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Orozco Entrevista de Boccanera

Este artículo presenta una entrevista con la poeta argentina Olga Orozco. Resume su infancia y juventud, haciendo énfasis en el rol formativo de su abuela y su hermana. También explora temas recurrentes en su poesía como la memoria, el tiempo y el misterio. Orozco describe su poesía como un collage de preguntas que construye como una arquitecta, con imágenes que evocan aventura aunque sean el reverso de los cuentos de hadas.

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Orozco Entrevista de Boccanera

Este artículo presenta una entrevista con la poeta argentina Olga Orozco. Resume su infancia y juventud, haciendo énfasis en el rol formativo de su abuela y su hermana. También explora temas recurrentes en su poesía como la memoria, el tiempo y el misterio. Orozco describe su poesía como un collage de preguntas que construye como una arquitecta, con imágenes que evocan aventura aunque sean el reverso de los cuentos de hadas.

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memoria.html

Olga Orozco hechicera de la memoria (Jorge Boccanera)

manuscritos de la poeta en su casa natal


foto: marisa negri

Galardonada recientemente con el premio mexicano“ Juan Rulfo”, la obra poética


de Olga Orozco, es un homenaje al misterio. A sus últimos libros Con esta boca,
en este mundo (1995) y También la luz es un abismo (1995), se acaban de sumar
este año las compilaciones: Eclipses y fulgores y Relámpagos de lo invisible.
Su poesía es un extenso collar de preguntas; al frotarlo aparece un
relato, es siempre el mismo y es distinto: una niña despierta en medio de una
cacería, corre tanteando las ruinas de otro sueño, una sombra le pisa los talones,
debe atravesar una puerta, un muro, encontrar un talismán, una clave. Todo es
imposible, pero en medio de la búsqueda se escribe el poema; surge a modo de
conjuro.

Usted dijo que la infancia es como una semilla tatuada y habló alguna vez de la
suya en La Pampa, ¿y sus años en Bahía Blanca?
-Estuve allí de los 8 a los 15 años. Iba al puerto cuando me permitían mis padres.
Recuerdo al viento de Bahía, una cosa inolvidable; me acuerdo de esos lugares a los
que Mallea después vio como misteriosos, y que yo no les encontraba el misterio; el
club Argentino, él habla como si hubiera un gran misterio en esos señores que se
sentaban a hacer la digestión y a leer el diario en blandos sillones a la siesta, o en los
chales y batones que se movían en una tienda que se llamaba Las Catorce Provincias
¿Qué idea tan curiosa del misterio que tenía?, ¿no? Hay más misterio en el recorrido de
una hormiga, en espiar la huella que va dejando una lagartija.

Hay un personaje recurrente en su infancia que es su abuela.


- Era descendiente de irlandeses y me contaba un cuento diario. Ella decía que tenía
105, se aumentaba la edad por coquetería, cuando murió descubrimos que tenía 95.
Fue un personaje muy importante en mi vida, se llamaba María Laureana. Me contó
cuentos hasta que murió. Hasta los 28 años. Había noches que yo no podía ir a dormir
y ella tampoco, entonces me iba a buscar a mi cuarto, nos levantábamos las dos,
tomábamos fernet en el comedor y ella seguía contándome cuentos de indios, cuentos
extrañísimos ,los diablos los ángeles, los castillos, las princesas, los ogros, los tesoros
en el fondo de un lago custodiado por bichos fantásticos. Además de esos cuentos que
podrían figurar en cualquier antología, hacía dulces, entendía de hierbas, de curaciones,
conocía a los pájaros por su canto; era una sabia de la naturaleza
Pareciera que no hay tierra firme, usted dice: “mi casa es la que nunca termina de
llegar”, y también “escribo como quien hace un lugar para vivir”.
-Ese era un juego de la infancia que teníamos con mi hermana, el viajar en la casa por
las noches; entonces, a través de todas las lecturas, de Julio Verne,
e los relatos de piratas que habíamos leído; se apagaban las luces a la una de la mañana
y para nosotras la casa se ponía en movimiento, empezaba a andar y nos llenábamos
una a otra de miedo porque atravesábamos tempestades, pozos, témpanos de hielo que
se nos venían encima.

Se refiere a su hermana Yola.


-Sí,Yola y yo teníamos edades muy cercanas, compartíamos los juegos, todas las
fiestas, las mismas cosas.

Hay un poema a ella con un final tan rotundo: “cuando vuelva por mí la casa en
que te vas”. Volvemos al tema de la casa.
-Sí, se llama “Tú la más imposible”, la más imposible de los muertos. Para mí era
asombrosos despertar en el mismo lugar cada mañana, que el mundo no hubiera
cambiado totalmente. Todo eso me asombraba, la unidad de lugar, la unidad de persona
y la unidad de tiempo. Después me fui acostumbrando a eso como si hubiera vivido en
otro lugar donde eso no existía, donde se podía estar en todas partes a la vez, en todas
las épocas y donde los lugares podían cambiar de fisonomía a piaccere.

¿Se sentía diferente a las demás chicas de su edad?


-Yo jugaba con las demás, pero era bastante reservada y un poco solitaria; tenían que
empujarme un poco para que compartiera los juegos. Además adivinaba muchas cosas;
cuando lo empecé a comentar me di cuenta de que no era tan corriente y se transformó
en algo secreto. Una sombrerera de Bahía Blanca, Felicitas Pugni me encontraba
“condiciones extraordinarias para cualquier cosa de trasmundo” y me enseñó a tirar el
tarot: era una señora muy curiosa, andaba con sombrero y cartera en su propia casa.
Yo tendría 14 años y acompañaba a la mucama con encargos de mi madre. Un día me
hizo levitar hasta acá (indica con la mano unos 40 centímetros del suelo). Recuerdo
que yo le decía a mamá: “hoy va a venir la tía Margarita a la hora del té y me va a regalar
una muñeca”. Y esa tía, que habitualmente no solía venir, llegaba a las cinco con una
muñeca. Siempre tuve esa facultad, videncias, premoniciones.

Alguien definió a la videncia como reflexión vertiginosa.


-Y bueno. Yo tuve relámpagos desde chica; inclusive a medida que crecí la fui perdiendo
un poco. No creo que lo tengan todos los poetas tampoco; hay poetas muy descriptivos
o muy reflexivos o muy objetivos que no tienen vislumbres de lo que hay detrás de las
apariencias.
Se podría leer su poesía como si se leyera una baraja. Usted tiene un poema,
“Cartomancia”.
-Supongo que sí, porque con cada poema te llega en un oleaje de acuerdo a la época
en que lo escribiste. Por eso hay series de poemas que se dan con un único tema, con
alusiones a las cosas que sucedieron en determinado tiempo. Son los que configuran
cada libro.

Ahí entra el tema del tiempo...


-El tiempo y la memoria juegan un papel permanente. Yo tengo una memoria como si
actualizara todo; de pronto como si todo fuera presente; creo que la memoria va
corrigiendo, inclusive a través de las cosas que me van sucediendo, les van dando otro
color al pasado.
¿La memoria inventa?
-No creo; más bien interpreta, va completando interpretaciones. Yo digo que le hago
respiración artificial a los recuerdos. Percibo las cosas que se evaden y se transforman.
De ahí que quiera fijarlas en la memoria, pero no la memoria con un papel nostálgico
sino con un papel activo, de lucha y de preservación contra el tiempo.

La bohemia como diálogo y festejo. ¿Qué nombres recuerda?


Molinari, a quien le hicimos varias comidas en homenaje por la demora en darle el
Premio Municipal y el Nacional; también recuerdo a Girondo, Norah Lange, Ulises Petit
de Murat, González Tuñón. Hablábamos de literatura, recuerdos de viaje, historias
cómicas, anécdotas, mil cosas. Norah y yo nos disfrazábamos -ella tenía un baúl con
caretas, boas de plumas, antifaces- y dábamos un discurso. También se bailaba, Norah
tocaba el acordeón, otro el piano, los muchachos improvisaban números. Por ejemplo
Julio Llinás y Edgar Bayley se ponía cada uno en un extremo del salón y desde el suelo
trataban de avanzar con un esfuerzo infinito; esto podía durar horas y nunca llegaban a
tocarse las manos.

¿Se siente cómoda dentro del rótulo “generación del 40?


-Ninguno tenía que ver con el otro. La evolución de cada uno fue diferente; unos con
influencia clásica, otros marcadamente neorrománticos, también estaban aquellos
influídos por Molinari y otros tributarios de Neruda. El poeta chileno influyó bastante en
el lenguaje y legó el apogeo del gerundio, lo enumerativo, la incorporación de elementos
que podrían haber sido considerados bastardos: zapatos, camisas, etc.

Algunos críticos la ubican dentro del surrealismo, rótulo que a mi parecer no


define la totalidad y complejidad de su obra.
-No me considero surrealista. tengo algún parentesco por mi actitud frente a la vida,
imágenes oníricas, el valor de lo subconciente, la fe en distintos planos de la realidad y
mi apuesta a la libertad, al amor, a la poesía -por sobre todas las cosas- que es una
especie de bandera del surrealismo.

¿Es cierto que usted cantaba tangos? La periodista María Esther Gilio le adjudica
voz de musa de arrabal.
-Me parece un título bastante honorífico. Cuando me preguntan qué clase de poesía
hago, a veces digo que hago tangos con categoría. Me gustan Discépolo, Manzi,
Expósito, Cátulo Castillo. En casa de Girondo, después de las dos de la mañana, él, que
me tenía muchísimo cariño, me permitía cantar dos tangos; yo por dentro me sentía un
ángel cantando, pero por fuera sonaba a perro. Le veía a todo el mundo intenciones de
amordazarme.

Nómbreme algunos tangos de su repertorio.


-Sur, Che bandoneón y Una canción.

¿Qué ha cambiado en su poesía a través de los años?


-El nudo estaba desde el comienzo; obviamente se habrán dado algunos cambios; el
lenguaje se habrá enriquecido. En algunos textos de los últimos años hay una especie
de excavación en lo imposible. Me refiero a un mundo más desnudo, encerrado y exiguo;
un mundo como el de Kafka o Becket, sin que esto signifique parentesco sino un
paralelo.
Dice también que la poesía es una tentativa malsana y perversa
Si es malsana porque hay que atravesar cuando uno sube hasta esas alturas o
desciende hasta esos abismos hay que atravesar territorios muy peligrosos, fangales,
arenas movedizas, las palabras se te escabullen, las vas a tomar y huyen, huyen, crecen
a medida que huyen y quieres alcanzarlas y no puedes, además hay que elegir y hay
que mutilar muchas cosas, es perversa...además las ves resplandeciente por dentro de
lejos, y cuando te acercas es como una mendiga, no?

Su poesía es el reverso de cuento de hadas; hay movimiento y un aire de aventura.


-Creo que sí, inclusive creo que las imágenes tienen algo de aventura, y hay soplo de
fantasía infantil también. Todo está hecho un poco cinematográficamente. Es una
construcción que por más que parezca muy libre, es muy exigente, porque nunca digo
una cosa en la línea 24 que se contradiga con algo dicho en la línea 2, lo que allá era
arena acá es es agua Siempre digo que construyo los poemas como un arquitecto, no
pongo una ventana donde hay una escalera. Hay quienes dicen que se puede alzar un
elefante con una pestaña. Yo espero que todo sea imaginativo, por supuesto que acepto
la imaginación al máximo, pero que sea visualizable, no que sea verídico, pero sí
verosimil.

En su poesía hay un destino traspapelado que se encuentra y se extravía, y una


cacería, una acechanza siempre.
-¿No es la muerte? Yo creo que es la muerte y la memoria, justamente, y la poesía, son
para mí armas contra el tiempo y la muerte. Le voy echando poemas a la muerte para
sobornarla. Yo tengo un miedo horrible de morirme a pesar de tener fe; eso es bastante
comprensible, ¿no?

Corrige mucho los poemas?


-Corrijo mucho cada línea. Si paso a la segunda línea es que la primera ha pasado por
muchas versiones y así sucesivamente, entonces al final del poema no corrijo casi nada,
quizá algunas repeticiones, nada más.

-¿Qué hay en su búsqueda?


-Una mirada de perplejidad, aunque es un poco horadante. Intento una penetración a
fondo, sin distracciones. Diría que mi poesía es de intemperies y desamparos. Creo que
el verbo es el comienzo del mundo en casi todas las cosmogonías, y al descender fue
creando distintos planos de la realidad objetiva en la que vivimos. Y el poeta, apostando
cada vez más lejos, trata de ir revirtiendo esos planos, recorriéndolos otra vez hacia
arriba para llegar a ese verbo primordial que dió nacimiento a todo. La poesía es una
interrogación que se contesta con otra. Y no se llega a ese verbo primero, porque
cuando se está cerca, se llega a la pregunta cuya respuesta es imposible porque está
vedada de este lado del mundo. La pregunta, según Maurice Blanchot, es el deseo del
pensamiento, y la respuesta es la desgracia de la pregunta.

Usted escribe con una piedra en el puño. Pienso en su tierra natal, La Pampa, y
en los araucanos, la dinastía de los Curá (piedra) y de su jefe el cacique Calfucurá
(Piedra azul).
-Yo escribo con una piedra en la mano, una piedra de San Luis en una mano y otra de
Sicilia en la otra; claro que no puedo escribir con las dos piedras, pero las tomo
alternativamente; una de San Luis que es donde nació mi madre y una piedra de Capo
Dorlando de Sicilia donde nació mi padre. Y a veces tomo una piedrecita negra que me
dió un chico del que estuve enamorada cuando tenía 6 años.Yo siento a las pìedras, las
siento latir como si tuviera un corazón de pájaro en la mano.

*realizada en Buenos Aires, en junio de 1998

La abuela
Ella mira pasar desde su lejanía las vanas estaciones,
el ademán ligero con que idénticos días se despiden
dejando sólo el eco, el rumor de otros días apagados
bajo la gran marca de su corazón.

De todos los que amaron ciertas edades suyas, ciertos gestos,


las mismas poblaciones con olor a leyenda,
no quedan más que nombres a los que a veces vuelven como a un sueño
cuando ella interroga con sus manos el apacible polvo de las cosas
que antaño recobrara de un larguísimo olvido.
Sí. Ese siempre tan lejos como nunca,
esa memoria apenas alcanzada, en un último esfuerzo,
por la costumbre de la piel o por la enorme sabiduría de la sangre.

Ella recorre aún la sombra de su vida,


el afán de otro tiempo, la imposible desdicha soportada;
y regresa otra vez,
otra vez todavía, desde el fondo de las profundas ruinas,
a su tierna paciencia, al cuerpo insostenible, a su vejez,
igual que a un aposento donde sólo resuenan las pisadas de los antiguos huéspedes
que aguardan, en la noche, el último llamado de la tierra entreabierta.

Ella nos mira ya desde la verdadera realidad de su rostro.

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