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El Cerebro en Accion Luria

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A. R.

Luria

El cerebro
e:n
acc1o:n
, .
(Segunda edición. revisada)

Pról(>go del
Dr. Car.los Ballús
i
t
1
r

·,,,. i,l:
Traducido al castellano por
Mercedes Torres.

Original publicado por


Mezhdunarodnaia Kniga,
Moscú, U.R.S.S.
con el título

.. : . ; ., '.

© de la presente edición . • · · ·. · .,
EDITORIAL FONTANELLA, S.A.
Escorial, 50. Barcelona-12. 1974

Primera edición: noviembre 1974 ,


Segunda edición: abril 1979

< .

Printed in Spain - Impreso en España


Industria Gráfica Ferrer Coll, S. 'A.
Pje. ... Solsoo.a. s/n. - Barcelona-14
"'ºi!"~;·· -~·· ·.
• ~-.. #
Prologo del autor
a la edición castellana

Me encantó saber que mi libro sería publicado en castellano, lle-


gando de esta forma a los lectores de habla hispana.
Durante las últimas décadas se ha desarrollado una nueva rama de
.,
la ciencia: la Neuropsicología.
Esta rama tiene una doble importancia: se ocupa de los cambios
en los procesos conductuales de los pacientes con lesiones locales del
cerebro y de esta forma posibilita entender mejor la importancia de
cada zona, cortical y subcortical, del cerebro, en el rendimiento de los
sistemas con funciones complejas que constituyen el sustrato de la con-
ducta humana. Esta es la razón por la que la Neuropsicologia tiene una
importancia básica para el futuro desarrollo de la Psicología científica
del hombre. De ahí el importante impacto teórico de la Neuropsicolo-
gía en relación con las ciencias psicológicas.
Pero la N europsicología también tiene una gran importancia prác-
tica. El progreso de la Neurología y Neurocirugía hace que el diagnós-
tico precoz y bien localizado de lesiones locales del cerebro sea un
problema muy importante en la medicina moderna. Aquí la Neuropsi-
cologia juega un papel muy destacado. L?s métodos neuropsicolágicos
hacen posible analizar los sintomas de perturbación de las zonas del
cártex más complejas y específicamente humanas, que hasta hace
poco se suponía eran "zonas mudas" y que eran inaccesibles a la ex-
ploración neurológica ordinaria.
Es un gran honor para mí y me causa un enorme placer la publica-
ción de este libro en castellano, la lengua de Ramón y Cajal y la de
todos los lectores de habla hispana, que disfrutan de la importante
tradición científica de este destacado erudito.
Quiero expresar mi más caluroso agradecimiento al traductor de
este libro y a Editorial Fontanella, que se ha hecho cargo de su pu-
blicación.

Moscú, abril de 1974.


A ¿_l>c.-t)_·<l _
1

1-C. A.
Prólogo

Hasta hace unos años al estudio de la conducta humana se le hacía


verdaderamente difícil orientarse en este complejo campo del saber.
Ello se debía a que lo psicología, en ciertos aspectos tan antigua como
el hombre, en otros =-aquellos tan recientes que corresponden a su
vertiente de ciencia experimental- era una ciencia joven y, como tal,
faltada de un núcleo suficientemente coherente de conocimientos y
sin la estructuración de otras ciencias. De entre la información, un
tanto pintoresca a veces, de que se disponía resultaba arduo discernir
las aportaciones sólidas y magistrales de aquellas otras triviales e
inconsistentes, más abundantes en muchos ámbitos que las primeras.
Era difícil, en una palabra, hacerse con una formación básica desde
la que aventurarse por caminos más o menos de fiar en el estudio o
investigación psicológica.
Han pasado años. Hoy en día, el adjetivo joven le sienta cada vez
menos a la psicología, aun a aquella de base experimental con un siglo
casi en su haber, importantes aportaciones en su trayectoria que la
han permitido plantearse desde diferentes ángulos cuestiones funda-
mentales con ayuda de los importantes recursos tecnológicos que ha
recibido en los últimos decenios, tanto por la vertiente de la llamada
psicologia experimental, como de la psicología de base organismica
(fisiológica, neurofisiolágica, bioquímica, etc.}, sin olvidar el apoyo
que representan los nuevos métodos de verificación matemático - esta-
dísticos.
Ante tal situación cabe preguntarse si resulta, en la actualidad, más
f .áci! y asequible orientarse en el estudio· de la psicologia. Por nuestra
parte contestamos que sí, dado que se dispone de medios materiales,
céntros, institutos, departamentos, publicaciones y bibliotecas espe-
cializados, laboratorios y técnicas de que antes prácticamente no se
disponía. Pero contestamos que no, en cuanto seguimos sin contar· con
una unidad de conocimientos y puntos de partida básicos para aden-
trarnos en el estudio de la conducta humana, seguimos sin de/inicio-

3
nes y conceptos operables o al menos unívocos, sin tan sólo una ter-
minología bien establecida que nos permita a cac!fl uno de nosotros
hablar de lo mismo. :~ . ~
Cualquiera puede hacer la prueba de leer un texto de psicología
escrito, por ejemplo, por un autor enraizado en una escuela de orien-
tación socigL otro que lo haya sido por un autor de Qii.cntación psiee
dinámica y un tercero escrito por un E._Sicólogo conductista. Aunque
los tres tuvieran el mismo título, a buen seguro que no sólo el en-
foque conceptual global de cada obra, sino las materias objeto de estu-
dio y, lo que es más sorprendente todavía, su termino~ogía presenta-
rían notables diferencias, cuando no contradicciones, con el gravamen
de que lo supuesto para estas tres escuelas se repetiría, muy probable-
mente, con otras orientaciones psicológicas aparte las citadas.
Ante este complejo panorama de la psicología actual -y .otro tanto
podría decirse de la psiquiatría y de otras ciencias del hombre-,· pa-
norama al que no negamos aspectos comprensibles y aun proaucuvos.
estamos cada vez más necesitados de una la,~·?{.. ~~- selección. verifica-
ción ·y sistematización_de los conocimientos psicológicos hasta el
presente a cumulados.
¡. ·.
Para ello se precisan, por una parte, libros de puesta al día y revi-
sión crítica de las hipótesis y experiencias de las distintas orientacio-
nes y sistemas en boga, escritos por expertos a prueba de partidismo
de escuela, en los que se salvara cuanto la experiencia y los. conoci-
mientos actuales de las ciencias del hombre permitan salvar y, en
cambio, se desestimara cuanto se haya demos~rado estéril, erráneo o
nocivo para la salvación de dicho conocimiento.
Asimismo, dentro de cada línea o enfoque conceptual de la conducta
humana, debe aspirarse a que los trabajos y libros que sobre nuevas
perspectivas y campos de investigacián. vayan apareciendo 'respondan
en su base, en su planteamiento hipotético y en su diseño a las míni-
mas exigencias metodológicas, sobradamente conocidas. No debe ol-
vidarse que hoy disponemos, en términos generales, de medi~s. que
permiten trabajar debidamente en múltiples campos de la conducta
individual y social, pudiendo superarse de una vez las hipótesis gra-
tuitas y dejarse de repetir argumentos de una herencia psicológica que
. s~ derrl!-mb__a al primer envite crítico que recibe.
Finalmente, necesitamos libros en los que sea at te un enfoque
interclisciplinario. Se ha dicho, con razón, que la· psicología y lo que
es ·más toda la ciencia tienden a ser más intendiseiplinarias y más uni-
1 ~ ~' • . •

tarias. Ahora bien; tal como otrora, en años ciertamente no lejanos, se


repetía hasta la saciedad que era necesario estudiar al hombre desde

4
un enfoque antropológico unitario y holístico, bajo el que toda alusión
por separado a lo somático o a lo psíquico eran puros artefactos di-
dácticos o herencia, al menos en parte, del pensamiento cartesiano,
pero llegado el momento de plantear problemas y soluciones se caía
sistemáticamente en la pendiente de la psicogénesis o de la somato=-
génesis, también, en lo que a la int erdisciplinariedad se refiere, cae-
mos, con frecuencia, en análogo escollo. ...----::-:-J
Es cierto que la conducta puede hacerse más~ y analiza-
ble a través de un enfoque interdisciplinario, pero no lo es menos que,
salvo aleccionadoras excepciones, el psicólogo conductista, el psicoa-
nalista, el caracterólogo o el investigador de orientación neurobioló-
gica entre otros trabajan cada uno cuidando con afán el desarrollo
de sus propias concepciones, desconociendo a menudo y aun despreo-
cupándose de lo que hacen sus vecinos. De esta forma, puede darse
el caso de que unos estén levantando serios edificios conceptuales o
experimentales sobre puntos de partida que otros ya hayan superado,
o que se empeñen en explicar por áridos y estériles senderos aquello
que por otras veredas ya se ha vislumbrado o resuelto.
Aunque en ello jueguen consabidos factores personales y hábiles de
aprendizaje, no debe menospreciarse tampoco que la subestructura
académica en que nos movemos con sus estancos y compartimentos,
en los que cada uno se cobija voluntaria o involuntariamente, dismi-
nuye las oportunidades para situaciones de encuentro multidimen-
sional. De esta suerte ocurre con mínima frecuencia que nos sentemos
en torno a una mesa para conocer primero, plantear y discutir después
aquello· que otros mejor conocen sobre un tema o un problema que a
todos nos interesa y frente a cuya solución cada uno suele salvarse
por donde puede procurando, eso sí. que los propios. credos científicos
no se vean debilitados o invalidados.
Obvio resulta decir, por otra parte. que el enfoque interdisciplina-
rio choca, ciertamente, con las dificultades de limitación de conoci-
mientos a que el enorme desarrollo de la ciencia y de la técnica nos
han conducido en los últimos lustros. Así, nos encontramos con que
el pensador de formación filosófica. el psicólogo, el ingeniero, el pe-
dagogo, el biotisico, el neurocirujano o el sociólogo y tantos· otros,
cuando se encuentran para un trabajo en equipo, parten solamente
l
de unos puntos parciales de conocimiento común y sólo con un gran
l esfuerzo pueden adentrarse en la discusión interdisciplinaria a que
1 nos referimos. Y es que ·hemos llegado a una absoluta incapacidad,
1
j para un cerebro humano normal, de abarcar y asimilar no ya distintos
1( campos de la· ciencia, sino las distintas especialidades de una misma

¡ 1 5

¡
1
rama científica, lo que constituye como es sabido una de las preocu-
a~
paciones más importantes de quienes se ocupa,~. la comunicación
científica. ;;·
Cuanto hasta aquí se ha dicho viene perfectamente a tono con el ·
libro que nos cabe el honor de prologar. Como el lector, posiblemente,
sabe se trata del primer libro reciente e importante publicado en nues-
tro pals del eminente científico ruso A. R. LURIA, Profesor de Psico-
. logía de la Universidad de Moscú y poseedor, entre otros muchos
titulos, ·del ·de Miembro de la Academia de Ciencias Pedagógicas de
la U.R.S.S.
Estos suscintos y escogidos datos que citamos del Prof. LURIA, a
decir verdad, corresponden excepcionalmente al autor de un tibro
como EL CEREBRO "EN ACClóN con el índice de materias que en el
mismo consta. Ello constituye una prueba clara de que se trata de
uno de los libros que, como decíamos en párrafos anteriores, necesita
la psicología de nuestros días.
En tal sentido podemos afirmar que EL . C/ft'fNiBRO EN ACClóN
aporta una síntesis sobre-importantes aspectos de la Neuropsicología
en los que, desde hace años, viene trabajando el autor y sus colabora-
dores, centrados principalmente en lo que concierne a la descripción
de las tres unidades ncionales ce re adoras res ectiva-
ment e, el tono y alerta, de la recepción, análisis _y almacenaje de la
inform ~de la....progJ:Jl111a · regula¡;.i ' y _eri icación de la acti-
vidad
-
í como de us interacciones.
--
---
Pero, junto a ello, el autor presenta una selección de investigacio-
nes dirigidas a explicas: los mecanismos-cesebcales que están en la
b_ase de las uncion · psiquicas o, en otros términos,, de los PJ:.Ocesos ---
e!!:_ lE:_c:_ond_ucta normal o patológica, a rtando datos y ex erienciasI
de un máximo ri or acg a or anización y unciones de los lóbu-
los cerebrales y de actividades mentales sintéticas cüales soH per-
ce ció"7 movimiento, ate "ótb tru:_m · le'!guai'LY pensami to~
ofreciendo. un ejemplo, difícilmente superable, de lo que es un tra-
bajo serio y profundo de investigacionen neuropsicologia y psicologia,
aun aceptando que en determinados ·aspectos y áreas de estudio los
resultados ng puedan considerarse plenamente satisfactorios ni de-
"
finitivos.
En último término, debemos subrayar otro aspecto altamente sig-
nificativo de esta obra: su carácter aglutinante de enfoques y su orien-
tación interdisciplinaria. En efecto; qnparenf<fá'(J"con la línea conceE:
tual de sicólo os eda o os rusos a clásicos,, tan conocidos como
y:ygotsky y Leontiev, afrontando problemas psicológicos inquietantes

6
para los psicologías de todas las épocas, A. LURIA, con su formación
polifacética, consigue hablar y analizar en términos neuropsicolágicos
problemas cruciales de la pedagogía, lo mismo que habla en términos

'
1
. psicológicos o pedagógicos de sus elaboradas investigaciones neuropsi-
colágicas, interesando en todo momento. Por si ello fuera poco habla
l con datos, casi siempre de acuñación propia, sin concesiones ni gratui-
1 dades a sí mismo ni a los demás; habla también, sin fronteras, cotejan-
~i
\ do sus investigaciones y las de sus conciudadanos, desde Bechterew
hasta los colaboradores
.
del Instituto. del Cerebro de Moscú, con los
datos y resultados de los grandes investigadores del mundo occidental
desde Papez; Gelb, Hebb, Penfield, Goldstein, Lorenz; Tinbergen y
Subirana, para citar sólo unos pocos, hasta los de K. H. Pribram quien
encabeza las páginas de la versión inglesa d este libro con un e· em-
lar ólo o crítico y~"ñtical.- -- --
}§L CERE]JRO- El{ !!éCió~ es, pues, un libro que necesitamos
los psicólogos actuales y cuantos nos interesamos por la conducta
humana normal o patológica y que nos ofrece con acierto y esfuerzo,
que deben agradecerse, EDITORIAL FONTANELLA.
He aquí un libro para aprender psicología de hoy, anticipándose a
la del futuro.
Dr. C. BALLÚS
Profesor Agregado de Psicología
de la Universidad de Barcelona.

Barcelona, agosto 1974.

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7
Pre:facio

A través de las décadas los psicólogos han estudiado el curso de


los pío.cesos mentales: de la percepción y la memoria., del Jengirnje y
el pensamiento. de .Ia o.rganizecjóp del moximienta. y de la fil;cjón.
Cientos de cursos para estudiantes universitarios se han preparado y
miles de libros se han publicado durante este período de intensa acti-
vidad para enseñar y describir el carácter de los procesos gnósticos·
del hombre, del lenguaje y de la conducta activa. Su intenso estudio,
en el contexto de las ciencias conductuales, ha proporcionado informa-
ción de valor inestimable y ha dado importantes datos sobre la natu-
raleza de las leyes científicas que gobiernan estos procesos.
Sin embargo, un aspecto muy importante de este problema ha per-
manecido sin explicar: ¿e: ále os-mecaniS"IITO erebrales s
ue se basan estos rocesos J Los procesos gnósticos y las acciones
motivadas del hombre ¿son el resultado del trabajó de todo el cerebro
como una sola entidad, o bien el "cerebro en acción" es en realidad un
complejo sistema funcional que agrupa varios niveles y diversos com-
ponentes, cada uno de los cuales aporta su propia contribución a la
estructura final de la actividad mental? ¿Cuáles son los mecanismos~
reales del cerebro que yacen en la base de la percepción y de la memo-
ria, del lenguaje y del pensamiento, del moviminto y de la acción? ¿Qué
ocurre en estos procesos cuando partes individuales del cerebro dejan
de funcionar normalmente o son destruidas por enfermedad?
Las respuestas a estas preguntas no sólo serían de 'gran ayuda para
el análisis de la base cerebral de la actividad psicológica humana, sino
que además nos acercarían mucho más a la comprensión de la estruc-
tura interna de la act'ividad mental, favorecerían el estudio de los com-
ponentes de cada acto mental, y de esta forma permitirían el comienzo
de la larga pero recompensadora tarea de reconstruir la ciencia psico-
lógica sobre fundamentos nuevos y realistas.
El propósito de este libro es traer esta tarea a Ja atención del lec-

9
tor. Intenta describir de modo más sucinto posible los resultados ob-
tenidos por el autor y sus colegas durante casi .c.¡iareota
:, t
~de inves-
tigación y proporcionar al estudiante y al graduado una relación de los
hechos ,básicos de-la neyi:o: sicologja esta nueva rama de la ciencia.
El libro comienza con un breve análisis de las principales fuentes
de los hechos científicos usados por el investigador al estudiar el ce-
rebro, su estructura y su organización funcional, y con una relación
de los principios básicos de la investigación neuropsicológica. La parte
principal del libro describe lo que se conoce hoy sobre los sistemas
individuales que forman el cerebro humano e informa sobre el papel
de las zonas individuales de los hemisferios cerebrales en la tarea de
proporcionar las -condiciones necesarias para que tengan lugar las
formas superiores de actividad mental. En la parte final del libro, el
autor analiza la organización de la percepción y de la acción, de la
atención y de la memoria, del lenguaje y de los procesos intelectuales,
e intenta encajar los hechos obtenidos en los estudios neuropsicoló-
gicos de sistemas cerebrales individuales den,trt).;pe su lugar adecuado
dentro del gran diseño de la ciencia psicológica.
Por supuesto, todas las secciones de la neuropsicología no reciben
el mismo tratamiento en este libro, y parte de ellas, cómo la sección
que trata de las partes mediales del córtex y de las funciones de los
hemisferios subdominantes (para la que aún no se ha recopilado su-
ficiente material}, sólo pueden ser tratadas superficialmente. No obs-
tante, el autor confía en que el libro, en su estado actual, resulte útil en
particular a los psicólogos, neurólogos y psiquiatras, para quienes el
estudio de los mecanismos cerebrales de la actividad humana com
pleja es un tema del mayor interés.

.1 ,
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Primera Parte

O R GANIZACIÓN
- -FUNCIONAL Y ACTIVIDAD
MENTAL
El interés científico en el estudio del cerebro, como órgano de la
actividad mental, se ha agudizado considerablemente en las pasadas
décadas.
El cerebro humano, este tan sofisticado instrumento, capaz de re-
flejar las complejidades e · t inca iones del do que nos rodea,
¿cómo está cansrrnídc, y cuál es la naturaleza de su organización
funcional? ¿Qué estn1cturas o sistemas cerebrales e e esas corn-
le ias necesidades e intenciones que distinguen al hombre de loa.aní-
males? ¿Cómo están organizados esos procesos nerviosos que nos capa-
citan para analizar y almacenar información del mundo exterior, y
cómo están construidos estos sistemas que programan, regulan y des-
pués verifican esas complejas formas de actividad mental que van
dirigidas a la consecución de metas, cumplimiento de designios y reali-
zación de planes?
Estas cuestiones no se planteaban tan vivamente una generación
antes. En aquella época la ciencia se contentaba con trazar una ana-
logía entre el cerebro y una serie de sistemas reactivos y dirigir por
completo sus energías hacia la representación del cerebro como un
grupo de esquemas elementales, que comprendían los estímulos afe-
rentes del mundo exterior y las respuestas dadas a estos estímulos.
Esta analogía del cerebro, con una serie de mecanismos que respon-
den pasivamente, y cuyo trabajo estaba totalmente determinado por la
experiencia pasada, se considera adecuada para la explicación cien-
tífica de su actividad.
En las décadas siguientes, la situación cambió radicalmente. Ha
quedado suficientemente claro que el comportamiento humano tiene
i n carácter activo, que no está dererrnínado so amente po a.expe-
. .tkncia nasada, sino también. por los ruanes des· que formulan
8.
§ el futuro, y que el cerebro humano es un notable instrumento que no
sólo puede crear estos modelos del futuro, sino además subordinar su
conducta a ellos. Al mismo tiempo, ha llegado a ser evidente que no se

13
puede permitir que el reconocimiento del decisivo papel jugado por
tales planes y designios, estos esquemas para el fut.wo y los programas
por los que son materializados, permanezcan ttlera de la esfera del
conocimiento científico, y que los mecanismos en los que se basan
pueden y deben ser objeto de análisis deterministas y de explicación
. científica, como todos los demás fenómenos y asociacíones del mundo
objetivo.
Esta tendencia a crear mecanismos en los que el futuro ejerce su
"influencia sobre el comportamiento presente, ha conducido al enun-
ciado de algunas hipótesis fisiológicas muy importantes, y los esque-
mas de Anokhi de "excitación an ·c· ia" o la "g>rrelación entre
1 traba· o motor y su re ízacíén" de Bemstein, así como las ideas de
T.O.T.E de Pribram fueron signos del radical aumento de interés en
"la ciencia de la fisiología, que comenzó a reconocer como su propósito
fundamental la creación de una nueva "fisiología de la actividad".
La base teórica de la ciencia del cerebro también ha experimentado
un cambio radical. Si bien durante muchas décadas ,:~-,1' 1"
• s- .t·.
la teoría del cere-
bro se basaba en conceptos que asemejaban su actividad a la de ciertos
conocidos modelos mecánicos, y su propósito parecía ser el de explicar
el trabajo del cerebro por analogía con una central telefónica o un
cuadro de control, los intereses actuales de la ciencia han tendido a
moverse en dirección opuesta.
El cerebro humano ha llegado a ser gmsiderado como 11u sistema
funcional altamente compleja. y de cogstn1cción única que trabaja
sobre los nuevos principios. Estos principios nunca pueden ser re re-
sentados por analogías mecánicas con un instrumento tan sofisticado, y
su conocimiento debe urgir al investigador a trazar nuevos esquemas
matemáticos que reflejen realmente la actividad del cerebro.
Es por esto que el estudio de los principios intrínsecos que gobier-
nan el trabajo del cerebro -a pesar de la dificultad de su compren-
sión- ha llegado a ser la fuente de nuevas construcciones, y la nueva
disciplina de la biónica, no sólo ha prohibido al investigador la inter-
pretación del trabajo del cerebro a la luz de conocidos esquemas me-
cánicos, sino que, por el contrario, para comprender los nuevos princi-
pios, le ha impulsado a buscar fuentes en el estudio del cerebro,
capac~s de influir por sí mismas en el desarrollo creativo de las ma-
temáticas y la tecnología.
El estudio de las leyes que gobiernan el trabajo del cerebro como
órgano de la actividad mental es un problema fuuy difícil y complejo
que, obviamente, no será resuelto mediante la invención especulativa
de esquemas que únicamente pueden acomodarse a esta importante

14
rama de la ciencia y que, si bien aparentemente proporcionan una solu-
ción a los más difíciles problemas, de hecho se convierten fácilmente
en un obstáculo para un ulterior progreso en este campo. Esta es la
razón por la que docenas de libros que tratan sobre "modelos del ce-
rebro" o "el cerebro como una computadora", realmente no ayudan
sino que más bien "estorban" el avance del verdadero conocimiento
científico del cerebro como el órgano de la mente.
El verdadero progreso en este importante campo no debe ocurrir,
como es natural, con demasiada rapidez, pues de otro modo el cono-
cimiento real será sustituido por esquemas prematuros que, aunque
hoy parezcan tentadores, mañana estarán olvidados por carecer de
base. El progreso debe basarse, desde luego, en hecho5 reales, en la
adquisición de conocimie-,:sto ¡:eal, en el resultado de observaciones es-
crupulosamente realizadas en numerosos y difíciles campos de la cien-
cia: morfología y fisiología, psicología y medicina clínica. Tal progreso
requerirá, como es natural, tiempo, y la última meta será alcanzada
por etapas, aportando cada una su propia contribución a la solución
de este problema tan difícil.
Hace ahora casi un cuarto de · que apareció el famoso libro
de Gre Walter "El e" en el que por primera yez se
hace un intento de encontrar a e licación de los meca is ' ·-0
mos de la actividad.ide cerebro uman n términos aplicables a la
moderna electrofi.siología y se expresan hipótesis (algunas confirmadas,
otras aún son conjeturas del autor) referentes a las formas básicas de
la vida del cerebro y a los principios básicos que gobiernan su fun-
cionamiento.
Varios años después de este acontecimiento aparece un segun-
do libro de la pluma del eminente anatomista y fisiólogo H. Ma
"El cerebro despierto". Este libro registra el rimer intento de
ximación al cerebro en base a los últimos estudios anatómicos y neu-
rofisiológicos, como un sistema responsable de la vigilia, del estado
. activo, la más importante condición para todas las formas de conducta
del ser vivo. La importancia del libro de Magoun, que generaliza los
logros de un considerable grupo de brillantes investigadores -Moruz..
zi, Jasper, Penfield y otros-- no debe sobreestimarse.'Con su aparición,
el cerebro del hombre y del animal dejó de ser considerado como un
aparato puramente emisor de respuestas pasivas, y por ende-se dieron
los primeros pasos en su reconocimiento como un i t ma · o
desní
Aunque dicho libro descubrió los mecanísmos acentes e e
~la vi ilia, no intentó analizar las formas fundamentales de actividad

15
fisiológica humana concreta. Cuestiones como los mecanismos funda-
mentales de la actividad (percepción y pensamiento), .. t."
del lenguaje y
la comunicación social, de la formación de plaiks y programas de
conducta y de la regulación y control de su realización activa y otros
problemas de esta amplia gama no fueron discutidos o tomados en
consideración en las numerosas investigaciones en las que se basaba
el libro.
Sin embargo, gradualmente fueron recogiéndose en diversos cam-
pos de la ciencia hechos que podrían permitir un acercamiento a la
solución de sus problemas y establecer fundamentos de una ciencia
del cerebro como órgano de la actividad mental concreta.
Una aproximación al análisis de estos hechos ha sido posible a tra-
vés del progreso realizado en la moderna psicología científica, una
disciplina cuyo propósito es describir la estructura de la actividad hu-
mana y rofundidad la estructura funcional d
~epción y de la mem.oi;.ia, d .
de · nt acción s. su formación onto enética. Una gran
riqueza de aportaciones se ha obtenido grada5·.··a la moderna neure-
logía clínica y a la neurocirugía. Los avances en estos campos han
posibilitado el estudio detallado de cómo se alteran las formas alta-
mente complejas de la conducta en lesiones locales del cerebro. Una
contribución sustancial al éxito en la solución de estos problemas se
ha realizado gracias a la creación de 1 ro sico o ia uria nueva
rama de la ciencia cuyo fin único y especifico
de los sistema~cer~brales particulares en las formas complejas de ac-
tividad mental.
Como resultado de estos progresos se ha hecho posible la prepara-
ción del presente libro, qué su autor ha decidído llamar "El cerebro _

ª -
en acción ", Su propósito es generalizar las ideas modernas referentes
la base cerebral de la compleja actividad de la mente humana y estu- r

-
diar los sistemas del cerebro que participan en la construcción de la
percepción y la acción, del lenguaje y la inteligencia, del movimiento
o~ii..l;

y la actividad consciente dirigida a una meta.t


Este libro está basado en material recogido por su autor durante
un largo período de trabajo como neuropsicólogo, que cubre más de
cuarenta años, enteramente dedicado al estudio de pacientes con l~-
sio ocales del cereb Esto explica el hecho de que una gran parte
del libro se refiera al análisis de cambios ue a are en la conduc¡.a
-=-==="'--""'ebido..a..lesi.on¬ SS-locale s.del .cerebro. ~ las pasadas décadas
la neuropsicología se ha convertido en un importante campo de me-
,dícina práctica. k:on la consiguient i..n.~ucción de nuevos mé os_

16
que facilitan el di(=!gnóstico t912ológico p.recoz más exacto de.Iesiones,
locales en el cerebro Al mismo tiempo, sin embargo, también se ha
convertido en un poderoso instrumento para la revisión_di:_ nue~rc:s
conceptos fundamentales de la estructura interna de los procesos
sicoló ícos, y un factor íal.conducente.,a a.creacíc de u
teoría de la base cerebral de la actividad mental del hombre.
El principal propósito de este libro es presentar recopilados los
hechos disponibles en el presente estado de nuestro conocimiento con
la completa convicción de que este conocimiento puede cambiar sus-
tancialmente en las etapas futuras.

17

2-C. A.
I. Lesiones locales
del cerebro
y localización
de :funciones

El estudio neurológico de las lesiones locales del cerebro puede,


con toda justificación, considerarse como el principal origen de los
conceptos módernos de la organización funcional del cerebro como
órgano de la actividad mental. En es te capítulo haremos especial hin-
capié en los conocimientos que conlleva este estudio.

Primeras soluciones
El intento de examinar los procesos mentales complejos en fun-
ción de áreas locales del cerebro empezó ya hace mucho tiempo. Ya
en la Edad Media, filósofos y naturalistas consideraban que las "fa-
cultades" mentales podían estar localizadas en los "tres ventrículos
cerebrales" (fig. 1), y en el comienzo del s. XIX el conocido anatomista

· 110epotitus aít
Itnlítúre

Fig, l. - Diagrama de los "tres ventrículos cerebrales".

19
9.a1J. quien describió por primera vez la diferenci entre sustancia
blanca y sustancia gris del cerebro, sostuvo con
;:::a
convicción que las
s. r-
"facultades" humanas están situadas en áreas particulares y estricta-
mente localizadas del cerebro. Si estas áreas están particularmente
bien desarrolladas conducirán a la formación de prominencias en las
correspondientes partes del cráneo, y la observación de estas promi-
nencias puede, por tanto, utilizarse para determinar diferencias indi-
viduales en las facultades humanas. Los mapas "frenológicos" de Gall
(fig. 2) fueron intentos para proyectar, sin basarse en hechos, la
"psicología de las facultades" muy en boga por aquella época, y, por
tanto, fueron rápidamente olvidados. A estos estudios siguieron inten-
distinguir
tos para
~
base de observaciones -
zonas funcionales d el córtex cerebr al .sobre la
positivas en los -cambios del comportamiento
h~-
ñ_g curridos después de lesiones locales del cerebro.
Las observaciones clínicas sobre las secuelas de lesiones cerebrales
empezaron hace muchos años; incluso en una etapa temprana se des-
cubrió que una lesión del córtex motor conducía ct.. una parálisis de los
miembros del lado opuesto, una lesión de la región postcentral del
córtex conduce a una pérdida de 'la sensación de la parte opuesta
del cuerpo, y lesiones en la región occipital del cerebro ocasionan una
ceguera central.
El v o nacimiento de la investí ación c·e ~
r
-
aciones
de procesos ~tales uede situa se con toda justicia en,el

-
año 1861,cuando el joven anatomista francés Paul Broca tuvo ocasión
de describir el cerebro de un paciente que, durante muchos años, ha-
bía sido observado en la Salpétríere con una importante alteración
del len a· e motor (expresivo) y mostró que el tercio posterior del
giro frontal inferi<;>r del cerebro del paciente estaba destruido. Varios
años después, como resultado de observaciones adicionales, Broca
pudo obtener información mayor y más precisa, y mostrar ue el len-
guaje motórico está asociado con una región localizada del cerebro,
concretamente el tercio posterior del giro !!ontal inferior iz uíerdo.
Así, Broca postuló que el tercio posterior del giro frontal inferior iz-
quierdo es "el centro de las imágenes motoras de las palabras" y que
una lesión de esta región lleva a un tipo característico de pérdida de
lenguaje expresivo, que él originalmente llamó "afernia" y, más tarde,
"afasia", término que todavía se utiliza hoy día.
El descubrimiento de Broca fue importante por dos razones. Por
un lado, por primera vez había stdo "Iocalízadaj' una función mental
compleja en una parte precisa del córtex y esta "localización" -lejos
de las fantasías de Gall que una generación anterior a Broca había

20
t
cuatidades mentales superiores i i
confidencia m
curiosidad v
i i
facultades mentales idealistas t d
perfeccionismo refinamiento-------. a a
d------------. a>
esperanza
gesticulación presente
b) mimetismo
.--------------~futuro

consciencia
justicia
auto estima
ambición

agresividad ----- prudencia


modestia
reserva

reticencia cortesra
sentimientos de
protección
amistad
modulación del tiempº-----'d~+- sociabir.dad

sistema de ordeB------4-., ......_ auto-defensa


valentía
pugnacidad
cálculo
estimación '-----'--- amor sexual
instintos
facultadceresativas------+---' destructivos
agudem
'-------amor a la vida
habilidad
atención
atracción al vino ...J
sentimientos !>uperiores
autoestima
4nstintosalimentarios .J temor
instintos adquiridos
a~ hacia la comida---------- J adhesión
cautela
ambición frugalidad
independencia-------------- lealtad
devoción
agresividad
amor al hogar
patriotismo
prudencia ¡.....

amistad instintos domésticos


amor familiar
sociabilidad

valentía
pugnacidado---------J
sentimientos paterno
instintossexuales--------' Y y materno
matrimoniales amor a los niños
amora los animales
amo..- sexual---------./

Fig. 2. - Mapa frenológico de Gall,

21
intentado establecer una base científica para su "frenología" (una doc-
trina de la localización de facultades complejas en áreas localizadas
del cerebro)-, descansaba sobre una base de héctbos clínicos. Por otro
lado, este descubrimiento mostró or primera vez la radical diferen-
cia entre las funciones de los hemisferios cerebrales derecho e izquier-
do identificando el hemisferio izquierdo (en personas diestras) como
el hemisferio dominante en el que estaban comprendidas las más im-
portantes funciones del lenguaje.
Una simple década fue suficiente para revelar el provechoso des-
cubrimiento de : en 1873, el psiquiatra alemán Carl Wernicke
describió casos en que una lesión de otra parte del cerebro, en este
caso el tercio posterior del giro. temporal superior izquierdo, ocasionó
un cuadro igualmente claro pero ahora de carácter opuesto, pérdida
~la habilidad para comprender el lenguaje audible, mientras que el
lenguaje expresivo (motórico) .permanecía relativamente inalterado.
Continuando el camino iniciado por Broca, Wernicke expresó la creen-
cia de que el tercio posterior del giro temporal; superior izquierdo es
el "centro de las imágenes sensoriales de i~f '"'palabras" o, como él
expresó en aquel tiempo, el centro de la -comprensión del lenguaje
(Wortbegriff).
El descubrimiento del hecho de que formas complejas de actividad
mental pueden ser consideradas como funciones de áreas locales del
cerebro, o, en otras palabras, que pueden ser localizadas en limitadas
regiones del cártex cerebral como las funciones elementales (movi-
miento, sensación) despertó en la ciencia neurológica un entusiasmo
sin precedentes y los neurólogos empezaron a acumular, con tremenda
actividad, hechos para mostrar que otros procesos mentales complejos
son también el resultado, no del trabajo del cerebro como un todo,
sino de áreas locales particulares de su córtex.
Como resultado de este gran interés por la "localización" directa de
funciones en zonas particulares del córtex cerebral, dentro de un corto
espacio de tiempo (los "espléndidos setenta");. se hallaron otros "cen-
tros" en el córtex cerebral: un "centro para la escritura" en la par-
parietal inferior izquierda) y un "centro para la escritura" en la par-
te posterior del giro frontal medio izquierdo. A éstos siguieron "un
centro para el cálculo matemático", un "centro para la lectura" y un
"centro para la orientación en el espacio", seguidos por una descrip-
ción de los sistemas de conexión entre ellos.
Hacia el 1880 neurólogos y psiquiatras, f~Uiarizados con la inci-
piente psico ogía de aquella época, pudieron así dibujar "mapas fun-
cionales" del córtex cerebral, los cuales, según ellos creyeron, final-

22
mente resolvían el problema de la estructura funcional del cerebro
como órgano de actividad mental de una vez para siempre. La acumu-
lación de más material no interrumpió estos intentos, y tendencia
a localizar procesos psicológicos complejos en áreas locales del cere-

-
b ro continuó durante
nuevos
más de medio siglo con la adición
-
hechos tomados de observaciones sobre pacientes con lesiones cere-
de

brales locales producidas por heridas o hemorragias


Estos intentos por parte de "estrictos localizacionistas", que obser-
varon cómo lesíones locales del córtex cerebral inducían la pérdida del
reconocimiento de húmeros, dificultad para la comprensión de palabras
y _frases,incapacidad para reconocer objetos, alteraciones en la moti-
vación o cambios de la personalidad, terminaron en una nueva serie
de mapas hipotéticos de "localizaciones de funciones" en el córtex
cerebral, insostenible ante cualquier análisis psicológico detallado de
los síntomas observados. El más claramente definido de estos mapas
fue el que sugirió el psiquiatra alemán Kleist ( 1934), quién analizó una
larga lista de casos de heridas en el cerebro producidas por tiro de
fusil ocurridos durante la Primera Guerra Mundial y, como resultado,
localizó en partes específicas del córtex funciones tales; como "el es-
uema co oral"; "la comprensión de frases", las "acciones constructi-
vas, el humor" e incluso "el ego personal y social" (fig. 3), y como
consecuencia presentó mapas que en principio diferían sólo muy li-
geramente de los mapas 'frenológicos" de Gall.
Estos intentos de localizar directamente funciones mentales com-
plejas en áreas locales del cerebro fueron tan persistentes que, incluso
en 36, el conocido neurólogo arriericano Nielsen describió áreas lo-
calizadas que, en su opinión, eran "centros para la percepción de obje-
tos animados' , distinguiéndolas de otras áreas donde, en su opinión,
se localizaba la percepción de "objetos inanimados".

La crisis
Sería falso, sin embargo, suponer que el intento de localizar direc-
tamente procesos psicológicos complejos en lesiones cerebrales loca-
les o, como generalmente se llama el "localizacionismo estricto", per-
maneció siendo la línea general de desarrollo del pensamiento neuro-
lógico y que no encontró oposición natural entre influyentes neuroló-
logos. Ya en los albores de su desarrollo, en los "espléndidos setenta",
Broca y sus seguidores encontraron un poderoso oponente en la per-
sona del famoso neurólogo inglés Hugblings J-a--c.k..s.o: n, :_quien
adelantó

23
' 311 -
31) ~
•15ctfva
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1 ~"'""'


j.: ....

tafJ .

b
20

Fig. 3. - Mapa de localización de Kleist, (a) Superficie lateral;


f '
(b) Superficie medial.
"'i .

24
ipótesis .de que la o za jzación. cerebral de los procesos mentales
complejos debe abordarse desde el punto de vista del nivel de su cons-
trucción, más que de su localización en áreas particulares del cerebro. J
La hipótesis de Jackson, demasiado compleja para su época, no fue
considerada y desarrollada hasta. 50 años más tarde, cuando emergió
de nuevo en los escritos de eminentes neurólogos de la primera mitad
del siglo xx: Monakow (1914), Head (1926) y Goldstein (1927, 1944,
1948). Sin negar el hecho obvio de que "func·ones" fisioló icas ele-
mentales tales como sensación cutánea, visión, audición, fI!Ovimien_t,o)
están representadas en áreas c-laramente d_e..f.i.n. idas del estos
_
cór tex,...
investigadores expresaron dudas válidas sobre la aplicabilidad de este
principio del "localizacionismo estricto" a los mecanismos cerebrales
de formas complejas de la actividad m ntal.
Estos autores apuntaron con toda justificación al carácter complejo
de la actividad humana. Intentaron identificar sus características es-
pecíficas con el carácter semántico de la conducta (Monakow) con
la "capacidad de abstracción" y la "con a categorial" (Goldstein),
y se sintieron impulsados a expresar sus dudas de que estas "funcio-
nes" puedan estar representadas en áreas articulares del cerebro
como funciones elementales de los tejidos cerebrales. Por consiguien-
te, postularon que los complejos fenómenos de "semántica" o "con-
ducta categorial" son el resultado de la actividad de todo el cerebro,
más que el producto de trabajo de áreas del córtex cerebral. Las dudas
sobre la posibilidad de estricta localización de los procesos mentales
complejos condujo a estos autores, bien a separar los procesos men-
tales de las estructuras cerebrales y a reconocer su especial "natura-
leza espiritual", posición adoptada hacia el fin de sus vidas investiga-
dores tan eminentes como Monakow y Mourgue ( 1928) y Sherrington
(1934, 1942),bien a intentar demostrar que la conducta categorial"
es el más alto nivel de la actividad cerebral, dependiendo más de la
masa de cerebro involucrada en el proceso que de la participación de
zonas específicas del córtex cerebral (Goldstein, 1944, 1948). Las dudas
legítimas sobre la validez de la aproximación mecanicista de los Iocali-
zacionistas estrictos condujeron, por tanto, bien a un resurgir de las
tradiciones realistas de la aceptación de una naturaleza "espiritual"
de los procesos mentales, bien al resurgir de otras ideas sobre el cere-
bro como entidad no diferenciada y del papel decisivo de su masa en
la ejecución de la actividad mental, que ha irrumpido repetidamente
a lo largo de la historia del estudio del cerebro como órgano de la
mente. (Flourens, 1824; Goltz, 1884 y Lashley, 1929). '-
Mientras que la teoría mecanicista de los procesos mentales en

25
áreas locales del cerebro condujo a la investigación de la base cerebral
de la actividad mental hacia un callejón sin salida, las ideas "integra-
les" (o como son llamadas a veces noéticas) de:'fds procesos mentales
está claro que no podían proporcionar la base necesaria para una pos-
terior investigación científica; antes bien preservaron las anticuadas
ideas de la separación de la vida "espiritual" del hombre y de la im-
posibilidad en un principio de descubrir su base material, o reavivaron
ideas igualmente obsoletas del cerebro como una masa nerviosa pri-
mitiva e indiferenciada.
Naturalmente, esta crisis obligó a una búsqueda de nuevos caminos
que condujeron al descubrimiento de los verdaderos mecanismos
cerebrales de las más altas formas de actividad mental, reteniendo
para este examen los mismos principios científicos de investigación
que se habían revelado eficaces en el estudio de las formas eleme tales
de procesos fisiológicos y que serían adecuados para e es dio de la
actividad humana consciente, con su origen socio-histórico, y su com-
pleja estructura jerárquica ·, ,
- Esta tarea requirió, por un lado, la revisiÓn-í·i-Itdical de la compren-
. sión básica del término, "funciones" y, por el otro, de los principios
básicos que gobiernan su "Iocalización".

RECONSIDERAClóN DE LOS CONCEPTOS BÁSICOS

Para acercarse a la cuestión de la localización cerebral de la acti-


vidad mental humana, el primer paso debe ser una revisión de los con-
ceptos básicos, sin la cual sería imposible resolver este problema co-
rrectamente. Vamos a revisar primeramente el concepto de "función",
seguiremos con una reconsideración del concepto de "localización",
y, finalmente, con una revaluación de lo que es llamado el "síntoma"
o la "pérdida de función" en las lesiones locales del cerebro.

Revisión del concepto de «función»

Los investigadores que han examinado el problema de la "Iocali-


zación" cortical de las funciones elementales mediante la estimulación
o exclusión de áreas locales cerebrales, han entendido el término "fun-
ción" queriendo significar la función de un tejidp particular. Tal inter-
pretación posee una lógica incuestionable. Es perfectamente natural
considerar que la secreción de bilis es una función del hígado y que

26
la secreción de insulina es una tunción del páncreas. Es igualmente ló-
giC{; considerar la percepción de la luz como una función de los ele-
mentos fotosensibles de la retina y de las neuronas altamente especia-
lizadas del córtex visual conectadas a ellos, y que la generación de los
impulsos motores es una función de las gigantescas células piramidales
de Betz. Sin embargo, esta definición no cubre todas las aceptaciones
o usos del término "función".
Cuando hablamos de la "función digestiva" o de la "función res-
piratoria" está claro que no puede entenderse como una función de un
tejido en particular. El acto de la digestión requiere el transporte del
alimento al estómago, Ja transformación del alimento bajo la acción
del jugo gástrico, la participación de las secreciones del hígado y pán-
creas en este proceso, el acto de la contracción de las paredes del es-
tómago e intestinos, el recorrido del alimento a través del tracto intes-
tinal y, finalmente, la absorción de los componentes transformados de
los alimentos a través de las paredes del intestino delgado.
Ocurre exactamente lo mismo con la función respiratoria. El último
objeto de la respiración es el suministro de oxígeno a los alvéolos de
los pulmones y su difusión a la sangre a través de las paredes de los
alvéolos. Sin embargo, para llevar a cabo este último propósito es ne-
cesario un complejo aparato muscular que comprende el diafragma y
músculos intercostales, capaz de dilatar y contraer el tórax, y controla-
do por un complejo sistema de estructuras nerviosas del tronco cere-
bral y centros superiores.
Es obvio que este proceso completo se lleva a cabo no como una
simple "función". sino como un sistema funciorlii completo que abar-
ca muchos componentes pertenecientes a diferentes niveles de los
aparatos secretor, motor y nervioso. Tal sistema funcional (el término
fue introducido y difundido por Anokhin, 1935; 1940; 1949; 1963;
1968a; 1972) difiere no solamente en la complejidad de su estructura,
sino también en la movilidad de sus partes componentes. La tarea
original (restablecimiento de la homeostasis alterada) y el resultado
final (transporte de elementos nutritivos a las paredes del intestino
o de oxígeno a los alvéolos de los pulmones, seguidos de su absorción
en el torrente sanguíneo), obviamente permanecen inalterados en cada
caso (o, como algunas veces se dice, permanecen invariables). Sin em-
bargo. el modo en que esta tarea es ejecutada puede variar considera-
blemente. Por ejemplo, si el grupo principal de músculos que trabajan
durante la respiración (el diafragma) deja de actuar, los músculos in-
tercostales entran en función, pero si por una u otra razón éstos están
alterados, los músculos de la laringe se movilizan y el animal o perso-

27
na comienzan a tragar aire, que de este modo alcanza los alvéolos
pulmonares por una ruta completamente difere~te. La presencia de
una tarea constante (invariable) ejecutada por mecanisrnas variables
(variantes), que llevan el proceso a un resultado constante (invaria-
ble), es una de las características básicas que distinguen el trabajo
de todo "sistema funcional". La segunda característica distintiva es
la composición compleja del sistema funcional, que incluye siempre
una serie de impulsos aferentes (de ajuste) y eferentes (efectores).
Este concepo de una "función" como un completo sistema funcio-
nal es una segunda definición, marcadamente diferente de la definición
de una función como el funcionamiento de un tejido particular. Dado
que los más complejos procesos somáticos y autónomos están orga-
nizados como "sistemas funcionales" de este tipo, este concepto puede
ser aplicado con mucha más razón a las "funciones" complejas de la
conducta.
Esto puede ilustrarse haciendo referencia a la función del movi-
miento (o locomoción), cuya detallada estruc~~a ha sido analizada
por el fisiólogo soviético Bemstein (1935; 1947;'1957; 1966; 1967). Los
movimientos de una persona conducentes a cambiar su posición .e.n el
espacio, a golpear en .un ci~rto punto, o ~ ejecutar cierta acción n~ca
pueden tener lugar simplemente por medio de impulsos eferentes, mo-
tores. Dado que el aparato locomotor con sus articulaciones móviles,
por regla general tiene un número muy elevado de grados de libertad
y este número se multiplica a causa de los distintos grupos de articula-
ciones que participan en el movimiento y cada estadio del movimiento
cambia el tono inicial de los músculos, el movimiento es en principio
incontrolable simplemente por los impulsos eferentes. Para que ocurra
un movimiento debe haber una constante corrección del movimiento
inicial mediante impulsos aferentes que dan información 'sobre la
posición del miembro· que. se desplaza en el espacio y del cambio del
tono muscular, para que durante su transcurso pueda efectuarse cual-
quier corrección necesaria. Sólo una estructura tan compleja del pro-
ceso de locomoción. puede satisfacer la condición fundamental del
mantenimiento del trabajo invariable, su ejecución por medios varia-
bles, y la consecución resultante de un resultado constante en virtud
de estos medios pm~~os variables. El hecho de que todo movimien-
to tiene el carácter de un sistema funcional complejo y que los ele-
mentos que lo ejecutan pueden ser de carácter intercambiable es evi-
dente porque se puede obtener el mismo resultado por métodos total-
mente diferentes.
En el conocido experimento de Hunter, un ratón alcanzó su meta

28
en un laberinto recorriendo una cierta ruta, pero cuando un elemen-
to del laberinto fue sustituido por un plato con agua, lo consiguió por
movimientos natatorios. En algunas de las observaciones de Lashley,
una rata entrenada para seguir una cierta pauta de movimiento cam-
bió radicalmente la estructura de sus movimientos tras la extirpación
del cerebelo o tras la división de la médula espinal por dos hemisec-
ciones opuestas, de modo que ninguna fibra podía alcanzar la perife-
ria: en estos casos, la rata, aunque incapaz de reproducir los movi-
mientos aprendidos durante el entrenarruento, fue capaz de alcanzar
su meta yendo patas arriba, de modo que el original trabajo motor
fue completado para la obtención del trabajo requerido.
El mismo carácter intercambiable de los movimientos necesarios
para conseguir una meta requerida puede verse también claramente si
se analiza cuidadosamente cualquier acto humano locomotor: alcan-
zar un blanco (que se hace con una diferente secuencia de movimien-
tos según la posición inicial del cuerpo), la manipulación de objetos
(que puede ejecutarse mediante diferentes secuencias de impulsos
motores) o el proceso de escribir, que puede ser llevado a cabo bien
con un lápiz o pluma, con la mano derecha o la izquierda, o incluso
con el pie, sin que por ello se pierda: étsignificado de lo que se escribe
o ni siquiera la caligrafía característica de la persona citada (Berns-
tein, 1947).
Aunque esta estructura "sistémica" es característica de actos con-
ductuales relativamente simples, es mucho más característica de for-
mas más complejas de actividad mental. Naturalmente, todos los pro-
cesos mentales tales como percepción y memorización, gnosis y praxis,
lenguaje y pensamiento, escritura, lectura y aritmética, no pueden ser
considerados como "facultades" aisladas ni tampoco indivisibles, que
. . -
se pueden .suponer "función" directa de limitados grupos de células
o estar "localizadas" en áreas particuJares del cerebro.
El hecho de que todos se formaran a través de un largo desarrollo
histórico, que son sociales en su origen y complejos y jerárquicos
en su estructura, y que estén todos basados en un sistema complejo
de métodos y medios, como ha mostrado el trabajo del eminente psicó-
logo Vygotsky (1956, 1960)y sus discípulos Leontiev, 1959;Zaporozhets,
1960; Galperin, 1959; Elkonin, 1960, implica que las formas funda-
mentales de actividad consciente deben ser consideradas como siste-
mas funcionales complejos; consecuentemente, el acercamiento básico
a su "localización" en el córtex cerebral debe cambiar radicalmente.

29
Revisión del concepto de «localización»
~
Nuestro examen de la estructura de los sistemas funcionales y de
la funciones psicológicas superiores nos ha llevado, en particular,
a contemplar de forma completamente nueva las clásicas ideas de lo-
calización de la función mental en el córtex humano. Mientras que las
funciones elementales de un tejido pueden, por definición, tener una
localización precisa en grupos particulares de células, está fuera de
toda duda que no ocurre lo mismo con la localización de· los sistemas
funcionales complejos en áreas limitadas del cerebro o de su córtex.
Ya hemos visto que un sistema funcional tal como la respiración
incorpora un sistema de componentes tan lábil y complejo que Pavlov,
al discutir la cuestión de un "centro respiratorio", se vio obligado a
reconocer que "si bien al principio creíamos que sería algo del tamaño
de una cabeza de alfiler dentro del bulbo raquídeo ahora ha de-
mostrado ser extremadamente vago, que asciende al interior del cere-
bro y baja hasta la médula espinal, y hasta ahora nadie puede trazar
sus límites con exactitud" (149, vol. 3, pág. 127). ,
Naturalmente, el problema se hace mucho.más.complejo si se trata
-,/ de la localización de formas superiores de actividad mental; las for-
mas superiores de los procesos mentales poseen una estructura par-
'V; ticularmente compleja; se establecen a lo largo de la ontogenia. Ini-
cialmente consisten en una serie completa y extensa de movimientos
rnanipulativos .que gradualmente se han condensado y han adquirido
el carácter de "acciones mentales" internas (Vygotsky, 1956, 1960;
Galperin, 1959).
Por regla general, estas formas están basadas en una serie de dis-
positivos externos, tales como el lenguaje, el sistema mediante cifras
de contar, formados en el proceso de la historia social, son mediatiza-
das por ellos, y, en general, no pueden concebirse sin su .participación
(Vigotsky, 1956, 1960); están siempre conectadas con imágenes del
mundo exterior en completa actividad, y su concepción pierde todo
su significado si se considera separada de este hecho. Ésta es la razón
. ~o
-:..,_; por la cual las funciones mentales, como sistemas funcionales com-
\,<;:;
"-,·. ""/"· plejos, no pueden localizarse en zonas restringidas del córtex o en
grupos celulares aislados, sino que deben estar organizadas en siste-
mas de zonas que trabajan concertadamente, cada una de las cuales
ejerce su papel dentro del sistema funcional complejo, y que pueden
estar situadas en áreas completamente diferentes, y, a menudo, muy
distantes del cerebro.
Dos hechos, que distinguen claramente esta forma de trabajo del

30
cerebro humano de las formas más elementales de trabajo del cerebro
animal, son quizás las características más esenciales de este concepto
"sistémico" de la localización de los procesos mentales en el córtex.
Mientras que las formas elevadas de actividad consciente están basa-
das en ciertos mecanismos externos (buenos ejemplos son el nudo que
hacemos en nuestro pañuelo para recordar algo importante, una com-
binación de letras que escribimos para no olvidar una idea, o una tabla
de multiplicar que usamos para operaciones aritméticas), queda per-
fectamente claro que estos dispositivos externos o artificiales forma-
dos históricamente son elementos esenciales en el establecimiento de
conexiones funcionales entre partes individuales del cerebro, y que,
gracias a su ayuda, áreas del cerebro que antes eran independientes
se vuelven componentes de un sistema funcional único. Esto puede
expresarse más vívidamente diciendo que las medidas formadas histó-
ricamente para la organización del comportamiento humano atan
nuevos nudos en la actividad del cerebro humano, y es esta presencia
de nudos funcionales, o, como algunos científicos los llaman, "nuevos
órganos funcionales" (Leontiev, 1959), lo que constituye una de las
características más importantes que distinguen la organización fun-
cional del cerebro humano de la del cerebro animal. Este principio de
construcción de sistemas funcionales en el cerebro humano es lo que
Vygotsky ( 1960) llamó el principio de "la organización extracor tical
de las funciones mentales complejas", implicando mediante esta ex-
presión un tanto rebuscada que todos los tipos de actividad humana
consciente se forman siempre con la asistencia de instrumentos auxi-
liares o dispositivos externos.
La segunda característica propia de la "localización" de los proce-
sos superiores del córtex humano es que nunca permanece constante
o estática, sino que cambia esencialmente durante el desarrollo del
niño y en los subsiguientes períodos de aprendizaje. Esta proposición,
que a primera vista podría parecer extraña, de hecho es bastante na-
tural. El desarrollo de cualquier tipo de actividad consciente compleja
al principio se va extendiendo y requiere un cierto número de dispo-
sitivos externos para ello y hasta más tarde no se va condensando
gradualmente y se convierte en una habilidad motora automática.
En las etapas iniciales, por ejemplo, la escritura depende de la
memorización de la forma gráfica de cada letra. Se efectúa a través
de una cadena de impulsos motores aislados, cada uno de los cuales
es responsable de la ejecución de un solo elemento de la estructura
gráfica; con 1a práctica, la estructura de este proceso cambia radical-
mente y la escritura se convierte en una única "melodía cinética" que

31
ya nunca más necesitará la memorización de la forma visual de cada
letra aislada ni de impulsos motores individuaJ_es para hacer cada
raya. La misma situación ocurre con el procesol mediante el cual el
cambio para escribir un engrama altamente especializado (como una
firma) ya no depende del análisis del complejo acústico de la palabra,
o de la forma visual de sus letras individuales, sino que empieza a
realizarse como una "melodía cinética". Cambios similares ocurren
también durante el desarrollo de otros procesos psicológicos supe-
riores.
En el curso de este desarrollo no es sólo la estructura funcional del
proceso la que cambia, sino que también lo hace, como es natural, su
"organización" cerebral. La participación de las áreas auditivas y vi-
suales del córtex, esencial en las primeras etapas de formación de la
actividad, no será ya necesaria en las posteriores etapas, y la actividad
empezará a depender de un sistema diferente de zonas de trabajo con-
certado (Luria, Simernitskaya y Tubylevich, 1970).
El desarrollo de las funciones mentales superiores en la ontogenia
• V
tiene aún otra característica de decisiva importancia para su organiza-
ción funcional en el córtex cerebral. Como demostró Vygotsky (1960)
· hace algún tiempo, durante- la ontogenia no sólo cambia la estructura de
los procesos mentales superiores, sino también sus relaciones entre sí,
o, en otras palabras, su "organización interfúncional". Mientras que en
las primeras etapas del desarrollo, una actividad mental compleja
descansa sobre una base más elemental y depende de una función
"basal", en períodos subsiguientes del desarrollo, no sólo adquiere una
estructura más compleja, sino que también empieza a realizarse con la
estrecha participación de formas de actividad estructuralmente su-
periores.
Por ejemplo, el niño piensa en términos de formas visuales de per-
cepción y memoria, o, en otras palabras, piensa por recopilación.
En posteriores etapas de la adolescencia o en la vida adulta, el pen-
samiento abstracto con. la ayuda de las funciones de abstracción y ge-
neralización está tan altamente desarrollado que incluso procesos re-
lativamente simples, tales como la percepción y la memoria, son con-
vertidos en formas complejas de análisis lógico y síntesis, y la persona
en este punto comienza a percibir o recopilar mediante la reflexión.
Este cambio de la relación entre los procesos psicológicos funda-
mentales está destinado a guiar los cambios de la relación entre los
sistemas fundamentales del córtex, sobre cuyabase estos procesos se
llevan a cabo. Consecuentemente, en el niño, una lesión de una zona
cortical responsable de una forma relativamente elemental de actividad

32
mental {por ejemplo, el córtex visual) invariablemente da lugar, como
efecto secundario o "sistémico", al desarroilo imperfecto de las es true-
turas superiores superpuestas a dicha zona; en el adulto, en quien
estos complejos sistemas no sólo se han formado sino que han llegado
a ejercer una influencia decisiva sobre la organización de formas sim-
ples de actividad, una lesión de las áreas "inferiores" no es ya tan
importante como lo podía ser en las primeras etapas del desarrollo.
Recíprocamente, una lesión de las áreas "superiores" conduce a la
desintegración de las funciones más elementales, que ahora han adqui-
rido una estructura compleja y han empezado a depender íntima-
mente de las formas más altamente organizadas de actividad.
Ésta es una de las proposiciones fundamentales introducidas en la
teoría de la "localización dinámica" de las funciones mentales superio-
res por la ciencia psicológica soviética. Fue formulada por Vygotsky
en una ley que establece que una lesión de una zona particular del ce-
rebro en los primeros pasos de la niñez tiene un efecto sistémico sobre
-~ las áreas corticales superiores superpuestas a dicha zona, mientras que
una lesión de la misma región en la vida adulta afecta a las zonas
· inferiores del córtex, que ahora comienzan a depender de ellas. Esto
. '
...;, puede ilustrarse por el hecho de que una lesión de las áreas secunda-
rias del córtex visual en las primeras fases de la niñez puede conducir
a un subdesarrollo sistémico de las zonas superiores responsables del
pensamiento visual, mientras que una lesión .de estas mismas zonas en
el adulto puede ocasionar sólo defectos parciales del análisis y sínte-
sis visuales, y deja inalteradas las formas más complejas de pensa-
miento, formadas en una etapa anterior.
Todo lo que se ha dicho sobre la estructura sistémica de los pro-
cesos psicológicos superiores obliga a una revisión radical de las ideas
clásicas sobre su "localización" en el córtex cerebral. Por consiguiente,
nuestra misión no es "localizar" los procesos psicológicos superiores
del hombre en áreas limitadas del córtex, sino averiguar, mediante un
cuidado análisis, qué grupos de zonas de trabajo concertado del ce-
rebro son responsables de la ejecución de la actividad mental com-
pleja; qué contribución aporta cada una de estas zonas al sistema
funcional complejo; y cómo cambia la relación entre estas partes de
trabajo concertado del cerebro en la realización de la actividad mental
compleja, en las distintas etapas de su desarrollo.
Tal aproximación debe modificar la forma de trabajo práctico del
psicólogo que intenta estudiar Ia organización cerebral de la actividad
mental. El intento de determinar la base cerebral de un particular
proceso de la mente humana debe ser precedido por un cuidadoso es-

33
3-C. A.
tudio de la estructura de este proceso psicológico cuya organización
cerebral se espera establecer, y por la identificación de aquellos de sus
componentes que puedan ser clasificados ha:sn/derto punto entre sis-
temas cerebrales determinados. Sólo trabajando de esta forma para
aclarar la estructura funcional de los procesos psicológicos a estudiar,
con la identificación de sus componentes y el posterior análisis de su
"situación" entre los sistemas cerebrales, se hallará una solución al
viejo problema de la "localización" de los procesos mentales en el cór-
tex cerebral.

Revisión del concepto de «slntoma»

Las investigaciones clásicas acerca de la localización de las funcio-


nes mentales en el córtex, utilizando las observaciones sobre cambios
de comportamiento tras lesiones locales en el cerebro, partieron de la
suposición simplista de que una alteración fe una función mental
particular (lenguaje, escritura, lectura, praxis o gnosis), originada
como resultado de la destrucción de una parte cerebral, es la prueba
directa de que esta "función" está "localizada" en esta parte del cere-
bro (ahora destruida). Los hechos examinados anteriormente obligan
a un radical reexamen de estas ideas demasiado simples.
Una alteración de la sensación general debe indicar siempre una
lesión del giro postcentral de sus tractos, del mismo modo· que la pér-
dida de parte del campo visual debe indicar una lesión de la retina,
de los tractos ópticos o del córtex visual. En tales casos identificar el
síntoma significa obtener información concreta para el diagnóstico
típico de la lesión, y, a partir de aquí, para la localización de la función
en el sistema nervioso. Es un asunto completamente diferente en los
casos en que procesos mentales superiores están alterados en pa-
cientes con lesiones locales del cerebro.
Si la actividad mental es un sistema funcional complejo, que supo-
ne la participación de un grupo de áreas del córtex que trabajan con-
certadamente (y algunas veces, áreas del cerebro muy distantes),
una lesión de cada una de estas zonas o áreas puede conducir a la de-
sintegración de todo el sistema funcional, y de este modo el síntoma
o pérdida de una función particular no nos dice nada sobre su "loca-
lización".
Para poder progresar desde el estableciraíento del síntoma (pér-
dida de una función dada) hasta la localización de la actividad mental
correspondiente, queda aún mucho camino por hacer. Su parte más

34
importante es el detallado análisis psicológico de la estructura de la
enfermedad y la elucidación de las causas inmediatas del colapso del
sistema funcional, o, en otras palabras, una cualificación detallada del
sistema observado.
Vamos a clarificar esto con un ejemplo. En el cuadro clínico de le-
siones locales del cerebro un síntoma observado muy frecuentemente
es la apraxia, cuando el paciente es incapaz de manipular objetos en
ciertas ocasiones. En la neurología clásica era suficiente concluir que
la lesión estaba localizada en la región parietal inferior, considerada
como "el centro de la praxis compleja", o, si la apraxia tomaba la
forma de una dificultad en ejecutar un esquema de movimiento clara-
mente representado, era una lesión localizada en áreas del córtex
antepuestas a esta región. Nada puede ser más erróneo que tal idea y
tal intento para "localizar" .el síntoma de apraxia (y consecuentemente
la función de la "praxis") en un área estricta del córtex.
Tras las investigaciones de los fisiólogos (sobre todo el fisiólogo so-
viético Bernstein), quedó suficientemente claro que cualquier movi-
miento voluntario y, todavía más, cualquier movimiento manipulativo,
debe ser un sistema funcional complejo que supone un cierto número
de condiciones, en cuya ausencia el movimiento no puede ejecutarse.
Para llevar a cabo tales movimientos, la primera condición esencial es
su aferentización kinestésica, o, en otras palabras, el sistema de im-
pulsos kinestésicos que llegan al cerebro desde el miembro en movi-
miento, y que indican el grado de tono muscular e informan de la po-
sición de las articulaciones. Si estos impulsos aferentes (cuya recep-
ción e integración es llevada a cabo por las áreas sensoriales generales
en el córtex postcentral) no existen, el movimiento pierde su base
aferente y los impulsos efectores que pasan desde el córtex a los
músculos quedan virtualmente incontrolados.
Como resultado de este hecho, incluso lesiones relativamente leves
del córtex postcentral pueden conducir a una forma distintiva de "apra-
xia kinestésica, basada en la diferenciación del miembro en movimien-
to. Esta dolencia consiste en una alteración de los movimientos sutil-
mente diferenciados como la incapacidad de situar la mano en lapo-
sición necesaria para la acción manipulativa que va a ejecutar. Pero
la presencia de la aferentización kinestésica esencial, por muy impor-
tante que pueda llegar a ser, no es suficiente por sí misma para la eje-
cución de la acción correspondiente.
Cualquier movimiento, tanto si es un movimiento en el espacio
como dar en un blanco o una operación manipulativa, siempre se
efectúa en un cierto sistema de coordenadas espaciales. Siempre se lle-

35
va a cabo en un plano sagital horizontal o vertical y siempre requiere
la síntesis de estas ajerentizaciones aviso - espaciales que, en esta
ocasión es realizada por las zonas terciarias de i~ tegión parieto - occi-
pital del córtex, que reciben impulso de los sistemas visual y vesti-
bular y del sistema de sensación kinestésica cutánea. Si esta región
del cerebro es afectada por una Iesión que altere las síntesis espacia-
les, debe ocurrir una alteración de los movimientos de tal complejidad
estructural. Sin embargo, la apraxia que aparece en estos casos es de
carácter completamente diferente y se manifiesta principalmente como
una incapacidad para dar a la mano ejecutante su necesaria posición
espacial; el paciente comienza por tener dificultad para hacerse la
cama, y a menudo en vez de poner la manta a lo largo de la cama la si-
túa atravesada; no puede mantener el tenedor que sostiene en la di-
rección debida, moviéndolo a veces verticalmente en vez de hacerlo
horizontalmente, no puede acertar un objetivo correctamente, y así
sucesivamente. La apraxia espacial de este tipo difiere claramente de
la "apraxia kinestésica" descrita anteriormente, 1?-º sólo en su acción
y estructura, sino también en sus mecanismos y en la localización de
los efectos responsables de ella.
Estos dos estados por sí solos son insuficientes para la perfecta
ejecución de un movimiento o acción, Cada acción consta de una ca-
dena de movimientos consecutivos, cada uno de cuyos elementos debe
ser desnervado tras su realización para así permitir que el próximo se
lleve a cabo. En las etapas iniciales de formación, esta cadena de ele-
mentos motores es de carácter discreto y cada elemento motor re-
quiere su propio y particular impulso aislado. En la formación de un
hábito motor, esta cadena de impulsos aislados se reduce y los mo-
vimientos complejos comienzan a ser realizados como una única "me-
lodía cinética".
Esencialmente, la organización cinética del movimiento es realizada
por sistemas cerebrales completamente distintos: por los ganglios
basales en las primeras etapas de filogénesis (las etapas de "sinergis-
mo motor" elemental) y por las áreas premotoras del córtex en las
últimas etapas de formación de los hábitos motores complejos. Por
esta razón, cuando estas áreas del córtex son afectadas por lesiones
patológicas, también aparece la apraxia, pero esta vez es una "apraxia
cinética", manifestada como la incapacidad de sintetizar los elementos
motores en una única y consecutiva melodía, como la dificultad de
enervar un elemento del movimiento al completarse, y en pasar con
facilidad de un elemento motor al siguiente. La estructura de esta
"apraxia cinética" difiere significativamente de las formas de apraxia

36
descritas previamente, y el origen local de estos síntomas es bien di-
ferente.
Consideraremos ahora la última condición para la correcta ejecu-
ción de un movimiento. Todo movimiento va dirigido a una cierta
meta y desarrolla una cierta tarea motora. A nivel de comportamiento
instintivo, con su estructura elemental, estas tareas motoras son dic-
tadas por programas innatos; a nivel de una acción compleja cons-
ciente formada· durante la vida, son dictadas por intenciones que se
forman con la estrecha participación del lenguaje, que regula el com-
portamiento humano (Luria, 1961). Investigaciones especiales (Lu-
ria, 1962, 1963, 1966a, 1966b, 1966c; Luria y Homskaya, 1966) han de-
mostrado que tales intenciones complejas reguladas por medio del
lenguaje se forman con la estrecha participación de los lóbulos fron-
tales del cerebro. Las lesiones masivas del córtex frontal pueden, por
ende, conducir a la apraxia, pero esta "apraxia de acción - dirigida - a -
una - meta" difiere radicalmente de las formas descritas previamente.
Por regla general, consiste en la incapacidad del paciente para subor-
dinar sus movimientos a la intención expresada verbalmente, la desin-
tegración de los programas organizados, y el reemplazamiento de una
acción - encaminada - a - un - fin racional, por la repetición ecopráxica
de los movimientos del paciente o por estereotipos inertes que han
perdido su carácter racional, dirigido - a - un - fin. No discutiremos
este tipo de alteración de la praxis en este momento, pues ya la he
descrito en otro lugar y será especialmente examinada más tarde en
este libro.
De estos hechos descritos puede deducirse una importante conclu-
""
sión. El síntoma de una alteración de la praxis (apraxia) es·señal de
una lesión local del cerebro; sin embargo, este síntoma por sí mismo
no nos dice nada respecto a la localización específica del foco que
causa su aparición. El movimiento voluntario (praxis) constituye un
sistema funcional complejo que reúne un cierto número de condicio-
nes o factores que dependen del trabajo concertado de todo un grupo
de zonas corticales y estructuras subcorticales, cada una de las cuales
aporta su propia contribución para la realización del movimiento y
aporta su propio factor a su estructura. La manipulación compleja de
objetos puede, por tanto, ser alterada por lesiones de diferentes áreas
corticales (o estructuras subcorticales); sin embargo, en cada caso la
alteración es diferente y la estructura de esta alteración difiere en cada
ocasión.
La inmediata labor del investigador es estudiar la estructura de los
defectos observados y cualificar los síntomas. Sólo entonces, mediante

37
averiguaciones que conduzcan a la identificación del factor básico que
yace tras el síntoma observado, será posible, extraer conclusiones re-
ferentes a Ja localización del foco que yace en Íci base del defecto. El
concepto de "localización de un foco", por tanto, no coincide con el
de "localización de una función" y antes de que el método de las le-
siones locales del cerebro pueda utilizarse para extraer conclusiones
relativas a la "localización de una función" (o, más exactamente, la
organización cerebral de un sistema funcional), el síndrome debe ser
sometido a un análisis estructural complejo, que es la base del método
neurofisiológico de investigación.

Análisis del síndrome y organización sistémica


de los procesos psicológicos
La cualificación del síntoma es sólo el primer paso en el análisis de
la organización cerebral de los procesos mentales. Para que los resul-
tados de este análisis sean fiables, y los dato; he patología local del
cerebro sirvan como base para conclusiones fiables relativas a la es-
tructura de los procesos mentales y a su "localización" en el córtex
cerebral humano, el siguiente paso debe ser pasar de la cualificación
del síndrome único a la descripción del complejo sintomático com-
pleto, o, como se le llama generalmente, hasta el análisis sindromático
de cambios de la conducta que aparecen en lesiones locales del cere-
bro. Como ya he dicho, toda actividad mental humana es un sistema
funcional complejo que se efectúa a través de la combinación de es-
tructuras cerebrales que trabajan concertadamente, cada una de las
cuales aporta su propia. contribución al sistema funcional como un
todo. Esto significa, en la práctica, que el sistema funcional como un
todo puede ser alterado por la lesión de un gran número de. zonas y
también que puede ser alterada distintamente en lesiones de dif eren-
tes localizaciones. Esta última afirmación, como se comprenderá fá-
cilmente, está conectada con el hecho de que cada área del cerebro
implicada en este sistema funcional introduce su propio factor parti-
cular esencial para su realización, y la exclusión de este factor hace
imposible la normal actuación de este sistema funcional. El ejemplo
dado anteriormente de la construcción de un movimiento voluntario
y los tipos de alteración que sufre por lesiones locales del cerebro
muestra este hecho con suficiente claridad. Las reglas que gobiernan
la estructura y destrucción de los sistemas funcionales que he des-
crito son de decisiva importancia para el siguiente paso, que ocupa

38
un lugar central en la estructura de los procesos mentales y en su
organización cerebral.
El neuropsicólogo que se enfrente a estos problemas debe ante todo
asegurarse de qué factores están involucrados de hecho en la actividad
mental particular y qué estructuras cerebrales constituyen su base
neuronal. Estos dos problemas sólo pueden ser resueltos por compa-
ración de todos los síntomas que aparecen en lesiones de un foco es-
trictamente localizado del cártex (o subcórtex), por una parte, y por
un vasto análisis del carácter de una alteración de este sistema por
lesiones cerebrales en diferentes lugares, por la otra. Consideremos
un ejemplo para ilustrar este principio básico.
Como he dicho, la correcta realización de un movimiento complejo
requiere su organización espacial precisa o, en otras palabras, la es-
tructura del movimiento en un sistema definido de coordenadas espa-
ciales. Esta condición es satisfecha por las porciones terciarias "viso -
kinestésico - vestibulares" del córtex parieto - occipital, y la supresión
de esta condición causa la desintegración del movimiento espacialmen- te
organizado. No obstante, surge naturalmente la pregunta: ¿qué
otros tipos de actividad mental son alterados por lesiones de estas
regiones parieto - occipitales del cerebro .. que son responsables de la
organización espacial de los movimientos? Si podemos contestar a
esta pregunta, y si podemos distinguir entre un grupo ~e procesos que
es afectado por un foco en esta localización, y otro grupo de procesos
que permanece intacto e:p. presencia de este foco patológico, habremos
dado un importante paso hacia el descubrimiento de qué tipos de ac-
tividad mental incluyen el factor espacial particular conectado direc-
tamente con estas regiones parieta- occipitales del córtex.
Los hechos que demuestran que todo foco patológico local que
aparece en el córtex cerebral altera de hecho la correcta realización
de algunos procesos psicológicos mientras deja a otros intactos o, en
otras paJabras, que todo foco local da lugar a lo que el neurofisiólogo
americano Tenber llamó "el principio de la doble disociación de la
función", se encuentran en gran abundancia a través de una cuidadosa
investigación neuropsicológica. Por ejemplo, un foco local en la región
parieto - occipital (o parietal inferior) del hemisferio izquierdo altera
la organización espacial de la percepción y el movimiento, invariable-
mente da lugar también a otros síntomas: estos pacientes, por regla
general, no pueden interpretar la posición de las agujas del reloj ni
encontrar su situación en un mapa; no pueden encontrar el camino
en una barriada donde viven; no pueden resolver incluso problemas
aritméticos relativamente simples y se confunden cuando se enfren-
tan con problemas de sustracción a un número de dos cifras que re-
quiere pasar de Ja columna de los dieces: cuando sustraen 7 de 31,
por ejemplo, ellos hacen el primer paso de esta toperación (30-7 =
= 23), pero entonces no saben si el I° restante tiene que ser añadido
o sustraído o si el resultado final es 22 ó 24. Finalmente empiezan a
tener dificultad en la comprensión de estructuras gramaticales que
incluyen relaciones lógicas, tales como "el hermano del padre" y "el
padre del hermano"; "primavera después de verano" y "verano des-
pués de primavera", mientras que la comprensión de estructuras gra-
maticales más simples permanecen inalteradas.
Sin embargo, tal foco no produce alteraciones de procesos como
lenguaje fluido, captación o interpretación de melodías musicales,
la uniforme sucesión de elementos del movimiento y otros.
Todo esto muestra que el primer grupo de procesos arriba indicado
incluye un factor "espacial', mientras que el segundo gr_upo de proce-
sos no comprende tal factor y, por tanto, permanece intacto en una
lesión de la región parieto - occipital del córtex. Muy al contrario ocu-
rre en lesiones locales del córtex temporal (aucti\ivo). Las lesiones en
esta zona, como veremos, conducen auna alteración de la organización
compleja de la percepción auditiva, de 'modo que la organización de
estímulos acústicos dentro de su estructura propia se hace imposible.
Como consecuencia, los pacientes con lesiones en esta zona son inca-
paces de reproducir correctamente lo que se les dice o de retener
recuerdos relativos a ello. El lenguaje fluido discriminativo, como la
memoria auclioverbal, puede estar sustancialmente dañada en estos
pacientes. Sin embargo, la orientación espacial, la organización espa-
cial del movimiento, las operaciones matemáticas y la comprensión
de ciertas relaciones lógico - gramaticales, permanecen intactas por
regla general.
· Estas observaciones muestran claramente que un cuidadoso análi-
sis neuropsicolágico del síndrome y las observaciones de la "doble di-
solución" que aparece en lesiones locales del cerebro pueden aportar
una gran contribución al análisis estructural de los procesos psicológi-
cos en sí mismos y pueden señalar los factores involuntarios en un
grupo de procesos mentales pero no en otros. Como veremos, esto es
una gran ayuda a la solución del problema de la composición interna
de los procesos psicológicos, que no podía ser resuelto por las inves-
tigaciones ordinarias, pues, de esta forma, procesos psicológicos apa-
rentemente idénticos pueden ser distinguidos/y [ormas aparentemente
diferentes de actividad mental pueden ser reconciliadas. Dos ejem-
plos servirán para ilustrar este hecho.

40
Para el observador sin prejuicios, la audición musical y la audición
del lenguaje pueden parecerle dos versiones del mismo proceso psico- ·
lógico. Sin embargo, las observaciones sobre pacientes con lesiones
locales cerebrales muestran que la destrucción de ciertas partes de la
región temporal izquierda conduce a una marcada alteración de la
audición del lenguaje (la discriminación entre sonidos similares del
lenguaje es completamente imposible), mientras que deja intacta a la
audicición musical. En el informe de uno de mis casos hay una des-
cripción de un famoso compositor que, tras una hemorragia en la
región temporal izquierda, era incapaz de distinguir los sonidos del
lenguaje ni de comprender las palabras que se le decían; sin embargo
continuó componiendo brillantes trabajos musicales (Luria, Tsvetko-
va y Futer, 1965).Esto significa que procesos mentales aparentemente
tan similares como la audición musical y la audición del lenguaje no
sólo incorporan factores diferentes, sino que también dependen del
trabajo de áreas del cerebro completamente diferentes.
Otros ejemplos que demuestran las intrínsecas similitudes entre
procesos psicológicos totalmente diferentes en apariencia, son también
conocidos en neuropsicología. ¿Estaría alguien dispuesto a aceptar
en seguida que procesos psicológicos tan diferentes como la orienta-
ción espacial, los cálculos aritméticos y la comprensión de complejas
estructuras lógico - gramaticales tienen importantes vínculos comunes,
por cuyo motivo se les puede agrupar dentro de un único grupo de pro-
cesos psicológicos? Como ya he mencionado, una lesión de la región
parieto - occipital (o parietal inferior) izquierda del córtex conduce
casi invariablemente a una alteración de todos estos procesos, de tal
modo que un paciente con una lesión de este tipo, no sólo encuentra di-
ficultades para encontrar su situación en el espacio, sino que también
comete errores en los más simples cálculos y no comprende las estruc-
turas complejas lógico - gramaticales. Esto significa que todas estas
funciones, tan ampliamente diferentes en apariencia, incorporan un
factor común, y ello permite efectuar una aproximación a los análisis
más íntimos de la estructura de los procesos psicológicos.
Se verá fácilmente que el análisis del síndrome arroja considerable
luz sobre la organización cerebral de los procesos mentales, y también
da considerable visión de su estructura interna, algo que por muchos
siglos los psicólogos han sido incapaces de hacer. El otro aspecto de
este problema no puede ser afrontado con tanto detalle en este punto.
El hecho de que toda actividad compleja es un sistema funcional
que puede ser alterado en diferentes componentes y que puede ser
dañado por lesiones cerebrales en diferentes ubicaciones (incluso aun-

41
que sea dañado de forma diferente) significa que podemos llegar más
cerca de la descripción de los factores que lo comprenden y a partir
de aquí descubrir nuevas formas de análisis neurofisiológiccs de la es-
tructura interna de los procesos mentales.
Una parte completa de este libro estará dedicada a ilustraciones de
este principio, cuya importancia no puede ser sobreestimada, y, por
tanto, lo dejaremos a un lado por el momento.
De todo lo señalado hasta aquí quedará claro que el uso de las ob-
servaciones sobre los cambios en los procesos mentales que aparecen
en lesiones locales del cerebro puede ser una de las fuentes más im-
portantes de nuestro conocimiento de la organización cerebral de la
actividad mental.
Sin embargo, el uso correcto de este método sólo es posible si se
resiste a la tentación de buscar la localización directa de los procesos
mentales en el cártex, y sólo si esta clásica tarea es reemplazada por
otra -por el análisis de cómo es alterada la actividad mental en dif e-
rentes lesiones locales del cerebro y qué [actoresjson introducidos den-
tro de la estructura Y. formas complejas de actividad mental por cada
sistema cerebr_al-. Esta tarea fundamental define la dirección general
dé la neuropsicología, la ciencia de la organización cerebral de los pro-
cesos mentales del hombre.

; 1

42
IX. Las tres principales
unidades :funcionales

He dicho que los procesos mentales humanos son sistemas funciona-


les complejos y que no están "localizados" en áreas estrictas, circuns-
critas del cerebro, sino que tienen lugar a través de la participación de
grupos de estructuras cerebrales que trabajan concertadamente, cada
una de las cuales efectúa su particular aportación a la organización de
este sistema funcional. De acuerdo con esto, la primera tarea esencial
debe ser descubrir las unidades funcionales básicas que componen el
cerebro humano, y el papel ejecutado por cada una de ellas en las for-
mas complejas de actividad mental.
Existen sólidos fundamentos para distinguir tres principales unida-
des funcionales del cerebro cuya participación es necesaria para todo
tipo de actividad mental. Con bastante aproximación a la verdad po-
demos cifrarlas en una unidad para regular el tono o la vigilia, una
unidad para obtener, p~ocesar y almacenar la información que llega
del mundo exterior y una unidad para programar, regular y verif i-
car la actividad mental. Los procesos mentales del hombre en ge-
neral y su actividad consciente en particular, siempre tienen lugar con
la participación de las tres unidades, cada una de las cuales tiene su
papel que ejercer en los procesos mentales y aporta su contribución
a la realización de éstos.
Otra característica importante es que cada una de estas unidades
básicas en sí misma es de estructura jerárquica y consiste, por lo me-
nos, en tres zonas corticales una sobre la otra: el área primaria (de
proyección) que recibe impulsos de, o los manda a, la periferia; la
secundaria (de proyección - asociación), donde la información que re-
cibe es procesada, o donde se preparan los programas, y, finalmente,
la terciaria (zonas de superposición), los últimos sistemas en desarro-
llarse en los hemisferios cerebrales, y responsables en el hombre de
las más complejas formas de actividad mental que requieren la par-
ticipación concertada de muchas áreas corticales. Examinemos la es-
tructura y propiedades funcionales de cada unidad por separado.

43
La unidad para regular tono y vigilia,
y estados mentales e
: t
,

Para que los procesos mentales humanos sigan su curso corrector,


el estado de vigilia es esencial. Sólo bajo condiciones óptimas de vigi-
lia es posible que el hombre reciba y analice la información, que los
necesarios sitemas selectivos de conexiones puedan ser llamados a la
mente, que su actividad sea programada, y comprobado el curso de
sus procesos mentales, corregidos sus errores, y mantenida su activi-
dad por el curso debido.
Es bien sabido que esta precisa regulación de los procesos menta-
les es imposible durante el sueño; el curso de reminiscencias y asocia-
ciones que se desarrollan es desorganizado en carácter, y la actividad
mental propiamente dirigida es imposible.
"La actividad organizada, dirigida a una meta, requiere el man-
tenimiento de un nivel óptimo de tono cortical", señaló Pavlov hace
muchos años, afirmando hipotéticamente que . si fuera
\.
posible ver el
sistema de excitación que se extiende por todo el cór tex de un animal
despierto observaríamos "un punto de luz" concentrado, moviéndose
por todo el córtex al cambiar de una actividad a otra, y reflejando
un punto de excitación óptima, sin el cual es imposible la actividad
normal.
Con el subsiguiente desarrollo de los métodos electrofisiológicos se
hizo posible visualizar este "punto de excitación óptima". Mediante
el uso de un instrumento especial, el "toposcopio" inventado por Liva-
nov (1962), que permite grabar simultáneamente entre 60 y 150 puntos
de excitación cortical y presentar por televisión las dinámicas de estos
puntos, podemos ver la forma en la que aparece el punto de excita-
ción óptima real en el córtex de un animal despierto, el patrón de su
movimiento sobre el córtex, y la forma en la que pierde su movilidad,
se hace inerte, y, finalmente, es completamente extinguido cuando el
animal pasa a un estado de sueño o, incluso más obvio, en un animal
agonizando.
El crédito no sólo por indicar la necesidad de un tal estado óptimo
del córtex para que ocurra cualquier forma de actividad organizada,
sino también por establecer las leyes neurodinámicas fundamentales
que caracterizan este estado óptimo del córtex, es debido a Pavlov.
Como muchas de sus observaciones mostraron, los procesos de excita-
ción que tienen lugar en el córtex despierto obedecen a una ley de la
fuerza, según la cual todo estímulo fuerte (o biológicamente significa-
tivo) evoca una fuerte respuesta, mientras todo estímulo débil evoca

44
una respuesta débil. f:ste se caracteriza por un cierto grado de con-
centración de los procesos nerviosos y un cierto balance en las rela-
ciones entre la excitación e inhibición y, finalmente, por una gran
movilidad de los procesos nerviosos, de modo que es fácil cambiar
de una actividad a otra.
Son estas características fundamentales de neurodinámica óptima
las que desaparecen en el sueño o en el estado que le precede, cuando
el tono cortical disminuye. En estos estados de inhibición, o, como
Pavlov los llamaba, estados "Iásicos", la ley de la fuerza se rompe, y
los estímulos débiles pueden evocar respuestas tan fuertes como los
estímulos fuertes ("la fase igualizante"), o bien pueden evocar respues-
tas más fuertes que los estímulos fuertes ("fase paradójica"), o bien
incluso pueden continuar evocando una respuesta cuando los estímu-
los fuertes dejan de hacerlo ("la fase ultraparadójica"). También es
sabido que en un estado de tono cortical bajo la relación normal entre
excitación e inhibición es alterada, y la movilidad del sistema nervio-
so, tan necesaria para que la actividad mental prosiga su curso normal,
se pierde. Estas observaciones muestran que el mantenimiento del
nivel óptimo deltono cortical es esencial para el curso organizado de
la actividad mental. Esto suscita la cuestión de qué estructuras ce-
rebrales son las responsables del mantenimiento del nivel óptimo del
tono cortical que acabamos de mencionar. También seria necesario
averiguar qué partes del cerebro regulan y modifican el tono cortical,
lo mantienen el tiempo debido y lo elevan.
Un descubrimiento de la máxima importancia, hecho sólo hace
treinta años, fue que las estructuras que mantienen regular el tono
cortical no yacen en el mismo cártex, sino debajo de él, en el subcór-
tex, influyendo en el tono de éste y al mismo tiempo experimentando
ellas mismas su influencia reguladora.
El año 1949inició un nuevo período en nuestro conocimiento de la
organización funcional del cerebro. En este año dos sobresalientes in-
vestigadores, Magoun y Maruzzi, mostraron que hay una formación
nerviosa especial en el tallo cerebral que está especialmente adaptada
tanto por su estructura morfológica como por sus propiedades funcio-
nales, para ejercer el papel de un mecanismo que regula el estado del
córtex cerebral, cambiando su tono y manteniendo su estado de vigi-
lia. Al contrario que el córtex, esta formación no consiste en neuronas
aisladas, capaces de enviar impulsos unitarios a lo largo de sus proce-
sos (axones) y operar según la ley del "todo o nada", generando descar-
gas que conducen a la inervación de los músculos. Esta formación
tiene la estructura de una red nerviosa, en la cual se intercalan los

45
cuerpos de las células nerviosas conectadas entre sí mediante cortos
procesos. La excitación se extiende sobre la red de esta estructura ner-
l
viosa, conocida como la formación reticular, no como impulsos sim-
ples aislados y en desacuerdo con la ley del "todo o nada", sino gra-
dualmente, cambiando su nivel poco a poco, modulando así el estado
total del sistema nervioso.
Algunas fibras de esta formación reticular suben para terminar en
estructuras nerviosas superiores, tales como el tálamo, el núcleo cau-
dado, el archicórtex y, finalmente, las estructuras del neocórtex. Estas
estructuras fueron llamadas el sistema reticular ascendente. Como
demostraron observaciones posteriores, éste juega un papel decisivo
en la activación del córtex y la regulación del estado de su actividad.
Otras fibras de la formación reticular corren en dirección opuesta:
comienzan en estructuras nerviosas superiores del neocórtex y archi-
córtex, cuerpo caudado y núcleos talámicos, y corren hacia estructuras
inferiores en el mesencéfalo, hipotálamo y tallo cerebral. Estas estruc-
turas fueron llamadas sistema reticular descendente y, como mostra-
ron posteriores investigaciones, subordinan estas estructuras inferio-
res al control de programas que aparecen en el córtex y que requieren
la modificación y modulación del estado de vigilia para su ejecución.
Estas dos secciones de la formación reticular constituyen así un
sistema funcional dispuesto verticalmente, un único aparato autorre-
gulador construido sobre el principio del "arco reflejo" capaz de
cambiar el tono del córtex, 'pero asimismo bajo influencia cortical,
siendo regulado y modificado por cambios que tienen lugar en el cór-
tex y adaptándose fácilmente a las condiciones ambientales durante
el curso de la actividad.
Con el descubrimiento de la formación reticular se introdujo un
nuevo principio: la organización vertical de todas las estructuras del
cerebro. Esto puso fin a aquel largo período durante el cual la atención
de los científicos que intentaban descubrir los mecanismos nerviosos
de los procesos mentales estaba concentrada enteramente en el córtex,
llegándose a pensar que el trabajo de estos sistemas era independiente
de las estructuras más profundas. Con la descripción de la formación
reticular se descubrió la primera unidad funcional del cerebro, un apa-
rato que mantiene el tono cortical y el estado de vigilia y que regula
estos estados de acuerdo con las demandas que en ese momento con-
fronta el organismo.
. La función de la formación reticular de regular el tono del córtex
y modular su estado fue demostrada por numerosos experimentos (Mo-
ruzzi y Magoun, 1949; Lindsley y otros, 1949; Lindsley, 1960, 1961;

46
diencéfalo

cerebro me010 1

médula oblooga

Fig. 4. - Esquema de la formación reticular activante.

Bremer, 1954, 1957; Jasper, 1954, 1957, 1963; French y otros, 1955;
Segundo y otros, 1955; Jouvet, 1956-1961;Nauta, 1964, 1968; Pribram,
1960, 1966b, 1967, 1971). Estos experimentos formaron la base de una
especial investigación por Magoun en su libro "El cerebro en vigilia"
(1958; 2.ª edición, 1963)y de publicaciones por otros autores (Hernán-
dez- Peón, 1965,etc ... ). Estas series de investigaciones mostraron que
la estimación de la formación reticular (en la región del mesencéfalo,
parte posterior del hipotálamo y estructuras subtalámicas adyacentes)
evoca una reacción de "arousal" (fig. 5) e incrementa la excitación y
agudiza la sensitividad disminuyendo los umbrales absoluto y diferen-
cial de sensación (Lindsley, 1951, 1958, 1960) (fig. 6), ejerciendo de
este modo un efecto de activación general sobre el córtex. La excita-
ción de la formación reticular del tallo cerebral origina un esfuerzo
de las reacciones motoras a los estímulos (fig. 7). Se descubrió el im-

47
~ _(

48
portante hecho de que una lesión de estas estructuras conduce a un
agudo descenso en el tono cortical, a la aparición de un estado de
sueño con sincronización de EEG (fig. 8) y, algunas veces, a un estado
de coma. No se presenta reacción de "arousal" en animales con tales
lesiones, ni aun en respuesta a una fuerte estimulación nocioceptiva
(Lindsley y otros, 1949; French y Magoun, i952; French, 1952; Nari-
kashvili, 1961, 1962, 1968).

OT~ ~~~
LG--V-
VC~
. ··i···-
~-)r-~
-\.,>-- ~
ve·~ ---/'-- --.¡v.--- -y--
100·µVf
0·5s
Fig. 6. - Efecto activante de la estimulación de la formación reticular, incrementando
la sensitividad (discriminación de los destellos). Línea de arriba: destellos; línea dos:
tracto óptico; línea tres: cuerpo geniculado lateral; líneas cuatro y cinco: córtex
visual (Lindsley). (a) Antes de Ja estimulación de Ja formación reticular; (b) Durante
la estimulación; (c) 0-10" segundos y (d) 10-12 segundos después de Ja estimulación.
Puede notarse la doble respuesta que aparece en el córtex visual después de la
estimulación.

Todo esto mostró claramente que la formación reticular del tallo


cerebral es un poderoso mecanismo para mantener el tono cortical y
regular el estado funcional del cerebro, y que es un factor determi-
nante del nivel de vigilia.
Experimentos de otros autores (Jouvet, 1961; Hernández- Peón,
1966-1968;Narikashvili y Kadzhaya, 1963;Sager, 1968)fueron más lejos
todavía. Se demostró que, además de las posiciones activadoras, la
formación reticular también tiene porciones inhibidoras. Así, mientras
la estimulación de ciertos núcleos de la formación reticular invaria-
blemente conducía a una activación del animal, la estimulación de
sus restantes núcleos condujo a cambios característicos de sueño en
la actividad eléctrica del córtex y al desarrollo del propio sueño. Este
hecho, como mostraron las observaciones, se aplica al cerebro de los
animales como al de los hombres. Esta es la razón por la cual, cuando
el cirujano soviético Burdenko estimulaba las paredes del tercer ven-
trículo durante las operaciones neuroquirúrgicas, se producía artifi-
cialmente un estado de sueño en el paciente sobre la mesa de ope-
raciones.

49

4-C. A.
Fig. 7. - Rol actívante de la estimulación de la formación reticular en la esfera
motor (reflejo patelar); (a) antes de la estimulación de la formación reticular;
(b) durante la estimulación; (e) después de la estimulación de la formación reticular
(French). , .

50
A B

• vigilia: lesión de las vías aferentes del cerebro medo

b sueño: lesión en el tegmeoto del cerebro medio

Fig, 8. - Desarrollo del sueño como resultado de la división de los tractos de la


formación reticular activante; (A) Estado activo del cerebro como resultado de
haberlo preservado de las influencias acúvantes de la formación reticular del córtex;
(a) EGG de la vigilia. (B) Estado de sueño que resulta de la división de los niveles
superiores de la formación reticular del tallo cerebral y terminación de las influen-
cias activantes; (b) El EGG del sueño (Lindsley).

51
La influencia del nivel superior del tallo cerebral y de la formación
reticular sobre la regulación del estado de vigilia ya no está en duda,
y este hecho ha tenido como resultado la estrecha atención que se
presta a las estructuras de la primera unidad del cerebro. Existen más
pruebas de esto en el estudio de las alteraciones que aparecen en los
procesos mentales del hombre al presentarse lesiones en estas partes
del cerebro.
La formación reticular activadora, la parte más importante de la
primera unidad funcional del cerebro, fue descrita ya desde el princi-
pio como no específica; esto la distinguió radicalmente de la gran
mayoría de los sistemas corticales específicos (sensoriales y motores).
Se considera que su acción activadora e inhibidora afecta a todas las
funciones sensoriales o motoras del cuerpo por un igual y que su fun-
ción es meramente la de regular los estados de sueño y de vigilia, la
base no- especifica sobre la que tienen lugar diferentes formas de ac-
tividad.
· Los supuestos básicos de los pioneros en neuropsicología que des-
cribieron por primera vez el sistema activador del cerebro no pueden
ser considerados, sin embargo, como completamente correctos. Obser-
vaciones posteriores han mostrado que el sistema reticular del cerebro
tiene ciertos rasgos de dijerenciacián o especificidad en cuanto a sus
características anatómicas (Brodal, 1957; Scheibel, 1958) y también en
cuanto a sus fuentes y manifestaciones, aunque esta diferenciación Y
especificidad no tienen nada en común con la modalidad de los órganos
sensoriales primarios y, como han demostrado Anokhin (1959, 1962,
1963)y Yoshii (Yoshii et al., 1969),son únicos en carácter.
Consideremos por un momento el carácter de diferenciación de
las fuentes primarias de activación que es la función básica del siste-
ma reticular, esto es, su organización topográfica diferencial, y des-
pués sigamos para examinar las formas de activación básicas en las
que manifiesta su acción.
El sistema nervioso, como sabernos, muestra siempre una cierto
tono de actividad, y el mantenimiento de este tono es una característi-
ca esencial de toda actividad biológica. Sin embargo, existen situacio-
nes en que este tono ordinario es insuficiente y debe ser elevado. Estas
situaciones son las fuentes primarias de activación. Pueden distinguir-
se como mínimo tres fuentes principales de esta activación; la acción
de cada una de ellas se transmite a través de la formación reticular Y,
más significativamente, por medio de sus 'varias partes. Ésta es la
esencia de la diferenciación o especificidad de la organización funcio-
nal de este "sistema activador no - específico".

52
La primera de estas fuentes es los procesos metabólicos del orga-
nismo o, como se les llama a veces, su "economía interna".
Los procesos metabólicos que conducen al mantenimiento del equi-
librio interno del organismo (homeostasis) en sus formas más simples
están conectados con los procesos respiratorios y digestivos, con el
metabolismo de azúcar y proteínas, con la secreción interna, etc.;
todos ellos están regulados principalmente por el hipotálamo. La for-
mación reticular de la médula (bulbar) y del mesencéfalo (rnesencéfa-
lo - hipotalámica), estrechamente conectada con el hipotálamo, juega
un importante papel en esta forma simple de activación "vital".
Otras formas más complejas de este tipo de activación están rela-
cionadas con los procesos metabólicos organizados de ciertos sistemas
conductuales innatos; son ampliamente conocidas como sistemas de
conducta instintiva (o reflejo incondicionado) sexual y de alimenta-
ción. Una característica común de estas dos subdivisiones es que los
procesos metabólicos (y humorales) que tienen lugar en el cuerpo son
en estos casos la fuente de activación. Su diferencia yace en la dis-
tinta complejidad de su nivel de organización y en el hecho de que
mientras el primer grupo de procesos, los más elementales, evocan
sólo respuestas primitivas, automáticas, en relación con deficiencia
de oxígeno o con la liberación de sustancias de reserva de sus depósi-
tos orgánicos de almacenamiento, los segundos están organizados en
sistemas conductuales complejos, como resultado de cuya acción se
satisfacen las necesidades apropiadas y se restaura el necesario ba-
lance de la "economía interna del organismo".
Naturalmente, para desencadenar esta formas complejas e instin-
tivas de conducta, es necesario una activación específica, altamente
selectiva, y las formas biológicamente específicas de esta activación
alimenticia o sexual están bajo la responsabilidad de los núcleos supe-
riores de la formación reticular mesencefálica, diencefálica y límbica.
Muchos experimentos recientes (Olds, 1958; MacLean, 1959; Miller,
1966; Bekhtereva, 1971) muestran de forma definitiva que los núcleos
altamente específicos de la formación reticular, cuya estimulación
puede conducir, bien a la activación, o bien al bloqueo de varias for-
mas complejas de conducta instintiva, están ubicados en estas estruc-
turas del tallo cerebral y archicórtex. Un esquema que muestra la dis-
posición de estos núcleos que activan o bloquean la conducta alimen-
taria, sexual y de defensa aparece en la figura 9.
La segunda fuente de activación es de origen completamente dife-
rente. Está conectada con la llegada de estímulos del mundo exterior

53
Fig, 9. - Influencia excitadora e inhibidora de la estimulación del núcleo de la
formación reticular; (5) zona de facilitación y (4) zonas dcd{inhibición de la formación
reticular del tallo cerebral y conexiones que la unen con el córtex (1) y el cerebelo (3).

del cuerpo y conduce a la producción de formas completamente dife-


rentes de activación, "manifestadas como un reflejo de orientación.
El hombre vive en un .mundo constantemente facilitador de infor-
mación y la necesidad de esta información es a veces tan grande como
la necesidad del metabolismo orgánico. Si una persona es privada de
su constante flujo de información, como sucede en raros casos de ex-
clusión de todos los órganos receptores, cae dormida y sólo puede ser
reactivada por un suministro constante de información. Una persona
normal. tolera con gran dificultad el contacto restringido con el mundo
exterior, y, como observó Hebb (1955),si se sitúa a un número de su-
jetos bajo condiciones de severa limitación del flujo de información,
su e~tado se hace intolerable y se producen alucinaciones que, basta
un cierto grado, pueden compensar este flujo limitado de información.
Es por lo tanto perfectamente natural que existan mecanismos
especiales para proveer la existencia de una forma tónica de in/ orma-
. ción en el cerebro, y, en particular, en las estructuras de la formación
reticular usando como fuente el flujo de excitación de los órganos
sensoriales y que posean una intensidad comparable con la fuente de
activación que acabamos de mencionar. Sin: embargo, esta tónica
de activación, conectada con el funcionamiento de los órganos senso-
riales, es sólo la fuente más elemental de activación de este tipo que

54
será descrita. El hombre vive en un entorno que cambia constante-
mente, y estos cambios, que a veces no son esperados por el indivi-
duo, requieren un nivel de alerta un tanto incrementado. Esta alerta
incrementada debe acompañar a todo cambio de las condiciones am-
bientales, a toda aparición de un cambio imprevisto (y, a veces, in-
cluso previsto) en dichas condiciones. Debe tomar la forma de movi-
lización del organismo para encontrarse con posibles sorpresas, y, a
este respecto, que está en la base de tal tipo de actividad, a lo que
Pavlov llamó reflejo de orientación, el cual, aunque no necesariamente
relacionado con las formas biológicas primarias de los procesos ins-
tintivos (alimentación, sexual, etc.), es una importante forma de activi-
dad investigadora.
Uno de los descubrimientos más importantes de los últimos tiem-
pos ha sido la demostración de que el nexo entre el tipo de reflejo de
orientación o activación y la forma de trabajo de la formación reticu-
lar y sistema límbico del cerebro (Moruzzi y Magoun, 1949; Gershuni,
1949; Lindsley y otros, 1949; Sharples y Jasper, 1956; Gastaut, 1958;
Sokolov, 1958; Sokolov y otros, 1964; Vinogradova, t961) no es siem-
pre idéntico, ni se analiza de la misma forma. Se han descrito formas
tónicas y generalizadas de la reacción de activación, por una parte, y
formas fásicas y locales, por otra (Sharples y Jasper, 1958; Sokolov
y otros, 1964; Lindsley y otros, 1949, 1960; Gastaut, 1958; Adey y otros,
1960; Vinogradova, 1961; Morrell, 1967). Estas formas de reacción de
activación están ligadas con diferentes estructuras de la formación
reticular: las formas tónicas y generalizadas con sus regiones inferio- ' \.
res, y las formas fásicas y locales con las regiones superiores del tallo
cerebral y, en particular, con la región talámica no específica y con el
sistema límbico.
Estudios con microelectrodos han mostrado que los núcleos no es-
pecíficos del tálamo y también del núcleo caudado y del hipocampo
están estrechamente vinculados de manera funcional con el sistema
del reflejo orientador (Jasper, 1964; Vinogradova, 1969, 1970a; Da-
nilova, 1967; 1970). Cada respuesta a una situación nueva requie-
re, en principio, y primordialmente, la comparación de los nuevos
estímulos con el sistema de los estímulos antiguos, previamente en-
contrados. Una sola comparación de este tipo puede demostrar si un
estímulo dado es nuevo en efecto y si debe dar lugar a un reflejo orien-
tativo, o bien si es antiguo y su aparición no requiere una movilización
especial del organismo.
Éste es el único tipo de mecanismo que puede permitir procesos de
"habituación" de forma que unos estímulos repetidamente presenta-

55
dos pierden su novedad, y la movilización especial del organismo
cuando aparecen no es necesariamente de larga duración. En otras
palabras, éste es el vehículo por el cual el mecanismo del reflejo orien-
tador está estrechamente unido a los mecanismos de la memoria, y
por mediación de este vínculo entre los dos procesos, la comparación
de estímulos, una de las condiciones esenciales de este tipo de activa-
ción, viene a ser posible.
Otro importante descubrimiento de estos últimos años ha sido que
muchas neuronas del hipocampo y del núcleo caudado que no tienen
funciones modales - específicas son de hecho responsables de esta fun-
ción "comparativa" de estímulos, reaccionando a la aparición de estí-
mulos nuevos y bloqueando su actividad con el desarrollo de la habi-
tuación a estímulos repetidos.
La activación e inhibición, o, en otras palabras, la función modu-
ladora de las neuronas del hipocampo y del núcleo caudado, es enton-
ces, como ha mostrado un trabajo reciente, una fuente vital de regu-
lación de los estados tónicos del córtex cerebral. que se asocian con
las formas más complejas del reflejo orientador, pero en esta ocasión
no son de carácter instintivo, sino de carácter. vital, más complejo,
propio de un reflejo condicionado. Veremos (parte tercera, cap. 10) la
importancia de una alteración en la función normal de estas regiones
del cerebro en la producción de cambios en el curso de los procesos
mentales humanos.

Queda ahora por examinar, en un brevísimo bosquejo, la tercera y


quizá la más interesante fuente de activación, en la que la unidad
funcional del cerebro que acabo de describir juega la parte más ín-
tima, aunque no es la única. estructura del cerebro que interviene en
su organización.
Los procesos metabólicos o un flujo directo de información que
evoquen un reflejo orientador no son las únicas fuentes de actividad
humana. Una gran parte de la actividad humana se evoca por inten-
ciones y planes, por proyectos y programas que se forman durante la
vida consciente del hombre, que son sociales en su motivación y que
se efectúan con la íntima participación, inicialmente externa, y más
adelante interna, del lenguaje. Cada intención formulada en el lengua-
je define una cierta meta y evoca un programa de acción conducente
a la consecución de esta meta. Cada vez que la meta es alcanzada, la
actividad se detiene, pero cada vez que no es alcanzada, conduce a una
mayor movilización de los esfuerzos.

56
Sería erróneo, sin embargo, considerar la aparición de estas inten-
ciones y las formulaciones de estas metas como un acto puramente
intelectual. El cumplimiento de un plan o la consecución de un fin re-
quiere una cierta cantidad de energía, y sólo son posibles si se man-
tiene un cierto nivel de actividad. Las fuentes de esta actividad que
1
son de la máxima importancia, dado que conciernen a la comprensión
de la conducta humana, fueron desconocidas durante mucho tiempo
y sólo recientemente se ha efectuado un importante progreso hacia la
elucidación de este problema.
Las observaciones a las que me refiero han conducido a desechar
la antigua hipótesis de que la fuente de esta actividad debe ser bus-
cada enteramente a nivel cortical. Muestran conclusivamente que en
la búsqueda de los mecanismos de estas formas superiores de organi-
zación de actividad debe conservarse el mismo principio vertical de
construcción de sistemas funcionales del cerebro y deben considerarse
las conexiones que existen entre los niveles superiores del córtex y la
formación reticular subyacente.
Hasta aquí, al discutir los mecanismos de trabajo de la primera
unidad funcional, hemos considerado las conexiones ascendentes del
sistema reticular activador. Sin embargo, he mencionado que también
existen conexiones descendentes entre el córtex y las formaciones in-
feriores; son estas conexiones las que transmiten la influencia regula-
dora del córtex sobre las estructuras inferiores del tallo cerebral y que
constituyen el mecanismo mediante el cual los patrones funcionales
de excitación que se originan en el córtex reclutan los sistemas de
la formación reticular del cerebro "antiguo" y reciben de ellos su
carga de energia.
Las estructuras descendentes de la formación reticular han sido
investigadas mucho menos intensamente que sus conexiones ascen-
dentes. Sin embargo, una serie de estudios (French y otros, 1955; Se-
gundo y otros, 1955; Galambos y Morgan, 1960; Magoun, 1963; Nari-
kashvili, 1963; Adrianov, _ 1963) ha mostrado que, por intermedio de
estos tractos córtico - reticulares, la estimulación de áreas individua-
les del córtex puede evocar una relación de "arousal" generalizada
(Brazier, 1960; Galambos y Morgan, 1960; Magoun, 1963; Narikashvili,
1962, 1963, 1968; Adrianov, 1963), facilitar los reflejos espinales, modi-
ficar la excitabilidad de los músculos a través del sistema de fibras
aferentes gammas, incrementar la excitabilidad del aparato coclear
(Hernández-Peón y otros, 1956; Narikashvili, 1963) y bajar los um-
brales de sensación discriminatoria (Jouvet y Hernández - Peón, 1957;
Lindsley, 1951, 1958, 1960).

.-
Investigaciones tanto morfológicas como morfo - fisiológicas han
mostrado fiablemente que, además de las [unciones específicas moto-
ras y sensoriales que ya hemos estudiado, el cortex cerebral también
realiza funciones activadoras no específicas, que toda fibra específica
aferente o eferente está acompañada por una fibra del sistema ac-
tivador no específico, y que la activación de áreas individuales del
córtex puede evocar influencias activadoras o inhibidoras sobre las
estructuras inferiores del cerebro (Jouvet, 1961; Buser y otros, 1961;
Narikashvili, 1963, 1968; Sager, 1968; Hernández - Peón, 1966, 1969;
Durinyan y otros, 1968).También se ha demostrado que las fibras des-
cendentes del sistema reticular activador (y también del inhibidor)
tienen una organización cortical bien diferenciada. Mientras los más
específicos haces de estas fibras (que suben o bajan el tono de los sis-
temas sensorial o motor) aparecen en las zonas corticales primarias
(y, hasta cierto punto, en las secundarias), las influencias activadoras
más generales sobre la formación reticular del tallo cerebral se ori-
ginan primordialmente en la región frontal del c(órtex (French y otros,
1955; Segundo y otros, 1955; Nauta, 1964, 1968; Pribram, 1959b, 1960,
1966b, 1971; Homskaya, 1966, 1969, 1972; Sager, 1968) (fig. 10). Estas~.
fibras descendentes, que van desde el córtex prefrontal (frontal medio
y orbital) hasta los núcleos del tálamo y tronco cerebral forman un
sistema mediante el cual los niveles superiores del córtex, participan-
do directamente en la formación de intenciones y proyectos, reclutan
los sistemas inferiores de la formación reticular del tálamo y del
tronco cerebral, modulando así su trabajo y haciendo posibles las
más complejas formas de actividad consciente.
Las zonas mediales de los hemisferios cerebrales pertenecen, en
cuanto a su origen y estructura, principalmente al paleo - córtex, archi -
córtex y córtex intermedio (Filimonov, 1949)y mantienen una conexión
particularmente estrecha con las formaciones reticulares del tallo ce-
rebral. Los primeros autores agruparon todas estas estructuras bajo
el nombre común de rinencéfalo (que la investigación posterior no ha
sostenido), pero autores posteriores, teniendo presente su estrecha co-
nexión con las estructuras de las partes superiores del tallo cerebral y
del hipotálamo y con las funciones viscerales, han preferido describir-
las como el "cerebro visceral". Sin embargo, ninguno de estos apela-
tivos es totalmente acertado, ya que la función más notable de estas
estructuras comprende procesos de conciencia y memoria.
Las primeras investigaciones, comenzando ton las observaciones
de Klüver (Klüver y Buey, 1938; Klüver, 1952) y terminando con las
más recientes observaciones de Olds (1955-59), MacLean (1952-58) y

58
a

Fig, 1 O. - Diagrama que muestra las relaciones de los sistemas corticales con
las estructuras del tallo cerebral a través de la formación reticular ascendente
(Magoun) (a) tractos ascendentes, (b) tractos descendentes.

59
muchos otros, han mostrado que una lesión de estas zonas cerebrales
en los animales causa grandes cambios en los procesos bioquímicos,
conduce a cambios en las necesidades del animal, induce un estado
de ira. etc.
Estos hechos muestran claramente que la principal función de
estas zonas cerebrales no es la comunicación con el mundo exterior
(la recepción y análisis de la información, programar acciones), sino
la regulación del estado general, la modificación del tono y el control
sobre las inclinaciones y emociones. En este sentido las zonas media-
les de los hemisferios pueden ser consideradas como un sistema su-
perpuesto a la estructura de la parte superior del tallo cerebral y de
~ la formación reticular.
Estos puntos han sido confirmados por datos morfológicos y fisioló-
gicos. Se ha demostrado, en primer lugar, que la gran mayoría de neu-
ronas de esta parte del córtex no posee ninguna espeficidad modal
definida, pero responde activamente ante cambios en el estado del or-
ganismo. En segundo lugar, se ha demostrado que la estirnulación de
l
estas zonas no conduce a la aparición de descargas diferenciadas, y,
consecuentemente, que no obedece a la ley del "todo" o "nada", sino
que da lugar a cambios graduales en los estados, y, a partir de aquí, a
una modificación del fondo general (substrato) de la conducta. Esta
descripción de las propiedades de las zonas mediales del córtex ayuda-
rá a explicar el tipo de alteración de conducta que aparece como resul-
tado de una lesión patológica en ellas, pues este tipo difiere acusada-
mente de la alteración de los procesos mentales que resulta de lesiones
locales de las zonas del córtex.
Las lesiones de las zonas corticomediales (y mediobasales) nunca
causan alteraciones de la gnosis ni de la praxis. La percepción visual,
táctil y auditiva de estos pacientes permanece intacta y no muestran
evidencia de alteraciones de la recepción de la información visual, au-
ditiva y kinestésica. Estos pacientes todavía pueden ejecutar cualquier
movimiento complejo, su praxis postura! permanece intacta, reprodu-
cen fácilmente posiciones de las manos en el espacio en respuesta a
una instrucción, aprenden fácilmente y reproducen estructuras rítmi-
cas. Su lenguaje, fonéticamente y morfológicamente, no cambia y, si
no fuera por su indolencia y a veces su monotonía, la voz calmada con
que el paciente responde a las preguntas y su astenia general no mos-
trarían ninguna anormalidad perceptible.
Del mismo modo la escritura de este grupo de pacientes permane-
ce potencialmente intacta, mostrando únicamente una tendencia a la
fatiga y una rápida transición a la micrografía, siendo difícil detectar

60
peculiaridades especiales con respecto a su lectura. Las características
cardinales de todos los pacientes de este grupo son un definido apa-
gamiento de tono, tendencia hacia un estado akinético y tendencia
a fatigarse rápidamente.
Aunque comienzan a realizar una labor correctamente, todas sus
reacciones, rápidamente, se hacen lentas; esta lentitud en las respues-
tas aumenta y a menudo los pacientes dejan de contestar a las pregun-
tas, aunque continúan estando claramente conscientes de su estado pa-
tológico y de la inadecuación de sus respuestas. Algunas veces este
estado es acompañado por una marcada astenia de movimientos, que
conduce a manifestaciones de akinesia que parecen próximas al estu-
por (Bragina, 1966). Algunas veces, estos fenómenos se manifiestan
como cambios en la voz, que puede volverse indolente y "fónica", y
únicamente mediante una estimulación externa apropiada el tono
puede incrementarse temporalmente. Sobre esta base de la disminu-
ción cuantitativa del tono conductual, estos pacientes comienzan a
mostrar cambios afectivos claramente definidos.
Distintamente de los pacientes con lesiones de los lóbulos frontales
y con un marcado síndrome frontal, nunca exhiben características de
indiferencia emocional o de euforia. En algunos casos, su tono emo-
cional está disminuido y comienza a rayar en la indiferencia; en otros
casos toma el carácter de ansiedad o angustia acompañada de mar-
cadas reacciones autónomas y que algunas veces puede ser tan aguda
que ha sido descrita como el síndrome de "reacciones catastróficas",
o de "experiencias" o de "hundimiento del mundo" (Baruk, 1926;
Shmaryan, 1949).Esta integridad, si bien algunas veces puede presen-
tarse una distorsión de las experiencias afectivas, es una característica
que distingue esencialmente este grupo de pacientes de los de sín-
drome frontal.
Sin embargo, estos hechos constituyen sólo el fondo general para
las alteraciones de la actividad mental observadas en las pacientes de
este grupo, las cuales, aunque variaban en intensidad, formaban el
centro del síndrome indicado.
Me refiero, en primer lugar, a las alteraciones de conciencia, y en
segundo lugar a los defectos de memoria.
Los pacientes de este grupo exhibían defectos de orientación con
respecto a sus alrededores mucho más frecuentemente que pacientes
con lesiones en otras zonas. A menudo no podían estar seguros de
dónde estaban, y bien sugerían que estaban en el hospital, o bien en
servicio activo, en la policlínica, en casa, con sus amigos, que estaban
"únicamente tumbados para descansar" o, finalmente, que estaban en
./

61
alguna situación "transitoria", tal como la estación de ferrocarril, en
un lugar que no podían identificar con exactitud. A menudo estaban
poco orientados con respecto al tiempo, y aunque incluso podían decir
aproximadamente el período del año o incluso el mes, cometían gran-
des errores al decir la hora del día; bien sacudían sus hombros irnpo-
tentemente cuando se les pedía que señalaran la hora que era, o bien
llegaban incluso a decir una hora que difería mucho de la verdadera.
No podían reconocer al médico que los examinaba y algunas veces
lo confundían con algún viejo .arnigo, diciendo que se habían encon-
trado antes en algún sitio.
No podían dar cuenta con lucidez de la historia de su vida, mez-
claban los detalles de la historia de su enfermedad, y a veces incluían
en ellos fantasías, ante las cuales su actitud no era nunca suficiente-
mente crítica. Por ejemplo, algunos pacientes de este grupo declararon
que sus parientes estaban esperándoles en el corredor, que ellos aban-
donarían el hospital por la mañana y volverían al trabajo, o que aca-
baban de volver de una misión, etc. (Luria, 1973.).
Característicamente, estas incontrolables confabulaciones, de cuya
inexactitud los mismos pacientes no se daban cuenta.' se encontraron de
forma particularmente clara únicamente en pacientes con lesiones de
las zonas anteriores de la región límbica o con lesiones del hemis-
ferio derecho. Los pacientes con lesiones profundas de las zonas pos-
teriores del córtex medio mostraban confabulaciones con mucha me-
nos frecuencia.
Todas estas características juntas forman un cuadro definido de
alteraciones de la conciencia que, en los casos más graves, recuerdan
estrechamente los típicos. fenómenos de los estados oneroides cuyo
principal aspecto es la pérdida de la selectividad de los procesos men-
tales que afectan todas las esferas de la actividad mental (Luria, Horns-
kaya, Blinkov y Critchley, 1967).
Quizás el síntoma más obvio de los pacientes con lesiones en las
zonas medias de los hemisferios es un defecto de memoria que refleja
.,
una disminución general del tono cortical, y muy diferente en carácter
del defecto modalmente específico de los procesos mnésticos hallado
en pacientes con lesiones locales de las zonas laterales del cerebro.
Las alteraciones de memoria que aparecen en caso de lesiones del
-, hipocampo y sus conexiones, que han sido descritas en la literatura
como el "anillo hipocampal" o "Círculo de Papez" que comprende los
núcleos talámicos, el fórnix y los cuerpos mamilares (fig. 11) son bien
''•' ·'
conocidas. Fue Bechterev quien, en 1900, señaló, por primera vez, que
las lesiones de las zonas mediales del lóbulo temporal pueden dar lu-

62
gar a alteraciones de la memoria que a veces semejan el síndrome de
Korsakov. Griinthal ( 1939) estableció que defectos de memoria del
mismo tipo también pueden aparecer como resultado de una lesión
de los cuerpos mamilares, los núcleos de enlace sobre los que conver-
gen las fibras procedentes del hipocampo y que también reciben fibras
de otras estructuras cerebrales profundas.

nocleo --+-''-----\-~~....,r.:-1
septal

núcleo
talámico
anterior

hipocampo

Fig. 11. - Diagrama del anillo bipocampal (círculo de Papez).

Finalmente, investigaciones publicadas más recientemente (Scoville,


1954, 1970; Scoville y Milner, 1957; Penfield y Milner, 1958; Milner,
1954, 1970; Popova, 1964) han mostrado que las lesiones bilaterales
del hipocampo conducen invariablemente a grandes alteraciones de la
memoria. En otros casos investigados por el autor y sus colaboradores
(Kiyashchenko, 1969; Luria, 1971, 1973; Luria, Konovalov y Podgor-
naya, 1970) las alteraciones de memoria que aparecen en caso de le-
siones cerebrales profundas (especialmente en lesiones de las zonas
medias de los hemisferios), fueron analizadas con gran detalle.
Estas investigaciones mostraron que los pacientes incluso con le-
siones relativamente ligeras de las zonas mediales (por ejemplo, pa-
cientes con tumores en la pituitaria que se extienden más allá de la
silla turca), aunque no mostraban defectos en sus procesos mentales
superiores, frecuentemente se lamentaban de un déficit de memoria
que no se limitaba a alguna esfera particular (visual, auditiva), sino
que era de carácter modalmente no específico. Los tests (Kyashchen-
ko, 1969) mostraron que estos déficits son expresados no tanto como

63
una debilidad primaria de las huellas mnésicas, como por su incre-
mentada inhibición debida a estímulos irrelevantes que interfieren,
de modo que incluso la más ligera distracción· inhibe las huellas exis-
tentes.
En lesiones relativamente benignas de las zonas profundas (media-
les) del cerebro, esta incrementada capacidad de inhibición de las hue-
llas mnésicas es observada solamente en tests que requieren la reten-
ción de series complejas de elementos aislados ·(palabras o formas
gramaticales), y tan pronto como se le 'pide al paciente que recuerde
grupos organizados de huellas (por ejemplo, frases o cuentos) no
muestra ningún defecto de memoria. Por esta razón los pacientes con
lesiones relativamente benignas no muestran signos definidos de con-
. fusión o de alteración en la orientación con respecto a su entorno.
En pacientes con lesiones más extensas (por ejemplo, grandes tu-
mores intracerebrales, profundos, situados hacia la línea media, afec-
tando ambos hemisferios), la situación es muy diferente y los síntomas
de una alteración de memoria, aunque todavía de carácter modalmen-
te no específico, son más graves. Estos pacientes 1 pueden formar fá-
cilmente el tipo más simple de estructura sensoriomotora (por ejem-
plo, es fácil evocar en ellos una ilusión por contraste sobre la desi-
gualdad de dos bolas idénticas después de haberles dado instrucciones
de tocar la mayor varias veces con una mano y la menor con la otra),
pero esta ilusión por contraste, que es el resultado de un "esquema
fijo" (Uznadze, 1966}, desaparece inmediatamente si se hace actuar
sobre el paciente cualquier estímulo interferente (Kiyashchenko, 1969;
Gorskaya, trabajo no publicado).
Estos pacientes pueden señalar correctamente la semejanza o di-
ferencia entre dos figuras geométricas presentadas una tras otra en un
intervalo de un minuto a minuto y medio (Experimento de Konorski):
sin embargo, si se introducía durante este intervalo un estímulo irrele-
vante, el recuerdo de la primera forma desaparecía hasta tal punto
que era imposible comparar las dos formas (Kiyashchenko, 1969). Fe-
nómenos similares, pero en una forma aún más conspicua, se encuen-
tran en tests de memoria de tipo más complejo; en tales casos afectan
no sólo a series aisladas de palabras (o series de elementos visuales),
sino también a estructuras organizadas (frases, anécdotas, cuadros
temáticos). Si, por ejemplo, el paciente lee una frase relativamente
simple seguida de otra frase similar, las huellas de la primera frase se
olvidan en seguida y es imposible recordada. El .mísmo resultado se
encuentra en tests consistentes en memorizar anécdotas completas.
El paciente puede repetir y retener perfectamente un pequeño frag-

64
mento (como el cuento de Tolstoy "La gallina y el huevo de oro"),
pero si después se le ordena pasar un minuto resolviendo problemas
aritméticos, o si inmediatamente después del primer cuento se le pide
que lea otro similar (como el cuento de Tolstoy "El cuervo y las pa-
lomas"), las huellas del primer cuento permanecen tan inhibidas que
no puede reconocerlas. El hecho de que esta alteración del recuerdo
esté basada, no en una total obliteración de las huellas, sino en su
excesiva inhibición por los estímulos interferentes, está claro, porque
después de que ha transcurrido .un cierto tiempo, las huellas del
cuento "olvidado" pueden repentina e involuntariamente reaparecer
como una reminiscencia (Kiyashchenko, 1969; Popova, 1964; Luria,
1971, 1973). En sus formas más marcadas, esta capacidad de inhibi-
ción incrementada de huellas también se manifiesta en las acciones
del paciente. Si, después de ejecutar una acción (por ejemplo, dibu-
jar una forma o situar un peine debajo de la almohada), se le da a
realizar otra tarea que le distraiga (interferente), su primera acción
queda "olvidada" hasta tal punto que incluso si se le muestra el dibujo
que ha hecho o se le pregunta cómo llegó el peine a estar debajo de
la almohada, no puede recordar que él mismo haya hecho la acción y
niega obstinadamente haberlo hecho.
Estos fenómenos indican alteraciones muy graves de la memoria
en los pacientes de este grupo, y, realmente, mantienen cierto pareci-
do con el cuadro del síndrome de Korsakov.
Una de las observaciones más interesantes es que si la lesión ocurre
en las partes posteriores de las zonas medias del córtex y su resultado
afecta bilateralmente al hipocampo, esta capacidad de inhibición in-
crementada de huellas puede llegar a ser total y ausente de cualquier
forma de confabulación (Milner, 1954,1966, 1968, 1969); paralelamente,
si la lesión ocurre en las partes anteriores de estas zonas e interesa
las zonas medias de los lóbulos frontales, el cuadro es sustancialmen-
te diferente y el paciente confundirá sin control dos items dados,
mostrando signos de contaminación (por ejemplo, al recordar la pri-
mera frase de la primera anécdota interpondrá elementos de la se-
gunda), y su actitud ante estos fenómenos no será suficientemente crí-
tica. Si las lesiones de los lóbulos frontales son masivas y afectan,
también, sus zonas mediales, cualquier intento de recordar huellas
previas será alterado por la inercia patológica de las últimas huellas.
Una vez repetida la última frase (o anécdota), el paciente muestra per-
severación y continúa reproduciéndola, creyendo que está dando el
significado de la primera frase (o del primer cuento). Si el proceso
patológico se da en relación con fenómenos irritativos, tales como

65
5-C. A.
lesiones masivas mediobasales (tumores, heridas de la región frontal
o hemorragias y espasmos de las arterias cerebrales anteriores que
acompañan la ruptura de un aneurisma), el cuadro de las alteraciones
de memoria puede hacerse todavía más complejo. Al intentar repro-
ducir una anécdota corta que se le ha leído, el paciente será incapaz
de prevenir la intrusión de asociaciones irrelevantes y la reproduc-
ción selectiva de la anécdota se hace totalmente imposible (Luria, 1971,
1973; Luria, Konovalov y Podgornaya, 1970).
Estas alteraciones constituyen un nexo de unión con algunos de los
mecanismos patofisiológicos del síndrome de Korsakov y son, por tan-
to, del mayor interés. Al mismo tiempo avivan la cuestión de las re-
laciones entre las alteraciones de la memoria y las alteraciones de la
conciencia, un tema que ha atraído la atención de los psiquiatras
durante muchas décadas, pero que todavía no ha encontrado una so-
lución neurofisiológica o neuropsicológica precisa.
Así, por tanto, los sistemas áe la primera unidad funcional no sólo
mantienen el tono cortical, sino que también experimentan ellos mis-
mos la influencia diferenciadora del cártex, y la primera unidad fun-
cional del cerebro trabaja en estrecha cooperación con los niveles su-
periores del cortex, tema al que nos referiremos de nuevo.

La unidad para recibir, analizar


y almacenar información
Hemos tratado los sistemas de la primera unidad funcional del
cerebro que desempeña un papel importante en la regulación del es-
tado de activi~ad cortical y en el nivel de alerta. Corno hemos visto,
esta unidad tiene la estructura de una red nerviosa "no específica",
que desempeña su función de modificación gradualmente el estado
de la actividad cerebral, paso a paso, sin tener ninguna relación direc-
ta ni con la recepción y procesamiento de la información externa ni
con la formación de intenciones, planes y programas de conducta
complejos dirigidos a una meta.
En todas estas consideraciones, la primera unidad funcional del ce-
rebro. situada principalmente en el tallo cerebral, el diencéfalo, y las
regiones mediales del córtex, difiere esencialmente del sistema de la
segunda unidad funcional del cerebro, cuya función primaria es la
recepción, análisis y almacenaje de la información.
Esta unidad se localiza
en las regiones laterales del neocórtex en
la superficie convexa- de los hemisferios, de la que ocupa las regiones

66
posteriores incluyendo las regiones visual (occipital), auditiva (tem-
poral) y sensorial general (parietal).
Su estructura histológica consiste no en una red nerviosa continua,
sino en neuronas aisladas, que están en las partes del córtex ya des-
critas y que, a diferencia de los sistemas de la primera unidad, no
trabajan de acuerdo con el principio de cambios graduales, sino que
obedecen a la ley del "todo o nada", recibiendo impulsos discretos y
reenviándolos a otros grupos de neuronas.
En sus propiedades funcionales, los sistemas de esta unidad están
adaptados a la recepción de estímulos que viajan desde los recepto-
res periféricos hacia el cerebro, a su análisis en un gran número de
elementos componentes muy pequeños, y a su combinación dentro
de las estructuras funcionales dinámicas requeridas (o, en otras pala-
bras, su síntesis dentro de sistemas funcionales completos).
Finalmente queda claro con lo que se ha dicho anteriormente que
esta unidad funcional del cerebro consiste en partes que poseen una
especificidad modal alta, por ejemplo, que sus partes componentes
están adaptadas para la recepción de información visual, auditiva,
vestibular o sensorial general. Los sistemas de esta unidad también
incorporan los sistemas centrales de recepción olfatoria y gustativa,
aunque en el hombre están tan eclipsados por la representación cen-
tral de los sistemas exteroceptivos superiores, al recibir estímulos de
objetos a distancia, que ocupan un lugar eminentemente pequeño en
el córtex.
La base de esta unidad está formada por las áreas primarias o de
proyección del córtex que consiste, principalmente, en neuronas de
la IV capa aferente, muchas de las cuales poseen una especificidad ex- '
tremadamente alta, como fue mostrado por Hubel y Wiesel, 1963. Las
neuronas de los sistemas visuales corticales responden únicamente a
las propiedades estrictamente especializadas de los estímulos visua-
les (matices de color, carácter de las líneas y dirección del movi-
miento).
Las neuronas que han sufrido tan alto grado de diferenciación, na-
turalmente preservan su especificidad modal estricta y, virtualmente,
no se encuentran en el córtex occipital primario células que respondan
sólo al sonido, del mismo modo que no pueden encontrarse neuronas
que respondan sólo a estímulos visuales en el córtex temporal pri-
mario.
Los zonas primarias de las regiones corticales individuales que
componen esta unidad también contienen células de carácter multi-
modal que responden a varios tipos de estímulos, así como células

67
que no responden a ningún tipo de estímulo modalmente específico y
que evidentemente guardan las propiedades de mantenimiento del
tono no específico; sin embargo, estas células forÍnan sólo una pro-
porción muy pequeña de la total composición neuronal de las áreas
corticales primarias (según algunos cálculos, no más del cuatro por
ciento del número total de células presentes).
Las áreas primarias o de proyección del córtex de esta segunda
unidad funcional del cerebro forman la base para este trabajo, y, como
hemos visto, están rodeadas por sistemas de zonas corticales secun-
darias (o gnósticas) superpuestas a ellas, en las cuales la capa afe-
rente IV cede su posición dominante a las capas II y III de células
cuyo grado de especificidad modal es mucho más bajo y cuya compo-
sición incluye muchas más neuronas asociativas con axones cortos,
permitiendo combinar la excitación entrante en los sistemas funcio-
nales necesarios, ·y así desempeñan una función sintética.
Esta estructura jerárquica es igualmente característica de todas
las regiones del córtex que constituyen la segunda unidad funcional
del cerebro. En el córtex visual (occipital),' encima del área visual
primaria (área 17 Brodrnann), hay una superestructuracde áreas vi-
suales secundarias· (áreas 18 y 19 de Brodmann), que convierten la
proyección sornatotópica de partes individuales de la retina en su
organización funcional; mantienen su especificidad modal (visual),
pero trabajan como un sistema organizador de los estímulos visuales
que llegan al área visual primaria. Más adelante consideraremos más
extensamente los principios que gobiernan su trabajo, analizando es-
quemas de alteraciones de la percepción visual observadas en pacien-
tes con lesiones de estas áreas corticales.
El cártex auditivo (temporal) está construido de acuerdo con el
mismo principio. Sus áreas primarias (de proyección) están escondi-
das en la profundidad del córtex temporal en el giro transversal de
Heschl (representado por el área 41 de· Brodmann), cuyas neuronas
poseen alta especificidad modal y responden sólo a las propiedades
altamente diferenciadas de los estímulos acústicos. Igual que en el
área visual primaria, estas partes primarias del córtex auditivo tienen
una estructura topográfica precisa. Muchas autoridades consideran
que las fibras que transportan la excitación desde aquellas partes del
órgano de Corti que responden a altos tonos están situadas en las
partes mediales, mientras que las fibras de las partes que correspon-
den a tonos bajos se localizan en las porciones-Iaterales del giro de
Heschl. La única diferencia entre la estructura de las áreas primarias
(de proyección) del córtex auditivo y el visual es que los campos de-

68
rechos de vision de ambos ojos están representados en las zonas
de proyección del córtex visual únicamente en estas zonas del hemis-
ferio izquierdo, mientras que los campos izquierdos de visión de am-
bos ojos están representados en las mismas zonas del hemisferio de-
recho, sin embargo los correspondientes sistemas del órgano de Cor ti
están representados en las zonas de proyección del córtex auditivo de
ambos hemisferios, aunque (como veremos más adelante) el carácter
principalmente contralateral de esta representación se mantiene.
Sobre los sistemas del córtex auditivo primario se superponen los
del córtex auditivo secundario, situado en las partes externas de la re-
gión temporal de la superficie convexa del hemisferio (área 22 y partes
del área 21 de Brodmann), y que también consiste predominantemen-
te en una capa II y III de células muy desarrolladas. Del mismo modo
que se vio en los sistemas del córtex visual, también convierten la
proyección somatotópica de los impulsos auditivos en su organización
funcional. Más adelante daremos un análisis detallado de la función
de estas zonas y los síntomas de alteración de la percepción auditiva
que aparecen en pacientes con lesiones de estas áreas.
Finalmente, la misma organización funcional se mantiene también,
· en principio, en el córtex sensorial general (parietal). Igual que en el
córtex auditivo y visual, se basa en zonas primarias o de proyección
(área 3 de Brodmann), cuya sustancia también consiste principalmente
en neuronas de la capa IV, que poseen alta especificidad modal, mien-
tras su topografía se distingue por la misma proyección precisa soma-
totópica de segmentos individuales del cuerpo que ya mencioné, a
causa de la cual, la estimulación de la parte superior de esta zona ori-
gina la aparición de sensaciones en los miembros inferiores, la es tirnu-
lación de las partes medias origina sensaciones en los miembros supe-
riores de la zona contralateral, y la estimulación de puntos de la parte
inferior de esta zona produce .sensaciones correspondientes en las
áreas contralaterales de la cara, labios y lengua.
Encima de estas zonas primarias del córtex sensorial general (pa-
rietal) se superponen las secundarias (áreas 1, 3 y 5 y parte de la 40
de Brodmann); como las zonas secundarias del córtex visual y au-
ditivo, estas zonas consisten principalmente en neuronas asociativas
de las capas II y III, y su estimulación conduce a la aparición de
formas más complejas de sensación cutánea y kinestésicas. Más ade-
lante estudiaremos con más detalle las pautas que acompañan a las
lesiones locales de estas zonas.
Las principales zonas modalmente específicas del segundo sistema
del cerebro, que estamos tratando en este momento, están, pues, cons-

69
'
aud~
temporal
. audio-sensorial

Fig, 12. - Mapa de Ja estructura jerárquica de las áreas corticales (Campbell, 1905)
(a) Superficie lateral, (b) Superficie medial.

70
A

Fig, 13. - Mapa de las áreas citoarquitectónicas (según Brodmann y el Instituto


Cerebral de Moscú) (A) Superficie lateral, (B) Superficie medial.

truidas de acuerdo con un principio único de organización jerárquica,


formulado originalmente en época tan temprana como el año 1905
por Campbell (fig. 12), y que se aplica por igual a todas estas zonas,
cada una de las cuales debe ser considerada como el aparato cortical
central de un analizador rnodalmente específico. Los aspectos refe-
rentes a la estructura citoarquitectónica del cerebro humano fueron
sustancialmente esclarecidos más tarde, y en la figura 13 yo doy una
versión puesta al día del mapa de Brodmann de las áreas corticales
que, con algunas variaciones, han sido aceptadas en los trabajos del
Instituto Cerebral de Moscú.

71
Todas las zonas descritas anteriormente están adaptadas de hecho
para servir como un aparato para la recepción, análisis y (como vere-
mos) el almacenaje de la información procedente del mundo exterior,
o, en otras palabras, los mecanismos cerebrales de formas modalmen-
te específicas de procesos gnósticos.
Como hemos dicho, la actividad gnóstica humana nunca ocurre
con respecto a una sola modalidad aislada (visión, audición, tacto);
la percepción -y aún más, la representación- de cualquier objeto es
un proceso complejo, el resultado de una actividad. polimodal, cuyo
carácter es extenso en principio, y más tarde concentrado y conden-
sado. Naturalmente, por consiguiente, debe basarse en el trabajo
combinado de un. sistema completo de zonas corticales.
Las zonas terciarias de este segundo sistema cerebral o, como gene-
ralmente son llamadas, zonas de solapamiento de los extremos cortica-
les de los distintos analizadores permiten a grupos de diversos ana-
lizadores trabajar concertadamente. Estas zonas se sitúan en los lí-
mites del córtex occipital, temporal y postcentr al; la mayor parte de
~
ellas, están formadas por la región parietal inferior, que en el hombre
se ha desarrollado hasta un tamaño considerable, ocupando aproxi-
madamente un cuarto de la masa total del sistema que estamos des-
cribiendo. Por tanto puede considerarse que las zonas terciarias, o,
como Flechsig las denominó, "el centro asociativo posterior", son
estructuras específicamente humanas.
Corno sabemos ahora. las zonas terciarias de las regiones posterio-
res del cerebro consisten casi exclusivamente de células de las capas
asociativas II y III del córtex, y, consecuentemente, están relaciona-
das casi por completo con la función de integración de la excitación
que llega a través de los diferentes analizadores. Existen razones para
suponer que la gran mayoría de las neuronas de estas zonas son de
carácter multimodal y está demostrado que responden a unos rasgos
generales (por ejemplo, el carácter de organización espacial, el número
de componentes), a los cuales son incapaces de responder las neuro-
nas de las zonas corticales primaria e incluso secundaria.
Estas estructuras terciarias de las zonas posteriores del córtex in-
cluyen las áreas 5, 7, 39 y 40 (las zonas superior e inferior de la región
parietal), área 21. de la región temporal, y áreas 37 y 39 de la región
térnporo -occípítal, según el mapa de Brodmann.
La función de estas estructuras terciarias se estudiará con más de-
talle cuando, sobre la base de análisis de experuueutos psicológicos y
material clínico, muestre que el principal papel de estas zonas está
relacionado con la organización espacial de los impulsos discretos

72
de excitación que llegan a las distintas regiones y con la conversión de
estimulas sucesivos en grupos simultáneamente procesados, el único
mecanismo posible que permite tal carácter sintético de la percepción
que Sechenov exploró originalmente hace muchos años (Luria, 1963,
1966b. 1970c).
Así pues, el trabajo de las zonas terciarias de las regiones cortica-
les posteriores es esencial, no sólo para la integración adecuada de la
información que llega al hombre a través de su sistema visual, sino
también para la transición de las síntesis directas visualmente repre-
sentadas al nivel de los procesos simbólicos u operaciones con signi-
ficados verbales, con estructuras gramaticales y lógicas complejas,
con sistemas de números y relaciones abstractas. Es a causa de esto
que las zonas terciarias de la región cortical posterior juegan un papel
esencial en la conversión de la percepción concreta en pensamiento
abstracto, el cual siempre actúa en forma de esquemas internos, y
para la memorización de la experiencia organizada o, en otras pala-
bras, no sólo para la recepción y codificación de la información, sino
también para su almacenaje.
Tenemos, por tanto, todas las razones para considerar este sistema
funcional completo del cerebfo como un sistema para la recepción,
codificación y almacenaje de información.

De lo que acabamos de decir es posible distinguir tres leyes básicas


que gobiernan la estructura de trabajo de las regiones corticales indi-
viduales que componen el segundo sistema cerebral y que también se
aplican a la próxima unidad funcional.
La primera es la ley de la estructura jerárquica de las zonas cortica-
les. Las relaciones entre las zonas corticales primaria, secundaria y
terciaria, responsables de la síntesis cada vez más compleja de la in-
formación aferente, son una ilustración suficientemente clara de
esta ley.
Las relaciones entre estas zonas corticales primaria, secundaria y
terciaria que componen este sistema, por supuesto, no permanecen
iguales, sino que cambian en el curso del desarrollo ontogenético.
En el niño, como se ha mostrado, la formación de zonas secunda-
rias que trabajen adecuadamente no podía ocurrir sin la integridad de
las zonas primarias que constituyen su base, y el trabajo adecuado
de las zonas terciarias sería imposible sin el desarrollo adecuado de
las zonas corticales secundarias (gnósticas) que suministran el mate-
rial necesario para la creación de síntesis cognitivas suoeriorP"- Tln~ ~1-
teración de las zonas inferiores de los correspondientes tipos de cór-

73
tex en la infancia debe conducir, por tanto, inevitablemente, a un de-
sarrollo incompleto de las zonas corticales superiores y, consecuen-
temente, como Vygotsky (1934, 1960) expresó, Ía 'línea principal de
interacción entre estas zonas corticales transcurre "desde abajo ha-
cia arriba".
A la inversa, en la persona adulta, con sus funciones psicológicas
superiores completamente formadas, las zonas corticales superiores
1,
han asumido el papel dominante. Incluso cuando percibe el mundo
que le rodea, la persona adulta organiza (codifica) sus impresiones en
sistemas lógicos, los acomoda dentro de ciertos esquemas, así, las
zonas terciarias superiores del córtex empiezan a controlar el 'tra-
bajo de (as zonas secundarias, que están subordinados a ellas, y si las
zonas secundarias están afectadas por una lesión patológica, las zopas
terciarias tienen una influencia compensadora sobre su trabajo. Esta
relación entre las zonas corticales principales, jerárquicamente orga-
nizadas en el adulto, condujo a Vygostky a la conclusión de que en la
última etapa de la ontogénesis la línea principal de su interacción
transcurre "desde arriba hacia abajo" y que el trabajo del córtex cere-
bral humano adulto revela no tanto la dependencia de las zonas supe-
riores sobre las inferiores como lo contrario --dependencia de las
zonas inferiores (modalmente específicas) sobre las superiores.
Esto sugiere gue el principio jerárquico del trabajo de las zonas
individuales de la segunda unidad cerebral es la primera ley funda-
mental que proporciona la clave para su organización funcional.

La segunda ley que gobierna el trabajo de esta unidad funcional y


que se infiere, lógicamente, de los hechos descritos, puede ser expresa-
da como la ley de la especificidad decreciente de las zonas corticales
jerárquicamente organizadas que la componen.
Las zonas primarias de cada parte del córtex en este sistema, como
fue mencionado anteriormente, poseen una especialidad modal máxi-
ma. Esta propiedad es una característica tanto de las áreas primarias
(de proyección) del córtex visual (occipital) como de las áreas prima-
rias (proyección) del córtex auditivo (temporal) o sensorial general
(postcentral). El hecho de que contengan un gran número de neuromas
con funciones altamente diferenciadas, modalmente específicas, con-
firma este punto de vista.
Las áreas corticales secundarias, en las cuales predominanlas c
superiores con sus neuronas asociativas, poseen esta especificidad mQ-·- -
apa s

dal en un grado mucho menor. Mientras conservan su relación directa


con los extremos corticales de los analizadores correspondientes, estas

74
áreas, que Polyakov ( 1966) prefirió llamar áreas de proyección - aso-
ciación, mantienen su función gnóstica modalmente específica, inte-
grando en algunos casos información visual (áreas occipitales secunda-
rias), en otros casos auditiva (áreas temporales secundarias), e incluso
en otros casos táctil (áreas parietales secundarias), Sin embargo, el
hecho de que estas zonas con su predominancia de neuronas multi-
modales y neuronas con axones cortos, juegan el principal papel en la
vlmversión de la proyección somatotópica en la organización funcional
de la información aferente, indica que el alto nivel. de especialización
de las células de estas zonas es considerablemente inferior, y que la
transición hacia ellas mar~a un paso significativo hacia adelante en el
camino de la "especificidad modal decreciente".
Esta especificidad modal está representada en grado todavía infe-
rior en las zonas terciarias de esta segunda unidad cerebral.
El hecho de que estas áreas corticales puedan describirse como
"zonas de solapamiento"* de los extremos corticales de los distintos
analizadores, es suficiente en sí mismo para mostrar que la especifici-
dad modal de sus componentes está menos representada y que, aun-
que !;)e pueda señalar la síntesis simultánea (espacial) realizada por
estas zonas del córtex, es virtualmente imposible sugerir que son de
carácter modal específico (visual o táctil). Esto se aplica, aunque en
grado incomparablemente inferior a los niveles de trabajo superiores,
simbólicos, de estas zonas y con esta transición la función de las zo-
nas terciarias se hace hasta cierto grado de carácter "supramodal",
La ley de especificidad decreciente es así otro aspecto de la ya fa-
miliar ley de estructura jerárquica de las áreas corticales individuales
que forman este segundo sistema cerebral y que es responsable de la
transición desde el reflejo discreto de indicios particulares modalmen-
te específicos al reflejo integrado de esquemas más generales y abs-
tractos del mundo percibido.
Llegados a este punto, es imperativo mencionar que los principios
que anteriormente he expresado están en contradicción hasta cierto
punto con la afirmación de Pavlov de que las zonas de proyección cor-
ticales son "las más altamente diferenciadas" en su estructura, mien-
tras que las zonas que las rodean son la "periferia difusa", realizando
las mismas funciones pero con menos precisión.
El hecho de que las zonas corticales primarias están caracterizadas
por la "especificidad modal" más alta está fuera de toda duda. Sin em-
bargo r no se puede aceptar que las zonas secundarias y terciarias adya-
centes puedan ser consideradas meramente como una "periferia difu-
* Ovcrlapping = solapamiento.
75
sa, que mantiene las mismas funciones pero en forma menos per-
fecta".
Mi argumento parte del concepto de que las· zonas corticales se-
cundarias Y. terciarias, con su predominancia de neuronas rnultimoda-
-- - - - ~
les y asociativas y con la ausencia de toda conexión directa con la
periferia, no 2º-~ee propiedades funcionales menos perfectas e infe-
riores. sino, por el contrario, propiedades funcionales más perfectas
y elevadas que las zonas corticales primarias; que, a pesar. de la e~:.
pecificidad decreciente (o quizás en virtud de esta especificidad de-
creciente) se vuelven capaces de ejercer un papel organizador e in
-- -- así~-
t e - grativo en el trabajo de las áreas más específicas, adquiriendo
· ·- -
una
posición clave en la organización de los sistemas funcionales esencial
para los procesos gnósticos complejos. Si no se tuviera en cuenta este
principio, sería imposible comprender todos los hechos clínicos rela-
tivos a las alteraciones funcionales que aparecen en casos de lesiones
locales del cerebro que serán descritas.
~
Queda aún por considerar la tercera ley fundamental que gobierna
el trabajo de este segundo sistema cerebral y, por supuesto, el trabajo
del córtex como un todo. Puede expresarse como la ley de la laterali-
zación progresiva de funciones, que implica su progresiva transferen-
cia desde las áreas corticales primarias hacia las secundarias y, en
último término, hacia las áreas terciarias.
Las áreas corticales primarias de arnbo~_.1?-~:r:i:i~sfe_i?os. cerebrales,
cuya estructura se basa en el principio de la proyección somatotópica,
s~ sabe que tienen papeles idénticos. Cada una de ellas es la proyec-
ción de las superficies receptoras contralaterales, y no se plantean
problemas sobre la dominancia a cargo de las áreas primarias de uno
u otro hemisferio.
La situación es diferente con respecto a las secundarias, y todavía
más con las áreas terciarias. Con la aparición de la habilidad de la
mano derecha (que está asociada con el trabajo, y que evidentemente
se remonta a una muy temprana edad de la historia del hombre), y
más tarde con la aparición de otros procesos relacionados, a saber el
lenguaje, comienza a presentarse un cierto grado de lateralización de
funciones,
.
que no se. ha encontrado en los animales pero que en el
hombre ha llegado a ser un principio importante de la organización
funcional del cerebro.
El hemisferio izquierdo (en las personas diestras) se ha hecho do-
rninant e; es este hemisferio el que empieza a asumir las funciones del
lenguaje, mientras que el hemisferio derecho,. dc.3conccto.do de 1~ ~o~i.

76
vidad de la mano derecha o del lenguaje, ha permanecido subdomi-
nante. Este principio de lateralización de funciones naturalmente se
ha convertido en un nuevo y decisivo principio de la organización fun-
cional del córtex cerebral.
El hemisferio izquierdo (dominante en los diestros) comienza a
ejercer un papel esencial no sólo en la organización cerebral del len-
guaj ~. sino también en la organización cerebral de todas las f armas
superiores de actividad cognitiva conectadas con el lenguaje -la per-
cepción organizada en esquem_as lógicos, la memoria verbal activa, el
pensamiento lógico, mientras que el hemisferio derecho (no domi-
nante) comienza a ejercer un papel subordinado en la organización
cerebral de estos procesos, o bien no ejerce ningún papel en su curso.
Este principio de lateralización de las funciones superiores en el
córtex cerebral comienza a actuar sólo con la transición a las zonas
secundarias y, en particular, a las terciarias a las que concierne prin-
cipalmente la codificación (organización funcional) de la información
que llega al córtex, efectuada en el hombre con la ayuda del lenguaje.
Es por esta razón que las funciones de las zonas secundarias y
terciarias del hemisferio izquierdo (dominante) comienzan a diferir
radicalmente de las funciones de las zonas secundarias y terciarias del
hemisferio derecho (no dominante). Es por esto, también, que la gran
mayoría de síntomas de alteración de los procesos psicológicos supe-
riores, descritos en pacientes con lesiones locales del cerebro, se re-
fieren a síntomas que se originan como resultado de lesiones en las
zonas secundarias y terciarias del hemisferio dominante (izquierdo),
mientras que la sintomatología de las lesiones de estas mismas zonas
en el hemisferio no dominante (derecho) ha recibido mucha menos
atención y análisis. Este papel rector del hemisferio izquierdo ( domi-
nante) como principio de lateralización progresiva de funciones, dis-
tingue acusadamente la organización del cerebro humano de la de los
animales, cuya conducta no está organizada con la e~trecha participa-
ción de la actividad del lenguaje. Ésta es una de fas características
más importantes que distinguen al cerebro humano como órgano de
su actividad mental, y esta organización única del cerebro h~ano
ha sido recientemente objeto de un detenido examen por un gran nú-
mero de investigadores (ver la investigación de Drew y otros 1970).
Sin embargo, debe recordarse que no siempre se encuentra la abso-
luta dominancia de un hemisferio (el izquierdo) y .que la ley de late-
ralización es de carácter sólo relativo. De acuerdo con recientes inves-
tigaciones (Zangwill, 1960; Subirana, 1969), sólo una cuarta parte de
las personas son completamente diestras y poco más de un tercio

77

' ,,. --- , ·- - -·~- ...,_ . ·-


muestran una clara dominancia del hemisferio izquierdo, mientras el
resto se distinguen por una dominancia relativamente ligera del he-
misferio izquierdo, y en una décima parte de -todos los casos la domi-
nancia del hemisferio izquierdo es totalmente ausente. Cuando ha-
blamos del cuadro clínico principal de los cambios de los procesos
mentales superiores en casos de lesiones de las zonas corticales indi-
viduales tendremos ocasión, una vez más, de convencernos de la ver-
dad de esta situación.
Hagamos un breve sumario de lo que .se ha dicho. El segundo sis-
tema funcional del córtex cerebral es un sistema para la recepción,
codificación y almacenaje de la información. Se localiza en las divisio-
nes posteriores de los hemisferios cerebrales e incorpora las regiones
visuales (occipital), auditivas (temporal) y sensorial general (parietal)
del córtex.
La organización <Je las estructuras que forman este sistema es jerár-
quica, pues están subdivididas en áreas primarias (de proyección) que
reciben la información correspondiente y la analizan en sus componen-
tes elementales, áreas secundarias (de proyeccióri- asociación), respon-
sables del codificado (síntesis) de estos .elementos y de la conversión
de las proyecciones somatotópicas en organización funcional, y zonas
terciarias (o zonas de solapamiento), responsables del trabajo concer-
tado de los distintos analizadores y de la producción de esquemas su-
pramodales (simbólicos), base para las formas complejas de la acti-
vidad gnóstica.
Estas zonas jerárquicamente organizadas del córtex que constitu-
yen el segundo sistema cerebral, trabajan de acuerdo con el principio
de especificidad modal decreciente y lateralización funcional crecien-
te. Estos dos principios son los medios a través ~e los cuales el cere-
bro puede desarrollar sus más complejas formas de trabajo y que
e~ la base de todo tipo de actividad cognitiva humana, ligados por su
origen con el trabajo y estructuralmente con la participación del len-
guaje en la organización de los procesos mentales.
Esto concluye nuestro examen de los principios más generales que
gobiernan la estructura y trabajo de la segunda unidad funcional del
cerebro.

La unidad para programar, regular


y verificar la actividad
\+i

La recepción, codificación y almacenaje de la información consti-


tuye sólo un aspecto del proceso cognitivo humano. Otro de sus aspee-

78
según Flechsig según Vogt

según Brodmann

según Campbell

Fig. 14. - Diagrama que muestra la disposición de las zonas frontales (prefrontales)
del cerebro.

tos es la organización de la actividad consciente. Esta tarea está unida


con el tercer sistema funcional fundamental del cerebro, responsable
de la programación, regulación y verificación.
El hombre no reacciona pasivamente a la información que recibe,
sino que crea intenciones, forma planes y programas de sus acciones,
inspecciona su ejecución y regula su conducta para que esté de acuerdo
con estos planes y programas; finalmente, verifica su actividad cons-
ciente, comparando los efectos de sus acciones con las intenciones ori-
ginales, corrigiendo cualquier error que haya cometido.
Todos estos procesos de actividad consciente requieren sistemas ce-
rebrales muy distintos de los que ya hemos descrito. Mientras que
incluso en simples trabajos reflejos existen partes aferentes y efecto-
ras, así como un sistema de feedback que actúa como un servornecanis-
mo de control, son aún más esenciales unas estructuras especiales
neuronales de este tipo para el trabajo del cerebro cuando éste regula
la actividad consciente compleja. Estas tareas son desempeñadas por

79
las estructuras de la tercera unidad cerebral, cuyas funciones acaba-
mos de describir.
Las estructuras de la tercera unidad funcional, el sistema para la
programación, regulación y verificación, están localizadas en las re-
giones anteriores de los hemisferios, antepuestas al giro precentral
(fig. 14 ).
El canal de salida para esta unidad es el córtex motor (área 4 de
Brodmann), cuya capa V contiene las células piramidales gigantes
de Betz, cuyas fibras van hacia los núcleos motores espinales y de aquí
a los músculos, formando las partes de la gran vía piramidal. Esta
área cortical es de carácter proyeccional y, como es bien sabido, su
estructura topográfica es tal que sus partes superiores son el origen
de fibras que conducen a las extremidades inferiores, sus partes me-
diales de fibras que conducen a las extremidades superiores del lado
contralateral, mientras . sus partes inferiores dan origen a fibras que
se dirigen a los músculos de la cara, labios y lengua. El principio de
la representación más amplia de los órganos de mayor· importancia
y que requieren la regulación más exacta en esta zona ya ha sido men-
cionado.
El córtex motor proyectivo no puede trabajar aislado; todos los
movimientos de una persona requieren en mayor o menor grado un
fondo tónico, proporcionado por los ganglios motores basales y las fi-
bras del sistema extrapiramidal. La importancia de este sistema, que
asegura un fondo plástico para todos los movimientos voluntarios, ha
sido objeto de muchas investigaciones excelentes, y no hay necesidad
de tratarlo aquí en particular.
El córtex motor primario (de proyección), como ya Bernstein ha
dicho, es sólo el canal de salida para los impulsos motores o, como la
gran autoridad en la investigación del movimiento ha dicho, "las astas
anteriores del cerebro". La composición motora de los impulsos que
envía a la periferia debe, naturalmente, estar bien preparada e incor-
porada dent_ro de ciertos programas, y sólo después de este tipo de
preparación los impulsos enviados a través del giro precentral pueden
dar lugar a los movimientos intencionados necesarios.
Esta preparación de los impulsos motores no puede ser llevada a
cabo por las células piramidales propiamente; debe llevarse a cabo
en las estructuras del giro .precentral y también en las estructuras de
las áreas secundarias del córtex motor superpuestas, que preparan los
programas motores, y únicamente entonces las transmiten a las cé-
'
lulas piramidales gigantes.
Dentro del propio giro precentral, la estructura responsable de la

80
preparación de los programas motores para su posterior retransmisión
a las células piramidales gigantes incluye las capas superiores del cór-
tex y la materia gris extracelular, compuesta de elementos de dendritas
y glía. Como demostró Bonin (1943, 1948),la proporción entre la masa
de esta materia gris extracelular y la masa de células del giro precen-
tral crece enormemente en el curso de la evolución, pues en el hombre
es el doble que en los monos superiores y casi cinco veces mayor que
en Jos monos inferiores (Tabla 1 ).

Tabla 1.- DESARROLLO FILOGENÉTICO DE LA ESTRUCTURA CORTICAL


DEL GIRO PRECENTRAL (según Bonin)
t Proporción entre
Número de j la masa de
materia gris
Diámetro células de Betz J extracelular y la
de células por mm.' de J masa de cuerpos
de Betz materia gris 1 de células de Betz

Monos inferiores 3.7 31 52


Monos superiores 113
Hombre 6.1 12 233

Estos resultados muestran claramente un hecho importante: en la


transición a los niveles superiores de la evolución y, en particular, al
hombre, los impulsos motores generados por las células piramidales
gigantes de Betz deben controlarse cada vez más, y este control es
efectuado por los sistemas poderosamente desarrollados de la mate-
ria gris extracelular, que consisten en dendritas y la glía.
El giro precentral es, sin embargo, sólo una área de proyección, un
aparato efector del córtex. Las zonas secundarias y terciarias super-
puestas, gobernadas por los mismos principios de organización jerár-
quica y especificidad decreciente que mencioné al tratar de los prin-
cipios que rigen la organización funcional del sistema para la recep-
ción, codificación y almacenaje de información juegan un papel de-
cisivo en la preparación de los impulsos motores. La principal dife-
rencia es que, mientras que en el segundo sistema aferente del cere-
bro los procesos van desde las zonas primarias a las secundarias y ter-
ciarias, en el tercer sistema eferente los procesos transcurren en di-
rección descendente, comenzando en los niveles superiores de las zonas
secundaria y terciaria, donde_ Jos programas y planes motores se for-

81

6-C. A.
man, y pasando después a las estructuras del área motora primaria,
que envía los impulsos motores ya preparados a la periferia.
La segunda característica, que distingue· ef'·trabajo de la tercera
unidad, eferente, del córtex, del de la segunda unidad, aferente, es que
la unidad no contiene en sí misma un número de diferentes zonas
modalmente específicas que representan analizadores individuales,
sino que consiste enteramente en sistemas de tipo motor, eferente, y
está bajo la constante influencia de estructuras de la unidad aferente.
El papel ejercido por estos sistemas aferentes en la estructura de los
movimientos será examinado cuando hablemos de la interacción entre
las principales unidades funcionales del cerebro.
Como ya he mencionado; el papel de la zona secundaria principal
de la tercera unidad es ejercido por las áreas premotoras de la región
frontal. Morfológicamente son del mismo tipo "vertical" de estriación
(Polyakov, 1965, 1966) característico del córtex motor, pero difieren
en el Incomparablemente mayor desarrollo de las capas superiores
de las pequeñas células piramidales; la estimulación de estas partes
del córtex da lugar no a contracciones somatotópicamente definidas
de músculos individuales, sino a grupos de movimientos sistemática-
mente organizados (volver los ojos, cabeza, o todo el cuerpo y moví-
· mientos de asir con las manos), evidencia del papel integrativo de
estas zonas corticales eri la organización del movimiento.
Otro punto importante es que, aunque la estimulación del giro pre-
central evoca una excitación localizada, que se extiende sólo a puntos
vecinos, la excitación de las áreas premotoras del córtex, como mos-
traron los experimentos neuronográficos de McCulloch (1943), se ex-
tiende a las· partes más distintas, incluyendo las áreas postcentrales y,
paralelamente; estas partes de las áreas premotoras son excitadas por
la estimulación de partes distantes del córtex aferente.
Sobre la base de todos estos hechos, las áreas premotoras pueden
clasificarse entre las divisiones secundarias del córtex y puede consi-
derarse que ejercen el mismo papel organizador con respecto a los
movimientos que el ejercido por las zonas secundarias de las divi-
siones posteriores del córtex, que convierten la proyección somatotó-
pica en organización funcional. Volveremos a la consideración de cua-
dros clínicos que afectan los movimientos en pacientes con lesiones
del córtex premotor (Parte II, cap. 6).
La parte más importante de esta tercera unidad· funcional del ce-
rebro, sin embargo, son los lóbulos frontales O; para ser más precisos,
las divisiones prefrontales del cerebro, las cuales, a causa de no con-
tener células piramidales, son conocidas a veces como el córtex frontal

82
sistemas
no específicos

vías
especñicas ~..,._

Fig. 15. - Diagrama de las regiones prcfontrales del cerebro con las estructuras
subyacentes (según Pribram).

granular. Son estas porciones del cerebro, pertenecientes a las zonas


terciarias del córtex, las que ejercen un papel decisivo en la forma-
ción de intenciones y programas y en la regulación y verificación de
las formas más complejas de conducta humana.
Una característica distinta
<
de la región prefrontal del cerebro es
que tiene un sistema muy rico de conexiones tanto con los niveles in-
feriores del cerebro (los núcleos mediales y ventrales y el pulvinar del
tálamo y con otras estructuras) (fig. 15) como con casi todas las de-
más partes del córtex (fig. 16). Estas conexiones tienen carácter de
ida y vuelta y las divisiones prefrontales de las estructuras corticales
que ellas forman están en una posición particularmente favorable para
la recepción y síntesis del complejo sistema de impulsos aferentes que
llegan de todas partes del cerebro y para la organización de impulsos
eferentes, de modo que pueden regular todas estas estructuras. Es
importante señalar que los lóbulos frontales y, en particular, sus por-
ciones medial y basal están conectadas por haces particularmente bien
desarrollados de fibras ascendentes y descendentes con la formación
reticular y que estas regiones del neocórtex reciben corrientes particu-
larmente intensas de impulsos desde los sistemas de la primera unidad
funcional, que los "cargan" con el tono energético apropiado; por otra

83
Fig. 16 a. - Conexiones de Jos lóbulos frontales con otras estructuras cerebrales
(según Polyakov).

Fig, 16 b. - Conexiones de los lóbulos frontales con otras estructuras cerebrales;


(b) según Nauta; (i) conexiones eferentes; (ii) conexiones aferentes; (A) superficie
medial; (B) superficie lateral.

84
parte, pueden tener una influencia moduladora particularmente pode-
rosa sobre la formación reticular, dando a sus impulsos activadores
su carácter diferencial y haciéndolos adecuarse a los esquemas di-
námicos de conducta que son formados directamente por el córtex
frontal.
La presencia de influencias inhibidoras, activadoras y moduladoras
que los lóbulos frontales ejercen sobre la formación reticular ha sido
demostrada por experimentos electrofisiológicos (French y otros, 1955;
Segundo y otros, 1955); Pribram, 1960; Narikashvili, 1963; Nauta, 1964,
1971;Hemández Peón, 1966;Bures y Buresova, 1968;Durinyan y otros,
1968). La presencia de influencias inhibidoras del córtex frontal ( espe-
cialmente el orbital) sobre las estructuras inferiores también ha sido
demostrada por el trabajo de Konorski y su escuela (Konorski y otros,
1964; Brutkowski, 1964, 1966) por el estudio de la actividad de los
reflejos condicionados en animales. cuyo carácter se alteró grande-
mente después de operaciones quirúrgicas que perturbaron el normal
funcionamiento de los lóbulos frontales.
Finalmente, la influencia del córtex prefrontal y, en particular, de
sus porciones medial y basal sobre las formas superiores de activación
reguladas con la estrecha participación del lenguaje, ha sido estudiada
en detalle en el hombre por Homskaya y sus colaboradores (Hornska-
ya, 1966b, 1969, 1972; Baranovska y Hornskaya, 1966; Simernitskaya
y Homskaya, 1966; Simerni tskaya, 1970;Artemeva y Homskaya, 1966).
Estas investigaciones, de la mayor importancia para la comprensión
de las funciones del lóbulo frontal, se considerarán más adelante (Par-
te 2, cap. 7).
Estos hechos prueban que el córtex prejrorüal juega un papel esen-
cial en la regulación del estado de actividad, cambiándolo según las
complejas intenciones y planes del hombre formulados con la ayuda
del lenguaje. Este papel de los lóbulos frontales en la regulación de
los estados de actividad que son la base de la conducta es una de las
formas más importantes en las que las regiones prefrontales del ce-
rebro participan en la organización de la conducta humana.
Finalmente, debe también señalarse que las regiones prefrontales
del córtex no maduran hasta una época muy tardía en la ontogénesis,
y hasta que el niño no ha alcanzado la edad de 4 a 7 años no están
preparadas completamente para la acción.
Este hecho se deduce claramente del sucesivo incremento en su-
perficie ocupada por las divisiones prefrontales del córtex en la onto-
génesis y también de la tasa de desarrollo del tamaño de las células
nerviosas que lo constituyen.

85

1 --·· - -

1·6

1·8
1·4
1·2

1-0
~
I ///
,_---- --·------~ rrt--
tasa de incremento del área
suoerñclal del lóbulo frontal
I
0-8 I
0·6 ¡I
0-4 I
I tasa de maduración de varios tipos de
células en el cortex frontal
0·2 /

Fig. 17. - Tasa de incremento del área de los lóbulos frontales y tasa de incre-
mento del tamaño de las células nerviosas en la ontogenia (Instituto Cerebral de
Moscú).

Recientes observaciones relativas a la dinámica del desarrollo del


córtex prefrontal quedan ilustradas en la figura 17. Como la figura
muestra, la tasa de incremento en superficie de las regiones frontales del
cerebro aumenta considerablemente entre las edades de tres años y
medio a cuatro, seguida de un segundo salto hacia la edad de 7 a 8 años.
El primero de estos períodos se destaca por un significativo incremento
en la tasa de crecimiento de los cuerpos celulares conte- nidos en las
regiones prefrontales del córtex. Cuando hablemos del papel del córtex
prefrontal en la formación de programas· complejos, a los que la
conducta del niño comienza a quedar subordinada en estas edades
{Luria, 1961,1969b),apreciaremos una vez más toda la importancia de
este hecho.
Como ya he señalado previamente, las divisiones prefrontales del
cerebro, que sufren un pedoroso desarrollo en las etapas posteriores de
la evolución y que, en el hombre, ocupan.hasta una cuarta parte de la
masa total del cerebro, también tienen otras funciones más direc-
tamente relacionadas con la organización de la actividad humana.

86
Las divisiones prefrontales del córtex tienen conexiones de ida y
vuelta no sólo con las estructuras inferiores del tallo cerebral y dien-
céfalo, sino también prácticamente con todas las demás partes del
cártex cerebral. Numerosos investigadores han descrito las abundantes
conexiones entre los lóbulos frontales, por una parte, y las regiones
temporal, parietal y occipital, así como con ]as regiones limbicas del
córtex por la otra (Pribram, 1961, 1966a, 1971; Rose y Wolsey, 1949;
Sager, 1962,1965,1968; Nauta, 1964, 1968, 1971;Pandya y Kuypers, 1969).
En apoyo de esta afirmación fue proporcionada originalmente una evi-
dencia experimental por las investigaciones neuronográficas de Dusser
de Barenne y McCulloch (1941), McCulloch (1943), Sugar y otros (1948,
1950), y otros que demostraron la existencia de un rico sistema de co-
nexiones aferentes y eferentes entre las áreas de la región prefrontal
y las áreas de otras partes del córtex (Tabla 2 ).

Tabla 2. -RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN NEURONOGRÁFICA


DE LAS CONEXIONES CORTICALES EN LA REGIÓN PREFRONTAL

Conexiones aferentes Conexiones eferentes


del área con el área del área con el área

8 19, 22, 37, 41, 4~ 8 18


9 23 10 22
10 22, 37, 38 46 6, 37, 39
44 41, 42, 22, 37 47 38
47 36, 38 24 31, 32

Existe, pues, evidencia concluyente de que las regiones prefrontales


del córtex son estructuras corticales terciarias, en íntima comunicación
con casi todas las otras zonas principales del córtex, y si fuera necesa-
rio mencionar alguna característica particular que distinga las regiones
prefrontales del cerebro de las zonas terciarias de las regiones poste-
riores, sería que las porciones terciarias de los lóbulos frontales cons-
tituyen de hecho una superestructura sobre todas las demás partes
del córtex cerebral, de modo que realizan una función mucho más
universal de la regulación general de la conducta que la realizada por
el centro posterior asociativo o, en otras palabras, las áreas terciarias
de la segunda unidad funcional.

87
Los detalles morfológicos referentes a la estructura y conexiones
de los lóbulos frontales.que quedan descritos explican la contribución
aportada por estas estructuras de la tercera. unidad del cerebro a la
organización general de la conducta. Las primeras observaciones en
animales cuyos lóbulos frontales habían sido extirpados, llevadas a
cabo por autoridades tan clásicas en la fisiología y neurología como
Bianchi (1895, 1921), Franz (1907), Bekhterev (1905-7}, Pavlov (1949a,
1949b), y que fueron más tarde desarrolladas y complementadas por
el trabajo de Jacobsen (1935), Malmo (1942), Anokhin (1949), Pribram
(1954, 1959b, 1960), Rosvol y Delgado (1956), Rolvold (1959), Mishkin
y otros (1955, 1956, 1958),y Konorski y.sus colaboradores (1952, 1964),
mostraron la profundidad con que la conducta del animal es alterada
tras la extirpación de los lóbulos frontales.
Como Pavlov señaló originalmente, no pueden detectarse alteracio-
nes en el trabajo de los órganos sensoriales individuales en este tipo
de animales: su análisis visual. y kinestésico permanece intacto; sin
embargo, su conducta racional, dirigida a un fin, está profundamente
alterada. El animal normal siempre se encamina a una cierta meta,
inhibiendo su respuesta ante estímulos irrelevantes, sil! importancia;
el perro con los lóbulos frontales destruidos, por otra parte, responde
a todos los estímulos irrelevantes; cuando ve hojas que han caído so-
bre el sendero del jardín, las coge, las mastica y las arroja; no reco-
noce a su dueño y se distrae por cualquier estímulo irrelevante; res-
ponde a cualquier elemento del entorno por reflejos orientativos no
inhlbibles y sus distracciones por estos elementos sin importancia del
entorno alteran los planes y programas de su conducta, haciéndola
fragmentaria y sin control. Algunas veces la conducta planeada, enca-
minada a un fin, del animal es interrumpida por la repetición sin sen-
tido de estereotipos inertes establecidos. Los perros sin sus lóbulos
frontales que observaron Anokhin y Shumilina, habiendo tomado una
vez comida de dos comederos en sus .lados derecho e izquierdo, co-
mienzan a realizar movimientos "pendulares" prolongados y estereo-
tipados, moviéndose de un comedero al otro una y otra vez, sin re-
gular su conducta con el refuerzo de obtener comida (Shumilina; ver
Anokhin, 1949).
Sobre la base de hechos como éstos, Pavlov señaló que los lóbulos
frontales ejercen un papel esencial en la "síntesis de los movimientos
encaminados a un fin" (1959a, p. 295), y Bekhterev postuló que los ló-
bulos frontales ejercen un papel importante en "la fijación externa
correcta de impresiones y la elección de movimientos encaminados a
un fin de acuerdo con tal fijación", realizando de este modo una "ac-

88
tividad psicorreguladora" (Bekhterev, 1905,7, pp. 1464-8).Finalmente,
Anokhin concluyó de estas observaciones que los lóbulos frontales
juegan un papel esencial en la "síntesis de información del entorno",
proporcionando de este modo Ja "aferentización preliminar· dispara-
dora de la conducta" (Anokhin, 1949).
Investigaciones subsiguientes han conducido a una mayor clarifica-
ción de detalles y a progresos en el análisis de es tas funciones de los
lóbulos frontales.
Las primeras observaciones de Jacobsen (1935) mostraron que un
mono tras la extirpación de sus lóbulos frontales puede realizar actos
conductuales simples con éxito bajo el control de impresiones direc-
tas, pero no puede sintetizar la información que llega de las diferentes
partes de una situación no recibida en un campo visual, y, por tanto,
no puede desarrollar programas conductuales complejos que requieran
apoyo en el plano rnnéstico. Posteriores experimentos por un gran
número de investigadores han mostrado que la extirpación de los ló-
bulos frontales conduce a la desaparición de las respuestas retardadas
y a la incapacidad de subordinar la conducta del animal a un progra-
m.a interno (por ejemplo, un programa basado en un sucesivo cambio
o alteración de señales). El análisis más reden te ha proporcionado
una visión más estricta de los mecanismos de estas alteraciones y ha
mostrado que la destrucción de los lóbulos frontales conduce, no tanto
a una alteración de la memoria como a una alteración de la capacidad
de inhibir reflejos orientadores ante estímulos distrayentes: como los
experimentos de Malmo (1942), Pribram (1959a, 1960), Weiskrantz
(1964) y otros han mostrado, un animal en tales situaciones no puede
realizar tareas que comprendan respuestas retardadas bajo condicio-
nes normales, pero puede hacerlo con tal de que se supriman los es-
tímulos irrelevantes, distrayentes (si se mantiene el animal en total
oscuridad, si se le suministran tranquilizantes, etc.).
Como resultado de estas observaciones se ha podido establecer
que la destrucción del cártex prejrontal conduce a una profunda alte-
ración de los programas conductuales complejos y a una marcada
desinhibicián de las respuestas inmediatas ante estímulos irrelevantes,
haciendo así imposible la realización de programas conductuales com-
plejos (Konorski y Lawika, 1964, Brutkowski, 1966).
El papel del córtex prefrontal en la síntesis de sistemas de estímu-
los y la creación de un plan de acción se manifiesta no sólo en rela-
ción a estímulos que actúan en el momento, sino también en la for-
mación de conducta activa dirigida hacia el futuro.

89
e 40

30

20

10

3 4 6 6

--- antes de le exti<J)aóón

----- despué-s de la extirpació<I

Fig. 18. - Alteración de la respuesta esperada en monos después de Ja extirpación


de los lóbulos frontales (después de Pribram) (a) extirpación de los lóbulos occipi-
tales; (b) extirpación de los lóbulos frontales; (e) control. Los números 1-6 denotan
intervalos de 20 segundos hasta el refuerzo esperado, que se da a partir del tercer
minuto.

Las observaciones de Pribram han demostrado que un animal con


los lóbulos frontales intactos puede tolerar largas pausas mientras es-
pera un refuerzo apropiado y que sus respuestas activas se fortalecen
sólo con la aproximación del tiempo en el que el estímulo esperado
debe aparecer; por contraste, un animal privado de sus lóbulos fron-
tales no puede mantener tal estado de "anticipación activa" y, duran-
te una larga pausa responde inmediatamente con una masa de movi-
mientos que no puede relacionar con el fin de la pausa o con el tiem-
po de estímulo anticipado (fig. 18). Se puede, concluir,

por tanto, que
los lóbulos frontales del cerebro se cuentan entre las estructuras
vitales responsables de la orientación de Ia conducta de un animal

90
no sólo en el presente, sino también en el futuro y que, por tanto,
son responsables de las más complejas formas de conducta activa.
Finalmente, debemos centrar nuestra atención a otra función im-
portante de los lóbulos frontales en la regulación y verificación de la
conducta. Como resultado de un reciente trabajo, ya no puede soste-
nerse por más tiempo que el esquema del arco reflejo pueda reflejar
adecuadamente todo lo que es esencial en la estructura de la conducta,
sino que debe reemplazarse por el esquema de un anillo reflejo o
círculo reflejo en el que, además de. la recepción y análisis de estímu-
los del entorno exterior y una respuesta a ellos, es también necesario
tener en cuenta la influencia inversa que tiene el efecto de la acción
sobre el cerebro del animal. Este mecanismo de feedback o "aferenti-
zación inversa", corno componente esencial de toda acción organizada,
ha sido estudiada detenidamente por varios investigadores (Anokhin,
1935, 1955-71; Bernstein, 1935, 1957, 1966; Miller, Galanter y Pri-
brarn, 1960), y ha sido descrito por Anokhin como el aparato "acep-
tante de la acción", sin el cual toda forma de acción es imposible.
Numerosas observaciones muestran que las formas más complejas
de "aceptante de la acción" están asociadas con los lóbulos frontales
y la que los lóbulos frontales no sólo realizan la función de síntesis
de los estímulos externos, preparación para la acción y formación de
programas, sino también la función de tomar en consideración el ef ec-
to de la acción llevada a cabo y verificar de que ésta ha tomado el
curso debido.
Este hecho fue establecido por observaciones que mostraron que
la destrucción de los lóbulos frontales hace al animal incapaz de eva-
luar y corregir los errores que ha cometido, y que por esta razón la
conducta de un animal sin los lóbulos frontales pierde su carácter or-
ganizado e intencionado (Pribram, 1959b, 1960, 1961). Recientes tra-
bajos han añadido todavía otro hecho importante para nuestro en-
tendimiento de la organización funcional de los lóbulos frontales,
Varias investigaciones (Gross y Weiskrantz, 1964; Brutkowski, 1964)
han mostrado que los lóbulos frontales de un animal no son una es-
tructura homogénea y que mientras algunas partes de los lóbulos
frontales (el sulcus principalis, áreas homólogas a aquellas partes
del lóbulo frontal humano situadas en la superficie lateral convexa
del cerebro) están relacionadas directamente con la regulación de los
procesos motores, otras áreas (homólogas a las porciones medial y
basal de los lóbulos frontales humanos) evidentemente sirven a una
función diferente, pues su destrucción no conduce a alteraciones de
los procesos motores.

91
Veremos de nuevo lo importante que esto es para la comprensión
de los métodos de trabajo de los lóbulos frontales humanos.

Los lóbulos frontales humanos están mucho más desarrollados que


los lóbulos frontales incluso de los monos superiores; ésa es la razón
por la cual en el hombre, a través de la progresiva corticalización de
funciones, los procesos de programación, regulación y verificación de
la actividad consciente dependen de las partes prefrontales del ce-
rebro mucho más de lo .que dependen los procesos de regulación de la
conducta en los animales.
Por razones del papel obvias, las oportunidades de experimentación
sobre el hombre no se pueden comparar con las de los animales; sin
embargo, ahora se ha recopilado un extenso material, como resultado
del cual se dispone de una información del papel del córtex pref'rontal
en la regulación de los procesos humanos mucho más completa de la
que se tenía hasta hoy.
La principal característica distintiva de la regulación de la activi-
dad consciente humana es que esta regulación ocurre con la estrecha
participación del lenguaje. Mientras. que -las formas relativamente ele-
mentales de regulación de los procesos orgánicos e incluso de las for-
mas más simples de conducta pueden ocurrir sin la ayuda del lengua je,
los procesos mentales superiores se forman y tienen lugar sobre la
base de la actividad del lenguaje, que se expande en las primeras eta-
pas del desarrollo, pero más tarde se va contrayendo cada vez más
(Vygotsky, 1956, 1960; Leontiev, 1959; Zaporozhets, 1960; Galperin,
1959).Es por tanto natural buscar la acción programadora reguladora
y verificadora del cerebro. humano primordialmente en aquellas for-
mas de actividad consciente cuya regulación ocurre a través de la ín-
tima participación del lenguaje.
En la última década se han obtenido varios hechos incontroverti-
bles que demuestran que estas formas de regulación se efectúan en el
hombre con la estrecha participación de los lóbulos frontales. Hace
algunos años (Grey Walter y otros, 1964; Walter, 1966), mostró que
todo acto de espera evoca potenciales característicos en el córtex ce-
rebral humano que aumentan en amplitud al aumentar la posibilidad
de materialización del estímulo esperado, decrecen al decrecer la pro-
babilidad y desaparecen tan pronto como se Interrumpe la tarea de
esperar el estímulo de expectancia (fig. 19). De una forma característi-
ca, estas ondas que él llamó "ondas" ("expeétancy waves") aparecen
en primer lugar en los lóbulos frontales del cerebro, desde donde se
extienden al resto del córtex.

92
Casi simultáneamente con este descubrimiento, el fisiólogo sovie-
tico Livanov con sus colaboradores· (Livanov y otros, 1964, 1967), con-
firmaron esta íntima participación de las regiones prefrontales del ce-
rebro en las formas más complejas de activación evocadas por la ac-
tividad intelectual sirviéndose de un método diferente.
Registrando los potenciales de acción que reflejan una excitación
de cincuenta o a veces basta 120 ó 150 puntos del cerebro que trabajan
simultáneamente mediante un aparato multicanal especial, mostraron
que las tareas mentales complejas conducen a la aparición de un,
gran número de puntos que trabajan sincronizadamente en los lóbu-
los frontales (fig. 20 a, b ); el mismo cuadro se encuentra en un pacien-
te con una forma paranoide de esquizofrenia, permanentemente en un
estado de excitación compulsiva (fig. 20c) y estos puntos que trabajan

chasquido

chasquido ffftfttttttttt
destelos

t_t:f
chasquido
destellos interrumpidos por la
presión de un pulsador

ca6braje

Fig, 19. - Dinámica de las ondas de expectancia (según Grey Walter).

93

'T lll ~
destello chasquidos interrumpidos por la
presión de un pulsador

e
T
Clestello Caislado>

~ ~l~l~l.. ~
desteBo chasquidos Interrumpidos por la
presión de un pulsador

calibraje

1s \~

·.. •.
Fig, 19. - (Continuación.)

94
a

'''
destellos interrumpidos por la presión de un pulsador
·en un sujeto con instrucciones para no responder

chasquido instrucciones: •OO habrá destellos»

chasquido
sujeto al que se le avisa que los desteDos
reaparecerán ahora Cno se le dan destellos>

Fig. 19. - (Continuación.)

síncronizadamente en los lóbulos frontales desaparecen tras la admi-


nistración de clorpromazina, que elimina este estado de excitación
compulsiva (fig. 20 d).
Estas dos series independientes de investigaciones demuestran,
concluyentemente, que el córtex frontal participa en la generación de
procesos de activación que aparecen como resultado de las formas más
complejas de actividad consciente y se efectúan con la inmediata par·
ticipación del lenguaje.
Estos hechos quedan claros si se recuerda que estas partes del
córtex cerebral (como se indicó anteriormente) son particularmente
ricas en conexiones con la formación reticular activadora descendente
y demuestran que los lóbulos frontales en el hombre participan di-
rectamente en el estado de activación incrementada que acompaña
todas las formas de actividad consciente. También sugieren que son
las zonas prefrontales del córtex las que evocan esta activación y ha-

95
8
b

e d

Fig. 20. - Cambios correlativos entre los puntos de trabajo sincrónicos de la región
frontal durante la actividad intelectual (según Livanov, Gavrilova y Aslanov):
(a) estado de descanso; (b) solución de un problema difícil; (e) paciente con una
esquizofrenia paranoide en estado de excitación; (d) después de la administración
de clorpromazina.

96
cen posible la compleja programación, control y verificación de la ac-
tividad consciente humana que requiere, para tener lugar, el tono
óptimo de los procesos corticales.
Cuando analicemos los cambios en el proceso de activación y en el
curso de la actividad consciente dirigida a un fin en pacientes con le-
siones locales cerebrales, pod~emos citar hechos que evidencian el de-
cisivo papel de esta unidad funcional del cerebro y, en particular, de
sus zonas prefrontales, en la programación, regulación y verificación
de los procesos mentales humanos.

Interacción entre las tres principales unidades


funcionales del cerebro
Hemos examinado las ideas modernas referentes a las tres princi-
pales unidades funcionales del cerebro y hemos intentado mostrar el
papel de cada una de ellas en la organización de la actividad mental
compleja. Debemos considerar ahora un hecho que es esencial para la
comprensión del trabajo de todas las unidades funcionales del cerebro
que hemos examinado.
Sería un error imaginar que cada una de estas unidades puede de-
sempeñar una cierta forma de actividad completamente independiente
-por ejemplo, que la segunda unidad funcional es totalmente respon-
sable de la función de percepción y pensamiento, mientras que la ter-
cera es responsable de la función de movimiento y de la construcción
de la acción.
Debe quedar claro de todo lo que ya se ha dicho referente a la
estructura sistémica de los procesos psicológicos complejos que esto
no es cierto. Cada forma de actividad consciente constituye siempre
un sistema funcional complejo y tiene lugar a través del t raho io rnrn-
binado de las tres unidades cerebrales, cada una de las cuales aporta
su propia contribución. Los hechos bien establecidos de la moderna
psicología proporcionan una sólida base para este punto de vista.
Han pasado muchos años desde que los psicólogos consideraban las
facultades mentales como facultades aisladas, cada una de las cuales
podía ser localizada en una cierta parte del cerebro. Sin embargo, tam-
bién ha pasado la época en que se creía que los procesos mentales po-
dían ser representados por modelos de un arco reflejo, cuya primera
parte era de carácter puramente aferente y realizaba la función de
sensación y percepción, mientras la segunda parte, efectora, estaba to-
talm~nte relacionada con el movimiento y la acción.

97
7-C. A.
Los puntos de vista modernos relativos a la estructura de los proce-
sos mentales son de carácter totalmente diferente y se basan más
en el modelo de un anillo reflejo o sistema autorregulador; cada una
de cuyas componentes comprende elementos tanto aferentes como
efectores de modo que, en conjunto, la actividad mental asume un
carácter complejo y activo (Leontev, 1959).
Como ejemplo, examinemos la estructura en primer lugar de la
percepción y en segundo lugar del movimiento o acción. Lo haremos
sólo al nivel más general, pues efectuaremos un análisis más detallado
de la estructura y orzanización cerebral de estos procesos en la última
parte de es te libro.
Sería un error imaginar que la sensación y percepción son procesos
puramente pasivos. Se ha demostrado que la sensación incluye com-
ponentes motores y, en la psicología moderna, la sensación y más espe-
cialmente la percepción se consideran como procesos activos que in-
corporan componentes tanto aferentes como eferentes (Leontev, 1959).
Una prueba adecuada de que la sensación es de carácter complejo y
activo es proporcionada por el hecho de que incluso en los animales
incorpora un proceso de selección de características biológicamente
significativas, mientras que en el hombre también incluye la influencia
activa codificadora del lenguaje (Bruner, 1957); Lyublinskaya, 1959).
El carácter activo de los procesos de percepción de objetos comple-
jos es todavía más obvio. Es bien sabido que la percepción de objetos
no sólo es de carácter polirreceptor y dependiente del trabajo combina-
do de un grupo de analizadores, sino que también incorpora compo-
nentes motores activos. El papel vital de los movimientos oculares
en la percepción visual fue descrito originalmente por Sechenov ( 1874-
1878). pero sólo recientemente investigaciones psicofisiológicas han
demostrado que el ojo estacionario es virtualmente incapaz de la
percepción estable de objetos complejos y que tal percepción siempre
se basa en el uso de movimientos activos, buscadores, de los ojos,
recogiendo los datos esenciales (Yarbus, 1965; 1967) y que el carácter
de estos movimientos se va contrayendo gradualmente con el curso
del desarrollo (Zaporozhets, 1967;Zinchenko y otros, 1962).
Estos hechos muestran claramente que la percepción tiene lugar
gracias a la acción combinada de las tres unidades funcionales del ce-
rebro; la primera, proporciona el tono cortical necesario; la segunda
realiza el análisis y síntesis de la informacíón.que se recibe, y la ter-
cera se ocupa de los movimientos de búsqueda necesanamenie con-
trolados que dan a la actividad perceptiva su carácter activo.

98
Veremos cómo esta compleja est ructura de la percepción explica
por qué puede ser alterada por lesiones de sistemas cerebrales dife-
rentes y muy separados. La situación es similar con respecto a la es-
tructura del movimiento voluntario y la acción.
El papel de los mecanismos eferentes en la estructura del movi-
miento es obvio; sin embargo, Bernstein (1947) demostró que el mo-
vimiento no puede ser controlado únicamente por los impulsos efe-
rentes y que el movimiento organizado requiere un constante flujo de
impulsos aferentes que proporcionan la información sobre el estado
de los tendones y músculos, la posición de los segmentos del sistema
en movimiento y las coordenadas espaciales dentro de las que ocurre
el movimiento.
Por tanto, queda claro que el movimiento voluntario y más especial-
mente las manipulaciones de objetos se basan en el trabajo combinado
de diferentes partes del cerebro. Los sistemas de la primera unidad
del cerebro aportan el necesario tono muscular, sin el cual el movi-
miento coordinado sería imposible; los sistemas de la segunda unidad
proporcionan la síntesis aferente dentro de cuyo marco la acción tiene
lugar, y los sistemas de la tercera unidad subordinan el movimiento y
la acción a los correspondientes planes, producen los programas para
la ejecución de acciones motoras y proporcionan la regulación y com-
probación necesarias del curso de los movimientos, sin las cuales su
carácter organizado e intencional se perdería.
Veremos la contribución aportada por cada área del cerebro a la
construcción del movimiento y obtendremos una idea aproximada
de la complejidad del sistema de su organización cerebral.
Está claro que las tres principales unidades del cerebro trabajan
concertadamente y que sólo al estudiar sus interacciones, cuando cada
unidad aporta su contribución específica, se puede obtener 11n::¡ ""m-
prensión de la naturaleza de los mecanismos cerebrales de la actividad
mental.

Hemos descrito las principales unidades funcionales localizadas en


el cerebro y hemos demostrado cómo trabajan juntas. El siguiente
paso es efectuar un detallado análisis de la contribución aportada por
cada área del cerebro a la construcción de los procesos mentales y de
la organización cerebral de las formas complejas de la actividad cons-
ciente humana. Trataremos estos temas en las dos partes siguientes
de este libro.

99
Segun.da Parte

SJ:STEMAS LOCALES
DEL CEREBRO
Y SU ANÁLJ:SJ:S FUNCIONAL
Antes he mostrado que los procesos mentales humanos son com-
plejos sistemas funcionales que suponen la acción combinada de áreas
individuales del cerebro. De igual modo mostré que, en orden a un
análisis de la organización cerebral, es esencial determinar la contri-
bución aportada por cada área del cerebro a este complejo sistema
funcional y establecer qué sistemas cerebrales son responsables de
determinados factores de la actividad mental. Finalmente, he tratado
las principales fuentes de nuestro conocimiento de las bases cerebra-
les de la actividad mental y he mostrado que de estas tres fuentes
-anatomía comparada del éerebro, métodos de estimulación y méto-
dos de destrucción de áreas individuales- con respecto al análisis de
la organización funcional del cerebro humano, la última es, evidente-
mente, la más importante.
Estas consideraciones nos llevan al estudio clínico de lesiones. lo-
cales cerebrales y al análisis de los cambios en los procesos mentales
humanos en caso de lesiones locales de áreas particulares del cerebro
como modo principal de obtención de respuestas a nuestras preguntas
Y también para descubrir la contribución hecha por un área particular
del cerebro a la organización de la actividad mental humana. Sin em-
bargo, a pesar de la importancia de este método, no debemos imagi-
nar que nos proporciona un camino directo y simple para la solución
de nuestros problemas. Como hemos ·victo, un~ lGo.>AVU. .......... '-'U.l al 1V\..c:1.l

no conduce a la "pérdida" directa de una condición mental particular;


éste era el punto de vista sostenido por los partidarios del "localizacio-
nismo estricto". Un foco patológico producido como resultado de una
herida, una hemorragia, o un tumor perturba el funcionamiento nor-
mal de una área cerebral dada, suprime las condiciones necesarias
para el normal funcionamiento de un sistema funcional particular y,
entonces, lleva a la reorganización del funcionamiento de partes in-
tactas del cerebro, de modo que la función alterada puede ejecutarse
por nuevas vías.

103
Estos hechos básicos, bien conocidos por todo psicólogo clínico, ha-
cen extremadamente difícil extraer conclusiones del papel del área
afectada en la organización normal de las formas alteradas de activi-
dad a partir de los síntomas que se presentan en las lesiones locales
cerebrales.
Hay otro factor que incrementa la dificultad de usar lesiones loca-
les cerebrales para analizar la contribución hecha por cada área cere-
bral a la organización de los procesos mentales.
En la práctica, ninguna lesión cerebral local está tan precisamente
demarcada que destruya sólo un grupo de células nerviosas estricta-
mente localizadas. Por otra parte, un foco patológico en el cerebro sólo
muy raramente destruye todos los elementos neuronales dentro de
dicha zona. Por regla general algunos elementos quedan completa-
mente destruidos mientras que otros continúan funcionando, aunque
lo hagan bajo condiciones patológicamente cambiadas, a veces de-
primidos o inhibidos por el proceso patológico y a veces estimulados
o excitados por el mismo. Estos hechos causan, naturalmente, una va-
riación sustancial en los síntomas producidos como resultado de le-
siones locales del cerebro, de forma que, topográficamente, el mismo
foco puede llevar a síntomas de un carácter completamente diferente.
De nuevo, debemos recordar que una lesión local cerebral nunca
se localiza estrictamente. Por regla general, cada foco patológico está
rodeado por una zona "perifocal" cambiada patológicamente, en la
cual el tejido nervioso tiene su función bajo condiciones alteradas por
cambios en la hemodinámica y en el movimiento del fluido cerebro-
espinal (produciendo una isqueinia en algunos casos y un edema en
otros). Estos cambios varían según los casos y según las fases, de
modo que el estudio de la dinámica de la enfermedad empieza a te-
ner especial importancia (Smirnov, 1946, 1948).
Finalmente, ningún foco patológico rui 1u5nr, por rosJ.a 6 -...J, -
0
..... 0

efectos reflejos de largo alcance, que fueron descritos en la primera


parte de este siglo por Monakov (:1910,1914) como manifestaciones de
"diasquísis" y que han sido investigados subsecuentemente por los
psicólogos. Estas investigaciones han revelado fenómenos interesantes
tales como la aparición de "focos de excitación por reflexión" (Morrell,
1967) Y han demostrado la propagación ampliamente extensa de la in-
fluencia de un foco aparentemente muy localizado.
Todas estas características añaden considerable dificultad para ex-
traer conclusiones del papel del área afectada en la estructura de un
proceso psicológico dado, a partir del estudio de lesiones locales del
cerebro.

104
Sin embargo, a pesar de todas estas limitaciones, la investigación
del efecto de las lesiones locales cerebrales en la dinámica de los pro-
cesos psicológicos continúa siendo no sólo un método posible sino de
hecho el principal método de estudio de la organización cerebral de la
actividad mental.
Si describimos con un número de casos suficientemente grande los
cambios en los procesos mentales humanos que se producen por le-
siones locales cerebrales, cualificando cuidadosamente los hechos des-
cubiertos, y elegimos los factores básicos· que conducen a su aparición,
y si entonces comparamos todos los cambios producidos en estos casos
con los procesos que permanecen intactos (o, en otras palabras, si
analizamos no sólo los síntomas sino los síndromes completos de la
lesión), podemos hacer progresos sustanciales en la identificación de
estos aspectos de la actividad específica que están directamente co-
nectados con un área específica del cerebro y en el establecimiento de
la contribución hecha por cada área del cerebro a la construcción
de los procesos mentales humanos.
Este método, básico en la nueva disciplina científica de la neuro-
psicología, es la única que utilizaré en la segunda parte de este libro.
Daré preferencia al análisis de funciones del hemisferio dominante
(izquierdo), que son mejor conocidos, aunque la predominancia con-
creta del hemisferio izquierdo sobre el derecho no se encuentre en
todos los casos, sino, de acuerdo con Subirana ( 1969), en sólo un 63.1
por ciento de ellos.
Estudiaremos, consecutivamente, los cambios producidos en los
procesos mentales por lesiones en las divisiones occipital (visual),
temporal (auditiva), parieto - tempero - occipital, prernotora y frontal
del cerebro, los describiremos tan a conciencia como sea posible y
completaremos nuestra descripción con un análisis de los cambios
producidos por lesiones en la región límbica (partes mediales del cór-
tex) y las estructuras profunda» del cerebro {c;oct..- ..... oh~ro clol ~a-on~-...

rebral); finalmente, consideraremos un número de problemas no re-


sueltos, incluyendo la cuestión de las funciones del hemisferio cere-
bral no dominante (derecho) todavía inadecuadamente estudiadas.
Este es el plan básico de esta segunda parte del libro.

105
J:J:J:. Las
regiones
occipitales
y la organización
de la percepción. visual

Corno ya he mencionado, las zonas occipitales del cerebro constitu-


yen el centro cortical del sistema _visl).al;naturalmente, una lesión en
estas zonas debe dar lugar en principio a una perturbación en el pro-
ceso de información visual y esto debe reflejarse en aquellos proce-
sos mentales en los que jueguen una parte directa la síntesis y el aná-
lisis visual.
Examinemos muy brevemente las perturbaciones de estas funcio-
nes que se producen por lesiones en la región occipital del cerebro
e intentemos describir los rasgos característicos de las lesiones que
afectan a partes individuales de esta región.

Areas primarias del córtex occipital


y funciones elementales de la visión

Las áreas primarias del córtex occipital son aquellas donde termi-
nan las fibras procedentes de la retina; estas fibras transcurren ini-
cialmente por el nervio óptico cruzándose después en el quiasma (la
decusación de los dos centros visuales) y continúan su curso en el
tracto óptico; el tracto óptico del hemisferio derecho inc:111YP fihr~c::
que transportan la excitación recibida por las mitades izquierdas del
campo visual de ambos ojos, mientras que el tracto óptico del hemis-
ferio izquierdo incluye las fibras que transportan la excitación recibida
desde las mitades derechas del campo visual de ambos ojos; las fibras
del tracto óptico sinaptan en el cuerpo geniculado lateral, y después
se extienden en abanico dentro de la región temporal, donde se las
denomina acertadamente con el término "radiación óptica", para ter-
minar en el área primaria (de proyección) del córtex occipital (fig. 21 ).
Está claro que a causa de esta distribución de la trayectoria de las
fibras ópticas, una lesión del nervio óptico (b) conduce a la ceguera
de un ojo, una lesión del quiasma óptico en su parte medial (e) con-

107
1 11

Fig. 21. - Diagrama de las vías ópticas del cerebro: (a) retina; (b) ~e~jo ~pt~co;
(e) quiasma; (d) tracto óptico; (e) cuerpo geniculado lateral; (0 radiación óptica;
(g) área primaria visual del córtex; (1) y (Il) mitades correspondientes de los
campos visuales.

duce a la pérdida de ambos campos exteriores (temporales) visuales,


mientras que las lesiones del tracto Óp~ico ( d), la r~di~ción Ar~ir-.:. ( f) n
el córtex visual de un hemisferio (g) conducen a la pérdida de los cam-
pos visuales opuestos, O, para usar el término empleado en neurología,
a la hemianopsia contralateral homónima.
Al mismo tiempo, debe recordarse que las fibras del nervio óptico,
del tracto óptico y la radiación óptica (fig. 22) conducen la excitación
en un orden estricto somatotópico (fig.23) y que las lesiones de algunas
de estas fibras o de parte de la zona de proyección del córtex visual
conduce a la pérdida de partes estrictainente-·aefutldas -d~l .
ca~
-····-·--
visual, o hemianopsia cuadrántica. El hecho de que lesiones de las par-
tes inferiores de la radiación óptica o de las partes inferiores de la
zona de proyección del córtex visual ocasionen la pérdida de las partes

108


nücleo caudado
cuerpo calloso tálamo cuerpo calloso
culmen
fisura colateral
genu
nücleo lentiforme

Fig. 22. - Diagrama de la radiación óptica (según Pfeiffer).

Fig, 23. - Esquema de las proyecciones retinales en el córtex visual y carácter somatotópico de
las áreas primarias del córtex visual (área 17 de Brodmann) (según Holmes): (a) campo visual;
(b) córtex visual; (1) labio inferior de la fisura calcarina, (2) labio superior de la fisura calcarina.

109
superiores del campo visual, mientras que lesiones de las partes supe-
riores de la radiación óptica ocasionen la pérdida de las partes infe-
riores del campo visual, es de la mayor importancia para la diagnosis
tópica de lesiones en las áreas correspondientes del sistema visual. La
pérdida parcial de partes individuales del campo visual o la aparición
de "puntos ciegos" (escotomas) es igualmente importante, por su po-
sición, como resultado del carácter somatotópico de la distribución
de los elementos en el córtex visual, cada uno de los cuales correspon-
de a un punto particular de la retina (fig. 23), es frecuentemente sufi-
ciente para identificar con .precisión la parte de área proyectiva del
córtex visual en el cual se localiza el foco.
Las alteraciones de las funciones de todas estas estructuras pueden
ser de dos tipos; una lesión de las áreas apropiadas puede conducir a
los· fenómenos de. hemianopsia mencionados anteriormente, mientras
que la estimulacián de estas áreas puede conducir a la aparición de
signos de excitación, manifestados por puntos centelleantes de luz
(fotopsia) en las mismas partes del campo visual.
Una lesión de las zonas primarias (de proyección) del córtex visual
no da lugar a cambios tan serios en los procesos mentales superiores;
permanece como una alteración parcial, pero puede aparecer como
ceguera central (si el córtex visual de ambos hemisferios es afectado)
o de hemianopsia total (homónima) o parcial (cuadrántica) (si la le-
sión se localiza dentro de una de las regiones occipitales). Quizá el
rasgo más característico es que las manifestaciones de pérdida parcial
del campo visual están bien compensadas por adaptaciones funciona-
les de la retina (Goldstein y Gelb, 1920) y por movimientos de los ojos:
variando su enfoque el paciente puede compensar fácilmente su de-
fecto visual. He observado frecuentemente pacientes en los que una
lesión de las partes correspondientes de la trayectoria visual ha cau-
sado una gran contracción del campo visual (visión tubular) y que,
aun así, han sido capaces de realizar un trabajo que requería un alto
standard de función visual (por ejemplo un archivero).
La única excepción a esta regla se encuentra 'en casos de alteración
de la trayectoria óptica en el hemisferio derecho (no dominante) (el
córtex visual derecho o las partes profundas de las regiones occipital
o temporal, incluyendo las estructuras del cuerpo geniculado lateral).
En estos casos, como se señaló hace muchos años (Holrnes, 1919;
Brain, 1941;Luria y Skorodumova, 1950) aparece un fenómeno carac-
terístico de hemianopsia fijada en el lado derecho. Un análisis de este
fenómeno se dará más tarde cuando examinemos fa.:; alteraciones que
aparecen en lesiones del hemisferio derecho (no dominante): el pa-

110
ciente no se da cuenta de los defectos del campo visual, no los com-
pensa con movimientos oculares y como sólo puede ver la parte dere-
cha de una imagen o un texto que se le muestra, atribuye los defectos
de su visión a defectos del material presentado. Por ejemplo, lee sólo
la mitad derecha de un texto, no logra comprender de qué trata y su-
pone que el texto es carente de significado; tales pacientes caracterís-
ticamente empiezan a leer, escribir o dibujar en la mitad derecha del
papel, y este tipo de síntomas sugieren inmediatamente que la lesión
se localiza en la región occipital derecha.
Este fenómeno, descrito· algunas veces como agnosia espacial uni-
lateral (Brain, 1941; Ajuriaguerra, y Hécaen, 1960; Korchazhinskaya,
1971),también se puede desarrollar en pacientes con lesiones en las
partes profundas de regiones más complejas del hemisferio derecho,
y lo examinaremos de nuevo más tarde.

Zonas secundarias del córtex occipital


y funciones óptico - gnósticas

Las zonas secundarias del córtex occipital difieren considerable-


mente de las zonas primarias (de proyección) sobre las que se sitúan
tanto en su estructura como en sus funciones. La característica dis-
tintiva de las zonas- secundarias del córtex occipital es que la cuarta
capa (aferente) d~- ~élulas, que recibe estímulos desde la retina, es
mucho menor aquí que en las zonas primarias (área 17 de Brodmann);
paralelamente, las capas asociativas superiores (II y III), consistentes
principalmente en células con axones cortos, constituyen ahora la ma-
yor parte del espesor de estas zonas secrmdar+o e o do "pr<>Yººº~~.... ... .....
ciación" (áreas 18 y 19), que recientemente han sido llamadas áreas
corticales intrínsecas (Rose y Pribram).
Una sección a través de las capas de la zona comprendida entre las
áreas primaria (17) y secundaria (18) del córtex occipital, tomada del
clásico trabajo de Brodmann (1909), es ilustrada en la figura 24. De-
muestra claramente los cambios radicales que tienen lugar en la es-
tructura citoarquitectónica del córtex desde las zonas primarias a las
secundarias. Si sé recuerda qué los elementos de las capas superiores
del córtex, que están tan poderosamente representados en las zonas
secundarias de la región visual (occlpítaj), no estan directamente co.
nectadas con las fibras de la retina y mantienen un papel predomi-
nantemente integrativo (codificador), la importancia de estas zonas en
la organización de la percepción visual será claramente aparente.

111
Fig, 24. - Estructura citoarquitectónica del córtex visual primario y secundario
(sección a través del límite entre las áreas 17 y 18 de Brodmann) (según Brodmann).

Las zonas secundarias del córtex occipital han sufrido también sus-
tanciales cambios en comparación con las zonas primarias en el cur-
so de la evolución. Mientras que en los monos inferiores (con su cór-
tex visual poderosamente desarrollado) su área primaria de proyec-
ción (área 17 de Brodmann) es mucho más extensa que la zona secun-
daria, en el hombre esta relación se invierte y la zona v1~ué:11 ;:)c;\,.,u.m.1.a-
IJa_(área 18 de Brodmann) es ahora notablemente mayor que~:~ -~Ó~~~
visual primario. Los datos actuales que aparecen en la Tabla 3, mues-
tran claramente que el papel de los sistemas responsables no de la re-
cepción, sino de la codificación (análisis y síntesis) de la información
visual que se recibe, es considerablemente mayor en el hombre, en
comparación con sus antecesores en la escala de la evolución.

112
Tabla 3. -ÁREAS RELATIVAS DEL CÓRTEX VISUAL PRIMARIO y SECUNDARIO
EN UNA SERIE DE PRIMATES (porcentajes del área total del córtex occipi-
tal; según Filimonov, 1949)

Área 17 Área 18

Galago 66 25.4
Guenon 41.1 32.2
Orangután 39.6 30.5
Hombre 25.4 37.7

Esta hipótesis es confirmada por el análisis de los datos morfológi-


cos y fisiológicos y también por observaciones clínicas.
Los estudios morfológicos del Instituto Cerebral de Moscú mostra-
ron que la distribución de las células nerviosas del córtex de las zo-
nas occipitales primaria y secundaria (áreas 17 y 18) varía muy consi-
derablemente. Mientras que las células de la capa aferente IV predo-
minan distintivamente en el córtex visual primario (área 17), estas cé-
lulas son mucho menos numerosas en el córtex visual secundario
(área 18), donde la mayoría de las células están situadas en las capas
superiores "asociativas" (II y 111). Esta característica es evidente a
partir de las cifras dadas en la Tabla 4.

Tabla 4. - NúMERO DE CÉLULAS EN ALGUNAS CAPAS DE LAS ZONAS COR-


TICALES PRIMARIA y SECUNDARIA OCCIPITALES (VISUALES) (áreas 17 y 18)
EN EL HOMBRE Y PORCENTAJE DEL NÚMERO TOTAL DE CÉLULAS EN ESTAS
ÁREAS (según el Instituto Cerebral de Moscú)
Arca Niveles
Número total
Il-ill IV V

17 143.4 166.4 49.3 538.2


(25.9 %) (33.l % ) (8.9 %)
18 392.1 152.9 75.9 756.8
(51.9 %) (20.2 %) 10.2 %)

Esta conclusión es confirmada también por investigaciones fisioló-


gicas realizadas a nivel neuronal. La compleja función de las zonas
secundarias del córtex visual (occipital) es revelada también por pos-
teriores investigaciones neurofisiológicas.

113

8-<.:. A.
Los estudios neuronográficos de McCulloch y sus colaboradores
(1943) muestran que la estimulación de las zonas secundarias del cór-
tex visual se extiende sobre áreas mucho más amplias que la estimula-
ción de sus zonas primarias, incluso pasando algunas veces a las
áreas correspondientes del hemisferio opuesto (fig. 25).

hemisferio
ipsilateral hemisferio
-"cootralateral
17 18 19 19 18 . 17

t estimulo

.Y respuesta
Fig. 25. - Resultados de los experimentos neuronográficos con estimulación de
las zonas primaria y secundaria del córtex visual (según McCulloch).

Las características morfológicas y fisiológicas que distinguen la es-


tructura de las zonas secundarias del córtex visual también determi-
nan el papel que ejerce en la organización de la percepción visual com-
pleja. Esto se demostró claramente en experimentos desarrollados, en
el pasado, por eminentes neurólogos y neurocirujanos (Pótzl, Foerster
y Penfield) durante operaciones en estas zonas corticales. Sus obser-
vaciones (que ya han sido mencionadas) muestran que la estimulación
de las zonas primarias del córtex occipital por una débil corriente
eléctrica evocaron la aparición de alucinaciones visuales elementales
en el paciente (que percibía destellos de luz, lenguas de fuego y puntos
coloreados). Estos fenómenos, además, aparecían en partes estricta-
mente definidas del campo visual (la estimulación de la región occipi-
tal derecha conducía a la aparición de estas "fotopsias" en la parte
izquierda, mientras que la estimulación del córtex occipital izquierdo
conducía a su aparición en la parte derecha del campo visual, etc.).
Los resultados de la estimulación ·de las -zonas secundarias del cór-
tex visual fueron completamente distintos. En estos casos, la estimula-
ción eléctrica de un cierto punto del córtex daba lugar, no-a sensacio-

114
nes visuales elementales, sino a alucinaciones visuales reconocibles
complejas (imágenes de flores, animales, personas, familiares, etc.).
Algunas veces tal estirnulación causaba la aparición de una secuencia
compleja: el paciente veía a su amigo aproximándose y saludándole
con la mano, etc. Estas alucinaciones, debe señalarse, no se restringían
a una cierta parte del campo visual, y eran de carácter significativo
más que tópico.
Estas alucinaciones, naturalmente, reflejaban la experiencia visual
previa del sujeto y, consecuentemente, la estimulación de las zonas
corticales visuales secundarias activaba huellas de aquellas imágenes
visuales integrales que estaban almacenadas en esta parte del córtex
humano (fig. 26).

1· 6.-.,.. Alucinación visual elemental


7-11. - Alucinación visual compleja
12-15. - Desplazamiento espacial complejo
16-17. - Aluclnación acústico· verbal
18-20. - Alucinación lingual
21-23. - Alucinación en la lengua
24-26. - Fenómeno vestibular
27-30. - Productos de sonidos y palabras
o • - Alucinación sensorial

Fig. 26. - Carácter de las alucinaciones visuales, procedentes de respuestas a la


estimulación de las zonas primaria y secundaria del córtex visual (según Pützl,
Penfield y otros).

Se sigue que las z_onas secundarias del córtex visual, con su estruc-
tura compleja y su facilidad para el extensivo desarrollo de la excita-
ción, ejercen el papel de sintetizar los estímulos visuales, codificarlos
y transformarlos en sistemas complejos. Por tanto, puede concluirse
que la función de las zonas secundarias del córtex occipital es conver-
tir la proyección somatotópica de la excitación visual recibida en su
organización funcional. Consecuentemente, estas zonas ejercen un
papel decisivo en la provisión de un nivel superior de procesamiento
y almacenaje de la información visual.
Una mayor evidencia de la forma en que las zonas occipitales se-
cundarias sintetizan la excitación visual y crean así la base fisiológica
para la percepción visual compleja se obtiene por observaciones sobre
los cambios en los procesos visuales que aparecen en pacientes con
lesiones locales de las zonas secundarias del córtex visual.

115
Estas observaciones demuestran que las lesiones locales de estas
partes del córtex occipital no conducen a la hemianopsia o a la pér-
dida de parte del campo visual, ni disminuyen': la agudeza visual. El
síntoma esencial asociado a una lesión de estas zonas es la alteración
de la percepción integral de complejos visuales completos, la incapa-
cidad de combinar impresiones individuales en esquemas completos,
y el consiguiente desarrollo del fenómeno de la incapacidad para reco-
nocer objetos completos o sus representaciones pictóricas.
Un paciente con una lesión de las zonas visuales secundarias no es
ciego; todavía puede ver características individuales y, algunas veces,
partes individuales de objetos. Su defecto consiste en que no puede
combinar estos ragos individualmente en formas completas s. por
tanto, se ve obligado a deducir el significado de la imagen que él per-
cibe extrayendo conclusiones de detalles individuales y teniendo que
hacer un gran esfuerzo allí donde un sujeto normal percibe la forma
completa inmediatamente. Esto se puede expresar diciendo que la per-
cepción de objetos visuales complejos por un paciente de este tipo
comienza a parecerse a Ja situación en la que un arqueólogo intenta
descifrar un texto en un lenguaje no familiar; comprende fácilmente
el significado de cada signo, aunque el significado del texto total per-
manece desconocido. l!sta es la razón por la cual las alteraciones de la
percepción visual que aparecen en lesiones del córtex visual secunda-
rio no se asocian clínicamente con alteraciones del campo visual o de
la agudeza visual, sino que se denominan con el término agnosia
visual.
l!sta es una descripción de un caso típico de un paciente con tal
lesión. Este paciente examina cuidadosamente el dibujo de un. par de
gafas que se le muestran. Está confuso y no sabe lo que representa
el dibujo. Empieza a suponer. "Hay un círculo ... y otro círculo ... y un
palo ... una barra cruzada ... por tanto, debe ser una bicicleta." Obser-
va el dibujo de un gallo con plumas de diferentes colores en su cola,
pero, al no .reconocer inmediatamente el objeto como un todo, declara:
"Esto es una hoguera, aquí están las llamas". En caso de lesiones ma-
sivas de las zonas occipitales secundarias los fenómenos de agnosia
visual pueden tomar un carácter más severo. En casos de lesiones
más localizadas de esta zona adoptan una forma menos manifiesta y
se manifiestan sólo durante el examen de cuadros más complejos o en
tests de percepción visual bajo condiciones más difíciles.
Tales pacientes pueden tomar un teléfono con marcador por un
reloj de pared y un canapé recubierto de material marrón por un
tronco. No pueden reconocer dibujos contorneados o siluetas y que-

116
dan desconcertados si se les muestran los cortomos de figuras raya-
das por varias líneas (fig. 27) o figuras compuestas de elementos sepa-
rados y presentados contra un fondo ópticamente complejo (fig. 28).
Estos defectos en la percepción visual se hacen particularmente pro-
nunciados cuando el grabado se presenta durante un período muy
corto de tiempo o, en el caso de un test especial, mediante un taqui-
toscopio que permite que el grabado esté expuesto durante intervalos
de tiempo que oscilan entre 0,25 y 0,50 segundos.

rn j
marcode ventana puerta no sabe·

: • 0 ~

-* '-~
no sabe que esesto reloj no sabe
la pelabra rusa 'rez'ba'

Ufil pwr~
(escultura) lefda
adecuadamente

m-t1 . ~,._-~~ 'Algo oompllcado,

i -
¿la letra x?
Sokha' ¿arado?

~~~
pollito saliendo
de un huevo y algunos
~e~de-~~~~
agn<Xl'CI ··~
Kpk~
la palabra rusa 'krysha'
(tejado) leida adecuadamente
'Algo tachado...
No ~toy seguro de lo que es
circulos divertidos una especie
de mesa

Fig. 27. - Percepción de figuras tachadas por pacientes con agnosia óptica.

El paciente con agnosia visual es, naturalmente, incapaz no sólo


de percibir formas visuales completas sino también de dibujarlas. Si
se le enseña a dibujar un objeto, será incapaz de representarlo en su
totalidad y podrá sólo dibujar (o, más exactamente, sólo podrá repre-
sentar) sus partes individuales, dando así esencialmente una lista vi-
sual de todos los detalles cuando un sujeto normal dibujaría la ima-
gen completa. Una serie de ilustraciones que muestran el modo en
que tales pacientes construyen un dibujo se da en la figura 29. Las
formas más graves de agnosia visual se ven en pacientes con lesiones
en las zonas secundarias de ambos lóbulos occipitales, pero las carac-

117

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Fig. 28. - Figuras camufladas para la investigación de la agnosia óptica {a) (b)
{e) incremento del grado de "camuflaje" del dibujo (según Tonkonoqui).

terísticas de esta ruptura de la síntesis 'visual también pueden


ob- servarse claramente en pacientes con lesiones unilaterales.
Es esencial observar que la alteración de la síntesis visual
que aparece en lesiones de las zonas secundarias del córtex
occipital per- manece siendo un defecto parcial y no afecta a otras
modalidades de los procesos· intelectuales de estos pacientes. Aunque
incapaces de per- cibir visualmente objetos completos, todavía los
pueden reconocer por el tacto, tienen poca dificultad en desempeñar
operaciones intelec- tuales complejas, comprenden el significado de
cuentos, pueden usar
· relaciones lógico - gramaticales, verificar cálculos, etc. Los
mecanis- mos fisiológicos yacentes en la base de estas alteraciones
de la per- cepción visual aún no son comprendidas adecuadamente;
sin embar- go, un grupo de hechos permite un sustancial progreso
de este campo.
El neurólogo húngaro Bálint, ya en 1909, hizo una observacíon que

118
Espécimen Camello

Copia 1
hombre

ojo
e
,;(/brazo

espalda

- pa121s

Fig, 29. - Dibujos de pacientes con agnosia óptica,

arrojó considerable luz sobre los mecanismos en la base de estas al-


teraciones de la gnosis visual. Al observar un paciente con una lesión
bilateral de las zonas anteriores del córtex occipital (en su límite con
la región parietal inferior) encontró que este paciente presentaba una
definida y clistintiva disminución en su campo de percepción visual.
Esta alteración difería de los casos de contracción del campo visual
que aparecían en las lesiones del tracto óptico o de las zonas prima-
rias del córtex visual en el hecho de que se medía en unidades de sig-
nificado más que en unidades de espacio; este paciente sólo podía ver
un objeto a la vez a despecho de su tamaño (tanto si era una aguja
como un caballo), y era completamente incapaz de percibir dos o más
objetos simultáneamente. Observaciones similares fueron hechas
posteriormente por Holmes (1919) y por Hécaen, Ajuriaguerra y Mas-
sonet (1951), y han sido estudiadas en detalle en investigaciones ex-
perimentales especiales (Luria, 1969a; Luria, Pravdina - Vinarskaya y
Yarbus, 1961).
Estas observaciones han mostrado que, de hecho, los pacientes de
este tipo son incapaces de percibir dos objetos simultáneamente, espe-
cialmente si se les presentan durante un tiempo muy breve (usando
un taquistoscopio) y si no hay oportunidad para un cambio del enfo-
que. No pueden situar un punto en el centro de un círculo o de una
cruz porque sólo pueden percibir el círculo (o la cruz), o la punta del

119
a

trazar una 1 inea trazar una línea


alrededor del triángulo alrededor del circulo

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b

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. ~~J~~.....
f::\ ffi es difícil. No puedo ver
~~H-~

i'! ~
Y.J '(.)a la vez el lápizy el _'.¿ ~
circulo. Mi mano no va
donde yo quisiera
l ~
que fuese

d{jXb
Fig; 30. - Alteración de las coordinadas óptico-motoras en casos de agnosia simul-
tánea (a) rodeando un dibujo; (b) escribiendo.

''

120
lápiz a un tiempo; no pueden trazar la silueta de un objeto o unir los
rasgos cuando escriben; si ven la punta del lápiz pierden la línea, o si ven
la línea no pueden ver la punta del lápiz (fig. 30). A causa de este
estrechamiento funcional del campo visual y su limitación a un objeto, este
fenómeno ha sido denominado agnosia simultánea. La altera- ción que
acompaña la coordinación óptico - motora (o ataxia de en- foque) se
explicaba bajo la suposición de que en vez de los dos puntos excitados
presentes en cada campo visual normal (uno en el centro del campo,
reflejando _la información que llega al sujeto, y el otro en la periferia del
campo visual, dando información de su relación con los objetos visuales
periféricos y evocando un reflejo orientador, que conduce a un cambio
organizado en el enfoque), sólo permanece un punto de excitación en su
campo de visión, y el segundo (el periférico), que dirige el movimiento
potencial del enfoque, ha desaparecido. Este estado de cosas se ha
verificado en experimentos q~e registraban los movimientos oculares de
tales pacientes cuando examinaban una for- ma geométrica particular
(Luria, Pravdina- Vinarskaya y Yarbus, 1961), donde estos movimientos
oculares, a diferencia del sujeto normal,
eran gravemente desorganizados y atáxicos (fig. 31 b ). -
' '
Este síndrome ha sido sujeto a un análisis experimental intensivo.
Pribram ( 1959a) ha demostrado que los monos a los que se les han
extirpado los giros temporales inferiores, responden a un número me-
nor de entre una formación de objetos que se les presentan simultá-
neamente. Butters (1970) ha demostrado que este defecto se extiende
a las características que acompañan a las figuras complejas: los mo-
nos normales es menos probable que sean perjudicados cuando se su-
prime alguna característica. Pribram y sus colaboradores (Spinelli
y Pribram, 1967; Gerbrandt, Spinelli y Pribram, 1970) han desarrolla-
do experimentos fisiológicos para probar que este efecto es debido
a alteraciones de la atención por medio de un mecanismo corticófugo
desde el córtex temporal inferior que influye sobre el proceso visual.
En sus "Miércoles Clínicos", Pavlov discutió hechos de una natu-
raleza similar descritos originariamente por Pierre Janet. Dio una in-
terpretación fisiológica a este fenómeno, sugiriendo que las células del
córtex occipital (visual) de este paciente estaban tan debilitadas por
el proceso patológico, que "son incapaces de afrontar simultáneamente
dos estímulos, que un punto de excitación ejerce un efecto inhlbidor
sobre el otro punto de excitación, haciéndole así inexistente en apa-
riencia" (Pavlov, 1949b).
Sobre la base de esta hipótesis he sugerido que si los procesos
excitadores pueden fijarse en el córtex occipital afectado mediante una

121
A

B

Fig. 31. - Movimientos oculares durante el examen de (A) imágenes complejas


Y (B) formas geométricas: (a) en un sujeto normal (b) examinando una esfera Y
un busto; paciente con agnosia simultánea (e) (d) (examinando las mismas figuras).

122
inyección de cafeína, debería obtenerse una sustancial mejora en el
proceso de la percepción visual (con tal de que la lesión del córtex
occipital sea de carácter parcial). Tests de esta naturaleza llevados a
cabo sobre un paciente con una herida de bala bilateral en las zonas
anteriores de la región occipital dieron, precisamente, este resultado.
Tras una inyección de 0,05 ml. de una solución de cafeína al 1 % el
paciente era capaz de percibir dos (y en algunos casos tres) objetos '
simultáneamente durante un cierto período de tiempo (de 30 ó 40 mi-
putos, la duración del efecto de la cafeína) y las características de ata-
xia visual desaparecían (fig. 32) (Luria, 1959a).
Los hechos descritos hasta aquí todavía no contestan directamente
la cuestión de los mecanismos fisiológicos de toda alteración de la
percepción visual. No obstante, hay razones para suponer que en algu-
nos casos de agnosia visual clásica, en los que el paciente todavía
puede percibir formas simples, tales como una bola, pero es incapaz
de identificar dibujos completos, existe también un estrechamiento de
percepción visual hasta un criterio único y es esto lo que hace impo-
sible el reconocimiento de estructuras visuales complejas.
Se admite que hay razón para suponer que los mecanismos descri-
tos anteriormente se refier P.n a aquellas form~~ do agnoci~ q-uo fueron.
descritas originariamente por Lissauer (1898) como "ceguera mental
aperceptiva", y que existen otros casos, que el mismo neurólogo des-
cribió con el término "ceguera mental asociativa", en los que el pa-
ciente continúa percibiendo todo el cuadro visual pero es sencillamente
incapaz de reconocerlo y de determinar su significado; pero los me-
canismos de este estado son todavía desconocidos. Cuando discuta
la alteración de las representaciones visuales en lesiones de las regio-
nes temporo - occipitales del cerebro, tendré la oportunidad de ade-
lantar un cierto número de sugerencias para la calificación psicológica
de este hecho.
La alteración de la percepción compleja que resulta de las carac-
terísticas neurodiná.micas de las lesiones patológicas de las zonas cor-
ticales secundarias, que conducen a la alteración de las síntesis afe-
rentes y al estrechamiento del grado de percepción, no se limita a los
fenómenos de agnosia visual que aparecen en lesiones de las zonas
occipitales secundarias. Fenómenos similares pueden ocurrir en la per-
cepción táctil de pacientes con lesiones de las zonas secundarías del
córtex parietal. Estos fenómenos han sido descritos a menudo por los
neurólogos como asimbolia táctil (Wernicke, 1894), como agnosia táctil
parietal (Nielsen, 1946), o como una alteración de la síntesis de las
sensaciones táctiles que conduce a defectos de la percepción táctil de

123

o •
. •·"

antes de la inyección de cafeina

o
30 minutos después de la inyección de caíeoa

Fig, 32. - Experimento que consiste en dibujar una línea alrededor de una figura
y situar un punto en el centro de una figura.

-Desaparición de los signos de ataxia óptica en un paciente con una herida bilateral
en las zonas anteriores de la región occipital después de la inyección de cafeína
(test que incluye el emplazamiento de un punto en el centro de un crrcuio y aé una
cruz. y trazado de contornos): (a) antes de Ja inyección de cafeína; (b) 30 minutos
después de la inyección de cafeína.

la forma o, en otras palabras, a la amorjosintesis (Denny- Brown et


al., 1952).
En todos estos casos, que muestran una alteración de la capacidad
a distinguir la forma por el tacto, conocidos en la medicina clínica
como astereognosis, el defecto básico evidentemente no es una forma
especial de alteración de los procesos simbólicos, sino la incapacidad
de llevar a cabo la "sumación de impresiones espaciales" (Denny-
Brown y Chambers, 1958);o un -defecto de la síntesis de sensaciones
táctiles individuales, una forma especial de estrechamiento del grado
de percepción táctil que se desarrolla como resultado de la inhibición
mutua de puntos de excitación separados del córtex sensorial general
asociados con un estado patológico de las zonas parietales secunda-
rias. Esta hipótesis todavía requiere una especial verificación experi-
mental, pero no se puede discutir que el estrechamiento patológico del
grado de percepción que aparece en lesiones de las zonas corticales
secundarias es una de las reglas generales que pueden explicar los
importantes cambios en la percepción que se desarrollan en estos
casos.

124
Los fenómenos de agnosia visual asociados a lesiones de las zonas
occipitales secundarias no siguen siempre exactamente el mismo curso,
Y se han registrado descripciones clínicas de otros tipos de alteracio-
nes de la percepción, dependientes de la localización de la lesión.
He señalado anteriormente que la transición de las zonas primarias
del córtex a las secundarias obedece a las leyes de especificidad modal
decreciente y lateralización creciente de las formas de organización de
la actividad mental conectada con estas zonas. Mientras que la pri-
mera de estas leyes implica que las funciones de las zonas corticales
secundarias pierden el carácter de proyección somatotópica de las
estructuras sensoriales correspondientes, la segunda ley tiene como
resultado que las zonas secundarias del hemisferio izquierdo ( domi-
nante) difieren sustancialmente en el carácter de su actividad de las
zonas secundarias del hemisferio derecho (no dominante). Como
prueba de estas diferencias, las zonas corticales secundarias del he-
misferio izquierdo conservan su íntima conexión con el lenguaje,
mientras que las zonas corticales secundarias del· hemisferio derecho
no poseen esta conexión.
Este estado de cosas se refleja claramente en el carácter de la agrio-
sia: visual que aparece en lesiones de las zonas secundarias de las
regiones occipitales derecha e izquierda. Una lesión de las zonas se-
cundarias de la región temporal del hemisferio izquierdo (dominante)
causa muy a menudo una alteración del reconocimiento de letras y
una correspondiente alteración de la lectura (alexia óptica): el pa-
ciente, bien no puede reconocer las letras en general, o bien confunde
letras de contorno similar (por ejemplo, N y M o H y K), no puede
reconocer letras más complicadas (tales como G o Q), y por tanto es
incapaz de leer. También puede aparecer dificultad en el reconoci-
miento de objetos visuales complejos, pero algunas veces es relativa-
mente menos pronunciada.
Las lesiones de las zonas correspondientes del hemisferio derecho
(no dominante) dan lugar a la aparición de un cuadro diferente. En
estos casos, la alteración del reconocimiento de letras es mucho me-
nos marcado y algunas veces es totalmente ausente. En lugar de ello,
la percepción visual directa está mucho más seriamente alterada,
y, en particular, pueden presentarse signos de agnosia para los obje-
tos. En las lesiones de las zonas occipitales derechas, una caracterís-
tica particularmente conspicua es el síntoma de agnosia para los ros-
tros o prosopagnosia (Potzl, 1937; Faust, 1947; Bodamer, 1947; Hécaen
y Angelergues, 1963; Chlenov y Bein, 1958; Bomstein, 1962; Kok, 1967).
Los pacientes con este síntoma ni siquiera pueden reconocer rostros

125
muy familiares, no pueden identificar un retrato que se les muestra,
y frecuentemente sólo reconocen a un amigo p<;>r su voz y no por la
impresión visual directa. Todavía no conocemos los mecanismos fisio-
lógicos de este defecto, pero también debe ser una alteración de la sín-
tesis de las características que distinguen a una persona de otra, en
este caso sin ninguna participación de los códigos lógicos de los len-
guajes.
Algunas formas de alteración de la percepción visual que aparecen
en lesiones del hemisferio derecho son de carácter muy distintivo y
pueden servir como evidencia fidedigna para el diagnóstico tópico de
la lesión. En estos casos, el paciente no muestra ninguno de los signos
de estrechamiento de la percepción visual o de incapacidad para sinte-
tizar características individuales en una imagen visual completa; di-
buja objetos o cuadros que se le han mostrado, sin dificultad; el de-
fecto básico yace en su identificación incorrecta o en la atribución
de. la pertenencia incorrecta. Una paciente de este tipo, por ejemplo,
incluso reconoció una mantilla y pudo distinguir las flores bordadas
sobre ella, pero no lo reconoció como suyo e ímpotentemente pre-
guntó: "¿De quién es esta mantilla?". Otra paciente, con una extensa
lesión atrófica en la región occipital derecha, cmmrln <:P. lP. mostró una
foto de algunos soldados en un tanque exclamó: "Hombre, desde lue-
go, es toda mi familia, mi marido, hijos y hermanos».
Los mecanismos internos de estas alteraciones de la memoria per-
manecen inexplicables; lo único que está claro es que el paciente no
es consciente de su defecto (que existe contra el fondo de la anosogno-
sia) v no hace ni un esfuerzo para identificar un grabado que se le
muestra o para corregir sus errores. Estudiaremos estos defectos de
nuevo más adelante cuando tratemos las perturbaciones mentales que
aparecen en lesiones del hemisferio derecho.

126
Las regiones
:IV.
temporales
y la organización de la
percepción auditiva

Hemos examinado la organización de las regiones occipitales del


cerebro y su papel en la formación de la percepción visual. Ahora exa-
minaremos de la misma manera la organización funcional de las re-
giones temporales y su papel en el análisis y síntesis auditivas.
Corno ya mencioné, la organización funcional de cada zona modal-
mente específica del cerebro (visual, auditiva, táctil) conserva ciertas
características comunes y, a pesar de las diferencias asociadas con
su modalidad particular, se construye de acuerdo con el mismo prin ..
cipio. Vamos ahora .zl~~onsidcraJ. la uq~aalL.a.dúnrurrcronar uei cor iex
temporal (auditivo) con may<?rdetalle.

Zonas primarias del córtex temporal


y funciones auditivas elementales
El córtex auditivo ocupa la porción lateral (convexa) de la región
temporal del cerebro y, como en el caso de la región visual (occipital),
se divide en zonas auditivas primaria (de proyección) y secundaria.
La vía auditiva que conduce los impulsos acústicos tiene su origen en
el órgano de Corti, en la cóclea del oído interno. Las partes particula-
res de este órgano resuenan evidentemente ante las ondas sonoras
de diferente tono y las fibras nerviosas que transmiten estos impulsos
conservan su carácter organizado, sornatotópico. Recorren la vía au-
ditiva, se decusan parcialmente en el lemnisco medio, sinaptan en el
cuerpo geniculado medio y terminan en las zonas primarias (de pro-
yección) del córtex auditivo, en el giro transversal de Heschl.
Una característica común a la organización de estas zonas de pro-
yección del sistema auditivo con la del córtex visual es que esta zona
cortical tiene también una estructura somatotópica, en la que las fi-
bras que transmiten la excitación producida por tonos altos están en

127
las porciones mediales y las que transmiten la excitación producida
por tonos bajos están en las porciones laterales.
La organización de las zonas de proyección .del córtex auditivo di-
fiere del córtex occipital (visual) en que hay una representación incom-
pleta de cada oído (o de algunas fibras auditivas) en un hemisferio
(el opuesto).
Los fibras de cada órgano de Corti están representadas en ambas
zonas de proyección del córtex auditivo y ·están simplemente repre-
sentadas de forma predominante en el hemisferio opuesto. Por esta
razón son muy raros los casos de sordera completa central lo cual
sólo puede ocurrir en caso de lesión en ambos giros de Heschl.
Las lesiones unilaterales del giro de Heschl están compensadas de
tal modo por el otro giro intacto, que pasó mucho tiempo hasta que
pudieron descubrirse clínicamente los síntomas precisos para el diag-
nóstico de estas lesiones unilaterales del córtex auditivo primario.
Sólo recientemente, como resultado del trabajo del eminente fisiólogo
siviético Gershuni (1968) y de Karasseva y Baru (Karasseva, 1967;
Baru- Karasseva, 1970),ha podido obtenerse una información sustan-
cial acerca de la forma de trabajo de estas panes ue la 1c~úu Lcw-

poral y se han identificado síntomas fiables para el diagnóstico de


estas lesiones.
En estos-experimentos se le presentaban al sujeto tonos de 1000 Hz
y diferente duración (1, 2, 4, 45, 120 y 1200 ms) y se midieron los um-
brales de discriminación. Para ello, los sonidos se presentaron ini-
cialmente a intensidades de 1, 5, 10, 15 ... 45 y SO dB hasta que el
umbral estaba próximo, y entonces las intensidades se variaban
en 1 dB cada vez. Los umbrales de discriminación tonal se registra-
ron monoauralmente (cada oído por separado). Estas investigaciones
mostraron que el córtex temporal proyectivo no sólo transmite 1a
excitación auditiva al córtex, sino que también prolonga y estabiliza
su acción, haciéndola de carácter más constante y sujeta a control.
Ésta es la razón por la· cual, aunque las lesiones unilaterales de las
zonas audí ti vas primarias del córtex y zonas adyacentes no producen
pérdida total del oído y no reducen la agudeza de percepción auditiva
"de los sonidos corrientes, se observaron signos de alteración de la
sensibilidad de la percepción auditiva o, en otras palabras, un incre-
mento en el umbral de sensación auditiva si se le presentaban al su-
jeto sonidos ultracortos con una duración de sólo 1-5 ms. Cuando
se les pasó el test en estas condiciones, los .pacientes con una lesión
unilateral de las zonas temporales superiores mostraron una deter-
minada elevación en el umbral de sensación auditiva en el oído opues-

128
~ 60

40.

30

1200

duración de la señal CmsJ

.._ ·-··

ID
-o
JO
G)
.,
-;¡;
..o
E
::> 30

10

1·2 2 4·5 14 45 120 1200

duración de la sei\al CmsJ

o----0: oído ipsilateral


a----d ~o cootralateral

Fig. 33. - Cambios en el umbral de percepción auditiva de tonos de duración


diferente; (a) en un sujeto normal; (b) paciente con lesión unilateral de las zonas
temporales superiores (según Karasseva).

129

9-C. A.
to, y éste era virtualmente, a veces el único síntoma en el que podía
basarse el diagnóstico tópico de la lesión (fig. 33).
Este es un hecho de la mayor importancia, y 'continúa siendo para
todos los intentos y propósitos el único hecho disponible que caracte-
riza la función de las zonas primarias del córtex auditivo.

Zonas secundarias del córtex temporal


y funciones acústico - gnósticas

Como dije antes, las zonas secundarias del córtex auditivo (que en
el hombre ocupan las porciones laterales convexas del lóbulo tempo-
ral, correspondientes al área 22 de Brodmann y parte del área 21)
tienen la misma estructura que las zonas secundarias de otras áreas
sensoriales. Están constituidas predominantemente por las capas cor-
ticales 11 y 111, la mayor parte de las cuales se componen de células
con axones cortos, mantienen su carácter específico - modal (auditivo)
pero no son de estructura somatotópica; la excitación evocada en ellas
se extiende sobre áreas mucho más amplias que la excitación de pun-
tos individuales del córtex primario; finalmente, la estimulación eléc-
trica de estas zonas en el paciente en la mesa de operaciones (Pen-
field y Jaspers, 1959) evoca sensaciones auditivas mucho más locali-
zadas (sonidos musicales, voces, etc ... ). Estamos, pues, en condiciones
de comprender los hechos obtenidos a partir de la observación de
los cambios que suceden en los procesos auditivos en pacientes con
lesiones locales de las zonas secundarias auditivas.
Originalmente, los experimentos de Pavlov mostraron que una le-
sión del córtex temporal en un animal no causa la pérdida del oído
pero altera la capacidad del animal para formar reflejos diferenciales
ante estímulos acústicos combinados (Elyasson, 1908; Kryzhanovsky,
1909; Babkin, 1910; Kudrin, 1910). Resultados similares se han obte-
nido más recientemente por investigadores americanos (Butler, Dia-
mond y Neff, 1957; Goldberg, Diamond y Neff, 1957) quienes mostra-
ron que después de la extirpación del córtex temporal, el animal pue-
de todavía distinguir sonidos simples pero no puede diferenciar com-
binaciones de sonidos.
En el hombre, -con las zonas secundarias de su córtex auditivo ca-
racterísticamente bien desarrolladas, estos fenómenos naturalmente
se manifestaron con mucha más claridad, y ciertas investigaciones
(Traugott, 1947; Kaidanova, 1954, 1967; Babenkova, 1954; Kabelianska-
ya, 1957) mostraron que en pacientes con lesiones muy pequeñas en

130
16

2
., - = 10

-=
-=- -
--
8

S G
m=.s
N Kh B-V
1 .!.
M
El
diferenciación de un grupo con llUliO
miembros medios traspuestos

•. anáDsia auditivo
· de antirisis
diferenciaci6n
auditivo
11 sin fonnación
- análisis visual

-- l
7

1 1
S G N Kh B-V M
diferenciación de una palabra de IJtl
sonido sntaar 11 la palabra "llciiva •

E!.
~ 1 1

- - 1 1


2

Fig, 34. -
8
afasia cortical
V G N
- 1
Kh
afasia

Alteración de la diferenciación auditiva en pacientes con lesiones en la


B-V
transcortical
M

región temporal izquierda (según Kabelyanskaya).

las zonas secundarias de la región temporal izquierda la habilidad para


distinguir sonidos simples estaba intacta, la diferenciación de sonidos
simples estaba sólo ligeramente dañada, pero la diferenciación de
combinaciones de sonidos era virtualmente imposible (fig. 34).
Se obtuvieron resultados similares en un estudio especial de dife-
renciación entre grupos de 2 ó 3 tonos de alta frecuencia y diferencia- ción
de ritmos acústicos complejos en pacientes con unas lesiones en el córtex
temporal. Si se presentaban series rítmicas de golpes de forma rápida
a estos pacientes eran incapaces de distinguirlos o re- producirlos
(Semernitskaya, 1945).
Estos hechos muestran concluyentemente que las zonas secunda-
rias del cártex auditivo juegan un papel vital en la diferenciación de

131
grupos de estímulos acústicos presentados simultáneamente y tam-
bién de series consecutivas de sonidos de dif e_rente tono o estructu-
ras acústicas rítmicas.
También reflejan un aspecto esencial, aunque no el más importante,
del trabajo de las zonas secundarias del córtex temporal humano. Su
importancia estriba en el hecho de que constituyen el instrumento
fundamental para el análisis y síntesis de los sonidos del lenguaje,
cualidad que distingue la audición humana de la audición animal.
El habla humana, que se organiza en ·UD sistema fonético del len-
guaje, usa sonidos de tipo especial, y la agudeza auditiva por sí sola
no es suficiente para distinguirlos. Los sonidos del lenguaje constitu-
yen un sistema en el que sólo ciertas características son esenciales
para la diferenciación del significado de las palabras, mientras que
otras no poseen este papel. Para una persona que hable ruso no tiene
importancia si la palabra "more" se pronuncia con una "o" corta o
larga: el significado de la palabra no queda afectado en ningún sen-
tido; por otra parte si un alemán tuviera que pronunciar "Satt" como
"Saat", "Saadt", corno "Staat" o "HiittP." ~º~º "Hütte" daría un
significado completamente distinto a la palabra. Lo mismo ocurre con
ciertas consonantes que difieren en sus características fricativas; es-
tas distinciones no son de importancia en ruso o en alemán, pero
en inglés las palabras •1vine" y "Wine" tienen significados completa-
mente distintos.
Los sistemas fonémicos de las distintas lenguas difieren muy con-
siderablemente y rasgos que se encuentran en algunas lenguas no exis-
ten en otras. Quizá los mejores ejemplos son aquellos de dureza y
suavidad (designados por ') o de énfasis y ausencia de énfasis en el
idioma ruso, cuando las palabras pyl' y pyl y byl y byl' y también las
palabras byl y bil' o zámok y zamok presentan significados totalmente
diferentes, mientras que tales diferencias entre sonidos no tienen sen-
tido y, en consecuencia, no se encuentran en las lenguas de la Europa
occidental. Por otra parte, características tales como el grado de aper-
tura de una vocal, que cambian el significado de una palabra en fran-
cés; en el que las palabras "le", "les" y "Iait" tienen diferentes soni-
dos, y por consiguiente, diferentes significados; no serían aprecia-
dos por un ruso, en cuyo idioma estos sonidos no se distinguen.
Estas diferencias son todavía más aparentes en ciertas lenguas cau-
cásicas (georgiano, por ejemplo) cuyos elementos de aspiración, que
son imperceptibles en las lenguas indoeuropeas, alteran el significado
de las palabras. Por ejemplo, las palabras "Kari = puerta y K'ari =
= viento, y "Puri" :. . . . pan y "P'uri" = búfalo hembra, se pronuncian
132
completamente diferentes. Las características fonéticas de las llama-
das lenguas tonales, que son completamente extrañas a los idiomas
occidentales, son igualmente notables: en chino, por ejemplo, las pa-
labras m, = comprar y mª = vender nos suenan completamente igual,
como también las palabras vietnamitas ta= yo, tá = 1 docena, ta =
= ser malo, Ta - describir, y t, - 1 picul (100 Kgrs.), o también, rna =
=un fantasma, ma- te cuento, má =madre, ma =grave, fila= apa-
riencia externa y rná = semillas de arroz.
Todo~ estos hechos demuestran que los sonidos del habla o fone-
mas se organizan en una secuencia particular que depende del siste-
ma [anémico del lenguaje, y que en orden a distinguir estos sonidos
del habla es necesario codificarlos de acuerdo con este sistema, para
extraer las características fonérnicas útiles (o diferenciadoras de sig-
nificado) y separarlas de rasgos sin importancia que no participan
en la diferenciación del significado de la palabras y que se conocen
como "variantes". Detallados informes de Jos principales sistemas fo-
némicos de lenguaje, que usan sistemas de oposiciones (tales como "b"
Y "p", "d" y "t") han sido dados por eminentes lingüistas como Trou-
bezkoi y Jakobson (Jakobson y Halle, 1956) y estas descripciones ahora
constituyen las bases esencíaíes para la comprensión de las leyes que
gobiernan la percepción de los sorrldos c.lel Irabta Irurrrarra.
Es un hecho esencial que las zonas secundarias del córtex tempo-
ral y, debido a la ley de lateralización progresiva, el córtex temporal
del hemisferio izquierdo dominante están especialmente adaptados
para el análisis y la síntesis de los sonidos del habla o, en otras pa-
labras, para la audición cualificada del lenguaje.
El trabajo de los neuroanatomistas (Blinkov, 1955) ha mostrado
que Jas zonas secundarias del córtex temporal están unidas por nu-
merosas conexiones en forma - de - U, con la región inferior de las áreas
postcentral y premotora o, en otras palabras, con todos los sistemas
cerebrales concernientes a la producción de lenguaje articulado (fi-
gura 35). Dicha región puede así participar en el sistema de la organi-
zación cerebral del lenguaje y, en particular, puede distinguir aquellos
signos fonémicos sobre los que se construyen los sonidos del len-
guaje.
Por lo tanto, no es sorprendente descubrir que en las lesiones lo-
cales de las zonas secundarias del lóbulo temporal izquierdo del hom-
bre se pierde la capacidad para distinguir claramente los sonidos del
lenguaje y el paciente desarrolla un fenómeno denominado con el tér-
mino agnosia acústica o, en base a alteraciones del lenguaje, por el
más ampliamente conocido término de afasia sensorial.

133
-.

Fig. 35. - Conexiones de las zonas secundarias de la región temporal con las zonas
postcentral Y premotora {según Blinkov), Mapa sináptico de las conexiones de haces
individuales de fibras entrando por el fascículo longitudinal superior (arqueado). Un
número idéntico en las superficies de las áreas cerebrales correspondientes denotan
las conexiones de cada haz de fibras con el córtex: (a) conexiones entre el giro tem-
poral y el frontal inferior; (b) conexiones entre el lóbulo temporal y el giro precental.

Los pacientes con dichas alteraciones retienen su agudeza auditiva


y, como han mostrado investigaciones especiales (Frankfurter y Thiele,
1912: Bonvicini, 1929; Katz, 1930), no presentan ninguna pérdida par-
cial de tono en ninguna parte de la escala. La percepción de sonidos
asociados con objetos (el tintineo de los platos, el sonido de Y.!1 cris-
tal) también permanece intacto. Sólo se prcccntan import~t:c '11tQ-
raciones cuando tienen que distinguir entre los sonidos del lenguaje.
En lesiones masivas del lóbulo central izquierdo todos los sonidos del
lenguaje se perciben como un ruido inarticulado (el murmullo de un
riachuelo, el susurro de las hojas); en lesiones más localizadas este
defecto asume formas menos marcadas, y los pacientes son sólo inca-
paces de distinguir entre fonemas muy similares "oposicionales" y
"correlacinantes" que difieren tan sólo en una característica (por ejem-
plo la resonancia), pero pueden detectar claramente la cualidad del
timbre y entonación del lenguaje. Se puede ver fácilmente este defecto
pidiendo al sujeto que repita pares de fonemas oposicionales tales
como d- t, b - p, or s - z: Los pacientes de este tipo tienen dificultades
considerables para hacerlo y ellos repiten "ba- pa" como "pa-pa" o
"ba - ba" y aunque son conscientes de algunas diferencias son incapa-
ces de evitarlo. Estas perturbaciones se encuentran solamente en le-
siones de las zonas secundarias de la región temporal y las zonas ad-
yacentes y no se encuentran en ningún otro sitio; así proporcionan
unas bases dignas de confianza para el diagnóstico tópico de lesiones
locales en las zonas correspondientes.
Es interesante que las alteraciones de audición fonémica que son
resultado directo de una lesión en las zonas secundarias del córtex
temporal, en virtud de la ley de lateralización creciente se originan

134
~
100 ~
O)

90
80

70
60
50
40
3
20
10

Fig. 36. - Alteración de la audición fonémica en lesiones de la región temporal


izquierda (esquema basado en la investigación de ochocientos casos) (según Luria).

sólo en las lesiones de la regton temporal izquierda, y no se encuen-


tran nunca en lesiones del lóbulo temporal derecho. Por esta razón, las
lesiones en el lóbulo temporal derecho, el cual no está en contacto con
el sistema del lenguaje, pueden o bien permanecer asintomáticas o
bien producir sólo perturbaciones de percepción de combinaciones
rítmicas complejas o combinación de sonidos de diferentes frecuen-
cias y se manifiestan algunas veces como alteraciones para escuchar
música, llamándoseles amusia sensorial. Estas diferencias entre las
funciones de las regiones temporales izquierda (dominante) y de-
recha (no dominante) se hallan entre las diferencias fundamentales
observadas en la organización funcional de los sistemas corticales y
tienen importantes consecuencias para la facilitación del curso de los
procesos mentales.

135
•·

La alteración de la audición fonémica y los fenómenos de agnosia


acústica son solamente una parte (aunque la parte principal) del sín-
drome producido por lesiones de las zonas secundarias del lóbulo
temporal izquierdo. Si la lesión distorsiona el funcionamiento normal
de aquellas partes del córtex auditivo secundario en el hemisferio iz-
quierdo que están más distantes de las zonas auditivas primarias y
ocupa la región del centro del giro temporal (o está localizada en el
fondo del lóbulo temporal izquierdo), la audición fonémica puede per-
manecer intacta o alterarse relativamente poco, y el defecto asumir
la forma de una alteración de la memoria audioverbal o de alteraciones
distintas acústico - mnésticas. El rasgo principal es que el paciente
no puede retener una serie corta de sonidos, sílabas o palabras en su
memoria, sino que comienza a confundir su orden, o señala que algu-
nos de los elementos de las series que se le han presentado simple-
mente desaparecen de su memoria. Si a tal paciente se le presentan
unas series de 3 ó 4 sílabas (BU -RA-MI o KO- NA-FU - PO) o una
serie del mismo número de palabras (casa - bosque - silla o noche -
gato-roble-puente) es incapaz de repetir más de una o dos de ellas
y algunas veces sólo la primera o la última; dice que no puede guar-
dar el resto en su memoria o que se ha "olvidado". Esta aíteracion to-
davía es de carácter modalmente específico, y si al mismo paciente se
le presentan un grupo de figuras dibujadas o de palabras escritas será
capaz en cambio de recordarlas bastante bien (Luria y Rapoport, 1962;
Klimkovsky, 1966)-
Un análisis más estricto de este fenómeno muestra que esta altera-
ción de la memoria audioverbal se basa en la inhibición mutua incre-
mentada de huellas auditivas, un defecto característico de un estado
patológico del córtex temporal (Luria, Sokolov y Klimkovsky, 1967b) y
de tipo similar al fenómeno que hemos observado previamente en ca-
sos de afasia óptica simultánea, llevando a la distintiva reducción de
la gama de percepción acústica sucesiva. Esta· hipótesis puede ser
confirmada si las series de elementos acústicos se presentan a inter-
valos más largos y, por tanto, reduciendo el efecto mutuo inhibitorio
de elementos cercanos. En tales casos como Tsvetkova (en una investi-
gación no publicada) ha mostrado, las huellas de cada estimulo acús-
tico tienen tiempo suficiente para consolidarse, y así las series acús-
ticas correspondientes pueden ser retenidas adecuadamente.

136
Efecto sistémico de las perturbaciones de la audición
del lenguaje en lesiones de las zonas secundarias
de la región temporal izquierda

Las alteraciones de audición fonémica y de memoria audioverbal


producidas por una lesión de las zonas secundarias del lóbulo tempo-
ral izquierdo tienen un carácter parcial y de modalidad específica y,
en virtud de la ley de "doble disociación", dejan intactas las otras fun-
ciones alteradas por lesiones en otras situaciones. Éstas incluyen las
funciones ·de percepción visual, comprensión de las relaciones lógico -
gramaticales, operaciones matemáticas, etc. Sin embargo, algunos
proceso psicológicos complejos son seriamente alterados bajo estas
condiciones y estas alteraciones, estrechamente conectadas con alte-
raciones de audición del lenguaje, son de carácter secundario o sistémi-
co. Estas alteraciones incluyen desarreglos en la comprensión del ha-
bla, en la denominación de objetos y en el recuerdo de las palabras y
alteraciones distintivas de escritura a las que se debe prestar especial
atención.
La pérdida de la capacidad para distinguir entre fonemas que sue-
nan muy próximos lleva inevitablemente a la dificultad en la com-
prensión del lenguaje hablado, o, como nosotros llamamos normal-
mente a este defecto, a la alienación del significado de las palabras.
Las palabras en lengua nativa, cuya composición fonémica no puede
ser percibida con diferenciación adecuada, tampoco pueden ser com-
prendidas con claridad. Por ejemplo, si la palabra "goles" (voz) le
suena al paciente algunas veces "kolos" (una espiga de trigo), otras
como "kholost" (soltero), otras "kholst" (tela), naturalmente ya no
será capaz de comprender su significado y su actitud hacia las pala-
bras de su lengua nativa comenzará a parecerse a su actitud hacia
palabras en lengua extranjera. Éste es el síntoma básico de lo que
ahora se conoce clínicamente como afasia sensorial o acústico-gnós-
tica.
El segundo resultado de una alteración en la audición fonémica es
que, habiendo perdido el soporte necesario de un sistema fonémico di-
ferenciado del lenguaje, el paciente encuentra dificultades para nom-
brar objetos y para recordar. las palabras necesarias, cometiendo erro-
res en ambos casos, mezclando fonemas estrechamente relacionados.
En lugar de la palabra "kolos" dirá cosas como "Déjeme ver ... k.horts ...
gorst ... khoros ... kóros ... ", etc. Es característico que sugiriendo la
primera silaba en estos casos no se ayuda al paciente, y sin un pre-
ciso sistema de fonemas no puede aprovecharse de ello. Por ejemplo,

137
en un intento para encontrar la palabra "rascheska" (peine) uno de
tales pacientes no respondió al apuntarle con "ras..; rasche... ras-
ches" ... Esta incapacidad para aprovecharse al apuntarle el comienzo
de las palabra, lo cual se explica por la imprecisión del sistema fo-
némico del paciente, es un importante rasgo accesorio para el diag-
nóstico tópico de lesiones del lóbulo temporal izquierdo.
El tercer resultado del defecto fundamental es una alteración del
habla del paciente. Siendo incapaz para encontrar un soporte en el
sistema fonémico del lenguaje y mostrando un defecto en la estabílí-.
dad de los ragos acústicos, tal paciente no puede naturalmente com-
prender un lenguaje coherente y sus expresiones espontáneas asumen
el carácter de un conjunto incoherente de palabras, algunas de las
cuales son muy deficientes en su estructura fonémica, mientras otras
son reemplazadas por palabras similares pero inadecuadas. Es carac-
terístico que el paciente no tiene un conocimiento claro de los defec-
tos de su propia habla coherente, y no puede desde luego corregirlos,
de forma que su conversación se convierte en lo que ha sido llamada
"ensalada de palabras", en la cual los componentes normativos (sus-
.tantivos) están casi absolutamente ausentes, y 10 umco que queui:111
son interjecciones o expresiones habituales como: "déjeme ver ... ·
cómo se ... todo lo confundo ... lo sé pero no puedo ... ", etc.
Finalmente, aunque los aspectos fonéticos y léxicos del lenguaje -
coherente de estos pacientes están enormemente alterados, caracterís-
ticamente el aspecto melódico y la entonación de su dicción, por regla
general, permanecen inctactos y con su ayuda el oyente puede com-
prender el significado del habla aparentemente incoherente del pa-
ciente. ¿Quién; escuchando un torrente de palabras como "bien, aho-
ra ... quiero decir ... así. .. nosotros ... ahora ... fuimos ... inesperada-
mente.,; ahora esto... bang..; golpe... y entonces ... nada... nada... y
desde... poco a poco... mejor todavía... completamente... y ahora ...
¿ve usted?", completamente desprovisto de sustantivos, puede supo-
ner que una persona herida en la región temporal estaba describiendo
cómo iban caminando, cómo explotó la bomba aturdiéndole, cómo
perdió la conciencia y cómo su conciencia fue recuperándose lentamen-
te, aunque su lenguaje continuaba siendo penoso?
El último resultado directo de la alteración de la audición fonémica
es la pérdida de la capacidad para escribir, característica de los pa-
cientes con lesiones en el lóbulo temporal izquierdo. Tales pacientes
no pueden distinguir el contenido acústico necesario de una palabra,
comienzan por confundir fonemas de sonido similar y no pueden ana-
lizar combinaciones complejas de sonidos (por ejemplo, varias conso-

138
escrito el dietado

(gachas) Vn<>ntaJ'lal
kasha · gora <setas> esa~
gribi zdorov'e
~ ~
<;:_ .,,.. ~
~ JJ..,..t1c
f(,c.;::4 JV>u.4 ~
gasha kara kribi storove (habitadón} O!amas por todo alrededor>
l'I> Paciente Strat 7.0 grado komnata krugomplsmya
~ .i¡.,-...,..._.
<cooombro} Cpicatnaderos>CconfabulacióMCcama> l,.OVl ~ 'rr=: ó.11a.Ml
orgurets dyatel · kombairi · kfovat gonmada grukomblame
~ 4 ~ """'- (4) Paciente Zvor, 7.0 grado
'* 'P...... .... 1 ::S .. "r"'0 r
-•
.~ ""
okurets tyatef gambeam klovad
Cestrl volando un pájaro)
<2> Paciente Os. 7.º grado letit ptitsa

<peºrni> <Jas hojas estan susun-antesl


soba ka list'ya shurshat
e°'4•
~.lh'Q ._"ot.
" " "" "' "fP"""""
.A... j i < i oj b.
fyapaga (>A'c'
- lil:da sbolssd

<3) Paciente Pavl .:>.• g~ (5) Paciente PavL 10.0 grado

Fig. 37. - Manuscrito de pacientes con lesiones en el lóbulo temporal izquierdo,

nantes juntas). Su escritura se eón-Vierte entonces en una serie de


intentos frustrados para encontrar los sonidos requeridos y las letras
componentes de la palabra, con muchas combinaciones, pero con in-
capacidad completa para escribir propiamente palabras. Un ejemplo
de las dificultades de escritura activa o escritura de dictado se mues-
tra en la figura 37 y ello está en agudo contraste con la habilidad de
los pacientes para copiar palabras presentadas a la vista.
Una excepción característica de este defecto es la capacidad del
paciente para escribir palabras familiares (por ejemplo, su firma) lo
cual no requiere el análisis de su contenido acústico y ha llegado a ser
un estereotipo motor establecido. Esta conversión de la escritura de
palabras pasa de ser un proceso que requiere un análisis acústico pre-
ciso, a ser un automatismo motor con una estructura psícoñsiológíca
completamente diferente y dependiendo de series completamente dife-
rentes de zonas corticales, y es un claro ejemplo del cambio en la es-
tructura y organización cerebral de un proceso en el curso de su de-
sarrollo funcional (Luria, Simernitskaya y Tubylevich, 1970).
Los procesos de aprendizaje están sólo parcialmente alterados en
los pacientes de este grupo. La recognicíón de estereotipos visuales
firmemente impresos como "URSS", "Moscú", "Pravda", etc., los cua-
les se han convertido de hecho en ideogramas ópticos, permanecen
inalterados en estos pacientes. Por otra parte, la lectura de palabras

139
que no hayan sido fijadas de esta manera o palabras de significación
compleja cuya percepción requiera un análisis acústico está muy al-
terada. No olvidaré nunca el caso de un hombre,"herido en la región
temporal, el cual podía fácilmente leer su apellido "Levsky" escrito
en un sobre dirigido a él, pero era completamente incapaz de leer la
palabra "Iev" (león) mucho más simple, pero que no estaba fijada en
su memoria con la misma intensidad.
He mencionado ya que la comprensión de relaciones lógicas y de
operaciones tales como los cálculos escritos pueden permanecer rela-
tivamente intactas en pacientes con lesiones en la región temporal iz-
quierda. Sin embargo, ello no significa que las operaciones de razona-
miento permanezcan completamente intactas en tales pacientes. Si
estas operaciones requieren la ejecución de un número de eslabones
intermedios, que deban ser retenidos en la "memoria operativa", los
pacientes con lesión en el lóbulo temporal izquierdo serán incapaces
de hacerlas y, aunque estos pacientes retienen su finalidad, su razona-
miento será de carácter discontinuo y fragmentario. ~sta es la razón
por la cual, aunque ellos aún pueden entender las relaciones lógicas
simples suficientemente bien, estos pacientei> piPrnP.n fácilmente la
secuencia de las operaciones, son incapaces de retener sus componen-
tes individuales y el proceso de razonamiento ordenado viene a estar
profundamente alterado (este problema es tratado con detalle en Lu-
ria, 1973).
Todos estos hechos, que han sido descritos por muchos autores
(Lur ia, 1947,1971;Bein, 1947,1964; Ombrédane, 1951 y otros) cons-
tituyen el síndrome de la afasia temporal (o sensorial) que se produce
en lesiones de las zonas secundarias de la región temporal izquierda.
Un cuidadoso análisis neuropsicológico de este síndrome nos ayudará
a comprender la contribución de la región temporal izquierda a la
construcción de los procesos mentales.

Variantes del «síndrome temporal»


Como otras partes del cerebro, la región temporal es un sistema
altamente diferenciado. Las alteraciones difieren en el grado y el ca-
rácter en que pueden presentarse, dependiendo de la localización de
la lesión (y su gravedad).
Una lesión en las zonas superiores de la región temporal izquierda
puede dar lugar a un cuadro de afasia sensorial como el que he des-
crito anteriormente. Se basa en una alteración de la audición fonérnica

140
y sus resultados secundarios (o sistémicos) son la dificultad en la com-
prensión del significado de las palabras, una perturbación al nombrar
los objetos, defectos del habla coherente, alteraciones de la escritura
y dificultades de tipo especial en la ejecución de operaciones intelec-
tuales consecutivas, cuya aparente gravedad viene determinada por el
grado en el que estas operaciones se apoyan en huellas estables y di-
ferenciadas de la memoria operativa audioverbal. Es característico el
hecho de que lesiones en el lóbulo temporal izquierdo, que producen
alteraciones sustanciales en la audición del lenguaje, no dan lugar a al-
teraciones similares en la audición musical. Esto se refleja en la in-
tegridad de los componentes de entonación y melódicos del habla de
los pacientes con afasia sensorial y en la integridad de su "cantar" 1 lo
cual está en agudo contraste con su alteración auditiva fonémica. En
casos individuales, una alteración grave de la audición del habla pro-
ducida por lesión en los sistemas de la región temporal izquierda en
un compositor de música dejó intacta la audición musical hasta tal
grado que, aunque sufriendo una grave afasia sensorial, el paciente
podía escribir intrincadas composiciones musicales (Luria, Tsvetkova
y Futer, 1965). Las alteraciones producidas por lesiones en las zonas
medias de la región témpora 1 iu111ierda. o en lecionco oituacla~ ..:.u. la~
profundidades del lóbulo temporal izquierdo y que causan la destruc-
ción del córtex auditivo sólo se distinguen secundariamente por ca-
racterísticas esencialmente diferentes.
Prolongadas observaciones (Luria, 1947, 1962, 1966a, 1971; Klim-
kovsky, 1966) han mostrado que tales lesiones conducen no tanto a
alteraciones de la audición fonémica y análisis auditivo como a mar-
cadas alteraciones de la memoria audioverbal y toman la forma de
afasia. acústico - nméstica. Estas alteraciones no se reflejan significa-
tivamente en el análisis del contenido acústico de las palabras, ni pro-
ducen en ningún grado señalado la "alienación del significado de la
palabra", y sólo en algunos casos alteraciones inapreciables 'en la es-
critura, pero, en cambio, dan lugar a alteraciones concretas de reten-
ción de series de palabras, algunas veces discernibles en tests en los
que el sujeto tiene que recordar una serie de 2 ó 3 elementos (Klim-
kovsky, 1966; Luria, 1971; Luria, Sokolov y Klimkovsky, 1967b).
·En tales casos el paciente, por regla general, retiene fácilmente una
palabra (e incluso una frase corta) y es capaz de reproducirla poste-
riormente en un intervalo de uno o dos minutos. Sin embargo, incluso
la retención de una serie corta de palabras, presentada en voz alta,

l. Traducido literalmente del inglés "sínging"; hace referencia a la entonación


musical que se confiere al lenguaje hablado. (N.T.)

141
causa una dificultad considerable y el paciente puede repetir solamente la
primera palabra, señalando que las otras se le olvidaron muy rápi-
damente, o la última palabra, cuando los primeros elementos de las
series presentadas están aparentemente olvidad~s. Observaciones es-
peciales (Luria, Sokolov, Klimkovsky, 1967a)han mostrado que a veces
el sujeto inicialmente reproduce la última palabra de las series y sólo
posteriormente reproduce Ja palabra precedente. Este fenómeno pue-

10 fonemas 10

,
1a fcnemaa
8
8
I 6
4 I
/ 4

2
I
I 2
I

10 111 IV V
1
8

6
1 palabras I
I
I '
~~
4 ~

H 111 -IV V
verbal-verbal

._... series de 5 elementos


..... series de 3 elemenk)s

Fig. 38. - Diferencias en .recordar series de palabras y números presentados


audio y visualmente a pacientes con afasias acústíco-mnésticas (según Luria, Sokolov
y Klimovsky).

de ser explicado, quizá, por una tendencia de las huellas más recientes
a ser reproducidas en primer lugar (el factor "recencia" 2 descrito por
varios científicos) y, como regla general, esta tendencia no se pre-
senta cuando se le pide al paciente que reproduzca series presentadas
por escrito, o incluso si se le pide que transcriba una serie auditiva a
visual, escribiendo una serie presentada de viva voz. Es característico
que defectos como éstos son también observados en tests que Inclu-

2. En la versión inglesa aparece el término "recency", deriva.do de ..recent" =


reciente. En español no existe término análogo. (N.T.)

142
yen la representación de largas frases y anécdotas en las que la úl-
tima parte se omite aunque el significado general usualmente se con-
serva. Investigaciones especiales (Luria, 1971,1973)han mostrado que
en todos estos casos el defecto no es tanto la inestabilidad de los
mismos rasgos audioverbales como una capacidad de inhibición de
los mismos rasgos audioverb ales patológicamente incrementada. Esto
se produce tanto durante la acción mutua de los componentes de series
audioverbales, como bajo la influencia de factores irrelevantes e in-
terferentes, pero no afecta la integridad de las huellas mnésicas de
otras modalidades (Luría y Rapoport, 1962; Klimkovsky, 1966; Luria,
Sokolov.y Klimkovsky, 1967a)(fig. 38). Esta inhibición mutua entre los
elementos puede reducirse permaneciendo como un rasgo caracterís- ·
tico, según se ha descrito anteriormente, en la presentación de series
audiovisualescon largos intervalos entre sus elementos; asimismo se
incrementa la integridad de las series audioverbales impresas "poco
a poco" en la memoria (o bajo condiciones que favorezcan la conso-
lidación incrementada de huellas individuales) (Tsvetkova, investiga-
ciones sin publicar).

copiado cfbujado de memoria

I íJ
avión vaca

(después de ver el dibujo co-


T e_ :J.
gato ejercicio del libro

dibujado cumpliendo instruc-


rrespondiente) ciones (sin ejemplos)

Fig, 39. - Alteración de la habilidad para dibujar un objeto indicado y habilidad


para copiar un objeto indicado (según Luria, Blinkov, Bein).

143
El síndrome de la afasia acústico - mnésica lleva a marcadas altera-
ciones de las operaciones discursivas intelectuales, basadas en el de-
fecto de memoria operativa ya descrita. No se dedicará aquí una discu-
sión especial al análisis de estas formas de alteraciones de memoria y
operaciones intelectuales en pacientes con lesiones en las zonas me-
dias de la región temporal y con afasia mnérnico - acústica.
Las perturbaciones producidas por lesiones en las zonas posterio-
res de la región temporal izquierda, en su límite con la región occipital,
son de -particular interés. El síntoma cardinal de estas lesiones es una
perturbación de la función nominativa del lenguaje (denominación de
objetos) y de capaeidad para evocar imágenes visuales; como respuesta
a una palabra dada. Esto se manifiesta no sólo por la gran dificultad
para encontrar el significado de la palabra dada (la cual, en este caso,
se basa no tanto en una alteración de la audición fonérnica, como en.
la alteración del enlace entre los analizadores visuales y auditivos de
las zonas corticales), sino también en una marcada incapacidad para
dibujar la figura del objeto nombrado, aunque ,el. paciente sea com-
pletamente capaz de copiarlo (fig. 39). Hay razoll'es para suponer que
este fenómeno (al que se le da el nombre de afasia óptica) se.produce
debido a una perturbación· del trabajo concertado de los analizadores
visuales y auditivos.
No damos aquí un análisis especial del síndrome de las perturba-
ciones producidas por lesiones en las zonas témpora - frontales del
hemisferio izquierdo, ya que se hará en un capítulo posterior.
Todo lo que se ha descrito hasta aquí concierne a perturbaciones
producidas por lesiones en la· región temporal izquierda (dominante).
Desgraciadamente conocemos muy poco todavía acerca de los sínto-
mas producidos por lesiones en la región temporal derecha (no do-
minante). Se sabe que, en tales casos, la audición del lenguaje perma-
nece intacta, mientras que la-audición musical puede sufrir considera-
blemente y esto puede reflejarse, por ejemplo, en la dificultad para
reproducir estructuras rítmicas. Sin embargo, este hecho no ha sido
probado de forma concluyente y requiere una investigación especial.
Las lesiones en las zonas medias de la región temporal, parte de
un sistema totalmente diferente perteneciente a Ja primera unidad ce-
rebral descrita anteriormente (Parte I, cap. 2) y de cuyas funciones ya
se ha hablado, no recibirán aquí mayor consideración.

144
V. Las regiones
parietales
y la organización
de síntesis simultáneas

Hemos hablado de la organización funcional y modos de traba jo


de las zonas secundarias del córtex y, usando las regiones visual ( occi-
pital) y auditiva (temporal) como ejemplos, hemos intentado mostrar
la contribución hecha por cada una de ellas a la estructura de los pro-
cesos mentales. Hemos visto que aunque son responsables de formas
complejas de la actividad gnóstica humana, estas zonas _cerebrales
mantienen su especificidad modal y pueden ser correctamente consi-
deradas como sistemas responsables de los más altos niveles de for-
mas mentales especiales de la actividad modal - específica.
Sin embargo, hay otros procesos gnósticos que juegan un papel
capital en la actividad consciente humana, los cuales dependen del tra-
bajo combinado de algunos analizadores y, de este modo, permiten
las formas más complejas de análisis informativo; forman las bases
de las formas superiores de la actividad gnóstica humana y ahora de-
bemos examinarlas con detalle. Me refiero a las zonas del córtex que
limitan con las regiones occipital, temporal y central y que juegan un
papel básico en la organización de la síntesis compleja simultánea (es-
pacial).
No me detendré en esta etapa en el carácter del trabajo. de las zo-
nas secundarias de la región postcentral (parietal), de Ja que se tratará
en el capítulo siguiente, sino que volveré a examinar las funciones de
las zonas terciarias recién mencionadas.

Zonas corticales terciarias y organización


de síntesis espaciales concretas
Las zonas de las regiones posteriores del cerebro que limitan con
las regiones occipital, temporal y postcentral del hemisferio, donde se
solapan las áreas corticales visual, auditiva, vestibular y sensaciones
cutáneas y propioceptivas, son de función terciaria. Su centro está Ior-

145

10-C. A.
mado por las áreas 39 y 40 de Brodmann o la región parietal inferior,
aunque no hay razones poderosas para excluir las formaciones adya-
centes témporo - occipitales del área 37 y 21. ·~
Estas zonas, que conservan la estriación transversal y la estructura
característica en seis capas bien marcadas, consisten enteramente en
células de niveles superiores corticales, con axones cortos y funciones
predominantemente asociativas¡ las fibras se dirigen a ellas desde el
núcleo talámíco secundario y los impulsos que transmiten ya han sido
. integrados en los niveles superiores ..
Dichas zonas aparecen formadas únicamente en el hombre y cons-
tituyen las porciones específicamente humanas del cerebro .. Maduran
más tarde que todas las demás zonas de las regiones del córtex poste-
rior y no son completamente operativas hasta los 7 años. Esto sugiere
que las estructuras terciarias de la región parieto - témpora - occipital
ahora descrita juegan un papel especial en la síntesis interanalizadora
y que se refieren a la integración de· 'los impulsos individuales en 'el
mismo analizador (visual, táctil), así como a la transferencia de es-
tructuras de excitación de un analizador a dtro. Ésta es- la función
"supramodal" que algunos investigadores han asignado al córtex pa-
rietal inferior (Semmes, 1965;Semmes y otros, 1955; Geschwind, 1965;
Butters y otros, 1970). Todas estas hipótesis que muestran la función
íntegratíva de las zonas terciarias del córtex parieto - témpora - occi-
pital se han confirmado por experimentos fisiológicos y observaciones
neuropsicológicas.
· ·La estimulación eléctrica de estas zonas no da lugar a efectos mo-
dal.;. específicos, lo cual fuerza la conclusión de que la mayor parte
de la información acerca del papel que juegan en la organización de la
actividad mental se obtiene del cuidadoso estudio de los cambios prO-·
<lucidos en los procesos mentales cuando son alterados por lesiones
patológicas.
Las. lesiones en las zonas parietal inferior y parieto - occipital del
córtex no dan lugar a perturbaciones modal-específicas; la visión, la
audición, las sensaciones táctil y kinestética permanecen completa-
mente intactas en estos casos. Sin embargo, el análisis muestra que
los pacientes con lesiones en estas zonas desarrollan alteraciones muy
marcadas en la recepción y análisis de la información.
El cuadro de estas perturbaciones es muy similar a la agnosia si-
multánea. Los pacientes con tales lesiones experimentan dificultad en
la comprensión de la información que reciben.como un todo; no pue-
den encajar los elementos individuales de las impresiones recibidas
en una estructura única; no pueden convertir la presentación conse-

146
•·

cutiva de los elementos de una situación en la nueva cualidad de per-


ceptibilidad simultánea; no pueden ya encontrar su situación en el
· espacio y sus intentos de hacerlo se convierten en una serie de tenta-
tivas desconectadas y fragmentarias.
No obstante, debemos añadir un rasgo característico a la descrip-
ción de estos defectos, el cual es ya familiar después de nuestro exa-
men de la agnosia simultánea. Los pacientes con lesiones en la región
parieto - occipital no pueden ya encontrar su orientación en un sistema
de coordenadas espaciales y, en particular, no distinguen correctamen-
te entre derecha e izquierda. La explicación evidente de esta alteración
es que la excitación de las esferas visual, vestibular y kinestética y, en
particular de la niano dominante (derecha) y no dominante (izquierda),
se encuentran en las zonas corticales terciarias y, por lo tanto, la lesión
se presenta como un grupo complejo de alteraciones claramente de-
mostrables.
Los pacientes con una lesión en esta parte del cerebro pierden fá-
cilmente su dirección en el espacio. Si están pasando por un pasillo no
pueden encontrar el camino de regreso a la sala, sino que giran a la
derecha en lugar de la izquierda; no pueden encontrar su propia ca-
ma; cuando intentan hacer su cama, les resulta una tarea imposible:
en lugar de colocar las sábanas longitudinalmente las ponen cruza-
das; cuando intentan ponerse una bata que el· doctor les ofrece, no
pueden encontrar la manga apropiada y normalmente ponen su brazo
en la manga equivocada. Son completamente incapaces de decir la hora
por la posición de las agujas de un reloj en el que no están numeradas
las horas y tienen gran dificultad para distinguir entre posiciones si-
métricas tales como las 3 y las 9; son completamente incapaces de
identificar posiciones más complejas de las agujas o dibujar una hora
específica en un reloj en blanco. ·
Todos estos pacientes -incluso aquellos que tuvieron experiencia
suficiente en el pasado-- soh incapaces de encontrar su situación en
un mapa, pues confunden las. direcciones este y oeste y, cuando se les
indica que subrayen la posición en un mapa de lugares bien conocidos,
cometen terribles errores (fíg. 40). Igualmente cometen errores cuan-
do intentan encontrar coordenadas en tres dimensionesc : confunden
los planos horizontal, frontal y sagital; cuando el médico les examina
son incapaces de· reproducir la posición de su mano correctamente
o construir una figura a partir de sus elementos componentes, que
necesitan encuadrarse en el espacio en una posición precisa. A causa
de estas dificultades estos pacientes muestran el síntoma conocido
como apraxia construccional. Finalmente, una manifestación par ticu-

147

(N)
e .(.~

(E) e:
rt'I) )' ..,
0N)
(E-)
%
H
(Rostov)
• f,.....l
.o ,
'J<jey)

•A.e . fo rz:-.
H>
(c.-
(S) (Odessa) lo~-·
(S} IMar Negro)

paciente con lesiones en la región paciente con lesiones en la


parieto-occipital izquierda región occipital derecha

Fig, 40. -· Alteración del sentido de la orientación en mapas en· pacientes con
lesiones parieto-occípitales (confusión en las relaciones espaciales).

lannente pronunciada de esta alteración es que tienen una gran difi-


cultad para trazar letras. A diferencia de los pacientes con lesiones en
la zona temporal izquierda, la dificultad que estos pacientes experi-
mentan al escribir no es debida a la incapacidad. para distinguir cla-
ramente el sonido o el fonema que tenían que 'escribir, sino a la in-
capacidad para retener la posición espacial requerida de laslíneas que
forman la letra y, en consecuencia, sus dibujos (o copias) de letras
presentan un carácter desorganizado; algunas veces, en los casos
menos graves, se reemplaza la letra por su imagen especular (fig. 41).
En los casos más graves estos defectos se manifiestan durante la
reproducción directa de estructuras tridimensionales. En los casos
menos graves se manifiestan solamente cuando el paciente intenta re-
producir una posición espacial requerida de memoria, o cuando se le
da el trabajo· de trasladar conscientemente ciertas relaciones espa-
ciales (por ejemplo, cuando se le indica que levante la misma mano,
o reproduzca la posición de la mano de una persona situada frente
a él, o que invierta mentalmente la relación espacial percibida de una
figura geométrica sobre la mesa frente al investigador, de modo que
lo sitúe en la misma relación a sí mismo). Las alteraciones· de orien-
tación espacial de este tipo pueden producirse por lesiones en ambos
hemisferio, ya en el izquierdo (dominante), en cuyo caso son particu-
larmente evidentes, ya' en el derecho (no dominante).
Las diferencias apreciables comienzan a aparecer sólo cuando pa-
samos del estudio de las alteraciones en el espado concreto a formas
más complejas de perturbaciones de orientación en relaciones lógicas
"cuasi- espaciales".
Esto nos lleva al análisis neuropsicológico de formas humanas más
complejas y específicas de la actividad gnóstica.

148
•·

letras copiadas
a

-n
letras escritas
A_ {..-1( 'J (-AJ

~
l J )t
~
letras leídas

b ~y Ji_ p -tí!_
- + +--=- -

Z:J ---

la posición.
lv ~
- ~ ~ ~ll
Diagrama que muestra
de las heridas ·
+
b
muestra muestra
(x) (6) {W) e
o ·2

'"
\(\
~JJ
\
copta copia

(w} muestra muestra


(8} (6l) i

A -'> ·~ ~ _._
t
y~ y
'Í ., , =~, .

' copia copia


Fig, 41. - Perturbaciones óptico-espaciales en la escritura de pacientes con lesio-
nes en la región parieto-occipital: (a) un paciente con una herida bilateral en la
región occipital; (b) y (e) un paciente con una herida en la región parieto-occipital
izquierda.

Zonas corticales terciarias y organización


de síntesis simbólicas
r
(cuasi - espaciales)
_Hace algunos años, los neurólogos observaron que los pacientes
con una lesión en las zonas parieto - occipitales del hemisferio izquier-
do (dominante) tienen dificultad en el análisis no sólo de las relaciones
concretas, sino también de las relaciones simbólicas. Los pacientes
con las formas más sencillas de esta alteración no sólo mostraban sig-
nos de "apraxia construccional", sino también tenían dificultad para
recordar el nombre de los dedos y no podían señalar el índice, medio
o anular cuando se les indicaba hacerlo así nominalmente. Este sín-
drome, incluidas las alteraciones espaciales, la apraxia construccio-
nal y la incapacidad para nombrar los dedos, era conocido en la me-
dicina clínica como "síndrome de Gerstrnann" y se consideraba como
signo diagnóstico de lesiones en la región parieto - occipital izquierda

149
(dominante). Observaciones subsecuentes mostraron que este síndro-
me evidentemente tiene raíces más profundas y no se limita a los ras-
gos mencionados.
Los pacientes con una lesión en la región parieto - occipital, aunque
comprendiendo perfectamente lo que se les dice en el lenguaje coti-
diano, encuentran dificultades para entender estructuras lógico - gra-
maticales complejas. Por ejemplo, aun cuando comprenden el lengua-
je narrativo (del tipo "el padre y la madre fueron al cine, pero la
abuela y los niños permanecieron en casa") perfectamente bien, no
pueden comprender una frase que consista en el mismo número de
palabras, pero incorporando complejas relaciones lógico - gramatica-
les (tales como "una señora fue de la fábrica a la escuela, donde Nina
era alumna, para dar una charla"). Ambas relaciones, espaciales y
lógico - gramatical, eran de difícil comprensión· para estos pacientes,
los cuales desmenuiaban fa frase total en fragmentos aislados que
después eran incapaces de reunir. Incluso una frase aparentemente
sencilla, tomada de un libro de lectura elemental para niños, como
"hay un nido de pájaros en la rama de un árbbl" les dejó totalmente
perplejos y_ fueron completamente incapaces de comprender la rela-
ción erte las cuatro palabras: 'rama.: árbol, nido y ·p'ájaro; incluidas
todas ellas en la misma frase.
Investigaciones· posteriores (Luria, 1946~ 1947, 1970e) condujeron
a un progreso considerable y al descubrimiento de los modelos bási-
cos de fas estructuras sintácticas (sintagmas) que son incomprensibles
para los pacientes con lesiones en las zonas parieto-occipitales del
hemisferio izquierdo. Se trataba de los sintagmas básicos que expre-
san relaciones lógicas o; usando un término sugerido originalmente
por el lingüista sueco Svedelius (1897),"comunicaciones de relaciones",
que él distinguió del simple lenguaje narrativo o comunicaciones de
sucesos. Estas "comunicaciones de relaciones" eran estructuras gra-
maticales que surgieron al final de todo en la historia del lenguaje y se
expresan en lenguas tales como el ruso, o bien con la ayuda de infle-
xiones ·(formulando relaciones de caso), preposiciones (expresando
relaciones de espacio; secuencia o conceptos lógicos más complejos)
o, finalmente, recurriendo al orden de las palabras. Un rasgo común
de todas estas construcciones era que ninguna de ellas estaba repre-
sen tada de forma concreta y 'que todas, consecuentemente, de varias
maneras; codificaban relaciones .lógicas y no concretas.
Un ejemplo típico de estos modelos es la estructura del caso atri-
butivo genitivo (por ejemplo, "brat [hermano] ottsa" [del padre],
vg. el hermano del padre; "khozyain [amo] sobakí" [del perro], vg. el

150
del perro) que, en contrasté con construcciones más simples tales
como el genitivo partitivo "kusok (pedazo) khleba" (de pan), no puede
ser visualizada en términos concretos, sino que expresa ciertas rela-
ciones abstractas. Se da otro ejemplo en construcciones con prepo-
siciones que expresan o bien relaciones de espacio -"krest pod kva-
dratorn" (la cruz bajo el cuadrado), "kvadrat pod krestom" (el cua-
drado bajo la cruz)- o bien relaciones de tiempo "vesna pared letom"
(primavera antes de verano) o "Ieto pared vesnoi" (verano antes de
prirnaveraj.: Finalmente, otros ejemplos son las construcciones. en
las cuales la nueva disposición de palabras idénticas formula dife-
rentes relaciones -.tales como "plat'e zadelo veslo" (el vestido cogido
en el remo) o "veslo zadelo plat'e" (el remo cogido en el vestido).
En todas estas construcciones, las palabras idénticas incluidas en
relaciones diferentes reciben diferentes valores, y los códigos grama-
ticales que denotan las diferentes relaciones gramaticales comienzan
a asumir un rol decisivo.
Un rasgo característico de los pacientes con lesiones en el sistema
parietal inferior izquierdo (o parieto - tempera - occipital) es que si
bien comprenden bien el significado de las palabras individuales, .110
pueden entender el significado de la construcciánen su totalidad; in-
tentan concienzudamente encontrar los elementos individuales de la
construcción y a menudo declaran que las construcciones que incor-
poran palabras idénticas (por ejemplo "brat ottsa" --el hermano del
padre->- y "otets brata" -el padre del hermano-) tienen el mismo
significado, pues ellos no pueden apreciar el significado de las relacio-
nes lógico - gramaticales expresadas por estas construcciones. Es fácil
ver que el significado de construcciones tales como "Solntse (el sol)
osveshchaetsya (está iluminado) zemleyu" (por la tierra) o "Zemlya
(la tierra) osveschaetsya (está .iluminada) solntsen" (por el sol), o de
construcciones en las que el orden de las palabras difiere del orden
del significado (por ejemplo: "desayuné después de leer el periódico")
está completamente fuera del alcance de la comprensión de estos
pacientes, y que son completamente incapaces de comprender el sig-
nificado de construcciones más complejas tales como "Olga es, más
blanca que Sonia pero más morena que Catalina".
Investigadores clínicos (Van Woerkom, 1925; Head, 1926; Conrad,
1932) describieron estas dificultades hace algunos años y llamaron a
este síntoma "afasia semántica". Sin embargo, sólo ahora está claro
que esta alteración es el mismo defecto de precepción de estructuras
espaciales simultáneas, pero transferido a un nivel más alto (simbó-
lico).

151
•·

Es muy interesante el hecho de que pacientes con lesiones en esta


región del córtex muestran alteraciones al nombrar los objetos y re-
cordar las palabras deseadas. Algunos de los 'mecanisrnos esenciales
de estos defectos, que se han descrito colectivamente como "afasia
semántica", se discutirán más adelante (ver parte III, cap. 12, p. 13).
Las perspectivas sensacionales de descubrir la naturaleza fisiológica
de la organización cerebral de las complejas actividades gnósticas pro-
ducidas por el análisis de estas alteraciones serán fácilmente evi-
dentes.
Las alteraciones de la síntesis interna "cuasi- espacial" que hemos
mencionado· son todavía más obvias en la alteración de las operacio-
nes matemáticas observadas en pacientes de· este grupo. Las opera-
ciones aritméticas, que en las primeras etapas del aprendizaje son de
carácter discursivo y se convierten entonces en acciones basadas en
esquemas espaciales interiores conocidos como tablas, son siempre
dependientes de la integridad de síntesis simultáneas con una estruc-
tura similar a las operaciones espaciales externas. Esto se refleja, a
la vez, en la estructura columnar de los números de varias cifras, en
la que el valor .de cadanúmero se determina por su lugar en el grupo
como un todo y, también, en las operaciones internas de ordenarrúento
de las columnas· necesario para comprender el significado del núme-
ro; finalmente, esto se refleja en operaciones de. suma y resta (para
no mencionar operaciones matemáticas más complejas) que sólo pue-
den llevarse a cabo. si los esquemas numéricos se retienen en la memo-
ria operativa y las operaciones se comprueban según se ejecutan (Luria,
1946, 1947, 1970e; Tsvetkova, 1972)~ Para sustraer 7 .de 31, como
regla
general comenzamos por .redondear el primer número y obtenemos
el resultado 30- 7 · 23. Entonces añadimos la unidad que falta, si-
tuándola en la columna de la derecha y obtenemos el resultado 23 +
+ 1 = 24. La operación es mucho más difícil cuando sustraemos un
número de 2 dígitos (por ejemplo, 51-17) cuando, además de obser-
var las condiciones recién mencionadas, tenemos que llevar de la co-
lumna las decenas y retener el 'sistema doble de elementos en la me-
moria operativa.
Estas operaciones son completamente imposibles para pacientes
con lesiones en las zonas izquierda parieto - temporal. Cuando ellos
intentan ejecutar la primera parte de la operación antes descrita
(30 - 7 = 23) no saben si poner el residuo "1" a la derecha o a la iz-
quierda o, en otras palabras si añadirlo o quitarlo. En casos relativa-
mente localizados, estas alteraciones se manifiestan solamente en ope-
raciones más complejas (sustracción de 2 dígitos de otros 2 dígitos o

152
sustracción de 1 dígito de un número de 2 dígitos, que requiere llevar
de la columna de las decenas con división intermedia del minuendo en
sus partes componentes); en casos de lesiones más masivas estas al-
teraciones asumen un carácter grave y los pacientes son incapaces
de ejecutar algunas operaciones matemáticas simples. De una forma
característicaen todos estos casos el carácter final (prepositivo) de la
actividad permanece intacto; tanto el problema básico como el plan
general y de su solución no están perturbados y sólo se pierde la parte
ejecutiva del cálculo, que requiere la integridad de la organización
"cuasi- espacial" diferenciada de la acción.
Este síntoma de acalculia . se conoce desde hace mucho tiempo
en pacientes con lesiones locales del cerebro; sin embargo, es sola-
mente con la introducción de métodos neuropsicológicos de análisis
de alteraciones primarias y de cualificación de sistemas en la neuro-
logía clínica que ha comenzado a esclarecerse la auténtica naturaleza
de estas alteraciones.
Las alteraciones de síntesis simultáneas ("cuasi - espaciales") en los
niveles mnésicos y de lenguaje o simbólico llevan invariablemente a
marcadas perturbaciones de las operaciones gnósticas y de los pro-
cesos intelectuales y está claro que estos pacientes tendrán una difi-
cultad considerable no sólo en la formulación de pensamientos, sino
también en llevar a cabo operaciones intelectuales complejas. Sin em-
bargo, permanece un rasgo característico de todos estos casos en los
que la actividad intelectual. permanece en gran parte intacta: el pa-
ciente retiene sus motivos; el problema. básico es bien retenido, la
finalidad de sus intentos está todavía presente, y algunas veces pue-
den poseer un esquema general para la solución requerida. Sólo expe-
rimentan dificultades cuando ejecutan las correspondientes operacio-
nes. Aunque comprenden el significado general de un ejercicio esco-
lar, quedan irremediablemente perplejos por la redacción gramatical
de las condiciones que ello lleva consigo. No pueden comprender el
. significado de las expresiones "tanto mayor" y "tantas veces más" o
de formulaciones tales como "habían tantos metros de tela de los que
se usaron" y, como resultado, son completamente incapaces de resol-
ver el problema, aunque su significado general esté completamente
claro para ellos (Luria y Tsvetkova, 1967).
Esta disociación entre la integridad de la actividad intelectual y la
perturbación de las operaciones intelectuales, entre la integridad del
propósito general y la perturbación de los significados concretos,
junto con la completa conciencia de sus propios defectos, son los
ragos que distinguen a este síndrome encontrado en pacientes con

153

~ _._.-,, ~--- --·---· - -


lesiones en las zonas parieto - occipitales del hemisferio izquierdo, que


conduce a la desintegración de las síntesis simultáneas "cuasi - espa-
ciales".

Zonas corticales terciarias y procesos


de memoria verbal
.Debemos ahora examinar 'el último problema, el 'rol de las zonas
terciarias (parieto - occipitales) del córtex en la memoria verbal.
Uno de los primeros síntomas que se describieron en. lesiones de
las zonas parieto - occipitales del hemisferio izquierdo (dominante)
fue una perturbación para nombrar los objetos. Estos defectos fue-
ron estudiados por varios investigadores (Lotmar, 1919, 1935; Isserlin,
1929.:.32; Goldstein, 1927, 1948) y la condición fue denominado afasia
amnéstica.
Los rasgos de la afasia amnéstica tienen, aparentemente, mucho
en común con las alteraciones de la memoria'. verbal que he descrito
cuando- traté las alteraciones· debidas a-Lesiones en las zonas medias
de la región temporal. El paciente también tiene dificultad cuando
se le pregtinta por el nombre de un objeto; intenta cuidadosamente
encontrar el nombre requerido y es igualmente incapaz de hallarlo. Sin
embargo, un análisis estricto muestra que los ragos de la afasia amnés-
tica producida por· lesiones de la región parieto - temporal izquierda
difieren, significativamente, de las alteraciones de la memoria audio-
verbal que se encuentran en lesiones del lóbulo temporal izquierdo. La
debilidad de· los rasgos. acústico- verbales y la inestabilidad de las
bases acústicas diferenciales del lenguaje están completamente ausen-
tes en estos casos, lo cual se demuestra con una simple prueba muy
convincente: si a un paciente con una lesión en la región parieto - oc-
cipital izquierda se le. apunta el primer sonido o primera sílaba de la
palabra olvidada, inmediatamente dirá la palabra y la pronunciará
ello
sin ninguna· dificultad acústico - verbal. De se deduce que la afasia
amnéstica producida en estos pacientes no tiene sus bases en una al-
teración de la memoria audíoverbal, y que debemos buscar otros me-
canismos que puedan ser responsables de ellos.
El primer indicio de las causas de esta alteración de la función no-
minativa viene dado por el análisis psicológico del 'proceso normal de
dicción de nombres. Cuando nombramos un determinado objeto, cuan-
do le damos una designación verbal, de hecho lo incluimos en un sis-
tema definido de valores, le damos una clasificación. En esencia cada

154
palabra es un código que distingue sus rasgos significativos ("tetera",
"vapor", "pandero", "gobernante") y sitúa el objeto específico en una
categoría determinada (Morton, 1970; Kintch, 1970a, 1970b). Sin em-
bargo, este proceso requiere la integridad de ciertos esquemas semán-
ticos y son estos esquemas simultáneamente existentes los que se per-
turban con lesiones en las zonas terciarias de las regiones izquierda
parieto - occipitales (o parieto - temporo - occipital). Esto es así porque
una cosa aparentemente tan simple como nombrar un objeto está tan
gravemente alterada y presenta la misma dificultad que si a una per-
sona normal se le hiciera decir el nombre de una persona no fijado
propiamente en la memoria, ni incorporado a un rígido sistema se-
rnático.
Sin embargo, la dificultad observada en estos pacientes para recor-
dar objetos tiene unos mecanismos adicionales patofisiológicos. Cuan-
do el córtex cerebral, afectado por una lesión patológica, está normal-
mente en un estado inhibitorio anormal o estado "fásico", como ya
se ha mencionado, se altera la "ley de la fuerza" y un estímulo débil
comienza a evocar las mismas reacciones que uno fuerte. Natural-
mente, bajo estas condiciones, un valor dominante y bien establecido
no se distinguirá de las conexiones irrelevantes y más débiles, y estas
conexiones irrelevantes comenzarán a aparecer tan fácilmente como
el nombre requerido. Si un paciente en estas condiciones intenta en-
contrar, por ejemplo, la palabra "bol'nitsa" (hospital) puede confun-
dirla con "militsya" (Policía), a causa del sufijo común, o con la pa-
labra "shkola" (escuela), como otra institución pública, o incluso con
. las palabras "Ejército rojo" (debido a la cadena: Hospital - Cruz
Roja - Ejército Rojo) .. La aparición de multitud de posibilidades igual-
mente probables impide el encuentro de la palabra dominante reque-
rida (Luria, 1972).Esta aparición de una palabra irrelevante, parecida
en su morfológía, en su significado o en su composición fonética, a la
otra palabra requerida, se conoce como parafasia (en los dos primeros
casos "verbal" y en el Óltimo caso "literal"). Ello indica unas pertur-
baciones neuro - dinámicas considerables en el funcionamiento del
córtex parieto- occipital (o parieto - occipito =temporal) patológicamen-
te modificado y ello sugiere que siguiendo estas indicaciones se en-
contrará una explicación a este fenómeno hasta ahora inexplicado.
Recientemente se ha hecho un nuevo intento para explicar la alte-
ración de la memoria del lenguaje en lesiones de la región izquierda
parieto- occipital. Esta explicación la sugirió Tsvetkova (1972) y es
como sigue. La dificultad para encontrar nombres se concentra prin-
cipalmente en la denominación de objetos y es observada mucho me-

155
:--·-··--- ----·----------- -- ·---·--- ----------~- - "---~~..._,
~--- -.-~.....o...c--·· -
nos frecuentemente en la denominación de cualidades o acciones.
Esto es evidente por el tiempo empleado en encontrar palabras de
cada uno de esos grupos y por el número de nombres de objetos, cua-
lidades y acciones que el sujeto puede recordar en un período de tiem-
po determinado. Tsvetkova encontró que los pacientes con lesiones
en el córtex terciario (parieto - occipital) emplean un promedio de 2,5
segundos (con un margen de 1,4 a 7 segundos) en recordar palabras
que denoten cualidades (adjetivos); 9,3 segundos (con un margen de
2,6 a 20 segundos) con palabras que denotan acciones (verbos), 15 se-
gundos (con un margen de 4 a 35 segundos) para nombres de objetos
(nombres). Este énfasis en las dificultades para denominar objetos
suscita la cuestión de si en tales casos pueden estar asociadas ciertas
dificultades especiales con la denominación de objetos concretos y no
producidas durante la denominación de cualidades y acciones. El he-
cho de que la mayoría de las palabras sustitutivas sean de la misma
categoría general que la palabra deseada también muestra que las di-
ficultades están conectadas con la designación actual de objetos con-
cretos. Por lo tanto, no es la categoría abstracta Íu que está alterado,
sino la denominación de objetos concretos.
Los últimos experimentos de Tsvetkova han revelado los mecanis-
mos esenciales de estas dificultades. Encontró que pacientes con afa-
sia amnéstica del tipo que he descrito presentaban marcados defectos
en sus representaciones visuales de los objetos correspondientes y
que no podían distinguir los sistemas de rasgos característicos inclui-
dos en un objeto. Por consiguiente, cuando se les pedía que identifi-
caran un objeto trazado de forma estilizada, que dibujaran un objeto,
o que completaran el dibujo de un objeto comenzado por otra perso-
na, o bien que- dieran una descripción de sus detalles, manifestaron
defectos inesperados (fig. 42).·Estos experimentos sugieren que otro
mecanismo puede ser responsable de las alteraciones en la función
nominativa del lenguaje en pacientes con lesiones en la región iz-
quierda parieto- occipital, es decir, un defecto en la representación
visual del objeto requerido para ser nombrado, alterando las bases
visuales de los procesos de denominación.

Zonas parieto - occipitales del hemisferio derecho


(no dominante) y sus funciones
Hasta aquí hemos intentado· analizar el papel de las zonas tercia-
rias de la región parieto - occipital del hemisferio izquierdo (dominan-

156
a

~·.primer intento

b
o

terminación de un dibujo

copia de un dibujo dibujo de memoria


(después de copiar)

e f

Fig. 42. - Ejemplos de dibujos de objetosy terminación de figuras incompletas


por pacientes con afasia amnéstica: (a) dibujos mostrados al sujeto para su identifi-
cación, (b-f) realización de la tarea bajo distintas condiciones (con o sin posibilidad
de copia, etc.) (Tsvetkova).

157
•·

te) dentro de las estructuras de los procesos gnósticos. Podemos aho-


ra volver a la función de las mismas zonas del hemisferio derecho (no
dominante). Hasta hace· poco este problema estaba inadecuadamente
estudiado. Aunque las lesiones de los lóbulos parieto - occipitales iz-
quierdos poseen una rica sintornatología, los síntomas de lesiones en
las mismas zonas del hemisferio derecho han sido descritos con me-
nos detalles.
Está firmemente aceptado que las lesiones masivas de la región de-
. recha parieto - occipital no producen alteraciones en los procesos gnós-
ticos más elevados (simbólicos) y que la comprensión de estructuras
gramaticales complejas y la ejecución de operaciones matemáticas
quedan completamente preservadas en estos casos. Por otra parte,
recientes investigaciones (Brain, 1941; Paterson y Zangwill, 1944, 1945;
McFie, Piercy y Zangwill, 1950; Hécaen et al., 1954; Hécaen, 1969, y
otros) han mostrado que los procesos de la gnosis espacial y la praxis
no relacionada con- el sistema del lenguaje, están a menudo profun-
damente alterados en tales casos. El rasgo w.ás significativo de una
lesión en la región parieto - temporal derecha . es la ignorancia de la
mitad izquierda del campo visual, que se manifiesta no sólo. cuando
se examinan dibujos complejos o durante la lectura, sino también
en la actividad constructiva espontánea del paciente y en el dibujo
espontáneo (Korchazhinskaya, 19711) (fig. 43).
Otra razón por la que este síntoma se manifiesta tan claramente es
debido a que los pacientes con lesiones en estas partes del cerebro,
no sólo ignoran su parte izquierda (el síntoma de la agnosis unilateral
espacial), sino que no se dan cuenta de sus errores y muestran de una
forma especial el síntoma de no percibir sus propios defectos (anosog-
nosia), lo cual es característico de muchos pacientes con lesiones en
el hemisferio derecho, cuestión a la que nos referiremos más ade-
lante.
-
El segundo síntoma característico de una lesión en la zona poste-
rior del hemisferio derecho es una alteración clara y única del recono-
cimiento visual de objetos, incluyendo la pérdida del sentido de su
familiaridad, lo cual parece más estrictamente la paragnosia (reem-
plazamiento de la percepción directa, correcta de un objeto por in-
controlables conjeturas acerca de tu naturaleza) que la auténtica
agnosia óptica, que se basa en una alteración de la síntesis óptica si-
multánea y va siempre asociada con la integración de la búsqueda
activa, como medio por el cual el paciente intenta compensar sus de-
fectos óptico - gnósticos.

158
-T

modelo r modelo

ejecución J
ejecución

Fig, 43. - Pérdida de la mitad izquierda del campo visual en pacientes con agnosía
espacial izquierda: (a) escritura (b) dibujo.

159

f. --------- ---·---------~-
•·

Uno de los síntomas específicos de este grupo y uno de los que


ocurren mucho más frecuentemente en lesiones, de las zonas posterio-
res del hemisferio derecho no dominante que e1i Íesiones de las mis-
mas zonas del hemisferio izquierdo dominante, es una alteración en el
reconocimiento de representaciones individuales, aunque el paciente
pueda aún situarlas lógicamente en la categoria adecuada (Kok, 1967).
Uno de los síntomas más claros de este defecto es la alteración del
reconocimiento de caras (prosopagnosia), que ocurre en pacientes con
lesiones en las zonas posteriores del hemisferio derecho, mucho más
frecuentemente que en aquellos con lesiones en las zonas correspon-
dientes del hemisferio izquierdo y que ha sido descrita por algunos
investigadores (Bodamer, 1947;Hécaen, Ajuriaguerra y Massonet, 1951;
Chlenov y Bein, 1958). Finalmente, las investigaciones han mostrado
que las lesiones en las regiones occipito - parietales derechas producen
alteraciones de orientación derecha en el espacio externo, fenómenos
de apraxia construccional y defectos similares, mucho más frecuen-
temente que las lesiones en las regiones correspondientes del hemis-
ferio izquierdo (Hécaen, 1969).
Normalmente, las investigaciones clínicas de pacientes con lesiones
en el hemisferio derecho producirán sólo una información comparati-
vamente limitada de la valoración de sus funciones. Sólo _muy recien-
temente, gracias al trabajo de Sperry y sus colaboradores (Sperry,
1959,1966, 1967a, 1967b, 1968; Sperry y otros, 1967, 1969),quienes uti-
lizaron un nuevo método de disección del cuerpo calloso e investiga-
ción de cómo el hemisferio derecho aislado hace frente al número de
problemas que se le presentan para estudiar el hemisferio derecho, se
encontró un nuevo camino para la investigación más precisa de sus
funciones.
Investigaciones clínicas· clásicas y, en particular, observaciones en
pacientes después de una total resección del hemisferio dominante iz-
quierdo (Smith, 166, 1969; Smith y Burkland, 1966) así como las ob-
servaciones de Sperry, han confirmado la posición de que ninguna
función mental compleja se efectúa por la acción combinada de ambos
hemisferios, pero que cada hemisferio hace su propia contribución
particular a la construcción de los procesos mentales (Ananev, 1952).
A pesar de la extremada escasez de evidencias fidedignas con res-
pecto a la función del hemisferio no dominante,· pueden establecerse
ahora un número de principios generales que gobiernan ·su papel. Dos
hechos deben ser considerados como firmemente establecidos. Uno
de ellos fue descubierto hace mucho tiempo y no hay dudas acerca de

160
•·

su validez, mientras que el otro se descubrió muy recientemente y re-


quiere una verificación más amplia.
El primer hecho es que el. hemisferio no dominante (derecho),
a pesar de su completa simetría con el izquierdo, no juega ningún pa-
pel en la organización de la actividad del lenguaje y que sus lesiones,
incluso si son externas, no afectan a los procesos del lenguaje. El he-
misferio no dominante naturalmente no puede ni realizar funciones
intelectuales y verbales complejas ni participar en la construcción de
actos motores complejos (Sperry y otros, 1967, 1969).Sin embargo, és
notorio observar, como muestran las observaciones de Sperry, que el
hemisferio derecho aislado, que es inadecuado para actividades tales
como nombrar objetos, continúa siendo capaz· no sólo de percibir di-
rectamente los objetos, sino también de un tipo difuso de diferencia-
ción entre el significado de las palabras; conclusiones similares se
pueden extraer de la observación de pacientes después de la resec-
ción total del hemisferio izquierdo dominante (Smith, 1966).
Importantes e interesantes datos, que proporcionan información
indirecta de la función del hemisferio derecho en la organización de
los procesos mentales humanos, se obtienen de observaciones en pa-
cientes con lesiones masivas del hemisferio derecho. Por ejemplo, las
personas diestras con una lesión en el hemisferio · derecho no domi-
nan te no muestran alteraciones en el lenguaje, escritura, lectura y arit-
mética e incluso si la lesión está situada en aquellas zonas (temporal,
parieto- occipital y zonas inferiores de la región premotora) cuyas
lesiones, si se localizari en el hemisferio izquierdo, darían lugar a gra-

ciente con una lesión en el hemisferio derecho sin


ves manifestaciones de afasia, deja las funciones del lenguaje del pa-
afectar en absolu-
to. Estas diferencias no se reducen al lenguaje mismo; los pacientes
con una lesión en las zonas correspondientes al hemisferio no domi-
nante no presentan tampoco defectos de los procesos que se forman
en las bases del lenguaje: a menudo es imposible detectar alguna alte-
ración del razonamiento lógico y su comprensión de las estructuras
lógico - gramaticales, así como sus operaciones lógico - formales per-
manecen inalteradas.
Estos descubrimientos sugieren que el hemisferio derecho juega un
papel distinto en la organización de los procesos mentales y que las
alteraciones de la actividad que se asocian con sus lesiones deben bus-
carse en una esfera alejada de la organización verbal o lógico - grama-
tical de la conciencia.

161

11-C. A.
El segundo hecho fue descubierto, recientemente, como resultado
de algunas elegantes investigaciones estadísticas llevadas a cabo por
Teuber y sus colaboradores (Teuber y otros, 19~0).
Mostraron que la organización funcional del hemisferio derecho no
dominante es de Un carácter mucho menos diferenciado que la del he-
misferio izquierdo dominante. Por ejemplo, mientras que las altera-
ciones de las sensaciones cutáneas y profundas de la extremidad su-
perior derecha ocurren sólo en las lesiones de las zonas postcentrales
del hemisferio izquierdo, la misma alteración de las sensaciones cutá-
nea y kinestésica en la extremidad superior izquierda puede producir-
se en presencia de lesiones mucho más extensas del hemisferio dere-
cho, no dominante. Esta baja diferenciación funcionarde las estruc-
turas del hemisferio derecho, sin participación alguna en los sutiles
procesos del lenguaje, es evidentemente una de sus principales carac-
terísticas (aunque todavía inadecuadamente investigadas), cuyo aná-
lisis puede producir mucha, nueva y valiosa información.
. .

Ciertas dificultades se producen en la inxC,~tigación del papel del


hemisferio no dominante en la organización cle''íos procesos mentales.
Trabajos recientes (Zangwill, 1960; Hécaen y Aj1:)riaguerra, 1963;
Subirana, 1952, 1964, 1969) han mostrado que la dominancia del he-
. misf erio izquierdo en individuos diestros no es tan significativa como
podría suponerse y que existen algunos estadios transitorios de la do-
minancia absoluta del hemisferio izquierdo, pasando por el ambidex-
trismo, a la dominación absoluta del hemisferio derecho (que es en sí
misma bastante infrecuente); el que un individuo sea diestro o zurdo
es, entonces, muy relativo.
Este problema de diagnóstico se ha resuelto fácilmente con los re-
sultados de experimentos (Wada, 1949; Wada y Rasmussen, 1960) en
los que se inyectaba amital sódico en las arterias carótidas izquierda
y derecha

¿Qué hechos se conocen ahora a propósito del papel del hemisferio


derecho no dominante en la organización de la actividad mental y qué
cambios se encuentran en el curso de los procesos mentales cuando
este hemisferio se ve afectado por una lesión patológica?
Hace aproximadamente un siglo, Hughlinigs Jackson postuló que
el hemisferio derecho, aunque 'desconectado ·de todas las funciones
verbales, participaba directamente en los procesos perceptivos y era
·responsable de las formas visuales más directas de las relaciones con
el mundo exterior (Jackson, 1874).

162
A esta hipótesis no se le dispensó la debida atención durante algu-
nas décadas y sólo recientemente se ha comenzado a apreciarla. En
primer lugar se observó que el hemisferio derecho está directamente
afectado por el análisis de la información directa que el sujeto recibe
de su propio cuerpo y que está relacionado mucho más estrictamente
con la sensación directa que con los códigos verbalmente lógicos, lo
cual puede entenderse fácilmente.
Esto proporciona una explicación al hecho de que las lesiones del
hemisferio derecho producen una alteración de la sensación normal del
propio cuerpo del sujeto o, usando el término empleado normalmente
en neurología, la alteración del esquema corporal, mucho más frecuen-
temente (de acuerdo con Hécaen, 1969, siete veces más frecuentemen-
te) que las lesiones del hemisferio izquierdo.
Muy similar a estos síntomas es la ignorancia distintiva del lado
opuesto (izquierdo) del cuerpo y la ignorancia del lado izquierdo del
espacio, en conexión con él, observada en los pacientes con lesiones
en el hemisferio derecho y que forman el síndrome conocido en neuro-
logía clínica como agnosia espacial unilateral.
Este fenómeno, descrito sucesivamente por Brain (1941) Me Fie,
Piercyy Zangwill (1950), Critchley (1953), Piercy, Hécaén y Ajuríague-
ra (1960), Benton, 1961-65-67)y Korchazhinskaya (1971), que ha "sido
mejor investigado subsecuentemente por las escuelas de Zangwíll' y
de Hécaen (1968), puede manifestarse -en varias esferas.
Como se ha mencionado antes, en caso de lesiones de las zonas
posteriores del hemisferio derecho (especialmente las estructuras pro-
fundas) este síndrome se manifiesta como hemianopsia fijada en el
. lado izquierdo (Luria y Skorodumova, 1950) o desatención hacia el lado
izquierdo (Holmes, 1919; Brain, 1941; McFie, Piercy y Zangwill, 1950;
Critchley, 1953; Warrington, James y Kinsbourne, 1966), mientras que
en lesiones de las zonas medias del hemisferio derecho se manifiesta
particularmente como desatención del lado izquierdo del cuerpo y se
ve más claramente cuando el experimentador toca partes simétrica-
mente opuestas del cuerpo al mismo tiempo; en tales casos, el pa-
ciente no tiene una disminución de la sensación cutánea, sino que es
inconsciente o indiferente a cualquier cosa que toque la parte izquier-
da de su cuerpo, o incluso a la izquierda de un par de estímulos tác-
tiles en el mismo lado del cuerpo (Teuber, 1962; Weinstein y otros,
1964).
Sin embargo, en estos casos, la inconsciencia del lado opuesto no
es la única alteración. de sensación en el propio cuerpo del sujeto. En
algunos casos, una lesión del hemisferio derecho ocasiona una verda-

163
•·

<lera perturbación del esquema corporal, en la que el paciente percibe


su cabeza y una extremidad inferior o superior como desproporcio-
nadamente grandes o más pequeñas que· 1a 'ofra, o bien deformadas.
Tales alteraciones del esquema corporal y la "apraxia del vestirse",
asociada con ello, han sido estudiadas por algunos investigadores in-
cluidos Hécaen (1969), encontrándose que estas alteraciones ocurren
4 ó veces más frecuentemente en lesiones del hemisferio derecho no
dominante, que en lesiones del izquierdo.
Las alteraciones gnósticas producidas por lesiones en el hemisferio
derecho no se limitan, sin embargo, al esquema corporal del paciente,
sino que algunas veces se extienden también a su orientación espacial.
El paciente frecuentemente no puede orientarse con normalidad en
el espado, y las relaciones espaciales familiares llegan a hacerse ex-
trañas; algunas veces estos defectos impiden al paciente la reproduc-
ción de construcciones cuando· se. le requiere para hacerlo, manifes-
tándose como una agnosia construccional y una apraxia. Como han
mostrado ciertos investigadores (Hécaen y. Angelergues, 1963; Piercy,
. Hécaeny Ajuriaguerra, 1960; Benton, 1961, 1967, 1969) estos defectos
son más comunes en pacientes: con. lesiones. en el hemisferio .derecho
que en el izquierdo (dominante).
.Finalmente, las lesiones del hemisferio derecho (y, en particular de
sus zonas posteriores) conducen muy a menudo a una alteración. dis-
tintiva. del reconocimiento. de objetos (Kimura, 1963; Hécaen y An«
gelergues, 1963; Kok, 1967) que externamente puede parecer un cua-
. dro de agnosia óptica, pero que, de hecho, se caracteriza por la pér'di-
. da del sentido de la ·familiaridad y una alteración del reconocimiento
directo de objetos individuales (no incluido enlos códigos lógicos par-
ticulares), o incluso de la gente. Este fenómeno, 'descrito en la prác-.
tica clínica por Bodamer (1947), Potzl (1937.), Hoff y Potzl (1937)~ Chle-
nov y Bein (1958) y otros, ·se le ha llamado prosopagnosia. Las altera-
ciones de . la percepción visual producidas por lesiones en el hemis-
ferio derecho pueden ser posiblemente caracterizadas, también, por
una falta de control sobre las averiguaciones de un paciente cuando
evalúa un objeto, como resultado de lo cual muestran el carácter de
paragnosias (suposiciones incontroladas), van acompañadas de mar-
cados cambios en todas las actividades del paciente y en este sentido
difieren en su estructura psicológica de las auténticas agnosias ópticas
que antes he descrito (parte 11, cap. 3) y de las que hablaré más ade-
lante (parte Ill, cap. 9). Este rasgo está estrechamente relacionado
· 'con el fenómeno básico que comentaremos de nuevo brevemente.

164
•·

Las alteraciones gnósticas producidas por lesiones en el hemisferio


derecho se caracterizan por una especificidad modal mucho menos
marcada y son mucho más frecuentemente de carácter global y poli-
sensorial (Renzi y Spinnler, 1966a, 1966b; Hécaen, 1969). Esto se ex-
plica por la organización funcional más difusa del córtex del hemisfe-
rio derecho que antes he mencionado.
Sin embargo, no son las alteraciones gnósticas descritas las más
importantes en lo que concierne al hemisferio derecho, sino la per-
cepción general del paciente de su propio cuerpo y su propia persona-
lidad; por lo tanto, el síntoma más importante, con mucho, de una
lesión del hemisferio derecho es la remarcable ausencia de percepción
por parte del paciente de sus propias deficiencias, una condición co-
nocida hace años en la práctica clínica y a la que se le ha dado el nom-
bre de anosognosia.
La esencia de este fenómeno es que un paciente afectado de pará-
lisis por una lesión en el hemisferio derecho "desconoce" su parálisis;
un paciente que· desconoce el lado izquierdo del espacio o con una al-
teración en el reconocimiento de objetos "desconoce" estos defectos y,
por lo tanto, no los compensa, sino que se comporta exactamente
como si estos defectos no existieran. El comportamiento de un pa-
ciente con una lesión en el hemisferio derecho se parece, en ciertos
rasgos especiales, al comportamiento.de un paciente de síndrome fron-
tal (véase parte II, cap. 7) del cual, sin embargo, difiere particular-
mente en el grado mucho mayor de la integridad de las intenciones
del paciente y sus planes de comportamiento.
·El síntoma de anosognosia puede, quizás, explicarse en base al su-
puesto de que estas formas de análisis del propio comportamiento del
paciente que tiene lugar, evidentemente, con la ayuda de complejos
mecanismos del lenguaje, no conciernen al hemisferio derecho. Sin
embargo, la naturaleza y los mecanismos internos de este importante
síntoma no han sido estudiados adecuadamente y requieren un cuida-
doso análisis.
Proseguiremos ahora con el último grupo de síntomas relacionados
con lesiones en el hemisferio derecho, que se ven más claramente en
pacientes con lesiones profundas en el hemisferio derecho y cuya na-
turaleza permanece todavía insuficientemente estudiada.
Me refiero a los cambios en la personalidad y en la conciencia, que
están particularmente muy afectados en pacientes con estas lesiones.
Tales pacientes no tienen el lenguaje alterado. pero les falta el aná-
lisis preciso de la corriente directa de información acerca de su propio
cuerpo; su percepción de la situación directa es frecuentemente. de-

165
fectuosa, pero no pueden evaluar adecuadamente sus defectos. Por
esta razón, en pacientes con profundas lesiones en el hemisferio dere-
cho, es particularmente común encontrar signds de desorientación cir-
cundante o de confusión y alteraciones de la consciencia directa, que
el paciente intenta ocultar con su lenguaje intacto, haciendo la con-
fusión en consecuencia aún más conspicua.
Nunca olvidaré un grupo de pacientes con lesiones profundas (tu-
mores y aneurismas) del .hemisferio derecho, que estaban bajo mi cui-
dado y mostraron graves pérdidas de la orientación directa en el espa-
cio y en el tiempo. Creían firmemente que al mismo tiempo y sírnultá-
neamente estaban en Moscú y también en otra ciudad. Sugerían que
habían dejado Moscú y que iban a otra ciudad, pero habiendo hecho
eso, aún estaban en Moscú donde se les hizo una operación en el ce-
rebro. No encontraban nada. contradictorio en estas conclusiones. La
integridad de los procesos lógicos - verbales en estos pacientes, a pesar
de la profunda alteración de su autopercepción directa y su autoeva-
luación, lleva a un. sobredesarrollo característíco del lenguaje, a una
locuacidad, que adquiere el carácter de razonamiento sin ·sentido y
con el que enmascaran sus verdaderos defectos:'·':~::"'-
Estos defectos todavía no estudiados completamente nos lleva a
uno de los problemas fundamentales: el papel del hemisferio derecho
en la conciencia directa. Sin embargo, a causa de que el estudio de
este problema altamente importante ha sido hasta ahora descuidado,
en esta etapa no podemos más que mencionarlo. Se les dedicará un
análisis detallado en una serie especial de artículos que estamos pre-
parando para su publicación.

166
VI. Zonas
sensorio-motoras y
premot oras ,
y orga:n1zac1o:n
. .
del· movimiento

Hasta aquí hemos examinado las zonas del córtex cerebral que for-
man la segunda unidad funcional del cerebro y que participan en. la
recepción, análisis y almacenamiento de la información. Ahora debe-
mos examinar aquellos sistemas del cerebro que preparan y llevan a
cabo las funciones del movimiento.
En las primeras etapas del desarrollo de los mamíferos los sistemas
corticales que preparan para el movimiento no estaban claramente
subdivididos en dos unidades y se podía distinguir en el córtex una
región sensomotora única qu_e consistía en células aferentes (kinesté-
sicas) y células propiamente motoras. En etapas posteriores del desa-
rrollo, en los primates y particularmente en el hombre, tiene lugar la
diferenciación y se separan claramente las dos partes del sistema fun-
cional único, una para la preparación de los movimientos-y la otra
para realizarlos. Las zonas posteriores del córtex sensoriomotor, que
proporcionan las bases kinestésicas del movimiento, se separarOJ:lpara
formar la región postcentral, manteniendo sus funciones aferentes y
formando parte de la segunda unidad del cerebro; mientras por las
zonas anteriores, incluyendo las áreas motora y premotora, asumie-
ron una especial . responsabilidad para la organización eferente del
movimiento, y ambas formas dieron lugar a una parte de la tercera
unidad del cerebro. Como este grupo de zonas en conjunto continúa
como sistema único, pero estructuralmente diferenciado, para la eje-
cución de movimientos examinaremos su organización funcional en
un capítulo único, procediendo primero con la parte aferente del sis-
tema y más tarde con la eferente.

Zonas corticales postcentrales y organización


aferente del movimiento
Las zonas postcentrales (cutáneo - kinestésicas) se apoyan posterior-
mente en el canal central y tienen la estructura típica parvocelular y

167
granular del segundo sistema cerebral. En las zonas primarias de esta
región (área 3 de Brodmann), exactamente como en todas las zonas de
proyección, predomina la capa IV aferente del córtex y muestra cla-
ramente una estructura somatotópica. Es bien sabido que las fibras
que transmiten los impulsos de las extremidades inferiores contrala-
terales dirigiéndose a las partes superiores de esta zona, algunas de
ellas alcanzan su superficie media, las fibras que transmiten los · im-
pulsos de las extremidades superiores se dirigen hacia la parte media
y las fibras que transmiten los impulsos de la cara, labios y lengua se
dirigen a la parte inferior de esta zona cortical. Esta proyección es
más de carácter funcional que geométrico, ya que cuanto más impor-
tante es una determinada región de receptores periféricos, mayor nece-
sidad tiene de control sobre sus segmentos motores correspondientes
y mayor es el área ocupada por su proyección en estas zonas cortica-
les. Claramente, una lesión local de estas regiones del cerebro puede
causar la pérdida (o una disminución) de la sensación en los segmen-
tos correspondientes del cuerpo. Sin embargo, aunque éste es el re-
sultado más obvio y directo de tal lesión, no significa que sea el único
resultado. Como ya he dicho (y· como sostendré otra vez en· un-con-
texto especial) una corriente normal de impulsos aferentes cutáneo -
kinestésicos es la base esencial del movimiento" Este flujo da a los
impulsos motores su destino. necesario, que se pierde en lesiones de
las zonas corticales correspondientes. Una lesión en las zonas corrica-
les posteriores, postcentrales y sus vías, da lugar a una "paresia afe-
rente" en la que la fuerza de los músculos permanece intacta pero el
control diferencial sobre la extremidad está intensamente reducido,
de modo que el paciente no puede ejecutar movimientos voluntarios
con su mano o pie de los que ha perdido su sensación kinestésica.
· El mecanismo de esta paresia aferente, descrita originariamente
por Foerster (1936), es que los impulsos motores ya no tienen un des-
tino preciso y diferenciado y ya no alcanzan los grupos musculares
correctos. Esto se puede ver comparando el electromiográma de los
músculos flexores y extensores de una persona normal (fig. 44 a) y el
de una persona con una lesión (tumor) en la región postcentral (figu-
ra 44 b ). Los electromiogramas de las ilustraciones muestran clara-
mente que en el segundo caso los impulsos alcanzan simultáneamente
el grupo de agonistas y el grupo de agonistas y el grupo de antagonis-
tas, de manera que el movimiento requerido no puede realizarse.
Exactamente como las otras zonas modalmente específicas de esta
unidad cerebral, las zonas secundarias se superponen sobre el córtex
primario (de proyección) cutáneo- kinestésico. Estas zonas compren-

168
granular del segundo sistema cerebral. En las zonas primarias de esta
región (área 3 de Brodmann), exactamente como en todas las zonas de
proyección, predomina la capa IV aferente del córtex y muestra cla-
ramente una estructura somatotópica. Es bien sabido que las fibras
que transmiten los impulsos de las extremidades inferiores coritrala-
terales dirigiéndose a las partes superiores de esta zona, algunas de
ellas alcanzan su superficie media, las fibras. que transmiten los · im-
pulsos de las extremidades superiores se dirigen hacia la parte media
y las fibras que transmiten los impulsos de la cara, labios y lengua se
dirigen a la parte inferior de esta zona cortical. Esta proyección es
más de carácter funcional que geométrico, ya que cuanto más impor-
tante es una determinada región de receptores periféricos, mayor nece-
sidad tiene de control sobre sus segmentos motores correspondientes
y mayor es el área ocupada por su proyección en estas zonas cortica-
les. Claramente, una lesión local de estas regiones del cerebro puede
causar la pérdida (o una disminución) de la sensación en los segmen-
tos correspondientes del cuerpo. Sin embargo, aunque éste es el re-
sultado más obvio y directo de tal lesión, no sighifica que sea el único
resultado. Como ya he dicho (y como sostendré otra vez en un-con-
texto especial) una corriente normal de impulsos aferentes cutáneo -
kinestésicos es la base esencial del movimiento" Este flujo da a los
impulsos motores su destino necesario, que se pierde en lesiones de
las zonas corticales correspondientes. Una lesión en las zonas cortica-
les posteriores, postcentrales y sus vías, da lugar a una "paresia afe-
rente" en la que la fuerza de los músculos permanece intacta pero el
·control diferencial sobre la extremidad está intensamente reducido,
de modo que el paciente no puede ejecutar movimientos voluntarios
con su mano o pie de los que ha perdido su sensación kinestésica .
. El mecanismo de esta paresia µferente, descrita originariamente
por Foerster (1936), es que los impulsos motores ya no tienen un des-
tino preciso y diferenciado y ya no alcanzan los grupos musculares
correctos. Esto se puede ver comparando el electromíograrna de los
músculos flexores y extensores de una persona normal (fig. 44 a) y el
de una persona con una lesión (tumor) en la región postcentral (figu-
ra 44 b ). Los electromiogramas de las ilustraciones muestran clara-
mente que en el segundo caso los impulsos alcanzan simultáneamente
el grupo de agonistas y el grupo de agonistas y el grupo de an tagonis-
tas, de manera que el movimiento requerido no puede realizarse.
Exactamente como las otras zonas modalmente específicas de esta
unidad cerebral, las zonas secundarias se superponen sobre el córtex
primario (de proyección) cutáneo- kinestésico. Estas zonas compren-

168
• ttextón

o
... ,,
'
• e
m. flex. dig...

m. ext.. car. rad.

Fig. 44. - Electromíograma de movimientos de flexión y extensión; (a) en un


sujeto normal; (b) en un paciente con un tumor en la región postcentral del córtex;
(e) el mismo paciente dos meses después de la operación (de Zambran).

169
den las áreas l y 5 de Brodmann y parte de las áreas 7 y 40, en las que,
justamente como en las otras zonas secundarias, los estratos superio-
res del córtex comienzan a ocupar un lugar sustancial y, aunque pre-
servando su carácter modalmente específico, pierden la organización
somatotópica de sus partes. Las neuronas que las componen respon-
den a estímulos más complejos y la estimulación de zonas kinestésicas
secundarias del córtex evoca sensaciones más generales y extensas.
Una lesión de estas zonas de la región postcentral da también origen a
resultados característicos.
En. estos casos pueden no presentarse grandes alteraciones de la
sensación y la característica predominante puede ser una alteración de
las formas complejas de la sensación .cutáneo='kinestésica, que lleva
a la incapacidad para sintetizar los estímulos individuales en es-
tructuras completas. Como resultado de ello, en pacientes con una
lesión en esta zona cortical.iquedan afectadas las formas más comple-
jas de sensación táctil activa, dando lugar ·a defectos que· han sido
analizados detalladamente en los últimos años por investigadores so-
viéticos (Ananev, 1959),. El fenómeno que se produce es análogo a la
agnosia óptica simultánea y la .agnosia descrita en la parte correspon-
diente .a la patología de las zonas secundarias del córtex occipital, y
a la que recientemente se le ha dado el nombre de amorjosintesis
(Denny - Brown, 1951, 1958). Es una alteración de la. capacidad para
combinar impresiones táctiles y kinestésicas aisladas en una .entidad
única y se apoya, evidentemente, en las bases del conocido fenómeno
clínico de la astereognosis (incapacidad para reconocer objetos por
el tacto) que afecta, por regla general, a la mano situada en el· lado
opuesto del foco,
Sería un error suponer que las alteraciones producidas por lesio-
nes de las zonas secundarias del córtex postcentral se limitan a alte-
raciones aferentes o gnósticas. Un rasgo esencial de estas zonas corti-
cales es que una lesión patológica en ellas se refleja invariablemente
en el curso del movimiento.
Como antes he manifestado, la ejecución organizada de un movi-
miento voluntario (manipulación de un objeto). depende en gran par-
te del sistema de impulsos aferentes kínestésícos en el que se basa
(Bernstein, 1947, 1967). Naturalmente, por lo tanto, si se altera la sín-
tesis kinestésica, se pierden las bases aferentes directas del movi-
miento. y el movimiento organizado resulta imposible. Esto es así de-
bido a que en una Iesióii de 1;.s·, zonas secundarias. del córtex kinestési-
co, el paciente desarroila una forma característica de apraxia aferente,
en la que la mano no recibe la síntesis aferente (kinestésica) necesa-

170
•· .

a b

Fig. 45. - Alteración en los movimientos de las manos por lesiones en la región
postcentral (según Foerster): (a) alteración de los movimientos finos en la escritura;
(b) el fenómeno de ataxia estática.

ria y es incapaz de ejecutar .movimientos propiamente diferenciados,


trabajando· en forma grosera, carente de delicadeza y precisión. Las
manifestaciones de la apraxia aferente fueron observadas originaria-
mente por Liepmann (1905, 1920), quien las describió como "apraxia
acrokinestésica", y subsecuentemente por Kleist (1907, 1911), Pick
(1905), Monakow (1910, 1914), Brun (1921) y Sittig (1931), pero la me-
jor descripción de todas fue la dada por Foerster (1936), el cual mos-
traba claramente que fa mano de un paciente con una lesión en las
zonas secundarias de la región postcentral se ve· privada de su afe-
rentación sintética compleja y es incapaz de adaptarse adecuadamente
al carácter de un objeto, de tal manera, que los movimientos del pa-
ciente pierden su carácter diferenciado. El carácter específico de los
movimientos que Foerster describe como una "mano -pala", que coge
una aguja de coser y un objeto grande exactamente de la misma ma-
nera, se ve claramente en la figura 45, ·que ilustra los cambios en el
movimiento, debidos a lesiones de la región postcentral.

171

t~-----···----- --- -_, , ,


•·

Estas alteraciones pueden llamarse lógicamente "apraxia postura!" o


"apraxia aferente kinestésica" (Luria, 1963, 1969, 1969) y se observan
con una notable evidencia en una lesión de las.zonas secundarias del
córtex kinestésico postcentral. Sin embargo, un factor esencial requie-
re un examen especial.
Si una lesión de las zonas secundarias (kinestésicas) de la región
postcentral afecta, por ejemplo, a las zonas más bajas de esta región
del hemisferio izquierdo (dominante), región de organización secun-
. darla de .la sensación kinestésica en la cara, labios y lengua, la apraxia
kinestésica puede manifestarse de forma especial en la organización
de los movimientos del aparato del lenguaje, llevando a un desorden
distintivo del lenguaje al que se. ha llamado afasia aferente motora
(Luria, 1962, 1964, 1969c, 1970a).
La característica básica de este síndrome es la incapacidad para
determinar inmediatamente Ja posición necesaria de los labios y la
lengua para articular los sonidos requeridos por el lenguaje. Los pa-
cientes con lesiones masivas en esta región no· saben en qué posición
poner la lengua y los labios para pronunciar ;los sonidos necesarios;
los pacientes con una forma menos· masiva de esta alteración confun-
den sólo artlculemas similares (diferentes sólo en una característica);
pueden sustituir unas articulaciones palatoglosales por otras, de for-
ma que pronuncian la "d" com "I" o confunden articulaciones labia-
les similares, pronunciando la "b" o la "p" como "m ... La sustitución
de estos sonidos de diferentes propiedades acústicas, si bien similares
en su articulación, nos facilita una firme evidencia para el diagnós-
tico de lesiones de las zonas postcentrales inferiores del hemisferio
izquierdo (Vinarskaya, 1971).
Los resultados secundarios (sistémicos) característicos de este de-
fecto corresponden. a· formas especiales de alteraciones en la escritu-
ra, consistentes en la sustitución de articulemas similares. El paciente
puede escribir "khadat" o "khanat" en lugar de "khalat", o "snot ..
o "slon" en lugar de "stol" (fig. 46). Este tipo de sustitución de soni-
dos con articulación similar les distinguen de los pacientes con lesio-
nes en la región temporal izquierda, cuyo defecto de escritura predo-
minante es la confusión entre dos fonemas similares.
Todas las perturbaciones. descritas antes son el resultado de una
alteración de las bases aferentes del movimiento. Constituyen una
forma de movimiento patológico en las lesiones locales del cerebro y
difieren claramente de las del otro tipo en· que. están asociadas con
la lesión de las zonas premotoras del cerebro y no de las zonas post-
centrales.

172
escrito al dictado

ropaje grande
1 1 khaJat bormor
m n xanom ÓO/lbWOU

~
,.
~~ ·

e/O/"f,-u.A.ur
x..°1~
/

khanat bon'shol
khadat bon'shol

paciente GÚí. 7 .º grado lesión de la reg;ón parietal iiquierda

vagón de tren mesa pupitre


vogon stol parta

Bot.ol-l CmM· ·.~·",.;.


rapma
?J~f ~~ tio.pK.ct
G.-/Co.l\.
Vegod. slon perna
sJot

.paoeota Vos. · 10. grado


0 ~en la reg~ parietal izquierda

mesa elefaole sala


stor slon palat11

eman nanama
C /JOH
,. ,.
~ ~ ~
stot llnOt patata

paciente 1-eh. 7.0 grado lesión en la ~ parie!D12mpor31 iZquierda

Fig, 46. - Escritura de pacientes con afasia motora aferente.

173
•·

Zonas premotoras del córtex y organización


eferente del movimiento
Las zonas postcentrales del córtex, que he acabado de estudiar, tie-
nen una sintonización o influencia moduladora en las zonas prima-
rias, de proyección del córtex motor. Estas zonas, que están en el
giro precentral y que contienen el sistema altamente desarrollado de
células gigantes piramidales en la capa V aferente del córtex, son el
origen del sistema motor piramidal que lleva los impulsos a las astas
anteriores de la columna vertebral, desde donde prosiguen hacia los
correspondientes grupos de músculos. Tienen una estructura somato-
tópica claramente definida, como la que corresponde a las zonas sen-
sitivas _generales (cutáneo- kinestésicas) del giro postcentral y están
bajo su influencia constante, resultando que la estructura de los ím-
pulsos motores generados en ella se subordina a las estructuras diná-
micas de excitación formadas en las zonas postcentrales del cerebro.
Las zonas aferentes postcentrales, sin embargo, no son el único
sistema que ejerce una influencia reguladora, moduladora del giro
precentral.
Es bien sabido que· la estructura de un movimiento voluntario no
se basa exclusivamente en la base aferente kinestésica, que es esen-
cial para dar al movimiento la composición impulsiva que se requiere.
El movimiento es siempre un proceso con un curso temporal y ello
requiere una continua cadena de impulsos intercambiables.
En los estadios iniciales. de formación de todo movimiento esta ca-
dena debe consistir en series de impulsos aislados; con el desarrollo
de las habilidades motoras, los impulsos individuales se sintetizan y
combinan en "estructuras kinestésicas integrales" o "melodías kiné-
sicas" cuando un impulso único es suficiente para activar. un estereo-
tipo dinámico completo de elementos automáticamente intercambia-
bles. La producción de tal estereotipo dinámico es la esencia de la
formación. de una habilidad motora que, como resultado de un adies-
tramiento, puede adquirir el mismo carácter automático que ha co-
rrespondido previamente sólo al automatismo instintivo elemental
efectuado a nivel subcortical o, como Bernsteín, fundador de la psi-
cología del movimiento, lo llama el nivel de "sinergismos motores".
Sobre el sistema de sinergismos subcorticales, que está fuertemen-
te desarrollado en los vertebrados inferiores e incorpora las estruc-
turas del tálamo y los núcleos motores subconticales (el sistema tála-
mo - estriado), se superponen ahora los sistemas del córtex cerebral,
los más importantes de los cuales, en lo que concierne a la presente

174
cuestión, son las zonas premotoras cuyas conexiones se muestran
diagramáticamente en la figura 47.
La región premotora (área 6 y 8 de Brodmann) es el lugar del
mecanismo que se superpone al nivel subcortical del sistema espinal y
también a los sistemas corticales del giro precentral. En su estructura
se mantienen claramente las características del córtex motor y su es-
triación vertical, pero difiere del área motora primaria en el poderoso
desarrollo de las pequeñas células piramidales de las capas II y III,
las cuáles le dan la estructura típica de las zonas corticales secun-
darias.

región. motora

Fig. 47. - Diagrama de conexiones de los niveles corticales y.: subcorticales res-
ponsables de las búsquedas sensoriales y motoras (según Papez y otros).

Como característica esencial tenemos que la zona premotora está


poderosamente desarrollada en. las últimas etapas de la evolución de
los mamíferos. Mientras que en los monos. inferiores el área motora
primaria (área 4) es enormemente predominante y fas zonas corticales
premotoras (área 6) ocupan solamente un lugar insignificante, en el
hombre estas relaciones están invertidas y el córtex premotor ocupa la
mayor parte de la región precentral.
Estas variantes relaciones en la filogenia con el incremento del ta-
maño relativo de las zonas premotoras se muestran claramente en la
tabla S.

175
Tabla s. -
CAMBIOSEN EL ÁREA RELATIVA DE LAS REGIONES PRECENTRAL
(MOTORA) Y PREMOTORAY ESTADIOS SUBSECUENTES DE LA EVOLUCIÓN EN
LOS MAMÍFEROSSUPERIORES(Del Instituto',CerelJral de Moscú)

Área del córtex Área del córtex


Área de la región motor primado premotor (área 6)
precentral, en (área 4) en por- en porcentaje con
porcentaje con el centaje con el el área total de
área total del área total de Ja la región
córtex región precentral precentral

Mono tití 5,5 79 21

Guenon 8,3 69 31

Chimpancé 7,6 29,8 70,2

Hombre 8,4 12 88

El examen de esta tabla revela claramente la creciente importancia


de. las zonas secundarias del córtex motor (área prernotora) en la or-
ganización de los movimientos humanos de habilidad de complejidad
creciente. Los análisis anatómicos, fisiológicos y clínicos proveen una
importante .inforrnación acerca de la manera en la que estas zonas
participan en las funciones motoras.
Estudios morfológicos han mostrado que la distribución de células
varía de una capa del córtex a otra. Según el Instituto Cerebral de
Moscú, en el área motora primaria (área 4 de Brodmann) se concen-
tran en la capa cortical V (capa efectora) un número mucho mayor
de células, mientras que, comparativamente, hay pocas células en las
capas II y III (capas asociativas). En cambio, en las zonas premotoras
secundarias del córtex motor (área 6 de Brodmann) el número de cé-
lulas en las capas superiores se eleva en~rntemente y el número de
células en las mismas capas en ·las zonas terciarias más complejas
(área 10 de Brodmann) es aún mayor. Estos resultados, que están re-
sumidos en la tabla 6, demuestran claramente esta situación y refle-
jan el papel creciente que juegan las zonas premotoras, así como de
las zonas prefrontales, en la organización de la compleja .conducta
motora humana.

176
•·

Tabla 6. - NúMERO TOTAL DE CÉLULAS EN LAS CAPAS INDIVIDUALES DE LAS


ZONAS PRIMARIA, SECUNDARIA Y TERCIARIA DEL CÓRTEX MOTOR HUMANO
(EN MILLONES) (según el Instituto Cerebral de Moscú)

Número total Capas II-III Capa IV Capa V

A rea 4 520 30 10,6


Area 6 511 275 80,6
Area 10 917 386 94 177

Estas hipótesis han sido confirmadas, también, por los hallazgos


fisiológicos. · La estirnulación del córtex premotor se extiende sobre
áreas del córtex relativamente extensas y evoca sucesivamente movi-
. rnientos integrados, que incorporan la rotación de los ojos y la ca-
beza, seguidos de rotación del cuerpo al lado opuesto y de los movi-
mientos de prensión de las manos. Ataques epilépticos adversivos de
este tipo están originados por factores que producen una irritación
permanente (cicatrices, por ejemplo) de la región premotora.'
En consecuencia, el córtex premotor es el lugar del sistema adap-
tado para la integración en el tiempo de impulsos eferentes (motores).
Mientras que las zonas corticales postcentrales son responsables de
la distribución 'espacial de los impulsos motores, las zonas prernotoras,
basadas en sinergismos motores a niveles inferiores, son responsables
de la conversión de impulsos motores individuales en las melodías ki-
nésicas consecutivas y así introducen un componente secundario esen-
cial en la organización de las habilidades motoras complejas.
Ahora es posible buscar los síntomas que se producen en pacientes
con lesiones en las zonas premotoras. Las observaciones clásicas .de
FU.lton(1935, 1943) y más tarde de otros neurólogos (Foerster, 1936;
Kleist, 1934 ), y una serie de mis propias investigaciones efectuadas en
1943 (publicadas en 1963, 1_947, 1962, 1963, 1969c y 1970a) han mos-
trado que las lesiones del córtex premotor no dan lugar a parálisis ni
a paresias de las extremidades contralaterales. Su síntoma básico es
una alteración definida de los movimientos hábiles, que ya no se eje:...

l. Woolsey (1958) supuso que la zona premotora observaba los mismos prin-
cipios de organización funcional que la zona motora; la única diferencia es que en
la zona premotora se representan partes próximas de las extremidades cuando en la
zona motora hay una representación de las partes distales. Pero esta idea de la iden-
tidad de principios de organización de las zonas motora y premotora no se ha esta-
blecido todavía en el c6rtex cerebral humano-

177

12-C. A.
_ 1s

·.~~--

Fig. 48. - Electromiograma y mecanograma · patológicos .de lesiones en el área


premotora: (a) alteración de la iniciación del movimiento (dificultad de activación);
(b) alteración del término del movimiento (inercia -patológica) (según Iospha y
Homskaya). · ·

cutan suavemente y cada componente del movimiento hábil requiere


ahora su propio impulso aislado. Clínicamente, la escritura de los pa-
cientes se altera y cada rasgo de una letra requiere un esfuerzo espe-
cial; la mecanógrafa pierde velocidad y continuidad en su trabajo, el
músico no puede tocar fácilmente una melodía y el trabajador cua-
lificado. es incapaz de llevar a cabo automáticamente el sistema suce-
sivo de operaciones qué constituyen un acto motor habitual.
Desde el punto de vista fisiológico, con este defecto se pierde el
proceso fluido de sucesión de inervaciones y denervacíones, los im-
pulsos electromiográficos que llevan a la iniciación de movimientos
se prolongan patológicamente y no pueden detenerse en el momento
preciso (fig. 48 ). El defecto se manifiesta exteriormente, por medio de
tests neuropsícológicos, en la incapacidad de los pacientes para ejecu-
tar un movimiento complejo que requiere una fluida sucesión de iner-
vaciones, o en el paso de un componente de un movimiento al si-
guiente, de modo que el fenómeno se. conoce clínicamente con el
nombre de "inercia de estereotipos motores" (fig. 49). Este fenómeno
puede verse particularmente claro si se le dice a un paciente con una
lesión en la región premotora que dé palmadas a ritmos comple-
jos, por ejemplo, 2 fuertes seguidos de 3 golpes débiles (del tipo
-.-·-.-- ..-·- ... ). En tales casos, el paciente no puede pasar con facilidad

178
antes del adiestramiento

después de un adiestramiento de ocho días

·~

simple

~~~
ejemplo ejecución ·ejecución
sin contar contando
después de un adiestramiento de tres meses

interrupción de la cuenta
cuatro meses después de la herida aprendiendo a llevar el ritmo uvlvvl
experimento
A lentamente. contandoen voz alta Ciilrno establecido)

experimento B ~- fiA= ,,
excluidosla cuentay visión (cae et ritmo}

experimer)to e
el paciente mira al interruptor

V.J~w
(vvl} con dos terminales

(ritmo establecido}

experimentoO~
otra vez se excluyen cuenta y visión (cae el ritmo}

paciente Chem. lesiÓn en la región premotor (parasagital)

ejemp!o

ejemplosde ejecucióndefectuosa

Fig. 49. Inercia de los estereotipos motores elementales durante la ejecución


de tests gráficos por pacientes con lesiones en la región premotor.

179

de dos golpes a tres o de los fuertes a los débiles y su golpeteo llega


a ser de carácter discontinuo y de carácter desautomatizado. La es-
tructura - - . . se reemplaza por otra comq : - - - - - - -
- -- o por - - - - - - - - - -- -, y se desintegra la melodía
kinésica (Luria, 1963, 1966a, 1966b; Semernitskaya, 1945).
Si la lesión del área premotora está situada más profundamente
se encuentra un síntoma nuevo de considerable importancia teórica
y diagnóstica. La función inhibidora y moduladora del córtex premo-
tor con relación a las estructuras_ subcorticales inferiores (ganglios
. motores basales) queda abolida, así que,· una vez ha comenzado un
elemento de un movimiento no se inhibe en el tiempo preciso y con-
tinúa libremente. El movimiento llega a set de carácter "cíclico", para
usar la descripción dada por Bernstein 0947) y se desarrolla el fenó-
meno normalmente conocido como perseveración motora elemental.
Si al paciente se le dice que dibuje una determinada figura, como un
círculo, comienza a hacerlo con facilidad pero no puede pararse en el
momento justo y va repitiendo el movimiento una y otra vez. Dos
ejemplos de estas alteraciones motoras se dan en las figuras 50 y 51:
una de ellas (fig. 50) fue observada en un paciente cuya función del .
área premotora revelaba una hemorragia muy profunda, mientras
que la otra (fig. 51) se observó en un paciente con un edema postope-
ratorio que se produjo después de una extirpación de un tumor extra-
cerebral (meningioma) del área prernotora. Las perseveraciones mo-
toras que acabo de describir fueron graves con el máximo edema, si
bien en los días siguientes, a medida que el edema menguaba, fueron
desapareciendo gradualmente.
Estas alteraciones se manifiestan más claramente en las extremi-
dades superiores contralaterales al foco, pero en los pacientes con
una lesión de la zona premotora del hemisferio izquierdo (domznante)
pierden su carácter somatotópico estricto y se reflejan en ambas ex-
tremidades superiores.
En todos estos casos está claro que la intención de ejecutar el mo-
vimiento, así corno .el plan general de su ejecución, permanecen intac-
tos, pero la ejecución actual del movimiento se libera del efecto mo-
derador del programa y se pierde todo control sobre ella.
Debemos ahora examinar un síntoma de significación fundamental.
En los casos en que la lesión. afecta a las zonas inferiores del área
premotora del hemisferio izquierdo (dominante) los· fenómenos de al-
teración del paso fluido de un elemento motor a otro y la aparición
de perseveraciones motoras patológicas que acabo de describir, se
muestran mejor en el lenguaje del paciente que en el movimiento de

180
122

circulo

a 101
Paciente Kirs
Cdespués del hematoma en fa región prerr.otor izquierda)_
'Hice como me dijeron. Saqia que algo estaba equivocado
pero no podía cambiado",

escritura

Fig .. 50. - Movimiento compulsivo en el dibujo y la escritura de un paciente


con hematoma en la región premotor izquierda: (a) dibujos y números; (b) escritura.

sus manos, dando así lugar a un fenómeno distintivo que yo prefiero


llamar afasia motora eferente (o kinésica) (Luria, 1947, 1962, 1966a,
1966b, 1966c, 1966d, 1970a). En contraste con la afasia aferente. (ki-
nestésica) ya descrita, en esta situación el descubrimiento de las ar-
ticulaciones requeridas y la pronunciación de sonidos aislados e in-
dividuales del lenguaje no presenta dificultad apreciable para los
pacientes.
Esta alteración llega a ser aparente cuando tales pacientes tienen
que pasar de una articulación a otra (como cuando se pronuncia una
palabra polisílaba o una combinación de palabras). En este caso el
proceso de denervación del articulema precedente y la transición
fluida al articulema siguiente se alteran profundamente, se producen
signos de inercia patológica de una articulación existente y la pronun-
ciación suave de una palabra polisílaba llega a ser imposible. En un
intento de pronunciar la palabra "rnukha" el paciente articula la pri-
mera sílaba (labial) "mu" con propiedad, pero no puede cambiar a la

181
•·

a
Paciente lvanov(5180)
2.0 día post-operatorio 3.0 día post-operatorio

circulo


4.0 día post-operatorio
triángulo

S.º día post-operatorio

Chacia el fin del experimento. después de 15 minutos) .(,


círculoº círcu1olJ
-~\ cruz
~~ >"ogu~~
triángulo~

t)\
circulo )

2.0 día post-operatorio 3.0 dia post-operatorio

O dedos

~
piernas ..)

<dedos>

'Un hombre·

A dibuja cabezay· tronco


B dibuja un 2.0 hombre
e dibuja lineas estereoepadas

4." dia post-operatorio V

182
7_0 dia post-operatono

o
dibujos hechos después de instrucciones
separadas (sin perseveracicnes)
() +-
circulo cruz circulo triángulo cruz rombo

triángulo
o +u cruz
Un hombre
o Una rosa du:ica !l -y
cuadrado cuadrado circulo tri2n9ulo rombo
,_1~0
~~
~

Fig. 51. - Ejecución motora en el período postoperatorio (extracción de un moni- groma


del área premotora): (a) copiando formas (2.º al 5.º día después de la operación); (b)
dibujando un hombre (los mismos días); (e) dibujando formas y un hombre el 7.º día después
de la operación.

siguiente sílaba (retroglosolaríngea) "kha" y en lugar de la palabra requerida


sólo puede decir: "mu ...m ... m ... mn ... rna". Esta alteración de la organización
kinésica de las articulaciones en la base de la forma de afasia motora descrita
originalmente por Broca (1861a, 1861b), que difiere enormemente en sus
mecanismos fisiológicos de la afasia mo- tora aferente "afraxica" que he
descrito.
Las alteraciones de este tipo se encuentran no sólo en el lenguaje hablado
de pacientes con lesiones en las zonas inferiores de la región premotora
izquierda, sino también en su escritura, en la que el orden de los elementos se
pierde y la transición suave de un componente de una palabra a otra y la
retención de la secuencia requer ida son im- posibles y en la que la
perseveracion patológica de una palabra, una vez escrita es claramente
aparente, de forma que estos pacientes no pueden escribir con propiedad
(fig. 52). El estudio de las funciones de las zonas corticales premotoras
proporciona una clara comprensión de los mecanismos de uno de los más
complejos fenómenos clínicos: la alteración del aspecto motor del lenguaje.

183
•·

" "· : ,-
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paciente Va>/_ Lesión de la región témpro - frontal, dos meses después de la herida
mñz> (diente) Czisno> (sueño)
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paciente Dim. Lesión del área anterior del lenguaje, dos meses después de la herida

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paciente Is. 10.º grado. Lesión en el 6iea de Broca Afasia motora

escribiendo en silencio

(}~ onlto ~~
oko n...

~(P~
on... onQ...
escribiendo una palabra hablando en voz alta

~
olcno <ventana)
paciente Mín. Ingeniero. Lesión· en el área derecha del lenguaje (sujeto :zurdo).
Afasia motora

Fig. 52. - Escritura de un paciente con afasia motora eferente (k.inésica).

184
•·

VI::I. Lóbulos :frontales


y regulación.
de la actividad mental

Con la descripción de las funciones del córtex motor hemos comen-


zado, de hecho, el análisis detallado de la organización funcional de
la tercera unidad principal del cerebro, la máxima responsable de la
programación, regulación y verificación de la actividad humana.
He dicho que los lóbulos frontales del cerebro y, en particular, sus
formaciones terciarias (incluyendo el córtex prefrontal) fueron las
últimas partes de los hemisferios cerebrales que se formaron y que
si bien apenas son visibles en los animales inferiores, se hacen apre-
ciablemente mayores en los primates y en_ el hombre ocupan hasta
1/4 parte de la masa total de los hemisferios ... cerebrales, pero no al-
canzan la madurez en el niño hasta de los 4 a los 7 años.
También dije que las zonas prefrontales o córtex frontal granular
est-án formadas enteramente de células de las capas superiores del
córtex (asociativas}, y que tienen las conexiones más abundantes con
las partes superiores del tronco cerebral y Ias estructuras talámicas,
así como con todas las demás zonas corticales (fig. 16),'y que están su-
perpuestas no sólo sobre las zonas secundarias del córtex motor, sino
también, de hecho, sobre todas las otras formaciones del cerebro.
Por lo tanto, poseen conexiones bilaterales con las partes. superiores
de la formación reticular que modula el tono cortical y, también, con
las formaciones de la segunda unidad cerebral que son responsables
de la recepción, análisis y almacenaje de la información, capacitando
las zonas prefrontales para. el control del estado general del córtex
cerebral y el curso de las formas fundamentales de la actividad men-
tal humana.
En vista de estas dos importantes funciones de los lóbulos fronta-
les es perfectamente lógico considerar estas estructuras corno las zonas
terciarias del sistema límbico, por una parte, y del córtex motor por
otra. Estas funciones también nos capacitan para comprender el im-
portante rol de los lóbulos frontales en la regulación de la vigilancia
y en el control de las formas más complejas de la actividad del horn-

185
bre. Ahora examinaremos separadamente las dos funciones de los
lóbulos frontales.
La función de los lóbulos frontales en la organización del compor-
tamiento ha sido estudiada estrictamente por algunos científicos. Su
papel en la organización del comportamiento animal ha constituido el
propósito de la investigación clásica de Bekhterev (1905-7); Pavlov
(1912-13); publicado en 1949a, 1949b; Anokhin (1949); Bianchi (1895,
1921); Franz (1907); Jacobsen ( 1935); Malmo (1942); Pribram (1954-60);
Rosvold (1956-59);Mishkin (1955-58),y otros. El rol de los lóbulos fron-
. tales en el comportamiento ha sido analizado e investigado por Har-
low (1968); Welt (1888); Khoroshko'(1912, 1921); Feuchtwanger (1923);
Kleist (1934); Brickner (1936); Rylander (1939); Hebb (1945); Halstead
(1947); Denny-Brown (1951); Luria (1962, 1963, 1966a, 1966b); Luria
y Homskaya (1963, 1966), y otros. Resumiré brevemente los resulta-
dos de nuestras Investigaciones.

Lóbulos frontales y regulación de los estados


de actividad
Para que tengan lugar algunos procesos mentales es necesario un
cierto nivel del tono cortical y este tono cortical debe modificarse de
acuerdo con la tarea que ha de realizarse y, al mismo tiempo, con el
estadio de actividad a alcanzar. La primera función del lóbulo frontal
es regular este estado de actividad.
He mencionado antes que cada estado de expectación activa produ-
ce ondas lentas características en las regiones frontales del cerebro,
que Grey Walter ha descrito corno "ondas de expectancia" (fig. 19) y
que cada actividad intelectual activa lleva a la aparición de un gran
número de puntos de actividad excitados simultáneamente (fig. 20).
Evidentemente;' estos hechos están estrechamente conectados con el
rol activante del lenguaje, que formula el problema o proporciona la
concentración especial necesaria para algunas formas de actividad
intelectual.
Naturalmente sería de esperar que este incremento de tono cortical
resultante de la formulación del problema se alterase en pacientes con
una lesión· patológica del cór tex frontal y que uno de los principales
resultados de una lesión del lóbulo frontal sea una alteración de la
activación basada en el lenguaje. t: ª ·
Esta fue la conclusión alcanzada por Homskaya y sus colaborado-
res después de una larga investigación (Homskaya, 1960, 1961, 1965,

186
1966a, 1972;Artemeva y Hornskaya, 1966; Baranovskaya y Homskaya,
1966; Joshpa y Homskaya, 1966; Simernitskaya y Homskaya, 1966;
Simernitskaya, 1970). Examinemos brevemente algunos de sus descu-
brimientos.
Se sabe que toda tarea asociada a la aparición de un reflejo de
orientación y que requiere una activación evoca cambios autonómicos,
manifestados por la constricción de los vasos sanguíneos periféricos y
la dilatación de los vasos de la cabeza (Sokolov, 1958; Vinogradova,
1959a, 1959b) y un reflejo psicogalvánico. Este reflejo continúa basta
que el sujeto se acostumbra al estímulo y desaparece después de la
interrupción o de la ejecución correcta de la tarea (fig. 53).
· En todos los pacientes con lesiones en las zonas posteriores del ce-
_, rebro se mantiene esta aparición de componentes autonómicos del re-
flejo orientador evocado por una instrucción verbal (fig. 54 a); sin em-
bargo, en pacientes con lesiones en las zonas prefrontales (y, en par-
ticular, las zonas medias del córtex frontal, en ambos, llega a ser muy
inestable o se produce en forma completamente insuficiente (fig. 54 b ).
Estos puntos demuestran un hecho importante: los lóbulos frontales
participan en la regulación de los procesos de activación presentes en
la base de la atención voluntaria.
Se han descubierto hechos similares mediante la utílización de mé-
todos electrofisiológicos. Bajo condiciones normales, la presentación
de cualquier tarea que 'requiera un incremento de la tensión produce
cambios en la actividad · eléctrica del cerebro que se han descrito
como "desincronización" o "depresión del ritmo alfa". En tales casos
las ondas eléctricas con una frecuencia de 8-10 por segundo conocida
como ritmo alfa disminuyen, mientras que las ondas más rápidas in-
crementan su amplitud.
Estos cambios en el espectro de frecuencias del electroencefalo-
grama producidos como respuesta a cualquier introducción verbal que
requiera un incremento de la atención (por ejemplo, como respuesta
a la orden de contar el número de señales, vigilar los cambios de se-
ñales, etc.) se manifiestan en todos los sujetos normales y también,
hasta cierto punto, en todos los pacientes con una lesión en las zonas
posteriores del córtex (fig. 55 a). Sin embargo, como han mostrado
Baranovskaya y Hornskaya (1966a), estos cambios en el espectro de
frecuencias del EEG, que se encuentran aún en pacientes con lesiones
de las zonas posteriores del cerebro (fig, 55 b), están ausentes en pa-
cientes con lesiones de las zonas frontales o son altamente inestables
y desaparecen rápidamente (fig, 55 e).
Estudios electrofisiológicos recientes han descubierto todavía otro

187

a b
VR VR VR VR
1 2 3 4 5 6 7 s 9 orden 1011 12 13 14 15

l
A A

l
13

VR VR VR
91011 1213 14 15 16 17 18

VRVR VR VR VR
123 46678 orden 12 13 14 15 16 17

e
l

e
Fig. 53. - Manifestación de compo-
1
interrupción .deltest
nentes autónomos del reflejo orientador
26 VR 27 2S2930 respondiendo a una instrucción ·verbal
correspondiente que moviliza la aten-
ción de sujetos normales (según Homs-
A 131323034 kaya).
a) Extinción de la reacción psicogalvá-
nica a la interrupción de sonidos

~
VR
. 38
VR.
l
Interrupción del test.

394041 4243444546
(60dB) en tres sujetos. Se muestran
tres tipos de extinción: (A) extin-
cióu rápida; (B) extinción prolonga-
da; (C) ausencia de reacción psico-
galvánica al sonido. Los números
denotan los números seriales de los
e estímulos.
b) Restablecimiento de. las reacciones
psicogalvánicas de arousal a partir
interrupción del test de la introducción de la orden de
2'S VR 26 27 29 zs 3iJ 313233 contar el número de sonidos en cada

l estímulo interrumpido. La flecha in-


dica introducción de la orden, V. R.
indica la respuesta verbal del su-
jeto.
e
e) Desaparición de las reacciones psi-
cogalvánicas de arousal después de
la interrupción de la prueba.

188
B
Too

t =ilcuantos?

A
Too
A
B, instrucción
sonido ~!t..~~
500~~ --- .
~ L...J ¡_r-
7 5 lV 8 :1:19 11 +·11· 8t'8'
A
instrucción - -v"\f~--...;.-----~--~~~~~-
A

a
sonido
4 '4' 7 ·10·
JI

~A~~_:_..------------ instrucción:----..~-- ..........._..._.......----

:ti lcuántos?

Fig. 54. - Regulación de los componentes autonómicos del reflejo orientativo por
la orden verbal "cuente los sonidos" en pacientes con lesiones de las zonas A) pos-
teriores y B) frontal del cerebro (según Homskaya).

189
sonido de fondo sonido sonido de fondo

1 u tn
A

sonido de fondo contaje de sontdos sonido de fondo

1 n 111

sonido de fondo sonido , sonido de fondo

1 u m
e

Hz

Fig. 55. - Cambios en Ja frecuencía del espectro de actividad eléctrica bajo la


influencia de una instrucción verbal que cause la movilización de la atención:
A) en un sujeto normal; B) en pacientes con lesiones de las zonas posteriores del
cerebro; C) en pacientes con lesiones del lóbulo frontal (según Homskaya y Bara-
novskaya). A) Espectro de frecuencia EEG en estado de reposo (1) y durante la
acción. de sonidos indiferentes (2); B) lo mismo en estado de reposo (1) y durante
la cuenta de sonidos en respuesta a la orden (2); C) cambios del espectro de fre-
cuencias del EEG relativos a los sonidos de fondo, tomados al 100 % . Línea dis-
continua: respuesta a sonidos indiferentes; línea continua: respuesta a sonidos in-
formativos (acción ante la orden de contar los sonidos).

importante y objetivo indicador de la activación cortical. Como· ha


mostrado Genkin (1962,1963,1964),la estrnctura de las ondas alfa en
una persona normal en estado de reposo fluctúa periódicamente: la
relación entre el frente ascendente y descendente de ondas alfa varía
(la longitud del frente ascendente a veces excede del frente deseen-

190
A sonido de fondo sonido sonido de fondo
. 1 JI 111
~
1
¡l 11; ) 1
3

so

B sonido de fondo contaje de sonidos sonido de fondo


11 111

s-13 14-13 20-30 1,5-3,s 4-7 8-13 14-1820-30


1
Hz
sonido de fondo sonido sonido de fondo
11

~ .. '"' Jll1111111111
B sonido de fondo
""' "'' iillt 1!1111,11
contaje de sonidos sonido de fondo

Fig, 55. - (Continuación.)

dente, a veces lo iguala, y otras veces es menor), y estas fluctuaciones


son de carácter regular y siguen una a la otra en ciclos permanentes
· de seis o siete segundos. Sin embargo, tan pronto como se activa la
·atención del sujeto (si por ejemplo se le da un problema intelectual
difícil), estas fluctuaciones característlcas en la asimetría de los fren-
tes ascendentes y descendentes del ritmo alfa se alteran bruscamente·
(fig. 56 a). Esta alteración de la periodicidad en el índice de fluctuación
de las ondas alfa proporciona, pues, un indicador nuevo y objetivo de
la activación cortical.
Un descubrimiento muy importante hecho por Homskaya y Arterne-
va (Artemeva y Homskaya, 1966; Homskaya, 1972), fue que este fe-
. nómeno de la alteración de la asimetría de los frentes de ondas alfa,

191
A sonido de fondo sonido sonido de fondo
111
1 11

1l l11 ll11111ll1 ni ll 11111


B
sonido de fondo contaje de sonidos sonido de fondo
11 111

e
sonido de fondo sonido sonido de fondo
11 111

Hz

Fig, 55. - •(Continuación.)

bajo la influencia de una instrucción verbal que evoque una actividad


intelectual intensiva, se mantiene en pacientes con lesiones en las
zonas posteriores del cerebro (fig. 56 b ), pero desaparece completa-
mente o llega a set inestable en pacientes con lesiones en los lóbulos
frontales (fig. 56 e).
Ahora falta dar una breve descripción del último indicador que
proporciona una evidencia objetiva de la activación de la función cor-
tical. Investigaciones fisiológicas han mostrado (Dawson, 1958a; Mo-
níer, 1956; Jouvet .y Courrion, 1958; Peímer, 1958)·que la aplicación
de estímulos provoca cambios en la actividad eléctrica conocidos como
potenciales evocados en las correspondientes zonas corticales y que
estos potenciales se modifican si la atención del sujeto se activa por
una orden verbal.
Un nuevo hecho revelado por el trabajo de Sim:ernitskaya (Simer-
nitskaya y Homskaya, 1966; Simernitskaya, 1970) es que estos poten-
ciales evocados se fortalecen considerablemente en condiciones nor-
males bajo la influencia de una orden verbal (por ejemplo, la orden de
esperar una señal dada o vigilar cambios en su naturaleza); el mismo
fenómeno se observa en pacientes con lesiones en las. zonas posterio-

192
P~c·~nle con te s.c-o en rona<;. ~c-s:t"r•O•c-~ del cerebro
ac t-v ac-óo
l.¡.- t-::o~ta1"!I -oo-c a c a-no-c s
~pgr.1!.c.,:,vos

a
en li? d.~,;rn•ca
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Pacienu~ e o e re s-c oe s ee e! lóbul(') ~·onral


No h;ty camb•os en ta d-oar-e-c a oe ·~
aS.•"-t"1"-l t•.l¡ ;¡i ac t-vac -oo tcoot<rr~•

11
\ ' 1\ 11
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IJ

Fig. 56. - Cambios en la asimetría de los frentes ascendentes y descendentes de


las ondas alfa bajo la influencia de una instrucción activante que moviliza la aten-
ción del sujeto; (a) en un paciente con lesión en las zonas posteriores del cerebro,
(b) en un paciente con lesiones en los lóbulos frontales (Hornskaya y Arterneva).

res del cerebro (fig. 57 a); sm embargo en pacientes con lesiones en


los lóbulos frontales este incremento no existe o es muy inestable.
En todos los casos descritos anteriormente, una lesión en los lóbu-
los frontales altera sólo las f armas superiores corticales de actuación
producidas con la ayuda del lenguaje o, en otras palabras, se alteran
sólo las formas superiores de atención voluntaria; las formas elemen-
tales del reflejo orientador (o atención involuntaria), provocadas por
el efecto directo de estímulos irrelevantes, no sólo permanecen intac-
tos, sino que pueden ser verdaderamente intensificadas. Este hecho
puede observarse claramente manteniendo una cuidadosa vigilancia
del comportamiento de los pacientes con lesiones del lóbulo frontal,
los cuales se distraen mucho más fácilmente que los sujetos n<;>rmales
y no pueden controlar esta tendencia y también analizando los resul-
tados de experimentos fisiológicos que muestran que los índices auto-
nómico y electrofisiológico del reflejo orientador, que desaparecen con
la presentación de una orden verbal, permanecen intactos en respues-
ta a estímulos incondicionados directos (por ejemplo, respirando, to-
siendo, abriendo y cerrando los ojos y cosas así) y que los fenómenos
descritos anteriormente están relacionados con una alteración sólo de

193

13- c. A.
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Fig. 57. - Cambios en los potenciales evocados respondiendo a una instrucción


verbal que moviliza la .atención activa: (a) en pacientes con lesiones en las zonas
posteriores del cerebro. La· introducción de una instrucción verbal lleva a la res-
tauración gradual de respuestas rorticales. normales, no sólo en las zonas intactas
del cerebro sino también eh fa zona del foco patológico; (b) en pacientes con le-
siones en los lóbulos frontales. La introducción de una instrucción verbal no origina
un cambio en et carácter de la
actividad bioeléctrica; en respuesta tanto a los
estímulos informativos como indiferentes. los. potenciales evocados nunca exceden
el nivel de actividad (según Simernitskaya).

194
las formas superiores de activación controladas con la ayuda del len-
guaje.
Podemos resumir los hechos díciendo que muestran, de forma
concluyente, que los lóbulos frontales (y en particular sus zonas me-
dias) constituyen el aparato cortical que regula el estado de actividad
y que juegan un papel decisivo en el mantenimiento de una de las
condiciones más importantes de la actividad humana consciente: el
mantenimiento del tono cortical requerido y la modificación del esta-
do de vigilia de acuerdo con las tareas inmediatas del sujeto.

Lóbulos frontales y regulación de movimientos


y acciones

El mantenimiento de un tono cortical óptimo es absolutamente


esencial para la condición básica de todas las formas de 'actividad
consciente, es decir, la formación de planes e intenciones que son bas-
tante estables como para convertirse en. dominantes y para oponerse
a cualquier distracción o a estímulos irrelevantes.
Los lóbulos frontales, que tienen tan importante papel en la regu-
lación del tono óptimo cortical, constituyen, por lo tanto, un aparato
con la función de formar planes estables e intenciones capaces de con-
trolar el comportamiento consciente posterior del sujeto. Las obser-
vaciones en pacientes con lesiones suficientemente grandes en los
lóbulos frontales dan clara evidencia de este papel.
La alteración de planes e intenciones en pacientes con lesiones
masivas de los lóbulos frontales puede verse con claridad observando
cuidadosamente su comportamiento general. Los pacientes con las le-
siones del lóbulo frontal, asociadas con marcados cambios cerebrales
perifocales o generales (por ejemplo, pacientes con tumores masivos
de los lóbulos frontales, acompañados de manifestaciones hipertensi-
vas ·generales o tóxicas) usualmente permanecen completamente pa-
sivos, no expresan ni deseos ni intenciones y no hacen preguntas; ni
tan siquiera un estado de hambre puede llevarles a realizar la acción
necesaria. El síndrome apático- akinésico - abúlico, que ha sido des-
crito por los clínicos como la consecuencia más típica de lesiones ma-
sivas de los lóbulos frontales, refleja la alteración máxima de las más
altas formas de activación del comportamiento y es la clave para com-
prender la disfunción de estas zonas del cerebro.
No obstante, 110 debe creerse que el síndrome apático - akinésico -
abúlico refleja una alteración de todas las formas del comportamien-

195
to. Como muestra la experiencia, en tales pacientes únicamente las
más altas formas de organización de actividad consciente se alteran
significativamente y los niveles más elementales, de su actividad per-
manecen inalterables. Esto se nos revela claramente observando sus
reacciones de orientación a estímulos irrelevantes, desconectados de
su intención. Por regla general, tales formas elementales de respuesta
.no sólo permanecen inalterables, sino que a veces pueden estar más
activadas e incluso patológicamente intensificadas.
Estos pacientes no pueden terminar sus tareas, no pueden con-
. testar preguntas, y aparentemente no prestan atención al que les habla.
Sin embargo, si mientras el paciente está pasando pruebas la puerta
chirria o entra: la enfermera en la habitación, sus ojos girarán invaria-
blemente en esa dirección, seguirán los movimientos de la enfermera
y a veces pueden contestar involuntariamente a la conversación de la
·enfermera con otro paciente. Si el médico comienza a preguntar a su
vecino y no a él, .el paciente se unirá en seguida a esta conversación
. y los médicos expertos saben bien .que el mejor camino para incitar la
actividad lingüística de tales pacientes es dirikirse a su vecino e ini-
ciar una conversación con. él. El paciente se unirá mucho más fácil-
mente aesta conversación que preguntándole directamente. Este he-
cho muestra claramente que las lesiones masivas en los lóbulos fron-
tales del cerebro alteran solamente las formas de regulación de la
actividad consciente y, en particular, la actividad que se controla me-
diante motivos formulados con la ayuda del lenguaje (Luria, 1966a,
1966b, 1969a, 1969b).
'La alteración de la función de los lóbulos frontales puede llevar
a la desintegracián de los programas de actividad complejos y a su
rápido reemplazamiento, bien por formas más básicas y simples de
conducta o bien por la repetición de estereotipos inertes, que ni son
relevantes para la situación ni tienen carácter lógico.
Supongamos un paciente con una lesión masiva en el lóbulo fron-
tal al que se le dice que levante su mano. Si su mano descansa en las
sábanas y está listo para realizar la acción puede ejecutar con norma-
lidad el movimiento requerido. En el caso de un paciente con mar-
cadas alteraciones en el comportamiento activo, voluntario, cesaría
muy rápidamente de llevar a cabo el programa asignado: para co-
. 'menzar ejecutaría con su mano movimientos lentos, pero éstos se ha-
·tían gradualmente de menor amplitud y aun cuando siga repitiendo:
"Sí, sí, levante su mano ... ", pronto dejaría de. ejecutar el movimiento
requerido.
La desintegración de la acción voluntaria es mucho más obvia si

196
al paciente se le da la orden cuando su mano está bajo las sábanas.
En este caso, la ejecución adecuada de la acción requiere un programa
de movimientos más complejo, alguno de los cuales no está contenido
en la instrucción: el paciente primeramente debe sacar su mano de
·debajo de las sábanas, y no puede levantarla hasta entonces. Este com-
plejo programa está completamente fuera de la capacidad de tal pa-
ciente y repite ecolálicamente: "Sí, sf..; levante su mano ... ", pero no
realiza el movimiento.
Muy frecuentemente los pacientes no retienen las acciones que le
son requeridas por una orden verbal y las reemplazan por acciones
más habituales y más firmemente establecidas. A un paciente de este
tipo, por ejemplo, cuando se le dijo que encendiera una vela prendió
la cerilla correctamente, pero en lugar de colocarla sobre la vela que
sostenía su mano, puso la vela en su boca y comenzó a "fumar", como
si fuera un cigarrillo. La acción nueva y relativamente inestable fue
reemplazada por un estereotipo inerte más firmemente establecido.
He observado estas perturbaciones de un programa de acción com-
pleja y su sustitución poí un comportamiento básico elemental en mu-
chos pacientes con un "síndrome, frontal" claramente definido. Por
ejemplo, un paciente viendo el pulsador que accionaba el timbre fue
atraído involuntariamente para presionarlo, y cuando la enfermera
llegó en respuesta a la llamada, fue incapaz de decir por qué lo había
hecho. Otro paciente del mismo tipo al que se le había dado perrniso
para dejar la sala de consulta del médico que le estaba examinando, se
levantó y cuando vio la puerta abierta del armario entró en él, mos-
trando el mismo tipo de comportamiento impulsivo, estereotipado. Un
tercer paciente con un síndrome similar. bien marcado al que yo envié
a la sala a buscar sus cigarrillos, comenzó a llevar a cabo esta. instruc-
ción, pero cuando se encontró con un grupo de pacientes que venían
hacia él, giró en redondo y les siguió aunque él recordaba claramente
Ja instrucción que le había sido dada.
En todos estos pacientes la orden verbal permanecía en su memo-
ria, pero ya no controlaba la acción y perdía su influencia reguladora.
Tales perturbaciones en un programa de acción asignado afectan a
menudo el comportamiento de estos pacientes en situaciones comple-
jas y más responsables. Nunca olvidaré un paciente con un marcado
síndrome frontal que, habiendo sido dado de alta en el hospital, expre-
só el deseo de ir a casa, pero cuando estaba a unas decenas de .kiló-
metros de distancia. de su casa siguió el ejemplo de su compañero y
se estableció en un pequeña ciudad para ponerse a trabajar en una
fábrica de calzados. Por tanto, ni las· instrucciones dadas a estos pa-

197
cientes ni sus propias intenciones les dan un programa estable para
su comportamiento y su función reguladora se pierde.
Es fácil examinar los mecanismos intrínsecos. de esta perturbación
del comportamiento bajo condiciones experimentales. Supongamos
que a un paciente con una lesión frontal masiva y con un síndrome
frontal bien marcado (pero con una forma de inactividad menos ade-
cuada) se le dice que levante su mano, reproduciendo el movimiento
correspondiente efectuado por el médico que lo examina. Esta acción
imitativa o ecopráxica es ejecutada. por el paciente sin dificultad. Sin
embargo, si al paciente se le da una· orden verbal convencional que
se oponga a la señal percibida directamente, tiene una considerable
dificultad para obedecer la instrucción. Esto ocurre; por ejemplo,
cuando dicho paciente recibe una instrucción "conflictiva" tal como:
"Cuando yo levante mi puño, usted debe levantar su dedo". En este
caso, el paciente que tiene que recodificar la señal percibida directa-
mente y controlar su acción, no de acuerdo con la señal que percibe
directamente sino con su significado convencional, no puede obede-
cer -Ia orden verbal. · ·r
Unavez ha levantado su dedo-comienza inmediatamente a levan-
tar su puño ecopráxicamente, · reemplazando la acción ordenada por

38 39 4041
paciente R tuinor de la región parie~ izquierda

/ /
B.
. "Oh.esto no parece ~b_
Tendria que haber dado
un apretón corto:

37
pacienle V. b.Jnlor en el lóbulo frontal ~
Fig, 58. -· Carácter ecopráxico de las respuestas motoras de un paciente con un
·
tumo:r masivo en el lóbulo frontal izquierdo (según .Maruszewskí). En respuesta a
una · señal corta debe apretar lentamente y en respuesta a una señal larga debe
apretar eón rapidez, En lugar de la respuesta requerida, el movimiento sigue a la
señal. En A esto es posible pero en B llega a ser imposible y se reemplaza por una
reacción ecopráxica,

198
un movimiento ecopráxico. De una forma característica, en este caso
el paciente recuerda fácilmente y puede repetir la orden verbal, pero
rápidamente pierde su valor de control y lo reemplaza por un movi-
miento imitativo elemental. Puede verse un fenómeno similar si se
instruye al paciente para que golpee dos veces como respuesta a una
señal y que golpee una vez en respuesta a dos señales, o para que
haga una presión larga como respuesta a una señal corta, y que haga
. una presión corta en respuesta a una señal larga. Ciertas observacio-
nes (Homskaya, 1966b; Maruszewski, 1966) han mostrado que los pa-
cientes con un síndrome frontal, relativamente poco definido, pueden
llevar a cabo esta instrucción correctamente sólo durante un breve
período de tiempo y que reemplazan rápidamente la señal percibida
directamente por una repetición imitativa ( ecopráxica) (fig. 58). Es
notorio que el intento de incorporar el propio lenguaje del paciente
como medio de regular su comportamiento no da el resultado desea-
do. El paciente también se repite correctamente la orden, pero no le
subordina el movimiento, o su propio lenguaje cae bajo la influencia
de la inercia patológica, y la orden. que se da al paciente se desor-
ganiza.
-
Un ejemplo de este caso se da en la figura 59, que muestra que
mientras que un paciente con una lesión parietal que tiene dificultad
en reproducir movimientos rítmicos (presionar fuertemen te una vez y
con suavidad dos veces) puede corregir sucesivamente este defecto
dándose la orden él mismo (fig. 59 a), otro paciente con una lesión
frontal masiva no lo puede hacer, y, aunque repita la orden correcta-
mente, continúa presionando inertemente de forma exactamente igual
(fig. 59 b).
Un ejemplo del segundo caso se muestra en la figura 60. Cuando
se pidió a un paciente con lesión masiva en el lóbulo frontal izquierdo
que golpeara· con un ritmo "fuerte - débil - débil" no podía hacerlo,
sino que golpeaba con un ritmo continuo. Cuando cambió para darse
a sí mismo la instrucción, comenzó a mostrar la misma inercia, en su
lenguaje y en el número de elementos de la orden verbal aumentó gra-
dualmente ("fuerte- débil- débil", y "fuerte- débil - débil", "fuerte -
débil - débil", etc.).
Este cambio del nivel de las acciones convencionales controladas
por el lenguaje a niveles mucho más elementales de respuestas eco-
práxicas directas o alteraciones del programa de acción por un es-
tereotipo inerte, es un síntoma típico de la perturbación de la conduc-
ta encaminada a un fin en pacientes con lesiones masivas de los ló-
bulos frontales.

199
•·

sin lenguaje

luz roja
luz azul

luz roja
luz azul

luz roja
luz all.J!

con lenguaje

luz roja
luz azul

Fig, 59. - Registro del ritmo motor en respuesta a una orden verbal en pacientes
con lesiones en la región parietal (A) y frontal (B) (Momskaya). La ejecución correc-
ta de un ritmo "fuerte-débil-débil" se restaura cuando un paciente con una lesión
en la región parietal empieza a dar la instrucción verbal él mismo, pero la ejecución
no es correcta en el caso de un paciente con un tumor en laregión frontal

· · Esta incapacidad del paciente para cumplir un programa asigna-


do se ve aún más claramente si las acciones tienen lugar sobre un
fondo de estereotipos previamente establecidos. Esto se ve claramen-
te· si se le dice al paciente que· dibuje figuras en respuesta a una orden
verbal. En pruebas de este tipo el paciente, frecuentemente, comienza
a llevar a cabo la instrucción pero se distrae rápidamente y la reem-
plaza por asociaciones incontroladas. Daré úriicamente dos ejemplos
para ilustrar esta perturbación de la ejecución de programas, típica
en pacientes con un síndrome frontal marcado .•.
Los registros de un experimento llevado a cabo por mí. en colabora-
ción con el profesor Zeígarníck en 1941 se muestra en la figura 61 a.

200
a

; silenciosamente hablando en voz alta dictado .2.3"


~-UJM..IUU~
muestra ejecución
silenciosamente hablando en voz alta

~~~-...~aü.JLWJJ.~~

~~nte Hodz tumor en el lóbulo frontal_ izquierdo

b
diciendo en voz alta I e: ~ .. " · fuerte-fuerte-fuerte -
_1ue_rte_-d_é_b_il-
déb_·_¡_¡-
_.~\l_/ ~~~ 1
muestra

si1enciosamenl2

paciente P. tumor en el lóbulo frontal izquierdo

Fig, 60. - Alteración de la influencia reguladora· del lenguaje en la ejecución de


ritmos motores en pacientes con lesiones extensas en los lóbulos frontales, Se le dice
al paciente que, reproduzca el ritmo motor, una palmada fuerte y dos débiles,
silenciosamente y acompañado de reacciones de lenguaje "uno, dos, tres" y "fuerte,
débil, débil" (a) diciendo el ritmo en voz alta ("uno, dos; uno, dos, tres") no se
llega al efecto deseado. Dictado por el experimentador se restablece el ritmo motor.
(b) Inercia patológica de las reacciones del lenguaje durante la ejecución de ritmos
motores (se aumenta el número de repeticiones de la auto-orden "débil", Cuando
las reacciones del lenguaje se eliminan el ritmo motor se desintegra completamente
· (Knyazhev).

A un paciente con un quiste traumático, que ocupaba ambos ló-


bulos frontales, se le dijo que dibujara tres cuadrados. Así lo hizo, pero
entonces dibujó una línea alrededor del resto de la hoja, haciendo un
gr;¡m cuadrado adicional. La persona que llevó a cabo la prueba, al lle-
gar a este punto, le dijo a su compañero en voz baja: "¿Has leído hoy
en el periódico que se ha firmado un pacto?". Al escuchar estas pala-
bras el paciente ·escribió dentro del cuadrado la palabra "Ley núme-
ro ... ", Entonces el investigador murmuró a su compañero: "Mire, es
exactamente igual que después de la extirpación de los lóbulos fron-
tales en animales ... ". Al escuchar la palabra "animal" el paciente es-
cribió "Sobre la crianza de animales". "¿Cuál es el nombre del pacien-
te?", preguntó el experimentador a su compañero. El paciente escribió
en seguida en el cuadrado el nombre "Ermolov" _
Un ejemplo parecido se ilustra en la figura 61 b. A un paciente con
un tumor frontal bilateral, chófer de profesión, se le pidió que dibujara
dos triángulos y un signo menos. Lo hizo así, pero dibujó el signo

201

¡_ :__._, ,_..,, , __·-·~ .. --···-- ~ ·--- -·-.----·. ··· ·-- -·--'-~~--------· - ----- .

: ~cleñte -Enn. ~ del lóbúlo fronial por la formación de un quiste

fJ1 e)-4' . g o~ 1 [prohiblda la entrada)

-~
paciente Vcx: lumcx en el lóbulo frontal izquierdo

Fig, 61. - Perturbación de los programas de ejecución de tareas en pacientes con


· lesiones en ambos lóbulos ·frontales.

i02
menos como una figura cerrada que repetía ia forma del triángulo. Se
le pidió que dibujara un círculo. Dibujó el círculo pero en seguida di-
bujó un rectángulo inscrito en él y escribió las palabras: "no entrar",
que reproducían algo firmemente establecido en su pasada experien-
cia de conductor. Aun cuando se insistió en que dibujara sólo un círcu-
lo, no se produjo el efecto requerido y, simplemente, reprodujo el
mismo estereotipo otra vez.
La incapacidad de los pacientes con lesiones masivas en los ló-
bulos frontales para llevar a cabo un programa asignado se manifiesta
no sólo por los factores de "comportamiento básico", en el que la
ejecución del programa se altera por impresiones directas, o por aso-
ciaciones irrelevantes incontrolables. Casi en el mismo número de
casos la ejecución de un programa se perturba de forma distinta, y se
reemplaza por una gran cantidad incontrolable de estereotipos inertes.
Este hecho indica la responsabilidad del mecanismo patofisiológico,
esto es, la inercia patológica de los. estereotipos existentes. Ello expli-
ca la similitud que existe entre los síntomas de lesiones en las zonas
prefrontales y las lesiones del ár ea premotora descritas anteriormente.
La única diferencia significativa es que, mientras que en los casos
de:'.-liisiOnes de las zonas premotoras la inercia patológicase
extiende
sólo a los componentes efectores de la accián. y la ejecución del pro-
grama como un todo no está perturbada, en las lesiones masivas de
los lóbulos frontales se extiende al esquema de la acciári misma, con
el resultado de que la ejecución del programa llega a ser imposible.
En sus formas simples, este reemplazo de programa asignado por es-
tereotipos inertes se puede investigar mediante pruebas sencillas,
usando un sistema de reflejos condicionados.
Si a un paciente con una lesión en el lóbulo frontal se le pide que
responda a una palmada levantando la mano derecha y a dos palma-
das levantando la mano izquierda, comenzará fácilmente a llevar a
cabo esta instrucción. Sin embargo, si las dos señales se le presentan
alternativamente varias veces y el estereotipo de alternancia se rom-
pe (por ejemplo, después de las series 1-2, 1-2. 1-2, el orden de la se-
ñal se cambia por 1-2, 1-2, 2-1, 2-1), el paciente sin hacer ningún caso
a la alteración de las señales continuará levantando primero la mano
izquierda y después la derecha, reproduciendo de modo estereotipado
el orden establecido de movimientos. Aquí, como muestran los tests,
tampoco es debido al olvido de la instrucción (el paciente puede re-
producir correctamente su formulación), sino más bien la pérdida de
su papel regulador y a la sustitución del programa requerido por un
estereotipo motor inerte.

203
Los efectos de una lesión de este tipo se ven más claramente en
la ejecución de tests gráficos. Los ejemplos de este tipo de perturba-
ción en la ejecución de programas se muestran en las figuras 62 y 63.
Los resultados obtenidos con un paciente con un deterioro masivo
en la región frontal izquierda, cuando se le instruyó para que dibuja-
ra ciertos objetos, se muestran en la figura 62. Queda claro que el pa-
ciente no había tenido una apreciable dificultad con el primer dibujo;
a veces, llevó a cabo el segundo trabajo con igual facilidad, aunque
a menudo le fue imposible. Sin embargo, le fue imposible realizar
cualquier· tarea subsiguiente debido a la repetición inerte del este-
reotipo establecido. Así, habiendo dibujado tina vez "una cruz", el
paciente la continuó dibujando incluso cuando se le instruyó para
que dibujara un "círculo", y el paciente que había dibujado un "círcu-
lo" o "cuadrado" continuó repitiendo esta acción fuese cual fuese la
consigna. Algunas veces, no es la figura concreta sino algún detalle
geométrico determinado (por ejemplo, un tipo "cerrado" de figura),
que exhibe perseveración inerte y una vez más el paciente no puede
realizar correctamente el programa asignado;
Es característico en todos estos· casos, en contraste con los .casos
de lesiones profundamente asentadas en el área premotora que alcan-
zan los ganglios subcorticales, que no hay rasgos marcados de desinhi-
bicíón motora-ni descargas superfluas incontroladas y que no son mo-
vimientos individuales, sino formas generales de acción (por ejemplo,
dibujando formas geométricas cerradas o escribiendo) las que comien-
zan a mostrar la inercia patológica que interfiere con la ejecución. de
la tarea requerida.
En la figura 63 se dan con fines comparativos ejemplos de los. dos
tipos de inercia patológica que aparecen en los casos que acabo de
mencionar.
El rasgo esencial de estos casos es que los pacientes con lesiones
(con mayor frecuencia bilaterales) de los lóbulos frontales no sólo
pierden su programa asignado, reemplazándolo por una acción "bá-
sica" o "ecopráxica" o por estereotipos patológicamente inertes, sino
que tampoco pueden advertir sus errores. En otras palabras. pierden
no sólo el control sobre sus acciones sino también la capacidad para
verificar sus resultados, aunque frecuentemente recuerden perfecta-
mente bien el trabajo que se les ha asignado.
Esta perturbación en la operación de comparar el resultado de una
acción con su.intención original, o desintegración· de la función ..acep-
tante de la acción" (Anokhin), es uno de· los rasgos más importantes
de las lesiones 'ctel lóbulo frontal. Pruebas especiales· han demostrado

204
·-

o o
triángulo cruz cruz

cn.:z

11 lb- fil] @

o
cuadrado menos menos

cr:i 1 e>:).

o
cuadrado crvz dos menos

e:::> cz» () o
un punto no

. MPr ,.
y mejor

© . ,(~ ltu<¡-<l 1 •••

o
paciente K deterioro Frontal masivo,

Fig, 62. - Alteración de la ejecución del programa como resultado de la inercia


patológica de estereotipos previos en un paciente con una lesión masiva en los lóbulos
frontales.

que este defecto se a(g~scribe a menudo al análisis de las propias


acciones del paciente. Un paciente con una lesión frontal masiva que
no es consciente de sus propias faltas observará fácilmente los erro-
res cometidos por los demás, si la prueba se lleva a cabo de forma tal
que "faltas" idénticas en la realización de una acción se hacen apare-
cer como que han sido hechas por una "tercera persona" (Luria, Pri-
bram y Homskaya, 1964; Lebedinsky, 1966; Luria, 1970c).
El autor ha analizado en detalle en otro lugar las perturbaciones
de la estructura de la programación y regulación de la acción en pa-
cientes con lesiones de lóbulos frontales (Luria, 1962, 1963, 1969a,
1969b, 1970c; Luria y Homskaya, 1963, 1966), y por ahora no nos va-
mos a detener .más en este tema.

Lóbulos frontales y regulación de las acciones


mnésicas e intelectuales
La función de programación, regulación y verificación que acaban
de describirse como una actividad de los lóbulos frontales se hace
también extensiva a los procesos mnésicos e intelectuales. El hecho
de que las lesiones masivas frontales (especialmente del hemisferio
izquierdo, dominante) causen alteraciones del lenguaje y de los pro-

205

.
ó1
_;!:_

un

c
J l b'óv
írcu lo
'1

o
2
modelo

~~,a~
º'modelo ·

ídem ~
4 copiando un Circulo. copiando una ven~na
una Ct1JZ y uo cii-culo 6 6
3

escrito al cfictado
7
"una ~z. un círculo. una ventana"
8

dos eiréulos y una cruz

206
b tJ
cuadrilátero
L
triángulo circulo cruz

dos círculos y una cruz


B

Q modelo

una cruz
J¡-
dos círculos y una cruz copiando un cim.Jo

+~
2

~modelo.

oropé ~copa

trazando una cruz


copiando una cruz 4·
3

A
~et
6
su nombre
no

copie el triángulo
C. ]\tJ .

5
'.r
idem.

modeb trazado activo de


un~

trazando los oootomOS de un~ C30 mi'l>


.7

Fig. 63. - Dos tipos de inercia patológica producida en casos de (a) lesiones pro.
fundas del cerebro que incluye el ganglio motor basal, y (b) una lesi6n masiva
de las zonas laterales de la región prefrontal.

207
cesos mnésicos e intelectuales, no será por lo tanto inesperado. Estas
alteraciones son de carácter similar y afectan a algunos aspectos de la
regulación y programación de estas funciones; y la verificación de su
curso.
Las lesiones frontales no alteran las funciones fonético - léxicas o
lógico - gramaticales del lenguaje como lo hacen las lesiones que ya
. he descrito. Sin embargo, dan lugar a una alteración grave de una
función diferente del lenguaje llamada función reguladora; el paciente
ya no puede controlar ni dirigir su comportamiento con la ayuda del
lenguaje, tanto el suyo propio como el de otra persona.
La génesis de la función reguladora del lenguaje y sus perturba-
ciones en casos de desarrollo anormal o lesiones patológicas de los
lóbulos frontales han sido tratados anteriormente por el autor (Luria,
1959b, 1960, 1963, 1969a, 1969b, 1970a, 1970b; Luria y Homskaya, 1963,
1966) y por ello no serán examinadas aquí.
Se han observado alteraciones de una clase especial en la activi-
dad mnésica de pacientes con lesiones frontales. Contrariamente a al-
gunos de los puntos de vista sostenidos por la literatura, las lesiones
en los lóbulos frontales. no producen alteraciones primarias en la me-
moria; esto se demuestra por el hecho de ·que estereotipos firmemen-
te establecidos se conservan durante largo tiempo en pacientes con
tales lesiones. Sin embargo, en estos casos se daña sustancialmente
otro aspecto de la actividad mnésica: la capacidad de crear motivos
estables para recordar y mantener el esfuerzo activo requerido para
el recuerdo voluntario, de una parte, y la capacidad para hacer la
transición de un grupo de huellas a otro, con el resultado de que el
proceso de. recuerdo y reproducción del material . está significativa-
mente dañado. Podemos decir, entonces, que en las lesiones del lóbulo
frontal no son las. bases primarias de la memoria las que se perturban,
sino la compleja actividad mnésica como un todo.
Los rasgos básicos que distinguen las alteraciones de la actividad
mnésica en las lesiones del lóbulo frontal se ponen de manifiesto me-
diante pruebas de habilidad para aprender de oído largas series de
elementos escritos u orales. Normalmente, el sujeto normal puede fijar
.firmemente un determinado problema mnésico en su mente, hacer el
esfuerzo necesario para memorizar las series particulares, y si es inca-
paz de memorizar en seguida toda la serie vuelve a recomenzar de
modo que; en cada repetición, el número de elementos que reproduce
crece continuamente.
Esto no ocurre en los pacientes con lesiones frontales. Como regla
general, tales pacientes retienen fácilmente tantos elementos de la se-

208
A
a Normal

b Lesiones locales cerebrales situadas fuera de los lóbulos frontales


10

X V X X X
c Concusión con marcada tendencia a la fatiga
10

A
8
6
4
2 r'>. ~

º1 V X V X 1 ·x
d Lesiones de los lóbulos frQntale:;;
10

·~
8
6 :: .
4
2 ~
o 11 IV Vf VIII X . 1
~
X l X

=~ b -.
10
8

2
o, X X l

Figura 64 A. - Curvas de memorización que muestran el aprendizaje de unas series


de diez palabras: (a) sujeto normal, y (b) pacientes con lesiones fuera de los lóbulos
frontales, (e) pacientes con conmoción y fácilmente fatigados, (d) pacientes con
lesiones en los lóbulos frontales.

rie presentada como los que crean una impresión directa, sin necesi-
dad de esfuerzo (de una serie de diez palabras, cuatro o cinco elernen-
tos se pueden recordar por este método); sin embargo, a pesar dé las
frecuentes presentaciones de una serie completa, el número de pala-
. bras que pueden reproducir no aumenta, sino que el nivel de cuatro
o cinco permanece constante. Si los procesos de memorización se re-
presentan en una curva, señalando en las abcisas el número de pre-
sentaciones repetidas y en las ordenadas el número de palabras repro-

209
14- C. A.
B
a b
10 10> - 0--0-~-0--0-
9
9
8 8~ .. .
7 7
6 6 • • 1
o
.5 ~ u 1 o • o
5 4
4
3 3
2 2
1 . . 1
LL_._~'--'L-L..-,..._~_._-:-'-:-:-'.
l ll UI IV V VI VII VIII IX X U 1U IV V VI Vll VIII IX X

dinámica del nivel de requerimientos en un e


experim.ento de memorización de palabras
9
realizado por: un sujeto normal 8

T número· de palabras recordadas

O nivel de requerimientos
l 11 111 IV V VI VII VIII IX X
dinámica del nivel de requerimientos en un
experimento de memorización de palabras
realizado por pacientes afectos de un
síndrome frontal

Fig. 64b. - La relación del nivel de requerimientos y la .culmínacíón del trabajo


(memorizar palabras): a) sujetos normales; b) pacientes con lesiones del lóbulo
frontal. ·

<lucido cada vez, la gráfica de un paciente con una lesión en el lóbulo


frontal muestra una meseta distintiva, característica de un tipo inac-
tivo de proceso mnésico (fig. 64).
Los defectos de la actividad mnésica en pacientes con lesiones en
el· lóbulo frontal se ven más claramente en tests que requieren la tran-
sición de la reproducción de un gcupo de huellas a otra. Por ejemplo,
se puede pedir al paciente que reproduzca una serie corta de palabras
· (por ejemplo, casa . . bosque- gato). y después una segunda serie similar
de palabras (por ejemplo, roble- noche- mesa). tras la cual. se le pide
que recuerde la primera serie. Este test muestra que los trazos de la
última serie de palabras (roble - noche - mesa) están tan inertes que el
paciente no puede retomar a la primera serie y, en respuesta a la pe-
tición de recordarla, comienza inertemente a reproducir. sin ninguna
duda, la última serie.
En pacientes con lesiones masivas del lóbulo frontal se encuentra
el mismo defecto también en la reproducción de frases. Por ejemplo,
después de que un paciente de este tipo había repetido ·Ia frase "la
chica bebe té" y a continuación la frase "el .chico golpea al perro" Y
se le pedía que recordara la primera frase, él persistía en repetir "el
chico golpea al perro" o "el chico ... bebe té". El número de estas per-

210
severaciones durante los intentos para reproducir la primera estruc-
tura tras la presentación de otra segunda, es más del doble en pacien-
tes con lesiones del lóbulo frontal que en los pacientes con lesiones
de las zonas posteriores del cerebro.
He investigado alteraciones de este tipo en muchos casos (Luria
y otros, 1970;Luria, 1973)y, por tanto, no las analizaré aquí en detalle.
Por regla general se observan alteraciones del mismo carácter en
la actividad intelect_ual de pacientes con lesiones del lóbulo frontal,
abarcando desde las formas más simples y directas a los tipos más
complejos - de actividad discursiva, abstracta. En todos estos casos la
retención de un programa complejo y consecuente para el acto inte-
lectual, se altera. El paciente, bien sustituye la verdadera actividad
intelectual por una serie de suposiciones fragmentarias, impulsivas, o
bien reproduce estereotipos inertes, en vez del programa adecuado y
adaptable del acto intelectual. Daré unos cuantos ejemplos para ilus-
trar el carácter del deterioro de la actividad intelectual hallada en pa·
cientes con lesiones frontales.
La forma más simple de operación intelectual basada en la percep-
ción visual es el análisis del significado de cuadros temáticos. Para
comprender el significado de tal cuadro, el sujeto debe distinguir sus
detalles, compararlos entre sí, formular una hipótesis definida de su
significado y entonces contrastar esta hipótesis con el contenido real
del cuadro, tanto para confirmarla como para rechazarla y, después,-
resumir el análisis. La actividad de este tipo, característica del sujeto
normal (y vista en formas exageradas, grotescas, en pacientes con le-
siones de las zonas posteriores del cerebro y alteración de la síntesis
visual), está enormemente dañada o perdida en pacientes con lesiones
masivas del lóbulo frontal. En lugar de mirar cuidadosamente el cua-
dro, extraer y comparar detalles y formar la hipótesis necesaria de
su significado sólo. tras la realización de este trabajo preliminar,
tal paciente captará un detalle particular e inmediatamente después,
sin posterior análisis, aventurará una sugerencia del significado del
cuadro en conjunto. Si el cuadro es de composición muy compleja, esta
hipótesis impulsiva debe ser desde luego errónea, pero la ausencia de
verificación efectiva mediante la comparación de la hipótesis con la·
información real dada por el cuadro impide cualquier temor con res-
pecto a la validez de la hipótesis o, lo que es más, impide la posibili-
dad de corregir ideas equivocadas.
El ejemplo dado en la figura 65 ilustra claramente lo que acabo de
decir. A un paciente con una lesión en el lóbulo frontal se le muestra
el cuadro de un hombre que ha caído en el hielo. La gente corre hacia

211
Fig, 65. - Lámina temática usada para investigar las perturbaciones de pensa-
miento constructivo en pacientes con lesiones en los lóbulos frontales.

él en un intento de salvar su vida. Sobre el hielo, cerca del agujero,


hay un cartel de "Peligro"; En el fondo del cuadró aparecen los muros
de una ciudad y una iglesia. Antes de que una persona normal llegue
a una conclusión sobre el significado· del cuadro, primero examína
todos sus detalles y después toma su decisión. La situación es muy
diferente en un paciente con una lesión del lóbulo frontal. En lugar
de analizar el cuadro, él ve el cartel "Peligro", e inmediatamente con-
cluye: "el zoo" o .. cables de alta tensión" o "área infectada". Al ver
al policía corriendo para salvar al hombre ahogándose, inmediata-
mente exclamar "Guerra", mientras que los muros de la ciudad con
la iglesia originan la explicación el "Kremlin". En este caso, el análi-
sis del cuadro es reemplazado por suposiciones elementales y la acti-
vidad intelectual organizada es imposible.
Un importante paso hacia la comprensión de los mecanismos de
estas alteraciones puede conseguirse mediante el uso de un test espe-
cial, consistente en registrar los movimientos occlares durante el exa-
men de un cuadro temático. Tanto el método sugerido por Yerbus

212
( 1965)como el desarrollado por Vladimirov (Vladirnirov y Homskaya,
1962,1969;Vladimirov, 1972) pueden usarse con este fin.
Los detalles del proceso de examen del cuadro dramático de Repin
Retorno Imprevisto por una persona normal se muestran en la figu-
ra 66 y por un paciente con una lesión en el lóbulo frontal, en la
figura 66 b. Se ve claramente que cada cambio en el problema presen-
tado a un sujeto normal.cambia la dirección de sus indagaciones y sus
movimientos oculares adquieren un carácter diferente. Por ejemplo, si
se le pregunta sobre la edad de las personas representadas en el cua-
dro, sus ojos enfocan sus cabezas; si se le pregunta sobre como están
vestidas, se fija en sus vestidos; si se le pregunta si la familia es pobre
o de clase alta, se fija en sus alrededores; y si se le pregunta: cuánto
tiempo estuvo en prisión la persona que retorna a casa, los ojos del
sujeto empiezan a comparar activamente las edades de todas las per-
sonas representadas en el cuadro.
Nada parecido se observa cuando un paciente con una iesión fron-
tal masiva examina el cuadro. Para comenzar, se fija en un punto
cualquiera e inmediatamente contesta a la pregunta con la primera 5U·
posición que se le pasa por la cabeza, sin intentar deducir la respues-
ta de un análisis de los detalles del cuadro. Por consiguiente, echa un
vistazo al azar sobre el cuadro y un cambio en la pregunta que se le
propone no conduce a ningún cambio en la dirección de su fijaci6n.
Estas observaciones indican una profunda alteración del análisis
de la percepcián visual en lesiones masivas de los lóbulos frontales, y
la desintegración del programa de análisis y síntesis puede ser tomada
como el mecanismo básico de esta alteración.

Los pacientes con lesiones frontales muestran alteraciones todavía


mayores en los tests que implican la solución de problemas verbales,
. en particular de dos tipos: la solución de probl~mas aritméticos que
requieren el paso constante de una operación a otra y tests que com-
prenden la solución de ejercicios corrientes de la escuela con una
estructura compleja. Los resultados obtenidos en ambos casos en los
tests .de pacientes con lesiones frontales son tan interesantes que con-
sideraremos ahora cada una de ellas especialmente.
El método más adecuado de investigar defectos en las operaciones
aritméticas en pacientes con lesiones frontales es por medio de tests
que comprendan largas series de cálculos, cuyos ejemplos típicos son
el contar desde cien hacia atrás de siete en siete o de trece en trece.
En estos casos el minuendo está cambiando constantemente y el re-
sultado obtenido en una etapa viene a ser el minuendo en la siguiente.

213
•·

214
Añádase a esto el hecho de que cada operación implica frecuente-
mente llevar de la columna de las decenas y la descomposición del
número sustraído en sus partes (cuando se redondean durante las ope-
raciones intermedias) y se verá fácilmente como la ejecución correcta
de este ejercicio exige una movilidad considerable de los procesos
nerviosos.
Las operaciones aritméticas corrientes no presentan dificultad es-
pecial para pacientes con un síndrome frontal, lo cual les distingue de
los pacientes con lesiones en los sistemas parieto - occipitales y con al-
teración de las síntesis simultáneas. Sin embargo, son completamente
incapaces de pasar un tipo de cálculo a otro y, por lo tanto, se dis-
traen fácilmente de la ejecución correcta del programa, el cual, o bien
se reemplaza por fragmentos de las operaciones necesarias (por ejem-
plo, el típico error 93 -7 = 84, que resulta de la omisión de una de
las operaciones intermedias: 7 = 3 + 4; 93-3 = 90; lleva uno de la
columna de las decenas (80) y transfiere el componente sobrante 4 di-
rectamente (84); 9 bien el cambio constante de series de operaciones
se reemplaza por un estereotipo inerte, de forma que. la operación de
contar hacia atrás se convierte en una repetición inerte delmismo nú-
mero final (100 - 7 = 93 ... 83 ... 73 ... 63 ... ).
Los pacientes que reemplazan la ejecución de ím programa com-
plejo por un estereotipo inerte no son característicamente conscientes
de sus errores y continúan reproduciendo el estereotipo, una vez lo han
comenzado, sin ningún intento de corrección.
Los procesos completos de alteración de la actividad intelectual en
pacientes con lesiones de los lóbulos frontales se ven ya mucho más
claramente cuando intentan resolver problemas complejos, y las carac-
terísticas de estos déficits han sido ya completamente descritas por el
autor con anterioridad (Luria y Tsvetkova, 1967).
El proceso de solución de tales problemas, que consideraremos con
detalle, es un modelo típico de actividad intelectual. Las condiciones
del problema son. tales que no hay una respuesta inmediata, y el su-
jeto debe primeramente analizar los elementos componentes de las

Figura 66. - Movimientos oculares durante el examen del cuadro de Repin,


"El visitante inesperado" acompañada de instrucciones distintas. (a) sujeto normal;
(b) paciente con lesión masiva en los lóbulos frontales (Luria, Karpov y Yarbus).
(1) Muestra; (2) Observación libre; (3) Después de la pregunta: ..¿La familia es
pobre o es rica?"; (4) ..¿Qué edad tiene 1á gente del cuadro," (5) "¿Qué estaban
haciendo antes de que el hombreentrara en la habitación?"; (6) "¿Puede usted
decir cómo iba vestida la gente?"; (7) "¿Cómo estaban situados en la habitación
las personas y los muebles?"; (8).

215
condiciones, formular una estrategia definida de solución, llevar a cabo
las operaciones requeridas por esta estrategia y, entonces, comparar
· los .resultados con las condiciones originales. ÉsÍ:e es el complejo pro-
ceso de formación y ejecución de un programa que está más allá de
las posibilidades de un paciente con una lesión del lóbulo frontal. Si
el problema es simple y el método para su solución no es ambiguo
(como, por ejemplo, en un problema del tipo: "Jack tiene tres manza-
nas y Jill tiene cuatro manzanas. ¿Cuántas manzanas tienen entre los
dos?"), su solución no presenta dificultad. Sin embargo, si el problema
es más complejo y debe formarse un programa de acción para su so-
lución y la operación necesaria debe elegirse entre un número de posi-
bilidades, la situación se altera considerablemente. Por regla general,
el paciente, habiendo leído las condiciones del problema, es incapaz
de repetirlas correctamente, pues usualmente omite la parte más im-
portante del problema, es decir, su pregunta final, o reemplaza la pr~-
gunta por una repetición inerte de una de las condiciones (por ejem-
plo, se le dice que repita este problema: "Había 18 libros en dos estan-
terías, pero no estaban repartidos por igual: Hay' dos veces más libros
en una estantería que en otra. ¿Cuántos libros había en cada estante-
ría?". Su versión fue: "Había 18 libros en dos estanterías y el doble
en una que en la otra. ¿Cuántos libros había en las dos estanterías?").
Esto demuestra la desintegración de la retención del problema del
paciente.
-Sin embargo, ni aun eón fa correcta repetición de las condiciones
del 'problema es capaz de obtener una solución correcta. Habiendo
repetido correctamente las condiciones del problema, el paciente con
una lesión· en el lóbulo frontal no puede formar el programa reque-
rido (o estrategia) para su solución y en lugar de una solución· lógica,
consecutiva del problema,· lo sustituye por operaciones fragmentarias
no subordinadas a] plan 'general. Por ejemplo, comienza a resolver
el problema expuesto anteriormente con las palabras: "Desde luego
:.. 18 libros ... en una estantería hay el doble ... esto significa 36 ... 36 +
+ 18 = 54".
El intento de despertar el recelo del paciente con la corrección de
su "solución" es ineficaz. No compara sus operaciones con las condí-
cíones' originales, no se da cuenta de la contradicción entre las con-
cliciones originales y los resultados obtenidos, y no puede, sin ayuda,
seguir el curso de la ejecución consecutiva de un acto intelectual. de
conformidad con un programa dado.
De· la única manera en que el paciente puede ser ayudado para
resolver el problema, como Tsvetkova (1966a, 1966b, 1966c, 1972) ha

216
mostrado, es mediante el análisis del programa necesario en series de
cuestiones consecutivas y proporcionando soportes externos para cada
componente del programa. Sin embargo, aun este método puede ser
muy difícil para un paciente con una lesión del lóbulo frontal y el
más mínimo intento para reducir este sistema de ayudas externas
conduce una vez más a la desintegración del acto intelectual (Tsvet-
kova, 1972).
La alteración de la solución de problemas complejos es, desde lue-
go, una de las más delicadas pruebas para el diagnóstico de las lesio-
nes del lóbulo frontal, y la desintegración de la actividad intelectual.
del tipo que he descrito refleja, de la manera más clara posible, el pa-
pel fundamental que los lóbulos frontales del cerebro juegan en la
construcción de la actividad consciente humana.

Organización· funcional de· los lóbulos frontales


y formas alternativas del síndrome frontal

Los lóbulos frontales son la estructura más reciente y, como les ha


llamado Jackson (1874),Yffti.i'''menos organizada" del córtex cerebral,
implicando con este término que son la parte menos diferenciada y
que sus zonas individuales son las más capaces de reemplazarse unas
a otras. Por estas razones, las lesiones comparativamente inextensivas
del córtex prefrontal pueden ser compensadas por áreas vecinas y pue-
den seguir un curso clínico casi asintomático (Hebb, 1945; Hebb y
Penfield, 1940).Por esto las alteraciones producidas por una lesión en
los lóbulos frontales se manifiestan más claramente en el caso de le-
siones masivas, bilaterales, complicadas con desorganización de la ac-
tividad general del cerebro (como, por ejemplo, cuando se presentan
síntomas de hipertensión general o manifestaciones tóxicas). Sin em-
bargo, esto no implica que las lesiones de todas las partes del lóbulo
frontal den lugar al mismo patrón de alteraciones o que los lóbulos
·frontales constituyan upa entidad única indiferenciada.
La organización funcional de los lóbulos frontales y sus zonas in-
dividuales han sido estudiadas inadecuadamente y, por lo tanto, sólo
podemos examinar algunas de las características más generales de
aquellas formas alternativas del síndrome frontal que tienen su origen
en lesiones de diferentes partes de la región frontal.
Primero, podemos distinguir claramente entre síntomas originados
por lesiones de las zonas lateral (convexa) y medio basal de la región
frontal. Las zonas laterales del córtex frontal están firmemente vincu-

217

'·------ -----·------ ... ------~----~-------'-'.->-~ - .. - --·- -------------- ·- -


•·

ladas· a las estructuras motoras de las partes anteriores del cerebro;


poseen la misma estriación vertical y están íntimamente conectadas
con el córtex motor. Esto explica que las lesionesen las zonas fronta-
les laterales, y en particular en la región postfrontal, den lugar, por
regla general, a acusadas alteraciones de la organización de los movi-
mientos y acciones, a la desintegración de programas motores y a la
alteración de la comparación del comportamiento humano con su plan
original. Por
--· ·-·
esta
.
razón, las perseveraciones motoras,
.. .
la ·- inerciapatoló-
- - --·. --
gica de los programas motores existentes y las. alteraciones de regula-
ción del comportamiento externo antes descrita, pueden observarse
con particular claridad en pacientes con lesiones en las zonas laterales
de las regiones prefrontal y, en particular; postfrontal del córtex.
Todas estas· alteraciones son particularmente más patentes en pa-
cientes con lesiones en las zonas laterales del lóbulo izquierdo ( domi-
nante) que están estrechamente conectadas con la organización cere-
bral del lenguaje, y la desorganización de estas funciones conduce a
una desintegración particularmente importante de la misma actividad
lingüística y de los actos conductuales que són especialmente depen-
dientes de la participación del lenguaje para su regulación. Ya he
descrito algunos aspectos de las alteraciones de la actividad lingüís-
tica que se originan debido a lesiones laterales del lóbulo frontal iz-
quierdo; puede tomar dos formas, incrementando la inercia patológica
de los mismos procesos del lenguaje o perdiendo su papel regulativo
(Luría, 1960, 1961, 1962, 1966a, 1966b, 1969c; Luria y Homskaya, 1963,
1966) o bien una inactividad distintiva de los procesos del lenguaje,
que ocurre por lesiones en las zonas ínfero - laterales del· córtex fron-
tal izquierdo y expresadas como una incapacidad para hacer una ma-
nifestación razonada espontánea, una dificultad en expresar un pensa-
miento en lenguaje razonado y una característica "adinamia verbal",
que he descrito en otra parte (Luria, 1966a) con el nombre "de afasia
dinámicafrontal". Puesto que ya he analizado esta forma particular de
alteración lingüística detalladamente (Lurla, 1947, 1966a, 1966b; Lu-
ria y Tsvetkova, 1968),no le dedicaré aquí una atención especial.
Podemos decir muy poco acerca de las funciones del lóbulo frontal
derecho, que no tiene· conexión directa con la organización del lengua-
Je de la actividad mental, y prefiero considerar este problema cuando
hable de las funciones del hemisferio cerebral derecho como un todo.
Las zonas basal (u orbital) y medial. de los lóbulos frontales tienen
una organización funcional completamente diferente de las zonas late-
rales Y sus lesiones dan lugar a síntomas muy distintivos: Por lo tanto,
debemos· realizar un estricto análisis de su organización· funcional y

218
de las alteraciones de la actividad mental producidas en pacientes
con lesiones en dichas zonas. Las zonas medial y basal del córtex hu-
mano están particularmente vinculadas a las estructuras de la for-
mación reticular y a la región lírnbica (de la que forman parte las zo-
nas mediales de los lóbulos frontales). No tienen relación directa con
el córtex motor, el giro precentral ni con el área premotora. Por con-
siguiente, incluso las lesiones masivas de estas zonas del lóbulo frontal
no se acompañan de ninguna evidencia de desautomatización de los
movimientos, de inercia patológica de acciones y movimientos, ni de
una alteración del completamiento de programas motores complejos.
Más de una vez me he sorprendido cuando un paciente con una lesión
masiva (hemorragia, espasmo vascular o tumor), que altera la función
normal de las zonas medial y basal del lóbulo frontal, no presentaba
alteraciones visibles de ejecución ni defectos en la organización de su
comportamiento motor (Luria, 1969a, 1970; Luria, Konovalov y Pod-
gornaya, 1970). Sin embargo, la ausencia de desórdenes motores es
sólo una caracteristica negativa de los cuadros clínicos producidos por
lesiones en las zonas basal y medial del lóbulo frontal. En los últimos
años, sus caracteristicas positivas han llegado a ser conocidas mucho
más ampliamente y los síntomas producidos pérIesiones de estas zonas
han llegado a ser mucho más claros.
Las zonas basales (orbitales) del córtex frontal están estrechamente
vinculadas con las estructuras de la primera unidad del cerebro y tam- -
bién con ciertas partes del · archicórtex (especialmente la amígdala y
las estructuras del "cerebro visceral"). Es, por consiguiente, un hecho
clínico bien conocido que una lesión en estas zonas conduce no sólo
a alteraciones olfativas y visuales (debido a su defecto en las estruc-
turas olfativas y en los tractos ópticos), sino también a signos defini-
dos de desinhibición generalizada y enormes cambios en los
procesos. afectivos.
Los fenómenos de desinhibición producidos en pacientes con lesio-
nes en el córtex orbital han sido bien examinados por Konorski (1961;
Konorski y Lawicka, 1964) y por Brutkowski (1966) y han sido fre-
cuentemente descritos. Los desórdenes afectivos, en forma de carencia
de autocontrol, violentos arranques emocionales y enormes cambios de
carácter, producidos en lesiones del córtex orbital, se encuentran entre
los. síntomas más claros de tales lesiones y también fueron bien des-
critos anteriormente (Welt, 1888; Feuchtwanger, 1923; Kleist, 1934;
Rylander, 1939).
He observado que las alteraciones de la actividad intelectual en
pacientes con lesiones en las zonas orbitales de los lóbulos frontales

219

--·---····-----· --· - --··--- ····-·--·~:-- ~-.- -~-·.~~· .. . .. "---------·-·--·- ·- ·····-·-···-.


son de un carácter totalmente diferente de las alteraciones asociadas


con lesiones de sus zonas laterales; en las primeras es raro observar
la adinamia de pensamiento y la inercia de estereotipo establecidos
que he descrito en pacientes con lesiones en las zonas laterales de la
región frontal; sus operaciones intelectuales permanecen potencial-
mente intactas, aunque de hecho estén gravemente perturbadas por
esta disinhibición incrementada de sus procesos mentales, lo cual
conduce a una impulsividad incontrolada y a la fragmentación, de ma-
nera que no pueden llevar a cabo una actividad intelectual organizada
y planificada (Luria y Tsvetkova, 1967).
Hallamos un síndrome especial en lesiones de las zonas mediales
de los lóbulos frontales. El estudio de este síndrome está todavía en
sus comienzos; se encuentra en tumores de las zonas mediales de los
lóbulos frontales (Luria; Homskaya: Blinkov y Critchley, 1967) y en
pacientes con aneurismas en la arteria comunicante anterior, acom-
pañado de espasmos de ambas· arterias cerebrales anteriores (Luria,
Konovalov y Podgornaya, 1970)y es un cuadro clínico único.
Las zonas mediales de los lóbulos frontales forman parte de la re~
gión Iímbica y, como he mencionado, están estrechamente unidas con
las estructuras inferiores de la formación reticular, los núcleos talámi-
. cos y las estructuras del arquiencéfalo. Por consiguiente, las lesiones
en estas zonas deben dar lugar a alteraciones particularmente marca-.
das del tono cortical y, como ha demostrado Homskaya (1972), a mar-
cadas perturbaciones de las influencias moduladoras y reguladoras que
ejerce el córtex, a través de sus conexiones descendentes, sobre las
estructuras de la formación reticular.
Esto explica por qué la primera y más importante consecuencia de
una lesión de estas zonas del cerebro es un agudo descenso del tono
cortical que conduce a la alteración del estado de vigilia y, algunas
veces, a la aparición de estados oniroides, característicos de lesiones
en la región Iímbica. Una característica especial de estos estados de
vigilia disminuida, producidos por lesiones de las zonas mediales de los
lóbulos frontales, es que tienen lugar sobre el fondo de una facultad
crítica disminuida característica de la patología del lóbulo frontal o,
en otras palabras, sobre el fondo de una alteración del aparato acep-
tar de la acción, que provee el control esencial sobre la ejecución de
los procesos conscientes.
El síntoma principal hallado en pacientes con lesiones de las zonas
mediales frontales es el que yo he descrito corno alteración de la se-
lectividad de los procesos mentales (Luria, Homskaya; Blinkov y
Critchley, 1967), en el que el paciente no se orienta con claridad du-

220
rante mucho tiempo con relación a su entorno o a su pasado, pronun-
cia confabulaciones incontrolables, y su consciencia se hace inestable
y está algunas veces profundamente alterada.
Un segundo aspecto de este síndrome es la enorme perturbación
de Za memoria que se halla en estos pacientes, con un fenómeno bien
marcado de "distribución de la excitabilidad" de las huellas, que lleva
a un estado de confusión y a la producción de confabulaciones. Estos
fenómenos serán examinados con detalle en el capítulo siguiente.
Será necesario recordar al lector que la organización funcional de
los lóbulos frontales humanos es uno de los más complejos problemas
de la ciencia moderna y estamos sólo en el primer escalón del análi-
sis de los varios síndromes que pueden producirse por lesiones en las
correspondientes partes del cerebro. Sin embargo, nada es más cierto
que la próxima década verá un incremento sustancial en nuestro co-
nocimiento de esta compleja región.

221
•·

Tercera Parte

ACTIVIDADES MENTALES
SINTÉTICAS Y ORGANIZACIÓN
CEREBRAL
Ya he señalado que el supuesto inicial en el que se basa este libro
es el punto de vista de que los procesos psicológicos no son "funcio-
nes" o "facultades" indivisibles, sino sistemas funcionales complejos
basados en el trabajo concertado de un grupo de zonas cerebrales,
cada una de las cuales aporta su propia contribución a la construcción
del proceso psicológico complejo. ·
Debemos ahora trasladarnos desde esta parte analítica a la próxi-
ma parte sintética, en la que examinaremos qué sistema cerebral es el
responsable de una forma dada de actividad mental concreta y cómo,
en el presente estado del desarrollo de la ciencia, puede representarse
su organización cerebral.
Trataremos la organización cerebral de la percepción, del movi-
miento y de la acción, de la atención, de la memoria y del lenguaje
en sus varias formas y, finalmente, la organización cerebral de la ·acti-
vidad intelectual compleja. Lo haremos tan brevemente como nos 'sea
posible, no olvidando que estos capítulos no son más que una intro-
ducción a la aproximación neuropsicológica al análisis de una serie de
problemas muy complicados de la psicología moderna.

225
15- C. A.
•·

VII:X. Percepción

Estructura psicológica
La psicología del siglo XIX consideraba la percepción corno una
impresión pasiva de los estímulos externos sobre la retina y después
·en el córtex visual. Por tanto, lógicamente, la base cerebral de la sen-
sación visual y de la percepción debían de ser las zonas del córtex oc-
cipital que recibían la excitación generada en la retina y en las cuales
se formaban estructuras absolutamente idénticas (isomorfas) a la
estírnulación primaria.
Este concepto de isomorfismo de la estructura de la excitación en
el córtex visual con la estructura de la excitación periférica, y, por
tanto, con la estructura del objeto que estimula los ojos, asumió su
forma más clara en la psicología de la Gestalt, cuyos fundadores (Koh-
ler, por ejemplo) dedicaron gran parte de sus vidas a la defensa de
este "principio del isomorfismo".
La psicología moderna intenta analizar la percepción desde puntos
de vista muy diferentes. Considera a la percepción como un proceso
activo de la búsqueda de la correspondiente información, distinción
de las características esenciales de un objeto, comparación de las ca-
racterísticas entre sí, creación de una hipótesis apropiada y, después,
comparación de esta hipótesis con los datos originales (Vygotsky,
1956, 1960;Bruner, 1957; Leontev, 1959; Zaporozhets, 1967, 1968). Por
esta razón, además de los componentes receptores, también son esen-
ciales para la percepción humana los componentes efectivos y, mien-
tras que estos componentes efectores, motores, tienen lugar paso a
paso en las primeras etapas del desarrollo, en los niveles subsiguientes
de la formación de la función perceptiva comienzan a realizarse en
forma abreviada, gracias a ciertos "atajos" aparecidos a nivel de algu-
nas "acciones internas" (Zaporozhets, 1967, 1968; Zinchenko y otros,
1962; Zinchenko y Vergiler, 1972).

227
Por tanto, es evidente que el proceso de percepción tiene un ca-
rácter complejo. Comienza con el análisis de la estructura percibida,
al ser recibida por el cerebro, en un gran núméro de componentes o
claves que son luego codiiicadas o sintetizadas y ajustadas dentro de
los sistemas móviles correspondientes. Este proceso de selección y
síntesis de las características correspondientes es de carácter activo
y tiene lugar bajo la influencia directa de las tareas con las que se en-
frenta el sujeto. Tiene lugar con la ayuda de códigos hechos a la me-
dida (y en particular-los códigos del lenguaje), -que sirven para situar
el rasgo percibido dentro de su sistema adecuado y para darle un ca-
rácter general o categórico; finalmente, incluye siempre un proceso de
comparación del efecto con la hipótesis original o, en otras palabras,
un proceso de verificación de la actividad perceptiva.
Durante la percepción de objetos familiares, establecidos firme-
mente en experiencias anteriores, este proceso naturalmente se abrevia
y tiene lugar mediante una serie de atajos, mientras que durante la
percepción de objetos visuales complejos nuevos y no familiares, el
proceso de percepción permanece complejo ,~ ib.kbreviado. Finalmente,
es esencial observar que la' percepción humana· es un complejo pro-
ceso de codificación del material percibido que se da con la íntima
participación del lenguaje y que, por· tanto, la actividad perceptual
humana nunca tiene lugar sin la participación directa del lenguaje,
lo que ha sido demostrado en muchas investigaciones psicológicas
(Gelb y Goldstein, 1920;Vygotsky, 1934; Bruner, 1957),y, por tanto, es
innecesario tratar estos problemas especialmente.

Organización cerebral
Este carácter complejo de la actividad perceptiva sugiere, natural-
mente, que la percepción visual no es realizada en su totalidad por las
estructuras del córtex occipital (visual), sino que de hecho involucra
una completa "constelación activa" de zonas cerebrales, ejerciendo
cada zona su propio papel en la actividad perceptiva y aportando su
propia contribución para la formación del proceso perceptivo.
Es también evidente que una lesión de cada una de estas zonas que
participan en la actividad perceptiva alterará el complejo sistema de
· la percepción visual en su totalidad, aunque la alteración afecte a un
componente distinto cada vez y, por tanto, siga un curso diferente.
Como ya hemos visto, la percepción visual humana comienza en
el momento en que la excitación que aparece en la retina alcanza· el

228
córtex visual primario, donde estos impulsos, que se proyectan sobre
los puntos correspondientes del córtex (en un esquema con una orga-
nización estrictamente sornatotópica), son separados en un gran núme-
ro de componentes. Como dije anteriormente (parte 2, capítulo 3 ),
este proceso de análisis visual puede tener lugar debido a que el cór-
tex visual contiene un gran número de neuronas altamente diferencia-
das, cada una de las cuales responde únicamente a una característica
particular del objeto percibido (Hubel y Wiesel, 1962,1963).
Dado que las lesiones de las zonas primarias del córtex visual nun-
ca afectan a neuronas aisladas, sino que se extienden siempre sobre
una cierta área, las alteraciones de la percepción visual en estos casos
son elementales y de carácter somatotópico, y se manifiestan tanto
como hemianopsia homónima (pérdida de la mitad del campo visual
contralateral) como hemianopsia cuadrántica (pérdida de un sector
particular del campo visual} o, finalmente, como el desarrollo de esco-
tomas (pérdida de áreas aisladas del campo visual correspondientes a
las áreas efectadas del córtex visual primario).
Si el córtex visual primario está en el hombre en un estado de dis-
función (como ocurre tras una lesión de la región occipital acompaña-
da de edema), la visión puede desaparecer completamente en las pri-
meras etapas, tras las cuales puede recuperarse. Aunque la percepción
al principio no es clara y tiene un carácter "borroso", más tarde se
recupera completamente.
Un rasgo típico de todos estos tipos de alteración (excepto en al-
gunos casos especiales) es que estos defectos elementales pueden com-
pensarse adecuadamente mediante movimientos de los ojos y con ello
el sujeto puede continuar trabajando. Son excepción aquellos casos
en que las lesiones del córtex occipital (bien sea de las zonas prima-
rias, bien de las secundarias) se yuxtaponen sobre un marco de inac-
tividad o de inadvertencia del defecto por parte del sujeto (anosog-
nosia) o cuando el defecto permanece desapercibido y no es compen-
sado, de modo que adquiere el carácter de hernianopsia fija o agnosia
espacial unilateral (Homes, 1919; Brain, 1941; Luria y Skorodumova,
1950; Hécaen y otros, 1956; Hécaen, 1959).
La segunda etapa de la organización cerebral de la percepción vi-
sual requiere una estrecha participación de las zonas secundarias del
córtex cerebral. Éstas constituyen el principal sistema responsable de
la formación de síntesis móviles de los elementos visualmente perci-
bidos, pero se encuentran bajo la influencia reguladora y moduladora
de otras zonas no visuales del córtex.

229
•·

Como hemos visto, las zonas secundarias del córtex visual consis-
ten sobre todo en neuronas de las capas superiores corticales y poseen
axones cortos y adaptados para la formación de, combinaciones y co-
nexiones entre los elementos individuales y los puntos del córtex. Por
lo tanto, pueden producir síntesis móviles de indicadores visuales en
los que se analiza la percepción visual y hacer que estos indicadores
puedan ser controlados.
Una lesión en las zonas corticales secundarias producirá natural-
mente una perturbación en estas síntesis visuales, y el defecto de per-
cepción que surge en pacientes con lesiones en estas zonas. corticales
asume el carácter de perturbaciones de síntesis visuales simultáneas o
de agnosia óptica, en las cuales cada elemento de la estructura visual
se precisa con claridad suficiente, pero el paciente no puede sinteti-
zar el elemento en un todo único, de modo que es incapaz de reco-
nocer objetos o láminas de objetos .. Todavía conocemos muy poco so-
bre los mecanismos básicos de la agnosía óptica. Sin embargo, merece
mencionarse uno de los mecanismos accesorios.
Se sabe que la imagen visual formada en. la 'retina permanece allí
durante un período extremadamente corto y si el OJO está completa-
mente estacionario la imagen no dura más de 1-1,5segundos (Yarbus,
1965). Es, por lo tanto, esencial no solamente producir la síntesis vi-
sual, sino también estabilizar la-imagen obtenida como resultado del
proceso óptico. Una manera de llevar a cabo. esto es mediante la for-
mación de una postimagen visual que juega un papel muy importante
en la estabilización de la imagen y cuyos mecanismos fisiológicos han
sido estudiados con detalle por la escuela de Orbeli (Zimkina, 1957;
Zimkin y Zimkina, 1953; Kaplan, 1949; Balanov, 1950).
Un hecho de la mayor importancia es que esta postimagen visual
que normalmente dura de 20 a 30 segundos y que luego desaparece
gradualmente, puede o bien no surgir en su totalidad o durar durante
· un período mucho más corto en pacientes con lesiones occipitales,
aunque pueda producirse cierto grado de estabilización mediante la
administración de cafeína (Zislina, 1955). Esto indica que el córtex
Visual es responsable no solamente de la síntesis d~ los impulsos vi-
suales, sino también de su estabilizacián: Por lo tanto, lleva a cabo un
papel similar que mencioné cuando discutí el papel del córtex tem-
poral en la estabilización de los estímulos auditivos (parte· II; cap. 4 ).
Sería un error, sin embargo, pensar que las zonas secundarias del
córtex visual se ocupan únicamente de la parte efectora u operativa
de la actividad perceptiva. Es porque esto no es así por lo que una
lesión en las zonas visuales secundarias interfiere o impide la forma-

230
ción de síntesis visuales, peto no priva a la actividad perceptiva de su
carácter controlado o intencional. Una persona con una lesión en las
zonas visuales secundarias puede percibir directamente tan sólo frag-
mentos de información visual, pero puede aún ser capaz de analizar
el significado de estos fragmentos y compensar su defecto mediante el
razonamiento. El sujeto busca activamente la solución al problema,
dada la naturaleza de la imagen que le presenta, formula varias hipó-
tesis que compara con los elementos que realmente percibe; intenta
encuadrar los indicios que percibe en diversas categorías de significa-
do y los codifica. Por esta razón, ya que el paciente puede aún enca-
jar hipotéticamente un indicativo dentro de las categorías adecuadas,
mientras que es incap_az de llevar a cabo síntesis concretas de datos
en una entidad visual completa, su percepción se vuelve excesiva-
mente generalizada ("Esto es una especie de animal", "Esto es ... una
clase de instrumento") e hiperintelectualizada, pero pierde su carác-
ter concreto.
Una lesión en las zonas visuales secundarias perturba, pues, la ope-
ración de síntesis visuales, pero deja intacta la estructura total de la
percepción activa: Las zonas superiores que colindan con las zonas
secundarias del córtex visual aportan su propia contribución a la es-
tructura de la percepción visual y las lesiones en las mismas confieren .
algunas características especiales a la perturbación visual propias de
este tipo de lesión.
Los componentes individuales de la organización cerebral superior
de la percepción son de especial interés y merecen considerarse· se-
paradamente. Normalmente, la percepción visual posee su propia or-
ganización espacial y solamente en los casos más simples esta organi-
zación espacial manifiesta un carácter elemental, de modo que todas
· 1as coordenadas espaciales permanecen sin ambigüedad. En muchos .
casos, sin embargo, no ocurre así y las imágenes percibidas tienen una
posición espacial definida y además asimétrica. Estas características
son especialmente aparentes durante la percepción de una situación
cara a cara, donde las palabras "derecho" e "izquierdo" adquieren
significados completamente diferentes (y a menudo de vital importan-
cia). Las mismas características son aparentes en la percepción de la
posición de una habitación en un apartamento, de un objeto de una
habitación, etc. Son especialmente aparentes durante la percepción
de estructuras geométricas y figuras tridimensionales, en las que la
incorporación del objeto percibido dentro de un sistema de coordena-
das espaciales fundamentales (los planos frontal, sagital y horizontal)
es vital para el curso correcto de la actividad perceptiva.

231
Un hecho especial es que la organización espacial no es función
propiamente del córtex occipital (visual) y que la participación de las
zonas parietales inferiores (o parieto - occipitales).
•·.
del. cerebro es esen-
cial para que la misma se lleve a cabo.
Son estas zonas del cerebro las que dan un rol en la percepción
visual a las zonas corticales de los sistemas vestibular y kinestésico
(háptico), donde la mano derecha dominante ocupa una posición do-
minante. La introducción de estos componentes no visuales en la per-
cepción visual compleja introduce, al mismo tiempo, la posibilidad de
un análisis espacial: elementos de coordenadas espaciales tridimen-
sionales por un lado, y la valoración asimétrica de los lados derecho
e izquierdo del espacio por otro lado.
Una lesión en las regiones parietales inferiores (o par'ieto- occipita-
les) del hemisferio mantiene, por lo tanto, las síntesis visuales intactas,
pero se perturba la organización espacial de la percepción. Por con-
siguiente, estos pacientes no pueden percibir claramente las relacio-
nes espaciales entre elementos de una construcción compleja, no pue-
den distinguir la derecha de la izquierda, pierden la orientación en el .
espacio que los rodea, no pueden decir la posición de las agujas del
reloj, confunden los países. en un mapa y no pueden determinar los
puntos cardinales. Ya he tratado estos defectos en la parte pertinente
de este libro (Parte II, cap. 5) a la cual refiero al lector.
Un factor único en la percepción visual es la posibilidad de amplias
síntesis simultáneas que permiten que toda una situación pueda ser
percibida al mismo tiempo (por ejemplo, el examen simultáneo de un
cuadro). Hay razón para suponer que este tipo de percepción no es
.funciónúnicamenteclel córtex visual (occipital), sino que requiere la
participación estrecha de las zonas parieto - occipitales.
Aparentemente éstas son responsables de la "conversión de la su-
cesiva· formación de una situación en exploraciones simultáneas",
dando lugar así al acto condensado de la composición simultánea de
una situación completa ópticamente percibida. Esta hipótesis· está ba-
sada e11 el hecho de que una lesión en el córtex parieto - occipital (la
mayor parte de las veces en ambos hemisferios) hace que el paciente,
que aún puede percibir los objetos individuales, sea incapaz de per-
cibir un grupo de objetos (a veces ni siquiera un par) y, menos aún,
de captar la situación en su totalidad, como, por ejemplo, en el caso
de un grabado temático •
. Esta perturbación se conoce como la agnosia simultánea de Balint.
Siempre se encuentra asociada a una característica· apraxia de fijación
resultante del hecho de que "todo el amplio campo visual" deterio-

232
.,
rado no puede abarcar simultáneamente los distintos puntos excita-
dos, de manera que el paciente es incapaz de fijar el centro de informa-
ción visual mediante el uso de la parte central de la retina. Al mismo
tiempo no puede percibir información visual en la periferia de la re-
tina, y los movimientos coordinados del ojo, que constituyen el primer
paso en la percepción simultánea de una situación visual completa,
desaparecen. He dado ya un detallado análisis de este trastorno (par-
te II, cap. 5) y, por lo tanto, no me detendré en él en este momento.
Una última clase de perturbación de la percepción espacial total,
es la· agnosia espacial unilateral. La misma difiere de la hemianopsia
homónima, en que los pacientes con este tipo de perturbación, que
usualmente surge en el caso de lesiones en las zonas parieto - occipita-
les del hemisferio no dominante (derecho), no están conscientes de la
totalidad del lado izquierdo, tanto en el campo visual como táctil· y,
más aún, no están conscientes de sus fallos (Brain, 1951; Ajuriaguerra
y Hécaen, 1960; Critchley, 195J; Piercy y Smith, 1962; Warrington
et al., 1966; Korchazhinskaya, 1971). Esta perturbación es un hecho
puramente patológico y aunque es de indudable interés en neurología,
posee una importancia limitada para la comprensión.de la estructura
de la percepción humana normal.
Hasta el momento casi hemos limitado nuestra atención al aná-
lisis de· las lesiones occipitales y parieto - occipitales de los dos hemis-
ferios relativas a la estructura de la percepción visual, sin dedicar
ninguna atención especial a los papeles relativos de los hemisferios
dominante y no - dominante en esta actividad; Ahora rectificamos esta
omisión.
Los sistemas del hemisferio izquierdo dominante en el caso de los
sujetos diestros, están íntimamente conectados con el lenguaje y por
medio de éste con todos los procesos mentales en cuya organización
el lenguaje juega una participación activa. Al mismo tiempo es bien
conocido que el lenguaje participa directamente en la formación de
las formas más complejas de percepción; a saber, la codificación de
la percepción de colores, formas y objetos de "categorías" complejas.
Este problema ha sido estudiado en el pasado en conexión con el
análisis de la percepción del color (Gelb y Goldstein, 1920; Bruner,
1957) y es de la mayor relevancia para la psicología humana. Por lo
tanto, no nos sorprenderá saber que las zonas no visuales del córtex,
directamente relacionadas con el lenguaje, pueden jugar un papel ac-
tivo en la organización de la percepción visual y que las lesiones en
estas zonas pueden causar perturbaciones esenciales en la percepción
visual.

233

,¡_ ~.

El papel de las "zonas del lenguaje" del córtex en la estructura-


ción de la percepción y la génesis de las perturbaciones de la percep-
ción en el caso de lesiones del córtex temporal y: temporal - occipital
causantes de la afasia no ha sido estudiado aún adecuadamente. Los
esttrdios de Gelb y Goldstein (1920) son ya clásicos. Estos investigado-
res demostraron que los trastornos del lenguaje pueden conducir a la
pérdida de la capacidad para percibir categorías de color, de forma
que los colores no se codifican correctamente. Fenómenos elementales
como la inducción del color que, en condiciones normales· son inhibi-
dos por la percepción categórica del color, se hacen en este caso más
aparentes. Las últimas investigaciones de Goldstein (1944) son de gran
importancia para este enfoque de la percepción visual y del papel que
el lenguaje juega en la misma. Goldstein demostró la perturbación del
carácter categórico de la percepción de formas en pacientes con lesio-
nes cerebrales y su discípulo Hochheimer (1933) realizó lo que quizás
es el primer intento hacia un enfoque detallado de cara al análisis de
los fenómenos de la agnosia óptica con base en el papel del lenguaje
en la elaboración de procesos perceptivos. Finalmente ocupan un lugar
especial en este problema que tratamos las investigaciones clásicas
(aunque desgraciadamente aún sin terminar) de Pótzl, quien, en su
importante trabajo sobre la afasia (Pótzl, 1928),relacionó desde el co-
mienzo el análisis de la patología de la percepción visual, con los tras-
tornos del lenguaje y citó numerosos hechos que indican como el
"campo visual total" del córtex funciona bajo la influencia organiza-
dora directa del lenguaje. Recientemente, el concepto del papel del
lenguaje en la percepción humana y las características de los. meca-
nismos cerebrales de la percepción que surgen directamente de este
hecho han recibido nuevamente una cuidadosa atención y muchas
investigaciones que confirman esta importante conclusión han sido
resumidas en varios trabajos (ver, por ejemplo, Drew y otros, 1970).
Desafortunadamente, estas investigaciones que sientan las bases del
enfoque de formas de percepción en el hombre, no se han continuado
en forma adecuada durante el subsiguiente desarrollo de la neuropsi-
cología, pero no cabe duda de que se conseguirán importantes ha-
llazgos como resultado de una labor ulterior en este campo de la in-
vestigación.
Dos factores que han sido confirmados de forma· adecuada median-
te la experiencia clínica requieren un comentario detallado: el pri-
mero es el trastorno de percepción de letras y palabras que resulta
de lesiones en la región parieto - occipital izquierda y el segundo es el

234
trastorno en el surgimiento de ideas visuales que se observa en el
caso de lesiones en las zonas témporo - occipitales.
Sería obvio que el hemisferio izquierdo (dominante) con su rela-
ción directa con la organización de los procesos del lenguaje también
participara en la percepción de los símbolos del lenguaje escrito (le-
tras, palabras, números, signos de puntuación). Ello se desprende
claramente del hecho de que las lesiones en las zonas parieto - occipi-
tales del hemisferio izquierdo (dominante) también pueden conducir
a trastornos en la percepción de estos símbolos aun en ausencia de
manifiestos signos de agnosia de objeto.
La alexia óptica que en algunos casos asume el carácter de un
trastorno de percepción visual de las letras individuales (alexia lite-
ral) y, en otros casos, el de incapacidad para combinar en una sola
palabra letras percibidas visualmente y un trastorno de la percepción
visual de palabras (alexia verbal), ha sido estudiada y descrita con
detalle .. Muy a menudo estos fenómenos se acompañan de un trastorno
en la percepción visual de números o de notas musicales y son siem-
pre causados por una lesión en las zonas parieto - occipitales del he-
misferio dominante. En algunos castos, malformaciones congénitas en
estas regiones se manifiestanmediante defectos innatos que impiden
el aprender a leer (ceguera congénita de letras); ésta es una parte es-
pecial de la neuropsicología que también ha sido objeto de estudio
considerable. En otros casos aparece un trastorno en el reconocimiento
de las letras cuando hay lesiones· en las zonas occipitales y parieto-
occipitales en el hemisferio izquierdo, de modo que cuando el paciente
mira a las letras y dibujos percibe su organización espacial indistin-
tamente y no reconoce el significado de las letras y palabras (alexia
óptica y verbal). Este síndrome ha sido descrito, a menudo, y es muy
bien conocido en la práctica clínica (Dejerine, 1914; Potzl, 1928; Ben-
ton, 1965; Money, 1962; Hécaen, Ajuriaguerra y Angelergues, 1957;
Hoff, Gloning, 1962; Gloning y otros, 1966; Weigl, 1964; Benson y
Geschwind, 1969;Zurif y Carson, 1970).
Hasta el momento he descrito fallos en la recepción directa de la
información visual resultante de algunas lesiones cerebrales. Sin em-
bargo, es sabido que la actividad perceptiva no. está confinada a los
procesos de percepción visual, sino que necesariamente incluye la for-
mación activa de imágenes visuales correspondientes al significado de
una sola palabra. Este proceso, que es un aspecto de la actividad per-
ceptiva y aún no ha sido adecuadamente estudiado, merece nuestra
especial atención.
Bajo condiciones normales la imagen visual, que en algunos casos

235
·-

es brillante y casi eidética, pero que en otros es opaca e indistinta, se


evoca rápidamente por una simple palabra que denota el objeto corres-
pondiente. Con el tiempo, esa imagen sufre algunos cambios, ya sea
convirtiéndose en una forma más generalizada, o exhibiendo caracte-
rísticas distintivas más claramente definidas (Soloviev, 1966). Bajo
condiciones normales se desconoce la existencia de casos en que exista
una completa ausencia de imágenes visuales evocables mediante pa-
labras que denoten objetos.
Sin embargo, la incapaeidad total para formar una· imagen visual
de un objeto denominado por una palabra es una dolencia habitual
en patología cerebral, a pesar de una conservación adecuada del objeto
visualmente percibido. Como hemos visto, las lesiones en los lóbulos
témporo - occipitales del hemisferio izquierdo conllevan que el sujeto
entienda el significado de una palabra, aunque la palabra no provoque
una imagen visual precisa. Los intentos del paciente por dibujar el
objeto denominado por una palabra contrastan en forma tajante con
la facilidad con que puede copiar el dibujo. He dado ya ejemplos (fi-
gura 39) de este tipo de disociación, por lo que no entraré más en de-
talles. :-:.· . ~.:-;·;e~
Sabemos aún - muy poco acerca del papel que juega - el hemisferio
derecho en la percepción a pesar de lo que podemos aprender de la
naturaleza de los trastornos de la percepción visual causados- por le- _
siones en el mismo.
Aunque Jackson (1874) adjudicó una función especial al hemisferio
derecho en la actividad perceptiva y no obstante el hecho de que al-
gunos investigadores (por ejemplo Sperry, 1968) han señalado el papel
del hemisferio derecho en la conservación de la percepción del len-
guaje, aún tenemos muy pocos hechos fiables para poder adjudicar un
papel específico inequívoco a este hemisferio en la percepción.
En la última década se han publicado trabajos (Hécaen y Angeler-
gues, 1963; Piercy y Smith, 1962; Kok, 1967) que revelan que las zo-
nas parieto - occipitales del hemisferio derecho juegan un papel impor-
tante eh las formas más directas de la percepción y, en particular, en
aquellas en que la aportación del lenguaje es mínima.
Por ejemplo, se ha: demostrado que una lesión en la región occipi-
tal derecha conduce a un trastorno en el reconocimiento de caras o a
la prosopagnosia, con más' frecuencia que una lesión en la región occi-
pital izquierda (Hoff y P6tzl, 1937; Faust, 1947; Bodamer, 1947; Chle-
now y Bein, 1958; Hécaen y Angelergues, 1963¡, -Borstein .. 1962; Kok,
1967). Los trastornos de las formas directas de percepción visual y
visoespacial en el caso de lesiones en el hemisferio derecho han sido

236
descritos por varios investigadores quienes han llamado la atención
acerca del desarrollo en estos casos de la apraxia espacial constructiva,
que es un trastorno en la capacidad para dibujar, y así por el estilo
(Paterson y Zangwill, 1945; Hécaen, Ajuriaguerra y Massomet, 1951;
Ettllinger, Warrington y Zagwill, 1957;Piercy, Hécaen y Ajuriaguerra,
1960; Warrington y otros, 1966; Hécaen y Assal, 1970).
Finalmente debo mencionar algún otro fenómeno adicional que pro-
vee cierta información sobre el papel de las estrncturas del hemisferio
derecho en la percepción. La percepción de un objeto se asocia siempre
a su reconocimiento o, dicho en otras palabras, a su inclusión en un
sistema de asociaciones familiares. Como he dicho, este proceso de
reconocimiento puede ser perturbado si se deterioran las síntesis vi-
suales y si el sujeto, aunque perciba las señales individuales, es incapaz
de sintetizarlas en una sola unidad visualmente percibida.
Sin embargo, en algunos casos, el proceso de síntesis visual directa
no se deteriora y el paciente puede aún ver claramente el objeto o
lámina que se le presenta aunque es incapaz de relacionarlos con su
experiencia pasada o, en otras palabras, de reconocerlos. Esta incapa-
cidad fue descrita originalmente por Lissauer (1898) con el nombre de
ceguera mental de asociación, que distinguió de la agnosia óptica (o
ceguera mental aperceptiva) descrita anteriormente.
Los mecanismos en los que se fundamenta la ceguera mental de
asociación no han sido explicados aún, aunq!-1ealgunos resultados su-
gieren que el defecto subsiguiente puede ser un trastorno en los siste-
mas de conexión del córtex visual y no visual (Geschwind, 1965). Sin
embargo, he observado frecuentemente una forma de este trastorno en
pacientes con lesiones en las zonas paríeto- occipitales del hemisferio
derecho (no dominante). Este tipo de trastorno se asemeja más a la
paragnosia que a la verdadera agnosia óptica, pues a pesar de que el
paciente aún podía ver un objeto o lámina con claridad o bien era
incapaz de relacionarlo con su experiencia personal (por ejemplo,.
como he dicho anteriormente, al mirar un cuadro compuesto por un
grupo de soldados en un tanque, dijo: "Esta es mi familia, mi padre,
hermanos, vecinos") o valoraba el significado en base a asociaciones
irrelevantes; por ejemplo, un paciente de este tipo interpretó la lámina
de un niño que había roto una ventana y que había sido apresado por
el dueño de la casa, de la forma siguiente: "Alguien de la República
de Buryat ha ganado una competición y le están otorgando una copa".
Estos casos demuestran la existencia de un tipo único de trastorno
de la percepción visual característico de lesiones en el hemisferio de-
recho, que se basa evidentemente en la producción sin control de aso-

237
ciaciones irrelevantes, la cual como regla general está asociada al des-
conocimiento por parte del paciente de sus propios fallos (anosog-
nosia). -r

Sin embargo, los datos disponibles relacionados con el papel de!


hemisferio derecho en la percepción son aún insuficientes y sólo nos
basta esperar que en el futuro aparezca información que arroje más
luz sobre este papel.

Ahora debemos examinar brevemente el último de los problemas


que he mencionado y que ocupa un lugar especial en la organización
cerebral de la percepción. Me refiero al papel de los lóbulos frontales
en este contexto.
La percepción, como he dicho antes, es un proceso activo que com-
prende la búsqueda de los elementos más importantes de información,
la comparación de unos con otros y la elaboración de una hipótesis
relativa al significado de la información en su totalidad y la verifica-
ción de esta hipótesis mediante una comparación de la misma con las
características especiales del objeto percibido. Cuanto más complejo
es el objeto percibido y cuanto menos familiar sea, más· detallada será
esta percepción activa. Tanto la dirección como el carácter de estas
búsquedas perceptoras varían con la naturaleza de la labor perceptiva,
como se ve claramente en los movimientos del ojo registrados durante
el examen de un objeto complejo. Esta característica activa del pro-
ceso es la que depende del papel de los lóbulos frontales en la percep-
ción. Esto puede verse analizando los trastornos de la actividad per-
ceptiva en pacientes con lesiones en los lóbulos frontales.
Los pacientes con lesiones masivas en los lóbulos frontales no pre-
sentan trastornos aparentes en la percepción visual directa. Reciben
con rapidez y reconocen láminas simples y hasta frases simples sin
dificultad. Sin embargo, la situación cambia si se les pide que mani-
fiesten una actividad perceptiva activa. Esto sucede cuando el objeto
se les muestra bajo condiciones poco usuales y tienen que procurar
inhibir la primera impresión incorrecta que surge inmediatamente.
Esto también puede suceder cuando el paciente tiene que distinguir
en forma activa la imagen que se le pide dentro de un marco homo-
géneo o, también, si la interpretación de la lámina requiere un trabajo
analítico activo mediante la identificación de los temas esenciales de
información seguida por la comparación y síntesis de estos sistemas.
El primer caso es el más simple para descubrir este tipo de desor-
den de percepción visual; todo lo que se necesita es mostrar al pacien-

238
te con una lesión masiva en el lóbulo frontal o bien una lámina dibu-
jada en una forma estilizada o una lámina en una posición poco usual
o finalmente una lámina que pueda percibirse en diferentes formas.
En todos estos casos se verá claramente que el paciente con una lesión
frontal masiva reemplaza la evaluación adecuada del objeto por una
impresión directa que no rectifica. En muchos de estos casos he visto
como un paciente con una lesión frontal percibe un sombrero con el
ala hacia arriba como si fuera un plato, un cartucho como un reloj,
una correa de piel como una barra de pan, un teléfono como una lata
de petróleo, una corbata como un pájaro, un barco como una paloma
con el cuello hinchado, una taza con un plato como una estatua, y así
por el estilo. Un obstáculo bastante grande que impide que esto pa-
cientes corrijan la percepción es la inercia patológica de una imagen
una vez que aparece.
Esto impide el cambio a tina nueva imagen y, por lo tanto, inter-
fiere la percepción normal. Un ejemplo de este trastorno en percep-
ción causado por estereotipo inerte, se muestra en la figura 67. El
segundo tipo de trastorno de percepción activa en el paciente _con
lesión en el lóbulo frontal puede observarse cuando a un paciente
con un+sfndromc frontal bien acusado se le p~de que distinga acti-
vamente una figura dada dentro de un marco homogéneo. Probable-
mente el mejor método a usar para este propósito es el que sugirió
hace unos años atrás Revault d'Allones (1923), mediante el cual el su-
jeto debe distinguir una cruz blanca con el centro negro u otra ima-
gen similar sobre fondo de un tablero de ajedrez.

modelo

12$1 () el mismo modelo

1 2 3 4 5 6. 7 8 9 10
ejecución
[31 ta © ~ 18:\ 181 ($1
~ ® <lb 0
modelo

n
el mismo modelo

2 3 4 5 6

ejecución

lZJ C8I f.2l (2l C2l o


Paciente S. Quiste en la región postfrontal izquierda

Fig, 67. - Efecto de la inercia patológica en la percepcton de pacientes con


un síndrome frontal masivo.

239
A
demostración ejecución

D.# 1 2 3 :' 4
K ~{} ~fl ~
~#~
ó~
B
demostración ejecución
1 2 3
ºay
gJ ºoºº
f: ~ 3 ~.)
A- '/' f t ºº
Paciente S. Quiste en la región postfrontal izquierda

Fig. 67. - (Continuación.)

El sujeto normal puede hacer esto sin dificultad demostrando de


esta forma la alta movilidad de su percepción y la facilidad con que
puede reconstruir el campo visual perceptible. Sin embargo, un ~a-
ciente con un síndrome frontal muy ~arcado es incapaz de realizar
esta prueba. Por regla general el paciente mira pasivamente la tabla
de ajedrez durante largo tiempo e inútilmente traza ios contornos de
sus fragmentos individuales. Generalmente· puede' llevar a cabo la la-
bor con éxito, pero únicamente en el caso de que el experimentador
sea el que comience dividiendo el problema en sus componentes, pa-
sando su dedo alrededor de los elementos apropiados. Es caracterís-
tico que si el paciente, de alguna forma, logra realizar la prueba y
distinguir la estructura requerida. del marco en que se halla, cualquier
intento dado en que se le pida que escoja una estructura distinta fra-
casará, ya que el sujeto tenderá a reproducir la estructura original-
mente distinguida una y otra vez. Este defecto se demuestra en la fi
gura 68.
El trastorno de la actividad perceptiva en el caso de lesiones ma-
sivas del lóbulo frontal se ve en su forma más clara en las pruebas de
percepción de estructuras ópticas complejas y en particular en pruebas
que contienen la interpretación de láminas temáticas, cuya valoración
final requiere un análisis activo, la comparación de detalles, la elabo-
ración de hipótesis y su verificación subsiguiente. (Ver segunda par-
te, cap. 7.)
Todas estas etapas de percepción activa se encuentran afectadas
con mayor severidad en pacientes con una lesión masiva de los lóbulos
frontales y una observación cuidadosa demostrará como en estos pa-
cientes la estructura normalmente compleja de la actividad perceptora es
reemplazada por conclusiones impulsivas simples basadas, o bien en la.
percepción de detalles individuales, o en contestaciones verbales
formales, sin que haya ningún análisis previo del material presentado.

240
Este trastorno grave de la percepción activa en pacientes con lesiones
cerebrales masivas se observa con especial claridad en pruebas en
~as cuales se registran los movimientos del ojo de estos pacientes.
Estas pruebas demuestran que pacientes con lesiones en el lóbulo
frontal pueden seguir con facilidad un objeto que se mueve en una
trayectoria standard, pero tienen gran dificultad en transferir activa-
mente una fijación de un punto a otro (Luria y Homskaya, 1962).

r~CfLJ J ~ m_J_c__mJ~_ c8=1~


~%
~
~ a b e d
modelo e f

9f ~
a
modelo mostrado

·~
dosv~es
+ .~

a b b e d
modelo

f g

Figura 68. - Distinción de una estructura dada sobre un fondo homogéneo hecha
por un paciente con una lesión frontal extensiva. Paciente Sar. (tumor en el lóbulo
frontal izquierdo con formación de quiste). Los diagramas muestran la trayectoria
de los movimientos del dedo del paciente durante su intento para distinguir la figura
requerida en un tablero de ajedrez. La cruz ( +) marca el cuadrado que fue indicado
cada vez de antemano por el experimentador.

Este fallo se observa con más claridad durante el examen de una


lámina temática cuando las ·tareas de percepción cambian constante-
mente. Hemos visto que mientras el registro de los movimientos del
ojo de los sujetos normales bajo estas condiciones reflejan claramente
la dinámica del proceso perceptivo activo, los movimientos de ojo de
pacientes con lesiones masivas en el lóbulo frontal son caóticos o
algunas veces estereotipados (fig. 66), demostrando así el hecho de
que su actividad perceptiva pierde fácilmente su carácter activo e
investigador (Luria, Karpov y Yarbus, 1965; Karpov, Luria y Yarbus,
1968).

241

16~ C. A-
El materialdescrito anteriormente muestra que el proceso de la
percepción visual es de hecho un sistema funcional complejo basado
en el_ trabajo coordinado de todo un grupo de 'zonas corticales, y que
cada una de estas formas aporta su propia contribución a la estruc-
tura de la percepción activa.

242
IX. Movimiento
y accio:n
,. .

Estructura psicológica
La Psicología clásica explicaba el movimiento y la accion volun-
tarios del hombre como manifestaciones de un acto de voluntad y con-
sideraba que los mismos eran el resultado, o bien de un "esfuerzo de
voluntad", o de una representación "ideomotora" que evocaban el mo-
vimiento automáticamente. Esta concepción impedía, como es natural,
abordar el estudio de los movimientos voluntarios y hacía que éstos
fueran inaccesibles al análisis científico y determinista. Este enfoque
idealista, que divorciaba el estudio delmovimiento voluntario humano
de la ciencia, se vio, por lo tanto, prontamente obligado a dar paso al
enfoque opuesto, el cual, aunque por algún tiempo mostró tendencias
progresivas, desembocó en el mismo callejón sin salida en el que había
desembocado la idea voluntaria de "un acto libre de la voluntad"
como causa del movimiento voluntario.
Este enfoque básicamente mecanicista se basó en la idea de que
los movimientos voluntarios o acciones conscientes son sólo aparentes
y que en realidad no son otra cosa que respuestas obligadas ante los
estímulos externos. Aunque este punto de vista era considerado lógico
en el momento en que Sechenov escribió su famoso libro "Reflejos
del cerebro" y se justificaba por la reacción en contra de la aberración
psicológica y por quienes sostenían un indeterminismo abierto, tuvo
como consecuencias, no obstante, el hecho de que la verdadera inves-
tigación en la actividad voluntaria humana se abandonase por más de
medio siglo.
La noción de que las acciones y el movimiento voluntarios son en
origen un reflejo, quitó a estas causas tan importantes de la actividad
humana todo lo que tenían de específico y reemplazó su estudio por
enfoques que solamente podían justificarse en relación o bien única-
mente con programas de comportamiento innatos relativamente sim-
ples, accionados por las señales más elementales que operaban como

243
los "mecanismos innatos de liberación" (l R M, "innate releasing
rnechanisms") de los etólogos (Lorens, 1950; Tinbergen, 1957), o por
modelos artificialmente elaborados tales como-reflejos condicionados.
A pesar del gran éxito de este esquema, que para toda una generación
de psicólogos (los de la escuela behavior ista, por ejemplo), pareció
ser el único enfoque científico del comportamiento, el concepto de mo-
vimiento y acción voluntarios como reflejo innato o condicionado no
fue adoptado por dos razones.
Primero, al aislar todo tipo de movimiento y acción de la influen-
cia de la experiencia pasada, no vieron aquellos tipos de comporta-
miento que se hallan controlados no por el pasado, sino por el futuro,
los cuales se construyen como la puesta en marcha de intenciones, de
planes o programas y que, como puede verse claramente, constituyen
la mayor parte de todas las formas específicas de actividad humana.
Segundo, la visión de que las acciones ,y movimientos voluntarios son
simples componentes eferentes de un arco reflejo era inaceptable por-
que, tal y como lo demostró el eminente psicólogo soviético Bernstein,
los movimientos humanos son tan variables y'.'p'oseen tal grado de Ii-
berrad ilimitada que sería imposible encontrar una fórmula de la cual
se pudieran derivar los movimientos voluntarios humanos de impul-
sos eferentes únicamente (Bernstein, 1947). Por lo tanto, ni el con-
cepto idealista ni el mecanicista sobre los movimientos voluntarios fue
capaz de aportar ningún progreso significativo sobre las. ideas dualis-
tas de Descartes, para quien los movimientos de los animales eran
puramente mecánicos o corno un reflejo, mientras que los movimien-
tos en el hombre estaban determinados por cierto principio mental o
por el libre albedrío, los cuales liberan ·los mismos mecanismos re-
flejos.
Era necesario hacer un cambio radical en cuanto a estas ideas
básicas sobre movimientos y acciones voluntarias a fin de conservar
los caracteres distintivos de estas formas de actividad conscientes su-
periores, pero al mismo tiempo era necesario hacerlos accesibles al
análisis realmente científico y determinista. El primer paso en esta
dirección fue dado por Vygotsky (1956, 1960), quien introdujo en Psi-
cología el concepto de que la fuente del movimiento y acción volunta-
rios no yace ni dentro del organismo ni en la influencia directa de ex-
periencia pasada, sino en la historia social del hombre; en esa activi-
dad laboriosa en sociedad que marca el origen de la historia de la hu-
manidad y en esa comunicación entre niño Y' adulto que fue la base
ontogénica del movimiento voluntario de la acción intencionada.
Vygotsky consideraba que cualquier intento de buscar "raíces bio-

244
lógicas" para la acción voluntaria estaba condenado al fracaso. Con-
sideraba que su verdadera fuente yacía en el período de comunicación
entre el niño y el adulto en que la "función era compartida entre dos
personas"; cuando el adulto daba al niño instrucciones Co-
verbales: "j
ge la taza!" o «Aquí está la pelota" y e! niño obedecía a las instruccio-
nes, cogía el objeto que se mencionaba o fijaba en él su vista.
En las siguientes etapas de desarrollo, el niño que precisamente
había obedecido las instrucciones del adulto, ya había aprendido 2
hablar y era capaz él mismo de dar instrucciones verbales (para em-
pezar instrucciones externas y detalladas y luego en forma interna y
abreviada) y empezaba a subordinar su propia conducta a estas ins-
trucciones.
Es característico que en esta etapa la función puramente compar-
tida entre dos personas se convirtió en un método para la organización
de las formas superiores del comportamiento activo, que son de ori-
gen social, su estructura depende del lenguaje y son voluntarias en su
curso. Esto significaba que los movimientos y la acción voluntarios
eran independientes de la historia que los había rodeado tanto en las
investigaciones idealistas como en las "positivistas" biológicas, y que
estas formas específicamente humanas de comportamiento activo po-
drían ser objeto real de investigación científica.
No me extenderé con mayor detalle en los argumentos teóricos
básicos relativos a la génesis de formas conscientes superiores de ac-
tividad humana que han sido publicados ya por otros (Vygotsky, 1934,
1956, 1960; Vygotsky y Luria, 1930; Leontiev, 1959), ni en un recuen-
to detallado de la dramática historia de la formación de la actividad
voluntaria y de la función reguladora del lenguaje, sobre los cuales
se ha escrito mucho también (Luria, 1956, 1957, 1958a, 1961, 1966a,
1968a, 1969b, 1970c). Ahora me dedicaré a la segunda fuente de los
modernos puntos de vista referentes a la estructura psicofisiológica
del movimiento y acción voluntarios.
Aunque los psicólogos modernos, especialmente Vygostky, han for-
mulado los principios básicos del análisis psicológico del movimiento y
de la acción consciente, ha sido la labor de los psicólogos contempo-
ráneos y en especial de Bernstein (1947, 1957, 1966, 1967) la que ha
hecho posible este enfoque constructivo al estudio de sus mecanismos
básicos. Bernstein, después de demostrar la "incontrolabilidad intrín-
seca de los movimientos por impulsos meramente eferentes", se vio en
la necesidad no sólo de hacer un esquema para la construcción de
actos motores, sino también una teoría sobre los niveles de construc-
ción de movimiento que, en unión de los sinergismos innatos y elemen-

245
•·

tales, incluye también las formas más complejas y específicas de la


actividad humana. El punto de partida de la teoría de Bernstein sobre
la estructura del movimiento fue el postulado relativo al papel domi-
nante de los sistemas aferentes que se diferencian a cada nivel y que
dan lugar a diferentes tipos de movimientos y acción.
No trataré con detalle los niveles elementales de movimiento que
regulan los procesos fundamentales de la homeostasis ni el nivel de
sinergismos innatos que ocupan un lugar primordial en los vertebra-
dos inferiores, sino que simplemente mencionaré Jos caracteres prin-
cipales de construcción de las más altas formas de conocimiento y
acción específicamente humana.
El componente inicial de las acciones y movimientos voluntarios
humanos es la intención o tarea motora que, en el hombre, casi nunca
es una respuesta simple y directa a un estímulo externo (sólo las for-
mas más simples de acciones habituales firmemente establecidas per-
tenecen aún a estas categorías), sino que siempre crea "un modelo de
la necesidad futura", un esquema de lo que deberá tener lugar y de lo
que el sujeto debe alcanzar o, para usar el término de Bemstein, el
"Soll - Wert".
Esta tarea motora o modelo de la necesidad futura es constante
o invariable y requiere un resultado igualmente constante o invaria-
ble. Por ejemplo, si la labor motora consiste en ir a un armario y coger
un vaso o clavar un clavo, el llevar a cabo estos actos es el resultado
constante e invariable mediante el cual se completa la acción. Sin em-
bargo, sería un error pensar que la labor motora invariable crea un
programa igualmente constante para el completamiento de la acción
requerida. Un dato de la mayor importancia es el hecho de que la
labor motora invariable se lleve a cabo no mediante un conjunto de
movimientos fijos y constantes, sino por un conjunto de movimientos
fijos y constantes, sino por un conjunto de movimientos variables que;
sin embargo, desemboca en el efecto constante e invariable. Esta
tesis se aplica tanto a los sistemas motores simples como a los más.
complejos.
Como he dicho antes, en el acto de respirar la labor invariable, es
decir el llevar el oxígeno a los alvéolos pulmonares, puede hacerse con
la ayuda de gran cantidad de métodos diferentes: movimientos de
diafragma que regulan la entrada del aire, movimiento de los múscu-
los intercostales, expansión y contracción del tórax y, si estos métodos
resultaran imposibles, mediante movimientos que conlleven la inges-
tión de aire; el efecto de esta gran cantidad de 'métodos diferentes es
siempre el resultado invariable del problema planteado. Esta misma

246
situación la encontramos en la ejecución de movimientos complejos e
intencionales. Para poder bajar un vaso de un armario, el individuo
tendrá que aproximarse a alcanzar el vaso, cogerlo con su mano de-
recha o izquierda, moverlo hacia sí con movimientos simples o tal vez
con la ayuda de una regla, movimientos que son muy variables y di-
ferentes pero que, en última instancia, producen el mismo efecto cons-
tante. Esta variación en los métodos de ejecución del movimiento (o
de la "inervación motora") no es accidental, pero sí es esencial, en
principio, para el curso normal de un movimiento activo y para el éxi-
to de su realización.
Como mostró Bernstein, los movimientos humanos se basan en un
sistema de articulaciones que poseen un grado infinito de libertad y
en el tono constantemente cambiante de los músculos. Esto hace que
sea absolutamente esencial tener una sucesión plástica y constante de
inervaciones que corresporidan a las posiciones cambiantes. de las ex-
tremidades y al estado cambiante del sistema muscular en cada mo-
mento. Éste es el factor que introduce el carácter móvil y variante
de las inervaciones motoras, como condiciones básicas para la rea-
lización del resultado constante e invariable del movimiento. Todos
estos factores explican completamente por qué, en la ejecución de un
movimiento o acción voluntaria, aun cuando la labor motora conserva
un papel regulador, Ja mayor responsabilidad se transfiere de los
impulsos eferentes a los impulsos aferentes. En otras palabras, esta
responsabilidad se transfiere a aquellas síntesis aferentes que propor-
cionan información sobre la posición en el espacio del miembro e~~
movimiento y sobre el estado del sistema muscular, que toman en con-
sideración la diferencia entre el requisito futuro ("Soll-: Wert") y 12
posición del órgano en movimiento en ese momento ("Ist- Wert") y
que obtienen el coeficiente de esta diferencia (ow). Según Bernstein,
éste es el factor básico que determina la estructura del movimiento.
El sistema de información aferente constante que constituye la
base necesaria para la realización de la parte operativa o ,ejecutiva del
movimiento no puede ser simple y homogéneo; inevitablemente debe
incorporar el análisis de las coordenadas viso - espaciales dentro
de las cuales se lleva a cabo el movimiento, un sistema de señales ci-
nestésicas que indican la posición del aparato locomotor, información
relativa al tono muscular en general, al estado de equilibrio, etc. El
acto puede seguir su curso normal solamente en el caso que este sis-
tema de síntesis aferentes exista. Es esencial para la ejecución acertada
del último componente de todo movimiento voluntario una constante
llegada de información aferente: el cotejo de su curso y la corrección

247
de cualquier error que se cometa. Este cotejo del curso de una acción y
corrección· de cualquier error que se produzca se .realiza con la ayu- da
de la comparación constante entre la acciári a medida que se lleva a
cabo y la intención original, y con la ayuda de un circuito descrito por
algunos investigadores como "feed - back", y por otros (Anokhin) como
el "action acceptor" (aceptante de la acción), o también (Miller, Pribram
y Galanter) como el sistema T- O -T - E (Test- Operant - Test - Exit).
Este sistema de inspección constante qué analiza continuamente
las señales de "feed - back". y las compara con el plan original, es el :
último componente, aunque absolutamente esencial, del movimiento
voluntario sin el cual la ejecución de la labor requerida es extremada-
mente improbable que obtenga éxito.
El esquema que hemos esbozado resume el enfoque psicológico y
fisiológico moderno de la estructura del movimiento y, desde luego,
es sólo el comienzo y una pista que señala el. camino para futuras
investigaciones. Sin embargo, demuestra la complejidad del acto mo-
tor voluntario y proporciona una importante pauta para la investiga-
ción de su organización cerebral.

Organización cerebral
Los puntos de vista sobre la estructura del movimiento y las accio-
nes voluntarias que hemos descrito, obviamente hacen que resulte
superflua cualquier investigación encaminada a la localización de los
mecanismos fisiológicos del acto motor en· una determinada zona del
cerebro (por ejemplo, en el giro precentraljy, como he dicho en otros
casos, los mismos exigen un examen del papel en cada zona del cere-
bro en la elaboración del acto motor complejo.
La base para la construcción del movimiento voluntario o acción
consciente es el sistema del lóbulo frontal que, según hemos visto, no
sólo mantiene y controla el tono general del córtex, sino que con la
ayuda del lenguaje interno y bajo la influencia de impulsos aferentes
que le llegan de otras partes del córtex, formula la intención o tarea
motora, asegura su conservación y además su papel regulador, permi-
te la ejecución del programa de acción y mantiene una vigilancia con-
tinua de su curso.
- Me he extendido ampliamente sobre los trastornos de la organiza-
ción de la actividad gue surgen en los casos de lesiones en el lóbulo
frontal (parte II, cap. 7) y, por lo tanto, no los trataré en este apartado.
Simplemente me limitaré a recordar que la caracteristica esencial, en

248
el caso de lesiones masivas en el lóbulo frontal, es la incapacidad del
paciente para formular intenciones o tareas motoras, de tal modo que
permanece completamente pasivo cuando la situación requiere un plan
de acción adecuado y, en el caso de que tal plan le sea suministrado
desde el exterior bajo la forma de órdenes verbales, puede memorizar
la orden pero es incapaz de traducirla en un factor que, de hecho,
controle sus movimientos. También recordaré al lector que las lesio-
- nes en el lóbulo frontal conllevan la incapacidad para conservar y re-
tener un programa de acción y su fácil sustitución por _cualquier tipo
de reacciones directas que surgen en forma incontrolada, como res-
puesta a todos los estímulos (en algunos casos adoptando el carácter
de reflejos de orientación irreprimibles y, en otros casos, de respues-
tas impulsivas a impresiones directas o movimientos "ecopráxicos"),
o a la irrupción de estereotipos inertes que reemplazan la acción in-
tencional por la conservación de actos motores previos. Finalmente,
las lesiones masivas en el lóbulo frontal perturban en alto grado el
proceso de comparar el resultado de la acción con la tarea motora ori-
ginal (y en algunos casos lo impiden por completo), de modo que el
paciente no se da cuenta de sus errores y es incapaz de mantener una
comprobación constante del curso de su acción.
Una lesión del lóbulo frontal, aunque no ocasione un defecto pri-
mario en la estructura del componente ejecutivo (operativo) del acto
motor, sin embargo perturba la estructura de una actividad programa-
da y orientada hacia un fin y, por lo tanto, imposibilita la acción in-
tencional y el movimiento voluntario. Otras partes del cerebro que son
responsables del aspecto ejecutivo y operativo del movimiento aportan
una contribución diferente a su estructura. Estas partes del. cerebro
son mucho más variadas y una lesión en una de las áreas perturba el
curso normal del movimiento de una forma característica. Todo mo-
vimiento se produce en un sistema de coordenadas tridimensional que,
en el caso de algunos tipos de movimientos {sinergismos elementales
motores), es relativamente poco importante, mientras que en otros
(locomoción, actividad constructiva, dar en un blanco) juega un pa-
pel importante y tal vez decisivo. El análisis de las coordenadas espa-
ciales básicas y su conservación como los marcos de referencia, dentro
de los cuales se llevan a cabo las acciones y movimientos voluntarios,
está asociado a la función activa de las zonas parieto - occipitales del
cerebro que comprenden las estructuras centrales de los sistemas vi-
suales, vestibulares, cinestésicos y motores que forman los niveles
más elevados de organización espacial de los movimientos.
Una lesión de estas zonas del cerebro no altera, por tanto, la for-

249
.

mación de intenciones o tareas motoras, la formación de un programa


de acción o la comprobación de su curso o, en otras palabras, no con-
duce a la desintegración del sistema de actividad orientada hacia un
fin, sino que da lugar a importantes alteraciones de la estructura de
los movimientos en el espacio. Ya he hablado de las alteraciones de la
orientación espacial, la pérdida de dirección en el espacio y los sín-
tomas de "apraxia constructiva" que aparecen en pacientes con tales
lesiones. Está también claro que los pacientes que son incapaces de
realizar una acción elemental que requiera la _realización de moví-
. mientos dentro de un sistema de coordenadas espaciales definidas,
todavía pueden -llevar a cabo tipos de movimientos y acciones que no
requieren esta coordinación espacial (tales como llevar el compás) y
son claramente conscientes de sus dificultades en la ejecución de ac-
ciones espacialmente organizadas, de forma que en un intento de com-
pensar sus defectos introducen análisis lógicos, usan esquemas lógicos
auxiliares, etc. No analizaré en detalle· todos los métodos por los que
tales pacientes intentan compensar sus defectos en la organización es-
pacial del movimiento, pues ya han sido examinados en otra ocasión
(Luria y Tsvetkova, 1965a, 1965b; Tsvetkova, 1972). Me limitaré a di-
rigir la atención· hacia el carácter altamente específico de los desór-
denes motores que aparecen en la base de las alteraciones del aparato
central para el análisis y síntesis espaciales.
También· he mencionado que la segunda condición, no menos im-
portante, para la realización dé un: movimiento es la integridad de su
aferentación kinestésica. Sólo si llega del sistema motor un flujo cons-
tante de· impulsos kinestésicos puede obtenerse información definida
sobre la posición de las articulaciones y el estado y tono de los múscu-
los, de modo que los impulsos eferentes puedan alcanzar su destino
correcto y se puede lograr y mantener el juego requerido de impulsos
motores. Estas funciones caen bajo la responsabilidad de las zonas
postcentrales del cerebro, el aparato cortical para el análisis y síntesis
kinestésicos y, como hemos visto antes (parte II, capítulo 6), las lesio-
. nes de estas zonas cerebrales pueden dañar el establecimiento de los
impulsos motores requeridos y alterar la praxis postural. El hecho de
que, según la extensión de estas lesiones, la alteración del curso nor-
nal del movimiento de estos pacientes puede tomar diferentes formas
que oscilan de la "paresia aferente" a la "ataxia y apraxia aferente
motora", aunque los· desórdenes motores son del mismo carácter, de-
muestra convincentemente la contribución de las zonas corticales post-
centrales a la estructura del movimiento y las condiciones que pro-
porcionan para la actividad motora.

250
•·

La tercera condición del curso normal del movimiento es la re-


gulación constante del tono muscular, por una parte, y una transición
suficientemente fluida y rápida desde un sistema de inervaciones mo-
toras a otro, con la formación de melodías kinestésicas completas en
los estados finales del desarrollo del movimiento dirigido. El control
de todo movimiento coordinado requiere cambios constantes en el
tono muscular, y si este tono no cambia sino que permanece al mismo
nivel o aumenta, los movimientos coordinados serán imposibles. Los
neurólogos son muy conscientes de que un cambio patológico en la
actividad de los ganglios basales (el sistema estriopalidal) conduce
normalmente a fuertes alteraciones del tono, dando lugar al cuadro
parkinsoniano y haciendo imposible el movimiento normal.
Sin embargo, las estructuras motoras subcorticales están bajo cons-
tante influencia inhibidora y moduladora del córtex y, en particular,
de las zonas premotoras, que pueden inhibir una excitación excesiva-
mente larga de los ganglios basales y que, por sí mismas, constituyen
un importante sistema que organiza cadenas consecutivas de movi-
mientos que tienen lugar durante cierto tiempo. Por estas razones, aun-
que el córtex premotor no participa en movimientos humanos aisla-
dos, llega a ser un aparato esencial para la organización de series de
movimientos, haciendo posible la denervación de los componentes de
la acción motora una vez que se han realizado; de esta forma, asegu-
rando la suave transición al componente siguiente, las zonas premo-
toras constituyen un importante aparato cerebral para las "melodías
kinestésicas" o movimientos dirigidos.
Este papel del córtex premotor en la organización delmovimiento
puede ser fácilmente apreciado observando las alteraciones dél movi-
miento en pacientes con lesiones en estas zonas. En tales casos hay
una disociación distintiva de las funciones motoras: la ejecución de
movimientos posturales individuales situando las manos en el espacio
en una cierta posición todavía es posible; la praxis consti;uctiva no
· está alterada, pero los movimientos complejos, organizados. ser'ialrnen-
te, son afectados, pues cada componente sucesivo de un acto motor
complejo requiere su propia inervación especial y sus propios impulsos
denervantes especiales para que la "melodía kinestésica" o movimien-
to dirigido se desintegre en sus componentes.
He descrito (parte II, cap. 6) algunos de los rasgos de esta altera-
ción de la organización sucesiva del movimiento y he indicado las
dificultades en la transición de un componente a. otra y la perseve-
ración superflua de elementos motores en casos en que existe una le-
sión profunda del cerebro en laszonas premotoras que altera su papel

251
! '"
•·

regulador de los ganglios basales; por tanto, no vamos a tratar aquí


este problema. Me corresponde ahora mencionar otra estructura cere-
bral cuyo papel en la organización del movimiento no puede ser ig-
norada.
Los movimientos humanos muy raramente son realizados con una
sola mano. Por regla general requieren la participación coordinada de .
ambas manos y esta coordinación tiene diferentes grados de comple-
jidad. En algunos casos, los más simples, toman la forma de movi-
mientos iguales, afines, ~n los que ambas manos realizan simultánea-
mente las mismas acciones. Sin embargo, estos casos tan elementales
son relativamente raros y sólo ocurren en actos tales como la natación
o durante ejercicios gimnásticos. En otros casos; la gran mayoría, los
movimientos de las dos manos se coordinan de una forma más com-
pleja, en la que la mano maestra (derecha)realiza la acción principal
y la mano subordinada (izquierda) simplemente proporciona las con-
diciones óptimas bajo las cuales puede trabajar la mano derecha, ejer-
ciendo el papel de suministradora de fondo motor. Esta forma de coor-
dinación, refiriéndonos al trabajo concertado -de-ambos hemisferios,
ha sido estudiada estrechamente por varios investigadores (Ananev,
1959). Finalmente, los tipos más complejos de movimiento de las dos
manos son aquellos que se oponen mutuamente o aquellos de carác-
ter recíprocamente coordinado, como cuando la flexión de una mano
se acompaña de la extensión simultánea de la otra.
Todas estas formas de organización coordinada de los movimien-
tos de ambas manos sólo pueden ocurrir con la estrecha participación
de las zonas anteriores del cuerpo calloso, cuyas. fibras conectan los
puntos simétricos del córtex motor y premotor permitiendo así que
se realicen estos movimientos mutuamente coordinados. Debido a este
papel de las zonas anteriores del cuerpo calloso en la coordinación del
movimiento (y, en particular, en la coordiriación recíproca, que requie-
re un estricto control cortical), en todos los pacientes que he examina-
do que tenían una lesión en la parte anterior del cuerpo calloso, los
movimientos coordinados de cada mano aislada estaban intactos,
pero la realización fluida de movimientos mutuamente ·coordinados
de ambas manos estaba afectada y las formas más complejas de coor-
dinación recíproca eran totalmente imposibles. Para un mejor cono-
citniento de este problema el lector puede recurrir a otros trabajos
(Luria, 1962, 1966a, 1966b, 1969a, 1969c).
Todo lo que he dicho sobre la organización cerebral de los movi-
mientos voluntarios y las acciones voluntarias es, desde luego, simple-
mente un primer paso hacia la solución de este problema tan difícil.

252
•·

Sin embargo, los principios generales de la or ganización general de


los movimientos voluntarios y de las acciones conscientes comienzan
por fin a clarificarse.
Los hechos que he descrito anteriormente muestran, sin ningún gé-
nero ciP: duda, que los movimientos voluntarios y las acciones del horn-
ore son sistemas funcionales complejos, llevados a cabo por una "cons-
telación" dinámica igualmente compleja de zonas del cerebro que tra-
bajan concertadamente, cada una de las cuales aporta su propia con-
tribución a la estructura de los movimientos complejos. Por esta ra-
zón, una lesión de estas zonas, al bloquear un componente de este sis-
tema funcional, altera la normal organización del sistema funcional
como un todo y conduce a la aparición de defectos motores.
Sin embargo, estas alteraciones del movimiento voluntario y la
acción consciente difieren en carácter de un caso a otro, pues mien-
tras que lesiones de algunas zonas corticales alteran el plan motor,
causan la desintegración de los programas motores, alteran la regu-
lación y verificación del movimiento y causan así el colapso de toda la
estructura de la actividad, las lesiones de otras zonas cerebrales alte-
ran únicamente los. varios mecanismos efectores de los movimientos
y acciones, dando lugar a déficits de las 'operaciones motoras.
, Por esta razón no es suficiente señalar simplemente que los movi-.
mientos y acciones se alteran. En su lugar, es absolutamente esencial,
tanto para el análisis de la patología del movimiento en lesiones ce-
rebrales locales, como para extraer conclusiones referentes a la orga-
nización cerebral compleja y dinámica de los actos motores, un cui-
dadoso estudio de la estructura de su alteración en caso de lesiones
de las diferentes partes· del cerebro.

253
X. La atención

Estructura psicológica
Toda. actividad mental humana organizada posee un cierto grado
de directividad y selectividad. De los muchos estímulos que llegan a
nosotros, respondemos únicamente a aquellos que son particularmen-
te fuertes o que nos parecen particularmente importantes y corres-
ponden a nuestros intereses, intenciones o tareas inmediatas. Del gran
número de movimientos escogemos sólo aqueflos ·que nos permiten
alcanzar nuestra meta ·inmediata o realizar un acto necesario; y del
gran número de huellas o de sus conexiones· almacenadas en nuestra
memoria, sólo seleccionamos aquellos que corresponden a nuestra
tarea inmediata y nos permiten realizar algunas operaciones intelec-
tuales necesarias.
En todos estos casos la probabilidad de que estímulos particulares
alcancen nuestra conciencia, de que· aparezcan movimientos particula-
res en nuestra conducta, o de que broten en nuestra memoria huellas
particulares puede variar muy considerablemente. El círculo de posi-
bles sensaciones, movimientos o trazos de memoria se estrecha, la pr0-
babilidad de aparición de ciertas impresiones, movimientos o trazos
de memoria se hace distinto y selectivo: algunos de ellos (esenciales o
necesarios) comienzan a dominar, mientras que otros (inesenciales o
innecesarios) son inhibidos.
La direccionalidad y selectividad de los procesos mentales, la base
sobre la que se organizan, se denomina normalmente en psicología con
el término atención. Por este término entendemos el factor responsa-
ble de extraer los elementos esenciales para la actividad mental, o el
proceso que mantiene una estrecha vigilancia sobre el curso preciso
y organizado de la actividad mental.
Aunque los hechos relativos a la atención han sido descritos sin
ningún cambio sustancial a través de la historia de la psicología, co-
menzando con la clásica publicación de Müller (1873) y continuado
254 - .:.~~.-:

...
con el trabajo de Titchener ( 1908)hasta el presente, los psicólogos han
mantenido opiniones altamente discordantes sobre la naturaleza de
la atención.
Una posición extrema la ocuparon los sustentadores de la psicolo-
gía de la Gestalt, uno de los cuales (Rubín) publicó un artículo titulado
"La inexistencia de la atención", en el cual argüía que la selectividad
y dirección de la atención eran simplemente el resultado de la orga-
nización estructural del campo percibido y que las leyes que gobier-
nan la atención no son, por tanto, nada más que las leyes· estructura-
les de la percepción visual.
La posición opuesta fue mantenida por los sustentadores del idea-
lismo extremo, que trazaron una marcada línea de separación entre
la percepción y la atención y que vieron .la atencióncomo una manifes-.
tación de un factor mental específico. Wundt la consideraba como la
manifestación de la voluntad activa o apercepción, y el psicólogo fran-
cé$ Révault d'Allones (1923) la describió con el término "esquematiza-
ción". Según su punto de vista, la atención humana no aparece direc-
tamente en el proceso de la percepción sensorial, sino que está total-
mente determinada por fuerzas ideales que son de carácter mental y
·.que son descritas por algunos autores como la "disposición" del su-
jeto y, por otros, como su "actividad creadora".
Será obvio que estos enfoques tan diferentes del acto de la aten-
ción y de los hechos de la selectividad de los procesos mentales hacen
casi imposible toda solución científica al problema de sus mecanismos
cerebrales, pues mientras que los psicólogos que mantenían .la prime-
ra de estas teorías denegaban naturalmente toda necesidad· . de. buscar
estructuras especiales o sistemas de atención y quedaban totalmente
satisfechos señalando el carácter estructural de la excitación que tiene
lugar en las zonas receptoras del córtex, los psicólogos que ocupaban
posiciones extremadamente idealistas han considerado generalmente
innecesario buscar toda base material para este acto fundamentalmen-
te mental.
Antes de que pudiera hacerse cualquier análisis adecuado de los
mecanismos cerebrales de la atención, era necesario hacer un enfoque
completamente nuevo de los puntos de vista clásicos de este proceso
e interpretar los fenómenos de la atención desde posiciones esencial-
mente diferentes.
Esto se hizo, en primer lugar, con la introducción en la psicología
del nuevo principio histórico del análisis de formas complejas de acti-
vidad mental, asociada sobre todo con el trabajo de Vygotsky y sus
colaboradores; y, en segundo. lugar, por el examen de hechos fisíoló-

255
gicos que proporcionan un nuevo enfoque del mecanismo que gobier-
na el curso selectivo de los procesos neurofisiológicos. La principal la-
bor de este nuevo e histórico enfoque hacia la atención fue salvar el
abismo que había existido siempre en psicología entre las formas ele-
mentales, involuntarias de Ja atención, por una parte, y las formas su-
periores, voluntarias de la atención, por la otra.
Es bien sabido ,por los psicólogos que las características de la aten-
ción más elemental e involuntaria, aquella que es atraída por los es-
tímulos más poderosos o biológicamente significativos, puede obser-
varse muy temprano, durante los primeros meses del desarrollo del
niño. Consisten en 'Volver los ojos y después la cabeza hacia este es-
tímulo, la cesación de todas las otras formas irrelevantes de actividad
y la aparición de un grupo claramente definido de respuestas respira-
torias, cardiovasculares y psicogalvánicas que Bekhterev llamó la
"reacción de concentración" y Pavlov "el reflejo orientador". Signos
definidos de esta reacción, que distingue los estímulos más poderosos
o los más significantes biológicamente y que dan a la conducta su ca-
rácter organizado, pudieron observarse en un hiño de sólo unas se-
manas, al principio en forma de una reacción de arousal y, más tarde,
cuando el niño estaba despierto, inicialmente como enfoque del estímu-
lo externo, seguido después de una activa búsqueda, de modo que la
reacción en sí misma podía ser definida con índices fisiológicos pre-
cisos (Polikanina, 1966; Fonarev, 1969).Algunos investigadores han lo-
grado observar fragmentos individuales de estas características en
el niño recién nacido, especialmente bajo la forma de un signo muy
interesante: la-cesación de los movimientos rítmicos de succión ante
la presentación 'de estímulos fóticos (Bronstein, Itina y otros, 1958).
Los signos de la reacción orientadora, la forma más elemental de aten-
ción; se agruparon en un complejo definido, haciendo factible su es-
tudio objetivo ..
Además de este giro de los ojos y cabeza hacia el estímulo corres-
pondiente, el complejo incluía también respuestas autónomas: un re-
flejo psicogalvánico, cambios en el ritmo respiratorio, y constricción
de los vasos sanguíneos periféricos (en el dedo, por ejemplo), mientras
que lbs vasos sanguíneos de la cabeza se dilataban. Más tarde, al ma-
durar la actividad del córtex, se les unen otros fenómenos bien cono-
cidos en la electrofisiología: inhibición del ritmo - alfa (o desincroni-
zación), .o fortalecimiento de los potenciales evocados en respuesta a
la presentación del estímulo correspondiente; Este conjunto completo
de características autónomas de la reacción orientadora ha sido estu-
diado con gran detalle por Sokolov, Vinogradova ·y sus colaboradores

256
(Sokolov, 1963;Sokolov y otros, 1959;Vinogradova, 1958, 1959a, 1959b).
Sus investigaciones han mostrado que las manifestaciones de la crea-
ción orientadora preceden a la respuesta específica (por ejemplo, cons-
tricción de los vasos sanguíneos en respuesta al frío, y su dilatación en
respuesta al calor) y están entre las condiciones esenciales para 1~ for-
mación de un reflejo condicionado, que será lento de desarrollo si el
condicionamiento tiene lugar en ausencia de 'UD reflejo orientador.
Los índices autónomos o electrofisiológicos de la reacción orienta-
dora tienen características estructurales y dinámicas definidas que se
manifiestan tan pronto como el estímulo cambia (y lo que es particu-
larmente interesante, este cambio no tiene que ser necesariamente un
aumento, sino que puede ser una disminución en intensidad o incluso
la omisión del estímulo precedente), y que se extinguen gradualmente
si se continúa repitiendo el mismo estímulo una y otra vez, con el de-
sarrollo de la hibituación. Ejemplos de las manifestaciones de la reac-
ción orientadora como respuestas vasculares y psicogalvánicas y como
depresión del ritmo - alfa, vienen ilustrados en la figura 69 (Sokolov y
Vinogradova), mientras que la manifestación de una reacción orienta-
dora ante un estímulo acústico en forma de incremento de la am-
plitud del potencial evocado se muestra en la figura 70 (Farber y
Fried, 1971).
Una característica esencial del reflejo orientador que le distingue
de la "reacción de arousal" general es que puede ser de carácter alta-
mente direccional y selectivo. Sokolov, por ejemplo, observó que tras
la extinción de los componentes autónomo y electro.fisiológico del re-
flejo orientador ante un estímulo acústico todos los otros sonidos que
diferían de él continuaban evocando reflejos orientadores. De acuerdo
con esto, concluyó que el fenómeno de habituación, o extinción del
reflejo orientador, es altamente selectivo. Consecuentemente, los re-
flejos orientadores aparecen ante el más ligero signo de disparidad
entre el "modelo neuronal del estímulo" y el nuevo estímulo presen-
tado (Sokolov, 1960).Por tanto, desde su inicio la reacción orientadora
debe ser de carácter altamente selectivo, creando así la base para una
conducta organizada, direccional y selectiva..
Naturalmente se preguntará: Esta forma de atención voluntaria
altamente compleja manifestada como la capacidad del sujeto para
verificar su propio comportamiento y que los psicólogos del período
clásico interpretaron como una forma especial de manifestación de la
vida mental sin raíces en las esferas biológicas de la actividad, ¿cómo
puede originarse en aquellas reacciones elementales de orientación
que los psicólogos han considerado como un tipo de reflejo innato?

257
17-C. A.
a

129
g 1211~8 •
º125 • -
124 125 •
• •

(.)
o
o
b

14 5 14 6
• • 14 8 150 1 ~ 1 1 ~ 2
• !• - .. :. . -- ~

~
o
o

l.

- M-120 - ·- M-120_ .. - M-1~

-~~ M-120
1
MAi.. 1024k/s
1'1~50db

Fig. 69. - (a) componentes psicogalvánicos y (b) vasculares del reflejo orientador
y su participación en los procesos de habituación (según Sokolov y Vinogradova),
(a) los números significan señales. El paciente debe prestar atención - a las señales
(para contarlas). Después de las señales 125 y 146, la señal se elimina, -

258
A

A B

10µVf ,~~_.....-~ ,,
1 óO 2ÓO 3ÓO 4ÓO 500
ms

fondo reacción orientativa ·

10¡tVJ_ ~~ ~ ~ -"'- 3ÓO


100 4ÓO 500
ms
-- = "
200
A región occipital - atención concentrada

B región central -- fondo

Fig. 70. - Efecto de expectancia sobre el fortalecimiento de los potenciales evoca-


dos (Farber y Fried).

¿Estas altas formas de atención tienen las mismas causas, planteán-


dolo desde un punto de vista científico y determinista, que las-formas
de atención involuntarias y elementales que acabamos de· describir?
Sólo muy recientemente un enfoque científico a la solución de estos
problemas, como el propuesto originalmente por el importante psi-
cólogo soviético Vygotsky, ha conseguido un lugar firme en la psico-
logía. Esta aproximación difiere radicalmente del acercamiento típico
de la psicología clásica, y, por vez primera, proporciona una clave
científica para la comprensión de estas complejas formas de.atención
mientras que al mismo tiempo señala su origen en causas completa-
mente diferentes. Consiste esencialmente en el reconocimiento de que
de manera distinta a las reacciones orientadoras elementales, la aten-
ción voluntaria en sus orígenes no es biológica, sino un acto social
y que puede ser interpretado como la introducción de factores que
son el producto no de la madurez biológica del organismo, sino de
formas de actividad creadas en el niño a lo largo de sus relaciones con
los adultos, hacia la organización de esta regulación compleja de la
actividad mental selectiva.

259

Sería un error considerar que la atención del niño puede ser atraída
únicamente por un estímulo poderoso y nuevo, o por un estímulo co-
nectado con una petición inmediata. Desde el comienzo los niños vi-
ven en un entorno de adultos. Cuando su madre menciona un objeto
de alrededor y lo señala con su dedo, la atención del niño es atraída
por este objeto, de tal manera que comienza a sobresalir de todo lo
demás que no cuenta tanto si da lugar a estímulos fuertes y nuevos,
como vitalmente importantes. Esta dirección de la atención del niño
a través de la comunicación social, palabras o gestos; marca un esta-
dio fundamentalmente importante en el ·desarrollo de esta nueva
forma de organización de la atención, la social. Más tarde, da lugar al
tipo de organización de la atención con una· estructura más compleja,
la atención voluntaria.
Vygotsky, que fue el primer psicólogo que identificó estos orígenes
sociales de .las formas más altas de atención, expresó sus puntos de
vista en el principio que ya he citado.

En las primeras etapas del desarrollo la función psicológica compleja se com-


partía entre dos personas: el adulto "desencadenaba" los procesos psicológicos -~~m-
brando los objetos o señalándolos; el niño respondía a esta señal y escogía elvobjéto
indicado, bien fijando sus ojos, bien cogiéndolo con su .mano. En los estadios si-
guientes del desarrollo este proceso socialmente organizado se reorganiza. El mismo
niño aprendió a hablar. Podía nombrar el objeto por sí mismo, y nombrando el
objeto mismo lo distinguía del resto del ambiente y dirigía -su atención hacia él.
La función que hasta aquí había sido compartida entre dos personas venía a ser ahora
un proceso de organización interno de los procesos psicológicos. De una atención
externa, socialmente organizada, se desarrolló la atención voluntaria del niño, que en
este estadio es un proceso interno autorregulador.

Esta identificación de las raíces sociales de la atención voluntaria,


que Vygotsky reconoció el primero, es de importancia decisiva: sal-
vaba el abismo entre las formas elementales de la atención involuntaria
y las formas superiores de atención voluntaria, preservando su unidad
y manteniendo un enfoque común, científico y determinista ·de la
forma de la atención que los psicólogos anteriores habían situado
usualmente en la categoría de "mental", de forma que esta atención
más compleja· llegó a ser completamente accesible al análisis Cientí-
fico. Desde luego estas formas superiores de atención voluntaria no son
posibles de una manera inmediata. Un largo estudio ha mostrado que,
por el contrario, la situación es inversa: la formación de la atención
voluntaria tiene una historia larga y dramática y el niño adquiere una
atención socialmente organizada, eficiente y estable, sólo muy poco
antes de que se le lleve a la escuela.
Las observaciones han mostrado que el niño no desarrolla inme-
diatamente la capacidad para obedecer a una instrucción verbal, sim-

260
ple y directa que dirige su atención hacia cierto objeto. La simple
acción activadora (o "impulsora") de una instrucción verbal puede ob-
servarse en un niño al final del primer año de su vida o a comienzos
del segundo: ya he señalado que en respuesta a la sencilla pregunta
de la madre: "¿Dónde está la muñeca?" o "¿Dónde está la taza?", el
niño dirige su enfoque hacia el objeto nombrado y extiende sus bra-
zos hacia él. No obstante, esto ocurre sólo en las condiciones más
simples, sobre todo cuando no hay objetos distrayentes en el campo
externo de la visión.
Tan pronto como esta prueba se repite bajo condiciones diferentes
y se ordena al niño "dar Ja muñeca", mientras al mismo tiempo se si-
túa cerca de él otro juguete distrayente, no familiar, tal como un pez
o un pájaro, se obtiene un: resultado diferente. En este caso, el enfo-
que del niño duda al principio entre todos estos objetos y frecuente-
mente no descansa sobre la muñeca que se le ha pedido, sino sobre el
nuevo pájaro o pez brillantemente coloreados que ahora están cerca;
el niño extiende sus brazos hacia el nuevo objeto brillantemente co-
loreado o distrayente y lo entrega en lugar del pedido. En este estado
de desarrollo (aproximadamente entre los 18 y los 28 meses) una or-
den verbal todavía no puede superar a los factores de atención invo-
luntaria que compiten con ella y la victoria en esta pugna corresponde
a los factores del campo directo de -visión. La respuesta orientadora
directa ante un estímulo-nuevo, informativo o distrayente, formada en
las primeras etapas del desarrollo, suprime fácilmente la forma social
y superior de atención que simplemente acaba de comenzar a aparecer.
Hasta los 4 años y medio o 5 esta capacidad de obedecer una orden
verbal no es lo suficientemente fuerte como para evocar una conexión
dominante, de modo que el niño sea fácilmente capaz de eliminar la
influencia de todos los estímulos irrelevantes y factores distrayentes,
aunque todavía pueden continuar apareciendo durante un considera-
ble tiempo signos de inestabilidad de las formas superiores de aten-
ción, evocadas por una instrucción verbal.
No intentaré examinar con detalle el curso posterior de formación
de este tipo superior de atención interna y voluntaria, que en la edad
escolar ha quedado establecida como una forma estable de conducta
selectiva, subordinada no sólo al lenguaje audible de un adulto, sino
también al propio lenguaje interno del niño, ni tampoco describiré las
sucesivas etapas por las que atraviesa este tipo de atención durante
su formación en la ontogenia; esto ya ha sido hecho en otro lugar
(Vygotsky, 1956;Luria, 1961,1966b)y no cae dentro del campo de este
libro.

261
Es característico que, en la edad escolar, las formas de conducta
selectiva organizadas con la participación del lenguaje pueden haber-
se desarrollado hasta tal punto que puedan cambiar significativamente
no sólo el curso de las acciones y movimientos, sino también la orga-
nización de los procesos sensoriales. Un ejemplo será suficiente para
ilustrar esta afirmación.
Hacia el final de los años 50, Homskaya (investigación no publica-
da) observó el hecho siguiente que indica claramente la influencia del
lenguaje sobre la precisión incrementada de los procesos sensoriales.
Un niño que acaba de empezar a ir a la escuela fue instruido para
hacer un cierto movimiento en respuesta a un color rosa pálido, pero a
no hacer ningún movimiento en respuesta a un rosa más obscuro. Al
aumentar la velocidad de presentación de los estímulos, la actuación
del sujeto decayó notablemente, y cometió varios errores, a veces hasta
un 50 %. No obstante, si la prueba se llevaba a cabo de forma que el
niño fuera instruido para evaluar al mismo tiempo los tonos con pala-
bras (diciendo "pálido" u "oscuro") y dando la respuesta apropiada al
mismo tiempo, la agudeza de discriminación entre los tonos aumentaba
considerablemente, con el consiguiente decrecimiento del número de
errores; La inclusión del lenguaje propio· del niño posibilitó la distin- .
ción de las características diferenciales, hizo que la sensibilidad fuera
más selectiva, e hizo a las respuestas mucho más estables. Otras ínves-
tigaciones publicadas por Homskaya (1958)han arrojado luz sobre los
mecanismos internos de esta influencia organizadora del lenguaje pro-
pio del niño y señalan un nuevo enfoque del análisis de su papel en la
estructura de las formas superiores de la atención voluntaria.

Indicadores fisiológicos de la atención


Los procesos de atención no sólo pueden ser observados durante
el comportamiento selectivo y organizado. También· se reflejan en ín-
dices fisiológicos precisos, que pueden usarse para estudiar la estabi-
lidad de la atención.
Cuando he analizado el trabajo de la primera unidad funcional del
cerebro -la unidad responsable del tono cortical- he apuntado que
todo fenómeno de arousal se acompaña de un grupo completo de sínto-
mas que indican un incremento general en el nivel del estado de pre-
paración o tono del organismo. Estos incluyen ~ . cambios
;.' . familiares en
la actividad cardíaca y en la respiración, constricción de los vasos san-
guíneos periféricos, aparición del reflejo psicogalvánico y la aparición

262
del fenómeno de desincronización (depresión del ritmo alfa) que se
observan siempre que la atención es atraída por un estímulo o por
alguna forma de actividad.
Como resultado de un trabajo reciente es necesario complementar
esta lista de fenómenos bien conocidos con otros cambios en los po-
tenciales lentos del electroencefalograma conocidos ahora, general-
mente, con el término introducido por Grey Walter "ondas de expec-
tancia", la aparición de numerosos puntos corticales que funcionan
sincrónicamente (Livanov, 1962; Livanov y otros, 1967) y, finalmente,
cambios en la alternación periódica normal en las ondas lentas y en la
relación entre los frentes ascendentes y descendente de las ondas
descritas en principio por Genkin (1962, 1963, 1964).
Todos estos fenómenos son de carácter generalizado y toman la
forma de la activación, independientemente de si son evocados por el
cambio del sueño a la vigilia o bien por un cambio elemental en la
intensidad, por la novedad o atractividad del estímulo, o por una ins-
trucción verbal. Pueden, por tanto, ser considerados como signos de
un cambio en el sustrato general de la atención del sujeto. Sin em-
bargo, además de estos signos existen otros de tipo diferente que re-
velan las formas sespecializadas de activación o de atención dirigida y
selectiva. Los primeros en la lista que vamos a considerar son los
cambios en los potenciales corticales evocados.
El fenómeno de los potenciales evocados, investigado en primer lu-
gar por Adrian (1936); Jouvet (1956); Hernández- Peón (1961, 1966);
Dawson (1958a, 1958b; Dawson y otros, 1959); Peímer (1958) y muchos
otros, esencialmente es como sigue. La presentación de un estímulo es-
pecial (visual, acústico, táctil o nocioceptivo) evoca una respuesta eléc-
trica (potencial evocado) en las regiones correspondientes (occipital,
temporal y central) del córtex. Una característica particularmente
importante para nuestro propósito es que la estructura de estos cam-
bios varía sustancialmente según la intensidad del estímulo y según la
actividad del sujeto; un cambio (aumento de la amplitud) de los po-
tenciales evocados puede aparecer como respuesta directa a un estímu-
lo sensorial en la primera fase del potencial evocado (tras un período
latente de 30-50miliseg.), mientras que los cambios inducidos por una
actividad más compleja, tal como el análisis de información, aparecen
en las últimas etapas de los potenciales evocados (tras un período la-
tan te de 150-250miliseg.).
El fenómeno de los potenciales evocados puede usarse no sólo para
indicar una respuesta directa a un estímulo sensorial específico, sino
también para registrar objetivamente cambios en la recepción y aná-

263
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ms m& ms
---·fondo a región occipital
----computado b parietal
e central

Fig. 71. - Incremento en la amplitud de potenciales evocados durante un esfuerzo


de atención activa (según Farber y' Fried),

indicaciones ms
. parieto·occipital derecho

-
paneto-occ1pital izquierdo
frontal-central derecho 111
frontal-central izquierdo

diferenciación del estimulo visual

indicaciones ms

--
paneto-occipotal derecho
paneto-occipotal izquierdo
frontah:entral derecho ,
frontal-central izquierdo

ejecución de respuestas motoras voluntarias

.. .
indicaciones ms
paneto-occipital derecho
paneto-occipttal izquierdo
frontal-central derecho

frontal-central izquierdo

Fig, 72. - Extensión de cambios significativos en los potenciales evocados a varias


zonas corticales durante la activación de la atención selectiva (según Simernitskaya).

264
•·

lisis de la información que aparecen debido a la movilización de la


atención activa.
Los potenciales evocados pueden ser estudiados como un indicador
objetivo de la atención en dos sentidos. Primero, puede establecerse
una comparación entre el modo como cambia el potencial evocado du-
rante la distracción de la atención por un estímulo irrelevante, y como
aumenta cuando es reforzada la atención hacia el estímulo relevante.
Tests del primer tipo se incluyeron en las clásicas investigaciones de
Hernández - Peón (1956, 1960, 1969)~que demostró que los potenciales
evocados por un estímulo acústico en un gato son enormemente inhibí-
dos ante la presentación de la vista u olfato de un ratón. Tests del se-
gundo tipo han sido llevados a cabo principalmente en el hombre; los
potenciales evocados obtenidos en respuesta a la presentación normal
de estímulos sensoriales se compararon con los potenciales evocados
obtenidos durante la expectación activa de estos estímulos (tras una
instrucción de estar alerta), o cuando el análisis de estos estímulos se
complicaba con la presentación de la instrucción: "Cuente el número
de estímulos", "Distinga entre los cambios de tono o de intensidad del
estímulo", etc. Los resultados obtenidos por varios investigadores
bajo estas condiciones (Lindsley, 1960~~~~961; Peirner, 1958, f966; Si-
mernitskaya, 1970; Tecce, 1970) demostraron que la atracción de la·
atención por la expectación activa o la complicación de la tarea condu-
ce a un apreciable aumento en la amplitud del potencial evocado, y la
comparación de estos tests con los tomados bajo condiciones "de
fondo", en los que el estímulo sensorial era presentado sin ninguna
instrucción preliminar, demostró claramente que este aumento de la
amplitud de los potenciales evocados (y especialmente en su segunda
y última fase) es un signo definido y objetivo de atención voluntaria.
Otro hecho característico es que este rasgo de un aumento durade-
ro de la amplitud de los potenciales evocados bajo la influencia de una
instrucción verbal, que movilice la atención, está poco definido en el
niño hasta alcanzar la edad escolar, pero queda característicamente
definido y estable en los últimos períodos del desarrollo del niño en la
escuela. Esto queda ilustrado en la figura 71.
No obstante, con el uso del método de los potenciales evocados, es
posible hacer un análisis mucho más detallado de los mecanismos ce-
rebrales de los procesos fisiológicos que yacen en la base de la aten-
ción voluntaria.
Varias investigaciones han demostrado que un cambio de la tarea
(tal como dar una instrucción para buscar cuidadosamente un cambio
en el estímulo) no sólo aumentó la amplitud del potencial evocado,

265
•·

sino que también provocó su extensión a otras zonas corticales situa-


das fuera del núcleo cortical del analizador particular, por ejemplo,
el área sensorial primaria, de modo que podía ser detectada incluso
en partes distantes del córtex.
Este fenómeno queda demostrado con toda claridad por las gráfi-
cas que he tomado de una investigación desarrollada por Simernits-
kaya en nuestro laboratorio (fig. 72). Este gráfico muestra que mien-
tras que la presentación directa de un estímulo da lugar, tras una de-
. mora de aproximadamente 80-100miliseg., a potenciales evocados res-
tringidos a las correspondientes zonas sensoriales primarias, una ins-
trucción preliminar de expectativa ante el estímulo o de buscar cam-
bios en su intensidad o carácter, aumentando la presión sobre la aten-
ción diferencial, provocó cambios significantes en los potenciales que
comenzaron a aparecer tras 200-250 miliseg. en otras regiones del
córtex distantes incluyendo el córtex frontal.
1
La gran importancia de
estos experimentos para el análisis detallado de los sistemas cortica-
les que participan en el proceso ·que incluxe formas superiores de
atención activa es obvia.
. Estos estudios electrofisiológicos objetivos no sólo proporcionan
una profunda visión de los íntimos mecanismos de las formas com-
plejas de atención, sino que también permiten estudiar los principales
períodos de su formación. Esta oportunidad se ha presentado con
varias investigaciones recientes, principalmente las de Farber y sus
colaboradores (Farber, 1969; Farber y Fried, 1971; Fried, 1970). Estas
investigaciones demostraron que mientras que una reacción orienta-
dora inmediata conduce a un incremento· perceptible de los potencia-
les evocados incluso en el niño pequeño, la aparición de cambios dura-
deros en los potenciales evocados como resultado de una instrucción
verbal (contar los estímulos o descubrir cambios en los mismos), que
es un rasgo particularmente conspicuo en los niños· mayores, está aún
poco definida y con carácter inestable en la infancia y temprana niñez.
Estos hallazgos, que se ilustran en la figura 73, demuestran clara-
mente que los cambios. fisiológicos producidos por una instrucción
verbal y que yacen en la base de su atención voluntaria, sólo se forman
gradualmente, y no aparecen en forma estable y precisa hasta la edad
de 12 a 15 años. Uno de los hechos más significativos, desde nuestro
punto de vista, es que a esta edad es cuando comienzan a aparecer
cambios claros y duraderos de los potenciales evocados, no sólo en las
áreas sensoriales del córtex, sino también en las zonas frontales, en
un período en el que, como muestran todas las investigaciones, las

266
•·

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100 200 300 400 500 600 700


1 t 1 1 1 1
---- concentrado
ffi$

Figura 73. - Extensión de los cambios en potenciales evocados en diferentes zonas


corticales durante la movilización de la atención· activa en niños de diversas edades.
Cambios en potenciales evocados bajo Ja influencia de una instrucción verbal para
evaluar diferentes estímulos visuales: (a) en un niño de siete años; (b) en un joven
de 14 años (Farber y Fried). ·

267
•·

zonasjrontales están comenzando a desempeñar un papel más íntimo


en las formas complejas y estables de la atención superior voluntaria.
Realicemos ahora un especial. examen de este problema, que es de
un considerable interés neuropsicológico.

Organización cerebral
. · Los hechos que acabamos de examinar sugieren que no todos los
sistemas del cerebro anterior ejercen el mismo papel en la organización
de la atención, y que nuestro examen de la organización cerebral de
la atención debe ser de carácter diferencial, pues ha de considerar tan-
to las estructuras individuales del cerebro como las formas indivi-
duales de atención.
Cuando examinamos las principales unidades funcionales del ce-
rebro (parte I, cap. 2), mencioné el papel que ejercen las estructuras
de la parte superior del tallo cerebral y la formación reticular en el
mantenimiento del tono cortical de vigilia y en Iamanifestación de la
reacción general de arousal. Por tanto, se considera por buenas razo-
nes que los descubrimientos realizados por Moruzzi y Magoun (1949),
Lindsley y colaboradores (1949) y Jasper (1957) revelaron los mecanis-
mos esenciales que determinan la transición del sueño a la vigilia, y
que la formación reticular activadora ascendente debe ser considerada
como uno de los sistemas más importantes que aseguran las formas
más generalizadas y elementales .de. la atención.
Estas hipótesis han sido confirmadas no solamente por numerosos
experimentos bien conocidos con animales, en los que la sección de la·
formación reticular induce al sueño; mientras que su estimulación in-
duce a un incremento de la vigilancia y a una sensación agudizada
(véase el estudio de este asunto por Lindsley, 1960),sino también por
observaciones clínicas en las ·que. las lesiones de la parte superior del
tallo cerebral y las paredes del tercer ventrículo conducen al estable-
cimiento del sueño o a un estado somnoliento, oniroide, y que el tono
cortical, en estos casos, está agudamente reducido y el estado de vigilia,
estado selectivo de consciencia, profundamente alterado ..
Sin embargo, los mecanismos del tallo cerebral superior y la for-
mación reticular activadora ascendente son responsables únicamente
de una forma de atención, la más elementalr el estado generalizado de
vigilia
Toda forma compleja de atención, involuntaria o, más especial-
mente, voluntaria, requiere el cumplimiento de otras condiciones, prin-

268
cipalmente la posibilidad del reconocimiento selectivo de un estímulo
particular y la inhibición de respuestas a estímulos irrelevantes, de
ninguna importancia en la situación corriente. Esta contribución a la
organización de la atención se efectúa por otras estructuras cerebra-
les localizadas a nivel superior: en el cárt ex límbico y en la región
frontal. Examinemos, separadamente, los factores relevantes de cada
caso por separado.
El papel de las estructuras del córtex antiguo o región límbica (hi-
pocampo, amígdala) y los sistemas conectivos del cuerpo caudado ha
atraído recientemente la atención de los investigadores. Los estudios
a nivel de una sola unidad, como he señalado antes, han mostrado con
claridad que las neuronas que no .responden a estímulos modales espe-
cíficos, sino que comparan aparentemente estímulos nuevos y viejos y
que permiten que se dé una respuesta a los nuevos estímulos o a sus
propiedades, en tanto que las respuestas a estímulos habituales y an-
tiguos se extinguen, ocupan un importante lugar en estas estructuras
particulares (Vinagradova, 1969, 1970a, l970b). Es por esto que las
estructuras del hipocampo, íntimamente relacionadas con los meca-
nismos de inhibición de estímulos irrelevantes y de habituación a es-
tímulos repetidos durante largos períodos .. de tiempo, en tma ,primera
etapa comenzaron a considerarse como componentes esenciales del
sistema inhibidor o· "filtrante", participando necesariamente ~n las
respuestas selectivas ante estímulos específicos y formando una parte
del sistema de reflejos orientadores innatos y de la conducta instintiva.
Por esta razón, el hipocampo, y más tarde el cuerpo caudado, comen-
zaron a ser considerados como estructuras esenciales para. la elimina-
ción de respuestas a estímulos irrelevantes que permitan al organismo
comportarse de una manera estrictamente selectiva (Grastyan, 1961;
Douglas y Pribram, 1966; Vinogradova, 1969, 1970a, 1970b) y que una
lesión de· estas. estructuras era origen de la ruptura de la selectividad
en la conducta, que es, de hecho, más una alteración de Ja atención
selectiva que un fallo de memoria. Estas teorías sobre el· papel de la
región límbica y, en particular, las estructuras del hipocampo en la
organización de la conducta, corresponden también a los cambios en
el comportamiento y en el estado de consciencia observado en pa-
cientes con lesiones de esta región que se manifiestan bien en el cua-
dro clínico, bien en los resultados de "ests" especiales electrofisioló-
gicos,
Clínicamente, los pacientes de este grupo, con tumores profundos
en la línea media, no exhiben alteraciones de conocimientos y praxis,
lenguaje o procesos formalmente lógicos. Toda la patología de su con-

269
ducta concierne a la inestabilidad de sus respuestas selectivas, a una
notable fatigabilidad, y a la rápida transición a respuestas no selecti-
vas ante estímulos diferentes.
En casos relativamente leves, esta lesión se manifiesta por una ma-
yor distraibilidad, en la rápida desaparición de la actividad· orientada
a un fin, la fácil aparición de asociaciones irrelevantes, y alteraciones
bien definidas de la memoria; discutiremos esto de nuevo. En casos
más graves (tumores masivos que afectan las paredes del tercer ven-
trículo y la región límbica) este síndrome es de 'carácter más acusado
y comienza a manifestarse como un estado somnoliento, oniroide, en
el que el paciente pierde la distinción entre presente y pasado, se mues-
tra confuso y comienza a fantasear. Enambos casos, los estímulos irre-
levantes son mezclados en seguida dentro de su curso de pensamiento
y la estructura de su consciencia se hace completamente confusa en
lugar de 'Organizada direccional y selectivamente. Tal paciente puede
declarar que él no está en el hospital, sino en- casa o en el trabajo (al-
gunas veces en ambos lugares a la vez), o puede 'decir que está en
algún lugar vago, indeterminado (por ejempló, e~· una estación de fe-
rrocarril); puede 'decir que sus parientes.están con él, en ese lugar, o
puede tomar al médico por un conocido de su trabajo; puede mostrar
otros signos de serias alteracfones de la consciencia que son particular-
mente obvias si las zonas anteriores de la región límbica están afecta-
das por el proceso patológico y si su consciencia de que el curso selec-
tivo de sus procesos mentales está dañada (Luria, Homskaya, Blín-
kov y Critchley, 1967).Estos fenómenos son confirmados por los cam-
bios electroencefalográficos · en la actividad cortical que aparecen en
tales 'casos.
Los hechos clínicos descritos anteriormente· se explicaban, hasta
cierto punto, por los ·resultados de recientes tests electrofisiológicos
en pacientes con lesiones diencefálicas masivas o con tumores en las
paredes del tercer ventriculo y zonas adyacentes de la región límbica.
Estas investigaciones (Latash, 1968; Filippycheva y Faller, 1970) mos-
traronque los componentes autónomos y electrofisiológicos del reflejo
orientados están seriamente deprimidos en· estos pacientes, e incluso
los estímulos - repetidos comienzan a evocar únicamente respuestas
muy débiles que desaparecen rápidamente; esto es el resultado claro
de una deficiencia de los influjos no específicos del tallo cerebral que
bajo condiciones normales mantienen el nivel apropiado de tono cor-
tical.
La ley de· la fuerza, según la cual estímulos fuertes evocan res-
puestas fuertes y estímulos débiles evocan respuestas débile~, ya no se
aplica; estímulos de diferentes intensidades comienzan a evocar res~· -
270
•·

puestas iguales, y algunas veces un estímulo no produce depresión,


sino una paradójica exacerbación del ritmo alfa. El proceso de habi-
tuación a un nuevo estímulo, que. se observa claramente cuando el
córtex está en estado normal, también sufre profundos cambios y los
componentes electrofisiológicos del reflejo orientador o bien están
completamente ausentes o bien se hacen inextinguibles. Al mismo
tiempo, estas investigaciones demuestran que en este grupo de pacien-
tes pueden aparecer distorsiones del proceso normal de excitación,
característica que nos lleva directamente a la explicación de los me-
canismos de las alteraciones mentales que acabo de describir.
Sin embargo, una característica esencial de todos estos casos es que
todos estos signos de alteración primaria de la atención direccional y.
selectiva pueden compensarse, hasta cierto grado, en el tiempo por la
introducción de una orden verbal o, en otras palabras, por la incorpo-
ración al sistema de niveles estructurales superiores del proceso in-
tactos. Generalmente, esta compensación tiene sólo carácter temporal
y la selectividad de los procesos electrofisiológicos se pierde rápida-
mente; no obstante, esta integración potencial de las formas superio-
res, voluntarias de atencion en presencia de una alteración primaria
de sus formas elementales es un signo importante que distingue a
estos pacientes de los que tienen lesiones en otros lugares.
Los lóbulos frontales del cerebro tienen un papel totalmente dife-
rente en la organización de la atención. En las investigaciones clásicas
sobre animales, como ya he mencionado (parte II, cap. 7), a menudo
se sostenía que los lóbulos frontales estaban directamente relaciona-
dos . con la preservación de las huellas de la memoria, X que esto se
manifestaba por la alteración de las respuestas retardadas en anima-
les tras la extirpación del córtex frontal. No obstante, como ya he
señalado, este hecho ha recibido una interpretación completamente
diferente como resultado de los últimos trabajos. Se demostró (Mal-
mo, 1964a; Pribram, 1959b, 1963a,y Weiskrantz, 1968) que· un animal
no puede realizar correctamente respuestas retardadas tras la extir-
pación de sus lóbulos frontales no sólo porque no puede retener.Tas
huellas anteriores, sino más bien porque comienza a ser constante-
mente distraído por los estímulos irrelevantes, y no puede inhibir estas
respuestas inadecuadas. Esta es la razón por la cual, como demostra-
ron estos investigadores, la supresión de todos los estímulos irrele-
vantes (por ejemplo, situando al animal en completa oscuridad o de-
sarrollando el experimento tras la administración de tranquilizantes,
que disminuyen el tono cortical general) conduce a la restauración de
las respuestas normales retardadas. El papel esencial de los lóbulos

271
•·

frontales en la inhibición de respuestas a estímulos irrelevantes y en


la preservación de la conducta programada y orientada hacia un fin,
también ha sido demostrada por los experimentos de Konorski y
Lawicka (1964); Brutkowski (1964, 1966)y otros. Debido a la alteración
de estos mecanismos ínhibidores, la extirpación de los lóbulos fron-
tales en estos animales siempre conducía a formas graves de altera-
ción de la conducta orientada· hacia un fin, direccional y selectiva, y
a una desinhibición de respuestas impulsivas ante estímulos irrele-
vantes. Los cambios en la conducta animal que· fueron descritos en
los clásicos trabajos de Bianchi (1895, 1921); Jacobsen (1935); Ano-
khin (1949), y Pribram (1953, 1958b) demuestran claramente esta fuen-
te primaria de la alteración de su actividad.
Una abundante información referente a las alteraciones de la con-
ducta selectiva y, sobre todo, . de las formas superiores de atención
nos la proporcionan los estudios clínicos de pacientes con lesiones en
los lóbulos frontales. '
Por contraste con los pacientes que tienen lesiones en la parte su-
perior del tallo cerebral y la región lírnbica, en· los pacientes con lesio-
nes masivas de los lóbulos frontales las formas· elementales-de aten-
ción involuntaria o de reflejos orientadores impulsivos ante estímu-
los irrelevantes puede no sólo mantenerse, sino que también puede
ser aumentada patológicamente. Paralelamente, todo intento de indu-
cir atención voluntaria estable en estos pacientes con la ayuda de ins-
trucciones verbales es inefectivo.
La incapacidad de concentrarse en una instrucción y de inhibir
respuestas ·a estímulos irrelevantes aparece incluso durante las pri-
meras observaciones clínicas de pacientes con lesiones masivas en los
lóbulos frontales. Normalmente estos pacientes comienzan a realizar
fa tarea propuesta, pero tan pronto como aparece en escena un extra-
ño, o la persona de la cama de al lado le susurra algo a la enfermera,
el paciente deja de realizar la tarea y transfiere su atención al recién
llegado o interviene en la conversación con su vecino. Por lo tanto,
lo mejor para 'investigar a un paciente así, es empezar a pasar el test
a· su vecino; en tales casos, el paciente se unirá involuntariamente a la
conversación y mostrará, por tanto, la actividad involuntaria que sería
difícil inducir instruyendo directamente al propio paciente.
Esta distraíbilidad incrementada en pacientes con lesiones masi-
vas del lóbulo frontal es la causa de aquellas profundas alteraciones
de su conducta orientada a un fin que he escrito antes (parte II, ca-
pítulo 7) y sobre las que volveré de nuevo cuando discuta las altera-
ciones del pensamiento en lesiones de los lóbulos frontales.

272
Las alteraciones profundas de la atención voluntaria o de las for-
mas superiores de verificación de la actividad, asociadas con la reapa-
rición de formas elementales del reflejo orientador, crean un cuadro
de las alteraciones conductuales que he visto muy a menudo en pa-
cientes con. lesiones. frontales.
Como resultado de investigaciones psicofisiológicas llevadas a cabo
durante los últimos años, podernos ya distinguir los mecanismos que
yacen en la base de la alteración de estas formas superiores de aten-
ción. Grey Walter (ver parte II, cap. 7), estableció el hecho de que la
expectación de un estímulo evoca potenciales lentos específicos en los
lóbulos frontales humanos.. que. él describe con el nombre de "ondas
de expectación", y estas ondas se extienden acto seguido por otras
áreas del cerebro (fig. 19). Al mismo tiempo, Livariov y sus colabora-·
dores descubrieron que el stress intelectual da lugar a un marcado
aumento en el número de puntos que trabajan sincronizadarnente en
el córtex frontal (fig. 20).
Estos fenómenos indican inequívocamente que los lóbulos fronta-
les humanos participan en la activación inducida por una instrucción
verbal y son una parte del sistema cerebral directamente involucrado
enlos procesos asociados con las formas superiores de atención activa.
El hecho de que los lóbulos frontales tengan tantas conexiones con
la formación reticular proporciona una base morfológica y fisiológica
para la participación de. los lóbulos frontales en estas formas superio-
res de activación.
Todos estos hechos proporcionan la explicación de algunos de los
resultados fundamentales obtenidos mediante tests· psicofisiológicos
en pacientes con lesiones en los lóbulos frontales, descubiertos en el
curso de muchos años de cuidadosa investigación por Homskaya y sus
colaboradores (Homskaya, ·1960, 1965, 1966a, 1966b, 1969, 1972; Luria
y Homskaya, 1970; Artemeva, 1965; Arterneva y Homskaya, 1966; Ba-
ranovskaya y Homskaya, 1966; Baranovskaya, 1968; Simernitskaya,
1970; Simernitskaya y Homskaya, 1966). ·
Como he señalado, las lesiones en las partes superiores del tallo
cerebral y sistema límbico pueden alterar la base primaria de la aten-
ción, la reacción orientadora, que puede ser inestable y de fácil extin-
ción, o puede dejar de. suprimirse por factores de habituación. Sin
embargo, es característico que, en estos casos, la atracción de la aten-
ción por un estímulo con la ayuda de una instrucción verbal puede
compensar sus defectos y fortalecer los componentes electrofisioló-
gicos y autónomos de la atención. El mismo tipo de situación se puede
observar en pacientes con lesiones en las zonas posteriores del córtex,

273

.:.18- c. A.
•·

en los cuales los estados patológicos del córtex pueden conducir a la


inestabilidad de las bases fisiológicas de la atención, pero en los cua-
les, no obstante, la llegada de una instrucción verbal eleva inmediata-
mente el tono de atención y. compensa el defecto. Los diligentes es-
fuerzos para compensar el defecto que pueden observarse en todos
los pacientes de este tipo durante el entretenimiento rehabilitador,
y que exigen una especial concentración y la estabilidad de la aten-
ción voluntaria, ilustran esta situación.
Con los pacientes que tienen lesiones masivas del lóbulo frontal el
caso es. muy distinto. Como ya he mencionado, los reflejos orientadores
elementales de estos pacientes con frecuencia están aumentados pa-
tológicamente y esto interfiere en su realización intencional y rápida
de la tarea.
Un cuadro diferente se da en estos pacientes si se somete a prueba
la estabilidad de sus respuestas ante estímulos presentados repetida-
mente. Muchos pacientes de este grupo, en tales casos, muestran una
gran inestabilidad de la atención, de modo que tras unas pocas pre-
sentaciones del mismo estímulo los componentes autónomos y elec-
trofisiológicos de su reflejo orientador desaparecen.
Sin 'embargo, existe otra diferencia entre los pacientes con lesiones
en el lóbulo frontal y los que tienen lesiones locales en las zonas poste-
riores del cerebro: mientras que en éstos la movilización de una aten-
ción especial mediante una instrucción adicional, que tiene el efecto
de incrementar la actividad (por ejemplo, la instrucción "contar los
estímulos", o "descubrir cambios en ellos", etc.) restaura inmediata-
. mente los extinguidos síntomas del reflejo orientador y estabiliza la
atención, en los pacientes con lesiones frontales esto no ocurre, y una
instrucción que debería incrementar la actividad del paciente, de he-
cho no produce ningún cambio consistente.
El mismo esquema se puede ver en otros índices del proceso de
activación que, bajo condiciones normales, aparece en respuesta a
estímulos que movilizan la atención. Mientras que en condiciones nor-
males la repetida presentación de un estímulo conduce a la extinción
del reflejo orientador vascular, tan pronto como el sujeto es instruido
para que dirija su atención hacia cambios en la calidad o intensidad
del estímulo o para contar el número de estímulos, los componentes
vasculares del reflejo orientador se restauran inmediatamente y se
mantienen durante un largo período de tiempo. Esto no ocurre en
los pacientes que tienen lesiones masivas en los lóbulos frontales, pues
aunque sus respuestas vasculares a estímulos repetidos son rápida-
mente extinguidas, una instrucción verbal que bajo circunstancias

274
normales movilizaría la atención, en este .caso no tiene efecto y la
curva pletismográfica no cambia.
Mientras que bajo condiciones normales la primera presentación
de un estímulo evoca cambios definidos en las respuestas electro - fi-
siológicas del cerebro, én forma de depresión del ritmo alfa y aumento
de los componentes rápidos del electroencefalograma, y mientras que
la presentación repetida de estímulos · conduce al· desarrollo de la
"habituación" y a la desaparición de estas respuestas, tan pronto como
el sujeto recibe una instrucción que eleva su atención hacia estos estí-
mulos, los componentes electrofisiológicos del reflejo orientador se
restauran y permanecen estables durante mucho tiempo. Existe un
cambio parcial en la composición de esta reacción de activación en
las frecuencias alfa y beta. Este papel de la atención de estabilizar los
fenómenos de la activación, que permanece intacto en pacientes con
lesiones de las zonas posteriores del cerebro, está ausente en p~-
cientes con lesiones masivas de los lóbulos frontales; en este caso,
aunque pueden continuar realizando la orden que se les ha dado,
lo hacen sin ninguna apreciable movilización de la atención y los sig-
nos electrofisiológicos que reflejan la elevación y estabilización del
sustrato 'dé:"1a actividad propio de estas respuestas no se restaura. A
menudo bajo estas condiciones la reacción de activación invierte su
signo (Homskaya, 1972).
Finalmente, mientras que bajo condiciones normales la estimula-
ción de una modalidad particular conduce a la aparición de poten-
ciales evocados en las zonas corticales correspondientes, en estos pa-
cientes la instrucción preliminar para esperar al. estímulo.o-para des-
cubrir diferencias entre los estímulos, ocasiona un marcado aumento
en la amplitud de los potenciales evocados, así como su extensión a
otras zonas del córtex sobre una gran área. Estos fenómenos, que han
sido descritos en detalle por muchos autores, persisten en los pacíen-
. tes con lesiones de las ·zonas. posteriores, pero no existen en los pa-
cientes con lesiones frontales masivas, en los cuales, como en otros
sujetos, el estímulo evoca una respuesta definida específica para esa
modalidad particular, en forma de un potencial evocado, pero la inten-
sidad de este potencial permanece constante a pesar de la instruc-
ción que debería haber elevado el nivel de atención o distorsionado el
carácter de los potenciales evocados.
Los hechos que acabo de describir están muy claramente ilustra-
dos en las figuras 53-7.
Estos resultados sugieren que los lóbulos frontales juegan un im-
portante papel en la elevación del nivel de vigilancia de un sujeto

275
cuando realiza una tarea y participan así, sucesivamente, en las for-
mas superiores de la atención. Este hecho, de gran importancia para
el estudio de los mecanismos cerebrales de las formas complejas de la
atención, ha sido estudiado en detalle por Homskaya y sus colabora-
dores, cuyas observaciones comparativas en pacientes con diferentes
tipos de lesiones. del lóbulo frontal no sólo han confirmado totalmente
la proporción anterior, sino que muchos de sus detalles han llena-
do un vacío existente hasta entonces.
Ellos descubrieron que la pérdida de activación como resultado
de una instrucción verbal se veía de forma particularmente clara
en pacientes con lesiones frontales masivas y bilaterales que afecta-
ban las porciones mediales de los lóbulos frontales. Esto ocurría
en· pacientes cuya conducta se caracterizaba por rasgos de inacti-
vidad, distraibilidad y una profunda alteración de la selectividad de
sus procesos mentales y también, ocasionalmente, en pacientes que
apenas tenían manifestaciones clínicas de cambio en la conducta que
fuera detectable mediante observación externa.
Los pacientes con lesiones de las porciones' laterales de los lóbulos
frontales exhibían un cuadro muy distinto. La activación que apare-
cía a través de Ia influencia dir'écta de los estímulos estaba suficiente-
mente marcada en estos pacientes y se extinguía rápidamente; sin
embargo, estos rasgos de activación podían ser fortalecidos y estabi-
lizados por instrucción verbal sólo tras su repetición frecuente y en
estos casos la activación era muy inestable ·y desaparecía rápida-
mente, haciendo necesaria una repetición mucho más frecuente de la
instrucción para su reaparición.
Estas observaciones mostraron ·que el mecanismo de las formas .
superiores de activación está totalmente alterado en los pacientes con
lesiones frontales o bien pierde su· carácter estable y generalizado
y que los lóbulos frontales y especialmente sus zonas medias (que
están conectadas· estrechamente de forina particular con los tractos
·descendentes de la formación reticular y con la región Iímbica), ejer-
cen un papel decisivo en este proceso de elevación del nivel general del
sustrato de actividad.
Es evidente, pues, la gran importancia de estas investigaciones (des-
critas por Homskaya, 1972) en el estudio de los mecanismos cerebra-
les de las formas superiores de· atención y la gran contribución que
han aportado a nuestros puntos de vista acerca de la organización di-
námica de las intenciones humanas y formas complejas de la activi-
dad consciente.

276
XI. Memoria

Estructura psicológica
Durante mucho tiempo el estuctio de la organización cerebral de
la memoria fue uno de los campos menos explorados de la psícofisio-
logía y ha sido únicamente en la última década cuando ha despertado
un apreciable interés. No obstante, a pesar de este hecho, la organiza-
ción cerebral de las formas complejas de actividad mnéstica con-
tinúa siendo un capítulo nuevo y muy oscuro de la ciencia neuropsi-
cológica.
Las causas de esta situadori'.·son las teorías simplificadas sobre la
memoria sostenidas por la gran mayoría de fisiólogos y el total fraca-
so en la apreciación de la compleja estructura de los procesos mnés-
ticos que los fisiólogos han estudiado únicamente en los últimos veinte
o treinta años.
Un intento de resumir todo lo que se conoce sobre la _naturaleza y
el substrato material de la memoria al principio de este siglo, pondrá de
manifiesto Jo poco que existía con valor científico. Por un lado es-
taban las teorías de Richard Semon y Karl Edward Hering que con-
sideraban que la memoria, o habilidad para retener recuerdos (hue-
llas), es una "propiedad universal de la materia", verdad que no puede
ser negada, pero que es demasiado 'general para decirnos algo. Por otro
lado, estaban las conocidas teorías de Henri Bergson (18~6), de que
existen dos tipos de memoria -memoria corporal y memoria - men-
tal- y según las cuales, mientras la primera es un fenómeno natural
del mismo tipo de la que describieron Semon y Hering, la segunda
debe ser considerada como una manifestación de la "libre voluntad",
capaz de evocar trazos individuales de la experiencia pasada, a través
de un esfuerzo de la voluntad.
Comparativamente, poco más hubo que añadir a la discusión de
la naturaleza y base fisiológica de la memoria como resultado de los
estudios morfológicos y fisiológicos realizados en los primeros cuaren-

277

~ - _ --
.. ·- · -
•·

ta años de este siglo. Arduas investigaciones morfológicas de las célu-


las nerviosas no produjeron otro resultado que el aserto general de
que la retención de huellas de excitaciones prevfas es, evidentemente,
el resultado de la posesión de un sistema sináptico (Ramón y Cajal,
1909-11), y que debe consistir en procesos bioquímicos relacionados
con el equilibrio entre la acetilcolina y la colinesterasa, sustancias que
tienen un papel muy importante en la transmisión sináptica de impul-
sos (De Robertis, 1964; Eccles, 1957-64). Las investigaciones sobre la
fisiología del reflejo condicionado, dedicadas enteramente a los proce-
sos relativos a la fijación de la experiencia, no establecieron más que
algunos factores fisiológicos básicos de lo que fue descrito muy con-
vencionalmente como "apertura de vías" y el "re fuerzo de conexiones
condicionadas", pero .que de hecho no aportaron nada sustancial a la
elucidación de la naturaleza de la memoria. Igualmente improductivas
fueron las investigaciones delaprendizaje realizadas por los conductís-
tas americanos, pues desechando el hecho de que existen varios miles .
de publicaciones sobre este tema, la naturaleza -de la memoria todavía
permanece completamente desconocida. Fuerorirhechos como éste los
que condujeron al psicólogo americano Lashley, en .su conocidoartfcu-
lo "A la búsqueda del engrarna" (1950), a la pesimista conclusión de
que la naturaleza material de la memoria sigue siendo. el mismo enig-
ma que era hace muchas décadas.
(
La búsqueda de una solución al problema de la base material de la
memoria adquirió un nuevo giro como resultado del trabajo de Hydén
(1960, 1962, 1964), quien demostró que la retención de una huella de
una excitación prevía está asociada con un cambio duradero en la es-
tructura del ácido ribonucleico y descubrió' un aumento duradero en
el contenido RNA/DNA en los núcleos sujetos a una intensa excita-
ción. El trabajo de Hydén inició una riada de importantes investigacío-
nes, que aumentaban en cantidad cada año, y condujo a la hipótesis
que ha adquirido ahora amplia aceptación de que las moléculas
RNA/DNA son las transportadoras de la memoria, que juegan un pa-
pel decisivo tanto en la transmisión de huellas heredadas como en la
retención de huellas de la experiencia previa durante la vida· del indi-
vidúo. Incluso se .ha concluido de esta hipótesis que la información
que aparece en una molécula puede ser transmitida a una segunda mo-
lécula mediante un mecanismo humoral, y los trabajos que tanta pu-
blicidad han tenido (aunque finalmente no han sido verificados) de
McCOnell, Jacobson y Kimble (1970) han elevado recientemente las es-
peranzas de que pronto pueda descubrirse el sustrato material de la
memoria

278
Otras investigaciones prueban el hasta ahora insospechado papel,
no de las células nerviosas propiamente, sino de la glia que las rodea,
en la retención de las huellas de la excitación previa. Se demostró que
los procesos de excitación que aparecen en la neurona y en la glía no
sólo tienen diferentes períodos de latencia (varios cientos de veces rna-
yor en la glía que en las neuronas), sino que están relacionadas recí-
procamente, de modo que en el momento de excitación el nivel de
RNA aumenta en las neuronas mientras que decrece en la glía que las
rodea, en tanto que en el postperíodo (evidentemente conectado con
la retención de las huellas) decrece marcadamente en las neuronas
pero aumenta de un modo igualmente notable en la glía, permanecien-
do elevado durante mucho tiempo. La hipótesis de que la glía está
relacionada con la retención de las huellas de la memoria es, sin ningu-
na duda, uno de los más importantes descubrimientos de la moderna
neuro - fisiología y debe arrojar considerable luz sobre los íntimos
mecanismos de la memoria.
Las últimas observaciones, que no puedo dejar de mencionar, fue-
ron obtenidas como resultado de investigaciones electromicroscóp icas
sobre las células nerviosas que se encargan del proces- o··: . . . de almacenar
la excitación. Los movimientos de las pequeñas vesículas que acompa-
ñan a este proceso, unido a los cambios en las membranas durante la
formación de huellas (De Robert.is, 1964; Eccles, 1957, 196la, 196lb ),
también han revelado nuevos aspectos de este proceso y, evidente-
mente, deben ser consideradas corno importantes componentes de los
mecanismos íntimos de excitación y formación de huellas.
Las investigaciones a nivel celular y subcelular (molecular) sobre
los mecanismos de los procesos . de huellas han aclarado indudable-
mente hechos importantes y los han relacionado con los mecanismos
íntimos bioquímicos y morfofisiológicos de la memoria. Sin embargo,
no han aportado nada para contestar a la pregunta de qué zonas del
cerebro contribuyen realmente a los procesos de la memoria, y de qué
aspectos de la actividad. mnéstica son responsables los sistemas par-
ticulares de cerebro.
Para hallar la respuesta a estas preguntas se han dado dos pasos
decisivos. Primero, era necesario abandonar el concepto demasiado
generalizado y difuso de los procesos de memoria por conceptos psi-
cológicos más precisos de la estructura real de la actividad mnéstica.
En segundo lugar, en vez de investigar los procesos de la memoria a
nivel molecular celular, era necesario estudiar la arquitectura real de
los procesos de memoria o, en otras palabras, analizar la contribución

279
•·

que cada zona cerebral aporta a la organización de los procesos mnés-


ticos humanos.
Intentos de encontrar las respuestas a estas preguntas han sido
efectuados, por una parte, por psicólogos, y por la otra por neurólogos
y neuropsicólogos y, durante los últimos veinte años, la estructura de
los procesos rnnésticos han sido el sujeto de una serie completa de in-
vestigaciones que han enriquecido sustancialmente nuestras ideas
previas.
Intentaré ahora resumír brevemente estas investigaciones, antes
de volver al terna.principal de este capítulo: el análisis del papel que
ejercen las estructuras cerebrales y humanas en la organización de
los procesos mnésticos.

La Psicología clásica consideraba la memoria bien como un pro-


. ceso de impresión de las huellas en la consciencia, o de impresión de
las conexiones asociativas, formadas· por impresiones individuales en-
tre si. Este punto de vista excesivamente simplista, no satisface a los
investigadores modernos.
Trabajos recientes (Norman, 1966, 1968;. Norman y Rumelhart,
1970; Wickelgren, 1970; Kintsch, 1970a, 1970b; Miller, 1969; Ku-
bie, 169; Posner, 1963, 1967, 1969; Shiffin, 1970; Reitman, 1970) han
demostrado que la memorización es un proceso complejo que con-
siste en una serie de etapas sucesivas q,ue. difieren en su estructura
psicológica, en el "volumen" de huellas capaces de ser fijadas y en la
duración de su almacenaje y que se extiende durante un cierto tiempo.
Se ha sugerido {Sperling, 1960~ 1963; Sperling y Spellman, 1970;
· Morton, 1969, 1970)·que el proceso de memorización comienza con la
. impresión de datos sensoriales (si se trata de huellas verbales, los ras-
gos fonéticos de una palabra oída). Estos datos son de carácter múlti-
ple y la impresión, naturalmente, sólo fija algunos de ellos, haciendo
en esta etapa una selección apropiada (Norman y Rumelhart, 1970;
Wickelgren. 1970; Sperling y Spellrnan, 1970). Algunos autores han
señalado que esta etapa de impresión es de un enfoque muy Iímitado
y de muy corta duración de las huellas impresas,· describiéndola como
"memoria ultracorta" (Broadbent, 1970);'sin embargó, señalan. que las
huellas de los estímulos recibidos en este período pueden extender
ampliamente su volumen cuando se trata de estímulos visuales (Sper-
Iing, 1960,. 1963).
La siguiente etapa en el procesomnéstico, muchos autores consi-
deran que es la transferencia de los estímulos al estado de la memoria
de imagen: los estímulos percibidos son convertidos en imágenes vi-

280
•·

suales. Sin embargo, esta conversión nunca es una conversión sencilla


de un estímulo sensorial univalente en una imagen visual, sino que
presupone la selección de una imagen apropiada de entre muchas po-
sibles y puede ser interpretada como el procesamiento distintivo o
codificación de los estímulos recibidos (Kinstch, 1970a, 1970b; Shiffrin,
1970; Reitrnan, 1970; Posner, 1969)_Este estado es considerado por
la mayoría de los autores como simplemente intermedio y va seguido,
a continuación, por el último estado, la codificación compleja de hue-
llas o su inclusión en un sistema de categorías.
El cuidadoso análisis de esta red de categorías en las que se inclu-
ye la huella de todo estímulo impreso por el sujeto (o de cada parte
de información que ha recibido) constituye el objeto central de muchas
investigaciones de los procesos mnésicos publicados en los últimos
años. Algunas de estas investigaciones son de carácter meramente psi-
cológico o una combinación de psicológico y lógico (Norman y Rumel-
hart, 1970; Wickelgren, 1970; Kintsch, 1970a; 1970b; Posner, 1963~
1969), otras tienen el carácter de intentos de construir modelos com-
plejos de memoria basados en ideas relativas al papel de esta codifica-
. ción (Reitrnan, 1970; Feigenbaum, 1970), y otras se basan en un análi-
sis de los datos psicolingüísticos (Miller., 1969; Morton, 1969./1970).
Sin embargo, están todos unánimente de acuerdo en que los sistemas
de conexiones en los que son introducidos los trazos de información
que llegan al sujeto son codificados con respecto a signos diferentes
y, consecuentemente, forman matrices multidimensionales de las que
el sujeto debe escoger cada vez el sistema que formará, en ese momen-
to particular, la base para la codificación. Este enfoque de los proce-
sos de la memoria demuestra, naturalmente, que, lejos de ser un pro-
ceso simple y pasivo, el recuerdo tiene naturaleza compleja y activa:
Una persona que desea recordar un cierto elemento de informaci~n
muestra una cierta estrategia de recuerdo, escogiendo los medios ne-
cesarios, señalando los signos importantes e inhibiendo los no impor-
tantes, seleccionando, según el propósito del trabajo, las componentes
sensoriales o lógicas del material imprimido y encajándolas en los
sistemas apropiados (Kíntsch, 1970a, 1970b; Shiffrin, 1970; Posner,
1963, 1969; Reitman, 1970). Este enfoque aproxima el proceso del re-
cuerdo a una actividad investigadora compleja y activa, permite al su-
jeto usar las actividades del lenguaje (Miller, 1969;Morton, 1969, 1970)
y, según la opinión de la mayoría de investigadores, constituye el nexo
esencial en la transición de la memoria a corto plazo a la memoria a
largo plazo (Miller, 1969).
El problema del olvido está estrechamente vinculado con el del

281

._ _.. . -._~·~- -------~- ---- ... --+-·-·----~-- ....... -·------'~~- -~------ --


recuerdo y ha despertado la misma atención. ¿Qué es lo que causa
la desaparición de las huellas de la memoria o, como es normalmente
llamado, el olvido? · ·. • ·
En la generación anterior, la respuesta a esta pregunta parecía re-
lativamente simple. Desde la clásica investigación de Ebbinghaus
(1885) los investigadores han aceptado la teoría de que con el paso del
tiempo todo trazo causado por un estímulo queda obliterado y que los
tests realizados varias horas o varios días después de la impresión
original del trazo demuestran este proceso natural del olvido.
En la última década, la teoría de que el olvido -es el resultado na-
tural de la extinción gradual del trazo ha sido definida por varios au-
tores (Brown, 1958, 1964; Conrad, l960a, .1960b). Sin embargo, esta
hipótesis ha sido puesta en duda. Se le objetó que algunas veces, con
el paso del tiempo, no sólo no se observa decaimiento de las huellas,
sino que se observa una reproducción más marcada de las mismas y en
Psicología este fenómeno ha recibido el nombre especial de "reminis-
cencia". Otro hecho que no está de acuerdo conJa simple teoría del de-
caimiento del trazo como mecanismo del olvido et~ que frecuentemen-
te los sujetos cometenerrores en ,§US -recuerdos antes del apropiado
lapso de tiempo. Finalmente, un hecho; importante-que no podía recon-
ciliarse con la teoría de que el 'olvido -es .simplemente un decaimiento
del trazo era la enorme influencia de· cualquier actividad irrelevante
que ocurriera entre el momento de la impresión y el momento del re-
cuerdo y que fortalecía considerablemente el proceso de olvido.
Como resultado de estas discusiones fueron revisados los enfoques
previos que consideraban el olvido· como· un proceso pasivo. Al princi-
pio de este siglo, Müller y Pilzecker (1900}postularon que el olvido es
el resultado de influencias inhibidoras de acciones irrdevantes o inter-
[irientes sobre las huellas, más que el resultado de su gradual decai-
miento. Esta hipótesis fue defendida por otros autores importantes
(Robinson, 1920; Skaggs, 1925; McGeoch, 1932; Melton e Irvin, 1940;
Melton y von Lackum, 1941; Smimov, 1966; Underwood, 1967; Under-
wood y Postman, 1960,1962;Postman, 196la, 1961b, 1963,1967; Keppel,
1968) que habían afectuado un cuidadoso estudio del efecto inhibidor
de los sucesos precedentes y posteriores sobre las huellas. Los fenóme-
nos de inhibición "proactiva" y "retroactiva" que llegaron a ser con-
siderados -como factores esenciales en el olvido, encontraron un firme
punto de apoyo en la literatura y la teoría de que el olvido es un re-
gulador importante de las acciones irrelevantes; e interjirientes que
inhiben el normal recuerdo de las huellas previamente impresas, llegó
a ser _la teoría de los procesos innésicos más ampliamente sostenida.

282
Estas complejas teorías sobre las estructuras _de los procesos rnné-
sicos formuladas por Ios psicólogos de todo el mundo fueron confir-
madas por investigaciones de los psicólogos soviéticos, que cornenza- -
ron en los años treinta y rápidamente se expandieron.
Hacia el final ele los años veinte, los investigadores soviéticos
(Vygotsky, Leonriev y otros) señalaban el hecho de que la memoria
en el hombre es elemental y directa sólo en casos relativamente raros
Y que, por regla general, el proceso del recuerdo se basa en un siste-
ma de ayudas intermedias y, por tanto, es de carácter indirecto. Varias
técnicas especiales fueron sugeridas para el estudio objetivo de la for-
mación de esta codificación intermedia del material a recordar, las
cuales ahora han sido descritas adecuadamente (Leontiev, 1931). Estas
técnicas han revelado las etapas por las que atraviesa este proceso de
codificación del material memorizado a lo largo del desarrollo del
runo.
Mientras tanto, en otra serie de investigaciones (Smirnov, 1948,
l 966) se analizó en detalle el papel de la organización lógica y activa
en el proceso del recuerdo activo de material, quedando demostrada
la amplia gama de códigos a disposición de la persona normal adulta
para el recuerdo del material categorizado. Finalmente, en invesfiga-
ciones especiales, los psicólogos soviéticos (Zinchenko, 1961) realiza-
ron un detallado estudio del proceso del recuerdo involuntario y exa-
minaron el papel de la tarea presentada al sujeto, determinando la di-
rección de la atención y la selección de material para el recuerdo en
este proceso.
Todas estas iuvest.igaciones demostraron claramente que.el recuer-
do es un proceso activo, complejo, o, en otras palabras, una forma es-
pecial de actividad mnésica activa y compleja. Esta actividad mnésica
está determinada por motivos especiales y por la tarea de recordar el.
material apropiado; utiliza una cierta estrategia y métodos o códigos
apropiados que incrementan el volumen de material recordable, au-
mentan el tiempo durante el cual pueden retenerse y algunas veces
,....-eomohan demostrado tests especiales-> llegan a abolir la acción.
inhibidora de agentes irrelevantes e interfirientes que, . como ya he
mencionado, yacen en la base del olvido.
Todas éstas investigaciones que describen la compleja y rica estruc-
tura psicológica de los procesos mnésicos humanos, arrojaron conside-
rable luz sobre los mecanismos cerebrales que debemos buscar cuan-
do realizamos una investigación neuropsicológica de la memoria. Na-
turalmente, el proceso de recuerdo selectivo, estrictamente dirigido,
requiere un tono cortical óptimo o un estado de vigilia total, sin el

283
cual todo proceso mental selectivo sería imposible. Naturalmente,
también el proceso del recuerdo activo requiere que el sujeto tenga
una intención estable, y si no existe intención b es inestable, el re-
cuerdo será imposible. Además, el complejo proceso de recibir y codi-
ficar la información que se recibe, ya descrito como consistente en una
serie de etapas sucesivas, requiere la integración completa de las zo-
nas corticales de Ios analizadores correspondientes, que debe ser ca-
paz de separar la información recibida en datos elementales modal-
mente específicos (visuales, auditivos o táctiles), seleccionar los datos
relevantes y finalmente reunirlos sin obstáculos dentro de estructuras
integrales y dinámicas.
Por último, la transición desde la etapa más elemental (sensorial)
de la recepción e impresión de la información a las etapas más com-
plejas de su organización en imágenes y, finalmente, a las etapas to-
davía más complejas de su codificación en ciertos sistemas organiza-
dos de categorías, requiere la integración de las zonas corticales secun-
daria y terciaria superiores. Algunas de estas zonas están relaciona-
das . con .
la síntesis de una .
serie sucesiva de estímulos aferentes
. ~ .
en es-
tructuras
. .. ~ ·.. .
sucesivas. . o simultáneas, -mientras que
.
otras están relaciona-
.
das con la organización de estos trazos con la ayuda de códigos de
lenguaje.
-
Por tanto, en. el hombre este proceso altamente organizado del re-
cuerdo se basa en un completo sistema de sistemas que trabajan con-
certadamente en el córtex y estructuras subyacentes, y cada uno de
los cuales aporta .su propia contribución específica a la organización
de los procesos mnésicos. Es por lo tanto razonable esperar .que la dis-
tribución o incluso el estado patológico. de cualquiera de estos siste-
mas deba conducir a la alteración del curso de los .procesos mnésicos
y que el carácter de esta alteración variará, según el sistema cerebral
que esté afectado.
Podemos utilizar estas ideas relativas a la estructura de la memoria
humana (que son incomparablemente más complejas que las sosteni-
das tras las. clásicas investigaciones del último siglo y, también, que
las que han comenzado últimamente a reaparecer en la literatura bio-
lógica) como la base para el análisis de los resultados de investigacio-
nes neuropsicológícas sobre la organización cerebral de los procesos
mnésicos,
Igual que en los capítulos precedentes, mi' método consistirá en
analizar los cambios que tienen lugar en los procesos mnésicos de pa-
cientes con lesiones localizadas en diferentes partes del cerebro, y uti-

284
•·

lizar después los resultados de este análisis para intentar describir la


estructura de estos cambios.
Examinaré estos problemas brevemente, pues el lector hallará un
análisis mucho más completo de estos datos en mi. libro N euro psico-
logía de la memoria (1973).

Formas primarias (no - específicas}. de memoria


Hemos visto que la condición fundamental para la impresión de las
huellas es el mantenimiento del tono cortical necesario. La disminu-
ción de este tono es el principal factor que impide la impresión selec-
tiva y la retención de huellas y causa la alteración general, involuntaria
y modalmente inespecijica de la memoria. Queda claro, por tanto, que
los pasos que se han dado para revelar los mecanismos fisiológicos
que proporcionan las condiciones fundamentales para el manteni-
miento del tono cortical óptimo son también pasos importantes hacia
la elucidación de las bases fisiológicas de la capacidad general para
imprimir y retener sistemas selectivos de huellas o, en otras palabras,
para explicar los mecanismos cerebrales de la memoria elemental
general.
Ya señalé anteriormente que los primeros pasos en esta dirección
fueron dados por Bekhterev (1900), que postuló que las lesiones de las
zonas mediales de la región temporal pueden conducir a alteraciones
de la memoria, y por Grüntal ( 1939) quien demostró que una lesión de
los cuerpos mamilares, los núcleos de enlace para las fibras.que vienen
del hipocampo en el "círculo de Papez", da lugar a serias alteracio-
nes de la memoria.
Hasta mucho más tarde, como resultado del trabajo de Scoville,
Milner y Penfield (Scoville, 1954; Scoville y Milner, 1957; Penfield y
Milner, 1958; Milner, 1958, 1962, 1966, 1968, 1969, 1970), no se
demos- tró que las lesiones bilaterales del hipocampo no interfieren
en los procesos gnósticos superiores, pero alteran sustancialmente la
capa- cidad general del paciente para imprimir huellas de la
experiencia actual y conducen a- alteraciones de la memoria similares
al clásico síndrome de Korsakov.
Estos descubrimientos han recibido una explicación doble por in-
vestigaciones morfológicas y fisiológicas. Por una parte, estudios mor-
fológicos y fisiológicos del tallo cerebral y zonas talámicas de la for-
mación reticular y sus tractos han demostrado que las zonas Iímbi-
cas del cerebro y en particular el hipocampo, son estructuras con un

285
•·

papel esencial en la modulación del tono cortical, y que una lesión de


estas zonas del archicórtex puede conducir a una disminución del tono
cortical y, por tanto, a una alteración de la -impresión selectiva de
huellas. Por otra parte, recientes estudios a nivel neuronal han demos-
trado que muchas neuronas del hipocampo y núcleos anexos no res-
ponden a estímulos modalmente específicos de ningún tipo, pero sir-
ven para comparar los estímulos presentes con las huellas de la expe-
riencia pasada; reaccionan a todo cambio en los estímulos y, por tanto,
ejercen hasta cierto punto el papel de "neuronas de la atención" y de
"neuronas de la memoria".
Estos descubrimientos sugieren que el mejor enfoque del estudio
de los sistemas cerebrales responsables de la función general de re-
tención de huellas, la primera y más elemental forma de memoria,
será estudiar las funciones de la formación reticular y sus riiveles
superiores que limitan con el hipocampo y el "círculo de Papez". Esta
hipótesis se confirma plenamente con el análisis del material clírrico
disponible.
Como ya he señalado (parte I, cap. 2), se: obtiene una evidencia
concreta de la participación de las zonas medias del córt~~:-:.:f especial-
mente ·el· hipocampo) y estructuras conectadas entre los procesos
gnósticos, por las alteraciones de la memoria halladas en pacientes
con las lesiones correspondientes. Pacientes con formas relativamente
leves de disfunción de estas zonas cerebrales, como las que se pueden
encontrar, por ejemplo, en relación con tumores de la pituitaria que
afectan secundariamente a las estructuras límbicas, exhiben alteracio-
nes definidas de la memoria tales· que los pacientes se quejan de ellas
y pueden ser detectadas por comprobaciones objetivas. En pacientes
con lesiones masivas de las zonas medias del cerebro, que compren-
den las estructuras del "círculo de Papez" (lesiones bilaterales de los
cuerpos mamilares y del hipocampo). estas alteraciones pueden ser de
un carácter más grave, de modo que· el paciente sea totalmente inca-
paz de retener huellas de la experiencia actual y pueden conducir a
menudo a una seria desorientación en el espacio y tiempo y en rela-
ción a los acontecimientos actuales. Estas alteraciones de la memoria
se distinguen por tres rasgos característicos. ·
En primer lugar, evidentemente no están limitadas a una esfera
particular o a una sola modalidad y, por tanto; son de un carácter mo-
dalmente no específico, de modo que pueden ser observadas en todas
las formas de comportamiento del paciente (el olvido· de intenciones,
el olvido de acciones que se acaban de terminar, etc.).

286
En segundo lugar, aparecen igualmente en la impresión elemental,
no premeditada, de huellas y en la actividad mnésica especial, de modo
que su carácter no es el de una alteración especial 'de la labor mrrésica
o de los métodos rnnésicos, sino de defectos primarios en la retención
de huellas. Esto queda claro a raíz del hecho de que algunos de estos
pacientes, los que tienen formas más leves de alteración de la memo-
ria, pueden. recurrir a ciertas ayudas, por ejemplo, anotar sus inten-
ciones, para compensar sus defectos. Ésta es una característica típica
de los pacientes con lesiones bilaterales del hipocampo descritas por
Milner (158, 1966).
Finalmente llegamos a la tercera característica que distingue clara-
mente las alteraciones de la memoria que resultan de lesiones de las
zonas profundas del. cerebro que comprenden las zonas medias del
córtex, En los casos leves toma la forma de grados de olvido relativa-
mente ligeros, pero en pacientes con lesiones masivas del cerebro
puede conducir a serias alteraciones de la conciencia, que nunca se
encuentran en pacientes con lesiones locales de las zonas laterales del
córtex. Como ya he mencionado, en los casos más graves estos pacien-
tes no tenían idea de donde estaban, no podían estimar el tiempo co-
rrectamente, habían perdido completamente la noción de su situación,
y exhibían aquellos síntomas de confusión que se ven frecuentemente
en pacientes psiquiátricos pero que son relativamente raros en pa-
cientes con lesiones locales cerebrales.
Las características descritas anteriormente muestran con claridad
que una lesión de las zonas profundas del cerebro conduce a alteracio-
nes primarias de la memoria que están totalmente desconectadas cori
los defectos especiales de la actividad gnóstica (analítica y sintética) y
que, consecuentemente, las zonas profundas del cerebro; que limitan
con la fonnación reticular de la parte superior del tallo cerebral e in-
cluyen las estructuras limbicas, están relacionadas directamente no
sólo con el mantenimiento del tono cortical óptimo, sino también con
la creación de las condiciones necesarias para la retención de huellas
de la experiencia directa..
Mis recientes investigaciones experimentales (Luria, 1971; Luria,
Konovalov y Podgornaya, 1970; Popova, 1964; Kiyashchenko, 1969; Lu-
ria, 1973)han permitido realizar un mayor progreso en la descripción
de estos desórdenes primarios de la memoria que resultan de lesiones
cerebrales profundas y en la identificación de lbs mecanismos fisio-
lógicos yacen tes en la base de estas alteraciones y los niveles y esfe-
ras en los que aparecen.

287
Sin repetir lo que ya ha sido dicho (parte II, cap. 8), debería men-
cionar los resultados más importantes de estas investigaciones. El
primer intento de hallar las principales manifestaciones y los meca-
nismos fisiológicos de las alteraciones primarias de la memoria en
pacientes con las lesiones descritas no arrojó los resultados anticipa-
dos. Incluso pacientes con alteraciones masivas de la memoria, pró-
ximas al síndrome de Korsakov, eran capaces frecuentemente de re-
producir series de cinco o seis palabras que se les había dictado, y
en este aspecto no diferían significativamente de los sujetos normales.
Este hecho sugirió que el defecto manifestado como una alteraciónde
la memoria en este grupo de casos no estriba evidentemente en la
retención de la información aferente (excepto; 'quizá, dentro de lími-
tes relativamente estrechos).
Investigaciones más profundas demostraron que una corta serie de
elementos impresos puede ser retenidt¡z por estos pacientes durante
un breve tiempo (uno o dos minutos, a veces más), a no ser que este
intervalo de tiempo se llene con otra actividad interfir iente. Esto sig-
nifica que los defectos observados no pueden ser debidos a la debi-
bilidad de las huellas que conduce a su rápida yespontánea desapari-
ción. la observación en estos pacientes de la desaparicíón de huellas
tras un intervalo de tiempo más largo no fue convincente, pues nin-
gún esperimentador puede estar completamente seguro de que no es-
taban actuando en el curso de estos intervalos agentes interfirientes.
Resultados significativos fueron obtenidos en tests en los que el expe-
rimentador quería determinar hasta qué grado las. huellas formadas
en pacientes··· con las
.
alteraciones de la memoria que hemos mencio-
nado eran capaces de oponerse. a los factores interfirientes y distra-
yentes.
Las razones que motivaron estos experimentos fueron, en primer
lugar, el hecho .de que por regla general toda información dada a tal
paciente o toda acción . que él realizaba, desaparecía inmediatamente
de su memoria cuando era distraído por otro estímulo u otra activi-
dad y, en segundo lugar, la teoría defendida por varios autores (Mel-
ton, 1963, 1970; Underwood, 1945, 1957; Underwood y Postrnan, 1960;
Postman, 1954, 1969), de que las huellas una vez formadas son reteni-
das normalmente durante mucho .tiempo, y que la incapacidad se basa
más en la inhibición de estas huellas por agentes interfirientes que
por agotamiento de los mismos.
Para probar la hipótesis de que el estado patológico del cerebro
en general y la disminución del tono cortical que resulta de una altera-

288
ción de las influencias activadoras normales de la formación reticular
del tallo cerebral en particular en el córtex, conduce a una inhibición
patológica de las huellas establecidas, se llevaron a cabo una serie de
experimentos cuyos resultados se analizan en detalle en otro lugar
(Luria, 1971, 1973; Luria, Konovalov y Podgornaya, 1970; Kyiashchen-
ko, 1969). En el primero de estos experimentos, tras la verificación de
que las huellas de la serie dada (palabras, frases, cuadros, acciones)
eran retenidas tras una pausa de una cierta duración, libre de todo
. tipo de actividad irrelevante (una pausa vacía), se repetía el experi-
mento, excepto que la pausa era llenada con algún tipo de actividad
interfiriente (por ejemplo contar), tras la cual el sujeto era instruido
de nuevo para que reprodujera la serie previamente memorizada. En
el segundo experimento, al sujeto se le ordenaba en primer lugar que
memorizara una serie (muy corta) de dos o tres palabras, frases o di-
bujos, tras lo cual se Je ordenaba que memorizara una segunda serie
similar y entonces se le preguntaba qué serie había m.emorizado pri-
mero.
Ambas series de experimentos dieron resultados . insospechada-
mente claros. Mientras que en el caso de un sujeto· normal el cambio
a una aetividad intefiriente, distinta, no tenía efecto significativo sobre
·el recuerdo de la primera serie y la memorización de la segunda serie
breve de elementos no impedía recordar la serie memorizada en pri-
mer lugar, en pacientes con lesiones de las zonas profundas del cerebro
y con síndrome de alteración general (primaria) de la memoria, estos
dos tests dieron resultados muy diferentes. Mientras que tal paciente
retenía fácilmente una serie de tres o cuatro palabras, tras la distrac-
ción por una actividad interfiriente (por ejemplo contar); era comple-
tamente incapaz de recordar la serie aprendida anteriormente, o sólo
podía recordar fragmentos aislados de ella. Si, tras la memorización
de un grupo de dos o tres palabras, se ordenaba al paciente que me-
morizara un segundogrupo similar, no podía recordar elprimer grupo
y sus huellas parecían estar completamente obliteradas.
En casos de serias alteraciones de la memoria en pacientes con le-
siones cerebrales profundas que afectaban la región. límbíca (hipocam-
po) y los núcleos talámicos, el efecto requerido no pudo obtenerse ni
siquiera repitiendo el test muchas veces. Aunque tal paciente podía
recordar fácilmente una serie de cinco o seis palabras, incluso tras
un intervalo "vacío" de un minuto y medio o dos minutos, no podía
recordar una primera serie de dos o tres palabras si era seguida por
otra segunda serie similar ("interferencia homogénea"), incluso . si el
test era repetido de seis a ocho veces.

289

19-C. A.
Un ejemplo de este defecto se da a continuación:
Serie 1 Casa Bosque .Gato
Serie 2 Noche Aguja Pastel

¿Cuál era la serie uno? ¿Cuál era la serie dos?


1 No recuerdo . Noche ... pastel...
2 No recuerdo . No, no recuerdo
3 Casa, aguja . Gato... pastel
4 Casa, aguja . No recuerdo
5 No recuerdo ... Pastel... gato ...
Etcétera.

Característicamente, estos resultados que indican tan claramente


una inhibición incrementada de las huellas por 'acciones irrelevantes e
interfirientes, se observaron no sólo en el recuerdo de series de pala-
'bras, sino en cualquier otra actividad (memorización de· series de gra-
bados, movimientos, o incluso grupos organizados tales como frases
o anécdotas), y se observó, también, que la inhibición-patológicamente
incrementada de las huellas era de carácter general modalmente ines-
pecífico.
Resultados todavía más claros se obtuvieron en los experimentos
para rneclir el recuerdo de la primera serie de palabras (frases, dibu-
jos o acciones) tras la memorización de una- segunda serie similar. La
inhibición retroactiva producida por el segundo grupo de palabras
sobre el primero era tan fuerte en estos casos, que el primer grupo
de huellas o bien desaparecía completamente de la memoria del pa-
ciente o bien era reproducida con una considerable pérdida de selec-
tividad, reflejada en el hecho de que el paciente mezclaba huellas del
primero y del segundo grupo o, para usar la expresión aplicada en tales
casos, los contaminaba.
Igual 'que en los tests que acabamos de describir: esta inhíbicíona-
bilidad incrementada de las huellas y la pérdida de su selectividad
aparecl an independientemente de la modalidad, y, lo más importante
de todo, no desaparecía al organizarse las 'huellas en estructuras se-
mánticas.
Por ejemplo, tras la memorización de la frase "los manzanos cre-
cían en el jardín tras la alta valla" seguida por la segunda frase "el ca-

290
•·

zador mató un lobo en el lindero del bosque", un paciente con una


profunda alteración de la memoria debida a una profunda lesión ce-
rebral, bien no podía recordar la primera frase en absoluto, o. bien la
mezclaba {contaminaba) con elementos de la segunda frase y reprodu-
cía algo como "el cazador mató un labo en el lindero del jardín", "los
manzanos· crecían en el lindero del bosque". Los mismos resultados
fueron obtenidos durante la reproducción de una primera anécdota,
después de haber leído la segunda, pues bajo estas condiciones el pa-
ciente normalmente olvidaba por completo el tema de. la primera
anécdota.
La inhibición incrementada de huellas por acciones interfirientes
resultó ser tan grave en pacientes con lesiones muy extensas, que la
realización de cualquier acción por fácil que fuera era enteramente
olvidada después de que el paciente había realizado una segunda ac-
ción similar. En muchos casos, si el paciente dibujaba una figura y
después dibujaba una segunda figura, no solamente olvidaba qué figura
había dibujado en primer lugar, sino que se negaba a admitir que hu-
biera dibujado la primera figura cuando se le mostraba. Un rasgo ca-
racterístico es que la repetición frecuente del experimento general-
mente no conduce a ninguna ntejora en los resultados. Este hecho de-
mostró que la inhibición mutua de las huellas patológicamente incre-
mentada es el factor fisiológico básico en las alteraciones primarias
de la memoria observadas en lesiones cerebrales profundas.
De los resultados que acabo de describir se pueden extraer con-
clusiones sobre los mecanismos fisiológicos básicos de las alteraciones
primarias,
.
rnodalmenteinespecíficas, de la memoria quehemos
-
estado .
considerando. No obstante, los hechos desde los cuales _se puede juz-
gar el nivel de estas alteraciones no son menos importantes. Como ya
he señalado, los pacientes con alteraciones relativamente importantes
de las funciones de las zonas medias del cerebro (por ejemplo, aque-
llas que aparecen en tumores de la pituitaria que se. extienden más
allá de la silla turca y que afectan a las estructuras de la región lím-
bica) muestran esta capacidad de inhibición incrementada de huellas
sólo a nivel de la retención de series de huellas aisladas (palabras, di-
bujos) cuando entran en acción estímulos interfirientes. La retención
de series organizadas de huellas (frases, anécdotas), así como la re-
tención de huellas sensoriomotores más elementales, permanecen in-
tactas en estos casos y no están expuestas a la influencia inhibidora
de los agentes interfiríentes.
Un cuadro diferente se puede apreciar en pacientes con lesiones
masivas en las zonas profundas del cerebro (situadas en la línea me-

291
dia) que conducen a graves desórdenes de la memoria. En estos casos,
los desórdenes mnésicos primarios se extienden a los niveles más ele-
mentales y también a las series de huellas más altamente organizadas,
adquiriendo las alteraciones de memoria un carácter más general.
Este hecho puede ser demostrado por una serie de tests.
Si en un sujeto normal (o en un paciente con formas leves de alte-
ración de la memoria ínespecífica) se produce lo que Uznadze descri-
bió como "fixed haptíc set",1 por ejemplo ordenándole tocar una bola
grande varias veces con su mano derecha y una bola pequeña con su
mano izquierda y dándole después dos bolas del mismo tamaño, de
modo que por contraste la bola izquierda parezca mayor, se hallará
que esta ilusión (conocida corno "fixed set") 2 puede producirse en el
sujeto y mantenerse durante un largo período de tiempo a pesar de
la intervención de estímulos irrelevantes interfirientes. El mismo re-
sultado se encuentra al pasar el test a pacientes con alteraciones leves
de la memoria causada, por ejemplo, por tumores pituitarios (Kiyash-
chenko, 1969).
Sin embargo, si el test se lleva a cabo en pacientes con serias alte-
raciones en la memoria primaria causadas por lesiones masivas de las
zonas profundas del cerebro, se obtienen resultados diferentes .. Esta
tendencia fijada se mantiene si el tiempo intermedio no se ocupa con
estímulos irrelevantes, pero en el momento en que este Intervalo es
ocupado por acciones irrelevantes, la tendencia se pierde inmediata-
mente (Kiyashchenko, 1969). Este hecho prueba que en estos casos la
inhibición patológica mutua de las huellas no sólo se extiende a la ac-
tividad mnésica, sino a todas las otras huellas que no eran el objeto
especial de la memorización premeditada.
El mismo resultado se puede observar al llevar a cabo el test de
Konorsky. En este test, al sujeto se le presenta un cierto estímulo (por
ejemplo, una forma geométrica o un color particular), y tras un in-
tervalo de medio minuto a dos minutos este hecho se acompaña con la
presentación de otra figura, bien idéntica, bien diferente en forma o
color. El sujeto normal, o el paciente con alteraciones leves de la me-
moria, retiene fácilmente la imagen de la primera figura y pueden se-
ñalar si es idéntica o diferente de la segunda, tanto tras un intervalo
"vacío" como tras un intervalo ocupado por una actividad irrelevante.
- Por otra parte, si este test se lleva a cabo en pacientes con lesiones
masivas profundas en el cerebro y con graves alteraciones de la me-

l. "Tendencia háptica fijada". (N.T.)


· 2. Tendencia fijada. (N. T.)

292
moria, sólo puede ejecutarse con éxito si el intervalo entre el primero y
segundo estímulos no está ocupado por una actividad irrelevante; tan
pronto como una actividad interfiriente se introduce en este intervalo,
la imagen de la primera figura desaparece y el paciente no puede com-
parar las dos por más tiempo (Kiyashchenko, 1969).
Estos hechos, sin embargo, no son las únicas diferencias encontra-
das entre pacientes con alteraciones leves e inespecíficas de la memo-
ria y los que tienen formas más graves causadas por lesiones masivas
profundas del cerebro. Una diferencia importante entre los dos gra-
dos de alteración de la memoria primaria, inespecífica, es que mien-
tras que en las alteraciones leves el cambio a la retención de grupos
mnésicos organizados (semánticos) permite compensar el defecto, en
pacientes con alteraciones masivas de la memoria del mismo tipo, ni
siquiera este cambio a grupos mnésicos organizados (semánticos)
puede liberar al paciente de la influencia inhibidora de los agentes
interfirientes, de modo que las alteraciones de la memoria fácilmente
se convierten en alteraciones de la conciencia.
Estos hechos prueban que las lesiones masivas y profundas del ce-
rebro impiden la correspondiente codificación del .material que ha de
ser memorizado, dando así lugar a alteraciones a~r1a memoria prima-
ria que hacen inaplicable la ley de Bühner (según la cual los pensa-
mientos pueden ser aprendidos de _!Ilemoria de un modo incompara-
blemente más firme que .los elementos aislados). Esto demuestra el
papel esencial de estas estructuras cerebrales en las perturbaciones
mnésicas más graves y borra la línea divisoria entre las alteraciones
de la memoria y las alteraciones de la conciencia que producen estas
lesiones. Todos estos descubrimientos son descritos en detalle y con
datos adecuados en informes de investigaciones especiales realizadas
por Kiyashchenko (1969) y Pham Ming Hac (1971), y en mí libro La
Neuropsicologia. de la memoria (vol. 1, 1973; vol. 2, en preparación).
No examinaremos las formas más graves de alteración de la me-
moria lógica, cuando las lesiones en las zonas profundas del cerebro
se complican por la presencia adicional de lesiones en los lóbulos
frontales. En estos casos, estudiados cuidadosamente en otro lugar
(Luria, 1971, 1973; Luria, Konovalov y Podgornaya, 1970), todo el sis-
tema de la actividad mnésica está seriamente dañado, el paciente se
vuelve incapaz de controlar la memoria de los datos que tenía que
retener y su memoria de series de palabras, frases o párrafos queda
abierta a una serie de factores extracontextuales (estereotipos, im-
presiones inmediatas, asociaciones externas).

293
Formas específicas de memoria
Las alteraciones de la memoria que aparecen' en pacientes con le-
siones de las zonas corticales laterales, o, en otras palabras, con lesio-
nes de la segunda y tercera unidades funcionales del cerebro; difieren
fundamentalmente de los desórdenes de memoria hallados en pacien-
tes con lesiones de la primera unidad funcional del cerebro. La prin-
cipal característica de las alteraciones que vamos a describir ahora es
que nunca son globales y nunca conducen a desórdenes generales de
la conciencia. Por regla general, tienen el carácter bien de una altera-
ción de la base mnésica de las operaciones individuales modalmente
específicas, manteniendo su estrecha conexión con defectos de algunos
aspectos de los procesos gnósticos, bien de trastornos dinámicos es-
pecíficos, que conducen a la alteración de la estructura de la actividad
orientada a un fin. Examinemos estas alteraciones por separado.
Las alteraciones específicas de la memoria audioverbal que he men-
cionado anteriormente (parte II, cap, 4), son ll.n rasgo típico de las
lesiones del cártex temporal del hemisferio ízqiiíerdo (dominante).
Varias investigaciones (Luria, 1947, · t970a; Bein, 1947; Klimkovs-
ky, 1966) han demostrado que en ningún paciente observado con le-
sienes focales en el córtex temporal izquierdo se ha producido una
alteración general de la memoria o de la consciencia, similar a las
descritas en pacientes con lesiones cerebrales profundas o a la inacti-
vidad de los procesos mnésicos que describiré en mi análisis de los
desórdenes de la actividad rnnésíca en lesiones de los lóbulos fronta-
les. únicamente en los casos en que la lesión se extendía: a zonas pro-
fundas (mediales) del lóbulo temporal afectando a la regi?n temporal
derecha y se acompañaba de cambios generales notables en el centro,
se· podían· observar las características de desorientación y confusión
típicas de las Iesiones profundas del cerebro que acabo· de describir.
Una lesión de las zonas laterales de la región temporal izquierda con-
ducía principalmente a una alteración de las formas complejas de la
gnosis acústica, dando lugar a defectos de audición fonérnica; estas
lesiones causaban alteraciones altamente específicas de la memoria
audioverbal que ya han sido ruencionadas.. ·
En pacientes con lesiones más extensas, estos fenómenos erari muy
notables; en el caso de lesiones de las zonas medias de la región· tem-
poral aparecían de forma particularmente. clara y el paciente no podía
retener largas series de sonidos o palabras. Este síntoma, descrito en
detalle por Klimkovsky ( 1966), es la característica principal de la
afasia acústico - mnésica: De una forma característica este síntoma

294
•·

ocurría en forma particularmente notable como defecto de retención


de una serie de sonidos orales y palabras: no obstante, también se ma-
nifestaba como dificultad en conservar grupos de notas musicales y
estructuras rítmicas (Klimkovsky, 1966), aunque no existía dificultad·
en la retención de una serie de imágenes visuales o una serie de mo-
vimientos (Luria y Rapoport, 1962;Luria, 1971; Pham Ming Rae, 1971).
La base esencial de estos defectos podía ser bien una inhibición
incrementada de las huellas audioverbales, bien la nivelación de la
excitabilidad. del área cortical para el Ienguaje audible,. como resul-
tado de la cual algunos elementos de una serie audioverbal son inhibí-.
dos por otros, o comienzan a aparecer con la misma probabilidad ante
estímulos irrelevantes (Luria, Sokolov y Klimkovsky, 1967a, 1967b).
Finalmente, el otro aspecto característico de estos defectos de la me-
moria audioverbal es que pueden ser superados si los elementos de la
serie audioverbal se le presentan al paciente con intervalos relativa-
mente largos, de modo que la acción de los factores dinámicos ante-
riormente mencionados pueda superarse hasta cierto punto (Tvet-
kova, 1969).
Todos los defectos de Ja memoria ya descritos que aparecían en le-
siones de la región temporal izquierda estaban, por tanto, estrecha-
mente conectados con los procesos auditivos y con el lenguaje o, en
otras palabras, tenían un estricto carácter modalmente específico y
no eran alteraciones de la actividad mnésica activa, de modo que el
paciente podía aún realizar por distintos caminos un intento para
compensar sus defectos.
Sabemos todavía muy poco sobre la naturaleza de los defectos de
memoria que aparecen en lesiones de las zonas laterales de la región
temporal derecha, pero no hay duda alguna de que también tienen un
carácter modalmente específico a su manera, debido posiblemente al
largo tiempo requerido para la consolidación de las huellas ( Simerníts-
kaya, investigación no publicada).
Las alteraciones de Ja memoria que aparecen en lesiones de la re-
gión parietal izquierda (o parieto - occipital) poseen características
muy diferentes. Es en estos casos, como be descrito (parte II, cap. S),
donde el paciente encuentra dificultades en la síntesis simultánea y la
alteración de estos procesos mnésicos es una continuación directa de
estos desórdenes gnósticos. Investigaciones realizadas por Phan Ming
Hac (1971) han demostrado que en estos casos las alteraciones en la
retención de formas simples (o sonidos) pueden permanecer inaltera-
das, pero las estructuras visuales que comprenden relaciones s'irnul-
táneas (espaciales) no sólo son difíciles de distinguir, sino también de

295
•·

ser retenidas en la memoria. Por regla general, un largo entrenamien-


to en la impresión directa de estas relaciones no produce los resulta-
dos apetecidos. ;
Como ya mencioné, el síntoma de la alteración del recuerdo de los
nombres de objetos, conoeido en la práctica clínica como afasia amné-
sica, que aparece en lesiones de está región del córtex, puede ser ex-
plicado con toda probabilidad como resultado de la "nivelación de ex-
citabilidad" de los sistemas individuales debida a la dinámica, pato-
lógicamente alterada, de estas zonas corticales. Apareciendo como lo
hace sobre el fondo de una alteración de las síntesis simultáneas, esta
alteración conduce al recuerdo igualmente probable de diferentes sis-
temas de huellas verbales (fonética, morfológica o Iéxicamente simila-
res) lo que se manifiesta claramente en los fenómenos de parafasias
literales y verbales que se observan en estos casos (Lotmar, 1919, 1935;
Sapir, 1929; Bein, 1947; Luria, 1971, 1972).
Los defectos de la memoria observados en estos casos son por lo
general altamente específicos, pues afectan a fas operaciones de me-
morización y recuerdo, pero nunca se transforman en una alteración de
la estructura de la actividad mnésica como un todo, de modo que el·
paciente es todavía capaz de compensar-sus defectos mediante un es-
fuerzo (Luria, 1948, 1963; Bein, 1947, 1964; Tsvetkova, 1970).
No me extenderé aquí en los fenómenos altamente específicos de
la alteración del recuerdo de imágenes · visuales en respuesta a un
nombre hablado que se encuentran en lesiones de la región témporo -
occipital izquierda que ya han sido .discutidos (parte II, cap. 4); pero
examinaremos en seguida los defectos· mnésicos asociados a lesiones
·de los lóbulos frontales.
La condición básica para el recuerdo voluntario es la consideración de
Ja actividad mnésica o, en otras palabras, de motivos para recordar una
tarea mnésíca, así como un sistema de búsqueda activa de méto- dos
que ayuden a la realización original.: Estos componentes de la ac-
tividad mnésica están intactos en pacientes con lesiones de las regio- ·
hes temporal y occipital que acabo de describir, en los que el compo-
nente operativo del acto mnésico o de 'Ias operaciones mriésicas está
alterado, pero la actividad rnnésica activa nunca se ve afectada.
Un cuadro totalm.ente opuesto aparece en los pacientes con lesiones
masivas de ·1os lóbulo~ frontales, que interfieren en el trabajo normal
del lóbulo frontal izquierdo o de ambos lóbulos frontales. El análisis
de la organización funcional de los lóbulos frontales y de su papel en
la estructuración de la conducta activa (parte II, cap. 5), reveló que
una lesión del lóbulo frontal conduce a serias alteraciones de la for-

296
•·

mación de intenciones y planes, a una alteración de la formación de


programas de conducta y a una alteración de la regulación de la acti-
vidad men tal y de la verificación de su curso y resultados. En otras
palabras, mientras que deja intacta la parte operativa, conduce a una
proiundavalteracián dé toda la estructura de la actividad consciente
humana. Estas alteraciones conducen claramente a la desintegración
de la actividad mnésica como un caso particular de la actividad cons-
ciente humana en conjunto.
Varias observaciones muestran que los pacientes con lesiones ma-
sivas de las zonas laterales de la región prefrontal no pueden formar
una intención estable y activa para memorizar la información aferen-
te, aun cuando su orientación general y capacidad para retener huellas
o impresiones visuales permanecen intactos. Tampoco pueden realizar
intentos activos para encontrar medios de ayudar a la memorización.
La actividad mnésica de tal paciente, en quien está alterado este
componente, se convierte en una· impresión pasiva del material pre-
sentado, como se observa fácilmente si se orden.a a t.al paciente que
aprenda de memoria una serie de palabras o dibujos. El observador
notará que el proceso del aprendizaje queda convertido en tal paciente
en una repetición simple, estereotipada de un grupo de elementos que
ha conseguido retener, que no hay aumento en el número de compo-
nentes retenidos (una característica típica de la memorización pasiva)
y que la curva de aprendizaje llega a una meseta y se mantiene allí,
signo claro del carácter pasivo del aprendizaje (fig. 64). Este carácter
pasivo de toda la actividad (incluyendo la mnésica) de los pacientes
con una lesión de las zonas prefrontales se refleja también en el hecho
siguiente. Si, mientras aprende una serie presentada, se ordena al su-
jeto normal que apunte el resultado y, según dicho resultado, cambie
su "nivel de pretensión"(señalando cuantos elementos recordaría tras
la presentación siguiente de la misma serie), se produce un rápido au-
mento en el nivel de pretensión. En cambio, en un paciente con un
grave síndrome frontal, dicho nivel de pretensión no se eleva y. se
mantiene una y otra vez, como una repetición inerte. Este resultado
refleja claramente la ausencia de un sistema móvil de intenciones que
controle.la actividad mnésica en tales pacientes (Zeigarnik, 1961, 1968;
Luría, 1963,1966a, 1966b,1970a).
La incapacidad de realizar pasos activos encaminados a encontrar
ayudas a la memorización puede demostrarse en los pacientes de este
grupo por tests que comprendan la memorización ayudada (Leontiev,
1931). Mientras que un sujeto normal, cuando se le ordena que use
ayudas en la memorización, busca activamente, produce conexiones

297
•·

auxiliares y comienza a utilizarlas, de modo que su memorización se


convierte en un proceso ayudado y activo, el paciente con un marcado
síndrome frontal es incapaz de hacer esto y los -tests demuestran que
ni usa ayudas que se le sugieren ni mucho menos las produce activa-
mente (Zeigarnik, 1961, 1968; Bondareva, 1969),
La naturaleza distintiva de las alteraciones de los procesos rnné-
sicos en lesiones frontales masivas es revelada claramente por tests
especiales que estudian los procesos de memorización, cuando el sujeto
está expuesto a la influencia inhibidora de una actividad interfiriente.
Mientras que, como hemos visto, toda lesión cerebral (independien-
temente de su situación) conduce a una inhibición patológicamente
incrementada de las huellas por agentes interfirientes irrelevantes, en
pacientes con lesiones frontales masivas esta influencia inhibidora de \
los agentes interfirientes asume el carácter especial de inercia patoló-
gica de las huellas recientemente establecidas, que impide al paciente
reproducir a continuación otro grupo análogo de estímulos. En tales
casos, el paciente con un síndrome frontal masivo repetirá inertemen-
te el último grupo de huellas. Esta inercia patoló"gica le impide recor-
dar las huellas de la serie previamente impresa. Es interesante.señalar
que esta inercia patológica . aparece claramente durante la reproduc-
ción no sólo de series de elementos aislados, sino también de estruc-
turas organizadas completas. Por ejemplo, si después de repetir la
frase "los manzanos crecen en el jardín" se le pide que repita fa frase
"el cazador mató un lobo en el lindero del bosque", en respuesta a la
petición de recordar ambas frases repetirá inertemente "el cazador
mató un lobo en el lindero del bosque". En respuesta a ulteriores pre-
guntas, señalará que las dos frases "diferían en significado" o "dife-
rían en entonación", pero que ambas consistían en la misma frase
inertemente bloqueada "el cazador mató un lobo" (Luria, 1971, 1972;
Akbarova y Pham Ming Hac, investigaciones no publicadas).
·Si el foco patológico se sitúa en las zonas laterales del córtex pre-
frontal (predominantemente el izquierdo), las alteraciones de la acti-
vidad rnnésica del paciente serán del carácter que acabamos de des-
cribir; si, en cambió, el foco se extiende a las zonas medias de los
lóbulos frontales, se produce un síndrome de desórdenes mnésícos en
el que las alteraciones de la actividad rnnésica activa y la inercia pa-
tológica de las huellas existentes se combinarán con los fenómenos de
disminución del tono cortical y alteración de la memoria primaria que
he descrito anteriormente, de modo que el síndrome del paciente será
el de una alteración importante de la orientación en el espacio y una
pérdida de la selectividad de los procesos mnésicos (be descrito este

298
síndrome en otro lugar: Luria, Konovalov y Podgornaya, 1970; Luria,
1973), que progresa desde los más serios trastornos de la memoria a
alteraciones globales, igualmente serias, de la consciencia.
Las diferencias entre las alteraciones de memoria causadas por le-
siones en diferentes partes del cerebro son, pues, muy notables y apa-
rentes. Estas observaciones nos ayudan a dar un importarite paso ha-
cia la mejor comprensión de este complejo proceso psicológico.

,299
•·

XII. Lenguaje

Resumen histórico

Aunque los hechos relativos a la organización cerebral de la memo-


ria se han acumulado en su totalidad durante los últimos quince o
veinte años, nuestro conocimiento de la organización cerebral de los
procesos del lenguaje se basa en la experiencia acumulada durante
más de un siglo. Cuando Broca en 1861 expresó su teoría de que el len-
guaje motor está "localizado" en las zonas posteriores del tercio iz-
. quierdo del giro frontal, y cuando en 1873 Wermcke atribuyó al tercio
posterior del giro temporal superior izquierdo la función del lenguaje
sensorial, se habían dado los primeros pasos importantes hacia una
comprensión científica de la organización cerebral de la actividad del
lenguaje. Estos dos descubrimientos, de importancia decisiva en la
época en que se hicieron, iniciaron muchas investigaciones subsiguien.
tes en un intento de determinar qué zonas corticales participan en la
organización del lenguaje y qué formas de alteración de la actividad
del lenguaje aparecen en lesiones de las distintas partes del cerebro.
A pesar ·de la acumulación de gran cantidad de material clínico
y de la intensidad con que se condujo la investigación, como se des-
prende claramente del hecho de que en 1914Monakow fue capaz de
publicar una lista de 1.500 trabajos sobre la afasia, los intentos de
describir los mecanismos cerebrales de la actividad del lenguaje en-
contraron sustanciales dificultades. Quizá la mayor dificultad fue el
hecho de que los investigadores estaban obstaculizados por una falta
de datos morfológicos insuficientemente maduros del lenguaje, por
lo que intentaron explicar sus hallazgos clínicos desde el punto de vis-
ta de las teorías psicológicas muy imperfectas que se aceptaban en
cada período correspondiente.
'Los efectos de esta. limitación se vieron· desde las primeras etapas
de la creación de la teoríade la organización cerebral y de las altera-
ciones del lenguaje, cuando los hechos clínicos descubiertos fueron

300
descritos en términos del asociacionismo que dominaba la segunda
mitad del siglo XIX. Fue este sistema de ideas el que hizo necesario
buscar un substrato cerebral para el "lenguaje sensorial" y el "len-
guaje motor" y para varios tipos de conexiones entre ellos. :tsta es la
razón PQ.t;,lfl. cual en la primera etapa se produjeron esquemas bien
conocid~s y un tanto ingenuos (tales como el esquema de Lichtheim).
Según este esquema, los procesos del lenguaje se localizan en uri sis-
tema de conexiones que transcurren desde el "centro del lenguaje
sensorial" al "centro de conceptos" y de aquí al "centro de lenguaje
motor", y las alteraciones del lenguaje pueden tener el carácter de
"afasia sensorial subcor tical", "afasia sensorial cortical", "afasia de la
conducción" y "afasia motora o sensorial transcortical".
Estos intentos de comparar directamente los esquemas asociacío-
nistas hipotéticos de fa estructura del lenguaje con esquemas anató-
micos igualmente hipotéticos tuvieron éxito sólo sobre el papel. No
condujeron a la descripción de Ios cuadros clínicos reales o de los
trastornos del lenguaje, dirigieron la búsqueda de Ja base cerebral del
lenguaje sobre líneas erróneas, y no intentaron analizar la patología
del lenguaje en base del análisis de los mecanismos fisiológicos de Ia s
alteraciones· del lenguaje. Naturalmente, por lo tanto, al principio del
presente siglo, los esquemas asociacionistas clásicos de la organiza-
ción cerebral del lenguaje y de las alteraciones del lenguaje habían
llegado a una aguda crisis que condujo a la introducción de nuevos
enfoques, partiendo de puntos de vista completamente diferentes, pero
desafortunadamente no tuvieron más éxito que sus predeceso.res.
Esta vez, los clínicos, .desesperando del enfoque asocíacionista clá-
sico, buscaron la ayuda de otro concepto psicológico que estaba de
moda en aquella época: el concepto idealista. Según este concepto
"noético", los procesos verbales son una manifestación de la acti-
vidad mental: "una función categórica o abstracta" (Kassírer) o "un
acto mental abstracto" (Külpe), Estos procesos, mientras conservan su
carácter mental, no tienen ninguna relación directa con parte alguna
en concreto del cerebro, sino qµe están incorporadas al trabajo del
cerebro como un todo más que formados por sus sistemas indivi-
duales.
Naturalmente, por tanto, los neurólogos que intentaban explicar la
patología del lenguaje desde estos puntos de vista consideraron la afa-
sia puramente como una alteración de los "esquemas intelectuales"
(van Woerkom, 1925),o. de sistemas abstractos (Goldstein, 1925,1948).
Abandonando todo intento de localizar estas alteraciones en zonas par-
ticulares del cerebro, se limitaron a la muy convencional correlación

301
•·

de estas alteraciones con "el cerebro como un todo", correlacionando


como máximo la alteración de estas formas mentales superiores de la
actividad del lenguaje con la masa de la sustancia cerebral dañada.
· Estas teorías, legado de la filosofía idealista del siglo xx, no afec-
taron a la práctica clínica y fueron rápidamente sustituidas por otras.
Las nuevas teorías se basaron en intentos de comparar formas de de-
sórdenes del lenguaje que aparecen en lesiones cerebrales locales con
datos· lingüísticos más que psicológicos. Quizás el más lúcido de estos
intentos fue el efectuado por el famoso neurólogo inglés Henry Head
· (1926 jpara establecer una teoría de la afasia basada en el análisis lin-
güístico de las alteraciones del lenguaje que aparecen en lesiones lo-
cales del cerebro y la comparación de estas formas lingüísticas de
afasia con la localización de la lesión cerebral.
Así aparecieron los conceptos de afasia nominativa, sintáctica y
semántica, que se correlacionaron con cierta aproximación, con lesio-
nes de zonas particulares del córtex. El 'mérito de esta teoría fue que
Head por primera vez señaló la necesidad de un análisis lingüístico de
las estructuras del lenguaje que son dañadas .en las diversas lesiones
..locales del cerebro. Sin embargo, su error fue intentar correlacionar
directamente estructuras lingüísticas particulares con áreas partic~la-.
res del cerebro, repitiendo así el intento, carente ahora de significado,
de correlacionar directamente esquemas psicológicos simplificados con
zonas cerebrales estrictamente localizadas, que ya se había demostra-
do que era inútil, incluso una generación antes que Head. Por esto los
intentos de Head, ·a pesar de la gran autoridad clínica de su descubrí-
. dor y de las brillantes descripciones clínicas de los casos, contribuye~
ron sólo un poco a la teoría de la afasia y no· tuvieron virtualmente in- .
fluencia algunasobre los estudios subsiguientes de las formas del me-
canismo de alteración de los procesos del lenguaje en lesiones locales
del cerebro.

Estructura psicológica del lenguaje


Hemos visto que los intentos de comparar esquemas psicológicos
simplificados y estructuras lingüísticas complejas directamente con
· zonas particulares del córtex cerebral no· fueron productivos. Ahora
está' perfectamente claro que debe hallarse -una salida a esta encrucí-
jada y que las condiciones esenciales para este descubrimiento son,
en- primer lugar, una teoría suficientemente precisa de la estructura
psicológica de los procesos del lenguaje y sus componentes Individua-

. 302
les y, en segundo lugar, una investigación correctamente dirigida para
hallar las condiciones fisiológicas esenciales para la organización nor-
mal de estos componentes de la estructura del lenguaje complejo. Exa-
minemos en detalle cada una de estas condiciones antes de examinar
la posibl~7,~rganización cerebral de la actividad del lenguaje.
Antes de nada, las teorías sobre la estructura de la palabra -esta
parte esencial del lenguaje=-, han sido revisadas sustancialmente.
Ahora no suponemos que una palabra es una imagen de cierto objeto,
propiedad o acción; ni creemos que una palabra es meramente una
asociación de una imagen y un complejo acústico condicional. Este
nuevo conocimiento nos proporciona un nuevo enfoque. Ahora conce-
birnos una palabra como una matriz multidimensional compleja de di-
ferentes datos y conexiones (acústicos, morfológicos, léxicos o semán-
ticos) y sabemos que en los diferentes estados una de estas conexio-
nes es la predominante. Incluso hemos encontrado un método obje-
tivo de evaluar la clase de conexión predominante en diferentes esta-
dos, y somos capaces de calificar e incluso de medir estas conexiones
sobre "campos semánticos" (Luria y Vinogradova, 1959, 1971). Esto
ha abierto nuevos caminos para estudiar la estructura psicológica y
las formas neuropsicológicas de la orgamzacíón de este componente
de nuestro lenguaje.
Ahora podemos ir todavía más lejos. La psicología moderna con-
sidera el habla como un medio de comunicación especial que utiliza
el código del lenguaje para transmitir información. Considera al habla
como una forma compleja y específicamente organizada de actividad
consciente que incluye la participación del sujeto que formula la ex-
presión hablada y la del sujeto que la. recibe. Paralelamente, se dis-
tinguen dos formas y dos mecanismos de actividad hablada.
Primero, existe el habla expresiva, que comienza con el motivo o
idea general de la expresión, que es codificado en un esquema hablado
y puesto en acción con la ayuda del lenguaje interno; finalmente, es-
tos esquemas se convierten en habla narrativa, basada en una gramá-
tica generativa. Segundo, existe el habla impresiva que sigue el curso
opuesto desde la percepción de un flujo de palabras recibidas desde
otra fuente y' seguido por intentos de decodificarlo; esto se hace por
el análisis de la expresión hablada percibida, la identificación de sus
elementos significantes y su reducción a un cierto esquema del len-
guaje; ello se convierte mediante el mismo lenguaje interno en la idea
general del esquema que conlleva la expresión, y finalmente se deco-
difica el motivo yacente tras ella.
Esta actividad del lenguaje (tanto expresivo como inexpresivo) es

303

·--·--·-·~-· -; .
una estructura psicológica muy compleja que incorpora varios com-
ponentes distintos. Las características generales de la actividad del
habla, como una forma especial de comunica,ción social, representan
sólo un aspecto de este proceso. Sin embargo, existen otros aspectos
del habla; el habla como una herramienta para la actividad intelectual
y, finalmente, corno un método de regular u organizar los procesos
mentales humanos.
El habla, basada en la palabra, la unidad básica del lenguaje, y en
la frase (o sintagma, o sea combinación de palabras) como la unidad
básica. de Ja expresión narrativa, utiliza automáticamente estas posi-
bilidades históricamente formadas, en primer lugar, como un método
de análisis y generalización de la información que se recibe y, en se-
gundo lugar, como un método de formular decisiones y extraer con-
clusiones. Por esto el habla, un medio de comunicación, se ha conver-
tido al mismo tiempo en un mecanismo de actividad intelectual -un
método para usar en operaciones de· . abstracción y generalización y
una base del pensamiento categórico.
Distinguiendo ciertas características, fijando.Ias intenciones y for-:-
mulando los programas de actividad, el habla· se convierte al mismo
tiempo en un método de regular la conducta y establecer el curso de
los procesos mentales, como ya he descrito .. Sólo teniendo en cuenta
todos estos· aspectos se puede hacer un enfoque adecuado del análisis
de la actividad del lenguaje humano, como ha sido estudiado por Jos
psicólogos en las últimas. décadas (Vygotsky, 1934, 1956, 1960; Luria,
1947, 1956, 1958b~ 1961, 1966a, 1970a).
Los hechos que arabo de· describir constituyen las principales ca-
racterísticas de la actividad del lenguaje y sus principales funciones.
Sin embargo, el habla humana, utilizando el lenguaje corno su princi-
pal instrumento, también ·tiene su aspecto ejecutivo u operativo y un
cuidadoso análisis de los componentes de este aspecto operativo de la
organización de los procesos del habla será tan importan te para nues-
tro propósito como el análisis de la estructura de la actividad del ha-
bla en su totalidad.
El primer componente de esta organización operativa o ejecutiva
del habla es el mecanismo -de su aspecto fásico o acústico. Este meca-
nismo incluye el análisis acústico del flujo del habla, convirtiendo un
flujocontinuo de sonidos en unidades discretas o fonemas, cada uno
de los cuales se basa en el aislamiento de sonidos útiles que juegan
un papel decisivo en la discriminación del significado y que difieren en
cada lengua. Ya he examinado las caracterfsticas psicológicas de estos
fonemas (parte II, cap. 4) y no las repetiré aquí. Incluyen el descubri-

304
miento de las claves articuladoras necesarias que permiten que el fo-
nema requerido sea pronunciado, y convirtiéndolo en la unidad del
lenguaje expresivo -el articulema-. Esta estructura también ha sido
examinada (parte II, cap. 6) en el contexto de mi investigación.
El aspecto fásico (acústico) del lenguaje es sólo el primer compo-
nente en ia organización de la función ejecutiva de los procesos del
lenguaje. La siguiente componente es la organización léxico - semán-
tica del acto del lenguaje, que utiliza el dominio del código léxico - mor-
fológico del lenguaje para permitir que las imágenes o conceptos sean
convertidas en sus equivalentes verbales y que se compone propia-
mente de la simbolización radical (o categorización objetiva) del ha-
bla y la función de su generalización o significación o, en otras pala-
bras, la función de incorporar lo que tenga que ser designado en un
sistema concreto de conexiones basado en criterios morfológicos o se-
mánticos. La formación de esta red de grupos morfológicos (legitimi-
dad, privacidad, etc.),* o de grupos semánticos (hospital, escuela, es-
tación de policía, según el principio de "instituciones públicas", o
patrón, inspector, jefe, según el principio de la persona que dirige al
personal de una institución) ilustra sólo ejemplos especiales de las ca-
tegorías semánticas altamente complejas .en --Ias':que es incluida cada
palabra que constituye la unidad generalizada del lenguaje.
Las palabras son sólo la unidad básica del aspecto ejecutivo ( ope-
rativo) del proceso del lenguaje. El siguiente componente en su orga-
nización es la frase o expresión, que puede variar en complejidad y
que puede ser convertida en habla conexa o lenguaje narrativo. Esta
expresión no es tanto un proceso de generalización categórica, que
es una cualidad de las palabras individuales, como un proceso de tran-
sición del pensamiento al habla, o una codificación de un plano origi-
nal en un sistema de frases, basado en códigos sintácticos objetivos
del lenguaje y que incorpora el habla interna que, con su estructura
condensada y predicativa, es el nexo esencial de toda expresión na-
rrativa (Vygotsky, 1934, 1956).
Sólo he señalado los principales componentes de la estructura del
complejo proceso del habla. Su análisis ha sido recientemente el su-
jeto de numerosas investigaciones psicológicas y psicolingilisticas; las
he resumido en otro lugar (Luria, 1966-70)y, , por tanto, no las
con- sideraré aquí en detalle. No obstante, un breve análisis de la
activi-
dad del lenguaje y la identificación de las principales componentes del

* Traducción aproximada de la idea expresada en el ejemplo que aparece en la


versión inglesa: "constancy, leg:itimacy,piracy or hesintacy; strangeness, happiners or
eagerness, etc." -

305

20- c. A_
habla son absolutamente esenciales para el propósito de este libro.
La razón es que en pacientes con lesiones de diferentes partes del ce-
rebro esta compleja estructura de la actividad-del lenguaje puede su-
frir daño en varios de sus componentes, resultando varias formas de
defectos del habla. Un cuidadoso análisis de las diferentes formas
de las alteraciones del habla, con un estudio de sus causas fisiológicas
directas y sus conexiones con la localización del foco patológico, pue-
de proporcionar así lo que es· un medio difícil, aunque el único de
confianza, para resolver el· problema de la organización cerebral de la
actividad del lenguaje.
Podemos volver ahora los hechos a nuestra disposición al tratar de
solucionar este complejo problema. Ya he analizado este material en
detalle en otro lugar (Luria, 1947, 1948, 1963, 1966a, 1966b, 1972), y
por tanto sólo lo resumiré aquí.

Lenguaje impresivo (receptivo)


Comenzaré mi análisis d~.J~ organización cerebral defIerrguaje con
los mecanismos más elementales del· lenguaje impresivo. La primera
condición para la descodificación del habla que percibimos es el aisla-
miento de sonidos -precisos hablados o fonemas del· flujo de habla que
alcanza al sujeto. Señalé anteriormente (parte 11, cap. 4) que las zonas
secundarias del córtex temporal (auditivo) del hemisferio· izquierdo
ejercen un papel fundamental en este proceso. Con su poderoso siste-
ma de conexiones con las zonas postcentrales (kinestésica) e inferiores
del córtexpremotor (fig. 35); las zonas· posterosuperiores-de la región
temporal izquierda están particularmente adaptadas para el aislamien-
to e identificación de las características fonémicas fundamentales, o,
en otras palabras, para el análisis acústico altamente especializado.
Esta función fisiológica (yno la "imagen sensorial de las palabras" pos-
tulada por Wernicke) es la contribución directa de esta región cortical
a la estructura de los procesos del lenguaje.
Una lesión de estas zonas naturalmente interfiere en la identifica-
ción de estas características fonémicas, altera la audición verbal alta-
mente especializada y conduce al desarrollo del cuadro familiar de la
afasia temporal o "acústico - gnóstica".
La alteración de la audición fonémica como resultado directo de
una lesión de las zonas temporales superiores del hemisferio izquierdo
(área de Wemicke) es un caso típico de la· desaparición de una con-
dición esencial para el aspecto operativo del lenguaje impresivo. Deja

306
•·

intacta la atención del paciente para analizar el significado de las pa-


labras percibidas, no destruye los intentos activos de descodificar el
lenguaje audible, pero hace improductivos estos intentos como resul-
tado de la alteración de la condición esencial para la realización de
esta tarea. Mientras que deja intacta la actividad intelectual funda-
mental del paciente (como se ve claramente a partir del hecho de que
su aritmética escrita y su actividad visual constructiva permanecen
normales), impide completamente aquellas formas de actividad inte-
lectual que dependen de la formulación hablada y de la integridad
de las operaciones intermedias del lenguaje. Ésa es la razón por la
cual, como veremos de nuevo, la comprensión por parte del paciente
del significado general de lo que se dice puede permanecer intacto en
tales casos, como resultado de sus suposiciones sobre el contexto y su
estudio de la entonación general del lenguaje audible, mientras que la
comprensión precisa y concreta del significado de las palabras es casi
totalmente imposible.
Ya he mencionado las consecuencias secundarias (sistémicas) de tal
alteración y no me extenderé sobre ellas en particular otra vez. Sin
embargo, una alteración de la audición fonémica es sólo una forma, la
más elemental, de· alteración del componente inicial relacionado con
la descodificación del habla. La segunda forma es el distintivo desor-
den .de la comprensión del lenguaje que puede ser comparado con la
"ceguera mental asociativa" de Lissauer, en el que la. composición fo-
némica del lenguaje se mantiene intacta, pero el reconocimiento de su
significado está muy alterado. La naturaleza de esta forma asociativa
de afasia sensorial, así como los mecanismos fisiológicos que -yacen en
su base, todavía siguen siendo desconocidos y sólo podemos · postu-
lar, como yo he hecho, que la posible base. de esta alteración- (para la
cual el foco patológico normalmente yace en las zonas posteriores de
· · · la región temporal o témporo - occipital del hemisferio izquierdo) es
la alteración del trabajo concertado de los analizadores de audición del
lenguaje y visuales, como resultado de la cual la palabra articulada no
evoca su correspondiente imagen. Sin embargo, tenemos insuficiente·
. evidencia digna de crédito para mantener esta hipótesis, y hasta que
no podamos obtener nuevos datos no podemos ni aceptarla ni recha-
zarla. Trataré de analizar este problema en futuras comunicaciones
(Luria, 1972),y otros estudios sobre neurolingüística.
El siguiente estadio en el lenguaje impresivo es la comprensión del
significado de una frase completa o una completa expresión verbal co-
nexa. La organización cerebral de este proceso es evidentemente mu-
cho más compleja que la de la simple y directa descodificación del

307
significado de las palabras. Al escribir parece que existen tres me-
canismos principales que· intervienen en este proceso que descansan
en la participación de las diferentes zonas cerebrales y asumen formas
diferentes.
La primera condición esencial para la descodi~cación del lenguaje
narrativo es la retención de todos los elementos de fa expresión en la
memoria verbal. Si esta condición no se satisface, esimposible que el
paciente comprenda una frase larga o una expresión de lenguaje na-
rrativo· que requiera la comparación de sus . elementos. El paciente
puede retener el comienzo de la expresión, pero a causa - del· incremen-
to del efecto inhibidor mutuo de los elementos, pierde el final (o tam-
bién puede pasar al contrario), y, por tanto, es incapaz de comprender
el significado de la frase completa aunque comprenda el significado
de cada palabra perfectamente. Hemos visto (parte II, · cap. 4) . que
las lesiones de las zonas medias de la región temporal izquierda o le-
siones profundas del lóbulo temporal izquierdo, que causan la dis-
función del córtex temporal y el fenómeno de la afasia acusticomné-
sica, conducen al mismo resultado y que la' participación de sistemas
de la región temporal izquierda 'en alteraciones del entendimiento del
lenguaje narrativo de.este tipo está clara. Los mecanismos de estetipo
de defectos se tratarán con mayor detalle en otro lugar (Luria, 1973).
La segunda condición esencial para la comprensión del lenguaje
narrativo es la síntesis simultánea de sus elementos, y la capacidad. no
. sólo de retener todos los elementos de la estructura· del lenguaje na-
rrativo, sino también de ser capaz devexaminarla" simultáneamente e
integrarla en un esquema lógico simultáneamente percibido. Esta con-
dición no es igualmente esencial-para la comprensión de expresiones
que difieren en su estructura. No es esencial en modo alguno para la
comprensión de .muchas formas 'del lenguaje narrativo simple, 'que
pertenecen a la categoría de lo que Svedelius (1897) llamó "la comuni-
cación de sucesos", que no· incluyen relaciones gramaticales comple-
jas. Contrariamente, este examen: simultáneo y esta integración de es-
quemas lógicos simultáneos son absolutamente esenciales para la
comprensión de las construcciones verbales que incorporan relacio-
nes lógico - gramaticales complejas, expresadas con la ayuda de pre-
posiciones, terminaciones de caso (desinencias) y orden de las pala-
bras, que Svedelius llamó "comunicaciones de relaciones".
· Hemos visto que en este tipo de proceso de descodificación las zo-
nas parieto - occipitales (o témpora - paríeto «occipitales) del hemis-
ferio izquierdo ejercen un papel muy importante y que una lesión
patológica de dichas zonas conduce a la interrupción .de los esquemas

308
espaciales simultáneos, que en el nivel simbólico (Ienguaje) dan lugar a
fenómenos tales como la alteración del entendimiento de las rela-
ciones lógico- gramaticales (afasia semántica) y a serias alteraciones
de la actividad constructiva y de las operaciones aritméticas que no
pueden realizarse sin estas síntesis simultáneas (cuasi - espaciales).
Es importante señalar, en este punto, que el estudio de las altera-
ciones de la comprensión del lenguaje en pacientes con lesiones del
córtex parieto - occipital izquierdo proporciona un nuevo y fiable me-
dio de distinguir entre dos tipos de construcción lingüística. Algunos
de ellos pueden ser comprendidos sin la síntesis simultánea descrita
anteriormente, y, por tanto, pueden corresponder a pacientes con le-
siones de estas zonas (como hemos visto, se incluyen aquí las formas
simples de comunicación de acontecimientos), mientras que otros de-
penden absolutamente. de· estos esquemas simultáneos (cuasi - espa-
ciales) para su comprensión, y no pueden ser descodificados por pa-
cientes con la lesión descrita. El método neuropsicológico de análisis
será indudablemente de considerable utilidad para los lingüistas cuan-
do estudien los detalles que distinguen estas dos fo~as de construc-
ción gramatical y sus "estructuras profundas".
La ·tercera y más importante condición para la comprensión. del
lenguaje narrativo y la descodificación de su significado es el análisis
activo de sus elementos más significativos. Este análisis activo apenas
se requiere para la descodificación de frases simples y las formas más
elementales del lenguaje narrativo. Sin embargo, es una condición ab-
solutamente indispensable para descodificar el significado . de frases
complejas o, más especialmente, para la comprensión del significado
general y, en particular, el doble sentido de una secuencia narrativa.
Bastará con recordar los complejos movimientos de búsqueda de los
ojos y la repetición de la lectura de segmentos del texto, efectuados
por una persona que lee un texto difícil y que intenta extraer sus as-
pectos esenciales y captar el significado general, para darse cuenta de
la importancia de .este comportamiento activo en la descodificación
de la información compleja. Sabemos ahora, sin embargo, que la con-
ducta de búsqueda activa, que. requiere la integridad de una intención
estable, la formación de un .programa o las acciones apropiadas, y el
examen de su curso, es realizada con la íntima participación de otras
zonas cerebrales, y que la inclusión de las zonas apropiadas de las
zonas frontales dentro del sistema es una condición esencial para la
ejecución de esta actividad de búsqueda activa. Es por esta razón que
en los pacientes con lesiones de los lóbulos frontales (parte II, cap. 7),
esta actividad orientada a un fin, programada y selectiva, se hace im-

309
•·

posible y las formas requeridas de conducta organizada activa son


reemplazadas por respuestas fragmentarias impulsivas o por estereo-
tipos inertes.
Se comprenderá, por tanto, fácilmente, que la participación de los
lóbulos frontales en la descodificación de expresiones complejas, que
requieren un trabajo activo para la misma, es absolutamente necesa-
ria y que una lesión de los lóbulos frontales, si bien río impide la corn-
. prensión de palabras y frases simples, impedirá completamente la
comprens~ón de formas complejas de lenguaje narrativo y, en parti-
cular, fa comprensión del significado oculto de una expresión com-
pleja. He visto frecuentemente como el proceso planeado de descodifí-
cación de construcciones complejas del.iIenguaje es reemplazado en
pacientes con un marcado síndrome frontal por una serie de supo-
siciones, no basadas en el análisis del texto, o por estereotipos semán-
ticos inertes que el paciente ha transferido de la información recibida
previamente.
No me extenderé. con más detalle sobre ·e.stos fenómenos; porque
necesitaremos prestarles especial atención más'itarde cuando examine-
mos la organización cerebral de las formas. corriplejas·,9'~:.~ctividad in-
telectual y también porque estos·temas serán examinados en una serie
de publicaciones especiales que tratan de los problemas básicos de
la neurolingüística.

Lenguaje expresivo
Como hemos visto, el. lenguaje· expresivo consiste en la codifica-
ción del pensamiento en una expresión extendida, e incluye una serie
de componentes operativos. Sin embargo, para explicar su organiza-
.· ción cerebral procederemos a Ia inversa y comenzaremos. por exami-
nar sus formas más· elementales· para elucidar sus mecanismos cere-
brales. El tipo más elemental de lenguaje -expresívo es el· lenguaje
repetitivo,
La simple repetición de un Sonido, sílaba o palabra requiere natu-
ralmente su percepción auditiva· exacta; por lo· tanto, está claro que
los sistemas del córtex temporal (auditivo) que hemos examinado de-
- ben participar en· el acto de repetición de los elementos del lengua je.
Las lesiones de las zonas· secundarias del córtex auditivo izquierdo que
·conducen a la alteración de la audición f onémica izquierda, deben,
por tanto, ir acompañadas por defectos de repetición (sustitución de
fonemas similares, reproducción incorrecta);' que ya ·he mencionado.

310
La presencia de la audición fonémica precisa, no obstante, es sólo
una condición para el lenguaje repetitivo intacto. La segunda condi-.
ción es la participación de un sistema suficientemente preciso de ar-
ticulaciones, y como ya he señalado (parte II, cap. ó ), esto depende
de la participación de las zonas inferiores del córtex postcentral (ki-
nestésico) del hemisferio· izquierdo. Por esta razón, como ya. hemos
visto, una lesión de estas zonas del cerebro conduce a la desintegra-
ción de los articulemas precisos, la sustitución de un articulema por
otro similar "oposicional", y a la aparición de parafasias literales,
tales como la repetición de la palabra- "khalat", por "khadat", "stol"
por "ston" o "snot", etc. En pacientes con lesiones más extensas de
las zonas postcentrales inferiores del hemisferio izquierdo, esto de-
fectos pueden ser mucho más graves y dar lugar a una marcada forma
de afasia motora aferente, basada en la desintegración de articulemas.
La identificación de esta forma de afasia y su difenciación de la afasia
motora eferente o "afasia de Broca" (Luria, 1947, 1970b;Vinarskaya,
1971),son avances modernos importantes en la ciencia de los trastor-
nos del lenguaje.
La tercera condición esencial para el lenguaje repetido es Ja ca-
pacidad para conectar un art.iculema con otro o una palabra con otra.
Ya hemos visto que las estructuras del córtex premotor delihemisfe-
rio izquierdo y, en particular sus zonas inferiores, juegan un papel
esencial en asegurar la necesaria plasticidad de los procesos motores
para este propósito (parte II, cap. 6). Por esta razón las lesiones de
estas zonas del cerebro conducen al desarrollo de la inercia patológí-
ca en la esfera de los movimientos del lenguaje y a la aparición de per-
severaciones articuladoras que impiden la conexión .de un articulema
con otro y que constituyen la base patofisiológica de la afasia-motora
eferente o afasia de Broca.
Nos queda por considerar la última condición necesaria para el
lenguaje repetitivo normal. Goldstein (1948) estuvo particularmente
interesado en esta última condición, pero ello aún requiere una inter-
pretación psicofisiológica.
La repetición de cualquier estructura acústica (y en particular de
silabas carentes de significado o sus combinaciones) entra en conflicto
inevitablemente con la reproducción de palabras fonéticamente simi-
lares, pero con significado y firmemente establecidas. Para realizar tal
tarea correctamente son necesarias ciertas condiciones, un cierto grado
de abstracción de estos estereotipos bien establecidos, la subordina-
ción de la. articulación a un programa asignado y la irihibiciórr de al-
ternativas irrelevantes. Ya hemos visto que. esta programación de la

311
acción e inhibición selectivas de todas las conexiones· irrelevantes re-
quiere la estrecha participación de los lóbulos frontales y, por tanto,
está perfectamente claro que una lesión de; -estas zonas del cerebro·
puede privar al programa de su necesaria estabilidad, de modo que
la repetición de una estructura lingüística dada (particularmente si
no tiene sentido o si es compleja) será reemplazada por la repetición
de una palabra similar, firmemente establecida en la experiencia pre-
via del paciente .. Todo lo que se requiere para verificar este hecho es
instruir a tal paciente para que .repita una frase lógica o estructural-
mente incorrecta, e inmediatamente la repetirá en la forma más habi-
tual, correcta. Puede verse fácilmente la complejidad del grupo de
condiciones incorporadas en un acto tan aparentemente simple como
la repetición, y la complejidad del sistema de zonas . del córtex cere-
bral (cada una ·de las cuales proporciona una de las condiciones para
este acto) que están implicadas.' No nos extenderemos aquí en un aná-
lisis psicológico de los defectos de la repetición de palabras conocidas
en la neurología clínica como el fenómeno de ·"afasia de conducción".
Un análisis especialde este fenómeno se efectuará en el estudio "Hacia
la revisión de la afasia de conducción" (en prensa).
· El siguiente tipo, de.Ienguaje expresivo, la denominación de obje-
tos, es mucho más complejo. En. este caso, no existe modelo acústico
de la palabra requerida y el sujeto debe encontrado por sí mismo,
partiendo de la imagen visual· del objeto percibido (o imaginado) y
después codificando· Ja imagen mediante una palabra apropiada del
lenguaje verbal. La realización de esta tarea depende naturalmente de
una serie· de condiciones nuevas y, consecuentemente, de la participa-
ción de otras zonas corticales.
La primera condición para Ja denominación adecuada de objetos o
de sus imágenes es un nivel suficientemente claro de percepción vi-
sual. Tan pronto· como la percepción visual pierde precisión (como en
casos de alteración de la síntesis visual ·o agnosia óptica), o incluso
adquiere ciertas formas ·de debilitación· (expresadas por la dificultad
en reconocer dibujos estilizados o en identificar dibujos "disfrazados"),
o tan pronto como aparece un debilitamiento de las ideas visuales, la
denominación de objetos queda seriamente dañada, habiendo perdido
su base óptica concreta.· Este fenómeno se describe en la neurología
clásica como "afasia óptica", y por regla general aparece ·en· lesiones
de las zonas témporo- occipitales delhemisferio izquierdo. Puede tam-
bién formar la base patofisiológica de algunos .tipos de afasia amnés-
ca que aparece en lesiones de las zonas parieto- occipitales, y como tal
fue el objeto de un análisis especial hecho recientemente por Tsvet-

312
kova (1972). Ella demostró que el orrgen de la alteración de la fun-
ción nominativa del lenguaje puede ser una alteración de la forma-
ción de las imágenes visuales de objetos. ·
Los pacientes con este tipo ·de afasia amnésica, por ejemplo, no
podían formar ideas visuales suficientemente claras de los objetos que
se les pedía que nombraran. No podían distinguir las características
esenciales de estos objetos .rnentalmente y, por tanto, no podían ha-
cerlas inteligibles ni completar un dibujo que ya había sido empezado.
Solo podían hacer dibujos generales, vagos, del objeto (pero no tenían
dificultad en copiar un dibujo que se les mostraba). Esto demostró
que las dificultades en la denominación experimentadas por estos pa-
. cientes se basaban con toda probabilidad en el carácter confuso, la
falta de definición precisa de sus imágenes e ideas visuales y en su
incapacidad de extraer con suficiente detalle aquellas características
de un objeto esenciales para su identificación y denominación (fig. 42).
La segunda condición esencial y evidente para la normal· denomi-
nación de objetos, es la integridad de la precisa estructura acústica
del lenguaje, relacionadas con la ya familiar función de los sistemas
de audición del lenguaje de la región temporal izquierda. Una lesión de
estas zonas del cerebro, que conduce:::·Ciftectamente a una alteración
de la precisa organización fonémica de las estructuras del lenguaje, da
lugar, por tanto, a las mismas dificultades en la denominación como
las que acabo de describir en la dificultad de repetieión. Una caracte-
rística de este tipo de alteración en la· denominación es una superflui-
dad o parafasia literal, que aparece siempre que al paciente se le pide
que nombre un objeto que se le muestra. Otra característica· es el he-
cho de que el impulso con los sonidos (o sílabas) iniciales de la pala-
bra requerida no ayuda al paciente en estos casos, pues ehorigen de
su defecto está en la imprecisión de la composición acústica de las
palabras.
La tercera y con mucho la más compleja condición para -la correcta
denominación de objetos, es el descubrir el significado propio, selec-
tivo, e inhibir todas las alternativas irrelevantes que aparecen en el
curso de tales intentos. Ya hemos visto que la denominación de un ob-
jeto es introducida en una red o matriz de posibles conexiones. que
incluyen la descripción verbal de todas las distintas cualidades del ob-
jeto, junto con los incontables nombres que describen cualidades se-
mejantes (pertenecientes a la misma categoría semántica) o similares
en su estructura acústica o morfológica. Esta inhibición de todas las
alternativas irrelevantes y el aislamiento del significado requerido,
dominante, son fáciles para el córtex en estado noinal. Sin embargo,

313
•·

está seriamente dañada en los estados patológicos (inhibidores) de las


zonas corticales terciarias (parieto - occipitales) del hemisferio iz-
quierdo, cuando no se responde a la normal ::'ley;de la fuerza" y cuan-
do la transición a una "fase de ecuación" permite cualquier conexión
irrelevante sin un freno adecuado. Posiblemente estos mecanismos
patofisiológicos que afectan el trabajo de las zonas terciarias del he-
misferio izquierdo pueden estar en la base del fenómeno conocido por
el clínico como afasia amnésica en el sentido más estricto del término,
que va acompañada por una ola de parafasias verbales incontrolables
(la· sustitución de palabras necesarias por otra de estructura o signi-
ficado simílares). ·Una característica esencial: que distingue este tipo
de alteración del lenguaje expresivo es que un pequeño impulso con
el primer sonido o sílabra de la palabra deseada ayuda al paciente a
encontrarla en seguida. Este rasgo distingue la verdadera afasia am-
nésica de la afasia acústico - amnésica, que se basa en la difusidad de
la estructura acústica de las palabras (Luria, 1972).
Nos queda, pues, la cuarta condición esencial para la normal de-
nominación de objetos y que ya nos es familiar: la movilidad de los
procesos nerviosos. Su función esencial es, asegurar que tina vez que
el nombre ha sido encontrado, no se congele.tnc se convierta en un es-
tereotipo inerte, de modo que cuando el sujeto. ha· nombrado un ob-
Jeto sea incapaz de pasar fácilmente a otro nombre. Sin embargo, esta
condición está afectada en las lesiones de las zonas inferiores del área
premotora izquierda (área de Broca) y, también, más especialmente,
en lesiones de la región frontotemporal izquierda, en las que el ya fa-
miliar fenómeno de inercia patológica se complementa por los fenó-
menos del lóbulo temporal de "alienación del significado de la pala-
bra" y en. el que la actitud crítica del paciente hacia el desarrollo de
la inercia patológica ·Y su capacidad para corregir sus errores, están
alteradas. En tales casos, aunque el paciente da el nombre correcto al
dibujo, por ejemplo, de una manzana, es igualmente probable que a la
próxima lámina la denomine "dos cerezas" que "dos manzanas". Ha-
biendo nombrado correctamente. un par de dibujos como "un lápiz Y
una llave", cuando se le presentan otro par. de dibujos que represen-
tan "una copa y una ventana" puede llamarlos "una copa y una llave"
o incluso "un lápiz y ... un lápiz", sin ser consciente 'de su error. Por
tanto, la segunda forma -relativamente simple en apariencia-e- del
lenguaje expresivo, vr. gr. la-denominación de objetos, es muy com-
pleja en su estructura y requiere el trabajo combinado de un grupo
de zonas del -córtex izquierdo para su realización,
Hasta ahora hemos afrontado el análisis de· la· estructura psicoló-

·314
gica de formas relativamente simples, efectoras (operativas) del len-
guaje expresivo. Ahora es el momento de volver al problema de la
organización cerebral de la actividad del lengua je expresivo en su
totalidad.
No me extenderé en detalle sobre las alteraciones del lenguaje ex-
presivo narrativo asociadas con dificultades en la pronunciación o el
hallazgo dé-palabras individuales, sino que volveré directamente a los
trastornos prfrriarios de la actividad del lenguaje narrativo espon-
táneo.
Como he señalado anteriormente, el lenguaje o la expresión expre-
sivos narrativos comienza con una intención o plan, que subsiguiente-
mente debe ser recodificado en una forma verbal y .moldeado en una
expresión verbal. Está claro (parte II, cap. 7) que estos dos procesos
implican la participación de los lóbulos frontales, un aparato esencial
para la creación de intenciones activas y formación de planes. Si este
motivo de la expresión está ausente y no se forma activamente ningún
plan, no puede haber, naturalmente, lenguaje espontáneo activo, aun-
que el lenguaje repetitivo y la denominación de objetos permanezcan
intactos.
Estos aspectos son los que caracterizan a- los pacientes: con un ma-
nifiesto síndrome frontal, en quienes la falta general de espontaneidad
y de dinamismo se acompañan de una marcada "falta de espontanei-
dad en el lenguaje"; esto se manifiesta como una ausencia de las ex-
presiones espontáneas del sujeto y, también, por el hecho de que el
diálogo de estos pacientes consiste meramente en respuestas pasivas y
monótonas (algunas veces ecolálicas) a las preguntas. Mientras sus
respuestas a preguntas que permiten una respuesta ecoÜiica simple
("¿Estaba usted bebiendo té?" - "Sí, estaba bebiendo té") ocasionan
poca dificultad, las preguntas que requieren la introducción de nue-
vas conexiones dentro de la respuesta ("¿Dónde ha estado usted hoy?")
dan lugar a una considerable dificultad. La falta de espontaneidad del
lenguaje que aparece normalmente en lesiones masivas - del lóbulo
frontal (afectando al hemisferio izquierdo). aún no se puede conside-
rar como un desorden "afásico". Es más una forma especial de falta
de espontaneidad general. Por contraste, el tipo de alteración del len-
guaje que describ_iré ahora ocupa un lugar definido, aunque especial,
entre los desórdenes afásicos. Este tipo de alteración del lenguaje lo
describo como afasia dinámica (Luria, 1947, 1948, 1962, 1963, 1964,
1965b, 1969a,1970a; Luria y Tsvetkova, 1968).
La transición desde el plan general_ a la narración requiere el re-
codificado del plan al lenguaje, y en este proceso ocupa un lugar im-

315
•·

portante el lenguaje interno con su estructura predicativa (Vygotsky,


1934, 1956), proporcionando lo que se conoce ,en la sintaxis como "el
esquema lineal de la frase". Este proceso de transición del plan a la
narración es fácilmente realizado por un sujeto normal y, asimismo,
permanece esencialmente intacto en pacientes con lesiones locales de
las regiones temporal izquierda o parieto - témpora - occipital izquier-
da, pues aunque el sujeto no puede encontrar las palabras necesarias,
retiene la entonación general y la estructura melódica de la frase, que
puede llenar con palabras totalmente inadecuadas.
Esta formación del "esquema lineal de la frase" es la que está sus-
tancialmente (algunas veces completamente) alterada en pacientes con
lesiones de las zonas postfrontales inferiores del hemisferio izquierdo.
Por regla general, estos pacientes no tienen dificultad ni en repetir
palabras ni en denominar objetos. También pueden repetir frases rela-
tivamente simples. Sin embargo, tan pronto como se les pide que ex-
presen un pensamiento, incluso que produzcan una expresión verbal
elemental, son completamente incapaces de hacerlo.
Por lo común, realizan intentos desesperados d~ encontrar una for-
ma de expresarse en palabras tales· como: "bien ... esto ... ¿pero
cómo ... ?" y son completamente incapaces de pronunciar la frase más
simple.
La experiencia demuestra que este defecto no se debe a la ausencia
de un plan o a la deficiencia de palabras individuales. Los pacientes
de este WUPº pueden nombrar fácilmente objetos, pero tienen la mis-
ma dificultad incluso si se les pide que den una descripción fluida de
un cuadro temático o, en otras palabras. cuando está excluida la ausen-
cia de un plan original de expresión.
La hipótesis de que esta alteración de la narración es originada por
una alteración del esquema lineal de la frase, basado en un· defecto
de la función predicativa del lenguaje. se confirma con un simple test.
Si a un paciente que no puede formular ni siquiera una frase simple
como "me gusta pasear" se le muestran tres tarjetas vacías correspon-
dientes a los tres elementos de la frase y si, mientras están formulando
la frase. se le señalan sucesivamente las tarjetas:

o~--- --0
o--.
"me". "gusta" "pasear"
¡'!

en seguida se hace aparente que, aunque poco tiempo antes él no podía


formular la expresión, ahora puede hacerlo fácilmente; si en un test

316
a

Fig, 74. - Electromiograma del aparato del lenguaje en un paciente con afasia
dinámica (a) fondo; (b) durante intentos por formular directamente Una frase; (e) du-
rante intentos similares pero con la ayuda de un esquema externo de la frase (según
Tsvetkova).

subsiguiente retiramos este material sustitutivo del esquema lineal de


la frase, será de nuevo incapaz de realizar la tarea.
Un hecho interesante que ha demostrado Tsvetkova es que un re-
gistro electromiográfico de los labios y lengua durante los intentos di-
rectos de formular expresiones, no reveló Impulsos especiales, mien-
tras que tan pronto como se le sugería el soporte externo para el es-
quema de la frase, como en el test descrito, aparecían impulsos elec-
tromíográficos distintivos procedentes de los labios, lengua y laringe
(fig. 74) y la frase requerida quedaba lista para ser articulada.

317
•·

Todavía no conocemos todos los mecanismos fisiológicos de esta


alteración, pero la explicación más probable es que las estructuras de
las zonas frontales (y fronto - temporales) irtferiored del hemisferio
izquierdo están íntimamente conectadas con la estructura predicativa
del lenguaje interno, pues esto· proporcionaría la explicación comple-
ta de este fenómeno.
· Los síntomas de la afasia dinámica pueden asumir una forma mu-
cho más compleja. Existen razones para suponer que los mecanismos
fisiológicos de estas formas más complejas de la afasia dinámica di-
fieren ampliamente de las alteraciones previamente descritas, y re-
quieren un análisis más detallado. Los primeros pasos de este análi-
sis ya han sido dados (Ryabova, 1970), pero todavía es demasiado
pronto para sugerir algún mecanismo definido para este tipo de inac-
tividad del lenguaje. Todo lo que se puede decir es que esta forma
de alteración del lenguaje narrativo espontáneo (cuya recuperación
no atraviesa el estado de "estilo telegráfico") puede ser compensada
por métodos muy similares a los que ya he descrito; excepto que el
apoyo mediante material externo en este casoino debe ser para las
palabras o elementos del "esquema lineal de la .frase", sino para los
componentes semánticos completos de la narrativa hablada.
Como ya he descrito en detalle (Luria, 1948, 1964, 1969a; Luria ·
y otros, 1969),fui así capaz de hacer que un paciente de este tipo des-
cribiera un objeto con sus propias palabras pidiéndole que .anotara
en distintos trozos de papel, en el orden que más le gustara, los. frag-
mentos del tema tal como pasaran por su cabeza y reordenando des-
pués los trozos de papel en el orden adecuado, pudo convertirlos en
una narrativa coherente.
Métodos similares fueron desarrollados por Bubnova ( 1946)y Tsvet-
kova (1971) y formaron las bases para la rehabilitación de este grupo
de pacientes.
Una serie de estudios especiales demostró que pueden existir dife-
rentes tipos de incapacidad para usar preposiciones, que se conoce en
neurología clásica como "afasia motora transcortical". En estos casos,
pacientes que eran capaces de repetir palabras separadas eran incapa-
ces de articular frases o de mantener un lenguaje espontáneo. Durante
muchas décadas, el factor psicofisiológico básico que yacía bajo esta
forma de alteraciones del habla permaneció desconocido, y sólo en pu-
blicaciones recientes (algunas en prensa y otras en preparación) se ha
demostrado que la inercia patológica de los estereotipos verbales evo-
cados puede ser el factor responsable de esta forma de patología del
lenguaje.

318
Todo lo que he descrito en esta sección demuestra que, a pesar de
la larga historia del estudio de la organización cerebral de los procesos
del lenguaje, las investigaciones conducidas en las últimas décadas
han aportado contribuciones valiosas a la solución de este problema
y que sólo estudiando más a fondo la organización cerebral de los pro-
cesos del lenguaje, llevado a cabo desde el punto de vista de la estruc-
tura sistémica de la actividad del lenguaje (que será objeto de un
libro especial; Luria, 1973), se efectuará algún progreso definido en
este capítulo altamente complejo de la neuropsicología.

. 319
•·

XIII. Pensamiento

Estructura psicológica
Mientras que la historia de la organización cerebral del lengua- je
se conoce desde hace más de cien años, podemos afirmar justifica-
damente que la organización cerebral del pensamiento no tiene histo-
ria todavía. Desde los comienzos de la filosofía y la psicología, el con-
cepto de "cerebro" siempre se ha opuesto al concepto de "pensamien-
to", y si un investigador deseaba demostrar que los procesos m~p!~les .
difieren radicalmente de los procesos cerebrales, se basaba en esta
oposición. Por tanto, el problema de los mecanismos cerebrales de
la "abstracción" de "la conducta categórica" o del "pejrsarn.ierrtológi-
co", o bien no se considera en absoluto, o bien se usó simplemente en
relación a términos opuestos tales como "sensorial' y "racional" o "ma-
teria" y "pensamiento".
Esta oposición aparece tanto en la filosofía dualista como en la
psicología y casi .todos los morfólogos, psiquiatras y neurólogos sos-
tuvieron repetidamente que el intelecto o "pensamiento categórico"
no puede reducirse a .mecanismos materiales del cerebro (Monakow,
1914; Goldstein, 1927, 1944, 1948).
En la historia de la psicología ha habido sólo un grupo de intentos
en dirección opuesta; pero estos intentos, en sus formas varias y alter-
nativas, fueron usualmente conseguidos muy costosamente -al precio
del rechazo de la cualidad intrínseca del pensamiento- y su reducción
a mecanismos o asociaciones más elementales (asociacionismo del si-
glo) y procesos estructurales (psicología de la Gestalt del siglo :xx), o
por el abierto rechazo a discutir el pensamiento y su reemplazamiento
por la "formación de reflejos condicionados" o el "aprendizaje". Esta
negativa a no tomar en consideración la tarea de: descubrir la organiza-
ción cerebral del pensamiento, puede comprenderse si el pensamien-
to se considera fenomenológicamente como un acto mental indivisible.

320
Sin embargo, no puede haber causas de ningún tipo para esta nega-
tiva si la solución de este problema se intenta mediante un análisis
científico del pensamiento como la forma de actividad cognitiva con
la estructura más compleja, y si el problema considerado no es la re-
lación entre el pensamiento como un todo (o aún más, su producto)
y el cerebro, sino la relación entre esta forma compleja de actividad
cognitiva y sus elementos componentes y el cerebro. Esta es la direc-
ción seguida por la moderna neuropsicología y con· ello el problema
de las bases cerebrales de la actividad intelectual deja de ser pura-
mente filosófico y viene a ser de carácter concreto y científico. Exa-
minemos primero los modernos puntos de vista sobre el pensamiento,
sus ·formas básicas y componentes antes de enfrentarnos con el pro-
blema de su organización cerebral en la que estamos especialmente
implicados.
La moderna psicología considera el proceso del pensamiento bajo
una luz completamente diferente como se manifiesta a través de un
examen muy breve, primero de la historia, y después del estado actual
del problema. Las concepciones dominantes sobre el pensamiento que
tenían los .psicólogos de mitad del siglo XIX eran muy simples: una
combinación de asociaciones de complejidad variada: de todas estas
asociaciones, las asociaciones por contigüidad fueron consideradas co-
rrectamente como las más simples, mientras las asociaciones por si-
milaridad o contraste se consideró que incorporaban relaciones ló-
gicas más complejas, en las que tenían que ser encajadas antes que
estas asociaciones pudieran: producirse. Sin embargo, estos puntos
de vista de los asociacionistas sobre la naturaleza psicológica deL pen-
samiento, que se mantuvieron más de un siglo, tenían puntos débiles
esenciales que condujeron a su caída.
El proceso intencional y selectivo del pensamiento nunca puede
entenderse como el resultado de acciones mecánicas de asociaciones
individuales. Mientras que Herbart, quien hizo el primer intento para
construir algo así como un modelo matemático del pensamiento,:en los
comienzos del siglo pasado intentó equiparar la dirección del pensa-
miento con la victoria de las ideas más fuertes y la caída de las más
débiles, esto no quedó más que en un esquema formal. No pudo ex-
plicar el carácter activo del proceso que hace del pensamiento una
actividad selectiva y orientada a un fin, muy adaptativa a la situación
cambiante.
Los simples puntos de vista asociacionistas sobre el pensamiento
no fueron completamente rechazados hasta principios de la presente
centuria, cuando varios psicólogos alemanes, pertenecientes a la lla-

321

21- C. A.
•·

mada escuela de Würburg (Kulpe, Ach, Buhler, Messer) expresaron


sus dudas sobre si el pensamiento humano en general podía deducirse
de la asociación de ideas. Intentaron mostrar· que el auténtico pensa-
miento consiste en la "percepción· directa de relaciones" y no puede
incorporar ni imágenes (concretas) ni componentes verbales o sus aso-
ciaciones, de modo que el acto del pensamiento es una "función" men-
tal independiente, como los actos de la percepción o de la memoriza-
ción. La escuela de Würzburg merece crédito por el hecho de que, por
primera vez, distinguió el pensamiento. como ·una entidad indepen-
diente para la investigación psicológica. Sin embargo, este paso se
consiguió a un alto precio, pues la aceptación del pensamiento como
· un acto absolutamente indivisible, que puede describirse por métodos
subjetivos. y no puede descomponerse· en· sus componentes, represen-
tó un paso atrás respecto al asociacionismo, cerrando la puerta a su
investigación científica.
La historia de los intentos para comprender el pensamiento como
una estructura única, basada en leyes similares a las leyes de la ·per-
cepción integral, hecha por los seguidores de l~ psicología de la Ges-
talt inicialmente en monos (Kóhler, 1917) y más tarde .en el hombre
(Wertheimer, 1925, 1?45, 1957; Koffka, 1925; Duncker, 1935} es muy
similar. Mientras que los presupuestos básicos para el análisis del
pensamiento como un acto integral realizado por estos investigadores
merece atención, sus intentos de no ver en la construcción de este
acto nada más que las leyes estructurales de "integridad'ty "pregnan-
cia". que ya eran familiares a raíz del estudio de la percepción, fueron
un impedimento para progresos ulteriores.
Se realizaron avances importantes en los análisis psicológicos del
pensamiento con la transición al análisis concreto de los métodos bá-
sicos usados en el pensamiento y las estructuras dinámicas funda-
mentales que se revelan en una inspección más estricta del pensa-
miento activo y su estructura estocástica. En los años 30, el psicólogo
soviético Vygotsky fue· el primero en demostrar que el proceso de
análisis y generalización, que es la base del acto intelectual, depende
de la estructura lógica del lenguaje y que el signijicado de las palabras,
la base de las ideas, se desarrollan en la infancia. Mientras que ini-
cialmente esto se basa en la unificación sincrética de las impresiones
que el niño recibe del mundo exterior, más tarde sé convierte en la
unificación de señales concretas de la situación práctica total; final-
mente comienza a aplicarse a la totalidad tl~ las categorías abstractas
(Vygotsky, 1934a; ediciones póstumas en 1956~ 1960). Este análisis
de los estadios fundamentales del- desarrollo de las ideas que Piaget

322
(1926-57)también enfocó desde posrciones completamente diferentes,
hizo posible describir toda la complejidad de la estructura lógica de
las palabras, los utensilios básicos para la formación de ideas, y para
representar con suficiente claridad el amplio campo de alternativas
que proporcionan las· matrices lógicas en las que se basan cada uno
de los estadios del desarrollo. También hizo posible el estudio de
cómo estos sistemas concretos de matrices, que reflejan el carácter
"situacional" del pensamiento, son reemplazados gradualmente por
matrices abstractas, que. incorporan una jerarquía completa de "rela-
ciones de comunidad" las cuales constituyen el aparato fundamental
del pensamiento categórico.
La descripción de este aparato fundamental del pensamiento, el
cual ha sido subsecuentemente desarrollado por algunos investigado-
res autorizados (Bruner, Goodnow y Austin, 1956; Bruner, 1957), per-
mitió realizar un decisivo progreso en el análisis del pensamiento como
un acto dinámico integral.
La comprensión de que el significado de la palabra es el instrumen- to
fundamental del pensamiento fue crucial para la aproximación del
problema básico: la descripción de la estructura psicológica del pen-
samiento como un todélLa investigación de este problema ha ocupado
de hecho a toda una generación de psicólogos y ha recibido un pode-
roso impulso del desarrollo de la misma ciencia psicológica en déca-
das recientes y también del desarrollo- de las computadoras de alta ve-
locidad que ha necesitado una descripción más detallada de la es-
tructura del pensamiento real para que pudieran ser construidos los
mejores modelos posibles. En diferentes países se han realizado in-
tentos para construir los conceptos básicos del pensamiento como
un proceso integral, descomponiéndolo en sus componentes. En la
Unión Soviética, el· problema de la estructura del pensamiento ha
sido investigado sobre la base del concepto general de la estructura
interna de la actividad mental, formulada por un número de destaca-
dos psicólogos soviéticos seguidores de Vygotsky (Leontiev, 1934, 1959;
Galperin, 1959 y otros). En otros países, el análisis psicológico de for-
mas concretas del pensamiento se ha asociado al estudio del juego
del ajedrez (de Groot, 1964) y, por encima de todo, al desarrollo de la
teoría heurística del pensamiento, que compara el pensamiento huma-
no con los principios operacionales de las computadoras de alta velo-
cidad (Newell, Shaw y Simon, 1958; Feygenbaum y Feldman, 1963).
Como resultado de esta serie de investigaciones, ahora tenemos
una idea suficientemente clara acerca del pensamiento como una ac-
tividad mental concreta. Podemos distinguir aquellos de sus compo-

323

nentes que aparecen tanto en el pensamiento activo concreto como


en el pensamiento discursivo lógico - verbal, y que permiten a los neu-
ropsicólogos abandonar el intento de busckr tui sustrato cerebral del
"pensamiento en general" y buscar en su lugar un sistema de meca-
nismos cerebrales responsables de los componentes del pensamiento
y de sus estadios. Intentaremos ahora resumir muy brevemente aque-
llas ideas del pensamiento humano como una forma integral de la ac-
tividad mental que se aceptan ahora por todos los investigadores.
Los psicólogos que estudian el proceso concreto del pensamiento
están de acuerdo en suponer que el pensamiento aparece solamente
cuando el sujeto tiene un motivo apropiado que hace la tarea urgente
y su solución esencial, y cuando al sujeto se le confronta con una si-
tuación para la cual no tiene un solución ya hecha (innata o habitual).
Esta proposición básica puede ser formulada en otras palabras dicien-
do que el origen del pensamiento es siempre la presencia de una tarea
por la que los psicólogos entienden que el problema que debe.resolver
·'
el sujeto se da bajo ciertas condiciones, qu7 debe primeramente in-
. vestigar para descubrir el camino que conduce a una solución ade-
,. cuada.
El estadio que sigue inmediatamente después del descubrimiento
de la tarea, no es, sin embargo, un intento directo de responder ade-
cuadamente, sino de restricción de las respuestas impulsivas, la inves-
tigación de las condiciones del problema, el análisis de sus componen-
tes, el reconocimiento de los ragos más esenciales y sus correlaciones
entre sí. Este trabajo de investigación preliminar dentro de las condi-
ciones del problema es un escalón vital y esencial en todo proceso con-
creto del pensamiento, sin el cual no podría tener lugar ningún acto
intelectual.
El tercer estadio en el proceso del pensamiento es la selección de
una alternativa de· entre varias posibles y la creación de un plan ge-
neral (esquema) para la ejecución de la tarea, para decidir cuál es la
alternativa más idónea para tener éxito, y rechazando al mismo tiem-
po todas las alternativas inadecuadas. Muchos psicólogos describen
esta fase del acto intelectual como la estrategia general del pensa-
miento, y lo consideran como su componente más esencial.
La existencia de estas matrices multidimensionales de significados
de palabras, que ya he mencionado anteriormente, y que· participan
en todas las formas del pensamiento, hace comprensible, naturalmen-
te, la estructura estocástica del acto intelectual y señala el hecho de
que cada tarea da lugar inevitablemente a una múltiple red de alter-

324
•·

nativas, de las que un sistema puede ser elegido por un sujeto en base
a la predominancia de un sistema particular de asociaciones escondi-
das tras el significado de la palabra.
Este análisis de las condiciones del problema y la elección de un
determinado sistema de entre las muchas alternativas posibles, cons-
tituye la esencia psicológica de los procesos "heurísticos" cuya inves-
tigación ha reci1Jidoen los últimos tiempos una atención especial.
La formación de un esquema general para la solución del problema
y la elección de Jos sistemas adecuados de alternativas lleva al sujeto
a la siguiente fase del pensamiento (cuarta), la cual consiste en esco-
ger los métodos apropiados y considerar qué operaciones serían más
adecuadas para poner en práctica el esquema general de la solución.
De estas operaciones, las de uso más frecuente son de algoritmos ade-
cuados ya hechos (lingüísticos, lógicos, numéricos) los cuales se han
desarrollado durante el curso de la historia social . y son adecuados
para representar tal esquema o hipótesis. Algunos psicólogos descri-
ben este estadio del descubrimiento de las operaciones esenciales
como la táctica, que lo distingue del estadio de descubrimiento de la
estrategia apropiada para la solución del problema.
El proceso de uso de fas operaciones apropiadas. es, naturalmente, el
estadio operativo del acto intelectual, más. que su estadio creativo,
aunque a veces tiene una considerable complejidad. Como mostró el
trabajo de Vygotsky (1934, 1956, 1960),seguido por las investigaciones
de Galperin y sus colaboradores (Galperin, 1959), el proceso del pen-
samiento pasa a. través de ciertos estadios, comienza con una extensa
serie de operaciones externas sucesivas (pruebas y errores), .progresa
para extenderse al lenguaje interno, en el cual se hace. la búsqueda
necesaria, y concluye con la contractación y la condensación de estas
búsquedas externas y la transición a procesos internos específicos.
Aquí el sujeto es capaz de obtener ayuda de los sistemas de. códigos
ya establecidos (lingüísticos y lógicos en el pensamiento verbal dis-
cursivo; numérico en la solución de problemas aritméticos) que ha
aprendido. La existencia de estos códigos internos bien asimilados,
que forman las bases operativas del "acto mental" forman también,
por tanto, la base para la ejecución de las operaciones intelectuales
requeridas, y en el sujeto adulto, el cual ha aprendido a usar· estos
algoritmos, comienza a suministrar un sólido fundamento para el
estadio operativo del pensamiento. El uso de estos algoritmos con-
duce al sujeto a la siguiente fase del acto intelectual, considerado du-
rante muchas décadas como el último, pero que en el moderno punto
de vista todavía no es el estadio final. Esta fase es la solución real del

325
problema o el descubrimiento de la respuesta a la pregunta implícita
en la tarea.
Sólo en la última década hemos apretrdido' que con el descubri-
miento de la solución no concluye el acto intelectual, sino que es me-
ramente el preludio del estadio final. El hecho de que el proceso del
pensamiento no termina con el descubrimiento de ]a respuesta ha
sido· mostrado por los trabajos de muchos investigadores (Anokhin,
1955, 1963,1968b; Miller, Pribrarn y Galanter, 1960).Este estadio debe
ser seguido por un estadio de comparación de resultados obtenidos
con las condiciones originales de la tarea (o, corno le ha llamado Ano-
khin, el estadio aceptante de la acción). Si los resultados están de
acuerdo con las condiciones originales del problema el acto intelec-
. tual ha terminado, pero si, contrariamente, no corresponden a las
condiciones originales, la búsqueda de la estrategia necesaria debe
volver a comenzar y el proceso del pensamiento debe continuar hasta
que se halle una solución adecuada, de acuerdo con las condiciones.
Estos puntos de vista que consideran la estructura psicológica del
pensamiento, y la identificación de sus estadios principales presentan
oportunidades mucho.mejores para el análisis de los mecanismos ce-
rebrales de este proceso que los que estaban a disposición de los pri-
meros investigadores. Casi todos los neurólogos que han intentado el
estudio de los mecanismos cerebrales del acto intelectual pensaron
que podían limitar su atención a la búsqueda del sustrato .cerebral
hipotético para las ideas abstractas, el componente fundamental del
acto intelcctnaí. Tal fue el carácter de los intentos hechos por lama-
yoría de los psiquiatras, Una vez habían ·descrito los fenómenos de la
"demencia" que acompañan a una lesión ·orgánica del cerebro, lo con-
sideraron suficiente para explicar la perturbación del pensamiento en
casos como. éste por desintegración de las ideas abstractas y por la
transición a formas concretas de la reflexión de la realidad. El eminen-
te neurólogo Goldstein (1944, 1948) también expresó puntos de vista
similares, y consideró ·que los defectos intelectuales producidos por
lesiones locales cerebrales pueden ser considerados como la desinte-
gración de los "componentes abstractos" o del "comportamiento abs-
tracto".
Apenas necesito decir, considerando la gran importancia de este
fenómeno, que los intentos de reducir las alteraciones del pensamien-
to en pacientes con lesiones locales del cerebro, a una desintegración
de los componentes abstractos pueden como máximo arrojar luz sólo
sobre un posible componente de la compleja patología del acto ínte-

326
lectual, y son completamente incapaces de explicar la total comple-
jidad de las alteraciones del pensamiento. Tampoco necesito mencio-
nar que la perturbación del "comportamiento categórico" es el resul-
tado, y no la causa, de una larga serie de cambios que tienen lugar
en la actividad intelectual de la persona enferma, y que la alteración
puede ser de carácter completamente distinto en los diversos compo-
nentes de este comportamiento. Naturalmente, así, a pesar de muchos
años de investigaciones realizadas por neurólogos como Goldstein que
adoptó este concepto como punto de partida, no· se obtuvieron resul-
tados definidos que arrojaran luz sobre los mecanismos cerebrales
del pensamiento. Según Goldstein, una alteración del "comportamien-
to abstracto" puede aparecer en pacientes con lesiones en muy dis-
tintas partes del cerebro, y por tanto su enfoque fue una apreciación
del resultado general de procesos patológicos complejos más que el
auténtico análisis de su estructura. Estamos, pues, completamente
justificados al buscar un nuevo enfoque estudiando cómo los compo-
nentes individuales de los procesos del pensamiento, como yo los he
descrito, se perturban en pacientes con lesiones en distintas partes
del cerebro. Solamente así mejoraremos nuestras perspectivas de éxi-
to en el análisis de los mecanismos cerebrales de Ihs'1alteraciones del
lenguaje y usaremos estas alteraciones para el diagnóstico tópico de
las lesiones locales del cerebro.
Las alteraciones de motivos y fines que pueden aparecer en lesio-
nes profundas del cerebro, así como en lesiones de IOs lóbulos fronta-
les, deben conducir inevitablemente a un tipo de alteración en los
procesos del pensamiento distinto de la alteración de las huellas de Ja
memoria audiovisual a corto plazo, asociada ·con lesiones de la región
temporal izquierda, o en casos en los que una lesión de las zonas pa-
rieto- occipitales impide la unión de los elementos individuales de la
información en esquemas simultáneos unificados. Puede imaginarse
fácilmente que las perturbaciones de la capacidad para retener un
problema, de inhibir intentos impulsivos de encontrar una respuesta
a las preguntas y de hacer una investigación preliminar de las condi-
ciones básicas de la tarea, una alteración de la capacidad para. produ-
cir hipótesis, para elegir entre varias alternativas posibles las opera-
ciones o códigos más adecuados y, finalmente, la capacidad para com-
parar los resultados obtenidos con las condiciones originales de la
tarea y para verificar si la solución es adecuada, todas estas faculta-
des sufrirán en grados diferentes como resultado de lesiones en dis-
tintas partes del cerebro. Naturalmente, por tanto, la destrucción de

327

¡_~·----~'---·-
e.

diferentes zonas cerebrales debe conducir inevitablemente a diferen-


tes alteraciones en las estructuras del pensamiento. Por consiguiente,
podemos enfocar el análisis de los sistemas c;:erebrales que participan
en la construcción del pensamiento mediante un método completa-
- mente distinto del usado por la psiquiatría y la neurología clásicas.
Seguiré, por tanto, el procedimiento aceptado en neuropsicología,
y describiré primero las perturbaciones del pensamiento práctico o
constructivo, y luego las perturbaciones del pensamiento lógico - ver-
bal (discursivo) en pacientes con lesiones en distintas partes del ce-
rebro. Esto nos dará una visión más profunda de la organización ce-
rebral de la actividad intelectual en líneas similares a aquellas que se-
guimos en· nuestro análisis de .las bases cerebrales de la percepción
y de las acciones, de la memoria y del lenguaje.

Pensamiento práctico o constructivo·

La forma más sencilla de pensamiento coristroi:tivo o práctico, que


es familiar en medicina clínica; es-la solución de tareas constructivas,
y sus modelos más sencillos son las. pruebas con los cubos de Kohs o
el cubo de Link. En el primero de estos tests el sujeto debe construir
un modelo con los cubos como indica un diagrama que se le da; la
característica especial de este test es que los cubos .que se muestran
no corresponden, en percepción visual directa, con los cubos auténti-
cos con los que debe hacerse el modelo. Por ejemplo, si el diagrama
muestra un triángulo 'azul sobre fondo amarillo, de forma que haya
tres unidades visuales distintas, digamos un· triángulo azul y dos ele-
mentos amarillos de fondo (fig. 75 a), el modelo real debe construirse
con dos elementos constructivos (fig. 75b) cada uno de ellos consis-
tente en un cuadrado amarillo y azul dividido diagonalmente en dos
triángulos.

11 b

Pig. 75. - Esquema de tests usando los cubos de Kohs (a) estructura de la percepción
· de la figura y (b) estructura de la ejecución requerida.

328
La tarea intelectual que debe realizar el sujeto es liberar los vec-
tores de la percepción directa y convertir los elementos de la impre-
sión en elementos de construcción. Este problema puede ·resolverse
tan pronto como el sujeto pueda liberar la percepción directa del di-
bujo y reestructurar esta percepción en los elementos de los cubos
de construcción.
El test conocido en psicología como cubo de Link es similar en su
estructura psicológica. En esta pr'ueba, el sujeto ha de construir un .
cubogrande de un color determinado (por ejemplo, amarillo), a partir
de veintisiete pequeños cubos, ocho de los cuales tienen tres lados
amarillos, doce tienen dos lados amarillos, seis únicamente un lado
amarillo, y uno no tiene lados amarillos.
Los intentos directos de construir un cubo así no darán obviamen-
te el resultado deseado, ya que el único método posible de solución del
problema es la investigación de sus condiciones, para formar una es-
trategia general (o plan general) para su solución (usando los cubos
con tres caras amarillas en las esquinas, los que tienen dos caras ama-
rillas en el centro de cada cara y los cubos sin ninguna cara amarilla
en el centro del modelo), y después de la formación de este plan,
usarlo, para encontrar las operaciones requeridas para realizar la:_,
tarea. Otras tareas de pensamiento constructivo, gran número de las
cuales se usan en psicología moderna, tienen todas una estructura
psicológica similar.
La alteración de la síntesis espacial que se produce a causa de le-
siones en las zonas parieto - occipitales del hemisferio izquierdo in-
terfieren naturalmente en la ejecución de tales pruebas de actividad
constructiva. Los pacientes de este grupo les dan vueltas impotente-
mente a los cubos de Kohs sin saber cómo juntarlos, o sin saber en
qué posición poner la diagonal para juntar las líneas del dibujo.
El principio general que gobierna la construcción del modelo, así
como la intención de construirlo, permanecen como es natural com-
pletamente intactos en estos casos; esto se muestra por una larga
serie de intentos que realizaran dichos pacientes y por su actitud crí-
tica hacia sus defectos. La integridad de su actividad y la limitación
de su defecto se muestran en el hecho de que las dificultades experi-
mentadas por estos pacientes pueden compensarse mediante el uso
de ayudas externas, por ejemplo señalándoles las coordenadas espa-
ciales o convirtiendo sus intentos directos de encajar la forma reque-
rida en programas detallados que incorporan el análisis espacial de
la dirección de las líneas ("desde la esquina inferior izquierda hasta
la esquina superior derecha"). Estos. esquemas tridimensionales, como

329
•·

• estadios de ejecución

: ... ~ ~ .
. .
..
modéio.

b
Fig. 76. - Alteración de la ejecución de tareas constructivas con los cubos.de Kohs:
(a) por pacientes con alteraciones parieto-occípitales y (b) con alteraciones frontales
(Ts vetkova).
.'

ha demostrado Tsvetkova (Tsvetcova, 1960a;Luria y Tsvetkova, 1968),


permiten al paciente superar sus dificultades y resolver el problema.
Los tipos de defectos que aparecen-en estos pacientes y los pasos que
se pueden dar para superarlos se ilustran en la figura 76 a.
El ·modo en que realizan las. mismas pruebas los pacientes con le-
siones frontales es de carácter completamente diferente. Estos pacien-
tes no tienen dificultad en encontrar las .relaciones espaciales necesa-
rias; sin embargo, la actividad de ejecución de la prueba está enor-
memente alterada. Los pacientes no analizan el diagrama, no intentan

330
convertir las "unidades de impresión" en "unidades- de construcción",
y manipulan los cubos impulsivamente de acuerdo con sus impresio-
nes directas. Sus errores son, por lo tanto, de carácter completamente
diferente, trabajan de forma completamente distinta, no proceden
por ensayo y error; no trabajan activamente para completar la prue-
ba, y no evalúan sus errores.
Los programas por los que estos pacientes pueden compensar par-
cialmente sus defectos son, por consiguiente, de naturaleza distinta:
en este caso las ayudas no se dirigen al encuentro de las necesarias. re-
laciones espaciales (ellos no necesitan tales ayudas); en lugar de esto,
deben dirigir la programación del comportamiento del paciente, como
en este ejemplo: l. "Mire el diagrama". 2. "¿De cuántos cubos está
compuesto?". 3. "Encuentre el primer cubo". 4. "Mire a ver de qué
. color debe . ser". 5. "Fíjese cómo transcurre
.
la línea que separa los dos
colores", etc. Solamente programando· su comportamiento el sujeto
realizará con éxito su actividad constructiva; este éxito desaparecerá
· rápidamente tan pronto como cese el programa detallado del compor-
. tamiento y se fuerce al paciente a ejecutar la actividad constructiva sin
ayuda (Tsvetkova, 1966a, 1972). Los tipos de errores cometidos por
pacientes con lesiones -ei(-e1 lóbulo frontal ·y. los métodos usados para
compensar el defecto observado se ilustran en la figura 76 b.
La ejecución de una prueba que comprenda la construcción del
cubo de Link puede analizarse de forma similar. Mientras que los pa-
cientes con lesiones en ·1as zonas parieto - occipitales. del córtex com-
prenden el problema perfectamente y empiezan a trabajar diligente-
mente para solucionarlo, teniendo únicamente dificultad a causa de su
incapacidad para imaginar las necesarias relaciones espaciales, los
· pacientes con un síndrome frontal marcado únicamente pueden hacer
intentos directos para realizar la prueba, omitiendo completamente
el estadio preliminar de investigación de sus condiciones y equivocán-
dose al hacer los cálculos intermedios, que en este caso constituyen
un componente esencial de la actividad intelectual normal. Todos _estos
hallazgos han sido analizados en una publicación especial de Gadzhiev
( 1966), y no daremos aquí más explicaciones de ellos.
Estos hechos muestran que los procesos del pensamiento construc-
tivo o práctico son de estructura compleja y tienen lugar a través de
una serie de zonas del cerebro que trabajan de forma concertada. Un
cuidadoso análisis de los cambios que tienen lugar en la actividad
constructiva de pacientes con lesiones en las diferentes partes del ce-
rebro ayudará a identificar el papel de cada una de estas zonas en la
estructura de estos procesos.

331
•·

Pensamiento lógico - verbal (discursivo):


la solución de problemas

En psicología se usan muy diferentes métodos para someter a ex-


perimentación el pensamiento lógico- verbal. Incluye métodos tales
como la clasificación de objetos o conceptos, el hallazgo de relaciones
lógicas o analógicas, la ejecución de operaciones sencillas de deduc-
.ción lógica, usando figuras de silogismos; y muchos otros. Algunos de
ellos han sido extensamente utilizados en psiquiatría clínica (Vygots-
ky, 1934; Zeigarnik, 1961 ); algunos de ellos lograron importantes re-
sultados en la investigación de pacientes con lesiones locales del cere-
bro, y los. he descrito en otro lugar (Luria, 1962,1966a,1969c).
No me propongo describir aquí todos los resultados obtenidos
mediante el uso de estas pruebas de investigación en pacientes con le-
siones locales del cerebro; meramente, examinaré una de sus aplica-
ciones, el análisis neuropsicológico de la solución de problemas arit-
méticos, ya que existen buenas razones para considerar que esta prue-
ba es el modelo más relevante del pensamiento discursivo. Por lo
tanto, usaré esta prueba para intentar analizar unos· de .Ics-problemas
más difíciles: la naturaleza de los sistemas cerebrales concernientes a
la construcción de las formas más complejas de actividad intelectual.
Un problema aritmético consiste siempre en una meta (establecer
el problema en forma de pregunta para la que no hay una respuesta
ya hecha que sea válida), y las condiciones, a partir de las cuales puede
prepararse un esquema para la solución, y de esta manera puede de-
cidirse una estrategia que conduzca a la solución requerida. Esta es-
trategia expresada en palabras como una hipótesis, iniciará la bús-
queda de las operaciones individuales que se usarán para obtener los
resultados. necesarios. El proceso de solución del problema termina
con la comparación entre el método usado y los resultados obtenidos
de una parte, y la pregunta y las condiciones del problema por otra
parte. Como hemos visto cuando describíamos .casos anteriores, de-
pendiendo de si se ha obtenido acuerdo o desacuerdo entre la solución
y las condiciones del problema, la actividad intelectual cesará o se
harán nuevos intentos para encontrar una vía que conduzca a la solu-
ción. adecuada.
El hecho que se -presta más convenientemente a· la investigación
es que los diferentes problemas tienen diferentes estructuras y es po-
sible recomponer sus estructuras según su grado de complejidad. Por
ejemplo, como he explicado antes (Luria y Tsvetkova, 1967); los pro-

332
blemas más sencillos (Jack tiene cuatro manzanas, l ill tiene tres.
¿Cuántas manzanas tienen entre los dos?) tienen un algoritmo simple
para la solución y no s~ requiere ninguna búsqueda especial. Formas
más complejas de este problema (lack tenía cuatro manzanas, Lill te-
nía dos manzanas más. ¿Cuántas manzanas tenían entre los dos?) re-
quiere la ejecución de una operación intermedia que no está expre-
sada en et·- . .enunciado
. .. ·- - .
del problema, de forma que la solución de la
b); 2a + b) =v La
-

tarea se divide en dos pasos: a+ x =y; x =(a+


solución del problema con algoritmos complejos, que requieren- pro-
gramas consistentes en una serie de componentes sucesivos, es mucho
más difícil, especialmente cuando los componentes del programa pue~
den hallarse solamente después del análisis detallado de las condiciones
del problema y de la producción de una estrategia específica. Esto in-
cluye las "pruebas prototipo" que requieren la recodificación de las
condiciones y la introducción de nuevos elementos componentes. (Ha-
bía 18 libros en dos estanterías; había doble cantidad de libros en una
estantería que en otra. ¿Cuántos libros había en cada una de las estan-
terías? Para resolver este problema se debe introducir, añadida a la
condición original "dos estanterias", el otro ítem "tres partes" y el
número de libros de cada una de estas partés=áuxiliares debe calcu-
larse primero.) Finalmente quizá los problemas más difíciles son los
que he descrito como "conflictos", en los que el método correcto de
. solución. involucra la inhibición del método impulsivo directo. (Una
vela tiene 15 cm. de longitud y su sombra tiene 45 cm. más. ¿Cuántas
veces mayor es la sombra que la vela? La tendencia aquí es ejecutar
la operación directa 45 7 15 = 3; esto debe inhibirse y reemplazarse
por el siguiente problema más complejo: 15 + 45 = 60; 60 7 15 = 4.)
Será evidente que la solución de problemas de cada uno de estos tipos
· representa una serie de acciones psicológicas cada vez más complejas .. ,
Este análisis estructural de las demandas presentadas por la so-
lución de problemas de estructura diferente da lugar a una aproxi-
mación al estudio de los cambios de estos procesos de solución cuan-
do se suprimen ciertas condiciones conectadas con el trabajo de sis-
temas particulares del cerebro. Ello nos proporciona la clave de la
. organización cerebral· de este complejo proceso.
· Las lesiones de la región temporal izquierda que alteran la me-
moria audioverbal dan lugar, naturalmente, a dificultades en la reten-
ción de las condiciones del problema y se acompañan de una incapa-
cidad para involucrar los componentes del lenguaje intermedios nece-
sarios ·en el mecanismo de solución. Por esta razón la solución, aun
en problemas relativamente simples, está gravemente perturbada en

333
pacientes de este grupo. El proceso puede facilitarse hasta cierto
punto si el problema se presenta por escrito, pero aun en estos casos
la necesidad de los componentes intermedios del .Iengua je, usados como
elementos para la solución de los problemas, afecta seriamente todo
el proceso discursivo. Las observaciones sobre estas dificultades, sin
embargo, no son específicas para la actividad intelectual. Han sido
discutidas en algunas publicaciones (Ombrédane, 1951) y no nos ocu-
paremos aquí de ellas de forma especial.
Las dificultades en la solución de problemas· que se encuentran
en pacientes con lesiones en los sistemas de la región parieto - occipi-
tal izquierda son mucho más interesantes. En estos . casos (parte 11,
cap. 5) la lesión origina un daño enorme a la síntesis simultánea (es-
pacial), y esto se manifiesta en la conducta concreta, directa y también
en la esfera simbólica. Como resultado de tal perturbación llega a ser
imposible operar tanto con los sistemas lógico - gramaticales como
con los sistemas de operaciones numéricas, impidiendo así la normal
solución de los problemas complejos. El significado general de estos
problemas está relativamente intacto en estos p'acientes;. como regla
general. no pierden nunca de· vista la cuestión final del problema y
hacen intentos activos para encontrar un método de solución. Sin
embargo, el hecho de que no puedan comprender las estructuras lógi-
co - gramaticales complejas ni realizar más que las operaciones arit-
méticas más simples presenta un obstáculo insuperable para la reso-
lución de su problema. Elementos tales como las condiciones "A cogió
tantas manzanas de B", "A tenía el doble de manzanas que B", o tam-
bién, "A tiene dos manzanas más (o menos) que B", para no mencio-
nar estructuras· lógico - gramaticales más complejas, están completa-
mente fuera de la capacidad de estos pacientes. La repetición de las
condiciones no significa para ellos más que la reproducción de frag-
mentos desconectados, aislados, dando lugar a sucesivas series de
malentendidos {"Jack tiene algunas manzanas ... mientras que Jill ·-·
Dos ... Dos v~ces ... ¿qué significa más?, etc.") que el paciente no pue-
de superar. Naturalmente, el sistema de conexiones lógicas incorpora-
das en fas condiciones de problemas más complejos está completamen-
te fuera del alcance de estos pacientes, y. a pesar de que la intención
de· resolver -el problema permanece completamente intacta y el pa-
ciente continúa haciendo intentos activos de comprender las relacio-
nes entre las condiciones, la solución del problema· es inalcanzable.
Lanlteración de los procesos de. resolución' de .problcmas ·difiere
completamente en su estrnctura en pacientes con lesiones en las zonas
frontales. En un libro especial sobre este tema (Luria y Tsvetkova,

334
1967),estas peculiaridades se analizaron con algún detalle y ahora
sólo resumiré con brevedad los hechos allí descritos.
La primera y principal característica de la alteración de la activi-
dad intelectual en pacientes con lesiones masivas en los lóbulos fron-
tales es que, cuando les dan un problema escrito, no lo perciben como
tal problema, o, en otras palabras, como un sistema de elementos mu-
tuamente subordinados de la condición que debe llevar a la solución
del problema. Si a tales pacientes se les instruye para que repitan las
condiciones del problema pueden producir con éxito algunos de los
elementos componentes de la condición, pero pueden ser incapaces de
repetir el problema completamente, o en lugar de repetirlo pueden
repetir solamente uno de sus elementos. Vamos a considerar este pro-
blema como ejemplo: "Había 18 libros en dos estanterías, pero no
estaban repartidos por igual; en una estantería había el doble de li-
bros que en la otra. ¿Cuántos libros había en cada estantería?". Los
pacientes de este tipo repetirán el problema de la siguiente forma:
"Había 18 libros en dos estanterías. Y en el segundo estante había
dieciocho libros ... ". La tarea se convertía así en una afirmación de
dos hechos, perdiendo el carácter de un problema intelectual. En otros
casos similares (que son muy frecuentes), los pacientes pueden repe-
tir el mismo problema pero de distinta manera: "Había 18 libros en
dos estanterías; había dos veces más libros en -una estantería que en
la otra. ¿Cuántos libros había en ambas estanterías?". En este caso no
se dan cuenta de que en lugar de un problema que requiere una so-
lución especial, de hecho están repitiendo la primera parte de las
condiciones. Los pacientes de este grupo, por regla general.. no son
conscientes de su error, y si se les presenta otra vez el problema sim-
plemente repiten sus errores anteriores. Estos hechos muestran clara-
- mente que en un paciente con un marcado síndrome frontal la condi-
ción básica, la existencia del problema, está ausente, de forma que no
puede haber intención de resolverlo.
El segundo defecto característico de estos pacientes con - una le-
sión en el lóbulo- frontal, íntimamente conectado con el ·primero, es
que estos pacientes no intentan - una investigación preliminar de las
condiciones del problema, y, corrio resultado, sin ningún análisis pre-
vio de las condiciones y sin la identificación de sus componentes, co-
mienzan inmediatamente a buscar soluciones de forma impulsiva, ge-
neralmente mezclando los números especificados en las condiciones
y ejecutando una serie de operaciones fragmentarias totalmente des-
conectadas del contexto del problema y, por consiguiente, sin ningún
plan. Un ejemplo típico de estas operaciones fragmentarias, que reem-

335
•·

plazan a la auténtica solución del problema, se da en el curso de las


respuestas al problema de los estantes con 18 libros: "Había 18 libros
en dos estantes ... hay dos. veces más en el segundo., . 36... y había
dos estantes 18 + 36 = 54... ",
Este tipo de "solución" de un problema es típico de pacientes con
un marcado síndrome frontal, y ello demuestra claramente la desin-
tegración de la actividad intelectual como un todo en estos pacientes,
de modo que no pueden resolver tales problemas a pesar de que la
comprensión de las estructuras-lógico - gramaticales y de las operacio-
nes aritméticas están intactas.
En tales casos, los pacientes con una lesión en el lóbulo frontal,
de forma característica no comparan sus respuestas con las condicio-
nes originales del problema y no son conscientes de la _carencia de
significado. de su solución.
La solución correcta de· tales problemas "conflictivos" está clara-
mente mucho más allá de - la capacidad de estos pacientes. Por ejem-
plo, un paciente así, habiendo leído el problema -"una vela tiene
15 -centímetros de longitud; su sombra es 45 centímetros más larga;
¿cuántas veces -mayor es la .sombra - que la vela?-¡ en seguida con-
testan "[Tres. veces, desde Juego!"; y aun después de darle pistas no
observa nada erróneo en su respuesta.
El análisis neuropsicológico demuestra, pues, enormes diferencias
en el carácter de la perturbación de la resolución de problemas en pa-
cientes con lesiones en diferentes partes del cerebro. Ello revela que
mientras las zonas posteriores de los hemisferios (que forman la se-
gunda unidad funcional del cerebro) son responsables de las condicio-
nes operativas para la ejecución de una actividad intelectual, los lóbu-
los frontales (que forman la tercera unidad funcional) son el aparato
esencialpara la organización de la actividad intelectual como un todo,
incluyendo la programación del acto intelectual y la comprobación de
su ejecución.
Soy claramente consciente de que el análisis de la organización ce-
rebral de la actividad .intelectual está todavía en su infancia, y que
debe hacerse todavía mucho trabajo antes de que tengamos una clara
comprensión de los mecanismos cerebrales del pensamiento. Sin: em-
bargo, no dudo que este método de análisis sistémicos que he sugerido
proporcionará un importante camino para la solución de este complejo
problema.

336
Cuarta Parte

CONCLUSJ:ON

22- c. A.
•·.

He dado una breve visión de los principios básicos que gobiernan


el trabajo del cerebro humano, y he descrito las características esen-
ciales de una nueva rama de la ciencia conocida como la neuropsico-
logía, que se ha desarrollado durante los últimos treinta años. Ha lle-
gado el momento de sacar ciertas conclusiones, muy breves, conside-
rando el papel de esta nueva rama de la ciencia en la teoría y en la
práctica.
Empecé este libro diciendo que hasta fechas muy recientes los filó-
sofos y los psicólogos se han contentado con aceptar que el cerebro
es el órgano de la vida mental humana más que con buscar y obtener
el material concreto necesario para deducir los principios fundamenta-
les que gobiernan la organización funcional del cerebro y las formas
concretas de su trabajo. Esta etapa ha quedado atrás, Ahora tene-
mos una gran riqueza de material para indicar los principios de la
organización funcional del cerebro, para identificar las unidades prtn-
cipales del cerebro en acción, y para indicar el papel de los sistemas
individuales del cerebro en la organización de los procesos mentales.
Las dos primeras partes de este libro se han. dedicado a una visión
de los datos disponibles en la ciencia moderna para buscar una res-
puesta a este problema.
He usado estos datos para analizar la organización cerebral de la
actividad mental humana compleja y mostrar cómo el hombre, con su
percepción y su acción, su lenguaje, memoria y pensamiento, hace
uso de un sistema altamente complejo de las zonas del córtex cerebral
que trabajan de forma concertada. La parte tercera, o sintética, de
este libro trata de este aspecto del problema. En ningún momento he
sugerido que el material que he descrito sea algo como la respuesta
final y completa a estas preguntas. La neuropsicología es aún una cien-
cia muy joven, está dando su primer paso, y un período de 30 años
no es un tiempo muy largo para el desarrollo de ninguna ciencia. Es
por esto que algunos capítulos muy importantes, tales como los moti-

339
vos, las formas complejas de acción y la estructura de la personalidad,
no se incluyen en este libro. Quizá se añadirán en ediciones futuras.
He intentado describir las ideas que han.surgido durante este pe-
ríodo de 40 años de trabajo intensivo, usando principalmente los re-
sultados obtenidos de las observaciones efectuadas por . . mí mismo Y
mis colaboradores. Naturalmente, en años venideros muchas de las
ideas que he descrito serán más claras y se desarrollarán, mientras
se verá que otras son erróneas y serán revisadas. Es así como se desa-
rrolla siempre todo nuevo campo de la ciencia y. debemos de estar
preparados para ello.
Sin embargo, no dudo que la etapa de trabajo .resumida en este
libro resultará importante y útil. El estudioso del· cerebro encontrará en
él un resumen de datos de los aspectos funcionales del trabajo del
cerebro humano, y esto puede dirigir su atención hacia un aspecto de la
investigación que hasta ahora se ha desarrollado mucho más
lentamente que las investigaciones de los últimos mecanismos elec-
trofisiológicos de la actividad del cerebro, y el estudio de las .funciones
de neuronas aisladas. El trabajo del cerebro como un' aparato único
que organiza la actividad mental humana es· del-mayor interés, y debe
ser la preocupación más inmediata del filósofo, del 'profesor y del mé-
dico. Por lo tanto, estoy seguro de que el material. que he descrito
estimulará el interés del lector.
Hay otro aspecto de significación teórica de los problemas que se
discuten en este libro. f:ste es de gran importancia· para el .desarrollo
de la: psicología. ·La psicología. moderna ha hecho· indudablemente
progresos considerables en el estudio de la génesis de los procesos
psicológicos y sus cambios en el curso del desarrollo. Ha descrito la
estructura de la actividad humana mental. Ahora tiene ideas claras
sobrela estructura de las acciones psicológicas superiores y las activi-
dades complejas conscientes que no pueden compararse en modo al-
guno con los esquemas clásicos de ·asociacionismo o con las· ideas gene-
rales ·de la psicología de la Gestalt, con la simplificada fenomenología
del conductismo, o con las. pretensiones de la "psicología profunda".
A pesar de todos estos avances, nuestro conocimiento de 'Ia estructura
psicofisiológica de los procesos mentales y de sus mecanismos inter-
nos íntimos es todavía muy inadecuado. Todavía sabemos muy poco so-
bre la naturaleza interna· y la estructura neurológica 'de las formas
complejas· de actividad consciente, aunque su curso es ahora razona-
blemente bien comprendido. No sabemos casi nada de los factores que
componen la estructura de esta' actividad, cómo cambian estos fac-
tores en las sucesivas etapas del desarrollo mental y con la adquisición

340
•·

de los complejos mecanismos que facilitan el curso de estos procesos.


Sería equivocado subestimar el importante trabajo realizado en este
sentido por las distintas escuelas del "análisis factorial". No, obstante,
sería igualmente equivocado suponer que los métodos matemáticos
utilizados por estas escuelas son un camino natural para obtener la
solución de los problemas que se presentan.
El propósito de este libro era establecer los cimientos de otro mé-
todo: de tÜÍ análisis de la estructura interna de los procesos psico-
lógicos por el uso de métodos neuropsicológicos. Estos .métodos co-
mienzan con un detallado análisis de los cambios que aparecen en los
procesos psicológicos cuando existen lesiones locales cerebrales, tras
el cual se hace un intento de mostrar cómo son alterados los sistemas
o complejos de procesos psicológicos por estas lesiones. Éste propor-
ciona un enfoque al análisis de la estructura interna de los procesos
psicológicos y de la conexión interna que unifica los distintos proce-
sos psicológicos.
Existen, por tanto, dos aspectos en el análisis de los cambios en
los procesos psicológicos debidos a lesiones locales del cerebro. En
primer lugar, se -revela el substrato neurológico al que está vinculada
tina actividad particular, y así profundiza nuestro conocimiento de su
estructura psicofisiológica interna. En segundo lugar, se revelan las
estructuras generales existentes en procesos psicológicos diferentes
(algunas veces completamente diferentes en apariencia), y de esta
forma se puede abrir todavía otra vía hacia el análisis factorial de la
actividad mental. Esta vía que describo es la vía neuropsicológica del
análisis del síndrome,_ y todo este libro está dedicado a intentar, de-
mostrar la productividad de este enfoque.
Es fácil imaginar que la ciencia psicológica, utilizando este enfo-
que, realizará nuevos e importantes avances, y que en unos cuantos
años más se añadirán nuevos e importantes capítulos adicionales, por
ejemplo, sobre la neuropsicología de la vida emocional y la .cons-
ciencia, y se creará una nueva rama, la neurolingüística. Como resul-
tado sólo podemos predecir que en los próximos 50 años nuestras
teorías sobre la estructura de los procesos mentales diferirán sustan-
cialmente de las que sostenemos hoy; la neuropsicología merecerá
gran parte del crédito por esta revisión y profundización de nuestros
conocimientos de la estructura interna de los procesos mentales.
El campo del conocimiento al que está dedicado mi libro tiene otro
aspecto práctico. Cada paso en el desarrollo de la neurología y de su
rama más joven y más activa -la neurocirugía- muestra la enorme
falta de exactitud y de métodos precoces para el diagnóstico local

341
(o por lo menos regional) de lesiones locales del cerebro en la práctica
clínica. Los métodos clásicos desarrollados por la neurología hace un
siglo son absolutamente esenciales, pero, no obstante, inadecuados. La
investigación de la sensación, movimientos, reflejos y tono, el inventa-
rio básico de la investigación neurológica proporciona una informa-
ción relativamente escasa sobre las lesiones de las zonas más comple-
jas y específicamente humanas del cerebro, y en el hombre estas zonas
ocupan casi dos tercios de los hemisferios cerebrales. Naturalmente,
bajo estas condiciones, la neurología y la neurocirugía se vuelven es-
peranzadoramente hacia métodos precisos: la electroencefalografía,
en todas sus formas; métodos de contraste que utilizan la arteriogra-
fía y otras varias técnicas secundarias.
Hay otro enfoque que es de una importancia decisiva. Es la in-
vestigación neuropsicológica, capaz de obtener una gran cantidad de
información objetiva sobre las lesiones de las partes más complejas,
específicamente humanas del cerebro y que permite utilizar esta infor-
mación parael diagnóstico preciso local (o regional) de lesiones cere-
brales circunscritas. A este· respecto, la neuropsícología no es más que
el, capítulo más complejo y más reciente de la neurología; sin el cilªl
la neurología clínica moderna no podría existir ni desarrollarse.
_ La neuropsicología _ tiene ahora un punto dé apoyo· firme en la
neurología clínica y en la neurocirugía. Este hecho es fuente de una
gran satisfacción para el autor que, junto con sus colegas, ha pasado
una - buena parte de su· vida en un esfuerzo para convertir la neuro-
psicología- en una rama práctica de la neurología. Le hace confiar de
que su vida científica no - ha sido· malgastada en vano y de que nuevas
e importantes perspectivas aguardan a la neurología ·y a esas impor-
tantes divisiones de la- neurología: el diagnóstico tópico de lesiones
'locales del cerebro y la rehabilitación de estos pacientes.
·Describir la importancia de la neuropsicología como la- ciencia del
cerebro humano en acción y como una rama de la medicina práctica,
indicar la contribución que está aportando al conocimiento moderno
y examinar brevemente lo que puede ofrecer, son los objetivos de
este libro.

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