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PANNENBERG, Wolfhart (1974) - Teología y Reino de Dios PDF

Este documento discute la importancia de la idea del reino de Dios en la teología. En 3 oraciones: Jesús centró su mensaje en el anuncio del reino de Dios venidero, pero esta idea se ha perdido en la teología moderna. La teología debe recuperar este tema fundamental del mensaje de Jesús y entender el reino de Dios como la obra de Dios mismo, no sólo como un futuro pendiente, sino también con un acento en el presente.

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PANNENBERG, Wolfhart (1974) - Teología y Reino de Dios PDF

Este documento discute la importancia de la idea del reino de Dios en la teología. En 3 oraciones: Jesús centró su mensaje en el anuncio del reino de Dios venidero, pero esta idea se ha perdido en la teología moderna. La teología debe recuperar este tema fundamental del mensaje de Jesús y entender el reino de Dios como la obra de Dios mismo, no sólo como un futuro pendiente, sino también con un acento en el presente.

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TEOLOGIA Y REINO DE DIOS

ESTUDIOS SIGUEME 4
WOLFHART PANNENBERG

TEOLOGIA Y REINO
DE DIOS

BDJCIONBS SIGUE�IE - SALAMANCA 1974


Tradujo Antonio C..parrós &Obre el ori¡inal alctmn
71,,olo,le 111111 R~lcl, GolltJ

~• Glt,r.rlOMr fltrla,shaJa Gml Moh11, Gfl1nslol, 1911


rCi F.t/kk,n11 St,wm, 1914
AJJtlrldO JJ1 - S11l.11M11t4 ( 81Jitllil)
ISBN 84-301.0,74-3

Pr'-d ID Spe1a. • Dlp6eito ..... : S. 16.4, 1974


CidfJcm 0ftlp. Aladlda. "· • S.f•nw,ce, 1974
CONTENIDO

'"'º'º·· ··································· 9
1. Escatolosf a. Dios y creación ....... , .. . .. . 11
2. Reino de Dios e isJesia . . .... . . . . . . . . . . . . 41
3. El problemu de un11 fundamentación de la
4dca y el reino de Dios ....... , ... , . . . . . . 85
4. Manifestación como llegada de lo futuro . . 107
Prólogo

Los trt.s prlmtros cap/tu/os Je tste tomo futro11 tJ•


crltol e11 lnglis durantt lo., a,lo.t 1966 _,, /967 y rontl~nen
una .terlt dt' ton/trtncla.,· qu~ ,II tn d/Jt/ma., un"'trsldadt1s
th /oJ E.,ta,los UnldM. .~u nbfeto l!ra o/rtrt1r u,, com~n-
dln, e.tenlo dt detallts ,~c.-nl,o.t, ,le n,f ¡wn.iramltnto tto•
lóglto sobr~ Dios. la lgl~sia y la ética. Cada capitulo
parir dt la probl~nrátlca caracttrlstlta tkl tema corre.,-
pondlentt y. con1,c,wntenr11nte, u dlfertncla ,I~ los r,.,.
tantes tamht,11 en la forma ,1~ la expo1/cl6n. Pero todo."
tilo., con.JtltuJC'n varlarlone., sobre la nrúma Idea funda-
mental: ti /u111ro d~I relnn de Dios. qw no vltnt al n,1,ndo
para txduirlo. s/110 q,w Jt ha l1ttho d~flnltl,•a,ncntt prt'•
11n1, tn JI po, Je,ú., de Na:aret, :rl bien como"" fu111ro.
El mismo proctdlmlt11to ,. la ml.,ma Idea fundamental
áract~rl:aba11 J'tJ mi libro Fundamentos de cristologla 1•
Es tamb1'n lo que t#ltrmlna mi con/erencla. tenida tn
1965. IObn el concepto fllos6flco d, MJan(/tJtac-16n» mo•
''"º por ti cual ha sido reco1lda aqul, junto a las publl•
caclonu am~rlc-ana.f ( /969). la tktermlnacl6n formal tle
lo nlachJn conceptual en1re Ht y manlfestacl6n tiene s6/o
1111 ra/or aproxlnratil'o para la ,liscrlpci6n tkl manifts-
latlf d~ D/01 ,,, Jtsucrlsto qut, a11nque supera tales ra•
,,,orlas ab.,,,a~ta.,, arroja u,,a /11: .,ohrt la problenrdtlca
llf# les e& propia. En todo caso, esta aproxlnracldn ~s qul:d
apropiada para aclarar el proceder qut, al confiar en la
1ncarnacl6n dtl futuro tk Dios tn la historiad~ Jtsús.
11 ~•tabl~ctt •n /oi f~n6nr,nos de la ~xperl,nda humana.
a/111 tk d1Jaru nmltlr por tilos al DIM r~••e/ado en Jt1ÚJ,
como el mlsttrlo de su exlstenc:ia.
WOLFAHRT PANNl!NBEllO

l. 6cttc10Mt SJauemc, Salamanca 1974.

9
l. Escatología, Dios y creación

El anuncio del reino de Dios venidero constituyó


el centro del mensaje de Jesús. Es lo que se expresa clara-
mente en las palabms de Jetú1 5obre la preocupación
por la comid11 y el vestido: ccbuacnd primero el reino
de Dios y codo lo dcmas 1e os darA por ufladidura»
(Le 12. 31 ). Salta a la vista el profundo contrmtc entre
la importancill que dan estas palabras a la idea del reino
de Dios y la que le ha reconocido In teologla de este
sfaJo. H"~ todavlu pocos aftos. Oerhard Gloqe podla
constat&1r: «la teoloaJa cvangélicu sistcmatica actual ha
perdido en todas sus disciplinas -consideradas global-
mente - et concepto íundamcntal del anuncio de Jesús» J.
Eato no ha sido siempre asl en In histori11 mis reciente
de 111 tcologlu. El reino de Dios como contenido central
del mensaje cri&tiano se encuentra en la linea que parte
de Kant y Schleiermacher y que. pasando por Richard
Rothc, conduce n Albrccht Ritschl. para desembocar
~ el socialismo religioso. Estu idea ha perdurado tam•
bi6n viva rucra de Alemania. sobre todo en la teologht
: americana. desde el puritanismo. pasando por Jonathan
1 Edwards, y hasta llegu al movimiento del soclalgospel.
.
l. ROO V, 11961, 92".

11
La idea del reino de Dios no se desvanece propiamente
hasta In dogmática de los ultimo, decenios. Sin duda,
este proc:~o ettuvo condicionttdo dt un modo muy espe-
cial por el hecho de que l:i comprtn!iión ética del reino
de Dio:\, que dominaba en el sialo pasado, no pudiera
mantcnenc por más tiempo. Desdt Kant hasta Rit.schl,
e inclu§o m,b allá de lstc. el reino de Dios y AU citable-
cimicnto en el mundtl hablan ~ido comprendido~ como
cosa y efecto de la ucción hurrumu. Esta interpretación
no ens. cienamcnte, tan desacertada como puede pare•
cer hoy: según el mensaje de Jesús, la \·oluntad de Dios
y ,u reinado vienen 11111 donde lo, hombres cumplen su
voluntad. Por esto no puede parecer cxtmfto que. In pro•
papción de la obcdica:,cín a lu voluntad divina fueru com-
.prendida como propagación y establecimiento del reJno
de Dios. Sin embarao. esta concepción no pudo menos
que 1ufrir uno fuerte ,acudidu al demo,trar Johanne,
Wein en 1892 que Jc!.ús y el primitivo cristianismo no
hablan esperado el establecimiento del reino de Dios
de los hombres sino únicamente de Dio~ mismo. y esto
como algo que vendrfn junto con aatástrofes cósmicas
)', por consisuicntc, no como un 11c<.mtecimiento ideo.
Dios. hace llcpr su reino sin la colaboración de loa hom-
hrH, mi\, nt\n, rn oposkión n 101 peendo~ de los hombres.
pero sin que 1011 hombres puedan hacer nada contra 61.
Por esta razón, Jesús -como antes Juan el Bautista-
ha an11nclado ,ohunente la vcnid11 del reino de Dios y ha
puesto todo lo presente a la luz de su futuro próximo.
Pero la irrupción de este futuro a~ontece de un modo
maravillo~ desde Dios. !iU venida precede a todo hacer
humano. La teolo¡ja no ha elaborado aún correctamente
csle cambio de In interpretación élica del reino de Dio,
en la escatológica. Es muy instructivo ob5ervar el sen•
timiento de extrañeza con que Johannes Weiss, Albert
Schwcitzcr )' otros especialistas del nuevo testamento
en su tiempo consideraban 111 H1ura de Jesús y su mensaje.
La expectación de un fin próximo del mundo como cfcc•
to de un simple trascurrir de la histeria parcela claramen•
k refutada. Es verdad que la palabra «eseatólogico,.
se convirtió en el tópico teoló¡ico de la teolo¡la dialkti•
ca, en Bultmann como en el joven Barth. Pero tanto
aqul como en otru dirtccloncs teolóaica.s, por ejemplo,

12
en la escatologla de Paul AJthaus, el enjuiciamiento po-
sitivo de la escatoloala tuvo el precio de un cambio de
lntcrpretnc1ón: In escatoloal~ue dcsprendidll y despojll•
da de su sentido temporttl. prcteindló de que en el
mensaje de Jesüs la idea del ino de Dios designaba un
futuro bien concrclo. Je,1» c:apcn&l>ll que el n~iuo .Je Dio,
irrumpirla en un futuro pró~imo. dentro del tiempo de 1u
propia generación; pero ac mor.tró, al parecer de un mo-
do demui11do fácil y maniftc•to, que esta espera era un
enpfto. y en su lugar se defendió su interprclación cfis.
tológica o antropológica-existencial: dejó de buscarse
la realidad cscatolósfca de un futuro reAI y comenzó a
hablarse de la acción escatológica de Dios en Jcsucri1to y
de su significación ejemplar como manifestación de una
nueva autocomprensión por parte de los hombres. Sin
embargo, en el nuevo testamento el men&aje de JesÜi
sobre la venida del reino de Dioa antecede hi1tórica y
objetivamente a toda cristolo1la y a toda nueva cuali-
ficación de 111 exi1tencla humana y ea 61 mismo el que
fundamenta llmbas. La teología actual ha de rewperar
de nuevo este tema fundamental del menaajc de Jesús.
Pero al hacerlo hu de evitar al miamo tiempo un pcli1ro
en el que puede caer f4cilmcnte. No bl,ta con oponer
anti~ticamcnte el futuro del reino de Dios a toda rea•
lidad presente -a toda realidad c<fenoménica» - . De
este modo no se harta m,, que fundamentar un nuevo
auprannturaliamo teolósico, unu nueva venión de 111
teologla dia16cticu. cuyas rórmulu se¡uirl1111 siendo tan
incomprcns.blcs si en lugar de hablar ((desde arriba»
lo hicieran «desde adelante». Una tal comprensión su-
pranaturalisla do In escatolo¡la de Jesús pasarla por
alto preciumon~. ,u matiz npedflco, u saber, el acento
en el presente del reino de Dios que cslA viniendo. Sólo '
si se tiene en cuenta la referencia al presente, puede ha- 1

blanc comprensible y también controlablemente de la 1

venida del reino de Dio1 en el horizonte do la experiencia 1


humana actuttl. Pero es que, ademu. sólo asl puede ha-
cerse verdaderamente relevante la recuperada temltJca .
·eteatológica para lo,," problemas que hoy acucian a la ,
teologtu: el problema de Dios, la relación entre una com• 1·

.pronlión crisüanu del mundo y lu dcncins naturales, ha


Nlación entre iaJesi11 y sociedad, uat como ha nueva fun•

13
damentacióo de la 6tica. una fundamentación que pre-
tende ir mu allá de la disolu(ión de las normas tmdi-
cionalcs. ~
La idra escatoló¡Jco del reino de Dio1 como obra
de Dios mi1mo debe constituir el punto de partida del
intento de hu~r oomprcusiblc ha n:kvw11;i11 de: ha ~ -
tolo¡in. en primer lupr, para el problema do Di01. De-
, bemos ocuparnos del hombre )' de In problcmAtica de 1u
obn1r sólo a la luz del fu~uro del reino de Dios que viene,t.
Esto no significa de ninguna manera que el reino de Dios
haya de pensarse únicamente como futuro que está adn
pendiente de llcpr. como si loll hombre. no pudieran

S h11ccr nado, lino esperar 1.-ruzudo, de brnz01 ,u llegada.


da més opue,to al mensaje de Jesús para quien la
ida del reino de Dios motivaba precisamente su acu-
antc actwalidad paru In acción presente de lo, hombres~
Cómo ha)'a de entenderse este vinculo de futuro y ptt•
sentc del reino de Dio~ é•tc e, uno de los problemas mh
diflcilei de la investigación sobre Jesús. Es cierto que
frente a la esperanza judfa en un futuro. el acento espc-
cl8c:o del mensaje de Jesús mdica en su repercusión sobre
el presente. y en este sentido en el ¡,mente del reino de
Dio& viniente. De ahl que sea comprensible que investi-
aadora como Bultmann o Dodd hayun mantenido este
momento del presente. descuidando el futuro concreto
del reino de Dios como un residuo de la capcrnma judla
en el mensaje de Jcaú1. Sin embarao, este modo de pro-
ceder pasa por alto pJFisamente la peculiaridad del men•
~je de Jes6' sobre la presencia del reino de Dios. &;n tt
siempre se trata del presente del uiua de Oim; que so-
a'lKina. El futuro de ñte fue siempre en 61 una ttalidad
bA1ica y fundamenull. y cicrtamc:1tc como un futuro
que se Gproximaba. De ninguna manera puede quedar
absorbido o disuelto en la idea de una futuridad de Dios
respecto· a todo tiempo, pues tal futuridad es incompren-
1iblc sin un futuro concreto.-Tampoco procede consi-
derar 1&1' p11l&1brus de Jesús sobre el pn,aentc del reino
de Dios y su futuro como do~ serie$ de enunciados para-
lelos y mutuamente incompatibles. como ha hecho Con-
zelmann. Tal modo de proceder pasa tambiln por alto
lo curactertatico del mensaje de Jesüs, que precisamente
hay que buscarlo en lu mutua ordenación de ambo,

/4
upectos. De ahl que ninguna interpretación del men-
.aje de Jesüs debiera renunciar a la cuestión de la unidad
¡¡
conceptual que vincula pretentc y futuro del n:ino de
Dios. Algunoe inve1tigadores. como Cullmann. entien-
den esta unidnd de modo que para Jesús el reino de Dios
ha irrumpido ya en el p~ntc, pero sin que llegue a su
plenitud hasta el futuro. Esta concepción no tiene en
cuenta que el menujc de Jcsú, pllf'tjó manifiestamente
de la prioridad del futuro de Dios. Por esto parea, rMs
adecuada la ordenación inversa dcJ presente al futuro.
que comprende eJ presente del reino de Dios como In
manifestación anticipada de *U futuro, como cualifi•
cadón trunaformada de toda cxporionciu presente a In
luz de lu certcz.a de la irrupción inmedia1amcnlc próxi• 1
ma del reino de Dios. Puede ser que a nuestro modo-,
habitual de pensar le parezca extrailo que el presente
-6 determinado por el futuro, ya que m61 bien estamos 1
Indinados o concebir el pr'ejCnlc como re¡ultantc del
puado. Poro la concepción del presente como efecto
del futuro corresponde peñectamente al hecho de que
ol mensaje de Jesós compllrtiese con 14 expectación judla
el convencfm!cnto del futuro cercano del reino de Dios.
es dodr. que procediera de cate convencimiento. De ohl
quo haya que comprenderlo 1obn: todo como una mo-
diftcación de esta expectación. El futuro del reino de Dios1
tfene que alrau paro si ya ahora toda atención porque
ao es un futuro cualquiera sino el futuro deci1ivo que
concierne y atafte a todo. La exclusividad del primer
mandamiento corresponde al llamamiento: «buscad en
. primer lupr el reino de Dios». D~os implanta ya ahora su
reino al ser predicado y cscuc1'&do este mensaje. Aal, t
•IU futuro arroja ya ,u luz anticipada de.lde este lmtante.
En ate sentido el presente aparece como efecto del fu- 1
curo, mientras que el pensar habiluaJ concibe inversa- 1
meate el pasado y el presente como causa del futuro.
SI uno se pre¡unta por el alcance de tal comprensión de
Dios respecto a la compnmaión del mundo, apenas puede
dejar de concluir que la prioridad del futuro cscatoló-
aico como motivo determinante dcJ presente exige tam•
bf6n una invmión de las formas corrientes de concebir
la ontolopa ) la co1molo1h1. Por otra parte es Indudable '
que la Idea sobre Dios que tenla Jeslls ha de mostrar tu
/5
poder de convicción en el hecho de que sea capaz de
pretender para sJ, como algo propio, la experiencia del
mundo que no, es asequible. Esto ca lo que vn a ocupar•
nos a continwicjón, tanto rnpecto a 111 idea de Dios como
respecto u la concepción del mundo. En primer lupr
fijaremos nuostra a1cnción on la rolevwioiu de ha cx11•
toloain para la idcn de Dios.

l
En el mensaje de Jesús, todo estaba dominado por
la idea de la ccraanla del reino do Dios. mientras que en
IIL corriente principal de la tmdkión judla esta espcranu
se dirigla, más bien, a la plenitud y cumplimiento de la
voluntad divinu determinante de toda la piedad de en•
tonca y expresada jurtdicamente en la ley dnda por Moi-

l
aa. En el mensaje de Jcsú,, la esperanza escatoló,ica
se tnnaf'ormó en la única fuente de conocimiento de la
voluntad de Dios y, por eso. también en la única fuente
de instrucción para la vida de los hombres. Según ol
mcmaje de Jesús. en l&1 venida del reino de Dios ac en•
cierra todo lo que Dio, desea del hombre y todo lo que
61 le d11. En esta cxclutividad se encentraba tambi6n el
origen del conftkto de J~ús con hl ley. Jcsós ttope7.8ba
con la tradición de la ley en todos los puntos donde
'8ta so diri¡ln a los hombres con unas exigencia, suplo-
mcntariu, con un111 exigencia •uc rucscn má1 allA de
lo que encierra ya en si misma Ja conliwwl en el mismo
Dios, es decir. en la venida de su reino. Una tal concen-
tración de la reliaiolidad en 111 venida del reino de Dios
habla de tener. necesariamente. consocucnciu on la idea
o concepción de D!os. Ea verdad que todo habla en con•
tna de que Jesús mismo llegase " desarrollar explicita•
mente el alcance y las implicaciones de su mensaje es-
catolóaico respecto a la comprvosión y la repn:6enlación
de Dios. del mismo modo que campoco lo hizo mpocto
" lat validez de la ley considerada en au totalidad. En las
IUltltesis del sermón de la montaiht se limitó a la critica
de ciertas dctcrminacionea particulares de la ley y. pa•
ralelamcnte. en su mensaje sobre Dio1 »e concentró en el
anuncio del Dio, de Israel como el DioK del amor pater•

/6
nal. Veremos mis adelante que la razón de este compor-
tamiento bay que buscarla tambi6n en ha pcculiaridnd de
su mcnaajc escatológico. En cambio. pare'-'C que Jcsú•
no detarrolló expresamente la, implicaciones de esto
mcnsuje parn la comprensión del ser y de la existencia de
Dios. Y es que 1ampoco podla tener ningwi motivo que
lo condujese a ello. E1tc surge solamente cuando se plan-
tea como cuestión el sentido de la afirmación de 111 e"i••
tencin de Di01. Y esla cue1tión no llqó II plantcane nun-
ca en la confrontación de Jesús con sus adversarios.
Por el contrario, la filosofla ¡riega si que 5C habla OCU•
pado ya de esta cuc,stión y, de nhl. que tllmbf6n enc:on•
trara ceo en In formnción de la doctrina cristiana 10brc
Dioa. No obstante, la doctrina patrtstica sobre Dio,, a
pesar de las mültiples correcciones que hizo en las re-
presentacionc.\ filosóficas de Dios, por ejemplo, respecto
a la infinitud y unidad divinu, no se sintió, al parcccr,
oblipda II revisar el modo de ser divino a la luz del men•
saje de Jesús 10brc la venida del reino de Dio,. Los teó-
logos de la primitiva iglesia en este punto se mantuvieron.
mu bien, fieles a la representación filosófica de Dios
como ser cspiriaual supromo que rige oI univeno. Asl,
quedaron ocultas y encubiertas lu implicaciones del 1
mensaje escatológico de Jesús para la comprensión del
modo de ser divino. Pero los tiempos modernos han
traldo consi1\) un cambio en la 1i1uación espiritual. La
tdea tradic:iorial de Dio1 como ser espi~ulll supremo ha
sido combatida de una íorma cada vlz mu decidida.
En esaa situación e$piritual adquiere.y una importancia
cm:iente aqcellas implicaciones del · mensaje escatoló•
¡ico de Jesú• que hutn ahora no hablan encontrado
nin1ún eco por no haber existido motivo para ello.
El nuclco de la cuestionabilidad de este calado de
cosas es muy simple: el ser de Dios no puede pensarse sin
su reino. Diclao en el lenguaje de la ciencia de la rcliaión:
el sor de lo, dlosea con&i,te en ,u poder. Creer en un Dios
6nico li1nHlcu confiar en que en últJma in11ancia todo
está determinado por un poder único. Esto lo expresó
ya Lutero en su explicación del primer anlculo de la
profesión apostólica de fe. al decir que el Dios de la
Biblia es el verdadero porque ninpn otro podrta crear
el delo y ha tierna. Por con1i1uicnte, el Dios verdadero a
17
sólo el que se muestra como sellor de todas las cosas.
Esto no impide que Di01 serla wmbi~n Dios sin la cxis•
tcmcin de los seres limitados )' finitos. ua independiencie
de la c"iitcncia de los 5erc¡ limitados pertenece con sc-
auridad a la divinidad de Dios. Pero, idintic:amcntc, In
divinidad de Dios exige que si existen seres finitos. éstos
dependan de 61. que él sea su lcflor. No se puede, pues,

*
1eparor la ideo del reino de Dios de su divinidad.
Ahora bien, scaún el mensaje de Jesús el reino de
Dios es cosa del futuro, es un reino que viene. Con esto,
Jesús compartla la cxpectnción jadia de su tiempo, pero
sólo Jesús comprendió la pretcasión de Dio, sobre el
mundo, unicA y exclu1ivamcn1c, como lo pretensión de su
reino ya cercano. La divinidud de Dios fue considcradn
por Jesús absoJutnmcnte a partir del futuro de su reino.
En cieno sentido, este enfoque implica que Dios no es
aún. Si reino de Dios y ser de Dios 10n inscpomblc1 y se
implican mutuamente, entonces ti ser de Dios y el reino
de Dios es1'n aún viniendo. Quien se cerciore completu•
mente de esto, tendrá que dejar de pensal\en Dios como
un ser presente )'. en este sentido, se pue<ÍC a~ptar como
ju11iflcadn lo critica de hs idea tclllica tradicional de Dios.
La mutua pertenencio del ser de Dios y de la venida de su
reino hace comprensible por qui no podemos encontnlr
a Dios en ningún lugar como una parte del mundo.
El Dios del reino que se avecino 1e relaciona con to<ht
realidad finita como el poder que decide sobre su futuro.
Esta relación con toda realidad presente y actual libero
a ha idea de In futuridad de Dios de todu sospecha de
ser un simple escape ante la rntica .atcfstica. No resul-
tarln nado convincente pretender iulvar ahora aq~I
conocido Dioi que 1e localiiabu en el mds allA celeste,
situindolo en In dimensión de 1n vago futuro. porque
de lo contrario no le qucdariu sitio alguno en un mundo
acuftado por la actual comprc11ión de In naturaleza.
El que lo idea de Dios vinculada o In de lo irrupción de
su. reino tcngu algún 1ifgnificado real p11ra nuestra com-
prensión de la realidad, depende de que el mundo real
se comprenda mAs ndccuadamente. si es considerado
como expresión del poder divino.
La palabra • Dios» adquiere una nue\'a concreción
si la entendemos. ie&ún acabamos de indicar, como el

/IJ
.poder del futuro. Cuando decimos «poder del futuro».
no hay que pensar en el vado concepto formal del futuro
como modo del tiempo en opoaici,\n ni patndo )' uJ
presente. Mlu bien 1e dcberiu purtir de la pregunta:
. ¿cómo ~e experimentan concretamente loa hombra ante
el futuro? Aunque el futuro pueda en parte ser previsto
y planificado, es, sin embargo, cnractcri!ltico que los 'i
hombres experimenten repetidamente el futuro como un ·
poder oscuro e incierto que umcnau nucstr11s vidu, si 1
bion llevando en si al mismo tiempo la promesa de su '
posible cumplimiento. Tengo mis r-c1Zones pnrn suponer
que h, indeterminación del futuro que nos acucia en e1t1
experiencia, no ~ remonta 1implcmcntc a la precariedad
de nuestr(1 sobcr sobre w múltiplcs condiciones de
nuestra realidad presente. sino que más bien es indicio
-de una indeterminación fundamental en los sucesos de la
natumlem milma. Las ra1.onca en que se apoya mi r.os•
pecha lendrlan que ser de'8rrollnd111 en una filosoíla
pneral de la ciencia de ta nnturulcm. A esta indeter-
minación. que acabamos de sefiaJar. corresponde 111
·contingencia de los sucesos. Un in!itnnte decide lo que
anta cna 1ólo una posibilidad. Se ha crcldo que tal
:conlingcncia se opone al esfuerzo por conocer l11s auiw .
y las leyes nuturalees y por hac.:rlu útiles a In t~nica
humana. pero más bien hay que decir que es el presupues-
to de estos esfuerzos porque todo conocimiento de la
t,y deac:ribc rcplllridadcs en el ucont~r contin¡cnte.
La idea judln y cristianu de Dioa guardu unn relación
·especial con C$le elemento de la contingencia en la na-
:.turaJeza y la historia. Pero. inversamente. ¿cómo mostrar
que.es Dios con quien nos h1s habemos en el azar de los
~ucaos que entran momcnl4ncamcntc a tomar parte de
.nuestro mundo o p11nir de lu indeterminación del futuro 'l
.¿cómo se puede decir que tales sucesos contingentes son
ICIOI creadores de Dios que brotan de su futuridad? El
punto a que hemos llcpdo con nuestras reflexiones no
Jllltlftca uún la nflrmución de que Dios es el poder del
futuro. Lo único que podemos decir justificadamente es.
lo lipiente: la contingencia de los sucesos es una condi-
d6n pnma decisiva para cualquier afirmación sobre un
poder del futuro, en particular. como poder pcr!ionul
operan&o. y quJcn huble de Dios lo hace incvitnblemcnte

19
de un poder personal. El concepto de un Dios personaJ ha
sido objeto de una critica vehemente por parte del atel.!l•
mo, por comiderar que cate concepto no es más que uno
proyección antropomórfica de la pef'IOna humana 10bre
unas dimensiones suprahumanas. De hecho resulta di•
ncil justificar la idea de un Dios personal contra esta
to1pech11 ntclstica, micntru1 el ser pcnonnl de Dios sea
pensado II h1 manera de una tr11,po1ición análoga a par-
tir del hombre. La idcu de Dioli scrin una contradicción
en si misma sin el momento personal, si Dios no fuera
persona. Pero para poder afirmar y sostener razonable•
mente que Dio• ca persona, e1 necesario que se cumpla
una condición: que la experiencia del encuentro pmo-
nal en su misma ralz no sea una realidad puramente
humana, tino que encierre ya en si misma una realidad
mayor, que por su parte otor¡uc su propia dignidad a la
pmonnlidad humana. La critica de In rclisión ha su•
puesto normalmente que lo, hombrea se han experi•
mentado a si mismos como personas antes de aplicar
esta idea a sus dioses. Y. sin embar¡o, esta hipótesis es
extraordinariamente artificiosa y ajena n la historia.
Tlll modo de pcn1ar presupont uma autocomprenAión
profana del hombre y esta aUlocomprcnsión proíann
es un prnducto tardlo de la hi11tori11 de la humanidad.
Para el hombre arcaico, la realidad de los diose5 es un
dato primario de la experiencia y sólo a la luz de cstu
experiencia llcp a un" comprensión de si miamo. Exit•
ten razones dignas de con!iidcroción para suponer que el
origen del concepto de persono se encuentra en el lene•
no de la experiencia reli¡iosa, en el encuentro con la
realidad divin11. Ette concepto scrlu trnrt1fcrido aJ hom-
bre sólo porque cate mismo hombre catarla canactert-
zado por una relación particular con los dioses. Y, a
su vez. sólo esta proximidad del hombre a los diose5 po-
drta posibilitar la concepción y la repre.scntación antro•
pomórftcas de lot poderes divinos. Estos rll51<>1 induda-
blemente antropomórfico1 de las tradiciones rcli¡jo1a1
presuponen, pues, une experiencia fundamental de la
personalidad divina y su trasposición al hombre. Pero
esta CJCperiencia fundamental del ser personal divino
parece estar en relación con la experiencia de la contin-
aenci11 de los acontecimicnlos. A pesar de bu pro(undu

20
, diferencias entre la experiencia actual de la realidad y
tales formas orcaica1 de experiencia sc dan hoy tambi6n
sucesos ca1u11l~ r.ianificati\'011 que pueden nfcctnrnoa
codavla como mnnifcstacionett de un poder personal
desconocido. Naturalmente que no es iuflcicnte el mero
momento de la casualidad y de la contingencia paro
Juatificar uno comprcn,ión de estos sucesos como ac-
tos pcnonalet-. A esto tendrfll que 11.ftndirse. ante todo.
la impresión de que en el ~uceso casual significativo
nos sale al encuentro un poder que se encontraba tam•
biln en juego en otros suce5os. Es decir. se tratarla de
una unidad, propinmente dichn. tras un11 .erie de 1uc:c-
so1 autintic4mcntc contin¡cntei, tomados cada uno de
ellos por 11 mismo; un11 unidad que. a su vez. los uni•
tlcaria al mismo tiempo. al resultar de su sucesión or•
•nada y paso a paso un contexto con sianiflcación y
1e11tido. Lu idea de un poder pcnonal. que ac maniftcsta
en taJe1 succsos. pierde su fundamento experimental. si
en el proceso cognoscitivo de toles contextos signiflcati•
vos del aconttcer mundano entran a tomar parte unos
model05 dcter.ninistas. Entonces. estos modelos determi•
111,tu del acontecer mund11no cxpultan del ca.mpo del
conocimiento la contingencia de los sucesos. Pero si la
C!OntinpnciR clt"I ac-onttter es ~onocida )' aceptada.
entol1CC$ se da ya la condición básica previa para la ex-
periencia de un poder que de alguna manera nos afecta
penonalmentc en ha contin¡cnciu y cauulidad del acon-
tecer.
/$e puede contar con una unidad tras los sucesos
eontinaentes que noJ llepn del futuro? La imagen que
DOI 1u1Cita esta misma pregunta anticipa yo la res-
1puata. El poder del futuro es miu comprcn1ivo que el
~ particular que procede contingentemcnte de él
y q~ la suma total de tales sucesos. El futuro al que nos
vemos remitidos no consiste únicamente en un número
de 1uoosos finito1 que uparccer{m en un próximo mAs o
ffllDO& tardlo. Cuanto mú incierto es el futuro que se nos
avecina. tanto más fuerte es la impresión de su indeter•
mfnabilidad. El futuro no está aún decidido y esta
inoortidumbre 11nte el futuro hace que se apodere de los
hombres aquelh1 anauatha exi,tencial nunca superada por
comploto, pero tamb~n la csperanzn de Alguna plenitud
21
abundante e insospechada de su existencia. Esta expe-,
riencha de angustia y csperan1a trasciende cu11lquicr
deducción que pudiera hacerse" pnrtir de In expectación
de ,uceso$ particulares inmincnlti. Pero si tienen lugar
In~ ~u~oA cuya llegada hablia sido esperada con an~us-
tia o esperanza. entonces la indcterminabilidnd del in-
quieUmtc íutur<, cuaja en htcho" finitos y ccrrudos. Con
otras pnlabnss: con ha nparición de cadu suceso el futuro
infinito ~ separa y diferencia de lo~ hechos finitos que
hasta entonces se encontraban IBtcntcs v ocultos en este
1. futuro y que nhora han sido libtrndos 0
arrojnd05 o la
)'

¡exi,tcncio por eMe mismo futuro. Aal. cadu nuevo pre•


\scnte se encamin11. a su vez. hncin un futuro oscuro y
misterioso del que surgiriln de un modo u otro deter-
minados sucesos grávidos de iignifkación. De esta for-
ma. el futuro determina la e,pcricncia del presente
y con ello el preaentc mismo: el futuro que e11á ante
nosotros no, sobrecoge y asu1ta donde dominan la nn•
gustia y la agitación. pero cuando la perspectiva del ru-
turo despierta la confianza. entonces el mundo adquiere
la amplitud de I" alegrln.
En cuda momento presente cs«Amos confrontados
con el futuro infinito y en este futuro con el venir de Dios.
pero 11I mismo tiempo vamos aJ encuentro de determi-
nados sucesos finitos que surgirán de la infinitud del
1 ruturo de Dios cuyo poder los libera y les confiere la
1
exi5tenci11.
Elta descripción de la experiencia humana del futuro
y del modo como los hombres se encuentran con el
futuro en esa experiencia, presupone que el poder del
futuro es concrero a J>C$8r de toda liU indetcrminabilidad
e indecibilldad. Presupone, igualmente, que expcrimen•
tamos el futuro como un poder unitario ni que pertene-
cen los sucesos más diversos cuya realización aún está
pendiente, tanto si esta rt'Rlización puede cspmirse co.
mo algo inminente como ii ha) que relegarla parn un
futuro mAa lejano. Pero la unid11d del futuro abraza tam•
biin a cada hombre particular junto con los restantes
hombres y con la humanidad entena. Sólo ,;e puede ha-
blar de una unidad dcfinitivn del uniwno on lu medida
que todos loa acontecimicnlos se: dirigen I un futuro
en l\ltim11 instancia común. Sin ru1uro común el mundo

12
actual se disolverla en mera pluraJidad. En este sentido
el poder unificador del poder del futuro es el punto co•
mün ill que remiten laa rc11lidHd uctuul de 101 scm du•
raderus y ha e"pcricnci11 de lu relación mu1un de unos
sucesos con otros, asl como de su interdcpendenciu.
Unidad. futuro y remo cstan mutua y C5trechamente
implicados. El toncepto de reino no se entiende aqul
en el 1en1ido de oprctión o ~omecimien10, sino en ,u
senlido amplio )' lata. c:omo obrar de un poder unifica•
dor. En este sentido ~ aquello que funda unidad. La
venida del reino de Dios sobre el mundo congrega la
realidrad disarcgadn en ha unid11d de un mundo. Si Dios
es el futuro unificador del mundo, nto significa adcmAs
que Di,,s tiene poder sobre el íuturo de uqu~llo1 que
pertenecen a ,u reino. Asl se cierra el circulo. El mensaje
de Jesús sobre la venida del reino de Dios implica que la
unidaad del mundo radica en su íuturo y que llene que
sor eapcr11da de e11te futuro. De uhl se sigue que la unidad
de todas hu cosas no puede ser comprendida como orden
eterno de un cosmos. sino que sólo se puede alcanzar
por un proceso de reconcili11ción de oposiciones prece•
don&e1, de dh·i5ioncs y de iabismo8 scpAradores. Vista a1I.
la reconciliación e• un ,11pecco conlititucivo de lu macaón
del mundo. que de nin¡¡una manera debe limitarse al
~mienzo de los cosas. sino que se realiza a panir del
l'uturo del mundo en el proceso de su devenir.
Con el tema unidad (unidRd del futuro) hemos to•
4;:ado uno de los problema1 eternos y fundamentales
do la filosofla: la unidad es una de las caracterfsticas o
atributos que atañen a todo ser. Por esto la metaffsica
modfcval contnbu lit unidad entre los «transccmdcncal~~.
• dec:jr, entre hu. propiedadc!i que conciernen " todo
ente. independiente de cualquier diíerencia. Todo lo
que es, ~ una unidad en cuanto e&. Sin ser un uno, este
determinado ente. este algo concreto no podrla ser en ab•
aoluto. Pero la unidad no es sólo fundamental para la
on1olo¡iu. lo ~ tambi6n para 1od11 tcorlu del conoci•
miento. Una tendencia a 111 unidad y a lu ,dntesis atra•
viesa todas las funciones de la razón y da a su dinámica
la orien1aeión finnl. Pcrcibimo1 las cow y las conocemos
al de,cubrir un&& unidad en la pluralidad. Todo lo que
• y ea pcnaable, e, ya por ,ierlo un «uno,,, un esto, y la

1J
pregunta por una unidad última que lo integre todo uni-
ftdndolo es la pregunta M>bre Dios tnl como ha sido
plnntead11 y pcracauidn desde los i• icio5 de In fi101ofia
griega. De hecho, l11 piedra de toque de toda idea de Dios
e~ 1u capacidad para revelarnos la unidnd de todo lo
que existe; sólo asl un Dios afirmado es pensado fácti•
cimente como Dios, 11 Mibcr, como la relidad que deter•
minA todo.
Hemos explicitado y aclarado cómo se implican mu•
tuamentc unidad y poder. Sin embargo, poder supone
futuro. Sólo quien tiene futuro )' decide sobre este fu.
turo e1tA en posesión del poder. La idea de In venido del
reino de Dios exiac una visión de la unidud de cada ,-cr.
tomado por sepurado, asl como da mundo en su iota•
lidad, como unidad que procede del futuro. Sólo si se
tiene en cuenta esta visión, se entiende verdaderamente
lo que contiene IA ideu del reino. Creación y ~tolo¡fn
se implican tambi6n mutuamente. El futuro decide la
significación definitiva, y, por consi¡uicnte, la esencia
de todo lo que es, 111 revelar cuál era su significación ver-
dadera en el contexto de todo acontecer. es decir. al
revelar lo que verdaadcmmcnte era y c5. Es indudable
que todo ente es «algo>~ en el instante presento, q~ es
una unidad cm si mismo. pem e1 e1te aJao sólo por
anticipación del futuro que fundamenta en última ins-
tancia su unidad.
De lo dicho hasta aqul resulta lo siguiente: si reino
de Dfos y realidad de Dios son inscparnbles, en&onca el
mensaje de Jesús sobre In venida del reino de Dios
sipHica que ha realidad de Dio5 mi5mo e, el futuro del
mundo. Cosa que, a su vez, ~uponc que toda expcrionda
de Í\lturo tiene 11l10 que ver, 111 menos indirectamente,
con Dios. Entonces, tambi~n. cadu momento en el que
acontece un suceso finito hasta entonces futuro tiene que
ser comprendido como un acto libre de Dios que confiero
la exiatencla II aquel suceso flnito. Por au acto Ubre, Dios
diferencia al suceso finito de ,u omnipotcnrc futuridnd
y de su propia infinitud. lo pone en si y para si mismo.
La forma como todos nosotros nos hacemos siempre
exiatenciAlmente presentes al Í\lturo. nos permite conocer
que nuc1tra vida eat! siempre rclaciomada, como sub-
terráneamente. con una corriente desbordante de futuro

24
que abraia todos los sucesos futuros y al mismo tiempo
los truiCiende. Este poder del fu1uro se manifiesla en lu
ungu1U11 y en lu ale1rt11 vituln humanas, como un futuro
unilario que, en úllimo t6rmino, es el mi1mo futuro
común e inminenlc de iodos los hombres y de todas lns
cosas, por muy distintos que sean. Asi. se da ll conocer
como el poder que un ificu pRuhatin:amenle el mundo n
pesar de todu las íucrms y tcndcnc:in, que trutun de
dl1gregarlo.
Este resultado nos conduce a unas consecuencias
que a primera vista no pueden menos que extrai\amos
-incluso mab que la, con111a1aciones que ac hmn ido im•
poniendo c:n el trunKuno de nuc:1tra1 reftexiones. El
futuro de todas lus c:ous et un futuro común y 6nico
para todns ellas. De ahl. que. en definitiva. este mismo
futuro al que nos encaminamos hoy. determinara ya
toda 1ituución pasad11 )' su correspondiente experiencia
del presente. era ya el futuro de Julio Cdaar. el de los
saurio, prehiltóriCOJ y el de los primeros procesos íl•
sicos hace unos diez mil millones de años. Indudable-
mente se m05tró como su futuro de una forma distinta
en cada un11 de la, mpectivau ,ituncionc, históricas.
aunque siempre haciendo que suraierun de al mismo lo,
sucesos que I lu sazón enan inminentes: pero si e,
cierto que nuestra actual visión del futuro o de aquello
que decide sobre nuestra exi1tencia abarca mis que cada
eeric finita de los ,uceso~ inminentemente próiimos,
tambi6n lo es que en esto se encuentra algo común. y
no sólo romu.lmente común, ni futuro con el que tcne•
mos que ha~moslas nosotros y al que corrcspondla
a cada una de los 1itu11cioncs pasadas. De aht, la tarea
ele penMar 101 suceso• pasado, como 1uraido1 del mitmo
futuro hacia el que me encamino. Esto& suusos pasador.
fueron. a su •1ez, el futuro finito de las situaciones que
los precedieron. Por esto hay que decir que todos los
1ucesos del pasado sur¡icron una vez del mismo poder
del futuro hacia el que nos encaminamos hoy. ,i bien
cada uno de ellos de una manera distinta. Por esto y sólc.,
por esto. puedo recordar y conmemorar los hechos
pasados de h1 historia de mi propia vida y de la historia
del arupo al que pertenezco con lllf'8d~imicmto a tam•
bi6n con pena y vergOenza, y. en cualquier c&UO. cona•
15
ciente de que tales hechos no ocurrieron inevitable sino
contin¡cntcmentc. como nlao cat.uul y libremente sur-
gido, Etttc e~ el modo como M: puede comprender nuestro
paJiudo com,, creación del Dios \;nicntc.
Ls unidad del futuro Dlls condujo nccnariamcntc u
la idea, extraña tt pnmcra vista, de que su poder ya era
operante cm el pasado. Una dcsc:ripción supcrftc:iDI de
ha experiencia del futuro dcju ficilmcntc In impresión
de que el poder del futuro -.e: hace notar. en todo cuo.
en la experiencia del presente, pero 5in que pueda retro-
traerse. tras el presente. 111 pasado: consecuentemente.
en el mcj,,r de los ca.~os podrlu vnlcr como un poder
limitado )' finito. Tul poder del futuro nu podrla "r id~n-
tico con un Dioi. omnipotente, como trutflb(1mo1 de er1-
tcndcrlo en h1 linea del mensaje de Jcsú.s sobre la venida
del reino de Dio5. Existe, pues. la dificultad de que el
futuro 11C prcscntA primcmamcnte ~le., como un upecto
parcial del tiempo M:parado del pasudo por el instunle
del presente. de tal modo que el futuro pueda hacerse
notar quízó. en el presente. en todo caso en la experien-
cia humana del presente. pero ~in que de ninguna mane-
na puedo nc:tuur rctrospccti\lllfflcntt ,obre el pasado.
Estu diflcultud se supcru considerando el futuro como
poder fundante de In unidad de todo el acontecer. La
concepción unilateral del futuro como algo únicamente
distinto del pasado y separado de 61 por el presente es
puesta de manifiesto, como una pura abstracción. por
la idea de un futuro comün u todo acontecer, perdiendo
ail In pretensión de ser la última instancia que decide
sobre el sentido de nuestra cxpericnda del futuro. Sólo
la unidad del futuro h11ce posible pcnsur a Dios como eJ
poder del íuturo c. inversamente. dcM:ubrir en toda la
refcribilidad al íuturo la refcribilidad a Dio,. Dio'9 como
el futuro común a todas las cow, ha sido también el
futuro de todo~ los sucesos del pasado al conferirles su
porUcipudón proviaionul con su futuro finito '/, asf.
,u determinación provi!lional. pero al mi,mo tiempo 111
rcservnrsc todavia para si su futuro último y su deter•
minación última.
Ha quedado, pues. claro que b idea de la futuridad
de Dios y de su reino no tipifica al10 11111. como que la
realidad de Dio• se encuentra sólo en el futuro. iin que

16
fuera ya eficnz y operante en el pasado. Por el contrario.
ni decidir como el poder del futuro tiobre el futuro ül-
limo de todJs lai cow.N finitas. el pasado ya lejano y
perdido cm e; olvido se encontraba )' se sigue cncontrnn-
do en su pacer. De uhl, que la futuridod de Dios no ex-
cluya en todos los scntidl\s In eternidad. Ciertnmente,
hi idea de Dio, como poder del futuro es incompatible
con el com.-c~to griego de ctcrnidnd. un concepto aricn-
tudll ul presente y que significa un p~ntc inmutable-
mente, duradero. En este sentido la idea de eternidad.
tal como h1 pensaron Platón o Pnrm~nides. ha sido jus-
tamente tachndn de intempor:d. Estn intemporalidad e~
incomp"tlblc con In futuridnd de Dio~. Pero el Dios.
cuyo reino está viniendo. \I que debe ~r denominado
eterno en otro sentido. Porque el Dios que viene no es
sólo el futuro de nuestro pre5entc actual, ~ino que ha
sido ya el futuro de toda iituación prct6rita y de toda
epoca pa&adL Dios ha hecho llegar al futuro histórico
propio de cada pre1ente, que. a su \'CZ, se rua convertido
en pasado pura nosotros. Como poder del futuro último.
Dios ha hecho pnrtkipar o todo ncontccimiento parti-
ouhar en un futuro histórico concreto. Aal. Dios se hu
mediRdo II si mismo por la liberación progresivo de fu-
turos finitos n la purczu de .,u propia futuridad escato•
lógica.
Por esto, el tiempo pertenece ul ser de Dios. Sólo en
el futuro de su reino sc moitrarñ como dcfinitivllmente
verdadera la afirmación 4<Dios existe)), V si 6ste es el
~o, entoOCH resultnrta que siempre habria sido verdad
que Dios e"istc. En el poder que accede a cada presente.
el Dios que viene era yn el futuro del pcw1do m&i, antiguo.
inclu110 el de quclla "nado>) que precedió ni comicnlo de
la creación.
La introducción del elemento del tiempo en ht idea
de Dios fue una cnrncterlsticn de la filosofla del umeri-
oano Whitet,cad y de lu de su disclpulo Hanihorne.
Ambai interpretaron como procc,o todo la rcalidaad y.
por consi1Uiente. tumbiln la divina. Esto significó un
aut~ntico progreso en la explicación del problema de
Dios. Pero In ruturidad de Dios como el poder del rutu-
ro no implico la idea de unn evolución en Dios, como
suponla Whitchcud. E1 verdad que, mirado desde nos-

17
otros o desde cuaJquier otro presente finito. el futuro
no el14 aún dcc:idido y, en tanto no lo eslA, el progrno
del tiempo y de la histuria contribuye a la doci1ión de
todo aquello que es y ha sido. E1to es v61ido igualmente
para l11 realidad y el ser de Dios. Pero Whitchead no cayó
en la cuenta de que lo que se decide en el futuro no es
sólo ltl que e11t6 por venir ,ino 1ambi6n todo lo pasado.
Su sisnitkado definitivo, ,u acr propio y verdadero es
decidido por el curso de la historia y, definitivamente.
sólo por su futuro ultimo. Esta decisión atafte. pues.
precisamente a todo acontccimicnio pasado. Lo que
el ruturo decide como verdadero, esto hn 1ido siomptt
verdad aobrc el fundamento de esta decisión. Esto es
válido para la cuestión de IA realidad de Dios como para
cualquier n:alidad finita. Dios estaba pr~ntc n todo
acontecimiento pasado como el que es cm su futuridad
y como el que se moatran\ en el futuro. La prioridad del
futuro para ha compren5ión de la realidad, tal como
aparece en la idea de la venida de Dios. caracceriza la ar-
gumentación que hemos desarrollado y la diferencia
de la filosofla del proceso de Whiteh~d.
Ea ahora el momcnlo de planttumos unu cuestión
po,terior sobre el sentido de la ruturidud de Dios: ¿es
Dios en si mismo futuro o apa~ eomo íuturo st\ln en
relación a nuestro presente y. quid, a cualquier otro
punto de consadcración finito? Puesto que la idea del fu.
turo es rcla1iv11 al presente )' ad paaado. al habl11r sobre el
poder del futuro parece que queremos designar linicamen•
te el modo como Dios se relaciona con los seres finitos.
que tienen una existencia limitada ea el tiempo. Pero he-
mos do tener pmenle que el ru1uro alcanza al paudo y al
presente superando ,u diferencia por medio de 1u unid11d.
En este sentido, Dios puede ser pensado tambi6n en si
mismo como poder del futuro. Esto ha de afirmarse, ni
men01, en el sentido de que Dios no tiene que c1per11r
ninaún futuro que est6 mh alh\ de 61 mismo. puesto
que 61 es el futuro l\llimo. Ahora bien, esto es precisa•
mente la definición de la libcnad: tener íuturo en si
mismo y de si mismo. Esto nos su¡iere concebir a Dios
como puna libcnad. Como pura libertad es ilimitada•
mente presente a 11 mismo y. asl. m.1nticnc en su prescm•
cia u todo lo pasad,,, cuyo futuro fue. El decir que fu~

28
el futuro de sas criaturas puadas corresponde a nuestra
experiencia finita del tiempo. Para Dios -puesto que no
tiene que esperar ninaun futuro que cst6 méi allá de si
mismo - no se ha desvanecido en el paüado el que él
fuese el futuro de sus criawra, pasadas. Asl, las mantiene
firmc:mc:nLc c:11 el pracnlc '1c >U (u1uro. Por cou~guh:1111:
sólo aquél que existe como futuro ultimo de toda, lar.
COAS y. de ettc modo, como pura libertad, es autoprc-
sente, y cm su autoprncncin es presente ll toda1 lu cosas,
tal y como lo concibió la idea griega de eternidad. Por
esto, el concepto griego de eternidad no queda simple-
mente marain:ado por nuestnas consideraciones, sino que
es colocado en el horizonte de una concepción más
amplia de h1 re"lidnd, unu concepción que no abstrae,
c:omo hizo Parménides, de la dinámica temporal. Ser y
tiempo han dejado de &er antagónico,. Las diferencias y
oposicionca entre presente, puado y futuro 10n supera•
das en el esrha1on porque el poder del futuro último no
seni ya relevado por ningún otro ruturo y porque en su
unidad ha sido y es aún el futuro de todo acontecimiento
pasado. Su acción en el pasado, en tanto que pertenece
ea&rictamcnte 11 11 mi,mo, no pasa ni 1e deteriora por el
tiempo porque a un futuro que ya no tiene nlngdn otro
fuera de ~I mismo. Asl. el ~scha1on es eternidad y ata
eternidad de la li benad es el modo de ser de Oios en el
venir de su reino.

En el tema de la creación nos encontramos de nuevo.


aunque bajo 01ru perapc:ctiva, con el poder del íuturo
de Dios. ¿Cómo pueden comprenderse los 1eres finito,
de la naturaleza como criaturas de Dios cuyo poder
ea el futuro escatológico? ¿Qué sentido tiene decir que
todos 101 aco1uccimicnto, proceden del poder del futuro?
¿Y en qué aontjdo determina cate poder no sólo 111 expe-
riencia humana del tiempo, sino incluso todo presente,
loda realidad en general? Estamos acostumbrados a un
modo de pensar que comprende la realidad como expre-
sión del poder del pa1ado. ~ nos ha enseft11do 11 creer
que el pu511do es el oripn del futuro, que lo produce

29
sepn unas leyes inmutables que rigen todos los sucesos.
¿No ca incompatible lo que ucab1.1mos de decir sobre el
poder del futuro con csla forma h11bicu11l y absolutamente
ucrcditadu de co1Hidernr el cuno del ucon&cccr '!
Para responder. al menos. a modo de intento a esta,
cucstjonC$, volvámonos de nucv", :ti ~nsaje de Jcs\\s
sobre Dios. Este suaicrc la idea de que el poder c:rc:ador
del fuluro 1ólo es comprcauiblc u la vi1tu de su concro•
ción como 11mor. En la interpretación del mensaje de
Jesús sobre la ~enida del reino de Dios nos hemos mo-
vido. hasta ahora. dentro de unas conwdcracioncs pura•
mente abstractas. Este modo de proceder contra11a con
lu forma como Jesús in1crpretó la próxfmu irrupción
del reino de Dios. Pura Jcsu, el reino do Dios irrumpirlo
como amor. El dtS(.~brimicnto del amor de Dios en la
irrupción de su reino fue la condición de posibilidad de
la interpretación totRlizuntc de ha vidaa. que hizo Jcaú1
a la luz del futuro escatológiro de Di01. ¿Cómo dffllu•
brió Jesúi la revelación del wnor de Di1>s en lll irrupción
de su reino 1 Para il. el amor de Dios se revelaba en la
forma como su reino se hacia prnentc, an&es de que
imampie•c con un poder y una íuerza irrcr.i1dbtes. Ja,b
vela la re\-el&u.'ión del amor de Dios en h, misión que
habla rec:ibido de anunciar la venida del reino de Dios
y en la forma como el anunciado reino de Dios deler•
minaba ostensiblemente el presente a tnav6s de este
ununcio y de la fe q~ cnconaruba entre lot1 hombres.
¿En qui medida se puede decir que iC encuentra aqul
una revelación del amor de Dios'? El anuncio presente
del reino de Dios y su venida conctde al oyente la posi•
bilidad de to mur parte en el futuro de Dios, en lugaar
de que su repentina irrupción le arrolle )' le derribe como
u un advenario. De ahl q~. de be(ho, el anuncio de la
venida de Dios sea un ofrecimiento de salvación y revele.
usl. la voluntad amorosa de Dios respecto a los hombres.
Y má1 toduvlo: el reino de Dio• adquiere actualidad en
todo~ 101 que prestan oJdos al mensaje de 1u próxima
venida y lo aceptan; 6stos se encucatran bajo ,u poder y
son )"ª súbditos de su reino. O lo que es lo mismo. los
que ac:eptan el mensaje del reino participan ya de la
comunidad uc&ual con Dlo5. Pnra cato no &e requiere
otra c:0111 que ubrirsc uhoru al mcnujc de ha ~crcanlu

30
del reino de Dio~. Por esto podfa Jesús· perdonar loi.
pecados sin ninguna otrn condición: quien uccptara de
fl, el mcn1ajero del futuro de Dios, el perdón de sus pe-
cados, 6,tc habla uceptodo ya, &11 mi1mo tiempo, el mcn•
sujc de la venida del reino. Este perdón ,in condicion~
ruc d signo rtés palpable del poder del remo de Dios
venidero come amor creador; el amor que se do " co-
nocer en el perdón et c:rcudor, porque el perdón ubre
uno nueva vida, libre de lu c:arp y el pcw del pasado.
En la fuerza creadora del &1mor aut6ntico se muestra
cómo el poder del futuro supera el pasado y el presente.
De este modo, te unen en el amor creador la libertad y
la contlnaencla del futuro de Dios y 1u erecto unificador
y rcconciliantc. Por esto, se puede decir muy en general.
que el amor creador es la expresión concreta del poder
del futuro de Dios.
El carilctcr creador del "mor muestra au afinidad con
el poder del futuro. Pues lu Idea del poder dice. prcci1&1•
mente, que el futuro está relacionado con el presente,
que transforma el presente. Pero mientras todo poder
a en si mismo umbiguo porque puede ser ejercitado tan•
to destructiva como con•1rucdvamente. el poder uni•
ftcante del futuro como amor creador quiere unlvoca-
menle el presente que di mismo libera a la existen•
cia. Hay una pregunta que le inquieta al hombre den•
tro de la vul¡oridad monótona de la vida cotidiano:
¿por qu~ existe "110 en absoluto. en lupr de ser to-
do nadu? Pues bien, el amor n. en óltimo t6rmino.
11 única rcspu~sta válida a esta cuestión. El amor abre
unu nueva ex~cncia a pesar de la arrogancia orpllosa
de 111 mera autoufirmBción de lo que, de todos modos.
exi11e. En el amor se h11ce coanotc:ible ha dinámica in•
lerior que se encucnlra trus el sur¡Jr de nue\'os y con-
tinuos ,ucesos contingentes que llepn del futuro: de
ese futuro cuyo poder los libera para cntreprlos 11 In
existencia. ¿Por qu6 existe alao en absoluto. en lupr de
ser todo nada? Dur11n1c 91i¡lo1. la doctrinn cri1ti1n11 de 111
ercación ha afirmado que el amor es el motivo ultimo
de la acción creadora de Dios. Pero los teólogos no lle-
pron a comprender por completo la mutua pertencn•
icia de nmor, contingencia y íuturo. No obstnnte, con lo
·Idea de que el amor de Dios c:1 el motivo dccl1ivo de la
JI
creación. la tcologla cristiana ha concienciado la rclc•
vancia universal del amor de Dios, tol como nos ha sido
revelada en In historin de Jcsüs. Sólo unu teolo1l11 de 111
creación puede poner en cvidcnciu el alC4ncc totnl de lu
revelación del amor de Dios en la historia de J~ús.
El carácter divino del amor manifcstlldo en el perdón
de los pc(ttdos de Jet1ú1 es lo que se afirma, cuando cate
amor es comprendido como fund1.1mento de todas la,
cosu.
Cadn sueno particular puede entenderse doblemente
como obra del amor cttador. Por una parte, su cxis-
tcnciu como un 1ucc10 autónomo es ya expresión de un
amor que le do esa misma cxi1tench1. Por otr.s. el amor
creador de Dio,, donado en cudu 11contecimicnto, se
expresa en el hecho de que ningún suCC50 ni ningunu
forma del ser fundnda en In repetición ordcnoda de su•
'-'C1101 qucdun 11b,1ndonados u ti mi111101, un abandono que
5upondria el sin acntido de voh·cr a ,umcrghw en la
nadu. El poder divino del futuro d11 unu existencia autó•
noma e independiente a los sucesos, pero no los abando-
no. El umor creador se sujeta firmemente a ellos con la
intención últimu de tener lo creado totalmcn~ uido I c§l.
Este mantener junto u si lo que ya hn ,ido creado, te pone
de manifiesto en que todo nuevo acontecimiento ha de
relacionarse de un modo u otro con Jo que ya cs. Lo que
hn sido pue5to en una existencia autónoma e,, al mismo
tiempo. remitido o otrBA cxhncnd1111. Por la mediación
de todos los restantes acontecimientos, cada uno de ello,
permanece unido con el poder creador del amor. que
no cesa de poner nuevos seres en la existencia. De este
modo, el poder del Creador se mu~t.rn ni mi,mo tiempo
como un poder unificador. En 11u, rcl11cionc1 reciprocas,
los sucesos participan del amor que los creó. Y cada in-
tegración provisional de sucesos en estructuras mayores
aparece como unticipación de una unidad última de todo
acontecer con 1u ori¡cn creador.
Esta, reflexione, ea&An en estrecho rcloción con ol
pensamiento de A. N. Whitebead. al considerar los su-
cesos particulares y contingente$ que se suceden sin
pausa. como los cimientos últimos del mundo real. De
Whitchcad he tomado ha idea de que cada nuevo suceso
1w de ,uumir de un modo u otro el mundo que encuentra

J2
como algo dado previamente y del cual, sin embargo,
no puede: dcducil'IC. Con todo, esta visión de Whitchcad
se podr111 formular de un modo m&b exacto y preci10
que el 1uyo. P11ra esto h11br1a que describir como efecto
del poder del futuro, del amor creador, la continpnciu
con que los =iuevos sucesos caen sobre el mundo ya
con1tituido y sobre los 1uceso11 y complejos de suCCIOS
intramund11not concretos que les han precedido. While•
he11d habla en su teorta de ha cooperación de un11 cr~a•
tlvlt)' atribuid11 a la matttria con los llamados ~terna/
objecu, presuntas cstrucluras ideales dadas previamen-
te y de otrn proccdc:ncin. Esta c:oopenac:ión tiende 11
la climinución de la novcdud )' de la conlingcncia de 101
1uccso,, u pcanr de 101 esíucrzoa manifiestos de White-
hea.d por evitar esta tendencia. Por el contrario, la idea
del amor tal como la hemos desarrollado aqul - no
(omo emoción indclcrminudA lino como continuo po•
ncr nuevo 1uc:c10S en la existencia libre- coincide ópti•
mamente con la contingencia de los sucesos que proce-
den de este origen. Al mismo tiempo. la idea del amor
hace compreruible por qud cada nuevo suceso contin•
pntc es referido a un mundo ya constituido y contri•
buyo,. de este modo, a oquella continuidad del acontecer,
que os condición previa pan& el surgimiento de íormas
complejas y unitarias. Asl. el futuro podero5o de Dios
mantiene firmemente lo que ya ha sido creado, al hacer
sobrevenir sobre cadu 1uccso pnrticubar su fu&uro finito
por '" mediación de otros suce10s, que son enviados
sobre el primero. De este modo, Dios otorga a todo lo
que ya ha sido creado una participación en una realidad
que es mayor que cualquier realidad creadu.
La afirmación de que el umor de Dios es el origen de
todo ucontccer no contradice ni se opone en absoluto a In
descripción de los procesos de la naturaleza por enuncia•
dos, que nos hablen de una rc1ularidad regida por leyes.
Con todo, es verdud que cualquier sumo particulRr,
en la medida que e• unn rculidud positiva, tiene que 1er
comprendido, en primer lupr, como wgo en si mismo.
como una ob:-a del amor creador y no como simple
erecto de cuusu pasadas y leyes intemporales. El que el
acontecer de la naturaleza csl6 resido por le)'Cli propias
tiene una importanciu inc:alculnble, y no, en ultimo t6r•
r~IB ~,1111•• urlii.
, ~-. _LIOTECA - T:OL0,....1as· -- ~
mino. para la relación del hombre con la naturaleza,
pero c.s insuficiente paro c"plicar por completo Jos úl•
timos fundumcntos de lu rculidud. Todas 111& prueba" )'
comprobaciones de relncionct- causales y leyc1 maturlllCj
presuponen Que existe yu algo y que los sucesos acon•
tecen. Una descripción de los fenómenos de la naturale1.a
en tirmlnos causales es sl\lo posible por c:I hecho de que
cado nuevo ,uceso tiene que rclaciomanc de un modo u
otro con el mundo de los ,ucuos interiores, con el que
se encuentra. Una de las ideas más íascimantes de White-
head es su tesis de que lo nuevo no es producido por lo
)'I existente. Más bien, 5,0¡ún Whitehcud, lo nuevo hn
de poncne uctiv11mcntc, como un sujeto. en relación
con lo ya existente. En esta pcnpcctivn la continuidad de
los ucontccimientos de la naturaleza no aparece ya como
e"presión de la dinámica irm;istible de un acontecer
continuo e ininterrumpido. Esta continuidad ac-rio, en•
tonccs. el puente establecido cm cadu instante por los
incontables nuevos sucesos con el pwmdo: este vinculo
establecido impedirla que el pasado se perdiese:. La ima-
gen corriente )' hnbituul de un pro~"CSO continuo. que
trascurre dc,;dc el pasado u trav~ del presente hncio el
futuro. ~ ünicnmcnte posible por el hecho de q~ en
cadn instantt ~ ~tahtttr éste r,utnte innumerables v~
ces. Ln uniformidad de este proccso. gracias a la cual
puede describirse en conceptos de leyes y de causalidad.
es el multudo de la actividnd conjunta de innumerables
sucesos en el intento. que cndu uno de ellos hace por
adaptarse al mundo en el que aparecen. En la grun ma-
yorla de los caso~. c~tu ndBptución significa mern repc.
tición, sin que lleaue u ulcnnzmr ninguna transformación
de hH condiciones pre\·iarncntc dadnt1. Sin cmburgo. pre•
cisamcmtc esta repetición sin fin constituye In base no
sólo de In descripción del acontecer sino tambi6n de for•
mau de c~istcm:in mA, c1tnbles y durudcras. Con el 5Ur•
gimiento de formas o contiguracione, duraderas - 6to-
mo1, mol~culns, eatrcllas, mincralei ~· su, form11cionei.
finalmente. la célula viva y las formas de In vida-. el
amor creador alcanza el fin provisional de su intención
crcadoru, In outonomln de sus creucionc,.
Los limites dentro de 101 cual~ pretende: mantenerse
nte en1uyo no hu'-"Cn posible ni siquiem un c!ibozo de lu

J4
evolución de ~as formas naturales. Por esto. me limita~
a indicar algunos uspcctos caracterl~ticos de la vidu )' de
au cvolucJón, que: llrunan panicularmcntc la ntcnción.
11 ha lu1. de ha ·dcu de un e.,clu11on creudur.
En cs&11 pcrspcctivu. lu particularidad de: lu vida or-
gámca de las plantM y de los animales se presenta de
tal m11ncm que los form111 duraderas)' cstable1 udquicren
una relación intcrnu aal futuro v, con esto. nucv11s formas
de purticipución en el origen creador de lodo uconleccr.
Una nota cspccit'icu de todo lo viviente c.~ que se compor-
te con el fu curo como transformacic~n de si mismo.
l:ito mucitmn, en particular, las funciones reproductoras
ele In vidn. tanto el impuh;(.1 " la nutrición como el de
propupción. Todau la& particularidadn de 111 vida orp-
nica se pucdcr. c:ompnmder u partir de esta peculiaridad.
Sobre todo. los fenómenos repetidamente interpretados
como flnnlidad incon~ientc de los pruc:e1K>1 \·ilnlcs, h&ly
que intcrprcturlos, por esto, como 11ntic:ipación del futuro.
Quim, la evolución de una interioridad 1nlmica haya que
vincularla también con la interiori1.ación de la relación
al futuro. Con todo. al parecer. ninpn animal capta el
futuro como futuro. Cnpt11r el futuro como futuro, di•
(crenciandolo del presente, n distinto que el mero C-\lar
rderido al fucuro. Suber nccrca del futuro. distinaui6n•
dolo del presente. pa~ estar reservado al hombre.
. Esta apcnura 111 ruturo encucntn1 una& expresión carne•
¡ ~rfaticu en que el hombre tiíCA el \Cr que pucd11 plantear-
• preguntu~. El hombre se adelnnta &1 si miamo y ad
~. ·mundo presente porque es capaz de difercnciar el pre-
'; 1e11te del futuro. Gracias a esto es tambi6n capaz de
\ :domin11r este mundo presente. De su apertura ali futuro
¡·:Je,,mo futuro H 1iyuc, ndemét.. que el hombre pueda par•
1• 'ik:lpar de 111 natundc:1.a crcadon1 del amor divino. Al
ilistir en rclaaón con lo que es distinto a él, el hombre
.no sólo participa en el movimiento del amor divino que
.-.tbra ll truvds de In naturulc1..u uniendo ll todo con todo.
. lino que realiza erala& rch,ción en libcrtnd. Naturalmente,
..I~ can esto tambi6n viene dado que pueda cerrarse
·w
a intencionH del amor divino abusando de su poder
iObre las relaciones entre las cos05. Hay que considernr
oomo una ca111c1crl•ticn mAi de la humu.nidad. el que el
hombre y tólo el hombro tcnp religión: um1 relación
Jj
refleja el poder creador del reino de Dios venidero, que
el honibrc e, cAp11z de cxpcrimcntur tomo realidad divina
distinta de 101 objetos intrnmundunoi. E!i un hecho in•
diM:utiblc que en lo5 comienzos de 111 religión humnnu la
futuridad de Diott permaneció oculta. El hombre llegó
a concienciarse a il mismo primeramente en la expcr1en-
ci11 de lu prc~ncin del poder divino, untes de que pudiera
experimentar ,u auscncin, aqucllu auscncln de Dios que
constituye el &11pccto negativo de "" futuridad. Hasta c,I
mensaje de Jesús. Dios no estuvo prc5enlc como futuro.
y lo estuvo porque determinaba el presente. En las reli•
aiones mUicas. la realidad divina cm comprendidn como
íormn de ter situada en cJ origen del tiempo y represen•
tada por 11nnlogl11 con el mundo presente. Lu presenci11
de lo divino era experimentada en las formas arquctl-
pica1 del acontecer. Sin embargo. la cxpcrimciu de la
historia ha de1truido w forma mltiC4 de In cxi1tcnciu.
Esta experiencia fue posible por el palO de la rcli¡ión
mitica u lu procl11mnción dcJ reino de Dios y su vcnid,a.
&te paso capacitó aJ hombre p:irn tomar conciencia
de su propin historicidud. o una con la futuridJld de
Dios.
La falsa concepción de ha realidad divinu en la con•
ciencia reliaiosu es sólo una forma especial de la falsa
concepción de la relación 111 futuro, que suele ofrecernos
la visión convencional del mundo: el futuro no es com-
prendido habituulmcntc como origen creador de codo ser.
sino como prolongución de lo presente. de lo ya existen-
te. Esta falsa visión de lu relación entre futuro y presente
es una consecuencia del ,urgimiento de formas autóno-
mas y durudcrus de la dinAmica del amor divino. Lo exi1-
tonte aspira u confiervursc. Con el 1urgimícnto c:1plcn•
doroso de lu existencia uctuaJ \lll unida. con frecuencia.
una arrogancia que obstaculiza la visión del carácter
provi1ional de: lu propia forma de lo cxistcnci1L La ten-
dencia u h1 nutoaftrmución no carece de una profunda
ambigüedad. Por una pune, exprewa la afirmación de la
singularidad m:ibidu de Dios. pero, por otra. implica
outocerrazón frente al futuro y, por tanto, frente a la
trunsform11ción que éste siempre lleva consigo. Aqul
habrlo de buscntW lll rnfz de todo el sin sentido, de todo
el dolor y de todo el mal que dcsfiaumn 111 nAtundcza

J6
de un modo tan cruel. Pero sólo en el hombre adquiere
cstn cem11.ón r~nte ill futuro, la cuulidttd del pecado,
de In fatal tcr¡ivconcil\n del Auténtico sentido de 111 cxi\•
tencill. El hombre, cunndo se cierra al futuro. se cngafta
aurca de ti.u determinación a una vida en total apertum
al futuro de Dios y a la participación en su amor crea-
dor. Toda formn de rculizución de lu exi,tencin humanu
puede tomur lu forr1111 de tal ccrruzón. No 1e prc.1Cnta
wlo como huida ul p.twsdo o como uutodrogarse en el
fugaz llcontcar del presente. sino, incluso. como renun-
cia ni presente y a lo transmitido m el proyecto plani•
licndor )' nnticipador del futurt,. De todo Cito resulta
unn nmbiaücdud que ntmvi0r.a todn~ hu forma, íenom~-
nica1 del comr,ortnmiento humano.
El cambio histórico romperá y superará toda actitud
de perscverancin en la aparente !teguridad de lo estable-
cido. una 1,ctitud que. por Jo dcmAs, no puede acr mah
que con5er\'ndom. El cuno de la historio es el medio in•
falible en lo pcdagogln divina de lu humanida~ a tra-
v6s del cunJ el hombre e5 llevado hacia la conciencia de
su historicidad y mla plenitud de su creación. En esto et
ospcci11lmcntc In historia de l:1 religión, la que contiene
la llave que nos nbra el sentido de la historio humana en
pncral. En c:\ctn ~~tAdio d~ la experiencia roligiosa se
trata de la totalidad del mundo e"perimentado 11 la luz
de la n-alidad divina. la cxistench, de lo!. hombres. "
posar de todo lo frngmcnl4rio y de todu laa c:ontradic-
t clones de su realización concreta, e5 intcsrnda por tal
,._. expericnclu dentro del correspondiente estadio de la his-

't.
..., toda en la totalidad universal, vuli~ndosc para ello de In
Wlfón de los individuos y de loK grupos en la conciencio
do los valores de una llocicdnd. En el tranM:uno de lu
·•historia de tales experiencias de la realidad divina fueron
-: ~endo los arquetipos del mito. que. a su vez, fueron
· -deaposefdo• de su poder por el mismo cuno de 101 cam•
~ bfo1 históricos. Ba!\ta el mero transcurrir de lu historin
para echar por tierra el C4raíctor arquetlpico de los pro.
.. ·,-ios miticos de un orden de la vida. Este aspecto des-
. tructor lo pierde el futuro sólo alll donde el mismo es
. •perimentado como el poder divino, que libera a los
hombres a unu vidn verdademmcnte personal. Oraciau
a eato. el hombre llega a 1er libre pnra ver ubicrtamcnte
37
el carácter caduco y fugaz de todu forma y orden del
mundo humano, libre frente a In naturaleza )' la. ins.ti•
tucione" de: 111 5ocicdnd. libre ante el amor creador que
transforma el mundc., sin de&trulrlo. Este nmor creador
proced~ d~ lo lilx-rtnd. de la apertura ni futuro de Dios y.
por esto. aspira n nmplinr el ámbito de la libertad en el
mundo. Sin este "mor. In unidad de: la humunidnd -ti
tcmn de '" histori11 - no se uproximurá más u su '1olución.
En un tiempo en el que se ha 1umbnlcado la cvidcn•
cia de las representaciones tradicionales de Dios. cual•
quier ~nunciado sobre Dios debe justificnrse con un es-
mero mucho muyor que el que se ponla untes. A cita
lArca quieren contribuir lu considerucioncs preccdente!l,
aunque sólo bajo el punto de vistn de una nueva com•
prensión del mensaje cristiano sobre Dios. Hem(ls tra-
tado de repensar c.smerudamcnte el sentido de: la paln-
bru «Oio!m. tal como \'icnc in,¡,licado on el mcnMje
de Jcsú5 ,obre In venida del reino de Dios. A lo lnrso de
nuestro tmbajo se ha mostrado que era necesario volver
a pensar de nuevo In idea de la creación dC1de la perspcc•
tivo del escl,a,on, en Jugar de hacerlo desde un comienzo
capuz de fundnmentnr toda In ttulidnd )'que.de hecho, lu
fundu. Por c,to, se intentó comrrcndcr todo ser y todo
acontecimiento como surgiendo del futuro itltimo. Tal
como hemos puesto de relieve. esta interpretación de la
realidad y del poder dh·inoi no entro en conffü.10 ni
riv111izu con lu cuestión c:ientlfka ucc~l de lu cautas
naturnlcs del acontecer. Nuestras reflexiones se bnsan
en una inversión de la consecución temporal que normaJ.
mente presupone h1 idea de cuusalidad. En oposición
&l las formulaciones de un orden del ucontcccr regido por
leyes naturales.. que describen el influjo de IH condicio-
nes pasadas sobre el presente y el futuro, ha sico desarro-
rrolada una concepción de la ere.ación que entiende
el presente - y, del mismo modo, todo presente, que
conlidcrado desde el ahora hayu trAnM:urrido ya - como
procedente de 1u futuro. Este inlento de unn doctrin1
de la creación orientada cscatológicamcntc tiene su cen-
tro en una nueva concepción del amor divino. Este se
mnnific5ta cuando el poder del f'uluro diferencia afio de
si mismo y lo libera n una cxistencin propia, pero al mis-
mo tiempo lo remite tambj6n a un mundo nctual. dej6n-

J8
dolo. asl. participar en el movimiento del amor divino
que pcrmnnc::c su propia futuro y del cual le sobrc\·icnc
aquello que ~I mi1mo llcp u ,cr, Este movimic:ntll del
amor divino ju~titic:u llamiu ul Dlm. de Jc"i.tt, el Dioi.
vivo. No tiene ninguna unidltd ni ningün ser fuera del
movfm1ento de su amor. en el que diferencia un otro de
st mismo )·. sin embargo, al difc:rcncinrlc:~. lo mantiene
unid'1 u ,1. A,I. lu rc11lidud de Diofi e, In llegada crc:ador11
del poder dtl futuro en el ucon1cclmlcnto del amnr.
Sólo en su llegada creadora. salvudora y preservadora
llega el futuro de Dios a su reinndo. Esto ~ expresado
c11 el lcngu11jc 1rini111ri<1 de In comunidnd cri1tinna. En
Jcsü!i 1e re\·cli1 In vida del umor divinn en ~u íormn tri•
nitariu: Dio) no es un iCr que descan1e en la quietud de
si mismo. sino que él mismo es el futuro de su reino veni-
dero: como este: futuro, c:ru y ~ presente u través del hom-
bre Jesüs, que tntimunia al mundo lu venida dc:I reino
de Dio,, )' u trav~ de cite hombre Dio~ es presente ul
mundo como el Esplritu que da libertad y \•ida al crear
la fe que JC$ús predicaba. Esta fe es el saber acerca de la
referencia impllcita y silenciosa de todl15 lm cosns ul ori-
pn de In ,·ida. Lu~ di,tincion" triniturilu entre Padre,
Hijo y Esplritu cs1un (und11men1&1d115 en ha difcrcncha
entre futuro y presente de Dior., que, no obstante. están
asumidos en la unidad de Dios por el eterno pre5entc de
.Dios. que es el E&piritu.
Entendida a,I, In idea trini1ariu de Olor. n,, C5 otru
cosa que ht descripción de la unidud vivu de Dios en opo-
sición a una unidad estática, mcrumente id6ntica consigo
misma. de ur. ser supremo, tal como la pensaba el mo-
tel11no ftlo~fico de la antigüedad. El Dios trinitario º"
en 11 mismo un procc:Ml hi\lórico. micntrllJ que el con-
ce,to de un ser ~uprcmo hublu de Dios como de una cosa
uistentc fuera de la historia humuna. La doctrina de lu
trinidad describe 111 Dios venidero como Dios del amor
~yo futuro ho llegado )·u. )' que lntcgn1 a truv6s de si
inismo el mu:1do prcKCntc ~· pauudo y. trun1formAndolll
~. lo afirmu paru la purticipación cu su propia vida
Inmortal.

39
2. Reino de Dios e iglesia

La relnción de lu iglesia con el mundo, es decir, con


el mundo de ;a vida social de los hombres. ha sido con-
liderada con frcc:ucncin como r.i con ello se tratara de
un tema cic:rLlmcntc importante para h, i1lc1h&, pc:r,, en
cualquier caso cxtrf ns«o II su esenciu. Parece como si
se tuviera que saber de antemano qué es la iglesia para
poder plantearse con sentido el problema de su relación
con ot111S instituciones )' ámbitos vitales. Cuando la iglc-
lia es c;ontrapucihl al c•mundo» iooal en 1cneml y en 11u
totalidad -O(urrn esto en el sentido de una nutocerruón
eecapista o a fin de encontrar relaciones positivas con el
«mundo~ - ya se supone de antemano que la iglesia de
r por si no tiene nndo que ..-cr con el «mundo». que puede
1 , comportarw con el mundo y cntru en rch1ción c:on 61
., cJe este modo o de 11qutl, sin que su actitud al re.,pecto
:afecte para nada a su propia esencia Intima.
Pero, en rclidad, basta con una descripción mera y
,.atricta, para ver que laa rcluclones con una aocicdad, que
.on su totalidad no es nunca id6ntica con ha isJesin, 10n
. ·'1empre decisivas para In autocomprensión de las co•
·munidadcs cristianas. asi como para la de los mismos
cristianos tomados particularmente. La misma comuni•
dad de los cri~tiaano, ca entendida distintamente li 1e h&
oonlidera como contrupueaia ni 11mundon o si M: ve, en
,IJ
ella una parte con~titutiva de lu Slleicdad cstllblccida ,,
uma fuel7Jt paru i.u trnnsfornuació1. El que UIIC!i dctc:r-
minncioncs de In rdnción, influyan en la comprcn,.,ón
misma de la ialcsua podrh, rureccr u primcru \'i!il~ unu
mera con\tat:.ción ~ociolósic.i ~in ninguna rclcvunciu
especíticnmcntc teológica. Pero esta 1mpres1ón e~ cnga-
nosu. En lll!í intrinc"duP. implicucioncs mutu11~ de lu~
iglc~ius con has rrstuntes imnituc10,1c" )' ámbito~ vitales
de 111 ~ocicdnd ~culnr se pone de manifiesto ums reulidad
que debe considerarse fundamcntal para lu comprensjón
teológica misma de In iglesia : la rcl:tción de In iglesia con
el reino de Dios. E, evidente que lo ialesin no ~ cncucn•
tm en lu wcicdud ~culur. ,.implemente. ron el reino de
Dios. Pero lu rclacilSn de lu igle,in con hL h">ll&lidud de la
sociedad. a la que siempre pertenece. tiene. sin duda.
ulgo que ver con su relación al reir.o de Dios }' adquiere
de uqul ,u ,·im:ulabilidnd.
Toda iglesia cri11tiunu que ,1uierc permanecer fiel itl
mensaje de- Jc§us ha de comprenderse como comunidDd
en relación con el rcinn de Dios anunciado por Jesús.
fAhoru bien. ,¡cgún el mensaje- de Jesús. en el reino de
Dio" ~ tr.11u del futuro del mundo. de In totalidad de la
humnnidnd. El mcn\uje de Jesúi no tiene vulidcz única•
mente pura una comunidad de creyentes. Desde el pri•
mitivo cristianismo Jn iglesia se ha comprendido a si
miamu como el l1racl vcrdodcro, como el nuevo pueblo
de Dioei de 10\ último3 tiempos. Tal autocomprcn!lión
contiene no sólo In conciencia de su continuidad con el
pueblo de Dios del antiguo testamento, es también la
expresión de la idea del reinado de Dios. y. ciertamente.
en rcl"ción ul ~pemdo reinado definitivo de Dios so-
bn: el mundl,. El reino de Dio~ es el futuro huciu el que· l
&e encaminu la humanidad entera. Por esto. lu autocom•
prensión de lo iglesia como pueblo de Dios se justifica
sólo por su rchación al mundo. a lu humanidad entera.
Con lo dicho hasta aqul podriu eslDr de ucucrdo in•
clu'° quien entienda ha igletia como contr1&puestu al
mundo por su propia esencia. Pues. al fin )' al cabo, opo-
nerse es tambicn una forma de relacionarse. y. precisa-
mcntr. esta manera de relacionarse con el mundo seria.
en este cuio, dccisivn para IA comprensión de ha iglesia.
Por otru purtc, ei indudnble que In concepción que ve

41
la iglesia en oposición al mundo contiene también ~u
niomento de verdad. Sólo. que no contiene ni expreso
tod¡a 111 verdad )' llcgll 11 ~r ful~u cuando pretende dcter•
minnr con c":Ju1ivldud 1&1 11ut~omprcn5i,\n de l&a iglcsiu.
u opor.ición al mundo ne> puede iw:r el motivo primero
y básico en In relación de lu iglesia con la S<k.'icdad y con
lll humunidnd. A C5lll no hay s,ilo que oponer ha consi•
deración formal de que una tal cnnccpci,\n dcM:mbocn-
rla en In contrudición de tomnr ha or,,,t1ición ul mundo
-por consig'Jicntc unu forma de lu relación- por un
momento esencial de la iglcsin. Más importante es que
In mcr,a contrupo1ición de ha itdNiu al mundo se dcsen-
tcmdcria de In tendencia unh-ersali,ta que domina lu
idea del reino de Dirn,. El reino de Dios es mayor que
la iglesia y ésta tiene su función cspcdfica y su impor-
tunciu S<>lo c:1 In ordenación al reino de Dios.
u, eiperu del futuro del reino de Dios e~plica tcoló•
aicamente ha rtu:tica implia,ción de i1lc1ia y mundo.
y esto no como relación de doK dimensiones independicn-
les y autónomas. sino en el sentido de una ordenación
de In iglc5ia dentro del trunscendcnte contexto vit11I del
mundo sociul. Tumbiin esto ~uaicre el buscar el punto
de partida de un&1 comprensión teológica de ha ia)csim en
111 idea de lu venida del reino de Di&.J. Toda interpreta•
ción de la iglesia que no tenga en cuenta. desde un prin-
cipio. iU rclición con el contexto vital del mundo. un
cantcxto que le transciende y 11hnrcu. es unilntend: por
otra parte. sólo la relación de In igfe¡iu ul reino de Dios
permite temalimr iu fécti~ implicación con el mundo
como momalló teol,>gicumcnte esencial de lu iglesia
miam11. De ahl. ,, uc la 101alidad de la realidad eclesial
pucdn 1er diviwidu tcolóRicumente iólo a partir de h,
Idea del reino de Dios.
A esto corresponde la compremión primitiva cristia-
na de la iglc5iu como comunidad csc:atoló¡ica. expresada
en l01 escritos del nuevo ,~aumento. La comunidud cri»-
ti&U1a. que adora nhora yn al rey de lo, ultimas ticmpt,1.
podla comprenderse únicamentt como Ju anticipación
de 111 nueva 3umanidad. de una humanidad bajo el rei-
nado de Di05 y de ,u EiJplritu. Esta conciencia íue co-
rraborada por la experiencia de In presencio del Espi-
ritu divino. S~gún In tradición judlu el demmnmiento

4J
del Esplritu de Dios sobre toda carne (Joel 3. 1) pene-
necia a la expectación cscatnlóaica: con lo ,·enidu del
reino de Dio5 debh1 llegar tambiin l.a renovación de lodu
vida humann por medio de Esplritu creador de Dim~.
Lm cristianos. al lcncr experiencia de In presencia del
~lritu de Dios en su comunidud, tomaron conciencia
de ha irru~ión del futuro cK'atoló3ico en la iafesíu.
expcrimcntar(ln vitolmen~ a la illlHin cnmo comuni•
dad escatológicu. Se han de tomur muy c:n "4:rio cstoli
rasgos escatológicos en la autocomprensión del primi•
tivo cristianismo: pue1 sirvieron para colocar la esencia
y la VOCQCión de la iglesia A la luz de ha vcnidu del ttino
de Dios. que e• el íuturo de '" humanidud entera. Bajo
cata luz, la existenda de In iglesia udquicrc liipificado
para todos los hombres. no sólo para 9'U~ miembros. La
constitución sobre la iglesia del concilio Vaticano 11
habla. con razón. de la i¡l~i&a como el reflejo de la luz
de 101 pueblos que: es Cri,to. De htcho. lo esencia y la
vocación de la igleM11 consisten en legar a ser el reflejo
para toda la humanidad de la luz de los pueblos que ha
amanecido en Cristo.
Esto no sipiftca que " IH ialesi&a le competan unn
autoridad )· una potc1tad especiales de las que pudiera
hacer alarde orgullo&amenac frente al «mundo>,. La
i¡lesia ao dispone de ninguna luz especial )' oculta. sino
sólo de la luz que ilumina II todos los hombres y que hA
aparecido para todo, ello• en l11 historia de Jesucristo.
La ialnia es fiel u ,u misión sólo en lu medida que anli•
cipe y represente en su vida la detenninación de toda lu
humanidad. el fin de In historia. El lignificado de 111 i¡le-
sia para el mundo depende del grado de su cntrcp a e5tn
su mi1ión humanitaria. Coda estrechumicnto de la unl•
vcrsalidad de su misión. cada desviación de su esencia
como comunidad escatológica1 tiene que º"°un:cer el
sipificado de la comunidad cristiana para el mundo
social de los hombres. Laa iglosh11 dan entonces íicil•
mente In impresión de aor al10 asl como in1tituc:ioneli
aparte. destinadas a la satisfacción de necesidade1 reli•
giosas anticuadas. papel que todavla dcsempeftan en
muchas penonas. aunque para la mayorla estin cada
vez mAs en vlllS de desaparecer. Es indudable que los
i1lesia1 h11n coanodo en muchos a1pcctos su mi1ión por

44
el mantenimiento de algunas fornu1& de vida ya anticua-
dali, por el doamntismo y por la piedad esotérica. dc~-
viándoM:. ,ni, de mültiplcs mancru de la cspcr11nni en
el reino de Diu,, Por nto. muchos oMCnadores. a tomur
muy en serio. plantean hoy In cuestión de si lu1 igJesius
no habn\n llegado ya a su fin. La teologla ha de recoger
el dcaano qut le hoce h, triite impresión que produce
con rrecucnciu la islesiu ni nparcccr como ai fuc5e un
,imple retiduo de un periodo de 111 historiu que hu que-
dado atrás hace yu mucho tiempo. La reacción adecuada
a este desafio no puede consistir en que las iglesill5. uus•
tud111 ante la modcmidnd de la tarea que les h&1 sido cn-
comcndndn, ,e lancen u la caza de todo.s lo, slopns acep-
tados como progrcsi!ila~. olvidAndose por e1tn ligereza
de su vocación al servicio del reino de Dios. Más bien.
lo que necesitan lus iglesias es una nueva concentración
cm 1u eienci11 como comunidad cacatoló¡ica de Dio5',
que representa el futuro de In dctcrmin&ac:ión humun11,
precisamente. por medio de su misión rcligiosn para la
humanidad actual. Naturalmente, que para esto no basta
una nueva autocomprcnsi<>n de In iglcsin, lo que se re-
quiere cs un11 nucv11 n:li¡io1id11d, In apnrición de una vi-
da fresca dentro de clln. Pero unn n:atructurución con-
8gurado111 de una nucvzs vida cclesinl puede proceder
5610 de una nue,·a reflexión sobre el centro del que vive
la ia)esia. es decir, 1obrc Jesucristo y su mensaje sobre la
vcnidR del reino de Dio1.
El hecho de que la iglesin tenga su fundamento en iU
rcfcrcm:ia ul futuro del reino de Dios hace que la csencin
de la iglesia no pueda comprenderse adecuadamente a
partir del hecho de con1tituir un grupo de individuos
unidos por ur.u fe común. Lu ialcsin no es en primer
.,lupr una unión de personar. con el fin de cultivar uno
serie de intcl'C>CS y convicciones religiosas comunes. La
comprensión protestante de ha iglesia como congregatlo
/kkllum o CO"llrtgatltJ su11c1or11m cs1' siempre expuesta
al peli¡ro de unu tul cur11cteri1.11dón de 111 esencia de lu
Iglesia, c:omo si la comunidad cristiana tuviera su fina-
·Udad en si misma y formara una asociación para el fo-
mento de convíccionc~ y costumbres plas comunes.
Frente a unu intcrpre1ación 1upcrficinl de la comunidad
como asociución de persona, animada, por los mi1mo1
sentimientos. debe acentuarse que la comunidad de los
cristianos se basa en la comunidad que une a cndn cris-
tiano particulttr con Jnucristo. L11 comunidnd de lo5
cristinnos y, prcds:amcnte, de todoi lo, cri•tinno1, c:1
ncccsnria por cau~u del Criito único en el que punicipun
todos ellos por la fe, In esperanza ~·. no en último ter-
mino, por el :tmor. Vcrdnd e~. que cstn ur¡umentación
no nos dcju llampoco llegar todnvla n In cM:ncJo de la
iglesia cristiana de un modo totalmente libre de Ambigüe-
dades.
Es decisivo en qué sentido es entendido Jesucristo,
cuando ~e ufirm" que e~ el fundumento de lu ille!liu y
de su unidad. Si Cristo e~ entendido printuriamentc co-
mo redentor o salvndor del individuo particular, tomado
aisladamente. o de una comunidad de creyentes. enton-
cef. todnvla es posible que una doctrinu de la iglcsiu
rund11mcmu1du cristológicumente 1105 llevo II una inter•
pretación de In iglcain como un mundo reUgioso aparee.
Una iglcsiu concebida u:.I ~ vincularla con el mundo
restante y. particularmente, con In sociedad humana sólo
de un modo cxtrinsccisto, a truvé5 de las relaciones C>t•
tcriorc5 de lu i1lc:,iu. l.a critica de una mi concepción
no podrhs ~ignificar, nntumlmcntc. que la comunidad
con Cristo pudiera ser supc,rffun puru In comprensión
o para la vida de la iglesia. Más bien. de lo que se trata
nqul es de comprender mejor qu6 siJtlifica propiamenlc
comunidnd con Cristo, Se advierte entonen que tanto
lu misión de Jesús como el titulo «Cristo~ cstan estre-
chamente vinculados con el reinado de Dios. Lu misión
terrena de Jesus estuba totalmente determinada por el
anuncio de ha proximidad del reino de Dio~. y el tltulo
c<Cri5to>• dc,.ignn el ejercicio :iustitutivo (l rcprc~ntativo
del reinado de Dio~. Si esto es asl. resulta entonces que
la comunidad con Cristo e& idéntica con el compromiso
por el reino de Dios como futuro del mundo. Sólo en el
l!ontc:xto del anuncio )' de lu expectación del reino de
Dios, revela la idea de la comunidad con Cri!ito su ver•
dudcro significado, al mismo tiempo que se mantiene
preservado de un estrechamiento que la redujese n una
relación religiosa con Jcm de cnnictc:r privado. Asl.
ha idea de lll comunidnd con Cri•to como centro vital
"º"
de Ju ia)c.'iia vuelve o remitir de :uaevo n que la com-

46
prensión de la iglesia ha de orientarse al reino de Dios
como ftn último de la hi5loriaa do lo humanidad.
El el Amplio marco de c.\ta temAticu ha de s,lantearse
laa c:ucstión del por qué e, nccesuria en umoluto una in,.
titución religiosa comu lu iglesia, de cuAI e~ su aporta•
ción tt ha sociedad humllna y a la hu.mnnidad. El rejno
de Di,,,. no e,, c:ier1amc:ntc. id6n1ico con la ialcsi11, Lu
cspcnm,.a en el rci Rll de Di 01, tul como tomó formo en
ltrael, tiene mb bien que ver con el orden polltico de In
sociedad. Del reinado de Dios. y sólo de il esperaba
lmel la renlizllción de unu justicia plena y de una puz
impcrturbnblc entre 1011 hombres. Nunca se huhla cm este
contexto del templo o de la iaJcsia. E!i ub,olutamcntc
poliblc repreiCOtarsc el reino de Dioi entre los hombres
sin una institución religiosa. Y de hecho el Apocalipsis
de Juan nos pinta el cuadro de un tal estado en la Jena-
•1611 (elc:stc, donde ya no son ne1:e1arios. ni el templo
ni la i1leiiu porque cuda uno conoce por al mismo la
voluntad de Dios y h1 cumple (Ap 21, 22 s). ¿Por qui se
nquierc entonces para el presente una iglesia por causa
del reino de Dios?.
Anlel de afronlur directBmcntc c,ta cuc1tión, hcmoi
de recordar hu obstinada• tcndenciu& de la hi,toria de 111
cristiandad que tratan de identificar ialcsia y reino de
Dios o. al menos. de concebir la iglesia como forma ac•
&uaJ y presente del reino de Dios o de Cris10, a difercncin
de la plenitud ru1ur1 del reino de Dios. Tales concepcio-
nes se han valido con l'recuenciu de unu distinción entre
,el reino de Dios )' el reino de Cristo. La iglesiu se equipa-
raba entonces con el reino de Cristo, mientras que el
reino de Dios pcrmuncch1 oculto en el c:uno de 111 histo-
ria terronu, hu1t&1 que llcguse ILt hora de su n:vclación.
con loda su gloriu, en el futuro último. (!.a distinción
entre reino de Dios )' n:ino de Cristo n~ remite a los
cUnciles problema, cxeJéticos que multan de los distin•
IOI enunciados ncotcJtumentariot. Pero. en cuulquicr
cuo, la dfalinción diflcilmentc puede sianifiCAr una di•
firencia sustancial. El reinado de Cristo no es otra cosu
que la preparación del camino para el reinado de Dios.
Donde reina Cri•to. adll irrumpe )'D el reinado de Djoi.
A la luz del monwajc del Jcaú1 hi,córh:o. 111 relación entre
reino de Dio, 'I reinl., de Cristo 1ie ha de determinar de
41
tal manera que dichos términos no designen diversos
periodos de la historio, sino que el reino de Cristo sea
entendido como irrupción y llc1&1do del reino de Dios
mismo. Por esto. In concepción de la igl~la como re•
presentantc presente del reino de Dios reservado para el
futuro, apenas aventaja la franca y abiena equipara-
ción de iglc1io y reino de Dios. Cristo mismo remite su
ialcsia ul reino de DioM que e1, dlttinto de laa iglesia, del
miamo modo que Je1ua di,lingui,\ el futuro del reino de
Dioi del presente de 5U propiu palabra. En la medida
que ht iglesia siga cstu orientación, podrá el reino de
Dioi acr revelado por cllB u loi hombrci. Ast es tambi6n
como el reino de Dios llegó u ser un poder dctcrmin11ntc
del presente en el mensaje de Jesús. Sin embargo cata
presencia del reino de Dios a través de la acción de la
iglesia por el mundo es algo muy distinto de 111 prcten-
tión de que In iglcsi11~_cn sú\ forma in1tJtucional Actual,
sea el reino de Dios. El-rernado de Cristo es operante
dondequiera los hombr~ descubr,m la venida del reino
de Dios. Esto puede con toda seguridad. ocurrir en la
igle5ia, y debla esperarse que ocurriera precisamente
en In islcsin y II trnvés de au u~ión, pero no es de nln¡una
manero iddntico con au realidad, en cuanto institución
oraanizada en este mundo.. La trunstlguración triunfa-
lista de la iglesia en lugar del reinado de Cristo ha sido
hechtt casi t.icmprc en favor de una legitimación superior
de 101 derechos y atribuciones de loa mandmtarlo5 cele•
si!sticos. cou que, realmente, tiene muy poco que ver
con los intereses del reinado de Dios y de su futuro.
La fe cristiana en la revelttción lleva consigo el peligro
de que los cristianos. y en paniculu los portadores de los
mini1tcrio1 cristiano,. 1e crean ilusorh,mentc on pose1ión
de la verdad o en todo caso, al menos. del criterio deftni•
tivo de toda verdad. ilusión que ademh compona un
comportamiento de acuerdo con cllu: se sienten autori-
:rudos para emitir juicio, definitivos sobre l01 uuntos
m6s divcno31 sin que tales juicio1 sean 1icmprc s.uficien•
tcmente legitimados por la comprensión objetiva de su
contenido. Al creerse al servicio del reinado de Cristo
dejan de ver 111 provisionalidad de la organización ecle-
sial y de ,u propio conocimiento tcoló¡ico. E1te modo de
comportarse dlflcilmcntc llcw 11 un11 actitud de vcrdaderu
humildad ante el futuro del reino de Dios, que traeré el
futuro defutilivo del mundo. La consccucnci11 ea unn
ceguera muy peculiar frente a lo~ signos y acontecimien-
101, en lo5 cuales se anunciB ya ahora el futuro de Dios
en el mundo. La iglesia no es 5iempre el únii:o lugar donde
acontecen estos signos. MAs aún, con frecuencia han
acontecido y m:onteccn en o~ición A In i¡Jesia: Precisa•
mente. cuando la i1lcsia se hu coniidcrado a si mismu co-
mo la forma presente del refoado de Dios, las huellas
del reino de Dios en la hi~toria han quedado írccuente-
mente marcadas fuera del Ambito de la iglesia y, no po-
cas vece,, contra h1 rcflistcncin de In mismn.

2
La doctrinn sobre la iglciia no comicmm con la Jgle-
lia. sino con el reino de Dlou Pero ¿qu6 es este reino de
Dios ni cuw debe servir la iglesia si quiere ser fiel n su
vocación? ¿Co:1siste ünicamente en el reinado form11l de
Dios sobre todas y cada unn de las cosu y personas? Una
idea tan rornudi,tu podrlA, diflcilmcntc, of~r lu orien-
lación nccCAriG para la autocomprensión de IB iglesia.
Pero &i uno considera las cosas miss de cerca. observan\
que la idea del reino de Dios no es tan formal ni tan Vllc:14
do contcnido.~n primer lugar. el reinado de Dios, como
todo reJnado, rundu unfdnd entre lo, hombres quo se
iometcn a su poder. El que el reinado de Dios funde
unidad se sigue inmediatamente de la unidad de Dios
:~o. Pero la unidad del reino de Dios no puede ser
,.ft>rzada por 111 violencia.U Ninguna unidad for1.ad11 de
1 . . modo podrla r.cr cxprc,ión del reinado del Cre4dor
:c1e1 mundo )' de los hombres sobre su creación., Esto es
·.Uf porque la naturaleza humanu no puede estar en con•
:.lil del creador del mundo y del hombre. Y un reinado
~r la fuerza )' la oprc1ión mostrnrla que 6itc 1e encuentra
:• o_posfdón a 111 nuturalcza humAna de sus 1úbclito1. De
iiJd, que un reinado que se base en la opresión no pueda
:l!Df duradero. Es portador del germen de su propia des-
. lnaoción. Tllrdt o temprano los súbditos se dcshan\n de
·-~ -no nccesuriamcmtc por medio de la agresión oxtc-
,~r- o bien 61 destruir¡\ la vid" de los súbditos por me•

49
dio del terror. y si C$to se prolongara indefinidamente.
al final llepna un momento en d que ya no qucdnna
ruadn sobre lo que pudiem cjorc:enc el dominio.
, LA única unión entre hombre,, que no es portadora
en si misma del aermen de su propiu destrucción. e5
aquella que perdura por medio de la jUJticia y brota del
reconocimiento y respeto mutuos. No es simple casu1di-
dnd. iln un sentido mAs profundo. que In e1pernnm en
el reino de Dios en el nntiguo Israel fuese a una con In
realización de derecho y justicia en la sociedad humnna~
Un reino de verdadera justicia significnrin el cumpli-
miento de lu determinación social del hombre en el con-
texto de unu u11idnd de In humnnidud, unidud que serla
la consecuencia inmediata e inevitable de e~ reino.
Al mismo tiempo tul reino satisfacía las necaidadei par-
ticulares e individunles. Esta justicia perfecta no puede
rcallmr~ por medio de leyes. La genemlidnd ab1trucl4
de lu ley es incupaz de ello. Aunque no se deba despre-
ciar la íorma jurldica de la ley, no por eso se ha de dejar
de ver. que la ley nuncu puede hacer justicia completa
con el individuo. A causa de su gcncrnlidad abstracta,
lu lcyos por si mismua nunca podrdn snnmtizar ju1dcio
pnrn el caso individual. Sólo lu consideración y el ~
nocimi<,nto et~ In pnnicularidnd )' singularidad del caso
individual )', de este modo. del hombre como individuo
posibilitan una justicia vcrdndern. Las fórmuJas legales
tienen que ,ubordinnne a osta justiciu. Las leyes pueden
servir al derecho pero no son ellas las que fundamentan
lo que es de~ho. En este contexto adquiere plena sig-
nificación el hecho de que J~ús ir.terpretase 1a voluntad
jurldica de Dios II trav~ del m1nd&1micnto del amor.
Este hecho hi11tórico tiene una. importancia fundamental
pura el derecho y le afecta considerablemente. El amor
produce la unidad y la comunidad entre los hombres, y
este amor encuen1r11 su expresión dumdcrn en las fór-
mulas jundicas de la convivencia humana. Sin cmbur10,
nunCA se agota en unas fórmulas concretas y acabadas,
sino que les da su autintico contenido, las llena de vida
)' crea. asi, verdadera justicia.
Reino de Dios sip1ifica algo muy distinto del forma•
lismo de la idea de un reinado divino. Eii la realidad mis
concreta que se pued&1 pensar de amor y derecho entre
j()
-los hombres. En él no se trata. únicamente, del compor-
tamiento privado de los individuos en contraposición
a las institucionca pública de la vida social Una con-
cepdón indiv;dwdi1ta de la justicia y del amor puede
Uepr a ser extraordinariamente: pclisrosa. si se junta con
•ÜD dualismo fündamental de reliaión y sociedad. Conduc-
ta subjetiva e institudones sociales no deben scparanc
uunca. La conducta subjetiva eatA siempre referida a lu
laldtucione. aocialea y acontece. en In mayorla de los
_ . , por el ejercicio de funciones ucui\adas socialmente
que, por su parte, están insertas en la trabazón de las in~
dhlcioncs IOCialcs. Entre llK defectos de abundante1
en•yo• acadánicos sobre cuestiones 6ticas se cncucintra
e1 enfoque abstracto del comportamiento individual y
de sus motivos privados, como si ~os no estuviesen en
•trecha conexión con las fonnas exi1nentcs de la vida
aocial, El reino de Dios ataftc tambi6n de un modo fun•
damental a lus instituciones y formas sociales de vidn.
·Julticia y amor no tienen sólo que ver con los individuos,
íino tambi~n con las esuucturas de la convivencia social
'.de los hombres. En este sentido, el reino de Dios tiene
oar6ctor decldid11mcn1c polltico.
. Con esto, se plantea Ju cuestión de si el reino de
.))los puede ser realizado por una forma polltica deter-
·JDÍll•da de la vida 1ocial. ¿La venida del reino de Dios
•tA vinculada a una determinada íorm11 de la sociedad,
111 la monarcula, la dcmocrucin o el 11ociali1mo? Esta
-• la prcpntá acerca de 111 posibilidad de la teocracia
como forma de estado. En el curso de 111 historia se han
:4'40 aran variedad de formas de socicdodes teocriticas,
· ~dotro y fucn del 6mbito de la tradición cristiana. on
:forma GXpllcitamcnte religiosa y tambifn en rorma pro-
:,-._ Normalmente, las pretensiones teocráticas de ór-
- ~ pollticos C$tablecidos o de movimientos rcvolu-
~rios han acabado en IB opresión )" el terror. Donde el
· - • polllico se comprende a 11 mismo como ejercicio
:ifo:i Nlno de Dios o como ejecutor de la tarea de la hi11•
~'11. es natural que cualquier resistencia, nw aún,
-~wor duda sobre il. se convierta en un verdadero su-
.C!Qealo. Pero, asl. las sociedades tcocrlaticas que hu
-~do la historia hun mo1trndo por su vinculación
·. ~·el terror )' la opresión que no eran aún el reino de
jJ
Dios. El reino de Dios no ha tomado fonna concreta en
nin aun tipo de estado, no e5 idintico con ninguna forma
de orden polltico nctuulmcnte existente. El mundo pre•
senle muestra por sus injuilicias. bruuslidudes )" guerras
"I abismo insalvable que existe entre él )' el reino de
Dios. Es un signo palpable del sobrio realismo de las
tradiciones blbllcu, el que no vean el reino de Dios con•
crcdzado en alguna forma dctcrminuda de In vido poli•
ticn. Mientras que muchas ttligiones i.cl\alan que el
reino de Dios se hu hecho presente en ulguna de ellas,
preferentemente en la., propias de su pueblo. la biblia
anuncia sobriamente su futuro. Este futuro signit1ca,
en todo caso, que el pregcntc no es 11ún el reino de Dios:
de abl. que tambi6n signifique siempre juicio sobre I"
sociedad establecida en el presente. A la luz del futuro
del reino de Dios, se pone de manifiesto que ninguna
forma socinl prescnte es definitivu y perfectu.
Tales pun101 de viita no tienen por qué ir en detri•
mento de la acción polltica. Pues el futuro del reino de
Dios -que es idéntico con Dios mismo porque el ser
de Dios no puede ser scparudo de 1u poder y reinado-
pretende ~r reconocido )'" en el presente. El futuro del
reino de Dio, libera y pone en mnn;ha una dinAmica
para cad:L presente, una dinámica qut' re~ida~ veces
se ha apoderado de los hombres con una fuerza visio-
naria. EIIA ha hecho que surgicr.in entre loa hombres
visiones de unu justicia mayor. q11c han proporcionado
orientación al apmlionado unhelo hu111Bno de una jus-
ticia y un wnor verdaderos en las rdocloncs humanas.
Con todo, tales ideales de una nueva M>Cicdad son siem-
pre e incvitnblcmentc provisionales, comparados con la
plenilud que citi res«vuda al rutaro de Dio,. Por cito,
tambi6n. son unilaterales y purcillles. y necesitan cri-
tica y complementación. Consecuentemente. tienen valor
5610 en ha medid&& que no olvid11n su p¡arcinlidnd repri•
miindoha por una exclu&ividad fanáth:u, Por su part~.
tendn\n, i9u11lmcn1c, que dcjnr el camino despejado para
nuevos pro)·ectos y formas de vida. Habrá, quizá. quie-
nes superficialmente opinen que en tales circunstancias
esté de mA1 todo compromiso polltico. Lot que piensan
ul no tienen en cucn111 que el honor del que actúa y se
compromete no radica en lu reprctentacioncs por las
$2
que se deja conducir ni en la perdurabilidad de sus lo-
aras. sino en la ~u"' a ha que sirve. Su uc:ción no requiere
ningún programa pr~untamcnte perfecto. El vive de unn
lnapir.sción que nunca encuentra expresión definitiva y
peñccua. que se n~omodn pragmáticamente ni cambio
de las ~ituacione.s. pero que en este proceso de ucomoda-
~ión udquicrc forn111 on nuevo,- y repetido\ replantea-
mientos y empcfto~.
Ahom bien, ¡,cómo ~bcr lo que ~ en CAda situación
mejor dentro de ~ta tendencia hacia el nunca descifrado
bien supremo'! El amor como única comunidad verda-
dera y definitiva entre hombrea es el criterio p11ro enjui-
ciar lo, incnantca cambios en las formui de vida poll-
dca y social. A primera vá1tn. la idea del amor puede.
:quiz6, parecer demasiado vaga )' cmocionul para con5•
tituir un criterio eficaz de la~ f ormns de vida social.
Sin cmbAr¡o. quien tenga en cuenta que en todus form1s
de \tida ,ocinl se trata de la convivenciu humana y que
qo ea posible ninguna forma verdaderamente humana
de comunidad humana sin amor. llegará a formarse un
JliJcio muy distinto. Ya no encontrará tan descaminado
.; extrafto que Jc,úl' hiciese del amor el criterio v41ido
·• la justicia. El 1Lmor puede ser norma de la justicia •
. precisa.meo~ porque no es un principio abstracto. El
aunor mismo es una realidad dinámica que. continuada
.tll el proceso de la vida, buce que broten nuevas formus
. • unión y comunidad humanas. Cada una de estu for-
,_.jnu sustituye II una anterior y anticipa una posterior.
iJ!jlinpoa de ellas constituye um1 forma pum ~· au~ntica
.del amor. Todas ellas citán d~c un principio más o
~~ d~fiauradu R partir de 18!1 oondiciones de ~u
' . ~ , por violencin y concción. por infldclidnd y egols•
~... Pero a cada una de clhH el asmor le puede dar un
~:•ntonido humano. El nmor e~ capuz de otorgar un ca-
rjcter más humano a unos circunsta.nciu objcti\'amcntc
1~rtablc1, ,ll mismo tiempo que suscita inicintivai

¡jfUa la transformación de catas circunstanci&,~.


·,: '·,' Jaút no se contentó con el anuncio del futuro del
(liao de Dios. El descubrió cómo este futuro se c:onvcrtia
.... el poder determinante del presente por medio de su
;_l,Opio mensaje e hi,torio, y encontró el sentido último
:clt··eae praencc del futuro de Dios en el pcn1M1miento
JJ
del amor. Por esto, el amor llegó a ser para él el criterio
de h1 juaticia. Al mismo tiempo, ni Aparecer el amor de
Dios en ha vid11 y muerte de Jesús, ~te se manificstó como
el Cristo esperado, el meslas de Dios que fundorA el
reino de Dios sobre la tierra. Lu dignidad de Jesús como
el Cristo, como meslas, es e.xprcsión del modo como el
reino de Dios venidero nparcció como poder que deter-
minaba ya el preM:nte en su vidu y muerte por toda 111
humanidad. Este modo no fue otro que In trnnsformación
del presente por el amor creador. Todns hu grandes pa-
labras y fórmulas de la cristologJa son verdaderas en In
medidm que cxpre$Cn como el futuro del reino de Dios
llegó n convertirse en el poder determinante del presente
de la vida de Jesús y -a tmffl de 61- en la hhnorin de
la humanidad. En el compromiso de Jesús por el futuro
del reino de Dios se hizo presente el reino de Di05, y n
trav~ de di es presente a todos los hombres.
Sólo ahora puede ncl11runc Ju rch,ción de la iglcsi11
con el reino de Dios. Antes tuvimos que recordar la rele-
vancia social del reino de Dios, su posición central en el
mensaje de Jesús y ,u función hcrmcn6utka clave para
todos lot cnunciado8 cri,uológico8 robre Jesús. Ahorca, ya,
podemos esperar que c~té claro que 111 comunidad con
Jesús -~I mist~rio mah prnfundo de la vida de la iglesia-
se encuentra en conexión inmediata con Jos problemas de
la convivencia humana en In sociedad, a la luz del ruturo
del reino de Dios.. ¿Qu~ función compete en este contexto
a la iglesia como la comunidad de aqudllos que viven,
ya ahora, a la luz de hs venida del ~ino de Dios? La
iglesia se p~nta, dicho brevemente. como algo pro-
visional. Esto significa que la cdstencia de la iglesia.
como una institución c~pcclficnmcntc religiosa, sólo se,
justifica por el hecho de que las formas de vida politica
de la sociedad no puedan garantizar ni para el praente
ni para un futuro previsible la plenitud definitiva de la
esencia humana, de 14 determinación humana, y esto
tanto en lo que respecta a la vida de IO! individuos par•
ticulares como a la convivencia de los grupos. Si las
formas de vida social presente$ o realizables en un futuro
previliblc rucn&n completamente adecuadas a 111 deter•
minación del homb~. si las oposiciones entre individuo
y orsaniz.ación social iC pudieran superar definitivamente,

S4
entonces ya no habria necesidad alguna de religión ni de
iglesia, pu~ cntonoei el reino de Dios se habrh1 hecho
yn presente en su form" plena y definitiva.
Lu cxplkici,\n m'1rxistn de In permanencia de comu-
nidades religiosas es hasta aquf correcta. En todo caso.
e, wrn:ctu u: consUttar que las comunidades religiosas
en la humunidad pcnilitirán mientras no se haya rca-
li1.ado, y no ~ h3;t'll rc11li1.udo dctinitiVllmcncc, In
formo dctinit Vll y vcrdnder6' del sor humuno, la vcrdu•
dera humanidnd, en la vicJn social de los hombres. Los
marxistas inciuvcn. con razón, a la sociedad socialista.
También en esia pcrmanecernn. mientras no se llegue u
esa rcaliutcit\n, porque sólo el que no se huya llcsado
alin II tal íormzs definitiva ci la r111.ón de la pcrsi,tcnciu
de aqudllas. El error de los marxistas no radica en sus
análisis de la función social de lus iglesias o de otras co•
munidadcs rcti¡io,ui. El error de lo~ mnrxistns se encuen•
tra, más bien, en ht ilusión de quo la 10cicdad verdadera-
mente humuna pueda 1er rcali1..ada definitivamente por
. los hombres y. ciertamente. en un proceso histórico
relativamente corto. Frente a esto, hay que insistir en
· que, en lu 11ctu1dC$ condiciones no sólo hiitóricas sino
tambi6n fl&icns de la existencia hum11na. exi1te un11 con-
dición para la verdadera hum11nidad que los marxistas
pasan por alto. Esta condición no es otra que el caer
·con toda claridad en lu cuenta de que ninguna de lns
forma1 de vida humana ctlc~nzable puede 11er exclusiva
y dc:flnitivumcntc la forma del hombre como tal. Por el
.contrario, hay muchas formll.5 de comportamiento e
:· instituciones que, sin duda, son inhumanas. En esta
.litwación, 111 declaración aut6ntka de que el hombre no
.. ea Dioa sigue 5icndo u1111 condición deci1iva para la ver•
d.adera hwminidnd. Cuando se niega esto, se llegn u
';tQdu formas po~blcs de violencia. incluso hasta el te•
··ffor. y entonces no ~ólo se establecen fácticamente sino
:que tambi6n ~ juKtifican como requerimiento de una
1 verdadera humanldnd. Por des¡racia, ambas cosas han
· acontecido ta:nbi6n en la historia del cristianismo. A
:elias llegan les cristianos cuando olvidan que el reino
-:cle Dios no ~ idéntico ni con su orden polltico corres-
j,ondicntc ni con el de su ialesiu. Que el hombre no es
l>Jos, esto tienen que uprandcrlo en primer lupr los
55
cristianos. Los cristianos )', sobre lodo, los que entre
ellos sean mandatarios polfticot y cclcaiulos tienen que
aprender a tomanc esto muy en ~riu. y han de hac:erlo
con una deci•ión y c:onsccucncia complct&1mcnte nucvn,.
La mirada retrospectiva en la propio historia cristiana cs.
desde luego, muy apropiada para ilustrar impresion1n-
tcmcn1c esta lección: el hombre ~tA m4~ lcjo5 de Dios
precisamente cuunda se cree: mAs r.eguro de 11 mismo.
El reino de Dios no 11erA citahl«1do por los hombre1.
No ser6 el resultado de ninguna planificación de
las perspectivas del futuro. Es sum.imentc serio que per-
manezca el reino de Dios, cuyo c.1mino • travl!a de la
historia 1e ha dado u conocer, 111 m11yor panc de las ve•
ces, por 14 calda del orgullo humano. Todo intento de
elevar al hombre por encima de la provisionalidad de su
situación histórica desemboca inevitablemente en una
humillación del mismo hombre. El hombre no es cnul-
ado, sino rebajado, por las iluaiones sobre 1u poder.
El hombre necesita hon,.,t in.rtltutlons en la vida
tanto individual como social. Una honest lnstltutlon es
una institución que ponga de relieve los limites de las
rormu presentes de la vida M>Cial y pollticn, y remita
anticipadamente a los hombres a la realidad última que
abraza su propia determinación última. La relación del
hombre a su determinación última puede ser concien-
ciada en su concreción mundana. sólo si el hombre se
percata 1inc:eramen1c de los llmim y de la precariedad
de la vida presente, reconoce sus ínllo1 y no evita su,
aspectos negativos.
La iglesia deberla ser una tal institución de honesti•
dad (hon~II IMrlt11tlon). La iglesia deberla remitir 1111tJ-
cipadamcn1e a 101 miembro. partkul1rc1 de 111 1ociedad
a la determinación óltima de la humanidad. el reino de
Dios, a travds de una relación realista con la realidad
presente. La isfesia otorga participación en el reino de
Dios mediatamente por la comunidad con Jesús, en cuy11
c1istencia histórica el reino de Dios estaba ya pmente.
La i&lesia. de acuerdo con su misión, propaga entre lo~
hombres el conocimiento del sipiftcado universal de
Jesus como la revelación de Dios en medio de la hi1•
toria. La iafesia, por medio do ,u ce>munidad SACramental
con Jesós, hace posible que el hombre ac1u11I participe

.S6
en In esperar.za en un cumplimiento y plenitud ultimas
del ser humimo. tal como han aparecido en Jesús. Al
hacer esto. la islc1d11 no nlimcntll ninguna clase de ilu-
1,onci- iabrc :a pro,·isfonmlidud de todas In~ rcuUmciones
actuales de la vida humano. En este sentido es necesaria
una iglesia. como comunidud religiosa especial. jumo u. hu,
rcatantcs ugrupacionc,. e institucioncj de In 1tOCicdod. La
i1lnh1 es necc1J1ri11 mientras la ,·ida polltica y 10eial de
los hombre, no represente )' concretice aquellll plenitud
perfecta de la determinación humano que roclizará el
reino de Dios en la hi~toria humana. Vistas asi las cosas,
ea claro que la igle,in no c., cicrtumente eterno. pero si
noce1arin parn el tiempo que traucurra hasta que el
reino de Dios aparezca en su form11 plcnA.
La iglesia ha de asumir en In sociedad una función
critica )' comtructiva de tanta importancin pura lu vida
de átn. No es ciuu"I que históricamente 1e encuentre
en primer t6rmino la función critica. La iglesia · no hu
do dejar nunca en su intento de h11ccr conscientes los
limites de toda sociedad. La misma existencia de la igle•
iia es1, cuestionada aqul. El que responda adecuada-
mente " eitn runción es fundamental para ell11. Puc1 1i el
impulso critico sufrc detrimento. la iglesin aparecerá
superflua. A lo iumo. servirla entonces como una in1ti•
tución para satisfacer las necesidades religiosas de las
penomu mal aduptadn, u la sociedad de con1umo. Y
con un tul servicio II l11s nccaidadea de unll minorfa en
vfu de desaparición. lo único que h,uta es contribuir
a la estabilización de las relaciones establecidas tal como
la ialcsia ha hecho en ipocas pasadas, si no siempre.
11 con demasiada frecuencia.
· El gran ~ligro e1 In retirada de la iglc:1ia de 101 s,ro•
blemlü de la sociedad. A primera vista. un tnl repliegue:
sobre si mismo puede parecer. incluso. una forma ra-
dical de dilistasis y por tanto. de oposición al mundo y
critica a la socicdnd cstablccidu. La rctJruda de la socie•
.dad putdc le¡itimnrsc diciendo que In sociedAd ~culnr
ftWICa podrá alcanz.ar los fines superiores a los que Mrvc
- ~ iglesia. Pero lo que pretende aparecer como una crt-
.·ttca radical de la sociedad, puede ser desenmascarado
tomo una formu p11rticulanncntc infeliz de adaptación
a. Jo establecido por una con5idcrución mAs exacta de
j7
los hechos. La historia muestra que la iglesia tiene tam-
bién una función social cuando AC retira sobre si mi,mo.
Sólo, que entonces tiene lu11u una inversión de la íun-
ción que c,,rmpondc " 111 mi,ióa de la iglotiu. Una
iglesia que !le alflla de la sociedad dcsvla la atención de
los hombres para lanzarlos a la caza de una plenitud
situada en un mlb allá u alc-.an1.ar por un.a pmunua huida
del mundo. u11 islcslas que afirmüa que están tot,llmen•
te ocupndas con tarcu, en este 5entido, ((~piritwsla-.
y que se mantienen alejadas. por esto. de todos los
problema-. politicos. son, en rcnlidad. verdaderos bas-
tiones de ha dcfcnu de lo establecido. Pero no defienden
en lo e1tablecido lo que, en C(>ntrn de un ubu,o ruino,o
y de nfa\n de novedad imftexivo. purn un juicio imparcial
tcndria que aparecer como digno de ser mantenido, sino
que con su retiri&da I la interioridad religiosa, favorecen
lo establecido de un modo incon11idcrado )', en conse-
cuencia, lndiferenciado. Las cnttglas que podrton valer
para la humanización de 111 vida presente 10n desviadas
y diriaidas a unos fines sobrenaturales. Ejemplos ilus•
trativos de esta e~trai\a ali&&nza do 1111 iglesias con las
ruanas imftexivamcnte conacrvadon11 en In vid&1 IOCial
no faltan. Esta extrafta y funesta alianza ha desfigurado
tristemente la historio y la autocomprensión de la co•
munidad cristiana.
En este punto la critica marxista de 111 reli1ión no
admite discusión. La actJtud falaa y errónea. a la que
apunta lis critica marxista. hn de ser reconocid11 sin pa•
liativos. A causa de su orientación a una salvación ex-
tramundann, la islesia podfa ser utilizada por las formas
de dominio social mú diversas. y de hecho lo fue como
un n1edio de estabilización de ,u dominio. Tambi6n es
cierto. con todo. quo la critica m11rxi1ta no ve que este
modo de comportarse es una desfiguración de la rela-
ción de la iglesia con la sociedad. Esta desfiguración
al ser tan sutil, es todavla mA1 mortaJ. Es tan sutn que
mucho, cri1tiuno1 110n incapaces de adivinarla. Pun
lu desfiguración de la esencia de la iglesia. que se ma•
nifiesta en su autoapartamienco de la sociedad. se dis-
fraza como unn critica radical a la sociedad por cau-
1a del reino de Dios. Pero III aparente radicalización de
la diferencio critica entre lalcsia y mundo desemboca.

JB
en realidad. en la pérdida de la función critica de la igle-
sia. La isle1ia no deberla confundir critica con ruslamicn•
to. Tiene que adentrarse seri"mcnte en hu íormu de
vjda ,ocial y polltica cxi•tentu. )' juzgurlu II la luz
de la venida del reino de Dios. El reino de Dios venidero
no es ningun fenómeno extramundano o ajeno zal
mundo: es la determinación futuro de la sociedad pre-
tente. De ~ta forma. lu diferencia de lu iglesh, respecto
al mundo se puede nrticuhir dentro del mundo mi,mo.
La difcrencia ha de ser articulada por causa del reino
de Dios. pero también por causa de la socicdod. En
definitiva. nmbas cosas vienen II pnrar en lo mi1mo.
No es cuestión de que elijamos entre el servicio ni reino
de Dios y el servicio ni bien de la sociedad. Va que de
lo que se trota en la verdadera preocupación por la so•
ciedad es de su fin y de su dc~rminación. consiguiente-
mente. del reino de Dios. Actuar al 5ervlcio del reino de
Dio, sianHlca promover. verdaderamente, al bien de la
sociedad, y ~uicn hace esta de esta fornu,. actúa tambi6n
a favor del bien de la iglesia.
Todo esfuerzo por la iglesia, que no tratara en primer
lupr del reino de Dios entre lo, hombres, scrhl dctdc un
principio introvertido. y conducirla. como hemos mos-
trado, en último ~rmino no a una fortificación de la
iglesia sino a hacerln superflua.
La existencia de In iglesia. como una institución par-
.ticul"r en el marco de 111 soclcd"d actual. ese/a justificada
en la medi& que cumpla su función critica y construc-
tiva de iluminar a la sociedad en su marcha hacia el
cumplimiento de su determinación en el reino de Dios.
1.a iglesia tiene una función cscncinl e insustituible en la
vida iocial porque en ella 1e trata de la dcterminución
6ltima del hombre y de la sociedad. La iglesia cumple ~ta
función de dos formas fundamentales: por una parte.
)'a la mera existencia de una iglesia particular. distinta
del aparato estatal, impide n la organización polllica de
la sociednd pretender para al misma una relevancia hu-
mana última y obligar a 10& individuos a las necesidades
del aparato de un modo ilimitado. Va la mera c.'tistencia
do la iglesia fuerm el reconocimiento, por pnrtc dc:I
,Poder estatal, do la provisionnlidnd de su propio dominio.
·hro. mú 11116 de esto, ha iglesia tic:mc '" tarea de dcsmito•
59
logizar. también expresamente. los mitos poUticos del
tiempo en el que vive y de de~mbringur a los que C!Uán
ebrios por la posesión del poder. Junto n esto, Ucmc que
cumplir tJambiin unu seaunda fu1ición, 6sw positi\·n.
Por medio de su mensaje sobre la plenitud futurn de la
humanidad en el reino de Dios, la iglesia puede estimu-
lar lu fanwla y la imnaim1ción 111 servicio de IB acción so-
ciad inspirando visione, de unn ,ociedad má1 humana.
En un tJempo en el que mucha gente inteligente y pru•
dente duda. incluso. de si la humanidad tiene ante si un
futuro. la iglesia debe anunciar aún más urgente y con-
vencidamente el reino de Dio~.
En lu hi1toria del cri1tianir.mo C\tll oon&ribución po•
1itiv11 ha venido. con frecucnciu, de los llamados movi•
micntos sectarios y no de las iglesias oficiales. Hay que
conceder que tale¡ movimientos «sectarios~ han cum-
plido en muchos c:a,01 la verdadera función de ha i¡lesin.
E-n todo cite asunto no deberl11m05 dejarnos ama1trar
11 la afirmación de que lu iglesia lifne que 1er siempre
revolucionaria. El futuro del reino de Dios se dirige al
mundo para redimirlo. para afirmarlo positivamente.
Pese a 1od&1 caldu del hombre, no n posible II la luz dol
mensaje ncotcstamcntorio ,obre el amor de Dios al mundo
ver la relación fundamental de Di0$ al mundo de un modo
que no sea positivo. Esto significa: por causa del reino
de Dio, la iaJe1ia tiene que resi,tir a la tentación de dea•
preciar la herencia 11o~'i11l y cultural. Normalmente, con
lo, movimient0t revolucionarios se vincula, al mano,
de vez en cuando. un desprecio y una infravaloración
de la herencia del pasado. Pero por razón del amor de
Dio, al mundo -tambi6n ni mundo que ya es puado
para no1otro• ·- los cri1th1no1 debertnn sicmptt abJt~
nerse de tratar inadvertidamente y sin respeto a la hi'9
toria. Aunque sólo Cuera por esto, la palabra •revolu•
ción,. deberla usarse con mucha prudencia )' reserva,
si es que con ella se trata de describir 1&1 función de la
ialcsia paaru h, ,ocicdad. Ciertamente, que la i1le1iu
debe promover el cambio. Si esta bien aconsejada. ten-
dd que reconocer que la herencia del pasado, por muy
grande que 6ste haya sido. no puede ser salvada por
intento1 de conM:rvarlo en su forma puada: l11 herencia
sólo puede ser salvadu por el deaarrollo continuado de

dO
su significación humana. La iglesia tiene, naturalmente.
que caer tambi6n en la cuenta )' ser consciente de que
cambio no 1i1nifica uutom4ticamcntc progreso. No obs-
lnnae. e1 un hecho ineludible que ni la vida individu&&I
ni la social S<\n posiblC$ sin cambio. Esto significa que lu
realidad de la vida exige el dominio )' la conformación de
In dinámica mprcmiante de toda situación dada de In
vida hacia una nuevo manifestación de ha humanidad.
¿Tiene In iglesia c:omo institución especial en I" socicdmd
lodavla un futuro'? La mpucsta a esta pregunta depende
de su relación al futuro y determinación ultima del hom-
bre y de la sociedad. lot cunles esperan nún su libera•
cldn pan, uno l'falimción mab aut6ntica y verdadera.

En una sociedad secular. la iaJcsia abre ni individuo


la posibilidad de participar ahora ya en la determinación
(&Jtima de toda vida humana. Esta es la tarea de la igle-
sia y puede. 5¡ es fiel II c:lh1, ser su aportación cspcctftca
a la vida aocial. Las rormaa seculares de vida en el con•
texto de la vida social pueden conceder al individuo una
satistación únicamente provi$ional. Frente a esto, cn-
cucnlnl en la iglesia la promesa de la. plenitud definitiva
do la vida en 11 venida del reino de: Dios. Puesto que la
lalesla ea mcdiadom paru el individuo de la ialvación
tij1ura, la vida eclesial deberla aparecer ya 11hora como
sipo de la identidad e integridad del ser humano, que
IO anticipan eficazmente en cllu. Tnl ser Integro y total
~el hombre -- •um11 )' resumen de lo que es la ulvución -
-no llene sólo que: ver con la plenitud y bicncstur del in•
.-'.dividuo, sino que abarca tambiin las instituciones so-
;:. .es y su concepción apropiada. En relación con tal
i.Jiesencia de la to1ulid11d del ser humano por identidad
·t;_intcgridnd -•como erecto de la participación de los
1ai:ombres en ti futuro del reáno de Dio,- M: puede ha·
· .· tambi~n. con pleno sentido, de la presencia del
: ritu Santo: en el llegar a ser del hombre a su totali-
. d IC revclu el Esplritu, que es origen de toda vida y
· . estA prometido a 111 comunidnd cristiana.

6/
Hoy ella es necesario reflexionar de una manera com•
pletamentc nueva &Obre el si8ftlficado del hecho de que
la iglcsin haya recibido el Esplritu Santo. VII no es su-
ficiente afirmar la pl'C$Cncia del E11plritu en 101 creyentes,
sólo porque los cristianos hayan hablado acerca de ello
a trav6s de todos los siglos de la historia de la iglesia.
Hay que oponerse, i1u11lmcmtc, a las tcndenci111 pietistas
de la hiaaoria conacmporAncca de In reliaiosJdad crfttiana,
que coartan la realidad del Esplritu a ha subjetividad de
la experiencia religiosa. De cllu ha surgido una forma
muy peculiar de hablar sobre el Espirito Santo que ha
llepdo II alcanzar uno validez evidenle entre loa cris•
tianoa. Según ella. el Esplritu Santo 5erla un principio
del cual broturia, por unu parte:, un conocf miento 1obre-
natural sustnddo al entendimiento humano, )' por otra,
una religiosidad u la que no se podrtn llegar sólo n trav65
de molivos humnnos normales. El Esplritu Santo parece,
entonen. ocupar el lupr de un tapaagujcros de la de-
bilidad de los argumentos humanos. Pero es un abuso
del nombre del Espíritu Santo apelar a 61 para justificar
la renuncia a In razón o para ocultar la irracionalidad de
un subjetisismo relialosa. La acción del Esplriau Sanco
no se limita a la interioridad de In experiencia reUgiosa.
El Esplritu Santo es el mismo Dios todopoderoso y su
aliento sopla a travá de toda la creación. Esto hay que
aprenderlo especialmente del utiguo testamento. El an-
tisuo Israel encontró en el Esplritu de Dios el oriaen
de toda vidn. Este tipo de consideración corresponde a
las reflexiones que nos hun ocupado en el primer capi-
tulo: a saber, que toda vida estA relacionada con el
futuro y, en concreto, con el futuro cuyo objeto ea la
venida del reino de Dios. A la lu1. de tales reflexiones
tiene sentido el hablar del Esplritu de Dios como del
aliento que vivifica todo viviente. De acuerdo con esto
se puede \o'Cr la expresión de 11111 presencia especial del
Esplritu divino en ejemplos de unB vitalidad singulnr-
mcnte intensa, en los que se munifie1ta de una forma
c,pecial el misterio de la vida. Basta ver una vez la es-
trecha conexión entre la escala completa de los fenómenos
vitales y la acción del Esplritu de Dios, para comprender
mejor l11 proximidad entre los enunciados neotestamcn-
tario1 sobre el Esplritu y el mcn11je de la resumcción

62
de Jesós. Esra afinidad aparece sobre todo en Pablo.
Para ~. el Elplritu de Dios brota del acontecimiento
de la rcsurrec:ción de Jesús porque en este acontccimion•
to ha ,urgido una vid11 nueva e imperecedera. Por cito,
el anuncio de la resurrección de Jesüs está, para Pablo.
lleno de la fuerza del Esplritu. )' la fe que acepta e5te
ununcio recibe el E11plri1u de una vida nueva, de una
vida que hn 1upcrndo la muerte.
Siempre que Pablo habla de una vidn acspiritu,d,..
hace referencia al Esplritu Santo. La vida espiritual. el
cuerpo espiritual. se caracteriza por permanecer vincu-
lada al E1plri1u que es el origen de toda In vida y, por
esto, e'8 vida nueva ya no tiene ante 11 la muerto. La vida
corriente, la vida Ud como t.c nos ofrece a nuestra e"pe-
riencia. la vidn que apareció primeramente en el mundo.
es aJao muy ciistinto. Esta vida tiene ciertnmente ansias
de etcmidnd, pero, no obstante. se encuentra bajo el
poder de la muerte por habene separado del origen dct
la vida. el Espf ritu de Dios. Y pese a todo, el misterio de
la vida es la eternidad, y estará presente en 61 mientras
dure. Este miJterio de la prcscmciu de la eternidad en
coda vida pucjc encontrAr su plenitud 5ólo a trav6s del
Esplritu eterno. El Esplritu libera el misterio de la vida
a si mismo y lleva. usl. a su plenitud nuestra vida pre-
sente. al conferirle totalidad e integridad. Este Esplritu
estA presente y activo en toda vida. Pero sólo se ha vin•
culado, pcrmuncntemcnte, c:on 111 nueva vida del Scftor
resucitado y. por esto, scrll derramado en los corazones
de aqu611os que tengan comunidad con Jesüs por la fe.
Los cristianos participan por la fe en Jesús en 111 abun•
dancia de la vida. que le fue dada u 41. Estn particip11c:ión
on la nueva \"ida aparecida en Cristo subsiste, a pesar
de todo desgarramiento y desunión, en la existencia
presente de los cristianos. que esa! unida de este modo
con la cruz de Cristo. Tal c:omunidad, mAs aún. unidad
con Cristo surge y permanece por conftanm personal.
Pues la confianza en Jet6!1 sigue A la propia invitación
de Jesús a la fe. cuya expresión mú profunda se encuen-
tra en la invi1adón de Jesús a su banquete eucarlstico.
La unidad con Jesús. fundada sobre In confianza en it,
1i¡niftca para el crisliuno la 1aranUa de la propia parti-
l cipación futura en la nueva vida de la resurrección de

63
los muert0$. A través de la re y la esperanza y a través
de la participación en el banquete cucaristico, que memo-
riza la promesa do Jc¡li1 y ul mi1110 tiempo nos hace
"nlicipadamcntc ,eguros de su cu11plimicnto, el eti&•
tiano participa. yK ahora, en la vida de la rcsum:ción
de Jesucristo.
La presencia uctual del futuro de Dio& n trav6s de
ha re y la csporan:ra al,¿arcu el mund'1 entero. E,te es el
sentido del amor cristiuno. Este no se lim1111 D un puftado
de autintiC05 creyentes. Mab bien, hay que decir que el
Esplritu de la nueva vida, que nos manifiesta simultá-
nenmcmtc el verdadero sentido de toda vida, cncucntnt
su ma\s ulta realización en el amor.
Se ha de reconocer 1in pallatlv°' ni roscrvn.s que el
esplritu del e1mor ha sido negado con frecuencia. si no
prepondcrunte o. incluso, normalmente, por los mismo!i
criatiuno§ a lo IAf80 de la historia del cristianismo.
Entre lo5 motivos de tal ncsación ae encuentran el celo
dogmático, la autojmticia y la Jnercia o pereza. Los crir
tianos participan realmente de las debilidades y tenta-
ciones de la naturaleza humana. siempre resistente a In
acción del Esplritu. lnclu!lo lu mismia fe cristiana, como
ensefta In hi1torin. no e, inmune contra la tcrgivenacfdn
de su propia esencia en un autoaislamienlo oraulloso.
por panc del presunto creyente muténtico, con respecto
al rato de una «ncfuta» humanidad. Cuando el esplritu
del 11mor íaltu de esta u otra forma, Ulmbi6n entonces la
re y la esperanza se tornan d6bilcs e inaut~nticas. Y.
a su vez, cualquier estrechamiento o dcíonnación de lll
fe o la esperanza repercute en una delimitación o falsea-
miento de la fe:. No o~tuntc:, sabemos que todo viviente
vive del amor de Dios. El fallo de 101 cristianos no altera
en absoluto este hecho. El amor de Dios es la única razón
de que algo exista. )' todo ser testimonia u travis de su
mera existencia que áta le ha &ido concedida, ni dctenni-
narw l11 libertad de Dios a acr el futuro de este presente fi•
nito. El aliento del Esplritu divino atraviesa nuestra vida
con amor y supera, asl, la estrechez y la autocerrazón de
la misma. Esto no tiene por qu~ exttriorimrse como una
ola de excitación emocional. Es la donación a los dc-
mis, lo que muestra si uno cst6 lleno y tnupa.ado por el
llmor. El csplritu del nmor 1upora la mortal autoccrnazón
de nuestra vida donde hay hombres que se alegran agra-
decidos de su vida, tienen un corazón para las necesida-
des de ,ua semcjuntes y toman en mutua coruidcración
,u dignidad human11. La re y 111 e,pcrunu abren nuc,trn
vida ni riesgo del amor. Pero el amor creador. liberado
por la fe y la esperanza, tf ene la fuerza de penetrar esta
vida caduca y mortal con el resplandor de la significa•
ción y lu alegria eternn.,. Asl. podemos experimentar,
ya en el p~ntc, In paz de la idantidud e intc¡ridad de
un ser humano pleno.
El poder del amor no es ninguna propiedad o privi-
le¡io de 1111 i¡leiins. Más bien, se propaau con írecuon•
da en hu iglcsia!i una atmóifcra sofOCllntc que no deja
mar¡cn al libre lllicnto de la vida y del amor. Y, no obs-
tante, la VOalción incomparablemente brillante de la
iglesia sigue siendo testimoniar la libertad del Esplritu.
Bn la ialclliR vive la mcmoriu del Espiritu que vivifica
la creación entena, y 11u tarea li¡ue tiendo el mensaje
do su acción liberadora para la superación de toda mi•
seria, absurdidad. egoismo y pereza Los propios faUos y
llaquems, el ,ufrimiento, que alienan a tantos hombres
de 1u dclcrminnción 11 In ulqria eterna, scrin vencidos
por el poder del Esplritu. La \'idA Adquiere una nucvA
integridud y resplandece c:omo un todo, con una forma
nueva, dondequiera se manifieste la libertad del Es-
plritu. Y, 11 pesar de lodos los fali os cristianos, la iglesia
de Cristo aipe conservando punt IA humunidad la pro-
meta de que el Esplritu de 111 vida no ,ólo quiere darse
a conocer momentáneamente aqui y all&i. sino que quiere
darse finalmente a la humanidad como algo permanen-
temente suyo.
Lo que esto 1i1niftca. puede wrsc en un ejemplo que.
a primera vista. puede pa~r un pooo traldo por los
pelos. Lus grandes comunidades eclesiales de la cristian-
·c1ad se avcrgüenZJLJ1, no roras veces, de ciertos aspectos
de la verdad que ununcinn. Tunto de la tmdición L1'istin-
na como de lu csc:ncia del E1plritu, como origen de toda
:vida. se deduce que la acción de éste deberla tener un
efecto salvlfico e integrador sobre 111 vida hum"ºª en
todas sus dimensiones. Pero esta verdud se ha ccmvcr-
tldo, con frecuencia, en una especie de cspcci.alid11d de
loa movimientos 8CCtario1 cristh1no~. vinculadu u toda
65
clase de supcnticioncs. al ser dcswidada y no tenida
en cuenta por las arandts igle1ia1. Tenemos que volver
u aprender el alcance de In profesión de fe en el Espl•
ritu, como el oriaen único de toda vida. La totalidad e
integridad de lo viviente esta en cor.exión con la unidad
del Esplritu. de quien procede. y nada hay que cst~
tan requerido como lo viviente de 5er una totalidad
inte¡ru y salva. De ahi que ha presencia del E1plritu
contraste 1111 tendcnci111 di1olvcntc, de nuntr&1 c,dsten•
cia. Se ha de ver la dependencia de la paz unlmica e.
incluso. de la salud corporal y flsica de la presencia del
Esplritu, fuente y plenitud de toda ,ida. Para tule1 eícc•
tos del E1plri1u no se requiere ninauna maaitt. ¿Acaso
e, tun incompren,iblc que la pai inaerior. que otorga el
Esplritu, pueda influir tambi6n en las condiciones n.
sicas de este nuft1ro cuerpo monal? Es indudable que
h1)· exa¡cnaciones coníur.M y cnpftosa, de la fe en la
fuerza 111lvad0ra del E1plritu, exa1cracionca que deseo•
nocen el carácter mortal de nuestro cuerpo prctentc y la
dependencia material de sus manifcsaaciones. Ademh. el
respeto y el temor ante In majestad divina del Esplritu
prohibe el abuw de lo orución y otr.u prlaclícaa mAaicas.
que trau,n ni Esplritu como una dimensión mnnipulablc,
dando asl el paso que llew de In fe a ha supentJción.
Sin embargo, una vez reconocido codo esto. no se de-
berla discutir que la presencia del Esplritu divino tiene un
erecto ,amador y ulvndor en todas hH dlmcn1ionei de
la vida humnna y que actúa en favor de au inte1ridad
personal. Quizá sea más cómodo negar este aspec10 de
la fe cristiuna en el Esplritu )' olvidar cómo ha sido su-
primida lu presencia del Esplritu en lo vida de la ialesia.
Pero este aspecto es inevitable para una nueva reftcxión
iobrc el sentido univenal de In profesión en el Esplritu
como creador de todu vida. Es 1ambi6n inmediatamente
relevante para el comportamiento aistinno. los cristia•
no1 deberfan dejnr sentir an sus vidas ulso de la inmensa
riqucia de una vida verdaderamente hum11na. El efecto
de esto es más convincente e inspirador que docena, de
predicaciones de pastores inhibidos. No es que se quiena
decir c:on esto que los pastores sc1n siempre ¡ente in-
hibida. y, mucho menos. que la predicación carezca de
importancia. Pero. cienamente, es 1Jn hecho indiieutiblc

66
que la libertad del &ptritu y de la fe no se deja siempre
,entir con fuerza y ,·igor en la acción de uqucllo, que.
predsamcncc. repre1ent11n In iglesia por cuuaa de au
mini1tcrio. Cuando uno contempla csco. piensa que Nictz•
sebe no pronL:nció en vano aquellas famosn., palabras.
aepn las cuales los cristinnor. tendrtan que aparecer
mú liberados para ser crelblc.s.
Cuando se luablu de ha fuerza salvadora del ~plritu.
no puede uno limitunc al ámbito de la vida privada. Lu
ruerzas integradoras que brotnn de la fe auténtica se
hacen sentir. también. en la vida publica y social. Una
re, que e, vivu por ha presencia del Esplritu de Dios. no
puede permanecer indiíercrue ante la vida comunitaria
de los hombrea. Lu cultura seculur K: caructcrim por una
especialización e individualimción crecientes de las ac-
tividades humanas. En una cultura osl es tanto m61
imponantc y lipificativo que los individuos encuentren
aoceso o la totalidad Je 1u vida ante lo que e1 eterno.
Bata es In contribución aocfal decisiva de la igle1d11. To-
dos los restantes servicios que pueda hacer a la sociedad
• posponen 11 6stc. Pero en esta función ünica. la iglesia
a in1ustituible. ¿Qu~ otru institución cxistirla únicamcn•
te para que 101 individuos entraran en contacto con el
poder que puede proporcionarles totalidad a ,u vida.
como individuos, y otorprles identidad e integridad?
La ponpectiv11 del futuro del DJos eterno es lo íanico que
puede po1ibilitnr unn intcaración vcrdudcr11mentc hu•
mana de IB vidll en todos los ámbitos de la actividad so-
... La inteligencia de esto da un acento especifico ad
compromiso c:ri11tinno en favor de la paz y de la dignidad
"'8mana cm In educación. el trubajo y la vivienda. Una
..,_11 viva se preocupará de todas esw cuestiones,
.DO a pesar de. 1ino porque en ella se trata de la presencia
de lo eterno catre los hombres. El servicio de la iglesia
eonciemc " h, ACción eficaz y operante del futuro del
ftdno de Dio~ sobre todas IH dimensiones de l11 vido pre•
IIDIO. Las octividadci 1oci"les espedficos de 111 iglesia
~Jua orpnizaciones bendficas, sus guarderlas infantiles.
-.:1111 establecimiento& de asistencia a los enfermos. sus
aouelu. etc. - Mln, frente a esto. sólo \Ub5idiarius e
lalerinu: In i¡lesiu se ocupa de tales tareas sólo sustitu•
yendo al estado. El esfuerzo de IB iglesi11 en t<ldo c5to
67
deberla enfocarse a que el estado se dispusiera y capad•
tara para asumir eatJ11 tattas. que, ain duda, pertenecen
a la rcipon111bilid11d polltica de una ,ociedad. Cualquier
intento de monopolizar ciertas iHtituciones bendficas
o de asiitcnc:ia 1odal y de hacer de ello un privilegio
celosamente defendido contra el estado. sipifica una
lcr¡ivcrsac:ión de su misión. La iglcsin dcbert11 buscar
su satiafacclón en hacer caer en lo cuenta a las institu•
clones públicas de las emergencias por medio de su com•
promiso, y esto deberla hacerlo de modo que tomasen
conciencia de su responsabilidad en su correspondiente
imbilo vital. Pero In contribución de la iglesia u la se,.
cied11d, en lo que no puede ser sustituida por nin1un11 otra
institución, es la intesracJón pcrsorml de ha vida humana,
que lleva a cabo por la confrontación de los hombres
con el mi•terio más profundo de la vida, con el Dios
eterno )' sus fine• en 111 hiatori11 de la humanidad.
Un hombre total e Integro es uqu41 que, por encima
de la inmediatez de esta vida. divisa el mislerio mAs
profundo de In vido y vive en el saber acerca de la pre•
tencia de este misterio. En tal saber, puede estar cierto
de In totalidad de 1u ,·idn y SAiir ni encuentro de la mul•
titud y variedad de las dispeniones y oblipcloncs de
su vida cotidinnn sin ('ri~u y con serenidad. Sabe que tal
multitud sólo puede tener una pretensión limitada sobre
,u tiempo y sus fuer1as. El hombre adquiere el sentido
correcto de la1 prioridades de lo vida en la pmenciaa
de lo eterno. En este contexto ocupa ,u lupr el libado
en la religio,idad de la bibli~ Con razón. se vela la fun•
ción humanizadora, del sAbado en la necesidad que
tiene el hombre de una distancia cnlre si mismo y 1111
actividades e1peci11imda1. El hombre tiene que penur
m4s au, de las peculiaridudes de sus ocupaciones y apren•
der que el lugar de su hacer estA en el contexto de lavo-
luntad de Dios acerca de loa hombrt~ y de la socio-
dad humana. Lo1 cri1tJano1 sustituyeron el dbado por
el dominso. el dla en que apareció 1obrc 111 ticnn ha
plenitud escatológica en la resurrec:ción de Jesús. El
domingo ha dejado de ser un mero dla de descanso, es
un dla parn rccogcnc y penaar sobre el nüc:leo central,
a CU)'O alrededor gira nuestra vldlL Es un dla de elevada
concentración sobre la dctenninACión l\llima del hombre

68
y III cumplimiento, que ya comenzó con Jesús y que debe
b'alll(ormnr el mundo entero con 1u dinAmica. Haciendo
ato, pueden wir del domingo cri1th1no rnyos del cum-
plimiento del aentido divino. que iluminen todos los dlu
de la semana y confieran su dignidad humano u todns las
actividades cctidianas de los hombres.
El brillo esaatológico del domingl, c:ri1tinno tiene que
blcorsc mucho más visible en lo vida 05Catolósica de ha
comunidad, de lo que hoy es el caso. En JO$ servicios
litóflicos de la primitiva cristiandad vivl11 algo del ju-
bilo escatológ:co. de lo nlab11n1.a divina de las criaturas
en un mundo renlwado, ud como se1ün In fe primitiva
cri1tiluu1 hacen. ahorn )'"• los 6n¡clcs en el cielo. Tal
alabanm pcncnece II la alcgrh1 en 14 perfea:ión plenu,
que Dios da. Es cieno que la comunidad cristiana no ha
alcanzado aü11 aquella plenitud ultima. Pero a Ju comu-
nidad le h11 ,ido 111nantizud11 In pnrticipación en 111 110-
ria. que ha aparecido ya en Cristo. Por esto. la comuni-
dad. en la fe en la fidelidad de Dios, participa, ya ahora,
en la plenitud de In detenninación humana en el presente
del reíno de Dios. Ya ahora. se alegra de la pmencia
del Elpfritu de Dios, que traerai la nueva creación. AaJ,
la comunidad cristiana tiene, ahora ya, ocasión y motivos
para nlf'grnne r~rhmme-nte. En reprNentación de toda
la- humanidad, alaba a Dio5 )' le da arac:ias por la pleni-
lUd aloriosa, a la que ha llamado n su creación y. espc-
olalmontc. al hombre " través de Jesucriito. Y del mismo
modo que damos gracias a Dios por la irrupción de su
.-Jvaclón escatológica en Jesucristo, asl tambiin an-
heJam~ al mismo tiempo, su plenitud y pedimos por
111 venida. la liturai11 del servicio divino cristiano es,
puos. enleramente mcción representativa. Acontece por
medio de pocos, pero para todos. EstA llena de sisnificado
llllfvorsal y definitivo para cada uno.
La litur¡ia del 1/abado o del dominso constituye
IIDa esfera diferenciada e, incluso, independiente junio
a III ocupaciones c:otidi&1nas de la semana. Esto 1eguir6
•do asi. hasta que la salvacón cscatolósica llegue a su
pkmitud y sean superadas todas las fonnas provisiona-
les de la vida. EJ.ta realidad puede ser dc1wiriundm fA.
oilmentc y servir de r,retex10 parn 1eparar la vida coti-
diana de las ruer7JH tmnsrormndoras d~ la re. espcrunza
69
y caridad. Esta dcfonnación de la singularidad del da.
mingo se hu convertido en unn tri11te normnlidad en la
historio contcmporincn del cri11ti1nismo, de tal rnodo
que el domingo ha podido llegar o convertirse en el slm-
bolo de la scparnción de la iglesia de la vida real de los
hombres. No obstante, sea cual fuere el grado de pro-
íundid&td en que la realidad s,ueda ser trnn,íormudn )',
en el m1b favorable de tor- CUSO§, traspasada con la.~ fuer•
ms del E.splritu, el hecho es que jU forma permanecen\
siempre provisional. De nhi. que. por lo pronto, perma•
necer6 en adelante la necesidad de un domingo csp«ial
junto a loa restantes dlas de h1 scmllnn. )' de In iglC§ia
como unn institución etpcciuJ junto n luJ restan~ ins-
tituciones de la socic:dlld. Tal ~x~ccncla nutónoma de In
iglesia no tiene su razón de ser nj su justificación en que
la iglesia estuviera por encima de las restantes institu•
cioncs humomui o en que no pudiera cnsucinne por el
contacto con ellas. Todo lo contrurio. precisamente.
por causa de la sociedad se requiere rod,u·la, de momento.
la institución espcciul de una iglesia. Esta existe para la
sociednd y parn la humanidad entena en rodas su5 muni•
fntacion~s vitales )' pierde ,u derecho a lu existencia.
cuando buSCA en si misma el fin de su oxistcncin. A su vez.
precisamente. lu 50ciedad secular n~ct>Sitn tamhi6n de
la iglesia. Pues la sociedad no puede permanecer secular
-en el sentido de que sea sabedora de su propia provi-
1ionalidad- sin In ialcsfa como in,1itución especial.
que le recuerde la provision"lidad de todo orden presen-
te, legitimado e inspirando, asf. el pr~so de su continua
transformación. Ambas cosas no ilconteccn sólo por 111
critica expresa de lo catablecjdo, sino que In iglesia lu
lleva a cabo de un modo más originurio todnvla., mera-
mente por representar en su propia vida )', sobre todo,
en su celebración liliargica lo totalidad de la vida en la
prc&enci11 de Dio1. Si permanece fiel u esta tarea, lu i¡lcsfa
scsuiri posibilitando " los hombm el vivir en un mundo
provisorio y secular. Pero si no cxi~te nin1unn fgle¡ia
que cumpla ~ta función, entonces nadie tendri que ad•
mirarse de que la sociedad tienda a atribuir un valor
absoluto a su, propiu instituciones. 11 fin de nepr su
tccularidad y venir n parar u un dominio tiránico.

70
4
La1 iglc•i11.-. h,111 de cambinr sus estructura, lrudicio-
na.lc~. ti quieren cumplir su taren particular cm el marco
de la 1ocicdud moderna. En particular, hay un punto en
el que este cambio es urgentemente necesario: mau aún,
yo dirta que d~de el ,i¡lo xvm cU41quicr cosn que se
hap en cr.tc sentido llc:gnrá yn tordo. Se trata de los rnN•
¡oti uutorimtios udheridos a las forl1Ul5 más antiguas en
lu que tomó cuerpo In tradición cristiana. Tales rasgos
autoritarios han marcado la vida de la iglesia de modos
muy diversos. Balita pensar en el orden jerárquico de
los ministerios o en lu obediencia D lu íónnulas dogmá-
tieü sin nil'.gunu consideración 111 juicio de la razón.
Dentro del ámbito dt- lus iglesias protestantes habrla
que citar. C9pccilllmente, la concepción de la Escritura
como pulnbr.s de Dios, que c>tigc In obediencia de la re.
ul como la con~ntración del servicio divino cm el IUlUn •
cio de 111 uutoritutiva palabra de Dios por el predicador.
La concepción de la fe como obediencia corresponde 1
una comprcrisión autoritaria de lu tradición. Un tal con-
cepto de l&a fo ha caractcriudo 111 vidu de las comunida-
de. eclesiales mb diversas. Pero tambi~n la or¡uni1.ación
eclesial está impre¡nada. a partir de su historia. por ras.
aos autoritarios. tal como se puede ver fácilmente si se
couidera la posición social y religiosa del pirroco o del
ucerdotc, y ~ &analiza ~u difcrcnch1ción teórica y praic-
tica del, asJ llamado, estado laico. Estos y otros rasgos
autoritarios impiden a las iglesias un cumplimiento apro-
piado de sus tareas espcclf1eas en una socicdud secular.
Antes de aupcmr ~tos rusgos, dirlcilmente se encontrnrá
11 i¡le,j11 en di1po1ición de llevar a cabo ,u upomación
necesarin a la sociedad del presente. Las estructuras
autoritarias de las iglesias han sido ori~n en el pasado
de c:lcricaliimo, dogmatismo, persecuciones de todo tipo
)' divi~iones. La iglC\ill de Cristo las ha pagado con la
pirdidu de ~u unidad )'. haciendo esto, ha perdido el
signo de la verdad de su mensaje y oscurecido 111 imagen
del Dios uno, que es el Dios del amor.
La critica de 111 ilustración a hu estructura\ autorita-
riu de la trudición cristiuna no dio. de todo) modos. en
el corazón de la fe cristiano. E.~. desde luego, histórica•

71
mente comprensible que tanto los afticos como los de-
fcnsom de la ia)esi11 tomaran entonces su íorma muro-
ritnria por un ru,ao eJCnciml do In igl~ia miismll. Fe )'
vida de las iglesias 1c: hablan lig~do dcm4siado es1rc:chu y
demasiado lo.rpmcntc con tales nugos. Y. sin embargo,
istos no pertenecen a la esencia de In fe. La participación
en Dios y en su reinado, que otorsu la fe, más bien libcrn
a los hombres de las pretensiones absolutus de cualquier
otra autoridad. Este es el motivo fundo.mental de In reno•
vación por la reforma de la comprensión de la fe. Si bien
es verdad. que tampoco en las iglesias protestantes aca-
rreó Jitmpre las rndiCAles con5eeuenchu que te siaucn de
61. E1tos consccucnci111 lU\'icron que imponerse en el
cristianismo moderno, no raras ,·cccs, contra el peso
institucional de las iglC$ias. El efecto liberador de fe en•
pacha " lo, hombres para juzgar libremente sobre todar.
h11 co11u. Esto vale tanto para ha rormn polltiC4 de la
vida como pam las formas de orpnimción y formul11cio-
ncs magisterio.lH cclesio.Jcs. La libcnad del propio juicio
no se contiene ante la predicación de las iglesias. ni ante
sus decisiones doctrinales. ni. incluso, ante las Escrituras
blblicu )' el propio mema.je de Jesús. El mcnwajc de Jesús
sobre la venida de Dios no con5tituye nin¡una excepción
dj! la libertad humana ante- tnda autoridad inoondicio-
nada de los propios hombres. El mensaje. que funda-
menta y capacita tal libertad, se ha de someter, como
cualquier otra autoridad. ad examen critico de 1u vcrdud.
puHto que di mismo es anunciado por hombres. En
todo eJ ámbito del mundo de la vida cultural y polltica
del hombre no ha)' nin¡ún espacio privilcgi11do, libre
de la reflexión critica. El menujo de la venida del reino
de Dios no necesita de nin¡unaa defensa especial conb'II
tal examen. Més bien, se acreditará ante cualquier exa•
meo imparcial. Y es que Dios como el Creador del hom-
bre no est, lejos del hombre: li el hombre se aparta de
Dios. traiciona. asl, demoatrablcmmte su propio ser )'
determinación humana.
Por otra parte, la exigencia de un cambio decisivo
de los rasgos autoritarios de la tradición cristiana hace
comprmaible cómo pudieron surgir tendenciu de cate
tipo en la historia de la iglesia y cómo pudieron llegar 11
hacerte valer. Los elementos cttructuro.Jcs autoritarios

72
en la vida de la iglesia antes de la reforma y aun despuis
de olla, husta el siglo xvm. han de considerarse en cone-
xión con 101 caroctcristica." cspecialc1 de IB trnnsmisión
de hechos históricos en el mundo antiguo y medieval.
Entonces se crcla que la competencia del conocimiento
cientlfico se mtringla al ámbito de las verdades univcr-
tales y abstracta1. Por el contrario, la irrepctlbilidud y
unicidud de ll'5 acontecimientos históricos y sus singuln-
ridadci M: Ctlnaidcrnba.n in.ucquJblci u una investigación
y critica cienllfica~. Si no quedaban testigos oculares
asequibl~. a los que se les pudicr.l preguntar acerca
de lo8 su~rs en cuestión. según lu opinión de en-
tonces, no re,tabR m4" que creer a una tradición. que,
por su pane. se remonta en ultimo término a te:\tigos
oculares. o negarle la fe. En una situación determina-
da de este modo. todo tenla que depender de la com-
probación de In credibilidad de uno tradición y de su,
ponadorcs. Toda posible falsUkación de los contcni•
dos a trunsmitir durante el proceso de su transmisión
al presente tenla que ser excluida. Por esto, pudo llegar
a decir Agu5ttn que él no creerla en el evangelio si no le
hubiese movido " ello la nutorid"d de In iglesia católica.
La necesidad de a5egurar In credibilidad de la tradición
cri1tinn11. la fidelidad a su oriaen. tuvo tambi~n que ver.
de un modo considerable, en la formuclón de la cons-
titución epitQpal de la iglesia )' encontró tu máxima
-expre1ión en 101 esfuerzo& por probar lu 1ucesión npos-
tóUca de los obispos. En el contexto del mundo antiguo
y según sus criterio,. In identidad y la pun:m de la tradi-
ción cristin.na sólo podian garantizarse por hts formas
....
autoritarias en las que tomó cuerpo. De hecho. etto crn

La época moderna ho trafdo ccnsigo un cambio


radical de las condicioncs de la mediación de la tradición
•cristiano. El de$arrollo de I" critica histórica )' su aplica-
oión a los textos blblicos ha llSUmido, en principio. In
función que antes cumpllan las estructuras QUtoritnri,u
.de la organización eclesial. Las venerables instituciones
de la sucesión episcopal, jerarqula y dogma h:rn dejado
de ser necew-in• para 11creditar le& conformidad de In
·procücación p~csentc con el origen de lo trAdición cri!II•
tia.na. con Jcaj1 mismo. Cuando se trnt.i de succ!K>~ hi,-
7.t
lórico!t ~ de ~u significado. las garanlla5 autoritari~
sin examen histórico o. incluso. en conlrndicción con lo~
r~ultudos de este exnmen. ya no son crclblc1'. Evidente.
que hoy es tambi~n Importante mantener la idenlidnJ )'
la pureza de la tradición cristiana. Pero un magisterio.
en el ~ntido tradicional, ya no puede llevar hoy u cabo
e11n tarea. porque SU!!t manifcstacionc,¡ hon dejado de
poder decidir IWi c:uer-tione5 discutible, de un modo con•
vin~ntc para 111 conciencia de vcr<!ad, que impcru en ha
actualidad. Hace tiempo que esta tnrea es concebida en
el cristianismo de un modo bien distinto: a saber. por
medio de ha prolonpdu investi¡ución histórica de los
ortsene" del crit.tianismo y lo confrontución de In cri••
tiandud presente con los problcmns y resultados de tales
investigaciones. En este proceso de discusión 1eológica
aparecen continwa.mencc nuevos puntos de vista )' nuevas
concepciones. que no ~ólo se impugnan mutuamente.
,ino que cambi~n se enriquecen y nyudun o correairse
entre si. Oruciu,. a ello. lu &:UC5tión de la rcl11ción del
presente cristiano con el mensaje de los apóstoles. con
la herencia de lsrnel y con Jesúr. mi~mo es replanteada
desde punto, de vislJI muy diver5os. manteniendo. &isl.
continuamente su \·igencin ~iempre nueva. Esto no quiere
decir. ni mucho mcno1, que sea f6.cil y simple sustituir
la autoridad del magisterio por la de la cicnciu teológica.
Esto no es posible, aunque sólo liC:I por el simple hecho
de que el conflicto y el antagonismo de hlS opiniones es el
elemento vital de la discus.ión leológica, de tal manera
que el que aqul busque una autoridad sustitutiva. lle•
gará a encontrarse completamente abocada a la per-
plejidad. El lupr de la autoridad y de h, uccptución cica•
)' sin critica de h11 dcciiioncs de otros. puede y debe.
más bien. ser ocupudo por el juicio propio. Incluso, el
cri5tinno que particip1, no como cspeciali!'ta, en ha dis•
cusión teológica a absolutamente capuz de tal juicio
propio. Ciertamente. que cst&i neQCsitado - por lo dcmab.
iaunl que el e&pc:ci111ista- de lu informRcioncs facilitados
por otros, pero esto no significa que tenga que asumirlas
iin reparo,. Lo que ha de hacer es integrarlas en el con•
texto de su propia c"periencia vital y juzprh11 m partir
de 61. No oMtnnte. hay que reconocer que. para que
esto sea po1dblc, los problemas y los resultados provi-

74
sionales de la discusión teológica han de hacerse asequ1-
ble1 ul juicio formado de cadu criHtimno de un modo mu•
cho mál umplio que hllstu ah,1ra. A c~to huy que uftlldir
tambi~n ha compcn~ción e igualomicnro de lo infor-
mación unilateral y la formuci,,n de In capacidnd de
juicio: vol\-c:rem~ todavia sobre la~ tarea~. que cabe
c~pcrnr de uri magiitcrin eclesial de nuc\'ll cui\o.
Ln libcrtnd de los hiJc'" de: Oios se ha puesto de mani•
Resto de un modo m,~, claro en el crsstiunii.mo moderno
que en las primeras etapas de la iglesia, gracias u la li-
beración de estructuras autoritarias de la iglesia. que ha-
blan llcpdo o iCr supcrflu,H en In misma vida cclcsinl.
En este sentido, lu iglesíu se ha hecho m,s maduro, y sus
miembro~ hun ukan1J1do una nuc,·n mayorla de edad,
que, por lo demás, -como toda mayorfa de edad-
está también ligada a la obligación de tomar decisiones.
es decir, 11 lia oblipción íorzosn de juzpr en nombre
propio. No dcjn de ser unn coincidencia dignm de ser
notada. que la liquidnción de las instituciones autori•
tarias en la vidn social y polftica de la época moderna
ha)'ll tenido lugar. prócticamcntc. en el mi§mo periodo
en que hnn ~ido npUcudo1 lo!i mitodo, históricos, yu
consolidado~ a ht tradición cristiana. Aunque pueda
supon~rsc que el desarrollo histórico de ambos hechos
haya trascurrido sin dependencias directas mutuas. di-
ífcilmcnte hubieran podido mantenerse " la larga hH
libertades pollticru¡ y sociolc, en el ámbito de In 1r11dición
cristiann, si el cnricter autoritario de la tradición rcli•
giosa se hubiera mantenido sin cambios ni transfonna•
clones. Con respecto a In historia contemporánea del
cristianismo, quizá no sea atrevido afirmar que la liber-
tad de los hiJ()) de Dios "4\lo pudo alcanmr el estudio de
mayorln de edad y trumlormar correspondientemente
las condiciones sociales y pollticas de la vida social.
una vez que la íorma autoritnrin de la tradición cristiana
• hubo hecho superflua para su propia continuidad.
cosa que 11co11teció medi11ntc lo formación de los m6todofi
históricos en la tcologla. De la verdad de esta afirmación
puede infcri~ la importancia que tiene que la continua-
ción del pr~ de la tradición cri!itiann acontezca en
bt formü de ha nrgumentación y discusión libre5. El
oontcnido y In ~igniftcoeión del mcn111jc y de 111 hiPttorin
75
de Jesús. asi como sus fundamentos en la tradición judla.
han de hacerse n5equibles al preRCnlc: por medio de 111
inveatipc:ión critica Ubre. A esto pcncnc:cc ha plurulidnd
de los intentos. de intertroción. Aún hemos de contar
con a1ud1ts oposiciones y con 111 DJ>Grición contin un y
repetida de inkrpretaciones extremas de los contenidoa
trnn1mitido1 de la fe cristfonu. Tnln concepciones ex•
trema, producen en muchos cristiano\ intranquilidad o
confusión, o. al menos., les parece que tienen que pro-
ducirlas. Pero tambiin contribu)'en, como todos los res•
tantes intento~ de interpretación, ni esfuerzo continuado
por detvclar el r.ianiftcado J In relcv1nc:h1 nctunl del ori-
gen y del contcnjdo de toda trudicidn cristiana. En este
proceso de la libre discusión de argumentos y contraar•
gumcntos se van puliendo rapidisimnmente la." posicio-
nes extremas y ogudizadDs. Estos consideraciones pue-
den ser 1'1til~ paru 1011 que son preu de una lntrunqui•
lidad comprensible. al ver la concinuu oparición de con•
ccpciones tcológicus cxtrcmus y. al mismo tiempo, son
apropiadas para inyectar una ele\·ada carga de serenidad
y paciencia al que siga comprometidamente el curso de
las diac:mionn tc:ológicas actuales.
Lo superación de los residuos de un pasado AUloritario
traerá conr.iso situaciones dillciles en In vida de las igle.
sias todavla por un tiempo razonable, tal como ocurre
con cualquier cambio vitaJ de prof111das consecuencias.
Pero ette Ci el precio de In madurez y la moyorttt de edad,
y las transformaciones en la vida dt la iglesia, que sir-
ven a esta madurez y que proporcionan una expresión
~s clara a In libertad de los hijos de Dios en ella, pue-
den ser recibidu como pasos a una renovación real y
verd&adera. Quisi6nlmos fij11rnos en ialaunu de estna
con~uencias en los distintos ambitos de la vida eclesial:
en la predicación y en la enseilanza, en la postura ante
la doctrina y magisterio, en 111 actividad misionera de la
i1lcsia. cm ,u orden inslitucional. en las mutWII rela•
ciones ecuménicas de los cristianos.
Predicación y cnsefianza cristia11as dcbcrian pospo-
ner el llamamiento al compromiso personal frente a la
mediación de información y discusión, racionalmente
1Hequlblcs, sobre hu riquC1J1s y lo, problemas de h1 tra-
dición cri,tiana. No " dcbman dejur llevar por las pcn-

76
pecuva, aogmauw oe esm o aqueua 1mo1caon con1e-
1ionaJ, sino écjar h11bl11r por al mismos todo lo impar•
cialmcnte que aea potible - y en ate sentido de un modo
verdaderamente católico- u 101 contenido, de 111 tru-
dición cristiana. Es indudable que existe un amplio in-
t ~ por una Información sin prejuicios sobre el cris-
tianismo, sobre su origen )' su historia. El teólogo d~
berta c:orrcspt>nder • c,te inter6s y promoverlo. Con este
lln. deberla ~mprcndcnc, en primer luaar. como muei•
tro de su comunidad, que trata de capacitar en la medida
de lo posible el juicio propio de sus miembros acerca
de hH cuestiones dccisivu de la re cristi&mA. De todos
modos, tules juicios 14' los forma tambidn cuda uno, sea
cristiano o no crisd11no• .in la 11yuda del teólo¡o. La tarea
del teólogo formado y especializado deberla ser propor-
cionar a los hombres de su comunidad la ayuda necesaria
pana que lles,ucn a íormune tules juJc:ios del modo mA1
fundado y autónomo po1ible. En e,te terreno, los des-
ouidOI han sido muy graves. y es vergonzoso lo raro que
es encontrar hoy en las iglesias de la refonna un juicio
propio fundadamente formado en cuestiones de la fe cris-
tiana, Si en nlpnn p11nc, e1 entonces uquJ donde esti
justificado el temor de que algo no marchu bien, de que
al¡o no se encuentra en orden en la base de la vid11 ecle-
sial, en las comunidades. El teólogo especializado. ac-
tivo como p4rroco de una comunidad, podnl, al mismo
tfcmpo, hacer un uM> de sus estudio, acad6mfco1 mucho
mis apropiado y pleno de sentido da lo que hoy suele
ser el caso. si cae en la cuenta de la 1area especial que le
compite en este puesto. El entrenamiento espiritual y el
ubcr teoló¡ico del pArroco dejarlan de ser entonces
11110 inútil. micnt.ru que ahora tiene que dcHmpcft11r
unas funciones para las que su estudio le ha preparado
muy poco y para las que apenas se requiere un estudio
teológico.
El que el pArroco vuelva a comprenderse cada vez
mAs como 111Ac1tro de ,u comunidad, no 1i1nifica que In
re de la comunidad tenga que verse abocada a una in•
telectualización totalmente fuera de lugar. La temática
reli¡iosa de la vida no se agota, cicnamente. en la apro•
pjadón fntelcctuaJ de lu tradición cristiana, )' es con
ata tcmAticc reU¡iosa con la que, en ultimo tc!rmino,

77
tiene que ver la iglesia. Pero, precisamente por esto,
ésta no dcbcrha con1tituir ha sin9ul111jdud de lu función
del pt\rroco, o, ni menos, i~te no dcberia tr11tar de prc-
sentur ejcmplurmcntc •u ¡,icdud penonul II la con,unl•
dud. En lu piedad personal dcberia 5ttbersc como uno
ma\s y no pretender ninguna preferencia ante los demás,
en lo que concierne u su modo de concebir y vivir la
picd11d. Su íunciém especial en la comunidnd, nqu~ll11
pura la que h11 sido formudo, es ha de muei.tro de lu co-
munidad. Con ella se encuentran vinculados tambiin
otras funciones como lu del litur¡o. del padre espiritual.
del mediador y Arbitro, y del rcpre1entnnte de la comu•
nidad. Pero, entre cllni, ~ólo In del maestro requiere una
formuc:ión tan e,p«Uka como In que proporciona el
estudio teológico. Ahora bien, como macst ro de la co-
munidad. el párroco tiene In misión de acercar los con•
tenido, ettntrale, de In trodición cristiana II la compren•
síón de ,u comunidad. Pero esto cr. irrealizable, •i no se
proporcionnn tambi~n las discusiones actualc~ ,obre estos
contenidos; pues la comunidad no puede alcanzar la
au1onoml11 espiritual. mientras se limite a olr únicca-
mcntc laA opiniones de 1u pl\rroco. Cuunto mejor oricn•
tado, c,t6n los miembro, de unn comunidad sobre los
contenidos csencinlcs de la tradición cristiana y sobre
las cuestiones fundamentales y puntos de vista de la
discusión actual sobre dichos tcma1, tanto ma\s se capa•
citan\n p,ara un juicio uutónomo. Tanto mA, dispuestos
se encontrarán tnmbión para comprender lo que real-
mente tiene lugar en In actual predicación: no la cxprc•
sión autoritaria de la palabra de vida. sino el intento de
formular parn loi divcnos Ambitos de la vida humano
In vcrdnd de ha re crist,unB en el contexto de In cxpcricn•
cia actual y de um, comprensión actual de la rculidaad.
Una predicación entendida mi ofrece un ejemplo y unn
introducción parn ha íormudón del juicio de los miem-
bro, de In comunidad sobre In fe cristianu ) fíU verdad
prC$Cntc. Tnl formación del juicio propic, no deberlo
estar orientada de un modo ciego )' sin critica a In opi•
nión del predicador. Tampoco deberla fundarse sola-
mente en la información teórica sobre el cristianismu,
1ino inscrtur ~iUt en una comprent.ión coherente de lo
propiu vidu. El pn:dicndor debcrtn rnlroducir n su co•

18
munidad en esca tarea. De un modo parecido, los miem-
bro, de unn comunidad dcbcrhm llegar a rcaliur las
formas litiar¡iai,, utili1.ad11i. en el servicio divtno, con
c:ompren,ión d: 1u 1ignfficudo. Finalmente. el punto de
vistA de lu macurcz )' de la capacidnd de juicio, deberla
ser también determinante en las consultas espirituales.
Eata prActicu dchcrln tratnr a los hombm como peno•
nu mudur11, y nutónoma!I. buscando con ellos cumino,
que puedan hacer de !IUS vidas un todo en ha prcicnci&t
de Dios.
Lo que ha sido dicho sobre una forfflll no autorita-
ria de la predicaciqn )' de h1 cn5eftunua. se puede uplicar,
anAlogamcntc, 11 los problcmau de la miiión. El rechazo
tan extendido y, con frecucnciu. apasionado con que
tropieza hoy la idea de la misión, tiene probablemente
al10 que ver con el complejo de superioridad y la apa-
ricmcia autoritaria de muchos misioneros cristianos, cosa
que no representa únicamente unn cuestión de compor-
tamiento. sino que está cstrcduuncnte vinculada con ha
comprensión correspondiente del mensaje cristiano. De
todas maneras. el mi,ionero no es, como el pArroco, en
primer luanr un m11cstro de la c,1munidnd. En In medida
que actua en una cultuni extmi\a como representante
del cristianismc ~· ha de predicar el mensaje cristiano en
conexión con un ámbito de tradición distinta. aparecen
en primer plano otros puntos de vista. Adcnu\s, lo AC•
Uvidad milloncra cst/a hoy tcftid11 considcnablcmcntc por
tArcu ecumdnicllS. Comunidades cristinruai )'ll existentes
necesitan consolidación y a)·uda para su desarrollo ul•
terior. gracias al cual deberán llegar a convertirse en
ejemplos y fuct~res de uno vida dign&1 del hombre en &U
propio 6mbito vital. El mi,ioncro p~dcntc de un an•
tiguo centro de tradición cristinnn no podrfl tampoco
actuar entonces. sin más ni más. como maestro. Es.
más bien. el mediador de una historia que. como hcrcn•
cia, ,obrcvicnc tamblin sobre h,1 joven iglesia. Pero, en
cuulquicr ca•o. &<>bru también en el ,mbito de la misión
CW1lquicr forma de mcdhu.ión nutorltariu de la tradición.
La espina dorsal de las estructuras autoritarias de la
cristiandad radie.aba, hasta ahora, en el orden jerárquico
de lo, ministerios cclcsiules. No es c:u~tión de volver a
hablAr nqul ,cbrc lu ~cparación entre clero y haic:01.

19
Quid no tardemos en ver que el tedioso activo en una
comunidad dejan\ de ser conaidemdo como un ser c1-
pechal, 1cp11rado de todo• 101 restante& miembros de ella.
Esta ftaura p,11arh1 a '°' ,ustituida por ha de un especia-
lista en tcologia, cuya aportación serio conocimiento de
la Ulldición cristill011 y su cap1tdd11d para formularla
y aplicarla al presente.
Los problema, del orden ministerial jcrArquico se
presentan, 11obrc todo, dentro del mismo cJcro o. mejor,
del asl llamado clero. Como ya hemos puesto de relieve.
hubo un tiempo en el que estaba justificada y quizá era,
incluso, ncce1ari11 la estructura jerárquica de In orp-
nización eclc1i&d junto con todos los rasgos autoritarios
vinculados u ella, aunque sólo íucra por caui11 de 111
identidad del mensaje cristiano en el proceso de su trans-
misión. Sin embar10, la investigación hiitórica moderna
ha desarrollado uno, criterios distintos y n1h exactos
para 111 revisión )' comprobación de la lidcHdaad de la
predicación actual a su origen. Loi planteamientos de la
reforma para una nueva estructura comunitaria están
tambiln en conexión con lo• inicios de una compren-
1ión hhllórica de: ha Eieritun1, a dccJr, de unn compren-
sión de la misma que la deitacara de IA formación pos-
terior del cuerpo de doctrin1& c:c:lcsial. El principio de la
reforma de la autoevidencia de la Escritura hacia de cada
cristiano un lector e int6rprete competente de su biblia.
Y ~to por principio. De cate modo, se hizo superflua
cualquier intcrpretllción especilll apoyada cm lu llUtori-
dad. Asl, la rcforma abrió el camino para una compren-
sión congregacional de la iglesia. como asociación Ubre
do los creyenae,. Esta concepción c:ongrcpcional de la
iglesia ea indudnblcmente unilateral, sobre todo, si no
se tJene pn,scntc la problamitica del hecho de que 1u
presupuesto sea la idea de 111 autoevidencia de la Escri-
tura. La inmediatez de la referencia a la Escritura favo-
reció, sin dudu, a que en este modelo de la iglcsán 11
iníravnlora,c: 111 dependencia de lodo prer.cnte criatinno
del proceso de la tradición en que se encuentra. Pese
a todo. esta concepción congrepcional de la iglesia re-
presenta el modelo clisi(;O de la comunidad cristiana: la
concepción de In iglcsiu como uma awciación libre de
los cn:yentel expresa. claramente. 111 importancin run-

80
damental de la libertad cristiana para la vida de la igle-
sia. Con todo, no es sólo un asunto de decisión ilrbitra•
ria el que un" pertenezca o no n la i¡le5la. La prccmi-
nenc:hs de la tradición y del medie., ,obro todu dcci1ión
individual ha de ser tumbi6n tenida en cuenta. CWlndo
esto se pasa por alto, resulta unicamente una imagen
abstracta de 111 comunidad cristiana. Por 5U oposición
a la realidad concrcl4 e histórica de I" ialeiiu. C!to de•
tcmboc4, finnlmcntc, en lu rcpre1entación de una 1:omu-
nidad invisible de los creyentes. que pasa a ser la ver•
dadora y auténtica iglesia.
Quien anulice asl la problcmAtica de un modelo pu-
ramente congrcgaclonnl de I" i¡lcsin, tcndrA que aceptar
como un hecto que ~ Je impone el ~o de ht ~onstitu-
ción episcopal de la iglesia, tal como se ha fonnado his-
tóricmncnte. El modelo congregacional de la iglesia está
aravado, por uni1 parte, con su deM:uido de: la sipifica-
dón fáctica del proceso de tnuumisil\n para la vid11 de
la iglcsiD. Por otra, por el hecho de que la autoevidencia
de la escritura -presupuesto de este modelo- no fun-
cione con tanta facllidad como podrla sugerir su repre-
eentación: por el c:ontrario, 5C impone no sin problcmu
y sólo mediante el pr~so de discusión entre intentos
opuestos de interpretación. Pero si el fundamento de la
re cristiana ne nos ha sido dado de una vez para todas
en el testimonio de h& Escritura de un modo claro y unf•
voco, la tareA de mantener l&1 conexión de la l¡lcha pre•
scntc con i1u historiu ~ convierte. cntoncca, en algo
tanco más gnavc y urgcn1e. ¿Cómo se podrh1 mantener.
de lo contrari:>. la unidad de los cri$tianos entre si. sin
la cu"I no puede cxiscir ningun" i¡lesia? La prC\'Cnción
de una rupturi1 de In i¡lc:si" pmente con la tradición
y la prevención de un dC$prramiento de la iglesia pre-
sente a consecuencia de las interpretaciones antit6ti•
cas de la fe representan, consideradas las cosas con cxac•
titud. dos nlipectos de la mi,ma t&lffil. &ta tarea man•
tiene toda su urgencia y vi¡cnci11, aun en el caso de que
desaparezcan todos los rasgos autoritarios de la orga-
nización eclesia.l. Y con respecto a esta tarea. en sus do5
aspectos, la constitución episcopal de la ia)esia, que nos
ha sido trunlntitidn, mucstn& su ,upcriorjd11d frente u un
modelo mcrmcntc con¡rcpcion11I.

81
Si la constitución episcopal de la iglesia es purit1cada
de sus elementos autoritarios, t.imprc quednrú en pie un
ministerio rcpresentnth·o. Este rcpraenta ""' 5ólo la uni-
dud de In comunidad pr~cnte. 1ino lambi~n su vincula-
ción con la tradición c:ri.stiuna u trav~s de la historia de
iglesia, hasta sus comienzos. Naturalmente, este minis-
terio no puede Kr represcntati,·o ~ólo en el §Cntido de
que rcprc$Cnlc unn unidnd duda de antcmuno )' por
otro~ cuminCls. Mas bien, a travcSs de r.u rcprcienludón.
confiere a la unidad de los cristianos una forma actual.
que nctualim lo que representa. que no sólo es cxpl't"Siva,
sino tumbién dectivn. Esto incluye c:ompromiw nctivo
y respon5abilidnd pnna lu unidud entre loi cri,than,,1.
Una tal función integnnivu no tiene por qué !lcrvinc de
formas t1utoritarias; puede ser también asumida como
tarea de coordinación y compensación.
Una" rcflcxioncii pnm:id"' podrtian twcerw acerca de
la cuestión de un mini1terio supremo en la cristiundad.
que no fuera representativo únicwnentc para lu totuU-
dad de los cristianos actuales. sin\) que los vinculase
tombi~n con los cristianos de toda& los epocas pasadas.
En I" historia del crisU11ni,mo ha Ueaado u formursc un
tnl ministerio en In fi¡urA del papa romano. y el pupudo
puede. sin duda, jugar un papel importante y positivo
para el mantenimiento de la unidad cristiana. La rcforma
no rechazó este ministerio n toda costa )' bajo cualquier
condición, sino simplemente porque en aquellos tiempos.
hablu llcgudo a convertirse en una unlltcsis irreconci-
liable con la verdad evidente del evangelio. Pero la con-
cepción autoritaria del ministerio papal. que tan funes-
tas consccuenciBs hu tenido en In historia de la iglesia.
podrh1 difercnd1uw del mlni11criu mismo. Puru ello ten•
drlu que ~nunci11rsc u h, prctensi6n de obediencia in•
condicional a las decisiones magisteriales del papa9 asl
como u un primado de jurisdicción comprendido mo•
nárquicamcntc. Si cato ocurriera, d papndo, como mi•
niatcrio 1uprcmo en lu cristiundnd. en el Rentldo de unn
representación efectiva de toda ello. podrlu adquirir una
significación positiva, decisiva parn la unificación de los
cristianos. Animu ver que tambi~n en In iglcsio católica
romano se discute hoy accrc4 de la estructura del mini&•
tcrio pupnl desde muchu, partes y con h1, mira, pue1t&1S

82
en una posible aportadión a la unidad de la cristiandad.
Incluso on los nivele» mis alto,, la islesia cauólica romana
bA dado importantes puaot1 hacia una transfonmu:lón da
lu estructura& uu1oritariu1, que hnn imperado on ella
balta abona. Evidente. que estos paJO, repretentan sólo
UD comienzo. P~ro ya son suticicntcs para que podamos
proveer huy un estudio de lll evolución del proceso ul
comcn1.ado, cüdio que permicirh1 u todos los cristia&nos
acep111r y r~onocc:r ¡:umo aalso posilivo y salud11blc la
representación de toda la cristiandad por un ministerio
supremo. Por lo demás, el presupuesto decisivo de todo
ello es que In concepción y lo formuc:ión institucional de
un tal mini,tcrio nu "conlclca a co~ta de lori principios
de 111 Hbenad y m&1)·orlu de edad cril'tianiu, herencia ad·
quirida de la reforma y de la ilustración cristiana.
Acabemos con unm mirada retrospectiva desde el ma•
aiatcrio u In doctrinu mitmu, Hoy es ya lu¡11r udquirido
y comun, el que la unidüd cristiana no pr~UJ)(>np, nece-
sariamente. coincfdcmcia cm la doctrina. Sin embtrgo,
esta convicción hoy tan extendida se basa más en una
inr.u.ición vaga que en un conocimiento claro y fundwlo.
Hay un prc,upuetito nccesurio 1obrc el que se rund11 lll
~nvicción de que 111 coincidencia en 14 doctrina no re-
presenta una condición necesaria para la unidad cri1'-
tiana. Este presupuesto consiste en una comprensión no
autoritaria de h, identidad cri,;tiana en el proceso de
uuamilión ccleiial. El incerd5 irrcnunci11blc por la idcn•
-ddad crh1tiam, de lu iglesia debc:rla tomar cuerpo en el
lni~terrumpido pr~o critico de investigación de los
mioios cristianos )' de su relevancia para un mundo en
cambio continuo. Lo que constituye el verdadero con-
lOnido de lu fe cri1tian" y fundamenta au identidad cris-
tiana. no nos ha 1ido nunca dado en una definitividad
formuladza. sino que es el objeto de aquel pr~o de
investigación y discusión teológicas. Una comprensión de
la unidad criitianu oricncadu de este modo ofrcce tuan-
bl6n margen §uficientc para opinionca distinuu, e inclutm
-opuestas, que. sin embargo, pueden estar unidas enlrc
11 a través de su esfuerzo común por wcanzur In verdad
de Dios. Teólo¡os con opiniones opuesta dcbcrlun inten-
tar dar. mediante su trato )' contacto mutuos, un ejemplo
d.e cómo la ialcsil1• no sólo pueden coexistir. sino, in-
BJ
duso. desarrollar una conciencia de su pertenencia mu-
tua. a pesar de tochu difercncias doc:trinalcs que contJ•
nucn existiendo. Las difcrenci&L, doctrinalc, no tienen
por qu6 seguir siendo consideradas como separadoras. por
tal enntmrio. pueden. mais bien. servir como estimulo
para un esfuerzo sincero e intenso por una comprensión
y entendimientos rcdprocos. Vistas usl, no obstaculizan
el intento de anunci11r sin projuici01 lo cristiano común
y de formularlo de nuevo. Este esfuerzo por una com•
prensión mejor y por una nueva rormulación de la fe
pertenece II la misión central de In iglesia y. en con~
cucncha, 1 •u unidad. Su• re1ultndo1 cormpondicntes
pueden ser tambi~n importantes para In dire0eión de la
iglesia, al poder contrarrestar y servir de contrapeso a
las informac1oncs y juicios unilaterales, asl como a la
intranquilidad creada por opiniones extremas. Aqul ra-
dican poaibilidadn y tarcu tod&lvh1 poco aprovechada )'
desarrolladas de un maaisterio de '1 ialesia que proceda
no autoritari~ sino pastoralmente. Si no queremos venir
a parar de nuevo en un desarrolio autorilario )', por
canco, equivocado. tenemos que pensar muy II fondo )'
en serio lo que ,upone que el proceso de di1eu1ión y
entendimiento ecológicos no puedes cemrse nunca. Las
manifostaciones teolóaicas o eclesial-ministerial~~ !Mhtt
cuestiones doctrinales no pueden tener nunca el can\c:ter
de decisiones diftnitJvas. La definidvidad escá reservada
unicamente 111 futuro del reinado de Dios, y bajo ,u luz
todos. los esfuerzos humanos, tambim el orden y la doc-
trina de la iglesia. pennan~n provisionales y necesi-
tados de revisión. La crlticu u hu distintas instancias.
• laa que: se atribu)'ó en el p1t1ado 1a1a autoridad incondi•
clonad pura la re -)'a sea el ma¡istcrio o la &crituna - •
puede ser una verdadera bendición para la iglesia. con
tal que le capacite pant tomar conciencia de su peregrina•
je en el camino al ndno de Dios venidero. Esca conciencia
puede hacer 1urafr una nueva unidnd de 101 criltianos
sin uniíormidad. Tal unidad corresponde II la unidad del
Dios trinitario. Y podrlá convertJne en el mundo actual
en el slmbolo de la solución del problema mls acuciante
de toda• las sociedades modernas. el modo de poder al·
canmr y mantener la unidad, sin 11crificur lu diversidad
y pluriíormidad de In vid&t.

IJ4
3. El problema de una
fundamentación de la ética y el
reino de Dios

Nucs1ro siglo ha revelado una profunda inseauridad


y labilidad de la conciencia itica. Desde que Nietzsche
proclamó la transmutación de todos los valores. las nor-
mas y valores tradicionales han ido perdiendo conside-
nblamente su vinc:ulabiUdad. El pmupuosto de Niotz•
,che de que los valores son producto de la voluntad valo-
rante, se ha confirmado históricamente por una asombro-
• arbitrariedad de los criterios en el comportamiento
de los individuo, y si1tema1 sociales, que lratan de im-
plantar su hcacmonla. Aqul arbitrariedad no si¡niftca
que en cada ~o se pudiera actuar 1a1mbién, íécticamente,
:tepO otros criterios. En este contexto significa que las
normu se,uldu carecen de una fundamentación dltima
•:y. ciertamente, en una medida cada va mayor, tambi6n
para 1tqu6J que se deja orientar por ellas en l'U conducta.
.Entonces deja de ser comprensible, por qui razón el
componamiento no podria también orientarse por otras
DOrmaa, con lo cu11I hu normu 1e1uídcu fActicamente
aparecen como 11rbitr11riu. A tal lrmcion11Hdad y arbl-
tnriedad de lu normas de conducta correiponde, por

85
otra parte, el extendido conformismo en la conducta
de lo~ hombres. Una conformidad de 111 conductA. 1in
convc"':imicnlo profundo 1cerca dt hu nonnu, scguidn~
fdctJC4mcntc. es promovido por la scn~ción de que no
hay ningian criterio objetivnm~ntc cluro )' vinculante
paru In acción humana. Se hace entonces cucstionublc.
~¡ mC'rccc lodavlu lu pcnn resistir,," n ""' form"A conven•
cionulei de conductn. tal como ¡,odrin 11Cr motivudo
por el convencimiento de lo vinculabilidad de unos
valores c!ticos más elevados. Por el contrario. u In confor-
midad que domina In conducta actual corresponde un
malc5tnr creciente por el carácter mcmmcnte convencio-
nal de 5UJ ~ala•. malestar que nftorn ocasion11lmcntc
en un comportamiento. cuyo único fin es experimentar
la infracción de unas normas observadas universalmente.
En esta situación ha dejado de tener sentido la fun•
damcntación de una ~tica por hs :itirmución de dertot.
impcrutivos u obligaciones. como. por ejemplo. los mun-
damientos divinos. Es presumible. que cada vez sea me-
nos el númc:ro de hombres que no roben o cometan
adulterio porque c5ttn convcncidm de que Dios lo h1
prohibido. Los hombres de un mundo orpnt7ndo nscio-
nalmcntc eitán acostumbrados a orientarse en su com-
portamiento por motivos o rozones, ,i bien tamb~n
1c&úan de vez en cuando contra~nicndo a una mejor
comprensión. Pero cnda v~ habrá meno5 hombre8. a lo•
que les p1rczca mnl infrinsir un imperativo prochunado
sin motivos )' nu:one1 y sin sanciones eficaces en el
contexto vital del individuo.
Antes se apelaba fAcilmcnte a ha conciencia como
( fuente de normas abfiolutaJ de la acción. Pero se hu mo1-
trndo que ht contienda ~ muy variable. tw. accion~
más horribles de nuestro siglo han sido perpetradas.
muchas veces, con la mejor conciencia por partidarios
fanAtico5 de una idcologla. que ju1tificabu tules ncdonei.
Quizá aea ir demuiado lcjot nfirmor con freud que en la
concienciu hablu solamente la voi de ws convencion~
socinlcs. Se dn tambiin la conciencia que se levanta
contra la propia sociedad y las normas dominantes en
ella. Pero su contenido es, tambidn en este CAio. variable,
relativo a has convicciones. de las que es partidario cada
individuo.

86
El intento de Kunt de fundar la 6tica en fu e"igcncia
formol de una m:ción concorde con 1&1 r&11.ón, esta tam-
bién cxpueiita a unu8 objc:ccioncs parccid,a.s. Ekhm11nn
u.seguró en Jerusalén que siempre hnbla actuado según
el imperuti~o categórico de Knnl. Al pnrccer no le
suponia ninguna dificultad pensar la aniquilación de loi.
judloli como una ley univenul de todn acción humunu.
Loi stulinistas pueden Ltrgument,ir de un modo scme•
jnnte, cuando ~ trutu de proceder contra el enemigo
clasista. Este indica que lu ética formal de Kant no con-
duce con pcñecta necesidad a los ideales humanistas
que él, person,llmcnte, ubrlpbn. Adcm,b, contra la
exi¡cnciu de que h1 m6"ima de la propia acción hll de
poder ser principio de una legislación uni\·enal, puede
siempre haccl'5C valer el derecho del individuo, ya que
"1c pretende una e1'~pción parn r.u singuh1rid11d.
Lu éliC4 de lo~ vnlo~ haa aido, qul1.á, la Íllrma más
influyente de unu ética imperativa en los ultimas dcce-
niso. Se abstiene de dar Instrucciones claras para la ac-
ción. pero conoce una serie de: imperativos mutua-
mente antagúnic,1i. Estos ,cvalorcsb 1an, prcsunaamcnte.
1entidos como evidcntci por si miimos por lm hombre,
ancias a una aptitud humam1 para la percepción de va-
lo~. Filn."'fni. cnmn Mllx Scheler o Nioolni Hartmnnn
han intentado establecer un orden en la v11ricdad contra-
dictoria de los vaJorc• por medi,., de la di1po1ición de
un1 jcrarqula de c4toaorlas :axi<>lóaicas. Todos lo1J In-
tentos de fundmmcmtar ud jcrarquia de categortas pre-
suponen. sin embargo, In autonomin de los valores frente
a ·la subjetividad de In experiencia humana de loR mi5mos.
La problemitJc-J de ci.tc presupue1to se pone de relieve
on cuanto uno ~ pn:gun111 qu6 formn de ser corre1pondc
a los valores. Se recibe entonces como respuesta que los
valores no tienen ningún ser real. sino que están como
pesados o adherido, 1tl ente, como, por ejemplo, ,e pcr•
clbo la impre,iión ••delicioso,, en un melocotón y la ac•
dón de unn pcri1ona a1,urccc como «justa)>. Pero uunque
no tengan ningún ser real, los valores deben ser indepen-
~tes de la scmdbilidad subjetiva. Este es el talón de
·Aquiles de In dticn mutcrinl de lo, valores. Parece que los
valores sólo pueden tener autonomla frente a la subJe•
tlvidad de la experiencia del v¡alor, en IB medid11 que pcr-

87
tcnecen a la lógica cósica de las sitlllCiones de compor-
t11micnto, en h1s cunlcs expcrimcntumo,. nlgc, c:omo vtt-
liosa. Pero 11, por el contrario, los vulores sólo cstAn
adheridos a tul ente y wn. por si mismos, radic.almentc
di,tintos de todo ente. no se puede ya demostrar que sean
algo dado con anterioridad a la subjeth·idod de la afir-
mación dcliberadu del valllr. A,I, por ejemplo, In mono-
gamia no ~ con 1e¡uridnd ht únic--1 forma posible de
reguJnción social y de integración de lus rclucioncs se•
"uales. Si no se mostrara superior frente a ot~ form~ y
posibilidades de lo institucionali1.ación del comporta-
miento sexual, cntoncei uambi6n dejarla de M'r un valor
relcvanao. El duulismo de ser y vwor rc1ultu in5Ulisíuc-
lorio, si al mismo tiempo debe atribuirse a los valore!!
una verdad dadu pre\'iamcnte al comportamiento in-
dividual. Entonces, más bien, se ha de buscar unn fun-
d11mcntación de Jan experiencia• de valor y no valor,
a partir de In peculiaridad de lo que es experimentado
como con o sin valor. Los contenidos del valor expresan
lo que significa un objeto para el hombre, que lo experi-
menta como algo con o ain valor. De ahl. que siempre
h11ya de tenttrse en cuenta In rclución de loa objeto, de
la experiencia del valor ul hombre, que los vivencia como
valiosos.. ~ puede tambi~n invertir ~te pr~«' p~gun-
tando qu6 objetos de la tendencia tienen valor o no valor
para el hombre como hombre. Tal forma de con1ideru-
ción quedan\ aicmprc, por_ au generalidad. tras la cxpe•
riencia concreta del valor y. de este modo. tambi6n tru
los anAlisis que partan de tal experiencia. Por otra parte.
con la generalidad de esta rorma de consideración va
lipda la pcnpcctiva de llegar 11 unos enunci11do1 univcr-
aulmcntc vlalldo,, al meno,, para una orientación funda-
mental de los valores del comportamiento humano. Su
validez universal estad tanto mejor asegura~ cuanto
más capaces sean de sintetizar )' resumir tu orientación
concreta de los valores del comportamiento humano.
E1nas rcflcxionet valen tambiin para el problema de
una fundamentación de los criterios 6ticos. Los valores
éticos tienen que ver con lo que puedt ser rcalimdo por la
acción humana. Unn fundamentación ontoló¡ica de lo,-
valores 6tJcos, en el sentido de estas retlcxionet, tcndrla,
por tanto, que ver si )' qui normas de ncción pueden

88
fundamentarse a partir de la.~ e~tructunu gcncrale~ del
comportamiento humuno. Sóln este modo de proceder
podrla llovamoi. en ha ética. nuh ullA de lu nftrmación
sin mediación de impcrntivo•. Sóll1 a partir de ~I podrh,n
multar convincentes tale" im~rativ~. Se: tratnrh, de lo
descripción de las tendencia.~ )' necesidades que están
en la bll.5C del comport:1micn10 humano. ll!il como de ~u
interpretación criticu a lu lu1. de In cuc~tión ucerca de hu
vordadcras nec~dndc:s del hombre, ei dc'-.. r, de 11qudlh15
que le c.orrcspondcn como hombre. Tal descripción ocu-
parla. entonce;, el lugar de la búsqueda de obligaciones.
en el Mentido de imperativos n encontrar sin m~inción
al1un11. M:U en formn de mundnmiento, divino~. tea como
voz de la conciencia o coma valom;, ul parecer. inmcdia-
cammte evidentes. Una ctica descriptiva podría. ast
sustituir las éticas que imponen su.s impcrntivos sin mc-
di11ción nlsuno o. lo que es lo mi•mo. que quisiernn mos-
trar la validt-z de las nllrmas afinnadai por ellas con una
u otra inmediatez.
Hay que describir el comportamiento humano par-
tiendo de las necesidadc:$ conductoras del mismo, y re-
flexionar crl1icamcntc Plobre 6stas bajo el punto de vi1ta
de la cuc5tión de la~ nccosido.des \'Crdadcras. es decir,
.autdntjcamentr humanas. Ast se supem la mera consta-
tación de las formas fácticas de comportamiento. Esta
descripción sigue, de este modo, la tendencia del compor•
tamicnto humr.no. que vn mús allll de lo que simplemente
es )' pennanec~ e~isticndo )' lo transciende. para diri-
airse a algo que, o bien no es todavia en absoluto sin
nuestra acción, o bien no se mantiene sin la entrada en
acción del que nctúu. En el carilctcr tcndencJal del com-
portamiento humano, por consiguiente. en algo óntico,
os decir. en el hombre que actúo, se manifiesta la o~ran•
tja de algo que aün no es (l que, en todo caso, no ci aún
ut. Sólo una descripción que introduce esta tendencia
del componamicnto humano n ir mis allA de lo que 1e
tnoucntna ante no1otroK y que es capaz de oricntarh1.
puede motivar la acción humana: pues la mera cons-
latación de lo que es no pone en movimiento ninguno
acción humann. porque ~ta siempre opera un cambio de
la situación en l:1 que interviene. Pnra uctunr se requiere
una orientación de las tendencias del ~ujcto. que le cm-
89
pujan a ir más alhi de lo que se encuentra ante sus ojos.
Antes de tod11 reflexión sohrc ha acción mh11na, e,tu oric:n•
tación et. conducida yu por In\ necesidades que a1,is~cen
como sus moti\·uciones en l&1s 1cndenc1os del oomportu-
micnto humano. Al hablnr de necesidades. uno se sítüa
ya más allá del impulir-o que estñ en ha bí,sc de todo com-
portumienlo humano )', en acnerul, unimnl. ua tenden•
ciu indctcrmimadu II al¡o. el senti.-iento de un hombre
indetcrminudo, de: una in8'1tisfacción, hu encontrado )'&1
en lu necnidud una orientación haáa un fin. Quien sien-
te una ncccsidnd. sabe )'ll o crtt saber. lo que le falta.
No obatnnte. tal ubcr puede equivocursc. Hay fal~u,
necesidades, que uno 11e cree o sugc,tionu, pero que no
proporcionan unB orientación tcleolL\gica udccuudu " In
tendencia indeterminada, que está en la bMc de todas las
necesidades y que se unitula por In formación de las mis-
mos. En este \Cntido. In primaach1 del curíicler tendcncial
del c:omponumicn10 humAno sobre su articulación en
necesidad«:$ detcrminndas. fundnmcnta la posibilidad de
pRauntnr por lus verdaderas necesidades del hombtt.
por las nc~sidades que se cncucnlrun tnas la5 que ap11-
rcet"n II primera vi~ta. O. In «.1Ue e, lo mismo. hace posible
preguntarse por aquello oricntucióa de In tendencia in-
dC!termin11da d~I hnmhr~. que verdaderamente C4lrTMJK)n-
de II ésta.
Una ontologla de ~le lipo de la aa:ión humana fue
dCSArrolluda )'&a en ha ética antigua. y en concreto en 111
doctrina socr4tica sobre el bien. El bien fue concebido
como aquello. de lo cual carecen todos los hombres y a
lo cu:sl upirun. El bien es lo que es bueno para ello.s.
Ciertamente. que los hombr~ loe equivocan con rrccuen•
cia ,¡obre: lo que vcrdadenamentc ci bueno par1t ello§.
pero lodor- aspiran al bien. En esto se pone de manifiesto:
el bien es algo que el hombre no posee aún o aún defini-
livumente; algo que aún debe adquirirse o realimrse.
A~. mnntienc en II la diferencia del vulor mpecto al
ser y. no obstuntc. se 1upma todo duali~m<> de vnlor >·
~r. El bien es1a «más aU6 del ente», como dice Platón.
Y. sin cmbarg<', Sócrates y sus disdpulos no fundamen-
taron su 6tica en •implea imperativos. ~no mcdiantt
una descripción del hacer humano cm su tendencia ni
bien. Por nto. este pl11nteamianto de 111 6tica antigua c!i

90
mucho má.«. obvio~· convin~ntc que los pro)·ectos éticos
mla, turdf 01. que procedlun u ba&e de In afirmación de
uno& imperativos fiiin mediación ul¡urua. Y de ahl, tam-
bién. que la preguntu por el bien - pc.lr aquello que C1'
bueno para el hombre- sigu siendo u vuelva a ser de
nuevo el mejor punto de partida para las investigaciones
e indupcillnte. dtk.as actuales.
Si nos adentramos por cttc camino. tropezaremos en
1egulda con la dificultad central de la ética socn\tla1 y
platónica del bien. E5 conocida con el nombre de cndc-
monismo. El nombre designa una concepción de la ética.
que c,tá oritntad11 a In prcguntu del hombre s,or ~u ícli-
cidad. lu11 éticas eudcmonlstiaH mab mientn tienen
mala famo por su trivinlid11d. Va Kunt reprochó al
eudcmonismc que careclu de sentido para c:I rigor y
auiteridad del querer mond. El eudemonlsmo prescinde
de que al hncer ~lico º"--onlcce por el bien mismo. sin
conaidcración de hu con1Ceucncias que !iC sisan de il pnrA
el ,ujelo. Como cfecto de e,¡tu cr ltica kantiana al cudc•
monismo. ha aparecido un prejuicio muy extendido en
In moderna ftlosofha contru todu la 6tica nntiguu. Pero
este prejuicio no es ju110. al mcnns con el pen1umiento
de Sócru.tes :, Pintón. El c:udcmoni,mo comb,uido por
Kant no aracteri?Jl. cierlllmente. el verdadero enfoque
y orientaciór. de su argumentación. sino más bien la
dificullad do:1de vienen n pnrar a través de la propio
dialktica del concepto de bien. Esto exige un11 con•i•
dernción más exucta. .
Tod05 IOS hombms h~an lo que es bueno para ellos.
Pero es un hecho manifiHto que ~ eq uivocan en su jui-
cio sohrtt lo que es bueno. De ahf que, surga la cuestión
acerca del criterio del bien. ,:Cómo y en qul conoce u,~
hombre. que algl, es bueno para ~I '! Lo primero que se
nos ocurre es que una cosa será buena para el hombre,
cuando átc experimente en ella una verdadera Milis•
facción. Lo que le: proporcione la satisfacción y placer
m6s profundos. CM> tcndril que ser el bien para 61. En•
tonces. la tendencia al bien seria iddntica con la tenden•
cia a la felicidad. Y. consecuenaementc, Aristóteles co-
men1.ó de hecho su 6tica con unA 11n61iai1 de la tendencia
a la l'clicfdad, pana continuar entonces. que lu verdadera
felicidad comiste en la virtud: u,I llegó II su exposición

9/
de la ~tica como doctrina de las vinudes. Lo que confunde
en este rnc:iocinio N que el hombre oqul, en ultimo tdr-
mino, se, ocupa únicamente c:on,iso mismo. en lupr de
hacerlo Cllft el bien, que es di&tinto de 61. La diferencia
del bien y del hombre, para quien es el bien. se hace. sin
embargo. palpable en el hecho de que el hombre aspire
a di y, por tanto. no lo pose11. Ln pregunta por el bien
se preguntR, por consi¡uicntc. por 1110 que C8 distinto
del hombre. Pero si la fclicidnd y la vinud se convienen
en el objeto propio de la 6tica, el hombre ~ remitido de
nuevo a si mismo. Lu razón por la eual I" presunta por
ol bien tea remitida, asf. ni hombre, radica en que el bien
debe 1&cr h1w110 para t,flt hombre', lo que, 11parentemcnte.
1uponc que KU <.Titcrio tiene que encontrarse en el sen-
timiento de la satisfacción y de la felicidad. Ya Platón
vio el fallo de esta argumentación. En el Gorgias, el
Sócrates platónico cxp,me que el plncer no puede ser el
criterio que dislingue el bien de su contrario. Pues hom-
bres malos encucnlran su sati5facción en el mal (497c
hasta 499b). Por ~ta razón, la presencia del bien (497e)
no se fundamcmtn claramcnlc por la medida y cantidad
do pl11cer, 1ino que en el hombre ei mediada por el co•
nacimiento del bien como tal. El placer es, ciertamente.
un fenóm~no concomitante del bien. p~ro no es el bien
mismo. &te raciocinio se pa~ extraordinariamente
11 la ar¡umcntación de Mnx Scheler contra el cude•
moni1mo: «El hombre aspira prlmt10 11 los bienes y no
al pla0er en lo, bienes». Es verdad que la vivencia de un
valor. de un bien. va siempre acompai\ada del sentimien-
to de fc:licid11d co~pondiente. pero éste no fundamenta
el bien, tino que ~ si¡uc de ~l. La felicidad. decla Nicolai
H11nmunn. se cscapn del que va u tu enza; pero quien
«acaricia aquellos valores primarios. se encuentra con
que éstos se c:onvjerten para il en realidad». Queda en
pie In dificuluut de cómo decidir en qu~ consiste el bien.
La exi1enci11 de deber querer el bien por si miamo lerla
f6cil de cumplir, 1i tuvi61emos una re,pue,ta libre de
toda duda II esta cuestión. Pero si la cuestión. qué es el
bien verdadero. debe ser resuelta )' decidida primera-
mente y se h11 de buscar un criterio precisamente para
esto, entonces se ofre"-e in1i1tentemantc la medida de la
satisfacción obtenido, como un tal criterio. Sólo 6ticas

92
heterónomas pueden iustraerse, aparentemente, de esta
dificultad. porque no permiten ninaún examen de has
nonnas afirmada..~ por cllu. Pero, por otra parte. no
loaran Neapur 1ampoc:o del eudcmoni•mo. Puc:1 en lu
medida que las norma!. y exigencias afirmadas carecen
de evidencia, el componamicnto orientado por ellas ad•
quiere el carácter de un11 obscn·11ncia mcrcamcnte cxtc•
rior. Ahóra bien, tm todD obtcrvunci11 meramente ex-
terior ,uelc ocultarse que 111 conformidad c:on las nonnas,
correspondientes es un oponuni1mo para alcanzar cier•
hl5 metas terrenas o supraterrcna. A trav& de la hipo-
cresla, que es propin de toda mor,d heterónoma. el
eudemonismo ~ Impone fa\cticamcnte en un compona-
micnto dcterminudo por una tul moral.
Se ha puesto de manifiesto que la cuestión 6tica
acerca del bien tiene la tendencia de volver a remitir
aobre el hombre mi,mo, ul convenine lo felicidad en
c:riterio del bien p11ra c!J. Etito corresponde de un modo
notable mi egocentrismo, que penetra de un modo tan
claro y evidente todo comportamiento humano. Pero
estA en contradicción con la intención de la pregunta por
el bien. En 6st&1, el hombre busca algo disdnto, 1upcrior.
mira fuera de 11. quiere llegar a la plcnilud de algo que
11ún no pOiee. ¿Cómo puede mantenene de un modo
univoco y sin ambi¡üedades la preeminencia del bien
sobre la felicidad que 1e hace ahl patente 7 Agustln dio
en Hta cuestión un imponantc paso adchante c:on res-
pecto a Platón )' toda la 6tica filosófica de 111 lllldgOedad.
Como herencia del clima pesimista y duali$1a de la an-
tigüedad tardln. no le quedaba mAs que burla y escarnio
para la opinión aristotélicu y estoica. el bien )' la vmla-
dena rellcldAd se cncuentrnn en común en la virtud.
Estaba convencido de que 111 vordadora felicid1ld no se
puede encontrar en la vida presente y terrena. Quien
piense de este modo, no caerá. naturalmente, en la ten-
tación de hacer de lu satisfacción el criterio del bien.
La prc¡unta aobrc el bien se hace independiente de la
pregunta por una relicidad experimcntable en el presente.
Cienamente, la felicidad siguió, para A1ust1n, indisolu-
blemente vinculada con el bien, pero se Btrevla a espe-
rarla mu ali! de la vida terrena. De cite modo. el pro-
blcm11 del bien. del bien que nos proporcionan\ un dla

93
felicidad. se independizó del criterio de la experiencia
11ctu11I de placer y satisfacción.
Con el conccplo del bien e,tA catrcchnmcnte unido
el del fin en 111 miam\>. Puc:1 lo que e~ deseado como fin en
si mismo y no por caUBa de otro fin.~ el bien pura el que
lo desea. Por esto, para Agusun. el tin deseado por sl
mismo no podin consi~tir, como pnrn Arit.tótelcs 1, en
lu felicidnd. ll nicamcnte Dios. como el verdadero bien,
cru pura 61 el bien dcM:ado por !11 n1ismu. Lu inversión
de esta jcrarquia. que la propia fcl:cidad se convierta,
en lugar de Dio~. en el fin último de la cxincnciu. es prc-
cisamcnlc para Asui.tfn IA definición de lo tcrgiversm.ión
de la c1.ir.tencia, del pecado. Con cm primucla de
Dios. como el bien, sobre Ju felicidad, que 61 mismo olor•
gará en el futuro. rompe Agustln. finalmente. el callejón
sin salida del eudemonismo. Aunque tambi~n es verdad.
que en su pcnwamicnto el cun,-c¡,to del bien incluye ne-
ccsarhamente el de la felkidud. De ahl. que ocasionul•
mente pudieru hubhar, incluso en la formu lrndicional.
de tendcnc-io a lu felicidad. donde l}l'opiamentc deberla
h11blarsc de tendencia al bien.
No K hn de considcnu como un producto 1ubjetivo
de sus convicciones crilitiunu~. que Agustln huya vincu-
lado el con~pto del bien con lu idea de Dio$. Ya IA idea
del bien de Platón f uc considerada. no sin razón. como
su idea csotlricu de Dios. Pom que el bien mantenga su
primucln sobre ha fclicidJ1d que prodlk!c, hu de 1er 1110
en si mismo. Y c&to 11un cuundu. tal como lo concibe
Platón, hnyu de ser pensado más ulla de todo ente, di S•
tinto de todo lo que existe en el mundo y sobre 61. El
bien. ~-orno futuro aún no existente de lu plenitud, ho
de tener preferencia ontológica t0brc todo lo que ya e1
exl•tente. En esto se cncuentru impUcita una prioridad
del futuro frente ni presente, que ha de ~percutir en 1A
comprensión de la realidad en general. Pero si el
futuro del bien tiene en si mi1mo rculidud y. por otra
pune, no tiólo 101 hombttt r.ino todus hu <:osu timdcn
lll bien, como decin Platón, entonces parece ju1titicado
pensar el bien como lo verdaderamente divino, que do-

1. f;,I,, Nlc., 1097 a, J4 ,.


mino sobre todus las cosas. Agustln es1aba familiarizado
con cstu vinc:ulución del bien con lo divino. pre<:iiu1mcntc,
por lu influcnci11 de Platón. Sin emburgo, A¡u~tln difiere
de Pintón ul atribuir u lu idctt de Dio, uno, rasgo1 pcr•
sonales más man.-ados que lo que pcrmitiriun los cnun•
ch,do~ platóni1:u~ ~ubre el bien. Les wm:cix;ión de Dios
como una voluntad penonul, CU)'" ucción Ne maniticstu
y expresa en todo ucontccimic:nto, tiene 11u oriscn, nntu•
rnlmcntc. en lu Bibliu. Pcie u cACa impronta blblica de su
comprensión de Dio5, Agustin c:oncebla la forma del
ser de: Dio~ como goce otútko y n:posudo de su tmns-
condentc beatitud. A¡uslin no cayó en ha cuento de la
opo1dción entre estn comprensión de Dios )' el Dirn, de
Jcaús, el Dios <!el reino venidero, cuya rc,didud cst4 con•
cluida en el venir de su reinado. Aqui radica el fallo de
mlas arnvcs consecucncius de la ética de Agustln.
E1tc fallo se manific11tn en un11 tcndcnci&a II apartarse
del mundo. Se trutu de unu tcndcncit1 que caractcriu
la actitud frente o.J mundo del dualismo y pesimis-
mo de la antigüedad tardfa; no constituye, pues. una
caractcristim propiu )' csclu5iva de Agustln. Esta ten-
dencia determinó y11 muy pronto lu corriente principal
de IA reli¡iosidad cristi11na primhivu y coloreó l4mbi6n
toda la cscatologta de Agu1'tln. Sistemt\ticamcntc, este
influjo sobre AgUsUn se e."<plíca por el hecho de que la
escatologlu ori¡inurhamentc cristiam1. enfocada a unt1
1ransform11ción del mundo. no tuviese repcn:u,dón nl-
¡unu ,obre su idea de Dios. Pana Agustln. Dios cru.
precisamente en su más allá. la ~uma y esencia del bien.
En la idea de Dio!t se encuentra incoada una tendencia
escapista, 5icmpre que el fin de nUCJtros unhelos reliai<,-
'°' no sea Dim c,,mo el que viene ni mundo, ~no en su
diferencia resp«to ul munJo. Estu tendencia a escupar
del mundo sólo puede superarse tnansformundo la misma
comprensión de Dius. No hasta con explicar a Dios como
un 5er en el mb ulln. que dc~sa en si miamo, cons-
tituyendo. aHi, el fin último de toda tcndcncha hum&lna.
Es necesario que Dios ilumine el presente de ha accióñl
humana, como el Dios que afirma el mundo, como el
Dios que no es sólo su creador sino también su futuro.
puesto que quiere c"tablcccr ,u rc:inndo en elite mundo.
La identidud entre Dio\ )' el bien ,upremo. ufinn11du

95
por Agustln. adquiere toda su tuerza de convicción sólo
en el contexto de c,ua comprensión de Dios. Pues Jólo
la idea de I" venida del reino de Dios corrcaponde a la
rehuividad del bien rct~to &&qu6~ ¡,nra quJcn et bueno.
Con el concepto del bien va yu dadu una referencia de
su futuro al pn:f¡Cntc del hombre >del mundo. que estAn
neccsitndos del bien y que dcbcrian participar de él en el
futuro. Hay que considerar, pues. u Dior. como el bien
1uprcmo, no en un más allá lcjuno y ulsludo, 5Jno en el
futuro de su reino. Entonces, la tendencia hacia Dios,
como el bien supremo, se volverá ,11 mundo, del mismo
modo que Dio, mismo pretende trnnsíormar el mundo
mediuntc "u rcin11do. T"I cambio de dirección de la ten-
dencia haclu el Dio, del mils allá mi mundl, - una con-
versión al mundo- corresponde al poder sobre el presen-
te del futuro de Dios, ese poder del futuro de Dios que
tan fundnmcntol ruc para el mensuje de Jesu1, y que
alcanza tiU mas alta concreción positjva en el amor.
De este modo, la cuestión filosófica sobre el bien
aparece no sólo como un camino para la fundamenta-
ción del lenguaje sobre Dios, al ponerse de manifiesto
su renlidnd divina en h1 preeminencia del bien 1obre
toda tendencia al bien. Se ha mo~trudo, adcmAs, que la
preaunta sobre el bien converge tambi~n con una com-
prens.ión totalmente dctcrminad11- de In realidad divina.
unu comprensión de Dios no como mAs allA que cncuen-
tna su aatisfación en 1I miimo, sino como p1rticipución
de si mismo que viene ni mundo. Las impliC&tciones reli-
gioso-tllosótkas de la preguntu sobre el bien se hacen
patentes sólo por su vinculación con el mensaje de Jesús
sobre Dios. como el Dios que viene al mundo II fin de
implantar su reino sobro 61. El concepto del bien. como
fundamentado en si mismo y trascendente frente II todo
lo existente yn sobre el mundo, incluye siempre la idea
de Dios. Pero. por otra parte. Dios es pensado estricta•
mente como bien supremo, 1610 si es pentado en su re-
íerench, nl mundo y &a la humanillud y. cicrtumcntc, en
la referencia concreta que significa iu uutocomunicaclón
)' su reinado sobre el mundo. Sólo asl, corresponde la
comprensión de Dios al concepto del bien mismo, en
cuanto 6slc de,-ignu lo que ei bueno pnru el hombre
pretentc en ,u mundo presente. El Dios id6ntico con ,u
reino venidero se nos muestra como el contenido concre-
to del bien, 11un no ante nosotro11, pero deseado y codi•
cindo, ni que se dirige Jn cuestión dtlca fundamental.
No Dios on su abitracto mas allá. sino Dios en
el venir de su reinado sobre el mundo. se nos hn mos•
trado como el bien supremo. En este conocimiento tiene
lugar un cambio de la tcndcncin huciu Dioi. en la purti-
cipnción de la voluntad amorosa de Dio, frente ad mun•
do, cambio que posibilitn la superación definitiva del
eudcmonismo. Puc5 al participar en lu dinámica de la
afirmación del mundo por Dios, el cristiano se liber1 de
111 estrechez de ~u lntcm por su propiB ícUcidad indivi-
dunl. Por lo dcmib. el hombre se, libena de e1ta pregunta
por su íclicidnd, sólo si ~la estA incluida en el amplio
contexto de la afirmación del mundo por Dios. La par•
ticipación en la aburcante voluntad amorosa de Dios
.frente al mundo es yu comunidad con Dios mismo, y
áte es el único modo de nlcanz.arla: quien permanece en
el amor. permanece en Dios y Dios en 61.
No se puede. ciertamente. afirmar que ~te cambio
del anhelo del Dios del más allá en el amor al mundo y a
los prójimo,, h&&yu pcrmRnccido simplemente olvidado
e inoperante en la teologla cristiana. Nunca fue olvidado
que ~I amor de Oio~ ("ondu~ ni amor del pr6jimo.
Pero tambi6n es cierto que rara vez se cayó clurnmcntc
en ha cuenta de que el amor n Dios nunca puede alcanzar
la realidad de Dios en el aishamJcnto de un m.b 11116. lino
sólo por la participación en su amor ni mundo y a los
hombres. La clave para esta conexión entre el amor de
Dios y el amor del prójimo es In identidad de Dios con
la venida de su reinado a e1tc mundo. üta identidaad
nunca hn iido complctnmcnte comprendida. porque Dios
era representado como ser transcendente y no como el
el poder de su reinado venidero sobre la tierra. Por esto,
tenla que parecer como si el amor II Dios se moviera en
una dlrccclón di1tintu que el &&mor al prójimo. Mientras
el amor al prójimo pcrmanccln sobre la horizontal de
la realidad terrena, el amor a Dios parcela indicar la
dimensión de In verticalidad. Casi nunca se vio claramente
que el amor al prójimo es participa&ción en el amor de
Dios ni mundo )' a 101 hombm, puniclpaclón, por
consi¡uiente, en ha vcnidu del reino de Dios. A esto

91
deberla remitir propiamente el coacepto de la gracia;
pues gracin 1i1nificu. preci1amcmtt, participación del
hombre c,n el poder del amor de Dio,. e1 decir. del Ea•
plritu Santo.
En estrecha conexión con el dulllismo del amor de
Dios y del prójimo. se encuentra el hecho de que en los
,ialoa xvm y x,x llepna u tener importanci11 un duuliamo
parecido en el concepto del bien 1upremo. El Dios como
bien supremo de la 1radición cristiana fue dislinguido por
Leibniz y Knnt del bien supremo que ha de malizar el
hombre en e1te mundo. Hecha la distinción. efite último
fue considerado como tema de In tarea 6tica del hombre.
Tambidn en esta dire'9-ción deMlrrolló Schlcicrmncher su
6tica como doctrina del bien. Velo el bien supremo en la
«completa y total interpenetración y unidad de natu•
raleza )' razón», como resultado de un proceso de apro•
piac:idn de ha nntur,dcm por l11 r11zón, en cuyo transcur-
io el hombre convierte 111 naturaleza y In trand'orma de
un modo cado vez más intenso en un instrumento de su
autoreali1.ación y de este modo. 11I mi1mo tiempo en un
slmbolo de su propio determinación. La ltica de Schlcicr•
macher se prcsenaabn, asl. como una fllosofta de la cultu•
ra y del proceso de su evolución. Lo grnndioso e imprc•
iionante en estu ética consiste en que c!S extrniln. como
quizá ninaunn otru ética cristiann, a toda tendencia esca-
pista del mundo. La ética de Schleiermacher es el ejemplo
mis imponante de una 6tJca protcllAnte completamente
enfocadu al mundo y a su conformación. Pero el motivo
de esta ética no es la venida del reino de Dios al mundo.
sino su apropiación por el hombre. Lu primacla ontolóai•
ca del bien s,.,bre tod11 tendencia humanu se vuelve II pcr•
dcr en ella. De un modo di,tinto que el eudcmoni1mo.
Schleicrmnchcr vuelve tambi~n la pregunta por el bien
sobre el hombre mismo; el bien se convierte en proyec-
ción de su proplu uutorcprc,cntación. El bien supn:mo
11purecc fAcilmentc. cm este contexto, cm In forma de uno
proaramAticu u mslizar por la acción humana. Sólo
asl puede hacerse eficaz, dentro dt este planteamiento.
el bien supremo como norma ~tica. El espf ritu de la ética
de Schlcicnruacher recuerda en esto n la dinAmica de los
movimicn10, rcvolucion"rioa c:n lu historiu modem11 y.
por 01n, parte, a Ju comprensión Ubcrul del reino de 0101

98
QOfflO un idea a realizar definitivamente por la acción
humana en la 10Cicd11d. Sin embargo, lo que siempre
causa inautisíncción en tales proyectos, es que todo pro-
¡rama definitivo dcs1.-onocc lu pro\·ii.ion&11idnd de todais
lu rcnlizaciones ~tica.~. No ~n baldei. todo, Jo, movi •
mientos revolucionarios 5e toman de repente conscrYa•
dores, una vez llevada u cubo la revolución. Entonces. lu
atruc:tum cstublccida de poder M: identifica muy rtacil-
monte con el bfon supremo, tal como podemos ver hoy
en el comunismo de impronta sociética. Pero problemas
similares resultnn también alli donde una sociedad cris-
tiana c11tablccidu se ,dcntiftcu con el reino de Dlo5 o con
IU forma prcAC:tlc. Se requiere una visión de lo cranscelr-\
dente - pero de una tmosccndcncia que no permanece
~ un más allá distanciado, sino que penetra en el mun-
do- pam recuperar de nuevo In diitoncim critica de todo
ostado o jltundon presente junto can el entusiasmo por
la transformación del presente, iin olvidar al mismo ticm•
,o. la provisionnlidad de toda forma ahora posible del
mundo frente al futuro de Dios. Este es el significado de
la comprensión esc;uológfoa del reino de Dios p11ru la
dtica social: el reino de Dio, no se debe confundir nun-
·ca con un dcterminndo progr11ma social. Permanece
~emp~ futuro frente a todo prcsontc, tambicSn frcntc
a una futura sociedad mejor. Pero su futuridad no sig-
nifica un más alifa sin ruerzu y sin vigor, sino futuro que
Jmampe y llep, del cunl proceden loa impulao1 p11na uno
cdtica y una traruformución siempre nuevas de la so-
ciedad establecda~ hacia un futuro de la libertad, de la
paz )' de lu convivencia en ~<diálogo libre de toda cstruc•
tura de dominio••· -· en respeto mutuo )' porticipaclóLJ
mutua de lo, hombrci. El rcinudo de Dios. asl concebido,
no tiene nadu que ver con el optimismo evolucionnrio
de la antigua teologia liberal, que H. R. Niebuhr carac-
terizó con In )'a ramosa frase irónicu: «un Dios sin cólera
conducln " hombres sin pecado hacia un reino sin juicio
por la mcdiacion de un Cri8to sin cruT.». Por muy justi-
ficada que sea esta critica. no por eso debe llevar a ol•
vidar la relevancia ética del reino de Dios. La idea del
reino de D1os no hn sido siempre opcmntc en la hi,torin
de la 6ticu cristiunn de can al juicio de la socied1d. En
IU lu1ar. se afirmabn un duali11mo entre este mundo

99
del pecado y el reino de Cristo limitado a lll iglesia. Siem-
pre que esto ocurrfa, se dcsnrrollabu normalmente un
conservnduri5mu cri,.tiono, al que ho)' se le reprocha.
con razón, su falta de responsabilidad paru las nece-
,idadN de In roci~nd y J\ftl'a In rxigencia de ~u 1rnm1•
- formación. Pero la idea del reino de Dios. se mostrará
rcle.vonte no sólo dentro de 111 tradición criitiam1, sino
tambi~n psan, ha tarea mili general de unn nuc\la funda-
mentación de lu 6tica. El concepto de la venida del reino
de Dios soluciona los problemas en el concepto del bien
supremo. sin introducir arbitrariamente motivos su-
pr11naturnle1. De nhl, que parezca upropl11do parn apor•
tar una nueva significación a la perspectiva de la 6tica
del bien. como camino a seguir en unu reestructuración
necesaria de la ctica en general, una vez que las formas
tradicionales de la ética impcratiw, &in mediación al-
guna, se han mostrado ineflcacc1 e lncrclble1. La ldoa
del reino de Dios 1upcra. ademas, la estrechez de una
6tica orientada únicamente a la problemática existencial
del individuo. sin elevar a la catcgorfa de bien supremo
una forma detcrminadu de sociedad ideal o una ya es-
1ablecid&t. La comprensión e1CUtolósJcn del reino de Dio.
puede uyudar. de e!ilc modo. u cvitur lo~ puntos d6bilcs
del evolucionismo libcrnl, que ya puso do manifiesto
Niebuhr: al no ser el hombre el que determina aquf la
perspectiva. aino el íuturo escatológico de Dios. ha crl•
tica del presente: y ha 11mcnua prorética de la cólera
divino ocupan el lugar que les corresponde. Un11 onto-
logla orientada no al presente ni a Jo eternamente idén-
tico, 1ino 111 poder del futuro sobre el presente, no puede
ter conservadora ffl sus conscc:ucnclai, en el sentido do
l un mero permanecer en lo efltableddo y de conservarlo.
r>cro no hay que olvidar que el amor cristiano no anuncio
solamente lu aniquilación de lo presente )' establecido.
le anuncia también. y le ofrece. la posibilidad de la sal•
vación. Con todo, In critica de lu, tendencia, u permane-
cer en lo estnblccido y de 1u ntructuns de poder son in-
dispensables. Significa desvelar y hncer patente el pecado
de los hombres. porque el hombre está determinado a un
futuro mejor. que: predice y anticipa el mensaje de la
venida del reino de Dios. Todo lo e.stnblecido ha de trans-
rormarse pura ser salvado. La ~rllicu de la forma esta-

/00
blccida de la sociedad será ocasión de repetidos conflic-
tos con lolli podcrc1 del inmovilismo, cuyo resultado fue
una ve1. I" cruz de CriKto. Y cuando un individuo o unu
aocicdud 11e niepn a tranr,f'orm11ne en ha fom1a corrc~-
pondientc n~ria. su futuro les sobreviene aniquila-
doramen1e, como Juicio de Dios en la historia. 1:1 anuncio
de este juicio para el mundo. que st cicrrn y huc:c sordo
• la llnmada a la trun,.formnción por el amor. ha c1tado
siempre vinculudo con el mensaje de la venida del reino
de Dios.

., \ /
.. ''.'-
Pero é,cual es el contenido d/ c~c mensaje? ¿Cuáles
son las impli;acioncs itica.\ concretas del íuturo del
reino de Dio•'! Esta pregunta no se puede mponder,
completA y dtfinilivamentc, de un11 vez pura toda.a. El \
futuro de Dio~ 5C manifiesta pllrn cadll presente en una
forma nueva. Por esto. el futuro del reino no es ningún
programa. aunque ofrece puntos de vista, que pueden
su¡crir )' C8timuhar proyecto, proamma\tic:os pura cadn 1
situación. Pero tales programu wn ,iempre de un11 va- 1

Udcz provisionGI y han de ser sustituidos por otros, si


la situación cambia. Tambi~n es verdad, con todo, que
a los hombrct 1e les han impueato. repetidamente, de-
terminados cnfoqun fundnmentales de acción. con Ya•
lidez permanente pum lus situaciones más divel'l&la. Pero
no te trata aqul de principios. de los que pudiera deducir-
.se una progra:nática exacta para la acción por su apli-
cación II la 1itunaón concreta correspondiente. Cada unn
de tale, pro¡rumAticas )' su critica correspondiente de
lo establecido quedan rcservad,H a un proyecto creador.
a una intuición del poder creador del íuturo de Dios,
del mismo modo que el amor es creador e indeducible.
Pese a todo. In ideu del reino do Di05 ofrece cierto,tri•¡
terioa. que potibilitan una orientación 6tica de 111 acción
humana para diversas §Ítuacioncs imaginables.
El gran descubrimiento de Jesús fue que el acontecí•
~iento del anuncio precursor de In ~nida del reino de
Di01 ea ya por si mismo ha revelación del amor de Dios.
BI reino de Ojos no viene por sorpr~m y aniquilando

/0/
todo lo que encuentra en su camino, sino que es anuncia-
do antes. Oracias II Cite hecho. ni hombre se le abre la
posibilidad de abrirse ni futuro dt Dios. encontrando
asl, ahora )'A, comunidad con 61. con el poder que decide
sobre el futuro de todas las cosas)', de este modo, sobre
el significado definitivo de todo lo presente )' pasado. El
anuncio del reino de Dios )' !IU llegada e,¡, pues. ha rtve-
lación del amor de Dios, porque en cMc: ucontccimiento
\ viene dada ha posibilidad de ha comunidud con Dioa y.
con ella. al mismo tiempo el perdón de los pecados.
1 Pero, a su vez. la comunidad con Dios sólo es posi-
ble por 111 portic:ipación en su amor creador. que sapor1a
todo ser y dn n cada uno, scaún su pcculiaridud 1ingul11r,
duriación, existcncin nutónoma y contenido cxi1tenchtl,
a través de la relación con todos los restantes seres. Pues-
\ to que Dios es el Dios único y uno de todo lo existente,
su amor no se dirige de un modo exdusivo a 6stc o aquil.
como si cada ser exiiticrn para si solo, sino II toda la
I humanid&1d y, a trav~ de ella, al mundo. Participar en
\ el amor de Dios significa participar en la dinimica de
una historia que une la humanidad, ul unir a los indivi-
~ duo, en la prc1untu por el bien !Uprcmo c:omún, que
-lo 1epan olios o no-- viene: t.-on el futuro del reino de
1
Dios. Una acción que procede del csplritu del reino de
1 Dios es una acción que acontece a partir del espiritu
\ del amor creador y, en este sentido, actúa integradora-

l
·, mente. Tnl acción intc,ra bt vidll del individuo partJ-
cular en una identidad personal, la integra en una co-
munidad que, por su parte. está referida con todo sen-
tido a comunidades mis amplias )' abarcantes y a la
totalidad de la humanidad. El mutrimonio, comprendido
cri1tian11mentc:, ha llcpdo a !liCr, en el ,mbfto de las re-
laciones de la vida individual, la anticipación mAs densa
de In realización escatológica del ser humano por el amor.
El amor se dmge a la integridad corporal y espiritual.
ad ser total del amado. La totalidad del amado, para quien
es el amor. es iddntic:a con su mismidlld, de tal modo que
el amor busca )' pretende la autonomJa del amado.
El amor creador no mantiene al otro en dependencia y
minorla de edad. El nmor reconoce al otro como persona
, y, de este modo, como Ubre e i1ual. La comunidad
personal es sólo posible en la liberlDd mutwa y cuando.

/02
al menos. se concede igualdad mutua parn la base de
una comunimción personal. El pensamiento del nmor ·
implica. por consiguiente. libertad e igualdnd como con-
dicionet de intcgrídud peraonuJ. Su ttalilación y "u' li-
mites se podrían observar en ejemplos de la historia del
matrimouio )' de lu~ n:hu.:iunc, c:1un: lo~ ~.,os. Y aqul.
i1ual que en la ~\leiedad y ,u \'ida polltica. libertad e
i¡ualdad no han llc1ado uún. ni de lejos. u realizarse en
lu forma mAs clevndu posible. Esta~ unu de IM lilrcn¡-•
de la critica ética de h1 sociedad o la luz de la venida del
reino de Dio:1: ha de patentizar los limites de la realiza•
ción correspondiente de libertad e iaunldud. y proycct11r
nuevas posibilidades, form,u mái clevadu de la liberu1d,,,..
e i1uoldad d( los hombres. .-·
Vistas las cosas históricamente, no se comprende por
si mismo. que el amor criitiano implique: la liberación
de nuc1tro~ prójimos a la libertad e i1umld11d. Ha sido
necesario un largo desarrollo histórico para que este
conocimicnco llc,nr" 11 imponerse. Y esto. pese a que el
concepto de libertad designa. ya en el nuevo testamento.
1A vida nuevn de los creyentes. En esto se ha de distingufr
el sentido cristinno de ha libertad y de la igualdud de h1
concepción ciloicu. que tunto h&i marcado lu tilosofla
cristiana en In historiü polltic:a del occidente. La opinión
estoica era que los hombres han sido. todos ellos, ori-
af n11riumcnte libres e igu11lcs. pero que han corrompido
1u nnturulcia por su propia culpa. E»ta concclk,,ión es
muy dudo~. Si uno mirJ a lo~ hombre5 tnl como ~on.
se encontrará normalmente con que no son ni iguales ni
libres: y es una abstracción bastante cruel tratar los de-
stawalcs como fii fucm&n igunlcs. Pero si la actWll rcnlida""7
no es. ".¡c,rtamcntc. iguuldnd )' libertad. si lo e~ lu ultim_a l
detcrminadór. de los- hombres. El cri1tiano participa~•
ahora yu, de esta dc&crmina'-~ón última del hombre por
medio de su fe en Cristo. A partir de aqul. en el siglo xv
hubo cristiano5 amcrican05 que tuvieron el valor de cons-
truir, ya nhom, inclu,m l\U vida polltia& M>brc lo5 fundn•
mentos de la libertad y la igualdad. Pero. bien entendido.
que tomando éstas no en el sentido superficial de lograr
un nivel medio igual para todos. sino como ofrecimien-
to a cada une de la po!iibilldod de alcanmr las mhim11,
roalizucioncs de ha exi!iltcncia hunumu. Cosa que ,upone.

JOJ
que los más perjudicados han de recibir más ayuda
¡ que los dcmlls. Cuando la libertad e iguialdud se convier-
ten en funtlumcnto de la vida polltica, el individuo ca el
1 fin del cswdo. no aJ rcv«. Pnr Cllto, el poder ejecutivo
del estado sobre los individuos es restringido en In his-
toria constitucional contemporánea. Podrta. tncluw. ocu-
rrlncnos la idcn de que la sumn de lo• individuope de unn
sociedad se g,,bicrm, n 11 mi•mn. Pcm debcrfamos tener
bien clnro, que ettu idea del autogobierno o de la sobera-
nla del pueblo es una ficción. La totalidad de los indi-
viduos no gobierna en ninguno partt. Por esto, la idea
de la sobcranh1 del pueblo ~ convic:rtc fAc:ilmcnte en el
in,trumcnto de unn idcologln. que enc:ubrc h11 eAtructuras
y relaciones de poder y dominio existentes de hecho.
MAs realista que la idea de la sobcranfa del pueblo es el
principio de que no debe gobcrnane sin el asentimiento
o adhesión de todos loa individuo, o, en todo CQJO, de ,u
m11yorf11. V aun e, más importante que loti gobiernos
no Jo orienten todo a la adulación de todos los grupos
de la sociedad a fin de conseguir sus votos para las pró-
ximas elecciones: su meta ha de ser. m6s bien. prutr ha
mAyorla de los indh·iduos pana lo que promucvu el bien
común y universal. En ha moderna demomtcill hay tam•
bién frecuentes tensiones entre la voluntad fa\ctiCA del
pueblo o de su mayorfa y el bien universal. Se puede
describir esto como tensión entre soberanla del pueblo
)' rcinttdo de Di~. Pues en el bien universal o comun se
trata de la relevanci11 del futuro de Dio~ )' su reinado
para el presente. La antigua democracia fracasó a la hora
de resolver la tensión entre soberania del pueblo y reina-
do do Dios. Las riv&Llidadcs de grupos y los csfucno• de
los aobernantes por aarudar a unu muyorla, ldlo podlan
, conducir al descuido e incuria del bien común. Y. sin
embargo. sólo donde florece el bien común. pueden
crecer y madurar la libertad y la igualdad en el marco
de instituciones libcraloa duradcm. El bien común. h1
1 expresión de 1A 1oberanla de 0101, debe ()(Upar un lupr
más elevndo que la voluntnd de la mayorfa. La opinión
pública ha de ocuparse. especialmente, de que el bien
común sea respetado. y en su marco tiene también su
sitio la tarea de ha prccUcatión cri1tiu1A írcntc n hu in1•
tituciones pollticu de la sociedad: 1elwmr ha venida del

104
reino de Dios comprometiéndose por la urgencia y pree-
minencia del bien comun sobre todos los intereses y
prejuicio• particul11m.
Como conclusión. dc:bemu, toduvia explicar en qu6,
c:ontistc el bien común. El reino del Dios del nmor crea-',
dor Implica no sdlo llbenad e Igualdad del Individuo,
lino tambiin p.11. y justicia, tanto dentro de una sociedad
particular como en relución a ha totulidad de la humuni•
dad, de la cual e, responsable, en su medido cormpon-
dlente. cada una de las sociedades particulntts. Es sia-
niftcativo que paz )' justiciu sean los bienes salvlficos.
que ocupan el primer plano en ha cspc:111n1.a veterote1-
1amentaria en el reinado de Dio1.
Ahora bien. puede mostrarse que lo, bicnc& sulvl~ 11
ficos sociales de la paz y la justicia se encuentran en es- ¡
trecha relación con In libcnad y la igualdad del individuo/,
Libertad e isualdad no l'On m1b que dot momento, en el
acontecimiento del r«onocimiento personal por el amor.
del mismo modo que la paz no es más que un estado
fundamentado por una relación de reconocimiento mutuo
y ttdproco. De las relaciones mf ni mas comunitarias
entre hombre,, 1111 como de lni rc:lnciones a nivel de es-
tad01 y naciones, puede decinc que la paz surge: única-
mente por medio del reconocimiento mutuo.
La paz dentro de una sociedad. entre sus grupos, se
realiza siempre y en cada ca.~ en un estado de justicia
rcdprocnmontc rccono.:ido. Aqul no hay - como opi-
naban los griego, - unn medida válida para siempre.
que determine lo que C) justo. El amor. que reconoce los
.conflictos socia:cs y funda la paz, crea en cad11 instante
)' situación una justicia nueva, pero siempre orientadn
a una realización m&b plcm, y acabada de libertad e
illJllldad en las relaciones de: los hombres.
Como la paz dentro de una $0Cicdad. tumbidn la
pu entre las naciones se basa en el reconocimiento mu•
tuo de las diíennc:ioA existentes en- el marco de hu tnrca1
comuncr. y de lu rcspon1abilidada II favor de una e,,.
munidad más estrecha entre las naciones y de la totalidad
de la humanidad. La libertad y la iaualdad deben ser
también los determinantes del trato entre las naciones
de cana al desarrollo de 1us rclacloncs. Un etlado au1~n-
lico do pu sólo puede mantenerse si los intereses nacio·
JOJ
nalcs M>n Jubordinrados u In comunidad de la humanidad.
Una de las ideas más antiguas y mejores de la ética po-
lltica crisliuna e:, que a la univcnnlidad de su unico Dio,
debe corresponder lu unidnd de toda ha humanidad en
su reino. Esta idea sigue sin perder hoy todn 5U vcrdud
y vnlidcz. Sólo que hoy habria Que juzgar como utópico
el intento de realizar la unidad de la humanidad por
medin de lu uniíormidod de un imperio. l..n unid11d.
In pnz de In humunidnd puede llegar u ser realidad sólo
por el reconocimiento mutuo de lu distintas naciones )'
sistemas sodab. La renuncio a In propagación del
propio reinado aparece en tod" esto como la condición
neccsariit de todu reulimción provi!Jionul de 1&1 unidud
escatológica, nün por llegar. de la humnnidnd.
La provisionalidBd del prcscnu del reino de Dios
venidero se cnrne1eri1.a por un plurali5mo de las formas
de vida. tanto en el imbito internacional. como dentro
de h11 sociedudes pnrticulare1. Lu unidad del reino de
Dios supcrd este plurnlismo no por unu determinada
uniformidad. sino sólo por una u1idad que se realiza
por el reconocimiento mutuo y por la cooperación.
fundadu en este reconocimiento. de lo que ts diveno.

~
Podemos decir. que la provihionulidnd de todo lo
crreno es uno de los puntos de vista más importantes de
nn éticn fundada ~n In vtnido d~I reino d~ Dios. Pero
o se crea. que se trata de algo pummente negativo. Lri
provi~ionnlidnd de Jcsti5. el anuncio del rcinndo de Dios
uún futuro. es ha rcvch1ción del &1mor snlvador de Dio1.
El 11mor es la presencia de lo definitivo en la forma de la
'. provisionalidad. Para él. lo provisional no resulta dcma-
,l 5iado pcquei\o. Quien quiera realizar )'ll In dctcrminu-
. ción definitiva del hllmhrc en el paso ii9uiente. tenderá
irremisiblemente n dcttruir lu realidad presente de lo,
hom brcs. como cn~ña sobrudamcntc la historio de las
revoluciones contemporáneas. Por el contrario, la espe-
ranza en el reino de Dios sube que la plenitud está
nun pendiente de realización. Sin embargo, no permanece
innctivu, sino que tnsns(ormll el pmcntc con lu fuerza
de su ccrtel!l del futuro, con la fuerza del llfflor. Al man-
tenerse consciente de la provisionilidad de su hacer.
permanece abierta n nuevas y mejores wluciones de las
necesidad~ que trata dC" solvenror. De este modo. per•
· manece ubierta 111 futuro del reino de Dios.
/{16
4. Manifestación • como llegada
de lo futuro

Las ambiaücdadc~ del lenguaje ttftejan a veces es-


tructura." o realidad~ cósicas problemáticu. Es lo que
lambi6n ocurre con In palubrn «aparft.-er• (maniíestane).
Cuando dedmo5, un conocido (o un dosconocido hastu
entonces) se me "llpareció» para hablar conmigo, lo que
entonces qunem('I~ dtcir tt:S: ,1 vino a mi. ~ hb:n patente
en mi alrededor, por ejemplo, en mi hnbicación. No
sólo parecfa alar ulll. sino que ~,,aba real y verdadera-
mente. Al apnr«érsonos 11110, cale alao no sólo puttc:c
estar junto a nosotros. sino que verdaderamente esté
ahl. Aparecer y ser se aproximan aqui sobremanera.
Sin embargo. p<,r otr11 parte. mi conocido está tnmbién
ahl. aunque nn apurezc:a unte mi. Si c~h., vule incluso en

1. La palabra alemana &Jc/w/lffllW tiene un <X>ncenido 1e-


m4ntico mu amplio qu la castellana manfrcstaci6n. Er«lwlnlllW
comprondo tambtffl lo que on cutollaao llamamoa aparidón. fe•
n6mcno, reallda.i Mtn•lblo o apanrnte. Seaón 101 context01, he-
fflOI optado por n101 diwRO\I ,t,nlflcadot. N0t hcme>1 decidjdo
por ma1dícstadcla como attalo111Jt11m ¡win«PJ porque, a el tmni•
no que mejor c,p,-i II realidad tco16aica. que el autor trata
apecialmcnlc m el apanado 8Cpndo. Aparición, traducdón nor•
mal do Er1thtlrwn1, la homoa detclnado como t6nnino f'unda•
mental porque 1U coMotadón reHal01A-1upnanaturalts1a la hac!a
lnadocuada ( N. d,I T.).

/07
el ca.so de que no aparc7.ca cm at»olato en ninguna otra
parte - ti mi conocido c\tarla tambc~n cntonce1 uhl -- ,
es ciertamente muy dudoso. Po,pon¡o ahorn cstu cues-
tión. En todo caso. In exiitencio de mí conocido no
coincide con su aparecer o manifestarse ante mi. De este
modo, distinguimos entre lo que es :t.lgo en si y para si
(o tnmbión: pnra otros) dd modo com,, 11pnrcce unte y
pane nosotro~. Estu diferenciación M: encuentro )'a m lo
palabru ccupar~"er)> miunu. Apurecc ante mi aquello que
en si y para si es más. que lo que de ello se mnnificsta en
la correspondiente ocasjón. En este ~ntido, el concepto
de fenómeno en Kant remite n un \Cr-cn-~i di~tinto de
61. porque rcsultarta ubsurdo que el fenómeno ~ dicru
sin algo, que se manifiesta en él •. Lo que ~e quiere decir
con esto no es sólo que el fenómeno tiene una detcrmi•
nución concreta. más bien en el concepto mismo de fe•
nómcno se dice yu que en el se manifiescu al10 que c1
mé, que aquello que aparece de ~l. La ambi1Ucdod de
la palabra ,cmunifestución>) (o aparición) radica, por con•
siguiente. en la relación entre manifestarse y ser. Por
una parte. manifestarse iignifica t:tnto como existir.
Pero. por otro, lu manifeMación. entendida como tal.
remite a un ser que le supera y traneciende. ¿Cómo uni•
ficar estos dos aspectos de 111 sianificadón de la palabra?
¿O no tienen nada que ver entre si. de modo que la pa•
labra que con,tituye In unjdad de ambos sea sólo u.na
cuualidod sin nin¡unn tron1Cendcncia '?

DirijAmon,u con c,-ta prcaunw u lu hi,toriu del con-


cepto de manifestación. Aqul domi1a. a lo mas tardar
desde Parménides y especialmente bajo el poderoso in-
flujo de Pintón. la tendencia n scpanar mnniícstación y
s.cr. El mundo de ha manifcstacaón. de 111 realidad apa-
rente y se1"ihle, el mundo de 111 do.'(a, es conaidcrado
como una mezcla de ser y no ser. como de un rango in-
ferior que el ser existente en si mismo. Este se presentaba.

l. l. kan1. K,111k lkr rt1M11 V""""''· 2. Vorw .• XXVII.


108
para el platonismo. como el ser de hu ideas, que se re-
fleja sólo impeñcctamcnte en lu apariendau sensibles
y que permanece in11.1equiblc " la percepción de lo~ sen•
tid01. 11unque lo capte el entcndimicrno. El 1er es con-
siderado como exisccntc y permanente en si mismo.
eterno e inmutable: las manifestacáoncs. en las cuales
IC refleja, no le nfhtdcn nadn. No debemos omitir o
callar que c:stu concepción, expresado por Pintón fun-
damcntalmcnlc en Fed6n y en Rtpubllca. no ,sgolll
toda la profundidad de su pensamiento sob~ las ideas.
En la idea como forma contemplada. como ha mostrado
espccinlmentc Jullus Stenzcl. cs1' incluido )'R orilina-
riamcnte el aparecer; la idea c1. precisamente, la formu
que rctplnndccc ~n In manifestación sensible. ul como
la idea de la belleza es experimentada en lo bellamente
construido. A partir de este punto. la separación com-
pleta de la ioea y de su mnnifestación podla sipiflcar
para Pintón sólo una po~ibilidad llmice: y 61 mismo h11
expuesto su insostenlbiUdnd en su Parmd11ltks: si idcu
y manifestaci6n se separan una de la otra. se necesita
otr11 idea distinta para fundnmcmtar la afinidad entre
b11 dos primerns. Pero. a su vez, ti la nueva idea. como
tnl, se separa tombiin de aquello cuyu semejan1.11 hn de
fundamontar, nos encontramos de nuevo con la nece-
sidad de otra nueva idea. etc. 1. La separación entre
idea y manifestación, tan vehementemente combatida
por Aristóteles, fue >'" consldcnda por Platón mismo
como insostcnJblc. Otra coill ei que Platón llegase de
hecho a superarla. Esto ya es más dificil de afirmar. El
influjo de la comprensión eleática del ser sobre él parece
hnber sido demasiado fuerte para que esto fuera posible
y cspccinlmcntc lu idea de que lo que verdaderamente c5
no 11ece.slta. ' on su inmutabilidad. de ningün otro ser.
para su ser. En consccucnchs, la idea, comprendida como
lo que verdaderamente e-,, tenla que ser completamente
indiferente ra :a mnnifestación y II su relación a ella. Asl.
en estu 11uto,uficicnciu de In idea pcrmancrc:e en pie la
sepllnlción de sus fflllnifcstacioncs. El mismo Aristóteles.
como prueba su concepto de substancia. no ha podido

J. Parntlftli~,. 132 a t, ,. (11 Idea de la arandoza )' las eo1a1


arande1) ll2 e 9-lll a 2.
4. Diels. frumcnto 8. ll.
/09
sustraerse por completo de la sugestión de la comprensión
ele,tica del ser. Aal se hace comprcnublc, que a lo larao
de In historio del pensamiento. dondequiera se tcmati•
zasc el concepto de mAnif~tación. 111 separación de lo
que verdaderamente e$ de las manifestaciones, la pre-
eminencia de las substancias o ideas autosuficientementc
subsistcntel en 11 mi1mos sobre In reulidad aparente de
lo cxpcricnciu sensible. se mantu\·iesc como uno de los
motivos dominantes. Frente a esto, ,ignifiabn )'A mu-
cho que la relación entre ser y manifestación 5C consi•
dcrase como una relación reciproca. Hemos de dnr un
salto muy arande sobre toda la hisloriu de lu ttlnción
entre esencia y manifestación, para encontrar formulada
expresamente la reciprocidad de esta relación. Este ~ el
caso de He¡el. Se¡ün él. las cosas no son de tal manera,
que sólo lo manife1tación remita a In esencia. que se
m1niftestn en ella, como n au verdad. Por el contmrio.
podemos tambíin afirmar:

La esencia litn~ 11w manifestarse. E1 l&ltr fuera de si ( ~ l -


nn,J °'la determinación, por medio de 11 cual la CSCDCia
no a mero ser. ,ino etenda, y el ullr fuera do•• consumado
(mu ,,., ..,1c-bltr &h.tn,11) ca el rcoomcno <Er1clt,lm1111).
De llhf. quo 11 etenc:ia no esté tru o mil, 111' del fcnómcco
(manf(Mtaclc\n). dno (ltlti l'('r ~, ~ho <k- que la 8fflda
.ea lo que cwte. la CJliMcncia ~ fcn6meno , .

Para comprender ctlAs frases de Hegel, tendrlmmo~


que adentramo1 en las transfonnacioncs operadas en
el concepto de esencia, desde el ser verdadero de Platón
y la catc¡orla aristotélica de la v~:,éu hns1a Hegel. Sólo
u partir de ha disolución del concepto aristotilico de sus•
toncfa puede comprenderse lo que tn principio purecc
tan extrafto en la frase de Hegel, que lu esencia sea con•
trilpuesta ul ser. en lugar de presentarse inmediatamente
c:omo lo que verdaderamente es. Pcru icn como sea,
la frase. In esencia tiene que apun:«r o manifestarse.
hay que entenderla, aún en Hegel, ca el sentido de uno
prioridad ontológica de la esencia sobre su manifcsta•
ción. Con todo, hay que aftadir que la esencia se percibe

5. Hcpl, Aiu. t UI.

/JO
sólo e11 el descenso del mundo del ser a su fundamento.
al ser cualificado el enlc como muniíesaación o fc:nómeno
do un fundumento distinto de 61, que no es otra cosa que
la e1enciu. El íenómeno se presenta. entonce,, como
mero reflejo. como exteriorización de la cscnciu. esencia
que ~ ha de determinar m4s como concepto e idea.
Puesto que ha idea hcgclianu et pensada como cstructurR
lóaica inaemptlrnl -en ~,o se siauc esusndo muy cerca
del 5er intemporal de Parmcnidcs-. mult,a que u1mb1én
en al filosofla de Hqel (en contra de su penetración
comprensiva en la reciprocidad de escncilt y fenómeno>
este 61timo acabu por caer en lo inesencial. En lupr de
-como afirma Hc1cl - que lu idea e~i•ta wlo en los
fenómenos. fActic.:amcntc lo que ocurre es que ella en•
cuentra en los fenómenos de la religión o de la historia
meras' ilustraciones suplementaria& )' ulteriores de su
e1tructura lóJic-i1, e11tructura que se monlicne por y para
si mi,ma.
La separaci~n de ser (o esenciu) y manilcstación,
al parecer. sólo puede evitarse. si el ser y la esencia son
pensudas a partir de la& mllnifeitación misma, pero de
un modo mab decidido que Hepl lo hace. En cite sen-
tido. Kant ofrcce un buen pluntcamicn10 con su tesis
de que todo uso del entendimiento se relaciona con la
manifestación o fenómeno. Pero Kant. al presuponer la
contraposición tradicionul de cosa en si y íenómeno, lo
que pretendla eJlipreaar con aquella tni~ era la limita•
c:ión fundamcnllll del conocer humano. No ob.tunte. 1u
tesis ofn:clu lu posibilidad de pensar la fcnomenalidad
como rasgo íur.damcntnl del ente. Esto acontece de un
modo complctamcnlc decidido en Hcinrich Banh. Este
atribuye al fenémcnll M:r en el sentido de ,ubsistcnc:ia •.
rechaza 7 toda ,creducción del fenómeno 11 ser-en-si que
no se manifiestt)) y concibe el <caigo».. que se manifiesta
y que no puede ser pensado sin el fenómeno kantiano.
como el contenido interior eiddtico en el acto del mismo
manffcscanc, el cuul con1ti1uye el &cma de In lnttrprtla-
cldn ( Auslcgung) del fenómeno. La frusc. en el al~
es expresada la significación de la {siempre presupuesta.

6. H. Barch. Plrllow,pl,lr ,In l:."rs~ltlllHllfl 11, 1959, 617.


1. /bid., 4:17.

/JI
en este contexto, en su actualidad ~- contingencia) mani-
festación o fcnómcno •. invierte el modo trndicionul de
concebir la rclnción entre ,t~,,~ y fenómeno. Mnnifas•
tanc como c~istcncia es preordinado " todas detcnni•
naciones escnciulcs. Con esto, la comprensión bartbíano
del fenómeno se mucstr.i vinculada con In situación p0$•
thegelinna del pensamiento. &tu 11ituudón cstA carne•
tcrizada por los repetidos empcftos en poner de relieve
ha prioridad de Ju existencia rrcn1e u toda esencialidad.
frente a todas e5tructurns ciditias. Estn posición, si
no se coarta a ln antropologf n. nl1dc de lejos n la tra•
dición 1m1lo5ajonn del empirismo. Pero írcnte II concep-
cionc, que tomnn como punto de partido lo existente
en su pura facticidad, no se puede dudar que este asi-
miento firme de Barth al tema de la maniíestación. la
concepción de la existencia como de un algo que r.c ma-
nifiesta •. te ncrcdit11 como superior y má1 v&Uida. La ra-
zón e& que In idcll del mnniícstnrsc. con el ucto del cntru-
en-manifestnción al mismo tiempo, obarca tJsmbi~n el
<caigo» que se manifiesta. es decir. el momento eidc!tico
o cscnci11I.
La nuevo concepción de Barth del concepto de mani-
festación abre el acceso B lu conti111Cncia del acontecer,
a la historicidad de todD ex~rittncia, en ta medida que su
ocurrencia precede siempre toda inttrprctación de su con-
tenido. No obstante. la in1erprctnclón de lo que contin-
¡cntcmcntc se manific1tn, no ~ mueve sólo en el Ambito
iluminado por este suceso, sino que lo supera y trans-
ciende. La interpretación puede consumarse sólo en la
superación del suceso. que constituye su ocasión. En
~tn medidn. el (<al¡o~. que 5e manifinta. no se puede
pcnamr de nuevo como ul¡o comrlctamcnte encerrado
en el acto deJ manifestarse. Y, precisamente:, sólo a par-
tir de aqul estarla justificado caracterizur lo existente
como manlf~stacl6n. En el neto de superar el suct10 en 111
realización de su interpretación. \'Uclvc a aparecer de
nuevo (y en un sentido nuevo) una diferencia de mnni•
fcstación y ser.

8. /bid.• 617.
9. O como Emn1n1z: lbld•• 633 ,.

112
la superación de )a manifestación por su intcrprc.
tación puede aclararte a partir de unos temas mu)· unti•
1uos y, no casualmente, socráticos: al decirse qu; apu•
rea: en la mani(cttAc:ión panicular, 1e denomina cad"
vez un algo que se manificttu no sólo aqul, sino tambi~n
en otros sitios. Gracias a esta su universalidad (siempre
habrá de intcrprclAne en este 1entido) el d~c,; supcru lu
mnnifestación concreta y puniculnr. donde not sale ·u1
encuentro.
Con la posibilidad de: esta mülliplc manifestación del
uno de id6ntico aiao, viene d11do que éste no' se agote por
completo en ninguna de 1us maniícstacionc1. Siempre
quedarán otras formas posibles de manifcstarie este
4<mi,mo» alafl;. De 11qul puede sacarse IJ1 conclusión,
enteramente extraña a Platón, de que el a!ac..; contiene
. un momento do indeterminación, que va más allá de lo
. que &e puede conocer de 61 n partir de ,u manire1ta0i6n
, o de un cieno numero de ellu. Pero, en todo caso,
.· (y esto d iólo el otro aapccto de la misma estructura
'cósica) la manifestación concreta se presenta sólo como
una realización 5iemprc parcial de las posibilidades del
afl;i;, que se hace p11tcntc tn ella., Presumiblemente, la
obra de arte constituye una e,cccpción de esta regla.
En la concordia y armonia de partes y todo, que domina
en la obra de arte. se encuentra, en cierto sentido, supri•
· mida y asumido la diícrcncio de csench, y manifc,stación.
'.En esto se ba1a la pe ñección de la obra de anc. Pero tal
concordia no se cncucnt ra nuncu en la realidad cotidiana.
Aqul, la variedad múltiple de las manifcstaciones es e 1
signo de la impeñccción de cada una.
Hemos visto hasta aqui, que ni Ja separación del ente
verdadero y la manifestación, ni la tesis de su identidad
pueden wstencrse, sin venir a parar en la tesis opuesta
correspondiente. Al considerar ~ jeparacl6n entre idea
y manifestación. o esencia y manifestación, fuimos re•
mitidos a 1u mutua y reciproca portcncncia. Pero eni 111
identidad de l11 munifestnción con la existencia del lllao
que se m11nifieata. surgió de nuevo la difcrencJa entre
•manifestación ) esencia, puesto que la interpretación
de aquel al¡o que se manifiesta, supera irremisiblcmtnte
el ocontcclmicnto de su mnniíettación particulnr. Re•
.. iultn, puc,, que tanto la sepanción de ente verdadero y
'

IIJ
manifestación como su identidad se nos han mostrado
unilaterales. De ahl, que se nos plantee la cuestión de
si 111 unid11d de identidad )' no-identidad de la manifes-
uición y del ser 1ean 11ccesiblcs A una& descripción aún
más penetrante.

2
L11 introducción de un ejemplo teológico en este
momento de nuestra argumentación podrá constituir
un objeto de expectativa e interés para el teólogo. Esta
introducción no tiene lugar a fin de echar por tierra las
cuestione1 presentada, rmr la inteligencia por medio
de uno rcspuest4 llUtoriturio. Más bien el ejemplo podrA,
quizA. proporcionamos una comprensión mejor de la
divcnidad )' unidnd de manifestación y manifestante.
Lo famosu y disc:utido relación entre futuro y pre-
sente del reino de Dios en la hi1ton11 de Jesús sirve, a mi
parecer, para iluminar la unidad y diferencia de mani-
festación y manifcstante. En los escritos más antiguos
de la tradición ncotestamcntaria de Jesús, frente a pala-
bra, que hablun de la presencio del reino de Dios en
Jesu, mismo, nos en«>ntramoli con otru que diferencian
el reino de Dios como futuro del pmcnte de la realidad
de Jesús. Si hay que unificarlas y cómo constituye una
de las cuestiones exeg6ticu nctuuJe¡ mAs complicada.
Particularmente, la explicación que mi, me convence
es la de aquellos expertos que no optan a favor de alauna
de las partes, ni tratan de suprimfr las incoherencias a
base de eliminar las palubras y pasajes de una de ellas
como inaut6nlicoa~ sino que, por el contrario, bUICan
In ,ingu.Juridad del mensaje de Jc1ús. prcd1amcnto, en
la coexistencia de una serie de enunciados aparente-
mente opuestos. Pero ¿cómo comprender con sentido
esta coexistencia? ¿en el sentido de una prolongación
futura y de una plenitud de lo que )'H hu irrumpido y
llcpdo en el prcacnte? Yo, mils bien, '°>' de h1 opln,ón
de que el futuro del reino de Dios, en la historia de Jesús,
fue un poder determinante del ptekntc. la tradicional
expectación judaica de la venida del reino de Dios sobre
la ticm rue puru Je,us el contenido decisivo y omni-
comprenaivo de In relación con Dio•. La razón es,

''"
que en la venida del reino de Dios se trata de la venida
del mismo Di01, de tal manera que la obedicncin a Dios
to convierte en el puro disponerse II In llesada del futuro
dol reino de Dios. y esto con todll la exclusividad y radi-
calidad que in:plican In comprensión judln de Dios.
Dios reina ya <le un modo ilimitado, donde e1to acon-
teee. y tal 11ctualidud del rein11do de Dios no entra en
compcccncin con 1u futuridad, sino que, mAs bien, viene
do .este futuro, ella misma es un reflejo 11núcipado de su
venir. Asi, en la vida de Jesús, en i;u llamada a buscar el
reino de Dios, el reino de Dios se ha manifestado ya. sin
pordcr. no obstllntc, ,u diferencia del presente de tal
mani(cstnne. Er. la confirmación divina de ~ta realidad,
de la que los discipulos fueron participes por las apari-
ciones pascuales, se basan los asertos cristianos ma\s
1anlios, que afirman que Dios mismo se ha manifestado
en Jesús (y. ciertamente, un11 vez y definitivamente},
ala quedar abolida. por esto, la diferencia entre Jesú• y
Dios. El dogma cristológico posterior habla adccuada-
m:ente de la di\·inidnd de Jcsüs. la CUAi, pese a todo, pcr•
maneo-. como divinidad del «Hijo» distinta de la del Po-
dre. Aqul se trata aún de la interpretación de la mani•
fettación de Dios, de In presencia actual de su reino,
Clft la \1 id11 e historia de Jesús. La diferencia del Hijo
respecto al Padre. que mttntiene el dogma cristoló¡ico.
corresponde 11 la diferencia mantenida en el mensaje
do Jetús entre el futuro del reino de Dios y 1u pmencfa
en In historia de aquél. Y como el futuro fundamenta
la operancia del reino de Dios sobre el presente (y,
,u
por consiguiente, entradu en el presente) precisamente
en su diímnci11 ;,crmunentc con el presente, alSI tambi6n
la divinidad de Je1ús, como divirudad del Hijo, se funda•
menta en el mantenimiento por parto de Jcsus de la di-
ferencia de Dios Padre frente a él mismo. Hemos de tener
bien presente que Jcsus mismo nunca pretendió para su
propia persona la 11utoridud divina, aunque MI parece
que lo comprendieron fnlsamcntc sua udvcrsarios. Más
bien, se comprometió por entero a favor de aquel nsunto
distinto de di, que llamaba Padre. Jesús se comprometió
por lu venida del reino de Dioi1, y sólo a5f estaba ya pre-
sente en di ettc reino de Dios, Dio5 mismo. La difercnc:ia
del presente de ,~~ l'C5pccto ni futuro del Padre fue

115
reali~da y consumada repetidas veces en la autodonación
.d~ hombre Jesus 111 reino de Dios viniente que anunciaba,
en cuanto cR futuro era el futuro de otro distinto de a.
Jeaú1 con su \ida y au palabra seftalaba lfemprc ruora
de si, y, en consecuencia, la interpretación de lo mani-
festado en 61 tiene que superar la manifestación de Jesüs
hacia Dios, que e, a quien iba reftrido su mensaje. Ona-
ciu a esto. se evita toda promi~cuidad de divino y hu•
mano en el suceso de la maniíc1tación de Dioa en este
hombre. V, sin cmbar10, precisamente en este Indicar
de J~sús /u~ra d~ si mismo, en este seftalar hacia algo
'distinfo de ¡1, en concreto, en esto stll-'ar rucra de si
hacha el f~turo de Dios, este futuro como .&al se hizo pre•
sente en· cH y a trav61 de ~l. La manifestación de Dios en
este hombre, que transciende su existencia finita ,significa.
precisaimentc por esto. una existencia de Dios en ~. un
Nr-uno de Dios con 61. Este manifestane de Dios en
Jeal'.as tiene un 5entido di11into de tu cpiranlu de dioses
en figuras humanas o animales, bien conocidas por la
historia de la reli¡ión griega. En &tas, la fonna mani-
festativa comspondionte. en si misma intercambiable.
permanece algo cxtrf nseco y exterior a la esenda de, la
divinidad, del mi1mo modo que aJ ser aul6ntJco, en el
sentido de Platón o Parm6nide1. ~ ea ipesencial su ~-
nifestación 10• Por el contrario, en la historia y vida de
Jesús se manifiesta definitivamente el Dios de Israel, ~•
futuro de su reino. Dios ae maniftetta ch Jesúa una va,
una llni~ vez. y en esta unicidad deftnitJvamente )' para
siempre: prccisamenle por esto, porque • ileftnitiva-
mentc y para siempre, sólo se manifiesta esta única vez.
Asl 11o expresó mu tarde la doctrina·ecleaial de la eacar-
n~dn .frente " todo pensamiento cpirAnlco hclenl1tlco,
El sentido de deftnitividad de la historia de Jesús se tun-
da ed •su carictcr escatoló¡ico. en el hecho de qoe
ruturo definitivo del reino de Dio, se haya hecho, ahora
,1
ya. a tram de Ja6s poder detenn,nante del presente,,

10. ¿No es, qwz.i. la expral6n de ID Juloio valoradvo cxtcn-


dtdo en el pensamiento mfdco '9o la nalldad prolana y colidwla
tnare 111_,..aldad uquetlploa. qua• nlata on el mllo y II cektbn
• al cul10; • ftD do tnlrodudr • ella la alsltnda prolana ya por•
dlcla dd W, f'' :· . ·
/l6
1
/,.
••
por consiguiente, presente: manifestación )' presencia
do la cscncin 1t0n aqul un uno. Despu~ de: todo esto,
¿este caritter de la mnnifettación de Dio, en Je1ü, no e,
cambi6n relevante para el concepto de manJfestación en
pneral -frente al distinto transfondo histórico-reli-
sjoso que se encuentra tras la determinación platónica -
parmenidica ~ la relnción entre maniresuación )' ser'!
Ahora bien, habrlamo, pnado muy poco ai ahora
in~ntAscmos abstraer, sin nin1ún rodeo. un concepto
universal de manifestación a partir de la forma como
Dios se ha manifestado en Jesús de Nazareth. Por este
camino 1e llcp ünicamente a postulados 1eoló1icos.
do fo que se afirma una validez unJversal. No1otros pre-
ferimos preguntamos si nuestro ejemplo teológico arro-
ja 1110 a~f como una luz sobre determinados aspectos.
quiá ocultos de lo contrario. de la problem4tica ftlosó-
ftca pncral sobre la maniíestadón. Tonemos motivos
suficientes para prcauntamos de este modo. En concreto,
no• comportamos asl porque en la idea cristiana de la
manifestación de Dios en Jesús de Namreth estin uni•
do, los dos momentos que tan in1i1tentemente ae bifur-
can en el penumicnto filosófico, por mucho que ambos
NSUOnen en la palabra manifestación. Nos referimos a la
presencia ttal y verdad~ra del manifestante on la mani-
fllladón y su transcendencia írente a la manifestación
particular y concreta. Ambos se encuentran unificados
ID la idea de lu revelación de Dio1 en Jesú1 de Nuardh:
.Dios ealA completa y definitivamente ahl, en este hombre
~ncreto, )'. sin embargo, permanece distinto de 61.
· • aún. precaamente como el distinto de il existo en
l. Hell\06 visto que 111 unidad de estos doa momento&
•parentemcnte excluyentes se hace comprensible (y cstla
fánclada) por III forma como el reino de Dios es fututo
en la vida y mensaje de Jesús y. sin embargo, como futuro
presente. ¿Tiene alao que ver la mutua pertenencia de
Identidad y dircrencia en la relación de ser (o esencia)
y manifeatación con la temporalidad de e,ta relación?
13 se presenta aqul el manifestante en el acontecimiento
del manifestarse en el modo de la futuridad?

//1
3

Si lanzamos una mirada n los inicios de la filosafla


griep, veremos que Heinrich Barth describe con raión
el tema de la manifestación como un tema ya presente
en los filósofos jónicos de Ju naturaleza. A mi paRCC:r.
e11e juicio queda 1ambic!n conftrmndo, precisamente, por
la cuestión de la dr,Y, t donde el miamu Bürth vela ti
punto de par1ida de la «di!iminucióm) ontológica de la
manifestación a la apariencia u. La difcrcncia entre
manifestación )' esencia manifes1a1tc, diferencia que ts
momento constitutivo de la mar.iíes.tnclón ct,mo tal,
11dquirió por primera vez su carta de ciudadanha en el
hecho de que la multiplicidad de la experiencia inmediata
fuera superada y transcendida en la pregunta acerca
de su principio común. Que las cous "sean• de un modo
distinto «en el principio», de lo que ,,parecen,. 1er
¿no es 68ta la convicción fundamcncal de aquel modo de
verlas. que experimenta la realidad como manifeataclón,
en oposición a un llnno y simple empirismo, que se que-
da conforme )' contento ul cuph1r 111 npariencias inme-
diata, '! Este c:onvencimicn10 de que lu1 co1U1a «en el
principio» son distintas de lo que parecen ser, no sepan&
aún, sin embuso. a los filósofos griego, de la experien-
cia existencial del mito. Pues 14mbi6n la intuición mltica
ve ILl10 mis profundo en lo manifiesto. Pero lo que si
parcca que han perdido los filósofos jonio• de lca natu•
raleza, es la seguridad intuith'8 de esta visión que capta
inmediatamente en el fenómeno lo que las cosas son ccen
el principio». Pua ellos cm muy problemátic-0 en qui
consi1da este «principio>>. qu6 form11 tenla. Es aabido
que las respuestas fueron variu '/ bien divcnu. Con
tal problematicidad, los fcnómenos perdieron su trans-
parencia y su principio m6s profundo se hizo inaccesible.
Pero el que los fenómenos no sean transparentes para
este princ.ipio. no fue obstáculo para que 1111 respuestas
ftlotóficas le diesen un nombro, cosn que fActicamen~
trajo consiso la "posibilidad de una devaluación de la
manifestación 12• El presupuesto impllcito de todo esto

11. H, Barth. PlrlloJOp/,1• dtr Ertthtllf""' l. 10.


12. /bid., 11.

118
es que el pri:icipio se encuentra siempre presente alll,
de tal modo que 101 fenómeno, -si no fueran opnricn•
d11 cnpftou- lendrfnn que dejar libre el ucceaa hach,
el principio. que. pese a todo. csti presente en ellos. Lu
actunlidad del principio aparece de forma reftejn. ror
primera vez. en Pann~ides. Parménides atribuye ni
«e.•. como id6ntico conaigo mismo e ilimitadamente
presente, In función de: lu dr,X;,, como lo común y uni•
flcador de todo lo que es 11• El «es» es. pues. considerado
como lo idmtico consigo mismo, como lo uno y. como
tal, lo que es presente y actual. De este modo, todo lo
ml\lliple y mut11hlc se conV1crtc en apariencia onpnosa.
No se trata 11ólo de que lo divcnidad del principio res•
pecto a los fenómenos, en los que se m11nifies1a, lleve
consi¡o su devaluación a mera apariencia. Ahora ya.
los fenómenos ni siquiera muestran aquello que yu son
11en el fundamento». Si el ünico !lcr verdudcro est4 yca
presente cm el principio. entonces los fenómenos en 1u
diferencia del principio no pueden ser otra cosa que un
encubrimiento engaftoso.
En la comprensión de h, manife5tación seaún Parmi•
nides no qucd11, pues, 1i1io p,1m ol futuro. La cosa e,
distinla en la segunda rali: de la ftlosofla clásica de la
manifestación. la platónica. Por una parte, la idea plató-
nica nos ~mite a Parménides y a su comprensión del ser,
pero 111 otra rulz. la originaria, se encuentra en la prepan•
ta IOCl'Atica por el bien en la vidn de la polis. por la
•pau,. la verdadera habilidHd, que Silbe lo que es bueno
y 6til y actúa de acuerdo con este saber. En el concepto
~ bien radica el momento de la futuridad. Sqún el
Oofliu, todo, buscan lo bueno y útil. Es claro, que esto
supone que el bien no es aún alao p01eldo, sino algo que
le espera alear.zar. En la esencia del bien, como querido
y· buscado. se encuentra. por consiguiente. un ser futuro.
Bato queda confirmado por la ramosa expresión plató•
nica, el bien se ha de pensar mu 11116 del ente ••. Con
todo, aqul esta tran11«ndenci11 del bien no esta\ pensada

IJ. Cualquiera que 10a la tn1orp,eu1ción de ct,i,:, wompre


lllldrA que ..,. also que es. para poder el ori,cn )' la unidad de to-
dal COUI (fvto).
1,. k1a"'-IG -:;,.; ~~oiu.;, Rq,Jblko, ,oi, b 9.

119
a partir de In superación en cr mismo tender o querer de
fo que cstia presente 11ntc nosotroK. sino co1110 un estar
mh 11116 do 111 causa frcnle a lo cau1ado por ell4 (I"" idcus
como el ser verdadero). Pero, en Plutón. la causalidad
mifmB t"stA t'n cont>xión con In tt-nd~ndn. Juliu~ Stenzt"I
comprende la idea platónica como la fonnn plena de In
bondBd de In coau que. uimitondo .., lit quiere conseguir.
Sosún ctlo, podemo1 uflrmar q,uc la comprensión pl11tó-
nica de la relación entre idea y manifestación incluye una
relación al futuro. a partir de su origen socrático. Esta
relación de In cosa visible al futuro no es unn relación
a un futuro cualquiera, 1ino al futuro de su nenci11. u au
~bic~». Entonce&, quii.á, habrtu que, decir con cxuailud
que la idea del bien es la ccidca de las ideasn. la idcu cuyo
contenido reúne aquello que constituye el ser-idea de
cada idea. Precisamente, por esto, el Sócrat~ del Fcdón
platónico pudo llegar a decir no sólo de la sociedad, tino
de codo el cosmos, que celo bueno y conveniente C$ lo que
une y da consistencia»••. es decir. lo que cumple la fun-
ción de la ªP1~, que une lo múltiple.
No obstante, la concepción platónica de la idea no
es ajena, como hcmoa dicho, n ParminidN. De hech~.
el motivo socrático se c:ru1J1 con la concepción de Pa~
ménidcs sobre el verdadero ser. El motivo de la futuri.:
dad, que contiene la tendencia socrática al bien, no pu~
de conducir a una nueva comprensión del ser porque la1
idea• ton comprendidu como lo que verdadc:rainence
es en el sentido eleático. Como ser verdadero actual•
mente presente. las ideas platónicas forman aquel trans-
mundo del mundo real, que tan a menudo se ha repro-
chado al platonismo. Al mi,mo tiempo, surgen ,111 la,
conocida, aporta que ,e plantean cuando uno se pre-
gunta cómo pueden las maniíestaciones tomar parte
en las ideas. Para la pregunta «ética» originaria acerca
del bien no existfan estas diflcultade1: el bien, como
futuro esencial deseado, estabca unido a la,. co1as prcten-
tes al mismo tiempo que era di,tinio de ellll$. En la me-
dida que el bien, como idea, podla ser cpntemplado en lo
presente, habla una experiencia de ta llegada del futuro
de la caencia.

U. F«Jó,,, 99 e $.

110
En muchos aspectos. entre ellos nuestra cuestión. el
pensamiento de Aristóteles parece dar un paso adelante.
como si trlljc1e un rcniacimicnto socrático. La tcndcnciu
&0c:ratica al bien encuentra ums nueva íormulación on-
tológica en ht unión ari1totélicn de ,1f\•• ~ y -:H,.-:. Ln e~n-
cia de una cosa. su t l~oc:, es el fin de su movimiento. en
todo caso, de &u movimiento nnturol. no formdo. De este
modo, el fin nún no alcanzado e11&', antkipadumentc
presente en d móvil, como entelequia. y este lcncr-cn-sl
el fin opera el movimiento hacia el fin. El mismo Aris-
tóteles vincula c1to con la prepnta socrática aceraa del
bien de un mcdb cxpreMl:
Pun aes.un nuoscra doctrina h&a)·, por una parce. alao d·lvl•
no, bueno. cbcablc, por otra, lo contrario de esto Cia. pri-
vatión, lo amorfo), y entremedio alao que qón •u ~ia
a1pira al bien '"·

Sin cmbar10, el ruturismo de ntc análisis ari,tot61ico


del movimiento es punto de encuentro de dos concep-
ciones. La pri:neru. )'ª conocida en el Platón tanllo. es
el automovimicnto, scsún el cual lo entelequia no es ma-
nife,tación unticipuda del fin a1in ,,n alcant.ado. sino. el
núcleo a pa"ir del cual se desarrolla el fin. Esta tclcolo-
if" interna. que invierte la rcl11ci6n de prc.5entc y futuro.
ba privado. hasta hoy. a .lo idea de la evolución de la
posibilidad de considerar lo nuevo, que surge en ,el acon•
tccimicnto, co:no un ulgo nuevo. Puna Aristóteles tenla
aun unn gran transcendencia que el fin del movimiento.
para poder. producir el movimiento. estuviera ya real·
mente en alguna parte 11 • Pero ai el movimiento no pro-
duce nada. que no esid yn realmente en alguna otra p,r-
te, entonces no puede surair nada nuevo. Et reino de la1
(omiu es atemporal. ,es decir, ca un presente ihmitado,
también para Aristóteles. De este modo. la comprensión
eleática del ser se volvió inmbi6n a imponer en Aristó-
teles. Con Cito, ae encuentra tatnbi6n relacionado el casi
de4¡,recjo uri1totllico de lo individuai y lo casual. Ari¡.
tóteles considera lo individual sólo negativamente, como
al¡o inescnciaJ. y no como algo que llep y sobreviene

t6. Fb. 1, 192 1.


17. ,.,~,. 1049 b ,.

/11
desde el futuro. EJ aristoteli5mo cristiano de la edad medio
se vió oblipdo a hacer un&& tmnsmutnción en este punto,
porque Ju idea criltiana de la crcucldn atribuye a Dios la
producción de algo nuevo, Aal. lo contingencia del ucon•
tecer fue aqui positivamente comprendida com(\ t'X•
presión de la libertad del Creador. Ptro la conexión de la
continacncin con um, preeminencia ontoló1ica del fu-
turo siguió sin ser puesta de relieve. Por esto, ha meta•
flsicu aristotilica de las formas subsistió en lu escolAs-
tica cristiama como un cuerpo cxtrai\o, de cuya presen•
cia no se cayó en la cuenta y que, por tanto. tumpoco
pudo ser "upenadu.
El penumiento contemporáneo ha siduelto lu me•
taflsica aristot~lica de lns formas substancialC$, y la ha
disuelto en la munifestación. Sin embargo, el manifes•
tantc se sustraln ni pensamiento contemporáneo al mis-
mo tiempo que lus cualidndcs primnria. de las liCntacio•
nea el (cuerpo espacial) y. finalmcJU, ht misma subs•
tanda (en Kant) desapareclan en una relatividad general,
junto con las cuaJidndes secundarias. De este modo, se
hacla imposible captar el manifestante indcpcndiente-
mcn,e de In forma de ,u manifestarse. Sólo quedaba
yo la experiencift humana como lugar del mismo mani•
femne. pAm d~t~rminar el manifestan~. en lo que con-
cierne a su contenido. Pensado esto hasta sus ültimas
conJCCucncias. ya no se puede indicar ningun ¡cr actual y
presente como el de-donde de la mnnffestaclón. Pero eato
no llevó a pensar la manifestación, en su contingencia,
como un sobrevenir del futuro. En lugar de esto, Kant
interpretó el contenido que se manifiesta como condi-
cionado por las formas de nuestra ra1.ón. Estas formu
representan en ,u naturalca sinlétin, proyecto,, de 11
fantasJa productiva, que encuentra en la experiencia lo
que no puede sacarse asf de lo dado a los sentidos. y que.
sin embar¡o. dcsipa aquello que se manifiesta en lo da-
do sensorialmente. La fantasla productiva transcicnte,
por consiguiente. lo dado primariamente en la experien-
cia. Pero ¿hacia dónde lo transciende? Planteemos esta
cuestión a la vista de la relación con el mundo de la sub-
jetividnd contemporánea, representada, entre otras co-
lU, por In fantasfo productiva de Kaat. ¿No tendrtamos
que decir entonces que h1 subjetividad supera lo dado. lo

111
transforma. al hacerse a si nrl.sma futuro de este mundo,
seu por medio de la tknica o por lo!i proyectos da la
funlU$fu? ¿no hcmo, de comprender cntonce1 lo~ proycc•
tos sint~ticos de la íanta5ht productivn (prescindiendo de
la hipótetis kantiano de! una e,tructura d~ ha exporionciu
humana fija e inamovible para siempre y para todos)
como antlelpal'lonrJ cchacin• el futuro de la esencia de
lo dudo en 11, mnnffc:stación? ¿no et c~tc el prciupuc,to
necesario para comprender el prodigio de Is realidad ob-
jetiva y rea.lizabilidad de los proyectos humanos espon-
táneos? Todo lo contrario seria. si la manifestación se
hubiera de comprender como un wbrevcnir del futuro
de In esencia de &1qucllo que "parece. si su interpretación
con ~pecto al manl[es1a111e sólo fuera posible en una
anticipación hacia futuro. que es la que caracteriza la
subjetividad creadora de In fantasía. (Aunque sólo sea
al murscn. q1.1cremoa notar que tal anticipación es en si
mi1mn 11mbi1u11 porque puede coger igual que dcifigurar
el futuro de la esencia de la realidad de la manifestación).
Con tales cuestiones abiertas tengo que interrumpir mi
nr¡umentnción. pero sin que &1ntes vuelva a lanzar una
mirada rctr<»ipectiva: en este pArrllfo último nos hcmo"
ocupado de s: la realidad manifestante se ha de compren•
d~r como monifcstaeión de un ser sin principio ni fin.
permanente e imperecedero. o bien como llegada de lo
futuro. Ambu posibilidodes tienen trDnsfondos histó•
rico.religioso,: la uno tiene su origen en lo primigenio-
urquctfpico dc:I mito. la otra en la conmoción por un
futuro escatológico. La primera ha sido repetidamente
preferida y ha marcado toda., nuestras rormas y ht\bitos
de pensar. La segunda npcnas se ha tenido en cuenta.
Y, pese " todo, los proyectos cluico1 de la comprensión
tradicional del ser of~n suficientes puntos de partida
para ello.
Hay muct&u cosas que hablan a favor de una orien-
tación del penmmicnto a un ser impe~ero. Ante
todo, la po,ibilidad de formar conceptos universales y
hacer enunciados estructurales. generales. aplicables a
los individuos más diversos y a las situaciones mis
variables. A c,to hay, sin embargo, ulgo que oponer:
este modo de considerar la realidnd. unicamente orien•
lada a lo intemporalmente universal, y que, consecuen•

l1J
cemente, no ve en la manifestación mis que lo universal,
inrravalorali o, incluso. desconoceri. inevitablemente.
el ~o de lo con1in1cntcmentc nuevo, de lo individual y
def tiempo para nuestra experiencia de la rc&11idad. De
abl. que parezca mb npropiado considerar lo universal
o general como una construcción humana. constru~ón
que, ciertamente. •~ muestra úlil y eficaz para captar
In realidad. Una realidad que. por lo dema\s. se 1upone
cttructurada de un inodo complcuunentamcn1e distinto
al estar determinada por ef tiempo y la contingencia.
El fundamento real de la generalidad de nuesiros pro-
yectos abl1racto• es probable que haya de bu1Carw en lu
r,p~tlcltJn. que tan imponnnte papel juop en todo acon.
tecer. Incontable, sucesos nuevos «repiten~ oigo anterior.
aunque cada vez aporten algo nue\"O, Los cambios y
tranitormacioncs resultan algo despreciable o, por lo
menos. in1i¡nificante dontro de la innumffllble cantidad
de 1uccaos; por esto. en una consideración sufic:ientcmen•
te aproxiinulivu y burda se puede hablar de repetición
de las mismas estructuras en un buen número de sucesos.
De abf, tambifn. que pueda surgir la idea de los aiompre
ipul. del presente eterno del 11~0,. mA1t teniendo en cuen-
ta que el hombre se afirmo con la ayuda de tales proyec-
tos estructurales frente a la inmeng m•ltitud de los acon-
tecimientos contin1entes. ¿Acaso no busca el hombre
en la apoteosis de lo imperecedero una confirmación
ab1oluta de 11 mismo? Pero ¿en rcaldad no llepn loa
hombres a tales proyectos. proyectos que siempre se han
de volver II realizar. sólo si se exponen ·a la inseguridad
que radica en el acontecer continpnte de la realidad y en
la contin¡encia del mismo proyecto propio? ¿no tiene el
hombre que rc1istir a esta inscpridad porque aún no
vive en el futuro ultimo. sino que es repetidamcnto sor•
prendido por aquello. que viene sobre 61 desde ese fu-
turo? Presente eterno podrfa ser sólo la experiencia de
aquel. que 61 mi,mo es el ruturo 6ltimo.
El posible que incluso el fenómeno de la r~Pfllcl6n
~ haga accesible bujo et aspecto de la venida de lo fu•
turo: lo continF.nteinente nuevo llep a .ser suceso pre-
sente ai asumir ai mismo tiempo la 1it11ación previamente
dada. al repetirla, en la medida que no la ,Puede suprimir
tranll'ormindoln~ Eate °' el pensain1cnlo fundamental
114
del tyósofo de la naturaleza Alfred North Whitehead.
Lli contingencia del suce10 Ucva en si, nJ parecer, un mo-
mento de fidelidad. Ya Kierkepard pcns.ó ha rcpeti•
clón. dentro del Ambih1 humano, én conexión c:on ha
idea de ha fidelidad. Pero esta idea lleva. quizá. más
lejos. Sólo en lu repetición (que no e~luyc: lo nuevo) se
hnbrfa pensado. entonm. ha•ta el final la lleaada de lo
futuro, en el 1entido de que en ella ba llegado el futuro
a un presente pcrrruancn&c.
Pero volvamos de nuevo a nuestro ejemplo teológico.
aJ sentido def1nlrl~-o de la man/festad6n del futuro de
Dio, en Jesü, de Na1.areth, en quien ~ ha re\·clndo e1
amor de Dios. Quiú podrlamos decir entonces: el futuro
qult!rf! llegar a ser presente: 1/end, a su lle¡11da a un pre•
sentc permanente.

11$

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