publicación etnobotánica de Isidro lenguas de Soteapan, Texistepec y Ayapa, respectiva-
sobre la zona de Tuxtla y un estudio breve de las plantas mente. El Atlas etnoecológico (Toledo et  al. 2001: ficha
medicinales en Copainalá, Rayón, Tapalapa y Tapilula. 229) cita una tesis profesional acerca de las plantas medi-
Los pocos términos etnobiológicos que hemos encontra- cinales en la zona de Soteapan. Ante la pérdida avanzada
do provienen del diccionario de San Miguel Chimalapa de la lengua, es urgente registrar el conocimiento tradi-
(Johnson sin fecha) y de los vocabularios de Copainalá, cional de animales y plantas en Texistepec y especial-
Rayón y Francisco León publicados por el ilv (Harrison mente en Ayapa, donde un informe reciente indica que
et al. 1981; Harrison y Harrison 1984; Engel et al. 1987). solo sobreviven dos ancianos que hablan la lengua, la
Kaufman y Johnson (1994-2005), Kaufman y Norman más próxima a extinguirse en todo el país (Nava 2007).
(1994-2005), Pye (1996-1999) y Zavala (2000-2003) han
recopilado extensas bases de datos léxicos de las varian- VI.2.1 Lenguas mixes. Kaufman (2001: 80) indica que la
tes de San Miguel y Santa María Chimalapa, Copainalá variación interna de la rama mixe parece representar la
y Tecpatán, respectivamente. Es prioritario documentar misma profundidad temporal que la rama zoque, 20 si-
el conocimiento tradicional en estas lenguas, especial- glos, si bien sus estimaciones glotocronológicas para la
mente en los extremos sur y occidente de su distribu- primera son tentativas. Dentro de ella, considera que las
ción, donde el zoque es hablado únicamente por perso- lenguas mixes (habladas todas en Oaxaca) y la lengua de
nas mayores. Sayula, Ver., forman un grupo cuya divergencia equivale
a unos 10 siglos. La lengua de Oluta, Ver., y el tapachul-
VI.1.2 Lenguas zoqueanas del Golfo. Campbell (1997), al teco, lengua del Soconusco que se extinguió a principios
igual que Kaufman (2001), distingue tres lenguas en este del siglo xx, también forman parte de la rama mixe pero
grupo: la de Ayapa (municipio de Jalpa de Méndez, Ta- son más divergentes y son excluidas por ello del grupo
basco), la de Texistepec (Veracruz) y la de Soteapan o anterior. Kaufman piensa que la diversificación de las
popoluca de la sierra.18 Kaufman relaciona la diversifica- lenguas mixes propiamente se inició hace unos ocho si-
ción de este conjunto con la intrusión de hablantes del glos. Campbell (1997: 162) reconoce seis lenguas y va-
nahua del Golfo hacia 900-1100 d. de C. El Inali (2005) riantes: 1] el mixe del norte de la zona alta (Totontepec);
registra 31 651 hablantes de las lenguas “zoque-popolu- el mixe del sur de la zona alta, donde distingue 2] el área
cas”; 30 818 de ellos residen en 113 localidades dentro de próxima al Zempoaltépetl (Tlahuitoltepec, Ayutla, Ta-
su distribución histórica. El Ethnologue cita una estima- mazulapan) y 3] el resto de la zona alta (Tepuxtepec, Te-
ción de 1991 de 30 000 hablantes del “popoluca de la pantlali, Mixistlán); la zona media, donde nuevamente
zona alta”, pero solo 427 de la lengua de Texistepec en distingue 4] el área norte (Jaltepec, Puxmetacán, Cotzo-
1990, todos ellos adultos mayores, y únicamente 40 de la cón) y 5]  el área sur (Juquila, Cacalotepec); 6]  la zona
lengua de Ayapa en 1971. El Catálogo del Inali (2007) in- baja (Camotlán, Coatlán, Mazatlán, Guichicovi).
cluye al ayapaneco (numte oote), al popoluca de la sierra El Inali (2005) registra 118 924 hablantes de lenguas
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 515

mixes, 88 428 de ellos en 349 localidades dentro del área tálogo del Inali (2007) incluye al oluteco (yaakaw+) y al
ocupada históricamente por el grupo. El Ethnologue re- sayulteco (t+kmaya’/yámay) entre las 68 agrupaciones
conoce ocho lenguas, las primeras seis en un bloque lingüísticas del país, reconociendo una sola forma de
oriental y las últimas dos en uno occidental, y estima el cada una. Las tierras de ambos pueblos estuvieron cu-
número de hablantes para cada una de ellas (1993-2002): biertas originalmente por bosque tropical perennifolio.
1] Coatlán, 5 000 personas; 2] Istmo, 20 000; 3] Juquila, No hemos encontrado información etnobiológica acerca
8 000; 4]  Mazatlán, 19 211; 5]  centro norte, 13 000; de estas comunidades salvo los datos limitados que apor-
6] Quetzaltepec, 6 700; 7] Totontepec, 5 200; 8] Tlahui- tan los diccionarios del ilv (Clark y Davis 1960; Clark
toltepec, 5 000. La variante de Totontepec es considerada 1981) y el que ha compilado Zavala (sin fecha). Rhodes
la más divergente. El Catálogo del Inali (2007) distingue et al. (1994-2005) y Zavala (1994-2004) han recopilado
solo seis variantes: mixe alto del norte (ayöök), alto del bases de datos léxicos en las lenguas de Sayula y Oluta,
centro (ayuujk), alto del sur (ayuujk), medio del este respectivamente. Es prioritario documentar el conoci-
(ayuuk), medio del oeste (eyuk) y mixe bajo (ayuk). El miento tradicional en Oluta, donde la lengua más diver-
Inali (2005) interpreta la autodesignación ayuuk/ayuu- gente de la rama mixe puede desaparecer pronto.
jk/ayöök como “lengua del monte”, y ayuuk jä’äy, “per-
sonas que hablan la lengua del monte”. El territorio de los VII  Familia otomangue
pueblos mixes abarca desde bosque tropical caducifolio
en la cuenca alta del río Tehuantepec hasta bosque de Al seguir los criterios de clasificación del Ethnologue, las
pino-encino, vegetación subalpina en la cumbre del 174 lenguas otomangues representan la familia más di-
Zempoaltépetl (3 280 m), bosque mesófilo de montaña y versificada de América y la novena global.21 Son el grupo
bosque tropical perennifolio en la zona baja de la vertien- más ampliamente difundido en Mesoamérica, exten-
te del Golfo. diéndose desde la periferia norte (lenguas pames de San
De Ávila (2004) reseñó la información disponible en la Luis Potosí) hasta el extremo sur del área cultural (man-
literatura lingüística y etnobiológica sobre los pueblos gue, lengua extinta del occidente de Nicaragua y noroes-
mixes. El trabajo más relevante es la investigación inédita te de Costa Rica). Ocupan el primer lugar en México en
de G. Martin (1996) sobre el conocimiento de las plantas términos de población, con más de dos millones de ha-
y los hongos en Totontepec. A esa referencia hay que blantes; si se toma en cuenta a los pueblos indígenas cen-
agregar las publicaciones de M. Heinrich y sus colabora- troamericanos, el grupo otomangue pasa al segundo lu-
dores acerca del conocimiento de plantas medicinales en gar censal, después de la familia maya y por encima de la
comunidades mixes de la zona del Istmo (Heinrich 1989; yutonahua. Es, además, la agrupación lingüística con
Heinrich y Antonio 1993; Heinrich 1998; Leonti et  al. mayor profundidad temporal en México y Centroaméri-
2003b).20 No conocemos investigación alguna enfocada ca: se estima que su diversificación interna equivale a 60
en la etnozoología de este grupo. Suslak (1996-2002) ha “siglos mínimo” de divergencia, comparable al tiempo de
recopilado una base de datos léxicos en Totontepec. Los diferenciación de la familia indoeuropea. Las lenguas
pueblos mixes han suscitado el interés de los antropólo- otomangues comparten una serie de rasgos que les im-
gos por su vitalidad cultural y por la fortaleza de sus ins- primen un carácter singular entre las familias mesoame-
tituciones comunitarias; es de esperarse que los profesio- ricanas (Campbell 1997: 157): todas son lenguas tonales,
nistas jóvenes originarios de Ayutla, Zacatepec y otras generalmente poseen un juego de vocales nasalizadas
comunidades documenten mejor el conocimiento de sus paralelo a las orales, se caracterizan por tener sílabas
mayores. abiertas (es decir que terminan en vocal) y la mayoría de
ellas carecen de consonantes labiales, entre otras pecu-
VI.2.2 Lenguas mixeanas de Veracruz. El Inali (2005) re- liaridades.
porta 3 394 hablantes de lenguas “mixe-popolucas”, 3 237 Kaufman (1990: 94-97) reconstruye una división ini-
de ellos en las 56 localidades registradas en su cartogra- cial del proto-otomangue en dos troncos hace aproxima-
fía, de las cuales 48 corresponden a la lengua de Sayula damente 6 000 años. Cada uno de ellos daría origen a su
(yamay ajw, “idioma de aquí”, o tïkmay ajw, “idioma de vez a dos ramas: el tronco occidental se dividiría hace
la casa”) y ocho a la de Oluta (yaak’awi, “esta lengua”). El unos 4 700 años en la rama tlapaneco-mangue y la rama
Ethnologue registra, para 1990, 4 000 hablantes en Sayula otopame-chinanteca, mientras que el tronco oriental se
y solo 102 en Oluta, todos ellos de edad avanzada. El Ca­ dividiría más o menos por la misma fecha en la rama
516 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

amuzgo-mixteca y la rama popoloca-zapoteca. La rama pame, a pesar de su interés cultural y ecológico; éste es uno
tlapaneco-mangue divergiría hace unos 4 000 años en el de los grupos prioritarios para investigación en el país.
grupo tlapaneco-sutiaba y el chiapaneco-mangue. El chia-
paneco, que desapareció a mediados del siglo xx, se di- VII.1.1.2 Chichimeco jonaz. El Inali (2005) registra 1 641
ferenció hace aproximadamente 1 300 años del mangue, hablantes de esta lengua, 1 289 de ellos asentados en tres
que se extinguió en el xix. El proto-chinanteco, cuyas localidades dentro de su territorio histórico en el muni-
lenguas descendientes se hablan hoy en el norte de Oaxa- cipio de San Luis de la Paz, Guanajuato, mientras que el
ca, se habría separado de la rama otopame hace unos Ethnologue estima que solo 200 personas la hablaban en
4 000 años; ésta se diferenció 400 años más tarde en un 1993. Llaman a su lengua y a sí mismos éza’r (uzá’ según
grupo meridional, compuesto por el matlatzinca, ocuil- el Catálogo del Inali 2007). La vegetación natural predo-
teco, mazahua y las lenguas otomíes, habladas todas ellas minante en el área son matorrales xerófitos. No hemos
en el centro de México, y un grupo septentrional, com- encontrado información acerca del conocimiento tradi-
puesto por el chichimeco jonaz del norte de Guanajuato cional de este grupo salvo los escasos datos consignados
y las lenguas pames de Hidalgo y San Luis Potosí. Es pro- en la literatura lingüística y etnográfica. Junto con los
bable que este grupo haya tenido otros miembros que se pueblos pames, la comunidad chichimeca es una de las
extinguieron después de la conquista europea sin que ha- prioridades para la investigación etnobiológica en el país,
yan sido documentados. El mismo destino deben haber con interés especial por su ubicación en la periferia del
corrido varias filiales de otros linajes dentro de la familia, área cultural mesoamericana. Algunos autores han pro-
al igual que muchos otros grupos americanos. puesto que ambos grupos representan los únicos sobre-
vivientes de las numerosas sociedades de cazadores y
VII.1.1.1 Lenguas pames. Kaufman (1990: 96) estima que recolectores del altiplano central y noreste de México,
la variación entre éstas y el chichimeco jonaz representa mientras que Kaufman (1990: 97) considera que en su
unos 2 500 años de divergencia, mientras que las diferen- origen fueron pueblos agricultores mesoamericanos que
cias entre las tres lenguas pames propiamente equivalen colonizaron el área bajo condiciones climáticas más fa-
a 14 siglos. El pame del sur, que se hablaba en Jiliapan, vorables, y que quedaron impedidos para cultivar plantas
Hidalgo, se extinguió recientemente; fue documentado al resecarse la zona en el primer milenio de nuestra era.
por Manrique (1967). Kaufman (2001) reconoce dos len-
guas sobrevivientes, el pame del norte y el central, habla- VII.1.2.1 Lenguas otomíes. Kaufman (2001: 85) estima
das en San Luis Potosí y el norte de Querétaro. El Inali que el grado de diversificación del grupo otopame meri-
(2005) cita 8 312 hablantes de ambas, 7 359 de los cuales dional es comparable al del pame-chichimeco, al cual le
residen en 140 localidades dentro de la distribución his- asigna 2 400 años de divergencia y lo divide en dos gru-
tórica del grupo; se han registrado autodenominaciones pos: el matlatzinca-tlahuica y el otomí-mazahua. Para el
distintas, entre ellas xi’ói o xiyui, “hombre verdadero”. El segundo calcula unos 10 siglos de diferenciación, y para
Ethnologue estima la población de la lengua central (San- las lenguas otomíes propiamente, 800 años. Distingue
ta María Acapulco y comunidades circunvecinas) en seis lenguas “emergentes”: 1] el otomí del noreste; 2] el
4 350 hablantes en 1990, y 5 616 personas para el pame otomí del noroeste (Ixmiquilpan); 3] el otomí occidental;
del norte (comunidades entre Río Verde y los límites con 4] el otomí de Tilapa; 5] el otomí de Ixtenco; 6] el otomí
Tamaulipas) en 2000; reporta que la inteligibilidad de la de Jalisco, lengua extinta no documentada. El Inali (2005)
variante de Acapulco por parte de hablantes de la lengua reporta 291 722 hablantes, de los cuales 210 466 viven en
norteña es tan solo de 10 a 15%. El Catálogo del Inali 1 426 localidades dentro del área histórica del grupo. Se-
(2007) reconoce al pame como una sola agrupación lin- gún la misma fuente, la mayoría de los migrantes que
güística con dos variantes, la del norte (xi’iuy) y la del hablan estas lenguas residen en el Distrito Federal. Si
centro (xi’oi). Las comunidades pames se ubican en la bien cita el nombre hñähñu como sinónimo de otomí,
Sierra Gorda, cuya vegetación varía altitudinalmente de sin precisar de cuál variante proviene, el Inali (2007) re-
bosque tropical caducifolio, matorrales xerófitos y chapa- conoce que la autodenominación varía entre ellas.22
rrales a bosques de encino y pino. Berthiaume (2006) y El Ethnologue distingue nueve lenguas otomíes y regis-
sus colaboradores de La Palma y Tamasopo recopilan ac- tra las siguientes cifras demográficas para cada una en
tualmente un diccionario de la variante del norte. No co- 1990: 23 1] otomí del Mezquital, 100 000; 2] otomí de Ti-
nocemos estudio etnobiológico alguno en toda el área lapa, 400 (todas ellas personas mayores); 3] otomí de la
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 517

zona alta oriental, 20 000; 4] otomí de Tenango, 10 000; Norte de Puebla, que son las regiones más diversas en
5] otomí de Querétaro, 33 000; 6] otomí del Estado de términos ecológicos y las menos estudiadas desde el pun-
México, 10 000; 7] otomí de Temoaya, 37 000; 8] otomí to de vista etnobiológico. Olivera y Sánchez (1964) men-
de Texcatepec, 12 000; 9] otomí de Ixtenco, 736 (adultos cionan la existencia de algunos hablantes de otomí en
mayores). El Catálogo del Inali (2007) reconoce también Zacapu, Michoacán; es urgente verificar si sobrevive esa
nueve variantes (algunas de ellas con autodenominacio- variante, la más occidental de la familia otomangue en
nes distintivas) pero solo concuerda en los casos de Ix- tiempos recientes. La gran variación lingüística y ecoló-
tenco y Tilapa, pues agrupa las tres lenguas nororientales gica del territorio otomí brinda oportunidades para tra-
del Ethnologue como otomí de la sierra, distingue dos va- bajos comparativos encaminados a reconstruir la evolu-
riantes en el Valle del Mezquital, dos más en Querétaro y ción del sistema de clasificación de los seres vivos en esas
Guanajuato, y separa al otomí de Michoacán del central, lenguas y sus parientes, que pueden aportar inferencias
hablado en el Estado de México. La mayor parte de las reveladoras acerca de la historia cultural temprana del
comunidades otomíes se asientan en el altiplano, en tie- centro del país; Kaufman (1990: 98) considera probable
rras originalmente cubiertas por matorrales xerófitos o que el hábitat ancestral de la rama otopame haya sido el
bosques de encino y pino, pero los pueblos ubicados al Valle de México.
noreste comprenden áreas cuya vegetación natural es
bosque mesófilo de montaña y aun bosque tropical pe- VII.1.2.2 Mazahua. El Inali (2005) cita 133 430 hablantes
rennifolio. de esta lengua (jñatjo, “la lengua”), 98 568 de los cuales
La literatura etnobiológica sobre estas lenguas es muy habitan en 346 localidades dentro de su territorio histó-
pobre, no obstante la proximidad de varias comunidades rico en el noroeste del Estado de México y el área colin-
otomíes a la Ciudad de México. La complejidad fonoló- dante de Michoacán; gran número de familias han mi-
gica de las lenguas otomangues, y en especial las otopa- grado a zonas urbanas del centro y norte del país. El
mes, parece limitar el interés de los investigadores por Ethnologue distingue dos variantes, el mazahua central,
documentar el conocimiento tradicional de la naturaleza con una población de 350 000 hablantes (estimación de
en estos grupos. El estudio más significativo que conoce- 1993, probablemente errónea),24 y el mazahua de Mi-
mos es la etnografía enciclopédica escrita en su lengua y choacán, con 15 000 a 20 000 hablantes estimados en las
traducida al español por un investigador originario del mismas fechas. El Catálogo del Inali (2007) reconoce
Valle del Mezquital (Salinas 1984), posteriormente tra- también dos variantes, el mazahua del oriente (jnatrjo) y
ducida al inglés (Bernard y Salinas 1989); incluye infor- el del occidente (jnatjo). La vegetación natural de la ma-
mación sobre animales y plantas, identificados por sus yor parte de la zona mazahua corresponde a bosques de
nombres indígenas únicamente. Hemos encontrado es- pino y encino, con bosques de abeto en las elevaciones
tudios etnomicológicos de Acambay, comunidad otomí más altas. La documentación etnobiológica de esta len-
del Estado de México (Estrada y Aroche 1987), y de Ix- gua es tan limitada como la de sus vecinos otomíes. Co-
tenco (Montoya et  al. 2002). Se han publicado algunas nocemos dos estudios etnobotánicos realizados en una
observaciones etnobotánicas en comunidades de la Sie- comunidad del Estado de México (Chávez 1997) y una en
rra Norte de Puebla (Turra y Puig 1978; Martínez Alfaro Michoacán (Farfán 2001; Farfán et al. 2007); se publicó
et  al. 1988). El Atlas etnoecológico (Toledo et  al. 2001: recientemente un trabajo sobre el conocimiento y la no-
fichas 227, 777 y 802) cita dos tesis de licenciatura acerca menclatura de los reptiles en una localidad mazahua en
de plantas medicinales y comestibles usadas en San Pa- la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca (Sánchez
blito, municipio de Pahuatlán, Pue., y un manuscrito so- 2006). El Atlas etnoecológico (Toledo et al. 2001: fichas
bre el conocimiento de las plantas en la zona de Ixmiquil- 1647, 1652 y 2854) cita dos estudios acerca del conoci-
pan, Hgo. Datos adicionales aparecen en los diccionarios miento de los hongos y las plantas medicinales, y una
publicados sobre el otomí del Mezquital (Hernández tesis profesional con un enfoque etnobotánico sobre la
et  al. 2004), el sur de Querétaro (Hekking y Severiano vegetación arvense. Dos diccionarios de la lengua relati-
1989) y la zona al norte de Toluca (Colegio de Lenguas y vamente extensos (Kiemele 1975; Colegio de Lenguas y
Literatura Indígenas 1997a). Literatura Indígenas 1997b) aportan algunos datos adi-
Es prioritario documentar las lenguas de Ixtenco y Ti- cionales. Llama de nuevo la atención la escasez de infor-
lapa, que probablemente desaparecerán en las próximas mación sobre un grupo tan numeroso y tan cercano a la
décadas, así como las variantes de la Huasteca y la Sierra Ciudad de México.
518 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

VII.1.2.3 Matlatzinca. Kaufman (2001: 85) calcula que VII.2 Lenguas chinantecas. Kaufman (1990: 98) conside-
las diferencias entre matlatzinca y tlahuica, a las que con- ra que el proto-chinanteco debe haberse diferenciado en
sidera lenguas “emergentes”, representan ocho a nueve proximidad geográfica de sus parientes más cercanos
siglos de divergencia. Hasta el siglo xviii, el matlatzinca dentro de la familia otomangue: el proto-otopame, el
(bot’una, “nuestra lengua”) tuvo una distribución amplia proto-tlapaneco-sutiaba y el proto-chiapaneco-mangue,
en el actual Estado de México y en Michoacán, donde se que él sitúa en el Valle de México, el alto Balsas y el Valle
le conocía como “pirinda”, pero en el xx quedó reducido de Puebla, respectivamente. Propone por lo tanto que su
a una sola comunidad al occidente del Nevado de Toluca, hábitat original, antes de migrar al norte de Oaxaca, fue
San Francisco Oxtotilpan, donde el Inali (2005) registra el actual estado de Morelos. Campbell (1997: 158) cita la
645 de los 1 302 hablantes en todo el país; en décadas clasificación de Rensch, investigador del ilv, quien dis-
recientes, varias personas de esa localidad han migrado a tingue 14 lenguas chinantecas “moderadamente diferen-
la Ciudad de México. El Ethnologue cita esta lengua como ciadas, mutuamente incomprensibles”; Kaufman (2001:
“matlatzinca de San Francisco” y la considera próxima a 85) acepta una estimación de Swadesh de 1 500 años de
extinguirse, debido a que es hablada solo por adultos. La divergencia entre ellas. El Inali (2005) registra 133 374
vegetación natural del territorio actual del grupo consis- hablantes de las diversas lenguas chinantecas,25 84 395
te en bosques de pino y encino y bosques de abeto. Kauf­ de ellos asentados en 439 localidades dentro del área de
man y sus colaboradores han estudiado esta lengua desde distribución histórica del grupo. En los años 1970-1980,
1997 (Kaufman et al. sin fecha). Escalante (1982) docu- varias comunidades fueron obligadas a desplazarse a
mentó la nomenclatura matlatzinca de plantas y hongos, otras zonas de Oaxaca y del estado de Veracruz por la
y posteriormente publicó un diccionario (1997); Navari- construcción de la hidroeléctrica Cerro de Oro. El Catá­
jo y Salinas (2001) y Navarijo (2002) se han enfocado en logo del Inali (2007) reconoce 11 variantes y registra sus
el conocimiento de los animales entre los niños de Oxto- autodenominaciones, la mayoría de ellas distintivas. El
tilpan, quienes ya no hablan la lengua. Es importante re- área ocupada por los pueblos chinantecos es una de las
gistrar a mayor profundidad la terminología biológica más complejas del país en términos de su vegetación, que
matlatzinca antes de que mueran los últimos campesinos incluye bosques tropicales caducifolios en la cuenca alta
que conocen bien los bosques de su comunidad. del Papaloapan, bosques de pino y encino, bosques mesó-
filos de montaña y bosques tropicales perennifolios.
VII.1.2.4 Tlahuica. El Inali (2005) reporta 466 hablantes De Ávila (2004) reseñó la documentación etnobiológi-
de la lengua ocuilteca, atzinca o tlahuica (pjiekak’joo, ca de las lenguas chinantecas, donde sobresale la investi-
“nuestra lengua”), de los cuales 398 viven en seis localida- gación inédita de Martin (1996) acerca de las plantas y
des dentro del área de distribución histórica del grupo en los hongos conocidos en Santiago Comaltepec, en el dis-
el municipio de Ocuilan en el Estado de México, cerca de trito de Ixtlán. A esa revisión falta agregar el trabajo or-
los límites con Morelos y el Distrito Federal. El Ethnolo­ nitológico de Retana (1995) en Ojitlán. La tesis de Martin
gue designa esta lengua como “matlatzinca de Atzingo” y y la nomenclatura de animales y plantas registrada en los
estima la población de hablantes en 1993 entre 50 y 100 diccionarios del ilv indican que las lenguas chinantecas
personas, por lo que la considera casi extinta. El área co- siguen el esquema clasificatorio de las lenguas mixteca-
rresponde a los mismos tipos de vegetación que la comu- nas, zapotecanas y popolocanas, no obstante su paren-
nidad matlatzinca. La única investigación etnobiológica tesco más cercano con las lenguas otopames. Los rasgos
que hemos encontrado sobre este grupo es la tesis inédi- de este sistema, que utiliza marcadores semánticos para
ta de Palomino (1990) acerca del conocimiento de los generar buena parte de la terminología biológica, contra-
hongos. El vocabulario de Reynoso (1998) aporta algu- dicen algunos de los postulados de Berlin (1992) puesto
nos datos acerca de la nomenclatura de plantas y anima- que incorporan criterios culturales como la utilidad y el
les. Kaufman y sus colaboradores estudian la lengua valor simbólico de varias especies al categorizarlas. El
ocuilteca desde 1998 (Kaufman et al. sin fecha). Es ur- estudio comparativo de las lenguas otomangues tiene así
gente documentar el conocimiento tradicional de la na- especial interés para el desarrollo de nuevos modelos
turaleza en esta área tan próxima a la Ciudad de México; teóricos en la antropología cognoscitiva, y por ello es re-
es probable que el tlahuica se extinga en las próximas levante profundizar en la investigación de campo.
décadas.
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 519

VII.3 Lenguas tlapanecas. Kaufman (2001: 84) estima mixteca. El mismo autor (2001: 84) considera al amuzgo
que la separación del sutiaba, lengua del occidente de Ni- como una sola lengua con dos variantes, la de Guerrero
caragua que al parecer se extinguió en el siglo xx, y la y la de Oaxaca, y no da una estimación temporal de la
diversificación interna de las lenguas tlapanecas, habla- divergencia entre ambas. El Inali (2005) registra 41 455
das en el oriente del estado de Guerrero, data de hace hablantes, de los cuales 36 384 viven en 209 localidades
unos 800 años. Distingue dos de ellas, a las que considera dentro de la distribución histórica del grupo.27 El Ethno­
lenguas “emergentes”: en Malinaltepec y en Azoyú. El logue distingue tres lenguas: el amuzgo de Xochistlahua-
Inali (2005) registra 99 389 hablantes, de los cuales 83 863 ca y pueblos vecinos en Guerrero, con 23 000 hablantes;
residen en 392 localidades en el territorio histórico; un el amuzgo de San Pedro Amuzgos, Oaxaca, con 4 000, y
buen número de migrantes se ha establecido en la zona el de Santa María Ipalapa, Oaxaca, con 2 000. Reporta
agrícola del centro de Sinaloa. La misma fuente cita la 76% de inteligibilidad de la variante de Guerrero por par-
autodenominación me’phaa; los hablantes objetan que te de los hablantes de San Pedro Amuzgos, y 67% a la
se les llame “tlapanecos” por las connotaciones despecti- inversa; la lengua de Ipalapa, en cambio, es incomprensi-
vas de la etimología náhuatl como “pintados, sucios”. El ble para todas las demás comunidades según esta fuente.
Ethnologue distingue cuatro lenguas: 1]  tlapaneco de El Catálogo del Inali (2007) reconoce cuatro variantes,
Acatepec, con 33 000 hablantes en 1994; 2] tlapaneco de con autodenominaciones distintas. Los pueblos amuzgos
Azoyú, con 682 hablantes (sin fecha), todos ellos adultos se asientan en las estribaciones bajas de la Sierra Madre
mayores; 3]  tlapaneco de Malinaltepec, con 33 000 ha- del Sur dentro de la cuenca del río Ometepec, una zona
blantes en 1994; 4] tlapaneco de Tlacoapa, con 3 461 ha- cubierta originalmente por bosques tropicales subcadu-
blantes en 2000.26 El Catálogo del Inali (2007) reconoce cifolios, pinares tropicales y sabanas.
nueve variantes y registra una autodenominación para La variante de San Pedro Amuzgos es la lengua oto-
cada una de ellas. La vegetación natural del área incluye mangue que cuenta con la documentación etnobiológica
bosques tropicales caducifolios en la cuenca del Balsas, más extensa publicada. La mayor parte de la investiga-
bosques de encino y de pino en la zona alta, y bosques ción se debe al maestro Fermín Tapia García, hablante
tropicales subcaducifolios y sabanas hacia la costa del nativo, quien ha compilado un diccionario amuzgo-espa-
Pacífico. ñol (Tapia 1999), además de publicar una serie de estu-
Este grupo es uno de los menos estudiados en México. dios etnobotánicos (Tapia 1978, 1980, 1985) y colaborar
La única investigación etnobiológica que conocemos es en una investigación ornitológica (Cuevas 1985). Cuevas
una lista de nombres de insectos (Pacheco et al. 2004). El (1987) enfocó su tesis doctoral en la etnozoología de San
trabajo lingüístico de Suárez en Malinaltepec (1983) Pedro. Desafortunadamente, las determinaciones taxo-
aporta pocos datos sobre plantas y animales. Es de espe- nómicas citadas en estos trabajos no corresponden con
rarse que el diccionario que publicará Carrasco (2007), la calidad de la investigación lingüística. El Atlas etnoeco­
hablante de la misma variante, registre una terminología lógico (Toledo et al. 2001: ficha 2329) cita una tesis pro-
más amplia. Es prioritario documentar el conocimiento fesional acerca del conocimiento de las plantas en el área
tradicional en Azoyú por ser la lengua tlapaneca más de Xochistlahuaca. El Instituto Lingüístico de Verano ha
amenazada según el Ethnologue, y la única que se ubica publicado un segundo diccionario del amuzgo de San Pe-
en la zona baja tropical de la costa. El Catálogo del Inali dro (Stewart y Stewart 2000). Es importante documentar
(2007) reconoce como variante distinta el tlapaneco oc- la lengua de Ipalapa, que cuenta con el menor número de
cidental hablado en Nanzintla y comunidades vecinas del hablantes y parece ser la más divergente.
municipio de Quechultenango, donde la lengua parece
estar a punto de desaparecer (Weathers 1976). VII.5.1 Lenguas mixtecas. La rama mixteca de la familia
otomangue incluye las lenguas triques, el cuicateco y las
VII.4 Lenguas amuzgas. Aunque otros autores han clasi- lenguas mixtecas propiamente dichas. Las primeras son
ficado estas lenguas como una rama independiente den- las más divergentes: el proto-trique se habrá separado
tro de la familia otomangue, Kaufman (1990: 95) ubica la hace unos 3 700 años, y el proto-cuicateco se diferencia-
separación del proto-amuzgo de la rama mixteca hace ría unos 1 200 años después. Kaufman (1990: 95) consi-
unos 4 000 años, aproximadamente cinco siglos después dera un horizonte de 15 siglos para la diversificación de
de la bifurcación del tronco otomangue oriental para dar las lenguas designadas como“mixtecas”; sin embargo,
origen a la subdivisión popoloca-zapoteca y la amuzgo- Josserand (1983: 450) calcula que su profundidad tempo-
520 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

ral se aproxima a los 25 siglos,28 un lapso mucho más mación etnobiológica sobre los pueblos mixtecos sigue
largo que la divergencia entre las lenguas romances. El siendo limitada, dada su gran variación interna y la hete-
Inali (2005) reporta 446 236 hablantes, 322 212 de ellos rogeneidad de su territorio. La Mixteca Alta de Oaxaca
en 1 551 localidades registradas en su cartografía dentro es el área mejor estudiada, mientras que la zona costera
de la distribución histórica del grupo en el occidente de de Guerrero y las comunidades poblanas son práctica-
Oaxaca, sur de Puebla y oriente de Guerrero. Un porcen- mente des­conocidas.
taje alto de la población hablante de estas lenguas ha mi- La variante de Cuilapan, antiguo enclave mixteco en el
grado en el último siglo al centro y norte de México y a Valle de Oaxaca, se extinguió recientemente; Josserand
los Estados Unidos, tendencia que continúa. (1983) solo pudo registrar el léxico básico. De acuerdo
El Ethnologue reconoce 52 lenguas mixtecas; estima con los datos del Ethnologue, la lengua mixteca más ame-
para varias de ellas 70 a 80% de inteligibilidad máxima nazada actualmente se habla en San Mateo Sindihui, en
entre sí. Kaufman (2001: 84) distingue solo tres “áreas el distrito de Nochixtlán, Oaxaca, con 138 personas en
lingüísticas” dentro del grupo, pero Josserand (1983: 457) 1990, todas ellas de edad avanzada. Otras variantes prio-
considera que hay más de 12 lenguas mixtecas que no ritarias para ser documentadas, porque son habladas
son inteligibles entre sí, divididas en varios dialectos cada únicamente por las generaciones mayores, son el mixte-
una de ellas. El Inali (2005) registra 15 autodenominacio- co de Chazumba en el norte de Oaxaca, el mixteco del
nes de la lengua en sendas variantes, incluyendo formas sur de Puebla (Xayacatlán y otras comunidades vecinas a
tan disímiles como tu’un savi, ña ma va’a y snuu vico. Acatlán de Osorio) y el mixteco de Tututepec en la costa
Más aún, el Catálogo del Inali (2007) reconoce 81 varian- de Oaxaca. Desde el punto de vista etnobiológico, las va-
tes, lo que la sitúa en el primer lugar de diversidad inter- riantes de Ayutla de los Libres (Gro.), Yoloxóchitl (Gro.),
na entre las agrupaciones lingüísticas del país; la misma San Juan Coatzospan (Oax.) y Cuyamecalco (Oax.) son
fuente consigna nombres propios distintivos para mu- de interés por ubicarse en áreas de alta diversidad bioló-
chas de ellas. El mapa que acompaña este capítulo enu- gica y por ser lenguas muy diferenciadas, colindantes con
mera y ubica todas las variantes reconocidas por el Inali comunidades tlapanecas las dos primeras, y rodeadas de
(2007). El territorio mixteco es sumamente diverso, in- pueblos mazatecos y cuicatecos las segundas. También
cluyendo grandes zonas originalmente cubiertas de bos- merece atención el mixteco de Chigmecatitlán y de Tlal-
ques de pino y encino, bosques tropicales caducifolios y tempan en el centro de Puebla, al parecer la lengua más
subcaducifolios, chaparrales y matorrales xerófitos, ade- divergente del grupo, con solo 23% de inteligibidad con la
más de áreas reducidas de bosque mesófilo de montaña, variante más próxima según el Ethnologue.
bosque de abeto, palmares de Brahea, bosques de galería
de Taxodium y otras asociaciones riparias, manglares y VII.5.2 Cuicateco. El Inali (2005) registra 13 425 hablan-
otros tipos de vegetación costera. tes, 11 035 de los cuales residen en 110 localidades den-
De Ávila (2004) reseñó la información disponible so- tro del área de ocupación histórica del grupo en las mon-
bre el conocimiento tradicional de animales, hongos y tañas al oriente de la Cañada de Cuicatlán en el norte de
plantas de los pueblos mixtecos de Oaxaca, registrada Oaxaca. La misma fuente cita la autodenominación y’an,
principalmente por lingüistas del ilv. A esas fuentes hay “gente”, y nduudu, “lengua”. El Ethnologue distingue dos
que agregar la investigación de Casas et al. (1994) sobre lenguas cuicatecas, la de Tepeuxila con 8 500 personas y
la etnobotánica mixteca de Alcozauca, Guerrero, junto la de Teutila con 10 000 en 1990; estima 88% de inteligi-
con los datos aportados por los vocabularios de Xochapa bilidad de la segunda por parte de hablantes de la prime-
(Stark et al. 2003) y Cuatzoquitengo (Casiano 2008), y el ra, pero solo 79% a la inversa. El Catálogo del Inali (2007)
glosario de términos relacionados con el maíz en Alaca­ reconoce tres variantes: el cuicateco del centro (dbaku/
tlatzala (Anderson 2001), en el mismo estado, así como dibaku), el del norte (duaku/dubaku) y el del oriente
el diccionario de Yutatió (Ojeda et al. 2003) en el distrito (dbaku/dubaku). El hábitat del grupo varía de bosques
de Huajuapan, Oaxaca. El Atlas etnoecológico (Toledo tropicales caducifolios y matorrales xerófitos en la caña-
et al. 2001: fichas 1873 y 2327) cita una tesis de licencia- da a bosques de pino-encino en la sierra de los Pápalos,
tura acerca de la herbolaria de Santa María Jicaltepec y así como bosques mesófilos de montaña y bosques tropi-
otra con un enfoque etnobotánico sobre los recursos fi- cales perennifolios en la zona de Teutila y Teotilalpan. De
togenéticos en Acaquizapan, comunidades ambas del Ávila (2004) sintetiza la poca información etnobiológica
estado de Oaxaca. No obstante estos trabajos, la infor- acerca de este grupo incluida en un diccionario del ilv.
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 521

El Atlas etnoecológico (Toledo et al. 2001: ficha 2452) cita más divergente; 400 años después iniciaría la diversifica-
un trabajo acerca de las plantas medicinales de Santa ción del grupo chocholteco-popoloca, dentro del cual
María Tlalixtac. A esas referencias hay que agregar la te- Kaufman distingue cuatro “lenguas emergentes”: el po-
sis inédita de Solís (2006) sobre San Lorenzo Pápalo. Ubi- poloca del norte (Tlacotepec), el popoloca oriental (Me­
cadas en un área de alta heterogeneidad ambiental y gran tzontla y Atzingo), el popoloca occidental (Otlaltepec) y
diversidad biológica, las comunidades cuicatecas requie- el chocholteco.
ren más investigación. El Inali (2005) reporta 16 468 hablantes de las lenguas
popolocas (nguiva, “nuestra lengua”), 13 379 de ellos
VII.5.3 Lenguas triques. El Inali (2005) registra 20 712 asentados en 37 localidades dentro del área de distribu-
hablantes, 13 445 de ellos en 77 localidades dentro de su ción histórica del grupo en el centro y sur de Puebla. El
territorio histórico en la Sierra Sur en el occidente de Ethnologue reconoce siete lenguas popolocas: 1]  la de
Oaxaca, con numerosos migrantes en el noroeste del país Coyotepec, con 500 personas (1990); 2] la de Metzontla,
y en el Valle de México. Cita el nombre propio nanj nï’inj, con 2 000 (1990); 3] la de Otlaltepec, con 3 000 (2000);
“lengua”, sin especificar a cuál variante corresponde. El 4] la de Atzingo, con 5 000 (1991); 5] la de Temalacayuca,
Ethnologue distingue tres lenguas triques: la de Chica- con 4 729 (1994); 6] la de Tlacoyalco, con 5 000 (1993), y
huaxtla, con 6 000 personas (1982); la de Copala, con 7] la de Ahuatempan, con 4 000 a 5 000 (2000). Estima
15 000 (1990), y la de Itunyoso, con 2 000 (1983); estima grados de inteligibilidad que varían de 52 a 84% entre
56% de inteligibilidad de la primera por parte de hablan- comunidades dentro de las “lenguas emergentes” que de-
tes de la segunda, mientras que la tercera parece ser más limita Kaufman, y de 8 a 35% entre éstas. El Catálogo del
cercana a la primera. Kaufman (2001: 84) las considera Inali (2007) distingue cuatro variantes: popoloca del
tres lenguas “emergentes” y calcula 10 siglos de divergen- norte (ngiwa/ngigua), del centro (ngiba), del oriente
cia entre ellas. El Catálogo del Inali (2007) reconoce cua- (ngiwa/ngigua/ngiba) y del poniente (ngiba). La vege-
tro variantes: triqui de San Juan Copala (xnánj nu’a), el tación natural del área comprende matorrales xerófitos,
de la media (stnáj ni’), el de la alta (gui a’mi nánj nï’ïn) y chaparrales y encinares a mayor altitud. Las únicas inves-
el de la baja (tnanj ni’inj). Las comunidades triques se tigaciones etnobiológicas que conocemos sobre este gru-
asientan en el parteaguas entre las cuencas del Balsas, el po son las tesis inéditas de Mota (2003) y Torres (2004).
Ometepec y el Verde; la vegetación natural del área in- El Atlas etnoecológico (Toledo et al. 2001: ficha 892) cita
cluye bosques húmedos de pino y encino y bosques un trabajo acerca de las plantas medicinales y otras espe-
mesófilos de montaña. De Ávila (2004) reseña los escasos cies útiles de San Marcos Tlacoyalco. Los vocabularios
datos etnobiológicos publicados en la literatura lingüísti- de las variantes de Atzingo (Austin et al. 1995), Coyote-
ca acerca de este grupo. A esa información hay que agre- pec (Barrera y Dakin 1978), Metzontla (Veerman-Leich-
gar los vastos materiales inéditos sobre animales y plan- senring 1991) y Otlaltepec (Domínguez y Aguilar 1993)
tas recogidos por Barbara Hollenbach (com. pers. 2005) aportan algunos datos sobre la nomenclatura de anima-
en Copala y su ensayo acerca del papel cultural de los les y plantas. Kaufman y sus colaboradores documentan
animales (Hollenbach 1980). Christian Di Canio (com. la lengua de Otlaltepec desde 1999 (Kaufman et al. sin
pers. 2006) recopila actualmente un vocabulario en Itun- fecha). Es apremiante estudiar con mayor profundidad el
yoso, incluyendo largas listas de términos biológicos. Las conocimiento etnobiológico en Metzontla, comunidad
lenguas triques merecen más investigación por ser las ubicada en una zona particularmente árida del Valle de
más divergentes en la rama mixteca y por ubicarse en una Tehuacán, donde la lengua es hablada solo por personas
zona biogeográfica altamente diversa y poco estudiada. ancianas.

VII.6.1 Lenguas popolocas. Kaufman (2001: 83) estima VII.6.2 Chocholteco. El Inali (2005) registra 922 personas,
que la diversificación de la subdivisión popoloca-zapote- 438 de ellas en 27 comunidades en el área histórica del
ca, que sitúa en el tronco oriental de la familia otoman- grupo en los distritos de Coixtlahuaca y Teposcolula al
gue, representa 35 siglos de divergencia; dentro de ella, norte de la Mixteca Alta de Oaxaca, y cerca de 400 mi-
considera que la variación en la rama popoloca equivale grantes en los valles de México y Puebla. El grupo es nom-
a unos 2 400 años, al separarse primero el linaje mazate- brado con frecuencia “chocho” en la literatura etnográfi-
co. Calcula que la diferenciación de las lenguas restantes ca, denominación que muchos hablantes consideran
data de unos 12 siglos, con el ixcateco como la lengua peyorativa; la lengua es designada por ellos como ngigua.
522 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

A diferencia del Ethnologue, que la considera una sola a otras zonas de Oaxaca y Veracruz en la segunda mitad
lengua, el Catálogo del Inali (2007) distingue tres varian- del siglo xx. El Ethnologue distingue ocho lenguas maza-
tes: chocholteco del oeste (ngiba), del sur (ngigua) y del tecas, con las siguientes estimaciones demográficas en
este (ngiba). La vegetación natural del territorio incluye 1990-1994: 1] mazateco de Tecóatl, con 34 000 personas;
matorrales xerófitos, chaparrales y encinares junto con 2] mazateco de Jalapa, con 15 500; 3] mazateco de Chi-
pastizales extensos cuyo posible origen antropogénico ha quihuitlán, con 2 500; 4]  mazateco de Huautla, con
sido debatido. De Ávila (2004) resume los pocos datos 72 000; 5] mazateco de Ixcatlán, con 11 000; 6] mazateco
publicados sobre el conocimiento etnobiológico del gru- de Soyaltepec, con 23 000; 7] mazateco de Ayautla, con
po; a esos estudios hay que añadir el trabajo de Mock 3 500, y 8] mazateco de Mazatlán, con 13 000. Cita gra-
(1977) y las investigaciones en curso de Juana López dos de inteligibilidad de 40% a 80% entre variantes dentro
(com. pers. 2005) en Teotongo, que representa la varian- de las cuatro agrupaciones que considera Kaufman, y de
te dialectal más conservadora, y de Michael Swanton 5 a 47% entre éstas. El Catálogo del Inali (2007) reconoce
(com. pers. 2007), quien está recopilando el léxico de va- 16 variantes de mazateco y cita sus autodenominaciones,
rias lenguas popolocanas. El chocholteco es una de las que en la mayoría de los casos son distintivas. El territo-
lenguas moribundas de México pues la mayoría de los rio mazateco se extiende sobre formaciones calizas del
hablantes son personas de edad avanzada y urge docu- Jurásico y del Cretácico que descienden hacia la planicie
mentar su conocimiento del entorno natural. costera del Golfo, con un gradiente de vegetación de bos-
ques húmedos de pino-encino y de Cupressus en las zo-
VII.6.3 Ixcateco. Con base en el censo de 2000 del inegi, nas más altas, bosques mesófilos de montaña en el área
el Inali (2005) reporta 535 hablantes, 21 de ellos en Santa media y bosques tropicales perennifolios en las tierras
María Ixcatlán en el distrito de Teotitlán del Camino en bajas.
Oaxaca, el asentamiento histórico de este grupo. El hábi- Como lo hace para otras lenguas oaxaqueñas, De Ávi-
tat ancestral comprende un gradiente altitudinal muy la (2004) resume la información disponible sobre el co-
amplio en el talud occidental de la Cañada de Cuicatlán, nocimiento etnobiológico mazateco. A pesar de ser un
que incluye matorrales xerófitos, palmares de Brahea, caso célebre desde los años cincuenta por su tradición
chaparrales y vegetación baja de Juniperus y Quercus. chamánica ligada a los hongos sagrados y otros enteóge-
M. Swanton (com. pers. 2007) confirma que las cifras del nos, la mayor parte de los datos publicados hasta ahora
inegi son erróneas: quedan menos de 10 hablantes, to- se reducen a los nombres de plantas y animales recopila-
dos ellos personas ancianas. El Catálogo del Inali (2007) dos en los trabajos lingüísticos. A esas fuentes hay que
registra la autodenominación xwja; Swanton (com. pers. agregar el trabajo de Aguilar (1992) acerca del conoci-
2008) aclara que dicho término se refiere a cualquier len- miento de plantas y animales en Soyaltepec. El Atlas et­
gua y no es específico para la propia. De Ávila (2004) re- noecológico (Toledo et al. 2001: ficha 2316) cita una tesis
seña los escasos datos etnobiológicos disponibles sobre profesional acerca de las plantas medicinales usadas en
esta lengua, una de las más amenazadas de México y por una comunidad mazateca, sin especificar cuál. La zona es
ello de alta prioridad para la investigación del conoci- de gran interés por la alta diversidad biológica del terri-
miento tradicional. Swanton (com. pers. 2008) docu- torio y por la resistencia cultural del grupo, que mantiene
menta actualmente el léxico de los últimos hablantes, uno de los índices más altos de monolingüismo indígena
incluyendo la terminología para plantas y animales. en el país.

VII.6.4 Lenguas mazatecas. Kaufman (2001: 84) estima VII.7.1 Lenguas chatinas. Kaufman (2001: 83) calcula
que la variación interna del “complejo mazateco” repre- que la variación dentro de la rama zapoteca representa
senta 1 000 años de diversificación y reconoce cuatro len- 24 siglos de divergencia, al separarse primero el linaje
guas: la de Huautla y Mazatlán, la de Ayautla y Soyalte- chatino y al diversificarse unos mil años más tarde las len-
pec, la de Jalapa de Díaz y la de Chiquihuitlán. El Inali guas zapotecas propiamente dichas. Distingue tres “len-
(2005) registra 214 477 personas, de las cuales 156 963 guas emergentes” chatinas: la de Zenzontepec, la de Ta-
habitan en 557 localidades en el área histórica del grupo taltepec y la de Yaitepec, pero no evalúa la profundidad
en el norte de Oaxaca y algunas comunidades limítrofes temporal entre ellas. El Inali (2005) registra 40 722 ha-
del sureste de Puebla; 29 la construcción de las presas de blantes; 37 089 de ellos viven en 234 localidades en su te-
Temazcal y de Cerro de Oro desplazó a miles de personas rritorio histórico en los distritos de Juquila y Sola de Vega
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 523

en la Sierra Sur, en el suroeste de Oaxaca.30 El Ethnologue más cercana al linaje basal; 2] las lenguas de Totomacha-
reconoce seis lenguas y estima su población hacia 1990: pan, San Pedro el Alto y Lachixío, designadas como “za-
1] chatino de la zona alta oriental (Lachao, Yolotepec), poteco occidental”, las cuales carecen de ciertos rasgos
con 2 000 personas; 2] chatino de Tataltepec, con 4 000; derivados que comparten 3]  todas las demás variantes,
3]  chatino de la zona alta occidental (Panixtlahuaca, denominadas “zapoteco medular”. Dentro de éstas, Smith
Quiahije, Yaitepec), con 12 000 (año 2000); 4] chatino de Stark distingue cuatro grandes agrupaciones: a] el papa-
Zacatepec, con 1 000; 5] chatino de Nopala, con 11 000, buco, que incluye las lenguas de Elotepec, Zaniza y Tex-
y 6] chatino de Zenzontepec, con 8 000. Cita grados de melucan; b] el zapoteco de la Sierra Sur, que comprende
inteligibilidad entre las primeras cinco que varían de 6 a las variantes habladas en los distritos de Ejutla, Miahua­
87%, mientras que la última parece ser más divergente tlán, Pochutla y el área occidental de Yautepec; c] el za-
aún. El Catálogo del Inali (2007) distingue de la misma poteco central, conformado por las lenguas del Valle de
manera seis variantes y consigna para todas ellas la auto- Oaxaca (recuadro 16.1), Los Albarradas, Quiatoni, el
denominación cha’ jna’a. La vegetación natural del área Istmo y la zona nororiental de Yautepec; d] el zapoteco
incluye bosques de pino y encino y manchones de bos- de la Sierra Norte, que abarca las variantes habladas en
que mesófilo de montaña en la zona alta, con bosques los distritos de Ixtlán, Villa Alta y Choapan.
tropicales caducifolios en las partes bajas de la cuenca del El Catálogo del Inali (2007) distingue 62 variantes y
río Verde y bosques tropicales subcaducifolios hacia la registra las autodenominaciones respectivas, la mayoría
costa del Pacífico. de las cuales son distintivas; el mapa que acompaña a este
De Ávila (2004) sintetiza los pocos datos etnobiológi- capítulo las enumera y ubica. Al distribuirse en un área
cos publicados acerca de este grupo, a lo que hay que tan extensa, las comunidades zapotecas ocupan terrenos
agregar ahora el diccionario de Panixtlahuaca (Pride y donde está representada una gran diversidad de tipos de
Pride 2004), que aporta más información sobre la no- vegetación: bosques de pino-encino y de Abies en las zo-
menclatura de animales y plantas, confirmando que su nas altas; bosques mesófilos de montaña, chaparrales,
esquema de categorización es similar al de otras lenguas palmares de Brahea, bosques de galería de Taxodium y
otomangues de Oaxaca. Kaufman y sus colaboradores otros tipos de vegetación riparia en los amplios valles a
estudian las variantes de Zenzontepec y Yaitepec desde altitudes medias; bosques tropicales perennifolios en las
1995 y 1996 (Kaufman et al. sin fecha). Al igual que otros tierras bajas hacia el Golfo y en el área de Loxicha en la
grupos de la región montañosa del sur Pacífico, los pue- Sierra Sur; bosques tropicales caducifolios en la costa del
blos chatinos ameritan más investigación porque habitan Pacífico y en las cuencas altas del Papaloapan, el Tehuan-
un área de alta diversidad y endemismo biológico que ha tepec y el Verde; bosques espinosos, palmares de Sabal y
recibido poca atención. manglares en la planicie costera del Istmo.
De Ávila (2004) reseña diversos estudios lexicográficos
VII.7.2 Lenguas zapotecas. El Inali (2005) reporta 452 818 y etnobiológicos que aportan información acerca del co-
personas, de las cuales 362 965 residen en 1 186 comuni- nocimiento tradicional de animales, hongos y plantas en
dades representadas en su cartografía dentro del área de estas lenguas. A esas fuentes se debe añadir el dicciona-
ocupación histórica del grupo en Oaxaca y la zona de rio de la variante de San Pablo Yaganiza (Méndez et al.
Playa Vicente, Veracruz. Kaufman (2001: 83) distingue 2004) y la documentación en curso de 10 lenguas zapo-
cuatro áreas lingüísticas y 12 lenguas zapotecas, mien- tecas por parte de Kaufman y sus colaboradores (sin fe-
tras que el Ethnologue reconoce 58 lenguas distintas.31 cha). Frei et al. (1998) estudiaron el uso de las especies
Smith Stark (2003), quien ha realizado los trabajos más medicinales en la zona de Petapa y Hunn (2002) evaluó la
acuciosos para clasificar la variación en este grupo, hace adquisición de conocimiento sobre las plantas entre los
notar que solo la mitad de las comunidades donde se ha- niños de San Juan Mixtepec. El Atlas etnoecológico (To-
blan estas lenguas han sido estudiadas, y es probable que ledo et al. 2001: ficha 854) cita un trabajo sobre el cono-
existan variantes aún no caracterizadas; su investigación cimiento de los animales en Santiago Xanica en la Sierra
agrega seis más a la lista del Ethnologue. Estima en 17 Sur. Alfredo Saynes (com. pers. 2006) ha iniciado una in-
siglos la divergencia entre las más diferenciadas. Identifi- vestigación etnobotánica doctoral sobre el zapoteco
ca las innovaciones fonológicas que permiten esclarecer istmeño, lengua que domina. Décadas atrás, Brown y
la secuencia de ramificación dentro del grupo: 1] el sol- Chase (1981) realizaron un estudio etnozoológico breve
teco, que se extinguió en el siglo xix, representa la forma en la misma zona. El volumen editado por Marcial (2005)
524 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

Recuadro 16.1  Plantas, animales y hongos en el zapoteco de Güilá


Ausencia López Cruz, Alejandro de Ávila Blomberg

San Pablo Güilá es una agencia municipal de Santiago gyàag, “árbol, palo, madera”, precede los nombres de las
Matatlán en el distrito de Tlacolula, en los valles centrales de especies arbóreas, como es el caso de gyàag bxìiw, una clase
Oaxaca. Según el Ethnologue, la lengua zapoteca de Güilá era de encino (Quercus sp.), donde bxìiw es el nombre específico.
hablada en 1990 por 9 500 personas en los municipios de San Otras plantas leñosas que en español no se consideran árboles
Dionisio Ocotepec y Matatlán, si bien la cabecera de este también llevan ese marcador, como gyàag pkíi, “carrizo”
último habla la lengua de Mitla, de acuerdo con la misma (Arundo donax), y gyàag ptsì--i , “pitayo” (Stenocereus sp.),
fuente. Como todos los miembros de la familia otomangue, la donde pkíi y ptsí--i son los nombres de la especie y del fruto,
variante de Güilá es una lengua tonal; usamos el acento agudo respectivamente. El término kwàa’n nombra a un grupo de
para transcribir el tono alto (como en dóob), el acento grave plantas herbáceas y arbustivas cuyas hojas y tallos sirven como
para el tono bajo (por ejemplo, gyàag) y el circunflejo para el alimento o remedio. Un ejemplo es xkwàa’n bí-ny gèe’l, un
descendente (verbigracia, bgwâa). El tono medio no va arbusto que se usa para curar el espanto, donde el prefijo x- es
marcado. El saltillo denota una vocal laringealizada, ya sea el posesivo de tercera persona, bí-ny es el clasificador de seres
breve como en bè’kw, o larga como en kwàa’n. Una -y final humanos y gèe’l es “noche”; el nombre de la planta podría
indica que la consonante nasal o dental que la antecede se traducirse como la yerba de la gente nocturna o de las
palataliza, por ejemplo en máany y en gíidy. La i tachada (i-) criaturas de la oscuridad. Otro ejemplo son los quintoniles
representa una vocal alta central que no existe en español, (Amaranthus hybridus), kùnyà’ blàas: kùn es una forma
como en ptsì--i . reducida de kwàa’n, y yà’ es “verde, crudo”; kùnyà’ designa a
En el zapoteco de Güilá no hay un término general las guías de calabaza, es decir, los tallos y hojas tiernas
equivalente a “planta”; tampoco existe un sufijo para marcar a comestibles de esa planta, mientras que blàas es el nombre
la tercera persona que se refiera específicamente a los específico de los quintoniles. No todos los quelites van
vegetales o a un grupo de ellos, como lo hay en otras lenguas marcados con kwàa’n: el chepiche, láyùu’s (Porophyllum
otomangues, sino que se usa el sufijo -ní, que se aplica a las tagetoides), deriva su nombre del huaje, lâ’ (Leucaena spp.),
cosas y a los seres inanimados. Por ejemplo, la frase rndyènní, como en algunas lenguas mixtecas. Varias plantas pertenecen
“[la planta] nace, germina”, muestra ese sufijo. La mayoría de a la categoría gyèe’, “flor”, como es el caso de las especies que
las plantas se designan con un binomio, que consta de un se ofrendan el Día de Muertos, gyèe’ túgûul (literalmente,
marcador genérico más un epíteto específico. El término “flor [de] difunto”), que es una especie silvestre de Tagetes, y

incluye información del zapoteco del Istmo y de San Bal- comprenden 843 taxones terminales y corresponden a
tasar Chichicapan en el distrito de Tlacolula. 1 065 especies lineanas), 18 para hongos, 127 para inver-
En un trabajo innovador, González (2001) analiza el tebrados, 21 para peces-anfibios-reptiles, 69 para aves y
conocimiento sobre las plantas cultivadas y las especies 32 para mamíferos conocidos en esa comunidad hablan-
arvenses en relación con la productividad agrícola, la ali- te del zapoteco de Mixtepec, conforme al Ethnologue.
mentación y la economía global en Talea de Castro, que Esta publicación inaugurará un formato novedoso en la
corresponde al zapoteco del Rincón en la clasificación literatura acerca del conocimiento tradicional de la di-
del Ethnologue. Garibay-Orijel et al. (2007) han evalua- versidad biológica de México puesto que el volumen im-
do la importancia cultural de los hongos comestibles en preso irá acompañado de un cd con las listas de especies
Ixtlán en relación con su disponibilidad; su metodología y con hipervínculos a más de 1 000 imágenes, grabacio-
se basó en un cuestionario en español, puesto que el za- nes en audio, mapas y tablas. La estructura ha sido dise-
poteco de Juárez ya no se habla en la comunidad. Hunn ñada para que la información pueda ser corregida y am-
(2008) publicará próximamente la investigación etnobio- pliada. El autor establece así un modelo para futuras
lógica más amplia realizada hasta ahora sobre una lengua investigaciones etnobiológicas en el país. Según las cifras
otomangue, resultado de 15 años de trabajo en San Juan demográficas del Ethnologue, hay al menos seis lenguas
Mixtepec en el distrito de Miahuatlán. Su estudio incluye zapotecas próximas a desaparecer: las de San Agustín
453 categorías genéricas indígenas para plantas (que Mixtepec, Asunción Mixtepec, Tejalapan, Tlacolulita,
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 525

gyèe’ bgwâa (donde parece haber una relación etimológica (Crotalus spp.), no incorporan el clasificador bè’ld, como
con bgwàa, “nudo”), el cempazúchil cultivado (Tagetes erecta). podría esperarse.
Otro ejemplo es la azucena del campo, gyèe’ chìi (Milla La mayoría de los animales en diversos grupos taxonómicos
biflora); chìi es la tarde, y la flor recibe ese nombre porque se carecen de un clasificador, como lo indican los siguientes
abre al atardecer. Dóob, “maguey”, y byáa’, “nopal”, marcan ejemplos: bséeny, “venado” (Odocoileus virginianus); béew,
grupos más reducidos de especies, mientras que otras plantas “coyote”; bè’kw , “perro”; bích, “gato”; gíidy, “pollo, gallina”;
no muestran ninguno de los clasificadores generales, gúur, “guajolote”; béch, “zopilote” (Coragyps atratus); bráaw,
particularmente las de mayor importancia cultural, como gèel, “lagartija”; bées, “sapo”; blaasy, “mosca”; xa’kw, “cucaracha”. En
“maíz”; bsàa’, “frijol”; gìt, “calabaza”; gùu, “camote”, y nìt, “caña”. algunos casos, el nombre de una especie introducida ha dado
Xíi’x, los chepiles (Crotalaria pumila), la especie arvense origen a una categoría más amplia, donde han quedado
consumida con mayor frecuencia como quelite, prescinden inscritas algunas especies nativas, como lo muestra el
igualmente de un genérico. Gìixyà’, “pasto”, deriva de gìix, armadillo, kúuch bìgòpy (Dasypus novemcinctus), que es
“rastrojo, basura, todo lo que no sirve”, y yà’, “crudo, verde”. agrupado nominalmente con el cerdo, kúuch; bìgòpy es su
A diferencia de las plantas, los animales cuentan con un nombre específico.
término universal, máany, y un sufijo pronominal específico, La mayoría de los macromicetos se designan con el término
-má. Ráalmá, “nace [el animal]”, y ráalrámá, “nacen [los genérico bê’, “hongo”, y al referirse a ellos se usa el sufijo -má,
animales]”, contrastan con ráalbí, “nace [la persona]” y el mismo que se aplica a los animales, porque los tejidos de las
ráalrabí (plural). Pocos nombres zoológicos, sin embargo, estructuras reproductivas de las especies comestibles semejan
van precedidos por un clasificador. Bà- parece marcar a los la carne. La glosa rndyènmá, “nace [el hongo]”, agrega dicho
animales que pican, como bàwnù’, “alacrán”, bàsêer, “abeja sufijo al verbo que significa “germinar, brotar” y que se emplea
de miel, abeja de enjambre”, y bàsgîi, “avispa”, de la cual se también para las plantas. Dos ejemplos marcados con bê’ son
reconocen distintas clases, como bàsgîi xnyâa, un avispa bê’láan, un hongo grande comestible que es café por fuera y
grande colorada (xnyâa = “rojo”), bàsgîi ngás, una avispa negro por dentro, lo cual explica el nombre, pues láan es
pequeña negra (ngás = “negro”), y bàsgîi bínd, una avispita “tizne”, y bê’gìixgyèe, hongos pequeños que no se comen y
negra y amarilla (bínd = “pinto”). Bè’ld, “culebra, gusano”, que nacen en las cañas del maíz. Como en otras lenguas de
genera el nombre de algunos anélidos y larvas de Oaxaca, el huitlacoche, bàsgîi (Ustilago maydis), no se
lepidópteros, como bè’ld yùu, “lombriz” (yùu = “tierra”), relaciona con los hongos, y tampoco el moho, atestiguado por
bè’ld dóob, “gusano de maguey” (Hypopta agavis), y bè’ld la expresión kwàabèení, “se enlama” (literalmente, “[a algo] se
sè’, “gusano de elote”. Bèld, casi homófono, significa “pez”. le pega moho”), donde aparece de nuevo el sufijo -ní, propio
Blywàa’, “coralillo” (Micrurus sp.), y bìis, “víbora de cascabel” de los seres inanimados.

Elotepec y Totomachapan.32 Las tres últimas son varian- sola forma; la segunda fuente registra la autodenomina-
tes muy divergentes, con grados muy bajos de inteligibi- ción cmiique iitom. El área está cubierta por matorrales
lidad con las lenguas más cercanas y se ubican en la Sie- xerófitos y vegetación costera. La orientación cultural
rra Sur, área de alta diversidad biológica poco estudiada. hacia los recursos marinos distingue a los seris de otras
El trabajo de Smith Stark (2003) indica que el zapoteco sociedades de recolectores y cazadores que ocuparon las
de Totomachapan es la rama viva más cercana a la base zonas áridas del norte de México. Su modo de subsisten-
en la genealogía de estas lenguas, y tiene por ello una alta cia preagrícola suscitó desde el siglo xix el interés de los
prioridad de investigación. investigadores, especialmente antropólogos norteameri-
canos radicados en las universidades de Arizona y Cali-
VIII  Seri fornia. Como resultado, el conocimiento seri de la natu-
raleza es probablemente el caso mejor documentado en
El pueblo seri, que se llama a sí mismo konkaak (“las todo el país.
personas”), ocupa una estrecha franja del desierto sono- Los estudios etnobiológicos sobre este grupo se inician
rense en la costa del Mar de Cortés. El Inali (2005) regis- con las notas etnobotánicas de Dawson (1944) y el repor-
tra 458 hablantes de la lengua, de los cuales 356 viven en te etnozoológico de Malkin (1956). A lo largo de los años
dos asentamientos históricos del grupo. Tanto el Ethno­ setenta, Felger y Moser publicaron una serie de trabajos
logue como el Catálogo del Inali (2007) reconocen una sobre el uso y conocimiento seri de los agaves (1970), el
526 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

mezquite (1971) y las cactáceas columnares (1974a), su tura y utilización de los animales. Alarcón-Cháires (2005a)
farmacopea (1974b) y sus plantas alimenticias (1976), la es autor de una síntesis del conocimiento purépecha de
cual culminó con un hermoso volumen sobre la etnobo- la naturaleza. Argueta (2008) ha publicado recientemen-
tánica seri en general (1985). Posteriormente, Moser y te un trabajo etnozoológico más amplio que no logramos
Marlett han recopilado el léxico sobre mamíferos (1998) revisar al cierre de esta edición. El Atlas etnoecológico
y plantas (1999). Más recientemente, Nabhan (2003) pu- (Toledo et  al. 2001: fichas 1708, 1738 y 1831) cita dos
blicó sus investigaciones relacionando el conocimiento estudios sobre plantas medicinales y etnobotánica en la
seri sobre las tortugas marinas con su poesía, su música y Sierra Tarasca, una visión etnoecológica del conocimien-
sus artes plásticas; un libro original que esperamos inspi- to y manejo purépecha de la naturaleza, y un análisis et-
re una nueva línea de trabajo inter­dis­ci­plinario. Luque nolingüístico de los hongos en la zona de Patamban. Los
Agraz (trabajo citado en AIMAC 2007) estudia actual- vocabularios contemporáneos de esta lengua (Velásquez
mente la apropiación konkaak de los recursos naturales 1978; Medina y Alveano 2000) aportan datos adicionales
desde la perspectiva de la ecología política. La etnobiolo- acerca de la terminología etnobiológica. Hace falta pro-
gía seri es un caso excepcional en México donde la ciencia fundizar en la investigación etnobotánica y ampliar los
indígena ha sido documentada a profundidad, con enfo- estudios a las comunidades occidentales de la Meseta
ques disímiles pero complementarios. Purépecha y la Cañada de los Once Pueblos.

IX  Tarasco X  Familia totonaca

Los p’urhepecha, como se nombran a sí mismos,33 son Kaufman (2001: 80) calcula que la variación interna de
herederos de una de las formaciones sociopolíticas más esta familia representa 26 siglos de divergencia, y reco-
vigorosas en México a la llegada de los europeos, y cons- noce dos lenguas o “áreas lingüísticas”, la totonaca y la
tituyen todavía uno de los grupos de mayor vitalidad cul- tepehua. El autor documenta varios préstamos totonacos
tural en el país, no obstante la retracción marcada de su en otras lenguas mesoamericanas, incluyendo algunos
territorio y población hablante de la lengua en los últi- nombres de plantas 34 y animales. Con base en la eviden-
mos dos siglos. El Inali (2005) registra 121 409 personas, cia de esos y otros préstamos que corresponden a ám­
de las cuales 95 905 residen en 145 comunidades dentro bitos semánticos diferenciados socialmente, Kaufman
del área de distribución histórica del grupo. Los autores propone que la población “de base” en la ciudad de Teo­
del Ethnologue consideran que la variación dialectal en la tihuacan hablaba totonaco, mientras que la élite se co-
zona purépecha es suficientemente marcada para dife- municaba en una lengua mixezoque.
renciar como una lengua distinta la variante que se habla X.1 Lenguas totonacas. Kaufman distingue cuatro “dia-
en la zona alta occidental, sin ofrecer una estimación po- lectos”: el de Misantla, el de la sierra (con dos variantes,
blacional. La misma fuente estima 60% de inteligibili- Coatepec y Zapotitlán), el de Xicotepec y el de Papantla.
dad de la variante del lago de Pátzcuaro por parte de los No ofrece una estimación del tiempo de diversificación
hablantes de la primera. El Catálogo del Inali (2007) re- entre ellos. El Inali (2005) reporta 240 034 hablantes de
conoce una sola forma de la lengua p’urhepecha/ tutunaku; de ellos, 193 293 viven en 826 localidades en el
p’orhepecha. La mayor parte de las comunidades se ubi- Totonacapan histórico, que cubre el centro y norte de
ca en terrenos volcánicos del Terciario superior y del Veracruz y el norte de Puebla. La mayoría de los migran-
Cuaternario por encima de los 1 800 metros de altitud, tes residen en el Valle de México. El Ethnologue reconoce
cubiertos originalmente por bosques de pino y encino, ocho lenguas totonacas, con gran disparidad demográfi-
con tulares y otros tipos de vegetación ribereña en torno ca, citando estimaciones de la población realizadas entre
a lagos y ciénegas. 1982 y 2000: 1] la de Yecuatla, con 500 personas, todas
Los estudios sobre el conocimiento purépecha de los ellas adultos mayores; 2] la de Filomeno Mata y Coahui­
seres vivos aún son parciales, no obstante la importancia tlán, con 15 108; 3]  la de Coyutla, con 48 062; 4]  la de
del grupo. Los trabajos que conocemos se centran en la Xicotepec, con 3 000; 5] la de Papantla, con 80 000; 6] la
cuenca de Pátzcuaro, donde Mapes (1981) y Mapes et al. de la sierra, con 120 000; 7] la de Patla y Chicontla, con
(1981) documentaron los usos y la clasificación de los 6 000, y 8] la de Ozumatlán, con 4 000. Estima grados de
hongos; Caballero y Mapes (1985) la recolección de di- inteligibilidad que varían de 40%, entre Papantla y la sie-
versos recursos silvestres, y Argueta (1988) la nomencla- rra, a 80% entre Ozumatlán y Xicotepec. El Ethnologue
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 527

no registra la variante más sureña de Jilotepec y de Lande- léxico de la variante de Zapotitlán desde 2000 (Kaufman
ro y Cos en Veracruz, de la cual parecen quedar algunos et al. sin fecha). El grupo totonaco representa uno de los
hablantes ancianos. El Catálogo del Inali (2007) reconoce huecos mayores en la documentación del conocimiento
siete variantes: totonaco del sureste (laakanaachiwíin), indí­gena sobre la diversidad biológica en México. La va-
central del norte (tachaqawaxti/tutunakuj/tachiwiin), riante de Landero y Cos, cerca de Xalapa, tiene una alta
del cerro Xinolatépetl (kintachiuinkan), central alto (tu- prio­ridad de investigación por estar muy próxima a des-
tunáku), de la costa (lichiwin tutunaku), del río Necaxa aparecer.
(totonaco) y central del sur (tutunáku/tutunakú/toto-
naco). La vegetación original del área incluye bosque X.2 Lenguas tepehuas. Kaufman distingue tres dialectos
tropical perennifolio, encinares tropicales, bosque mesó- tepehuas, los de Tlachichilco, Huehuetla y Pisaflores,
filo de montaña y bosques húmedos de pino y encino en pero no evalúa el grado de divergencia entre ellos. El Inali
las zonas más altas. (2005) registra 9 435 personas, 7 268 de ellas en 35 loca-
A pesar de constituir uno de los grupos más numero- lidades en el hábitat histórico del grupo en el norte de
sos del centro del país, hemos encontrado poca informa- Veracruz, oriente de Hidalgo y extremo norte de Pue-
ción etnobiológica publicada sobre los pueblos totona- bla.35 El Ethnologue reconoce como lenguas las mismas
cos. Kelly y Palerm (1952) registraron los nombres variantes que distingue Kaufman, y reporta 3 000 hablan-
indígenas y los usos de varias plantas en su estudio acer- tes de la de Huehuetla, 4 000 de la de Pisaflores y 3 000 de
ca de la subsistencia y la tecnología en El Tajín, que co- la de Tlachichilco, según estimaciones de 1982 y 1990.
rresponde a la lengua de Papantla conforme al Ethnolo­ Cita grados de inteligibilidad que varían de 37 a 40% en-
gue. La Dirección General de Culturas Populares (1988) tre las dos últimas y de 59 a 70% entre las primeras. El
editó un trabajo acerca de la herbolaria y la etnozoología Catálogo del Inali (2007) distingue las mismas variantes
en la misma zona. Chacón (1988) investigó el conoci- que Kaufman y el Ethnologue, el cual las designa como
miento tradicional de los hongos en una comunidad del tepehua del sur (lhiimaqalhqama’/lhiima’alh’ama’), del
municipio de Papantla. Martínez Alfaro (1984) estudió norte (lhichiwíin) y del oeste (lhiimaasipijni/liimasipi-
las plantas medicinales usadas en Tuzamapan de Galea- jni). La vegetación natural del área tepehua corresponde
na en la Sierra Norte de Puebla, y recopiló junto con sus a bosques tropicales perennifolios y bosques mesófilos
colaboradores (1995) la nomenclatura totonaca y los de montaña. No hemos encontrado un solo trabajo etno-
usos de diversas especies vegetales en esa región. En biológico publicado sobre este grupo, como tampoco
contraste con la parvedad de las publicaciones acerca conocemos un vocabulario tepehua medianamente ex-
del grupo, el Atlas etnoecológico (Toledo et al. 2001) cita tenso, si bien Kaufman y sus colaboradores estudian la
varias investigaciones inéditas realizadas en el Totona- variante de Huehuetla desde 1999 (Kaufman et al. sin fe-
capan: siete tesis de licenciatura sobre plantas comes­ cha). El Atlas Etnoecológico (Toledo et  al. 2001: ficha
tibles en Tuzamapan (ficha 261), etnoherpetología de 1123) cita una tesis profesional acerca de las plantas me-
Tepango de Rodríguez (fichas 1098 y 1111), plantas me- dicinales usadas por tres grupos étnicos en Mecapalapa,
dicinales de comunidades totonacas de la Sierra de Pue- Puebla, donde viven algunos hablantes de tepehua. Se
bla (ficha 1103), percepción botánica en Zozocolco de trata nuevamente de un caso con alta prioridad para la
Hidalgo (ficha 1876), herbolaria en el municipio de Mi- investigación; la vigencia de la lengua entre los jóvenes
santla (ficha 2544), flora medicinal de Coxquihui (ficha permite plantear estudios a largo plazo.
2702) y plantas comestibles en Zapotitlán de Méndez
(ficha 2737), y dos tesis de maestría acerca de las plantas XI  Familia yutonahua
útiles de la zona costera (ficha 1081) y los recursos fito-
genéticos de una comunidad no especificada (ficha 798). El Ethnologue enumera 61 lenguas en esta familia,36 la
Los diccionarios publicados por el ilv para las variantes quinta más pródiga en el continente americano según sus
de Papantla (Aschmann y Dawson 1973), Xicotepec criterios de clasificación. Los cálculos glotocronológicos
(Reid y Bishop 1974) y la sierra (Aschmann 1983) pro- sitúan la diversificación del proto-yutonahua hace unos
porcionan información adicional. El estudio de MacKay 5 000 años (Campbell 1997: 133), con una división inicial
y Trechsel (2005) sobre la lengua de Misantla (totonaco en una rama norteña y otra sureña. La primera daría ori-
de Yecuatla, en la clasificación del Ethnologue) aporta gen a las lenguas numic (habladas en el altiplano de
algunos datos. Kaufman y sus colaboradores compilan el Oregon-Idaho-Nevada-Utah y las grandes planicies en
528 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

Oklahoma y Texas) y takic (habladas en el sur de Califor- los que sobresalen poblaciones extensas de saguaro (Car­
nia), más el hopi de Arizona y el tübatulabal de Califor- negiea gigantea) y pitayo (Stenocereus thurberi), cactá-
nia. De la segunda derivaría el grupo pima-tepehuán de ceas arborescentes de gran importancia cultural.
Sonora, Arizona, Chihuahua y Durango; las lenguas tara- Las comunidades de pápagos y pimas del norte proba-
humara-cáhita de Chihuahua, Sonora y Sinaloa, y el gru- blemente son el caso mejor documentado en la literatura
po cora-huichol-náhuatl del occidente y centro de Mé­ etnobiológica sobre las lenguas yutonahuas, comenzan-
xico. El hábitat del proto-yutonahua habría abarcado do con la investigación de Castetter y Underhill (1935) en
Arizona y el noroeste de México; tiempo después, la rama la década de 1930, seguida por Curtin (1984, publicación
sureña se habría diferenciado en las estribaciones de la original de 1949). Mathiot (1964) y Pilcher (1967) estu-
Sierra Madre, entre los ríos Mayo y Sinaloa (Campbell diaron la taxonomía indígena y las clases nominales en la
1997: 137). Hill (2001), sin embargo, encuentra evidencia variante tohono o’odham. Felger et al. (1992) y Nabhan
léxica para proponer que la lengua ancestral era hablada et al. (2000) se enfocaron en la etnobotánica y la etnoeco-
por una comunidad que cultivaba maíz en el centro de logía del mismo grupo, mientras que Rea (1997) investi-
México, y la diferenciación de la familia obedecería a la gó el conocimiento de las plantas entre los pimas del
expansión de esa población agricultora hacia el noroeste. Gila. Este autor también ha documentado la etnozoo­
Kaufman (2001: 86) considera que la variación interna logía de los grupos pimanos septentrionales en general
de la división norteña del phylum yutonahua representa (incluyendo los pimas de Chihuahua y Sonora), relacio-
34 siglos de divergencia, 500 años menos de los que esti- nando sus tabúes alimenticios con la fauna del hábitat
ma para la diversificación de la división sureña. A dife- ancestral (Rea 1981), y detallando su conocimiento de los
rencia de Campbell, Kaufman distingue dos linajes den- mamíferos (Rea 1998) y las aves (Rea 2007). Nabhan
tro de ésta: la rama nahua, que incluye al pochuteco y al (2002) articula diversos rasgos de la cultura tohono
náhuatl, y la rama sonorense, en la cual ubica al grupo o’odam con la historia natural del desierto sonorense en
cora (cora y huichol), al grupo tarahumara-guarijío, al una publicación de gran calidad literaria. Saxton et  al.
grupo odami o tepima (pápago, pima y las lenguas tepe- (1999) han compilado un diccionario de ambas variantes
huanas) y al extinto grupo ópata (ópata-jova y eudeve- dialectales. En contraste con la abundancia de informa-
heve). Clasifica al tubar y al cáhita (yaqui y mayo) como ción disponible en inglés sobre estos grupos, no conoce-
lenguas aisladas dentro de la rama sonorense. Considera mos un solo trabajo etnobiológico acerca de las comuni-
que la variación interna de la rama nahua, al igual que la dades pápagos de Sonora editado en México.
divergencia entre cora y huichol, equivale a unos 15 si-
glos, y que las diferencias entre tarahumara y guarijío XI.1.2 Pima bajo. Kaufman (2001: 87) y Campbell (1997:
representan unos 700 años de evolución independiente, 134) reconocen al pima hablado en Sonora y Chihuahua
pero no ofrece estimaciones temporales para las demás como una lengua distinta del o’odam. Las fuentes colo-
agrupaciones yutonahuas meridionales. niales se refieren a este grupo como névome; la designa-
ción propia para la lengua es o:b no’ok.38 El Inali (2005)
XI.1.1 Pápago. Kaufman (2001: 87) reconoce como una registra 741 hablantes, de los cuales 593 viven en 70 loca-
sola lengua, que designa o’odam, las variantes que ha- lidades en el hábitat ancestral del grupo en la Sierra Ma-
blan la gente pima del Valle del Gila en Arizona (akimel dre Occidental, en la zona limítrofe central de Sonora y
o’odam, “personas del río”) y la gente pápago del desierto Chihuahua. Algunos autores distinguen dos variantes
sonorense (tohono o’odam, “personas del desierto”).37 dialectales, la que se habla en la zona de Yécora y Maico-
El Inali (2005) registra 141 hablantes en México, de los ba en Sonora, y la que se habla en Yepáchic, Chihuahua.
cuales solo 33 residen en 13 localidades dentro del hábi- El Catálogo del Inali (2007) reconoce tres variantes: pima
tat histórico del grupo. Al reclamar sus derechos a la bi- del norte (oob no’ok), del sur (oob no’ok) y del este (ob-
nacionalidad, muchas familias que antiguamente vivían nók). La vegetación natural en la mayor parte del área
al sur de la frontera se han mudado a la porción estadu- corresponde a bosques de pino y encino. El estudio de
nidense del territorio ancestral. El Ethnologue cita 11 819 Pennington (1980) sobre la cultura material de las comu-
hablantes de ambas variantes dialectales en Arizona en nidades pimas de Sonora incluye información etnobio­
1990. La mayor parte del área pápago en el noroeste de lógica cuantiosa, complementando su estudio previo
Sonora está cubierta todavía por vegetación primaria, (1973a) acerca de las plantas medicinales utilizadas en las
consistente en diversos tipos de matorrales xerófitos, en comunidades de Chihuahua. Laferriere y colaboradores
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 529

(Laferrière et al. 1991; Laferrière 1991a, 1991b, 1995) in- de Lajas, Taxicaringa y Teneraca, según recuentos del
vestigaron sobre el conocimiento y uso de las plantas y año 2000. Estima 78% de inteligibilidad de la segunda
los hongos, la alimentación y la tecnología de subsisten- lengua por parte de hablantes de la primera, pero solo
cia en la zona de Yepáchic. Reina y Van Devender (2003) 55% a la inversa. El Catálogo del Inali (2007) reconoce
han comenzado un proyecto etnobotánico en Maicoba. tres variantes: tepehuano del sur alto (au’dam) en el mu-
Rea (1998, 2007) incluye información sobre los “pimas de nicipio de Pueblo Nuevo, Durango, y comunidades veci-
la montaña” en sus monografías etnozoológicas. Se con- nas de Nayarit y Sinaloa; tepehuano del sur bajo (o’dam)
serva un vocabulario névome (considerado por Estrada en el municipio de Mezquital, Durango, y la zona colin-
una variante extinta del pima bajo) compilado hacia 1660; dante de Zacatecas, y tepehuano del sur central (o’dam)
la fuente contemporánea más extensa que hemos encon- en Taxicaringa y comunidades aledañas. La vegetación
trado del léxico de esta lengua es el estudio de Estrada predominante en el área son bosques de pino y encino,
(1998) en Yepáchic. La documentación del conocimiento con bosques tropicales caducifolios en las laderas más
tradicional de este grupo es relativamente amplia gracias bajas hacia el oeste. Se ha documentado el conocimien-
a los trabajos realizados por investigadores norteameri- to tradicional sobre los hongos comestibles (González
canos, principalmente. 1991) y los agaves (González y Galván 1992) en el suroes-
te de Durango, y se ha publicado un trabajo breve acerca
XI.1.3 Tepehuán del norte. En la clasificación de Kaufman de plantas silvestres usadas como alimento y medicina en
(2001: 87), esta lengua, el tepehuán del sur y el extinto el municipio de Huajicori, Nayarit (Gispert y Rodríguez
tepecano conforman el “área lingüística tepehuana”, de la 1999). El Atlas etnoecológico (Toledo et al. 2001: ficha 79)
misma manera que el pima bajo y el o’odam integran el cita un trabajo previo de Rodríguez acerca de las especies
“área lingüística pimana”. El Inali (2005) registra 5 048 ha- medicinales usadas en tres comunidades coras y tepe-
blantes que viven en 302 localidades en el hábitat histó- huanes en Nayarit. Willett (1999) ha comenzado a re­
rico del grupo en la Sierra Madre Occidental, en el extre- copilar un diccionario de la variante sureste, según la
mo suroeste de Chihuahua. Tanto el Ethnologue como el clasificación del Ethnologue. Los tepehuanes del sur o te-
Catálogo del Inali (2007) reconocen una sola forma de pehuanos merecen una investigación más profunda por
esta lengua, que la segunda fuente designa como “tepe- habitar un área extensa, ecológicamente heterogénea, y
huano del norte”, con la autodenominación odami. La por ser uno de los pueblos más conservadores del país en
vegetación natural del área incluye bosques de pino y en- términos culturales, junto con sus vecinos coras, huicho-
cino en la zona alta, con bosques tropicales caducifolios les y “mexicaneros” (hablantes de una lengua nahua).
y vegetación riparia en los profundos cañones hacia el
occidente. El libro de Pennington (1969) sobre la cultura XI.2.1 Lenguas tarahumaras. Kaufman (2001: 86) consi-
material del grupo, documentado meticulosamente, in- dera al tarahumara como una sola lengua, que forma un
cluye abundante información etnobiológica. El autor grupo junto con el guarijío dentro de la rama sonorense
había publicado previamente un artículo sobre el uso de la división meridional del phylum yutonahua, mien-
medicinal de diversas plantas (Pennington 1963b). No tras que Campbell (1997: 134) agrupa al tarahumara-
conocemos trabajo alguno más reciente en esta zona, guarijío con el tubar, el cáhita y el ópata-eudeve como la
una de las prioridades para la investigación en el noroes- segunda de tres ramas en dicha división. Kaufman estima
te del país. Tampoco hemos encontrado un vocabulario que las diferencias entre tarahumara y guarijío represen-
que recoja el léxico animal y vegetal de esta lengua. tan siete siglos de divergencia lingüística. El Inali (2005)
registra 75 545 personas ralámuli,39 de las cuales 47 128
XI.1.4 Tepehuán del sur. Las 15 774 personas pertene- viven en 1 552 localidades en el territorio tradicional del
cientes a este grupo, que se nombran a sí mismas o’dam, grupo en la Sierra Madre Occidental, en el suroeste de
habitan en 474 localidades representadas en los mapas Chihuahua; millares de migrantes se han establecido en la
del Inali (2005) en la Sierra Madre Occidental, en el su- capital estatal, en Ciudad Juárez y en los estados vecinos.
roeste de Durango y las zonas limítrofes de Zacatecas, El Ethnologue distingue cinco lenguas: 1]  tarahumara
Nayarit y Sinaloa. El Ethnologue distingue dos lenguas en central o de Samachique, hablado por 55 000 personas en
esa región: el tepehuán del sureste, hablado por 9 937 2000; 2] tarahumara de la zona baja occidental o de Ro­co­
personas en la zona de Santa María Ocotán, y el tepe- roibo, 15 000 (1990); 3] tarahumara del norte o de Arisea-
huán del suroeste, hablado por 8 187 personas en la zona chi, 300 personas de edad avanzada (1993); 4] tarahumara
530 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

del sureste o de Chinatú (no proporciona información hua­hua. El Ethnologue distingue dos variantes dialectales
demográfica); 5] tarahumara del suroeste o de “Tubare”, de esta lengua: la que hablan las comunidades en la zona
100 (1983). Estima 45% de inteligibilidad de la primera y más alta y la que hablan las personas que viven río abajo,
25% de la segunda por parte de hablantes de la variante llamadas maculai. El Catálogo del Inali (2007) reconoce
norteña. El Catálogo del Inali (2007) reconoce también de igual manera dos variantes: guarijío del norte (wari-
cinco variantes: tarahumara del oeste (rarómari raicha), hó) y del sur (makurawe). La mayor parte del área man-
del norte (ralámuli raicha), de cumbres (ralámuli rai- tiene su cobertura vegetal natural, con bosques tropica-
cha), del centro (ralámuli raicha) y del sur (rarámari les caducifolios, vegetación riparia a lo largo del río
raicha). La vegetación natural del área comprende bos- Chínipas y el alto Mayo, y bosques de encino y pino en
ques de pino y encino, pastizales, comunidades de Pseu­ las zonas más altas. Gentry (1942, 1963) hizo observacio-
dotsuga, Abies y Picea en las montañas más altas, y bos- nes etnobotánicas entre los guarijíos. Yetman (2002) ha
ques tropicales caducifolios en los cañones y las laderas publicado una monografía sobre el conocimiento de las
bajas hacia el occidente. plantas de este grupo, presentada con un estilo narrati-
Los trabajos de Pennington acerca de la cultura mate- vo original y ameno; el autor aborda el impacto cultural
rial (1963a), el uso de plantas medicinales (1973b) y de del cultivo de enervantes en la zona, entre otros temas.
venenos vegetales para pescar (1958) son, como las in- Medina (2002) ha compilado un diccionario morfológico
vestigaciones del mismo autor entre los pimas bajos y los que incluye datos sobre la nomenclatura de otras divisio-
tepehuanes del norte, las publicaciones más extensas so- nes taxonómicas además de las plantas. Gracias a estos
bre el conocimiento de los recursos naturales de este trabajos, los guarijíos son uno de los grupos pequeños
grupo hasta la fecha. Bye (1976) enfocó su investigación mejor documentados del país.
doctoral en la etnoecología tarahumara y ha publicado
una serie de trabajos seminales acerca del uso de los aga- XI.3.1 Mayo. Tanto Campbell (1997: 134) como Kaufman
ves (Bye et al. 1975), los enteógenos (Bye 1979), los que- (2001: 87) consideran al yaqui y al mayo como variantes
lites (Bye 1981) y las plantas medicinales (Bye 1986). de la lengua cáhita. El Ethnologue estima 90% de inteligi-
Salmón (1995), académico norteamericano de origen ra­ bilidad del yaqui por parte de hablantes del mayo. Kauf-
rámuri, ha estudiado varios remedios tradicionales en man agrega como tercer dialecto el extinto tehueco, que
relación con su toxicidad; dedicó su tesis doctoral a la se habló en Sinaloa. El Inali (2005) registra 31 513 ha-
cognición y el léxico de las plantas (Salmón 1999). En fe- blantes de mayonokki,40 de los cuales 28 257 viven en
chas más recientes, Moreno (2002) ha comparado el co- 577 localidades dentro del área de distribución histórica
nocimiento de los hongos entre comunidades de la zona del grupo en el sur de Sonora y norte de Sinaloa; muchos
alta, mientras que Casaus (2003) y Wyndham (citado en migrantes se han asentado en Baja California. El Ethno­
Mexico-North Research Network 2003) han investigado logue reporta que la mayoría de los hablantes son adultos
la transmisión de la información etnobotánica y el cam- y que pocos niños están aprendiendo la lengua. Tanto el
bio cultural en las comunidades de Basíhuare y Choguita, Ethnologue como el Catálogo del Inali (2007) reconocen
en tanto Merrill (idem, 2003) ha documentado el conoci- una sola forma del mayo; la segunda fuente consigna la
miento etnozoológico en Basíhuare y Norogachi, traba- autodenominación yorem-nokki. La vegetación original
jos al parecer inéditos. Camou-Guerrero et  al. (2008) del área, cada vez más amenazada por la expansión de la
abordan el saber acerca de las plantas desde una perspec- agricultura industrial, comprende bosques espinosos,
tiva de género. Los estudios léxicos más generales son bosques tropicales caducifolios, vegetación riparia, man-
limitados: Hilton (1993) publicó un diccionario del tara- glares y otros tipos de vegetación costera. Gentry (1942)
humara de Samachique. Las variantes del norte y suroes- recogió datos etnobotánicos en su reconocimiento flo-
te son prioritarias para la investigación etnobiológica por rístico del valle del río Mayo. Yetman y Van Devender
ubicarse en zonas ecológicamente contrastantes y por (2002) han publicado una extensa monografía acerca del
estar próximas a desaparecer. conocimiento tradicional de las plantas, centrada en
ocho especies “que hacen mayos a los mayos”. El Atlas
XI.2.2 Guarijío. El Inali (2005) reporta 1 671 personas etnoecológico (Toledo et al. 2001: fichas 534, 820 y 823)
warihó (“gente”), 1 209 de ellas en 62 localidades en el cita un trabajo sobre el uso de plantas en la comunidad
territorio tradicional del grupo en la Sierra Madre Occi- de Los Buayums y dos estudios acerca de la flora medici-
dental, en el sureste de Sonora y extremo oeste de Chi­ nal en los municipios de Huatabampo, Sonora, y Ahome,
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 531

Sinaloa. Collard y Collard (1962) recopilaron un vocabu- María, Mesa del Nayar, San Francisco y Presidio de los
lario general. No hemos encontrado otras fuentes de in- Reyes) y cinco en el segundo (Santa Teresa, Dolores, San
formación etnobiológica para este grupo, sujeto a fuertes Blasito, San Juan Corapan y Rosarito). El Catálogo del
presiones de cambio cultural al igual que sus parientes, Inali (2007) distingue ocho variantes y transcribe sus
los pueblos yaquis hacia el norte. autodenominaciones, que parecen representar los topo-
nímicos coras de ocho de las nueve comunidades dialecta-
XI.3.2 Yaqui. El Inali (2005) registra 13 317 personas les del Ethnologue. El territorio conserva su cubierta vege-
yoeme, hablantes de hiaknooki; 41 10 925 de ellos resi- tal natural en buena medida, con bosques de pino y encino
den en 109 localidades en el territorio ancestral del grupo en las zonas altas, bosques tropicales caducifolios en las
en el valle del río Yaqui en el sur de Sonora, con poblacio- laderas bajas y manchones de bosque tropical subcaduci-
nes migrantes en Baja California y Sinaloa. El Ethnologue folio y vegetación riparia en los cañones profundos.
reporta que 406 personas hablaban la lengua en Arizona Hemos encontrado muy pocos datos acerca del cono-
en 1993. El hábitat del grupo corresponde a los mismos cimiento tradicional de las plantas y los animales de este
tipos de vegetación natural que el área de los mayos y ha grupo. Malkin (1958), después de su investigación entre
sido convertido de igual manera en campos de cultivo los seris, condujo un estudio etnoherpetológico breve en
tecnificado en toda la dilatada zona baja aluvial. Los úni- la zona cora. Casad (1980), quien ha publicado una serie
cos documentos que conocemos que de alguna forma se de trabajos lingüísticos sobre el grupo, es autor de un
relacionan con el conocimiento yaqui de la naturaleza manuscrito inédito acerca de la clasificación cora de las
son los cantos del venado y del coyote (Evers y Molina formas de vida. La única publicación reciente que hemos
1987, 1990), de gran belleza poética. El segundo autor es encontrado es la monografía de Gispert y Rodríguez
un investigador yoeme originario de Arizona quien diri- (1998) sobre plantas alimentarias y medicinales. El Atlas
gió de 1993 a 1995 un proyecto sobre etnobotánica yaqui etnoecológico (Toledo et  al. 2001: ficha 78) cita la tesis
en el Servicio de Parques Nacionales para Preservación previa de Rodríguez enfocada en las especies usadas
Histórica de EUA. (Chax Press sin fecha). Coordinó tam- como remedios en tres comunidades coras y tepehuanes
bién la recopilación de un diccionario yoeme-inglés de Nayarit. Salvo el vocabulario de McMahon y Aiton
(Molina et  al. 1999). Más recientemente, Estrada et  al. (1959), no conocemos una recopilación general del léxi-
(2004) han publicado un diccionario yaqui-español junto co de esta lengua. Los coras parecen ser el grupo yutona-
con una selección de textos. El papel histórico de los ya- hua menos estudiado de México desde el punto de vista
quis en la defensa de los derechos indígenas amerita ma- etnobiológico, a pesar de su interés para la investigación
yor investigación acerca de su cultura ecológica. porque recrean con vigor tradiciones culturales comple-
jas en un área ecológica heterogénea.
XI.4.1 Cora. Kaufman (2001: 86) clasifica a la lengua cora
y el huichol como uno de los cuatro grupos que integran, XI.4.2 Huichol. El Inali (2005) reporta 30 686 personas
junto con dos lenguas aisladas, la rama sonorense de la wixárika; 42 de ellas, 17 713 viven en las 575 localidades
división sureña del phylum yutonahua. Campbell (1997: representadas en su cartografía dentro del territorio tra-
134), en cambio, agrupa al cora-huichol con las lenguas dicional del grupo en la Sierra Madre Occidental en el
nahuas, como una de tres ramas de la división meridional norte de Jalisco, sureste de Nayarit y el área colindante de
de la familia, citando investigaciones que indican que los Durango. El Ethnologue reconoce tres variantes dialecta-
dos linajes están más emparentados entre sí que con les, que no son suficientemente divergentes para consi-
otras lenguas. Kaufman estima que las diferencias entre derarlas lenguas distintas según sus criterios de delimita-
cora y huichol representan unos 15 siglos de evolución ción: la variante de San Andrés Cohamiata o huichol
independiente. El Inali (2005) registra 16 410 hablantes occidental, la de San Sebastián y Santa Catarina o hui-
de nayeeri, de los cuales 13 521 viven en 381 localidades chol oriental, y la de Coyultita. El Catálogo del Inali
en el hábitat histórico del grupo en la Sierra Madre Oc- (2007), por su parte, distingue cuatro variantes: huichol
cidental, en el centro oriente de Nayarit y el área colin- del norte, del sur, del este y del oeste, y reporta para todas
dante de Durango. El Ethnologue reconoce dos lenguas, ellas la misma autodesignación, wixárika. La vegetación
el cora del Nayar con 8 000 hablantes y el cora de Santa natural del área incluye bosques de pino y encino en las
Teresa con 7 000, según estimaciones de 1993. Distingue zonas altas y bosques tropicales caducifolios en las lade-
cuatro variantes dialectales dentro del primero (Jesús ras bajas. La vegetación riparia del fondo de los cañones
532 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

ha sido destruida en buena parte de su distribución ori- Orizaba, el estado de Guerrero y el área de Toluca) y el área
ginal por los grandes embalses construidos en las últimas dialectal occidental (variante de Pómaro, en la costa de Mi-
décadas para producir electricidad. Los huicholes están choacán, y el mexicanero de la Sierra Madre en Durango).
familiarizados con la biota del desierto chihuahuense por Kaufman calcula que la separación entre el nahua central y
sus largas peregrinaciones al norte de San Luis Potosí, y el occidental ocurrió hacia el año 1000 de nuestra era.
también con los ecosistemas tropicales de las tierras ba- Al suplantar a otras lenguas que se hablaban con ante-
jas por sus viajes frecuentes a la costa de Nayarit por mo- rioridad en diversas zonas de Mesoamérica, las diferen-
tivos religiosos y laborales. tes variantes nahuas adquirieron rasgos de otras familias,
La investigación sobre el conocimiento huichol de las especialmente en el léxico: del huasteco en los dialectos
plantas se ha enfocado en los enteógenos, principalmente de la Huasteca; del totonaco en las variantes de la Sierra
el híkuri (peyote, Lophophora williamsii), y en segundo de Puebla; de las lenguas mixezoques en el nahua del sur
término el kieri (complejo de plantas centrado en Solan­ de Veracruz; de las familias maya, lenca y xinca en el pi-
dra sp., Aeda y Bye 2001). La literatura acerca de los ritua- pil; del tlapaneco en las variantes de Guerrero; del matla-
les del peyote y el venado en la religión huichol es volumi- tzinca en el nahua de Toluca, y del purépecha en el dia-
nosa y rebasa los límites de esta revisión. Price (1967) lecto de la costa de Michoacán (Kaufman 2001: 88).
documentó dos esquemas taxonómicos distintos en la cla- Kaufman resalta la cantidad de nombres de plantas y ani-
sificación de las plantas en esta lengua. Grimes (1980a, males de origen huasteco que aparecen en las variantes
1980b), autor de una serie de investigaciones fonológicas y de la zona noreste. Hacia el año 1200, el nahua central se
sintácticas sobre el huichol, estudió la categorización de convirtió en el medio de comunicación de una confor-
animales y plantas. Bauml (1994) escribió su tesis doctoral mación política poderosa, y comenzó así a influir en otras
acerca de la etnobotánica del grupo, y publicó antes una variantes. Al llegar (según sus tradiciones) a la cuenca de
reseña breve del tema (1989). En fechas más recientes, México, los tenochcas habrían adquirido el náhuatl y ol-
Vásquez et al. (2004) produjeron una monografía sobre la vidado su lengua ancestral (Kaufman 2001: 89).
flora del norte de Jalisco, que incluye mucha información El Inali (2005) registra 1 448 936 hablantes de las len-
acerca de la nomenclatura huichol y los usos tradicionales guas nahuas 44 en todo el país, 1 087 132 de ellos en las
de las plantas. Algunos datos adicionales pueden encon- 2 546 localidades representadas en sus mapas de la distri-
trarse en el vocabulario publicado por el ilv (McIntosh y bución histórica del grupo en cuatro grandes regiones:
Grimes 1954) y en el compendio léxico de Grimes et al. 1]  Sierra Madre Occidental, en Durango y Nayarit;
(1981). La vitalidad cultural de las comunidades huicholes 2] costa del Pacífico, en Michoacán y zonas vecinas de
merece profundizar la investigación y cotejarla con el co- Jalisco y Colima; 3] sur del altiplano central y oriente de
nocimiento biológico de sus vecinos coras, tepehuanos y la cuenca del Balsas, en el Estado de México, el Distrito
mexicaneros, que comparten hábitats similares. Federal, Puebla, Tlaxcala, Morelos y Guerrero; 4] Sierra
Madre Oriental y planicie costera del Golfo, en San Luis
XI.5 Lenguas nahuas. Campbell (1997: 134) distingue Potosí, Hidalgo, Veracruz, Puebla, Oaxaca y Tabasco. El
dos linajes dentro del grupo nahua: el pochuteco (lengua Ethnologue reconoce 26 lenguas nahuas vivas habladas
que se habló en la costa de Oaxaca hasta principios del en México, además del pipil en El Salvador. En la región
siglo xx) y el “nahua nuclear”, donde a su vez separa al de la Sierra Madre Occidental ubica solo una, el nahua de
pipil hablado en Centroamérica (incluyendo el extinto Durango, con 1 000 hablantes según una estimación de
nicarao de Nicaragua) de los “muchos dialectos” del ná- 1990.45 De la costa del Pacífico reporta también una sola
huatl.43 Kaufman (2001: 87) estima que el pochuteco se lengua, el nahua de Michoacán, con 3 000 hablantes en
diferenció hace unos 15 siglos, y que la variación dentro 1990; no registra datos de Jalisco ni Colima. En el sur del
del “complejo nahua” representa 1 100 años de evolución altiplano, Morelos y Guerrero distingue nueve lenguas,
lingüística, con una división inicial en dos “lenguas vir- con una población total de cerca de 228 000 personas, sin
tuales”: el nahua del norte-este y el nahua del centro- reportar hablantes en el Distrito Federal.46 En la Sierra
oeste. El primero comprende el área dialectal de la Huas- Madre Oriental y la costa del Golfo ubica la mayor diver-
teca, el área dialectal oriental (variantes de la Sierra de sidad, con quince lenguas habladas por más de un millón
Puebla y el sur de Veracruz) y el pipil (al que considera de personas.47 El Catálogo del Inali (2007) distingue 30
una “lengua emergente”). El segundo abarca el área dia- variantes de náhuatl (mexicano tlajtol, nauta, mexi’catl,
lectal central (variantes del Valle de México, la zona de masehual tla’tol, etc.), que enumeramos y ubicamos en
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 533

el mapa que acompaña este capítulo. Los estudios de dia- 1432); una tesis de licenciatura sobre el conocimiento de
lectología nahua realizados por Canger (1988), Lastra las plantas en una comunidad de la Sierra de Santa Mar-
(1986) y Lastra y Horcasitas (1976, 1977, 1978) muestran ta en el sur de Veracruz (ficha 2300); otra acerca de las
un panorama aún más complejo que lo que indican las plantas útiles de Tlaquilpa en la Sierra de Zongolica, al
clasificaciones del Ethnologue y del Catálogo, especial- centro de Veracruz (ficha 2325), y una más con tema et-
mente en las zonas pobremente documentadas de Gue- nomicológico en San Juan Ixcayo, en la zona de Texcoco
rrero y el Estado de México, donde la lengua está por (ficha 2467).
desaparecer. Al habitar áreas extensas tan dispersas, La investigación etnobiológica más importante que
prácticamente todos los ecosistemas y tipos de vegeta- conocemos en toda el área de habla nahua es el trabajo en
ción del centro y sur del país están representados en el marcha de Amith (2004) en seis comunidades del centro
territorio de los pueblos de habla nahua. de Guerrero. El autor ha documentado más de 600 espe-
La documentación etnobiológica del grupo es muy dis- cies de plantas, decenas de vertebrados y cerca de 100
pareja. Se han publicado algunos estudios sobre el cono- invertebrados, transcribiendo de manera rigurosa sus
cimiento tradicional de las plantas, en especial las medi- nombres en las diferentes variantes de esa área. Su pro-
cinales (Álvarez 1976; González 1982a; Rojas sin fecha), y yecto es la única fuente de información etnozoológica
los hongos (De Ávila et al. 1980; González 1982b; Monto- extensa que hemos encontrado para una lengua nahua
ya et  al. 2003) en algunas variantes dialectales del área contemporánea, y el único que se aproxima al grado de
central. Cleofas Ramírez (1991), hablante del náhuatl de detalle con que contamos acerca de los animales y las
Xalitla, describe en su lengua e ilustra, en pintura sobre plantas conocidos en el náhuatl del siglo xvi, gracias a
papel amate, 126 plantas del alto Balsas, en muchos casos los esfuerzos de Hernández (1570-1577), Sahagún (1577-
identificadas solo a nivel de familia lineana. Navarro y 1579), De la Cruz y Badiano (1552) y Molina (1571), en-
Avendaño (2002) registran los nombres indígenas de va- tre otros. Amith tiene previsto extender su investigación
rias especies vegetales útiles en una comunidad de la sie- a otras áreas dialectales en Guerrero, la Sierra de Puebla
rra de Zongolica (náhuatl de Orizaba, en la clasificación y la Huasteca. Su estudio forma parte de un programa
del Ethnologue); Weinmann y Heinrich (1997) han estu- más amplio para registrar el léxico de las lenguas nahuas
diado las plantas medicinales de la misma zona. En la actuales, que incluye un diccionario en línea con más de
Sierra Norte de Puebla, Martínez Alfaro (1987) comparó 10 000 entradas y un corpus voluminoso de grabaciones.
la percepción botánica de nahuas y totonacos; el mismo Otros trabajos lexicográficos complementan las fuen-
autor y sus colaboradores (1983) hicieron observaciones tes citadas y nos ofrecen algunos datos para variantes
etnomicológicas entre ambos grupos étnicos, mientras dialectales que al parecer no cuentan con estudios etno-
que Mora et al. (1985) analizaron la nomenclatura y la biológicos.
clasificación de las plantas en dos comunidades hablan- Ramírez y Dakin (1979) compilaron un vocabulario del
tes del nahua de la Sierra, y Beaucage y el Taller de Tra- dialecto de Xalitla, precedente para la investigación de
dición Oral (1988) documentaron la fitofarmacopea de Amith en esa región. Key y Ritchie (1953) documentaron
Cuetzalan, que corresponde a la misma variante. la variante de Zacapoaxtla (nahua de la sierra, según la
La única información que hemos encontrado acerca clasificación del Ethnologue); posteriormente, Brockway
de los dialectos de la Huasteca proviene del trabajo de et al. (2000) harían lo propio para el náhuatl del norte de
Reyes (1982) sobre las plantas medicinales en Matlapa, Puebla. Brewer y Brewer (1962) publicaron un vocabula-
SLP, y del proyecto breve de Smith-Oka (2005), también rio sobre la variante de Tetelcingo, y Wolgemuth et  al.
sobre especies medicinales en el municipio de Ixhuatlán (2002) han preparado un diccionario del nahua istmeño
de Madero, Veracruz. Alarcón-Cháires (2005b) cita los de Mecayapan, disponible en línea. Kaufman y sus cola-
nombres nahuas de algunas plantas y animales de la cos- boradores estudian esta variante desde 1997, y la de Zon-
ta de Michoacán. El Atlas etnoecológico (Toledo et  al. golica (náhuatl de Orizaba) a partir de 1999 (Kaufman
2001) cita una tesis doctoral inédita acerca de la ecología et  al. sin fecha); Kaufman (1969/1984-1993), Peralta
de subsistencia en la zona nahua del Istmo (ficha 1378); (2002-2007) y Romero (1999-2002) han recopilado bases
dos tesis profesionales sobre las floras medicinales de de datos del nahua de la Huasteca, de Pajapan (nahua
Quimixtlán y Cuetzalan (fichas 1379 y 1384) y un traba- istmeño) y de Zongolica, respectivamente. Canger (2001)
jo publicado en Quebec acerca de la taxonomía botánica aporta el material léxico más rico que conocemos para el
en la misma zona de la Sierra Norte de Puebla (ficha nahua de la Sierra Madre Occidental.
534 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

La parquedad de investigaciones etnobiológicas en la seminoles. El gobierno estadunidense emprendió una


mayor parte del área nahua es difícil de explicar, conside- guerra contra ellos de 1835 a 1842; 500 seminoles negros
rando la importancia del legado mexica en la historia del migraron entonces con sus aliados indígenas a Oklaho-
país y el número relativamente alto de especialistas en ma, donde fueron amenazados nuevamente con la escla-
lingüística y cultura náhuatl en la UNAM y otros centros vitud, por lo que en 1849 un grupo mixto huyó a México.
de investigación. Es prioritario documentar el conoci- Los seminoles negros, los seminoles indios y los kikapúes
miento tradicional de la naturaleza entre los últimos ha- solicitaron tierra al gobierno mexicano en 1850, poco
blantes de las variantes de Tabasco,48 la zona limítrofe de después se les otorgó el área de El Nacimiento con el fin
Jalisco y Colima, el sureste de Guerrero, el occidente de de que resguardaran la frontera. A los afro-seminoles se
Oaxaca (náhuatl de los “pastores”), el sur del Distrito Fe- les conoce en Coahuila como mascogos, nombre relacio-
deral y los diversos dialectos del Estado de México, áreas nado con la lengua de sus antiguos aliados. No hemos
todas ellas donde la lengua está moribunda. También encontrado información alguna sobre el inglés criollo
merecen atención especial el nahua de la costa de Mi- que hablan todavía los adultos mayores, el cual posible-
choacán y el mexicanero de Durango, los más distancia- mente conserve algo del léxico de origen africano y es
dos del área nuclear en términos ecológicos y culturales. probable que haya incorporado terminología etnobioló-
gica muskogue.
XII  Familia indoeuropea
XII.2 Español. La lengua mayoritaria de México, hablada
El Ethnologue clasifica a 449 lenguas en esta familia, la por más de 95 millones de personas como lengua mater-
cuarta más diversificada en el mundo, con una profundi- na, pertenece a la rama itálica de la familia indoeuropea,
dad temporal estimada en 69 siglos por medio de la glo- donde se ubican las 47 lenguas romances derivadas del
tocronología. El proto-indoeuropeo dio origen a la ma- latín que reconoce el Ethnologue. El castellano forma jun-
yoría de los idiomas hablados hoy día en Europa, Persia y to con el asturiano y el leonés, y con el gallego y el portu-
el subcontinente Indio, y a varias lenguas extintas de gués, la sección occidental de la división galo-iberiana
Anatolia, el Medio Oriente y el centro de Asia. La recons- del grupo romance. La misma fuente distingue cinco va-
trucción de términos para ciertos animales y plantas en riantes de castellano: el español, el extremeño, el caló, el
la lengua madre, a partir de la nomenclatura etnobiológi- ladino y un castellano criollo del Perú, modificado por
ca de los grupos indoeuropeos actuales, ha permitido influencia quechua. Todas las formas habladas en Méxi-
caracterizar ecológicamente el hábitat ancestral según co se consideran parte del primero.
algunos autores, quienes han propuesto que se extendía Cinco siglos después de su introducción, el léxico et-
por las estepas al norte del Mar Negro (Renfrew 1987; nobiológico de los colonizadores hispánicos se ha enri-
Mallory 1989; Bellwood y Renfrew 2002). Dos de las nue- quecido con numerosos préstamos de las lenguas indíge-
ve ramas vivas de la familia están representadas en Méxi- nas, pero también ha acuñado términos nuevos y ha
co, la itálica y la germánica: la primera a raíz de la con- reutilizado vocablos de la Península Ibérica para designar
quista española de 1521, la segunda por la llegada de una especies mexicanas muy distintas a los referentes origi-
comunidad de refugiados en el siglo xix.49 nales. De manera paralela, el español, y por él otras len-
guas como el árabe, han aportado numerosos préstamos
XII.1 Afro-seminol. El Ethnologue registra, con datos a las lenguas indígenas para nombrar animales y plantas,
censales de 1990, 200 hablantes en México de esta lengua préstamos que no se restringen a las especies introduci-
criolla derivada del inglés, cercanamente emparentada das por los europeos. Junto con las palabras se difundie-
con el gullah de la costa atlántica del sureste de EUA y ron nuevas categorías y nuevos esquemas para clasificar
con el creole de las Bahamas. El afro-seminol se habla en la diversidad biológica.
Nacimiento de los Negros, Coahuila, y en Brackettville, Las áreas dialectales del español mexicano han sido
Texas. El grupo desciende de los esclavos que huyeron de caracterizadas con minuciosidad y cartografiadas con
las plantaciones en la costa de Carolina del Sur y Georgia base en datos fonéticos, principalmente, como producto
desde fines del siglo xvii y se internaron en los bosques de un magno programa de investigación de más de una
de Florida, donde se unieron con comunidades indígenas década (Lope 1990-2000). La envergadura de ese atlas
hablantes de una lengua de la familia muskogue. Los contrasta con la insuficiencia de los estudios lexicográfi-
miembros de esta alianza multiétnica fueron llamados cos. No contamos con un registro contemporáneo me-
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 535

dianamente adecuado de la nomenclatura biológica en el historia de ocupación de un territorio definido y que se


español vernáculo del país. El glosario de flora y fauna han diferenciado culturalmente de las poblaciones veci-
preparado por Schoenhals (1988) se limita a los términos nas, como los afromestizos de la Costa Chica de Guerre-
más conocidos y no proporciona información acerca de ro y Oaxaca. Es prioritario investigar también las áreas
su distribución regional, además de que varias de las de- donde han desaparecido lenguas indígenas en el último
terminaciones taxonómicas son erróneas o dudosas, siglo, y donde puede perdurar parte de su conocimiento
como en otras publicaciones del ilv. tradicional en el español local. Es el caso de la lengua de
El catálogo de nomenclatura botánica de Maximino Naola, Tamaulipas, que fue documentada por única vez
Martínez (1979) es más extenso y riguroso, pero las en los años cuarenta y que no ha podido ser clasificada
transcripciones de los términos indígenas no son confia- porque los materiales recabados son demasiado escuetos
bles en muchos casos,50 mientras que los nombres en (Campbell 1997: 168); del cuitlateco de la cuenca media
español se atribuyen por lo general a todo un estado, y del Balsas en Guerrero, cuya última hablante falleció en
con frecuencia no se indica la procedencia. Cuando ten- los años sesenta (Escalante 1962) y que representa un li-
gamos registros más precisos del vocabulario etnobioló- naje sin parentesco conocido, como el purépecha, y del
gico, que llega a constituir 20% del léxico de una lengua chiapaneco, lengua otomangue ya mencionada que des-
(Kaufman y Justeson 2003), será posible cotejar los pa- apareció también a mediados del siglo pasado.
trones de su distribución con las áreas dialectales defini- Décadas antes se extinguieron el ópata del centro de
das por medio de la fonética, para dilucidar la evolución Sonora, el pochuteco de la costa de Oaxaca, el tepecano
del español mexicano en el contexto de las regiones eco- de Azqueltán, Jalisco, y el tubar del suroeste de Chihua-
lógicas del país. hua, lenguas yutonahuas todas ellas, así como el chico-
Hemos encontrado solo estudios parciales acerca del mucelteco (familia maya) y el tapachulteco (mixezoque)
conocimiento tradicional de la naturaleza en los pueblos del sureste de Chiapas. Es posible que aún sobrevivan en
“mestizos” de México. Las investigaciones recientes in- el español campesino algunos nombres para plantas y
cluyen un inventario etnobotánico de las comunidades animales tomados en préstamo de grupos que desapare-
asentadas dentro del Parque Nacional Cumbres de Mon- cieron tiempo atrás pertenecientes a la familia guaicura
terrey en Nuevo León (Estrada et al. 2007); un análisis de Baja California, a diversas agrupaciones lingüísticas
cuantitativo del conocimiento de las plantas medicinales del noreste del país como los cotonames, maratinos y
en una congregación fundada recientemente en el muni- coahuiltecos, y a varias lenguas desconocidas de la Sierra
cipio de Coxcatlán, Puebla (Canales et al. 2006); encues- Madre del Sur en Michoacán y Guerrero, mencionadas
tas sobre los hongos comercializados en diversas comu- en las fuentes virreinales, entre otros casos. Conserve o
nidades de la planicie costera del Golfo en Veracruz, no restos del léxico indígena, es pertinente documentar
Tabasco y Oaxaca (Ruán-Soto et al. 2004), y un estudio mejor el español vernáculo en las distintas zonas biogeo-
comparativo acerca de la importancia cultural de cinco gráficas de México para ampliar el análisis comparativo
artrópodos en un pueblo totonaco y en la cabecera mu- del conocimiento tradicional de la naturaleza y observar
nicipal de Tlacuilotepec, población no indígena en la Sie- cómo responde a los cambios socioeconómicos de nues-
rra Norte de Puebla (Pagaza et al. 2006). Contra las ex- tro tiempo.
pectativas, este último trabajo mostró que cuatro insectos
y un quilópodo obtuvieron evaluaciones más altas en la
cabecera, conforme a un índice diseñado para cuantificar 16.4  Discusión
la relevancia cultural de cada especie.
No conocemos investigación alguna sobre el conoci- La revisión que hemos hecho de la literatura etnobioló-
miento etnobiológico de un grupo campesino cuya len- gica indica que la cobertura de la investigación ha sido
gua sea el español que pueda compararse en su amplitud sumamente desigual en el país. Contamos con estudios
con las monografías de Alcorn, Tapia, Berlin o Hunn. La detallados del conocimiento de los seres vivos en algunas
información parcial disponible nos permite suponer que comunidades indígenas, como es el caso notable de los
el conocimiento tradicional de los seres vivos en muchas pueblos mayas de la península de Yucatán, el municipio
de esas comunidades es tan sofisticado y se está perdien- tzeltal de Tenejapa, la comunidad zapoteca de San Pedro
do tan rápidamente como en muchos pueblos indígenas. Mixtepec, el pueblo de San Pedro Amuzgos, la zona huas­
De especial interés son los grupos que tienen una larga teca de Tancanhuitz y las comunidades seris de Punta
536 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

Chueca y Desemboque. Sin embargo, no hemos encon- las familias que cuentan con pocos representantes en
trado información alguna para varios grupos lingüísticos México, donde el índice llega a 4.0 para el seri, 3.0 para el
representativos de grandes áreas geográficas y ecológicas huave, 2.0 para el purépecha y 1.0 para la familia álgica, las
de México. En el cuadro 16.3 evaluamos la amplitud de la lenguas chontales de Oaxaca y la familia indoeuropea.
documentación publicada hasta ahora para cada una La cobertura de la investigación es dispareja también
de las agrupaciones y lenguas individuales considera- desde un punto de vista ecológico. En el cuadro 16.5
das en este capítulo, así como la prioridad de estudio en com­paramos el número de trabajos extensos realizados
función de su riesgo de desaparición y su grado de aisla- para cada uno de los principales tipos de vegetación del
miento genealógico. Mostramos en el cuadro 16.4 el país. Las cifras más altas corresponden a los bosques de
número de casos y los porcentajes que representan los pino-encino y los bosques tropicales caducifolios, ecosis-
diferentes grados de cobertura de la documentación etno­ temas bien representados en los territorios de varios
bio­lógica.51 pueblos indígenas del noroeste, centro y sur de México.
Ambos cuadros indican que cerca de la mitad de los No conocemos ninguna monografía etnobotánica o et-
grupos lingüísticos del país carecen por completo de in- nozoológica enfocada en la ancha franja de pastizales al
vestigaciones especializadas. Para 35% de ellos los únicos oriente de la Sierra Madre Occidental, donde los grupos
datos disponibles son los nombres de plantas y animales cazadores y recolectores fueron desplazados por la gana-
registrados en los vocabularios, editados en la mayoría dería desde el periodo virreinal. Es más difícil explicar la
de los casos por el ilv, y para otro 13.3% ni siquiera he- escasa representación en la literatura de los matorrales
mos encontrado información léxica. Una cuarta parte de xerófitos, el tipo de vegetación que cubre mayor superfi-
los grupos solo cuenta con estudios etnobiológicos par- cie en el país, y sobre todo es sorprendente que no exista
ciales, publicados por lo general como artículos y enfoca- una publicación extensa dedicada a alguna de las nume-
dos en una subdivisión taxonómica o un conjunto de rosas comunidades asentadas cerca de los bosques mesó-
especies de interés cultural particular, como las plantas filos de montaña, que sobresalen por su gran diversidad
medicinales. Únicamente 25% dispone de una monogra- biológica.
fía etnobotánica extensa (que incluye en algunos casos Esperamos que en los próximos años se comiencen a
información micológica), y apenas 8.3%, el conjunto más atender algunas de las prioridades más altas de investiga-
reducido, ha merecido publicaciones detalladas sobre el ción en el país. La siguiente década será la última opor-
conocimiento de los animales además de las plantas. Al tunidad para registrar el conocimiento tradicional en
preparar el cuadro 16.3, hemos conjuntado los datos para varias lenguas y variantes dialectales moribundas, que
36 grupos que comprenden 256 lenguas de acuerdo con hemos destacado a lo largo del capítulo. Una vez llenados
el Ethnologue y 332 variantes según el Catálogo del Inali; los grandes huecos en la documentación etnobiológica,
si las separáramos una a una conforme a los criterios de será factible emprender análisis comparativos más preci-
clasificación de esas fuentes, o incluso a los de un autor sos de los distintos linajes lingüísticos y grupos culturales
más conservador como Kaufman, los índices de ampli- con miras a elucidar la historia de sus sistemas de cono-
tud de la documentación se reducirían drásticamente, cimiento. Esta línea de investigación es especialmente
pues la mayoría de las variantes de mixteco, nahua, oto- significativa por ser México uno de los países donde la
mí, etc., no cuentan con un vocabulario publicado, y me- correlación entre variación biológica y cultural es más
nos aún con estudios etnobiológicos.52 estrecha, como lo mostramos al principio, y es particu-
Encontramos grandes disparidades si comparamos los larmente trascendente porque Mesoamérica parece ser
índices de cobertura de la investigación entre diferentes el único centro de origen primario de la agricultura en el
familias lingüísticas. De los grupos mayores, las lenguas mundo donde se conjugan ambas dimensiones de la di-
yutonahuas son las mejor estudiadas, con un valor pro- versidad. La domesticación de plantas y animales es un
medio de 2.0; les siguen las lenguas mayas, con un índice proceso vigente en varias zonas del país que está ligado
de 1.79, y en último lugar quedan las otomangues, que con el conocimiento de los seres vivos.
alcanzan solo 1.56. Los valores para las familias de tama- Recientemente se ha aplicado a la lingüística históri-
ño intermedio son aún más bajos: 1.5 para la mixezoque, ca un modelo estadístico derivado de los estudios filoge-
1.0 para la totonaca y solo 0.5 para la familia cochimí- néticos, en un intento por resolver las limitaciones del
yumana, el grupo menos documentado del país. La va- método glotocronológico para obtener estimaciones
riación más extrema aparece entre las lenguas aisladas y más precisas de las fechas de ramificación en la familia
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 537

Cuadro 16.3  Evaluación de la cobertura de la documentación etnobiológica sobre los grupos lingüísticos de México
Estudios Monografía Monografía Índice Prioridad/ Prioridad/Aislamiento
Familias y lenguas Vocabulario parciales botánica zoológica (suma) pérdida genealógico
I  Familia álgica
I Kikapú X 0 0 0 1 C C
II  Familia cochimí-yuma
II.1 Paipai 0 0 0 0 0 B C
II.2 Kiliwa X 0 0 0 1 A B
II.2.1 Cucapá X 0 0 0 1 B C
II.2.2 Kumiai 0 0 0 0 0 B C
III  Familia chontal de Oaxaca
III Lenguas chontales de Oaxaca X 0 0 0 1 B A
IV  Huave
IV Huave X X X 0 3 C A
V  Familia maya
V.1 Huasteco X X X 0 3 C B
V.2.1 Maya yucateco X X X X 4 C C
V.2.2 Lacandón X X 0 0 2 C C
V.3.1.1 Chol X 0 0 0 1 C C
V.3.1.2 Chontal de Tabasco X 0 0 0 1 C? C
V.3.2.1 Tzeltal X X X X 4 C C
V.3.2.2 Tzotzil X X X 0 3 C C
V.4.1.1 Kanjobal X 0 0 0 1 C C
V.4.1.2 Jacalteco X 0 0 0 1 C C
V.4.1.3 Motozintleco 0 0 0 0 0 A C
V.4.2.1 Chuj X X 0 0 2 C C
V.4.2.2 Tojolabal X 0 0 0 1 C C
V.5.1.1 Mam X 0 X 0 2 C C
V.5.1.2 Teco 0 0 0 0 0 C C
VI  Familia mixezoque
VI.1.1 Lenguas zoques X 0 0 0 1 C C
VI.1.2 Lenguas zoqueanas del Golfo X X 0 0 2 C? C
VI.2.1 Lenguas mixes X X 0 0 2 C C
VI.2.2 Lenguas mixeanas de Veracruz X 0 0 0 1 B C
VII  Familia otomangue
VII.1.1.1 Lenguas pames 0 0 0 0 0 C C
VII.1.1.2 Chichimeco jonaz 0 0 0 0 0 B? C
VII.1.2.1 Lenguas otomíes X X 0 0 2 C C
VII.1.2.2 Mazahua X X 0 0 2 C C
VII.1.2.3 Matlatzinca X X 0 0 2 B C
VII.1.2.4 Tlahuica X 0 0 0 1 A C
VII.2 Lenguas chinantecas X X 0 0 2 C B
VII.3 Lenguas tlapanecas X 0 0 0 1 C B
VII.4 Lenguas amuzgas X X X 0 3 C B
538 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

Cuadro 16.3  [concluye]


Estudios Monografía Monografía Índice Prioridad/ Prioridad/Aislamiento
Familias y lenguas Vocabulario parciales botánica zoológica (suma) pérdida genealógico
VII.5.1 Lenguas mixtecas X X X 0 3 C C
VII.5.2 Cuicateco X 0 0 0 1 C C
VII.5.3 Lenguas triques X 0 0 0 1 C C
VII.6.1 Lenguas popolocas X 0 0 0 1 C C
VII.6.2 Chocholteco X 0 0 0 1 B C
VII.6.3 Ixcateco X 0 0 0 1 A C
VII.6.4 Lenguas mazatecas X X 0 0 2 C C
VII.7.1 Lenguas chatinas X 0 0 0 1 C C
VII.7.2 Lenguas zapotecas X X X X 4 C C
VIII  Seri
VIII Seri X X X X 4 C A
IX  Tarasco
IX Purépecha X X 0 0 2 C A
X  Familia totonaca
X.1 Lenguas totonacas X X 0 0 2 C B
X.2 Lenguas tepehuas 0 0 0 0 0 C B
XI  Familia yutonahua
XI.1.1 Pápago X X X X 4 C C
XI.1.2 Pima bajo 0 X 0 X 2 C? C
XI.1.3 Tepehuán del norte 0 X 0 0 1 C C
XI.1.4 Tepehuán del sur 0 X 0 0 1 C C
XI.2.1 Lenguas tarahumaras X X 0 0 2 C C
XI.2.2 Guarijío X 0 X 0 2 C C
XI.3.1 Mayo X 0 X 0 2 C? C
XI.3.2 Yaqui X 0 0 0 1 C? C
XI.4.1 Cora X 0 0 0 1 C C
XI.4.2 Huichol X X X 0 3 C C
XI.5 Lenguas nahuas X X X 0 3 C C
XII  Familia indoeuropea
XII.1 Afro-seminol 0 0 0 0 0 B C
XII.2 Español rural 1 1 0 0 2 C C

Nota: este cuadro sintetiza la información revisada a lo largo del capítulo blada por personas de edad avanzada únicamente, B solo por adultos y C por
para las distintas familias y grupos de lenguas en el país. Una X en la segunda todas las edades. Una A en la última columna advierte que la lengua no tiene
columna registra la disponibilidad de un vocabulario general con más de parentesco demostrable con ninguna otra o es el único miembro vivo de una
1 000 entradas. Una X en la tercera marca la existencia de al menos dos artí- familia, mientras que una B indica que no se conoce o no perdura otro inte-
culos publicados después de 1960 acerca de algún aspecto del conocimiento grante de esa rama. En los diversos casos donde el Ethnologue y otras fuentes
tradicional de las plantas, hongos o animales. En la cuarta columna se anotan consideran al grupo como un conjunto de lenguas y no solo variantes dialec-
los casos donde se ha editado una monografía etnobotánica extensa (algu- tales, una X señala que al menos una lengua del grupo ha sido documentada.
nas de las cuales incluyen observaciones micológicas) y la quinta registra lo En los mismos casos, una C en la séptima columna indica que al menos una
propio para las monografías etnozoológicas. La sexta columna presenta un variante sigue siendo aprendida por los niños al seno de la familia. Los signos
índice aproximado de la amplitud de la documentación, sumando las cuatro de interrogación manifiestan dudas acerca de la vigencia del habla. Se mar-
columnas anteriores. La séptima y la octava evalúan la prioridad de la inves- can en negritas las prioridades más altas de estudio por la falta de informa-
tigación etnobiológica en función de la vitalidad y el aislamiento genealógico ción ante la pérdida inminente de la lengua.
de cada lengua. En la pen­última columna, una A señala que la lengua es ha-
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 539

Cuadro 16.4  Sinopsis de la amplitud de la documentación sobre el conocimiento etnobiológico


de los grupos lingüísticos del país
Categoría Número de casos Porcentaje

Índice = 0 (ninguna información) 8 13.3%


Índice = 1 (solo vocabulario o estudios parciales) 23 38.3%
Índice = 2 (vocabulario y estudios parciales o monografía) 17 28.3%
Índice = 3 (vocabulario, estudios parciales y monografía) 7 11.7%
Índice = 4 (vocabulario, estudios parciales y monografías
5 8.3%
etnobotánicas y etnozoológicas)
Índice = 0, 1 o 2, y prioridad por pérdida A o B 13 21.67%

Nota: este cuadro resume los datos del cuadro 16.3, sumando los índices de cobertura de la información para las 60 agrupaciones y
lenguas individuales de México. El total son 98 puntos y el valor promedio para el país alcanza solo 1.63 en la escala de 0 a 4.

Cuadro 16.5  Ecosistemas representados en los estudios etnobiológicos sobresalientes realizados en México
Grupo per sub cad esp xer pas pin mes cos
Huave X X
Huasteco X
Maya X X
Tzeltal X
Tzotzil X
Amuzgo X
Mixteco X X
Zapoteco X
Seri X X
Guarijío X X
Mayo X X
Huichol X X
Nahua X
Total 2 2 5 2 1 0 6 0 2
Abreviaturas: per: bosque tropical perennifolio; sub: bosque tropical subcaducifolio; cad: bosque tropical caducifolio; esp: bos-
que espinoso; xer: matorral xerófito; pas: pastizal; pin: bosque de pinos y encinos; mes: bosque mesófilo de montaña; cos: vegetación
costera.
Nota: en este cuadro registramos los principales tipos de vegetación presentes en las comunidades donde se han llevado a cabo las
investigaciones etnobotánicas y etnozoológicas más extensas citadas en el capítulo. Incluimos todos los grupos con un índice de 3 o 4
de acuerdo con el cuadro 16.3, excepto la comunidad pápago, cuyo conocimiento etnobiológico ha sido documentado en Arizona.

indoeuropea (Gray y Atkinson 2003). Los resultados, que otomangue recorrerá su base hacia el horizonte donde
no son aceptados por todos los especialistas, indican que están documentados arqueológicamente los primeros
la diversificación del proto-indoeuropeo se dio unos indicios de la domesticación de plantas, para explicar la
3000 años antes de lo que se creía, y respaldan la hipóte- extraordinaria proliferación y dispersión de esas lenguas.
sis de que la expansión de la familia se relaciona con la Al mismo tiempo, las innovaciones metodológicas incre-
difusión de la agricultura a partir del Medio Oriente y mentan la posibilidad de mostrar relaciones de parentes-
Anatolia. En el caso de Mesoamérica, podemos prever co entre familias y lenguas hasta ahora aisladas. Es po­
que un refechamiento del árbol genealógico de la familia sible que varios de los linajes americanos resulten ser
540 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

miembros de grandes “superfamilias” o phyla, como han Agradecimientos


propuesto algunos lingüistas. Tal escenario no resta interés
a la variación cultural de nuestro país; por el contrario, Elizabeth de Ávila y Brian Bennett hicieron posible nues-
plantea preguntas fundamentales acerca de la interrelación tro acceso físico y por medios electrónicos a las bibliote-
entre la complejidad ecológica del territorio y la rápida di- cas de la Universidad de Stanford. Thomas Smith Stark,
versificación lingüística, proceso que sigue en marcha. de El Colegio de México, y Terrence Kaufman, de la Uni-
Requerimos estudios más amplios y rigurosos para versidad de Pittsburgh, han compartido generosamente
abordar esas interrogantes. Los investigadores indígenas con nosotros sus trabajos inéditos. Ellen Herman de la
pueden aportar una documentación etnobiológica más Universidad de Oregon, nos obsequió el libro de Camp­
precisa. Los esfuerzos de Fermín Tapia, Cleofas Ramírez, bell. Lynn Stephen, también de la Universidad de Ore-
Jesús Salinas y otros autores deben reconocerse y multi- gon, nos envió copia de algunos materiales bibliográficos
plicarse, pues los estudiosos externos difícilmente pode- difíciles de conseguir. Las correcciones y sugerencias de
mos aspirar a un entendimiento íntimo de la lengua y de Brent Berlin, Alejandro Casas y Fernando Nava mejora-
la cultura como el de ellos. Más allá de la calidad y efi- ron sustancialmente el manuscrito. La biblioteca y el
ciencia que pueden lograr en su trabajo, los investigado- equipo de cómputo del Jardín Etnobotánico de Oaxaca
res indígenas tienen una responsabilidad clave al profun- fueron nuestra base de trabajo; Emanuel Toledo y el per-
dizarse en muchas comunidades el debate acerca de los sonal del Jardín nos apoyaron a lo largo de todo el proce-
derechos de propiedad intelectual y la ética de la investi- so. Dedicamos este trabajo a la memoria del maestro
gación académica. Es de esperarse que ellos se apropien Miguel Ángel Martínez Alfaro.
de diversas herramientas metodológicas y didácticas de
las ciencias biológicas y sociales para que el conocimien-
to sirva a los intereses de sus pueblos, y en primer lugar
para la educación de las nuevas generaciones. Notas
En muchas áreas urge iniciar este trabajo porque la
transmisión oral ya no asegura la continuidad del cono- 1 Las cifras del Ethnologue incluyen las lenguas y familias in-
cimiento colectivo. Cambios sociales dramáticos, que troducidas a México y otros países a raíz de la colonización
reflejan las políticas económicas nacionales en detrimen- europea, así como las lenguas criollas y los lenguajes de
to de la producción para autoconsumo y a favor del cre- señas para sordomudos. Diecisiete lenguas americanas que
aparecen en las listas del Ethnologue no han sido clasifica-
cimiento de la agroindustria y la migración laboral, están
das todavía. Es probable que futuras investigaciones regis-
modificando la experiencia de los jóvenes en el campo y
tren algunas lenguas aún desconocidas, y que agrupen len-
la comunicación con sus mayores (De Ávila, observacio- guas y familias donde hasta ahora no se ha reconocido una
nes inéditas en los estados de Morelos, Hidalgo, San Luis afiliación genética en las zonas geográficas más diversas y
Potosí, Michoacán, Guerrero y Oaxaca, 1974-2008). Se menos estudiadas del continente, especialmente el área
necesita registrar con precisión el saber ambiental local tropical sudamericana. En el caso de Brasil, se estima que
para crear materiales pedagógicos más eficaces, de tal sobreviven entre 22 y 68 grupos aislados en la selva amazó-
forma que los niños puedan adquirirlo en la escuela y en nica que no han tenido contacto hasta ahora con personas
los nuevos contextos de educación informal. Lo mismo no indígenas (Angelo 2007).
se aplica a la transmisión del conocimiento tradicional en 2 A pesar de su alta diversidad, todas las lenguas originarias
las comunidades que hablan español, donde se está per- de Indonesia pertenecen a un solo linaje lingüístico (la
diendo a la misma velocidad. rama occidental de la subfamilia malayo-polinesia dentro
de la familia austronésica) si se excluye la porción occiden-
Se ha señalado repetidamente que las zonas naturales
tal de Nueva Guinea (Irian Jaya y las islas adyacentes),
mejor conservadas en México y en otros países pluricul-
anexada por el gobierno de Yakarta en 1969. La llegada del
turales son áreas bajo manejo comunitario, que por lo proto-malayo-polinesio a Indonesia se ha fechado arqueo-
general pertenecen a pueblos indígenas. Podemos espe- lógicamente entre hace 4 500 y 4 000 años antes del presen-
rar que el trabajo etnobiológico de los próximos años, te (Pawley y Ross, 1993; Gray y Jordan, 2000); la divergencia
con mayor participación de investigadores indígenas, interna de ese grupo de lenguas es más reciente que la que
sirva para explicar y a la vez fortalecer el vínculo entre el se ha documentado para familias mesoamericanas como la
conocimiento tradicional y la custodia colectiva de la di- otomangue (que se ha estimado en unos 6 000 años de di-
versidad biológica. ferenciación) y la yutonahua (4 800 años) (Campbell 1997).
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 541

3 En comparación con México y los demás países america- reduciría notablemente el número de lenguas reconocidas
nos, el impacto demográfico y cultural de la colonización para otras áreas del mundo, como las 25 lenguas naga del
europea fue menor en otras regiones lingüísticamente noreste de India, las 24 lenguas yi y las 29 lenguas hmong/
complejas como Papúa Nueva Guinea, Indonesia, Nigeria e bunu del sur de China y Vietnam, las 46 lenguas quechuas
India. de la zona andina, las 47 lenguas romances de Europa y
4 La diferencia entre el total de 291 lenguas reportadas por el América, las 513 lenguas bantúes del África subsahariana,
Ethnologue y la cifra de 285 lenguas indígenas se debe, ade- etcétera.
más del español, al uso de un lenguaje para sordomudos 7 De Ávila (2004: 485, cuadro 2) compara los índices de di-
desarrollado en México, así como a la presencia del Plaut­ versidad lingüística de diferentes regiones de Mesoamérica
dietsch, una lengua germánica hablada por los menonitas siguiendo la clasificación de Kaufman (2001). La posición
en Chihuahua y otros estados, y del afro-seminol, una len- relativa de las distintas áreas en ese cuadro no difiere signi-
gua criolla (creole) derivada del inglés, hablada en una loca- ficativamente de la que muestra el cuadro 16.2.
lidad de Coahuila junto a la comunidad kikapú. Las lenguas 8 A lo largo de este capítulo transcribimos en negritas todos
indígenas enumeradas en el Ethnologue incluyen un len- los términos en una lengua indígena, incluyendo las auto-
guaje para sordomudos propio de los mayas de Yucatán, así denominaciones no castellanizadas como kikaapoa. A par-
como el chiapaneco (lengua otomangue que se hablaba en tir del siglo xviii, los kikapús abandonaron su territorio
Chiapa de Corzo) y el ópata (lengua yutonahua hablada an- boscoso en Wisconsin para huir de los colonizadores anglo-
tiguamente en el centro de Sonora), éstas por errores cen- sajones, desplazándose cada vez más al suroeste en Illinois,
sales: el Inali y otras fuentes indican que ambas están extin- Missouri, Kansas, Oklahoma y Texas. En 1850, un grupo
tas. No incluimos en el recuento el mam del norte hablado pi­dió autorización al gobierno mexicano para asentarse en
en Pacayal y Ojo de Agua en Chiapas, que según el Ethno­ nuestro país y se les otorgó un área en Coahuila. En 1905,
logue son colonias recientes fundadas por personas origi- otro grupo kikapú procedente de Oklahoma fundó una se-
narias de Cuilco y San Ildefonso Ixtahuacán en Guatemala; gunda comunidad mexicana en Tamichopa, municipio de
los mapas del Inali no registran por la misma razón los Bacerac, en la Sierra Madre Occidental en el noreste de So-
asentamientos de refugiados guatemaltecos hablantes de nora; el último hablante de kikapú en esa localidad falleció
mam, ixil, kanjobal y otras lenguas mayas en Campeche y recientemente (Lutisuc Asociación Cultural sin fecha).
Quintana Roo. Nuestra cifra de 285 lenguas toma en cuen- 9 La numeración jerárquica de las secciones de este capítulo
ta el pápago, que se habla en el noroeste de Sonora pero que intenta reflejar la clasificación de las lenguas de acuerdo
el Ethnologue excluye de la lista de lenguas mexicanas, y con Campbell (1997). Dentro de una familia dada, las cifras
también al nahua de Tabasco, del cual el Inali registra algu- en tercera y cuarta posición, cuando haya una cifra adicio-
nas decenas de hablantes aunque el Ethnologue lo conside- nal, hacen referencia a los niveles de rama y subrama, res-
ra extinto. pectivamente; la posición final siempre corresponde a lo
5 La diferencia entre las 68 agrupaciones lingüísticas recono- que el Inali (2007) designa como “agrupación lingüística” y
cidas por el Inali en el Catálogo de 2007 y las 58 incluidas que otras fuentes consideran como lenguas individuales.
en los mapas publicados en 2005 se debe a que cinco len- 10 El Atlas etnoecológico (Toledo et al. 2001) viene acompaña-
guas mayas (Awakateko, Ixil, Kaqchikel, K’iche’ y do de un disco compacto que contiene una base de datos
Q’eqchi’), presentes en la zona fronteriza del sur de México con cerca de 3 000 fichas bibliográficas acerca de los pue-
a raíz de los desplazamientos por la guerra civil en Guate- blos indígenas de México y Centroamérica, incluyendo po-
mala en la década de 1980, no fueron consideradas al ela- nencias presentadas en congresos, tesis y manuscritos iné­
borar la cartografía; se agrupan como “kanjobal” el Akateko ditos. En este capítulo citamos los números de ficha que da
y el Q’anjob’al, como “zoque-popolucas” las tres lenguas el Atlas para los trabajos etnobiológicos que no hemos re-
zoqueanas de Ayapa, Soteapan y Texistepec, y como “mixe- visado.
popolucas” las dos lenguas mixeanas de Oluta y Sayula; y 11 El nombre “tequistlateco” fue acuñado para diferenciar las
no se distingue, por último, al ku’ahl de las otras lenguas lenguas chontales de Oaxaca de la lengua maya de Tabasco;
yumanas de Baja California. Transcribimos en negritas las recientemente se ha propuesto que esa denominación se
autodenominaciones en las lenguas indígenas. aplique exclusivamente a la lengua desaparecida de Tequi-
6 Siguiendo los criterios de Kaufman (1989), las 58 lenguas sistlán. En todo caso, siguiendo las pautas de derivación de
zapotecas que registra Gordon (2005) se reducen a 18 len- gentilicios a partir de toponímicos nahuas, el término de-
guas “emergentes”, con varios dialectos cada una de ellas. biera ser “tequisisteco”. Según el Inali (2005), los chontales
Tomando los mismos criterios de clasificación, disminuiría designan a su lengua slijuala xanuc, pero no se aclara de
considerablemente el número de lenguas mixtecas, nahuas, cuál variante proviene el término.
totonacas, etc., que enumera el Ethnologue, reduciendo en 12 Suárez (1975: 1) afirma que los cuatro dialectos huaves son
cerca de 50% la cifra total para el país. Al mismo tiempo, se comprensibles entre sí, y que los más diferenciados, que
542 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

son los de San Francisco y San Mateo, comparten 91% del getación local es dominada por elementos neotropicales.
vocabulario básico, lo que equivale a unos 400 años de di- Ésta es la única investigación que analiza el conocimiento
vergencia según la glotocronología. etnobiológico de un grupo mexicano desde una perspecti-
13 Las estimaciones temporales citadas en este capítulo se ba- va biogeográfica, un enfoque que merece más atención.
san en el método léxico-estadístico o glotocronológico, que 20 Leonti, Sticher y Heinrich (2003) abren nuevamente una
toma el número de semejanzas léxicas entre lenguas empa- línea original de trabajo al comparar la nomenclatura y los
rentadas para calcular el tiempo transcurrido a partir de la usos de plantas medicinales en la zona mixe del Istmo y las
lengua ancestral que les dio origen, asumiendo que la tasa comunidades zoqueanas de la Sierra de Santa Marta. En-
de cambio sea constante. Todas las premisas que sustentan cuentran nombres cognados (es decir, derivados del proto-
el método han sido cuestionadas (Campbell 1997: 210) y la mixezoque) para 15 especies significativas en la farmaco-
confiabilidad de las fechas es dudosa, pero varios lingüistas pea de ambos grupos y usos similares para 62 de las 123
siguen empleándolas como una medida del grado de dife- plantas compartidas. Concluyen que es muy probable que
renciación interna de una familia a falta de alternativas más el conocimiento de esas especies represente una herencia
robustas de cuantificación. cultural que guardan mixes y zoques desde tiempos olme-
14 El Catálogo del Inali (2007) sigue la ortografía de la Acade- cas. Investigaciones comparativas similares entre otros
mia de las Lenguas Mayas de Guatemala al transcribir los grupos emparentados lingüísticamente pueden aportar
nombres de las lenguas que se distribuyen principalmente evidencia para reconstruir la historia del manejo de varias
en el país vecino (respetamos aquí las mayúsculas cuando especies.
citamos esa fuente). 21 Las familias más diversificadas del mundo y el número de
15 Kaufman (2001: 81) registra mo:cho’ y mu:chu’ como las lenguas de cada una son las siguientes, según Gordon
autodenominaciones en una y otra lengua. Los dos puntos (2005): 1]  Níger-Congo, 1 514; 2]  austronesia, 1 268;
señalan que la vocal es larga, y el saltillo indica una pausa 3] trans-Nueva Guinea, 564; 4] indoeuropea, 449; 5] sino-
glotal. tibetana, 403; 6] afroasiática, 375; 7] australiana, 263; 8] ni-
16 Kaufman, Justeson y Zavala enfatizan la importancia de losahariana, 204; 9]  otomangue, 174; 10]  austroasiática,
obtener la terminología etnobiológica de las lenguas que 169. Las familias más extensas de América, después de la
estudian actualmente: “Plant and animal names make up as otomangue, son: 1] tupí, 76; 2] maya, 69; 3] arahuaca, 64;
much as 25% of a neotropical language’s lexicon” (“Los 4] yutonahua, 61; 5] nadene, 47; 6] quechua, 46; 7] álgica,
nombres de plantas y animales llegan a constituir 25% del 44; 8] penutiana, 33; 9] caribe y macro-ge, ambas con 32.
léxico de una lengua neotropical”). 22 El Inali (2005) cita las autodesignaciones ñätho, n’yühü y
17 Transcribimos como o una vocal que no existe en el espa- hñuhmu, además de hñähñu. El Ethnologue registra la de-
ñol y que en la ortografía seguida por el Catálogo del Inali nominación hñahñu para el otomí del Mezquital, yuhu
(2007) aparece como una o cruzada por una diagonal. Se- para el de la zona alta oriental y hñatho para el del Estado
gún el Inali (2005), las comunidades zoques usan otras au- de México. El Catálogo del Inali (2007) cita los nombres
todenominaciones, citando como ejemplos tajtsa’way propios ñuju/ñoju/yühu para la variante de la sierra,
’yode y tzunipä’notowe para la lengua, angpon tsame y o’ yühmu para la de Ixtenco, nü’hü para la de Tilapa, hñähñu/
de püt para sí mismos, “personas que hablan lengua”, “per- ñöthó/ñható/hñothó/ñóhño para la del centro, hñähñú/
sonas de lengua”. La erupción del volcán Chichonal en el ñänhú/ñandú/ñóhnño/ñanhmu para la del Valle del
noroeste de Chiapas en 1982 desplazó a muchas familias Mezquital, ñöhñö/ñähñá para la del oeste del Valle del
zoques (hablantes de la lengua de Francisco León, según el Mezquital, hñönho/ñühú/ñanhú para la del noroeste
Ethnologue) a otras zonas del estado. (Gto. y Qro.), hñäñho para la del noroeste bajo (Qro.) y
18 El término “popoluca” es doblemente confuso porque se ha ñathó para la del oeste (Mich.).
usado para designar a comunidades que hablan lenguas zo- 23 El otomí de Tilapa se habla en Santiago Tilapa, municipio
queanas y también a pueblos que hablan lenguas mixeanas, de Tianguistenco, Estado de México. El Ethnologue ubica al
además de asemejarse al nombre “popoloca”, que se refiere otomí de la zona “alta oriental” en Huehuetla y San Bartolo,
a un grupo otomangue. El Inali (2005) cita tres autodesig- Hgo., y Tlachichilco e Ixhuatlán, Ver.; estima 50% de inteli-
naciones para las lenguas zoqueanas del Golfo: en Texiste- gibilidad del otomí del Mezquital por parte de hablantes de
pec, wää’oot, “palabra buena”; en la sierra, tanangmaatyi, esta variante. El otomí de Tenango se habla en el área de
“nuestra palabra”, y tannundajïïyi, “nuestra verdadera for- Tenango de Doria, Hgo., y comunidades vecinas en el nor-
ma de hablar”. te de Puebla; la misma fuente cita 53% de inteligibilidad del
19 Leonti, Sticher y Heinrich (2002) presentan un trabajo in- otomí de la zona alta oriental. El otomí de Texcatepec se
novador analizando las afinidades biogeográficas de la flora habla en el municipio del mismo nombre y en el de Zonte-
medicinal popoluca; paradójicamente, encuentran mejor comatlán, Ver.; su comprensión del otomí de la zona alta
representados en ella a los grupos holárticos, si bien la ve- oriental es de 70 a 79%, según el Ethnologue. El otomí de
16 • La diversidad lingüística y el conocimiento etnobiológico 543

Ixtenco, hablado en San Juan Ixtenco, Tlaxcala, parece ser 33 “Tarasco” parece derivar de un término equivalente a “sue-
la variante más divergente, con solo 41% de inteligibilidad gro” y puede tener por ello connotaciones insultantes.
del otomí del Estado de México, y porcentajes aún más ba- 34 Los ejemplos que cita Kaufman (2001: 27-28) de términos
jos de comprensión de otras variantes. en náhuatl que fueron tomados en préstamo del totonaco
24 El Ethnologue registra varios dialectos del mazahua central, incluyen pocho:tl (ceiba), xo:no:tl (jonote), ma:tzahtli
que muestran diferencias fonológicas y gramaticales sus- (piña), zakatl (zacate), pawa (pahua).
tanciales, y variación de inteligibilidad entre unos y otros 35 El Inali (2005) cita tres autodesignaciones de este grupo:
de 85 a 100 por ciento. lhiimaasipihni, “lengua”; lhiimaq’alhq’ama, “personas”, y
25 El Inali (2005) reconoce que la autodenominación chinan- kinchiwiinti’an, “nuestra palabra”.
teca varía de lengua a lengua; cita como ejemplos jmiih, 36 El Ethnologue registra cinco lenguas extintas entre los 61
“idioma”, y ju jmi’, “palabra antigua”, sin indicar su proce- miembros de la familia yutonahua: el cupeño de California,
dencia. La literatura etnográfica registra los términos hu- el tubar de Chihuahua, el tepecano del norte de Jalisco, el
hmei, wa-hmi y dzah-hmi para distinguir a las comunida- náhuatl clásico del centro de México y el náhuatl de Tabas-
des chinantecas de la zona central (Valle Nacional, Chilte- co. La misma fuente considera que ocho lenguas más están
pec, Jacatepec y Ayotzintepec), oriental (Petlapa, Lalana y próximas a desaparecer, siete de ellas habladas en Califor-
Jocotepec) y suroccidental (Yólox, Quiotepec y Comalte- nia: panamint, kawaiisu, mono, cahuilla, luiseño, serrano y
pec), respectivamente. El Catálogo del Inali (2007) reporta tübatulabal, y el pipil de El Salvador. Campbell (1997) agre-
diversas autodenominaciones para cada una de las 11 va- ga a la lista de lenguas extintas el kitanemuk, lengua califor-
riantes que reconoce. niana cercanamente emparentada con el serrano; el gabrie-
26 El Ethnologue reporta que los hablantes de la lengua de leño y el fernandeño, lenguas hermanas también de Cali-
Acatepec (me’pa wí’ìn) muestran 83% de inteligibilidad de fornia; el ópata y el eudeve, habladas antiguamente en So-
la de Malinaltepec; los de Azoyú (tsíndíí) 50% de la de Ma- nora, y el pochuteco de Oaxaca.
linaltepec, y los de ésta (mañuwíìn) 50% de la de Tlacoapa 37 Algunas fuentes distinguen como una tercera variante lin-
(mínguíín). güística a los hia’ced o’odam, “gente de la arena”, habitantes
27 El Inali (2005) registra dos formas en la autodenominación del Pinacate y el desierto de Yuma.
de estas lenguas: ñomndaa, en Xochistlahuaca, y ñonndaa 38 Los dos puntos en la sílaba o:b indican que la vocal es larga.
o jñon’ndaa, en San Pedro Amuzgos, que al parecer signi- 39 Según el Inali (2005), “Las lenguas tarahumaras cuentan
fica “lengua de agua”. con distintos nombres para autodenominarse... por ejem-
28 Josserand presenta una estimación glotocronológica preli- plo ralámuli, hipoteticamente interpretado como pies lige-
minar de 2 300 años de divergencia entre el habla de Zapo- ros, corredores o personas…”.
titlán Palmas en la Mixteca Baja y la de San Miguel Sosola 40 El Inali (2005) cita el origen del nombre del grupo en el
en la Mixteca Alta. término mayoa, “personas de la ribera”, quienes llaman a su
29 El Inali (2005) registra las autodenominaciones xutta eni- lengua mayonokki.
ma, chjotá énna y cha ndaxindí (“personas que hablan 41 De acuerdo con el Inali (2005), yaqui es la forma castellani-
nuestra lengua”), sin especificar a cuáles variantes corres- zada de hiaki, “personas que hablan fuerte”, quienes llaman
ponden. a su lengua hiaknooki y se identifican a sí mismos como
30 Como en otras lenguas otomangues, el nombre propio del yoeme, “personas”.
grupo y de la lengua varían de una comunidad a otra: 42 Según el Inali (2005), el nombre castellanizado huichol de-
cha’tnio en Nopala, chat’tña en Yaitepec y tasa’jnya en riva de wixárika, “curanderos, doctores”. El Ethnologue cita
Tataltepec, “palabra trabajosa, difícil” (Inali 2005). como designación propia vixaritari vaniuki.
31 Al seguir los criterios de clasificación del Ethnologue, el za- 43 Algunos autores distinguen tres grupos de dialectos na-
poteco es el grupo de lenguas cercanamente emparentadas huas, que denominan náhuatl, náhuat y náhual, en función
más diversificado en el continente, y uno de los más nume- de la forma del sufijo singular (-tl/-t/-l) asociado con el es-
rosos del mundo. El nombre propio de la lengua solo en un tado absolutivo en la clase más numerosa de raíces nomi-
área de la Sierra Sur puede servir para ilustrar la variación nales. La mayoría de las variantes que usan el sufijo -t co-
interna del zapoteco medular: dizde, diste’, di’izhdë, ditsë rresponden a la región norte-este, y los dialectos -l apare-
(Smith Stark 2003). cen en la división centro-oeste de Kaufman, pero el sufijo
32 Las estimaciones del número de hablantes consignadas en -tl tiene una distribución compleja que parece reflejar la
el Ethnologue tienden a sobrevalorar la población real: Rose­ influencia posterior del náhuatl de la Cuenca de México en
mary Beam (com. pers. 2006), quien ha documentado el otras variantes. En este capítulo preferimos usar el genérico
zapoteco de San Agustín Mixtepec, donde el Ethnologue nahua para referirnos a las diversas variantes y el término
registra 59 personas en 1994, reporta que queda una sola específico náhuatl para los dialectos más próximos a la for-
persona que habla la lengua. ma “clásica” documentada en el siglo xvi.
544 Capital natural de México • Vol. I : Conocimiento actual de la biodiversidad

44 “Las lenguas nahuas cuentan con distintos nombres para fuente: la entrada para la última variante señala que “el dia-
autodenominarse... por ejemplo… tomelatlahtol ‘nuestra lecto central” (refiriéndose por lo visto a la primera de esta
lengua verdadera’, y mexicano” (Inali 2005). En la variante lista) tiene 100 000 hablantes. Las estimaciones de inteligi-
de Tetelcingo, Morelos, la designación propia es mösie- bilidad interdialectal varían de 40% entre Santa María la
huali (Gordon 2005). Alta y Zongolica a 83% entre Pajapan, Cosoleacaque y Me-
45 El Ethnologue estima 76% de inteligibilidad de la variante de cayapan, y 85% entre el náhuatl de la Huasteca oriental y el
la costa de Michoacán para los hablantes del nahua de Du- de la Huasteca occidental. Un observador anónimo (2005)
rango. niega que el nahua de Tlalixtlipa sea una lengua distinta de
46 El Ethnologue distingue las siguientes lenguas en la región las variantes vecinas.
Centro y Balsas: 1]  náhuatl central, con 40 000 hablantes 48 El Ethnologue considera extinta la variante de Tabasco,
(1980) en Tlaxcala y Puebla; 2] náhuatl del centro-suroeste pero el Inali (2005) registra 22 localidades donde se habla
de Puebla, 16 000 (1998); 3]  nahua de Coatepec, 1 400 nahua en el centro y occidente del estado; en ninguna de
(1990), en el sur del Estado de México y norte de Guerrero; ellas sobrepasan los hablantes 5% de la población. De
4] náhuatl de Guerrero, 150 000 (1998), en el alto Balsas; acuerdo con esta fuente, la lengua perdura en algunas co-
5] náhuatl de Morelos, 15 000 (1990); 6] nahua de Omete- munidades de las zonas de Cupilco y Tecominoacán, que el
pec, 433 (1990), en el sureste de Guerrero y el extremo oc- Ethnologue cita como las áreas de distribución histórica de
cidental de Oaxaca; 7] nahua de Temascaltepec, 311 (1990), esa variante.
en San Mateo Almomoloa y comunidades vecinas al sur­ 49 Una segunda lengua germánica, el Plautdietsch, llegaría a
oeste de Toluca; 8] náhuatl de Tetelcingo, Morelos, 3 500 México posteriormente con los colonizadores menonitas
(1990); 9] náhuatl de Tlamacazapa, Guerrero, 1 548 (1990). que se asentaron en Chihuahua.
Estima los siguientes niveles de inteligibilidad para el nahua 50 El catálogo de Martínez tampoco precisa en la mayoría de
de Coatepec: 54% de Santa Catarina (náhuatl de Morelos), los casos de cuál variante proviene un nombre indígena
48% de Atliaca y 35% de Copalillo (náhuatl de Guerrero), dado, ya que anota simplemente “lengua azteca”, “lengua
28% de Zongolica (náhuatl de Orizaba); para el náhuatl de zapoteca”, etc. Algunas son identificadas de manera confu-
Morelos: 69% de Atliaca, 36% de Pómaro (nahua de Mi- sa, como la “lengua cuicatleca”, que se refiere en algunos
choacán), 34% de Tetelcingo, 27% de Chilac (náhuatl del casos al cuicateco y en otros al cuitlateco, lengua extinta de
sureste de Puebla), 19% de Tatóscac (nahua de la Sierra de Guerrero.
Puebla); para el nahua de Temascaltepec: 53% de Coatepec, 51 Los cuadros 16.3 y 16.4 no incluyen las lenguas habladas
45% de Pómaro, 40% de Santa Catarina; para el náhuatl de por refugiados guatemaltecos asentados a lo largo de la
Tlamacazapa: 79% del náhuatl del alto Balsas. frontera sur en las últimas décadas.
47 En la región de la Sierra Madre Oriental y la costa del Gol- 52 Al preparar el cuadro 16.3 hemos tomado en cuenta los
fo, el Ethnologue reconoce las siguientes lenguas: 1] nahua estudios lingüísticos y etnobiológicos acerca de los grupos
de la Huasteca central, 200 000 hablantes (2000), en Hidal- binacionales realizados fuera del país, como es el caso de
go y Veracruz; 2]  nahua de la Huasteca oriental, 410 000 los pápagos y los mam; si excluimos esos trabajos, los índi-
(1991), en Hidalgo, Veracruz y Puebla; 3] nahua de la Sierra ces disminuyen aún más.
de Puebla, 125 000 (1983), en Zacapoaxtla y municipios
aledaños; 4] nahua de Huaxcaleca, 7 000 (1990), en Chichi-
quila y Chilchotla, Pue.; 5] nahua istmeño de Cosoleaca-
que, 5 144 (1990), sur de Veracruz; 6]  nahua istmeño de
Mecayapan, 20 000 (1994), sur de Veracruz; 7]  nahua Referencias
istmeño de Pajapan, 7 000 (1990), sur de Veracruz; 8] ná-
huatl del norte de Oaxaca, 9 000 (1990); 9] náhuatl del nor- Academia de Lenguas Mayas de Guatemala. 2003a. Jit’il q’anej
te de Puebla, 60 000 (1990), en Naupan y municipios veci- yet q’anjob’al - Vocabulario q’anjob’al, Ciudad de Guatemala.
nos; 10] náhuatl de Orizaba, 120 000 (1991), en la Sierra de Academia de Lenguas Mayas de Guatemala. 2003b. Pujb’il yol
Zongolica; 11] nahua de Santa María la Alta, 2 472 (2000), mam - Vocabulario mam, Ciudad de Guatemala.
al noroeste de Tehuacán, Pue.; 12] náhuatl del sureste de Academia de Lenguas Mayas de Guatemala. 2003c. Spaxti’al
Puebla, 130 000 (1991); 13] náhuatl de San Miguel Tenan- slolonelal - Vocabulario chuj, Ciudad de Guatemala.
go: 1 977 (2000), al sur de Zacatlán, Pue.; 14] nahua de “Tla- Academia de Lenguas Mayas de Guatemala. 2003d. Yol tu
litzlipa” (Tlalixtlipa), 108 (1990), al noreste de Zacatlán, kuyolb’al ixil - Vocabulario ixil, Ciudad de Guatemala.
Pue.; 15] nahua de la Huasteca occidental, 400 000 (1991), Academia de Lenguas Mayas de Guatemala. 2004. Xtusulal
en San Luis Potosí e Hidalgo. Las cifras demográficas que aatin sa’ Q’eqchi’; vocabulario Q’eqchi’. Ciudad de
reporta el Ethnologue para las variantes de la Huasteca es- Guatemala.
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