Así es la terapia psicodélica
underground
Se ha hablado mucho del resurgimiento de los ensayos clínicos sobre la eficacia de la
LSD, la MDMA y la psilocibina en el tratamiento de la depresión y el trauma, pero
fuera de los laboratorios, personas de a pie están probando la terapia con sustancias.
Para Anita, su padrastro era una especie de fuerza oscura dentro de su vida. El
hombre ideaba castigos imaginativos para los niños si no hacían lo que él
ordenaba. Una noche les llevó en coche hasta una cantera y les dejó allí una hora.
En otra ocasión, obligó a Anita a desnudarse delante de un espejo mientras él la
observaba sentado. Cuando Anita cumplió 15 años, dice que empezó a violarla.
“Sinceramente, no creo que estuviera viva ahora mismo sin el MDMA y el LSD”,
me contó Anita, una repostera de Maine. Pero no fueron sus primeras opciones. A
los 16 años empezó a auto medicarse con Klonopin (una benzodiazepina),
esnifándola hasta que se desmayaba y sus amigas tenían que dejarla echa un
ovillo en la puerta de su casa. Empezó a fumar hierba. Fumaba cuatro paquetes
de cigarrillos al día.
Aquella rutina continuó hasta que cumplió 24 años, cuando comenzó a
experimentar ansiedad extrema. “Tenía una agorafobia tan grave que me costaba
muchísimo salir de casa”, afirma Anita, que ahora tiene 32 años. “Solo quería
morirme y empecé a obsesionarme con el modo de conseguirlo”.
Un tío con el que estaba saliendo, Josh, había estado experimentando con el LSD.
Parecía más feliz, más calmado, más optimista. Una noche trajo un par de
pastillas. Al principio ella se mostró reticente. Lo suyo era la autodestrucción, no
la expansión de la mente. Y no tenía noticia alguna de las investigaciones
científicas sobre el valor terapéutico de los psicodélicos que llevan
multiplicándose desde los años cincuenta. “Habría pensado que era ridículo”,
indica, “porque siempre me habían descrito el hecho de tomar ácido como entrar
en un mundo de pesadilla que te lleva a observar tu oscuridad más profunda”.
Seguía esperando que el viaje se convirtiera en una pesadilla o en algo como
aquel telefilme que vio una vez, Vidas desesperadas, en el que Helen Hunt
tomaba PCP, el anestésico alucinógeno también conocido como polvo de ángel.
En lugar de eso, empezó a sentirse tranquila y más conectada con la naturaleza.
Ella y Josh continuaron con unos cuantos viajes más a lo largo de las siguientes
semanas, hasta que un día él trajo un poco de MDMA. “Aquello me hizo revivir
mis experiencias, algunos lo considerarían un mal viaje, pero percibí que me
sentía más resiliente”, explica. “Me enfrentaba a las cosas de frente, con cierta
fascinación. En ocasiones me sentía como una exorcista, asomándome al vacío y
dejando que este hablara a través de mí”.
A esta nueva rutina introdujo la meditación, se escribía cartas a sí misma y se iba
en bicicleta hasta el campo, antes de alcanzar un punto en que las drogas ya no
fueron necesarias. “No me siento completamente curada de mi TEPT", dice. "Pero
mi experiencia me proporcionó un conjunto de herramientas para lidiar con mis
episodios de una forma saludable y positiva y me enseñó a quererme y a
cuidarme".
En los últimos años se ha visto un resurgimiento de los psicodélicos gracias al
progreso de los ensayos clínicos con sustancias como el LSD, la psilocibina e
incluso la ayahuasca para tratar el TEPT, la depresión, la ansiedad y la adicción. En
un ensayo llevado a cabo en 2016 por la Asociación Multidisciplinar para los
Estudios Psicodélicos (MAPS, por sus siglas en inglés), el 61 por ciento de los 108
participantes se situó fuera del diagnóstico de TEPT dos meses después de recibir
tres sesiones de psicoterapia asistida con MDMA. De forma similar, investigadores
de la Universidad John Hopkins han descubierto que la psilocibina reduce el
estado depresivo y la ansiedad en pacientes con cáncer.
Pero, ¿qué significa eso para la población en general? La FDA concedió la
Denominación de Terapia Innovadora al MDMA en 2017, y con tres ensayos de
fase 3 en marcha, la MAPS predice (quizá con demasiado optimismo) que el
MDMA podría considerarse medicamento hacia el año 2021. Aun así, es probable
que la terapia asistida con MDMA se limite a las personas que padecen TEPT. Y lo
mismo puede decirse de la psilocibina y otras sustancias: probablemente se
dirigirán a pacientes terminales y no a personas con ansiedad y depresión, o
simplemente con nuestro viejo amigo el estrés.
De este modo, un creciente número de personas que han estado siguiendo el
progreso de estos ensayos se han salido del camino y han encontrado terapeutas
solidarios que les facilitan sesiones ilegales. Como ya informó en su día
Motherboard ―el sitio web de VICE dedicado a la tecnología― Friederike Meckel
Fischer, una psicoterapeuta sexagenaria, fue detenida por la policía suiza en 2010
y condenada a 16 meses de suspensión de licencia por suministrar a sus pacientes
LSD y MDMA como herramientas para ayudarles a reconectar con sus
sentimientos. El hecho de que las sustancias fueran ilegales no fue de mucha
ayuda en su caso.
La ventaja de contratar un terapeuta profesional es que puede guiar a su paciente
de forma segura hacia un evento traumático concreto, respondiendo ante todo lo
que surja en la mente del paciente. El terapeuta proporciona una intervención
mínima durante el viaje, porque el trabajo duro viene después. En las sesiones
siguientes de integración, que se realizan sin psicodélicos, el paciente y el
terapeuta procesan lo que fue surgiendo durante el viaje.
Pero también existen desventajas para los pacientes que buscan tratarse con
terapeutas underground. En primer lugar, es preciso tener contactos para
encontrar uno. Y en segundo lugar está el gasto: imagina la tarifa por hora de un
terapeuta normal y aplícala a una sesión de ocho horas. Además, las instituciones
lo miran con recelo. Cuando contacté con la Sociedad Psicológica Británica y con
la Asociación Psicológica Norteamericana para que opinaran sobre el uso de
sustancias psicodélicas a título particular, la primera comentó que "el uso de
drogas psicodélicas en la terapia psicológica es ilegal", mientras que un portavoz
de la segunda declinó siquiera hacer comentarios.
Así pues, mucha gente decide adentrarse en ello por su cuenta o con un amigo a
modo de cuidador durante el viaje. Es posible que obtengan la información sobre
las dosis y las sustancias en foros como Reddit, Bluelight y Erowid; simplemente
leyendo relatos en primera persona de gente que lo ha experimentado, o en
libros como Getting Higher de Julian Vayne, Cómo cambiar tu mente de Michael
Pollan, o Realms of the Human Unconscious de Stanislav Grof .
Eso es exactamente lo que hace Cameron, un consultor residente en Londres,
cuando sufre desgaste o algún otro tipo de problema emocional que se resiste a
desaparecer. Este hombre de 30 años de edad leyó en diversos medios acerca de
estos ensayos clínicos y ahora busca las dosis en foros de internet, estableciendo
siempre una intención. A veces lo hace por su cuenta y a veces con algún amigo.
Había estado empleando LSD y setas, pero para una ruptura que llevaba 18 meses
angustiándole eligió el MDMA. “No suelo llegar a ninguna conclusión durante el
viaje, la realidad tiende a cristalizarse más tarde”, me explicó. “En este caso, fui
capaz de entender por qué mi novia hizo lo que hizo y de empatizar con ella.
Después pasé de no tener contacto con ella a ser muy buenos amigos”.
Dan, un antiguo soldado que ahora pasa de los cuarenta, también vive en
Londres. Forma parte de una comunidad psicodélica que él describe como
constituida por académicos e intelectuales. Durante el tiempo que pasó en el
ejército vivió muchas experiencias cercanas a la muerte que provocaron TEPT. “En
aquel momento no pensaba que aquello estuviera ejerciendo ningún impacto
emocional sobre mí”, afirma. “Tenía la típica respuesta de machito rollo, ‘Mira
todo lo que puedo soportar y estoy bien’. No tenía ni idea de que fuera a
contribuir a una enfermedad mental tantos años después”.
Dan había devorado los ensayos de Aldous Huxley sobre el uso de psicodélicos, y
este último se basó el trabajo de unos investigadores canadienses que se llevó a
cabo entre los años 50 y los 70 y que mostraba resultados muy positivos tratando
con LSD la dependencia al alcohol. Siempre había tirado de los psicodélicos para
aliviar el estrés, pero cuando leyó un libro sobre triptaminas titulado TIHKAL: la
continuación (por Alexander y Ann Shulgin), decidió probar la 4-AcO-DMT. “Es un
análogo cercano a la psilocibina, pero también radicalmente diferente”, explica.
“Mientras que las setas operan en una parte del cerebro que gira en torno al
lenguaje o el intelecto, la 4-AcO-DMT actúa en los procesos de pensamiento
emocional”.
Dan piensa que la 4-AcO-DMT le ayuda a comprender hasta qué punto sus
emociones se han visto distorsionadas. “La gente puede pasarlo realmente mal
con las setas y si caes por ese agujero no existe realmente un límite de hasta
dónde puedes llegar. En cambio con la 4-AcO-DMT rebotas. Es una experiencia
más ligera y segura. Sigo atascado con los mismos síntomas —lo mío es crónico—,
pero puedo gestionarlos. Suelo necesitar utilizarlo tan solo una vez cada dos
meses”.
Antes de esto, a Dan le habían prescrito un antidepresivo ISRS que funcionó bien
durante el primer año, pero después se dio cuenta de que, del mismo modo que
la medicación le impedía caer demasiado bajo, también ponía un techo a su
placer en la vida. Por contraste, la 4-AcO-DMT le permitía experimentar felicidad y
conexión. Como resultado, vio que su dependencia del alcohol se fue alejando.
Sin supervisión por parte de un experto, emplear psicodélicos y otras sustancias
terapéuticas se basa en el ensayo y el error. Los criterios de exclusión en los
estudios de John Hopkins con psicodélicos incluyen historial de esquizofrenia,
trastorno psicótico o trastorno bipolar I y II. Los estudios que utilizan psicodélicos
para aliviar la depresión en pacientes terminales generalmente excluyen a las
personas con trastorno límite de la personalidad o esquizofrenia. Pero esas
precauciones no existen en el mundo del uso personal de estas sustancias, de
modo que es posible que quienes desean tratar la depresión y la ansiedad pueden
descubrir que su inexperiencia en torno a la integración posterior no ofrece
buenos resultados.
En 2015, Kirsty (que por entonces tenía 33 años) estaba recibiendo un
tratamiento con ketamina en Sidney para su historial de depresión de 15 años de
duración. Había leído sobre ese tratamiento en un artículo y publicó una alerta en
Google para probarlo en Australia. Después, consiguió inscribirse como paciente
en la Aura Medical Corporation. Las clínicas de Aura fueron clausuradas más tarde
ese mismo año por no proporcionar apoyo psiquiátrico adecuado y por ofrecer
packs autoinyectables —incluyendo ketamina— para que los pacientes los
utilizaran en casa.
“Cuando cerró la clínica pasé al lado clandestino durante seis meses en los que
compraba K a camellos”, me contó Kirsty. “La esnifaba en lugar de inyectármela,
pero trataba de recrear la experiencia, sentándome en un lugar tranquilo durante
una hora. Sin embargo, me sentía un poco colocada y eso me impedía procesar
bien mis pensamientos”.
En años recientes, cada vez más gente ha empezado a tomar microdosis de LSD o
psilocibina como método para mejorar su productividad y su salud mental. Paul
Austin, fundador de Third Wave, un centro de recursos que informa al público
sobre el "uso práctico y mesurado" de psicodélicos, cree que las dosis pequeñas
tomadas de forma regular ofrecen la ventaja de experimentar el presente de
forma más plena. “Las microdosis son algo que cualquiera puede hacer dos o tres
veces a la semana. La depresión a menudo tiene que ver con lamentarse por el
pasado y la ansiedad con centrarse en el futuro. Las microdosis nos sitúan en el
aquí y el ahora”.
Pero Dan, el ex soldado, piensa que conseguir la "muerte del ego" ―cuando las
líneas entre el propio ser y el mundo exterior desaparecen― es más beneficioso.
“No puedes fundirte contigo mismo y conectar con todo lo exterior tomando
microdosis”, afirma. “Me muestro reticente cuando la gente habla de hacerlo
todos los días. La tolerancia aumenta tan deprisa ―y existe una tolerancia
cruzada entre todos los alucinógenos serotoninérgicos― que la postura más
generalizada es no hacerlo más de una vez cada dos meses”.
El Dr. Prashanth Puspanathan es médico y adjunto de neuropsiquiatría en un
importante hospital de Melbourne, además de asesor clínico en la Sociedad
Psicodélica Australiana. Le complace que el interés en los ensayos clínicos esté
reduciendo el estigma en torno al uso de psicodélicos y esté echando abajo el
mito relacionado con los hippies y las personas que piensan que pueden volar
saltando por una ventana.
“Por lo menos estos ensayos son el primer paso hacia el cambio de nociones
preconcebidas en torno a las sustancias psicodélicas”, indica. “Considero que la
psicoterapia psicodélica es más rápida [que la terapia normal basada en la
conversación]. Cuando ves cómo funciona en ensayos con terapeutas
profesionales los resultados son bastante fascinantes. Pero lo que realmente
funciona es la integración posterior con el mismo terapeuta, ese es realmente el
trabajo más duro. No sales de la experiencia trascendental conociendo todas las
respuestas”.
En el caso de Anita, los efectos de los psicodélicos han durado años después de
que tomara su dosis final. Lo malo, según ella, es que aunque le brindaron una
conexión con todo lo que le rodeaba y le ofrecieron una vía de escape para su
infernal narrativa personal, se ha vuelto imposible dejar de preocuparse por el
impacto que ejerce sobre el resto del mundo, y eso puede resultar agotador.
“Existe un enorme estigma asociado al LSD", explica. "Pero yo no era más que una
chica profundamente rota que quería sentirse más cerca de la naturaleza, de sí
misma, y encontrar algo de paz a través de cualquier medio que no hiciera daño a
nadie”.
Emplear psicodélicos de forma consciente por sus beneficios terapéuticos solía
ser un ámbito exclusivo de quienes estaban conectados al estilo de vida
psicodélico. De modo que parece lógico que ahora, conforme va creciendo el
número de titulares acerca del progreso de los ensayos clínicos, la
experimentación pública se haya ido colando en el mainstream. Lo más probable
es que las terapias a título particular vayan cobrando impulso mientras
esperamos que se lleve a cabo el largo proceso científico y legislativo necesario
para que estas sustancias se conviertan en medicamentos legales.