TRASTORNOS DE ANSIEDAD MIGUEL ÁNGEL RANDO JOSEFINA CANO 1.
INTRODUCCIÓN Los
trastornos de ansiedad constituyen una de las familias más amplias que podemos encontrar en los
manuales diagnósticos (DSM-5 o CIÉ-10), y también una de las familias diagnósticas más usadas en
el entorno clínico, junto con los denominados trastornos del estado de ánimo. En nuestro país, la
prevalencia-vida de los trastornos de ansiedad en 2002 se estimaba que era de 6.20 %, aunque en
2007 había subido a 9,9 % (según datos de la OMS). Esta cifra es alta teniendo en cuenta que la
prevalencia-vida para los trastornos mentales en general es de 16,6 %. En países como Estados
Unidos encontramos datos de prevalencia-vida de hasta el 36 %. Otro dato importante es que, por
sexos, las mujeres duplican a los hombres en todas las categorías diagnósticas de trastornos de
ansiedad, excepto en «fobia social», donde las cifras son similares. Se calcula que entre un 20-30 %
de los pacientes que acuden a Atención Primaria en nuestro sistema nacional de sanidad lo hacen
aquejados por algún trastorno de ansiedad, solo o asociado a otros trastornos. Estos pacientes son
tratados con psicofármacos, y tan sólo un 5 % de ellos ve resuelto su problema a través de los
mismos. Teniendo en cuenta los datos anteriores, hemos de planteamos que los trastornos de
ansiedad han de tener un papel destacado en la formación y en la práctica clínica de los
profesionales que intervienen en la salud mental. Suponen además un importante problema en
cuanto a cifras de gastos se refiere, por costes en bajas laborales y medicamentos. 2.
CLASIFICACIÓN DE LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD Encontramos en esta categoría diagnóstica a
todos aquellos trastornos cuyo principal síntoma es la ansiedad manifestada por el paciente u
observada por el clínico. ¿Qué entendemos por ansiedad? Podríamos decir que se trata de la
anticipación de un peligro (físico y/o emocional) que amenaza al sujeto y que le pone en estado de
alerta (dimensión cognitivo-emocional) y de tensión (dimensión fisiológica). Por tanto, esta
reacción debemos entenderla como normal y adaptativa. No podemos vivir sin ansiedad. Pero,
¿qué ocurre cuando el sujeto percibe que no dispone de recursos para afrontar una situación, o
que los que ya ha usado han resultado infructuosos? Entonces opta por huir como una forma de
defensa, evitando así daños mayores. Estaríamos en ese caso ante un trastorno de ansiedad. 33 En
tanto que la ansiedad es experimentada por el sujeto como algo contra lo que no puede luchar,
ésta lleva (salvo que sea totalmente imposible por el sujeto) a poner en marcha una conducta de
evitación. En el caso de las fobias, ésta es claramente la conducta que más define al propio
trastorno, en tanto que se convierte en una huida y/o evitación permanente del estímulo fóbico.
En los casos de fobia social y agorafobia esta evitación puede llevar al sujeto a situaciones
realmente incapacitantes, en tanto que restringe ampliamente sus posibilidades de actuación y/o
relación con el entorno. En el trastorno obsesivo-compulsivo el sujeto evita su ansiedad a través
de la realización de rituales, y en los trastornos de estrés agudo y estrés postraumático adopta la
forma de una huida fóbica hacia los estímulos que le recuerdan al trauma que haya
experimentado. Siguiendo la clasificación de trastornos de ansiedad que propone el DSM-5,
tendríamos que hablar de los siguientes: — Fobia específica. — Fobia social o ansiedad social. —
Trastorno de pánico o trastorno de angustia. — Agorafobia. — Trastorno de ansiedad
generalizada. — Trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica. — Trastorno de ansiedad
inducido por sustancias. — Trastorno de ansiedad no especificado. Si observamos los criterios del
CIÉ-10 (1992), vemos que en este manual los trastornos de ansiedad se encuentran recogidos en el
epígrafe de «Trastornos Neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y somatomorfos», en el
cual tenemos como subcategorías las siguientes: — Trastornos de ansiedad fóbica, donde quedan
recogidas las fobias específicas, la fobia social y la agorafobia. — Otros trastornos de ansiedad,
donde encontramos el trastorno de pánico (equivalente al trastorno de angustia, la ansiedad
generalizada y el trastorno mixto ansiedad-depresión, para el cual deberían establecerse los dos
diagnósticos por separado). — Trastorno obsesivo-compulsivo. Este trastorno recibe una
subcategoría propia. — Trastornos por estrés grave y trastornos de adaptación. Aquí encontramos
el estrés agudo y el estrés postraumático, además de los trastornos de adaptación. — Trastornos
disociativos. — Trastornos somatomorfos. — Otros trastornos neuróticos. Vemos que en esta
clasificación los trastornos de ansiedad aparecen junto con los denominados trastornos
neuróticos, debido a la relación histórica que ha habido entre ambos y que se sigue manteniendo,
especialmente en el ámbito de la psiquiatría. En psicología el concepto de neurosis ha ido
quedando en desuso, principalmente por su asociación con la teoría psicoanalítica, y ha sido
ampliamente desplazado por el de ansiedad y/o angustia. Con respecto al DSM-IV y a la CIÉ-10,
podemos observar cómo el DSM-5 ha creado una nueva categoría diagnóstica con el trastorno
obsesiv