100%(1)100% encontró este documento útil (1 voto) 214 vistas16 páginasAlatorre, Antonio. Ensayos Crítica Literaria PDF
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ANTONIO ALATORRE
Ensayos sobre critica literaria
(edicién corregida y aumentada)
EL COLEGIO DE MEXICO80195
A323e/2012 Alatorre, Antonio 1922-2010.
Primera
noone ciara Asoa ioe
aed cme pau Mésn D.t “EL Colegio de Meco, 2012
DiGi (Cerin Ret)
ISBN 978-607-4690 |
1. Critica lceraia, 2. Literatura -- Historia y exten
3. Creacién lteraria, artisiea, er. I Serie
cedicidn en Leceuras Mexicanas: 1993
Primera edicién corregida y aumentada: 2012
DRO
Et Couscro pe México, A.C.
Camino al Ajusco 20
‘Pedregal de Santa Teresa
10740 México, D-E.
‘www.colmexmx
ISBN 978-607-462-390-1
Impreso en México
INDICE
Presentacion
Incroduecién
La critica literaria
En tomno a creacién y tradicién
Qué es la critica literaria?
Critica literaria tradicional y critica neo-académica
Primer intermezzo
Lingtiistica y literatura
Segundo intermezzo
I. Réplica a Evodio Escalante
II, Carta abierta a Evodio Escalante
Menéndez Pelayo, problema histérico
Un caso agudo de menendezpelayitis
Menéndez Pelayo y los poetas mexicanos:
tuna escaramucza critica
En tomno al concepto de literatura “nacional”
‘Contra el nacionalismo: corrupcién de la nacionalidad
Noticia bibliogréfica
Indice onoméstico
1
7
27
B
39
87
99
nat
na
131
145
161
169
181
193
205
20716 ENSAYOS SOBRE GRITICA LITERARIA
también razones histéricas las que me han movido a incluitlos:
Menéndez Pelayo fue durante un periodo extraordinariamente
largo el critico escuchado y reverenciado, el juez por excelencia
de la literatura espafiola e hispanoamericana.
Ciertos pasajes de los ensayos originales han quedado
convertidos ahora en notas de pie de pagina (jmi mania!). Otras
notas son adiciones recientes. También en el texto he hecho
adiciones y correcciones, o simples retoques de estilo. En cambio,
decidf no hacer nada en los casos en que me repito. Hay en el
Erasmo y Expaita de Marcel Bataillon una frasecita incidental
que se me quedé muy grabada: hacia 1515 “Erasmo escribe. Se
repite, como todos aquellos que tienen algo que decir”. Me hago
Ia ilusién de que si me repito es porque yo también tengo algo que
decir.
Septiembre de 1992
LA CRITICA LITERARIA
La primera cuestién que se podrfa plantear en una mesa redonda
sobre critica literaria' es la de su necesidad o legitimidad. Son
‘muchos, en efecto, los que niegan todo papel a la critica, diciendo
que las obras literarias se hicieron para que las goce ingenuamente
el lector, para que éste rectee y reviva la intuicién y la emocién del
poeta,? y que lo que hace el critico es interponerse, como cuerpo
‘opaco y estorboso, entre la obra y el lector.
Lo que pasa, claro, es que hay criticos y criticos, de la misma
manera que hay lectores y lectores. De los nueve a los once aftos
fui yo lector fandtico de Emilio Salgari sin que entre él y yo se
interpusiera ningiin eritico (y para las lectoras fandticas de Corin
Tellado enalquier critica seria tin estarho). Pera a los veinridés
afios, cuando lef por primera vez.a Neruda, y a los veinticinco,
cuando lef por primera ver a Géngora, ;qué ditiles me fueron
Amado Alonso y Damaso Alonso! La funcién exegética, sin
honduras “filosdficas”, podrd ser una de las mas elementales de
la critica, pero esa modesta funcién puede resultar indispensable.
El lector del siglo xvi lefa el Quijote sin ninguna ayuda exegéti-
a, pero no hay duda de que el del siglo xx necesita una buena
edicién anotada si es que quiere gozar plenamente a Cervantes.
Por otra parte, emo cetrat los ojos al hecho de que hay criticos
malos, criticos torpes, criticos tontos? Pero ésos no nos interesan
ahora. Nos interesan los buenos, que existen —y han existido
" Ponenca leida en la mesa redonda “La critica literaria en México”, organi-
22da por la Direccién de Difusién Cultural de la una, el 4 de octubre de 1955,
nla Facultad de Filosofia y Letras.
> Pocta significa aqui “escrito”, “autor de una obra literaria” (poesia, novela,
tc); poema signifies “obra literati’. Es el uso alemda,8 [ENSAVOS SOBRE CRITICA LITERARIA
siempre— no por otra razén que por su utilidad en la repuiblica
de las letras.
El buen critico no estorba, sino ayuda, y su misién, entre otras
cosas, es de indole pedagégica, pues guia a los demés lectores. El
critico es un lector, peto un lector més alerta y més “total”, de sen-
sibilidad més aguda: las cualidades de recepcién del lector corriente
estén como extremadas y exacerbadas en el lector especial que es
el critico. Y éste, ademas, tiene una intima necesidad de comu-
nicacién: debe participar a otros la impresi6n recibida. Recrea,
en cierta forma, la obra del poeta; es una especie de creador. En
el poeta, la creacién tiene un carécter absoluto: él no juzga. El
cxitico si juzga, pero en esta tarea no se apoya fundamentalmente
en bases cientificas, sino en tuna intuicién personal iluminada por
la inteligencia.
Si el poeta nos comunica una experiencia, una intuicién
intensa —y sélo las verdaderas obras literarias son capaces de
comunicérnoslas—, el critico nos comunica su experiencia del
poema. El creador original parte de la emocion suscitada en
41 por un hecho de la naturaleza, de la humanidad, de su viven-
cia personal, de su fantasia. El critico parte, creadoramente, de
su impresién de la obra literaria. Si todo lector refleja, como
un espejo, la experiencia artistica transmitida por el poema, el
eritico, lector privilegiado, dorado no sélo de mayor receptividad
y de mayor sagacidad literaria, sino también de la capacidad de
‘comunicacién, es un espejo mucho més fiel y sensible, de mas
pronta respuesta. Y, ademés, un espejo mucho més amplio,
mucho més capaz de reflejar en toda su complejidad Ia esencia
dela obra. Las impresiones que en el lector ordinario son difusas
«¢ imprecisas, se dan organizadas, coherentes y Juminosas en el
ctitico
El eritico serd tanto mas perfecto cuanto mas perfectamente
sepa recibir y transmitir el modo peculiar de experiencia que
se manifiesta en el poema. Entre el critico excepcional y el
criticastro hay una gama infinita, andloga a la que hay entre
LAGRITICA LITERARIA 3
el poeta genial y el poctastro. Lo que hace al gran poeta es
su modo de experiencia especialmente valioso, y ademas una
extremada sinceridad, una acrisolada fidelidad a su visi6n, y la
capacidad creadora de comunicarla; el pocta mediano es tam-
bien sincero consigo mismo, pero su modo de experiencia no se
Jevanta mucho sobre el nivel comiin de los hombres, 0 no logra
cexpresarse perfectamente; y el mal poeta es el no sincero, el que
simula, el que se adorna con plumas prestadas, el que pretende
hacer pasar el cobre por oro. As{ también, el gran critico ¢s el
que capta en su integridad el mensaje poético y expresa robusta
y sinceramente su experiencia del poema; el critico mediano es
el que, aunque hable con sinceridad, no llega a penetrar en el
mundo del poeta; y el mal critico es el que tuerce, el que agranda
o achica, el que deforma, el que traiciona.
He dicho que, en mi opinién, el critico genial es el que puede
captar y comunicar el mayor mimero posible de las infinitas
dimensiones que hay en toda gran obra literaria, el que mas
se acerca a la intuicion creadora del poeta en toda su riqueza y
complejidad, agotandola en todos sus sentidos. Por eso una de
las cumbres de la eritica literaria en lengua espafiola es, para mi,
el libro de Amado Alonso sobre Residencia en la tierra de Pablo
Neruda. Neruda nos transmite una visién peculiar de la vida, y
Alonso su visién de esa visién. No le hace falta decir siquiera que
el modo de experiencia de Neruda es valioso, que es él uno de
los mayores poetas de nuestros tiempos; no hace propaganda: le
basta con formular precisamente, armoniosamente, lo que noso-
tros apenas balbuceariamos. Pero esta critica total, exhaustiva,
agotadora, es la excepcién. Lo comtin son las criticas parciales.
Parcial era hacia 1934, en Espafa por lo menos, la critica segiin
la cual Garcia Lorca parecia no haber escrito mas que el romance
de “La casada infiel”. Y parcial también la critica gongorina ante-
rior a Alfonso Reyes y a Démaso Alonso, para la cual Géngora
valfa por sus letrillas y obras ligeras, pero no por el Polifemo y las
Soledades. He aqui algunos otros tipos de criticas que podriamos2 ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA
Ja que da una simple informacién sobre la obra,
rica
llamar parcial
la que se detiene en lo puramente biogréfico, la critica hist
(la historia literatia, por ejemplo, pone juntos a Lope de Vega
y2.un pésimo dramaturgo como Matos Fragoso), la critica que
estudia a los autores en funcién de otros autores o de las ideas
de su época, la que descubre particularidades lingiisticas, la
que explica pasajes oscuros, la que revela las influencias suftidas
por el poeta, la que analiza el vocabulario, la versificacién, los
recursos estilisticos, las imagenes por si solas, la que se detiene en
el contenido ideoldgico, filoséfico, ético, social, etc. La enume-
racién de estas criticas parciales no tendria fin. Casi todas estén
presentes en un libro como el ya citado de Amado Alonso, pero
su grandeza no esté en la acumulacién de ellas, sino en Ia vision
totalizante. Cierto es que, por lo comiin, debemos contentarnos
con criticas mas © menos parciales, 0, mejor dicho, con esos
elementos de la critica. Porque el critico, como el poeta, no da
mids de lo que puede dar,
‘Muchos de esos “elementos de la critica” o “criticas parcla-
les” se fijan en los valores extraestéticos 0 se gufan por juicios
aliterarios. O sea que, en tales casos, no se puede hablar en ri
gor de critica literaria. Conviene insistir en esto. Hay muchas
apreciaciones sobre poetas y escritores en las cuales hay cierta-
mente critica, pero falta la referencia a lo literario. Uno de los
primeros juicios sobre la poesia en el mundo occidental es el
que hace Platén en su Repuiblica, No hay para qué citarlo aqui.
‘Todos sabemos que Platén rechaza la literatura por ser mentirosa
y perjudicial. Juzga, pero sus criterios no son literarios, sino
intelectuales, éticos, politicos. ;Demostré Platén que Homero
o Séfocles eran artisticamente malos? No. Si acaso, demostré
que su lectura era dafiosa en el Estado que él sofiaba. También
Menéndez Pelayo hace critica, pero no critica literaria, cuando
desdefa ciertas obras de Juan de Valdés con la peregrina explica-
Gidn de que “la lengua castellana no se forjé para decit herejias”,
co cuando condena malhumorada y tajantamente esa extrafia obra
TAGRITICALITERARIA a
maestra que ¢s la Lozana andaluza por su franqueza sexual tan
sin tapujos. Los criticos marxistas de ahora suelen condenar de
manera igualmente tajante a los escritores que no se refieren a
determinados aspectos sociales. Y un sacerdote catélico, en el
iiltimo ntimero de cierta revista mexicana, viene a decir més 0
menos que los poemas que él escribe, rebosantes de sentimiento
religioso, son mejores que Muerte sin fin de José Gorostiza, porque
éste es un poema ateo.?
La critica literaria, por supuesto, tiene que manejar también
criterios extraestéticos, precisamente porque en las obras literarias
suele haber valores excraliterarios. {Cudntas dimensiones hay
en Dante, en Shakespeare o en Cervantes que no son de orden
puramente estético! La comprensién total de Dante —y eso es
ante todo la critica: comprensién— incluye también la compren-
® “El libro de José Gorostiza subié como el hongo de las armas nuevas (J
Pero, hay que confesarlo, ran bello edificio se levantaba sobre una columna ideo-
lgica sin consistencia, ya perfectamente catalogada por los tatados en su inep-
cia evolucionista. Después de algunos afios, Muerte sn fin nos da la sensacion
de haber sido escrta sin fin alguno. Nadie pudo tomarla como una respuesta
lgica las angustias del hombre actual [...]. Ese ‘Dios inasible que me aho-
Ba... no es conceptismo ni gongorismo: es la retérica del antifaz que no tenia
cara’: Manuel Ponce, "Dios y el poeta”, en Abside, vol. 19, 1955, pp. 330-331.
La experiencia del padre Ponce esté en el polo opuesta de la mia. A mi el po-
‘ma de Gorostiza se me engrandecié el dia en que, suprimiendo “mi ingenuo afin
de traducir el lengua del porn enguje de serdas cussions onl
sicasy epistemoldgicas”, senei que Muerte sn fin “es 99 por ciento misica y 1
Por cna compen acme "Nate ore, popu a
Biblioteca de Mexico, ims. cet0, noviembre-diciembre de 1990, o bien nim. 1,
«nero-febrero de 1991. Esto me hace pensar en oro articulo mio, “La Noche asca-
v2 de san Juan de la Cruz”, publicado en la Gacera del Fondo de Cultura Eco-
némica en diciembre de 1989. Digo alli: “Un leetor eatélico, que siente como
cosa real el comercio entre Cristo y el alma, forzosamente le la poesia mistica
Postscriptum. Las piginas anteriores, destinadas a una lectura,
povid teasformare Fciment en un verdadero ancl de revi, desareo~
Ilando algunos puntos y abreviando otros. He preferido dejaclas como estén. No
revel pndes verdad, pero seviin quicd como un etimono, Vario libros
fundamentales y algunos articulos de lectura reciente han dejado su huella en lo
que he escrito. Me apresuro a reconocer mis deudas:
‘Alfonso Reyes, Eldeslinde; La experiencia lteraria
Dimaso Alonso, Poesia expatola. Ensayo de metodes y limite silico.
René Wellek y Austin Warren, Theory of literature.
John Middleton Murry, Elesilaliteraro, rad. de Jonge Herndndez Campos.
‘William H. Heath, “The literary criticism of John Middleton Murry’, en
Publications of the Modern Language Asociation, vol. 70, 1955, pp. 47-57
Harry Levin, “Criticism in crisis”, en Comparative Literature, ol. 7, 1955s
144-155
PP Nulien Benda, “Quiestce que a crtque”, en la Nowell Rerue Frans,
afio 2 1954), nim. 17. .
Francesco Flora, “Lufficio delle letteree il metodo della critica’, en Lettera-
sure Moderne, ol. 4, 1953, pp. 253-275.
Francis Fergusson, “Teaching and criticism’, en el Yearbook of Comparative
and General Literature, vo. 3, 1954.
Gianni Scalia, resefia del libro de G. Luks, 1! marsismo e la critica letera-
ria, en Convivium, 1954, pp. 743-748.
Jorge Portilla, “Critica dela
sim. 1, pp. 48-58.
cen Revista Mexicana de Literatura, 1955,
EN TORNO A CREACION Y TRADICION*
1La obra literaria perfecta, dice John Middleton Murry, es “aque-
Ila que combina cl maximo de personalidad con el maximo de
impersonalidad”. El gran critico inglés ha expresado en esta frase
una verdad llena de meollo. Maximo de personalidad y méximo
de impersonalidad: lo universal y lo individual, lo general y lo
particular. Murry alude a la fuerza maxima de conmocién en el
espiritu del poeta, garantia y condicién de la capacidad méxima de
conmocién en el espititu de sus lectores, pero también alude a la
relacién entre la tradicién y la creacién, entre la herencia comin,
dato pasivo, y el hecho tinico, sin repeticién, el gesto activo y
original del creador literario.
Se trata mas o menos de la misma distincién que, en el
terreno de la lingiifstica, hace Ferdinand de Saussure entre langue
(el lenguaje como entidad general, como fondo comtin, a la vez
realizacién colectiva y potencia para miiltiples actos) y parole
(cl lenguaje como seleccién individual, como manifestacién de
tun querer personal, actualizacién concreta y viva de lo que era
Potencia indiscriminada).
Asi como toda habla individual depende del idioma, de la
lengua en cuanto fondo colectivo, asi toda gran obra literaria tiene,
en una o en otra forma, lazos con lo general, con lo ya sabido,
lo ya vivido; necesita tocar fibras ya existentes, para agitarlas
dulcemente o ferozmente, para heritlas para acariciarlas. Aqui
ésté su universalidad, su impersonalidad, su tradicionalidad. Pero
también, toda gran obra literaria es una expresién nueva, nunca
* Fragmento de una conferencia dada en la Universidad de Texas (Austin,
‘Texas), cn abril de 1958.a ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA
‘porque quiere, quizd porque la necesita, pero en todo caso por
cleccién libérrima y espontinea. La cleccién de una tradicién dada,
aunque suene a paradoja, constituye ya una forma de originalidad,
En cada momento de la historia literaria y en cada autor hay,
de hecho, un gran néimero de elementos tradicionales casi forzosos:
es el “méximo de impersonalidad” de que habla John Middleton
Murry; pero al lado de esos elementos que la tradicién impone
al escritor y que él debe superar con su genio, estén los temas,
las formas, los procedimientos tradicionales libre y gozosamente
adoptados por el poeta, elementos tan suyos y tan originales como
el fondo imprevisible ¢ insondable de su propia experiencia, el
“maximo de personalidad” que nosotros, con amor y veneracién,
llamamos genio. ¥ en los grandes poetas, su personalidad misma
es el secreto de su impersonalidad. Como ha dicho Amado Alonso
a propésito de Neruda: “Los individuos més originales, si se les
mira bien, resultan los mds representativos de la vida circundante;
no en lo contingente, sino en lo esencial. No hay estilo individual
que no incluya en su constitucién misma el hablar comin de sus
préjimos en el idioma, el curso de las ideas reinantes, la condicién
histérico-culeural de su pueblo y de su tiempo”.
2QUE ES LA CRITICA LITERARIA?
‘Antes de explicar lo que yo entiendo por critica de la literatura,
tendré que decir unas palabras acerca de la literatura, 0, mas
concretamente, acerca de las obras literarias.'
‘Una obra literaria se puede definir de muchas maneras. A mi
me gusta, por econémica, esta definicién: una obra literaria es
la concrecién lingiistica (concrecién en forma de lenguaje) de
una emocién, de una experiencia, de una imaginacién, de una
actitud ante el mundo, ante los hombres. Un cuento, un poema,
una novela, etc., son obras literarias: convierten en lenguaje,
digamos, la adoracién de la belleza, la indignacién por la injusticia
individual o social la fascinacién por el mistcrio de la vida 0 por
el misterio de la muerte, el sentimiento de serenidad 0 de terror
© de melancolia dejado por cierta noche... (y esta enumeracién
podria seguir hasta el infinito)
Pues bien: asf como el cuento, el poema, la novela, han
convertido en lenguaje la experiencia del autor, asi la critica de
ese cuento, de ese poema, de esa novela, convierte en lenguaje la
experiencia dejada por su lectura. La critica es la formulacién de
(a experiencia del lector. Pone en palabras lo que se ha experimen-
tado con la lectura. zAsi de simple? Si, sélo que esa simplicidad
puede ser dificultosisima. Como la experiencia de la lectura es a
‘veces sumamente complicada, hecha de elementos enormemente
vatiados y complejos, ese poner en palabras se puede complicar
hhasta llegar a ser algo tan técnico o tan exigente como una filo-
Estas piginas son la “versin escrita” (1973) de una conferencia dada de
va vor el 22 de junio de 1972 en la Libreria Universitaria, Era parte de un ciclo
llamado *Cémo hacer critica” (de pintura, de misica, de cine, et); mi me tocé
erature’
ry“ ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA
sofia 0 como un sistema cientifico. De hecho, los grandes criticos
literarios son tan raros como los grandes creadores literarios. Mis
raros atin, tal vez, La razén puede ser ésta: los medios de que se
vale el creador literario son fundamentalmente irracionales, intui-
tivos, casi “fatales” (a veces se habla de “dones divinos”), mientras
que los medios de que se vale el critico son fundamentalmente
racionales, discursivos, y por lo tanto se consiguen més por las
vias del esfuerzo, de la disciplina y del estudio que por las vias
gratuias de la intuicién.
Por eso el critico puede “formarse”. Por eso hay incluso cétedras
para la mejor preparacién de los criticos literarios. (No se sabe, en
cambio, de ningiin verdadero creador literario que haya llegado
aserlo a causa de que “se forms” siguiendo cursos de cteacién.),
Tal vez nunca Heguemos a ser “grandes” criticos. Pero es un hecho
que todos los lectores podemos hacernos criticos, y que todos los
ctiticos podemos hacernos mejores criticos. Son metas que estan
a nuestro alcance.
Digamos que hemos lefdo ese cuento, ese poema, esa novela.
© no: hagamos otra cosa mejor: leamos una obra determinada.
Sea un cuento de Juan Rulfo, digamos el cuento intitulado “Diles
que no me maten”, de su libro El Ulano en llamas.
(Para entender mejor lo que va a seguir, seria efectivamente
muy bueno leer ese cuento de Rulfo, o releerlo si su lectura no
es muy reciente. Perdén si esto causa alguna incomodidad: pero
lo que va seguir puede decirse lo mismo en un lenguaje general y
abstracto que en un lenguaje particular y concreto, y yo prefiero
decididamente la segunda manera. Si tomara una novela de Juan
Carlos Onetti, o un poema de Tomis Segovia, los rasgos que
destacarfa serian naturalmente otros, pero mis conclusiones, en
cuanto a lo que es la critica, serian las mismas.)
Elijo “Diles que no me maten” por una razén de comodidad:
conozco a muchisimos lectores de ese cuento, sobre todo lectores
jévenes, y puedo asegurar (observacién de hecho) que a ninguno
lo ha dejado indiference. Asi se hace mds cémoda la tarea de
{QUEESLA CRIFICA LITERARI? 4s
entenderse, Pero muy bien puede ser que entre los que me estén
leyendo haya alguno que sienta que ese cuento “no le dice nada"
Fs bien posible: estd en el orden de las cosas, y no hay que alarmar-
se excesivamente, Desde luego, una cosa que nunca hay que hacer
es fingir que nos interesa una obra que nos ha dejado indiferentes.
(Acse lector que ha encontrado hueco y vacfo el cuento de Rulfo,
mero sonido de palabras, le suplico yo que ponga en su lugar algo
que a l le interesa, y que en lugar de los rasgos que yo destaco,
destaque él los rasgos pertinentes de esa obra que él ama.)
Pero antes de entar en materia no estard de mas decir unas
palabras acerca de la critica “adversa”, porque después no voy a
hablar mds que de la critica que més me importa (aunque ésta
también, ocasionalmente, pueda ser adversa).
1. Muchas personas piensan que hacer critica de un libro 0
de un autor, criticarlas, es lo mismo que censurarlos, “meterse
con ellos”? “ponerlos como trapo”. Yo no le doy ese significado
ala palabra. Para mi, critica significa “apreciacién, valoracién,
juicio, entendimiento de alguna cosa’, en este caso una obra
literaria. Tal apreciacién podrfa traducirse en una condena, pero
so ya serfa por culpa de la que se pretendia creacién literaria, sin
serlo, y no por culpa de una determinada actitud critica, porque
|a critica, segiin mi definicién, no estaba de ninguna manera
predispuesta a un rechazo.
2. Claro que la critica “adversa” —cuando es critica, se entien-
de— puede ser tan iluminadora como la critica “favorable” 0
“entusiasta”. El critico que niega categoria estética, categoria de
cteaciones literarias a tales o cuales productos, aunque en otro
‘erreno sean algo (reportajes, por ejemplo, o incluso ejercicios de
gramdtica), les esté negando en el terreno literario su ser mismo,
® Hay un gracioso ensayo de Enrique Dies-Canedo llamado “Meterse con”
(cn a primera serie de sus Conversacioneslteraras, editadas por su hijo Joaquin).
Invite a mis leceores a leelo se van a divert.4“ ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA
Jas esta declarando “no-seres”, y por consiguiente estd afirmando
sus ideales del verdadero “ser”, de la verdadera obra literaria.
3. Sin embargo, el fraude total, el completo no ser, el cero abso-
luto, son fenémenos muy raros, y quizd puramente hipotéticos,
centes imaginarios. Baste pensar esto: la peor novela tiene lectores. A
‘mi, por ejemplo, las novelas de Corin Tellado me parecen (porque
ése es mi esquema mental, lo reconozco, o sca mi actitud critica)
la negacién misma de la creacién literaria; y sin embargo me es
forzoso reconocer que Corin Tellado tiene infinitas lectoras, y que
esas lectoras, que por supuesto son tan seres humanos como yo,
experimentan en su esfera las mismas emociones que el lector de
Marcel Proust en la suya. (;Las mismas? No estaré exagerando?
No, porque son emociones hechas de idéntica sustancia, por mas
que, muy probablemente, las lectoras de Corin Tellado tenderén
a pensar que la esfera de ellas, la esfera corintelladesca, es mucho
més amable y placentera, mucho més cilida y grata que la esfera
enrarecida del lector de Proust, naturalmente, ni siquiera se dignaré
asumarse a la oua esfera, sintiéndola barata e idiota.)*
4, Por lo tanto, el hipotético condenador absoluto del cuento
de Juan Rulfo, si es un critico informado, tiene que saber, forzo-
samente, que existen acerca de él muchas valoraciones “favorables”
y aun “entusiastas”. Y, si procede verdaderamente como critico, no
> Durante afios of mencionar las novelas de Rafael Pérez y Pérez como
«jemplo supremo de “subliteracura’, pero jamés cayé una en mis manos. Pos-
teriormente pasaron a ocupar ese lugar las novelas de Corin Tellado, cuyo
nombre, més eufénico que el de Pérez y Pérez, adopré en mis clases de Teo-
aria cuando de “subliteratura” se trataba. Tampoco habia leldo nin-
guna, pero mis alumnos y yo sabfamos por dénde iban, Ahora bien, usa ver
fuimos invitados, mi familia y yo, a pasar un fin de semana en la casa que
ciettos desconocidos (amigos de amigos) tenfan en un lugar turistco, y alll,
cn la sala, me encontré con docenas de novelas de Corin Tellado. ¥ mientras
Ja familia paseaba por prados y oteros ylagos, yo me dediqué a leerlas, con la
‘misma clase de regocijo —de eso estoy seguro— con que Cervantes leyé la
Fortuna de Amor de Antonio de Lo Frasso; véase Don Quijote, primera parte,
cap. 6, hacia el final
{QUEESLACRITICA LITERARIA? oe
me cabe duda de que eso lo estimulars a hacer de su condena un
verdadero juicio 0 entendimiento, una verdadera eritica literati.
5. La conclusién de todo esto es muy clara. En un cuadro
total, que abarque todos los aspectos y todas las repercusiones de
una obra determinada, es normal encontrar dosis de aceptacién y
dosis de rechazo. No hay aqui nada 100 por ciento “negro” ni 100
por ciento “blanco”, Nuestra reaccién personal, sies honrada, rara
vvex es asi de intransigente. Y si leemos una historia de la critica
no tardaremos en encontrarnos con que nadie (ni Homero, ni
Shakespeare, ni Dante, ni Cervantes, ni Goethe) se ha visto libre
de “lunares”, de “debilidades” y aun de “estupideces”, al pasar
por el juicio honrado de generaciones de lectores. De ahi que las
buenas criticas, en la prdctica, no usen la “censura” sin algunos
granos de “clogio” (y viceversa). Las criticas 100 por ciento negras,
las criticas implacablemente aniquiladoras, tienen siempre, en mi
opinién, una dosis més 0 menos fuerte de ignorancia (0 de “mala
leche”, que no sé si es peor).
Hemos leido, pues, “Diles que no me maten” y nos ha impresiona-
do de una u otra manera. No de la misma manera a todos, desde
luego. Algiin lector viviré el cuento como evocacién o recteacién
de un ambiente rural mexicano; otro tendré la impresin de que
Rulfo transcribié en estas paginas una escena muy concreta y
muy patética, presenciada por él; otro se sumergiré sin mas en ese
patetismo, ya fuerza de identificarse con Juvencio Nava sentird en
si esa misma urgencia de vivir, y unird su voz a la del pobre viejo
(probablemente con el corazén palpitandole) pata gritar con él
[a abyecta suiplica: “Diles que tengan tantita léstima de m!”, y al
decirla sentird la esperanza (remota, si, pero esperanza) de que el
coronel, el hijo de don Lupe Terreros, se compadezca; pero otro
se identificard mds bien, quiad, con el justiciero coronel; otto se
conmoverd por la eficacia del lenguaje, por su desnudez. (que
puede ser desolacién, que puede ser precisién); otro, a lo mejor,
ni siquiera se fijard en el lenguaje (0 creerd, con desdén, que es0s ENSAYOS SOBRE CRITICA ITERARIA
cs cosa de “eruditos” o de “filélogos”) y se atendré sélo al drama,
al impacto; algunos sentirdn que el cuento es una obra maestra de
cilculo, con sus porciones bien equilibradas de tensién y disten-
sidn, de ironfa y de drama; otros rechazarén, aun con indignacién,
cualquier idea de céleulo y de artificio, y dirén que el cuento es
Ja espontaneidad misma.
He enumerado algunas de las posibles reacciones, pero éstas
son pricticamente ilimitadas, por la misma razén de que son préc-
ticamente ilimitadas las sensibilidades humanas. Pensemos (por via
de ejemplo) que la experiencia de un lector finlandés sencillamente
no puede ser idéntica a la de un lector mexicano, Pero, en fin, baste
con esta enumeracién. (Cada cual podré en este momento hacer
explicita su propia reacci6n, decir honradamente la respuesta que
primero le vendria a los labios si se le preguntara a boca de jarro:
“.Qué es lo que te ha impresionado de este cuento?”)
ues bien: si se dan todas esas reacciones de los lectores, es que
todos los estimulos necesatios para ello estin de alguna manera en
el cuento, unos més a flor de tierra, por decir asf, otros més sote-
rrados; unos bien expresos, otros insinuados apenas. Es evidente
que algunos de esos estimulos los “puso” Rulfo conscientemente,
mientras que otros “se le colaron” sin que él se diera cuenta. (jTan-
tas veces ocurre que un escritor se asombra de lo que los lectores
hhan econtrado en su obra!) Nunca podremos separar con precisién
Jo consciente de lo no consciente. Pero un hecho es claro: todo lo
que “Diles que no me maten” nos esté transmitiendo de la vida
de Rulfo, de su experiencia, de sus recuerdos y sus obsesiones, de
su sentido de la tragedia y la ironfa, de su ternura, de su enorme
compasién pot los seres humanos, en una palabra, todo lo que hay
alli de su: mundo total (0 sea: su mundo consciente y su mundo
subconsciente), todo eso se ha convertido en lenguaje, todo eso se
nos da en forma de lenguaje.
Lo que hace el lector es descifrar el lenguaje del autor, “desco-
dificar” su mensaje. No tiene por delante al hombre Juan Rulfo
(y silo tuviera por delante, ;cémo harfa para entrar en comunién
{QUEESLACCRITICA LITERARIAY 2
directa con su mundo?). Lo que tiene por delante son unas pocas
péginas escritas en la lengua espariola de México. Y esos cuantos
centenares de palabras, esos pequefios puftados de lenguaje, son
|a dinica garantia de la autenticidad de su experiencia, porque
son la tinica garantfa de la emocién, del conjunto de emociones
que consciente o inconscientemente Ilevaron a Rulfo a escribir
“Diles que no me maten’. La critica literaria trabaja con ese len-
guaje, dice qué es, qué hay detrés de él, qué significa.
‘La “tarea” de Juan Rulfo terminé cuando entregé su cuento ala
imprenta, o antes, cuando escribié la tilkima palabra, cuando hizo el
iiltimo retoque. La “tarea” de los lectores, en cambio, no ha termi-
nado ni lleva muchas trazas de terminar. (Hay “tareas de lectores”
que duran siglos y siglos.) Eso es la Jectura. Para esa tarea se nos
han entregado las obras literarias: para que las leamos. Ahora bien,
el critico literario es un lector que no se guarda para sf mismo su
expetiencia, sino que la saca fuera, la pone a la luz, la hace explicita,
Ja examina, la analiza, se plantea preguntas acerca de ella.
Es lo que muchos lectores suelen hacer en realidad, aunque
sea en la forma ingenua o genérica de una exclamacién: “Si vie-
ras cémo me ha impresionado esto que acabo de leer!” Y en ese
momento ha comenzado la eritica literaria. El camino que viene
a continuacién puede ser muy largo. Muy largo y muy hermoso.
Porque la experiencia de la literatura —como la de la misica,
como la de la pintura—, aunque esté hecha muy a menudo de
elementos vitales no precisamente placenteros (sino, por ejemplo,
angustiosos), es en s{ misma, en cuanto experiencia literaria, un
fendmeno placentero. Es placentero sentir més, ahondar més, arro-
jar nuevas luces, descubrir en la obra lo que la primera lectura, la
lectura ingenua, no nos habia permitido descubrir atin, En lecturas
osteriores, en lecturas maduras 0 menos ingenuas, el cuento de
Rulfo nos resultaré seguramente mucho més complejo, mucho
‘mds ambiguo, mucho més rico. (A lo mejor, pongamos por caso,
cn la primera lectura no nos haba conmovido todavia ese rasgo
de Juvencio Nava: su pristino y elemental amor a la tierra. A lo50 [ENSAVOS SOBRE CRITICA LITERARIA
mejor en la primera lectura habiamos visto sélo el lado justiciero,
pero no el lado humano del coronel. A lo mejor en la primera
lectura no nos habiamos dado cuenta de la funcidn estructural que
tiene la dislocacién del orden cronolégico de los hechos narrados,)
Una parte del enriquecimiento de nuestra visién corresponderd,
no dudarlo, al propio cuento, mas polivalente de lo que cre‘amos;
pero otra parte, y de ordinario una grandisima parte, corresponde
nuestra experiencia de otros cuentos de Rulfo, o de cuentos de o
autores, o de otra clase de productos literarios, o de otra clase
fenémenos artisticos; y corresponde también, necesariamente, a
que nosotros pensamos, a lo que nosotros somos, a lo que la vi
nos ha dejado, a lo que la vida ha hecho de nosotros. Dicho
escuetamente: una parte del enriquecimiento de nuestra lec
se debe a nuestra experiencia vital.
Si durante rodo este miltiple proceso de enriquecimient
seguimos haciendo explicita nuestra reaccién a la obra literaria, si
ponemos en palabras (aunque no sean palabras escritas) nuest
apreciacion de esa obra, si estimulamos y desarrollaunus snuestic
habito critico, nuestro “instinto” de andlisis, en algiin moment
habremos dejado de ser simples lectores, y quiz4 alguien diga q
somos criticos literarios (y ojalé que buenos criticos literarios)
En qué momento? Imposible saberlo, y ademés no importa. La
frontera entre “lector” y “critico” es invisible. En realidad no existe
En esta frontera (inexistente) es donde yo me veo. He recorrida
parcialmente un camino del cual dije que es largo y hermoso. Es
ese camino, detras de mi —es sélo una manera de decit— veo a
Jos jévenes, a los inexpertos, a los que todavia no saben leer bien,
a los que hacen lecturas ingenuas ¢ inmaduras. A ellos trato de
ayudarlos. (Una parte de la critica literaria se convierte espon-
téneamente en ayuda.) En ese mismo camino, a mis lados, a la
izquierda y a la derecha, veo a otros que lo-secorren conmigo. Son
mis compaiieros en el viaje de exploracién y de descubrimiento:
ottos eriticos, otros lectores, otros lectores-criticos. Con ellos me
gusta conversar, (Una parte de la critica literaria se nutre en el
{QUEESLA.CRITICA LITERARLW sx
diilogo.) Y delante de mi, muy adelante a veces, perdidos algunos
en la lejania de las cumbres, estin los grandes criticos, los maestros
de hoy y de ayer. De ellos trato de aprender. (Otra parte de la
critica literaria esté hecha de aprendizaje.)
Yo diria que un critico es tanto mejor cuanto més comprensiva
o abarcadora es su lectura, cuanto menos unilineal y predetetmina-
dacs la direccidn de su juicio. Yo diria que el que ve el conmovedor
desvalimiento de Juvencio Nava al mismo tiempo que su atroz
primitivismo, y el lado justiciero del coronel al mismo tiempo
gue su lado humano, es mejor critico que el que ve uno solo de
30s aspectos. Yo dirfa que el que comprende cémo la fuerza del
ccuento se debe a su lenguaje propio y a su estructura peculiar, ¢
incluso se pone a analizar ese lenguaje y esa estructura (de manera
“impresionista” 0 de manera més “técnica”, segtin su preparacién
y sus fuerzas), es mejor critico que el que cree que el cuento es
fuerte simplemente porque toda situacidn asi es fuerte y emocio-
nante, (La literatura es, por supuesto, una imagen 0 proyeccién
le la vida en forma de lenguaje, pero no es lo mnisino que la. vida:
no hay que confundir.) Yo dirfa que el que integra esa compleja
visién del cuenco de Rulfo en una experiencia més vasta—y no me
importa mucho si esta experiencia més vasta puede ostentar 0 no
un nombre impresionante, como “sistema estético” o algo por el
estilo— es mejor critico que el que se encierra en una experiencia
estrecha y responde aisladamente, ocasionalmente, a un estimulo
ocasional y aislado.
Pero jmucha atencién! No hay que forza las cosas. No hay que
Violentar eljuicio. No hay que fingir que es experiencia nuestra lo
ue otros dicen, lo que otros han sentido. La critica literaria tiene
esto de curioso, esto que la distingue, por ejemplo, de la investi-
gacién cientifica: que en ella (en la critica literaria) se identifican
ssujeto y objeto, mientras que en la investigacién cientifica sujeto y
objeto estén separados. El hombre de ciencia puede apresar en sus
redes una cosa obviamente distinta de lo que es él como persona;
trabaja con lo que no es su yo; puede plantarse frente a ese objeto,2 ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA
rodearlo por todos lados, reconocerlo y delimitarlo, El exit
literario, en cambio, se enfrenta a si mismo, trabaja con su propi
experiencia, con su propio yo. Si se ocupa del cuento de
no es porque sea algo ajeno, distinto de al, desligado de su exp
riencia, sino justamente porque es algo que se ha hecho parte
si mismo. De alli que hablar de “critica objetiva”, en este terren
me parezca un solemne disparate. Nadie puede decirnos: “Mi
yo he apresado en mis redes el cuento de Rulfo, y objetivamen
les digo que es esto 0 lo otro”. No hay tal cosa. Ninguna crit
literaria (0 artistica, en general) es objetiva. Toda ortica es subj
Si, ya sé que se habla de la “objetividad” como de una
deseabie, Pero, de hecho, alo que con eso se alude es a cosas mi
elementales, muy modestas: se proclama la obvia necesidad de qi
el critico se despoje de elementos “adventicios” de simpatia 0
antipatia (que olvide, por ejemplo, que el autor es amigo suy
© que es muy famoso, o que ¢s italiano y a él no le caen bi
los italianos, © que una vez firmé una declaracién politica con
que él no esté de acuerdo) y se atenga exclusivamente al zexto qi
tiene por delante. Se trata, en otras palabras, de hacer una simp
limpicza previa, de dejar la actitud critica (la subjetividad critica
lo més desembarazada posible de elementos turbios. Claro que
ctitico es libre de elogiar el libro de un amigo o de sabotear uni
obra que estima datiosa (por razones morales, digamos), pero
tal caso deberia declarar sus motivos, y esto no ya por razon
de “decencia’, sino pura y sencillamente por razones de criti
para evitarse a si mismo (y evitarles a quienes lo oyen o lo leen)
el mazacote que resultarfa de mezclar los elementos adventicis
y parasitarios, no-pertinentes, con los elementos pertinentes
esenciales, que son los que estan en el texto,
Espero que con esto se entienda por qué mi respuesta a la preguni
inicial —*;Qué es la critica literaria?”— es una respuesta perso
yy subjetiva. Ya en la primera linea escribi las dos letras de la pala
bra “yo”. No las puse por arrogancia. Lo arrogante hubiera sido
{QUES LACCRITICA LITERARIAY 3
ncificar: “La literatura es esto 0 aquello”; “La critica literaria es,
desde siempre y para siempre, tal o cual cosa”. Pero tampoco las
puse por modestia. Si hablé desde mi punto de vista personal es
sencillamente porque creo que ésa ¢s la tinica manera de contestar
Ja pregunta.
La tinica manera? Si, y lo demuestro con dos razones:
‘1, Existen muchos conceptos, muchos métodos, muchos
sistemas en corno a lo literario. Existen, podriamos decir, muchas
filosofias de la literatura. Esos conceptos y sistemas han funcionado
lo menos en un momento, por lo menos pata una persona,
Y algunos de ellos han funcionado durante mucho tiempo y
para muchisimas personas, Es claro, por ejemplo, que el sistema
de Arist6teles dista mucho de haber muerto, a pesar de que no
pocas veces, a lo largo del tiempo, se ha pretendido firmar su acta
de defuncién. Pero también es claro que muchas filosofias de la
liceratura prescinden o han prescindido de la doctrina de Aristéte-
les, y que incluso entre los “aristotélicos” de ayer 0 de hoy no hay
ninguno que haya hecho 100 por ciento suyas las ensefianzas del
maestro griego. Y pongo de ejemplo a Aristételes sélo por tratarse
de un critico muy antiguo y muy prestigioso, pero lo mismo
hubiera podido poner cualquier otro ejemplo. Por otra parte, es
también claro que en el pasado (remoto y cercano) ha habido
concepciones de la literatura que, aun habiendo funcionado y
“servido” durante un lapso més o menos largo, no interesan hoy
a nadie; y que, por el contrario, en nuestros dias han surgido
concepciones que hubieran sido inimaginables en el pasado. El
que se interese en este hecho —la multiplicidad de conceptos de
la literatura y su respectiva vigencia o “utilidad”— podré encontrar
confirmaciones de él con la mayor facilidad del mundo: cualquier
crudito, cualquier profesional de los estudios literarios, podré
darle, en unos cuantos segundos, una lista de grandes tedricos de
la literatura, de grandes eriticos que han desarrollado un sistema
propio. Y no nos quepa duda de que en los afios y siglos fururos
los seguiré habiendo. Porque, como vimos, la literatura no existesa ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA
propiamente como hecho objetivo y clasificable 0 rotulable
tuna vez por todas, sino que busca su realizacién en las distin
subjetividades, en las diversisimas conciencias individuales,
ahi que la respuesta a la pregunta “Qué es la literatura?” (y,
consiguiente, a la pregunta “:Qué es la critica literaria?”) te
que ser estrictamente personal.
2. La segunda raz6n es més contundente, y por lo tant
necesita menos espacio. Los sistemas que se nos presentan cot
objetivos, o incluso como cientificos, no son sino fruto de uns
meditacién o de una conviccién individual. Cualquiera que di
que “no hay obra literaria sin tales o cuales requisitos”, o que “
critica que no atiende a tales o cuales aspectos de la obra literati
no es verdadera critica’, lo que est4 exponiendo es un credo per-
sonal. ¥ si un critico, reaccionando contra otro que se deja gui
por “lo que el corazén le dicta”, declara que él no se flaré de al
tan movedizo como el coraz6n, sino que analizaré la obra liter
con una computadora electrénica para obtener una calibracién.
auténticamente cientifica, lo que esta haciendo es demostrar stu
muy personal desconfianza de lo que dice el corazdn y su muy
personal fe en los datos desnudamente “cientificos” o técnicos.
Verdaderamente, asi lo siento: cada toma de postura frente a la
obra literaria es una actitud personal. Por eso no creo ser arrogante
si digo que la inica manera de contestar la pregunta que se hace
al comienzo ¢s mi manera personal de contestarla. Si tengo una
‘manera mia, es que todos tienen la suya. No es arrogancia decir
que soy uno de tantos. Cada uno de nosotros es uno de tantos.
iQuiere esto decir que mi respuesta es totalmente relativista?
{Quiere decir que todas las respuestas tienen exactamente el mis-
mo grado de validez? La verdad, no. Porque a continuacién de
lo anterior hay que reconocer un hecho que habla en contra del
desmenuizamiento 0 del caos individualista.
Este hecho se llama a veces sensibilidad social, a veces afinidad
cultural, a veces simplemente solidaridad humana. (Puede tener
muchos otros nombres.) He insistido tanto en la subjetividad de
#qUE SLA CRITICALITERARINY 55
Ja respuesta porque creo que lo que més paraliza a los posibles
critcosliteratios es el emor de guiarse por su propia experiencia,
como si ésta fuera anémala o ridicula, y el afin de adherirse a lo
que opina o siente alguien més experto, para asi no equivocarse.
Pero en cuanto surgen las respuestas individuales se ve que no
hay tal anomala. Una y otra vez, cuando un grupo de jévenes
Jee conmigo el cuento de Rulfo, nos encontramos, ellos y yo; con
que su experiencia y la mia tienen mucho en coméin. Y si nuestra
experiencia es andloga, es que también son andlogos nuestros
jdeales humanos, 0 sea nuestros ideales criticos. Después de un
rato, los més timidos acaban por cobrar confianza y hablan, no
con palabras convencionales (o aprendidas de un maestro, o de
tun libro de texto), sino con palabras propias, de lo que el cuento
de Rulfo ha significado para ellos.
Dicho de otro modo: todos los que tienen alguna experien-
cia literaria tienen también, necesariamente, sus ideas acerca
de lo literario, pero no todos tienen la confianza en si mismos
que hace falta para expresar esas ideas, para comunicérselas a los
demés, Tal actitud es explicable, porque se trata justamente de
experiencia, y un inexperto puede hacer el ridfculo cuando habla
de algo que no conoce en la medida suficiente. Pero eso nos pasa
a todos. No hay nadie que sepa cuanto hay que “saber” acerca de
la literatura. Todos, en mayor o menos medida, nos apoyamos en
otros més expertos que nosotros, en hombres que han leido més,
© que han desarrollado mejor el dificil habico de pensar. (Por lo
demés, también ocurre a cada paso que el critico muy sofisticado
aprende mucho del lector primerizo y virginal.) Es verdad que
aun el més bisofio necesita cierta confianza en s{ mismo, en su
propia sensibilidad, en sus propios ideales, pero también es verdad
que no sélo el bisofio, sino hasta el mds ducho, depende de los
descubrimientos de otros y se ha nutrido en filosofias ajenas. El
fantasma del caos relativista se nos deshace entre las manos. Hay
1o sélo la sensibilidad humana general, con sus apetencias y sus6 [ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA
terrores, sino también la sensibilidad de la época, la comunidad
lingiistica, cultural, social, los habitos comunes de pensamiento....
Yo, por ejemplo, que no soy ni muy bisofio ni muy ducho,
sino que ocupo un lugar impreciso y cambiante entre uno y otro
extremo, en una frontera que califiqué de inexistente, puedo
asegurar que mi respuesta a la pregunta inicial no es de ninguna
manera 100 por ciento mia. Es, en muy buena parte, una respuesta
del tiempo en que vivo, de las lecturas que he hecho (y que han
hecho muchos contemporéneos mios), de los maestros que he
tenido, de las ideas y aun de los prejuicios de la época en que me
tocé nacer... (Serfa cuento de nunca acabar si me pusiera a decir
or qué pienso como pienso acerca de la literatura.)
De esto se sigue que el critico esrd aprendiendo siempre. No
se hace de una vez por todas. El verdadero critico habla desde st.
experiencia; y, como es natural, la experiencia de las obras lite-
rarias (a semejanza de la experiencia de la vida) no tiene limite.
Hay siempre nuevas cosas que leer, hay siempre nuevas lecturas
posibles de obras ya leidas. El que considera la experiencia como
tuna etapa que se concluye, como un ciclo que se cierra, se estd
condenando a la fosilizacién y a la muerte, No menospreciemos
nuestras capacidades de experiencia, y recordemos que ésta se va
haciendo no sélo con la leccura y la apreciacién personales de las
obras literarias, sino también con la lectura y la aceptacién (o el
rechazo), también personales, de las ideas que nos oftecen los
cxiticos licerarios,
‘Vuelvo, para terminar, al cuento de Rulfo, La critica de “Diles
{que no me maten” consiste en esto: en convertir en palabras lo que
hemos experimentado o descubierto al leer Es algo no completa-
‘mente distinto de lo que hizo el propio Rulfo cuando convirtié en
lenguaje su experiencia de la vida. Sélo que la manera de proceder
de la critica es més conceptual, més discursiva.
No todos los lectores tenemos las mismas capacidades 0
posibilidades de poner en palabras Jo que nos pasa, pero podemos
aprenderlo, Sin embargo, debemos guardarnos del peligro de que
{2QUEESLA CRITICA LITERARIA? ”
ese aprendizaje tome un rumbo pernicioso y nos aparte de la meta,
que es decir lo que nos pasa. Una experiencia ingenua producirs, por
supuesto, una critica ingenua, si, pero altamente respetable. Y si la
experiencia ¢s ingenua, la critica no dejaré de serlo aunque se cubra
de palabras altisonantes, aunque se revista de tecnicismos, aunque
se disfrace con ropajes cientificos. Una experiencia rica producira
una critica mas profunda, A menudo la critica més profunda se
hace por ello més técnica y complicada, pero noes algo que se siga
necesariamente, Puede haber criticas muy serias que se expresan
en las palabras mds comunes y cottientes. Por supuesto, las criticas
de esta clase son mucho més raras, mucho més infrecuentes que
las pomposas y vacias. Como dije al principio, los grandes criticos
literarios son tan raros como los grandes creadores, pero en nuestra
mano est hacernos mejores criticos.
Dije que el camino es hermoso: vale la pena emprenderlo. Dije
que el camino es largo: raz6n de més para emprenderlo cuanto
antes.