0% encontró este documento útil (0 votos)
230 vistas33 páginas

L9. S. Shapin. La Revolución Científica. Una Interpretación Alternativa PDF

Este documento discute la llamada "revolución científica" del siglo XVII. Argumenta que los científicos de la época enfatizaban la novedad de sus ideas, aunque en realidad conservaban muchas de las concepciones tradicionales. También muestra que el cambio histórico rara vez es tan drástico como proclaman las "revoluciones", y que la ciencia moderna se basó en el conocimiento acumulado por generaciones anteriores.

Cargado por

Efrain Arismendi
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
230 vistas33 páginas

L9. S. Shapin. La Revolución Científica. Una Interpretación Alternativa PDF

Este documento discute la llamada "revolución científica" del siglo XVII. Argumenta que los científicos de la época enfatizaban la novedad de sus ideas, aunque en realidad conservaban muchas de las concepciones tradicionales. También muestra que el cambio histórico rara vez es tan drástico como proclaman las "revoluciones", y que la ciencia moderna se basó en el conocimiento acumulado por generaciones anteriores.

Cargado por

Efrain Arismendi
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 33

A la vez vibrante y accesible, esta introducción al tema de la

revolución científica intenta poner de relieve las prácticas


sociales que produjeron el conocimiento científico y 10$fines
para los que estaba destinado. Muestra el modo en que la
conducta de la ciencia emergió de una amplia variedad de
programas filosóficos, compromisos polfticos y creencias
religiosas que ya existían al inicio de la edad moderna. y, lejos
de abordar la ciencia como un conjunto de Ideas incorpóreas.
se dedica a interpretar sus modos de conocer y hacer situados
en un momento histórico concreto.
Shapin discute las concepciones tradicionales sobre la
revolución científica que la tratan como un acontecimiento
coherente y definitivo alegando que ya fueron contestadas
por autores de los siglos XVI y XVII. De este modo, aduce que
se preconizaba el experimentalismo y simultáneamente se lo
rechazaba. Aunque se alababan los métodos matemáticos.
se contemplaban también con un cierto escepticismo. Por un
lado, se consideraba que las concepciones mecánicas de la
naturaleza definían la ciencia propiamente dicha y. por ot~o. >

se consideraban limITadas en su inteligibilidad y aplic~ciones.


Sin embargo, Shapin afirma que ese controvertido legado es,
a pesar de todo, justamente entendido como el origen de la .
ciencia moderna, tanto de sus problemas como de suslogrQs.
Se trata, pues, de un libro extraordinariamente desafiante
y sofisticado en su concepción, pero también conciso y leglble
en su exposiC?ión: una extraordinaria fusión de sensibilidades
históricas, sociológicas y filosóficas que influirá profundamente
en nuestro entendimiento del conocimiento científico y su
práctica. ,
$leven Shapines profesor de Sociología en la Universidad
de Callfomia en San Oiego. Entre sus libros se cuentan Leviath8n.
and the Air-Pump (en colaboración con Simon Schaffer) y A
Social History of Truth: Cfvílity and Seienee in Seventeenth"
Century England.
Nada distingue tanto a la «nueva ciencia» del siglo ~VII como la rei-
terada insistencia de sus proponentes en afirmar que era nueva.
En numerosas ocasiones, los filósofos mecanicistas y los partida-
rios de la filosofía corpuscular insistieron enérgicamente en que
sus innovaciones diferían radicalmente de ros cuerpos de conoci-
miento de la naturaleza tradicionalmente constituidos. Una y otra
vez, los libros estipulaban la novedad de sus contenidos intelec-
tuales. En física, Galileo publicó sus Discursos y demostraciones
matemáticas en torno a dos nuevas ciencias; en astronomía esta-
ba la Astronomía nueva de Kepler; en química y filosofía experi-
mental, Boyle publicó una larga serie de tratados titulados Nuevos
91 Experimentos; Pascal escribió acerca del vacío en sus Nuevos
experimentos sobre el vacío y lo mismo hizo Otto van Guericke en
su obra Nuevos experimentos sobre el espacio vacío efectuados
en Magdeburgo. El Novum Organum de Bacon se proponía como
un nuevo método que sería capaz de reemplazar el trad ¡cional
organon (título colectivo del conjunto de obras de I~gica de
Aristóteles), y su Nueva At/ántida es un innovador proyecto para la establecer un nuevo fundamento de una filosofía más magnífica
organización social formal de la investigación científica y técnica. que nunca será derrocada». En realidad, el poder de esta concep-
A menudo se identificaba la novedad misma de las prácticas ción «moderna» se refleja en tendencias dominantes de la historio-
emergentes como un punto importante en su favor. Estaba muy grafía: a los historiadores y filósofos del siglo XX les resulta difícil
extendida la consideración de que los cuerpos tradicionales de distanciarse suficientemente de la retórica de sus predecesores
conocimiento, así como las formas tradicionales de conseguir y La RevolUCión ¿Cómose modernos a la hora de ofrecer una evaluación minuciosa de la rela-
cientlfica adquiriael
validar el conocimiento, no servían; debían ser desacreditados y eli- conocimiento? ción existente entre la retóri~a modernista del siglo XVII y las reali-
minados. Y al hacerlo, se caricaturizaba de tal manera la naturaleza dades históricas.
de las «viejas»filosofías que su complejidad y sofisticación resulta- Casi no hace falta decir que nunca se construye una casa con
ba tergiversada En la Inglaterra del siglo XVII, los autoproclamados materiales completamente vírgenes y siguiendo un plan que no
«modernos» se alineaban contra los «antiguos» contemporáneos. guarde ninguna semejanza con pautas antiguas, y que ninguna
Entre los modernos, las voces más polémicas consideraban que no cultura puede rechazar completamente su pasado. El cambio his-
se debería preservar nada de las prácticas tradicionales y que el tórico no se desarrolla así; la mayoría de las «revoluciones» intro-
legado textual del saber antiguo era poco más que un testamento ducen cambios que son menos drásticos de lo que ellas mismas
de la capacidad humana para la ilusión y de la credulidad humana proclaman o de lo que se les atribuye.! La nueva astronomía de
engañada por la autoridad. (A modo de réplica, la poderosa comu- Copérnico preserva el supuesto aristotélico de la perfección del
nidad de antiguos del siglo XVII calificaba a sus adversarios de filis- movimiento circular, y lo mismo ocurre con el descubrimiento de
teos que, sencillamente, ponían de manifiesto su ignorancia al William Harvey (1578-1657) de la circulación de la sangre. La
negarse a aprender del conocimiento de los antepasados, que misma identidad y práctica de la astronomía de comienzos de la
había sido arduamente compilado y era básicamente sólido.) edad moderna dependía completamente de los datos observacio-
La metáfora arquitectónica de Bacon, tan a menudo repetida, nales que habían sido compilados por los antiguos: no había nin-
resume el impulso moderniiador radical. Las filosofías tradicionales guna posibilidad de que los astrónomos de los siglos XVI Y XVII, por
eran tan inútiles que «sólo queda un camino [...] empezar todo de «revolucionarios» que fueran, pudieran ignorar ese legado. Como
nuevo con un plan mejor y comenzar una reconstrucción total de las se mostrará en él capítulo 3, muchos filósofos mecanicistas pro-
ciencias, las artes y todo el conocimiento humano, utilizando los fun- clamaron su rechazo de la vieja teleología pero, en realidad, en
damentos adecuados». Análogamente, en Francia, Descartes pro- algunas de sus prácticas explicativas preservaban un papel impor-
__ clamó que lo que entonces pasaba por filosofía apenas había tante para las explicaciones en términos de finalidad. La retórica
producido algo de valor. Se encerró a solas «en una habitación
_.calentada por una estufa» y dejó de lado todos los textos filosóficos
1. De hecho, Descartes manifestó explícitamente sus preocupaciones sobre los efectos
que había leído. Desarrollar el proyecto filosófico desde el principio que tendría su versión del modernismo metodológico si se adoptara colectivamente: 'La
pretensión de un individuo privado de reformar un estado alterándolo todo y trastornándolo
sería mejor que «si yo construyera únicamente sobre los viejos fun- completamente para construirio adecuadamente de nuevo no es plausible. Tampoco es
damentos». Y el experimentalista inglés Henry Power (1623-1668) probable que todo el cuerpo de las ciencias, o el orden de enseñanza establecido en las es-
cuelas, debiera ser reformado [oo.] En el caso de los grandes cuerpos, es una tarea demasia-
sigue exactamente la misma pauta cuando aplaude la nueva filoso- do difícil construirios de nuevo cuando han sido derribados [oo.] y su caída no puede ser más
que muy violenta-. Según afirmó, sus máximas metodológicas estaban pensadas para sí
fía: «Me parece que toda la vieja basura debe ser desechada y
mismo, teniendo en cuenta su propia situación y su temperamento idiosincrásico, aunque
derruidos los frágiles edificios [...] Éstos son los días que deben cabe especular acerca de si esta cautela restrictiva era sincera o si podía ser efectiva
modernista que abraza lo totalmente nuevo y rechaza completa- evidencia proporcionada por la realidad natural, sino de la autori-

mente el pasado no describe adecu'adamente la realidad histórica dad textual humana. Si se desea alcanzar la verdad acerca del

Al mismo Copérnico, como a muchos de sus seguidores, le gusta- mundo natural, no se debe consultar la autoridad de los libros sino

ba argumentar que el heliocentrismo era, en realidad, una concep- la de la razón individual y la de la evidencia suministrada por la rea-

ción antigua que los sucesivos añadidos habían corrompido hasta lidad natural. El filósofo natural inglés William Gilbert (1544-

hacerla irreconocible; y el anatomista flamenco Andrea Vesalio ¿cómo se 1603), por ejemplo, dedicó el libro sobre el magnetismo que
adquiria el
(1514-1564) -celebrado como inventor de métodos observacio- conocimionto?
publicó en 1600 a «los verdaderos filósofos, las mentes sinceras

nales rigurosos y críticp de ideas anatómicas antiguas- se veía a que buscan el conocimiento no sólo en los libros, sino también en

sí mismo como el autor de la recuperación del conocimiento médi- las cosas mismas». Gilbert afirmaba que ésta era «una nueva

co puro del médico griego Galeno (129-c. 200). E incluso cuando manera de filosofar». Al encerrarse a solas, Descartes expresaba

se elogiaba la metodología cartesiana porque había efectuado una su resolución de «no buscar otro conocimiento que el que pudiera

sustitución radical de las prácticas existentes para la construcción encontrar dentro de mí mismo o quizás en el gran libro de la natu-

del conocimiento, algunos contemporáneos consideraban que su raleza».Y William Harvey afirmaba que resulta «degradante recibir

autor desempeñaba el papel tradicional de un gran maestro filosó- instrucciones de los comentarios de otros sin examinar los objetos

fico: «¡Mirad! Se ha convertido en el nuevo Aristóteles». mismos, [especialmente] cuando el libro de la naturaleza permane-

Coexistían concepciones de la naturaleza «nuevas»y «viejas»,y ce abierto ante nosotros y es tan fácil de consultar». Ésta es una

sus partidarios se disputaban, en ocasiones, el derecho a ser con- de las figuras retóricas fundamentales que los nuevos filóS0fos

siderados modernos o antiguos. Algunos filósofos insistían en la utilizaban para distinguirse de los viejos. El objeto propio de la

antigüedad primitiva de lo que era aparentemente nuevo, mientras investigación en la filosofía de la naturaleza no se encuentra ~n los

otros argumentaban que lo que parecía tradicional era realmente libros, tradicionalmente valorados, de los autores humanos, sino en

actual y no había sido superado intelectualmente. En el capítulo 1 el Libro de la Naturaleza.


se mencionó la concepción baconiana de que los avances moder- Paracelso (1493-1541), médico renacentista suizo y practi-
nos en el conocimiento de la naturaleza eran el cumplimiento de la cante de la magia natural, argumentó vehementemente que los

profecía del Antiguo Testamento y el capítulo 3 hará notar que que buscan la verdad en medicina deberían dejar de lado los tex-

algunos filósofos modernos concebían el creciente control tecno- tos antiguos y dedicarse al estudio de las hierbas, los minerales y

lógico dentro de un contexto mesiánico cristiano. Por cada filóso- las estrellas. La realidad natural es «como una carta que se nos ha

_ fo que identificaba lo innovador con lo valioso había otro que enviado desde; una distancia de cientos de kilómetros y en la que

atribuía las opiniones modernas a la ignorancia carente de educa- la mente del escritor nos habla», Paracelso afirmaba que «no com-

ción. La Revolución científica era sígnificativamente, pero sólo par- pilaba sus manuales a partir de pasajes de Hipócrates o Galeno»

cialmente, Algo Nuevo. Sin embargo, la retórica de rechazo y sino que los escribía de nuevo «fundándoios en la experiencia»: «Si

sustitución al por mayor dirige nuestra atención a la consideración quiero probaral,go no lo hago citando autoridades, sino mediante

del modo en que los filósofos tendían a tomar postura respecto a la razón y el experimento». Cuando Galileo abogó por una filosofía

las instituciones y las tradiciones filosóficas existentes. natural concebida matemáticamente, utilizó la figura del libro de la

Lo que se consideraba abrumadoramente erróneo de las tradi- naturaleza para presentar sus argumentos: «La filosofía está escri-

ciones existentes en la filosofía natural era que no procedían de la ta en ese grandísimo libro que tenemos abierto ante los ojos, qui~-
¿Cómo se
a9quiria el
conocimiento?

Figura 14. Un astrónomo, probablemente el mismo Hevelius, haciendo una


observación telescópica Se consideraba que Hevelius poseía una vista singu-
larmente aguda y penetrante, y se estimaba, generalmente, que sus observa-
ciones eran muy precisas y fiables. Su observatorio, que estaba situado en el
tejado de su propia casa, era, en la década de 1660, uno de los primeros ob-
servatorios de Europa. Fuente: Johannes Hevelius, Selenographia (1647).

97 ro decir, el universo [...] Está escrito en lengua matemática y sus


Figura 13. Johannes He~elius y su segunda esposa, Elisabetha Koopman, ha-
caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas, sin
ciendo observaciones astronómicas con un sextante. Elisabetha -que era trein-
ta y seis años más joven que su marido y que aportó una fortuna cOflsiderable al las cuales es imposible entender ni una palabra», En la década de
matrimonio- desempeñó un valioso papel, tanto en la financiación del observa-
1660, Boyle escribió que «cada página del gran volumen de la
torio como en la realización y el registro de observaciones astronómicas, y a la
muerte de H(;velius se ocupó de la publicación de sus obras. Fuente: Johannes naturaleza está 1.lenade verdaderos jeroglíficos, donde (utilizando
Hevelíus, Machina coelestis pars prior(1673). un modo de expresión invertido) las cosas representan palabras y
sus cualidades, letras». Pocos filósofos naturales modernos deja- dad de los textos en que se exponían resultados observacionales
ban de referirse al Libro de la Naturaleza, y recomendaban su ins- podían ser muy problemáticos. Las historias triunfalistas de la
pección directa antes que la de los textos de las autoridades

-,I
ciencia relatan con sorna la historia del estúpido profesor de
humanas, por antiguos que sean y por elevada que haya sido la Padua que se negó a mirar con el telescopio de Galileo para poder
,'~i
consideración que merecen. ver con sus propios ojos las recién descubiertas lunas de JÚpiter.
Ninguna máxima JTlodernista del siglo XVII parece más eviden- La Revoluaón :~.: • ¿Cómo se ¿Oué se puede decir de un hombre que daba más crédito a la
temente sólida que éstas: no confiar en el testimonio de los huma- dentífica '-1 adquiria el
conveimiento? autoridad de la tradición, según la cual dichas lunas no podían

I
nos, sino en el de la naturaleza; favorecer las cosas antes que las existir, que a la evidencia proporcionada por sus propios ojos? Para
palabras como fuentes de conocimiento; preferir la evidencia que ,o' los modernos del siglo xx, la mera descripción de esta actitud lleva
nos proporcionan nuestros propios ojos y nuestra propia razón a lo consigo su condena por absurda.
que otros nos digan. Ésta es la idea básica del empirismo moder- ,I Sin embargo, una preferencia tan aparentemente extraña tenía
no, la concepción que sostiene que el conocimiento propiamente justificaciones que estaban bien arraigadas en la cultura de comien-
dicho se deriva de la experiencia se'nsible directa; más aún, debe zos de la edad moderna Por ejemplo, para que las observaciones
derivarse de ella. Y éstos son también los fundamentos de la des- telescópicas de Galileo contaran como evidencia a favor o en con-
confianza moderna en los aspectos sociales de la construcción del tra de las teorías astronómicas, tenía que haber razones que garan-
conocimiento: si realmente se aspira a conseguir la verdad acerca tizaran que dicha evidencia era segura. En la práctica, esta garantía
del mundo natural, hay que olvidar la tradición, ignorar la autoridad, estaba disponible en el caso de las observaciones télescópicas de
ser escéptico respecto de las afirmaciones de los otros y pasear objetos terrestres. En 1611, cuando Galileo fue a Roma para hacer
en solitario por los campos con los ojos abiertos" Como John una demostración del funcionamiento de su telescopio, reunió a
Locke escribió: «Es tan racional tener la esperanza de ver con los varios filósofos eminentes encima de una de las puertas de la ciu-
ojos de otros hombres como de conocer utilizando el entendi- dad. Mirando con el telescopio desde esta posición estratégica,
miento de otros. En la misma medida en que reflexionemos y com- pudieron ver el palacio de un noble «tan distintamente que conta-
prendamos la verdad y la razón por nosotros mismos, poseemos mos fácilmente todas y cada una de sus ventanas, incluso las .más
conocimiento real y verdadero [...] En las ciencias, cada uno posee pequeñas; y esto a una distancia de dieciséis millas italianas».
tanto como sabe y comprende realmente. Las cosas que uno se Desde el mismo punto, los observadores podían leer las letras en
limita a creer, o cree porque se fía de lo que otros le dicen, son una galería que estaba a una distancia de dos millas «tan claramen-
_ solamente jirones». te, que distinguíamos incluso los puntos labrados entre las letras».
Probablemente no haya otra concepción que relacione más Así pues, la fiabilidad de la observación telescópica de los objetos
estrechamente a los modernos del siglo XVII con los de finales del terrestres tenía como garantía la comparación de lo que se veía con
siglo xx que la que, en la búsqueda del conocimiento de la natura- el instrumento con lo qUe se conocía por inspección inmediata
leza, recomienda el individualismo intelectual y el rechazo de la Sin embargo, la cuestión, en la cultura filosófica de comienzos
confianza y de la autoridad. Sin embargo, para los filósofos de de la edad moderna, era muy distinta cuando se dirigía el telesco-
comienzos de la edad moderna, la retórica del empirismo indivi- pio a los cielos. En este caso, se podían esgrimir teorías contempo-
dualista no era evidente, sino que estaba cargada de matices. En ráneas de la visión humana, tanto formales como informales, contra
este período, tanto la práctica de la observación como la credibili- la fiabilidad de la observación telescópica de los cielos. Estamos
familiarizados con los objetos terrestres y el fondo contra el que se precariedad de dicha observación y la cantidad de trabajo que se
ven, y usamos esta familiaridad para corregir automáticamente una requería para hacerla fiable.
gama de distorsiones instrumentales aparentes. Esta familiaridad y aún hay otros problemas generales que están relacionados
no existe cuando se observan los cuerpos celestes. Por consi- con el uso que hacían los modernos de la experiencia sensible
guiente, aceptar la fiabilidad del telescopio de Galileo como medio individual a la hora de evaluar los cuerpos de conocimiento tradi-
de adquirir evidencia acerca de los cielos podría requerir una nueva ¿Cómo se cionalmente establecidos. La teología cristiana aseguraba al devo-
adquiría el
y potente teoría de la visión, y hay muy poca evidencia de que conocimiento? to que, después de la pérdida del estado de gracia, los sentidos de
Galileo la tuviera. los seres humanos se habían corrompido y que, con fuentes tan
Incluso' si, a diferencia del profesor paduano, se aceptara el degradadas, no se podía adquirir un conocimiento fiable. Entre los
ofrecimiento de Galileo y se observaran los cuerpos celestes modernos, Bacon no era el único que aceptaba sin reservas la idea
directamente con el telescopio, no habría ninguna garantía de que de que, antes de la Caída, Adán poseía «un conocimiento de la
se viera lo que Galileo afirmaba haber visto. Después de descubrir naturaleza que era puro e incorrupto», el cual le permitió otorgar a
las lunas de Júpiter, Galileo convocó en varias ocasiones a emi- las criaturas el nombre apropiado. Galileo sostenía que Salomón y
nentes filósofos para que atestiguaran su existencia Muchos de Moisés «conocían perfectamente la constitución del universo» y,
estos testigos admitieron que, si bien el telescopio funcionaba posteriormente, Boyle y Newton creían en la posible existencia de
«admirablemente» en la visión terrestre, fallaba o «engañaba» en el una cadena de individuos especialmente dotados, que habrían
reino celeste. Un testigo escribió que Galileo «no ha conseguido transmitido sin alteraciones la pura y poderosa sabiduría antigua, e
nada, pues estaban presentes más de veinte hombres doctísimos; insinuaban que ellos mismos podrían ser los miembros contempo-
y sin embargo n:;1dievio las nuevas [lunas] distintamente [...] Sólo ráneos de"ese'linaje. Utilizando un lenguaje más sec,ular,se puede
algunos que poseen una vista aguda se convencieron en parte». decir que la idea de un progreso intelectual lineal y acumulativo
Esta situación no debería resultar demasiado sorprendente. Ver era aún nueva y no tenía la aceptación general. Muchos eruditos,
con la ayuda del telescopio (o microscopio) requiere haber apren- entre los que se incluían algunos de los más eminentes filósofos
dido a ver en condiciones especiales. Cuando los estudiantes de naturales de comienzos de la edad moderna, aceptaban, co'mo
hoy aprenden estas técnicas, tienen ventajas enorrT)es sobre los algo sabido, que los antiguos poseían un conocimiento mejor, y
contemporáneos de Galileo. Pertenecen a una cultura que ya ha una tecnología más potente, que el que se poseía en los siglos XVI

dado por supuesta la fiabilidad de estos instrumentos (si se usan Y XVII, o que el que los seres humanos modernos podrían tener. Las
'" ,- correctamente), que ya ha decidido por ellos qué clase de cosas ruinas de las obras de la ingeniería griega y romana, cuya perfec-
existen auténticamente en los dominios de lo muy distante y de lo ción no se había superado aún, parecían prestar un gran respaldo
_ muy pequeño, y que ha proporcionado estructuras de autoridad a esta idea. Además, la concepción «evidente» que sostiene que
dentro de las que podemos aprender qué es lo que h'ay que ver (y hay que recurrir al testimonio y la autoridad sólo cuando no se
qué es lo que hay que ignorar). Galileo no tenía a su disposición tiene acceso empírico individual es, como ha hecho notar el filóso-
ninguno de estos recursos; había que crearlos y diseminarlos labo- fo lan Hacking, una creación de la misma cultura de los siglos XVI

riosamente. Así pues, si bien es correcto afirmar que la observa- Y XVII cuyos juicios queremos comprender: «En el Renacimiento
ción telescópica de los cielos desempeñó un papel importante en estaba vigente la idea contraria El testimonio y la autoridad eran
la evaluación de las teorías astronómicas, es vital comprender la primarios, y las cosas podían contar como evidencia sólo en la
medida en que se parecifran al testimonio de los obseNadores y
la autoridad de los libros».
Un argumento potente que respalda la confianza en la obser-
vación personal, frente a la que se deposita en los textos tradicio-
nales, tiene un sabor que resulta más antiguo que moderno. Se
podría aceptar que los textos realmente antiguos constituyeran ¿Cómo se
adquiria el
fuentes enormemente valiosas de conocimiento del mundo natural CCflOCimiento?

y afirmar, simultáneamente, que las fuentes de ese saber antiguo,


originalmente puras, habían sido contaminadas a lo largo del tiem-
po. Robert Hooke estableció una analogía entre el deterioro políti-
co y el filosófico: «Se dice de los grandes imperios que el mejor
modo de preseNarlos del deterioro es hacer que vuelvan a los pri-
meros principios [...] con los que comenzaron. Es indudable que en
la filosofía ocurre lo mismo». Para avanzar había que retroceder: el
progreso mediante la purificación. En una posición extrema se
situaba Bacon, que consideraba que el mismo Aristóteles había
sido el corruptor de una filosofía natural más primitiva y valiosa,
mientras que otros modernos rendían a Aristóteles el homenaje
que negaban a los aristotélicos de la época. William Gilbert era uno
de los muchos filósofos naturales modernos que rechazaban la
autoridad de las escuelas, impugnando el pedigrí que parecía
conectar sus doctrinas con fuentes que eran supuestamente anti-
guas, puras y potentes: la experiencia directa permitiría corregir los
errores sucesivos que los «simples copistas» habían ido introdu-
ciendo en los textos antiguos. Bacon sugería que las ciencias «flo-
recen más al cuidado del primer autor y luego degeneran». La
_ misma antigüedad de la tradición aristotélica significaba que el 15. Astro-poecilo-pyrgium (una -torre abigarrada de estrellas» o «templo de la
astronomía») del frontispicio de las Tabulae Rudolphinae (1627) de Johannes
cuerpo de conocimiento original había pasado por muchas manos
Kepler. Kepler proporciona aquí una expresión iconográfica de su creencia en
y cada una de ellas había podido introducir corrupciones: «El tiem- el progreso genuino que ha experimentado la astronomía desde la antigüedad
po es como un río que nos trae las cosas ligeras e hinchadas, hasta el siglo XVII. Los órdenes arquitectónicos más toscamente tallados (en la
parte posterior) representan el primitivismo de la astronomía antigua, mientras
mientras que las pesadas y sólidas se han hundido». En el mismo que Copérnico y Tycho Brahe están situados aliado de elegantes columnas jó-
tono, Boyle manifestaba su desconfianza hacia los textos que un nicas y corintias que llevan inscritos sus nombres. De esta forma, se indica que
los modernos son más viejos que los antiguos, esto es, son más sofisticados y
autor cita de otros: muchas veces, al comprobarlo, resultaba que la
poseen un conocimiento superior. El mapa que aparece en el frontal de la base
cita era incorrecta y, en ocasiones, el texto había sido inventado representa la isla danesa de Hven, donde estaba situado el observatorio de
deliberadamente. Tycho Brahe. La figura sentada a la izquierda representa al mismo Kepler.
La tradición renacentista de erudición, conocida como huma-
nismo, desempeñó un importante papel en las complejas relacio-
PICTORES OPERIS,
nes que existían entre el valor que se otorgaba a la experiencia
{r.,r~ . fjcimic", fú1lm,""". !lIbcrtU. Mc",""
individual y la autoridad de los textos antiguos. El h!Jmanismo era .~...f.~,~, .
liG "
una práctica cultural que se proponía reformar el cuerpo público de
conocimiento mediante una minuciosa reexamin<;l.ciónerudita de La Re~lu~~rl"
'-;~~<.'
científica '1
¿Cómo se
adquiría el
las fuentes originales griegas y latinas, dejando de lado los comen- t:·'/~
-.¡''; conocimiento?
tarios posteriores (y las posibles corrupciones) producidos por los ')
'Ltf~l

escritores cristianos y árabes. Los eruditos humanistas sospecha- ·>i~


ban que la verdad antigua había sido erosionada, a través de los
siglos, por copistas y comentadores. La práctica de la erudición
literaria humanista estaba, generalmente, muy unida a la de la cien-
cia observacional. Así, por ejemplo, mientras que algunos astróno-
mos de los siglos XVI Y XVII, incluido Kepler (fig. 15), insistían en el
relativo primitivismo de la astronomía antigua comparada con la
perfección que babía alcanzado la moderna, otros, como Newton, SCVLPTOR
¡)jQu ~Ip~. 6pcctk.
consideraban que su tarea incluía la recuperación de la sabiduría
perdida de los antiguos y emprendieron detallados estudios filoló-
gicos en apoyo de dicha empresa Algunos humanistas concluye-
ron, incluso, que sólo si se recurría directamente a la evidencia
proporcionada por la naturaleza se podría restaurar ahora la verdad
textual prístina Por tanto, las observaciones individuales podían ser
un medio de decidir qué copias de manuscritos griegos y latinos
eran realmente auténticas.
Esta concepción humanista, sutil y llena de consecuencias, sir-
vió de acicate para la observación y constituyó una característica
de una amplia gama de prácticas científicas a comienzos de la
edad moderna, pero fue quizá particularmente notable en la histo-
ria natural del siglo XVI. En este campo, se entendía que los textos
disponibles de los naturalistas griegos y romanos, como Teofrasto Figura 16. Observación botánica y elaboración de ilustraciones a mediados
(c. 372-287 a.c.), Plinio el Viejo (23-79), Dioscórides (tI. 54-68) Y del siglo xvr. La figura está tomada del libro De historia stirpium (.Sobre la his-
toria de las plantas») (1542) de Leonhard Fuchs. Muestra al que dibuja el espé-
Galeno, eran problemáticas copias de copias. Se sabía que las edi-
cimen (en este caso una neguilla) del natural (arriba a la derecha), el que hace
ciones estaban llenas de variantes, eran incompletas y estaban el grabado en una tabla (arriba a la izquierda) y el que, finalmente, corta la ma-
corrompidas. ¿Cómo se podrían descubrir las puras y exactas des~ dera (abajo). En su libro, Fuchs' garantiza' a los lectores que ·hemos empleado
la mayor diligencia en aseguramos de que cada planta esté representada con
cripciones originales de los animales y las plantas? En lo que res- su propia raíz, tallo, hojas, flores, semillas y frutos».
pecta a la historia humqna, los únicos métodos disponib"les eran la Naturaleza.2 La Reforma protestante del siglo XVI acentuó la con-
filología y la colación de los textos: Sin embargo, en la botánica y veniencia de que cada cristiano se enfrentara directamente con
en la zoología estaba a.bierta, además, una importante posibilidad: las Escrituras, sin confiar en la interpretación de sacerdotes y
cotejar los textos con la apariencia directamente observada de los papas. Además, la invención de la imprenta de tipos móviles, en la
objetos vivientes en cuestión, lo cual implicaba aceptar el supues- década de 1450, facilitó la practicabilidad del imperativo de leer la
to, culturalmente inocuo, de que las formas de las plantas y de los ¿Cómo se Biblia personalmente. Un impulso similar dio forma al estímulo
adquiría el
animales no habían cambiado a lo largo de los años transcurridos. conodmiento? para leer personalmente el Libro de la Naturaleza sin confiar en
La observación podría ayudar a decidir cuáles eran las descripCio- las interpretaciones tradicionales de la autoridad institucionaliza-
nes antiguas originales, y, además, a qué plantas existentes refe- da. Se consideraba que la experiencia inmediata de la naturaleza
rían las descripciones y los nombres antiguos. Al fin y al cabo, ¿no era valiosa en la medida en que se entendía que implicaba un
era esto precisamente lo que habían hecho los autores antiguos? compromiso con un texto que tenía un autor divino.
¿No había sido Aristóteles un atento observador del mundo natu- Naturalmente, en la preferencia por la evidencia que proporcio-
ral? ¿No había aconsejado Galeno a los n'aturalistas «que se con- naban las cosas frente a la autoridad de los textos intervinieron
virtieran en expertos en todo lo relacionado con las plantas, los también ideas que tenían características más modernas. En el capí-
animales y los metales [oo.] inspeccionando los especímenes perso- tulo 1 se mencionaron opiniones que ponían de manifiesto que el
nalmente, no una vez o dos, sino a menudo»? Y cuando se practi- mundo natural al que tenían acceso los filósofos modernos era,
có la observación directa, los botánicos del siglo XVI superaron a sencillamente, más vasto y más variado que el que conocían los
sus fuentes antiguas. Los antiguos no habían suplementado sus antiguos. Probablemente, los esquemas filosóficos que estaban
descripciones verbales con ilustraciones -pues les preocupaba basados en un conocimiento restringido eran defectuosos precisa-
que el artista humano no pudiera copiar una planta dada con la mente por esa razón, y la experiencia más vasta que suministraban,
exactitud necesaria o captar las variaciones estacionales de su por ejemplo, los viajes que permitieron el descubrimiento del Nuevo
aspecto- pero los libros impresos de los botánicos renacentistas Mundo, constituía un respaldo importante para las corrientes que, a
'alemanes, como atto Brunfels (c. 1488-1534) y Leonhard Fuchs comienzos de la edad moderna, manifestaban su escepticismo
(1501-1566), ofrecían detalladas ilustraciones, mediante graba- acerca de los sistemas filosóficos tradicionales. El Renacimiento
dos en madera, que funcionaban como registros duraderos de la fue testigo de una revalorización del alcance posible del conoci-
realidad botánica y como referencias que disciplinaban las obser- miento humano y de una mayor confianza en las posibilidades del
_ vaciones de otros (fig. 16). progreso técnico e intelectual. La agresiva retórica mOderna del
Los impulsos religiosos cristianos también desempeñaron un siglo XVII rechazaba resueltamente la deferencia tradicional por la
papel a este respecto. Se consideraba que el Libro de la Natura- doctrina antigua y los cuerpos de conocimiento que habían sido
leza, cuya lectura era antepuesta obligatoriamente a la de los tex- establecidos en la antigüedad. Empezaba a ser posible denigrar no
tos escolásticos, tenía un autor divino. Estaba muy extendida la sólo a los discípulos modernos de los griegos, sino al mismo
idea de que Dios había escrito dos libros que permitían conocer su
existencia, atributos e intenciones. Las Sagradas Escrituras era 2. La metáfora del libro de la naturaleza estaba presente a comienzos de la época cristia-
na: san Agustín, en particular, la utilizó a finales del siglo IV. Sin embargo, tanto en el
uno de ellos pero, a comienzos de la edad moderna, resultaba
Renacimiento como a comienzos de la edad moderna adquirió un nuevo énfasis y un nue-
cada vez más frecuente referirse al otro como el Libro de la vo significado.
Aristóteles. Pocos modernos siguieron a Hobbes cuando afirmó cuestiones, las prácticas de la filosofía natural moderna divergían
que la filosofía griega estaba llena de «fraude y corrupción», pero de forma considerable. La experiencia y las inferencias que una
muchos encontraban maneras de resaltar lo inadecuada que resul- determinada práctica consideraba fiables, eran consideradas por
taba cuando se la comparaba con las formas modernas de razonar otra como inseguras o no filosóficas. Se puede afirmar que una
y el enfrentamiento directo con la naturaleza misma Sólo median- tendencia de la práctica filosófica seguía a la de Aristóteles, aun-
te un cambio de los valores asociados con la experiencia directa y ¿Cómo se que recurría a algunos modernos del siglo XVII, así como a algunos
adquiria el
con la autoridad textual sería posible que aquélla refutara a ésta. conocimiento? antiguos contemporáneos. En esta tendencia, el objetivo persegui-
Algunos filósofos modernos, como Bacon y Hobbes, invirtieron, do era la demostración típicamente científica, esto es, la demostra-
sencillamente, el esquema histórico que otorgaba a la antigüedad ción de que las conclusiones acerca de efectos naturales se siguen
su autoridad intelectual. «La vejez del mundo», escribió Bacon, «se necesariamente del conocimiento, indudable y racionalmente esta-
debe considerar como la verdadera antigüedad; y éste es el atri- blecido, de sus causas. En las ciencias matemáticas abstractas, se
buto de nuestro tiempo, no de la etapa anterior del mundo, cuan- consideraba que los principios de partida eran evidentes e indiscu-
do vivieron los antiguos.» La deferencia por los griegos no tiene tibles, como ocurre con un axioma de la geometría de Euclides: «El
justificación; somos nosotros los que disfrutamos del beneficio todo es mayor que sus partes». En las ciencias que se ocupaban
acumulado de la experiencia y la sabiduría que esto conlleva: «Con del mundo físico, los principios estaban basados en afirmaciones
respecto a la autoridad, es un"a mente débil la que concede tanto empíricas que, según se consideraba, participaban en alguna medi-
a los autores y, sin embargo, niega sus derechos al tiempo, que es da del carácter evidente que tenían los axiomas matemáticos.
el autor de los autores, más aún, de toda autoridad. Pues con razón El historiador Peter Dear ha hecho notar que, en la fiiosofía
se dice que la verdad es hija dektiempo, no de la autoridad». natural escolástica de los siglos XVI Y XVII, el término «experiencia»
Simplemente por el hecho de ser modernos sabemos más, y lo se refería a un enunciado universal de hecho. Como tal, provenía
sabemos mejor, que los antiguos. Es así como la idea del progreso de una compilación fiable de muchas instancias accesibles, y su
intelectual se hizo históricamente natural. universalidad era una señal de su carácter de verdad indudable,
que podía utilizarse como premisa de una élemostración científica
lógica de la estructura causal del mundo. Para Aristóteles, y
muchos de sus seguidores, los fenómenos naturales estaban
dados: eran enunciados que describían el comportamiento de los
- En principio, por tanto, la recomendación de los modernos era objetos naturales y podían derivarse de diversas fuentes: la opinión
clara: adquiere la experiencia por ti mismo; no prestes oídos a las común o la de los expertos, lo que es accesible a la percepción de
palabras ni a la autoridad tradicional, sólo a las cosas. La experien- personas competentes o puede ser extraído de la memoria de
cia se debía incorporar a los fundamentos del conoCimiento cientí- dichas personas. Consideremos, por ejemplo, la experiencia -cita-
fico adecuado y servir para disciplinar la teorización sobre el da por Aristóteles y sus seguidores como evidencia de que la
funcionamiento de la naturaleza Pero, ¿qué clase de experiencia se Tierra no se mueve- de una flecha disparada hacia arriba que
debería buscar? ¿Cuál era la manera fiable de conseguirla? ¿Cuál vuelve a caer en el-mismo punto de partida. O la de la caída de un
era el procedimiento adecuado para inferir generalizaciones acerca cuerpo pesado, o la de la puesta del Sol por algún punto del oeste.
del orden natural, a cualquier escala, de la experiencia? En estas Todas estas son experiencias auténticas en virtud del recurso a «lo
que cualquier persona competente sabe» y cuentan como enun-
ciados acerca de cómo el mundo se comporta en general, según
escribió Aristóteles, «sJempre o la mayor parte de las veces». La
experiencia que intervenía en esta práctica raramente era una
experiencia especialmente adquirida o una experiencia particular
':~ f
que se había obtenido laboriosamente: su cualidad de accesible y La Revolución , ¿Cómo se
cientifica 1 adquiria el
común era precisamente lo que requería esta tendencia filosófica conocimiento?

La experiencia tenía un papel significativo a este respecto pero i


estaba subordinada a una estructura argumentativa global que se
'1
proponía conseguir un conocimiento de la naturaleza que fuera
general e indudable. Para llegar a un conocimiento filosóficamen-
te cierto del curso ordinario de la naturaleza, era necesario razonar
!
f
sobre experiencias que proporcionaran un testimonio fiable del
.i
mismo. Las conclusiones incuestionables y globales requerían pre-
misas que fueran, asimismo, incuestionables y globales. Los suce-
sos discretos y particulares no respondían a ese propósito, y su
1
.'I
)
conocimiento podría no ser fiable: la persona que los atestiguaba
podía mentir o haber sido engañada; los instrumentos utilizados
!
podían distorsionar el orden natural de las cosa~; los sucesos rela- 1
tados podían no ser ordinarios, sino anómalos. 1

Esta preferencia por la experiencia entendida como «lo que I


ocurre en el mundo» constituyó una base importante de la prácti- !

ca de modernos como Galileo, Pascal, Descartes y Hobbes. Y aun-
que estos modernos criticaban muchas de las afirmaciones, f

¡
[
conceptos y procedimientos de la filosofía natural aristotélica, la
«experiencia» a la que recurrían tiene, frecuentemente, un signifi-
cado reconociblemente tradicional. Así, Descartes observa que, si
.1
bien la filosofía natural necesita recurrir a los experimentos, es Figura 17. Representación de un experimento de hidrostática descrito por
Pascal en 1663. Al año siguiente, Boyle expresaba un marcado escepticismo
- _.generalmente «mejor utilizar simplemente los que se presentan "·1 respecto a la posibilidad de que Pascal «hubiera realmente' hecho el experi-
espontáneamente a nuestros sentidos». Sin embargo, Hobbes 110 111 mento en cuestión. Quizás, escribe Boyle, Pascal «pensó que podría afirmar
considera que el experimento artificial es innecesario, ya que «los [este resultado] con seguridad, pues se sigue de principios de cuya verdad ya
estaba persuadido" En opinión de Boyle, estos «experimentos mentales' no
altos cielos, los mares y la amplia Tierra» proporcionan experiencia pertenecen a una filosofía natural propiamente dicha Fuente: Blaise Pascal,
suficiente. Traité de /'équilibre des liqueurs (1663).
Entre las primeras y más celebradas realizaciones experimen~
tales de la Revolución científica, se cuentan los «experimentos
con un plano inclinado» de Galileo, en los cuales se permite rodar del papel que debía desempeñar la experiencia en la actividad
bolas por una rampa pulida, con el fín de proporcionar la justifica- filosófica. Para lIevarla a cabo, utilizaron una amplia gama de téc-
ción empírica de la ley de caída expresada matemáticamente. El nicas sociales y lingüísticas que les permitieran proveer a estas
relato de Galileo de estos experimentos -que esgrimió contra la experiencias particulares del aura de certeza que la práctica filo-
explicación aristotélica del movimiento- proclamaba que había sófica aristotélica juzgaba necesaria. Estas técnicas incluyen la
hecho los experimentos «a menudo», incluso tan a menudo como ¿Cómo se identificación de testigos fiables, las declaraciones públicas de
La Revolución
científICa adquiria el
«cien veces», y que los resultados estaban totalmente de acuerdo conocimiento? expertos y el uso de técnicas narrativas que habían sido diseña-
con su teoría. En realidad, los historiadores han debatido larga- das para proporcionar a los enunciados empíricos el aspecto de
mente la cuestión de si estos experimentos fueron efectivamente ,. axiomas indudables. Por consiguiente, es sencillamente falsa la
/:
realizados o si es preferible considerarlos como «experimentos consideración de que la filosofía natural aristotélica del siglo XVII
mentales», esto es, ensayos que Galileo hizo mentalmente para
,·1 careciera de los recursos necesarios para lidiar con las nuevas
determinar lo que ocurriría si, dado lo que ya se sabe con seguri- ,,,1,
'"
experiencias que suministraban los experimentos artificiales o los

¡
dad acerca del mundo físico, se efectuaran ciertas manipulacio- l instrumentos científicos, y también lo es la de que los esquemas
3
nes. En este caso, como ha señalado Peter Oear, Galileo no aristotélicos resultaran fulminados inmediatamente por la apari-
afirma: «Hice tal y tal cosa, y esto es lo que ocurrió, de lo cual ción de alternativas modernas. A lo largo de todo el siglo XVII, las
':~'
podemos concluir [...]». En realidad, afirma: «Esto es lo que ocu- tradiciones aristotélicas de filosofía natural, así como las concep-
rre». Por consiguiente, la experiencia producida, que se hace ciones de la experiencia asociadas con ellas, siguieron siendo
~úbli~a cuando el experimento se comunica, es como la expe-
')

f vigorosas.
1
rienCia que resultaría si se hiciera el experimento imaginariamen- Sin. embargo, muchos otros filósofos del siglo XVII, especial-
1 .•..

I!
te, en la cabeza, lo cual no depende de que Galileo realizara mente en Inglaterra, desarrollaron un enfoque nuevo, y bastante
físicamente las manipulaciones particulares experimentales en diferente, de la experiencia y del papel que debía desempeñar en
cuestión.
la filosofía natural. A comienzos de siglo, Bacon esgrimió un argu-
Esta actitud de considerar que la experiencia es «lo que ocu- , mento, que ejerció una poderosa influencia, según el cual la con-
I
rre en la naturaleza» siguió siendo una característica importante ,I dición de una filosofía natural adecuada es que tenga como
!
,de gran parte de la práctica desarrollada en el continente, tanto "1 fundamento una historia natural laboriosamente compilada: un
aristotélica como moderna Una tarea fundamental de los filóso-

:1
catálogo, compilación y cotejo de todos los efectos que se pueden
!os jesuitas del continente consistió en hacer frente al nuevo con- observar en la naturaleza El registro de hechos relevantes para la

I
',junto de datos empíricos que se habían obtenido artificialmente historia natural debía contener varias clases: las entidades natura-
- mediante el uso de instrumentos, como el telescopio y el baró- les, los efectos que ocurren naturalmente, incluyendo los que se
metro, con el fin de integrarlos en las concepciones aristotélicas 113 producen en el curso ordinario de la naturaleza o los que son
112
«errores» de la naturaleza o «monstruos» (fig. 18) Y los productos
"J,~ artificiales del trabajo humano -«cuando mediante el arte y la
3. Se han expresado duda~ similares con respecto a la realización efectiva del e~perimen- ,"l'
to de Pascal del Puy-de-Don;e, que se discutió en el capítulo precedente, y sobre uno de mano del hombre se la obliga a salir de su estado natural, se la
sus expenm~ntos de hldrostatlca, que requería que una persona permaneciera sentada a
exprime y se la moldea»':'" esto es, cuando se somete a la natura-
una profundidad de seIs metros por debajo del agua mientras aplicaba, durante largo tiem-
po, una ventosa de vidrio a su muslo (fig. 17), leza a un ensayo experimental o a una intervención tecnológica.
Primero, la historia natural (el registro de efectos, purificado y
reformado), luego la filosofía natural (el conocimiento fiable de la
estructura causal que produce dichos efectos en la naturaleza). Y
una característica fundamental de una tendencia, estrechamente
relacionada, en la práctica de la filosofía natural moderna es que
¿Cómo se depende, en lo que respecta a su contenido empírico, no sólo de la
adquiria el
conocimiento? experiencia de lo que ocurre en el mundo, la cual está disponible
de manera natural, sino también de los experimentos que son arti-
ficial y deliberadamente diseñados para producir fenómenos que
podrían no observarse, o cuya observación no sería tarea fácil, en
el curso ordinario de la naturaleza. Estos experimentos implican
generalmente la construcción y uso de aparatos especiales, tales
como el barómetro que se describió en el capítulo 1. Recordemos
que el barómetro es un instrumento que, según se proclamaba,
podía hacer que el peso del aire -del cual generalmente no tene-
mos ninguna experiencia- fuera fácilmente perceptible, incluso
visible.

"-
El control de la experiencia

Según Bacon, la filosofía natural había fracasado c1amorosamen-


te porque tenía una información inadecuada de las entidades y
fenómenos que la naturaleza contiene realmente. Hasta la fecha,
afirma Bacon, «no se ha hecho ningún intento de reunir un con-
junto de observaciones particulares que sea suficiente en núme-
ro, clase o certeza para informar al entendimiento». Refiriéndose
al papel ilustrativo de la experiencia, que se ha descrito en la sec-
ción precedente, Bacon juzgaba que los males de la fi losofía
Figura 18. Un gallo monstruoso (o -anormal.), que tiene -la cola de un cuadrúpe- 114 115 natural contemporánea provenían de un repertorio empírico que
do y la cresta de una gallina', observado por el naturalista italiano Ulisse
estaba empobrecido y que había sido evaluado inadecuadamente:
Aldrovandi (1522-1 605). Aldrovandi especifica que él mismo vio esta gallina
-cuando estaba viva, en el palacio del Serenísimo Gran Duque de Toscana «Del mismo modo que si un reino o un Estado dirigiera sus deli-
Francesco de Médicis; con su aspecto aterrador, asustaba a hombres valientes-. beraciones y sus asuntos no mediante cartas e informes de
Tales monstruos eran considerados, frecuentemente, como presagios y portentos
embajadores o de mensajeros fiables, sino mediante el chismo-
divinos, y los dibujos que los representaban circulaban ampliamente en la Europa
de comienzos de la edad moderna Fuente: Ulisse Aldrovandi, Ornitología (7600). rreo de las calles, éste es exactamente el sistema de gobierno que
prevalece en la filosofía con relación a la experiencia. En la histo- natural existente a un inadecuado control de calidad de su regis-
ria natural no se encuentr~ nada 'que haya sido debidamente tro de hechos. Si se concediera crédito a cualquier informe empí-
investigado, verificado, contado, pesado o medido; y lo que en la rico, la casa de la filosofía natural se asemejaría al Bedlam' o
observación es vago e impreciso, en la información resulta enga- Babel que, en opinión de algunos modernos, es precisamente lo
ñoso y traicionero», Según Bacon, para que la experiencia consti- que ya era. Bacon propuso un conjunto de técnicas para garan-
tuya los fundamentos de una filosofía de la naturaleza verdadera ¿Cómo se tizar que los hechos naturales fueran observados, atestiguados y
adquiría el
y útil, tiene que ser una experiencia específica, real y genuina El conodmiento? registrados adecuadamente. En el registro de hechos naturales
interés de la filosofía natural no reside en utilizar la experiencia no se debe admitir nada «salvo que los ojos den fe de ello» (esto
incuestionable para ilustrar una concepción general del funciona- es, mediante testimonio ocular) «o, al menos, después de un exa-
miento de la naturaleza, sino en reunir experiencia auténtica en men riguroso y concienzudo»: «hay que eliminar las antigüeda-
cantidad suficiente como para fundamentar las investigaciones des, las citas y los testimonios de autores»; «todas las historias
del modo plausible de funcionamiento de la naturaleza. supersticiosas» y los «cuentos de viejas» se deben dejar de lado
A este respecto, se deben hacer algunas cualificaciones adi- (fig. 19). En realidad, muchos modernos se hicieron eco del recha-
cionales importantes de la retórica que utilizaban los modernos a zo de William Gilbert del testimonio de la historia natural tradicio-
la hora de discutir los respectivos papeles de la experiencia y la nal cuando lo comparaba, retóricamente, a «las divagaciones de
autoridad, que se hizo notar anteriormente en este capítulo. En una bruja charlatana». Si era necesario recurrir al testimonio de la
realidad, el rechazo modernistade),
la autoridad y del testimonio autoridad, entonces había que advertirlo cuidadosamente, junto
en la ciencia estaba cuidadosamente dirigido. Cuando los moder- con la probable fiabilidad de la fuente: «Todolo que se admita debe
nos del siglo XVII recomendaban la abolición de la autoridad, esta- ser extraído de historias serias y creíbles, y de informes que sean
ban pensando, generalmente, en la autoridad tradicional de dignos de confianza». De esta manera, esta filosofía natural refor-
Aristóteles y de sus seguidores escolásticos de las universida- mada daba la bienvenida a la experiencia como el medio eficaz de
des. Sin embargo, a pesar de la mucha retórica utilizada para suplantar la práctica tradicional, pero los informes empíricos debí-
acentuar lo preferible que era el testimonio fidedigno de las an ser cuidadosamente examinados para 'garantizar que fueran
cosas al de las personas, la empresa moderna no prescindió en genuinos. Las puertas de la casa de la filosofía natural debían
absoluto de la confianza en el testimonio humano, ni es posible abrirse, pero la entrada a las habitaciones interiores debía ser
imaginar cómo sería una ciencia de la naturaleza que rechazara controlada escrupulosamente. Y aunque varios filósofos moder-
~totalmente el testimonio. Se considera que los filósofos moder- nos formularon reglas explícitas para evaluar los informes empí-
nos adquirieron un cuerpo de conocimiento factual, pero la mayo- ricos, hay que subrayar que la metodología formal fue, a este
ría de dicho conocimiento era necesariamente de segunda mano. respecto, bastante menos relevante que la movilización del cono-
-'La discusión de los escritos experimentales de Boyle, que se cimiento social cotidiano. La mayoría de los filósofos parecían
hará posteriormente en este capítulo, describirá algunas técnicas saber cómo discernir los signos visibles que identificaban a un
que se introdujeron para ampliar de forma fiable la experiencia informe y a una persona fiables, sin necesidad de recurrir a cri-
utilizando medios indirectos.
Por tanto, la tarea práctica era tamizar y evaluar los informes, • Con este nombre se conoce al Bethlehem Royal Hospital, el primer centro para enfermos
mentales que se fundó en Inglaterra En inglés coloquial, el término bedlam también se uti-
empíricos. Era común atribuir el deplorable ~stado de la filosofía liza para referirse a una algarabía o a un tumulto. (N. del t)
Los hechos emplrlcos que servlrlan como fundamentos de una
filosofía natural reformada debían ser enunciados no de «lo que
ocurre en la naturaleza» sino de «lo que realmente ocurrió en la
¿Cómo se naturaleza» cuando unas personas determinadas la observaron de
adquiria el
conocimiento? manera específica y en lugares, circunstancias y momentos con-
cretos. Para muchos filósofos naturales, especial aunqueno exclu-
sivamente en Inglaterra, esta particularidad es la característica que
hacía que la experiencia fuera lo suficientemente fiable como para
fundamentar la investigación filosófica Precisamente porque se
pretendía que el registro de hechos proporcionara los fundamen-
tos seguros de la filosofía natural, los hechos involucrados no
debían estar idealizados o coloreados por expectativas teóricas,

Figura 19. Representación de indios americanos acéfalos que data de finales


sino que debían ser establecidos y representados exactamente
del siglo XVI. La creencia en que lugares distantes del mundo estaban habita- como se presentaban: por ejemplo, no se trataba de describir
dos por gentes extrañas que «no tenían cabeza» y cuyos «ojos estaban situados
cómo ¿aen~laspiedras, sino cómo esta piedra, que tiene una forma
en los hombros» era común en la antigüedad y adquirió nueva fuerza en el siglo
XIV mediante los relatos de los viajeros europeos (o autoproclamados viajeros). y un tamaño determinados, cayó un día determinado, tal y como lo
Los relatos de viajes de Sir John Mandeville, en la década de 1370, situaban a atestiguan observadores específicos, cuya pericia y sinceridad se
estos pueblos de formas maravillosas en las Indias Orientales y, en 1604, el
otelo de Shakespeare asombraba a Desdémona contándole historias «de los
puede dar por supuesta. «En la naturaleza", escribe Bacon, «nada
caníbales que se comen unos a los otros, los antropófagos y los hombres que existe realmente salvo cuerpos individuales que realizan actos indi-
llevan su cabeza debajo del hombro ... ». Para los que se proponían reformar la
viduales puros.» Bacon requería una «colección o historia natural
historia natural, dicho testimonio era emblemático del problema de separar lo
genuino de lo fabuloso. Fuente: Levinius Hulsius, Kurtze wunderbare particular de todos los prodigios y nacimiéntos monstruosos de la
Beschreibung (1599). naturaleza; de todo (...] lo que en la naturaleza es nuevo, raro e inu-
sual». Esto constituye una justificación programática de los «muse-
os de curiosidades» que estaban de moda entonces en los círculos
_ terios que explicitaran formalmente los fundamentos de dicha educados de toda Europa (fig. 20). Estos museos eran un testi-
fiabilidad.4 monio elocuente de la particularidad de la naturaleza y de su sor-
prendente variedad. Repletos de especímenes raros y curiosos,
dichos museos eran la prueba accesible de que, en realidad, hay
4. Algunas investigaciones históricas recientes han llamado la atención sobre la importan- más cosas en los cielos y en la Tierra de lo que soñaban las filo-
cia que tuvo la participación de cabal/eros en la nueva práctica y, por tanto, sobre la impor-
tancia que tuvieron los códigos nobiliarios de honor y veracidad. Es bastante posible que
sofías tradicionales.
muchos p¡bblemas prácticos de credibilidad científica se resolvieran mediante un meca- Así como los modernos del siglo XVII divergían acerca de la
nismo tan aparentemente simple como la apelación al código nobiliario de honor, aunque
en la evaluación de muchos informes empíricos eran también importantes, sin duda, las interpretación correcta y del papel filosófico de la experiencia, tam-
consideraciones de pericia técnica y plausibilidad. •
bién diferían sobre cuestiones relacionadas con el método que se
experimentales y observacionales- al conocimiento causal y a las
verdades generales; esto es, se trata de un procedimiento inductivo
y empíricamente fundamentado. Ésta es la razón de que el registro
de hechos tenga que ser seguro. Si los cimientos son débiles, el
edificio construido sobre ellos será frágil. Los procedimientos
¿Cómo se inductivos y las actitudes concomitantes respecto a los modos de
adquiria el
conocimiento? inferencia que parten del registro de hechos fueron influyentes en
Inglaterra aunque, como veremos, muchos filósofos del continente,
e incluso algunos ingleses, expresaron su escepticismo acerca de
su legitimidad, seguridad e interés filosóficos.
Bacon proclamó que su método inductivo representaba la
inversión de la práctica filosófica natural tradicional. Hasta la
fecha, hace notar, la filosofía natural había tendido a utilizar los

Figura 20. El museo del naturalista marqués Ferdinando Cospi en Bolonia particulares sólo como un medio rápido de llegar a principios
Estos museos, con su mezcolanza de objetos maravillosos, naturales y artificia- generales de la naturaleza. Estos principios, cuya verdad se consi-
les, actuaban como imanes culturales para los hombres de letras locales y para
dera indudable, se pueden luego usar para juzgar los fenómenos
los caballeros que recorrían Europa Fuente: Lorenzo Legati, Museo Cospiano
annesso a quello del famoso Ulise Aldrovandi [...] (1677). de la naturaleza, para decidir acerca de la evidencia, a men~do
conflictiva, que proporciona la experiencia sensible. Este método
debía emplear para cOnstruir el conocimiento en la filosofía natural. de razonamiento, que va desde principios generales establecidos
Bacon, Descartes, Hobbes, Hooke y otros expresaban una confian- -considerados verdaderos por derecho propio- a la explicación
za suprema en que el conocimiento de la estructura causal de la de particulares se llama deducción. Bacon atribuyó todos los
naturaleza se podía conseguir con certeza, a condición de que la males de la filosofía natural contemporánea al uso exclusivo de
mente fuera dirigida y disciplinada por el método correcto. El méto- dicho método. No es cierto, como se afirmá a veces, que la induc-
do lo era todo. El método era lo que hacía posible y poderoso el ción baconiana recomiende la inconsciente compilación de
. conocimiento del mundo natural, aunque las reglas del método hechos. En primer lugar, Bacon y sus seguidores dieron mucha
correcto variaban mucho. La metáfora mecánica que estrueturaba importancia a las llamadas instancias crucíales, cuyo propósito es
.. -el conocimiento del mundo natural también daba forma a los permitir que se llegue a un juicio decisivo e inequívoco sobre teo-
medios que había que utilizar para conseguir ese conocimiento. rías físicas alternativas.5 En segundo lugar, para que puedan pro-
- ,Bacon escribe que no se debe permitir que la mente «tome su pro- ducir una información fiable que sea adecuada para servir como
pio camino» sino que debe ser «guiada a cada paso; de modo que fundamento de la filosofía, los sentidos necesitan ser instruidos
todo transcurra como si procediera maquinalmente». Para Bacon, mediante el método racional. Pero, para generar conocimiento
como para muchos otros filósofos, la filosofía natural se definía por causal fiable, argumenta Bacon, se deben cambiar radicalmente el
su objetivo de conseguir el conocimiento causal: esto es lo que la
distinguía de la historia Pero, según esta versión, el método proce- ' 5. Robert Boyle utilizó, posteriormente. el término «experimento crucial. para referirse al
de desde el conocimiento acumulado de particulares -hechos espectacular experimento de Pascal en el Puy-de-Dóme, que se describió en el capítulo 1.
peso y la prioridad relativos que se ~onceden a los hechos y a la miento para «corregir sus informaciones». Y Robert Hooke, que era
teoría: «Debemos conducir a los hombres a los particulares mis- un prolífico inventor de instrumentos científi'C:os,'aunqUe hacía
mos; mientras que, por $U parte, los hombres se deben obligar, por notar «la estrechez y el vagabundeo» de los sentidos del hombre
un tiempo, a dejar de lado sus nociones y comenzar a familiarizar- caído, elogiaba el papel que habían desempeñado el telescopio y
se con los hechos». En la filosofía natural, ni los sentidos ni la el microscopio en la corrección de las debilidades de los sentidos
razón por sí solos bastan para construir el conocimiento, pero ha ¿Cómo se y en la ampliación de su imperio, (No hay aquí ninguna preocupa-
adquiriael
llegado el momento de que la teorización se enfrente cara a cara conocimiento? ción por la fiabilidad de la experiencia mediada instrumentalmen-
con los hechos. te.) El progreso del conocimiento no dependía únicamente de que
En este punto es necesario introducir otra cualificación impor- se concediera a los sentidos un papel más importante, sino ade-
tante a la adecuación de la retórica modernista. A pesar del énfa- más de una cuidadosa corrección de los sentidos por medio de la
sis modernista en la prioridad de la experiencia sensible directa, razón, quizá mediante el uso de instrumentos mecánicos y, cierta-
Bacon también estaba de acuerdo con muchos otros filósofos mente, mediante procedimientos prácticos que permitieran evaluar
naturales del siglo XVII en la noción de que los sentidos no instrui- la información que proporcionaba la experiencia sensible.
dos son propensos a engañar y necesitan ser metódicamentedis- Para que la experiencia pudiera desempeñar su papel de fun-
ciplinados para que puedan producir el material factual auténtico damento de una filosofía natural reformada y ordenada, debía ser
sobre el que puede operar la razón filosófica. Así como se debía controlada, vigilada y disciplinada. Si es probable que los sentidos
re'Chazarla teoría que prescinde de los hechos, el estado deplora- no tutelados engañen, es necesario descubrir modos de regular
ble en que se encontraba la mayoría del conocimiento existente de qué experiencia puede fundamentar correctamente la reflexión
la naturaleza se atribuía a menudo al papel desempeñado por los filosófica. La cuestión de qué experiencia incluía juicios acerca de
sentidos que no habían sido convenientemente educados y por los la experiencia de quién. Había que establecer una línea divisoria
informes empíricos que no habían sido adecuadamente disciplina- entre la experiencia autentificada y lo que se llamaba generalmen-
dos. Para el sentido no educado, la Luna no parece mayor que una te «cuentos de viejas», e insistir en ello. Por ejemplo, el filósofo
tarta de manzana y el Sol parece girar alrededor de la Tierra. Era natural John Wilkins distinguía entre las «personas vulgares» y las
la razón instruida, no simplemente los sentidos, lo que permitía a educadas basándose precisamente en este aspecto: las primeras
. los modernos «ver» que la Luna es muy grande y que el Sol per- privilegian las impresiones sensibles inmediatas y les otorgan la
manece en reposo. Por consiguiente, pocos filósofos modernos, primacía, mientras que las segundas son adecuadamente cautas
.'
,~

-por entusiastas que fueran acerca del papel fundamental de la acerca de su fiabilidad: «Es tan fácil persuadir a un campesino de
J
;
experiencia, dejaban de discutir el problema de la inherente falibi- que la Luna está hecha de queso como de que es más grande que
lidad de los sentidos. Es famoso el pasaje en que Galileo aplaude
'.
I la rueda de su carro, porque las dos cosas parecen contradecir
a Copérnico por haber conseguido que «la razón haya podido 122 1 123 igualmente su visión, y él no posee juicio suficiente para ir más allá
hacer tanta violencia a los sentidos que, contra -éstos, se haya .•..
..... de sus sentidos», Boyle argumenta que el juicio de «la multitud que
adueñado de su credulidad», Joseph Glanvill (1636-1680), un no discierne [...] parece que se aloja más en su ojo que en su cere-
enérgico propagandista del experimentalismo inglés, observa que bro» y que ésta es la causa principal de los errores más comunes.
«en muchos casos particulares, no estamos seguros de la informa- . La Pseudodoxia epidermica (1 646) del médico Sir Thomas
ción proporcionada por nuestros sentidos», necesitamos conoci- Browne (1605-1 682) observa «la errónea disposición de la gente»
que les hace ser crédulos y fáciles d.e engañar por «adivinos, mala- mente sobre sus pronunciamientos metodológicos porque vieron

baristas [y] geománticos». Los sentidos necesitan ser guiados por en ellos el medio de justificar un programa colectivo concertado de

el conocimiento y la gente corriente, que carece de conocimiento, compilación de hechos experimentales y observacionales, mien-

«discierne mal la verdad»: «Su entendimiento es tan débil a la hora tras que otros filósofos utilizaron metodologías, que pueden ser

de discernir las falsedades y evitar los errores de la razón que se consideradas como deductivas en términos generales, para justifi-

somete a las falacias de los sentidos y es incapaz de rectificar el ¿Cómo se car la importancia de la teorización racional frente a la acumula-
adquiría el
error de sus sensaciones". Es decir, para estos filósofos la discipli- conocimiento? ción de particulares factuales. Por consiguiente, la metodología

na de la experiencia implicaba, en gran medida, un mapa del orden formal es importante del mismo modo que la justificación de una

social. La experiencia adecuada para la inferencia filosófica debía práctica es importante de cara a su valor e identidad reconocidos.

provenir de la clase de gente que es capaz, fiable y sinceramente, Es probable que una práctica sin su mito concomitante sea débil y

de tenerla, de informar de ella o, si no es la suya propia, de evaluar difícil de justificar e incluso que sea difícil hacerla visible como una

los informes empíricos de otros. La experiencia que no está disci- clase de actividad distinta.6 Las justificaciones no deben ser sim-

plinada no vale nada. plemente equiparadas a la práctica que justifican, y todavía nece-

Tradicionalmente, los historiadores y los filósofos de la ciencia sitamos una imagen más vívida de lo que hacían realmente los

han prestado demasiada atención a los pronunciamientos metodo- filósofos naturales modernos cuando se dedicaban a la tarea de

lógicos formales y los han tomado al pie de la letra, como si pro- conseguir el conocimiento. Los filósofos naturales modernos no se

porcionaran una información adecuada de lo que los'ifilósofos del limitaban simplemente a creer cosas acerca del mundo natural;

pasado hacían efectivamente cuando construían, evaluaban y dis- hacían cosas 'para conseguir, justificar y distribuir dichas creencias.

tribuían el conocimiento cietltífico. En realidad, la relación que exis- Esto es, la práctica de la filosofía natural era un tipo de trabajo. De

te entre cualquier conjunto de directrices metodológicas formales modo que ahora necesitamos pasar de las fórmulas metodológicas

y la práctica concreta de la filosofía natural en el siglo XVII es pro- abstractas al trabajo práctico que requería la construcción de la

fundamente problemática Por ejemplo, ni los filósofos que en sus experiencia que era adecuada para ciertas clases de investigacio-

pronunciamientos metodológicos profesaban una ruptura radical nes en filosofía natural.

entre la teorización y la compilación de hechos ni los que procla-


maban su rechazo escéptico sistemático de la cultura tradicional
alcanzaron un éxito total en sus propósitos. La concepción revisio-
".- nista que considera que la metodología formal se debe entender
como un conjunto de herramientas retóricas que sirven para situar Así como la metáfora mecánica ocupaba una posición central en las

- _.Ias prácticas en la cultura y para especificar cómo se deben eva- nuevas tendencias de la filosofía natural, los medios mecánicos

luar dichas prácticas, tiene mucho a su favor. Sin embargo, esto no adquirieron una importancia nueva en la construcción del conoci-

implica que se niegue que la metodología formal desempeñó un


papel en la ciencia del siglo XVII. La metodología puede ser en
6. Los sociólogos podrían añadir, introduciendo una cuestión que está relacionada con és-
parte, y así ha sido calificada, un «mito", pero los mitos pueden ta, que las metodologías se pueden considerar como normas -estipulaciones de cómo de-
bería ser la conduc!a- y que, como todas las normas, pueden cumplir la función de recor-
tener funciones históricas reales. Los filósofos naturales posterio~ dar a la gente cómo debería comportarse, aunque no describan cómo se comporta

res a Bacon, especialmente los ingleses, se' abalanzaron ávida- siempre o incluso habitualmente.
ca? ¿Cómo producía conocimiento científico factual? ¿y de qué
manera se ofrecía el conocimiento resultante como remedio de los
males intelectuales existentes y como ejemplo del procedimiento
que había que seguir para producir el conocimiento científico? Las
páginas siguientes ofrecen una descripción breve de un conjunto
¿Cómo se específico y muy influyente de prácticas para la construcción del
adquiria el
conocimiento? conocimiento, mientras que en las secciones posteriores se previe-
ne contra el supuesto de que dichas prácticas fueran universalmen-
te aprobadas, incluso por los filósofos mecanicistas modernos.
La máquina neumática tuvo un carácter emblemático en dos
sentidos: primero, el aparato y las prácticas a que su uso da lugar
se convirtieron en modelos de la forma correcta de proced~r en la
filosofía natural experimental. La Royal Society llevó a cabo una
propaganda masiva de su programa experimental en toda Europa
y la experimentación con la máquina neumática fue reiteradamen-
te propuesta cómo paradigma de la filosofía experimental. El uso
de instrumentos en filosofíanat~ral, que se reconocía como algo
nuevo en el siglo XVII, atraía un extenso apoyo y se imitaba amplia-
mente, pero también desperta~ oposición. Muchas historias de
los orígenes de la experimentación en la ciencia natural se retro-
traen a la máquina neumática de Boyle.
En segundo lugar, las manipulaciones llevadas a cabo, con ins-
trumentos, como la máquina neumática, pueden producir un cono-
Figura 21. La primera máquina neumática de Robert Boyle. Fuente: Robert
Boyle, Nuevos Experimentos ftsico-mecánicos relativos al resorte del aire (1660). cimiento general relevante para la filosofía natural sólo en la
medida en que se considere que los efectos que se producen arti-
ficialmente en dichos instrumento~, y los que son producidos por
_ miento. En ningún sitio es más patente este énfasis en los experi- ellos, reflejan el modo en que se comportan las cosas enla natura-
mentos diseñados artificial mente que en los programas de investi- leza En el capítulo 1 se discutió el rechazo general que la distinción
gación asociados con la Royal Society de Londres (que fue fundada aristotélica entre «naturaleza»y «arte»suscitaba en los modernos. A
en 1660) y, especialmente, con Robert Boyle, su miembro más influ- menos que se acepte que hay una semejanza básica entre los pro-
yente. La máquina neumática que había inventado para Boyle su ductos de la naturaleza y los del artificio humano, las manipulacio-
asistente Robert Hooke,·.a finales de la década de 1650, se convir- nes experimentales con máquinas no pueden representar el
tió rápidamente en el emblema de la práctica de la filosofía natural comportamiento de los objetos naturales, y la diseminación de la
(fig. 21). Es la máquina de construcción de hechos más importante. metáfora que compara la naturaleza con un reloj, así como la credi-
de la Revolución científica. ¿Cómo.funcionaba. la máquina neumáti- bilidad concedida a las observaciones telescópicas de los cielos,
manifiesta esa aceptación. La experimentación con este tipo de Figura 22. Un experimento con la
instrumentos creó enormes posibilidades de controlar y de presen- máquina neumática de Boyle. Esta
ilustración mu~stra la campana de
tar los fenómenos experimentales. En principio, es posible producir
la segunda máquina neumática de
los fenómenos experimentales a voluntad, en cualquier momento y Boyle, que se puso en funciona-
miento alrededor de 1662. El ex-
en presencia de obseNadores cualesquiera, sin necesidad de espe-
perimento representado involucra
rar a que dichos fenómenos ocurran naturalmente; incluso se pue- ¿Cómo se el bien conocido, y muy discutido,
adquiriael
den producir efectos que no son accesibles en absoluto a la fenómeno de la cohesión espon-
conocimiento?
tánea de discos de mármol puli-
experiencia humana normal. En el caso de la máquina neumática,
mentado. Boyle se proponía expli-
gran parte del interés que tenían para el filósofo natural los fenó- car este efecto recurriendo a la
presión del aire. Su explicación
menos que producía artificial mente procedía de la aceptación de la
predecía que cuando se extrajera
idea de que el vacío producido podía representar el que se obser- todo el aire de la campana los dis-
varía si fuera posible viajar a la parte superior de la atmósfera Con cos se separarían. Fuente: Robert
Boyle, Continuación de los
la máquina se puede conseguir que los efectos del aire, que en Nuevos Experimentos frsico-me-
condiciones normales son invisibles e imperceptibles, sean accesi- cánicos relativos al resorte y peso
del aire (1669).
bles y manifiestos. Sin embargo, estas ventajas prácticas de la
experimentación artificial dependen completamente de que se
acepte el principio que afirma que los productos del artificio huma-
no pueden representar, y efectivamente representan, el orden de la Boyle ofrece una explicación mecánica de la experiencia táctil de
naturaleza. Sin este acuerdo básico, no puede existir una inferencia mover el émbolo.
segura que permita pasar de lo que el aparato experimental mani- Sin embargo, el proceso de extracción del aire de la campana
fiesta al orden natural de las cosas. de la máquina neumática es, por sí mismo, menos significativo
La máquina neumática estaba diseñada para producir un vacío como experimento que como medio de conseguir un espacio en el
operacional en su gran campana de vidrio. Subiendo y bajando que se pueden realizar experimentos (fig. 22). La campana tenía
repetidamente el émbolo (o «pistón») de la máquina y ajustando la una cubierta de latól'l en su parte superior, que al retirarse dejaba
válvula y la llave de paso que conecta la campana con 'el aparato de al descubierto un orificio lo suficientemente grande como para que
bombeo, que está hecho de latón, se pueden extraer cantidades de se pudieran insertar instrumentos en ella; el resto de la serie de
_ aire de la campana. El esfuerzo necesario para bajar el émbolo es experimentos de Boyle consistía en la obseNación de objetos y
cada vez mayor, hasta que termina por superar todo esfuerzo huma- aparatos situados en la campana. Consideremos el experimento
no. Llegado este momento, Boyle juzgaba que se había extraído decimoséptimo de esta serie, que Boyle caracterizó como «el prin-
casi todo el aire atmosférico que estaba inicialmente presente en la cipal fruto que esperaba de nuestra máquina». Este experimento
campana Esta misma operación contaba ya como un experimento consiste simplemente en situar el aparato torricelliano -el baróme-
y constituye el primero en la serie de cuarenta y tres que Boyle tro de mercurio que se describió en el capítulo 1- en la campana
publicó en los Nuevos experimentos físico-mecánicos relativos al y luego extraer el aire gradualmente. Boyle anunció una expectati-
resorte del aire (1660). Este vacío operacional es el que represen-, va respecto de este experimento.que pone de manifiesto, a la vez,
ta la tarea imposible de viajar a la parte superior de la atmósfera. su carácter emblemático y su papel como elemento confirmador de
una concepción de la natura,leza que se puede considerar mecáni- puede ser muy grande, ciertamente no lo suficiente como para

ca a grandes rasgos. Espetaba que el nivel de mercurio en el baró- soportar una columna de mercurio de setenta y seis centímetros.

metro iría descendiendo a medida que se eliminaba el aire de la Por consiguiente, parece que para explicar los fenómenos experi-

campana. y cuando se hubiera extraído totalmente, o casi total- mentales desde un punto de vista mecanicista se requiere otra

mente, el aire de la campana, el mercurio contenido en el largo noción. Boyle llamó a esta nueva noción la presión o el resorte del

tubo descendería completamente, o casi completamente, hasta ¿Cómo se aire. A partir de estos y otros fenómenos puestos de manifiesto
adquiria el
juntarse con el que contiene el recipiente que está situado debajo cooodmiento? con la ayuda de la máquina, Boyle infirió que los corpúsculos del

del tubo. Si el cuñado de Pascal hubiera transportado su baróme- aire tienen probablemente un carácter elástico -se parecen a

tro no simplemente ala cima del Puy-de-Dóme, sino hasta la resortes- que les permite resistir las fuerzas que actúan sobre

misma cima del océano:de aire que rodea la Tierra, esto es lo que ellos y expandirse cuando dichas fuerzas disminuyen. Cuanto

habría observado. Y en realidad, aunque no variaba la altura del mayor es la fuerza que se ejerce sobre una cantidad de aire ence-

mercurio cuando se colocaba el barómetro en la campana y ésta rrado en un recipiente, mayor es la fuerza con que responde el

se sellaba, Boyle observó que el nivel de mercurio descendía con aire. Cuando se elimina una cantidad de aire de la campana, se

cada «extracción» de la máquina hasta que, por último, cuando reduce la fuerza expansiva del aire restante. El mercurio del baró-

resultaba imposible extraer más aire de la campana, dicho nivel metro que está encerrado en la campana desciende porque, como

quedaba un poco por encima del nivel de mercurio que había en el indicaba Boyle, la presión es entonces insuficiente para resistir el

recipiente.7 Si giraba i~llave de paso con el fin de permitir que peso del mercurio.8

penetrara un poco de aire en la campana, el nivel del mercurio


subía ligeramente.
Además, el descenso progresivo del nivel de mercurio situado
dentro de la campana no se podía explicar como un simple efecto
del peso del aire, si bien, tal y como Pascal y otros habían estable- Que la presión o el resorte del aire se hiciera visible constituyó un

cido, el aire tenía peso. Mientras que el mercurio que contiene el logro importante de un programa experimental de filosofía natu-

recipiente que está situado debajo del tubo de Pascal está ral: fue el experimento artificial el que consiguió que la presión,

expuesto al aire, no ocurre lo mismo con el que está en el reci- en tanto que fuerza real que operaba mecánicamente en la natu-

piente colocado en el interior de la campana de la máquina de raleza, se hiciera manifiesta. Los efectos artificiales producidos

_ - Boyle. No se puede decir que el peso de una columna de aire por la máquina neumática contaban como cuestiones de hecho

atmosférico actúa sobre el mercurio del recipiente, ya que el vidrio acerca de la naturaleza. Los hechos experimentales atestiguaban

- _de la campana se interpone entre el mercurio y la columna de aire un orden unitario de la naturaleza que era causalmente respon-

atmosférico. El peso del aire que está encerrado en la campana no sable de ellos. Los hechos producidos por la máquina neumática

7. Los filósofos discutieron -violentamente a veces- si era posible eliminar toda la materia
8. Nótese que se puede considerar que la presión y el peso son nociones independientes
en la campana o si la máquina conseguía únicamente extraer casi todo el aire atmosférico.
pero causalmente relacionadas. Boyle no distingue entre ambas con la suficiente claridad.
El mismo Boyle prefería la segunda posibilidad, porque no deseaba verse mezclado en vie-
Posteriormente, se emprendió una investigación experimental, que desembocó en la cono-
jos debates «metafísicos· acerca de la existencia de un vacío total. Según su interpretación,
cida «ley. de Boyle (que afirma la proporcionalidad inversa entre la presión y el volumen
el hecho de que fuera imposible conseguir que el mercurio descendiera totalmente signifi-
del aire), con el fin de cuantificarla presión.
caba que algo de aire residual p'ermanecía en la campana que había sido «vaciada•.
eran visibles o tangibles, mientras que las causas que ellos ates- sus efectos manifiestos tienen, irremediablemente, un carácter
tiguaban no eran accesibles a los sentidos. ¿Cuál era, entonces, teórico e hipotético. En el caso de un reloj real, podríamos, si lo
la manera correcta de pasar de los unos a las otras? ¿Cuál era la deseáramos realmente, abrir la caja e inspeccionar la maquinaria
manera correcta de hablar de las cuestiones de hecho y de sus Podríamos preguntar a los relojeros cómo construyen los relojes.
causas físicas, respectivamente? Pero en el caso de la naturaleza no podemos hacer lo mismo, por-
Muchos filósofos modernos -incluyendo algunos (como Des- La ¿Cómo se que no podemos tener un acceso sensible directo a la estructura
científica adquiña el
cartes) que no se dejaron impresionar por el valor de un programa conocimiento? causal oculta de la naturaleza Debemos inferir el funcionamiento
de experimentación sistemática- estaban de acuerdo en que el causal a partir de los efectos y no podemos interrogar a Dios, que
conocimiento teórico y el factual diferían en sus cualidades inte- es el g;an relojero. A este respecto, al ofrecer una explicación pro-
lectuales. En este punto se recurrió, una vez más, a la metáfora del bable de cómo funciona la máquina mundial, Descartes -que en
reloj para expresar los distintos grados de confianza que se podían otros lugares insiste en el alto grado de certeza que tienen sus
depositar en las cuestiones de hecho y en las hipótesis que se explicaCiones mecánicas- escribe:
podían proponer acerca de la causas subyacentes de dichos
hechos. Vemos un reloj en la repisa de la chimenea. Si observamos Al igual que un relojero habilidoso puede construir dos relojes que
el movimiento regular de las manecillas, conseguiremos un conoci- marquen las horas de igual forma y que, sin embargo, nada tengan
miento de efectos. Si la observación de los efectos y su comunica- en común por lo que se refiere a la organización de sus mecanismos,
ción son fiables, los efectos cuentan como cuestiones de hecho. de igual forma es cierto que Dios posee una infinidad de diversos
Cuando estas condiciones se cumplen, tenemos un conocimiento medios en virtud de los cuales puede hacer que todas las cosas de
cierto de estos hechos, un conocimiento que, en lo que se refiere a este mundo parezcan tal y como ahora aparecen, sin que sea posi-
fines prácticos, posee tanta certeza como la que tienen los resulta- ble al espíritu humano discernir cuál de todos estos medios ha que-
dos de una demostración lógica o matemática. Sin embargo, rido emplear para producirlos. [oo.) estimaría haber contribuido
supongamos que el mecanismo interno del reloj está encerrado en bastante al desarrollo del conocimiento si las causas que he explica-
una caja opaca y que es prácticamente inaccesible a nuestra ins- do son tales que los efectos que ellas pueden producir son seme-
pección. En este caso no podemos tener un conocimiento cierto de jantes a aquellos que vemos en el mundo. sin llegar a cuestionarrne
las causas que producen los efectos. Podemos estar razonable- si es mediante esas u otras causas como han sido producidos:
mente seguros (según los filósofos mecanicistas) de que las cau-
sas que operan en la naturaleza son mecánicas, pero cuál sea la En el caso de la investigación experimental del aire que Boyle
disposición exacta de los dispositivos mecánicos es únicamente llevó a cabo, esta actitud probabilista hacia la determinación de las
una cuestión de conocimiento probable. Nuestras conjeturas inte- 9
causas naturales resulta particularmente clara en la explicación
ligentes acerca de la forma en que la maquinaria del reloj produce que proporciona del resorte del aire y de su causa Boyle afirma
que «se atreve a hablar con confianza de muy pocas cosas, excep-
9. Fue más o menos en esta época cuando se produjo un cambio importante en el signifi- to de cuestiones de hecho», pues estos hechos se han puesto de
cado de la palabra 'probable'. Antes del siglo XVII, calificar a una afirmación de probable
equivalía a considerar que, por ejemplo, Aristóteles u otras autoridades reconocidas daban
fe de ella (es el mismo sentido que el actual de 'probidad'). Hacia mediados del siglo XVII,
'probabilidad' adquirió un nuevo significado: indicaba que una afirmación que no era v,<r- • René Descartes, Los principios de la filosofía, introducción, traducción y notas de
dad era con certeza estaba respaldada por evidencia Guillermo Ouintás, Madrid, Alianza, 1995, págs. 410-411. (N. del l.)
manifiesto mediante observaciones y experimentos que son fia- De acuerdo con todo esto, Boyle afirma que el «objetivo» de los
bles. Sin embargo, cuando se exponen opiniones acerca de las experimentos que llevó a cabo con la máquina neumática no era
situaciones físicas que, dan lugar a dichos hechos, Boyle reco- «asignar la causa adecuada del resorte del aire, sino únicamente
mienda la máxima cautela. De estas hipótesis causales, «[hablo] poner de manifiesto que el aire tiene un resorte e indicar algunos
tan dubitativamente y utilizo tan a menudo expresiones como de sus efectos». Sin duda, Boyle ofrece algunas hipótesis acerca
quizá, parece, no es imposible, y otras similares, para mostrar que ¿Cómo se de las realidades corpusculares que constituyen la causa del
adquiria el
desconfío de la verdad de las opiniones a las que me inclino».'° Esa conocimiento? resorte del aire, pero quita hierro a estas opiniones matizándolas
diferencia de cualidad intelectual se hace patente, incluso, eh la convenientemente. Los corpúsculos del aire podrían tener una
estructura de las obras de Boyle. En los Nuevos' experirnentos, estructura como la de los resortes metálicos ordinarios o podrían
Boyle afirma que pretende dejar «un intervalo visible» entre sus ser como la lana o las esponjas o, asimismo, la explicación del
relatos factuales de lo que la máquina neumática pone de mani- resorte podría residir en los vórtices que Descartes proponía.
fiesto y sus «discursos» ocasionales sobre la interpretación causal Ciertamente, estas conjeturas causales forman parte, con pleno
de los hechos. Los lectores están invitados, si lo desean, a leer por derecho, de la filosofía natural experimental, pero son menos cier-
separado .las descripciones de los experimentos y las «reflexiones» tas que las cuestiones de hecho. Además, estas conjeturas se
interpretativas. deben seguir del establecimiento de un cuerpo de conocimiento
Boyle asegura a sus lectores que no se había puesto a hacer factual adecuado.12 En la práctica general, esto significa que Boyle
. ...••
sus experimentos con el objetivo de probar o refutar ningún gran se presenta como un filósofo mecanicista pero, realmente, no ofre-
sistema filosófico. Según afirma, está tan lejos de ser el campeón ce nunca explicaciones mecánicas específicas de los fenómenos
de un sistema ~órico causal determinado que apenas ha leído las físicos. Como se hizo notar en el capítulo 1, aunque Boyle y sus
ob~as filosóficas de los grandes sistematizadores de la filosofía seguidores expresaban una ,confianza global en las explicaciones
natural, como por ejemplo Descartes, «a fin de no estar predis- que son formalmente micromecánicas, diferían notablemente de
pue;:;to a favor de ninguna teoría o principio». Se declara «conten- Descartes en que se negaban a especificar las dimensiones, las
to con que se considere que apenas si he mirado otro libro que no formas, las disposiciones y los estados de movimiento micromecá-
sea el de la naturaleza». Ésta es la manera que tiene Boyle de nicos precisos que daban lugar a las cualidades observadas, como
introducir su opinión de que la observación que está presidida por el resorte, el color, el olor y las demás. Se trataba de un mecani-
un interés teórico corre el peligro de estar distorsionada y ser
poco fiable. La manera «sistemática» de proceder -enfrentarse bien las obras de la filosofía natural sistemática. Lo que se propone es recomendar una re-
lajación de las relaciones, tradicionalmente estrechas, entre la observaci6n y la teorización
con la evidencia factual cuando afecta a todo un sistema de filo- formal. Es improbable que una ruptura absoluta entre ambas sea posible. Podemos consi-

sofía natural- se identifica como una de las causas del fracaso derar que Soyle debe haber enfocado su actividad experimental con un conjunto de ex-
pectativas teóricas, de lo contrario, no le habría sido posible distinguir entre el éxito y el fra-
de la práctica filosófica tradicional.!1 caso experimental. Asimismo, sin expectativas teóricas le habría sido menos posible aún
considerar que sus observaciones respaldaban lo que solía llamar la hipótesis mecánica o
corpuscular.
10. En este aspecto Soyle es considerablemente más cauto que su modelo metodol6gico 12. El mismo Soyle no siempre respeta los límites entre hechos y teorías que consideraba
declarado, Francis Sacon, el cual consideraba que el conocimiento cierto de las causas fí- necesario establecer. A veces trata el resorte del aire como si fuera una explicación causal
sicas es posible y constituye el objetivo legítimo de la filosofía natural. de los efectos experimentales, mientras que en otras ocasiones propone el resorte como
11. Es necesario subrayar el carácter retórico que tienen estas estipulaciones: lo que se una cuestión de hecho que el experimento pone de manifiesto indudablemente. Tampoco
pretende es identificar la fuente adecuada de autoridad en lo que hace referencia a las intenta nunca formular las reglas que se deben seguir para pasar, aunque sea provisional-
afirmaciones científicas. La evidencia muestra que, en realidad, Soyle conocía bastante mente, de las cuestiones de hecho a su explicaci6n mecánica
cismo en principio, que estaba limita~o por los grados relativos de Boyle y SUS colegas reconocían abiertamente el poder de Dios
certeza que era adecuado atribuir al conocimiento factual, frente a y de los agentes espirituales en el orden natural pero, en su opi-
lo que era correcto en el caso del conocimiento teórico-causal. nión, la filosofía natural se debía limitar a investigar los medios
Aunque Boyle reconocía que la búsqueda de conocimiento cau- mecánicos que Dios había empleado para crear el reloj mundial y
sal -por condicional que sea- era una tarea legítima de la filosofía su funcionamiento mecánico.13 Una filosofía natural experimental,
natural experimental, había otros cuerpos de conocimiento que de- ¿Cómo se que estuviera factual mente fundamentada, ofrecía la perspectiva
adquiña el.
bían ser excluidos completamente del cometido de la filosofía natu- conocimiento? de una certeza bien fundada y de un enfoque bien concebido del
ral experimental. Para que las cuestiones de hecho pudieran serVir conocimiento de la estructura causal que subyace a la naturaleza.
como fundamentos seguros de una filosofía natural reformada, Generalmente, se consideraba que las discusiones teológicas,
había que garantizar su autenticidad y protegerlas de la contamina- morales, metafísicas y políticas habían generado divisiones y con-
ción de otros elementos de conocimiento que eran menos ciertos e flictos. Para que una filosofía natural reformada ofreciera una cer-
incontrovertibles. La tendencia general -aunque no universal- de teza genuina, era necesario establecer claramente demarcaciones
la práctica inglesa del siglo XVII era negar que fuera legítimo intro- entre ésta y las áreas conflictivas de la cultura. Introducir "la moral
ducir en la filosofía natural consideraciones que fueran explícita- y la política en las explicaciones de la naturaleza corpórea, donde
mente teológicas, morales y políticas. Se consideraba que Dios era en realidad todas las cosas se llevan a cabo por medio de leyes
el autor del Libro de la Naturaleza que leía el filósofo natural mecánicas», escribe Boyle, ha dificultado el "progreso del conoci-
moderno, pero se afirmaba a menudo que la filosofía mecánica se miento humano». Dicho en otras palabras, las condiciones que se
debía ocupar de los aspectos mecánicos de la naturaleza Así, por deben cumplir para que se consiga el conocimiento objetivo e inte-
ejemplo, en la década de 1660, los críticos de la investigación que '- ligible de la naturaleza que es posible lograr son: la separación de
Boyle había efectuado sobre el resorte del aire pusieron en cues- la filosofía natural de las formas de la cultura en las que se enfren-
tión la adecuación de una explicación mecánica e insistieron en la tan las pasiones y los intereses humanos y la interpretación de la
necesidad de que se tomaran en consideración los poderes espiri- naturaleza en sus aspectos mecánicos. Hablar inteligible y filosófi-
tuales. Boyle replicó insistiendo en su profunda piedad y, simultá- camente de lo que es "natural» o "corpóreo» equivale a hablar en
neamente, recordando a sus críticos los límites propios de la términos mecánicos. Esto no implica necesariamente que el meca-
filosofía natural: nicismo fuera totalmente adecuado para explicar todos los fenó-
menos que se presentan a la experiencia humana. Había un
Nadie está más deseoso [que yo mismo] de reconocer y venerar la importante desacuerdo entre los filósofos modernos a la hora de
Divina Omnipotencia, [pero] nuestra controversia no es acerca de identificar los fenómenos que son naturales.
lo que Dios puede hacer, sino acerca de lo que los agentes natu-
rales, que no se elevan por encima de la esfera· de la naturaleza,
pueden hacer [oo.] y de acuerdo con el juicio de los verdaderos filó-
sofos, supongo que la hipótesis [mecánica] no necesita otra ven-
taja [oo.] que el hecho de que, con ella, las cosas se explican 13. En el capítulo 3 se ampliará y cualificará esta concepción de la filosofía natural. Allí se
discutirán importantes usos teológicos de una naturaleza interpretada en términos meca-
mediante el curso ordinario de la naturaleza, mientras que con las nicistas y se abordará la cuestión de en qué medida se consideraba que el mecanicismo
otras debe recurrirse a los milagros. puro describía adecuadamente una gama de fenómenos naturales.
como la máquina neumática pueden ser reproducidos -dentro de
los límites prácticos- a voluntad. Es posible convocar, para la oca-
Es tradicional trazar los contornos de la Revolución científica recu- sión, a testigos que observen los efectos experimentales y den fe
rriendo a los textos de lo~ filósofos individuales. Sin embargo, el filó- de su autenticidad. Los textos de Boyle mencionan, a veces, las
sofo natural individual no construía el conocimiento en solitario. La personas que fueron testigos de sus experimentos con la máqui-
misma idea de conocimiEJ{)toimplica un producto público y compar- ¿Cómo se na neumática. Además, la realización de experimentos era una
adquiriael
tido que hay que contra~r con el estado de creencia del individuo. conocimiento? característica rutinaria de las reuniones de la Royal Society. Esta
Para establecer su credibilidad y adquirir el carácter de conocimien- Sociedad abrió un Regíster-Book (Libro de Registro) con el fin de
to, la creencia o experiencia de un individuo tiene que ser comuni- que los testigos pudieran dar fe de los resultados experimentales.
cada efectivamente a otros. En realidad, los filósofos naturales En segundo lugar, Boyle introdujo la recomendación, que resultó
modernos dedicaron mucho tiempo de reflexión y mucho trabajo muy influyente, de que los informes experimentales se escribieran
práctico a la cuestión de cómo se podría conseguir que la experien- de un modo que permitiera a los lectores distantes -que no ha-
cia pasara del dominio privado al público. Muchos filósofos conside- bían estado presentes como testigos de primera mano- repetir
raban que la enfermedad de la filosofía natural contemporánea, que los efectos relevantes. Había que describir detalladamente los
tantos habían diagnósticado, procedía de su carácter excesivamen- métodos reales, los materiales y las circunstancias de modo que
te privado o individualista. En el capítulo siguiente se discutirán los lectores que así lo decidieran pudieran reproducir los mismos
algunos de los peligros que, según se conSideraba, provenían del experimentos y, de esa forma, se convirtieran en testigos directos.
carácter privado e individualista de la actividad intelectual. Sin embargo, en la práctica, ninguna de estas técnicas resultó
Hemos visto que la tradición empirista inglesa del siglo XVII ser un medio de difundir la experiencia particularmente eficaz.
ponía un acento especial en la idea de que, en la filosofía natural, Simplemente por razones prácticas, el número de testigos directos
los particulares faduales eran el fundamento seguro del conoci- de los experimentos siempre era limitado: en el laboratorio de
miento. Sin embargo, para que las experiencias particulares,sirvie- Boyle el público probablemente estaba formado, como máximo,
ran a esa función, su autenticidad como sucesos históricamente por entre tres y seis colegas competentes', y los que asistían a los
específicos que ocurren realmente se debía garantizar de algún experimentos de la Royal Society raramente pasaban de veinte
modo y había que persuadir de ella a una comunidad. Por consi- aunque, en general, eran muchos menos. A pesar de que los tex-
guiente, para que dichos particulares llegaran a formar parte de un tos de Boyle estimulaban la repetición y ofrecían instrucciones
_ cuerpo de conocimiento compartido, era necesario encontrar detalladas de cómo había que proceder, al cabo de 'unos años
medios fiables de hacerlos circular entre los distintos individuos. incluso él se convenció de que se habían hecho muy pocas repe-
Boyle y sus asociados desarrollaron una variedad de técnicas ticiones precisas de sus experimentos con la máquina neumática y
relativamente nuevas con el objeto de facilitar la transición de la concluyó que era improbable que se hicieran muchas alguna vez.
experiencia observacional y experimental del dominio privado al Por tanto, para que la experiencia se pudiera difundir eficazmente,
público. En primer lugar, recordemos que una de las ventajas de se requerían medios distintos de los que se basaban en el testi-
un programa experimental es que permite un mayor control prác- monio público y la repetición física
tico de la experiencia. A diferencia de lo que ocurre con los fenó- Dichos medios se encontraron en la forma misma de la comu-
menos puramente naturales, los que se producen en instrumentos nicación científica. La experiencia se podría extender y hacer
pública escribiendo descripciones de los experimentos que ofre- les de la práctica de la filosofía natural se podrían hacer más segu-
cieran a los lectores distantes, que no habían atestiguado directa- ros. Una vez que los fundamentos factuales del conocimiento de la
mente los fenómenos -y que probablemente nunca lo harían-, un naturaleza hubieran sido garantizados por estos medios, la bús-
relato tan vívido que fuera capaz de convertirlos en testigos vírtua- queda filosófica de las causas podría proceder de forma segura.
les. La mayoría de los filósofos que integraron los particulares fac-
tuales de Boyle en su repertorio de conocimiento no lo hicieron La Revoludón
¿Cómo se
adquiriael
científica
por el testimonio directo o la repetición concienzuda, sino porque conocimiento? ¿Para qué servía el experimento?
al leer sus informes encontraron motivos adecuados para confiar
en su exactitud y en su veracidad. Como dice Boy/e, sus descrip- La acumulación de particulares como medio de fundamentar una
ciones (y las de aquellos que siguieron fielmente el estilo que filosofía natural reformada constituyó una tendencia importante
recomendó) debían ser «registros duraderos» de la nueva práctica. de la práctica moderna, que fue favorecida particularmente por
Los lectores «no necesitan repetir un experimento para tener una los ingleses pero que también tuvo influencia en el continente.
idea que sea lo suficientemente clara como para servir de funda- Promocionadas por una red de «inteligencia» científica que tenía
mento a sus reflexiones y especulaciones». El testimonio virtual su centro en la Royal Society de Londres, las prácticas que se
conlleva la producción en la mente del lector de una imagen del pueden considerar, en términos generales, como experimentales
procedimiento experimental que obvie la necesidad de su testimo- e inductivas consiguieron introducirse en varios países europeos
nio directo o de su repetición. En las descripciones de experimen- ),e incluso en la cultura científica emergente de las colonias ame-
tos que proporciona Boyle, esto implica un estilo muy detallado, ricanas. Sin embargo, este modo de conseguir conocimiento no
que a menudo espedfica: con insoportable prolijidad cuándo, cómo careció de oposición, y algunos modernos lo rechazaron global o
y dónde se hicieron los experimentos, quién estaba presente, parcialmente. Ni la realización sistemática de experimentos ni la
cuántas veces se repitieron y cuáles fueron exactamente los resul- noción de que una masa de particulares factual es autentificados
tados. Era necesario detallar un gran número de experimentos e proporcionan los únicos fundamentos seguros del conocimiento
informar tanto de los éxitos como de los fracasos. Un estilo tan en la filosofía natural definen simplemente lo que significaba ser
prolijo «evitaría que el lector desconfiara» de los resultados que se moderno .
. comunicaban y aseguraría al lector que los particulares factual es Descartes, por ejemplo, consideraba que, en la filosofía natural,
tenían una realidad histórica específica los fundamentos del conocimiento correcto se debían buscar por
El autor científico se presentaba con modestia y desinterés, medio de un escepticismo guiado racionalmente y de la interroga-
como alguien que no estaba preocupado por la fama y que no ción interna Se trataba de dudar de todo y, cuando se llegara a prin-
- ~staba afiliado a ninguna escuela de teorización filosófica de altos cipios de los que no fuera posible dudar, se' tenían los fundamentos
vuelos: «No pretendo en absoluto», escribe Boyle, «comprometer- 141 de la filosofía Descartes no hizo una gran cantidad de experimen-
me con, o contra, ninguna secta de naturalistas». Este tipo de per- tos físicos y aunque expresó formalmente el deseo de que se hicie-
sona es creíble y se puede considerar que sus relatos son el ran «una infinidad de experimentos», no consideraba necesario
testimonio transparente de la naturaleza misma. Una manera de conocer sus resultados para formular una filosofía natural segura
escribir detallada y sincera podía transformar a los lectores en tes- . Los experimentos debían tener su papel, pero no era necesario api-
ti gas. La experiencia se podría difundir y los fundamentos factua~ larlos en un gran montón de particulares, y menos aún esperar que
se pudieran inducir principios físicos generales seguros a partir de pero nada de esto hará que sean más filósofos», Durante las
. .

ese montón. Descartes se quejó, incluso, de que los experimentos décadas de 1660 y 1670, Hobbes intentó poner de manifiesto la
que se habían hecho públicos recientemente contenían demasiada fragilidad del programa de experimentación sistemática que
particularidad y especificidad históricas como para ser filosófica- Boyle había llevado a cabo con la máquina neumática, ofreciendo
mente útiles: «Resultan, en su mayor parte, tan complicados con explicaciones alternativas detalladas de los efectos de la máqui-
detalles innecesarios e inwedientes superfluos que es muy difícil ¿Cómo se na y de las inferencias teóricas que se efectuaban a partir de
adquiria el
que el investigador descupt"a su núcleo de verdad». A diferencia de conocimiento? ellos.15
Boyle y sus colegas, Descartes consideraba con escepticismo la Un programa- de recopilación sistemática de hechos podía
posibilidad de que una comunidad pudiera encontrar alguna vez los producir un registro de efectos naturales y artificiales: podía con-
medios morales y literarios Rue fueran capaces de asegurar la fiabi- tar como historia natural. Pero Hobbes insistía en la interpreta-
lidad de una masa de informes experimentales. ción tradicional según la cual la filosofía natural es la búsqueda
En Inglaterra, Thomas Hobbes se enfrentó violentamente con de conocimiento cierto de las causas que operan en la naturale-
el programa experimental que estaba asociado con Boyle y con za -«la filosofía [es] la ciencia de las causas»-. No creía que
la Royal Society. Desde su punto de vista, el programa era inútil. hubiera un modo seguro de proceder que permitiera ir desde una
¿Para qué hacer series sistemáticas de experimentos cuando, si pila de particulares al conocimiento causal y que poseyera la cer-
fuera posible discernir realmente las causas a partir de los efec- teza que requiere la filosofía. Para tener derecho al nombre «filo-
tos, un sólo experimento bastaría? Tampoco era evidente para sofía», una práctica no puede adoptar la reserva boyleana
Hobbes que los efectos artificiales, como los que producía la respecto de la estructura causal de la naturaleza. Tiene que pro-
máquina neumática de Boyle, fueran necesarios para la filosofía ceder desde un conocimiento correcto de las causas, racional-
natural o dignos del gasto y la molestia que conllevaba la realiza- " mente establecido, al conocimiento de los efectos. Por eso
ción de los experimentos: «Lo que requiero de los experimentos Hobbes se negaba a aceptar que fuera legítima la tímida actitud
lo podéis proporcionar de vuestra propia cosecha o de la historia que Boyle había adoptado con respecto a la determinación de la
natural que sepáis que es verdadera, aunque me puedo conten- causa del resorte del aire. Actuar con:¡o un filósofo significa
tar con el conocimiento de las causas de aquellas cosas que todo determinar, basándose en fundamentos ciertos, la causa real.
, el, mundo ve producirse generalmente».14 Asimismo, una empresa Negarse a hacerlo equivale a actuar como un mero narrador de
intelectual que tuviera derecho al nombre de «filosofía» tampoco historias acerca de los fenómenos naturales. Por tanto, la eva-
_se podía contentar con las reservas, respecto al conocimiento luación del programa experimental dependía de la concepción
. causal, que estaban asociadas con el programa experimental. que se tuviera de los productos del conocimiento que eran pro-
Refiriéndose a la Royal Society, Hobbes escribe: «Pueden cons- pios de la filosofía natural. ¿Cuáles deberían ser, en el proceso
truir máquinas [y] campanas de vidrio y contrastar conclusiones, de construcción del conocimiento, los papeles relativos de la

14. En este sentido, Hobbes, que era (como se hizo notar brevemente en las páginas ante- 15. Aunque el círculo asociado con los primeros tiempos de la Royal Sociely se contenta-
riores de este capítulo) uno de los críticos más vehementes del aristotelismo en el siglo ba con la fiabilidad de las cuestiones de hecho que habían sido producidas y autentifica-
XVII, sin embargo, comparte evidentemente las actitudes escolásticas acerca del valor de la das mediante los procedimientos boyleanos, la satisfacción no era universal, y algunos filó-
experiencia que es generalmente accesible y de los problemas relativos a la experiencia sofos importantes del Continente expresaron, igual que Hobbes, sus dudas acerca de que
esotérica lo que contaba como un hecho para Soyle y sus aliados lo fuera en realidad,
experiencia y del pensamiento racional? ¿Qué grado de certeza experimental de los primeros tiempos de la Royal Society estaba
se debía esperar en las investigaciones del orden de la naturale- dedicado a la reforma de la filosofía natural mediante la cura del
za? ¿Dónde -entre particulares factuales y elementos teóricos- dogmatismo. Cuando los filósofos hubieran recibido una instruc-
se debía localizar la certeza? Y ¿qué tipo de certeza se debía ción adecuada acerca del grado de confianza que podían deposi-
esperar de la investigación filosófica genuina? tar en los diversos tipos de conocimiento, la filosofía natural
Aunque Hobbes era un filósofo mecanicista, y aunque vivió y ¿Cómo se tendría un fundamento seguro y estaría encaminada en la direc-
adquiría el
trabajó en Inglaterra la mayor parte de su vida, su rechazo del pro-o c;onocimiento? ción correcta hacia el progreso. Los miembros dirigentes de la
cedimiento experimental y su punzante estilo polémico tuvieron . Royal Society respaldaron la concepción de Boyle de que los filó-
como resultado el que nunca llegara a ser miembro de la Royal sofos deberían depositar una gran confianza en las cuestiones de
Society. En la década de 1670, un programa experimental y de hecho que habían sido convenientemente autentificadas pero
historia natural que, en términos generales, se puede considerar deberían adoptar una actitud más circunspecta en lo que respec-
boyleano, continuó caracterizando el trabajo colectivo y la imagen ta a las afirmaciones causal es. El conocimiento causal que está
cultural de la Royal Society. y aunque, como hemos visto, el cor- fundamentado en los hechos es endémicamente incapaz de con-
puscularismo boyleano era, en principio, compatible con un enfo- seguir el tipo de certeza que se asocia con las demostraciones
que matemático de la investigación de la naturaleza, en realidad matemáticas. Así los que esperaban que la investigación física
el mismo Boyle expresó serias reservas acerca de las idealizacio- produjera certeza causal, según el modelo de las matemáticas
nes matem~ticas. Su propio trabajo experimental está particular- puras, eran tachados de dogmáticos engañados. Se los acusaba
mente libre de representaciones y esquemas matemáticos. Esto de cometer un error categoríal: confundían las investigaciones de
incluye la «ley» que relaciona la presión y el volumen de aire, por la materia ~ensible real y de sus efectos con el reino abstracto de
la que Boyle es conocido en la ciencia moderna, una ley que las matemáticas. Cuanto antes apreciaran los filósofos naturales
Boyle nunca llamó así y a la que nunca dio expresión matemática el carácter provisional y probable de sus explicaciones teóricas,
simbólica.
mejor.
Muchas interpretaciones de la Revolución científica conside- En estas circunstancias, varios filósofos importantes de la
ran que sir Isaac Newton fue el que llevó a su madurez el progra- Royal Society consideraron que algunas de las primeras contribu-
.Il)a experimental y mecanicista asociado con Robert Boyle, su ciones de Newton no se inscribían en el mismo programa de filo-
antiguo colega de la Royal Society. En realidad, en Inglaterra se sofía natural con el que estaban comprometidos, sino que suponían
_ invirtió un gran esfuerzo en poner de manifiesto la continuidad la reaparición del desacreditado dogmatismo. Se llamó entonces a
entre el programa boyleano, que fue dominante en las décadas la serie experimental en cuestión el experimentum crucis (experi-
de 1660 y de 1670, y el programa newtoniano, cuya influencia mento crucia!), porque pretendía decidir definitivamente entre teo-
creció en las décadas posteriores. Sin embargo, Boyle y Newton rías rivales de la naturaleza de la luz. La óptica -el estudio de las
diferían significativamente en los procedimientos que utilizaban propiedades y de la conducta de la luz- era menos fácilmente asi-
para conseguir el conocimiento de la naturaleza, en sus concep- milable a un esquema mecanicista que, por ejemplo, los fenómenos
ciones del grado de certeza que debe esperarse de los resultados aerostáticos e hidrostáticos investigados por Pascal y Boyle. Sin
de la investigación física y en sus ideas del papel que debe embargo, en el siglo XVII se invirtiÓ mucho esfuerzo en desarrollar
desempeñar la experiencia en la filosofía natural. El programa una teoría mecánica de la luz.
Era bien conocido el espectro de colores -como el arco iris-
que se produce cuando la luz del Sol se refracta en un prisma16
Antes del siglo XVII, se acostumbraba a tratar el color y la luz como
temas separados. Tradicionalmente, se consideraba que los cuerpos
de colores diferentes tienen cualidades reales distintas -rojez, ama-
rillez, y así sucesivamente-o La tensión consiguiente con la distin- ¿Cómo se
adquiria el
ción entre cualidades primarias y secundarias sirvió de acicate a los conocimiento?

filósofos mecanicistaspara desarrollar una teoría que obviara la


necesidad de atribuir cualidades reales diferentes a los cuerpos de
coJores diferentes y, por tanto, permitiera fusionar la explicación del
color y la de la luz. En ladécada de 1630, Descartes hizo un inten-
to importante de construir una teoría mecánica de la luz, tratando la
luz como un efecto debido a la presión en un universo lleno de Figura 23. El «experimento crudal» de Isaac Newton. Este dibujo, que procede
del manuscrito de las clases de óptica que Newton impartió como Profesor
pequeñas porciones esféricas de materia y considerando que las
Lucasiano de Matemáticas en Cambridge, representa una versión primitiva del
sensaciones de color están causadas por las diferentes velocidades experimento de los dos prismas. Fuente: Cambridge University Library, MSS
de rotación axial de las esferas. En el esquema de Descartes, la Add. 4002, fol. 128a.

refracción en un prisma modifica la rotación de la materia que cons-


tituye la luz blanca pura y el grado de modificación causa las distri-
bucione.s de colores que observamos. Así pues, aunque Descartes rayo que sufre una segund~. refracción debería permanecer invaria-
ofrecía una explicación mecánica de la luz y del color, conservaba un ble, y esto es lo que ocurrió cuando llevó a cabo el experimento.
supuesto tradicional, que tiene su origen en el sentido común, Newton concluyó que cada clase de rayo tiene una refrangibilidad
según el cual la luz es primitivamente «blanca»(esto es, la luz natu- específica Aunque los contemporáneos se enfrentaron con proble-
ral) y los colores -como los que produce la refracción en un pris- mas inmensos para esclarecer la naturaleza del experimento cru-
ma- se deben considerar como modificaciones de la «blancura». cial, las dificultades más sustanciales estaban relacionadas con las
El experimento crudal de Newton consiste en disponer dos afirmaciones de Newton acerca de lo que establece el experimen-
prismas de modo que sólo uno de los rayos coloreados que se han to, cómo establece una teoría de la luz y con qué certeza lo hace.
.:..producido en la primera refracción sea refractado por segunda vez A diferencia de los informes experimentales de Boyle, las comu-
..- (fig. 23). Si la teoría tradicional sobre la naturaleza primitiva de la luz nicaciones que Newton envió a la Royal Society, a comienzos de la
blanca fuera correcta, una segunda refracción debería causar un década de 1670, sobre su investigación con los prismas ofrecen
cambio de color. Sin embargo, si, como Newton sugería, la misma sólo explicaciones sumamente esquemáticas de las manipulaciones .
luz blanca es una mezcla de rayos de diferentes colores, el color del experimentales y de las circunstancias en que se llevaron a cabo.
Aunque presentó los experimentos como si fueran decisivos, la
información que proporcionó de ellos no es detallada en absoluto.
16. «Refracción' designa el cambio de dirección que experimenta un rayo de luz cuando
pasa de un medio transparente a otro, por ejemplo, de aire a agua «Refrangibilidad. desig- En realidad; Newton reconoce que su forma de describir los experi-
na la capacidad de las diferentes formas de luz para sufrir un cambio de dirección o las ca- .
pacidades diferentes de los medk>spara cambiar la dirección de la luz. mentos es relativamente estilizada y, para mitigarla, escribe que «la
i
1
f
14/,30Q
narración histórica de estos. experimentos constituiría un discurso Si se consideraba que Newton estaba afirmando que había
demasia90 tedioso y confuso y, por tanto, expondré primero la doc- establecido un enunciado físico causal con «certeza» y «sin nin-
trina y luego, para facilitar su examen, daré un ejemplo o dos de los guna sospecha de duda», ésta es exactamente la clase de afir-
experimentos como muestra de lo demás». Posteriormente, justifica mación que los experimentalistas de la Royal Society habían
el carácter sumario de la narrativa de sus experimentos introducien- aprendido a rechazar como muestra de dogmatismo. Robert
do un contraste implícito con la práctica boyleana: «No es el núme- Hooke, el asociado de Boyle, reprendió a Newton precisamente
ro de experimentos, sino su peso, lo que hay que considerar; y por esta razón.17 Concediendo la fiabilidad y la veracidad de las
donde uno basta, ¿para qué se necesitan más?». Es claro que la descripciones que Newton ofrece de sus experimentos, y conce-
experiencia históricamente particular no desempeña en la filosofía diendo que las hipótesis de Newton puedan explicar sus descu-
natural de Newton el mismo papel que en la de Boyle. brimientos, ¿en qué sentido se puede decir que las investigaciones
Además, en la primera comunicación de sus resultados que físicas prueban la verdad de una teoría que se propone explicar
envió a la Royal Society, en 1672, Newton afirmaba que había des- causal mente materias de hecho? Si, como sugería la metáfora
cubierto «la causa verdadera» de los fenómenos ópticos y que lo del reloj, construimos una inferencia que vaya de los hechos
había hecho con certeza: manifiestos a la estructura causal oculta, tenemos que aceptar
que varias teorías causa/es pueden explicar los mismos hechos.
Un naturalista difícilmente esperaría ver que la ciencia de [los En dichas inferencias no hay prueba, sino únicamente probabili-
colores] se tornase matemática y, con todo, me atrevo a afirmar dad. Hooke afirmSlba que tenía una teoría óptica alternativa que
que hay en ella tanta certeza como en cualquier otra parte de la podía explicar los mismos efectos «sin ningún tipo de dificultad o
óptica En efecto, lo que diré acerca de ellos no es una hipótesis, esfuerzo». Además, confiesa que la hipótesis de Newton es
sino la más rígida consecuencia, no conjeturada infiriendo mera- «ingeniosa», «pero no puedo pensar que sea la única hipótesis; ni
mente esto porque no pueda ser de otra manera, o porque satis- que sea tan cierta como las demostraciones matemáticas».
faga todos los fenómenos (...] sino evidenciada por mediación de Newton fue acusado de pecar contra la modestia y las buenas
experimentos que concluyen directamente y sin ninguna sospecha maneras propias de la filosofía natural qúe aceptaba el modelo
de duda' de Boyle.
Sin embargo, se podría decir que el pecado de Newton no
A este respecto, «la causa verdadera» de una imagen prismáti- estribaba tanto en haber violado las reglas de un juego, como en
_ca, a la que Newton se refiere, es la interpretación que considera su insistencia en la legitimidad de jugar con las reglas de otro.
que la luz está constituida por rayos que tienen diferente refrangi- Buscaba la certeza de la demostración matemática en la medida
,bilidad. Sin embargo, la causa está también asociada con una teo-
ría corpuscular de la naturaleza física de los rayos de luz, una teoría 17. ¿Pero estaba realmente Newton formulando un enunciado de ese tipo? Al verse apre-
miado por Hooke, Newton negó que lo hubiera hecho. Dijo que dejaba de lado las cuestio-
que Newton elaboró en la década de 1670 y que es consistente
nes relativas a los mecanismos causales subyacentes o que proponía este tipo de meca-
con su compromiso global con una metafísica mecanicista nismos sólo hipotéticamente, como en el caso, mencionado en el capítulo 1, de sus ideas
acerca de la gravitación. Afirmó que declinaba «mezclar conjeturas con certezas'. Sin em-
bargo, la suposición de Hooke no era infundada: los cuadernos de notas de Newton que
• Sir Isaac Newton, 6ptica o tratado de las reflexiones, re fracciones, inflexiones y colores datan del mismo período revelan que estaba profundamente comprometido con teorías
de la luz, introducción, traducción y notas de Carlos Solís, Madrid, Alfaguara, 1 977, pág. corpusculares de la naturaleza física de la luz, acerca de las cuales sus manifestaciones
XLVI. (N. del t) . públicas no son consistentes.
en que se pudiera conseguir legítimamente en la investigación físi- sometemos a la disciplina de describir y quizá generalizar acerca

ca. No se contentaba con la probabilidad y no aceptaba los límites de la conducta de los objetos macroscópicos que existen real-
que 80yle había impuesto a la certeza que se podía conseguir'en mente en el mundo?
la filosofía natural. Esperaba que "en lugar de las conjeturas y pro- Ambas concepciones de la ciencia persisten en estos últimos

babilidades de las que se blasona en todas partes, conseguiremos años del siglo xx, y las dos pueden retrotraer al siglo XVII elementos
finalmente una ciencia natural que esté respaldada por la máxima ¿Cómo se de su formación. No es necesario considerar que una es la versión
adquiría el
evidencia». Las expectativas que Newton tenía acerca de la certe- conocimiento? fallida de la otra, por mucho que los partidarios de una defiendan
za física surgían de los fundamentos de su práctica filosófica, que las virtudes de su práctica preferida y condenen los vicios de la otra.

eran más matemáticos que empíricos. Rechazaba las teorías físi- Son, por así decir, juegos diferentes que los filósofos naturales

cas a menos que se pudieran "deducir» del experimento, pero sos- podrían desear jugar. Decidir qué juego es mejor es una cuestión

tenía que de las teorías que cumplen este requisito se debe hablar diferente a la de decidir cuál es la acción adecuada en un juego

con confianza absoluta, no con la cautela propia del probabilista 18 dado: un buen pase del centrocampista al extremo en un partido de
El objetivo -en la medida en que fuera posible conseguirlo- era fútbol no es un mal tiro en suspensión en un partido de balonces-

sujetar el asentimiento con las cade':1asde hierro de la deducción to. En el siglo XVII, los filósofos naturales se enfrentaron con reper-

lógica y matemática para guiar la mente en el itinerario que con- torios diferentes de herramientas prácticas y conceptuales que se
duce de la verdad necesaria a la consecuencia necesaria. podían emplear para conseguir varios objetivos filosóficos y con

Se puede considerar que la confrontación que suscitó la obra decisiones acerca de qué fines se podrían esforzar por conseguir.
de Newton en óptica es un emblema de los fragmentarios lega- El objetivo era siempre llegar a una concepción del conocimiento
dos del siglo XVII en lo que respecta a la construcción del conoci- filosófico del mundo natu~~.1que fuera adecuada, aunque las des-

miento. Una concepción de la ciencia, cautelosa en el teorizar y cripciones de cómo debía ser ese conocimiento y de cómo se debía

basada en la experiencia, se yuxtapone aquí a otra que despliega conseguir eran muy variadas.

herramientas experimentales y matemáticas para reivindicar para


sí la certeza teórica. La timidez se opone a la ambición, el respe-
to por las particularidades concretas de la naturaleza a la bús-
.queda de idealizaciones universalmente aplicables, la modestia
del recopilador de hechos al orgullo del filósofo ensimismado.
. _ ¿Queremos captar la esencia de la naturaleza y exigir asentimien-
to a las representaciones de sus regularidades? ¿queremos

18. El término -deducción' es del propio Newton, pero la conveniencia de usarlo fue aca-
loradamente discutida por algunos contemporáneos. Se consideraba generalmente que la
deducción implica que no hay lugar para la negociación o el desacuerdo acerca de la infe-
rencia que parte del experimento, mientras que los críticos, que se estimaban suficiente-
mente racionales, veían razones adecuadas para disentir respecto de esa inferencia En
realidad, los experimentos que hizo Newton con sus prismas no eran en absoluto fáciles
de repetir. Algunos filósofos que lo intentaron infructuosamente consideraban la -cuesiión
de hecho. con escepticismo.

También podría gustarte