Proyecto Patrimonio - 2017 | index | Autores |
HILDEBRANDO PÉREZ HUARANCCA, EDITH LAGOS Y JOVALDO
TEXTOS DE COMBATE
Por Oscar Gilbonio
Agrupación Cultural Ave Fénix
.. .. .. .. ..
Resumen
En este estudio, exploraré desde la perspectiva de género el trabajo literario y
político de dos hombres y una mujer que fueron a la vez artistas y soldados del
Ejército Guerrillero Popular del Partido Comunista del Perú (Sendero Luminoso)
desde el inicio de la lucha armada en 1980. Primero, el libro de cuentos Los
ilegítimos (1975) de Hildebrando Pérez Huarancca explora la condición del
campesinado en general y de las campesinas en particular, en el período
prerevolucionario de los 1970s, puesto que, según Mao (1940), “la cultura
revolucionaria prepara el terreno ideológico antes de la llegada de la revolución”.
Segundo, Edith Lagos representa las mujeres andinas en rebelión contra una
sociedad profundamente sexista y racista. Su poesía cubre el período del inicio y
despliegue de la insurgencia (1980-1982). Al final, examino la poesía escrita por
Jovaldo sobre las mujeres, quien escribió en la carcel hasta su muerte en las
masacres de cárceles de Lima (1986). Tomo la definición de “neo indigenismo”
de Escajadillo para analizar estos autores, así como el trabajo de Mariátegui sobre
la literatura en la evolución del país, y el análisis de Lukács sobre los lazos entre
arte, historia, pensamiento y acción política concreta en la literatura alemana. Si
bien los tres autores peruanos tienen en común el hecho de haber combatido en la
guerra, se encuentran diferencias en los contextos y contenido de sus obras.
Abstract[1]
In this paper, utilizing the gender perspective, I explore the literary and political
work of two men and a woman who were both artists and soldiers of the People’s
Guerrilla Army of the Peruvian Communist Party (Shining Path) since the
beginning of the armed struggle in 1980. The first, Hildebrando Pérez
Huarancca’s book of short stories Los ilegítimos (1975), explores the status of
peasants in general, and peasant women in particular, in the pre-revolutionary
period of the 1970s, since as stated by Mao (1940), “revolutionary culture
prepares the ground ideologically before the revolution comes”. The second is
Edith Lagos, who represents the Andean women in rebellion against a deeply
sexist and racist society. Her poetry covers the period of the beginning and
deployment of the insurgency (1980-1982). Finally, I examine the poetry on
women by Jovaldo, who wrote from jail until his death in the Lima prison
massacre (1986). I will deploy Escajadillo’s definition of “neo indigenism” to
analyze these authors, as well as Mariátegui’s work on literature within the
country’s evolution, and Lukács’ analysis on the links between art, history,
thought and concrete political action in German literature. While the three
Peruvian authors have being fighters of the war as a common element, there is a
difference in the contexts and content of their works.
En la perspectiva maoísta, se persigue que literatura y arte «encajen bien en el
mecanismo general de la revolución» y «se conviertan en un arma poderosa para
unir y educar al pueblo y para atacar y aniquilar al enemigo» en virtud de la
necesidad de «unidad de la política y el arte», así como entre «el contenido y la
forma» (Mao, 1942). Indagando la concordancia entre los postulados y la
práctica abordaré los textos de tres protagonistas (dos hombres y una mujer)
destacados por sus particulares producciones literarias: Hildebrando Pérez
Huarancca, Edith Lagos Sáez y José Valdivia Domínguez (Jovaldo),
combatientes todos del «Ejército Guerrillero Popular» del Partido Comunista del
Perú - Sendero Luminoso (PCP-SL) contra el Estado peruano, caídos en diversos
períodos del conflicto. El primero plasmó cuentos mientras que los otros eran
poetas.
La producción cuentística de Pérez Huarancca puede concebirse como
diagnóstico previo al estallido del conflicto armado en 1980, la poesía de Edith
Lagos expresa el romanticismo revolucionario y el sentimiento de una guerrillera
en plena actividad en los primeros años del despliegue subversivo (1980-82) y
Jovaldo manifiesta una obra de carácter popular, ceñida a una motivación
didáctica y agitadora desde sus primeras rimas hasta su desaparición en la cárcel
de El Frontón en 1986, en la continuación de la etapa más atroz de la guerra
(1983-84). Queda aún por investigar la representación y el papel de las mujeres
en el teatro de Víctor Zavala Cataño y en las numerosas composiciones —
canciones, poemas, dibujos, novelas, etc.— que se acunan en algún espacio o
memoria aguardando el interés del investigador avisado.
En su ensayo sobre literatura peruana, en 7 ensayos de interpretación de la
realidad peruana (1928), el filósofo peruano José Carlos Mariátegui asocia el
autor a la evolución socioeconómica del país como el historiador literario
húngaro György Lukács analiza las relaciones entre arte, historia, pensamiento y
acción política concreta en la literatura alemana. Así, ubicaré cada escrito en su
contexto histórico social y, tal como lo planteó Lukács en Realismo en la
balanza (1938), se trata aquí de «ver la habilidad del arte en confrontar una
realidad objetiva que existe en el mundo». De este modo, y sumado al hecho de
conocer el PCP-SL desde dentro, intentaré algunas asociaciones o desencuentros
entre el discurso del escritor y la línea política de la organización donde
militaron. Finalmente, desde la perspectiva de género[2], incidiré en el abordaje
de las mujeres en las composiciones.
En el 2003, los miembros de la Agrupación Cultural Ave Fénix[3] llevamos a
cabo un conversatorio en el presidio de Canto Grande (Lima) para debatir
aspectos del panorama literario del Perú de entonces[4]. Una de las razones de
fuerza, para los que convocaron a este evento, fue que en el lado del movimiento
insurgente, el problema era y sigue siendo complejo, pues no había (y aún no está
resuelto) un balance sobre arte y literatura en el proceso de la guerra. Es decir, a
partir de la recopilación y análisis de la producción artística o testimonios de
militantes, combatientes y masas simpatizantes —en prisión o fuera de ella—,
tendientes a desarrollar la guerra popular[5]durante el período 1980-92 —sin
soslayar el período preparatorio—, es menester despejar ciertas interrogantes: 1)
cuál fue la significación y alcance de esta producción artística y su trascendencia
en la cultura nacional; 2) en qué grado la organización maoísta practicó lo
propugnado por Mao Tsetung en 1942: «La cultura revolucionaria es para las
grandes masas populares una poderosa arma de la revolución. Antes de la
revolución, prepara ideológicamente el terreno, y durante ella, constituye un
sector necesario e importante de su frente general»; 3) qué logros, innovaciones y
aportes se produjeron en arte y literatura; y como contraparte, qué problemas,
errores o limitaciones se expresaron ; 4) cuál era la perspectiva y la orientación
en el siglo XXI para desarrollar el trabajo artístico y cultural, continuando la obra
de José Carlos Mariátegui, César Vallejo y José María Arguedas, tres hitos
insoslayables en la formación de una conciencia nacional.
Recordemos que Mariátegui en sus 7 ensayos había puntualizado: «Vallejo es el
poeta de una estirpe, de una raza. En Vallejo se encuentra, por primera vez en
nuestra literatura, sentimiento indígena virginalmente expresado». Arguedas
expresó lo propio particularmente en la novela. Ambos erigieron su obra
arraigados en nuestra cultura ancestral. Es muy expresivo que Arguedas
confesara la importancia de la directriz de las ideas para lograrlo: «Yo declaro
con todo júbilo que sin Amauta, la revista dirigida por Mariátegui, no sería nada,
que sin las doctrinas sociales difundidas después de la Primera Guerra Mundial
tampoco habría sido nada»[6].
Retomando las circunstancias del conversatorio: el 2003 no conocíamos estudios
(ensayos, monografías, artículos, etc.) de miembros de la organización —donde
la crítica que excediera los linderos de los postulados partidarios era incipiente—
ni de terceros —debido al aislamiento carcelario— que sirvieran para dilucidar
las interrogantes. Por tanto, debíamos aportar soluciones o intentarlas. Similar
espíritu nos motiva hoy, y queriendo contribuir a una mayor comprensión de lo
que fue el conflicto armado interno, creemos necesario recopilar y apreciar la
obra dispersa de quienes participaron en la insurgencia.
Es usual y conveniente que una organización destaque sus valores con el fin de
construir un imaginario y cohesionar a sus miembros: los organismos superiores
son los primeros llamados a hacerlo, pero en el caso del PCP-SL resulta
sintomático que dicha labor —cuando existe— se haya impulsado por lo general
desde miembros de base —o incluso ajenos— y por iniciativa no oficial. Esto se
explica en la medida que se impuso como orientación política una única figura a
relievar: la de Abimael Guzmán[7]. Es así que a pesar de ser tal vez los
personajes literarios más emblemáticos del proceso de la guerra hasta su primer
lustro, la dirección del PCP-SL no ha dado, hasta hoy, una opinión valorativa de
las obras de Pérez Huarancca, Lagos y Jovaldo.
Por un lado, tuvo que ser un estudioso norteamericano, Mark Cox, quien
demostrara la endeblez de las imputaciones de la Comisión de la Verdad y
Reconciliación (CVR) (2003) contra Pérez Huarancca, respecto a la conducción
de la masacre de Lucanamarca[8] en La verdad y la memoria: controversias en
la imagen de Hildebrando Pérez Huarancca (2012). Por otro lado, distintas
versiones de los poemas de Lagos circulan por internet. Dos, aparecidos el 30-11-
82 en El Diario, proporcionados por el profesor y compositor Ranulfo Fuentes,
se incluyeron por escritores que se pueden calificar como democráticos[9] en la
antología Di tu palabra (Arteidea: 1998). Finalmente, de la poesía de Jovaldo se
conocen tres publicaciones: una recopilación de sus textos impulsada por el
grupo de arte y editorial Kusikusum (2005), un homenaje en la revista Culturales
1.° de Mayo(2010) y otra compilación mayor de sus poemas (2011), por
camaradas que lo conocieron, encauzada por el Grupo Literario Nueva
Crónica[10] en colaboración con su familia.
Hildebrando Pérez Huarancca: una mirada del campo ayacuchano
Nació en la comunidad de Espite, Ayacucho, en 1946, y murió en los años 80,
siendo presumiblemente militante del PCP-SL. En marzo de 1980, poco antes del
inicio de la insurgencia armada —el 17 de mayo—, Ediciones
Narración[11] había publicado la ópera prima de Pérez Huarancca[12]: Los
ilegítimos, una colección de doce cuentos que mostraban la situación de la
población y del campo ayacuchano, protagonista y escenario principal de
las primeras acciones subversivas respectivamente.
Al personaje Amadeo Salas del
cuento «Vísperas»[13]del
narrador peruano Luis Nieto
Degregori, le sonaron
desmesurados los elogios que se
vertían en el prefacio de la obra,
y le pareció que la consagración
del autor —el protagonista
Grimaldo Rojas, inspirado en
Pérez Huarancca— poco tenía
que ver con la literatura y era
más bien una consecuencia
indirecta de la leyenda que se
estaba tejiendo en torno al
militante senderista. No pocos
debieron haberlo apreciado así,
en un contexto de
inevitable carga pasional por lo
que sucedía en el país,
confrontando e implicando no
solo a dos bandos (la guerrilla y
el Estado), sino a cada miembro
de la sociedad en diverso grado. Sin embargo, décadas después, lo suscrito por
Roberto Reyes Tarazona en el memorable prólogo de Los ilegítimos se consolida
con nuevos aportes como los de Silvia M. Nagy (1992) y Mark Cox (2012),
quienes coinciden en situar la obra de Pérez Huarancca en la corriente
neoindigenista —incluso como transición entre el neoindigenismo y la narrativa
andina o postarguediana, con una influencia fundamental en ésta—, y destacan el
feliz uso de las innovaciones literarias contemporáneas en su propuesta
artística[14]. Tomaré la definición de «neoindigenismo» propuesta por el filólogo
y literato peruano Tomas Escajadillo[15]—en su tesis doctoral La narrativa
indigenista: un planteamiento y ocho incisiones (1971)—, para situar la obra de
Pérez Huarancca.
Para Alexandra Hibbett: «Los ilegítimos protesta contra la nación oligárquica,
donde un pequeño grupo ejerce el poder en función de sus intereses a expensas
de una gran mayoría (…). Y propone además que la única manera de salir del
círculo vicioso de la violencia institucionalizada, que es inherente a la sociedad
vigente, es llevar a cabo un acto que rechace la fantasía de una nación impuesta
por individuos iguales» (2009).Pero opina que la lectura de los cuentos no puede
ser tan simple como para concluir que la única solución es la lucha armada. La
denuncia social está presente en cada cuento, no reducida al problema del indio
como en el indigenismo ortodoxo, sino a modo de un problema de raigambre
nacional, donde las soluciones son colectivas, esperanzadoras y brotan del
discurso de los personajes.
En el primer cuento, La oración de
la tarde, asistimos a un incendio
provocado en la tentativa de
aniquilar un puma dañoso. El
crítico literario peruano Gustavo
Faverón ha creído encontrar
deliberadamente en él la simbólica
chispa que incendia la pradera de la
revolución china de
Mao[16] (2007), o la justificación
de una violencia de carácter
desmedido: las llamas arrasan un
bosque y todos los animales se ven
afectados, pagando justos por
pecadores.
Una obra, por naturaleza, admite
diversas interpretaciones —justas o
forzadas—; por eso mi primer
esfuerzo, precaviéndome de la
especulación, radicará en
contextualizarla. Ante todo,
recordemos que en los años 70 —y vigorosamente desde los 60—, revolución y
cambio social estaban a la orden del día en el mundo; en Latinoamérica[17], el
ejemplo cubano fresco, y en nuestro país las diversas organizaciones de izquierda
debatían el carácter de la sociedad peruana, como teorización previa y necesaria a
sus propuestas programáticas, más aún si estas comprendían un proyecto
insurreccional[18]. Y como no podía ser de otro modo, se volvió la mirada a
Mariátegui, el fundador del Partido Socialista en 1928[19]. Inclusive la fracción
del PCP-Bandera Roja (a mediados de los años 1960) que tenía su epicentro en
Ayacucho, enarboló «Por el luminoso sendero de Mariátegui»[20], retomando la
propuesta política y social del Amauta, y como parte de ella, la vigencia de su
caracterización: la sociedad peruana sería entonces «semifeudal» y
«semicolonial»[21] y, en consecuencia, la revolución debería ser, en su primera
etapa, «democrática».
Habiendo transcurrido más de cuatro décadas desde aquella teorización y, sobre
todo, habiéndose producido vastas tomas de tierras, grandes migraciones a las
ciudades e implementado las reformas de Velasco (1968-1975) que habían
afectado a la oligarquía y los terratenientes —y en consecuencia, al régimen de
latifundio—, e impulsado además una industrialización en el país; esta visión
requería actualizarse. En los cuentos de Hildebrando, en efecto, el terrateniente
ha desaparecido como personaje y las relaciones de dominio vigentes son
expuestas en el cuento Ya nos iremos, señor, por el personaje Augusto Ayala, «un
hombre que no dependía de nadie y podía mandar a cualquiera a donde estaba su
santa madre».
Carajo, estos mal paridos de mierda joden a cualquiera cuando ven que uno no
está con ellos, valiéndose de su dinero. Son cuatro cojudos que pisotean a todo el
pueblo; y cuando alguien reclama se valen de sus padrastros los cachacos, para
mandarlo a uno a la chirona. Aquí todo queda en casa como dicen: ellos son las
autoridades; sus hijas las maestras; y el cura es también de la misma camada
aunque no es del lugar. En sus reuniones hasta hablan de progreso. Carajo,
cuando solo a estos mismos fulanos se les elimine desde la raíz de sus puterías
llegará el progreso a este lugar y no por obra de estos mismos cojudos.
Ayala concluye que la mejora de la condición del poblador andino recae en sus
propias manos y pasa por eliminar las puterías de los mandones. En los cuentos
se confirma el uso del aparato estatal para ejercer el dominio: en Los hijos de
Marcelino Medina se maquina la muerte de este y el despojo de su terreno en
nombre del bien público: la construcción de una cárcel.
En Ya nos iremos, señor, el juez, a modo de escarmiento, se ensaña con el
cadáver de Ayala, quien además había sufrido una carcelería por un falso
testimonio. El párroco se suma al juez en Pascual Gutiérrez ha muerto para
hostigar a los disidentes que intentan construir un nuevo poblado, cuyos
dirigentes son torturados en una dependencia carcelaria, hasta provocarles la
muerte. En La leva, el gobernador aleja al pretendiente pobre de su hija
mandándolo reclutar[22]. Todas las víctimas representan algún tipo de peligro
para el poder de los principales: son disconformes, cuestionadores del orden,
portavoces del descontento, como se vierte en el tercer relato enumerado: «En la
vida no solo se necesita gentes que engendren, sino que tomen palabra por los
demás. Gente limpia y con carácter se necesita (...) Nuestro deber no se acabará
mientras los adinerados sigan mandando».
Es un llamado a transformar la sociedad, indicando el perfil del revolucionario y
su deber. Coincide a plenitud con el pensamiento predominante en la izquierda
popular de entonces. Es el prototipo del «hombre nuevo» que ha de construir una
sociedad nueva, gente que conozca la problemática y sea capaz de plantear
soluciones, no gente ignorante o extraña[23]. «Cuando acá los barramos, se
levantarán los adinerados del mundo entero para defenderlos. Entonces,
necesitamos mucha paciencia y bastante dinero... ». Advierte la posible reacción
cuando se lleve a cabo dicha transformación, que no ha de ser sencilla ni en un
período corto y demandará recursos económicos. No se refiere a una insurrección
breve, sino a un proceso prolongado, acorde a las tesis maoístas. La propuesta se
inscribe en ellas.
Empero, los primeros desencuentros con la línea del PCP-SL, los hallaremos en
puntos claves de caracterización de la sociedad peruana: la radiografía mostrada
por Los ilegítimos desmiente el carácter semifeudal de la sociedad, según
propugnaba, entonces y hasta inicios del presente siglo, la organización maoísta.
Más bien, en otro sentido, la migración es constatada y dramatizada desde el
primer cuento.
La escasez que reina en este pueblo, hace que los muchachos encaminen sus pies
hacia otros lugares. Los pedazos de tierra que debemos sembrar, no bien asome el
aguacero, no alcanza ni para la fuerza de los viejos que quedamos. Los jóvenes
sobran en este pueblo maldecido. Por eso se van a otros lugares a trabajar para
gente que ni siquiera conocen[24].
Huarancca confirma no solo la escasez de tierras de cultivo, en zonas de la sierra
peruana, sino que la gente debe migrar y trabajar para otros. Según datos del
INEI[25], en 1980, el Perú era un 65 % urbano y 35 % agrario, es decir, la
realidad que Mariátegui había calificado en los años 20 se había invertido. Lo
que llama a reflexión y abre un punto de divergencia es que en el discurso oficial
del PCP-SL[26] se afirmara, a la sazón, que la población rural en el Perú
bordeaba el 60 % y que la reforma agraria de Velasco no había variado la
situación del campo en lo fundamental, sino más bien había generado nuevos
propietarios: los representantes del Estado en las recién implementadas formas de
distribución y producción de la tierra (SAIS, CAPS[27]), cuando lo medular era
investigar si se había expandido el salario —y por consiguiente el capitalismo—
en el campo o no[28]. Los datos indican que sí.
Y si continuamos el examen respecto al tipo de relación de trabajo que se
establece, Hildebrando nos dará más pistas en La tierra que dejamos está muy
abajo:
Estando en tierra extraña, Florentino, no hay que perder la costumbre de estar
agrupados (…) Juntarse con los paisanos que trabajan en las minas o las fábricas
enseña bastante. No importa de dónde sean. Ellos son pobres como nosotros pero
están bien enterados de las cosas que suceden y saben de cómo hacerse respetar
(…) Es igual con los mandones en cualquier parte. Siempre están buscando cómo
agarrarlo desprevenido al pobre. Sin embargo, tiemblan viéndote en grupo.
Se trata, según la lectura, de un trabajo asalariado, por tanto inmerso en una
relación capitalista. Se refiere a minas y fábricas, acorde al proceso de
industrialización que el gobierno de Velasco había impulsado, incluyendo
nacionalizaciones en esos sectores. Propone también una forma de respuesta
colectiva —sindical— orientada por obreros. Ellos son los más enterados y,
como es sabido en la ortodoxia marxista, el pilar de una revolución socialista.
Los campesinos pobres, teóricamente la «fuerza principal» cuando se trata de una
revolución democrática, «gentes que habían perdido su derecho a la tierra en
base a engaños, y finalmente obligados a depender sólo de sus fuerzas», van a
ser protagonistas en Pascual Gutiérrez ha muerto, pero incluso ellos no se
resignan a su condición. «Solo quedaban dos extremos: quedarse allí mismo y
vivir como sirvientes o salir del lugar y ocupar la tierra que aún les pertenecía
legalmente».
No estamos, pues, ante los comuneros despojados de El mundo es ancho y ajeno,
de Ciro Alegría,menos ante el campesino sumiso de El sueño del pongo, de José
María Arguedas, el cual imagina redimir su situación en la muerte. Estamos ante
uno que ha sido testigo de los cambios y el debate producidos durante décadas
respecto a su derecho sobre la tierra, y del reciente discurso enaltecedor de la
reforma agraria de Velasco. De ningún modo podía ser el mismo campesinado
que en su tiempo había entendido Mariátegui. Había que tomar su pensamiento
como guía, pero adaptarlo a la realidad vigente.
En el cuento Cuando eso dicen, el hijo de Herminia, la mujer discapacitada
abusada por los hombres, constata otra realidad: «Pero también hay personas que
se niegan a pagarnos luego de habernos hecho trabajar, diciendo que ella no sabe
arreglar o si no que yo soy muchacho mañoso». Así, los rezagos semifeudales
perduran principalmente en las ideas y el trabajo servil se impone en situaciones
de abuso o ventaja. Hildebrando lo muestra de modo flagrante en Entonces
abuelo aparecía: el «abuelo» —quien no es ningún gran propietario porque
cuenta con una chacra de cebada, nada más— es en realidad el padre de una
pareja de niños concebidos con la cocinera. Tras echarla somete a los infantes a la
servidumbre. Maltratos como el de estos niños los padecieron miles de mujeres
que migraban a las ciudades en busca de trabajo y terminaban como domésticas,
siendo una de las expresiones más evidentes de rezagos semifeudales
prevalecientes en la sociedad peruana.
En suma, el retrato socioeconómico que pinta Los ilegítimos se aproxima al de
una sociedad capitalista dependiente con rezagos semifeudales, divergiendo con
la calificación impuesta en el PCP-SL. Así, podemos constatar que mientras el
escritor retrata lo que su vida y sus sentidos reconocen, la dirigencia del PCP-SL,
en su pretensión de retomar a Mariátegui[29], ha traído sus postulados a colación
para calzar una situación similar a la revolución china, pero parece soslayar
aspectos fundamentales de la nueva y específica realidad nacional. Reparemos
que el libro estaba culminado en 1975 cuando fue premiado. Por lo tanto, nos
está reflejando, nada más y nada menos, la realidad de la zona centro-sur de
Ayacucho en la primera mitad de los 70. La de los 80 no podía ser menos
evolucionada.
Las mujeres en Los ilegítimos
Cabe observar que los personajes que cuestionan de modo activo las injusticias
son todos varones. La madre es una imagen presente y venerada en varios pasajes
del libro, y aunque las mujeres como protagonistas se encuentran todavía en
situación rezagada, expresan un espíritu de férrea resistencia.
Herminia, por testimonio del hijo, parece ser una mujer invidente o con alguna
otra discapacidad que le impide desplazarse como el resto de la gente: Yo la llevo
de la mano, no porque ella no conozca la ciudad, sino porque ella puede
caerse. Y los hombres se aprovechan para someterla a la fuerza en el cuarto de su
propia casa: ella soporta las deshonestaciones con el hijo pequeño llorando y en
espera, sin tener ambos quien les defienda. A la discapacidad de la madre y la
debilidad del niño se suma el desamparo. El hijo crece y hurga su origen. «Mi
madre nunca me dice quién es mi padre y cada vez que le pregunto me dice que
no la fastidie. Por eso no sé hijo de qué padre soy».
El niño, presumiblemente concebido en una de las relaciones no consentidas,
deviene —pese a todo— en amparo de la madre. Su desarrollo y presencia va
reduciendo las visitas de los hombres.
A veces cuando pienso en ella, antes que me tuviera, me dan ganas de llorar.
Cómo andaría por las calles solita, sin nadie y así como es. Por eso tal vez –me
digo– tuvo que tenerme para ayudarla a vivir. Tampoco sé qué más me llamo
después de Hermelindo. Yo no conozco a mi padre ni mi madre lo conoce a él. Ni
a sus propios padres conoce. Yo solo conozco a ella y con eso voy ganándola.
Ella se llama Herminia y cuando le pregunto por sus padres me dice cómo iba a
conocerlos así como es.
Pero aun siendo como es, esta madre tiene la capacidad de impedir una situación
de semiesclavitud para su hijo. «Hubo una vez un hombre que quería comprarme
y por poco la convence; pero ella, finalmente, se negó por completo diciendo que
yo su hijo estaría a su lado, si fuera posible, comiendo tierra o un pedazo de su
propia carne».
En Somos de Chukara, conforme a la crítica del PCP-SL, Hildebrandodenuncia
como poderes feudales, la religión y la opresión patriarcal ejercida por el Estado,
las instituciones, la familia y el marido[30]; de modo que cuando se concibe un
hijo «ilegítimo», la mujer es, de hecho, considerada la única culpable. El párroco
emite su amenaza, juicio y castigo, valiéndose de la superstición e ignorancia
secular.
Las mujeres que dan hijos naturales jamás verán el rostro del Señor. Por causa de
ellas cae la granizada al pueblo casi a diario. Los hijos ilegítimos, nacidos fuera
de la ley de Dios, están condenados a ser desgraciados en esta y en la otra vida.
Para ellos no habrá nada en esta tierra, y hasta la hora de sus muertes maldecirán
a sus madres por haberlos traído a este mundo.
Y a modo de degradación pública, el párroco aprueba arrancar el escapulario de
la Virgen del Carmen del cuello de la acusada: Victoria Cáceres. «Por faltar a los
sacramentos de nuestra Madre Iglesia y para que las mujeres de este pueblo
escarmienten hacemos estas cosas». Empero, algunas personas, por
conmiseración, solidaridad o afán de impedir las condenaciones, le regalarán sus
escapularios, reivindicándola.
Con un discurso conmovedor, Virginia se va despidiendo del hermano, único
protector y confidente, en Entonces abuelo aparecía.
Fuimos dos, Francisco. Tú fuiste mi hermano mayor y mi padre. En cambio, de
hoy en adelante, me quedaré sola en esta quebrada de la cual decías: Odio a este
lugar, porque acá nos hicieron sirvientes. También esta mañana será la última vez
que conversemos los dos. Dentro de un rato ya harán llegar tu cajón y te
llevaremos al cementerio.
Por otro lado, en los años 30, César Vallejo había retratado los privilegios
sociales en la escuela con Paco Yunque. Hildebrando pincelará un caso femenino
con La leva:
Ahorita estoy imaginándome a la maestra escribiendo en la pizarra y
pronunciando:
‘Ele a, la… Eme e, me… Ese a, sa… La…me…sa... ¡La mesa!’.
Y nosotros repitiendo como loros, sentados en adobes partidos de la mitad y
escribiendo sobre nuestras rodillas; y a Gloria, tan diferente como maíz almidón
entre otros negros, sentada en su carpeta, con sus zapatos y su cabellera bien
peinada. Y nosotros, siempre pobres, con nuestras ojotas de cuero de vaca y
nuestros cabellos cortados a tijera.
“Glorita”, decía la maestra. Nosotros, “niña Gloria”.
Ella nunca iba por leña cuando se hacía tarde ni traía regalos al faltar días
íntegros a la escuela: era hija de un principal del pueblo como decía la señorita.
Una escuela donde la vestimenta, el color de la piel, la apariencia, los útiles de
estudio y el trato marcan la distinción social; una pedagogía que no ha dejado de
ser la tradicional memorística. El narrador —«ilegítimo» también— continúa sus
reflexiones, acerca de la imposibilidad de su pretensión amorosa y de cómo el
alma de su prometida se va formando —o deformando—:
Ahí comprendí, sin embargo, que era hijo de una mujer cualquiera y de un padre
que nunca conocí. Viéndolo bien, estaba mirando muy alto.
Pero de haberme sido fiel, hubiera podido hasta robarla. Irnos muy lejos. Hacerla
mi esposa. Vivir felices en cualquier parte de la tierra. Las cosas fueron de otro
modo: ella empezó a vivir de la fortuna de sus padres.
En el desenlace del cuento, como en el espíritu de los otros, Hildebrando no deja
de enaltecer a los protagonistas del pueblo, como héroes anónimos que se elevan
siempre con una victoria moral, de principios, y resultan al fin superiores ante
pruebas u ordalías que nos presenta la vida. Tampoco deja de criticar al sistema y
a los personajes del lado conservador y opresivo. El sistema educativo que se
reproduce y hasta hereda con la niña Gloria devenida en profesora, no escapan a
lo dicho:
Ahora dicen que es maestra del mismo pueblo. Y yo digo: será señorita como
nuestra maestra y como otra que hubo en el pueblo, hija de un principal del
mismo lugar, que enseñó en la escuela hasta que la muerte la encontró a los
noventa años y cuando ya disponía de reemplazante en su propia sobrina.
También Gloria dará vacaciones dos o tres semanas para ir a festejar su
cumpleaños al lado de sus familiares y demás amigos. Así es la costumbre de las
maestras hijas de un principal. También tendrá, tal vez, varios hijos y quién sabe
hasta no sabrá quién es el padre, como la antigua maestra que cuando tuvo uno
opacó los rumores de la gente que sabía del secreto con eso de que el muchachito
era hijo de un abogado que murió la misma noche de su matrimonio. Aunque
jamás se había matrimoniado.
En las pequeñas victorias personales puede hallarse el testimonio de las masivas
batallas, de las tragedias colectivas como la de los desaparecidos, presente
en Mientras dormía se contaban, específicamente se trata de las víctimas de la
masacre del 22 de junio del 69[31]. La madre procura ocultar la verdad al hijo
para hacerle menos dolorosa la existencia. «Mi madre se pasaba diciéndome en
las mañanas en las tardes de todos los días que estabas de viaje que ibas a volver
pronto y cuanto más me hacía el dormido conversaba en las noches con la abuela
“es malo decir a los muchachos porque lloran al corazón” ». El padre —un
luchador social— había de pervivir en el proceder de su hijo, según las mujeres
más próximas a él.
“¡Ya nunca regresarás Florentino!” y la abuela consolándola “Pero sí crecerá su
hijo Josefa y cumplirá con la tierra para tenernos en casa a las dos… los hijos
responden por sus padres en tiempos como este… el padre fue muerto pero
Ignacio lleva la sangre de Florentino Ramos… él responderá Josefa”.
Así, las mujeres palpitan en los cuentos con su calor y drama propios, sin mostrar
todavía el protagonismo social de fines de los setenta y llevado a una cúspide en
los ochenta; no combaten de modo manifiesto, pero tampoco se resignan a la
opresión: resisten; y en ese resistir hallan alguna solidaridad o amparo de sus
semejantes; cierta vía de redención que ilumina su mañana, señalando su propio
horizonte o el de su progenie.
Estos son los personajes de Pérez Huarancca: hijos furtivos que parecen más
gente que los hijos legítimos de los principales, seres templados en el dolor y la
miseria, los que siempre están buscando el camino grande por donde puede
alejarse o regresar un ser amado o por donde los jóvenes pueden volver trayendo
nuevas esperanzas.
Edith Lagos Sáez: el desafío de las mujeres andinas
La participación de las mujeres en la vida política del Perú se había manifestado
de modo creciente desde mediados del siglo pasado logrando un nivel de
reconocimiento en los 70 y una participación jamás vista en los 80. El historiador
Nelson Manrique destaca: «SL dio un rol activo a las mujeres dentro del partido
que fue bastante más allá de lo que hicieron las demás organizaciones partidarias.
Por primera vez ellas eran respetadas, más aún si estaban armadas, lo que era
intolerable para los representantes del poder tradicional» (2007).
Edith Lagos, nacida en
1962[32], representa el
desafío de las mujeres andinas
ante una sociedad
profundamente clasista,
racista y sexista. A su
juventud, género y
procedencia andina —aunque
de un hogar de clase media—,
se suma su condición de
guerrillera comunista oriunda
de la región de Ayacucho,
donde se inició la guerra.
La aureola legendaria de
Lagos va creciendo en cada
acto de insumisión. En su
detención, se muestra
indomable a pesar de su corta
edad y la golpiza policial
recibida. Posteriormente,
cuando es recluida en prisión, no acepta el escarmiento y, junto a sus camaradas
—entre ellos el escritor Hildebrando Pérez Huarancca— y presos comunes, fuga,
liberada por una audaz incursión guerrillera que toma la ciudad de Ayacucho
(Huamanga). Meses después, al toparse con una patrulla en Umaca
(Andahuaylas), cae en desigual tiroteo cuando apenas frisaba los 19 años.
La raigambre popular que se va a demostrar en su multitudinario funeral tiene no
solo su origen en los nobles sentimientos de la «heroína», sino también en el
PCP-SL, en tanto aún no desatinaba en determinadas políticas que lo irían
confrontando con sectores de la población, y en cuanto aún no se militarizaba la
región. En la izquierda marxista todavía primaba una identificación con el ideario
del guerrillero romántico.
Múltiples testimonios de quienes la conocieron refrendan su desprendimiento
material, su solidaridad activa con los desposeídos, su condición de líder y su
amor por la poesía; signos manifiestos desde su adolescencia. Los versos que
disponemos confirman su sensibilidad ante la inequidad en el mundo.
Veamos Doloroso grito de la vida[33]:
Mis oídos han escuchado tantas cosas.
Tantas cosas han visto mis ojos.
Mis ojos han lagrimeado de tanto dolor
y es que el dolor,
en el labio se convirtió en grito.
Según Norma Lagos, una de sus hermanas, Edith desde adolescente expresaba su
pesar por la extrema pobreza de la gente en Ayacucho y las injusticias que veía a
su alrededor y, luego de hacer la primera comunión, refirió a su familia su
determinación de ser monja. No obstante, en el último verso, vemos a una Edith
que transforma el dolor y el llanto en un grito de rebelión.
Partícipe de luchas estudiantiles en su ciudad natal, en 1979 sigue la carrera de
Derecho en Lima, pero cursa solo el primer semestre en la Universidad San
Martín y abandona sus estudios. Ningún ayacuchano o ayacuchana podía ignorar
la rebelión iniciada en su tierra.
Muchos labios hablarán
del mundo, del dolor,
del oído, de los ojos,
de tantas cosas…!
Nos advierte sobre la multitud de discursos al respecto, como en efecto sucedió
en la izquierda popular, en auge a fines de los 70.
Si la vida, es la rítmica palpitación
de los corazones.
¿Por qué la mía palpita tan aprisa?
Es que el dolor golpea al corazón
tan hondamente que es necesario
correr los latidos antes del dolor.
Vida, grito, dolor, corazón,
tantas cosas…!
El giro, la diferenciación, surge cuando indaga acerca de la peculiaridad de ella
misma, del porqué de su vida acelerada. Es preciso que los latidos vayan más
aprisa que aquellos provocados por el propio dolor. Muchos jóvenes se plegaron
a la lucha armada, más por sentimiento, pues no tenían un conocimiento
profundo de la política, la economía y la sociedad. Según Edith, no deben
quedarse en sentir, sino también, y en primera instancia, vivir; asimismo, gritar y
tantas cosas más que forjan el sentimiento y la razón. Expresa el espíritu
revolucionario de la época, el amor por la vida, el ¿qué hacer? Son versos de
convocatoria[34].
En El remolino rompió la calma, quizás el poema más conocido, la joven nos
sitúa en plena conflagración y, respecto al futuro, indaga a la naturaleza, a las
hierbas silvestres que crecen en la altura. El carácter silvestre alude a lo surgido
de modo natural, a lo agreste y quizás rústico, pero en esencia puro[35].
¿Cuánto falta para que el río
aumente su caudal?
Para que tormentosamente arrase
este cruel presente.
El río representa el movimiento puesto en marcha que necesita engrosar sus filas
para lograr sus objetivos. La poeta continúa sus indagaciones, esta vez las hace a
los remolinos, y parece conocer la respuesta.
¿Por qué te diriges al sur?
¿Qué quieres arrasar?;
la inequidad del pasado
posada allí.
Los departamentos de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica, que constituyen la
región centro-sur, están entre los más pobres del país y conforman la región
elegida para el inicio de la guerrilla, donde a su vez se registró el mayor número
de víctimas y desaparecidos.
No querían que subas la montaña
que veas las pampas, el camino, el río
y el remolino.
Pero la inercia quedó atrás
encendidos están tus sentimientos.
Confiesa simbólicamente lo que la sociedad había pretendido ocultarle, pero ella
no solo ha podido ver, sino, además, superar la inercia. La poeta es a la vez
pueblo. Y luego sigue la estrofa premonitoria, la fundamental en su
musicalización[36], la que permanece grabada en la lápida de su sepultura.
Hierba silvestre, aroma puro
te ruego acompañarme en mi camino
serás mi bálsamo en mi tragedia
serás mi aliento en mi gloria.
Serás mi amiga
cuando crezcas
sobre mi tumba.
Los años iniciales 1980-82 fueron de despliegue subversivo, de una intensa
actividad de propaganda y organización de comités de apoyo o reparto. Pero ya
las fuerzas policiales antisubversivas han entrado a reprimir: Sinchis[37] de la
Guardia Civil y Llapan Atic de la Guardia Republicana. La joven sabe de los
peligros, desea y otorga misiones a la naturaleza.
Allí: que la montaña me cobije
que el río me conteste
la pampa arda,
el remolino vuelva, el camino descanse
¿Y la piedra?...
La piedra lápida eterna será en ella
grabado,
¡todo quedará!
Y nos deja cincelada una corta pero intensa vida, tal como el poeta Juan Cristóbal
ha versado[38]:
Eras bella como tu muerte en los guijarros de los ríos
Como las mariposas alegres volando entre los cercos
Como los girasoles moribundos en el calor de los caminos
A la ahora que los jazmines y ciruelos del verano
crecían como un bosque
en los vientos humildes de tus sueños
Donde el sol estallaba como una herida
Jovaldo: un trabajador de la cultura popular
Es así como el propio José Valdivia Domínguez (Jovaldo) se define en una carta.
Nacido en el Callao en 1951, difundió sus versos por plazas, calles, mercados,
buses, etc. desde mediados de los 70[39]. Su escritura es mordaz y directa;
fustiga la mirada oficial de los asuntos universales como el amor, el patriotismo,
las fiestas navideñas, las elecciones, etc. proponiendo una distinta. Canto al
futuro bordea el medio centenar de composiciones, por eso requiere un análisis
mayor y me centraré en aquellas alusivas a la mujer.
Cada poema tiene una
estructura bien definida en el
abordaje del tema. Los
párrafos inciden en cuatro
aspectos fundamentales
aunque pueden estar
imbricados o no seguir
estrictamente tal orden. Lo
podemos confirmar
analizando el referido al Día
de la Madre (1976):
1) La crítica del problema o
posición imperante.
De la madre no es el día
como ahora lo señalan,
quienes joyas le regalan
y hasta llevan una flor;
2) La nueva visión clasista.
Es el día de la madre
cada día de sudores;
amarguras, sinsabores,
hambres, gritos y dolor.
3) La crítica recae en la sociedad en su conjunto, diferenciando al pueblo de los
opresores.
Los deseos de alegría
nunca valen si no hay hombres
levantándose entre escombros
de esta injusta sociedad…
nuestra madre llora y sufre
por sus hijos padeciendo,
nuestra madre está sufriendo
aunque se eche a carcajear.
4) La propuesta: un llamado a transformar la situación.
Las palabras solamente
por la nada se pronuncian
si en la acción jamás anuncian
nuestra pronta libertad.
Si feliz a nuestra madre
para siempre la queremos,
desde ahora al fin luchemos
por un justo porvenir;
En Canto de amor (1976),confiesa un modo de unión de pareja, en la casualidad
de la lucha y en paridad de condiciones.
A ti jamás te busqué
a mí jamás me buscaste;
en el camino me hallaste,
en el camino te hallé.
Ahora juntos andando
por riesgosas avenidas,
se han hallado nuestras vidas
contra el fascismo luchando.
Repárese en la caracterización del gobierno militar, en su segunda fase o de
desmontaje de reformas, de políticas de ajuste que impulsaron la movilización
social.
A la mujer de mi clase (1976), musicalizado por el grupo Estudiantina
Cordillerana en los 80[40], es un canto de rebelión que cuestiona la resignación
religiosa y el racismo.
Nunca digas resignada
lo que nos hacen creer,
que nacimos para tener
una vida desdichada…
Si con desprecio te miran
por humilde y provinciana,
si te gritan ¡so serrana!
y hasta las puertas te tiran,
si a la fuerza te retiran
cuando reclamas clemencia,
no extrañe la inconciencia
de esa clase explotadora.
Con más odio ten ahora
TUS PUÑOS Y TU CONCIENCIA.
En No te avergüences hermana, además de vaticinar un cambio en la situación de
la mujer, establece su concepto de belleza.
No es hermosa la mujer
porque luzca plata y oro,
es hermosa porque de oro
son sus ansias de vencer.
En Dicen los patrones,denuncia la opresión de las domésticas.
Entrarán como empleadas
oyendo un “pase, mi hijita”
más luego la patroncita
sacando mísero trato,
les gritará por buen rato:
¡MUCHACHA SE NECESITA!
En el poema Warmi[41] (1980), parece aludir —y desear— un contenido andino
en la guerrilla recién iniciada.
Ya se escuchan los charangos
las zampoñas ya resuenan;
y las wajras y pututos
como relámpagos truenan.
La fuga de la cárcel de Ayacucho, el 2 de marzo de 1982, no solo representó la
mayor acción militar del PCP-SL en el ciclo 80-82[42], sino que de su enconado
balance surgieron acuerdos que marcarían el curso posterior de la guerra, entre
ellos el énfasis en la necesidad de la cuota[43] que tendría su mayor expresión,
precisamente, en el sacrificio de 300 prisioneros, entre ellos Jovaldo. Detenido a
inicios de 1983, continúa su labor creativa y agitadora. Escribe una carta a su
hermana Chavela, robusta, pero cándida por un tipo de retardo que padece:
Yo sé que no sabes leer. Y sé también que como tú hay muchas Chavelas que
tampoco saben leer. La culpa no la tiene mamá ni papá que ya está muerto. Los
culpables son otros…
Yo daré la vida por ti y por todas las Chavelas, hermana…
Y brotarán muchos árboles buenos y sanos.
Tampoco habrán justos en las cárceles.
Tampoco habrán víctimas en las cárceles.
De un prisionero a su amada, es laañoranza por la compañera que no vuelve.
Sugiere no encontrar las razones y, con cierto despecho, contrapone el aspecto de
la moral. Es agosto de 1985, dos meses antes del asesinato de 40 presos en el
penal de Lurigancho en los inicios del primer gobierno aprista para el cual las
prisiones se habían convertido en objetivo antisubversivo[44]. Son circunstancias
de consternación: lo más preciado para el prisionero es la visita, sobre todo si se
trata de la amada.
Con la moral muy en alto
aunque no vuelvas tú aquí,
continuaré indoblegable
pues te lo juro que sí.
Yemsyta es la conmoción ante el impedimento de ser padre. La hija soñada ya
tenía nombre en el interior de Jovaldo. En lo formal expresa la adopción del
verso libre[45], el vate continuaba su evolución, amando la vida, a casi tres
meses de su muerte.
Que nadie como tú se llame hija
mía, que tan solo yo así te llame con
los latidos de mi corazón.
¡Oh mi Yemsy! ¡Oh mi Yemsyta!
¡Oh mi Yemsijó! A ti te mataron aún
antes de nacer.
Según afirmación de la madre (22-05-2016), la compañera de Jovaldo había
dejado de visitarlo, pero al volver estaba embarazada de otro hombre, a quien
había conocido en la misma prisión y quien había salido en libertad. Este
presionaba para que la madre abortara y Jovaldo se opuso rotundamente. Luego,
la madre pretendió nombrar a la niña como Jovaldo había soñado y él objetó,
sugiriendo otro nombre, explícito en el título del poema Oh H. Delare.
Miro a tu madre
con mi recuerdo,
pues a esta cárcel
nunca volvió;
y si lo hizo mejor no hablo,
guardo silencio callo mi voz.
Pero la grandeza de espíritu le hace imaginar y sentir por la criatura.
Grandes tus ojos
grandes tus labios,
grandes tus puños
mi querubín;
miro a tu madre,
y al verla toda,
la encuentro a ella
grabada en ti.
Así declamaba el poeta, el hermano protector, el compañero ansioso, el padre
impedido, el hombre sobre todo, en combate hasta el momento final.
Conclusiones
Las composiciones examinadas reflejan un boceto de la sociedad peruana, en
clave femenina, en el momento cumbre de cada autor: el artista y la época se
funden por completo en el sentido que Mariátegui observara, precisamente por
haber sido cada cual atento asistente y partícipe de los sucesos de su tiempo,
tomando partido por los desposeídos, los postergados, los ilegítimos; por las
mujeres en similar condición, mientras que a la vez critican y combaten al
sistema y al individuo —hombre o mujer— que propende o perpetúa la situación
opresiva, considerando que «Las mujeres, como los hombres, son reaccionarias,
centristas o revolucionarias y en el actual panorama humano, la clase diferencia
a los individuos más que el sexo»[46].
Pérez Huarancca —como Theidon lo corrobora—, nos ofrece un diagnóstico de
los años previos al inicio de la lucha armada (1980), con una nota discordante
respecto a la mirada oficial del PCP-SL, que, tomada en su real dimensión,
implica cuestiones medulares de estrategia política. Edith Lagos representa el
período inicial de convocatoria y esperanza (1980-82), del llamado a la rebelión
de los pueblos que desde la conquista fueron masacrados y disminuidos. Su corta
vida y sus versos armonizan con los últimos efluvios del ideario del guerrillero
romántico. Su muerte antecede al inicio de la etapa más cruenta del conflicto
(1983-84) marcada por la entrada de las fuerzas armadas y su consiguiente y
cruel represión. Jovaldo es un trovador del pueblo que zahiere la mirada
convencional de los asuntos ecuménicos a la orden del día, proponiendo una
versión distinta y alentadora. Se adhiere al movimiento y acompaña el sacrificio
de trescientos prisioneros en 1986.
Los tres personajes, a su manera y en diverso grado, además de denotar en sus
textos al creador fundido con los avatares de su época, consiguen unir el
contenido y la forma —construyendo un estilo propio—, así como la labor
artística con la política —entendida como lucha por las ideas y el poder—,
perfilando el tipo de artista revolucionario celebrado por Mao Tsetung, sin que
hasta ahora la dirección del PCP-SL les otorgue el reconocimiento que les
corresponde. No obstante —y en especial los líricos—, van a ser reivindicados y
enarbolados por las bases de manera no oficial para la creación de un imaginario
social partidario o por personas que reconocen en ellos algún motivo de
valoración o estudio. Resulta válido comentar que conforme el conflicto
prosigue y se agudiza hasta la detención de Guzmán en 1992, el arte producido
va siendo más controlado según los parámetros del partido.
Una verdad histórica acontece para ser asimilada y dicha. Esta reseña atestigua el
ser que hubo tras cada subversivo: un ser con potencialidades y carencias.
Decirlo en una sociedad como la peruana, influenciada por una clase
conservadora que se vale del encono y el miedo para imponer su pensamiento y
sus designios, puede resultar una herejía. La dirigencia subversiva, por su parte,
elude tal verdad suponiendo que en sí misma no expresó graves falencias de
consecuencias determinantes. Prefiere la victimización, la exención, el silencio.
En un país con altos grados de violencia contra la mujer[47], el aprecio de ella en
la obra de los tres autores patentiza un valor a plenitud vigente. He de subrayar,
en último término, que si bien las mujeres no tienen un rol protagónico en los
textos de Pérez Huarancca —quizás porque su obra data de 1975 y él no verificó
esa realidad en su entorno a diferencia de la más citadina vivencia de los otros—,
en ellos el amor de madre y la resistencia refulgen, aun en el limbo del
desamparo. Qué decir de Edith Lagos cuando ella misma es símbolo de mujer
insurrecta. Y al fin, el sitial de todas ellas —la mitad del mundo que sostiene el
cielo— se confirma en los enaltecidos versos de Jovaldo.
***
Notas
[1] Esta versión al inglés fue leída y revisada por el Dr. Sandeep Bakshi, Groupe
de Recherche Identités et Cultures (GRIC), Université Le Havre Normandie.
[2] Las iniciales aproximaciones del presente trabajo las formulamos en el primer
coloquio internacional sobre el conflicto armado interno: Clase, género y
construcción de la paz en el Perú, que tuvo lugar en Ayacucho el 2014:
http://blogs.mediapart.fr/edition/decouvrir-mediapart/article/130814/cronica-del-
primer-coloquio-peruano-sobre-el-conflicto-armado-interno
Preparado para la revista EOLLE, de la universidad de Le Havre, n°7 Género y
conflicto armado en el Perú.
[3] Colectivo de prisioneros conformado por iniciativa propia en el penal de
Canto Grande a mediados de los noventa –afrontando un sistema punitivo de
aislamiento absoluto, vejaciones y restricciones–, con el objetivo de promover
arte y literatura en el presidio y plasmar una versión de los insurgentes en las
letras peruanas: http://fenixperu-trilceur.blogspot.com
[4] Asistieron al evento los escritores Gonzalo Portals, Miguel Idelfonso,
Rodolfo Ybarra, Óscar Colchado y Arturo Delgado. Véase lo tratado
en:http://fenixperu-trilceur.blogspot.com/p/blog-page_19.html
[5] La estrategia militar del PCP-SL.
[6] Según actas del Primer Encuentro de Narradores Peruanos organizado en
1965 por la Casa de la Cultura de Arequipa en esta ciudad, calificado
por Arguedas como un «milagro dentro de nuestra cultura, pues, en toda la
historia de la creación literaria en el Perú, es la primera vez que nos reunimos
autores y críticos modernos». Reproducido en un libro del mismo nombre
(Alegría, 1986).
[7] Véase declaraciones de Guzmán en artículo «Nuestra Edith Lagos» de la
revista digital Viejo Topo:
http://www.viejotopo.com/index.php?
option=com_content&view=article&id=173:art-
verdadedith&catid=58&Itemid=503
[8] Santiago de Lucanamarca es un distrito de la provincia de Huancasancos en
Ayacucho. Con su prédica inicial el PCP-SL logró conformar allí un comité
popular encabezado por Olegario Curitomay. Según el PCP-SL: «un grupo de
viejas autoridades derribadas, licenciados, gamonalillos y secuaces, en un
proceso de constante relación y coordinación con las Fuerzas Armadas fueron
agrupados y organizados clandestinamente en mesnadas». Estos habrían
quemado vivo a Curitomay bajo la amenaza de que si la población no entregaba
senderistas o se mostraba activamente contraria a la guerrilla, sería arrasada por
el Ejército. La Dirección Central del PCP-SL acordó «responder medida por
medida» y el 3 de abril de 1983 fueron asesinados 69 pobladores, con equivalente
crueldad. Para Abimael Guzmán (Gonzalo) el aspecto positivo y principal de la
acción fue constituir un golpe contundente, en tanto el negativo fue
el exceso, el extremismo militarista. Según artículos de la revista digital Viejo
Topo, para Augusta La Torre (Norah), segunda dirigente en jerarquía, esto
constituyó un baldón contra la guerra popular (2015).
[9] Nos referimos a un tipo de escritor identificado con luchas y anhelos de los
pueblos, incluso en épocas de mayor represión y autoritarismo como durante el
gobierno de Fujimori.
[10] El segundo colectivo de prisioneros que desenvuelve un trabajo literario. En
el 2007, publicó Camino de Ayrabamba y otros relatos. Ha suscrito guiarse por la
línea oficial del PCP-SL, lo cual se manifiesta en sus creaciones.Véase
http://www.viejotopo.com/index.php?
option=com_content&view=article&id=284:art-
cuentrhin&catid=64&Itemid=508
[11] El grupo Narración surgido en 1965 congregó, con diverso grado de
compromiso, a importantes escritores peruanos de varias generaciones: Oswaldo
Reynoso, Antonio Gálvez Ronceros, Miguel Gutiérrez, Vilma Aguilar, Gregorio
Martínez, Roberto Reyes, Juan Morillo, Hildebrando Pérez, Ana María Mur, Luis
Urteaga Cabrera, Augusto Higa entre otros. En el primer número de su revista
llamada también Narración declaran los principios que guiarán su propuesta
literaria, propuesta democrática, con un profundo sentir por los de abajo, posición
que refrendarán en sus trabajos, pronunciamientos, opiniones y en su existencia
vital. Promovieron una literatura de calidad estética y contenido social
inseparable, enriqueciendo el debate cultural y político de su época. En los
siguientes números (1971 y 1974) reiteran aportes a la crónica y fundan en 1979
el sello Ediciones Narración.
[12] Según R. González Vigil (1997): «El importante grupo Narración encontró
en Hildebrando Pérez Huarancca el autor que supo llevar sus ideales de una
narrativa de aliento revolucionario, anclada en la mentalidad popular y la
reelaboración del lenguaje oral, a los predios de la corriente neoindigenista. Lo
hizo con un notable volumen de cuentos, titulado Los ilegítimos (ganó con él el
primer premio del concurso José María Arguedas convocado en 1975 por la
Asociación Universitaria Nisei del Perú)». El libro se puede descargar en:
http://www.mediafire.com/view/dnrby4xv9tat1a6/Los_Ileg%C3%ADtimos.pdf
[13] Este cuento integra la colección «Como cuando estábamos vivos» (1989).
Nieto enseñó en la Universidad de Huamanga entre 1981-82, siendo testigo de
los inicios de la insurgencia.
[14] Véase Los ilegítimos, de Pérez Huarancca y la legitimidad del
neoindigenismo, de S. M. Nagy, o la entrevista a Mark Cox
http://www.diariolaprimeraperu.com/online/cultura/verdades-y-mentiras-sobre-
hildebrando-perez-huarancca_118149.html
[15] El propio Escajadillo prefiere que un colega suyo –Antonio Cornejo Polar–
sintetice sus planteamientos: «El neoindigenismo se definiría por la convergencia
de los siguientes caracteres: a) El empleo de la perspectiva del realismo mágico,
que permite revelar las dimensiones míticas del universo indígena sin aislarlas de
la realidad, con lo que obtiene imágenes más profundas y certeras de ese
universo. b) La intensificación del lirismo como categoría integrada al relato. c)
La ampliación, complejización y perfeccionamiento del arsenal técnico de la
narrativa mediante un proceso de experimentación que supera los logros
alcanzados en este aspecto por el indigenismo ortodoxo. d) El crecimiento del
espacio de la representación narrativa en consonancia con las transformaciones
reales de la problemática indígena, cada vez menos independiente de lo que
sucede a la sociedad nacional como conjunto» (1989).
[16] http://puenteareo1.blogspot.com/2007/09/incendiar-la-pradera.html
[17] Véase la obra de Gilman Entre la pluma y el fusil (2003), en particular los
capítulos 1,2 y 8.
[18] «Cada uno acusaba a los otros de no ser suficientemente revolucionarios, y
cada uno se autocalificaba como la vanguardia de la revolución socialista (…)
Los años sesenta y setenta fueron de radicalización, y se instaló en parte del
sentido común popular la idea de la revolución, de los cambios drásticos y sin
concesiones» (Gonzales, 2011): en la introducción de la recopilación de artículos
realizada por Alberto Adrianzén (2011).
[19] Cabe anotar que después de la muerte de Mariátegui se cambió el nombre a
Partido Comunista.
[20] Lo cual más tarde daría origen al apelativo Sendero Luminoso.
[21] Aníbal Quijano, estudioso de Mariátegui, sintetiza «Este enfoque del
carácter de la economía peruana, como compleja y contradictoria articulación
entre capital y precapital, bajo la hegemonía del primero, del mismo modo como
todavía se articulan “feudalismo” y “comunismo indígena”, en la sierra, ambos
bajo el capital, produciendo efectos no solamente sobre la lógica del
desenvolvimiento económico, sino también sobre la mentalidad de las clases, es
el hallazgo básico de la investigación mariateguiana, y de donde se derivarán sus
desarrollos sobre el carácter y perspectiva de la revolución peruana (…) El
Estado que se reconstruye en el proceso de implantación y de consolidación del
dominio del capital monopolista imperialista, estará caracterizado, así, por dos
rasgos definitorios: su indefinición nacional, debido al carácter semicolonial que
asume la burguesía interna que lo dirige; y su indefinición de clase, por
constituirse como articulación de intereses entre burguesía y terratenientes, y de
lo cual derivará su carácter oligárquico. (…) la feudalidad existente en la sierra es
tal feudalismo solo si se le considera separadamente de su lugar en el conjunto de
la estructura económica del país. Tomado dentro de este conjunto, es decir,
articulado al capital y bajo su dominio, es “semifeudal”» (1979).
[22] Kimberly Theidon confirma en sus investigaciones lo que Pérez Huarancca
expresa en su obra. Ella parte por diferenciar la zona centro-sur de Ayacucho que
comprende Cangallo y Víctor Fajardo (Comité Zonal fundamental del PCP-SL)
de la zona norte que abarca las alturas de Huanta. La comunidad de Espite, cuna
de Hildebrando, pertenece al distrito de Vilcanchos y este, a la provincia de
Víctor Fajardo. Theidon refiere que «había más interacción con el Estado en el
centro-sur, y también más desilusión. Dicen en las alturas de Huanta que sus
comunidades eran “zonas olvidadas”. Pero las interacciones centro-sureñas con el
aparato estatal no se tradujeron en una relación más estrecha, sino en una relación
antagónica». Agrega: «existe una historia de engaños entre estas comunidades y
el aparato legal nacional» (2004, 35-36).
[23] Respecto a la relación militante-población, Theidon afirma: «Subrayamos la
constatación de que, en contraste con la zona norte, donde se produjeron puntos
de quiebre claramente distinguibles en el proceso de la violencia, en estas
comunidades centro-sureñas no hubo un momento de quiebre definido por parte
de la población ante la presencia de SL (…) De hecho, como nuestro trabajo de
campo lo ilustra, estos pueblos seguían siendo bases de apoyo de Sendero hasta
inicios de la década de 1990. En contraste con el norte, los cabecillas eran en su
mayoría lugareños, y en múltiples casos siguen viviendo en sus comunidades de
origen» (2004, 35).
[24] «La experiencia migratoria de la población de esa zona es mucho más
temprana que en la zona norte. Empezó en las primeras décadas del siglo XX,
intensificándose durante la década de 1960. Además de una temprana trayectoria
migratoria, el patrón del centro-sur incluyó la migración hacia las ciudades
costeñas de Ica y Lima, en contraste con la zona norte, donde la migración tendió
a ser hacia la selva o hacia las ciudades provinciales de Huamanga y Huanta»
(Theidon, 2004, 34).
[25] Instituto Nacional de Estadística e Informática. Boletín de Análisis
Demográfico n.° 35 (2001).
[26] Es decir las posiciones de Abimael Guzmán.
[27] Sociedades Agrícolas de Interés Social y Cooperativas Agrarias de
Producción Social.
[28] José Carlos Mariátegui había observado: «En las relaciones de la
producción y el trabajo, el salariado señala el tránsito al capitalismo. No hay
régimen capitalista propiamente dicho allí donde no hay, en el trabajo, régimen
de salario. La concentración capitalista crea también, con la absorción de la
pequeña propiedad por las grandes empresas, su latifundismo. Pero en el
latifundio capitalista, explotado conforme a un principio de productividad y no de
rentabilidad, rige el salariado, hecho que lo diferencia fundamentalmente del
latifundio feudal» (1975).
[29] En 1975, el PCP-SL publica Retomemos a Mariátegui y reconstituyamos su
Partido, pero ya en 1968, en Para entender a Mariátegui, Guzmán incidía en la
necesidad de desarrollarlo.
[30] En la declaración de principios del Movimiento Femenino Popular,
organismo generado por el PCP-SL: «Las mujeres de hoy sufren opresión y
explotación y éstas tienen una causa: la situación semicolonial y semifeudal de
nuestro país; situación que al pesar como montañas sobre nuestro pueblo
redoblan su peso sobre las masas femeninas del Perú» (MFP, 1975).
[31] Grandes movilizaciones de maestros, estudiantes y padres de familia en las
ciudades de Ayacucho y Huanta contra el Decreto Supremo n.° 006 que
eliminaba la gratuidad de la enseñanza en los colegios y establecía pagos
mensuales de cien soles a los estudiantes secundarios que desaprobaran algún
curso en el año lectivo. La represión provocó alrededor de un centenar de
víctimas y la jornada quedó estampada en la memoria del pueblo ayacuchano,
como exalta la canción Flor de retama, del maestro Ricardo Dolorier, o recrea el
mismo Hildebrando en el cuento final de su libro: Día de mucho trajín.
[32] Detalle de Edith podemos encontrar en el artículo de Ricardo Caro: «Ser
mujer, joven y senderista» (2006).
[33] Presentado, estando ella en prisión, con el seudónimo Carmesí, obtuvo el
primer lugar en un concurso de composición y poesía organizado por la filial
ayacuchana del Instituto Nacional de Cultura en 1981.
[34] «Durante todo el siglo XX en la sociedad peruana existieron poblaciones
históricamente discriminadas, así como grandes desigualdades por cuestiones
sociales, de género o etnia. La discriminación y la desigualdad son el germen de
la violencia en el final del siglo» (Romero, 2011).
[35] Mao en su proceso de transformación ideológica descubrió que «después de
todo, los más limpios eran los obreros y campesinos, quienes, aun con sus manos
negras y sus pies sucios de boñiga, eran más limpios que los intelectuales
burgueses y pequeñoburgueses» (1942).
[36] La canción Yerba silvestre fue compuesta por Martina Portocarrero y
Ranulfo Fuentes.
[37] «… a los pocos meses de haber sido parcialmente puesta en acción en el
teatro de operaciones de Ayacucho aparecía ya lastrada por acusaciones de
prepotencia rutinaria y eventuales excesos brutales» (Gorriti, 2008: 246).
[38]Del poema «Edith Lagos» en Celebraciones de un cazador (1984). Según el
autor, el libro corresponde a los tiempos «cuando SL era una esperanza» y está
dedicado a Lagos: ahora que el fuego y la mañana avanzan y «las grandes
puertas del granero esperan abiertas» (este último verso fue tomado de
Whitman).
[39] Se sabe que el mismo Jovaldo editaba artesanalmente sus poemas. Carlos
Aguirre destaca una forma de hacer política en la cual la palabra impresa
desempeñó un papel crucial y los militantes así lo entendían (2007).
[40] Piensa compañera: http://fenixperu-
trilceur.blogspot.com/2011/06/estudiantina-cordillerana.html
[41] Mujer (en quechua).
[42] «Temiendo incursiones similares en otros puntos de la república, el gobierno
tomó la decisión de concentrar a los insurgentes capturados en el antiguo penal
de El Frontón. Ubicado en un islote frente al puerto del Callao, por décadas había
servido para poner fuera de acción tanto a los delincuentes como a los opositores
políticos» (Rénique, 2003:14).
[43] Gorriti dedica un capítulo a la cuota y la define como: «La disposición y aun
la expectativa de entregar la vida cuando el partido lo dispusiera. En los términos
en que se hizo, como un voto, una consagración, Sendero marchó más allá de lo
que habían hecho otros partidos comunistas, donde se intentó siempre mantener
la ficción que el autosacrificio era situacional» (2008:178).
[44] Según Rénique: «Desde los tiempos del “martirologio” del Partido Aprista
Peruano –en los años treinta y cuarenta–, ninguna organización política se había
propuesto en el Perú hacer un uso político similar del espacio carcelario. Es decir,
hacer política desde el encierro» (2003: 15).
[45] Víctor Zavala Cataño, en el prólogo de Canto al futuro, analiza el poema del
mismo nombre: «Todos los versos constan de ocho sílabas rítmicas y con un
sistema de rima consonante propio de la forma estrófica clásica, la cual fue muy
difundida por Nicomedes Santa Cruz (principalmente) entre los sesenta y los
setenta del siglo pasado, de donde –presumimos– la tomó Jovaldo
reiteradamente, para sus poemas de contundencia política» (2011).
[46] José Carlos Mariátegui (1924).
[47] Según cifras del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, solo
hasta octubre de este año se registraron 108 feminicidios y 222 tentativas, con lo
cual se superó largamente los 95 feminicidios y 198 tentativas ocurridos durante
todo el 2015.
http://www.mimp.gob.pe/files/programas_nacionales/pncvfs/estadistica/boletin_o
ctubre_2016/BV_Octubre_2016.pdf
***
Bibliografía
ADRIANZÉN Alberto (ed.). Apogeo y crisis de la izquierda peruana. Hablan
sus protagonistas. Lima: Idea Internacional, Universidad Antonio Ruiz de
Montoya, 2011.
AGÜERO, José Carlos. «La poética Cultura oficial (y de la otra) de Sendero
Luminoso a fines de los 80», Artificios. Lima, n.º 3, 2012, 6-24.
AGUIRRE, Carlos. «Cultura política de izquierda y cultura impresa en el Perú
contemporáneo (1968-1990): Alberto Flores Galindo y la formación de un
intelectual público», Histórica. Lima, vol. 31, n.º 1, 2007, 171-206.
ALEGRÍA, Arguedas, Hernández, Izquierdo, Meneses, Reynoso, Silva, Salazar
Bondy, Vargas Vicuña, Vargas Llosa, Zavaleta, PRIMER ENCUENTRO DE
NARRADORES PERUANOS. Latinoamericana Editores: Lima, 1986.
CARO CARDENAS, Ricardo. «Ser mujer, joven y senderista: género y pánico
moral en las percepciones de Sendero Luminoso», Allpanchis. Cuzco, n.º
67, 2006, 125-152.
COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN DEL PERÚ. Informe
Final. Lima: CVR, 2003.
COX, Mark. La verdad y la memoria: controversias en la imagen de
Hildebrando Pérez Huarancca. Lima: Pasacalle, 2012.
CRISTÓBAL, Juan. Celebraciones de un cazador. Lima: «Che» Guevara, 1984.
CRISTÓBAL, Juan, Jorge Luis Roncal y Rosina Valcárcel, eds. Di tu palabra: 9
poetas alzadas. Lima: Arteidea, 1998.
ESCAJADILLO, Tomás. «El indigenismo narrativo peruano», Philologia
hispalensis. Sevilla, n.º 4, 1989, 117-136.
FAVERÓN, Gustavo, http://puenteareo1.blogspot.pe/
GILMAN, Claudia. Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor
revolucionario en América Latina. Buenos Aires: Siglo XXI. 2003.
GONZÁLEZ VIGIL, Ricardo. El cuento peruano 1980-1989. Lima: Copé, 1997.
GORRITI, Gustavo. Sendero, Historia de la guerra milenaria en el Perú. Lima:
Planeta, 2008.
HEREDIA, Julio. «Edith Lagos: la otra historia», Gente. Lima, n.º 428, 1982, 8-
11.
HIBBETT, Alexandra. «Los ilegítimos de Hildebrando Pérez Huarancca: La
literatura frente a la necesidad del acto», en Contra el sueño de los justos: la
literatura peruana ante la violencia política. Lima: IEP, 2009.
JOVALDO. Canto al futuro. Lima: Nueva Crónica, 2011.
LUKÁCS, György. La novela histórica. México: Era, 1966.
MANRIQUE, Nelson. «Pensamiento, acción y base política del movimiento
Sendero Luminoso. La guerra y las primeras respuestas de los comuneros (1964-
1983)», en Anne Pérotin-Dumon (dir.), Historizar el pasado vivo en América
Latina, Santiago: Universidad Alberto Hurtado, Centro de Ética, 2007.
MARIÁTEGUI, José Carlos. Las reivindicaciones feministas. Lima, Mundial,
1924, dic.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Ideología y política. Lima: Amauta, 1975.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, El
proceso de la literatura, Biblioteca Ayacucho. Caracas, 1979.
MAO Tsetung. Sobre nueva democracia. XV. Cultura nacional, científica y de
masas, 1940.
https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/ND40s.html
—. Intervenciones en el Foro de Yenán sobre arte y literatura, 1942.
https://www.marxists.org/espanol/mao/escritos/YFLA42s.html
MOVIMIENTO FEMENINO POPULAR (MFP). El marxismo Mariátegui y el
movimiento femenino, 1975.
http://www.solrojo.org/pcp_doc/pcp_0475.htm
NAGY, Silvia. Los ilegítimos, de Pérez Huarancca y la legitimidad del
neoindigenismo, Thesaurus T. XLVII, n.º 3, 588-605, 1992.
NIETO DEGREGORI, Luis. Como cuando estábamos vivos. Lima: El zorro de
abajo, 1989.
PCP-SL. Para entender a Mariátegui, 1968.
http://www.solrojo.org/pcp_doc/pcp_68.htm
—. Retomemos a Mariátegui y reconstituyamos su Partido, 1975.
http://www.solrojo.org/pcp_doc/pcp_1075.htm
—. Desarrollemos la creciente protesta popular, 1979.
http://www.solrojo.org/pcp_doc/pcp_0979.htm
—. Breves notas aclaratorias acerca de los tergiversados hechos de
Lucanamarca en la Guerra Popular del Perú, 2006.
http://www.pagina-libre.org/MPP-A/Textos/Gonzalo/10_06_Lucanamarca.html
PÉREZ HUARANCCA, Hildebrando. Los ilegítimos. Lima: Narración, 1980.
QUIJANO, Aníbal. José Carlos Mariátegui: reencuentro y debate. Prólogo a 7
ensayos de interpretación de la realidad peruana, Caracas: Biblioteca Ayacucho,
1979.
RÉNIQUE, José Luis. La voluntad encarcelada: las 'luminosas trincheras de
combate' de Sendero Luminoso del Perú. Lima: IEP, 2003.
ROMERO, Marta y Fernández Concepción. «Mujeres en las “guerrillas”
peruanas de finales del siglo XX», Cuestiones de género: de la igualdad y la
diferencia, n.º 6, 2011, 181-203.
THEIDON, Kimberly. Entre prójimos, el conflicto armado interno y la política
de reconciliación en el Perú. Lima: IEP, 2004.
VARCÁRCEL, Rosina. Mujer, poeta y peruana. Lima: PUCP, 1985.
VEDDA, Miguel (ed.). György Lukács y la literatura alemana. Caracas: Monte
Ávila, 2006.
VIEJO TOPO (ed.). En defensa de Mariátegui y Norah. Lucha contra el
revisionismo.
http://viejotopo.com/index.php?option=com_content&view=article&id=289:art-
elcompendio&catid=58&Itemid=503
ZAVALA, Víctor. Prólogo a Canto al futuro. Lima: Nueva Crónica, 2011.
***
Oscar Gilbonio Navarro: Escritor peruano nacido en Lima en 1966. Detenido
durante la dictadura de Fujimori, en un contexto de crisis económica y violencia
política, cuando era estudiante de la Universidad Nacional de Ingeniería en 1990.
Promovió la actividad cultural y creativa en el presidio de Canto Grande, entre
cientos de prisioneros a causa del conflicto armado interno, allí recluidos. Es
miembro fundador de la Agrupación Cultural Ave Fénix en cuyas publicaciones
aparecerán algunos de sus cuentos y poesías.
Obtenida la libertad, frecuenta círculos literarios por donde viaja, prosigue su
labor autodidacta, se incorpora a La directiva del Gremio de Escritores del Perú e
incursiona en el ensayo y el periodismo. Posee un libro inédito de cuentos.