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4 Cosas Que Todos Deben Saber Sobre La Humildad

Para toda actividad laboral y en el dia a dia de cualquier persona y más aún en la interrrelación entre varias personas se requiere trabajar con humildad, en equipo, con solidaridad, respeto mutuo, con responsabilidad.
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4 Cosas Que Todos Deben Saber Sobre La Humildad

Para toda actividad laboral y en el dia a dia de cualquier persona y más aún en la interrrelación entre varias personas se requiere trabajar con humildad, en equipo, con solidaridad, respeto mutuo, con responsabilidad.
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4 cosas que todos deben saber sobre la humildad

¿Es tú entendimiento de la humildad bíblicamente correcto?

Puede haber mucha confusión en torno al concepto de humildad. A menudo, la


humildad se asocia con el silencio, la sumisión y pensamientos de insuficiencia. ¿Pero
que dice realmente la Biblia al respecto?

Aquí hay cuatro puntos bíblicos que todo cristiano debe saber acerca de la humildad.

1. La humildad significa subordinarse, pero no arrastrarse

La humildad y el subordinarse van de la mano. La palabra de Dios dice que nosotros


como cristianos debemos subordinarnos bajo los unos a los otros en humildad.
“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros,
revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, Y da gracia a los
humildes.” 1. Pedro 5:5-6.

Con subordinarnos y “revestirnos de humildad” podemos crear paz y unión con los
otros. No debemos ser tan orgullosos y altos de que no podemos recibir amonestación o
consejo. Tampoco hay que tener la mentalidad de que nuestras propias opiniones y
pensamientos son siempre mejores que los de los demás. Pensar así no nos lleva al
progreso o a la unidad en Cristo.

Ser sumisos y humildes no significa, de ninguna manera que debemos ceder ante otras
personas. Pablo fue muy claro cuando dijo que debemos servir a Dios y sólo a Dios.
“Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.” 1 Corintios
7:23. Él escribe también: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O
trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo
de Cristo.” Gálatas1:10.

Si bien es importante subordinarnos, para así aceptar la amonestación y seguir humilde


en nuestros propios ojos, como cristianos debemos buscar agradar a Dios con nuestras
vidas. Debemos temerle y guardar Su palabra. Este debe ser nuestro enfoque:
humillarnos bajo la voluntad de Dios, vivir y mantenernos ocupados en guardar sus
mandamientos, y no tratar de satisfacer las exigencias y expectativas humanas.

2. La humildad no significa que somos gente silenciosa o pasiva


“Vuestro atavío no sea el externo… sino el interno, el del corazón, en el incorruptible
ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios.” 1
Pedro 3:3-4. Dios quiere que los cristianos tengan un espíritu afable y apacible. Es de
suma importancia que seamos humildes y tranquilos en nuestro hombre interior, de
modo que podamos escuchar el Espíritu de Dios que habla a nuestro corazón a través
del día.

Tener un espíritu afable y apacible no significa que debemos ser personas pasivas. Dios
también requiere la acción y el celo en nuestras vidas. Jesús nos enseña que el reino de
los cielos se toma con fuerza (Mateos 11:12). Todos, quienes desean una vida más
profunda en Cristo, se dan cuenta de que tienen que ser celosos, y humildes en su
hombre interior. ¡El pecado no puede recibir permiso para reinar en el corazón de un
discípulo! Si somos humildes en nuestro hombre interior, con el deseo de hacer la
voluntad de Dios, vamos a hacer todo lo posible para guardar nuestra mente y corazón
limpio. Pablo escribe: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en
espíritu, sirviendo al Señor.” Romanos 12:11.

De la misma forma, mientras que nosotros siempre debemos tener un espíritu quieto y
humilde ante el Señor, hay algunas situaciones en las que Dios desea que hablemos con
franqueza. Aquí tenemos que, como siempre dejar nuestro propio honor, reputación y
las expectativas naturales, y obedecer al Señor con toda reverencia. No debemos
cuestionar por nuestra propia autoridad o posibilidad de decir o hacer algo que Dios
quiera realizar a través de nosotros. En lugar de ello, debemos dejar que Dios nos use
exactamente como él quiere, en cualquier situación.

3. La humildad significa que usamos nuestros talentos y habilidades


“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no
tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura,
conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” Romanos 12:3. Tener una
mentalidad humilde es pensar con prudencia de uno mismo. Esto significa que no nos
jactamos de nuestras habilidades y capacidades. También reconocemos que nuestra
competencia proviene de Dios en todas las cosas. (2 Corintios 3:5)

Esto no quiere decir que debemos ignorar los dones y el llamamiento celestial que Dios
nos ha dado. ¡Dios desea hacer una obra enorme de transformación en nosotros a través
de nuestra vida! Él nos ha dotado con nuestros propios talentos y dones, y nos compró
con la preciosa sangre de su Hijo Jesucristo. (1 Pedro 1:18-20)

Dios lo que quiere, es que nos pueda usar para su gloria y para su propósito, y cada uno
de nosotros debe estar consciente de esto. La humildad es usar nuestros talentos y
habilidades bajo la dirección y la guía de Dios, y con esto, darle a Él la gloria por lo que
se ha logrado en y a través de nuestra vida.

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos
administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las
palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que
en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por
los siglos de los siglos. Amén.” 1 Pedro 4:10-11.

4. La humildad es la clave para el progreso


“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los
humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a
Dios, y él se acercará a vosotros… Humillaos delante del Señor, y él os
exaltará.” Santiago 4:6-8,10. Dios trabaja de acuerdo a leyes. Es una ley natural que si
nos humillamos bajo la poderosa mano de Dios, y sometemos nuestra propia voluntad y
honor, entonces él nos dará la gracia que necesitamos para vivir una vida cristiana en
verdad y nos exaltará a su debido tiempo.

Ser humilde es tener la misma forma de pensar de Jesucristo. El cual, siendo en forma
de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa ha que aferrarse, sino que se despojó a
sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. “Y estando en la
condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y
muerte de cruz.” Filipenses 2:6-8.

Jesús es el máximo ejemplo en humildad. Él no valoró su propia reputación o su honor,


sino que se ofreció voluntariamente en cada situación, así que la voluntad de Dios se
cumpliera y que Dios pudiera ser glorificado a través de su vida.

Si tenemos la misma mentalidad humilde, y abandonamos nuestra propia reputación y


honor para ser obediente a la palabra y a la voluntad de Dios, ¡entonces vamos a ser
capaces de hacer un progreso increíble en nuestra vida cristiana! Dios realmente nos
sigue de cerca en nuestros corazones y está dispuesto y celoso para fortalecer a aquellos
que quieren vivir para su gloria. “Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado
de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi
reposo? Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová;
pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi
palabra.” Isaías 66:1-2.

Dios desea que estemos entre tales personas, quienes tienen una mentalidad humilde y
un deseo y necesidad de hacer su voluntad, y que están temerosos ante su palabra. No
debemos ser ricos y satisfechos en nosotros mismos. Esto es orgullo y evita que Dios
haga una obra de transformación en nuestras vidas. No, vamos ser humildes y pequeños
de corazón. Entonces Dios nos ve y nos da la gracia que necesitamos para lograr un
progreso real en nuestra vida cristiana.

La mayor razón de por qué no has tenido progreso en tu vida cristiana

Hay una cosa que no la has tomado con la suficiente seriedad.

Has sido cristiano por muchos años, sin embargo todavía sientes que no estás más cerca
de experimentar una vida verdadera con Dios. ¿Por qué sucede esto?

El mayor obstáculo para el progreso es algo que está incrustado profundamente en


nuestra naturaleza humana: el orgullo. El orgullo está tan cerca que ni siquiera nos
damos cuenta que muchas de las cosas que hacemos durante el día están motivadas por
este.

Podemos reconocer el orgullo cuando creemos que nosotros mismos sabemos mejor lo
que está claramente escrito en la Palabra de Dios. Cuando vemos que estamos más
preocupados de defender lo que la gente piensa de nosotros que de la verdad sobre
nosotros mismos. Cuando nos preguntamos si la gente tiene un pensamiento menor
sobre nosotros de lo que «merecemos». Estamos rebosantes de amor propio.

Podemos reconocer el orgullo cuando creemos que nosotros mismos sabemos mejor lo
que está claramente escrito en la Palabra de Dios.
Por eso es tan importante darnos cuenta que Dios no puede hacer nada con nosotros si
no coincidamos con él con nuestra propia voluntad. Tenemos que dejar nuestro orgullo,
junto a nuestros propios pensamientos sobre lo que es correcto, y escuchar la voz de
Dios en nuestra vida. Si hacemos esto, sinceramente, y con todo nuestro corazón,
escucharemos que el Espíritu Santo nos enseña a ser humildes en nuestros propios ojos,
(Romanos 12,6). Él nos enseña a tener un sentir para servir, no para ser servido. Él nos
enseña cómo podemos hacer desaparecer nuestra propia voluntad y deseos, en lugar de
estar siempre esperando algo de los demás. El cristianismo es dar; el pecado es exigir.

Piensa en los mayores ejemplos que tienes en tu vida cristiana; de quienes has
experimentado bondad y amor. ¿Cómo lo pueden tener ellos así, mientras tú sigues
luchando para mostrar amor hacia los demás, especialmente a aquellas personas que no
han sido muy amables contigo? Es porque se conducen en la humildad, y en esta
humildad Dios puede trabajar en ellos para hacer su voluntad.
Reconocer el orgullo

¿Cómo me doy cuenta cuándo estoy cediendo a mi orgullo? Puedo verlo cuando decido
no alentar a los demás. Evito hablar abierta y sinceramente con los demás porque dejo
que la irritación e inquietud me rodeen cuando estoy junto a ellos. No me alegro cuando
algo va bien con mis amigos o familiares, al contrario cedo ante los sentimientos de celo
que arremolinan en mi interior. No experimento una verdadera amistad y comunión,
porque siento que ya tengo todas las respuestas que necesito.

En fin, sé que estoy lleno de orgullo cuando sigo confiando en mis propios sentimientos,
experiencias y emociones para dirigir mi vida, en lugar de hacer el papel que Dios
quiere que haga.

Sé que estoy lleno de orgullo cuando sigo confiando en mis propios sentimientos,
experiencias y emociones para dirigir mi vida, en lugar de encontrar el papel que Dios
quiere que haga.

Como cristianos es muy importante que reconozcamos nuestra necesidad. Si no


sentimos que necesitamos a Dios en nuestra vida, no habrá ninguna manera que Él nos
dirija. Sin necesidad, nos volvemos personas satisfechas y contentos con lo que hemos
hecho. En lugar de estar atentos y vigilantes contra el pecado, dejamos que las cosas nos
deslicen.
Una guerra contra el «yo», «mío», «mí»

¡Debemos ser preservados en esta necesidad contra nuestro propio orgullo! ¡No dejes
que tu «yo», «mío» y «mí» dirijan tu vida! Cuando servimos a nuestro yo en primer y
último lugar, entonces perdemos una gloria que es eternamente mayor que viene de
servir a Dios. Elegir servir a Dios en completa humildad trae en cambio los Frutos del
Espíritu: amor, gozo, paz, bondad y todos los frutos que nos permiten vivir una vida que
concuerda a la de un cristiano aquí en la tierra. Entonces, y sólo entonces, sentimos que
estamos dando pasos para acercarnos a nuestro llamado celestial.

Si no sentimos que necesitamos a Dios en nuestra vida, no habrá ninguna manera que Él
nos dirija.
¿Cómo va a ser conmigo mañana, la próxima semana, el próximo mes, el próximo año?
Tengo que decidir: si elijo obedecer la dirección de Dios y vivir en humildad – o ceder a
mi orgullo.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América


Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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