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Estado Skinner Pensar La Modernidad Política

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ALICIA SALMERON Y CECILIA NORIEGA EL{O editoras Pensar la modernidad politica Propuestas desde la nueva historia politica Antologia ‘yniversitarios INSTITUTO DE INVESTIGACIONES Dr. José Mar{A Luis MORA CONSEJO NACIONAL DE CIENCIA Y TECNOLOGIA Escaneado con CamScanner DEWEY Lo 320.01 Jo263 PEN! i desde la nueva historia politica. A, idad politica. Propuestas ; ; “Ata Fe ne nein Noriega Blo edtores~ Mein se og Aca 8 Mora, 2016. 476 paginas 528. — (Universitario) Primera edicién fiogrficas Tncluye referencias bibl ISBN: 978-607-9475-45-1 ca ~ Historia 2. Historia politica ~ Europa ~ Siglo XIX. 3 iglo XX. 4. Historia politica ~ Estados Unidos- Si Hispanoamérica ~ Siglo XIX. I. Salmerén, Alicia, Instituto de Investigaciones Dr. José Maria 1. Historia politi Historia politica ~ Europa - Si elo XIX. 5, Historia politica ~ editor. I]. Noriega, Cecilia, editor. IIT Luis Mora (Ciudad de México). FIO CRAGHO, Businessman in J portada: ilustracin con base en S = Imagen di ofa maze, niimero 156772589, licencia de reproduccion po the middle shutterstock.com Primera edicién, 2016 Primera reimpresin, 2017 D.R. © Instituto de Investigaciones Dr, Jos¢ Maria Luis Mora Calle Plaza Valentin Gémez Farias 12, San Juan Mixcoac, 03730, México, Ciudad de México. Conozea nuestro catdlogo en ISBN: 978-607-9475-45-1 Impreso en MéxicolPrinted in Mexico Escaneado con CamScanner {NDICE Introduccién, Alicia Salmerén y Cecilia Noriega PRIMERA PARTE. PARA UNA INTRODUCCION ALA NUEVA HISTORIA POLITICA L Una historia presente René Rémond 51 II. Por una historia conceptual de lo politico Pierre Rosanvallon 70 SEGUNDA PARTE. HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: ALGUNOS PROCESOS CLAVES DE LA HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORANEA IIL. Idcologia y nacionalismo en visperas de la revolucién americana. Revisiones que es necesario revisar “Timothy Hell Breen a7 IV. El lenguaje de la politica: el concepto de “revolucién” olucién francesa Keith Michael Baker uo enla Escaneado con CamScanner V. Las metamorfosis de la representacién en el siglo x1 Francois-Xavier Guerra 183 VI. La cultura de las elecciones en Inglaterra: de la Revoluci6n Gloriosa a la Ballot Act de 1872 Frank O’Gorman 217 VIL. Elites politicas, sistemas de poder y gobernabilidad en América Latina Marcello Carmagnani 236 VIII Sociedad burguesa: el modelo europeo y el caso aleman Fiirgen Kocka 248 IX. El fascismo: derecha revolucionaria Zeeu Sternhell 297 ‘TERCERA PARTE. HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: ALGUNOS CONCEPTOS X. Estado Quentin Skinner 339 XI. Partido Terence Ball 387 XIL Constitucién Francisco Tomas y Valiente 415 XIII. Sobre la ciudadania politica en América Latina en el siglo XIX Hilda Sabato 435 _ até Escaneado con CamScanner X. ESTADO® Quentin Skinner** En el prefacio a De cive, su primera obra publicada sobre el gobier- no, Hobbes describe su proyecto como “una investigacién cuidadosa acer- ca de los derechos de los estados y los deberes de los stibditos".' A partir de entonces, la idea de la confrontacién entre individuos y estados como tema central de la teorfa politica ha llegado a ser aceptada de manera casi universal. Esto hace facil pasar por alto el hecho de que, cuando Hobbes presentd su propuesta, establecia, de manera consciente, una nueva agenda para la disciplina que decia haber inventado: la disciplina de la ciencia poli- tica, Su sugerencia en el sentido de que las obligaciones de los sujetos se le deben al estado y no a Ja persona que gobierna era todavia relativamente nueva y muy polémica. También lo cra su presupuesto implicito de que el cumplimiento de esos deberes obligaba exclusivamente con el estado yn con una multiplicidad de autoridades jurisdiccionales, ya fueran local i nacionales, de cariicter eclesiistico 0 civil. De esta manera, y por encima de ‘odo, estuvo el uso que hizo Hobbes del término “estado” para referse ¢sta forma mas elevada de autoridad en asuntos del gobierno cl IL. Hanson 1989, pp. 20: y Russel nner, “The State’, ‘Tomado de ‘Terence Ball Sas Fa Be ital houssaion anal Canaptaal Change, Casnbrid, Universi Ruluccidn de Sandra Vélez. Revisisa de Alicia Salmer6n) | -ntro en: deka con John Dunn y Susan Janes P in er HHK2, en inglés 60 Ii gaduccion es atnbu es euestionado por Tusk, ayoria de otras citas ple ayuda en la revi i ine que “iors, 1983, p. 1. Ys Hcnos eno principal al propio Hobbes, si pP- de antes, 19RD, pp. 310-312, Téngase en cuca M8 "cmtes primarias, he modernizado la ortografia¥ IP De cv se pubes por i 18 come Esconende con CamScanner 340 SIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEPTOS Por lo tanto, la declaracién de Hobbes puede verse, a la vez, como el final de una fase de la historia de la tcorfa politica y como el inicio de owa que nos es mds familiar. Anuncia el fin de una era en la que el concepto del poder piblico habfa sido tratado en términos mucho mis personales y ca rismaticos. Apunta a una visién mas Hana y totalmente abstracta, la cual ha permanecido con nosotros desde entonces y que ha Hlegado a asimilarse por medio del uso de términos como état, stato, staat y estado. Mi objetivo en las siguientes paginas sera trazar las circunstancias historicas de las cuales surgicron estas transformaciones lingliisticas y conceptuales. IL ‘Tan temprano como el siglo X1v, es posible encontrar un uso generalizado del término latino status —junto con sus equivalentes vernaculos estat, slalo y estado- en varios contextos politicos. Durante este periodo formativo, estos términos parecen haber sido empleados fundamentalmente para referirse al estado 0a los propios gobernantes.’ Una fuente bre fue, sin duda, la nibrica De statu hominum de la introduccién del Digesto de Justiniano. Alli, la autoridad de Hermogeniano fue invocada en favor del alegato fundamental que sostenia que, “puesto que toda ley es instituida Para el bien de los seres humanos, antes que cualquier otra cosa debemos considerar el status de las personas”.' De esta manera, tras el renacimiento de los estudios de derecho romano en la Italia del siglo Xi, la palabra statu vino a designar la situacién juridica de todo tipo de hombres, cualquiera que fuera su condicién, con gobernantes que tenfan una caracteristica dis tintiva: su “estado real”, estat du roi o status regis Cuando surgia la cuestién del status de neral, con el fin de enfatizar que este debia ser visto como un estado de grandeza, un estado clevado, una condicién de majestuosidad. Dentro de las monarquias bien establecidas de Francia e Inglaterra, encontramos esta {6rmula en crénicas y documentos oficiales de toda la segunda mitad del importante de esta costum- un gobernante era, por lo ge- * Sobre “el estado como una entidad abstracts” y las tansformaciones polit gn el sungimieno del concepro, véanse Shennan, Origns, 1971, y Maravall “Origes test 1 Sobre “el primero de sus signifcados politicos mevievales”, vénse Henter hg, 1973, p. 155. ; Monsen, Digest, 1970, vot 5:2, p. 38: “Cum igi hominam cast one ne ee smo de personarun statu ac pus le ceteris... dicen ee or ejemplo, véase Post, Studies, 1964, icas que subyacen 367, y 268-414, Escaneado con CamScanner sto 341 siglo XIV. Froissart, por ejemplo, recuerda en el libro 1 de sus Crdnicas que, cuando el joven rey de Inglaterra era el centro de atencidn para entretener a los dignatarios visitantes en 1327, “la reina debia ser vista ahi en un estat de gran nobleza’.’ La misma costumbre se repite conmovedoramente en el ¢ curso de William Thirnyng a Ricardo II en 1399, en el que le recuerda a st aatiguo soberano “en qué presencia usted renuncié y ces6 su estado cle Rey y deseiiorio y de toda la dignidad y adoracién que le pertenecfa al mismo” ‘Miss alld de la figuracién de que a los reyes “pertenecia” una cuali- dad distintiva de majestuosidad, se imponia la creencia de que la soberania estaba intimamente conectada con el lucimiento, de que la presencia de la inajestad servia como una fuerza ordenadora en si misma. Esto probaria la mds perdurable de las muchas caracteristicas del liderazgo carismatico, eventualmente subvertido por la aparicién del concepto moderno de un estado impersonal.” Todavia a finales del siglo XVII es comtin encontrar escritores politicos que utilizan la palabra “estado” para apuntar a una co- nexién conceptual entre la majestuosidad de los gobernantes y la cfi de su gobierno. Como uno podria esperar, por derecho divino, tales términos: acia los exponentes de la monarquia como Bossuet, siguen hablando del état de majesté en ” Pero los mismos supuestos sobrevivieron incluso entre los enemigos de la monarquia. Cuando Milton, por ejemplo, describe en su Historia de Gran Bretaita la famosa escena donde Canuto ordena al océano “no llegues ms lejos en mi tierra”, sefiala que el rey procuré dar fuerza a st mandato extraordinario hablando “con todo el estado que la realeza podia poner en su semblante”.” A finales del siglo xiv, el término status habfa He; utilizado regul commemwealth, ado también a ser jarmente para referirse al estado © condicién de un reino o "Esta concepcibn del satus ripublicae fue, por supuesto, de ort, 1 Rtvisart, Chumigques, 1972, p. 1G : “La [ha sein) pet on weir de Feta grand noble” ‘Toparm, Blyke, Morant, Astle y Strachey, Roti, 1783, p. 121, col. L. “Para unc comparacién entre aquellos sistemas le poder estatal en: los cual fuerra para orden” y aquellos en los cules (coma en el Occidente nevloar Wax de manera deliberada, véase el libro de Geerts, euya for 1980, pp, 121-123, Mitiyue, 1967, pp. 69, 72 Milton, “History”, 1971, p. 365. Véase Eacole, Mita, 1926, pp. 6768, También Hexter se (ile “eaundo sentido politica durante las edades medias is dseutien de sex roo itor.) les se proclama "la este poder se osc. lacién hie adoptado, Geert » Negara, » sates aelquinids P. 115. Véase Rub W971, pp. AU4315, serve fa palabra en €1 otto parrafos utiliza ditectamente ki “Note cide como reptiblica, pero hemos e del autor, quie TEL tering wasumomralt ings p: uantenes late republic. N, de Las Escaneado con CamScanner 342. HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEP TOS gen clasico, y aparecia frecuentemente en las historias de Tito Livio y Salus- tio, asi como en los discursos y las obras politicas de Cicerén."" También se en la Compilacién, sobre todo bajo la ritbrica De iustitia et ire donde el anilisis se abre con la afirmacién de Ulpiano en el sentido de que Ia ley toca a dos dreas, a la puiblica y a la privada, y que “el derecho publica es el que se refiere all status rei Romanae™."” Gon el renacimiento del derecho romano, esta pieza adicional de la terminologia juridica también pasé al uso general. En el siglo XIV, en Fran cia ¢ Inglaterra se hizo comtin el discutir sobre “el estado del reino” o el es- Jal du raiime."* Hablando del aito 1389, por ejemplo, Froissart destaca que el rey decidié en ese punto “reformar al pais en bon éat para que todo el mun- do estuviera contento"" La idea de vincular el buen estado de un rey y su reino, promto se convirtié en algo comin, A mediados del siglo XV; por lo regular los peticionarios al parlamento inglés terminaban sus stiplicas con Ja promesa al rey de que iban a “rogar sensiblemente a Dios por el buen es- tado y la prosperidad de su persona, la més noble de este, su noble reino”.” Si giramos la vista del norte de Europa hacia las ciudades-estado italia- nas, encontramos la misma cerminologia, utilizada incluso en tiempos més antiguos. Los primeros libros de consejos conocidos dirigidos al podestdé y a otros magistrados de la ciudad ~en los primeros afios del siglo XIII- sefiala- ban ya como su primera preocupacién ¢l status civitalum, el estado 0 condi cién de las ciudades como entidades politicas independientes.” Elanénimo, Oculus pastoralis -tal vez escrito en tiempos tan remotos como la década de 1220- emplea repetidamente la locucién,” como hace Giovanni da Viter bo en su tratado De regimine civitatung" concluido alrededor del aiio 1250. ‘A principios del siglo XIV encontramos cl mismo concepto, extensamente usado en la lengua ‘vernacula en escritores de Dicamina tales como Filippo puede enconti p-78; Sallust, Bellas ivy, Uihe, 1962, 30.2.8, p. 372; Ure, 1966, “ Véase por ejemplo L Tia y Ge 1.3, p. 170. 1921, 40.2, p. 68, y Cicero, Offic, 1913, 1 Mommsen, Digesta, 1970, vol. 1 Ereale hace hineapié TH Pst, Studies, 1964, pp. 310322. 16 Froissart, Clronigtes, 1824-1826, p93 eri fl refrme ef tbo ca ta ge dt sin conenterent.” ™ Peticidn de la ab © Para un estudio Shuadwelh, Enatnents, 1912, vol pp. 64, 66, 82 pas ac ey evauara eave Heater Lelie 1910, aa 1a a ca eta iri, rope oii POF ‘Nuratori Soxbeli se inlia ands por una fecha en la década de 121 Sone, “Teor 19 ance, hs, 190, in 2 Sobre ole ena an fecade esta ob, véase Sonbell, “Teor 1944, a de Syon en Escaneado con CamScanner ESTADO 343 effi, quien proporciona una amplia instruccién a los magistrados -en for- ma de discursos modelo- sobre cémo mantener el stato de la ciudad a su cargo.” Cuando se discute el estado 0 la posicién de tales comunidades, el punto que, en general, estos escritores desean destacar es el deber que tie- nen los principales magistrados de mantener sus ciudades en un buen es- tado, feliz o préspero.”* Este ideal de querer conservar el Lonus, o incluso el optimus status reipublicae, era también de origen romano, y habja sido to- mado por los autores de libros de consejos del siglo xt de Cicerén y de Séneca principalmente.”' El autor de la Oculus pastoralis habla a menudo de Ja necesidad de respetar el status feliz, ventajoso, honorable y préspero de la cvitas propia.’ Giovanni da Viterbo también insiste en la conveniencia de mantener el bonus status de la comunidad propia,” mientras que Filippo Ceffi escribe con igual confianza en lenguaje verndculo sobre la obligacién de preservar una ciudad “en un buen y pacifico stata’, “en un buen stato y en completa paz”. Estos autores proporcionan también la primera confirmacién com- pleta de la visidn cldsica de lo que significa para una civifas 0 respublica el al- canzar su mejor estado.”* Todos ellos estén de acuerdo en que para lograr esto, nuestros magistrados deben seguir los dictados de justicia en todos sus actos publicos, como resultado de lo cual se promovera el bien comtin, se defenderd la causa de la paz y se asegurard la felicidad general del pueblo. Esta linea de razonamiento fue tomada mds adelante por Santo Tomas de Aquino y sus numerosos discipulos italianos a finales del siglo xm. El pro- pio Santo Tomas presenta cl argumento en varios puntos de su Summa, asi pardi, “Dicerie”, 1942, pp. 27,47, 48 ef passim. ; a eeaea ete ites, 193%. pp. 6708, y discusiones similares en Rost, Stuis, 1964, pp, £24, 210,32, y 377981; Rubinstein, "Notes", 1971, pp. 314316, y Mansfield, “Impersonal 1983, pp. 851-852 hacen Cicero ii “Hay referencias al optimus slatus reipublicate en Cicero, “mnt 1, p.402;C lan, 1927, 2.11.27. p Vii ey al optines vitals status en Seneca, Benfic, 19, 2.20.2, p. 92. Setar} eomondum ac felcem statu cvitats” y “ad honorailem et pras- inceschi, Oculus, 1966, pp. 26 y 28 Giovanni da Viterbo, Liler, 1901, p. 914, SAL, p.402; Cicero, Tse * Sobre la necesidad Perum stature huis comunttats 1! * Sobre ef “bonus status totus communis huius avitalis”, véase udi, “Dicerie”, 1942, p. 28. Stese que ellos empiczan a discutir este nistas como Gi a ni Vil ade las ids antiguas fi é ‘ole, Mblitica, 1926, pp. 6708; Hexter, Vision, 19) 314-316. Para Villani sobre el “huono ef pacifico stato véase Villa Yvol1V, p. 3 ef pasim. siglo antes de que lo hicieran cro: fe citada en este contexto. Rubinstein, "Notes", 1971, pp frie, 1802-1803, vol. it, p. 159, Escaneado con CamScanner add HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEPTOS como en su comentario sobre la Politica de Aristételes. Un juez 0 magistra- do, declara Santo ‘Tomids, “tiene a su cargo el bien comin, que es la justicia” ¥: por lo tanto, debe actuar de cierta manera “para exhibir un buen aspecto desde el punto de vista del status de la comunidad en su conjunto”.”’ Pero la misma linea de razonamiemto se puede encontrar ya en una gencracién an. terior en los libros de consejos para los magistrados de la ciudad. Giovanni da Viterbo, por ejemplo, desarrolla precisamente la misma teorfa del optimus status en su watado De regimine civitatum, mientras que Brunetto Latini reitera ¥ amplia los argumentos de Giovanni en su capitulo “Dou gouvernement des al final de sus enciclopédicos Libros del tesoro de 1266.” Mis tarde, esta vision de la optimus status republiae results central para los escritos de los humanistas del quattrocento sobre la vida politica bien or- denada. Cuando Giovanni Campano (1427-1477) analiza los peligros de la faccidn en su tratado De regendo magistratu, declara que “no hay nada que pueda encontrar mas desfarovable que esto para el status y la seguridad de una respublica” Si se desea preservar el buen estado de una comunidad, continua diciendo, toda ventaja individual 0 de faccién debe estar subor- dinada a la busqueda de la justicia y “el bien comtin de la ciudad en su conjunto™.” Filippo Beroaldo (1453-1505) suscribe las mismas conclusiones en un tratado al que de hecho titulé De optimo statu. El mejor estado, argu- menta, sdlo puede alcanzarse si nuestro gobernante 0 principal magistrado “Se mantiene ajeno a su propio bien y asegura actuar en todo le que haga de modo tal de promover el beneficio publico”* Por tiltimo, en los primeros ajios del siglo Xv1, los humanistas erasmis- tas importaron, de hecho, los mismos valores y vocabulario hacia el norte de Europa. El propio Erasmo compara el optinus con el pessinus reipublicae status en su obra Institucin del principe cristiano de 151 menta que “cl status mis feliz se aleanza cuando hay 3 en esta obra argu: un principe a quien jp hunto “Toms de Aquino, Stanma, 1963, 111.19.10, p. 104: “Naam index habe cara bo co ro ded esis, et ieo vt ocsionem lations, quae het ration bon’ secundum relations cf ea * Respecto a los atributos y polticas exigibles a un redor electo.véase Grove ts Vato, Liber, 1901, pp, 220-222; para la pardfrasis que hace Latini «le éase Latini, Livres, 1948, pp. 402-405. | * Notese que, para citar fechas respecto a los humanistas menos conocids, he tom formacién de Consent, Bivraphical, 1962, vol. v. . ¢ Campano, “Regendo', 1502, fol. SXXXVI “ni evistinem sate salud epublica, P Mhid, fol. XXXVI * Berouldo, “Libellus quid agit debed refern a “lnstinutio®, 1974, p. 1 do mii in: 1508, fol. xv. “obits earn jis commana a een publican gui Escaneado con CamScanner ESTADO 345 todos obedecen, cuando el principe obedece las leyes y responden a nuestros ideales de honestidad y equilad see ee neo mis joven, Thomas Starkey ~en su Didlag, da una connor similar de aquello que constituye “el estado més prospero ¢ pate puede ser establecido y definido, por politica y sabiduria, on eelnan ciudad pueblo".” ¥ en la Utopia de Tomas Moro, la figura de Hythlede el viajero a “la nueva isla de Utopia”, también insiste en que, en vista tea los utopistas viven en una sociedad donde las leyes encarnan los principios de justicia, que buscan realmente el bien comtin y que permiten, en conse. cuencia, que los ciudadanos vivan “tan felices como es posible’ se justifica que digamos que los utopistas han alcanzado, de hecho, el optimus status rei- Jublicae, que es, por supuesto, el titulo del famoso libro de Tomds Moro."* ley Ill Paso ahora a considerar el proceso mediante el cual los usos citados -todos ellos comunes en la Europa del medioevo tardio-, dieron lugar, en algin mo- mento, a discusiones reconociblemente modernas del concepto de estado. Sostengo que, si queremos rastrear tanto la adopcién de este concepto como su expresién en términos como status, slalo 0 estado, no debemos centrar nuestra atencion principal -tal como lo han hecho comtinmente los historia- dores medievales- en la evolucién de las teorfas juridicas acerca del status de los reyes en los siglos xIV y XV.” Era poco comin, incluso entre abogados civiles de aquel periodo, el uso sin reservas de la palabra latina satus” y el empleo de tal barbarismo se encontraba practicamente ausente entre: Jos es- critores politicos. Incluso cuando encontramos el uso de la palabra séafus en > i, p94: “felicsimas esas, cr prin partar ab omnis aque princeps pore legis, leges ‘autem ad archetypun acgui el honest respoment”, _ ” Starkey, Dialugue, 1918, p. 63; también pp. 65 67. ™ Moro, “Utopia”, 1965, p. 244. \ own > vee a ml Kine’, 1952, pp. 207 168-272; Post, Studies, 1964, pp. 24725 3 9 9 5759), y Wahl, “Baldus’, 1977, p. 80, En contraste, sobre el ana: Ser, a7 gan aa gen cone tado, véase Ullmann, “Juristic”, 1968-1969, pp. 43-4. suk © Nétese la forma tan altiva en la que Hot ant habla de tales usos en su Fiuncng tan tardias como Ja década de 1570. Al tocar el tema del Consejo Piblico, este autor observa que sus facultades se exticnden “a todas las cut ‘ions que la gente comin y en Lenguaje vulgar Hamaria hoy en dia Aeuntos de Estado” (“de ts ¢rbus omarbus, quae vulgs etiam nunc Negotia Statuurn poprulari verbs Ppellat”), Homan, Frawogallia, 1972, p- 332 ullia, en fechas Escaneado con CamScanner 346 HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEPTOS: tales contextos, casi siempre es evidente que lo que esta en cuestion es simple- mente el estado 0 condicién del rey 0 de su reino y no, ni en lo mas minimo, la idea moderna del estado como un aparato separado de gobierno. Sugiero en cambio que, con la finalidad de investigar ¢l proceso me- diante cl cual el término satus y sus equivalentes verndculos adquiricron su rango de referencia moderna por primera vez, dirijamos nuestra atencién principal a las primeras historias y libros de consejos para magistrados que he referido, asi como a la literatura posterior de “espejo de principes”, a la que dichos libros dieron higar."' Sostendré que estos términos de satus y slato se utilizaron, por primera vez, de manera consistente, en un sentido nuevo y significativamente extendido, en el marco de estas tradiciones de razona- miento politico prictico. Estos géneros de Ia literatura politica eran a su vez un producto de las formas nuevas y distintivas de organizacién politica que surgieron en la Ita- lia de finales de la edad media. A partir de los primeros afios del siglo x11, un numero creciente de ciudades en todo el Regnum Malicum lograron adqui- ir para si mismas el estatus de reptiblicas auténomas y autogobernadas.” Es cierto que, mas tarde, estas comunidades resultaron inestables y que, en el curso del siguiente siglo, fueron ampliamente reorganizadas bajo los regi- menes més fuertes y centralizados de principes herederos.** Pero incluso en este tiltimo periodo, las grandes ciudades-reptiblicas de Florencia y Venecia lograron preservar su hostilidad wadicional a la idea de la monarquia here- ditaria y portaron asf los ideales de gobierno republicano participativo hacia la era del Alto Renacimiento.”” El desarrollo de estas nuevas formaciones politicas planted una nueva serie de preguntas acerca del concepto de la autoridad politica, Una de las mids apremiantes se referia al tipo de régimen més adecuado para asegurar que una divilas 9 respublica independiente fuera capaz de permanecer en su optinus status 0 mejor estado. éEs mas sabio optar por el gobierno de un sig- “Espejo de pr media y el renacis Nota de las editoras.] # Sobre la tesis de acuerdo con la cual “stato, entendida como J de lo stato del principe, en el sentido de status 0 estado de un t I Bow i, fons 1923,» 102, Véase también Skinner, Fn 4 Sobre este tema véase Waley, Malian, 1978. Wid., pp. 128140. & Sobre este “momento” véase Pocock, Machiavellian, 1975. Véase tam 1978, vol. }, pp. 139-189. cipes” (mirtur for prime tteratura) era un género litera nto que expresaba ideas politicas a la man o popular en a eda nt de consejos para el yobernante. tado, proviene en lo principal n pe efectivamente soberano", Foaulations, 1978, vol. , pp. 352-358. ner, Foundations, Escaneado con CamScanner 0 ESTADO 317 ror hereditario, o debe uno conservar un sistema electivo de gobierno ba: cado en un podestd o en cualquier otro magistrado . Aunque este asunto se mantuvo en discusién a lo largo de | dela Italia renacentista, es posible distinguir dos fases principales del deba- te. Los primeros tratados destinados a los magistrados de la ciudad, ase nian invariablemente de acuerdo con sus autoridades romanas~ que el mejor estado de una divitas sdlo se podia alcanzar con una forma clectiva de gobierno republicano. Sin embargo, después del desplazamiento extendido de estos regimenes por el ascenso de los signori hereditarios en el siglo Xtv, este compromiso dio paso, de manera creciente, a la afirmacidn de que el mejor medio para garantizar la buena reputacién de cualquier comunidad politica debia ser la instauracién del gobierno de un principe sabio, un paler ‘fatriae, cuyas acciones se rigicran por el deseo de promover el bien comin y: por ende, la felicidad general de todos sus stibditos."” Basdndose en este supuesto, los autores de tratados de “espejo de principes” del Renacimiento se dedicaron, en general, a la consideracién de dos temas relacionados. Su objetivo mas clevado era explicar c6mo un buen gobernante podia esperar alcanzar las metas caracteristicamente prin- cipescas de honor y gloria para si y, al mismo tiempo, conseguir la pro- mocién de la felicidad de sus stibditos.”” Sin embargo, su principal preo- cupacién radicaba en un aspecto mucho mas biisico y urgente del arte de gobernar: cémo aconsejar a los nuevos signori de Italia, con frecuencia en circunstancias muy inestables, sobre la manera de aferrarse ausu status prin- Apis 0 stato del principe, su estado politico © reputacién, como gobernantes clectivos de sus propios territorios. . Como resultado, el uso del término sfa/o para denotar la posicién po: lkca de los gobernantes, junto con la discusién acerca de como tales gober- hamtes deberfan comportarse si querfan manfeneré fo stat, COMBI & tener £0 en las crénicas y la literatura politica dela Italia del siglo XIV. Seen. Plo, cuando Giovanni Villani habla, en su Historia de Rrenct de a disen Ciones civicas que marcaron la ciudad durante la década de 1200, observa que estas estabian dirigidas sobre todo contra il papolo it sua stato ¢ signer a historia "1508, fols. IVE y Vy y us ay “Barth obre el er patria vase, dlomeus, 1940, pp, 256-258 y 2 Petrarca cnuncia ya estos dos ideales. Petra ustales durante el quattroento,inchis0 Fe Yell Drinaye, 1960, p. 102. 4, Opera, 1554, pp. 420-421, y 428. Estos se vol- Ie ie ee ipomie de Maguliavelo, Machia Vier Escaneado con CamScanner EVA HISTORIA POLITICA: CON EPTOS 348 HAGIA UNA NU contra el pueblo en su posicién de poder politico."* Cuando Ranieri Sardo, en su Créniea de Pisa, describe el artivo de Gherardo d’Appiano como lider de la ciudad en 1399, sefiala que el nuevo capitano continud disfrutando del mismo sfafo ¢ governo -la misma posicién politica y autoridad gubernamen- tal- que aquel del que habia disfrutado su padre antes que él."” Para cuando Hegamos a estas tiltimas contribuciones a la literatura “espejo de principes”, como EI prinipe de Maquiavelo de 1513, el asunto de lo que un gobernan, te debe hacer si quiere mantener su posicién politica se habia convertido en cl principal tema a debate. El consejo de Maquiavelo esta dirigido, casi por completo, a nuevos principes que desean fenere 0 mantenere lo stato, que desean mantener sus posiciones como gobernantes sobre cualesquiera terr- torios que hubieran podido heredar 0 adquirir."" Si un tal gobernante desea evitar que el estado en el que se encuen- ta sea alterado en desventaja suya, esta claro que debe ser capaz de cum- plir con una serie de condiciones previas de un gobierno efectivo, Si ahora consideramos las formas en que estas condiciones previas fueron formula- das y discutidas en las tradiciones de pensamiento que estoy considerando, encontraremos los términos stalus y stalo empleados, de manera cada vez mis extendida, para referirse a estos diversos aspectos del poder politico.” Como resultado de este proceso, al final encontraremos que estos escritores despliegan, al menos, algunos elementos de una concepcién moderna reco- nocible del estado. Una condicién previa para mantener la posicién propia de un gober- nante es, obviamente, que este sea capaz de preservar el cardcter de su pro- pio régimen vigente. Asi, descubrimos que los términos status y stato se usan desde un periodo temprano para referirse no sdlo al estado o condicién del principe, sino también a la presencia de regimenes particulares 0 sistemas de gobierno. : A su vez, este uso parece haber surgido de la costumbre de emplear ¢ término status para clasificar las cistintas formas de gobierno descrtas por Aristételes. En algunas ocasiones, la popularizacién de este uso le a sido adjudicada a Santo ‘Toms de Aquino, en razén de que existen version’ de su Exposicion de La Politica de Aristételes en las que se describen I Villani, tori, 1802-1803, vol. 1¥, pp. 24, y 190-194. © Sardo, “Cronaca, 1815, pp. 240-241. og. a ct pain © Para estas frases, vase Machiavel, nape, 1960, pp 16, 19, 22, 2528, 35 tn * Rubinstein también analiza algunos de estos usos extendids. Rubinstein, “Notes plicar sus ejemplos, pero estoy en deuda con su contribucién. |. He Escaneado con CamScanner me 349 ganquias como status paucorun micntras que el gobierno del pueblo ¢s iden- tifcado con el status foputaris.® Estos usos se extendieron mas tarde al pen- samiento politico humanista. Filippo Beroaldo inicia su De optimo statu con una tipologfa de los regimenes legitimos, y habla del status popularis, del status peeucortm €, incluso, del status unius cuando hace referencia a la monarquia.” Francesco Patrizi (1412-1494) abre su De regno con una tipologia similar, en donde monarquia, aristocracia y democracia estan caracterizadas como ti- pos de clu satus 0 estadlos de la sociedad civil. En el mismo pericdo, alescribir en lengua verndcula, también Vespasiano da Bisticci (1421-1498) pone frente a frente el gobierno de los signori y el slato populare, mientras Guicciardini invoca después la misma distincidn en su Didlogo y discurso sobre dl gobierno de Florencia.® Por titimo, Maquiavelo utiliza el término stato, pre- cisamente de esta manera, en varias partes de El principe,™ sobre todo en la frase inicial de la obra completa, en la que nos dice que “todos los stati, to- dos los dominios que han tenido o tienen ahora el poder sobre los hombres han sido o son reptiblicas o principados”.” En esta etapa, el término stato se usaba también como una manera de referirse simplemente a los regimenes existentes. Cuando Giovanni Vi- llani, por ejemplo, sefiala que en 1308 “eran los miembros de la parle Nera los que tenfan el control” en Florencia, habla del gobierno que establecic~ ron como lo stato de'Neri®* Cuando Ranieri Sardo escribe sobre la caida del Nove en Siena en 1355, describe el cambio de régimen como la pérdida de 4 stato de‘Nove.® Cuando Vespasiano da Bisticci cuenta cémo los enemigos de Cosme de Medici lograron la creacién de un nuevo gobierno en 1434, lo expresa diciendo que “ellos fueron capaces de cambiar fo stato”. Para el momento en el que tenemos a un tedrico como Vettori Francesco, el amigo de Maquiavelo, quien escribié a principios del siglo XVI, estos dos usos del 40, 310-311, 319-321, y 328+ bn de estos usos. Rubinstein, Ia revisidn humanist de su texto “Ympersonality”, 1983, p- pve Samo Toms de Aquino, Oro, 1966, pp: 196-197 1 Rubinstein atibuye a Sano ‘Tomis de Aquino ka popula Phas: p. 332. Pero estos fueron sin duda el producto de PC? £8 1192, Para una explicacién completa véanse Mansfeld, Py Publishing’, 1978, pp. 10 pail “Lie 18, fly § sagittis Regu, 1594, pp. 16-17, 19 y 2 , Bsc, Var 1970-1996, vo. p- 106; Guiecirdini, Dials 1902p 27 oo Wel see ave acipe, 1960, 28-29, "a el ak sc, por eel, Mac on i wins eso "thheg ica 1i sat, tute mini che hana azo ef hanno inp 334 “Nor 5. y vol. VIL, p. 186. 0 i, ne, 1802 1803, vol. 1V, p. 190-1, vol. 1V, P-2 tn Sando, “Cromaca”, 1845, p. 128. Escaneado con CamScanner HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CON| término stato estaban firmemente cstablecidos. Vettori emplea el término no s6lo para referirse a diferentes formas de gobicrno, sino también para describir el régimen imperante en Florencia que él deseaba ver defendido,"" Una segunda condicién previa para mantener el estado existente de un gobernante es, obviamente, que dicho gobernante no sufta pérdida 0 alteracién del orden en los territorios a su cargo. Gomo resultado de esta preocupacién adicional, encontramos que el empleo de los términos status y slato es forzado para referirse al rea general sobre la cual un gobernante © magistrado en jefe necesita ejercer control. Por ejemplo, cuando ¢l autor de la Oculus pastoralis desea describir el deber de los magistrados principales para cuidar sus ciudades y localidades, habla ya de ello como el deber de promover sos status. Cuando los autores de la Gratulatio, enviada al pueblo de Padua en 1310, desean expresar la esperanza de que la provincia entera pudiera ser capaz de vivir en paz, dicen desear cl tranguillitas vestri status.” Del mismo modo, cuando Ambrogio Lorenzetti nos dice, en los versiculos que acompafian a sus frescos célebres de 1337-9 sobre el tema del buen go- bierno, que un siguore debe cultivar las virtudes si quiere tener éxito en la recaudacién de impucstos de las areas bajo su mando, expresa su opinién en el sentido de que es as{ como debe actuar per gobernare lo stato. Estos usos tempranos y aislados primero comenzaron a proliferar en las erénicas y tratados politicos del Alto Renacimiento. Por ejemplo, cuan- do Sardo quiere describir como los pisanos lograron la paz en todo su te- rritorio en 1290, lo que dice es que la tregua se extendié por stato suo!” Cuando Guicciardini declara, en Recuerdos politicos y civiles, que los franceses revolucionaron Ja manera de hacer la guerra en Italia después de 1494, y que provocaron una situacién de acuerdo con la cual la pérdida de una sola campaiia waia consigo la confiscacién de todas las tierras, describe esas de- rrotas como las responsables de la pérdida de fo stato.” Lo mismo ocurre con Maquiavelo, que utiliza frecucntemente el término stato en El principe para indicar las tierras o territorios de un principe. Es evidente que tiene este uso en mente cuando, en el capitulo tres, habla ampliamente de los me- quiere adquirir nuevos stati, des- dios que debe adopatr un principe sabio Vettori, “Government”, 1812, pp. 432 y 436, Rubinstein sefiaka que estos usos ya eran lo co tntin en Hlorencia finales dl quattorento, Rubinstein, “Notes, 1971, p. 318. Franceschi, Oru, 1966, p. 24 ™ Muratori, Los versos se reproducen en Rowley, smbrogis, 1958, vol. tp. 1845, p. 91. ° iardini, Sert, 1933, p, 298, Escaneado con CamScanner ESTADO ast de nego también lo tiene presente cuando, en el capitulo 24, pregunta por qué muchos de los principes de Italia perdieron su stati durante en vida.” Por tiltimo, en gran medida debido a estas influencias italianas, en los primeros afios del siglo XV1 puede encontrarse el mismo uso en el norte de Europa. Guillaume Budé, por ejemplo, en su La instiuciin del principe de 1519, equipara el rango de les pays al mando de César tras su victoria sobre Marco Antonio con la extensién de son estat®* Del mismo modo, cuando Thomas Starkey argumenta en su Diilogo de principios de la década de 1530 que todos los que viven en Inglaterra deben estar representados por un Consejo, sefiala que tal cuerpo “debe representar a todo el estado". Y cuando Lawrence Humphrey advierte, en su breve tratado Las nobles de parte de un gobernamte puede dar, con largo y ancho de toda una comunidad, n gobernante pueden 1563, que la mala conducta por gran facilidad, un mal ejemplo a lo expresa su punto de vista al afirmar que los vicios de ur ficlmente “propagarse lo mismo en todo el estado” Sin embarzo, como los escritores de libros de conscjos destacaron siempre, 1a condicién previa, de lejos la ms importante, para die NY Prin cipe pueda conservar su propio estado, debe ser Ia de mannene’ ssi sobre la estructura de poder vigente y sobre las nstituciones de go le $4 propio regu 0 civifas, Esto dio lugar, « su 7% i nova nite @ més importante, la cual puede ser rastreada hasta las at ia yer politicos de la Italia renacentista. Esta innovacie tobe forma de ie tensin del término slo para referise no sélo te iden de Laie ante, sino también y mas especificamentes # Is instcones oet medios de control coerctivo que sirven para organlaal YP dentro de las comunidades polticas. es, Vespasiatl autorid a, por cemp! 1 obra Fides, habla ad politica solamente, Ea st wo fo, describe como Alejandro ju vida de Cosine cle Mecict ati’, y clogia a Cosme por en uno stale cuando ro da Bisticci, ¢” $4 En varias ocasior de bo stato como un aparato de Sobre la vida de Alejandro Sloret, pe! ct He lo stale de poder 1! 10s de per et € Se comportd “en su gobierno ¢ habla de “los que ocupan pue Feconocer las dificultades de ye 2d 9 pe La itl 519, Vease Deh se romp le Ba foe publica le, Gualaune, UNM, p. 201, Machiaveli, Principe, 1960, PP Ut: "Bude, puttin, 1906, p10, AUD de cpio tas aa | 547, ya se encontrabia te ict Starkey, Diakgue, IAB PIOT Harpies, be, 1 Ng "Wistice, Vite, 1970-1976, LN Escaneado con CamScanner ‘A HISTORIA POLITICA: CONCEPTOS enfrenta la oposicién de ciudadanos influyentes.” Guicciardini, en Rewer. dos politica y civiles, se pregunta igualmente por qué los Medici “perdieron el control de /o stato en 1527”; luego sefiala que les result mucho mas dificil que a Cosme “mantener su dominio sobre /o stato di Firenze”, las institucio- nes del gobierno florentino.” Por tiltimo, Castiglione en El cortesano también deja en claro su idea de Jo stato como una estructura de poder distinta, una estructura que un principe necesita para poder controlar y dominar. Co- mienza por sefialar que los italianos “han contribuido grandemente a las discusiones sobre el gobierno de los stati” y luego recomienda a los cortesa- nos que, “cuando se trata de asuntos sobre los stati, es necesario ser pruden- te y sabio”, a fin de dar la pauta acerca de la mejor forma de comportarse.”! Ahora bien, Maquiavelo, en El principe, es quien, de entre todos los es- ctitores de libros de consejos, muestra la disposicién més consistente para distinguir las instituciones de /o stato de aquellos a cuyo cargo s¢ encuentran. El piensa en los stati con cimientos propios, y en cada stato en particular con sus propias leyes, costumbres y ordenanzas especificas.”* Asi, Maquiavelo esta dispuesto a hablar de /o stafo como un agente, y lo considera como ca- paz, entre otras cosas, de elegir caminos de accién particulares y, en tiem- pos de crisis, de apelar a la lealtad de sus ciudadanos.”* Esto significa, como Maquiavelo lo deja claro en varios momentos, que lo que discute en El prin- dpe va més alld del cémo debe comportarse el principe; él considera estar escribiendo de manera mas abstracta acerca del arte de gobernar (dello stato) y sobre cose di stato 0 asuntos de estado.” IV Se ha argumentado con frecuencia que, para el tiempo en que alcanzamos los usos que acabo de examinar, tratamos ya con una concepcién recono- ciblemente moderna del estado como un aparato de poder cuya existencia ® Ibid. vol. 1, pp. 177192. Para el ikimo pasaje, véase también Rubinstein, “Notes”, 1971, p. a ” Guicciardini, Sait, 1933, pp. 287 y 293. Nétese que Guicciardini -que no Maquiavelo- también habla explicitamente del rugioe di stato. Véase Mate, “Problema”, 1964, pp. 712-720. Para la historia pos terior de este concepto en el dingueento de Talia, véase Meinecke, Machiaellim, 1957 pp. 65145. * Castiglione, “Libro”, 1960, pp. 10, y 117-118. Para otros usos durante el dnguerento véa Chabod, Alea, 1962, pp, 153-173. ® Machiavelli, Principe, 1960, pp. 53, 76 y 84. ™ Dbid., pp. 48 y 92. ” Did, pp. 21 y 25. Escaneado con CamScanner psTADO 353, permanece independiente de aquellos ran tener control de él. Gaines Post, e incluso otros, concepto esta presente ya en una serie de alusiones al slalus re aw.” Una propuesta similar ha sido avanzada, de manera mis decidides dluso, con respecto al empleo del término slato por Maquiavelo y aka sus contemporaineos. Como dice Chiappelli, por ejemplo, “la p significado de ‘estado’ en su plena m en donde Maquiavelo la utiliza.” ue. 2e cualigs cue, €n cualquier momento, puctic han sugerido que este gion cl siglo nos de la palabra tiene adurez” en la mayoria de los lugares Estas afirmaciones, sin embargo, me parecen muy exageradas. En ge- neral es claro -excepto en el pequefio numero de casos profundamente ambiguos que he citado-, que aun cuando los términos status y stato son empleados por los escritores para designar un aparato de gobierno, la ¢s- sucuura de poder en cuestién no se considera de hecho como indepen- diente de las personas que estan a cargo de la misma. Como el mismo Post reconoce, el objetivo habitual en las primeras discusiones legales del status regui era insistir en una visién mucho mis personal del poder politico."! una vision que mas adelante seria revivida por los defensores de la monarquia absoluta en el siglo xvi.” De acuerdo con este argumento, el gobernante odd primer magistrado, lejos de distinguirse de las instituciones del estado, se dice que posee ¢ incluso encarna dichas instituciones. Lo mismo puede Para esta supuesta “antieipacién” del pensamiento de Maquiavelo véase Post, Studies, 1964, 253, 269, 302-309, 333 y 494-198. Sobre “la centralidad politica de la majestad” véase Kantorowier, Kmg's, 1957, pp. 207232 Chiappelli, Studi, 1952, p. 68. Véase también Ci 1962, pp. 146-155, y Passerin, Notion, 1967, pp. 30-32. Sin embargo, es importante subrayar que en los casos citados en las notas ims, 73 al 7: ai esl que en el de Maquiavelo, podria argumentarse que seri alo insistir en que todos $1,208 us0s tradicionales. Si se toma distancia del tipo de exageracic idas en la nota ntim. Aut ssunte correria el peligro de perderse. Hester, en particula 1 una serie de ambigti Maa ue deberian ser admitidas. Hexter, Vision, 1973, pp. 161-16 (véase la correccién en Gilbert, ileal, 1965, pp. 329-330). Igualmente, Mansfield eo que no en todos los escritos de Sdwiavelo encontramos “una instancia del estado modern suis tisos de sao” mpersonality”, 1983, p. B53. Si con esto se q Mea, aa wer que no puede dec oe Maquiavelo exprese el concepto sin ambigtiedades, esto es cierto, sin duda, Mi tinica objecién Colt hay varios pasajes aabiguos: la historia de ka adquisicion del concepto no se puede dividit en herméticos. a destacar que el rey “e svitorial que él gobe sélo el gobemante indispens Post, Statics, L961, p. IRL 5, Post afirmia que las tien: . Studie, L964, pp. 269 y Francia (si es que alguna este punto, jo del estado”, € pronuneiada et el siglo NVI € ay tal debe de haber sido la Escaneado con CamScanner HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEFTOs afirmarse en la mayor parte de los casos en que Maquiavelo invoca lo stato en EI principe. Cuando wiliza el término para referirse a un aparato de go- bierno, por lo general se ve en aprictos para subrayar que debe permanecer en manos del principe: que /o stato, como a menudo lo dice, sigue siendo equivalente a il suo stato, el estado del principe o condicién de poder. Incluso después de la recepcién de las ideas humanistas sobre /o stato en el norte de Europa, resultaba dificil de climinar la creencia de que los pode- res del gobierno deberian tratarse como de cardcter esencialmente personal. Claramente tal cs la suposicién que subyace, por ejemplo, en muchas de las disputas entre reyes y parlamentos sobre el tema de los impuestos a lo largo del siglo x1. La base de la postura del parlamento era, en general, una afir macién de la forma en que, salvo en momentos de extrema necesidad, los reyes debfan ser capaces de “vivir por su cuenta." Es decir, debfan poder garantizar que sus ingresos personales fueran suficientes para mantener tan- to su propio estado real como el buen estado de su gobierno. Mi conclusién es que, a pesar de la importancia de los escritores que he considerado, no puede decirse, en general, que ellos articulen, de mane ra plenamente consciente, un concepto reconocible del estado. En efecto, quizds no seria demasiado atrevido afirmar que, en todas sus discusiones sobre el estado y el gobierno de los principes en Ia primera mitad del siglo XVI, apenas es posible encontrar algtin caso en el que el eat, staat 0 estado esté inequivocamente separado del status 0 situacién del propio en cuestién, principe." Sin embargo, no se puede negar que uno de los legadlos del pensamien- to politico renacentista fre ln eristalizacién de un concepto reconocible del estado, Sugiero sélo que, si queremos seguir el proceso mediante el cual tuvo lugar este desarrollo, tenemos que enfocarnos no s6lo en Ia literatura “espe jo de principes” en Ia que hasta aqui me he concentraco, sino también en la © Machiavelli, Pingpe, 1960, pp. 16, 47, 87, y 95. Para este punto véase Mansfield “Impersoo- ality”, 1983, p. B52 4 Eu Inglaterra esta demanda (y esta frase) pr argumentos sobte Jos ingresos reales. Véase por ejemplo el debate er, Contilutinal, 19330, p. 359. . pals en donde, después de Italia, cambiaron primero los supuestos 1 dlconales accra el tats ele lon principes, poreia decitse que esto contin siendo certo asta década de 1570, Sobre este punto véase mis adelante, la seccién Vs eumbién Lloyd, State 146-154. En Espana, las vijas suposiciones parecen haber sobrevivido al menos hasta mediados siglo Xvi, pace (dich permiso] Maravall, “Origins”, 1961, Véase Elliot, Richelet, pp. 4245, y 121-122, cece haber sobrevivide mus tiempo un concepto de gobic™? puramente patrimonial, Véanse los comentarios en Shennan, Origins, 1974, pp. 113-114. wiede encontrarse tan tardfamente como en los parlamentario de 1630 citado en Escaneado con CamScanner ESTADO 355 otra corriente de pensamiento acerca de la optimus status reipublicae que apunté antes. Es decir, necesitamos dirigir nuestra atenci6n a la tradicin opuesta: el republicanismo renacentista, la tradicin centrada en la afirmacién de que, si alguna posibilidad hay de aleanzar el optimus status reoublicae, ha de instituirse una forma de autogobierno de régimen republicano. La principal razén para justificar este compromiso bisico entre los te6ricos republicanos de la Italia renacentista era que todo poder es suscep- tible de corromperse. Todos los individuos 0 grupos. una vez concedida la soberanfa a una comunidad, tenderin a promover sus propios intereses a expensas del conjunto de la comunidad. De ello se desprende que la tint ca manera de asegurar que las leyes promuevan el bien comin, es dejar el cuerpo ciudadano en su conjunto a cargo de sus propios asuntos puiblicos. En cambio, si su gobierno cs controlado por una autoridad externa a la co- munidad misma, esa autoridad subordinarfa el bien de la comunidad a sus propios fines, lo que interferird con la libertad de los individuos-ciudadanos para alcanzar las metas elegidas por ellos. No otro resultado seria el pro- bable bajo el gobierno de un principe heredero, ya que este perseguiria, en general, sus propios fines en lugar del bien comin. La comunidad volveria a perder entonces su libertad para actuar en pos de cualesquiera metas que se propusiera. La discusién de esta idea basica encontré continuidad dentro de la tradicién republicana de dos maneras distintas. En primer lugar se utilizé para justificar una afirmacién de autonomia civica ¢ independencia, y ast defender la libertas de las ciudades italianas conta la interferencia externa. Esta demanda se dirigié inicialmente contra el imperio y sus pretensiones de soberanfa feudal sobre el Regnum Ialicum. Fue desarrollada primero por juristas como Azo, y mds tarde por Bartolo y sus seguidores, quienes tra taron de reivindicar lo que Bartolo describié como Ta negativa de facto de las ciudades de la Toscana para reconocer a cualquier supenoy © asuntos temporales”® Pero Ia misma exigencia de libertas se dirigié también en con- tra de todos los rivales potenciales como fuentes de jurisdiccién coercitiva dentro de las propias ciudades. Se afirmo, por una parte, contra feudatarios locales, que segufan siendo vistos, en ctapas tan tardfas como la del Discorsi Vase Catan, Glabr 1987 pp 123, Wall, "Bali" 1077, Para entrpreaiones an Wel Bewa phe Mochi, ‘att 1951. Para uma vision general véase ‘Tierney, Religion, 1982. oT Selee ta afitates Tasca, quae non reegnvcunt de facto in demporulibus superiarem’”, véase Bartolo, Mart, V2, 4722, p. 779- Escaneado con CamScanner ‘A HISTORIA POLITICA: CO! 356 HAGIA UNA NU! de Maquiavelo, como los enemigos més peligrosos del gobierno libre." Y fue dirigida de manera todavia mis vehemente en contra de las pretensio- nies jurisdiccionales de la Iglesia. La respuesta mas radical, encarnada por ejemplo en la obra El definsor de la pac: de Marsilio, de 1324, adopts la forma de una insistencia en que todo el poder coercitivo es secular por definicién, por lo que la Iglesia no tiene derecho alguno a ejercer jurisdiccién civil.” Pero incluso en los tratados mas ortodoxos sobre el gobierno de la ciudad, como el de Giovanni da Viterbo, contintia negdndosele la palabra a la Igle- sia en los asuntos eivicos. La razén, como Giovanni lo expresa, es que los fines de la autoridad temporal y eclesidstica son completamente distintos.” La implicacién de lo anterior es que, si la Iglesia trata de reclamar cualquier jurisdiccidn en asuntos temporales, estard simplemente “metiendo su hoz en la cosecha de otro hombre”. La otra manera en que se desarrollé la idea basica de la tradicién re- publicana fue en forma de una afirmacién positiva sobre cl tipo exacto de régimen que necesitamos instituir para retener Ia libertas en pos de nuestras metas. La esencia de la causa republicana era que la tinica forma de gobier- no con la cual una ciudad puede aspirar a permanccer en “estado libre”, ¢s una res publica en el sentido més estricto. La comunidad en su conjunto debe retencr la autoridad soberana tiltima, y asignar a sus gobernantes magistra- dos en jefe un estatus no superior al de funcionarios electos. Estos magis- trados deben ser tratados, a su vez, no como gobernantes en sentido pleno, sino simplemente como agentes del minisiri de justicia, a cargo de la tarea de (én de las leyes establecidas por la comunidad asegurar la adecuada aplic 1 promocién de su propio bien. Esta contraposicidn entre la libertad de los regimenes republicanos y la servidumbre implicita en cualquier forma de gobierno monarquico ha sido vista, con frecuencia, como una contribucién propia del pensamiento del quattrocento florentino.” Pero la propuesta subyacente de que la libertad sélo puede garantizarse en una reptiblica se encuentra ya en muchos eser- "En el Inferno, Dante habla del paso del tiranfa hacia el stato para tores florentinos del siglo anteri¢ gobierno sefiorial al republi no como de un paso de k © Machiavelli, Pinipe, 155, 196 ™ Marsilius, Defeuder, esp. A, 19 " Giovanni da Viterbo, Liber, 1901, pp. 266 267 . " Giovanni da Viterbo, Liber, 1901, p. 206; “in ulterias messem fadcem stam mileré Por ejemplo, esta es la tesis principal de Baron, Crisis, 1966, "Pana esta conjetura enue 1a diplomacia florentina del éeeents, wéase Rubinste Florence’, Escaneado con CamScanner ESTADO Jiao, un estado 0 condicién de libertad civiea."* Celli destaca epetidamen- teen sut Dicerie que la inica forma de garamtizar la liber civiea es asegurar que la ciudad propia se mantenga bajo la guia de un magistrado clecto.”* ¥ Villani en su Historia de Florencia también contrapone el stato libre de la repiblica Florentina con la tiranfa impuesta por cl Duque de Atenas, como signore en 1342." Sin embargo, es verdad que la identificacién entre vivir en una re- piiblica y vivir “en un estado libre” fire elaborada con Ia méxima claridad por los principales teéricos republicanos de Venecia y Florencia en el curso del Alto Renacimiento. Entre los escritores venecianos, Gasparo Contarini proporcioné la declaracién clisica del argumento en su obra La rpibia y gobierno de Venecia, de 1543. Debido al sistema electivo de gobierno de la cir dad, declara Contarini, en el cual se mantiene “una mezcla del status de la ] no hay nada que temer en Ia ciudad de Venecia de la reptiblica interfiera con la /ibertas 0 las 97 De entre los tedricos floren- nobleza y del pueblo [. en el sentido de que la cabeza actividades de cualquiera de los ciudadanos tinos, quien proporcion6 la versién mds famosa del mismo argimnelt! fue, desde luego, Maquiavelo. “Es facil de entender ~explica él mismo al inicio del libro 11 cdmo florece en los pueblos el amor de vivir bajo una constitu- Gién libre, Pues la experiencia demuestra que ningund ciudad ha aumenta- do su dominio o riquezas, excepto cuando ha sido establecida en libertad.” Larazén, prosigue, “es facil de percibir, pues Jo que hace grandes a las ciu dades no es la buisqueda del benelicio individual, sino ta del bien comin, y no hay duda de que s6lo con regimenes republicanos es posible llevar hasta elfinal este ideal del bien comuin’- Desde el punto de vista de mi argument presente, estos compro- misos se presentan ahora como ciales en dos sentidos. Es justo en esta tradicién de pensamiento en conde encontramos, por primera vez, una “Dante, fiferna, 1966, X80 si. aie byt vu pe 1626, pp. 22 “tempera (..) ex optima ot poplar statu.) vit, aan prone epee Tibertati ullum wnquam negocium facessere passe pa hate, 1979, pp- 32028. 1960, p. 280! °F) jl ana ¢conuserednde nace” popl questa affeione pn tad now an apliin d deminin riche son 5 Iorie, 1802-1 ini, Republi, (el mins urbi Veneta tromendtamn achiavelli, Prnapr 2 (eee hie pees vee br ure nw stat i liberta” ia ragione q : * qu NG, p 280: le aie fie a iat: no il ene prada Machiavelli, Princes Peri, E sansa dubbio questo bene comune non @ aservta se non nelle i ee caminune& elo de "publiche a Ya erandi ta cit. E Escaneado con CamScanner ‘ORIA POLITICA: CONCEPTOs INA NUEVA HIS 358 HACIA UNA NU defensa de la idea de que existe una forma distinta de autoridad “civil” o ténoma: que existe para regular los asuntos “politica”, completamente aut : i ’ independiente, y que no tolera rivales como piiblicos de una comunidad d ra Halesicg iti ia civ respublica. Es aqui, fuente de poder coercitivo dentro de su propia dvilas 0 resp sui, en rimera ve iliaridad con la com- resumen, que encontramos por primera vez una famili: om. sin del estado como un monopolista de la fuerza legitima. Desde luego, esta visién del “gobierno civil” fue recogida por Francia aterra en una ctapa temprana de su desarrollo constitucional. Esta es c Ingl esa i la base de su hostilidad hacia el poder jurisdiccional de la Iglesia, la que cul- mind en Francia con el Goncordato “Galicano” de 1516; en Inglaterra, con las propuestas de Marsiliano que sustentan la Ley de Apelaciones en 1533, También subraya su repudio a las pretensiones del Sacro Imperio Romano por ejercer cualquier jurisdiccién en sus territorios, un repudio fundado en una reformulacién de Azo y después de Bartolo de las teorias de imperium en el célebre dictamen de que Rex in regno suo est Jmperator. Ahora bien, para acercarnos a los origenes de esta visién del gobierno civil necesitamos girar la mirada hacia la Italia del siglo X11 y, de manera més especifica, a la literatura politica generada por el autogobierno de las ciudades-repuiblicas de aquel periodo. Ya Giovanni da Viterbo, quien escri- be en la década de 1250, hace del poder civil su tema de anilisis; se interesa por esa forma de poder que sostiene la civium Libertas o libertad de aquellos que viven juntos como ciudadanos.’® Sdlo una década mds tarde, Brune- tto Latini afiade que quienes estudian el uso de ese poder en el gobierno de las ciudades estudian “politica”, “la mds noble y la mas elevada de todas las ciencias”.""' Esta es la tradicién neockésica a la que, en ultima instancia, aluden los teéricos de la soberania popular posteriores cuando hablan de un espacio auténomo de autoridad “civil” 0 “politica”, y ofrecen explicar lo que Locke Iamarfa “el verdadero y original alcance y fin del gobierno civil”. ___ La otra forma en la que contribuyé la tradicién republicana a crista- lzar un concepto reconocible del estado es de una importancia atin mayor De acuerdo con los escritores que he considerado, una ciudad no podrt esperar nunca tener un estado libre a menos de que logre imponer condi- clones estrictas a sus gobernantes y magistrados. Estos deben ser siempr® Giovanni da Viterbo, Liber, 1901, p. 218. Pobne “peitiqu ff la lus noble el plus hte scene” vs ™ Locke, Tivu, 1967, p. 283. ‘ase Latini, Livres, 1948, p. 391. Escaneado con CamScanner ESTADO A electos; deben estar sujetos siempre a las leyes ¢ instituciones de la ciudad que los elige; cleben actuar en todo momento para promover el bien comtin ~y de manera consecuente, por la paz y la felicidad del cuerpo soberano de sus ciudadanos, Como resultado de esto, los tedricos republicanos ya no asocian la idea de la autoridad gubernamental con los poderes de gober- nantes y magistrados particulares. Mas bien se piensa en los poderes del gobierno civil como incorporados a una estructura de leyes ¢ instituciones confiadas, en nombre del bien comin, a la administracién de gobernante: y magistrados. Asi, ellos dejan de hablar del gobernante “que manticnen su estado” en el sentido de preservar su ascendencia personal sobre el aparato de gobierno. En su lugar, empiezan a hablar del stalus o stato como cl nom- bre con el que se designa a ese aparato de gobierno que nuestros gobernan- tes, podria decirse, tienen la obligacién de mantener. Es posible encontrar algunos indicios de esta importante transicién en los primeros tratados y dictamina destinados a magistrados principales de cudades-repuiblica. Brunetto Latini insiste, en su Zsoro de 1266, que si el bien commun ha de promoverse, las citudades deben ser gobernadas siempre por funcionarios electos. Mas atin, insiste en que estos sires deben seguir las leyes y costumbres de la ciudad en todos sus actos piblicos." ¥ concluye que tal sistema es indispensable no sélo para mantener a estos oficiales en buen estat, sino para mantener también “el estat de la ciudad misma’! Un indicio similar se puede encontrar en la obra de Giovanni da Vignano, Flore de parlare, escrito en la década de 1270. En una de sus cartas modelo, diseita- da para el uso de los embajadores de la ciudad en caso de brisqueda de ayu- da militar, Giovanni da Vignano describe al gobierno de tales comunidades como su stato y, en consecuencia, pide apoyo “a fin de que nuestro buen stato pueda conservar riqueza, honor, grandeza y paz”.""* Por tiltimo, el mismo indicio se repite poco después en la obra de Matteo dei Libri, Arringa, sobre un tema idético, El autor establece un modelo muy similar de discurso para ser utilizado por los embajadores y les aconseja que pidan ayuda “a fin de 108 que nuestro stalo pueda permanecer en paz”." 4115; también 402 y 412, ibid, p. 103. Con respecto de la idea de la per ™ Sobre en “estat de vous ef de cette “en bon estat", véase ibid. p- 12: “che if nastro bor stato por temanere in largheca, honore grauteca ¢ ii, Arvingle, L971, p. 12: “ell nostro bor stato ord romanire in reas Escaneado con CamScanner 360 HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEFTos in embargo, slo hacia el final del lorecimiento del republicanismo renacentista vemos aparecer tales usos con su sentido inequivocamente mo. derno. E incluso alli, este desarrollo se limita, en g in medida, a la literatura vernicula, Consideremos, en contraste, un trabajo como el didlogo latino de Alamanno Rinuccini, De tiberate de 1479."” Este ineluye una afirmacio, cisica en el sentido de que la libertad individual, tanto como la civica, sole es posible bajo las leyes ¢ instituciones de la replica, Pero Rinuecini jams se inclina a utilizar el término biirbaro status para deseribir las leyes ¢ inst. tuciones involucradas; prefiere hablar siempre de la divitas 0 de la republia misma como el lugar de la autoridad politica. Lo mismo sucede con esers tores clisicos venecianos como Contarini en La rep aa. A iprblica y gobierno de Vene- unque Contarini tiene una concepcién clara del aparato de gobierno como tn conjunto de instituciones independientes de aquellos que lo con- trolan, nunca usa el término status para describirlos; prefiere hablar, bién. de su autoridad como plasmada en la respublica misma.! Sin embargo, si dirigimos la vista hacia la latinidad menos pura de la obra de Francesco Patrizi De institutione reipublicae, encontramos un desarro- lo significativo en su capitulo sobre los deberes de los magistrados. E] esta- blece que el deber fundamental de los magistrados es actuar “de tal mane- ra que se promueva cl bien comin”, y argumenta que esto, por encima de todo, les exige respetar “las leyes establecidas” de la comunidad." Resume su consejo con Ia afirmacién de que los magistrados deben actuar de esta manera “si desean evitar que el status de su ciudad sea trastocado”!” Con todo, es hasta la siguiente generacién de escritores vernaculos del republicanismo en donde encontramos que el término slalo es usado con algo parecido a la plena conciencia para expresar un concepto recono- cible del estado. El Didlago y discurso de Guicciardini sobre cémo los Medici debian actuar para mejorar su control sobre Florencia, nos proporciona un cjemplo sugerente. Les aconseja roderacse de un grupo de asesores leales al stato y dispuestos a actuar en su beneficio. La razén para ello es que “todo stato, toda forma de poder soberano, necesita dependientes” que estén dis- dtam- “ Rinuccini, “Dialogus’, 1957. ™ Véase Gontarini, Republica, 1626, pp. 28 y 46, dos casos en los la traduccidin de Lewkenor interpret6 respubliaa como “estado”. La referencia de la taduccidn de Lewkenor es Contarini, Go monealth, 1969. Con respecto a esta traduccion, véase Fink, Claszal, 1962, pp. 1-12. Sobre el deber de apoyar las “velereleges” y actuar “Pra commu’ wtiltate’, vase Pasi, Insti tione, 1594, p. 281 ™" Sobre como actuar fitutione, 1594, pp. we civitats talus evertatur” y “satu reipublicaeeverteran”, véase Patsti, In 92, y 279. Escaneado con CamScanner ESTADO 361 puestos “a servir y beneficiar en todo al stato Silos Medici logran ci mentar su régimen en un grupo como este, pueden esperar establecer “los fundamentos mis sdlidos para la defensa del stato” como nadie mas podria aspirar a hacerlo." Por tiltimo, si revisamos los Disaursos sobre la primera década de Tito Livio de Maquiavelo, encontramos ¢l término stato utilizado con gran seguridad para designar a ese mismo aparato de autoridad politica. Por supuesto, también es cierto que Maquiavelo contintia con un empleo extendido del témino en su forma mas tradicional, para referirse al estado 0 condicién de una ciudad y a su estilo de vida.""’ E incluso cuando menciona stati en el contexto de la descripcién de los sistemas de gobierno, estos usos resul- tan de nuevo muy tradicionales; en general, Maquiavelo se refiere tanto a especies de régimen," como al area 0 territorio sobre el cual se impone un principe o una repiiblica. Con todo. hay varias ocasiones, especialmente en el aniilisis de las constituciones al inicio del libro 1, donde parece que va mas lejos. La prime- ra vez es cuando escribe, en el capitulo dos, sobre la fundacién de Esparta, Hace incapié en que el sistema de leyes promulgadas por Licurgo segufa siendo distinto de los reyes y magistrados encargados de hacer cumplir dichas leyes. y servia para su control. Y caracteriza el logro de Licurgo al crear este sistema diciendo que “él establecié uno stato que perdurd mis de ochocientos afios”."” El ejemplo siguiente se encuentra en el capitulo seis: Maquiavelo se pregunta acerca de la posibilidad de que las instituciones de gobierno en la Roma republicana hubieran podido ser configuradas de for- ma de evitar los “tumultos” que marcaron la vida politica de esa ciudad. Se cuestiona acerca de “si habria sido posible establecer uno stato cn Roma” sin esa peculiar debilidad."" El tihimo y mis revelador de los casos tiene lugar en el capitulo 18, donde considera la dificultad de mantener uno stato tbero dentro de una ciudad corrupta. Ahi hace una distincién explicita entre la autoridad de los magistrados bajo la antigua reptiblica romana y Ia autor- dad de las leyes “por medio de la cual, junto con los magistrados, los ciu- nent ha bisa delle depe 76 y 279. ™ Guicciardini, Dialngo, 1932, pp. 271-2 ogni stato cd ogni poten en densi...) ce tut servirebbono a benefico dello stato". Véase también ibid, pp. 1M [hid p. 273: “uno barbacane ¢ foulamento potenisimo a difesa dello stato” § Machiavelli, Jinape, 1960, pp. 135, 112, 153, 192, 19 et passin, ° Por ejemplo véase Machiavelli, Pinafe, 12, 1960, pp. 130-132, 182. 272, 357 ef passin 15 id, 1.2, p. 133: “Licuryo [.] fce uno lato che dard pi che ottocento an. 1 [hid L6, p. 141: “1 in Roma si poteca ordinare uno slate Escaneado con CamScanner 362 HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLFTIGA: GONCEPTOS dadanos eran mantenidos bajo control”. En el mismo pasaje aiiade que la mejor manera de describir a este conjunto de instituciones y de pricticas es como “el orden del gobierno 0, mas bien, de lo stato”. ue Sc ha sefialado con frecuencia que, a partir de la legada del republica- nismo renacentista al norte de Europa, a mediados del siglo XVII, se encuen- tran ya supuestos similares entre los protagonistas holandeses c ingleses de los “estados libres”.'"” Se ha reconocido menos, en cambio, que las mismas propuestas, expresadas con el mismo vocabulario, pueden encontrarse, mas de un siglo antes, entre los primeros escritores que intentaron introducir los ideales del humanismo civico en el pensamiento politico inglés. Por ejem- plo, Thomas Starkey, en diferentes partes de su Didlago, distingue entre el estado mismo y “aquellos que tienen la autoridad y gobiernan el estado”.” Es el “oficio y deber” de tales gobernantes, contintia, “mantener al estado establecido en el territorio” sobre el que imperan, “en busca siempre del beneficio de todo el cuerpo” por encima de su propio bien.”" El tinico mé- todo, concluye, de “poner por delante el verdadero commonwealth” es que todos, gobernantes y gobernados por igual, reconozcan que estin “bajo la misma autoridad y estado”.'” Poco después es posible encontrar las mismas propuestas en el Breve tratado del poder politico, de John Ponet, de 1556. Ponet también se refiere a los gobernantes simplemente como titulares de un tipo particular de oficio, y describe el deber inherente a su cargo como el de la defensa del estado. Por lo tanto, esta dispuesto a contrastar el caso de “una persona malvada que llega al gobierno de cualquier estado” con el de un buen gobernante que reconocerd que ha sido “llamado para tal oficio por su virtud, para ver al estado bien gobernado y al pueblo protegido de cualquier daiio”.!”* Por tiltimo, y de manera quizds mas significativa, encontramos la mis- ma fraseologia en las traducciones de Tudor de los tratados italianos clasi- cos sobre el gobierno republicano. Cuando Lewes Lewkenor, por ejemplo, 1 Wid 1.18, p. 180: “le lege ipo’ che con i magistrati frenavano i citadin’”. °™ Tid: Tandine del governoo vero dello stato™ ie ” Véase "1 chiaveltian, 197; ¥ Starke 6-68; Raab, English, 1964, pp. 185-217; Pocock, Ma- pp. 333-122, y Haitsma, Myth, 1980, pp. 26-76 que la keys Pinta 1948, p. 615 también pp. 57, 63. No veo ninguna justficacién para afirmar % she - on de Starkey hubiera sido s6lo la de “adornar” su Didlogo con un ropaje de humanis- o. Fava un intento de colocar las ideas de Starkey en un contexto humanista véanse Mayer, n”, 1985, p. 25, y Skinner, Formations, 1978 vol. 1, pp. 213 1 Starkey, Dialogue, 1948, p. 64. Ibid, p. 71. * Ponet, “Short”, 1942, p. 98. Escaneado con CamScanner ESTADO og publicé su versién en inglés de la obra La repiblica y gobierno de Tenecia de Contarini, en 1599, se vio en la necesidad de encontrar un término en in- giés para traducir el supuesto bisico de Contarini, en el sentido de que la autoridad del gobierno veneciano permanece inherente en todo momento en la avitas 0 respublica misma, con el Doge y el Consejo, que sirven mera- mente como representantes del cuerpo ciudadano como un todo. Si segui- mos el uso humanista comtin, él enuncia generalmente este concepto con el témmino commomvealth, Pero al hablar de la relacién entre un commonwealth y sus propios ciudadanos, a veces prefiere referirse al término respublica como “estado”. Cuando menciona la posibilidad de conceder derechos ciudada- nos adicionales en Venecia, explica que esto puede hacerse en circunstan- cias especiales, cuando se pueda demostrar haber sido especialmente “obe- diente hacia el estado”. Y cuando discute el ideal veneciano de ciudadania, se siente con posibilidades de aludir, en términos atin mds generales, a “los ciudadanos por quienes se mantiene el estado de Ja ciudad” No obstante la indudable importancia de estos tedricos republicanos cli- sicos, seria un error concluir que cl uso que hacen del término stato y sus equivalentes expresa nuestro concepto modemo del estado, Ese concepto encarna un cardcter doblemente impersonal.'"* Distinguimos la autoridad del estado de aquella de los gobernantes 0 magistrados encargados por el momento del ejercicio de sus poderes. Pero también distinguimos su autor dad de aquella del conjunto de la sociedad o de la comunidad sobre Ia cual se ejercen sus poderes. Como Burke seiiala en sus Reflexiones ~articulando una vision ya bien arraigada pare ese tiempo “Ia sociedad ¢s en realidad un contrato”, pero “el estado no deberia ser considerado nada mits que un acuerdo de colaboracidn” de cardcter similar, Mets bien, el estado debe ser Jeconocido como una entidad con vida propia; una entidad distinta tanto de gobernantes como de gobernados y capaz en consecuencia, de instar @ ambas partes a la obediencia.'” fitoras) Ja Repiiblica de Venecia. Nota de las ed 1969, pp. 18 y 33. an, Origins, 1 4 [Supremo magistrado de 2 Soe, Canmore © Un tema subrayado por Sh ty", 1983, pp. 849-850. . 7 Burke, Reflections, 1910, p- 93. 974, ppe9, ¥ LISI, y Mansfield, “Impersona- Escaneado con CamScanner 364 HAGIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEPTOs Los tedricos republicanos adoptan sélo la mitad de esta doble nocién cta del estado, Por un lado, creo que no hay duda de que ellos const. yen el primer grupo de escritores politicos en insistir con plena concieneia en una distincién categériea entre el estado y quienes tienen control sobre abstr tw él, y que al mismo tiempo expresan esa distincién como una declaracién sobre el sfalus, sfato 0 el estado. Pero, por otro lado, no hacen una distincién comparable entre los poderes del estado y los de sus ciudadanos. Por el con. trario, la idea fundamental de la teorfa republicana clsica se dirige hacia una identificacién tiltima entre los dos. Aunque, sin duda, esto da lugar a un concepto reconocible del estado -uno que muchos marxistas y exponen- tes de la democracia directa abrazan todavia-, estd lejos de ser el concepto que hemos heredado de la corriente mds conservadora del pensamiento po- ltico moderno temprano. Las diferencias pueden ser rastreadas mds claramente en la literatura de clogio de los “estados libres”. Consideremos de nuevo, por ejemplo, una de las primeras obras en inglés de este personaje John Ponet: Breve tratado del poder politico. Como hemos visto, Ponet hace una clara distincién entre el cargo y la persona de un gobernante, ¢ incluso utiliza el término “esta- do” para describir la forma de la autoridad civil que muestros gobernantes tienen la obligacién de defender. Pero no hace ninguna distincién andloga entre los poderes del estado y los del pueblo. No sdlo sostiene que “reyes, principes y gobernadores obtienen su autoridad del pueblo”; también insis: te en que la maxima autoridad politica reside siempre y ew todo tiempo en “el cuerpo o estado del reino 0 commonwealth”* Si reyes o principes “abusan de su oficio”, corresponde al conjunto del pueblo removerlos de su cargo. ya que los maximos poderes de soberania deben estar siempre presentes €" “el cuerpo de todo estado”. oo Los defensores mds sofisticados de los “estados libres” en el siglo XY i defienden cl mismo compromiso. Un buen ejemplo lo proporcions Rea and Easy Way to Establish a Free Commonwealth de Milton. Si hemos de mal . ae 2” 7 enta-, y establecer Ut ner “nuestra libertad y condicién floreciente” ~ neuen vy tal ee 7 4 rvaci + Ja paz comin y la libertad”, es gobierno “para la preservacién de la paz contin y la PA Ha de ser q ca sea “transferida”. able que la soberania del pueblo nunca sea “transfer de ser “6 nasi ee : instituciones ‘el delegada” a un Consejo de Estado gober unte.!" Asi, k %* Ponet, “Short”, 1942, pp. 105-106. 1 Ibid., pp. 105, 111 y 124. . © Milton, “Ready”, 1980, pp. 132-433 y 456. Escaneado con CamScanner psTaDe 365 econciben s6lo como medio de expresién de los poderes del pueblo forma administrativa mais conveniente. Como Milton habia des- El gercicio de la magittratura y el rnado, cualquier autoridad es puedan poseer es tan sélo “confiada por el pue- de todo él, en quien fundamentalmente reside el 131 Como resultado de esto, Milton, Harrington y Ios libres” casi nunca utilizan el término “esta- ivil. Greyendo como estado 5 bajo um tacado antes en ye nucstros gobernant bio, para el bien comtin jer” en todo momento pros defensores de los “estad Jan de las instituciones del gobierno ermanecer bajo ¢l control de toda la conservar su derecho por nacimien- do” cuando hab! fpereen que tales insttuciones deben p comunidad, y si sus miembros han de vita Hbertad, estos autores prefieren casi siempre el término commonwealth. Con este término se refieren no sélo a los cuerpos de ciudadanos, sino tam- bién alas formas de la autoridad politica a través de las cuales deben regirse “ampoco resutaba del ele Satisfactorio hablar, en su lugar, de I Bs eto qe Hobie lohace de manera consistente en su obra ae Pe ciudad (que podamos definit), conociendo cada vez » repudiar. ja ciudad 0 etvilas. a De vive, donde des tuna persona CUy lo tamto, una spd dete a qe a ina vs saan, net 12 3st Tea iti cincines cate lo price Ka Se nun rpul " . 18 ane VOR, p OOLY nrg coe oe © Hobbes, Leviathan, 1968, P Escaneado con CamScanner 372 HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEPTOS por el acuerdo de muchos hombres, ha de ser recibida como la voluntad de todos ellos” Pero aqui la dificultad obvia ~frente a la cual incluso la segu: ridad de Hobbes parece haberse desvanecido- era la necesidad de insistir en una definicién meramente estipulativa, tan extrafia y distinta del sentido usual del término. En esta coyuntura, dentro de esta tradicién de pensamiento, un grupo de estos tedricos comenzé a resolver sus dificultades utilizando en su lugar estado; al mismo tiempo, estos autores dejaron claro que usaban el término de manera consciente para expresar su concepto fundamental: una forma impersonal de autoridad politica distinta tanto de gobernantes como de goberados. Bodin alude ya a esta cristalizacién definitiva del concepto en varios puntos de su Repiblica.' A pesar de que contimia escribiendo en términos tradicionales sobre los gobernantes “quienes mantienen sus eslals”, en va- "as ocasiones usa también la palabra eslat como sinénimo de république.!® Lo mis importante de todo es que se siente capaz de hablar del “estado en si mismo” (Jestat en so), describiéndolo a la vez como una forma de autori- dad independiente de tipos particulares de gobierno, y como el lugar de la “soberania indivisible ¢ incomunicable’. Llama la atencidn, ademas, que cuando Knolles tradujo estos pasajes en 1606, no sdlo utilizé la palabra “es- tado” en todos estos casos, sino también en algunos otros en donde Bodin mismo habia mantenido una forma mds familiar de hablar de la autoridad de la até 0 république® Si dirigimos nuestra atencién hacia los escritores ingleses de la si- guiente generacién, y sobre todo hacia los humanistas “politicos” que fue- & Hobbes, Cive, 1983, p. 89 Véase Lloyd, State, 1983, pp. 156-162. Lo tempordnco de Bodin, aunque sin est su concepto de “estado legislative 1983, pp. 92-107 y 175.205, Pero pars la siguiente generacion, el uso del téminy verniculo Gat (0 eat para expresat tal concept ley eee bien arraigado en Francia. Véase Church, Richelieu, 1972, pp. 13:80, y Philawphy, 1980, pp. 31 82 y 119182. Dowdall destaca, como algo dle especial importancia, Ac Lapentt casa Trae des signers (168), subnet elcin ente “signe saceaine” y “eat, Dena eee 1923, p. 118. pmo se hia desarrollito mucho. Véanse Chutch, Ridelicw, 1972, ppd 31 y Lloyd, “Political”, 1981, y Lloyd, State, 1983, pp. 162-168, 8 Bodin, Six, 1576, pp. 219 y 138. 1 bid, pp. 282-283 “Et cambio qu le gowerement die Republique wat plas ow mains pp Aritecratiucs ou Raya, set que Uta en ui ne eit compairn de plus ni de moins car toginan he eave ere lt faunmancable of un seu.” Nésese también eb uso que hace Beatin ie la hase "es ere distat’, ibid, pp. 281 y 4M. : Te Vesine Baan, Six, 1962, pp. 184, 2 ibid, pp. 10, 38, 409 y 700. liad el término status para expresat Oy 151, Para usos adticionales de la palabra “estado”, Escaneado con CamScanner seo 373 ron eriticos del republicanismo clisico, encontramos la misma terminolo- a utilizada ya con mayor seguridad. Raleigh, por ejemplo, no sdlo habla iibremente del estado en sus Maxims, sino que deja claro que piensa en el cstado como una forma impersonal de autoridad politica, y lo define como elmarco u orden establecido de un commonzvealth”."* En la version final de sus Ensayos, Bacon escribe de una manera que, a menudo, sugiere una com- prensién similar de la autoridad politica.'” Presenta tanto a los gobernantes como a sus consejeros obligados a considerar “la prosperidad y mejora del estado al que sirven”. Y en algunos otros pasajes escribe sobre el estado y sus gobernantes, cl estado y sus stibditos, los “fundadores de estados” y la bbversidn de estados y gobiernos”.!™* Sin embargo, en donde encontramos articulada con total conviccién esa nueva comprensién del estado es, sobre todo, en Hobbes y en otros teéricos de la soberania de facto en Ja revolucién inglesa. Es cierto, como he- nos visto, que si dirigimos nuestra atencién hacia el grueso de los textos de Hobbes, encontramos que sigue mostrando una preferencia por la termino- logia tradicional de “ciudad” y commonzvealth. Pero si, en cambio, revisamos sus prefacios, en el curso de los cuales se aparta de sus propios argumentos y revisa su estructura, lo encontramos presentandose a si mismo, de mane- "3 conciente, como un teérico del estado. Esta transicin se puede observar ya en el Prefacio a De civ, en don- de Hobbes presenta su proyecto como un estudio de “cuitl es ka naturaleza humana, en qué es apta o inepta para constituir un gobierno civil, y eémo ‘os hombres que quieren asociarse deben ponerse de acuerdo entre sf par Constituir un estado bien fundamentado”." Pero en donde él d de manera inequivoca, que el tema central de toda su investigac “ese gran Leviatdn, Hamado un Commoneeatth o Bstado (en katin Civitas)" a ambicién de Hobbes “ula introduccién del Leviatin. ltico fue siempre ‘om tedtico po- ja de demostar que, si ha aleanzarse ka paz civil, han de Conferinse siempre kas facultades mis amplias de la soberania 3 &0 “hombre artificial” y no al pueblo ni a sus gobernantes,! ‘St redaccién final de su filosofia politica, vemos que Hobbes la figura de Al se “* Kaleigh, “Maxi (Bacon, Essays, 1972, p89. Mid, pp LA, 42, 160, 165, vo Hobbes, Cine, 1985, p. 22 {2 Mobes, Lent 1908, p. 8D Hobbes afm que el propésito del Levian es “dese Lobbes, Lviathan 08 » Mh tent kituraleza ale ea de este hone anit Escaneado con CamScanner 374 HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEPTOS paz, finalmente, de afirmar que siempre que hablé de esa forma de sobera- nia impersonal, se referia, en realidad, al estado. VI Como sugiere la explicacién anterior, la idea de que la autoridad suprema de un cuerpo politico deberia identificarse con la autoridad del estado fue, originalmente, cl resultado de una teorfa particular de la politica: una teoria de filiaciones ideoldgicas a la vez absolutistas y laicas. A su vez, esa teorfa era el producto del primer gran movimiento contrarrevolucionario en la historia moderna curopea, ¢! movimiento de reaccidn contra las ideologias de la soberanfa popular desarrolladas en cl curso de las guerras de religién en Francia y, subsecuentemente, en la revolucién inglesa del siglo xvi. Por lo tanto, tal vez no resulte sorprendente encontrar que, tanto la ideologia del poder del estado como la nueva terminologia empleada para expresarla, provocaron una serie de dudas y criticas que no han sido del todo acalladas. Parte de la hostilidad inicial derivé de los tedricos conservadores de- seosos de mantener el viejo ideal de wn roi, une foi, une loi. Ellos repudiaban cualquier sugerencia en el sentido de que los objetivos de la autoridad pui- blica debian ser exclusivamente de cardcter civil 0 politico; buscaban asi restablecer una relacién mds estrecha entre las lealtades de la Iglesia y el estado. Pero una parte mds importante de esa hostilidad provenia de quie- nes defendian un ideal mas radical de la soberania popular, en vez del de la soberania del estado. En consecuencia, los escritores contractualistas con- servaron viva una preferencia por hablar del gobierno de la sociedad civil o politica,” mientras que los hombres del commonwealth mantuvieron, du- rante gran parte del siglo XVul, su filiacién al ideal clisico de la republica in auténoma. | Es verdad que, al final del siglo, tuvo lugar un renovado esfuerzo con- trarrevolucionario para neutralizar esas reservas populistas. En particular, Hegel y sus seguidores argumentaron que la teorfa contractualista ingles de la soberanfa popular reflejaba apenas una imposibilidad para distinguir “el go & hablando en términos de “el poder ci ‘Onigi- 1 lugar de hablar del estado. Véase Hoadly, Benjamin Hoadly, por ejemplo, conti no civil” y “el poder del magistrado eivil 1", 1773, pp. 189, 191, 201, 203 ef passin. © Véanse los usos Righteenth, 1959, pp. pp. 236-260, y Pocock, Machiavellian, 1975, pp. 423-505. 125, y 283; Kramnick, Bolingbroke, 1968. Escaneado con CamScanner “ADO EST) 5 enue los poderes de la sociedad civil y los del estado y, en consecuenei un problema para reconocer que la autoridad independente del estado era indispensable para cumplir con los propésitos de la sociedad civil. Pero esto distaba mucho de resolver cl asunto de manera adecuada. Por un lado, la inquietud de los teéricos liberales acerca de la relacin entre los poderes de Toc estados y la soberania de sus ciudadanos generaba confusiones que es taban todavia por resolverse. Y por otro lado, se desarrollé una critica mas profunda a partir de estas raices hegelianas, wna ertca que insistia en que pan alardcada independencia del estado con respecto tanto a sus propios agentes como a los miembros de la sociedad civil, representaba sdlo un fraude. Como resultado de ello, escépticos adscritos a la tradicién de Mi- chels y Pareto, asi como socialistas adscritos a Ia de Mars, nunca han deja- So de insistir en que los estados modernos no son nada mis que los brazos gjecutores de su propia clase dominante. Dada la importancia de estas ideologias rivales y de sus peculiares vo- cabularios, es realmente notable observar cémo el términe “estado” y sus cauivalentes se establecieron con rapids. en el centro del discurso politico en toda Europa occidental. A mediados del siglo XVII, Ja nueva terminolo- gia se habia convertido en practicamente ineludible para todas las escuelas de pensamiento. Auin asf, nostélgico, un exponents del republicanismo clt- broke se encontré limitado, en sus panfletos de la década de 1720, para hablar de Ia autoridad del estado y de la necesidad del estado de ser apoyado, protegido y, sobre todo, reformado."”" Para cuando llega mos a los ensayos de Hume de la década de 1750," 0 al Contrato social de Rousseau de una década después," encontramos que el concepto de estado y los términos état y slale se utilizan dle ana manera consistente y comple: tamente familiar. es El resultado inmediato de esta revolucion conceptual fue la aparicién bularios politicos ms amplios de los de una serie de resonancias en los vor olitieos P 1 término “estado” fue acep- estados europeos occidentales. Una ver at © | pal del debate politico, otros conceptos ¥ Pro- tado como sustantivo pring ; puestas tocantes al andlisis de la soberania tuvicron que reorganizarse 0, ¢n sico como Boling » 1967, pp. 19,13, 99 y 131. Je Flume respecte al poder Wy be Reduced to a Science lel estado, ocurren en sus ensayos Bolingbroke, “Dissertation ‘Véase Hume, Esaps, 1875, vol. t "Las principales discusiones d “Of Commerce” y “That Politics nv Pp. 100, 105, 289, y 294295. . —— mi eta Yin 1966, pp. 85:96. Para “état al vocabulario politico de Rousseau y sus comtemporineos, weanse Derathé, Jeane 1350, pp. 380382, y Keohane, Philosophy, 1980, pp. 4249, Escaneado con CamScanner 376 HACIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEPTos algunos casos, abandonarse. Por tiltimo, para completar este estudio, nece- sitamos examinar el proceso de desplazamiento y redefinicién que acompa- 6 al arraigo de la idea moderna del estado. Uno de los conceptos sometidos a un proceso de redefinicién fue el de lealtad politica. Tradicionalmente, el sujeto 0 subditus juraba lealtad a su soberano como sefior feudal. Sin embargo, con la aceptacién de la idea de que la soberanfa reside en el estado y no en los gobernantes, este concepto fue reemplazado por una propuesta mas familiar: la de que los ciudadanos deben su lealtad fundamental al estado mismo. Esto no quiere decir que quienes hicieron originalmente esta propues- ta tuvieran la intencién de dejar de referirse a los ciudadanos como subditi © sujctos. Por cl contrario, los primeros tedricos del estado conservaron una fuerte preferencia por esta terminologia tradicional. La utilizaron como medio para oponerse a la inclinacién contractualista a hablar de la sobera- nia del populus o pueblo, as{ como a la aseveracién republicana clisica en el sentido de que debemos limitarnos a hablar de aivilates y aves, de ciudades y de sus ciudadanos. Por ejemplo, con su habitual astucia, Hobbes sostiene en la primera versién publicada de su teorfa politica, que escribe espectfi camente “sobre los ciudadanos”, de ave. Sin embargo, convierte en una de sus afirmaciones polémicas mas importantes el que “cada ciudadano, como toda persona civil subordinada” debe considerarse a si mismo como “como el sujeto de quienes tienen la autoridad principal”."” Sin embargo, Hobbes esta totalmente de acuerdo con sus opositores radicales cuando argumenta que los ciudadanos (“es decir, los sujetos”) no deben ser leales a quienes ejercen estos derechos de soberania, sino a la so beranfa inherente al estado o al commonwealth mismo."* Hotman y los teét- cos “monarcémacos” tardios habian ya insistido en que, incluso los titula- res de los cargos en una monarquia debian ser vistos como consejeros del reino, no del rey, al servicio de la corona, no de su portador.” Hobbes sdlo reitera esta idea cuando afirma de manera enfittica, en De cive, que la “obe- diencia absoluta y universal” de todos y cada uno de los sujetos se debe "2 a ciudad, es decir, al poder soberano”, no a la persona de su gobernante."” Otro concepto estrechamente relacionado con el de lealtad, que S¢ transforméd de manera similar, fue el de taicién. Mientras que el concep "7 Hobbes, Give, 1983, p. 90. © Wide, p. ASL © Véase Hounan, Fiuncogallia, 1972, pp. 254, ' Hobbes, Cite, 1983, p. 186. Escaneado con CamScanner ESTADO 377 altad se mantuvo vinculado al de la rendicién de homenaje, el delito de lea ad hacia un sefior soberano. No de traicidn siguid siendo el de Ia infidelida finales del siglo XVI, esta idea resulté cada vez menos satis regida entonces por el Estatuto de maginar la muerte obstante, hat factoria. Incluso en ¢] caso de Inglaterr: 1350 que definga la traicidn como el delito por urdir 0 del rey”, los jucces comenzaron a interpretar de manera mils libre el signi- ficado del Acta original. El obj ivo en casi todos Jos casos fue el de definir i6n considerada esencialmente como una ofensa en su cargo como jefe de estaclo.""' Mientras tanto, libres de la necesidad de lidiar fs directa, a la idea mas una visidn de la tra contra del rey en virtud de Jos escritores politicos del mismo periodo, con precedentes, habian llegado ya, por una ruta mi femiliar de traicién como un delito contra el estado, no contra el rey. Como siempre, Hobbes afirma la nueva inteligencia del coneepto de manera ine- quivoca. Como afirma al final de su anilsis del poder en De cive, son cu les de traicién aquellos que se niegan a cumplir las obligaciones “sin las ales el estado es insostenible”; el delito de traicién es el delito de quienes actian “como enemigos del Gobierno”. Por tiltimo, la aceptacidn del estado como una forma a la vez suprema ¢ impersonal de autoridad trajo consigo un desplazamiento de los clemen- cao earismticos del liderazgo politico. Bstos elementos, como indiqué al principio, habian tenido antes una importancia central para la tcoria y la prictica de gobierno en toda la Europa occidental Entre los supuestos que fucron desplazados, al que subrayé de entrada: el de que Ia soberanis std conceptualmente cosectada con el lucimiento, que la majestad sirve en si misma como wna ferns ordenadora. Maquiavelo, por ejemplo, da por sentado todavia que un gobernante puede esperar proteccién de fa maestd della stato, le una cone- xidn entre su propio estado clevado de majestuosidad y su capacidad para vostener su estado. Sin embargo, as creencias sobre el earisma atado a autoridad piblica no pudieron sobrevivir transferencia de la autoridad cee entidad claramente impersonal del estado moderno: a la “persona moral que constituye ¢l estado”, en palabras de Rousseau." A comienzos el mas importante fue 1" Sobre este proceso véase Hoklsworth, Hit, 1925, pp. 307333. ™ Hobbes, Give, 1983, p18). 6! Machiavelli, Fnac, 1960, pp_ 74, 76: Esto es aplicable, con mayor peso ain, a lo cores fa incratura “espa de principes” contempordncos de Maquiavelo ates, pu emp, 52, pp. 1054-1056, y Sacchi, Finipe, 1608, p. GB. es Pontano, “Principe”, 195: robe "laperaonse morale qui cstue Ute, Rousseau, Cantal, 1966, p. 5 Escaneado con CamScanner 378, HAGIA UNA NUEVA HISTORIA POLITICA: CONCEPTOS, del siglo XVII, encontramos ya escritores conservadores que lamentan, en palabr: antiguas y conocidas, en un monstruo indefinible”, con el resultado de que una monarquia como Inglaterra se encuentra a si misma abandonada, con “un rey sin esplendor monérquico” como jefe de estado." Por supuesto, era posible transferir estos atributos de majestad a los agentes del estado: permitirles declarar inauguradas las sesiones del parla- mento, asegurarles funerales de estado y el yacer en capilla ardiente, etc. Sin embargo, una vez asumido que los jefes de estado mismos eran simples titulares de un cargo, la atribucién de tanta pompa y tanto evento para sim- ples funcionarios llegé a ser vista como inapropiada e, incluso, como absur- da: un caso no tanto de pompa genuina como de pomposidad pura. Esta forma de ver las cosas fue propuesta de entrada por los defensores de los commoneealths libres”, preocupados por que los gobernantes, en palabras de Milton, nunca deben ser “elevados por sobre sus hermanos’, sino “caminar por las calles como los demas hombres". La Utopia de Moro, por ejemplo, contiene una imagen temprana y devastadora de la magnificencia ptiblica como una simple forma de fistil vanidad.'™ El Breve tratado del poder politic, de Ponet, incluye un recordatorio mas amenazador de los castigos que Dios impuso a los israelitas por haber exigido “un rey gallardo y pomposo”."* Y Milton, en The Ready and Easy Way, condena con profundo desdén a los gobernantes que aspiran “a fijar un rostro pomposo sobre los actos super ficiales de estado”. ‘Asi, uno de los resultados de la distincién entre la autoridad del es- fue el de cortar una conexién de larga tradicién s de Bolingbroke, que “el estado se haya convertido, bajo sus formas tado y la de sus agentes entre la presencia de la majestad y el ¢jercicio de los poderes majestuosos. Eventualmente, los despliegues de majestuosidad legaron a ser vistos como meros “especticulos” o “elementos decorativos” del poder, no como pro” piedades intrinsecas al funcionamiento del poder mismo." Por ejemplo. cuando Contarini reconoce que al Doge de Venecia se le permite a mantener la dignidad de su cargo con cierta magnificencia, advierte que esto es sélo 1 expresién que Lewkenor traduce una cuesti6n de apariencias, y ut "© Bolingbroke, “Letters", 1976, p. 333. * Milton, “Ready” " Moro, “Utopi ™ Bonet, “Show”, LZ, © Milton, “Ready”, 1980, p. 126. ly caret ™ Sobre la cualidad distintiva de esta concepcidn del poder puiblico, véase Geerta, Aegan 1980, pp. 121-123, Escaneado con CamScanner ESTADO. 379 como “espectaculo de real apariencia”.'"! Con hostilidad atin mayor, Milton sin que su conviene en que un monarca “es como un cero a la izquierda’, “vanidad y ostentacién” sean de ninguna manera esenciales para la fuerza ordenadora de la autoridad ptiblica."” Finalmente, para el rechazo mas consciente de las antiguas imagenes del poder, as{ como para la consideracién menos ambigua del estado como autoridad puramente impersonal, debemos dirigir nuestra atencién una vez mas a Hobbes. En el capitulo diez del Leviatin, Hobbes discute estos con- ceptos: desarrolla la idea de un poder efectivo capaz de dirigir de tal mane- ra que absorba_todos los otros elementos asociados de manera tradicional alas nociones de honor priblico y dignidad. Mantener dignidades, declara, es simplemente conservar “cargo y mando”; ser considerado honorable es sélo un “argumento y signo de poder”. Aqui, como en todo, es Hobbes quien habla primero, de manera sistemitica y sin apologias, cn los tonos abstractos y sin modular del terico moderno del estado. FUENTES CONSULTADAS Bacon, Francis, Ess, introd. M. Hawkins, Londres, J. M. Dent and Sons, 1972. Baron, Hans, The Crisis of the Early Halian Renaissance, Princeton, Princeton Universi- ty Press, 2a ed., 1966. Bartolo, de Sassoferrato, Bartoli luterpretum iuris evils conphaci, in ius universum ciuile, commentaria, Basilea, ex Officina Frobeniana et Episcopiana, 1562, vol. 3. 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