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¿La Ética Pública Puede Combatir La Corrupción

Este documento analiza si la ética pública puede combatir la corrupción en México. Explica conceptos como ética pública, administración pública y corrupción. Argumenta que la ética pública busca generar un cambio de actitud en los funcionarios públicos para que sigan valores de servicio. También destaca la importancia de la transparencia y los estándares de conducta para establecer una cultura de responsabilidad pública. Sin embargo, reconoce que combatir la corrupción requiere cambios más profundos a nivel cultural e institucional.
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¿La Ética Pública Puede Combatir La Corrupción

Este documento analiza si la ética pública puede combatir la corrupción en México. Explica conceptos como ética pública, administración pública y corrupción. Argumenta que la ética pública busca generar un cambio de actitud en los funcionarios públicos para que sigan valores de servicio. También destaca la importancia de la transparencia y los estándares de conducta para establecer una cultura de responsabilidad pública. Sin embargo, reconoce que combatir la corrupción requiere cambios más profundos a nivel cultural e institucional.
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Universidad Autónoma del Estado de México,

Centro Universitario Zumpango.

Licenciatura en Ciencias Políticas y


Administración Pública 4° semestre.

Profesor: José Juan Sánchez González.

Alejandra Meritt Maldonado Vargas.

“¿La ética pública puede combatir la corrupción


en México?”

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La corrupción en México ha estado marcada desde hace bastantes años, como
ciudadanos mexicanos tenemos una cultura y una educación bastante
irresponsable e individualista, siempre buscamos el beneficio propio sobre la
demás ciudadanía, un constante “resolver las cosas por debajo de la mesa” es
más fácil y más rápido que hacerlo legal y honestamente con todas las
implicaciones que esto conlleva; este es el pensamiento que a la ciudadanía se le
ha inculcado desde siempre y que los funcionarios han optado para obtener un
beneficio extra.

El objetivo principal de este ensayo es conocer y dar una respuesta al


cuestionamiento central, “¿la ética pública puede combatir la corrupción en
México?”, definiendo y marcando conceptos diferentes como la ética y la
administración pública, analizando la relación que tienen según sus funciones con
la corrupción, así como medir y buscar una solución a un problema tan común y
tan inmenso como lo es la corrupción en nuestro país desde hace décadas.

Primeramente ¿qué es la ética pública? es la disciplina que estudia y analiza el


perfil, la formación y el comportamiento responsable y comprometido de las
personas que se ocupan de los asuntos públicos, generando un cambio de actitud
en ella al inculcarles valores de servicio público. La ética pública se refiere
entonces a los actos humanos en tanto que son realizados por gobernantes y
funcionarios públicos en el cumplimiento del deber.

Trata de definir lo que está bien y lo que está mal para la colectividad, aquello que
podría construir un patrón moral básico de carácter universal y generalizable, dado
lo racional y razonable de sus valores, fines y prescripciones de conducta, patrón
compatible con la propia búsqueda razonable del bien. En la ética pública la
promoción de la ética va de la mano en el servicio público con la transparencia, la
cual es un elemento que muestra el buen funcionamiento del Estado y que a su
vez va estableciendo una cultura de servicio público, haciendo que el
comportamiento de los servidores públicos sea responsable.

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La ética pública debe apuntar a un convencimiento del buen accionar, a una
adopción de los valores como principios de vida que a su vez promuevan una
convivencia sana, con un respeto continuo por la autonomía, la igualdad y la
libertad del hombre como un ser con la capacidad del libre albedrío lo que lo
posibilitara a tener un desarrollo personal, profesional y social enmarcado en un
ámbito de sanidad, altamente motivado a dejar una huella en cada uno de sus
labores públicas con el Estado y la sociedad.

La ética pública implica fundamentalmente una relación con la política por lo que
su campo de acción no se limita únicamente a los funcionarios públicos. Un Buen
Gobierno, para ser considerado como tal, requiere no sólo funcionarios
responsables sino también políticos responsables, puesto que son éstos quienes
gozan del máximo margen de autonomía en las decisiones y, de éstas decisiones
depende a su vez la actuación de los funcionarios.

Cualquier gobierno estará legitimado si defiende y aplica una verdadera ética


pública en virtud de que ésta conlleva responsabilidad, espíritu de servicio, así
como la atención, equidad y justicia para el ciudadano.

Para contar con buenos gobiernos se requiere primero contar con individuos
buenos. Es aquí donde entra la ética al formar y mejorar a las personas. Con sólo
realizar una acción buena o hacerla bien, los servidores públicos ya están
cumpliendo con los preceptos éticos.

Existe una relación entre la ética y la administración pública, como concepto


básico se encuentra que la administración pública es la gestión que se lleva a
cabo en los organismos, instituciones o entes públicos, que reciben de parte del
poder político los recursos necesarios para atender los intereses o asuntos de los
ciudadanos, de sus acciones y sus bienes, generando bienestar común, siguiendo
un orden jurídico.

La administración pública comprende elementos de carácter técnico (sistemas,


procedimientos), político (políticas gubernamentales) y jurídico (normas jurídicas).
Abarca un conjunto de áreas del sector público que se encargan de gestionar y

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ejecutar los recursos humanos, financieros, actividades socioeconómicas y obras
públicas, así como elaborar presupuestos y programas que alcancen las metas del
Estado.

Por otro lado, la ética pública es necesaria para reforzar las condiciones de
credibilidad en la propia administración pública, en sus acciones y actores, esto es
sustancial para la transparencia administrativa.

La ética en la administración pública es una ética aplicada y una ética profesional.


Estas surgen de un conjunto de éticas que tratan de recordar a los miembros de
determinadas profesiones, cuáles son los fines de las mismas y los requisitos para
alcanzarlos.

Una vez que estas dos ramas se relacionan se obtiene la administración pública
ética, esta es la suma de millones de decisiones de empleados públicos
distribuidos por todo el mundo. Únicamente con códigos de éticas firmes puede
conseguirse una administración pública mejor.

Las funciones de la ética pública en la administración pública son ayudar al


funcionario a un comportamiento correcto frente a su trabajo y el desarrollo de su
labor. Un correcto servidor público deberá tener como deberes fundamentales la
neutralidad, la transparencia, la discreción, el ejercicio adecuado del cargo, un uso
adecuado de los bienes del Estado y la responsabilidad, evitando sobre todas las
cosas el mantener intereses de conflicto, obtener ventajas indebidas, realizar
actividades de proselitismo político, hacer mal uso de información privilegiada y
presionar, amenazar y/o acosar. La función pública tiene una importancia
creciente, pues no se debe olvidar que el oficio público supone una tarea de
servicio a los demás.

En la ética administrativa existen cuatro rasgos fundamentales de interés:

I. Conocer los valores que guían a los individuos y a las organizaciones.


II. Los estándares de conductas y normas definidas y promovidas por las
instituciones.

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III. Los contextos en los que se toman las decisiones y cómo afectan a éstas.
IV. Las conductas concretas que siguen los empleados públicos.

Como he mencionado antes, existen valores que guían a individuos y


organizaciones, están evidentemente dentro de la administración pública y los
servidores deben de respetar y cumplirlos; las características fundamentales que
definirán un buen gobierno podrían sintetizarse en su elección de forma
democrática, como consecuencia de la transmisión honesta a la sociedad de sus
objetivos de gobierno y valores sociales, el acatar y respetar de forma fiel la
Constitución y las leyes y el gestionar o ejecutar de forma eficaz, eficiente y
responsable su programa, con un objetivo se servicio objetivo a los intereses
generales de la ciudadanía.

La Administración pública del Siglo XXI debería caracterizarse por ser una
institución con unos nuevos valores para hacer frente a los grandes cambios
tecnológicos, económicos, sociales y políticos. Los valores principales son:

I. Valor de fomento del aprendizaje: se trata del valor de la innovación que


lleve incorporado el automatismo de la imprescindible transferencia del
conocimiento para contribuir a lograr una sociedad del aprendizaje. El
mercado posee incentivos para la innovación pero es imperfecto para
fomentar una sociedad del aprendizaje y es, por tanto, imprescindible la
intervención pública para asegurarla. Un tema crítico es definir una buena
política de propiedad intelectual y de patentes que no genere
externalidades negativas hacia la sociedad del aprendizaje. La innovación
es un gran incentivo privado pero también es un bien público y como tal hay
que tratarlo. Hay que equilibrar los incentivos económicos de la innovación
con incentivos públicos que fomenten el aprendizaje más abierto y más
social.
II. Valor de coherencia política: valor para evitar y frenar las lógicas sociales y
políticas de carácter demagógico y populista. El populismo político
seguramente será uno de los grandes problemas de las próximas décadas.
Será un fenómeno, derivado de las tensiones económicas y sociales, difícil

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de soslayar. Pero habría que evitar que el populismo del futuro calcara las
malas prácticas de periodos históricos del pasado y experimentara, en
cambio, una evolución positiva. El panorama actual es de una enorme crisis
del poder político ante su falta de instrumentos para dirigir la economía y la
sociedad. Conseguir la implantación de liderazgos políticos ambiciosos en
sus discursos pero exploradores en sus políticas públicas.
III. Valor institucional: las instituciones públicas tienen como principal objetivo
aportar seguridad jurídica e institucional para fomentar el crecimiento
económico que no es más que un medio para lograr el desarrollo humano
(sociedad del bienestar y sociedad del aprendizaje). Las instituciones
públicas apoyan el crecimiento económico y social y hay que fomentar los
valores de preservación y delicado cuidado de las mismas. La actividad
política que debería ser más censurada social y electoralmente es la que
contribuya a degradar a las instituciones públicas.
IV. Valor de una regulación equilibrada: valor que reconoce que la regulación
pública es necesaria sin caer en excesos ni en defectos. La regulación
pública va a ser el principal instrumento de las instituciones públicas para
ordenar la complejidad y evitar las externalidades negativas que generan la
revolución tecnológica y la revolución económica. La sociedad civil
organizada y la sociedad organizada en red deberían vigilar e incentivar
que la regulación no sea insuficiente y, muy en especial, que se consiga
una regulación efectiva y no se limite a un espacio meramente formal. El
buen gobierno en el futuro va a depender en gran medida de la buena
regulación.
V. Valor del big data como un bien público: el big data será una enorme fuente
de innovación y de aprendizaje pero también será un problema de un
excesivo control social. No es posible que un instrumento tan potente y tan
delicado esté de forma autónoma en manos de los mercados. Las
instituciones públicas deben ir mudando su rol pasivo y colateral a un rol
activo y central ya que la información será el petróleo del futuro y hay que
tratarlo como un bien público tanto por sus potencialidades para edificar

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una sociedad del bienestar y del aprendizaje como por las externalidades
negativas a nivel de un excesivo control social.
VI. Valor de sostenibilidad intergeneracional: durante las últimas décadas las
sociedades avanzadas se han acostumbrado a lograr una parte de su
bienestar hipotecando el futuro de las próximas generaciones. Esto sucede
a nivel medioambiental, de impacto sobre el cambio climático y también a
nivel económico disparando la deuda pública. Se trata de una injusticia
social que no posee correctores espontáneos ya que las futuras
generaciones no pueden estar presentes en el debate. Para que se
incorpore este valor en la sociedad es necesario realizar la traducción,
desde las instituciones públicas y desde los movimientos y organizaciones
sociales, de lo abstracto a lo concreto. Hay múltiples evidencias para poder
hacer esta traducción: las generaciones actuales son las primeras que han
podido detectar que, por ejemplo, determinados bienes naturales e incluso
alimenticios han desaparecido con los años debido a actividades
económicas y sociales excesivamente agresivas con el entorno natural.
VII. Valor de bienes públicos: el concepto de bien público es muy complejo al
ser elástico y contingente. En el panorama internacional hay una enorme
confusión sobre lo que es y no es un bien público ya que depende de la
cultura social y de las opciones políticas. Este valor consistiría en estar
atento y mantener un debate permanentemente abierto sobre el grado de
amplitud de los bienes públicos.
VIII. Sensibilidad pública y orientación de servicio al ciudadano: para ello, la
administración deberá garantizar la participación y ser representantes del
interés público, promoviendo cauces continuos de encuentro y
participación, junto a un adecuado ejercicio crítico de la racionalidad, que
huya de dogmatismos
IX. Legalidad y efectividad en el cumplimiento de los derechos de los
ciudadanos: deberá aplicarse discrecionalidad en el uso del poder otorgado
por la sociedad en determinados ámbitos de su actuación.

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X. Objetividad o igualdad de trato a todos los ciudadanos: independientemente
del sexo, edad, raza, ideología, nivel económico, status social o localización
geográfica y que garantice la defensa del interés general frente a los
intereses particulares.
XI. Jerarquía o subordinación: guardando autonomía de la administración con
respecto a otras instituciones democráticas y procesos de la esfera política,
en el interés común de la sociedad.
XII. Lealtad institucional: de los miembros que integran la Administración
Pública y de sus líderes políticos.
XIII. Accesibilidad espacial y temporal: La administración debe garantizar la
misma calidad de los servicios con independencia de la ubicación
geográfica de los ciudadanos y en el momento en que es requerida. Para
ello, aplicará los principios de desconcentración y descentralización, sin
menoscabo del principio de jerarquía.
XIV. Equidad o preocupación activa por la consecución de un reequilibrio en la
distribución de la riqueza entre los diferentes grupos sociales: Es éste un
principio fundamental, ya que el objetivo de la prestación de servicios
públicos es la consecución de una “Sociedad del bienestar”. Se deberá
prestar especial incidencia a los colectivos más débiles, desprotegidos y
“sin voz” o participación.
XV. Eficacia o maximización en la consecución de los objetivos planteados y
Competencia: no ha de limitarse a buscar la mejor manera de hacer las
cosas, sino que ha de actuar para reconciliar la gran diversidad de intereses
sociales antagónicos.
XVI. Eficiencia o maximización de los resultados alcanzados por la organización
con relación a los recursos invertidos en su consecución.
XVII. Economía o uso racional de los recursos públicos.
XVIII. Cooperación, coordinación y conectividad entre políticas, diferentes
instituciones: administraciones y territorios, que permita la cooperación y
coordinación con las otras administraciones públicas, superando las
fracturas competenciales entre administraciones y la eliminación de zonas

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de sombra entre unidades de la misma organización, así como duplicidades
e interferencias competenciales.
XIX. Legitimidad por sus actuaciones y efectos; transparencia en la gestión,
veracidad en la información aportada y sometimiento al control de la
sociedad que exige a sus directivos resultados y como consecuencia,
responsabilidad pública.
XX. Diálogo, participación y consenso con los agentes clave en la elaboración
de las políticas públicas y en la mejora continua del servicio, dando el
protagonismo a los objetivos colectivos y no a las organizaciones.
XXI. Ética y responsabilidad social: el carácter ético de la organización
constituye la mejor lente para poder interpretar óptimamente y en su
verdadera dimensión la realidad de la organización, siendo un potentísimo
enfoque que permite a ésta ser consciente del efecto que sus acciones
provocan o pueden provocar sobre las personas en sus diferentes niveles:
clientes (internos y externos) o sociedad en su conjunto. Para dichas
organizaciones orientadas hacia la excelencia, la ética, al igual que el
lenguaje, constituye la arquitectura o plataforma que articula los procesos
lógicos de razonamiento y de decisión.

En México la corrupción está presente en la mayoría de las actividades que un


ciudadano realiza, pero ¿qué es la corrupción exactamente? Es la percepción o
apropiación de lo público para beneficios de manera privada.

Se puede definir de diferentes perspectivas, como la económica, jurídica o


sociológica, pero desde una perspectiva politológica es definida como un fuerte
componente valorativo, en general se refiere al incumplimiento de deberes
derivados del ejercicio de cargo público a un abuso de confianza.

La corrupción es la práctica que consiste en hacer abuso de poder, de funciones o


de medios para sacar un provecho económico o de otra índole. Se entiende como
corrupción política al mal uso del poder público para obtener una ventaja ilegítima.
En estos momentos, tal y como conocemos a través de los diversos medios de
comunicación mundiales, se han producido numerosos casos de corrupción

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política. Esto viene a demostrar no sólo la impunidad con la que pueden actuar los
distintos dirigentes sino también la necesidad del endurecimiento de las leyes para
estas situaciones y de una reforma política generalizada.

Puede clasificarse en corrupción a gran escala, menor y política, según la cantidad


de fondos perdidos y el sector en el que se produzca.

 Corrupción a gran escala: La corrupción a gran escala consiste en actos


cometidos en los niveles más altos del gobierno que involucran la distorsión
de políticas o de funciones centrales del Estado, y que permiten a los
líderes beneficiarse a expensas del bien común.
 Actos de corrupción menores: Los actos de corrupción menores consisten
en el abuso cotidiano de poder por funcionarios públicos de bajo y mediano
rango al interactuar con ciudadanos comunes, quienes a menudo intentan
acceder a bienes y servicios básicos en ámbitos como hospitales, escuelas,
departamentos de policía y otros organismos.
 Corrupción política: Manipulación de políticas, instituciones y normas de
procedimiento en la asignación de recursos y financiamiento por parte de
los responsables de las decisiones políticas, quienes se abusan de su
posición para conservar su poder, estatus y patrimonio.

A nivel mundial, existen tres formas corruptas de gobierno, estas son la tiranía, la
oligarquía y la democracia.

Existen tres niveles de corrupción:

I. Del régimen político: si los regímenes políticos son corruptos, los servidores
públicos pueden estar vinculados a servir con fidelidad a ese régimen.
II. La política: la corrupción política o de los políticos que se considera
corrupción ejerzan o no un cargo electo. También se encuentra referida a lo
que sucede con los partidos políticos y sus representantes.
III. La corrupción administrativa: la corrupción administrativa no puede
separarse de la corrupción política. Donde los políticos son corruptos surge

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la corrupción administrativa, aunque la profesionalización del servicio
público puede atenuar la expansión del fenómeno.

Ahora, abordando el tema central, ¿La ética pública puede combatir la corrupción
en México?

México es considerado como uno de los países más corruptos del mundo, tan solo
en la última década la corrupción se ha vuelto toda una red que involucra a
funcionarios públicos, narcotraficantes y políticos de altos niveles, como ex
presidentes.

La corrupción alcanzó los niveles más altos de nuestra historia durante el mandato
del ex presidente Enrique Peña Nieto, cuando en el 2012 con una puntuación de
34 unidades cerró con 28 puntos en el 2019. Así, la administración del
mexiquense es considerada como la más corrupta en la vida de nuestro país.

Esto es un claro ejemplo de cero ética pública: desde un principio el ex presidente


demostró un gran interés y apoyo para el Estado de México y una des obligación
por estados más marginados en el sur del país; ¿quiénes participaron en sus
actos corruptos y desvíos de fondos? Instituciones del Estado de México. No
demostró ética ni una buena administración pública a lo largo de su sexenio.

La ética pública busca hacer que los funcionarios ejerzan su labor sin buscar un
beneficio extra a sus ingresos por la labor que desarrollan, es un simple hacer
colectivo y un proceso social. En todo proceso social están implicados los
ciudadanos, las organizaciones e instituciones del Estado. Por esta razón, a los
funcionarios y servidores debe de inculcárseles la ética pública, y a los ciudadanos
una cultura de honestidad y de servicio a la comunidad y a la sociedad.

Contar con una buena ética pública en cada funcionario y cada dependencia de
México combatiría la corrupción que se vive en México, si los funcionarios
comenzaran a evitar que los ciudadanos ofrecieran el acto de corrupción como
una salida rápida para ambos, la ciudadanía no tendría otra opción que hacer las

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cosas de manera correcta y legal, respetando todas y cada una de las leyes que
este país promueve.

Para cerrar con este ensayo, como conclusión doy una respuesta afirmativa al
objetivo principal, el tener ética pública puede generar un cambio favorable a la
administración pública, disminuyendo el nivel de corrupción tan elevado que
tenemos en México.

Considero que efectivamente el que los funcionarios públicos cuenten con ética
pública al desarrollar su trabajo disminuiría considerablemente la corrupción, pero
también es una cuestión de cultura por parte de los ciudadanos. Vivimos en una
sociedad en la que los ciudadanos consideran más fácil y rápido conseguir lo que
buscan mediante la corrupción, un camino fácil para ahorrar tiempo evitar
problemas.

La ética pública ayudaría a combatir la corrupción en México si a los funcionarios


desde un principio se les enseñara a respetar y seguir los valores que como
servidores públicos deben aprender, desde la carrera de Administración Pública o
cuando obtienen su primer puesto como servidores públicos y con forme van
incrementando el grado o el nivel que ejercen en una institución pública, como
personal administrativo, presidente municipal, gobernador o presidente de la
república. La ética pública es un factor fundamental que todos los funcionarios
deben de acatar sin excepción, pero el combatir la corrupción es un acto de
educación y cultura que todos como ciudadanos debemos aportar.

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