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Monografía Final para Seminario de Literaturas Eslavas Meridionales

Este documento analiza la planificación y regulación del espacio en dos obras literarias: La Ciudad del Sol de Campanella y Alamut de Bartol. Ambas obras reflejan contextos políticos totalitarios de sus épocas y utilizan técnicas barrocas como el pliegue para representar una totalidad estatal. El documento explora cómo estas obras representan la distribución espacial y las tecnologías de poder para organizar el castigo y control social. Analiza elementos como la individualidad, la identidad colectiva y la funcionalidad de la

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Monografía Final para Seminario de Literaturas Eslavas Meridionales

Este documento analiza la planificación y regulación del espacio en dos obras literarias: La Ciudad del Sol de Campanella y Alamut de Bartol. Ambas obras reflejan contextos políticos totalitarios de sus épocas y utilizan técnicas barrocas como el pliegue para representar una totalidad estatal. El documento explora cómo estas obras representan la distribución espacial y las tecnologías de poder para organizar el castigo y control social. Analiza elementos como la individualidad, la identidad colectiva y la funcionalidad de la

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Alumno:​ Cravotta Gian Franco / ​DNI:​ 40.137.

661
Profesora:​ Sarachu Julia / Seminario de literatura eslavas meridionales

Reglamentación, poder y control: estructuración de las ciudades en


Alamut​ y ​la Ciudad del sol

Lo destacable tiene que estar compuesto de partes que


no lo son.
Gottfried Leibniz, ​Nuevos ensayos sobre el
entendimiento humano,​ tomo II​.

Heterogéneo y de apariencia abigarrada, el control comprende manifestaciones e


implementaciones polimórficas en la historia de las ideas. Innegablemente, como la relación
existente entre el control y el poder no es estrecha -ni tampoco diáfana-, es pertinente
considerar la reciprocidad de estos conceptos en los tejidos sociales particulares sin perder de
vista el contexto histórico propio de cada sociedad. Por tal motivo, los objetivos que animan
este trabajo son amplios en cuanto se propone analizar dos obras literarias completamente
alejadas en el tiempo: ​la ​Ciudad del sol (producida en 1602 y publicada en 1623) compuesta
por el dominico italiano Tommaso Campanella (1568-1639) y ​Alamut (1938) escrita por el
escritor esloveno Vladimir Bartol (1903-1967).
Las ideas desarrolladas en ambos textos se eligen analizarlas al ubicarlas en sus
respectivos contextos de producción, ya que sus propósitos se resignifican ofreciendo una
respuesta/reacción a los procesos políticos que emergían en el interior de las distintas
sociedades. Basta recordar, para ejemplificar, la dominación española ejercida por la casa de
Habsburgo en el suelo italiano por los siglos XVI, XVII y XVIII. La configuración de un
creciente Estado español que conformaba en su urdimbre aspectos totalizadores se hizo
fuertemente presente en la época y marcó la vida de Campanella. En efecto, pasa veintisiete
años de su existencia encerrado en una cárcel condenado a cadena perpetua luego de ser
descubierto por las autoridades en un intento de conjuración en Calabria. En este intento de
sublevación, Campanella intentaba conseguir adeptos a su causa al prometer a sus seguidores
la instauración de una República -en Calabria- basada en los valores preponderantes pilares
de la sociedad desarrollada en su utopía -amor por la comunidad, inexistencia de la propiedad
privada-, justamente compuesta tres años después de su reclusión. La crítica ya ha señalado la
importancia que poseen los sucesos contemporáneos de su vida en la construcción ficcional
más importante de su obra.
El caso de Bartol es similar en términos comparativos. La Primera Guerra Mundial
había hecho estragos en Europa a nivel geopolítico y afloraba en la escena mundial una
reorganización de los Estados con el consecuente panorama de auge del totalitarismo:
fascismo, estalinismo, franquismo, etc. Se conformaba un momento de concentración y
reestructuración política que afectaba a diversos países y sobretodo a la antigua Yugoslavia,
donde a su vez el concepto de nación iba conformándose al calor de estos procesos. ​Alamut,​
novela histórica, se nutre en su interior de todas estas cualidades: “las diferentes
interpretaciones de la novela se deben, en parte, a las afirmaciones del autor, quien habría
afirmado que la historia reflejaba la Persia islámica del siglo XI, mientras que en otra ocasión
manifestó que se trata de una metáfora de los regímenes totalitarios” (Komel en detrimento
de Barrionuevo, 2015: 101). El encubrimiento de temas políticos a través de lo literario como
una forma de acción, típico en la literatura eslovena -denominado el síndrome cultural
esloveno-, omnipresente en todas las aristas del texto1.
Para sortear las dificultades que acarrea el análisis comparativo de obras de distintos
períodos, es conveniente traer a colación las nociones que implanta el Barroco como método
de representación. Si bien al intentar catalogar la utopía creada por Campanella Miseri la
ubica dentro de las utopías barrocas (2013: 135), las técnicas que instaura este movimiento
artístico-cultural sobrepasan su época y generan una estructura de sentido transhistórica: “el
Barroco no remite a una esencia, sino más bien a una función operatoria, a un rasgo (...) el
rasgo del Barroco es el pliegue que va hasta el infinito” (Deleuze, 1989: 11). El pliegue es
una necesidad ontológica cuya finalidad es unir lo potencial y lo concreto. En otras palabras,
en un equilibrio delicado los barrocos integran en una suma ontológica todo lo que compone
al universo: la técnica elemental es pulverizar el mundo y luego espiritualizarlo
(plegar-desplegar)2. Por ello, la representación artística es un gran teatro: se exhibe todo en
una sobrecarga de elementos. Arte y pasiones expuestos en un escenario.
Ante este replegamiento/reflexión sobre la representación que inaugura el Barroco el
objeto que se representa pasa a un segundo plano. El centro de atención se centrará sobre los
mecanismos de representación. Se instaura, pues, un vacío en el arte de representar: una
ausencia del objeto de la realidad. De esta manera se construye un nuevo objeto: la

1
​Por motivos de espacio, para una ampliación del tema ver ​The Land Between. A history of Slovenia.
2
​“Cuando el pliegue deja de ser representado para devenir “método”, operación, acto, el despliegue
deviene el resultado del acto, que se expresa, precisamente, de esa manera” (Deleuze, 1989: 51). Ver
también página 114.
representación en sí misma. A su vez, la ilusión de la presencia de ese objeto es la unidad que
construye una unidad colectiva ante la fragmentación de sus piezas: la validez del objeto
inaccesible, empero, pasará a depender del punto de vista, consecuencia de esta relativización
de la realidad3:
“(...) esta unidad colectiva en extensión, se supera hacia una unidad completamente
distinta, comprensiva y espiritual, puntual, ​conceptual​: el mundo como pirámide o cono, que
une su ancha base material, perdida en los vapores, con una ​punta​, fuente luminosa o punto
de vista” (Deleuze, 1989: 159).

El vértice como punto de vista es una interioridad cerrada, oscura e iluminada solo
por una luz tenue, en donde el mundo ya no posee un centro y por el cual se organiza toda la
estructura por emanación. Detrás de esa interioridad está el vacío: la Nada más bien que algo,
sostendrá Deleuze. El exterior se compone de aberturas exuberantes e infinitas que no llevan
hacia ningún lado, la materia se desborda de sus límites pero integradas dentro de la misma
totalidad. En este sentido, la distinción exterior/interior se corresponde dialécticamente como
principio integral para el Barroco: un mundo con dos pisos separados por el pliegue -el cual
se reproduce en ambos lados-, transforma el cosmos en un “mundus” y la ciudad como
estructura y gran teatro deviene Socius en contraposición a aquel interior oscuro4. Leibniz en
su filosofía describe el funcionamiento de la representación como una máquina infinita en
donde todas las piezas son máquinas. Se volverá sobre este punto más adelante.
A la luz de las precedentes aclaraciones, la fundamentación del análisis comparativo
hunde profundamente sus raíces en la temática que abordan -la construcción de una totalidad
estática. Para desgranar las particularidades entre ambas obras se proponen dos ejes temáticos
bien diferenciados: planificación y regulación del espacio, y métodos de organización
política. El fin buscado en el presente trabajo monográfico centra su objetivo en una mayor
comprensión de la trama argumental y de los mecanismos de poder mediante la
descomposición pormenorizada de los distintos métodos de espacialidad y ordenamiento.
Penetrar en el sentido profundo del texto a través de los susodichos ejes transversales será el
impulso que anima esta empresa para analizar cómo dialogan estas conceptualizaciones en
todas las aristas del texto. Al mismo tiempo, como doble meta propuesta se intentará lograr

3
​Una interesante definición del punto de vista plantea Deleuze luego de citar un pasaje de Leibniz: “el
punto de vista es la condición bajo la cual las <escenografías> forman una serie” (1989: 163).
4
​El socius es una máquina social, un acoplamiento de máquinas. Ver Ponce para ampliar, 2011 p.3.
un acercamiento a un mismo motivo literario utilizado en épocas distintas para observar
cómo funcionan en sus contextos de producción particulares.

Planificación y regulación del espacio


¿Qué nos hacen creer? El poder está detrás de lo
que creemos que es el poder.
Peter Capusotto y sus videos, ​Capitalismo y poder.

Indudablemente, uno de los elementos primordiales que determinan las formas de


relación social entre sujetos es el reconocimiento de su individualidad para con el entorno. La
forma de integración que cada sociedad desarrolla en un territorio particular posee una fuerte
correlación en la mentalidad que cada grupo humano apropia en su identidad colectiva.
Dentro de los factores que hacen al espacio se pueden encontrar muchas diferencias tanto en
la topografía como en el entramado social que lo configura. Sin ninguna duda, la más
importante de las consideraciones que indefectiblemente se debe tener en cuenta para lograr
una precisión analítica hay que buscarla en la evolución y progresión de las modalidades que
las tecnologías del poder fueron encontrando en el devenir de los tiempos para organizar el
castigo. De esta forma, se comprenderá la funcionalidad de la distribución espacial.
Siguiendo a Foucault (2008: 153) hay tres tecnologías de poder:
1) La primera se apoya sobre el viejo derecho monárquico. Fuerte presencia física del
soberano y de su poder. Castigo como una ceremonial de soberanía con ​marcas rituales de la
venganza física sobre el cuerpo del condenado.
2) Proyecto jurista de los reformadores. Castigo como procedimiento para recalificar a
los individuos como sujetos de derecho. Se utilizan ​signos en lugar de marcas,
representaciones tendientes a lograr la aceptación universal de lo que le podría llegar a pasar
a alguien que cometa una infracción.
3) Proyecto de institución carcelaria. Castigo como técnica de coerción de los
individuos. Pone en acción procedimientos de sometimiento del cuerpo -no signos- con las
huellas​ que deja en forma de hábitos, en el comportamiento.
Estos tres dispositivos corresponden a momentos históricos distintos que las obras
problematizan en sus sociedades -cuyas diferencias se irán desglosando lentamente en este
texto. En efecto, el cambio principal entre la primera y las otras dos tecnologías está
sustentado en la concepción preventiva que caracteriza a estas últimas. El cuerpo será el
blanco del poder, no ya para imprimir en él una fuerza externa, sino para disciplinar. Este
poder, entonces, es entendido como una compleja red de relaciones siempre tensas en todo el
tejido social; una estrategia que las instituciones ponen en juego para disciplinar y normalizar
a los condenados, para generar cuerpos dóciles y producir efectos de utilidad en ellos. Se
instaura una microfísica del poder que centra su accionar en la coerción ininterrumpida sobre
el cuerpo: “una manipulación calculada de sus elementos, de sus gestos, de sus
comportamientos” (​ibid​, 2008: 160). Para lograr aquel cometido, el dispositivo disciplinar
imprime en el espacio físico ciertas características comunes en la estructura de las ciudades,
teniendo como objetivo la normalización de conductas: la ​clausura -espacio heterogéneo a
todos los demás, cerrado en sí mismo-, ​la división en zonas -espacio celular, analítico: se
divide según los cuerpos que haya-, los emplazamientos funcionales -creación de espacios
útiles- y ​el rango -lugar que se ocupa en una clasificación-. En este primer apartado se
realizará un abordaje sistemático de la disposición espacial de las ciudades como operadoras
y reguladoras del poder que se ejerce, a fin de obtener una sólida base de cadenas lógicas
argumentativas, desde la cual los postulados de la sección posterior complementará el análisis
textual.
El tiempo narrativo de la novela histórica de Bartol se sitúa en la Persia del siglo XI,
territorio hoy conocido con el nombre de Irán. El sitio específico donde transcurre toda la
historia es la fortaleza Alamut, un lugar inaccesible por las características de su arquitectura.
La caracterización que le atribuye el texto es verdaderamente impactante: “(...) una masa
oscura que se alzaba hacia el cielo. Se hubiera dicho una especie de gigantesca muralla. Era
Alamut” (Bartol, 1989: 349)5. En efecto, la ciudad se instaura en un lugar rodeado de
montañas cuyas fortificaciones están incrustadas en un promontorio rocoso, respetando en sus
edificaciones la disposición natural. Según la topografía, un ​promontorio es una masa de
tierra considerable cuya porción de suelo permanece altiva entre dos vías o valles fluviales,
generando una confluencia y una separación. El río Shahrud, entonces, corre por sus laderas
logrando de esta manera un perfecto aislamiento natural del edificio central de la fortaleza
(clausura).

5
​Todas las citas corresponden a la misma edición. De ahora en adelante se citará sólo año y número
de página.
La fortaleza que emerge visiblemente está rodeada de cuatro torres de vigilancia en
cada esquina y se eleva por pisos sobre las paredes. La función de las últimas dos torres el
mismo texto la hace explícita: “las dos últimas, en lo más alto, vigilaban el conjunto” (1989:
48). El único acceso se realiza a través de un pesado puente que cae por encima del torrente y
cuyo mecanismo se acciona desde el interior de la murallas: este es uno de los motivos
porque se la considera inexpugnable, su hermetismo (clausura). La ciudad en su totalidad,
empero, está preparada para la guerra, asedios u otro tipo de intento de asaltos bélicos ya
desde la aislada disposición de sus fortificaciones como también por sus mecanismos de
defensa: “entretanto, la institución ismaelita no cesaba de afirmarse ni de reforzar sus
defensas, a imagen y semejanza de la roca sobre la cual se levantaba Alamut (1989: 554).
Al pasar el puente y avanzar por un corredor compuesto de fuertes bóvedas, se llega a
un espacio enorme en el que se vislumbran las tres gradas constitutivas que posee la montaña.
Éstas se conectan entre sí por una escalera central que une todos los niveles. En el nivel más
alto, una torre se esgrime como la cúpula de toda la estructura. Esta torre recibe los primeros
rayos del amanecer; es el punto más iluminado de toda la ciudad al cual sólo se accede a
través de una escalera caracol muy empinada, y lugar donde mora Seiduna -Hassan Ibn
Sabbah-, el profeta de Alá y a su vez soberano de su institución: “el rais se encontró en un
cuarto amueblado cómodamente: todo hacía pensar allí en la habitación de un sabio” (1989:
155). Territorio privado que contrasta fuertemente con la austeridad de espacios de niveles
inferiores. En la terraza de la torre, caracterizada como un “verdadero observatorio” (1989:
258), Hassan vigila constantemente a sus subordinados. Por consiguiente, la “iluminación” no
sólo hace referencia alegórica a un lugar físico particular desde donde es posible observar
todos los movimientos que realizan sus súbditos -un panóptico-6, sino también al pequeño
destello de la pirámide conceptual barroca que sostiene toda la estructura en su totalidad por
emanación: el saber.
La reglada división de la ciudad tiene su correlato ideológico en la división de la
humanidad que propone Hassan: “(...) divido a la humanidad en dos campos bien

6
El dispositivo disciplinar supone un juego de miradas. Por lo tanto, los observatorios reproducen un
modelo casi ideal de vigilancia exacta, desde donde con solo una mirada se puede observar todo. En el
momento que los deyes suben a la terraza se puede observar este punto: “(...) sus muros de cristal
mostraban, a escala reducida, los detalles de todo lo que sucedía en ellos, los gestos de todos los que
allí se movían” (1989: 297). Siguiendo a Foucault: “El aparato disciplinario perfecto permitiría verlo
todo permanentemente con una sola mirada. Un punto central sería a la vez fuente de luz que
iluminara todo y lugar de convergencia para todo lo que debe ser sabido” (2008: 203).
diferenciados (...) el puñado de los que saben de qué se trata (...) la inmensa multitud de los
que no lo saben” (1989: 303). Para estos últimos, los espacios de sociabilización asignados
están en la base de la ciudad, disociados completamente de la torre principal. Por un lado,
uno de ellos es el jardín creado para las “huríes”, el cual es una especie de isla cuyos lados
están delimitados por uno de los torrentes del río Shahrud y por fortificaciones
(emplazamientos funcionales y división en zonas). La funcionalidad de los jardines es cabal
para la comprensión de la obra porque estos mismos deben dar la impresión de un verdadero
paraíso a través de un juego astuto de iluminación/oscuridad. La utilización de estos espacios
para el sostenimiento de Alamut se aclarará posteriormente.
A su vez, los individuos con mayor jerarquía poseen lugares diferenciados de
pertenencia: “los eunucos, así como Apama, vivían en un jardín privado, aislado por fosos del
ámbito de las muchachas” (1989: 32) que marca la segregación en el ámbito espacial
(división en zonas y rango). Por otro lado, el segundo de estos espacios relegados es el
edificio en el cual los alumnos entrenaban para ser fedayines. Este edificio está compuesto de
habitaciones para los alumnos, de una terraza donde se imparten clases y de un comedor;
además de infinitas aberturas que interrelacionan los ambientes dentro del mismo (1989: 53).
El texto lo ubica en la segunda explanada y del terreno se predica que es “poco elevado”
(división en zonas y emplazamientos funcionales).
En la utopía escrita por Campanella7, la historia comienza con un diálogo entre un
genovés -piloto de Colón- y un hospitalario -caballero o Maestre- de la Orden de Malta. El
diálogo es aparente ya que el viajero comenta, en un cuasi monólogo, las características de la
tierra de los solarianos, y el hospitalario únicamente interviene para cambiar el rasgo de
descripción. La mayor parte de la Ciudad del Sol, ubicada en Trapobana actual Sri Lanka -y
antiguamente Ceilán-, se esgrime sobre una ​eminencia​: un terreno relativamente elevado
respecto de sus alrededores. Las eminencias constan de: una base o pie -parte inferior-, una o

7
​Trabajar con una concepción unívoca sobre un fenómeno heteróclito y polisémico como lo es el
género utópico no es simple y a menudo conlleva una toma de posición sobre el tema. Siguiendo la
propuesta de Misseri, el enfoque que se utilizará a los fines de esta monografía es el filosófico: “(...) a
partir de la definición de utopía como ​producto intelectual para la transformación de la sociedad
basada en modelos sociales regulativos o preventivos​ permite poner en juego las cuatro categorías de
utopías -utopías literarias, utopías programáticas, utopías prácticas y utopías instrumentales-” (2013:
19). Considerar no sólo el carácter formal de la obra sino identificar la propuesta que subyace a la
misma es la tesis central de este enfoque.
varias cumbres/cimas -que señalan la terminación de la elevación- y flancos o laderas
-espacios de inclinación variable que van desde la base hasta la cumbre-.
Los solarianos instalan la ciudad adaptándola al terreno, en su edificación reproducen
el modelo característico natural: “(...) está dividida en siete círculos enormes, cada uno de los
cuales lleva el nombre de uno de los siete planetas. Se comunican entre sí por cuatro vías y
otras tantas puertas, orientadas hacia los puntos cardinales” (Campanella, 1963: 32)8. Estos
siete círculos concéntricos protegen a los habitantes de cualquier intento de asedio, ya que la
fortaleza es inexpugnable a causa de los baluartes, parapetos, torreones, trincheras y puestos
de artillería que posee, constantemente preparada para una posible invasión (clausura). Si uno
de los círculos es tomado, el siguiente costaría el doble de esfuerzo para ser violentado; una
dispositio bellica de sus fortificaciones. Cada círculo dispone de sus propias cocinas y
despensas colectivas con mesas primeras y segundas donde los hombres se sientan de un lado
y las mujeres enfrente (división en zonas). A su vez, en el muro cada uno de los círculos se
encuentran pinturas de los reinos animal, vegetal y las invenciones humanas más destacadas.
Esta actitud demuestra la importancia que le otorgan los solarianos a la educación, ya que las
pinturas pueden ser visualizadas tanto por dentro como por fuera de los muros
(emplazamientos funcionales).
Luego de describir cada uno de los estratos concéntricos y sus magnificencias, se
describe el vértice donde se yergue un “gran templo de grandes proporciones y maravillosa
fábrica” (1963: 34), en el cual sólo hay un altar con una esfera celeste iluminado por un
tragaluz -nuevamente, un panóptico-. Allí, hay celdas dispuestas para la vida contemplativa
de veinticuatro sacerdotes cuya función es designar el personal jerárquico de la ciudad
(rango). Asimismo, del lado interior el texto asevera que se erigen una serie de palacios cuya
uniformidad estética es de una gran magnitud, ya que observados desde fuera parecen una
sola edificación (clausura). La característica hermética que tienen hace imposible todo acceso
salvo en la parte ​cóncava hacia el interior de la muralla: el filtro de luz sólo es perceptible en
las cumbres, niveles de delimitación separados por “delgados tabiques”9. Siguiendo a

8
​Todas las citas corresponden a la misma edición. De ahora en adelante sólo se citará el año y número
de página.
9
“​Se desarrolla toda una problemática: la de una arquitectura que ya no está hecha para ser vista
(fausto de los palacios) o para vigilar el espacio exterior (geometría de las fortalezas) sino para
permitir un control interior, articulado y detallado (...) [que descansa en el] calculo de las aberturas, de
los plenos y de los vacíos, de los pasos y de las transparencias” (Foucault, 2008: 201).
Deleuze (1989: 30-31), la curvatura de la materia es consecuencia del pliegue ​ad infinitum y
funda el punto de vista, en cuanto el mismo representa la inflexión y el movimiento continuo.
El estatuto de este nuevo objeto que se constituye no se relaciona con la dualidad
forma-materia, sino que su constitución ​es ​funcionalidad pura. Este nuevo objeto Deleuze lo
denomina “objeto objetil” y su cambio ontológico comprende su paralelo con el del sujeto
ante la exposición de su individualidad hacia la sobrecarga de objetos: el sujeto deviene
“superjeto”10. La misma operación de identificación ocurre en la perfección disciplinaria: se
construye un nuevo objeto, un nuevo cuerpo mecánico fruto de la aplicación de los
mecanismos de poder.
Las precedentes estructuras de las ciudades descritas sintetizan perfectamente el
modelo de representación barroco, la máquina de máquinas. El fin buscado por las élites
gobernantes descansa en la posibilidad de un control total sobre los condenados, propósito
posible gracias a la arquitectura reinante en los castillos que disciplinan comportamientos
lentamente y crean hábitos. Sin embargo, aunque no es motivo de este trabajo, la dominación
no es ejercida únicamente a través de la distribución arquitectónica. Sistemáticamente los
contrapuntos críticos entre ambos fueron aflorando en el desarrollo: separación
exterior/interior, división de las estructuras en dos pisos bien definidos; espacios
iluminados/oscuros; curvatura de la materia que instaura el punto de vista, etc.. La crítica ya
ha abordado la cuestión y un consenso general sobrevuela en sus interpretaciones al
considerar que en ​la Ciudad del Sol ​el aspecto modélico de la ciudad es una gran alegoría del
sistema filosófico y social que propone Campanella: “la sociedad se nutre del conocimiento
de un centro dual, el templo, el cual representa al sol y a la luz del saber que se despliega en
los distintos muros concéntricos no sólo para proteger sino para ilustrar a los ciudadanos”
(Misseri, 2013: 145) y en ​Alamut:​ “una gran alegoría del Estado (...) símbolo de su poderío
puesto que las construcciones monumentales suelen ser, además, propias de las formaciones
sociales complejas” (Barrionuevo, 2015: 108-109). La correlación entre la distribución
espacial y su representación ideológica obtiene una mayor significación en la organización
política, cuestión que será tratada en el próximo apartado.

10
Deleuze afirma: ​“no
es una variación de la verdad según el sujeto, sino la condición bajo la
cual la verdad de una variación se presenta al sujeto. Esa es precisamente la idea misma de la
perspectiva barroca” (1989: 31)
Métodos de organización política
Sed, Quis custodiet ipsos custodes?
Juvenal, ​Satura VI, Liber secundus,​ líneas 347-348

Para comprender la naturaleza y los alcances que el control posee en todo el tejido
social de las dos ciudades, se impone la consideración de cada configuración organizativa
particular a fin de encontrar diferencias y similitudes en sus estructuras. En este punto cabe
destacar el modelo de ciudadela romana que integran ambos modelos en su constitución. La
religión romana era de carácter cívico y religioso a la vez porque alentaba la formación de un
buen ciudadano que estaba obligado a participar de los ritos festivos, ya que alentaba la
romanización de elementos o sujetos foráneos a Romana: era pública y no privada. Este uso
de la religión como elemento de cohesión y de coerción se constituye como el fundamento
trascendente de las ciudades y será fundamental para la comprensión de las máximas cívicas
de las mismas11. Como anteriormente se ha afirmado, si bien ambas reproducen el mecanismo
espacial de representación verticalista con sus características propiamente barrocas, los
proyectos políticos difieren en puntos divergentes de realización que en este apartado se
intentarán ir desglosando en pos de una mayor comprensión de los fenómenos coercitivos.
Considerando a ​Alamut ​de manera íntegra, ya se ha adelantado que representa una
alegoría del Estado moderno. Por ende, para comprender su funcionamiento se describirán las
partes que constituyen la totalidad. Como brazo armado ante el posible asedio de enemigos,
la base orgánica de todo el sostenimiento material de la fortaleza se compone de los múltiples
alumnos, futuros fedayines: “El fedayin es un ismaelita dispuesto a sacrificarse ciegamente
por orden del jefe supremo -Seiduna para ellos-. Si este soldado muere en el cumplimiento de
su deber, se convierte en mártir. Si tiene éxito y sigue vivo, se lo promueve a dey y a otras
dignidades” (1989: 56). En la escala jerárquica le siguen los deyes, encargados de instruir a
los alumnos en todas las materias de conocimiento necesarias para su promoción. Por encima
de ellos están los deyes eldoat, es decir los deyes de todos los deyes: “Actualmente hay tres:
el dey eldoat Abu Alí (...) el dey eldoat Buzruk Umid (...) y el dey eldoat Hussein Al-Keini”

11
​Incluso este fundamento religioso se utiliza explícitamente como argumentación del sistema: “(...)
es por lo demás esta fe en los valores espirituales que cohesiona la comunidad de los sectarios de la
Cruz como un conjunto tan poderoso. Parece que así la Iglesia en cuestión ha logrado no ser tocada
por el tiempo” (1989: 339). Foucault está de acuerdo con Hassan: “Hasta el Imperio, la referencia
romana ha transportado, de una manera ambigua, el ideal jurídico de ciudadanía y la técnica de los
procedimientos disciplinarios” (2008: 170).
(1989: 76). En el punto máximo del escalafón se encuentra el soberano, amo de todos los
ismaelitas: el profeta Seiduna para sus fieles -filósofo para otros- Hassan Ibn Sabbah.
Principalmente, como operarios/ayudantes de los fines de los deseos del monarca se
encuentran tanto los eunucos, paladines del imperio, como asimismo las mujeres con las que
Hassan compartía su intimidad (Miriam y Apama).
Los ismaelitas constituyen su doctrina fuertemente influenciados por el
neoplatonismo, corriente de pensamiento en auge y muy expandida en aquel momento
histórico. Una de las posibles consecuencias que esto acarrea en el arraigue de su teología
puede observarse en la idea de Dios que tienen los seguidores de esta creencia, comprendido
en toda su existencia como un concepto abstracto y trascendental. A su vez, este aspecto se
combina con la visión cíclica del tiempo y la idea de devenir del destino humano que
profesan. La doctrina ismaelita integra ese destino humano con la búsqueda hacia las
verdades universales de la existencia, aquel eterno retorno tan anhelado hacia la estancia de
Adán en el jardín, entendido como el regreso hacia la Unidad de Dios. Este regreso, cuna de
esas verdades universales, se instaura en los espacios no-terrenales vedados a los límites
humanos donde Adán incurrió en los yerros que devinieron en su caída. Hassan construye sus
instituciones tomando como base de toda la dominación y consolidación de su poder la
manipulación de ideológica que insufla en las pasiones de los ismaelitas. Su
autoproclamación como profeta y su exposición ante sus súbditos como un ser místico que
posee las llaves del paraíso da cuenta de un plan racional y premeditado que el soberano se
atreve a explicitar:
“el paraíso de cada hombre no es más que el espejismo de un deseo particular. Los
gozos que experimenta en él son verdaderos gozos, no necesita nada más. Si tú no hubieras
adivinado mi subterfugio, habrías muerto feliz(...)” (1989: 506).

En este punto se comprende la importancia del espacioso jardín de las huríes para el
sostenimiento de su sistema político. Lugar iluminado en su totalidad, representaba para
aquellos que accedían a sus magnificencias no sólo un acercamiento a la unidad máxima
trascendente -Dios-, sino que también indicaba la gracia del soberano hacia los más
favorecidos. Hassan ejercía en sus súbditos una ilusión tendiente a incorporar en su espíritu la
causa ismaelita y, de esta manera, lograr soldados que abracen la idea de la muerte, que la
deseen como una forma de acceder a los espacios divinos vedados a la finitud humana. Por
ende, el lugar metafísico que ocupa quien está a la cabeza de la pirámide del Estado es
ilustrado con la metáfora del Al-Araf: “es la imagen del punto de vista de todos los que tienen
los ojos abiertos y poseen el valor de regular su conducta de acuerdo con lo que saben”
(1989: 506). Detrás de la relatividad de ese punto de vista hay un único fin: la legitimación
del poder estatal.
Luego de todo lo anteriormente expuesto, se observa que Seiduna como soberano y
profeta logra utilizar los principios ismaelitas para crear el fundamento trascendente de su
Estado. Para lograr el control total de sus vasallos Hassan le otorga a la investidura política el
costado religioso faltante, cuestión que explota la relación hombre creyente/hombre
disciplinado: “pensar que la fidelidad a las cosas pequeñas puede elevarnos, por un progreso
insensible, a la santidad más eminente, porque las cosas pequeñas disponen para las grandes”
(Foucault, 2008: 162). El ulterior objetivo que persigue el monarca se centra en conseguir la
legitimidad necesaria para suprimir el particularismo individual y, con esto, subsanar la
división exterior/interior de su comunidad ejerciendo múltiples mecanismos de
disciplinamiento sobre sus súbditos. Los múltiples lugares que el texto deja explícito al
retratar a la mayoría de los subordinados dudando de la posibilidad de los atributos divinos de
su soberano son buen ejemplo de las fisuras propias del Estado.12 La actividad del monarca
intentará cimentar las bases de la “máquina de máquinas” al socavar las imperfecciones de
este organismo en emergencia, optimizando su funcionamiento en el aspecto bélico para
liberar a Irán del Imperio Otomano. En este sentido, la formalización de una ley desligada de
todo personalismo es fundante puesto que los principios de los Estados modernos se
implementan en la aplicación de este rasgo constitutivo. La aparente sensación que impregna
todo el tejido textual en las instancias finales es del triunfo del cometido de Hassan: la
autonomía y despersonalización de la máquina, de su Estado, de Alamut.
Cabe destacar que la elección realizada del material y el cotejo entre ambos textos no
es azaroso. En efecto, tiene su fundamentación en la complementariedad entre los análisis
sobre la forma de organización política de las ciudades. Si el objetivo del plan racional de

12
​Schmitt en su interpretación sobre Hobbes reconoce las consecuencias que esta distinción dual
acarrea en el devenir de la esfera pública: “ quien en lo más mínimo se adentra en la distinción de
interno y externo, ha reconocido ya con ello la superioridad última de lo interno sobre lo externo”
(1997: 118), generando en todo el organismo que “la distinción entre interno y externo fue para el dios
mortal la enfermedad que lo condujo a la muerte” (1997: 125). Es entendible, por ende, las medidas
que el soberano intenta llevar a cabo en su accionar para neutralizar las fuerzas devastadoras del
Estado, implícitas en la constitución del mismo, que llevará indefectiblemente a un control más
riguroso de los individuos.
Hassan Ibb Sabah en su fortaleza es, valga la redundancia, crear los cimientos de un fuerte
Estado devolviéndole la investidura religiosa pero dejando entrever al mismo tiempo el
proceso de tecnificación del Estado concebido como creación humana técnicamente acabada,
en ​La Ciudad del Sol la apuesta hacia la caracterización de un Estado moderno será aún
mayor en cuanto el fundamento trascendente ya está funcionando e integrado plenamente en
todo el tejido social en la ciudad de los solarianos. En palabras de Schmitt: “en la visión de
Campanella (...) aparece un barco sin remos y sin vela, el cual es movido por un mecanismo
gobernado y guiado por el detentor de itia “autoridad absoluta”” (1997: 95). Esta afirmación
será mejor comprendida al considerar las organización propia de la comunidad.
Detrás de todo el entramado social hay un principio general que el mismo texto
explicita: “la estructuración de la vida en común como la filosofía enseña” (1963: 41), que no
sólo resulta un guiño al sistema filosófico que intenta desglosar Campanella en toda la obra
-del que se puede trazar un paralelismo con ​Alamut en estos análisis-, sino también a la
referencia de esta disciplina como supuesto previo a toda sociedad superior, tinte de la época
que escribe el autor. Asimismo, como prototipo de ciudad ideal subyace la propiedad común
que hace rico y pobre a todos por igual, desconociendo los pecados que la propiedad privada
insufla en las personas: la avaricia, el robo, etc.. Las pocas leyes que rigen en la ciudadela
estarán destinadas a la conservación del orden establecido de la comunidad, poniendo en
primer lugar la preservación de la especie, como fin primordial.
Como suprema autoridad en toda materia o asunto tienen a la cabeza del gobierno a
un sumo sacerdote que llaman Sol o el Metafísico, cuya decisión es definitiva en todo. Para
dimensionar la extensión de su poderío tanto en la esfera privada como pública, basta
observar el atributo que posee al otorgar los nombres de cada ciudadano, ya que el nombre es
puesto considerando las cualidades particulares “a usanza de los romanos”. El Sol no puede
ser elegido antes de los treinta y cinco años y el cargo es a perpetuidad. La elección se realiza
sobre la base de su insuperable conocimiento adquirido a través del método histórico, base de
la educación de todos los solarianos13, y la única forma de que se vea desplazado de su cargo
es por voluntad propia, reconociendo a otro solariano como superior intelectualmente.

13
​Campanella nunca deja bien en claro en qué consiste este método. No obstante, la efectividad es
indudable, ya que “(...) lo que a vosotros os cuesta diez o quince años de estudio, nosotros en uno sólo
lo asimilamos, como puedes comprobar en estos niños” (1963: 50). De la educación que se lleva a
cabo desde la infancia se extraen y se estimulan los más aptos naturalmente para cada oficio, aunque
“cada individuo, sea del sexo que sea, es instruido en todas las artes” (1963: 45).
Al Metafísico responden tres príncipes del mismo rango: ​Pon o Poder​, que se ocupa
de la guerra, de la paz y del arte militar; Sin o​ Sabiduría, que se encarga de las ciencias -y sus
cultivadores-, las artes liberales y mecánicas; ​y Mor o Amor, el cual centra su actividad en la
reproducción, la siembra, recolección de frutos/cereales, el vestido, la educación y la
medicina. Estos tres funcionarios no precisan saber a fondo todas las artes sino aquellas que
es propia de sus actividades. Aún así, todas las cuestiones que de estos dependen son tratadas
en la presencia del Metafísico, el cual toma la decisión adecuada de acuerdo a su parecer. En
esta línea de consideraciones, un caso análogo ocurre en el tratamiento de los problemas
internos de la ciudad. La asamblea es el órgano por el cual todos los individuos de veinte
años para arriba asisten y toman participación activa para dar su punto de vista sobre qué hay
de defectuoso en la ciudad y proponer ideas para solucionarlos, a fin de que los funcionarios
tengan en cuenta sus opiniones a la hora de la toma de decisiones. El resultado, empero, es el
mismo: la palabra final termina cayendo sobre el Metafísico como una de las formas de
centralización del poder. Detrás de esta aparente centralización del poder se encuentra un
mecanismo disciplinar, implícito, funcionando en toda la estructura que sobrepasa las
posibles acciones individuales, el Estado concebido como un “cascarón vacío” diría Schmitt.
Cada uno de los funcionarios subordinados al Sol posee una suerte de guardianes de
virtudes a su mando que se encargan de controlar y vigilar a los trabajadores de acuerdo al
gremio o profesión de cada uno. La jornada de trabajo es de cuatro horas diarias y está
constantemente observada por el rey del oficio de cada una de las disciplinas. No obstante,
pese a la especialización de cada solariano en base a su predisposición natural a una
determinada profesión, “todo lo referente al arte militar, la agricultura y la ganadería es
atendido en común, por lo que todo el mundo está obligado a dominar esas tres actividades”
(1963: 76), actitud bélica que obtiene coherencia con la disposición de las murallas de la
ciudad14.
Además de la vigilancia continua por parte de los guardianes, otro de los rasgos que
termina ejerciendo un disciplinamiento riguroso en los ciudadanos se configura en el sistema
de confesión que implementan. Cada individuo corriente de la Ciudad del sol se confiesa con
los jefes y éstos se confiesan a su vez con el maestro de la especialidad que de igual modo se

14
​Sin duda alguna, la atribución de estos rasgos recuerda la caracterización peyorativa de los monjes
dominicos -recordemos que Campanella es dominico-, conocidos en el mundo cristiano como los
perros del Señor, por la actitud salvaje al momento de defender la fe. Cabe preguntarse si el ciudadano
ejemplar para Campanella es el hombre-monje a imagen y semejanza de su religión.
confiesa al superior del que depende. El superior se confiesa con el Sol, de forma que todos
los pecados predominantes en la ciudad son conocidos por todos. Posteriormente, en el altar
del círculo superior se confiesa públicamente los pecados del pueblo como del mismo
Metafísico, abogando a Dios por la absolución de todos los males. El fundamento
trascendente, el costado religioso integrado al aparato estatal, está aquí funcionando de
manera totalmente autónoma, de suerte que no se necesita de ningún otro rasgo para subsistir.
Una sociedad ya disciplinada y autárquica en todas sus aristas:
“como principios metafísicos de las cosas consideran al Ser, que es Dios, y la Nada, que es la
negación del Ser, como condición sin la cual ninguna cosa material se hace, puesto que no podría
hacerse si ya existiera; luego, al hacerse, es porque antes no existía. De la propensión al No Ser nacen
el mal y el pecado, por lo que dicen que, al pecar, se aniquila uno, y que el pecado tiene una causa
deficiente, no eficiente (...) es cosa de nosotros mismos, que propendemos al no ser y al desorden”
(1963: 100-101).

En cuanto a la pregunta planteada en el epígrafe: ¿Quién custodia a los custodios? La


respuesta será ellos mismos, a través de un estatus moral de los habitantes y de un juego de
miradas y vigilancia continua, del cumplimiento de las funciones de cada ciudadano en el
estrato de la jerarquía que le corresponde. El libre albedrío de los solarianos sumados a un
control disciplinario riguroso se instaura como el mecanismo de dominación por excelencia.
Cuando en la sección anterior se hizo hincapié en la evolución de las tecnologías del
poder, el paralelismo con las obras -y sus conceptualizaciones sobre el poder- se impone. Por
un lado, en ​Alamut Hassan como soberano busca instalar el fundamento trascendente en la
ciudad buscando desligarse del personalismo de su figura regia y, también, intentando
encontrar algún dispositivo para neutralizar las fuerzas interiores al Estado. Para ello, no sólo
instaura un aparato jurídico-formal sobre la vida de los ciudadanos, sino que ofrece
representaciones visuales para aquellos que no cumplan la ley. Para concretar la realización
de su máquina Hassan a la vista de toda la ciudad manda a decapitar a su hijo Hussein,
culpable de doble crimen: insurrección contra un superior y luego asesinato; “la ley no hace
excepciones” (1989: 534). Estas representaciones visuales son los signos que se ejercen en
todos los subordinados a fin de ejercer miedo en sus almas y, de esta forma, generar
disciplinamiento. Esta misma característica se reproduce en su intento de incorporar el
costado religioso a la investidura política con la visita al falso paraíso. Por lo tanto, si bien el
marco disciplinar se encuentra fuertemente presente en la vida reglada de los individuos, la
forma de concebir ese incipiente poder disciplinar no puede desprenderse del personalismo
del monarca. La sociedad de Alamut, entonces, integra en su urdimbre ambas tecnologías del
poder: está en el pasaje de la segunda concepción a la tercera.
Por otro lado, en ​La Ciudad del sol se puede vislumbrar un Estado sin fisuras
producto del disciplinamiento de los solarianos llevado a su máxima expresión. La tecnología
del poder asimilada en la ciudad se ubica en la tercer clasificación desplegada, en donde la
coerción sobre los cuerpos de los individuos se transforma en un organismo más de la
máquina; hombres-máquina cuya existencia particular en sí misma no interesa puesto que
cualquier persona podría estar en el lugar de cada ciudadano y la máquina seguirá
funcionando de todos modos. Por último, cabe destacar que Campanella construye su utopía
proponiendo, a su vez, su sistema filosófico que intentará llevar a la acción sin buenos
resultados: “por la dialéctica macro-microcosmos la Tierra deviene reflejo de los Cielos y en
un viso milenarista, el Metafísico prepara la monarquía del Mesías que a su vez no es más
que un grado intermedio hacia la monarquía del Padre divino” (Misseri, 2013: 151). Por
consiguiente, el hombre sería concebido como un segundo dios, criatura autónoma que se
autolegisla, cuya organización política-teocrática estaría regida por el gobernante
representante terrenal del Dios cristiano, único y verdadero15. Por tales motivos, el autor para
fundamentar la concepción teocrática del Estado debe conceder al poder un lugar más allá de
las posibilidades de control humano sobre sus mecanismos. Las consecuencias que esta
acción puede aparejar ya se han reiterado incansablemente en este mismo texto: la
automatización y desindividualización del poder.

15
​Resulta interesante contrastar la visión utópica de Campanella con la concepción metafísica de
Leibniz sobre la mónada, concepto que toma de los neoplatónicos para designar un estado de lo Uno:
la unidad en la medida en que envuelve una multiplicidad. Entendido, entonces, como un punto de
sustancia metafísica cerrada en sí misma, sin ventanas, que refleja en su estructura micro todas las
posibles concepciones macro del universo. Para él, la materia es un agregado de mónadas regidas por
una mónada central, a la cual están subordinadas. Para una ampliación del tema ver ​Monadología.​
Conclusión

Recapitulando, si bien la integridad del trabajo está sujeta a futuras ampliaciones16,


del análisis pormenorizado de los mecanismos de poder en las obras se han podido extraer
algunas conclusiones. Basándose en las características propias del Barroco como estructura
de sentido transhistórica distintos puntos en común afloraron: separación exterior/interior,
división de las estructuras en dos pisos bien definidos; espacios iluminados/oscuros, juego de
miradas, el pliegue como creación de sentidos/signos, sujeto devenido objeto -y viceversa-.
Estos aspectos propios de todo un movimiento artístico-cultural son, a su vez, los principales
componentes que desglosa el poder disciplinario en su aplicación ¿Serán, acaso, ideas nacidas
de los modelos de sociedad utópicos renacentistas/barrocos? ¿Las formas de organización
disciplinarias son producto de la literatura? ¿Hasta qué punto la literatura influye sobre la
realidad? Una cosa es segura: ambas ciudades reproducen en su estructura el modelo
panóptico como máquina coercitivo disciplinar. El objetivo: la docilidad de los cuerpos. El
fin: el control total de los condenados. Los medios: una política tendiente a normalizar. El
resultado es el mismo, la construcción de un Estado sin fisuras, desindividualizado, donde la
preservación de la especie no sea un punto que se ponga en discusión en ningún momento. La
misión, diría Hobbes, sería salvarse del estado de naturaleza o, según la filosofía de Hassan
Ibb Sabah, controlarlo a la usanza romana. Devolverle el costado religioso a la investidura
regia, instalar el fundamento trascendente en la sociedad y obtener una comunidad estática,
cerrada en sí misma y a sus efectos; tales son las formas que el poder se manifiesta en las
relaciones sociales de las ciudades como alegorías de los regímenes totalitarios.
Probablemente, la alejada coyuntura política de estos dos autores haya querido representar
esa crítica social para hacer explícitos los mecanismos de dominación. Al dejar entrever las
particularidades de cada uno emergen los tintes ideologizantes que reclaman para su
funcionamiento y marcan el rumbo argumental en las novelas: lo destacable en su
construcción está compuesto de partes insignificantes en constante sujeción.

16
​Otra consideración necesaria sobre el análisis tiene que ofrecer una mirada sobre el abordaje en las
obras del ​control de los ejercicios​ que la disciplina instaura en los subordinados (empleo del
tiempo;elaboración temporal del acto;puesta en correlación del cuerpo y del gesto;articulación
tiempo-objeto), la ​capitalización del tiempo​ (segmentación y descomposición del tiempo;
organización de esquemas analíticos;prueba;serie), ampliación del eje ​reglamentación ​y ​ferocidad de
los castigos​.
Bibliografía
- Barrionuevo, María Soledad (2015). “Historia y Literatura. El surgimiento del Estado y el
príncipe nuevo en la novela eslovena ​Alamut​” en Revista ​Historia Autónoma​, Facultad de
Filosofía y Letras (UBA).
- Bartol, Vladimir (1989). ​Alamut​, Muchnik Editores, Barcelona.
- Campanella, Tommaso (1963). ​La ciudad del sol,​ Aguilar, Biblioteca de iniciación
filosófica, Buenos Aires.
- Deleuze, Gilles (1989). ​El pliegue,​ Ediciones Paidós Ibérica S.A., Buenos Aires.
- Foucault, Michel (2008). ​Vigilar y castigar,​ Editorial Siglo veintiuno, Argentina.
- Leibniz, Gottfried (1984). ​Monadología​, Hyspamerica Ediciones Argentina S.A., Buenos
Aires.
- Misseri, Lucas Emmanuel (2013). Utopismo y responsabilidad: perspectivas y
convergencias [en Línea], Tesis de Doctorado, Universidad Nacional de Lanús.
Departamento de Humanidades y Artes. Introducción y capítulos 1, 2, 8, 10.
- Ponce, Marcelo (2011). “Una aproximación a ​El Anti Edipo de Gilles Deleuze y Félix
Guattari” en ​A parte rey… y 75,​ revista de Filosofía [en Línea].
- Schmitt, Carl (1997). ​El Leviatán en la doctrina del Estado de Thomas Hobbes,​ México,
UAM/Azcapotzalco.

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