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David Roll - Los Partidos Tradicionales en Colombia. Entre El Debilitamiento y La Persistencia

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ROJO 1 s

AZUL Y
Los partidos tradicionales en Colombia:
entre el debilitamiento y la persistencia
RC)JO y
AZUL
Los partidos tradicionales en Colombia:
entre el debilitamiento y la persistencia

DAVID ROLL

UNIVERSIDAD
NACIONAL
DE COLOMBIA
Facultad (h~ lkrecho.
Ciencias Políticas y Sociales
ROJOyl..::
AZUL
Los partidos tradicionales en Colombia:
entre el debilitamiento y la persistencia

<O Universidad Nacional de Colombia


Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales

© DavidRoll

ISBN 958-701-232-1
Primera edición, 2002

Diseño de carátula /
María Consuelo Bahamón
Corrección de estilo /
María del Rosario García
Diagramación electrónica /
Ana Rita Rodríguez - Unibiblos
Preparación editorial e impresión /
Universidad Nacional de Colombia
Unibiblos
Correo electrónico /
[email protected]
Bogotá, Colombia, 2002
CONTENIDO

El autor y sus colaboradores. 7


Introducción .. 13

PRIMERA PARTE
La crisis de representación y de partidos
en el contexto mundial y latinoamericano

A. El debate contemporáneo
sobre la representación política 23
B. Los partidos a nivel mundial:
crisis o transformación . . . . . 26
c. Los peligros de la antipolítica
como alternativa a los partidos políticos 29
D. El eficientismo político, enemigo
de los partidos y del sistema democrático 33
E. Alcances de la ingeniería institucional
en la reforma de los partidos políticos . . 36
F. La financiación de los partidos y las campañas. 39

SEGUNDA PARTE
Crisis de los partidos políticos
colombianos e intentos de reforma

A. La crisis de los partidos políticos colombianos 55


B. El irreductible clientelismo político,
el lastre de los partidos políticos colombianos. 60
c. Intentos de reforma de los partidos políticos
colombianos en los últimos 10 años . . . . . 77
D. El debate sobre la financiación
de campañas en Colombia. . . . . . 93
TERCERA PARTE
El sistema político y el sistema
de partidos en Colombia

A. El sistema político . . . . . . . . . . . . . 109


B. El sistema de partidos en Colombia. . . . 112
C. La cuestión ideológica en el bipartidismo 123

CUARTA PARTE
Estado actual de los partidos
tradicionales colombianos

A. El Partido Liberal Colombiano (PLC) 141


1. Historia del Partido Liberal Colombiano. 141
2. Rendimiento electoral. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165
a.Elecciones presidenciales durante el siglo XX. . . . . 170
b. El Partido Liberal en la contienda electoral durante
el período de elecciones no pactadas . . . . . . . . . 172
c. El Partido Liberal en las elecciones legislativas. . . . 177
d. El Partido en la Asamblea Nacional Constituyente. 184
e. El Partido en las elecciones departamentales. 185
f. El Partido en las elecciones municipales . . . 187
g. El Partido en la capital . . . . . . . . . . . . . 188
3. Funcionamiento del Partido Liberal Colombiano 191
a. Estructura formal y funcionamiento interno. 191
b. Elección de dirigentes partidistas y candidatos
de elección popular . . . . . . . . . . . 197
c. Organizaciones de voluntarios del PLC 199
4. Ideología. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 207
5. Autoimagen . . . . . . . . . . . . . . . . . . 212
a. En el aspecto ideológico . . . . . . . . . 212
b. En la definición de las élites electorales. 216
c. En la organización y funcionamiento interno 219
B. El Partido Conservador Colombiano. . . . . . . . 225
1. Historia del Partido Conservador Colombiano . 227
2. Rendimiento electoral. . . . . . . . . . . . . . . . 246
a. Elecciones presidenciales durante el siglo XX . 247
b. El Partido Conservador en la contienda electoral
Durante el período de elecciones no pactadas. . . 250
c. El Partido en las elecciones legislativas . . . . . . . 254
d. El Partido en la Asamblea Nacional Constituyente 261
e. El Partido en las elecciones departamentales. . . . 261
f. El Partido en las elecciones municipales 263
g. El Partido en Bogotá . . . . . . . . . . . 265
3. Funcionamiento del pec. . . . . . . . . . . 267
a. Estructura formal y funcionamiento interno. 267
b. Elección de dirigentes partidistas y candidatos
de elección popular . . . . . . . . . . . . . 272
c. Organizaciones de Voluntarios del Partido. 273
4. Ideología. . . . . . . . . . . . 280
5. Autoimagen . . . . . . . . . . . . . . . . . . 285
a. En el aspecto ideológico . . . . . . . . . 285
b. En la definición de las élites electorales. 289
c. Organización y funcionamiento interno 292

A MODO DE EPílOGO. 297

BIBLIOGRAFíA . . . . . . 317
EL AUTOR Y SUS COLABORADORES

avid Roll, abogado, especializado en Derecho Constitucional y doctor en


D Ciencias Políticas y Sociología, se vinculó en 1998 a la Universidad Nacional
de Colombia, sede Bogotá, como profesor asociado de tiempo completo, al haber
sido seleccionado en e! Concurso Internacional de Méritos Generación 125 años.
La propuesta investigativa que presentó entonces era justamente el estudio de los
partidos tradicionales colombianos, y a ello se ha dedicado estos años, además de
continuar sus investigaciones sobre la reforma política en Colombia y sus traba-
jos sobre las transiciones políticas en los Estados contemporáneos.
El primer obstáculo para llevar adelante el proyecto fue la inexistencia de re-
cursos financieros, por lo cual debió iniciar las investigaciones disponiendo sola-
mente de parte de su tiempo como investigador universitario y de recursos
materiales propios. Más adelante, gracias a la política de "semilleros de investiga-
ción", de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, a la que e! autor de!
libro pertenece, pudo contar con la ayuda de auxiliares de investigación en régi-
men de monitoría, con quienes creó e! "semillero de partidos", al que se han vin-
culado desde entonces más de 30 estudiantes de Ciencia Política, estando hasta el
momento unos 12 de ellos en activo. A pesar de que la política de semilleros se
terminó, y con ello el pago de estudiantes auxiliares de investigación, y aunque
nunca se contó con espacios, computadores o recursos fijos (salvo la ayuda moral
y de algunos implementos por parte de la Unidad de Investigaciones So-
cio-Jurídicas Gerardo Molina -UNljUS-), e! grupo decidió seguir trabajando por
su cuenta, reuniéndose en cafeterías, salones, prados universitarios y casas priva-
das, asumiendo sus propios gastos de transporte, equipos y demás.
Con el entusiasmo propio que imprimen los estudiantes de la Universidad
Nacional de Colombia a este tipo de actividades extracurriculares, los miembros
del semillero se dedicaron en esta nueva etapa a revisar y complementar varios as-
pectos de! presente libro, habiendo sido en ello tan estrictos como diligentes, de
tal modo que sobre todo en la cuarta parte del mismo, su trabajo ha sido
fundamental.
10 David Rall

A los auxiliares de investigación, inicialmente contratados por la Facul-


tad, Claudia Arenas, Luisa Salamanca, y Alberto Bejarano, se debe en gran
parte el trabajo de recolección ele datos y organización bibliográfica, realiza-
dos en la segunda etapa del libro (la del último capítulo). Pero en especial, la
ayuda brindada por Alberto Bejarano, quien decidió seguir perteneciendo al
grupo a pesar de haberse terminado su contrato, fue muy importante y su con-
tribución en los capítulos históricos ha sido clave.
Especialmente decisivo ha sido el trabajo de Lina María Cabezas, estudian-
te voluntaria en el semillero, quien asumió el liderazgo del mismo en el momen-
to en el que cesó el apoyo oficial, coordinando las diferentes actividades
realizadas, en condiciones de casi nula infraestructura y cero recursos. En com-
pañía de N adia J imena Pérez y Lina María Mápura, se dedicaron a la revisión y
reconstrucción de lo referente a las bases del Partido Conservador.
Las estudiantes Adriana Patricia Pérez y Gina Niño asumieron la difícil tarea de
verificar, corregir y adicionar los datos de las secciones dedicadas al rendimiento elec-
toral; mientras que Nathalie Rodríguez y Mireya Camacho hicieron lo propio, con los
temas de financiación, imprimiéndoles mucha más claridad y actualidad de la que ori-
ginalmente tenían. Tatiana Torres, Yudi Méndez y Paola Rodríguez, por su parte, se
ocuparon con suma diligencia de repensar el capítulo referente a las bases del Partido
Liberal y transformarlo. Andrés i\Iolina colaboró con la organización final del libro y,
junto con Jonhier Aristizábal, presentó el análisis del tema ideológico. Sergio Párraga
y Hugo Guerra se encargaron de la consecución y selección del material gráfico.
Diego León y Flavio Rodríguez colaboraron en el epílogo.
Más que un colaborador, Manuel Alcántara, catedrático de la Universidad de
Salamanca, fue un orientador de la investigación en muchos aspectos. De hecho, el
estudio que dio lugar al libro logró encontrar su norte, cuando se vinculó al proyec-
to de Partidos y Gobernabilidad Democrática en América Latina, dirigida por él,
debido a que adoptó gran parte de la metodología desarrollada por el grupo espa-
ñol, sobre todo en lo referente al estudio de las caras del partido. La Oficina de Re-
laciones Internacionales -ORI- de la Universidad Nacional de Colombia en una
oportunidad y el proyecto español en otra, hicieron posibles los desplazamientos
con tales propósitos. Esa homogeneización de algunos métodos, contribuyó ade-
más a que los resultados de la investigación tuvieran proyección tanto en el presente
libro, como en una obra de política comparada publicada por el Instituto de Estu-
dios de lberoamérica y Portugal de Salamanca, en la que se incluyeron dos capítulos
del autor sobre los partidos políticos colombianos l .
El texto del libro, fue también sometido al escrutinio del Observatorio
Interuniversitario de Partidos de la Universidad Nacional de Colombia, al que por
un tiempo perteneció el autor, en el cual fueron claves las críticas y sugerencias de

l. Rol!, David. Los partido.r políticOJ co!olllhiano.f. En Alcántara, l\!anuel (ed.) Partido.r políticoJ en
/lllléric{/ Latina. Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, :1 tomos.
Rojo difuso y azul pálido 11

Eduardo Pizarro, Francisco Gutiérrez, Juan Carlos Rodríguez y Andrés Dávila,


entre otros.
Por último, para la realización de este trabajo fue fundamental en la reco-
lección de datos la colaboración de muchas personas vinculadas a la burocra-
cia de los partidos estudiados, entre los que queremos destacar a Rafael
Guarín, Eduardo Verano y Fernando Jordán en el Partido Liberal, y Carlos
Holguín, Jorge Sedano, Humberto Zuluaga, Javier Leniza y Elizabeth Congo-
te en el Partido Conservador.
Debe seí'íalarse que la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la
Universidad Nacional de Colombia apoyó la publicación del libro, sin restriccio-
nes, c]ue el personal administrativo de la Facultad suplió amablemente y con bas-
tante frecuencia la escasez logística del equipo investigador, y que el claustro de
profesores de ciencia política de la Facultad siempre ha reconocido el trabajo del
grupo.
El grupo se reconstituyó a partir de octubre de 2002 como "grupo de investi-
gación de partidos de la Universidad Nacional", y decidió extender sus activida-
des. Es así como actualmente se está elaborando un cortometraje sobre los
partidos tradicionales en Colombia (con apoyo de la oficina de Bienestar de la Fa-
cultad) y se ha iniciado la investigación para un nuevo texto sobre "élites y parti-
dos en el Congreso Colombiano" además, y en colaboración con la Universidad
de Salamanca, está organizando, para febrero de 2003, un seminario sobre "El
reto de los partidos políticos en América Latina". También iniciará este año una
investigación sobre militancia juvenil partidista, la elaboración de cuatro tesis por
parte de los miembros del grupo (doctorado, maestría, especialización y
pregrado.
Los comentarios y críticas a la presente obra, que pueden remitirse a
[email protected] (con subjetct: rojo difuso y azul pálido), serán muy bien
recibidos y agradecidos.
INTRODUCCiÓN

an pasado más de 150 años desde que se fundaron los Partidos Liberal y
H Conservador colombianos, los dos partidos más antiguos de América Lati-
na, y desde que se consolidó el sistema bipartidista por ellos conformado, cuya
permanencia lo convierte en uno de los sistemas de mayor antigüedad en el
mundo.
La sin~rularidad de este sistema de partidos, viene dada justamente por la cohabi-
tación de ambas colectividades en el poder, de manera simultánea o sucesiva, a tal
punto que la historia de Colombia, desde mediados del siglo XIX, coincide práctica-
mente con las biografías de los partidos Ijberal y Conservador: sus triunfos bélicos o
sus derrotas electorales, los idealismos y bajezas de sus líderes y seguidores, y sobre
todo sus errores y sus aciertos.
Esta circunstancia, la de constituirse en el telón de fondo de todos los acon-
tecimientos nacionales, los hicieron virtualmente invisibles ante los analistas
como actores colectivos del acontecer político. Pareciera como si sus colores dis-
tintivos (rojo el J jberal y azul el Conservador), se hubieran ocultado camaleónica-
mente en la tricolor bandera nacional (amarillo, azul y rojo), para pasar
inadvertidos ante el juicio histórico y el análisis político, durante décadas.
Cuando estos partidos por tln emergieron al público pensante como objetos
de estudio, en los años setenta, para comenzar a ser analizados con espíritu crítico y
cierto detenimiento, ya habían experimentado, debido al Frente Nacional (iniciado
en 1957), un proceso de pérdida de identidad tan rotundo que los hacían ver como
dos corrientes de un mismo partido.
Los investigadores decidieron entonces estudiarlos como lo que parecían
ser: una amalgama indiscriminada de tendencias, intereses y personajes, y deci-
dieron llamar al engendro "el bipartidismo colombiano" o "bipartidismo hege-
mónico". Fue así como ese caldo de ideologías residuales, pragmatismos
conscientes, maquinarias electorales y clientelistas, que constituían los dos parti-
dos centenarios, fue el objeto de estudio privilegiado, en lugar de los dos parti-
dos, individualmente considerados.
14 David Rol!

Los análisis, por otra parte, no escaparon al encuadramiento ideológico de la


época, de tal forma que entre las críticas al bipartidismo se entretejía una velada,
aunque tímida, abjuración de la democracia misma, vista como incapaz de produ-
cir sistemas políticos viables en un país como Colombia. Quedaba pues vaga-
mente insinuada en cada párrafo la invitación a comparar ese abyecto sistema
oligárquico con otros modelos, y aunque ese no fuera el propósito fundamental,
sí distorsionaba el análisis de la realidad política, y en ese juego se perdía también
el partido en cuanto actor colectivo.
El otro factor que ha eclipsado a los partidos colombianos como objeto de es-
tudio ha sido la intensidad de los dos grandes problemas nacionales, la violencia po-
lítica y la crisis de modernidad, y las consecuencias que éstos han generado en
términos de inestabilidad y pobreza. De este modo, mientras una buena parte de los
estudiosos se dedicaron a lo que dio en llamarse "la Violentología", los restantes
prácticamente nos ocupamos del tema de la modernización política, sin hacer un
gran esfuerzo por entrar a estudiar a los partidos políticos, mas allá de tratar de de-
terminar su papel en ambas cuestiones 2 .
Entretanto, los partidos continuaron transformándose cada vez con mayor velo-
cidad, siendo objeto de estudio por pocos autores, quienes más o menos conveq.,rían
en sus apreciaciones, reiterativamente críticas, orientadas al bipartidismo en su con-
junto, y no siempre basadas en estudios actualizados.
Especialmente a partir de 1991, con la nueva Constitución, ambas colecti-
vidades experimentaron unos cambios sustanciales, entre los que se destacan
sobre todo la dispersión del Partido Liberal y el debilitamiento del Partido
Conservador. Ello reactivó el interés de los estudiosos, pero esta vez en cone-
xión con el sistema electoral, de modo que estaba centrado más en la inven-
ción de una fórmula de ingeniería electoral, creadora de un nuevo sistema de
partidos, que en el análisis mismo de las transformaciones experimentadas en
cada uno de ellos.
La nueva moda consistió entonces en decir que los partidos ya prácticamente
no existían o que estaban en vías de extinción, con lo cual en cierta forma no mere-
cían mayor estudio, salvo para los historiadores o para los modernos aprendices de
brujo de la ingeniería institucional. De ellos se espera cada año que, tras esculcar
constituciones foráneas, elaboren fórmulas electorales mágicas que cambien al país
con solo aplicarlas. En sus propuestas se mezclan figuras de buena fama, como la
democracia interna, la militancia única o la limitación de avales, con otras más
cuestionadas, como el umbral, el voto obligatorio o el voto preferente.

2. El autor de la presente obra no escapó a esta tendencia, habiendo sido justamente la


reforma política en Colombia su objeto privilegiado de estudio, de la cual surgieron sus
dos libros anteriores: Inestabilidady continuismo en la dinámica del cambio político en Colombia,
1999, Y Un siglo de ambigüedad; para entender cien años de crisis y reformas políticas en Colombia
2001.
Rojo difuso y azul pálido 15

Así, a los ingenieros electorales, que durante los ochenta tenían el cometido
de acabar con el sistema bipartidista, ahora se les pide recetas para salvar a los
dos partidos que siempre han contado en términos electorales y de poder políti-
co: el Liberal y el Conservador. Ante la desilusión de no haber logrado el pluri-
partidismo armónico anhelado por los constituyentes de 1991, los gobiernos
postconstituyentes se han dedicado a proponer reformas políticas para salvar el
bipartidismo y obligar a las terceras fuerzas a organizarse para negociar con
ellos. Pero ninguna de esas reformas han podido ser aprobadas en el Congreso,
y todas han apuntado más al sistema de partidos, que a los propios partidos que
lo conforman.
De ese modo, llegaron los partidos políticos tradicionales al tercer milenio,
imbatibles pero exhaustos, lánguidos y arrogantes al mismo tiempo, y trastabi-
llando a cada paso y con cada decisión. Sus victorias son siempre incompletas (la
de los conservadores en el ejecutivo y la de los liberales en el legislativo), y sus in-
tentos de recomponer por sí mismos las vestiduras partidistas (Constituyente Li-
beral, Convenciones Conservadoras), parecen hablar más de una gloriosa agonía
que de una auténtica recuperaci('l11.
Rojo difuso y Azul pálido: El rojo liberal persiste, pero difuminado como
en una obra pop, en medio de sus múltiples divisiones y sus contradicciones in-
ternas; y el azul conservador no desaparece, pero su crisis electoral y de lideraz-
go lo hace palidecer como una bandera expuesta al sol y al agua durante 150
al10S.

Ante esta situación, no son pocos los que consideran que estamos asistien-
do al final de los partidos 1-iberal y Conservador, y los acuerdos extrapartidistas
de los últimos años parecen demostrarlo: Un presidente conservador con vice-
presidente y ministro del Interior y de Hacienda liberales, un liberalismo inca-
paz de hacer valer su mayoría en el Congreso frente al presidente conservador,
un conservatismo ofreciendo casi en licitación su aval presidencial, y unas ma-
sas liberales y conservadoras como veletas movidas por el transfugismo de sus
líderes.
Al momento de editar esta obra, nuevos acontecimientos (ver epílogo) pare-
cían indicar también ese declive. Esto fue especialmente claro en la campaña por
la presidencia, en la que no se enfrentaron los candidatos oficiales de ambos parti-
dos, sino el candidato oficial del liberalismo, Horacio Serpa (con fórmula vicepre-
sidencial conservadora), contra el disidente del mismo liberalismo, Álvaro Uribe,
apoyado por el oficialismo conservador, desde que el candidato del conservatis-
mo oficial, Juan Camilo Restrepo, desistió de su candidatura (luego de compro-
bar que no iría a alcanzar ni el 5'!(, de los votos y tras una larga conversación
privada con el candidato liberal disidente). Por su parte, la candidata del conserva-
tismo disidente, Noemí Sanín, quien se declara antibipartidista, y que en las elec-
ciones de 1998 alcanzó una gran votación en la primera vuelta, en las pasadas no
tuvo ninguna opción.
16 David Roll

A pesar de todo ello, no creemos que sea inminente la desaparición de los


partidos tradicionales, justamente por la capacidad que han demostrado de sobre-
vivir en medio de las más extrañas alianzas y las más llamativas contradicciones.
Desde nuestro punto de vista, los partidos tradicionales están en una extraña
transición que, siguiendo la tradición descrita, no se ha estudiado suficientemen-
te, y que representa una mina inexplotada de conocimiento para la Ciencia Políti-
ca colombiana.
Si bien es nuestra opinión que los partidos políticos tradicionales tienen
una vigencia innegable en la política colombiana, no es el propósito del libro de-
mostrarlo, pues el principal objetivo es hacer un comienzo de descripción indi-
vidualizada y contextualizada de cada colectividad, que de momento no existe
en la literatura politológica del país. El lector por sí mismo podrá juzgar, luego
de examinar como ha sido el rendimiento electoral de cada partido, su proceso
histórico, su particularísima organización dentro y fuera de la burocracia, y su
presencia nacional en todos los campos, si nuestra aseveración tiene o no
fundamento.
En tal sentido, bástenos señalar unos hechos protuberantes, que parecen
demostrar el equívoco de los discursos explicativos, tanto de ciudadanos
comunes, como de politólogos e incluso de los propios miembros de los
partidos, insistiendo en una crisis cercana a la desaparición. Entendiendo que
los partidos políticos son algo más que una burocracia partidaria, y aceptando la
tesis más en boga en la actualidad, de las "tres caras del partido" (la burocrática,
la de gobierno y la de simpatizantes), resulta evidente la persistencia de estas
dos colectividades. Para el caso colombiano, como han hecho otros estudiosos
de Latinoamérica respecto de partidos en regímenes presidencialistas y con
partidos orientados a lo electoral, hemos extendido el modelo, y señalamos la
presencia de los partidos en cinco campos: burocracia, simpatizantes, ejecutivo,
legislativo y electoral.
No cabe duda en primer lugar de que ambos partidos tienen una cara buro-
crática legalmente constituida, y que está reconocida como tal tanto por medios
de comunicación, como por la propia ciudadanía, por el mismo Estado (que los
financia) y en mayor o menor medida por sus propios partidarios. Otra cosa es
que en el caso del Partido Liberal, por ejemplo, debido a la atomización partidaria,
al debilitamiento del discurso ideológico y a la ausencia de disciplina interna, esa
burocracia tenga menos impacto sobre los líderes partidarios, y sea más bien do-
minada por otra cara del partido (los congresistas liberales), desde hace aproxima-
damente dos décadas.
Igualmente en el Partido Conservador, con la muerte de los "jefes naturales"
(Álvaro Gómez y Misael Pastrana), y la tardía conquista del partido por los líderes
regionales (Fabio Valencia Cossio o Ciro Ramírez, por ejemplo), se creó una crisis
de liderazgo, agravada por su progresivo fracaso electoral y su propia fragmenta-
ción partidaria. Pero el partido existe y es reconocido por el Estado.
Rojo difuso y azul pálido 17

Es un hecho, por lo tanto, que además de la cara burocrática, debilitada y


cuestionada, hay un Partido Liberal y hay un Partido Conservador en el Congre-
so, a pesar de que allí se refleje, como en ninguna otra parte de dichos partidos, la
fragmentación que hoy los caracteriza. Pero existe una Junta de Parlamentarios
Liberales y su homóloga conservadora, que se reúnen con cierta frecuencia, y de-
baten asuntos claves, como candidaturas, reformas estatutarias, reformas consti-
tucionales o legales. Estadísticamente sí son pocas las decisiones que acuerdan
conjuntamente, y muchas de ellas provienen de componendas previas, pero es
una cara indiscutible de cada partido.
En cuanto a la cara del partido que hace referencia al ejecutivo, resulta evi-
dente que la casi totalidad de presidentes que ha tenido el país han pertenecido a
uno u otro partido y que aun en la actual crisis son innegables algunos hechos
claves.
Es llamativo, en primer término, que el anterior presidente, Andrés Pastrana,
fuera conservador, hijo de expresidente conservador y se hubiera presentado por el
Partido Conservador, aunque lo hiciera a altas horas de la noche. Esto último al pare-
cer para no estropear su indispensable alianza con muchos liberales y jugar al outsider
ante la opinión pública minoritariamente conservadora y muy escéptica de los parti-
dos tradicionales en las grandes ciudades.
En segundo lugar, es evidente que todos los candidatos que tuvieron alguna
posibilidad en estos años de llegar a la presidencia han sido liberales o conserva-
dores (oficialistas o disidentes), y que en muchos casos, como en el de Alvaro Uri-
be, los candidatos seguramente se hubieran presentado por sus partidos de
origen, si hubiesen tenido posibilidad de obtener el apoyo al interior de los
mIsmos.
Otro de los puntos que más se enfatiza para señalar el fin de estos partidos es
su decreciente presencia entre los ciudadanos, que antes de 1957 estaban casi to-
talmente adscritos en una u otra colectividad y la defendían con vehemencia. Las
encuestas hablan de una simpatía cada vez menor por los partidos tradicionales y
por un partido en especial, pero ese fenómeno ha sido poco estudiado. Todo pare-
ce indicar que existe un partidismo residual importante, acompañado de una sim-
patía partidaria vergonzante, combinada a su vez con una particular confusión
entre liderazgo personal y partidario.
Definitivamente no puede medirse la cara de simpatizantes por la carnetiza-
ción, o por la aceptación pública del hecho. Los millones de votos obtenidos por li-
berales y conservadores para cargos de elección popular, aun teniendo en cuenta
los índices de abstención electoral y las maquinarias electorales, nos hablan de una
población que, si vota, mayoritariamente sigue votando liberal, y en menor medida
conservador, porque sencillamente quieren hacerlo así. Esto es menos válido en las
grandes ciudades.
La cara más difícil de categorizar y estudiar, es definitivamente la electoral.
Los partidos tradicionales están con mayor o menor presencia en las campañas
18 David RolI

presidenciales, y apenas sí se involucran en las demás. El distintivo partidario está


allí, en cada afiche y en el propio tarjetón electoral, como un símbolo indudable
de gue algo existe aún en este campo. El motor de las campañas en Colombia no
es el partido, pero su presencia es innegable en muchos aspectos.
Así pues, aun en el controvertido tema electoral, la vigencia del liberalismo y
del conservatismo es también confirmable, aungue en una forma bien particular,
considerada por muchos como viciada. Mientras algunos hablan de franguicias
electorales, otros creen que los partidos son simples máquinas expendedoras de
avales, pero el fenómeno es mucho más complejo, y merece ser estudiado.
A pesar de los vacíos de investigación que señalamos, el lector no encontrará en
este libro una respuesta analítica a las grandes preguntas sobre los partidos Liberal y
Conservador, ni un capítulo de conclusiones o cosa parecida. Apenas si podemos
prometerle un croquis descriptivo de esas colectividades, un modelo inicial para abor-
dar la cuestión desde una nueva óptica y algunas aseveraciones razonadas sobre el es-
tado actual de dichos partidos.
Es importante señalar que fue gracias a la existencia de excelentes estudios
sobre sistema político y partidos en Colombia, que ha sido posible intentar una
aproximación como la presente a los partidos tradicionales colombianos como
individualidades. Las obras de Marco Palacios, Francisco Leal, Daniel Peéaut,
Cristopher Abel, Pierre Gilhodés, Mario Latorre, entre otros, son el piso con-
ceptual sobre el cual nos atrevemos a esbozar la personalidad de esas antiguas
colectividades, pero ya individualmente consideradas.
Este libro también pretende ser una contribución al debate sobre la imple-
mentación de normas tanto estatales como al interior de los partidos, pues cree-
mos gue dando cuenta de su estado actual puede establecerse su potencial de
transformación y la pertinencia de las normas, reglamentos y directrices que se
expidan con ese objetivo.
En ese mismo sentido, y como consideramos que para la comprensión de
la crisis y realidad partidaria en Colombia no podemos circunscribirnos al es-
trecho mundo de los hechos nacionales, hemos dedicado la primera parte del
libro al tema de la crisis de los partidos en general y en relación con la crisis de
representación. Siguiendo ese derrotero, en una segunda parte nos ocupa-
mos directamente de la crisis de los partidos colombianos y de sus intentos de
reforma, antes de abordar, ya en la cuarta y última parte, ese intento de des-
cripción desideologizada de la realidad partidaria en sus diversas caras, que es
el tema central de la obra, previo un análisis del sistema político y del sistema
de partidos colombiano. Es importante anotar gue en esta sección sobre los
partidos mayoritarios, obtuvimos fundamentalmente material de primera
mano, a través de encuestas, entrevistas, revisión documental y análisis electo-
ral. Debido a las limitaciones materiales de la investigación, pues no surgió de
un proyecto financiado, no se pudo hacer un cubrimiento más amplio de dicha
realidad, pero se trata de un significativo comienzo. Es de señalar que dada la
Rojo difuso y azul pálido 19

fragmentación de los partidos, encontramos datos contradictorios sobre la


verdadera afiliación de algunos líderes, lo que puede distorsionar las cifras
globales.
Con este conjunto queremos hacer un aporte a la escasa literatura sobre
partidos existente en el país, que servirá tanto de referencia para los expertos
como de material para los estudiantes. Creemos que el principal logro del libro
no es la aproximación misma al fen(")meno como tal, sino el estar abriendo un
nuevo camino de investigación politológica en Colombia, y esperamos que esta
área de estudio, la de los partidos tradicionales en cuanto a colectividades sepa-
radas, pueda desarrollarse en adelante. Para ello será necesario reconocer que el
árbol de la coyuntura bien puede estarnos ocultando el bosque de la realidad po-
lítica nacional.
PRIMERA PARTE
La crisis de representación
y de partidos en el contexto
mundial y latinoamericano
A. EL DEBATE CONTEMPORÁNEO
SOBRE LA REPRESENTACIÓN POlÍTICA

J\ ntes de abordar el tema de la presunta crisis de los partidos a nivel mundial, es


.!"\.necesario reflexionar sobre la crisis misma de la representación, y una de las
grandes discusiones en torno a ello hace referencia a la tipología de tipo cuantita-
tivo respecto de la toma de decisiones. Son muchas las voces que reclaman per-
manentemente el retorno a formas democráticas "más directas y participativas",
señalando que la democracia representativa es una especie de corrupción del mo-
delo original, y que en ello se centra la crisis de los partidos y del propio modelo
democrático.
Pero igualmente los po litólogos de mayor reconocimiento son casi unánimes
en reconocer que "la democracia en grande ya no puede ser más que una demo-
cracia representativa"!, y que pensar en otra posibilidad es engañarse. Se suele ci-
tar a la democracia griega, en tanto que democracia directa, como el ideal a
recuperar para nuestras modernas democracias. Pero esta recurrida nostalgia fun-
dacional es totalmente errada, e incluso representa un obstáculo en los procesos
de relegitimación que deberán adelantar las actuales naciones democráticas.
T~a democracia que se practicó en el siglo IV a.e. en Atenas, caracterizada por la
rotación de cargos por sorteo y la toma de decisiones en asambleas, duró un breve
periodo y sólo hasta mediados de! siglo XIX el término democracia dejó de tener una
connotación negativa. Pero para cuando la palabra democracia adquirió un tono elo-
gioso, los milemos transcurridos hicieron que e! replanteamiento de la democracia se
hiciese en términos muy diferentes.
Hasta e! siglo XVIII se pensaba que la democracia era inaplicable a los gran-
des Estados. Aristóteles, quien la consideraba una forma corrompida de gobier-
no, sólo la aceptaba para lugares donde los oradores pudieran ser escuchados por
todos los ciudadanos. Incluso para Rousseau y Montesquieu, democracia directa

1. Garretón, Manuel, Cambio de r~~imen po/itieo, Chile, Ediciones Universidad Católica de Chile,
1992,p.212.
24 David RolI

era sinónimo de sociedad poco numerosa 2 • Sólo David Hume expuso que un go-
bierno grande era el propicio para desarrollar la democracia, pero proponía elec-
ciones indirectas.
El tema también fue debatido ampliamente cuando se independizaron las
colonias inglesas de Norteamérica y los llamados Fundadores de los Estados
Unidos se encontraron divididos entre la concepción purista de Hamilton y
Adams: democracia directa o régimen autoritario, y la de Madison, que propug-
naba por una república representativa 3 .
La idea de Madison fue la que terminó imponiéndose: el Estado Liberal De-
mocrático venció a la concepción ortodoxa. Luego con la universalización de!
voto, el Estado Democrático Liberal, que considera a la libertad como requisito
de la igualdad, se convirtió en e! modelo democrático de Occidente, que se opuso
hasta hace muy poco al modelo socialista, en el que se privilegia la igualdad sobre
la libertad.
Pero este doble triunfo, el de los Federalistas contra los Antifederalistas en
Estados Unidos, que dio lugar a la democracia representativa, y el de la democra-
cia liberal sobre la democracia popular socialista, no han podido evitar voces es-
porádicas de inconformidad por parte de quienes consideran que sólo la
democracia clásica o directa es la auténtica democracia. Sobre todo en los años se-
senta, se dio el gran boom del resurgimiento de la democracia participativa, según
la cual todo ciudadano tiene derecho a ejercer la cuota de poder que le correspon-
de. Esta época se caracterizó por la participación directa a través de la protesta es-
tudiantil y obrera, que tuvo una vida tan intensa como corta, pero que dejó de
todos modos planteada la cuestión de la democracia participativa como un ideal
democrático depurador de las imperfecciones del sistema representativo.
La defensa de la democracia representativa no puede cifrarse en el argumento de la
imposibilidad física de que un orador pueda ser escuchado simultáneamente por todos
los ciudadanos, pues ello ya es posible. De hecho hoy en día, la casi totalidad de ciuda-
danos norteamericanos con derecho al voto, podrían legislar a través de la televisión,
sólo con poseer el artilugio (Qube), utilizado por los concursos de televisión para involu-
crar al televidente en los diferentes juegos.
El problema es realmente cualitativo, pues como señala James Fishkin, el
dilema de la democracia directa se presenta por una alternativa inevitable entre
masas políticamente iguales, pero relativamente competentes, y élites desiguales

2. Para Rousseau, el tamaño ideal era su ciudad natal, Ginebra, que contaba con 22.()()()
habitantes. El propio Montcsquicu señalaba que la sobrevi\'encia de Esparta se debía a <Iue
limitó a 10.000 el número de sus ciudadanos, mientras que la no limitación de número fue
una de las causas de la ruina de Roma.
3. Alexander Hamilton y John Adams, sostenían que en un Estado extenso era ine\'itable la
monarquía () la dictadura. Douglas, i\dair, I Iume, David, James Madison, David & the Tcnth
f'ederalist, "That Politics Mal' Be Reduced to a Sciencc", I lLmtington Librar)' Quarterlv 10,
(1956 - 1957). P. 348. Citado por f'ishkin, James, DemotraáCl)' Li/Jeralirlllo, Barcelona, r\riel,
1995, p. 35.
Rojo difuso y azul pálido 25

pero relativamente más competentes. En lugar de una "teledemocracia", este


autor propone una Encuesta de Opinión Deliberativa 4.
En nuestro concepto, todas las invenciones que se ingenien los partidarios de
la democracia participativa pueden tener perfecta cabida en el sistema democrático,
pero únicamente como instrumentos complementarios de la democracia represen-
tativa, tal como lo son las formas de participación directa constitucionalmente
aceptadas. Y respecto de estas, es un hecho que, como lo sostiene Nohlen, "en la
democracia representativa, las formas de participación democrática directa, o bien
son poco usuales desde el punto de vista constitucional, o se utilizan poco en la
práctica"'. A este tipo de democracia, que se ha denominado más exactamente
"Plebiscitaria", para diferenciarla de la democracia directa griega, pueden hacérsele
aún más objeciones de fondo.
Pero es que además de ser fenómenos infrecuentes, tanto el Referéndum
como el Plebiscito son instrumentos que han resultado más idóneos para legiti-
mar dictaduras que para reforzar democracias. Como expone Michels, el Referén-
dum, por su carácter absoluto y su rechazo de todas las críticas, favorece el
dominio de los aventureros astutos, y el bonapartismo es el mejor ejemplo de
elld'.
El mismo autor insiste en que estas o cualquier otra forma de gobierno popu-
lar directo tienen los mismos dos insalvables inconvenientes: la incompetencia de
las masas y la falta de tiempo. En cuanto al primero, compartimos el pensamiento
de George Sand remitido por Michels, de que el plebiscito cuando no está respalda-
do por la inteligencia de las masas es un ataque a la libertad.
En conclusión, la realidad de nuestras actuales democracias dista mucho del mo-
delo griego, del rousseauniano o de esa democracia plebiscitaria apoligizada por los
cultores de la sociedad civil. Es un hecho que la democracia hoy en dia, como lo ex-
ponen la mayor parte de los textos básicos de Ciencia Política, "sin perjuicio de su
fundamento popular, depende de la ley de la mayoría, de los mecanismos electorales y
de la transferencia representativa del poder"7.

4. El DC)P (Delibera/y Opiflioll Po/~, es una encuesta de opinión deliberativa, que consiste en
seleccionar una muestra de ciudadanos delegados para que se dedique al debate de las
cuestiones objeto de ley, en contacto con los congresistas, y luego encuestarlos sobre sus
opiniones al respecto para tomar la decisi(¡n respectiva, Ibíd., p. 12.
5. l\;ohlen, Dieter, L!eaione.r)' JiJIPmaJ e/rlfora/e.r, Venezuela, Fundación Friedrich Ebert, Editorial
Nueva Sociedad, 1995, p. 13. También Liphart señala que en los nuevos estados democráticos,
el referéndum es, como cn la mayor parte de las otras democracias, un acontecimiento
infrecuente. Lijphart, Arend, 1~aJ democracias contemporánerlS, ob. cit., p. 238.
(,. Michcls, Robert, 1~OJ par/idoJ po/ílicos 2, Buenos Aires, Amorrortu, 1979, p. 128.
7. Sadck, María Teresa, "Participación Política". En Diaiol2ario electoml. Costa Rica, Centro
Interamericano de Asesoría)' Promoci,')fl Electoral, CAPEL, 1989, p. 528.
26 David RolI

B. LOS PARTIDOS A NIVEL MUNDIAL:


CRISIS O TRANSFORMACiÓN

Existe una idea generalizada de que los partidos políticos están en decadencia y que e!
propio sistema de representación democrática se ha agotado como modelo. No obs-
tante, aceptando que la democracia representativa es la única forma posible de demo-
cracia moderna, y ante la no existencia de un sistema diferente que se autoconsidere
digno de emular tras la caida de! bloque socialista, la prq.,TUnta correcta es ¿cómo debe
transformarse la democracia liberal? y en modo al~runo buscar su sustitución por mo-
delos agotados o aun no inventados.
Esta concepción, que llamaremos "responsable", de la política contemporá-
nea, no supone en modo alguno que asumamos una posición filosófica apresura-
da y subvaloradora respecto de la capacidad de creación humana y las
posibilidades de transformación social y política de la humanidad, al estilo de
Francis Fukuyama. No creemos que e! fin de la Guerra Fría signifique "el fin de la
historia", y mucho menos el último punto de la evolución ideológica de la huma-
nidad y la universalización de la democracia occidental como forma final de go-
bierno humano H•
Pero sí consideramos que la democracia occidental no es un modelo fraca-
sado ni agotado, aunque esté en crisis, esto es, en estado de transformación. Jus-
tamente en el centro de ese proceso de adaptación a las nuevas realidades de un
mundo cambiante se encuentran los partidos políticos, y no solo los partidos de
los países de larga tradición democrática o los de sistemas parlamentarios, sino
también nuestros partidos políticos colombianos, por más que pretendamos se-
guir exagerando las particularidades excepcionales de nuestro acontecer
político.
Muchos analistas de la crisis de los partidos políticos olvidan que éstos,
como sostiene Duverger, son bastante recientes, pues en 1850 no existía ningún
partido en el mundo, en el sentido moderno de la palabra'!. Además, aun en un
sentido no moderno, fueron proscritos durante siglos, y sólo irrumpieron con
fuerza como tales luego de la Primera Guerra Mundial. Únicamente en el perío-
do de entreguerras se hizo claro su carácter intermediador entre el elector y la
clase política y apenas fueron reconocidos en las constituciones después de la
Segunda Guerra Mundial 111.

8. Fukuyama, Francis, ¿ f~lf¡nal de la Historia?, Anagrama, Buenos Aires, 1992, p. 6l.


9. Duvcrger, Maurice, Los panidos polítims, Bogotá, Fondo de Cultura Econ'-,mica, 1994, p. 15.
10. La Ley Fundamental de la República Federal Alemana fue la primera que garantiz'-, en su
artículo 21 "la participación en la formación de la voluntad política del pueblo". No obstante,
la ley sobre partidos políticos ya hablaba de una "formaci'-m de la voluntad política en todos los
ámbitos de la vida pública: Influir en la conformación de la opini('m pública, profundizar en la
formación política y hacerse cargo de la responsabilidad pública de formar ciudadanos
capacitados. Von Beyme, Klaus, La cf'lJe polítim fI2 el J;,r!lldo de partidos, Madrid, Alianza
Universidad, 1995, p. 45.
Rojo difuso y azul pálido 27

Es por ello que autores como Klaus Von Beyme insisten en que la pérdida de re-
presentación de los partidos no si.l,mifica una decadencia de los partidos sino un simple
cambio de unas funciones asumidas hace menos de un siglo, por otras acordes a las
transformaciones políticas. Se trata más bien, como sostiene el autor, de unos "f,"¡gantes
desconcertados", que deberian inventarse si no existieran 11.
Lo que antecedió a la aceptación de los partidos en el sistema era una relación di-
recta entre parlamentario y elector, que fue convertida en una relación triangular, de-
bido a la interposición de los partidos. Pero nuevos hechos históricos han dado lugar
a una transformación crítica de los partidos. Sobre todo, el proceso de desideologiza-
ción hizo que el partido dejara de ser esa especie de comunidad de militantes conjura-
dos, y que el sentimiento subjetivo de identificación de los electores con el partido se
redujera y disminuyera la fidelidad electoral.
Nadie niega que el abstencionismo electoral es el comportamiento más desta-
cado en el mundo entero, pero la infinidad de estudios sobre las causas del compor-
tamiento electoral señalan que tal conducta obedece a una multitud de factores
difíciles de precisar, entre los que se destaca especialmente una simple falta de inte-
rés por la política. Esta indiferencia resiste igualmente muchos análisis, pero casi to-
dos ellos giran en torno a la innegable realidad de que, como sostiene Touraine, "el
mundo sociopolítico ha desaparecido, destruido entre el mundo de la economía y el
mundo de las identidades fragmentadas"12.
Esta ausencia de actores sociales colectivos afectó a los partidos políticos y se
debe en gran medida a la movilidad social y espacial que ha experimentado la pobla-
ción. Pero además, existiendo escasez de iniciativas colectivas, muchas fueron cana-
lizadas por los movimientos sociales, aunque algunas fueron luego asumidas por
los partidos. Finalmente, la mayor parte de estas movilizaciones se fueron caracteri-
zando por su carácter coyuntural, haciendo que los potenciales electores se habitua-
ran a formas no convencionales y más laxas de participación, a las que son movidos
en razón de esas identidades fragmentadas. Es decir, la gente ya no se identifica con
una determinada clase social o con un partido, por lo cual se abstiene de votar, pero
sí con específicas reivindicaciones relacionadas con categorías subjetivas o convic-
ciones individualcs (defensa de los animales, libertad sexual, prestaciones laborales,
derechos de la mujer, se.l,'Uridad nuclear, ética pública, cte.).
Lo llamativo de este fenómeno, señala Beyme, es que mientras más insistie-
ron las teorías de la legitimación desde la izquierda y las de ingobernabilidad
desde la derecha en la decadencia de los partidos, más se desarrolló en occidente
el F,stado de Partidos. Justamente, todo parece indicar que se trató de una espe-
cie de compensación promovida por la clase política ante el debilitamiento de la

11. Ibíd., p. 46.


12. Estas identidades fragmentadas son por ejemplo, ser serbio, mujer, homosexual, musulmán o
ecol0.l\1sta, ljue, como explica el autor, son categorías de la subjetividad. Touraine, Alain.
"Liberacir'ln de lo económico", Lecturas dominicales, El Tiempo, octubre 29 de 1995, p, 3.
28 David RolI

relación entre gobernantes y gobernados, y sobre todo entre la dirección del


partido y los electores.
Un primer análisis de la situación señalaría como imposible la coexistencia de
esa debilidad organizativa de los partidos y un progresivo fortalecimiento del Esta-
do de Partidos. Esto se debe básicamente a la concepción simplista del partido polí-
tico como una organización tendiente a captar electores para lograr puestos de
poder. El partido político aparece en este siglo como el intermediario entre la clase
política y el electorado, pero es mucho más que eso. Por esta razón pueden coexistir
un Estado de partidos fuerte y unos partidos debilitados. Justamente, el Estado de
Partidos no iría diri,l,>1do a la movilización del electorado sino al reclutamiento de éli-
tes y a la transmisión de la voluntad del partido político a las instituciones políticas.
Es un hecho que los partidos perdieron gran parte de su capacidad organizati-
va, pero al mismo tiempo nadie niega la necesidad de que existan partidos políticos
para que las opiniones en una sociedad tan compleja tengan un espacio para el de-
bate y la formación de criterios unificados. Pero por más que las nuevas funciones
de los partidos políticos sean principalmente el reclutamiento de élites y la transmi-
sión de decisiones políticas y sean espacios de debate, ello no significa que la repre-
sentación pierda su razón de ser, y por lo tanto que el sistema electoral sea un
aparato inútil. Como dice Ludolfo Paramio, quizá los partidos no han cambiado de-
masiado, sino la actitud de los ciudadanos hacia ellos, específicamente su juicio
moral 13 .
Ahora bien, las elecciones no son la esencia del sistema democrático como
suele creerse, sino simplemente, tal como señala Dieter Nohlen: "una técnica
para constituir cuerpos representativos"14.Una técnica que, por otra parte, es an-
terior a la democracia, pues surgió en la vida monástica del medioevo, y que ade-
más no es exclusiva de las democracias.
Así las cosas, como antítesis de todo lo dicho, podría afirmarse que siendo el
sistema electoral una simple técnica, la representación no requeriría de la existen-
cia de los partidos. Lo que resulta difícil de determinar es si ese fenómeno tan va-
riado de la antipolítica puede considerarse un modelo alternativo al de la

13. "La crisis de la política a la yue estamos asistiendo no supone, necesariamente un salto cualitativo
hacia un mejor funcionamiento de la democracia, y yue la desconfianza y la crítica de los partidos
y de los políticos profesionales constituyen, por lo menos en el momento actual, y el riesgo de un
grave deterioro de la democracia y la vida política ... la crisis política no proviene de (Iue los
partidos, o los propios políticos, han desarrollado comportamientos particularmente irre¡"'1llarcs o
criticables en años recientes, sino, más bien, yue esa crisis de la política proviene de una falta de
confianza de los ciudadanos en la política y en los partidos, que es anterior al descubrimiento de las
falencias en el funcionamiento de la vida partidaria o de las irregularidades en el comportamiento
inclividual de los políticos... no es que haya una crisis de la política, ni una descontianza de los
ciudadanos hacia los políticos porque haya mayor corrupción sino por (]ue tal descomposición
antes se ignoraba, o incluso, se toleraba, y está aflorando poryue los ciudadanos ahora sí
cuestionan la conducta de los partidos y de los políticos." Paramio, Ludolfo, "La crisis de la
política y su refundación democrática", Revista Foro, No 31, mayo de 1997, p. 5.
14. Nohlen, Dieter, hlecciones] sistemas electorales, ob. cit., p. 11.
Rojo difuso y azul pálido 29

democracia de partidos o un simple hecho transitorio o complementario de la po-


lítica a través de los partidos.
Tenemos entonces una democracia que no puede ser más que representativa,
un sistema electoral que es meramente una técnica para elegir cuerpos representa-
tivos, una apatía creciente por la vinculación a los partidos políticos y por la parti-
cipación en los procesos electorales, unos partidos en proceso de transformación
de sus funciones, y un fenómeno emergente, que es la antipolítica. Gran parte de
la clave respecto al futuro de los partidos está justamente en descifrar hasta qué
punto la antipolítica podrá ser un verdadero sucedáneo de la actividad partidista.

C. LOS PELIGROS DE LA ANTIPOLíTICA


COMO ALTERNATIVA A LOS PARTIDOS POlÍTICOS

Establecida la justificación histórica y la legitimidad del carácter representativo de


la democracia actual, podría pensarse que, por sí solo, ello legitima a su vez la exis-
tencia de los partidos. Pero lo cierto es que tanto teóricamente como en la prácti-
ca política, la democracia sin partidos no sólo no parece absurda sino incluso
deseable para algunos. Varios autores, entre ellos Ostrogorski y sobre todo Mi-
chels, mantuvieron esta posición. Aunque lo cierto es que, como sostiene Beyme,
"la burocracia partidista no desarrolló un poder tan fuerte como en su día predijo
Michels".15 Lo cierto es que en los Estados Unidos, donde el sistema de partidos
no ha tenido nunca el peso que tiene en los países europeos, se ha llegado a pro-
poner la disolución de los partidos.
Es en Latinoamérica donde la práctica política está cuestionando con más con-
tundencia el protagonismo de los partidos en la vida pública. Esto puede explicarse
en parte porque mientras que en Europa los partidos políticos fueron evolucionan-
do de organizaciones de notables hacia la construcción de maquinarias para enfren-
tar la contienda electoral de masas, y lo propio surgió en Estados Unidos, aunque
de manera más laxa, los partidos latinoamericanos nunca llegaron a ese nivel de bu-
rocratización. Han mantenido la organización oligárquica descrita por Michels,
pero en la cúpula. Las bases han respaldado a los partidos por una sumatoria de fe-
nómenos de masas en los que el factor carismático fue determinante y se sumó a
otra serie de particularidades regionales y nacionales, que requieren un estudio
discriminado.
Pero en gran medida, la pérdida de protagonismo de los partidos latinoame-
ricanos se debe al progresivo desgaste de la clase política y a la sucesión de escán-
dalos de corrupción. Algunos autores explican cómo, a pesar de que los intereses
en denunciar la corrupción no son en parte una campaña de moralización, sino

15. Von Beyme, Klaus, Los partidos politicos en las democracias occidentales, Madrid, Centro de
Investigaciones Sociológicas, 1986, p. 213.
30 David RolI

un componente de un juego político de presiones constantes, en la población tie-


ne un efecto de desencanto y una reacción política marcada H ,.
Conviene destacar que no parece existir sin embargo una proporcionalidad entre
el desencanto por los políticos y la opinión que tienen los ciudadanos sobre la necesi-
dad de partidos. En una encuesta del Centro Interamericano de Asesoría y Promo-
ción Electoral -CAPEL-, en cuatro países latinoamericanos, se constató que los
ciudadanos prácticamente no se sienten representados por sus congresistas y consi-
deran que los partidos políticos buscan el poder en más de un cincuenta por ciento
para robar, volverse ricos u obtener un beneficio personal. No obstante, al preguntár-
sele si los partidos políticos eran necesarios, entre el cincuenta y el setenta por ciento
contestaron afirmativamente.
También en un estudio sobre élites parlamentarias en Colombia, adelantado
por el autor del presente trabajo, se descubrió que la diferencia entre la concep-
ción de la corrupción que tenían los congresistas era tan abismalmente diferente a
la que tenían los ciudadanos, que reconciliarlas es una tarea casi imposible, pu-
diéndose hablar prácticamente de visiones virtuales y por lo tanto excesivamente
subjetivas del problema de la corrupción!7.
A pesar de estas estadísticas, lo cierto es que el político outsider, clue se pre-
senta como ajeno a la desprestigiada clase política tradicional está haciendo ca-
rrera en Latinoamérica. Y no se trata sólo del declarado antipolítico, como es el
caso de Fujimori o Chávez, sino de personajes como Menem, Col1or, Vargas
Llosa, Pérez de Cuéllar, Mockus, e incluso Palito Ortega y Rubén Blades.
Pero Fujimori es sin duda el ejemplo clásico del outsider exitoso, y el "fu ji-
morismo" es prácticamente el modelo antipolítico por excelencia. Como fenó-
meno resulta bien interesante, pero como modelo es una figura bastante
peligrosa para la democracia. Sus jugadas de ajedrecista sin normas, tales como
el cierre del parlamento y el reemplazo de su gabinete plural por uno tecnócrata,
se están constituyendo en reglas básicas del dictador civil de la postmodernidad.
El Presidente Serrano en Guatemala fracasó en su intento de asumir poderes
totales, pero por la falta de apoyo de Estados Unidos. Los presidentes Paz Za-
mora y Rodrigo Borja, de Bolivia y Ecuador respectivamente, amenazaron con
seguir el ejemplo de su vecino. En Venezuela ya se escuchan voces en ese senti-
do (tal como lo ha manifestado Hugo Chávez), y en Colombia muchos creen
que la solución a la crisis política pasa por una nueva revocatoria del mandato de
los legisladores. Como expone Horacio Godoy refiriéndose al caso de Colom-
bia, el éxito de los políticos es simplemente el producto de la crisis, de una elec-

16. Y menciona el caso de Ernesto Samper para ilustrar este ejemplo. En Rial,juan, PartidoJ)' C!{IJI'
Política en /lmérim Latina en los 90, Costa Rica, IlDH - CAPEL, 1995, p. 77.
17. Roll, David, "La corrupción política en Colombia, del surrealismo a la realidad "irtual",
Ponencia presentada en elll Congreso Europeo de Latinoamericanistas, Halle, sept., 1998,
p.117.
Rojo difuso y azul pálido 31

ción por eliminación 1H.l ncluso en Rusia y en el propio Estados Unidos, Yeltsin y
Perot se acercaron a esta idea en algunos de sus discursos, y en Italia algunos no
ven otra opción al callejón sin salida en el que han entrado los partidos políticos.
Este fenómeno, por popular que sea, es preocupante para quienes considera-
mos que la democracia es uno de los resultados positivos de la civilización occiden-
tal y que cualquier sugerencia autoritaria sólo refleja una impaciencia irresponsable,
que en contextos históricos no muy lejanos ya ha conducido a catástrofes bien co-
nocidas. Se trata, como expone Juan Rial, de una inquietante nueva ola de autorita-
rismo, bajo la forma de una especie de bonapartismo civil de difícil
categorización 19.
La "Antipolítica" además no es antipolítica en sentido estricto, pues en la me-
dida en que busca el acceso al poder a través de las normas establecidas participa
en el juego político y puede ser compatible con la existencia de un régimen demo-
crático. Si los movimientos antipolíticos se constituyen en partidos, la situación
tenderá a homogeneizarse positivamente, se tratará de una sana renovación de eli-
tes. Pero la historia ha demostrado, mucho antes que el propio Montesquieu lo di-
jera, que la concentración de poder conlleva una falta de control que es propicia al
autoritarismo. Podríamos decir que existe un paralelo de la Ley Férrea de la Oli-
garquía de Michels, en el sentido de que si los partidos tienden a burocratizarse,
los movimientos antipolíticos tienden al autoritarismo. Como aquella, se trataría
de una ley general innegable, con excepciones también innegables.
Esta última afirmación puede suscitar una enconada controversia por parte de
quienes ven en la antipolítica una forma sana de acabar con la corrupción, de hacer
política sin políticos corruptos. El ejemplo más recurrido de estos defensores de
la antipolítica sería el de Antanas Mockus, quien ha ostentado dos veces el segun-
do cargo político en importancia en el país por elección popular, la alcaldía de la
Capital, y quien figuró durante un tiempo en primer lugar entre los favoritos para
el sillón presidencial. Mockus es el ejemplo más sano de líder antipolítico que no
parece creer en los partidos políticos, aunque actitudes e ideas antipolíticas las que
le dieron la popularidad y no sus cualidades personales 211 •

18. "I.a crisis es más grave por lo que entraña para el presente. Si el liderazgo nacional permite
que las actuales instituciones políticas y los políticos de hoy sean arrasados por las crisis, por
más enfermas que estén las primeras, o por más cksprestigiados que estén los segundos, lo
que quedará serán los antipo!íticos". Godoy, Horacio, "Antipo!íticos al poder", RelJúta J)imro,
Bogotá, No. 36, junio de 1996, p. 155.
19. Rial,Juan, Partidosy Clase Política en América Latina en los 90, IIDH YCapel, San José, 1995,
p.99.
20. "I.a única razón por la que Ileg{, a la Alcaldía de Bogotá fue porque no era un político. Nadie
sabía mucho de Mockus. LI episodio de su cola al aire era su único antecedente conocido.
¿Cuál era el listado de prioridades de gobierno? ¿Cuáles sus opiniones sobre la ciudad? ¿Qué
ofreció Mockus a quienes votaron por él? La imagen de una persona ajena, distinta y hasta
ofensiva a la figura clásica del político bogotano, constituía una alternativa, una novedad,
incluso hasta una esperanza. Pero era la imagen. No un programa, ni una propuesta, ni una
idea elaborada". Godoy, "¡\ntipolíticos al poder", ob. cit., p. 155.
32 David RolI

Los antipolíticos como Mockus aparentemente nunca podrán crear un parti-


do. De hecho, como sostuvo Paul Bromberg siendo miembro de su equipo de go-
bierno, Mockus no intentó crear en ningún momento un movimiento político
para su campaña "y evidentemente tampoco existe tras la actual administración
algo que se le parezca"21. Pero paradójicamente el propio Bromberg reemplazó
como Alcalde a Mockus cuando este se lanzó a la Presidencia, asegurando a todos
que e! Alcalde había dejado un equipo muy bien consolidado para continuar su pro-
grama. Y en gran medida así fue.
Evidentemente si Mockus representase la antipolítica que emerge en Latino-
américa, la situación no sería tan preocupante, aunque sobre el ambiente pesa un
gran interrogante respecto a la capacidad que tenga el alcalde bogotano de hacer
gobierno, local o nacional, reclutando elites por fuera de un partido político. En
nuestro concepto, la objeción a este tipo de antipolíticos sin partido es diferente a
la que puede hacérse!e a los antipolíticos estilo Fujimori. Un outsider como Moc-
kus no es un político autoritario, por más que sus detractores lo afirmen. El auto-
ritarismo peligroso para la democracia es el que pasa por encima de las leyes, y no
la actitud un tanto terca de un político que al no tener compromisos no tiene que
ceder a las negociaciones.
Otra cosa bien diferente es aceptar que e! político independiente tiene un grave
problema para constituir equipo de trabajo y una cautela por momentos excesiva,
que repercute en su eficacia decisoria, pero sobre todo en su eficiencia. Tal es la
principal acusación que se la ha hecho al alcalde Mockus en infinidad de artículos 22 .
En nuestro concepto, sin unas élites reclutadas a través de un partido, es difícil que
pueda llevarse a cabo un programa de gobierno coherente, y este también debe
provenir en alguna medida de los debates que se den al interior de los mismos.
Pero e! antipolítico que pone en peligro la democraticidad de! sistema, no es
e! que falla por eficiencia, sino e! que cuestiona la legitimidad del mismo precisa-
mente en aras de la eficacia y la eficiencia, a las que suele identificar con goberna-
bilidad. Esta falsa inferencia requiere de un análisis específico, toda vez que en ella
se fundamenta en gran medida la apología de una política sin partidos de corte
bonapartista.

21. Bromberg, Paul, Antanas, del mito al rito, Bogotá, diciembre de 1995, p. iv.
22. Sólo por citar dos comentarios muy generalizados en los medios: "La política ejercida como
antipolítica le sigue dando créditos al Alcalde. ¿Hasta cuándo?" Las victorias simbólicas de la
antipolítica tienen un límite: los resultados." Sanín, Javier, en "La Politica Antipolítica". En
Bromberg, Antanas, del mito al rito, ob. cit. y ''Antanas ¿un espejismo?". Bogotá, El Tiempo, 12
de mayo, p. lE.
Rojo difuso y azul pálido 33

D. EL EFICIENTISMO POlÍTICO, ENEMIGO


DE LOS PARTIDOS Y DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO

La gobernabilidad es el término que se ha utilizado en español para designar la


palabra inglesa j',oIJerna17ce, con la que se pretende significar aquella acción de
gobernar genérica que tiene una connotación positiva. La gobernabilidad se
ha constituido en una de las principales preocupaciones- obsesiones, tanto de
gobiernos como de analistas. En un buen número de países latinoamericanos, los
gobiernos han enfatizado excesivamente en los últimos tiempos uno de los aspec-
tos de la gobernabilidad, la eficacia (orientada hacia el desarrollo económico), en
detrimento del otro, también sustancial, la legitimidad, lo que ha dado lugar al fenó-
meno de las democracias limitadas, que en último término son un obstáculo para la
propia gobernabilidad.
Se entiende por eficacia, según señala Linz: "la capacidad de un régimen
para encontrar soluciones a problemas básicos con los que se enfrenta todo
sistema político"2.1.
Puede comprenderse que los gobiernos latinoamericanos hayan querido solu-
cionar el problema de la pobreza a través de una eficiencia excesiva, tendiente a bus-
car a toda costa el desarrollo económico. Pero en ese exceso se pone en juego la
legitimidad, toda vez que se descuidan elementos básicos de la vida democrática, tales
como la participación y el debate, que se supone se expresan en nuestras modernas
democracias, según se expuso al principio, a través de la representación en los parla-
mentos, mediada por los partidos políticos.
Las medidas eficientistas o desarrollistas, se toman en aras de la gobernabilidad,
pero resulta que tanto la legitimidad como la eficiencia son elementos indispensables
para el mantenimiento del sistema y en última instancia para la gobernabilidad, como
bien lo expone 1"eonardo Morlino: "Cuando un rét-,rimen posee un bajo grado de legi-
timidad, el papel de la eficacia decisoria en la persistencia del régimen será más impor-
tante que en otros casos: bastarían pocos desafíos no superados para erosionar aún
más unos niveles de apoyo ya bajos"24.
La gobernabilidad en concreto en Latinoamérica supondría igualmente, se-
gún afirma Mayorga, la combinación de los dos factores: "el fortalecimiento de la
legitimidad del sistema político y de las instituciones estatales, y el desarrollo de la
eficacia de las políticas públicas, diseñadas e instrumentalizadas por el Estado"25.
La gobernabilidad en general y muy en particular en Latinoamérica, requie-
re entonces que haya un equilibrio entre el ímpetu desarrollista de los gobiernos
y su preocupación por obtener un apoyo permanente de la sociedad civil. La

23. Lim, Juan J, QuidJra de faJ deIJ/{)traciaJ, Madrid, Alianza Editorial, 19H7, p. 46.
24. Morlino, Leonardo, Como cambian los regímenes políticos, Madrid, Centro de Estudios Constitu-
cionales, p. 223.
25. :-'lavorga, René Antonio, [)f1!/otracia J' ,~{)¡'ernaf¡iljdad en /lmérim Latina, Caracas, Nueva
Sociedad, 1992, p. 41.
34 David Rol!

gobernabilidad estaría así asegurada, como sostiene Alcántara, "en la medida en


que un gobierno pueda simultáneamente mantener la legitimidad y promover el
desarrollo económico "2(,.
De este modo, la crisis de gobernabilidad de muchos países latinoamericanos
está centrada actualmente en el descuido de los gobiernos por impulsar la legitimi-
dad, tras la democratización, en su obsesión por promover el desarrollo económi-
co. El resultado de ello es la democracia limitada, que se dio históricamente en
Colombia primero, pero que después se generalizó en la región.
Esta concepción eficientista de la gobernabilidad ha supuesto que en los
países latinoamericanos de reciente transición a la democracia se esté dando un
fenómeno, compartido también por países de transición más antigua como
Colombia y Venezuela, que rompe ese equilibrio entre la legitimidad y la efica-
cia. Este fenómeno consiste en la instauración de políticas económicas de
ajuste, de carácter neoliberal, que entran en conflicto con el problema de la po-
breza, el de mayor gravedad para la sociedad civil latinoamericana.
Todo ello ha dado lugar a que el fenómeno de la antipolítica de alguna forma se
combine con el auge del neoliberalismo, creando una atmósfera de tecnocratismo a
ultranza, en el que por supuesto los partidos políticos y los parlamentos son vistos
como obsoletas instituciones que no vale la pena reformar. Las democracias limitadas
en Latinoamérica, se sustentan en gran medida en la debilidad de estas instituciones,
que no permiten la toma de decisiones rápidas e incuestionables orientadas al creci-
miento económico. Como sostiene Mario Sznadjer, respecto de las democracias limi-
tadas en Latinoamérica: "Estas medidas encuentran en la democracia limitada,
ejecutiva, eficientista, antiparlamentaria, a veces plebiscitaria, hostil al pluralismo polí-
tico, un modelo que permite la convivencia de políticas económicas antimovilizantes
e impopulares con un marco de democracia formal"27.
En este contexto de crisis mundial de partidos políticos, pero especial-
mente en Latinoamérica, y con la alternativa ilusoria de una democracia parti-
cipativa imposible o una peligrosa antipolítica eficientista, es en el que se sitúa
el debate sobre la reforma de los partidos políticos en Colombia. Para algunos
todo este esfuerzo por recuperar los partidos es sólo un deseo idealista de insti-
tucionalizar unos partidos de corte europeo en un país con partidos de corte
norteamericano 28 .

26. Alcántara, Manuel, Gobernabilidad, msúy cambio, Madrid, Centro de Estudios Constitucionales,
1994, p. 42.
27. Sznajder, Mario, "Sociedad Civil y Democracia Limitada: Una perspectiva comparativa",
Revista Papel Político, No. 1, marzo de 1995, p. 27.
28. Rodrigo Losada ha expresado esta afIrmación en diferentes oportunidades, y en una de sus con-
ferencias expuso cómo la vida política colombiana no depende en absoluto de las estructuras
partidistas, sino más bien de las preferencias partidarias de los electores. Losada, Rodrigo. ¿Senti-
mientos partidistas, sin partidos políticos?, En 1Jornadas ciudadanía y partidos políticos en Iberoamé-
rica, Cartagena, febrero 28 a marzo 1 de 1996.
Rojo difuso y azul pálido 35

Pero como sostenía Lara Bonilla, la apelación a la estabilidad norteamericana


en un sistema de partidos débil es un sofisma, pues una democracia con doscien-
tos años de gobiernos constitucionales puede sobrevivir a sus partidos, y no se
puede decir lo mismo de Colombia2~.
Es por ello que la reforma de los partidos es una opción contundente por las
formas democráticas de gobierno, que permiten ese simple axioma democrático
de! que hablan los teóricos del tema: que las decisiones de gobierno se tomen por
mayoría con respeto de la minoría 3o , y éste no tiene un instrumento más adecuado
de momento para la constitución de esas mayorías que la lucha en el Estado de
Derechos entre los partidos políticos.
En e! mismo sentido, los promotores de la reforma constitucional en Chile,
por ejemplo, han sostenido reiteradamente que "los partidos políticos son instru-
mentos esenciales en la vida de una democracia y especialmente en la generación
de los poderes ejecutivo y legislativo"3l.
Esta última posición parte del convencimiento de que e! fortalecimiento de
esos partidos, y sobre todo su democratización, contribuirán al reforzamiento de
la legitimidad de! sistema, serán obstáculos para la instauración de democracias li-
mitadas y reforzarán la gobernabilidad en un sentido no restringido al mero efi-
cientismo económico coyuntural.
El debate está servido, y e! país tendrá que ocuparse de él en los próximos
años, con independencia del éxito de las reformas propuestas y las crisis coyuntu-
rales. Se trata de un debate universal que excede nuestras fronteras e incluso la re-
gión latinoamericana y que por lo tanto requiere de un análisis de cuestiones
politológicas de gran entidad, que en ocasiones son olvidadas entre interminables
discusiones de corte parroquial.
No obstante, hecha la aclaración de que el debate debe incluir una refle-
xión profunda sobre la democracia representativa, la transformación de fun-
ciones de los partidos políticos y el peligro de la antipolítica eficientista, es
necesario señalar que gran parte de la discusión en torno a la reforma de los
partidos políticos en Colombia debe centrarse en la particular experiencia na-
cional de la crisis de los partidos. Un extremo es tan vicioso como el otro: Pre-
tender reformar los partidos en Colombia sin tener en cuenta la crisis de los
partidos a nivel mundial, o legislar sin considerar el desarrollo histórico de los
propios partidos a los que se pretende reformar. La pregunta adicional y nece-
saria hace referencia a la ingeniería electoral, en el sentido de determinar si los
partidos son o no variables dependientes, susceptibles de modificarse desde el

29. Bonilla Lara, Rodrigo, Fundación Simón Bolívar, Los partidos políticos colombianos, Pontificia
Universidad ]averiana, p. 125.
30. Cotardo, Ramón, bz torno a la teoría de la democracia, Madrid, Centro de Estudios
Constitucionales, 1990, p. H6.
31. Chaparro, Patricio, UJs propue.rtas democráticas de! ,~rupo de los 24, Chile, Grupo de Estudios
Constitucionales, 1987, p. 58.
36 David RolI

Estado para obtener un determinado sistema de partidos, v muy especialmen-


te cuál puede ser la orientación y alcance de esas reformas en lo referente a la
democratización interna de los partidos.

E. ALCANCES DE LA INGENIERíA INSTITUCIONAL


EN LA REFORMA DE LOS PARTIDOS POLíTICOS
1. Relaciones entre la variable partidos,
sistema electoral y sistema de gobierno

Los sistemas de gobierno, el sistema electoral y los sistemas de partidos. Los dos
primeros se relacionan asimétricamente con el sistema de partidos, pues se conside-
ra que esta última no es una variable institucional en sentido estricto, va que no
ofrece alternativas en ingeniería política, mientras que las otras sÍ. Es decir, mientras
que la decisión de los actores políticos y constitucionales define la elección de una
determinada forma de gobierno o de un sistema electoral específico, la concreción
de una determinada configuración del sistema de partidos no depende de la deci-
sión de los actores políticos o constitucionales sino más bien de factores históricos
y socioculturales que no admiten el mismo grado de intervención voluntario de los
actores para su transformación. En conclusión, en el campo de la consultoría políti-
ca o del diseño institucional, el espectro de intervención se restringiría solamente a
la forma de gobierno y el sistema electoral, aunque la variable sistema de partidos
dependería de las decisiones tomadas en lo referente al sistema electoral y de
gobierno.
No obstante el sistema de partidos también sería variable independiente, en la
medida en la que sus características influyen en el proceso de conformación del orden
institucional a tres niveles: la elección de una institucionalidad determinada, el compor-
tamiento subsecuente y los efectos que surjan de las instituciones políticas elegidas.
Así, la variable sistema de partidos es descrita como un vínculo entre la dimensión
histórica y de las estructuras sociales por un lado y los factores institucionales por el
otro.
La variable sistema de partidos es pues independiente en la medida en que la
causalidad es circular. Se parte de la premisa de Lijphart y Sartori de que los siste-
mas electorales poseen un significado decisivo para la estructura y dinámica com-
petitiva de un sistema de partidos, pero se rechaza la concepción determinista.
Sin embargo, en el complejo entramado de relaciones existente entre sociedad,
sistema electoral y sistema de partidos no es posible asignar unívocamente a cada
factor el rol de variable dependiente o independiente. Por ello, el sistema electoral y
de partidos pueden ser variables dependientes, cumpliéndose, a su vez, una especie
de causalidad circular: la estructura de los sistemas de partidos es tan relevante para
la elección del sistema electoral como este lo es para la estructura del sistema de
partidos.
Rojo difuso y azul pálido 37

A modo de conclusiones sobrc cuestiones específicas, se sostiene que el sis-


tema electoral puede incidir, y mucho, en la estructura del sistema de partidos,
pero que es sólo uno de los factores, siendo mucho más importante la homoge-
neidad cultural, étnica, religiosa de una sociedad para determinar la estructura del
sistema de partido que el diseño institucional.
En síntesis, los sistemas electorales tendrán uno u otro efecto en los partidos,
de acuerdo a las condiciones sociopolíticas concretas y por lo tanto no se acepta
la visión de Sartori del sistema electoral como variable independiente. Aunque
para Sartori también hay causalidad circular y multifactorial, la diferencia entre es-
tos y los empírico-históricos es que para los primeros hay relaciones causa efecto
determinables lineal y unívocamente en una serie dada de fenómenos, mientras
que para los segundos dicha linealidad es sólo una de las posibilidades.

2. La democratización de los partidos políticos y su significado


La democratización interna de los partidos supone tal cantidad de requisitos
previos, que puede parecer absurdo hablar de su diseño específico prescin-
diendo de esos presupuestos. No obstante, utilizando el partido internamente
democrático como un ideal-tipo, se puede avanzar en el señalamiento de ins-
trumentos necesarios para el logro ele la democratización interna, teniendo en
cuenta que en la medida en que estos aumenten habrá un mayor acercamiento
a la forma deseada.
Así pues, nadie niega que la democratización interna de los partidos tiene
como uno de sus supuestos una cierta igualdad entre éstos, un reconocimiento de
los derechos de la oposición y un importante grado de adecuación de! sistema
electoral. Pero ello no significa que no se pueda de ir allanando parte de! camino si
no existen tales realidades. Aunque las democracias que hoy conocemos no fueron,
por decirlo de algún modo, planificadas, lo cierto es que la sola consideración de los
obstáculos que debieron superar para alcanzar su estado actual, sin duda hubiese de-
sanimado al más audaz de los reformadores.
De! mismo modo que tratándose de la democracia en el Estado es ya de univer-
sal aceptación e! término "Poliarquía"'2 o más bien e! de "poliarquización", haremos
una extrapolación del vocablo al funcionamiento interno de los partidos políticos. En
adelante hablaremos del grado de poliarquización de los partidos, para referirnos al
nivel de democracia interna éstos que hayan alcanzado. A pesar de la operatividad del
término hay que hacer sin embargo varias aclaraciones diferenciadoras, que además
entran de plano en el centro de la cuestión.
En primer lugar, el reconocimiento de los derechos fundamentales en los
Estados modernos no tiene en los estatutos de ningún partido del mundo un

32. Dahl, Robert, La po!¡tIrq1lía. PartiripClúÓIl)' opo.riúón, ed. '¡'cenos, Madrid, 1989, p.13.
38 David RolI

equivalente. Ni siquiera el PSOE, Partido Socialista Obrero Español, en sus años


de mayor euforia democrática, logró incluirlo en sus estatutos 33 .
Esa primera diferencia, no hace más que subrayar el hecho de que la demo-
cratización interna de un partido pasa por garantizar que los derechos fundamen-
tales de los militantes se reconozcan, se ejerzan y sean defendidos al interior del
partido. Ello supone que existan unas vías institucionales para ello, es decir, una
organización diseñada para tal fin y unos procedimientos que obedezcan a princi-
pios preestablecidos y valores consensualmente aceptados. Dichos valores no
pueden ser otros que los de libertad, igualdad, justicia y pluralismo, y los princi-
pios, los de información, transparencia, libre debate y circulación de los
directivos.
A pesar de que dichos valores y principios han sido asumidos por los Estados y
son defendidos por la doctrina en lo referente al Estado, se da la gran contradicción
de que, no sólo de facto sino también teóricamente, no son aceptados al interior de
los partidos. Gran parte de la doctrina jurídica y de la ciencia política, considera que
los derechos fundamentales y la estructura democrático formal no se dan de igual
forma en los partidos que en el Estad0 34 .
Según estas concepciones, en los partidos las garantías y derechos funda-
mentales están limitados a una democracia procedimental, y en cualquier caso
debe circunscribirse respecto de derechos constitucionalmente garantizados,
pero siempre de acuerdo a la concepción ideológica del partido.
Como sostiene acertadamente Cárdenas Gracia, no puede aceptarse esta li-
mitación, porque la concepción de la democracia debe ser integral y porque resul-
ta incongruente sostener la democracia en la pura esfera pública y no en la
semipública o en la privada 35 .
Pero en segundo lugar debe señalarse que en el Estado la poliarquización su-
pone un reequílibrio entre los elementos autoritarios y los democráticos del siste-
ma, en favor de estos últimos. En los partidos en cambio, la ausencia de un marcado
perfil autoritario no supone necesariamente el reforzamiento de su símil democráti-
co, pues puede significar simple atomización y casi anarquía.
En especial para el caso que nos interesa, el colombiano, esta aclaración es de
vital importancia. Mientras que en los partidos europeos la designación de candida-
tos y la elaboración de listas electorales corresponden a los partidos, en Colombia la
situación es muy distinta. Como expone Pierre Gilhodes, "los partidos políticos

33. En 1976, en las Jornadas Socialistas de El Escorial, e! conferencista Gregorio Peces Barba insistía
en que e! PSOE debía ser pionero en e! mundo en incluir en los estatutos de! partido una
declaración de derechos fundamentales del PSOE, pero hasta el momento ningún congreso
federal del partido ha seguido su sugerencia. Citado por Cárdenas Gracia, Jaime Fernando, Ctisis
de legitimidady democracia interna de los partidos. México, Fondo de Cultura Económica, 1992, p. 212.
34. Un ejemplo es la posición de Karl Heinz Seifert, Die Politischm Partien Ú'I Recht der
Bunersrepublik Deutschland, Carl Heymann Verlag KG., Colonia, Berlín, Bonn, Munich, 1975,
p. 190. Citado por Cárdenas. Ibíd., p. 238.
35. Ibíd., p. 210.
Rojo difuso y azul pálido 39

colombianos, en particular los dos partidos históricos, son en su cúpula agrupacio-


nes de notables, se hallan cohesionados por elementos culturales comunes, se acti-
van en tiempo de elección y cuentan con estructuras rrúnimas y sin disciplina"36.
Más que esto, como sostiene Javier Sanín, "los partidos colombianos tradi-
cionales son en su núcleo maquinarias electorales regionales, extremadamente
fluidas e indisciplinadas"37.
Por todo ello, la poliarquización interna de los partidos políticos colombia-
nos puede significar no sólo un proceso hacia una mayor democratización del sis-
tema por la regulación de la actividad política partidista, sino que además puede
conducir a una transformación positiva de esos partidos atomizados en organiza-
ciones más disciplinadas. Con todo esto no se pretende convertir a los partidos
colombianos en partidos de corte parlamentario estilo europeo, pero ello sí contri-
buiría a que tiendan hacia una mayor coherencia ideológica y programática, lo que
de algún modo ayudará a superar el abstencionismo político y la consiguiente crisis
de representación.
Así las cosas, y como conclusión meramente tentativa, debemos decir que una
vez se logre un consenso nacional sobre la democracia interna de los partidos (y tam-
bién respecto de las demás propuestas de cambio), el paso siguiente será el de encon-
trar, también mediante una amplia y quizá prolongada deliberación, los mecanismos
necesarios para lograr la implementación de esa norma reina, pero siempre teniendo
en cuenta las particulares características de nuestro sistema político y de acuerdo a los
objetivos específicos que se pretenden lograr al intentar modificar la dinámica política
existente.

F. LA FINANCIACiÓN DE LOS PARTIDOS Y LAS CAMPAÑAS38


1. Principios y normas respecto
de la financiación de campañas y partidos

La financiación de las campañas electorales no sólo es una preocupación en Co-


lombia, es un tema de primer orden en la política latinoamericana y mundial, aun-
que hasta hace poco el debate era más bien escaso. La primera inquietud sobre el
tema se refería más a la financiación estatal de los partidos políticos que a la de las
campañas. Se consideraba inapropiado que un baluarte de la llamada sociedad ci-
vil recibiera financiación del Estado.

36. Gilhodés, Pierre, "Los partidos políticos, 1990-1995". En Leal Buitrago, Francisco, En busca
de la estabilidad perdida, ob. cit., p. 65.
37. Sanín, Javier, Representatividad I/aciol/al, regionaly local, 1 Jornadas Ciudadanía y Partidos Políti-
cos en Iberoamérica. Cartagena, febrero 28 a marzo 1, 1996, p. 9.
38. Los comentarios referentes a la financiación de partidos políticos y campañas de países diferentes a
Colombia proceden de fuentes secwldarias, por lo tanto, es posible que haya modificaciones en la
legislación de algún país y que no hayan sido registradas en este estudio.
40 David Rol!

Ahora se ha invertido la inquietud, en el sentido de que se considera peligroso


para la democracia una falta de control sobre el origen de los aportes privados a los
partidos, y sobre todo a las campañas. El aporte estatal ya no se ve como un atenta-
do a la autonomía de los partidos, sino como un garante de la transparencia de las
actividades proselitistas en busca del voto. Por otra parte se le considera un instru-
mento para equilibrar esa contradicción que se ha creado entre el creciente intlujo
de la economía de mercado y las formas de representación de la democracia.
Los partidos políticos de hecho tienen tres fuentes de financiación posibles: las
cuotas de los afiliados, las donaciones de terceros y el capital estatal. La cuestión es de-
terminar cuáles de ellas y en qué circunstancias deben combinarse, para favorecer una
serie de principios que se considera deben regir las leyes de financiación. Existe cierta
coincidencia entre los autores sobre cuáles deben ser estos principios:

El Principio de Igualdad entre las formaciones políticas.


El Principio de Transparencia tanto respecto de los fondos públicos como de
los privados.
El Principio del Control Efectivo tanto de la financiación pública como de la
privada, y desde un punto de vista interno como externo, con la existencia de
sanciones efectivas ante los supuestos de incumplimiento"l'!.

A estos principios, habría que agregar utrus tres, que consideramos de tras-
cendental importancia para la situación colombiana:

Favorabilidad: las candidaturas de las minorías políticas gozarán de favorabili-


dad para su financiación.
Proporcionalidad: los aportes estatales se distribuirán entre las diversas camli-
daturas en forma proporcional a su caudal electoral.
Buena fe: se presume la buena fe de los partidos y movimientos políticos, de los
candidatos y de las autoridades.

Como complemento a estos principios generales, en cada país las normas so-
bre financiación dependen fundamentalmente de la naturaleza jurídica que se le
conceda a los partidos. Además, el financiamiento público bien puede orientarse
a los propios partidos para sus gastos de funcionamiento o las campañas, o a los
candidatos. El cuadro general de la intensidad de la ayuda estatal a las campañas \'
partidos en Europa es más o menos el siguiente:

Prácticamente no existe ayuda estatal o es indirecta en los países en los cuales


los partidos no son reconocidos como personas jurídicas, tales como Bélgica,
los Países Bajos, Irlanda o Dinamarca.

39. Conde Álvarez, Enrique, "Algunas propuestas sobre la financiación de los partidos políti-
cos". En Cuadernos] Debates, No. 47 - Debate sobre la financiación de los partidos políticos
realizado en el Centro de Estudios Constitucionales. Madrid, 23 de noviembre de 1993, p. 13.
Rojo difuso y azul pálido 41

- Está muy restringido en países que, como la Gran Bretaña, los consideran suje-
tos de Derecho Privado.
Es muy común en los países en los que son reconocidos o mencionados consti-
tucionalmente, aunque sean considerados de derecho privado, como Suecia,
Francia, 1talia o Portugal.
- Incluso cuando no existe una ley que reconozca los partidos, como es el caso de
Grecia, se acepta la financiación pública.
- En los casos de Alemania \' España, donde son considerados entes de Derecho
Público, se otorga financiación pública a las campañas europeas, nacionales, re-
gionales, municipales, y hasta a los propios' candidatos.

En Colombia, los partidos políticos son también vistos como entes de derecho
público y por lo tanto reciben financiación estatal, tanto para su funcionamiento
como para las campañas electorales. roa cuestión a debatir en el momento actual no es
si debe haber o no financiación pública de los partidos y las campañas electorales en
este o aquel país. roa polémica va a centrarse en dos cuestiones fundamentales: la in-
tensidad de esa ayuda estatal, y las limitaciones y controles que se impondrán a la acti-
vidad partidista y electoral para evitar situaciones de ilegalidad que pongan en jaque la
legitimidad de los procesos electorales.
El tema de la financiación de las actividades políticas de los partidos es de re-
ciente y gran debate, aunque ya tuvo un amplio despliegue hace tres décadas en
otros países, por lo cual conviene hacer un recuento de dicho proceso antes de
elucubrar sobre "novedosas" normativas a la "criolla".

2. Evolución del concepto de financiación


pública de partidos y campañas
Aunque cronológicamente fue Argentina el primer país en legislar sobre financia-
cic'm de partidos en 1955, seguida de Puerto Rico en 1957, fue en Europa, y con-
cretamente en Alemania, donde se dio el más interesante proceso de aceptación
gradual del concepto.
En Alemania se declaró inconstitucional en 1966 el sistema de financiación
pública, porque se consideraba que sólo las dos primeras fuentes, aportes y dona-
ciones, garantizaban la autonomía de los partidos. No obstante, era evidente que,
sin perder su independencia, los partidos debían recibir algún tipo de ayuda finan-
ciera del Estado, para cumplir una función que finalmente era de utilidad pública.
Fue así como el Tribunal Constitucional reconoció que la financiación de las
campañas no sería inconstitucional, toda vez que los partidos políticos en las
campañas cumplen una función de agente estatal (Staatswillensbildun/',). Ello es
muy di ferente, advierte Pilar del Castillo al analizar la sentencia, a aceptar que
42 David RolI

los partidos puedan incorporarse al ámbito estatal, pues siguen siendo "una ma-
nifestación del derecho público subjetivo de asociación"40.
En 1967 se reformó en Alemania la Ley de Partidos Políticos, con apoyo en
esta nueva concepción jurisprudencial y se les reconoció a los partidos la restitu-
ción de los gastos e incluso el derecho al cobro anticipado de los mismos. Este
sistema tuvo dos problemas fundamentales: el endeudamiento excesivo y la fi-
nanciación ilegal. Se creó una comisión para analizar el problema y ésta dictaminó
que debían evitarse los créditos financieros, hacer más claros los ingresos en los
libros de cuentas y establecer un severo sistema de sanciones y controles. Todo
ello se consagró legalmente, pero sólo fue hasta 1992 cuando el Tribunal Consti-
tucional permitió la financiación estatal de las actividades generales de los parti-
dos, diferentes a las de las campañas, y declaró inconstitucional el sistema de
compensación básica, por considerar que suponía una desigualdad de trato.
La Ley del 28 de enero de 1994, actualmente vigente en Alemania, opta por dis-
tinguir entre el límite de la financiación estatal absoluto, y el límite de la financiación
estatal relativo. Este último supone que la financiación estatal nunca puede llegar a ser
superior a la financiación privada, a través de cuotas y donaciones. El absoluto, con-
siste en señalar un tope máximo a la financiación pública. Se trata de financiar a los
partidos para sus actividades generales, pero de acuerdo a dos criterios: su éxito elec-
toral, y el apoyo de sus afiliados y sus donantes. En síntesis, el Estado actualmente no
puede fmanciar más del equivalente a la suma de los ingresos propios del partido, y
este monto no puede ser superior a doscientos treinta millones de marcos.
De la experiencia alemana sobre el tema de la financiación de campañas elec-
torales y de partidos, por ser la de mayor trayectoria, pueden extraerse cuatro im-
portantes conclusiones, pertinentes para todo intento de reforma en este sentido:
La primera es que el Estado debe contribuir significativamente a la financia-
ción de las campañas y de los partidos, toda vez que estos realizan una especie de
función pública en beneficio del sistema democrático.
En segundo lugar, que la financiación estatal debe ser claramente delimitada,
pues, como sostiene Santiago González Vargas: "La democracia pierde su senti-
do si los partidos no son agentes, nacidos y sustentados socialmente ... la demo-
cracia no puede sobrevivir por subvención"41.
Tercero, que el sistema que se implante debe considerar el principio de igual-
dad de los partidos frente a la ley, pero debe combinarlo con el de favorabilidad
para los partidos con menos tamaño, sin perder de vista la proporcionalidad res-
pecto del apoyo electoral.

40. Del Castillo, Pilar, La financiación de partidos.y candidatos en las. democracias. occidentales., Madrid, Centro
de Investigaciones Sociológicas, Siglo XXI de España, Editores S.A., 1985, p. 54- 56.
41. González Vargas, Santiago, Lafinanciación de los partidospolíticos, Madrid, Dykinson, 1995, p. 26.
Rojo difuso y azul pálido 43

y cuarto, que cualquier sistema que se diseñe puede resultar inútil si no se


preveen mecanismos que garanticen la transparencia del manejo financiero del
partido y un control sobre sus actividades económicas.
Sin entrar a hacer un recuento de otros procesos legislativos en torno a la fi-
nanciación estatal de campañas electorales y de los partidos, sí conviene saber que
el sistema sueco ha sido el más inclinado a la financiación pública, pues los social-
demócratas reciben más del 65% de sus recursos del Estado. Los Países Bajos,
por el contrario, son reacios tanto a la financiación estatal como a la de los grupos
de negocios, y es así como el 60°¡() de los gastos de las organizaciones del partido
laborista de los Países Bajos provienen de las cuotas anuales de sus miembros.
Pero lo que realmente interesa para el debate de mayor o menor financia-
ción son los casos de países que mediante la financiación estatal pretenden de-
purar vicios del sistema electoral, que sería el caso de Colombia. Es decir, no
cabe duda de que el sistema de financiación por cuotas es el aparentemente más
sano y democrático, pero la cuestión dialéctica real es entre financiación pública
o privada por donaciones. Por ello resulta importante detectar las razones por
las cuales países como Francia, Italia o Estados Unidos tienden, cada uno a su
manera y por distintas razones, a intentar controlar la financiación privada o in-
centivar la pública, o ambas cosas simultáneamente.

3. la financiación estatal de las campañas y partidos


en Europa, Norteamérica y América latina
En cuanto a Francia, parece que se ha encontrado en el sistema de financia-
ción estatal una forma de controlar los excesivos gastos de las campañas elec-
torales, que desvirtuaban la democracia con una inútil danza de los millones,
aportada por los grandes grupos económicos.
El estado de las normas de financiación en Estados Unidos, puede ser in-
cluso de mayor utilidad para el análisis colombiano, debido a que su sistema de
partidos se asemeja más al nuestro que el sistema europeo, toda vez que en nin-
guno de los dos existen partidos fuertes al estilo europeo, en los dos se financia
más a los candidatos que a los partidos, y en ambos países los partidos tienen
una clara estructura de carácter electoral.
El financiamiento público en Estados Unidos se entrega únicamente a los
candidatos presidenciales, tanto para las elecciones primarias como para las gene-
rales, y solamente a los partidos para las convenciones nacionales. Este dinero
proviene de un fondo electoral, que es alimentado por los contribuyentes de for-
ma libre con el 1% o 2% de sus impuestos.
Un candidato no puede invertir más de 50.000 dólares de su patrimonio, ni
aceptar ninguna contribución privada, a menos que quiera renunciar a la financia-
ción estatal, en cuyo caso no tiene ningún límite de aportes o de gastos. Existen
unas normas diferentes para las elecciones primarias y las generales, pero lo
44 David Rol!

importante es que hay una cierta proporcionalidad entre donaciones pequeñas v


apoyo estatal en las primarias, y financiamiento total público o privado en las
generales.
Lo más llamativo en el sistema norteamericano es que desde 1911 se está
intentando limitar los gastos de las campañas, pero ha sido prácticamente impo-
sible. Primero, el Tribunal Supremo declaró en 1921 que tal limitación sólo era
válida para las generales y así lo consagró una ley en 1925. De cualquier forma,
durante los cincuenta años siguientes se mantuvo la norma de la limitación,
pero ni se hicieron controles posteriores ni se respetó el tope. Así, en 1971 se
derogaron los límites y más bien se limitaron los gastos en publicidad televisiva
y radial únicamente. El escándalo Watergate hizo que por fin se consagrara una
rigurosa ley de control de gastos de campaña en 1974, que fue declarada incons-
titucional en 1976 por el Tribunal Superior y reformada en 1980. Hoy en día
sólo si los candidatos quieren acceder a la financiación pública en las primarias
tienen que aceptar las limitaciones de gastos, y en las generales deben escoger
entre la financiación pública o privada.
A pesar de que la legislación norteamericana prohíbe la contribución de per-
sonas jurídicas, y limita los gastos, siempre se ha logrado violar una y otra norma a
través de diversos métodos, y los PACs (Political Adiol7s Comitces) , que fueron lega-
lizados en 1971, ya permiten que empresas y sindicatos contribuyan a financiar
campañas a través de organizaciones independientes. 1~I problcrna que ello ha ge-
nerado no es muy diferente al nuestro: ¿Es sano para la democracia que los gran-
des capitales contribuyan a dirimir una contienda electoral? ¿No es
antidemocrática la influencia de dineros en las campañas con fines específicos, in-
dependiente del origen presumiblemente legal o presumiblemente ilegal de di-
chos fondos?
La prensa norteamericana, frecuentemente cuestiona el famoso sistema de
Lob/:y estadounidense. The New York Times publicó un artículo titulado "Soborno o
Donación", en el que se expone abiertamente cómo en la política norteamericana
"el dinero que se da para ejercer alguna influencia forma parte fundamental del
quehacer político, al punto que el sistema de campañas se iría a pique si no se conta-
ra con dicho dinero"42. Como explica el ex procurador general de Clinton, Philip
Heymann, lo difícil es probar el quidpro qua, pues siempre es fácil argumentar la falta
de conexión entre el aporte y el interés 43 .
Otro ex procurador general, George O'Connell, va más allá de esta simple
cuestión probatoria, pues sostiene que respecto de la financiación de las campa-
ñas "existe un código de silencio entre la gente que participa en la cultura políti-
ca"44.

42. "Soborno o Donación", Thc New York Times. En Rel'!JI" .\'UIJ/IJ/{/, No. 106, abril de 1996, p.
63.
43. Ibíd.
44. Ibíd., p. 66
Rojo difuso y azul pálido 45

Para la campaña presidencial de 1996 en Estados Unidos, se estima que se


gastaron más de 100 millones de dólares, y el debate se ha reavivado. El propio
Bill Clinton propuso un proyecto de ley para restringir las donaciones millonarias,
pero no contó más que con el apoyo de unos cuantos congresistas de ambos par-
tidos. La dificultad de mantener independiente la política de las donaciones dudo-
sas es recurrente en todos los países. Lo cierto es que, como sostiene el citado
O'Connell, no se puede reformar un sistema político sencillamente acusando a la
gente; se requiere un instrumento contundente, una ley criminal, para poder lo-
grar dichas reformas"'.
En lo referente a las normas de financiación de campañas y partidos en países
latinoamericanos, debemos señalar que existe una tendencia casi común, por parte
del poder público, a apoyar y fomentar las actividades de los Partidos Políticos, pues
en 12 de 17 países ell ':stado subvenciona directamente a los partidos con dinero, y
en cuatro más de los cinco restantes ayuda a sufragar los gastos de forma
indirecta 4(, •
También es de resaltar que la mayoría de las reformas sobre el tema fueron
elaboradas durante la década de 1980, coincidiendo con los procesos de rede-
mocratización y consolidación democrática de muchos países latinoamerica-
nos, lo cual parece indicar que, al legislar sobre estas normas, muchos Estados
han cifrado en buena medida su estabilidad democrática.
Ese proceso les ha permitido a los partidos políticos constituirse en lq"rítimas en-
tidades autónomas provistas de personalidad jurídica. Este hecho ha generado una
reactivación de la actividad proselitista, produciendo un aumento en los gastos políti-
co- electorales, lo cual coloca a estas organizaciones partidistas en una difícil situa-
ción, que los conduce a aceptar la financiación ilegal 47 • Debido a ello, la mayoría de las
legislaciones de América Latina, han contemplado la subvención pública4H •
No obstante lo anterior, v a pesar de los esfuerzos emprendidos en esta materia,
e! trátlco de influencias, así como las contribuciones ilegales, han generado un pro-
fundo desencanto hacia las prácticas políticas contenidas en el interior de! sistema de-
mocrático 4 ') , creando, de esta forma, un clima de deslegitimación hacia las
instituciones que garantizan los procesos democráticos de elección. Por esta razón, se
ha abierto el debate a la moditlcación de legislaciones electorales.

45. lbíd., p. 68.


46. Nos remitimos para estas conclusiones al completísimo estudio de Navas Carbo, Xiomara. "La
rcgulaciún del financiamiento de los partidos políticos y de la campaña electoral en América
Latina". l ~n Nohlcn, Dieter, JistemtlJ de PartidoJ en /lmélica Latilla, Costa Rica, Instítuto
Interamericano de Derechos Humanos, 1993, p. 163.
47. Zovatto, Daniel, Una Visión Preliminar Comparada. La Financiación de la Política en Iberoamé-
rica, San José de Costa Rica: Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 1998, pp.
11-57.
48. Ibíd., p. 14.
49. Ibíd., p. 17.
46 David RolI

Ahora bien, es importante anotar la tendencia que predomina en América


Latina en materia de naturaleza jurídica de los partidos políticos. Al respecto, en
la gran mayoría de países se acoge la doctrina que ve a los partidos como asocia-
ciones privadas pero que realizan funciones públicas, o que transmiten la volun-
tad e intereses del conglomerado social, función que los sitúa como sujetos
pasivos de financiación pública so .
La legislación en Latinoamérica en lo referente a la financiación de campañas
electorales y de partidos va desde auxilios dados por el Estado hasta las limitacio-
nes que este le impone.

Auxilios Estatales
Entrega de dinero para gastos de la actividad electoral y partidaria.
Facilidad en la utilización de medios de comunicación.
Prerrogativas económicas para la obtención de fondos.

Limitaciones
Control a los topes de ingresos y egresos.
Control al origen del financiamiento.
Requisitos de los partidos para ejecutar determinada actividad.
Restricciones al contenido de publicidad electoral.
Determinación de tiempo para la fijación de publicidad.

El marco legal se refiere a:

Tipo de aportes.
Forma de aportes públicos en tanto discrimina entre directos e indirectos.
Restricciones al monto del financiamiento privado.
Control de cuentas de los partidos y campañas electorales.
En lo que se refiere a la financiación pública encontramos que se encuentra
dividida en:

Directa
Puede ser de carácter permanente, según representación parlamentaria, además
de una barrera mínima de votos obtenidos.
Igualmente, puede ser temporal en relación con lo electoral, según el número de
votos obtenidos.
Indirecta
Desgravación fiscal sobre bienes o ingresos de los partidos.
Uso de locales y espacios públicos para propaganda política.
Franquicias postales, telefónicas o telegráficas.

50. lbíd., pág. 19.


Rojo difuso y azul pálido 47
---------------------

Cuadro 1 Tipo de financiación y garantías.


-------------------------

Barrera
País Tipo Fondo asignable
legal
----------- ----~

i
Predeter- No deter-
Si No Variable
minado minado

Argentina X X
Chile X X X
Costa Rica X X X
Colombia X X X
Bolivia X X X
Brasil X X X
Ecuador X X X
El Salvador X X X
Guatemala X X X
Honduras X X X
México X X X
Nicaragua X X X
Panamá X X X
Paraguay X X X X
Perú X X
Uruguay X X X
Venezuela X X X

Las más importante es aquella que se refiere al uso gratuito de los medios de
comunicación 51 .
Los objetivos perseguidos con el establecimiento de la financiación mixta son:
la disminución de la incidencia de intereses particulares, la creación de condiciones
más equitativas, y por último, el cierre del paso a la corrupción 52 . Vale la pena acla-
rar que gran parte de los Estados latinoamericanos han optado por un sistema de

51. Navas Carbo, Xiomara, ob. cit.


52. lbíd., pág. 15.
48 David RolI

financiación mixto (público y privado) o tienen algún tipo de garantía directa, indi-
recta, o mixta de financiamiento público.
De otro lado, es importante señalar que hasta 1998 e! único país que carecía de
la financiación pública era República Dominicana. Pero debido a una moditlcación
a la legislación electoral en 1997, se consideró una financiación pública de los parti-
dos a partir de 1998, manteniendo e! financiamiento privado por parte de personas
naturales"]. La ley contempla el financiamiento de partidos por parte del 1<~stado en
una cantidad equivalente al O.5'YC, de los ingresos nacionales en los años de eleccio-
nes generales y 0.25°;', en los años no electorales 54 .
Pasando a otro plano de análisis encontramos que, en cuanto a las modalida-
des de financiación pública, directa, indirecta y dual, 16 países de los menciona-
dos anteriormente, poseen financiamiento público dual, mientras que Chile y
Perú poseen un financiamiento público indirecto"". En e! caso de Chile este tipo
de financiaciún se realiza mediante exenciones fiscales; Perú por su parte, la efec-
túa a través de! acceso de los partidos políticos a los medios de comunicación
estatales)('.
De acuerdo a lo anterior, es necesario señalar cuáles son los mecanismos uti-
lizados para canalizar la ayuda estatal en América J~atina. Para Daniel Zovatto, és-
tos se dividen en tres grandes gruposs-:

El acceso gratuito de los partidos a los medios de comunicación oficiales o priva-


dos en los que se dispone de un límite de tiempo para cada intervención (Bolivia,
Brasil, Colombia, Chile, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paragua\', Perú
y Venezuela).
Franquicias Postales especiales (Argentina, Colombia, Honduras, l\féjico, Nica-
ragua, Panamá y Perú).
Desgravaciones fiscales o exoneraciones de impuestos (Argentina, Brasil, Co-
lombia, Chile, Ecuador, Nicaragua, México, Panamá y Paraguay).

En cuanto a las actividades objeto de financiación pública, podemos observar


que existen dos tipologías: la financiación de carácter permanente, la cual se carac-
teriza por ser la que financia las actividades ordinarias de los partidos, y la tinancia-
ción temporal, es decir, aquella l]Ue subvenciona únicamente los gastos de las
campañas e!ectorales sH .

53. Espinal, Rosario y ]iménez, ]aquclinc, El Financiamiento de los Partidos Políticos en la República
Dominicana. La Financiación de la Política en Iberoamética. San José de Costa Rica: Instituto Intera-
mericano de Derechos Humanos, 1998, pp. 515-544.
54. Ibíd.,pág.517.
55. Zovatto, Daniel, ob. cit., pág. 31.
56. Ibíd., pág. 29.
57. Ibíd., pág. 30.
58. Ibíd., pág. 32.
Rojo difuso y azul pálido 49

Cuadro 2 Pinanciación pública.

Financiamiento público directo

No hay finan-
Permanente
País Permanente Electoral ciamiento
electoral
público directo

Argentina X
: Bolivia X
Brasil X
Chile X
Colombia X
Costa Rica X
Ecuador X
El Salvador X
Guatemala X
, Honduras X
~Iéxico X
Nicaragua X
Panamá X
Paraguay X
: Perú X
Uruguay X
i
Venezuela X _J

Otro punto que es importante señalar es la existencia de barreras legales y


criterios de asignación como los proporcionales, más exactamente, en relación
con la fuerza electoral alcanzada en la elección pasada. Otra modalidad es la
mixta, en la cual se combina la proporción electoral y se mezclan los porcentajes
entre partes iguales para todos los partidos 5,). Ejemplo de este último criterio, es
el de países como Brasil, Colombia, Ecuador, México, Nicaragua, Panamá y
Uruguay. Para el primer caso, el de la asignación de acuerdo al caudal electoral,
ubicamos a países como Argentina, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Hon-
duras y Paraguay.

59. lbid., pág. 35.


50 David RolI

Cuadro 3 Control y regulación de la financiación privada.

F_PoiS Im~_~~_~iCi~_~_~~ cuent~

Argentina
Chile
--1 Restricciones

Si

X
X I
No
---~-----
Si

X
No

X
Costa Rica X X
Colombia X X
Bolivia X X
Brasil X X
Ecuador X X
El Salvador X
Guatemala X X
Honduras X X
México X X
Nicaragua X X
Panamá X
Paraguay X X
Perú X X
Uruguay X X
Venezuela X X
• Repúb!i<:ªDominicana X X

Un último aspecto que es indispensable tener en cuenta es el de la regula-


ción de la financiación privada. Pues bien, al respecto, en la gran mayoría de
Estados latinoamericanos se contempla, en sus respectivas legislaciones electo-
rales, la regulación en esta materia (excepto en países como Chile, El Salvador,
Guatemala y Panamá).
Sin embargo, los instrumentos de exigencia de cuentas, aunque en casi todas
las legislaciones son tenidos en cuenta, éstos aún se encuentran sumamente débi-
les, lo cual obstaculiza el proceso de transparencia en los procesos electorales, dis-
minuyendo la credibilidad en los mecanismos que tiene el sistema democrático
para garantizar la competitividad en condiciones justas, así como la legalidad en
las acciones de los partidos políticos en el interior del proceso electoral.
Rojo difuso y azul pálido 51

Como se pudo observar con anterioridad, al parecer en los países en donde


se está debatiendo la cuestión de la financiación, existe un predominante consen-
so en torno a una mayor financiación por parte del Estado, y al mismo tiempo una
tendencia creciente a establecer correlativas limitaciones respecto al origen y
monto de las contribuciones.
Una de las causas de inclinación hacia esta tendencia, son los crecientes índices
de corrupción que se han ido presentando en las campañas electorales, gracias a
que el aumento en el costo de las campañas provoca una desorbitante influencia del
dinero 60 , el cual es aportado por emporios económicos y en general por las perso-
nas con los recursos necesarios.
De esta manera, se abre la puerta grande a la corrupción política, la cual dis-
torsiona el ideal funcionamiento del sistema democrático y dificulta la justa com-
petencia electoral, poniendo en tela de juicio la legitimidad del poder político, así
como la verdadera transmisión de la voluntad general.
Así mismo, y referente a este tema, existe un amplio consenso entre los ana-
listas de la política en considerar indispensable la complementariedad entre las
reformas a las disposiciones legales en materia electoral, y la modificación de las
prácticas políticas por parte de los aspirantes a ser elegidos para un cargo
público.
De otro lado, se considera necesaria la concientización de la sociedad civil
sobre el carácter jurídico de la norma, con el fin de que ésta se convierta en instru-
mento para afirmar, ejercer y reivindicar los derechos y deberes (de ciudadanos y
candidatos) contemplados en la ley, especialmente, aquellos relacionados con la
exigencia de rendición de cuentas de los funcionarios elegidos frente a sus
electores.
A pesar de todos los problemas señalados, es un hecho que en los países en
donde se está debatiendo la cuestión de la financiación, existe un predominante
consenso en torno a una mayor financiación por parte del Estado, pero al mis-
mo tiempo una tendencia creciente a establecer correlativas limitaciones res-
pecto al origen y monto de las contribuciones.
Estas dos últimas tendencias, se observan claramente en mayor o menor me-
dida tanto en la actual legislación colombiana, como en las propuestas de reforma
que existen. Así pues, el debate en Colombia, prácticamente se circunscribe a esas
dos cuestiones: la intensidad o incluso cubrimiento total de la financiación estatal
y los límites y controles respecto de las contribuciones privadas. A este respecto
se incluye una reflexión específica en el siguiente capítulo, sobre el sistema de par-
tidos en Colombia.

60. Cerdas, Rodolfo, "Capítulo IX: La crisis de los partidos", El desencanto democrático. Crisis de partidosy
transición democrática en Centroamérica. San José: REJ, 1993. 157, citado por: Zovatto, Daniel, Una visión
preliminar comparada. La financiación de la política en Iberoamérica, ob. cito
SEGUNDA PARTE
Crisis de los partidos políticos
colombianos e intentos de reforma
A. LA CRISIS DE LOS PARTIDOS POlÍTICOS COLOMBIANOS

n análisis de los partidos políticos colombianos excede esta reflexión o cual-


U quier investigación que se haya hecho hasta el momento, puesto que dar cuen-
ta de una realidad tan compleja requerirá de un esfuerzo colectivo de estudiosos del
tema, que aún está por realizar. Sin embargo, sí es necesario situar la propuesta de
reforma política en lo referente a los partidos en el contexto de su propia realidad
histórica.
Es de general aceptación entre los analistas, que la capacidad de movilización
política de los partidos políticos se fue erosionando progresivamente desde la conso-
lidación del Frente Nacional. La prueba más evidente fueron los altos índices de abs-
tención que se presentaron en todas las elecciones en las que no participaron
movimientos políticos por fuera del bipartidismo. El mecanismo que se ideó para sal-
var a los partidos de la mutua destrucción fue precisamente el que acabó con ellos en
cuanto verdaderos, aunque sectarios, polos de movilización de la ciudadanía. Pero fue
la modernidad la que afectó la naturaleza tradicional de los partidos, convirtiéndolos
en canales formales de captación de las masas l , enfrentándolos a un peligroso equili-
brio que condujo a la Violencia y luego al mecanismo neutralizador del bipartidismo
pactado.
La cómoda repartición burocrática de los cargos, fue cumpliendo el objetivo
buscado de desideologizar los partidos. Pero tras la desideologización vino la in-
capacidad y falta de voluntad de hacer programas políticos competitivos. Los par-
tidos fueron perdiendo capacidad de cooptación y arrastre electoral entre grupos
cada vez mayores de la población, especialmente entre sectores de menores
ingresos 2 .
Existe una íntima conexión entre la crisis del bipartidismo, la crisis de le-
gitimidad y el clientelismo. La mayoría de los estudios sobre el clientelismo re-
saltan el hecho de que éste trajo consigo una apatía electoral que condujo a

1. Palacios, Marco, El Populismo en Colombia, Bogotá, Editorial Sivasinza, 1971, p. 84.


2. Santamaría, Ricardo y Silva, Gabriel. Proceso político en Colombia, Bogotá, Cerec, 1984, p.
38.
56 David RolI

que solo voten quienes tienen interés en ello, y que los demás se abstuvieran,
por lo menos en lo que respecta a las zonas marginales y las rurales. En este
punto es en el que más insisten quienes denominan a Colombia como una de-
mocracia oligárquica en la que habiendo democracia formal los ciudadanos no
tienen participación, pues mientras que en 1958 el 60(;;1 de los electores vota-
ban para el Congreso, en 1968 sólo lo hacía un 31 %, siendo el descenso similar
respecto de la votación para Presidente: del 50% al 34%. Además, a pesar de ha-
ber aumentado constantemente la población urbana respecto de la rural, hasta so-
brepasarla, los índices de votación seguían siendo inferiores en las zonas urbanas.
Todo ello pareció indicar que "los partidos políticos tradicionales consolidaron
su poder durante el Frente Nacional principalmente sobre una base rural que no
representa los intereses o las necesidades de la mayoría de la sociedad urbana'.
Así mismo, una investigación sobre participación política realizada en 1981
llegó a la conclusión de que los partidos políticos no parecían ofrecer una alterna-
tiva real de participación al pueblo colombiano en el campo político 4 • Pero es de
señalar que aunque los bajos índices de votación parecen demostrar una innega-
ble crisis de los partidos tradicionales, ello no significa que el pueblo colombiano
esté despolitizado completamente, por cuanto la apatía electoral no supone una
apatía políticaS.
Suele señalarse el bipartidismo excluyente como una de las causas de la crisis
de los partidos políticos colombianos. Colombia es la excepción más notable a la
tesis de que el bipartidismo conduce a la estabilidad. Linz, defensor de la estabilidad
del bipartidismo, arguye que se debe al carácter presidencialista del sistema, y al he-
cho de que cuando hay una diferencia ideológica máxima entre los dos partidos y
una competencia centrifuga, el formato de los partidos se deshace o se desata la
guerra interna, como sucedió durante la Violencia en Colombia!'.
Habría que resaltar también que el sistema bipartidista rígido colombiano, a par-
tir del Frente Nacional, no es el bipartidismo clásico del que hablan los autores, pues
para decir que hay auténtico bipartidismo, la alternación debe de ser sólo una posibili-
dad, una mera expectativa y no un hecho se!-,ruro: una alternancia pactada contradice

3. Chernick W., Mare. "Reforma política, apertura democrática y el desmonte de! Frente l':acio-
nal". En: Váscluez de Urrutia, Patricia, Lú democmúa 1'11 nl{lfltoy N,(ro. CololJ//Jú¡ tII los (//70s
ocbenta, Bogotá, CEREC, Ediciones Uniandes, 1<Jfl'J, p. 288.
4. "¿Democracia sin participación?". En: Santamaría, Ricardo y Silva, Cabricl, ProteJo Polilim ('//
Colombia, Bogotá, Pundaci(')n Grupo Social, 1981, p. 97.
5. Así lo demostraban las expresiones aisladas del descontento ciudadano, fundamentalmente los
paros cívicos \" las marchas campesinas. Aunque se trataba de movimientos locales y desarticula-
dos, destacaba el hecho de que escaparan al control clientclista, pucs no había coincidencias entre
las movilizaciones y e! comportamicnto electoral posterior. Día? Uribe, Eduardo, Clim!elirlllo {'/l
Colombia, Bogotá, El Ancora Editores, 1<J86, p. 70.
6. ¡.in?, Juan j.,Quiebra de las Dm/oCTc¡Úa.r, :\Iadrid, Alianza l;nivcrsidad, 1<J87, p. 6<J.
Rojo difuso y azul pálido 57

el bipartidismo clásico al que usualmente se hace referencia 7 • Así, el bipartidismo sui


J'p¡erú que se ha dado en Colombia no fue garantía de estabilidad, pues condujo a la
quiebra del sistema en la década de los cincuenta, ni lo es desde el Frente Nacional,
porque en su singular exclusionismo está f-,rtan parte de la explicación de la inestabili-
dad persistente.
El hecho de que los partidos políticos que se enfrentaron durante la Violencia,
más que partidos eran intransigentes subculturas políticas H, condujo a que al desapa-
recer la lucha irracional, no estuviesen preparados para una confrontación democráti-
ca, y entrasen en crisis, pasando a depender de las prácticas clientelistas. La solución a
la intransigencia de los partidos, el Frente Nacional, surgió tras la reanudación de la
violencia y esa utópica ambición de Rojas Pinilla de sustituir un bipartidismo pujante
y contlictivo9 . Y fue esta inercia pactada la que propició la crisis de los partidos.
El debilitamiento del bipartidismo llevó a que el sistema político del clientelis-
mo utilizara el Estado, fortalecido en varios aspectos a partir del Frente Nacional,
para compensar la pérdida de control. A su vez, el clientelismo también contribuyó
a aumentar la desconfianza en e! sistema, debido a que las prácticas clientelistas que
suponían el manejo poco riguroso de los recursos estatales condujo a una situación
generalizada de corrupciún administrativa. Aunque en diferentes niveles éste es un
fenómeno propio de toda sociedad capitalista, en Colombia e! comportamiento
político fraudulento o sencillamente antiético en la administración pública, multi-
plicado y oculto en las brumas de investigaciones que muchas veces hacen parte de
negociaciones clientelistas ha llegado a afectar un número alto de las decisiones es-
tatales, incluso las de especial importancia. El problema es que este comportamien-
to contradice no sólo cierta amplitud de beneficiarios que debería existir en la
sociedad civil con tales decisiones, sino incluso la racionalidad de reproducción del
capital lll .
Al constituirse los partidos tradicionales en protagonistas exclusivos de la
historia política, la crisis política del bipartidismo se tradujo automáticamente en
la crisis general de! sistema político. Esto no ocurrió por primera vez a partir del
desgaste de la fórmula frentenacionalista. Algunos autores sitúan e! comienzo de

7 Se puede decir, (Iue los acuerdos frentenacionalistas minaron el sentido del bipartidismo
como concepto válido dentro de una democracia representativa. Chernick, l\1arc. "Reforma
política, apertura democrática)' e! desmonte del Frente Nacional", ob. cit., p. 289.
1). Leal Buitrago, Francisco. "El Estado colombiano: ¿Crisis de modernización o müderni;,a-
ci(,n incompleta?". En CololJ/bia f lo)'. Perspectil.as oacia el s~R¡o XXI, Bogotá, Siglo XXI Editores,
1991, p. 400.
9. Pero se trat" de un mecanismo para evitar no para innovar, para mantener pero no para avan-
zar. Tirado :\'lejía, Alvaro, "De! rrente Nacional al momento actual. Diagnóstico de una cri-
sis". En: I listoria Política /946-1986, en: I\'lIe/'a f ¡¡.rloria de Colombia, Bogotá, Planeta, 1989, Vo!.
1I, p. 405.
10. Dávila, l,adn'l!1 de Guevara v I.eal Buitrago, rrancisco, 1~¡ dientelirmo, el súfe/JJa político y .rtI e:x:pre-
Jióll nxiollfl!, Bogotá, Siglo XXI, 1984, p. 65.
58 David Rol!

la primera crisis del modelo oligárquico en Colombia en el momento en el que


Ospina disolvió el Congreso 11 .
Desde este momento entró en crisis el modelo oligárquico, pero no pudo ser
reemplazado con éxito por nint,>ún modelo alternativo, aunque ciertamente existieron
variadas posibilidades que resultaron fallidas. La instauración o más bien la reedición
de la democracia oligárquica que se llevó a cabo mediante el Frente Nacional debe
atribuirse en gran medida al fracaso de los intentos por crear un modelo alternativo.
Los diez años de cambios de la década de los cincuenta fueron años de experimentos
de nuevos modelos que se intentaron instaurar a partir de la ruptura de las clases
dominantes, que supuso la crisis del modelo oligárquico. En primer lugar, el proce-
so revolucionario que a partir de la muerte de Gaitán parecía se estaba gestando, a
juzgar por las transmisiones radiales, fue parcial y casi fantasmal. En el otro extre-
mo, Laureano Gómez se propuso el establecimiento de un modelo corporativista e
intentó incluso reemplazar la Constitución para darle esta orientación, pero fue frena-
do por el golpe militar incitado por los partidos tradicionales, pues veían que en tal
proyecto se estaban poniendo en peligro las bases oligárquicas y clientelistas en que
fundaban su poder. Lo mismo sucedió con el intento del general Rojas de imponer
un sistema por fuera de la lógica bipartidista.
El fracaso del bipartidismo ha radicado en su incapacidad para canalizar las nue-
vas fuerzas sociales, debido en gran medida al clientelismo. Esta incapacidad comien-
za con el Frente Nacional, pero lo que realmente anuló la posibilidad de una
oposición propia de la dinámica democrática fue el Acto Legislativo Número 1 de
1959, que consagró la alternancia presidencial, sin consultarlo al constituyente
primario 12.
Mediante esta reforma constitucional postplebiscitaria se acordó que la presi-
dencia correspondería los primeros cuatro años a un candidato liberal, luego a uno
conservador y así por dos períodos más. De hecho el Movimiento Revolucionario Ij-
beral (MRL), liderado por Alfonso López Michelsen, se opuso al Frente Nacional, al
que consideraba como una treta de la oligarquía, y denunció en su primer manifiesto
ese mismo año que se había modificado el sentido del pacto bipartidista y que se

11. El modelo oligárquico a nivel de las sociedades más avanzadas hizo crisis en la década de 1930
debido a la Gran Depresión. Graciarena,Jorge. "De la oligarquía a la élite del poder: una transi-
ción incompleta". En: Podery clases sociales en el desarrollo de América Latina, Buenos Aires, Ed. Pai-
dós, 1967. En: Leal Buitrago, Francisco, "El Estado colombiano: ¿Crisis de modernización o
modernización incompleta?", ob. cit., p. 401. "In 1949 a state of siege was declared, and
Ospina Pérez disolved congress. 1949 thus marked the breakdown of oligarchical democracy
in Colombia". Berntzen, Einar, en: Prospects and Dilemmas of Democratic Consolidation in Latin Ame·
rica, Nordic Journal of Latin American Studies, Stockholmo, Vol. XIX: 1, 1989, p. 25.
12. Fue la imposición de la alternancia presidencial la que hizo que se minimizasen las
bases de la competencia ideológica y electoral, convirtiendo los enfrentamientos parti-
distas en conflictos burocráticos sobre la distribución de los recursos del Estado. Cher-
nick, Marc, "Reforma política, apertura democrática y el desmonte del Frente Nacional",
ob. cit., p. 285.
Rojo difuso y azul pálido 59
~-----~ -~-----~ - - - -

estaban poniendo en peligro las bases democráticas de la sociedad, a! quitarle e! carác-


ter de transitoriedad a la situación pactada.
La reforma constitucional de 1968, que buscaba fortalecer e! Ejecutivo para su-
perar la ingobernabilidad que se había creado con e! sistema frentenacionalista de las
mayorías calificadas, fue un elemento clave en la crisis de! bipartidismo y de la le,6>iti-
midad democrática, que a los pocos años se manifestó con claridad en e! desánimo
electoral. Los elementos negativos de! Frente Naciona! fueron o bien reeditados o in-
cluso superados en esta reforma. Mediante la reforma de! artículo 120 se mantuvo e!
pacto de repartir el poder bajo la fórmula de la participación proporcional. Por otra
parte se le dio fuerza al clientelismo con e! mencionado mecanismo de los auxilios
parlamentarios. Pero además, e! fortalecimiento de! Ejecutivo no pudo ser posible sin
e! correspondiente debilitamiento de! órgano Legislativo. Es una tendencia que ya
existía, que se dio con mayor énfasis desde el Frente Naciona! y que se acentuó con la
reforma de 1968.
La Constitución vigente a partir de 1968 dio al Presidente amplias capacidades
legislativas, aún en tiempos de normalidad: poder para reglamentar leyes facultado
por e! Congreso, poder para dictar leyes previa autorización protempore de! Congreso,
poder para objetar las leyes aprobadas por e! Congreso negándoles la sanción presi-
dencia!. Por otra parte, le dio e! poder de libre nombramiento y remoción de sus mi-
nistros facilitando la negociación con e! Congreso respecto de las leyes que e!
Presidente desea hacer aprobar, y que él mismo puede proponer. De hecho e! país se
ha habituado a que sea e! Presidente quien proponga las leyes de mayor trascendencia
y con mayor intención reformadora.
Más poder aún le confería al Ejecutivo la capacidad presidencial de legislar
indirectamente a través de los poderes extraordinarios, pues en la práctica e! Pre-
sidente había sido quien había legislado basado en decretos dictados estando vi-
gente el Estado de sitio. En las pocas ocasiones en las que se levantó e! Estado de
sitio, rápidamente se incorporaron por vía legislativa muchas leyes que teórica-
mente debían dejar de regir al retornar a una situación normal. Pero siendo la cos-
tumbre legislar sobre todo tipo de asuntos a través de esos decretos, tuvo que
hacerse esto para evitar e! vacío legal.
Para limitar de alguna manera e! abuso de la figura de Estado de sitio, se creó en
1968 la fih'Ura de! Estado de Emergencia Económica, limitado a 90 días al año, du-
rante e! cual también se podían expedir decretos con valor de leyes en materia eco-
nómica. Aunque el propio Carlos Lleras, quien propuso la figura, ha insistido
reiteradamente en el carácter coyuntural de la medida para conjurar crisis concretas,
también mediante estos decretos se dictaron normas de carácter estructural, como
reformas tributarias íntegras yen general a través de ellos se adelantaron programas
de gobierno sin necesidad de consultarlos con e! Congreso.
A raíz también de este fortalecimiento de! Ejecutivo, desde e! Frente Nacional
la función de! Congreso de promover reformas legislativas, disminuyó hasta e! pun-
to de poder afirmarse que e! primer legislador de! país no ha sido desde entonces e!
60 David RolI

"Legislativo", sino el Presidente 13 . Cuando la Constitución de 1991 le quitó este


poder amplio al Ejecutivo, sin embargo, los gobiernos se vieron a gatas para reac-
cionar ante los problemas de orden público, hasta el punto de que no pocos han
señalado como negativa tal disminución 14.
De cualquier forma, con posterioridad a 1991 el Gobierno siguió proponien-
do los principales proyectos y negociándolos en el Congreso. El efecto político más
negativo de todo esto respecto del continuismo, ha sido el de que al reducirse nota-
blemente la iniciativa del Congreso, los congresistas si no reciben nada a cambio se
dedican a bloquear las reformas estructurales y mantener el status quo. En los ba-
lances que suelen hacerse de la experiencia política del Frente Nacional, los autores
coinciden en señalar que al finalizar éste no se había avanzado en términos de de-
mocracia, y que por el contrario el régimen fue perdiendo en términos de legitimi-
dad y de eficacia ls .

B. EL IRREDUCTIBLE CLlENTELlSMO POLíTICO,


EL LASTRE DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS COLOMBIANOS

El clientelismo es uno de los factores mas determinantes en la crisis de los partidos,


pero se trata de un fenómeno que se ha ido adaptando a las circunstancias cambian-
tes. De hecho, es una de las pruebas de la dinámica continuista, toda vez que ha

13. Sobre este punto pueden consultarse la obra de Alfredo VáslluCZ Carrizosa, 1:1 por!e/'p/'e.ridmáal
en Colombia, además el libro de Gary Hoskin, L;I Comp(}fjCllllil'llto [L,l!,is/atil'o fIl Colombia, Bogotá,
Rd. Universidad de los Andes, 1975. También el capítulo de I\rcher, Ronald y Chernick, ¡\[arc.
"El Presidente Frente a las Instituciones Nacionales", en Vásquez de Urrutia. 1.11 dflllol'{'{u'ia etl
!3IClncoy Negro. ColombiCl en los atlOJ ochenta, ob. cit.
14. "El poder Ejecutivo, sin embargo solamente podrá dar amplia proteccil'l!1 a la \'ida y bienes de
los ciudadanos si cuentan con medios policivo-cívicos con capacidad dc rcpresi(l!1 hasta deter-
minados niveles de infracciún de las normas de convivencia y seguridad. El Ejecutivo sigue
siendo el responsable del crecimiento y la estabilidad económica. Un país subdcsarrollado o en
vía de desarrollo depende en cuanto al manejo de todas las variables que incidcn sobre el bienes-
tar, la calidad de la vida, el ahorro, el trabajo, la salud, la educación, la vivicnda, el transporte, del
intervencionismo del Estado. Las fuerzas privadas si bien son capaces de dar mm'ilidad al desa-
rrollo, no despliegan la fuerza necesaria para equilibrar los desfases en sociedades tradicional-
mente desiguales en cuanto a las oportunidadcs. Sin que el Estado sea el dispensador único dc
bienes y servicios y dentro de una apertura liberal de la economía, tiene que conservar el poder
de regulación y distribución equitativa de la riqueza, protcgiendo a los sectores débiles y
dotando de oportunidades a quienes por variadas razones están al margen de la economía y del
progreso." Gaitán Mahecha, Bernardo, "Dcfcnsa del Continuismo Constitucional", ob. cit.
15. "Treinta años después de la inauguración del Frente Nacional, el régimen diseñado para
facilitar la transición hacia la democracia continua vigente, aunque con modificaciones.
Las reformas propuestas no han llevado a la consolidación democrática del sistema polí-
tico. Más bien, han asegurado la permanencia en el poder de los partidos tradicionales,
contribuyendo a la crisis de su legitimidad y restándoles eficacia para gobernar", Melo,
Jorge Orlando, Colombia, el despertClr de la modernidCld, Bogotá, Ed. Foro Nacional por
Colombia, 1991, p, 241.
Rojo difuso y azul pálido 61

resistido todos los intentos de neutralización, encontrando siempre la manera de


seguir siendo e! elemento fundamental del sistema politico colombiano. Por ello
merece un análisis separado, aunque conviene recordar, para retomar e! tema del
clientelismo en Colombia, que no es su existencia la causante de la crisis de legiti-
midad, sino la intensidad con la que se presenta, en un contexto de crisis de los
partidos, crecimiento del Estado y modernización incompleta 16 .
El intercambio de favores y demás por votos, de manera sistemática y pública,
poniendo en duda la legitimidad del sistema de representación, es lo que constituye
una instrumentalización problemática y de fatales consecuencias, la cual se dio en ta-
les circunstancias sólo a partir de! Frente Nacional. Pero como se expuso anterior-
mente, e! clientelismo no es sólo producto de! Frente Nacional, sino que muchos de
sus elementos se fueron creando desde los intentos de cambio de la Revolución en
Marcha y se consolidaron con la reforma de 1968. En primer lugar la captación de las
grandes masas urbanas en las filas del liberalismo como mera masa electoral no deli-
berante, mediante e! proceso de convocatoria y desmovilización, motivó al electora-
do para encontrar soluciones globales a los problemas sociales acudiendo a las urnas.
Luego, el fracaso del impulso reformista de López dejó a estas masas sin otra posibili-
dad que la de aceptar los lineamientos políticos del partido, aunque su prioridad ya no
fuera la democracia social sino impulsar el modelo liberal de desarrollo.
El otro momento culminante fue el Frente Nacional, cuando operó la despo-
Iitización del régimen bipartidista, que dio lugar al nuevo clientelismo. Y este
clientelismo que hace posible el continuismo politico es a la vez el que perpetúa,
dentro de esa estabilidad institucional que sostiene, la inestabilidad política tam-
bién crónica del sistema político colombiano.
Un posterior hito en la consolidación de! clientelismo fue la reforma de
1968, que creó mecanismos que contribuyeron a fortalecer el poder clientelista y
restringieron el espacio político aún más. El principal mecanismo fue el de los
mencionados auxilios parlamentarios, que permitieron a los congresistas dispo-
ner de cantidades determinadas del presupuesto nacional para adelantar obras
concretas en beneficio de su clientela regional. Aunque también debe reconocer-
se que esta misma reforma significó un revés para los intereses clientelistas de los
congresistas, pues le quitó la facultad al Congreso de autorizar obras públicas.
En Colombia el clientelismo no es solamente un factor más de política, sino
el articulador mismo del sistema político, y de ahí la gravedad de su acción corro-

16. En toda sociedad compleja la base del comportamiento político radica en un principio de tran-
sacción en términos de poder, y ello no supone en sí mismo instrumentalízación. La cuestión es
que se intercambia en qué intensidad y con qué consecuencias. Míranda Ontaneda, Néstor.
Clientelismo y dominio de clase, Bogotá, CINEP, 1977, p. 20.
62 David RolI

siva 17. Por ello, conviene intentar definirlo y describir cual ha sido su evolución a
partir de los cambios estudiados, así como la manera como opera y muy especial-
mente las consecuencias que en términos de inestabilidad y continuismo ha gene-
rado en el régimen político colombiano.
El clientelismo puede ser definido, como el conjunto de relaciones de inter-
cambio de prestaciones y contraprestaciones entre quienes a falta de recursos,
garantizan su fidelidad política a terceros debido a su poder político, económico
o socia]18. Pero también puede ser visto dicho intercambio en sentido inverso:
"Una forma de intercambio personal que implica una larga amistad instrumen-
tal en la cual un individuo de más status socio económico (patrón) usa su propia
influencia y recursos para proporcionar protección y/o beneficios, a una perso-
na de menos status (cliente), quien a su vez, corresponde ofreciendo apoyo y
asistencia general, que incluye servicios personales al patrón" .19 Mas allá de es-
tos conceptos y de los que se sintetizarán a continuación, no existe algo que pue-
da llamarse una teoría del clientelismo propiamente dicha. Si ha habido una serie
de obras referidas al tema, estas sólo se dieron al macroanálisis, pero a partir de
los años cincuenta comenzó el microanálisis del clientelismo, aunque no estricta-
mente dentro del campo de la Ciencia Política, y en Colombia, donde su impor-
tancia es trascendental, existen escasos análisis dedicados concretamente al
tema 20 y otros pocos que se ocupan de él tangencialmente 21 .

17. "El clientelismo no es un mero vicio de los políticos, sino el nervio real del Estado, y como
tal, el factor determinante de dos fenómenos simultáneos, la estabilidad y la inestabilidad del
sistema". Molano, Alfredo. "Prólogo". En: Dávila y Leal, El clientelismo, el sistema políticoy su
expresión regional, ob. cit., p. 9.
18. Díaz Uribe, Eduardo, CJienteJismo en Colombia, ob. cit., p. 19.
19. Leal Buitrago, Francisco, "El sistema político del clientelismo", Análisis Político, Bogotá, No.
8,1989, p. 10.
20. En el área antropológica están los trabajos de Wolf, Eric, Sons of the Shaking Earth,
Chicago, University of Chicago Press, 1950 y Peasant, Englewood N. J. Prentice Hall,
1966.
21. Directamente sobre el clientelismo en Colombia pueden consultarse, además de las obras
citadas, los siguientes trabajos:
- "Clientelismo". En: Enfoques Colombianos, Bogotá, Fundación Friederich Nauman,
1980.
- Schmidt, Steffen Walter, Political CJienteJism in Colombia, Tesis Doctoral. Faculty of Political
Science, Columbia University, 1972.
- Deas, Malcolm. "Algunas Notas sobre la Historia del Caciquismo en Colombia", Revista de
Occidente, Madrid, No. 127, octubre de 1973.
- Scott,James, Patron Client Politics and Political Change, 68th Annual Meeting of the American
Political Science Association. Los Angeles, 1970.
- Miranda Ontaneda, Néstor y González, Fernán. "Clientelismo, Democracia o Poder Popu-
lar". En: Controversia, Bogotá, Nos. 41 y 42, 1976.
- Losada Lora, Rodrigo. Clientelismo y elecciones, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana,
1984.
- Reyes Posada, Alejandro, Latifundio y Poder Político, Bogotá, CINEP, 1978.
- Valenzuela Ramirez,Jorge, Producción arroceray clienteJismo, Bogotá, CINEP, 1978.
Rojo difuso y azul pálido 63

En Colombia, a pesar de que el clientelismo ha sido un tema muy discutido en


las épocas de elecciones, al parecer sólo llegó a la opinión pública en 1975, cuando
Carlos Lleras Restrepo denunció que la satisfacción de las necesidades públicas era
permanentemente desplazada en beneficio del clientelismo político. 22 En 1981 sus
palabras fueron más contundentes, pues lo describió como una de las formas pato-
lógicas que afectan la democracia23 . No obstante, este tipo de denuncias no iban di-
rigidas contra el sistema político como tal, sino contra determinadas personas y
grupos políticos, y en consecuencia el clientelismo fue considerado mucho tiempo
como un "epi fenómeno de ocurrencia particular e individual en el cual la sociedad
no cuenta mayormente"24. También es frecuente aún restarle importancia al consi-
derarlo como un fenómeno universal un vicio inherente a la política"25. Según Leal
Buitrago, esta exoneración del sistema fue la que impidió la comprensión adecuada
del problema. Para el autor, no es que haya clientelismo en Colombia, sino que "el
sistema colombiano ha llegado a ser el sistema político del clientelismo"26.
El clientelismo es concebido por autores como Edgar Reveiz como una de las
formas que reviste el tradicional sistema de cooptación, heredado del régimen de
concesiones en que se basó la conquista. Sistema que así reeditado "se ha converti-
do en sustituto imperfecto de la seguridad social y de la prestación de bienes públi-
cos por parte del Estado"27. Pero en estricto sentido, el origen de lo que se ha
denominado el clientelismo moderno se sitúa a partir del Frente Nacional, puesto
que hasta entonces el crecimiento de las ciudades fue relativamente modesto, pu-
diéndose reproducir el viejo sistema sin dificultades.
Para la mayor parte de los autores, el clientelismo, en sentido moderno, es
no sólo propio de este período sino un elemento central del sistema frentena-
cionalista 28 . Pero fue al finalizar el período frentenacionalista cuando se con-
solidó claramente el nuevo clientelismo y se vio la debilidad del antiguo
sistema. Concretamente en las elecciones de 1970, los "jefes naturales" fraca-
saron en su intento de imponer una candidatura única, frentenacionalista,

22. "La prioridad en la satisfacción de las necesidades públicas, se viola para poder favorecer el
clientelismo político, es infinita la gama de instrumentos... que se utilizan para mantener un elec-
torado cautivo". Lleras Restrepo, Carlos. "Las elecciones sucias y otras cosas". En: Nueva Fron-
tera, Bogotá, No. 80, mayo 13-19 de 1976.
23. Nueva Frontera, marzo 30 de 1981.
24. Leal, "El sistema político del clientelismo", ob. cit., pp. 8-9.
25. " ... no ya como un vicio colombiano propiciado por un determinado sector del partido libe-
ral, sino como uno de los fenómenos de la política aquí y en Cafarnaún". Cepeda Ulloa, Fer-
nando. "Clientelismo, voto urbano y modernización política". En: Estrategia Económica y
Financiera, Bogotá, 1979, p. 68.
26. Leal, "El sistema político del clientelismo", ob. cit., p. 9.
27. Reveiz Roldán, Édgar, "La cuestión urbana y regional en Colombia desde el ángulo de la teo-
ría de la regulación: una hipótesis", ob. cit., p. 151.
28. Sánchez Gómez, Gonzalo, "Rehabilitación y violencia bajo el Frente Nacional". En Revista
Análisis Político, Bogotá, No. 4 de 1988, p. 25.
64 David RolI

para derrotar a Rojas, por lo que su poder unificador y legitimador del biparti-
dismo decayó a partir de entonces, y más bien fue la jefatura nacional la que
pasó a depender de los mecanismos clientelistas regionales sumados 29 • Con
López Michelsen, en 1974, se presentó una especie de transición, pues todavía
dependió para las elecciones y para gobernar de la imagen de jefe natural del libe-
ralismo y a la vez se valió de las clientelas políticas regionales. Ya fuera del perío-
do estudiado, se hizo clara la consolidación definitiva del clientelismo, en 1978,
con el triunfo de Julio César Turba)' Ayala, quién llegó a la presidencia ascendien-
do lentamente los escalones de la política nacional, gracias a su magistral y pacien-
te manejo de la maquinaria clientelista. El elemento abstencionista se hizo claro a
partir de estas elecciones, así como la vinculación entre la pérdida de legitimidad y
el sistema clientelista.
No obstante, el Frente Nacional sólo fue el factor político de la crisis, pues el
factor económico coadyuvante de la expansión industrial de la segunda posgue-
rra, también fue determinante. A partir de entonces la migración a los grandes
centros urbanos y el crecimiento de los mismos con amplias zonas marginales,
modificaron las relaciones clientelistas. Pero además, con la expansión econó-
mica, el Estado se vio fortalecido y tuvo capacidad para asumir la prestación
de determinados servicios públicos y aumentar la cobertura de la asistencia
social. A su vez, este cambio incidió directamente en la estrategia partidista,
en el sentido de acelerar el proceso de identificación de intereses y de progra-
mas entre los dos partidos 11l • El desarrollo capitalista fue un factor importante
para la consolidación del clientelismo, puesto que se multiplicaron las posibili-
dades presupuestarias y aumentó la influencia política de los gobiernos sobre
la economía.
Antes del Frente Nacional, el clientelismo en el sentido moderno también
se daba en alguna medida, pero estaba limitado por la escasez de bienes y servi-
cios de que disponía el Estado para ser usados como moneda de pago del apoyo
electoral. En su lugar estaba el apoyo fanático y casi religioso por el partido al
que se pertenecía. El capitalismo fue dejando atrás la sociedad rústica, agraria,
atrasada y dominada por relaciones de servidumbre, haciendo posible la paulati-
na desvalorización de la ideología partidista, pero ese mismo capitalismo fue el

29. "El primer campanazo de alerta de la crisis del nivel nacional se observó en el proceso electo-
ral de 1970, cuando fue imposible imponer, por parte de los jefes naturales, la candidatura
única frentenacionalista del conservador Pastrana Horrero. ¡\ partir de esta coyuntura, los
mecanismos regionales bipartidistas fueron aumentando progresivamente su participación
en la justificación ideológica del bipartidismo como fenómeno eminentemente nacional".
Leal Buitrago, Francisco. 1~stado)' Política en Colombia, ob. cit., p. 176.
30. "En medio de una progresiva integración económica de las regiones, del desarrollo industrial
y la expansi()fi del mercado interno se consolidó la articulaci")fi de intereses de las clases domi-
nantes, lo que hizo evidente la inexistencia de diferencias programáticas de fondo entre los
partidos", Díaz Uribe, Eduardo, CliffltelÍJmo ffl Colombia, ob. cit., p.29.
Rojo difuso y azul pálido 65

que hizo que se ampliara la cobertura del Estado, y que la filiación partidista se
hiciera necesaria para hacerse beneficiario de ella'].
El fenómeno que interesa al análisis de la política contemporánea colom-
biana, \ concretamente a la hipótesis del continuismo, es el moderno cliente-
lismo. El viejo clientelismo, anterior al Frente Nacional, que es más bien un
caciquismo o un patronazgo, estaba ligado a una situación particular, a unas
condiciones de atraso propias de una organización precapitalis ta, de relacio-
nes mercantiles incipientes, limitado mercado interno e ínfima cobertura del
Estado)2. Pero como bien se ha anotado, "en el clientelismo de hoy subsiste
una dosis grande de atavismo. Es decir, se reproduce en buena medida el viejo
tipo, en parte porque las antiguas condiciones sociales aún permanecen, aun-
que ya no de manera generalizada"'). Para algunos, justamente toda relación
clientelista debe descifrarse a partir de su análisis como instrumento de poder
de la clase dominante'4.
Conviene analizar cuáles eran las características del clientelismo tradicio-
nal, para ver como se transformó hasta su forma actual. Eduardo Díaz señala
tres características fundamentales del viejo clientelismo: El predominio de la
lealtad personal no interesada, el carácter hereditario y vitalicio de la filiación
respectiva y la configuración regional de la adscripción partidista)S. En cuanto a
esta última, fue un hecho que regiones más o menos vastas fueran conocidas
como claramente liberales o conservadoras. Respecto de la lealtad no interesa-
da, parece ser que la incondicionalidad obedeciera precisamente a que las grati-
ficaciones eran más bien de tipo emocionapú.
Aunque en ocasiones no se observa muy claramente como podía darse una
cohesión de tipo conceptual en un país donde en cada región la política era vista de
una particular forma, la explicación está justamente en las "jefaturas naturales", o

31. "La forma de dominación de relaciones clientelistas de dominación política fue encontrando
una compensación a la desmitificación partidista, a medida que se fue desarrollando el capita-
lismo durante el Frente Nacional". Leal I3uitrago, Francisco, Estadoy Política en Colombia, ob.
cit., p. 175.
32. Este caciquismo era un sucedáneo de la insuficiente satisfacción institucionalizada de necesida-
des, se hallaba muy extendido, y primaban los recursos provenientes de la propiedad privada. Vid.
Leal, "El sistema político del Clientelismo", ob. cit., p. 1I.
33. Dávila y Leal, El clienlelismo, el sistema políticoy su expresión regional, ob. cit., p. 43.
34. Miranda Ontaneda, Clientel¡smo y dominio de clase, ob. cit., p. 53.
35. Díaz Uribe, Clientelismo en CokJmbia, ob. cit., p. 50.
36. Pues incluso muchos asesinos célebres, como el famoso "Cóndor", se abstuvieron de
enriquecerse con base en el poder que adquirieron. El carácter hereditario y vitalicio
hacía referencia no solo a la condición política de liberal o conservador, sino al puesto
mismo que se ocupaba en la jerarquía del partido a nivel nacional, regional o municipal.
Así, los "jefes naturales" y sus familias se constituían para sus seguidores en una especie
de semidioses.
66 David RolI

sea en el doble carácter del bipartidismo en Colombia, el nacional y el regional, cla-


ramente diferenciados 37 .
A pesar del carácter endogámico de la elite política colombiana, el creci-
miento de la burocracia y el clientelismo en su moderna versión ha permitido
el surgimiento de lo que se ha dado en llamar "clase política". La política clien-
telista, junto al deterioro de las antiguas autoridades supremas del bipartidis-
mo permitió la movilidad social que hizo posible la creación de esta moderna
clase política. Así, el liderazgo nacional de origen elitista fue reemplazado por
los liderazgos regionales, respaldados por el clientelismo. No obstante, en el
contexto colombiano el clientelismo tuvo finalmente un efecto centralizador,
pero ello no significó la liquidación del clientelismo sino su reestructuración 1H •
Además, la elite política tradicional vinculada al poder económico siguió ocu-
pando los cargos más importantes y fijando la pauta de comportamiento de la
nueva clase política gracias al propio sistema clientelista. La democratización
del ejercicio político profesional se vio limitada en la práctica por el carácter
de clientelismo monolítico que no permite una rotación de los líderes en cada
cambio de gobiern03~ y por la persistencia del control elitista de la política.
Lo que sí desapareció fueron las jefaturas naturales. Este proceso de insubor-
dinación comenzó a tomar fuerza cuando los jefes regionales se opusieron a
Ospina Pérez en 1970, por querer imponer como candidato presidencial a Misael
Pastrana Borrero. Fue la primera vez dentro del sistema político que se enfrenta-
ban en una elección presidencial las clientelas regionales dominantes, con la tradi-
cionalmente fácil decisión de los centros oligárquicos 411 . Pero el agotamiento de las
jefaturas naturales terminó desatando en el Partido Liberal una guerras interiores

37. De un lado estaba la diversidad ideológica regional, que funcionaba a partir de relaciones
personales, y del otro estaban las jefaturas nacionales, dependientes de los llamados "jefes
naturales", que dependían de aquellas y le daban un carácter unitario a la vez, legitimándo-
las y diluyendo sus diferencias ideológicas. "Los jefes naturales imprimían, pues, la autori-
dad y el carácter unificado nominal en cada partido a nivel nacional, encubriendo, las más
de las veces, el archipiélago ideológico regional". Leal Buitrago, Estadoy Politica en Colombia,
ob. cit., p. 176.
38. El Prente Nacional es el mejor ejemplo de ello, así como la reforma de 1968, cuando el
Estado empieza a obrar como instancia racionalizadora. Pero los detentadores del poder
regional se fueron adaptando a esta situación. Miranda Ontaneda, CliCllte!ismo y dominio de
clase, ob. cit., p. 25.
39. El Frente Nacional "destruyó de un tajo lo forjado en más de un siglode confrontaciones:
El poder unificador de las llamadas jefaturas naturales". Dávila y Leal Buitrago, El cliente-
lismo, el sistema político y su expresión regional, ob. cit., p. 46.
40. En una sociedad modernizada que facilitaba la democratización, el sectansmo que soste!1la como
idcología la regeneración de los jefes fue dcsapareciendo, y con ellas posibilidades de surgimiento
de nuevos jefes naturales. Dávila, Ladrón de Gucvara y Leal Buitrago, Prancisco, 1~I dientefúlJlo. ,Iri.r-
tema político y su expresión r~~iona!, ob. cit., p. 56.
Rojo difuso y azul pálido 67

de tal magnitud, que hubo que imponer un jefe natural en las elecciones de 1986,
para dar una apariencia de unidad en las elecciones.
Así como con Turbay había terminado el llamado sistema de la fila india para
la elección presidencial, en 1985 se desató una guerra entre los caciques regiona-
les, que se consideraban con igual derecho a la presidencia, y fue necesario que un
grupo de "notables" eligiera a Virgilio Barco como candidato y lo hiciera aceptar
lentamente por los distintos grupos, para "conservar la ficción de un Partido Li-
beral unido, con cobertura nacional"41.
También a nivel regional hubo cambios. Eduardo Díaz distingue cuatro niveles
de liderazgo en el moderno clientelismo, en el que se sitúan de manera descendente:
el jefe político regional, los subalternos inmediatos del anterior, los funcionarios
públicos de menor entidad, y por último, los líderes o capitanes o tenientes
políticos.
El líder del moderno clientelismo dejó de ser el típico terrateniente o el próspero
comerciante. Normalmente ahora era un individuo que provenía de sectores pobres y
que había sabido utilizar la maquinaria del clientelismo para escalar posiciones. El jefe
político es cliente frente al poder central y patrón frente a las instancias regionales. Su
duración como líder depende del caudal electoral que aporte al partido y de la canti-
dad de dádivas que pueda obtener del poder central en beneficio de sus electores. En
este nivel superior están las cabezas de lista en las elecciones para Senado. Los subal-
ternos inmediatos del jefe regional o son funcionarios públicos o líderes con influen-
cia municipal, que aportan dinero o votos y reciben a cambio ser incluidos en las listas
electorales como suplentes o sq.,rundo renglón de lista para las elecciones de senado-
res o representantes. Los funcionarios públicos de menor entidad, son los que pue-
den ascender de nivel dependiendo de su eficacia a nivel electoral. En el último nivel
están los capitanes, son antiguos dirigentes cívicos que a cambio de un puesto público
o recompensa económica, se dedican exclusivamente a hacer la negociación cliente-
lista, base de la maquinaria que sustenta el sistema. Ellos son los que negocian el pre-
supuesto del Estado a cambio de votos. Son éstos los que establecen la relación entre
la gente de los barrios, los pueblos y las veredas con los jefes políticos regionales, y a
través de los cuales es posible acceder a una oficina pública, conse.l,ruir una medicina
de la asistencia estatal, obtener una beca, a,l,rilizar una licencia, etc. La importancia del
líder radica en que él es el dueño de los votos, toda vez que los compromisos electora-
les son adquiridos con él y no con el candidato o el grupo que lo apoya.
Por todo lo expuesto, es un hecho que el clientelismo a partir del Frente
Nacional presenta características bien diferentes, pues el proceso de despoliti-
¿ación bipartidista hizo que se perdieran estos rasgos, con lo que se solucionó el
problema de la violencia liberal-conservadora, pero se abrió camino a la crisis
del régimen bipartidista, debido a la apatía política, al desánimo electoral y a la
consiguiente crisis de legitimidad que dio lugar a la oposición antisistema

-+ 1. Dávila y I.eal Buitrago, l~¡ c!imtdi.rmo, el sistema polítitoy su expreJión r~l!,iofla!, ob. cit., p. 56.
68 David RolI

armada. No obstante, para algunos autores el aspecto sicológico sigue en gran


medida vigente en el moderno clientelismo, en lo referente a la identificación,
aunque los especialistas en el tema lo consideran prácticamente inexistente, de-
bido al carácter mercantilista que lo distingue del viejo clientelismo, este sí, cla-
ramente aglutinante por causas emocionales. Pero es claro que el clientelismo
en su nueva versión también cumple una función simbólica e implica una iden-
tificación afectiva, que merece ser estudiada.
Así lo plantea IvIedófilo Medina, basado en el concepto ya estudiado de Gui-
llén Martínez sobre partidos políticos y hacienda:
Los partidos trasladaron al plano político el sistema de interacciones de la ha-
cienda, caracterizado por pautas de relación altamente personificadas. Tal perso-
nificación lleva aparejada una fuerte carga de autoritarismo ... superada la hacienda
decimonónica, generadora de relaciones sociales y políticas, el clientelismo ha re-
producido el sistema de relaciones altamente personitlcado. El autoritarismo tomó
la forma de un intercambio paternalista asimétrico entre el gamonal o el líder polí-
tico y su elientela ... Demasiado influidos por enfoques valorativos, hemos percibi-
do en el clientelismo apenas una de sus dimensiones: la de un intercambio de
sen'icios por votos ... Las dimensiones simb')licas y afectivas del clientelismo no
han sido examinadas de manera cuidadosa y documentada. Sin duda, el eliente-
Iismo cumple funciones de integración al suministrar elementos de identifica-
ción. Ese cometido 1010 realiza al costo de reproducir y recrear maneras de
dependencia personal que conspiran contra la aclimatación de las formas mo-
dernas más libres de socialización política. 42

Debe reconocerse que ambos tipos de clientelismo tienen un factor común,


el de que no supone negociaciones interpares, toda vez que se trata de "una rela-
ción siempre asimétrica, que se apoya en la diferencia de poder entre las partes"·u.
Pero el clientelismo político moderno se diferencia claramente tanto del cliente-
lismo económico, como del clientelismo tradicional. Lo qUé: lo distingue de estas
otras manifestaciones del fenómeno es la injerencia creciente dell ~stado.
El hecho de que el clientelismo actual depende de la utilización de los re-
cursos oficiales, es lo que lo hace sustancialmente diferente de los demás. En las
áreas deprimidas el caciquismo ha asumido la forma del clientelismo, pero este
opera tanto en estratos bajos como entre los miembros de la clase alta, pues de
hecho, las grandes empresas contratistas beneficiadas con las licitaciones públi-
cas, agradecen a los partidos con sustancioso apoyo económico para las campa-
ñas electorales. En especial las clases medias que trajeron consigo la
modernización económica son las que proveen el grueso de la burocracia que
gracias al clientelismo se ha ido incorporando a la administraciún pública e

42. Medina, Mcdófilo. "Algunos Elementos Históricos de la Cultura Política de los Colombia-
nos". En: / 117/onlo (;mJJl.rú)'!a rea/ldC/d co!omhiana, Bogotá, Ediciones roro Nacional Colombia, 1<)') 1,
p. 119.
43. Leal Buitrago, "El sistema político del Clientclismo", oh. cit., p. lO.
Rojo difuso y azul pálido 69

intenta perpetuar el sistema. Precisamente una de las columnas que sostiene e!


sistema del clientelismo es la repartición política de los cargos públicos. Son dos
elementos los que se han combinado para hacer posible la eficacia de este fenó-
meno respecto del control del poder. De un lado, están las condiciones de mise-
ria \' de desempleo que son características de! país en general y particularmente
durante el período estudiado, de otro lado, está e! hecho de que el Estado es el
manlf empleador en todos los niveles y en especial en e! regional. Tanto el Pre-
sidente como los congresistas y los miembros de los cuerpos colegiados depar-
tamental y municipal se eligen dentro de las filas del bipartidismo, y más
recientemente los gobernadores \' alcaldes. J,os cargos hacia abajo dependen
casi compJctamente del nombramiento del Presidente.
En Colombia, para obtener un nombramiento es necesario pertenecer a un
grupo político específico, y para ascender o incluso conservar el cargo, es necesa-
rio estar comprometido con el jefe político del grupo al que se pertenece. Así, "El
funcionario público es, antes que servidor público, representante dentro de la en-
tidad en que trabaja, del jefe político que 10 nombró y de! grupo político al que se
matriculó. 1(1 funcionario pertenece al jefe político". Estas prácticas, que son de
común conocimiento, han sido comprobadas en los estudios de Díaz Uribe y de
Dávila, mediante entrevistas y estadísticas respectivamente, así como en las de-
más obras reseñadas. Todas están referidas al ámbito ele la muestra, en e! caso de
Dávila, el municipio de Rionegro, y en el de Díaz, el departamento ele Sucre, etc. Sin
entrar a reproducir los detalles de esas investigaciones de campo, es importante ex-
poner algunos de los testimonios obtenidos o reseñados por ellos, para obtener
conclusiones de tanta trascendencia, como esta de que el funcionario de cierta ma-
nera pertenece al jefe político. "El doctor x trabaja en el sector privado r es el doctor
x, no es de nadie. Pero si trabaja en el sector público deja de ser el doctor x y pasa a ser
alguien, le ponen apellido, sea Guerra, Dajer, Martínez, ete.". Testimonio de funciona-
rios públicos del departamento de Sucre. "Yo le pertenezco al Dr. Fulano. Mientras
esté en este empleo le pertenezco y le pertenezco a su partido, porque si me quita la
recomendación me puedo quedar en la calle"44. Con esta práctica se ha intentado
compensar el deterioro del sectarismo partidista, en el que se apoyaba el sistema
tradicional 4s .
Con la ley de carrera administrativa de 1938, se intentó profesionalizar en al-
guna medida la administración pública, pero según datos de 1988, de los 700.000

++. Díaz Uribc, UimtdiJlllu fIl Co!u/JI/)ia, ob. cit" p. 46 Y72 re,pectivamcnte,
+5, "La obligaci('m de identiticarse con uno de los dos partidos para ingre,ar y mantenerse en la buro-
cracia, constituyc'l la ba,e para 'u debilitada afiliacic'm política", Dávila y Leal Buitrago, ¡ j elimí/'-
Ii.r))!o. el úr/e))!{/ político.)' JII expreJión rej!,io!lrll, ob. cit., p. (, 1,
70 David RolI

empleados de la administración pública, solo 120.000 eran de carrera 4C,. En el go-


bierno de Carlos Lleras Restrepo se le empezó a dar importancia a los funciona-
rios técnicos, para impulsar la racionalidad burocrática en detrimento de la lógica
clientelista. Pero esto le costó al Presidente la pérdida de sus clientelas y no pudo
optar por la reelección.
El nombramiento de los funcionarios en razón de motivos clientelistas tiene im-
portantes consecuencias en términos de legitimidad y eficacia: quien dirige al funcio-
nario y lo controla no es su superior jerárquico, sino su superior político, así que la
racionalidad weberiana del aparato burocrático queda reducida a su minima expre-
sión. Pero lo que resulta más perjudicial aún para el eficiente funcionamiento de la ad-
ministración pública, es que esta supeditación implica el compromiso no sólo de
adelantar las obras que puedan beneficiar al grupo al que se pertenece, sino de boico-
tear las de los demás grupos, sin consideración a conceptos de utilidad común, de
donde resulta que la proliferación de obras inconclusas en la mayoría de los casos no
obedece al agotamiento de los presupuestos, sino al manejo clientelista47 . El desarro-
llo social no ha podido ser promovido en Colombia debido a este fenómeno de la
"fracasomanía"4R.
El clientelismo no sólo se nutre de la repartición de los cargos burocráticos
que existían, sino también de la creación de nuevos destinos. Ante la excesiva mano
de obra que surgió de las transformaciones sociales que consolidaron el capitalis-
mo, y con apoyo en la paridad burocrática obligatoria, los partidos tradicionales se
dieron a la tarea de expandir al máximo la nómina del Estado para cumplir los com-
promisos clientelistas 49 • Este hipercrecimiento burocrático estaba en pleno auge al

46. Esto a pesar de que todos los gobiernos del Frente Nacional señalaron la carrera administra-
tiva como el método más adecuado para aumentar la eficacia del Estado. Sarmiento, Gilda,
"50 años de carrera administrativa. Se empieza a ganar la batalla al clientelismo". En: ¡;11C,spec-
tador, 29 de noviembre de 1988.
47. "Para no entrar en detalles, un secretario departamental dijo que esta calle no se puede termi-
nar porque fue obra de determinado grupo". Testimonio de funcionarios públicos del depar-
tamento de Sucre. Díaz Uribe, Clientelismo en Colombia, ob. cit., p. 47.
48. () sea a la tendencia generalizada de desconocer las obras de los antecesores en los cargos
públicos, bien por razones clientelistas, bien por la difusión de la tendencia de los funciona-
rios nuevos de ver como fracasó todo lo adelantado por los funcionarios que ocupaban los
cargos a los que acceden ellos, independientemente de la facción política a la que pertenez-
can. Sudarsky, John, Clientelismoy desarrollo soc"ial. ¡;I CtlSO de las cooperatú'as, Bogotá, Ed. Tercer
Mundo, 1988, p. 266.
49. Prueba de lo dicho son los informes del Departamento Administrativo del Servicio Civil, que
señalan como a siete años del comienzo del Frente Nacional (1965) el número de empleados
públicos en el nivel nacional era de 186.801, Yveintiún años después (1986) el número ascen-
dió hasta 599.910. Además poco después de terminar formalmente el Frente Nacional
(1976), el número de empleados públicos nacionales y departamentales ya había llegado a
584.697. En total para esta fecha existían 725.233. Departamento Administrativo del Servi-
cio Civil, ¡c,voluúón de! Empleo Público en Colombia, Bogotá, 1986.
Rojo difuso y azul pálido 71

finalizar formalmente el Frente Nacional, pero diez años más tarde se estabilizó en
unos niveles compatibles con el ritmo de modernización económica.
"No obstante, la rápida absorción burocrática no era ilimitada. Llegó un mo-
mento en que tendió a estabilizarse. La capacidad de expansión burocrática del
Estado perdió flexibilidad y se encuentra en un nivel de relativa saturación, de-
bido a que alcanzó los límites económico-fiscales y técnico-administrativos
adecuados a lo que podía llamarse la ecuación nacional contemporánea socie-
dad civil-Estado institucional" .511
Pero además, el beneficio del bipartidismo con la modernización del Estado
no se limitó a la absorción burocrática, pues el clientelismo también hacía uso de
cualquier control estatal, directo o indirecto, sobre cualquier clase de recursos,
procurando igualmente su expansión. El clientelismo se nutre entonces, funda-
mentalmente, de la extensa gama de recursos que le proporciona el Estado, sin la
cual no podría subsistir s1 .
La ma<-¡uinaria política del clientelismo funciona en términos domésticos como
una transacción comercial, en la que el pago a través del voto está diferido. Esta
es la descripción del proceso negociador. El capitán o teniente político, con apo-
yo de sus jefes, ofrece las ayudas y los puestos a sus conocidos, es el proveedor de
los servicios del Estado. A cada concesión de un favor o una mediación, el bene-
ficiado se compromete a conseguir cierto número de votos, tantos cuanto mayor
sea la magnitud del favor. Ese líder acude a terceros que le debcn favores o a las
oficinas públicas que domina su grupo, cuyos funcionarios están obligados a
atender al líder, con peligro de destitución si no lo hacen. Logrado el favor, ellí-
der toma nota del "deudor", y el día de las elecciones pasa por los barrios con el
transporte facilitado por su grupo, y lleva a los "deudores" al comando electoral,
donde se encargan de acompañarlos hasta la mesa de votación y comunicarles
por <-¡uien deben votar. Según el estudio de Eduardo Díaz en el departamento de
Sucre, el mecanismo se ha desarrollado a tal punto que los grupos políticos loca-
les pueden, con la información de los comandos electorales y los guías, saber los
resultados electorales definitivos antes que las entidades oficiales encargadas de
contar los votosó 2 •
Hay que agregar a todo este manejo, los fraudes que se cometen continua-
mente en el conteo de los votos o elaboración de las actas electorales para com-
prender, sumado el fenómeno de la abstención, la casi nula representatividad de
quienes son elegidos en estas jornadas electorales, eufemísticamente llamadas
"fiestas democráticas".

50. Dávila, Ladrón de Guevara y Leal Buitrago, Francisco, El dientelismo, el sistema político] su expre-
sión r(~ional, ob. cit., p. 69.
51. Sin esa tutela estatal, "la capacidad de reproducción clientelista del bipartidismo desaparece-
ría y el sistema tendría que reestructurarse". Día7- Uribe, Clientelismo en Colombia, ob. cit., p. 62.
52. Díaz Uribe, Oientelismo en Colombia, ob. cit., pp. 40 Y 55.
72 David RolI

El manejo c1ientelista de los recursos que se ha descrito trae como conse-


cuencia la incapacidad del Estado para ampliar el radio de su acción, haciendo in-
suficientes los fondos públicos para encarar las grandes demandas sociales, a
pesar de que el desarrollo capitalista aumenta considerablemente los recursos es-
tatales año tras año. Pero más de la mitad de esos recursos se emplean exclusiva-
mente en gastos de funcionamiento"\ y gran parte de los gastos de inversión se
utilizan en manejos c1ientelistas, o por lo menos con la lógica del clientelismo,
abusando cada vez más del déficit fiscal.
Para una radiografía más completa del c1ientelismo debe tenerse en cuenta
que, aliado del c1ientelismo burocrático, el carácter mercantil de la relación clien-
telista ha permitido la intensa utilización de dinero privado con similares propósi-
tos de captaciún política 54, lo que supone una peligrosa dependencia a la hora de
establecer políticas en las que se afecte intereses particulares concretos. Las elec-
ciones han adquirido todo un carácter mercantil, en el que lo más destacado es la
compraventa de votos, pues es en la compra de conciencias y en el transporte co-
lectivo a los sitios de votación en lo que se invierte gran parte del dinero de las
campañas.
Normalmente la financiación de las cada vez más costosas campanas sigue
siendo en principio de origen familiar, cuando es legal, como Í!wersión en el pres-
tigio social que supone un congresista en la familia. Pero es una inversión que
también se espera recuperar en términos económicos, y esto sólo puede hacerse,
como lo reconocen algunos congresistas, substrayendo beneficios del Estado.
Aún sin este tipo de declaraciones, no deja de ser por lo menos preocupante la
comparación entre el monto de lo que puede ganar un congresista o el Presidente
durante todo su período y las exorbitantes cantidades que se invierten en las
campañas.
La utilización de lo que en Colombia se ha llamado "dineros calientes", era
una fuente más de aprovisionamiento político para las elecciones, pero con pos-
terioridad, en la década de los ochenta especialmente, la utilización por parte de
los partidos políticos de dinero obtenido ilícitamente, sobre todo del negocio
del narcotráfico, se hizo cada vez más evidente y visible. lvIuchos autores, al ana-
lizar la crisis de los años ochenta y principios de los noventa, señalan como fac-
tor fundamental la utilización por parte del narcotráfico de la Yieja práctica del

53. Cartier, \'\'illiam y Reina, Mauricio. "Desigualdad y Pobreza en Colombia". En: \'ásljuez de Urru-
tia, 1L, democraáa eI/ lJlanm)' l\il:~ro. C{¡!OJJl!JÚ' m los allOS Odll'll/<I, ob. cit., p. ltl4.
54. Los votos no se suelen pagar únicamente con favores a cuenta del Estado o con puestos públi-
cos, sino incluso directamente en dinero o en especie. Este dinero proviene en ocasiones de
peculados \' demás formas de fraude econ,',mico al Estado, pero también de las cuotas obliga-
torias ljue automáticamente se descuentan a los funcionarios de sus nc',minas, por la respec-
tiva agrupaci,')t1 política. Pero gran parte del dinero ljue financia directamente las campañas e
indirectamente la compra de votos, procede de donaciones de grandc's agricultores, ganade-
ros o empresarios. Díaz liribe, 1,1 Clifiltelirmo en Colombia, ob. cit., p. SO.
Rojo difuso y azul pálido 73

clientelismo para penetrar, gracias a su ilimitado poder económico, en todos los


niveles de decisión política. La inclusión de dinero privado, de origen lícito o
no, tiene de cualquier manera el objetivo de romper la equivalencia entre votos
\' control burocrático'i'i. De hecho el narcotráfico participó con relativo éxito en
la vida política del país, hasta que debit·) marginarse a raíz de los magnicidios que
perpetf(') contra altas personalidades po]íticas sr>.
()tro de los soportes del clientelismo fueron hasta 1991 los auxilios parla-
mentarios. Para mantener las clientelas regionales los congresistas disponían de
una partida del presupuesto nacional de aproximadamente el 1'1<, del valor total,
para destinarlos a obras concretas en las regiones, a modo de auxilio de fomen-
to. También se presentaba éste fenómeno a nivel de las Asambleas Departa-
mentales yen algunos Consejos Municipales. Las comisiones de presupuesto de
cada Cámara se encargaban de repartirlos entre los congresistas de acuerdo a su
número por cada departamento, pero también con base en negociaciones priva-
das. Estos auxilios eran tan insuficientes y obedecen a criterios tan lejanos a la
plani ficación, que sólo benefician al político con el que las gentes identificaban
la obra realizada. Muchos de estos auxilios terminaban en entidades ficticias o
simplemente eran captados para fines particularess~. Con la eliminación de los
Auxilios en 1991, la clase política clientelista perdió algo de su fuerza, aunque
con la figura de los Fondos de Cofinanciaci(')\1 se ha burlado de alguna manera la
norma prc\"cIHi\·a. Pur aúadidura, estos fondos dependen en su mayor parte ele
entidades muy centralizadas como Planeación Nacional, Minhacienda y Presi-
dencia, lo llue los cotwierte en instrumentos de negociación del Ejecutivo.
L1na de las formas delictivas que presenta el clientelismo en Colombia es el
llamado tráfico de intluencias, ljUe se practica en las democracias modernas en
distintos ni\eles y con variada intensidad. 1~n Colombia sobre todo hace refe-
rencia a las licitaciones públicas y las contrataciones privadas, en las que se privi-
legia el interés privado por motivos políticos que van acompañados usualmente
de sobornos a modo de comisión, y que se presentan en todos los niveles de la
jerarquía administrativa. El producto económico de las apropiaciones delictivas

,'~, 1-:1 efecto político fundamental es alterar el equilibrio de correspondencias del clientelismo,
<lue hace depender la asignaci,lt1 de recursos a la fuerza de la cuota electoral de cada facción,
al entrar a Jugar un nue\'o factor de intluencia en el éxito electoral. Dávila )' Leal, I il dien!e-
lirlllo, el Júll'lJJ{/ poli!i!'!))' J/I expreJiólI n:~iollal, ob, cil., p. 63,
SIJ, Durante 1982-1986, Pablo I<~scobar fue suplente en la Cámara de Representantes, Pero inde-
pendientemente de este hecho, \' de los magnicidios ocurridos en un período posterior al aquí
estudiado, como bien afirman Dávila y J,cal: "Difícilmente puede pensarse que la operancia
del Congreso con rclaci"'(1 al narcotráfico \' sus delitos no esté ligada a afinidades de sus miem-
bros con las actividades econ"l111Ícas )' políticas de las llamadas mafias". lbíd., p, 74.
~~ :\Igunos de estos delitos son públicamente conocidos, y no es extraño ver titulares de prensa en
los <ILle se denuncia por ejemplo: ";\uxilio de 42() Millones se Esfuma en Poder de una runda-
ci,in hmtasma". hn: 1ji :J!wdar!(!/; 11 de marzo de 1988, p, 1 () A, Este y otros ejemplos en:
Ibíd" p, 76,
74 David RolI

de dinero público, como se mencionó atrás, muchas veces no va directamente al


patrimonio del funcionario, sino que se destina a la reproducción del sistema
clientelista mediante su utilización para la compra de votos.
El control clientelista ha tenido también una forma sutil de captación de líderes
populares tanto a nivel de sindicatos como de asociaciones campesinas.
Las clases en el poder, en especial la naciente burguesía, se han servido de los sin-
dicatos como fuerza de apoyo y el instrumento ha sido la captaciún de los líderes
sindicales que entran de lleno en el juego de reciprocidades con la clase en el po-
der. Una de las valiosas contraprestaciones de los líderes sindicales es el amorti-
guamiento de las luchas obreras. SH
Daniel Pécaut en su obra sobre el sindicalismo en Colombia hace un se-
guimiento del nacimiento y evolución del movimiento sindical, en el cual ex-
pone cómo el sindicalismo, que nace del brazo del Estado, a pesar de sus
corrientes radicales se ha mostrado frecuentemente permeable a la intluencia
del Gobierno en sus decisiones internas y por tanto a la negociación en gene-
ral. Un ejemplo claro de ello fue la expulsión de los sindicatos comunistas de
la CTC en 1958, ordenada por el Gobierno. En el campo igualmente, a los lí-
deres rurales captados se les entregó la Organización Campesina.
Los grandes protagonistas de la política clientelista son fundamentalmente
el Presidente y el Congreso, aunque sus papeles son bien diferentes y suponen
continuamente enfrentamientos que requieren negociación.
El Presidente de la República en Colombia, no obstante, como responsable
visible de la legitimidad del régimen tiene que hacer un difícil equilibrio, puesto
que además es producto del sistema bipartidista y del clientelismo y tiene la
obligación de que el sistema se reproduzca. Por un lado debe preocuparse de la
eficacia en términos capitalistas, o sea del crecimiento, así como de la eficacia en
términos de democracia social. Pero también tiene una serie de compromisos
partidistas y toda una maquinaria clientelista que alimentar con el presupuesto
nacional. Para sortear esta situación, Carlos Lleras Restrepo no sólo reforzó los
poderes del Ejecutivo en la reforma constitucional de 1968, sino que además
creó la Junta Monetaria, para institucionalizar una continuidad en el manejo de
la racionalidad capitalista, con independencia de los avatares de la política bi-
partidista. Al mismo tiempo el carácter integrador de la presidencia respecto de
la clase política faccionalizada ha cumplido el objetivo de reproducir el sistema
clientelista. El Ejecutivo ha sido así cada vez menos representante de la clase
política y ha podido racionalizar la política económica dentro de ciertos límites,
valiéndose de cuadros más técnicos que políticos, pero no ha podido establecer
un puente hacia la sociedad civil.
Con el Frente Nacional el Congreso quedó constituido como el eje de la
reproducción del sistema clientelista Para lograr hacer aprobar la reforma de

58. Miranda Ontaneda, Cliente!ismoy dominio de e/ase, ob. cit., p. 29.


Rojo difuso y azul pálido 75

1968 hubo que hacer concesiones que reforzaron el c1ientelismo. Además, al


pasar la iniciativa legislativa prácticamente al Gobierno, y aumentar el número
de congresistas así como el presupuesto del Congreso, la institución legislati-
\'a se convirtió en una empresa dedicada a la meticulosa labor de la reparti-
ción c1ientelista. Para mantenerse en el sistema, debe cuidarse el capital
electoral y por ello la asistencia o participación activa en el proceso Legislati-
vo ha quedado a un lado, siendo más importante recorrer municipios y mane-
jar los hilos de la maquinaria c1ientelista.
El sistema frentenacionalista hizo posible que el bipartidismo se constituyera
nuevamente como el único mediador posible entre el Estado y los ciudadanos.
Gracias al c1ientelismo, redefinido y ampliado, las demandas de estos ciudadanos
sólo son atendidas en la medida en que puedan producir de alguna manera votos
para la reproducción del sistema.
El Estado en su debilidad está ausente para muchos grupos sociales, que "prác-
ticamente no han tenido la ocasión de palpar la acción estatal, a no ser de ma-
nera fortuita, impositiva y reprcsiva".59

Ante la incapacidad del Estado de llegar más allá de los grupos cuyas demandas
sean políticamente rentables si se atienden, el sistema político involucra en la maqui-
naria clientelista intermediarios pertenecientes a organizaciones no oficiales como la
Federación Nacional de Cafeteros, que realiza obras por su cuenta en ciertas zonas, o
como las acciones comunales, que suplen al Estado en las zonas deprimidas 60 . Este
tipo de prolongación atípica del Estado tiene efectos positivos a nivel de progreso,
pero es ante todo funcional para las estructuras de dominación, pues legitiman el sis-
tema en algunos sectores de la sociedad civil a donde difícilmente podría llegar la ne-
gociación clientelista()l.

59. Dávila y Leal Buitrago, hl clientelismo, el sistema políticoy su expresión regional, ob. cit., p. 91.
60. La acción comunal, que fue creada por la ley 19 de 1958, hizo parte del paquete de reformas con las
que el Frente Nacional buscaba modernizar la estructura institucional de! Estado. Su objetivo era
ayudar al desarrollo de la sociedad mediante la participación de la comunidad. Para ello se consti-
tuyó en un intermediario entre la sociedad civil y el Estado. Con el tiempo se consolidó como uno
de los mecanismm más estables y desarrollados, pues se convirtió en e! mecanismo privilegiado
para canalizar el clientelismo porque "facilita que las instituciones estatales y los partidos políticos
encuentren un interlocutor organizado al cual entregarle los beneficios de sus acciones y reclamar
su adhesión". Dávila, Andrés, Las juntas de Acción Comunal.' Cliente/ismoy ParlicipaciólI Popular en el Régi-
men Político Colombiano, tesis de grado, Universidad de los Andes.
61. Analizando el clientelismo en un municipio concreto, el de Rionegro en Santander, Dávila y
Leal observaron como el comité de cafeteros y las Juntas de Acción Comunal sirvieron de
apoyo al clientelismo. Pero estos sustitutos institucionales del Estado no están en capacidad de
solucionar los problemas, entre otras razones porque el propio clientelismo se los impide. Toda
esta armonía "se proyectaría indefinidamente en el sistema político si no fuera porque sus
incongruencias han producido grietas en sus estructuras". Dávila, Ladrón de Guevara y Leal
Buitrago, Francisco, El dientelúmo, el sistema politicoy su expresión regional, ob. cit., p. 95.
76 David Rol!

A modo de conclusión general, debe señalarse como principal efecto político


negativo del clientelismo, el debilitamiento del Estado. 1<:1 clientelismo frentÍ el forta-
lecimiento de un Estado que se estaba ensanchando institucionalmente, \' esto se de-
bió fundamentalmente a la inexistencia de una oposición real y alternativa, por la
convivencia parasitaria de los dos partidos en el poder. ;\1 impedir el fortalecimiento
del Estado, el clientelismo no ha permitido asumir el reto de la nueva organización
social que fue creando el desarrollo capitalista. Además del debilitamiento dell ~stado,
se han señalado como consecuencias políticas negativas del papel protagonista del
clientelismo la confrontación con el Estado de quienes se sentían excluidos de los be-
ndicios del clientelismo, e! alejamiento de los partidos de los \'Crdaderos problemas
de la sociedad y el faccionalismo al interior de los partidos que fra,L,rtl1ent(') los intere-
ses partidarios alejándolos de la política oficial, debilitando el Gobierno y potencian-
do la crisis.
Una de las consecuencias más negativas de! c1ientelismo ha sido el hecho de
que la proliferación de las prácticas c1iente!istas ha modificado la cultura política co-
lombiana hasta el punto de exceder el ámbito de los partidos tradicionales en que se
ha formado. Los partidos políticos en general, las guerrillas en sus zonas de inHuen-
cia y especialmente el narcotráfico para captar simpatizantes en su guerra contra e!
Estado, han recurrido a las prácticas cliente!istas con frecuencia. Existe una general
aceptación de que el c1iente!ismo es una forma más de hacer política y hasta se ha
llegado a considerar como una parte importante y necesaria de las relaciones socia-
les. Esta actitud constituye uno de los más grandes obstáculos para el proceso mo-
dernizador, pues contradice los presupuestos de una transformación de este tipo.
Especialmente a partir de las inconmensurables ganancias del narcotráfico y dadas
las condiciones de miseria generalizada, la práctica clientelista contamin(') una gran
parte de las relaciones sociales, modificando una serie de valores necesarios no sólo
para e! desarrollo político sino incluso para la simple convivencia pacífica. Por ello,
es evidente que toda reforma política sólo puede tener efectos prácticos si logra
modificar de alguna manera esta cultura política del c1ientelismo, tan férreamente
arraigada y tan extensamente difundida en la sociedad colombiana.
La Constitución de 1991 intentó de muchas formas poner coto al clientelis-
mo, en parte mediante inhabilidades, o bien eliminando los auxilios parlamenta-
rios. Pero la habilidad de los políticos ha sido proverbial para adaptarse a las
nuevas restricciones. Es justamente esta una de las características de la dinámica
continuista, la conversión de las reformas de modo (jue resulten inútiles. Un
ejemplo evidente de esto ha sido la circunscripción nacional para el Senado. Con
ella se buscaba darle oportunidades a fuerzas políticas minoritarias, que podrían
sumar sus apoyos electorales en todo el país. Teóricamente e! Senado seria así una
figura menos cliente!ista, al no depender del apoyo regional donde se da la nego-
ciación del voto. Pero no fue así. Como explica Fernando Cepeda, los barones
electorales aprendieron a manejarla en su propio beneficio; "La representación
Rojo difuso y azul pálido 77

senatorial se deform(') \' varios departamentos perdieron su representación en el


Senado, La idea es buena, su aplicación ha sido deplorable()2,
El clicntelismo, que desprestigió al régimen y debilitó al Estado, se consti-
tuyó en un obstáculo a la modernización política que la transformación econó-
mica y social estaban exigiendd", Paradójicamente, el clientelismo, al hacer
posible el continuismo político, es al mismo tiempo el responsable de la perma-
nencia de las instituciones formalmente democráticas r de la inestabilidad cró-
nica que padece el país,

C. INTENTOS DE REFORMA DE LOS PARTIDOS POLíTICOS


COLOMBIANOS EN LOS ÚLTIMOS 10 AÑOS
1. El intento de reforma de los partidos en 1991

A pesar de que los partidos políticos han sido determinantes en la historia política
del país, los intentos por institucionalizarlos han sido débiles y tardíos, Los
partidos 1-iberal y Conservador, que han dominado la política colombiana
durante mucho más de un siglo, sólo estuvieron legitimados en 1985 para solicitar
al Estado personería jurídica('¡,
1':n 1990, los firmantes del Acuerdo Político que hizo posible la convocatoria
de la Asamblea Nacional Constituyente se dieron cuenta que era necesario dero-
gar la prohibición constitucional decimonónica que prohibía las "juntas políticas
populares de carácter permanente", e institucionalizar los partidos políticos, así
como estudiar la posibilidad de hacer obligatoria la democratización interna de
los mismos, Pero la reforma de los partidos políticos es un tema que quedó apla-
zado en la Constitución de 1991,
I DS partidos políticos adquirieron rango constitucional en el nuevo ordenamiento,
pues se consagr{) el derecho a fundar partidos y movimientos políticos, y a afiliarse
a ellos libremente, y se establecieron los procedimientos para que un partido pu-
diera adquirir personería jurídica. Pero en lo referente a la democratización interna
de los partidos, en lugar de aprobar el texto que la hacía obligatoria, se aprobó uno
en el que se prohibe a la ley "establecer exigencias en relación con la organización

(,2. Cepeda l~lIoa, ¡.'crnando. "1 ,a crisis \" la reforma política". En: Re¡úta ¡'(;ro, No, 30, septiembre
de 1')%, p. 7().
63. Se cOlwirti(', así en un lastre adicional para la sociedad colombiana, sometida ya las vicisitudes pro-
pias de su condicic'Jn capitalista subdesarrollada y dependiente, ibíd" p. 106.
(>4. S()lo en 1944 se trató de aprobar infructuosamente un Proyecto de Acto ¡ ,egislativo mediante
el cual se les concedía personería jurídica a los directivos de los partidos. En 1959 se reanuda-
ron los intentos (1962, 1974, 1977, 1978, 1982, 1(83), que fueron todos fallidos, Finalmente,
en 1985 fue aprobada la l ~cy S8 o l \statuto Básico de los Partidos. Dos nuevos proyectos,
debatidos en 1988 \" 1990 no llegaron a ser aprobados. U na buena síntesis de este proceso
puede encontrarse en Mal'orga (;arcía, Fernando, Lry 130 dI' 1994. La IniciatÍlJa de! Gobierno, .fU
'/i'IÍ/l/ite l"Il el CIJl(~re.ro)' Ir! Ro'i.fiÓIl dI' la ("0/11' ("oll.ftituciona!, Bogotá, 19')6, pp. ')-24.
78 David RolI

interna de los partidos." El párrafo segundo del Artículo 108 de la Constitucú'm


Nacional dice exactamente: "En ningún caso podrá la ley establecer exigencias en
relación con la organización interna de los partidos y movimientos políticos, ni
obligar a la afiliación a ellos para participar en las elecciones". Constitllcirill Política de
Colombia, Imprenta Nacional.

Aunque son muchas las temáticas que involucran a los partidos y que deben
ser debatidas, una en especial es la que concentra mayor atención por su trascen-
dencia: la democratización interna de los partidos. Mientras que el artículo 103 fa-
culta al Estado para reglamentar a las asociaciones cívicas, sindicales,
comunitarias, etc., para que constituyan mecanismos democráticos de representa-
ción, el artículo 108 le prohibe establecer exigencias en lo referente a la organiza-
ción interna de los partidos políticos.
Esta incongruencia opera en favor de la primera norma citada, y ello puede de-
ducirse de! proceso que tuvo la segunda en la Constituyente. Como claramente lo
ha expresado la doctrina, fueron tantos los factores que podrían haber afectado las
votaciones, que debe analizarse con cuidado e! proceso que tuvo la aprobación de
cada norma antes de poder afirmar que la Asamblea Constituyente tenía talo cual
concepción sobre un punto específico. La norma sobre democratización de parti-
dos es e! más claro ejemplo de ello.
El texto que no fue aprobado en el artículo 107 hacía una clara referencia a
este tema:
Los partidos y movimientos políticos deben ceñir su actividad a estatutos que
garanticen el respeto a la Constitución y a las leyes y la participación democrática
de sus adherentes en su vida orgánica y política y en la escogencia de sus dirigen-
tes y candidatos.
Pero de la no aprobación de esta parte no puede inferirse que en la Constitu-
yente existía una rotunda negación a su contenido, Como han insistido los analis-
tas constitucionales, cuando un artículo no fue aprobado no se puede inferir que
la Asamblea se pronunció en contra65 .
El texto citado no fue aprobado, pues en la última votación, que fue secreta, ob-
tuvo 36 votos afirmativos, 20 negativos y 7 abstenciones, La Constituyente no fue
pues tan rotunda en la negación de la norma, como sí lo fue Alvaro Gómez Hurtado,
quien presionó vehementemente la no aprobación de la misma.
Como sostiene Jaime Buenahora, "infortunadamente el constituyente sustrajo la
posibilidad de establecer exigencias en cuanto a la organización interna de los partidos
con el sofisticado argumento de que ello atentaría contra la democracia. Conociendo la

65. "Existe una diferencia notable entre la no aprobación de un artículo)' su negación.


Cuando un artículo fue negado por la mayoría de los constituyentes, es posible concluir
que la corporación se opuso a él...cuando un artículo no fue aprobado, no es posible infe-
rir que la Asamblea se pronunció en contra". Cepeda, ;\Ianucl José, 1~a Com/i/lláón qm 110
fue, Bogotá, 1993, p. 19.
Rojo difuso y azul pálido 79

estructura de los partidos políticos colombianos, lo pertinente era dejar abierta la via h
.L,rislativa para impulsar su democratización intema"66.
Pue por ello que, cuando la Ley 130 de 1994 consagró inicialmente la democra-
cia interna de los partidos y movimientos políticos, la Corte Constitucional, en la sen-
tencia C-089 de 1994, la declaró inexequible, con lo que quedó claro que era necesario
volver a reformar la Constitución Política para poder introducir en Colombia la de-
mocratización de los partidos y movimientos.
Pero lo cierto es que, salvo esta y otras excepciones, la Corte Constitucional
declaró exequible la J~ey 30 de 1994, con base en el artículo 152 de la Constitución,
que permite al Congreso regular el régimen de los partidos. Para ello, señala Eduar-
do Pizarro, debió recurrir a innumerables malabarismos intelectuales, pues fue ne-
cesario conciliar lo irreconciliable, un artículo que prohibe la reglamentación y otro
que la ordena67 .

2. La reforma de los partidos en el proyecto de Samper

El debate se reabrió cuando el 5 de mayo de 1995, el entonces Presidente Samper en


el acto de clausura de un encuentro latinoamericano sobre democracia en Cartagena,
se refirió a la crisis en el sistema de representatividad a nivel mundial y señaló cual era
a juicio de su gobierno, el paso siguiente a la reciente reforma constitucional, para
ampliar la participación política en Colombia:
La Constitución de 1991 abrió las puertas de la participación política, pero fue
muy tímida en la reglamentacit'lfl de los partidos. Nos quedamos con d pecado y
sin d género dd nuevo esquema. Mi gobierno considera básica una reforma de
los partidos para consolidar los espacios de participación abiertos por la nueva
constituciónl".
1~I entonces gobernante anunció la necesidad de una nueva reforma que
surgiera de un consenso entre las distintas fuerzas políticas representadas en el
Congreso r los voceros de la denominada sociedad civil. De allí surgió la idea de
convocar una comisión que estudiara diversos temas propuestos por el Gobier-
no, antes de pasarlos a la consideración del Congreso. En ella participarían tan-
to miembros del órgano legislativo como personajes del mundo universitario y
representantes de los gremios económicos y de los sindicatos, entre otros. Fue
así como el nueve de mayo siguiente, el Gobierno creó mediante decreto la Co-
misión para el Estudio de la Reforma de los Partidos Políticos.

66. Buenahora, Jaime, I.,{1 J)miomJÚa eJ/ Colo!tibia. Un proyedo en col1strucúón, ob. cit., p. 217.
67. Pizarro, Eduardo. "Fundamentos y Propuestas para una Reforma Política en Colombia". En:
1~(/ ()posicióll Polítim fIl Colombia, Bogotá, Iepri-I;escol, 1996, p. 27.
(,¡j. Palabras del Presidente Sampcr el 5 de mayo de 1995, en el acto de clausura de un Encuentro
Latinoamericano sobre Democracia en Cartagena de Indias. l'vfemorias del encuentro aporta-
das a la Comisi")f) de Reforma.
80 David RolI

A esta Comisión se le señaló, entre otras tareas, la de realizar un diagnóstico so~


bre la situación de los partidos políticos en Colombia, proponer las modificaciones
tendientes a lograr la modernización de los mismos e identificar las áreas en las cuales
se deben realizar acciones tendientes a su democratizaciód"). 1~as sesiones de la Co~
misión de Reforma se caracterizaron por un interesante y fructífero diálogo entre los
académicos y los personajes de la política que hacían parte de la Comisión.
Los temas más debatidos, en lo que respecta a los partidos políticos, fueron jus~
tamente la imposición constitucional de la democracia interna de los partidos \' de la
obligación de hacer oposición, además de la prohibici(om de la doble militancia, y la ra~
cionalización en la concesión de avales por los partidos.
En especial el tema de la democratización interna de los partidos fue uno de
los más controvertidos. Dentro de los mismos representantes de los partidos Libe~
ral y Conservador existían puntos encontrados al respecto, lo cual hizo necesario
un pronunciamiento oficial, mediante sendos comunicados, que diferían abrup~
tamente entre sí, pues el Partido Conservador no era partidario de la norma, en
tanto que el comunicado del Liberal finalmente la aceptaba. Es de señalar que tan~
to en uno como en otro partido hubo amplia discusi(om antes de aceptar la propues~
ta ~(), pero finalmente, y con la aprobaci<°¡n de los dos partidos y de todos los demás
miembros de la Comisión se aprobó sin reservas el siguiente enunciado:
Modificación cid inciso número 2 del artículo 1O¡j de la Constituci(ín J\:acional
en el siguiente sentido:
Los partidos y movimientos políticos tendrán una organizaciún interna demo~
crática. jvIediante procedimientos democráticos \ participativos escogerán los
organismos de dirección y sus candidatos a cargos de elección popular.
Con igual empeño se trabajará por parte de los signatarios de este acuerdo p()r~
que en la Ley Estatutaria de Partidos y ,\[ovimientos Políticos, se determinen
los mecanismos y procedimientos que hagan efecti\Oa la democratizaci,ín de los
particlos y movimientos políticos 7!.
Basándose en las propuestas de la Comisión de Reforma Política, el Go~
bierno redactó un Proyecto de Acto Legislativo, un Estatuto de la Oposición \0
un Proyecto de Ley sobre Financiación de Campañas Electorales 7 2. La norma

69. Decreto número 763, del 9 de mayo de 19')'i. [\rtículo 3. I':n: CI!llIúióJJ pan¡ t/ I ["//ldil! de /d l\efimJJa
de IOJ Pmtido.r Politieos, Memoria de Trabajo, Ministerio dclIntcrior, 1995.
70. Como relator por parte de la Comisi,'Jt1 de Reforma de la discusiún entre los representantes
del Partido Liberal sobre la democratizaci"ln, el autor de la presente obra pudo comprobar
personalmente tlue ni aun entre los miembros del Partido Liberal "lue acudieron a la cita
había unanimidad inicial sobre la bondad de la figura. No obstante, tras una adecuada susten-
taciún por parte de Piedad Córdoba)' Horacio Duque, los demás aceptaron la propuesta.
71. Comi.rlón para el Lstudio de !ti Re/orilla de lo.r Par/idos Po/i/im.,., l\lcmoria de Trabajo, :\Iinisterio del
Interior, 1995, p.lO.
72. Estos textos pueden encontrarse en Ministerio del Interior, COlJlúióJI para el I :J/udio de /a
Re/orma de lo.r {'mildoJ PolítiCOJ. Memoria de Trabajo, Bogotá, Publicaciones l' Audio"isua!cs -
Ministerio dclIntcrior, 1996.
Rojo difuso y azul pálido 81

escueta, que finalmente el Gobierno presentó en su Proyecto de Acto Legisla-


tivo al Congreso, reza:
Los partidos y movimientos políticos deberán tener una organi;(ación interna
democrática. Sus órganos directivos y la escogencia de sus candidatos a las elec-
ciones se hará por votación interna"'.
Aunque esta es, digámoslo así, la norma reina, de las propuestas por la
Comisión, también se sugirieron normas para evitar la doble militancia y el
abuso de los avales, con el objetivo de combatir la "operación avispa" o lucha
por las curules a través de los residuos, así como otras prácticas
antidemocráticas.
El siguiente es un resumen realizado para la Rezlista javeriana por el autor de
esta obra sobre los puntos principales de las conclusiones de las reformas:
1. DEi\IOCRATIZACIÓN INTERNA DE LOS PARTIDOS Los partidos
y movimientos políticos tendrán una organización interna democrática. Me-
diante procedimientos democráticos y participativos escogerán los organis-
mos de direcciún y sus candidatos a cargos de e!ecciún popular.
2. FINANCIACIÓN DE LAS CAMPAÑAS
a. El Estado buscará financiar completamente las campañas electorales.
b. Las campañas presidenciales serán financiadas completamente por el Estado.
c. El aporte privado para las otras campañas deberá ser limitado en sus montos y
súlo se hará por personas naturales.
d. Se prohibirá la publicidad pagada en televisiún.
e. Las campañas no tendrán una duración mayor de tres (3) meses.
3. FONDOS DE PARTIDOS
a. Los dineros del fondo de partidos y movimientos políticos, destinados a fi-
nanciar las actividades permanentes de las organi;(aciones políticas, se distri-
buirán de acuerdo con criterios de equidad para facilitar e! desarrollo y
fortalecimiento de los partidos y movimientos pequeños.
b. Debe consagrarse un severo sistema de sanciones para los candidatos, per-
sonas e instituciones que violen e! régimen de financiamiento, los montos es-
tablecidos como máximos aportes al funcionamiento de los partidos o las
reglas del juego definidas para las campañas electorales.
4. PROHIBICIÓN DE LA DOBLE AFILIACIÓN
a. No se podrá pertenecer a más de un partido y/o movimiento político.
b. Quien haya sido expulsado o suspendido por su partido o movimiento no po-
drá participar en las convenciones de! mismo.

73. Párrafo segundo del artículo 2 del Proyecto de Acto Legislativo OS de 1995, presentado por
el Gobierno al Congreso, cuyos ponentes serán Hugo Castro Borja y José Renán Trujillo.
lbíd., p. 90.
82 David RolI

c. Quien haya sido derrotado democráticamente como precandidato no podrá


presentarse en nombre de otro partido a las elecciones para las cuales fue
derrotado.
d. Quien sin contar con la anuencia de su partido acepte formar parte del Go-
bierno no podrá ser postulado por su propio partido por un lapso de cinco años.
5. LIMITACIÓN DEL NÚMERO DE AVALES QUE PODRAN
CONCEDER LOS PARTIDOS, MOVIMIENTOS Y COALICIONES
POLÍTICAS
a. Sólo podrán avalar un candidato para cargos de Presidente de la República, Gober-
nadores y Alcaldes.
b. Sólo avalarán tantas listas como el 5(l'Yr, de los cargos a elegir en las Corpora-
ciones Públicas en todos sus niveles.

Igualmente, la Comisión propuso una serie de normas sobre oposición politi-


ca, algunas de las cuales se incluyeron en el Proyecto de Acto Legislativo y otras en
e! proyecto de ley sobre Estatuto de la Oposición presentado al Congreso. La prin-
cipal de estas normas obliga a los partidos, movimientos o coaliciones políticas que
ganen en la elección presidencial a asumir la responsabilidad politica de gobernar
con su plataforma programática, y a los perdedores a hacer verdadera oposición.
Otras normas sobre oposición propuestas, señalaban que e! Procurador y e! Con-
tralor debían ser elegidos por mayoría calificada del Congreso en pleno, de cinco lis-
tas presentadas por las bancadas de oposición, y las demás normas iban dirigidas a
ambientar el esquema Gobierno - Oposición tanto a nivel nacional como regional.
Los acontecimientos políticos posteriores a la presentación en octubre de
1995 de estos proyectos al Congreso, relacionados con la campaña presidencial del
Presidente, eclipsaron totalmente e! debate nacional sobre dichos temas yaborta-
ron la discusión parlamentaria sobre los mismos. Contra la transparencia de este
debate "obró cierto desconocimiento del proceso histórico colombiano que llevó a
la situación de crisis y una persistente tendencia a sobrevalorar los aspectos perio-
dísticos y más coyunturales de las reformas"74.
Se puede decir que de algún modo la propuesta de democratización de los par-
tidos quedó más bien ante la opinión especializada como un sofisma de distracción
para ocultar intereses contrarreformistas de! Gobierno, urgido de recuperar el po-
der que la Constitución le quitó al Ejecutivo. Pero no todo fue blanco y negro en
este tema, pues efectivamente el Gobierno parecía dispuesto a defender esas nor-
mas modernizadoras en 1995, aunque evidentemente la difícil situación en que se
encontró a partir de las declaraciones de! director de la campaña presidencial, le im-
pidieron poner todo su empeño en una causa que para triunfar requiere un gran
consenso nacional.

74. Roll, David, "La reforma de los partidos al garete", Revista f~col1()JJlía Colombial1a, noviembre
de 1996, p. 52.
Rojo difuso y azul pálido 83

También es cierto que el posterior viraje del Gobierno en 1996, proponiendo


una reforma con claros tintes antirreformistas, pero manteniendo el tema de la de-
mocracia interna de los partidos, acabó de quitarle toda legitimidad a esta cuestión y
ganó muchos enemigos contra las causas defendidas por la Comisión, como lo de-
muestra la vehemencia de sus críticos.
Es en realidad una contrarreforma al menos a tres aspectos claves de la constitu-
ción de 1991. Primero, mientras que la Constitución de 1991 buscó fortalecer a
los diversos órganos y entidades de! Estado, e! proyecto gubernamental pretende
aumentar e! poder presidencial a costa de las demás ramas del poder público. Pa-
recería inspirado en la idea de que, volviendo eunucos a la justicia y al Congreso,
e! Presidente dejaría de ser un poder eunuco, según la expresión de un connota-
do ex ministro, Por eso el proyecto gubernamental debilita la justicia: traslada al
ejecutivo funciones de investigación criminal, faculta al Presidente para nombrar
al reempla70 del fiscal general elegido por la Corte Suprema y reduce las atribu-
ciones y el estatus de la Corte Constitucional... e! proyecto también debilita al
Congreso: reduce a su más mínima expresiún sus funciones de control político
durante los estados de excepción y atribuye al Presidente importantes compe-
tencias legislativas, tanto en material penal como en creación de burocracia y
modificación del presupuesto. El Presidente recibiría la facultad de regular, pla-
near e intervenir, todo por decreto y sin necesidad de ley previa, los servicios pú-
blicos.-"
Desafortunadamente este viraje del Gobierno, cualquiera que hubiesen sido
sus causas y a pesar de que luego lo corrigió dejando hundir el proyecto en el Con-
greso, creo un dilema más para Colombia: "Reformo fobia o Contrarreforma", el
cual debe resolverse a favor de intentar la reforma pero vigilar para que no se in-
cluyan elementos antirreformistas 7ú .
De cualquier forma, la misma crisis política ha demostrado que la actividad
de los partidos y de los candidatos es un tema que quedó débilmente regulado en
la Constitución. El desprestigio de los congresistas, que salió a flote a raíz del jui-
cio al Presidente en la Cámara de Representantes, por la difusión de encuestas al
respecto en los medios de comunicación y por cientos de artículos periodísticos,
han terminado de poner en jaque a la clase política, y con ella a las instituciones
partidarias.
Es indiscutible, que si bien no se le pueden dar demasiadas ilusiones a los co-
lombianos respecto de los alcances de la ingeniería institucional, la realidad ha de-
mostrado la necesidad de repensar las normas vigentes, pues cuando entró en
vigencia la Ley 30 de 1994 o Estatuto Básico de los Partidos, ya se habían celebra-
do las segundas elecciones postconstituyente para el Congreso, con el resultado

75, Cepeda, Manuel José, "La conspiración clientelista", Re/Jista Semana, No. 758, noviembre 12 -19
de 1996, pp, 56-57.
76, Roll, David, "Reformo fobia o contrarreforma, un dilema más para Colombia", En: Crisis Polí-
tim, Impunidildy Violellclil en Colombia, Bogotá, Ediciones roro Nacional por Colombia, 1997.
84 David RolI

por todos conocido de una marcada hegemonía Liberal y la desaparición del


M-19 como tercera fuerza política.
Las expectativas creadas por la Constitución respecto a nuevos espacios de
participación fueron duramente contrastadas por una realidad bien diferente: la
atomización de los partidos tradicionales, la proliferación de grupúsculos políti-
cos sin capacidad de protagonismo, y una abstención electoral en aumento.
Como señala Fernán González, los desarrollos ulteriores a la actual Constitu-
ción evidenciaron que la crisis era mucho más profunda, los partidos se mostra-
ron fragmentados, sin unidad programática ni disciplina interna y las nuevas
fuerzas manifestaron un comportamiento político muy similar al de los partidos
tradicionales 77.
Pero lo más preocupante de la realidad postconstituyente es, como sostienen
Gabriel Murillo y Rubén Sánchez, "que los partidos políticos se han atomizado en
fracciones y movimientos que, lejos de proponer proyectos de sociedad y de inte-
grar intereses dispersos, se han entrabado en confusas luchas para mantenerse el
control del sufragio"78.
Ahora es más que evidente la opción modernizadora, y en ello el Estado tiene
aún un pape! importante que jugar, pues, como sostiene Manuel Garretón, "al con-
trario de lo que afirman ciertas tendencias neoliberales de derecha, centro e izquier-
da, en esa combinación de modernización y democratización sociales, no podrá
prescindirse del fortalecimiento de! papel del Estado como agente de ambos proce-
SOS"79. Pero a pesar de la evidencia, aun se escuchan voces que ponen en duda la ne-

cesidad de reformar los partidos políticos. Voces que se apoyan en visiones


catastrofistas de la crisis de los partidos a nivel mundial, o que se excusan en la espe-
ranza de una presunta democracia participativa que sobrevendrá como por arte de
magia con e! fin del milenio.
Aunque reconocidos constitucionalistas interpretaron negativamente aquel
primer intento de reforma del Gobierno Samper HO , el asunto fue retomado por e!
Gobierno Pastrana en el Proyecto de Acto Legislativo de 1998. Pero como suele
suceder con otros grandes temas nacionales, el debate sobre la reforma de los
partidos políticos en Colombia, puede llegar a convertirse en un mero

77. Gonzále~, Pernán E., "Tradición y Modernidad en la Política Colombiana". En: Modrrnidad
Democraciay Partidos Políticos, Bogotá, Fidec - Pescol, 1993, p. 15.
78. Murillo C, Gabriel (ed.), Hacia la Consolidación Demorrátita/1ndina, Bogotá, Uniandes, 1993, p. 145.
79. Garretón M., Manuel, Cambio de Réximen Político, ob. cit., p. 212.
80. "En febrero de 1995, el Presidente Sampcr afirmó: "Antes de reformar, es necesario desarro-
llar la Constitución del 91, concretar legalmente muchas de sus normas, convertirlas en reali-
dad jurídica". Sin embargo pocos meses después, el Ministerio del Interior presentó a
consideración de las cámaras un proyecto de acto legislativo sobre partidos y campañas, com-
posición del Senado, calendario electoral y estatuto de la oposición. Y Samper propuso luego el
sistema unicameral y la pena de muerte, y con el fin de solucionar la crisis ofreció acortar el
período presidencial y convocar a nuevas elecciones. Ninguna de estas iniciativas fue llevada al
Congreso." Castro, Jaime, "Espasmos constitucionales", En: }:/Tiempo, 21 de ma\'o de 1997,
Rojo difuso y azul pálido 85

intercambio de opiniones personales y partidarias sobre la estructura de nuestro


sistema de partidos. Una rápida revisión de lo que se ha escrito durante los últi-
mos 15 años sobre la reforma de los partidos políticos en Colombia, revela que
no sólo los problemas son viejos, sino también las soluciones. Pero ello no hace
más que resaltar la necesidad de avanzar en esos proceso de democratización a
pesar de los obstáculos y fracasos KI • No obstante, muchos descartan tal necesidad
de reforma, difundiendo lugares comunes sobre la crisis de los partidos y la crisis
de representación, que posiblemente confundan a la ciudadanía, y quizá también
a la opinión pública especializada.

3. La reforma de los partidos en la propuesta de Pastrana

Con la elección del candidato de la coalición Gran Alianza por el Cambio el tema
de la guerra y la paz fue el centro del debate institucional. En este aspecto el go-
bierno del presidente Pastrana se comprometió con una Reforma Política que tra-
duciría en transformaciones del sistema político el descontento social y la
inestabilidad política que vivía el país.
Como se expuso, este compromiso para con candidatos independientes
como Ingrid Betancourt y de! Partido Liberal como el propio Néstor Humberto
Martínez, llevó al Gobierno a embarcarse en una serie de propuestas de cambio
político como tema fundamental en la agenda legislativa desde e! segundo semes-
tre de 1998 hasta el final del 2001. Haremos un breve análisis del primer intento,
pues no varió mucho el contenido en los demás, y finalmente ninguno fue
aprobado.
El país que encontró la Reforma Política propuesta por el Gobierno Nacional
fue un territorio dominado por la polarización, la incertidumbre y el conflicto ar-
mado interno en su máxima expresión. Elisabeth Ungar afirma que "la Reforma se
desarrolló en un estado de afán de un sector de la misma clase por tomar distancia
política de la corrupción y reconquistar alguna legitimidad antes que los alzados en
armas entraran a disputársela"8".
La necesidad de reconstruir e! tejido social e institucional, de llegar a consen-
sos reales dentro de los marcos del Estado y un progreso social y político a favor

81. Un ejemplo de esta afirmación son las diferentes ponencias que se presentaron en el coloquio
organizado por la U niversidad Externado en 1982 sobre sistema electoral y régimen de parti-
dos en Colombia. Especialmente en la intervención de Echeverry Uruburo, puede notarse (jue
su propuesta de un estatuto de partidos no se diferencia mucho de lo que actualmente se sigue
debatiendo en el país. "Sistema Electoral y Régimen de Partidos en Colombia". Coloquio, Uni-
versidad Externado de Colombia, diciembre de 19H2.
82. Ungar, Elisabeth, C;obl'rnabilidad ell Colombia: Reto.ry [)wzj!OJ, Uniandes, Tercer Mundo Edito-
res, Colombia, 1993, pp. 14-25.
86 David RolI

de una paz duradera, fueron en principio los objetivos planteados por los defen-
sores de la Reforma, entre ellos el Ministro del Interior Néstor H. Martínez.
El planteamiento en torno a los partidos políticos giró en torno a la necesi-
dad de su organización, democratización y modernización en la búsqueda de un
sistema político menos excluyente y más participativo. Al menos a ese acuerdo
se había llegado en las negociaciones de la Casa Medina. Las bases del proyecto
en el tema de partidos se desfiguraron considerablemente en su paso por cada
sesión en la Cámara. Así, a medida que transcurría el tiempo, cada vez la Refor-
ma era más la sombra de la Reforma propuesta en principio, hasta el punto de
que el debate en torno a los partidos se limitó casi sólo al tema electoral, y en el
mejor de los casos el debate quedó "abierto".
Efectivamente, en el caso del artículo 108 que trata de los Partidos Políti-
cos, el sistema electoral y los votantes, como bien señaló en su momento Juan
Martín Caicedo, "el texto que recibió la Comisión Primera del Senado era pá-
lida sombra del originalmente pactado por las fuerzas políticas: a cada norma
bien intencionada le colgaron su excepción nefasta"H1. Veamos como fue ese
proceso.
En primer lugar se planteó, que con el fin de reafirmar el carácter ideológi-
co de los partidos y movimientos políticos, disciplinar su acción en temas de la
esencia programática e ideológica y al mismo tiempo propender por su demo-
cratización interna, el proyecto modificaba el régimen de partidos y de postula-
ción de candidatos, y fue así como se propusieron las siguientes normas:
La organización de los partidos estará basada en un esquema democrático que
debe reflejarse en sus estatutos.
Para promover la agrupación de las fuerzas políticas en partidos organizados, se
establece que los partidos y movimientos políticos tendrán personería jurídica en
una de dos categorías, nacional o territorial. El reconocimiento de las personerías
jurídicas nacionales se hará únicamente con base en resultados electorales y en
ningún caso por número de firmas. Para tal efecto se exigirá de acuerdo con la
ley, tener un número representativo de elegidos en las corporaciones públicas y
en cargos de elección uninominal, teniendo en cuenta la votación obtenida en su
elección y siempre que esta última se haya logrado en un número determinado
de departamentos. Con todo, se reconocerá la existencia de candidaturas presi-
denciales de movimientos de opinión a nivel nacional.
En el nivel territorial la ley establecerá requisitos más flexibles con el fin de ga-
rantizar una línea de ascenso, que permita que de cumplirse con los requisitos le-
gales, los partidos territoriales puedan acceder a la condición de partidos
nacionales. La personería se mantiene hasta elección siguiente en ambos niveles.
Con todo, será posible postular candidatos a nivel territorial mediante recolec-
ción del numero de firmas que establezca la ley.

83. Caicedo,]uan M., ¿Por qué se Cayó la Reforma Política? En: l~/TielJ1po, Sección Opinión,
Bogotá, junio 19 de 1999, p. SA.
Rojo difuso y azul pálido 87

Los partidos que tengan personería jurídica nacional podrán tener acceso a los
medios de comunicación de carácter nacional, pudiendo avalar candidatos en los
niveles nacional y territorial.
Con el propósito de preservar los fenúmenos nacionales de opinión y en el even-
to en el que el candidato a la Presidencia de la República que se trate no cuente
con el aval de un partido político nacional, su candidatura podrá ser inscrita con-
forme a un procedimiento especial. La ley señalara ese procedimiento, basándo-
se en que se realicen sondeos de opinión que demuestren que el candidato en
cuestión reúne por lo menos el apoyo del 5'Yo de la intención de voto, sin contar
el margen de error, del electorado registrado en el periodo anterior próximo a la
inscripción de la candidatura.
Los partidos y movimientos en el orden territorial solamente harán uso de los
medios de comunicación del orden territorial, pudiendo únicamente avalar can-
didaturas a ese nivel.
Con el propósito de permitir la creación de nuevos partidos nacionales en
condiciones que garanticen su arraigo democrático, el proyecto permite la
existencia de coaliciones de partidos regionales, que bajo ciertas condiciones,
puedan llegar a convertirse en partidos nacionales, sin que ello implique la
desagregación del sistema.
Los partidos y movimientos políticos existentes al momento de entrada en vi-
gencia de la reforma constitucional, mantendrán su personería jurídica hasta la
realizaciún de las próximas elecciones territoriales. A partir de ese momento, su
personería jurídica se mantendrá siempre que cumplan con los requisitos que se
exigen para el nivel territorial.
Solamente podrán otorgar avales para la inscripcú'm de candidatos nacionales los
partidos o movimientos políticos. En elecciones territoriales será posible inscri-
bir candidatos mediante la presentación del numero de firmas que establezca la
ley.

En temas como la constitución y afiliación de Partidos y Movimientos Polí-


ticos, la propuesta se enmarcaba en la redefinición de los artículos 107 Y108 de la
Constitución Nacional con el fin de reorganizar la participación política. Los ar-
tículos quedarían así:
Artículo 107. Se garantiza a todos los nacionales el derecho a fundar, organizar y
desarrollar Partidos y Movimientos Políticos, y la libertad de afiliarse a ellos o de
retirarse.
También se garantiza a las organizaciones sociales los derechos a manifestarse y
a participar en eventos políticos e inscribir candidatos a cargos de elección popu-
lar, para lo cual deberán cumplir los requisitos que establezca la ley.
Las Organizaciones Sociales y los Movimientos Cívicos deberán registrarse ante
el Consejo Nacional Electoral. A partir de su inscripción y durante la respectiva
campaña electoral, quedaran sujetos al mismo régimen previsto para los Partidos
y Movimientos Políticos.
88 David RolI

Artículo 108. Partidos políticos, sistema electoral y votantes. Sólo la Constitu-


ción determinará el régimen jurídico de los partidos y movimientos políticos, la
organización de las autoridades electorales, así como los requisitos para la ins-
cripción de candidatos y para su escogencia. Así mismo establece las reglas bajo
las cuales se regulan las campañas políticas, el voto, la forma de asignaciún de cu-
rules en las Corporaciones Públicas, la composición del Senado de la República y
de la Cámara de Representantes y la organización de las bancadas de partidos.

En cuanto este último artículo, el Gobierno Nacional tuvo que conceder dife-
rentes puntos en contra de la "reforma inicial" con el fin de no dejar hundir el pro-
yecto, cuestión ésta que hace pensar más en los intereses electorales de la reforma
que en el verdadero propósito transformador del gobierno. Como sostuvo la sena-
dora Piedad Córdoba, que había sido miembro de la Comisión de Reforma de Sam-
per, la cual fue contundente en lo de democracia interna, el resultado final del
artículo más importante no era alentador:
Con reformas como la del artículo 108 de la Constitución, los partidos mantie-
nen su estructura y funcionamiento interno al margen de la participación am-
plia y plural, promoviendo así los fraccionalismosB 4 .

Así mismo para algunos analistas la Reforma Política en principio no fue un


acuerdo negociado, que representara los cambios por los que atravesaba la es-
tructura política del país y que dejaba pendientes otros problemas urgentes que
afrontaba el país como la crisis de la justicia, la crisis fiscal, la desigualdad social
y el ordenamiento territorial. Esta reforma considerada por muchos como ino-
portuna, resultaba un proyecto electorero más que un verdadero cambio políti-
co durable, pues el acuerdo de la Casa Medina y otros consensos
preestablecidos se desfiguraron finalmente en torno a cuestiones como la cifra
repartidora, el umbral, el voto preferente entre otras propuestas, mostrando
una reforma excluyente y sin la legitimidad necesaria para ser aprobada. Her-
nando Gómez Buendía lo expuso de la siguiente manera:
La Reforma Política son tres proyectos de Reforma, el uno limpia las elecciones,
pero las complica, el otro le da enormes poderes a Pastrana, y el otro es un regali-
to para los congresistas que voten por la reformaX'i.

La necesidad de una reforma política implicaba pactos colectivos que pasa-


ran del campo electoral y se constituyeran en conceptos programáticos entre par-
tidos y/o facciones, que a su vez conformaran fuerzas sociales y políticas
organizadas en el país.

84. Córdoba, Piedad, "En Busca de la Democracia". En Reforma l'o/fticay Paz. Corporación Viz'a la
Ciudadanía, Ediciones Foro Nacional por Colombia, 199H, p. 107.
85. Gómez B., Hernando, "Anatomía de la Reforma", fj Tiempo, Secci,'l11 ()pinión, Bogotá,
junio 8 de 1999, p. 5 A.
Rojo difuso y azul pálido 89

En el balance de la reforma sobre los partidos se descubre como siempre el


intento de promover una reforma formal que reemplace el desarrollo de una es-
tructura social de realidades, para finalmente intentar modificar ésta última a tra-
vés de la norma.
Pero como bien se sostuvo entonces, la democracia no se construye a través
de formalidades, sino por medio de la participación y no en detrimento de ésta. Los
analistas prefirieron no apostar por una reforma política de la que desconfiaban en
su conjunto, a pesar de que en el tema de los partidos tuviese una o dos normas ini-
cialmente sanas como la democracia interna de los partidos y la limitación de avales.
I ~I total de la reforma no pasó el examen de la mayoría y casi todos los artículos so-
bre el asunto se expresaron más o menos en los siguientes términos en los que lo
hizo El TielllPo:
La reforma Política es excluyente en el fondo y sin consenso en la forma ... objeto
de canjes burocráticos y compromisos políticos en lo tradicional y los gobiernos
de turno K(,.
r"as
demás propuestas, incluyeron menos artículos sobre partidos, pues se
basaron más en cuestiones electorales, por lo cual esta reviste más interés. Ade-
más ninguna fue aprobada, por distintas razones, pero es evidente que hace falta
una mayor reflexión y debate, lo cual justifica en parte este escrito.

4. La reforma de los partidos en el referendo de Uribe


Como se expuso, los dos gobiernos posteriores a la Constitución de 1991 presen-
taron al Congreso proyectos de Actos Legislativos, o sea de Reforma Constitu-
cional, a los que denominaron reformas políticas. Mediante ellos pretendían
subsanar errores y omisiones del Constituyente de 1991, referentes especialmen-
te a los partidos políticos y al congreso.
lVlientras que el gobierno Samper basó su propuesta en los resultados de una
comisión de expertos y personajes representativos de diferentes colectivos (la
Comisión para la Reforma de los Partidos), el gobierno Pastrana se inspiró sola-
mente en sus propias consideraciones y en las de sus aliados políticos (Alianza
por el Cambio). De cualquier forma, los proyectos de ambos presidentes fracasa-
ron porque el congreso los rechazó, o bien en los primeros debates, o incluso
cuando ya estaban casi aprobados después de muchas transformaciones.
Quedó en evidencia que una nueva reforma política, sobre todo si afecta los
intereses de los congresistas, muy probablemente también sería "hundida" por
estos en alguno de los 8 debates que requiere una reforma constitucional. Y fue

86. Editor 1~/"fi'eJ1/po, "El Proyecto no Convence a los Analistas políticos", Secci(>n Primer Plano,
diciembre 12 de 1998, p. 3A.
90 David RolI

así como el gobierno de Uribe decidió utilizar la figura del referendo, que el presi-
dente Pastrana ya había intentado sin éxito, para promover una reforma política.
El presidente Uribe y su equipo, seguramente calcularon que tenían la sufi-
ciente fuerza en el Congreso para hacer aprobar un proyecto de ley de referendo,
pero no tanto apoyo como para llevar a buen término una reforma constitucional
por la vía del acto legislativo. También es de suponer que tienen la confianza en
hacer aprobar el referendo por la simple popularidad inicial del gobierno y por la
exposición hábil de las preguntas, más que por el poder de convicción de su
contenidos.
Es por este motivo que el referendo presenta unas circunstancias tan particu-
lares y extrañas a su naturaleza, como lo son su excesiva extensión, su extraña va-
riedad de temas y la gran complejidad de los asuntos que toca. Resulta entonces
evidente que no hay un deseo de consultar al pueblo sobre uno o dos temas espe-
cíficos, como suelen y deben ser los referendos, sino la intención de obtener una
especie de mandato ciego de la ciudadanía, basado en la confianza en el ejecutivo
actual y en la desconfianza de siempre en el órgano legislativo, además del atracti-
vo de "ahorrar dinero público".
No de otra forma puede llegar a ser votado favorablemente el referendo, y
precisamente para ello existe un punto final en el mismo en el cual se aprueba
todo el contenido, lo que significa que el ciudadano no tendría que leer y aprobar
punto por punto, sino aceptarlo con un simple movimiento de mano. Si fuera de
otra manera, por lo demás, la labor pedagógica para hacerlo entender por el ciuda-
dano común sería inconmensurable. Piénsese por ejemplo, que un estudiante de
ciencia política requiere un promedio de 5 clases de dos horas para entender a ca-
balidad una reforma política y tomar una decisión personal sobre cada punto
(cuestión comprobada personalmente desde 1995 en diferentes universidades).
Tenemos en síntesis un referendo que no es referendo, sino una reforma
constitucional compleja metida en un referendo, lo cual ya genera una situación
perversa de entrada, por lo menos en términos de legitimidad política. Pero aún
suponiendo que se aceptara el truco jurídico del gobierno en aras de por fin apro-
bar una reforma política, se presenta una segunda objeción: las normas allí conte-
nidas no son en sí mismas una reforma política y ni siquiera puede decirse que
sean las más importantes de una reforma política.
De hecho, un auténtico proyecto de reforma política, disfrazado en un refe-
rendo, tendría hipotéticamente que incluir mínimo los siguientes puntos en lo re-
ferente a los partidos políticos, el sistema electoral y el Congreso:
1. Para disciplinar a los partidos políticos, usted está de acuerdo que la constitu-
ción los obligue a:
a. Tener democracia interna.
b. Prohibir la doble militancia de sus miembros.
c. Avalar sólo una lista a corporaciones por partido y por cargo.
Rojo difuso y azul pálido 91

d. Actuar como bancadas en el Congreso.


e. Actuar como gobierno si ganan y como oposición cuando pierden.
2. Para hacer más eficiente el sistema electoral, usted cree que deben instaurarse
las siguientes modificaciones:
a. Un umbral del X '/(,.
b. Una reparticiún de curules a partir del método Hondt.
e. [,a financiaciún de la campaña presidencial por el Estado y estrictos límites de
aportes a las demás.
d. Un tribunal electoral.
3. Para hacer más eficiente el congreso, usted está de acuerdo con los siguientes
cambios:
a. Que la administraciún del mismo sea independiente al mismo.
b. Que se reduzca a X senadores y X representantes, elegidos según A y TI crite-
rios.
e. Que no haya suplencias salvo muerte, incapacidad absolutas o renuncia justifi-
cada.
d. Que el voto sea nominal y público.
e. Que se pierda la investidura por inasistencia en X condiciones.
4. Para combatir la corrupciún, usted aprueba las siguientes normas:
a. Que quien sea condenado por delitos contra el patrimonio público quede inha-
bilitado de por vida para ser elegido, nombrado () contratar con el estado.
b. Que queden prohibidos los auxilios parlamentarios bajo cualquier modalidad que
se presenten, siendo ello causa de destitución o pérdida de investidura.

Es evidente que un referendo de esa naturaleza sería absurdo por extenso,


pero también lo es proponer una parte de él como sucede en el actual, en el cual
justamente se incluyen los puntos 3 y 4, mezclados además con otra serie de nor-
mas referentes a cuestiones económicas ajenas a una reforma política. A este res-
pecto puede observarse como prácticamente el referendo se reduce a dos temas:
normas para mejorar el congreso y normas para ahorrar recursos al estado, tales
cpmo el tope a pensiones y honorarios, la congelación de salarios, la supresión de
entidades, etc (ver gráficos 1 y 2).
En síntesis la reforma política del gobierno disfrazada de referendo, ni es re-
ferendo ni es reforma política, aunque tenga la forma del primero y algunos pun-
tos importantes de la segunda. ¿Entonces qué es y qué se busca con él? Es difícil
contestar a esta pregunta, aparte de decir que es un engendro, producto de la in-
capacidad del sistema político de generar unos procesos normales de autotrans-
formación y adecuación de sus normas.
Sí es evidente que el congreso no está preparado para debatir con seriedad
una reforma política y llevarla a buen término. Pero lo que habría que pensar es
por qué y solucionarlo. Puede deberse al hecho de que las normas de reforma
constitucional hacen muy engorroso el proceso, con lo cual el referendo podría ir
92 David RolI

orientado en ese sentido, a reformar dichas normas para permitirle al congreso


hacer su tarea.
Pero también puede deberse a que sencillamente la reforma política no ha
generado suficientes consensos en el país como para que los congresistas se sien-
tan obligados a aprobar unas determinadas normas. Debe reconocerse que se tra-
ta de un tema que adquiere importancia por períodos cortos e intensos y luego se
desconoce por completo. Si hubiese un debate permanente sobre sus puntos bá-
sicos, probablemente los consensos serían evidentes sobre cuestiones claves y los
congresistas no tendrían otra opción que votar afirmativamente normas tan obvias
como la de democratización de los partidos y la restricción de las contribuciones pri-
vadas a las campañas, por ejemplo.
Si la explicación es la de siempre, que la clase política representada en el con-
greso es incapaz de hacer su propio cambio, sólo hay dos opciones: lograr su re-
vocatoria y pasar un chasco como el anterior, () buscar su transformación
legalmente. ¿Pero cómo hacerlo si ellos tienen la llave de la constitución? La op-
ción no parece ser el referendo, por las limitaciones ya vistas, salvo que se limite a
dos puntos básicos que desentraben la cuestión. Habría que pensar entonces qui-
zá en una nueva asamblea constituyente, lo cual tiene muchas implicaciones en un
país en guerra y con una constitución tan reciente.
De momento sólo puede decirse que el referendo es un instrumento utiliza-
do por el gobierno para respaldar su plan de gobierno, intensificar su imagen me-
siánica de salvador transformador, disciplinar al congreso ante el Ejecutivo, y
lograr también algunos cambios que considera benéficos y urgentes para el país.
Esperemos que independientemente de si se aprueba o no el referendo, el
gobierno postergue su inmediatismo y se comprometa a promover el debate sere-
no y abierto de la verdadera reforma política. Las normas del auténtico debate es-
tán incluidas en los proyectos de acto legislativo que han presentado varios
grupos de congresistas (ver gráficos 3,4 y 5). Hacen parte de ellas varios puntos
del referendo referente al Congreso, pero contienen también los señalados artícu-
los sobre partidos, organización electoral, fórmulas electorales y similares. Estos te-
mas han venido debatiéndose y depurándose desde 1995, e independientemente de si
se consideran de manera individual benéficos o no, en su conjunto constituyen algo
que sí puede llamarse reforma política.
Rojo difuso y azul pálido 93

Gráfico 1 Proyecto de referendo constitucional.

(lB.! hTIV() ECONÓMICO


I I
MEDIDA DE

~
SOLIDARIDAD CON EL
PUEBLO

TOPES A PENSIONES Y SALARIOS


REDUCIR DESIGUALDAD DE AL TOS FUNCIONARIOS
SOCIAL

CONTROLAR GASTO ASUME


PÚBLICO CONTRALORÍA
SUPRESIÓN DE CONTRALORÍAS c---- GENERAL
DEPARTAMENTALES Y
MUNICIPALES
ELIMINAR GASTOS
INNECESARIOS
~
POR 10 AÑOS SE
UTILIZARÁ EN
MEJORAR EL CONTROL
FISCAL SUPRESIÓN DE PERSONERÍAS
MUNICIPALES Y D1STRITALES
yJ EDUCACIÓN

AHORRO EN
MUNICIPIOS PARA QUE
AUMENTEN SU TOPES PARA HONORARIOS DE
INVERSIÓN SOCIAL DIPUTADOS y CONCEJALES
r
REDUCCIÓN DEL
RACIONALIZAR EL CONGRESO I
GASTO
OBJETIVO DOBLE AHORRAR Y

r1
MEJORAR EL CONGRESO ELlMI'JACIÓN DE
EVITAR PRÁCTICAS AUXILIOS
CLlENTELlSTAS

QUITAR
ADMINISTRACIÓN
REGALÍAS NO AL CONGRESO
DEPARTAMENTALES O
MUNICIPALES VAN A ENTIDADES
TERRITORIALES N EDUCACIÓN

SANEAMIENTO
BÁSICO
94 David RolI

Gráfico 2 Proyecto de referendo constitucional.

MEJORAR EL CONGRESO NO SÓLO PARA EL


CONGRESO

HACER MÁS EFICAZ


1'--- I INHABILIDAD PARA
AUMENTO DE INHABILIDADES ¡- SER ELEGIDOS,
OCUPAR CARGOS,
CONTRATAR
EVITAR TODA FORMA I

M
DE CLlENTELlSMO, QUITARLE FUNCIONES
EVITAR OCUPACIONES ADMINISTRA TIVAS
SUBALTERNAS
I
REDUCIRLO Y CAMBIAR
MEJORAR EFICIENCIA Y }--
TRANSPARENCIA
NORMAS DE REPARTIR
CURULES. UMBRAL
---1 REINSERTADOS

MENOS CONGRESISTAS
PARA SABER CÓMO
VOTAN SUS 1 ¿QUE SE SEPA QUIÉN
VOTO QUÉ')
REPRESENTANTES
11 HACER OBLIGATORIO VOTO
NOMINAL y PÚBLICO
INASISTENCIA
SABER POR QUIÉN SE
EMITE EL VOTO 1
ELIMINAR SUPLENCIAS
TRÁFICO DE INFLUENCIA

VIOLACIÓN DE TOPES EN

ELIMINAR CARRUSEL ¡Ir


~
I
CAMPAÑAS
COMPRA DE VOTOS Y

~
PENSIONAL y AUMENTO DE CAUSALES DE TRASTEO
PRÁCTICAS INDEBIDAS PÉRDIDA DE INVESTIDURA
SUPLENCIAS
I TRUCULENTAS

\
RECUPERACIÓN PROHIBICIÓN DE AUXILIOS
MORAL DEL CONGRESO GESTIONAR O ACEPTAR

ERRADICAR
1
AUTORIZAR EVENTUAL
AUXILIOS

PRÁCTICAS DE REVOCATORIA DESTITUCIÓN


AUXILIOS
J ,\
ASEGURAR ApECUADA
INTERVENCION
y PARTICIPAR EN DIRECCIÓN Y
CONTROL DE INGRESOS Y
GASTOS PÚBLICOS
CON REFERENDO NO
APROBADO

DISCLSIÓNY
/ I
DISCUTIR y APROBAR
\ CONTROL POLÍTICO EN
APROBACIÓN DE PLAN DE PRESUPUESTO AUDIENCIAS PÚBLICAS
INV. PÚBLICAS REGIONAL NACIONAL ESPECIALES
Rojo difuso y azul pálido 95

Gráfico 3 Proyecto de acto legislativo 01 de 2002. Reforma política


cons ti tucional.

I PROHIBICIÓN DOBLE DEMOCRATIZACIÓN I


MILITANCIA INTERNA

PERSONERÍA JURÍDICA PARA


PARTIDOS CON VOTACIONES
EQUIVALENTES AL 2% DE ~
\ NORMAS PARA MEJORAR
FUNCIONAMIENTO DE LOS
PARTIDOS EN BANCADAS
VOTOS VALIDOS LOS PARTIDOS

! \
FINANClAClON MIXTA PARA FINANCIACION ESTATAL
OTRAS CAMPAÑAS CON TOTAL PARA PRESIDENCIA
CONTROL DE APORTES
PRIVADOS
DE LA REPÚBLICA
I
DERECHOS DE LA
OPOSICIÓN
1 PROHIBIR AUTORIZAC!ÓN
DE A VALES A EXTRA NOS

TRIBUNAL ELECCIONES Y REGISTRADURÍA NACIONAL I


NACIONAL RÉGIMEN ELECTORAL DEL ESTADO CIVIL
ELECTORAL

CIFRA REPARTIDORA
LISTA ÚNICA I I
l
y UMBRAL

EFECTIVIDAD DEL I
VOTO EN BLANCO

I SUPLENCIAS
ELIMINAR
/
CREAR LA
ADMINISTRACIÓN
FUNCIONAMIENTO DEL CONGRESO Y UNIFICADA DEL
REGIMEN DE CONGRESISTAS
I CONGRESO

RESTRICCIÓN Y VOTO NOMINAL


CONTROL DE VIAJES Y PÚBLICO
AL EXTERIOR

RESTRICCIÓN A
TEMAS NUEVOS EN
PÉRDIDA DE J
I INVESTIDURA REDUCCIÓN
DEL CONGRESO
I
PLENARIAS
96 David RolI

Gráfico 4 Proyecto de acto legislativo 07 de 2002. Reforma política


constitucional.

PERSONERÍA JURÍDICA SE
OBTIENE POR
I PROHIBICIÓN
REPRESENTACIÓN EN EL
DOBLE MILITANCIA
CONGRESO Y EL 1% EN

I
ALCALDÍAS Y CONCEJOS.
PARA FORMAR PARTIDOS SE
IIACE CON 200 MIL FIRMAS Y
I VOTOEN PÓLIZA DE GARANTÍA DE
BLANCO
SERIEDAD

FINANCIACIÓN
ESTATAL TOTAL PARA PARTIDOS POLÍTICOS
FINANCIACIÓN MIXTA
PRESIDENCIA DE LA
REPÚBLICA V ~ PARA OTRAS CAMPAÑAS
CON CONTROL DE
APORTES PRIVADOS

FUNCIONAMIENTO EN DER[CHOS DE LA
BANCADAS: BANCADAS OPOSICIÓN: LA SEGUNDA
PARTIDISTAS Y VOTACIÓN EN LAS
BANCADAS PRESIDENCIALES
CORPORA TlV AS TENDRÁ DERECHO A
VOZ EN EL CONGRESO

I VOTO
ELECTRÓNICO

'1 CORTE ELECTORAL

I ESTRUCTURA DEL ESTADO

ELIMINAR
SUPLENCIAS

~
\\ D[F[NSOR PUEBLO
ELEGIDO
POPULARMENTE Y
PARTE DEL MINISTERIO
PÚBLICO
FUNCIONAMIENTO DEL
CONGRESO
I
REGISTRADOR
REDUCCIÓN DEL NACIONAL
CONGRESO SELECCIONADO POR
1 CONCURSO DE
MÉRITOS
Rojo difuso y ozul pálido 97

Gráfico 5 Proyecto de acto legislativo 03 de 2002. Reforma política


constitucional.

l DEMOCRATIZACIÓN
INTERNA
PROHIBICIÓN DOBLE
MILITANCIA

~
LISTA ÚNICA, PARA
SENADO PARTICIPAN CON PERSONERÍA JURÍDICA A
MÁS DE 3% DE VOTOS PARTIDOS CON 150 MIL
VÁLIDOS; Y PARA FIRMAS O 150 MIL VOTOS
CÁMARA CON EL 6%, DE
VOTOS VÁLIDOS
11 NORMAS PARA MEJORAR
LOS PARTIDOS
---- FINANCIACIÓN
I PARTICIPACIÓN TOTAL ESTATAL
EN BANCADAS I

DERECHOS DE LA
OPOSICIÓN: CANO IDA TOS
PRESIDENCIALES CON 10%
DE LOS VOTOS SERÁN
VOTO NOMINAL Y SENADORES
PÚBLICO
I

FUNCIONAMIENTO DEL

~
ELIMINAR CONGRESO
SUPLENCIAS I
I

ADMINISTRACIÓN DEL CIFRA REPARTIDORA


CONGRESO
I

REGISTRADOR ELEGIDO POR


RÉGIMEN EL CONSEJO NACIONAL
ELECTORAL ELECTORAL DE PARTIDO
1--- CONTRARIO AL PRESIDENTE

DEFENSORÍA DEL
PUEBLO PARTE DEL
MINISTERIO PÚBLICO
98 David RolI

D. EL DEBATE SOBRE LA FINANCIACiÓN


DE CAMPAÑAS EN COLOMBIA

1 . Menos debate y más normas

El debate en Colombia sobre la reforma de las normas de financiación de


campañas es al mismo tiempo inútil e hipócrita. Inútil porque tenía sentido
cuando no había sido totalmente aceptada la idea de que el Estado debía contri-
buir a financiar las campañas, pero hoy en día eso es indiscutible. En cuanto a la
propuesta de que dicha financiación sea total, la inutilidad consiste en que es in-
viable económicamente en lo referente a las elecciones legislativas. Por último,
si bien en lo referente a las presidenciales puede ser posible en términos fisca-
les y deseable con buenos motivos, es tan evidente que ello no evitaría en el
fondo las contribuciones privadas adicionales, que normalmente cuando se ha
propuesto ha sido en el contexto de una coyuntura extraordinaria o se plantea
más corno una medida temporal y no permanente.
Pero sobre todo es hipócrita, porque el otro lado de la moneda, el verdade-
ramente importante, el que tiene que ver con las restricciones a la financiación
privada, es tan evidente en su necesidad, medios y objetivos, que su no implan-
tación constitucional y legal, luego de tantos años de debates sobre el tema,
constituye una burla a la inteligencia de los colombianos.
Esta clarísimo para todos, en primer lugar, que es necesario limitar las contri-
buciones particulares a las campañas en muchos sentidos: prohibir aportes en es-
pecie o a personas jurídicas, poner topes totales y por aportante, y sobre todo
regular estrictamente la publicidad política en los medios, especialmente en televi-
sión. Entonces, ¿por qué no se ha hecho? Sencillamente porque no se ha querido,
no ha habido voluntad política suficiente, ni de presidentes, ni de legisladores, ni
de las autoridades electorales, ni siquiera de conspiradores o de la oposición más
resentida. De otro modo, ese punto ya hubiera sido aprobado.
Acaso, en segundo término, alguien duda en Colombia en este momento que
las tesorerías de las campañas deben ser estrictamente reguladas y vigiladas, con
cuentas corrientes únicas y públicas y responsables directos? Entonces ¿por qué
no se ha reformado la constitución en ese sentido?, o ¿por qué no se ha legislado
sobre ello, sabiendo que además es posible que ni se requiera reforma política
para algunas de esas medidas? Teóricamente porque no se ha llegado a un acuer-
do, sobre los cómos y los qué tantos, los instrumentos y demás.¡ No es cierto! Las
normas se han hundido con los grandes proyectos de reforma política, por el
peso de otras normas mucho más controversiales, pero nadie ha querido rescatar-
las, sacarlas de ese lodazal carpenteriano de ideas cantinflescas en que se han
ido convirtiendo los proyectos de acto legislativo a través de los debates en el
Congreso.
¿Y qué pasó con el tema de las responsabilidades, con aquella idea tan en
boca de la oposición al Gobierno hace unos años, según la cual el candidato debía
Rojo difuso y azul pálido 99

hacérsele responsable en la constitución, administrativa y penalmente, de lo que


sucediera en su campaña? ¿Era un principio o se referían a un caso concreto sola-
mente? ¿Por qué entonces no ha prosperado la idea hasta convertirse en norma?
¡Que tire la primera piedra al que no le tembló la mano para votar una norma que
en un futuro le pudiera significar su propia pérdida de investidura o incluso una
investigación criminal!
El legislador, como poder constituyente derivado, o el ciudadano, como titu-
lar real de la soberanía popular pero sin revanchismos, deberán lograr, con los ins-
trumentos formales existentes, que las más sanas normas sobre financiación sean
aprobadas. Por lo menos las normas menos sujetas a controversia, como la del
transporte público de votantes, o tan obvias, como la regulación de la publicidad
política por televisión, deberán ser rescatadas de los megaproyectos de reforma
política y estar vigentes para las próximas elecciones. ¡El resto es retórica, y de la
mala!
Desde hace varios años se ha venido reconociendo como un hecho innegable
que durante las dos últimas décadas ha habido una connivencia entre sectores ligados
con el narcotráfico y algunos personajes de la élite política del país87 • Figuras como la
llamada Justicia sin Rostro, o el Sometimiento a la Justicia, buscaron enfrentar el fenó-
meno ya crecido, y la creación de la Fiscalía también se orientó en parte en ese senti-
do. La Corte Suprema igualmente asumió el reto, y en menos de tres años un puñado
de congresistas fueron privados de su libertad, así como el tesorero de la campaña del
Presidente electo, el director de la misma, y hasta el propio Presidente fue juzgado
por la Cámara.
La financiación ilegal de las campañas prácticamente ha sido el golpe de gra-
cia que ha dado al traste con la confianza que les restaba al ciudadano respecto de
la política. Aunque está muy ligado el fenómeno del clientelismo, la magnitud que
esta ha adquirido requiere un análisis separado, por lo menos en su parte prospec-
tiva. El propósito no es hacer un balance de los efectos que tuvo todo el llamado
fenómeno del proceso 8000. Es evidente que la penetración de dineros del narco-
tráfico en muchas campañas políticas terminó por minar el sistema y la situación
se hizo tan compleja que para muchos legislar al respecto resulta inútil. No obs-
tante, consideramos que el análisis de las posibles reformas al régimen de finan-
ciación es sumamente pertinente, pues es un instrumento más para romper la
dinámica continuista, y en tal sentido está orientada la siguiente exposición. Por
eso prolongar su debate es inútil e hipócrita. ¡Hay que aprobar esas normas ya!
Desafortunadamente el país se entretuvo defendiendo al Presidente o ras-
gándose las vestiduras para provocar su salida, y no pudo hacerse un consenso
para reformar las normas que habían creado el problema. Fue así como se

87. Santana dice que además sectores de la élite económica, cultural, social y parte de la cúpula de
las propias fuerzas armadas. Santana, Pedro. "La crisis de la política y de los partidos". Rellista
¡'Oro, No 30, septiembre de 1996, p. 35.
100 David RolI

realizaron las elecciones de octubre del 1997 con la antigua legislación y todas
hasta las del último Presidente, en mayo del 2002. Justamente en las elecciones
para Alcaldes y Concejales, el Registrador Nacional, Jaime Calderón Bruges,
anunció al país la presencia de ingentes cantidades de dinero en las campañas,
pero poco pudo hacerse, por no contarse con una legislación más audaz al respec-
to: "El dinero corrió a raudales, pero ya no en cheques sino en efectivo", es el co-
mentario que más se escuchó en los círculos políticos y académicos con
posterioridad a las elecciones. Paradójicamente, a finales de 1998 el propio Regis-
trador fue acusado por la fiscalía de recibir dineros del narcotráfico unos años
atrás y fue separado de su cargo. En Febrero del 2000 fue absuelto.
La explicación obvia es que se trata de un vínculo difícil de romper, por el
arraigo social que tiene. Como explica Ricardo García, en el fondo la coinciden-
cia del político clientelista con el narcotraficante es justamente un cierto encuen-
tro de lógicas, inscritas socialmente dentro de la misma lógica paternalista que
conduce a la construcción de redes de solidaridad, en la cual se combinan lealta-
des y contraprestaciones 88 . Por ello la solución escapa a la simple histeria de las
clases medias, que no han percibido como estas relaciones hacen parte del tejido
social mismo, dado lo cual hay que crear condiciones para el cambio antes de
iniciarlo.
En el presente estudio tampoco pretendemos sobrevalorar la ingeniería ins-
titucional, pero si consideramos que es fundamental estudiar seriamente la legis-
lación sobre financiación de campañas y buscar mecanismos para desnarcotizar la
política. Las elecciones de los últimos cinco años demostraron la falacia de quie-
nes pensaban que bastaba con desbancar con el voto a los corruptos del Congre-
so para sanear la política. Los resultados electorales no pudieron ser más tristes,
prácticamente no hubo renovación, pero algunos triunfos simbólicos despistaron
a la opinión pública.

2. Las normas sobre financiación de campañas en Colombia


Desde mediados del siglo XX se empezaron a dar los primeros pasos para regla-
mentar la entrada de recursos a partidos y campañas sobre todo en época electo-
ral, sin que se haya consolidado ninguno de estos intentos. Solo en 1983 con la ley
58 se dio un paso importante y en firme con el Estatuto Básico de los Partidos,
mas no se habló de la financiación ni siquiera parcial del Estado.
En 1991 en la nueva Constitución Política de Colombia se consagró la mate-
ria mediante 3 artículos:
Art. 109: El Estado contribuirá a la financiación del funcionamiento y de las
campañas electorales de los partidos y movimientos políticos con personería

88. García Duarte, Ricardo. "Ética, política y narcotráfico". Revista Foro. No 30, septiembre de
1996, p. 55.
Rojo difuso y azul pálido 101

jurídica. Los demás partidos, movimientos y grupos significativos de ciudadanos


que postulen candidatos, se harán acreedores a este beneficio siempre que obten-
gan el porcentaje de votación que señale la ley. La ley podrá limitar el monto de
los gastos que los partidos, movimientos o candidatos puedan realizar en las cam-
pañas electorales, así como la máxima cuantía de las contribuciones individuales.
Los partidos, movimientos y candidatos deberán rendir públicamente cuentas so-
bre el volumen, origen y destino de sus ingresos.
Art. 110: Se prohibe a quienes desempeñan funciones públicas hacer contri-
bución alguna a los movimientos o candidatos, o inducir a otros a que lo hagan,
salvo las excepciones que establezca la ley. El incumplimiento de cualquiera de es-
tas prohibiciones será causal de remoción del cargo o pérdida de la investidura.
Art. 111: Los partidos y movimientos políticos con personería jurídica tienen
derecho a utilizar los medios de comunicación social del estado en todo tiempo,
conforme a la ley. Ella establecerá así mismo los casos y la forma como los candi-
datos debidamente inscritos tendrán acceso a dichos medios.
Luego se expidió en 1.994 un nuevo estatuto de básico de los partidos me-
diante la Ley 30 de 1.994. Sus principales puntos son:
a. Obligación anual de los partidos de presentar cuentas sobre los ingresos
y egresos anuales de este o del movimiento especificando la parte
contributiva
b. Financiación por parte del Estado del funcionamiento de los partidos,
mediante un fondo especial que se constituye anualmente.
c. La contribución estatal a la financiación de las campañas electorales por
el sistema de reposición.
d. La obligatoriedad de no exceder la suma fijada por el consejo nacional
electoral en cuanto a gastos de campaña.
e. Derecho a la reposición de los gastos siempre y cuando el candidato hu-
biese obtenido más del 5% de los votos en las elecciones uninominales, y
en las elecciones por lista como minimo la tercera parte de los votos.
En ese mismo año debido al escándalo del dudoso manejo financiero de la
campaña del presidente Ernesto Samper, que desencadenó una fuerte crisis polí-
tica durante sus años de gobierno, las discusiones giraron entorno al tema de la fi-
nanciación. Hay que tener en cuenta que esto no era nada nuevo, puesto que ya
desde 1.948 Jorge Eliécer Gaitán denunciaba irregularidades respecto al manejo
de las finanzas en los partidos y en las campañas.
Pero fue precisamente en 1995 el propio Gobierno Samper, el que convocó a
la Comisión para la Reforma de los Partidos y esta elaboró, entre otros temas,
unas recomendaciones para modificar las normas sobre financiación. El Congre-
so de entonces se opuso a dicha comisión y creó la suya propia, la cual hizo sus re-
comendaciones. Por su parte el Consejo Nacional Electoral del momento hizo un
proyecto de ley en ese mismo sentido. Si se comparan las tres propuestas (ver
Cuadro 1 al final) , puede observarse que, salvo la financiación total de las
102 David RolI

campañas presidenciales, ningún otro tema generó controversia, sino que por el
contrario todos coinciden en los mismos puntos: control de la contabilidad de las
campañas, limitar contribuciones, limitar gastos, responsabilidad del candidato,
prohibición de aportes de personas jurídicas, control de transporte el día de las
elecciones, etc.
Ninguna de esas normas de sentido común ha sido aprobada aun, por lo cual
es evidente que no existe una clara voluntad política de hacerlo. Las elecciones
desde entonces siguen rigiéndose por las mismas normas que toda la clase política
señaló como defectuosas en 1995, y los discursos sobre la necesidad de cambiar-
las se reavivaron con los escándalos ocurridos en las elecciones parlamentarias del
2002, en marzo, en las cuales se encontraron serios indicios de corrupción y favo-
rabilidad. Si no hay claridad y compromiso de la clase política liberal y conserva-
dora de modificar esas reglas, el sistema se degradará año tras año, horadando la
legitimidad del sistema y agravando la inestabilidad política del país. En el siguien-
te período presidencial se presentaron 4 intentos de reforma, con propuestas si-
milares en lo referente a la financiación, sin que ninguno de ellos haya sido
aprobado.

3. Conclusiones sobre la financiación


de partidos y campañas en Colombia
El tema clave sobre la financiación está en los controles, en las sanciones, y en la
independencia y atribuciones de los órganos encargados de vigilar, controlar y
sancionar las actividades que se salgan de los cauces legales. En tal sentido el régi-
men sanciona torio que se consagre debe contener normas claras sobre las activi-
dades respecto a los partidos y a las campañas. Es urgente tipificar los delitos
electorales con más precisión, además. Igualmente, el órgano de control electoral
debe ser más independiente de los partidos y contar con las herramientas
suficientes.
En nuestro particular concepto se requiere una legislación en la que no sólo
se limite el costo de las campañas, su duración y el monto y naturaleza de los apor-
tes privados, sino que además prohíba los aportes de personas jurídicas y la pro-
paganda política en televisión. Pero sobre todo que señale claramente quién es el
responsable o los responsables del manejo financiero de las campañas, las conse-
cuencias jurídicas civiles, administrativas y penales de la violación de esas normas,
y los órganos estatales encargados de vigilar, controlar y sancionar los procesos
electorales.
Respecto de la financiación total de las campañas presidenciales, considera-
mos, como sostiene Miguel Alemán que si bien el financiamiento público es un
correctivo de las consecuencias del financiamiento privado, este último es
Rojo difuso y azul pálido 103

también un dispositivo para evitar que los partidos queden sujetos al subsidio del
Estad0 89 . Por otra parte, un elemento de peso en contra del aumento de la fman-
ciación estatal es la penuria de los presupuestos estatales. Como señala Ángel
Álvarez, el hecho de que los Estados latinoamericanos están agobiados por tal
número de tareas en el plano social y económico, que no realizan eficientemente y
para las cuales no tienen suficientes recursos, hace que deba pensarse si se justifi-
ca que el Estado aumente su aporte financiero a los partidos, teniendo que dejar
de lado otras necesidades más apremiantes de una gran parte de la población90 .
Para determinar la conveniencia o inconveniencia de la financiación estatal y
su intensidad existen multitud de argumentos. Pero para el caso colombiano, en
el que se debate el tema de la financiación total del Estado de algunas o todas las
campañas, independientemente de si se requiere o no reforma constitucional,
coincidimos con el informe final de una investigación adelantada por Planeación
Nacional, según el cual, la financiación estatal de campañas no es un tema mera-
mente legal o conceptual, sino que "hace falta desarrollar mecanismos que permi-
tan cuantificar tanto su impacto sobre la racionalidad electoral como sobre el
presupuesto nacional"91.
En síntesis, la propuesta de financiación total de la campañas presidenciales
(pues de las legislativas sería insensato hablar en este momento de crisis fiscal), no es
un absurdo en sí misma, pero parece haber más argumentos en contra que a favor, in-
cluso cuando se plantea como una norma transitoria. Pero el verdadero problema es
que el debate sobre la financiación total se ha convertido en el árbol que no deja ver el
bosque: la falta de controles a la financiación privada. Si el Congreso se concentra en
esto, y casi sobran los debates por lo obvias que son las reformas deseables, sobrará
esa retórica vacía que en este tema en particular no se convierte en voto aprobatorio a
la hora de la verdad.

89. Alemán Velasco, Miguel. Lasfinanzas de la política. México, Editorial Diana, 1995, p. 36.
90. Álvarez, Ángel E. En Reforma de los partidos políticos financiamiento y democracia, Fundación Kon-
rad Adenauer, 1995, p. 94-95.
91. Restrepo Londoño, Diego y Rendón Ospina, Sandra. Efectos políticosy económicos de la financia-
ción estatal de los partidos políticosy las campañas electorales. Departamento Nacional de Planeación,
Bogotá, julio 7 de 1995, p. 43.
1 04 David RolI

Cuadro 1 Propuestas de reformas acerca de la financiación


de partidos y campañas

Consejo Nacional
Comisión de reforma Comisión del Congreso
Electoral
Modificar el/1rt. 14:
Las campañas presiden- La financiación de cam- Debe haer financiación es-
ciales crán financiadas pañas debe ser mixta. tatal pero no total, en for-
completamente por el ma directa y por reposicú'Jn
Estado. de lo gastado.

Modificar el Arts. 14)' 16:


Solo las personas natura- Se prohibirá el aporte de No a contribuciones de
les pueden hacer donacio- personas jurídicas a las personas jurídicas,
nes para las campañas campañas políticas.
políticas.

Montos de aportes a Las campañas serán fi- Ilabrá un límite a las con-
las campañas serán nanciadas por el Estado y tribuciones de personas na-
limitados. por personas naturales, turalcs: el 50'!(, del costo to-
con topes establecidos y taL
rígidos.

Donaciones para el fun- El Comejo Nacional


cionamiento de los parti- Electoral señalará un costo
dos y movimientos políti- máximo permitido por
cos no podrán superar campaña,
anualmente los veinte sa-
larios mínimos.

[ns medios de comunica- Se prohíben los aportes en


ción no pueden hacer especie,
contribuciones dc ningún
tipo a los partidos, movi-
mientos o candidatos.
Rojo difuso y azul pálido 105

Cuadro 1 Propuestas de reformas acerca de la financiación


de partidos y campañas

Consejo Nacional
Comisión de reforma Comisión del Congreso
Electoral
Modijlrar tI"~ 111. 16:
Se prohíbe la publicidad Se limitará la propaganda Pinanciación estatal de la
pagada en televisión. política, otorgando publi- propaganda en televisión,
cidad gratuita en los me- radio, prensa, así como el
dios de comunicación de! servicio de transporte e! día
I <:stado y franquicias pos- de elecciones.
tales.

Reducir la propaganda Prohibir la propaganda po-


política que cauce lítica que cauce polución.
polución.

Modijlcar /lr/. 1S
Las contribucones a los Cada partido y candidato Las contribuciones se ha-
partidos \' movimientos tendrá un mandatario o rán a través de un manda-
políticos, se harán única- gerente financiero que lle- tario financiero, habrá un
mente a través de las te- vará la tesorería y la conta- registro de aporLantes y
sorerías de éstos. bilidad y hacer la posterior una cuenta corriente única.
relación de cuentas
Aportes estatales se entre- I DS aportes estatales serán
garán a las tesorerías de I.a reposición de gastos se en especie y por el mecanis-
los partidos y hará a través de las mo de la reposición.
movimientos. tesorerías.

Debe incrementarse el fon- Los dineros de! Fondo de Se debe fortalecer el Pondo
do para financiación de ac- financiación de partidos N acional de Pinanciacú'm
tividades permanentes de deben incrementarse para de los partidos, dotándolo
los partidos. I <:ste fondo atender mejor las diferen- de estructura, con persone-
debe distribuirse en forma tes actividades de los par- ría jurídica, autonomía ad-
equitativa entre los partidos tidos y movimientos polí- ministrativa y patrimonio
y movimientos políticos. ticos (manutención de independendiente.
(Estructuras regionales, pe- estructuras organizacio-
riódicos, foros, apoyo téc- nales, foros, congresos
nico a la actividad legislati- internacionales, apoyo a
va, investigaciones, centros congresistas, diputados y
de estudio y capacitación, concejales, etc.
etc.)
TERCERA PARTE
El sistema político y el sistema
de partidos en Colombia
A. EL SISTEMA POlÍTICO

a Constituci('m PO,~ítica de. 1991 consagra a Colo~bi.a co~o un "Estado


L Social de Derecho, organizado en forma de Republtca unltarla, con au-
tonomía en sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralis-
tao El país está dividido en 32 departamentos, 1096 municipios y cuatro
distritos: Distrito Capital de Bogotá, el Distrito Turístico y Cultural de Car-
tagena y el Distrito Turístico, Cultural e Histórico de Santa Marta y el Dis-
trito Portuario de Barranquilla.
En el sistema político colombiano, de carácter presidencial (fuerte), los
partidos compiten principalmente en elecciones nacionales (Congreso bica-
meral y Presidencia), regionales (Asambleas Departamentales y Goberna-
ción), locales (Consejos, Alcaldías municipales y Juntas Administradoras
Locales), \' ocasionalmente en las consultas internas de los partidos para las
presidenciales. Las autoridades son elegidas en su totalidad por sufragio di-
recto y universal. Las elecciones locales, parlamentarias y presidenciales se
realizan en di ferentes fechas. Desde 1991 está prohibida la reelección presi-
dencial. En las elecciones presidenciales, que se realizan bajo el sistema ma-
yoritario a doble vuelta, se elige también vicepresidente. En las elecciones
legislativas se da un sistema de representación proporcional por listas ce-
rradas y bloqueadas (listas en las que el elector no puede realizar modifica-
ciones). Cada partido tiene la posibilidad de presentar el número de listas
que desee.
Para asignar escaños se utiliza el método de cuocientes y residuos
mayores: el cuociente se logra al dividir el número total de votos en cada cir-
cunscripción electoral por el número de escaños a proveer en la misma. U na
lista obtiene un número de cundes equivalente al número de veces en que se
pueda dividir su votación por el cuociente. Los escaños que, se queden sin
asignar, se distribuyen por residuos. Estos se organizan en forma descenden-
te, y cada lista recibe un eScat10 adicional hasta que se hayan asignado todos
los escaños correspondientes al distrito electoral en cuestión.
11 O David Rall

Se trata de un sistema bicameral discriminado. Para e! Senado, existe


un único distrito nacional, mientras que para la Cámara de Representantes
las circunscripciones están en correspondencia con la división político-
administrativa del país, o sea los departamentos, que tienen más o menos
representantes según el censo poblacional. Los períodos de los Presidentes
y de! Congreso son de cuatro años, mientras que los de gobernadores y al-
caldes de sólo tres, con posibilidad de revocatoria del mandato. Los parti-
dos que se estudian dominan la mayor parte del panorama electoral y
político, mientras que e! papel de las terceras fuerzas siempre ha sido mar-
ginal o circunstancial.
La Constitución Política de 1991, trató de abrir el sistema a nuevos sec-
tores y nuevas fuerzas, y de esta forma desmontar las dinámicas de bipartidis-
mo pactado que e! Frente Nacional impuso al sistema político colombiano.
Para ello facilitó la creación de partidos y movimientos políticos, garantizó
la libertad para afiliarse o retirarse de ellos y para organizarse internamente
sin la intervención estatal. Sin embargo, los resultados de esta reforma no
fueron los esperados, ya que lo que se presentó fue una creciente atomiza-
ción y fragmentación del sistema de partidos, lo cual afecta tanto a las terce-
ras fuerzas como a los partidos tradicionales, pues estos últimos presentan
infinidad de listas, quitando espacio a los primeros y fragmentándose ellos
mismos, perdiendo su coherencia como partido. Esto ha intensificado la per-
sonalización de la política, pues por la proliferación de listas, el elector se ve
obligado a votar por el individuo más que por el partido. Así cada lista es casi
un partido, y por ello algunos dicen que hay un pluripartidismo disperso en
Colombia.
Existe un sistema de financiación pública de la vida política, que implica
tanto la financiación de! funcionamiento de los partidos como de una parte
de los gastos de las campañas políticas. En el primer caso los partidos prácti-
camente dependen de ese aporte estatal, pero en lo referente a las campañas
los abusos son la regla. Las normas establecen topes a los aportes y gastos,
pero estos no se cumplen. Los costos son tan altos, que los congresistas crean
una gran dependencia de sus patrocinadores, que pueden ser los grandes gru-
pos económicos y a veces narcotraficantes, lo cual ha generado una ola de
arrestos a importantes lideres políticos en los últimos años. Incluso en las
e!ecciones presidenciales ha habido participación económica de los carteles
de la droga, como se pudo demostrar respecto de la campaña de! Presidente
Ernesto Samper, lo que generó una grave crisis política, aunque finalmente
el Presidente fue declarado inocente respecto al conocimiento de ese hecho.
Paradójicamente aún no se han aprobado nuevas normas sobre financiación
de campañas.
A raíz de todos los inconvenientes que se han presentado en este y otros
sentidos, durante la pasada década se han venido formulando múltiples
Rojo difuso y azul pálido 111

propuestas para reformar el sistema electoral y de partidos, para lograr una


mayor transparencia y organización de los mismos. La principal de ellas
hace referencia obviamente a la financiación pública de las campañas para las
elecciones nacionales en su totalidad, para evitar la entrada de dineros ilícitos
y a su vez evitar que los grupos económicos influyan en el accionar de los
partidos, movimientos y candidatos. De momento los temas que más con-
senso han generado son: efectiva limitación de ingresos y egresos, financia-
ción total de las presidenciales, prohibición de la publicidad pagada en
televisión y limitación de la calidad de aportan tes a las personas naturales.
Pero también en temas puramente electorales se ha propuesto la limita-
ción del número de avales que los partidos pueden presentar por cargo a ocu-
par, para eliminar la fragmentación y reagrupar las minorías. En ese mismo
sentido se ha planteado la necesidad de establecer un umbral, que puede oscilar
entre el2 y el 5% (con el 12% sería suficiente para algunos l ), con lo cual se bus-
ca la integración de los pequeños movimientos y partidos para que de esta for-
ma se logren organizar como bloques políticos que estén en capacidad de
competir con los partidos tradicionales. U n argumento en contra de esta me-
dida es que por una parte se volvería a cerrar el sistema a los pequeños partidos
y movimientos, y por otra parte al obligar a integrarse a diversas fuerzas, de
una u ora forma los intereses específicos de cada una de ellas se desdibujarían.
Por último, se ha insistido en que se exija la democratización interna de los
partidos para crear procesos democráticos y participativos al interior de los
mismos, pues la actual normativa les da libertad absoluta en ese sentido.

. . .;-
Gráfico 1 Elecciones en Colombia en el nivel nacional.

l m
Listas cerradas
Residuos

I .
. -

·1
I
4;.-
I Senado
~ Circunscripción
naClOna
. 1
Nivel
Nacional

Cada cuatro años


en diferentes fechas

1. El representante liberal I.uis rernando Velazco, uno de los líderes de las reformas, sostenía
en entrevista informal, que dadas las cifras de participación tan bajas actualmente, bastaba
un 10 o 12'1<, de umbral para disciplinar un poco a los partidos.
1 12 David RolI

También se ha hablado de partidos de primer y segundo nivel, voto prefe-


rencial y muchos otros mecanismos, pero existe una gran confusión sobre qué
tipo de combinación finalmente va a lograr qué resultado, y tampoco hay mu-
cha claridad sobre lo que se desea: un bipartidismo con un partido bisagra, un
pluripartidismo moderado, unos partidos disciplinados o flexibles, cte. Es evi-
dente que se requiere una reforma política, pero también que aún no se han
construido los consensos en torno a ello, y cualquier aprobación por vía de ne-
gociación puede ser contraproducente si no hay tal requisito previo. La gran
duda es si adelantar esos cambios para ambientar el ingreso de los grupos arma-
dos a la vida política o precisamente dejar esos debates como parte de las con-
versaciones, puesto que pueden ser modificadas nuevamente las normas luego
de un acuerdo de paz. Todo parece indicar que es mejor seguir adelante, toda
vez que, como explicaba un exministro defensor de un proyecto de reforma
en una audiencia pública, "todo no se puede poner en el congelador de la
paz"2, y como aclaraba un senador exguerrillero en un congreso académico,
"en general los grupos alzados en armas tienen planteamientos de fondo dife-
rentes a la ingeniería institucional, así que es mejor no esperar"3.

B. EL SISTEMA DE PARTIDOS EN COLOMBIA

El sistema de partidos colombiano es un sistema bipartidista sui generis, toda


vez que, si bien los partidos Liberal y Conservador han ejercido casi exclusiva-
mente el poder, desde su nacimiento a mediados del siglo XIX hasta la actuali-
dad, ha habido una dinámica intermitente de conflicto-alianza exclusionista 4,

Gráfico 2 Elecciones en Colombia en el nivel departamental.

.. -[C;ob,;~~do", I [Ci"~~~'ciP"~~~
__ naCIOnal
Nivel
Departamental
- - [ Asambleas

2. Martíncz, Néstor Humberto, Ministro del Interior, Audiencia sobre la Reforma Política, Univc-
ridad Nacional de Colombia, Bogotá, 1999.
3_ Navarro Wolf, Antonio, Senador independiente, exguerrillero de! M-19, Debate
so bre la reform a, U niversidad de los Andes, Bogotá, 2000.
4. Las coaliciones más importantes han sido las de liberales gólgotas y conservadores
contra la dictadura de José María Me!o en 1854; en la Regeneración, liberales inde-
pendientes con conservadores para apoyar a Rafael N úñez (1885); el Partido Repu-
blicano contra e! conservador Rafael Reyes; la e oncentración N acional de
Enrique Olaya (1930); la intermitente U nión N acional, de Mariano Ospina Pérez
(1946) y el pacto del Frente Nacional (1957).
Rojo difuso y azul pálido 113

Gráfico 3 Elecciones en Colombia en el nivel local.

Desde 1988
r--- Alcaldes
I Nivel I , cada tres años I

l
I ________ _ _ _ _1

Local f-------
[
--- -
I ---J1 Concejo

Gráfico 4 Elecciones en la capital.

Nombrados por el
Alcalde Mayor

Alcaldes
Locales

Concejo
Bogotá
(Elección popular)

Juntas
Administradoras 20
Locales Localidades

que no permite hablar de alternancia aleatoria y bipartidismo clásicos, sino


más bien de un sistema consociacional bipartidista 6 , combinado con uno de
alternancia pragmática (centrismo). Efectivamente, los dos partidos se carac-
terizaron al principio por una beligerancia permanente, heredada de los

5. Chernick W., Marc, "Reforma política, apertura democrática y el desmonte del Frente
N acional". En: Vázquez de U rrutia, Patricia, Ll dem ocracia en Blanco y negro. Colom bia
en los años ochenta, Bogotá, Cerec, r:<,diciones U ni andes, 1989, p. 289.
6. Dix, Robert, "Consociational democracy: The case oE e olombia". En: C om parativ e
Politics, No. 12,1980, Y Hartlyn,Jonathan, "Colombia: The politics oEviolence
and acommodation". En: Diamond, Larry, Lizn, Juan J. y Seymur, Martin Lips-
tet, Dem ocracy in develoPing coun tries. Lltin Am erica, Vol. VI, Colorado, Lynne
Rienner Pub, 1989, p. 293.
114 David RolI

enfrentamientos entre las facciones bolivaristas y santanderistas de las gue-


rras de independencia y luego entre centralistas y federalistas, en las cuales
quien ganaba la guerra modificaba las reglas políticas y excluía al derrotado,
siendo las constituciones prácticamente "cartas de batalla"7 y no reflejos de
victorias electorales o consensos interpartidistas.
Ambos partidos surgieron en la mitad del siglo XVIII. En un primer pe-
ríodo fue evidente la preeminencia del Partido Liberal (Olimpo Radical),
mientras que a partir de la Guerra de 1885 el Partido Conservador tuvo un po-
der hegemónico (Regeneración), que se consolidó con la Guerra de los mil días
(1899-1902), y se prolongó hasta bien entrado el siglo. Con el triunfo electoral
de los liberales en las presidenciales de 1930, se inauguró la República Liberal,
un período caracterizado por tentativas de modernización política más o me-
nos fallidas 8, que vino a terminar en 1946, cuando el partido se presentó dividi-
do a las elecciones, dando el triunfo a los conservadores. Estos gobernaron en
medio de una especie de guerra civil entre los dos partidos, conocida como "la
Violencia", hasta que en 1953 se llevó a cabo un golpe de Estado, apoyado por
la mayor parte de los sectores políticos, el cual se mantuvo hasta 1957, cuando
se celebró un pacto entre los dos partidos para recuperar el poder y dividírselo
pacíficamente (Frente Nacional).
Aunque el acuerdo bipartidista debía regir durante 16 años, considera-
dos necesarios para despolitizar y pacificar el país, mediante nuevas normas
se extendió su práctica más allá de ese períod0 9 • En la década de 1970 la clase
política dominante se percató de los problemas que estaba causando la pro-
longación de esos acuerdos bipartidistas (clientelismo extremo, oposición ar-
mada, ete.), y decidió comenzar el proceso conocido como "el desmonte del
Frente Nacional" o apertura del sistema político. En el mismo fueron claves
la reforma constitucional que hizo posible la elección popular de alcaldes en
1988, y sobre todo la Constitución de 1991 1°, resultado de un pacto político

7. Valencia Villa, Hernando, Cartas de Batalla. Una crítica del constitucionalismo colom·
bian o, Bogotá, e erec, 1987, p. 105.
8. Roll, David, lnestabilidady continuislJlo en la dinámica del cambio político en Colombia, Bogotá,
Iefes, 1999, p. 42.
9. Por ejemplo la repartición de cargos del Ejecutivo se mantuvo, pero ya no mitad y
mitad sino de acuerdo al poder de cada partido en el Congreso.
10. En la Constitución de 1991, se incluyó la libertad de fundar partidos, se creó la circuns-
cripción nacional para el Senado (era territorial, se pretendía favorecer a las minorías
nacionales), se facilitó la creación de partidos, se decidió que el Estado contribuiría a la
financiación de campañas y de partidos, se instauró la revocatoria de mandato para algu-
nos casos, se aumentaron las inhabilidades e incompatibilidades y se dieron garantías para
el ejercicio de la oposición (acceso a la información, derecho de réplica, y participación en
los organismos electorales y mesas directivas de los cuerpos colegiados), entre muchas
otras cuestiones que apuntaban a romper el bipartidismo rígido y el clientelismo (por
ejemplo la eliminación de los auxilios parlamentarios o parcelas del presupuesto cuya des-
tinación decidía cada congresista libremente).
Rojo difuso y azul pálido 11 5

que intentó ser incluyente para generar la paz e impulsar una competencia
pluripartidista a través de fórmulas de ingeniería institucionaJ11. De momen-
to ninguno de los dos objetivos se ha logrado, pues la guerra es más intensa
que nunca (las guerrillas actuales no participaron en dicha Asamblea y ha
surgido un ejército ilegal antiguerrillero conocido como paramilitares), los
partidos tradicionales siguen dominando el panorama político y las prácticas
consociacionales se mantienen aunque adaptadas a las nuevas reglas. Sin em-
bargo ese poder ya no es tan hegemónico debido a la fragmentación interior
de los partidos que generó en parte el nuevo ordenamiento al desafío guerri-
llero y paramilitar en muchas zonas y a los éxitos ocasionales pero muy par-
ciales aun de terceras fuerzas políticas.
A pesar de la tradición partidista casi ininterrumpida durante un si-
glo y medio, la regulación de los partidos fue muy tardía y dificultosa,
siendo la Constitución de 1991 la primera norma de su nivel en referirse
específicamente a ellos, señalando la libertad de crear partidos con relati-
va facilidad l2 , aunque prohibiendo al legislador regular la vida interna de
los mismos y por lo tanto exigir procedimientos democráticos en sus de-
cisiones 13 . Con la libertad de partidos, al parecer el constituyente quería
propiciar un pluripartidismo en el sistema, pero los resultados fueron di-
ferentes, ya que no surgieron fuerzas nuevas y perdurables que contaran
en el sistema de partidos.
Por añadidura, los partidos tradicionales se fragmentaron como estra-
tegia electoral, presentándose en múltiples listas a las elecciones legislati-
vas, sacrificando así cierta cohesión que existía, a cambio de mantener las

11. También puede destacarse la actitud de! Presidente Virgilio Barco (1986-1990) quien deci-
dió hacer un gobierno de partido, invitando a los conservadores a ser un partido de oposi-
ción, rompiendo la tendencia anterior de repartir los ministerios de acuerdo a las mayorías
parlamentarias, norma que se introdujo una vez terminado el Frente Nacional, durante e!
cual dicha distribución debía hacerse "mitad y mitad".
12. La norma constitucional vigente referente a los partidos, establece que "se garantiza a
todos los nacionales el derecho a fundar, organizar y desarrollar partidos y movimientos
políticos y la libertad de afiliarse a ellos o de retirarse" (art. 108).
13. e on lo cual fue declarado inconstitucional e! artículo de la Ley 130 de 1994 que obli-
gaba a la democratización de los mismos. Por ello, en la actualidad hay una gran
libertad para la organización interna. La norma de democracia interna fue vista con
desconfianza tanto por la derecha, representada en la Asamblea por Álvaro Gómez,
quienes la consideraban una intromisión inaceptable del Estado, como por la guerri-
lla desmovilizada, representada por Antonio N avarro de! M-19, quienes temían que
por esa vía se le quitara personería jurídica a su movimiento, e! cual tendría que
hacer una difícil transición desde la disciplina militar hacia dicha democracia (según
reconoció e! mismo Antonio N avarro al preguntarle el autor su posición al respecto
en un foro celebrado en la Universidad de los Andes en noviembre de 1999).
11 6 David RolI

mayorías 14 . Aunque siempre existieron corrientes dentro de los mismos, en-


tre personalistas e ideológicas, como el Lopismo (centroizquierda) y Santis-
mo (centroderecha), en el Liberalismo, y Laureanismo (ortodoxos) y
O spinismo (moderados) en el e onservatismo, lo que sucedió después de
1991 fue una división total sin motivos ideológicos o programáticos. De al-
guna forma el pluripartidismo que se quería para el sistema donde se dio fue
al interior de los partidos vigentes. Esto ha sido señalado reiterativamente
como catastrófico por dos razones que resultan contradictorias entre sí: por-
que los partidos sobrevivieron a la cirugía constitucional como una especie
de cáncer invasor indestructible, pero también porque ello supuso al mismo
tiempo la atomización, polarización y eventual pulverización de los partidos
sobre los que al fin y al cabo se asienta el sistema democrático en el país. Esa
ambigüedad vergonzante respecto de los partidos tradicionales ha conver-
tido los intentos de reforma institucional posteriores a la constituyente 15
en esquizofrénicas búsquedas de la cuadratura del círculo en la política co-
lombiana: construir un sistema de partidos que a la vez fortalezca y conten-
ga al conservatismo y al liberalismo, y adicionalmente coloree el sistema
con nuevas fuerzas, para darle por lo menos una imagen de inclusivo.

14. Debido a que además existe un sistema de repartición de curules en el que se favorecen
los residuos, la facilidad de crear partidos hizo que los grandes se dividieran en muchos
frentes, presentando gran cantidad de listas a las elecciones, obteniendo un enorme
éxito electoral en términos numéricos globales. En un ambiente de casi nula disciplina
partidaria se dio una especie de fragmentación de dichos partidos y hay voces que seña-
lan su eventual disolución.
15. El primer gobierno posterior a la Constituyente, e! de Ernesto Samper (1994-1998),
hizo un balance negativo de! efecto de las nuevas normas en lo referen te a los partidos, y
convocó en 1995 una "Comisión para el Estudio de la Reforma de los Partidos Políti-
cos", de cuyas recomendaciones surgió un proyecto de Reforma Constitucional que no
resistió los primeros debates en e! Congreso, como tampoco tuvo éxito un estatuto de
oposición que se propuso, ni las normas electorales sugeridas pudieron convertirse en
ley. Aunque en principio se pensó que e! motivo había sido la debilidad del gobierno
Samper, cuando la propuesta de reforma de! presidente Andrés Pastrana terminó "hun-
diéndose" en e! Congreso en 1999, quedó en claro la dificultad de lograr consensos polí-
ticos para reformar cuestiones atinen tes a partidos y sistema electoral. En e! primer
semestre del 2000 e! Presidente aprovechó un escándalo de corrupción en el Congreso
para proponer un referendo a través del cual se llamaría a nuevas elecciones legislativas
y se modificarían sustancialmente las leyes electorales y de partidos. La jugada le costó
la renuncia al Ministro de! Interior y la desarticulación de la coalición conservado-
ra-liberal que lo llevó al poder y lo respaldaba en e! Congreso (Gran Alianza para el
Cambio). Finalmente debió renunciar a su propósito ante la amenaza de ser incluida su
propia revocatoria en e! cuestionario. En todos esos proyectos hay algo en común: no
se sabe en el fondo si lo que se quiere es frenar la fragmentación partidaria aunque se
corra el riesgo de apuntalar el bipartidismo, o seguir apostando por un sistema pluripar-
tidista sin dominio hegemónico de los dos partidos.
Rojo difuso y azul pálido 1 17

Por la impaciencia ante esa indecisión del legislador de ocuparse seria-


mente de su regulación, los partidos Liberal y Conservador realizaron por sí
mismos sendos procesos de reorganización interna, con el objetivo de forta-
lecerse ante unas bases cada vez más escépticas de su gestión.
El otro factor que tiene en vilo los intentos legales o estatutarios de
transformación de los partidos es el conflicto armado, puesto que al récord
de tener Colombia los partidos de más larga historia en América Latina, se le
suma el de mantener vivas en su seno las ¿,'Uerrillas también más antiguas de
la región. De hecho el movimiento armado suele explicarse en parte como
un subproducto de la cerrazón del sistema a los dos partidos tradicionales y
la exclusión sistemática de terceras fuerzas, bien sea por pactos, como el
Frente N acional, por presuntos fraudes electorales, como la elección presi-
dencial de 1970, o bien por el exterminio de líderes opositores, como en el
caso del genocidio contra la U nión Patriótica 16. Justamen te este partido estu-
vo constituido en buena medida por exguerrilleros de las FARC vinculados
a la vida democrática. En los últimos gobiernos, con la intensificación del
conflicto armado por el fortalecimiento militar y estratégico de dos de los
grupos en conflicto, guerrilla y paramilitares, y gracias en parte a su parti-
cipación directa o indirecta en el negocio del narcotráfico, el cruce de legitimi-
dades en las regiones donde dominan unos u otros ha hecho complejas las rela-
ciones partidistas, al punto que es muy difícil señalar tendencias explicativas
más allá de cierto nivel, aunque sí se pueden mencionar algunos hechos noto-
rios sobre los que ya se están construyendo los nuevos mapas políticos 17 .
En su gobierno, el Presidente Andrés Pastrana logró que los Estados
U nidos aprobara la financiación del Plan Colombia para la lucha contra el
narcotráfico, con lo cual el poder militar del Estado aumenta significativa-
mente. Pero el centro de la estrategia del Presidente, y la bandera de su go-
bierno hasta el 2002, fue defender a toda costa el proceso de paz, haciendo
grandes concesiones a las F ARC y evitando romper los diálogos a pesar de la
arremetida militar de la guerrilla contra pequeñas poblaciones en todo el
país y la intensificación del secuestro indiscriminado con fines extorsivos o
políticos. La guerrilla mantiene secuestrados una gran cantidad de soldados y

16. Para Iván Ortiz: "En el caso de la U nión Patriótica se configura un genocidio, pues este
crimen es concebido como la negación del derecho a la existencia de todo un grupo
humano, hasta hoy son más de 3000 víctimas muertas, y muchas otras desplazadas forza-
damente o exiliadas por pertenecer a la U nión Patriótica o ser simpatizantes de este
grupo político" (1999: 66).
17. Los partidos tradicionales se han visto afectados por esa situación, toda vez que muchos
alcaldes han sido asesinados, secuestrados u obligados a renunciar a su cargo. Paralela-
mente los propios grupos armados que dominan en determinadas zonas conceden una
especie de avales a miembros de los dos partidos tradicionales para presentarse por sus
partidos. La situación está modificando muchas de las relaciones habituales del biparti-
dismo,
11 8 David RolI

policías e insiste en un canje con sus miembros detenidos, el que sólo fue po-
sible con los más enfermos, bajo la figura del "intercambio humanitario".
Hasta ahora ha sido imposible imponer las reglas del Derecho Internacional
Humanitario en el conflicto o las veedurías internacionales, y el principal re-
sultado de los acuerdos fue mantener viva la expectativa ciudadana de hacer
posible un gran acuerdo de paz. Entretanto, el gobierno fue adelantando
también diálogos con el ELN (Ejército de Liberación N acional), otro grupo
guerrillero grande, y combatiendo, presionados por la Comunidad Interna-
cional, que acusa a esos grupos de haber aumentado el ya enorme índice de
violaciones del Derecho Internacional Humanitario en el país, a los ejércitos
privados antiguerrilleros, llamados paramilitares.
N o deja de ser paradójico que un Presidente Conservador haya sido
quien asumiera el proceso de paz, que siempre fue una bandera liberal. De
hecho, las propias F ARC fueron primero guerrillas liberales de resisten-
cia, que se defendían de los conservadores en el poder, y luego algunas se
transformaron en guerrillas comunistas, e incluso su máximo líder, Ma-
nuel Marulanda, entró en ellas ante el ataque contra su familia de filiación
liberal. Además, gran parte del triunfo de Pastrana en las elecciones se de-
bió al "guiño" que le hizo las FARC al citar a un miembro de la campaña
en la selva para hablar de paz, lo cual tuvo un gran impacto en los medios.
Al parecer las FARC encontraron más factible negociar con un gobierno
que no pretendiera copar el espacio ideológico de ellos, como sucede con
los socialdemócratas del Partido Liberal, especialmente Serpa, sobre todo
después de tantos gobiernos liberales en los que no se pudo llegar a un
acuerdo definitivo
El Partido Liberal por su parte, y Horacio Serpa en particular, jefe del
oficialismo o línea principal del Partido, si bien fue crítico de algunos aspec-
tos del proceso, asumió durante mucho tiempo la posición de "rodear al Pre-
sidente" en sus decisiones, pero sin participar en el gobierno (la ex candidata
presidencial, María Emma Mejía, rechazó el Ministerio del Interior, aunque
otro liberal, Armando Estrada, sí lo aceptó). En cambio el Partido C onserva-
dar, con el que el Presidente no tiene un mayor contacto, sí fue un crítico ra-
dical del proceso, pues en él hay aún un ala de centroderecha fuerte, a pesar
de la desaparición por asesinato del principal líder de la misma hace pocos
años, Álvaro Gómez, hijo del fundador de esa línea en el Partido desde co-
mienzos del siglo.
Lo dramático de la relación guerra - partidos, es que si el sistema de parti-
dos en Colombia no estuviera atravesado por tantas perversiones (compra de
votos, clientelismo, hipernegociación atomizada, persecución a la izquierda
democrática), podría ser un factor clave en la normalización del país acuerdos
de paz que hicieran inclusivos esos grupos armados en el debate electoral. Qui-
zá esa leve inclinación hacia el cambio, expresada en transformaciones
Rojo difuso y azul pálido 119

internas y propuestas de reformas políticas, contribuyan en ese sentido, pero


aun no tiene la fuerza suficiente. Lo que sí debe reconocerse es que la existen-
cia de esos partidos, aun con todas sus contradicciones, y las singulares pero
efectivas bases sociales que tienen, han sido mal que bien un muro de conten-
ción a las legítimidades fácticas. Pero definitivamente su papel deberá ser aún
mayor, como colectividades, no como parapetos de líderes políticos, en la
construcción de un nuevo esquema político en el que las tendencias antisiste-
ma se transformen en partidos con posibilidades reales de poder.
El desprestigio creciente de la política por los escándalos de corrupción,
sumado a un descontento general ante la crisis económica y la intensifica-
ción de la guerra, así como la incertidumbre generada por la constatación del
fracaso parcial de la Constitución de 1991 y por los fallidos intentos de refor-
ma desde entonces, parecen mostrar un sistema político tambaleante y al
borde del abismo, en el que los viejos partidos poco pueden hacer, estando
en juego incluso su existencia. Aunque así lo expresan muchos analistas, es
oportuno señalar que tal situación de zozobra se ha dado repetidamente en la
historia contemporánea del país y prácticamente nunca el sistema político se
ha quebrado ni los partidos tradicionales han desaparecido. Estamos hablan-
do del sistema de partidos con más antigüedad en el mundo, de los partidos
más antiguos de América Latina (153 años de vida partidaria), y de casi un si-
glo completo de continuidad democrática.
Adicionalmente, la constatación de que esos partidos hayan sobrevivido
a todos los retos que se les han presentado en las últimas dos décadas (intensi-
ficación del conflicto armado, narcoterrorismo, reglas de juego diseñadas en
su contra, etc.) y sigan obteniendo un tremendo éxito electoral, ha empeza-
do a horadar la vieja tesis de la eventual desaparición de los partidos tradicio-
nales, sostenida por los analistas hasta hace poco, y por muchos miembros
de los propios partidos. En esta línea se orienta preferentemente el presente
trabaj o 18, en el cual se considera que los partidos colombianos atraviesan por
una compleja transición aún en proceso de estudio, ya que como los partidos
estadounidenses 19 han resistido los desafíos que se les han presentado y com-
parativamente tienen un grado razonable de institucionalización, según los
estudios comparativos sobre el tema 20 .

18. Esta ruptura, a juzgar por las intervenciones en los foros y la revisión de la literatura
reciente, es más de tipo generacional que autocrítica, siendo su nuevo paradigma el de "la
adaptación al cambio", y su metodología mucho más orientada al análisis cuantitativo y
comparado que a la disquisición sociopolítica, como se verá en los capítulos de los parti-
dos.
19. Archer, Ronald, "Party strength and weakness in e olombia's besieged democracy".
En: Mainwaring, Scott y Scully, Thimoty, Building democratic Instituions: Party
systemsin utin America, Stanford, Stanford University Press, 1995, p. 117.
20. Mainwaring, Scott y Scully, Thimoty, ob. cit.
120 David RolI

Existe entonces una clara diferencia entre afirmar que los partidos Libe-
ral y Conservador atraviesan por una gran crisis, y señalar que ello implica
su eventual extinción. De alguna forma es más una crisis del sistema que de
los partidos, reflejada tanto en el abstencionismo (el mayor en América Lati-
na), como en la evidencia de un clientelismo muy arraigado y una lucha elec-
toral dominada por grandes capitales. A pesar de ello, los elegidos en todos
los niveles (Presidencial, Congreso, Asambleas, Concejos, Juntas Adminis-
tradoras Locales), siguen siendo los candidatos avalados por el Partido Libe-
ral en primer lugar y por el Partido Conservador con cierta distancia. Pero
ninguno de ellos en la actualidad obedece las instrucciones del partido, salvo
excepciones y coyunturas. En los últimos niveles, el aval se da sin hacer nin-
guna averiguación sobre la verdadera filiación del candidato o sus anteceden-
tes políticos o judiciales, e incluso para avalar candidatos al Congreso no hay
mayores requisitos que tener cierto poder regional y mucho diner0 21 .
En síntesis, sobre esta macabra red de mercantilismo electoral, cliente-
lismo, avales indiscriminados, fragmen tación e indisciplina partidaria, y en
medio de esta cruenta guerra, se sostienen los partidos mayoritarios colom-
bianos, no resultando clara la premonición de su extinción, que por otra
parte trasladaría la lucha política definitivamente al campo de la pura con-
frontación armada. Está aún por descubrirse la fortaleza en ese mapa de
unas bases sociales no mercenarias sobre las cuales pueda reconstruirse una
vida partidaria más sana. Los fracasos electorales de ambos partidos (Libe-
ral en las presidenciales, Conservador en todas las demás) han creado una
cierta conciencia de cambio, pero en ambos casos se adivina en muchos sec-
tores más un interés en recuperar el campo electoral perdido que en reha-
cer los partidos por la ventaja que ello tenga para la sociedad en su
conjunto. Sin embargo, puede decirse que la Constituyente Liberal y en
menor medida la Consulta Popular In terna y las Convenciones Nacionales
conservadoras son por lo menos una señal de no estancamiento. Igualmen-
te el hecho de que se esté debatiendo una reforma electoral en los dos últi-
mos gobiernos, supone una intención transformadora por parte de la clase
política, pero muy menguada si se analizan las dificultades y débiles con-
sensos que han existido al respecto 22 •
Es un hecho, que el Partido Conservador está más debilitado que el Par-
tido Liberal, debido en parte al control que hubo en el mismo por parte del
llamado "N otablato", lo que impidió la ampliación de las bases, mientras
que en el segundo los líderes regionales hace tiempo asumieron el poder del

21. De hecho, algunos entrevistados sostienen que una campaña para Senador puede costar
hasta un millón de dólares en e olombia, debido a que los líderes locales venden sus votos
al mejor postor.
22. Roll, David, Un siglo de am bi¡;üedad. Para en tender cien años de crisis] reform as políti-
cas en Colom bia, Bogotá, Cerec - Universidad Nacional de Colombia, 2001.
Rojo difuso y azul pálido 121

partido y han encontrado siempre la manera de tener éxito electoral. Así, los
espacios copados por fuerzas ajenas a estos partidos han perjudicado más a
los conservadores, lo que no significa que el bipartidismo se esté desdibujan-
do, pues esos pocos líderes independientes que llegan a las alcaldías, goberna-
ciones, concejos o asambleas siguen siendo la excepción o provienen de los
mismos partidos mayoritarios. Hay sin duda casos muy importantes, como
el triunfo del independiente Antanas Mockus a la Alcaldía de Bogotá en dos
oportunidades o del sacerdote Hoyos a la Alcaldía de Barranquilla, pero el
dominio sigue siendo bipartidista.
Precisamente uno de los rasgos del sistema de partidos colombiano es la
dificul tad que tienen las tercerías para ganar el poder y man tenerse. La Alian-
za Democrática, por ejemplo, surgida de un movimiento exguerrillero
(M-19), tuvo un éxito temporal y prácticamente se extinguió. La Unión Pa-
triótica, como se explicó, fue víctima de un genocidio y los líderes que crea-
ron partidos independientes como los liberales Jorge Eliécer Gaitán,
Alfonso López Michelsen o Luis Carlos Galán, terminaron volviendo al par-
tido. La Anapo (del ex dictador Gustavo Rojas), tampoco pudo convertirse
en el partido bisagra que se pensaba iría a ser. Por otra parte es evidente que
el antipartidismo de algunos líderes como la conservadora N oemí Sanín,
candidata muy votada en las pasadas elecciones presidenciales de 1998, no
implica en verdad la intención de crear un nuevo partido (su grupo se auto-
denomina movimiento), sino más bien de aprovechar el desgaste de las colec-
tividades en las grandes ciudades.
El propio Antanas Mockus está intentando construir un partido polí-
tico, el Partido Visionario, pero ni siquiera pudo obtener las firmas sufi-
cientes para su personería jurídica, y además parece que hay dificultades
organizativas serias en su interior. Por último, una parte de la izquierda
moderada ha creado el Frente Social y Político, que tiene tres grandes
problemas. Por un lado, que entre sus integrantes y simpatizantes hay co-
rrientes tan disímiles que no se ve como pueden llegar a ponerse de acuer-
do en la mayoría de los temas. En segundo lugar, que sufrirán el sanbenito
que supone ser un partido de izquierda democrática en Colombia, donde
aún no se ha entendido lo importante que es la ocupación de ese espectro
político por algún partido. Finalmente, que su cabeza visible es un reco-
nocido líder sindical, lo que supondrá la oposición de los grupos econó-
micos, que financian mayoritariamente las candidaturas presidenciales en
Colombia.
Otro rasgo esencial del sistema de partidos colombiano es el "colabora-
cionismo", llamado en Colombia "lentejismo" (venderse por un plato de len-
tejas), y que supone la participación del partido derrotado en las elecciones
presidenciales en el gobierno del partido vencedor. Esto afecta profunda-
mente la cohesión de los dos partidos mayoritarios. La costumbre viene
122 David RolI

desde principios de siglo, pero se volvió regla con el Frente Nacional y no


dejó de regir después de su terminación. Los liberales colaboran en los go-
biernos conservadores y a la inversa, sin el menor sentido de culpa, y regre-
san luego a su partido como si nada hubiera pasado. Sólo por citar ejemplos
el pasado Presidente Conservador tuvo como Ministro del Interior al exmi-
nistro liberal de justicia del anterior gobierno liberal, al exvicepresidente del
anterior gobierno liberal y a un reconocido líder liberal antioqueño (además
de ofrecer la cartera a la excandidata liberal a la vicepresidencia que él mismo
venció). Además uno de sus Ministros de Hacienda,]uan Manuel Santos, es
un liberal de una de las familias más influyentes en el partido durante el siglo
XX. Pero así ha sido siempre en casi todos los gobiernos de las últimas déca-
das, y seguirá haciéndose en tanto los partidos no se autodisciplinen, con o
sin ayuda de normas legales. De momento el personalismo sigue siendo la re-
gla, en detrimento de la institucionalización de los partidos. U n factor adi-
cional de preocupación ha sido la denuncia ya comprobada de manejos
fraudulentos en las elecciones legislativas del 2002, lo que destruye una de las
pocas reservas del sistema político colombiano, que era la credibilidad en sus
resultados electorales.
Puede decirse, para concluir, que el sistema de partidos colombiano es
un sistema bipartidista fragmentado, desideologizado y en proceso de transi-
ción hacía modelos aún no determinados, en los que se espera puedan incor-
porarse los actuales grupos armados de extrema izquierda y extrema
derecha, como sucedió por ejemplo en El Salvador. Pero estos resultados
aquí expuestos sólo son el comienzo de una investigación de largo aliento
que no se ha hecho aun sobre los partidos mayoritarios colombianos, en la
que se descifre toda su compleja combinación de tradicionalismo y moderni-
dad, bases sociales y poder clientelar, fragmentación y aglutinamiento, re-
gionalismo y centralización, entre otras muchas tendencias contradictorias
que los caracterizan.
Rojo difuso y azul pálido 123

Gráfico 5 Historia del bipartidismo en Colombia.

Fundación
1849
de los partidos
políticos

Dominación
- 1930-1946 ~l República
liberal liberal
I
I

~ La violencia
i __

1946-47
coalición

1946-1953 -~ I
Dominación
conservadora
Historia del
1948-49
bipartidismo
coalición
en Colombia 1

1949-53
Dictadura civil

Dictadura
1953-1957 L
militar

1958-1974 -l Coalición
bipartidista
Frente
Nacional

Alternación
1974-2001 ~ -~ Bipartidismo
en el poder

C. LA CUESTiÓN IDEOLÓGICA EN EL BIPARTIDISMO

Al estudiar las relaciones que se establecen entre los partidos políticos -como
organizaciones- y la ideología sobre la cual se orientan sus acciones dentro del
sistema social, es indispensable tener en cuenta que esta última se considera
como un dispositivo básico para el fortalecimiento y la integración interna de
124 David RolI

los primeros. Más aún: la ideología permite establecer las pautas en las que se
enmarca la acción pública de los partidos políticos, posibilitando a su vez, la
evaluación del grado de consistencia y coherencia, así como la disciplina de los
mismos.
De esta forma, al adentrarse en el estudio ideológico de los partidos
tradicionales colombianos, se han tenido en cuenta, en una primera parte, al-
gunos parámetros conceptuales que se articulan a partir de la "ideología",
"los lineamientos ideológicos", "el programa" y "el discurso".
Con base en la aclaración de los conceptos del primer apartado, una segun-
da parte se dirige hacia el estudio del recorrido de la ideología a través de la histo-
ria nacional observando la forma en que esta se consolida, y, especificando
cómo se borran las fronteras entre los partidos durante el Frente Nacional y su
período de desmonte. En esta perspectiva se han construido categorías que per-
miten la aproximación al fenómeno en cuestión: en primer lugar, se describe el
proceso de reconstrucción y reafirmación de los principios ideológicos, donde
se analizan las estrategias que desarrollan los partidos para responder a las de-
mandas, tanto del sistema político como de su organización interna en la conse-
cución de su cohesión organizativa. En segundo lugar, se verifica la forma en
que se logra la adhesión o respaldo ideológico de organizaciones internaciona-
les, lo cual se constituye como una estrategia para dotar de legitimidad a los par-
tidos liberal y conservador, tanto a nivel nacional como internacional. En tercer
lugar, se ubican y analizan los artefactos vinculantes de la ideología, allí donde se
identifican las formas que toma el objeto de estudio en los procesos de apropia-
ción de los espacios de poder político y social.
Habiendo analizado el proceso general de la ideología partidista, en un
tercer apartado, se presenta la actual autoubicación ideológica de las organi-
zaciones en cuestión, estableciendo su posición relativa frente a la izquierda
y la derecha.
Finalmente se formularán algunas conclusiones, que sobre la ideología
partidista en Colombia, buscan evidenciar el estado actual de las diferencias y
similitudes de los partidos políticos Liberal y Conservador. Para tal efecto, se
ha diseñado una matriz analítica que relaciona las demandas sociales de nues-
tro sistema político, con los principios programáticos contenidos en los esta-
tutos y los conceptos emitidos por algunas de sus figuras representativas.

1. Parámetros conceptuales

a. Ideología

El estudio de la ideología de los partidos políticos nos remite a tres aspectos


fundamentales:
Rojo difuso y azul pálido 125

La seguridad y garantía de cohesión al interior de la organización, en tanto


que una consolidación ideológica garantiza una homogenización en la pro-
ducción intelectual de sus afiliados.
A partir de esta producción discursiva homogénea se construyen unos re-
ferentes a nivel macro, en tanto que la organización determina los compor-
tamientos político-sociales de sus miembros.
La diferenciación entre las organizaciones partidarias lo cual les permite
mantener su identidad como cuerpo social en la creación de estrategias
para acceder al poder político y dirigir el gobierno.
Teniendo en cuenta lo anterior, entenderemos por ideología la institu-
cionalización de unos parámetros que determinan los móviles filosóficos y
las acciones tanto de sus electores como de sus miembros activos y que se
constituyen en el motor real que rige la actividad política de un colectivo
social especifico. Es así como la ideología se materializa como fuente cons-
tante no perecedera a la cual recurren quienes deciden adherirse al proyec-
to colectivo (o imaginario) de la organización y que para el caso de los
partidos políticos es el acceso al poder político y el mantenimiento de éste
tanto en el Estado como al exterior del mismo.

b. Lineamiento ideológico

Las líneas ideologías hacen referencia a las formas que toman los principios
o parámetros ideológicos en un proceso de materialización social. Esto se
refleja en la sociedad a través de los diferentes slogan s o estrategias que se de-
sarrollan con el interés de ganar una legitimidad social y así lograr que más
personas se adhieran al proyecto colectivo. En los partidos políticos esto se
refleja en el aumento de la preferencia electoral y tiene como finalidad ase-
gurarse la toma del poder estatal por períodos de larga duración, sin alterar
los canales de la democracia competitiva.

c. Programa

El programa es la articulación del conjunto de ofertas de dirección de la so-


ciedad que un partido político elabora como marco metodológico para la
realización de sus objetivos políticos. Dicha elaboración se da teniendo
como perspectiva a futuro la viabilidad de concreción de su potencial de re-
forma u organización en el sistema y la concordancia del mismo con la ideo-
logía promovida al interior del partido.
126 David RolI

d. Discurso

El discurso es la forma del lenguaje utilizada en las pujas por el poder políti-
co para extender sus intereses o ideologías al cúmulo de la sociedad y de
esta forma ganar una legitimidad que le permita la concreción del proyecto
unitario o colectivo. Comprende los móviles de acción que, en este caso,
son parte de la organización, y las formas en que se focalizan las estrategias
que articulan el programa o proyecto político teniendo en cuenta las de-
mandas de las agremiaciones del sistema tanto nacional como internacional
así como también de la población a la que se dirige el discurso. La construc-
ción del discurso partidista obedece a dos lógicas: La unidad micro sistémi-
ca y la apropiación que de esta hacen sus líderes o figuras más relevantes; a
partir de esta construcción discursiva es que el partido político puede esta-
blecer un diálogo con la sociedad tanto para extender sus intereses como
para asimilar las demandas de la sociedad.

2. Recorrido ideológico a través de la historia nacional

En el imaginari0 23 social y político de los colombianos, los partidos políticos


hegemónicos han estado atravesados por un pragmatismo acorde a los intere-
ses de sus promotores Oas elites criollas) que, en constante disputa por el poder
estatal y la administración pública del país, mantuvieron una escasa diferencia-
ción desde sus inicios. Esto se fundamenta en la inevitable necesidad política
de las elites, de definir los ejes de la vida republicana a través de continuas
alianzas en el marco de regímenes consociativos. Sin embargo, las posibilida-
des de objetivación de una "Sociedad deseada" fueron el móvil de los primeros
años de competencia partidista en Colombia. De hecho, las primeras ideas li-
berales y conservadoras en Colombia dieron lugar a una increíble recreación
de figuras pintorescas que encarnaban las ideas de cada uno de los partidos.
N uevamente en el imaginario, el colombiano de finales del siglo XIX, tenía
una clara referencia de los preceptos ideológicos de ambos partidos.
El inicio del siglo XX trajo consigo nuevas demandas provenientes de
los deseos británicos por consolidar un mercado mundial articulado y veloz.
Fue entonces cuando la modernización en nuestro país, sufrió un proceso de

23. El imaginario es un proyecto colectivo que se ubica en un tiempo de larga duración y


que está en constante construcción o consolidación. Para los partidos políticos, el ima-
ginario responde a la necesidad de ganar las elecciones cada cuatro años y de esta manera
acceder al poder político en el Estado y mantenerse en él. Los imaginarios se articulan a
través de Representaciones (que hacen referencia a la producción simbólica de la organi-
zación, como Himnos, Emblemas y Colores), Mentalidades (que hace referencia a los
parámetros sicológicos que determina la praxis de los miem bros de la organización o
colectividad) e Ideologías, todo en el marco de la cultura de las naciones.
Rojo difuso y azul pálido 127

colombianización funcional a los intereses de un a elite erigida primordial-


mente desde las características hacendatarias y latifundistas. Debemos tener
presente que los partidos Liberal y Conservador se constituyeron primor-
dialmente como organizaciones situadas en el espacio de lo rural y lo campe-
sino, y por ello, las cabezas vislumbradas en las zonas urbanas en formación
atendían más a la idea entonces utópica de crear un modelo de sociedad de
corte europeo. Sin embargo la ideología en este período tenía una función
publicitaria de convocatoria a la militancia que en pocos estudios demuestra
la importancia de la recepción por parte de los pobladores. En este sentido, la
necesidad de modernización perfiló la construcción mancomunada de los li-
neamientos de nuestra modernización. Así, los años comprendidos entre
1920 y 1945 tuvieron las connotaciones de una revolución silenciosa del libe-
ralismo, que partiendo del centro mismo de la hegemonía conservadora,
aglutinaron a las fuerzas conciliatorias de ambos partidos.
El período de la violencia se constituyó en la bisagra entre ese modelo po-
lítico y social liberal y uno de corte conservador, pues luego de la firma del
pacto que abrió el "Frente Nacional" en 1957, el sistema ideológico de la com-
petencia partidista adquirió una fuerte connotación conservadora: prevención
de las revoluciones, modelo de desarrollo lento y organizado desde el orden
constitucional, autoridad de cara a la ley, etc. En este sentido se podría afirmar
que en Colombia, la relación entre la ideología partidista y las mentalidades de
sus electores antes de la reforma constitucional de 1991, estuvo movilizada por
un cúmulo de aplazamientos ideológicos y tareas inconclusas de uno y otro
partido. Los saltos intempestivos de enfoques liberales a conservadores y la ad-
ministración ideológica de estos por una burocracia bipartidista conciliatoria,
llevaron a que los electores ingresaran en un estado de abstencionismo produc-
to de la falta de autonomía entre los partidos.
U na vez más se repitió el componente definitorio de nuestra vida demo-
crático-competitiva, el consociacionalismo. El régimen consociativo encarna-
do por el Frente Nacional produjo en el imaginario social de los colombianos
la sensación de un desdibujamiento de las fronteras ideológicas de los partidos
Liberal y Conservador. Por tal motivo, desde los inicios de 1980 asistimos a un
proceso de redefinición ideológica de estas organizaciones, considerándolo
como una pieza fundamental para aumentar los índices de preferencia electo-
ral y reducir el abstencionismo: el liberalismo inició su proceso de inserción
en la Internacional Socialista, y el conservatismo ha vacilado entre su vincula-
ción a la Unidad Democrática Internacional o al Democristianismo. Veamos
entonces con mayor detalle este proceso al interior de cada partido.
128 David RolI

a. Partido liberal

Teniendo en cuenta lo anterior, podemos decir que los procesos de diferenciación


ideológica del Partido Liberal con respecto al conservatismo (que se materializan
en la Constituyente Liberal yen la nueva declaración ideológica y los nuevos esta-
tutos de 2002) se presentan en dos vías: por un lado, se busca recuperar el ser mis-
mo de este a través de los principios históricos fundacionales y la inserción a la
Internacional Socialista, para de esta forma fortalecer su estructura interna y así
constituirse como un organismo reunificado. Por otro lado, en aras de la uni-
dad, se produce una mayor disciplina de partido, pues el liberalismo busca una
adhesión completa de sus miembros a los preceptos organizacionales así como a
los de la Internacional Socialista. Esto conlleva a que se exija una incorporación
completa en el partido para la obtención de una membresía oficial, o de lo con-
trario se genera una exclusión tanto a nivel orgánico como ideológic0 24 .

Partido Conservador

N o obstante la división entre pastranistas y alvaristas, radicalizada por la


participación de estos últimos en la Asamblea Nacional Constituyente de
1991 y la negación de los segundos, el Partido Conservador ha conducido el
rol ideológico hacia la reconstrucción del partido. Además ingresó a la De-
mocracia Cristiana Internacional.

3. Reconstrucción y reafirmación
de los principios ideológicos (1980-2000)
a. lógicas partidistas

La redefinición de los principios de los partidos políticos colombianos obe-


decen a una doble lógica: por un lado, buscan reafirmar sus caracteres origi-
narios; y, por otro lado, satisfacer las exigencias del nuevo orden político
in ternacional.

24. En una investigación periodística en e! diario ~~Tiem po entre junio de 2000 y junio
de 2001, se puede evidenciar el proceso de precandidatura presidencial de Alvaro
U tibe V éle7 como un signo de las prácticas excluyentes de! liberalismo hacia los
sectores más radicales del mismo, que en innumerables ocasiones, disienten de la
versión acomodaticia de! nuevo enfoque del partido.
Rojo difuso y azul pálido 129

Partido Liberal

(Tan to mercado com o sea necesario; tan to Estado com o sea posible "25.
Esta frase sintetiza los dos procesos que han enmarcado la redefinición de los
principios ideológicos del Partido Liberal, ya que reivindican la concepción
histórica del Estado como motor del desarrollo, a la vez que plantea la necesi-
dad de abordar con mayor riesgo los desafíos del nuevo orden político globali-
zado oponiéndose a los procesos de mercantilización de la sociedad. Así, se
puede vislumbrar el carácter progresista de la ideología liberal aún cuando la
excesiva pragmática que le ha caracterizado lo podría situar dentro de un pro-
gresismo elitista.

Partido Conservador

('L! au to ridad es la fuerza de la ley, la paz es la expresión de la po lítica "26.


El conservatismo desde los ochenta asumió una consigna social que le permitió
perfilar una reconceptualización de la autoridad como pilar de la vida social.
Desde entonces la Casa Pastrana, que llevaba la vocería del reciente Partido So-
cial Conservador hasta la aparición del Movimiento de Salvación Nacional, de
tendencia alvarista, buscó consolidar las bases reales de un Estado Social de De-
recho que, basado en la legalidad, respetara los preceptos democráticos del inter-
cambio social y el consenso. Durante la administración de Belisario Betancur
(1982-1986), la paz se convirtió en el lineamiento ideológico para garantizar el
intercambio social ya mencionado. Empero, cuando Álvaro Gómez reapareció
con la consigna de la salvación, la legalidad se comprendió en el marco de la
construcción de la N ación colombiana con vocación popular.

b. Redefinición

De acuerdo con las percepciones que se tengan acerca de la dinámica de cam-


bio del Sistema Político Colombiano, sustentada primordialmente en la mo-
dernización institucional, los partidos políticos Liberal y Conservador
redefinen sus principios ideológicos.

25. Partido Liberal Colombiano, Nueva Declaración Ideolóy,ica, NUelJO Código Disciplinario,
NUelJOS EftatutoJ, octubre de 2000, p. 9.
26. Jaramillo, Juan Diego, EJ manzfiesto consenJador: amanece de nuevo en Colombia,
Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1993, p. 16.
130 David Rol!

Partido liberal

La dinámica de cambio y modernización del Sistema Político Colombiano se


orienta hacia la apertura democrática luego del Frente Nacional y esto se ma-
terializa con la instauración de una Asamblea Constituyente para la gran re-
forma constitucional del siglo XX en 1991. En este contexto, el Partido
Liberal concede una mayor relevancia en su construcción programática a la
participación popular en todas su esferas decisionales (Ver numeral 9 de Bases
ldeológicasy Com prom iso s delpartido IJberal Colom biano y el numeral 1 de las
Bases Organizativas del partido IJberal Colom biano).

Partido Conservador

En el marco de la Constitución de 1991, el partido Conservador reconoció la


importancia de garantizar las condiciones sociales para el fortalecimiento de
la N ación colombiana. En tal sentido, su ideología se ha venido orientando
en función de reducir los escasos modelos auténticos del ejercicio político,
causa, según ellos, de nuestra apatía hacia la generación de redes de seguridad
social. La construcción de la N ación es entonces producto del desmonte del
Estado, paralelo a un fortalecimiento institucional de carácter privatista que
conceda a la sociedad civil un papel predominante en la arena política.

c. Personalismo y discurso

El evidente personalismo de la política en Colombia es la causa de que el dis-


curso ideológico partidista esté sustentado en las apreciaciones de sus jefes
naturales.

Partido liberal

En el Partido Liberal Colombiano, no es tan cierto que los jefes naturales de-
terminen el marco global de la ideología de la organización, ya que lo que se ha
buscado con la apertura democrática de los partidos, es llegar a consensos en la
construcción ideológico-programática. Por tal razón, los jefes naturales se
constituyen como el medio y no como el fin de la expresión del partido.
Rojo difuso y azul pálido 131

Partido Conservador

La tradicional división en dos casas (dos tendencias) promovió en el conser-


vatismo, luego de la muerte de Álvaro Gómez y de Misael Pastrana, una es-
casa claridad ideológica y programática sin una figura que encarne sus
principios fundacionales. Tal vez es por esta razón, que la preocupación de
los conservadores en los últimos años, ha estado centrada en la búsqueda de
una cabeza visible que logre reunir la ideología del conservatismo y garantice
un éxito electoral, en tanto que la ideología del partido es menos pragmática
que la del Liberal y por consiguiente mucho más coherente y precisa.

Adhesión o respaldo de organizaciones internacionales

La vocación histórica para la transformación del Sistema Político Colombia-


no, ha conducido a la constitución de alianzas con organismos internaciona-
les, que tienen por objeto alcanzar un mayor grado de efectividad en la
gestión interna y externa de la organización.

Partido liberal

A principios de los años ochenta del siglo XX, se renovaron las expectati-
vas de legitimación del Partido Liberal al iniciar su aproximación a la
Internacional Socialista como parte de su proceso de redefinición ideoló-
gica. Es así como en 1999, el partido fue reconocido como miembro pleno
de la Internacional, lo cual dotó de mayor coherencia y unidad a la orga-
nización en su práctica política.

Partido Conservador

Durante la década del ochenta del siglo XX, las alianzas con organizaciones
internacionales estuvieron jalonadas por el ala radical del partido, que en ca-
beza de los hermanos Gómez Hurtado, buscaron la adhesión a la Unidad
Democrática Internacional. Esta última organización contemplaba entre sus
principios ideológicos el sustento legal de la vida republicana, los preceptos
democráticos del intercambio político de la sociedad y la preservación del
Estado de Derecho.
Pese a este serio intento, la Casa Pastrana siempre manifestó gran renuencia
a las vinculaciones ideológicas internacionales: ''N o necesita nuestra colectivi-
dad, para despejar el mañana, tener que buscar tardías afiliaciones a
132 David RolI

movimientos internacionales o cambiarse el traje de su ideología, como al pare-


cer es la actual orientación de los dirigentes del liberalismo ante el desfalleciente
languidecer de su mensaje político"27.

5. Artefactos vinculantes de la ideología

Los mecanismos de Convenciones Nacionales y Asambleas Constituyentes


se han constituido como herramientas de homogenización del partido. Di-
cho proceso atiende a un criterio de legitimación, antes ausente en la estruc-
tura partidista del país.

Partido Liberal

Fundamentalmente los criterios de legitimación y descentralización del Par-


tido Liberal están directamente subordinados a los procesos de democratiza-
ción macro desarrollados en el Sistema Político Colombiano. Es así como el
liberalismo introduce procesos de elección y consenso democráticos como
única alternativa para la elección de sus candidatos y la descentralización de
su estructura organizativa como garantía de la apertura y la inserción de di-
versos actores en el territorio nacional (Ver Bases Organizativas del partido
liberal Colom biano).

Partido Conservador

Cuando se convoca la participación masiva de los conservadores a las con-


venciones descentralizadas el partido aumenta las posibilidades de consolida-
ción de una disciplina interna. Esa primera experiencia sentó las bases para la
actual organización decisional de los conservadores. Hoy existen conven-
ción nacional y consulta popular internas.

6. Diferencias reales o virtuales

A continuación se presenta una matriz comparativa que busca aportar elemen-


tos a este debate. Sin embargo se debe anotar que en lo concerniente a las apre-
ciaciones de las figuras representativas de cada partido, los liberales reúnen una
visión funcional y operativa y los conservadores una conceptualización

27. Pastrana Barrero, Misael, El Partido Socia! Conservador) Editorial Oveja Negra,
Leyva Durán Editores, 1988, p. 16.
Rojo difuso y azul pálido 133

bastante abstracta. La causa de esta divergencia reside en la escasa participación


que el Partido Conservador ha tenido en lo referente a la administración del go-
bierno, como consecuencia de su evidente derrota electoral. También es necesa-
rio aclarar que, si bien esta matriz no logra delimitar las diferencias puntuales
entre los partidos, sí alcanza a perfilar algunas nociones esclarecedoras. El éxito
en dicha labor de delimitación, requiere la precisión de las demandas sociales en
la velocidad misma de su variabilidad y su relación con los mecanismos ideológi-
co-administrativos que cada partido contempla y aplica para la materialización
de las mismas. Empero, esto último supone una investigación más rigurosa que
se escapa a este primer estudio real de los partidos políticos colombianos como
organizaciones independientes.
El lector se encontrará con un cúmulo de incoherencias e imprecisiones,
que provienen de las condiciones del proceso de reconstrucción ideológica
de los partidos en los últimos años. Es decir, algunas están referidas a estatu-
tos que tanto en el Partido Liberal como en Partido Conservador para el
2002 ya habían sido modificadas. Con tales aclaraciones, las conclusiones
que se extraen son las siguientes:

Cuadro 1 Ideología Partido Liberal

1) Protección de los Derechos Humanos y Civiles como estrategia de resisten-


cia en contra de su vulneración por parte de las fuerzas del Estado y los grupos
al margen de la ley.
- Aplicación del DIH.
- Reducción de los índices de impunidad.
- J uzgamien to de militares, Jefes guerrilleros y paramilitares.
- Reducción de los secuestros.
2) Creación de garantías institucionales que permitan el libre ejercicio de las li-
bertades políticas consagradas en la constitución.
- Despenalización de la protesta social.
- Apertura democrática del sistema para la creación de organizaciones polí-
ticas independientes.
- Participación activa de la sociedad en la formulación de políticas públicas.
3) Generación de empleo por parte del estado para garantizar unos niveles mí-
nimos de convivencia social.
- Aumento de la capacidad adquisitiva de la sociedad a partir del replantea-
miento del salario mínimo real.
- Inversión social por parte de los gobiernos a través del Estado para reducir
el índice de paro.
- Reactivación de los subsidios estatales y desmonte de la aplicación del mo-
delo N eoliberal.
134 David RolI

Cuadro 1 Ideología Partido Liberal continuación ...


4) Protección de los derechos ciudadanos de tercera generación o am bien tales.
- Control a las empresas tanto nacionales como extranjeras en cuanto a la
extracción de recursos naturales y la emisión de agentes contaminantes en
el ambiente.
- Fortalecimiento de las leyes de protección a los resguardos indígenas y a
las reservas naturales.
5) Satisfacción de las necesidades básicas insatisfechas a través de la inversión
en infraestructura para educación y salud.
- Ampliación (y no reducción) de la red de hospitales y escuelas para satisfacer
la demanda real de la población.
- Fortalecimiento de las instituciones de educación superior.
- Creación de garantías institucionales y monetarias para el sistema de salarios,
prestaciones y aporte a pensiones del cual hacen parte profesionales de la salud
y la educación.
6) Combate frontal contra la corrupción en las instituciones del estado.
- Trabajar por resolver los problemas estructurales, económicos, sociales, am-
bientales, culturales y políticos, nacionales y regionales, mediante la interven-
ción del estado.
- Promover al ser humano y defender sus derechos fundamentales en todas
sus formas de organización y composición social.
- Defender el principio "tanto mercado como sea posible, tanto estado
como sea necesario" lo cual muestra concordancia o adhesión al principio
de la socialdemocracia" Si a la economía de mercado, no a la sociedad de
mercado".
- Combatir los monopolios y las posiciones dominantes en el mercado, es-
pecialmente los medios masivos de comunicación social, sin perjuicio de la
libre empresa y de la competencia.
- Orientar la economía en función de la generación de empleo y de la erra-
dicación de la pobreza y la inequidad.
- Apoyar y estimular la participación de las organizaciones sociales en la
vida económica, política y social de nuestro país.
- Asimilar el medio ambiente como parte integral del desarrollo económi-
co, defendiéndolo de todo acto depredador cualquiera que sea su origen
propendiendo por un crecimiento económico con equilibrio ecológico.
- Propugnar por la solución pacifica de todo tipo de conflictos. El partido
liberal considera que solo con justicia social se alcanzara la paz.
- Estimular la participación activa de la sociedad en los procesos de toma de de-
cisiones.
- Mantener el principio de función social de la propiedad además de asig-
narle a esta una inherente función ecológica.
- Propender, en el ámbito internacional, por una economía global debida-
mente regulada y no excluyente.
- Seguir siendo el partido de 1 libre examen, de la tolerancia, la crítica y la auto-
crítica.
Rojo difuso y azul pálido 135

Cuadro 1 Ideología Partido Liberal continuación ...

- Apoyar e! ordenamiento y e! desarrollo territorial a través de la autonomía


de las regiones y las localidades.
- Fomentar e! desarrollo con equidad, sustentado fundamentalmente en e!
mejoramiento de la educación y la salud públicas, la eficiente administración
de justicia, así como la extensión de la seguridad social y la inversión en cien-
cia y tecnología.
- "Del análisis de la realidad colombiana se concluye que para recobrar la efi-
cacia, la nueva política social debe utilizar nuevas instituciones, focalizar su
acción en los más pobres, crear nuevos mecanismos. Incorporar en sus tareas
a las comunidades, las organizaciones no gubernamentales y, en general, al
sector privado. Como complemento de lo anterior, y por orden constitucio-
nal, e! sector social debe recibir un sustancial aumento de recursos." (Cesar
Gaviria en discurso enviado al concejo ideológico de lbagué en 1992).
- "Este será e! gobierno de! gran salto social. Legítimaremos los logros conse-
guidos en materia económica que aún no se traducen en mayores niveles de
bienestar para la mayoría de los ciudadanos. Los colombianos no podemos
estar satisfechos con la evolución social de los últimos diez años. N o pode-
mos estar satisfechos al saber que el 46% de los compatriotas apenas subsiste
por debajo de la línea de pobreza. N o podemos estar satisfechos con la rea-
pertura de la brecha entre el sector rural y urbano que habíamos logrado ce-
rrar en décadas anteriores. Y por supuesto, tampoco podemos estar satisfe-
chos con la caída de los salarios reales. r~ propósito central de mi gobierno
será el de que los colombianos vivan mejor. Más personas satisfechas con su
trabajo serán menos guerrilleros en los campos, menos delincuentes en las
ciudades, menos "mulas" que se juegan la vida transportando drogas al exte-
rior."(Ernesto Samper en su discurso de posesión).
- "La e olombia de hoy exige un Estado fuerte, con una orientación coherente
y definida, y dirigido por gobernantes expertos, de carácter, dispuestos a ejer-
cer plenamente la autoridad que e! pueblo pone democrática y limpiamente en
sus manos. N uestro gobierno convocará a Colombia entera para enfrentar las
serias disyuntivas que se presentan ante nosotros. Necesitamos consolidar la
unidad nacional como requisito esencial para salir adelante. Nuestro objetivo
es dejar atrás las amargas polarizaciones que han pretendido partirnos en dos.
N o vamos a olvidar la historia, pero e! recuerdo de todo lo malo que nos ha
ocurrido no puede encadenarnos al pasado. (...) N o se trata solamente de pro-
mesas de un gobierno. Se trata nada menos que de colocar a la política colom-
biana sobre una nueva trayectoria. Se trata de un nuevo comienzo sobre la pla-
taforma de todo lo bueno de Colombia, para la paciente reconstrucción y
renovación de este país." (Horacio Serpa - María Emma Mejía Propuesta pro-
gramática "N uestro compromiso social con Colombia'').
136 David RolI

Cuadro 2 Ideología Partido Conservador Colombiano


Demandas de la Sociedad
1) Protección de los Derechos Humanos y Civiles como estrategia de resisten-
cia en contra de su vulneración por parte de las fuerzas del Estado y los gru-
pos al margen de la ley.
Aplicación del DIH.
Reducción de los índices de impunidad.
- Juzgamien to de mili tares, Jefes guerrilleros y paramilitares.
- Reducción de los secuestros.

2) Creación de garantías institucionales que permitan el libre ejercicio de las li-


bertades políticas consagradas en la constitución.
Despenalización de la protesta social.
A pertura democrática del sistema para la creación de organizaciones po-
líticas independientes.
Participación activa de la sociedad en la formulación de políticas públicas.

3) Generación de empleo por parte del estado para garantizar unos niveles mí-
nimos de convivencia social.
Aumento de la capacidad adquisitiva de la sociedad a partir del replantea-
miento del salario mínimo real.
Inversión social por parte de los gobiernos a través del Estado para redu-
cir el índice de paro.
Reactivación de los subsidios estatales y desmonte de la aplicación del
modelo N eoliberal

4) Protección de los derechos ciudadanos de tercera generación o ambientales.


Control a las empresas tanto nacionales como extranjeras en cuanto a la
extracción de recursos naturales y la emisión de agentes contaminantes
en el ambiente.
Fortalecimiento de las leyes de protección a los resguardos indígenas y a
las reservas naturales.

5) Satisfacción de las necesidades básicas insatisfechas a través de la inversión


en infraestructura para educación y salud.
Ampliación (y no reducción) de la red de hospitales y escuelas para satisfacer
la demanda real de la población
Fortalecimiento de las instituciones de educación superior.
Creación de garantías institucionales y monetarias para el sistema de sala-
rios, prestaciones y aporte a pensiones del cual hacen parte profesionales
de la salud y la educación.

6) Combate frontal contra la corrupción en las instituciones del Estado.


,

Rojo difuso y azul pálido 137

Cuadro 2 Ideología Partido Conservador Colombiano continuación ...

Principios Ideológicos Programáticos


Aceptación de la doctrina cristiana sobre la persona, la familia, la educa-
ción y la cultura, la vida económica, la sociedad, el Estado, el orden polí-
tico nacional o internacional.
Reafirmación de su fe en el programa de 1849.
Voluntad para lograr un orden justo que resulte del respeto a la autori-
dad; las libertades racionales; la equitativa participación en la búsqueda
del bien común y el disfrute de sus beneficios; la subordinación del inte-
rés particular sobre el general; y, la garantía de iguales oportunidades
para las personas dotadas de las mismas aptitudes.
- Concepción conservadora del Estado capaz de lograr el bien común dentro
de un regimen de libertad ordenada, mediante el recto ejercicio de la autori-
dad, con subordinación al derecho y la moral que profesa la nación.
- Principios de gobierno: Estado Social de Derecho, democrático, partici-
pativo y pluralista.
Proclama la obra y pensamiento de Simón Bolívar.
Concepción social de la vida económica como un orden destinado a sa-
tisfacer razonablemente las necesidades vitales y culturales de todos los
asociados.
Adhesión a la Declaración U niversal de los Derechos Humanos y los
principios de las Naciones U nidas y la Organización de los Estados Ame-
ncanos.
- La acción política debe estar supeditada a las normas éticas.
- Defiende el derecho a un ambiente sano y la preservación de los recursos
naturales.
- "La libertad es un imperativo categórico, que solo admite algunas y de-
gradantes excepciones, como quiera que donde ella no aparece, la vida es
una lamentable imposición que esteriliza la creatividad y hace trizas la
dignidad" (Alvaro Gómez Hurtado, El siglo, Editorial, Mayo 1 de 1982).
"La libertad descansa en alta medida en la desconcentración del poder, y
de ahí que todo lo que tienda a concentrarlo facilita los abusos y debilita
paradójicamente la autoridad (... ) Colombia tiene que pasar de la demo-
cracia gobernada a la democracia gobernante; de la democracia pasiva e
indiferente a la democracia dinámica y participante." (Misael Pastrana
Barrero, El Partido Social Conservador, Leyva Durán Editores, Oveja
Negra, Bogotá 1988, p19).
- "Si algo distingue al pensamiento conservador es su realismo y pragma-
tismo para evaluar situaciones y posibilidades. En este sentido, las pro-
puestas conservadoras no pueden ser las mismas en una sociedad en for-
mación que en otra que se caracteriza por un alto grado de civilización
política. Aquí el énfasis del conservatismo es la consolidación de un siste-
ma jurídico y la conformación de un consenso político alrededor de unas
reglas de juego para la redefinición de la lucha política." Oorge Ospina Sar-
di, Hacia un Nuevo Conservatismo, Tercer Mundo Editores, Bogotá,
1989, p. 15).
138 David RolI

Cuadro 2 Ideología Partido Conservador Colombiano continuación ...


"Es muy cierto que el país vive los duros tiempos de la crisis. El ordena-
miento de Colombia debe empezar por Bogotá porque la ciudad, en ra-
zón de ser la capital, debe liderar la puesta en orden de las cosas y dar un
ejemplo que debe estimular la participación de las comunidades locales,
incidir en la planificación y conservación de los núcleos urbanos y en e!
mejoramiento integral de la comunidad, en Bogotá se gestan todos los
movimientos económicos y sociales de! país, aquí confluyen todas las ex-
pectativas y por eso mismo tenemos la responsabilidad de dirigir y en-
cauzar esas fuerzas ordenadoras a las diferentes regiones de! país."
Andrés Pastrana Arango en declaraciones a la Revista Política 30 días, febrero
y marzo de 1990.
CUARTA PARTE
Estado actual de los partidos
tradicionales en Colombia
PRESIDENTES LIBERALES

A la izquierda el doctor Alfonso López Michelsen (1974-1978).


Archivo Partido Liberal Colombiano. Septiembre 28 de 1999.
En el centro JuJjo César Turbay (1978-1982). Archivo Partido Liberal Colombiano.

A la izquierda Ernesto Samper Pizano (1994-1998). Archivo Partido Liberal Colombiano. Año 2000.
Actual presidente ÁlvaroUribe Vélez (2002). Archivo Partido Liberal Colombiano. Nov. 24 de 1999
CANDIDATOS PRESIDENCIALES

El doctor Horacio Serpa Uribe candidato presidencia! (1998-2002) y la doctora María Emma Mejía
candidata vicepresidencia! (1998-2002). Archivo Partido Liberal Colombiano.

El doctor Juan Manuel Santos, precandidato presidencial, acnlal director del partido.
Archivo Partido Liberal Colombiano. Diciembre 2 de 1999.
RELACIONES CON LA OPOSICiÓN

A la izquierda Enrique Gómez Hurtado (Movimiento de Salvación Nacional).


Archivo Partid o Liberal Colombiano. Junio 23 de 1999.

A la izquierda el doctor Antonio Navarro Wolf (independiente).


Archivo Partido Liberal Colombiano. Junio 8 de 1999.
BASES DEL PARTIDO
(Mujeres y juventudes)

Archivo Partido Liberal Colombiano. Abril 12 de 2000.

Archivo Partido Liberal Colombiano. Febrero 14 de 2000.


JUNTA DE PARLAMENTARIOS LIBERALES

\rchivo Partido Liberal Colombiano. Marzo 8 de 2000.

,rchivo Partido Liberal Colombiano. Sin fecha.


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FOROS Y CONVENCIONES LIBERALES

Partido
Liberal
Colombiano

Archivo Partido Liberal Colombiano. Septiembre 28 de 1999.

Archivo Partido Liberal Colombiano. 2000


ACEPTACiÓN DEL PARTIDO LIBERAL
EN LA INTERNACIONAL SOCIALISTA

Archivo Partido Liberal Colombiano. Junio de 1999.

De derecha a izquierda: Eduardo Verano de la Rosa, Horacio Serpa Uribe, María Emma Mejía,
Vivian Morales)' David RoU (autor del libro, imritado como observador a la reunión del Consejo
de la Internacional Socialista, en el cual fue aceptado el Partido Liberal como i\1iembro de Pleno
Derecho.
A. EL PARTIDO LIBERAL COLOMBIANO (PLC)

1. Historia del Partido Liberal Colombiano

esde e! siglo XVIII, las colonias españolas en América habían manifestado


D sus deseos de independizarse de la metrópoli y, aunque las protestas no ha-
bían prosperado, el ánimo se mantenía activo y la influencia de las ideas de la Re-
volución Francesa y la independencia de los Estados Unidos alimentaban el
deseo de separarse de España l.
La Nueva Granada se levantó contra la corona española el 20 de julio de 1810 y
se formó una Junta Suprema de Gobierno que convocó a las provincias a un
congreso que se reuniría en diciembre de! mismo año. La forma de organizar la
naciente república dividió al país entre centralistas, abanderados por Antonio Nariño,
y federalistas, comandados por Camilo Torres. De esta manera tuvo lugar la primera
guerra civil en nuestro territorio, a comienzos de 1813.
Aunque algunos historiadores, ven a los centralistas como los padres de!
conservatismo colombiano, la identificación entre federalistas y liberales, si bien
existe, no tiene fuerza.
La Nueva Granada logró la independencia de España luego de la batalla de
Boyacá en 1819. En ese mismo año se conformó en Angostura, junto a Venezuela y
Ecuador, la Gran Colombia. Con la desintegración de la Gran Colombia, en 1830,
la Nueva Granada se convirtió en Estado independiente en 1831.
La Constitución de Cúcuta de 1821 fue la carta política de la Gran Colombia y
la causa de las primeras luchas entre sus defensores y quienes querían reformarla.
Prancisco de Paula Santander apareció como e! defensor de! orden constitucional,
mientras que Simón Bolívar, al oponerse, adoptó la dictadura. Esta situación moti-
vó la organización en torno a Santander de grupos de civilistas a favor de la Consti-
tución de Cúcuta, grupos que más tarde intentaron derrocar a Bolívar e! 25 de
s eptiembre de 1828.Tampoco esta división es el origen de los partidos.

1. En el siglo XVIII, las protestas más significativas fueron la de Tupac Amaru en el Perú y la Revolu-
ción de los Comuneros en la Nueva Granada, actual Colombia.
142 David Rall

a. Origen del Partido Liberal Colombiano

El Partido Liberal Colombiano fue fundado por Ezequiel Rojas el 16 de julio de


1848 con la publicación de un artículo conocido como "La razón de mi voto", en
el periódico Aviso, donde se proponía un ideario para el gobierno de José Hilario
López. En este primer programa se abogaba por la defensa de los derechos y las
libertades públicas, el respeto a la ley y la separación entre la religión y la política 2.
Se puede decir que se trataba de una ideología burguesa, derivada de las ideas
utilitaristas de Jeremías Bentham; según éstas, el principio de la utilidad debía bus-
car la máxima felicidad, convirtiéndose en el regulador de la moral, el derecho, la
política y la economía. Por ello, uno de los objetivos primordiales de la ideología
del partido era borrar los rasgos del estado colonial, lo cual significaba crear un
sistema representativo, con separación de poderes, control del legislativo sobre el
ejecutivo, concesión de derechos y libertades públicas a los ciudadanos y una rec-
ta y pronta administración de la justicia.
En el campo económico, el Partido Liberal propugnaba por ampliar el mer-
cado, desarrollando el comercio e incorporando nueva fuerza de trabajo libre de
indígenas y esclavos. Efectivamente, durante la segunda mitad del siglo XIX, has-
ta que perdieron el poder los liberales en 1885, se llevaron a cabo reformas radica-
les resumidas así por Álvaro Tirado Mejía: "abolición de la esclavitud, libertad de
imprenta y palabra, libertad religiosa, libertad de enseñanza, libertad de industria
y comercio, sufragio universal, directo y secreto, supresión de la pena de muerte,
fortalecimiento de las provincias, libre cambio, abolición del ejército, expulsión
de los jesuitas"3.
Finalmente, el Partido Liberal Colombiano nació por una organización externa,
conformada por comerciantes exportadores fuertemente influenciados por las doc-
trinas inglesas del libre cambio. Para autores como Tirado Mejía, el partido incluyó en
sus filas a esclavos, indígenas, artesanos y antiguos militares discriminados de la inde-
pendencia, pues "para todos ellos un cambio en el status qua algo tenía que ofrecer"4.
Sin embargo, hay autores que sitúan el origen de ambos partidos en el poder hacen-
datario s. Pero dicha composición de clase es solo comprobable en determinadas re-
giones y momentos, por lo cual se puede afirmar que desde sus orígenes se trató de
un partido pluriclasista.
Existe una explicación tradicional respecto de la aparición de los partidos
políticos colombianos, según la cual, a mediados del siglo pasado, un grupo de in-
telectuales más vinculados con el comercio que con la hacienda fueron quienes

2. Molina, Gerardo. Las ideas liberales en Colombia de 1849 a 1914. Bogotá, Tercer Mundo Edito-
res, 1978, p.26.
3. Tirado Mejía Álvaro. El Estado] la política en el siglo XIX, 1981, p. 30
4. Tirado Mejía Álvaro. Ob. cit., p. 27.
5. Guillén Martíncz, Fernando. El poder político en Colombia, Bogotá, Punta De Lanza, 1979, p.
201.
Rojo difuso y azul pálido 1 43

fundaron e! Partido Liberal y quienes lograron consagrar constitucionalmente sus


principios politicos al llegar al poder. Propugnaban, según esta tesis, por la instau-
ración de un sistema más federal que central -con un ejecutivo débil-, por la li-
bertad de locomoción, de prensa, religiosa y de educación, y, sobre todo, por la
libertad de industria y comercio. Teóricamente, al surgimiento de un partido libe-
ralizador se opuso de inmediato un partido interesado en la conservación de! sta-
tus quo, que defendía el cuestionado poder de la Iglesia y de los terratenientes, e!
fortalecimiento de! ejecutivo y, por supuesto, el centralismo.
El Programa de 1849 del partido contemplaba los siguientes postulados:
- Sistema representativo.
Derechos y libertades públicas.
Que tan sólo la voluntad de la ley disponga la suerte de los hombres y que los
funcionarios sean órganos fieles de ella.
Que la ley sea la expresión de la voluntad de! legislador y del poder ejecutivo.
La recta y pronta administración de justicia.
Que e! poder ejecutivo no disponga dictatorialmente de las rentas públicas por
medio de contratos celebrados a su arbitrio.
Que la religión no sea un medio de gobernar.

b. El partido como organización de gobierno

- El Olimpo Radical

Desde 1849 hasta e! año de 1885, el Partido Liberal se mantuvo en el poder, en lo


que se conoce como el Olimpo radical 6 . En esta época, uno de los puntos centra-
les de disputa entre el Partido Liberal yel Conservador fue el problema religioso,
que se expresó en ocho guerras civiles y decenas de revueltas regionales. La divi-
sión liberal comenzó luego de la guerra de 1876-1877, cuando el partido se divi-
dió entre radicales e independientes (cercanos a Rafael Núñez). El Partido
Conservador también se dividió entre nacionales, (favorables a Núñez) e históri-
cos, (opuestos a cualquier alianza suprapartidista). Finalmente, durante el gobier-
no de Núñez de 1884, el radicalismo liberal se lanzó a la revolución de 1885 para
recuperar el poder y el Partido Conservador decidió apoyar al presidente y formó
junto con él, el Partido Nacional, que daría origen a la Regeneración.

6. Excluycndo el gobierno del conservador i\fallarino en 1855-1857 y el dc Mariano Ospina


Rodríguez en 1857-1861.
144 David RolI

Gobierno de José Hilario lópez


(Popayán, 1798-Campoalegre, 1869) (1849- 1953)

Militar de la independencia. Participó en los congresos de la Gran Colombia y de


la Nueva Granada. Secretario de Guerra. Se opuso a las dictaduras de Bolívar en
1828, de Urdaneta en 1831 y de Melo en 1854. Elegido presidente para el período
de 1849-1853. Durante su gobierno, mediante la ley 21 de Mayo de 1851, se abo-
lió definitivamente la esclavitud, se organizó la Comisión Corográfica, se expulsó
a los jesuitas, se abolió el patronato eclesiástico y la pena de muerte por delitos
políticos. Igualmente, mediante la ley 20 de abril de 1850, se descentralizaron las
rentas públicas, de aguardientes, diezmos, quintos y derechos de fundición, peajes
provinciales, hipotecas y registros y derechos de sello. Además, se facultó a las
provincias para que suprimieran las rentas que considerasen inconvenientes.

Gobierno de José María Obando


(Popayán, 1800-Subachoque, 1861) (1853- 1854)

La división del Partido Liberal podujo dos grupos: gólgotas apoyaron la candida-
tura del general panameño Tomás Herrera y draconianos, que promovieron la de
José María Obando. Mientras tanto, el Partido Conservador se abstuvo, siendo la
primera vez que un partido no presentó candidato para las elecciones presiden-
ciales. A Obando le correspondió sancionar la nueva Constitución de 1853, que
estableció el voto directo y secreto, y le restó poderes al ejecutiv0 7 .
Obando sólo estuvo en el poder un año, ya que el 17 de abril de 1854, el jefe
del ejército, José María Melo le dio un golpe de estado y se declaró Jefe Supremo
de la Nacións. Para esta época ya eran visibles las divisiones ideológicas dentro del

7. Según Alvaro Tirado Mejía: "Las mayorías radicales en el congreso, con el apoyo en algu-
nos puntos de los sectores conservadores, expidieron la Constitución de 1853 con base en
el proyecto presentado por su oráculo, Florentino González. Dicho estatuto, en parte dic-
tado para mermar funciones al poder ejecutivo encarnado en el caudillo militar José María
Obando, quien como presidente tuvo que sancionarlo, organizaba el Estado de manera for-
malmente centralizada y facultaba a cada provincia para expedir su propia constitución
(artículos 48-51), estableció el sufragio universal para los varones mayores de 21 años, dis-
puso la elección por votación popular)' directa del presidente, vicepresidente, magistrados
de la corte suprema de justicia, procurador general de la naci(,n, y gobernadores de provin-
cia. Teniendo en cuenta que por el mismo sistema se elegían senadores)' representantes, así
como legisladores provinciales y que las elecciones se hacían en fechas distintas, sucedió
que el país vivía en permanente debate electoral." Tirado Mejía, Alvaro. Ob. cit.
8. De acuerdo a Tirado: "Las disposiciones que precipitaron el golpe fueron las siguientes: so
pretexto civilista y democrático, se limitaron los grados en el ejército, lo cual era la forma de
prescindir de Melo y de otros oficiales de carrera ligados a los sectores populares. La
medida se complementó con otra de interés general, la ley del 3 de abril de 1854, que reco-
nocía a todos los habitantes del país el derecho a comprar armas". lbíd.
Rojo difuso y azul pálido 145

Partido Liberal, luego de la supresión de los res!-,'Uardos y de los ejidos, y de la implan-


tación del libre cambio, suprimiendo los aranceles proteccionistas.
Este golpe dio origen a la guerra civil de 1854, que fue ganada por una coali-
ción entre liberales y conservadores, que finalmente se tomaron a Bogotá el 4 de
diciembre de 1854. Obando fue juzgado en el Congreso reunido en Ibagué e! 22
de septiembre de! mismo año y destituido de su cargo.

Gobierno de Tomás Cipriono de Mosquero


(Popoyán, 1798-Coconuco, 1878) (1866-1867)

Militar de la independencia. Edecán y secretario de Bolivar. Senador. Secretario


de Guerra, del Interior y de Relaciones Exteriores. Plenipotenciario en Perú, Chi-
le Y Bolivia. Gobernador del Cauca.
No es posible ubicar ese gobierno dentro de los lineamientos del Partido
Liberal, por lo cual sólo se tienen en cuenta sus administraciones que siguieron a
la proclamación de sus principios ideológicos en 1860, al oponerse al gobierno
conservador de Ospina Rodríguez.
Luego de la guerra civil de 1860, donde fue derrotado el gobierno de Maria-
no Ospina Rodríguez con la toma de Bogotá por los ejércitos de Mosquera e! 18
de Julio de 1861, e! Partido Liberal recuperó el poder con la dictadura de este últi-
mo. En 1863, se proclamó la Constitución de Rionegro. Con la Convención de
Rionegro, e! país entró en un período de libertades absolutas y de ultrafederalis-
m0 9 , además uno de los mayores inconvenientes que trajo fue e! período presi-
dencial de dos años lO • La intención evidente de los radicales era bloquear las
aspiraciones presidenciales de Mosquera, temerosos de que éste quisiera perpe-
tuarse en e! poder.

9. Aníbal Galindo comentaba: "Pero la inmensa causa de malestar político, social y civil que
el país sufría era el del ejercicio de la constitución ultrafederal de 1863. Habíase dividido
por ella artificialmente el país en nueve repúblicas con el nombre de estados soberanos
para confederarlos después en la nacionalidad de los Estados Unidos de Colombia, no
había lado por donde examinar aquel código, de donde no resultara, el absurdo ... el ciuda-
dano era todo, en forma de concesión de garantías absolutas para el ejercicio de su liber-
tad individual; la sociedad era nada, porque la autoridad, o sea, el poder público que nos
representa a todos, encargado de hacer efectiva aquellas mismas garantías, carecía absolu-
tamente de facultades, de medios, de fuerza para conservar el orden y hacer reinar la justi-
cia". Galindo, Aníbal. ReCllerdos históricllJ. Bogotá, Imprenta La Luz, 1900.
10. Al respecto comentaba Salvador Camacho Roldán: "Este fue en mi concepto otro de los
errores gra\'es cometidos en la organización constitucional. En períodos de dos años no
alcanza a llevarse a cabo ninguna obra ni hay línea de conducta política que pueda fundar
precedente, ejercer influencia visible en las opiniones particulares, ni echar raíces que ase-
guren su continuidad". Tomado de Camacho Roldán, Salvador. Artículos esco.f!,idos, Bogotá.
Archivo de la Biblioteca Nacional, 1927.
146 David RolI

Entre las principales reformas que introdujo la Constitución de 1863 están la


prohibición de la pena de muerte, la pena máxima de diez años de prisión, libertad
absoluta de imprenta, libertad de cultos, la libertad de comerciar armas. Aunque la
mayoría de estas medidas ya se había contemplado en anteriores constituciones, la
diferencia era que ahora su cumplimiento dependía de la jurisdicción de los estados
soberanos, por cuanto al gobierno de la Unión sólo se le conferían facultades con
respecto al comercio exterior y su mantenimiento mismo 11.
Durante e! gobierno de Mosquera se expidió e! decreto de inspección de
cultos, fueron expulsados los jesuitas, e! 26 de julio de 1861, se promulgó la de-
samortización de bienes de manos muertas, con el decreto del 9 de septiembre
de 1861 12 . Además, e!3 de noviembre de! mismo año fue enviado a prisión el ar-
zobispo de Bogotá, Antonio Herrán y e! 5 de noviembre se decretó la extinción
de las comunidades religiosas que se opusieran a las medidas anteriores.

Gobierno de Manuel Murillo Toro


(Chaparral, 1816-Bogotá, 1880)13 (1864-1866)

Abogado, político y periodista liberal. Representante a la Cámara en 1846. Secreta-


rio de Relaciones y de Hacienda. Plenipotenciario en Francia, Estados Unidos y Ve-
nezuela. Gobernador de Santander. Magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

11. Suele hacerse la comparación de esta Constitución con la de los Estados unidos de Amé-
rica, para indicar las fallas que tenía la de Rionegro con respecto a un sistema federal de
gobierno. Según Felipe Pérez: "En los Estados Unidos no hay elecciones directas; en
Colombia lo son casi todas. Allá el presidente dura cuatro años y puede ser reelecto; acá
dura dos, y no puede serlo hasta pasado un período. Allá la reforma de la constitución
puede verificarse por el querer de las dos terceras partes de los miembros del Congreso; y
al efecto, se le han hecho, de 1787 a 1879, quince enmiendas, y éstas son las bases del
orden y de la libertad de aquella nación ... Hay pues en la organización de los dos países
todas las diferencias que caben entre un pueblo que tiene por base la unidad nacional, y
otro en que esta unidad ha desaparecido para repartirse en nueve entidades soberanas,
iguales como tales, pero completamente desiguales en cuanto a elementos constitutivos".
Pérez, Felipe. F~¡ doctrinarismo] la autoridad, Archivo de la Biblioteca Nacional, 1879.
12. El artículo primero del decreto decía: "Todas las propiedades rústicas)' urbanas, derechos v
acciones, capitales de centros, usufructo, servidumbre u otros bienes que tienen o adminis-
tran como propietarios o que pertenezcan a las corporaciones civiles o eclesiásticas y estable-
cimientos de educación, beneficencia o caridad en el territorio de los Estados Unidos, se
adjudican en propiedad a la nación por el valor correspondiente a la renta neta que en la actua-
lidad producen ... " Mosquera, Tomás Cipriano. Decreto del 9 de septiembre de 1861.
13. Vargas Vila se refería en estos términos de Murillo Toro: "Murillo Toro tue el pueblo colom-
biano, ilustrado, austero, vigoroso y fuerte. Jamás pueblo alguno tuvo condensación más
pura. De él puede decirse como de Marco Aurelio: que su vida pública fue la de la virtud
puesta en acción. La biografía de Murillo es la historia de un partido" Vargas Vila,José María,
citado por Otto Morales Benítez, en Origen programas] tesis del liberalismo, Biblioteca del libe-
ralismo, 1997.
Rojo difuso y azul pálido 147

Durante su gobierno se estableció el telégrafo, se dispuso de facultades nota-


riales a los cónsules, se fundó el Diario oficial, y se estableció el primer banco, El
London Bank de Londres, México y Sudamérica.

Gobierno de Tomas Cipriano de Mosquero (1866-1867)

En su último gobierno, de solo un año, el general Mosquera fue derrocado por un


golpe de estado del Partido Radical, el23 de mayo de 1867, su período lo terminó
el designado Santos Acostal 4 .
Mosquera se había mostrado contrario a las disposiciones de la Constitución
de Rionegro con respecto a la neutralidad del gobierno central frente a las políti-
cas de los estados soberanos. Por esta razón, el Congreso promulgó la ley 20 de
1867 sobre "orden público" que impedía la participación del ejecutivo nacional
en los asuntos de los estados. Ante estos hechos, Mosquera se declaró dictador el
29 de abril de 1867.

Gobierno de Santos Gutiérrez (1868- 1870)

Durante su gobierno fue creada la Universidad Nacional de los Estados Unidos de


Colombia y se creó la beneficencia de Cundinamarca. Sus motivaciones más impor-
tantes giraron en torno a la educación: se pretendía conformar un sistema educativo
capaz de incorporar al país en el movimiento cultural, cientifico y tecnológico del
mundo moderno. Tuvo que afrontar las revoluciones locales de Cundinamarca y
Santander.

Gobierno de Eustorgio Salgar


(Bogotá, 1831-Bogotá 1885) (1870- 1872)

Abogado liberal. Representante a la Cámara y convencionista en Rionegro. Secretario


de Tesoro, de Hacienda, de Fomento, de Relaciones Exteriores y del Interior. Gober-
nador de Cundinamarca y de Santander. Plenipotenciario en los Estados Unidos. Ma-
gistrado de la Corte Suprema de Justicia. Elegido presidente entre 1870-1872, frente a
la candidatura del general Mosquera, lanzada por los estados del Cauca y los

14. Sobre las causas de este enfrentamiento, refiere Valencia Llano: ''Aparentemente, las diferencias
con Mosquera radicaban en que éste no quería someterse a una Constitución que cercenaba la
mayoría de las funciones del Presidente de la República, debilitando de esta manera al Poder Eje-
cutivo. La debilidad del poder Presidencial se hacía sentir en cuestiones de gobierno tan elementa-
les como las de orden público, puesto que solo podia intervenir en los asuntos que los estados le
delegaran" expresa, especial y claramente Valencia Llano, Alonso en Estado soberano del Cauca,
Bogotá, 1988.
148 David RolI

conservadores de Tolima y Antioquia. Su primer acto de gobierno fue reconocerle a


los ejércitos de Cuba, mediante la ley del 17 de mayo de 1870, el derecho de beligeran-
cia. Durante su gobierno se inauguró el ferrocarril de Barranquilla al mar, se fundó la
Academia colombiana de la Lenf-,'Ua y se contrató una misión de pedagogos alemanes.
Se introdujeron cambios en el plan educativo de la Universidad Nacional, incluyendo
los textos de los positivistas ingleses, Mili y Spencer. Se presentaron levantamientos
armados en Boyacá y Santander.

Gobierno de Manuel Murillo Toro (1872- 1874)

Emitió la circular dirigida a todos los gobiernos del continente, del 26 de septiem-
bre de 1872, a favor de la libertad de Cuba, proponiendo la mediación de estos
países para lograr la emancipación de la isla, por vía negociada o con el empleo de
la fuerza. Durante su gobierno, se logró la reducción de la deuda externa de 36
millones a 10, con una tasa de interés del 4,5% anual. En cuanto al orden público,
fue depuesto el gobierno de Panamá y tuvo que hacer frente a la presidencia del
Estado del Cauca, gobernada por Mosquera.

Gobierno de Santiago Pérez


(Zipaquirá, 1830-París, 1900) (1874- 1876)

Abogado liberal. Representante a la Cámara y Senador. Secretario del interior y de


relaciones exteriores. Plenipotenciario en los Estados Unidos. Director de los pe-
riódicos El Mensajero, La Defensa, El Tiempo y El Relator. Profesor y rector de la
Universidad Nacional. Perteneció a la Comisión Corográfica. Elegido presidente
para el período 1874-76, resultando ganador sobre el persistente Mosquera. Fue
desterrado en 1893 por el gobierno de Miguel Antonio Caro.
Su programa presidencial se basó en: "la instrucción, la moralidad y la riqueza,
factores de la república". Sus principales obras de gobierno se dirigieron a mejorar la
educación. Fortaleció las escuelas normales, y construyó numerosas escuelas prima-
rias. Se aumentaron las exportaciones y se redujeron el contrabando y los gastos
públicos.

Gobierno de Aquileo Parra


(Barichara, 1825-Pacho, 1900) (1876- 1878)

Abogado liberal. Gobernador de Santander. Representante a la Cámara y Senador.


Convencionista en Rionegro. Secretario de Hacienda. Ganador de las elecciones para
el período 1876-1878, frente a la candidatura independiente de Rafael Núñez. Con su
elección se consolidó la división liberal, por los señalamientos de fraude, propiciados
Rojo difuso y azul pálido 149

por los radicales. Resistió la revolución conservadora de 1876, recuperando para el Par-
tido liberal los Estados de Tolima y de Antioquia.

Gobierno de Julián Trujillo


(Popayán, 1828-Bogotá, 1883) (1878-1880)

Abogado y militar liberal. Representante a la Cámara y Senador. Convencionista en


Rionegro. Gobernador del Cauca. Jefe civil y militar de Antioquia. Secretario de Ha-
cienda, de Guerra, y de Tesoro. Plenipotenciario en el Ecuador. Elegido presidente
por una coalición entre independientes y conservadores, para el período 1878-1880.
Durante su administración, se contrató la construcción del Canal de Panamá con la
compañía francesa de Fernando de Lesseps.

Gobierno de Francisco Javier Zaldúa


(Bogotá, 1811-Bogotá, 1883) (1882-1884)

Abogado liberal. Senador y convencionista en Rionegro. Secretario de Gobierno


y de Relaciones Exteriores. Procurador General. Magistrado de la Corte Suprema
de Justicia. Rector de la Universidad Nacional. Elegido presidente, con el apoyo
del Partido Radical, murió en ejercicio de su cargo en 1883. Reemplazado por los
designados Calderón Reyes y Otálora.

- El partido durante la Regeneración y la Hegemonía Conservadora

Finalmente, durante el gobierno de Núñez de 1884, el radicalismo liberal se lanzó a


la revolución de 1885 para recuperar el poder y el Partido Conservador decidió
apoyar al presidente y formó, junto con él, el Partido Nacional, que daría origen a la
Regeneración.
Durante la segunda mitad del siglo XIX se llevaron a cabo reformas radicales
que respondieron en gran medida al primer programa liberal. Sin embargo con el
ascenso del movimiento político, de tendencia conservadora, conocida como la
Regeneración, el Partido Liberal estuvo fuera del poder entre 1886 y 1930.

Guerra civil de 1885

Fue la última oportunidad de los radicales, en su intento de recuperar el poder que


habían perdido por el ascenso presidencial de Núñez con el apoyo de los conserva-
dores. Con la batalla de la Humareda y que terminó con el incendio de los buques li-
berales y la pérdida de todo el parque, el gobierno de Núñez proclamó el fin de la
constitución de 1863 y convocó un consejo de delegatarios que redactaría la de
1886.
150 David RolI

Guerra civil de 1895

El Partido Liberal se lanzó a una nueva revolución, protestando por los abusos co-
metidos por el vicepresidente Caro, que restringían las libertades públicas y no per-
mitían al liberalismo una justa representación en los poderes públicos lS • Esta
revolución recogió las protestas populares que se habían presentado en Bogotá en
los años de 1893 y 189416 • Apenas duró 53 días, por la imprevisión de los liberales y
la organización militar de la Regeneración, comandada por el general Rafael Reyes.

Guerra de los Mil Días

La guerra comenzó en Bucaramanga en 1899, cuando el bando guerrerista del Partido


Liberal se levantó contra el régimen conservador del presidente Sanclemente. La guerra
se extendió hasta 1902, en Santander, Tolima, Cundinamarca, la costa y Panamá. Los
dos partidos se enfrentaron a profundas divisiones internas, que para el gobierno signi-
ficaron el golpe de estado de Marroquín y para los liberales, la incoherencia en la direc-
ción de la guerra, por los procedimientos tardíos del general Vargas Santos.

- La República liberal

Luego de más de 50 años de gobiernos conservadores, el Partido Liberal recupe-


ró el poder, gracias a la división conservadora en las elecciones de 1930, lo que
posibilitó la elección del Enrique Olaya Herrera (1930-1934), quien se postuló
como candidato de la "Concentración Nacional". Con el retorno al poder en
1930, el Partido Liberal comenzó otra etapa fundamental en términos ideológi-
cos, llamada República Liberal.
La República Liberal, de 1930 a 1946, adelantó una serie de reformas que se en-
marcan dentro de las políticas del Estado de bienestar, donde se apoyaba a los secto-
res trabajadores representados en sindicatos fomentados desde el gobierno. De esta
época se resalta la noción de la función social de la propiedad, la libertad de cultos, el
derecho a huelga y la creación de una ciudad universitaria, entre otras.
Cuando los liberales recuperaron el poder en 1930 su ideario y principios
programáticos también eran claros: intervencionismo de Estado, secularización,
función social de la propiedad y medidas de protección social; y de hecho refor-
maron la constitución durante el gobierno de Alfonso López Pumarejo. Sin em-
bargo, dentro del Partido Liberal había una línea de centroderecha, el Santismo,
que terminó dominando el partido hasta la pérdida del poder en 1946, justamente

15. Entre las demandas del Partido Liberal estaban también la de libertad de prensa, ya que
varios de sus líderes habían sido desterrados.
16. Al respecto, véase: Vega Renan-Aguilera Mario. Idea! democrático y relJUe!ta Popular, Bogotá,
CEREC-IEPRI-UN, 1998.
Rojo difuso y azul pálido 151

por la división causada por Jorge Eliécer Gaitán, quien asumió una línea de iz-
quierda liberal más radical que la del propio López Pumarejo. A pesar de que Gai-
tán estuvo fuera del partido un tiempo y creo un movimiento disidente, La Unión
Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR), terminó regresando como jefe
único y candidato presidencial del Partido Liberal, hasta su asesinato en 1948.

Gobierno de Enrique Olaya Herrera


(Guateque, 1880-Roma, 1937) (1930-1934)

Abogado liberal. Representante a la Cámara y a la Asamblea Nacional. Ministro


de Relaciones Exteriores. Diplomático en Chile, Venezuela, Argentina, Estados
Unidos y la Santa Sede. Elegido presidente por el Partido Liberal frente a las can-
didaturas de los conservadores V ásquez Cobo y Valencia. Afrontó la guerra con-
tra el Perú, favorable a Colombia.
El Partido Conservador se lanzó a la oposición, encabezado por el parlamenta-
rio Laureano Gómez, representante de las mayorías de su partido en el Congreso.
Se fundaron el Banco Central Hipotecario, la Caja de Crédito Agrario y la Caja Co-
lombiana de Ahorros. Se reconoció el derecho a la sindicalización.
En su gobierno se reivindicaba la ampliación del intervencionismo de Estado en
el sentido que éste no sólo debía garantizar la igualdad de los hombres ante la ley, sino
también procurar la creación de un nuevo orden donde la libertad de acción no signi-
ficase la creación de privilegios en contra de la comunidad. Para ello, se consideraba
necesario controlar las iniciativas individuales en aras del bien general, procurando
hacer di¡.,ma la vida de los ciudadanos. Además se planteaba la necesidad de intentar
establecer un equilibrio entre el individuo y la empresa mediante la protección legal
del trabajo. A éste se le consideraba la fuente primordial para la adquisición de la pro-
piedad, que ante todo debía tener una función social 17 .

Gobierno de Alfonso López Pumarejo


(Honda, 1886- Londres, 1959) (1934-1938)

Político liberal. Editor del Diario Nacional, La República y El Liberal. Representante a la


Cámara. Diplomático en Bélgica, Holanda, la ONU y Gran Bretaña.

17. Para lograr estos objetivos, tendientes a modernizar políticamente el país, los liberales plan-
tearon en sus congresos la necesidad de secularizar el Estado y abogaban por la libertad de
cultos y de enseñanza y la legalización del divorcio, todo lo cual significaba la reforma del
Concordato. Pero además de la superación de estos obstáculos, arraigados en la filosofía de la
Regeneración consagrada en la constitución vigente, veían en la inseguridad económica un
obstáculo aún mayor, por lo que señalaron que la reconstrucción de la estructura económica
era la forma más efectiva, aunque indirecta, de luchar por las libertades.
152 David RolI

Se destaca en este período liberal el gobierno de Alfonso López Pumarejo, co-


nocido como "la Revolución en Marcha", en el que se realizaron importantes refor-
mas inspiradas en el ideario del partido: aumento de los poderes del Estado en
asuntos económicos, la libertad de conciencia y de enseñanza, secularización de la
educación pública y restablecimiento del sufragio universal masculino.
Se ampliaron los recursos del Estado de 61 a 92 millones de pesos entre 1935
y 1938, y, mediante la reforma tributaria, impuso a los grandes capitales los im-
puestos de renta y patrimonio.
En términos de modernización política, el pensamiento político de López,
independientemente de las justificaciones pragmáticas y defensivas de las refor-
mas, era aún más audaz y crítico que el del propio partido, pues señalaba como
culpable de muchas de las injusticias sociales a la oligarquía dominante, a la que
consideraba, además de ilegítima, ineficaz, y que, según él, gobernaba perpetua-
do su poder de elite gracias al fraude electoral. López pareció presentir que la
perpetuación de este estado de cosas repercutiría indefinidamente en el sistema,
dando lugar a que la creencia en la legitimidad se debilitase, generando crisis po-
líticas profundas y gran inestabilidad.
La reforma constitucional de 1936 garantizaba la libertad de conciencia, de
enseñanza y le retiró a la iglesia la facultad de imponer los textos de instrucción
pública. Dicha reforma supuso la consagración normativa de los cambios que se
proponían, pero el partido pronto se dividió y López debió desistir de su revolu-
ción burguesa en muchos aspectos.
López Pumarejo disentía de su antecesor, el Presidente Ola ya, en la pro-
pensión de éste a la concertación política, pues para López el cambio político
debía ser gestado por un solo partido, ya que para él toda negociación conducía
a pactos oligárquicos peores que las hegemonías (lo que sucedió en efecto más
adelante respecto del Frente Nacional, entonces apoyado por López). Pero el
eje del pensamiento político de López fue la inclusión de las clases populares en
la vida política para apoyar al Estado en su amplia actividad intervencionista,
cuyas más urgentes medidas eran la reforma agraria y tributaria.
Un elemento fundamental de la modernización política que se propuso Ló-
pez para desbloquear el continuismo y evitar crisis políticas basadas en la pérdida
de legitimidad fue la llamada a sectores amplios de la población a participar en la
política. Esta llamada tuvo un especial éxito, debido a la inconformidad reinante
en la década de los años veinte.
"Ellopismo elimina cualquier oposición a la izquierda por absorción y el sin-
dicalismo queda aglutinado alrededor de su programa la revolución en marcha ...
Luego, abolidas las banderas del uniristas por ellopismo y creado el frente popu-
lar de éste con los comunistas, en agosto de 1936 se constituye la Central Sindical
de Colombia, más adelante CTC ... Durante el período lopista, los sindicatos en
las bases de las empresas oficiales están atentos a que los administradores de ellas
cumplan las políticas y pautas oficializadas por el gobierno, informando
Rojo difuso y azul pálido 153

inmediatamente a la confederación si algún gerente de empresa estatal, o secreta-


rio de municipio o departamento trata de actuar de manera distinta" Silva, Mar-
cel. Fll!iosy rifll!ios, Bogotá, Editorial Universidad Nacional de Colombia, 1998.

Gobierno de Eduardo Santos


(Bogotá, 1888-Bogotá, 1974) (1938-1942)

Abogado y político liberal. Representante a la Cámara y Senador. Director y


propietario del periódico El Tiempo. Gobernador de Santander. Ministro de Re-
laciones Exteriores. Elegido presidente para el período 1938-1942.
Así, para las elecciones de 1938, el Partido Liberal dividido en el ala de iz-
quierda y el ala de derecha, se vio envuelto en la lucha por el control de la maqui-
naria electoral. La izquierda liberal se basó en las asambleas, convenciones
juveniles y grupos de acción a nivel local. El ala derechista se fundamentó en el
tradicional caciquismo rural. El triunfo de Eduardo Santos, al retirarse Darío
Echandía, marcó el fin de este intento de cambio orientado y en expansión, y
dio comienzo a la etapa de retraimiento, pues Santos era el hombre adecuado
para utilizar el lenguaje progresista y obstaculizar al mismo tiempo los cam-
bios lH • Paradójicamente, López en su segunda presidencia siguió más esta línea
ideológica que la inaugurada por él años atrás.
Durante su gobierno, se creó el Fondo Nacional del Café y el IFI (Instituto
de Fomento Industrial). Se fundó la Flota Mercante Grancolombiana. Además se
promovió la construcción de viviendas, a través del Instituto de Crédito Territo-
rial, fundado en 1939.

Segundo Gobierno de Alfonso lópez Puma rejo


(1942-1945)

Se crearon la Asociación Nacional de Industriales -ANDI- y la Federación Nacional


de Comerciantes -FENALCO-. Frente a su anterior gobierno, realizó una serie de
reformas a sus propuestas iniciales, como en el caso de la ley 200 de 1936. Se consa-
gró definitivamente el código de trabajo, pensión y prestaciones sociales, mediante la
ley 6 de 1945, que reconoció el descanso dominical, el auxilio de cesantía, la indemni-
zación por accidentes de trabajo, la exigencia de preaviso y de fuero sindical.

- División liberal de 1946

Desde 1933, el movimiento gaitanista, denominado Unión Nacional de Izquierda


Revolucionaria (UNIR), venía oponiéndose al concepto formalista de la igualdad

18. Palacios, Marco: 1:/ PoplllisJlio f17 Colombia. Bogotá, Editorial Sivasinza, 1971, p 33.
154 David RolI

del liberalismo clásico y a la poca contundencia de las reformas liberales. Así,


cuando el fracaso del reformismo lopista se hizo evidente, Gaitán tomó el relevo
ideológico del pensamiento progresista y movilizó a las clases bajas, pero ya no
como destinatarias de las decisiones de una elite concientizada, sino como actor
colectivo y amorfo, más situadas en la lógica de la lucha de clases que en la tradi~
cional adscripción familiar o regional a un partido político 19 .
Gaitán dividió el partido, lo que supuso la derrota liberal de 1946, para vol~
ver luego como su líder, pero su proyecto político terminó con su asesinato en
1948. El período de La Violencia marcó una época de tremendo enfrentamien~
to entre los dos partidos, pero los tratadistas insisten en que no se trató de un
conflicto ideológic0 20 , sino de intransigentes subculturas políticas 21 .
En 1946 el Partido Conservador retorna al poder por la división del Partido lj~
beral entre Gabtiel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Con el asesinato de Gaitán y los he-
chos conocidos como el "Bogotazo", se sucede un período conocido como el de la
violencia bipartidista, y una dictadura militar, que dan origen al Frente Nacional, un
pacto entre los dos partidos de repartición política y burocrática del poder, que co-
menzó en 1958 Y se mantuvo en teoría hasta 1974.
En medio de un clima de violencia generalizada y ante su inminente destitu-
ción, al reasumir la presidencia Laureano Gómez, el General Rojas Pinilla le dio el
golpe de Estado, el 13 de Junio de 1953, contando con el apoyo del Partido Libe-
ral y del sector ospinista del Partido Conservador. Precisamente Ospina se con-
viertió en el presidente de la Asamblea Nacional que había sido convocada por
Gómez y se legitima el golpe 22 •
Paulatinamente, Rojas Pinilla fue actuando por fuera de la órbita de los parti-
dos tradicionales y de los gremios económicos; incluso con la creación de

19. Según Marco Palacios: "i\sesinado Gaitán en 1948, los dirigentes liberales optaron poco a
poco por dejar al pueblo a la deriva, con el argumento contundente, en 1951, de que no empu-
jarían al país a la guerra civil. Con esa dcserción, culmina el ciclo en que clliberalismo colom-
biano fue el ideal de la modcrnidad", Palacio.r Marco. Parábola del liberalismo. Bogotá, Editorial
Norma, 1999, p. 9(¡.
20. Pécaut, por ejemplo, considera que el contenido idcol(,gico del partido sc había perdido
desde el fracaso de la Revolución en Marcha, pucs éste había significado el fracaso del encuen-
tro de las masas con el poder y la sustitución de una ciudadanía social por la adhesión ciega al
Partido Liberal. Pécaut, Daniel: Ordeny Violencia: Colombia 193U-1954. Volumen 1, Bogotá,
Siglo XXI Editores, 1987, p. 273.
21. Leal Buitrago, Francisco, Estadoy política en Colombia. Bogotá, Siglo XXI, p. 400.
22. Según Hernán ]aramillo: "El primcr acto de Rojas Pinilla fue dirigirse al país en un llama-
miento a la paz y formular el muy atractivo compromiso de restablecer la normalidad demo-
crática, para retornar así al funcionamiento ordinario de la constitución ... Siempre he creído
que el liberalismo no manejó con inteligencia y estrategia sus relacioncs con Rojas. Inicial-
mente le dio su apoyo, aun con más generosidad que muchos sectores conservadores, pero
con la no oculta intención de evitar una elección popular que, en las circunstancias de ese
momento, podía favorecer al partido conservador". Jaramillo Ocampo, Hernán. Afomen/os este-
lares de la historia de Colombia, 1984
Rojo difuso y azul pálido 1 55

SENDAS (Secretaria Nacional de Sendas), se enemistó con los líderes partidistas


que veían con desconfianza el consenso popular alcanzado por Rojas.
Entre las obras más importantes de su gobierno están: la construcción del ferro-
carril del río Magdalena y e! aeropuerto el Dorado, la creación de! Banco Popular, la
construcción del C.A.N., la inauguración de la Televisora Nacional, etc.

- El partido durante el Frente Nacional

El pacto del Frente Nacional suponía justamente la neutralización de los aspectos


ideológicos en las estrategias de ambos partidos. El partido cayó en un vacío ideo-
lógico a partir de entonces, siendo las divisiones en adelante más personalistas
que programáticas. El santismo y ellopismo siguieron funcionando, junto con la
nueva línea, el Llerismo (por Alberto Lleras), pero sus diferencias ideológicas no
eran las de antes. Aunque hubo gobiernos como el de Carlos Lleras, al final de la
década de 1960, que tuvieron un carácter marcadamente modernizador, en general
las disputas no tuvieron tono ideológic0 23 .
Así lo sintetiza Hésper Pérez: ''A pesar de las apariencias en contrario, el Frente
Nacional no repite mecánicamente la vieja fórmula de las coaliciones bipartidistas.
El Frente Nacional significó el desplazamiento de la lucha entre los dos partidos a
la lucha entre las facciones de los partidos, en la medida en que la paridad y la alter-
nación, al poner límites infranqueables de la mitad de los puestos para cada partido
y la rotación en la Presidencia de la República por obligación constitucional, locali-
zaba a nivel de fracciones de partido la pugna por la primacía"24.
A pesar de la continuidad de la política económica durante el Frente Nacio-
nal, basado en un modelo que buscó el equilibrio entre crecimiento e inflación, se
desconocieron las realidades de una sociedad en rápido proceso de urbanización
y diversificación, con nuevas clases y grupos de intereses y gran variedad de fuen-
tes de poder.

23. "Todos los gobiernos del Frente Nacional, sin excepción alguna, el de Alberto Lleras, el de
Guillermo León Valencia, el de Carlos Lleras Restrepo y el de Misael Pastrana, utilizaron el
articulo 121 para legislar en materias económicas ... Los gobiernos del Frente Nacional se dis-
tinguieron por su unánime y celoso respeto de la voluntad democrática del país; por su celosa
vigilancia de la presencia paritaria de los dos partidos en el gobierno; por el respeto inaltera-
ble a los compromisos contraídos en los pactos de 1957 y en el plebiscito del mismo año".
Jaramillo Ocampo, Hernán. Ob. cito
24. Pérez, Hésper. Proceso del bipe/rtidismo colombie/no. Bogotá, Editorial Universidad Nacional,
1989.
156 David Rol!

Gobierno de Alberto Lleras Camargo


(Bogotá, 1906-Bogotá, 1990) (1958-1962)

Político liberal. Representante a la Cámara. Director de las publicaciones lA Tarde,


El Liberal, El Tiempo y Semana. Ministro de Educación, de Relaciones Exteriores y
de Gobierno. Secretario general de la Organización de Estados Americanos
-OEA-.
El gobierno de Alberto Lleras recibió un país acosado por la violencia políti-
ca y por el desequilibrio económico, situación reflejada en un déficit fiscal y cam-
biario, causado por el cuantioso gasto público de la dictadura militar. Los
objetivos de Lleras Camargo eran: la cooperación bipartidista, evitando la con-
frontación burocrática, el fortalecimiento del Frente Nacional y la erradicación
de la violencia en las zonas rurales, principalmente.
"En el delicado sistema democrático la falla más grave es la del ciudadano que no
vota. Cuando se sabe que hay un cuerpo electoral activo e inteligente, los partidos
se organizan para disputarse su favor de un modo diferente de cuando creen que
pueden, con un esfuerzo mínimo, engañarlo. Pero cuando una gran parte, la mayo-
ritaria, como ha ocurrido entre nosotros, del cuerpo electoral no ejerce la única
función que la República le pide al ciudadano, entonces se forman pequeñas ma-
quinarias con electores cautivos, de expertos en el oficio, de traficantes y mango-
neros y desaparece la necesidad de buscar el apoyo de la gran masa nacional y de
interpretar auténticamente su voluntad y su propósito". Lleras Camargo, Alberto.
Elprimer gobierno del Frente Nacional. LA renOl)ación de las Cámaras lef!,islatúJas.
En este gobierno se llevó a cabo el juicio a Gustavo Rojas, siendo despojado
de sus derechos civiles y políticos por el Congreso, aunque después sería absuelto
por la Corte Suprema de Justicia. En lo que tiene que ver con el Partido Liberal, sur-
gió una disidencia, comandada por el hijo del ex presidente López Pumarejo, Alfonso
López Michelsen, conocido como el MRL (Movimiento de Recuperación liberal, lue-
go Movimiento Revolucionario liberal).
Lleras Camargo fundó el INCORA (Instituto Colombiano de la Reforma Agra-
ria), producto del acuerdo del Chicoral, donde se desmontaron definitivamente las
políticas de tierras iniciadas en el primer gobierno de López Pumarejo. Además, Jle-
ras contó con el apoyo de la Alianza para el Progreso.

Gobierno de Carlos Lleras Restrepo


(Bogotá, 1906-Bogotá, 1994) (1966-1970)

Abogado liberal. Representante a la Cámara y Senador. Contralor. Ministro de


Hacienda y de Obras Públicas. Director de la revista Nueva Frontera.
Los propósitos de Lleras Restrepo eran transformar la estructura políti-
co-administrativa del Estado colombiano, fortaleciendo el poder ejecutivo y
Rojo difuso y azul pálido 157

aumentando la participación tecnocrática en el manejo económico. Para lograrlo


adelantó la reforma constitucional de 1968 25 .
Su gobierno, el segundo liberal en turno para el Frente Nacional
(1966-1970), logró aprobar una reforma constitucional en 1968, que le confirió al
presidente muchas posibilidades de legislar, recuperándose parte de la gobernabi-
lidad perdida, pero contribuyendo al mismo tiempo a desprestigiar al Congreso,
cuyos miembros recibieron a cambio los famosos "auxilios parlamentarios".
Los aspectos más destacados del gobierno de Lleras Restrepo fueron: las re-
laciones autónomas frente al Fondo Monetario Internacional -FMI-, ya que el
gobierno buscaba una mayor intervención estatal en el manejo económico, lo que
significó la ruptura de las negociaciones con el Fondo. De esta manera, se estable-
ció el control oficial de cambios, se controló la entrada del capital extranjero por
el Banco de la República y Planeación Nacional. Se creó PROEXPO (Fondo de
Promoción de Exportaciones) y se instituyó el CAT (Certificado de Ahorro
Tributario).
Dentro de la organización administrativa, se crearon institutos descentraliza-
dos como el INCOMEX (Instituto Colombiano de Comercio Exterior),
COLCIENCIAS (Instituto Colombiano para el Apoyo de la Ciencia),
COLCUTURA (Instituto Colombiano de Cultura). Además, el gobierno apoyó
los reclamos de tierras, legalizando en 1967 la ANUC (Asociación Nacional de
U suarios Campesinos).

- El partido después del Frente Nacional


Gobierno de Alfonso López Michelsen (Bogotá, 1913- ) (1974- 1978)

Abogado liberal. Creó el MRL (Movimiento Revolucionario Liberal). Represen-


tante a la Cámara. Gobernador del Cesar. Ministro de Relaciones Exteriores. Ele-
gido presidente para el período 1974-1978, con el lema del "Mandato claro".
Alfonso López Michelsen fue el primer presidente elegido libremente des-
de 1946; significó el triunfo más grande del liberalismo en toda su historia hasta
el momento. Propuso la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyen-
te, la cual nunca se reunió, al ser declarada inconstitucional por la Corte Supre-
ma de Justicia y denunciada como no representativa por los partidos
minoritarios, a los que se les excluyó de participar. A pesar de haber iniciado su
mandato con políticas favorables a los trabajadores 26 , el Paro Cívico Nacional

25. De acuerdo con Palacios: "Puesto (lue la reforma constitucional de 1968 permitió a los parti-
dos presentar listas faccionales, cundió entre los políticos la costumbre de inscribir varias lis-
tas de modo que fuera aritméticamente posible conquistar más escaños por residuo que por
cuociente" Palacios, Marco. Ob. Cit.
26. Las primeras me(údas de López fueron: beneficios tributarios a sectores menos favorecidos,
la triplicación del ahorro nacional, el aumento de la inversión pública en un 61 'Yo, el aumento
del salario mínimo considerablemente.
158 David RolI
~------

de 1977 demostró e! grado de insatisfacción que producía la continuación real


del Frente Nacional. Superada la fecha de su terminación formal y la respuesta
represiva a las movilizaciones evidenció que aquella seguiría siendo la respuesta
oficial a las exigencias de modernización política.
El plan de desarrollo, "para cerrar la brecha", buscaba: incrementar las activi-
dades empresariales, en especial de! factor trabajo, la creación de estímulos espe-
ciales para las industrias productoras de bienes de consumo popular, donde se
incorporarían más empleados y se dinamizaría el consumo en general 27 .

Gobierno de Julio César Turbay Aya la


(Bogotá, 1916- ) (1978- 1982)

Político liberal. Congresista. Ministro de minas y de relaciones exteriores. Pleni-


potenciario en Estados Unidos, Gran Bretaña y la ONU. Elegido presidente para
e! cuatrienio de 1978-1982. En las elecciones de 1978, Turbay ganó por escaso
margen al conservador Belisario Betancur.
El presidente Julio César Turbay decretó el Estatuto de Seguridad Nacional,
que supuso el aumento del poder de las fuerzas Armadas, pero que paralelamente
tuvo como resultado el fortalecimiento militar y político de la ~'Uerrilla y el incre-
mento de la violencia criminaJ2s. Ante el fracaso de la politica represiva y tras el
arreglo pacífico de la toma de la Embajada de la República Dominicana por ell\Io-
vimiento 19 de Abril, el gobierno intentó responder a la presión nacional e interna-
cional mediante la proposición de una tímida, limitada y condicional amnistía
política, que no condujo a ningún resultado positivo. Igualmente, la reforma consti-
tucional promovida por el gobierno fue declarada inconstitucional por la Corte Su-
prema de Justicia.
En el gobierno de Turbay, la participación adecuada y equitativa en el reparto
bipartidista burocrático a nivel nacional, departamental, y municipal, proporcionó
el respaldo político necesario para contrarrestar la falta de apoyo popular y la escasa
diferencia electoral que lo llevó al poder. El buen trato burocrático con los partidos
políticos y sus facciones permitió al presidente un cuatrienio pausado, sin mayores
debates en el Congreso. La rama legislativa delegó en el ejecutivo toda clase de

27. En el Plan de Desarrollo se establecía: " El objetivo del presente plan es lograr un creci-
miento que haga posible la creación masiva de empleo productivo y que, por lo tanto, benefi-
cie de manera especial al cincuenta por ciento más pobre de la sociedad colombiana" DNP.
Plan de desarrollo, social, emnómico] reJ!.ional. 1975-78. Bogotá, 1975.
28. De acuerdo a Palacios: "De talante menos inhibido que su antecesor, aceptó el esquema de
los generales. Emitió el estatuto de seguridad, el más completo conjunto de leyes represivas
desde 1958. El estatuto adquirió gran selectividad: el blanco fue la izquierda, en particular la
izquierda armada, más que las redes de narcotraficantes o secuestradores". Palacios, Marco.
Entre la I~gitimidady la l'iolencia. 1995, p. 178.
Rojo difuso y ozul pálido 1 59

facultades extraordinarias para desarrollar su programa de gobierno ya no había


huella del liberalismo combativ0 29 .

Gobierno de Virgilio Barco Vargas


(Cúcuta, 1918-Bogotá, 1997) (1986-1990)

El gobierno de Viq..,rilio Barco introdujo el esquema gobierno-oposición. Conformó


un gabinete exclusivamente liberal, en su mayoría proveniente del sector oficialista,
pretendió fortalecer al Partido Jjberal y propendió por un sistema de partidos que se
controlaran entre sí con una participación democrática de la oposición que obligaba
al gobierno a cumplir sus compromisos electorales 311 •
Barco inició una serie de reformas liberalizadoras, tendientes a cambiar la orien-
tación que el Estado le había dado a la economía desde los tiempos de la Revolución
en Marcha de Alfonso López Pumarejo. Las reformas neoliberales se empezaron a
abrir paso, paralelo a las demandas por una apertura del sistema político que permi-
tiera negociar con los grupos alzados en armas y permitir la participación de movi-
mientos sociales. El programa se basó en la participación del Estado en la economía,
teniendo como objetivo la justicia social y la reducción de las desigualdades:l l .
El crecimiento económico tuvo una función de desarrollo social; para lograrlo,
fue necesario adelantar cambios políticos. Se promovió la descentralización para
acercar la ciudadanía a las decisiones de los poderes públicos. El sector prioritario fue
el agrícola, en el cual se buscaba el uso racional e intensivo del suelo, para que, con
apoyo estatal, se lograra el autoabastecimiento interno.
Los principales objetivos del plan fueron: erradicar la pobreza absoluta, a través
del PNR (plan Nacional de Rehabilitación), generar empleo, reconciliar a la nación,
aset-,'Urar el abastecimiento interno, establecer tasas de cambio que favorecían las ex-
portaciones y mantener reservas internacionales suficientes.
En el sector industrial se pretendía aumentar la competitividad y la adecuación
de la estructura productiva. En el subsector de hidrocarburos y minería, se buscaba la
generación de divisas. En el manejo macro económico se quería elevar los niveles de
ahorro y mejorar la eficiencia y eficacia del gasto público.

29. Según Latorre: "El perfil del partido liberal en 1982. La juventud se perdió hace años, los sin-
dicatos también hace tiempo cogieron por otro camino, la prensa, que en el siglo XIX fue
prensa de partido, en las primeras décadas del )L'<: al adquirir su gran circulación, deja de
serlo, los intelectuales no son liberales". Latorre, Mario. Hechosy crítica política. Bogotá, Edito-
rial Universidad Nacional, 1986, p. 176.
30. "Lo que Barco intentó hacer al comienzo de su gobierno fue establecer las reglas de funciona-
miento de un partido de gobierno (que ahora gobernaría solo) y crear un espacio y modus ope-
randi tanto para la oposición partidista como para las formas de protesta social", Archer, R y
Chernik, M. El presidente frente a fas instituciones nacionales. Democracia en blanco y negro. Bogotá,
Ediciones U niandcs- Cerec, 1989.
31. Barco, Virgilio. Plall de economía social, Bogotá, DNP, 1987.
160 David RolI

A una primera actitud de intransigencia respecto al diálogo con la guerrilla, si-


guió una actitud más conciliadora. Pero el enfrentamiento frontal con el narcotráfi-
co, sobre todo tras el asesinato del candidato liberal Luis Carlos Galán, sumado a
los problemas propios de la crisis de legitimidad, llevó al país a un grado tal de des-
composición social y desorden político que para el gobierno fue convirtiéndose en
una meta obsesiva promover una reforma estructural de las instituciones, lo que
contradecía su posición inicial al respecto.
Antes de que la situación se agravase, Barco se mostró en desacuerdo con
una reforma constitucional: "La Constitución ... cuenta con el acatamiento de la
Nación y debe ser objeto, por parte de jueces y del Gobierno, antes de apresura-
das modificaciones, de una interpretación ajustada a las transformaciones socia-
les". Barco, Virgilio: Discursos 1986-1990. PaZI lucha contra el narcotráfico'y orden
público. Bogotá, Imprenta nacional de Colombia, 1990.
Fue especialmente importante la lucha contra el narcotráfico que se declaró
abiertamente después del asesinato de Galán, y que supuso una escalada terrorista
con bombas en las principales ciudades y el asesinato sistemático de policías, perso-
najes políticos, periodistas, etc. Es de señalar que los procesos de paz 32 con los mo-
vimientos guerrilleros M -19, Quintín Lame, EPL (Ejército Popular de Liberación)
y PRT (partido Revolucionario de Trabajadores) se iniciaron en este gobierno.

Gobierno de César Gaviria Trujillo (1990- 1994)

El plan de desarrollo planteado por Gaviria pretendía una reforma en la organiza-


ción del Estado y una reorientación en el modelo económico. Gaviria mantuvo la
línea liberalizadora de su antecesor, pero adelantó profundas reformas en el Esta-
do, con la llamada apertura económica y comercial que pretendía internacionali-
zar al país y motivar el crecimiento hacia fuera de la economía 33 .
En el nuevo modelo de desarrollo se pretendía generar las condiciones
necesarias al mercado para que éste fuera el motor de la economía. En lugar de
la promoción indiscriminada de la oferta, por parte del sector público, se for-
talecieron los subsidios a la demanda y la descentralización.

32. Aun cuando estos procesos de paz, se consolidaron en la presidencia de César Gaviria, con
miras al proceso Constituyente de 1990 - 1991, fue en el gobierno Barco quc se iniciaron. En
el caso del M19, los acuerdos de cese al fuego y de reincorporación se alcanzaron a firmar
durante el gobierno Barco, llevando a que en las elecciones participara un candidato por el
movimiento reinsertado.
33. El plan de desarrollo de Gaviria parte del siguiente enunciado; "los anteriores planes
han sido elaborados con seriedad pero han tenido un defecto similar, se inspiraban en
una visión particular del Estado, según el cual el sector público, con su capacidad finan-
ciera y su vasta red de funcionarios podía actuar en cualquier terreno económico con
resultados afortunados". DNP. Plan de desarrollo, la m'olución pacifica. 1990.
Rojo difuso y azul pálido 161

Para el economista Armando Montenegro: "el plan busca promover un am-


biente institucional para que el sector privado y en general todos los ciudadanos
sean los actores centrales del proceso de cambio y crecimiento 34 •
El plan se desarrolló en un contexto internacional que dió fin a los modelos polí-
ticos y económicos rígidos, excesivamente burocráticos y antidemocráticos. A nivel
interno, se promulgó una nueva Constitución en 1991, que le confería nuevas respon-
sabilidades al Estado, las cuales marcaron la inclusión en el sistema político de nuevos
grupos políticos y las exigencias de las regiones por lograr una mayor autonomía.

Gobierno de Ernesto Samper Pizano (1994-1998)

En la campaña electoral, el Partido Conservador, con su candidato Andrés Pas-


trana inició oficialmente la Nueva Fuerza Democrática (apartandose supuesta-
mente de! conservatismo) bajo el lema "llegó el momento Colombia", Álvaro
Gómez Hurtado como jefe del Movimiento de Salvación Nacional se une al can-
didato para consolidar unió propuesta suprapartidista.
La Convención Liberal ratificó los resultados de la Consulta Popular, presentan-
do e! nombre de Ernesto Samper como candidato oficial a la Presidencia de la Repú-
blica y jefe del partido, y como candidato a la vicepresidencia a Humberto de la Calle.
Al presentarse la primera vuelta de las elecciones presidenciales, lograron e! paso
a la set-,'Unda vuelta Ernesto Samper y Andrés Pastrana. La iglesia se vió involucrada
con los partidos al pedir que los liberales se abstuvieran de votar por Ernesto Samper.
Preferiblemente recomendaban votar en blanco y esto generó una polémica político
religiosa muy fuerte. Se dió la segunda vuelta para la elección de Presidente de la Re-
pública, de donde resultó elegido Ernesto Samper. En cuanto a los resultados electo-
rales de los partidos, se vió un afianzamiento de los partidos Liberal y Conservador y
se desdibujó la consolidación de terceras fuerzas políticas en e! país.
En medio de los escándalos por la financiación ilicita con dineros del narco-
tráfico de las campañas políticas, Samper presentó un programa de gobierno que
si bien continuaba con los postulados básicos de los anteriores gobiernos, tenía
un corte más social. El objetivo principal del plan de Samper era orientar la acción
del Estado y la sociedad civil hacía el crecimiento integral de las personas. Así se
definía la orientación del plan: "lograr un aumento del crecimiento económico
que permita obtener una mayor distribución de forma más equitativa"35.
En el Plan de Desarrollo, e! crecimiento económico dependía de la inversión
y de la acumulación del capital social, cívico e institucional. La estrategia macroe-
conómica pretendía el crecimiento económico, con estabilidad económica y ge-
neración de empleo productivo. En este sentido, se le daba prioridad a la
economía solidaria.

34. Montenegro, Armando, La Revolución Pacíftca. Bogotá, DNP, 1991.


35. Samper, Ernesto. hl salto social. Bogotá, DNP, 1995.
1 62 David RolI

En 1995, se instauró una comisión evaluadora de la crisis institucional nacional,


donde se planteó la reforma del Congreso y a los partidos, (reforma constitucional,
proyecto de ley sobre financiación, estatuto gobierno - oposición). Se propuso por
parte del presidente Samper un acuerdo nacional con el propósito de garantizar la go-
bernabilidad del país. Trató de incluir a su principal oponente Andrés Pastrana y a
otras fuerzas políticas, pero esto fracasó porque su oponente no aceptó; también allí
pesó la negativa de algunos dirigentes, tanto conservadores como liberales.
El gobierno de Ernesto Samper fue el más controvertido de todos los go-
biernos liberales desde el fin del Frente Nacional. Por un lado, el desequilibrio
económico causado por la apertura desarrollada por su antecesor y los grandes
gastos que supuso la Nueva Constitución, contradijeron su voluntad de "ponerle
corazón a la apertura", concepto que era visto por muchos sectores como un re-
troceso hacia el Estado burocrático populista. Pero lo que definitivamente dese-
quilibró su mandato y terminó de perjudicar la economía nacional, fue la
denuncia por parte de su contrincante, Andrés Pastrana, de que la campaña políti-
ca había recibido dineros del narcotráfico.
Si bien se pudo demostrar tal ingreso, nunca se pudo probar al presidente el
conocimiento del mismo, ni se logró hacer que renunciara, a pesar de que la opo-
sición a su gobierno fue implacable. Samper fue absuelto por la plenaria de la Cá-
mara de Representantes de toda responsabilidad política y penal por las
denuncias de infiltración de dineros ilícitos en su campaña presidencial de 1994;
el proceso entonces fue archivado. La votación fue de 111 votos contra 43.
El gobierno Samper puso en marcha planes de apoyo social como la "Red de
Solidaridad Social", abrió el abanico de las relaciones internacionales, convocó la
Comisión para el Estudio de la Reforma de los Partidos Políticos, fomentó la des-
centralización en torno al Ministerio del Interior (antes de gobierno) y enfrentó
como pudo la crisis económica que se fue ahondando desde su mandato hasta el
presente (aunque su origen tiene que ver con la apertura del gobierno anterior y el
Crecimiento del Estado con la Constitución de 1991).
El nuevo presidente, el liberal disidente, Álvaro Uribe, tiene un estilo muy ca-
racterístico de tecnócrata moderno y es visto como partidario de la no negocia-
ción con la guerrilla hasta no haberla debilitado militarmente.
Al cierre de esta obra el presidente aún denigra, ni renuncia al liberalismo,
pero no aceptó "las llaves" del partido, en el sentido de asumir la dirección, cuan-
do venció a Horacio Serpa en la primera vuelta. Esto fue justo, pues su triunfo no
se debió a una filiación, como parecen indicar las primeras encuestas y reaccio-
nes:l6. Con ese gesto, además, logró que Serpa decidiera no hacer oposición a Uri-
be, reconociéndolo como líder liberal.

36. Los estudiantes de posgradn de una clase del autor: Yineth Zubieta, Marlén Ospia, Rosa
Molina, Camilo Sarmiento y Henry Sáenz, entrevistaron dos días antes de elecciones a las per-
sonas sobre su voluntad de voto y muy pocos dijeron que votarían por Uribe por ser liberal.
Rojo difuso y azul pálido 163

Gráfico 1 Familias políticas PLC.

FAMILIAS POLÍTICAS O
POLÍTICAS FAMILIARES

I
I PARTIDO
LIBERAL
1

1 I

LÓPEZ LLERAS SANTOS TURBAY


I I I
Ambrosio Lorenzo Eduardo Julio César T.
(líder sociedades
democráticas) 1849
Santos
I Ayala
I

Federico Enrique S. Julio César T.


Pedro. A. López Montejo
I Quintero
I
1900

Alberto Hemando
Alfonso L. Pumarejo
(presidente) 1934-38 I Santos
1942-45

Carlos Enrique Santos

Alfonso L.
Calderón
I
l\1ichelsen
(presidente) 1974-78

Carlos Ll. de Juan Manuel


la Fuente Santos
Alfonso L.
Caballero
(Ministro) 1997

Germán Vargas I
Lleras
1 64 David RolI

Gráfico 2 Facciones partidistas PLC.

l FACCIONES PARTIDISTAS

I
I
1930-1946
lI
Izquierda Derecha
I I I I

r 1946-1957 lI
I

Pactistas Hegemónicos
I I I I

1957-1974
r I

I
l
I
Frente Nacional
l l 1974-2001
l l
Disidencias
l
Reeleccionistas Nuevo liberalismo
Rojo difuso y azul pálido 1 65

2. Rendimiento electoral

El Partido Liberal fue minoritario durante la primera parte del siglo XX, pero des-
de la década de 1930 ha sido electoralmente mayoritario, y ello se ha reflejado en
el dominio del congreso desde entonces, y en el hecho de que cuando ha habido
libre competencia (respecto de los partidos tradicionales) siempre ha ganado las
elecciones presidenciales, excepto en tres oportunidades, dos de ellas por divisio-
nes internas (1946,1982), manteniendo en esos dos casos la superioridad numéri-
ca. Especialmente desde la finalización del Frente Nacional, en 1974, ha sido tal el
éxito electoral del partido que algunos llegaron a vaticinar su conversión en una
especie de PRI colombiano 37 .
Paradójicamente, este dominio electoral se ha dado en el contexto de un gran
abstencionismo, sobre todo en la última década, aunque los resultados de las elec-
ciones (a partir de 1998) señalan una cierta recuperación en la participación 38 . En
parte por ello se ha llegado a afirmar que este éxito (el de los dos partidos tradicio-
nales en conjunto) no se debe a una base electoral firme sino a la pura combina-
ción de reglas favorables, corrupción clientelista y represión a otras fuerzas
políticas, que resultan funcionales en un ambiente de abstención y voto no obliga-
torio. Pero, se ha comenzado a desvirtuar esta aseveración, reconociendo que si
bien estos factores existen, la base social de los partidos tradicionales parece ser
muy fuerte, por los motivos yue sea, toda vez yue el elector colombiano "tiende a
votar centrista, incluso en las situaciones en las que se ha propagado cierta indigna-
ción colectiva"39, conduciendo al fenómeno de la "aglomeración" o mantenimiento
de los partidos que cuentan en el centro político. Dicho centrismo o "carácter pegajo-
so del bipartidismo" puede deberse también, sostiene el mismo autor, al recuerdo de
la violencia partidista de mediados de siglo y a la natural aversión al riesgo que produ-
ce la sensación de incertidumbre generalizada. A ello habría que agregar el factor in-
ternacional, pues si bien el centrismo fue más bien excepcional durante todo el
tiempo de la Guerra Fría, se volvió muy común al acabar ésta, con lo cual Colombia
quedó homologada al contexto mundial sin moverse de su posición.

37. "La superioridad numérica de los liberales tiende a acercarlos a una situación de partido
dominante". Gilhodés, Pi erre. "Los Partidos Políticos 1990·1995". En Leal, Buitrago Fran·
cisco (Compilador). Ln /Jusca de fCI esta/Jifidad perdida. /Ictores pofítitOJy sociafes en los atlOS 90.
Bogotá, Tercer Mundo Editores, Iepri, Colciencias, 1995, p. 64.
:)H. Desde 1970, el abstencionismo se ha mantenido por encima del 40%, reg¡strandose el más alto
en 1994 (66.01 %). Sin embargo, hubo cierta recuperación en las elecciones de 1997 en térmi-
nos numéricos: unos 9 millones de votos, de un potencial electoral de 19.529.209 (o sea una par-
ticipación del 45%). También en el 2000 hubo aumento. Dávila, Andrés. "Las elecciones del 26
de octubre". En Bejarano, Ana María y Dávila, Andrés (compiladores), Efeccionesy democracia en
Colombia, 1997·1998. Bogotá, 1998, p. 77.
39. Gutiérrez, Francisco. "Rescate por un elefante. Congreso, sistema y reforma política". En Beja-
rano, Ana Maria y Dávila, Andrés. Ob. cit., Bogotá: Fundación Social, Departamento de Ciencia
Política, Universidad de los Andes, Veeduria ciudadana a la elección presidencial, p. 249.
1 66 David RolI

Sin embargo, dicha aglomeración no explicaría por sí misma la superioridad


del Partido Liberal en las elecciones, sino que incluso la desvirtuaría, pues no exis-
tiendo diferencia ideológica importante, el elector en principio estaría más tenta-
do a no votar o a votar por cualquiera de los dos indistintamente. La superioridad
del liberalismo puede deberse a muchos factores, pero fundamentalmente se se-
ñala que las grandes migraciones a la ciudad invirtieron la proporción poblacional
campo-urbes en pocas décadas, lo que favoreció al Partido Liberal, con fuerte
arraigo entre los estratos medios y bajos de muchas ciudades, y Colombia es un
país de ciudades grandes 40 . También es cierto que a pesar de ese centrismo bipar-
tidista, el Partido Liberal ha sabido apelar al pueblo de manera eficiente en mo-
mentos claves de la historia y aun lo sigue haciendo con éxit0 41 •
Todo parece indicar entonces que la mayoría liberal se debe no sólo a que tiene
una mayor maquinaria política, sino también a ese voto tradicional del que hablaban
los primeros analistas del comportamiento electoral 42 . Es decir, hay más votos libe-
rales también porque parece haber más personas que tienen sentimientos arraiga-
dos de simpatía al partido, bien por razones familiares, o por tradición local, pues
hay pueblos y regiones total o casi totalmente liberales o por una simple y tradicio-
nal afiliación irracional al color, la historia, los personajes yel simple nombre, al es-
tilo de las fanaticadas del deporte. Aunque se insiste frecuentemente en que la
adhesión partidista ha bajado y se citan encuestas sobre la pérdida de confianza en
los partidos 4 3, parece ser que aunque las personas hablen mal de los partidos tradi-
cionales en Colombia, a medida que se aproximan las elecciones afloran esos senti-
mientos de pertenencia 44 y los resultados indican que además se reflejan en votos 45 •

40. La población urbana pasó de un 29';'" en 1938, al 52% en 1994 y es hoy más del 70%, aunque
()scar Delgado insiste en que esas tasas son una ficción de las autoridades censales, Delgado,
()scar. "Dominación, modernización y democracia en Colombia". En Alodernidad, democracia
y partidoJ politicos. Bogotá, Fidec-Fescol, p. 163.
41. González, Fernán. "Tradición y modernidad en la política colombiana". En VVAA.
Ob. cito
42. Lazarsfeld, Paul. The People 's Choice. New York, Duell, Sloan t\nd Pearce. 1944.
43. De hecho el Latinbarómetro de 1997 situaba a Colombia como uno de los más bajos en con-
fianza en los partidos en la regi,'m (21), solo superado por Brasil y Ecuador e igualado por
Venezuela.
44. Un descubrimiento importante para explicar cómo se combinan decepción partidaria)' votación
bipartidista lo hizo una prestigiosa empresa de encuestas colombiana, al comparar en diferentes
momentos las respuestas a la pregunta de si se pertenece o no a algún partido. A medida que se
aproximaban las elecciones había menos personas que aseguraban no pertenecer a nint,'1Ín par-
tido )' más encuestados que reconocían ser liberales o conservadores. (Entrevista del autor con
Napoleón Franco, director de la empresa del mismo nombre en 1998, con revisión de las encues-
tas, aun inéditas en su conjunto).
45. En la mayor parte de las encuestas que hacen diferentes compañías en este sentido suele con-
testarse además que si bien no se pertenece a ningún partido pero se decidiera a votar lo haría
justamente por el partido que le es más cercano por diferentes motivos, de los cuales el princi-
pal normalmente es la tradición familiar.
Rojo difuso y azul pálido 167

Esto explicaría en parte los triunfos liberales en el Cont-,rreso yen muchas elecciones
presidenciales, pero no su derrota en las de 1998, en las, que como se verá, pareció
operar más bien el raliona! choice de Downs (1957).
Aunque se insiste en el poder de las terceras fuerzas en los últimos años y
en el desgaste de los partidos, por lo menos a nivel del Congreso, la situación
no ha variado mucho para el Partido Liberal, como puede observarse en los
cuadros, salvo lo ocurrido en la Asamblea Nacional Constituyente; lo mismo
ocurre en las elecciones presidenciales (excepción hecha del éxito de Noemí
Sanín en 1998, por circunstancias particulares). En el caso de las gobernacio-
nes, alcaldías, asambleas departamentales y concejos municipales, el dominio
liberal en un contexto bipartidista se mantiene también numéricamente, aun-
que dicha preeminencia es muy singular, pues muchas veces es producto de
alianzas bipartidistas, y la aparición de nuevos líderes liberales e independien-
tes fue innegable. Pero si se miran los resultados de la votación para alcaldías,
podrá observarse que el desgaste del Partido Liberal no es tan progresivo,
como lo ha sido para el Partido Conservador según se verá. Otra explicación
sugerente de la combinación centrismo-mayorías liberales y consiguiente éxi-
to electoral liberal apunta a la presunta existencia de una cultura política con-
servadora vergonzante mayoritaria en Colombia 46 .
De cualquier forma, el éxito del liberalismo electoralmente es evidente y
basta para ello mirar los resultados electorales desde 1974 hasta hoy para com-
probarlo. Sin embargo, además de los motivos comunes señalados, las razones
son muy diversas y varían en los diferentes niveles (nacionales, departamenta-
les y municipales) yen cada coyuntura histórica (fin del Frente Nacional, tra-
gedia del Palacio de Justicia, nueva Constitución en 1991, ete.). Es importante,
sin embargo, explicar el éxito del partido en algunos de estos niveles y en rela-
ción con ciertas circunstancias para aproximarnos a la realidad electoral del
partido más allá de explicaciones omnicomprensivas, y sobre todo analizando
hasta qué punto se deben, como se suele argumentar, al clientelismo y compra
de votos y al diseño del sistema electoral. Varía, pues, mucho la explicación de
las elecciones presidenciales a las parlamentarias, antes y después de la inclu-
sión de la elección popular de alcaldes o de la Constitución de 1991, en las re-
giones o en las ciudades, en las asambleas o en los concejos, en regiones
costeras o de montaña, en zonas de guerrilla o de paramilitarismo, ete. Este es-
tudio generalizado apenas se está realizando y no es el objetivo de esta síntesis,

46. Según el politólogo conservador Javier Sanín "Colombia es un país conservador que vota
liberal porque los electores nacionales encontraron que votar liberal es una manera cómoda
de mantenerse conservadores. Votan liberal sabiendo que tendrán gobierno conservador.
Posan de liberales porque ello denota centrismo, liberalidad, centro, pero no admiten sino
gobiernos conservadores" Sanín, Javier. "El futuro del conservatismo". En Revista ['oro, n.
15, Bogotá, Ediciones Foro Nacional por Colombia.
168 David Rall

en la que enfatizaremos sólo los aspectos más generales y algunas particulari-


dades sobresalientes.
Aunque en términos generales el triunfo de los liberales durante el pos-
frente nacional en las elecciones presidenciales se ha atribuido a urbanización
del país, la constante apelación al pueblo, al sentimiento centris-
ta-conservador vergonzante y a la exclusión política de terceras fuerzas, mu-
chas veces de forma violenta, la explicación más frecuente de este fenómeno
hace referencia a las maquinarias clientelistas que surgieron como producto
del Frente Nacional para conseguir los votos de un electorado despolitizado
por la repartición pactada del poder político. El análisis suele estar dirigido a
los dos partidos tradicionales, pero se insiste en que los liberales son más
clientelistas así como expertos en manejar estas redes, aunque los liberales se
defienden diciendo que por supuesto "los conservadores son menos cliente-
listas sólo porque son más poquitos"47.
Un rasgo que debe señalarse para entender la primacía electoral del Parti-
do Liberal es su capacidad de adaptación. Con el objetivo justamente de "des-
baratar los feudos podridos del bipartidismo", o sea, quitarle fuerza a los
llamados barones electorales que manejan esas maquinarias para lograr su
propia elección, la elección de sus protegidos y "vender" sus votos al candida-
to presidencial, la Constitución de 1991 fomentó la creación de partidos polí-
ticos pequeños, reconociéndoles fácilmente la personería jurídica. Pero esa
aspiración pluripartidista inspirada en ríos de tinta impresa sobre el exclusio-
nismo del sistema bipartidista, al combinarse con un sistema electoral que
otorga curules a los residuos, aunque sí afectó a dichos barones considerable-
mente, tuvo otras consecuencias, muy diferentes de las esperadas. Ninguna
tercera fuerza se pudo consolidar como alternativa al bipartidismo, con lo
cual, en su debilidad, los movimientos independientes perdieron su indepen-
dencia, cayendo frecuentemente en pactos absurdos con los mismos líderes
que son objeto permanente de sus críticas 48 .
Pero el efecto sobre el Partido Liberal de esta y otras reformas contra el clien-
telismo (eliminación de los auxilios, circunscripción nacional para el senado, inha-
bilidad para pasar de ser congresista a ministro, ete.) , fue también inesperado,
pues los dirigentes liberales, para evitar que su mayoría electoral perdiera fuerza
ante unas minorías dispersas recién llegadas, decidieron presentar un gran núme-
ro de listas para las elecciones legislativas, de modo que si bien se perdían muchos

47. Entrevista a Rafael Guarín (Secretario General de la Constituyente Liberal). Mayo de 1999,
Dirección Liberal.
48. "Por ejemplo, María Isabel Rueda hizo llave electoral con Germán Vargas Lleras; la una, pro-
minente figura antiserpista y el otro miembro de la campaña presidencial de Serpa" Gutié-
rrez, ob cit., 1998, p. 250.
Rojo difuso y azul pálido 1 69

votos que nunca obtenían representación4~, un buen número de cabezas de listas


liberales ganaban curules con muy pocos votos, volviéndose un sistema formal-
mente plurinominal en un sistema, en el fondo, uninominal 50 .
La llamada "operación avispa" fue exitosa para el partido en la medida en la
que siguió siendo la mayoría numérica, pero la falta de cohesión partidaria que se
venía dando desde el Frente Nacional se profundizó aún más, pues cada candida-
to se convirtió en un pequeño partidito con sede, recursos propios, burocracia in-
dependiente y, por supuesto, casi total autonomía al tomar sus decisiones. Estas
"empresas electorales" se han convertido en el nuevo blanco de las reformas polí-
ticas, que quieren revertir una supuesta fragmentación e incluso atomización de
los partidos, proponiendo medidas como la lista única, el umbral y la prohibición
de la doble militancia, con la idea un tanto peregrina de que al mismo tiempo se
forzaría a las minorías a unirse en una gran tercera fuerza que compita con el bi-
partidismo. No interesa en este escrito analizar la bondad de esas reformas pero sí
tratar de entender cómo es el Partido Liberal en su cara electoral.
Si se fuera a buscar símiles en el mercado para las relaciones entre el Partido
Jjberal yesos candidatos, en lugar de hablar de microempresas tendríamos que
llamarlas "sucursales autónomas" o "franquicias", pues al conceder el aval del
partido, al mismo tiempo se está prestando la historia de la colectividad, la imagen
de los líderes del momento, el color y, en cierta forma, el secreto y las técnicas
para la "venta exitosa". Algunas de esas franquicias son todavía feudos podridos,
otras han caído en manos de los delincuentes que las financian, muchas son fan-
tasmales, pero, como sostiene Gutiérrez, también hay que reconocer que otras
encarnan representaciones regionales y sociales auténticas, y que de ellas han sur-
gido en cierta forma dos de las tan soñadas tercerías"51.
En síntesis, la crisis del Partido Liberal, de la que se habló frecuentemente en las
reuniones de la Constituyente Liberal52 , no supone que el partido haya decaído en su
representación en el Congreso, sino que hace referencia en gran medida a la derrota
en las presidenciales de 1998, atribuida en parte al hecho de que algunas de esas

49. Juan Carlos Rodríguez sostiene 'jue lo 'jue se pierde por este sistema en una lista no com-
pensa en términos de representaciún lo 'jue se gana en otra, puesto 'jue el elector no vota por
partido, sino por indi\·iduo. Rodríguez Raga,Juan Carlos. "Posibilidades y riesgos de la actual
reforma electoral en Colombia. Un análisis del sistema electoral colombiano". En Pensamiento
,!uridito, revista de teoría del derecho y análisis jurídico, n" 11, reforma política más allá de la
coyuntura. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Derecho, Ciencias Políti-
cas y Sociales.
SO. En el caso del Senado, por ejemplo, en 1994 y 199R, solo hubo 3 listas que obtuvieron más de
una curul, Fuente: Registraduría Nacional.
'i 1. Francisco Gutiérrez considera 'jue algunas de las fracciones de los partidos encarnan una
representación auténtica y merecen tener V07. dentro del sistema. f\1 mismo es 'juien ha pro-
puesto la figura de las fran'juicias. Gutiérrez, ob. cit., 1999, p. 224.
52. En general, del seguimiento 'jue se le hizo a la constituyente Liberal el e'juipo de investiga-
ciclO de partidos se puede concluir gue hay un consenso sobre dicha crisis, pero muchas dife-
rencias en cuanto al procedimiento para superarla.
1 70 David RolI

franquicias se aliaron con "la competencia" para la elección (endosándole sus votos)
y otras después negociaron con el presidente conservador, como ya lo venían hacien-
do con los liberales. Se creó así una división nada ideológica, entre los "oficialistas"
opositores y los "colaboracionistas" negociadores. Pero es de señalar que en circuns-
tancias particulares éstos retoman su independencia para apoyar el oficialismo, como
sucedió en el caso del nombramiento de Contralor General o la reforma política de
Pastrana de 1998.
Con toda su fragmentación, sus nefastas influencias, sus terribles errores
como gobernante y su negligencia como legislador, los resultados electorales del
Partido Liberal lo sitúan como la organización política más fuerte del país, y de al-
guna forma como una especie de débil contrapeso para equilibrar en términos de
legitimidad la fuerza desestabilizadora de la guerrilla. Se trata de un partido que no
está sobrerrepresentado ni está favorecido por el sistema electoral de forma inequi-
tativa como se pensaba53 , que tiene una impresionante base social no explicable por
el simple clientelismo y aun sin estudiar suficientemente, y que, en síntesis, es el eje
del sistema de partidos en Colombia. El triunfo del disidente liberal Uribe, en una
contienda electoral entre sólo dos liberales (2002) lo ratifica. Como se verá sin
embargo, en las elecciones al Congreso actual sí se nota una derrota del Partido
Liberal, pero por fragmentación.

a. Elecciones presidenciales durante el siglo XX

El siglo XIX estuvo más marcado por triunfos bélicos que electorales, por lo cual
es mejor medir el rendimiento electoral del Partido Liberal durante el siglo XX.
Los primeros 30 años del siglo, estuvo fuera del poder, pues era la época de la
continuación de la Hegemonía Conservadora, paradójicamente inaugurada por
un liberal independiente 54.
Colombia ha sido uno de los países con mayor continuidad electoral durante
el siglo XX en Latinoamérica, pues todos sus presidentes han llegado al poder por
elecciones, con excepción de José Manuel Marroquín, a principios de siglo
(1900-1904)55 y Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957), que no eran liberales. Así

53. Francisco Gutiérrez demuestra que no hay tanta inequidad (transformación de votos en curu-
les) en Colombia como se piensa y que además la eficiencia del voto (cantidad de votos que se
colocan por candidatos ganadores) es satisfactoria, incluso comparativamente con países
como Chile y Venezuela. Gutiérrez, ob. cit., 1999, p. 235.
54. Durante los gobiernos conservadores hubo una serie de enfrentamientos con los liberales, que
consolidaron el poder de los primeros. Con e! ascenso al poder de Rafael Reyes, en 1904, los
liberales volvieron a ser ministros de los presidentes conservadores, y luego en el gobierno de!
conservador, miembro del partido republicano, Carlos E. Restrepo (1910-1914), continuaron
dentro del gobierno, encabezados por el caudillo liberal, Benjamín Herrera.
55. José Manuel Marroquín era el vicepresidente de Manuel Antonio Sanclementc, depuesto el
31 de julio de 1900 en plena guerra de los Mil Días.
Rojo difuso y azul pálido 171

pues, todos los presidentes del Partido Liberal han llegado al poder por las ur-
nas (o como reemplazos), y las dos únicas dictaduras civiles que ha habido, la de
Mariano Ospina Pérez (1949-1950) Yla de Laureano Gómez (1950-1953) fueron
gobiernos conservadores. Pero el Partido Liberal, a pesar de ser mayoritario des-
de 1930 tuvo menos presidentes elegidos en el siglo (11), que el Partido Conser-
vador (12). Para entenderlo, deberemos clasificar el rendimiento electoral para las
presidenciales del Partido Liberal en cuatro períodos:
Primero: Período de ausencia por hegemonía conservadora. Desde finales del siglo
XIX y hasta 1930 fue un partido ausente del poder presidencial, debido a la Hege-
monía Conservadora.
Segundo: Período de República liberal. Comenzó cuando llegó al poder, en 1930,
Enrique Olaya Herrera, debido a que el conservatismo se presentó dividido a las
elecciones también. Influyó el desgaste de ese partido en el poder durante tantos
años, así como una serie de problemas sociales y políticos. En este período se des-
taca la presidencia de Alfonso López Pumarejo (1934-1938) y su programa de
modernización "La Revolución en Marcha". Tras cuatro presidencias liberales
(Enrique Olaya, Alfonso López, Eduardo Santos y Alfonso López nuevamente),
terminó este período con la derrota en las elecciones presidenciales, al llegar el
partido dividido a las elecciones de 1946: el ala derecha del partido, liderada por
Gabriel Turbay, frente al ala izquierda, con Jorge Eliécer Gaitán a la cabeza.
Tercero: Período de ausencia por violencia política y régimen militar. Con el asesinato,
en 1948, del casi seguro ganador de las siguientes elecciones presidenciales, Jorge
Eliécer Gaitán, durante la presidencia del conservador Mariano Ospina Pérez, la
violencia política se acentuó hasta el punto de que los liberales no participaron en
las elecciones de 1950 y luego vino el golpe militar de 1953, que duró hasta 1957.
Cuarto: Período de la alternancia por el rrente Nacional. A partir del pacto bipartidista
y durante 16 años, los liberales ocuparon la presidencia cada cuatro años; primero,
Alberto Lleras Camargo (1958-1962) y luego Carlos Lleras Restrepo (1966-1970),
pero no la ganaron por contienda electoral libre.
Quinto: Período de predominio liberal en la presidencia. Desde 1974, cuando acabó
el Frente Nacional, en el que la presidencia se turnó entre los dos partidos tradi-
cionales, el Partido Liberal ha ganado todas las elecciones presidenciales, con dos
excepciones: en 1982, debido a que se presentó dividido el partido por la candida-
tura independiente de Luis Carlos Galán por el Nuevo Liberalismo, yen 1998 por
una alianza del candidato conservador Pastrana con liberales e independientes y
el desgaste del anterior gobierno liberal por el tema de la fmanciación ilícita de la
campaña presidencial. De manera que, de 8 presidencias, 6 han sido liberales, contra-
rrestando la tendencia en el resto del siglo, donde imperaron ligeramente los presi-
dentes conservadores.
1 72 David RolI

Cuadro 1 Presidentes liberales de Colombia, siglo XX

Presidente Gobierno Origen del mando


Enrique Olaya Herrera 1930 a 1934 Elegido
Alfonso López Pumarejo 1934 a 1938 Elegido
Eduardo Santos 1938 a 1942 Elegido
1942 a 1945,
Alfonso López Pumarejo renuncia antes de Elegido
cumplir su mandato.
1945 -1946,
Alberto Lleras Camargo termina el período Encargado
de A. López Pumarejo.
Alberto Lleras Camargo 1958 -1962 Elegido
Carlos Lleras Restrepo 1966 -1970 Elegido
Alfonso López Michelsen 1974-1978 Elegido
Julio César Turbay Ayala 1978 -1982 Elegido
Virgilio Barco Vargas 1986 -1990 Elegido
César Gaviria Trujillo 1990 - 1994 Elegido
Ernesto Samper Pizano* 1994 - 1998 Elegido
Álvaro Uribe Vélez 2002- Elegido
Fuente: Arizmendi Posada, Ignacio. PreJidenteJ de Colombia, 1810-1990. Bogotá, Planeta Colom-
biana Editorial, 1989.
* Carlos Lemon estuvo encargado un breve periodo.

b. El Partido Liberal en la contienda electoral durante


el período de elecciones no pactadas

La primera elección posterior al Frente Nacional en 1974 la ganó c1liberal Alfonso


López Michelsen (hijo del expresidente Alfonso López Pumarejo), quien había sido
un crítico del Frente Nacional y había creado un movimiento independiente (Movi-
miento Revolucionario liberal) y obtenido un importante resultado en las se,gundas
elecciones parlamentarias del Frente Nacional (624.863 votos que fueron declarados
nulos como los de las otras tercerías 56).
Cuando López regresó al partido como candidato oficial, venció a su con-
trincante, el conservador Álvaro Gómez (hijo del expresidente Laureano Gó-
mez) por una enorme diferencia (56% contra 31,7°;'), Ypor una aún mayor a la
independiente María Eugenia Rojas (hija del expresidente dictador

56. En departamentos como el Valle del Cauca, de un total de 2S0.416 votos, j09.365 fueron decreta-
dos nulos. Los de Alfonso López Michelsen y María Eugenia Rojas fueron considerados nulos
frente a la disposiciones constitucionales, por la Corte Electoral.
Rojo difuso y azul pálido 1 73

Gustavo Rojas, que obtuvo menos del 10%. Con el triunfo de Alfonso López
Michelsen, en 1974, a pesar de su origen, se presentó una especie de transición de la
vieja política de familias a la nueva política de clientelas, pues todavía dependió para
las elecciones de la imagen de jefe natural del liberalismo y a la vez se valió de las
clientelas políticas regionales que estaban tomando fuerza.

Cuadro 2 Resultados del PLC en las elecciones presidenciales de 1974


~ -- ~- ~------ ~~ -~--- ---T--
Candidato Partido Votos PO~~~~;~-je---I
Alfonso T"ópez Liberal 2.929.719 56,20% I

Total 5.212.133
hmlte: Rcgistraduría Nacional del Estado Civil.

En la segunda elección después del Frente Nacional, los liberales triunfaron


nuevamente frente a los conservadores, aunque la diferencia fue mucho menor
(49,5 contra 46,6). Se considera que a partir del triunfo de Julio Cesar Turbay Aya-
la comemó una nueva etapa de la política liberal y nacional, pues llegó a la presi-
dencia sin ser jefe natural, ascendiendo lentamente los escalones de la política
nacional, gracias a su magistral y paciente manejo de la maquinaria clientelista, la
cual estaba reemplazando a las jefaturas naturales ante el debilitamiento de los la-
zos ciudadanos con los partidos, fenómeno que tuvo lugar durante el Frente
Nacional.

Cuadro 3 Resultados del PLC en las elecciones presidenciales de 1978

Candidato Partido Votos Porcentaje


Julio César Turbay Liberal 2.503.681 49,50%
I Total 5.075.719

¡Cuente: Rcgistraduría l\:acional del Estado Civil.

El siguiente gobierno fue conservador, a pesar de que la mayoría de los votos


obtuvieron los liberales (más del 50%), puesto que éstos se presentaron divididos
en dos candidaturas: Alfonso López Michelsen (para ese momento expresidente
y oficialista) y Luis Carlos Galán (el entonces disidente liberal).
1 74 David RolI

Cuadro 4 Resultados del PLC en las elecciones presidenciales de 1982

Candidato Partido Votos Porcentaje


Alfonso López Liberal 2.797.627 41,00
Luis Carlos Galán Liberal 745,738 11,(l0
Total 6.840.392

Puente: Registraduría Nacional del Estado Civil.

Para el si.l,ruiente periodo electoral hubo que imponer un jefe natural en las elec-
ciones de 1986, para dar una apariencia de unidad en las elecciones. Así como con
Turbay había terminado el llamado sistema de la fila india para la elección presiden-
cial, en 1985 se desató una guerra entre los caciques ret-,rionales, que se consideraban
con igual derecho a la presidencia, y fue necesario que un grupo de "notables" eligiera
a Virgilio Barco como candidato y lo hiciera aceptar lentamente por los distintos gru-
pos, para "conservar la ficción de un Partido Liberal unido, con cobertura nacio-
nal"57. La victoria liberal fue aplastante (58.3% contra 35.8% de los conservadores).

Cuadro 5 Resultados del PLC en las elecciones presidenciales de 1986

l Vi,g~i:nB:~:~=G.~:r~~
Votos Porcentaje
4.215.510 58.30
Total . 7.229.937
----- -- ------~-

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil

Desde 1990, de las 4 elecciones presidenciales que ha habido, el Particlo Libe-


ral ha salido triunfador en las dos primeras, 1990 y 1994 en la última, 2002, mien-
tras que fue derrotado en 1998 por el conservador Andrés Pastrana, aliado con
algunos liberales e independientes. Para la elección cle 1990 seguramente el presi-
dente hubiera sido Luis Carlos Galán, quien había creado un nuevo Partido Libe-
ral (Nuevo Liberalismo) para regresar triunfante al liberalismo oficial años
después, a pesar de haberle significado su división la derrota de los liberales en la
presidencia ocho años atrás. Su asesinato catapultó a César Gaviria, uno de sus se-
guidores, como candidato oficial, luego de ser nominado por el hijo adolescente
de Galán durante el funeral. El turno para tal candidatura hubiera sido para
Ernesto Samper, pero el mencionado señalamiento y el hábil manejo político de
Gaviria le hicieron perder la consulta a Samper, quien debió esperar cuatro años
más. El éxito que tuvo Gaviria en la consulta se repitió en las elecciones, pues

57. Leal, Buitrago Francisco y Dávila, Andrés. Clientelir1tlo. 1:1 SútetJI(1 polítim)' .ru e.,presiólI r,~iol1{/l.
Bogotá, Tercer Mundo Editores, Iepri, 1998, p. 56.
Rojo difuso y azul pálido 175

ganó con e! 47,80% obtuvo 2.891.808 votos, aunque le ayudó e! hecho de que e!
Partido Conservador se presentara dividido.

Cuadro 6 Resultados del PLC en las elecciones presidenciales de 1990

Candidato

César Gaviria
Partido

Liberal
Votos

2.891.808
~~~~~~.
Porcentaje
~ ~ ---~ -~-~¡-~;~~o;o--
l
Total 6.047.576
-- ~ - - -- - ------

Fumtf: Registraduría Nacional del Estado Civil.

Ya instaurado, tras la Constitución de 1991, e! sistema de segunda vuelta presi-


dencial, Ernesto Samper se presentó como candidato del Partido Liberal en 1994,
obteniendo en la primera vuelta e! 45,1 ()lo de los votos, mientras que en la segunda
vuelta alcanzó e! 50,41 O¡(, de los votos, lo que le erigió como Presidente de la Repú-
blica. Se trató, sin embargo, casi de un empate, pues la diferencia con su opositor
conservador, Andrés Pastrana no fue grande en la segunda vuelta, ya que éste obtu-
vo un 48,15% de los votos.

Cuadro 7 Resultados del PLC en las elecciones presidenciales de 1994


Primera Vuelta

Candidato Partido Votos


Ernesto Samper Liberal 2.623.210
Total 5.821.331

Jt;glmda Vuelta
~r~-
Ernesto Samper Liberal 3.733.336 50,27
Total 7.427.742

hle/ltf: Registraduría Nacional del Estado Civil.

En las elecciones presidenciales de 1998, en la primera vuelta, a pesar del desgas-


te del Partido Liberal por el asediado gobierno de Samper, el candidato liberal Hora-
cio Serpa, el más firme aliado del presidente Samper como Ministro de! Interior
durante su difícil gobierno, obtuvo el triunfo, con 3.696.344 votos, mucho más que
Samper en su momento. Noemí Sanín, una conservadora independizada de! partido,
obtuvo 2.845.750 votos, lo que resultaba asombroso tratándose de una tercera fuerza.
La idea antipartidaria era tan fuerte, que el propio excandidato conservador Andrés
Pastrana se presentó como representante de varios partidos, uno de ellos, una alianza
denominada "Por el Cambio", aunque no renegó abiertamente del Partido
1 76 David RolI

Conservador, pues se sometió a consulta compitiendo con Juan Camilo Restrepo.


Sus votos fueron ligeramente inferiores a los del Partido Liberal en esa primera vuel~
ta, 3.653.048, pero en la segunda vuelta, aunque Serpa aumentó su apoyo, (pues al~
canzó 5.658.518 votos, de un total de 12.274.923), perdió ante Pastrana, quien IOhrró
6.114.742 votos, una gran diferencia dado el empate técnico entre los mismos cuatro
años atrás. Fue la primera derrota del liberalismo en las elecciones presidenciales des~
de 1982, pero no se debió a una disminución de! caudal electoral sino a un hecho par~
ticular, el inhrreso de dineros de! narcotráfico en la campaña presidencial anterior y la
lucha politica que se dio por este motivo entre e! candidato conservador derrotado en
las elecciones y un gobierno que se resistió a renunciar ante esta presión 5K .

Cuadro 8 Resultados del PLC en las elecciones presidenciales de 1998

Primera vuelta
Candidato Partido Votos Porcentaje

Horacio Serpa Liberal 3.696.344 34,38


Total 10.751.465

Segunda vuelta
Horacio Serpa Liberal 5.658.518 45,97
Total 12.310. 107

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil.

Ante la derrota electoral después de tres gobiernos liberales, e! Partido Liberal


entró en un proceso de transformación interna, en el que al mismo tiempo se buscó
una reestructuración del partido en su cara burocrática y reunificar a sus principales li~
deres en torno a la candidatura única para el 2002. Es difícil predecir cómo se reorga~
nizará e! partido con e! triunfo del presidente Uribe, pues Serpa sigue siendo el
director del partido, con no pocos seguidores, aunque también son muchos los li~
berales autodeclarados "uribistas".

58. El motivo de esa derrota no fue en esta oportunidad (como en 1946 o en 1982) la aparicic")!1 de
una disidencia radical renovadora, sino una fuerte división en el partido con motivo del llamado
Proceso 8.000, como se denominó desde los medios a todas las investigaciones sobre ingresos
de dineros de los carteles de la droga en las campanas políticas y, especialmente, a la presiden-
cia!' El vicepresidente dejó su cargo (luego de un buen tiempo después de estallar el escándalo)
y varios ministros le dieron la espalda al presidente Samper, renunciando también, aliándose
algunos luego con Pastrana, a quien se unieron igualmente el propio Piscal General que inves-
tigó el Proceso 8000 (luego de desistir de su precandidatura presidencial). Un enemigo conside-
rable fue el gobierno norteamericano, que apovó abiertamente la renuncia de Samper y
presionó para ello a través de la descertificación del país, la cancelación de la visa al propio presi-
dente y una participación incesante de su embajador en la política colombiana.
Rojo difuso y ozul pálido 1 77

Cuadro 9 2002

Primera vuelta
~~-, ---~~

Candidato Partido Votos porcenta¡e_1


I - --

Horacio Serpa Liberal 3.514.779 I 31.8


LTotal ) ___ 11 ,~~1 ,645 __
_----.J

c. El Partido Liberal en las elecciones legislativas


Al igual que en lo referente a los comicios presidenciales, la medición de los resul-
tados electorales resulta interesante solo a partir de la finalización del Frente Na-
cional, y al igual que en las presidenciales hay un predominio del partido en todas
las elecciones para congreso.

Cuadro 10 Elecciones para Senado postfrente Nacional. 1974-1986 PLC

Años
1974
¡
-
Curules
66
VOfos
2.840.315
[--Y()fal c~rul!s ~ [Tofal "OfOS l
112 I 5.094.552
1978 62 2.297.534 112 4.159.846 I
I
I
1982 63 3.149.716 114 . 5.567.198
1986 64* 3.835.956 114 _L 6.842.83L I
Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil.
* En 1986, las listas oficiales del Partido Liberal obtuvieron 58 curules, más 6 del nuevo libera-
lismo. Fuente: Gutiérrez, Francisco. "Rescate por un elefante. Congreso, sistema y reforma
política". En: Bejarano, Ana María (Compilador), Dávila Andrés (Compilador). Elecciones] de-
mocracia en Colombia, 1997·1998. Bogotá, 1998, p. 232.

Cuadro 11 Elecciones para Cámara de Representantes Postfrente Nacional


1974-1986 PLC

Año Curules Vofos Tofal curules Tofal votos I


1974 113 2.835.245 199 5.088.888
1978 111 2.302.230 199 4.171.075 .
1982 I 115 3.141.426 199 5.573.489 I

1986 105 3.746.534 199 6.884.928


-- --

Fuente: Gutiérrez, Prancisco. "Rescate por un elefante. Congreso, sistema y reforma política".
En: Bejarano, Ana María y Dávila, Andrés (compiladores). Elecciones] democracia en Colombia,
1997·1998. Bogotá, 1998, p. 232.
1 78 David RolI

Desde las elecciones de 1990 hasta las de 1998, el Partido Liberal Colom-
biano (PLC) mantuvo una tendencia a obtener alrededor del50(/'(, de las curules;
en 1990, 1991, 1994 Y 1998 alcanzó un poco más de la mitad y en 1998 presentó
un leve descenso del 2%. A pesar de esta situación, en la cual la mayoría liberal
en el Congreso debía tener alguna influencia en tanto que bancada, se ve que
"( ... ) los congresistas tienden a trabajar de manera aislada( ... ) lo cual pone en
evidencia la fragilidad de los acuerdos políticos que se logran en la etapa de la
campaña electoral y la dificultad en el trabajo conjunto en el Congreso"5'!. En
la Cámara de Representantes, el Partido Liberal se ha alzado en promedio con
la mitad de los escaños en los años estudiados (en el 2002 hubo un abrupto pero
explicable descenso).
Ese hecho puede explicarse a través de la conocida "Operación Avispa", que
consiste en la presentación de numerosas listas con el objetivo de obtener un mayor
número de escaños por residuo. Ello va en detrimento de la unidad de la colectivi-
dad como tal; y en el peor de los casos, también llega a afectar la representación ciu-
dadana. Como existe un gran cantidad de candidatos que obtienen más votos de los
que necesitan para ser elegidos, y no existe la posibilidad que esos votos sean com-
partidos, éstos se pierden; lo que deja a muchos ciudadanos sin representantes y, en
consecuencia, desestimula la participación electoral.
Aparentemente en el 2002 hubo una tragedia electoral para el Partido Libe-
ral, pues según la Registraduría Nacional, los liberales obtuvieron sólo 29 curules
en el Senado y 55 curules en la Cámara de Representantes. Si se compara con las
elecciones anteriores el panorama sería adverso, ya que habría un descenso de casi
el 50% en Senado y de aproximadamente el 40% en la Cámara.
El problema es determinar quienes son liberales en este momento. Si nos ate-
nemos a quienes se presentaron con el aval del partido son muy pocos, los mencio-
nados. Pero incluso algunos de estos no son considerados liberales por la
burocracia actual, por haber apoyado a Uribe y no al oficialista Serpa. Adicional-
mente, algunos que no pidieron aval, por tener su propio movimiento, sí son consi-
derados liberales por la burocracia. Así, el partido reconoce que los movimientos
señalados en el cuadro 12, son de líderes y miembros de la colectividad, pero no
acepta que todos los senadores y representantes electos, pertenecientes incluso a
esos movimientos, sean liberales, por no hacer parte del "oficialismo".
Así, según la burocracia liberal (Secretaría General), el actual Congreso está
conformado solo por 23 Senadores liberales, quienes hacen parte de la Junta de
Parlamentarios del partido. A ellos les suman cuatro senadores más de otros par-
tidos y movimientos políticos, entre ellos Carlos Moreno de Caro (reconocido in-
dependiente antiliberal) y Gabriel Acosta Bendec (perteneciente al Movimiento
Nacional, el cual hace parte de los "movimientos afines" del Partido Conservador).

59. Dávila Andrés, Murillo Gabriel y Zambrano Laura. "Las virtudes y debilidades del sistema
electoral en Colombia". En Democracia políticay electoral en América Latina. U niandes, Bogotá,
p.225.
Rojo difuso y azul pálido 1 79

Los restantes Senadores son los llamados "lentejas" o "uribistas", algunos


de ellos se presentaron por el Partido Liberal,60 y otros por alguno de los movi-
mientos del cuadro 1261 . En el cudro 13 se muestran los diferentes tipos de sena-
dores liberales que habría en el partido.

Cuadro 12 Partido Liberal Colombiano

Nombre Representante legal


Movimiento Cívico Seriedad por Colombia Emilio Díaz Mejía

Movimiento Apertura Liberal Miguel Ángel Flores Rivera

Movimiento Cambio Radical Ernesto Rojas Morales

Movimiento Colombia mi País Julio César Guerra Tutela

Mov. Liberalismo Independiente José Ignacio Vives Echavarría


de Restauración -LINDER-

¡\Iovimiento Huella Ciudadana María Margarita Londoño Véle~

Mov. De Alternativa de Avanzada Álvaro Araujo Noguera


-ALAS-

Movimiento Voluntad Popular Fuard Char Abdala

Movimiento Renovador de Acción Miguel Pinedo Vidal


Laboral-MORAL-

l\lovimiento Nuevo Liberalismo Carlos Ardila Ballesteros

Movimiento Integración Popular Salom('m Nader Nader


-MIPOL-

Movimiento Político por la Seguridad Social Darío Angarita Medellín

Movimiento Transformacic'm Nacional Ricaurte Lozada Valderrama

60. Es el caso de Habib Merheg, Salomón Saade, María Isabel Mejía, Piedad Zuccardi,José Igna-
cio l\fesa, Germán Hernández, Daría Martínez y Carlos García Orjucla.
61. Por ejemplo, los senadores del Movimiento Cambio Radical como Claudia Blum y Jairo Enri-
que !\ferlano. En el caso del Movimiento Integración Popular -MIPOI~, encontramos que
Vicente BIci es reconocido como liberal oficialista, mientras que Salomón Nader no, por lo
tanto, no participa en la Junta de Parlamentarios.
1 80 David RolI

Cuadro 13 Senadores presentados por algunos de los movimientos

Tipo de senadores Nombres


·· Camilo Armando Sánchez
Mauricio Jaramillo

·· Juan Fernando Cristo


Edgar Artunduaga

·
I
Hugo Serrano
• Carlos Barragán
• Aurelio Iragorri

·· Francisco Canossa
José Renán Trujillo
I

1. Oficialistas avalados por el PLC (participan • Bernardo Guerra Hoyos


en la Junta de Parlamentarios) • Piedad Córdoba

·· Juan Manuel López


Luis Guillermo Vélez
• José Antonio Name

···
Rodrigo Rivera
Guillermo Gavíria
DilianToro

·• Flor Gnecco (coalición)


Víctor Renán Barco

·• Andrés González
Álvaro Araujo -Al >/\S-
2. Oficialistas avalados por movimientos de
miembros del PLC · Juan Carlos Restrepo
Nuevo Liberalismo -

···
Vicente Blel- MIPOJ. -
Bernardo Hoyos Montoya
Movimiento Ciudadano -
3. ()ficiaJistas avalados por movimientos ajenos
al PLC ·· Gabriel Acosta - Movimiento Nacional-
Jesús Antonio Bernal- Mov. Independiente
Frente de Esperanza y Fe -
• Carlos Moreno de Caro - Dejen Juvar al J\Ioreno-
• Salomón Saade
• María Isabel Mejía

4. No oficialistas avalados por el PLC. Por lo


·· Piedad Zuccardi
J osé Ignacio Mesa
• Germán Hernánde~ A¡.,'Uilera

··
pronto no considerados liberales.
Héctor Elí Rojas
Dado Martínez
• Habib Merheg
• Carlos Armando C;arcía
• Luis Eduardo Vives
• Salomón Ander - MIPClL-
5. No oficialistas avalados por movimientos de • Jairo Enrique Merlano
miembros del PLC. Por lo pronto no -Movimiento Radical-
considerados liberales. • Francisco Rojas Birry
• Mario Uribe - M()Ri\I~
• Claudia Blum - Movimiento Radical-
Rojo difuso y azul pálido 181

En el caso de la Cámara de Representantes, la Registraduría Nacional reporta


un total de 55 liberales, de los cuales uno fue elegido por los colombianos en el ex-
terior. Si se toma en cuenta la lista de movimientos de miembros del partido, ve-
mos que la cifra asciende a 78, sin embargo, el partido convoca un total de 59
Representantes a la Junta de Parlamentarios (ver cuadro 14).

Cuadro 14

Tipo de representantes Nombre


Alfonso García
Javier Alvarez
Francisco Amador
Fabio Arango
I\1iguel Arenas
Antonio Asthot1
Armando Bcncdctti
()ctavio Benjumca
Musa Besailed
Eduardo (~asablanca
DarÍo e (')rdoba
David Chaf
Luis Fernando Du'luc
Ramón Elcjaldc
Ignacio Carda
l-lomero Giraldo
()SGU Gonzálcz
JlIlio González
Jaime Antonio Gonzálcz
Adalberto J;limes
Guillermo Jiméncz
Alfonso Lúpez Cossio
l. (lIlci"listas ,1\ alados por el PLC (participan • Alberto lVlol1sa!v()
en la Junta de Parlamentarios) I·:dilbcrto (llano
1'rancisco Parcja
Carmelo Pérez
Carlos Piedrahita
Isabel Pinillos
Abcl Rivera
,\ntonio Roa
Ignacio Sánchcz
Antonio Santos
Eduardo Silva
Ferncy Tabasco
Údga; Lllises
:\laria Teresa U tibe
Piedad Valencia
Miguel Vargas
I . uis Eduardo Vargas
JhonJairo Velás'lucz
J oa'luin Vives
1vlarta Vergara
Germán ¡\guirrc (coalición)
Armando Ama)'a (coalición)
Francisco 1 Icrnándcz (coalición)
Luis Antonio Serrano (c()aliciú~)
1 82 David RolI

Cuadro 14 continuación

Tipo de representantes Nombre


Jaime Amin - Seriedad por Colombia
Manuel de Jesús !lerrío - Apertura 1.iberal -
Bernabé Celis - Nuevo Liberalismo-
Arcángel Clavijo - f luella Ciudadana-
2. ()ficialistas <lyalados por movimientos de Esperanza .Moreno - N llevo Libcralisl11o-
miemhros del PLC William (lrtega - Cambio radical-
Janeth Restrepo - Huella Ciudadana·
Esperanza 1\10reoo - Nuevo Liberalis!TIo-
\X'illiam (lrtega - Cambio radical-
faneth Restrepo - Huclb Ciudadana·
Ovidio Claros - l\lo\'imicnto Nacional Progresista-
Anllninta i\fOfCtlU>i',- Partido Popular Colombiano
3. ()ficialistas avalados por movimientos ajenos Willington (Jrtiz (Negritudes)
al PLC ¡viaria Isabel l!rrutia -~Iovimiento Popular Unido
Elvcr Gustavo Navarro - Movimiento Popular
Unido-
Ernesto de Jesús l\lcsa
HéctOf Arango
Manuel Caroprese
Jaime Cervantes
César Ncgrct
Sandra Velásquez
Jaime Ezpeleta
4. ?-Jo oiícialistas avalados por el PI.c
Jorge Luis Caballero
Ccrmán V clásqucz
Luis Edmundo Maya
Carlos Enrique Soto
Jorge Luis Feris
Jorge Enrique Ramirez
lairo ~lartíncz
Omar Flórez - Camhio Radical -
William Vdez - MORAL-
Manuel Avila - Cambio Radical-
Eduardo Crissien - Voluntad Popular
Gina Parado)' - Cambio Radical -
Luis remando \' elasco - Apertura Liberal -
Zulema Jattin - Apertura I.iberal-
5. No oficialistas avalados por movünicntos de Reginaldo Montes - i\!IPOL-
miembros del Pl.C José Gamarra - Cambio Radical-
Sergio Diaz Cranados - ~IORAL-
J osé Luis Flórez - Apertura Liberal-
Carlos Celis - MIPOL-
Jorge Silva - Apertura Liberal -
Germán Viana - Voluntad Popular-
[avier Vargas - Cambio Radical -

* En el caso de esta representante, se encuentra que aunque su movimiento pertenece al Partido Con-
servador y aparece en la lista del PCC como Representante elegida por un "Movimiento Afín", los
liberales la tienen en la lista de Representantes oficialistas.
Rojo difuso y azul pálido 183
--- ------------

En síntesis, en las últimas elecciones se evidencia e! doble fenómeno menciona-


do de la división y fragmentación, pues los liberales están divididos entre serpistas y
uribistas, y fraccionados en múltiples movimientos. Para la Organización Electoral
solo son liberales los que llevan aval de! Partido, para e! Partido los que apoyaron allí-
der oficial, incluso aunque no tuvieran e! aval y ni siquiera sean conocidos como libe-
rales. Para la gente de! mundo político en cambio, está muy claro quienes son
liberales, aunque no los convoquen a la Junta de Parlamentarios Liberales en e! Con-
greso: aquellos que siempre han sido liberales y no han dejado oficialmente e! partido.
Desde este punto de vista, e! liberalismo seguiría siendo poderoso en e! Con-
greso. Pero como se verá ni siquiera Uribe ha podido aglutinar a sus adeptos, a pe-
sar de las deserciones de algunos serpistas. Es como un monstruo de dos cabezas
y mil tentáculos que es declarado en extinción, pero que sigue existiendo en su
particular y mutan te forma, a pesar de todo y de todos.

Cuadro 15 Elecciones para el Senado a partir de 1990 PLC

~_no-1No.a de
I
- ~
curules ~rules
proveerI obtenidas
-- --
I

--+---- ---
[1 ,~v:ot~sI % I[
I 1990 114 66 4.470.853 57,89
, 1991 100 56 2.263.349 54,90
1994 100 [- 56 2.648.731 56,00

'1 ~~~~~ ~~~_ ~_~


__ _ _ _ _ _ _'_____~:_~~_~_:~_~_~~ ;~:~~
_ _ I

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil.

Gráfica 1 Votos obtenidos por e! Partido Liberal en e! Senado.

70
60
..,
w
50
~ 40
z
w
U
a::: 30
O 20
c..
10
O
1990 1991 1994 1998 2002
AÑO
184 David Rall

Cuadro 16 Elecciones para Cámara de Representantes desde 1990 PLC

Año
Curules a
proveer
Curules ,
.
obtemdas
l' --- .--==-1----
votos
01
10

1990 199 --119- 4.500.985--'- 59,79


1991 161 87 1.852.296 54,03
1994 161 88 2.621.201 54,65
1998 161 87 4.189.260 54,03J'
2002 166 55 2.740.574 33,10

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil.

Gráfica 2 Porcentajes de curules obtenidas por el Partido Liberal


en la Cámara de Representantes.

70%

..,w 60%
50%
~
Z 40%
W
U 30%
o::
O 20%
Il..
10%
0%
1990 1991 1994 1998 2002
AÑo

d. El Partido en la Asamblea Nacional Constituyente


La elección en la que teóricamente el partido obtuvo un menor rendimiento fue la
de la Asamblea Nacional Constituyente en 1991. Debe tenerse en cuenta, sin em-
bargo, que la votación fue inferior a la de las legislativas anteriores (con lo cual la re-
vocatoria del mandato de los congresistas fue objetivamente ilegítima aunque a casi
todo el mundo le pareció aceptable esa medida mientras los constituyentes no se
pudieran lanzar luego como candidatos en la primera elección). Además, se trataba
Rojo difuso y azul pálido 185

de una elección con mucha propaganda antipartidista. De cualquier forma, y aún


sumando los votos de los conservadores que se presentaron por separado, el Parti-
do Liberal fue mayoritario y sus votos decisivos en casi todas los temas.

Cuadro 11 Listas y constituyentes elegidos para la Asamblea Nacional


Constituyente
_..

I Listas Elegldo Elegido Total Porcentaie


I Partido
',Elegidas por eociente por residuo Elegido en la Asamblea
--+-1----+-
L Liberal I 20 9 -.
16
---
25 35,7

Puente: Gilhodes Pierre et.al. Modernidad, Democracia y Partidos Políticos, FIDEC, FESCOL, 1993.

e. El Partido en las elecciones departamentales


En cuanto a gobernaciones, el Partido Liberal se ha mantenido, a pesar de que el
bipartidismo en su conjunto se ha debilitado.

Cuadro 18 Gobernaciones obtenidas por el Partido Liberal en 1991-2000

F-:;--JGOb~~naciO~:S o~'enida_s_--+ __ %

67
1994 22 69
1997 19 59,37
2000 16 61,3
L
Fuente: Elaboración propia con cifras de la Rcgistraduría Nacional del Estado Civil.
1 86 David RolI

Gráfica 3 Gobernaciones obtenidas por el Partido Liberal en 1991 - 2000

70
w 60
~ 50
!zw 40
U 30
o::
O 20
a..
10
O
1991 1994 1997 2000
AÑO

El cuadro anterior muestra una tendencia al descenso en la obtención de es-


tos cargos. Si bien, en las últimas elecciones el partido obtuvo un poco más del
60% de las gobernaciones, es notorio que desde 1994 ha venido perdiendo terre-
no, que aunque poco representativo numéricamente, nos lleva a proponer la pro-
babilidad que el partido siga decreciendo electoralmente en proporción lineal.
En lo que a Asambleas Departamentales corresponde, el partido ha mante-
nido casi la mitad del total nacional en estos cargos; pareciera que ello guardara de
algún modo relación con la obtención de gobernaciones.
Las cifras demuestran que la mayoría de candidatos a las Asambleas son ele-
gidos por residuo, situación no exclusiva del Partido Liberal.

Cuadro 19 Curules obtenidas en Asambleas departamentales 1992 - 2000 PLC


-
Curules obtenidas
Años Porcentaje
a nivel nacional I
-- ---- --

1992 271 54,0


I
1994 284 56,6
1997 250 49.8
I
2000 249 49,6 I
----

Fuente: Elaboración propia con cifras de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Rojo difuso y azul pálido 187

Gráfica 4 Curules obtenidas en Asambleas departamentales 1991 - 2000

60
w 50
"""')

~ 40
z
w 30
O
o::: 20
O
a.. 10

O
1991 1994 1997 2000
AÑO

f. El Partido en las elecciones municipales


En lo referente a las alcaldías, la diferencia no ha sido tanta como en el caso de las
gobernaciones, aunque la mayoría sigue siendo liberal y es abrumadora en el caso
de las regiones como la Atlántica y Orinoquía (66(1<, en promedio) e incluso en
Occidente (44,2%). Curiosamente en los municipios inferiores a cinco mil habitan-
tes el partido no fue mayoritario (36,6% contra un 46,8 del Partido Conservador).
En las elecciones de 1997 además aumentó el abstencionismo, debido en parte a los
factores de violencia, pero eso no afectó porcentualmente a los liberales demasiado.
En las elecciones del 2000 se mantuvo el porcentaje en términos similares.
Si bien el partido se mantuvo por encima de otras colectividades hasta el año
1997, no ha presentado una línea de comportamiento única; dicho comporta-
miento ha oscilado considerablemente entre el 5CYYo y el 30%. En el año 2000 ce-
dió alcaldías frente a los independientes.

Cuadro 20 Resultado de las elecciones para alcaldías desde 1988 con PLC
- -----,---- ----

[ Año Total alcaldías Porcentaje


-----
-=l
1988 445 42,5
1990 527
I 52,3
1992 400 39,0
1994 495 47,9
1997 453 42,7
2000 361 33,0

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil. No se incluye a Bogotá.


1 88 David RolI

Gráfica 5 Resultado de las elecciones para alcaldías desde 1988 con PLC

60

50
40

30

20

10

o
1988 1990 1992 1994 1997 2000

g. El Partido en la capital

Alcaldías

Desde 1988 Yhasta el año 1992, la alcaldía de Bogotá se mantuvo en poder de alguno
de los dos partidos tradicionales. El Partido Liberal alcanzó este cargo en dos oportu-
nidades: la primera, en 1990 Ouan Martín Caicedo Ferrer) y la segunda, en 1992 Oai-
me Castro Castro). A partir de las siguientes elecciones se inauguró en Bogotá una
tendencia por e! voto independiente. Los candidatos liberales evitan ser identificados
con e! partido. Por ejemplo e! candidato liberal Enrique Peñalosa perdió contra el in-
dependiente Antanas Mockus en 1994, así que decidió presentarse como indepen-
diente en 1997 y triunfó. María Emma Mejía, directora fundadora de! Instituto de
Pensamiento Liberal y excandidata a la vicepresidencia por e! partido tampoco se
atrevió a presentarse como liberal para la elección del 2000. Se presentó como inde-
pendiente y fue vencida por e! exalcalde Antanas Mockus, a pesar de que éste había
renunciado a la alcaldía anterior para lanzarse como candidato presidencial. Es un he-
cho irrebatible que Bogotá sólo acepta candidatos no vinculados a los partidos, y en
tal medida ese es ya un espacio vedado al Partido liberal.
Rojo difuso y azul pálido 189

Cuadro 21 Votación obtenida por Partido a la alcaldía 1988-2000

~ ... Candidato Partido


Número
Total
de votos
1988 ! Andrés Pastrana Conservador 328.657
Juan Martín Caicedo Liberal 240.458
Carlos Ossa Escobar 218.724
María Eugenia Rojas 102.525
943.990 I

1990 Juan Martín Caicedo Liberal 597.295


Hernán Vallejo Mejía Conservador 206.959
Carlos Pizarro 70.901
915.406
1992 Jaime Castro Castro Liberal 312.803
Juan Diego Jaramillo Conservador 107.186
582.749 !

1994 Antanas Mockus 492.389


Enrique Peñalosa Liberal 229.835
Carlos Moreno De Caro Conservador 229.835
787.874
1997 Enrique Peñalosa 619.086
Carlos Moreno de Caro 397.147
Antonio Galán 61.828
Juan Carlos Flórez 38.662
1.318.661
2000 : Antanas Mockus 681.017
I María Emma Mejía 536.989
l~aUd¡" de Ca,,"lano,
William Vinasco Ch. Conservador
175.855
63.238
¡

Jaime J aramillo 46.834


_ 1.501.933
- ---- -

I':Iaboraciún propia, con cifras obtenidas de Bejarano, ¡\na María y Dávila, Andrés
i"Uflltf:
(compiladores), ob. cit.

El Partido en el Concejo

Lo que el partido dejó de lograr en la alcaldía, lo obtuvo en el Concejo por lo me-


nos hasta el año 1997, fecha hasta la cual mantenía el control en un 50% (se puede
observar que, de una tendencia al ascenso desde 1988 hasta 1997, el Partido Libe-
ral se va repentinamente en picada). Con las elecciones del 29 de Octubre de
2000, es perceptible la extensión del voto independiente al concejo; el arrebato de
curules de los independientes hacia los liberales, apenas está comenzando.
1 90 David RolI

Cuadro 22 Votación para el Concejo de Bogotá - Partido Liberal

Año Elegidos del Partido r--% I Votación obtenida


1988 9 45,0
1990 11 55,0 378.576
1992 15 53,5 203.057
1994 18 52,9 213.133
1997 19 47,5 204.886
2000 11 26,2 _J
395.361

ruente: Registraduría Nacional del Estado Civil.


* No se encontraron cifras para el año en cuestión.

El Partido en las Juntas Administradoras Locales 62

El Partido Liberal también tiene preeminencia en las Juntas Administradoras Lo-


cales de Bogotá, aunque debe reconocerse que otorgan los avales para tal elección
de una forma indiscriminada ú '. En las Juntas Administradoras Locales se ve un
control en algunas localidades y una mínima participación en otras. En el conjun-
to de la ciudad se presenta la misma tendencia que en el Concejo; un ascenso has-
ta 1997 que de repente declina en el 2000.

62. Con el decreto 1333 de 1986 se materiali7:ó la posibilidad de que todos los Municipios dividie-
ran su territorio en localidades para facilitar su administración e impulsar los procesos de des-
centralización. Posteriormente en la reforma constitucional de 1991 se consolidaron las Juntas
Administradoras Locales -JAT~ como ente de participación política y comunitaria. Se quería
que por medio de ellas el ciudadano pudiera controlar la gestión de quienes lo representan y
velar por sus intereses y los intereses de la comunidad en general. Específicamente en los
Artículos 318 y 323 de la Constitución Política de Colombia, y para el caso particular de Bogotá
el estatuto Orgánico en el decreto 1421 de 1992, se declara que la JA[" tiene el deber constitucio-
nal de promover el desarrollo integral de la comunidad, garanti7:ar mejores condiciones socioe-
conómicas y culturales para los habitantes, además de fomentar la participaci()11 de los
ciudadanos en las gestiones de la localidad. Así pues, en cada elección local, los ciudadanos
bogotanos eligen no sólo alcalde y concejales, sino también ediles de laJunta Administradora
Local a la que pertenezcan, según el barrio donde inscriban su cédula de ciudadanía.
63. En el caso de las JAL, los partidos políticos tradicionales otorgan avales indiscriminada-
mente, en especial el Partido Liberal Colombiano, que cuenta con mayor número de candida-
tos a edil avalados. Si bien esta estrategia busca obtener más escaños dentro de las J Al", altera
la representatividad.
Rojo difuso y azul pálido 191

Cuadro 23 Número de curules obtenidas para Juntas Administradoras


Locales OAL) en Bogotá - Partido Liberal

Año 1992 1994 1997 2000


Usaquén 3 7 5 5
Chapinero 1 4 3 2
Santa Fe 2 3 1 2
San Cristóbal 4 4 5 3
Usme 2 4 5 4
Tunjuelito 3 5 4 3
Bosa 1 5 3 2
Kennedy 3 6 6 3
Fontibón 5 6 3 4
Engativá 3 6 5 5
Suba 3 5 2 2
Barrios Unidos 3 3 3 3
Teusaquillo 3 3 3 1
Mártires 4 3 4 4
Antonio Nariño 4 6 3 3
Puente Aranda 4 7 6 4
Candelaria 2 5 2 3
Rafael Uribe 4 6 7 4
Ciudad Bolívar 5 9 9 8
Sumapaz 4 4 4 3
_ _ _ _ _ _ _ _J

Ftlente: Elaboración propia. Hay que tener en cuenta que el número total de ediles a elegir en
cada localidad es el siguiente: Usaquén 11, Chapinero 7, Santafé 7, San Cristóbal 11, Usmc 9,
Tunjuclito 9, Bosa 9, Kenncdy 11, [<ontib(·J1111, Engativá 11, Suba 11, Barrios Unidos 9, Teusa-
quillo 9, Los l\Iártires 7, Antonio Nariño 7, Puente Aranda 11, La Candelaria 7, Rafael Uribe
11, Ciudad Bolívar 11 y Sumapaz 7, las cifras de 1992-1994 y 1997 se obtuvieron de Bejarano,
Ana Maria y Dávila, Andres (compilador), ob. cit.

3. Funcionamiento del Partido liberal Colombiano


a. Estructura formal y funcionamiento interno

Mediante una consulta interna realizada en todo el país, el 10 de marzo de 2002 fue-
ron aprobados la plataforma ideológica, el código disciplinario y Jos estatutos que
rigen actualmente al Partido Liberal Colombiano M . En dichos estatutos se plantean
varios cambios respecto a los anteriores: inclusión de una carta de derechos funda-
mentales, garantías y deberes de los miembros, Jos mecanismos para su protección,
normas de democracia interna, selección de candidatos y directorios por medio de

64. Esto fue el resultado de un proceso iniciado en el Congreso Ideológico de Rionegro (Antio-
(luia) de 1997, el cual tuvo continuidad con la Convenci<·J11 de 1998, con el establecimiento de
cabildos territoriales y con la Asamblea Nacional Constituyente de 2001. El resultado de esta
Consulta fue de 2.566.129 votos aprobatorios.
192 David RolI

la Consulta Popular Interna, a su vez, la prohibición de la doble militancia, exigen-


cia de bancadas en corporaciones de elección popular, creación del Sistema Nacio-
nal de Planeación Participativa (constituida por consejos y foros programáticos en
todos niveles), entre otros.
Igualmente, según los estatutos, los órganos directivos y de gestión del parti-
do a nivel nacional, están compuestos por: el Congreso Nacional del Partido, la
Dirección Nacional y, adjunta, cuando la hay, la bancada parlamentaria, el Conse-
jo Político Nacional, el Instituto de Pensamiento Liberal, la Secretaría General, las
secretarías ejecutivas, las secretarías de participación y las secretarías temáticas, la
Tesorería General, El Consejo programático Nacional y el Foro Programático
Nacional. En los otros niveles (departamento, distrito capital, municipio y local),
esta organización se reproduce.
El Congreso Nacional del Partido es su máxima autoridad y está integrado
por expresidentes de la República, la Dirección Liberal Nacional, la Comisión po-
lítica central, congresistas en ejercicio, el secretario general, el tesorero general,
exministros de Estado, exmagistrados de las altas cortes, exmiembros de la Direc-
ción Liberal Nacional, diputados en ejercicio, concejales de Bogotá en ejercicio,
presidentes y vicepresidentes de los concejos capitales y de municipios de más de
20.000 habitantes, integrantes del Consejo Programático Nacional, directores de
diarios liberales, directores de cadenas radiales y televisivas afiliados al partido,
mujeres afiliadas, representantes de las conferencias sindicales, asociaciones de
empleadores, representantes universitarios y representantes de organizaciones de
campesinos. Existen también Asambleas y Directorios Departamentales, Munici-
pales, del Distrito Capital y locales en los estatutos, pero rara vez se llevan a cabo.
La Dirección Nacional puede ser única o plural; esta última se compone de
diez miembnjs de los cuales cinco son representantes de sectores políticos, tres de
sectores sociales (uno de ellos será representante de los jóvenes) y dos de sectores
abiertos; esta conformación aplica igualmente para los Directorios Departamenta-
les, municipales y locales. Las Asambleas Departamentales, municipales y del Dis-
trito de Bogotá son la máxima autoridad del partido en cada circunscripción; sus
funciones son definir la acción política a seguir, autorizar coaliciones, elegir el tribu-
nal seccional de garantías, proclamar candidato a la gobernación y alcaldía, etc.
Entre los órganos de control del partido se encuentran, el Tribunal Nacional
de Garantías y los Tribunales Seccionales de Garantías, el Tribunal Nacional Dis-
ciplinario y los tribunales seccionales Disciplinarios, la Veeduría del partido y De-
fensoría del Afiliado, la Comisión de Control Programático, la Revisoría Fiscal y
la Auditoría Interna.
En la realidad del partido, la antigua Convención ha comenzado siempre por
desconocer los estatutos para permitir la negociación sin cortapisas y luego se to-
man las decisiones según las fuerzas políticas. Por aclamación se elige un director,
y normalmente es éste quien toma todas las decisiones en la burocracia del parti-
do, negociando con los parlamentarios que dominan las convenciones.
Rojo difuso y azul pálido 193

Cuadro 24 Características de la estructura interna del PLC

Tipo de relaciones Hay subordinación de todos respecto de la Di-


entre los órganos internos rección Nacional.
Órganos según ámbito Direcciones Departamentales, Municipales y
territorial locales (oficiales e informales)
I

Órganos según función Congreso Nacional


Dirección Nacional (o director)
Dirección Adjunta
Comisión Política Central
Tipo de Estructura Piramidal- personalista-parlamentarista.
Estabilidad de la estructura II Cambió en 1963, variación en 1978, y
variación con los nuevos estatutos en e! I

2002
1 '_J
Los que mandan en el Partido Liberal son los congresistas, especialmente los
senadoresú'i. Se puede constituir una Comisión Política Central que transmita la
voluntad de los congresistas a la Dirección N acional, pero no siempre existe, y de
todos modos el poder lo ejercen directamente los congresistas a través de la Junta
de Parlamentarios Liberales, que se reúne cuando quieren en e! recinto de! Con-
greso y transmiten sus decisiones al Director Nacional o a la Dirección Nacional.
El Director Nacional normalmente es e! personaje con más poder en e! parti-
do y tiene mucha incidencia en las decisiones, pero eso varía de acuerdo con las
circunstancias. Por ejemplo, Horacio Serpa, en las elecciones de 1998 dejó el car-
go para facilitar e! proceso de la Constituyente Liberal, nombrando en su reem-
plazo unos directores adjuntos, todos congresistas, cuyo presidente fue un
importante senador del partido, Luis Guillermo Vélez. La importancia de la figu-
ra de Horacio Serpa en e! partido ha sido innegable, sus decisiones tienen mucho
peso, pues la mayoría de los congresistas liberales lo respaldan y públicamente si-
gue siendo la cabeza visible de! partido. A pesar de su perdida en e! 2002 parece
que seguirá al frente de! partido.
También son los congresistas los que dominan las convenciones, a las que se
llega con prácticamente todas las decisiones tomadas en reuniones previas. No
obstante, algunos temas se salen de las manos, y los miembros no parlamentarios

65. En lo referente a organización del partido han sido de particular importancia las entrevistas
hechas a Eduardo Verano de la Rosa (Secretario General del Partido), Rafael Guarín (Secreta-
rio General de la Constituyente Liberal), Juan Fernando Londoño (Secretario General del
Instituto de Pemamiento Liberal) y Huber Ariza, asesor principal de Horacio Serpa, y Fer-
nando Jordán, Dm:ctor del Instituto del pensamiento Liberal.
192 David RolI

la Consulta Popular Interna, a su vez, la prohibición de la doble militancia, exigen-


cia de bancadas en corporaciones de elección popular, creación del Sistema Nacio-
nal de Planeación Participativa (constituida por consejos y foros programáticos en
todos niveles), entre otros.
Igualmente, según los estatutos, los órganos directivos y de gestión del parti-
do a nivel nacional, están compuestos por: el Congreso Nacional del Partido, la
Dirección Nacional y, adjunta, cuando la hay, la bancada parlamentaria, el Conse-
jo Político Nacional, el Instituto de Pensamiento Liberal, la Secretaría General, las
secretarías ejecutivas, las secretarías de participación y las secretarías temáticas, la
Tesorería General, El Consejo programático Nacional y el Foro Programático
Nacional. En los otros niveles (departamento, distrito capital, municipio y local),
esta organización se reproduce.
El Congreso Nacional del Partido es su máxima autoridad y está integrado
por expresidentes de la República, la Dirección Liberal Nacional, la Comisión po-
lítica central, congresistas en ejercicio, el secretario general, el tesorero general,
exministros de Estado, exmagistrados de las altas cortes, exmiembros de la Direc-
ción Liberal Nacional, diputados en ejercicio, concejales de Bogotá en ejercicio,
presidentes y vicepresidentes de los concejos capitales y de municipios de más de
20.000 habitantes, integrantes del Consejo Programático Nacional, directores de
diarios liberales, directores de cadenas radiales y televisivas afiliados al partido,
mujeres afiliadas, representantes de las conferencias sindicales, asociaciones de
empleadores, representantes universitarios y representantes de organizaciones de
campesinos. Existen también Asambleas y Directorios Departamentales, Munici-
pales, del Distrito Capital y locales en los estatutos, pero rara vez se llevan a cabo.
La Dirección Nacional puede ser única o plural; esta última se compone de
diez miembros de los cuales cinco son representantes de sectores políticos, tres de
sectores sociales (uno de ellos será representante de los jóvenes) y dos de sectores
abiertos; esta conformación aplica igualmente para los Directorios Departamenta-
les, municipales y locales. Las Asambleas Departamentales, municipales y del Dis-
trito de Bogotá son la máxima autoridad del partido en cada circunscripción; sus
funciones son definir la acción política a seguir, autorizar coaliciones, elq.,rir el tribu-
nal seccional de garantías, proclamar candidato a la gobernación y alcaldía, etc.
Entre los órganos de control del partido se encuentran, el Tribunal Nacional
de Garantías y los Tribunales Seccionales de Garantías, el Tribunal Nacional Dis-
ciplinario y los tribunales seccionales Disciplinarios, la Veeduría del partido y De-
fensoría del Afiliado, la Comisión de Control Programático, la Revisoría Fiscal y
la Auditoría Interna.
En la realidad del partido, la antigua Convención ha comenzado siempre por
desconocer los estatutos para permitir la negociación sin cortapisas y luego se to-
man las decisiones según las fuerzas políticas. Por aclamación se elige un director,
y normalmente es éste quien toma todas las decisiones en la burocracia del parti-
do, negociando con los parlamentarios que dominan las convenciones.
Rojo difuso y azul pálido 193

Cuadro 24 Características de la estructura interna de! PLC

Tipo de relaciones 1 Hay subor~inaci;~-de todos-r~specto d~~a D;-


entre los órganos internos I rección Nacional.
Órganos según ámbito Direcciones Departamentales, Municipales y
territorial locales (oficiales e informales)
Órganos según función Congreso Nacional
Dirección Nacional (o director)
Dirección Adjunta
Comisión Política Central
Tipo de Estructura Piramidal- personalista-parlamentarista.
Estabilidad de la estructura Cambió en 1963, variación en 1978, y
variación con los nuevos estatutos en e!
2002.

Los que mandan en e! Partido Liberal son los congresistas, especialmente los
senadores(¡'i. Se puede constituir una Comisión Política Central que transmita la
voluntad de los congresistas a la Dirección Nacional, pero no siempre existe, y de
todos modos el poder lo ejercen directamente los congresistas a través de la Junta
de Parlamentarios Liberales, que se reúne cuando quieren en e! recinto del Con-
greso y transmiten sus decisiones al Director Nacional o a la Dirección Nacional.
El Director Nacional normalmente es e! personaje con más poder en e! parti-
do y tiene mucha incidencia en las decisiones, pero eso varía de acuerdo con las
circunstancias. Por ejemplo, Horacio Serpa, en las elecciones de 1998 dejó e! car-
go para facilitar el proceso de la Constituyente Liberal, nombrando en su reem-
plazo unos directores adjuntos, todos congresistas, cuyo presidente fue un
importante senador del partido, Luis Guillermo Vélez. La importancia de la figu-
ra de Horacio Serpa en e! partido ha sido innegable, sus decisiones tienen mucho
peso, pues la mayoría de los congresistas liberales lo respaldan y públicamente si-
gue siendo la cabeza visible de! partido. A pesar de su perdida en e! 2002 parece
que seguirá al frente del partido.
También son los congresistas los que dominan las convenciones, a las que se
llega con prácticamente todas las decisiones tomadas en reuniones previas. No
obstante, algunos temas se salen de las manos, y los miembros no parlamentarios

(,5. En lo referente a organizaci(m del partido han sido de particular importancia las entrevistas
hechas a Eduardo Verano de la Rosa (Secretario General del Partido), Rafael Guarín (Secreta-
rio General de la Constituyente Liberal), Juan Fernando Londoño (Secretario General del
Instituto de Pensamiento Liberal) y Huber Ariza, asesor principal de Horacio Serpa, y Fer-
nando Jordán, Director del Instituto del pensamiento Liberal.
194 David RolI

de la convención logran imponer en ocasiones sus propuestas, aun con oposición


de los congresistas. Tal cosa sucedió en la convención ordinaria de 1995, en la que
logró evitarse la derogación del código de ética, que suponía la expulsión del par-
tido de miembros condenados por algún delito; efectivamente, muchos congre-
sistas, algunos de ellos "vacas sagradas" del partido fueron expulsados luego.
Los congresistas representan los poderes regionales de los partidos. Son,
prácticamente la cabeza de una especie de partido independiente, con una bien
estructurada red de influencia electoral en los departamentos y los municipios. La
mayoría de los miembros de los concejos municipales y asambleas departamenta-
les dependen de estos jefes políticos, y algunos representantes a la cámara son
sencillamente los segundos en el grupo de un senador poderoso. La elección po-
pular de alcaldes que comenzó en 1988 supuso un revés para estos "caciques",
pero pronto recuperaron el control a través de hábiles alianzas. Luego la Consti-
tución de 1991 introdujo normas para disminuir su poder, pero el efecto ha sido
relativo, aunque algunos se han visto afectados. La eliminación de los auxilios par-
lamentarios fue reemplazada por otras formas legales de negociación con los bie-
nes del Estado en beneficio de las regiones con fines electorales y, como se
explicó, la circunscripción nacional para el Senado no tuvo el efecto buscado por-
que los congresistas se las arreglaron para conseguir los votos suficientes en uno
o dos departamentos de su influencia.
El grado de obediencia de los congresistas al partido en estas circunstancias
es muy bajo y varía de situación en situación. Especialmente desde 1998, tras la
derrota electoral en las elecciones presidenciales, muchos liberales fueron coop-
tados por el presidente conservador a través de cargos burocráticos y otras dádi-
vas que se le facilitan al ejecutivo (situación a la que los habían acostumbrado
sobre todo los tres últimos presidentes liberales). Se puede decir que el congresis-
ta liberal sin embargo, no se vende, sino que cuando mucho se alquila. Bien puede
estar apoyando la preclusión del proceso contra el presidente liberal Samper por
la entrada de dineros del narcotráfico a su campaña, como apoyando una reforma
constitucional del presidente conservador Pastrana o anunciando la inclusión de
una revocatoria presidencial en un referendo propuesto por éste. La filigrana de
estas negociaciones es uno de los factores esenciales de la dinámica política, pero
está aún por investigar ó6 •
La coalición dominante en el Partido Liberal siempre se ha caracterizado por
grupos de personalidades selectas y sus seguidores. Así, tras el asesinato de Jorge

66. "La política realmente se juega en lo regional, en lo nacional se juega solo la clecciún presiden-
cial y ésta, a su vez, también depende de la fuerza del partido en las regiones. Los motivos de
la votación en la región no son totalmente claros; aun cuando la existencia del clientelismo es
innegable, existen otros tipos de lazos y nexos que aun 110 han sido suficientemente estudia-
dos y, por lo tanto, es imposible describir eon exactitud". Entrevista realizada a Juan Fer-
nando Londoño, Secretario general del Instituto del pensamiento 1jbcral Colombiano v
exdirector de juventudes, mayo de 1999.
Rojo difuso y azul pálido 195
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - ~-~-~-~.~---

Eliécer Gaitán y la consiguiente violencia, el Partido Liberal sufrió un gran trau-


ma, del que solo se recuperó durante el Frente Nacional (1957). Precisamente, los
líderes que asumieron la vocería del Partido Liberal en esas épocas difíciles y que
luego pactaron el Frente Nacional, pasaron a ser la cúpula de la primera coalición
dominante de los últimos cincuenta años. Ésta estaba constituida ante todo por
los expresidentes Alfonso López Pumarejo y Eduardo Santos, así como por el ex-
candidato Darío Echandía; pero era dominada básicamente por quien fue el pri-
mer presidente liberal del Frente Nacional y artífice de este pacto, Alberto Lleras.
Estaban también allí Carlos Lleras, Julio César Turbay y Alfonso López Michel-
sen, que hacían la fila para presidentes y, efectivamente, lo fueron.
En ese entonces, las jefaturas regionales, segundo escalón en la pirámide, de-
pendían de ellos eran leales a estos jefes, pues decidían tanto convenciones como
candidaturas y listas electorales. Con el tiempo, esos jefes regionales fueron ad-
quiriendo fuerza y comenzaron a independizarse, especialmente cuando sus ca-
bezas llegaron a la presidencia y no quedó ningún jefe natural visible en el
horizonte con suficiente poder para imponerse. Estaban Hernando Durán Dus-
sán, Virgilio Barco y Augusto Espinoza Valderrama, pero no se comparaban en
poder con los tres anteriores. Los líderes regionales comenzaron a disputarse en-
tre ellos, lo que creó un problema para la candidatura a la presidencia del partido,
hasta que se llegó a una solución de compromiso y se eligió a Virgilio Barco.
Pero ya la desmembración de la coalición había comenzado y estaba surgien-
do una nueva clase política que no heredaba a la anterior, porque sus jefes estaban
vivos yesos líderes nuevos querían en cierta forma independizarse de ellos. Fue
así como algunos de estos, entre ellos Alberto Santofimio, Espinoza, Dussán,
Diego Uribe Vargas, Ernesto Samper, María Helena de Coba, lograron cambiar
los estatutos del partido para darles el poder a los parlamentarios y quitárselo a los
jefes naturales. Como expuso Fernando Jordan, director del Instituto de Pensa-
miento Liberal, realmente también estos jefes querían dejar espacio a los nuevos
liderazgos.
Pero no apareció una nueva coalición dominante que organizara el partido:
los presidentes no lograron la reelección y se retiraron, y los que venían en segun-
do lugar fueron obstaculizados, y además aparecieron fuerzas extrañas en los
años ochenta, como la violencia y el narcotráfico, que empañaron la lucha política
del partido. En ese contexto, el partido quedo en manos de una gran cantidad de
líderes que no obedecían a nadie, salvo en coyunturas. El asesinato de Luis Carlos
Galán, que hizo posible la candidatura de Cesar Gaviria, desplazó también a una
gran parte de la clase política que estaba en fila india para los cargos, pues la acti-
tud de Gaviria fue la de nombrar a personal muy joven más vinculado a él que al
partido (el "kinder"), con lo cual se desarticuló más aún el partido. Así, los que
mandan ya no son lideres con un gran cuerpo de votantes, como antes sucedía
con los lideres regionales, sino unos senadores que no representan ni el1 % del to-
tal de votantes. Aún hay líderes como Juan Martín Caicedo, Piedad Córdoba o
196 David RolI

Vivian Morales, entre otros, que son muy importantes, pero no tienen ese gran
poder de los líderes regionales de antes. De hecho, el primero quedó por fuera en
las últimas elecciones, la segunda también y a la última no se presentó.
Hoy en día, aunque se habla de socialdemócratas y neoliberales, en el fondo
se alude a serpistas y gaviristas, pues la mayor parte de las divisiones no tienen un
origen ideológico sino que más bien los líderes se valen de esa distinción para ata-
car al contrincante. Siendo el Congreso el centro del partido, en la práctica, las di-
visiones allí tienen más importancia que las externas. Así, en el último gobierno,
los liberales en el congreso se habían dividido en "colaboracionistas" (quienes co-
laboraban con el gobierno conservador) y "oficialistas", quienes siguían los linea-
mientos del partido, especialmente los de Serpa, pero éstos no son grupos fijos en
absoluto.
El problema fundamental de esa etapa del partido, tras la derrota presiden-
cial de 1998, fue definir lo que supone reorganizar el partido, pues mientras para
unos era sencillamente "aceitar las maquinarias electorales" y llamar a orden a los
colaboracionistas, para otros suponía reestructurar el partido radicalmente. Estos
últimos lograron convencer, gracias a la derrota electoral, a importantes miem-
bros del partido de la necesidad de adelantar una Constituyente Liberal, incluido
al propio Serpa, quien le dió todo su apoyo, cuidándose de no parecer que fuera
"su constituyente". Por ello, en parte renunció a la Dirección Nacional del Parti-
do y estuvo de acuerdo con el ingreso de Juan Manuel Santos a la misma.
De alguna forma, la Constituyente fue un contrapunteo entre gruposC,7: de
un lado, una parte importante de los congresistas liberales y otros sectores tradi-
cionales de la política y, del otro, un grupo de personas con ideas de renovación
en la burocracia del partido (apoyadas por Serpa y por congresistas liberales pro-
gresistas). Pero también hay grupos como el de Santos que, sin estar en ninguno
de los dos lados, entró en el proceso de reforma con sus propias reglas.
A pesar de haber sido aprobados estos nuevos estatutos, el verdadero reto
viene a partir de ese momento: es necesario que esa transformación trascienda del
papel a los hechos. Como el mismo Secretario del Partido lo ha afirmado, además

67. Como lo expuso Rafael Guarín (Secretario General de la Constituyente) en una entrevista:
"la Constituyente Liberal surge como una propuesta de reforma a la estructura del partido, es
una opción diferente de lo que contemplan los estatutos. Lo que se pretende es acudir directa-
mente al pueblo liberal como constituyente primario para que convoque una asamblea consti-
tuyente liberal. El proceso ha sido muy accidentado, porque cambiar las reglas del juego de
un partido no es nada fácil, más aun con la división política que existe actualmente, entre
aquellos que apoyan el gobierno y aquellos que se le oponen. Sin embargo, a principios del
2000 la constituyente tuvo un fuerte impulso, por la entrada de congresistas a apoyar el pro-
ceso. En especial fueron claves el acuerdo con Juan Manuel Santos, el respaldo de Álvaro
Uribe Vélez, el apoyo de exministros y organizaciones sociales. Pero ha perdido protago-
nismo por la propuesta de referéndum nacional, así que será necesario convocar una conven-
ción para desentraharla. Ojalá sea posible porque si el partido no lo hace, ya se tiene
conciencia de que no podrá sobrevivir a este nuevo siglo, pues no podrá responder ni a la diná-
mica de la política interna, ni a las exigencias de la política en el mundo hoy".
Rojo difuso y azul pálido 197

de esos procesos internos, se requiere que el legislador proporcione instrumentos


normativos para esa reestructuración(lK.
El triunfo de Uribe en el 2002 supondrá un gran cambio en todo este proce-
so, algunos lo ven como una recurrente histórica cíclica: el triunfo de la derecha li-
beral sobre el ala izquierda, pero aún es pronto para ser aseveraciones. Como se
expuso, Serpa seguirá al frente del partido y no hará oposición a Uribe, por lo me-
nos así lo ha expresado formalmente.

Cuadro 25 Características del funcionamiento interno del PLC

Proceso de elección de los candi- Consulta Popular Interna


datos a Presidente y Vicepresiden-
te de la República
Proceso de elección de los candi- El aval lo da la Dirección Nacional del
datos al Poder Legislativo partido sin proceso de elección.
Definición de las políticas del Lo define el director del momento, con la
partido anuenCla de los parlamentarios del
partido.
Formulación y reforma del progra- Normalmente en una Convención, pero
ma, la declaración de principios y de I de manera extraordinaria se hizo por
los Estatutos del Partido Constituyente (debate, redacción y con-
sulta a las bases).
Elección de los candidatos Los candidatos se autoligen y la dirección
respectiva decide si darles o no el aval. En
ciertos niveles se le da a quien lo pida.
Estrategia del Partido Depende de la coyuntura, normalmente
del jefe único con su equipo.

J 'uente: Elaboración propia.

b. Elección de dirigentes partidistas y candidatos de elección popular


Según los nuevos estatutos, los candidatos a la presidencia se eligen por medio de la
Consulta Popular Interna. En la Convención de 1989 se aprobó la consulta popular
para elección del candidato liberal a la presidencia, siendo César Gaviria el primer

68. Entrevista del autor con Eduardo Verano de la Rosa el 16 de febrero de 200!.
198 David RolI

presidente liberal elegido, realizada en 199069 . Para las siguientes elecciones tam-
bién se hizo consulta tras la convención extraordinaria de 1994 y la ganó Ernesto
Samper (48,21%), quien luego fue elegido presidente 70 • Se va a consulta si hay
un acuerdo entre precandidatos y la Dirección Nacional, y si no lo hay, se va a
convención. Para las últimas elecciones presidenciales no hubo tal acuerdo yalgu-
nos de los precandidatos ni siquiera fueron a la convención, dejando sólo dos
para elegir, uno de los cuales renunció en favor del otro, Horacio Serpa, que per-
dió las elecciones. Es probable que la falta de acuerdo y la no realización de la
consulta, hayan causado en parte la pérdida de las elecciones, tratándose de un
partido fragmentado.

En cuanto a la elección de cargos a elección popular, como se ha institucio-


nalizado la operación avispa (proliferación de listas para ganar por residuo), el
partido tiene una gran flexibilidad para expedir los avales. Según los actuales esta-
tutos, son requisitos para adquirir el aval del partido ser militante por lo menos
con un año de antelación a la solicitud, comprometerse a desarrollar el programa
del partido si llegara a ser elegido, respaldar a los candidatos únicos a cargo de
elección popular, no tener ninguna inhabilidad para ser elegido y no estar afiliado
a otra organización política con personería jurídica del Consejo Nacional Electo-
ral. El único criterio en realidad es pertenecer al partido, para lo cual inclusive los
candidatos se carnetizan el mismo día que se inscriben como candidatos (para
corporaciones públicas). En elecciones de gobernadores, alcaldes y otros cargos
de elección popular, los avales los otorgan los respectivos directorios.
A pesar de que el partido está legitimado para dar avales para todas las elec-
ciones, delega esa función en los congresistas debido a su falta de organización en
los departamentos y municipios. Éstos suele tener "casas liberales" que son sus
propias sedes de campaña y negocian con los candidatos la entrega de avales a
cambio de apoyo político en las elecciones legislativas y presidenciales. Estas ca-
sas reemplazan en cierta forma a la organización del partido, pero no hay ningún
control sobre ellas. A pesar de esas redes, las diferentes normas de apertura políti-
ca desde el desmonte del Frente Nacional han roto algunos de esos vínculos (ya

69. Esa consulta se hizo el mismo día de las elecciones parlamentarias, y tenía como regla que
fuera la mayoría absoluta la que escogiera los candidatos, y (jue se declaraba nula si alcanzaba
en más de un 5% los votos de las listas liberales en el Congreso (para evitar boicot por otros
partidos). Antes, la elección se hacía en las convenciones, donde dominaban los políticos de
carrera, aunque se coloreaba con representantes de juventudes, etc. Finalmente los candida-
tos pactaron la mayoría relativa, lo que hizo renunciar a algunos, pero Gaviria obtuvo más del
50 0A, de todos modos.
70. También se pacto la mayoría simple. Especialmente la elección por consulta popular del can-
didato liberal a la presidencia en 1994 rompió la estructura piramidal que definía la elección
del candidato presidencial anteriormente y que tenía como su primer escalón a los jefes regio-
nales, seguidos de los jefes nacionales. Este cambio representó un fuerte remezón en las
estructuras de poder del partido. fintrevista realizada a Juan Fernando Londoño, asesor del Insti-
tuto de Pensamiento Liberal, mayo 1999.
Rojo difuso y azul pálido 199

es más fácil crear partidos), y los diputados independientes en el partido buscan


crear su propio espacio presentándose directamente a pedir el aval del partido.

c. Organizaciones de voluntarios del PLC

Como parte de su proceso de modernización, el Partido Liberal Colombiano, PLC


impulsó una reforma con el fin de adaptar su organización a los postulados de la so-
cialdemocracia, enfrentar con éxito los desafíos del siglo que inicia y adelantar un pro-
yecto de renovación interna y apertura a los sectores sociales.
La discusión sobre la modernización del partido se prolongó por cerca de
dos años en múltiples foros y eventos preparatorios de la Asamblea Liberal Cons-
tituyente, celebrada entre el15 y 17 de Septiembre de 2000 en el Capitolio Nacio-
nal de Bogotá.
El desarrollo del proceso consultivo se efectuó además en cada departamen-
to y el Distrito Capital a través de los Cabildos Liberales Constituyentes, de los
que podian ser parte todos los miembros del Partido. En esta etapa se inscribie-
ron más de 45.000 liberales para participar, a través de Internet, en el Cabildo Vir-
tual Constituyente, y cerca de 9.000 más lo hicieron en las sedes de las
Registradurías, Asambleas Departamentales, Consejos Municipales y Distritales y
en las Comisiones Preparatorias.
Los cabildos Constituyentes sesionaron entre el 2 Y9 de septiembre de 2000
en todas las ciudades capitales y con destino a la Asamblea Liberal Constituyente,
realizaron 99 documentos que contenían las propuestas de nuevos estatutos, có-
digo disciplinario y declaración ideológica".
En octubre de 2000 se publicaron los Documentos Básicos de la Transfor-
mación del Partido Liberal, los cuales condensan el proceso de modernización
del Partido, que se sometieron a ratificación en marzo de 2002.
Dentro de dicho proceso se contempla la apertura del Partido a los sectores
sociales, lo que supone una reorganización y fortalecimiento de las organizacio-
nes de base a partir de su definición estatutaria.
En este orden de ideas, el artículo 5 del Capítulo 2, Título 1, determina como
miembros del PL a "todos los colombianos por nacimiento o por adopción y las
organizaciones políticas, sociales, culturales y académicas que acepten las ideas li-
berales socialdemócratas y los principios generales señalados en el Preámbulo de
los Estatutos".
De otra parte, el Artículo 6 define como miembros simpatizantes "aquellos
colombianos liberales que se identifiquen con las ideas y tesis del partido, las defien-
da, y vote por los candidatos a cargos y corporaciones de elección popular que el
partido avale; y como miembros militantes a "los liberales, afiliados y carnetizados
que participen rebJUlarmente en las actividades partidistas: elecciones internas, fo-
ros, congresos ideológicos, actos públicos y que cumplan con las obligaciones
200 David RolI

establecidas en los Estatutos". Como parte definitoria de la membresía se prohíbe


la doble militancia71 •
Además de definir las condiciones de membresía del partido, los nuevos Estatu-
tos incluyen a las organízaciones sectoriales: jóvenes, mujeres, organizaciones sindi-
cales y de pensionados, organízaciones de campesinos, organízaciones sociales y de
base y minorías étnícas dentro de su constitución orgáníca72 •
Tal inclusión comporta dos efectos. En primer lugar, que en toda estructura
del partido deben participar todas las organizaciones mencionadas 73, para lo cual,
se instituye un principio de proporcionalidad por el cual todos los órganos plura-
les y colegiados de poder político del PL (Congreso Nacional, Dirección Nacio-
nal Liberal, DNL, Asambleas y Directorios Liberales Territoriales), deberán tener
el 30% de representación correspondiente a las organizaciones sectoriales. En se-
gundo lugar, que en todos los órganos plurales y colegiados del Partido, las muje-
res deberán representar por lo menos el 30% de su composición 74.
Las competencias otorgadas por los Estatutos a los sectores sociales bus-
can garantizar a los miembros del partido la libertad de participación en las de-
cisiones relativas a la orientación ideológica y programática del mismo en la
selección de sus autoridades y candidatos y en la fiscalización de sus directivas y
representantes, formando parte e interviniendo en todos los órganos.
Para el cumplimiento de sus funciones, en el Artículo 50 de los Estatutos se
establece que eli 0% del presupuesto anual del partido en cada nivel territorial de-
berá destinarse a eventos y actividades de estas organizaciones.
En el plano real, la apertura democrática, la participación social y la moderni-
zación distan mucho de las pretensiones estatutarias. Un acercamiento a las con-
diciones fácticas de constitución, organización y funcionamiento de las
denominadas organizaciones sectoriales demuestra tal afirmación 75 .

71. Artículo 7, Capítulo 1I, Título I.


72. Artículos 49 y 50 del Capítulo XI.
73. Artículo 16, Capítulo Il, Título II!.
74. Artículo 17, Capítulo III, Título IIl.
75. Para el estudio de las bases del Partido Jjberal Colombiano, se seleccionaron tres grupos represen-
tativos: juventudes, mujeres, y organizaciones sociales pertenecientes ajuntas de Acción Comu-
nal, sindicatos, comité de usuarios del UPAC y gremios de profesionales.
Las personas entrevistadas pertenecen a las siguientes organizaciones: Madres Comunitarias
Localidad 19, Movimiento Nacional de la Mujer, Fundación Nueva Estrategia, Ola Roja,
Juventudes por Serpa, CTC, CGTD, Asociación Nueva Colombia, Sindicato del ISS, Juntas
de Acción Comunal: Barrios Veraguas, Luna Park, Mártires, Benjamín Herrera y Mandalay,
ASOJUNTAS Madrid (Cundinamarca), Comité de Usuarios del UPAC.
Para el abordaje de la investigación se realizó una aproximación exploratoria al objeto en estu-
dio, tras la cual se determinó un conjunto de 10 variables: temporalidad, vinculación, estruc-
tura y composición, funcionamiento, participación, relación organizaciones de base-DNL,
conocimiento ideológico, identificación ideológica, evaluación de gestión, expectativas; cada
una de las cuales está acompañada de una o más hipótesis explicativas e indicadores de com-
portamiento.
Rojo difuso y azul pálido 201

Organización Nacional de Juventudes Liberales

Aunque la participación de los jóvenes fue contemplada en los estatutos y en la


actividad partidista precedente, los orígenes de las actuales Juventudes Liberales
se ubican en la campaña presidencial de Horacio Serpa Uribe para el período
1998-2002. Entonces surgió la idea de formalizar a las Juventudes Serpistas como
institución de carácter permanente dentro del partido.
Definidas por el Capítulo XII de los nuevos estatutos como el sistema nacio-
nal de participación de los jóvenes afiliados al partido, la Organización Nacional
de Juventudes Liberales se compone por el Congreso Nacional de Juventudes Li-
berales, los Consejos Municipales de Juventudes Liberales, las Asambleas Depar-
tamentales de Juventudes Liberales, el Parlamento Nacional de Juventudes
Liberales, las Secretarías de Juventudes Liberales en todos los niveles territoriales
y todas las representaciones juveniles ante los diferentes órganos del Partido 76.
Cabe destacar que, según lo estipulado en los estatutos, la elección de los re-
presentantes para cada una de las instancias antes mencionadas se realiza por voto
directo de los jóvenes afiliados cuyos requisitos para formar parte de la organiza-
ción son la membresía del partido y tener entre los 18 y los 26 años de edad.
En octubre de 2000, se decretaron como funciones de la Organización Na-
cional de Juventudes Liberales: 1. La expedición de sus estatutos en concordancia
con los estatutos del partido a través del Congreso Nacional de Juventudes; 2. El
estudio de la coyuntura política, departamental y nacional dando a conocer sus
conclusiones a los Directorios Liberales respectivos; 3. La formación de líderes
renovadores con ideología liberal socialdemócrata; 4. La creación y dirección de
la niñez liberal; 5. La promoción de procesos de formación, capacitación política
y académica en coordinación con el Instituto de Pensamiento Liberal, de todos
las miembros de la organización y 6. La vigilancia por la buena representación y la
excelencia del trabajo político 77 •
Cerca de año y medio después de su constitución, la Organización Nacional
de Juventudes carece de estatutos propios que la reglamenten debido a las dificul-
tades para convocar a un Congreso Nacional. Esto ha dado lugar a la centraliza-
ción del poder en la Secretaría Nacional y en esta misma vía, a un marginamiento
de los niveles ret,rional y local.
Por otro lado, las Juventudes Liberales se caracterizan por su desarticulación
y por su incipiencia organizacional, en detrimento de la reglamentación formal
definida por el partido. Su estructura es precaria y fragmentada, no existen aún los
Consejos Municipales, las Asambleas Departamentales y el Parlamento Nacional
de Juventudes Liberales

76. Artículos 51 y 52, Capítulo XII, Título IV.


77. Artículo 54, Capítulo XII, Título IV.
202 David RolI

De esto se desprende que los esfuerzos por cumplir las funciones que le fue-
ron encargadas se reduzcan a la realización de algunos foros y seminarios de co-
yuntura política y a la formación de grupúsculos orientados por intereses
particulares, que si bien permiten visualizar algunos lideres, no logran aglutinar a
un colectivo liberal a partir de la socialización ideológica ni de otras actividades
partidistas.
El incumplimiento de las funciones estatutarias ha concentrado la actividad
de la Organización de Juventudes en los trabajos de campaña que hacen necesaria
una amplia convocatoria de las bases sociales; haciendo de su presencia dentro
del partido un acto nominal y contingente.
De esta suerte, la participación de las juventudes dentro del Partido Liberal
se reduce a los espacios de debate y disertación, excluyendo los de la deliberación
y a la toma de decisiones propia de los órganos plurales y colegiados de poder
partidista.
Finalmente, la tan nombrada renovación del partido adjudicada a las juven-
tudes es otro asunto cuestionable. La participación de personajes ligados profun-
damente a la política tradicional, denota las inconsistencias del proceso
modernizador. A ésta se suman la reproducción de los vicios de las antiguas gene-
raciones por parte de algunos de sus miembros: el nepotismo, la falta de compro-
miso y el predominio del interés particular sobre el colectivo, entre otras prácticas
indeseables.
Para la fecha la presente investigación, las Juventudes Liberales contaban
apenas con algunas secretarías en el nivel territorial y con un Director Nacional,
nombrado discrecionalmente. Tinían un exiguo poder de convocatoria, acción y
participación política. Pero sobre todo, carecen de un proyecto político aglutinan-
te, y prospectivo que sirviera como derrotero a las nuevas generaciones.
Así pues, queda todo por hacer. Existen unas Juventudes de estatuto, por re-
glamentar y consolidar en los diferentes niveles territoriales, que sean representa-
tivas, renovadoras, independientes y vinculadas con la realidad de los diferentes
sectores sociales.

Organización de Mujeres Liberales

La participación de las mujeres dentro del Partido Liberal ha sido un elemento


tradicional de la colectividad. Tal participación, sin embargo, ha estado destinada
a las labores de proselitismo político y trabajo comunitario, comportando un ca-
rácter funcional externo.
Los avances de la participación femenina dentro del partido han estado im-
pulsados por la labor de parlamentarias como María Piedad Córdoba, María Tere-
sa Uribe y Vivian Morales quienes, a partir de instrumentos como la ley de cuotas
Rojo difuso y azul pálido 203

y la inclusión de la organización de mujeres dentro de los Estatutos, hicieron visi-


ble e! trabajo de aquellas en e! partido.
En los Documentos para la Transformación de! Partido, las mujeres son arti-
culadas como organización sectorial del partido, estructuradas a través de Con-
gresos, Comisiones de Participación y Secretarías de Participación en todos los
niveles territoriales.
Además de la proporción de! 30% en la representación de los órganos plura-
les y colegiados de! partido, los Estatutos no tienen otras disposiciones respecto
de la organización de mujeres dejando sin piso su reglamentación y funciones.
Producto de! consenso, las mujeres liberales han estipulado como funciones
inherentes a su organización: 1. La capacitación politica para la mujer liberal. 2. La
reivindicación de la lucha de las mujeres liberales. 3. El acercamiento permanente
con la Internacional Socialista. 4. La participación permanente en la DNL. 5. La
práctica constante de los postulados partidistas 78.
A diferencia de las Juventudes Liberales, las mujeres carecen de una estructu-
ra reglamentada, de suerte que su organización responde a la adhesión de grupos
y organismos -originados por fuera de! Partido- en búsqueda de apoyo político
para la promoción de proyectos particulares.
A la precariedad organizacional se suman dificultades de distinto orden para
la consolidación de las Mujeres Liberales. Entre ellas se encuentran la parlamenta-
rización oe la estructura partidista, e! carácter embrionario de la participación de
la base, la ausencia del debate politico en equidad, el particularismo de los repre-
sentantes en los órganos plurales y colegiados y la escasa representatividad en los
m1smos.
En el campo de la participación, las mujeres cuentan con una amplia injeren-
cia en los aspectos programáticos de! partido, además de poseer una capacidad de
convocatoria policlasista significativa para la promoción política y demás eventos
partidistas. Sin embargo, la demanda por una mayor participación en el nive! deci-
sorio y presupuestal es generalizada.
Cabe destacar la ausencia de una politica de género que oriente e! accionar de
la organización de mujeres como institución intrapartidista y como proyecto ex-
tensible a la nación. Frente a esta carencia conviene hablar -para e! caso de! Parti-
do Liberal- de una sumatoria de pequeñas organizaciones que, o bien son
dirigidas por mujeres, o que en su mayoría están compuestas por mujeres y cuyos
objetivos están eventualmente orientados a la mujer.

78. Funciones atribuidas a la organización según testimonio de Luber Cabralcs, presidenta


del Movimiento Nacional de la Mujer, organi7-ación afiliada al Partido Liberal.
204 David Rol!

Organizaciones de voluntarios

Las organizaciones de voluntarios pueden entenderse como organizaciones sec-


toriales autónomas orientadas hacia fines específicos que tienen relaciones transi-
torias con el partido. Éstas se adhieren al partido en coyunturas específicas y
carecen de estructura, representación y poder decisorio permanentes. Organiza-
ciones como los sindicatos, las Juntas de Acción Comunal y los gremios de profe-
sionales se incluyen dentro de esta categoría.
Dentro de los Estatutos del Partido Liberal, las asociaciones de voluntarios
se incluyen como organizaciones sociales y de base con participación en la estruc-
tura partidista y una representación dentro del poder político correspondiente al
20%79. Además, cuentan con Secretarías de Participación en niveles nacional, de-
partamental y municipales suscritas al Directorio Territorial correspondiente, se-
gún lo estipulado en los Estatutos.
La trascendencia de las organizaciones de voluntarios radica en su potencial
electoral. Tal es el caso de las Juntas de Acción Comunal, cuyo protagonismo re-
ciente se remite a la campaña presidencial de Ernesto Samper, cuando emerge el
Movimiento Nacional Comunal y Comunitario.
En la actualidad, y tras la ruptura de las relaciones entre dicho movimiento y
el partido, se mantienen las relaciones de clientela entre el partido y los líderes co-
munales. En el caso del Distrito Capital, tal relación es amparada por la acción de
ediles y concejales con capacidad de movilización electoral importante.
Por su parte, los grupos de profesionales tienen una composición heterogé-
nea debido a las diferentes vinculaciones disciplinarias y a la extracción de clase
aunque comparten el ideario liberal y responden a los intereses de la organización
partidista.
Tales grupos detentan un carácter consultivo, siendo asesores del PL, en co-
yunturas electorales y no electorales, participando en la elaboración de los pro-
yectos adelantados por el partido. Así, se pueden ver representantes del PL como
negociadores ante una convocatoria de paro nacional, o en aspectos específicos
como la economía solidaria, el trabajo local de construcción de veedurías y apoyo
a los mecanismos de participación.

Conclusiones

De manera general, la investigación sobre bases del Partido Liberal arroja un


modo de relacionamiento determinado por los intereses electorales, ajeno a un
verdadero proceso de democratización y apertura, llegando a ser poco más que el
encubrimiento de los intereses tradicionales que buscan mantener la vieja hege-
monía de elite.

79. Artículo 17, Capítulo IlI, Título IlI.


Rojo difuso y azul pálido 205

Sumada al fenómeno anterior, se halla la notable debilidad de las organiza-


ciones de base. Algunas, carentes de una real autonomía funcional y presupuestal
como es el caso de las Mujeres y las juventudes. Otras, cuya independencia redun-
da en un mayor alejamiento del partido: sindicatos, ASOUPAC, y JAC. Pero en
general, todas ávidas de una participación permanente en los aspectos decisorios
de conformidad con lo establecido por los actuales estatutos.
Las juventudes del PL, han tenido una participación en aumento en la DNL.
No tienen, sin embargo, un grupo representativo capaz de proponer una verda-
dera renovación dentro del partido que logre eliminar los viejos vicios partidistas
desde donde se están ya estructurando las juventudes. En esta medida, resulta in-
dispensable que la Secretaría de juventudes, abandone su papel de trampolín para
la adquisición de status dentro del partido, y asuma las responsabilidades que ata-
ñen a la organización de un sector líder en la modernización del de la colectividad.
Por otra parte, la participación de las mujeres dentro del partido se reduce al
trabajo de tipo comunitario, teniendo una presencia no parlamentaria mínima
dentro de la DNL y sin haber nunca alcanzado grandes cargos dentro de ella. A
esto se agrega la inexistencia de una política, o al menos de un discurso de género.
Como en el caso de las demás organizaciones de base, su participación adquiere
importancia en las tareas proselitistas de las coyunturas electorales, dado su gran
poder de convocatoria.
Finalmente, no existe una organización de bases sociales consolidada; antes
bien, se observan unidades heterogéneas, desarticuladas y con relaciones de ex-
clusividad con el partido cuya suma no corresponde a la totalidad de una
organización.
La desarticulación de las bases sociales del Partido Liberal Colombiano es un
reflejo de la crisis sufrida en los niveles burocrático y directivo-organizacional de
esta misma corporación. A lo largo de la investigación se ha podido observar una
innegable disociación entre la DNL y los sectores sociales. De esta suerte, el úni-
co fenómeno aglutinador de dirigentes, afiliados y simpatizantes es la coyuntura
electoral. Sin embargo, dicha condensación corresponde a la sumatoria de intere-
ses individuales, antes que a un deseo de unificación ideológico o programático
por parte del colectivo partidista.
En este orden de ideas, vale decir que el tan publicitado proceso de renova-
ción y apertura del Partido Liberal, si bien recoge los deseos de democratización
de las organizaciones sociales, no logra traducir en el plano real dichas demandas.
De allí las denuncias de exclusión y clientelismo constituyentes, realizadas por al-
gunos de los entrevistados.
El divorcio entre la constitución formal y la realidad fáctica es, pues, evidente
en las organizaciones de voluntarios del PLC, a pesar del esfuerzo legislativo dis-
puesto en los Estatutos a ratificar ellO de Marzo orientado a su disciplinamiento,
democratización y modernización.
206 David Rol!

Gráfica 6 Bases del PLC.

Descripción bases Partido Liberal

Estructura

--<~~-------// l'~'~---'--~---~'~Bajo nivel


-'------.
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Fragmentadas
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personalidad lo electoral

- Desconocimiento 'j
[ ,_ de la ideología
Rojo difuso y azul pálido 207

4. Ideología

Se puede decir que el Partido Liberal es el partido que más poder ha tenido en
toda América Latina, pues lleva 150 años compitiendo por el poder; de ese lapso
la mayor parte del tiempo ha sido dominante, excepto la larga hegemonía conser-
vadora, el período de violencia, dos presidencias pactadas y dos presidencias en
competencia libre. Desde el fin del Frente Nacional hasta el momento actual, la
vida política nacional ha girado en buena medida en torno a este partido que, ha
obtenido el apoyo de amplios sectores populares y la mayor parte de las presiden-
cias y de las curules en los cuerpos colegiados, a la vez que ha sido actor central en
todos los momentos claves de la vida política nacional: Olimpo Radical en el siglo
XIX, modernización política en los años treinta, movimiento gaitanista en los
años cuarenta, "La Violencia" de los cincuenta, el Frente Nacional y su desmonte,
la guerra contra el narcotráfico, la Constitución de 1991, los primeros acuerdos de
paz con la guerrilla, la apertura económica, etc.
Es muy difícil establecer una línea programática consecuencial en los gobier-
nos liberales, incluso después del Frente Nacional. Cada líder llegaba con su pro-
yecto, más o menos audaz, más o menos progresista y lo aplicaba con
independencia de lo que el partido pudiese opinar. Obviamente, contaba con las
mayorías liberales en el Congreso, pero también tenía que pactar con ellas, como
debió hacerlo, por ejemplo, Carlos Lleras para hacer aprobar la Reforma Consti-
tucional de 1968, que fortaleció el presidencialismo. Así, los estatutos vigentes
hasta el 2002 consagraban una ideología pactada entre quienes dominaban la bu-
rocracia del partido entonces, los parlamentarios, pero sin ningún tipo de com-
promiso real hacia ella.
Oficialmente, el partido declaraba en el preámbulo de sus estatutos, ser el
partido del pueblo, por haber sido a través de toda la historia nacional fiel perso-
nero de las clases populares, y señalaba como su misión política la de construir
una sociedad más igualitaria y equilibrada. Consideraba que la igualdad y el equili-
brio en la sociedad dependen de una democracia representativa y participativa, y
que la participación es una condición necesaria para el respeto y desarrollo de los
derechos políticos y sociales. Enfáticamente, se afirmaba allí que el Estado es
quien debe dirigir la economía, intervenir en ella, planificarla y racionalizarla, ins-
pirado en el ánimo de elevar el nivel de vida de la población, en especial de las cla-
ses medias y el proletariado. Especifica que son también sus deberes garantizar la
igualdad de oportunidades económicas y sociales a través de la democratización
del acceso a los medios de producción, pero garantizando la libertad de empresa y
el derecho a la propiedad privada, en tanto cumplan la función social que les otor-
ga la Constitución.
Estos estatutos fueron reemplazados por los estatutos desarrollados a partir
de la Constituyente Liberal, cuando fueron refrendados por las bases del partido
mediante votación masiva en las elecciones parlamentarias del 2002. Esta especie
208 David RolI

de apelación al constituyente originario del partido fue precedida de un interesan-


te debate en comisiones y grupos sobre cuál debía ser la ideología del partido y
como debían ser sus nuevos estatutos HO . Quienes participaron en ella asumieron
con seriedad la tarea de transformar al partido, pero no está claro que constituyan
el poder real del mismo. De hecho, aun no se ha realizado una investigación en
forma sobre cómo se dio ese proceso y las versiones son contradictorias 81 . Es de
señalar, sin embargo, que el texto final no presenta ambigüedades ideológicas ma-
yores, lo cual significa un avance respecto del estatuto anterior:
"El Partido Liberal Colombiano es el Partido del pueblo, constituye una coa-
lición de matices de izquierda democrática ... defenderá los principios de tanto
mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario; en contraste con el
Neoliberalismo que promueve el capitalismo salvaje". En consecuencia, el Partido
Liberal incorpora en su ideario el principio socialdemócrata: sí a la economía de
mercado, no a la sociedad de mercado... Mantendrá el principio de función social
de la propiedad, que ha sido bandera del Partido... Fomentará el desarrollo con
equidad así como la extensión de la seguridad social"H2.
Más allá de lo dicho en los estatutos actuales y pasados, lo cierto es que en la
actualidad el partido no ha podido definir una ideología unificadora de las ten-
dencias que hay en su interior. Sobre todo, no hay ninguna posibilidad de momen-
to de obligar al presidente liberal a cumplir un programa del partido. Así sucedió
en 1986, cuando el Presidente Virgilio Barco inició tímidamente la apertura eco-
nómica y Hernando Agudelo Villa, miembro de la dirección liberal en aquel en-
tonces, lo acusó de estar traicionando la ideología del partido. El presidente hizo
caso omiso del aviso y lo mismo sucedió con su sucesor años más tarde, existien-
do ya el mencionado estatuto, que es incluso más enfático en cuestiones ideológi-
cas. Con base en ese estatuto el partido había presentado en 1990 su programa
para los siguientes cuatro años, reivindicando las ideas de la socialdemocracia y
apartándose expresamente de la corriente neoliberal, considerándola perjudicial
para los sectores populares. Pero justamente el candidato elegido en la consulta
de ese año, César Gaviria, declaró no estar de acuerdo con dicho programa S1 . De
hecho, una vez elegido presidente hizo exactamente lo contrario de lo señalado
por el partido, siendo conocido popularmente su gobierno como esencialmente

80. El autor de esa obra fue observador del proceso y se le invitó a revisar la última versión para
dictaminar sobre su coherencia.
81. El director del Instituto de Pensamiento Liberal, remando Jordan, suele comentar que fue su
propuesta la que se impuso. El ex secretario ejecutivo de la Constituyente Liberal por su
parte, declaró al autor que tal cuestión no es cierta, que si bien se intentó imponer tal redac-
ción, se pactó finalmente un texto que sí recogía los aspectos fundamentales ideológicos de
quienes promovieron la Constituyente.
82. Nueva Declaración Ideológica del Partido Liberal, octubre de 2000, pp. 9 Y 10.
83. Según varios testigos de la reunión en la que se discutió el tema, César Gaviria tomó el pro-
grama con dos dedos y lo arrojó a una mesa expresando "esto lo que es, es un directorio tele-
fónico". Pero no hemos encontrado registro periodístico de ese hecho.
Rojo difuso y azul pálido 209

neoliberal H4 , por haberse lanzado a un proceso de apertura económica radical, pri-


vatización de empresas estatales, etc. Aunque, en verdad, tal proceso no fue tan
audaz, pues se trató de una apertura económica tímida en términos comparativos,
era evidente la falta de sintonía entre el presidente y el partido respecto de los
asuntos ideológicos.
En las siguientes elecciones, Ernesto Samper, el candidato liberal, dejó entre-
ver en su campaña política que no compartía la ideología de César Gaviria, aunque
había sido nada menos que su Ministro de Desarroll0 85 , mientras que el candidato
conservador, Andrés Pastrana, expresó su voluntad de profundizar en las políticas
del entonces presidente liberal. Así, cuando Ernesto Samper ganó las elecciones
dedicó una parte de su discurso de posesión al tema de "la fase social de la apertura
económica", aclarando cuáles serían esos cambios. Sin atacar directamente la idea
de la apertura daba a entender que ésta había creado desequilibrios al descuídar los
aspectos sociales, lo cual debía corregirse 86 . A primera vista parecían argumentos
simplemente progresistas, pero con el tiempo los discursos fueron siendo cada vez
más críticos con el neoliberalismo y adoptando el argumento de que los ataques
contra el gobierno se debían a su posición socialdemócrata.
De hecho, ante la división ideológica del partido entre los gaviristas, presunta-
mente neoliberales, y los samperistas (seguídores de Ernesto Samper) y serpistas
(seguídores de Horacio Serpa), autodenominados socialdemócratas, aparecieron
dos nuevas líneas. Por una parte,]uan Manuel Santos publicó una obra sobre la apli-
cación de la Tercera Vía en Colombia87 , y Álvaro Uribe expuso ante la prensa y gru-
pos de estudio su tesis del Estado Comunitario, en la cual se apartaba del modelo
neoliberal por injusto, de la Tercera Vía por considerarlo un tatcherismo encubier-

84. La verdad es que algunos autores han satanizado lo que fue un proyecto de apertura con
mediano énfasis y muchos errores. A ello han contribuido publicaciones que han tenido
cierta acogida, como la de Consuelo Ahumada, que desde una óptica muy ideológica con-
dena casi por igual el gobierno de Gaviria y el Samper, como neoliberales. Ver: Ahumada,
Consuelo (1996): El modelo neoliberal y su impacto en la sociedad colombiana. Editorial El
Ancora, Bogotá.
85. No obstante el propio Ernesto Samper en su reciente obra Aquí estoy] aquí me quedo, explica
que fue por ese motivo por el que renunció a su cargo como Ministro.
86. "El presidente César Gaviria inició, con la apertura económica, uno de los más importantes
procesos de transformación productiva de los últimos años. Participé como ministro de desa-
rrollo, en los primeros pasos de esta reforma. Mantendré las líneas fundamentales de la nueva
política; durante mi gobierno la apertura económica avanzará sustancialmente en dos campos:
el mejoramiento real de las condiciones de competitividad de los empresarios colombianos y
mayores esfuerzos en materia de desarrollo social para que los beneficios de la apertura lleguen
a todos los ciudadanos". Discurso de posesión 7 de agosto de 1994. (Samper, Ernesto. 1998:
tomo 1,25).
87. Santos, Juan Manuel y Blayr, Tony. La tercera vía, nuevas políticas para el nuevo si¡;lo] una alternativa
para Colombia. Bogotá, Aguilar, 1999.
21 O David Rol!

to, y de la socialdemocracia, por estar apoyada en la burocratización del Estad0 88 •


Luego Juan Manuel Santos hizo un pacto con el partido y entró a participar en el
proceso de la Constituyente Liberal, hasta que aceptó el Ministerio de Hacienda,
desde donde propuso una reforma tributaria llamada por él mismo "de sudor y lá-
grimas", totalmente en contravía del discurso socialdemócrata que estaba domi-
nando en la Constituyente Liberal. (El término ya lo había usado un asesor
extranjero décadas atrás)
Lo importante es señalar que mientras hubo éxito electoral en las elecciones
presidenciales, el partido no se preocupó mayormente por estas cuestiones ideo-
lógicas, aunque sí hubo algunos debates, sobre todo en 1992 y 1993 entre los lla-
mados socialdemócratas y neoliberales. De hecho, la mencionada Constituyente
Liberal, una propuesta surgida en 1998 de convocar a las bases liberales directa-
mente para definir ideológicamente el partido, reorganizarlo y renovarlo, surgió
justamente de esa derrota, como lo reconoce su propio Secretario General:
"La pérdida de las elecciones presidenciales en 1998 en últimas ha sido benéfica
para el Partido Liberal por permitirle replantearse como organización. Dentro
del partido existen fuertes corrientes que llaman a retomar ideales tradicional-
mente socialdemócratas, a recobrar las raíces sociales del partido, repensar su or-
ganización y elaborar un proyecto político acorde con ello, para ser llevado a
cabo una vez se encuentre en el poder el partido"WJ.

En este mismo sentido, también expresaba uno de los miembros de la buro-


cracia del partido más cercanos a Horacio Serpa:
"En estos momentos el Partido Liberal de Colombia enfrenta un momento
especial en el que el camino a seguir está por definirse. Después de perder las
elecciones parece ser la hora de emprender cambios y procesos de renova-
ción; en esta dirección apunta la Constituyente Liberal"911. De hecho, la cons-
tituyente liberal, en uno de sus documentos de difusión, insiste en que tal
búsqueda de identidad ideológica legitima dicho proceso: "La Constituyente
surge por la necesidad de superar la confusión que existe en los cuadros di-
rectivos y en las bases liberales, sobre cuáles son realmente los fundamentos,
las bases ideológicas y los compromisos programáticos"91.

88. El Espectador. Magazín Dominical. 31 de octubre de 1999. En realidad, a pesar de su popular


aceptación, casi nadie conoce su teoría del Estado comunitario, que además no es nada clara,
pues habla de universalizar la educación y crear pleno empleo luchando contra los corruptos
y fomentando la sólida participación de los ciudadanos.
89. Entrevista a Rafael Guarín, Secretario de la Constituyente Liberal.
90. Entrevista realizada a Húber Ariza, asesor del Partido Liberal Colombiano, mayo 1999, Direc-
ción del Partido Liberal.
91. 10 Preguntas y respuestasfundamentales de la Constituyente liberal. Abril de 1999, Secretaría Ejecu-
tiva.
Rojo difuso y azul pálido 211

Lo que en efecto sucedió entre las "irreconciliables posiciones ideológicas",


fue que todos terminaron aceptando que eran socialdemócratas 92 , aunque no está
muy claro cómo se evitará que cada presidente no obre según le parezca y sin nin-
guna consecuencia al ser elegido. De hecho, César Gaviria y su exministro de Ha-
cienda, Rudolf Hommes, manifestaron públicamente que no son neoliberales en
absoluto, sino socialdemócratas. A esta confluencia contribuyó el hecho de que
en 1999, gracias sobre todo a la diplomacia de partido de María Emma Mejía (ex-
ministra de Relaciones Exteriores), el partido fue aceptado como miembro pleno
de la Internacional Socialista en 1999, e incluso ese mismo año se organizó una de
las reuniones regionales en Colombia, siendo anfitrión el Partido Liberal, y todos
los jefes importantes la aceptaron sin protestar, e incluso muchos asistieron. Ho-
racio Serpa a partir de 1999 comenzó a expresar la necesidad de "colombianizar
los criterios de la Internacional Socialista"9\ y al parecer todos terminarán acep-
tando formalmente esos contenidos.
Además, estas discusiones ideológicas sólo se dan en las altas esferas o en-
tre los militantes con mucha formación académica involucrados con la burocra-
cia nacional del partid0 94 , aunque el impresionante y persistente trabajo
desplegado por los organizadores de la Constituyente sí ha logrado ampliar en
cierta forma ese debate hasta el punto de que cualquier candidato liberal se va a
ver obligado a tener a mano la palabra social-democracia en sus discursos, cual-
quiera que sea su verdadero pensamiento y su intención política.
En síntesis, los principios programáticos del partido siempre han estado
orientados por una concepción progresista de la sociedad, defensora del inter-
vencionismo, de la secularización, de la responsabilidad del Estado, y de hecho,
ha sido el partido de avanzada en Colombia, en el contexto conservadurista del
país (entre los partidos que han tenido poder). Sus líderes han realizado o inten-
taron adelantar los mayores procesos de transformación conocidos,

92. En el proceso de la Constituyente, llegó un momento en el que se estableció, sin que nadie
se opusiera: "Bases de la transformación del Partido Liberal Colombiano. Bases Ideológi-
cas y compromisos. El Partido Liberal colombiano es el partido del pueblo, constituye una
coalición de matices de izquierda democrática, abierto a las fuerzas del trabajo, a la juven-
tud, a las mujeres de Colombia y a las demás fuerzas sociales.Dentro del marco de la
social-democracia, y en cumplimiento de sus principios de equidad, solidaridad, libertad,
tolerancia, libre examen, justicia social, democracia participativa, descentralización, y res-
peto de los derechos humanos, garantiza ... ".
93. Serpa Uribe, Horacio. La oposición patriótica. Memorias de un compromiso con Colombia. Bogotá, Par-
tido Liberal Colombiano, 1999, p. 224.
94. Las encuestas que se han realizado en diferentes contextos demuestran que casi nadie sabe
si existe una ideología que diferencie al Partido Liberal del Conservador. Se trata de una
serie de encuestas aun sin procesar completamente, realizadas por estudiantes, sobre todo
en la materia de partidos políticos, de la Universidad Nacional, tanto en Bogotá como en
Tunja. Es de destacar que, por ejemplo, en el Concejo de Bogotá todas las preguntas del
cuestionario fueron contestadas, menos las referentes a ideología.
212 David RolI

destacándose entre ellos Alfonso López Pumarejo (Revolución en Marcha),


Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán, entre otros.
Sin embargo sus programas en el gobierno no han pasado de ser "liberales"
en estricto sentido, no diferenciándose en casi nada de los de los conservadores
en las últimas décadas. Es decir, su progresismo es mayúsculo en el contexto de la
comparación con toda la historia del Partido Conservador en Colombia, pero
pierde fuerza al estudiársele fuera de esa relación o analizarse detenidamente su
comportamiento durante los gobiernos que ha tenido en los últimos años. La pre-
tensión de algunos de sus líderes de querer que el partido ocupe el espacio de la iz-
quierda moderada o centroizquierda del espectro político, lo cual quedó
consagrado en el texto de la Constituyente definitivo, puede ser sincera pero no es
posible de momento, pues en términos absolutos sigue siendo un partido de cen-
tro, como quedó ratificado en la auto ubicación ideológica que a continuación
expondremos.

5. Autoimagen

a. En el aspecto ideológico

A pesar de que el Partido Liberal Colombiano pudiera ubicarse como de cen-


troizquierda en comparación con el Partido Conservador, es definitivamente un
partido de centro, desde todo punto de vista: por sus actuaciones, por su auto u-
bicación, por sus electores y por su imagen. En cuanto a esta última, dos en-
cuestas realizadas por el autor en 1994 y 2000 ratifican esa imagen.
En el primer y más amplio estudi0 95 , se encuestaron 41 representantes a la
cámara liberales. Primero se les preguntó dónde se ubicarían a sí mismos y a su
partido en una escala ideológica donde 1 es izquierda y 10 es derecha, y el resulta-
do rotundo fue el centro.
En la autoubicación, el resultado fue: 5
En la ubicación del partido: 5,5
El promedio de autoubicación en Colombia es: 5,4.
En Iberoamérica 5,096 •

95. Datos extraídos de "Élites parlamentarias iberoamericanas" Equipo de investigación


sobre élites parlamentarias, volumen 6, Colombia, Universidad de Salamanca Instituto
de Estudios de Ibero América y Portugal, AECI Agencia Española de Cooperación
Internacional, CIS Centro de Investigaciones Sociológicas, marw 1998. (Información
de 1996. Trabajo de campo realizado por Juan Ibeas y David Roll).
96. Resultados de la misma encuesta adelantada en otros países con muestras similares por el
Instituto de Estudios de Iberoamérica y Portugal. facilitados por su director, el catedrático
Manuel Alcántara.
Rojo difuso y azul pálido 213
- --- - - - - ---- - - - - - ---------- --------

En el 2000, el grupo de investigación sobre partidos, que participó en la re-


dacción final de este libro, repitió la pregunta de la ubicación del partido a miem-
bros claves del partido, de la burocracia y del congreso 97 y el promedio fue:
En la autoubicación: 4,64.
- En la ubicación del partido: 5,76.

Cuadro 26 Autoubicación ideológica PLC

~
T
Media de autoubicación ideológica miembros PLC _

1 2 I 3 4 1-5 [--6 '~I 7 ,- 8 9 -'-1 10


-~
1

_ 1_ j 4,64 1 _J _ -- __ 1

Pregunta realizada: "Utilizando una escala ideológica donde 1 es 1zquierda y I


lOes derecha, ¿dónde se ubicaría usted?" ~

Cuadro 27 Ubicación ideológica del PLC por parte de sus miembros


-,
I Med¡ad;~bi~ac¡ó~-;~siciÓ~id~oI6gic~ d~IPLC-p~r part~--'-
I de sus miembros
r
1 2- 3 I 4 5 I 6 I 7 [-8 9 1I0
5,76
I 1_-
Pregunta realizada: "Utilizando una escala ideológica donde 1 es izquierda y 10J
es derecha, sitúe la posición ideológica de su partido".
--- ------- ----- - - - --- ---- ----- --- ---- ---- _ _ _o

Sobre la con fiabilidad de la autoubicación hubo una respuesta positiva, pues


Los miembros del partido tienden a calificar como muy apropiado el situar la
ideología del partido en una escala izquierda-derecha. Los liberales creen en la
pertinencia del modelo aplicado.

97. El grupo de investigación de partidos políticos de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas


y Sociales, coordinado por el autor de este libro, adelantó una encuesta en los partidos Liberal
y Conservador, además de las entrevistas citadas. Para que tuviera efectos comparativos, se
utilizó el mismo cuestionario que el Instituto de Estudios de lberoamérica y Portugal había
desarrollado, y ellos mismos procesaron la información. En este trabajo se presentan algunas
partes del cuestionario aplicado a Colombia, pero en su totalidad será presentado y analizado
en el próximo libro del grupo, ya en preparación, sobre élites políticas en Colombia.
214 David RolI

l
Cuadro 28 Pertinencia de la autoubicación PLC

Media de pertinencia de ubicaci~n de la id~olo~i~el 'Le en-';na


escala izquierda-derecha
-- ---r----------
1 2 3 4 I 5
4,11
- I -- ------- -

Pregunta realizada: "¿Le parece apropiado situar la ideología de su partido en


una escala de izquierda-derecha? Considere los valores 1 = Nada apropiado, 5
= Muy apropiado".

La explicación de esa autoubicación puede ser que el Partido Liberal se con-


sidera un partido progresista, pero rara vez utiliza la palabra izquierda, quizá por-
que en Colombia se suele asociar equivocadamente esta palabra con el
movimiento guerrillero. Pero de todos modos, siempre se consideran más a la iz-
quierda que los conservadores, y éstos también lo sitúan en esa posición. Además,
en general, se ubican más a la izquierda que el conjunto de su propio partido.
En síntesis, si bien hay en el interior del partido posiciones de derecha e iz-
quierda en variadas gamas, ha sido un partido progresista, comparativamente,
pero su apelación al pueblo se ha utilizado con fines electorales y en general se ha
mostrado conservadurista en muchos de sus gobiernos (no solo durante el Frente
Nacional). Se considera un partido con vocación libertaria y modernizadora y hay
líderes fuertes en la actualidad que defienden abiertamente esa bandera (Horacio
Serpa se autoubica allí). Ello no significa que la preponderancia de esos líderes o
el triunfo de la visión socialdemócrata en la Constituyente Liberal supongan una
claridad ideológica unívoca del partido. La situación es más bien inversa, pues en
el ala derecha hay también líderes con visibilidad y arrastre electoral o de opinión
pública. Esas diferencias fueron muy categóricas en la selección de candidato pre-
sidencial para los últimos comicios los conservadores apoyaron al disidente libe-
ral Álvaro Uribe con su elección se desencadenó una profunda división al interior
del partido.
De momento, el Partido Liberal seguirá siendo un partido de centro, con pre-
tensiones de aproximarse a la centroizquierda, que se verán contrarrestadas en
gran medida por las tendencias conservaduristas internas y por la propia falta de
cohesión del partido, tanto por la fragmentación como por la falta de disciplina
en sus ftlas.
Otras conclusiones de la encuesta pueden ayudar a refinar estos conceptos.
Por ejemplo, los liberales, al mismo tiempo que simpatizan y se sienten afines con
su partido y lo consideran a favor del Estado del Bienestar, creen que es muy
Rojo difuso y azul pálido 215

progresista: los miembros de! partido poseen un alto grado de simpatía y afinidad
política con e! mismo.

Cuadro 29 Afinidad y simpatía política respecto al partido PLC

M:~ia d:-:~icac;~~gra~:de S-i:;atí~-Y afini~ad ;ol;ticaconel PLcl


8--1
1 2 I 3
.
I 4 5 6
L 7-'
IJ3J9
9 - ' 10

. Pregunta realizada: "Por favor, indique en la siguiente escala (donde 1 = no


simpatiza en absoluto con el partido y 10 = simpatiza en alto grado con e! par~
tido) el grado de simpatía y afinidad política con su partido.
- ----- -- - -- ----- ---- ---- ------ ---- ---

Los miembros de! partido tienden a creer que la filosofía política de su parti-
do se inscribe dentro de los postulados keynesianos de! Estado de Bienestar, se-
gún los cuales este debe intervenir e! mercado para lograr una mayor equidad
social.

Cuadro 30 Identificación del partido con doctrinas económicas


según miembros PLC

::~I:~::;;::::i::04:~O;::: POli':CO del :LC. ~gún I:en'¡fl:~-~


6,41L_ _1
Pregunta realizada: "Evalúe la filosofía política de su partido, de acuerdo con
una escala donde 1 = Ellibremercado debe ser e! encargado de determinar la
producción y los ingresos y 10 = El Estado debe ocuparse de determinar la
producción y de redistribuir los ingresos."

Los miembros del partido tienden a creer muy marcadamente que la filosofía
política de su partido es de corte progresista.
21 6 David RolI

Cuadro 31 Filosofía polltica del partido según miembros PLC

Media de evaluación filosofía política del PLe, según posturas


morales y culturales.
-----¡--- ----1--
-~I
~__ 1
1 I 2 6 7 8 9 10
___~,52 4 I
.1 J
Pregunta realizada: "¿Dónde situaría a cada agrupación política según sus pos-
turas morales y culturales, en una escala donde 1 = Progresistas y 10 =
Conservadores?"

b. En la definición de las élites electorales 98

La auto imagen no sólo tiene que ver con aspectos ideológicos, sino también con
la selección de candidatos. Los siguientes datos dan cuenta de algunas de las ten-
dencias que ya habíamos señalado en los capítulos anteriores. No obstante, dada
la reducida muestra del estudio, sólo las consideramos como puntos de partida
para una investigación más sistemática.

Financiación de Campañas

Los miembros del Partido Liberal tienden a creer que el aval del partido no inclu-
ye apoyo de carácter económico para las campañas. Ello se infiere del siguiente
cuadro, donde se evidencia que la gestión de recursos es llevada a cabo por el indi-
viduo directamente interesado.

Cuadro 32 Gestión de recursos para campañas PLC


~~

I Media de geSli. ón recursos para campañas


- 1
- ,
~21 21
___~'_
~-~I
____. 1 -
4 I

I
5--
__
1

\ Pregunta realizada: "Quién se encarga en mayor medida en su partido de con- •


I ,egu;' «'",M .finanÓew, paca campañ" poUti",? Com;de« lo, valoee, 1 =
Candidatos mdividualmente obuenen recursos, 5 = El parudo obuene recur- ,
sos para campañas de sus candidatos." I
- ------ ----- ---- -------

98. La muestra fue de 30 congresistas entrevistados, de los cuales 17 eran liberales y 13 conserva-
dores.
Rojo difuso y azul pálido 21 7
- - - - - - - - - - - ---- - - -

Designación de candidatos

Los miembros manifiestan una tendencia a pensar que la designación de candida-


tos al congreso se lleva a cabo de tres maneras distintas (designación por parte de
líderes nacionales, regionales y autodesignación), según se ve en el cuadro.

Cuadro 33 Medias de percepciones reales acerca de designación


de candidatos
-¡-
l Casi nunca ~ece: I Muy a men~do
Líderes nacionales son los 1 2 3
que nombran los candidatos 2,00

Líderes regionales son los 1 2 3


que nombran los candidatos 2,05

1- Candidatos son los principa- l 2 3


les promotores de su campa-
2,76
ña política

1- Asambleas locales de activis-


tas tienen una importancia 1 2 3
crucial en el nombramiento 1,58
de los candidatos

El nombramiento de los
candidatos implica
1 2 3
intensos debates sobre sus
1,35
diferentes programas
l_ polí~c:os _L L_ __1

En la mayoría de los casos, los candidatos son los promotores de sus propias
campañas, aunque en algunos casos son designados por líderes nacionales o re-
gionales. Generalmente, los activistas locales no tienen mayor injerencia en la de-
signación de los candidatos y tampoco se tiene muy en cuenta el programa
político para la designación.
21 8 David RolI

El deber ser de la designación

Los miembros del partido piensan que los candidatos deben ser designados, en
mayor medida por los líderes nacionales, los activistas locales y los ciudadanos, y
en una menor medida por quienes a nombre del partido ocupan una curul en el
congreso.

Cuadro 34 Influencia en la elección a candidatos En


A favor contra

T
Líderes nacionales 2 ! 3 4 5
I
del partido. 2,70
Activistas locales del partido. 1 2 3 4 5
1,70
Todos los ciudadanos del dis-
1 2 3 4 5
trito electoral, votando en elec-
2,35
ciones primarias.
Los actuales representantes del
partido en el Congreso deben
escoger la lista bajo la que quie-
j
1 2 3 4
4,41
5

ren com~etir. __
Pregunta: "¿Quiénes deben influir en el nombramiento de los candidatos na-
cionales de los partidos? (Conteste basándose en una escala donde 1 = A favor
y 5 = En contra)

Factores para designar un candidato

Los miembros del partido tienden a creer que los factores más determinan-
tes en la elección de un candidato consisten, por un lado en la tenencia de un equi-
po que organiza la campaña, y de otra parte, el hecho de que el candidato se
presente como una voz de protesta contra la corrupción. Los demás factores se-
ñalados, pueden o no ser tan determinantes.
Rojo difuso y azul pálido 219

Cuadro 35 Medias sobre factores que determinan la elección


de un candidato.
Nada
Importante Importante

Un grupo de apoyo que organiza la


campaña del candidato y moviliza a
los simpatizantes.
1 2 I 3 4
4,05
5

Apoyo de importantes empresa-


rios regionales y personajes de la 1 2 3 4 5
vida pública que están fuera del 3,94
partido.
i Posiciones políticas claras y popu-
1 2 3 4 5
lares en temas centrales de la políti-
ca nacional. 3,70
El candidato tiene una trayectoria
política de ayuda a los votantes de su 2 3 4 5
distrito, solucionándoles sus proble- 3,88
mas cotidianos.
El candidato es apoyado por los líde- 1 2 3 4 5
res nacionales del partido. 3,76
El candidato da una imagen de lí-
1 2 3 4 5
der dinámico y eficaz en los me-
I dios de comunicación. 3,82

Fuerte financiación de la campaña 1 2 3 4 5


electoral. 3,88
Apoyo de grupos de interés 2 3 4 5
económico. 3,88
Promesas de luchar y trabajar con
1 2 3 4 5
los proyectos locales para atraer
lnVerSlOnes. 3,58
El candidato ya es diputado y la gente 1 2 3 4 5
lo reelige por costumbre. 3,35
El candidato se presenta a sí mismo
2 3 4 5
, como una voz de protesta contra
una élite olítica corru tao 4,11
Pregunta aplicada: ¿Qué factores determi~an la elección de un candidato de su partido? Ten]
I en cuenta una escala donde 1
ga = Nada Importante y 5 = Importante.
~-~ ~ - -- ~ ~----

c. En la organización y funcionamiento interno

Estas encuestas fueron realizadas antes de aprobados los nuevos estatutos y du-
rante el proceso de la Constituyente, eso puede haber influido en la tendencia ne-
gativista y propositiva.
22 O David RolI

Organización interno y poder

Cuadro 36 Percepción acerca de la organización interna PLC


Muy Muy
diferente similar
----------,----

a. U na organización en la que los


políticos regionales gozan de nivel 1 2 ~. 5
de autonomía al enfocar sus
actividades
b. Una organización muy integrada,
gobernada por un fuerte núcleo de
1 2 3 4 5
líderes, que controlan que las acti-
1,94
vidades locales coincidan con la lí-
nea política nacional
c. Una amplia organización de ma-
sas en la que conviven diferentes
opiniones políticas, por lo que están
1 2 3 4 5
obligados a superar el conflicto por
3
medio de compromisos, para que se
mantenga la estabilidad y la viabili-
dad del partido
d. Una organización configurada
por un sistema de diferentes lide- 1 2 3 4 5
razgos, que encabezan las distintas 4,23
corrientes intra-partidistas
e. Un partido caracterizado por un
debate ideológico intenso y una 1 2 3 4 5
fuerte competitividad entre los di- 2,88
ferentes grupos
f. Un partido que colabora en las
campañas. e.lectorales de sus candida-
tos, pero les permite que defman sus
l 1 2
3 l·
3,47
4 ,I
'
5

propias inisiativas políticas . _u


______J____
Pregunta realizada: "Si tuviese que caracterizar la organización interna de su partido,
¿cuál de las siguientes descripciones coincidiria más con la práctica real interna de su
partido? Considere una escala donde 1 = Muy diferente de lo que ocurre en mi par-
tido v~__=Muy similar a logue ocurre en mi partido."
Rojo difuso y azul pálido 221

De la anterior tabla podemos concluir que:

- Los miembros tienden a caracterizar a su partido como una organización frag-


mentada. Ello es deducible de las medias obtenidas en las descripciones a, b y d,
donde se nota que no existe un poder central lo suficientemente fuerte como
para mantener consenso frente a unos lineamientos y una ideología común. Así
lo confirman la alta puntuación obtenida en cuanto a la autonomía de los políti-
cos regionales,
y la baja puntuación obtenida frente a la integración partidista. Así mismo, la
alta puntuación obtenida por la descripción b, confirma que el partido cuenta
con distintos liderazgos muy fortalecidos en su interior.
Los miembros tienden a caracterizar de manera ambigua la convivencia de dife-
rentes opiniones y la superación del conflicto a través de acuerdos. Pareciera
que la estabilidad y viabilidad del partido no dependiera en gran parte de estos
dos factores.
La media obtenida en la descripción lleva a pensar que si bien existe una fuerte
competitividad en el partido, no se da un intenso debate ideológico. La compe-
tencia entonces está en función de otros factores, y la ideología no tiene mayor
cabida.
La puntuación obtenida por la descripción f permite concluir que la colabo-
ración del partido en las campañas de sus candidatos se limita a agenciar aspectos
de carácter procedimental (tales como el simple otorgamiento de un aval), y que
los candidatos cuentan con un alto margen de maniobra frente a sus campañas.

Verticalismo vs horizontalismo

Los miembros del partido tienden a manifestar que los órganos internos del mis-
mo se vinculan entre sí a través de relaciones verticales.

Cuadro 37 Relaciones de vinculación entre miembros del PLC

Media de relaciones de vinculación entre miembros del PLC


2 3 r - 4 5
--~-
Pregunta realizada: "¿En su partido los órganos internos se vinculan entre sí
principalmente a través de relaciones verticales o de relaciones horizontales?
. Considere una escala donde 1 = Privilegian las relaciones verticales, 5 = Privi-
~lezian las relacione:sJl_orjzontales." ___~ _~
222 David RolI

Estructura interna y elecciones

En cuanto a la estructura interna del partido, los miembros tienden a manifestar


que el partido oscila entre una estructura permanente y una máquina electoral.
Esta respuesta obedece a que el partido estaba reaccionando contra su electoralis-
mo, tras la derrota presidencial. Pero es falsa, el partido es basicamente electoral.

Cuadro 38 Medias acerca de la estructura interna PLC

Media sobre estructura interna del PLC


-----------
1 2 3
_ ----r---- 4 5
~IO_

Pregunta realizada: "¿La estructura interna de su partido es continua o mera-


mente electoral? Considere una escala donde 1 = Es una estructura de carácter
continuo, 5 = Es una estructura que sólo se organiza y funciona en épocas
lectorales."
L: -- -----

Disciplina partidaria

Esta afirmación no parece sincera, pues todo el mundo sabe que en e! partido no se
acatan las decisiones a menos que se concuerde con ellas, salvo casos aislados.

Cuadro 39 Acatamiento de decisiones del PLC por parte de sus miembros

I Medio sobre ocotomlent; de los decisione~ -adoptados por los di.


rigentes del partido
1 í---- -2 r- 3 I 4 5

; : 3,23
Pregunta realizada: "La unidad del partldo frecuentemente reqUlere que todos
los activistas obedezcan la linea de! partido aunque no estén de acuerdo con
ella. ¿Podría señalar con qué entusiasmo acata normalmente usted las resolu-
I¡ ciones de su partido? Considere una escala donde 1 = Poco entusiasta, 5 =
. Muy entusiasta."_ _
L___
Rojo difuso y azul pálido 223

Burocracia y funcionarios

Los miembros del partido tienden a manifestar a la hora de reclutar funcionarios


para la organización que, las conexiones políticas priman sobre la cualificación
profesional. Pero la media de la respuesta es entre sopechosa y falsa, analizando la
realidad. No es que quienes están allí sean incapaces, pero el primer criterio es la
conexión.

Cuadro 40 Estrategia de reclutamiento de funcionarios en el PLC

Media sobre estrategia de reclutamiento de funcionarios para el PLC


1 2
I 3,~1 j¡ t__
Pregunta realizada: "A la hora de reclutar altos funcionarios, ¿qué se tiene más
5

en cuenta., la cualifica~ión. prof~,sional o l.as conexio?es p(~líticas? ~(~nSi~,e:Je'


una escala donde 1= Cua!JficaclOn profeSIonal, 5 = ConexIones pollt1cas.
-- - - ------------ - - - - -- --

Bases y democracia interna

Como se expuso en el capitulo correspondiente, Las bases del partido no tienen


mayor injerencia ni participación en las decisiones que allí se adoptan, y así lo con-
firma la autoimagen. Ello se infiere del siguiente cuadro, donde los miembros
tienden a manifestar que el grado de democracia interna es bajo. Y se quedan
cortos.

Cuadro 41 Percepciones acerca de la democracia interna del PLC

i-~edia~!~erCepciones ac~rca~e la dem~c-r-:~ia in_~e~na en el PL_~~


Muy bajo' Bajo Medio Alto. jMllyalt() I

2 3 4 5
2,47
Pregunta realizada: "Las bases de los partidos se quejan frecuentemente de la
falta de participación en la toma de decisiones de los mismos. ¿Cómo evaluaría
usted el grado de democracia interna en su partido: muy alto, alto, medio, bajo
o muy bajo? " ___ j
224 David RolI

Votantes y afiliados

Los miembros del partido tienden a privilegiar un interés por mantener una ex-
tensa base de votantes, por encima del mantenimiento de una afiliación generosa
hacia el partido. Pero sigue siendo una cifra engañosa, ya que la filiación con car-
net es un fenómeno muy raro y el partido quiere votos, ante todo y sobre todo,
como lo confirmaron en las entrevistas.

Cuadro 42 Tipo de vinculación al PLC

Media sobre estrategia de mantenimiento del PLC


--1----1 2 ---1 3 I 4 -1 5
. 3,]0
Pregunta realizada: "¿Es importante para su partido contar con una afiliación
numerosa o es más importante tener una extensa base de votantes? Considere
una escala donde 1 = Es más importante contar con una afiliación numerosa, 5
= Es más importante tener una extensa base de votantes."
B. EL PARTIDO CONSERVADOR COLOMBIANO

l Partido Conservador Colombiano ha compartido el poder con e!


E Partido Li beral desde hace 150 años. Se le suele descri bir como repre-
sentante principalmente de intereses de sectores tradicionales, y mante-
niendo una fuerte oposición a las reformas liberalizadoras que en
diferentes momentos históricos ha intentado adelantar e! Partido Libe-
ral. Se asegura incluso que el mismo origen de! partido fue una respuesta
de sectores tradicionales, como los terratenientes y la iglesia, para blo-
quear las reformas políticas y económicas que pretendían adelantar los
liberales.
Por otra parte, se insiste en que el Partido Conservador a pesar de
mantenerse durante más de cuarenta años en e! poder, entre 1886 y 1930,
Y ganar la presidencia muchas veces durante un siglo y medio, es un parti-
do minoritario, que necesita de la división liberal para llegar al poder. To-
dos estos lugares comunes han sido revaluados hoy en día. El Partido
Conservador es tan pluriclasista como e! liberal; en determinadas épocas
ha defendido unos intereses u otros (por momentos ha sido partidario de!
libre comercio), ha bloqueado cambios pero también los ha intentado
(gobierno Belisario Betancur en la década de! ochenta) y puede ganar las
elecciones sin que se presenten dos candidatos liberales a la presidencia
(caso Andrés Pastrana a finales de los noventa).
Se ha sostenido que el Partido Conservador es menos dado a prácticas
corruptas que el Liberal o que su maquinaria política no es tan agresiva ni
su clientelismo tan acentuado. Aunque de momento no se ha hecho una
investigación comparativa al respecto, todo parece indicar que la relación
es más numérica que cualitativa y tiene una relación proporcional con e!
poder que ha tenido cada partido. De hecho durante e! Frente Nacional
aunque el Partido Conservador era e!ectoralmen te minori tario reci bió el
mismo poder de! Partido Liberal y participó activamente de la reparti-
ción milimétrica de los cargos burocráticos, siendo por lo tanto e! mayor
226 David RolI

beneficiado en términos cuantitativos de la corrupción inherente al Fren~


te N acional1.
Debido justamente a esa minoría, a partir del fin del Frente N acional el
declive de poder del Partido Conservador ha sido evidente, tanto en las elec~
ciones parlamentarias como en las presidenciales. La mayor parte de las carac~
terísticas señaladas respecto de éste último son válidas para el Partido
Conservador, y las variaciones son más bien circunstanciales que permanen~
tes. A pesar de ser minoría no se caracteriza por su unidad, lo que le ha supuesto
también altos costos electorales. Ese carácter lo ha llevado igualmente a colabo~
rar en casi todos los gobiernos liberales (incluso en el controvertido gobierno de
Ernesto Samper, sobre todo al principio), ya llamar a los liberales a compartir el
poder en momentos críticos (el pasado Presidente conservador tuvo como Vice~
presidente a un liberal y varios de sus más importantes ministros fueron libera~
les, incluso en la principal cartera, que es Interior).
En la actualidad el Partido Conservador se encuentra en una paradójica
situación, pues habiendo ganado la presidencia se habla de él con cierta fre~
cuencia como un partido en proceso de extinción: un reconocido conserva~
dor, hijo de expresidente conservador del Frente Nacional, fue el Presidente
anterior, aunque se presentó por una coalición con algunos liberales y otras
fuerzas; pero al mismo tiempo los resultados electorales del partido vienen
en descenso rápido desde hace dos décadas y fueron desastrosos en las últi~
mas elecciones locales (2000). Por último, los líderes tradicionales fueron
destronados de la dirigencia burocrática y los nuevos no tienen la suficiente
fuerza aglutinadora dentro del partido ni el reconocimiento nacional para
poner en marcha una recuperación del partido (aunque lo están intentando).
De hecho, prácticamente no tuvieron candidato para la pasada elección
presidencial, pues la conservadora más opcionada, N oemí Sanín, se salió del
partido y creó su propio movimiento; y la franja un poco más derechista,
con la que pudieran identificarse, ha sido copada ya por un candidato disi~
dente liberal Álvaro U ribe, al que el oficialismo conservador se adhirió.
Es, sin embargo, un momento muy interesante para el Partido Conserva~
dar, pues al mismo tiempo ha reaccionado ante la crisis y ha realizado acciones
tanto para establecer lazos internacionales con la Democracia Cristiana, por
ejemplo, como para fomentar una militancia activa, de la que antes no se había
preocupado especialmente. Su gran reto es no sólo recuperar el electorado que
ha ido perdiendo, más a favor de terceros partidos que del propio Partido Libe~
ral, sino también y sobre todo reagrupar las fuerzas que existen en su interior y

En una de las entrevistas realizadas un dirigente conservador insistía en la doble responsa-


bilidad durante el Frente Nacional: "si se le daba un puesto a un liberal había que crear
otro para el conservador, si uno de los dos era corrupto, el otro también robaba lo 'lue
pudiera para equilibrar la situación". Por lo tanto en ese período la responsabilidad en ese
aspecto fue compartida.
Rojo difuso y azul pálido 227

que actúan prácticamente como partidos autónomos, sin un claro liderazgo na-
cional, que en cierta forma ellos creen que sí tienen los liberales 2 • De hecho se
tuvo que crear una confederación de movimientos conservadores, para aglu-
tinar un poco al partido.

1. Historia del Partido Conservador Colombiano


a. Origen del Partido Conservador

El Partido Conservador colombiano fue fundado por Mariano Ospina Ro-


dríguez y José Eusebio Caro, el jueves 4 de Octubre de 1849, a través de una
declaratoria política, aparecida en el periódico Lz Civilización.
El primer programa del Partido Conservador pretendía conservar el
statu qua, y preservar la sociedad jerarquizada que existía desde la colonia.
Para Tirado Mejía: "Los terratenientes, los esclavistas, los altos burócratas ci-
viles, el clero y la milicia, mucho tenían por conservar"."
El Partido Conservador nació por una organización externa, derivada
de los grupos dominantes de la sociedad, quienes reunieron una serie de
principios que los diferenciaron claramente del Partido Liberal. En la De-
claratoria Política antes mencionada, Mariano Ospina Rodríguez afirma:
"el Partido Conservador no es el partido boliviano de C olom bia .... noso-
tras no reconocemos como Partido Liberal rojo al Partido Liberal de
C olom bia".
Los principios programáticos del Partido Conservador fueron la defen-
sa de la justicia, e! orden, la moral, y la equidad. Consignados así dentro de la
Declaratoria Política de 1849: "El Partido Conservador reconoce el orden
constitucional, la legalidad, la moralidad cristiana, la propiedad, la seguri-
dad, la igualdad legal y la tolerancia real"4.
En e! campo económico, e! Partido Conservador al defender los intereses
de la sociedad tradicional, se oponía a cualquier reforma que vulnerara sus privi-
legios. Este es e! caso de la abolición de la esclavitud, si bien es cierto que no to-
dos los ideólogos de! partido eran esclavistas. Tirado Mejía resalta e! caso de uno

2 Los propios líderes del Partido Conservador creen que el Partido Liberal en el fondo no
está fragmentado mientras que el conservador por definición prácticamente es un partido
de partidos, y encuentran incluso dicha autonomía positiva y susceptible de articular en
propósitos comunes como la propia reconstrucción nacional del partido. Entrevista aJorge
Sedano (el entrevistado desea que se aclare que la entrevista fue de improviso, sin cuestiona-
rio anticipado, no preparada). Secretario General del Partido Conservador. 16 de febrero
de 2001. Sede del Partido en Bogotá.
3 Tirado, ob. cit., p. 27.
4 Ospina Rodríguez.Mariano, periúdico Lt civilización, 4 de octubre de 1849.
228 David RolI

de los fundadores del partido: "Mariano Ospina Rodríguez era un republicano


antimonarquista y su peculio no estaba constituido por esclavos"5
En los orígenes de la República, se conformaron dos bandos políticos
en torno a las figuras del Libertador Simón Bolívar y del General Santander,
hasta la conformación de un movimiento conocido como los "liberales
moderados" alrededor de la candidatura presidencial de José Ignacio de
Márquez en 1837, en contra de los "liberales radicales" que apoyaban al
candidato Azuero. Al resultar ganador Márquez, el General Santander y
sus seguidores se convirtieron en férreos opositores del gobierno, conocida
como "Los supremos", llegando incluso a la guerra civil, de la cual salió vic-
torioso el gobierno.
Posteriormente con el gobierno de Pedro Alcántara Herrán se reformó
la Constitución Granadina de 1832, adoptando el centralismo y los princi-
pios de orden y legalidad conservadores: "La Constitución de 1843 vino a
reemplazar la de 1832, que era moderadamente central; y la reemplazó, esta-
bleciendo un poder ejecutivo nacional vigoroso, con derecho de veto sobre
los actos legislativos, y una extensa lista de autorizaciones y prerrogativas,
que hacían del encargado del poder así concebido un verdadero monarca
consti tucional"6.
En 1848, Julio Arboleda pronunció un discurso en la Cámara de Repre-
sentantes donde propouso la creación del Partido Conservador, -sin contar
con el respaldo del presidente Mosquera-, y recibió el apoyo de Mariano
O spina Rodríguez y José Eusebio C aro desde el periódico J:il Nacío n al. En
dicha publicación del 21 de mayo de 1848, se comentaba que: "Es un com-
promiso defender los intereses, los principios y las doctrinas del Partido
Conservador de la N ueva Granada ... y es necesario mantener los postulados
fundamentales de la sociedad contra las doctrinas inmorales y anárquicas que
se están predicando"7.
Algunos meses después, el16 de julio de 1848, Ezequiel Rojas se pronun-
cia en el periódico FJAviso, con un artículo titulado, "La razón de mi voto",
apoyando la candidatura de José Hilario López para la presidencia de la Re-
pública y presentando el primer programa del Partido Liberal, que comenza-
ría a aplicarse a partir de 1849.
Como respuesta al artículo de Rojas, se fundó el Partido Conservador
colombiano con la aparición de la edición número 9 del periódico L1 CÍlJ¡li-
zacíón, del jueves 4 de octubre de 1849, donde se encuentra la Declaratoria
Política de los principios del Partido Conservador, redactada por Mariano
Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro. Al respecto decía Caro:

5 Tirado, ob. cit.,p. 40.


6 Ibíd.
7 El Nacional, 21 de mayo de 1848.
Rojo difuso y azul pálido 229

Somos conservadores y así nos llamamos con orgullo porque hay mucho
que conservar, hay que conservar al individuo, hay que conservar la digni-
dad de la persona humana, hay que conservar la familia, hay que conservar
la propiedad, hay que conservar el derecho, hay que conservar la justicia,
hay que conservar la sociedad, hay que conservar la repúblicas.

b. La polémica sobre Bolívar y Santander


como fundadores de los partidos liberal y conservador

Para mediados de siglo, la cercanía a Bolívar o a Santander, era sólo un hecho


anecdótico en la configuración de los partidos políticos colombianos, ya que
en la conspiración contra Bolívar, habían participado tanto futuros liberales,
como conservadores. 9
Lo que empezó a condicionar la pertenencia a los dos partidos nacien-
tes, fueron razones sociales, es decir, la pertenencia a una clase social y la
defensa de sus intereses. En términos políticos, tanto los liberales como los
conservadores llegaban a acuerdos en lo fundamental de la organización
del Estado, por ejemplo, aceptar el Estado de derecho, la primacía de la ley
y e! sufragio.
Los dos partidos, empezaron como partidos liberales nacionalistas, al apo-
yar las ideas de la independencia, pero una vez conseguida esta, surgieron dos
grupos distintos, conocidos como moderados y radicales. Al respecto anota Ba-
rón Ortega: "El partido liberal único y común se fue dividiendo nacionalmente,
más que por la concepción particular de los émulos enfrentados sobre e! sistema
de gobierno, por e! estilo de cada quien para interpretar e imponer e! cumpli-
miento de las nuevas leyes y de la organización del joven Estado".ll1
Los fundadores de! Partido Conservador se pronunciaban de esta forma
en 1849.
Ser o haber sido enemigo de Santander, de A/:uero o de López, no es ser conser-
vador; porque Santander, A/:uero y Lópe/: defendieron también, en diferentes
épocas, principios conservadores. Haber sido amigo de éstos o de aquellos cau-
dillos en las guerras por la independencia, por la libertad o por la constitución,
no constituye a nadie conservador; porque algunos de esos caudillos han defen-
dido también alguna vez principios anticonservadores. El Partido Conserva-
dor no tiene por guía a ningún hombre; eso es esencial en su programa 11
Los principios conservadores quedaron registrados en el programa Con-
servador de 1849 de la siguiente forma:

8 Caro, José Eusebio, L1 tl,'iliz{/ción, octubre de 1848.


9 Este es el caso de Ezequiel Rojas, Florentino González y Vicente Azuero por el futuro
partido liberal y Mariano Ospina Rodrígue7: por el futuro Partido Conservador.
10 Barón Ortega, Julio, El conservatim/o cololtlbianoy su historia, 1999, p. 72.
11 lbíd.
230 David RolI

El orden constitucional contra la dictadura


La legalidad contra las vías de hecho
La moral del cristianismo y sus doctrinas civilizadoras contra la inmorali-
dad y las doctrinas corruptoras del materialismo y del ateísmo
La libertad racional, en todas sus diferentes aplicaciones contra la opresión
y el despotismo monárquico, demagógico, literario, etc.
La igualdad legal contra el privilegio aristocrático, oclorático, universita-
rio o cualquier otro; la tolerancia real y efectiva contra el exclusivismo y la
persecución, sea del católico contra el protestante y el deísta, o el ateísta
contra el jesuita y el fraile, etc.
La propiedad contra el robo y la usurpación ejercida por los comunistas,
los supremos o cualesquiera otros.
La civilización, en fin, contra la barbarie

c. El Partido como organización de gobierno


El Partido curante el Olimpo Radical

Con la elección deJosé Hilario López en 1849, se inicia el período conocido


como "El Olimpo Radical", que se extenderá hasta la batalla de la Humareda
en 1885. Durante esta época, el Partido Conservador sólo gobernó en dos
ocasiones, con Manuel María Mallarino (1855-57) y con Mariano Ospina
Rodríguez (1857-1861).

Gobierno de Manuel María Mallarino


(Cali 1802-Bogotá 1872) (1855-1857)

Abogado Conservador, Gobernador del Cauca, Representante a la Cámara,


Senador. Ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores de Mosquera en
1846, Vicepresidente en 1853, tuvo que enfrentarse a la dictadura de Melo de
1854. Como presidente, entre 1855-57, tuvo la misión de regresar el país a la
normalidad, lo que consiguió estableciendo una paridad ministerial entre el
Partido Liberal y el Conservador y garantizando la paz hasta el fin de su go-
bierno, el cual ejerció sin ausencias. Mantuvo una eminente sujeción a las leyes
civiles y, fue celoso cumplidor en el manejo de las finanzas, admirable labor en
medio del poder que mantenían los generales de la independencia. Logró en
sus propósitos reducir el pie de fuerza del ejército a sólo 400 hombres, sin con-
ceder ningún ascenso militar.
Para las elecciones presidenciales de 1857, el Partido Liberal se dividió entre
gólgotas, que promovían la candidatura de Manuel Murillo Toro, y draconia-
nos, que apoyaron a Mosquera; mientras tanto el Partido Conservador presenta
Rojo difuso y azul pálido 231

la candidatura de Mariano Ospina Rodríguez, quien resultó ganador con 96000


votos sobre 82000 de M urillo y 32000 de Mosquera.
Ospina Rodríguez proclamó la Confederación Granadina en 1858, aun-
que mantuvo el centralismo. En 1860 Mosquera como presidente del Estado
del Cauca se nombró supremo director de la guerra y convirtió al Cauca en
Estado soberano.

Gobierno de Mariano Ospina Rodríguez


(Guasca 1805-Medellín 1885) (1857-1861)

Abogado conservador, opositor a la dictadura de Bolívar en 1828, Represen-


tante a la Cámara, Ministro de Relaciones Exteriores en 1841, fundador del
Partido Conservador junto con José Eusebio Caro en 1849, Gobernador de
Antioquia, elegido Presidente de la República para el período 1857-61. Se vio
enfrentado a la división del país en ocho estados. Aunque la constitución de
1853 era de carácter centralista, se reformó en 1858, creando la Confederación
Granadina, de carácter excluyente. Esto lo distanció de su antecesor, lo que
produjo la guerra civil de 1860, el enfrentamiento con Mosquera y el partido
radical y, finalmente, la derrota. Terminó su período el1 de abril de 1861, en-
tregó el poder al Procurador Calvo quien capituló el 18 de julio con la Toma
de Bogotá por Mosquera, y finalmente es desterrado en 1861. Regresó al país
en 1871, dedicando sus últimos días fue a la cátedra y al periodismo.
Por otra parte, con la entrada a Bogotá de los ejércitos de Mosquera el 18
de julio de 1861, el régimen constitucional perdió la capital, pero se mantuvo
vivo en el Cauca y en Antioquia, hasta que fue derrotado completamente en
1862. B Partido Conservador asistió así al destierro de su presidente Ospina
Rodríguez y al asesinato de uno de sus líderes más importantes, Julio Arbole-
da. Desde este momento Mosquera se declaró presidente provisorio de los
Estados U nidos de la N ueva Granada.
Luego de la derrota definitiva del Partido Conservador en 1862 y la promul-
gación de la constitución federal de Rionegro en 1863, el Partido Conservador
permaneció en la oposición, manteniendo los gobiernos del Tolima y de Antio-
quia. Con la nueva Constitución, el período presidencial se redujo a 2 años y se
permitió que cada Estado soberano reglamentara las elecciones en su territorio. 12
El asunto del sufragio libre se constituiría en pieza vital del programa del
Partido Conservador, y así quedó contemplado en sus programas de 1878 y
1879. En 1876, el Partido Conservador se lanzó a la guerra civil, en protesta por
los fraudes electorales organizados por el partido radical. En las elecciones de
1876, había resultado ganador Aquileo Parra sobre Rafael Núñez, quien era

12 Al respecto vale la pena comentar que el Partido Conservador promovió el sufragio universal
r fue ganador por esta vía, cuando este fue vigente para todo el país, en las elecciones de 1857.
232 David RolI
- - - " - - - -

apoyado por algunos sectores conservadores. La guerra fue ganada por el go-
bierno, pero esto significó la división del Partido Liberal entre radicales e inde-
pendientes. Estos últimos se unirían definitivamente a N úñez.
Después de la guerra de 1876, el Partido Conservador decidió marginar-
se de cualquier intento de recuperar el poder por las armas y se dedicó a en-
trar en negociaciones con N úñez, el jefe de la facción independiente del
Partido Liberal. Con esta alianza, fue elegido, en 1878, el triunfador de la ba-
talla de los Chancos de 1876, el general liberal Julián Trujillo.
En las elecciones de 1880, finalmente fue elegido presidente Rafael N ú-
ñez, quien intentó realizar un gobierno integrado por radicales e indepen-
dientes, pero el Partido Radical se opuso y se inclinó hacia la candidatura de
Zaldúa en 1882, quien ganó las elecciones, pero murió en ejercicio de su car-
go en diciembre de! mismo año.
Durante la presidencia de Rafael N úñez en 1884, e! Partido Conservador se
alió con la facción independiente del Partido Liberal, liderada por aquel y esbozó
el programa político conocido como La Regeneración. Desde 1886, cuando se
promulgó la nueva Constitución de carácter autoritaria, católica y centralista, el
Partido Conservador se mantuvo en el poder, hasta 1930. Durante este tiempo de
hegemonía conservadora, se destaca la unión del partido con la iglesia, que no sólo
controlaba la educación, sino que además participaba activamente en la política 13 •

La Hegemonía Conservadora

La Constitución de 1886, redactada por Miguel Antonio Caro y el antiguo li-


beral N úñez, abolió el feudalismo, fortaleció e! ejecutivo, restableció la pena
de muerte, creó un ejército permanente y una milicia nacional. Con el predo-
minio de los ultras, tras el retiro de N úñez, se reprimió sistemáticamente a los
liberales, exiliando a sus más destacados jefes, cerrando sus periódicos y prohi-
biéndoles una justa representación en el Parlamento (un solo liberaI1 4), lo cual
motivaría una nueva guerra civil: la guerra de los Mil Días (1899-1902). Esta
fue la última guerra civil declarada, y la más sangrienta, con nefastas conse-
cuencia para e! país, entre ellas la separación de Panamá, e incluso la división
del Partido Conservador durante la misma!5.

13 El caso más significativo es el de! arzobispo Bernardo Herrera Restrepo, a quien se le


atribuye e! nombramiento de los candidatos presidenciales conservadores hasta la elec-
ción de Abadía en 1926.
14 En la legislatura de 1896 el único representante liberal en el Con¡,,'reso era Rafael U ribe U ribe.
15 El Partido Conservador, en medio de laguerra de los mil días, se encontraba dividido, y
e!31 de julio de 1900 el vicepresidente Marroquín, de la facción de los nacionales, le dio
un golpe de estado al titular Sanclemente, de los históricos.
Rojo difuso y azul pálido 233

Gobiernos de Rafael Núñez (Cartagena 1825-Cartagena 1894)


(Novitá 1832-Bogotá 1894) (1886-1992) (1892-1894)

Abogado conservador. Secretario General del General Obando en la goberna-


ción de Cartagena en 1849. Fundador de la sociedad democrática de Cartagena
y del periódico local, La Democracia. Rector del Colegio Nacional de Cartagena.
Representante a la Cámara en 1852. Gobernador de Cartagena en 1854. Secre-
tario de Guerra y luego de Hacienda en el gobierno de Mallarino. Gobernador
de Panamá en 1857. Senador por Panamá en 1860. Secretario del Tesoro en
1862. Diplomático en Europa y en Estados Unidos desde 1864 hasta 1874.
Nombrado Secretario de Hacienda por el General Trujillo en 1878, el Senado lo
rechaza por sus relaciones con Soledad Román, a pesar de estar separado de he-
cho de su mujer y haberse divorciado por las leyes civiles en 1871. Presidente en
1880-82, procuró desarrollar un gobierno de concordia nacional, rechazado
por los radicales. Promovió una ley de orden público que permitió al gobierno
intervenir en las disputas de los Estados soberanos. Creó el Banco Nacional, ga-
rantizando la emisión monetaria del Estado. Nuevamente presidente en
1884-86, afrontó la guerra civil de 1885, resultando victorioso gracias al apoyo
del Partido Conservador. Ese mismo año convocó un consejo de delegatarios
que promulgó la nueva Constitución de 1886. Se restablecieron relaciones con
la Santa Sede, mediante el Concordato de 1887. Por razones de salud se ausentó
frecuentemente de Bogotá, refugiándose en Cartagena. A pesar de esto fue ele-
gido presidente para el período 1892-1898, el cual ejerció el vicepresidente
Caro, ante la muerte del titular en 1894.

Gobierno de Carlos Holguín Mallarino


(1896-1892 vicepresidente varias veces)

A bogado conservador. Senador en 1855, llegando a ser presidente de esta


corporación a los 23 años. Magistrado de la Corte Federal de Justicia en
1859. Participó en las guerras civiles de 1854 y 1860 como defensor de la lega-
lidad, logrando en esta última el grado de coronel. Como colaborador del pe-
riódico conservador Fl Sím bolo, fue retado a duelo por el escritor radical
Becerra, resultando victorioso H olguín. Se incorporó a las filas revoluciona-
rias conservadoras en 1876, asistiendo a la derrota de su partido por los erro-
res de conducción del general V élez en la llanura de Garrapata, haciendo
frente desde la oposición de su oratoria al régimen radical. Miembro del Di-
rectorio Conservador luego de la guerra de 1876, apoyó la política de la Re-
generación de N úñez. Diplomático en Roma, Madrid y Londres entre 1880
y 1887. Ministro de Relaciones Exteriores en 1887. Designado a la presiden-
cia, la ejerció efectivamente entre 1888-1892. Fundó la Policía Nacional,
234 David RolI

fomentó la construcción de ferrocarriles, terminando el de la Sabana, y esta-


bleció los primeros servicios telefónicos y de alumbrado en Bogotá.

Gobierno de Miguel Antonio Caro


(Bogotá 1843-Bogotá 1909) (1892- 1898 como vicepresidente)

Parlamentario, escritor conservador. Fundador y director de diversas publica-


ciones, como La Fe, y J-<~Tradiciona¡ista. Miembro del Consejo de delegatarios
de 1885 y redactor de la Constitución de 1886. Director de la Biblioteca Na-
cional. Director de la Academia Colombiana de la Lengua. Ejerció como vice-
presidente las funciones del titular Núñez, desde 1892 hasta 1898.

Gobierno de Manuel Antonio Sanclemente


(Buga 1814-Villeta 1902) (1898-1900)

A bogado conservador. Magistrado de la Corte Suprema de Justicia en 1854.


Ministro de Gobierno y de Guerra en el gobierno de Mariano Ospina Rodrí-
guez. Prisionero en la guerra de 1876. Gobernador del Cauca en la adminis-
tración de N úñez de 1892. Senador en 1894. Ministro de Gobierno en 1894.
Elegido presidente en 1898 con el apoyo del Partido Nacional de Caro. Por
su avanzada edad y su deteriorado estado de salud que le impedían establecer-
se en Bogotá, se posesionó el vicepresidente Marroquín, más cercano a los
"históricos" del Partido Conservador. La si tuación de vacío de poder, por la
ausencia no oficial del titular quien gobernaba desde Anapoima, propició la
división conservadora y alentó la revolución liberal que desencadenó la gue-
rra de los Mil Días. En medio de la guerra, los "históricos" le dieron un golpe
de Estado a Sanclemente el 31 de julio de 1900, posesionándose el vicepresi-
dente Marroquín, quien gobernó hasta 1904.

Gobierno de José Manuel Marroquín


(Bogotá 1827-Bogotá 1908) (1900-1904 como vicepresidente)

Escritor conservador. Patrocinó la creación de la Academia Colombiana de


Historia. Rector del Colegio del Rosario. Empezó su carrera pública en
1896, como Ministro de Instrucción Pública. Como vicepresidente, asumió
el poder por golpe de Estado, el 31 de julio de 1900. Cuando se esperaba de él
que entrara en conversaciones con los revolucionarios liberales, desautorizó
las gestiones del Doctor Carlos Martínez Silva y la guerra se intensificó,
mientras asistió inerme a los sucesos de la separación de Panamá.
Rojo difuso y azul pálido 235

Gobierno de Rafael Reyes


(Santa Rosa de Viterbo 1849-Bogotá 1921) (1904-1909)

Militar Conservador. Se destacó desde joven por su disciplina. A los 14 años


era maestro en Duitama, ejercía la secretaria del Juzgado y dirigía la impren-
ta del colegio donde estudiaba. Comerciante de quina, aprovechó sus viajes
por diferentes regiones de Colombia, como las entonces desconocidas selvas
del Chocó y del Putumayo, para denunciar los atropellos que tenían que so-
portar desde esa época los trabajadores del caucho, ante la explotación ex-
tranjera, llegando hasta el Amazonas y luego a Río de Janeiro. Obtuvo el
grado de General en la guerra de 1885, venciendo a los revolucionarios libe-
rales. Ante los sucesos del mismo año en Panamá, el presidente N úñez lo
nombró jefe militar del Istmo, recuperando la soberanía que estaba en entre-
dicho por la negativa del gobierno americano de dejar desembarcar tropas
colombianas en Colón. Reyes tuvo que enfrentar la destrucción e incendio
de Panamá y de Colón. Fue Miembro del Consejo de Delegatarios por el
Cauca en 1885, Senador en 1886, Ministro de Fomento y de Gobierno, Ge-
neral victorioso en la guerra de 1895. Se abstuvo de participar en la guerra de
los mil días, permaneciendo en Francia hasta 1904. Fue elegido presidente en
1904, con cllema: "Menos políticas y más administración". Entre sus princi-
pales hechos de gobierno se encuentran la reorganización de las rentas de ta-
bacos y licores, la fundación del Ministerio de Obras Públicas, la creación y
organización de la Escuela Militar y la construcción de la carretera central
del norte y de caminos en el Cauca, Antioquia y el Chocó. Disolvió el Con-
greso, después de una ardua lucha con un sector de liberales y conservadores,
que luego constituirían el partido republicano, y que se opusieron a su go-
bierno hasta que dimitió en 1909.

Gobierno de Ramón González Valencia


(Chitagá 1851-Pamplona 1928) (1909-1910)

Militar conservador, participó en las guerras civiles de 1876, 1895 Y la de los mil
días. Ministro de Guerra en 1901. Vicepresidente en el período 1904-1910, re-
nunció a su cargo en 1905, y tampoco aceptó asumir la presidencia tras el ofre-
cimiento de Reyes en 1909. Sin embargo, fue elegido por el Congreso para
que la ejerciera hasta 1910. En ese año, se destaca la primera reforma consti-
tucional, donde se redujo el período presidencial a 4 años, se abolió la pena
de muerte, y se determinó la reunión anual del Congreso.
Consolidado el poder conservador, tras la guerra, se le permitió una limi-
tada participación al Partido Liberal, destacándose el gobierno de otro conci-
liador, Carlos E. Restrepo, presidente entre 1910 y 1914, Y uno de los líderes
del nuevo Partido Republicano que aglutinaba liberales y conservadores.
236 David RolI

Gobierno de Carlos Eugenio Restrepo


(Medellín 1867-Medellín 1937) (1910-1914)

Abogado conservador, Secretario de Gobierno de Antioquia en 1898, Jefe


del Estado Mayor de General Pedro N el Ospina en la guerra de los mil días,
elegido presidente de la República, por la Asamblea Constituyente de 1910,
consolidando su idea de la Unión Republicana. En su gobierno se impidió el
sufragio de los militares, se reglamentó el servicio militar obligatorio, se ade-
lantó la construcción de caminos y ferrocarriles, y se organizaron hospitales
y puestos de salud en los litorales y comisarías.

Gobierno de José Vicente Concha


(Bogotá 1867-Roma 1929) (1914-1918)

Abogado conservador, Represente a la Cámara en 1898, Ministro de Guerra


en 1901, Embajador en Estados U nidos en 1902, se resistió a firmar un trata-
do con ese país por considerarlo improcedente para Colombia y regresó a fi-
nales de ese año como parlamentario, donde se enfrentó al Quinquenio de
Reyes y se opuso al tratado U rrutia-Thompson. Con el apoyo del Partido
Liberal dirigido por U ribe U ribe, logró la presidencia en 1914. Tuvo que
afrontar los efectos de la Primera Guerra Mundial, como el estancamiento
del comercio y los créditos extranjeros y la disminución de la circulación del
patrón oro. Mantuvo, además, la neutralidad de Colombia en el conflicto.
En su gobierno avanzaron las comunicaciones telegráficas y se continuaron
las obras de los ferrocarriles del Pacifico y de la Sabana. Con visión patriótica
organizó un gabinete con representación de los dos partidos tradicionales,
pero no pudo impedir el asesinato, en las escaleras del capitolio, del General
U ribe U ribe, quien se había constituido en un gran apoyo de su gobierno
desde el Congreso, frente a las criticas de los republicanos.

Gobierno de Marco Fidel Suárez


(Hatoviejo 1855-Bogotá 1927) (1918- 1921)

Escritor conservador, maestro de Escuela, ingresó a la Academia de la Len-


gua a los 26 años y ganó el concurso donde se conmemoraba el centenario
del nacimiento de Andrés Bello. Ministro de Educación en 1900, en el go-
bierno de Sanclemente, se negó a aceptar el nuevo gobierno de Marroquín
consignando su protesta en el Diario Oficial. Representante a la Cámara y
Senador, fue elegido presidente en 1918, teniendo que resistir la oposición
dentro de su mismo partido, en especial del candidato presidencial Guiller-
mo Valencia y del joven parlamentario Laureano GÓmez. Terminó las
Rojo difuso y azul pálido 237

carreteras de Cartagena a Barranquilla, la de Cúcuta al río Magdalena y ade-


lantó los ferrocarriles del Norte, Puerto Wilches y el Tolima. Fundó la es-
cuela de aviación y creó la primera empresa aérea de Colombia y de
Latinoamérica, SCADT A. Presionado por Gómez desde el Congreso, aban-
donó la presidencia en 1921. Al final de su vida, escribió "Los sueños de Lu-
ciano Pulgar", donde relata los sucesos de 1900 y luego el retiro del gobierno
del presidente "paria", como el mismo se denominaba.

Gobierno de Jorge Holguín Mallarino


(Cali 1848-Bogotá 1928) (1921-1922)

Abogado conservador, hermano del presidente Carlos Holguín, gerente del


Banco Nacional en 1881, Congresista desde 1888 hasta 1920, Secretario del
Tesoro de Núñez en 1884, presidió el Consejo Nacional Legislativo en 1887.
Presidente del Senado en 1892. Ascendido a General en la guerra de 1895.
Fue Ministro de Relaciones Exteriores en 1896 y Gobernador de Cundina-
marca en 1897. Ministro de Guerra y de Tesoro en 1898, se opuso al golpe de
estado de 1900, siendo desterrado. Mini stro de Hacienda en 1904. Presidió la
Asamblea Nacional en 1909. Reemplazó como designado en dos oportuni-
dades al presidente Reyes, hasta su retiro definitivo en 1909, donde entregó
al poder a Valencia, elegido por el Congreso. Presidió el Consejo de Estado
en 1914. Fue elegido primer designado en 1921 y reemplazó al titular Suárez
hasta terminar su período en 1922.

Gobierno de Pedro Nel Ospina Vásquez


(Bogotá 1858-Medellín 1927) (1922-1926)

Ingeniero de Minas y Militar conservador. Hijo del presidente Mariano


Ospina Rodríguez, sufrió desde los 4 años el exilio al que fue sometido su pa-
dreluego dela revolución de Mosquera en 1861. Participó en las guerras civi-
les de 1876, 1885, 1895 Y de los mil días. Fue Rector de la U niversidad de
Antioquia en 1887 Representante a la Cámara en 1892. Ministro de Guerra
del Gobierno de Marroquín, intentó restituir el gobierno constitucional,
siendo apresado y desterrado en 1901.Fue elegido Senador en 1903 y Presi-
dente del Senado en 1918. Fue nombrado Gobernador de Antioquia en
1919, elegido presidente en 1922. Creó la Contraloría General de la Repúbli-
ca, contrató la misión Kemmerer que organizó el Banco de la República y la
Tesorería General e impulso la construcción de caminos y ferrocarriles.
238 David Rol!

Gobierno de Miguel Abadía Méndez


(Vega de los padres-Tolima 1867 -Bogotá 1937) (1926-1930)

Abogado conservador, Diputado de Popayán, Fiscal de Cundinamarca, Re-


presentante a la Cámara, profesor Universitario y Ministro del tesoro, de
instrucción pública, de relaciones exteriores y de gobierno. Elegido presi-
dente sin contendores en 1926. Contó con el apoyo del Arzobispo Herrera
Restrepo. Tuvo que afrontar no sólo la crisis mundial de 1929, sino también
la oposición férrea de liberales, conservadores, comunistas y estudiantes. Su
desafortunado gobierno tuvo una participación nefasta en la huelga de las ba-
naneras que terminó definitivamente con la hegemonía conservadora.

El Partido Conservador durante la República Liberal

El Partido Conservador se fue desgastando progresivamente por estos acon-


tecimientos y por su incapacidad para responder a ellos de forma no violen-
ta, como lo demuestra la decepción de sus propios adeptos, incluido cllíder
radical Laureano Gómez, quienes se opusieron a esa represión o a las políti-
cas de endeudamiento internacional y de concesiones petrolíferas.
Así, el Partido Conservador se vio dividido para las elecciones de 1930, lo
cual fue aprovechado por los liberales para presentar su candidato, quien ganó la
presidencia, no obstante obtener menos votos que los candidatos conservadores
globalmente considerados. Los conservadores además no contaron con la capa-
cidad de reorganización de los liberales. El final de la hegemonía conservadora
llegaría con el gobierno de Miguel Abadía Méndez (1926-1930), quien mostró la
incapacidad del régimen para responder a las nuevas realidades sociales y a las
reivindicaciones de los sectores obreros y campesinos que se habían manifesta-
do a lo largo de la década de los años veinte l6 .
Cuando el Partido Liberal recuperó el poder en 1930, los conservadores
se fueron a la oposición, y divididos en dos tendencias de derecha modera-
da y ultraderechista, atacaron al Partido Liberal, acusándolo de comunista,
y de inclinarse frente a las políticas norteamericanas. La permanente oposi-
ción a los gobiernos liberales, llegó incluso a los ataques personales y a la ma-
quinación de escándalos que involucraban a la élite liberal, especialmente a
Alfonso López Pumarejo, quien finalmente renunció en 1945, a su segunda
presidencia 17.

16 El epílogo de la hegemonía conservadora fue la matanza de las bananeras en 1928, con


participación directa del ejército colombiano para terminar una huelga.
17 El más célebre escándalo involucró a un hijo del presidente en el asesinato de un vete-
rano boxeador, llamado Mamatoco.
Rojo difuso y azul pálido 239

La Violencia

La división liberal en las elecciones de 1946, permitió e! regreso al poder de


los conservadores con Mariano Ospina Pérez, postulado como candidato de
la Unión Nacional, luego de 16 años de ausencia. El gobierno de Ospina se
caracterizó por e! desencadenamiento de la violencia política. El clima de
violencia se tornó insostenible con el asesinato de! jefe único de! Partido Li-
beral, Jorge Eliécer Gai tán I K. En noviembre de 1949, O spina cerró e! Con-
greso' las Asambleas y los Concejos Municipales y alteró la composición de
los tribunales de justicia. Bajo el estado de sitio, se llevaron a cabo las e!eccio-
nes que ganó e! conservador Laureano Gómez, luego de! retiró de! Partido
Liberal de las elecciones de 1950 por falta de garantías electorales.
En medio de la persecución política contra el Partido Liberal, Laureano
Gómez fue elegido presidente en 1950, y en su gobierno se desató la más grande
violencia oficial, que aún se recuerda con horror, por la naturaleza y los méto-
dos usados en numerosas masacres y asesinatos políticos contra los liberales l9 .
El clima de violencia, obligó a un pacto entre liberales y ospinistas para tumbar
a GÓmez. De esta manera el Teniente General Rojas Pinilla dio e! golpe de Esta-
do en 1953, conocido como el "golpe de opinión", cuando Gómez intentó rea-
sumir la presidencia, luego de estar alejado por enfermedad durante dos años.

Gobierno de Mariano Ospina Pérez


(Medellín 1891-Bogotá 1974) (1946-1950)

Ingeniero conservador, Representante a la Cámara y Senador, fue elegido presi-


dente para e! período 1946-50. Inició su gobierno con e! propósito de desarrollar
una administración de "U nión N acional", pero ante la oposición de su partido
de negociar con los liberales, tuvo que afrontar los sucesos trágicos de! 9 de
Abril de 1948, luego de! asesinato de Gaitán. Al respecto cabe señalar que aun-
que se sindica a este gobierno de haber iniciado la violencia bipartidista, desde
los años 30 se venían presentando persecuciones oficiales, tal como lo había de-
nunciado en su momento Laureano GÓmez. Durante su gobierno se creó la
Empresa Siderúrgica N acional de Paz de! Río, se aumentó e! capital del Instituto
de Crédito Territorial, se contrató una misión con e! Fondo Monetario Interna-
cional para defender la moneda, aumentó e! impuesto de giros y a los grandes ca-
pitales, y se celebró la Conferencia Panamericana.

18 La muerte de Gaitán produjo el "Bogo tazo", una oleada de destrucción que arrasó el cen-
tro de Bogotá, y numerosas reacciones violentas en todo el país.
19 La violencia llegó a un punto tal, que los diarios liberales, El Tiem po y F2 ¡-'~pectador fue-
ron quemados, al igual que la casa del directorio liberal y las del expresidente López
Pumarejo y el líder liberal Carlos Lleras Restrepo, quienes tuvieron que irse al exilio.
240 David RolI

Gobierno de laureano Gómez Castro


(Bogotá 1889-Bogotá 1965) (1950- 1953)

Ingeniero conservador. Parlamentario desde 1911. Ministro de Obras Públicas


en 1925 y de Re!aciones Exteriores en 1947. Dirigió las publicaciones LI Uni-
dad, Revista Colombiana y Fl Si¡;lo. Líder indiscutible de! Partido Conservador
por medio siglo, dirigió y redactó los programas de! partido en 1931 y 1937,
donde se opuso a la República Liberal. Ganador de las elecciones de 1950, sin
contendores. Al i.l,JUal que López Pumarejo en 1934, se retiró de! poder en 1951
por problemas de salud, siendo reemplazado por el designado U rdaneta Arbe-
láez. Al pretender reasumir e! cargo, e! 13 de Junio de 1953, fue derrocado por el
golpe de Estado de! general Rojas Pinilla. Exiliado en España, firmó con Lleras
Camargo e! pacto de Sitges, que dio origen al Frente Nacional, una alternación
de 16 años en e! poder, entre los dos partidos tradicionales.

Gobierno de Roberto Urdaneta Arbeláez


(Bogotá 1890-Bogotá 1972) (1951- 1953)

Abogado conservador. Representante a la Cámara y Senador. Ministro de


Gobierno, de Guerra y de Relaciones Exteriores. Diplomático en Argenti-
na, Perú, la O N U , Y firmante de! Protocolo de Río de J aneiro que resolvió e!
conflicto colombo-peruano. Ejerció el poder como designado entre 1951 y
1953, hasta el 13 de Junio de 1953, cuando reasumió el presidente Gómez y
fue derrocado por el golpe militar de Rojas Pinilla.

El Frente Nacional

Gobierno de Guillermo león Valencia


(Popayán 1909-Nueva York 1971) (1962-1966)

A bogado conservador, hijo del poeta Guillermo Valencia y varias veces can-
didato a la presidencia, Representante a la Cámara y Senador, Embajador en
España entre 1950-53, participó en la coalición liberal-conservadora que de-
rrocó al dictador Rojas Pinilla en 1957. Elegido presidente por el Frente N a-
cional para e! período 1962-1966, tuvo que afrontar una agitación política y
social que marcó la aparición de las guerrillas comunistas que intentaron
crear las repúblicas independientes de Marquetalia, El Pato y Riochiquito.
Creó la Junta Monetaria y estableció el impuesto a las ventas, incrementó la
actividad de! Instituto de Crédito Territorial e inauguró Ciudad Kennedy.
Se crearon los departamentos de Quindío y Risaralda, que conformaban el
Rojo difuso y azul pálido 241

"Viejo Caldas". Recibió la visita oficial de! presidente de Francia, Charles de


Gaulle.
Los aspectos principales de su gobierno fueron, la repartición de todos
los cargos públicos de acuerdo a la correlación de fuerzas de los sectores polí-
ticos tradicionales en los cuerpos colegiados y la preponderancia de las Fuer-
zas Armadas. En su gobierno surgieron las FARC (Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia) y del ELN (Ejército de Liberación Nacional),
grupos insurgentes que aun hoy continúan.

Gobierno de Misael Pastrana Borrero


(Neiva 1923-Bogotá-1997) (1970-1974)

Abogado Conservador. Ministro de Obras Públicas, de Fomento y de Ha-


cienda. Ministro de Gobierno en 1966. Embajador en Washington en 1968.
Elegido Presidente por el Frente Nacional en 1970, frente al General Rojas
Pinilla. Ante la diferencia escasa entre los dos candidatos, surgieron oposi-
tores a su gobierno, entre ellos el grupo insurgente Movimiento 19 de
A bril (M -19). Du ran te su m andato se firmó el con trato de asociación para
iniciar las minas de carbón del Cerrejón, creó la Central de Abastos de
Bogotá (Corabastos), y se implantó el UPAC, para fomentar la adquisi-
ción de finca raíz para las clases bajas y medias, con créditos accesibles.
Fue el promotor de la Convención Conservadora de 1985, donde propuso
y fue aceptado el cambio del nombre del partido, por el de Partido Social
Conservador.
Su administración fue la cuarta de! Frente Nacional (1970-1974). En me-
dio de inmensas dudas de fraude, e! candidato del Frente Nacional derrotó al
candidato de la Anapo, Gustavo Rojas Pinilla, en la madrugada del 19 de Abril
de 1970, luego de las primeras informaciones que daban el triunfo a Rojas 20 • El
objetivo de su gobierno fue reorientar el gasto público y brindarle mayor
atención a las ciudades, dentro de! acelerado proceso de modernización so-
cioeconómica del país, con especial énfasis en los sectores populares, para re-
forzar e! apoyo electoral hacia los partidos tradicionales. La estrategia del
gobierno se basó en el sector de la construcción, para generar empleo adicional
y ampliar e! mercado interno, elevando los niveles de consumo, pero al final
del período Pastrana, la inflación continuó creciendo y los sectores rurales se
empobrecieron aún más, presentándose una fuerte inestabilidad política.

20 J::<J gobierno de Lleras declaró el toque de queda y el estado de sitio, y suspendió las trans-
misiones radiales, así que sólo hasta la mañana se supo de la victoria de Pastrana. La incon-
formidad de los militantes de la Anapo, se manifestó en la creación del movimiento
guerrillero M-19.
242 David RolI

La estrategia adoptada por el Partido Conservador desde finales del


Frente Nacional, ha sido la de aceptar su condición de minoría histórica y
convenir en no lanzar candidatos conservadores, sino multipartidistas, es-
trategia que ha utilizado con éxito, para ganar las elecciones de 1982 y 1998.

Gobierno de Belisario Betancur Cuartas


(Amagá 1923-) (1982-1986)

Abogado Conservador. Representante a la Cámara en 1951 y 1953. Sena-


dor de la República en 1958. Vicepresidente del Directorio Nacional
Conservador en 1959. Ministro de Trabajo y diplomático en España. Di-
rigió los diarios El Siglo, La Defensa y la revista La Unidad. Candidato a la
presidencia en 1978. Elegido presidente para el período 1982-1986, con
3.168.592 votos a favor, mayor votación que se había dado hasta el mo-
mento por candidato alguno en el país 21 •
Decretó una amnistía general para la guerrilla, se organizaron comisio-
nes de paz, se pactó la tregua y el cese al fuego con el EPL, el M 19 Y las
FARC. En el gobierno conservador de Betancur (1982-1986), se logró la
primera ley de partidos, la ley 42 de 1982, la cual intentó regular los parti-
dos políticos, con la creación de un Estatu to de Partidos.
A pesar de su política conciliatoria, tuvo que afrontar la toma del Pa-
lacio de Justicia por el M 19 en noviem bre de 1985, lo que terminó con la
vida de los magistrados de la Corte y de varios civiles. Integró a Colombia
al bloque de N aciones no Alineadas. Limitó las importaciones y le hizo
frente a la crisis de la deuda externa ya la crisis financiera, producto de la
quiebra del grupo Grancolombiano.
El asesinato del Ministro deJusticia Rodrigo Lara Bonilla, el1 de mayo
de 1984, llevó al inicio de la extradición de colom bianos a Estados U nidos.
El primero en ser extraditado fue el narcotraficante Carlos Leder. Además,
en su gobierno se inició una política de vivienda "Sin cuota inicial", se pro-
mulgó el Estatuto Básico de los Partidos (ley 58 de 1985), y se creó el
Impuesto al Valor Agregado (IV A). Al final de su mandato, el país se en-
frentó a un fuerte aumento del desempleo, a una devaluación acelerada, al
aumento de la inflación, y a la caída de las reservas internacionales.

21 Con respecto a la votación Latorre, afIrma que: "El liberalismo se ha considerado siempre el
partido de las ciudades y es cierto, pero en 1982 se hace cada vez más evidente la incapacidad
de los partidos, en particular del liberalismo, para adaptarse a ese nuevo medio. Y la votación
de Betancur es la prueba. Betancur gana de manera absoluta en Medellin, Tunja, Manizales,
Popayán y Pasto y en forma relativa sobre sus contendores en Bogotá, Barranquilla, Carta-
gena, Florencia, Santa Marta, Villavicencio, Cúcuta, Armenia y Cali", Latorre, Mario. Hechosy
critica política. Editorial Universidad Nacional, 1986.
Rojo difuso y azul pálido 243

Gobierno de Andrés Pastrana Arango


(Bogotá 1954-) (1998-2002)

Abogado y periodista conservador. Concejal y Alcalde de Bogotá. Senador.


Fundó el noticiero TV HOY. Candidato presidencial en 1994. Elegido presi-
dente para el período 1998-2002.
En la primera vuelta presidencial salieron elegidos los candidatos liberal
Horacio Serpa, y el suprapartidista Andrés Pastrana. N oemí Sanín se consoli-
dó con una votación nunca antes registrada para una tercería, como una va-
riante del bipartidismo. En la segunda vuelta el candidato de la Gran Alianza
por el Cambio, Andrés Pastrana, fue elegido como Presidente de la República.
A pesar de ser elegido por la Convención Nacional Conservadora, Andrés
Pastrana se inscribió también como candidato de un movimiento suprapartidis-
ta llamado, Alianza para el Cambio. En la victoria de Pastrana también influye-
ron otros factores como la crisis del Gobierno Samper y el abstencionismo: "La
tasa de abstención también tiene una influencia en la definición del ganador del
proceso electoral. U na participación alta, tradicionalmente habría beneficiado
al candidato liberal, dada la distribución partidista del país"22.
El plan de gobierno de Pastrana se centró en la construcción de la paz
desde cuatro estrategias: el Estado participativo, la reconstrucción del tejido
social, el desarrollo y la paz y la reactivación de la economía a través de las
exportaciones n . El principal objetivo del plan de desarrollo era la búsqueda
del crecimiento sostenible con cohesión social, a través de políticas de refor-
ma al Estado, profundización de la descentralización, plan educativo para la
paz, política de cultura, política de salud, política de pensiones, política de fa-
milia y niñez, y fortalecimiento de las exportaciones.
Pero estas cuatro estrategias y sus implicaciones no tuvieron la acepta-
ción esperada; la sociedad en general, los sindicatos y los movimientos socia-
les mostraron su descontento en las calles mediante movilizaciones y paros,
quitándole cierto grado de legitimidad al gobierno y a las políticas de este.
Sumado a este descontento, la declaración de su inconstitucionalidad por
parte de la Corte Constitucional, hizo que Pastrana tomara una decisión rá-
pida llamada "el plan B", que consistía en convertir el Plan de Desarrollo en
un decreto presidencial para así no tener problemas en la ejecución de su pro-
grama. Este tipo de medidas disminuyó aún más el grado de legitimidad de la
administración Pastrana.
Este Plan fue complementado por políticas de ajuste económico y fis-
cal, como la ley anual de presupuesto del año 2001, que incluyó una reduc-
ción del gasto público mediante el despido masivo de trabajadores

22 Hoskin Gary, IJecciones presidenciales de 1998, p. 368.


23 DNP, Plan Nacional de Desarrollo: Cambio para construir la pa'(, 1998-2[)()2.
244 David RolI

estatales. Además la nueva reforma tributaria cubrió a los municipios y las


diferentes entidades territoriales, buscando más autonomía de estas y su au-
to-sostenimiento. También se privatizaron entidades e instituciones públi-
cas y mediante una reforma pensional se quiso aumentar el número de años
para la jubilación en hombres y mujeres trabajadores. El Fondo Monetario
Internacional (FMI) dio unos 2.300 millones de dólares para el equilibrio
económico supeditado al mantenimiento de esas políticas.
Otro hecho del gobierno, fue el mejoramiento de la imagen internacional
del país, multiplicando sus visitas a distintos gobiernos y promoviendo el apo-
yo a sus iniciativas de paz como la mejor manera de luchar contra el narcotráfi-
co. Destacando las relaciones con EE. UU, que tienen como prioridad la ayuda
para la erradicación de cultivos de uso ilícito, esta iniciativa de ayuda se mate-
rializó en el Plan Colombia, que consiste en una ayuda económica de 1.700 mi-
llones de dólares.
Si bien todas estas políticas se identifican con la administración Pastra-
na, lo más destacado fue su disposición al diálogo con las FARC (Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia), que finalmente culminó con el
rompimiento del proceso en febrero del 2002.
Rojo difuso y azul pálido 245

Gráfica 1 Familias políticas pec.

F¡\MILlAS POLÍTIC AS O POLÍTIC AS


FAMILIARES

I
I PARTIDO I
I CONSERV¡\DOR ¡
I
OSPIN A
I
CARO I I VASQCEZ C;ÓMEZ J PASTRANA

I
Mariano o. José Alfredo Vásquez Laureano Misael
Rodríguez Eusebio Cobo (candidato Gómez Pastrana
(presidente) Caro presidencial (presidente) (presidente)
1859-1861 (fundador) 1930) 1950-53 1970-74
1849

I
Pedro Nel Miguel Alfredo Alvaro Gómez Andrés
Ospina Antonio Caro Vásquez (candidato Pastrana
(presidente) (vicepresi- Carrizosa presidencial) (presidente)
1922-26 den te) 1892- (canciller) 1974-1986-1990 1998-2002
1898 1970

Mariano Enrique
Ospina Pérez Góme2
(presidente) (senador)
1946-50 1994-2002

Juan Manuel
Ospina
(senador)
1998-2002
246 David Rol!
~----~----

Gráfica 2 Facciones partidistas PC C.


,----------------,

2. Rendimiento electoral

A finales del siglo XIX y principios del XX el Partido Conservador tuvo la


mayor relevancia en términos electorales en su historia (la mencionada He-
gemonía Conservadora). e uando a partir de 1930 el Partido Liberal llegó al
poder comenzó el declive del Partido Conservador. Especialmente desde
1934 fue muy notorio el descenso de la votación conservadora y la confor-
mación de may orías liberales en el e ongreso, si tuación que se hizo más evi-
dente después del Frente N acional y en especial después de 1991 con la
creación de la Nueva Constitución. Aunque en los últimos tiempos las
elecciones presidenciales han favorecido más al Partido Liberal al existir en
el partido la tradición de participación en el gobierno del partido, el Parti-
do Conservador en todos los gobiernos liberales tuvo en menor o mayor
grado una presencia. Es en parte por esto que no es posible hablar de siste-
ma de partido de gobierno y partido de oposición en Colombia, y mucho
menos que el Partido Conservador haya sido en las últimas décadas el fiscal
político de los gobiernos liberales, excepto en coyunturas especítlcas,
como la oposición al gobierno Samper.
Rojo difuso y azul pálido 247

Basta un rápido vistazo a las ci fras electorales del siglo pasado y de los
últimos 10 años en particular, para concluir que sin lugar a dudas el Parti-
do Conservador está en un proceso de declive electoral vertiginoso. Va-
rias son las causas que han conducido al PCC a esta situación: Entre los
años treinta y los cincuenta por la urbanización de la población del país,
siendo su electorado preferentemente rural; durante el Prente Nacional
por la despolitización que supuso el pacto y la gran migración a las ciuda-
des; durante los setenta y los ochenta por haberse quedado atrás en el acti-
vismo político frente al Partido Liberal, y haber tenido poco acceso al
poder y por lo tanto al juego de la reproducción clientelista del mismo; y
en la última década por la convergencia de dos fenómenos: división y
fragmentación. La división hizo incluso que Álvaro Gómez se presentara
a la Asamblea N acional Constituyente como Movimiento de Salvación
Nacional; mientras que la fragmentación supone que cada miembro im-
portante del partido tiene su propio movimiento, casi sin excepción, que
actúa como un pequeño partido.
En las elecciones locales del 2000, donde el partido sufrió una gran de-
rrota al perder alcaldías y gobernaciones en departamentos tradicional-
mente conservadores como Antioquia y Boyacá, quedó confirmado su
declive electoral. Sin embargo, la lectura que hacen del fenómeno los con-
servadores es diferen te a la de los analistas. A sí, el boletín G estió n Ca n serv a-
dora de diciembre (miniperiódico) comienza con el titular "El Partido
Conservador vive", sale la fotografía del gobernador del Valle del Cauca,
conservador que sí ganó, con frases como las siguientes: " Perdimos dos
partidos en Antioquia y Boyacá jugando de locales, pero ganamos por go-
leada y de visitantes en el Valle y Risaralda", "El Partido Conservador man-
tiene el 3% de su participación en los votos obtenidos para asambleas tanto
en las elecciones de 1997 como en las del 2000"; y "En relación con las go-
bernaciones el partido tenía cinco y mantiene cinco"24
Es de señalar que la pérdida de votos ha convertido al Partido C onserva-
dor en la mayor minoría electoral en lugar de ser la segunda fuerza en un sis-
tema bipartidista cerrado. Como se verá, muchos conservadores ya no piden
aval al partido.

a. Elecciones presidenciales durante el siglo XX

En la Historia de Colombia el Partido Conservador ha tenido en mayor nú-


mero de ocasiones la presidencia pero, como ya se anotaba, en el siglo XX los

24 Eso dice el boletín Ge.rtión Con.rertJadora, Número 5, de diciembre de 2000, aunque la


cifra oficial son 2. Seguramente el partido contabiliza la de quienes llegan al cargo
siendo conservadores pero no avalados por el partido.
248 David Rol!

resultados obtenidos en elecciones han ido decreciendo. El siglo inició con el


gobierno de José Manuel Marroquín (1900-1904), único del período hegemó-
nico conservador que llegó por un Golpe de Estado (siendo vicepresidente del
golpista). El último gobierno de este período fue el de Miguel Abadía Méndez
(1926-1930), ya que el siguiente fue el gobierno liberal (aunque de concerta-
ción) de Enrique Olaya Herrera.
En 1946 con Mariano Ospina Pérez los conservadores ganaron la presi-
dencia ante la división liberal, y en 1950 Laureano Gómez fue elegido presi-
dente debido a la retirada de los liberales del proceso electoral por la
violencia desatada. Se puede decir que el gobierno del General Gustavo
Rojas de alguna forma era conservador 2 \ aunque fue apoyado también por li-
berales y luego se presentó como líder extraño al bipartidismo. LaJunta Mili-
tar de transición era de confianza de los dos partidos pero también podría
clasificarse como conservadora. Los siguientes presidentes lo fueron por tur-
no, es decir porque le tocaba el poder al Partido Conservador según el pacto
realizado, pero no porque hubieran arrastrado las mayorías nacionales.
Así pues, en la última mitad del siglo los presidentes conservadores llega-
ron al poder o por el pacto frentenacionalista o porque el Partido Liberal se
presentaba dividido a elecciones o por un pacto suprapartidista. Ejemplos de
lo primero son Guillermo León Valencia (1962-1966) y Misael Pastrana Borre-
ro (1970-1974), mientras que Belisario Betancur (1982-1986) ejemplifica el se-
gundo caso (por la aparición del Nuevo Liberalismo de Luis Carlos Galán).
Pero también los conservadores han hecho de las alianzas una estrategia fructí-
fera para alcanzar la Presidencia, como fue el caso en 1998 de la elección de
Andrés Pastrana, que llegó al poder gracias a su Alianza para el Cambio, en la
que acogió liberales con todo y sus maquinarias.
Debido justamente a que entre 1958 y 1974 el régimen político colombia-
no se caracterizó por una repartición pactada de los cargos públicos, un análi-
sis electoral numérico de este período no resulta muy relevante. Al no darse
las elecciones dentro de un marco de igualdad de oportunidades, la medición
de impacto electoral del Partido Conservador durante este período es impreci-
sa. De hecho se realizaron elecciones, pero más como un evento formal de le-
gitimación que como un verdadero ejercicio democrático. Justamente el
Partido Conservador era el más cuestionado en este sentido, pues mantenía,
apoyándose en el Frente N acional, un poder político superior a su poder elec-
toral. Fue así como el último gobierno del Frente N acional que correspondía
según lo pactado al Partido Conservador, estuvo bastante cuestionado.
Tal como decía el pacto, el Partido Liberal se abstuvo de lanzar candidato,
mientras el conservador propuso a Misael Pastrana Borrero y a Belisario

25 A Rojas Pinilla lo unía una amistad con Mariano Ospina Pére:z quien lo apoyó en su
ascenso en 1953. N o obstante, al ser consultados sobrc el tema, la dirigencia actual del Par-
tido Conservador considera que no debe incluirse a Rojas como presidente conservador.
Rojo difuso y azul pálido 249

Betancur, resultando electo el primero. El problema fue que la Alianza N acio-


nal Popular -Anapo-, alcanzó el 38.68% de la votación total, superando por
mucho al candidato Betancur y no muy lejos del 40.26°;;) de Pastrana. Los ana-
pistas denunciaron incluso fraude electoral, cuestión que nunca pudo compro-
barse, pero que dio lugar a la aparición de un movimiento guerrillero, el
Movimiento 19 de abril. La Anapo fue extinguiéndose como fuerza politica en
las elecciones posteriores, dejando al Partido Conservador como segunda fuerza
sin tercería visible que le compitiera ese lugar.

Cuadro 1 Presiden tes conservadores en el siglo XX hasta 1974


-
Presidente Gobierno Partido I Origen del
I Mando J
José Manuel Marroquín 1900 a 1904 Conservador I Golpe de
Estado
Rafael Reyes 1904 a 1909 Conservador , Elegido
Jorge Holguín Queda encargado Conservador Encargo
después de la renun-
I cia de Rafael Reyes,
durante 1909
Ram<Ín Gonzále7. ' Termina el sexenio I Conservador Encargo
Valencia ' de Reyes 1909 a 1910

Carlos E. Restrepo I 1910a1914 Con servador Elegido


José Vicente Concha 1914a1918 I Conservador Elegido
~Iarco Fidel Suáre7. 1918a1921 Conservador Elegido
Jorge Holguín 1921 - 1922, encarga- Conservador Encargo
do después de la re-
nuncia de.Marco
Fidel Suárez
Pedro Nel Ospina 1922 - 1926 Con servador Elegido
Miguel Abadía Méndc7. 1926 -1930 Con servador Elegido
~Iariano Ospina PérC7. 1946-1950 Conservador Elegido
Laureano G(')me7. 1950-1953 Conservador Elegido
Roberto U rdaneta Reempla7.a a Laurea- Conservador Encargo
Arbcláe7. no Gómez de 1951 a
1953, por causa de su
I enhme"o"
Gustavo Rojas Pinilla 1953-1957 De orientación G~olpe de

I conse.rvadora Estado
Junta Militar 5 miembros 1957a1958 De orientación Encargados

Guillermo León Valencia


Misael Pastrana Borrero
1962 -1966
11970 -1974
l conservadora
Conservador
Con servad o r
Elegido
Ekgido
----- - --- --- - --- -------- --

Fuen te: Elaboración propia.


250 David Rol!

b. El Partido Conservador en la contienda electoral


durante el período de elecciones no pactadas

Cuadro 2 Resultados del PCC en las elecciones presidenciales (1974-1998)

I Año I Cand'd~:T 1 Vu.elto I 2 v.e:.o SltuodOn

1 Votos I % Votos %

1974 Álvaro 1.634.879 31.37 I Perdió frente al liberal


GÓme7. Alfonso Lópe;- M.

1978 I Belisario 2.356.620 46,60 Perdic') frente al liberal


Betancur Julio César Turba\

1982 I Belisario 3.189.278 46,80 Ganc') gracias a la divi-


Betancur ! si(ín liberal

1986 I Álvaro ! 2.588.050 35,80 Perdió frente al liberal


GÓme7. I
Virgilio Barco

1990 I Álvaro 1.433.913 ' 23,70 Se presentó como líder


G(')me;- del movimiento de sal-
(MSN) vación nacional

1990 Rodrigo 736.374 12,20 Se presentc') como


Lloreda candidato oficial

1994 Andrés 2.604.771 44,75 3.576.781 48,15 I Perdió por muy poca
Pastrana di ferencia frente la
liberal Ernesto Samper

1998 Andrés 3.653.048 33,98 6.114.752 49 Ganó frente al liberal


, Pastrana 1 Horacio Serpa por un
(APC) buen margen

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la Registraduría Nacional del Estado Civil.

Al finalizar los 16 años del pacto, el Partido Conservador se presentó a


las presidenciales con Álvaro Gómez como candidato, quien con un
38.68(10 del total de la votación no pudo arrebatarle la victoria a los libera-
les en cabeza de Alfonso López Michelsen con un 56.20% de la votación.
En el año 1978 tras una muy reñida contienda electoral el Partido Conser-
vador de nuevo tuvo que ceder el poder al liberal Julio César Turba)' Aya-
la, a pesar de que Belisario Betancur, el candidato conservador, obtuvo el
46.5% de la votación. En 1982 finalmente Betancur resultó electo con un
46.8% de la votación, pero gracias en buena medida a la división galanista
mencionada.
Rojo difuso y azul pálido 251

Cuadro 3 Resultados electorales 1974

porce~:I~-
Presidenciales 1974
Candidato--P~;;ido I Y~to~ ····-r
Álvaro Gómez Conservador 1.634.879 I 31.37
Total 5.212.133

Filen/e: Registraduría Nacional del Estado Civil

Cuadro 4 Resultados electorales 1978

Candidato
-~.~I';:~~;:lalels 19;i-;~-· por4c6e.n6-·0~~,
l ..

Belisario Betancur . C()~~~-:-vad~r: 2.35~~~-2~---


Total 5.075.719

hlen!e: Registraduría Nacional del Estado Civil

Cuadro 5 Resultados electorales 1982

;;~.
Presidenciales 1982
Candidato pa-':;id;--j'" Votos
Belisario Betancur Conservador i 3.189.278
Total 6.840.392 _____..1
Fuellte: Registraduría Nacional del Estado Civil

En 1986 de nuevo el Partido Conservador perdió las elecciones frente a


Virgilio Barco Vargas, quien además planteó un gobierno de partido, instan-
do al conservador a asumir la oposición. Desde el punto de vista de los con-
servadores fue el partido el que se abstuvo de participar en los más altos
niveles de la administración, proponiéndose asumir una oposición reflexiva
y" ... no aceptar la participación que le ha sido otorgada"26.

26 Declaración del Directorio N acional Conservador, agosto 7 de 1986, en López, Mario,


lti"erario de la opo,riciólI, Colección Pensadores Políticos Colombianos, Bogotá, Hono-
rable Cámara de Representantes, 1980.
252 David RolI

Cuadro 6 Resultados electorales 1986


r--
Resultados electorales 1986
r--··~--
r --- -- - - - -
_ .. -----

f-- Po!,,~entajfL
--I----·_·~· ~---.

Candidato ~ Partido Votos


. j\.lvaro Gómez I ConservadQJ 2.588.050 I 35.80
13 o t ª-l 7.229.937

Fuen te: Registraduría N acional del Estado Civil

En 1990 el conservatismo se presentó dividido a las elecciones. Por un lado


se lanzó Rodrigo Lloreda, mientras que Álvaro Gómez se presentó por el Movi-
miento de Salvación N acional, que obtuvo el 23.70 c/'é, de la votación frente al
47.80% de César Gaviria del Partido Liberal. Ni aun sumando el 12.2% de Llo-
reda el partido hubiera ganado. Es de tener en cuenta que también compitió con
fuerza una tercería, la Alianza Democrática M-19, partido surgido de la reinser-
ción del movimiento guerrillero M-19, que obtuvo el 128Yo de los votos.

Cuadro 7 Resultados electorales 1990

l --- -- -l- 1990


Presidenciales -- -
~_, Cal!didQto Partido . Votos 1_ Porcentaje
I Alvaro Gómez Movimiento r 1.433.913 I 23.70
I
de Salvación

-¡ Nacional

i:~;W> L19~"lli-
---- --
f-
Conserva_dor _ 73Q.374 12.20
1
I 6.047.576 I
Fuente: Rcgistraduría Nacional del Estado Civil

La Constitución de 1991 supuso la inclusión de una serie de cambios


electorales que le dieron al Partido Conservador la posibilidad de ganar las
elecciones presidenciales a pesar de su menguado poder electoral, como casi
lo hizo en 1994 y como en efecto lo logró en 1998. Es de señalar que la may 0-
ría de estas normas estaban destinadas a darle apertura al sistema y no a favo-
recer al conservatismo, pero ese fue el efecto en las presidenciales. La
separación de las elecciones en tres períodos, presidenciales, parlamentarias
y locales, acabó con el voto de arrastre, que le permitía al partido con más vo-
tos en el Congreso y las otras corporaciones amarrar esos votos al de un can-
didato oficial. Gracias a esto el voto de opinión o libre se hizo muy
importante en las presidenciales, favoreciendo a los conservadores, que estu-
vieron fuera del poder durante tres períodos.
Rojo difuso y azul pálido 253

El otro cambio que favoreció a los conservadores fue la doble vuelta pre-
sidencial, por lo menos en las elecciones de 1998, en las que los liberales gana-
ron en la primera vuelta y perdieron en la segunda.
La práctica de las coaliciones interpartidistas se ha vuelto tan común, que
el mismo expresidente Belisario Betancur reconoció en la celebración de los
150 años del Partido Conservador en octubre de 1999, que la fuerza de los par-
tidos está más en la capacidad de convocar a los próximos o afines que en la de
contar con la fidelidad de sus propios adherentes. Especialmente la elección de
Pastrana en 1998 tuvo esta característica, puesto que incluso su Vicepresidente
fue un liberal exgobernador de un importante bastión del liberalismo en la
Costa Atlántica, el Departamento del Atlántico.

Cuadro 8 Resultados electorales 1994

~- Prinl~ra yy~IJº---~r
f Candidato , Partido --L Voto~_-+-----,Porcentaie

!
An.drés Pastrana
Total
I Conservador 2.604.771
L5.821.331
44.75

Segunda vuelta
Andrés Pastrana : conservador.·.·.··j· 3 . 5.7.. 6....781 48.15
Total .. _.. __ L4.27.742

¡·¡Iente: Rcgistraduría Nacional del Estado Civil

Cuadro 9 Resultados electorales 1998

Primera vuelta
---Ca-;'cUdato -J~~_. Parti_dº-_____ _ Votos Porcentaie
Andrés Pastrana I Alianza para el Cambio 3.653.048 33.98
!
Total 10.75Jo.4.65_
1 - -- --~-

11~~~7~I =49~
: Segundg"uelta
! Andrés Pastrana
AU'nza pm el Cambio
lTotal
hten te: Registraduría N acional del Estado Civil
254 David RolI

La otra paradoja de las elecciones presidenciales de 1998 fue que a pesar de


ser el conservatismo un partido minoritario electoralmente, los votos de Pas-
trana en la primera vuelta, sumados a los de N oemí Sanín, que se presentó
como independiente siendo conservadora, sumaron más de un 60%. Más para-
dójico aún es el hecho mencionado de que estando en el poder el Partido Con-
servador no tuvo un candidato oficial para las elecciones presidenciales
pasadas, en las cuales apoyaron al disidente liberal Alvaro U ribe V élez.

c. El Partido en las elecciones legislativas

Al igual que en las presidenciales se muestra un descenso en las votaciones tota-


les de ambas cámaras. Como lo explica el senador conservador Luis Humberto
Gómez Gallo, el descenso en las votaciones no es un hecho aislado, sino que res-
ponde a una crisis interna dentro del partido: "El balance es insatisfactorio en
grado sumo. Preocupa que luego de la promulgación de la constitución de 1991,
los electores hayan preferido las fuerzas políticas alternativas y que ese fenóme-
no afecte principalmente en el conservatismo"27. Según él, el Partido Conserva-
dor ha llegado al poder gracias a coaliciones y no por tener mayorías electorales:
"El conservatismo en los últimos cuarenta años nunca ha hecho un gobierno de
partido, solamente ha sido partido de gobierno"2H.
En el Congreso la presencia conservadora ha ocupado el segundo lugar en
número, pero después de 1990 el descenso registrado afecta a ambos partidos,
debido a la aparición de múltiples movimientos independientes o resultado de
alianzas entre sectores políticos tradicionales. Desde 1970 el Partido Conserva-
dor, a excepción de dos ocasiones ha sido el segundo partido más votado, ya que
en las elecciones de 1970 y 1998 otras fuerzas obtuvieron más curules que el Par-
tido Conservador.

Cuadro 10 Elecciones para Senado a partir del final del Frente Nacional,
PC C (~?7 4-1986)_.___ _
I Total Curules
I Años Votos Porcentaje
cU1'1Iles obtenidas

r::~: 1982
112
112
114
37
49
49
1.631.115
1.650.429
2.252.601
33
44
43
~_1986 __ 114 43 2.541.094 38
Fuente: Elaboración propia con cifras obtenidas de la Registraduría N acional del Esta-
do Civil.

27 Gómez Gallo Luis, PropueJta a fa conl'ención cOI7JerZJadora del año 2000.


28 Gómez Gallo Luis, ob. cit.
Rojo difuso y azul pálido 255

Cuadro 11 Elecciones para Cámara de Representantes desde el Frente Na-


cional PC C (1974-1986)
.- ---,-

Total
Años Curules Votos Porcentale
curules
1974 199 66 1.631.924 33
1978 199 83 1.645.496 42
1982 199 82 2.248.796 41
1986 199 80 2.558.050 40
Fuente: Gutiérrez, Francisco. "Rescate por un elefante. Congreso, sistema y reforma política".
En: Bejarano, Ana María y Dávila, Andrés (compiladores). Elecciones y democracia en Colombia,
1997·1998. Bogotá, 1998, p. 232.

La tendencia histórica en los años noventa nos muestra que cuando hay
un descenso en las votaciones para el Partido Liberal, esto no representa un
aumento en los votos conservadores, lo que quiere decir que cuando el libe-
ralismo cae, lo hace el bipartidismo en su conjunto, y el gran afectado termi-
na siendo el Partido Conservador.
De todos modos, el Partido Conservador ha mantenido una estrategia
de coaliciones que le ha permitido seguir siendo la segunda fuerza política.
A unque en 1992 se afirmaba que las nuevas reglas electorales favorece-
rían al Partido Conservador, la realidad ha mostrado lo contrario, como se
vera en el com portamien to electoral. En esta época Javier Sanín se refería al
partido de esta manera: "Las nuevas reglas del juego político harán que el
conservatismo se adapte a ellas. Le favorecen"29.
Durante los años estudiados, el Partido Conservador obtuvo una media
de casi 28.05% para Senado, y una de 28.19% para Cámara. Como vemos su
permanencia en las dos cámaras es muy similar aunque en las pasadas eleccio-
nes (marzo del 2002) cedió terreno.

29 SanínJavier, "El futuro del conservatismo", en Revista Foro, No, 15, 1991, p. 21.
256 David RolI

Cuadro 12 Elecciones para el Senado a partir de 1991 pee


I

No. de Curules
Año Votos Porcentaje
curules obtenidas
1991 lOO 9 34Cl.74H ()

1994 lOO 20 979.097 20


199H lOO y
~~ 1.H(¡9.IO() 2.'1

2002 100 13 885.264 13

Fuente: Registraduría Nacional del Estado Civil. Sólo se toman en cuenta los candidatos del
PCC, no los pertenecientes a los "movimientos afines"30.

Gráfica 3 Votación para Senado pe e (1990- 2002)

40

30
w
2ffi 20
~
10

o
1990 1991 1994 1998 2002
AÑO

Hlen te: Elaboración propia con cifras obtenidas de la Registraduría N acional del Esta-
do Civil

30 Debe tenerse en cuenta que el conservatismo decidió crear una confederación de parti-
dos conservadores, pues hasta sus más importantes líderes tienen sus propios movimien-
tos y no piden aval al partido.
Rojo difuso y azul pálido 257

Cuadro 16 Elecciones para Cámara de Representantes a partir de 1991. PCC

I
No. de Curules
~
Año
Curules__ Obtenidas I___vot~s _
%

1991
1<)<)4
161
1()]
25
40
534.137
1.0<)9.436
16.0
2S.0
I
I
1998 161 28 1. 9<)x.192
~--- --~~

1---1~
23.6
~
2002 166 21 991.084 I

F1IeJl te: Registraduría N acional del Estado Civil.

Gráfica 4 Votación para Cámara de Representantes

40

..,w 30
~
ifi 20
~
~ 10

o
1990 1991 1994 1998 2002
Nilo

hle17 te: Elaboración propia con cifras obtenidas de la Rcgistraduría N aciana! del Esta-
do Civil.

Al igual que sucedió con los liberales en las últimas elecciones, del 2002,
los conservadores sufrieron una gran pérdida aparente, pues según la Regis-
traduría N acional, el Partido Conservador obtuvo solo 13 curules al Senado
y solo 21 a la Cámara de Representantes.
Sin embargo, el Partido Conservador hace otra lectura de los resultados
electorales, pues para ellos, los Senadores electos fueron 30 y los Represen-
tantes 49, lo cual, según la burocracia oficial del partido, refleja que el parti-
do en los pasados comicios más bien "ganó terreno"31. Esto por supuesto

31 Carta del Presidente del Partido Conservador Carlos Holguín Sardi dirigida a David
Roll el 17 de junio de 2002, aclarando, tras la revisión de los borradores que se le envia-
ron del libro, lluC la cifra exacta de congresistas era mucho mayor, debido a la confedera-
ción que tienen de partidos afines al conservatismo
258 David Rol!

responde a que se cuentan las curules de los candidatos de los "Movimientos


Afines" del partido (ver cuadro 13).

Cuadro 13 Partido Conservador Colombiano

' Representante
b ___Presidente ___ j
r---------- ---
Nom re 1 legal

I Movimiento Nacional 1- Gustavo Rodríguez I Rohmo G"lcü,

Eduardo Jaramillo
Mov. De Salvación Nacional Enrique Gómez Hurtado I
1
I Hoyos

I Mov. Fuerza Progresista Jaime Humberto Arango Juan Gómez MartÍnez

Mov. Nueva Fuerza Democrática Jorge Enrique Camacho Andrés Pastrana Arango

Movimiento Unionista Giovanni Antolines José Darío Salazar

Renovación democrática Sergio Naranjo Pérez I Sergio Naranjo Pérez

'1 Progresismo Democrático Luis Miguel Toro Isaza I Manuel Ramiro Velásquez

Mov. de PartIcIpación Popular OIga Rocío Villamizar I Harold León Bcntley

I PartIdo Popular ColombIano Gladis Amparo Gómez '1 Hipólito Moreno

I Mov. Conservatlsmo IndependIente 1 H ugo Artunduaga _H ugo Artunduaga

IMoy. E4o ipo Colomb¡' ILoi, F=i1io Moo"lvc ILoiv P~i1io Moovolvc
~1ovimie_nto Republican~~uan Martín Hoyos ~n l\Llrtín Hoyos __ I

ruente: Secretaría General PCc. Movimientos afines al PCc.

A sí, para el Partido Conservador los senadores conservadores electos se-


rían todos los avalados por el partido más los no avalados que sean afines al
partido (ver cuadro 14).
Rojo difuso y azul pálido 259

Cuadro 14 Partido Conservador Colombiano


Nombre Partido o Movimiento
Luis Alfredo Ramos Equipo Colombia
Gabriel Ignacio Zapata Equipo Colombia
Ángela Victoria Cogollos Equipo Colombia
Jaime Bravo Motta Equipo Colombia
Juan Gómez Martínez Fuerza Progresista
Juan Manuel Corzo Movimiento Nacional
William Montes I Movimiento Nacional

Mario Enrique Varón I Movimiento Nacional


I
Gabriel Acosta Bendeck 32 Movimiento Nacional
José Darío Salazar , MovimientoU nionista
José Raúl Rueda . Mov. Político Ciudadanos por Boyacá
Efraín Cepeda Sanabria N ueva fuerza democrática
Ómar Yepes Alzate PCC
Luis Humberto Gómez Gallo PCC
Roberto Gerlein Echeverría 33 PCC
Carlos Holguín Sardi PCC
Isabel C elis Y ánez PCC
Francisco Murgueitio PCC
C iro Ramírez PCC
Jesús León Puello . PCC
Julio Alberto Manssur PCC
Carlos Albornoz PCC
Hernán Francisco Andrade PCC
Carlina Rodríguez PCC
Consuelo de Mustafá PCC
Jesús Ángel C arrizosa PCC
Guillermo Chávez PCC - Participación Popular
Manuel Ramíro Velásquez Progresismo democrático
Enrique Gómez Hurtado Salvación Nacional
Luis Emilio Sierra Salvación Nacional - Partido Po ular

En el caso de los Representantes a la Cámara, la Registraduría Nacional


reportó 21 curules obtenidas por el partido, sin embargo, en la lista entregada
por el PCC aparecen 23 Representantes del partido electos (Alirio Villamizar
aparece según la Registraduría por coalición), 6 avalados por el partido y otro
movimiento y 24 candidatos electos por movimientos afines al partido.

32 Este senador hace parte de la Junta de Parlamentarios del PLC, según listas entregadas por
dicho partido.
33 Según la Registraduría, este candidato se presentó por el Movimiento N aciana!.
260 David RolI

Cuadro 15 Representantes a la Cámara


Tipo de
Nombre Partido o Movimiento
reDresentante
Avaladas por el • José María Imbett • PCC
partido • Elías Raad • PCC
• Camilo Hernando Torres • PCC
• Marco Tulio Leguizamón • PCC
• Jorge Hernando Pedraza • PCC
• Alfredo Cuello • PCC
• Milton Rodríguez • PCC
• Gloria Polanco • PCC
• Luis J airo Ibarra • PCC
• Myiriam Paredes • PCC
• Eduardo Enríquez • PCC
• Juan Hurtado • PCC
• Alirio Villamizar • PCC
• Iván Díaz Mateus • PCC
• Muriel Benito Rebollo • PCC
• Javier Devia • PCC
• Ubeimar Delgado • PCC
• Tania Álvarez Hoyos • PCC
• Santiago Castro • PCC
• Mariano Paz Ospina • PCC
• Ómar Armando Baquero • PCC
• José Albeiro Mejía • PCC
Coalición • Luis Fernando Almario • PCC - Participación Popular
• Pedro Ramírez • PCC - Somos Colombia
• Alfonso Campo • PCC-PLC
• Armando Amaya Álvarez • PCC-PLC-Unión Cristiana
• Ricardo Arias • PCC-Equipo Colombia
• José Alberto García • Participación Popular
Movimientos • Julio Gallardo • Mov. de Integración Regional
afines • Fernando Tamayo • Movimiento Nacional
• José Luis Arcila • Movimiento Nacional
• Roberto Camacho • Mov. de Salvación Nacional
• Jaime Canal • Mov. de Salvación Nacional
• Óscar Suárez Mira • Mov. Fuerza Progresista
• Pedro Jiménez • Mov. Fuerza Progresista
• Telésforo Pedraza • Mov. Fuerza Democrática
• José Castro Piamba • Mov. Unionista
• Buenaventura León • Mov. Unionista
• Carlos Zuluaga • Mov. Progresismo Democrático
• Pompilio Avendaño • Mov. Progresismo Democrático
• Alonso Acosta • Mov. de Participación Popular
• José Gonzalo Gutiérrez • Mov. de Participación Popular
• Araminta Moreno • Partido Popular Colombiano
• Jorge Gerlein • Mov. Conservatismo Independ.
·· Óscar Pérez Pineda
Óscar Arboleda


Mov. Equipo Colombia
Mov. Equipo Colombia
• Antonio Valencia • Mov. Equipo Colombia
• César Augusto Mejía • Mov. Equipo Colombia
• Juan Ma,rtín Hoyos • Movimiento republicano
• Miguel Angel Durán • Mov. De Integación Regional
• Albino García • Mov. Únete Colombia
• Pedro Pardo • Mov. Político Comunal y Comunit
Rojo difuso y azul pálido 261

d. El Partido en la Asamblea Nacional Constituyente


En 1991 se convocaron elecciones para conformar la Asamblea Nacional
Constituyente encargada de reformar la constitución. A éstas el Partido
Conservador se presentó dividido en Movimiento de Salvación Nacional, li-
derado por Álvaro Gómez y el oficial Partido Social Conservador. El total
de la suma de las listas electas de las ya mencionadas divisiones no logró supe-
rar las del Partido Liberal. El Partido Conservador estuvo en un posición
muy pareja a la de la Alianza Democrática M-19, que en estas elecciones des-
pués de su desmovilización como grupo guerrillero se convirtió en la sorpre-
sa electoral.
El Partido Liberal ha mantenido su carácter dominante en todas las elec-
ciones, salvo en las de la Asamblea Nacional constituyente, lo cual no signifi-
có ningún beneficio electoral para el Partido Conservador. Como
sostuvieron algunos: "La reducción de la votación de los partidos tradicionales
fue en beneficio de los terceros partidos, que de un 14% en las elecciones presi-
denciales de 1990, subieron a un 36% en las elecciones para la Constituyente"34.

Cuadro 17 Listas y Constituyentes elegidos a la Asamblea Nacional Cons-

'
tituyente. Número de Constituyentes. PCC

P~rtidos/ Númer~ ElegidO-~ElegidO Total Porcentaje en 1

L
I

MOV, imiento.s ,
elegidas
--'--- --+---. -
,
Movimiento de 1 10 11 15,7%
Salvación Nacional

le
I Partido Social

-
onservador
--------~
-----'-- ~J .1 5_1 7,1%_

Fuen te: Gilhodes, Pi erre (et.al.), Modern idad, Dem ocraciay Partidos Políticos, FIDEC,
FESCOL,1993.

e. El Partido en las elecciones departamentales.


En las cuatro elecciones para gobernadores que se han realizado en el país des-
de 1991, el Partido Conservador ha obtenido 3 en 1991,7 en 1994, para des-
cender otra vez a 3 en 1997 (el 9.3%), frente a 19 gobernaciones (59.37%)

34 Gilhodes Pierrc, [1IJ partidoJ políticOJ, 1990-1995. En bUJca de la fJtabilidad perdida,


1995, p. 71.
262 David Rol!

liberales 35 . Lo que significó la pérdida de 4 gobernaciones para el Partido Con-


servador, con respecto a las elecciones anteriores. En el 2000 sólo obtuvo 2. Es
de señalar que se perdieron gobernaciones importantes para el partido como la
de Antioquia y Boyacá, lo cual sorprendió pues en el primero se habían conse-
guido gran parte de los votos para el presidente conservador. Sin embargo,
como sostiene Óscar Delgado, "En este departamento el triunfo liberal sobre
el conservatismo no fue novedad, porque de vieja data aquel partido ha sido
mayoritario, elección tras elección para corporaciones. Otra cosa es que debi-
do a división liberal, o a acuerdos entre élites, ha habido gobernadores conser-
vadores en los últimos años w '.

Cuadro 18 Gobernaciones obtenidas PCC (1991-2000).

Gobernaciones
Años Porcentaje
obtenidas
1991 :1 11
1994 7 22.5
1997 3 9.6
20()U 2 (l.4

H/ellte: Registraduría Nacional del Estado Civil.

Gráfica 5 Votación para Gobernación.

25

...,w 20
«
!z 15
w
~ 10
O
a.

o
1991 1994 AÑo 1997 2000

Filen te: Elaboración propia con ci Eras obtenidas de la Registraduría N acional del Estado
Civil.

35 Registraduría Nacional del Estado Civil.

36 Documento aportado a los debates de Fescol por el autor.


Rojo difuso y azul pálido 263

En las Asambleas Departamentales el partido mantiene una media de


22.75%) Y exhibe una tendencia a obtener casi un cuarto del total nacional de
cundes. En las Asambleas departamentales, el Partido Conservador también
ha descendido su votación. En 1990 se tenia un 33.4°!Í) de la votación y en
1998 bajó a 20.6%. Esto representa una pérdida de 800.000 votos, y alrededor
del 20'% de los votos.

Cuadro 19 Curules obtenidas en Asambleas departamentales PCC


(1992-2000)

Curules obtenidas a nivel


Años Porcentaie
nacional
1992 111 22.5
1994 12~ 25.5
1997 112 22.3
2000 104 20.7
Puente: Registraduría Nacional del Estado Civil.

Gráfica 6 Asambleas departamentales.

30
~ 25
~ 20
z
w 15
~ 10
~ 5
O
1992 1994 1997 2000

f. El Partido en las elecciones municipales


En las elecciones para alcaldes, el Partido Conservador ha venido reduciendo su
votación desde 1988. En 1998 obtuvo un 41,34% frente a 45.39% de los liberales;
en 1990 bajó a 38.76% frente a 56. 12°Ir) de los liberales; en 1992 descendió aún más
a 27.22% frente a 40.48'!(1 del Partido Liberal; en 1994 tuvo un leve repunte a
264 David RolI

36.84% frente a 51.08%. En 1997, el Partido Conservador ocupó un segundo lu-


gar, detrás del liberal, obteniendo 6 alcaldías de capitales de departamento frente a
13 del Partido Liberal. En el 2000 sólo obtuvo una frente a 19 del Liberal.

Cuadro 20 Alcaldías a nivel nacional pec.


I
Año Total Alcaldías Porcentaje
-~-----

1988 413 42.5


1990 364 52.3
1992 269 39.0
1994 357 35.0
1997 302 28.4
2000 233 21.3
f'iul7tr: Registraduría )Jaciunal dd Estadu Civil. No se induye a BO.!i,ot;l, D.C. Para las
votaciones de alcaldes.

Gráfica 7 Alcaldías a partir de 1988.

60

50
w
:l 40
1-
Z
w 30
~
~ 20

10

o
1988 1990 1992 1994 1997 2000
AÑo
Rojo difuso y azul pálido 265

g. El Partido en Bogotá
Alcaldía

Es mínima la presencia del Partido Conservador en la ciudad de Bogotá, sólo


alcanzaron dicha magistratura en el año 1988. En el concejo, mantuvieron un
25(1., hasta 1990 mientras que en 1992la curva evidencia una depresión signifi~
cativa con tendencia a la recuperación en los años siguientes. El conservatismo
ha pasado casi inadvertido por las Juntas Administradoras Locales; la curva de~
muestra una participación mínima de la colectividad en este organismo, con
tendencia a desaparecer P .

Concejo

Cuadro 21 VO~Cif)fl para el C.. de Bogotá ~ Partido C(jnservador

Elegidos
Año Porcentaje Votación Obtenida
del Partido

1988 5 25.0 *
1990 5 25.0 120.231

1992 3.6 8.393

1994 3 8.8 26.605

1997 5 12.5 53.516

2000 5 11.9 98.556


E/mil': Registraduría Nacional del hstado Civil. *No se encontraron cifras para el año
en cuestión.

37 Ver datos Alcaldía de Bogotá en el cuadro de la sección del Partido Liberal.


266 David RolI

Juntas Administradoras Locales

N ótese también su baja participación en las] AL.

Cuadro 22 Número de curules obtenidas para] untas Administradoras Lo-


cales OA L) en Bogotá PC C
r·-----~--
--T .-.--- ----- --~~----.-

Año
1992 1994 1997 2000
I Localidad
I Usaquén
I O O O O
Chapinero 1 1 O
Santafé O O O
San Cristóbal 2 2 2
Usme 1 2 2 O
Tunjuelito O 1 3
Bosa O O
Kennedy O 1 2
Fontibón O O
Engativá 1 1 2 1
Suba 1 2
Barrios U nidos O O O O
Teusaquillo O 2 2 1
Mártires O O O O
Antonio N ariño O O O O
Puente Aranda O O O O
Candelaria O O O O
I R,f,el Ucib, O O 1 O
Ciudad Bolívar O O O O
15umapaz Q O O O
Hay que tener en cuenta que el No. total de ediles a elegir en cada localidad es el siguiente: U sa-
quén 11, Chapinero 7, Santafé 7, San Cristóbal 11, Usme 9, Tunjuelito 9, Basa 9, Kennedy 11,
Fontibón 11, Engativá 11, Suba 11, Barrios Unidos 9, Teusaquillo 9, Los Mártires 7, Antonio
Nariño 7, Puente Aranda 11, La Candelaria 7, Rafael Uribe 11, Ciudad Bolívar 11 y Sumapaz 7.
Fuente: Elaboración propia. Las cifras antes del 2000 se obtuvieron de Bejarano Ana Maria y
Dávila, Andrés, (compiladores), Eleccionesy democracia en Colombia, 1997-1998, Fundación Social,
Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes, Veeduría Ciudadana a la
Elección Presidencial, Santafé de Bogotá, 1998 y las del 2000 de la Registraduría Nacional del
Estado Civil.
Rojo difuso y azul pálido 267

3. Funcionamiento del PCC

a. Estructura formal y funcionamiento interno

En los actuales estatutos del Partido Conservador la suprema autoridad del Par-
tido reside en la Consulta Popular Interna, figura que remplazó la antigua Con-
vención N acional Descentralizada, y sus decisiones son obligatorias para todos
sus organismos y miembros" H• Además de ésta, son organismos del partido la
Convención N acional, el Directorio N acional o el Presidente Nacional del
Partido () la Dirección Plural de tres miembros, la Junta de Parlamentarios, la
Conferencia de Directorios Regionales, los Directorios Departamentales, Dis-
tri tales, Municipales y los nuevos Directorios de Localidades o Comunas39 .
A través de la Consulta Popular Interna se elige el candidato a la presiden-
cia y los diferentes Directorios por votación local mediante voto libre, directo
y secreto. La Convención N acional del Partido es convocada por el Directo-
rio N acional y en ella se aprueba el programa del candidato a la presidencia y
el del partido, se formulan los principios, plataforma ideológica y acción del
partido en materia electoral y organizacional. Estos nuevos mecanismos, su-
pusieron en cierta medida una democratización interna del partido porque ya
no hay que trasladarse a Bogotá para votar, aunque hay quienes la han califica-
do también como un traslado del poder clientelista de las urnas al del partido.
La participación se extendió en la Consulta Popular Interna, incluyendo
exfuncionarios públicos en todos los niveles con ciertas condiciones, candidatos
no electos en los últimos comicios y miembros de las Juntas Administradoras
Locales. Igualmente cada distrito y municipio tiene derecho a participar nom-
brando cinco miembros y un delegado adicional en proporción al número de
votos obtenido por el partido en cada ente territorial (el total de votos está dado
por todos aquellos que reciben los candidatos avalados por el partido y los mo-
vimientos afines que manifiesten su adhesión a los principios conservadores).
El Directorio N acional Conservador nombra a un Secretario General
que es remunerado, y tiene secretarias adjuntas para distintos temas, en el se
concentra gran parte del poder del partido, está compuesto por nueve miem-
bros en su mayoría parlamentarios. También hay directorios departamenta-
les, que son autónomos, pero que pueden nombrarse como provisionales
desde el centro "cuando graves situaciones de hecho así lo demandaren 40".
Los Directorios municipales y distritales actúan bajo la misma lógica de los
Directorios departamentales; su organización y sus funciones son las mismas
pero en el ámbito local. En cuanto los directorios de localidades, los estatu-
tos no hacen referencia a su organización, regulación ni coordinación. La

38 b/a/u/oJ de! PClr/ido ConJl'rI'Cldor, Capítulo IlI, Artículo VII.


39 Ibíd., Carítulo IlI, artículo VIII.
40 b/CI/ufos del Partido 200!, Capítulo VI, Artículo XXV.
268 David RolI
- - - . , - - - -

Junta de Parlamentarios Conservadores también es reconocida y tiene un


poder real y fuerte, aunque no tanto como los liberales en su partido.
El reconocimiento a los partidos paralelos al conservador entre sus
miembros es evidente, e incluso existe la Confederación Nacional de Movi-
mientos del Partido Conservador, en donde se reunen "los movimientos po-
líticos de origen conservador que obtengan personería jurídica y que previa
solicitud sean aceptados por el Directorio Nacional"41. Esto demuestra el
grado de fragmentación del partido, y también cómo, en lugar de luchar con-
tra ello, la actual dirigencia ha preferido aceptar su existencia y aprovecharla
de alguna manera. De hecho casi todos los miembros de la Dirección Nacio-
nal tienen a su vez un partido aparte.
En el Partido Conservador hasta hace muy poco sobrevivían estructuras
tradicionales y jerárquicas, representadas por las tlguras históricas de los parti-
dos, en especial los expresidentes, que se combinaban con las autoridades forma-
les del partido. En los últimos años se fue imponiendo el poder de quienes
manejaban los votos regionalmente por encima de las personalidades de! parti-
do. Lentamente fue desplazándose a esas tlguras, y la última de ellas, Enrique
Gómez, perdió e! poder en una Convención Descentralizada, aunque el proce-
so es más complejo.
La coalición dominante del partido por décadas estuvo pues conformada
básicamente por dos personas: Laureano Gómez, representante del ala dere-
cha del partido y Mariano Ospina Pérez, líder del ala más moderada. Cuando
Ospina murió, Misael Pastrana lideró ésta, e incluso logró cambiarle por un
tiempo el nombre al partido: "Social Conservador". De hecho cada corriente
tenía su casa, o sea que había dos Directorios N acionales. e uando murió Pas-
trana hace pocos años, el poder quedó en manos de Álvaro Gómez, quien ha-
bía heredado de su padre la dirección de la línea dura del Partido. Poco después
este fue asesinado y su hermano Enrique Gómez asumió el mando de todo el
partido, pues no quedaba otro líder, ya que el expresidente Belisario Betancur
(Ospinista) se había automarginado de la política. De hecho Gómez aceptó el
cargo de director del partido en la casa ospinista, actual dirección nacional otl-
cial y despachó desde allí hasta que fue derrotado en la convención descentrali-
zada, en la cual dominaron quienes tienen los votos regionales, especialmente
los de los departamentos con más municipios y más conservadores: Boyacá,
Antioquia y Cundinamarca. Realmente Enrique Gómez no fue el último de
los notables, pues no tenía realmente el manejo político de su hermano.
Mientras que el anterior secretario del partid0 42 sostiene que más que un
desplazamiento lo que sucedió fue que e! partido se quedó acéfalo por la muerte

41 Ibídem, Capítulo Xl, artículo XXXIV.


42 Entrevista realizada a H umberto Zuluaga Monedero, exsecrctario General del Partido
Conservador Colombiano, marzo de 2001.
Rojo difuso y azul pálido 269

de los líderes políticos que habían copado todo el espectro político, situación
que fue aprovechada por los mandos medios; el actual Secretario General afirma
que en la Convención Descentralizada del 2000 salió victoriosa una élite dife-
rente, representante de una nueva clase política en el partid0 41 . Lo cierto es que
el Directorio quedó dominado un tiempo por el "elector" del partido, Fabio
Valencia, quien apoyó seis listas para el Directorio y cinco tuvieron éxito. La
única que no alcanzó por poco los votos, fue la de Jorge Sedano, que fue
nombrado Secretario General. La diferencia a la que seguramente hace refe-
rencia Sedano, aunque no lo puede comentar seguramente, es la cuestión de
la obediencia a los notables. Ya comentaba un analista en 1995: "Existe un di-
rectorio presidido por Jorge Sedano, pero la fuerte personalidad de Misael
Pastrana gravita sobre sus decisiones 44 ". Es decir, siguen siendo algunos
miembros los mismos, pero la diferencia es que la voz de los jefes naturales
ya no es una orden determinante como antes.
Los dirigentes del partido eran nombrados de acuerdo a consensos inter-
nos con escasa democratización. Afirmaba Gómez Gallo en los documentos
preparatorios de la Convención Descentralizada: "El conservatismo es clara-
mente contradictorio, su dirección se encuentra confiada a un grupo de nota-
bles, a una minoría selecta de ciudadanos"45. La dirigencia quedó autónoma
con respecto a los notables porque ni Álvaro Gómez ni Misael Pastrana
viven, y Enrique Gómez fue derrotado en la convención. Algunos ven
como una ventaja el cambio generacional que dejó por fuera a los nota-
bles, pero otros no lo ven así porque algunos de ellos pertenecieron al blo-
que de "lentejos", que colaboraron con el pasado gobierno liberal o
porque les parecen personajes con poco liderazgo catapultados a una dig-
nidad inmerecida.
Ciro Ramírez por ejemplo fue director y era un gran desconocido. Lo
sucedió Carlos Holguín Sardi, quien desde entonces hace lo posible por aglu-
tinar el partido, pero sin éxito. Enrique gómez decidió mantenerse alejado y
al frente del Movimiento de Salvación Nacional.
Al igual que en el Partido Liberal la baja institucionalización del Partido
Conservador no permite un efectivo control de los órganos centrales, sobre los
niveles departamentales y locales. Es sin embargo un tanto más coherente en
ocasiones que el Liberal, pues, como afirma Gilhodes, "Por su tradicional posi-
ción de challenger del poder, obligado a la oposición, el conservatismo muestra
una mayor disciplina que el liberalismo, pero no está aglutinado como

43 El actual Secretario General del partido asegura que el nuevo directorio pertenece a polí-
ticos profesionales sin riqueza personal. Entrevista citada: "La dirigcncia del partido
hoy pertenece a los estratos 4,3,2,1. ¡"a oligarquía colombiana perdió al Partido Conser-
vador". Entrevista citada con Jorge Sedano.
44 Gilhodcs, Pi erre, ob. cit., p. 79.
45 G(¡mez Gallo, ob. cit., p. 3.
270 David RolI

partido"46. En algunas regiones del país, existe fuerte disciplina partidista, es-
pecialmente en Antioquia con el mencionado Fabio Valencia, lo que posibi-
lita que lo decidido por el directorio regional sea acatado por las bases 47 . Sin
em bargo, el propio Valencia fue derrotado en su propio terreno en las elec-
ciones del 2000, en parte porque los conservadores se sintieron traicionados
por el Presidente conservador en la repartición burocrática, que al parecer
favoreció más a los liberales colaboracionistas. En el último año de Pastrana
hubo una mayor comunicación entre la burocracia del partido y los parla-
mentarios, pues de alguna forma la convención descentralizada le dio más
poder a estos últimos, e incluso mejoraron las relaciones con el Presidente,
aunque la verdad sea dicha, éste prácticamente no determinó al partido.
Para algunos, en el 2000 hubo una especie de golpe de estado al interior
del partido pero con 20 años de retraso, pues el poder de los jefes naturales es
superior a su electorado desde finales de los setenta, y de hecho el Presidente
Betancur salió como candidato de esa nueva clase política, sólo que fue obe-
diente a los jefes naturales. En nuestro concepto se trata de una transición
tardía y sin rumbo claro, que requerirá de una estrategia más concertada para
sacar a flote un partido que puede tener un juego im portante en la Colombia
del nuevo siglo. De hecho hay 12 movimientos dentro del partido que no
respetan su jerarquía, y si no se articulan de alguna forma, el partido seguirá
debilitándose indefinidamente. La clave del asunto será una combinación de
concertación y persistencia durante los próximos 5 años cuando menos.
En síntesis la coalición dominante hoy no es prácticamente ninguna,
pues el partido en su burocracia está dominado por Ómar Yepes, Carlos
Holguín y Genaro Pérez entre otros pero no tiene un jefe único. Ahora es-
tán en la búsqueda de ese líder, porque ni siquiera tuvieron candidato para la
Presidencia. Fabio Valencia es un jefe regional, que al estilo de los liberales,
quizo convertirse en nacional, pero no lo logró apoy ó a N oemí Sanín a la
presidencia, cuando aún había candidato conservador.
El problema del partido es que está muy desmembrado por debates inter-
nos entre esos líderes regionales, especialmente en Antioquia. En este departa-
mento Valencia se disputaba el poder con el conservador Luis Alfredo Ramos.
Ambos lograron los votos que dieron el f,rran espaldarazo a Pastrana en las presi-
denciales, pero ante la opinión pública Valencia hizo aparecer ese triunfo como
propio, y de hecho recibió más poder que su contrincante, nombrado Embaja-
dor en la OEA. Al parecer Ramos esperaba recibir algún ministerio para su gru-
po, y como retaliación apoyó a los liberales en las elecciones de gobernación de
Antioquia y alcaldía de Medellín, las que efectivamente perdieron los

46 Gilhodes, Pi erre, ob. cit., p. 79.


47 Para Gilhodes esto se constituye en una excepción, por la fuerte personalidad de Valencia,
pero lo cierto es que Valencia fue derrotado en las elecciones, y ellider que aglutina ahora es
Luis Alfredo Ramos (presidente del Congreso)
Rojo difuso y azul pálido 271

conservadores. Ahora Ramos domina, y está aliado con U ribe. En el Departa-


mento del Valle también hay divisiones similares y en el Tolima, por ejemplo,
Gómez Gallo fue derrotado porque no se entendía con un líder importante en
la región.
El que más manda en el partido es el que más alcaldes, diputados y con-
cejales tiene. La pirámide es similar a la del Partido Liberal: senadores, repre-
sentantes, gobernadores y diputados, alcaldes y concejales. El problema es
que la cohesión es endeble por las divisiones internas, y el partido sigue per-
diendo poder. Los conservadores sin em bargo hacen unas cuentas diferentes
a las de los medios (que ellos llaman prensa liberal). Por ejemplo, dos líderes
importantes declararon en entrevistas para este estudio que el partido ganó 4
gobernaciones y las cifras señalan dos. La explicación es que ellos creen que
las coaliciones con liberales deben incluirse si el elegido es conservador.
Por otra parte, suman en las cifras totales los escaños conseguidos por lí-
deres conservadores que tienen su propio partido. Definitivamente es un
partido que no podría darse el lujo de la desunión, pero lo hace. Se puede de-
cir que en el Partido Conservador de momento no manda nadie en particu-
lar, aunque predomina el poder de Holguín y de Ramos. Isabel Celis de
Valencia, murió en un accidente, y éste prefirió quedarse de embajador en
Roma, pues perdío su poder electoral. Como sostuvo el ex secretario Zulua-
ga Monedero en reciente entrevista (octubre de 2(02), la situación del parti-
do "es preocupante, porque no se logra unir a los líderes. Todos tienen su
movimiento independiente, auncjue aceptan al partido".

Cuadro 23 Caracteríasticas de la estructura interna del PCC.


I Tipo de estructura Jerárquica y piramidal -1
Estabilidad de la estructura Subsistió intacta hasta hace poco,
1

desde 1950.
1 Órganos , Consulta Popular Interna y Convención
, según función 1 Nacional.
1, Di rección Nacional.
J unta de parlamentarios.
'1

Direcciones departamentales, municipales,


, Distritales y locales.
'1Conferencia de directores regionales.
'1 Órganos según ' Direcciones departamentales, municipales,
Ámbito territorial I Distritales y locales.
, Tipo de relación entre los ,Jerárquica
lórganos internos I
272 David RolI

b. Elección de dirigentes partidistas y candidatos de elección popular


El candidato a la Presidencia de la República se escoge a través de la Consulta Po-
pular Interna como se expuso. Para los demás cargos de elección popular, los can-
didatos deben obtener el aval del partido.
En la práctica hay una relación fuerte entre la burocracia del partido y los
candidatos a elecciones departamentales48 . El partido es exigente a la hora de
conceder avales para elecciones a Asamblea Departamental, Gobernaciones y
Alcaldías de las grandes ciudades (aunque en la última elección prácticamente no
hubo candidato conservador para Bogotá, aunque sí se dio un aval). El aval del
concejal es por el contrario más anárquico v se le da a casi cualquiera que lo pida.
A través del Directorio N acional, el partido otorga el aval a quien lo solicite a
través del Secretario General. Tras la petición del interesado, se estudia, a través
de los jefes regionales, la moralidad y capacidad intelectual de la persona y el tra-
bajo político. En ocasiones, el Directorio Nacional delega a los parlamentarios,
diputados y presidentes de los directorios departamentales la expedición de ava-
les también. Hay una cohesión importante allí, aunque a la hora de tomar deci-
siones el partido no tiene ningún poder sobre ellos, pues cada cual se guía por su
jefe político nacional o bien negocia directamente, de lo cual surgen curiosas
coaliciones permanentemente.

Cuadro 24 Características del funcionamiento interno del Partido Conservador


Proceso de elección de los candidatos a Consulta Interna.
nivel formal, los candidatos a presidente
y vicepresidente de la república
Proceso de elección de los candidatos a ni- N o se eligen; se les da el aval.
vellocal, los candidatos al poder legislativo
Definición de las políticas del partido Son muy pocas las decisiones
que se toman en la Dirección:
acusar a algún gobernador de
hacer política y cosas simila-
res, no más.
, Formulación y Reforma del programa, la Se hace por convención.
Declaración de principios y de los Estatu-
tos del Partido
Elección de los candidatos i Es discrecional.
Estrategia del Partido I La define la Dirección en sus
reuniones quincenales.
Fuen te: Elaboración propia.

48 En trevi sta ci tada con Jorge Sedano.


Rojo difuso y azul pálido 273

c. Organizaciones de Voluntarios del Partido


Los bajos resultados electorales obtenidos por el Partido Conservador en los
últimos años, lo han obligado a iniciar un proceso de modernización para de-
mocratizar el partido y asimismo demandar más participación por parte de
sus bases. Anteriormente las bases surgían de la libre adhesión a los princi-
pios conservadores y luego de la obtención de la cédula conservadora 49 . En
los estatutos del año 2001: "son miembros del partido quienes profesen libre
y voluntariamente sus principios, compartan y acepten sus programas, cum-
plan sus estatutos, colaboren con la aplicación de los mismos y acaten las je-
rarquías legítimas".
Esta democratización implicaba una apertura del partido para permitir la
organización de las bases. Es así como en los estatutos del año 2000 se contem-
plaron la formación de las N uevas Generaciones en representación de los jóve-
nes conservadores dentro del partido. El reconocimiento de estos jóvenes y
reglamentación de su organización, significó la posibilidad para otros grupos
(mujeres y jóvenes profesionales) de organizarse y obtener un mayor reconoci-
miento dentro de la colectividad. También abrió la posibilidad de conformar
fundaciones y corporaciones adscritas al partido 50 . De esta forma quedaron or-
ganizados tres grupos de base funcionando al interior del partido: N uevas Gene-
raciones, LigaJunior y mujeres conservadoras51 .

Nuevos Generaciones
La organización N uevas Generaciones corresponde a las antiguas juventudes
conservadoras, las cuales se acogieron a esta apertura, ya que se encontraban
desarticuladas, desorganizadas relegadas al trabajo en el campo electoral. En
consecuencia su participación era reducida e inconstante.
El PCC reconoció y avaló la conformación de la organización por me-
dio del llamado a jóvenes líderes conservadores, garantizando a su vez su par-
ticipación real a través de un voto en el Directorio Nacional Conservador 52 •
Fue así como en el mes de octubre del año 2000 se realizó un encuentro na-
cional de juventudes conservadoras, que contó con el apoyo de las directivas
quienes proporcionaron los recursos necesarios para llevarlo a cabo.

49 btatutos del Partido Conserl'ador, Capítulo n, 1996.


50 ¡bíd., Capítulo XVIII, Artículo LI.
51 Para el estudio de estos tres grupos se tuvieron en cuenta 5 variables que darían cuenta
de la situación actual de cada grupo: en primer lugar la correspondencia entre la organi-
zación real y formal, seguido por la independencia, finalidad, financiación y participa-
ción dentro de la colectividad, por último se tuvo en cuenta su comportamiento en
coy untura electoral.
52 Este voto significó para Nuevas Generaciones, un mayor posicionamiento al interior
del partido a comparación de las otras organizaciones que no cuentan con él.
274 David Rol!

Gráfica 8

CANDIDATO A
LA PRLSIDENCIA

JUNTA DE
CONGRESISTAS

NACIONAL DE
MOVIMIENTOS
DEL PCC

R..:prcscntantc
Legal
FONDO NACIONAL
CONSFRVADOR

El resultado de esta reunión fue la elaboración de un proyecto de estatu-


tos y la elección de un Equipo Coordinador N acional. Se nombró como re-
presentante a Juan Manuel Campo para gestionar la conformación de
N uevas Generaciones, organización basada en la doctrina conservadora y en
el acatamiento de sus estatutos. Este proceso culminó con la expedición de la
resolución 015 del 20 de diciembre de 2000, "mediante la cual se crea la Orga-
nización N uevas Generaciones."
Los principales objetivos de la organización, estipulados en los estatutos
son básicamente sociales e implican un trabajo comunitario en las regiones,
municipios y localidades. También se encuentran objetivos políticos claros,
como el apoyo a los programas y actividades adelantadas por el Partido Con-
servador y la formación política y de liderazgo de sus miembros quienes en al-
gunas ocasiones se han presentado o han ocupado cargos de elección popular.
Tratando de imitar el esquema organizativo del partido en el nivel na-
cional, N uevas Generaciones está conformada por una Convención N acio-
nal la cual determina las directrices de la organización; un Equipo
Coordinador N acional, que regula las actividades de la organización en los
diferentes entes territoriales; una Dirección N acional, conformada por un
presidente, quien es elegido por el Equipo Coordinador, el cual ocupa el
Rojo difuso y azul pálido 275

cargo por un período de tres años; cinco vicepresidentes que son represen-
tantes de cada zona geográfica del país, y un secretario técnico por un perio-
do de un año reelegible. Finalmente, se crearon grupos de trabajo para
realizar actividades en diferentes frentes y cada uno de ellos está conformado
por mínimo siete miembros del Equipo Coordinador N acional. Este tipo de
organización y el hecho de que se haya constituido cabalmente, desarrollan-
do diversas actividades de forma permanente y manteniendo una constante
coordinación en territorio nacional, da cuenta de la existencia de un alto gra-
do de correspondencia entre su organización formal y su organización real.
Gran parte de las actividades se orientan a la promoción ideológica y la
formación de líderes. Actualmente, trabajan en varios colegios del sur de la
capital. De igual manera se realizan actividades de asistencia social en barrios
marginados de Bogotá, se adelantan diversos foros y conferencias en distin-
tas universidades y jornadas de integración juvenil. A nivel regional se co-
mienzan a llevar a cabo actividades similares por medio de los grupos de
trabajo en conexión con el Equipo Coordinador. Periódicamente se realizan
reuniones en los diferentes entes territoriales a las que asiste el secretario téc-
nico, quien da cuenta de las actividades realizadas.
La importancia del trabajo en campañas electorales es innegable; la ma-
yoría de sus miembros participan de manera activa en las campañas, y aún
en épocas no electorales 5 3, sus actividades se dirigen a captar la atención de
los jóvenes que se pueden convertir en potenciales electores y colaborado-
res que trabajen y favorezcan al partido. Además esto les permite obtener
experiencia para escalar posiciones dentro del partido y aspirar eventual-
mente a ser elegidos. Aunque en principio sus actividades se pueden deno-
minar de tipo social y pedagógico, se percibe en la mayoría de los casos una
intención política: el regar la semilla conservadora es el motor principal de
N uevas Generaciones.
La poca independencia que estos jóvenes tienen respecto al partido,
se evidencia en las actividades e iniciativas que desarrollan; pues, su fin
último es el fortalecimiento de la colectividad. Adicionalmente, es el
partido quien dota a N uevas Generaciones en cuestión de muebles e in-
muebles; claro que en materia de recursos financieros la organización se
considera autosostenible ya que se buscan los recursos a través de la em-
presa pri vada.
Esta organización se puede considerar la más importante en la medida
en que es la única organización que formalmente cuenta con voz y voto ante

53 Algunos de los miembros de N uevas Generaciones, se han postulado como candidatos


a corporaciones públicas. Además su trabajo en campañas electorales se encuentra rela-
cionado directamente con las aspiraciones políticas de éstos; se empieza a trabajar como
"carga ladrillos" en las campañas, esperando ganar posiciones y llegar a ser un candidato
del partido.
276 David RolI

el Directorio Nacional Conservador, DNC, y con un representante ante los


demás directorios (municipales, distritales, departamentales, ete.), lo cual le
da cierto peso dentro del partido respecto a las otras organizaciones de base.
Además, es la única que se encuentra reconocida al menos dentro de los esta-
tutos del partido.

La liga junior

La Liga Junior es otra organización sectorial del Partido. Se conformó con el


fin de evitar la dispersión de los militantes que pertenecieron a las antiguas
juventudes conservadoras, ya que al llegar al límite de edad para militar en
esta organización los miembros salían del partido ante la imposibilidad de
encontrar espacios de acción. Esta iniciativa fue acogida y apoyada por el en-
tonces presidente del DN C, Ciro Ramírez.
La organización está compuesta por una Asamblea General que es su
máxima autoridad. Adicionalmente, existe una Asamblea de Coordina-
dores Departamentales, una Junta Directiva de la cual hacen parte el pre-
sidente, el vicepresidente, el secretario, la coordinadora femenina y el
fiscal. EstaJunta es la que coordina los comités de trabajo. Esta es una or-
ganización netamente formal, no desarrolla ningún tipo de actividad a ni-
vel departamental ni municipal, e igualmente en la capital su desempeño
es bajo.
Dentro de sus objetivos se encuentran, la formación política de líderes, la
redefinición ideológica del Partido y la prestación de servicios sociales y técni-
cos a la comunidad. Su actividad política consiste en el apoyo a líderes (ediles y
concejales) y a futuros candidatos que pertenezcan a Liga Junior. Para llevar a
cabo estos objetivos la organización depende del partido logísticamente.
Su financiación se basa en un aporte anual de sus miembros. Hasta el mo-
mento no se ha estipulado un monto específico. Aunque no recibe partidas del
Fondo Nacional Conservador, la organización dispone de las instalaciones del
Partido, los recursos financieros se buscan a través de organizaciones sin áni-
mo de lucro y en un futuro piensan hacerlo a través de organizaciones
in ternacionales 54 .
La participación de la Liga Junior al interior del partido en cuanto a
toma de decisiones es nula. No cuentan con voz ni voto, ya que, contrario a
los jóvenes y mujeres, no tienen asiento en el DN C. Esto implica una falta de
posicionamiento al interior del partido. Sin embargo, esto no niega el reco-
nocimiento formal que le da la colectividad conservadora. En el manual del
conservador se consideran como parte de la organización del partido y como

54 Como se anotó anteriormente, todos estos propósitos no se han cumplido; la inactivi-


dad de la organización es evidente y por ende los resultados escasos.
Rojo difuso y azul pálido 277

una de las herramientas importantes para la modernización y reorganlza-


ción del mismo S5 •
N o obstante, este es tal vez uno de los grupos con menor relevancia den-
tro del partido. N o son palpables sus actividades como las de las N uevas Ge-
neraciones, y aunque cuentan con estatutos y reglamentaciones puede
percibir la desarticulación de sus miembros a través de las entrevistas realiza-
das. Tampoco se les tiene en cuenta para la realización de actividades y pro-
yectos. La demanda de participación y el inconformismo por la poca
inclusión en las actividades realizadas al interior del partido es recurrente.

Mujeres
El sector de las mujeres se constituye en otro elemento de las asociaciones de
voluntarios conservadoras. El llamado que realizó el entonces presidente del
DN C, Ciro Ramírez, a comienzos del año 2001, a un grupo de mujeres líde-
res conservadoras, con el fin de crear el Directorio Nacional de la Mujer, cul-
minó con la creación y puesta en marcha de dos Fundaciones. U na de ellas es
la Fundación Mujeres por la Democracia que, a través del acta número 1 del
17 de julio de 2001, sentó las bases para su futuro funcionamiento 56 • Esta
Fundación no representa a la totalidad de las mujeres del partido ni sus aspi-
raciones. Es una Fundación que funciona al interior del mismo y según los
nuevos estatutos expedidos en el año 2001 se les puede considerar como una
Fundación adscrita al partido.
Su finalidad es de índole social, promocionando y difundiendo los dere-
chos fundamentales de la mujer en especial. Las labores sociales que se adelan-
tan con la comunidad se encuentran ligadas con prácticas y fines políticos
reflejados en la promoción del partido, el apoyo a los representantes del mis-
mo ya ellas como posibles\candidatas titulares. La organización no cuenta con
un discurso de género que las lleve a reivindicar sus derechos políticos dentro
de la colectividad ni en el país en general. Tienen un discurso tradicional sobre
las actividades de las mujeres, como la atención social y la niñez, pero nunca
un discurso reivindicador que las posicione dentro de la vida pública del país.
En el transcurso de los meses en que ha funcionado esta organización, se
han adelantado varias actividades que cumplen con las metas trazadas a corto
plazo. Se están desarrollando varias tareas con la comunidad en distintas

55 .\1antlal del ConJerz1ador, EftattltOJ del Partido ConJerlJador Co!om hiano, Segunda parte:
La Organización del Partido, p. 15.
5ó N o existe una Organización N acional de Mujeres Conservadoras como tal; lo que se da
al interior del Partido es la formación de diversas organizaciones. Para el fin de este tra-
bajo se tomó en cuenta la Fundación Mujeres por la Democracia ya que ésta trabaja al
interior del Partido. La otra fundación existente es Mujeres Dinamizadoras de Paz.
278 David RolI

localidades de Bogotá, con la colaboración de líderes comunales y locales


como ediles y presidentes de las J AC 57.
La Fundación está compuesta por una Asamblea General de Delegata-
rias, la cual dicta las directrices a seguir y nombra un revisor fiscal y una Jun-
ta Directiva, conformada por 9 miembros que, con sus suplentes respectivos,
ejercen la dirección administrativa. El cargo de la presidenta es de gran im-
portancia dentro de la organización. En sus estatutos se le otorga la facultad
de representarla legalmente, realizar contratos, constituir apoderados judi-
ciales para defender los intereses de la Fundación 5x , concentrándose así un
alto grado de poder en esta figura. N o se puede afirmar que se cumple a caba-
lidad, debido a su reciente formación, pero sí se nota una diferenciación en la
distribución de cargos y poderes en su interior.
Al funcionar dentro del partido se hace evidente su dependencia del apo-
yo y reconocimiento del conservatismo, que les da cierto estatus político y le-
gitimidad ante la colectividad. En términos de recursos, el partido les brinda
apoyo logístico para su funcionamiento. Sin embargo, los recursos financieros
se buscan a través de la empresa privada, contactos personales (políticos ami-
gos que les colaboran) e instancias gubernamentales, ya que no tienen ninguna
participación en los recursos que asigna el Fondo Nacional Económico Con-
servador. Según sus estatutos en el artículo 5 "la Fundación Mujeres por la De-
mocracia obtendrá sus fondos de las cuotas que aporten los fundadores y otras
personas y con los demás bienes que a cualquier título adquiera".
La participación de la Fundación en la toma de decisiones al interior del
partido es nula. El puesto en el DNC designado a la mujer no representa a la
Fundación. Dicho puesto lo ocupaba la senadora Isabel C e!is Yañes la cual
no pertenecía a esta organización. Como lo dice su presidenta "hay una re-
presentación que es la representación de aquellas que salen elegidas como
mujeres, la hay (Oo.) si hay representación pero no la representación que debe-
ría haber (Oo.) El grado de participación? N o tiene. Somos voceras, podemos
sugerir cosas, podemos dar ideas, aportar, pero que tengamos decisión den-
tro de los miembros dentro de las decisiones directas del PCC no, no tene-
mos decisión" 59. A diferencia de! Partido Liberal, las mujeres no cuentan
con el reconocimiento de ningún porcentaje en la participación y tampoco
se ven interesadas en ello, como quedó de manifiesto en una reunión en don-
de se criticaba la ley de cuotas 60 .

57 Los ediles y presidentes de la] AC son" los voceros de las necesidades que tiene la comu-
nidad (oo.) entonces es ahí en donde entra la Fundación a hacer la gestión de mediación
para colaborar con ella". Entrevista realizada a la presidenta de la Fundación Soraya
Galvis, 28 de agosto de 2001.
58 Estatutos Fundación A1ujeres por la De1l1 ocracia, Capítulo III, Artículo 23.
59 Entrevista reali7.ada a la presidenta de la Fundación Soraya Galvis, 28 de agosto de 2001.
60 Esta ley le otorga a la mujer un 30 u;;, de participación en cargos públicos.
Rojo difuso y azul pálido 279

En época electoral las actividades de la Fundación se orientan al apoyo


del candidato que el partido elija, en el caso de la presidencia, y en cuanto a
las demás elecciones cada una apoya al político de su preferencia. Algunas re-
conocen tener padrino político y otras el pertenecer a otros movimientos
políticos. Las actividades ordinarias de la Fundación cambian en época elec-
toral, encaminándose a conseguir apoyo que se refleje en las urnas para el
partido. Aunque ellas aspiran a tener alguna representante de la Fundación
en un puesto importante, ya sea en las corporaciones públicas o al interior
del partido, se evidencia un interés mayor en trabajar apoyando a sus diri-
gentes, ya que son conscientes de la crisis en la cual está inmerso el partido(,1.

Conclusiones
En general en los tres grupos estudiados se pueden percibir varios elementos
que dan cuenta de su situación actual: el desconocimiento de los estatutos del
pe e es general, pues a excepción de algunos pocos miem bros, los entrevista-
dos de las organizaciones manifestaron no tener un conocimiento de estos 62 •
Lo mismo ocurre con los principios y las ideas conservadoras. La mayoría de
los entrevistados, se refieren siempre al orden o la moral cristiana del parti-
do, pero pocos desarrollaban una idea que sustentara la importancia de ese
principio. Igualmente son pocos los miembros que demuestran tener cono-
cimiento de la historia del partido.
La organización de bases sociales como tal no está constituida. Las acti-
vidades de las diferentes organizaciones son descoordinadas y desarticuladas
entre sí, cada una actúa de forma individual, sin tener en cuenta a las otras. El
trabajo lo hacen a nombre propio y del partido. N o existe una identificación
común como grupos de voluntarios sino que cada cual representa su sector,
en un campo determinado, buscando sus fines específicos.
A unque se les ha impulsado desde el DN e, estas agrupaciones requieren
de mayor respaldo al interior del partido. La dependencia y la falta de coor-
dinación en los niveles subnacionales aumentan su debilidad. Los sectores
sociales se encuentran aislados del funcionamiento del partido, pues su parti-
cipación se reduce a la coyuntura electoral y éstas organizaciones se presen-
tan incapaces de aglutinar estos sectores.

61 En una charla que se llevó a cabo en la sede del partido el día 28 de agosto de 2001
decían: "Nosotras que somos mujeres y que somos definitivamente importantes, que
somos el soporte natural de la democracia, nosotras, estamos en la obligación de hacer
patria. Estamos en un momento político y como fundación político-social tenemos que
hacer proselitismo político a favor de nuestro partido".
62 Cabe anotar que los únicos que formularon una propuesta de estatutos para el partido
en el año 2001 fueron las N uevas Generaciones.
280 David RolI

Lo que resulta finalmente interesante en cuanto a militancia son los es-


fuerzos que está haciendo el partido para crear grupos de apoyo de base en
este último período, entre las mujeres y los jóvenes especialmente. N o sólo
se organizan charlas en la sede y se financian distintas actividades a diferentes
grupos, sino que se intenta que estos no dependan de un jefe político específi-
co. Ya hay publicaciones periódicas, jefes de juventudes, junior y mujeres,
eventos en coliseos y un gran movimiento en la sede. Es de esperar que este
movimiento persista como base y no se electoralice, y que se mantenga aun-
que cambien las directivas. Es un proceso reciente del que aún no se pueden
extraer firmes conclusiones.

Cuadro 25 Principales tendencias de las bases del PC C


;aria~:-~-correspon~~articip~ción Indep~~;~~~l Finan- Finalidad Compor-
dencia en la toma cia respecto1 elación de la tamiento
Grupos '
1 estructura de decisio- al partido ' organi- en coyun-
de base formal-real nes del PCC -PCC- zación tura elec-
toral

Nuevas Alta Voz y voto baja I Apoyo logís- Difusión Proselitis-


generaciones en el DNC tico por par- ideológica mopolíti-
te del PCC. y forma- (O alto
Empresa ción de lí-
privada deres
Nula baja , Apo)'o logís- Formación I Prosclitis-
Ug,'<><>h" ._ n,¡, tico por pa r - de líderes. I mo políti-
te del PCC. co bajo
Empresa i Apo)'o a
sus mlem-
privada
___ L
bros
Fundación Baja Nula baja ,\ p,;,<> l<>g¡Y~rli'¡;;;: P",,,I,,,,
my tico por par- social: apo- mo po1íti-

lM<>i
por la ! te elel PCC. )'0 al PCC ¡ co alto
Democracia Em presa y trabajo
privada ! comunita-
rio

4. Ideología

Los principios programáticos del Partido Conservador estaban consagra-


dos en el Preámbulo Doctrinario de sus estatutos, pero el artículo II de la
última reforma dice que serán los que apruebe la Convención Nacional
como declaración programática. Es adecuado, sin embargo, citar cuáles
eran los fines y principios del partido hasta antes de la Convención Descen-
tralizada que eligió a los nuevos directivos. En dicho programa, datado de
Rojo difuso y azul pálido 281

1996, se afirmaba: "El fin del partido es el bien común, entendido este
como la correcta armonización de las relaciones de interdependencia del
Estado, la sociedad y la persona humana. Los principios fundamentales del
Partido Conservador son los siguientes":(¡} (resumen)

La aceptación de la Doctrina Cristiana sobre la persona, la familia, la edu-


cación y la cultura, la vida económica, la sociedad, el Estado, el orden polí-
tico nacional o internacional.
Reafirma su fe en el programa de 1849.
La voluntad de lograr un orden justo que resulte del respeto a la autoridad,
libertades racionales, equitativa participación en la búsqueda del bien co-
mún y el disfrute de su beneficios, subordinación del interés particular al
general, y de iguales oportunidades para las personas dotadas de las mismas
aptitudes.
Concepción conservadora del Estado capaz de lograr el bien común den-
tro de un régimen de libertad ordenada, mediante el recto ejercicio de la au-
toridad, con subordinación al derecho y la moral que profesa la nación.
Principios de gobierno: Estado Social de Derecho Democrático, participa-
tivo y pluralista.
Proclama la obra y el pensamiento de Simón Bolívar.
U na concepción social de la vida económica como un orden destinado a sa-
tisfacer razonablemente las necesidades vitales y culturales de todos los
asociados.
Adhesión a la Declaración U niversal de los Derechos Humanos y los prin-
cipios de las N aciones U nidas y la Organización de Estados Americanos.
La acción política debe estar supeditada a las normas éticas.
Defiende el derecho a un ambiente sano y la preservación de los recursos
naturales.

El Partido Conservador colombiano, comparativamente con el Partido


Liberal, puede ubicarse como un partido de centroderecha, por su autoubi-
cación y por su imagen, aunque no está claro que lo sea por sus actuaciones o
por sus electores en las últimas décadas especialmente. A decir verdad, al
igual que en el Partido Liberal, en el Partido Conservador ha habido casi
siempre dos tendencias, una intransigente y proselitista; la otra, conciliatoria
y acomodaticia M . Por ejemplo, la tendencia conciliatoria fue la que dominó
al instaurar la Regeneración (conservadora) en 1886 (la mencionada hegemo-
nía), pero fue la intransigente la que dio lugar a la guerra de los Mil Días en el

63 J:rtatuto dd Partido, 1996.


64 "Dentro de los partidos hlstOrlCOS colombianos, el liberal y el conservador, siempre han exis-
tido dos alas, una de tipo ideológico y la otra de carácter pragmático o transaccional". Hender-
son, James. El cuadripartidismo en la historia colombiana, en Revista El Espectador, Número 22,
diciembre de 2000.
282 David RolI

entresiglo. Luego Rafael Reyes intentó ser conciliador (1904-1909) y lo mis-


mo Carlos E. Restrepo (1910-1914) y sus sucesores. En general, hubo un con-
senso entre todos ellos durante esos casi 50 años, de no perjudicar los
intereses comerciales de los liberales y darles uno que otro ministerio o em-
bajada mientras no se rebelaran contra la Hegemonía Conservadora. La últi-
ma década de este período fue todavía menos ortodoxa, pues conceptos
como el intervencionismo de Estado y cierto progresismo cauto en las ideas
se abrieron paso, en parte, gracias a la crisis que atravesaba el partido. Sin em-
bargo, si se compara con lo que se vivía en otros países de América, se puede
decir que en muchos aspectos se vivió como en el siglo XIX durante todo
este período de dominación conservadora.
Durante la llamada República Liberal (1930-1946), hubo un endureci-
miento ideológico en el partido, y especialmente durante la Presidencia de
Alfonso López Pumarejo, el Partido Conservador fue abiertamente reaccio-
nario contra las reformas modernizadoras que se propusieron. Aunque no
logró evitar su aprobación (reforma constitucional de 1936), sí pudo hacer
retroceder al presidente en el ritmo de los cambios y dejar sin efectos prácti-
cos la mayoría de los mismosó 5 .
Desde que los conservadores recuperaron el poder en 1946 con Maria-
no Ospina Pérez hasta cl2000, las figuras de los Gómez (Laureano, Álvaro
y Enrique) llevaron la vocería del ala más radical y continuaron dando una
imagen derechista del partido, aunque se volvían conciliadores en circuns-
tancias particulares. Laureano fue elegido Presidente en pleno período de
La Violencia, desatada tras el asesinado del liberal radicalJorge Eliécer Gai-
tán durante el gobierno de Ospina. Actuó como un dictador civil y contri-
buyó a la intensificación del conflicto, por lo cual fue derrocado por el
General Gustavo Rojas, con la ayuda de los conservadores moderados.
Luego de su exilio, Laureano Gómez se tornó en un gran conciliador, pues
fue el gestor del acuerdo bipartidista de no agresión y repartición del poder
en 1957 (Frente Nacional). Álvaro, su hi jo, fue varias veces candidato presi-
dencial representando posiciones duras dentro de la derecha del partido,
pero adquirió también un lenguaje conciliador en la Asamblea Nacional
Constituyente. Tras su asesinato a finales de los noventa, su hermano Enri-
que asumió la vocería de dicha corriente y dirigió el partido manteniendo
el tono virulento del periódico familiar El N uevo Siglo, que siempre fue su
principal vehículo de expresión. Finalmente en el 2000, Enrique Gómez,
quien no parecía tener ni el carisma ni la capacidad de aglutinar de su padre
y hermano fue derrotado en la Convención Conservadora, siendo

65 Roll, David, Un siglo de am bigüedad. Para en ten der cirn aii os de crisú] rejo rm as políticas
en Colom bia, Bogotá, Cerec-U niversidad Nacional de Colombia, 2001, p. 36.
Rojo difuso y azul pálido 283

reemplazado por los dueños de los votos en el partido, mucho más pragmá-
ticos y menos dispuestos a definirse ideológicamente.
Aunque hay una extensa literatura explicativa de cómo el Frente Nacional
desdibujó las fronteras ideológicas entre los dos partidos apoyándose preferente-
mente en el clientelismo, siempre se ha seguido considerando que se mantuvo
una cierta diferenciación. Lo difícil ha sido determinar en qué consiste ésta. Por
lo menos no fue tan clara en la Presidencia, toda vez que ninguno de los dos go-
biernos conservadores después del Frente N acional de 1957 puede ser acusado
de más tendencia derechista que los liberales, pues ambos inclusive han promo-
vido las conversaciones de paz más audaces desde el comienzo de la guerrilla en
los sesenta. El gobierno de Belisario Betancur es considerado, por ejemplo,
como menos a la derecha que el gobierno liberal de Julio César Turbay, y en el
plano económico el gobierno de Andrés Pastrana no se le ve como más neolibe-
ral que el gobierno del liberal César Gaviria. De hecho el partido, debido a las
gestiones de Betancur y durante unos años, se denominó "Partido Social Con-
servador", pretendiendo ayudar a diluir esa imagen retardataria ante la sociedad.
La explicación es que Betancur pertenece al ala moderada o de centro izquierda
del partido, que lideraba Mariano Ospina Rodríguez. Es una clara división ideo-
lógica que sólo terminó cuando murieron, hace pocos años, tanto Álvaro Gó-
mez como Misael Pastrana, quien heredó el poder de Mariano Ospina. Betancur
se retiró de la política.
A pesar de esos intentos, el hecho es que los mismos conservadores se con-
sideran más a la derecha que en el centro y a su partido aún más lejos del cen-
tro. Dos encuestas realizadas por el autor en 1994 y 2000 ratifican lo dicho. En
el primer y más amplio estudi0 66 , se encuestaron 15 representantes a la cámara
conservadores, preguntándoseles dónde se ubicarían a sí mismos ya su partido
en una escala ideológica donde 1 es izquierda y 10 es derecha, y el resultado fue
siempre centroderecha. En la autoubicación el resultado fue 6.9 yen la ubica-
ción del partido 7.3 (el promedio de autoubicación en Colombia es 5.4 y en
lberoamérica 5.0)67. En el 2000 se repitió la pregunta de la ubicación del parti-
do a 6 miembros claves de éste y el promedio fue igualmente a la derecha, pero
no tan marcado 6,42. También, como en el Partido Liberal, la cuestión ideoló-
gica se pierde definitivamente en esferas diferentes a las nacionales. Al pregun-
társeles a unos 85 funcionarios del C oncejo de Bogotá de filiación

66 Datos extraídos de Éfites parlamentarias iberoamericanas, Equipo de investigación sobre élites


parlamentarias, volumen 6, Colombia, Universidad de Salamanca, Instituto de Estudios de
Iberoamérica y Portugal, AECI Agencia Española de Cooperación Internacional, CIS Cen-
tro de Investigaciones Sociológicas, marzo 1998. (Información de 1996. Trabajo de campo
realizado por Juan Ibeas y David Roll).
67 Resultados de la misma encuesta adelantada en otros países con muestras similares por
el Instituto de Estudios de lberoamérica y Portugal.
284 David Ron

conservadora por la ideología del partido, sólo dos contestaron que la cono-
cían y ningún concejal de ese partido quiso responder la pregunta(¡8,
Algunos autores, como se mencionó en el capítulo del liberalismo, ha-
blan de un conservadurismo vergonzante, señalando que Colombia es un
país conservador que vota liberal, y otros consideran que incluso en el len-
guaje e! Partido Conservador ha sucumbido a la dialéctica de centro izquier-
da, de mejor recibo en la posguerra fría, perdiendo con ello su identidad(¡9,
Tal fenómeno parece haberse hecho más claro con la nueva dirigencia con-
servadora, pues de hecho e! Secretario General del Partido, Jorge Sedano
afirmó, al ser entrevistado sobre la identidad ideológica de! partido, que el
Partido Conservador tiene como principal objetivo en la actualidad "la cons-
trucción de la dignidad humana", más allá de! superado dilema izquierda - de-
recha, y que no tiene ningún interés en diferenciarse ideológicamente del
Partido Liberal. Lo dicho quedó ratificado al revisar los documentos aporta-
dos para la investigación por e! propio partido, pues en alguno de ellos se
afirma tajantemente: "N uestro proyecto político es la construcción del Esta-
do Social de Derecho"70,
Sin embargo, lo anterior entra en contradicción con lo expresado en el
Manual del Conservador en 1996, donde se manifiesta claramente que sí hay
una diferencia con el liberalismo: "El conservatismo es cercano a la autori-
dad fuerte, al cumplimiento estricto de las normas y los deberes, a lo religio-
so, al orden, a la observancia de los preceptos morales universales, a la
estabilidad y a la tradición, Si el liberalismo es el partido de los derechos, el
conservatismo es el del orden y la tradición"71,
La conclusión de nuestra investigación en este sentido es que el Partido
Conservador, al igual que el liberal en alguna medida, tiene una indefinición
ideológica marcada y una reciente preocupación por solucionar esa cuestión,
bien porque puede tener réditos electorales, bien porque se sienten amenaza-
dos por los llamados antipolíticos, que los acusan de falta de ideología, pero
también porque algunos de sus líderes consideran fundamental definir tales
cuestiones para reagrupar e! partido y hacer frente a los nuevos retos del
mundo globalizado ya la caótica situación de orden público del país, El pro-
blema es que dicha definición no surge de una construcción dialéctica decan-
tada con los años, sino que obedece en gran medida al pensamiento de

68 Encuesta realizada por estudiantes del curso de Partidos Políticos de la e ni,'ersidad


N acional en mayo de 2000,
69 Declaración hecha por el politólogo Enrique Serrano en los periódicos li! I~rpectador y
Nuevo Siglo, y confirmada en entrevista con el autor: "En la noche todos los gatos son
pardos, yeso no puede suceder en un partido conservador cuyas tesis están triunfando
en el mundo entero",
70 Documento dirigido a las mujeres del Partido por el Secretario General.
71 Estatutos publicados en 1996,
Rojo difuso y azul pálido 285

quienes están en la burocracia del partido en un momento determinado o lo


dominan Oaime Arias en 1996, Enrique Gómez en 1999 y el actual directo-
rio), con lo cual la anuencia formal respecto de la misma resulta fácil más
bien por inocua que por importante.
En los actuales momentos, habiendo sido derrotada la línea dura de
Enrique Gómez, bien diferente de la del Presidente Conservador que esta-
ba negociando con la guerrilla, al partido le queda difícil definirse por el
lado de la "autoridad y orden" de sus características originarias, pero tam-
poco asume el neoconservadurismo como bandera pues ya está colonizado
por el ala derecha del Partido Liberal y tiene mala fama. Tampoco se atreve
a controvertir los argumentos socialdemócratas del ala progresista del Par-
tido Liberal, porque no es rentable en cuanto a imagen ni votos. Por ello la
apelación que ahora hace, y es muy voluntarista en ello, está más orientada
a conservar y recuperar un sentimiento partidista, arropado con un adecua-
do discurso ideológico internacionalista que no incomode a nadie especial-
mente, pero suficiente para ambientar la creación de grupos de militancia
entre los jóvenes, las mujeres y algunos colectivos no amarrados a algún lí-
der del partido en particular.
El miedo a la presunta inminente extinción del partido, por ser cada
vez más minoritario y ser abandonado o minusvalorado por los grandes lí-
deres, parece ser el motor principal de estos recientes intentos, que de ser
persistentes de todos modos pueden llegar a tener algún éxito en sus objeti-
vos de mantener vivo uno de los partidos más antiguos del mundo. En cier-
ta forma los dos criticados partidos colombianos pasarían la prueba de
esfuerzo de quienes abogan por defender y relanzar a los partidos para po-
tenciar la democracia. El problema es que los legisladores de am bos, el ver-
dadero poder del partido, no están tan dispuestos a aprobar reformas para
dicha transformación, o por lo menos hasta este momento no se ha aproba-
do ninguna reforma normativa audaz para contribuir a ese cambio. De mo-
mento Carlos Holguín, actual director, y de la corriente laureanista, ha
asumido la labor quijotesca de arrastrar el viejo carro del partido. Aunque
es un político en regla, es evidente que ha asumido esa labor más allá de sus
ambiciones políticas, como una especie de deber moral, un culto a los líde-
res ya fallecidos que le transmitieron en su juventud la entrega incondicio-
nal al partido.

5. Autoimagen
a. En el aspecto ideológico

Teniendo en cuenta el estudio {'-lites parlam en tarias iberoam erican as reali-


zado por el equipo de investigación sobre élites parlamentarias de la
286 David RolI

U niversidad de Salamanca, el Instituto de Estudios de Ibero América y


Portugal, la AECI, Agencia Española de Cooperación Internacional, el
CIS, Centro de Investigaciones Sociológicas en 1998, en el cual participó
el autor, podemos identificar ciertas tendencias en cuanto autoubicación
se refiere.
Al preguntarle a algunos miembros del Partido Conservador Colombia-
no su propia ubicación dentro de un rango establecido en el cual 1 es izquier-
da y 10 es derecha, la tendencia fue a ubicarse ideológicamente dentro del
centro derecha. El resultado fue el siguiente:

Cuadro 26 Autoubicación ideológica de los miembros del PCC

~e autoubicación ideológica ~~~mb;:~;CC


I Media
'''--1 r- 2 1--;-
,
I 4-,r-,
_ __
5 6
6.00
I

_1
7 8 9 10

Pregunta realizada: "U tilizando una escala ideológica donde 1 es izquier-


, da y lOes derecha, ¿dónde se ubicaría usted?"
-------------- -----------------

Al hablar acerca de la posición del Partido en este mismo aspecto, el re-


sultado fue similar:

Cuadro 27 Ubicación ideológica del PCC por parte de sus miembros

~",e~ia~e ubicació~~e p::ici~n i~~:lógic:-~el PCC~:r parte de sus


miembros
r--- 1----"- ! - --- I : '

4 5, 6
!~2 3
_L~15 7 8 9 10

[pregun,ta realizad,a: "U, tilizando una, eS,c,ala ideológica dO,nde 1 es izquierda


y 10 es_der~cha, sitúe 1>( posición i..~e()!ógica de su partido."

En cuanto la pertinencia de ubicar un partido en la izquierda o la dere-


cha, como lo muestra la siguiente tabla, los miembros del partido lo encuen-
tran apropiado:
Rojo difuso y azul pálido 287

Cuadro 28 Pertinencia de la ubicación ideológica

I Media de pertinencia de ubicación de la ideología del PCC en una escala


izquierda-derecha
1 I 2 I 3 1- 4 --[ 5--
3.61
Pregunta realizada: "¿Le parece apropiado situar la ideología de su parti-
do en una escala de izquierda-derecha? Considere los valores 1 = Nada I
apropIado, 5 = Muy apropIado _ ~

Esta auto ubicación concuerda con las ideas que al menos en el discurso
proclaman los conservadores y con el imaginario que del partido se tiene.
Contrario al Partido Liberal que es concebido como el partido libertario, el
Partido Conservador se muestra como el partido del orden y la tradición,
aunque en la praxis política esto no es muy claro. Es de señalar sin embargo,
que en la actividad el partido apoya plenamente al presidente U ribe, justa-
mente por considerarlo a la derecha, a pesar de ser liberal. Electoralmente lo
apoyaron sólo al final, cuando se quedaron sin candidato propio, pero Enri-
que Gómez, del Movimiento de Salvación Nacional y Luis Alfredo Ramos,
el gran elector actual, lo apoyaron desde mucho antes.
Lo que resulta curioso en cuanto a autoimagen es cómo los miembros
del partido identifican la filosofía política de la colectividad según las postu-
ras morales y culturales con características de corte progresista:

Cuadro 29 Filosofía política del PCC según sus miembros.

Media de evaluación de filosofía política del PCC, según posturas mora-


I les v culturales

, ; I 2 I 3~3; 4 5'" I 7 8 --; I 10

'1Pregunta realizada: "¿Dónde situaría a cada agrupación política según sus


! posturas morales \' culturales, en una escala donde 1 = Progresistas y 10 =
! Conservadores?"·

Al interior del Partido encontramos diversas posturas ya hemos habla-


do de la anterior división entre Pastranistas (moderados) y Laureanistas (or-
todoxos) la cual hoy en día no es tan clara, ya que los líderes naturales han
desaparecido y los nuevos líderes regionales responden más a un poder en
términos electorales que a una postura ideológica determinada. A pesar de
esta situación, los miembros de la colectividad declaran sentir una fuerte afi-
nidad y simpatía política con el partido:
288 David RolI

Cuadro 30 Simpatía y afinidad política de los miembros del PCC hacia el


partido
----1

Pregunta realizada: "¿Dónde situaría a cada agrupación política según


sus posturas morales y culturales, en una escala donde 1 = Progresistas
v 10 = Conservadores?"
~-l

~-~
2 ! 3 4 5 6 7 8 9 10
8.00 I

Pregunta realizada: "Por favor, indique en la siguiente escala (donde 1


N o simpatiza en absoluto con el partido y 10= Simpatiza en alto grado con
_~rtidolQgrado d~sjmpatía_y afinidad política con su partido. ¡

Aunque formalmente, dentro de las posiciones del Partido Conservador


sobre el tema del neoliberalismo económico se reconoce que "dejar la vida
económica a la suerte de la mano invisible del mercado es insensato en una
sociedad donde todavía prevalece la pobreza""2, y por ende existe la necesi-
dad de que el Estado intervenga a favor de los desprotegidos, los miembros
del partido tienden a identificar la filosofía política de su colectividad en con-
cordancia con postulados neoliberales:

Cuadro 31 Identificación del partido con doctrinas económicas según


miembros del mismo.

Media de evaluación filosofía política del PCC, según identificación con


doctrinas económicas
--- --------, -- ----¡j-
I 1 I 2 I 3 I 4 5 6 7 8 9 10
~___ 1_____ I I' 469
• __

I Pregunta realizada: "Evalúe la filosofía política de su partido, de acuerdo


, con una escala donde 1 = El libremcrcado debe ser el encargado de determi- I

nar la producción y los ingresos y 10= El Estado debe ocuparse de determi- 1

nar lagoducciQpJ de reclistribuir los ingresos".

En cuanto a la autonomía nacional, los miembros del partido tienden a


creer que su colectividad se inclina a favor de su conservación:

72 Manual de! Conserzuldory hstatutos de! Partido COilsen·"dor Co!O!tl biano, p. 9.


Rojo difuso y azul pólido 289

Cuadro 32 Inclinación del partido respecto a los procesos de integración


supranacional.

1 Media de inclinació~ del~PC¿ co·~ respect:;~ lo~proceso~e in~egración ·1


supranacional ~
I 1 I 2 ; 3 ¡ 4 ¡51 6 I 7 I 8 1 9 I 10-
1 . . 1 4.00 .1 1__ 1 __ I _ 1

! Pregunta realizada: ''Puntúe la inclinación del partido a apoyar las siguientes I


I posturas. Por un lado, la tendencia a primar la autonomía nacional del país en
los asuntos económicos, políticos y culturales con respecto a su entorno. O I
l. por el contrario, la tenden~ia a ~eforzar la intq,rr~ción ~upranacional. Conside-I
re una escala donde 1= PnmaCla de la autonomla nacIOnal y 10 = A favor de
'1 los proceso ~ de integración sUEranacjonal".. .J

b. En la definición de las élites electorales


Teniendo en cuenta la importancia de la elección de los candidatos por el parti-
do a corporaciones públicas, es necesario analizar algunos aspectos como:

Financiación de campañas

Los miembros del partido tienden a creer que los individuos gestionan sus
propios recursos para las campañas, aunque con un poco de apoyo por parte
del partido, en comparación con el Partido Liberal, los conservadores identi-
fican un poco más de apoyo por parte del partido:

Cuadro 33 Gestión de recursos para campañas.


--.......,
I Media de gestión recursos pa~a campañas
1 I 2 1 3 4 5
2.07
I Pregunta realizada: "Quién se encarga en mayor medida en su partido de
l. conseguir recursos financieros para campañas políticas? Considere los valo-
·1 res 1 = Candidatos individualmente obtienen recursos, 5 = El partido ob-
, tie I1 e recursos para campañas de sus cal1didaJos."_ ._ _._~ _ _

Designación de candidatos

Los miembros manifiestan una tendencia a pensar que la designación de can-


didatos al Congreso es llevada a cabo generalmente por el propio candidato;
290 David RolI

el partido sólo le otorga aval; los aspectos programáticos de las candidaturas


quedan en un segundo plano.

Cuadro 34 Factores que determinan la elección de candidatos


¡.r~ideres nacionales sonl~~~~e nombran los 1 2 3
candidatos
!
1.47 * *
• Líderes regionales son los que nombran los 1 2 3
I
candidatos 1.69 * I
*
• Candidatos son los principales promotores de su 1 2 3
campaña política
* 2.53 *
• Asambleas locales de activistas tienen una importan- 1 2 3
cía crucial en e! nombramiento de los candidatos 1. 76 * *
• El nombramiento de los candidatos implica intensos 2 3
debatessobre sus di!~entes programas políticos * .
1.53 * .~

* Ninguno de los otros ítems es representativo al momento de designar candidatos al


Congreso.

El deber ser de la designación

Los miembros de! partido piensan que los candidatos deben ser designados
en mayor medida por los líderes nacionales, los activistas locales y los ciuda-
danos; yen menor medida, por quienes a nombre del partido ocupan una cu-
rul en el Congreso.
Pregunta: "¿Quiénes deben influir en e! nombramiento de los candida-
tos nacionales de los partidos? (Conteste basándose en una escala donde 1 =
A favor y 5 = En contra)
Cuadro 35 Deber ser de la elección del candidato. En
A favor contra

;. Líderes nacionales del partido. 1 2 3 4 5


2.46
• Activistas locales de! partido. 1 2 3 4 5
2.23
• Todos los ciudadanos de! distrito elec- 1 2 3 4 5
toral, votando en elecciones primarias. I I 2.61
• Los actuales representantes de! partido 1 2 3 4 5
en e! Congreso deben escoger la lista 3.53
bajo laqu~qt!ieren competir.
Rojo difuso y azul pálido 291

Factores para designar un candidato

Para los miembros del partido, todos los factores señalados cumplen un pa-
pel relevante a la hora de designar un candidato:

Cuadro 36 Influencia en la elección de candidatos


~--

Nada
Importante Important~
1
,
! I
2--l
'U n grupo de apoyo que organiza la 1 3 4
I 5
campaña del candidato y moviliza a 4.23
,los
,
simpatizantes.
i Apoyo de importantes empresarios re- 2 3 4 5
gionalcs y personajes de la vida pública 3.84
que están fuera del partido.
! Posiciones polí ticas claras y populares 2 3 4 5
1 en temas centrales de la política 4.23
nacional.
El candidato tiene una trayectoria políti- 1 2 3 4 5
ca de ayuda a los votantes de su distrito, 4.30
'!solucionándo-les sus problemas
I cotidianos.
,

El candidato es apoyado por los líderes 1 2 3 4 5


nacionales del partido. 4.15
El candidato da una imagen de líder di- 2 3 4 5
námico y eficaz en los medios de 4.07
comunicación.
Fuerte financiación de la campaña 1 2 3 4 5
. electoral. 4.15
I Apoy,o ~e grupos de interés 2 3 4 5
• economlco. 3.76
Promesas de luchar y trabajar con los 1 2 3 4 5
proyectos locales para atraer 3.92
Inversiones.
I El candidato ya es diputado y la gente lo 1 2 3 4 5
reelige por costum breo 3.23

2~
I FJ candidato se presenta a sí mismo como
una voz de protesta contra una élite polí- 3.76 1 4 5
1, ti ca corrupta _ n _n ____
~~- -- 1 -~-

I Pcegu n ta "wada, ¿Q u Hactote, determinan la elección de un c""didato de '" !


partido? Ten~ra en cuenta una escala donde 1 = N ada Importante y 5 =
'. Importante
L2 ____ ___ ____ ____ ____ __ _ __
292 David RolI

c. Organización y funcionamiento interno


Estas encuestas se realizaron antes de la aprobación de los actuales estatutos
del partido (noviembre de 2OCl1), en los cuales se establecieron algunos cam-
bios poco sustanciales en cuanto la participación al interior del mismo.

Organización interna y poder

Cuadro 37 Caracterización de la organización interna del PCc.


I
a. Una organización en la que los polí- i

I ticos regionales gozan de nivel de au- 1 2 3 4 5


tonomía al enfocar sus actividades 3.69
, b. Una organización muy integrada,
I gobernada por un fuerte núcleo de lí-

, deres, que controlan que las activida- 1 2 3 4 5


des locales coincidan con la línea 3.07
política nacional
c. Una amplia organización de masas
en la que conviven diferentes opiruo-
nes políticas, por lo que están oblíga-
1 2 :) 4 5
dos a superar el conflicto por medio
2.30
de compromisos, para que se manten-
ga la estabilidad y la viabilidad del
partido
d. Una organización configurada por
, un sistema de diferentes liderazgos, 1 2 3 4 5
que encabezan las distintas corrientes 3
intrapartidistas
e. Un partido caracterizado por un de-
bate ideológico intenso y una fuerte 1 2 :) 4 5
competitividad entre los diferentes 2.76
grupos
f. Un partido que colabora en las
campañas electorales de sus candida- 1 2 3 4 5
: tos, pero les permite que definan sus 3.07
propias iniClativas políticas"
A la pregunta "Si tuviese que caracterizar la organización interna de su partido, ,
¿Cuál de las siguientes descripciones coincidiría más con la práctica real interna,
de su partido? Considere una escala donde 1 = Muy diferente a lo que ocurre en :
mi partido y 5 = Muy similar a lo que ocurre en mi partido".
Rojo difuso y azul pálido 293

De la anterior tabla podemos resumir que:


Los miembros a pesar de que reconoce algún grado de fragmentación del
partido, aducen una unidad que respeta su autonomía.
La estabilidad y viabilidad del partido dependen de los acuerdos que se for-
jan en su in teri or.
El Partido Conservador no presenta una fuerte competitividad en su inte-
rior y menos aún, un intenso debate ideológico.
El partido colabora, aunque no de manera m u y intensa, en las cam pañas de
sus candidatos; pareciera presentarse para este punto la misma situación
que en el Partido Liberal.

Verticalismo YS. Horizontalismo

Los miembros del partido tienden a manifestar que los órganos internos del
mismo se vinculan entre sí a través de relaciones marcadamente verticales.

Cuadro 38 Relaciones de vinculaci(")n entre miembros del peco


Media de relaciones de vinculación entre miembros cle! PCC
2 I 3 I 4 5
1.76 I

Pregunta realizada: "¿En su particlo los órganos internos se vinculan entre I


sí pri~cipalmente a través de relaciones verticales () de relaciones horizonta- ·1

les? e onslclere una escala clonde 1 = Pnv¡)eglan las relaCIOnes vertIcales, 5 =


Privilegian las relaciones horizontales." I

Estructura interna y elecciones

En cuanto a la estructura interna del particlo, los miembros del mismo tien-
den a manifestar que el partido es una estructura de carácter permanente,
que funciona fuera de la coyuntura electoral.
294 David Rol!

Cuadro 39 Percepción acerca de la estructura interna del PCc.


I

Media sobre estuctura interna del PCC:


2 3 4 5
I
1.84
Pregunta realizada: :'¿La.estructura interna de su par,tido es continua o me-
Iram en te electoral? e onsldere una escala donde 1 = 1~s una estructura de ca-
rácter continuo, 5 = Es una estructura que sólo se organiza y funciona en
lépocas electorales."

Disciplina partidaria.

Los miembros del partido tienden a acatar las resoluciones del partido con
un bajo grado de conformidad, lo que responde en un momento dado a que
algunos miem bros se aparten de las di rectrices defi nidas por el Partido.

Cuadro 40 Acatamiento de las decisiones del PC:C: por parte de sus


miembros.

r~edia s~bre acatamie~to de las decisiones adoptadas por los dirigentes


Idel PCC
1 2 3 l·. 4 I 5
2.84
I Pregunta realizada: "La unidad del partido frecuentemente requiere que to- !

dos los activistas obedezcan la línea del partido aunque no estén de acuerdo
I
con ella. ¿Podría señalarme con qué entusiasmo acata normalmente usted
I~s resoluciones de su parti~,lo? Considere una escala donde 1 = poco entu-
I Siasta, 5 = Muy entusiasta.

Burocracia y funcionarios

Los miem bros del partido tienden a manifestar que las conexiones políticas
son más importantes que la cualificación profesional al momento de reclutar
funcionarios.
Rojo difuso y azul pálido 295

Cuadro 41 Estrategia de reclutamiento de funcionarios del pce

Media sobre estrategia de reclutamiento de funcionarios para el pee

'. 1 i 2 I 3 l' 4 I 5
. 3.46
Pregunta realizada: "A la hora de reclutar altos funcionarios ¿qué se tiene
:. más en cuenta, la cualificación profesion~l o las conexiones políticas? eon-I
i sldere una escala donde 1 = e uahficaclOn profesIOnal, 5 = ConexIOnes

políticas."

Bases y democracia interna

Las bases del partido no tienen mayor injerencia ni participación en las deci-
siones que allí se adoptan. Ello se infiere del siguiente cuadro, donde los
miembros tienden a manifestar que el grado de democracia interna es bajo,
lo que se ajusta a lo señalado en el capítulo correspondiente a las organizacio-
nes de voluntarios del partido.

Cuadro 42 Percepciones acerca de la democracia interna del pee .

. Media de percepciones acerca de la democracia interna en el pee


! Muy bajo· Bajo I Medio f Alto Muy Alto
2 I 3 . 4 5
2.61
I Pregunta realizada: "Las bases de los partidos se quejan frecuentemente de

, la falta de participación en la toma de decisiones de los mismos. ¿Cómo eva-


luaría usted el grado de democracia interna en su partido: muy alto, alto,
medio, bajo o muy b a j o ? " _ I
296 David RolI

Votantes y afiliados

Los miembros del partido tienden a privilegiar de gran manera, un interés


por mantener una extensa base de votantes, por encima dd mantenimiento
de una afiliación generosa hacia el partido; de hecho el partido no cuenta con
ningún ti po de con trol de miem bros afiliados.

Cuadro 43 Estrategias de mantenimiento del PCc:.


I

Media sobre estrategia de mantenimiento de! PCC:


I 1 I 2 1:\ 4 5
I . I 4. 00 ~
Pregunta realizada: "¿Es importante para su partido contar con una afilia-
I c~ón ~umerosa o es más importa~te :ener una extensa base de votan_t~s? ,
Consldere una escala donde 1= bs mas lmportante contar con una ah]¡a-·
I ción numerosa, 5 = Es más im portan te tener u na extensa base de votan tes."
PRESIDENTES CONSERVADORES

Simón Bolívar. Los conservadores insisten en considerarlo un líder conservador, pero en estricto
sentido no lo es. Casa del Partido Conservador Colombiano.
Galería de expresidentes conservadores. Casa del Partido Conservador Colombiano.

Salón de sesiones J. Emilio Valderrama. Casa del Partido Conservador Colombiano..


Homenaje a Misael Pastrana Borrero.
Casa del Partido Conservador Colombiano.

Misael Pastrana Borrero. Casa del Partido Conservador Colombiano. Bogotá.


Belisario Betancur Cuartas (1982-1986).

Andrés Pastrana Arango (1998-2002). Archivo (prensa). Partido Conservador Colombiano, ¡ 998.
CANDIDATOS PRESIDENCIALES

El Director del Partido Conservador, Carlos Holguín Sardi, con los exprecandidatos conservado-
res Augusto Ramírez Ocampo (izq.) Y Gabriel Melo (der.).
Archivo (prensa). Partido Conservador Colombiano

Juan Camilo Restrepo. Archivo (prensa). Partido Conservador Colombiano.


ADHESION DEL PARTIDO CONSERVADOR
AL PARTIDO LIBERAL (2002)

Archivo (prensa) . Partido Conservador Colombiano.

Archivo (prensa). Partido Conservador Colombiano.


JUNTA PARLAMENTARIA CONSERVADORA

Archivo (prensa). Partido Conservador Colombiano.

Archivo (prensa). Partido Conservador Colombiano.


BASES PARTIDO
(Muieres y iuventudes)

Archivo (prensa) . Partido Conservador Colombiano. Junio de 2001.

Archivo (prensa). Partido Conservador Colombiano. Octubre de 2000.


SEDE NACIONAL DEL PARTIDO

Casa Conservadora.

Mujeres)' juventudes en el Directorio Nacional. Archivo Partido Conservador Colombiano.


FOROS Y CONVENCIONES

Dirigencia conservadora.

Convención Nacional Conservadora, 1996. Archivo Partido Conservador Colombiano.


Octubre 1996.
"ouElqWO¡o:) lOPEJ\J::lSUO:) OpnlEd OAllj:JJV "JOpUl::lSUO:) 0PlllEd PP lOD::llIP 'IP1ES U¡nll¡OH SOpE:)
A MODO DE EPílOG0 1

El presente epílogo fue elaborado con la ayuda de flavio Rodríguez y Diego León, miembros
a partir del 2002 del grupo de Investigación de Partidos Políticos, dirigido por el autor, y perte-
neciente a la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de
Colombia, sede Bogotá.
T a elección del candidato disidente liberal Álvaro Uribe Vélez, como presiden-
Le electo de Colombia el 26 de mayo del 2002, con el apoyo de políticos con-
servadores y liberales, ha generado muchas especulaciones sobre el futuro de los
partidos tradicionales en Colombia.
Como se trata de un acontecimiento reciente al momento de la publicación de la
obra, es difícil hacer un análisis de la situación siguiendo la metodología de este libro.
Sin embargo, es necesario intentar por lo menos un breve recuento, a modo de epílo-
go, de las transformaciones iniciales que se dieron en dichas colectividades con moti-
vo de este hecho. Pero sobre todo, es importante registrar cuál ha sido la reacción de
los medios de comunicación ante ello. Un estudio en forma de esos cambios deberá
ser el trabajo específico de una investigación similar a la que dio lugar a la presente
obra, unos años más adelante.

A. IMPLICACIONES DEL TRIUNFO DE URIBE


EN LOS PARTIDOS POlÍTICOS TRADICIONALES

Mucho se ha especulado sobre los partidos políticos tradicionales desde el


triunfo de Álvaro Uribe en la primera vuelta, quien fue apoyado por el Partido
Conservador, pero no por su propio partido, el Liberal, por lo menos desde la ofi-
cialidad. El Partido Liberal apoyó a Horacio Serpa, quien fue derrotado por quien
en las pasadas elecciones le dio su apoyo, siendo entonces candidato oficial y úni-
co del Liberalismo.
Los principales medios del periodismo escrito del país, ante este hecho, han
querido sepultar al bipartidismo y anunciar el reinado de la ingobernabilidad
apartidaria:
Un país sin partidos, un presidente sin apoyos estructurados, rodeado de parla-
mentarios de todas las especies y con una incipiente oposición que representa el
Polo Democrático de Lucho Gar7ón, fácilmente encontrará una gobernabilidad
bastante limitada, tal cual le sucedió a Pastrana. 2

2 "Los retos del empalme", en El Tiempo, Sección Editorial, martes 28 de mayo de 2002, pp.
1-14.
300 David RolI

En cuanto a las terceras fuerzas, han sido blanco de la prensa a través de no-
tas que desdibujan e! futuro político de los diferentes movimientos:
1."Sí Colombia" de Noemí Sanín: "Dado su carácter independiente, Sa-
nín no tiene ni partido ni congresistas, por lo que se puede afirmar que
el movimiento Sí Colombia no sobrevivirá estas elecciones. Más aún, al-
gunos de sus más cercanos colaboradores suenan para el gabinete mi-
nisterial del nuevo Presidente3 •
2. "Polo Democrático" de Lucho Garzón: "Garzón y los congresistas que
lo acompañaron enfrentan un serio dilema ¿cómo convertirse en una
oposición seria, fuerte y responsable frente al nuevo gobierno de Álvaro
Uribe? El propio Garzón habló del camino de la oposición el domingo
al finalizar las elecciones. Sin embargo, esta opción política depende de
la supervivencia del Polo Democrático. A Lucho le queda muy difícil
congregar los sectores opositores al gobierno sin la base parlamentaria
del Polo"4.
En lo referente a las alternativas que se le plantean a los propios liberales, e!
senador liberal Rodrigo Rivera planteó una actitud serena:
Al Partido Liberal le espera un futuro de cambios, de tratar de cicatrizar las heridas
que dejó la campaña, sin perder su identidad, y de contribuir, en la medida que lo
propicie el presidente Álvaro Urihe, a evacuar una agenda para enfrentar proble-
mas muy delicados que tiene que enfrentar su Gobierno.\
Para muchos, e! hecho de haber ganado Uribe por fuera del bipartidismo su-
pone el fin de una era:
Algo de fondo cambió desde el domingo pasado en la política colombiana. Por
primera vez un candidato que hizo su campaña sin el respaldo de uno de los par-
tidos tradicionales, ni Liberal, ni Conservador, ganó las elecciones. Es más, Álva-
ro Urihe Vélez hizo gran parte de su campaña sin políticos. Ni se les subió a sus
hombros ni ellos le dieron la llave de entrada al electorado.!'
Paradójicamente, e! Partido Liberal se sintió ganador como Partido y como
idea política, ya que Álvaro Uribe fue el candidato "liberal" disidente, y el segun-
do candidato en votación fue Horacio Serpa, e! liberal oficialista. Por lo tanto, se-
gún ellos, tanto el liberalismo como pensamiento político obtuvo el primero y
segundo lugar en la contienda electoral. Así pues, en teoría se reafirmaría la am-
plia identificación del pueblo colombiano con las ideas de! liberalismo, y no la de-
rrota de! Partido, sino de una facción de él, que representaba al oficialismo. A este

"¿Y ahora qué?", en revista Semana, mayo 27 de 2002, p. 34.


4 Ibíd.
S "El balón lo tiene Uribe: (Rodrigo) Rivera", citado en "División liberal, sin solución", El País,
lunes 10 de junio de 2002, p. AS.
6 "La nueva política", en revista Semana, mayo 27 de 2002, p. S1.
Rojo difuso y azul pálido 301

respecto anotó López que hubo una derrota del oficialismo y que la jefatura del
partido debía recaer en Uribe. 7
El otro gran derrotado que se sintió victorioso fue el Partido Conservador,
que aunque ni siquiera pudo mantener un candidato simbólico, consideró que
nunca estuvo tan unido como ahora:
Tras el triunfo de Alvaro Uribe V éle~, a quien el partido respaldó en las pasadas
elecciones, los conservadores se declaran más unidos que nunca y buscan que-
darse con la presidencia del Senado en la legislatura que comienza e! próximo 20
de julio.K
La verdad fue que el Partido Conservador adhirió en bloque a Álvaro Uribe
V élez durante la campaña. Incluso el ala "disidente" del conservatismo que no
adhirió al Movimiento "Primero Colombia" del presidente electo, sino que traba-
jó con el Movimiento "Sí Colombia" de Noemí Sanín, después de las elecciones,
ha vuelto a la Dirección Conservadora:
De hecho, el representante Gerardo Cañas, de! movimiento Coraje que lidera el
embajador en Italia, Pabio Valencia, que apoyó a Noemí Sanín en la campaña,
respaldó la continuidad y el liderazgo de Holguín Sardi en la presidencia del Di-
rectorio Nacional Conservador.'!
y ambos partidos, después de la elección, es cierto, se unieron momentánea-
mente, ya que la disputa por la presidencia del Congreso y las mesas directivas de
Senado y Cámara obligaron a organizarse en mayorías. El Partido Conservador se
aglutinó, y hasta los liberales disidentes y oficialistas, tan distantes en la campaña
presidencial, hicieron acercamientos para convertirse en una sola bancada.
Sin embargo, algunos columnistas les decretaron la muerte al partido Liberal
y Conservador luego de su derrota en las urnas, y otros fueron más allá al explicar
que ya estaban muertos y su decadencia venía de tiempos atrás.
La amplia victoria (de Uribe Vélez) no se obtuvo cabalgando sobre el lomo de
un partido ni de una estructura política consolidada. El Movimiento Primero
Colombia es una típica organinción electoral. El Partido Conservador se dilu-
yó casi hasta desaparecer en el curso de la contienda, y el otro pilar del biparti-
dismo (Partido Liberal) también fue golpeado en sus bases, pues por primera
ve/. el candidato disidente del liberalismo le ganó al oficial. lO
Muy por el contrario de los periodistas, los jefes de tales partidos salieron a
decir que estaban más vivos que nunca, y analizaron la victoria de Uribe Vélez no
como su derrota, sino como su propia victoria. En este sentido son explícitas las
declaraciones de los expresidentes liberales Ernesto Samper Pizano y Alfonso

7 "Se destapan los alfiles", en revista Semana, junio 3 de 2002, p. 34.


8 "Holguín seguirá reingeniería azul", en El País, viernes 31 de mayo de 2002, p. A6.
9 Ibíd.
10 "Pura opinión, poca política", en El Tiempo, sección editorial, martes 26 de mayo de 2002, pp.
1-14. (Los paréntesis no corresponden a la versión del diario).
302 David RolI

López Michelsen, para quienes lo que sucedió el 26 de mayo de 2002 fue el triun-
fo en las urnas de las ideas liberales:
No acaba uno de sorprenderse con las cosas que pasan en este país de santos,
quimeras, adivinos, alcahuetas y políticos deslustrados. Lo digo porque una ve?
se conocieron los resultados de las elecciones presidenciales, salieron los expre-
sidentes liberales Alfonso Lópe? y Ernesto Samper a sostener, sin siquiera son-
rojarse, que las banderas del Partido Liberal se le deben entn:gar a Alvaro Uribe.
Por si fuera poco, ahora resulta que los expresidentes pretenden arrogarse el
triunfo de Uribe, como si él hubiera sido el candidato liberal. Hasta Samper anda
diciendo que él es el gran ganador de las elecciones porque Uribe y Serpa milita-
ron en su movimiento Poder Popular. ¡Eso es un verdadero descaro¡.11
U ribe optó por no renunciar al partido Liberal, ni pedir ser su jefe, y más bien
estar bien con ambos. Incluso como presidente electo empezó a hacer acerca-
mientos y entrevistas con las fuerzas políticas de! país: con los candidatos derro-
tados, con el liberalismo oficialista, con los expresidentes liberales, con el
expresidente conservador Belisario Betancur, con e! Partido Conservador y con
algunos congresistas electos de los movimientos independientes. Esta actitud que
fue bien recibida por todos los convocados, dejó entrever e! deseo de! nuevo pre-
sidente de lograr un "gran pacto de unidad nacional". Por ello algunos llegaron a
hablar de un nuevo Frente Nacional:
El historiador Jorge Orlando Melo considera que lo que está sucediendo en este
momento es una especie de Frente Nacional no pactado, temporal, en donde el
nuevo Gobierno comienza con el respaldo casi unánime de los aparatos políti-
cos de los dos partidos tradicionales. Así las cosas, Melo dice que lo que fracasó
no fueron tanto los partidos políticos -clliberal oficialista porque ha perdido las
dos últimas elecciones presidenciales y el conservador porque no se presentó
con candidato propio- sino el 'clientclismo'. Lo que hay es una crisis 'clientelista'
para las elecciones presidenciales y para buena parte de las elecciones a Alcaldía
en las grandes ciudades, porque en los comicios legislativos los aparatos partidis-
tas todavía influyen. 12
Se empezó a hablar entonces del unanimismo uribista, sobre todo porque se
vincularon a su gestión de un modo no solo los seguidores del candidato derrota-
do de! liberalismo, sino incluso el mismo Horacio Serpa:
La mayoría de los oficialistas que acompañaron a Serpa en la campaña ya han
ofrecido colaborar con el Gobierno de U ribe. 11
Así lo planteó (el apoyo a Uribe) el ex candidato presidencial y actual jefe único
de la colectividad, Horacio Serpa Uribe, quien aclaró que 'no se trata de una ad-
hesión ciega, sino de una posición de vigilantes, observadores y aportan tes de la

11 Zuleta Lleras, Felipe. "Recogiendo al moribundo", en El País, lunes 3 de junio de 2002, p.


8A.
12 "División liberal, sin solución", en El País, lunes 10 de junio de 2002, p. AS.
13 "Se destapan los alf1l.es", en revista Semana, junio 3 de 2002, p. 35.
Rojo difuso y azul pálido 303

gestión pública que se inicia el pníximo 7 de agosto'. El partido debe convertirse


en un desprevenido fiscalizador para el bien público, anotó Serpa Uribe al térmi-
no de una reuni<'m con la junta de legisladores liberales.
Ahora bien, estos acercamientos que los dirigentes de ambos partidos hicie-
ron con Uribe V élez, también fueron vistos no como un apoyo que garantizara la
gobernabilidad del presidente electo, sino como la búsqueda de las cuotas buro-
cráticas que les permitieran sobrevivir en los cuatro años de gobierno siguientes:
En todo esto hay bastante tela para cortar. El primer pedazo por cuenta de que
entre los congresistas que han anunciado su respaldo a Uribe hay muchos bus-
cando puesto. Claro que no es fácil que lo encuentren, pues el uribismo estaba ya
bastante congestionado antes de la eleccú'm, cuando había consolidado mayorías
en las dos cámaras, tanto por cuenta de numerosos liberales que se habían salido
del oficialismo, como de conservadores e independientes que apoyaron la candi-
datura del exgobernador de Antioquía. 14
Lo que resulta más llamativo es que Uribe no consultó a los partidos para de-
signar sus colaboradores e incluso estos anunciaron que no actuarían a nombre
de ningún partido:
En la composición política (del nuevo gabinete) brilla la ausencia del liberalismo
oficialista e incluso del conservatismo que lo acompañú en la campaña, si se
aceptan las enfáticas declaraciones de Roberto Junguito y remando Londoño en
el sentido de que no actuarán en representación de su partido! 5.
En general se puede inferir de los documentos de prensa consultados, con
relación a los ministros nombrados, que quienes tienen orígenes conservadores
han declarado estar allí a título personal y no representando a ningún partido.
Respecto de los nuevos ministros que hicieron parte del Movimiento "Sí Colom-
bia" y de "Oxígeno Verde" de la candidata lngrid Betancur, también han dicho
públicamente que no actuarán a nombre de tales fuerzas políticas.
En síntesis, casi todas las fuerzas políticas del país han ofrecido su apoyo al
proyecto de gobierno del presidente electo, y este está buscando un consenso que
le permita asegurar la gobernabilidad, sin comprometer su gobierno con ningún
grupo político () partido en particular.
El escenario partidario se trasladó entonces del Ejecutivo al Congreso. Los
políticos, conocedores del poder de los símbolos para trascender realidades, vie-
ron en la elección del presidente del Congreso la oportunidad de obtener una cla-
ra figuración dentro del primer año del nuevo gobierno. Así, los movimientos
políticos y los partidos empezaron a realizar sus reuniones y juntas de parlamen-
tarios, para organizarse como grupo o "bancada" y atraer a otros parlamentarios,

14 "Se destapan los alftles", en revista Semana, junio 3 de 2002, p. 34.


15 "Un gabinete sorpresa", El Tiempo, sección editorial, domingo 16 de junio de 2002, pp.
1-24.
304 David RolI

y para escoger sus candidatos a las mesas directivas de Senado y Cámara, y sobre
todo buscando las presidencias.
En el Congreso colombiano cada cámara cuenta con su respectiva mesa di-
rectiva. Cada mesa directiva está conformada por un presidente, un primer vice-
presidente y un segundo vicepresidente. Hasta el gobierno de Andrés Pastrana, la
presidencia del Senado la venía ocupando el Partido rjberal, por ser el partido
mayoritario (en 1998 la ocupó Fabio Valencia Cossio de la Alianza por el Cam-
bio, mayoría parlamentaria que apoyaba el gobierno de Andrés Pastrana). La pri-
mera vicepresidencia se venía otorgando al segundo partido en votos, es decir, al
Partido Conservador, y la segunda vicepresidencia a los independientes, minorías
o movimientos políticos que estaban por fuera de los partidos tradicionales. En la
Cámara la elección de estos miembros de la mesa directiva se realizaba siguiendo
esta misma línea de partido mayoritario a minorías políticas.
La presidencia más apetecida es la del Senado, ya que ostenta la doble digni-
dad de ser presidente de esta cámara y Presidente del Congreso, quien es la perso-
na encargada de posesionar el nuevo presidente de la República. Del anterior
esquema deriva la importancia para los partidos de la elección del Presidente del
Congreso, ya que envía un mensaje claro a la opinión pública de cuál es el partido
dominante.
Así, mientras los liberales, denomínense oficialistas o uribistas, hicieron to-
dos los intentos de reunificación para que el presidente liberal pusiera un senador
liberal, los conservadores expresaron muy claramente que también aspiraban a lo
m1smo:
Reitero que una muestra de unidad nacional anunciada por el presidente electo
Alvaro Uribe Vélez sería que un presidente del Congreso conservador posesio-
nara a un presidente de la República, liberal.
No sólo por los resultados del domingo (de elecciones presidenciales) sino por la
composición misma del Congreso. Tenemos 30 senadores y 51 representantes y
esa es una fuerza política importante que necesariamente debe estar representada
en esas dignidades, si no, sería estar en contra de la realidad. l !>
El presidente del Partido Conservador, Carlos Holguín Sardi, quien acaba de ser
ratificado en su cargo para un nuevo año de mandato, está reclamando el dere-
cho de esa colectividad a participar en la puja por la Presidencia del Senado y la
Cámara. Holguín insiste en que el Partido Conservador tiene una representación
muy alta en las dos corporaciones, resultado de las votaciones del 10 de marzo y
tendría derecho a aspirar al menos a una de las presidencias. Pide que se respete
la institucionalidad de las fuerzas políticas conservadoras y liberales. 1-

16 "Reelegido Holguín Sardi en la presidencia del DNC", en El Siglo, viernes 31 de mayo de


2002.
17 "El Periscopio Político", en La Nación, sábado 1 de junio de 2002.
Rojo difuso y azul pálido 305

Finalmente fue elegido como presidente del senado Luis Alfredo Ramos, de
filiación conservadora y William V élez del Movimiento Moral, de filiación liberal,
y uribista.

B. ESPECULACIONES SOBRE LA MUERTE DE LOS PARTIDOS


TRADICIONALES EN COLOMBIA TRAS EL TRIUNFO DE URIBE

Murió la historia y la política. Me refiero a la manera tradicional de acce-


der a los altos cargos del Estado: de ahora en adelante mandará la opinión
y no las maquinarias. Deberán morir, así mismo, la corrupción y la politi-
quería. lB
Esta cita tomada del diario El País de Cali, concentra una visión difundida en
los medios de comunicación luego de la elección de Álvaro Uribe Vélez, que no
auguraba ningún éxito a los partidos tradicionales y a su forma de hacer politica.
Esta transitoria pérdida de "legitimidad" de los partidos, parecía cierta al princi-
pio por la acefalía en que se veía caer a los partidos tradicionales. De hecho, el
mismo día de elecciones, Horacio Serpa renunció a la Dirección Nacional Liberal
luego de su derrota como candidato a la presidencia de la República. Por su parte,
Carlos Holguín Sardi lo había hecho ya a la Dirección Conservadora, después de
perder el nivel protagónico que tenia en el Valle del Cauca como primera fuerza
política luego de las elecciones para el Congreso en el mes de marzo de 2002.
Ambos siguen en sus cargos al cerrar esta edición.
Estas palabras de muerte fueron retomadas en otro artículo del diario El País
de Cali que circuló ese mismo día, donde se resaltaba la muerte del Partido Liberal
y del Partido Conservador, el primero por considerarse que su maquinaria politi-
ca fue vencida por un candidato liberal disidente, y el segundo por ser absorbido
por Uribe Vélez.
Muri¡"l el Partido Liberal. Un disidente se había presentado como un sueño inal-
canzable, pues se creía que el liberalismo se agotaba en la maquinaria. Cuando
ese sueño pasó a ser posible, cambió la realidad y el liberalismo oficial murió.
Pero al tercer día resurgirá de entre las cenizas un liberalismo diferente y más só-
lido. La desestructuración será creadora porque habrá un relevo de dirigencia, de
estilo y, muy seguramente, de principios y valores. Murió el Partido Conserva-
dor, Fue aparentemente absorbido por un candidato liberal disidente.
Pero la desestructuración también será creadora porque al final del túnel
se verá que volvieron a triunfar las tesis según las cuales en una sociedad
de verdad deben reinar la autoridad y el orden .... Deberá aparecer tam-

18 Mejía Gómez, Carlos. "Uribe Vélez: hacia una nueva República" ,en El País, lunes 3 de junio
de 2002, p. A9.
306 David RolI

bién un conservatismo remozado a partir de la reforma política que con-


solide electoralmente a los partidos políticos serios. 19
En este arúculo de prensa, no se veía la muerte de los partidos tradicionales
como un hecho derivado de los resultados electorales del 26 de mayo, sino como
un acontecer que había sucedido tiempos atrás, citando entre las causas algunas
de tipo estructural como su incapacidad para mediar entre las necesidades de los
ciudadanos y los gobiernos. También se atribuía a ese final su falta de moderniza-
ción y compromiso para asumir la reforma política, la clientelización de los con-
gresistas y los escándalos de corrupción que rodearon en el pasado reciente a
algunas de sus figuras:
El Partido Liberal de la época de Alberto Lleras y Eduardo Santos se acabó hace
mucho tiempo, y se acabó por culpa de las personas de la colectividad que han
desempeñado en su nombre cargos públicos, empezando por supuesto por el
propio Ernesto Samper, pasando por los Carlos García y los Luis Guillermo Vé-
lez. El Partido Liberal se acabó porque no fue capaz de mediar entre las necesi-
dades de los ciudadanos y los gobiernos de turno. El Partido Liberal se acabó
porque nunca se quiso modernizar. El Partido Liberal se acabó por culpa de sus
parlamentarios que decidieron sentarse en sus prebendas y nunca quisieron ha-
cer una reforma política consistente. 2o
y mientras que algunos periodistas veían el final de los partidos tradicionales
y su desaparición repentina o anunciada, en otros no se habló de la muerte del
Partido Liberal y del Partido Conservador a la luz de la elección del nuevo presi-
dente, sino de una derrota a los mismos en la contienda electoral y de la crisis del
sistema político colombiano:
"La "barrida" de Uribe es otro golpe al bipartidismo y es una señal de la de-
bilidad del sistema político colombiano"21
Se considera que el presidente electo obtuvo su victoria realizando su pro-
puesta de gobierno por fuera de los partidos tradicionales y de las estructuras po-
líticas consolidadas, y por el otro, por la atomización de la política en múltiples
movimientos políticos de corte electoral. Esto justamente planteó el senador de
afiliación uribista Rafael Pardo Rueda en El Espectador:
... los partidos tradicionales quedaron derrotados. El liberal por razones obvias y
no hay más que mirar los resultados de la votación y el conservador por no poder
presentar candidato propio. Una elección en la que ganó (Álvaro Uribe), y de le-
jos, una propuesta por fuera de los partidos muestra la crisis de estos. Sumado al
resultado de las elecciones parlamentarias en las que quedaron representados ni

19 Zuleta Lleras, Felipe. "Recogiendo al moribundo", en El País, lunes 3 de junio de 2002, p.


AS.
20 Ibíd.
21 "Pura opinión, poca política", en El Tiempo, sección Editorial, martes 26 de mayo de 2002, pp.
1-14.
Rojo difuso y azul pálido 307

más ni menos que 62 partidos, movimientos y coaliciones distintas, muestra que


en realidad no hay partidos. 22
Ante críticas como éstas, donde se aseguraba la existencia de un país sin par-
tidos, se siguieron difundiendo en la prensa opiniones de índole particular sobre
lo sucedido y muchos quisieron dar cuenta del por qué de esta situación, acen-
tuando el tema de la dispersión y atomización de la política colombiana. Este fue
el caso del expresidente Belisario Betancur quien criticó a los pequeños movi-
mientos políticos del conservatismo a los que denominó "grupúsculos":
A la manera colombiana, el Conservatismo está tan anarquizado que no tenía al-
ternativa distinta de lo que hizo -quedarse sin candidato presidencial-o El colmo
de la ilusión lo hemos visto en unos grupúsculos que, sumados, no alcanzaron
un millón de votos y se proclaman ahora como segundo Partido colombiano. En
esta etapa podemos comenzar por el rescate de la dignidad. No olvidemos que,
en vez de puestos en el nuevo Gobierno, lo que los Conservadores necesitamos
es un puesto en la historiaP
Muy diferente fue la situación del liberalismo, según el diario La Nación:
... una cosa es el Partido Liberal Colombiano, cuyo representante legal es J Ioracio
Serpa, y otra cosa es el sector que piensa como liberal, pero que se fue del oficia-
lismo para armar tolda aparte en la pasada campaña o antes de ella. Los liberales
oficialistas obtuvieron 3.500.000 de votos el domingo, pero los "liberales" en ge-
neral alcanzaron cerca del 60 por ciento de la votación globaP4
Ya para la primera semana de junio de 2002, es decir dos semanas después de
la elección del nuevo mandatario, el concepto de muerte de los partidos políticos
había perdido fuerza, y lo que empezaba a analizarse es lo que sucedería con ellos,
su posición frente al nuevo gobierno y del gobierno frente a ellos, y en qué se con-
vertirían después de su derrota en las urnas. Así, en El Espectador Domingo, al
Partido Liberal se le auguraba una fuerte lucha entre oficialistas y uribistas por ob-
tener su control, y al Partido Conservador se le decretaba su conversión en un
partido congresional y regional:
Lo primero es que ganara quien ganara (es decir, Uribe o Serpa), el triunfo sería
más o menos igual, el liberalismo. Sin embargo, por primera vez en la historia un
disidente logra arrebatar la Presidencia al oficialismo. El triunfo de Uribe obliga
a pensar en una redefinición de poderes dentro del Partido. Es claro que los uri-
bistas desean hacerse con la dirección y el control del Partido. El tire y afloje está
planteado y la pelea parece que será dura, pues finalmente el ganador se quedará

22 Pardo Rueda, Rafael. "Consecuencias políticas del triunfo de Uribe" en El Espectador,


domingo 2 de junio de 2002, p. 17A.
23 Hoyos Hoyos, Daría. "Rescate de la dignidad pide el Dr. Betancur a su Partido", pala-
bras del ex presidente Belisario Betancur, en El Siglo, viernes 7 de junio de 2002, p.
12.
24 Murcia, Carlos. "Periscopio Político", en La Nación, viernes 31 de mayo de 2002,
p.8.
308 David RolI

con el único partido capaz de movilizar un volumen significativo de electores,


con un número importante de congresistas y con un capital simbólico importan~
te. Oellado conservador parece claro que esa colectividad pasará a ser un partido
congresional y regional. Su incapacidad para nominar candidato a la Alcaldía de
Bogotá desde 1994 y el fracaso en 2002 para sostener un candidato presidencial,
sugieren serias dificultades dentro de esa' colectividad' para agregar intereses. El
drama del conservatismo es tener una estructura federal en la que cada líder ha
optado por fundar un partido propio, lo que ha debilitado fuertemente al direc~
torio nacionaJ.25

Independientemente de que los Partidos Liberal y Conservador hubiesen


muerto para unos, o estuviese derrotados y "barridos" para otros, lo que sí que-
dó claro en el ambiente periodístico es que el sistema político colombiano presen-
taba una serie de debilidades serias. Para subsanarlas algunos artículos de prensa
plantearon la solución en la fórmula de crear nuevos partidos políticos, aunque
quienes se expresaron en este sentido hicieron referencia expresa a la necesidad
de que los nuevos partidos surgieran de las ideas liberales:
Otros uribistas de origen liberal como el también senador Rafael Pardo
fueron aún más lejos y propusieron la creación de un nuevo partido, debi-
do a que el liberalismo no se va a curar de sus vicios y en esa medida no es
útil para la nueva era política que nos espera. Dicho de otra manera, que
el muerto del oficialismo lo carguen quienes lo mataron. 2G
Horacio se queda sólo, o casi solo. Seguirá con unos pocos liberales que
lo honran. Con ellos podría abrirse definitivamente de los amigos que
siempre han sido sus enemigos -su lastre más gravoso- y, quizás, sentar
las bases sólidas de un auténtico partido socialdemócrata que sea capaz
de hacer, sin esguinces ni figuritas, oposición al rancio bipartidismo ahora
rescatado por AUV27
Nos corresponde a los liberales empezar a crear nuevos partidos políti-
cos que de verdad sirvan a los intereses de la gente, y no, como ha ocurri-
do hasta ahora, a los intereses de unos pocos privilegiados que, una vez
llegan a los puestos del Estado, se olvidan del partido y de quienes lo eli-
gieron y se dedican a enriquecerse dejándoles a los ciudadanos la deuda.
Por lo pronto dejemos para el recuerdo de las futuras generaciones aque-
lla frase que gritábamos con orgullo en las épocas doradas de la colectivi-
dad: ¡Viva el glorioso Partido Liberal!.2H

25 García Sánchez, Miguel. "Lo que dejó el 26 de mayo", en E/Espectador, domingo 2 de junio de
2002, p. ISA.
26 "Se destapan los alflles", en revista Semana, junio 3 de 2002, p. 35.
27 Molano Bravo, Alfredo. "Las soledades de Serpa", en El Espectador, domingo 16 de junio de
2002, p. 14A.
28 Zuleta Lleras, Felipe. "Recogiendo al moribundo", en El País, lunes 3 de junio de 2002, p.
AS.
Rojo difuso y azul pálido 309

Así mismo, otros manifestaron que de los partidos tradicionales no podría


salir nada bueno, al ser causa de todos los males que aquejan hoya la política
colombiana:
Si un partido tan derrotado como e! Liberal y otro tan invisible como e! Conser-
vador tuvieran garra para resucitar y sintonía con el rumbo que e! país está pi-
diendo, no estarían los unos, los rojos, viendo a ver como engrasan de nuevo la
vieja maquinaria. Y los otros, los a:mles, no andarían por ahí acomodándose para
las fotos alIado de Uribe, pidiendo pista en la nueva horneada y babeándose por
puestos. Ni estarían los unos y los otros frotándose las manos por la rebatiña que
se avecina por los cargos de poder del Congreso. 29

C. URIBE VÉLEZ, COMO JEFE DE FACTO


DEL PARTIDO LIBERAL Y CONSERVADOR

Al nutrir su movimiento político "Primero Colombia" de conservadores, libera-


les e independientes y luego de la elección el recibir apoyos de liberales oficialis-
tas, de los expresidentes liberales, de los conservadores del Movimiento Coraje y
de algunos independientes, el presidente electo, Álvaro Uribe Vélez, con batuta
en mano, empezó a "dirigir" a los dos principales partidos políticos del país. Así lo
entendieron varios analistas, quienes aseguraron en sus columnas la jefatura natu-
ral de Uribe Vélez sobre liberales y conservadores:
Paradójicamente, e! día de las elecciones Uribe ya contaba con gran parte de mu-
chos congresistas liberales y la adhesión en bloque de! Partido Conservador. Y
como los partidos en Colombia son precisamente eso, máquinas electorales uni-
personales, se puede afirmar sin incurrir en una generalización exagerada que
Uribe, e! candidato independiente, es hoy, irónicamente, el jefe natural de los li-
berales y los conservadores. Así, aunque suene contradictorio, Uribe se nutre de!
extremo descontento con la política colombiana tradicional. Sólo que no hay que
olvidar que él, muy a la colombiana, surge de la política democrática misma: no
es un aventurero...
,
... Hoy Alvaro Uribe, quien derrotó a los dos partidos tradicionales, es de facto e!
jefe de las dos colectividades. Sin embargo no tiene compromisos casi con nadie.
Su victoria fue tan rápida y tan inesperada que no alcanzó a adquirirlos .... El nue-
vo alvarismo es el movimiento de opinión espontáneo más grande de la historia
reciente. Rompió prácticamente todos los esquemas, derrotó a los dos partidos
tradicionales y luego los asimiló. 30
Aunque esta jefatura se ve más clara respecto al Partido Liberal, al ser el nue-
vo presidente de filiación liberal, haber militado en el partido y no haber

29 Rincón, Héctor. "Partidos", en Revista Cambio, 3 de junio de 2002, p. 46.


30 "La nueva política", en revista Semana, mayo 27 de 2002, p. 51, Y"El triunfo de la tenacidad",
en revista Semana, mayo 27 de 2002, p. 32.
31 O David RolI

renunciado a su origen político esta situación se ve reflejada en diversos artículos


periodísticos, en especial un editorial del diario El Tiempo:
También existe inquietud acerca del esquema político que adoptará. El asunto
de la jefatura liberal no es folclórico. Como jefe natural, Uribe no podrá margi-
narse de la solución del dilema generado por las minorías oficiales que ostentan
la formalidad institucional del partido y la disidencia que las derrotó. Está en jue-
go una unidad que a su vez afectará la gobernabilidad y la organi7.ación política
de mediano plazo. El pensamiento del nuevo mandatario sobre el papel de los
partidos no es aún conocido...
... Con Uribe como jefe de facto de 25 liberales disidentes, más los 30 de la línea
oficialista, las mayorías matarían dos pájaros de un solo tiro: el presidente del
Congreso del lado liberal y la reunificación del partido. Así, por las toldas libe-
rales, se enfrentaban las dos facciones: los oficialistas de Serpa y los uribistas.
Quien controlará la dirección del liberalismo ganaría en seguida un papel pro-
tagónico en el primer año de la administración Uribe VéleZ.,1

D. EL PARTIDO LIBERAL FRENTE AL RESULTADO


DEL 26 DE MAYO Y AL NUEVO GOBIERNO

E126 de mayo en las horas de la noche, el ya excandidato presidencial dclliberalis-


mo oficial, Horacio Serpa Uribe, anunció su renuncia a la dirección del partido,
pero días después no sólo no renunció sino que fue ratificado en su cargo en la
reunión de parlamentarios oficialistas actuantes y electos del partido. "Serpa se
queda con las llaves del partido", dijeron los medios:
Los liberales que apoyaron al exministro Horacio Serpa en la pasada campaña
presidencial le ratificaron ayer su respaldo, le pidieron que se mantenga como
jefe único del Partido y le dieron facultades exclusivas para que dialogue con el
presidente electo Alvaro Uribe, 'con el fin de acordar el marco general de las re-
laciones entre la colectividad y el nuevo gobierno'. Esas son las principales con-
clusiones de la junta de parlamentarios liberales oficialistas, que se reunieron ayer
por primera vez después de la derrota del pasado 26 de mayo, para analizar el fu-
turo del partido. 1\ la convocatoria, en el Club de Ejecutivos, asistieron 88 con-
gresistas serpistas. 32

El motivo de la permanencia de Serpa frente a la Dirección Liberal, fue anali-


zado por algunos como una estrategia para evitar la entrega del partido a los disi-
dentes liberales que acompañaron a Álvaro Uribe Vélez en su campaña hacia la
presidencia:

31 "Los retos del empalme", en El Tiempo, sección Editorial, jueves 30 de mayo de 2002, p. 1-22,
Y "Se destapan los alfiles", en revista Semana, junio 3 de 2002, p. 34.
32 "Serpa se queda con las llaves", en El Tiempo.
Rojo difuso y azul pálido 311

La intención de la bancada era convencer al jefe liberal de no 'entregar las llaves'


y así evitar que los disidentes uribistas entraran por la puerta grande y asumieran
e! liderazgo de! partido.... Del relevo expresado en su discurso de! día de eleccio-
nes Serpa pasó a conducir una 'transición' y no abandonar la dirección liberaJ.33
Una vez ratificado Serpa como jefe del liberalismo oficial, anunció la posi-
ción de su Partido frente al nuevo gobierno, que sería de colaboración crítica.
Esta posición abrió la posibilidad de la unificación del Partido, de liberales oficia-
listas y liberales uribistas.
Consolidando la unión del liberalismo estaban los expresidentes liberales
quienes fueron los primeros en salir a reclamar el triunfo del candidato Uribe Vé-
lez como suyo, basándose en la tesis de que Uribe nunca ha dejado de ser liberal, y
que su origen en la política y los cargos de elección popular que ocupó en e! pasa-
do, como gobernador de Antioquía y representante a la Cámara, los obtuvo con e!
aval de este Partido:
Con la mediación de los expresidentes Julio César Turbay, Ernesto Samper Piza-
no y Carlos Lemos Simmonds, se están abriendo paso la unidad de liberales ofi-
cialistas y no oficialistas, dentro de un marco de apoyo al futuro gobierno del
presidente electo Alvaro Uribe ... el presidente electo conversó ayer por separado
con los doctores Turbay y Samper para explorar y concretar fórmulas de acerca-
miento a la reunificacú"m liberal, dentro del respeto a la posición del partido. 34

E. EL PARTIDO CONSERVADOR DESPUÉS DEL 26 DE MAYO

Por su parte, los conservadores por su adhesión en bloque a la campaña de "Pri-


mero Colombia", vieron en ello la consecuencia de la alta votación de! nuevo pre-
sidente, como lo manifestara el historiador Arturo Abella, en el periódico
conservador El Siglo:
La colaboracit"m conservadora tuvo un primer aporte en las elecciones para ele-
gir presidente, que sigue en firme. Esa colaboración tuvo momentos difíciles
pero al fin determinó la elección del presidente. Esa definición fue la que prácti-
camente eligió al jefe de Estado en la primera vuelta. Los conservadores y el Di-
rectorio no tuvieron ninguna vacilacú"m en apoyar al nuevo Jefe de Estado,
median te una votación masiva. 15
y aunque este apoyo fuera en verdad decisivo para la victoria del candidato
Uribe, fue interpretado por algunos diarios como un ansia de voracidad y necesi-
dad de figuración:

33 "Se destapan los almes", en revista Semana, junio 3 de 2002, p. 34.


34 Murcia,Carlos. "Periscopio Político", en La Nación, viernes 31 de mayo de 2002,
p.8.
35 Abella, Arturo. "La colaboración conservadora", en El Siglo, viernes 31 de mayo de 2002,
p.4.
31 2 David RolI

Las perspectivas del Partido Conservador no son menos inquietantes. Un parti-


do en crisis -que ni siquiera ha tenido candidatos a las recientes elecciones de
Presidente y alcalde de Bogotá- de la noche a la mañana se siente triunfador. Sus
expectativas son altas y su voracidad también. 36
En cuanto a la designación o ratificación del jefe del partido, así como los li-
berales oficialistas ratificaron a Horacio Serpa como Jefe del Partido Liberal, lo
propio, hicieron los conservadores con su anterior presidente, el senador del Va-
lle del Cauca, Carlos Holguín Sardio Así lo planteó el periódico de la región:
Los miembros del Directorio Nacional Conservador, DNC, tras una reunión en
pleno, ratificaron ayer al senador Carlos Holguín Sardi como presidente de esa
colectividad: -Asumo de nuevo esa responsabilidad consciente del momento en
que estamos atravesando, con el mejor ánimo de ayudar al país y al partido y al
presidente electo- dijo Holguín, agregando que la ratificación le permitirá conti-
nuar con la reingeniería del partido"Y
y así, con la adhesión en pleno del Partido Conservador a la campaña de Uri-
be V élez, y al resultar ganador en la elección presidencial, este Partido encontró el
aglutinante que le faltó para lanzar candidato propio en las mismas elecciones.

F. DEBILIDADES DE LA BANCADA URIBISTA


BIPARTIDISTA EN EL CONGRESO

Luego de los golpes de pecho de uno y otro lado, de las críticas acérrimas de los
periódicos frente a los partidos tradicionales, de la aglutinación de los congresis-
tas electos, comenzó la organización de las bancadas o mayorías para quedarse
con la Presidencia del Congreso y las mesas directivas de Senado y Cámara.
Apenas culminó la campaña presidencial con el triunfo de Alvaro Uribe en
primera vuelta se inició la campaña por el control del Congreso. Hasta el día de las
elecciones la lógica política indicaba que el senador más votado, el antioqueño de
origen conservador, Luis Alfredo Ramos, ocuparía la presidencia del Senado. Sin
embargo, el discurso de aceptación de la derrota de Horacio Serpa dejó la puerta
abierta para un relevo en la dirección del Partido Liberal y cambió las estrategias
de juego de los bloques parlamentarios. 3s Efectivamente, como se expuso, Ramos
fue elegido.
Más allá de la trascendencia que pueda tener para la filiación política del nue-
vo presidente, lo que para la historia de los partidos políticos será importante co-
nocer es si esta adhesión sin oposición que han hecho liberales y conservadores

36 "Los retos del empalme", en El Tiempo, sección Editorial, jueves 30 de mayo de 2002, p.
1-22
37 "Holguín seguirá reingeniería azul", en El País, viernes 31 de mayo de 2002, p. A6.
38 "Se destapan los alfiles", en revista Semana, junio 3 de 2002, p. 34.
Rojo difuso y azul pálido 313

para asegurar su supervivencia transitoria después de las urnas, la pueden seguir


manteniendo sin burocracia.
Es de destacar, por ejemplo, que en el proceso legislativo que se ha llevado a
cabo después de la posesión del Presidente Uribe, se han presentado serios incon-
venientes a la hora de los debates de una apretada agenda que incluye reformas de
tipo tributario, laboral, pensional y político. Además, debe destacarse e! interés
del gobierno por lograr la aprobación de un proyecto de Referendo Constitucio-
nal que aunque ya logró su trámite en las comisiones primeras de Senado y Cáma-
ra, le espera un duro proceso en las plenarias del Congreso, debido a la oposición
que se han presentado desde diversas posiciones ante la falta de articulación y de
materia única en e! contenido de dicho referendo.
Es un hecho entonces que pese al llamado unanimismo, uno de los principa-
les inconvenientes que se han identificado en e! funcionamiento del órgano legis-
lativo últimamente es el de la conformación de la bancada parlamentaria que
apoya al Presidente Uribe. Así lo expresó El Tiempo:
El alto respaldo con el que Álvaro U ribe llegó a la Presidencia no ha sido prenda
de garantía para consolidar sus mayorías en el Congreso. La fragilidad de la ban-
cada de gobierno en el Legislativo es una verdad que ni siquiera los propios uri-
bistas se atreven a negar.'9
De! mismo modo, son evidentes al interior de la bancada uribista la falta de
un liderazgo claro y de coordinación entre los congresistas y el Ejecutivo:
En los dos meses de labores del Congreso, el uribismo ha demostrado que es una
mayoría relativamente precaria e inestable, sin líderes, con diferentes matices e
ideologías, sin estructura y sin disciplina y, hasta el momento, no tan decidida a
jugársela por los proyectos que el Ejecutivo ha puesto a consideración de las cá-
maras legislativas. 41l
y aunque el gobierno aparentemente cuenta con el respaldo de 60 senadores
y 108 representantes -entre liberales, conservadores e independientes-, es decir e!
62 por ciento de! Congreso que aseguran ser de filiación uribista, esta mayoría aún
no se ha reflejado de manera cabal en e! momento de la defensa y aprobación de
las propuestas de! gobierno que han hecho trámite en las cámaras.
Inclusive se ha planteado la posibilidad de que dicha bancada en sentido es-
tricto no exista:
el uribismo no existe como partido. Surgió por un candidato, no por coinciden-
cia ideológica. Eso ha hecho que se vea frágil en el Congreso. 41

39 "Grietas en el uribismo", en El Tiempo, sección Política, domingo 29 de septiembre de 2002,


pp. 1-12.
40 Ibíd.
41 Ibíd.
314 David RolI

Para muchos parlamentarios, la bancada uribista es una mezcla de distintas ver-


tientes, que coinciden el tema de la seguridad, pero con muchas discrepancias en
asuntos como el económico 42 •
La situación de crisis en la bancada uribista y en los partidos políticos en su
funcionamiento en el Congreso se ha hecho evidente sobre todo a la hora de la
aprobación de! mencionado proyecto de referendo constitucional, pues se han
presentado fuertes roces entre los poderes ejecutivo y legislativo. Incluso ante
la dilatación que se le venía dando al proyecto en las discusiones legislativas en
las comisiones, el propio presidente Uribe lanzó una advertencia a manera de
ultimátum al Congreso, en el que planteaba que "si no se aprobaba el proyecto,
lo retiraría y buscaría una revocatoria del legislativo. 41
De inmediato se oyeron voces no solo desde el liberalismo otlcial, sino desde
la misma bancada uribista, donde el propio presidente del Senado, Luis Alfredo
Ramos, retó abiertamente al Presidente al que había ayudado a elegir:
Este no es un Congreso de bolsillo... Este no es un Congreso obsecuente, es un
Congreso que analiza. Aquí hay una diferencia frente a otros parlamentos y a las
actitudes de otros gobiernos porque aquí no hay contubernios. Tomaremos las
decisiones que le convengan al país ... El Congreso de la República va a retomar
su autonomía y no va a ser subalterno de ningún poder en Colombia.
Desde las orillas de! oficialismo liberal, e! presidente de la colectividad, Hora-
cio Serpa, defendió las objeciones del Legislativo y acuñó una nueva de sus famo-
sas frases para la historia: "Más vale un Congreso revocado, que un Congreso
acobardado":
Si el Legislativo se deja amedrentar y se arrodilla ante la arrogancia del poder
Ejecutivo y se deja abozalar, francamente merece ser revocado. 44

G. PALABRAS FINALES

La gran conclusión es que tanto el Partido Liberal como el Partido Conservador


han sido durante más de 150 años los principales actores políticos colectivos en
Colombia, y que en este momento están experimentando, por razones endógenas
y ambientales, una serie de transformaciones importantes, que afectarán como
siempre e! destino del país.
Dar cuenta de esa realidad histórica de esas colectividades, de sus cambios re-
cientes y sobre todo de su estado actual, en el contexto de los fenómenos

42 Ibíd.
43 "Melodías distintas en el debate", en El Tiempo, sección Primer Plano, viernes 11 de octubre
de 2002, pp. 1-2.
44 "Choque por referendo", en El Tiempo, sección Política, viernes 11 de octubre de 2002, pp.
1-4.
Rojo difuso y azul pálido 315

politológicos mencionados, ha sido el objetivo del presente libro. Con él se ha


querido hacer un aporte a la ciencia política colombiana, en un tema al cual no se
le ha dado la importancia que merece, y aunque no existe la pretensión de haber
agotado la materia, sí se espera haber inaugurado un nuevo camino en la investi-
gación sobre la materia.
En lugar de hacer el típico análisis de la crisis de los partidos tradicionales en
Colombia, considerados como un todo, el tema central del libro ha sido el estudio
de los aspectos claves de esas colectividades: su historia, su ideolot,YÍa, su rendi-
miento electoral, su desempeñ.o gubernamental, su organización burocrática y
sus bases institucionalizadas.
Pero ese estudio descriptivo se ha situado en el contexto de la problemática
partidista, en primer lugar general y luego colombiana. En tal medida se incluye-
ron sendos análisis sobre la crisis de representación y de partidos a nivel mundial
yel fenómeno de la antipolítica, así como sobre el problema de la ingeniería insti-
tucional, aplicada a los partidos en cuanto a su financiación, funcionamiento in-
terno y estructura del sistema de partidos.
Con este telón de fondo se hizo un análisis tanto de la crisis de los partidos
políticos colombianos en sí misma, como de sus principales componentes: el
c1ientelismo político, la des regulación en lo referente a la financiación de campa-
ñ.as y la ausencia de ideologías aglutinantes.
Esta metodología repele tanto el coyunturalismo como la futurología, típicos
de muchos análisis politológicos actuales, y por lo tanto no caeremos en la tenta-
ción de hacer un vaticinio sobre el futuro de los partidos tradicionales en
Colombia.
Bástenos decir que el panorama que se le plantea al cierre de la edición de
esta obra respecto de los partidos tradicionales colombianos es verdaderamente
incierto: unos partidos al mismo tiempo divididos y fragmentados, un sector go-
biernista que no ha logrado imponerse en el Congreso, y unas terceras fuerzas
que de igual manera tampoco permiten pensar en la existencia de un verdadero
control político o de una oposición minoritaria con fuerza.
Debemos señalar igualmente que a pesar de esa aparente debilidad, algunas
voces independientes de los partidos han advertido que la aplanadora bipartidista
está activa y es más peligrosa que nunca para las fuerzas no bipartidistas. 45

45 Fue así como en un foro sobre reforma política en la Universidad Nacional el21 de octubre
de 2002, el representante Petro señaló que el objetivo del Presidente con el referendo inicial,
el cual incluía elunicameralismo, era debilitar la representación independiente de las grandes
ciudades y fortalecer a los congresistas clientelistas con feudos en las zonas rurales de sus
departamentos. En una defensa abierta al sistema democrático, defendió una reforma polí-
tica integral como la que se expuso anteriormente (ver proyectos de Acto Legislativo) y
aclarr'l que no consideraba cercana la desaparición de los partidos tradicionales.
31 6 David Rol!

Partidos fuertes o derrotados. ¿Cuál es la respuesta? La única contestación


posible a ese dilema es el título de la obra: "Rojo Difuso, Azul Pálido. Los parti-
dos tradicionales, entre la persistencia y el debilitamiento".
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Entrevistas

Entrevista realizadas:
- Juan Fernando Londoño, Asesor del Partido Liberal Colombiano, mayo de 1999, Di-
rección del Partido Liberal.
- Uber Ariza, Asesor del Partido Liberal Colombiano, mayo de 1999, Dirección del Parti-
do Liberal.
- Humberto Zuluaga Monedero, Secretario General del Partido Conservador Colombia-
no, mayo de 2000, Directorio Nacional del Partido Conservador.
- Jorge Sedano, Secretario General del Partido Conservador Colombiano, febrero de
2001. Directorio Nacional del Partido Conservador.
- Elizabeth Congote, Tesorera del Fondo Nacional del Partido Conservador Colombia-
no, mayo de 2000, Directorio Nacional del Partido Conservador.
- Rafael Guarín, Secretario General de La Constituyente Liberal, mayo de 2000, entrevis-
ta telefónica.
326 David RolI

- Rubiela Gamboa, participante y graduada del primer curso de Ideas Liberales organiza-
do por el Partido Liberal, mayo 2000, Sede Administrativa de la Campaña de María
Emma Mejía para la Alcaldía de Bogotá.
- Juan Manuel Campo, Presidente de la organización Nuevas Generaciones y represen-
tante de los jóvenes ante el Directorio Nacional Conservador.
- Fernando Vargas Mendoza, Miembro de la Dirección Nacional de Juventudes del Partido
Conservador Colombiano, junio de 2000, Directorio Nacional Conservador.
- Soraya Galvis Cobo. Presidenta Fundación Mujeres por la Democracia del Partido
Conservador Colombiano. 28 de agosto de 2001.
- Jesús Abel Cardozo. Presidente de la organización Liga Junior del Partido Conservador
Colombiano.
- Eduardo Verano De La Rosa, Secretario General del Partido Liberal, marzo de 2000,
Dirección del Partido Liberal.

Documentos de los Partidos


Partido Liberal

Estatutos del Partido Liberal


Código de Ética del Partido Liberal
Presentación de la Constituyente Liberal
Hacia una Organización Nacional de Juventudes y Estudiantes Liberales
Política de Juventud- Encuentro de Juventudes Liberales
Documento del Foro Liberal en Girardot, El Neoliberalismo
Sumario del Proyecto del Programa del Partido Liberal Colombiano para el período de
1990-1994
Resolución de Creación del Observatorio para la Modernización del Liberalismo
Resolución de Integración del Observatorio para la Modernización del Liberalismo
Resolución por la cual se crean las Comisiones de Participación Social
Resolución por la cual se crean la Comisiones Asesoras de Senadores y Representantes
para la Asamblea Liberal Constituyente
Resolución por la cual se crea el Consejo Nacional Consultivo
Resolución por la cual se crean las Comisiones N acional, Departamental y del Distrito de
Participación de la Mujer
Resolución por la cual se crean las Comisiones Nacional, Departamental y del Distrito de
Participación Juvenil
Resolución que crea la Comisión Preparatoria de la Asamblea Constituyente Liberal
Resolución que designa los Integrantes de la Comisión Nacional de Participación Social
Resolución que crea las Comisiones de Participación de las Minorías Étnicas Nacionales
10 preguntas y respuestas fundamentales de la Constituyente Liberal. Abril de 1999. Se-
cretaría Ejecutiva.
Origen, Programa y tesis del Liberalismo, Otto Morales Benítez.
Rojo difuso y azul pálido 327

Un contrato social y democrático con Colombia, Horacio Serpa Uribe.


Cuatro liberales responden, Instituto de Pensamiento Liberal.
Conejazo a Colombia, Horacio Serpa Uribe
El Liberalismo y la nueva derecha frente a la Constituyente, Hernando Agudelo Villa.
El desafío liberal, debate ideológico del liberalismo.
La alternativa del Partido Liberal Colombiano: Liberalismo o Socialismo.
Informe de 1994, El Liberalismo mantiene las mayorías.
Propuestas desde las mujeres, Ofelia Gómez Restrepo.
El buey cansado, Carlos Lleras Restrepo.
El Partido Liberal y el Socialismo.
El liberalismo: lo económico y lo electoral, Otto Morales Benítez.
Banquete de la presencia liberal, por una estrategia liberal.
Documento I Congreso Ideológico del Partido Liberal Colombiano.
De la Unidad Programática a la Unidad del Partido.
Con razón o sin ella, María Isabel Rueda.
Política de juventud.
Efemérides 25 Años.
En Colombia nace otra época, Luis Carlos Galán.
Los partidos en Colombia, Luis Carlos Galán.
Eliminemos la discriminación, Julio César Turbay Ayala.
Documento sobre la modernización del Partido Liberal.
Estatutos del Partido Liberal.
El precio de ser liberal, Heráclito Londoño Suárez.
El Partido Liberal y el proceso de paz, Horacio Serpa Uribe.
La crisis del partido y el derecho a disentir, Edmundo López GÓmez.
Antecedentes históricos y estructura organizacional.
La oposición patriótica, Horacio Serpa Uribe.
Partido Conservador

Manos a la obra, Enrique Gómez Hurtado.


Estatutos del Partido Conservador Colombiano. 1996.
Declaración de Principios del Partido Conservador Colombiano.
Estrategias para la victoria.
Manual del Conservador, Jaime Arías, 1996.
Manual del Conservador y Estatutos del Partido Conservador Colombiano, noviembre
de 2001.
Colombia Libre. 15 años Partido Conservador Colombiano. Junio de 2000.
Estatutos de la Fundación Mujeres por la Democracia.
Estatutos de la organización Nuevas Generaciones.
Estatutos de la organización Liga Junior.
'~)'u 'noilolJ
OYnpJ'1CUn'JllIp@01'1lljlun :OJluqJPJjJ OJJ.lO:)

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JILLI!JdUII Jp 9UILLlJJ1 JS OJQl1 J1S3


GRUPO DE INVESTIGACIÓN DE PARTIDOS DE
LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

Algunos miembros del Grupo de Investigación


de Partidos en una de sus reuniones de trabajo
para la finalización del libro.

David Roll , Lina Mápura, Nadia Pérez, Jhonier Aristizábal ,


Adriana Pérez, Gina Nino, Alberto Bejarano, Lina Cabezas.

La obra es el producto de tres etapas de investigación


diferentes. En la primera, el autor escribió el libro hasta
considerarlo listo para su publicación. En la segunda,
decidió complementarlo con trabajo de campo , y contó
para ello con la ayuda de tres monitores de investigación
financiados por la Facultad. La tercera se dio cuando cesó
ese apoyo, y se creó el "Grupo de Investigación de Partidos",
conformado por estudiantes voluntarios, alumnos de la
Carrera de Ciencia Política. Ellos primero aportaron nuevas
ideas en la edición de la obra y luego participaron activa-
mente en la investigación, tanto en el análisis documental,
como en la realización de nuevas entrevistas y encuestas e
incluso en la redacción de textos específicos. El esquema
resultó tan efectivo que el grupo ha decidido continuar tra-
bajando, aun a pesar de la carencia de financiación, equipos
y espacios físicos. Actualmente está preparando una obra
sobre "Élites Parlamentarias y Partidos en Colombia", una
investigación sobre militancia juvenil en partidos, un número
especial de la revista Pensamiento Jurídico sobre los partidos
colombianos y un cortometraje sobre los partidos tradiciona-
es en la historia del país.
AZUL

o
o-== "Rojo Difuso, Azul Pálido", es la imagen Que sintetiza la situación de los Partidos
tradicionales en Colombia en los últimos años, los cuales se debaten entre la
persistencia y el debilitamiento.

Los Partidos Conservador y Liberal han sido durante 153 años los principales
actores políticos colectivos en Colombia, y en este momento, tanto por razones
ambientales como endógenas, están experimentando uno de los procesos de
cambio más importantes desde su fundación .

El presente libro es ante todo un estudio de los aspectos claves de esas co-
lectividades: su historia, su ideología, su rendimiento electoral, su desempeño
gubernamental , su organización burocrática y sus bases institucionalizadas.

También contiene un análisis de la crisis de los partidos políticos colombianos y


de sus principales componentes: el clientelismo político, la inadecuada regula-
ción de las campañas electorales, la postergada reforma política y la ausencia de
ideologías aglutinantes.

Como telón de fondo de la situación colombiana, se incluyen sendas reflexiones


sobre los temas fundamentales de los partidos políticos a nivel mundial en la ac-
tualidad: la crisis de representación y de partidos, el fenómeno de la antipolítica
y el problema de la ingeniería institucional , aplicada a la financiación de campa-
ñas, a la organización interna y a la modificación de los sistemas de Partidos.

UNIVERSIDAD
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DE COLOMBIA
Facultad de Derecho,
Ciencias Políticas y Sociales

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