UN FALLO SEÑERO DE VIOLENCIA ECONÓMICA EN SU MODALIDAD
TÍTULO:
INSTITUCIONAL Y/O FAMILIAR
AUTOR/ES: Ortiz, Diego O.
PUBLICACIÓN: Erreius on line
TOMO/BOLETÍN: -
PÁGINA: -
MES: Julio
AÑO: 2020
VIOLENCIA DE GÉNERO. RETRACTACIÓN
Se rechaza el pedido de levantamiento de las medidas adoptadas en el marco de una denuncia por violencia
familiar, y se intima a la denunciante y al denunciado a dar estricto cumplimiento con la prohibición recíproca
de acercamiento, al juzgarse que no correspondía dar ningún valor a la retractación ensayada por la mujer
policía, ya que la dinámica propia del ciclo de la violencia doméstica daba cuenta de que estaba presionada y
hostigada, temerosa y con sentimiento de culpa, forzada por circunstancias económicas e incluso laborales.
Asimismo, se declara inaplicable al caso el Protocolo de Actuación para el Personal Policial en Situación de
Violencia Familiar o de Género de la Provincia de Córdoba, en tanto habilitó a las autoridades policiales a
retirarle a la víctima el arma reglamentaria imposibilitándola para realizar adicionales, al concluirse que su
aplicación generaba violencia indirecta de carácter institucional, económica y patrimonial.
D., L. D. s/DENUNCIA POR VIOLENCIA FAMILIAR - JUZG. NIÑEZ, JUV. VIOL. FLIAR., GÉNERO Y PENAL JUV.
SAN FRANCISCO - 8/6/2020 - CITA DIGITAL IUSJU000747F
UN FALLO SEÑERO DE VIOLENCIA ECONÓMICA EN SU MODALIDAD INSTITUCIONAL Y/O FAMILIAR
Nota al fallo
Diego O. Ortiz(*)
I - Introducción
La violencia de género se sustenta en un sistema social de desigualdad y desequilibrio de poder entre los
varones y las mujeres. Si bien todos los tipos de violencia restablecen la situación de subordinación de las
mujeres, la violencia económica y patrimonial cercena aún más los procesos de autonomía y, en el contexto de
las relaciones de pareja, resulta ser un motivo significativo para la continuidad del dominio y el control sobre
sus vidas.(1)
En el año 2017, 36% de las mujeres afectadas de 18 años y más fueron víctimas de violencia de tipo
económica y patrimonial. El 95% de las personas denunciadas por este tipo de violencia fueron varones. Entre
las mujeres afectadas víctimas de violencia económica y patrimonial, el 79% tiene entre 22 y 49 años. Entre
las mujeres que sufren violencia de tipo económica y patrimonial, el 85% tiene un vínculo de tipo pareja con la
persona denunciada: el 49% son exparejas, y el 36%, cónyuges, convivientes o novios. De los relatos de las
mujeres afectadas (de 18 años y más) que denuncian violencia de género, la violencia económica atraviesa
todos los niveles socioeconómicos (36%). Se observa que el 62% de mujeres que sufren violencia económica
patrimonial son ocupadas remuneradas. Sin embargo, las más vulnerables -escasos recursos propios, baja
escolaridad, acotada red familiar y social, y déficit de acceso a bienes y servicios- se ven afectadas
diferencialmente por una mayor dependencia económica hacia los varones. (2)
Cuando un profesional lee un fallo y/o resolución relacionada con la temática de violencia de género en su
modalidad familiar debe detectar cuáles son los criterios que tuvo la autoridad judicial para resolver de cierta
manera. Tales pueden ser con perspectiva de género o no. Hoy hablamos de dicha perspectiva como si fuera la
búsqueda de un tesoro que alumbre nuestro pensar y accionar, se habla de “ juzgar y trabajar con dicha
perspectiva”. En esa búsqueda incesante... pensamos: ¿la tenemos o no?, ¿cuántos cursos tendré que hacer
para tenerla?, ¿quién debe darme ese curso?, ¿de qué depende adquirirla?, ¿tengo que ser profesional?,
¿alguna vez la tuvimos?, ¿era necesario que se llame así para incorporarla? Primero hay que reconocer la
importancia de incorporarla en nuestro accionar. Después tenemos que entender que dicha perspectiva en la
actualidad no es la misma que en años o décadas anteriores o de un lugar a otro. Es un concepto que se va
construyendo en cada persona y en diferentes grados.(3)
El título de este comentario es novedoso no solo por el tipo de violencia que trata sino por las modalidades
que abarca en convergencia, ya sea la institucional y/o familiar. La idea del fallo a comentar es analizar varios
temas que necesitan ser reinterpretados tales como la retractación en los casos de violencia familiar, la
solicitud de levantamiento de las medidas, la descripción de supuestos de violencia psicológica, los supuestos
de violencia económica, la conducta procesal del denunciado, las acciones positivas, etc.
II - Los hechos del caso
En el fallo a comentar (4), comparece la actora y manifiesta: “...Que rectifica la solicitud de levantamiento
de medidas cautelares solicitada. Que es su voluntad aclarar que dicho requerimiento lo realizó sintiéndose
presionada por el denunciado Díaz, ya que este se lo ha pedido en varias oportunidades, con motivo de
que dicho cese de restricción sería necesario para que no se entorpezca su carrera policial; y además por la
cuestión económica en que la dicente se ve afectada, ya que por la vigencia de dichas medidas, la superioridad
ha tomado la medida administrativa de quitarle el arma, por lo cual no puede realizar adicionales y esto le
significa una disminución de sus ingresos y consecuente perjuicio económico. Que además, y luego de haber
dado lectura a la denuncia, agrega que es su voluntad ratificarla en todo su contenido. Y por último quiere
hacer saber que Díaz sigue incumpliendo con lo ordenado por el Tribunal, y que ha adoptado una nueva
modalidad de ejercer presión y/o violencia psicológica e institucional a través del comisario inspector R.
Caporalli (jefe de División Coordinación Operacional de la Dptal. San Justo) quien es amigo, y camada de Díaz,
quien a través de este ejerce hostigamientos constantes e injustos en contra de ella. Que por todo ello, quiere
solicitar que las medidas cautelares dictadas oportunamente, y prorrogadas automáticamente por 90 días a su
vencimiento, sigan vigentes...”.
Valoración del tribunal
1. Sobre el pedido de levantamiento de medidas cautelares solicitado, el tribunal tuvo presente que el
valor de la retractación en los casos de violencia familiar fue analizado por el Tribunal Superior de Justicia de
Córdoba in re “Agüero” (Sent. 198 - 3/8/2012). En el caso de marras, teniendo en cuenta tales directrices,
correspondía no asignar valor alguno a la retractación ensayada por la actora.
La dinámica propia del ciclo de la violencia doméstica ha dado cuenta de que la denunciante estaba
presionada y hostigada (la retractación la hizo “...sintiéndose presionada por el denunciado Díaz, ya que este
se lo ha pedido en varias oportunidades, con motivo de que dicho cese de restricción sería necesario para que
no se entorpezca su carrera policial...”), temerosa y con sentimiento de culpa (“...van a pensar que está
loca...”), forzada por circunstancias económicas e incluso laborales. No cabe ninguna duda de que, en el caso
concreto, la retractación o negación de lo solicitado estaba vinculada con las referidas condiciones.
Conforme a lo señalado, por aplicación de las directrices internacionales fijadas por la Convención sobre la
Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), Belém do Pará, ley 26485 y
9283, la retractación de la víctima fue vista como un indicio más que permitía presumir de manera unívoca que
el ciclo de violencia se encontraba instalado entre el agresor y la víctima. A ello debía adicionarse la actitud
reticente del denunciado, quien pese a que estaba debidamente intimado a acreditar la continuidad del
tratamiento psiquiátrico por él iniciado, e incluso habérsele reiterado la importancia de este, a la fecha de la
sentencia no existía constancia alguna que acreditaba dicha circunstancia, lo que exhibía su falta de
acatamiento a la orden judicial. El tribunal consideró los nuevos hechos denunciados y que una de las
particularidades de este tipo de violencia es el tiempo de victimización, por lo que correspondería intimar a las
partes a dar estricto cumplimiento a lo dispuesto.
2. Asimismo, en la audiencia la actora informó el perjuicio económico que le está produciendo el trámite
de la causa, siendo uno de los motivos por los cuales solicitó el cese de medidas de resguardo. Al respecto, la
denunciante manifestó que la vigencia de las medidas de protección impuestas por el juzgado derivó en el
retiro de su arma reglamentaria, “...por lo cual no puede realizar adicionales y esto le significa una disminución
de sus ingresos y consecuente perjuicio económico...”. Lo manifestado resultó confirmado por el “Protocolo de
Actuación para el Personal Policial en Situación de Violencia Familiar o de Género”. En la descripción del
proceso establece que para el caso de personal policial en actividad “...deberá retener el arma del efectivo
policial en forma preventiva hasta tanto se reciban las directivas de la justicia y lo evalúe un psicólogo en el
departamento Bienestar Policial. A efectos de minimizar riesgos, como primera medida, deberá efectuarse el
retiro preventivo del arma provista por la repartición al personal involucrado en el hecho de violencia
familiar...”.
En el caso concreto, téngase presente que la disminución concreta de los ingresos que percibe la señora G.
tiene su origen en un “Protocolo” de la Policía de la Provincia de Córdoba que resulta aplicable para situaciones
de violencia familiar o de género que se susciten entre personal en actividad y/o en situación de retiro. Al
respecto, el juez consideró que dicho procedimiento administrativo importa una forma de violencia indirecta
(art. 4, segundo párr., L. 26485), atento que la simple lectura del documento permitía concluir sin hesitación
que existía tratamiento igualitario para el denunciante y denunciada y/o agresor y víctima, circunstancia que
resulta inadmisible en vigencia del plexo normativo nacional e internacional que pregona la prohibición de todo
tipo de violencia contra la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado [cfr. arts. 3, Convención de
Belém do Pará; 2, CEDAW; 2, inc. a) y b), L. 26485, y 1, L. provincial 9283].
No cabe ninguna duda de que la aplicación del referido “Protocolo” importaba una revictimización y/o una
victimización secundaria y/o una doble victimización, toda vez que la denunciante, sin perjuicio de ser víctima
de violencia familiar por parte del agresor, también estaba recibiendo un “castigo” de su empleador (i.e.,
menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales), circunstancia que derivó en la presentación forzada
de una retractación, lo que atentó contra el derecho humano de la mujer a vivir una vida sin violencia y,
específicamente, a preservar su integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial.
En síntesis, el juzgado consideró que la aplicación del referido “Protocolo”, en el caso concreto, implicaba
un caso manifiesto de violencia indirecta de carácter institucional por la Policía de la Provincia de Córdoba, toda
vez que importa una práctica estructural que restringe la autonomía y/o libertad económica y patrimonial de la
víctima de violencia familiar, con la consecuencia revictimización. En dicho entendimiento, teniendo en cuenta
las referidas directrices internacionales, este juzgador debe adoptar medidas de acción positivas con el objetivo
de derribar la situación que coloca a la señora G. en situación de sometimiento, todo ello con el objetivo de
lograr la igualdad sustantiva o de facto (cfr. recomendación general 25, sobre el párr. 1, art. 4, CEDAW).
Finalmente, el juzgado resolvió: i) intimar a las partes a dar estricto cumplimiento a la prohibición
recíproca de presencia en el domicilio o residencia, lugar de trabajo, estudios de esparcimiento u otros lugares
que frecuenten y prohibir a los nombrados todo tipo de comunicación, por cualquier medio: verbal, telefónica,
personal, incluso por medios informáticos o cibernéticos, o por interpósita persona, como asimismo
relacionarse, entrevistarse o desarrollar cualquier conducta similar y que implique tomar contacto entre sí,
todo bajo apercibimiento de los artículos 239 del Código Penal y 30 de la ley provincial 9283. ii) Instar al señor
L. D. Díaz para que, en el plazo de cinco días hábiles a partir de la notificación del presente, acompañe
constancia del tratamiento psicológico-psiquiátrico oportunamente ordenado por este juzgado. iii) Declarar que
el “Protocolo de Actuación para el Personal Policial en Situación de Violencia Familiar o de Género” no resulta
de aplicación en el caso concreto. iv) Intimar a la Policía de la Provincia de Córdoba al cese inmediato de la
violencia indirecta de carácter institucional, económica y patrimonial que está ejerciendo sobre la señora G,
debiendo arbitrar los medios necesarios para que la denunciante no vea mermados sus ingresos mientras
duren las medidas preventivas dispuestas por este juzgado. v) Comunicar a la Policía de la Provincia de
Córdoba lo informado por la denunciante en relación con la nueva modalidad de ejercer presión y/o violencia
psicológica e institucional a través del comisario inspector R. Caporalli.
III - El marco normativo
Previo a adentrarse en el análisis puntual del fallo es importante mencionar el marco normativo que
sostiene la petición de la actora.
La incorporación de los postulados que emanan de los instrumentos internacionales en el procedimiento de
violencia familiar es una asignatura pendiente para todos los operadores en la temática y se relaciona con la
vigencia del instrumento, aplicación y conciencia de obligatoriedad de los destinatarios entre otras cosas. A
partir de la adopción de la CEDAW, el sistema universal proporciona una protección específica a los derechos
de la mujer, siendo uno de los instrumentos que mayor consenso tiene dentro de la comunidad de países en el
compromiso de afianzar el principio de igualdad y en la eliminación de toda forma de discriminación contra la
mujer. Dicho Tratado creó el Comité de la CEDAW (5), que puede hacer sugerencias y recomendaciones de
carácter general basadas en el examen de los informes y de los datos transmitidos por los Estados partes. Las
recomendaciones generales sirven para mostrar aspectos concretos, señalando estándares que deben servir de
guía para los Estados a la hora de llevar a la práctica los derechos consagrados en la Convención. (6)
La recomendación 12 plantea que los artículos 2, 5, 11, 12 y 16 de la Convención obligan a los Estados
partes a proteger a la mujer contra cualquier tipo de violencia(7) que se produzca en la familia, en el trabajo o
en cualquier otro ámbito de la vida social.
La recomendación 19 definió la violencia de género como aquella dirigida contra las mujeres por el solo
hecho de ser mujeres y estableció que la violencia contra la mujer es una forma de discriminación que inhibe
gravemente la capacidad que goce de derechos y libertades en pie de igualdad con el hombre. También declaró
que los Estados deben adoptar medidas efectivas para superar todas las formas de violencia basadas en el
género, así estas sean perpetradas por actores públicos o privados. Esto implica que en función del deber de la
debida diligencia el Estado debe adoptar todas las medidas integrales que de manera eficaz, oportuna y
suficiente tienda a prevenir, sancionar y erradicar la violencia, como así también reparar a sus víctimas.
Plantea que “en las relaciones familiares, se somete a las mujeres de cualquier edad a violencia de todo tipo,
como lesiones, violación, otras formas de violencia sexual, violencia mental y violencia de otra índole, que se
ven perpetuadas por las actitudes tradicionales”. El Comité en esta recomendación reconoció que la falta de
independencia económica obliga a muchas mujeres a permanecer en situaciones violentas.
El 9/6/1994, luego de extensos procesos de consulta en el ámbito regional, la Asamblea General de la
Organización de los Estados Americanos aprobó la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará).
La Convención afirma que la violencia contra esta constituye una violación de los derechos humanos y las
libertades fundamentales, una ofensa a la dignidad humana y una manifestación de las relaciones de poder
históricamente desiguales entre mujeres y hombres. Plantea en el artículo 5 que toda mujer podrá ejercer libre
y plenamente sus derechos, entre ellos los económicos. Dentro de los deberes de los Estados parte de la
Convención, el artículo 7, inciso d), plantea que los Estados condenan todas las formas de violencia contra la
mujer y convienen en adoptar, por todos los medios apropiados y sin dilaciones, políticas orientadas a
prevenir, sancionar y erradicar dicha violencia y en llevar a cabo lo siguiente: “...Adoptar medidas jurídicas
para conminar al agresor a abstenerse de hostigar, intimidar, amenazar, dañar o poner en peligro la vida de la
mujer de cualquier forma que atente contra su integridad o perjudique su propiedad”.
Las 100 reglas de Brasilia sobre acceso a la justicia (8) han tenido importancia en la Corte por vía de la
acordada 9/2005. Estas reglas no solo son unas bases de reflexión sobre los problemas del acceso a la justicia,
sino que también recogen recomendaciones para los órganos públicos y para quienes prestan sus servicios en
el sistema judicial.
Se consideran en condición de vulnerabilidad aquellas personas que, por razón de su edad, género, estado
físico o mental, o por circunstancias sociales, económicas, étnicas y/o culturales, encuentran especiales
dificultades para ejercitar con plenitud ante el sistema de justicia los derechos reconocidos por el ordenamiento
jurídico (regla 3). Entre las causas de vulnerabilidad, se menciona el género (regla 4). La regla 20 plantea que
se impulsarán las medidas necesarias para eliminar la discriminación contra la mujer en el acceso al sistema de
justicia para la tutela de sus derechos e intereses legítimos, logrando la igualdad efectiva de condiciones. Se
prestará una especial atención en los supuestos de violencia contra la mujer, estableciendo mecanismos
eficaces destinados a la protección de sus bienes jurídicos, al acceso a los procesos judiciales y a su
tramitación ágil y oportuna.
El tratamiento legislativo de este tipo de violencia a nivel interno recién aparece con la sanción de la ley
26485 de protección integral y su decreto reglamentario 1011/2010 que aclara algunos supuestos del tipo. El
artículo 3 enumeró dentro de los derechos protegidos a la integridad económica o patrimonial. Asimismo, el
artículo 4 define la violencia contra la mujer como toda conducta, acción u omisión que afecte entre otros
bienes jurídicos la integridad económica o patrimonial. Conforme el artículo 5, la violencia económica o
patrimonial es la que se dirige a: “a) Ocasionar un menoscabo en los recursos económicos o patrimoniales de
la mujer, a través de la perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes. b) La pérdida,
sustracción, destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos
personales, bienes, valores y derechos patrimoniales. c) La limitación de los recursos económicos destinados a
satisfacer sus necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida digna”.
El decreto 1011/2010 que reglamenta esa ley expresa que, inciso c), en los casos en que las mujeres
víctimas de violencia tengan hijos/as y estos/as vivan con ellas, las necesidades de los/as menores de edad se
considerarán comprendidas dentro de los medios indispensables para que las mujeres tengan una vida digna.
Finalmente respecto a las modalidades de violencia, la doméstica es aquella ejercida contra las mujeres
por un integrante del grupo familiar que dañe, entre otros bienes jurídicos, la integridad económica o
patrimonial, y la institucional es aquella realizada por las/los funcionarias/os, profesionales, personal y agentes
pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar, obstaculizar o
impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley.
Como corolario, las leyes provinciales pueden aportar elementos interesantes al tema propuesto. Uno de
los principios básicos de la ley XV de la Provincia de Chubut sostiene que ningún funcionario público, de
cualquier Poder del Estado podrá argumentar reglamentos o procedimientos que en definitiva denieguen,
demoren o frustren la protección debida a las víctimas (9) (art. 23, ss. y conc., L. V 108).
IV - La violencia económica y/o psicológica
De los hechos relatados se pueden dilucidar situaciones de violencia económica y/o psicológica padecidas
por la actora.
Con respecto a la detección de una situación de violencia económica, esta se da de un modo sutil, casi
invisible en el concepto general de menoscabo patrimonial y en el supuesto de limitación de recursos. La actora
solicita el levantamiento de la medida dada la carencia económica que padece al no poder trabajar horas
extras y por ende aumentar su remuneración. Entre ellas, la superioridad ha tomado la medida administrativa
de quitarle “preventivamente” el arma, por lo cual no puede realizar adicionales y esto le significa una
disminución de sus ingresos y consecuente perjuicio económico.
En palabras sencillas, la actora está pidiendo no tener más protección contra la violencia vigente (y esto es
esencial para comprender la gravedad del asunto) porque necesita recuperar su arma y aumentar sus
ingresos. Este dilema entre protegerse y no poder obtener mayores recursos, si lo hace, es un claro ejemplo de
la existencia de una relación desigual de poder de un género sobre otro conceptualizándola como violencia de
género.
A su vez la actora sufre situaciones de violencia de tipo psicológica, menciona la presión que ejerce el
denunciado sobre ella para que retire la denuncia. Lo que significaría que el agresor sigue ejerciendo violencia,
pero esta vez para lograr una resolución que no proteja a ella.
El fallo con acierto y con una finalidad expositiva resume con supuestos y ejemplos al expresar que la
dinámica propia del ciclo de la violencia doméstica ha dado cuenta de que la denunciante está presionada y
hostigada, temerosa y con sentimiento de culpa, forzada por circunstancias económicas e incluso laborales.
En un fallo se sostuvo que “cuando las víctimas de la violencia de género tienen su capacidad de
autodeterminación abolida o limitada (ello por la propias características de la naturaleza del conflicto, donde la
violencia contra las mujeres tiende a presentarse de forma cíclica, intercalando periodos de calma y afecto
hasta situaciones que puedan poner en peligro la vida, advirtiendo en tal dinámica el establecimiento de un
vínculo de dependencia emocional y posesión difícil de romper, tanto para el agresor como para la víctima) se
requiere que su interés sea por tanto tutelado institucionalmente por encima de su propia opinión, sin que ello
pueda entenderse como conculcatorio de la dignidad personal de la víctima, a quien, por el contrario,
precisamente se pretende proteger”.(10)
V - La solicitud de levantamiento de las medidas
Las medidas cautelares en el procedimiento de violencia familiar tienen en miras el cese de la violencia en
el presente, es decir, desde el momento en el que se las dicta y notifica a la parte denunciada. Dicha decisión
tendrá repercusiones jurídicas, protegerá a la parte denunciante ante eventuales situaciones de violencia de
cualquier tipo y pondrá un freno legal al denunciado para evitar que reitere episodios de violencia. Esto es
fundamental para perpetuar la medida adoptada y generar conciencia de obligatoriedad evitando la
desconexión de lo decidido con lo posteriormente vivido. (11)
La solicitud de cese o levantamiento de las medidas en este procedimiento es particular, no solo por el
sujeto de protección, sino también por el contexto en el que se ejercen las situaciones de violencia. El juez en
su resolución no puede desconocer las situaciones de violencia denunciadas de cualquier tipo, los informes de
los profesionales de los equipos técnicos de las instituciones públicas y/o privadas, los factores y el nivel de
riesgo en el que se encuentran las personas implicadas, los antecedentes civiles y penales, entre otras cosas. (12)
Es interesante cómo se plantea este tema en el caso en donde la actora rectifica la solicitud de
levantamiento de medidas cautelares en virtud de la presión que padece del denunciado y no en la inexistencia
de riesgo. Esta presión debe ser un elemento más que suficiente para que la autoridad judicial no dé lugar a
ese pedido. Se suele dar como un “desestimiento forzado” en este tipo de situaciones en donde otros motivos
que exceden la finalidad de protección llevan a las personas en situación de violencia a no continuar o desistir
del procedimiento(13). El concepto de desestimiento forzado es una manera de graficar la actitud expulsiva de
los operadores que, al convencer a las personas de no iniciar o continuar el procedimiento, interrumpen el
circuito de atención exponiéndolas a eventuales riesgos en su integridad psicofísica. (14)
En otro artículo he sostenido: “Que la mujer en situación de violencia sea capaz para ejercer un derecho
no quita que no deba ser resguardada cuando se encuentre en riesgo ”. El dilema se presenta entre la
capacidad para ejercitar un derecho como solicitar el levantamiento de una medida de protección y la necesaria
protección estatal de la integridad de la persona en situación de violencia. (15)
El artículo 2 de la ley 26485 plantea que esta tiene por objeto entre otras cosas promover y garantizar el
derecho de las mujeres a vivir una vida sin violencia; la asistencia integral a las mujeres que padecen violencia
en las áreas estatales y privadas que realicen actividades programáticas destinadas a las mujeres y/o en los
servicios especializados de violencia.
La solicitud del levantamiento de una medida cautelar en este procedimiento tiene que ir acompañada de
medidas previas que tengan como finalidad nodal la protección de las personas en situación de violencia. (16)
Otro motivo del planteo es la cuestión económica, ya que, si las medidas siguen vigentes, no puede
trabajar, ya que le han quitado el arma basándose en un protocolo. Otra muestra de que la solicitud de cese de
las medidas no se da sobre la base de la ausencia de riesgo es que el denunciado ha incumplido las medidas,
continuando con el hostigamiento en connivencia con el amigo comisario, que es el que retiene
preventivamente el arma conforme el Protocolo. Asimismo, pese a estar debidamente intimado a acreditar la
continuidad del tratamiento psiquiátrico, e incluso habérsele reiterado su importancia, no existe constancia
alguna que acredite dicha circunstancia, lo que exhibe su falta de acatamiento a la orden judicial. Dado el
escenario expuesto de violencia psicológica y/ económica vigente, la actora finalmente se arrepiente del pedido
de levantamiento y solicita medidas de protección.
La situación de vulnerabilidad física, social, psicológica y/o económica latente es uno de los motivos para
no dar lugar al desestimiento de la medida.(17)
Ya en los considerandos se marca la posición que la retractación en los casos de violencia familiar tiene un
tratamiento protector y específico. Cita el fallo “Agüero” (18) que plantea que en la propia dinámica de esta clase
de violencia de género va ínsita la superioridad del varón que goza de la impunidad que le garantiza lo privado
del ámbito intrafamiliar en que generalmente se realizan los actos, el temor de la víctima a mayores
represalias y a la pérdida de los lazos familiares, la falta de crédito que se les suele asignar, etc. La
retractación de la víctima es vista como un indicio más que permite presumir de manera unívoca que el ciclo
de violencia se encuentra instalado entre el agresor y la víctima. Agrega que la protección es una obligación
asumida por el Estado a través de la Convención Belém do Pará (art. 7).
El fallo relaciona los supuestos y ejemplos de violencia con la retractación o negación de lo solicitado.
VI - La interpretación del Protocolo
La actora denuncia un menoscabo de sus recursos al habérsele retirado el arma reglamentaria que le
impide hacer adicionales. Tal decisión fue fundada en el “Protocolo de Actuación para el Personal Policial en
Situación de Violencia Familiar o de Género”. En la descripción del proceso establece que para el caso de
personal policial en actividad “...deberá retener el arma del efectivo policial en forma preventiva hasta tanto se
reciban las directivas de la justicia y lo evalúe un psicólogo en el departamento Bienestar Policial. A efectos de
minimizar riesgos, como primera medida, deberá efectuarse el retiro preventivo del arma provista por la
repartición al personal involucrado en el hecho de violencia familiar...”.
La interpretación del Protocolo debe ser pro victimológica, es decir, la de asegurar la protección de la
mujer en situación de violencia (de ahí la necesidad que el agresor que sea personal policial no tenga el arma
en su poder para evitar que eventualmente ejerza alguna situación de violencia) y no restringir total o
parcialmente sus derechos (como el derecho a trabajar) que la hace peticionar medidas para restablecerlos.
Una interpretación contraria sería un modo o práctica que acentúa la desigualdad entre las partes.
La finalidad preventiva del retiro del arma que refiere el Protocolo es para minimizar cualquier riesgo que
se podría suscitar en la integridad psicofísica de la actora, el hecho de que esta tenga en su poder el arma no
significa que podría sucederle algo que atente contra su integridad.
VII - Violencia institucional
Una de las novedades que he mencionado del fallo era la existencia de violencia de género de tipo
económica en su modalidad institucional. En donde no siempre el reclamo de una mujer a una institución es
considerado de esta manera, ya se requiere acreditar la relación desigual en razón del género. En un fallo (19) se
sostiene que “no es posible encuadrar en una hipótesis de violencia de género la situación sustancial
denunciada por la actora, es decir, el cobro, por parte de las instituciones demandadas de un gravamen, tanto
a escribanas mujeres como a varones, reclamo que al ser cuestionado por los notarios fue sometido a todas
las instancias judiciales con todas las garantías del debido proceso, resultando las respectivas sentencias
favorables a las instituciones; consecuentemente, una vez dirimido el conflicto promover el cobro de lo
adeudado por vía judicial, de ninguna manera puede ser visto como violencia económica y patrimonial hacia la
mujer, ya que tanto escribanas mujeres como escribanos varones se encontraban en la misma situación y
recibieron el mismo trato”.
En este caso, la institución policial ejerce una acción basada en la existencia de una relación desigual de
poder que afecta la integridad económica de la actora al retenerle el arma (basándose en el Protocolo aludido)
impidiéndole trabajar horas extras y aumentar sus ingresos.
La Carta de Derechos de las personas ante la justicia en el espacio judicial iberoamericano postula que la
eficacia de la justicia está vinculada a la accesibilidad, a la información, a la transparencia e incluso a la simple
amabilidad en el trato. Todas las personas tienen derecho a que los actos de comunicación contengan términos
sencillos y comprensibles, evitándose el uso de elementos intimidatorios innecesarios.
El artículo 3 de la ley 26485 dentro de los derechos protegidos plantea el trato respetuoso de las mujeres
que padecen violencia, evitando toda conducta, acto u omisión que produzca revictimización. El artículo 3,
inciso k), del decreto reglamentario 1011/2010, entiende por revictimización el sometimiento de la mujer
agredida a demoras, derivaciones, consultas inconducentes o innecesarias, como así también a realizar
declaraciones reiteradas, responder sobre cuestiones referidas a sus antecedentes o conductas no vinculadas al
hecho denunciado y que excedan el ejercicio del derecho de defensa de parte; a tener que acreditar extremos
no previstos normativamente, ser objeto de exámenes médicos repetidos, superfluos o excesivos y a toda
práctica, proceso, medida, acto u omisión que implique un trato inadecuado, sea en el ámbito policial, judicial,
de la salud o cualquier otro. Si bien en este caso no estamos hablando del supuesto de una mujer que recurre
a una institución a solicitar protección, el personal donde desarrolla su labor ejerce violencia hacia ella
amparándose en un protocolo negatorio de derechos.
La autoridad judicial menciona que este procedimiento administrativo importa una forma de violencia
indirecta, atento que existe tratamiento igualitario para las partes cuando no es así, estando vigente un marco
normativo que pregona la prohibición de todo tipo de violencia contra la mujer, tanto en el ámbito público
como en el privado. La aplicación del referido “Protocolo” importa una revictimización y/o una victimización
secundaria y/o una doble victimización, toda vez que la denunciante, sin perjuicio de ser víctima de violencia
familiar por parte del agresor, también está recibiendo un “castigo” de su empleador (i.e., menoscabo en los
recursos económicos o patrimoniales), circunstancia que ha derivado en la presentación forzada de una
retractación, lo que atenta contra el derecho humano de la mujer a vivir una vida sin violencia y,
específicamente, a preservar su integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial.
En síntesis, el suscripto considera que la aplicación del referido “Protocolo”, en el caso concreto, implica un
caso manifiesto de violencia indirecta de carácter institucional por la Policía de la Provincia de Córdoba, toda
vez que importa una práctica estructural que restringe la autonomía y/o libertad económica y patrimonial de la
víctima de violencia familiar, con la consecuente revictimización.
VIII - Las acciones positivas
Para alcanzar la igualdad es necesario reconocer la diversidad y promover la participación de todos y todas
en condiciones equitativas, pues como dijo Boaventura Sousa Santos: “Las personas y los grupos sociales
tienen el derecho de ser iguales cuando la diferencia los inferioriza y el derecho a ser diferentes cuando la
igualdad los descaracteriza”.(20)
La acción positiva puede ser definida, según el Comité para la Igualdad entre Hombres y Mujeres del
Consejo de Europa(21), como una estrategia destinada a establecer la igualdad de oportunidades por medio de
unas medidas (temporales) que permitan contrastar o corregir aquellas discriminaciones que son el resultado
de prácticas o de sistemas sociales, o sea, es un instrumento que desarrolla el principio de igualdad de
oportunidades y que tiende a corregir las desigualdades.
Dado el escenario expuesto de violencia de género en su modalidad institucional, la autoridad judicial debe
adoptar medidas de acción positivas con el objetivo de derribar la situación que coloca a la actora en situación
de sometimiento, todo ello con el objetivo de lograr la igualdad sustantiva o de facto (cfr. recomendación
general 25, sobre el párr. 1, art. 4, CEDAW). Por eso resuelve declarar que el Protocolo no resulta de aplicación
en el caso e intimar a la Policía de la Provincia de Córdoba al cese inmediato de la violencia indirecta de
carácter institucional, económico y patrimonial, debiendo arbitrar los medios necesarios para que la
denunciante no vea mermados sus ingresos mientras duren las medidas preventivas dispuestas por este
juzgado.
IX - La resolución
La resolución del caso es dable de analizar ya que tiene puntos de los cuales comparto y otros que pueden
dar lugar a una interpretación a mi entender equivocada.
En esta, si bien se exponen situaciones de violencia psicológica y/o económica hacia la mujer, se adopta
una medida de prohibición de acercamiento y/o de contacto recíproca, lo que podría significar un trato
igualitario de cumplimiento de las medidas, el mismo grado de responsabilidad de las partes, la invisibilización
de la violencia de género, etc. Tal vez hubiese sido conveniente que el agresor haya tenido prohibido acercarse
y contactarse con la actora.
Para dar cumplimiento a lo resuelto anteriormente se insta al denunciado a que acompañe constancia del
tratamiento psicológico-psiquiátrico. De esta manera se resuelve para futuro, evitando situaciones de violencia
que podrían ocurrir sin un tratamiento especializado tendiendo a desaprender la conducta agresiva.
La resolución aclara que el Protocolo citado no es de aplicación para el caso en particular y se intima a la
Policía de la Provincia al cese inmediato de la violencia indirecta de carácter institucional, económica y
patrimonial.
X - Conclusión
Como conclusión del comentario al fallo, debemos estar atentos a la detección de las modalidades de
violencia para su posterior intervención, ya que desconocerlas significaría permitir la perpetuación de las
situaciones de violencia.
Notas:
(*) Abogado, profesor universitario en Ciencias Jurídicas, especialista en violencia familiar, autor de libros y artículos
de su especialidad
(1) Informe de violencia económica y/o patrimonial OVD, CSJN, 2017 - octubre/2018 - pág. 4. Los informes
estadísticos también se pueden encontrar en www.ovd.gov.ar
(2) Informe de violencia económica y/o patrimonial OVD, CSJN, 2017 - octubre/2018 - pág. 13
(3) Ortiz, Diego: “Hacia la búsqueda de la perspectiva de género” - Revista de Pensamiento Civil - 25/11/2019 -
https://www.pensamientocivil.com.ar/4451-hacia-busqueda-perspectiva-genero-pequeno-pensamiento-un-abogado
(4) “Díaz, L. D. - denuncia por violencia familiar” - Juzg. Niñez, Juv., Viol. Fliar. y de Género y Penal Juv. - Secretaría
de Niñez, Juv., Viol. Fliar. y Género San Francisco - 8/6/2020 - expte. N° 8765816
(5) Trucco, Marcelo: “Mecanismos internacionales de acceso a la promoción y protección efectiva de los derechos
humanos de la mujer a nivel universal y regional”, en “La protección integral de las mujeres contra la violencia de
género. Ley 26485” - Juris - Rosario - pág. 165
(6) Trucco, Marcelo: “Mecanismos internacionales de acceso a la promoción y protección efectiva de los derechos
humanos de la mujer a nivel universal y regional” en “La protección integral de las mujeres contra la violencia de
género. Ley 26485” - Juris - Rosario - pág. 166
(7) El destacado me pertenece
(8) XIV Cumbre Judicial Iberoamericana - 4, 5 y 6/3/2008
(9) El destacado me pertenece
(10) “V. D. G. c/G. I. H. - L. 3040” - CApel. Viedma - 21/11/2017
(11) Ortiz, Diego: “El control del cese de la medida cautelar en el procedimiento de violencia familiar” - DFyP -
17/10/2017 - 35 - LL-27/10/2017
(12) Ortiz, Diego: “Tres anuncios para no levantar una medida cautelar en el procedimiento de violencia familiar” -
Revista de Pensamiento Civil - 28/3/2018, https://www.pensamientocivil.com.ar/doctrina/3481-tres-anuncios-para-
no-levantar-una-medida-cautelar-procedimiento
(13) Ortiz, Diego: “El desestimiento forzado en el procedimiento de violencia familiar” - Revista de Pensamiento Civil -
13/12/2016 - https://www.pensamientocivil.com.ar/doctrina/2565-desestimiento-forzado-procedimiento-violencia-
familiar
(14) Ortiz, Diego: “El desestimiento forzado en el procedimiento de violencia familiar” - Revista de Pensamiento Civil -
13/12/2016 - https://www.pensamientocivil.com.ar/doctrina/2565-desestimiento-forzado-procedimiento-violencia-
familiar
(15) Ortiz, Diego: “Tres anuncios para no levantar una medida cautelar en el procedimiento de violencia familiar” -
Revista de Pensamiento Civil - 28/3/2018 - https://www.pensamientocivil.com.ar/doctrina/3481-tres-anuncios-para-
no-levantar-una-medida-cautelar-procedimiento
(16) Ortiz, Diego: “Tres anuncios para no levantar una medida cautelar en el procedimiento de violencia familiar” -
Revista de Pensamiento Civil - 28/3/2018 - https://www.pensamientocivil.com.ar/doctrina/3481-tres-anuncios-para-
no-levantar-una-medida-cautelar-procedimiento
(17) Ortiz, Diego: “Tres anuncios para no levantar una medida cautelar en el procedimiento de violencia familiar” -
Revista de Pensamiento Civil - 28/3/2018 - https://www.pensamientocivil.com.ar/doctrina/3481-tres-anuncios-para-
no-levantar-una-medida-cautelar-procedimiento
(18) “Agüero” - TSJ Córdoba - 3/8/2012 - sent. N° 198
(19) “B. R. G. c/D. D. L. C. N. D. A. S. y O. s/violencia de género. L. 26485” (10973) - CApel. Paraná (E. Ríos) - Sala
Segunda - 3/9/2019
(20) Santos, Boaventura: “Reconhecer para libertar: os caminhos do cosmopolitismo multicultural” - Civilizao
Brasileira - Río de Janeiro - 2003 - pág. 56
(21) Osborne, Raquel: “Acción positiva”, en Amorós, Celia (comp.): “10 palabras clave sobre mujer” - EVD - 1995 -
pág. 301