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Alatorre, Antonio. Ensayos Crítica Literaria PDF

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ANTONIO ALATORRE Ensayos sobre critica literaria (edicién corregida y aumentada) EL COLEGIO DE MEXICO 80195 A323e/2012 Alatorre, Antonio 1922-2010. Primera noone ciara Asoa ioe aed cme pau Mésn D.t “EL Colegio de Meco, 2012 DiGi (Cerin Ret) ISBN 978-607-4690 | 1. Critica lceraia, 2. Literatura -- Historia y exten 3. Creacién lteraria, artisiea, er. I Serie cedicidn en Leceuras Mexicanas: 1993 Primera edicién corregida y aumentada: 2012 DRO Et Couscro pe México, A.C. Camino al Ajusco 20 ‘Pedregal de Santa Teresa 10740 México, D-E. ‘www.colmexmx ISBN 978-607-462-390-1 Impreso en México INDICE Presentacion Incroduecién La critica literaria En tomno a creacién y tradicién Qué es la critica literaria? Critica literaria tradicional y critica neo-académica Primer intermezzo Lingtiistica y literatura Segundo intermezzo I. Réplica a Evodio Escalante II, Carta abierta a Evodio Escalante Menéndez Pelayo, problema histérico Un caso agudo de menendezpelayitis Menéndez Pelayo y los poetas mexicanos: tuna escaramucza critica En tomno al concepto de literatura “nacional” ‘Contra el nacionalismo: corrupcién de la nacionalidad Noticia bibliogréfica Indice onoméstico 1 7 27 B 39 87 99 nat na 131 145 161 169 181 193 205 207 16 ENSAYOS SOBRE GRITICA LITERARIA también razones histéricas las que me han movido a incluitlos: Menéndez Pelayo fue durante un periodo extraordinariamente largo el critico escuchado y reverenciado, el juez por excelencia de la literatura espafiola e hispanoamericana. Ciertos pasajes de los ensayos originales han quedado convertidos ahora en notas de pie de pagina (jmi mania!). Otras notas son adiciones recientes. También en el texto he hecho adiciones y correcciones, o simples retoques de estilo. En cambio, decidf no hacer nada en los casos en que me repito. Hay en el Erasmo y Expaita de Marcel Bataillon una frasecita incidental que se me quedé muy grabada: hacia 1515 “Erasmo escribe. Se repite, como todos aquellos que tienen algo que decir”. Me hago Ia ilusién de que si me repito es porque yo también tengo algo que decir. Septiembre de 1992 LA CRITICA LITERARIA La primera cuestién que se podrfa plantear en una mesa redonda sobre critica literaria' es la de su necesidad o legitimidad. Son ‘muchos, en efecto, los que niegan todo papel a la critica, diciendo que las obras literarias se hicieron para que las goce ingenuamente el lector, para que éste rectee y reviva la intuicién y la emocién del poeta,? y que lo que hace el critico es interponerse, como cuerpo ‘opaco y estorboso, entre la obra y el lector. Lo que pasa, claro, es que hay criticos y criticos, de la misma manera que hay lectores y lectores. De los nueve a los once aftos fui yo lector fandtico de Emilio Salgari sin que entre él y yo se interpusiera ningiin eritico (y para las lectoras fandticas de Corin Tellado enalquier critica seria tin estarho). Pera a los veinridés afios, cuando lef por primera vez.a Neruda, y a los veinticinco, cuando lef por primera ver a Géngora, ;qué ditiles me fueron Amado Alonso y Damaso Alonso! La funcién exegética, sin honduras “filosdficas”, podrd ser una de las mas elementales de la critica, pero esa modesta funcién puede resultar indispensable. El lector del siglo xvi lefa el Quijote sin ninguna ayuda exegéti- a, pero no hay duda de que el del siglo xx necesita una buena edicién anotada si es que quiere gozar plenamente a Cervantes. Por otra parte, emo cetrat los ojos al hecho de que hay criticos malos, criticos torpes, criticos tontos? Pero ésos no nos interesan ahora. Nos interesan los buenos, que existen —y han existido " Ponenca leida en la mesa redonda “La critica literaria en México”, organi- 22da por la Direccién de Difusién Cultural de la una, el 4 de octubre de 1955, nla Facultad de Filosofia y Letras. > Pocta significa aqui “escrito”, “autor de una obra literaria” (poesia, novela, tc); poema signifies “obra literati’. Es el uso alemda, 8 [ENSAVOS SOBRE CRITICA LITERARIA siempre— no por otra razén que por su utilidad en la repuiblica de las letras. El buen critico no estorba, sino ayuda, y su misién, entre otras cosas, es de indole pedagégica, pues guia a los demés lectores. El critico es un lector, peto un lector més alerta y més “total”, de sen- sibilidad més aguda: las cualidades de recepcién del lector corriente estén como extremadas y exacerbadas en el lector especial que es el critico. Y éste, ademas, tiene una intima necesidad de comu- nicacién: debe participar a otros la impresi6n recibida. Recrea, en cierta forma, la obra del poeta; es una especie de creador. En el poeta, la creacién tiene un carécter absoluto: él no juzga. El cxitico si juzga, pero en esta tarea no se apoya fundamentalmente en bases cientificas, sino en tuna intuicién personal iluminada por la inteligencia. Si el poeta nos comunica una experiencia, una intuicién intensa —y sélo las verdaderas obras literarias son capaces de comunicérnoslas—, el critico nos comunica su experiencia del poema. El creador original parte de la emocion suscitada en 41 por un hecho de la naturaleza, de la humanidad, de su viven- cia personal, de su fantasia. El critico parte, creadoramente, de su impresién de la obra literaria. Si todo lector refleja, como un espejo, la experiencia artistica transmitida por el poema, el eritico, lector privilegiado, dorado no sélo de mayor receptividad y de mayor sagacidad literaria, sino también de la capacidad de ‘comunicacién, es un espejo mucho més fiel y sensible, de mas pronta respuesta. Y, ademés, un espejo mucho més amplio, mucho més capaz de reflejar en toda su complejidad Ia esencia dela obra. Las impresiones que en el lector ordinario son difusas «¢ imprecisas, se dan organizadas, coherentes y Juminosas en el ctitico El eritico serd tanto mas perfecto cuanto mas perfectamente sepa recibir y transmitir el modo peculiar de experiencia que se manifiesta en el poema. Entre el critico excepcional y el criticastro hay una gama infinita, andloga a la que hay entre LAGRITICA LITERARIA 3 el poeta genial y el poctastro. Lo que hace al gran poeta es su modo de experiencia especialmente valioso, y ademas una extremada sinceridad, una acrisolada fidelidad a su visi6n, y la capacidad creadora de comunicarla; el pocta mediano es tam- bien sincero consigo mismo, pero su modo de experiencia no se Jevanta mucho sobre el nivel comiin de los hombres, 0 no logra cexpresarse perfectamente; y el mal poeta es el no sincero, el que simula, el que se adorna con plumas prestadas, el que pretende hacer pasar el cobre por oro. As{ también, el gran critico ¢s el que capta en su integridad el mensaje poético y expresa robusta y sinceramente su experiencia del poema; el critico mediano es el que, aunque hable con sinceridad, no llega a penetrar en el mundo del poeta; y el mal critico es el que tuerce, el que agranda o achica, el que deforma, el que traiciona. He dicho que, en mi opinién, el critico genial es el que puede captar y comunicar el mayor mimero posible de las infinitas dimensiones que hay en toda gran obra literaria, el que mas se acerca a la intuicion creadora del poeta en toda su riqueza y complejidad, agotandola en todos sus sentidos. Por eso una de las cumbres de la eritica literaria en lengua espafiola es, para mi, el libro de Amado Alonso sobre Residencia en la tierra de Pablo Neruda. Neruda nos transmite una visién peculiar de la vida, y Alonso su visién de esa visién. No le hace falta decir siquiera que el modo de experiencia de Neruda es valioso, que es él uno de los mayores poetas de nuestros tiempos; no hace propaganda: le basta con formular precisamente, armoniosamente, lo que noso- tros apenas balbuceariamos. Pero esta critica total, exhaustiva, agotadora, es la excepcién. Lo comtin son las criticas parciales. Parcial era hacia 1934, en Espafa por lo menos, la critica segiin la cual Garcia Lorca parecia no haber escrito mas que el romance de “La casada infiel”. Y parcial también la critica gongorina ante- rior a Alfonso Reyes y a Démaso Alonso, para la cual Géngora valfa por sus letrillas y obras ligeras, pero no por el Polifemo y las Soledades. He aqui algunos otros tipos de criticas que podriamos 2 ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA Ja que da una simple informacién sobre la obra, rica llamar parcial la que se detiene en lo puramente biogréfico, la critica hist (la historia literatia, por ejemplo, pone juntos a Lope de Vega y2.un pésimo dramaturgo como Matos Fragoso), la critica que estudia a los autores en funcién de otros autores o de las ideas de su época, la que descubre particularidades lingiisticas, la que explica pasajes oscuros, la que revela las influencias suftidas por el poeta, la que analiza el vocabulario, la versificacién, los recursos estilisticos, las imagenes por si solas, la que se detiene en el contenido ideoldgico, filoséfico, ético, social, etc. La enume- racién de estas criticas parciales no tendria fin. Casi todas estén presentes en un libro como el ya citado de Amado Alonso, pero su grandeza no esté en la acumulacién de ellas, sino en Ia vision totalizante. Cierto es que, por lo comiin, debemos contentarnos con criticas mas © menos parciales, 0, mejor dicho, con esos elementos de la critica. Porque el critico, como el poeta, no da mids de lo que puede dar, ‘Muchos de esos “elementos de la critica” o “criticas parcla- les” se fijan en los valores extraestéticos 0 se gufan por juicios aliterarios. O sea que, en tales casos, no se puede hablar en ri gor de critica literaria. Conviene insistir en esto. Hay muchas apreciaciones sobre poetas y escritores en las cuales hay cierta- mente critica, pero falta la referencia a lo literario. Uno de los primeros juicios sobre la poesia en el mundo occidental es el que hace Platén en su Repuiblica, No hay para qué citarlo aqui. ‘Todos sabemos que Platén rechaza la literatura por ser mentirosa y perjudicial. Juzga, pero sus criterios no son literarios, sino intelectuales, éticos, politicos. ;Demostré Platén que Homero o Séfocles eran artisticamente malos? No. Si acaso, demostré que su lectura era dafiosa en el Estado que él sofiaba. También Menéndez Pelayo hace critica, pero no critica literaria, cuando desdefa ciertas obras de Juan de Valdés con la peregrina explica- Gidn de que “la lengua castellana no se forjé para decit herejias”, co cuando condena malhumorada y tajantamente esa extrafia obra TAGRITICALITERARIA a maestra que ¢s la Lozana andaluza por su franqueza sexual tan sin tapujos. Los criticos marxistas de ahora suelen condenar de manera igualmente tajante a los escritores que no se refieren a determinados aspectos sociales. Y un sacerdote catélico, en el iiltimo ntimero de cierta revista mexicana, viene a decir més 0 menos que los poemas que él escribe, rebosantes de sentimiento religioso, son mejores que Muerte sin fin de José Gorostiza, porque éste es un poema ateo.? La critica literaria, por supuesto, tiene que manejar también criterios extraestéticos, precisamente porque en las obras literarias suele haber valores excraliterarios. {Cudntas dimensiones hay en Dante, en Shakespeare o en Cervantes que no son de orden puramente estético! La comprensién total de Dante —y eso es ante todo la critica: comprensién— incluye también la compren- ® “El libro de José Gorostiza subié como el hongo de las armas nuevas (J Pero, hay que confesarlo, ran bello edificio se levantaba sobre una columna ideo- lgica sin consistencia, ya perfectamente catalogada por los tatados en su inep- cia evolucionista. Después de algunos afios, Muerte sn fin nos da la sensacion de haber sido escrta sin fin alguno. Nadie pudo tomarla como una respuesta lgica las angustias del hombre actual [...]. Ese ‘Dios inasible que me aho- Ba... no es conceptismo ni gongorismo: es la retérica del antifaz que no tenia cara’: Manuel Ponce, "Dios y el poeta”, en Abside, vol. 19, 1955, pp. 330-331. La experiencia del padre Ponce esté en el polo opuesta de la mia. A mi el po- ‘ma de Gorostiza se me engrandecié el dia en que, suprimiendo “mi ingenuo afin de traducir el lengua del porn enguje de serdas cussions onl sicasy epistemoldgicas”, senei que Muerte sn fin “es 99 por ciento misica y 1 Por cna compen acme "Nate ore, popu a Biblioteca de Mexico, ims. cet0, noviembre-diciembre de 1990, o bien nim. 1, «nero-febrero de 1991. Esto me hace pensar en oro articulo mio, “La Noche asca- v2 de san Juan de la Cruz”, publicado en la Gacera del Fondo de Cultura Eco- némica en diciembre de 1989. Digo alli: “Un leetor eatélico, que siente como cosa real el comercio entre Cristo y el alma, forzosamente le la poesia mistica Postscriptum. Las piginas anteriores, destinadas a una lectura, povid teasformare Fciment en un verdadero ancl de revi, desareo~ Ilando algunos puntos y abreviando otros. He preferido dejaclas como estén. No revel pndes verdad, pero seviin quicd como un etimono, Vario libros fundamentales y algunos articulos de lectura reciente han dejado su huella en lo que he escrito. Me apresuro a reconocer mis deudas: ‘Alfonso Reyes, Eldeslinde; La experiencia lteraria Dimaso Alonso, Poesia expatola. Ensayo de metodes y limite silico. René Wellek y Austin Warren, Theory of literature. John Middleton Murry, Elesilaliteraro, rad. de Jonge Herndndez Campos. ‘William H. Heath, “The literary criticism of John Middleton Murry’, en Publications of the Modern Language Asociation, vol. 70, 1955, pp. 47-57 Harry Levin, “Criticism in crisis”, en Comparative Literature, ol. 7, 1955s 144-155 PP Nulien Benda, “Quiestce que a crtque”, en la Nowell Rerue Frans, afio 2 1954), nim. 17. . Francesco Flora, “Lufficio delle letteree il metodo della critica’, en Lettera- sure Moderne, ol. 4, 1953, pp. 253-275. Francis Fergusson, “Teaching and criticism’, en el Yearbook of Comparative and General Literature, vo. 3, 1954. Gianni Scalia, resefia del libro de G. Luks, 1! marsismo e la critica letera- ria, en Convivium, 1954, pp. 743-748. Jorge Portilla, “Critica dela sim. 1, pp. 48-58. cen Revista Mexicana de Literatura, 1955, EN TORNO A CREACION Y TRADICION* 1La obra literaria perfecta, dice John Middleton Murry, es “aque- Ila que combina cl maximo de personalidad con el maximo de impersonalidad”. El gran critico inglés ha expresado en esta frase una verdad llena de meollo. Maximo de personalidad y méximo de impersonalidad: lo universal y lo individual, lo general y lo particular. Murry alude a la fuerza maxima de conmocién en el espiritu del poeta, garantia y condicién de la capacidad méxima de conmocién en el espititu de sus lectores, pero también alude a la relacién entre la tradicién y la creacién, entre la herencia comin, dato pasivo, y el hecho tinico, sin repeticién, el gesto activo y original del creador literario. Se trata mas o menos de la misma distincién que, en el terreno de la lingiifstica, hace Ferdinand de Saussure entre langue (el lenguaje como entidad general, como fondo comtin, a la vez realizacién colectiva y potencia para miiltiples actos) y parole (cl lenguaje como seleccién individual, como manifestacién de tun querer personal, actualizacién concreta y viva de lo que era Potencia indiscriminada). Asi como toda habla individual depende del idioma, de la lengua en cuanto fondo colectivo, asi toda gran obra literaria tiene, en una o en otra forma, lazos con lo general, con lo ya sabido, lo ya vivido; necesita tocar fibras ya existentes, para agitarlas dulcemente o ferozmente, para heritlas para acariciarlas. Aqui ésté su universalidad, su impersonalidad, su tradicionalidad. Pero también, toda gran obra literaria es una expresién nueva, nunca * Fragmento de una conferencia dada en la Universidad de Texas (Austin, ‘Texas), cn abril de 1958. a ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA ‘porque quiere, quizd porque la necesita, pero en todo caso por cleccién libérrima y espontinea. La cleccién de una tradicién dada, aunque suene a paradoja, constituye ya una forma de originalidad, En cada momento de la historia literaria y en cada autor hay, de hecho, un gran néimero de elementos tradicionales casi forzosos: es el “méximo de impersonalidad” de que habla John Middleton Murry; pero al lado de esos elementos que la tradicién impone al escritor y que él debe superar con su genio, estén los temas, las formas, los procedimientos tradicionales libre y gozosamente adoptados por el poeta, elementos tan suyos y tan originales como el fondo imprevisible ¢ insondable de su propia experiencia, el “maximo de personalidad” que nosotros, con amor y veneracién, llamamos genio. ¥ en los grandes poetas, su personalidad misma es el secreto de su impersonalidad. Como ha dicho Amado Alonso a propésito de Neruda: “Los individuos més originales, si se les mira bien, resultan los mds representativos de la vida circundante; no en lo contingente, sino en lo esencial. No hay estilo individual que no incluya en su constitucién misma el hablar comin de sus préjimos en el idioma, el curso de las ideas reinantes, la condicién histérico-culeural de su pueblo y de su tiempo”. 2QUE ES LA CRITICA LITERARIA? ‘Antes de explicar lo que yo entiendo por critica de la literatura, tendré que decir unas palabras acerca de la literatura, 0, mas concretamente, acerca de las obras literarias.' ‘Una obra literaria se puede definir de muchas maneras. A mi me gusta, por econémica, esta definicién: una obra literaria es la concrecién lingiistica (concrecién en forma de lenguaje) de una emocién, de una experiencia, de una imaginacién, de una actitud ante el mundo, ante los hombres. Un cuento, un poema, una novela, etc., son obras literarias: convierten en lenguaje, digamos, la adoracién de la belleza, la indignacién por la injusticia individual o social la fascinacién por el mistcrio de la vida 0 por el misterio de la muerte, el sentimiento de serenidad 0 de terror © de melancolia dejado por cierta noche... (y esta enumeracién podria seguir hasta el infinito) Pues bien: asf como el cuento, el poema, la novela, han convertido en lenguaje la experiencia del autor, asi la critica de ese cuento, de ese poema, de esa novela, convierte en lenguaje la experiencia dejada por su lectura. La critica es la formulacién de (a experiencia del lector. Pone en palabras lo que se ha experimen- tado con la lectura. zAsi de simple? Si, sélo que esa simplicidad puede ser dificultosisima. Como la experiencia de la lectura es a ‘veces sumamente complicada, hecha de elementos enormemente vatiados y complejos, ese poner en palabras se puede complicar hhasta llegar a ser algo tan técnico o tan exigente como una filo- Estas piginas son la “versin escrita” (1973) de una conferencia dada de va vor el 22 de junio de 1972 en la Libreria Universitaria, Era parte de un ciclo llamado *Cémo hacer critica” (de pintura, de misica, de cine, et); mi me tocé erature’ ry “ ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA sofia 0 como un sistema cientifico. De hecho, los grandes criticos literarios son tan raros como los grandes creadores literarios. Mis raros atin, tal vez, La razén puede ser ésta: los medios de que se vale el creador literario son fundamentalmente irracionales, intui- tivos, casi “fatales” (a veces se habla de “dones divinos”), mientras que los medios de que se vale el critico son fundamentalmente racionales, discursivos, y por lo tanto se consiguen més por las vias del esfuerzo, de la disciplina y del estudio que por las vias gratuias de la intuicién. Por eso el critico puede “formarse”. Por eso hay incluso cétedras para la mejor preparacién de los criticos literarios. (No se sabe, en cambio, de ningiin verdadero creador literario que haya llegado aserlo a causa de que “se forms” siguiendo cursos de cteacién.), Tal vez nunca Heguemos a ser “grandes” criticos. Pero es un hecho que todos los lectores podemos hacernos criticos, y que todos los ctiticos podemos hacernos mejores criticos. Son metas que estan a nuestro alcance. Digamos que hemos lefdo ese cuento, ese poema, esa novela. © no: hagamos otra cosa mejor: leamos una obra determinada. Sea un cuento de Juan Rulfo, digamos el cuento intitulado “Diles que no me maten”, de su libro El Ulano en llamas. (Para entender mejor lo que va a seguir, seria efectivamente muy bueno leer ese cuento de Rulfo, o releerlo si su lectura no es muy reciente. Perdén si esto causa alguna incomodidad: pero lo que va seguir puede decirse lo mismo en un lenguaje general y abstracto que en un lenguaje particular y concreto, y yo prefiero decididamente la segunda manera. Si tomara una novela de Juan Carlos Onetti, o un poema de Tomis Segovia, los rasgos que destacarfa serian naturalmente otros, pero mis conclusiones, en cuanto a lo que es la critica, serian las mismas.) Elijo “Diles que no me maten” por una razén de comodidad: conozco a muchisimos lectores de ese cuento, sobre todo lectores jévenes, y puedo asegurar (observacién de hecho) que a ninguno lo ha dejado indiference. Asi se hace mds cémoda la tarea de {QUEESLA CRIFICA LITERARI? 4s entenderse, Pero muy bien puede ser que entre los que me estén leyendo haya alguno que sienta que ese cuento “no le dice nada" Fs bien posible: estd en el orden de las cosas, y no hay que alarmar- se excesivamente, Desde luego, una cosa que nunca hay que hacer es fingir que nos interesa una obra que nos ha dejado indiferentes. (Acse lector que ha encontrado hueco y vacfo el cuento de Rulfo, mero sonido de palabras, le suplico yo que ponga en su lugar algo que a l le interesa, y que en lugar de los rasgos que yo destaco, destaque él los rasgos pertinentes de esa obra que él ama.) Pero antes de entar en materia no estard de mas decir unas palabras acerca de la critica “adversa”, porque después no voy a hablar mds que de la critica que més me importa (aunque ésta también, ocasionalmente, pueda ser adversa). 1. Muchas personas piensan que hacer critica de un libro 0 de un autor, criticarlas, es lo mismo que censurarlos, “meterse con ellos”? “ponerlos como trapo”. Yo no le doy ese significado ala palabra. Para mi, critica significa “apreciacién, valoracién, juicio, entendimiento de alguna cosa’, en este caso una obra literaria. Tal apreciacién podrfa traducirse en una condena, pero so ya serfa por culpa de la que se pretendia creacién literaria, sin serlo, y no por culpa de una determinada actitud critica, porque |a critica, segiin mi definicién, no estaba de ninguna manera predispuesta a un rechazo. 2. Claro que la critica “adversa” —cuando es critica, se entien- de— puede ser tan iluminadora como la critica “favorable” 0 “entusiasta”. El critico que niega categoria estética, categoria de cteaciones literarias a tales o cuales productos, aunque en otro ‘erreno sean algo (reportajes, por ejemplo, o incluso ejercicios de gramdtica), les esté negando en el terreno literario su ser mismo, ® Hay un gracioso ensayo de Enrique Dies-Canedo llamado “Meterse con” (cn a primera serie de sus Conversacioneslteraras, editadas por su hijo Joaquin). Invite a mis leceores a leelo se van a divert. 4“ ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA Jas esta declarando “no-seres”, y por consiguiente estd afirmando sus ideales del verdadero “ser”, de la verdadera obra literaria. 3. Sin embargo, el fraude total, el completo no ser, el cero abso- luto, son fenémenos muy raros, y quizd puramente hipotéticos, centes imaginarios. Baste pensar esto: la peor novela tiene lectores. A ‘mi, por ejemplo, las novelas de Corin Tellado me parecen (porque ése es mi esquema mental, lo reconozco, o sca mi actitud critica) la negacién misma de la creacién literaria; y sin embargo me es forzoso reconocer que Corin Tellado tiene infinitas lectoras, y que esas lectoras, que por supuesto son tan seres humanos como yo, experimentan en su esfera las mismas emociones que el lector de Marcel Proust en la suya. (;Las mismas? No estaré exagerando? No, porque son emociones hechas de idéntica sustancia, por mas que, muy probablemente, las lectoras de Corin Tellado tenderén a pensar que la esfera de ellas, la esfera corintelladesca, es mucho més amable y placentera, mucho més cilida y grata que la esfera enrarecida del lector de Proust, naturalmente, ni siquiera se dignaré asumarse a la oua esfera, sintiéndola barata e idiota.)* 4, Por lo tanto, el hipotético condenador absoluto del cuento de Juan Rulfo, si es un critico informado, tiene que saber, forzo- samente, que existen acerca de él muchas valoraciones “favorables” y aun “entusiastas”. Y, si procede verdaderamente como critico, no > Durante afios of mencionar las novelas de Rafael Pérez y Pérez como «jemplo supremo de “subliteracura’, pero jamés cayé una en mis manos. Pos- teriormente pasaron a ocupar ese lugar las novelas de Corin Tellado, cuyo nombre, més eufénico que el de Pérez y Pérez, adopré en mis clases de Teo- aria cuando de “subliteratura” se trataba. Tampoco habia leldo nin- guna, pero mis alumnos y yo sabfamos por dénde iban, Ahora bien, usa ver fuimos invitados, mi familia y yo, a pasar un fin de semana en la casa que ciettos desconocidos (amigos de amigos) tenfan en un lugar turistco, y alll, cn la sala, me encontré con docenas de novelas de Corin Tellado. ¥ mientras Ja familia paseaba por prados y oteros ylagos, yo me dediqué a leerlas, con la ‘misma clase de regocijo —de eso estoy seguro— con que Cervantes leyé la Fortuna de Amor de Antonio de Lo Frasso; véase Don Quijote, primera parte, cap. 6, hacia el final {QUEESLACRITICA LITERARIA? oe me cabe duda de que eso lo estimulars a hacer de su condena un verdadero juicio 0 entendimiento, una verdadera eritica literati. 5. La conclusién de todo esto es muy clara. En un cuadro total, que abarque todos los aspectos y todas las repercusiones de una obra determinada, es normal encontrar dosis de aceptacién y dosis de rechazo. No hay aqui nada 100 por ciento “negro” ni 100 por ciento “blanco”, Nuestra reaccién personal, sies honrada, rara vvex es asi de intransigente. Y si leemos una historia de la critica no tardaremos en encontrarnos con que nadie (ni Homero, ni Shakespeare, ni Dante, ni Cervantes, ni Goethe) se ha visto libre de “lunares”, de “debilidades” y aun de “estupideces”, al pasar por el juicio honrado de generaciones de lectores. De ahi que las buenas criticas, en la prdctica, no usen la “censura” sin algunos granos de “clogio” (y viceversa). Las criticas 100 por ciento negras, las criticas implacablemente aniquiladoras, tienen siempre, en mi opinién, una dosis més 0 menos fuerte de ignorancia (0 de “mala leche”, que no sé si es peor). Hemos leido, pues, “Diles que no me maten” y nos ha impresiona- do de una u otra manera. No de la misma manera a todos, desde luego. Algiin lector viviré el cuento como evocacién o recteacién de un ambiente rural mexicano; otro tendré la impresin de que Rulfo transcribié en estas paginas una escena muy concreta y muy patética, presenciada por él; otro se sumergiré sin mas en ese patetismo, ya fuerza de identificarse con Juvencio Nava sentird en si esa misma urgencia de vivir, y unird su voz a la del pobre viejo (probablemente con el corazén palpitandole) pata gritar con él [a abyecta suiplica: “Diles que tengan tantita léstima de m!”, y al decirla sentird la esperanza (remota, si, pero esperanza) de que el coronel, el hijo de don Lupe Terreros, se compadezca; pero otro se identificard mds bien, quiad, con el justiciero coronel; otto se conmoverd por la eficacia del lenguaje, por su desnudez. (que puede ser desolacién, que puede ser precisién); otro, a lo mejor, ni siquiera se fijard en el lenguaje (0 creerd, con desdén, que es0 s ENSAYOS SOBRE CRITICA ITERARIA cs cosa de “eruditos” o de “filélogos”) y se atendré sélo al drama, al impacto; algunos sentirdn que el cuento es una obra maestra de cilculo, con sus porciones bien equilibradas de tensién y disten- sidn, de ironfa y de drama; otros rechazarén, aun con indignacién, cualquier idea de céleulo y de artificio, y dirén que el cuento es Ja espontaneidad misma. He enumerado algunas de las posibles reacciones, pero éstas son pricticamente ilimitadas, por la misma razén de que son préc- ticamente ilimitadas las sensibilidades humanas. Pensemos (por via de ejemplo) que la experiencia de un lector finlandés sencillamente no puede ser idéntica a la de un lector mexicano, Pero, en fin, baste con esta enumeracién. (Cada cual podré en este momento hacer explicita su propia reacci6n, decir honradamente la respuesta que primero le vendria a los labios si se le preguntara a boca de jarro: “.Qué es lo que te ha impresionado de este cuento?”) ues bien: si se dan todas esas reacciones de los lectores, es que todos los estimulos necesatios para ello estin de alguna manera en el cuento, unos més a flor de tierra, por decir asf, otros més sote- rrados; unos bien expresos, otros insinuados apenas. Es evidente que algunos de esos estimulos los “puso” Rulfo conscientemente, mientras que otros “se le colaron” sin que él se diera cuenta. (jTan- tas veces ocurre que un escritor se asombra de lo que los lectores hhan econtrado en su obra!) Nunca podremos separar con precisién Jo consciente de lo no consciente. Pero un hecho es claro: todo lo que “Diles que no me maten” nos esté transmitiendo de la vida de Rulfo, de su experiencia, de sus recuerdos y sus obsesiones, de su sentido de la tragedia y la ironfa, de su ternura, de su enorme compasién pot los seres humanos, en una palabra, todo lo que hay alli de su: mundo total (0 sea: su mundo consciente y su mundo subconsciente), todo eso se ha convertido en lenguaje, todo eso se nos da en forma de lenguaje. Lo que hace el lector es descifrar el lenguaje del autor, “desco- dificar” su mensaje. No tiene por delante al hombre Juan Rulfo (y silo tuviera por delante, ;cémo harfa para entrar en comunién {QUEESLACCRITICA LITERARIAY 2 directa con su mundo?). Lo que tiene por delante son unas pocas péginas escritas en la lengua espariola de México. Y esos cuantos centenares de palabras, esos pequefios puftados de lenguaje, son |a dinica garantia de la autenticidad de su experiencia, porque son la tinica garantfa de la emocién, del conjunto de emociones que consciente o inconscientemente Ilevaron a Rulfo a escribir “Diles que no me maten’. La critica literaria trabaja con ese len- guaje, dice qué es, qué hay detrés de él, qué significa. ‘La “tarea” de Juan Rulfo terminé cuando entregé su cuento ala imprenta, o antes, cuando escribié la tilkima palabra, cuando hizo el iiltimo retoque. La “tarea” de los lectores, en cambio, no ha termi- nado ni lleva muchas trazas de terminar. (Hay “tareas de lectores” que duran siglos y siglos.) Eso es la Jectura. Para esa tarea se nos han entregado las obras literarias: para que las leamos. Ahora bien, el critico literario es un lector que no se guarda para sf mismo su expetiencia, sino que la saca fuera, la pone a la luz, la hace explicita, Ja examina, la analiza, se plantea preguntas acerca de ella. Es lo que muchos lectores suelen hacer en realidad, aunque sea en la forma ingenua o genérica de una exclamacién: “Si vie- ras cémo me ha impresionado esto que acabo de leer!” Y en ese momento ha comenzado la eritica literaria. El camino que viene a continuacién puede ser muy largo. Muy largo y muy hermoso. Porque la experiencia de la literatura —como la de la misica, como la de la pintura—, aunque esté hecha muy a menudo de elementos vitales no precisamente placenteros (sino, por ejemplo, angustiosos), es en s{ misma, en cuanto experiencia literaria, un fendmeno placentero. Es placentero sentir més, ahondar més, arro- jar nuevas luces, descubrir en la obra lo que la primera lectura, la lectura ingenua, no nos habia permitido descubrir atin, En lecturas osteriores, en lecturas maduras 0 menos ingenuas, el cuento de Rulfo nos resultaré seguramente mucho més complejo, mucho ‘mds ambiguo, mucho més rico. (A lo mejor, pongamos por caso, cn la primera lectura no nos haba conmovido todavia ese rasgo de Juvencio Nava: su pristino y elemental amor a la tierra. A lo 50 [ENSAVOS SOBRE CRITICA LITERARIA mejor en la primera lectura habiamos visto sélo el lado justiciero, pero no el lado humano del coronel. A lo mejor en la primera lectura no nos habiamos dado cuenta de la funcidn estructural que tiene la dislocacién del orden cronolégico de los hechos narrados,) Una parte del enriquecimiento de nuestra visién corresponderd, no dudarlo, al propio cuento, mas polivalente de lo que cre‘amos; pero otra parte, y de ordinario una grandisima parte, corresponde nuestra experiencia de otros cuentos de Rulfo, o de cuentos de o autores, o de otra clase de productos literarios, o de otra clase fenémenos artisticos; y corresponde también, necesariamente, a que nosotros pensamos, a lo que nosotros somos, a lo que la vi nos ha dejado, a lo que la vida ha hecho de nosotros. Dicho escuetamente: una parte del enriquecimiento de nuestra lec se debe a nuestra experiencia vital. Si durante rodo este miltiple proceso de enriquecimient seguimos haciendo explicita nuestra reaccién a la obra literaria, si ponemos en palabras (aunque no sean palabras escritas) nuest apreciacion de esa obra, si estimulamos y desarrollaunus snuestic habito critico, nuestro “instinto” de andlisis, en algiin moment habremos dejado de ser simples lectores, y quiz4 alguien diga q somos criticos literarios (y ojalé que buenos criticos literarios) En qué momento? Imposible saberlo, y ademés no importa. La frontera entre “lector” y “critico” es invisible. En realidad no existe En esta frontera (inexistente) es donde yo me veo. He recorrida parcialmente un camino del cual dije que es largo y hermoso. Es ese camino, detras de mi —es sélo una manera de decit— veo a Jos jévenes, a los inexpertos, a los que todavia no saben leer bien, a los que hacen lecturas ingenuas ¢ inmaduras. A ellos trato de ayudarlos. (Una parte de la critica literaria se convierte espon- téneamente en ayuda.) En ese mismo camino, a mis lados, a la izquierda y a la derecha, veo a otros que lo-secorren conmigo. Son mis compaiieros en el viaje de exploracién y de descubrimiento: ottos eriticos, otros lectores, otros lectores-criticos. Con ellos me gusta conversar, (Una parte de la critica literaria se nutre en el {QUEESLA.CRITICA LITERARLW sx diilogo.) Y delante de mi, muy adelante a veces, perdidos algunos en la lejania de las cumbres, estin los grandes criticos, los maestros de hoy y de ayer. De ellos trato de aprender. (Otra parte de la critica literaria esté hecha de aprendizaje.) Yo diria que un critico es tanto mejor cuanto més comprensiva o abarcadora es su lectura, cuanto menos unilineal y predetetmina- dacs la direccidn de su juicio. Yo diria que el que ve el conmovedor desvalimiento de Juvencio Nava al mismo tiempo que su atroz primitivismo, y el lado justiciero del coronel al mismo tiempo gue su lado humano, es mejor critico que el que ve uno solo de 30s aspectos. Yo dirfa que el que comprende cémo la fuerza del ccuento se debe a su lenguaje propio y a su estructura peculiar, ¢ incluso se pone a analizar ese lenguaje y esa estructura (de manera “impresionista” 0 de manera més “técnica”, segtin su preparacién y sus fuerzas), es mejor critico que el que cree que el cuento es fuerte simplemente porque toda situacidn asi es fuerte y emocio- nante, (La literatura es, por supuesto, una imagen 0 proyeccién le la vida en forma de lenguaje, pero no es lo mnisino que la. vida: no hay que confundir.) Yo dirfa que el que integra esa compleja visién del cuenco de Rulfo en una experiencia més vasta—y no me importa mucho si esta experiencia més vasta puede ostentar 0 no un nombre impresionante, como “sistema estético” o algo por el estilo— es mejor critico que el que se encierra en una experiencia estrecha y responde aisladamente, ocasionalmente, a un estimulo ocasional y aislado. Pero jmucha atencién! No hay que forza las cosas. No hay que Violentar eljuicio. No hay que fingir que es experiencia nuestra lo ue otros dicen, lo que otros han sentido. La critica literaria tiene esto de curioso, esto que la distingue, por ejemplo, de la investi- gacién cientifica: que en ella (en la critica literaria) se identifican ssujeto y objeto, mientras que en la investigacién cientifica sujeto y objeto estén separados. El hombre de ciencia puede apresar en sus redes una cosa obviamente distinta de lo que es él como persona; trabaja con lo que no es su yo; puede plantarse frente a ese objeto, 2 ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA rodearlo por todos lados, reconocerlo y delimitarlo, El exit literario, en cambio, se enfrenta a si mismo, trabaja con su propi experiencia, con su propio yo. Si se ocupa del cuento de no es porque sea algo ajeno, distinto de al, desligado de su exp riencia, sino justamente porque es algo que se ha hecho parte si mismo. De alli que hablar de “critica objetiva”, en este terren me parezca un solemne disparate. Nadie puede decirnos: “Mi yo he apresado en mis redes el cuento de Rulfo, y objetivamen les digo que es esto 0 lo otro”. No hay tal cosa. Ninguna crit literaria (0 artistica, en general) es objetiva. Toda ortica es subj Si, ya sé que se habla de la “objetividad” como de una deseabie, Pero, de hecho, alo que con eso se alude es a cosas mi elementales, muy modestas: se proclama la obvia necesidad de qi el critico se despoje de elementos “adventicios” de simpatia 0 antipatia (que olvide, por ejemplo, que el autor es amigo suy © que es muy famoso, o que ¢s italiano y a él no le caen bi los italianos, © que una vez firmé una declaracién politica con que él no esté de acuerdo) y se atenga exclusivamente al zexto qi tiene por delante. Se trata, en otras palabras, de hacer una simp limpicza previa, de dejar la actitud critica (la subjetividad critica lo més desembarazada posible de elementos turbios. Claro que ctitico es libre de elogiar el libro de un amigo o de sabotear uni obra que estima datiosa (por razones morales, digamos), pero tal caso deberia declarar sus motivos, y esto no ya por razon de “decencia’, sino pura y sencillamente por razones de criti para evitarse a si mismo (y evitarles a quienes lo oyen o lo leen) el mazacote que resultarfa de mezclar los elementos adventicis y parasitarios, no-pertinentes, con los elementos pertinentes esenciales, que son los que estan en el texto, Espero que con esto se entienda por qué mi respuesta a la preguni inicial —*;Qué es la critica literaria?”— es una respuesta perso yy subjetiva. Ya en la primera linea escribi las dos letras de la pala bra “yo”. No las puse por arrogancia. Lo arrogante hubiera sido {QUES LACCRITICA LITERARIAY 3 ncificar: “La literatura es esto 0 aquello”; “La critica literaria es, desde siempre y para siempre, tal o cual cosa”. Pero tampoco las puse por modestia. Si hablé desde mi punto de vista personal es sencillamente porque creo que ésa ¢s la tinica manera de contestar Ja pregunta. La tinica manera? Si, y lo demuestro con dos razones: ‘1, Existen muchos conceptos, muchos métodos, muchos sistemas en corno a lo literario. Existen, podriamos decir, muchas filosofias de la literatura. Esos conceptos y sistemas han funcionado lo menos en un momento, por lo menos pata una persona, Y algunos de ellos han funcionado durante mucho tiempo y para muchisimas personas, Es claro, por ejemplo, que el sistema de Arist6teles dista mucho de haber muerto, a pesar de que no pocas veces, a lo largo del tiempo, se ha pretendido firmar su acta de defuncién. Pero también es claro que muchas filosofias de la liceratura prescinden o han prescindido de la doctrina de Aristéte- les, y que incluso entre los “aristotélicos” de ayer 0 de hoy no hay ninguno que haya hecho 100 por ciento suyas las ensefianzas del maestro griego. Y pongo de ejemplo a Aristételes sélo por tratarse de un critico muy antiguo y muy prestigioso, pero lo mismo hubiera podido poner cualquier otro ejemplo. Por otra parte, es también claro que en el pasado (remoto y cercano) ha habido concepciones de la literatura que, aun habiendo funcionado y “servido” durante un lapso més o menos largo, no interesan hoy a nadie; y que, por el contrario, en nuestros dias han surgido concepciones que hubieran sido inimaginables en el pasado. El que se interese en este hecho —la multiplicidad de conceptos de la literatura y su respectiva vigencia o “utilidad”— podré encontrar confirmaciones de él con la mayor facilidad del mundo: cualquier crudito, cualquier profesional de los estudios literarios, podré darle, en unos cuantos segundos, una lista de grandes tedricos de la literatura, de grandes eriticos que han desarrollado un sistema propio. Y no nos quepa duda de que en los afios y siglos fururos los seguiré habiendo. Porque, como vimos, la literatura no existe sa ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA propiamente como hecho objetivo y clasificable 0 rotulable tuna vez por todas, sino que busca su realizacién en las distin subjetividades, en las diversisimas conciencias individuales, ahi que la respuesta a la pregunta “Qué es la literatura?” (y, consiguiente, a la pregunta “:Qué es la critica literaria?”) te que ser estrictamente personal. 2. La segunda raz6n es més contundente, y por lo tant necesita menos espacio. Los sistemas que se nos presentan cot objetivos, o incluso como cientificos, no son sino fruto de uns meditacién o de una conviccién individual. Cualquiera que di que “no hay obra literaria sin tales o cuales requisitos”, o que “ critica que no atiende a tales o cuales aspectos de la obra literati no es verdadera critica’, lo que est4 exponiendo es un credo per- sonal. ¥ si un critico, reaccionando contra otro que se deja gui por “lo que el corazén le dicta”, declara que él no se flaré de al tan movedizo como el coraz6n, sino que analizaré la obra liter con una computadora electrénica para obtener una calibracién. auténticamente cientifica, lo que esta haciendo es demostrar stu muy personal desconfianza de lo que dice el corazdn y su muy personal fe en los datos desnudamente “cientificos” o técnicos. Verdaderamente, asi lo siento: cada toma de postura frente a la obra literaria es una actitud personal. Por eso no creo ser arrogante si digo que la inica manera de contestar la pregunta que se hace al comienzo ¢s mi manera personal de contestarla. Si tengo una ‘manera mia, es que todos tienen la suya. No es arrogancia decir que soy uno de tantos. Cada uno de nosotros es uno de tantos. iQuiere esto decir que mi respuesta es totalmente relativista? {Quiere decir que todas las respuestas tienen exactamente el mis- mo grado de validez? La verdad, no. Porque a continuacién de lo anterior hay que reconocer un hecho que habla en contra del desmenuizamiento 0 del caos individualista. Este hecho se llama a veces sensibilidad social, a veces afinidad cultural, a veces simplemente solidaridad humana. (Puede tener muchos otros nombres.) He insistido tanto en la subjetividad de #qUE SLA CRITICALITERARINY 55 Ja respuesta porque creo que lo que més paraliza a los posibles critcosliteratios es el emor de guiarse por su propia experiencia, como si ésta fuera anémala o ridicula, y el afin de adherirse a lo que opina o siente alguien més experto, para asi no equivocarse. Pero en cuanto surgen las respuestas individuales se ve que no hay tal anomala. Una y otra vez, cuando un grupo de jévenes Jee conmigo el cuento de Rulfo, nos encontramos, ellos y yo; con que su experiencia y la mia tienen mucho en coméin. Y si nuestra experiencia es andloga, es que también son andlogos nuestros jdeales humanos, 0 sea nuestros ideales criticos. Después de un rato, los més timidos acaban por cobrar confianza y hablan, no con palabras convencionales (o aprendidas de un maestro, o de tun libro de texto), sino con palabras propias, de lo que el cuento de Rulfo ha significado para ellos. Dicho de otro modo: todos los que tienen alguna experien- cia literaria tienen también, necesariamente, sus ideas acerca de lo literario, pero no todos tienen la confianza en si mismos que hace falta para expresar esas ideas, para comunicérselas a los demés, Tal actitud es explicable, porque se trata justamente de experiencia, y un inexperto puede hacer el ridfculo cuando habla de algo que no conoce en la medida suficiente. Pero eso nos pasa a todos. No hay nadie que sepa cuanto hay que “saber” acerca de la literatura. Todos, en mayor o menos medida, nos apoyamos en otros més expertos que nosotros, en hombres que han leido més, © que han desarrollado mejor el dificil habico de pensar. (Por lo demés, también ocurre a cada paso que el critico muy sofisticado aprende mucho del lector primerizo y virginal.) Es verdad que aun el més bisofio necesita cierta confianza en s{ mismo, en su propia sensibilidad, en sus propios ideales, pero también es verdad que no sélo el bisofio, sino hasta el mds ducho, depende de los descubrimientos de otros y se ha nutrido en filosofias ajenas. El fantasma del caos relativista se nos deshace entre las manos. Hay 1o sélo la sensibilidad humana general, con sus apetencias y sus 6 [ENSAYOS SOBRE CRITICA LITERARIA terrores, sino también la sensibilidad de la época, la comunidad lingiistica, cultural, social, los habitos comunes de pensamiento.... Yo, por ejemplo, que no soy ni muy bisofio ni muy ducho, sino que ocupo un lugar impreciso y cambiante entre uno y otro extremo, en una frontera que califiqué de inexistente, puedo asegurar que mi respuesta a la pregunta inicial no es de ninguna manera 100 por ciento mia. Es, en muy buena parte, una respuesta del tiempo en que vivo, de las lecturas que he hecho (y que han hecho muchos contemporéneos mios), de los maestros que he tenido, de las ideas y aun de los prejuicios de la época en que me tocé nacer... (Serfa cuento de nunca acabar si me pusiera a decir or qué pienso como pienso acerca de la literatura.) De esto se sigue que el critico esrd aprendiendo siempre. No se hace de una vez por todas. El verdadero critico habla desde st. experiencia; y, como es natural, la experiencia de las obras lite- rarias (a semejanza de la experiencia de la vida) no tiene limite. Hay siempre nuevas cosas que leer, hay siempre nuevas lecturas posibles de obras ya leidas. El que considera la experiencia como tuna etapa que se concluye, como un ciclo que se cierra, se estd condenando a la fosilizacién y a la muerte, No menospreciemos nuestras capacidades de experiencia, y recordemos que ésta se va haciendo no sélo con la leccura y la apreciacién personales de las obras literarias, sino también con la lectura y la aceptacién (o el rechazo), también personales, de las ideas que nos oftecen los cxiticos licerarios, ‘Vuelvo, para terminar, al cuento de Rulfo, La critica de “Diles {que no me maten” consiste en esto: en convertir en palabras lo que hemos experimentado o descubierto al leer Es algo no completa- ‘mente distinto de lo que hizo el propio Rulfo cuando convirtié en lenguaje su experiencia de la vida. Sélo que la manera de proceder de la critica es més conceptual, més discursiva. No todos los lectores tenemos las mismas capacidades 0 posibilidades de poner en palabras Jo que nos pasa, pero podemos aprenderlo, Sin embargo, debemos guardarnos del peligro de que {2QUEESLA CRITICA LITERARIA? ” ese aprendizaje tome un rumbo pernicioso y nos aparte de la meta, que es decir lo que nos pasa. Una experiencia ingenua producirs, por supuesto, una critica ingenua, si, pero altamente respetable. Y si la experiencia ¢s ingenua, la critica no dejaré de serlo aunque se cubra de palabras altisonantes, aunque se revista de tecnicismos, aunque se disfrace con ropajes cientificos. Una experiencia rica producira una critica mas profunda, A menudo la critica més profunda se hace por ello més técnica y complicada, pero noes algo que se siga necesariamente, Puede haber criticas muy serias que se expresan en las palabras mds comunes y cottientes. Por supuesto, las criticas de esta clase son mucho més raras, mucho més infrecuentes que las pomposas y vacias. Como dije al principio, los grandes criticos literarios son tan raros como los grandes creadores, pero en nuestra mano est hacernos mejores criticos. Dije que el camino es hermoso: vale la pena emprenderlo. Dije que el camino es largo: raz6n de més para emprenderlo cuanto antes.

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