Conocete A Ti Mismo. Lo Que Aporta Esta Maxima en Los Caminos de La Filosofia
Conocete A Ti Mismo. Lo Que Aporta Esta Maxima en Los Caminos de La Filosofia
Escuela de Humanidades
Licenciatura en Filosofía
Cátedra: Pro seminario
Conócete a ti mismo.
Lo que nos aporta esta máxima en los caminos de la filosofía.
Carolina Durán.
Marzo 2011.
1
Índice
Introducción 3
3. Aspectos de la religiosidad. 13
Conclusiones 22
Bibliografía 24
2
INTRODUCCIÓN
1
Aristóteles, Metafísica, I, 1, 982 a, I, 3, 983 b 5.
3
1. ¿Del mito al lógos?
Nadie podrá negar, por ejemplo, el enorme sentido poético que poseen
interpretaciones como la de C. M. Bowra, destacando la centralidad de la luz y
del mar en el desarrollo del pensamiento griego, pero resulta difícil aceptar que
constituya una explicación suficiente. Según Bowra, la belleza del paisaje griego
depende primordialmente de la luz y, a partir de este dato, no le parece
desmedido suponer que esta circunstancia tuvo una poderosa influencia en la
visión del mundo de los griegos. La fuerza y agudeza de la luz impide los
efectos variables o confusos y, a cambio, impone una especial educación al ojo,
haciéndole ver las cosas en su entorno y relieve, más que en perspectiva
misteriosa o en relaciones planas:
“Y tampoco es tal vez pura imaginación pensar que la luz
griega desempeñó su papel en la formación del pensamiento
griego. Tal y como el cielo nuboso del norte de Europa ha
fomentado la ingente y amorfa progenie de la mitología
escandinava o la metafísica alemana, seguramente la luz de Grecia
ha influido en las concepciones tan claramente recortadas de la
filosofía griega”3.
2
Borges. El principio. En Atlas. Lumen, Bs. As., 1999.
3
Bowra, C. M., La aventura griega, Madrid, Guadarrama, 1960. Citado en López Pérez, R; El mito
griego como antecedente de la racionalidad filosófica, Santiago de Chile, Tesis de Doctorado,
4
Si la luz es el primer elemento del paisaje griego, el segundo es el mar, y
ambos forman una unidad que se extiende hasta rozar el espíritu griego. Los
griegos son los primeros genuinos filósofos del mundo, responsables de
constituir un vocabulario apropiado, coherente y preciso para las ideas
abstractas, gracias a una mente guiada naturalmente hacia lo lúcido y bien
definido. La fuerza de la luz y la influencia del mar que lo impregna todo,
continúa Bowra, garantiza una especial viveza de los sentidos y,
correspondientemente, también una mente que a continuación busca poner en
orden los datos que éstos le ofrecen. Como mencionáramos, si bien esta
explicación puede resultar poéticamente bella, no podemos sino calificarla de
reduccionista.
Cornfort4 sostiene una visión caracterizada por la continuidad de los
modos de razonamiento del mito-lógos. Lógos, pensar racional: racionalización
del mito. Nos dice que la figura del “sabio” en la Grecia del siglo V podía
identificarse tanto con la de los poetas y adivinos como con la de los pensadores
y filósofos.
En De la Filosofía a la Religión, de 1912, establece una tesis radical: no hay
verdaderamente una filosofía con los primeros pensadores griegos, lo que se tiene por tal
es una simple racionalización del mito. La historia de la filosofía, sostiene Cornford,
está escrita como si Tales hubiese caído del cielo y al chocar con la tierra hubiese
exclamado sin más: “¡todas las cosas están hechas de agua!”:
“En aquel momento, prevaleció un nuevo espíritu de
investigación al pronunciarse sobre los temas fundamentales que,
hasta entonces, habían sido objetos de la fe tradicional. Aquí, sin
embargo, deseo probar que el advenimiento de ese espíritu no
significó la completa y súbita ruptura con los viejos modos de
pensar5… La musa filosófica no es una Atenea sin madre: si el
intelecto individual es su padre, su antepasado más antiguo y
augusto es la religión... Que ahora le llamemos ‘metafísica’ en vez
de ‘supranatural’ no se deduce que en sí haya mudado
esencialmente su carácter. Antes bien, lo que ha cambiado es la
actitud del hombre respecto a ella, actitud que, de brotar de la acción y la
emoción, pasa a hacerlo de la reflexión y el intelecto. Su primera
reacción, la emotiva, originó los símbolos del mito, los objetos de
la fe; su nuevo procedimiento de análisis crítico la disecciona en
conceptos y de éstos deduce los diferentes tipos de teoría
sistemática”.
Así, hallamos en Cornfort un autor que sostiene, cómo la filosofía
continuó una línea comenzada mucho antes por los poetas, concebidos desde
siempre como educadores y sabios. Francisco Rodríguez Adrados es otro autor
que se enrola en la misma tradición hermenéutica, rechazando como
injustificada la pretensión de generar una división tajante de los autores griegos
en poetas y filósofos.
5
Vernant difiere ostensiblemente. Sostiene que hay una revolución
intelectual, un giro copernicano en los griegos. Ninguna continuidad, hay
discontinuidad. El lógos representa un tipo de reflexión caracterizado por
explicaciones de carácter profano, una idea de orden del universo, como ley
inmanente que gobierna por igual a los distintos elementos, y que presenta
carácter geométrico, con relaciones recíprocas, simétricas, reversibles 6. Analiza
la figura de Anaximandro como ejemplar al respecto, quien adopta el término
αρχή (arkhé) otorgándole el sentido de principio elemental: “Anaximandro
afirma que nada hay que sea arkhé respecto del άπειρον (apeiron) (pues este ha
existido siempre), sino que el apéiron es arkhé para todo lo demás, que él
envuelve y gobierna todo”7. La forma de transmisión del conocimiento marca
también una diferencia respecto de las formas míticas, prosa en lugar de poesía,
escritura en lugar de narración oral8.
Vernant aborda la temática desde diferentes ángulos, apelando a
diversas disciplinas, pero con la característica común de realizar análisis
histórico-políticos en cuanto al nacimiento del lógos. Vemos así, como entiende a
este nuevo razonar en relación a la nueva organización de las sociedades, al
instituirse la democracia como forma de vida en la pólis, estableciendo una
oposición a la teoría del “milagro griego” de Burnet, siendo en este sentido,
deudor del aporte de Cornfort.
En coherencia con la importancia que atribuye a los cambios políticos y
el rol de la isonomía, defiende la idea de que ha surgido “una razón”, y no la
razón sin más. Los griegos no han inventado la razón como categoría única y
universal, sino una razón que otorga al lenguaje la calidad de un instrumento,
que permite regular las relaciones entre los hombres. “La razón no se descubre
en la naturaleza, dice Vernant, está inmanente en el lenguaje” 9. La razón griega,
es la que permite en forma positiva, reflexiva y metódica, actuar sobre los
hombres; no tanto transformar la naturaleza. En estos términos, nos repite
varias veces que dentro de sus límites, como en sus innovaciones, la razón debe
ser considerada una hija legítima de la ciudad.
Un aspecto importante de la interpretación de Vernant, nos acerca a la
idea de cómo esta diferencia –mito- lógos- se plasma en lo cotidiano de la vida:
“Las vías por donde ha nacido –se ha diversificado y
organizado esa physis- son perfectamente accesibles a la
inteligencia humana: la naturaleza no ha operado “en el
comienzo” de modo distinto de cómo lo hace todavía, día tras
día… Como no hay más que una sola physis, que excluye la noción
misma de lo sobrenatural, no hay tampoco más que una sola
temporalidad. Lo originario, lo primordial, se despoja de su
majestad y su misterio; todo tiene la vulgaridad tranquilizadora de
6
Vernant, J.P.; Los orígenes del pensamiento griego, Bs. As., Paidós, 1992, 2º reimpresión 2008, p 10-11.
7
Vernant, op. cit., p. 126-127
8
Surge ahora la distancia del lector y con ella el desarrollo de posiciones críticas, que identifican al lector
y dan cuenta del modo como él se relaciona con el texto. La escritura estimula una mentalidad que se
acerca más a lo abstracto, lo conceptual o lo universal; y se distancia de lo concreto o lo particular. El
contacto con un texto escrito abre la posibilidad de trazar un curso por sí mismo, de volver sobre él una y
otra vez, generando mayor probabilidad de desencadenar una reflexión más detenida, y una consideración
crítica.
9
Vernant, J. P.; Mito y pensamiento en la Grecia antigua, Barcelona, Ariel, 2001.
6
los fenómenos familiares. Para el pensamiento mítico, la experiencia
cotidiana se aclara y adquiere sentido en relación con los actos
ejemplares llevados a cabo por los dioses “en el origen”. El valor
de la comparación se invierte en los jonios. Los acontecimientos
primitivos, las fuerzas que producen el cosmos, se conciben a
imagen de los hechos que se observan actualmente y tienen una
explicación análoga. No es lo original lo que ilumina y transfigura
lo cotidiano; es lo cotidiano lo que hace inteligible lo original,
ofreciendo modelos para comprender cómo se formó y ordenó el
mundo”10.
10
Vernant, J. P; Orígenes…., p. 116.
11
Mondolfo, R.; El pensamiento antiguo, Bs As, Losada, 4º ed. 1959, p.7-8.
7
existencia y la formación de conceptos, envueltos, es cierto, en
formas míticas, pero capaces de desenvolvimientos filosóficos12”.
Estos mismos elementos son los que según Cornfort, los filósofos jonios
encuentran en su modelo fundamental ya en la Teogonía de Hesíodo, en donde
la generación es el formato causal por excelencia del origen:
“En primer lugar existió, realmente, el Caos. Luego Gea, de
ancho pecho, sede siempre firme de todos los inmortales que
ocupan la cima del nevado Olimpo; en lo más profundo de la
tierra de amplios caminos, el sombrío Tártaro, y Eros, el más bello
entre los dioses inmortales, desatador de los miembros, que en los
pechos de todos los dioses y de todos los hombres su mente y
prudente decisión somete”.
12
Mondolfo, op. cit, p. 4 y ss.
8
Continuidad-discontinuidad13. Diferencias-similitudes. Investigación
centrada en un objeto nuevo- mismo objeto. Claudia Mársico 14, al analizar
elementos generales de la cultura griega, afirma que “el mito no tiene
características distintivas radicalmente opuestas al lógos, sino que ambos
apuntan a un mismo propósito: dar sentido por medio de explicaciones”.
Podríamos decir, vienen a cumplir similar función, necesaria al hombre: el
establecimiento de un parámetro que oficie de punto fijo y estable desde donde
ubicarse en su vínculo con lo real. Las diferencias mito-lógos las plantea a nivel
discursivo: “el cambio que en la tradición se coloca como bisagra entre el mito y
el lógos, la filosofía de los Milesios, se entiende básicamente como una traducción
en términos argumentativos de lo que primigeniamente se volcó en términos
narrativos”. Así, otra vez, una interpretación que no encuentra revolución
alguna, pero esta vez, el eje que se está teniendo como parámetro
argumentativo podemos entenderlo como aquello que hace a cómo se entiende
el lenguaje, su función y usos.
9
historia de la filosofía griega como el proceso de progresiva racionalización de
la concepción religiosa del mundo implícita en los mitos 17”. Propone la imagen
de círculos concéntricos que van desde la exterioridad de la periferia hasta la
interioridad del centro, moviéndose el pensamiento racional desde el mundo
hacia las esferas más profundas e íntimas, llegando con Platón y Sócrates, al
punto central: el alma.
porque, mientras observaba las estrellas y miraba hacia arriba se cayó en un pozo; ávido por observar las
cosas del cielo, le pasaban desapercibidas las que estaban detrás de él y delante de sus pies” (Platón,
Teeteto, 174a). Pitágoras, al serle preguntado por qué vive, responde: Para considerar el cielo y las
estrellas. Anaxágoras, acusado de no cuidar de su familia ni de su patria, señala con la mano hacia el
cielo y dice: Allí está mi patria.
17
Jaeger, Paideia, lugar editorial año p. 152
18
Vernant, op. cit., p. 120. Itálicas de este trabajo.
10
palacio, sino que responderá en adelante a una función de publicidad; va a
permitir divulgar, colocar por igual ante los ojos de todos, los diversos aspectos
de la vida social y política19.
La caída del rey como figura en torno a la cual se organiza la sociedad,
genera que se encuentren en disputa dos grupos antagónicos: las comunidades
aldeanas y la aristocracia guerrera, que se verán en la necesidad encontrar un
cierto equilibrio, dando esto lugar a que surjan reflexiones morales y
especulaciones políticas. Esta sabiduría nace en el siglo VII. Es así que se
reconoce en Homero el educador de toda Grecia, por la transmisión de esas
historias.
Vernant establece que estos cambios son los que llevaron al surgimiento
de un nuevo espacio: el ágora, espacio común, compartido, establecido en el
centro, lo cual puede apreciarse en las modificaciones de las estructuras
arquitectónicas de las pólis. La ciudad está ahora centrada en el ágora, espacio
público en el que se debaten problemas de interés general. La ciudad misma se
rodea de murallas, para proteger y delimitar en la totalidad un grupo humano
que la constituye. Allí donde se alzaba la ciudadela real, edifica templos, que
abre al culto público. Sobre las ruinas del palacio, en esa Acrópolis que
consagrará en adelante a sus dioses, es la comunidad como tal la que se
proyecta a sí misma en el plano de lo sagrado, así como, en el plano profano, se
realiza a sí misma en la amplitud del ágora.
Las polis advienen en los siglos VIII y VII. Su sistema organizativo marca
la extraordinaria preeminencia de la palabra sobre todos los instrumentos de
poder. La palabra es ahora discusión, argumentación, debate contradictorio. Vernant
establece que “entre la política y el lógos hay, así, una realización estrecha, una
trabazón recíproca. El arte político es, en lo esencial, un ejercicio del lenguaje, y
el lógos en su origen, adquiere conciencia de sí mismo, de sus reglas, de su
eficacia, a través de su función política. Momento este de los desarrollos de la
retórica y la sofística”.
La ascensión de Atenas como ciudad de máximo poderío era impensable
en el siglo VI. En ese entonces era una ciudad- estado semejante a otras. Pero
inició con Solón una serie de reformas que refrenaba la rapacidad de los que
más tenían y daba cierta seguridad a los pobres. Incluso cuando Pisístrato se
apoderó del poder, a pesar de ser un tirano, se preocupo por los más pobres. La
figura de Pericles se encuentra identificada a la democracia ateniense, al punto
de denominar el siglo V como el siglo de oro de Atenas o el siglo de Pericles.
Sin embargo, la democracia ya existía antes de Pericles. Surge poco
después de la expulsión del último tirano, Hipias, en 510. Clístenes fue un
continuador de las reformas de Solón, profundizando los cambios para
convertirla en una verdadera democracia.
El historiador Tucídides le atribuye a Pericles tres discursos completos, y
aunque tal vez no reproduzcan textualmente sus palabras, seguramente
encierran su esencia, su estilo y alguna de sus frases. Estos discursos nos
permiten apreciar cómo trataba a su auditorio. Nada hace para halagarlo; su
propósito principal es más bien lograr que se eleve hasta la altura de su
pensamiento, entiendan las complejidades de su política y no que se dejen
arrastrar por emociones pasajeras. Su principal rival, Tucídides, hijo de
19
Vernant, op. cit., p. 48.
11
Melesias, se quejaba de él al rey Arquelao de Esparta: “cuando lo he tirado
luchando con él, dice que no ha caído, vence y convence a los espectadores” 20.
Su idea era la de un orden armónico en el que cada uno tuviese su lugar y en el que la
tranquilidad pública reflejase la tranquilidad interior del espíritu. Tales ideas eran
apropiadas para un pueblo que seguía creyendo que hay que venerar a los
dioses y que los hombres no deben buscar para sí mismos prerrogativas
divinas. Pero en el siglo V ya se fraguaban otras teorías diversas a las religiosas.
Veamos cómo lo mencionado es expresado en algunas frases de Pericles:
“Amamos lo bello sin extravagancia y amamos la sabiduría
sin relajarnos”; “Cada uno de nuestros ciudadanos, en los
múltiples aspectos de la vida, es capaz de mostrase dueño legítimo
y poseedor de su propia persona y, además, hacerlo con una
gracia excepcional y una aptitud excepcional”21.
3. Aspectos de la religiosidad.
Autores como Jaeger, advierten de la “falsa modernización” consistente
en ver a los primeros filósofos sin conexiones con la tradición, presentándolos
fundamentalmente opuestos a la religión; y separados por un corte tan tajante
como aquel que dividió a la ciencia moderna de la fe cristiana: “Los griegos aún
no conocieron en absoluto semejantes reinos autónomos del espíritu” 23.
En aquellos momentos, no era necesario estar investido de autoridad en
forma especial para cumplir un rito. La pureza no se adquiría; era el estado
natural de cada sujeto, y sólo se perdía si se cometía una grave falta que
deshonraba. Esto hizo posible que en los hechos la religiosidad impregnara cada
gesto y cada movimiento; ya sea el inicio de una guerra, la fundación de una
colonia, una asamblea, un simposio, un matrimonio o un contrato, todo se hace
bajo la protección de una divinidad. Ningún ciudadano de la pólis, poblada de
20
Bowra, C. M; La Atenas de Pericles, Madrid, Alianza, 1º edición 1974, 4º ed. 1984., p. 71.
21
Citadas en Bowra, C. M; op. cit.
22
Es sabido que Pericles se rodeaba de un círculo de intelectuales con quienes discutía ciertas cuestiones,
entre los que estaban Anaxágoras, Protágoras, Sófocles, el mismo Sócrates. En su juventud tomo clases
con Damón, músico, y escuchó en varias oportunidades a Zenón.
23
Citado en López Pérez, op. cit.
12
templos e iconos, está al margen de las numerosas actividades de culto:
procesiones, cánticos, danzas, coros, juegos o certámenes.
Es preciso todavía enfatizar que estamos en presencia de una
religiosidad singular; la lengua griega carece de una palabra cuyo campo
semántico tenga una equivalencia con el término religión, tal como se
manifiesta en las concepciones monoteístas. La palabra que más se aproxima es
eusébeia, “definida por el sacerdote Eutifrón, el protagonista homónimo del
diálogo platónico, como el cuidado que los hombres tienen para con los
dioses”24. Los griegos vivían la religiosidad asumiendo la existencia de fuerzas
divinas múltiples, pero no se llamaban a sí mismos politeístas. La palabra
politeísmo aparece con posterioridad, acuñada por Filón de Alejandría, un
filósofo del siglo I d.C., cuya religión de origen es el judaísmo. Debemos
entender el valor central de una religiosidad, caracterizada por la pluralidad de
fuerzas y de cultos, pero que no entra en contradicción con una concepción
unitaria de lo divino: es lo divino lo que se expresa bajo aspectos diferentes,
múltiples.
El núcleo de la relación entre los hombres y los dioses, tuvo su eje
principal en la observancia de los cultos y de los ritos, generalmente
establecidos desde antiguo; pero no hay base para suponer el desarrollo de una
ritualización obsesiva, invasora de la existencia y, por extensión, sofocadora de
la libertad. Desde luego, esto no significa que el hombre griego no
experimentara temor a la divinidad, en particular derivado de su capacidad de
castigar las culpas de los hombres, en algunos casos a lo largo de su existencia e
incluso comprometiendo a su descendencia. Los principales ritos sagrados no
requieren, en modo alguno, de intermediarios. No existe un texto único, ni un
grupo privilegiado de intérpretes o unos guardianes de la fe. No hay en la
Hélade escritura sagrada, ni revelación, ni dogma, ni iglesia, ni sacerdotes, ni
milagros. No existe el equivalente de un profeta, que en un momento
privilegiado de la historia haya revelado ciertas verdades o reglas de conducta;
unos dogmas con estabilidad en el tiempo y con capacidad para señalar a los
creyentes las coordenadas para trazar sus vidas.
Los dioses están indisolublemente unidos a la pólis y, en la práctica, la
comunidad puede acoger nuevos dioses, modificar algunas historias o cambiar
los lugares de culto. Al respecto existe una gran libertad, lo que permite una
progresiva transformación del mito. Los dioses garantizan el orden social y
otorgan protección. Los griegos no se vinculan con ellos de acuerdo a una fe
particular; los dioses se confunden con la pólis, forman parte de ella, de modo
que vivir en ella y vincularse con los dioses es la misma cosa. Creer en los
dioses se traduce, en síntesis, en un sentimiento concreto de pertenencia a la
comunidad. Cada ciudadano de una pólis se referencia en los dioses de esa
ciudad, y no en otros25.
Se debe agregar, además, que la ley forma parte de la religión, de modo que
tampoco hay mayor diferencia entre un código, una constitución o un ritual 26.
24
López Perez, op. cit.
25
A tal punto llega la implicación de la pólis con sus dioses, de un modo preciso y particularizado, que se
generan relaciones de exclusividad. Esquilo hace decir a uno de sus personajes: “No temo yo a los dioses
de aquí, que ni me criaron, ni a la vejez me llevan dándome si sustento” (Suplicantes, 892‐894).
26
López Pérez, op. cit; también en Bowra, C. M; op. cit.
13
Así puede explicarse el juicio contra Protágoras, acusado de asébeia, impiedad o
falta de respeto religioso, a causa de su libro Sobre los Dioses, en donde
expresa: “Sobre los dioses, no puedo saber siquiera si existen, ni si no existen, ni
qué forma es la suya; muchas circunstancias impiden saberlo: la ausencia de
datos sensibles y la brevedad de las vida” (Fragmento 4).
Walter Otto nos explica que el misterio de la religión griega no requiere
de ninguna fórmula dogmática ni de confesión: “La representación de lo divino
es tan amplia como el mundo, y por ello, como éste, indecible” 27. Por ello, creer
en los dioses, participar en las grandes fiestas en su homenaje, peregrinar hacia
los templos, respetar los oráculos, decir las plegarias y hacer las libaciones
correspondientes, no son actividades reñidas con la posibilidad de pensar y
opinar con un sentido propio.
Veamos ahora particularidades de uno de los templos más importantes:
el templo de Apolo Délfico.
Apolo no parece haber llegado al Parnaso antes del siglo VIII a.C.; un
pasaje de la Ilíada (IX, 404-405) celebra, sin embargo, la extraordinaria riqueza
de su santuario ya en el siglo VII a.C. Debió ocupar aquí el lugar a una diosa de
la tierra que practicaba la adivinación. Según la leyenda mató a una serpiente-
dragón ctónica llamada Pitón para adueñarse del templo, de ahí que se lo llame
Apolo Pitio (Pítico).
14
Grecia. Previene a los hombres contra las impurezas que les exponen a la cólera
divina y comprometen al orden del mundo. Si se comete alguna falta, descubre
la causa y prescribe las expiaciones a realizar. Cuida del mantenimiento de los
cultos ancestrales, hace respetar los derechos de los santuarios amenazados por
los intereses profanos; incita a las ciudades a acoger dioses y héroes nuevos.
Dirige, principalmente durante el siglo VI a.C., la mayor parte de las
expediciones coloniales. Si no para promulgar, interviene al menos para
ratificar las leyes de los grandes legisladores, Solón en Atenas, Ligurco en
Esparta, Démona en Cirene. Preconiza una moral condensada en las famosas
máximas de los Siete Sabios, moral simple, poco definida, que exhorta al
hombre a conocer su medida y a no querer igualarse a los dioses.
Existe un gran misterio en relación a este templo, recogido por Plutarco 29:
una inscripción de una E, objeto-ofrenda al dios, grabado igualmente en
algunas monedas que representaban su templo en Delfos. Plutarco en su
diálogo nos dice que el dios no es menos filósofo que adivino, “puesto que el
origen de la filosofía está en la búsqueda, y el origen de la búsqueda está en
sentir asombro y perplejidad”. Una explicación de esta misteriosa E sostiene
que los antiguos sabios eran cinco: Quilón, Tales, Solón, Biante y Pítaco. Más
tarde, Cleobulo el tirano de Lindos y luego Periandro de Corinto, que en nada
participaban de virtud ni de sabiduría, metieron su nombre entre los de los
sabios. Entonces los sabios se irritaron, aunque no quisieron refutar su altanería.
Pero se reunieron en el templo y consagraron como ofrenda la letra que es la
quinta en el orden del alfabeto y que indica el número cinco.
15
Siete Sabios proceden de una época histórica precisa. Todos ellos alcanzaron su
akmé en los comienzos del siglo VI a. C. 31 Aparecieron en distintas ciudades,
todas prestigiosas entonces: Tales de Mileto, Bías de Priene, Pítaco de Mitilene,
Cleobulo de Lindos, Solón de Atenas, Quilón de Esparta y Periandro de
Corinto. Según la leyenda, trabaron pronto relaciones de amistad 32. Estos
personajes representan un tipo de ciudadanos que traspasan su entorno local y
se perfilan como portavoces de un espíritu panhelénico.
García Gual establece que los siete sabios se hallan en un lugar de
transición: “Todavía son aceptados como guías de la comunidad por su saber, en
el que lo intelectual no se disocia de lo político, y sus palabras sirven de
máximas para todos. Los sabios son, en la época de los siete, hombres útiles.
Hombres útiles para la comunidad”33.
No es su obra escrita la que los hizo reputados, sino sus memorables
sentencias, esas gnomai recopiladas más tarde por Demetrio. Las sentencias más
preciadas quedaron inscriptas en el templo de Apolo en Delfos, como muestra
de una sabiduría apolínea, cifra de la phronesis y la sophrosyne para la eternidad.
“Conócete a ti mismo” y “De nada en demasía”. Sabiduría vital, pocas palabras
y mucho sentido, lleva el sello de la popularidad. Hablan un mismo lenguaje y
las máximas son atribuidas a uno u a otro, con vacilaciones tradicionales,
debidas en parte a eso, a su perspectiva común y su dudoso personalismo 34.
Maestros de prudencia y cordura. Tanto Anaximandro como Pitágoras
representan otro tipo de pensadores, con sus saberes más técnicos, con su
búsqueda de una teoría radical sobre el universo y sus principios básicos. Son,
tanto uno como otro, filósofos en la plenitud del término, buscadores de una
sophía más profunda, más allá del saber pragmático y prudente del que dieron
ejemplo los Siete. Como una hilera de hoplitas, codo a codo, los Siete Sabios (y
los Tres Añadidos) avanzaron resueltos, escudados con su inteligencia y su afán
de concordia, por los caminos del lógos. Apolo, el sabio dios de Delfos, los
aplaudió, razonablemente35.
31
García Gual, C.; Los siete sabios (y tres más), Madrid, Alianza, 1989, reedición 2007, p. 14 y ss.
32
Existe una historia que relata cómo, cuando los sabios fueron agradecidos con un trípode en
reconocimiento de su sabiduría por haber salvado a unas doncellas de unos piratas, y según las diferentes
versiones los Siete se las fueron pasando entre sí, otra versión sostiene que no, que uno de los sabios lo
recibe y lo envía directamente a Apolo porque es el único sabio. Wiersma, W; The Seven Sages and the
Prize of Wisdom, en Mnemosyne, Vol. 1, Fase 2, Brill, 1933, pp. 150-154.
33
García Gual, op. cit., p. 35.
34
“Es fama que el ático Solón escribió gnothi seautón, que en latín es conócete a ti mismo. Muchos
piensan que eso es de Quilón. Espartano Quilón sea tuyo y no lo duden lo que se escribe ahora: hóra telós
makrou bíou, que ordenaste atender al fin de una larga vida. Muchos creen que eso lo dijo Solón a Creso.
También es fama que dijo el lesbio Pítaco: gígnoske kairón, invita a que conozcas tu tiempo. Pero ese
kairós es el tiempo oportuno. Bías de Priene dijo: hoi pleisthoy kakoí, que en latín quiere decir la mayoría
de los hombres son malos. Pero sabed que llamó malos a los inexpertos. Mélete tò pán, esto es de
Periandro de Corinto, quien piensa que la reflexión lo puede todo. Áriston Merton, dice Cleobulo de
Lindos, esto es, la mesura es lo óptimo en todas las cosas. Pero Tales prefirió eggya, pára d´áta, que nos
prohíbe salir fiadores, puesto que la fianza es nociva”, homenaje rendido por Ausonio, hacia 390 d.C.,
citado en García Gual, op. cit., p. 238.
35
García Gual, op. cit., p. 241.
16
…Se reunieron en el templo de Delfos para regalarle conjuntamente a Apolo el fruto de su sabiduría, al
escribir lo que todavía hoy todos cantan, “conócete a ti mismo” y “nada en exceso”…
PLATÓN, Protágoras, 343 a
Mondolfo nos transmite que estas dos sentencias celebres entre todas las
otras de la antigua sabiduría –gnothi seautón, méden àgan-, tienen ambas el
mismo carácter de advertir al hombre de tener conciencia de su limitación y de
no exceder la medida de lo que le es concedido, para no caer en el pecado de
insolencia, desmesura (hybris), ya que ésta será alcanzada por el castigo divino,
defensa del privilegio divino contra toda pretensión de usurpación humana
(envidia de los dioses).
17
Pero avancemos un poco más. En 164 d establece una precisión.
“Pues casi iba yo a sostener eso mismo de que ser sensato es
conocerse a sí mismo, y coincido con aquel que en Delfos puso
aquella inscripción que, según creo, está dedicada a esto, a una
bienvenida del dios a los que entran, en lugar de decir “salud”... El
dios da la bienvenida, pues, a los que entran al templo, de
diferente manera que los hombres... Y el dios no dice otra cosa, en
realidad, a los que entran, sino “sé sensato”. Bien es verdad que
habla más enigmáticamente, como un adivino. Porque el
“conócete a ti mismo” y el “sé sensato” son la misma cosa, según
dice la inscripción, y yo con ella; pero fácilmente podría pensar
alguno que son distintas. Cosa que me parece que les ha pasado a
los que después han hecho inscripciones como, por ejemplo, la de
“Nada demasiado” y “El que se fía, se arruina”. También ellos
tomaron el “Conócete a ti mismo” por un consejo, y no por una
salutación del dios.”
38
Platón, op. cit, 175 b- 176 a. Encontramos aquí, lo que en tantos otros diálogos socráticos, el
interlocutor descrubre la vanidad de su saber, descubriendo al mismo tiempo su verdad, es decir se
custiona a sí mismo. En el diálogo socrático la verdadera pregunta que está en juego no es aquello de lo
que se habla, sino el que habla.
18
dios –Apolo- , y no va a desistir de sus ocupaciones por una indicación humana
y por más enjuiciamiento a que lo someta la ciudad. Este inquirir sobre el
ocuparse de sí (epimelei heautou) resulta algo molesto a sus conciudadanos.
39
Foucalut, M; La hermenétucia del sujeto, Bs. As., FCE, 2001, 2º reimpresión 2008, p. 24.
40
Platón, op. cit., 166 c -167 a
41
Platón, Alcibíades, 129 b, según las citas de M. Foucault en su seminario.
42
Foucault, op. cit., p. 71.
19
conocimiento de sí queda ligado a prácticas concretas, siendo que en anteriores
diálogos estaba enunciado de un modo, digamos, general e inespecífico.
El ocuparse de sí mismo tendrá como efecto –siendo a su vez sentido y
meta- hacer del individuo alguien distinto al resto, los hoi polloi, las personas
absorbidas por la vida cotidiana.
Tenemos aquí un elemento importante. Si bien pudimos apreciar en
apartados anteriores cómo el momento histórico- social en el que se desarrolla
este nuevo saber de la filosofía está inmerso en los cambios de los surgimientos
de las pólis, con su manifiesta apuesta a lo público y lo común, vemos cómo, un
saber que proporciona la filosofía viene a encontrarse como en un sentido
opuesto a esto.
El mismo Vernant, quien ha defendido tanto la lectura historiográfica, y
la dependencia de los cambios en lo político, señala que, en cuanto al acceso a
los misterios, si bien en las pólis ya no son patrimonio exclusivo de las familias
sacerdotales, el misterio en ningún momento se coloca en una perspectiva de
publicidad43. Por el contrario, lo que se define como misterio es la pretensión de
alcanzar una verdad inasequible por las vías normales y que no podría en modo
alguno ser “expuesta”, obtener una revelación tan excepcional que abre el
acceso a una vida religiosa desconocida en el culto del Estado y que reserva a
los iniciados una suerte sin paralelo posible con la condición ordinaria de
ciudadano. El secreto adquiere de este modo, en contraste con la publicidad del
culto oficial, una significación religiosa particular: define una religión de
salvación personal que aspira a transformar al individuo con independencia del
orden social, a realizar en él una especie de nuevo nacimiento que lo arranque del
nivel común y lo haga llegar a un plano de vida diferente. Los ritos de iniciación
tradicionales se reemplazan, en la medida en que la filosofía va teniendo más
lugar en los discursos que circulan en las pólis, por otras pruebas: una regla de
vida, un camino de ascesis, una senda de investigación que, junto a las técnicas
de discusión y argumentación o de nuevos instrumentos mentales como las
matemáticas44, siguen manteniendo las antiguas prácticas adivinatorias, los
ejercicios espirituales de concentración, de éxtasis, de separación del alma y el
cuerpo.
La filosofía se encuentra, al nacer, en una posición ambigua: por su marcha
y por su inspiración esta emparentada a la vez con las iniciaciones en los
misterios y las controversias del ágora, flota entre el espíritu del secreto, propio
de las sectas, y la publicidad del debate contradictorio que caracteriza a la
actividad política. Acaso la filosofía griega no pudo desprenderse nunca del
todo de esta ambigüedad que marca su origen.
43
Vernant, J. P; op. cit., p. 69 y ss.
44
De más está aclarar que por matemáticas se entiende todo un campo del saber que abarca el
conocimiento de los números y sus propiedades, de la astronomía y la música, todas vías que llevan a al
purificación, especialmente en la tradición pitagórica.
20
filosófico”45. Así, afirma que la distancia que separa la filosofía de la sabiduría
es que la primera no es más que un ejercicio preparatorio para la segunda. Vivir
de manera filosófica es sobre todo orientarse hacia la vida intelectual y
espiritual, llevar a cabo una conversión que pone en juego toda el alma, es decir,
toda la vida moral.
A lo largo de toda la tradición griega, puede sostenerse que la sophía se
vincula a lo siguiente: el verdadero saber es finalmente un saber hacer, y el
verdadero saber hacer es un saber hacer el bien.
CONCLUSIONES
Hemos procurado hacer un recorrido con una pregunta por lo que pueda
establecerse en los cambios discursivos en la Grecia clásica que advienen en el
momento del nacimiento del lógos. Seguimos a autores que estudian el tema, y
nos pareció que una lectura que encontrara continuidad entre las formas
discursivas del mito y del lógos puede ser razonablemente sostenida.
Sin embargo, no menos cierto es que la filosofía representa un nuevo
discurso, por lo que habría que evaluar detenidamente qué es entonces lo
nuevo, si puede sostenerse que sólo se trata de una cambio en la forma.
Si intentamos ahora, sostener esa misma pregunta pero en un área
mucho más delimitada de la experiencia, podemos ver como sí puede afirmarse
la continuidad en lo que hace a la espiritualidad. Siguiendo la máxima délfica
gnothi seautón nos embarcamos en un análisis de aspectos históricos de la
religiosidad, y luego cómo es retomado esto en textos filosóficos. En este
sentido, el trabajo de Foucault puede ayudarnos en la tarea hermenéutica:
define la espiritualidad como la búsqueda, la práctica, la experiencia por las
45
Hadot, P.; ¿Qué es la filosofía antigua?, México, FCE, 1998, p. 30
46
Hadot, P.; Op. cit., p. 117.
21
cuales el sujeto efectúa en sí mismo las transformaciones necesarias para tener
acceso a la verdad. Recordemos que previamente había afirmado que la filosofía
es la forma de pensamiento que se interroga acerca de lo que permite al sujeto
tener acceso a la verdad.
El argumento de Hadot de la filosofía como cierto discurso vinculado
con un modo de vida, y como un modo de vida vinculado con cierto discurso,
nos lleva a un tema que se encuentra de trasfondo en todo esto: el lenguaje.
Hemos establecido la importancia de la palabra en la cultura griega. Y nos
encontramos con que la palabra no puede desprenderse de un campo
pragmático. Esto es algo común, tanto en los mitos como en el lógos, la función
operativa, dinámica, pragmática de la palabra. Pero podemos ensayar una
diferencia: en el mito la palabra no se preocupa por la verdad, buscar establecer
sentidos; López Eire afirma que el mito es lenguaje que nos ayuda a estar vivos,
que nos explica la inexplicable pero fundamental experiencia de estar vivos, de
ser sociales, de ser políticos, de emplear lenguaje, de ser limitados en el tiempo,
de estar abocados a la nada que nos aterroriza, y de vivir en un universo
espectacular que no acertamos a comprender. Todo esto deja de manifiesto la
funcionalidad de la palabra en el mito, pero no integra el problema de la
verdad, que, como dijimos establece Foucault, es el problema mismo de la
filosofía.
Sin embargo, y dejando abierta una pregunta más, deberíamos intentar
pensar si con la palabra puede alcanzarse la verdad, o si es que acaso esta tiene
una dimensión irreductible al discurso racional, o incluso al discurso del que se
trate.
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BIBLIOGRAFIA
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Wiersma, W; The Seven Sages and the Prize of Wisdom, en
Mnemosyne, Vol. 1, Fase 2, Brill, 1933, pp. 150-154.
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