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Burke-La Escuela de Los Annales

La Escuela de los Annales se centraba en realizar una historia analítica orientada a problemas en lugar de narrativa de eventos, que abarcara toda actividad humana e incorporara otras disciplinas. Se dividió en tres fases: inicialmente pequeño grupo rebelde, luego dominante tras la WWII bajo Braudel, y luego dispersión en 1968. Criticaba la historia política tradicional por ignorar otras fuentes y perspectivas.
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Burke-La Escuela de Los Annales

La Escuela de los Annales se centraba en realizar una historia analítica orientada a problemas en lugar de narrativa de eventos, que abarcara toda actividad humana e incorporara otras disciplinas. Se dividió en tres fases: inicialmente pequeño grupo rebelde, luego dominante tras la WWII bajo Braudel, y luego dispersión en 1968. Criticaba la historia política tradicional por ignorar otras fuentes y perspectivas.
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La Escuela de los Annales

Las ideas rectoras de annales podrían resumirse brevemente del modo siguiente:

 En primer lugar, la sustitución de la tradicional narración de los acontecimientos por una


historia analítica orientada a un problema.
 En segundo lugar, se propicia la historia de toda la gama de las actividades humanas en
lugar de una historia primordialmente política.
 En tercer lugar – a fin de alcanzar los primeros dos objetivos- la colaboración con otras
disciplinas, con la geografía, la sociología, la psicología, la economía, la lingüística, la
antropología social, etc.

Lucien Fevre expresó que “historiadores, sed geógrafos, sed juristas también, y sociólogos, y
psicólogos”, se empeñaba en “derribar los tabiques” y se empeñaba en combatir la estrecha
especialización. De igual manera Braudel, en la segunda generación de annales, compuso el
Mediterráneo para “demostrar que la historia puede hacer algo más que estudiar jardines
cercados”.

Podría ser mejor hablar de un movimiento de annales que de una escuela. Este movimiento
puede dividirse en tres fases:

1. Desde la década de 1920 hasta 1945. Se trataba de un grupo pequeño, radical y


subversivo que libraba una acción de guerrilla contra la historia tradicional, la historia
política, la historia de los acontecimientos.
2. Después de la segunda guerra mundial aquellos rebeldes se hicieron cargo de la posición
histórica oficial. Esta segunda fase del movimiento, en la que cabía hablar claramente de
una escuela con sus conceptos distintivos (en particular estructura y coyuntura) y sus
métodos distintivos (especialmente “la serie histórica” de los cambios producidos a largo
plazo), estuvo dominada por Ferdinand Braudel.
3. La tercera parte con comienzos alrededor de 1968. Esta fase está marcada por el
desmenuzamiento. en esa época la influencia del movimiento (especialmente en Francia)
era tan grande que el grupo había perdido no poco de su anterior carácter distintivo. Se
trataba de una escuela unificada solo a los ojos de sus admiradores extranjeros y de sus
críticos del propio país, quienes le continuaban reprochando que subestimaba la
importancia de la política y de la historia de los acontecimientos. En los últimos veinte
años, algunos miembros del grupo pasaron de la historia socioeconómica a la historia
sociocultural, en tanto que otros están volviendo a descubrir la historia política y hasta la
historia narrativa.

De manera que la historia de annales puede interpretarse atendiendo a la sucesión de tres


generaciones.

La nueva historia:
Se trata de una historia “hecha en Francia”, más exactamente relacionada a la escuela de los
annales y agrupada en torno a la publicación de Annales: economía, sociedad y civilización.

Es una historia escrita como reacción contra la historia tradicional (o historia Rankeana), que
busca una historia total o estructural. Pues como escribía J.H. Robinson (1912) “La historia
incluye todo rastro y vestigio de cualquier cosa hecha o pensada por el hombre desde su
aparición en la tierra”; y en cuanto al método según el autor, la nueva historia se valdrá de todos

PETER BURKE- Resumen de: “Formas de hacer historia” y “La revolución historiográfica francesa”
los descubrimientos sobre el género humano realizados por antropólogos, economistas,
psicólogos, sociólogos, etc.

Es un movimiento que centra su interés en toda la gama de actividad humana, o que le estimula
a ser interdisciplinaria. Es un movimiento, además, de la historia desde abajo adoptando los
puntos de vista de la gente corriente, a las mentalidades colectivas, y no a las grandes ideas o a
los grandes hombres.

Puntos de oposición entra la historia vieja y la nueva:

1. Según el paradigma tradicional el objeto esencial de la historia es la política, con


fundamental interés en el estado, apuntando a intereses internacionales y nacionales
más que locales (incluyendo la historia de la iglesia y de la guerra). Aunque no excluyera
del todo otros tipos de historia (del arte o la ciencia) eran relegados pues se les
consideraba periféricos a los intereses de los “auténticos” historiadores.
La nueva historia por su parte se ha acabado interesando por casi cualquier actividad
humana. Haldane mencionaba “todo tiene una historia”, es decir, todo tiene un pasado
que puede reconstruirse y relacionarse con el resto del pasado. De ahí la consigna de
historia total. La primera mitad de este siglo fue testigo de la aparición de la historia de
las ideas. En los últimos treinta años hemos visto un numero notable de historias sobre
asuntos que anteriormente se consideraban carentes de historia (ej. La niñez, la muerte,
la locura, etc.) aquello que antes se consideraba inmutable, se ve ahora como una
“construcción cultural” sometida a variaciones en el tiempo y en el espacio. El
fundamento filosófico de la nueva historia es la idea de que la realidad está social o
culturalmente constituida.
2. En segundo lugar, los historiadores tradicionales piensan fundamentalmente la historia
como una narración de acontecimientos.
La nueva historia en cambio, se dedica más al análisis de estructuras.
Una de las obras históricas más famosas de nuestro tiempo, El Mediterráneo de
Ferdinand Braudel, se desinteresa por la historia de los acontecimientos considerándola
simplemente “la espuma sobre las olas del mar de la historia”. Según Braudel lo que
verdaderamente importa son los cambios sociales y económicos a largo plazo (la larga
duración) y los cambios geo históricos a muy largo plazo.
3. En tercer lugar, la historia tradicional presenta una vista desde arriba, en el sentido de
que siempre se ha centrado en las grandes hazañas de los grandes hombres. Al resto de
la humanidad se le asignaba un papel menor en el drama de la historia.
Los nuevos historiadores se interesan por la “historia desde abajo” es decir, por las
opiniones de la gente corriente y su experiencia del cambio social. La historia de la
cultura popular ha sido objeto de considerable atención. Los historiadores del
pensamiento han desviado su atención de los grandes libros o las grandes ideas (el
equivalente a los grandes hombres) dirigiéndola a la historia de las mentalidades
colectivas o a la de los discursos o lenguajes.
4. Según el paradigma tradicional la historia debería basarse en documentos. Uno de los
mayores logros de Ranke fue su insistencia en basar la historia escrita en documentos
oficiales procedentes de los gobiernos y conservados en archivos. El precio de este logro
fue el olvido de otro tipo de pruebas.
Sin embargo, el movimiento de la historia desde abajo presento por su parte las
limitaciones de este tipo de documentación. Los registros oficiales expresan, por lo
general, el punto de vista oficial y por ello requieren el complemento de otros tipos de

PETER BURKE- Resumen de: “Formas de hacer historia” y “La revolución historiográfica francesa”
fuentes. Se interesan por una diversidad de actividades humanas mayor que la que
ocupo a sus predecesores y por ello habrán de examinar También mayor variedad de
pruebas.
5. De acuerdo con el paradigma tradicional, la historia es objetiva. La tarea del historiador
es ofrecer al lector los hechos o, como decía Ranke “contar como ocurrió realmente”, una
historia no sesgada.
En la actualidad este ideal se considera quimérico, no podemos evitar mirar el pasado
desde una perspectiva particular. El relativismo cultural se aplica tanto a la historiografía
como a lo que denominamos sus objetos. Nuestras mentes no reflejan la realidad de
manera directa, percibimos el mundo a través de una red de convenciones, esquemas y
estereotipos, red que varía de una cultura a otra. En tal situación, nuestra comprensión
de los conflictos se ve aumentada por la presentación de puntos de vista opuestos, más
que por el intento de lograr un acuerdo.

El antiguo régimen historiográfico y sus críticos

Lucien Fevre y March Block fueron los directores de lo que podría llamarse La revolución
historiográfica francesa.

¿Cuál es el antiguo régimen que ellos deseaban derribar? Desde la época de Herodoto y de
Tucídides, la historia se escribió en occidente en una variedad de géneros, sin embargo, la forma
predominante fue durante mucho tiempo la narración de sucesos políticos y militares
presentados como las grandes historias de grandes hombres. Durante la ilustración esta forma
predominante fue seriamente puesta en tela de juicio.

A mediados del siglo XVIII numerosos escritores y estudiosos de Escocia, Francia, Alemania, y
otros países comenzaron a ocuparse de lo que llamaban la “historia de la sociedad”, una historia
que no se limitara a tratar la guerra y la política, sino que debía incluir las leyes y el comercio, la
moral y las costumbres. A fines de aquel siglo, este grupo internacional de eruditos había
producido gran nuero de obras.

Por un lado, se encontraban Ranke y sus discípulos que si bien su interés no se limitaba
a la historia política volvía a marginar la historia social, y por otro, aquellos que tenían
concepciones de la historia mucho más amplios.

Los discípulos de Ranke tenían un espíritu mucho más estrecho que el de su maestro y en un
momento en que los historiadores aspiraban a ser profesionales, la historia no política quedó
excluida de la nueva disciplina académica. Las nuevas publicaciones fundadas a fines del siglo
XIX se centraban en la historia de los acontecimientos políticos, los ideales de estos
historiadores se centraban en una serie de tratados sobre el método histórico (ej. La introducción
a los estudios históricos de Langlois y Seignebos.

Desde luego podían oírse voces de disenso en el siglo XIX. Así, por ejemplo, Michelet pedía “la
historia de aquellos que sufrieron, trabajaron, decayeron y murieron sin ser capaces de describir
sus sufrimientos”, que no es más que lo que hoy caracterizaríamos como la “historia desde
abajo”.

Fustel de Coulange se concentraba por su parte en la historia de la religión, la familia y la moral


antes que en los acontecimientos políticos.

PETER BURKE- Resumen de: “Formas de hacer historia” y “La revolución historiográfica francesa”
Marx también ofreció un paradigma histórico alternativo respecto del de ranke, EN LA VISIÓN
DELA HISTORIA DE Marx, las causas fundamentales del cambio estaban en las tensiones
existentes en el seno de estructuras sociales y económicas.

Al termino de este siglo el predominio de la historia política era ampliamente cuestionado.

Los fundadores de la nueva disciplina que era la sociología expresaban análogas concepciones.

Auguste Comte por ejemplo le nombraba como “compiladores de inútiles anécdotas” y abogaba
por “la historia sin nombres”.

Herbert Spencer se quejaba de que “las biografías de monarcas no arrojan ninguna luz sobre la
ciencia de la sociedad”.

Emile Durkheim desechaba los hechos particulares por considerarlos solo “manifestaciones
superficiales” lo aparente antes que la verdadera historia de una nación dada.

Alrededor de 1900 las críticas de la historia política eran particularmente vivas y las sugestiones
hechas para que se remplazara resultaron particularmente fértiles.

A principios del nuevo siglo J. Harvey Robinson iniciaba un movimiento con el lema “Nueva
Historia”, según Robinson (1912) “La historia incluye todo rastro y vestigio de cualquier cosa
hecha o pensada por el hombre desde su aparición en la tierra”; y en cuanto al método según el
autor, “la nueva historia se valdrá de todos los descubrimientos sobre el género humano
realizados por antropólogos, economistas, psicólogos, sociólogos”.

También en Francia alrededor del 1900, la naturaleza de la historia fue objeto de un vivo debate.

Hacia esa época, el discípulo de Durkheim, F. Simiand en un artículo, atacaba a lo que el llamo
“los ídolos de la tribu de los historiadores”. Según Simiand, había tres ídolos que era menester
derribar:

 El ídolo político, esa preocupación perpetua y de preocupación exagerada por la historia


política, por los hechos políticos, por las guerras, etc.
 El ídolo individual, es decir, el énfasis excesivo puesto en los llamados grandes hombres.
 El ídolo cronológico, a saber, “la costumbre de perderse uno en los orígenes”.

La crítica de Simiand apareció en una nueva publicación, La Revisión de la síntesis histórica,


fundada en 1900 por Henri Berr para alentar a los historiadores a colaborar con otras disciplinas,
particularmente la psicología y la sociología, con la esperanza de producir lo que Berr llamaba
una psicología histórica o colectiva.

El ideal de Berr de una psicología histórica que debía lograrse mediante la cooperación
interdisciplinaria ejerció gran atracción en dos jóvenes que escribían para su revista. Lucien
Fevre y March Bloch.

PETER BURKE- Resumen de: “Formas de hacer historia” y “La revolución historiográfica francesa”
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