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El decrecimiento como solución a la crisis
Enviado por Gerardo en Jue, 08/25/2016 - 19:03
Cita:
Latouche Serge [2010], "El decrecimiento como solución a la crisis".Mundo Siglo XXI, México,
CIECAS-IPN, IV(21):47-53, Verano 2010.
Fuente:
Artículo científico
Fecha de publicación:
2015
Revista descriptores:
Crisis civilizatoria y crisis económica[1]
Estatuto de la competencia en el capitalismo. Visión histórica y situación actual
[2]
Relaciones de propiedad y control: empresas sin nacionalidad versus internacionalización del
capital [3]
Tema:
El decrecimiento como propuesta para disminuir la huella ecológica del hombre y como solución al
sistema económico.
Idea principal:
Profesor Emérito de Ciencias Económicas de la Universidad de París XI. Presidente de La Ligne d’
Horizon y del Instituto de Estudios Económicos y Sociales por el Decrecimiento Sostenible,
fundado por Nicholas-Georgescu Roegen. Edita junto con Casseurs dû Pub, la revista La
Décroissance (Journal de la joie de vivre) que también cuenta con una redacción en Italia.
El presente artículo aborda una conferencia impartida por Latouche Serge en el Instituto de
investigaciones Sociales de la UNAM el 5 de Marzo de 2010. Este autor es uno de los más
destacados representantes de la denominada teoría del decrecimiento que crítica los discursos de
crecimiento y desarrollo mostrando la inconsistencia de este pensamiento al considerar que se
pueden trasladar las visiones de la biología a la economía sin tomar en consideración las
consecuencias de ello.
El autor divide su exposición en dos temas, el primero trata del problema de la colonización del
imaginario del crecimiento y del desarrollo. Durante años se ha introducido como forma de
pensamiento (sin importar la corriente económica) que el crecimiento económico es una tendencia
natural del sistema en el que vivimos, sin embargo, Latouche afirma: “las condiciones geológicas,
ecológicas e históricas que hicieron posible la sociedad de crecimiento (la sociedad que nació en
Occidente hace unos 200 o 300 años y que se propagó hasta mundializarse, sobre todo a partir
de los años ochenta) ya desaparecieron” (p. 47).
La segunda trata de cómo descolonizar este imaginario del crecimiento y del desarrollo con el
objetivo de “construir un futuro sustentable que permita a la humanidad sobrevivir a las
catástrofes que nos amenazan, es decir al cambio climático, la extinción de las especies, la
pérdida de la biodiversidad, el fin del petróleo, etc.” (p. 48). Para ello el autor analiza la manera en
que se construyó el imaginario con el fin de desarticularlo y lograr imponer una visión diferente.
La construcción del imaginario del crecimiento y desarrollo tiene que ver con dos niveles
interdependientes:
1) Nos han colonizado mediante palabras (Ivan Illich las denomina toxic Words), puesto que
crecimiento y desarrollo son palabras fetiches que tienen como finalidad que no se cuestione su
empleo en los discursos “deberíamos preguntarnos progreso de qué, crecimiento de qué, para
quiénes, desarrollo de qué y hasta qué punto”. (p. 48). En base a Cornelius Castoriadis, la
realidad se construye primero del imaginario y luego se actualizan las prácticas. Es entonces
cuando estas prácticas que se manifiestan en el discurso deben cuestionarse respecto a “qué
es lo que crece y qué es lo que se desarrolla” (p. 48).
Crecimiento y progreso son metáforas extraídas de la biología evolucionista. Y los economistas
la adoptaron, sin embargo, la sociedad y la economía dentro del lenguaje biológico no podrían ser
consideradas como organismos, esto ya que no tienen el ciclo natural de la vida como lo es el
crecer, desarrollarse, llegar a la madurez y morir, al final este último punto no lo consideraron.
Incluso, se comenzaron a desarrollar conceptos que pudieran explicar el significado de progreso,
llevando a los economistas por el oscuro sendero del utilitarismo, en donde mientras más cosas
materiales tenía un individuo, más feliz era. Del nivel micro pasaron al nivel macro y ahora todos
los países buscan tener un producto interno bruto bastante elevado (p. 48).
Sin embargo, los costos a los que se ha incurrido tienen que ver con lo social y lo medio
ambiental, respecto a este último los políticos han visto por el crecimiento y el desarrollo a costa
de la capacidad del planeta de soportar el deterioro ambiental que repercute en especies
animales, así como en la salud del hombre, la capacidad de regeneración de la biosfera se ha
rebasado en un 50%.
2) Este nivel “tiene que ver con las cosas. Es necesario en este punto desmitificar el gran relato
del crecimiento occidental, donde hubo una burbuja especulativa intelectual” (p. 49). Después de
la publicación de la riqueza de las naciones, la llegada de la revolución industrial se puso en juego
el discurso utópico del progreso, que planteaba que al darse una innovación, se creaban más
productos y por tanto el país sería más feliz.
Se creyó que el concepto de crecimiento era ilimitado, sin embargo, la realidad dice que eso es
una ilusión, el crecimiento de la riqueza y la distribución de dicha riqueza fue a parar una gran
parte de ella en pocas manos. Las grandes masas se empobrecieron a partir de la explotación del
trabajo.
Los economistas no tomaron en cuenta que el capitalismo, en base a su crecimiento y a las
relaciones sociales que lo sostenían, se transformaría y daría como resultado una sociedad en
donde la población a medida que se empobrece, disminuye su consumo, el excedente de
producción daría como consecuencia que el sistema entrara en crisis, produciendo los cambios
necesarios para su reestructuración, ayudada por una guerra se agilizaban las industrias, de
armamento, el vestido y los alimentos, se creaban empleos y con ello se preparaba el terreno
para una nueva crisis.
Los dos niveles anteriores sentaron las bases para que no solo los defensores del sistema
creyeran su propio discurso, sino que incluso los sindicatos y los proletarios se colonizaran con
esa forma de pensamiento. Las crisis, asegura el autor, se intentan contener a través del
marketing, dicho instrumento se compone por tres bases-mecanismos que, indica Latouche, “nos
incitan al crimen”:
i) La publicidad actúa como una forma de asegurar la realización de la mercancía por parte del
consumidor, de una necesidad se crea un deseo, por lo que siempre se le deja insatisfecho, lo
que se ha traducido en una sociedad de consumo.
ii) La financiarización de la economía generó la posibilidad que las clases que no podían adquirir
bienes por su ingreso tan limitado, mediante el crédito, pudieran comprar y endeudarse.
iii) En tanto que la obsolescencia programada ha demostrado que por más maravillas bajo las
cuales el capitalismo puede enorgullecerse, todas terminan por no dejar de funcionar en un
lapso dado de tiempo con el fin de acelerar el consumo. Bajo esta lógica en la que es mejor
comprar algo nuevo que repararlo, el consumo aumenta, pero también el desperdicio y la
contaminación del medio ambiente (p. 50 y 51).
A raíz del crecimiento experimentado en la economía mundial, han habido ganadores y
perdedores, por lo que el capitalismo y la globalización, históricamente, son en realidad la política
hegemónica que implementa algún poderoso país, en este caso, Estados Unidos como lo
enfatiza Latouche citando a Henry Kissinger, ex secretario de estado de relaciones
internacionales de Estados Unidos (p. 51).
Dado que Estados Unidos con su hegemonía ha ido dominando gran parte de las actividades
económicas en base a la occidentalización del mundo, gracias al apoyo a sus empresas
trasnacionales, éste se ha ido uniformando, todos los países quieren ser como Estados Unidos,
aspiran a su nivel económico y prestigio.
Latouche menciona que: “la verdadera naturaleza del crecimiento y el desarrollo es la guerra: el
crecimiento y el desarrollo son guerras contra la naturaleza, contra la tierra, contra los pobres,
guerra contra el género humano” (p. 51). El desarrollo de la ciencia y la tecnología al estar al
servicio de la iniciativa privada y no de la sociedad ha dado como resultado la devastación de la
naturaleza para seguir reproduciendo tan injusto sistema, por lo que se vuelve una guerra contra
la naturaleza. Mientras que el desarrollo de distintas marcas y el excesivo consumismo van
erradicando las tradiciones de los distintos países, por lo que también es una guerra contra la
cultura.
Todo lo anterior marca la elevación de la producción y el consumo, pero el bienestar y la felicidad
han declinado drásticamente, según Latouche “estamos asistiendo al desmoronamiento de la
civilización occidental. Esta es la descolonización del imaginario: estamos pasando del sueño
inicial a la pesadilla. La civilización del crecimiento está muriendo” (p. 52).
Para finalizar se habla del proyecto de decrecimiento, el de la sobriedad elegida. La abstención
del consumo es éticamente, para esta corriente de pensamiento, a lo que los hombres debemos
aspirar si se quiere cambiar al planeta, sin embargo, no es suficiente, se necesita desarrollar
técnicas y ciencias que reduzcan nuestra huella ecológica (p. 53). El proyecto de decrecimiento
pretende desvincularse de la sociedad de consumo e identificar aquellos bienes que son
prescindibles de los que son necesarios para evitar el desperdicio y la contaminación, pues si
bien la catástrofe “ahora ya no es evitable, lo que necesitamos hacer es limitar la catástrofe y
manejarla” (p. 53).
Nexo con el tema que estudiamos:
Las trasformaciones del capitalismo a lo largo de la historia pone énfasis la forma en la que el
sistema ha ido consumiendo los recursos del planeta para poder reproducirse, provocando los
desequilibrios sociales, económicos y políticos que en combinación con la crisis financiera de 2008
ha dado una paso a pensar en distintas alternativas al sistema de producción capitalista. La visión
del decrecimiento la respuesta al peligro de extinción que enfrenta la raza humana, cambiando los
hábitos y la forma en la que se está produciendo para evitar el colapso civilizatorio.
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