33 Homenaje A Roberto Gonzalez Echevarria Miradas Sobre Miami PDF
33 Homenaje A Roberto Gonzalez Echevarria Miradas Sobre Miami PDF
HOMENAJE A
R O B E RT O G O N Z Á L E Z E C H E VA R R Í A
verano de 2004
FA C S Í M I L I N É D I T O : F I D E L C A S T R O
responde por escrito a Andrew St. George
DUANEL DÍAZ INFANTE
Límites del origenismo
CRISTÓBAL DÍAZ AYALA
Música clásica y música barroca
33
6,50 €
DOSSIER
MIRADAS SOBRE MIAMI
encuentro
R E V I S T A ■ Homenaje a Roberto González Echevarría ■
33
verano 2004
■ ■
Carlos Espinosa • 197 Molina ■ Juan Antonio Molina ■ Pedro Monreal ■ Carlos
Alberto Montaner ■ Juan Luis Morales ■ Gerardo Mosquera ■
Eusebio Mujal-León ■ Antonio Muñoz Molina ■ Eduardo
la ciudad virtual Muñoz Ordoqui ■ Iván de la Nuez ■ Carlos Olivares Baró ■
Rafael Fornés • 201 Gregorio Ortega ■ Heberto Padilla † ■ Mario Parajón ■
Ludolfo Paramio ■ Enrique Patterson ■ Ricardo Pau-Llosa ■
Gina Pellón ■ Umberto Peña ■ Michel Perdomo ■ Ricardo
Alberto Pérez ■ Marta María Pérez Bravo ■ Gustavo Pérez
■ Te x t u a l ■ Firmat ■ Enrique Pineda Barnet ■ Jorge A. Pomar ■ Ricardo
Porro ■ Ena Lucía Portela ■ José Prats Sariol ■ Nicolás
Quintana ■ Tania Quintero ■ Sergio Ramírez ■ Sandra
el artista consentido Ramos ■ Alberto Recarte ■ Andrés Reynaldo ■ Alejandro Ríos
Antonio Muñoz Molina • 209 ■ Enrique del Risco ■ Miguel Rivero ■ Raúl Rivero ■ Reina
María Rodríguez ■ Guillermo Rodríguez Rivera ■ Efraín
Rodríguez Santana ■ Martha Beatriz Roque ■ Christopher
■ ■ ■ Sabatini ■ Enrique Saínz ■ Baruj Salinas ■ Miguel Ángel
Sánchez ■ Tomás Sánchez ■ Osmar Sánchez Aguilera ■
Enrico Mario Santí ■ Ángel Santiesteban-Prats ■ Fidel
proustituciones / E n r i c o M a r i o S a n t í • 225 Sendagorta ■ Pío E. Serrano ■ Pedro Shimose ■ Ignacio
Sotelo ■ Ilán Stavans ■ Andrew St. George ■ Michel Suárez
■ Jaime Suchliki ■ Elena Tamargo ■ Nivaria Tejera ■ Amir
es un cleptómano de cajitas visuales Valle ■ Jorge Valls ■ Aurelio de la Vega ■ Carlos Victoria ■
Fernando Villaverde ■ Alan West ■ Yoss (José Miguel
L o r e n z o G a r c í a Ve g a • 230 Sánchez) ■ Rafael Zequeira
■ Perfiles ■
La producción de este número ha sido
posible gracias a la generosa contribución
cristóbal díaz ayala: una pasión por la música de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía
Joaquín Ordoqui García • 235 y de la Agencia Española de Cooperación Internacional
■ ■ ■
música clásica y música barroca
C r i s t ó b a l D í a z Ay a l a • 247
AECI
■ Miradas polémicas ■
a propósito de mala vista anti social club
Julio Fowler • 255 corrección de textos
Teresa de la Fuente
■ ■ ■
impresión
la lengua nómada / I s a b e l Á l v a r e z B o r l a n d • 265 Navagraf, S.A., Madrid
heberto padilla / V i c e n t e E c h e r r i • 275 Ejemplar: 6,50 € / Ejemplar doble: 13 €
Precio de suscripción anual:
■ Buena Letra ■ España: 26 € / Europa y África: 40 €
285 América, Asia y Oceanía: $ 76.00 / 62 €
No se aceptan domiciliaciones bancarias.
■ Cartas a Encuentro ■
311 D.L.: M-21412-1996 - ISSN: 1136-6389
Oye mi son:
el canon cubano
Inédito
Roberto González Echevarría
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
musa en soledad muy, pero muy confusa.
La confesión que sigue la motivó un ensayo de Rafael
Rojas sobre el tema del canon cubano —Un banquete canó-
nico— en que me atribuye la inclusión de escritores cuba-
nos en número desproporcionado en el libro de mi queri-
do amigo Harold Bloom, The Western Canon. Dice Rojas
refiriéndose a Bloom: «Entendida América Latina como
una sola literatura, sorprende aún más esa ‘mayoría cuba-
na’: nada menos que 33 por ciento de la escritura canónica
que aporta la región a las letras occidentales del pasado
siglo proviene de la Isla. Tal preferencia, que podría exal-
tar nuestro ego poético hasta el paroxismo, tiene su explica-
ción. Uno de los más cercanos colegas de Bloom es cuba-
no: el catedrático de Yale Roberto González Echevarría»1.
1
Rojas, Rafael; Un banquete canónico (Fondo de Cultura Económica, Méxi-
co, 2000), pp. 65-66. De haberse tomado el trabajo, Rojas habría sabido
más sobre mi canon cubano consultando los siguientes trabajos míos:
«Criticism and Literature in Revolutionary Cuba», en: Cuba Studies/Estu-
dios Cubanos, 11, nº 1, 1981, pp. 1-18. Versión revisada en: Cuba: Twenty-five
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Years of Revolution; ed. Sandor Halebsky and John M. Kirk, Praeger, New York, 1985, pp. 154-174;
«Autobiography and Representation in La Habana para un infante difunto», en: World Literature Today,
61, nº 4, 1987, pp. 568-573; «Cuban Criticism and Literature: A Reply to Smith», en: Cuban Studies,
19, 1989, pp. 101-106; «The Humanities and Cuban Studies, 1959-1989», en: Cuban Studies Since the
Revolution; ed. Damián Fernández, University Press of Florida, Gainesville, Fla., 1992, pp. 199-215.
Como podrá notarse, todos estos trabajos son anteriores al libro de Bloom, que es de 1994: Harold
6 Bloom; The Western Canon: The Books and School of the Ages, Harcourt Brace and Co., Nueva York.
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Oye mi son: el canon cubano
valía la pena incluir y redactar una nota de sesenta palabras sobre las selecciona-
das —un haiku crítico—. Tengo que confesar que el primer tamiz era, necesa-
riamente, fugaz y sumario: abría el libro y me leía las primeras dos páginas,
luego alguna al azar en el medio y, por último, el final. Ese primer juicio duraba
cuestión de minutos. Los libros que se salvaban eran sometidos a un segundo
escrutinio más detenido, pero no había tiempo que perder con los que se me
iban despintando al pasar las páginas. Por fin, leía los seleccionados y los rese-
ñaba, aunque alguno que otro tampoco sobrevivía a esa última prueba.
Mi otra experiencia como crítico es más convencional: con alguna fre-
cuencia hago reseñas en el suplemento literario dominical del New York Times,
y una que otra vez en el Village Voice, el Wall Street Journal y el Miami Herald.
Creo que un crítico universitario como yo tiene el grave deber que supone
estar en contacto constante con la gran literatura, con los clásicos. Debemos
ser por ello más inmunes a los encantos de la novedad, de lo que se quiere
pasar por original. Una vez el Times me pidió que reseñara la novela de una
escritora dominicana de lengua inglesa —Julia Álvarez— cuando estaba yo
dando un seminario de posgrado sobre el Quijote. Le mencioné mi situación a
un colega del Departamento de Inglés que exclamó: «¡Pobre Julia Álvarez!».
La novela era mala, por cierto. Sin embargo, yo me pregunto qué habría pasa-
do de caerme en las manos Cien años de soledad en las mismas circunstancias.
Me gustaría pensar que me habría dado cuenta en seguida de que esa novela
salía ilesa de cualquier comparación. Siempre recuerdo que Carpentier le
mandó a Montevideo a Emir Rodríguez Monegal Los pasos perdidos al mes de
publicarse en México esa gran obra (Carpentier vivía entonces en Caracas), y
que Emir se percató inmediatamente de la importancia del libro (yo he mane-
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
jado el ejemplar con la dedicatoria de Carpentier a Emir). Su nota en Marcha
es un modelo de reseña periodística. Emir era un crítico de oficio con un ojo
casi infalible para el talento literario. Un profesor universitario como yo, bajo
el peso de tanto clásico, bien puede dejar pasar por su mesa de trabajo, sin
darse cuenta, obras que merecen su atención. Vivo muy consciente de ello, y
no pretendo, por lo tanto, ser experto ni mucho menos en la literatura actual
que llega a mí casi siempre, según «el vago azar o las precisas leyes / que
rigen este sueño el universo», para evocar a Borges.
Confieso también que mi actitud ante el concepto de canon es ambivalen-
te y que, si bien es cierto que asesoré a Harold en la confección de la lista que
sus editores le exigieron, lo hice como un gesto de amistad, no de aceptación
de los principios de su difundida obra —ni tampoco de su práctica—. Ade-
más, la discusión sobre qué obras nuevas deben ingresar en la tradición es
muy antigua; para mí se remonta a la querelle des anciens et des modernes, y conti-
núa en la confección de antologías, para no hablar de las historias literarias.
Harold le ha dado vigencia y hasta valor comercial al término, pero no se
trata de nada nuevo, para aplicarle a su libro el criterio a que él somete las
obras literarias que se dicen nuevas y originales. Pienso que lo más valioso de
The Western Canon, aparte de las lecturas a veces brillantes que hace de obras
medulares de la tradición occidental, es que de un golpe sacó del clóset de la 7
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R o b e r t o G o n z á l e z E c h e va r r í a
crítica contemporánea el juicio de valor, y con éste la ineludible misión del críti-
co de, como decía José Martí, «ejercer el criterio». No todo es «texto» apto para
ser estudiado porque se pliega a algún método de pretensiones científicas, sino
que hay «obras», producto del genio o el ingenio humano que son de diferen-
tes valores. Además, las obras escogidas para ser analizadas por esos críticos teó-
ricos lo son porque éstos en realidad han hecho un juicio de valor al seleccio-
narlas. Es verdad que a menudo el juicio es errado porque se juzga la obra en
términos de su adaptabilidad a la teoría, pero sigue siendo juicio de valor.
Los «métodos» pretenden desplazar o cancelar la autoridad del crítico; al
aplicarlos es como si la obra se analizara y evaluara sola, independientemente
del mismo. Pero éstos son subterfugios para estar a la moda, para sonar como
críticos o teóricos influyentes. (Hay palabras-talismán, ábrete-sésamos de teo-
rías recientes que sirven para no pensar, para entonar canciones de las que se
sabe la música pero no la letra —la más reciente es «nómada»—. Todo lo que
pueda valer ahora tiene que ser «nomádico», pero como lo nuestro es pasar
haciendo caminos sobre la mar, todo es por definición «nomádico»). La
muerte del autor sería también la del crítico —texto y método se juntarían en
unas nupcias blancas, sin intervención humana—. Se trata de un intento de
abolir al sujeto crítico, pero que es en realidad una de las formas más burdas
de la hipocresía, porque todos, para empezar precisamente con la selección
de nuestro objeto de estudio o análisis, hacemos juicios de valor, que en pri-
mera y última instancias se basan en nuestras preferencias y gustos. Éstos son
los que rigen, además, en nuestra práctica docente y editorial —muchos aquí
tenemos responsabilidades no sólo en casas editoras sino también en revistas
académicas y literarias—. En la vida cotidiana, en el diálogo, en el murmullo
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h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
contenerlo y clasificarlo todo sin dejar residuos—. Lo que caracteriza lo que
hacemos, lo que sigue siendo parte integral de las humanidades, es justamen-
te la imperfección de lo humano. Lo que practicamos, como el objeto de
nuestro estudio, es en última instancia arte, no ciencia; también por la conti-
nuidad que existe entre nosotros y nuestro objeto de estudio, ambos estamos
fraguados en el mismo lenguaje.
Tengo la convicción de que la crítica regresa ahora a una axiología, a una
teoría y práctica del valor basada en el sujeto crítico, que sobrepasa o cancela
la distinción entre hecho y valor, entre objeto y sujeto, en busca de una sínte-
sis kantiana que objetivice el juicio, descartando la sospecha de que toda eva-
luación surge de intereses e instituciones en pugna por el poder y la sujeción
del otro. La síntesis de hecho y juicio, de texto y lectura, es la impresión, y
surge de ella la interpretación, producto confesado de la contingencia. Debía
escribirse una réplica al conocido ensayo de Susan Sontag que se llame «En
favor de la interpretación». Sospecho que esta tendencia en la crítica va aliada
a la prevaleciente en la narrativa hacia lo emotivo, hacia lo sentimental, que
ha sido estudiada sagazmente por Aníbal González2. Me parece que desde el
2
Aníbal González.
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la práctica crítica actual, que prefiere hablar de teorías en vez de gustos. Del
zig a mi siempre me gusta más el zag. Éste es un proceso que es también de
autoanálisis y hasta de desvergonzado exhibicionismo, porque rara vez nos
proponemos hacer o hacernos semejantes confesiones de preferencias y gus-
tos, a no ser que nos llamemos Aristóteles, Horacio o Longino. Los tres, por
cierto, me sirven de inspiración, pero juego bajo protesta porque la cantidad
de obras a las que ellos se enfrentaron era exigua comparada con el alud de
libros, la catarata de letra impresa que nos inunda a nosotros. Además, en la
modernidad vivimos bajo el imperio del tiempo, que lo hace todo fluido y
relativo: al hacer la lista de principios que creo que me guían, sé que los trivia-
lizo al someterlos a la fijeza del recetario o a la retórica del manual escolar. En
todo caso, aquí van, a riesgo de hacer el ridículo, porque creo que son los que
todo el mundo esconde en la gaveta más recóndita de su conciencia crítica.
Para mí la obra tiene que tener dimensión, aliento, monumentalidad
sublime, si se quiere, en respuesta a los graves temas que deben ser su objeto:
el amor, la muerte, el destino, el bien y lo irresistible del mal, la justicia y la
injusticia. Para recordar a Longino, la obra debe tener elevación. No puede
agotarse en cuestiones regionales, a no ser que revele en éstas la presencia de
los grandes temas mencionados. En el Facundo, el destino fatal de Quiroga lo
eleva a una dimensión trágica que le confiere grandeza y convierte los innu-
merables detalles sobre la pampa que Sarmiento aporta en significativos para
cualquier lector, aunque no sea argentino. Se me preguntará en seguida por
los cuentos de Borges, que son casi todos breves, a lo que respondería que la
longitud material del texto no es lo que le da aliento, aunque suele ser un ele-
mento importante, para añadir que además la obra de Borges es monumental
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
en su conjunto.
Me gusta que la obra revele su forma, su urdimbre, pero no sin recato,
convirtiéndola en elemento principal de su constitución como texto literario.
Aquí se trata de una cuestión de grados, porque hay grandes obras modernas,
como el Ulises, de Joyce, que sin duda hacen alarde de sus juegos formales, y
otras de períodos anteriores, como las Soledades, de Góngora, que hacen otro
tanto. Pero estas son obras en que la complicación en la forma es parte inte-
gral de su tema; en Góngora la confusión del peregrino «sobreausente» que
es protagonista del poema coincide con la del lector, ambos luchan por descu-
brir adónde los llevan los errantes pasos. En el Ulysses es la inadecuación, el
desfase entre una forma clásica recibida y su adaptación a un presente caído
lo que justifica los malabarismos de Joyce. La maestría, sin embargo, general-
mente consiste en que los más osados experimentos formales pasen desaperci-
bidos, como en el Quijote o en Cien años de soledad.
Las obras que más disfruto retienen un residuo o, mejor, un reducto impe-
netrable, un secreto o arcano cuya presencia percibimos, pero no podemos
del todo nombrar y menos describir o analizar. Me dejo llevar aquí por unos
versos de Wallace Stevens, uno de mis poetas preferidos: «The poem must resist
the intelligence, / Almost successfully...». («El poema debe resistirse a la inteligen-
cia, / casi del todo...»). En muchos casos, en la mayoría, se resiste además a la 11
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inteligencia del autor mismo, lo cual hace imprescindible nuestra labor de críti-
cos, que con mucha frecuencia nos obliga a enseñarles a los escritores qué han
hecho y por qué. El crítico mismo debe tener ese costado ciego u oscuro frente
a su propia obra; es como un fluido subconsciente que se comunica con el texto
estudiado por encima o por debajo de su conciencia crítica y sus discursos. Es lo
que conduce a esos errores epifánicos que tan bien supo estudiar Paul de Man3.
Hay que saber controlar el flujo y reflujo de esa sustancia opaca para no caer en
la tentación de responder a una obra literaria con otra, siempre inferior por
cierto; pero lo valioso de un crítico, lo que lo hace salirse del montón, se mani-
fiesta en esa cualidad. Es el encuentro de lo unheimlich con lo unheimlich —de lo
siniestro con lo siniestro— que yo sé otros, como yo, han sentido, y que está más
allá de cualquier método o filosofía crítica.
Pienso que la obra debe por lo menos reciclar la tradición de forma nove-
dosa; pero la gran tradición, no sólo la nacional, y no debe responder de
manera obvia a modas vigentes, porque una vez que éstas pasan la obra se
hunde con ellas en el olvido. Aquí es donde entra el problema de la originali-
dad, por supuesto. García Márquez rompió con la vertiente joyceana de la tra-
dición inmediata latinoamericana, y hasta con la de Faulkner, a quien por
otra parte tanto debe, para producir en Cien años de soledad una obra que
choca por su aparente anacronismo, como supo ver en su momento Emir
Rodríguez Monegal. Fuentes no pudo hacer lo mismo en La muerte de Artemio
Cruz y su novela no alcanza el mismo nivel. Quizá el test más objetivo de la ori-
ginalidad e influencia de un escritor sea si su nombre llega a convertirse en
adjetivo, con lo cual se demuestra que ha hecho suya parte de la tradición:
kafkeano, joyceano, cervantino, homérico, raciniano, flaubertiano, etc. En
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
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Blindness and Insight.
encuentro
Oye mi son: el canon cubano
de su asma crónica. En poesía el ritmo es siempre más fácil de percibir; hay una
tendencia apositiva que sella el verso de Paz, palabras que llegan, casi un poco
tarde para teñir retrospectivamente de sentido a las que las preceden. El tono
sentencioso, retórico de Neruda es fácilmente reconocible y difícil de imitar sin
producir monstruosidades, como ha hecho demasiadas veces Ernesto Cardenal.
Pasamos, por fin, a mi canon cubano —«the envelope, please»— o los antoló-
gicos desde 1959. Los divido en dos grupos: los que ya eran reconocidos antes
de esa fecha y los que publicaron sus obras principales después. Declaro, de
entrada, sin la menor intención política, que ha habido una decadencia, a
pesar de la relativa riqueza de la literatura cubana de los últimos años. No hay
ningún escritor de los que han hecho obra del principio de la Revolución
para acá que se compare con Lezama, Guillén, Carpentier, Ortiz, Cabrera y
Baquero. En todo caso, he aquí mis dos grupos.
Los primeros son fáciles: Alejo Carpentier, por El siglo de las luces y El arpa y
la sombra; José Lezama Lima por Paradiso, Oppiano Licario y todo lo demás; Eli-
seo Diego y Virgilio Piñera deben figurar, pero tengo que admitir que, como
dijo Borges de Ortega y Gasset, no he merecido sus obras. Noten que dejo
fuera a Nicolás Guillén, cuya poesía en el período revolucionario es más bien
repetitiva y trivial, para no hablar de otros como Cintio Vitier, que ni siquiera
habían hecho obra digna antes y mucho menos después. Burócratas y comisa-
rios con abultadas obras sobran: la historia los absorberá.
Los que surgen después de 1959: Guillermo Cabrera Infante por Tres tristes
tigres, pero nada más, porque son casi todos refritos; Severo Sarduy por Maitre-
ya y De donde son los cantantes; Miguel Barnet por Biografía de un cimarrón, y
también por Canción de Rachel; Reinaldo Arenas por El mundo alucinante y la
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colección de cuentos Con los ojos cerrados; Antonio Benítez Rojo por un cuen-
to, «Estatuas sepultadas». Calvert Casey por un texto, no sabemos si es un rela-
to, que es de los más originales que yo he leído jamás: «Piazza Margana».
Como notarán, excluyo a muchos que escribieron obras de cierto valor, como
Antón Arrufat, José Triana, Heberto Padilla, Jesús Díaz y Reynaldo González,
entre otros. A Padilla le celebro su valor personal, pero no creo que dejó una
obra grande. De los más jóvenes, aunque reconozco promesas en ensayistas
como Antonio José Ponte y Rafael Rojas, ninguno tiene todavía una obra de
suficiente peso para figurar en el canon. Lamento decir que de la llamada
«diáspora», en español o inglés, no he leído nada que merezca figurar en una
antología exigente, aunque la producción es copiosa y ha sido objeto de estu-
dios sustanciosos por parte de William Luis e Isabel Álvarez Borland. No sé
por qué no ha dado esa tradición diaspórica todavía a un Villaverde o a un
Joseph Conrad; tal vez la obsesión del tema cubano, el cambio de idioma o la
lejanía del español, no han permitido obras de gran aliento. Ni Cristina Gar-
cía ni José Kozer, por ejemplo, me parecen escritores de nivel. Si se me pre-
guntara, cañón en la sien, cuál es el mejor de los mencionados en la era post
1959, diría que Arenas fue el más talentoso, a pesar, o tal vez por haber sido
un hombre tan poco instruido —tan, en una palabra, inculto—. Pueden apre-
tar el gatillo porque éstos son para mí los que son y no son. 13
encuentro
R o b e r t o G o n z á l e z E c h e va r r í a
Ahora unas palabras para justificar cada uno de mis juicios. Empiezo por
los indiscutibles, que son Carpentier y Lezama. En una época pensé que Car-
pentier era el mejor escritor de los dos, pero hoy me inclino a pensar lo
opuesto. Carpentier es en cierto modo reducible a tendencias artísticas del
siglo xx como el surrealismo, mientras que Lezama es él solo toda una ten-
dencia. El siglo de las luces, sin embargo, vino a reafirmar lo que es el valor
principal de Carpentier como novelista: que supo ver que la gran ruptura his-
tórica que constituye la historia del Nuevo Mundo, era el argumento más
grandioso e idóneo para la narrativa latinoamericana. Ya esto era perceptible
en El reino de este mundo, pero la ampliación de ese tema en El siglo de las luces
le da una elevación sublime: la novela es una gran maquinaria simbólica que
gira, como una gigantesca esfera armilar, alrededor de un gran hueco que
dejó la explosión que dispersó signos y personajes —la Revolución Francesa—,
cuyo modelo es la ruptura de los vasos kabalísticos o la teoría cosmológica del
origen del universo llamada Big Bang. Lo otro que El siglo de las luces reafirma,
tanto por su factura como por el período histórico en que ocurre, es el carác-
ter romántico de la literatura latinoamericana: que ésta surge de visiones
grandiosas provocadas por acontecimientos y paisajes gigantescos que provo-
can el asombro. Esteban contempla un caracol en una playa del Caribe, y éste
le evoca los cursos y recursos de la historia —Vico—, la gran espiral del tiem-
po galáctico. Toda la novelística histórica del llamado Boom deriva de Car-
pentier, desde Cien años de soledad hasta Terra Nostra.
Paradiso sobrepasa la estética y prácticamente carece de modelo, por mucho
que se la quiera comparar con A la recherche du temps perdu y Portrait of the Artist
as a Young Man. La novela de Lezama, como toda su obra, se desentiende de lo
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bello como meta, algo que Proust no hace, combinando a veces lo grotesco con
lo francamente de mal gusto e ignorando olímpicamente los más caros precep-
tos del arte novelístico, como señaló Cortázar. En gran medida lo sobrecogedor
en Lezama es precisamente la falta de medida, de decoro; la mezcla de niveles
retóricos con un desenfado que oscila entre la ingenuidad más enternecedora y
la originalidad más chocante. Para mí lo único comparable es la pintura de
Picasso, que está más allá de toda contextualización o encuadre. No hay jerar-
quías en Lezama. Todo parece tener cabida en su universo, inclusive el error
porque no hay forma de identificarlo ya como tal —es una escritura pre-adámi-
ca, desprovista de culpa y anterior a la ley—. Lezama creó un sistema propio
que, por frágil que parezca en tanto filosofía o estética, está dotado de una
cohesión y resistencia sorprendentes: «hipertelia», «vivencia oblicua», «era ima-
ginaria», «sobrenaturaleza». Todavía el mundo más allá del nuestro —quiero
decir de la literatura en lengua española— no se ha percatado de la grandeza
de Lezama, en parte porque esta misma hace difícil su traducción. Para Harold
Bloom es más fácil acceder a Carpentier e incluirlo en su lista de genios que a
Lezama —pero si hay un escritor que merece ser tildado de genio es Lezama.
Pasando ahora a los surgidos después de 1959, hay que empezar por
Cabrera Infante y Tres tristes tigres. Esa novela es inmune a las bromas, los
14 pujos de su autor, que tienden a reducirla al humorismo y a la trivialidad. La
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Oye mi son: el canon cubano
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
Sarduy es un escritor al que todavía no le ha llegado su hora y que declara-
ba que su obra no sería más que una nota al pie o comentario a la de Lezama.
Pero son en realidad dos escritores muy distintos. Como con Cabrera Infante,
las declaraciones de Sarduy han perjudicado su obra novelística. En su caso
no son desplantes sino sus ensayos de teoría y crítica, que al principio de su
carrera estuvieron demasiado influidos por el grupo Tel Quel, al que pertene-
ció aunque siempre de forma un tanto marginal. Pero Sarduy logró crear un
estilo propio y un mundo y unos personajes muy suyos en sus novelas. Esos tra-
vestís que viven en la euforia y la tristeza de la carne, de cuerpos en los que se
escribe y marca, que se mutilan para satisfacer el deseo de transformación;
matronas de sexo incierto pintarrajeadas, proxenetas y prostitutas lanzadas, des-
atadas por toda una geografía exótica aun cuando sea cubana, de una artificiali-
dad rebuscada. Todo un frenesí enfilado contra la decadencia física y la muerte
consciente de su inutilidad, ese es el tono de la obra de Sarduy, su firma. En De
donde son los cantantes, además, hay como una gran alegoría de la cultura cubana
y sus componentes e historia, escrita justo en el momento en que la Revolución
había removido todos los estratos de lo cubano —en la novela, el final violento
en una Habana cubierta por la nieve es una escena sobrecogedora del vacío de
la historia—. En Maitreya, esa vertiente cubanófila se ha ampliado y desplazado,
como en Cobra, hacia el oriente —es como una era imaginaria lezamiana en la 15
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R o b e r t o G o n z á l e z E c h e va r r í a
que Colombo es Cuba y llegamos a la Cuba real por vía de Sagua la Grande,
como homenaje a Wifredo Lam, la descripción de cuyos cuadros constituyen
a veces el lugar de la acción—. Maitreya anticipó de una forma sorprendente
las nuevas guerras de religión que asolan al mundo de hoy —su final, en un
Irán sumido en una revolución fundamentalista, convierte nuestro presente
en una instancia más de la historia copiando el arte—. Yo pienso que la hora
de Sarduy llegará y se convertirá en uno de esos escritores que fundan, des-
pués de muertos, un culto.
Y ahora, el escritor que tantas broncas me ha costado: Miguel Barnet. Bio-
grafía de un cimarrón trasciende, con mucho, la importancia que tiene en el
reducido ámbito latinoamericano como obra fundadora del género testimo-
nio (y la única de valor, dicho sea de paso). En el antiguo esclavo Manuel
Montejo, Barnet ha creado uno de los personajes más memorables e impor-
tantes de la literatura moderna, no sólo latinoamericana. (Lamentablemente
las dos traducciones al inglés son defectuosas). Montejo crea y encarna un
arquetipo: el paria, víctima de las peores injusticias sociales, que no sólo vive
para contarlas sino que opone su impulso vital a las miserias de su existencia e
impone su espíritu rebelde, sabio y optimista. Barnet ha logrado captar, en los
giros e inflexiones del anciano, todo un estilo de vida pletórico de confianza
en sí mismo y en sus criterios. Por un lado, Montejo entronca con la larga tra-
dición romántica de los perseguidos, pero el cimarrón es además representa-
tivo de otro arquetipo: el del fugitivo que quiere escapar del «mundanal
ruido» y vivir en las profundidades de la manigua alejado de todo lo humano.
Montejo no sólo le huye a la esclavitud, le huye a la humanidad; su viaje de
escape y regreso, como el del protagonista-narrador de Los pasos perdidos, es
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como la mítica separación de la sociedad que sufrían los iniciados antes de ser
aceptados en sociedad. Pero la gran literatura manifiesta lo trascendental en
lo contingente, y Montejo convence en el libro de Barnet por los detalles fide-
dignos de su vida como esclavo, y sobre todo de su vida como cimarrón, cuan-
do pasa a veces años sin hablar con persona alguna, sólo con sus pensamien-
tos y la naturaleza que aprende a domesticar, mezcla de Robinson Crusoe y
Viernes en su isla. Lo valioso de Biografía de un cimarrón, no hay que engañar-
se, está en el arte de Barnet, en el fino oído que le permitió aprehender en el
tono, en la inflexión de Montejo, todo su drama, y así crear un personaje per-
durable; en la manera en que adaptó la retórica de la etnografía, inclusive la
reorganización de la vida que le cuenta su informante, a la autobiografía, y
cómo pudo Barnet, en el espacio del libro, convertirse en Montejo al narrar
su vida. Esto es lo valioso y convincente de esta gran obra.
En Canción de Rachel, Barnet volvió a crear un personaje sobresaliente y
perdurable. No parte de un ser vivo y único, sino que la confecciona a partir
de varias antiguas vedetes con las que ha hablado, y también con labor de
archivo en periódicos y revistas de la época. Tiene en común con la obra de
Sarduy la melancolía provocada por la decadencia física en alguien que
depende del cuerpo como espectáculo para ganarse la vida. Ambas, Biografía
16 de un cimarrón y Canción de Rachel, delatan la contradicción creadora que late
encuentro
Oye mi son: el canon cubano
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
batalla, y de una inteligente y provocadora colección de ensayos, La isla que se
repite. Todas estas obras son meritorias, pero ninguna alcanza el nivel de su
gran cuento «Estatuas sepultadas», que está a la altura de lo mejor de Borges y
Cortázar, y es de temática afín a la de estos maestros argentinos. Pero la «casa
tomada» en Benítez Rojo tiene una dimensión nueva: la revolución que la
rodea, en que la historia alcanza una velocidad violenta y vertiginosa que con-
trasta con el tiempo detenido en la mansión y sus jardines amurallados. A esto
se suma un hálito poético que se expresa en el color del ala de una mariposa,
o en el deterioro gradual de los muebles y objetos contenidos en la casa:
lucha de la fijeza con el tiempo en un recinto cerrado, autosuficiente, que
languidece y hace por perpetuarse en los escarceos amorosos de los protago-
nistas jóvenes. Rara vez se ha dado una fusión tan convincente de historia y
poesía en ficción narrativa, y muy pocas se ha logrado mediante la transmuta-
ción de lo real en símbolos conscientes de su naturaleza efímera.
Juan Goytisolo me dijo una vez que «Piazza Margana», el texto de Calvert
Casey, que parece iba a ser parte de una novela, era lo más original que él
había leído jamás —desde Homero hasta el presente—. No sé si podría arries-
gar un juicio tan delirante como el de mi buen amigo Juan, pero «Piazza Mar-
gana» es extraordinario ya desde su premisa inicial, lo que se llamaba en el
barroco, su «concepto», que en inglés se decía conceit. Consiste éste en que un 17
encuentro
R o b e r t o G o n z á l e z E c h e va r r í a
La primera impresión,
A/C, 150 x 198 cm, 1996.
18
encuentro
Roberto González Echevarría
ENTREVISTO
por Gustavo Pérez Firmat
La ruta de Roberto
Gustavo Pérez Firmat (g.p.f.): Roberto, una de las cosas que más me impresiona
de eso que tú llamas tu ridiculum vitae es no sólo la abundancia de tu obra,
sino su variedad. Tú trabajas igual sobre Fernando de Rojas o Calderón que
sobre Nicolás Guillén o Severo Sarduy —para no hablar de Adolfo Luque y
Orestes Miñoso—. ¿A qué se debe la amplitud de tus intereses?
Roberto González Echevarría (r.g.e.): Bueno, tendría que partir del hecho de
que a mí simplemente me gusta la literatura en general. Yo me considero
no sólo un profesor y un crítico de la literatura, sino un lector. Y parcelar
la literatura —Siglo de Oro, siglo xx— es más producto del mundo acadé-
mico, sobre todo el norteamericano, que de la realidad de la literatura. La
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
literatura es una, la gran literatura. Para mí no hay contradicción ninguna
en que yo escriba sobre Fernando de Rojas, sobre una obra como La Celes-
tina, tan moderna, tan despiadada, y que escriba también sobre Severo Sar-
duy. Es más, en Celestina’s Brood yo sugiero que Cobra es parte de la «prole»
de La Celestina. Pero también hay una cuestión que es, digamos, fortuita.
Cuando yo llegué a Yale, [José Juan] Arrom pensó que yo había ido allí a
estudiar con él; pero yo fui a Yale, me fui de Indiana a Yale, más que nada,
por la gente de literatura comparada —Wellek, por ejemplo—. Además,
en Indiana había tomado cursos con Edward Wilson, el gran calderonista
de Cambridge, y me había fascinado ese reencuentro con el Siglo de Oro,
y digo reencuentro porque yo hice todo el bachillerato cubano, excepto el
quinto año, porque lo empecé a los once años. Así que le dije un día a
Arrom que yo prefería dedicarme al Siglo de Oro, cosa que no le hizo gra-
cia, por cierto. Yo había aprendido mucho en sus clases sobre el período
colonial, campo que no se estudiaba entonces, pero hice mi tesis sobre
Calderón, basada en el estructuralismo. Cuando me fui a Cornell fue para
dar literatura del Siglo de Oro.
g.p.f. ¿Cuándo empezaste a trabajar sobre literatura hispanoamericana?
r.g.e. Ya yo había empezado mi tesis sobre Calderón cuando llegó a Yale
Emir Rodríguez Monegal. Emir no sabía nada de literatura del Siglo de 19
encuentro
G u s t av o P é r e z F i r m at
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
con personajes que se han escapado a escritores, porque los escritores de
alguna manera marcan la realidad, como los pintores, y te enseñan a ver cier-
tas cosas—. Yo estaba en Tampa, en casa de una tía mía, y había una señoro-
na cubana, exilada, que se veía que había pertenecido a una clase bien, pero
que trabajaba. Y yo le dije: «Ah, señora, usted ahora trabaja». Y me dijo, «Ay,
sí, mi hijo, y trabajar es la muerte vestida de verde jade». ¡De verde jade! La
frase se convirtió en el título de uno de los capítulos de Colibrí.
g.p.f. ¿Él leyó el manuscrito de La ruta de Severo Sarduy antes de publicarse?
r.g.e. No, pero eso tiene su historia. Un día me estaba hablando de lo que yo
estaba escribiendo, de lo que yo debía decir o no decir, y le dije: «Mira,
Severo, Auxilio y Socorro se parecen pero son personajes distintos, y yo y
tú también nos parecemos pero somos personajes distintos. Así que yo
escribo lo que me da la gana sobre ti». Teníamos discusiones muy intere-
santes porque, claro, François Wahl, que nunca aprendió español —tenía
ese orgullo, esa arrogancia francesa de considerarse que con saber francés
ya lo sabe todo—, leía a Severo desde Lacan y Derrida, lo cual me parecía
una redundancia. Yo prefería leerlo desde lo cubano; me interesaban más los
orishas que la différence. Nos sentábamos allí y teníamos grandes discusiones
sobre su obra con François, porque yo entendía lo de Lacan y lo de Derrida,
pero François no entendía nada de lo cubano, no tenía la más mínima idea. 21
encuentro
G u s t av o P é r e z F i r m at
Y ahora anda diciendo por ahí, por cierto, que él le corregía los manus-
critos a Severo. Y, además, que la nota final de De donde son los cantantes la
redactó él. Es como la viuda de Carpentier, Lilia, que dice: esto va a
haber que quitarlo, y que le corregía los manuscritos a Carpentier. Ya
quisiera para un día de fiesta esa señora poder escribir una página de
Carpentier.
g.p.f. Siempre me ha llamado la atención la diferencia entre tus libros sobre Carpen-
tier y sobre Sarduy. Aunque la intención general es muy parecida, los libros son
muy distintos. La ruta de Severo Sarduy es más arriesgado, menos profesoral.
r.g.e. Bueno, los títulos de los capítulos son versos de El son de la loma. Yo en
ese libro pretendo hacer literatura. Aunque los dos son «vida y obra» tie-
nen un contexto y una factura que yo pretendo que sea más bien novelísti-
ca, que yo la aprendí de Carpentier. Pero claro, lo que pasa también es
que el Pilgrim at Home lo escribí en inglés, y La ruta lo escribí directamente
en español. Son mis dos vertientes; tengo estilo en los dos idiomas, pero
me siento siempre más comodo en español.
g.p.f. Sin embargo, has escrito la mayoría de tus libros en inglés.
r.g.e. No, eso no es así.
g.p.f. Pilgrim at Home, Voice of the Masters, Myth and Archive, Pride of Havana.
r.g.e. Bueno, pero yo también considero importantes Relecturas, mi primer
libro, que es una colección de ensayos sobre literatura cubana; también
Isla a su vuelo fugitiva, que es una colección de ensayos sobre literatura
hispanoamericana en general, y La ruta. Y en 2002 el Fondo de Cultura
Económica publicó una colección grande de ensayos que se llama Crítica
Práctica/Práctica Crítica. Además de las ediciones críticas de De donde son los
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cantantes y Los pasos perdidos. Lo que pasa es que dada nuestra condición
—no tenemos un país que nos avale, donde nos publiquen cualquier
«peo» que nos tiremos, como pasa en Cuba con los escritores del régi-
men— tenemos entonces que depender del contexto en que vivimos, que
es el contexto norteamericano y de lengua inglesa. Era para mí también
un reto escribir en inglés con el rigor y las exigencias de la academia nor-
teamericana en su más alto nivel; o sea, escribir en las mejores revistas,
publicar en las mejores editoriales y batirme ahí con los grandes. Eso para
mí fue un empeño, y por eso tenía que escribir en inglés. Pero también es
la realidad de nuestras vidas.
g.p.f. Recuerdo que en Relecturas dices que de Arrom aprendiste a ser intelectual
cubano fuera de Cuba.
r.g.e. Sí, es verdad.
g.p.f. ¿Qué quería decir para Arrom, y qué quiere decir para ti ser intelectual cuba-
no fuera de Cuba?
r.g.e. Yo admiro el hecho de que Arrom pudiera, después de tantos años en
Yale, seguir siendo tan cubano, y seguir dedicándose a estudiar textos lati-
noamericanos, que para la gente de su alrededor no querían decir nada.
Era un acto de heroísmo increíble, sentarse allí a hablar del Inca Garcilaso de
22 la Vega o hablar de El príncipe jardinero, algo que para el entorno no quería
encuentro
La ruta de Roberto
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
lo digo porque haya reconocido el mío, sino porque...
g.p.f. ¿Y qué te hace pensar que tienes talento?
r.g.e. Claro, verdad. Esa es la arrogancia cubana.
g.p.f. Esto lo quitamos.
r.g.e. No, no, déjalo. Pero Emir descubrió en cierta medida a Severo, a Manuel
Puig, a toda este gente, en Mundo Nuevo; al mismo García Márquez, gente
que después lo ha negado. Emir defendió a Borges cuando todo el mundo
lo atacaba en los años 50. Hizo una labor de promoción cultural. Y tenía la
siguiente virtud como crítico: cogía un libro de un autor, un libro nuevo,
acabado de salir, y te hacía un artículo general en que tocaba todos los pun-
tos importantes que había en ese libro, aunque no profundizaba en ningu-
no de ellos. Pero todos los tópicos que merecían mencionarse y discutirse en
ese libro ya Emir los había visto. Eso es algo extraordinario, ése es el talento
que él tenía, que se adquiere con el hábito del periodismo.
g.p.f. ¿Cuál es tu método de trabajo?
r.g.e. Yo trabajo a base de intuiciones y de chispazos que me vienen en
momentos inesperados. Claro, muchas veces, como te pasará a ti, dando
una clase. Tienes que dar una clase sobre tal novela o sobre tal poema y de
pronto preparando la clase o dándola se te ocurre algo y de ahí va salien-
do la cosa. 23
encuentro
G u s t av o P é r e z F i r m at
g.p.f. ¿Eres uno de esos escritores que se levanta por la mañana, se toma su café con leche
y se sienta a escribir y no se levanta hasta haber escrito cierta cantidad de páginas?
r.g.e. Sí, cuando estoy escribiendo un libro, como por ejemplo The Pride of
Havana. Pride tuvo 840 páginas de manuscrito y las últimas 500 páginas las
escribí en un año, pero la cantidad de investigación que había hecho
antes fue extraordinaria. Montaba el capítulo, hacía un esquema, y lo
empezaba a escribir. Yo me levanto muy temprano, eso lo aprendí de
Emir, a las cinco o cinco y media cuando estoy escribiendo, y me siento a
trabajar porque las dos o tres primeras horas es cuando me salen las
cosas. De noche el oso me trabaja, me despierto lleno de cosas. Cuando
estoy «embalao» me salen de un tirón seis u ocho páginas al día, que no
es poco. Carpentier, que también se levantaba temprano a escribir —date
cuenta que él trabajaba en publicidad de 9 a 5, aunque supongo que la
gente en Caracas no trabaja de 9 a 5, pero bueno, tenía un día normal de
trabajo—, él se levantaba y escribía dos páginas, porque decía que si uno
suma dos páginas por 365 le sale un libro enorme. Yo creo en lo de sen-
tarse y a lo que salga, o sea, ir tratando de que salga lo mejor posible,
pero no pararse demasiado a pulir. Seis u ocho páginas pronto y entonces
después la reescritura. Trabajo mucho en la reescritura. En este sentido
soy metódico, tengo esa disciplina.
g.p.f. Lo que tú llamas capacidad de culo.
r.g.e. Esa frase no es mía. Se la oí a Ana María Matute, en un curso en India-
na. Hay que sentarse y trabajar. Escribir es trabajar. A veces yo he escrito en
las peores condiciones, cuando mi hijo estaba agonizando, o también en
épocas cuando el departamento era muy problemático. Yo no tocaba nada
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
del departamento hasta las once de la mañana y entonces a las diez o las
once llamaba a la secretaria a ver qué estaba pasando, qué intriga tenía
Emir, qué tesis doctoral se le había perdido a Manolo [Durán].
g.p.f. A propósito de escribir durante momentos difíciles, Pride of Havana está
dedicado a la memoria de tu hijo Carlos, y parte del gran impacto que ese
libro tuvo en mí tiene que ver con el hecho de que entre líneas el lector siente tu
dolor.
r.g.e. Sí, porque también es una memoria de mi familia, de mi padre, sobre
quien hablo en el primer capítulo. Ése fue un libro que se escribió durante
la enfermedad de Carlos y después de su muerte. También después de la
muerte de mi madre, porque yo perdí a Carlos y a mi madre el mismo año.
Cuando la vieja estaba enferma, yo iba mucho a la Florida y cuando iba a
la Florida, iba a ver a peloteros cubanos viejos que estaban por ahí y los
entrevistaba y conseguía materiales. Hay un elemento de elegía en el libro,
porque estos peloteros se estaban muriendo y yo los entrevistaba ya al
borde de la muerte, y por estar en ese momento hablaban con una sinceri-
dad tremenda. Así que había algo de elegíaco, mi papá había muerto tam-
bién, y mi papá era un buen pelotero, mucho mejor que yo, el viejo era un
peloterazo, tenía un brazo del carajo y él mismo me fue a ver jugar varias
24 veces y vi que se decepcionó. Yo era bueno pero no tan bueno.
encuentro
La ruta de Roberto
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
r.g.e. Tengo que empezar por decirte que soy optimista. La calidad se impone.
En esto difiero de mi gran amigo Harold Bloom, que es un pesimista progra-
mático. Él cree que todo se ha ido a la mierda con esto de los «estudios cul-
turales» y lo que él llama, no sin mucha razón, The School of Resentment, «La
escuela del resentimiento», que incluye a todos los que son resentidos y tam-
bién a los que no lo son pero se inventan una postura de víctima para poder
medrar. La postura de víctima es la droga del crítico de estos días, sobre
todo entre los latinoamericanos. Yo pienso que la crítica y la teoría de la crí-
tica ha ido poco a poco marchitando la literatura, y marchitando la capaci-
dad de gozar de los textos literarios. Por una serie de razones: una de ellas es
que a los latinoamericanistas que tanto se quejan de este país se les ha pega-
do cierto puritanismo norteamericano. Hay un puritanismo en el fondo de
lo norteamericano que está en contra de todo lo que sea placentero, y si la
literatura da placer, si hay jouissance, entonces no puede ser buena.
g.p.f. Tal vez por eso se estudia tan poco la poesía. Decía Cernuda que la poesía se
escribe con el cuerpo.
r.g.e. Eso, y entonces se estudia la prosa porque es lo más próximo a la ideolo-
gía, a la historia. Pero claro, la gran prosa, Proust o Carpentier o Lezama,
es una prosa poética en su raíz. Los latinoamericanistas que son latinoame-
ricanos se sienten tan culpables de estar en este país, percibiendo salarios 25
encuentro
G u s t av o P é r e z F i r m at
fabulosos en relación a lo que podrían ganar en sus países, que tienen que
asumir unas posturas aparatosas que están totalmente reñidas con su situa-
ción personal. Están muy bien, rodando muy buenos Volvos entre los
pinos de Carolina del Norte, pero se creen que en realidad están haciendo
la guerrilla en El Salvador. La verdad es que están en el Publix comprando
sus buenos víveres norteamericanos para llevarse a sus casas. Es el elitismo
más delirante que te puedas imaginar. Los cultural studies pretenden tener
una base marxista, pero es un marxismo de pacotilla, por supuesto. Son
marxistas que no hacen investigaciones concretas. Manuel Moreno Fragi-
nals era un marxista, y yo siento una admiración ilimitada por él y por su
libro El ingenio, pero El ingenio está basado en una investigación de los
documentos que están en los archivos sobre la industria azucarera cubana
—cuánto costaba comprar un trapiche en tal fecha, cuánto costaba traer
una máquina de vapor, que relación había entre eso y la importación de
esclavos—; eso es marxismo. Pero hablar de los mercados en términos
generales como hace esta gente, eso es una pérdida de tiempo, una impos-
tura, una broma de mal gusto que carece de solidez intelectual y no va a
ninguna parte. Además, no tiene una gran literatura que la acompañe. O
sea, no es algo que se pueda aplicar a una literatura que sea contemporá-
nea de esta crítica y que sea de gran altura. Usando a Homi Bhabha ¿a qué
escritor podemos leer? ¿A Rushdie? Rushdie se caga en toda esa mierda.
La New Criticism contaba con la poesía norteamericana, la crítica del boom
con la novela del boom, pero todavía no ha surgido esa concomitancia de
una gran crítica con una gran obra. Todo esto es paja, en todos los senti-
dos. Pero soy optimista porque creo que la gente se aburre de estas cosas.
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
r.g.e. Sí, pero ahora te voy a contar una cosa que quizás podamos dejar. Lour-
des Casal, de quien yo fui muy amigo, y a quien quise porque era una mujer
sincera en sus errores, apasionada en sus errores, un día, cuando ella estaba
metida en lo de Cuba —ella regresó a Cuba a morir y se sumó a la Revolu-
ción, ella que había trabajado para la cia en África—, Lourdes, que había
sido mas católica que el Papa, que hacía proselitismo, Lourdes me llamó una
vez, cuando yo era ya bastante conocido, para darme un mensaje de Cuba,
un mensaje a González en vez de a García, y era que en ese momento esta-
ban promoviendo a Manuel Pereira, el de la novelita esa que se llama El
Comandante Veneno, una novelita que le publicaron con un prólogo de Car-
pentier y un epílogo de García Márquez, porque Pereira era el marinovio de
la Dalia, es decir, de Alfredo Guevara, y me mandaron el mensaje a través de
Lourdes que yo debía escribir algo positivo sobre Pereira y que así se me
abrirían las puertas en Cuba. Eso te lo juro por mis hijos. Yo le dije: «Lour-
des, mira, yo leí esa novela, es malísima y yo en estas cosas no me vendo».
Porque Severo decía: «no tenemos dinero, no tenemos país, no tenemos
poder, no tenemos nada, pero tenemos el criterio y eso no lo podemos
ceder». Así que eso para que tú veas hasta dónde llegan las cosas. Ahora sí
me han publicado, ahora yo publico en las revistas cubanas, en los últimos
años me han publicado en La Gaceta de Cuba, en Unión, en la revista Temas. 27
encuentro
G u s t av o P é r e z F i r m at
28
encuentro
Un humanista
ejemplar1
A
María Rosa Menocal
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
menos un cubano en el grupo.
Al hablar con Roberto hace unos días, hizo algo a lo que
ya estamos acostumbrados, definir claramente qué es lo que
tenemos que hacer en cada ocasión: «Oye, chica…». O tal
vez fue: «María Rrrrosa…, tú vas a hablar en inglés y muy
poco… y yo voy a hablar en español y mucho más…». Esto
no es sólo un robertismo, también refleja el temor a la Fide-
litis, o sea, que cualquier cubano que agarre un micrófono
ante un público a las 9:30 de la mañana va a empezar a
hablar en español sin parar hasta el almuerzo.
En la cena de anoche tuve una pequeña revelación.
John Gadis, el eminente especialista en Guerra Fría de
Yale, y su mujer, Toni Dorfman, distinguida autora y direc-
tora de teatro, me habían invitado a cenar con su antigua
amiga Elzbieta Sklodowska. Cuando Toni le preguntó si
1
Resumen de las palabras de bienvenida al Simposio sobre Literatura
Cubana «Cuba–100 Years of Independence, a Century of Literature»,
celebrado en Yale del 4 al 5 de octubre de 2002.
29
encuentro
María Rosa Menocal
era su primera visita a Yale, ella dijo que no, y a continuación le describió su
primera experiencia aquí. «Yo era una simple estudiante universitaria, con
dos largas trenzas, llegada de Polonia, y no conocía a nadie, pero tenía una
carta de presentación de mi profesor, que le entregué a Roberto. Y este gran e
importante profesor me acogió, me llevó a la biblioteca y me abrió todas las
puertas, a mí, que no era nadie». A medida que la escuchaba, me daba cuenta
de que probablemente casi todas las personas que nos hemos reunido hoy
aquí podríamos contar una historia similar. Que el lazo real que nos une es
Roberto; que la razón por la que estamos aquí, por la que esta conferencia
existe, incluso la razón de que el estudio de esta rama de la literatura exista a
este nivel académico, tan sofisticado y canónico; todo esto se lo debemos a
Roberto, y que mi verdadera función aquí hoy no es realmente presentarlo,
sino reconocer esto públicamente. La verdad es que hoy estoy aquí en Yale
por esa misma enorme generosidad que se refleja en la historia de Elzbieta,
que es sólo una entre las mil y una que podrían contarse. Que su generosidad
y bondad, en igual medida intelectual y personal, son el lazo que nos une. En
aquel discurso de Giamatti de hace veintiún años, él citaba a Quintiliano
sobre lo que constituye el humanista ejemplar: «Un hombre bueno con el
don de la palabra. Pero ante todo debe poseer aquella cualidad que Cato
coloca en primer lugar y que es, dentro de la naturaleza de las cosas, aquella
de la mayor importancia, es decir, debe ser un buen hombre».
Cuando llegué al campus de Yale por primera vez, en febrero de 1986,
Roberto me había invitado a dar una conferencia sobre filología medieval y
llegué en tren desde Filadelfia, advirtiéndole muy claramente que tenía que
regresar esa misma noche porque aún estaba amamantando a mi bebé de cua-
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
Alliens,
A/L, 140 x 180 cm., 1999.
31
encuentro
Aulas y alas
Andrew Bush
del profesor Roberto González Echevarría, recién de
vuelta a Yale University de su breve estancia en Cornell,
catedrático ya, y tan joven en ese entonces, que daba pie
no a rumores sino a leyendas. Fácilmente, hubiera podido
perderme la noticia de su llegada, ya que había poco con-
tacto en la época entre su Facultad de Letras Hispánicas y
el programa de Literatura Comparada donde estudiaba
yo, y precisamente por la falta del vínculo, que pronto iba
a ser el mismo Roberto. Pero los compañeros que me
explicaban los textos en una clase de don Gustavo Correa,
amigos que me corregían el castellano entrecortado, que
me apoyaban cuando no me llevaban a cuestas, me decían
también, «viene Roberto, viene Roberto, toma el curso,
no tengas miedo». Éramos chicos, ya son grandes: Hugo
Rodríguez Vecchini, que en paz descanse, el poeta
Manuel Ulacia (también muerto ya), Aníbal González
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
título del ensayo, a lo que va a ser su conclusión: la deliberada «incompletez»
(Roberto cita aquí a Lezama) de los Versos libres, no tanto estilística, sino argu-
mental. Roberto traza un movimiento diálectico en «Amor de ciudad grande»
entre los polos de la contracción y la expansión (tanto en el ritmo como en
las imágenes), que corresponde a otra diálectica mayor —la que define la
poética moderna— que es un movimiento «entre el vacío del lenguaje y la
producción del poema». Lo que no encuentra Roberto en «Amor de ciudad
grande», ni en los Versos libres en general, ni en la modernidad poética allí
esbozada, es la síntesis hegeliana que resuelva la disyuntiva. Ya que Roberto
hace una comparación rápida entre Martí y Nietzsche, se podría desprender
también esta nota poshegeliana común a los dos, que resulta profética de la
posmodernidad por lo que sugiere del fin de la historia y comienzo de la geo-
grafia, como discurso predominante.
«De esa base diálectica», escribe Roberto en su conclusión, «surge el
poema, en ella se constituye, sin acceder nunca ni a un polo ni a otro, sino
manteniéndose equidistante de ambos». (En el término «equidistante» subra-
yo lo que acabo de llamar el discurso geográfico). No hay resolución, pero sí
reunión en este medio poético, según Roberto, en el comentario de la imagen
del «soto selvoso,» donde escucha ecos de la alegoría medieval de la «selva sel-
vaggia» de Dante: 33
encuentro
Andrew Bush
encuentra, por ejemplo, en la voz de la maestra: «Bien con muchas armas fundo /
que lidia vuestra arrogancia, / pues en promesa e instancia / juntáis Diablo,
carne y mundo» (Sor Juana, «Hombres necios que acusáis…», énfasis mío).
La lidia interminable con la ciudad grande («Estos conflictos no se acaba-
ban jamás», dice Kafka), se manifiesta en la diálectica sin síntesis de la poesía
moderna, según Roberto. Sin embargo, él nota una integración posible. Es
extra-urbana y extra-poética: se trata de la entrega de Martí a la liberación revo-
lucionaria. «La poética de Versos libres se resuelve en Dos Ríos», declara Roberto,
«donde Martí, con su elocuente muerte, da sentido y trascendencia última a su
vida y obra». Sigue, y el comentario es también elocuente: «No ver la relación
que existe entre la muerte —y la vida— de Martí y su poética es cegarse a lo más
revolucionario de ésta; Martí es el único poeta moderno en que se da la integra-
ción necesaria para la ventura de que hablaba Coleridge». Pero no ver la rela-
ción entre la muerte y la otra vida, la vida más allá de la muerte, es cegarse a la
teoría de la hipertelia de Lezama que fundamenta tanto la apertura de Roberto
a una integración extra-poética de la poesía de la confusión, como a la valoriza-
ción de la palabra, y no sólo de los actos, de Dos Ríos, realizada en los últimos
diarios de Martí, sus mejores poemas, según el mismo Lezama.
Ver más allá de la imagen textual «de un guerrero que va camino al cielo, y
34 al envainar [la espada] en el Sol, se rompe en alas» (Martí, «Mis versos»), la
encuentro
Aulas y alas
metamorfosis de Faetón en Ícaro, o sea el Licario, u oír más allá del «soto sel-
voso» de Martí el Inferno, sino Paradiso, no es ser ni sordo ni ciego. Es, más
bien, practicar el gesto iniciático de la poesía moderna («Al comentar un
poema moderno, si somos fieles a él, no podemos sino esbozar el mismo
gesto», escribe Roberto entre sus notas), que es, faetónicamente, el de suble-
varse contra las fuentes de la inspiración. «Toda poesía surge», dice Roberto
entre sus palabras introductorias, «de un silencio y una negación: la de la poe-
sía que la precede, el de un lenguaje que no adquiere sustancia poética sino en
el acto de su propia constitución» (compárense las palabras ya citadas de su
conclusión: «De esa base dialéctica surge el poema…»). En cuanto a la negación,
se puede precisar más. La forma exacta de la negación que consiste en suprimir
un antecedente próximo bajo la cubierta de una referencia lejana —recordar a
Dante en vez de a Lezama— se llama metalepsis en el sistema teórico elabora-
do por Harold Bloom; lo cual me lleva al segundo punto: ya estamos de vuelta
en el ambiente de Yale adonde volvió Roberto en los años 70.
Alguna vez he escrito sobre el impacto de Bloom en La ruta de Sarduy
(1987), de Roberto, sin dejar de apuntar el aporte original de éste, que tenía
que ver con los recursos retóricos del barroco y neo-barroco hispánicos, recur-
sos ajenos al ámbito literario (el Romanticismo inglés y norteamericano) en el
que se forjó la teoría de la ansiedad de la influencia. Aquí, en este ensayo ante-
rior a la monografía sobre Sarduy, Roberto dialoga con el concepto de la
modernidad de Paul de Man, representante de lo que se llamaba en la época,
the «The Yale School»: considera y rechaza, sobre todo, me imagino, porque la
ahistoricidad militante de De Man no permitiría la integración extra-poética de
Martí en el campo de la política y de la batalla. Al apartarse de la deconstruc-
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
ción de De Man, Roberto se iba acercando a Bloom sin nombrarlo todavía: no
sólo en el concepto de la negación de la poesía que precede, sino también en la
misma dialéctica poshegeliana, donde los polos de la contracción y la expan-
sión del análisis de Roberto corresponden a la antítesis repetida pero jamás
resuelta de la limitación y la representación en el aparato teórico de Bloom.
Las lecturas cubanas de Roberto le ofrecen ciertas modificaciones al revisio-
nismo de Bloom. En vez de la primera limitación-contracción, que es la desvia-
ción irónica, según Bloom, tanto la mitología bimembre de Faetón-Ícaro en
Martí y Lezama, como la entrega política martiana, fundan un tropo contrario,
un afán de no desviarse, un rechazo de la ironía defensiva. Martí lo llama
«honradez» en «Mis versos», y Roberto, como ya he notado, la integración.
¿Sería otra forma de definir, retórica y éticamente «lo cubano en la poesía»?
No contesto, por lo pronto, sino que apunto otra pregunta, ya muy bloo-
miana, que en buen cubano se puede hacer así: ¿de dónde son los cantantes?
Si la discontinuidad que caracteriza a la poesía y la poética modernas es más
bien una negación de antecedentes, ¿de dónde vienen el vuelo inicial y la
integración final? Lezama admite la prioridad de Martí, pero en estas notas
Roberto le da apoyo a la apoteosis de un Martí surgido de la nada, por así
decirlo, apoteosis que estructura la historia de la poesía cubana presentada
por Lezama y Vitier. 35
encuentro
Andrew Bush
Siendo, todavía, alumno, intento contestar. Termino allí donde Bloom dice
que hay que terminar, o sea, donde uno aprende a encontrar el fin: echo mano
a la metalepsis, rico concepto que significa, para Bloom, entre otras acepciones,
el hacer hablar al maestro en la voz del alumno. Noto, por consiguiente, la pri-
mera nota a las notas de Roberto. Al terminar la primera frase del ensayo,
donde ya habla de la Modernidad (con mayúscula), agrega una nota al pie de la
página que reza así: «Por Modernidad me refiero a la época que abarca desde la
Ilustración al presente: ‘In a more general way one may say that the eighteenth century
considered itself to be a modern period. It is perhaps the first period to do so, for the Renais-
sance is, as its very name implies, a rebirth; in the eighteeenth century we have the cons-
ciousness of a radical new beginning’ 1»; e indica su fuente bibliográfica, un ensayo
de un tal Herbert Dieckmann. Luego la nota a las notas sigue la ruta trazada
por el map of misreading de Bloom donde las tres etapas del agon (tres versiones
de la dialéctica «imitación-representación») llevan los nombres escogidos por
Roberto: Foucault, De Man y la metalepsis final, Carpentier, verdadero maestro
de Roberto, pero citado aquí en voz del alumno, o sea, la mención del libro
Alejo Carpentier: The Pilgrim at Home (1977), de Roberto mismo.
Oigo la carcajada. Pero me reservo the last laugh. Porque el Sr. Dieckmann
no es más que una ironía en la nota a las notas. Ni Roberto leía la poesía lati-
naomericana (o si se quiere, cubana) del siglo xviii; lo que lee, y eso magis-
tralmente desde luego, es El siglo de las luces. Y aprende de Carpentier, de
Lezama, del gran amigo Sarduy, a contestar la pregunta del surgir de lo neo-
barroco, saltando de Martí, tiempo inicial de la modernidad de nuestra Amé-
rica, a la primera época colonial, tiempo primordial de la modernidad latino-
americana. Y para gran beneficio de sus alumnos —mis compañeros de
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
1
«De manera más general, puede decirse que el siglo xviii se considera a sí mismo como un perío-
do moderno. Es, tal vez, el primer período que se considera así, ya que el Renacimiento es, como
su propio nombre implica, un volver a nacer; en el siglo xviii nos encontramos con la conciencia
36 de un comienzo radicalmente nuevo».
encuentro
Aulas y alas
sus notas, en una imagen del ciclón al final de Oppiano Licario, «el ojo con alas»,
que se lee como alusión martiana, desde luego, pero no al mismo Martí, sino a
«En una tempestad», de donde emanan los vuelos faetón-icáricos cubanos.
Antes que Martí, relee el mismo Heredia ese momento fundador, en «Niá-
gara», poema que Martí prefería citar. Allí pregunta:
…Desatada
Cae a torrentes, oscurece el mundo,
Y todo es confusión, horror profundo.
Pero allí en Cuba, Heredia supo resistir la primera embestida del toro-tem-
pestad, y se sublima: «¿Do está el alma cobarde / Que teme tu rugir…? Yo en
ti me elevo», proclama. Y sólo al alcanzar su meta hipertélica, el trono de
Dios, se humilla, «Y su alta majestad trémulo adoro». Pero sin otra caída que
la de sus lágrimas fervientes. Se hace fuente del mismo torrente, y de sus ver-
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
sos, y de «Mis versos», también.
El Heredia sublime de «En una tempestad» es un vuelo fugitivo en su isla.
El Heredia desterrado tanto en México, en su primera juventud, como en
Estados Unidos, presenta una postura melancólica que pone en tela de juicio
los altos vuelos poéticos, cuyo escenario es lo que llama Roberto lo pastoril.
Martí sigue la pista de esa lectura crítica. En la ciudad grande, donde el cielo
queda rasgado, sin señales del poder divino que Heredia había reconocido
como límite a la poesis, lo que era valentía, incluso integridad ante la tempes-
tad, ahora es la mera ironía. Heredia subrayaba la continuidad del fluir del
tiempo; Martí insiste en que los tiempos sí han cambiado, y que ahora la hon-
radez exige que el poeta confiese su miedo ante el abismo.
La modernidad hace hincapié en la discontinuidad: es la nota tónica de su
poética, tal como la presenta Roberto, recordando la tesis central de la obra
crítica de Octavio Paz. Así que recuperar la relación que persiste, a pesar de
las negaciones, entre la integridad de Martí y la de Heredia, y entre la poesía
de los dos, es cuestionar esa tesis. Es el primer paso de un diálogo crítico. El
segundo, es notar que no sólo Martí, sino también el mismo Roberto partici-
pa todavía de la poética de Heredia y su época.
Vuelvo a la confusión, la de ámbitos, en el comentario de Roberto sobre el
«soto selvoso». «Martí ha mudado la escena a la ciudad», ha escrito Roberto, 37
encuentro
Andrew Bush
ración de los demás, como solitario. Ese solitario lo encontró Martí, por ejem-
plo, en «Niágara», y de esa escena de la instrucción sacó el cazador, revisado
irónicamente en «Amor de ciudad grande». Así lo retrata Heredia:
Por sobre los bosques, donde Vitier se concentra en el recuerdo de las pal-
mas, Martí, creo yo, aprendió del maestro la honradez del espanto, y ensayando
de homenaje y discusión el diálogo crítico, ha sabido repetir la lección en voz
propia, al decir, al final de su poema: «¡Tomad! ¡Yo soy honrado, y tengo miedo!».
38
encuentro
Notas personales sobre
El peregrino en su patria
¡A
Antonio Benítez Rojo
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
Hearn, Selvon, García Márquez, Lezama, Cabrera Infan-
te, entre otras, participaban en mi investigación. Pero era
la obra de Carpentier, y sus conexiones con el movimien-
to africanista y el surrealismo, la que mejor alumbraba mi
búsqueda.
De Roberto González Echevarría, el autor del libro,
nada había leído y poco sabía: un joven profesor de ori-
gen cubano que acababa de organizar en Yale un simpo-
sio sobre Carpentier con la presencia del escritor. Ni
siquiera sabía que había estado en Cuba. Naturalmente,
la primera lectura que hice del libro me desconcertó.
Digo «naturalmente» porque acostumbrado a leer críticas
de tipo unitario, donde la participación del autor en el
acontecer sociopolítico era aplicada como un injerto a su
obra literaria y ésta se desarrollaba previsible y coherente-
mente según lo dictara aquélla, The Pilgrim at Home se me
había escapado de entre las manos como un pájaro. Allí
no había un solo Carpentier; había muchos, y sí, por
supuesto, el libro estaba magníficamente escrito y me
había ofrecido una gran cantidad de información. Pero 39
encuentro
Antonio Benítez Rojo
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
ratura y la cultura caribeñas de otro modo que no fuera el sugerido por él.
Había hecho mío el pensamiento de la posmodernidad, y lo había hecho
orgánicamente, a partir de mis propias intuiciones y del conocimiento acu-
mulado a través de mis lecturas. Sin embargo, tratándose de Carpentier, mi
mente iba por un lado y mis emociones por otro. Por otra parte, dado su
peso en la literatura caribeña, no podía prescindir de sus obras en mi libro.
Fue entonces que leí el ejemplar de The Pilgrim at Home que me había envia-
do Roberto en 1982.
Decir que esta lectura fue un exorcismo, sería un lugar común. Fue todo
lo contrario: un banquete donde cada obra de Carpentier se saboreaba como
un plato distinto; más aún, a veces, como si éstos hubieran sido preparados
por cocineros distintos. Además, me di cuenta de que, publicado en 1977, el
libro había sido el primero que discutiera la obra de un escritor latinoameri-
cano desde un punto de vista posestructuralista. La crítica resultante no era
ni positiva ni negativa. Si bien descubría las numerosas discrepancias del
escritor con su propia obra, de su retórica más o menos oportunista vis-à-vis
su monumental significación literaria, The Pilgrim at Home me resultó un
libro canónico, un clásico que respondía a una manera de pensar que se bur-
laba serenamente de la inutilidad de ciertas búsquedas: la identidad, los orí-
genes, el reencuentro del ser dividido, el esencialismo de raíz spengleriana, 41
encuentro
Antonio Benítez Rojo
42
encuentro
El arte crítico
Rolena Adorno
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
de ser estudiante de Roberto hasta ejercer la docencia a su
lado en Yale, me animé a leer estas últimas reflexiones suyas
sobre obras a las cuales había contribuido con estudios que
aún no han sido superados. En el caso de Calderón, pienso
en dos trabajos de Roberto: «El “monstruo de una especie y
otra”. La vida es sueño, III, 2, 725» y «Las amenazas en Calde-
rón. La vida es sueño, I, 303-308». El primero de éstos refor-
mula muchas de las ideas de su tesis doctoral pero «desde
una perspectiva muy diferente y esencialmente personal».
Ambos están incluidos en su La prole de Celestina: Continuida-
des del barroco en las literaturas española e hispanoamericana
(Colibrí, 1999). En cuanto a Carpentier, me refiero a su
«Historia y alegoría en la narrativa de Carpentier», última-
mente recogido, para gran satisfacción de Roberto, en la
importante antología Ensayo cubano del siglo XX (Fondo de
Cultura Económica, 2002), y su sin par Alejo Carpentier: The
Pilgrim at Home, de 1977. Esta obra magistral salió en espa-
ñol en México en 1993 bajo el título Alejo Carpentier: el pere-
grino en su patria, y aparecerá ahora en una nueva edición
en español, que prepara Gredos, de Madrid. 43
encuentro
Rolena Adorno
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
45
encuentro
Un buen jugador
Where a boy
In the listening
Summertime of the dead whispered the truth of his joy
To the trees and the stones and the fish in the tide.
Dylan Thomas
Poem in october
Lyotard acerca de que todo mensaje no es más que language games? En suma y
multiplicación: cada texto que musicalmente compone sobre otro texto es un
juego. Y uso el presente histórico para precisar una labor que se extiende por
más de treinta años.
Le gusta lo que hace, tan sencillo. Deconstruye —lee sous rature— y sesga de
nuevo, tan difícil... Y aquí llegan las rigurosas reglas del juego, cuyo cumpli-
miento estricto asume y ejemplifica desde que se doctora en Yale University en
1970 con una tesis sobre La vida es sueño. Tales requisitos, evidentemente, son
los que permiten un juego de epistemología literaria o de béisbol, de ajedrez o
de exégesis alusiva. El campus universitario en el que crece y vive le enseña e
impone, lo convierte enseguida en un receptor-transmisor de tradiciones. Pero
a la vez, desde luego, le abre los vicios inherentes a la profesión.
Entra entonces más diáfana su primera cualidad. El juego —¿ipseidad?—
lo salva de los vicios académicos, lo distingue dentro de la masa de profesores,
mucha veces más atentos al ridiculum vitae que al logro de conocimientos y a
la implícita satisfacción que trae consigo. Desde este ángulo bastaría con citar
su Alejo Carpentier: El peregrino en su patria para argumentar cómo sabe elucidar
sin que los fárragos —¿podrían llamarse situacionales?— le lastren la indaga-
ción, porque busca desentrañar y entrañar las novelas del enorme escritor,
aprender hasta los «últimos viajes del peregrino», llegar «al Palacio de las
Maravillas, donde, en un simposio perpetuo sobre sus obras, pasaremos juntos
el intervalo de la eternidad».
Cuando leo The Voice of the Masters. Writing and Authority in Modern Latin
American Literature (al fin, el pasado año salió en español, por la cubano-
madrileña editorial Verbum), participo en un maratón cuya meta no está, por
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
cierto, frente al anuncio de que los participantes se han ganado una beca u
obtenido un grado científico, han cumplido el plan del año académico o reci-
bido una toga violeta... Sin excluir los estímulos paralelos, o a veces para lelos
—la distinction, como enseña Pierre Bordieu—, se disfruta de la carrera por-
que se corre en ella, porque hace sentir fuerte y estimula a nuevas caminatas
por los textos que allí estudia, a partir de Ariel de José Enrique Rodó, mucho
antes (el copyright es de 1985, University of Texas Press) de que se pusiera de
moda la revalorización del escritor uruguayo, a partir de más sensatas lectu-
ras, sin los calibanismos aldeanos y las demagogias marxistoides que acompleja-
damente buscan la identidad, deprecian al ensayista bajo el mote de extranje-
rizante y bajo el disparate —igual ocurre con José Martí— de meterlo en una
suerte de invernadero donde el tiempo no pasa, donde lo que quizás fue váli-
do para su época se quiere extrapolar a la nuestra. Y aquí sí me parece que
debo usar el pretérito indefinido y no el presente histórico...
La cualidad de Roberto González Echevarría como precursor —Ariel es
sólo un ejemplo— también debe enlazarse al juego. Una curiosa interdepen-
dencia entre agudeza e ingenio —claro que hay una programación genéti-
ca— arma sus indagaciones con exactos antídotos contra las plagas que Octa-
vio Paz, cáusticamente, clava en la vitrina ornitológica, cuando en La otra voz.
Poesía y fin de siglo, advierte: «El reciente auge de la industria universitaria de 47
encuentro
J o s é P r at s S a r i o l
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
América Latina. En la fuerte tradición de un Emir Rodríguez Monegal o de
un Ángel Rama —para sólo citar a dos grandes que polemizaron—, apoyado
en las analogías con el discurso hegemónico que Octavio Paz narra en Sor
Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, sustentado en Elías Canetti y su Masa
y poder, este libro aventura y se aventura. Deja un Archivo que se abre a nuevos
archivos... Deja la hipótesis —para este rápido retrato— de que su única cons-
tante son preguntas, de que siempre antes de aceptar o citar o dormir la siesta
—como hace la mayoría— vuelve al muchacho que tuvo que marchar al exilio
en la adolescencia, hacerse de otro idioma como casi materno, enfrentarse a
lo extraño y hacerlo íntimo, a lo desconocido y apropiárselo.
Exilio y bilingüismo serían suficientes como juegos de entrenamiento —des-
tino contra voluntad— que gana, donde vence. Nietzsche, sin embargo, quizás
se halle a un lado —no fuera— de un talante juvenil que le es tan consustancial
como la expectativa o la intriga. Intrigado siempre, deseoso de saber más, sus
ensayos —los juegos profesionales— logran que uno disfrute la aventura por-
que son eso mismo: sondeos inéditos y perseverantes, ánimo orondo, andan-
zas donde el camino es tan importante como las estaciones. Porque las ansie-
dades de Mito y archivo —aun en desacuerdo con sus juicios sobre la edad de
oro y la de hierro— son las mismas que siempre mueven el cilindro de la his-
toria personal y pública, artística e intelectual, aunque el juego —según las 49
encuentro
J o s é P r at s S a r i o l
reglas o Dios— tenga final, como estas cinco cuartillas desde la amistad y
desde el orgullo que experimento ante los éxitos —¿deportivos, no?— de un
coterráneo de vista amplia y mirada penetrante, que sigue adarga al brazo,
convirtiendo las bacinicas en yelmos.
Añado una tarde de febrero de 1999, no recuerdo si tras visitar al legenda-
rio Harold Bloom o al desaparecido historiador Manuel Moreno Fraginals...
Cuando regresamos a la casa en Northford, mientras asaba bajo la nieve unos
pantagruélicos trozos de carne jugosa, la conversación junto a su esposa Isa-
bel —también cubana— estuvo por The Illusion of Inmortality de Corliss
Lamont, para burlarnos —temblando— del tiempo. Por eso a Roberto Gonzá-
lez Echevarría —muchacho que sigue jugando, y muy bien— le regalo dos
versos del mejor soneto de Borges a Spinoza, porque sé que los presencia:
«No lo turba la fama, ese reflejo / de sueños en el sueño de otro espejo».
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
El rostro de la apariencia,
A/L, 138 x 172 cm., 1996.
50
encuentro
La grandeza
de la literatura
Harold Bloom
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
tanto del viejo como del nuevo mundo.
Es una personalidad exuberante, vital y cariñosa, y lo considero entre mis
amigos más próximos. Aunque discutamos frecuentemente sobre nuestras
posiciones sobre la crítica literaria, somos uno al considerar la grandeza de la
literatura imaginativa como un gran bien en sí misma, y despreciamos juntos
cualquier acercamiento politizado a la poesía, la ficción narrativa y el teatro.
1
Nota del editor. Los libros de González Echevarría mencionados por Bloom fueron publicados
originalmente en inglés por la Cornell University Press, la Cambridge University Press y la Duke
University Press, respectivamente. En español, Gredos acaba de publicar (2004) Alejo Carpentier: el
peregrino en su patria. El Fondo de Cultura Económica de México publicó Mito y archivo: una teoría
de la narrativa latinoamericana (2000); Colibrí, de Madrid, La prole de Celestina (1999), y Verbum, de
Madrid, La voz de los maestros (2001). El libro sobre Cervantes, Love and the Law in Cervantes, lo va
a publicar la Yale University Press en el año 2005.
51
encuentro
La primera bola
Miguel Barnet
mis ilusiones materiales no se han cumplido, pero sin embargo he visto reali-
zados sueños que a veces consideré irrealizables.
No los voy a enumerar, tú los conoces y los has palpado, los has comparti-
do conmigo. Enumerarlos sería un acto de vulgar arrogancia.
Gracias, además, por los elogios que haces a mi obra literaria; son tatuajes
que quedan para siempre grabados en mi corazón. Sobre todo porque vienen
de una de las mentes más lúcidas de mi generación y del más sobresaliente
hispanista del mundo académico norteamericano, del cual la literatura cuba-
na siempre se tendrá que sentir deudora.
La contradicción creadora que como tú bien dices está en el centro de mi
modesta empresa artístico-ideológica, es el motor que ha nutrido mi vida y lo
que le da peso y profundidad a mi obra, como también subrayas.
Con tus dotes de demiurgo, que eso también es condición de un buen
escritor y mucho más de un buen crítico, como escribió nuestro José María
Heredia, adivinaste lo que como arte poética escribí hace más de treinta años:
contradicción
Mi única obsesión es el pasado
cuando emerge como un fantasma
52 de alas contrahechas
encuentro
La primera bola
Y mi vida se alimenta
de esos desperdicios de la memoria
Y aunque el viento pase
y desdibuje el mundo
ahí está él como una piedra milenaria
sin desbastar
Sin embargo amo estos días
en que el fuego de un Prometeo intemporal
irradia en mis huesos
y me rehace
h o m e n a j e a r o b e r t o g o n z á l e z e c h e va r r í a
de bataclán y de historia patria.
Vi a todos esos peloteros de colores popsicle ensayar en los terrenos
ardientes de la Isla unas coreografías eróticas y pueriles que me revelaron
mucho de lo que hoy proclamamos como identidad nacional.
A la vez no entendiste nada del baseball. El baseball, querido, es un desafío
político a la injerencia yanqui en nuestro país, una receta de la más pura
transculturación. En dos palabras, le devolvimos la pelota cargada de condi-
mentos criollos y de arengas patrióticas. ¿O es que acaso el ajiaco de Fernan-
do Ortiz iba a prescindir del deporte nacional?
De todos modos, sé que tu orgullo de cubano palpitó en esas páginas
como un clamor.
Como no soy crítico literario, aquí me callo.
Espero haber cumplido modestamente y con la honestidad intelectual que
me caracteriza con tu homenaje. La vida nos ha querido poner, como en la pelo-
ta, en equipos opuestos, pero aun así puedes vivir convencido de que nunca seré
tu adversario. Yo siempre estoy esperando que tú lances la primera bola.
53
encuentro
Las noticias del frente,
A/L, 152 x 122 cm., 1997.
Poesía
Manuel García Verdecia
Andrés Reynaldo
Manuel García Verdecia
poesía
57
encuentro
M a n u e l G a r c í a Ve r d e c i a
me sacan el llanto
y sube a mis labios,
como una cándida sonrisa,
el agridulce gusto de mi país, 59
encuentro
M a n u e l G a r c í a Ve r d e c i a
60
encuentro
M a n u e l G a r c í a Ve r d e c i a
Beatlesdreams blues
62
encuentro
Andrés Reynaldo
Conjuro
Deséalo y olvídalo.
Para que vuelvas a escuchar la canción truncada por el silbato del tren.
Deséalo y olvídalo.
Para que el rostro, la voz, la recién lavada sombra de esa extranjera
[te aguarden del otro lado de la Puerta.
Deséalo y olvídalo.
Descubrirás una carta entre oblicuos papeles.
Deséalo y olvídalo.
Un aroma de estremecidas magnolias te indicará el curso de la Bestia.
Deséalo y olvídalo.
Para que tu hijo pueda poner la última piedra de la casa.
Deséalo y olvídalo.
Tal era la fórmula de los antiguos maestros para trazar las figuras
[en el Plano.
Deséalo y olvídalo.
(1997)
poesía
63
encuentro
Andrés Reynaldo
Paso de sueño.
Rumbo y no rumbo.
Oh maravilla
en su donaire.
Suelas de sangre
Huella que sana.
Rumbo y no rumbo.
Soy valle y sierra.
Detrás, delante.
Camino tibio.
Huella que sana.
Rumbo y desvío.
Ay caminante.
Huella de raso.
Camino tibio.
Honda la huella.
Firme y no firme.
Va y va divino.
Huella de raso.
De tres en tres.
Un. Dos…
Cerca de Santillana
(13.000-20.000 a. C.)
poesía
IV
Una ducha,
unas gafas oscuras
y un cepillo de dientes
68 con un mensaje de McDonald’s,
encuentro
Andrés Reynaldo
identidades que en el color local. Y apostaba por las Nenitas que, como Car-
men Miranda, eran un popurrí. Furiosa porque el marine le estropea su
«carrito», Lupe insulta en español con improperios y palabras incoherentes.
Muchos años después, en los 40, la actriz será famosa por el empleo de des-
propósitos (malapropism) y frases en español en sus películas. Pero en Cuban
Love Song es una comediante nata, cuando en la estación de policía, con su
fuerte acento, dice que «vive en el camino de los bueyes de Camagüey» mien-
tras llora y sufre por su «carrito», y llama a Terry «this pig gringo». Y la estación
de policía es una Torre de Babel de acentos de España y América Latina, ya
que los estudios contrataban a actores de México, Argentina, Chile, Puerto
Rico, Filipinas y todas las regiones de España, que en muchas ocasiones ni se
entendían entre ellos.
La música permanece como el elemento de mayor autenticidad. En el gua-
teque improvisado en las afueras, los guaracheros visten los trajes de «salón»
pero tocan Buchi pluma na má y en el carnaval se escucha Carnaval de Oriente,
la conga de Rafael Cueto, melodías que habían recorrido el mundo en el
repertorio del Trío Matamoros. Pero la debilidad de la película estriba en la
selección de Tibbett, quien, como señaló Variety, sería una sensación en la sala
de conciertos, pero un desastre en la cinta. Aunque su desempeño vocal es
notable, su ejecución escénica es torpe y almidonada. Pero se impone la
espléndida y universal canción de Moisés Simons, el primer hit latino en los
Estados Unidos, a pesar de su versión engolada y operática. Ernesto Lecuona
—quien después realizará más felices incursiones en el cine— colabora en la
cinta, y Cuban Love Song se incorpora al cancionero con la música de Herbert
Stothart y letra de Dorothy Fields. La historia del americano que encuentra
en la Isla paradisíaca un amor sincero pero imposible, permanecerá en la
memoria de los que, como Terry, saben que Cuba «its magic the name alone».
La película fue el canto del cisne de Tibbett quien, después del fracaso, regre-
só a su carrera en el Metropolitan.
Las coristas que viajan a La Habana para encontrar un «millonario» en
Havana Widows (1933) no son trigueñas de piel bronceada como Nenita, sino
dos rubias rutilantes, Joan Blondell y Glenda Farrell que, con dinero prestado
y otras triquiñuelas, se fingen viudas para asaltar al adinerado Duffy. La come-
dia fácil, ingenua y fluida, es representativa de la producción de Hollywood
en los años de la Depresión y es simple entretenimiento. Pero las rubias que
vienen dispuestas y desafiantes a lograr sus objetivos con libertad y desenfado
(la película es anterior al Código del 34 que restringió esa representación) eli-
gieron La Habana como podrían haber elegido Pekín o Honolulu, pues las
vistas de la ciudad —a partir del Morro petrificado de los créditos— son de
una Habana de cartón: un paseo en volanta, un vendedor del Diario de La
Marina y unos cocoteros. No podría faltar la escena clásica del night club con la
«pareja de baile». Ahora, cuando las rubias intentan chantajear a Guy Kibee
—y éste escapa por los tejados mientras una turba expectante observa el des-
arrollo de los acontecimientos— se logra la escena más «cubana» de la cinta
que remeda ciertos finales de algarabía, bronca y fiesta del teatro bufo. Como 75
encuentro
Rosa Ileana Boudet
en Cuban Love Song, los actores improvisan en castellano frases sin sentido y
un personaje dice en castizo español: «estos extranjeros son indeseables, que
se les deporte».
bailes del sur. Muchos temieron lo peor, que Hollywood reemplazara a sus
bandidos y sus criadas por nuevos estereotipos, el latino que sueña con la
música de su tierra al compás del último ritmo de samba.
Un típico ejemplo de esta actitud es Pan-Americana (rko, 1945), desde su
mismo título. Un fotógrafo viaja en busca de «bellezas» latinas acompañado por
una reportera de Western World Magazine. En México escuchan grandes melodías
del momento y luego, como era natural, llegan a La Habana. En el clásico night
club —que se parece siempre a los sets del televisivo cabaret Regalías— Migueli-
to Valdés interpreta Babalú (Bob Russell y Margarita Lecuona). Viste la camisa
anudada en la cintura como un pañuelo y se adueña de la situación con su voz y
su vitalidad, seguido por una danza que transcurre en una selva tropical y en
medio de los truenos: Sensemayá la culebra emerge entre los tambores. Tam-
bién se interpreta Rhumba Matumba, de Boby Collazo. Estas imágenes, de forma
deliberada, nos remiten no sólo a una Cuba exótica, sino primitiva.
Eran los momentos en que la 20th Century Fox actuaba como una «agencia
de viaje» para Latinoamérica. Week-end in Havana (1941) es una de esas pelícu-
las turísticas, convencionales y coloridas. Una empleada de la tienda Macy
(Alice Faye) viaja a la Isla en busca de placer y «romance» —eufemismo para el
sexo y la seducción— con el dinero de sus ahorros, cuando su crucero encalla.
El vicepresidente de la firma del Cuban Queen (John Payne) intenta disuadirla
para que acepte una compensación, pero Faye persevera en disfrutar sus vaca-
ciones. De la Isla veremos la profusa y estereotipada propaganda comercial de
la época, vistas aéreas del Malecón, el Morro, la entrada de la bahía, el Prado, el
hipódromo, así como los clippers amarizando en el puerto de La Habana.
También hay dos o tres secuencias del campo y sus cañaverales que la Faye
ve de refilón, pues su verdadero interés está en probar los encantos de la Isla
paradisíaca y romántica. En su lugar, lo más cubano que tiene cerca es un bell-
boy que es casi un retrasado, y lo más tropical que encuentra es la florida Rosi-
ta Rivas —encarnada por Carmen Miranda—, quien sufre por la adicción al
juego de su manager, un empobrecido latin lover (César Romero) que me hizo
pensar de inmediato que no fue casual el inmediato triunfo de Desi frente a
sus depauperados contrincantes. Si había algo cubano que explotar en la
cinta hubiese sido la música, pero Carmen Miranda baila y canta a ritmo de
sambas y lo más tórrido es el número musical The Nango. En La Habana la
película se exhibió con el título de A La Habana me voy, y en enero del 42 se
celebró un concurso para seleccionar ¡a las tres aspirantes más parecidas a
Alice Faye! El concurso fue patrocinado por la Fox, la perfumería Burjois y la
Comisión de Turismo, y los primeros lugares recibieron una capa de zorro
plateado, un aparato de radio y estuches de perfume.
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encuentro
cuentos de encuentro
Las estrellas
sobre el Amazonas
Fernando Villaverde
taba el camino más corto desde la que fue su casa, próxima a las afueras, y el
centro de la ciudad, la ruta del trabajo, las diversiones, los paseos, las citas, las
noches. De tanto recorrerla, a menudo la atravesó ensimismado, cabizbajo,
sabiéndosela de memoria, sin notar que la cruzaba, descubriendo con sorpre-
sa algo después, al salir de su sopor, que la había dejado atrás, pasando por
ella sin mirarla, sin notarla. Pero ni estas distracciones ni la escasa llamativi-
dad de sus fachadas, la ausencia de un visitado monumento o un notable edi-
ficio, le impidieron alzar la vista a veces, alzar los ojos sin proponérselo y dar
un vistazo al paisaje, retratarlo, observar en tejados, balcones, vidrieras, en
viviendas y comercios, rasgos o menudos incidentes olvidados pronto, insigni-
ficantes. Con el repetitivo trasfondo de su constante escenario, debieron 81
encuentro
F e r n a n d o Vi l l av e r d e
gente sola, nadie que parezca a punto de irse. Sin necesidad de escoger,
encuentra la única opción, una mesa raquítica metida a la fuerza entre otras
dos; una esquina de la terraza desde donde contemplar a la gente que pasa, el
paisaje de la plaza.
Le cuesta trabajo llegar. El asiento ocupa un espacio minúsculo junto a la
ventana exterior del café, ante una mesa puesta allí casi como adorno. Decidi-
do de todas maneras a sentarse en ella, pide excusas, forcejea, obliga a otro
cliente a aplastarse contra el borde de su mesa para permitirle el paso, y aun-
que está flaco, hace maromas hasta poder sentarse como quiere, así sea de
medio lado, para poder volverse a voluntad hacia el café o hacia la calle. Hace
su pedido al camarero y lo ve alejarse, recorre el ambiente alegre del café al
atardecer, la desenvoltura general; amigos se reúnen y se despiden, estiran el
día antes de volver a sus casas, dan y escuchan noticias.
Difusa, prende en él una intuición, un desajuste: algo falta. Siente sin pre-
cisarla la ausencia de cierta familiaridad, cierta confianza que conoció en
estos cafés; como si a éste lo cubriese ahora una atmósfera más estirada, más
deseosa de una elegancia imposible, como si en vez de ser sólo una cafetería
de esquina, alegre y limpia, el local aspirase a salón de té, a sitio donde cual-
quier mirada, cualquier gesto, implicase una ceremonia. No logra precisar
cómo, pero siente que se ha perdido una despreocupación antes innata, así
fuesen los clientes jóvenes o viejos, o sus ademanes puntillosos y su conducta
discreta. Como si se hubiese esfumado la posibilidad de una carcajada, un
saludo en voz alta de un extremo al otro del salón, una broma del camarero a
un cliente o al cantinero, que acodado sobre el mostrador, a pocos pasos de la
terraza, conversa calladamente con un bebedor. El tono general tiene un
ápice más de reserva, el ambiente es algo más cargado del que atribuyen sus
recuerdos a cafés como éste, donde tantas tardes pasó. Molesto, no sabe situar
sus resquemores, no les ve razón: los clientes van y vienen, entran y salen sin
mucha atención, arrastran una silla, obligan a moverse a otro que les cierra el
paso por una senda apretujada. El camarero encarga en voz alta más de un
pedido, se dirige a un indeciso para repetirle los pormenores del menú. Difí-
cil atribuir ese freno, esa mayor reserva, pero la nota en torno suyo y, sin lle-
gar a perturbarlo, le pesa sobre las espaldas. Lo fastidia, altera las impresiones
grabadas en su interior por cientos de lugares iguales esparcidos por esta ciu-
cuentos de encuentro
dad, repetidos a lo largo de calles y cruces, casi idénticos unos a otros. Recuer-
dos cuyo principal encanto era el descuido, sentirse en un lugar tan de uno
como la propia habitación, en el cual moverse y actuar sin cálculo ni previ-
sión. Ese era el deleite de esta memoria. Que ahora, frente a una realidad
cuyos bordes le resultan levemente deformes, no se deshace ni se desvanece
sino se descoyunta; con una sacudida lo recorre, como el sobresalto de los
olvidos momentáneos. En su desconcierto, un nuevo pensamiento lo altera
todavía más: sólo él es causa del cambio; la manera en que mira, el tiempo
que ha descendido sobre su mirada. La verdadera diferencia está en el con-
trol alcanzado por sus gestos, una discreción inexistente cuando venía a estos
locales. Es él quien no se siente a sus anchas a pesar de sus movimientos, que 83
encuentro
F e r n a n d o Vi l l av e r d e
dalo la casa en busca de un papel perdido. Fue una relación vivida a saltos, en
la que ella, contradiciendo su altanera conducta cotidiana, se aferraba en oca-
siones a él como si la agobiase el más profundo desamparo. De su último
encuentro, de aquella última noche juntos que ningún sueño interrumpió,
recuerda, junto con la voluptuosidad, el olor a esparadrapo. Protegía una cor-
tada que ella se había hecho sin querer en un dedo índice y ese olor se le
metía por las narices cada vez que ella le sujetaba la cabeza con las manos o le
envolvía el cuello con los brazos. Por muchos años, el eco de esos últimos
momentos residió en aquel gomoso olor, y ahora, de vuelta al barrio, el roce
en el talón de un zapato de mujer lo devuelve a ese episodio, y aquella otra,
84 una imagen velada, regresa ante sus ojos, aunque no logre distinguirla bien,
encuentro
Las estrellas sobre el Amazonas
conciertos. Las notas ruedan a ratos con gracia, con gusto, pero les falta peri-
cia. Le es difícil, desde la calle, seguir la melodía, no logra encontrarla. El
bullicio de los que pasan, ese rumor flotante de muchas voces ininteligibles y,
sobre todo, el variable estruendo de los autos al acelerar por las esquinas, pre-
valece sobre la débil música que viene de la casa, se cuela cada dos compases
entre los resquicios que dejan las notas, interrumpe su sucesión, impide seguir,
entender por dónde va la melodía, descubrir el tono dominante sobre el cual
se apoya. Su vergüenza también lo distrae: quieto junto al balcón, asume ante
los demás la postura de quien espera en ese convenido sitio a alguien que no
acaba de aparecer, y a ratos vigila teatralmente las esquinas, intentando dar
mayor realidad a ese personaje inventado, procurando disimular su atención a 85
encuentro
F e r n a n d o Vi l l av e r d e
a su alrededor, ideas que desmoronaban sin misericordia, una tras otra, pasa-
das concepciones; ocupaba sin descanso su mente en desentrañar y amar las
nuevas maneras de recibir al universo. En ese espacio no cabía Chopin. Es
teniendo esto en cuenta que se puede achacar a la fatiga el súbito encuentro
afectivo, en su madurez, de Lévi-Strauss con Chopin, ese placer finalmente
bienvenido de arrellenarse como en un butacón en melodías perdidas, bajo la
noche de los trópicos. La vida del pensador ha descrito uno de sus sucesivos
círculos y, de vuelta a Chopin, opta por reposar, sin reparos, sobre el encanto
de su música.
El ensayo se suspende, la melodía cesa sin él dilucidarla: de ella le quedan
sólo la languidez de frecuentes resbalones cromáticos, la indecisión de incon-
clusas melodías. Por su mente, dejada en suspenso, cruza una idea que de
golpe deshace los ocres, las cretonas, los flecos. Esta música, evocadora para él
esta tarde de musgosos decorados donde se obliga a la luz a entrar con excesi-
vo sigilo, significó, a quienes la escucharon por primera vez y durante varias
décadas, lo contrario: aristas de cristal, fachadas de atormentado diseño, cua-
dros en los que la representación estaba cada vez más ausente, esas facetas de
la modernidad que acompañaron al nacimiento del siglo xx, sus comienzos.
Por entonces nació también esta música, considerada en aquel momento atre-
vida e hiriente. Incluso él, nacido bastante después, sintió de joven, al escu-
char acordes semejantes, algún ardor romántico, es cierto, pero misterioso,
hasta tenebroso; en esos tonos menores y sus arpegios se vislumbraba la muer-
te, un más allá terrenal, sacrílego, deseos y amores de un panteísmo chocante
a muchos. Pocas décadas posteriores han bastado para superponer una ima-
gen, si no vetusta, por lo menos de desganada decadencia, a aquellas visiones
tan audaces y vitales. Estas son ahora muestra aceptada de buen gusto incluso
entre los tímidos, ejemplo de deleite discreto; expresión de placeres altivos,
de un rebuscamiento que se quiere elegante. Se entrelaza por su mente, con
fugaz terror, la posibilidad de que hubiese podido ocurrirle una alteración
igual con aquella mujer del esparadrapo si, como tanto deseó, ésta hubiese
pasado ante sus ojos, si se hubiesen encontrado, reunido, conversado un rato:
verla con indiferencia, como algo antiguo, sin sentirle vitalidad. Deja escapar
esta reflexión, no tolera retenerla, la olvida en segundos.
Se aleja de la ventana, hacia el centro de la plaza, y se detiene cerca, junto
cuentos de encuentro
a la verja de apenas medio metro de alto que rodea y protege uno de los árbo-
les sembrados por las aceras. Lo mantiene allí una esperanza: quizás, termina-
do el ejercicio, se abra la ventana y pueda dar cuerpo a ese intérprete cuyo
afán de destreza con tanta atención siguió: un joven estudiante o una persona
madura y sin futuro musical pero que, yendo contra la corriente, prefiere la
torpe música de sus manos y su piano a la perfección grabada por otros. No le
hace falta agotarse para saber inútil su espera. No es hora de abrir ventanas:
en este rato ha terminado por hacerse de noche.
Le queda poco para terminar su viaje en torno a la plaza y encontrarse, tras
horas de paseo, en el sitio por donde lo empezó, con esa perplejidad ahora sus-
tituida en su cabeza por la nueva escritura de una distinta descripción. Al cabo 87
encuentro
F e r n a n d o Vi l l av e r d e
de un corto trecho, de unos cuantos pasos más, cuando llegue a ese estrecho
callejón que sale por gusto de la plaza y abre entre las casas una inútil brecha
de menos de cincuenta metros de hondo donde si acaso se acumulan desper-
dicios, estará de nuevo en el lugar de donde partió. En cosa de minutos el trá-
fico se ha reducido mucho; los horarios de trabajo dictan esos bruscos cam-
bios: la mayoría de la gente está de vuelta en sus casas y casi todos los que se
ven ahora por la calle se mueven con el irregular curioseo de quienes andan
de compras o se entretienen ante alguna tienda. Los autos, aunque tienen
más espacio y podrían ir más veloces, pasan con más calma, y los autobuses se
arrastran con lentitud, hartos de recorrer la misma ruta todo el día. El bulli-
cio ha dejado de ser compacto; se distinguen las palabras de quien se despide
al salir de un negocio o el timbrazo de una caja contadora en el interior de un
comercio.
Cuando pensaba que nada le quedaba por ver, descubre, en el corto tre-
cho que lo separa de la esquina, un amplio espacio oscuro de acera. Lo domi-
na la ancha vidriera de un local de aspecto abandonado. La gente cruza
deprisa el tramo en sombras, agolpándose en sus extremos, en los centros ani-
mados de la dulcería o una tienda de ropa a punto de cerrar, despertando en
torno a ese sitio sombrío cierto recelo, el atisbo de un recelo sin razón. El
comercio es lo que pareció desde un principio: un local abandonado. Proba-
blemente, desalojado hace poco; ningún letrero anuncia que se alquile. El
único objeto visible en la región sin luz del interior del negocio, mediana-
mente invisible en la oscuridad, es un enorme espejo colocado sobre un enta-
rimado bajo de madera, vuelto de frente a la calle. Como el residuo de una
mudada reciente, un objeto olvidado por inútil o a la espera de ser recogido
pronto, mañana mismo.
El hombre observa el local desde cierta distancia, sin aproximarse del
todo, detenido antes de dar los últimos pasos de su recorrido. En ese instante
algo lo toca. No se ha enterado de su presencia; ha sido sólo un escozor, un
temblor, el presentimiento de una idea. Pero está en él y pronto, a solas o en
plena actividad, le brotará de ese fondo de la conciencia donde ha ido a
situarse y a moldear, también sin él saberlo, algunos de sus sentimientos. Este
viaje, esta vuelta atrás, ha sido un tropezón; esta plaza de hoy, superpuesta a la
otra guardada en su memoria, impregnada a su mente, a sus ojos, a su piel,
cuentos de encuentro
tras años de recordarla sin afán, de llegarle súbita a la imaginación sin buscar-
la y sin trascendencia, se ha desdibujado, como emborronada por un trapo
húmedo. En adelante, a este sitio le espera sólo el olvido: este nuevo lugar no
ha tenido tiempo de afincarse en su conciencia, de echar raíces, pero ha des-
plazado al de siempre, al que había hecho suyo. Confundido por los nuevos
ruidos, los nuevos olores, hasta los nuevos colores y luces y paisajes, tan sor-
prendentes como si la plaza fuese otra, aunque sin despegarse del todo de su
antigua imagen ni negarla, no recuerda ya bien lo recordado hasta ayer, lo
que hasta hace unos días o unas horas identificaba cuando, rumbo a este
lugar, quiso pensar en él, rememorarlo, revivir eso que lo atrajo a él y lo hizo
88 volver, buscando reanudar una antigua amistad, aunque no sea él viejo ni le
encuentro
Las estrellas sobre el Amazonas
queden pocos años por vivir; pero sus zigzagueos, desde que dejó el país
donde vivió sus primeros veinte años, han sido muchos; se le hace difícil
seguir acumulando lugares, rostros y palabras.
Cuando despierte a este pensamiento alojado sigilosamente en su concien-
cia, se ahondará en él una incipiente convicción: una vez abandonado el
lugar de origen, ése donde uno crece y se forma, no hay marcha atrás posible.
Por lo menos él no la tiene, ni a la mirada atrás siquiera. Su vida será para
siempre esa ruta horizontal que, como tantas veces deseó cuando se sentía
ahogado en su adolescencia por la persistencia de estar en un mismo sitio, se
desplegó ante él hacia adelante, hasta el infinito, al momento de partir, invi-
tándolo al avance sin retroceso. Sus nostalgias deberán volverse hacia el futu-
ro: a lugares y personas por conocer, posibles momentos por vivir. No es hora
todavía de agotarse.
Va por inercia, sin pensarlo mucho, hacia el espejo colocado en el interior
del local; a situarse frente a él, del lado de acá de la vidriera. A verse. Como si
quisiera comprobar si este largo paseo en torno a la plaza y el tiempo le ha
dejado huellas. Se aproxima y plantado ante él, a un par de metros si acaso, le
espera una última sorpresa: no se descubre, no aparece su imagen. Sólo ve en
el espejo el reflejo en penumbra de la plaza: árboles, los difusos movimientos
de otros autos. Se acerca al vidrio, entorna los ojos para ver mejor: sí, es un
espejo, como le pareció de lejos, y está vuelto, efectivamente, hacia la plaza,
desde el interior en sombras, alumbrando incluso con sus reflejos esos dos
metros que lo separan de la vidriera desde donde él quiere mirarse, recono-
cerse, sin lograrlo.
El espejo no cuelga; está colocado sobre el entarimado que se eleva apenas
diez centímetros del piso, como para protegerlo de un golpe, y acomodado
hacia atrás sobre una de las columnas del local, no tan inclinado como para
no alcanzar a recoger las cosas a nivel de la acera, ya desierta; sólo queda él en
la calle, vuelto con intensidad hacia dentro del vacío negocio. Puede cercio-
rarse: los troncos de los árboles se reflejan casi hasta su base, hasta la verja
protectora; escasos vehículos cruzan, de vez en cuando, de lado a lado de la
plaza. Sólo él falta en esa imagen, y su desazón, al no encontrarse y no descu-
brir defecto en el rectángulo de espejo capaz de justificar esa ausencia, le
causa una inquietud creciente, hasta que, lo bastante ecuánime aún como
cuentos de encuentro
Afición al poniente,
A/L, 127 x 109 cm., 2000.
90
encuentro
Ciudad de arena
Ángel Santiesteban
bajar la voz, ¿qué quieren, que me lleven presa? Me hacen el favor de pagar-
me y entran al cuarto sin hacer bulla. Saca diez dólares cada una y Emelina
los recibe de mala gana, ¿sólo esto?
—Es que la cosa está mala, señora, usted sabe, andan los policías de un
lado para el otro. Ya tenemos un acta de advertencia y para la próxima nos
mandan a prisión.
—Menos mal que algunos se han hecho amiguitos de nosotras y a veces se
hacen los de la vista gorda a cambio de una caricia o un dinerito para man-
darle a la familia; en definitiva, somos de la misma tierra.
Emelina dice que no le importa, eso es problema de ustedes, a mí hay que
entrarme con dinero contante y sonante; si no, tienen que volverse por donde
vinieron o se me buscan otro sitio donde quedarse, mi casa no es de benefi-
cencia, porque no voy a correr el riesgo por nada, si me sorprenden con unas
ilegales y menores de dieciocho años dentro de la casa no haré el cuento, y
me sancionarían a prisión hasta que me pudra. Y mientras habla les mete la
mano por los senos y registra en busca de algún billete escondido que al final
no logra encontrar. Les abre la cartera y a una le saca un bocadito de jamón y
queso con un refresco, y a la otra una cerveza y una pizza, aquí no se ingieren
bebidas ni otra comida que no sea la mía. De contra que andan por ahí dán-
dose la buena vida mientras yo sacrifico mi sueño esperándolas, después me
paso el día en la cocina a ver qué invento para alimentarlas, y le pagan a una
de esta manera, ni siquiera un regalo, eso me pasa por ser buena. Emelina
sólo se calla cuando tocan a la puerta. Entonces las manda a esconderse en el
cuarto, se guarda el dinero en los senos cubiertos de chupones, luego se per-
signa y abre la puerta. Son las tres muchachas que faltan y las hala por el
brazo. ¿Qué pretenden, matarme de un infarto? ¿No les dije que aquí hay que
llegar en plena oscuridad, antes que amanezca? Y estira la mano para que le
pongan el dinero, una entrega veinticinco dólares, la segunda veinte y la otra
treinta. Con un movimiento de cabeza hace saber que no está mal y con un
gesto también las envía hacia el cuarto. Les sigue los pasos mientras cuenta el
dinero.
Cuando entran a la habitación las otras están detrás de la puerta. En segui-
da escuchan cómo Emelina pone el candado por fuera para asegurarse de
que no deambulen por la casa ni sean vistas por las ventanas. Se besan entre
cuentos de encuentro
ellas y cada una deja caer la cartera sobre las camas personales que llenan el
cuarto. La ventana, clausurada por fuera con una tabla enteriza que no deja la
más mínima hendija por donde pueda entrar ni un rayo de luz, las obliga a
vivir en una penumbra perpetua, o conformarse con la poca luz del bombillo
que cuelga del techo. Sólo queda un rincón del cuarto que usan como baño;
allí hay dos cubos, uno vacío y otro con agua. Hacen cola para asearse excepto
una muchacha que se mantiene sentada sobre la cama y con las manos tapán-
dose la cara:
—Pensé que esta vez era definitiva, casi pude verlo: pero apenas alcancé a
ver el brillo difuso del horizonte —y se aparta las manos mojadas de lágrimas
92 y busca una libreta y escribe temblorosa—: casi pude verlo, pero apenas alcancé a
encuentro
Ciudad de arena
ver el brillo difuso del hori… —pero el llanto le impide terminar y repite que casi
pudo tocarlo—: esta vez parecía que sí; pero el miedo a que la bruja no me
deje entrar en esta pocilga y tenga que volver a mi provincia, a la miseria, a no
poder ayudar a mi familia, me empuja a que llegue antes de que ocurra.
—Eso te hace daño, Rita. Sabes que por mucho que llores y sufras no
podrás cambiar esta realidad; mejor descansa y piensa que no tienes otra
opción, te adaptarás de una vez y por todas.
—Es que soy la que más tiempo lleva aquí, sabes que hago hasta lo imposi-
ble por acostumbrarme; pero han pasado tantos meses, y siento que no puedo
lograrlo. No soporto continuar viviendo si no veo el amanecer, la luz del día;
miren mi piel, está enferma, puedo ver mis venas que a veces son azules o ver-
des, quizás pronto mi cuerpo quede totalmente incoloro; me resisto a vivir así.
Tampoco aguanto la luz de ese bombillo que me pone amarilla, me queman
las luces de las farolas de la ciudad, de los carros, las linternas de los policías.
Estoy harta de todas esas luces artificiales.
Las otras muchachas deciden no seguir escuchándola, no quieren estar
tristes, ya han visto a otras ponerse así y lo único que hacen es empeorar su
situación, porque inmediatamente Emelina les saca pasaje de regreso a su
provincia; por eso dejan de atender a Rita. Se apartan, se alejan lo más posi-
ble y el aire barre el vaho sofocante de la habitación y les vuela los sombreros,
desordena sus peinados, unas aseguran sus sombrillas, otras se sujetan sus ves-
tidos con un gesto de recato. Desde sus ojos el cuarto se transforma, es un pai-
saje con montañas y árboles y el sonido de las aves y las aguas del río, y corren
risueñas con los brazos abiertos como si quisieran alcanzar el sol.
—¿Cómo está usted, señorita Dianelys? —le dice Beatriz mientras espera
su turno para lavarse con el agua del cubo—. ¿No le parece hermosa la maña-
na y ese verdor de los árboles cuando apenas comienza la primavera?
—Muy bien, vecina, en días como estos me gusta ir al campo con mi paleta
y dejar que mi mano arrastre el pincel sin lógica, después sentarme a observar
los trazos e inventar las figuras... ¿Cómo le fue la noche?
—Diría que excelente. Hoy vienen a podarme el jardín, y espero que cuan-
do hayan terminado me acepte una invitación para tomar el té en la terraza.
—Con mucho gusto, querida amiga —le responde Beatriz mientras se quita
el blúmer y se agacha en el cubo vacío donde caerá el agua enjabonada.
cuentos de encuentro
—Dolores, ya estoy aquí para ver su hermoso vestido. Estoy segura de que
nadie podría competir con su gusto.
—Adelante —le dice la propietaria de la cama y abre una puerta imagi-
naria y la invita a pasar con gestos elegantes—: Esta es su casa, mejor nos
sentamos en el salón, allí hay muy buena brisa, tome asiento en el sofá,
¡esos almohadones son tan cómodos! —Y se sientan en una esquina de la
cama.
El resto de las amigas observan toda la escena como si estuvieran en un
teatro. La anfitriona saca un vestido largo, lo acaricia, sus manos recorren el
aire y la otra se sorprende y también lo toca:
—¡Qué hermoso, amiga mía!
—Lo tengo elegido para tornabodas. En la habitación del hotel espero
quitármelo lentamente hasta hacerlo llegar a la desesperación para que no
apetezca a otras mujeres.
—De mis amigas eres la más afortunada.
—Sí, realmente no puedo quejarme.
—¿Por qué no visitamos a Mileidys?
—Oh, sí, magnífica idea.
Y mientras caminan hacia la otra cama, escuchan los quejidos de Emelina,
que hace el amor con el marido, ¡que la golpee!, ¡eso, así, dame más, duro,
coño, ahora, así, así me gusta!, ¡me duele...!, pero házmelo de nuevo.
—Querida amiga, somos tus vecinas —y Mileidys hace gestos de sorprendi-
da y se asoma a una supuesta ventana—. ¡No me lo esperaba! —Y con otro
gesto abre la puerta imaginada y se abrazan, y las invita a pasar—. Mejor nos
sentamos en la terraza para aspirar el perfume de los lirios que Panchito el
jardinero me sembró. —Y se acomodan sobre la otra cama.
—Podría quedarme a vivir frente a estos lirios por el resto de mi vida. —Y
Dolores respira profundamente.
—Sí, he tenido suerte con las manos de este jardinero. Realmente no
puedo quejarme de nada en esta vida. Sobre todo porque tengo un hombre
que me quiere y vendrá a casarse y llevarme al calor de su familia y tendremos
hijos que luego irán a la universidad.
Rita se mantiene alejada, a veces mira hacia la ventana como si presintiera
un acontecimiento inesperado. Se acerca, observa los bordes, recuesta el ros-
cuentos de encuentro
tro a las persianas para sentir al menos el calor del sol que traspasa la madera.
Dice que irán perdiendo la visión, tanta oscuridad nos dejará ciegas. Pero las
otras continúan como si no la escucharan.
Emelina quita el candado y el ruido sorpresivo las hace mirar asustadas
hacia la puerta. Sin hablarles, les deja un recipiente con espaguetis, algunos
platos, vasos y cubiertos plásticos y una jarra de agua. Con la claridad que
entra del exterior pueden verle varios morados en los brazos y hasta un hema-
toma en un ojo. De su cuerpo fornido, que alguna vez fue hermoso, se des-
prende un agrio vaho de sudor. Luego regresa y vuelve a cerrar la puerta y a
poner el candado que suena en sus oídos como un martillazo.
94 —Tenemos que arriesgarnos y no regresar a esta pocilga; quedarnos todo
encuentro
Ciudad de arena
los velos, temen que la pintura de los ojos se les corra; pero sería imposible
reprimir la emoción. Los novios de frac, resplandecen en sus trajes oscuros. Dia-
nelys mira a sus padres que están en la primera fila, la madre se pasa la punta
del pañuelo por el borde de los ojos y el padre suspira profundamente. Los invi-
tados se mantienen sonrientes y conmovidos. Beatriz, al descubrir entre los invi-
tados la presencia del novio que dejó en el pueblo, prometiéndole que cuando
mejorara económicamente regresaría a buscarlo, se encoge de hombros: es la
vida, piensa, de todas formas no podemos ofrecernos seguridad ni una vida
decente; él no puede soportar más y abandona la iglesia. Comienza el Ave
María, y un coro de ángeles vestidos de blanco deja caer la voz como un maná
del propio cielo. Rita entrega a su paso fotos de ella con su prometido autogra-
fiadas con sus poemas. Mira la imagen de Santa Teresita de Jesús, patrona de los
escritores y le envía un beso. Mientras avanza, Mileidys entrega botones de rosa
que saca de un gran ramo que lleva pegado a su pecho. El Obispo personal-
mente ha venido a dirigir el ritual, y desde una orilla también observa el Carde-
nal. Todos se arrodillan y se persignan ante la gran cruz que cuelga del techo.
Después que el Obispo lee los compromisos que se contraen con Dios y la socie-
dad al dar ese paso, les dice a los novios que entreguen los anillos y les anuncia
que son marido y mujer por la gracia bendita que el Señor les concede. Los
familiares se ponen de pie y las abrazan y felicitan. El coro canta Aleluya, y se
miran, y sienten que no podrán soportar más emociones.
Ahora están en el aeropuerto y se despiden, prometen escribirse, juran
que anualmente se reunirán en las vacaciones: un año en cada país. Y los vue-
los comienzan a despegar. Rita bota en un cesto la botella que un viejo ena-
morado le había dado antes de abandonar el pueblo, y que guardaba para el
peor de sus días: toma, le había dicho, por si un día te hace falta, bébetela
cuando descubras que tu vida camina por el borde de un abismo, y sientas
que la esperanza te abandona.
Y Dolores ya está adaptada a que el esposo la llame madame, y bese su
mano; y ella lo ayuda a tomarse la presión con un aparato portátil que él siem-
pre lleva en el bolsillo; luego le pide a la aeromoza que le traiga un poco de
agua para tomarse las pastillas que controlan la hipertensión; verás que no es
nada, papito, no te me vayas a morir ahora que soy la mujer más feliz del uni-
verso. Y él sonríe con ternura y suavemente le hace recostar en su pecho la
cuentos de encuentro
piensa en todo el trabajo que ha pasado desde su niñez, ya iba siendo hora de
que le tocara un poco de suerte.
Le ha tapado los ojos a Dianelys y sólo le quita el pañuelo cuando está
completamente dentro de la casa, home sweet home, okay, sí, es decir, yes, dice
ella, y lo abraza y lo aprieta y jura amarlo hasta el último día de su vida.
Y el esposo vuelve a decirle, madame Dolores, y sale del baño con un piya-
ma, pero ella asegura que se acostumbrará, aunque para dormir prefiere a los
hombres desnudos, sentir toda la noche sus calores apoyados a sus nalgas; en
cambio, ella se ha puesto un deshabillé transparente y se le sienta sobre las
piernas, finge estar entretenida y que el movimiento provocador que mantie-
nen sus nalgas es inconsciente; él la abraza por la cintura y le besa los senos:
C’est votre maison.
Mia ragazza, I libri sono tuoi, y Rita acaricia los libros, luego se pone las
manos en el pecho, y se descubre los senos duros, que exigen la boca que
chupará sus pezones.
Mileidys está acostada en un sofá blando donde le parece que se pierde,
que es tragada por todos aquellos cojines. Él se le acerca y ella le muerde la
tela del pantalón hasta sentir que algo responde con dureza desde el otro
lado y también lo muerde, le pasa la lengua lentamente sobre la tela humede-
cida para que su lujuria alcance la exasperación.
Carissima Rita, amore mio, y la abraza antes de explicarle que al día siguien-
te irán a la provincia donde conocerá a su familia. Él se adelantará para aten-
der los preparativos del recibimiento, no quiere que falte nada. Rita se asusta,
le pide de favor que no la deje sola, prefiere llegar con él aunque después
falte algo o todo, pero desea estar a su lado para tener la seguridad de que
nada le sucederá. Amore mio, non ti preoccupare, tutto sara bene, la dejará en
manos de su secretaria, ella y el chofer la llevarán a la clínica donde verá al
oftalmólogo para que le pongan los lentes. No tiene que ser tan rápido,
puedo esperar. Es que no sabe cuándo estarán de vuelta a Roma, mejor ahora
para no tener apuros en regresar. Y mueve los hombros resignada y lo besa.
Beatriz recibe las caricias de su esposo como si fuera el mejor de los hom-
bres, tiene varios orgasmos y al amanecer está desfallecida. Joder, que ya
amaneció, dice él y se levanta para el trabajo. Por favor, mujer, prepárame el
desayuno.
cuentos de encuentro
todas las pastillas que tomo. Dolores no quiere escuchar esas palabras. Él le
promete estabilizarse y tener una vida normal, para serte honesto, hace años
que no puedo lograrlo. Dolores no puede evitar que unas lágrimas le reco-
rran las mejillas y le aparta la mano cuando él intenta secarla. No te asustes,
aquí en Europa es distinto, somos más abiertos, mira, tengo un joven fiel que
trabaja para mí y me presta cualquier servicio, lo he mandado a buscar.
Rita estaba segura de que esa mañana le había proporcionado el primer
despertar feliz de su vida; después de una noche impresionante de sexo, su
esposo salió en busca de su vuelo; abre las ventanas y no le importa el aire frío
que penetra y recorre la habitación, sólo le importa la luz que choca contra su
cuerpo y la hace sentir viva. Tocan a la puerta y es la secretaria, todo está listo,
signora Rita, y le gusta la palabra por lo musical. Ya voy, responde. Y también
aguarda el chofer con un hermoso Alfa Romeo. En la clínica la están esperan-
do, y el lujo y las pocas personas le sugieren lo costoso de un tratamiento allí.
En la consulta le mandan a cerrar los ojos y que cuente regresivamente del
cien hasta el uno.
Al despertar, Mileidys está sola en la cama. A su lado han escrito una nota:
que esta vida seja melhor que a que eu deixei ha tempo. Um beijo. Se viste y sale de la
habitación porque no entiende cuál es el juego. Afuera hay otras muchachas,
descubre que de varias nacionalidades, todas en ropas interiores y fuman. Le
sonríen mientras intenta rebasarlas para alcanzar la puerta. Una señora acom-
pañada de un negro le pide que regrese, ahora le pertenece. Le responde que
no es de nadie salvo de sí misma. La señora echa a reír y mira al negro y le
acaricia el pecho, ¿acaso me puedes explicar cómo piensas sobrevivir allá
afuera al frío y el hambre?, sabes que no pasarás de la primera noche, por la
mañana te encontrarán helada y sin ropa a la orilla del río. La toma por el
brazo y la conduce hasta la habitación: prepárate, ahorita llegan los clientes.
Rita no sabe cuál fue el último número que dijo, y tiene la sensación de
haber estado muchos años dormida. Al despertar está la mano de la secretaria
acariciándola, le pregunta si prefiere quedarse en casa hasta que la pupila se
recupere o quiere hacer el viaje como ya había acordado con su esposo, en el
avión la aeromoza se encargaría de colmarla de atenciones, viajaría en primera
clase, por lo que iría muy cómoda. Y Rita desea ver pronto a su marido, no
soportaría tener que esperar un día para abrazarlo. Me duelen los ojos. La doc-
cuentos de encuentro
tora explica que esa molestia durará apenas unas horas, a su llegada ya se senti-
rá mejor. Lléveme al aeropuerto, por favor, pide Rita. Aún siente mareos por la
anestesia. Cuando va a abordar el avión, la secretaria le busca un sillón de rue-
das y la abraza, no sin antes asegurarle que no habrá contratiempos, no te asus-
tes, cuando llegues te estará esperando tu esposo con los brazos abiertos.
Beatriz continúa soñolienta sobre la cama y lo hala para besarlo nueva-
mente, desea jugar, pero él la empuja, le grita que si no entiende que debe
trabajar, es la única forma de poder mantenernos, ya gasté todos mis ahorros
en tus cachondadas, ahora haz tu papel. Ella queda perpleja, sin habla, no
sabe qué contestar, al principio pensó que era un juego hasta que él la empuja
y del impulso cae de la cama, y llora y le rompe una lámpara de noche contra 99
encuentro
Ángel Santiesteban
cuentos de encuentro
Última cena,
A/L, 107 x 203 cm., 2000.
101
encuentro
Contando las horas,
A/L, 193 x 193 cm., 1997.
en proceso
Límites
del origenismo*
Duanel Díaz Infante
*
Este texto es una versión de la introducción al libro homónimo, que
próximamente será publicado por la editorial Colibrí, Madrid.
103
encuentro
Duanel Díaz Infante
1
«Anotación al 23 de agosto de 1944», en: Sur, Buenos Aires, octubre de 1944, p. 16.
2
Benítez Rojo, Antonio; «Introducción: La isla que se repite», en: La isla que se repite. El Caribe y la
perspectiva posmoderna, Ediciones del Norte, Hanover, 1989, p. iv.
104 3
Rojas, Rafael; Un banquete canónico; Fondo de Cultura Económica, México, 2000, p. 36.
encuentro
Límites del origenismo
caribeño, que son, para Benítez Rojo, el ritmo y el performance, herencias siem-
pre renovadas de la plantación originaria.
Claramente deudora de los tres grandes escritores cubanos a que se apli-
ca, esta perspectiva no es sólo por completo ajena sino también opuesta a la
visión origenista de «lo cubano». La sentencia que apunta la relación ideal
de la Isla con el Cosmos se encuentra en la presentación de la primera revis-
ta editada por el grupo que alcanzará en unos años su pujanza y coherencia
mayores en Orígenes. En esa misma página titulada «Razón que sea», Lezama
afirma: «Con lo del Sol del Trópico nos quedamos a la Luna de Valencia.» Y
enseguida: «Convertir el majá en sierpe, o por lo menos, en serpiente»4. Si
tenemos en cuenta que esto fue escrito en 1939 y que cinco años antes Nico-
lás Guillén había publicado su gran libro West Indies Ltd, que abría con el
poema «Palabras en el trópico» e incluía el luego célebre «Sensemayá», sub-
titulado «canto para matar a una culebra», parecen bastante obvias las vela-
das alusiones críticas de Lezama a dos poemas de un libro donde Guillén
ganaba en su poesía una dimensión antillana sin abandonar totalmente la
línea de la poesía negrista. «En el trópico hay lo vegetal mágico, pero no
olvidemos que el rayo de luz es constante», señala Lezama, reafirmando un
programa que impugna todo localismo o folclorismo en nombre de la uni-
versalidad del arte.
Resulta significativo que la primera de la serie de revistas animadas por
Lezama, en que publican sus primeros textos algunos de los escritores de la
que primero se conoció como «generación de Espuela de Plata», y definitiva-
mente como «generación de Orígenes», se llamara Verbum. A la amplia sombra
del enunciado inaugural del evangelio según San Juan se resguarda el núcleo
de lo que Vitier ha llamado «la aventura de Orígenes». Esta aventura, más que
literaria e intelectual, quiere ser un itinerario poético y espiritual. En el ori-
gen, en el Diario de Colón, Lezama encuentra la huella del espíritu, una espe-
cie de bautizo; en el ramo de fuego que, según anota el Almirante, vieron los
hombres de las carabelas surcar el mar, la temprana figuración de una poesía
que ha de existir en la trascendencia de lo telúrico. Por su parte, Vitier ha
evocado aquella respuesta indígena, recogida en el propio Diario, que afirma-
ba que nuestra tierra era isla y al mismo tiempo infinita: «Preguntó Colón a
los indios de aquel lugar si era tierra firme o isla, y le respondieron que era
tierra infinita de que nadie había visto el cabo, aunque era isla»5. La «isla infi-
nita»: he aquí otra paradoja origenista que apunta a la presunta unicidad de
una isla que no puede, de ningún modo, repetirse, pues ¿cómo podría repe-
tirse, volver a empezar, lo que no tiene fin?
en proceso
4
Lezama Lima, José; Imagen y posibilidad, selección, prólogo y notas de Ciro Bianchi Ross, Letras
Cubanas, La Habana, 1981, p. 198.
5
Historia de los Reyes Católicos, por Andrés Bernaldes, o por otro nombre Andrés Bernal, cura de la
villa de Los Palacios. Memorias de la Real Sociedad Patriótica de La Habana, 1837. Tomo III, p. 128.
Citado en Flor oculta de poesía cubana, escogida y presentada por Cintio Vitier y Fina García
Marruz, Arte y literatura, La Habana, 1978, p. 63.
105
encuentro
Duanel Díaz Infante
6
Vitier, Cintio; Obras 3. Lo cubano en la poesía, prólogo de Abel Prieto, Letras Cubanas, La Habana,
106 1998, p. 397.
encuentro
Límites del origenismo
tiene otra justificación que ella misma, si criterios ajenos a ella no han guiado
a Vitier, ¿cómo justificar su crítica a la supuesta falsedad del poema de Piñera,
a las «regresiones» en cierta zona de la poesía de Guillén? Esta aparente con-
tradicción sólo se explica si advertimos que en la base del pensamiento de
Vitier, y en general de Orígenes, está la idea de que lo cubano participa de la
poesía, se fundamenta en ella, tanto por origen como por tradición. Por eso «La
isla en peso», que no es auténtica poesía, se aparta de lo cubano. Por eso los poe-
mas de polémica social y sobre todo racial —los que «nos» antillanizarían o
africanizarían— de Guillén no sólo se alejan de la «sensibilidad de la isla»
sino que además están limitados poéticamente.
No resulta exagerado afirmar que una de las metas principales de Oríge-
nes es precisamente superar lo que Vitier percibe como limitación poética en
textos como «Palabras en el trópico» y «La isla en peso». En sus palabras de
apertura al Coloquio Internacional «Cincuentenario de Orígenes», realizado
en La Habana en mayo de 1994, el autor de Lo cubano en la poesía mencionó
entre los propósitos del grupo «unir lo nacional con lo universal», «vincular
profundamente lo estético con lo ético», «no saber qué es “lo cubano” y expre-
sarlo», «creer en las minorías y en el pueblo, en la soledad y en la coralidad»7.
La paradoja, figura central en la imaginación origenista, expresa aquí de
modo elocuente esta voluntad de trascender dualismos limitantes. Frente a
los fragmentos, el absoluto de la poesía: los poetas de Orígenes lo son, apunta
Vitier en un importante ensayo de la década de los 50, «dentro de una auto-
nomía que excluye los dilemas»8, no sólo el que existe entre la evasiva fruición
verbal de la poesía pura y el compromiso social de la poesía militante, sino
también entre lo culto y lo popular, entre el arte y la vida. Tanto en los textos
de Lezama como en los de Vitier, los críticos y teóricos más importantes del
grupo, y también en los de García Marruz, Orígenes se define frente a lo
mecánico, el causalismo, la retórica, la limitación.
La afirmación de la trascendencia de estos límites es visible en la crítica a
«La isla en peso», que Vitier considera «retórica» y «literatura poética», pero
sobre todo en el distanciamiento origenista del vanguardismo cubano, caracte-
rizado por la polémica generacional, la dicotomía de la poesía pura y la poesía
social, y una percepción básicamente mundonovista de lo cubano. Orígenes sig-
nifica, según Vitier, la sustitución, respecto a los valores típicos de la generación
anterior, que tuvo en Brull, Florit y Ballagas tres poetas cardinales, de «el juego
por la aventura, la decantación por la resistencia, la norma por la avidez»9.
7
Vitier, Cintio; «Coloquio internacional “Cincuentenario de Orígenes”. Palabras de apertura», en:
en proceso
Obras 4. Crítica 2, Letras Cubanas, La Habana, 2001, p. 503. A estas paradojas añade luego otra: los
que vienen después están antes, los herederos son precursores. «Fuimos —señala Vitier— los preso-
cráticos de nuestra poesía, los antecesores más inmediatos de Martí, no todavía sus descendientes».
8
Vitier, Cintio; «Recuento de la poesía lírica en Cuba. De Heredia a nuestros días», en: Obras 3.
Crítica 1, Letras Cubanas, La Habana, 2000, p. 26.
9
«Introducción», en: Cincuenta años de poesía cubana. 1902-1952, Dirección Nacional de Cultura,
La Habana, 1952, p. 4.
107
encuentro
Duanel Díaz Infante
10
Vitier, Cintio; «Recuento de la poesía lírica en Cuba. De Heredia a nuestros días», en: Obras 3.
Crítica 1, p. 32. Énfasis de C.Vitier.
11
Herf, Jeffrey; El modernismo reaccionario. (Tecnología, cultura y política en Weimar y el Tercer Reich);
108 Fondo de Cultura Económica, México, 1990. (La edición original en inglés es de 1984).
encuentro
Límites del origenismo
—la poesía afrocubana y la poesía social—, como «La isla en peso» y toda una
importante dimensión de la obra de Piñera, constituyen otros para Orígenes,
son en no menor medida otros entre sí.
Los reparos a Guillén y en general a la poesía negrista y social —presentes
en textos de Vitier, de Lezama, de Baquero, de Pérez Cisneros— son parte
importante del distanciamiento origenista del proyecto cultural de la genera-
ción del Grupo Minorista y de la Revista de Avance, consistente básicamente en
la búsqueda de una expresión nacional a partir de lo que entonces se denomi-
naba con entusiasmo vanguardista «arte nuevo». Muy distinto es el conflicto
entre Orígenes y Piñera. Uno de los diez poetas cubanos incluidos en 1948
por Vitier en su primera antología, Piñera, que había formado parte del
grupo formado en torno a Espuela de Plata y luego en Orígenes, a partir de
1956 se convertiría en líder de la estridente reacción antiorigenista de Ciclón,
pero su «antiorigenismo» era anterior a la propia Orígenes, pues se había
manifestado ya en los dos números de la revista Poeta, y sobre todo en «La isla
en peso», poema antológico que, impugnando la memoria y la promesa de
una isla que otros origenistas querían ver como un lugar bautizado en medio
de la atrocidad telúrica del archipiélago caribeño, la sitúa en un presente de
monótona eternidad, signado por el juego macabro de la libertad y la necesi-
dad. Los peligros que para la ciudad origenista representa Piñera —y en espe-
cial «La isla en peso»— son por tanto muy diferentes de los que comporta el
movimiento negrista que en «los años de Orígenes» ya formaba parte del
pasado. Piñera, que incorpora del ambiente cultural de los años 40 el existen-
cialismo y las repercusiones antillanas del surrealismo, es un otro próximo y a
la vez distante, un enemigo íntimo que comparte con los demás miembros de
la «generación de Espuela de Plata» un distanciamiento básico de las tenden-
cias poéticas que confluyen en la obra de Guillén.
Estos dos puntos de diferencias remiten, pues, no sólo a la cuestión de la
persistencia del «peligro negro» o antillano en Orígenes, sino al tema mayor
de la poética origenista, inseparable de su visión de «lo cubano». Los límites
de la poética mínima que, más allá de sus evidentes diferencias, comparten
Vitier, García Marruz, Diego, Baquero e incluso Lezama Lima, se vuelven
manifiestos en su crítica de los peligros que ellos avizoran en textos como
«Palabras en el trópico» y «La isla en peso». Pero también los desafíos al ori-
genismo que, después del cese de la revista, significaron Ciclón y Lunes de Revo-
lución, y en no menor medida las obras de escritores adscritos a esas «ciudades
intelectuales» como Guillermo Cabrera Infante, Heberto Padilla y Severo Sar-
duy, echan luz sobre el canon origenista de lo cubano y de la poesía. En De
donde son los cantantes parece particularmente importante, tal como ha subra-
en proceso
12
«La aventura de Orígenes», en: La gaceta de Cuba, La Habana, mayo-junio, 1994. Cito por Obras
4. Crítica 2, p. 487.
110 13
de la Nuez, Iván; «El cóndor pasa», en: La gaceta de Cuba, La Habana, junio de 1988, p. 11.
encuentro
Límites del origenismo
14
Paz, Octavio; El laberinto de la soledad, Postdata, Vuelta a El laberinto de la soledad; Fondo de Cultura
Económica, México, 1993, p. 317.
Equinoccio,
A/L, 107 x 203 cm., 2001.
en proceso
111
encuentro
Esperando un eclipse,
A/L, 165 x 127 cm., 2001.
Una pelea cubana
contra la libertad
de expresión
1
Annam, Kofi; Matsuura, Koichiro y Robinson, Mary; «Una frágil liber-
tad», en: La Nación, Costa Rica, 29 de abril de 2001.
113
encuentro
Manuel Díaz Martínez
2
En La historia me absolverá, su discurso de defensa ante el tribunal que lo juzgó en 1953 por el
asalto al Cuartel Moncada, Fidel Castro evoca un hecho que muestra la libertad de prensa que
existía en la República. Dice Castro: «Se sabía que en 1933, al finalizar el combate del Hotel
Nacional [entre oficiales del Ejército y partidarios de la revolución de los sargentos, dirigida por
Batista, nuevo hombre fuerte del país tras la caída de Machado], algunos oficiales fueron asesina-
dos después de rendirse, lo cual motivó una enérgica protesta de la revista Bohemia».
3
Para consultar este documento, véase: Cuadra, Ángel; Las motivaciones de Pedro Luis Boitel; Ediciones
114 Memorias, Miami, 2001.
encuentro
Una pelea cubana contra la libertad de expresión
4
Los discursos a los que pertenecen estas citas fueron publicados en la prensa cubana de la época
y están recogidos en libros editados por el régimen.
115
encuentro
Manuel Díaz Martínez
5
Cuando Castro hizo que su Consejo de Ministros aprobara esta «Ley fundamental de la República»
parece no haber tenido en cuenta que, en La historia me absolverá, reprocha a Batista haber facultado
al Consejo de Ministros, en los Estatutos provisionales que promulgó tras el golpe de Estado del 10
de marzo de 1952, para modificar la Constitución. Veamos los argumentos de Castro, aplicables a él,
en su censura a Batista: «Hay en los Estatutos un artículo que ha pasado bastante inadvertido pero
es el que da la clave de esta situación y del cual vamos a sacar conclusiones decisivas. Me refiero a la
cláusula de reforma contenida en el artículo 257 y que dice textualmente: “Esta Ley Constitucional
podrá ser reformada por el Consejo de Ministros con un quórum de las dos terceras partes de sus
miembros”. Aquí la burla llegó al colmo. No es sólo que hayan ejercido la soberanía para imponer
al pueblo una Constitución sin contar con su consentimiento y elegir un Gobierno que concentra
en sus manos todos los poderes, sino que por el artículo 257 hacen suyo definitivamente el atributo
más esencial de la soberanía, que es la facultad de reformar la Ley suprema y fundamental de la
nación, cosa que han hecho ya varias veces desde el 10 de marzo, aunque afirman con el mayor
cinismo del mundo en el artículo 2 que la soberanía reside en el pueblo y de él dimanan todos los
poderes. Si para realizar estas reformas basta la conformidad del Consejo de Ministros con un quó-
rum de sus dos terceras partes y el presidente es quien nombra al Consejo de Ministros, queda
entonces en manos de un solo hombre el derecho de hacer y deshacer la República».
6
«El peor aspecto de la vigencia de las tres últimas constituciones en la historia de nuestra patria
radica [...] en que el pueblo de Cuba haya dejado de practicar la democracia por casi medio siglo
y que el concepto de estado de derecho sea conocido por los juristas, si acaso» (de la Cuesta, Leo-
nel Antonio; «Análisis sobre el constitucionalismo en Cuba en el siglo xx», en: Centenario de la
República de Cuba (1902-2002), Editorial Hispano Cubana, Madrid, 2003, pp. 163-180).
7
«Además, tanto la Constitución como la legislación secundaria cubanas se caracterizan por con-
tar con conceptos imprecisos, como “orden público”, “defensa de la revolución”, “defensa del
socialismo”, “construcción del socialismo”, “seguridad del Estado”, “intereses populares” y otros,
que resultan muy elásticos y que ofrecen los suficientes márgenes de vaguedad para que el Estado
imponga límites a dichos derechos». (Bernal, Beatriz; Cuba y sus leyes. Estudios histórico-jurídicos;
116 Universidad Nacional Autónoma de México, México D.F., 2002, p. 156).
encuentro
Una pelea cubana contra la libertad de expresión
8
Giuliano, Mauricio; El caso CEA. Intelectuales e inquisidores en Cuba. ¿Perestroika en la isla?, Ediciones
Universal, Miami, 1998.
117
encuentro
Los fantasmas y el centinela,
A/L, 137 x 107 cm., 2001.
Facsímil inédito
Fidel Castro
responde por escrito
a Andrew St. George
(1958)
*
¿Cómo te (ilegible…) sientes sentado aquí (ilegible…) en la Sierra Maestra tras ser declarado muerto tantas
120 veces por el gobierno?
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
121
encuentro
[a.s.g.]
2) You say you are fighting
against corruption, yet
it has been said corruption
in southern countries is
inevitable. What do you plan
to do against that? *
[f.c.]
La Revolución se hace
para curar esos males q.(ue) pare-
cen inevitables. En otros países de
S.A. se ha superado. Costa Rica y Uruguay, por
ejemplo, son países en que la corrup-
ción administrativa ha sido superada.
Es cuestión de honradez en los hom-
bres q.(ue) gobiernan el país. Si un
facsímil inédito: fidel castro responde...
*
Usted dice que está luchando contra la corrupción, sin embargo se dice que la corrupción es un fenómeno
122 inevitable en los países del sur. ¿Qué piensa hacer contra ésta?
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
123
encuentro
[f.c.]
Cientos de funcionarios han
saqueado los fondos públicos, con ab-
soluta impunidad. Ahora, bajo Batista,
si usted expresa un juicio contra
la dictadura, puede ser enviado a
la cárcel o asesinado. Pero si él es
funcionario y roba mucho dándole
una parte a Batista, (ilegible…) seguridad seguramente lo
nombran ministro o senador.
Vea Vd. en cambio, la
honradez de los hombres de nuestro
Movimiento. Ni aún en los mo-
facsímil inédito: fidel castro responde...
124
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
125
encuentro
[a.s.g.]
3) Havana has long been known
a very gay city: Do you
plan to change that any way?
vice *
[f.c.]
Todas las dictaduras fomentan
la corrupción y el vicio, como arena
política para debilitar las
fuerzas morales del pueblo. Además
de ser un negocio lucrativo
para la misma.
Los funcionarios de la dic-
tadura explotan el juego, el tráfico
de drogas y la prostitución. Por
eso a veces los extranjeros que
facsímil inédito: fidel castro responde...
*
Hace tiempo que La Habana se caracteriza por ser una ciudad muy alegre. ¿Piensa cambiar eso de alguna
126 manera? vicio
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
127
encuentro
[a.s.g.]
4) It has been said that even
if it wins, the 26 of
July Movement will turn into
a dictatorial party, because it
has an army of its own? *
[f.c.]
Yo no sé quien puede ha-
ber pensado semejante cosa. Cree
Ud. q.(ue) estos hombres, enamora-
dos de la libertad, q.(ue) sopor-
tan tantos sacrificios en esta
Sierra, pueden ser capaces de
convertirse en dictadores?
Los hombres de almas
libres q.(ue) no pueden soportar la tira-
facsímil inédito: fidel castro responde...
*
Se ha dicho que aun cuando consiga la victoria, el Movimiento 26 de julio se convertirá en un partido dicta-
128 torial al contar con su propio ejército.
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
129
encuentro
[f.c.]
sido derrocada, nosotros pon-
dremos las armas a un lado y
volveremos a ser civiles.
En América Latina hay nu-
merosos ejemplos. En Costa Rica,
José Figueres tuvo que organi-
zar un movim.(iento) armado para
derrocar la dictadura y hoy
facsímil inédito: fidel castro responde...
130
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
131
encuentro
[a.s.g.]
5) How do you propose to
unseat the Batista government?
Did your movement have any
connections with the recent
attempt on Batista life? *
[f.c.]
La lucha de la S.(ierra) Maestra
es para la tiranía como un cáncer,
q.(ue) se extiende y terminará devorán-
dola, pedazo a pedazo iremos
destruyendo al régimen. No im-
porta cuanto pueda durar la con-
tienda. La inmensa mayoría del
pueblo nos ayuda y ningún dic-
tador puede más q.(ue) la voluntad
facsímil inédito: fidel castro responde...
de un pueblo.
Nosotros no hemos fomentado
nunca atentados personales contra
el dictador, porque la dicta-
dura no es un hombre, sino
un sistema de gobierno; matando
al hombre no se destruye al siste-
ma. Cualquier otro esbirro de
*
¿Cómo se propone derrocar al gobierno de Batista? ¿Tiene su movimiento alguna conexión con el reciente
132 atentado contra Batista?
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
133
encuentro
[f.c.]
su camarilla lo podría sustituir.
Pero a pesar de q.(ue) el ataque a
Palacio nada tiene q.(ue) ver con nues-
tros planes, me solidarizo de
todo corazón con los valientes
q.(ue) intentaron de ese modo (ilegible…) cas-
facsímil inédito: fidel castro responde...
134
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
135
encuentro
[a.s.g.]
6) Do you consider it posible
that your movement will bring
about a civil war in Cuba
this year? *
[f.c.]
Cuba está en guerra civil
casi desde el mismo día q.[ue] Batista
asaltó el poder por la fuerza.
Y ojalá este sea el último año
facsímil inédito: fidel castro responde...
136 *
¿Considera posible que su movimiento provoque una guerra civil en Cuba este año?
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
137
encuentro
[a.s.g.]
7) ¿How long do you think the
army will continue to hold
the plains of Cuba? *
[f.c.]
El Ejército está cansado
de tantos esfuerzos y sacrifi-
cios que le están obligando
a realizar, para sostener la
dictadura de Batista, y no
está lejano el día en que
vire sus armas contra la dic-
tadura, como acaba de ocu-
rrir en Colombia.
Los soldados viven bajo
facsímil inédito: fidel castro responde...
138 *
¿Cuánto tiempo piensa que el Ejército puede mantener el control sobre los llanos de Cuba?
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
139
encuentro
[f.c.]
se una al movimiento revolucio-
nario 26 de Julio de esta lu-
cha, la parte más sana del
Ejército se pase a nuestro
lado. Entonces no será ne-
facsímil inédito: fidel castro responde...
140
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
141
encuentro
[a.s.g.]
8) Do you feel that American
policy in the Caribbean has
been wrong? *
[f.c.]
Cuba no es todo el Caribe,
pero estimo q.(ue) del desde el mismo día en
q.(ue) Batista tomó el poder por
la fuerza, E.U. no debió en-
viar una sola arma mas
a Cuba, porque esas armas
no han servido ni servi-
rán para la defensa conti-
nental, y sí han servido
para asesinar a muchos
facsímil inédito: fidel castro responde...
142 *
¿Cree usted que la política norteamericana hacia el Caribe ha sido equivocada?
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
143
encuentro
[a.s.g.]
9) Your movement’s name
stems from an armed attack
on a government fort on
26 of July, 1953. Does it not? *
[f.c.]
Ese día después del com-
bate, 70 compañeros nuestros
fueron torturados y asesinados
cuando ya habían depuesto
las armas.
En memoria de esos com-
pañeros Esa fué una fecha de
singular heroísmo y sacrificio.
120 jóvenes lucharon contra
facsímil inédito: fidel castro responde...
*
El nombre de su movimiento proviene de un ataque armado a un cuartel del gobierno el 26 de julio de
144 1953, ¿no?
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
145
encuentro
[a.s.g.]
10) Batista has accused
your movement of being
has been accused as being antiamerican.
Is there any truth to that? *
[f.c.]
Nuestro movimiento no
alberga ningún sentimiento antiameri-
cano. Eso es falso absolutamente falso.
Nuestro movim.(iento) desea tener las
mejores relaciones con E.U. y to-
dos los países del Continente.
Si hay algún sentimiento de hos-
tilidad en el pueblo de Cuba contra
E.U. es porque el gobierno nor-
facsímil inédito: fidel castro responde...
146 *
Batista ha acusado a su movimiento de ser antiamericano. ¿Hay algo de cierto en esto?
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
147
encuentro
[f.c.]
Los E.U. no deben olvidar
q.(ue) la libertad de los pueblos es
la mejor arma para la defensa
continental. No es posible llamar
al los pueblo a luchar por la
libertad del Hemisf.(erio), si él no conoce la
libertad en su propia patria.
Batista quiere hacer ver
q.(ue) los E.U. lo respaldan; él es
el único culpable de cualquier
sentimiento de hostilidad contra
facsímil inédito: fidel castro responde...
148
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
149
encuentro
[a.s.g.]
11) Your movement has also been
accused by Batista of being procommunist.
What is the truth of that? *
[f.c.]
Eso es tan absurdo como
haberle dicho al pueblo de Cuba q.(ue) yo
he muerto unas 20 veces.
Todos los dictadores
acusan Los reporteros norteameri-
canos q.(ue) han venido a Cuba han
comprobado q.(ue) hombres y mujeres de
todas las clases sociales respal-
dan nuestro movim.(iento) Si nosotros
fuéramos filocomunistas, cómo po-
facsímil inédito: fidel castro responde...
150 *
Su movimiento ha sido acusado por Batista también de ser procomunista. ¿Qué hay de cierto en ello?
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
151
encuentro
[f.c.]
y los derechos individuales esta-
blecidos en la Carta de las N. U.,
es ser comunista?
El único miedo q.(ue) los hom-
bres de negocio tienen hoy en Cuba
—como dijo el representante
norteamericano Porter acerca de
Sto. Domingo— es q.(ue) Batista les
pida la mitad de las utilida-
des para él.
Nuestro M.(ovimiento) es democrático y
nacionalista como señaló H.M1
facsímil inédito: fidel castro responde...
1
Herbert Matthews.
152 2
New York Times.
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
153
encuentro
[a.s.g.]
12) How did three American
boys who joined your army
turn out? (Here also voice of
church!) *
[f.c.]
Son muy nobles y buenos
muchachos. Pero como 2 de ellos
tenían solamente 15 y 17 años,
y por tanto no habían (ilegible…) arri-
bado a la edad de responsabi-
lidad legal para decidir sobre sus
actos de acuerdo con las
leyes de su país, les rogué
q.(ue) retornaran, porque nosotros
somos respetuosos de las leyes
facsímil inédito: fidel castro responde...
*
¿Cómo resultaron los tres muchachos norteamericanos que se unieron a su ejército? (¡Aquí también la voz de
154 la iglesia!)
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
155
encuentro
[a.s.g.]
13) Do you see a peaceful
solution to the political
unrest in Cuba through the
agreement work out between
Batista and some of political
parties of the opposition
are trying to work out? * 1
[f.c.]
Como puede ser solución
si a nosotros q.(ue) estamos
con las armas en la mano
facsímil inédito: fidel castro responde...
*
¿Ve alguna solución pacífica a los disturbios políticos en Cuba a través del acuerdo que Batista y algunos par-
tidos políticos de la oposición intentan negociar?
156 1
El lector avisado advertirá por su caligrafía que esta pregunta la redactó el propio Fidel Castro.
encuentro
facsímil inédito: fidel castro responde...
157
encuentro
North,
A/L, 170 x 170 cm., 2001.
DOSSIER
1
Los condados de Miami-Dade y Broward, junto a la zona de los Cayos (condado de Monroe) son
comúnmente mencionados bajo la denominación sur de la Florida. Todos los datos estadísticos
160 sobre población han sido tomados del Censo de Estados Unidos, que se realiza cada diez años.
encuentro
Va r i a c i o n e s d e M i a m i
lanza, casi al unísono con La Habana, Cita con ángeles, el último (y pres-
cindible) disco de Silvio Rodríguez, los pabellones de la feria del libro exhi-
ben por igual títulos de disidentes y generales de las FAR, y junto a la radio
rabiosamente anticastrista puede sintonizarse a diario un noticiero elabora-
do por Prensa Latina.
No son pocos los retos que enfrenta Miami como ciudad multicultural y
enclave de la comunidad exiliada. Problemas institucionales y políticos,
zafarranchos de corrupción y desfalcos financieros, sumados a una posición
geográfica que la convierte en puerta vulnerable al narcotráfico, el contra-
bando humano y la inmigración ilegal. El crecimiento urbanístico y demo-
gráfico multiplica el efecto nocivo de un ineficaz sistema de transporte
público, que condiciona la dependencia del automóvil, los atascamientos
viales e impide una comunicación real entre sus áreas habitables. La situa-
ción alarma, porque en Miami-Dade se asientan diariamente 167 inmigran-
tes procedentes de otras ciudades estadounidenses o países vecinos: el más
alto índice entre las áreas urbanas de la nación.
De ese Miami posible, desprovisto de visiones cómodas, complejo y hasta
desgarrador pero vibrante, decidimos hablar aquí. De un Miami posible
para los cubanos y la cubanidad.
/ miradas sobre miami
DOSSIER
162
encuentro
Miami es miamenses
y es más y es una feria
Alejandro Armengol
hasta por quienes nos odian. Una cocina de poca inventiva y marcada por la
abundancia. Hecha con ingredientes norteamericanos, caribeños y latino-
americanos. Nuestra mejor metáfora: cerdos y pollos provistos por granje-
164 ros sureños, viandas de Centroamérica, frijoles distribuidos por una firma
encuentro
Miami es miamenses y es más y es una feria
este mérito por encima del reconocimiento de que contó con un apoyo
excepcional de los organismos gubernamentales —préstamos para iniciar
negocios, reconocimiento de títulos universitarios y becas de estudio, entre
otros—. Fueron favorecidos en este país como nunca antes —y nunca des-
pués— se ayudó a otros refugiados ni a minoría alguna.
Esta excepcionalidad, junto a la miopía ante las circunstancias, en parte
condiciona varias explicaciones erróneas sobre el comportamiento de los
exiliados. Una de ellas es su preferencia partidista. En la actualidad, la
mayoría de los cubanoamericanos que son votantes registrados pertenece al
Partido Republicano y no al Demócrata, que tradicionalmente ha sido el
preferido por las minorías negra y latina. Se justifica el hecho argumentan-
do que las preferencias políticas de los exiliados están basadas en criterios
de política internacional y no con relación a temas locales. Dos mandatarios
demócratas cargan con la responsabilidad del alejamiento de la comunidad
exiliada de las filas demócratas. Primero, al sentirse ésta traicionada por la
actuación del expresidente John F. Kennedy en la invasión de Bahía de
Cochinos, y luego durante la Crisis de Octubre. Posteriormente, por la polí-
tica del expresidente Jimmy Carter, que autorizó el «diálogo», los viajes de
la comunidad y abrió la Oficina de Intereses de Washington en La Habana.
También dos valoraciones opuestas catalogan esta actitud. Una positiva:
el anteponer la causa de la libertad de Cuba a cualquier otra consideración.
La negativa y contraria: el dejarse seducir por políticos demagogos. En una,
los cubanos son clasificados de fanáticos; en la otra, de tontos. La realidad
es mucho más compleja. Numerosos políticos cubanos continuaron siendo
demócratas, incluso tras la llegada de Ronald Reagan al poder. Lincoln Díaz
Balart —la voz más altisonante del republicanismo cubano— fue demócrata
hasta 1985. En 1984 había actuado de copresidente de la organización
«Demócratas a favor de Reagan», un hecho que lo enemistó con otros miem-
bros del que entonces era su partido y en donde nunca llegó a triunfar en
las elecciones primarias. El cambio mayoritario de demócratas a republica-
nos en muchos electores cubanos obedeció a diversas circunstancias: la cre- / miradas sobre miami
ación de la Fundación Nacional Cubano Americana, la actuación del actual
gobernador de la Florida Jeb Bush en favor de ciertos miembros de la
comunidad convictos de actos terroristas, la habilidad del Partido Republi-
cano para aprovechar la frustración del exilio ante el fracaso de la lucha
armada y la conversión del embargo norteamericano hacia la Isla en la últi-
ma tabla de salvación para los opositores a Castro. Los exiliados no son
republicanos ni demócratas por vocación, sino que al igual que ocurre con
el resto de la población de este país, se dejan guiar por sus líderes. La con-
veniencia política —quizá sería más adecuado decir una política de conve-
niencias— ha jugado un papel de igual importancia que la percepción del
DOSSIER
donar el gueto. Hasta hace una década, el dominio del inglés era una vía
para librarse de la influencia del exilio tradicional. Esta situación ha cam-
biado con el arribo de numerosos inmigrantes procedentes de Latinoaméri-
ca. El español tiene en estos momentos una permanencia asegurada, por
encima de la comunidad cubana. Este cambio ha ampliado las posibilidades
de desarrollo de una literatura en español en Miami que no se limite a los
temas tradicionales del exilio.
Hay también la afirmación generalizada de que los exiliados tienen sus
criterios propios sobre la libertad de expresión y los derechos ciudadanos, y
en algunos casos no se rigen por las normas democráticas que caracterizan a
DOSSIER
169
encuentro
De la provisionalidad
a la permanencia
José Antonio Évora
cuatro décadas antes. Entonces llamaban a Miami «el cementerio de los ele-
fantes», porque a sus costas venían a morir los norteamericanos hastiados
de la nieve del norte. La población flotante crecía en invierno, pero escasea-
ba en verano. En cambio, al despuntar el siglo xxi, Miami es —valga la
redundancia— la nueva Nueva York, el criadero de una cultura emergente
que fundirá como nunca a Latinoamérica con Estados Unidos, como en su
momento hizo Manhattan con Europa y han estado haciendo California y
Texas con México. Para Álvarez Guedes, Miami era una sala de espera
desde donde habría que regresar pronto a la Cuba de siempre y en la que, a
la larga, fue necesario reinventar la Cuba de nunca jamás donde hallaron
DOSSIER
regreso con nuevos hijos nacidos en la espera. («Aquí uno se desarraiga por
abajo», dice un amigo). El sentimiento de provisionalidad contradice la idea
de la familia, y como se impuso la familia, bajo el manto de la nostalgia y del
patriotismo ultramarino echó raíces un culto a la prosperidad que cicatrizó
en parte la herida del destierro y fue estableciendo las bases de lo que es
hoy un imán para todos los exilios latinoamericanos. Hay quienes culpan a
aquellos primeros exiliados de la falta de auspicio sistemático que tiene el
teatro en español. Según tales críticos, «el exilio histórico», como lo han
denominado algunos de sus presuntos representantes, quiere que todo el
que llegue ahora pase el mismo trabajo que pasaron ellos para ganarse la
DOSSIER
vida, desde recoger tomates en Homestead, una zona agrícola del sur de
Miami, hasta lavar platos en cualquier cafetería.
Cierto o falso, en todo caso el reproche habla de una cultura del trabajo a la
172 que se asimilaron sin mucho esfuerzo las primeras generaciones de exiliados, y
encuentro
De la provisionalidad a la permanencia
algunos de ellos, incluso, han ido en sentido opuesto, con anuncios que
dejan bien clara la provocación que asaltará al espectador en la sala.
Pero de todas, la cara menos conocida del teatro cubano en Miami es la
de la dramaturgia. Fuera de los únicos autores que escriben al pie del esce-
nario —Varela, Vega, Cremata y Ugarte, Roblán y Cabell—, casi todos los
demás hacen dramaturgia de gaveta. Falta en la ciudad un concurso de
autores teatrales auspiciado por una institución que tenga como premio la
puesta en escena y estimule a los dramaturgos locales, pero las circunstan-
cias indican que no tardará en aparecer.
El teatro en español sigue estando en desventaja en Miami, pero no por-
que sea víctima de discriminación oficial. Por el contrario, los gobiernos
federal, estatal y local tienen leyes que favorecen a las minorías en un con-
dado donde, paradójicamente, los hispanoparlantes son mayoría; sólo que,
en el caso de los teatristas, apenas unos pocos han estudiado cómo aprove-
charlas. Esto ha traído como consecuencia, por ejemplo, que el flamante
nuevo Centro de Artes Escénicas, que debe inaugurarse a finales de 2005,
haya sido concebido para albergar cinco instituciones artísticas entre las
cuales no hay ninguna que represente el teatro en español.
Muchos de quienes desde lejos desprecian el teatro cubano del exilio, se
asombrarían de las resonancias piñerianas que tienen obras como Las Car-
bonell de la Calle Obispo, de Raúl de Cárdenas, un escritor cubano residen-
te en Los Ángeles, pero muy conectado con Miami. Así como en Cuba Héc-
tor Quintero representa el puente entre la grandeza de Piñera y el
desenfado del vernáculo, en el exilio hay varios, desde De Cárdenas hasta
Dolores Prida, Manuel Martín Jr., Pedro Monge y Luis Santeiro, quien se
hizo célebre con la serie de televisión Qué pasa, usa? Es temprano aún para
aspirar a una producción dramática en la que se respire el aroma de Miami
como se respiran en las películas de Woody Allen las esencias de Nueva
York, pero a estas alturas resulta demasiado evidente que el sentimiento de
provisionalidad va dando paso a la idea de la permanencia.
/ miradas sobre miami
DOSSIER
174
encuentro
Miami y el arte del exilio
Ricardo Pau-Llosa
paredes antes de eso), a raíz de una sonada subasta que incluía obras traí-
das de Cuba, realizadas por artistas que colaboraban con el régimen comu-
nista (Mariano Rodríguez, Manuel Mendive y otros). Con su junta de direc-
tores en caos y el exilio en su contra, la institución fue apagándose hasta 175
encuentro
R i c a rd o Pau - L l o s a
tradición del arte nacional fuera de la Isla. Vale recordar que se trata de una
tradición que siempre estuvo ubicada dentro de la modernidad internacional
y que fue capaz de digerir y cubanizar, con imaginación, sus diversos estilos
176 y propuestas desde su despegue a mediados de los años 20.
encuentro
Miami y el arte del exilio
en sí como algo negativo, sino de entender esta instancia de ella como efecto
de la prolongación de las condiciones de dictadura y exilio que fueron des-
mantelando el proceso de continuidad cultural. No obstante la rara excep-
ción, los artistas de esta última etapa de exilio no se sienten vinculados en 177
encuentro
R i c a rd o Pau - L l o s a
Los que siempre vivieron, o hasta la fecha viven, fuera de Miami (Paul Sie-
rra, en Chicago; Emilio Sánchez y Agustín Fernández, en Nueva York; Mario
Carreño, en Chile; Julio Larraz, en Nueva York y Europa; Segundo Planes,
en México), siempre buscaron exhibir aquí con cierta frecuencia. No buscan
la consagración, ni grandes ventas ni proyecciones. Buscan sentirse presentes
en Miami por ser el único lugar fuera de Cuba, y por ende en libertad, donde
Cuba se hace sentir —o debería hacerse sentir—. Esto a pesar de haber
hecho muy poco esta ciudad subtropical con ese privilegio, este regalo ciego y
caprichoso que la historia ha insistido en hacerle.
DOSSIER
178
encuentro
La pantalla de azogue
Cine cubano en Miami
Alejandro Ríos
E l ciclo de cine cubano que, bajo los auspicios del miami dade
College, se celebra desde 1993, ha suscitado dos tipos de elogio. El de
un público local que se acrecienta con cada función e indaga sobre su próxi-
ma celebración, y el del silencio por parte de las autoridades de la Isla.
Varios han sido los eventos del Ciclo que han contado con la asistencia
cordial de participantes de Cuba. Enrique Pineda Barnet tuvo la gentileza
de inaugurar la serie y en años subsiguientes, entre otros, desfilaron por su
escenario Senel Paz, Gloria Rolando, Humberto Padrón y Jorge Molina.
Hace apenas unos meses, en un mismo panel de discusión, a propósito del
Festival de Cine Cubano Alternativo celebrado en plena Pequeña Habana,
coincidieron Juan Antonio García Borrero, crítico de cine residente en la Isla,
exponiendo sus argumentos en franca y relajada discrepancia con directores
de cine como Sergio Giral, Orlando Rojas, Emilio Oscar Alcalde y Ernesto
Fundora, entre otros. Luego la sala se abrió a las preguntas del público asis-
tente y la velada terminó por ser un ejercicio práctico de tolerancia y cordura.
La funcionalidad del Ciclo ha sido pausada y respetuosa en todos los senti-
dos. Por un lado, los cubanos han encontrado un nicho propicio para someter
sus obras al público de Miami que, por otra parte, se ha ido contaminando de
diversas nacionalidades también interesadas en estas nuevas visiones puestas al
día de una revolución morbosa en su exhibicionismo. También los directores de / miradas sobre miami
otros países han filmado para la posteridad testimonios que, hoy por hoy, son
una contribución insoslayable a la historia iconográfica de la nación y han teni-
do mediante el ccc la oportunidad de ventilar públicamente sus reflexiones.
En no pocas oportunidades, las pasiones se han inflamado, sobre todo con
respecto a las interpretaciones foráneas del fenómeno cubano. De tal modo,
Silvia Morini, protagonista del documental Our House in Havana, del esta-
dounidense Stephen Olsson, regresó a Cuba luego de años de exilio y después
de su presentación en el Ciclo debió afrontar la ira de un coterráneo que la
hizo cómplice del régimen por ser sobrina de Carlos Rafael Rodríguez, hacer
el controversial viaje de retorno y abogar por el fin del embargo. A lo que
DOSSIER
Todavía hoy recuerdo con cuánta ternura y entereza el belga Dirk Vanders-
ypen, ya fallecido, director del memorable documental Cuba 111, parado fren-
te a un público no totalmente convencido de sus buenas intenciones al retratar
la vida de un solar habanero, se esforzaba en explicar que su obra era una
manera de rendir tributo al cubano de a pie, sin posibilidades de hacer constar
sus reclamos más allá del exiguo círculo doméstico. El artista sentía un orgullo
muy especial por haber contribuido a la conexión entre cubanos de ambas ori-
llas mediante un gesto cultural. Al no recibir el beneplácito de las autoridades
cubanas para presentar públicamente su documental, logró realizar, al menos,
una proyección a sus protagonistas en el solar de la calle Cuba número 111.
Si alguna contribución importante ha hecho el programa a la divulgación
serena del séptimo arte de tema cubano, es el redescubrimiento del más
importante documentalista de su historia, junto a Santiago Álvarez, el tam-
bién pintor y poeta Nicolás Guillén Landrián, quien dejara de existir en
2003. Poco tiempo antes de que en Cuba, sobre todo los jóvenes, comenza-
ran a desempolvar algunos de sus documentales prohibidos celosamente
durante años, el Ciclo estrenó la única obra que hiciera en el exilio, Inside
Downtown, y, en dos funciones posteriores, algunos de sus clásicos como En
un barrio viejo, Ociel del Toa, Taller de Línea y 18, Retornar a Baracoa y
Coffea Arábiga. Esas noches, dos con su presencia y la otra ya con su senti-
da ausencia, valió la pena verlo sonreír y conversar con la prensa y el públi-
co asistente, como si fuera un niño maldito, consciente de las jugadas que lo
colocaron en un lugar del arte difícil de superar.
Quiero pensar que gracias a la existencia del Ciclo, otras puertas se han
venido abriendo en el ámbito cultural de Miami para el cine con temática
cubana. Siguiendo la pauta trazada, otros festivales e instituciones han
venido programando dichas películas.
El Festival Internacional de Cine de Miami, ahora administrado por el
Miami-Dade College, desde hace algún tiempo tomó la iniciativa de incluir
en su programación tanto obras realizadas en Cuba como otras que tocan el
tema. A las primeras pertenecen Nada, de Juan Carlos Cremata, premio de
/ miradas sobre miami
Joe Cardona, Rafael Lima, Rafael Falcón, Ruth Behar, María Bures,
Bobby Farlice-Rubio, Lisandro Pérez, Rey Parla, Mario de Varona, Liz
Cerejido, Tony Labat, Dinorah de Jesús Rodríguez, entre otros, confronta-
182 ban sus poéticas con colegas de la Isla.
encuentro
La pantalla de azogue
frente de ese hombre tan presumido y decente que amó hasta la enajenación y la
muerte. Todos en sintonía, colaborando, volando alto por encima de tendencias
y resentimientos. Sin dictadura ni exilio por unas horas. Conscientes de que así
será el futuro, pero mientras llega, que la inspiración nos atrape trabajando. 183
encuentro
¿Quién publica
libros de poesía?
Reinaldo García Ramos
se enteran por último de que, entre 1993 y 2003, en Miami se han fundado
cinco editoriales para publicar literatura de escritores de esta comunidad y
del ámbito hispano en general, y que esas editoriales se han interesado
184 sobre todo en libros de poesía!
encuentro
¿Quién publica libros de poesía?
Los cubanos que están a cargo de esas cinco aventuras son: el poeta y
narrador Carlos A. Díaz Barrios (Ediciones La Torre de Papel, fundadas en
1993); el pintor Ramón Alejandro (Colecciones Baralanube y Mañunga,
1996 y 1997); el poeta y crítico Germán Guerra (Colección Strumento,
1998); el investigador y crítico Carlos Espinosa Domínguez (Colección Los
Libros de las Cuatro Estaciones, 2002), y el poeta Ignacio T. Granados
Herrera (Ediciones Itinerantes Paradiso, editpar, 2003).
Lo más impresionante de este fenómeno que ha crecido sin intenciones es
su enfoque hacia la producción de libros de poesía fundamentalmente. La
decisión de llevar a la práctica un proyecto editorial con reducidos recur-
sos, y el despliegue de energías necesarias para mantener ese proyecto a
flote, son actos que en cualquier parte requieren por sí solos una gran osa-
día; pero fijar la atención primordialmente en la poesía, a sabiendas de que
los libros de ese género tienen escasa salida comercial, equivale casi a un
suicidio en términos financieros. Pero estos cinco editores han persistido,
imbuidos de una genuina pasión que todos debemos agradecer.
Desde los primeros años del éxodo cubano, tanto en Miami como en Nueva
York y otras ciudades, muchos poetas han estado publicando, como sabemos,
prestigiosas revistas que han servido de canales de difusión para sus obras (la
revista Exilio, por ejemplo, publicada en Nueva York entre 1965 y 1973). Y
editando nuestras obras casi siempre con fondos del propio bolsillo (recorde-
mos a Eugenio Florit), en editoriales de otras ciudades y países. En cuanto a
Miami en particular, durante los largos años del exilio han surgido intentos
esporádicos de crear vías para fomentar las obras de los escritores cubanos,
pero esos proyectos y esfuerzos también han tenido, desafortunadamente,
una existencia breve y accidentada. La empresa editorial más exitosa y vete-
rana de esta ciudad, Ediciones Universal, dirigida por Juan Manuel Salvat,
tiene en su haber una lista muy extensa de obras en español de autores de
talento, tanto cubanos como de otros países, pero no presta la debida aten-
ción a la poesía; se concentra en otro tipo de libros, sobre todo en prosa
narrativa, ensayo, historia, memorias; es decir, en obras de interés más gene- / miradas sobre miami
ral que resultan prometedoras desde el punto de vista comercial.
Las revistas literarias como Exilio y los autores tenaces como Florit son
antecedentes insoslayables para comprender el desarrollo de lo que ha sido
hasta hoy la poesía cubana del exilio. Pero la fundación de La Torre de
Papel en 1993 inaugura en Miami un fenómeno totalmente nuevo. Comienza
a prosperar en esta ciudad la idea de que aquí se pueden crear y mantener
pequeñas editoriales, para publicar exclusivamente obras literarias, en par-
ticular libros de poesía, y propiciar así un entorno favorable a la creación y
la expresión a largo plazo.
Díaz Barrios recuerda hoy con cierto alivio el carácter arriesgado que
DOSSIER
tuvo la empresa en sus inicios: «Fue tal vez como un desafío, porque siem-
pre habían dicho que la poesía no se vendía, que era una locura; algunas
personas vinieron a darme el pésame. Pero el tiempo me dio la razón; no
era una locura; el otro día conté los libros y La Torre de Papel tiene ya 56 185
encuentro
Reinaldo García Ramos
cabo años atrás en Francia y pidió ayuda a Ramón Alejandro, quien reac-
cionó al principio con escepticismo. Pero Laurendeau logró convencerlo,
sobre todo porque Ramón Alejandro vio en la propuesta una ocasión para
volver a dibujar.
Así surgió la Colección Baralanube, cuyo primer volumen fue el poema-
rio Trenos (1996), del cubano Álvarez Bravo. «Quería —cuenta Ramón Ale-
jandro— engarzar con otras obras la aparición de Las comidas profundas,
de Antonio José Ponte; crear una colección y no sólo sacar un libro aisla-
do». Así, Baralanube ha publicado hasta ahora siete títulos, ilustrados con
dibujos de Alejandro. Cinco de ellos son de poesía, e incluyen obras de
DOSSIER
1
Las citas entrecomilladas proceden de entrevistas realizadas por Reinaldo García Ramos a los
186 editores.
encuentro
¿Quién publica libros de poesía?
libros de una sola vez, sino que los va imprimiendo a medida que le surgen
compradores, como él mismo aclara: «Las ediciones se preparan para 100
ejemplares, en principio, con posibilidades de reimpresión, pero yo los impri-
mo en tandas de 10 ejemplares. De manera que controlo las existencias para
evitar que el esfuerzo me produzca pérdidas».
Guerra y Granados producen sus libros de manera semiartesanal; la
encuadernación se realiza en la vivienda de los propios editores. Guerra
describe ese ritual de manera espléndida: «Aparte de decidir qué publicar y
de zancajear a los cuatro vientos del pueblo un ilustrador diferente para
cada título, también edito los textos, diseño las páginas y el formato de los
DOSSIER
otros cuatro editores, Granados no utiliza imprentas, sino que imprime sus
libros con equipos digitales e impresoras caseras. Por su parte, los libros de
Las Cuatro Estaciones llevan este proceso de calidad gráfica a otro nivel,
pues utilizan los servicios de un profesional del diseño, Umberto Peña, y
salen por Término Editorial, una empresa que está bien establecida (con
sede en Cincinnati, Ohio), bajo la dirección del escritor cubano Roberto
Madrigal. Como los demás títulos de Término, los libros de Las Cuatro
Estaciones se imprimen en un taller ubicado en Denver, Colorado; en Miami
se editan, se revisan y se corrigen.
En cuanto a las tiradas, fluctúan entre límites más o menos modestos, desde
luego, porque así los problemas de distribución disminuyen en cierto modo. La
Torre de Papel imprime 300 ejemplares de cada título; Baralanube, 500; Stru-
mento, entre 50 y 250; Las Cuatro Estaciones, 300, y el caso de editpar quedó
detallado más arriba. En todos los casos, cada autor recibe una cantidad
determinada de ejemplares que distribuye por su cuenta, y el editor se encarga
de distribuir el resto de la edición. En este sentido, La Torre de Papel tiene
una relativa ventaja, al menos en términos prácticos, pues Díaz Barrios es
también el propietario de una librería (Agartha Secret City, en Coral Gables) y
ha abierto www.latorredepapel.net para distribuir sus libros.
Casi todos los editores destacaron la ausencia de una crítica sistemática
que proporcione a los libros una caja de resonancia; la carencia en el ámbi-
to de Miami o del exilio en general de talentos literarios que ejerzan la críti-
ca con asiduidad, no sólo como actividad enjuiciadora, sino también como
experimento creativo, realizado con fervor y lucidez. «En nuestra literatura
no existe reacción crítica, ni crítica sistemática que estudie y diseccione las
obras que vienen apareciendo», nos dice Guerra con pesar.
Sin embargo, el consenso general es optimista. Espinosa nos dice que su
labor y la de otros editores «ha incrementado el interés del público por cono-
cer y leer autores cubanos en general y del exilio en particular. Esta labor
toma muchos años, hay que realizarla sin esperanzas de éxito inmediato. Es
como una semillita que uno va dejando, que uno siembra y luego cuida; a lo / miradas sobre miami
mejor uno nunca llega a ver el árbol crecido; en el mejor de los casos, con
suerte, sólo se llegan a ver las hojitas, los retoñitos, y eso es ya suficiente».
Salvo en el caso de Ramón Alejandro, que por el momento ha suspendi-
do sus colecciones debido a dificultades económicas, los otros cuatro edito-
res tienen libros en perspectiva. La colección Las Cuatro Estaciones aspira
a publicar un poemario del difunto Jorge Oliva, Guantánamo Bay, el tiem-
po roto, en cuanto se resuelvan ciertas cuestiones de derechos de autor.
Díaz Barrios anuncia un tomo de cuentos de Julián del Casal, Historias
amargas. Granados quiere publicar el poemario Memoria por el campo
socialista, de Oscar Kessel, un poeta negro cubano, residente en la Isla.
DOSSIER
Strumento anuncia para muy pronto un libro del destacado poeta cubano
Emilio de Armas, Sobre la brevedad de la ceniza. Estos editores no se han
dejado amilanar por los obstáculos ni las reacciones precarias que los libros
publicados hasta ahora puedan haber recibido. Granados lo dice con toda 189
encuentro
Reinaldo García Ramos
190
encuentro
Festín para la memoria
El exilio gastronómico
Ivette Leyva Martínez
Otra fiesta popular del sabor cubano se produce cada año, desde 1982, en
la gran feria auspiciada por la organización Municipios de Cuba en el Exilio.
El festín transcurre por tres días en el espacio que habitualmente ocupa un
mercado popular o «Pulguero», en el noroeste de la ciudad, muy frecuenta-
do para adquirir la «pacotilla» que llena los enormes maletines o «gusanos»
con destino a los familiares en la Isla. Allí, representantes de cada municipio
—según la división político-administrativa previa a 1976— venden produc-
tos típicos: en el kiosco del municipio Caibarién se puede comprar la tradi-
cional salsa de perro, y en el de Baracoa el cucurucho de coco. Es un intento
por mantener vivas las costumbres culinarias locales, que sin embargo se han
visto golpeadas con el paso de los años tanto en la Isla como en el exilio. Sólo
sobreviven en algunas casas de exiliados el escabeche de Canímar, el bistec
relleno a la villaclareña o el salpicón camagüeyano y la pulpeta. Dulces anti-
guos como el frangollo o el manjar blanco, el bien-me-sabe o el cusubé han
caído en el olvido tanto en Miami como en la Isla.
variaciones e íconos
La cocina cubana no ha estado exenta de variaciones en su exilio. En una
ciudad cada vez más cosmopolita, donde hay restaurantes y alimentos de
decenas de países, los ingredientes de algunos platos tradicionales cubanos
han sido modificados y los orígenes de otros se han perdido. ¿Los tostones
rellenos de picadillo o camarones se hacían en Cuba, o se inventaron en
Miami? ¿Será el Cinco leches la forma superlativa cubana de los dulces de
Tres y Cuatro leches centroamericanos?
El ícono de nuestra cultura culinaria en Miami se bebe, y en pequeñas
cantidades: el café cubano, fuerte, negro y dulzón. Es una bebida que ha
contagiado por igual a los centroamericanos, anglos y afroamericanos que
conviven en esta ciudad. Desde luego, el polvo de este café no se obtiene con
granos de la Isla, debido a las regulaciones del embargo, pero sin éste, la
ínfima producción cafetalera nacional tampoco podría cubrir hoy una
demanda tan exigente en esta orilla. / miradas sobre miami
Aunque las principales marcas de café «cubano» son las mismas que abas-
tecían los mercados de la Isla antes de 1959, como Pilón, Bustelo, Souto y La
Llave, el polvo que se vende en Miami se hace con granos de otros países. Así,
con materia prima extranjera, los cubanos han convertido en símbolo de
cubanía una forma única y adictiva de preparar la estimulante bebida.
El mejor café de Miami se toma en el restaurante Versailles de la Calle 8,
estandarte por antonomasia de la cubanía, de comidas profundas y aperiti-
vos únicos. Nadie sabe a ciencia cierta cuál es el polvo que usan las depen-
dientas, algunas de ellas veteranas en el Versailles, para preparar un brebaje
tan exquisito: se dice que es una mezcla de granos preparada exclusivamente
DOSSIER
para el lugar. Se sirven en vasos desechables o tazas blancas, a gusto del con-
sumidor. O, si lo prefiere, puede tomarse un cortadito, o sea, un chorrito de
leche de vaca o evaporada hirviendo, que se vierte sobre un poco de café
cubano para formar una bebida deliciosa con un hilillo de espuma. 195
encuentro
I v e t t e L e y va M a r t í n e z
Tanta adicción crea el café del Versailles que en torno a su mostrador exte-
rior nunca hay menos de una decena de personas, la mayoría cubanas —y
generalmente hablando de política— pero también angloamericanos y de otros
países. Hay quien se desvía de su ruta para degustar ese toque de exquisitez en
el Versailles, tabaco en mano, a la mínima sombra de unas palmas hirsutas.
A diferencia de lo que sucede en Cuba, en Miami política y comida se dan
la mano. Castristas y anticastristas respetan la tregua que impone la mesa
bien servida. No es raro que una persona invite a otra, de ideología antagóni-
ca, a almorzar en uno de los restaurantes más «cubanazos», adjetivo creado
en el exilio para referirse admirativamente a la cubanía exultante.
Calladamente, los cubanos de Miami intuyen que un buen plato de comi-
da puede ser más convincente que cualquier discurso político. «Ah, deja
que llegue y choque con un buen bistec», dicen de aquel pariente que ven-
drá a visitarlos tras padecer décadas de penuria alimentaria. Y las propor-
ciones, en hogares y restaurantes populares, dan fe de ese intento incons-
ciente de ostentar y ser generoso a la vez. Así, un bistec de palomilla parece
una sábana y un sándwich cubano especial no puede ser digerido con facili-
dad por una sola persona. Los tostones, calenticos y crujientes, llegan a ser
del tamaño de la palma de la mano en el restaurante Habana Vieja, un sitio
bullicioso que reproduce el mapa del casco histórico de la capital cubana,
con los nombres de las intersecciones de calles en cada esquina del local.
Esas pantagruélicas raciones de comida hacen que hasta los cubanos más
oficialistas venzan sus escrúpulos, para devorarlas, medio a escondidas, tarde
en la noche, a su fugaz paso por la ciudad que luego denostan y demonizan.
Así, la comida cubana, territorio de permeabilidad, junta a enemigos políticos
en un mismo espacio, por una misma causa justa y placentera: comer bien.
Como muchos exiliados, la comida cubana llegó a Miami para quedarse.
Y en su nueva Meca, se ha resistido a modificaciones esenciales en las com-
binaciones de ingredientes y materias primas. Por eso no faltan puristas que
se quejan de que en el exilio se confunde el congrí con los moros y cristia-
nos, y la vaca frita con la ropa vieja.
/ miradas sobre miami
196
encuentro
La conservación
de la memoria cultural
Carlos Espinosa Domínguez
A comienzos de la década de los 60, Ana Rosa Núñez y Rosa Abella, comen-
zaron a trabajar en la Biblioteca Otto G. Richter e iniciaron la recopilación
de todo el material de interés bibliotecológico e histórico producido por los
cubanos en el exilio. En 1967 comienza a funcionar en el Koubek Center
Memorial el Centro Cultural Cubano, que entre sus primeras actividades
incluyó la ayuda a las personas recién llegadas de la Isla a adaptarse a la
nueva vida en Estados Unidos. Por otro lado, aumentó también el número
de cubanos que pasaron a cursar estudios en la Universidad, que para 1970
ascendían ya a 1.500. Eso tuvo que ver en buena medida con los programas
especiales para nuestros compatriotas que empezaron a ofrecerse en carre-
ras como Medicina, Derecho y Pedagogía.
De toda esa tradición de más de medio siglo se benefició el Instituto
Superior de Estudios Cubanos/ Research Institute for Cuban Studies, que
aunque desde 1972 funcionaba dentro de la Escuela de Estudios Internacio-
nales, se estableció como entidad independiente en 1987. Nació con el pro-
pósito de promover las investigaciones sobre las culturas cubana y cubano-
americana, y como un modo de contribuir a preservarlas. Para lograrlo, el
Instituto ha desarrollado desde sus inicios un amplio y completo programa
de actividades: seminarios, lecturas, exposiciones, cursos interdisciplina-
rios, conciertos, proyecciones de películas. En el año 2000 fue inaugurada
la Casa Bacardí, un moderno centro interactivo que posee, entre otras ins-
talaciones, un centro de información, un salón de conferencias, una sala de
exposiciones y un pabellón de música con 2.000 piezas de música cubana.
Dos trabajos que ha emprendido el Instituto son el Proyecto de Historia
Oral, destinado a grabar las voces y recuerdos de figuras destacadas de
nuestra cultura, y el Sistema de Información Cubana, que consiste en un
banco de datos sobre temas cubanos. Está asimismo el Proyecto Transición
Cubana, una base de datos que reúne materiales destinados a estudiar y
hacer recomendaciones para la futura reconstrucción del país. Por otro
lado, está el Fondo de Becas Félix Varela, que suministra ayuda económica
a estudiantes interesados en especializarse en temas cubanos en la Facultad
/ miradas sobre miami
200
encuentro
La ciudad virtual
Rafael Fornés
Isla de Cuba. Venetto lacustre unido mediante puentes y más puentes que
conectan y saltan de una isla a otra hasta llegar Cayo Hueso (Biscayne Natio-
nal Park). El Southernmost Point está sólo a 90 millas de la isla mayor de las
Antillas. Comparemos Miami con la deteriorada y densa capital de Cuba. La
Habana es la única ciudad del hemisferio donde ha ocurrido un fenómeno
urbano sin precedentes: la ciudad ha crecido hacia dentro. Por el contrario,
la expansión urbana, copia del modelo norteamericano, ha invadido Europa
y el resto del mundo. Miami posee altos niveles de infraestructura tecnológi-
ca con significativa ausencia de una trama densa, una adecuada variedad de
servicios y una deficiente vida urbana, con la excepción de Miami Beach,
DOSSIER
viven en suburbios. El gran cáncer del suburbio segregador destruye este gran
país, reforzado por el uso indiscriminado, alienante y contaminador del auto-
móvil. En el libro Suburban Nation, the Rise of Sprawl and the Decline of the
American Dream (North Point Press, 2000), de los arquitectos Andrés Duany,
Elizabeth Plater-Zyberk y Jeff Speck,
se analizan estos peligros.
La Ley de permanencia genera el
genius-loci de las ciudades. Miami es
una ciudad impermanente; la imagen
de la ciudad se transforma a diario, no
tiene identidad urbana, referencias o
hitos. Los nuevos bloques de edificios
del Plan Ocho en Coral Way, Brickell y
Little Havana emulan a los prefabrica-
dos comunistas de La Habana. Acaso
tal similitud se debe a que han sido
construidos por las mismas manos
internacionalistas que ya vienen llegan-
do en balsas o por el bombo de la lote-
ría de visas. Los prolíficos arquitectos
habaneros de los 50 no han igualado
sus estándares cubanos en esta orilla.
El modernísimo Miami Metrorail,
con un generoso plan de extensión de
sus líneas, aliviará la contradicción y
segregación provocada por el tránsito
Casa Hidalgo Gato en Cayo Hueso.
excesivo. Los niños y viejos se trau-
Tomadas de HABS (Historical American Building Survey) matizan por la ausencia de vida pea-
tonal; sufren el individualismo del
automóvil y un deficiente transporte público. En Miami, cuando miramos el
cielo se observan al menos siete u ocho objetos volantes: jets, aviones priva-
/ miradas sobre miami
CONEXIONES HISTÓRICAS
Un poco de historia ayudará a entender mejor esta ciu- crueles que empujan a los Seminoles a refugiarse en
dad, porque existe una tendencia a afirmar que Miami los pantanos. Es la única tribu que no fue vencida por
es una ciudad sin historia. Miami literalmente significa el ejército norteamericano.
agua-dulce-que-corre. No es casual que el esotérico A principios del siglo XIX existía una importante
Miami Circle —un sagrado círculo de agujeros de 38 colonia cubana en Cayo Hueso. Durante las guerras de
pies de diámetro, descubierto casualmente en 1999— independencia, otra importante colonia de exiliados
esté en la mismísima desembocadura del Miami River. cubanos se fomenta en Tampa. Ybor City es la primera
Se registra presencia de indios diez mil años antes de la ciudad genuinamente cubana —porque las de Cuba
llegada de los europeos. Cazaban grandes bisontes, fueron fundadas por españoles—, edificada por Martí-
camellos y mastodontes y otros animales extintos en nez Ybor en 1885. Ybor compró 40 acres de tierra en
medio de pantanos infestados de mosquitos y habita- 9.000 dólares, construyó una comunidad para los
dos por la tribus Calusas y Tequestas. Por eso los espa- obreros y atrajo con viviendas asequibles y empleo per-
ñoles no prestaron tanta atención a la Florida. Estas tri- manente a más de 4.000 trabajadores de la industria
bus construían enormes plataformas elevadas con del tabaco. Por esta época existían también grupos de
propósitos religiosos y ceremoniales, y son aún visibles. exiliados en Nueva Orleans y Nueva York.
También acumulaban grandes depósitos de huesos y Más tarde, Julia Tuttle ofrece 180 acres a Henry M.
conchas, como los taínos. No es casual que los chickees Flagler para la extensión del ferrocarril de la costa
de la tribu Miccosukee sean tipológicamente idénticos este. La Tuttle le envía a Flagler retoños de naranja en
a los bohíos y caneyes de taínos y siboneyes. Eran exce- medio de un frío invierno y el gesto hace que el mag-
lentes navegantes y hacían viajes frecuentes a territorios nate se decida. En 1896, vísperas de la guerra entre
tan distantes como Cuba. España y Estados Unidos en Cuba, Flagler establece
La historia de Miami no puede escribirse sin men- un acuerdo comercial con el gobierno norteamerica-
cionar a La Habana. Miami es una ciudad con varios no para la transportación de tropas y armamentos
nacimientos vinculados a la Isla. Juan Ponce de León por ferrocarril hasta Cayo Hueso.
desembarca cerca de Melbourne Beach en abril de No debemos olvidar las conexiones históricas y
1513 y llama a la región Florida. Después vienen Pán- políticas entre Cuba y Estados Unidos. La insignia
filo de Narváez, Hernando de Soto y Pedro Menén- nacional es un símbolo anexionista diseñado en
dez de Avilés. Los españoles mantenían con los indios Nueva York por el dibujante Teurbe Tolón. El magna-
relaciones pacíficas de comercio y hospedaje. La tribu te tabacalero Hidalgo Gato llega en 1868 a Nueva
Ais brindaba ayuda a Menéndez de Avilés, por enton- York y en 1874 se establece en Cayo Hueso. Su resi-
ces Capitán General de la Flota de Indias, Goberna- dencia de wood frame con patio interior es un híbrido
dor de La Habana y Adelantado de la Florida. Menén- antológico en los anales de las tipologías del Cayo y
dez de Avilés funda en 1565 San Agustín, la ciudad de la arquitectura caribeña.
más antigua de Estados Unidos, donde se implemen- Al quedar huérfano en su niñez, el padre Félix Vare-
ta el modelo de casa santanderina con sus balcones la es enviado a San Agustín con su abuelo, jefe militar
voladizos y patios. del Castillo de San Marcos. El Santo Varela muere en
San Cristóbal de La Habana era el inexpugnable 1853 en San Agustín de la Florida. En el cementerio
puerto fortificado donde se reunían las flotas de Vera- Tolomato existe una pequeña capilla, construida y
cruz y Cartagena de Indias, antes de regresar a España dedicada por los cubanos, donde reposaron sus restos
cargadas de tesoros. San Agustín de la Florida, el Casti- antes de ser trasladados a La Habana.
llo de San Marcos y Fort Matanzas son parte del siste- La independencia de Cuba el 20 de mayo de 1902
ma regional de fortificaciones de La Habana y deben fue supervisada por el gobierno interventor, y el pri-
ser declaradas Patrimonio de la Humanidad. El ingenie- mer presidente de Cuba, don Tomás Estrada Palma,
ro militar habanero Ignacio Daza, en colaboración con general del ejército mambí, vivió en Estados Unidos / miradas sobre miami
el conocido Juan de Síscara, diseñan, en 1672, el Casti- por más de veinte años. Comunidades de refugiados
llo de San Marcos, la fortaleza de mampostería más cubanos se asentaron en ciudades como Ocala. El
antigua de Estados Unidos. Su misión era proteger a la barrio llamado Havanatown en 1880 se rebautiza
Flota en su viaje de regreso de La Habana a España. Martí City después de la visita del Apóstol. José Martí
Fort Mosé posee una herencia africana. En mapas vivió más años en Estados Unidos que en Cuba y
ingleses le nombran Fort Negro por su guarnición de muchos generales de la guerra de independencia
negros y mulatos. Historias de piratas y corsarios como murieron también de este lado.
Gilberto Girón, Jacques de Sores, John Hawkins y Fran- Más tarde vino el experimento de 1959 y la fallida
cis Drake conectan también las orillas. acción libertadora de Bahía de Cochinos en 1961.
Los ingleses toman La Habana en 1762 y diez Camarioca, los vuelos de la libertad y la operación
meses más tarde, mediante el Tratado de Versalles, Pedro Pan catapultan a cientos de miles de cubanos. El
Inglaterra trueca La Habana por todo el territorio de monumento del refugiado cubano en Miami es la Free-
La Florida. De los indios Tequestas y Calusas más de dom Tower, edificio diseñado por Schultze and Weaver
3.000 poblaban la zona, y muchos emigraron a en 1925; los mismos arquitectos habían construido el
Cuba. Existen testimonios de éxodos periódicos de Sevilla-Biltmore en el Paseo del Prado en 1921. Carrére
DOSSIER
Calusas y Tequestas en 1800. En la Villa de Guanaba- and Hasting, diseñadores contratados por Flagler para
coa existía una Reservación de Indios nativos de la Isla diseñar múltiples edificios en San Agustín, también
y hay constancia de la presencia de indios Seminoles construyen en El Vedado la residencia de los marque-
allí. En 1835 se declara la primera de tres guerras ses de Avilés en 1915. ■
205
encuentro
Rafael Fornés
Bronx, Queens, Manhattan, Staten Island... and Miami Beach). ¿Por qué el
urbanismo norteamericano no repite fórmulas exitosas como South Beach,
con una trama densa de edificios de cuatro a cinco pisos, con fachadas conti-
nuas a la calle y amplias aceras para caminar, con portales, loggias, balcones,
toldos, sombrillas, palmas y cocoteros, más acordes con el clima tropical, y
que invitan al esparcimiento, la comunicación y el encuentro? Al norte del
condado, en Aventura y Golden Island, el paisaje urbano se densifica con
alturas de hasta cuarenta pisos con una actitud egoísta hacia el peatón.
Si paseamos por Downtown Miami, encontramos parecidos asombrosos
con San Rafael, Obispo o Monte; sin embargo, los cubanos viven en Coral
Gables, Kendall o Hialeah, y quedan muy pocos en la famosa Little Havana,
que en realidad debiera rebautizarse Little Tegucigalpa. Tampoco los carna-
vales de la Calle Ocho tienen nada en común con los de La Habana. Los Vier-
nes Culturales distan mucho de ofrecer propuestas más allá de lo vernacular,
vulgar y folclórico. En lenguaje cinematográfico, el documental del poeta Nés-
tor Díaz de Villegas Conozca a Flagler Primero (1997), antecede a la descon-
certante tristeza y silencio de Suite Habana, de Fernando Pérez.
Las urbanizaciones de Miami son ciudades-dormitorios con una depen-
diente red de servicios, basados en esquemas repetitivos de viviendas unifa-
miliares separadas: American Dream convertido en American Nightmare.
Estas urbanizaciones son parásitas de la ciudad tradicional que se desangra
con los movimientos pendulares de miles de automóviles, en direcciones
opuestas, contaminando el paraíso tropical.
El artista consentido
Antonio Muñoz Molina
para creadores jóvenes, sostienen las experimentaciones artísticas más radicales, y con
mucha frecuencia se convierten en exclusivos compradores de sus resultados.
En Europa, a diferencia de en Estados Unidos, hay un consenso según el cual la
cultura es un bien público del mismo rango que la educación o la sanidad, y no puede
210 abandonarse a las leyes estrictas del mercado. Cajas de ahorros, ayuntamientos, gobiernos
encuentro
El artista consentido
y aunque no suele estar dotado para la fuerza física, y vive de cosas tan inocuas como
las palabras o las imágenes, se deja fácilmente seducir por la violencia política.
Es cierto que la democracia siempre es imperfecta, que la injusticia social y la
corrupción convierten muchas veces en entelequias los derechos civiles y la igualdad
jurídica de los ciudadanos; también es cierto que el poderoso tiende a buscar la perpe-
tuación de su dominio, y a utilizar la posición que ha obtenido en virtud del voto
popular para beneficiarse a sí mismo o manejar influencias. El gran hallazgo de las
socialdemocracias europeas y de quienes pusieron en marcha el New Deal en Estados
Unidos fue la búsqueda de un equilibrio entre el respeto a la vitalidad económica del
mercado y de la libre iniciativa, y los controles sociales y políticos necesarios para evitar
desastres como los que trajo consigo la crisis de 1929. La democracia es un proceso
terrenal y azaroso, y no promete paraísos como los de las religiones y los de las ideolo-
gías totalitarias, que tantas veces acaban en la esclerosis burocrática, en las hogueras y
en los campos de concentración. La ciudadanía estuvo restringida al principio a los
varones propietarios y blancos, y poco a poco, revuelta tras revuelta, desde la revolu-
ción de 1848 hasta las luchas por los derechos civiles en los años sesenta del siglo pasa-
do, se fue extendiendo hasta culminar en la magnífica sublevación a favor de la igual-
dad de las mujeres y los homosexuales. Quedan muchas zonas de discriminación
todavía, y ninguna libertad conquistada lo es incondicionalmente y para siempre. Pero
la realidad es, si se mira con los ojos abiertos, que no hay sociedades más abiertas, más
igualitarias y más tolerantes que las occidentales.
Y sin embargo, ¿cuántos intelectuales, cuántos artistas occidentales del siglo xx y
de lo que va del xxi han afirmado en voz clara y alta algún tipo de lealtad hacia la
democracia? ¿Cuántos de los que justamente deploran las crueldades del capitalismo o
denuncian los abusos de la autoridad en los Estados democráticos han alzado su pro-
testa contra las tiranías del antiguo bloque comunista, o contra la brutalidad y la
corrupción de muchos regímenes africanos o asiáticos a los que se concedió desde los
años sesenta la gloria incondicional del anticolonialismo, y que tienen una responsabi-
lidad tan grave en la ruina de sus propios países? La democracia política y el Estado de
bienestar se basan en cautelas y garantías legales, en el recelo hacia las posiciones
absolutas, en la limitación y el equilibrio de poderes, en la exclusión de la fuerza: pero
los intelectuales, históricamente, han celebrado con mucha frecuencia regímenes dic-
tatoriales y a héroes sanguinarios, han rendido homenaje a tiranos que les parecían
exóticos al mismo tiempo que denostaban o ridiculizaban a los dirigentes democráti-
cos de sus propios países, incluso han mostrado una perfecta indiferencia y una falta
de solidaridad asombrosa ante los sufrimientos de colegas suyos perseguidos en esos
países a los que ellos mismos viajaban —algunos viajan todavía— como invitados de
honor. A Néstor Almendros, cuando se exilió de Cuba en los años sesenta, perseguido
por su disidencia política y estética y su condición homosexual, muchos de sus amigos
antifranquistas y homosexuales de Barcelona le retiraron el saludo, llamándolo gusano.
textual
textual
213
encuentro
Autorretrato,
A/L, 137 x 106 cm., 2000.
Gustavo Acosta
tiene Fundamento
Emilio Ichikawa
Las ciudades de la Isla flotan desde hace mucho tiempo. Flotan de espera. Flotan de
humo. Flotan de la hoja que alucina las siestas y llena de sueños el camino. Flotan de taba-
co: vencedor en el afamado contrapunteo con la caña, las flores y las alondras. Rival del
sol. Montadas en fichas de dominó, nuestras ciudades van de un lado a otro, huyen de
esos destinos cuyos Fundamentos (el cuadro de Gustavo Acosta que me conquistó definiti-
vamente en Praxis Galery de Coral Gables) no son más que naufragios de carabelas, yates
y remolcadores.
Sólo el artista las detiene. Los trabajos de Gustavo Acosta calman la fuga. El destino elu-
sivo encaja su raíz sobre unas telas profundas, con piedras grecolatinas, reminiscencias de
libros raros que le saben a Borges y unas penumbras de Chirico que amenazan con revelar
lo que viene: «impending doom».
La oscuridad fundamental de un tornado habanero y unas farolas gráciles que anun-
cian la sonrisa en Miami marcan la urbanidad simbólica de Acosta. Herencia y advenimien-
to se funden en un trabajo amable y sorprendente. Como su propia vida. La vida del artis-
ta, digámoslo de una vez, puede ser ajena a la calidad, pero no al destino de la obra.
Sobre todo si, víctimas exiliares de la sociología del arte, estamos casi condenados a repe-
tir en estética lo que padecemos en política: pintores del paraíso-pintores del éxodo. En
esta identidad henchida Gustavo Acosta es un puente, un viaje que sutura sensibilidades
de un lado y de otro. Él, como su obra, tiene una credibilidad suficiente como para permi-
tirle vivir sin objeciones. Conozco a nadie que le sea adverso.
Pero el viaje es también en Acosta un elemento técnico. Anduvo la Isla buscando los
signos auténticos de una identidad negociada. Y encontró huellas creíbles de la cubani-
g u s t av o a c o s t a
dad: unas resultaron nuevas por hallazgo, por descubrimiento; a otras, la novedad les vino
por rectificación. Desanduvo así, con plena conciencia, los caminos trillados de una «sub-
cultura guajira» inducida al arte desde los centro dadores de sentido político. Sobre todo
en la década del 70, la «middle age» de la Revolución Cubana.
Como el mismo artista ha confesado, su trabajo es deudor de la literatura. El verso tam-
bién pinta: es un lema nerudiano que deben tener presente los hijos de los Andes y de la Sie-
rra Maestra. Borges, por ejemplo, es una huella bien visible en Acosta: en los títulos de sus
exposiciones, en las visiones y cegueras de sus lienzos, en la configuración de una actitud, 215
encuentro
de un estilo de confrontación vital que caracteriza al artista verdadero y que el escritor nos
legó como norma: el rechazo al lugar común. Desprecio amable y natural a lo trillado. La
creación como delicado gesto de amor, no como heroísmo.
Gustavo Acosta afirma en su arte el lado no-épico de la historia o, si se quiere, una
épica de la paz: una «heroicidad» de lo cotidiano. Le gusta la manigua irredenta, pero le
sensibiliza la acera del Louvre; tiene noticias de las hazañas de los héroes descomunales,
pero opta por el canto de una niña o el manjar que pronostica una receta familiar. Una
taza de porcelana, una danza ligera, un pastel de chocolate y un beso, le aderezaron el
incordial machete al General Maceo. Lo sabe el pintor. Y lo recrea.
Por si fuera poco, Acosta anduvo y desanduvo el Caribe, un algo más de mundo y, por
supuesto, anduvo y desanduvo Miami. Una ciudad que libera de gentes (como a todos
sus espacios) y define, consecuentemente, a partir de signos más discretos de su geocultu-
ra: una farola, la popa de un crucero, un rayo verdirrojo.
Ciudades sin mapas son las nuestras. Loci apenas sostenidos por la memoria y la obstina-
ción del arte. Gustavo Acosta estabiliza el peregrinaje con un ancla bicéfala: la columna y el
árbol, dos de sus emblemas fundamentales. La fuente de la vida y la forma eternizante. Natu-
ra naturans y natura naturata, como diría el sabio que surtía brillos entre Flandes y Graná.
Acosta rescata una Habana y una Miami fundadas en la posibilidad. Las retuerce, les prohí-
be la roca, pero al fin las apresa entre una férrea arquitectura floral. Marisol Martell lo ha des-
cubierto: es un revisionista, un gran «regresador». Acatamos las ciudades vividas y rompemos
el muro de la patria para encontrar un arca superior: el fundamento originario. El cosmos.
El trabajo de Acosta sabe a historia, a familia, a gremio y memoria. Lleva imagen y
carga literatura. En sus telas está su dilecto Borges, y están además sus personajes: Funes,
claro, por aquello de la memoria; Menard, es obvio, porque Acosta sabe jugar a lo posmo-
derno y anotar sobre anotadas notas notarizadas; pero también Bill Harrigan, quien nació
ingenuo y sembró cuerpos sin interés alguno. Jardines de árboles y columnatas. Cemente-
rios. Juegos, nombramientos, ritos bautismales que resuenan en los graves trazos de Acos-
ta. Ecos de un Corinto habanizado y una Santiago espartana que se suman a un Miami
exigente y demasiado expuesto en las negociaciones del prestigio global. Pero siempre
ahí: con Fundamento.
GUSTAVO ACOSTA (La Habana, Cuba, 1958), ha sido premiado en la Primera Bienal
de La Habana (1984), en el Salón de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (1988),
en la III Bienal de Cuenca, Ecuador (1991); en el Salón Nacional de Arte, Valdepeñas,
España (1992), y obtuvo la Medalla de Oro en Pintura en la Primera Bienal del Cari-
be, República Dominicana (1992). Entre sus últimas exposiciones personales se cuen-
g u s t av o a c o s t a
tan: «Historias Recurrentes» (Coral Gables, EE. UU., 2004), «El Forastero». (San José,
Costa Rica, 2003), «Viajando de Incógnito» (Santo Domingo, 2003), «Libro de
Horas» (Miami, EE. UU., 2002), «Teorema de las Islas» (San Juan, Puerto Rico, 2002),
«Recent Works» (Charlotte, EE. UU., 2001), y «Descifrando el Eco» (Nueva York, EE.
UU., 2001). Entre las exposiciones colectivas en que ha participado se cuentan la XX
Bienal de Sao Pablo (Brasil), «Érase una vez en México» (Miami, EE. UU., 2004),
«Transfiguration» (Seravezza, Italia, 2003), «XIII Muestra de Pintura y Escultura Latino-
216 americana» (El Salvador, 2003), y «Spacial Identity» (Miami, EE. UU., 2003).
encuentro
Alucinación (2000)
Acrílico sobre tela. 249 x 175 cm.
Anunciación (1999)
Acrílico sobre tela. 154 x 134 cm.
Ejercicio de memoria (2000)
Acrílico sobre tela. 154 x 134 cm.
La duda (2001)
Acrílico sobre tela. 213 x 163 cm.
Seducción I (2001)
Acrílico sobre tela. 150 x 120 cm.
Sueños que no se cansan (1996)
Acrílico sobre tela. 150 x 198 cm.
Frontera (2002)
Acrílico sobre tela. 115 x 146 cm.
Larga distancia (1999)
Acrílico sobre tela. 140 x 120 cm.
Proustituciones
Andrés Henestrosa
L
Enrico Mario Santí
alude a otro nivel, más bien implícito. «De Sade» era, o al menos eso supone-
mos, el apellido de «Laura», la «donna angelicata» que Petrarca cantó en su céle-
bre Canzoniere, o rime sparse, y que, como sabemos, inaugura en occidente la tra-
dición del ciclo sonetil. Digo suponemos, sin embargo, porque nunca se ha
sabido exactamente cuál fue el apellido de la tal Laura, y su identidad (como la
de la Gioconda de Da Vinci) permanece sumida en el misterio. Lo que sí sabe-
mos, en cambio, es que el propio Marqués, consciente de esa legendaria atribu-
ción del apellido, se lo apropió y quiso de todos modos ser, o imaginarse, des-
cendiente de esa «donna angelicata». Sin duda lo hizo con un per verso
propósito: el de demostrar hasta qué punto su satanismo dieciochesco significa-
ba la humillación de un medieval estado beatífico en su familia; o tal vez que su
prosa perversa marcaba la degeneración definitiva de esa sublime poesía que su
antepasado había inspirado.
Pensarán ustedes que se trata seguramente de una fantasía filológica mía.
Pero lejos de serlo, esa filiación aparece plasmada en el soneto 7 de Por el
camino de Sade, y que comienza diciendo así:
libros de poemas posean esta estructura interna —los libros malos o medio-
cres, desde luego, no la tienen—, y es de esa manera, por cierto, identificando
tal carencia, entre otras cosas, que podemos determinar si un libro de poemas
es bueno o malo. A mayor estructura interna, mejor el libro.
Toda secuencia lírica postula, igualmente, un concepto de ficción parecido,
aunque no idéntico, al de un cuento o una novela. Los libros de poemas, sobre
todo si se trata de una secuencia del mismo género —en este caso, por ejemplo,
un ciclo de sonetos— poseen lo que podríamos llamar una ficción ritual en la
que el poeta-autor y el lector participan libremente. Dicha ficción ritual, que rige
toda secuencia lírica, puede desarrollar cualquier tema —desde la seducción y
pérdida de la amada (como en efecto ocurre en Petrarca), los episodios reales o
imaginarios de una biografía (como, por ejemplo, los Versos sencillos de Martí),
hasta la denuncia de un tirano (el Canto general de Neruda)—; pero lo cierto es
que a lo largo de cada libro los poemas van desarrollando, paulatina y acumula-
tivamente, los datos de un argumento. La misma ficción ritual tiene otra peculia-
ridad: los poemas dramatizan esa ficción a partir de discursos que están a medio
camino entre el monólogo interno y el diálogo con los demás. De ahí que,
como he dicho, una buena secuencia lírica imite una puesta en escena, un tea-
tro en el que un autor habla; o como en el caso del libro de Néstor, un autor
que se pone y quita varias máscaras e identidades. El lector participa de esa
puesta en escena no sólo como espectador, sino como otra cosa más importante:
es cómplice del autor en su ritual de presentación, en lo que hoy solemos llamar
su performance. Porque en una secuencia lírica, el lector no sólo lee sino repite
(en el doble sentido de reiterar y ensayar) las palabras del autor, y las hace suyas,
las encarna. Cuando leemos, por ejemplo: «Puedo escribir los versos más tristes
esta noche», repetimos el pensamiento de Neruda como si en efecto estuviéra-
mos tristes esta noche, y a veces porque para estar verdaderamente tristes esta
noche (sobre todo si nuestra/o amante nos ha dejado) necesitamos leer esos
versos. Los versos de Neruda, para decirlo en inglés, get us in the mood. O como
diría la actriz Yvonne López Arenal: nos ponen en situación. De manera análoga,
cuando leemos en el soneto 38 de Por el camino de Sade una de dos artes poéticas
(la otra es el número 16), «Puedo escribir los más tristes versitos / esta noche,
sentado a la coqueta. / Puedo sacar mi voz de la gaveta / y dejar argumentos
malescritos», queda claro que se trata de una parodia de Neruda, y que al repe-
tirla nos ponemos en otro mood, el de la jodedera de Néstor y del tipo de poesía
burlesca que él escribe: «¿De qué vale coger yambos bajitos / y morir con la toga
del poeta / si no baja la blusa y una teta / abotona sus pétalos marchitos?».
¿Cuál es, en efecto, el mood de Por el camino de Sade? Ya el título lo dice todo, o
lo insinúa: una liturgia erótica. Aunque el erotismo es sólo parte de su historia.
En realidad el mood es, o lo recrea, la propia figura del Marqués de Sade, o al
menos el sadismo en cuanto estructura de imágenes y clichés culturales. En ese
sentido, el «sadismo» —y por esto me refiero, claro está, al sadismo en el
libro— es otras tres cosas: [1] la crueldad y la violencia en el erotismo, pero
también el teatro dentro del cual se realizan esas prácticas eróticas, para no
hablar del pensamiento filosófico que lo justifica; [2] la azarosa biografía del 227
encuentro
Enrico Mario Santí
el autor nos ofrece entre líneas, tal vez hasta a flor de su piel, una crónica de
su época; época, por cierto, cuyos paralelos con la del Marqués —la del ocaso
del Iluminismo, del terror de la Revolución Francesa y del comienzo del
Romanticismo— son en verdad inquietantes. Díaz de Villegas habla, por
tanto, desde «otra Revolución» que, como dice en el último soneto, toda vez
que nos ha cantado las cuarenta, «quemó los tomos de Lamartine, las tristes
poesías / de Bécquer, los correosos lomos / de Hugo y Flammarion que tú
querías / fueran míos». Su transgresión, en última instancia, no es sino ésa:
identificar al Marqués de Sade como el dispositivo irónico, el resultado dialéc-
tico —como dirían mis colegas políticamente correctos— del Sueño de la
Razón que produjo un monstruo, que no es tanto el sadismo como la Revolu-
ción. Al identificarlo, no sólo se identifica el autor con Sade, sino que realiza
otra cosa: hace a su lector igualmente cómplice de la misma identificación y la
misma condena. Dice por eso en el mismo soneto 16 que, como he dicho, es
una de sus dos artes poéticas: «Ni mandarte a un concurso de poemas, / ni
leerte en la taza del servicio, / sino identificarte con mi vicio / a través de
simétricos fonemas...». Su lectura nos prostituye, o mejor dicho: proustituye.
Escrito en la otra cara oscura de la poesía de nuestro país, aquella que
siempre se ha opuesto a la edificante fantasía de «lo cubano en la poesía» —la
del Heredia íntimo, las pesadillas de Zenea y de Casal, la del Martí alucinado
de los Versos libres, o la de Boti, Virgilio Piñera, García Vega y Lezama—, Por el
camino de Sade nos ofrece no una ruta sino, literalmente, un «libro sin pági-
nas»: meras palabras que se nos hacen indelebles para luego, como las cenizas
del Divino Marqués, desaparecer de la memoria de los hombres.
229
encuentro
Es un cleptómano
de cajitas visuales
Lorenzo García Vega
Ojos abiertos a la par que la boca abierta. Y esto en el sillón del dentista. Y
esto teniendo, al lado, lo muy semejante a una luna negra. A una luna negra
230 que se pareciera a un violín.
encuentro
Es un cleptómano de cajitas visuales
Del torso, con pull over, irrumpen: filamento negro, y pedazo de rama, y unas
semillas. Esto está al lado de un cuadrado, y dentro del cuadrado está un cua-
dradito. Y en el cuadradito está la muñeca, con la cara pintada de negro, aun-
que disuelta.
Del amarillo fondo, que es un ya disuelto sueño infantil, brinca la boca, savia
de pescado, con algo..., así..., muy semejante a una gota vertical y petrificada.
Pues no cabe duda de que todo esto procede, tanto de unas crudas láminas
de un agua roja, como también de los crudos filamentos de un claro, y como
envejecido, azul.
digo, por años y por años. Pero, vamos a ver, ¿cómo fue ese lugar? Unas casas
que soñé, pintadas por un loco; un amarillo; el canto de unos pájaros; pero
¿cómo podré saber cómo fue? Entonces, cuando me digo esto que me estoy
diciendo, no sé..., levanto mi cabeza para ver todos aquellos canales que vi
estando ciego y.., Rank delante, Rank el difunto que vino después, y ¿qué es lo
que puedo decir? ¿Qué puedo decir? Aunque lo que habría que subrayar sería
la fábrica aséptica. La fábrica, también espectral, donde todo llegó a funcionar
mal. En esa fábrica caía una lluvia nocturna, por lo que esto provocó que el jefe
se pusiera a hablar de New York. ¡Cuán lejano y negativo fue todo aquello!
Así que tendría que haber una competición de poemas en prosa donde los
concursantes estarían obligados a terminar de esta manera:
guillén
guillén
guillén
Porque como aguas secas. Aguas secas en aquel lugar donde hubo una colcho-
neta. Pero ahora no puedo reemprender aquellos paseos. Ahora sigo paseando,
por supuesto, todos los días sigo paseando, pero ya no puedo reemprender
aquellos paseos. ¿Qué quiero decir con esto que estoy diciendo?
Y es que, al final, uno quisiera terminar trabajando en un ambiente pasto-
ral. En algo que fuera muy sencillo, y en donde uno pudiera estar vestido con
una rústica tela blanca.
Repito, y repito, que ya no está la colchoneta vieja. En el solar yermo
donde estaba la colchoneta vieja, ya han colocado una iglesia episcopal.
Pero lo que pasó es que había una manifestación por el Parque Central.
Eso fue cuando Batista era el gobernante. Yo, como no podía hacer, por lo
tanto quería regresar. Pero, porque Marta quería comprarse un dulce, me
tuve que demorar. La gente estaba sentada en las gradas.
Sólo, eso sí, que sigo paseando, pero ya no sigo en los mismos paseos. Es
muy raro.
Iamilia siarisia entonces, en un cartelito. Pero lo que en realidad quería
decir este cartelito es que Iamilia había sido raptada.
Iamilia, ya otras dos veces había sido raptada, pero ella siempre, al final, se
había ido. Pero ahora la raptaban desde una cocina, donde estaba el cartelito,
y una jarrita de barro, y otro objeto insignificante. Pero lo notable es que esto
está vinculado con películas vistas hace muchos años atrás, en Jagüey Grande.
Días alucinantemente desleídos aquellos, donde lo único que resaltaba era
una insignificante, verde, jarra de barro.
Ese paseo repetido, infinito, repetido, que entre canales, que por el mismo
lugar, todos los días, año tras año he estado haciendo. No me he cansado de
hacerlo: repito: una historia repetida. Antes, hace muchos años: comencé con
una colchoneta vieja que me encontraba, tirada, todos los días, en un solar
yermo.
Después, hubo otras cosas, además de la colchoneta en el solar yermo. Otras
cosas; repetidas. Otras cosas: siempre: un cuadro que yo soñaba, un cuadro con
cuatro filas y cuatro casas idénticas en cada fila, que un loco de manicomio 233
encuentro
L o r e n z o G a r c í a Ve g a
había pintado, y que yo soñaba, día tras día, durante el paseo; y una mancha
amarilla, infaltable, con un río inventado, al final, al extremo de una calle
donde había unos pinos; y el canto, sostenido, de unos pájaros negros, y el
carrito de helados con su musiquita, pasando por un minuto exacto.
Yo miraba todo eso. Yo en mi paseo. Yo soñaba todo eso que a la vez inven-
taba. Yo no podía dejar de pasear, todos los días a través de todo eso.
Mientras que lo iba viendo todo. En el paseo, en aquel paseo, iba viéndolo
todo, mientras quizá yo era un ciego. Pasaba, también, por al lado de muchos
canales. Nunca hubo nadie. Nunca me encontré con nadie. Durante mis paseos.
en que quizá yo era un ciego. Así que yo no tuve que comprobar nada, yo no
tuve que ver a nadie. Yo, repito, nunca vi a nadie.
Así que... Pero ¿debo decir eso? ¿Debo decir que más tarde, cuando habí-
an pasado muchos años haciendo mis paseos, también, a veces, me parecía
que iba delante Rank, un vecino que había acabado de morirse?
Nunca he sabido cómo juzgar todo lo que pasó, o no pasó durante todos
esos paseos que di. Pues, ¿en realidad no pasó nada?, ¿pues en realidad pasó
algo? Yo no creo que pasara nada, pero a la vez yo no creo que dejara de pasar
algo. Es un lío, con el sol, con ese siempre sol, todos los días, y yo sin saber si
ha pasado o no ha pasado nada. Una curiosa cosa. Una cosa curiosa.
Y no sé entonces, como empezar, o continuar, o lo que fuera, para llegar a
saber, si es que se puede llegar a saber, lo que fueron los antiguos paseos.
Yo, repito, no sé si estuve ciego.
Había, después, un difunto Rank.
Y seguiré, y seguiré, dándole vueltas a esa historia de la cual no acabo de
estar seguro si es que, alguna vez, llegó a consistir en algo.
234
encuentro
perfiles
Sin embargo, son muchas las personas a quienes gusta la música pero que no se
dedican a investigarla. ¿Qué hizo de ti un historiador musical?
Fue un proceso largo, azaroso, y no un objetivo premeditado. Aunque
nunca fui bailador ni me interesé por hacer música, sí me gustaba apren-
der más sobre el tema. Como no había publicaciones serias sobre la músi-
ca caribeña (al menos a mi alcance), me interesé más por la norteamerica-
na, sobre todo porque podía contar con dos revistas que me resultaban
fascinantes: Down Beat y Metronome. Completó mi educación sobre el tema
un libro que todavía conservo: The real jazz, de Hugh Panassié, editado en
1943. Lo adquirí en la Bohemia Bookstore, situada en la calle Neptuno núme-
ro 60, frente al Parque Central. Ahí adquirí también otro peligroso virus:
escribir discografías. Por cierto, que mi interés por la música de Estados
Unidos me llevó a aprender inglés, idioma que de otra forma no me
hubiera atraído. También durante los años del bachillerato inicié mi pri-
mera colección de discos, que llegó a contar con unos dos mil títulos en
placas de 78 r.p.m. Alrededor de 1956, establecí un nuevo tipo de relación
con la música: entre mi esposa y yo arrendamos un espacio en una tienda
de enseres eléctricos llamada Minemar y situada en la calle Calzada, en el
Vedado. Allí comenzamos a vender discos. Pero eso duró poco. En 1959
llegó el comandante y mandó a parar… muchas cosas. Cerramos la tienda
y en julio de 1960 me marché de Cuba. Tras un breve interludio en Miami
como bodeguero, me instalé en Puerto Rico en diciembre del mismo año.
Y en este país, que acogió tan bien a los exilados cubanos, comenzó, poco
a poco, mi dedicación al estudio de la música cubana.
No fue nada inmediato ni premeditado, ya que, entre otras cosas, había que
ganarse la vida, lo cual hice como constructor, primero, y simultaneando
esta actividad con la abogacía, luego de revalidar mi título en Derecho. Sin
embargo, en cuanto pude, retomé mi afición de coleccionar discos, pero ya
dedicado fundamentalmente a la música cubana y en lp, claro está.
A mediados de la década de los 70 pensaba más en Cuba en términos cul-
turales que políticos, ya que fui uno de los pocos emigrantes que, por razo-
nes que no vienen al caso, nunca pensó en un rápido retorno. En ese
momento había una gran desinformación acerca de uno de los géneros
más importantes de nuestro patrimonio cultural: la música. Yo sentía ver-
güenza cuando los puertorriqueños me preguntaban cosas acerca de la
perfiles
los primeros tenían una impronta jazzística que producía inquietud acerca
del futuro de nuestra música. Y la Nueva Trova contenía una carga política
demasiado fuerte. Por otra parte, en esa época —comienzo a escribir el
libro a finales de los 70— la información que provenía de Cuba era frag-
mentada y descontextualizada, por lo que era casi imposible comprender
lo que estaba ocurriendo en toda su magnitud. Por ejemplo, mi aprecia-
ción de Juan Formell y Los Van Van fue errónea, pues apenas sabía nada
de ellos, cuando en realidad se trataba del mascarón de proa de la metafó-
rica nave de la resurrección de la música cubana, muy bien analizada, por
cierto, en el libro Los rostros de la salsa, de Leonardo Padura.
Además de esto, en México ya no se hablaba de música cubana, sino de
«música tropical», mientras que la salsa usaba amplias zonas del espectro
musical cubano, apropiándoselas, y, en muchos casos, hasta las composi-
ciones de autores cubanos, sin acreditar sus nombres.
Así pues, mi libro fue también lo que en derecho se llama un interdicto de
recobrar la posesión, la posesión de lo que era cubano y se estaba convirtien-
do en propiedad de otros.
Traté de ser objetivo y que mis opiniones o tendencias políticas no intervi-
nieran en mis criterios musicales. No era fácil en aquella época, ni al norte
ni al sur del muro del Malecón. Se especulaba —y aún se especula— políti-
camente con la música. No excluí a nadie, de dentro o fuera de Cuba, por
sus ideas. Terminaba, además, con una nota optimista en la que decía que
los músicos cubanos seguirían produciendo música para y de Cuba pese a
las dificultades.
En lo que sí me equivoqué fue en afirmar que los que residían en la Isla
no podrían leer el libro. De alguna forma fue llegando y conociéndose. De
pronto, los músicos al sur del Malecón supieron que alguien se preocupa-
ba por ellos.
En los 80 las cosas comenzaron a cambiar.
Matancera y que todavía existía en 1995. Pepe Merino fue su cantante más
importante, que imitaba bastante bien, además, el estilo de Daniel Santos.
Pero nada de esto yo lo sabía entonces.
En Cali constaté que había más de 12 programas radiales semanales, algunos
diarios, dedicados exclusivamente a transmitir música de la Sonora Matance-
ra. Allí comprendí también que si no conocía un poco sobre la música de
otros países latinoamericanos, no podía comprender bien la música cubana,
ya que estamos hablando de un totum compuesto por partes diferentes, pero
muy comunicadas entre sí. Un sistema de vasos comunicantes.
En 1987 fui a México, al Festival del Bolero celebrado ese año, y conocí a
formidables colegas, escritores e investigadores mexicanos, e hice contacto
por primera vez con cubanos que vivían al sur del Malecón. Sorpresivamen-
te, descubrí que no despedían llamas por la boca ni tenían ojos fosforescen-
tes. Y que, independientemente de nuestras posiciones políticas, teníamos
un enorme espacio de intereses comunes alrededor de la música.
Por sugerencia de Spottswood, me hice miembro de la importante Asocia-
ción de Coleccionistas de Música Grabada (arsc), de Estados Unidos.
También viajé a Colombia varias veces, a Argentina, a Venezuela y a otros
países de nuestro entorno. Empecé a aparecer como conferencista en las
reuniones anuales de la arsc y en otros países. En fin, que me integré de
lleno a la comunidad de profesionales dedicados a la investigación musical
en América.
Ya con una visión panamericanista, quise escribir un libro desde esa posi-
ción y pensé inmediatamente en el bolero, ya que es el género musical que
practican todos los pueblos latinoamericanos. Pero se estaban escribiendo
por lo menos tres sobre ese tema, así que me decidí por otro género que
es también patrimonio común: el pregón.
De esa forma, en 1988 publiqué Si te quieres por el pico divertir: historia del pre-
gón latinoamericano.
Desde 1979, yo producía y animaba en Puerto Rico un programa radial lla-
mado Cubanacán, en la emisora del Departamento de Educación y des-
pués en la emisora de la Universidad. En Borinquen me integré a otra red
de colegas que, gracias a la iniciativa de Pedro Malavet, formaríamos la
Asociación de Coleccionistas de Música de Puerto Rico, fórum que tuvo
una gran importancia y que sirvió de inspiración a dos o tres organizacio-
nes parecidas que aparecieron en diferentes ciudades de Colombia.
También fui el editor de La última noche que pasé contigo, de Bobby Collazo,
publicado en 1987, y que es una memoria del acontecer de la música cuba-
na en los años que van desde 1920 hasta 1950.
La década de los 80 representó un importante hito en la producción de
perfiles
Puerto Rico, María Teresa Linares, Rodolfo de la Fuente y Olavo Alén, direc-
tor del Centro de Investigaciones de la Música Cubana. A este último le
publiqué en 1991 el libro De lo afrocubano a la salsa: géneros musicales de Cuba.
Durante todo este tiempo continué trabajando en mi proyecto acerca de la
historia de la discografía de la música cubana y dedicado a mis negocios.
¿A partir de qué año hay registro de grabaciones cubanas en los Estados Unidos?
¿Cuál es la primera grabación que se conserva y de qué año data?
La primera grabación realizada por un cubano de la que se tiene noticia es
de Rosalía Chalía Herrera, soprano cubana exiliada en Nueva York, que en
242 muchas ocasiones cantó en veladas patrióticas. Fue una de las tres primeras
encuentro
C r i s t ó b a l D í a z Ay a l a : U n a p a s i ó n p o r l a m ú s i c a
Cuando salí de La Habana. 1898-1997: Cien años de música cubana por el mundo y
La marcha de los jíbaros. 1898-1997: Cien años de música puertorriqueña por el
mundo. En la redacción de este libro participaron Jorge Martínez Solá, Jorge
Javariz, Miguel López Ortiz, Elmer González, Roberto Mac Swiney, Olavo
Alén y Ana Victoria Casanova, pero yo fui su coordinador y productor. Y 1999 243
encuentro
Joaquín Ordoqui García
¿A qué crees que se debe que siendo nuestra música popular acaso nuestro más rico
patrimonio, haya sido mucho menos investigada, y más tardíamente, que la música
folclórica de origen afro o la llamada música culta?
Creo que ese fenómeno es universal. El compositor y el intérprete de la
música popular deviene en personaje o protagonista histórico muy tarde,
ya entrado el siglo xx, y gracias al desarrollo de los nuevos medios de
comunicación, como la radio y el cine.
Los ingleses inventan el concepto del folklore en el siglo xix, separando parte
de lo popular bajo ese nombre, pero ninguneando lo popular contemporá-
neo. Además, en Cuba tuvimos la suerte de tener a un rescatador de nuestra
cultura afrocubana desde fecha muy temprana, Fernando Ortiz.
Como en otros países, el recuento de lo popular comienza como simple
nota periodística. Además, es bastante común que sea un extranjero (es
decir, una persona no involucrada en el fenómeno) el primero en «descu-
brir» los valores excepcionales de determinada manifestación cultural cuya
originalidad es imperceptible para el nativo, precisamente por su cercanía
a ella. Acuérdate que el primero que escribe seriamente sobre el jazz es un
francés, Hugues Panassié, en la década de los 30.
En Cuba, ya desde el siglo xix tuvimos a Serafín Ramírez y Laureano Fuen-
tes, que en sus obras dedicadas a lo clásico hacen, sin embargo, algunas alu-
siones a lo popular. Emilio Grenet lanza su ensayo sobre música popular
cubana en 1939; Carpentier, La música en Cuba, en 1946. Después, siguen
apareciendo esporádicamente algunos trabajos y sólo después de 1980 se
produce una eclosión de obras acerca del tema, hecho que, significativa-
mente, se produce de forma simultánea en otros países latinoamericanos.
en estos momentos casi se considera al son como un subgénero de la salsa. Por otro
lado, algunos puertorriqueños y dominicanos reclaman a este controvertido género
como de su propiedad. ¿Pudieras darnos tu punto de vista acerca de todo esto?
Te voy a contestar empezando por un paralelo histórico. En la segunda
década del pasado siglo, comienza a emerger un nuevo género musical en
los Estados Unidos, producido por los afronorteamericanos, que conquista
inmediatamente el país. Se le llama jazz y, aunque es adoptado por toda la
nación, se trata de un fenómeno cultural identificado con el negro norte-
americano. El jazz sigue evolucionando y triunfando. Ya en los años 30 hay
un grupo de destacados músicos blancos con magníficas orquestas dedica-
das al género. En esa época, además, el racismo estaba institucionalizado
en Estados Unidos, hasta el punto que había una verdadera barrera racial:
no se aceptaba que músicos blancos y negros tocaran juntos. Por otra
parte, la palabra jazz significaba coito (to jazz) en el lenguaje popular de
los afroamericanos. Es decir, que de acuerdo con los prejuicios de la época
había que «adecentar» esta música, lo que equivalía a blanquearla para
darle mejor reputación. Así, se empezó a utilizar cada vez más el vocablo
swing en lugar de jazz. Benny Goodman devino en «el rey del swing» y pro-
liferaron las orquestas de blancos que hacían ese tipo de música. Pero
sería exagerado decir que la conversión de jazz a swing fue un simple cam-
bio cosmético. Realmente, las orquestas de swing sonaban diferente, quizás
porque tocaban más rápido que las de jazz y por otros pequeños detalles.
Por cierto, que también surgieron grandes orquestas de swing conforma-
das por músicos negros, como la de Duke Ellington o Count Basie, lo cual
confirma la complejidad del fenómeno.
Si sustituyes «jazz» por «música cubana» y «barrera racial» por «embargo»,
verás que la historia se repite: a partir de 1960 se empieza a producir un
vacío en Nueva York, ciudad que actuaba como estación retransmisora de
nuestra música para todo el mundo. De pronto, se pierde esa conexión.
Los primeros años de esa década todavía son cubiertos por el chachachá y
la pachanga, últimas exportaciones musicales que hace Cuba a Estados
Unidos, pero su efecto se va desvaneciendo y es necesario inventar algo
nuevo. Después de algunos intentos con géneros con fuerte influencia
afronorteamericana (como el bugalú), los músicos puertorriqueños, que
dominan el panorama musical neoyorquino, retoman la música cubana,
pero agregándole nuevos elementos. Hubiera resultado extraño llamarle
«nueva música cubana», cuando era producida, mayormente, por músicos
no cubanos. Así, se le llamó salsa a lo que básicamente era son, guaguancó
y otros géneros cubanos, que era interpretado con el formato de las
orquestas cubanas. A ese patrón inicial se le van agregando otras formas
perfiles
246
encuentro
Música clásica
Cristóbal Díaz Ayala y música barroca1
Convergencia
Letra: Bienvenido Julián Gutiérrez
Música: Marcelino Guerra
1
Capítulo XIII del libro en proceso Los contrapuntos de la música cubana.
2
Stevenson, Víctor; The music makers; Time-Life Special Edition, Nueva
York, 1979, p. 77.
247
encuentro
C r i s t ó b a l D í a z Aya l a
3
Moliner, María; Diccionario de uso del español, Editorial Gredos, Madrid, 1982, p. 643.
4
Ibídem, p. 353.
248 5
Ibídem, pp. 216 y 1004.
encuentro
Música clásica y música barroca
6
Ver obra citada de Pablo Hernández Balaguer, Los villancicos, etc.: el personal que aparece en las
partituras.
7
Díaz Ayala, Cristóbal; Música Cubana, etc., p. 52.
249
encuentro
C r i s t ó b a l D í a z Aya l a
8
Ver Díaz Ayala, Cristóbal; Discografía 1925-1960, bajo «Trío Matamoros». Afortunadamente está
250 regrabado en el Arlequín hqcd 23.
encuentro
Música clásica y música barroca
Sexteto Goodman (personal vario). La orquesta de Artie Shaw tenía Los Gra-
mercy Five, y la de Woody Herman, un octeto, los Woodchoppers. Estos
pequeños grupos creaban un contraste con la orquesta grande, servían ade-
más para usar los solistas importantes de las respectivas orquestas o probar
sonidos nuevos (el vibráfono de Hampton, en la de Goodman, o un clavicor-
dio, tocado por Johnny Guarnieri, en el grupo de Artie Shaw). Y estos eran
momentos de música clásica, representando la big band la orquesta barroca.
Sólo conocemos dos casos parecidos en la música cubana. Uno surgido de
casualidad, o por las exigencias del público. La Orquesta Aragón estaba de
gira por Japón en 1970. Los empresarios nipones le pidieron que en los des-
cansos de la orquesta, algunos músicos debían seguir tocando, en un formato
más pequeño. Era, al parecer, una costumbre nipona. Los aragones accedie-
ron y Richard Egües, el flautista, Pepe Palma, el pianista, y el bajo, el güiro y
bongó, se quedaban tocando en los intermedios. Tan interesante fue el soni-
do obtenido, que en un álbum que hicieron allí para la rca Victor de Japón,
incluyeron algunos números interpretados de esa manera. Se trata de boleros
y sones9. Es, por supuesto, una forma clásica y, como en todos estos casos en
que se acude a un formato pequeño, se logra hacer una síntesis de un género
determinado, como la hizo el Trío Matamoros con el son, y el propio trío, y
los pianistas danzoneros como Romeu, con el danzón.
El otro caso sí es más parecido a los pequeños combos nacidos en las gran-
des orquestas de la época del swing. Es lo que hace el pianista Chucho Valdés,
director de la orquesta Irakere, quien periódicamente hace grabaciones fuera
del contexto de su orquesta, con pequeños grupos que en pocas ocasiones
incluyen músicos de la propia orquesta. La razón es funcional. Irakere ha
tenido cada vez más que cultivar el repertorio de música bailable, no jazzísti-
ca. Como bien señala Leonardo Acosta, ha sido siempre una orquesta con dos
repertorios: uno más bien de consumo doméstico, para bailadores, y otro de
piezas con contenido de jazz afrocubano, que es la cara de la orquesta que
gusta más en el extranjero. Y Valdés es un genio musical que gusta, como
todos los grandes músicos cubanos, de estar experimentando e innovando
con nuevos músicos y nuevas ideas, como hace D’Rivera. Por supuesto, esos
grupos son también momentos clásicos, apolíneos.
También el género bolero se ha movido fluidamente dentro de este bino-
mio. El bolero empieza siendo acompañado de guitarra, a una o dos voces;
pronto se le agrega otra guitarra, y tenemos los primeros tríos que son, en
relación con el trovador solitario, un momento barroco. Cuando el bolero,
fusionado con el son, se convierte en bolero son y se hace bailable, tiene lugar
el momento barroco dentro del sexteto, con el trío quedando de antecedente
clásico. Pero pronto los papeles se vuelven a invertir: Antonio Machín experi-
menta con la fórmula del cuarteto, con tres, guitarra, trompeta y cantante: el
9
El lp tm-1005 contiene seis de esas interpretaciones. Colección Fundación Musicalia, donada a
la Florida International Universtity.
251
encuentro
C r i s t ó b a l D í a z Aya l a
10
Ver Díaz Ayala, Cristóbal; Discografía 1925-1960, bajo «Utrera, Adolfo».
11
Op. cit., bajo «Domínguez, Frank».
12
Recordamos dos casos interesantes de este tipo. René Cabel, tenor de poderosa voz que grabó
siempre con acompañamiento orquestal, lo hizo en una ocasión con el acompañamiento del Trío
Taicuba (lp Gema 1141). Al tener más flexibilidad en los tiempos, pudiendo cantar casi a piacere,
pudo usar a plenitud su hermosa voz. Esto fue grabado a fines de la década de los 50. En la déca-
da de los 70, otra voz grande, la de Roberto Ledesma, se hizo acompañar por la guitarra de Pablo
Cano (lp Gema 3095), con resultados parecidos. Quizás no sea casualidad que el productor de
ambos discos fuera Guillermo Álvarez Guedes (Ver Díaz Ayala, Cristóbal; Discografía 1925-1960,
252 bajo «Cabel, René» y «Ledesma, Roberto»).
encuentro
Música clásica y música barroca
de acuerdo con la forma en que usen sus recursos vocales. Xiomara Alfaro,
que aportó a lo popular su preparación musical en el canto, es obviamente
una cantante barroca, como lo es Olga Guillot por la forma en que sabe usar
los matices de su voz para crear los efectos deseados con una canción determi-
nada. Y voces como la de René Cabel y Fernando Albuerne, pudiéramos con-
siderarlas clásicas, en la forma más sencilla de proyectar lo cantado13.
Hasta un solo instrumento se puede usar en forma clásica o barroca.
Cuando Everardo Ordaz inicia el estilo de piano cocktail cubano, o sea, una
forma sencilla de interpretar la música popular, especialmente boleros a
piano solo, crea un momento clásico. Si se compara este sencillo estilo, como
lo era también el de Romeu con los danzones, con los complicados arabescos
de pianistas que van de Anselmo Sacasas en sus solos con la Casino de la
Playa, a Bebo Valdés y su hijo Chucho, Lily Martínez, en fin, a toda la pléyade
de nuevos y excelentes pianistas cubanos, se hace patente la diferencia entre
los dos momentos, y las virtudes de todos.
En definitiva, se trata de hacer la música de la mejor forma posible, de la
forma más atrayente para el público, en un momento determinado. Ambos
momentos llenan necesidades anímicas diferentes y lo hacen eficientemente.
13
Díaz Ayala, Cristóbal; Discografía 1925-1960. Buscar todos los mencionados bajo sus respectivos
apellidos. 253
encuentro
Vértigo,
A/C, 193 x 170 cm., 2004.
miradas polémicas
A propósito de Mala
Vista Anti Social Club
Algunos desacuerdos
H
Julio Fowler
que existen diferencias, pero respecto a las que él señala, ni considero que
sean esenciales, ni creo que la naturaleza de nuestros discursos musicales y
textuales son tan diferentes como para trazar una línea divisoria entre ambos.
Por otro lado, no sé hasta qué punto esas diferencias son realmente las que dis-
tinguen a… «la última hornada de trovadores de principio y mediados de los
80», y la generación de cantautores cuya obra cristaliza y se edita fuera de la Isla
que… «emerge dentro del panorama musical cubano a principios de los 90»
(p. 67), es más, creo que, siendo grupos heterogéneos, las semejanzas y los
encuentros entre ambos son más esenciales que las diferencias señaladas.
Como consecuencia de esta distinción-comparación, se añade un problema
de definición, a saber: hasta qué punto el término cantautores «…no es quizá
el más apropiado y puede que resulte ambiguo…» (p. 67); es decir, hasta qué
punto estas «diferencias» cuestionan el significado de un término, en mi opi-
nión tan explícito y claro como el de cantautor.
Sintomáticamente, Dennys pone en duda este término; sin embargo,
nunca deja de utilizarlo para nombrarnos y, siguiendo esa incertidumbre, afir-
ma su idea sobre las diferencias colocándonos un adjetivo que no comparto
(el de populares) y que tampoco aporta una distinción sustancial entre ambos
grupos, como intentaré demostrar más adelante. Dennys no advierte, quizá,
que su vaguedad de cara a la definición del término está contribuyendo justa-
mente a que resulte ambiguo, pues —y esto es lo primero que intentaré expli-
car— desde los años 60, lo que se entiende como cantautor se identifica con
un estereotipo de carácter político y no de acuerdo con el género y la práctica
del oficio en sí mismo. Por eso creo que comenzar por analizar la naturaleza
de esta ambigüedad puede ir despejando el camino a los demás temas en
polémica. Va siendo hora de reparar y comprender su significado más nítido y
profundo con el fin —sobre todo— de evitar injusticias y olvidos que tergiver-
sen, al menos en teoría, una tradición que en la Isla tiene un arraigo y una
riqueza verdaderamente prodigiosos.
entre la tradición y la vanguardia (no olvidemos que viene del filin y que
formó parte del Grupo de Experimentación Sonora del icaic). A Pablo lo
hemos visto componer y cantar de todo: jazz, filin, bolero, son, guaracha, gua-
guancó y cuanta forma diversa de canción existe, le hemos visto cantarle apa-
sionadamente a la Revolución y también cuestionarla desde el desencanto; sin
embargo, nadie discute ni pone en duda su condición de cantautor, nadie
cuestiona la naturaleza de su linaje, de su canción y compromiso. Ahora bien,
¿es más comprometida y poética Yo pisaré las calles nuevamente que Tú, mi deli-
258 rio? ¿Es más comprometida y poética Rabo de nube que La gloria eres tú? Son
encuentro
A p r o p ó s i t o d e M a l a Vi s t a A n t i S o c i a l C l u b
II. la diáspora
Este juego entre texto y contexto, entre canción y situación, se manifiesta tam-
bién en los grupos que Dennys analiza sobre todo porque lo que sí marca las
diferencias entre ambos grupos, lo que sí constituye una diferencia objetiva y
esencial, es la diáspora. Las diferencias temáticas y las supuestas diferencias
estéticas mencionadas por Dennys en todo caso estarán marcadas por este
acontecimiento, un acontecimiento que será vivencia exclusiva de aquellos que
han partido y que tiene como telón de fondo el naufragio de la política revolu-
cionaria, el desencanto, la incertidumbre, la asfixia de las expectativas, la frus-
tración, la rabia contenida y sobre todo la necesidad de encontrar una salida,
pero también un escenario difícil y sombrío en el horizonte: la emigración.
En el capítulo IV de su texto «Los problemas de la diáspora», Dennys con-
funde público con mercado y esto lo lleva a contradecirse. Primero lamenta
que, con la diáspora, este grupo «pierde» su «mercado» natural y luego la
idea de mercado la derrumba cuando dice «…esta generación no está sujeta a
las imposiciones de la mercadotecnia de la industria discográfica… las ventas
prácticamente no influyen y muchos menos determinan el carácter y conti-
nuidad del proceso creativo» (p. 71). Por supuesto que ni están sujetos a esos
procesos ni influyen en la creación, porque en Cuba esos procesos no ocu-
rren. La industria discográfica (si se le puede llamar así) es incipiente y carece
de verdadera autonomía; ni siquiera existe un mercado natural entendido
miradas polémicas
pop y el «mainstream» y donde «lo cubano» pasa por el filtro del estereotipo
de más éxito internacional: Buena Vista Social Club. Por lo que, si existe alguna
línea divisoria entre estos dos grupos de cantautores no es generacional,
como intenta ver Dennys casi de un modo teleológico, sino esencialmente cir-
cunstancial, vivencial. Es más bien de cambio de estrategias, de adaptación a
un nuevo contexto, lo que determina que se jerarquicen algunos elementos
ya implícitos en el discurso musical y que aparezcan nuevos contenidos temá-
ticos y líricos.
El grupo de la diáspora se ha ido diseminando por diversos países (Méxi-
co, ee. uu., Venezuela, España) con ideas, nociones, sentimientos, conceptos
estéticos y musicales que han ido cambiando en un proceso de adaptación;
configurando un camino en el que la Isla (más para unos que para otros) con-
tinúa siendo un referente cultural presente, pero un referente situacional y
vital distante.
Si allí lo cubano como identidad estaba implícito en el lenguaje musical y
se acentuaban las influencias foráneas asimiladas (jazz, rock argentino, la músi-
ca brasilera y la tradición anglo-norteamericana) y en los mensajes se compar-
tía una denuncia casi unánime a la situación decadente de la Isla, pero desde
una perspectiva más cívica y humana que política, ya una vez fuera ocurre que,
por un lado, se asimilan nuevas influencias, nuevos paradigmas musicales (hip
hop, por ejemplo) y se acentúa lo cubano, cuestión esta que tiende a criollizar
el discurso musical como elemento distintivo que además facilita la posibilidad
de encontrar un nicho específico en el mercado. De ahí la intención de clasifi-
car cada estilo: rokason, son con groove, pop con raíces, etc.
Desde el punto de vista lírico, los textos se hacen eco de la fragmentación
que supone la diáspora y quizás este tema —por el que Dennys pasa de punti-
llas— marque las diferencias más evidentes entre ambos colectivos.
La diáspora o la emigración no les deja indiferentes; al contrario, al ser
uno de los grandes problemas de la contemporaneidad, será quizás el tema
más inquietante y recurrente en la canción de este grupo de cantautores y,
aunque visto de un modo diverso, para todos será una experiencia capital y en
algunos casos traumática, ya que en su centro gravita y se cuestiona el proble-
ma de la identidad.
Adrián Morales, por ejemplo, hace de la diáspora su arte poética, y en su
primer cd titulado Nómada, nos damos de cara con el desarraigo, con lo que
supone no pertenecer ni ser parte de sitio alguno, con el rechazo del país de
miradas polémicas
origen: «Hay que encontrarle al corazón un hogar, algún lugar» (de la can-
ción Encontrarle al corazón), o «sigo buscando mi oasis»(de la canción del
mismo título); donde la idea de la identidad radica en el no-lugar o, mejor
dicho, en el desplazamiento, es decir, en andar… «con la casa a cuestas»,
como dice la canción Nómada. Este cuestionamiento de la idea tradicional y
dominante de identidad basada en lo geográfico, en lo patrio, en lo nacional,
también está presente en David Torrens. En su canción Ni de aquí ni de allá
dice: «Voy sin raíz que se aferra a un lugar / no tengo dueño y soy dueño de
nadie / tampoco tengo un amor donde anclar / yo no tengo a quien pagar / 261
encuentro
Julio Fowler
formación, como casi todos nosotros. No existen academias que formen can-
tautores, de ahí la originalidad y autenticidad de un movimiento que se ha
ido enriqueciendo en la medida que ha ido incorporando formas musicales
diversas como el canto operístico y la canción de concierto en sus orígenes, o
el expresionismo wagneriano en las influencias de Sindo Garay, o el son con
Matamoros, o el jazz y el impresionismo con el filin, o la guitarra clásica en la
obra de quien es uno de su más grandes guaracheros, Pedro Luis Ferrer; en
fin, un movimiento abierto siempre a influencias que ha hecho que la can-
ción cubana goce de merecida popularidad en el mundo.
Por último, si hacemos un balance, creo que los puntos de contacto entre
ambos, sus semejanzas (a excepción de la diáspora como vivencia distintiva)
son más abundantes que las diferencias. Creo que el denominador común de
ambos grupos, y tal vez el esencial, es la ruptura radical del compromiso con
eso que llaman Revolución (palabra que en la retórica del régimen ha sufrido
la metamorfosis de su significado progresista a otro fundamentalista y dogmá-
tico). No existe un compromiso ideológico y moral con un régimen cuyo pro-
cedimiento habitual con ambos grupos ha sido el control y la censura. Se criti-
que abierta o encubiertamente al régimen, directa o indirectamente, in situ o
en la distancia, desde el humor o la ironía, ya no se escucharán canciones
apologéticas ni épicas como La era está pariendo un corazón (Silvio Rodríguez) o
con síntomas confesionales como Creo en ti, Revolución (Pablo Milanés). Aun-
que se viva dentro o fuera de Isla, son contados y escasos los cantautores de
los grupos aquí analizados, que mantienen un nexo ideológico cien por cien
con la Revolución y un nexo cien por cien con la estética que vendió la Nueva
Trova. En la mayoría hay una disensión total con la doctrina ideológica y la
política del gobierno cubano (en algunos solapada y en otros explícita); de
igual modo los discursos musicales y poéticos se actualizan a la luz del éxito
internacional de la vieja guardia trovadoresca, de raperos como Orishas o de
cantautores como Pancho Céspedes, David Torrens y Amaury Gutiérrez.
Esta es una ecuación de semejanza entre todos nosotros. A estas alturas se
puede contar con los dedos de una mano aquellos que piensan que… «den-
tro del estatus establecido, la realidad puede mejorarse» (p. 68). Para la gran
mayoría de nosotros, la Revolución hace tiempo ha muerto y lo que queda de
ella es lo que Rafael Rojas, citando a Baczko, en su ensayo «Entre la Revolu-
ción y la Reforma»1 llama usura, y cito: «…es decir, un aprovechamiento cínico de
su reserva simbólica…». De la Nueva Trova como institución política tampoco
miradas polémicas
1
El arte de la espera; Editorial Colibrí, Madrid, 2002, p. 207. Encuentro (nº 4/5. Primavera/Verano,
1998, pp. 122-136).
263
encuentro
Antonelli’s Nightmare,
A/C, 150 x 150 cm., 2004.
La lengua nómada
Orígenes y la diáspora de los 90
Isabel Álvarez Borland
Gastón Baquero,
«Manos».
1
Stuart Hall y James Clifford conciben la idea de «diáspora» como espacio
que abarca un diálogo entre la continuidad y la ruptura. Ver: Clifford,
James; «Diasporas», en: Routes-Travel and Translation in the Late Twentieth
Century, Harvard up, Cambridge, MA, 1997, pp. 96-116; y también: Hall,
Stuart; «Cultural Identity and Diaspora», en: Identity, Community, Culture,
Difference. Ed. Jonathan Rutherford, London, Lawrence, 1990, pp. 222-237.
Shreiber, Maeera Y. nos ofrece un resumen excelente de estas opiniones y
cómo se relacionan con el caso judío en «The End of Exile: Jewish Identity
and Its Diasporic Poetics», PMLA 113 (1998), pp. 273-286.
2
Méndez Rodenas, Adriana; «Diáspora o Identidad: ¿Adónde va la cultu-
ra cubana?»; en: Revista Hispano-Cubana nº 8, Madrid, 2000, pp. 43-56.
265
encuentro
I s a b e l Á lva r e z B o r l a n d
3
Ver: de la Nuez, Iván; La balsa perpetua, Casiopea, Barcelona, 1998, p. 29; «El destierro de Cali-
bán: Diáspora de la cultura cubana en Europa», en: Encuentro nº 4/5 (1997), p. 143. Ver Rojas,
Rafael; «Diáspora y literatura: Indicios de una ciudadanía postnacional», en: Encuentro nº 12-13
(1999), pp. 136-146.
4
Iván de la Nuez, «El destierro», p. 143.
5
Rafael Rojas, «Diáspora», pp. 141-146.
6
Véanse las siguientes reseñas de Rafael Rojas sobre las novelas de Prieto: «Humanismo frívolo»,
en: Encuentro nº 11, invierno, 1998-1999, pp.185-187; «Las dos mitades del viajero», en: Encuentro
Nº 15, invierno, 1999-2000, pp. 231-234. De interés también es la visión panorámica de la obra
literaria de su generación que Rojas traza en «El campo roturado. Políticas intelectuales de la
266 narrativa cubana de fin de siglo», Revista Hispano Cubana nº 13, 2003.
encuentro
La lengua nómada
luego—, estas obras recrean personajes que evitan a toda costa explorar las
causas históricas de su desplazamiento. Livadia e Historias de Olmo son novelas
que contrastan en su extensión —la primera es un largo relato cargado de len-
guas, referencias y comparaciones científicas, mientras que la segunda contie-
ne microcuentos, algunos de menos de seis renglones—7. Sin embargo, ambas
coinciden en su interés en explorar los síntomas y no las causas de la experien-
cia nómada cubana. Olmo, el protagonista de Sánchez Mejías, es un personaje
minimalista y cuasimetafísico que bien podía haber salido de las páginas de un
Kafka o de un Sartre. El protagonista de Livadia, llamado simplemente J., esca-
motea el español así como también el nombre de su país. Su nombre, reduci-
do a una inicial, expresa también el interés existencial ya señalado en la obra
de Sánchez Mejías. Prieto, y también Sanchez Mejías, reflexionan sobre la con-
dición humana sin detenerse a meditar sobre la condición cubana.
A la literatura que se aleja y quiere narrar otras realidades, como Livadia e
Historias de Olmo, se le opone desde la Isla un corpus de orientación naciona-
lista que es también producto de escritores de la misma generación. Antonio
José Ponte nos dice en El libro perdido de los origenistas (2002) que los novelistas
que nacen durante la primera década de la Revolución denotan un profundo
interés en releer a los autores origenistas como Lezama, Baquero y Piñera, no
para aceptar la versión oficial de estos autores, sino para examinarlos, criticar-
los y también asimilarlos en su literatura: «En el ensayo lezamiano dedicado a
Casal (…), encontramos un llamado de José Lezama Lima a ocuparse creati-
vamente del siglo xix cubano. Se refiere al siglo con un pronombre posesivo:
nuestro. Y brinda algunas posibilidades de apropiación: descoyuntarlo, ironi-
zar a costa de él, perpetrar variaciones o prestarle orden»8. Nos indica Ponte
que si la labor origenista consistía en crear un canon basado en la literatura
cubana del xix, los escritores de los 80 quieren releer de manera similar a los
origenistas y de cierta manera ajustar cuentas con ese legado9.
¿Cómo se reconcilia el carácter posnacional de la narrativa de la diáspora
de los 90 con la poética nacionalista de aquellos escritores de la misma gene-
ración que, como Ponte, escriben desde la Isla? La obra de Zoé Valdés, escri-
tora emigrada en 1995, comprueba que no existen claras líneas divisorias
entre las poéticas de los escritores de afuera y los de adentro. Mi lectura de
Querido primer novio (1999) no sólo busca destacar las preocupaciones de la
generación diaspórica de los 90, sino que también considera cómo la novela
de Valdés está marcada por el redescubrimiento del origenismo que acontece
en Cuba desde los 80. Como señala Arcadio Díaz Quiñones, el reto de Orígenes
(1944-1956) era «hacer funcionar lo nacional en un marco internacional del
pasado y del presente» para así profundizar en las letras la construcción de la
7
Ver: Prieto, José Manuel; Livadia; Mondadori, Barcelona, 1999; Sánchez Mejías, Orlando; Histo-
rias de Olmo; Siruela, Madrid, 2001.
8
Ponte, Antonio José; El libro perdido de los origenistas; Aldus, México, 2002, p. 69.
9
Ibídem, p. 102.
267
encuentro
I s a b e l Á lva r e z B o r l a n d
la mano alucinada
Desde La nada cotidiana, escrita en Cuba en 1989 y publicada en 1995 en Bar-
celona, hasta sus obras más recientes, Cólera de ángeles (1996), Te di la vida ente-
ra (1997), Café Nostalgia (1997) y Querido primer novio (1999), Zoé Valdés ha uti-
lizado la imagen en su función lezamiana de recuperación y recobro, recurso
literario que sirve a la novelista para mitigar la angustia que le causa el despla-
zamiento. En Cólera de ángeles, se interpolan dentro de la novela representacio-
nes pictóricas de la cólera pertenecientes a la historia del arte occidental,
desde Rembrandt hasta Max Ernst. En Café Nostalgia, los tapices rilkeanos de
«La dama con unicornio» sirven para dar sentido a la persistente iconografía
de islas que figura en esa novela11. En Querido primer novio, el modelo origenista
de Lezama y Baquero es crucial para comprender la estética de la novela.
En efecto, los vínculos entre Querido primer novio y la obra de Lezama sólo
se comprenden si examinamos con prioridad la relación que Lezama Lima
establece en su ensayo «Confluencias» con Los cuadernos de Malte Laurids Brig-
ge (1910), de Rainer María Rilke. A propósito de esta lectura triangular,
habría que considerar los ensayos de Lezama Lima sobre la influencia litera-
ria o lo que el poeta llama «una potencia de razonamiento reminiscente»12.
10
Díaz Quiñones, Arcadio; Cintio Vitier: La memoria integradora; Editorial Sin Nombre, Puerto Rico,
1987, p. 37.
11
Véase mi estudio «A Reminiscent Memory; Lezama, Zoé Valdés and Rilke’s Island», presentado
en Yale University, octubre, 2002. De próxima publicación en Modern Language Notes: Hispanic
Issue (Johns Hopkins University Press).
12
Lezama Lima, José; «Julián del Casal», en: Confluencias: Selección de ensayos. Ed. Abel E. Prieto.
268 Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1988, pp. 181-205.
encuentro
La lengua nómada
Como señala Enrico Mario Santí, Lezama proponía «una lectura de la tradi-
ción en el texto por medio de la función mediadora de la memoria». Santí, y
después Gustavo Pellón, han estudiado el proceso que Lezama bautiza como
«la imaginación retrospectiva» o «la asimilación creativa», proceder crítico
que analizaba cómo un autor reconocía o recordaba su propio estilo en la
prosa de otro escritor13. En ensayos como «Julián del Casal» (1941), Lezama
Lima presenta una práctica literaria que tenía como base la idea de la reso-
nancia, proceso que Lezama describía como «el misterio del eco»14.
Motivado por su «vocación de fundador y por su apetencia de coralidad»,
como lo describe Cintio Vitier15, Lezama Lima reúne en su ensayo «Confluen-
cias» (1968) las premisas de su teoría poética y las ilustra con ejemplos saca-
dos de sus obras. Ensayo de imágenes convergentes, «Confluencias» describe
cómo la noche se transforma en una mano y más tarde la mano en otras imá-
genes que aparecen en su obra, tal como la del mulo de su famosa «Rapso-
dia». En las primeras líneas de «Confluencias» encontramos un niño soñador
quien durante la noche descubre una mano desconocida que quiere estre-
char la suya:
13
Santí estudia el tema de «la memoria reminiscente» en relación con la memoria de la historia
en la obra de Lezama y Vitier. Ver: «Lezama, Vitier y la crítica de la razón reminiscente», en: Revis-
ta Iberoamericana nº 41, 1975, pp. 535-546. Pellón amplía el concepto y analiza la actitud de Leza-
ma Lima sobre el sujeto de las influencias literarias en José Lezama Lima’s Joyful Vision. University
of Texa, Austin, 1989, pp. 45-65.
14
Lezama Lima, José; «Julián del Casal», ed. cit., p.185.
15
Vitier, Cintio; Lo cubano en la poesía; Instituto del libro: Editorial Letras Cubanas, La Habana,
1970, p. 440.
16
Lezama Lima, José; «Confluencias», pp. 415-416.
269
encuentro
I s a b e l Á lva r e z B o r l a n d
(…) me orienté entre los pies de la mesa; y primero reconocí mi propia mano
extendida, los dedos separados, que se movía sola, casi como un animal acuáti-
co, y palpaba el fondo (…) Pero ¿cómo hubiese podido esperar que, saliendo
de la pared, de pronto otra mano viniera a mi encuentro, una mano más gran-
de, extraordinariamente delgada y tal como yo no la había jamás visto todavía?
Palpaba, venía del otro lado del mismo modo, y las dos manos abiertas, se
movían al encuentro la una de la otra, ciegamente (…) Sentí que una de esas
manos me pertenecía y que se hundía en una aventura irreparable (…) Si
existían palabras para un acontecimiento semejante, yo era demasiado peque-
ño para encontrarla17.
La escena de Rilke tiene que ver no sólo con el encuentro inicial del poeta
con las palabras, sino también con la falta de ellas. Desde su inocencia, el
niño rilkeano intuye la vida secreta de los objetos que también eran imágenes,
experiencia extraordinaria pero también innombrable. Nos dice Malte: «así
sería la vida: llena de cosas extrañas, destinadas a uno solo y que no se pueden
decir». La mano desconocida poseía el poder de ser, y el niño/poeta recono-
cía por primera vez la dificultad de describir lo que le había pasado. También
la mano del niño parecía desconectada de su cuerpo como si las palabras del
poeta, una vez escritas, fueran capaces de adquirir una vida propia. La imagen
y la memoria de esta mano alucinada obligan a Malte, desde su presente de
adulto, a confrontar el reto de la escritura.
17
Rainer María Rilke, Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, trad. Francisco Ayala, Losada, Buenos
270 Aires, pp. 78-79.
encuentro
La lengua nómada
Para Rilke, la vida secreta de los objetos y el poder que éstos ejercían sobre
el poeta representaban una nueva manera de percibir la realidad. Así lo indi-
ca Malte en las primeras páginas de Los cuadernos: «Aprendo a ver. No sé por
qué, todo penetra en mí más profundamente, y no permanece donde, hasta
ahora, todo terminaba siempre». El poder mágico de la noche, esencia del
universo poético de Lezama, aparece en varios episodios de Los cuadernos,
siempre conectado a la experiencia infantil. Por ejemplo, la noche afecta tam-
bién a personajes como Abelone, joven tía a quien Malte escribe sus fragmen-
tadas memorias. En una escena que retorna a la niñez de Abelone, Malte
cuenta cómo la niña también se había sentido hechizada por el mundo natu-
ral: «Abelone (…) percibía la ventana y (…) podía permanecer así durante
horas de pie ante la noche pensando: ‘esto me afecta’. Era allí semejante a
una prisionera, decía, y las estrellas eran la libertad».
La historia de Malte expresa el deseo de querer y no poder escribir y tam-
bién la necesidad de verse escribiendo. Libro escrito durante el exilio volunta-
rio de Rilke en París, período de renovación estética para el autor; en Los cua-
dernos, el protagonista regresa a su infancia para encontrar las raíces de su
identidad que es también la identidad de un escritor: «He rezado para volver
a encontrar mi infancia, y ha vuelto, y siento que aún es tan dura como antes,
y que no me ha servido de nada envejecer». Escribir sus memorias y regresar a
la infancia lo ayudan a crear esa continuidad tan necesaria para el poeta.
En la escena de Rilke, y también en la de Lezama, la mano sufre una transfor-
mación al aparecer desmembrada, proceso que la convierte en objeto. La mano
que parece escapársele a Malte, ya que el niño la percibe autónoma y separada
de él como «un animal acuático», es recreada por Lezama, quien hace de ella
una abstracción, instrumento pedagógico de su poética. «Imagen reconstruida»,
primero por Rilke y después por Lezama, la mano cobra un nuevo significado
dentro de la poética del cubano. A través del concepto estético del aura o poder
irradiante de las cosas, Rilke elaboraba toda una poética de raíces baudelerianas
que para el austríaco se concentraba en la identidad fragmentaria del objeto18.
Sin embargo, en el caso de Lezama la imagen deja de ser fragmento autónomo,
como lo fue para Rilke, para convertirse en puente, imagen de continuidad que
rescataría para el poeta la naturaleza perdida. Si la mano rilkeana le recuerda a
Malte la autonomía del lenguaje y de las palabras para Lezama, maestro antes
que nada, la mano se convierte en potencial de palabras, símbolo de la necesi-
dad del otro y complemento esencial para la creación poética.
18
Ryan, Judith; «More Seductive Than Phryne: Baudelaire, Gérôme, Rilke and The Problem of
Autonomous Art», en: pmla 108 (1993), p. 1138.
271
encuentro
I s a b e l Á lva r e z B o r l a n d
La ventana que daba a la cabecera de Dánae estaba abierta, ella extendió los
brazos encima de su cabeza y las manos hicieron contacto con la frescura noc-
turna. Sonrió porque se creyó en un cuento gótico y esperó a que sus manos se
abrieran en espera de que sobre ellas cayera rocío de estrellas. Presintió la proxi-
midad de una palma real despeinada, presintió la cercanía de un misterio dul-
zón. Y en ese juego de atrapar lo inaccesible quedó embelesada y luego, al rato,
profundamente dormida, acunada por un punto guajiro… Yo, la maleta arbo-
rescente, quien hasta este punto escucho y cuento, conecté en aquel momento
272 con los laberintos de su mente. Logré expresar mi asombro melancólico a través
encuentro
La lengua nómada
Al igual que los niños de Rilke y de Lezama, la joven Dánae, intuye más
que comprende. El episodio de la mano, presagio del primer encuentro de
Dánae con su primera novia, Tierra Fortuna Munda, ocurre dentro de un
sueño que subraya el elemento sensorial primero: «las manos hicieron contac-
to con la frescura nocturna». En su sueño, Dánae juega a «atrapar lo inaccesi-
ble», aquello que ella presiente y no detalla. Lo «conocido/desconocido/
conocido» lezamiano es aquí más ambiguo, las manos y la noche se confun-
den y la escena abarca otras imágenes como la de «una palma real despeina-
da». El encuentro de la joven con las manos mágicas (que más tarde sabremos
que eran las de Tierra Fortuna Munda) traería a su vida «verbo, poesía y dife-
rencia». La versión de Zoé mezcla la noche y las estrellas de Rilke con la nece-
sidad de lo «desconocido/conocido» lezamiano. Discípula de Lezama, Valdés
elabora una mano dulce que la identifica con el grupo Orígenes, aunque tam-
bién ella la reescriba desde el prisma rilkeano. Sin embargo, en vez de apare-
cer desmembrada, la mano tiene dueño, sabemos que pertenece a su novia,
Tierra Fortuna Munda. La escena de la mano en esta novela no intenta defi-
nir una poética, más bien sirve a la autora como manera de dramatizar las
fuentes de su obra literaria. En Querido primer novio, Zoé Valdés recrea no sólo
la escena lezamiana del encuentro del niño con una mano, sino que su lectu-
ra es también reminiscente de aquella escena de Rilke en la que las estrellas
parecían hechizar también a la niña Abelone.
Rilke, Lezama y Zoé regresan a episodios de la infancia para explicar los
momentos clave que tienen que ver con una experiencia atada a la visión
artística de cada uno. En el encuentro infantil podemos apreciar todos los ele-
mentos de la experiencia poética origenista tal como los describe Vitier en Lo
cubano en la poesía: inocencia, asombro, intuición y, finalmente, revelación20.
En todos los casos, y a raíz de la experiencia que los ilumina, los protagonistas
dejan de ser menos inocentes, menos niños.
El diálogo intertextual mediante la imagen de la mano entre Rilke, Leza-
ma y Zoé Valdés abarca también resonancias que evocan el contexto sociopo-
lítico en el que cada obra fue creada. Para José Lezama Lima, el desplaza-
miento era producto del insilio, ostracismo al que lo había sometido por
muchos años la cultura oficial del régimen castrista. Como respuesta, Lezama
se refugia en la literatura y construye un sistema estético que lo aparta del
mundo de la política. El ensayo «Confluencias» (1968) representa para Leza-
ma su «arte poética», manera de definirse y declararse separado de cualquier
realidad que no fuera la imaginada.
19
Valdés, Zoé; Querido primer novio; Editorial Planeta, Barcelona, 1999, p. 128.
20
Vitier, Cintio; Lo cubano en la poesía; ed. cit., p. 565.
273
encuentro
I s a b e l Á lva r e z B o r l a n d
274 21
Ryan, Judith; Rilke; Modernism and Poetic Tradition; Cambridge up, Cambridge, 1999.
encuentro
Heberto Padilla
Notas sobre un
discurso antibarroco
C
Vi c e n t e E c h e r r i
1
Padilla, Heberto; El justo tiempo humano; uneac, La Habana, 1962 (solapa).
275
encuentro
Vi c e n t e E c h e r r i
El Heberto Padilla que vuelve a Cuba en 1959, a los pocos meses del triunfo
de la Revolución, no sólo se ha despojado de esas admiraciones adolescentes,
2
Bradbrook, M.C., «T.S. Eliot» en: British Writers and Their Work, No. 5, Dobrée, Bonamy y Robin-
son, J.W. Eds. Univ. of Nebraska Press, Lincoln, 1967, p. 10.
3
Padilla, H.; Fuera del juego; Ediciones Universal, Miami, 1998, p. 7.
4
——; La mala memoria; Plaza & Janés, Madrid, 1989, p. 33.
276 5
Echerri, Vicente; Luz en la piedra; Oriens, Madrid, 1986, pp. 11-12.
encuentro
Heberto Padilla
sino que se ha convertido en una suerte de cruzado de una nueva estética que
obedece al descubrimiento de toda una serie de autores que están en sintonía
con su propia sensibilidad.
En Cuba, aunque el panorama literario refleja un poco la agitación que se
ha producido en el terreno político, sobre todo por el regreso de algunos
escritores que habían estado en el exilio, la influencia de José Lezama Lima
—el mayor expositor de la poesía neobarroca en castellano, y en torno a
quien se agrupan algunos poetas de talento— no ha hecho más que aumen-
tar. Los poetas que alguna vez representaron la vanguardia —Mariano Brull,
Eugenio Florit, Emilio Ballagas, Nicolás Guillén— han desaparecido de la
escena, con excepción del último: Brull y Ballagas, porque han muerto; Florit,
porque decide no volver. Otros más jóvenes, atraídos por las novedades de la
escuela de San Francisco y por los experimentos de Nicanor Parra, empiezan
a definirse como la neovanguardia, que producirá en los próximos años los
mayores adefesios de la poesía cubana, y que aún se atrinchera en la Unión
de Escritores y en la Casa de las Américas.
Heberto no cabe en ninguna de estas capillas; pero a los neovanguardistas
ni siquiera los toma en cuenta: no son más que poetastros, hacedores de
ripios, aunque entre ellos pueda encontrarse algún talento extraviado que,
por excepción o azar, produzca algo de mérito, como es el caso de Roberto
Fernández Retamar. Pero es José Lezama Lima y el grupo de Orígenes los que
le provocan mayor irritación. Y es contra Lezama que emprende su cruzada
desde las páginas del suplemento cultural Lunes, del periódico Revolución, que
dirige Guillermo Cabrera Infante y donde se han reunido los escritores que
representan el ala liberal del nuevo régimen.
Así podemos imaginar a Heberto como una especie de caballero andante
que se acerca a lanzarle un guante de desafío a Lezama o, si nos dejamos lle-
var por sus propias palabras, un terrorista que «quería dinamitar el bastión
barroco de la casa de Trocadero donde jadeaba Lezama Lima»6. Lo de jadeo
no sólo es una alusión, de cierto modo cruel, al asma que padecía Lezama,
sino que podría entenderse también como el resuello de un animal mitológi-
co —el Minotauro, por ejemplo— al que un probable Teseo esperara encon-
trar en el centro de su laberinto. Padilla creía —opinión que comparto— que
en la obra de Lezama estaban «los peores vicios de la literatura en lengua
española»7 y sus posiciones estéticas las consideraba «de un provincianismo
desmesurado»8; aunque reconocía que el barroquismo de Lezama «no es de
ese ‘que linda con su propia caricatura’, de que habló Jorge Luis Borges [sino
que rebasaba] estas clasificaciones con una impresionante desmesura»9.
6
Padilla, H.; La mala memoria; ed. cit., p. 63.
7
Ibídem, p. 183.
8
Ídem.
9
Ídem.
277
encuentro
Vi c e n t e E c h e r r i
Este ataque a los valores estéticos que Lezama representaba y defendía, los
resumió con pasión en un artículo titulado «La poesía en su lugar», que
publicó en Lunes y que Pablo Armando Fernández mondó y atenuó. Sin
embargo, justo es decir que ese ataque, que distanció a Padilla de algunos de
los poetas de Orígenes, nunca llegó a enemistarlo con el Lezama de carne y
hueso, con quien departió mucho y quien, con los años, sería uno de los
miembros del jurado que premió Fuera del juego, y uno de los que con mayor
vigor defendió la legitimidad del premio. También puede apuntarse que la
cruzada de Padilla contra la poesía barroca no tuvo mucho éxito, aunque no
le faltaran compañeros y seguidores. Ciertamente, el clima literario, la enrai-
zada tradición de la poesía española y la naturaleza misma de la lengua, se
oponían a una asepsia que le era extraña. Padilla reconoce esa derrota en
uno de los poemas de Fuera del juego. Un poema sin título dedicado a Lezama
(incluyo sólo algunos versos):
10
Padilla, H.; «A J.L.L.», en: Fuera del juego; Editorial San Juan, Río Piedras, Puerto Rico, 1971, p. 26.
278 11
——; «Autorretrato del otro», en: El hombre junto al mar; Seix Barral, Barcelona, 1981, p. 13.
encuentro
Heberto Padilla
Sé el simple,
el colonial; busca
a tus héroes.
12
Ibídem, pp. 101-102.
279
encuentro
Vi c e n t e E c h e r r i
13
Padilla, H.; «Londres», en: El justo tiempo humano, p. 59.
14
——; La mala memoria, ed. cit., p. 163.
15
Padilla, Heberto; El justo tiempo humano ; ed. cit., p. 109.
16
W. Blake; «El tigre», en: Poesía romántica inglesa. Traducción de H. Padilla; Edit. Arte y Literatu-
280 ra, La Habana, 1979, p. 39.
encuentro
Heberto Padilla
en cualquier sitio,
testificando a la hora del sacrificio;
ardiendo,
apaleado por alguien
y amado de los ensueños colectivos;
en todas partes
como un duende joven,
el poeta defiende los signos de tu heredad.
Donde tú caes y sangras
él llega y te levanta.
Concédele una tabla de salvación
para que flote al menos,
para que puedan resistir sus brazos
temblorosos o torpes19.
Pese a haber sido un hombre andariego, que viajó mucho y que conoció
desde joven las grandes ciudades del mundo, Heberto Padilla no abandona
nunca su niñez campesina que aparece, una y otra vez, en sus poemas, bajo la
apariencia de grandes cuadros bucólicos. A diferencia de los retorcimientos y
las alusiones oblicuas con que un poeta barroco nos hubiera comunicado esa
visión, él se torna un admirable paisajista que quiere compartirnos sus obse-
siones más profundas con la más luminosa transparencia. En «Álbum para ser
destruido por los indiferentes», largo poema de El hombre junto al mar, nos
quiere hacer cómplices de esta visión (incluyo tan sólo un fragmento):
17
Padilla, H.; El justo tiempo humano, ed. cit., p. 53.
18
Ibídem, p. 45.
19
Ibídem, p. 51.
281
encuentro
Vi c e n t e E c h e r r i
282 20
Padilla, H.; El hombre junto al mar, ed. cit., pp. 55-56.
encuentro
Heberto Padilla
21
Padilla, H.; «No fue un poeta del porvenir», en: Fuera del juego; Edit. San Juan, Puerto Rico,
1971, p. 85
283
encuentro
Un experimento con el tiempo,
A/L, 122 x 152 cm., 1997.
buena letra
puestas, pero su fuente mana y corre siem- damente significante. Mejor, de descifra-
pre, aunque (sea y) es de noche. Le ha sido a miento.
veces necesario palpar con la punta de los (En la página 22 interrogamos a esos dos
dedos una parte del camino o ponerse a toneles que nadan en un muelle; al agua
que echa afuera la impureza de todo un año;
a cada uno de los hombres y mujeres arma-
1
Premio de Poesía Centenario de Rafael Alberti 2002. dos con escobas baldeando la extensión del 285
encuentro
buena letra
país. Interrogamos la adjetivación de mane- vir, pero conviven con felicidad. Por eso se
ra burda, policial. «De agua»: ¿tal vez por la permite el juego con lo burdo del coloquio
vocación de intrascendencia nuestra, hace (A gozar más que Gozón), la ironía y el sar-
mucho tiempo descubierta y transbordada casmo a veces sanguinario.
por autores de ensayos, escolares libros de Un país de agua es, para mi oído y mi
historia y poemas más o menos trascenden- recuerdo de sus otros libros, el hallazgo de
tes; intrascendencia tan dolorosamente su idioma más fluido y eficaz. Ya en Otro día
sobrellevada por los que aspiran a más cala- va a comenzar habíamos advertido grumos
do y responsabilidad de historia y acto? ¿O de naturaleza coloquial incrustados con
tal vez no?). mano efectiva, sobre todo en los poemas
Efraín Rodríguez es, entre nosotros, de relacionados con experiencias amorosas
los que mejor logra ver en lo invisible. Tiene que ha tenido y que ha querido narrar.
esa arma secreta y cristalina entre sus armas, (Aunque desde El hacha de miel viene
ha ejercitado esa penetración y la usa con esquivando al castellano duro con su chi-
toda naturalidad. Sus arpones son por eso rriante pureza y arcaísmo repintado, en Un
cada vez más exactos en el encaje, y sus país de agua ya no es exactamente límpida
herramientas cada vez más delicadas a la su lengua. Sí vehículo amplio y cómodo.
hora de construir y más sutiles sus relojes No se detiene a subrayar su propia transpa-
para medir y graduar intensidad y sombra. rencia porque, sencillamente, es transpa-
Efraín Rodríguez nos contempla a través del rente; no acude a la quiebra del verso en
agua del país. Y se contempla. sitio oportuno para conseguir pausa o
4. Alguna vez, hace muchos años, Jorge determinado efecto «de aire», porque lleva
Yglesias, en un prólogo, una reseña, no la rienda con tal propiedad, de una cabal-
recuerdo, avisaba y se regocijaba de las gadura dócil domada largamente, que no
perfecciones y limpiezas de la lengua de se advierte nunca el tumbo del avance ni el
Efraín Rodríguez. Pero por entonces su paso por tierra irregular. Efraín Rodríguez
voluntad, digamos constructiva, era dema- ha logrado hacer invisible la herramienta
siado evidente en muchos de sus trabajos; del idioma. Otra prueba que ha logrado
su vigilia de la norma, de lo modal, explí- traspasar).
cita. Luego, su lengua cedió gustosa y ena- 5. Como ha vivido bien su carne y ha
morada a variados contaminantes. Dema- probado y templado su letra en soledad de
siado enamorada tal vez, pensarán artesano, está en medio de ellas con gozo,
algunos. con sensualidad. A pesar de las tendencias
Cuando comenzaban los extraños 90, exitosas más recientes de la poesía nacional,
Efraín Rodríguez escribió por primera vez Efraín Rodríguez no ha querido dedicarse a
poemas eróticos al rojo. Después publicó lo que llama la poesía teatral y es posible que
varios libros y adquirió la costumbre de abomine de ella. En cambio, se ha detenido
hundirse cada vez más profundamente en en la literatura de hombres muertos, como
los asuntos que le interesaban, en sus per- Ezequiel Vieta, Gastón Baquero y Ángel
sonales túneles históricos. Pero continuó Escobar. Ha establecido con ellos diálogos
escribiendo aun más poemas eróticos al verdaderos, como los que estableció y ali-
rojo. Los escribe todavía, muy a menudo. mentó en la amistad viva y honda; conversa-
En este libro hay algunos. Su lengua adqui- ciones que comenzaron y que no cesan en
rió sabiduría y diligencia para tratar temas los infinitos túneles de la Jerusalén nuestra y
buena letra
algún impreciso lugar de las alturas. La poe- de 1965, donde avisa que la vida, como un
sía es algo más complicado e imprevisible cuerpo de mujer, ha de mirarse desde el
que la vida de un árbol o una serie de pelda- fondo del hombre, fijación que inunda toda
ños de escalera. Buenos lectores es todo su poesía posterior, donde habla desde
cuanto necesita este País de agua, estos tiem- todos los ángulos, en sordina, a gritos, en
pos también los necesitan, entre otras susurros de pausada y armónica oscuridad,
muchas cosas, claro está. ■ como si con esa idea conjurara lo que se ha 287
encuentro
buena letra
movido a su alrededor en sus casi setenta mis ojos, además de esa fina parábola sobre
años de vida, y siete intensos poemarios. la fragilidad de los sueños humanos que
Ahora, como quien va a partir a otro sigue siendo para mí El país de Ofelia, la des-
inesperado inventario, ha ordenado sus carnada desilusión de La tierra de Saúd
notas, con el temblor paciente de un cara- (1966), una cumbre del lenguaje coloquial
col que va arrastrando todos los paisajes. que representa en la literatura cubana Vivir
Manuel Díaz Martínez nos sorprende con es eso (1968), con su lírica procacidad, y cua-
un repaso personal de su obra poética en tro poemarios posteriores donde saltan la
esta nueva antología bajo el espléndido títu- madura visión del poeta y el destello aleve de
lo Un caracol en su camino, y que abarca la sensatez o sabiduría que son Mientras traza su
totalidad de su creación, de 1965 a 2002. curva el pez de fuego (1984), El carro de los mor-
Me niego a ver esta antología como un tales (1989), Memorias para el invierno (1995) y
testamento. No lo es, aunque tenga de lega- el antes mencionado Paso a nivel, de 2001.
do la íntima cirugía del propio creador, que Le agradezco a Manolo el pulso que le
confiesa en su nota a los lectores: «Repasan- acompañó en esa poda dolorosa que repre-
do con sosiego de viejo lector lo que con senta siempre escoger entre los hijos de su
fervores de joven autor di por bueno una mano, que es también lucha entre el amor a
vez, logro advertir que no todos los poemas un texto y su circunstancia, y la cruel balan-
que he publicado merecen aparecer en este za de la imperfecta perfección, no haber
recuento final». No lo creo resumen, por- olvidado en este balance de vida poemas
que en todo testamento aletea el desolado esenciales para nuestra cultura como son
pájaro de una despedida. Manolo ha sido Historia muy vieja, Como todo hombre normal, y
siempre fiel a la definición de esa dulce el amargo humor negro de textos clásicos
catástrofe que es la vida, desde mucho antes como La cena y Balada del tiempo que vivimos,
de escribir, en las páginas de un cuaderno sorprendente en su resonancia de actuali-
tan vivo como es Mientras traza su curva el pez dad política; dos textos, estos últimos, que
de fuego, de 1984: «Vivir es levantar un llevan en su construcción el secreto de
mundo/ sobre el mundo/ a cada instante». Manuel Díaz Martínez en su poética toda: la
Por ello quiero entender que hoy nos desolación profunda del que revela esencias
regale este inventario, una suerte de ordena- del vivir y ese humor embozado, barruntado
miento de las barajas con las que ha ido en una sombra que se hace más turbia al
jugándose el amor y la muerte en los recodos pronunciarlo, y que, sin embargo, ilumina
de un largo camino, en su constante búsque- por su inteligencia.
da de una tierra, dolorosa y real, imaginaria y Ya nos había avisado el poeta desde su
colosal, que es, más que un lugar físico, la torrencial confesión, arte poética o de vida,
estancia perfecta donde el poeta se ha de que más se asemeja a una burlona declara-
sentar a la vera de un fuego, a repasar los ros- ción de principios en Como todo hombre nor-
tros y las emociones que ha vislumbrado tras mal, que no solamente es maniático, y que
la espesa piel de los silencios. mantiene, a su pesar o en perfecta conni-
Ha aparecido en el año 2003, con su ele- vencia, excelentes relaciones con sus obse-
gante y sobria presencia azul, en la colección siones, sino algo tan desgarrador como que
Mitos de la literatura cubana, en la editorial «Mis relaciones con la angustia son cordia-
Hispano Cubana, que coordinan Fabio les». Tal vez esa cordialidad con lo vivencial
Murrieta y Grace Piney. En sus 389 páginas, opresivo ha dado como fruto una especie de
buena letra
perdiendo autoridad». Sólo así nos puede pasando incesantes los rostros que amó: la
dejar en este exhaustivo repaso de su andar estatura buena de ese viejo que fue su padre
—Quijote a veces, y en ocasiones, Sancho, hasta el último minuto de su lejano cielo, las
pero con mano cervantina que guía— testi- hijas, los amigos, los pequeños tormentos de
monio de sus riesgos. Lo escribió en una de la cotidianidad, los personajes de una iden-
sus más sólidas desgarraduras al decir: tidad más abismal que los nacionalismos
«Estoy enamorado de una mujer/ bellísima baratos (no olvidar ese destello inusitado,
y neurótica como la Historia». sorprendente, de nuestra historia, en el
Por esa Historia enfebrecida, dolorosa, recio poema Pensé en el General Quintín Ban-
que ha sido —han sido en su multiplici- dera, fantasma ensangrentado), la guerra de
dad— su historia personal, sus vados y los días minúsculos que se posan unos sobre
requiebros, sus viajes de ensimismado asom- otros para ser, de pronto, una vida, todo lo
bro y sus pérdidas humanas, nos lega el escuchado o soñado, están aquí, entre las
poeta su estancia entre dos islas —la arreba- dos paredes que quisiera infinitas, de Un
tada y la protectora de hoy— y la voz serena, caracol en su camino.
en ocasiones directamente natural como el Halló bien Lezama Lima el hueso de
lenguaje cotidiano, que le obliga a mostrar Francisco de Quevedo en el eco profundo de
señas de su intención en esta antología parti- Manuel Díaz Martínez. Y le asemejó de modo
cular: ni eternidad, ni la miseria de la desme- exacto Eliseo Diego con las penumbras silen-
moria. Tal vez lo proclamó sin mucha fe en ciosas. Algo de Antonio Machado hay tam-
que le creyéramos a pie juntillas en uno de bién en el pausado cantar de Díaz Martínez,
los poemas de Vivir es eso, treinta y seis años en el doloroso rumor de su obra. Un poeta y
atrás: «Una palabra sola/ no vale nada./Dos, hombre cívico, que hoy ha desgranado sus
juntas,/ van al vacío./ Tres hacen el caos./ días como quien repasa un extraño rosario.
Cuatro no caben/ en la garganta./ Cinco y Para que no nos extrañemos nunca. Para
más/ son el olvido/ el olvido». dejar testimonio del candor y la dicha. Para
Incómodo, contrariado con la palabra saber lo zigzagueante que ha sido el oscuro
que le permite nombrar las navajas de la luz brillo de este mundo. ■
y la sombra, pero insatisfecho porque la
palabra sola no abarca todos los ahogos,
también había definido su oficio en el pri-
mer poema de ese libro insoslayable: «La
palabra es la desgracia; no es la palabra/ lo Una familia y una nación
que busco. Ella me sirve,/ me sirvo de ella en el tiempo
—¡qué remedio!—». Gracias a que asumió
su instrumento con responsabilidad —quie- Rafael Rojas
ta y agónica a la vez— le debemos hoy el
recuento de ese camino que quiere hacer
lento como un caracol, metáfora en la que Julieta Campos
también dimensiona su vastedad, que no su La forza del destino
desarraigo, y, a pesar de su primer posible Alfaguara, México, 2003.
testamento, incluido en Memorias para el 771 pp. ISBN: 9681913124.
invierno (1995) donde también, como todo
desterrado, hace un minucioso examen de
buena letra
guía a la literatura cubana frente a otras lite- Habana de los años 50, vísperas de la Revolu-
raturas del continente, como la mexicana, la ción y el Exilio, acaso como protesta sutil
colombiana, la argentina o la brasileña, tan contra el mesianismo de una nueva era que
proclives al diálogo entre historia y ficción. hizo tabla rasa del pasado y se atribuyó el
La novela histórica cubana contemporánea, renacimiento del estado nacional. Por medio
género muy practicado en los últimos años de un juego discursivo, que habría sorprendi-
290 dentro y fuera de la Isla, aborda, por lo do a Paul Ricoeur, la autora logra que la
encuentro
buena letra
extensión de los tres tiempos de la novela de una historia nacional, el sabio Carlos de
equivalga a la extensión de los tres tiempos la Torre, aparece como el último eslabón
de la historia de Cuba. Misteriosamente, el del linaje, como la última rama de una
tiempo de la historia y el tiempo de la ficción genealogía que, en las primeras décadas
eluden aquí sus determinaciones rígidas y republicanas, se ha confundido ya con la
excluyentes y alcanzan una duplicidad que propia genealogía de la nación cubana.
nos atrae y nos inquieta. A través del memorial de una familia
La clave del misterio de esa duplicación criolla, la novela de Julieta Campos persigue
de los tiempos se halla en el sujeto de la múltiples líneas de parentesco o de vínculos
narración histórica emprendida por Julieta afectivos que van a parar, como afluentes de
Campos: la familia De la Torre, un linaje que un mismo río, a personalidades y sucesos
se forma en la España de los Reyes Católicos, emblemáticos de la historia de Cuba. Así, en
con hidalgos que intervienen en la expulsión esta suma de parentescos aparecen, como
de los moros de Andalucía, y que en el siglo miembros de una gran familia nacional, Sil-
xvi se traslada a Cuba, dando lugar a una vestre de Balboa y su Espejo de paciencia, la
perdurable descendencia criolla que habitará primera obra de la literatura cubana, la
Puerto Príncipe (Camagüey) en los siglos toma de La Habana por los ingleses en 1761
xvii y xviii, Santiago de Cuba y Matanzas en y los más importantes intelectuales y políti-
el siglo xix y, finalmente, La Habana, en la cos del siglo xix: el sacerdote republicano
primera mitad del siglo xx. La saga familiar Félix Varela, el conspirador anexionista Gas-
desemboca en la narradora, Julieta Campos, par Betancourt Cisneros, el pedagogo y filó-
sobrina nieta del eminente naturalista cuba- sofo José de la Luz y Caballero, el pensador
no Carlos de la Torre, justo cuando la histo- positivista Enrique José Varona o los caudi-
ria de Cuba está a punto de experimentar su llos separatistas Carlos Manuel de Céspedes,
mayor trastorno, la Revolución de Fidel Cas- Ignacio Agramonte, Antonio Maceo y Máxi-
tro, que bruscamente cortará los hilos que mo Gómez. Por medio de una prima del
ataban la Colonia y la República, al siglo xix siglo xix, Carmen Zayas Bazán, Julieta Cam-
con el siglo xx. pos retrata al esposo, el joven poeta y revo-
Dos figuras marcan el principio y el fin lucionario José Martí, quien escribe poemas
de este linaje, María de la Torre, generatriz y cartas de amor desde Progreso, Yucatán, y
del clan criollo a fines del siglo xvi, y Carlos años más tarde, en Nueva York, abandona a
de la Torre, el célebre biólogo, geólogo, su familia de sangre por otra familia mayor,
paleontólogo y político cubano, discípulo la de la República Cubana.
de Felipe Poey, a quien se deben algunos de Entre parentescos y noticias, la novela
los principales hallazgos de la ciencia insu- repasa las guerras de independencia, la emi-
lar y quien fuera fundador y presidente de gración cubana en Estados Unidos, las inter-
la Sociedad Cubana de Historia Natural y venciones norteamericanas de 1898 y 1906,
rector de la Universidad de La Habana en las pugnas poscoloniales entre caudillos y
los años 20 del pasado siglo. En buena caciques, la corrupción de la política repu-
medida, Julieta Campos concibe su novela blicana, el conflicto racial de 1912, los
como un diálogo con María de la Torre, la gobiernos de Estrada Palma, Gómez, García
fundadora del linaje, en el cual la identidad Menocal y Zayas, la dictadura de Gerardo
de la escritora se afirma por medio de la Machado, la Revolución de 1933, la Asam-
misión de transcribir la leyenda familiar. blea Constituyente de 1940, los gobiernos
buena letra
Una leyenda que son muchas leyendas, una auténticos de Grau y Prío y, finalmente, la
historia de historias o, más bien, fragmentos dictadura de Fulgencio Batista. De manera
de alguna historia dispersa, inconclusa, que que el cauce primordial de la historia colo-
la autora escribe a retazos, como si siguiera nial y republicana de Cuba es recorrido a
el dictado secular que le trasmite María de través de las múltiples tramas afectivas que
la Torre desde el Camagüey de Felipe II. En propone esta novela. Pero la narración de
ese relato familiar, que bordea el gran relato los grandes hechos y la semblanza de los 291
encuentro
buena letra
grandes personajes son ladeadas, oblicuas, Siempre hay algo «angustioso», dice, «asfi-
tangenciales, como si el relato familiar con- xiante en esa insularidad paradigmática, en
virtiera en rumores o resonancias domésti- ese querer fijarnos como sino el encierro
cas la feroz epopeya que se libraba más allá entre muros de agua». A la manera de Virgi-
de las paredes de una casa. Algo hay aquí de lio Piñera, en La isla en peso, Julieta Campos
microhistoria, sólo que el pequeño lugar, la vuelve a plantearnos el dilema del límite en
gota de océano, desde donde se narra no es la cultura cubana, aquella «maldita circuns-
una aldea, como el Montaillou de Emma- tancia del agua por todas partes».
nuel Le Roy Ladurie o el San José de Gracia La forza del destino ofrece a la crítica y la
de Pueblo en vilo, de Luis González, sino el historiografía cubanas un excelente pretex-
linaje De la Torre, atravesando cinco siglos to para repensar las complejas relaciones
de la historia de Cuba. entre Familia y Estado en esa pequeña
Como la ópera de Verdi, que le regala el nación caribeña. Es paradójico que una cul-
título, esta novela comienza con una obertu- tura, como la cubana, que careció de las tra-
ra de voces que no logran componer un diciones estamentales y corporativas de los
coro, sino, más bien, una superposición de antiguos regímenes virreinales, que tuvo un
cantos personales. Esas voces, entre las que mestizaje acelerado en el siglo xix y que en
encontramos lo mismo a políticos, como José el siglo xx experimentó dos grandes moder-
Martí y Fidel Castro, que escritores, como nizaciones exógenas, la norteamericana y la
José Lezama Lima y Virgilio Piñera, articulan soviética, sea tan dada al culto familiar, a
el lenguaje caótico e incoherente de la tribu cierta mentalidad nobiliaria, asociada a un
cubana. Sin embargo, ese coro disonante, imaginario aristocrático y genealógico que
compuesto de múltiples voces afirmativas, contrasta con el aburguesamiento de la
siempre en primera persona, tiene un motivo República y con el igualitarismo de la Revo-
recurrente: el naufragio de la utopía, el des- lución. Dos evidencias intelectuales de esta
encanto de una comunidad llamada, desde paradoja son la monumental Historia de las
el siglo xix, a cumplir una misión trascen- familias cubanas de Francisco Xavier de
dental en el equilibrio del mundo. La refle- Santa Cruz y Mallén, Conde de San Juan de
xión sobre el fracaso del destino revelado de Jaruco y de Santa Cruz de Mopox, que tanto
la nación cubana, esa misión providencial aprovechó Julieta Campos en la redacción
encomendada a la Isla, desde las páginas del de su novela, y el mito familiar de Orígenes,
Diario de Colón hasta las de José Martí en esa sintomática restitución del linaje espiri-
tantas cartas y discursos, es uno de los subtex- tual de la nación cubana que ha sido tan
tos más apasionantes de esta novela. bien descrita por Lorenzo García Vega y
La eterna tensión entre utopía y desen- Antonio José Ponte.
canto, tan bien captada por Claudio Magris, Pero los De la Torre, a diferencia de
se insinúa en la novela por medio del perso- otros célebres linajes de la literatura moder-
naje de Carlos de la Torre, el último herede- na, como los Karamasov o los Buendía, care-
ro del linaje criollo, que ha trocado el patri- cen de maldición, de tara o de legado míti-
monio familiar en sabiduría nacional. A co. De hecho, la historia filial que nos
través del hallazgo de los restos de un mamí- cuenta Julieta Campos es tan discontinua y
fero del pleistoceno, el gigante perezoso de zigzagueante como la propia historia de la
la prehistoria insular, De la Torre confirma isla. Lo único permanente y continuo entre
la tesis de que, en sus orígenes, la isla estuvo tanta fuga y desvío es esa tenue línea de san-
buena letra
adherida a la masa de tierra del continente gre que se extiende desde María de la
americano. Esta ausencia de una insularidad Torre, en el siglo xvi, hasta Carlos de la
originaria, según uno de los personajes de Torre, en el siglo xx. El lento avance de esa
la novela, es un dato que presagia el desen- línea de sangre se confunde con el tiempo
canto de la utopía, ya que alude a la imposi- mismo de la familia y de la isla y se erige en
bilidad de encontrar una comunidad radi- el único tópico inteligible de tantas evoca-
292 calmente distinta en el mundo occidental. ciones, personajes y escenas. El tiempo que
encuentro
buena letra
transcurre con la lentitud de un espeso río y sacionalismo con todas sus variantes y trans-
la memoria que testifica un acervo filial son formaciones, y porque, aunque incluye a
los dos grandes temas de esta novela. todos los poetas de Diáspora(s), no es exclu-
Ambos, el tiempo y la memoria, levantan el sivamente una antología del grupo: ni Rito
puente intelectual que comunica aquellos Ramón Aroche, ni Juan Carlos Flores, ni
relatos ensimismados y contemplativos de Omar Pérez pertenecen a él, aun cuando sus
Reunión de familia, con la prosa serena y elo- obras muestren, sobre todo en el caso de los
cuente de La forza del destino. ■ dos primeros, cierta afinidad con la que se ha
producido desde el proyecto de escritura
alternativa liderado por Sánchez Mejías.
Si la poesía que Jorge Luis Arcos ha lla-
mado acertadamente posconversacional
«Clase muerta», vanguardia crece en tierras de conversacionalismo, es
poética, «literatura menor» evidente que la antologada por Carlos A.
Aguilera lo hace en un campo sembrado
Duanel Díaz por otras semillas. Partiendo de la crisis de
la norma conversacional, del tácito rechazo
de su impostura u obsolescencia, la poesía
VV. AA. (Antología)
que muestran estas curiosas Memorias no
Memorias de la clase muerta, vuelve sin embargo cómodamente al arsenal
Compilación y epílogo de Carlos A. Aguilera poético sobre el que los poetas conversacio-
«Prólogo sin credenciales», nalistas ejercieron su ascesis. Ascética en
de Lorenzo García Vega otro sentido, la obra de la «clase muerta»
Editorial Aldus, México D.F., 2002 parece entrañar, en relación con la poesía
173 pp.
posconversacional y la posorigenista, por un
lado un descenso de la temperatura lírica,
en la medida en que se sustrae consciente-
te rotundo esta afirmación. Porque muestra en que la poesía social o el realismo socialista
un corpus poético que trasciende el conver- lo son, sino en el sentido de lo político como
lo transversal al poder, como la producción
de líneas de fuga que apuntan a un espacio
1
Arango, Arturo; «Existir por más que no te lo permi- liso alternativo con respecto al espacio estria-
tan. (Lectura de una poesía dispersa)»; en: La gaceta de do instaurado por el estado. «Devenir
Cuba, noviembre-diciembre, 2003, p. 22. menor», ser, ya no sólo «absolutamente 293
encuentro
buena letra
modernos» como quería Rimbaud, sino meno- representados —Carlos A. Aguilera, Ricardo
res, parece una intención de estos poetas A. Pérez, Pedro Marqués de Armas, Rolando
cuyos textos, según explica Aguilera en su epí- Sánchez Mejías, Rogelio Saunders e Ismael
logo, «se acoplan a una reflexión sobre el González Castañer— pertenecen a ese grupo
poema, el escritor y sus articulaciones en que ha protagonizado la más importante
determinado hábitat», inscribiéndose en toma de posición en el campo literario cuba-
«una tradición moderna de lo conceptual» no de los años 90. El breve epílogo de Aguile-
que según el epiloguista se echa de menos en ra, controvertido por el radicalismo de algu-
la literatura cubana. Recortando el terreno nas de sus afirmaciones, continúa, además, el
de esta «clase muerta» —improductiva, casi polemos presente en textos programáticos,
carente de valor de uso, según explica a como el prólogo a la antología Mapa imagina-
Lorenzo García Vega en un e-mail que éste rio y la presentación de la revista Diáspora(s),
reproduce en su prólogo a la antología—, ambos de Rolando Sánchez Mejías 2 . El
Aguilera apunta que «estas poéticas pueden campo de «lo conceptual» que el antologa-
ser una salida a un romanticismo de corte dor quiere mostrar es, sin embargo, más
«blando», común entre los poetas de los 80, y amplio que el del «pensar-escribiendo» que
a una sublimidad-de-la-mentalidad-literaria define a Diáspora(s). «Dentro del mundo de
que [...] tiende a simplificarlo todo, convertir- lo conceptual [me escribe Aguilera en un e-
lo, en Literatura-Nación». Menor, según se mail], me pareció que ‘lo civil’ era uno de sus
desprende de estas afirmaciones, es esta poe- lados más importantes. Lo civil no sólo como
sía en relación con la lengua mayor en que ha una reflexión sobre diferentes lados de la
llegado a convertirse el estilo poético de un onto-realidad, también como una reflexión
sector mayoritario de la generación de los 80. sobre los límites de la poesía. [...] Lo impor-
Pues si la sensibilidad que en aquella década tante era mostrar los diferentes huequitos de
retó el absolutismo de la norma coloquialista lo conceptual, y no como comúnmente se
característica de la promoción anterior fue entiende: un espacio frío, cerebral y de expe-
entonces revolucionaria, hoy resulta en rimento. El lado vernáculo del asunto si se
buena medida conservadora, toda vez que los quiere». De ahí la presencia de un poeta
márgenes de libertad que conquistó en su como Omar Pérez, cuya inclusión pudiera
batalla contra la lírica más o menos realista- parecer disonante en esta antología si no se
socialista representada por poetas como Raúl tiene en cuenta esa voluntad de incluir deter-
Rivero y Osvaldo Navarro han sido cooptados minados gestos civiles que no conforman el
por las instituciones, volviéndose inocuos centro del «terreno de operaciones» de Diás-
para un estado que ante la crisis del marxis- pora(s). Basta, por otro lado, contrastar la
mo-leninismo ha debido ampliar su permisi- poesía económica de Rolando Sánchez Mejías
bilidad estética y hasta echar mano de los con la poesía neobarroca de Ricardo Alberto
«idealismos» que antes había prescrito. Ahora Pérez para advertir las diferencias de estilo
bien, no creo que la calidad poética sea varia- que existen en el seno de este propio grupo.
ble exclusiva de estos posicionamientos res- De manera que, aunque es la única entre las
pecto al nacionalismo, al estado o a lo que múltiples antologías de poesía cubana con-
Aguilera denomina «mala ontología». Cierta- temporánea que propone una poética a par-
mente es posible encontrar, entre los practi- tir de una toma de partido que no es estricta
cantes del conversacionalismo o del posorige- y principalmente generacional, Memorias de la
nismo, mejores poetas que algunos de los clase muerta no constituye en modo alguno
buena letra
cubano. Miamenses y más trata —con seguri- éxito económico de «la más hispana de las
dad de una manera infructuosa— de sentar grandes ciudades en los 50 estados de la
una pauta en esa algarabía política e infor- Unión», que dijera Samuel Huntington, no
mativa que no se propone dejar huella ni hace más que acrecentar, como si igual de
sacar conclusiones, sino que es fin en sí grande que ese éxito debiera ser el vacío
misma; de oponerse a ese mecanismo nefasto creado por la provisionalidad, por lo tempo-
que perpetúa el presente y que impide crear ral convertido en definitivo.
memoria y, por ende, cultura. Marcados por tales circunstancias, no deja
Esa intención abarcadora, esta necesidad de haber cierta semejanza entre los persona-
de explicar(se) el trasfondo, es evidente desde jes que aquí habitan y los de La galería invisi-
el primer párrafo del libro: «Desde Maine, la ble, el anterior libro del autor. Si bien en La
costa Atlántica sigue una ruta descendiente. galería… eran seres de otro mundo, criaturas
Poco a poco el país va cayendo para formar transparentes que se fagocitaban o inmola-
esa enorme estalactita que es la Florida. Un ban durante la cópula, el miamense, más que
trozo de hielo proveniente del norte que día a andar por el libro, tropieza, «vive una vida
día se derrite, se funde en las aguas del Caribe extraña en una ciudad conocida», «guiado
para volver a sus orígenes. Recorrer esa ruta por la ilusión de un futuro improbable y de
es evocar la historia, la grandeza y la culpa un pasado espurio».
nacional. Un país que termina en casi nada. Miamenses y más posee la virtud de ser
Eso es lo que es Miami: la ciudad de mil futu- implacable, convencido, como está el autor,
ros sin ninguno seguro. Una existencia provi- de que la reproducción de estructuras autori-
sional y al mismo tiempo sólida; el imperio de tarias, la negación de la crítica o la solución
la supervivencia amenazada. (…) La historia electoralista, continuarán perpetuando el
se convierte no en decadencia (o en la pará- drama que nos ha descarrilado como nación.
bola de la decadencia) sino en el espejismo Sólo una comunidad capaz de soportar libros
de la falta de grandeza». como éste podrá llegar a la mayoría de edad.
Más clásicas formalmente, las partes dos y Por eso, esta visión crítica de nuestro exilio,
tres del libro, tituladas «Y más» y «Manigüiti», fuera de cualquier trinchera ideológica, es
narran, respectivamente, un pasado cubano y una propuesta encomiable. Más que preocu-
un arribo a Miami. En los relatos de «Y más», pante, el diagnóstico que arroja es terrible: en
con excepción del titulado «Una tarde de definitiva, estamos hablando de la parte más
dominó», de claros aires republicanos, los sana de nuestro cuerpo, ¿o no? ■
personajes se mueven en la turbulencia de los
años posteriores al triunfo de la revolución: la
universidad, los posicionamientos ideológicos,
la militarización de la vida, la omnipresencia
de la Unión de Jóvenes Comunistas… Una Historia de una
existencia en la Isla que es el denominador pasión cortesana
común entre los exiliados; un pasado congela-
do en el tiempo que comenzará a recibir la Manuel Díaz Martínez
gota corrosiva de la nostalgia tras ser expuesto
a esa fase de adaptación a un entorno desco-
nocido que subyace en el relato «Manigüiti». Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli
Un texto en el que el recién llegado, más que
buena letra
296
tura de Miamenses y más, la incertidumbre se
va alzando como sensación predominante;
se impone un desasosiego que el fulgurante
E n un artículo publicado en LA NACIÓN
de Buenos Aires, «El periodista que buscó
el poder», Tomás Eloy Martínez sostiene que
encuentro
buena letra
ese muestrario de contradicciones que fue ser escritor». Quizás lo que anime la estre-
Jacobo Timerman «buscó el poder, lo aduló, cha relación entre el dictador que quiere
se alió con él, pero nunca le fue sumiso». ser escritor y el escritor seducido por el
De Gabriel García Márquez puede decirse poder sea un intercambio de ilusiones.
otro tanto, menos lo último. Dicho de otro modo: el deseo de ambos de
A muchos nos intriga que García Már- «vivir» la experiencia del otro.
quez asuma gustosamente, como un privile- Por supuesto, Castro tiene otras querencias
gio, las faenas de escriba y recadero de un menos espirituales a cuya satisfacción se entre-
déspota que arrastra una historia pavorosa ga su gran amigo. En Gabo y Fidel se cuenta
de delitos y delirios. Para encontrar las razo- que Raúl Castro le dijo a un ministro soviéti-
nes o sinrazones de esta disfunción moral, co, refiriéndose al sonriente hijo de Aracata-
el profesor Ángel Esteban, de la Universi- ca: «por fortuna no es comunista, porque si lo
dad de Granada, y la investigadora belga fuera no nos sería tan útil». Lo mismo pudo
Stéphanie Panichelli se dedicaron a hacer haber dicho Goebbels de Leni Riefenstahl,
una meticulosa pesquisa, cuyo resultado ha quien se murió negando haber sido nazi.
sido la historia de una pasión cortesana. Lo históricamente trascendente no es, en
Que esa pasión ha resultado más fácil de fin de cuentas, con quién un creador impor-
historiar que de explicar es lo primero que tante intercambia libros y sale de pesca, por
advertimos en Gabo y Fidel. El paisaje de una más que eso despierte algún interés, sino a
amistad. quién y para qué es útil. Y esto, en el caso
Singulariza las relaciones entre García del creador de Macondo, queda claro en
Márquez y Fidel Castro la amistad íntima que Gabo y Fidel. Paisaje de una amistad: es útil a
los une desde hace un cuarto de siglo, tanto un dictador y a su dictadura. ■
más rara cuanto que el dictador, según lo
que se sabe, no ha profesado una amistad
semejante a ningún otro intelectual, ni cuba-
no ni extranjero. El enigma que Esteban y
Panichelli han intentado desvelar a lo largo Morir en Miami
de las trescientas y tantas páginas de su libro
—con las que han incrementado nuestra per- Alejandro Armengol
plejidad— radica en estas preguntas que tan-
tos nos hacemos: ¿cómo puede García Már-
quez ser amigo entrañable de Fidel Castro, al José Abreu Felippe
extremo de haberse convertido en impúdico Cuentos mortales
Ed. Universal, Miami, 2003
falsificador de la realidad cubana, propagan- 101 pp. ISBN: 159388009 X
dista del dictador y agente diplomático de
éste para misiones especiales?, y ¿por qué
Fidel Castro, un hombre que no cree en la
amistad y que ha dado múltiples pruebas de
despreciar a los intelectuales, no oculta su
devoción por García Márquez, al extremo de
D esde hace muchos años ha quedado
atrás la época que permitió a Seymour
Menton afirmar —combinando realidad e
concederle privilegios y prebendas, más que injusticia— que la narrativa elaborada por los
irritantes en un país plagado de carencias? exiliados cubanos se limitaba a «diatribas
En un texto citado por Esteban y Paniche- anticomunistas con escaso mérito literario».
buena letra
lli, García Márquez afirma: «Mucha gente Pero las obras escritas en Miami aún no están
tiene dificultades en creer que mi amistad libres de este «pecado original» a los ojos de
con Fidel Castro se basa casi por completo en la crítica internacional y las editoriales espa-
nuestro común interés por la literatura». Y ñolas, que siguen apostando a la ignorancia.
más adelante añade: «En cierta ocasión, no Hay en la actualidad un grupo notable de
sin cierto aire de melancolía, [Castro] me escritores que residen en la llamada «capital
dijo: En mi próxima reencarnación yo quiero del exilio» que siguen apostando con pocas 297
encuentro
buena letra
298
encuentro
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demasiados años que obliga a sus miembros a en su memoria» (muerte acumulada); «casi
envejecer y morir en un lugar escogido pero cinco minutos después escuchó el nombre
nunca plenamente aceptado. Mientras esta de su padre, entre una petición por las
comunidad se renueva con la llegada de nue- almas del purgatorio y la salud de un obispo
vos refugiados y mantiene activa su frustra- recién operado de cáncer» (misa de sana-
ción ante la permanencia del régimen de La ción). Sólo en trío predomina un sentimien-
Habana, quienes la forman saben que su vida to de hastío, con igual carácter perecedero,
fue partida en dos: un antes y un después que que puede interpretarse como la muerte de
logran confundirse pero no integrarse. la amistad.
Como ejemplo de este círculo sin cerra- Si muerte, frustración y fatiga son las cla-
se, los relatos de Cuentos mortales se inician y ves de este libro, no son asumidas como justi-
culminan con dos títulos alegóricos: vence- ficaciones de cualquier tipo, y mucho menos
dor y perdedor. El «vencedor» del primer se trata de «echarle la culpa a la dictadura
cuento muere, luego del triunfo literario, al castrista o al exilio que me consume el
regresar a la Isla y en los momentos en que alma». Son respuestas lúcidas de quien
es honrado con un Doctor Honoris Causa asume la vida sin «creer ni en la madre de los
de la Universidad de La Habana. En la tomates», que se sabe un «exiliado total»,
narración final, el «perdedor» hace un como proclamara Guillermo Rosales. Cuentos
balance de su vida antes de suicidarse. En mortales llega para mostrarnos esa otra cara
ambos casos, se trata de un ajuste de cuen- de Miami, más allá de la fanfarria de los
tas. Hay diferencias evidentes entre ambos logros económicos de la comunidad exiliada
personajes: el primero ha alcanzado el y los ataques malintencionados de quienes
triunfo literario y el otro nunca ha publica- sólo ven a esta ciudad como una cueva de
do una línea. Uno muere al regresar a Cuba resentidos y traficantes. Una obra vital que se
y el otro ni siquiera se plantea esa posibili- impone sobre lo perecedero. ■
dad. Pero estas diferencias son aparentes.
Para ambos, los logros y las frustraciones
personales resultan pueriles ante la reali-
dad: buenos y malos recuerdos. Para el sui-
cida, en éstos no hay «nada que merezca Guayaba dulce
una línea». El escritor de éxito, por su
parte, considera al tiempo «ajeno a la expe- Elena Tamargo
riencia y a cualquier esfuerzo». Desde el
punto de vista existencial, ambos relatos evi-
dencian una ironía que lleva a la inversión Laura P. Alonso Gallo y Fabio Murrieta
de los títulos: el suicida demuestra mayor Guayaba Sweet
Ed. Aduana Vieja, Cádiz, 2003.
lucidez al quemar su «obra maestra», la 369 pp. ISBN: 84933455-1-2.
novela que arroja a las llamas, mientras que
quien recibe el homenaje se considera un
cobarde que ha «perdido demasiadas opor-
tunidades para matarse».
La muerte rige la escritura del libro. Está
presente en nueve de los 10 relatos. Bastan
C uando el poeta judío alemán paul
Celan no sentía ya necesidad de justificar
su origen ni su pertenencia a una cultura ase-
algunos ejemplos: «La artritis y la desespe- sinada, al ser interrogado acerca de por qué
buena letra
ranza empujan cadáveres ahogados, cadáve- aún seguía escribiendo en la lengua de los
res mordidos, cadáveres reventados contra que habían matado a sus padres, respondió
el asfalto, cadáveres humillados por el cán- con una frase que devendría lapidaria: «por-
cer» (la marcha); «tampoco era bueno que el poeta en otra lengua miente». Celan,
sobrevivir a los hijos, ni a las mujeres, ni a como otros tantos, eligió el papel del testigo
nadie que se ame» (regreso a casa); «en diez sobreviviente, del que alcanza el umbral de lo
años demasiada muerte se había acumulado indecible, pero no deja de decir. 299
encuentro
buena letra
La perfección con que los escritores de ¿Por qué no somos nada sin aquella tie-
Guayaba Sweet. Literatura cubana en EE. UU. tran- rra?, la cubanía como opción, otros modos
sitan de una lengua a otra, en un trabajo de nombrar la patria, el drama de la bilin-
semejante al de la incineración, funde las tra- güidad, la experiencia humana y el exilio
diciones y los lenguajes y libera las posibilida- primordial, no sólo exilio sino una poesía
des confinadas del testimonio, porque tal vez exiliada, la Isla que no existe frente a la Isla
toda escritura nace como una necesidad testi- sin fin, la doble pertenencia, la acumula-
monial, interrogándose sobre la naturaleza ción ilimitada de los préstamos culturales, el
de aquello que no puede dar fe de su existen- exilio de la palabra o la palabra exiliada,
cia: esa otra no lengua, que se habla sola, de son las invocaciones y los reclamos de este
la cual nace, en una perpetua renovación, el libro, cuyo sabor no resulta tan dulce como
lenguaje útil de la comunicación cotidiana. el de las guayabas de la Isla, aunque mantie-
Una presencia insistente, que parece ne el olor de aquellas con que nuestros abo-
impulsar la escritura de todos estos ensayos rígenes taínos hacían ofrendas a sus dioses y
y que aparece por diversos caminos, es la sus muertos.
que, casi por comodidad, podemos denomi- Con formulaciones polémicas, rápidas,
nar «de lo exiliar». Su secreto radica en que visionarias, utilitaristas, los textos se intro-
señala una continuidad más allá de los per- ducen con gran ductilidad en la problemá-
sonajes y de los temas, como si alrededor tica cubana y la escudriñan con instrumen-
del exilio, de cada propia interrogación, tales filosóficos, lingüísticos e históricos,
todas las preocupaciones intelectuales cuya actualización coloca a sus autores en
encontraran su verdadera significación. Una los niveles más elevados del pensamiento
huella que visita sin permiso la memoria, un contemporáneo. El conjunto, amplio en
mandato impostergable que plantea sus exi- autores, diverso en temas y riguroso en cali-
gencias más allá de las posibles simulaciones dad, confirma la buena salud del pensa-
y de los posibles abandonos, una distancia miento cubano y otorga credenciales defini-
que se proyecta desde su opaca lejanía y tivas a una zona un tanto débil de la cultura
pinta con colores ideales una visión del cubana, que tuvo siempre ensayistas lúcidos
mundo que se realiza y se da sentido en esa y pensadores profundos, pero nunca, como
búsqueda. ahora, una expresión conjunta a la que se
En los ensayos que integran Guayaba Sweet puede llamar, sin titubeos, una ensayística
persiste la conciencia de lo que no es con- cubana.
ciencia, algo parecido a la aporía de Sartre Por efecto de una extraña dialéctica, en
en el sentido de que la conciencia, para ser Guayaba Sweet, se disfruta la alegría de un
conciencia, tiene que reflejar algo que no lo hallazgo creativo que se erige como una de
es. De ahí que los discursos se estructuran sus principales virtudes, y es que la Isla es
sobre la base de lo otro, y se tejen con un vista desde afuera con una visión amplia, sin
hilo invisible que se resuelve en parábolas. las limitaciones de la cercanía ni los com-
Las preocupaciones de estos pensadores promisos políticos e ideológicos que tanto
cubanos, donde quiera que hayan crecido o han estorbado y limitado el despliegue libre
escriban, entre ellas las filosóficas y las lin- del pensamiento dentro de la Isla.
güísticas, deben enfrentarse con los sínto- Sin embargo, en su lectura nadie podrá
mas de una profunda ruptura, que debe dejar de sentir, al lado de sus autores, la
buscar la continuidad en un repensarse a sí angustia y el dolor del exilio. El hombre de
buena letra
mismos, comprender que las ideas tienen esta escritura es, al decir de Tzvetan Todorov,
una historia y que su despliegue en el tiem- el hombre desplazado, el que se rinde ante la
po exige una indagación que se dirija a la evidencia de no llegar a ser jamás, plenamen-
comprensión de sus originalidades y las te, ni cubano ni norteamericano. No se vive
mutilaciones que las diversas interpretacio- la tragedia de perder la cultura de origen a
nes generaron en la historia personal de condición de adquirir otra. La lengua madre,
300 cada uno. como todo lo materno, es insustituible.
encuentro
buena letra
La realidad es algo que obsesiona al pensa- pero existe otra, la de allá, que permanece
dor y lo mueve a la escritura. Pero el escritor insiliada, encarcelada, muda por el horror
exiliado entiende la realidad no sólo como lo de no poder expresarse. ■
que es, sino como lo que no es y como lo que
pudo ser y no fue. Para él, el tema de la
memoria se funda en las obsesiones, en el
diálogo con lo ausente. Incorpora su pérdi-
da, la reitera para agotarla definitivamente. La República,
Su presencia se funda en la ausencia, y no se según Montaner
escribe porque se está en un sitio, sino por-
que ya no existe un sitio posible. La escritu- Michel Suárez
ra, entonces, vive en ese desplazamiento,
que testimonia una falta.
El trasterramiento impide y complica la Carlos Alberto Montaner
percepción cotidiana, mediatiza el contacto Cuba: un siglo de doloroso aprendizaje
con la realidad, aleja de las fuentes, impide Brickell Communications Group
saber cómo llegará la obra. El exilio es Miami, 2002.
memoria, pero es también tragedia lingüísti- 206 pp. ISBN: 1-893909.03-4
ca y discursiva, ocasión de interrogantes vita-
les. El exilio es la huella. La escritura erige
un espacio visible en el que puede represen-
tarse lo que ha desaparecido, pero ¿qué
garantía hay de que lo escrito coincida con lo
que el lector descifra? ¿Acaso serán impres-
P or desdicha, no suman muchos los
políticos e intelectuales que han sido
capaces de percibir a la Cuba republicana
cindibles lectores del exilio? Entonces surgen en su dimensión total, en la que virtudes y
las dudas sobre el poder de la palabra para fracturas han convivido incorregiblemente
preservar la realidad, porque se ha quebrado durante cien largos años. Uno de esos
la referencialidad y la verosimilitud. extraños y consecuentes casos es el del
Actualizar la evolución de un aconteci- escritor y presidente de la Unión Liberal
miento que ya tiene una historia, como es la Cubana, Carlos Alberto Montaner, a quien
presencia de escritores cubanos exiliados en treinta años de exilio y una vasta experien-
los Estados Unidos, y desplegar esa literatu- cia en la lucha por las libertades del pue-
ra en este mismo país, son objetivos cumpli- blo cubano, le han permitido un análisis
dos con esta obra. La literatura cubana (y el equilibrado de la inestable sociedad cuba-
ensayo es también literatura) vive combi- na del siglo xx y principios del xxi.
nando con enormes dificultades las diferen- Montaner —nacido en La Habana en
tes patrias de la palabra. 1943, y con una veintena de libros en su
Los escritores cubanos a los que aludo carrera literaria—, acaba de publicar Cuba:
han sido capaces de tejer una saga enhebra- un siglo de doloroso aprendizaje, un volumen
da con hilos de memoria, de la lectura críti- imprescindible en la reinterpretación de la
ca de su propia historia. El magnífico libro historia de la Isla a partir de la autocrítica
de Ediciones Aduana Vieja nos interna en el y, si se quiere, hasta del mea culpa colectivo.
territorio de la moralidad, y asume los ries- Presentado a través de la editorial Brickell
gos de un pensamiento que no elude el Communication Group, el texto conduce a
buena letra
historia oficial de la Isla, y que no aparece «cuando nos llegue la hora de la libertad,
en ningún libro de texto escolar. más que convocar a los cubanos a la búsque-
Cuba: un siglo de doloroso aprendizaje se da minuciosa de culpables, creo que lo sen-
adentra con acierto en el espinoso asunto sato, lo patriótico, lo conveniente, es pedir-
del papel de Estados Unidos en la forma- les, es pedirnos perdón a todos y entre
ción y desarrollo de la República. Su autor todos, en una ceremonia colectiva de admi-
302 parte de las evidencias de que el propósito sión de culpas terribles...» ■
encuentro
buena letra
tan bien, que reconocimos legitimado en sus una continuidad en la que presente y pasado
esencias en el Mefisto, de Klaus Mann. Sin caer conviven en circularidad borgeana. Así, lee-
en trampas o espejismos, esta reconversión mos: «Hoy me cuentan que en La Habana
del planteamiento eurocentrista remite a las hay mil avispas, / devueltas de la escama a la
reflexiones de Edouard Glissant sobre la rela- intemperie», y más adelante: «porque su
ción dialéctica entre lo mutable e inmutable tiempo, como un extinto dinosaurio, / era
en las Antillas, al ámbito sin permanencias remoto y ausente tras el susto…». 303
encuentro
buena letra
Todas se inscriben, sí, sobre los paisajes lín o un Washington Irving cuando, como
urbanos de posguerra que tan bien han cap- describe José Olivio, «recogen las imágenes
tado los jóvenes pintores cubanos, pero en de un país transformado» y para quienes
las islas enteras y elusivas, flotantes y posibles, las resonancias y los añejos circunloquios
desaparecen los vestigios del presente-como- de la nación y de la lengua no son desco-
tragedia. La isla rota es escritura de contri- nocidos.
ción, donde el pathos es un hálito vital que lo Iturralde participa de situaciones, sitios y
ha invadido todo. La voz poética descorre «el gentes que no pueden serle indiferentes,
velo invisible» —subtítulo de la segunda sec- como una comunicación entre los vivos y los
ción del libro— y en «Una cruenta escena muertos —que es como decir presencias
tras los muros coloniales de la Plaza», el visibles e invisibles— en la que ella decanta
engranaje performativo del poema le hace su poética. La episódica visita de la autora a
entrever «garzas, que en silencio, se habla- la Parroquia del Vedado, por ejemplo, rela-
ban entre sí». Percibe, desde la tramoya de lo tada en el poema «Cuento elegíaco para
inmediato y lo circunstancial, cómo «algo una muchacha epiléptica encaramada en el
oscuro en su plumaje desteñido / reinventa- asombro», no habría alcanzado una fusión
ba el gesto mustio del despojo», para auto- tan orgánica de sus elementos si el templo
trascender el momento de este modo: «Al no hubiera sido para la poeta casi su segun-
final, yo tampoco alcé la voz, / cómplice así da casa cuando vivía en La Habana. Toda la
de tanta sangre oculta». extrañeza, el empalme de épocas y clases,
Que esta estrategia se logre a través de la sucesos y vivencias distintas y distantes se
poesía constituye, ya de por sí, una respues- resume en la aparición de una joven negra
ta ultragenérica. Pero no se trata de un en el ámbito ajeno e insólito, cuyos símbo-
triunfo aleatorio, sino de una voz poética los confunde: «y es que venía de otro
matizada en el tiempo —es la quinta entre- mundo, un planeta sin recuerdos, la otra
ga de poemas de Iraida Iturralde—. Se trata mitad de un universo trunco…». Un texto,
también, como señala José Olivio Jiménez además, conmovedor, donde a capella se fil-
en la contraportada, de «un libro decisivo» tran las carencias de la cotidianeidad y, en
respecto de sus textos precedentes. Yo aña- una reflexión sobre la otredad de la vida
diría que radical, dentro de la trayectoria cubana, se rescata la indefensión del ser
poética de Iturralde, principalmente por humano como noción inevitable.
dos razones que afloran una vez atomizada Pero no todo es travesía y regreso en La
la estructuración formal de dieciséis poemas isla rota. Aparecen otras texturas, aunque en
agrupados en tres secciones. ningún momento se soslaya lo cubano. En
La primera es la locución reiterativa del «Yo vengo del silencio» encontramos pode-
nexo entre literatura y política, ilación que la rosas resonancias martianas: «Vengo a…
poeta hace posible por medio de un bestiario pedirte, al fin, que te levantes, / como se
de la imaginación, animales —aves, sobre levanta un potro / que despierta de un
todo— que metaforizan la crítica, el llama- letargo / o como un niño que nace / y sien-
miento, la acusación. Un «Zoo-Logos» —recu- te de repente que está vivo». El vértice del
rriendo a un cuadro de Eduardo Muñoz— libro lo constituye el poema del que toma el
que reclama el animismo que Lezama llamó título, cuya geometría en movimiento pro-
«cartesiana sustancia que piensa». pone un intinerario trascendente a la geo-
La segunda razón es que, de modo con- grafía y que invoca, en palabras de José Oli-
buena letra
notativo, La isla rota se inserta en la litera- vio Jiménez, «lo arquetípico de esa Cuba
tura canónica de viajes. Quizás no al linaje secreta e intemporal». Basta citar: «Pero la
helénico, arquetípico, del regreso de Ulises isla no fue siempre isla, / y aún guardaba en
a Ítaca, ni a la mirada extranjera de Hum- la matriz de la memoria / la curva del men-
boldt, Tocqueville o Bremer, que diseccio- guante, / la huella infinita del día de los
na la realidad con frío despego. Pero sí a la vientos». O este verso: «existía la isla. / Exis-
afinidad afectiva de una Condesa de Mer- tía tan muda como el desierto». 305
encuentro
buena letra
El libro cierra agresivamente con el vere- La marcha de los hurones es el segundo poe-
dicto político de «Muerte para un tirano», mario de Isel, escrito a los diecinueve años,
postulación construida en un marco natural pero al que ningún crítico podría clasificar
de abedules, un ganso que grazna, caracoles condescendientemente como un «cuaderno
verdes, un jején de sol y con el colofón de de juventud», por mostrar en él una sorpren-
un verso estremecedor, síntesis, ruptura y dente madurez, tanto psicológica como artís-
tradición de lo cubano: «Un gallo canta». ■ tica. Es la obra más importante y representa-
tiva de aquel grupo de poetas jóvenes que se
reunió en torno a José Mario Rodríguez,
poeta y animador de la cultura, y las ya famo-
sas ediciones «El Puente» que le darían nom-
Casandra frente bre a una generación. Quince años después,
al horizonte el libro de Isel, muchas veces en copias meca-
nográficas, se leía clandestinamente como un
Vicente Echerri texto iluminador, mientras ella proseguía su
vida y su carrera en el exilio.
Ese poemario y sus otros tres cuadernos
Isel Rivero
editados en español, así como un grupo de
Relato del horizonte poemas sueltos que han aparecido en publi-
Ediciones Endymion, Madrid, 2003 caciones literarias, acaban de reunirse en un
252 pp. ISBN: 84-7731-409-8 solo volumen con el título de Relato del hori-
zonte. Nada más adecuado y consecuente que
este libro en que la visión y las obsesiones de
la autora se reiteran y se aguzan en tanto su
esto sea una hipérbole; pero si media algún meter la apasionada solidaridad con los
tiempo físico entre el momento de la publi- miembros de su especie.
cación del libro y aquel en que su autora Se trata, para redundar en los símbolos,
sale definitivamente de Cuba, es insignifi- de un lienzo apocalíptico que, en el estilo
cante: la síntesis con que la anécdota ha de Brueghel o del Bosco, se desdoblara ante
propagado el hecho le ha otorgado ya la los ojos de la poeta que va enumerando y
306 autenticidad de mito poético. reflexionando, a veces con el auxilio de una
encuentro
buena letra
segunda voz —como hace magistralmente autora dialoga (como en otros momentos de
en Tundra, libro que publica en Nueva York este poemario) con un horizonte personifica-
en 1963—, en los asombrosos y terribles do que, en realidad, es su límite con la nada
detalles, en la omnipresente crueldad que hacia el cual puede tender la criatura, tal vez
siempre contamina nuestras pequeñas ale- en su constante búsqueda de un nuevo hábi-
grías, nuestros ingenuos logros. Ella tiene la tat que la convierte en un indagador, un pere-
audacia de ver lo que otros muchos, que grino: «El hombre recogió su capa/cubrió su
están atareados más abajo, ni siquiera sospe- cabeza/y serpenteó/a través de los cami-
chan. Ella tiene la audacia de proponer que nos/hacia el horizonte» (como dice la voz
mira desde arriba. más contenida del Canto VIII de Tundra).
Ese arriba puede ser citadino y cotidiano Pero ese camino, como ha de explicar-
como cuando dice casi al principio de La nos más adelante Isel en El banquete —el
marcha de los hurones: último de los libros recogidos en este volu-
men—, es polvoriento, y lejos de conducir a
«Desde este orgulloso edificio que tiene un huerto edénico perdido, se adentra
[18 pisos 12 elevadores luego «en las empalizadas de granito» (El
[y más de 500 oficinas banquete, segundo monólogo).
donde se apilan los cuerpos con instinto La vida y, por consiguiente, la historia
[de hormiga humana, mirada la obra de Isel en su totali-
podemos desplegar nuestros sentidos dad, es un gigantesco friso de horrores al
[frente a la hermosa que, valiente y resignadamente, ella descri-
[recopilación de casas be con una hermosa voz; un territorio sin
[que son construidas, escapatorias en el que campea, frente a
amontonadas y cuidadas por brazos nuestros sueños, nuestras artes, nuestros
[gigantescos, esfuerzos y nuestras religiones y dioses, la
y disfrutamos de ellos, sólo bajando presencia de la muerte, la certeza de nues-
[nuestras pupilas tra extinción, La muerte que puede «tomar
apretándonos al cristal verde la voz de un niño que persiste» (El banquete,
[de las ventanas». «tercer monólogo, p. 162) y de cuya temible
fealdad ella acusa a sus semejantes:
O puede ser agreste y mitológico, cuan-
do la voz que canta se identifica con Prome- «El hombre nunca supo hacer bella
teo, el semidiós griego, a quien los dioses [la muerte…
han condenado por robarles el fuego y no supo hacerla diáfana
quien expía su atrevimiento encadenado en tuvo que derramarla, destruirla
una cima donde un águila, eternamente, le despedazarla
devora las vísceras. para entonces temerla»
«Fuimos condenados a reír de impacien- dice en el poema «Relato del horizonte»
cia/sobre un acantilado/mientras el ave [cuya primacía ya mencionamos.
desgarra nuestras entrañas», dice en el
Canto VII de Tundra. En toda la obra poética de Isel Rivero
El horizonte, desde luego, se tiende más está presente esta constancia de nuestra fini-
allá y es meta y destino inapelable. Por tud, de la fútil crueldad de la historia viva
momentos, se trata de una realidad estática en la que cambian los protagonistas y las
buena letra
que nos condena a un resignado quietismo: ideologías, pero no nuestra esencial preca-
«estamos varados sobre el horizonte de los riedad. Ella se propuso, desde el principio,
desiertos» («Las horas»/p. 207); otras pare- si bien con un fervor creciente, dar detalla-
ce que puede hacérsele retroceder con una da cuenta de esa peripecia a la que ha insis-
nota de esperanza: «hacia ti crece el verde, tido en asomarse siempre como a un pano-
horizonte». Este verso es del poema de Tun- rama infernal, en el que, sin embargo, no
dra que le da nombre al libro, donde la puede decirse que falta regocijo por la vida 307
encuentro
buena letra
y sus amables afanes. Personalmente, me darse cuenta de que, en realidad, son capí-
identifico con esta alegría que se permite tulos de una sola obra que nos impone una
prescindir de la trascendencia, del consuelo reflexión apasionada, si bien un tanto pesi-
de la inmortalidad, de cualquier inmortali- mista, sobre este nuestro mundo y en la que
dad, y que alguna vez me ha gustado definir cualquier lector sensible puede advertir,
como una «jubilosa desesperanza». sobre todo, la búsqueda constante de una
Este espíritu vamos a encontrarlo en la manera suya de decir, de una autenticidad y
poesía de Isel desde el principio, desde ese de una lucidez. Ella lo ha dicho aquí muy
primer libro, Fantasía de la noche, en que bien: «Me comprometo a pesar cada pala-
juega seriamente (valga la paradoja) con bra… me comprometo a una claridad
personajes de la Comedia del Arte, hasta los espantosa». (El Banquete). ■
poemas sueltos que cierran este volumen.
Encuentro oportuno resaltar aquí que al
referirme al principio a La marcha de los
hurones como un libro en el que Isel preve-
nía y, de alguna manera, denunciaba el Teatro del absurdo
sesgo totalitario que muy pronto adquirió el
régimen de Fidel Castro, no quise decir que Carmen Márquez Montes
se tratara de un poemario repleto de claras
referencias o alusiones políticas, como lo
sería, ocho años más tarde, Fuera del juego, Ricardo Lobato Morchón
de Heberto Padilla. Es un texto mucho más El teatro del absurdo en Cuba (1948-1968)
Ed. Verbum, Madrid, 2002.
críptico en que la autora denuncia el terror 336 pp. ISBN: 84-7962-218-0
que ya se cierne sobre los cubanos en el cua-
dro general de una historia universal aterra-
dora que acaso entra por nuestra puerta de
manera más definida con ese entusiasmo
moderno —o posmoderno— que se llamó
alambicadamente «la Revolución Cubana».
E l ensayo EL TEATRO DEL ABSURDO EN CUBA
(1948-1968) consta de una introducción
y cuatro secciones. En la primera, el autor
Tampoco quiero pasar por alto esos dos hace un deslinde terminológico para expli-
hermosos poemas escritos por ella a la muer- car que utilizará tanto teatro del absurdo,
te del poeta José Mario, ocurrida en octubre como teatro absurdista y teatro experimen-
de 2002, donde su voz se hace mucho más tal. Tras ello señala las diferencias entre el
personal al apartarse, por un momento, del teatro del absurdo en Cuba y en Europa. Y,
gran treno por nuestro destino colectivo y finalmente, expone que los objetivos del tra-
dar salida a la orfandad en que la deja el bajo son: «definir el paradigma del denomi-
amigo que se marcha. Me parece un acierto nado teatro del absurdo»; «determinar los
que sirvan para cerrar este volumen, no sólo fundamentos estéticos e ideológicos sobre
porque cronológicamente son más recientes, los que se asienta el quehacer literario de
sino porque ese tono elegíaco más íntimo los dramaturgos cubanos»; «establecer la
los convierte en una coda natural para un nómina de dramaturgos y el corpus de dra-
libro como éste. «Hoy sé que parte de mi mas del absurdo cubano entre 1948 y 1968»;
juventud / se ha marchado con tu memoria «determinar el lugar que ocupan estas obras
extinta», dice; para concluir, ese poema, el en el conjunto de la dramaturgia cubana de
buena letra
penúltimo, con dos versos de una memora- su tiempo»; «investigar las causas del brusco
ble sencillez: «Pero ya el frío no te amedren- declinar del teatro del absurdo en Cuba en
ta, / ¿verdad José?». torno a 1968», y «analizar e interpretar los
Es también un logro editorial la reunión dramas del absurdo en Cuba».
de estos libros de Isel Rivero en un solo volu- En la primera sección del trabajo, hace
men donde el lector puede seguir el curso una aproximación a lo que se entiende por
308 de sus poemarios publicados en español y teatro del absurdo, utilizando ejemplos del
encuentro
buena letra
absurdo europeo, aunque sin perder de primeras aparecen en torno a 1954), que
vista el teatro cubano. Señala como rasgos contribuyen a la consolidación de la función
esenciales la desarticulación de la acción diaria, al incremento de la actividad teatral y
dramática porque el conflicto resulta casi a despertar el interés por el teatro de una
inexistente, dominado sólo por el estatismo mayor franja social. Salpica continuamente el
y el tedio en textos con estructura circular, texto de alusiones a las programaciones y las
personajes sin una personalidad definida, diversas tendencias del momento, ejemplifi-
con juegos continuos de máscaras, y el uso cando con algunas de las obras que fueron
de un lenguaje erosionado que imposibilita más significativas como aportaciones a la his-
la comunicación entre esos seres alienados y toria del teatro en Cuba.
carentes de identidad. Ello se ve intensifica- A partir de estas ideas introductorias
do por la creación de espacios con clara sobre la situación general de la escena, Ricar-
intención de irrealidad: espacios vacíos, do Lobato se centra en los autores del absur-
cerrados y claustrofóbicos, una alegoría del do y sus obras, hasta el momento de la revo-
mundo y el hombre contemporáneos. En lución. Comienza con uno de los autores más
clara consonancia con la tendencia filosófi- representativos, Virgilio Piñera (1912-1979) y
ca existencialista, tamiz a través del cual ver- su producción anterior a 1959. Para el análi-
tebra Lobato Morchón su estudio. sis establece como premisa que los textos de
Desde la segunda sección se centra ya en Piñera se han comentado partiendo de una
la revisión del absurdo cubano. Comienza idea errónea, pues la crítica ha seguido la
Ricardo Lobato mencionando la gran impor- introducción que el autor escribió para la
tancia que tuvo la revista Ciclón (fundada en edición de su Teatro completo, en 1960, donde
1955 por José Rodríguez Feo) para el des- trata de autojustificarse e incardinar sus tex-
arrollo del teatro del absurdo, habida cuenta tos en la nueva situación cubana. Lobato
que la nómina de autores de esta tendencia Morchón recela de lo escrito por Piñera y
eran sus colaboradores habituales. Menciona, sostiene que la principal fuente de la que
asimismo, la diferente postura que mantiene debe partirse no es la situación sociopolítica
Ciclón, frente a la de Orígenes y los origenistas. cubana, sino el contexto ideológico-filosófi-
Los postulados de la misma quedaron expre- co, y por ende analizarla de acuerdo a las
sados en su primer editorial, bajo el título claves del existencialismo ateo, para lo cual
«Cultura y Moral». Lobato utiliza fragmentos contrapuntea fragmentos de las piezas piñe-
de ese editorial para ejemplificar la filiación rianas con fragmentos de Camus y Sartre.
surrealista y existencialista de la publicación, Así, de Electra Garrigó (1941, estrenada en
así como su actitud antiburguesa, su renuncia 1948) destaca cómo la crítica hace siempre
al compromiso político y su inclinación hacia mención de dos logros principales: la fusión
el cosmopolitismo, y enumera algunos de los entre tradición y vanguardia, y el entronque
textos publicados, tanto artículos como cuen- con el carácter y la realidad social cubana
tos y piezas teatrales, que evidencian su idea- del momento. Por el contrario, Lobato Mor-
rio estético. A continuación hace una repaso chón aduce que sólo partiendo de las claves
del teatro cubano entre la década de los 30 y existencialistas puede entenderse el sentido
los años finales de la década de los 50, dando de la obra, en la cual prima la idea de un
cuenta de la aparición de los primeros gru- mundo sin «principios morales firmes, tras-
pos de teatro independiente (La Cueva fue el cendentes, que sustenten nuestra conducta»
primero, creado en 1936). que inician el (p. 120). En este mismo sentido continúa
buena letra
período conocido como Teatro de Arte, tan hablando de las siguientes obras: Jesús
importantes en el devenir teatral cubano en (1948, estrenada en 1950), Falsa alarma
tanto en cuanto tratan de «desembarazar el (1948, estrenada en 1957) y La boda (1957,
escenario cubano del provincianismo que los estrenada en 1958). En todas ellas subyace
asfixiaba para introducirlo en las nuevas téc- la idea del derrumbe de los valores en los
nicas del arte moderno» (p. 97). Asimismo, que se ha asentado la civilización occiden-
menciona el fenómeno de las «salitas» (las tal, de los principios religiosos y racionales; 309
encuentro
buena letra
310
encuentro
Cartas a encuentro
La revista Encuentro es hoy por hoy la publicación periódica más importante que se
c a rta s a e n c u e n t r o
hace sobre Cuba. Y lo es por el alcance de sus argumentos y análisis, y por estar dirigida
a una amplia gama de públicos, dentro y fuera del país. Su principal orientación se enca-
mina hacia la historia reciente de la Isla y allí insiste en aquellos aspectos censurados o
tergiversados por la ideología y el poder actuales. Es por ello que consigue establecer un
balance temático que incluye las opiniones de diferentes generaciones y sus respectivas
miradas sobre la economía, la política, la creación artística y literaria, el decursar del país
a través del siglo xx. También es la expresión crítica del cubano que vive dentro o fuera.
Virtudes estas encaminadas a establecer un clima de conjunción y tolerancia entre los
que están en el exilio o en la Isla. En tal sentido la eficacia de esta publicación es perma-
nente en el panorama del pensamiento cubano actual.
Mayra del Pino (La Habana) 311
encuentro
Hace algún tiempo vimos una entrevista en un programa de televisión con un
miembro de la dirección de Encuentro. Ocurrió algo inesperado-esperado, se hablaba de
—Diálogo— entre cubanos diseminados por el mundo y los de la Isla, sin distinción de
tendencias políticas o situación geográfica. Escuchar por primera vez en muchos años
ideas afines a las nuestras, propiciar —un encuentro—, aceptando que nadie tiene la ver-
dad absoluta en exclusiva, son conceptos que dan esperanza.
Recientemente han llegado a nuestras manos números de 2002 y 2003 de Encuentro,
artículos de gran calidad, labor de Jesús Díaz y su herencia, ampliada en la red cubaen-
cuentro.com, pudiendo el visitante descargar números publicados de la revista, además de
artículos propios de la web.
Mayra Parapar Sánchez
Roberto Carril Bustamentae (Madrid)
Me ha encantado este número, ya voy casi por la mitad. Me leí todo el homenaje a
Ricardo Porro, ya que es alguien que conocí bastante. Sabía que estaba en París, pero no
tenía idea de lo que ha hecho, a todos los que ha ayudado y los edificios que ha diseñado.
Me ha dado mucho gusto.
También leí la despedida a Joaquinito y la historia del PSP que escribió y encontré
muy interesante, y espero leer pronto los demás artículos sobre el futuro de Cuba. Muy
buen número, los felicito.
Luis Parajón (Connecticut)
Con especial interés leí los artículos Homenaje a Ricardo Porro, excepcional arquitecto
cubano, su visión sobre el arte actual y propuestas como ciudadano del mundo concebidas
gracias a su amplia cultura y sensibilidad como creador. Un gran ejemplo que logra conci-
liar las diversidades culturales en este mundo tan globalizado y cruel, donde la sincera crea-
tividad prevalecerá, para hacer de nuestro mundo algo mejor. Aprecio particularmente la
entrevista a Porro a cargo de Juan Luis Morales. Como librera, debo felicitar a la revista
Encuentro por mantener calidad, información y perseverancia en sus ediciones.
María Mariotti (Zürich)
c a rta s a e n c u e n t r o
312
encuentro
la isla en peso
Obras de Tania León en Estados Unidos figuras como Winston Churchill, Albert
y en La Habana Einstein, Milán Kundera, Steven Spielberg y
Susan Sontag. Pérez Firmat, incluido en
Entre marzo y mayo se presentaron en 1997 por la revista Newsweek entre «los 100
Nueva York, Kalamazoo y Los Ángeles varias americanos a seguir en el nuevo siglo», se
obras de la compositora y directora de une a otros dos cubanos, Roberto González
orquesta cubana Tania León. Axon, para vio- Echevarría y Alejandro Portes, que lo prece-
lín y ordenador interactivo, en el Teatro de dieron en la Academia. •
Danza de la Open House (ny), con la violi-
nista Mari Kimura. El conjunto Musicae Plástica cubana en España
Speculum interpretó Arenas d’un Tiempo, en
la sala Merkin, y De Memorias, por Imani Organizada por el Museo Nacional de Bellas
Winds, integró la serie Double Exposure de la Artes, de Cuba, y con la ayuda de coleccio-
Sociedad de Música de Cámara del Lincoln nistas privados, el Centro Cultural Capitol
Center. Dos actuaciones más se ofrecieron de Caja Duero, en Cáceres, acogió hasta el
en el Lincoln Center for the Performing 28 de abril la exposición Mariano Rodríguez
Arts. Su nueva obra para piano, La Tina, (1912-1990), de lo americano a lo universal,
celebró su estreno mundial el 21 de marzo una retrospectiva de su obra.
en la sala Merkin. Variación fue estrenada La Fundación Municipal Salamanca Ciu-
por el pianista Gilbert Kalish en el Festival dad de Cultura patrocinó en el Domus
Internacional de Gilmore en el Centro de Artium 2002 (da2) de esa ciudad, Estremeci-
Música Dalton, Kalamazoo, Michigan. Tania mientos, primera exposición antológica de
León, premiada por la American Academy José Bedia en Europa.
of Arts and Letters y la Koussevitzky Founda- También el pintor cubano Miguel Ordo-
tion, y que en 1998 recibió el premio New qui, residente en Miami, expuso una colec-
York Governor’s Lifetime Achievement ción de sus obras más significativas en la gale-
Award, está entre los 25 músicos incluidos ría Víctor Hugo Etxea, en Pasai Donibane,
en la muestra Our Journeys/Our Stories: Por- España. «Una pintura de Ordoqui» —según el
traits of Latino Achievement, en el Centro crítico Manuel B. Sainz— «es una invitación
Smithsonian para las Iniciativas Latinas. En para participar en un mundo lleno de simbo-
2003 la pianista Úrsula Oppens estrenó en lismos mitológicos y sensualmente mundanos,
La Habana Mística, primera presentación en muy latentes en la vida de América Latina».
vivo en la Isla de una pieza de Tania León Por su parte, la Junta de Andalucía orga-
desde su partida en 1967. • nizó Una china en el zapato, exposición de
arte contemporáneo cubano que incluyó
Gustavo Pérez Firmat a la Academia obras de Antonio Gómez Margolles, Jairo
Alfonso Castellanos, Walter Ernesto Velás-
El escritor Gustavo Pérez Firmat, profesor quez y Dalvis Tuya, artistas «independientes
de Literatura Hispánica en la Universidad y poco conocidos» traídos desde la Isla,
de Columbia, Nueva York, ha sido elegido según afirma José Lebrero, director del
la isla en peso
Ricardo Vega (La Habana, 1965). Con una en la librería Lectorum de Nueva York. La
duración de diez minutos cada uno, los cor- autora, en el acto auspiciado por el Centro
tos siguen el proceso de creación de un cua- Cultural Cubano, fue presentada por Vicen-
dro, desde los primeros bocetos hasta su cul- te Echerri. En el Centro Pignatelli de Zara-
minación. Vega ha documentado obras de goza, la Fundación Seminario de Investiga-
Moisés Finalé, Roberto García York, Guido ción para la Paz realizó una lectura de la
Llinás, Jorge Camacho, Jesús Selgas, Jesús misma obra, en la que participaron el direc-
Rivera y Agustín Fernández. Según Jean- tor del Seminario, Jesús María Alemany, y el
316 François Fogel, «lo que ha inventado Ricardo poeta aragonés Emilio Gastón. •
encuentro
La Universidad de la Florida propone cursos partir de información recientemente descla-
en Cuba sificada por los archivos estadounidenses y
soviéticos, habló sobre Los orígenes de la revolu-
Como parte de una plan académico de estu- ción cubana: una nueva perspectiva, intentando
dios, denominado Humanidades en Cuba, dilucidar en qué medida Castro reaccionó «a
alrededor de 20 estudiantes de la Universi- la política estadounidense hacia Cuba», o fue
dad Internacional de La Florida (fiu) se un actor relativamente autónomo que obede-
han propuesto viajar a la Isla. Según Uva de ció «a sus propias ideas políticas». El profesor
Aragón, subdirectora del Cuban Research Farber ha escrito Revolution and reaction in
Institute (cri) de Florida International Uni- Cuba, 1933-1960 (Revolución y reacción en
versity, «el propósito es ofrecer a los estu- Cuba, 1933-1960). •
diantes las mejores oportunidades para que
estén expuestos a todos los aspectos de la Teatro cubano en el Royal Court, Londres
nación cubana». •
Con la puesta en escena de El Concierto, obra
Rebambaramba de Ulises Rodríguez Febles, se inició en el
teatro Royal Court de Londres una tempo-
Rebambaramba, espectáculo interdisciplina- rada de dramaturgia internacional, dedica-
rio que celebra su segunda edición, patroci- da este año a la Isla bajo el título Cuba real:
nado por el Centro de Artes Literarias de la nuevas piezas de Cuba. El Concierto, ganadora
Florida, del Miami Dade College, reunió el este año del premio Virgilio Piñera, narra la
pasado abril a un grupo de artistas y escrito- historia de un admirador de los Beatles, que
res cubanos en la librería Books & Books de roba la estatua de John Lennon ubicada en
Coral Gables, para celebrar el Mes Nacional un parque de La Habana, para rendirle
de la Poesía. Participaron la bailarina Rosa- homenaje en su casa. En esta temporada
rio Suárez, los poetas Carlos Díaz, Orlando también se presentan las obras Verónica Segu-
González Esteva y Lissette Méndez, el com- ra, de Cheddy Mendizábel Álvarez; Naufra-
positor Roberto Lozano, la escultora Laura gio de la fe, de Lilian Susel de los Reyes;
Luna, el fotógrafo Gabriel Lizárraga, el can- Sitios, de Omar Lorenzo; y Trío, del poeta y
tautor Roberto Poveda, el pintor César San- dramaturgo Norge Espinosa. •
tos y la actriz Grettel Trujillo. Cada uno de
ellos se presentó ante el público con una Toda una vida
obra inspirada en una palabra seleccionada
previamente y al azar un mes antes. • En la VIII edición de los Premios de la Músi-
ca de España, la Academia de la Música otor-
Seminarios en el Bildner Center, Nueva York gó al cubano César Portillo de la Luz el Pre-
mio Latino a Toda una Vida. El autor de los
La otra transición cubana: esperando por cam- clásicos Contigo en la distancia, Delirio y Noche
bios en el espíritu político del Miami cubano, es cubana, es la tercera figura del continente
el título del seminario que impartió el 24 de americano que recibe este galardón. •
marzo el profesor Lisandro Pérez, exdirec-
tor del Cuban Research Institute de fiu y Wifredo Lam en América y Europa
editor de la revista Cuban Studies, en el Bild-
la isla en peso
ner Center de Nueva York, dentro del ciclo Varias obras del pintor cubano Wifredo Lam
Nuevos escenarios para las relaciones Estados —junto a las del argentino Antonio Berni y
Unidos-Cuba, que incluye cinco seminarios y la mexicana Frida Kahlo— protagonizaron
una conferencia sobre el tema, y está orga- la segunda sesión de un simposio que se
nizado por los profesores norteamericanos celebró el 24 de abril en el Teatro Hecks-
Margaret E. Crahan y Mauricio Font. cher de El Museo del Barrio y el Museo de
En el mismo centro, el 23 de abril, el Arte Moderno de Nueva York (moma). En
investigador Samuel Farber, profesor del España, el Museo de Zaragoza, con patroci-
Brooklyn College y The Graduate Center, a nio del Ayuntamiento y la cooperación del 317
encuentro
Institut Français de Madrid, el Musée du Conferencias en la galería
Dessin et de l’Estampe Originales de Grave- Cernuda Arte de Miami
lines, y el Institut Français de Zaragoza,
acoge, desde el 21 de abril hasta el 29 de Del 1 al 29 de abril tuvo lugar en esta gale-
agosto, las 400 obras más importantes reali- ría la serie de conferencias Cinco temas recu-
zadas por Wifredo Lam entre los años 1962 rrentes en la pintura cubana, a cargo del pro-
y 1982, fecha de su muerte en París. • fesor Juan Martínez, de la Universidad
Internacional de Florida (fiu), autor del
Festival de Cine de La Habana libro Cuban Art and National Identity, que ver-
en Nueva York saron sobre el criollismo, el afrocubanismo,
la relación entre pintura y literatura en los
Del 24 al 29 de abril tuvo lugar en el Quad 40, erotismo, sensualidad y sexualidad, así
Cinema de Manhattan, el American Museum como historia, política y sociedad en la pin-
of de Moving Image (Astoria) y el Hostos tura cubana. •
Center for the Arts and Culture, (Bronx), la
quinta edición del Festival de Cine de La Cine cubano en Cartagena y Lleida
Habana en Nueva York organizado por Caro-
le Rosenberg, presidenta del grupo Ameri- Suite Habana, Más vampiros en La Habana y
can Friends de la Fundación Ludwig de Roble de olor representaron a la Isla en la cua-
Cuba. Por Cuba asistieron Fernando Pérez y dragésima edición del festival de cine más
Miguel Coyula. Del primero se presentaron antiguo de América, en Cartagena, Colom-
Suite Habana, La vida es silbar, Madagascar y bia, del 27 de febrero al 5 de marzo, donde
Hello Hemingway. También estrenó su docu- Raúl Pérez Ureta fue premiado por la foto-
mental La isla del tesoro azul, sobre una expe- grafía de Suite Habana. Roble de olor (2003),
dición marina al sur de Isla de Pinos. Miguel ópera prima de Rigoberto López, con música
Coyula, de veintisiete años, debutó con su de Sergio Vitier, basada en un relato de Leo-
primer largometraje, Cucarachas rojas (Red nardo Padura y protagonizada por Jorge
Cockroaches), en inglés con subtítulos en espa- Perugorría y la actriz haitiana Lía Chapman,
ñol. La historia ocurre en una metrópoli con recrea un romance entre un rico hacendado
alta contaminación ambiental, lluvia ácida, de origen alemán y una inmigrante negra
vehículos voladores y cucarachas rojas, descendiente de esclavos. Más vampiros en La
donde dos hermanos se conocen en un tren Habana (2002), de Juan Padrón, continúa
subterráneo y se enamoran. • con la lucha para controlar el Vampisol, y un
brebaje más poderoso: el Vampiyaba.
Albita Rodríguez En la Mostra de Cine Latinoamericano
en Mi Son Cubano de Lleida obtuvo el Premio del Público la
cinta argentino-cubana En fin, el mar, del
La cantautora fue la estrella invitada al festi- realizador Jorge Dyszel. Estrenada en octu-
val Mi Son Cubano, patrocinado por Haba- bre pasado en el Festival de Cine de Viña
na Promotions, que por segundo año conse- del Mar, la cinta de Dyszel es la primera
cutivo se realizó en mayo en Long Beach, sobre los balseros filmada en la Isla, y cuen-
California. Albita cerró el festival, junto a ta la historia de un operador financiero de
agrupaciones como La Charanga Cubana, Wall Street —hijo de una cubana— y una
la isla en peso
La Palabra y Opa Opa. Su último disco, nadadora que trata de llegar en una balsa a
Albita llegó, incluye dos temas compuestos en las playas de Florida. •
colaboración con Fredrick Bam Scott, a
quien se atribuye el tono de hip-hop y rap Dos reinas
que prima en casi todo el álbum. Destaca
Que me quiten lo baila’o, de Albita, «con La fallecida cantante Celia Cruz recibió el
mucho de sucu sucu, de vallenato, pero con Premio Lo Nuestro, en la categoría de
toda esa percusión pesada del hip-hop y del mejor artista tropical femenina, durante la
318 rap», apuntó la compositora. • decimosexta edición de ese evento. El
encuentro
Smithsonian Institution también prepara un Internacionales, del libro On Cuba, de Anto-
homenaje a la cantante cubana, con la inau- nio Jorge, publicado por el Instituto, tuvo
guración en octubre de la mayor exposición lugar en la Casa Bacardí, sede del iccas, el
programada en Estados Unidos sobre un 16 de abril. •
artista de origen latino. La muestra estará
abierta al público durante un año y contará Poesía de Ernesto Fundora
con material documental, fotográfico y per-
tenencias de la Reina. El próximo 16 de El poemario Amago, de Ernesto Fundora,
julio se pondrá a la venta, en español e que obtuviera en España el Premio de la
inglés, un libro bibliográfico sobre ella basa- XVI Bienal de Poesía del Instituto Leonés
do en entrevistas realizadas por la periodista de Cultura 2002, editado por la colección
Ana Cristina Reymundo. Provincia en 2003, fue presentado por el
La cantante cubana Olga Guillot —la escritor cubano Eliseo Alberto (Lichi) en el
Reina del Bolero— recibió un reconoci- Salón literario Banamex, durante el Festival
miento en la entrega de los premios Casan- de la Palabra de la Ciudad de México, el 25
dra, el 22 de marzo en República Dominica- de abril. •
na. Fueron galardonados también los
actores mexicanos Roberto Gómez Bolaños Carlos Varela en Hollywood
y Florinda Meza, todos declarados visitantes
distinguidos por la alcaldía y recibidos por La canción «Una Palabra», incluida en el cd
el presidente Hipólito Mejía. • Nubes, del cantautor cubano Carlos Varela,
ha sido seleccionada por el director nortea-
Actos del ICCAS mericano Tony Scott para su última pelícu-
la, Man of Fire, protagonizada por Denzel
El Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoa- Washington, Christopher Walken, Mickey
mericanos (iccas) de la Universidad de Rourke y el cantante Marc Anthony. •
Miami, la organización checa People in
Need y el Directorio Democrático Cubano, Conferencia de Emilio Ichikawa
presentaron el 1 de marzo el documental en Miami
La primavera de Cuba, en la Casa Bacardí de
la Universidad de Miami. Filmado clandesti- El Grupo de Estudios Este/Oeste del Miami
namente dentro de la Isla, en sus veintiocho Dade College, formado por un colectivo de
minutos aparecen entrevistas con numero- artistas, escritores, académicos y empresa-
sos activistas cívicos cubanos —entre ellos el rios preocupados, desde el marco de la cul-
poeta y periodista Raúl Rivero— que fueron tura, por cuestiones de la actualidad de
arrestados poco después, durante la ola Miami y de otras geografías, presentó el 6
represiva de 2003. Grabados dos meses des- de abril, en el Teatro Tower de Miami, la
pués de los hechos, aparecen también los conferencia Lágrimas negras. José Martí y el
emotivos testimonios de sus familiares. presente, impartida por el ensayista Emilio
El 12 de marzo el iccas presentó dos Ichikawa y moderada por Alfredo Triff. •
libros escritos por el historiador y ensayista
Juan F. Benemelis en colaboración con Gladys Triana en Nueva York
Frank Hernández-Trujillo, director ejecuti-
la isla en peso
El pintor cubano José María Mijares, conside- Autor polémico e irreverente, más que un
rado uno de los artistas plásticos más impor- estilista fue un explorador minucioso de la
tantes de su generación, falleció el pasado 30 condición humana en obras como Se permuta
de marzo en Miami. Nacido en 1921 en La esta casa, Los cuervos, El amo de las tumbas, Los
Habana, una de sus obras fue incluida en el iniciados, Confabulación de la araña, Las manza-
Primer Salón Antifascista de 1943, junto al nas del paraíso, Ella es tan sucia como sus ojos,
cuadro La Silla, de Wifredo Lam; formó Matarile, posiblemente su más polémica nove-
parte de la exposición Pintores Modernos Cuba- la, El quinto sol y La saga del perseguido (Premio
320 nos, que acogió el Museo de Arte Moderno Alejo Carpentier, 2003). Además de éste,
encuentro
obtuvo los premios 13 de Marzo (1985), ■ BENEMELIS, JUAN F.; Paradigmas y fronteras.
David (1986), Luis Felipe Rodríguez de la Al caos con la lógica; Ed. Plaza Mayor, San
uneac (1990), Hermanos Loynaz (1996), Juan, Puerto Rico, 2003, 312 pp. isbn: 1-
Casa de Teatro (República Dominicana, 56328-227-5. Este libro ilumina las ideas más
1998) y Dulce María Loynaz (2002). recientes de la ciencia sobre el universo:
En su prosa afilada y por momentos ácida interconexiones instantáneas a velocidades
escribió hasta el último minuto, como él superiores a la de la luz; probabilidades en
mismo afirmó, «con las tripas», jugándose el lugar de causa-efecto; realidad fractal; ener-
alma, porque «si se es deshonesto como escri- gía como actor esencial del universo, en
tor uno está perdido o comienza a perderse». • lugar de la materia; la lógica del caos en
contraposición a la ilógica del orden. Un
Fallece en Miami el escritor David Buzzi cúmulo de nociones que despertarán en
nosotros la extraña sensación de encontrar-
El escritor cubano David Buzzi falleció en nos en un universo posmoderno, o poseins-
Hialeah (Miami) el 7 de mayo, a los setenta teniano, si se quiere. Juan F. Benemelis
años de edad. Las honras fúnebres se efec- (Manzanillo, 1942) ensayista y politólogo,
tuaron el domingo 9 de mayo con la presen- ha publicado Las guerras secretas de Fidel Cas-
cia de familiares y amigos cercanos. Buzzi fue tro (2002). Reside en Miami.
uno de los más prolíficos autores de la Isla ■ CENZANO, CARLOS E. ; País de agua; Ed.
durante los 60 y los 70. Entre sus numerosos Betania, Madrid, 2004, 86 pp. isbn: 84-8017-
libros se encuentra La Religión de los Elefantes, 209-6. «Salpicado de fonemas y vocablos
que obtuvo el Premio de Novela de la Unión caribeños, es, a la vez, un diálogo y un dis-
de Escritores y Artistas de Cuba. Fue asesor curso: lo poético y la poesía conforman sus
nacional de literatura del Ministerio de Cul- contextos nucleares. La naturaleza armonio-
tura de Cuba y más tarde redactor de la revis- sa, una ética integral, las fuerzas creativas de
ta Revolución y Cultura. A finales de los 80 la música y del sueño elucidan su temática»,
comenzó a participar de manera activa en el afirma sobre este volumen Florence L.
movimiento disidente cubano, por lo que fue Yudin. Carlos E. Cenzano (Santiago de
arrestado en varias ocasiones. Abandonó Cuba, 1957), cantautor y poeta, es profesor
Cuba en agosto de 1994, durante el éxodo de y cursa un doctorado en Filosofía en la Uni-
los balseros, y tras ser rescatado en el Estre- versidad Internacional de la Florida. Reside
cho de la Florida, fue llevado a la base naval en Miami.
de Guantánamo. Cuatro meses después se ■ CRUZ LEAL, PETRA-IRAIDES y GUTIÉRREZ, JOSÉ
instaló en Miami. • ISMAEL; La estirpe de Telémaco. Estudios sobre la
literatura y el viaje; Ed. Betania, Madrid,
2004, 244 pp. isbn: 84-8017-214-2. Exilios,
(e)migraciones, descubrimientos, conquistas,
Libros recibidos viajes imaginarios: es inconcebible la historia
contemporánea sin los innumerables trasie-
gos humanos que han cruzado en todas
■ ABREU, JUAN ; Accidente; Ed. Mondadori, direcciones el planeta durante los últimos
Barcelona, 2004, 191 pp. isbn: 84-9793-224- siglos. Y ése es el tema que quince investiga-
libros recibidos
2. Una novela veloz, fragmentaria, de diver- dores tocan en este estudio: los viajes y su
sas historias que se ensamblan, tiene su epi- reflejo en la literatura: Bárbara Jacobs, Flau-
centro en el Miami cotidiano, donde un bert, Vargas Llosa y Miguel Barnet son algu-
escritor lucha por trascender en el momen- nos de los autores invocados en estos textos
to en que un accidente subvierte las coorde- donde historia y ficción se entrelazan. Petra-
nadas de su vida. Nacido en La Habana Iraides Cruz Leal es ensayista y profesora en
(1952), Juan Abreu es escritor y pintor. Fue Canarias, donde nació en 1945. Ha publica-
uno de los directores de la revista Mariel. Ha do Dualidad cultural y creación mítica en José
publicado Orlán Veinticinco (2003). Reside María Arguedas (1990). José Ismael Gutiérrez
en Barcelona. (Tenerife, 1964), ensayista y crítico, también 321
encuentro
reside en Canarias. Ha publicado Manuel (Cabaiguán, 1947) ha publicado Lifting the
Gutiérrez Nájera y sus cuentos (1999). Tempest at Breakfast (2001). Reside en New
■ ENCINOSA, ENRIQUE; Azúcar y chocolate: his- Jersey.
toria del boxeo cubano; Ediciones Universal, ■ MORO, LILLIAM; En la boca del lobo; Ed. Ver-
Miami, 2004, 190 pp. isbn: 1-59388-014-6. bum, Madrid, 2004, 156 pp. isbn: 84-7962-
Estudio exhaustivo y documentado sobre el 287-3. Este libro, que recibió por unanimi-
boxeo en Cuba, que se remonta a José dad el premio de novela corta «Villanueva
Martí, «primer cronista de boxeo cubano», y del Pardillo», se distingue por la excelencia
llega hasta el presente. El libro se comple- de su escritura, la alternancia de voces
menta con un extenso registro fotográfico y narrativas continuamente proyectadas hacia
un índice onomástico. Enrique Encinosa el pasado desde un presente doloroso: la
(La Habana, 1949) es periodista radial, experiencia de un grupo de balseros.
guionista e historiador. Reside en Miami. Lilliam Moro (La Habana, 1946), poeta y
■ GONZÁLEZ GARRIDO, CARLOS MIGUEL; En narradora, ha publicado Poemas del 42
las regiones del dios Pan; Ed. Betania, Madrid, (1988). Reside en España.
2004, 64 pp. isbn: 84-8017-211-8. Este libro ■ NAVARRETE, WILLIAM (Selección y prólogo);
es «una vibración entre elegíaca, nostálgica Ínsulas al pairo. Poesía cubana contemporánea
y amorosa de un hombre que descubre en en París; Ed. Aduana Vieja, Cádiz, 2004, 107
su trayecto la imperiosa necesidad de expre- pp. isbn: 84-933455-4-7. Esta colección de
sarse», nos dice en el prólogo Virgilio López poetas cubanos residentes en París, que
Lemus. El poeta descubre su capacidad de piensan en español insular en medio del
transferir a la palabra el peso de una nostal- francés cotidiano, es, más que antología, una
gia que le corresponde y le duele, y la extra- suma, dado que, como confiesa Navarrete,
ñeza de una lengua que no es la suya. Carlos nadie ha sido excluido. Además de las obras
Miguel González Garrido (La Habana, del compilador, integran la muestra textos de
1972), poeta y narrador, finaliza actualmen- Gina Pellón, Eduardo Manet, Nivaria Tejera,
te su doctorado en Halifax, Canadá. Gilda Alfonso, Eyda Machín, Regina Ávila
■ IBARRA GUITART, JORGE; Sociedad de amigos Behrens, Miguel Sales, Lira Campoamor,
de la República. Historia de una mediación Carlos A. Casanova y Fernando Núñez. Dife-
1952-1958; Ed. de Ciencias Sociales, La rentes generaciones y poéticas convergen en
Habana, 2003, 180 pp. isbn: 959-06-0410-2. este volumen, que actúa como registro de un
Un análisis, desde una perspectiva más o quehacer artístico sin los vasallajes de las esté-
menos ortodoxa dentro de los estudios his- ticas gregarias. William Navarrete (Banes,
toriográficos que tienen lugar en la Isla, del 1968), crítico de arte, poeta, narrador y ensa-
papel de la Sociedad de amigos de la Repú- yista, ha publicado Cuba: la musique en exil
blica, durante el período batistiano (1952- (2003). Reside en París.
1958) y sus esfuerzos por conseguir un ■ PUJOL, JOAQUÍN P. (editor); Cuba: políticas
regreso pacífico a los cauces constituciona- económicas para la transición; Ed. Verbum,
les. Jorge Ibarra Guitart (Santiago de Cuba, Madrid, 2004, 292 pp. isbn: 84-7962-282-2.
1959), historiador, investigador y profesor, Una colección de ensayos de catorce econo-
ha publicado La mediación del 33. Ocaso del mistas de alto nivel, desde Felipe Pazos hasta
machadato (1999). Reside en La Habana. Espinosa Chepe, pasando por Joseph M.
libros recibidos
■ ISLAS, MAYA; Quemando luces; Ed. Betania y Perry y Lev M. Freinkman, sobre las posibles
Centro Cultural Cubano de Nueva York, políticas económicas a aplicar en Cuba de
Madrid, 2004, 54 pp. isbn: 84-8017-208-8. cara a una transición hacia una democracia
Soledad, amores difuminados, olas, salitre, de mercado abierto. Joaquín P. Pujol, macro-
mar, cristales y susurros son algunos de los economista cubano, dirigió el departamento
ingredientes de este libro donde las pala- de Revisión y Política y el de Hemisferio
bras van edificando significados que huyen Occidental en el Fondo Monetario Interna-
de las definiciones, confiando en que pene- cional y es miembro de la junta directiva de
trarán por la piel, por la imaginación y a tra- la Asociación para el Estudio de la Economía
322 vés de los sueños de los lectores. Maya Islas Cubana (asce). Reside en Estados Unidos.
encuentro
■ SUSANA, ERNESTO; Aletazos; Arte Activo Edi- Dirección: Escobar 354, esquina a San Miguel.
ciones, Vitoria-Gasteiz, España, 2004 (sin 10200 Ciudad Habana. Cuba. http://www.
paginación). isbn: 84-933716-0-2. Poesía cubaunderground.com/cacharro/cacharro.ht
directa y descarnada, elude los giros tangen- m. Puede obtenerse enviando un e-mail a:
ciales, escamoteos y alusiones, para dialogar [email protected].
desde los retos que impone lo cotidiano. ■ CASA DE LAS AMÉRICAS (nº 232, julio-sep-
Ernesto Susana (Pinar del Río, 1963) ha tiembre, 2003, 176 pp.). Órgano de la Casa
publicado poesía, teoría y crítica teatral. de las Américas. Un discurso de Fidel Castro
Reside en Viena. en conmemoración del 26 de julio abre este
número. Roberto Fernández Retamar entre-
vista a Edmundo Desnoes de visita en La
Habana, quien relaciona a Don Quijote y a
Pasar revista Bolívar con Fidel Castro. A propósito de
éste, Desnoes afirma: «Llegué a la conclu-
sión de que su verdadero triunfo no había
■ AMÉRICA LATINA HOY (vol. 35, diciembre, sido militar, sino lingüístico». Aparece tam-
2003, 236 pp. issn: 1130-2887). Revista de bién el primer capítulo de una novela escri-
ciencias sociales de la Universidad de Sala- ta por Roque Dalton y el poema «Un saludo
manca. En este número, que se dedica esen- a Fidel», del salvadoreño Tirso Canales, que
cialmente a analizar las sociedades centroa- concluye así: «Aquí vive Fidel / con su pue-
mericanas tras los acuerdos que dieron fin a blo trabaja / y elabora cultura / en muchos
la violencia, aparecen dos textos esclarecedo- campos: / construye el socialismo / cada
res sobre la Venezuela de la Revolución Boli- día... / ¡Agua fresca y rebelde! / ¡Para todos
variana, en especial el de José Enrique Moli- Fidel!». Director: Roberto Fernández Reta-
na. Directores: Esther del Campo y Manuel mar. Dirección: 3ra y G, Vedado, La Habana
Alcántara. Dirección: Instituto Interuniversi- 10400. Cuba.
tario de Iberoamérica y Portugal. Universi- ■ CAUCE (nº 3, 2003, 48 pp.). Publicación de
dad de Salamanca. Calle San Pablo (Torre de la Filial Provincial de la Unión de Escritores
Abrantes), 37001 Salamanca. España. y Artistas de Cuba en Pinar del Río. Número
■ CACHARRO(S) (expediente 4, enero-febre- dedicado principalmente a la poesía, cuenta
ro, 2004). Revista electrónica independiente con un dossier de jóvenes poetas de toda la
de arte y literatura que se hace en La Haba- Isla en homenaje al bicentenario de José
na y se distribuye por e-mail. En el presente María Heredia. Virgilio López Lemus abor-
número, Rogelio Saunders expone la filoso- da una caracterización y esquema de la poe-
fía de Diáspora(s) en «Zona cero», y suyo es sía cubana de 1959 a 1999 y Walfrido Dorta
también el texto «Paisaje chino». Aparecen estudia la poesía cubana publicada en los
poemas de Rito Ramón Aroche (Una vida 80. Muy cuidado en lo gráfico, el número
magenta), de Damián Viñuela y de Grisel lleva ilustraciones de José Luis Fariña. Direc-
Echevarría del Valle (Trópico de Cáncer). tor: Ramón F. Cala. Dirección: Maceo nº 178,
«Tres propuestas para el próximo milenio (y e/ Ave. Comandante Pinares y Rafael Ferro,
cinco dificultades)» es la trascripción de la Pinar del Río 20100. Cuba.
charla leída en Casa de las Américas (2000) ■ CRÍTICA (nº 103, marzo-abril, 2004, 191 pp.
por Ricardo Piglia. En narrativa aparecen issn: 0186-7199). Revista cultural de la Uni-
«Microcuentos», de Adriana Normand, y versidad Autónoma de Puebla. Publicación
pa s a r r e v i s ta
textos de Raúl Flores Iriarte. Duanel Díaz bimestral de excelente factura. El número
reseña el libro de Juan Carlos Flores, Distintos 103 reproduce un extenso fragmento de los
modos de cavar un túnel, y Rolando Sánchez diarios de Christopher Isherwood. Aparecen
Mejías trata, en «Crónicas desde Cuba», el poemas de Miguel Barnet y de Antón Arrufat,
libro Sin pan y sin palabras, de Raúl Rivero. y un capítulo de La vida de fray Servando, de
Aparecen también textos de Alejandro de la Christopher Domínguez. Director: Armando
Fuente, Carlos Alberto Aguilera, y otros. Pinto. Dirección: Cedro 40. Fracc., Arboledas
Coordinador: Jorge Alberto Aguiar Díaz. de Guadalupe, 72260 Puebla, México. 323
encuentro
■ CUADERNOS HISPANOAMERICANOS (nº 642, ga: Rama & Retamar vs. Monegal», de Idalia
643, 644, 645 y 646 de diciembre de 2003 a Morejón Arnaiz, y una entrevista con Lean-
abril de 2004; 151, 158, 157, 157 y 158 pp., dro Soto y Arturo Cuenca. La Cebra, un
respectivamente. issn: 1131-6438). Revista texto dramático de Salvador Lemis, es la
de la Agencia Española de Cooperación oferta de la sección «Exlibris», y las reseñas
Internacional. El nº 642 contiene un dossier cinematográficas «Zen de reparar al Ché en
sobre Arte latinoamericano actual y en él motocicleta», de Néstor Díaz de Villegas, y
encontramos el breve ensayo «26 de julio: la de Juan Carlos Castillón sobre The Passion
Del carnaval al sacrificio, del sacrificio a la of the Christ, de Mel Gibson, aparecen en
liturgia», de José Aníbal Campos. El nº 643, «Cámara». Dirección: Cubista Magazine, Los
tras un interesante dossier sobre Literatura y Ángeles-Nueva York, www.cubistamag.com.
pensamiento, con textos de Noëlle Bat y [email protected].
otros, nos entrega una reseña sobre la nove- ■ DISIDENTE (año 19, nos 195 y 196 de febre-
la Lobas de mar, de Zoè Valdés, a cargo de ro y marzo, 2004, 24 pp. cada uno). Boletín
Marta Portal. En el nº 644 vale la pena seña- bimensual que reseña la actividad disidente
lar los poemas de Gustavo Guerrero y el dos- dentro de Cuba y en el exilio. El número 195
sier sobre literatura argentina. El nº 645 toca reproduce el texto «Mi amigo Joaquín», de
distintos aspectos de la democracia en Cen- Roberto Ampuero, escrito a la muerte de Joa-
troamérica y dedica su dossier a la arquitec- quín Ordoqui, nuestro compañero; siguen
tura latinoamericana, además de una entre- las declaraciones de Ramiro Valdés hijo (tam-
vista a Luis Landero. En el nº 646 se ofrece bién en el nº 196), y se ofrece una lista actua-
un dossier sobre literatura y religión en His- lizada de presos políticos. El número 196
panoamérica, un hermoso texto sobre María reporta la protesta en Cuba de las mujeres
Zambrano y La Habana, «La Cuba secreta o familiares de los presos políticos, da cuenta
la íntima historia de un encuentro inacaba- del premio otorgado por la unesco a Raúl
ble», de Carlos Barbáchano, y una curiosa Rivero y de las reacciones internacionales
entrevista a Jaime Salinas, hijo del poeta. ante la situación cubana. Director: Ángel
Director: Blas Matamoro. Dirección: Avenida Padilla Piña. Dirección: P.O. Box 360889, San
Reyes Católicos, 4, 28040, Madrid. España. Juan, Puerto Rico 00936-0889.
■ CUBA NUESTRA (nº 20, marzo, 2004, 59 pp. ■ ESPACIOS (año 8, nº 1, 2004, 59 pp.). Publi-
issn: 1401-889). Revista de perfil político cación trimestral diocesana del Equipo Pro-
sobre la realidad cubana, editada en Suecia. motor para la Participación Social del Laico
En este número, dedicado a Oswaldo Payá, a (epas) de la Archidiócesis de La Habana.
quien Alexis Gainza realiza una larga entre- Vale destacar en este número una reivindi-
vista, aparecen un artículo de Carlos M. Este- cación de Tomás Estrada Palma, artículos
fanía sobre la declaración del socialismo irre- sobre las remesas y los «buzos» que hurgan
vocable en Cuba, «Una teoría sobre el en los contenedores de basura, dos caras de
devenir de un disidente en las condiciones la tragedia nacional, y el tema de la emigra-
de Cuba», a cargo de Eric Jennische, y un ción que empobrece al país, en otros dos
interesante texto histórico sobre la conspira- trabajos. Director: Joaquín Bello. Dirección:
ción antibatistiana del Dr. Rafael García Bár- Casa Laical. Teniente Rey entre Bernaza y
cena. Director: Carlos M. Estefanía. Direc- Villegas, La Habana, Cuba.
ción: [email protected]. ■ ESQUIFE (nº 41, abril, 2004). Revista elec-
■ CUBISTA MAGAZINE (26 de abril, 2004). trónica elaborada con el patrocinio de la
pa s a r r e v i s ta
Excelente revista cultural, tan cuidada en su Asociación Hermanos Saíz de jóvenes escri-
presentación como en los textos que ofrece. tores y artistas de Cuba. En esta entrega,
Este número incluye, en la sección «Utopis- Esquife nos acerca a la reciente Muestra
ta», «Recuerdos (cubanos) de una vida Nacional de Jóvenes Realizadores por inter-
dañada», de Ernesto Hernández Busto; «El medio de Frank Padrón, quien disecciona
doble legado de Pablo Neruda», de Enrico críticamente, sin paternalismos dulzones,
Mario Santí; «El arte de graznar», de Rolan- las obras presentadas. Del poeta mexicano
do Sánchez Mejías; «El crítico como estrate- Omar Cadena es el fragmento de su noveleta 325
encuentro
testimonial Siete Noches en La Havana, y Eduar- ■ IBEROAMERICANA (nº 13, marzo, 2004, 308
do Frías Etayo aparece con textos narrativos pp. issn: 1577-3388). Ensayos de letras, his-
tan breves como afilados. Hay un juicio críti- toria y sociedad, editada por el Instituto
co de Andrés Mir sobre la más reciente nove- Ibero-Americano de Berlín, el Instituto de
la de Ana Lidia Vega Serova, Noche de Ronda, Estudios Iberoamericanos de Hamburgo y
facetas inéditas de Ezequiel Vieta (como la Editorial Iberoamericana/Vervuert. En
autor teatral) y del caricaturista Juan David esta ocasión la revista nos ofrece el dossier
(como pintor), así como una entrevista a Yoss «Posdictadura/posmodernismo» en refe-
(José Miguel Sánchez). Directores: Hanna G. rencia a la transición y postransición espa-
Chomenko y Andrés Mir. Dirección: ñola. El número también hace referencia a
www.esquife.cult.cu y www.esquife.com. un tema candente: nacionalismo y multicul-
■ EXTRAMUROS (nº 11-12, diciembre, 2003, turalismo. Consejo editorial encabezado
72 pp.). Publicación del Centro del Libro y por: Walter L. Bernecker. Dirección: Institu-
la Literatura de Ciudad de La Habana. Bajo to Ibero-Americano. Potsdamer Strasse 37,
el título «Sólo tú y yo sabemos lo que está D-10785, Berlín, Alemania.
pasando», este número presenta un dossier ■ IGLESIA EN MARCHA (año XIV, nº 115,
de literatura erótica donde Mirta Suquet enero-febrero, 2004, 31 pp.). Boletín bimes-
estudia a Severo Sarduy, Zaida Capote, la tral de la Archidiócesis de Santiago de
narrativa de Sonia Rivera-Valdés, y Virginia Cuba. Este número toca temas de interés
Alberdi, el trabajo fotográfico de René para la feligresía, como la sexualidad y la
Peña, una de cuyas imágenes aparece en familia. Director: Monseñor Pedro Meurice.
cubierta. Ocupan la sección «La Habana en Dirección: Arzobispado de Santiago de
mí» los recuerdos del profesor de artes plás- Cuba. Apartado 26. Santiago de Cuba
ticas Antonio Alejo. Y Helio Orovio da a 90100. Cuba.
conocer una entrevista que hiciera a Rolan- ■ PALABRA NUEVA (nº 127 y nº 128, año XII,
do Laserie en Miami. Director: Olga Torres febrero y marzo, 2004, 62 pp. cada uno).
Carcañón. Dirección: Zanja nº 732, e/ Hos- Revista de la Archidiócesis de La Habana
pital y Aramburu, La Habana 10300. Cuba. que incluye no sólo temas religiosos, sino
■ LA GACETA DE CUBA (nº 1 y nº 2, enero- también culturales y sociales, de interés para
febrero y marzo-abril, 2004). Publicación de la feligresía habanera y los lectores en gene-
la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. El ral. El número 127 dedica espacio a la
nímero 1 es un especial dedicado a las muerte de Monseñor Salvador Riverón.
mujeres en la cultura cubana. Aparecen tex- Aparecen también su habitual sección histó-
tos de Soleida Ríos, Reina María Rodríguez, rica, una semblanza sobre Miguel Teurbe
Damaris Calderón y Alessandra Molina. Se Tolón, y un reportaje sobre la Cumbre de
estudia la obra plástica de Belkis Ayón y Monterrey. El número 128 recuerda el pri-
Cirenaica Moreira. Ena Lucía Portela es mer aniversario de la ola represiva de 2003.
entrevistada y se tributa un homenaje a Lina Aparecen, entre otros, una entrevista al Car-
de Feria. Cierra el número un recorrido de denal Ratzinger y «Darse cuenta», un artícu-
Luisa Campuzano por las revistas femeninas lo sobre el valor de la conciencia propia.
cubanas desde el siglo xix, para preguntar Director: Orlando Márquez. Dirección:
por la inexistencia de ellas hoy en día. En el Departamento de Medios de Comunicación
libros recibidos
mujer y la visión occidental», de Franzia dés sobre los derechos económicos y socia-
Azfal-Khan; «La derecha religiosa y el funda- les de los cubanos. Director: Dagoberto Val-
mentalismo cristiano», de Enrique López dés Hernández. Dirección: Obispado de
Oliva, y «La energía de los colores en el uni- Pinar del Río. Calle Máximo Gómez nº 160
verso bantú», de David González y Walterio e/ Ave. Rafael Ferro y Comandante Pina-
Lord. La mesa redonda «¿Cómo se forma res, 20100 Pinar del Río. Cuba.
un ciudadano?», por momentos muy ideolo- ■ LA VOZ CATÓLICA (vol. 52, nº 2 y nº 3,
gizada, introduce en el campo intelectual febrero y marzo, 2004, 36 pp. cada uno. 329
encuentro
issn: 1044-1884). Periódico mensual de la ■ CERTAMEN DE CUENTOS «IGNACIO ALDE-
Archidiócesis de Miami. Su contenido refleja COA» EN CASTELLANO. Dotado con 4.800 €.
la vida religiosa y social de esa ciudad. En el Extensión entre 12 y 25 folios. Tres copias
primer número se recuerda a las víctimas del identificadas con el sistema de plica. Convo-
atentado terrorista en Madrid, en especial al ca la Diputación Foral de Álava. Departa-
cubano Michel Valdés; se comenta La pasión mento de Cultura. Plaza de La Provincia, 5-
de Cristo en versión de Mel Gibson y se tratan 3º. Vitoria-Gazteiz 01001, Álava. España. Más
los abusos sexuales del clero. El número 3 da información: Tel. (34) 945 181 818. Cierra
cuenta de que la revista Vitral y su director, el 8 de septiembre de 2004.
Dagoberto Valdés, están propuestos para el ■ CERTAMEN DE RELATOS CORTOS «CIUDAD
Premio Internacional de Periodismo de la DE HUELVA». Dotado con 4.000 € y un accésit
Unión Internacional de Periodistas Católi- de 600. Extensión máxima de 15 folios.
cos. Felicidades. Presidente: Arzobispo John Máximo de dos obras por cada autor, en 5
C. Favalora. Dirección: 9401 Biscayne Blvd., copias cada una, identificadas con el sistema
Miami, FL 33138. ee. uu. de plica. Convoca el Área de Cultura de la
Diputación de Huelva. Calle San Salvador,
14. 3ª planta. 21003 Huelva. España. Más
información: Tel. (34) 959 299 333 y en e-
Convocatorias mail: [email protected]. Cierra el 15 de
septiembre de 2004.
■ CONCURSO DE NARRATIVA «PEDRO ATARRA-
poesía BIA». Dotado con 2.500 €. Máximo de dos
■ PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA «GENE- relatos por autor, cada uno en 2 ejemplares
RACIÓN DEL 27». Dotado con 15.000 € como identificados por el sistema de plica. Exten-
anticipo a los derechos de autor. Extensión sión máxima 20.000 caracteres. Convoca el
mínima de 500 versos. Cinco copias bajo el Ayuntamiento de Villava. Mayor, 67. 31610
sistema de plica. Publicará la Editorial Visor. Villava. Navarra. España. Cierra el 17 de
Convoca el Centro Cultural de la Genera- septiembre de 2004.
ción del 27. Apartado de Correos 2060. ■ CERTAMEN DE NARRACIONES BREVES «VILLA
29080 Málaga. Más información: Tel. (34) DE COLINDRES». Dotado con 2.400 €. Tema:
952 604 333 y fax: (34) 952 214 221. Cierra la naturaleza y el medio ambiente. Extensión
el 30 de septiembre de 2004. entre 10 y 25 folios. Una sola obra por autor,
■ PREMIO «ATENEO» DE POESÍA. Dotado con en 5 copias identificadas con el sistema de
12.000 € como anticipo a los derechos de plica. Convoca el Ayuntamiento de Colin-
autor. Extensión superior a 600 versos o 50 dres. Alameda del Ayuntamiento, 1. 39750
páginas en prosa poética. Dos copias bajo el Colindres, Cantabria. España. Más informa-
sistema de plica. Publicará la Editorial Algai- ción: e-mail: [email protected].
da. Los originales se enviarán a la Secretaría Cierra el 26 de septiembre de 2004.
del Ateneo de Sevilla (Orfila, 7. 41003 Sevi- ■CERTAMEN DE NARRACIONES BREVES «ALBER-
lla. España), o a Algaida Editores (Avda. San TO LISTA». Dotado con 6.000 €. Extensión
Francisco Javier, 22. Edificio Hermes 4-6. menor de 15 folios. Dos copias identificadas
41018 Sevilla. España). Cierra el 2 de con el sistema de plica. Convoca la Funda-
noviembre de 2004. ción El Monte. Laraña, 4, 3ª planta. 41003
Sevilla. España. Los originales también se
c o n v o c at o r i a s
332
encuentro
COLABORADORES
Gustavo Acosta. (La Habana, 1958). Artista plás- Wilfredo Cancio Isla. (Sancti Spiritus, 1960). Crí-
tico cuyas obras han sido premiadas en Cuba, tico y periodista. Es redactor de El Nuevo
República Dominicana, España y Ecuador. Ha Herald. Reside en Miami.
expuesto también en Estados Unidos, Costa Cristóbal Díaz Ayala. (La Habana, 1930). Musicó-
Rica, Brasil, Italia, Puerto Rico y El Salvador. logo, autor de Musica cubana; del Areyto al rap
Reside en Miami. cubano y de la única discografía cubana hasta
Rolena Adorno. (Muscatine, Iowa, 1949). Investi- 1960. Reside en San Juan, Puerto Rico.
gadora y profesora de literatura latinoamericana Pablo Díaz Espí. (La Habana, 1972). Escritor y
en la Universidad de Yale. Autora de Guaman guionista. Director del diario digital Encuentro
Poma y su crónica ilustrada del Perú colonial: un en la red y miembro del Consejo de Redacción
siglo de investigaciones hacia una nueva era de lectu- de la revista Encuentro. Reside en Madrid.
ra (2001). Reside en Hamden, Connecticut. Duanel Díaz Infante. (San Germán, 1978). Ensa-
Ramón Alejandro. (La Habana, 1943). Pintor y yista y profesor universitario. Autor de Mañach
escritor. Reside en Miami después de una o la república (2003). Reside en La Habana.
larga estancia en París. Manuel Díaz Martínez. (Santa Clara, 1936).
Odette Alonso Yodú. (Santiago de Cuba, 1964). Poeta y periodista. Codirector de Encuentro. Su
Poeta y narradora. Ha publicado el poemario último libro es Un caracol en su camino (2003).
Cuando la lluvia cesa (Madrid, 2003). Reside en Reside en Las Palmas de Gran Canaria.
México. Vicente Echerri. (Trinidad, 1948). Poeta, narra-
Isabel Álvarez Borland. Escritora y profesora dor y ensayista cubano. Autor de Historias de la
cubana. Autora de Cuban American Literature. otra revolución (1998). Reside en New Jersey.
From Person to Persona (1998). Reside en Wor- Carlos Espinosa. (Guisa, 1950). Crítico e investi-
cester, Estados Unidos. gador literario. Ha publicado Lo que opina el
Sigfredo Ariel. (Santa Clara, 1962). Poeta y críti- otro. Algunos apuntes sobre la crítica teatral
co, ha publicado, entre otros, Los peces y la vida (2000). Es miembro del Consejo de Redacción
tropical (2000). Reside en La Habana. de Encuentro. Reside en Miami.
Alejandro Armengol. Periodista y escritor cuba- José Antonio Évora. Escritor y crítico cubano de
no. Entre sus libros está Miamenses y más artes escénicas. Es periodista de El Nuevo
(Miami, 2003). Reside en Miami. Herald. Autor del libro Tomás Gutiérrez Alea.
Miguel Barnet. (La Habana, 1940). Narrador, Reside en Miami.
etnólogo y poeta. Ha publicado, entre otros, Ramón Fernández Larrea. (Bayamo, 1958).
Oficio de Ángel (1989). Reside en La Habana. Poeta y humorista. Colaborador habitual de
Antonio Benítez Rojo. (La Habana, 1931). Narra- Encuentro en la red. Su último libro es Cantar
dor, guionista, ensayista y profesor en Amherst del tigre ciego (2001). Reside en Barcelona.
College. Su última novela es Mujer en traje de Rafael Fornés. Arquitecto cubano. Profesor de la
batalla (2001). Reside en Amherst, Estados Escuela de Arquitectura de la Universidad de
Unidos. Miami, ciudad donde reside.
Harold Bloom. (Nueva York, 1930). Profesor de Julio Fowler. (Santa Clara, 1964). Cantautor,
New York University, ensayista y crítico. Autor poeta, crítico y actor. Ha grabado el disco Dale
de The Western Canon (1994), entre otros. Resi- Mambo (Urban Color Music, 2003). Reside en
de en New Haven, Connecticut. Madrid.
colaboradores
Rosa Ileana Boudet. (La Habana, 1947). Crítica Reinaldo García Ramos. (Cienfuegos, 1944).
teatral y narradora. Ha publicado En tercera Escritor y periodista, perteneció al grupo El
persona. Crónicas teatrales cubanas: 1969-2002 Puente y a la generación de Mariel. Ha publi-
(2003). Reside en California. cado, entre otros, En la llanura (2001). Reside
Andrew Bush. (Westchester, Nueva York, 1953). en Miami.
Ensayista y profesor de literatura comparada Lorenzo García Vega. (Jagüey Grande, 1926).
en el Vassar College. Autor de The Routes of Escritor y poeta. Fue miembro del Consejo de
Modernity: Spanish American Poetry from the Early Redacción de la revista Escandalar. Ha publica-
Eighteenth to the Mid-Nineteenth Century (2002). do, entre otros, Los años de Orígenes (1979) y
334 Reside en Poughkeepsie, Nueva York. Vilis (1996). Reside en Miami.
encuentro
Manuel García Verdecia. (Marcané, 1953). Poeta de Columbia. Su libro más reciente es Tongue
y escritor. Ha publicado Meditación de Odiseo a Ties: Logo-Eroticism in Anglo-Hispanic Literatura
su regreso (2000). Es editor en Holguín. (2003). Reside en Chapel Hill, Carolina del
Lourdes Gil. Poeta y ensayista habanera. Es pro- Norte.
fesora en la City University of New York. El José Prats Sariol. (La Habana, 1946). Ensayista y
cerco de las transfiguraciones es uno de sus libros narrador. Autor de la novela Mariel (1997).
publicados. Reside en New Jersey. Actualmente reside en México.
Roberto González Echevarría. (Sagua La Gran- Andrés Reynaldo. (Calabazar de Sagua, 1953.)
de, 1943). Crítico literario, ensayista y profesor Poeta y periodista cubano. Ha publicado,
de la Universidad de Yale. Ha publicado, entre entre otros, el poemario La canción de las esfe-
otros, Crítica práctica / práctica crítica (2002). ras (1987). Dirige el suplemento Viernes de El
Reside en Northford, Connecticut. Nuevo Herald. Reside en Miami.
Emilio Ichikawa. (Bauta, 1962). Ensayista. Fue Alejandro Ríos. (La Habana, 1952). Crítico de
profesor de Filosofía en la Universidad de La arte, promotor cultural y periodista. Organiza
Habana. Su último libro es Contra el sacrificio el Ciclo de Cine Cubano (CCC) en Miami-
(2002). Reside entre Nueva York y Miami. Dade Community College. Reside en Miami.
Ivette Leyva Martínez. (Holguín, 1972). Periodis- Rafael Rojas. (La Habana, 1965). Historiador y
ta. Reside en Miami, donde trabaja para la ensayista. Codirector de Encuentro. Su último
Agencia Reuters. Es colaboradora de Encuentro libro es La escritura de la independencia. El surgi-
en la Red. miento de la opinión pública en México (2003).
Carmen Márquez Montes. Investigadora y profe- Enrico Mario Santí. (Santiago de Cuba, 1950).
sora española. Ha publicado Identidad y des- Escritor, editor y profesor de Estudios Hispáni-
arraigo en el teatro de Isaac Chocrón (1996). Resi- cos en la Universidad de Kentucky, Lexington,
de en Canarias. donde reside. Ha publicado, entre otros, Bien-
María Rosa Menocal. (La Habana, 1953). Profe- es del siglo. Sobre cultura cubana (2002).
sora de Literatura medieval española en la Ángel Santiesteban-Prats. (La Habana, 1966).
Universidad de Yale, donde es también direc- Escritor. Ha publicado el volumen de cuentos
tora del Whitney Humanities Center. Ha publi- Los hijos que nadie quiso (2001). Reside en La
cado La joya del mundo (2003). Reside en Habana.
Nueva York. Pedro Shimose. (Riberalta, Bolivia, 1940). Poeta,
Michael H. Miranda. (Holguín, 1974). Poeta, narrador, crítico y periodista. Ha publicado,
periodista y editor. Viejas mentiras de otra clase entre otros, el poemario Riberalta (1997). Es
(2002) es uno de sus libros. Reside en Holguín. asesor de publicaciones del Instituto de Coo-
Antonio Muñoz Molina. (Úbeda, España, 1956). peración Iberoamericana y dirige su colección
Escritor y periodista. Miembro de la Real Aca- de poesía. Reside en Madrid.
demia de la Lengua desde 1995. Su última Andrew St. George. Periodista y fotógrafo nortea-
novela es Sefarad (2001). Reside en Madrid. mericano que trabajó para la revista Life
Joaquín Ordoqui García. (La Habana, 1953- durante los años 60.
Madrid, 2004). Periodista, musicólogo y ensa- Michel Suárez. (Santiago de Cuba, 1973). Perio-
yista. Miembro del Consejo de Redacción de dista, profesor universitario y escritor. Coautor
Encuentro, fue colaborador habitual de Encuen- de Son de la loma, los dioses de la música cantan
tro en la red. en Santiago (2001). Es redactor de Encuentro en
Ricardo Pau-Llosa. (La Habana, 1954). Especia- la Red. Reside en Madrid.
lista cubano en artes plásticas, ensayista, poeta Elena Tamargo. (La Habana, 1954). Poeta y críti-
y editor para Norteamérica de la revista South- ca. Ha publicado, Habana tú (2000). Reside en
ward Art. Su último poemario es The Mastery Miami.
Impulse (2003). Reside en Miami. Fernando Villaverde. (La Habana, 1938). Perio-
Gustavo Pérez Firmat. (La Habana, 1949). Profe- dista, dramaturgo y narrador. Autor de Las
colaboradores
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encuentro
D I S T R I B U I D O R E S
E X P O R T A D O R E S
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L’ALEBRIJE
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encuentro
EN ESTE NÚMERO 33
M ANUEL G ARCÍA V ERDECÍA
A NDRÉS R EYNALDO
POESÍA
F ERNANDO V ILLAVERDE
Á NGEL S ANTIESTEBAN
CUENTOS
R OSA I LEANA B OUDET
¡No es Cuba, es Hollywood!
M ANUEL D ÍAZ M ARTÍNEZ
Una pelea cubana contra
la libertad de expresión
E NRICO M ARIO S ANTÍ
Proustituciones
L ORENZO G ARCÍA V EGA
Es un cleptómano de cajitas visuales
HOMENAJE A
R O B E RT O G O N Z Á L E Z E C H E VA R R Í A
verano de 2004
FA C S Í M I L I N É D I T O : F I D E L C A S T R O
responde por escrito a Andrew St. George
DUANEL DÍAZ INFANTE
Límites del origenismo
CRISTÓBAL DÍAZ AYALA
Música clásica y música barroca
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MIRADAS SOBRE MIAMI