5
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811
Gustavo Adolfo Vaamonde
No encuentro otro remedio para salvarnos sino la
providencia o discriminación sobre la erección de la
Junta gubernativa. Si antes la pedimos como un
sistema útil a nuestra conservación,yo la creo
ahora, si no me engaño, necesaria para
evitar nuestra ruina.
El conde de Tovar al gobernador Juan de Casas.
Caracas, 2 de diciembre de 1808.
INTRODUCCIÓN
D
urante los primeros meses del año 1810 comenzaron a instaurar-
se juntas de gobierno a lo largo de la jurisdicción de la Capitanía
General de Venezuela. Este significativo proceso histórico ha sido
reconstruido y explicado por la historiografía nacional de manera muy
particular. Para algunos autores esta etapa del siglo XIX constituyó, sim-
plemente, un preámbulo o capítulo introductorio al gran escenario y/o
momento histórico en el que se desarrolló el accionar de los próceres de
la patria venezolana, quienes actuaron en los posteriores procesos de la
declaración de la independencia absoluta de la monarquía hispánica el
día 5 de julio de 1811, en la creación y sanción de la constitución federal
realizada en diciembre del mismo año y en la exageradamente estudiada
gesta militar que culminó por consolidar la independencia del nuevo es-
tado americano una década después de estas fechas.1
1. En la mentalidad de los venezolanos encontramos que la fecha inicial del proceso juntista,
para la cual se toma como referencia el día de la instalación de la Junta Conservadora
de los derechos de Fernando VII en Caracas, hecho acaecido el 19 de abril de 1810, se
entiende, y se aprende también en los manuales escolares, como el día de la declaración
de la independencia nacional.
Jamás ha llovido...indd 121 27/11/13 15:22
122 Gustavo Adolfo Vaamonde
Entre los estudios realizados sobre este tema resaltan los que
reconstruyen y explican, exclusivamente, las acciones independentistas
de un sector de los integrantes de la junta caraqueña, quienes se apo-
deraron de esta instancia de gobierno y maniobraron a sus anchas para
lograr la ruptura definitiva de la dependencia con la autoridad de la
monarquía hispana 15 meses después de su conformación.2 El estudio
sistemático y desapasionado del proceso lleva a la conclusión de que un
grupo significativo de los promotores de este proceso juntista estuvieron
impulsados por el hecho constatado de la desarticulación progresiva de
la monarquía hispánica, proceso que se acentuó desde comienzos del
siglo XIX y tuvo su máxima expresión durante el mes de mayo de 1808.
Esta circunstancia movilizó, tanto en Europa como en América, a
muchos súbditos de la monarquía a organizarse para adelantar la
defensa contra el invasor francés, regular su cotidianidad, defender sus
valores sociales y para buscar espacios de autonomía, o autogestión,
dentro de la propia monarquía. Sin embargo, el posterior desarrollo de
los acontecimientos militares, políticos e institucionales en la península
ibérica los impulsó, en el caso caraqueño exclusivamente, a radicalizar
su postura hacia la búsqueda de una independencia total. Tenemos que
reconocer entonces que tanto la fidelidad a la monarquía así como el
independentismo radical, estuvieron en las ideas y los propósitos de un
importante sector de los diputados y/o integrantes de estas juntas de
gobierno erigidas en Venezuela.
En otras investigaciones realizadas sobre el tema concentran el
análisis, casi en exclusividad, en el accionar y desarrollo de la junta
caraqueña. No se han generado estudios exhaustivos de las ideas, las
acciones, los programas esgrimidos y ejecutados por los integrantes de
las juntas que se conformaron en otras poblaciones y provincias de la
jurisdicción de Venezuela, instancias de gobierno autónomo que mate-
rializaron un interesante esfuerzo político de organización atendiendo a
las realidades de su entorno además de que se generaron en su seno
singulares procesos de interpretación del ordenamiento jurídico monár-
2. Cristóbal Mendoza escribió lo siguiente: “...y de aquélla [la independencia absoluta] no solo
no temía, sino antes bien, deseaba el rompimiento absoluto con la Corona, que circunstan-
cias de orden interno impedían proclamar de una vez y categóricamente. La discreción fue
una de las más resaltantes características de las actuaciones de la Junta de Caracas y de
ello dio pruebas en el tino admirable con que manejó los asuntos internos, erizados de las
más peligrosas dificultades”. Cristóbal Mendoza, “La Junta de Gobierno de Caracas”, en
Boletín de la Academia Nacional de la Historia, t. XVIII, No. 72, Caracas, octubre-diciembre
de 1935, p. 628. Sin embargo, el académico venezolano suavizó su posición a lo largo de
su análisis: “Las defecciones que muy luego comenzaron a producirse [en el seno de la
junta caraqueña] en las filas revolucionarias y las vacilaciones y contrapuestas tendencias
que en ellas se observaron, tanto de parte de los individuos como de los Gobiernos, en el
curso de los años siguientes, evidenciaron que el ideal franca y decisivamente separatista,
republicano e igualitario, no era compartido por todos”. Ibíd., p. 623.
Jamás ha llovido...indd 122 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 123
quico y de las tradiciones institucionales de la misma, las cuales fueron
el sustento de este proceso de salvaguarda y conservación.3 Esta reali-
dad historiográfica no ha permitido conocer en su justa medida la
importancia de este esfuerzo institucional de resguardo de los principios
o valores constitutivos de la sociedad hispanoamericana que se desarro-
lló y encausó a través de estos medios a partir del mes de julio del año
1808.4
Debe resaltarse también la marcada tendencia de la historiografía
patria venezolana, y de la contemporánea, de querer analizar el proceso
independentista partiendo fundamentalmente desde los postulados libe-
rales e ilustrados de otras naciones europeas y americanas distintas a
España. Esta realidad ha propiciado una mutación significativa en los
análisis del proceso juntista. Este tuvo sus orígenes en las tradiciones
políticas y jurídicas de la monarquía hispana. Este estado pudo mante-
ner su vigencia durante la crisis desarrollada a partir de 1808 gracias
al entramado institucional e ideológico que logró levantar por siglos en
sus dominios y los cuales sirvieron a los súbditos de estas jurisdicciones
para organizar y regular su funcionamiento, mantener el orden social
interno y prepararse para su defensa a pesar del desmoronamiento ins-
titucional monárquico que se desarrolló aceleradamente a partir de esta
fecha. Debemos recordar el enfrentamiento que tuvieron el rey Carlos IV
y el príncipe de Asturias, el cual terminó en la abdicación de Aranjuez
del día 19 de marzo de 1808. Ocurrió también la abdicación que hicie-
ron de sus derechos los monarcas Fernando VII y Carlos IV ante el
emperador francés en Bayona, así como la ocupación de la península
ibérica en casi toda su extensión por las tropas imperiales francesas, y
por la caída consecutiva de la Junta Suprema de Gobierno instalada en
Madrid por el monarca Fernando antes de partir a Francia y por la con-
nivencia de los integrantes del Consejo de Castilla y los Capitanes Gene-
rales con la política de los invasores. Este escenario de desarticulación
institucional provocó el “revolucionario” proceso hispano de sujeción del
derecho de la soberanía por el pueblo, la nación. Los valores y las tradi-
3. Un trabajo que ha roto con esta regla es el de Ángel Grisanti, Repercusión del 19 de abril
de 1810 en las provincias, ciudades, villas y aldeas venezolanas, Caracas, Tipografía Lux,
1959, p. 143.
4. Las investigaciones que resaltan en la reconstrucción y explicación de este proceso histó-
rico serían las siguientes: Ángel Grisanti, Emparan y el golpe de Estado de 1810, Caracas,
Tipografía Lux, 1960, p. 210; Andrés Ponte, La Revolución de Caracas y sus próceres,
Caracas, Miangolarra, 1960, p. 159. También de mediados del siglo pasado la de VV. AA.,
El 19 de Abril de 1810, Caracas, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Comisión
de Historia, Comité de Orígenes de la Emancipación, 1957, p. 217. Un interesante esfuerzo
por analizar jurídicamente este proceso es el de Juan Garrido Rovira, La revolución de
1810: bicentenario del 19 de abril de 1810, Caracas, Universidad Monteávila, 2009, p. 292;
Gustavo Adolfo Vaamonde, Los Novadores de Caracas: la Suprema Junta de Gobierno de
Venezuela, Caracas, Academia Nacional de la Historia/Fundación Bancaribe, 2010.
Jamás ha llovido...indd 123 27/11/13 15:22
124 Gustavo Adolfo Vaamonde
ciones de la monarquía hispánica y del catolicismo que le daba susten-
to fueron el soporte o baluarte, tanto ideológico como jurídico e institu-
cional, de los súbditos americanos para crear los medios y las instan-
cias con los cuales pudieron organizar su gobierno y, consecuentemen-
te, salvaguardar su orden social.
En este contexto surge el interés de revisar el proceso juntista vene-
zolano desde el sustento jurídico y político del mismo, así como presen-
tar las oposiciones que surgieron a la conformación de las mismas, no
solamente en el territorio de la Capitanía General de Venezuela, sino en
Hispanoamérica. De igual manera queremos puntualizar el carácter
defensivo y de conservación que tuvieron las juntas de gobierno, así
como las iniciativas que se generaron en el seno de estos espacios para
la organización de la vida de los ciudadanos, estantes y habitantes de
las ciudades, villas y lugares de esta jurisdicción que quedaron bajo la
influencia de estos gobiernos colectivos.
EL TEMOR A LA DESPRECIABLE
INFLUENCIA FRANCESA
Si hubo entre los súbditos de la monarquía hispana establecidos en
el continente americano un temor real e inminente de verse sometidos
a la influencia francesa fue el de los habitantes de la jurisdicción de
Venezuela. En efecto, desde el mes de agosto de 1791 llegaron noticias
a tierra firme del levantamiento de los esclavos de la colonia francesa de
Saint Domingue, que se ubica a una distancia relativamente corta de las
costas de Venezuela. El movimiento adelantado por los esclavos Bouck-
man y Jean François Biassou y por el liberto Toussaint Louverture
comenzó a ser seguido no solo por el sector de los criollos de la Capita-
nía General de Venezuela que realizaban una actividad productiva sus-
tentados en mano de obra esclava, sino por las propias autoridades
monárquicas de la parte occidental de la isla de Santo Domingo y por
las de Venezuela, quienes manifestaron la preocupación de que el movi-
miento se extendiera a las esclavitudes de sus respectivas jurisdiccio-
nes. Este temor tuvo que ser mayor después de que se conoció la reso-
lución de la Convención Nacional francesa del día 4 de febrero de 1793
que eliminaba la esclavitud en sus colonias del mar Caribe.
A esta altura del proceso histórico no debían quedar dudas entre el
sector de los criollos y el de las autoridades monárquicas de Venezuela
y de Hispanoamérica en general, del antagonismo y las incompatibilida-
des insubsanables existentes entre el sistema revolucionario francés y
los principios y valores que fundamentaban a la sociedad colonial vene-
zolana. Ya los franceses habían demostrado sus pretensiones anti-
monárquicas y los súbditos de Venezuela prestaban fidelidad a su
Jamás ha llovido...indd 124 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 125
monarca. Los franceses comenzaron a mostrar desprecio hacia la noble-
za en tanto que en Venezuela existía un sector con distinciones nobilia-
rias. Los franceses adelantaron acciones para expresar su ateísmo ata-
cando la estructura y los símbolos del catolicismo y en estas latitudes
la Iglesia católica era una institución esencial en la legitimación del
Estado y en la regulación de la cotidianidad de casi todos los grupos
humanos que aquí hacían vida. Por último, los revolucionarios decreta-
ron la abolición de la esclavitud en sus colonias, en tanto que en las
jurisdicciones de la monarquía hispana en América subsistían gracias a
su sistema esclavista, por lo tanto, jamás ni nunca se puede sostener
que el proceso revolucionario francés fue un modelo a seguir por los
americanos para adelantar su proceso emancipador, todo lo contrario,
el proceso de transformación institucional que impulsaron los hispano-
americanos fue, en su esencia, una reacción, un esfuerzo desesperado
para protegerse de este “despreciable” sistema francés.5
El temor en Venezuela no fue ficticio ni lejano, el día 13 de febrero
del año de 1793 el gobernador de la provincia de Cumaná, Vicente de
Emparan, quien sería 17 años después depuesto por los juntistas de
Caracas, escribió al gobernador y capitán general de Venezuela Diego de
Carbonell informándole que habían anclado en la isla de Trinidad varios
navíos franceses en donde venían el derrotado y depuesto gobernador
de la colonia francesa de Martinica Behaque, con los restos de su ejér-
cito y un grupo de familias francesas. Carbonell ordenó al gobernador
de Trinidad José María Chacón retener al grupo, posteriormente, por
real orden del 16 de abril el monarca español confirmó el asilo del alto
funcionario francés junto a su estado mayor. Durante su estadía en
Venezuela estos oficiales trasmitieron no solo las noticias de lo ocurrido
con las esclavitudes y los revolucionarios franceses en Santo Domingo,
5. Otros autores ya habían adelantado esta reflexión: “La sociedad implantada [en América]
rechaza, y lo hace sistemáticamente, el planteamiento revolucionario francés, y lo rechaza
en sus tres versiones: en la versión directa, por tratarse de una formulación ideológica que
rápidamente toma un carácter antimonárquico y antirreligioso, y esta era una sociedad
monárquica y católica. Rechaza esa influencia en su vertiente antillana, sobre todo en Santo
Domingo, porque tiene un peligrosísimo contenido de igualdad social y racial y de libertad
de esclavos, y esta es una sociedad esclavista y discriminatoria. Y rechaza la vertiente que
viene a través de la propia metrópoli –en el caso de la conspiración de San Blas, la traída
por Picornell–, porque ella misma contiene un fondo liberal vinculado con el jacobinismo,
y sobre todo hace un planteamiento de liberación de los esclavos y de igualdad social.
Como, repito, esta era una sociedad monárquica, católica, esclavista y discriminatoria
en lo racial, estas influencias, que podían actuar de una manera indirecta en la medida
en que provocaban en Europa una crisis social y política, y por lo mismo condicionaban
el proceso americano, se volvían ineficaces en cuanto intentaban actuar directamente”.
Germán Carrera Damas, Una nación llamada Venezuela, 1810-1974, Caracas, Monte Ávila,
1984, p. 46.
Jamás ha llovido...indd 125 27/11/13 15:22
126 Gustavo Adolfo Vaamonde
Martinica y Guadalupe, sino que transmitieron también información de
la evolución del proceso revolucionario francés.6
La situación empeoró durante el año de 1794 cuando a petición del
gobernador de la parte española de Santo Domingo, Joaquín García
Moreno, las autoridades monárquicas de Venezuela se vieron en la nece-
sidad de enviar tropas, dos compañías de veteranos y de milicias regla-
das de blancos y pardos procedentes de las guarniciones de Caracas, los
valles de Aragua, Valencia y Maracaibo para ir a combatir a la isla cari-
beña y tratar de contener el avance de los esclavos de la parte francesa
hacia la parte occidental de la isla. Un total de 540 hombres proceden-
tes de la capitanía general desembarcaron en la costa norte de Santo
Domingo para participar junto a las fuerzas de la Escuadra de América
en el bloqueo y ataque de los puertos de Delfín o Bayajá y el de Guárico
o Cabo Haitiano.7
La preocupación y el miedo revolucionario se consolidaron durante
el año de 1795. Motivado a la paz de Basilea acordada este año se esta-
bleció la tregua entre Francia y España, además esta última monarquía
cedió la parte oriental de la isla de Santo Domingo a los franceses. Este
hecho generó un éxodo de funcionarios y familias españolas y francesas
hacia Venezuela. Estas se trasladaron con sus esclavos y aumentaron
la angustia de las autoridades monárquicas por la posibilidad de que
predicaran las ideas revolucionarias de igualdad social a los sometidos
de estas jurisdicciones. Durante el mismo año estalló la rebelión de
esclavos y libertos liderada por José Leonardo Chirino en la serranía de
Curimagüa, cerca de la costa norte de la jurisdicción, y quienes estuvie-
ron influenciados por la ley de los franceses que beneficiaban a las
esclavitudes de Saint Domingue.
En el año de 1797 las autoridades monárquicas tuvieron que mover
todo su aparataje de control y represión para detener y controlar los
efectos de la revolución independentista que adelantaban en el puerto
de La Guaira Manuel Gual y José María España, quienes estuvieron
influenciados por las ideas liberales españolas y, en cierta medida, por
el modelo revolucionario francés. Posteriormente, se registra la confusa
y frustrada acción por delación que se quiso desarrollar en Maracaibo
durante el año de 1799 cuando marinos franceses intentaron generar
una revuelta en la ciudad para, supuestamente, tomar prisionero al
gobernador Fernando Miyares, acción para la cual contarían con el
6. William J. Callahan, “La propaganda, la sedición y la Revolución francesa en la Capitanía
General de Venezuela. 1789-1796”, en Boletín Histórico, vol. V, Nos. 13-15, Caracas,
Fundación John Boulton, 1967, p. 189.
7. Francisco Alejandro Vargas, “Los venezolanos en la defensa de Santo Domingo”, en Boletín
de la Academia Nacional de la Historia, t. XLIX, No. 193, Academia Nacional de la Historia,
enero-marzo de 1966, pp. 92-98.
Jamás ha llovido...indd 126 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 127
apoyo del sargento de milicias Francisco Javier Pirela. Tan peligroso
panorama quedó registrado en las palabras del gobernador de Venezue-
la Manuel Guevara Vasconcelos cuando envió desde Caracas al monar-
ca el primer informe de inicio del siglo XIX, le escribió lo siguiente: “La
noticia que he tenido de haber penetrado los negros del Guárico [Haití]
en las Posesiones Españolas con el intento de someterlas, y señorearlas,
de cuya ocurrencia, doy parte separadamente por los Ministerios de
Estado y Guerra”.8
Además del temor con fundamentos por los franceses, las autorida-
des monárquicas reseñaron en sus últimos comunicados al consejo de
Indias cómo tuvieron que enfrentar la propaganda revolucionaria que
esparcieron entre los habitantes de Venezuela los súbditos de otras
monarquías europeas establecidos en las islas del Caribe, ingleses fun-
damentalmente, tendentes a incentivar la independencia entre los crio-
llos de la jurisdicción de Venezuela para debilitar el poder y la autoridad
de la monarquía hispana en estas regiones americanas.9
Durante el año de 1806 las autoridades monárquicas de Venezuela
y los grupos criollos que los acompañaban en la administración desde
los gobiernos locales, ayuntamientos y otras instancias subsidiarias
creadas para este fin,10 enfrentaron el intento de invasión y de indepen-
dencia adelantado por Francisco de Miranda sobre la costa de Ocumare
8. “El Capitán General de Venezuela informa al gobierno de España sobre el estado de las
provincias de su mando, las medidas que ha tomado y las buenas consecuencias de estas.
Caracas, 28 de enero de 1801”. José Félix Blanco y Ramón Azpúrua, Documentos para la
historia de la vida pública del Libertador, t. II, Caracas, Comité Ejecutivo del Bicentenario
de Simón Bolívar, Presidencia de la República, p. 32.
9. El mismo gobernador Guevara y Vasconcelos expuso en el informe anteriormente citado
una de sus preocupaciones principales: “Hice valer mí autoridad, y reanimando a los
Ministros de la Audiencia se dio curso al proceso de Sublevación [de Gual y España] que
estaba entorpecido: y habiendo logrado a pocos días de mí llegada la prisión de Josef
María España, uno de los reos principales, que había tres meses se hallaba disfrazado
y escondido en el Puerto de la Guaira, con el infame designio de adelantar su proyecto
de trastornar nuestra Constitución, se avivó la causa, y a los ocho días fue sentenciado
a horca, y ejecutado luego, como también lo fueron con alguna intermisión corta cinco
más de los principales conjurados, y los demás remitidos a sus respectivos destinos: [...]
[por otro lado] me he ocupado seriamente en afirmar estas provincias en el dominio de
S.M., velando incesantemente contra los enemigos externos, e internos que empeñados
en sublevarlas no han perdonado arbitrio por reprobado que sea. Han esparcido papeles
subversivos, que con mucho cuidado se han recogido, persiguiendo a los malos vasallos
que clandestinamente frecuentan sus costas, y les llevan ganados y víveres por el vil interés
de la ganancia que les ofrecen, infundiéndoles al paso máximas contrarias a nuestra
Constitución, lisonjeándolos con artificiosas comparaciones de su Gobierno y el nuestro,
y convidándolos con esperanzas seductoras a que ellos, y sus compatriotas sean de los
primeros que sacudan el yugo de la tiranía, y gocen de las felicidades que les pintan para
alucinarlos”. Ibíd., pp. 30-31.
10. Nos referimos, por ejemplo, al Real Consulado, instancia de fomento y regulación de la
actividad comercial de la provincia creada durante el año de 1793 y en la que tuvieron
cabida los principales grupos familiares de la clase mantuana, hacendados-comerciantes,
que hacían vida en la jurisdicción.
Jamás ha llovido...indd 127 27/11/13 15:22
128 Gustavo Adolfo Vaamonde
de la Costa, cercana a Caracas, y en la vela de Coro. Los criollos, o
mantuanos, estaban preocupados por los asuntos económicos más
importantes de la jurisdicción. Para esta fecha ya habían experimentado
un considerable crecimiento económico producto del comercio del cacao
y otros géneros,11 por lo tanto dieron su apoyo a los funcionarios monár-
quicos al igual que los integrantes de otras corporaciones y estamentos
sociales que hacían vida en Venezuela, para frenar cualquier intento de
alteración del orden social, que para nada les beneficiaba.
Los grupos criollos ya habían comenzado a analizar la conveniencia
de apegarse, y posteriormente apropiarse, del sistema institucional y del
aparato de control de la monarquía, los cuales habían mostrado sufi-
cientemente su eficiencia para mantener el orden entre los distintos
grupos humanos que hacían vida en esta estratificada sociedad. Por lo
tanto, para mantener su posición de preeminencia y evitar posibles alte-
raciones entre las “castas” inferiores, los mantuanos, para seguir con-
solidando su crecimiento económico y social, apoyaron incondicional-
mente a las autoridades monárquicas en estos difíciles años de finales
del siglo XVIII y comienzos del XIX.
LOS EFECTOS DEL DERRUMBE
INSTITUCIONAL MONÁRQUICO EN VENEZUELA.
UNA SOLUCIÓN AL PROBLEMA: LAS JUNTAS
El 15 de julio de 1808 se sintieron en Caracas los efectos de la cri-
sis institucional que estaba viviendo la monarquía hispánica desde
comienzos de ese siglo. Durante la mañana de este día nuevamente los
integrantes de las fuerzas armadas francesas pusieron pie sobre el terri-
torio hispánico de Venezuela. El capitán Paul de Lemanon fondeó la
nave que comandaba, la corbeta Le Serpent, en el puerto de La Guaira
y subió a la ciudad de Caracas para informarle al capitán general Juan
de Casas los sucesos políticos e institucionales que se estaban viviendo
en España. El responsable de la administración política y militar de la
jurisdicción reconoció que recibió con la “mayor sorpresa”, las noticias
de que; “... el Sr. Dn. Carlos 4° y toda la Real Familia, habían cedido la
Corona con todos sus derechos en el Emperador de los Franceses Napo-
león 1°, el cual había nombrado para ocupar el Trono de España a su
hermano José con otras prevenciones”.12 Esta sorpresiva y sorprenden-
11. La mejor reconstrucción de esta realidad económica en Venezuela a finales del siglo XIX
fue la realizada por Michael McKinley, Caracas antes de la Independencia, Caracas, Monte
Ávila, 1987.
12. “El capitán general de Caracas, don Juan de Casas, da parte a Su Majestad de la general
impresión que ha causado en todas las clases de los habitantes de estas provincias, la
noticia de los imprevistos acontecimientos que turbado la tranquilidad de la provincia.
Jamás ha llovido...indd 128 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 129
te información, como lo reconoció el propio Casas, se sumaba a la que
había recibido pocos días antes en la que se le informaba la abdicación
de la Corona que había hecho en Aranjuez el monarca Carlos IV en la
persona de su hijo Fernando VII, quien debía ser tenido desde ese
momento como rey de España. Tanta confusión se solucionó, casual-
mente, el mismo día cuando el capitán de la armada británica del Cari-
be Beaver llegó a Caracas y le comunicó al Capitán General la otra parte
de la historia que se estaba desarrollando en la península ibérica, en
donde los patriotas seguían combatiendo en varios frentes a los france-
ses, además de que se había logrado neutralizar a la armada francesa,
y sobre todo, cómo los españoles habían organizado nuevas formas de
resistencia y gobierno representado por las juntas. Casas escribió:
que en Sevilla se había erigido una Junta Suprema a instancias del Pueblo
la cual era reconocida, y mandaba en vuestro real nombre para exterminar
a los franceses que siguiesen la mala causa a cuyo efecto se habían alista-
do, y seguían alistándose cuantioso número de gentes que se instruían, y
operaban bajo las órdenes de los jefes encargados de su organización: que
estas mismas ideas, fervor, y sistema seguían los demás pueblos y provin-
cias de la península.13
En efecto, en la ciudad de Sevilla se conformó una junta que se
catalogó de suprema, siguiendo el ejemplo de la significativa cantidad de
juntas de gobierno que se formaron en el territorio metropolitano espa-
ñol14 para cubrir la orfandad de monarca en que estaban, reasumiendo
el pueblo, a través de sus diputados y/o representantes, la soberanía
que les pertenecía para organizar desde estas instancias de gobierno no
solo la defensa contra el invasor sino para regular también el orden
interno de estas comunidades. En el manifiesto de la Junta de Sevilla
se expresó que su motivación fue evitar:
que viesen los españoles con indiferencia el trastorno de sus leyes funda-
mentales y la aniquilación de su monarquía. [...] ha sido pues, de toda
Caracas, 28 de agosto de 1808”, Boletín del Archivo Nacional, t. XXIII, No. 92, Caracas,
enero-febrero de 1939, p. 401.
13. Ibíd., pp. 401-402.
14. Debemos recordar que la primera junta que se conformó fue en el principado de Asturias,
en Oviedo, entre los días 9 y 21 de mayo de 1808. Se denominó Junta General del Princi-
pado, en la que tuvieron participación “las autoridades, gremios, Universidad y cabildo”. Lo
más importante de esta instalación era que se formaba una “Suprema Junta de Gobierno
con todas las atribuciones de la soberanía”. Miguel Artola, La España de Fernando VII,
Barcelona, RBA Coleccionables, 2005, pp. 79-80. Posteriormente se erigieron juntas en
Jaén, Granada, Badajoz, Zaragoza, Tortosa, Gerona, Manresa, Vic, Villafranca del Penedés,
Mallorca, Valencia, Alicante, Puente La Reina, Salamanca, León, Valladolid y La Coruña
entre otras. Antonio Moliner Prada, “El movimiento juntero en la España de 1808”, en
Manuel Chust, coord., 1808: la eclosión juntera en el mundo hispano, México, Fondo de
Cultura Económica, El Colegio de México, 2007, pp. 51-83.
Jamás ha llovido...indd 129 27/11/13 15:22
130 Gustavo Adolfo Vaamonde
necesidad, el que para el remedio de ellos [males generados por la ocupa-
ción francesa] se haya creado la Junta Suprema de Gobierno de Sevilla a
instancias del pueblo, y que en uso de sus facultades se haya declarado
independiente: haya desobedecido al consejo [de Castilla] y junta superior:
haya cortado toda comunicación con Madrid: haya levantado ejércitos y
hécholos caminar a pelear con los franceses. [...] [La junta sería] el depósi-
to de la autoridad y el centro de la unión, sin el cual nos expondríamos a
guerras interiores o civiles que arruinarían del todo nuestra santa causa.15
Esta declaración de los integrantes de la junta contiene la motiva-
ción esencial que existió para la instauración de estos gobiernos excep-
cionales. Su objetivo era defensivo, a través de estas instancias lo que
se buscó, en un principio, fue preservar la integridad de la sociedad
española, sus valores y sus instituciones. Las juntas fueron un meca-
nismo de resguardo y conservación. El propio Casas lo confirmó en su
comunicado, después de reconocer la autoridad de la Junta de Sevilla y
de prestarle fidelidad, señaló que el interés para los súbditos hispanos
en esa coyuntura debía ser:
En esta situación de seguridad, en cuanto a los hechos más graves, y de
alguna duda con relación a los menores, [...] [la llegada del comisionado de
la junta sevillana] sirvió de lenitivo a la aflicción de estos súbditos, que
ignoraban la suerte de sus compatriotas, se hizo público el júbilo de saber
que todas las provincias de esa península caminaban con denuedo y entu-
siasmo a llenarse de gloria, y escarmentar a un enemigo que ultrajando la
nación que más debe respetar, trata de usurpar el trono y vulnerar la reli-
gión, los principios sociales, y la suerte individual de cada español [...] y de
la esclavitud más desoladora de los derechos de la soberanía, y de los
hombres.16
Este recurso institucional de las juntas calmó en esos momentos al
Capitán General, quien convocó una junta, de tipo consultivo, para
determinar las medidas a seguir en tan críticas circunstancias.17 Este
tipo de consejo consultivo fue común durante los siglos precedentes en
15. “Manifiesto o declaración de los principales hechos que han motivado la creación de la
Junta Suprema de Sevilla, que en nombre del señor Fernando VII, gobierna los reinos de
Sevilla, Córdoba, Granada, Jaén, provincias de Extremadura, Castilla la Nueva, y demás
que vayan sacudiendo el yugo del emperador de los franceses. Real Palacio del Alcázar
de Sevilla, a 17 días del mes de junio del año 1808”. José F. Blanco y Ramón Azpúrua,
Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, vol. II, pp. 155-157.
16. “El Capitán General de Caracas, Don Juan de Casas, da parte a Su Majestad de la general
impresión que ha causado en todas las clases de los habitantes de estas provincias, la
noticia de los imprevistos acontecimientos que ha turbado la tranquilidad de la provincia.
Caracas, 28 de agosto de 1808”, en Boletín del Archivo Nacional, No. 92, t. XXIII, Caracas,
enero-febrero de 1939, p. 404. La cursiva es nuestra.
17. Casas escribió lo siguiente: “...creí indispensable formar una junta mixta de todas las
autoridades, diputaciones de los Cuerpos, y personas notables de esta ciudad, las cuales
se instruyesen, y se acordase lo que pareciese regular en circunstancias tan críticas, y
con noticias tan opuestas”. Ibíd., p. 403.
Jamás ha llovido...indd 130 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 131
la América hispana. En momento de crisis, conmoción, guerra o inva-
sión, la máxima autoridad convocaba a todos los líderes de la nobleza,
de las instancias militares, jurídicas, eclesiásticas, las corporaciones y
otras para debatir la mejor salida posible ante este tipo de evento que
ponía en peligro la subsistencia del núcleo social.
No existió ningún fundamento legal en el ordenamiento jurídico de
la monarquía hispana que propiciara la instauración de juntas de
gobierno. La legitimación de estas debe buscarse en las doctrinas polí-
ticas y jurídicas del Estado y en las prácticas aceptadas por siglos para
el funcionamiento del buen gobierno, el mantenimiento del orden y la
tranquilidad, así como para el resguardo de la integridad de los distintos
centros poblados de la monarquía.
El fundamento político que esgrimieron todas las juntas, tanto
españolas como americanas, para su instalación se encuentra en las
ideas de los pensadores de la neoescolástica española, o de la escuela
del derecho natural y del populismo, de los siglos XVI y XVII, quienes
desarrollaron la teoría del Pactum Translationis o la retroversión de la
soberanía, la cual echaba por el piso la teoría de la teocracia real o poder
divino de los monarcas. Los postulados de los jesuitas Francisco Suárez,
Juan de Mariana y Luis de Molina así como los de los dominicos Fran-
cisco de Vitoria y Domingo de Soto y los de Martín de Azpilcueta, entre
otros, eran conocidos en las universidades de España y en las de las
provincias americanas de la monarquía, a pesar del desesperado esfuer-
zo del monarca Carlos III de hacerlas desaparecer por defender estos
también la teoría del tiranicidio. El más destacado pensador de esta
escuela lo fue el filósofo jesuita de Granada Francisco Suárez, quien
expuso que: “... el traspaso de este poder [soberanía] de manos del Esta-
do al soberano no es una delegación sino como una enajenación o entre-
ga perfecta de todo el poder que estaba en la comunidad”.18 Sin embar-
go, los estudios políticos especializados coinciden en afirmar que ni en
las ideas de Suárez ni en las de otros neoescolásticos existen indicios de
que la retroversión de la soberanía conllevaba necesariamente a la con-
formación de juntas de gobierno. Esta idea sí estuvo presente en los
escritos del jurista e historiador alemán Samuel von Pufendorf, quien
sostuvo que:
Esto es, aunque durante un interregnum no puede decirse propiamente
que la autoridad soberana reside en el pueblo, pues no la ha recibido aún
18. Francisco Suárez S. I., Tractatus de legibus ac Deo legislatore, lib. III, c. IV, No. 11, p. 210,
citado en Juan Carlos Rey, “El pensamiento político en España y sus provincias ameri-
canas durante el despotismo ilustrado (1759-1808)”, en Juan Carlos Rey, Rogelio Pérez
Perdomo, Ramón Azpúrua Aguirre y Adriana Hernández, Gual y España. La independencia
frustrada, Caracas, Fundación Polar/Asociación Académica para la Conmemoración del
Bicentenario de la Independencia, 2007, p. 77.
Jamás ha llovido...indd 131 27/11/13 15:22
132 Gustavo Adolfo Vaamonde
de una manera formal o por un decreto perpetuo, sin embargo, entre tanto,
puede ejercer por sí o por delegados todos los actos de soberanía necesa-
rios para su seguridad y preservación.19
Estas ideas fueron aceptadas de forma significativa por los súbditos
hispanos de ambos continentes ya que, repetimos, fueron esgrimidas en
las distintas actas constitutivas de las decenas de juntas de gobierno
que se instauraron a partir del año de 1808 en tan vastos territorios.
De igual manera se ha sostenido que estos gobiernos de excepción,
como lo eran las juntas, tenían su sustento en la doctrina jurídica que
se enseñaba en las universidades españolas, como en el caso de Diego
de Pérez de Mesa, quien sostuvo en su obra Política o Razón de Estado
escrita en 1625, siguiendo a Aristóteles, que:
la ciudad se debe gobernar por aquella cualidad política que más y mejor
la puede conservar y mantener, y esta es la virtud de la justicia y pruden-
cia; la cual entre todas las otras virtudes morales es la que más corre y
más necesaria es en la compañía y junta de pueblo para quitar los agravios
y delitos y conservar los vecinos y sus haciendas en feliz estado.20
Sin embargo, otros estudiosos del tema han sostenido que las con-
gregaciones de gobierno en las ciudades fueron obligatorias para casos
de conmoción, ya que respondían a un principio del derecho canónico
que sostenía que “lo que a todos atañe debe ser aprobado por todos”.21
Otros autores sostienen que era una costumbre política dentro de la
monarquía hispánica la de “ayuntarse para resolver los fechos grandes
o arduos”.22 Lo que se puede concluir de estas investigaciones y recons-
trucciones es que no eran nada nuevas ni desconocidas las juntas, estas
formaban parte de la cultura política y jurídica hispana, su uso fue
frecuente no solo en el medioevo español sino en el proceso de ocupa-
ción de América durante los siglos XV y XVII,23 por lo tanto, es compren-
��. Samuel von Pufendorf, Of the Law of the Nature and Nations, citado en ibíd. La cursiva es
nuestra.
20. Diego Pérez de Mesa, Política o razón de estado, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, 1980, p. 74. La cursiva es nuestra.
21. Martha G. de Guevara, Las juntas y el válido en la monarquía de los Austrias: su influencia
en proceso hacia la unidad de poder, Caracas, Universidad Central de Venezuela, Facultad
de Ciencias Jurídicas y Políticas, 2005, p. 17.
22. Citado en Pedro de Urquinaona, “La Revolución de Venezuela”, en José F. Blanco y Ramón
Azpúrua, Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, p. 183.
23. José Andrés-Gallego afirmó: “...solían formarse organismos de esa naturaleza para defender
plazas fronterizas en momentos de agresión o peligro. La de Buenos Aires, la habían
constituido en 1745 los del cabildo dotándola con rentas propias que permitieran sostener
a los oficiales que debían mandar la tropa que vigilara las fronteras, ‘para fomentar la
guerra contra el Indio infiel’: justo en los tiempos en que se formaba en Cádiz una junta
del mismo nombre, pero de carácter eminentemente eventual, como era por principio la
mayoría de las juntas, a fin de preparar la defensa, la resistencia y sobre todo la super-
vivencia civil ante el asedio inglés que se temía por los años de 1770. El recurso a este
Jamás ha llovido...indd 132 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 133
sible que se apelara a estas instituciones de carácter temporal y esen-
cialmente defensivas, durante la coyuntura del año 1808.
Siguiendo con los acontecimientos de Caracas, el día 27 de julio el
gobernador Casas envió un comunicado al ayuntamiento de la ciudad
pidiéndole una propuesta para la conformación de una Junta de Gobier-
no similar a la de Sevilla. Dos días después, el ayuntamiento presentó
el proyecto que había pregonado desde el primer momento de la llegada
de los oficiales franceses, la constitución de una Junta Suprema de Esta-
do y Gobierno. El objetivo esencial que se proponían los integrantes del
ayuntamiento con este cuerpo de gobierno superior fue que “se hace
necesario la creación de una Junta, que reuniendo en sí (por los indivi-
duos que la compongan) todo el carácter, representación e intereses de
la causa común, delibere en ellos lo que convenga, y provea de cuantos
remedios exijan ahora en lo sucesivo la paz y la seguridad general”.24 El
interés de seguridad se mantuvo también en esta propuesta.
De igual manera, los cabildantes dieron un paso importante en la
evolución política dentro de las estructuras monárquicas al establecer
dentro del proyecto una forma de representación, a través de diputados,
que daba cabida a todas las corporaciones, estamentos y algunas clases
en la constitución de la junta, hecho que muestra unos destellos de
modernidad política que aparecieron, o mejor dicho se intentaron, en
estas instancias de gobierno. El proyecto señalaba: “Todos los referidos
cuerpos habrán, pues, de nombrar por sí mismos los diputados que los
representen, y que a una con las competentes autoridades concreten la
dicha Suprema Junta de Estado y Gobierno”.25
tipo de organismos –no se debe olvidar–, habitual en la América y la España del Antiguo
Régimen, forma parte de la naturaleza de respuesta ‘estructural’ que tienen los sucesos
(y el juntismo) de 1808 en adelante”. José Andrés-Gallego, Quince revoluciones y algunas
cosas más, Madrid, MAPFRE, 1992, p. 39. Ver también su estudio “El recurso a las juntas
en la historia de España. Continuidad y revolución en 1808”, en Aportes: revista de historia
contemporánea, año XXIII, 2, No. 67, 2008, pp. 4-20.
24. “Prospecto o reglamento de la junta, que a imitación de la Suprema de Gobierno de Sevilla
debe erigirse en esta capital, Caracas, formado en virtud de comisión del muy ilustre
ayuntamiento, por dos de sus individuos. Caracas 29 de julio de 1808”, en José F. Blanco
y Ramón Azpúrua, Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, p. 171.
La cursiva es nuestra.
25. Ibíd., p. 173. Richard Hocquelet sostiene que para el caso peninsular las juntas no reflejaron
esta condición de representación. Este concluyó: no actúan como órganos estrictamente
representativos, es decir como delegados de la comunidad reunidos para hablar en su
nombre. Las juntas son también órganos de poder. Ejercen una autoridad completa sobre la
comunidad. Este aspecto nos lleva a observar con más cuidado el estatuto social, calidad,
las funciones y los cargos de los miembros. [...] Podemos pensar que la legitimidad de
las juntas procede más de la suma de las legitimidades de sus diferentes miembros, que
del acuerdo supuesto de la comunidad a través de una representación de sus diferentes
categorías sociales. Richard Hocquellet, “Los reinos en orfandad: la formación de las
juntas supremas en España en 1808”, en Marta Terán y José Antonio Serrano, edits.,
Las guerras de Independencia en la América española, México, El Colegio de Michoacán/
Jamás ha llovido...indd 133 27/11/13 15:22
134 Gustavo Adolfo Vaamonde
A pesar de estos intentos de evolución política y de preocupación
por la conservación de la monarquía, las autoridades monárquicas de
Venezuela, en este caso el regente visitador de la Real Audiencia Joaquín
de Mosquera y Figueroa, actuando en el Real Acuerdo negó toda posibi-
lidad para la conformación de la junta. Al igual que el caso de la Nueva
España cuando el virrey Iturrigaray propuso la conformación de una
junta y fue depuesto por los sectores más conservadores de la sociedad
novohispana, en Caracas los integrantes del ayuntamiento insistieron
durante el mes de noviembre en la necesidad de la conformación de la
Junta de Gobierno, para ello enviaron una petición firmada por un
grupo de nobles y mantuanos de la ciudad capital; la respuesta de las
autoridades monárquicas fue la represión, y prisión para todos los fir-
mantes.
Al momento comenzó la fractura de la sociedad hispanoamericana.
A diferencia de lo ocurrido en España, en donde fueron en conjunto
todos los súbditos, con la lógica excepción de los afrancesados, a
enfrentarse contra el invasor y a reivindicar los valores de la monarquía,
en América el proceso fue mucho más complejo, las iniciativas de
muchos criollos, en este caso la conformación de juntas, fueron vistas
con recelo por muchos funcionarios monárquicos, quienes posiblemente
sintieron el temor y la duda de perder sus posiciones por el cambio
dinástico que se vivió durante este año de 1808. Entre los criollos, por
su parte, crecieron dos temores, por un lado el de quedar sujetos a una
monarquía a la que despreciaban, la josefina, por la posible aceptación
o connivencia de los funcionarios monárquicos destacados en este con-
tinente con esta nueva realidad de gobierno surgida en España y, en
segundo lugar, por la posible sublevación o levantamiento de los grupos
humanos ubicados en los niveles más bajos de esta estratificada socie-
dad, levantamiento del que venían cuidándose desde agosto de 1791 por
los sucesos de Saint Domingue. En tanto, el grupo de los pardos, o
mestizos, los indios y los esclavos no veían con beneplácito la instala-
ción en la cúspide del poder político de las provincias americanas, de un
grupo criollo al que veían con excesivo recelo por las discriminaciones y
atropellos recibidos por estos durante años, cuando trabajó este grupo
social por consolidar su preeminencia social.26 Esta complejidad social
Instituto Nacional de Antropología e Historia/Universidad Michoacana de San Nicolás
Hidalgo, 2002, p. 27.
26. Debemos recordar las quejas permanentes que se manifestaron desde la segunda mitad
del siglo XVII en distintas jurisdicciones de Hispanoamérica en contra de las reformas
borbónicas, a las cuales llamaron segunda conquista, ya que según los criollos dejaban
de reconocer el esfuerzo patrimonial que hicieron sus antepasados durante los siglos XVI
y XVII durante el proceso de descubrimiento y poblamiento de América, esfuerzo realizado
con su propio peculio en acuerdo con el monarca Carlos V. Estas capitulaciones genésicas
que otorgaban como contraprestación por parte de la dinastía de los Austria privilegios a
estos primeros capitanes y sus descendientes para ocupar cargos y posiciones de preemi-
Jamás ha llovido...indd 134 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 135
y política la había logrado contener, neutralizar y orientar por siglos la
estructura institucional de la monarquía hispana; durante la coyuntura
del año 1808 se resquebrajó este orden.
Los integrantes de la Real Audiencia iniciaron en noviembre de 1808
una larga y compleja investigación para someter y neutralizar a los pro-
ponentes de la Junta de Gobierno, ya que a su criterio, estos buscaban
con esta institución adelantar un proyecto independentista. Los fiscales
y oidores de esta instancia administradora de justicia fueron los que
iniciaron el discurso independentista en esta época, estigmatizaron a
cualquier posible enemigo de su estabilidad acusándolos de independen-
tistas.27 Al igual que los fiscales del Consejo de Castilla en España, quie-
nes desarrollaron propuestas jurídicas para deslegitimar la conforma-
ción de las juntas de gobierno y para ordenar su disolución, en Caracas
los integrantes de la Real Audiencia, ni siquiera el Capitán General,
dieron un golpe contundente a los criollos de esta jurisdicción contra su
anhelo de consolidar en este continente un nacionalismo hispano que
contribuyese a salvaguardar la monarquía.
Sin dejar de considerar que existieron individualidades que pensa-
ban en un proyecto secesionista, esta inicial y frustrada propuesta cara-
queña para la conformación de una junta lo que buscó fue preservar a
los habitantes de estas jurisdicciones de un posible ataque francés y de
una revuelta de las esclavitudes que atentaran contra la estabilidad, la
tranquilidad, la paz y el buen orden de la misma.28
nencia en la sociedad hispanoamericana fue pisoteado por los monarcas borbones, en
especial por el déspota ilustrado Carlos III. Camilo Torres en Santa Fe del Nuevo Reino de
Granada escribió lo siguiente: “...nuestros padres como se ha dicho, por medio de indecibles
trabajos y fatigas, descubrieron, conquistaron y poblaron para España este nuevo mundo”.
“Representación que formó el ilustre granadino doctor Camilo Torres para que la dirigiera
el Cabildo de Santa Fe de Bogotá a la Junta Central de España, y que los miembros del
Ayuntamiento no se atrevieron a firmar. Noviembre de 1809”, en José F. Blanco y Ramón
Azpúrua, Documentos para la historia de la vida pública del Libertador, p. 246.
27. Según el regente visitador Mosquera, los nobles querían una junta por “la novedad de remover
a los magistrados”. En previsión de mayores males decidieron tomar la medida para evitar
entre los proponentes de la junta el “resentimiento que concebían de que no se accediese
a la formación de la Junta Suprema en esta ciudad, asegurándose que el medio de tran-
quilizarlos sería hacerlos concebir esperanzas de lograr esta solicitud, bajo este concepto, y
por la perplejidad en que se vivía al partido que podrían tener y se decía ser grande, siendo
personas principales las que sonaban en esta pretensión, recelando no fuesen a decirse a
algún arreglo que tuviese funestas consecuencias, se deliberó pasar oficio al Ayuntamiento
para que este cuerpo expusiese al Gobierno lo que le pareciese en orden al establecimiento
de Junta Suprema con que se creyó que por entonces quedaba ese pensamiento entrete-
nido”. “Informe dirigido al Rey de España por el Presidente interino y ministros de la Sala
Extraordinaria de la Real Audiencia de Caracas sobre la causa política sustanciada durante
los últimos meses de 1808 y primeros de 1809”, en Joaquín Mosquera y Figueroa, Conjuración
de 1808 en Caracas para la formación de una Junta Suprema Gubernativa, Caracas, Instituto
Panamericano de Geografía e Historia, 1949, p. 12.
28. El escrito del conde de Tovar dirigido al gobernador Juan de Casas solicitándole la libertad
de su hijo, prisionero por ser uno de los firmantes del proyecto de erección de la junta,
Jamás ha llovido...indd 135 27/11/13 15:22
136 Gustavo Adolfo Vaamonde
LAS JUNTAS DEL AÑO 1810 EN VENEZUELA.
RECURSOS PARA LA SEGURIDAD Y LA CONSERVACIÓN
Durante los primeros meses del mes de abril de 1810 las autoridades
monárquicas de la Capitanía General de Venezuela recibieron las noticias
del avance de las tropas napoleónicas hacia Andalucía, último baluarte
defensivo, hasta el momento, de las tropas patriotas españolas. De igual
manera, se enteraron de la disolución de la Suprema Junta Central y
Gubernativa del Reino, órgano creado el 25 de septiembre de 1808 en
Aranjuez y que había asumido por delegación de las juntas provinciales
la soberanía de la nación. La instauración de este gobierno colectivo, 35
integrantes, y las primeras acciones que tomaron trajeron tranquilidad a
los súbditos de ambos continentes, fundamentalmente por la convocato-
ria a Cortes y por el reconocimiento de la situación de minusvalía efecti-
va, más no legal, en la que se encontraban los súbditos de América.29 Sin
representa la concepción política, jurídica e institucional que se tuvo en esta jurisdicción
de la monarquía acerca del carácter defensivo de este tipo de gobierno de excepción. El
texto no deja lugar a dudas y es toda una cátedra de teoría acerca del juntismo. “Es una
empresa [formación de juntas de Gobierno] ejecutada y universalmente aplaudida en
todas las provincias de nuestra península a cuyo conocido influjo se deben los progresivos
triunfos de las armas españolas contra los franceses, y el vigoroso entusiasmo con que
espera sacudir al fin el yugo de aquellos tiranos. Es verdad que el fuego de la guerra no
ha prendido todavía en nuestro suelo, pero la gran distancia que nos separa de nuestra
metrópoli, ocupada aún en parte por los galos, y amenazada de nuevos ejércitos e invasiones
del pérfido Napoleón, parece que hace absolutamente necesaria la erección de la Junta.
V. S. mismo [se ha] persuadido de esta necesidad ofició en veinte y siete de julio último al
Ilustre Ayuntamiento, proponiéndole aquel establecimiento como un medio el más eficaz
para nuestra conservación, [...] Los usurpadores tienen sobre estos mares, y muy cerca de
nosotros, colonias bastante poderosas, y no será extraño que intenten invadirnos. En este
caso debemos aguardar por momentos en todo su rigor, y entonces ¿quién podrá dudar
[de] la utilidad de una Junta Gubernativa? ¿Esperaremos el mal, que ya nos amenaza para
buscar el remedio? ¿No sería mejor tenerle desde ahora prevenido? [...] Así pues, ya es
tiempo que diga que la Junta Gubernativa establecida será una barrera de bronce que nos
defiende[a] contra cualquiera invasión, o al menos un testimonio de que pusimos en uso
todos los medios posibles para ello; [...] Pero desgraciadamente cuatro hombres infames,
a cuyos vicios sería funesto el establecimiento de la Junta, han dividido el pueblo en
partidos. Ellos han dicho a los europeos que nosotros tratábamos de asesinarlos, y a los
pardos que queríamos hacerlos nuestros esclavos. [...] Los europeos se alarmarán contra
nosotros, porque los viles sectarios del egoísmo les dicen que somos sus enemigos. Los
pardos aspirarán a destruirnos, porque se les ha hecho creer que atentamos contra su
libertad. [...] Me horrorizo, Señor, al contemplar el estado de nuestra patria, y me aflijo en
pensar cuál puede ser el resultado de esta fermentación. No encuentro otro remedio para
salvarnos sino la providencia o discriminación sobre la erección de la Junta Gubernativa.
Si antes la pedimos como un sistema útil a nuestra conservación, yo la creo ahora, si no
me engaño, necesaria para evitar nuestra ruina”, “Caracas, 2 de diciembre de 1808. El
Conde de Tovar”, en Conjuración de 1808 en Caracas. Para formar una Junta Suprema de
Gobierno, Caracas, Instituto Panamericano de Geografía e Historia, Comité de Orígenes
de la Emancipación, Comisión de Historia, t. 2, 1968, pp. 657-662. La cursiva es nuestra.
29. El hecho más trascendental de este nuevo gobierno fue que el día 22 de enero del año de
1809 emitió una real orden en la que reconoció que “los vastos y preciosos dominios que
Jamás ha llovido...indd 136 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 137
embargo, ante la debacle militar patriota que se sufrió en los primeros
meses de 1810, los integrantes de este superior gobierno trasladaron a
finales de febrero la autoridad que detentaban a un Supremo Consejo de
Regencia que estuvo integrado por cinco personas y que se radicó en la
real isla de León.
Este hecho generó una reacción generalizada entre los súbditos
americanos, quienes consideraron que la soberanía no era delegable y
los integrantes de la Suprema no los consultaron para traspasar su
autoridad a una nueva corporación de gobierno, cuando ya se había
reconocido que todos formaban parte de la nación y, por lo tanto, eran
también titulares de la soberanía. Su consentimiento, el de los súbditos
americanos, era una formalidad esencial para la realización de este
acto, por lo tanto, la regencia estaba viciada de nulidad en su constitu-
ción. En este contexto, los fiscales del Consejo de Castilla nuevamente
mostraron su carácter conservador y su negativa a escuchar y apoyar
los clamores y reivindicaciones de toda la nación hispana que en ese
momento no solo se enfrentaba al invasor, sino que también intentaba
adelantar un proceso de renovación y evolución política para salvaguar-
dar y consolidar la monarquía. En esta situación dictaminaron que era
legal la instalación de la regencia porque no solo la había propuesto el
propio monarca Fernando VII antes de partir a Bayona, sino que ade-
más estaba establecida en las partidas de Alfonso el Sabio la viabilidad
de las Cortes y esta forma de gobierno para estas circunstancias:
Se persuaden los Fiscales que no se podrá negar esto, supuesto que en la
historia no se ofrece otro semejante, ni en caso que pudiera ofrecerse a la
perspicacia del más sabio legislador, lo dispuesto en la Ley de Partida pro-
veyendo a la impotencia del Rey causada por la corta edad y falta de juicio,
es aplicable a la impotencia proveniente de la cautividad o prisión, y sobre
ello no se puede cavilar a vista de la Ley del Señor Don Juan II.30
El uso de esta analogía sin fundamento fue un atrevimiento de los
integrantes de la máxima autoridad judicial y legislativa de la monar-
quía, quienes subestimaron en exceso las capacidades y conocimientos
de la materia que tenían los centenares de abogados que hacían vida en
las jurisdicciones de Hispanoamérica, quienes rechazaron desde el pri-
mer instante el uso de esta analogía legal para la legitimación de esta
la España posee en las Indias no son propiamente colonias, o factorías, como los de otras
naciones, sino una parte esencial e integrante de la monarquía española”. Seguidamente
invitó a los americanos a enviar diputados a la Junta Central, ya que según la resolución
su participación era esencial para la administración de la soberanía, pero en un número
mucho menor a los representantes de las jurisdicciones de España.
30. “Representación del Consejo de Castilla a la Junta Central, acerca de su instalación”, en
Gaceta de Caracas, No. 4, t. I, martes 30 de octubre de 1810. La cursiva es nuestra.
Jamás ha llovido...indd 137 27/11/13 15:22
138 Gustavo Adolfo Vaamonde
nueva forma de gobierno que se instauraba para administrar la autori-
dad que detentaba el monarca.
Ante la nueva negativa de las autoridades monárquicas destacadas
en las distintas provincias de la jurisdicción de Venezuela de alterar el
orden institucional vigente, por iniciativa de los ayuntamientos de las
principales ciudades, villas y lugares se comenzaron a conformar juntas
de gobierno. La primera fue en Caracas el 19 de abril, a los pocos días
se reunieron juntas en las poblaciones de Valencia, 21 del mismo mes,
y en Puerto Cabello el día 23. En Cumaná y Nueva Barcelona se forma-
ron juntas de gobierno el día 27 del mismo mes. En Carúpano ocurrió
lo mismo el 2 de mayo. En la isla de Margarita se instauró una junta el
4 de mayo al igual que en la oriental población de Río Caribe. En Bari-
nas, luego de una larga discusión el ayuntamiento, junto a las autori-
dades monárquicas ahí destacadas, conformaron una junta el 7 de
mayo, y a final de este mes, el 30, se conformó otra junta en la ciudad
de San Felipe. Algunos meses después de llegadas las noticias de este
proceso juntista, comenzaron a conformarse juntas en ciudades occi-
dentales, de la región andina, como en el caso de Mérida el 16 de sep-
tiembre, Trujillo durante el 9 de octubre, La Grita dos días después, San
Antonio el 21 y San Cristóbal el 28, por mencionar solo unos ejemplos.
En una revisión de las actas constitutivas de estas juntas de gobier-
no sobresale el carácter defensivo y de resguardo que las motivó. En el
caso de San Felipe se expresó: “...el júbilo que debemos al ver estableci-
do un cuerpo respetable que sirva de seguridad para nuestra protección”.31
En Barinas se justificó la junta de esta manera: “...compelida [la provin-
cia de Barinas] de las circunstancias y celosa de su dignidad política por
un espíritu de unanimidad y concordia entre sus antiguos magistrados
y el pueblo ha resuelto ponerse en conservación formando una junta
que la represente y que ha reasumido la autoridad que le corresponde
por todos los derechos [...] paz y tranquilidad son nuestros deseos...”.32
Sobran los ejemplos, el deseo de salvaguarda y conservación impulsó la
instalación de las juntas en Venezuela.
Durante noviembre de 1810 los integrantes de la Suprema Junta de
Gobierno de Venezuela especificaron de quién querían defenderse y sal-
vaguardarse: “...los gravísimos fundamentos que inspiraron a Caracas
las medidas de precaución y seguridad que tomó el 19 de abril contra
los ataques e intrigas de la Francia. [...] Sin esta medida de precaución
y seguridad [conformación de la junta] quedaban expuestos a sufrir las
31. “Reconocimiento prestado a la Suprema Junta Conservadora de los Derechos del Sr. D.
Fernando VII en Venezuela por el M. I. Cabildo de S. Felipe. 30 de mayo de 1810”, en
Gaceta de Caracas, Caracas, t. II, No. 103, 15 de junio de 1810.
32. “Nota de la Junta de Barinas a la de Caracas”, en VV. AA., Testimonios de la época
emancipadora, Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1961, pp. 283-284.
Jamás ha llovido...indd 138 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 139
cadenas más pesadas y mayores males que los introducidos en la penín-
sula, por el desorden de la Junta Central”.33
El temor a lo francés, que comenzó en 1791, estaba latente aún
entre los mantuanos venezolanos veinte años después, con el agravante
de la materialización de ese posible riesgo con la invasión francesa a
España y con la prisión de los monarcas por parte de Napoleón.
Con sobradas justificaciones y fundamentos se instalaron estas
juntas que asumieron la soberanía y comenzaron a ejecutar acciones de
gobierno, de administración y de jurisdicción típicas de los entes autó-
nomos. Emitieron bandos, decretos, proclamas, hicieron nombramien-
tos, regularon la cotidianidad de los habitantes de sus jurisdicciones,
establecieron tribunales de policía, revisaron las principales actividades
económicas y comerciales que los sustentaban, eliminaron y modifica-
ron las cargas de los impuestos existentes. Propusieron y crearon nue-
vas instituciones de control y organización, fundamentadas en las tra-
diciones monárquicas, como lo fueron las constituciones provinciales.
Evolucionaron políticamente creando proyectos electorales para la elec-
ción de representantes. También enviaron comisionados ante otras
autoridades monárquicas distintas a la hispana para tratar de buscar
apoyos, armas y reconocimiento, en tan caótica circunstancia.
Los integrantes de estas juntas fueron fundamentalmente hombres
provenientes del sector de los mantuanos, comerciantes y hacendados,
que hacían vida política en los ayuntamientos de las distintas jurisdic-
ciones. De igual manera participaron comerciantes españoles allí radi-
cados, miembros de la iglesia, militares, y en menor medida, integrantes
del propio gobierno monárquico que estaban en funciones antes de los
acontecimientos de abril de 1810.
La organización interna de las juntas copió el sistema de organiza-
ción del gobierno de la monarquía borbónica, es decir, a través de secre-
tarías. En el caso de la Suprema Junta de Venezuela instalada el día 24
de abril se conformaron las secretarías de Relaciones Exteriores, de
Gracia y Justicia, de Hacienda y de Marina y Guerra. De igual manera
establecieron que el tratamiento de esta instancia sería el de Alteza,
para ir acabando, a la larga, con esas prerrogativas de tratamiento dis-
criminatorias que existían en el Antiguo Régimen.
De igual manera, en el caso particular de Caracas ya que no se
registran otros casos, y que ha sido paradigmático en la historiografía, la
Junta de Gobierno ahí constituida se convirtió en la plataforma institu-
cional para adelantar el proyecto independentista que venía gestando un
33. “Proclama a los Habitantes de Venezuela, Caracas, 8 de noviembre de 1810”, en Textos
oficiales de la primera república, Caracas, Academia de Ciencias Políticas y Sociales, 1982,
pp. 235 y 241.
Jamás ha llovido...indd 139 27/11/13 15:22
140 Gustavo Adolfo Vaamonde
grupo significativo de sus integrantes. Un día después de su instalación,
su presidente y el vicepresidente, José de las Llamozas y Martín Tovar
Ponte, emitieron un bando en el que dejaron entrever un interés subya-
cente que, expresamente, quisieron mantener oculto hasta una mejor
oportunidad. Estos firmaron un documento en el que reconocieron que:
Si la soberanía se ha establecido provisionalmente en pocos individuos, no
es para dilatar sobre vosotros una usurpación insultante, ni una esclavi-
tud vergonzosa, sino porque la urgencia y precipitación propias de estos
instantes, y la novedad y grandeza de los objetos así lo han exigido para la
seguridad común. Eso mismo nos obliga a no poder manifestaros de pron-
to toda la extensión de nuestras generosas ideas.34
Estas ideas, para algunos investigadores, eran las independentis-
tas. Hubo hechos que confirman esta hipótesis; el nuevo discurso que
introdujeron los juntistas caraqueños en sus comunicados estuvo pla-
gado de referencias hacia la independencia; las tempranas reacciones
de los integrantes de otras juntas hacia ese discurso; las divisiones
internas que hubo en la propia junta caraqueña cuando varios de sus
integrantes fueron acusados de traición por apoyar abiertamente a las
autoridades de la Regencia; las acciones represivas como las expedicio-
nes armadas que organizaron para someter a los habitantes de ciudades
“regencianas” como Coro; las misiones que enviaron al exterior, funda-
mentalmente a Estados Unidos y a Inglaterra, en donde se les insistió,
expresado por los mismos comisionados, que estos Estados no apoya-
rían ningún intento independentista, que percibían desde ese momento,
ya que estaban comprometidos en el apoyo a los patriotas españoles que
luchaban contra el enemigo común, Napoleón. El posterior desarrollo de
los acontecimientos confirmará esta aspiración secesionista.
Durante el mes de marzo de 1811 se disolvió la Suprema Junta de
Gobierno de Venezuela y entregó el derecho de la soberanía que deten-
taba a un Congreso General de Diputados de todas las provincias que
siguieron y apoyaron el ejemplo caraqueño. En el acto de entrega reco-
nocieron los juntistas que habían cumplido, a pesar de las oposiciones,35
con su objetivo primigenio:
34. “Proclama, Caracas, 20 de abril de 1810”, en Textos oficiales de la primera república, ibíd.,
pp. 110-111.
35. La principal oposición a la erección de las juntas en esta jurisdicción de Venezuela provino
de las autoridades de la ciudad de Coro, quienes entre muchos argumentos resaltaron el
carácter defensivo ante un inminente peligro, la vigencia temporal y la necesidad de estar
sujeto a una autoridad superior que debían tener las juntas, presupuestos que no existían
en aquel momento en Venezuela. “Que la Junta de Caracas, tanto por su naturaleza, cuanto
por el motivo y modo con que se ha formado, es un establecimiento ilegal y tumultuario.
Es muy sabida y repetida en los doctos papeles publicados en la península con motivo de
la invasión de los franceses, que semejantes Juntas provinciales son anticonstitucionales
y reprobadas por nuestras leyes: que su formación únicamente puede tolerarse en el caso
Jamás ha llovido...indd 140 27/11/13 15:22
El proceso juntista en Venezuela, 1810-1811 141
La Junta Suprema transmite la autoridad que las circunstancias le dieron
el 19 de abril, al Supremo Poder Ejecutivo que acaba de constituirse legí-
timamente por el Congreso Nacional. Su regocijo al contemplar este nuevo
orden de cosas, que ella ha preparado para vuestra felicidad, es inexplica-
ble; y el día en que restituye las facultades que se le confiaron después de
haber trabajado incesantemente para asegurar vuestra conservación, y
conduciros al estado glorioso en que os halláis, será para siempre el más
apreciable a su memoria...36
CONCLUSIONES
Es necesario hacer la revisión del proceso juntista hispanoamerica-
no que se desarrolló después de 1808 comprendiendo las vinculaciones
de este con las doctrinas y las tradiciones jurídicas, políticas e institu-
cionales de la monarquía hispánica. De la estructura de esta monarquía
surgió este medio institucional que fue usado, o mejor dicho, al cual se
apeló en la crisis que se generó durante este año para retomar la sobe-
ranía, con todas las implicaciones que este hecho acarreaba, de la
nación hispana que había quedado vacante por la orfandad de monarca
en la que se encontraron sumidos. Además de estos, las juntas se cons-
tituyeron en el medio a través del cual se expresaron y pusieron en
práctica las ideas y propuestas renovadoras y modernizadoras de la
estructura estatal monárquica que venían desarrollándose en España e
Hispanoamérica desde la segunda mitad del siglo XVIII.
Durante la última década del siglo XVIII se generó un escenario difícil
para las autoridades monárquicas y los grupos criollos de la Capitanía Gene-
ral de Venezuela motivado el estado de guerra y rebelión de las esclavitudes
que se generó en las colonias francesas del mar Caribe, situación que opacó
en cierta medida el crecimiento económico, aumento de la producción y del
de hallarse una provincia en las singulares, delicadas y críticas circunstancias que han
ocurrido en España: que sus facultades se limitan al objeto de su institución, que es la
momentánea defensa del país, de una invasión enemiga; pero sosteniéndose siempre las
leyes del Reino, y reconociendo un Gobierno Supremo de quien dependan”. De igual manera,
resaltaron el absurdo de asumir la soberanía de la nación en cabeza de un ayuntamiento
cuando esta debía ser indivisible; “...que siendo por su naturaleza indivisible el poder
soberano, no puede ser representado en distintas partes ni por diversas corporaciones. [...]
Si el pueblo de Caracas estuviese autorizado para establecer en sí la autoridad soberana,
se seguiría de aquí el absurdo, que todo el continente americano, y de España, debería
rendirle obediencia y vasallage, respetando sus determinaciones como leyes supremas
dictadas para toda la Nación...”. [“Correspondencia oficial entre el marqués del Toro como
General en Jefe del ejército expedicionario contra Coro, y el Ilustre Ayuntamiento de la
propia ciudad de Coro, desde 6 de junio de 1810 hasta 13 de agosto del mimo año, previa
a la invasión del ejército de aquel a esta. [...] Contestación del Ayuntamiento de Coro”,
en José Félix Blanco y Ramón Azpúrua, Documentos para la historia..., pp. 491 y 494.
36. Gaceta de Caracas, t. III, No. 141, Caracas, 8 de marzo de 1811. La cursiva es nuestra.
Jamás ha llovido...indd 141 27/11/13 15:22
142 Gustavo Adolfo Vaamonde
comercio de productos de la gobernación y la estabilidad y gobernabilidad
que lograron desarrollar las autoridades monárquicas y el grupo de los man-
tuanos. El hecho que llamó mayormente la atención de los grupos que en
Venezuela hacían vida, por su rechazo al mismo, fue el avance hacia Améri-
ca del sistema revolucionario francés, la abolición de la esclavitud que surgió
del mismo, la prédica de la igualdad y el triste final que tuvieron tanto la
clase de los terratenientes franceses de estas colonias así como las principa-
les autoridades monárquicas de las mismas, hechos que pusieron en estado
de vigilancia y conservación a las autoridades y “criollos” de Venezuela para
evitar y rechazar esta influencia.
Este proceso del siglo XVIII venezolano descrito se conjugó con los acon-
tecimientos que se desarrollaron a comienzos del siglo XIX en España y los
cuales repercutieron inevitablemente en Hispanoamérica. Estos estuvieron
representados por la transformación de la geopolítica europea por el avance
de las tropas napoleónicas, así como los evidentes conflictos internos de la
monarquía borbónica de España que terminaron de eclosionar con la ocu-
pación francesa y la abdicación de los monarcas borbones en la persona del
emperador de los franceses. En este contexto reaccionaron los súbditos his-
panos establecidos en ambas orillas del Atlántico, los cuales ante esta nueva
situación política e institucional no solo adelantaron la resistencia contra los
ocupantes galos sino que buscaron los medios más adecuados para preser-
var sus valores sociales, sus instituciones, su religión y su monarquía, obje-
tivo que lograron a través de las juntas de gobierno que se erigieron a lo largo
de toda la extensión de la monarquía.
Los súbditos hispanos de América trataron de adelantar un proceso
juntista similar al de España para ponerse bajo resguardo, pero la diversidad
y las diferencias existentes en esta estratificada sociedad no lo permitieron
durante el año 1808. Sin embargo, en la coyuntura de 1810 apelaron los
hispanoamericanos a esas conocidas, en ningún momento inéditas, institu-
ciones de la estructura monárquica como lo fueron las juntas para regular
su cotidianidad, mantener el orden social interno, resguardarse de una posi-
ble influencia foránea y conservar sus valores sociales. Instancias institucio-
nales que fueron aprovechadas en el caso particular de Caracas para
adelantar un proyecto radicalmente secesionista.
Jamás ha llovido...indd 142 27/11/13 15:22