L9. S. Shapin. La Revolución Científica. Una Interpretación Alternativa PDF
L9. S. Shapin. La Revolución Científica. Una Interpretación Alternativa PDF
mente el pasado no describe adecu'adamente la realidad histórica dad textual humana. Si se desea alcanzar la verdad acerca del
Al mismo Copérnico, como a muchos de sus seguidores, le gusta- mundo natural, no se debe consultar la autoridad de los libros sino
ba argumentar que el heliocentrismo era, en realidad, una concep- la de la razón individual y la de la evidencia suministrada por la rea-
ción antigua que los sucesivos añadidos habían corrompido hasta lidad natural. El filósofo natural inglés William Gilbert (1544-
hacerla irreconocible; y el anatomista flamenco Andrea Vesalio ¿cómo se 1603), por ejemplo, dedicó el libro sobre el magnetismo que
adquiria el
(1514-1564) -celebrado como inventor de métodos observacio- conocimionto?
publicó en 1600 a «los verdaderos filósofos, las mentes sinceras
nales rigurosos y críticp de ideas anatómicas antiguas- se veía a que buscan el conocimiento no sólo en los libros, sino también en
sí mismo como el autor de la recuperación del conocimiento médi- las cosas mismas». Gilbert afirmaba que ésta era «una nueva
co puro del médico griego Galeno (129-c. 200). E incluso cuando manera de filosofar». Al encerrarse a solas, Descartes expresaba
se elogiaba la metodología cartesiana porque había efectuado una su resolución de «no buscar otro conocimiento que el que pudiera
sustitución radical de las prácticas existentes para la construcción encontrar dentro de mí mismo o quizás en el gran libro de la natu-
del conocimiento, algunos contemporáneos consideraban que su raleza».Y William Harvey afirmaba que resulta «degradante recibir
autor desempeñaba el papel tradicional de un gran maestro filosó- instrucciones de los comentarios de otros sin examinar los objetos
fico: «¡Mirad! Se ha convertido en el nuevo Aristóteles». mismos, [especialmente] cuando el libro de la naturaleza permane-
Coexistían concepciones de la naturaleza «nuevas»y «viejas»,y ce abierto ante nosotros y es tan fácil de consultar». Ésta es una
sus partidarios se disputaban, en ocasiones, el derecho a ser con- de las figuras retóricas fundamentales que los nuevos filóS0fos
siderados modernos o antiguos. Algunos filósofos insistían en la utilizaban para distinguirse de los viejos. El objeto propio de la
antigüedad primitiva de lo que era aparentemente nuevo, mientras investigación en la filosofía de la naturaleza no se encuentra ~n los
otros argumentaban que lo que parecía tradicional era realmente libros, tradicionalmente valorados, de los autores humanos, sino en
profecía del Antiguo Testamento y el capítulo 3 hará notar que que buscan la verdad en medicina deberían dejar de lado los tex-
algunos filósofos modernos concebían el creciente control tecno- tos antiguos y dedicarse al estudio de las hierbas, los minerales y
lógico dentro de un contexto mesiánico cristiano. Por cada filóso- las estrellas. La realidad natural es «como una carta que se nos ha
_ fo que identificaba lo innovador con lo valioso había otro que enviado desde; una distancia de cientos de kilómetros y en la que
atribuía las opiniones modernas a la ignorancia carente de educa- la mente del escritor nos habla», Paracelso afirmaba que «no com-
ción. La Revolución científica era sígnificativamente, pero sólo par- pilaba sus manuales a partir de pasajes de Hipócrates o Galeno»
cialmente, Algo Nuevo. Sin embargo, la retórica de rechazo y sino que los escribía de nuevo «fundándoios en la experiencia»: «Si
sustitución al por mayor dirige nuestra atención a la consideración quiero probaral,go no lo hago citando autoridades, sino mediante
del modo en que los filósofos tendían a tomar postura respecto a la razón y el experimento». Cuando Galileo abogó por una filosofía
las instituciones y las tradiciones filosóficas existentes. natural concebida matemáticamente, utilizó la figura del libro de la
Lo que se consideraba abrumadoramente erróneo de las tradi- naturaleza para presentar sus argumentos: «La filosofía está escri-
ciones existentes en la filosofía natural era que no procedían de la ta en ese grandísimo libro que tenemos abierto ante los ojos, qui~-
¿Cómo se
a9quiria el
conocimiento?
-,I
ciencia relatan con sorna la historia del estúpido profesor de
humanas, por antiguos que sean y por elevada que haya sido la Padua que se negó a mirar con el telescopio de Galileo para poder
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consideración que merecen. ver con sus propios ojos las recién descubiertas lunas de JÚpiter.
Ninguna máxima JTlodernista del siglo XVII parece más eviden- La Revoluaón :~.: • ¿Cómo se ¿Oué se puede decir de un hombre que daba más crédito a la
temente sólida que éstas: no confiar en el testimonio de los huma- dentífica '-1 adquiria el
conveimiento? autoridad de la tradición, según la cual dichas lunas no podían
I
nos, sino en el de la naturaleza; favorecer las cosas antes que las existir, que a la evidencia proporcionada por sus propios ojos? Para
palabras como fuentes de conocimiento; preferir la evidencia que ,o' los modernos del siglo xx, la mera descripción de esta actitud lleva
nos proporcionan nuestros propios ojos y nuestra propia razón a lo consigo su condena por absurda.
que otros nos digan. Ésta es la idea básica del empirismo moder- ,I Sin embargo, una preferencia tan aparentemente extraña tenía
no, la concepción que sostiene que el conocimiento propiamente justificaciones que estaban bien arraigadas en la cultura de comien-
dicho se deriva de la experiencia se'nsible directa; más aún, debe zos de la edad moderna Por ejemplo, para que las observaciones
derivarse de ella. Y éstos son también los fundamentos de la des- telescópicas de Galileo contaran como evidencia a favor o en con-
confianza moderna en los aspectos sociales de la construcción del tra de las teorías astronómicas, tenía que haber razones que garan-
conocimiento: si realmente se aspira a conseguir la verdad acerca tizaran que dicha evidencia era segura. En la práctica, esta garantía
del mundo natural, hay que olvidar la tradición, ignorar la autoridad, estaba disponible en el caso de las observaciones télescópicas de
ser escéptico respecto de las afirmaciones de los otros y pasear objetos terrestres. En 1611, cuando Galileo fue a Roma para hacer
en solitario por los campos con los ojos abiertos" Como John una demostración del funcionamiento de su telescopio, reunió a
Locke escribió: «Es tan racional tener la esperanza de ver con los varios filósofos eminentes encima de una de las puertas de la ciu-
ojos de otros hombres como de conocer utilizando el entendi- dad. Mirando con el telescopio desde esta posición estratégica,
miento de otros. En la misma medida en que reflexionemos y com- pudieron ver el palacio de un noble «tan distintamente que conta-
prendamos la verdad y la razón por nosotros mismos, poseemos mos fácilmente todas y cada una de sus ventanas, incluso las .más
conocimiento real y verdadero [...] En las ciencias, cada uno posee pequeñas; y esto a una distancia de dieciséis millas italianas».
tanto como sabe y comprende realmente. Las cosas que uno se Desde el mismo punto, los observadores podían leer las letras en
limita a creer, o cree porque se fía de lo que otros le dicen, son una galería que estaba a una distancia de dos millas «tan claramen-
_ solamente jirones». te, que distinguíamos incluso los puntos labrados entre las letras».
Probablemente no haya otra concepción que relacione más Así pues, la fiabilidad de la observación telescópica de los objetos
estrechamente a los modernos del siglo XVII con los de finales del terrestres tenía como garantía la comparación de lo que se veía con
siglo xx que la que, en la búsqueda del conocimiento de la natura- el instrumento con lo qUe se conocía por inspección inmediata
leza, recomienda el individualismo intelectual y el rechazo de la Sin embargo, la cuestión, en la cultura filosófica de comienzos
confianza y de la autoridad. Sin embargo, para los filósofos de de la edad moderna, era muy distinta cuando se dirigía el telesco-
comienzos de la edad moderna, la retórica del empirismo indivi- pio a los cielos. En este caso, se podían esgrimir teorías contempo-
dualista no era evidente, sino que estaba cargada de matices. En ráneas de la visión humana, tanto formales como informales, contra
este período, tanto la práctica de la observación como la credibili- la fiabilidad de la observación telescópica de los cielos. Estamos
familiarizados con los objetos terrestres y el fondo contra el que se precariedad de dicha observación y la cantidad de trabajo que se
ven, y usamos esta familiaridad para corregir automáticamente una requería para hacerla fiable.
gama de distorsiones instrumentales aparentes. Esta familiaridad y aún hay otros problemas generales que están relacionados
no existe cuando se observan los cuerpos celestes. Por consi- con el uso que hacían los modernos de la experiencia sensible
guiente, aceptar la fiabilidad del telescopio de Galileo como medio individual a la hora de evaluar los cuerpos de conocimiento tradi-
de adquirir evidencia acerca de los cielos podría requerir una nueva ¿Cómo se cionalmente establecidos. La teología cristiana aseguraba al devo-
adquiría el
y potente teoría de la visión, y hay muy poca evidencia de que conocimiento? to que, después de la pérdida del estado de gracia, los sentidos de
Galileo la tuviera. los seres humanos se habían corrompido y que, con fuentes tan
Incluso' si, a diferencia del profesor paduano, se aceptara el degradadas, no se podía adquirir un conocimiento fiable. Entre los
ofrecimiento de Galileo y se observaran los cuerpos celestes modernos, Bacon no era el único que aceptaba sin reservas la idea
directamente con el telescopio, no habría ninguna garantía de que de que, antes de la Caída, Adán poseía «un conocimiento de la
se viera lo que Galileo afirmaba haber visto. Después de descubrir naturaleza que era puro e incorrupto», el cual le permitió otorgar a
las lunas de Júpiter, Galileo convocó en varias ocasiones a emi- las criaturas el nombre apropiado. Galileo sostenía que Salomón y
nentes filósofos para que atestiguaran su existencia Muchos de Moisés «conocían perfectamente la constitución del universo» y,
estos testigos admitieron que, si bien el telescopio funcionaba posteriormente, Boyle y Newton creían en la posible existencia de
«admirablemente» en la visión terrestre, fallaba o «engañaba» en el una cadena de individuos especialmente dotados, que habrían
reino celeste. Un testigo escribió que Galileo «no ha conseguido transmitido sin alteraciones la pura y poderosa sabiduría antigua, e
nada, pues estaban presentes más de veinte hombres doctísimos; insinuaban que ellos mismos podrían ser los miembros contempo-
y sin embargo n:;1dievio las nuevas [lunas] distintamente [...] Sólo ráneos de"ese'linaje. Utilizando un lenguaje más sec,ular,se puede
algunos que poseen una vista aguda se convencieron en parte». decir que la idea de un progreso intelectual lineal y acumulativo
Esta situación no debería resultar demasiado sorprendente. Ver era aún nueva y no tenía la aceptación general. Muchos eruditos,
con la ayuda del telescopio (o microscopio) requiere haber apren- entre los que se incluían algunos de los más eminentes filósofos
dido a ver en condiciones especiales. Cuando los estudiantes de naturales de comienzos de la edad moderna, aceptaban, co'mo
hoy aprenden estas técnicas, tienen ventajas enorrT)es sobre los algo sabido, que los antiguos poseían un conocimiento mejor, y
contemporáneos de Galileo. Pertenecen a una cultura que ya ha una tecnología más potente, que el que se poseía en los siglos XVI
dado por supuesta la fiabilidad de estos instrumentos (si se usan Y XVII, o que el que los seres humanos modernos podrían tener. Las
'" ,- correctamente), que ya ha decidido por ellos qué clase de cosas ruinas de las obras de la ingeniería griega y romana, cuya perfec-
existen auténticamente en los dominios de lo muy distante y de lo ción no se había superado aún, parecían prestar un gran respaldo
_ muy pequeño, y que ha proporcionado estructuras de autoridad a esta idea. Además, la concepción «evidente» que sostiene que
dentro de las que podemos aprender qué es lo que h'ay que ver (y hay que recurrir al testimonio y la autoridad sólo cuando no se
qué es lo que hay que ignorar). Galileo no tenía a su disposición tiene acceso empírico individual es, como ha hecho notar el filóso-
ninguno de estos recursos; había que crearlos y diseminarlos labo- fo lan Hacking, una creación de la misma cultura de los siglos XVI
riosamente. Así pues, si bien es correcto afirmar que la observa- Y XVII cuyos juicios queremos comprender: «En el Renacimiento
ción telescópica de los cielos desempeñó un papel importante en estaba vigente la idea contraria El testimonio y la autoridad eran
la evaluación de las teorías astronómicas, es vital comprender la primarios, y las cosas podían contar como evidencia sólo en la
medida en que se parecifran al testimonio de los obseNadores y
la autoridad de los libros».
Un argumento potente que respalda la confianza en la obser-
vación personal, frente a la que se deposita en los textos tradicio-
nales, tiene un sabor que resulta más antiguo que moderno. Se
podría aceptar que los textos realmente antiguos constituyeran ¿Cómo se
adquiria el
fuentes enormemente valiosas de conocimiento del mundo natural CCflOCimiento?
¡
[
conceptos y procedimientos de la filosofía natural aristotélica, la
«experiencia» a la que recurrían tiene, frecuentemente, un signifi-
cado reconociblemente tradicional. Así, Descartes observa que, si
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bien la filosofía natural necesita recurrir a los experimentos, es Figura 17. Representación de un experimento de hidrostática descrito por
Pascal en 1663. Al año siguiente, Boyle expresaba un marcado escepticismo
- _.generalmente «mejor utilizar simplemente los que se presentan "·1 respecto a la posibilidad de que Pascal «hubiera realmente' hecho el experi-
espontáneamente a nuestros sentidos». Sin embargo, Hobbes 110 111 mento en cuestión. Quizás, escribe Boyle, Pascal «pensó que podría afirmar
considera que el experimento artificial es innecesario, ya que «los [este resultado] con seguridad, pues se sigue de principios de cuya verdad ya
estaba persuadido" En opinión de Boyle, estos «experimentos mentales' no
altos cielos, los mares y la amplia Tierra» proporcionan experiencia pertenecen a una filosofía natural propiamente dicha Fuente: Blaise Pascal,
suficiente. Traité de /'équilibre des liqueurs (1663).
Entre las primeras y más celebradas realizaciones experimen~
tales de la Revolución científica, se cuentan los «experimentos
con un plano inclinado» de Galileo, en los cuales se permite rodar del papel que debía desempeñar la experiencia en la actividad
bolas por una rampa pulida, con el fín de proporcionar la justifica- filosófica. Para lIevarla a cabo, utilizaron una amplia gama de téc-
ción empírica de la ley de caída expresada matemáticamente. El nicas sociales y lingüísticas que les permitieran proveer a estas
relato de Galileo de estos experimentos -que esgrimió contra la experiencias particulares del aura de certeza que la práctica filo-
explicación aristotélica del movimiento- proclamaba que había sófica aristotélica juzgaba necesaria. Estas técnicas incluyen la
hecho los experimentos «a menudo», incluso tan a menudo como ¿Cómo se identificación de testigos fiables, las declaraciones públicas de
La Revolución
científICa adquiria el
«cien veces», y que los resultados estaban totalmente de acuerdo conocimiento? expertos y el uso de técnicas narrativas que habían sido diseña-
con su teoría. En realidad, los historiadores han debatido larga- das para proporcionar a los enunciados empíricos el aspecto de
mente la cuestión de si estos experimentos fueron efectivamente ,. axiomas indudables. Por consiguiente, es sencillamente falsa la
/:
realizados o si es preferible considerarlos como «experimentos consideración de que la filosofía natural aristotélica del siglo XVII
mentales», esto es, ensayos que Galileo hizo mentalmente para
,·1 careciera de los recursos necesarios para lidiar con las nuevas
determinar lo que ocurriría si, dado lo que ya se sabe con seguri- ,,,1,
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experiencias que suministraban los experimentos artificiales o los
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dad acerca del mundo físico, se efectuaran ciertas manipulacio- l instrumentos científicos, y también lo es la de que los esquemas
3
nes. En este caso, como ha señalado Peter Oear, Galileo no aristotélicos resultaran fulminados inmediatamente por la apari-
afirma: «Hice tal y tal cosa, y esto es lo que ocurrió, de lo cual ción de alternativas modernas. A lo largo de todo el siglo XVII, las
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podemos concluir [...]». En realidad, afirma: «Esto es lo que ocu- tradiciones aristotélicas de filosofía natural, así como las concep-
rre». Por consiguiente, la experiencia producida, que se hace ciones de la experiencia asociadas con ellas, siguieron siendo
~úbli~a cuando el experimento se comunica, es como la expe-
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f vigorosas.
1
rienCia que resultaría si se hiciera el experimento imaginariamen- Sin. embargo, muchos otros filósofos del siglo XVII, especial-
1 .•..
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te, en la cabeza, lo cual no depende de que Galileo realizara mente en Inglaterra, desarrollaron un enfoque nuevo, y bastante
físicamente las manipulaciones particulares experimentales en diferente, de la experiencia y del papel que debía desempeñar en
cuestión.
la filosofía natural. A comienzos de siglo, Bacon esgrimió un argu-
Esta actitud de considerar que la experiencia es «lo que ocu- , mento, que ejerció una poderosa influencia, según el cual la con-
I
rre en la naturaleza» siguió siendo una característica importante ,I dición de una filosofía natural adecuada es que tenga como
!
,de gran parte de la práctica desarrollada en el continente, tanto "1 fundamento una historia natural laboriosamente compilada: un
aristotélica como moderna Una tarea fundamental de los filóso-
:1
catálogo, compilación y cotejo de todos los efectos que se pueden
!os jesuitas del continente consistió en hacer frente al nuevo con- observar en la naturaleza El registro de hechos relevantes para la
I
',junto de datos empíricos que se habían obtenido artificialmente historia natural debía contener varias clases: las entidades natura-
- mediante el uso de instrumentos, como el telescopio y el baró- les, los efectos que ocurren naturalmente, incluyendo los que se
metro, con el fin de integrarlos en las concepciones aristotélicas 113 producen en el curso ordinario de la naturaleza o los que son
112
«errores» de la naturaleza o «monstruos» (fig. 18) Y los productos
"J,~ artificiales del trabajo humano -«cuando mediante el arte y la
3. Se han expresado duda~ similares con respecto a la realización efectiva del e~perimen- ,"l'
to de Pascal del Puy-de-Don;e, que se discutió en el capítulo precedente, y sobre uno de mano del hombre se la obliga a salir de su estado natural, se la
sus expenm~ntos de hldrostatlca, que requería que una persona permaneciera sentada a
exprime y se la moldea»':'" esto es, cuando se somete a la natura-
una profundidad de seIs metros por debajo del agua mientras aplicaba, durante largo tiem-
po, una ventosa de vidrio a su muslo (fig. 17), leza a un ensayo experimental o a una intervención tecnológica.
Primero, la historia natural (el registro de efectos, purificado y
reformado), luego la filosofía natural (el conocimiento fiable de la
estructura causal que produce dichos efectos en la naturaleza). Y
una característica fundamental de una tendencia, estrechamente
relacionada, en la práctica de la filosofía natural moderna es que
¿Cómo se depende, en lo que respecta a su contenido empírico, no sólo de la
adquiria el
conocimiento? experiencia de lo que ocurre en el mundo, la cual está disponible
de manera natural, sino también de los experimentos que son arti-
ficial y deliberadamente diseñados para producir fenómenos que
podrían no observarse, o cuya observación no sería tarea fácil, en
el curso ordinario de la naturaleza. Estos experimentos implican
generalmente la construcción y uso de aparatos especiales, tales
como el barómetro que se describió en el capítulo 1. Recordemos
que el barómetro es un instrumento que, según se proclamaba,
podía hacer que el peso del aire -del cual generalmente no tene-
mos ninguna experiencia- fuera fácilmente perceptible, incluso
visible.
"-
El control de la experiencia
Figura 20. El museo del naturalista marqués Ferdinando Cospi en Bolonia particulares sólo como un medio rápido de llegar a principios
Estos museos, con su mezcolanza de objetos maravillosos, naturales y artificia- generales de la naturaleza. Estos principios, cuya verdad se consi-
les, actuaban como imanes culturales para los hombres de letras locales y para
dera indudable, se pueden luego usar para juzgar los fenómenos
los caballeros que recorrían Europa Fuente: Lorenzo Legati, Museo Cospiano
annesso a quello del famoso Ulise Aldrovandi [...] (1677). de la naturaleza, para decidir acerca de la evidencia, a men~do
conflictiva, que proporciona la experiencia sensible. Este método
debía emplear para cOnstruir el conocimiento en la filosofía natural. de razonamiento, que va desde principios generales establecidos
Bacon, Descartes, Hobbes, Hooke y otros expresaban una confian- -considerados verdaderos por derecho propio- a la explicación
za suprema en que el conocimiento de la estructura causal de la de particulares se llama deducción. Bacon atribuyó todos los
naturaleza se podía conseguir con certeza, a condición de que la males de la filosofía natural contemporánea al uso exclusivo de
mente fuera dirigida y disciplinada por el método correcto. El méto- dicho método. No es cierto, como se afirmá a veces, que la induc-
do lo era todo. El método era lo que hacía posible y poderoso el ción baconiana recomiende la inconsciente compilación de
. conocimiento del mundo natural, aunque las reglas del método hechos. En primer lugar, Bacon y sus seguidores dieron mucha
correcto variaban mucho. La metáfora mecánica que estrueturaba importancia a las llamadas instancias crucíales, cuyo propósito es
.. -el conocimiento del mundo natural también daba forma a los permitir que se llegue a un juicio decisivo e inequívoco sobre teo-
medios que había que utilizar para conseguir ese conocimiento. rías físicas alternativas.5 En segundo lugar, para que puedan pro-
- ,Bacon escribe que no se debe permitir que la mente «tome su pro- ducir una información fiable que sea adecuada para servir como
pio camino» sino que debe ser «guiada a cada paso; de modo que fundamento de la filosofía, los sentidos necesitan ser instruidos
todo transcurra como si procediera maquinalmente». Para Bacon, mediante el método racional. Pero, para generar conocimiento
como para muchos otros filósofos, la filosofía natural se definía por causal fiable, argumenta Bacon, se deben cambiar radicalmente el
su objetivo de conseguir el conocimiento causal: esto es lo que la
distinguía de la historia Pero, según esta versión, el método proce- ' 5. Robert Boyle utilizó, posteriormente. el término «experimento crucial. para referirse al
de desde el conocimiento acumulado de particulares -hechos espectacular experimento de Pascal en el Puy-de-Dóme, que se describió en el capítulo 1.
peso y la prioridad relativos que se ~onceden a los hechos y a la miento para «corregir sus informaciones». Y Robert Hooke, que era
teoría: «Debemos conducir a los hombres a los particulares mis- un prolífico inventor de instrumentos científi'C:os,'aunqUe hacía
mos; mientras que, por $U parte, los hombres se deben obligar, por notar «la estrechez y el vagabundeo» de los sentidos del hombre
un tiempo, a dejar de lado sus nociones y comenzar a familiarizar- caído, elogiaba el papel que habían desempeñado el telescopio y
se con los hechos». En la filosofía natural, ni los sentidos ni la el microscopio en la corrección de las debilidades de los sentidos
razón por sí solos bastan para construir el conocimiento, pero ha ¿Cómo se y en la ampliación de su imperio, (No hay aquí ninguna preocupa-
adquiriael
llegado el momento de que la teorización se enfrente cara a cara conocimiento? ción por la fiabilidad de la experiencia mediada instrumentalmen-
con los hechos. te.) El progreso del conocimiento no dependía únicamente de que
En este punto es necesario introducir otra cualificación impor- se concediera a los sentidos un papel más importante, sino ade-
tante a la adecuación de la retórica modernista. A pesar del énfa- más de una cuidadosa corrección de los sentidos por medio de la
sis modernista en la prioridad de la experiencia sensible directa, razón, quizá mediante el uso de instrumentos mecánicos y, cierta-
Bacon también estaba de acuerdo con muchos otros filósofos mente, mediante procedimientos prácticos que permitieran evaluar
naturales del siglo XVII en la noción de que los sentidos no instrui- la información que proporcionaba la experiencia sensible.
dos son propensos a engañar y necesitan ser metódicamentedis- Para que la experiencia pudiera desempeñar su papel de fun-
ciplinados para que puedan producir el material factual auténtico damento de una filosofía natural reformada y ordenada, debía ser
sobre el que puede operar la razón filosófica. Así como se debía controlada, vigilada y disciplinada. Si es probable que los sentidos
re'Chazarla teoría que prescinde de los hechos, el estado deplora- no tutelados engañen, es necesario descubrir modos de regular
ble en que se encontraba la mayoría del conocimiento existente de qué experiencia puede fundamentar correctamente la reflexión
la naturaleza se atribuía a menudo al papel desempeñado por los filosófica. La cuestión de qué experiencia incluía juicios acerca de
sentidos que no habían sido convenientemente educados y por los la experiencia de quién. Había que establecer una línea divisoria
informes empíricos que no habían sido adecuadamente disciplina- entre la experiencia autentificada y lo que se llamaba generalmen-
dos. Para el sentido no educado, la Luna no parece mayor que una te «cuentos de viejas», e insistir en ello. Por ejemplo, el filósofo
tarta de manzana y el Sol parece girar alrededor de la Tierra. Era natural John Wilkins distinguía entre las «personas vulgares» y las
la razón instruida, no simplemente los sentidos, lo que permitía a educadas basándose precisamente en este aspecto: las primeras
. los modernos «ver» que la Luna es muy grande y que el Sol per- privilegian las impresiones sensibles inmediatas y les otorgan la
manece en reposo. Por consiguiente, pocos filósofos modernos, primacía, mientras que las segundas son adecuadamente cautas
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-por entusiastas que fueran acerca del papel fundamental de la acerca de su fiabilidad: «Es tan fácil persuadir a un campesino de
J
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experiencia, dejaban de discutir el problema de la inherente falibi- que la Luna está hecha de queso como de que es más grande que
lidad de los sentidos. Es famoso el pasaje en que Galileo aplaude
'.
I la rueda de su carro, porque las dos cosas parecen contradecir
a Copérnico por haber conseguido que «la razón haya podido 122 1 123 igualmente su visión, y él no posee juicio suficiente para ir más allá
hacer tanta violencia a los sentidos que, contra -éstos, se haya .•..
..... de sus sentidos», Boyle argumenta que el juicio de «la multitud que
adueñado de su credulidad», Joseph Glanvill (1636-1680), un no discierne [...] parece que se aloja más en su ojo que en su cere-
enérgico propagandista del experimentalismo inglés, observa que bro» y que ésta es la causa principal de los errores más comunes.
«en muchos casos particulares, no estamos seguros de la informa- . La Pseudodoxia epidermica (1 646) del médico Sir Thomas
ción proporcionada por nuestros sentidos», necesitamos conoci- Browne (1605-1 682) observa «la errónea disposición de la gente»
que les hace ser crédulos y fáciles d.e engañar por «adivinos, mala- mente sobre sus pronunciamientos metodológicos porque vieron
baristas [y] geománticos». Los sentidos necesitan ser guiados por en ellos el medio de justificar un programa colectivo concertado de
el conocimiento y la gente corriente, que carece de conocimiento, compilación de hechos experimentales y observacionales, mien-
«discierne mal la verdad»: «Su entendimiento es tan débil a la hora tras que otros filósofos utilizaron metodologías, que pueden ser
de discernir las falsedades y evitar los errores de la razón que se consideradas como deductivas en términos generales, para justifi-
somete a las falacias de los sentidos y es incapaz de rectificar el ¿Cómo se car la importancia de la teorización racional frente a la acumula-
adquiría el
error de sus sensaciones". Es decir, para estos filósofos la discipli- conocimiento? ción de particulares factuales. Por consiguiente, la metodología
na de la experiencia implicaba, en gran medida, un mapa del orden formal es importante del mismo modo que la justificación de una
social. La experiencia adecuada para la inferencia filosófica debía práctica es importante de cara a su valor e identidad reconocidos.
provenir de la clase de gente que es capaz, fiable y sinceramente, Es probable que una práctica sin su mito concomitante sea débil y
de tenerla, de informar de ella o, si no es la suya propia, de evaluar difícil de justificar e incluso que sea difícil hacerla visible como una
los informes empíricos de otros. La experiencia que no está disci- clase de actividad distinta.6 Las justificaciones no deben ser sim-
plinada no vale nada. plemente equiparadas a la práctica que justifican, y todavía nece-
Tradicionalmente, los historiadores y los filósofos de la ciencia sitamos una imagen más vívida de lo que hacían realmente los
han prestado demasiada atención a los pronunciamientos metodo- filósofos naturales modernos cuando se dedicaban a la tarea de
lógicos formales y los han tomado al pie de la letra, como si pro- conseguir el conocimiento. Los filósofos naturales modernos no se
porcionaran una información adecuada de lo que los'ifilósofos del limitaban simplemente a creer cosas acerca del mundo natural;
pasado hacían efectivamente cuando construían, evaluaban y dis- hacían cosas 'para conseguir, justificar y distribuir dichas creencias.
tribuían el conocimiento cietltífico. En realidad, la relación que exis- Esto es, la práctica de la filosofía natural era un tipo de trabajo. De
te entre cualquier conjunto de directrices metodológicas formales modo que ahora necesitamos pasar de las fórmulas metodológicas
y la práctica concreta de la filosofía natural en el siglo XVII es pro- abstractas al trabajo práctico que requería la construcción de la
fundamente problemática Por ejemplo, ni los filósofos que en sus experiencia que era adecuada para ciertas clases de investigacio-
- _.Ias prácticas en la cultura y para especificar cómo se deben eva- nuevas tendencias de la filosofía natural, los medios mecánicos
luar dichas prácticas, tiene mucho a su favor. Sin embargo, esto no adquirieron una importancia nueva en la construcción del conoci-
res a Bacon, especialmente los ingleses, se' abalanzaron ávida- siempre o incluso habitualmente.
ca? ¿Cómo producía conocimiento científico factual? ¿y de qué
manera se ofrecía el conocimiento resultante como remedio de los
males intelectuales existentes y como ejemplo del procedimiento
que había que seguir para producir el conocimiento científico? Las
páginas siguientes ofrecen una descripción breve de un conjunto
¿Cómo se específico y muy influyente de prácticas para la construcción del
adquiria el
conocimiento? conocimiento, mientras que en las secciones posteriores se previe-
ne contra el supuesto de que dichas prácticas fueran universalmen-
te aprobadas, incluso por los filósofos mecanicistas modernos.
La máquina neumática tuvo un carácter emblemático en dos
sentidos: primero, el aparato y las prácticas a que su uso da lugar
se convirtieron en modelos de la forma correcta de proced~r en la
filosofía natural experimental. La Royal Society llevó a cabo una
propaganda masiva de su programa experimental en toda Europa
y la experimentación con la máquina neumática fue reiteradamen-
te propuesta cómo paradigma de la filosofía experimental. El uso
de instrumentos en filosofíanat~ral, que se reconocía como algo
nuevo en el siglo XVII, atraía un extenso apoyo y se imitaba amplia-
mente, pero también desperta~ oposición. Muchas historias de
los orígenes de la experimentación en la ciencia natural se retro-
traen a la máquina neumática de Boyle.
En segundo lugar, las manipulaciones llevadas a cabo, con ins-
trumentos, como la máquina neumática, pueden producir un cono-
Figura 21. La primera máquina neumática de Robert Boyle. Fuente: Robert
Boyle, Nuevos Experimentos ftsico-mecánicos relativos al resorte del aire (1660). cimiento general relevante para la filosofía natural sólo en la
medida en que se considere que los efectos que se producen arti-
ficialmente en dichos instrumento~, y los que son producidos por
_ miento. En ningún sitio es más patente este énfasis en los experi- ellos, reflejan el modo en que se comportan las cosas enla natura-
mentos diseñados artificial mente que en los programas de investi- leza En el capítulo 1 se discutió el rechazo general que la distinción
gación asociados con la Royal Society de Londres (que fue fundada aristotélica entre «naturaleza»y «arte»suscitaba en los modernos. A
en 1660) y, especialmente, con Robert Boyle, su miembro más influ- menos que se acepte que hay una semejanza básica entre los pro-
yente. La máquina neumática que había inventado para Boyle su ductos de la naturaleza y los del artificio humano, las manipulacio-
asistente Robert Hooke,·.a finales de la década de 1650, se convir- nes experimentales con máquinas no pueden representar el
tió rápidamente en el emblema de la práctica de la filosofía natural comportamiento de los objetos naturales, y la diseminación de la
(fig. 21). Es la máquina de construcción de hechos más importante. metáfora que compara la naturaleza con un reloj, así como la credi-
de la Revolución científica. ¿Cómo.funcionaba. la máquina neumáti- bilidad concedida a las observaciones telescópicas de los cielos,
manifiesta esa aceptación. La experimentación con este tipo de Figura 22. Un experimento con la
instrumentos creó enormes posibilidades de controlar y de presen- máquina neumática de Boyle. Esta
ilustración mu~stra la campana de
tar los fenómenos experimentales. En principio, es posible producir
la segunda máquina neumática de
los fenómenos experimentales a voluntad, en cualquier momento y Boyle, que se puso en funciona-
miento alrededor de 1662. El ex-
en presencia de obseNadores cualesquiera, sin necesidad de espe-
perimento representado involucra
rar a que dichos fenómenos ocurran naturalmente; incluso se pue- ¿Cómo se el bien conocido, y muy discutido,
adquiriael
den producir efectos que no son accesibles en absoluto a la fenómeno de la cohesión espon-
conocimiento?
tánea de discos de mármol puli-
experiencia humana normal. En el caso de la máquina neumática,
mentado. Boyle se proponía expli-
gran parte del interés que tenían para el filósofo natural los fenó- car este efecto recurriendo a la
presión del aire. Su explicación
menos que producía artificial mente procedía de la aceptación de la
predecía que cuando se extrajera
idea de que el vacío producido podía representar el que se obser- todo el aire de la campana los dis-
varía si fuera posible viajar a la parte superior de la atmósfera Con cos se separarían. Fuente: Robert
Boyle, Continuación de los
la máquina se puede conseguir que los efectos del aire, que en Nuevos Experimentos frsico-me-
condiciones normales son invisibles e imperceptibles, sean accesi- cánicos relativos al resorte y peso
del aire (1669).
bles y manifiestos. Sin embargo, estas ventajas prácticas de la
experimentación artificial dependen completamente de que se
acepte el principio que afirma que los productos del artificio huma-
no pueden representar, y efectivamente representan, el orden de la Boyle ofrece una explicación mecánica de la experiencia táctil de
naturaleza. Sin este acuerdo básico, no puede existir una inferencia mover el émbolo.
segura que permita pasar de lo que el aparato experimental mani- Sin embargo, el proceso de extracción del aire de la campana
fiesta al orden natural de las cosas. de la máquina neumática es, por sí mismo, menos significativo
La máquina neumática estaba diseñada para producir un vacío como experimento que como medio de conseguir un espacio en el
operacional en su gran campana de vidrio. Subiendo y bajando que se pueden realizar experimentos (fig. 22). La campana tenía
repetidamente el émbolo (o «pistón») de la máquina y ajustando la una cubierta de latól'l en su parte superior, que al retirarse dejaba
válvula y la llave de paso que conecta la campana con 'el aparato de al descubierto un orificio lo suficientemente grande como para que
bombeo, que está hecho de latón, se pueden extraer cantidades de se pudieran insertar instrumentos en ella; el resto de la serie de
_ aire de la campana. El esfuerzo necesario para bajar el émbolo es experimentos de Boyle consistía en la obseNación de objetos y
cada vez mayor, hasta que termina por superar todo esfuerzo huma- aparatos situados en la campana. Consideremos el experimento
no. Llegado este momento, Boyle juzgaba que se había extraído decimoséptimo de esta serie, que Boyle caracterizó como «el prin-
casi todo el aire atmosférico que estaba inicialmente presente en la cipal fruto que esperaba de nuestra máquina». Este experimento
campana Esta misma operación contaba ya como un experimento consiste simplemente en situar el aparato torricelliano -el baróme-
y constituye el primero en la serie de cuarenta y tres que Boyle tro de mercurio que se describió en el capítulo 1- en la campana
publicó en los Nuevos experimentos físico-mecánicos relativos al y luego extraer el aire gradualmente. Boyle anunció una expectati-
resorte del aire (1660). Este vacío operacional es el que represen-, va respecto de este experimento.que pone de manifiesto, a la vez,
ta la tarea imposible de viajar a la parte superior de la atmósfera. su carácter emblemático y su papel como elemento confirmador de
una concepción de la natura,leza que se puede considerar mecáni- puede ser muy grande, ciertamente no lo suficiente como para
ca a grandes rasgos. Espetaba que el nivel de mercurio en el baró- soportar una columna de mercurio de setenta y seis centímetros.
metro iría descendiendo a medida que se eliminaba el aire de la Por consiguiente, parece que para explicar los fenómenos experi-
campana. y cuando se hubiera extraído totalmente, o casi total- mentales desde un punto de vista mecanicista se requiere otra
mente, el aire de la campana, el mercurio contenido en el largo noción. Boyle llamó a esta nueva noción la presión o el resorte del
tubo descendería completamente, o casi completamente, hasta ¿Cómo se aire. A partir de estos y otros fenómenos puestos de manifiesto
adquiria el
juntarse con el que contiene el recipiente que está situado debajo cooodmiento? con la ayuda de la máquina, Boyle infirió que los corpúsculos del
del tubo. Si el cuñado de Pascal hubiera transportado su baróme- aire tienen probablemente un carácter elástico -se parecen a
tro no simplemente ala cima del Puy-de-Dóme, sino hasta la resortes- que les permite resistir las fuerzas que actúan sobre
misma cima del océano:de aire que rodea la Tierra, esto es lo que ellos y expandirse cuando dichas fuerzas disminuyen. Cuanto
habría observado. Y en realidad, aunque no variaba la altura del mayor es la fuerza que se ejerce sobre una cantidad de aire ence-
mercurio cuando se colocaba el barómetro en la campana y ésta rrado en un recipiente, mayor es la fuerza con que responde el
se sellaba, Boyle observó que el nivel de mercurio descendía con aire. Cuando se elimina una cantidad de aire de la campana, se
cada «extracción» de la máquina hasta que, por último, cuando reduce la fuerza expansiva del aire restante. El mercurio del baró-
resultaba imposible extraer más aire de la campana, dicho nivel metro que está encerrado en la campana desciende porque, como
quedaba un poco por encima del nivel de mercurio que había en el indicaba Boyle, la presión es entonces insuficiente para resistir el
recipiente.7 Si giraba i~llave de paso con el fin de permitir que peso del mercurio.8
cido, el aire tenía peso. Mientras que el mercurio que contiene el logro importante de un programa experimental de filosofía natu-
recipiente que está situado debajo del tubo de Pascal está ral: fue el experimento artificial el que consiguió que la presión,
expuesto al aire, no ocurre lo mismo con el que está en el reci- en tanto que fuerza real que operaba mecánicamente en la natu-
piente colocado en el interior de la campana de la máquina de raleza, se hiciera manifiesta. Los efectos artificiales producidos
_ - Boyle. No se puede decir que el peso de una columna de aire por la máquina neumática contaban como cuestiones de hecho
atmosférico actúa sobre el mercurio del recipiente, ya que el vidrio acerca de la naturaleza. Los hechos experimentales atestiguaban
- _de la campana se interpone entre el mercurio y la columna de aire un orden unitario de la naturaleza que era causalmente respon-
atmosférico. El peso del aire que está encerrado en la campana no sable de ellos. Los hechos producidos por la máquina neumática
7. Los filósofos discutieron -violentamente a veces- si era posible eliminar toda la materia
8. Nótese que se puede considerar que la presión y el peso son nociones independientes
en la campana o si la máquina conseguía únicamente extraer casi todo el aire atmosférico.
pero causalmente relacionadas. Boyle no distingue entre ambas con la suficiente claridad.
El mismo Boyle prefería la segunda posibilidad, porque no deseaba verse mezclado en vie-
Posteriormente, se emprendió una investigación experimental, que desembocó en la cono-
jos debates «metafísicos· acerca de la existencia de un vacío total. Según su interpretación,
cida «ley. de Boyle (que afirma la proporcionalidad inversa entre la presión y el volumen
el hecho de que fuera imposible conseguir que el mercurio descendiera totalmente signifi-
del aire), con el fin de cuantificarla presión.
caba que algo de aire residual p'ermanecía en la campana que había sido «vaciada•.
eran visibles o tangibles, mientras que las causas que ellos ates- sus efectos manifiestos tienen, irremediablemente, un carácter
tiguaban no eran accesibles a los sentidos. ¿Cuál era, entonces, teórico e hipotético. En el caso de un reloj real, podríamos, si lo
la manera correcta de pasar de los unos a las otras? ¿Cuál era la deseáramos realmente, abrir la caja e inspeccionar la maquinaria
manera correcta de hablar de las cuestiones de hecho y de sus Podríamos preguntar a los relojeros cómo construyen los relojes.
causas físicas, respectivamente? Pero en el caso de la naturaleza no podemos hacer lo mismo, por-
Muchos filósofos modernos -incluyendo algunos (como Des- La ¿Cómo se que no podemos tener un acceso sensible directo a la estructura
científica adquiña el
cartes) que no se dejaron impresionar por el valor de un programa conocimiento? causal oculta de la naturaleza Debemos inferir el funcionamiento
de experimentación sistemática- estaban de acuerdo en que el causal a partir de los efectos y no podemos interrogar a Dios, que
conocimiento teórico y el factual diferían en sus cualidades inte- es el g;an relojero. A este respecto, al ofrecer una explicación pro-
lectuales. En este punto se recurrió, una vez más, a la metáfora del bable de cómo funciona la máquina mundial, Descartes -que en
reloj para expresar los distintos grados de confianza que se podían otros lugares insiste en el alto grado de certeza que tienen sus
depositar en las cuestiones de hecho y en las hipótesis que se explicaCiones mecánicas- escribe:
podían proponer acerca de la causas subyacentes de dichos
hechos. Vemos un reloj en la repisa de la chimenea. Si observamos Al igual que un relojero habilidoso puede construir dos relojes que
el movimiento regular de las manecillas, conseguiremos un conoci- marquen las horas de igual forma y que, sin embargo, nada tengan
miento de efectos. Si la observación de los efectos y su comunica- en común por lo que se refiere a la organización de sus mecanismos,
ción son fiables, los efectos cuentan como cuestiones de hecho. de igual forma es cierto que Dios posee una infinidad de diversos
Cuando estas condiciones se cumplen, tenemos un conocimiento medios en virtud de los cuales puede hacer que todas las cosas de
cierto de estos hechos, un conocimiento que, en lo que se refiere a este mundo parezcan tal y como ahora aparecen, sin que sea posi-
fines prácticos, posee tanta certeza como la que tienen los resulta- ble al espíritu humano discernir cuál de todos estos medios ha que-
dos de una demostración lógica o matemática. Sin embargo, rido emplear para producirlos. [oo.) estimaría haber contribuido
supongamos que el mecanismo interno del reloj está encerrado en bastante al desarrollo del conocimiento si las causas que he explica-
una caja opaca y que es prácticamente inaccesible a nuestra ins- do son tales que los efectos que ellas pueden producir son seme-
pección. En este caso no podemos tener un conocimiento cierto de jantes a aquellos que vemos en el mundo. sin llegar a cuestionarrne
las causas que producen los efectos. Podemos estar razonable- si es mediante esas u otras causas como han sido producidos:
mente seguros (según los filósofos mecanicistas) de que las cau-
sas que operan en la naturaleza son mecánicas, pero cuál sea la En el caso de la investigación experimental del aire que Boyle
disposición exacta de los dispositivos mecánicos es únicamente llevó a cabo, esta actitud probabilista hacia la determinación de las
una cuestión de conocimiento probable. Nuestras conjeturas inte- 9
causas naturales resulta particularmente clara en la explicación
ligentes acerca de la forma en que la maquinaria del reloj produce que proporciona del resorte del aire y de su causa Boyle afirma
que «se atreve a hablar con confianza de muy pocas cosas, excep-
9. Fue más o menos en esta época cuando se produjo un cambio importante en el signifi- to de cuestiones de hecho», pues estos hechos se han puesto de
cado de la palabra 'probable'. Antes del siglo XVII, calificar a una afirmación de probable
equivalía a considerar que, por ejemplo, Aristóteles u otras autoridades reconocidas daban
fe de ella (es el mismo sentido que el actual de 'probidad'). Hacia mediados del siglo XVII,
'probabilidad' adquirió un nuevo significado: indicaba que una afirmación que no era v,<r- • René Descartes, Los principios de la filosofía, introducción, traducción y notas de
dad era con certeza estaba respaldada por evidencia Guillermo Ouintás, Madrid, Alianza, 1995, págs. 410-411. (N. del l.)
manifiesto mediante observaciones y experimentos que son fia- De acuerdo con todo esto, Boyle afirma que el «objetivo» de los
bles. Sin embargo, cuando se exponen opiniones acerca de las experimentos que llevó a cabo con la máquina neumática no era
situaciones físicas que, dan lugar a dichos hechos, Boyle reco- «asignar la causa adecuada del resorte del aire, sino únicamente
mienda la máxima cautela. De estas hipótesis causales, «[hablo] poner de manifiesto que el aire tiene un resorte e indicar algunos
tan dubitativamente y utilizo tan a menudo expresiones como de sus efectos». Sin duda, Boyle ofrece algunas hipótesis acerca
quizá, parece, no es imposible, y otras similares, para mostrar que ¿Cómo se de las realidades corpusculares que constituyen la causa del
adquiria el
desconfío de la verdad de las opiniones a las que me inclino».'° Esa conocimiento? resorte del aire, pero quita hierro a estas opiniones matizándolas
diferencia de cualidad intelectual se hace patente, incluso, eh la convenientemente. Los corpúsculos del aire podrían tener una
estructura de las obras de Boyle. En los Nuevos' experirnentos, estructura como la de los resortes metálicos ordinarios o podrían
Boyle afirma que pretende dejar «un intervalo visible» entre sus ser como la lana o las esponjas o, asimismo, la explicación del
relatos factuales de lo que la máquina neumática pone de mani- resorte podría residir en los vórtices que Descartes proponía.
fiesto y sus «discursos» ocasionales sobre la interpretación causal Ciertamente, estas conjeturas causales forman parte, con pleno
de los hechos. Los lectores están invitados, si lo desean, a leer por derecho, de la filosofía natural experimental, pero son menos cier-
separado .las descripciones de los experimentos y las «reflexiones» tas que las cuestiones de hecho. Además, estas conjeturas se
interpretativas. deben seguir del establecimiento de un cuerpo de conocimiento
Boyle asegura a sus lectores que no se había puesto a hacer factual adecuado.12 En la práctica general, esto significa que Boyle
. ...••
sus experimentos con el objetivo de probar o refutar ningún gran se presenta como un filósofo mecanicista pero, realmente, no ofre-
sistema filosófico. Según afirma, está tan lejos de ser el campeón ce nunca explicaciones mecánicas específicas de los fenómenos
de un sistema ~órico causal determinado que apenas ha leído las físicos. Como se hizo notar en el capítulo 1, aunque Boyle y sus
ob~as filosóficas de los grandes sistematizadores de la filosofía seguidores expresaban una ,confianza global en las explicaciones
natural, como por ejemplo Descartes, «a fin de no estar predis- que son formalmente micromecánicas, diferían notablemente de
pue;:;to a favor de ninguna teoría o principio». Se declara «conten- Descartes en que se negaban a especificar las dimensiones, las
to con que se considere que apenas si he mirado otro libro que no formas, las disposiciones y los estados de movimiento micromecá-
sea el de la naturaleza». Ésta es la manera que tiene Boyle de nicos precisos que daban lugar a las cualidades observadas, como
introducir su opinión de que la observación que está presidida por el resorte, el color, el olor y las demás. Se trataba de un mecani-
un interés teórico corre el peligro de estar distorsionada y ser
poco fiable. La manera «sistemática» de proceder -enfrentarse bien las obras de la filosofía natural sistemática. Lo que se propone es recomendar una re-
lajación de las relaciones, tradicionalmente estrechas, entre la observaci6n y la teorización
con la evidencia factual cuando afecta a todo un sistema de filo- formal. Es improbable que una ruptura absoluta entre ambas sea posible. Podemos consi-
sofía natural- se identifica como una de las causas del fracaso derar que Soyle debe haber enfocado su actividad experimental con un conjunto de ex-
pectativas teóricas, de lo contrario, no le habría sido posible distinguir entre el éxito y el fra-
de la práctica filosófica tradicional.!1 caso experimental. Asimismo, sin expectativas teóricas le habría sido menos posible aún
considerar que sus observaciones respaldaban lo que solía llamar la hipótesis mecánica o
corpuscular.
10. En este aspecto Soyle es considerablemente más cauto que su modelo metodol6gico 12. El mismo Soyle no siempre respeta los límites entre hechos y teorías que consideraba
declarado, Francis Sacon, el cual consideraba que el conocimiento cierto de las causas fí- necesario establecer. A veces trata el resorte del aire como si fuera una explicación causal
sicas es posible y constituye el objetivo legítimo de la filosofía natural. de los efectos experimentales, mientras que en otras ocasiones propone el resorte como
11. Es necesario subrayar el carácter retórico que tienen estas estipulaciones: lo que se una cuestión de hecho que el experimento pone de manifiesto indudablemente. Tampoco
pretende es identificar la fuente adecuada de autoridad en lo que hace referencia a las intenta nunca formular las reglas que se deben seguir para pasar, aunque sea provisional-
afirmaciones científicas. La evidencia muestra que, en realidad, Soyle conocía bastante mente, de las cuestiones de hecho a su explicaci6n mecánica
cismo en principio, que estaba limita~o por los grados relativos de Boyle y SUS colegas reconocían abiertamente el poder de Dios
certeza que era adecuado atribuir al conocimiento factual, frente a y de los agentes espirituales en el orden natural pero, en su opi-
lo que era correcto en el caso del conocimiento teórico-causal. nión, la filosofía natural se debía limitar a investigar los medios
Aunque Boyle reconocía que la búsqueda de conocimiento cau- mecánicos que Dios había empleado para crear el reloj mundial y
sal -por condicional que sea- era una tarea legítima de la filosofía su funcionamiento mecánico.13 Una filosofía natural experimental,
natural experimental, había otros cuerpos de conocimiento que de- ¿Cómo se que estuviera factual mente fundamentada, ofrecía la perspectiva
adquiña el.
bían ser excluidos completamente del cometido de la filosofía natu- conocimiento? de una certeza bien fundada y de un enfoque bien concebido del
ral experimental. Para que las cuestiones de hecho pudieran serVir conocimiento de la estructura causal que subyace a la naturaleza.
como fundamentos seguros de una filosofía natural reformada, Generalmente, se consideraba que las discusiones teológicas,
había que garantizar su autenticidad y protegerlas de la contamina- morales, metafísicas y políticas habían generado divisiones y con-
ción de otros elementos de conocimiento que eran menos ciertos e flictos. Para que una filosofía natural reformada ofreciera una cer-
incontrovertibles. La tendencia general -aunque no universal- de teza genuina, era necesario establecer claramente demarcaciones
la práctica inglesa del siglo XVII era negar que fuera legítimo intro- entre ésta y las áreas conflictivas de la cultura. Introducir "la moral
ducir en la filosofía natural consideraciones que fueran explícita- y la política en las explicaciones de la naturaleza corpórea, donde
mente teológicas, morales y políticas. Se consideraba que Dios era en realidad todas las cosas se llevan a cabo por medio de leyes
el autor del Libro de la Naturaleza que leía el filósofo natural mecánicas», escribe Boyle, ha dificultado el "progreso del conoci-
moderno, pero se afirmaba a menudo que la filosofía mecánica se miento humano». Dicho en otras palabras, las condiciones que se
debía ocupar de los aspectos mecánicos de la naturaleza Así, por deben cumplir para que se consiga el conocimiento objetivo e inte-
ejemplo, en la década de 1660, los críticos de la investigación que '- ligible de la naturaleza que es posible lograr son: la separación de
Boyle había efectuado sobre el resorte del aire pusieron en cues- la filosofía natural de las formas de la cultura en las que se enfren-
tión la adecuación de una explicación mecánica e insistieron en la tan las pasiones y los intereses humanos y la interpretación de la
necesidad de que se tomaran en consideración los poderes espiri- naturaleza en sus aspectos mecánicos. Hablar inteligible y filosófi-
tuales. Boyle replicó insistiendo en su profunda piedad y, simultá- camente de lo que es "natural» o "corpóreo» equivale a hablar en
neamente, recordando a sus críticos los límites propios de la términos mecánicos. Esto no implica necesariamente que el meca-
filosofía natural: nicismo fuera totalmente adecuado para explicar todos los fenó-
menos que se presentan a la experiencia humana. Había un
Nadie está más deseoso [que yo mismo] de reconocer y venerar la importante desacuerdo entre los filósofos modernos a la hora de
Divina Omnipotencia, [pero] nuestra controversia no es acerca de identificar los fenómenos que son naturales.
lo que Dios puede hacer, sino acerca de lo que los agentes natu-
rales, que no se elevan por encima de la esfera· de la naturaleza,
pueden hacer [oo.] y de acuerdo con el juicio de los verdaderos filó-
sofos, supongo que la hipótesis [mecánica] no necesita otra ven-
taja [oo.] que el hecho de que, con ella, las cosas se explican 13. En el capítulo 3 se ampliará y cualificará esta concepción de la filosofía natural. Allí se
discutirán importantes usos teológicos de una naturaleza interpretada en términos meca-
mediante el curso ordinario de la naturaleza, mientras que con las nicistas y se abordará la cuestión de en qué medida se consideraba que el mecanicismo
otras debe recurrirse a los milagros. puro describía adecuadamente una gama de fenómenos naturales.
como la máquina neumática pueden ser reproducidos -dentro de
los límites prácticos- a voluntad. Es posible convocar, para la oca-
Es tradicional trazar los contornos de la Revolución científica recu- sión, a testigos que observen los efectos experimentales y den fe
rriendo a los textos de lo~ filósofos individuales. Sin embargo, el filó- de su autenticidad. Los textos de Boyle mencionan, a veces, las
sofo natural individual no construía el conocimiento en solitario. La personas que fueron testigos de sus experimentos con la máqui-
misma idea de conocimiEJ{)toimplica un producto público y compar- ¿Cómo se na neumática. Además, la realización de experimentos era una
adquiriael
tido que hay que contra~r con el estado de creencia del individuo. conocimiento? característica rutinaria de las reuniones de la Royal Society. Esta
Para establecer su credibilidad y adquirir el carácter de conocimien- Sociedad abrió un Regíster-Book (Libro de Registro) con el fin de
to, la creencia o experiencia de un individuo tiene que ser comuni- que los testigos pudieran dar fe de los resultados experimentales.
cada efectivamente a otros. En realidad, los filósofos naturales En segundo lugar, Boyle introdujo la recomendación, que resultó
modernos dedicaron mucho tiempo de reflexión y mucho trabajo muy influyente, de que los informes experimentales se escribieran
práctico a la cuestión de cómo se podría conseguir que la experien- de un modo que permitiera a los lectores distantes -que no ha-
cia pasara del dominio privado al público. Muchos filósofos conside- bían estado presentes como testigos de primera mano- repetir
raban que la enfermedad de la filosofía natural contemporánea, que los efectos relevantes. Había que describir detalladamente los
tantos habían diagnósticado, procedía de su carácter excesivamen- métodos reales, los materiales y las circunstancias de modo que
te privado o individualista. En el capítulo siguiente se discutirán los lectores que así lo decidieran pudieran reproducir los mismos
algunos de los peligros que, según se conSideraba, provenían del experimentos y, de esa forma, se convirtieran en testigos directos.
carácter privado e individualista de la actividad intelectual. Sin embargo, en la práctica, ninguna de estas técnicas resultó
Hemos visto que la tradición empirista inglesa del siglo XVII ser un medio de difundir la experiencia particularmente eficaz.
ponía un acento especial en la idea de que, en la filosofía natural, Simplemente por razones prácticas, el número de testigos directos
los particulares faduales eran el fundamento seguro del conoci- de los experimentos siempre era limitado: en el laboratorio de
miento. Sin embargo, para que las experiencias particulares,sirvie- Boyle el público probablemente estaba formado, como máximo,
ran a esa función, su autenticidad como sucesos históricamente por entre tres y seis colegas competentes', y los que asistían a los
específicos que ocurren realmente se debía garantizar de algún experimentos de la Royal Society raramente pasaban de veinte
modo y había que persuadir de ella a una comunidad. Por consi- aunque, en general, eran muchos menos. A pesar de que los tex-
guiente, para que dichos particulares llegaran a formar parte de un tos de Boyle estimulaban la repetición y ofrecían instrucciones
_ cuerpo de conocimiento compartido, era necesario encontrar detalladas de cómo había que proceder, al cabo de 'unos años
medios fiables de hacerlos circular entre los distintos individuos. incluso él se convenció de que se habían hecho muy pocas repe-
Boyle y sus asociados desarrollaron una variedad de técnicas ticiones precisas de sus experimentos con la máquina neumática y
relativamente nuevas con el objeto de facilitar la transición de la concluyó que era improbable que se hicieran muchas alguna vez.
experiencia observacional y experimental del dominio privado al Por tanto, para que la experiencia se pudiera difundir eficazmente,
público. En primer lugar, recordemos que una de las ventajas de se requerían medios distintos de los que se basaban en el testi-
un programa experimental es que permite un mayor control prác- monio público y la repetición física
tico de la experiencia. A diferencia de lo que ocurre con los fenó- Dichos medios se encontraron en la forma misma de la comu-
menos puramente naturales, los que se producen en instrumentos nicación científica. La experiencia se podría extender y hacer
pública escribiendo descripciones de los experimentos que ofre- les de la práctica de la filosofía natural se podrían hacer más segu-
cieran a los lectores distantes, que no habían atestiguado directa- ros. Una vez que los fundamentos factuales del conocimiento de la
mente los fenómenos -y que probablemente nunca lo harían-, un naturaleza hubieran sido garantizados por estos medios, la bús-
relato tan vívido que fuera capaz de convertirlos en testigos vírtua- queda filosófica de las causas podría proceder de forma segura.
les. La mayoría de los filósofos que integraron los particulares fac-
tuales de Boyle en su repertorio de conocimiento no lo hicieron La Revoludón
¿Cómo se
adquiriael
científica
por el testimonio directo o la repetición concienzuda, sino porque conocimiento? ¿Para qué servía el experimento?
al leer sus informes encontraron motivos adecuados para confiar
en su exactitud y en su veracidad. Como dice Boy/e, sus descrip- La acumulación de particulares como medio de fundamentar una
ciones (y las de aquellos que siguieron fielmente el estilo que filosofía natural reformada constituyó una tendencia importante
recomendó) debían ser «registros duraderos» de la nueva práctica. de la práctica moderna, que fue favorecida particularmente por
Los lectores «no necesitan repetir un experimento para tener una los ingleses pero que también tuvo influencia en el continente.
idea que sea lo suficientemente clara como para servir de funda- Promocionadas por una red de «inteligencia» científica que tenía
mento a sus reflexiones y especulaciones». El testimonio virtual su centro en la Royal Society de Londres, las prácticas que se
conlleva la producción en la mente del lector de una imagen del pueden considerar, en términos generales, como experimentales
procedimiento experimental que obvie la necesidad de su testimo- e inductivas consiguieron introducirse en varios países europeos
nio directo o de su repetición. En las descripciones de experimen- ),e incluso en la cultura científica emergente de las colonias ame-
tos que proporciona Boyle, esto implica un estilo muy detallado, ricanas. Sin embargo, este modo de conseguir conocimiento no
que a menudo espedfica: con insoportable prolijidad cuándo, cómo careció de oposición, y algunos modernos lo rechazaron global o
y dónde se hicieron los experimentos, quién estaba presente, parcialmente. Ni la realización sistemática de experimentos ni la
cuántas veces se repitieron y cuáles fueron exactamente los resul- noción de que una masa de particulares factual es autentificados
tados. Era necesario detallar un gran número de experimentos e proporcionan los únicos fundamentos seguros del conocimiento
informar tanto de los éxitos como de los fracasos. Un estilo tan en la filosofía natural definen simplemente lo que significaba ser
prolijo «evitaría que el lector desconfiara» de los resultados que se moderno .
. comunicaban y aseguraría al lector que los particulares factual es Descartes, por ejemplo, consideraba que, en la filosofía natural,
tenían una realidad histórica específica los fundamentos del conocimiento correcto se debían buscar por
El autor científico se presentaba con modestia y desinterés, medio de un escepticismo guiado racionalmente y de la interroga-
como alguien que no estaba preocupado por la fama y que no ción interna Se trataba de dudar de todo y, cuando se llegara a prin-
- ~staba afiliado a ninguna escuela de teorización filosófica de altos cipios de los que no fuera posible dudar, se' tenían los fundamentos
vuelos: «No pretendo en absoluto», escribe Boyle, «comprometer- 141 de la filosofía Descartes no hizo una gran cantidad de experimen-
me con, o contra, ninguna secta de naturalistas». Este tipo de per- tos físicos y aunque expresó formalmente el deseo de que se hicie-
sona es creíble y se puede considerar que sus relatos son el ran «una infinidad de experimentos», no consideraba necesario
testimonio transparente de la naturaleza misma. Una manera de conocer sus resultados para formular una filosofía natural segura
escribir detallada y sincera podía transformar a los lectores en tes- . Los experimentos debían tener su papel, pero no era necesario api-
ti gas. La experiencia se podría difundir y los fundamentos factua~ larlos en un gran montón de particulares, y menos aún esperar que
se pudieran inducir principios físicos generales seguros a partir de pero nada de esto hará que sean más filósofos», Durante las
. .
ese montón. Descartes se quejó, incluso, de que los experimentos décadas de 1660 y 1670, Hobbes intentó poner de manifiesto la
que se habían hecho públicos recientemente contenían demasiada fragilidad del programa de experimentación sistemática que
particularidad y especificidad históricas como para ser filosófica- Boyle había llevado a cabo con la máquina neumática, ofreciendo
mente útiles: «Resultan, en su mayor parte, tan complicados con explicaciones alternativas detalladas de los efectos de la máqui-
detalles innecesarios e inwedientes superfluos que es muy difícil ¿Cómo se na y de las inferencias teóricas que se efectuaban a partir de
adquiria el
que el investigador descupt"a su núcleo de verdad». A diferencia de conocimiento? ellos.15
Boyle y sus colegas, Descartes consideraba con escepticismo la Un programa- de recopilación sistemática de hechos podía
posibilidad de que una comunidad pudiera encontrar alguna vez los producir un registro de efectos naturales y artificiales: podía con-
medios morales y literarios Rue fueran capaces de asegurar la fiabi- tar como historia natural. Pero Hobbes insistía en la interpreta-
lidad de una masa de informes experimentales. ción tradicional según la cual la filosofía natural es la búsqueda
En Inglaterra, Thomas Hobbes se enfrentó violentamente con de conocimiento cierto de las causas que operan en la naturale-
el programa experimental que estaba asociado con Boyle y con za -«la filosofía [es] la ciencia de las causas»-. No creía que
la Royal Society. Desde su punto de vista, el programa era inútil. hubiera un modo seguro de proceder que permitiera ir desde una
¿Para qué hacer series sistemáticas de experimentos cuando, si pila de particulares al conocimiento causal y que poseyera la cer-
fuera posible discernir realmente las causas a partir de los efec- teza que requiere la filosofía. Para tener derecho al nombre «filo-
tos, un sólo experimento bastaría? Tampoco era evidente para sofía», una práctica no puede adoptar la reserva boyleana
Hobbes que los efectos artificiales, como los que producía la respecto de la estructura causal de la naturaleza. Tiene que pro-
máquina neumática de Boyle, fueran necesarios para la filosofía ceder desde un conocimiento correcto de las causas, racional-
natural o dignos del gasto y la molestia que conllevaba la realiza- " mente establecido, al conocimiento de los efectos. Por eso
ción de los experimentos: «Lo que requiero de los experimentos Hobbes se negaba a aceptar que fuera legítima la tímida actitud
lo podéis proporcionar de vuestra propia cosecha o de la historia que Boyle había adoptado con respecto a la determinación de la
natural que sepáis que es verdadera, aunque me puedo conten- causa del resorte del aire. Actuar con:¡o un filósofo significa
tar con el conocimiento de las causas de aquellas cosas que todo determinar, basándose en fundamentos ciertos, la causa real.
, el, mundo ve producirse generalmente».14 Asimismo, una empresa Negarse a hacerlo equivale a actuar como un mero narrador de
intelectual que tuviera derecho al nombre de «filosofía» tampoco historias acerca de los fenómenos naturales. Por tanto, la eva-
_se podía contentar con las reservas, respecto al conocimiento luación del programa experimental dependía de la concepción
. causal, que estaban asociadas con el programa experimental. que se tuviera de los productos del conocimiento que eran pro-
Refiriéndose a la Royal Society, Hobbes escribe: «Pueden cons- pios de la filosofía natural. ¿Cuáles deberían ser, en el proceso
truir máquinas [y] campanas de vidrio y contrastar conclusiones, de construcción del conocimiento, los papeles relativos de la
14. En este sentido, Hobbes, que era (como se hizo notar brevemente en las páginas ante- 15. Aunque el círculo asociado con los primeros tiempos de la Royal Sociely se contenta-
riores de este capítulo) uno de los críticos más vehementes del aristotelismo en el siglo ba con la fiabilidad de las cuestiones de hecho que habían sido producidas y autentifica-
XVII, sin embargo, comparte evidentemente las actitudes escolásticas acerca del valor de la das mediante los procedimientos boyleanos, la satisfacción no era universal, y algunos filó-
experiencia que es generalmente accesible y de los problemas relativos a la experiencia sofos importantes del Continente expresaron, igual que Hobbes, sus dudas acerca de que
esotérica lo que contaba como un hecho para Soyle y sus aliados lo fuera en realidad,
experiencia y del pensamiento racional? ¿Qué grado de certeza experimental de los primeros tiempos de la Royal Society estaba
se debía esperar en las investigaciones del orden de la naturale- dedicado a la reforma de la filosofía natural mediante la cura del
za? ¿Dónde -entre particulares factuales y elementos teóricos- dogmatismo. Cuando los filósofos hubieran recibido una instruc-
se debía localizar la certeza? Y ¿qué tipo de certeza se debía ción adecuada acerca del grado de confianza que podían deposi-
esperar de la investigación filosófica genuina? tar en los diversos tipos de conocimiento, la filosofía natural
Aunque Hobbes era un filósofo mecanicista, y aunque vivió y ¿Cómo se tendría un fundamento seguro y estaría encaminada en la direc-
adquiría el
trabajó en Inglaterra la mayor parte de su vida, su rechazo del pro-o c;onocimiento? ción correcta hacia el progreso. Los miembros dirigentes de la
cedimiento experimental y su punzante estilo polémico tuvieron . Royal Society respaldaron la concepción de Boyle de que los filó-
como resultado el que nunca llegara a ser miembro de la Royal sofos deberían depositar una gran confianza en las cuestiones de
Society. En la década de 1670, un programa experimental y de hecho que habían sido convenientemente autentificadas pero
historia natural que, en términos generales, se puede considerar deberían adoptar una actitud más circunspecta en lo que respec-
boyleano, continuó caracterizando el trabajo colectivo y la imagen ta a las afirmaciones causal es. El conocimiento causal que está
cultural de la Royal Society. y aunque, como hemos visto, el cor- fundamentado en los hechos es endémicamente incapaz de con-
puscularismo boyleano era, en principio, compatible con un enfo- seguir el tipo de certeza que se asocia con las demostraciones
que matemático de la investigación de la naturaleza, en realidad matemáticas. Así los que esperaban que la investigación física
el mismo Boyle expresó serias reservas acerca de las idealizacio- produjera certeza causal, según el modelo de las matemáticas
nes matem~ticas. Su propio trabajo experimental está particular- puras, eran tachados de dogmáticos engañados. Se los acusaba
mente libre de representaciones y esquemas matemáticos. Esto de cometer un error categoríal: confundían las investigaciones de
incluye la «ley» que relaciona la presión y el volumen de aire, por la materia ~ensible real y de sus efectos con el reino abstracto de
la que Boyle es conocido en la ciencia moderna, una ley que las matemáticas. Cuanto antes apreciaran los filósofos naturales
Boyle nunca llamó así y a la que nunca dio expresión matemática el carácter provisional y probable de sus explicaciones teóricas,
simbólica.
mejor.
Muchas interpretaciones de la Revolución científica conside- En estas circunstancias, varios filósofos importantes de la
ran que sir Isaac Newton fue el que llevó a su madurez el progra- Royal Society consideraron que algunas de las primeras contribu-
.Il)a experimental y mecanicista asociado con Robert Boyle, su ciones de Newton no se inscribían en el mismo programa de filo-
antiguo colega de la Royal Society. En realidad, en Inglaterra se sofía natural con el que estaban comprometidos, sino que suponían
_ invirtió un gran esfuerzo en poner de manifiesto la continuidad la reaparición del desacreditado dogmatismo. Se llamó entonces a
entre el programa boyleano, que fue dominante en las décadas la serie experimental en cuestión el experimentum crucis (experi-
de 1660 y de 1670, y el programa newtoniano, cuya influencia mento crucia!), porque pretendía decidir definitivamente entre teo-
creció en las décadas posteriores. Sin embargo, Boyle y Newton rías rivales de la naturaleza de la luz. La óptica -el estudio de las
diferían significativamente en los procedimientos que utilizaban propiedades y de la conducta de la luz- era menos fácilmente asi-
para conseguir el conocimiento de la naturaleza, en sus concep- milable a un esquema mecanicista que, por ejemplo, los fenómenos
ciones del grado de certeza que debe esperarse de los resultados aerostáticos e hidrostáticos investigados por Pascal y Boyle. Sin
de la investigación física y en sus ideas del papel que debe embargo, en el siglo XVII se invirtiÓ mucho esfuerzo en desarrollar
desempeñar la experiencia en la filosofía natural. El programa una teoría mecánica de la luz.
Era bien conocido el espectro de colores -como el arco iris-
que se produce cuando la luz del Sol se refracta en un prisma16
Antes del siglo XVII, se acostumbraba a tratar el color y la luz como
temas separados. Tradicionalmente, se consideraba que los cuerpos
de colores diferentes tienen cualidades reales distintas -rojez, ama-
rillez, y así sucesivamente-o La tensión consiguiente con la distin- ¿Cómo se
adquiria el
ción entre cualidades primarias y secundarias sirvió de acicate a los conocimiento?
ca. No se contentaba con la probabilidad y no aceptaba los límites de la conducta de los objetos macroscópicos que existen real-
que 80yle había impuesto a la certeza que se podía conseguir'en mente en el mundo?
la filosofía natural. Esperaba que "en lugar de las conjeturas y pro- Ambas concepciones de la ciencia persisten en estos últimos
babilidades de las que se blasona en todas partes, conseguiremos años del siglo xx, y las dos pueden retrotraer al siglo XVII elementos
finalmente una ciencia natural que esté respaldada por la máxima ¿Cómo se de su formación. No es necesario considerar que una es la versión
adquiría el
evidencia». Las expectativas que Newton tenía acerca de la certe- conocimiento? fallida de la otra, por mucho que los partidarios de una defiendan
za física surgían de los fundamentos de su práctica filosófica, que las virtudes de su práctica preferida y condenen los vicios de la otra.
eran más matemáticos que empíricos. Rechazaba las teorías físi- Son, por así decir, juegos diferentes que los filósofos naturales
cas a menos que se pudieran "deducir» del experimento, pero sos- podrían desear jugar. Decidir qué juego es mejor es una cuestión
tenía que de las teorías que cumplen este requisito se debe hablar diferente a la de decidir cuál es la acción adecuada en un juego
con confianza absoluta, no con la cautela propia del probabilista 18 dado: un buen pase del centrocampista al extremo en un partido de
El objetivo -en la medida en que fuera posible conseguirlo- era fútbol no es un mal tiro en suspensión en un partido de balonces-
sujetar el asentimiento con las cade':1asde hierro de la deducción to. En el siglo XVII, los filósofos naturales se enfrentaron con reper-
lógica y matemática para guiar la mente en el itinerario que con- torios diferentes de herramientas prácticas y conceptuales que se
duce de la verdad necesaria a la consecuencia necesaria. podían emplear para conseguir varios objetivos filosóficos y con
Se puede considerar que la confrontación que suscitó la obra decisiones acerca de qué fines se podrían esforzar por conseguir.
de Newton en óptica es un emblema de los fragmentarios lega- El objetivo era siempre llegar a una concepción del conocimiento
dos del siglo XVII en lo que respecta a la construcción del conoci- filosófico del mundo natu~~.1que fuera adecuada, aunque las des-
miento. Una concepción de la ciencia, cautelosa en el teorizar y cripciones de cómo debía ser ese conocimiento y de cómo se debía
basada en la experiencia, se yuxtapone aquí a otra que despliega conseguir eran muy variadas.
18. El término -deducción' es del propio Newton, pero la conveniencia de usarlo fue aca-
loradamente discutida por algunos contemporáneos. Se consideraba generalmente que la
deducción implica que no hay lugar para la negociación o el desacuerdo acerca de la infe-
rencia que parte del experimento, mientras que los críticos, que se estimaban suficiente-
mente racionales, veían razones adecuadas para disentir respecto de esa inferencia En
realidad, los experimentos que hizo Newton con sus prismas no eran en absoluto fáciles
de repetir. Algunos filósofos que lo intentaron infructuosamente consideraban la -cuesiión
de hecho. con escepticismo.