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Pascua y Perdón de Los Pecados Una Hermeneutica de JN 20 PDF

Este documento analiza el pasaje bíblico de Juan 20:19-23 para mostrar cómo este texto fundamenta el sacramento de la penitencia. Argumenta que Jesús resucitado perdona los pecados de sus discípulos y les da el Espíritu Santo para que puedan continuar su misión y perdonar pecados también. Aunque el texto no menciona explícitamente la penitencia, contiene los elementos clave del perdón de pecados que es el corazón del sacramento. El Concilio de Trento se refirió a este pasaje para establecer la

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Este documento analiza el pasaje bíblico de Juan 20:19-23 para mostrar cómo este texto fundamenta el sacramento de la penitencia. Argumenta que Jesús resucitado perdona los pecados de sus discípulos y les da el Espíritu Santo para que puedan continuar su misión y perdonar pecados también. Aunque el texto no menciona explícitamente la penitencia, contiene los elementos clave del perdón de pecados que es el corazón del sacramento. El Concilio de Trento se refirió a este pasaje para establecer la

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INSTITUTO PALAFOXIANO DE ESTUDIOS SUPERIORES

MORAL DE LA PENITENCIA

IV DE TEOLOGIA

PBRO. LIC. FRANCISCO JAVIER MARTINEZ CASTILLO

LECCIÓN 26 MAYO 2020

EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA FRUTO DEL EVENTO PASCUAL

PASCUA Y PERDÓN DE LOS PECADOS UNA HERMENEUTICA DE JN 20, 19-23

Las relaciones recreadas y restauradas a través de la cruz y la resurrección de


Jesucristo se expresan claramente en el texto de San Juan 20, 19-23. Este texto describe la
situación de la tarde de la pascua y al mismo tiempo el texto clásico para el Concilio de
Trento y la tradición entera cuando se trataba de recurrir a un fundamento bíblico para
institución y la esencia del sacramento de la penitencia. La exégesis moderna es unánime al
afirmar que este texto no habla en un primer momento de la penitencia y por supuesto no de
un sacramento de la penitencia en una forma determinada. Por otra parte contiene todos los
elementos para demostrar que el perdón de los pecados tiene su raíz en el evento Pascual y
pertenece al núcleo de este misterio. (Esto es el centro de todo el argumento)

El inicio del texto vincula toda la situación íntimamente a la Resurrección de


Jesucristo diciendo que lo que pasa es parte del mismo día de Pascua. “Las tarde de aquel
mismo día” (v. 19) mientras Cristo va al encuentro de sus discípulos por primera vez en
calidad de resucitado, estos estaban todavía, por así decirlo, en el tiempo anterior a la
Pascua, en la época vieja. Se encontraban encerrados por temor a los judíos (tener las puertas
cerradas indica una situación de no relación, de aislamiento que indica una situación de
pecado y de muerte) Ahora Jesús resucitado aniquila la barrera de las puertas cerradas, se
relaciona con sus discípulos y cambia su temor y aislamiento en gloria y paz.

Tal giro de la situación sucede mientras Jesús muestra a sus discípulos las manos y el
costado (v. 20) Este gesto se interpreta correctamente primero de manera cristológica. Indica
que el resucitado es idéntico al crucificado, es el mismo, que el Cristo resucitado es idéntico
con el Jesús encarnado. Indica sin embargo también a nivel soteriológico que el resucitado
reestablece las relaciones con los discípulos que lo han traicionado y colaborado así también
a las heridas de sus manos y de su costado. El mostrar las manos y el costado es de parte de
Jesús no solamente un gesto de identidad sino implica igualmente el perdón de los pecados
cometidos por parte de sus discípulos cuando traicionaban ala maestro.

En seguida Jesús dice nuevamente a sus discípulos “la paz esté con ustedes” Este
doble saludo de paz subraya la importancia. No se trata de un gesto de cortesía, o de la
expresión de algún deseo, sino de un don espiritual que deberá caracterizar y acompañar a
sus discípulos también cuando Él no estará más entre ellos. La paz es el don de la plenitud de
la salvación, realizada en la cruz y resurrección de Cristo y confiada ahora a los discípulos
para que puedan ser testigos de su maestro. La paz es entonces la premisa para la misión y
abre el mandato para la misión “como el padre me ha enviado, así los envío yo” Esta es la
hora en que Cristo lleva a cabo el poder que el Padre le confirió en la resurrección: el hijo le
confiere su mandato a sus discípulos para continuar su obra. El “como” de este mandato
tiene dos significados: uno fontal y otro ejemplar. El primero afirma que la misión del hijo –
dada por el Padre- es la fuente, la causa que hace posible la misión de los discípulos.

Toda la obra de los discípulos y de la iglesia tiene su raíz en la obra de Cristo y no


puede ir más allá. El sentido ejemplar expresa que la obra confiada a los discípulos debe
desarrollarse según el ejemplo de quien manda, en la secuela y en el espíritu de Jesús. Un
sentido ejemplar expresa así la dimensión ética que brota de aquel origen antes descrito. He
aquí porque la misión de los discípulos presupone una comunidad reconciliada que participa
plenamente de la resurrección de Cristo y goza de sus dones de paz y de gloria.

Para poder desarrollar la misión en el espíritu y en la secuela de Cristo, el Señor da a


sus discípulos al espíritu santo. “Después de haber dicho esto sopló sobre ellos y dijo:
Reciban al Espíritu santo” (V22) tal don del espíritu santo tiene sus raíces profundas en el
Antiguo testamento. El gesto de soplar recuerda Gn 2,7 donde Dios crea al hombre “con
polvo de la tierra y sopló en sus narices un aliento de vida y el hombre se convierte en un
ser viviente” También recuerda la resurrección del hijo de la viuda de Sarepta, donde el
profeta Elías se tiende tres veces sobre el niño muerto, soplando sobre él e invocando al
Señor: “Señor Dios mío, que el alma del niño vuelva a su cuerpo” (1 Re 17, 21) finalmente
recuerda la visión de los huesos áridos de Ezequiel la cual hace exclamar al profeta
“Espíritu, ven de los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos para que revivan” ( Ez 37,
9)

En estos tres textos el soplo del Espíritu está en relación con la vida. Dios creador
sopla en las narices para crear un ser viviente; Elías sopla para dar nuevamente la vida a un
muerto; Ezequiel invoca el soplo del Espíritu para una vida nueva sobre su pueblo. En esta
tradición se inserta el gesto de Jesús resucitado. El soplo sobre sus discípulos es un don de
resurrección espiritual. Significa la recreación nueva de la vida en Cristo resucitado que
como tal posee el Espíritu y lo transmite ahora a sus discípulos. Pero vida nueva implica
inicio nuevo sin pecados de la vida antigua. Es necesario el soplo del Espíritu Santo
vivificador porque el pecado quita al hombre la vida verdadera y lo reduce así al estado de
un moribundo o de huesos áridos. El don del Espíritu Santo es por lo tanto idéntico con la
remisión de los pecados y la participación en la vida nueva de Cristo resucitado.

La comunidad de la iglesia primitiva ha visto el lugar donde fue conferido el don del
Espíritu Santo en el bautismo. La creación nueva del hombre sucede sacramentalmente
precisamente porque el bautismo hace al hombre participe de la muerte y resurrección de
Cristo (Rm 6, 4-5) La tarde de pascua, el primer encuentro con Jesús resucitado es entonces
el momento en el que los discípulos recibieron el bautismo con el Espíritu Santo y el poder
de perdonar los pecados. Es necesario ver los versículos 22 y 23 estrechamente ligados sin
reducir el don del Espíritu Santo al poder del perdón de los pecados.

Los padres de la iglesia discutieron sobre si estas palabras entienden la remisión de


los pecados en el bautismo y solo en el bautismo o también después del bautismo: Los
primeros tres siglos ponían el acento en el bautismo. Más tarde la balanza de la
interpretación teológica se inclinaba hacia el sacramento de la penitencia. Sabemos que el
concilio de Trento refería las palabras de Jn 20, 22ss explícitamente al sacramento de la
penitencia y veía en ellos la prueba bíblica por el hecho de que este sacramento fue instituido
por Cristo. (DH 1701-1703)

SCNACKENBURG observa que tal afirmación del Concilio es muy comprensible,


sobre el trasfondo de su posición anti luterana. Sin embargo agrega que el Concilio de
Trento no quiere enseñar que la referencia a un sacramento de penitencia post bautismal
sería el primero y único significado que se le podría dar a este texto. Trento intentó sobre
toso refutar la opinión protestante que veía en este texto exclusivamente el poder de anunciar
el Evangelio. Quería sostener, contra los opositores, que el sacramento de la penitencia es
una especificación legítima de la potestad conferida en estos textos bíblicos. Max Thurian
asegunda estas cuestiones cuando dice “el don que los apóstoles recibieron la tarde del día
de Pascua no debe ser identificado con el don de anunciar el Evangelio… se trata de un don
particular: los apóstoles reciben un carisma, una promesa, una misión, un ministerio
especial. Ese misterio es un aspecto del poder de las llaves que debe extenderse a toda la
obra de la iglesia acerca de la liberación del hombre. Este don… es el poder de la
absolución. No se trata solamente de un ministerio de predicación, sino realmente de una
palabra y de un acto que opera lo que significa.

La comisión teológica internacional lo explica de la siguiente manera: “a pesar de


que, en ciertas expresiones, el grupo de las personas cualificadas no sea definido con
extrema evidencia (Cfr Mt 18, 15-20; Jn 20, 22ss) sin embargo el común deber de
reconciliación (Cfr Mt 5, 23ss) es cualitativamente distinto del poder ministerial de perdonar
o retener los pecados. De hecho la palabra y el ministerio de la reconciliación son confiados
de modo particular al ministerio apostólico de la Iglesia.

Entonces el mismo Concilio de Trento refiriendo Mt 18 y a Jn 20 al sacramento de la


penitencia no ha entendido excluir la referencia al bautismo. Pero permanece fiel al mensaje
bíblico y al desarrollo de la tradición eclesial aplicando estas tesis también a un segundo
sacramento para la remisión de los pecados, es decir, al sacramento de la penitencia. El
fundamento teológico es el mismo Misterio Pascual. Expresa la verdad que el amor y la
reconciliación revelados en la cruz y resurrección de Jesús no conocen límites, realmente
abrazan todas las dimensiones del hombre incluso aquellas donde permanece débil después
del bautismo. Respecto al ministro del sacramento, según los exégetas de hoy, el Evangelio
no tiene la intención de dirigir estas palabras exclusivamente a ministros especialmente
designados a un sacramento específico. Pero tampoco niega un ulterior desarrollo en esta
dirección, simplemente porque no es su “status quaestionis”. El desarrollo posterior ha sido
fruto de una reflexión progresiva sobre el sentido de la Escritura por parte de la Iglesia.

El Evangelio de Juan, por así decir, tiene frente a sus ojos esta primera comunidad
post pascual de discípulos, esta célula originaria de la iglesia a la cual Cristo resucitado da el
mandato de la misión. E ello lleva consigo el perdón de los pecados y de la reconciliación.
Esta comunidad es el signo de la salvación cumplida, de la paz y de la gloria pascual,
precisamente porque en ella los pecados son perdonados a quienes vienen acogidos en su
seno y también a aquellos que en la iglesia han recaído en el pecado. Se puede decir
entonces que Jn 20, 19-23 indica el perdón de los pecados como elemento inmediato de la
cruz y resurrección de Cristo y como elemento intrínseco del don del Espíritu Santo y del
mandato de misión que el Señor confía a sus discípulos la tarde del mismo día de Pascua.

Cuando a lo largo de la historia de la iglesia subsecuente el perdón de los pecados


post bautismales, ha encontrad su forma específica en le sacramento de la penitencia, se
puede decir que este desarrollo tiene su base en Jn 20, 19-23. Schnackenburg expresa esta
verdad del siguiente modo: “la comunidad joánica era consciente de haber recibido del Señor
resucitado el mandato y el poder de perdonar o de no perdonar los pecados. Debe decidir
quién pertenece a su comunidad y quién se separa a causa de un comportamiento
pecaminoso. Como la ha hecho el mismo Jesús (Jn 9, 41), también la comunidad puede y
debe constatar que ciertos hombres viven en el pecado (Jn 5, 16) La formación de una praxis
eclesial de la penitencia corresponde a un tiempo posterior; pero la comunidad que quiere ser
liberada del pecado y salvaguardar esta libertad existe desde el principio. La remisión de los
pecados es para Juan el don y el mandato del Señor resucitado.

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