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30 (2015) Revista uruguaya de Psicoanálisis (en línea) (121): 30-34
issn 1688 - 7247
Comentario a la conferencia
de Christopher Bollas
¿Perplejidad - desconcierto?
Silvia Flechner1
Su propuesta acerca del «retorno de lo oprimido», me llevó a pensar en el
dolor psíquico. Ese dolor que es una sensación difícil de transmitir en pa-
labras, al que se accede en parte a través de la angustia y el sufrimiento en
la singularidad del encuentro -ante todo, con nosotros mismos-, como
un indicador de diferentes formas de padecer, entre ellas, la opresión a la
que usted hace referencia, generando sentimientos de inestabilidad, vacío,
ajenidad, así como también pérdida de referencias conocidas, que parten
desde las más primarias hasta las que corresponden al pensamiento y la
palabra, lo que redunda en una fragilidad que expone al sujeto a nume-
rosos peligros a nivel de su vida emocional y racional. El «retorno de lo
oprimido» parecería justamente hacer desplegar en el sujeto el despojo de
su verdadero self para protegerse de pérdidas que lo exponen a conflictivas
que necesitan de mecanismos de defensa muy básicos, como los que usted
plantea, para no perderse totalmente como sujeto.
Cerca del final de su ensayo, usted retoma lo que puede ser el icónico
melodrama del siglo xix planteado por Niestszche: «Dios ha muerto». Sin
embargo, usted plantea si estaremos enfrentando un nuevo mantra: ¿El
1 Miembro titular en funciones didácticas de la Asociación Psicoanalítica del Uruguay, Miembro pleno
de la Federación Latinoamericana de Psicoanálisis y la Asociación Psicoanalítica Internacional.
[email protected]
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humanismo está muerto? Su pregunta, que se amplía aún más al hablar
de «sujeticidio», me condujo a evocar la magnitud de la crueldad de todos
los siglos para poder entender si avanzamos o retrocedemos con respecto
a la humanidad, o, quizás, si avanzamos y retrocedemos.
El retorno de lo reprimido en la obra de Freud está vinculado con la
sexualidad y la agresividad, centrándose básicamente en el conflicto neu-
rótico. Al incluir el retorno de lo oprimido, ¿no sería necesario, a su vez,
incluir el término violencia?
Freud utiliza la palabra violencia en su respuesta a Einstein en su tra-
bajo «¿Por qué la guerra?» (1933 [1932]/1976), en referencia más bien a una
tendencia inherente al ser humano, mientras que en Tótem y tabú (1913
[1912-1913]/1976), sitúa una violencia originaria como fundante. Quizás
la dificultad que ha mostrado Freud en relación con los antagonismos
sincrónicos evitó colocar la violencia como un dinamismo previo e in-
dispensable que apunta más hacia un diacronismo que implicaría una
apertura progresiva sin fin.
Sabemos que las marcas psíquicas que se suscitan a partir del encuen-
tro-desencuentro en los orígenes seguirán resignificándose a lo largo de la
vida. Dichas marcas podrán ir integrándose o no a las formas posteriores
en lo que atañe al retorno de lo reprimido, mientras que otras pueden tran-
sitar distintos caminos, entre los cuales se encuentran la desmentida y la
aparición de elementos escindidos que consiguen aparecer bajo diferentes
formas en algún momento de la vida del ser humano; nuestra fragilidad
se despliega también en esas formas que hemos reconocido en todas las
épocas y todos los tiempos. Algunas podrán volverse actos, y dichos actos
pueden resultar impulsivos y violentos.
En tal sentido, al pensar en el retorno de lo «oprimido», recordé a Piera
Aulagnier (1975/1977), cuando planteó la imposición de un sentido llevado
a cabo por la madre sobre el bebé, con su concepto de violencia primaria.
Pienso si tal vez la violencia materna, secundaria, podría provocar también
un estado de opresión que promueva la aparición de zonas escindidas y
desmentidas que podrían fermentar para converger en «violencia». Esta
violencia, que hipotéticamente sería primordial, ¿podría quizás estar per-
manentemente al acecho, despertando, así, lo que llamaríamos «impulsos
feroces o atroces», capaces de llevar a sujetos que han transitado su vida
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básicamente como neuróticos a realizar acciones que pueden ser consi-
deradas inconcebibles?
Cuando la violencia comparece desde lo cultural o lo social, el hecho
violento podría tener un efecto de aplastamiento de la singularidad, pro-
vocando un sentimiento de inexistencia impidiendo la socialización a
través del miedo y el terror. Esto implicará la ausencia de un espacio en el
que la inscripción marque sus huellas, es decir que el espacio psíquico se
encuentra imposibilitado de recibir aquellas marcas que eventualmente
podrían ser introducidas a través de la palabra, dando lugar así al borra-
miento. Como es sabido, América Latina ha sufrido la opresión, el miedo
y el terror de sus dictaduras. Ha padecido el exilio forzado, la prisión, la
tortura y la muerte. Nos han robado cuerpos, han generado desapariciones
en el mapa social y dejado profundas brechas oscuras y vacías. Las marcas
quedan, los tiempos cambian.
Ante toda esta oscura situación, ¿dónde queda el psicoanálisis? Ha
logrado, a través del propio Freud, sobrevivir a las guerras, pero ¿cuál es
su lugar hoy en día, en el siglo xxi?
¿Qué sucedería si asumiéramos que también en nuestro quehacer ve-
mos al psicoanálisis como parte del problema, y no como una solución?
El psicoanálisis se ha extendido a través del mundo, y sigue haciéndolo,
en pleno conocimiento de que no podemos exportar un «modelo» único
a tan diversos y remotos orígenes, etnias, religiones, desarrollos y sub-
desarrollos. El contexto sociocultural y político cambia de país en país,
de ciudad en ciudad y, lógicamente, de persona a persona. Consideraría
que también nosotros, largamente analizados, contamos con esa cuota de
violencia, quizás más refinada en forma de intolerancia a las diferencias
que van desde lo corporal -el encuentro, la mirada, el olor, el color, el tono
de voz, el acento- hasta el lenguaje, porque quizás no hablamos el mismo
idioma en lo que concierne a estas variables y muchas más.
Nuestro aporte ha comenzado con Freud, con el descubrimiento del
inconsciente, la sexualidad y la transferencia. Hemos hecho del lenguaje
nuestra principal herramienta, con lo que nos hemos ubicado como pio-
neros en el alivio del sufrimiento de pacientes neuróticos. Sin embargo,
en estos tiempos no hemos ganado adeptos; en muchos aspectos, hemos
quedado de lado. ¿Por qué?
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En este siglo nos encontramos con nuevas formas de encuentro, ca-
racterizadas por su velocidad, su vértigo y, tal como lo plantea el profesor
Bollas, vemos el nuevo rol del self como transmisor de información vía
celulares, Twitter o Facebook.
Es cierto que actualmente tanto la televisión como Internet, sistemas
prototípicos de esta nueva era, nos muestran todo el universo que nos
rodea en una pantalla, cuanto más plana y grande, mejor, quizás como
metáfora de la falta de profundidad en los vínculos de hoy en día. La
pregunta que me surge es: ¿Acaso algo de este tenor sucede con el psicoa-
nálisis incorporando las nuevas tecnologías?
Vemos que la desaparición del espacio privado es contemporánea a la
del espacio público. Ni este es ya un espectáculo, ni aquel es un secreto.
¿Qué llevó a este brusco cambio en pocos años? ¿Será por la necesidad de
funcionar con cierta certeza, sumada a la falta de esta, es decir, el descon-
cierto, condición para la aparición de clivajes y escisiones en el ser humano
que horadan la psiquis en busca de una salida prematura y cruda?
La referencia del profesor Bollas al Fastnet me recordó un artículo de
Brantly (2014)2 sobre inteligencia y contrainteligencia, en el que menciona
los ciberataques, que son una herramienta siniestra más de los últimos años.
El epígrafe con el cual Brantly inicia su trabajo también llamó mi aten-
ción: se trata de una cita de Einstein,3 en la cual dice: «No sé qué armas
se usarán en la tercera guerra mundial, pero la cuarta será luchada con
palos y piedras».
Los cambios informáticos y la vertiginosidad generalizada dan cuenta
de una mutación que parece pasar de la unidad a la fragmentación, y vice-
versa. Estas mutaciones implicarán, para muchos, una visión catastrófica y
2 «Covert action is as old as political man. The subversive manipulation of others is nothing new. It has
been written about since Sun Tzu and Kautilya. People and nations have always sought the use of
shadowy means to influence situations and events. Covert action is and has been a staple of the state
system. A dark and nefarious tool often banished to philosophical and intellectual exile, covert action
is in truth an oft-used method of achieving utility that is frequently overlooked by academics. Modern
scholars contend that, for utility to be achieved, activities such as war and diplomacy must be conducted
transparently». (Brantly, 2014)
3 «I know not with what weapons World War III will be fought, but World War IV will be fought with sticks
and stones». (Albert Einstein, citado por Calaprice, 2005, p. 173)
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apocalíptica, mientras que, por otro lado, aparecen visiones más auspicio-
sas y optimistas. Consideraría que no son excluyentes, más bien, implican
también ellas una inscripción personal en cada sujeto y el uso que cada uno
les da a sus objetos.
Entre los ciberataques que nos hablan de una nueva forma de gue-
rra mediática y las predicciones de Einstein acerca de la cuarta guerra
mundial llevándonos nuevamente a tiempos originarios, se presenta un
abanico interminable de experiencias positivas y negativas que deberán
seguir siendo analizadas e investigadas. Es un hecho que no podemos, ni
como psicoanalistas ni como seres humanos, cambiar las fuerzas de los
poderosos descubrimientos de la tecnología que han venido para quedarse.
Por otro lado, y para finalizar, recuerdo aquella famosa frase de Freud
en la cual dice: «La humanidad progresa, hoy solamente queman mis
libros, siglos atrás me hubiesen quemado a mí». Creo que Freud nunca
habría imaginado que sus obras completas iban a trasponer tantas fron-
teras y podrían ser bajadas por Internet con acceso a todo el mundo y en
tantas lenguas. ◆
Descriptores: dolor psíquico / violencia / sociedad / globalización
Keywords: psychic pain / violence / society / globalization
Bibliograf ía
Aulagnier, P. (1977). La violencia de la interpretación: Freud, S. (1976). ¿Por qué la guerra? En J. L.
Del pictograma al enunciado. Buenos Aires: Etcheverry (trad.), Obras completas (vol. 22, pp.
Amorrortu. (Trabajo original publicado en 179-198). Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo
1975). original publicado en 1933 [1932]).
Brantly, A. F. (2014). Cyber Actions by State Actors: (1976). Tótem y Tabú. En J. L. Etcheverry (trad.),
Motivation and Utility, International Journal of Obras completas (vol. 13, pp. 1-164). Buenos
Intelligence and CounterIntelligence, 27(3), 465- Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado en
484. doi: 10.1080/08850607.2014.900291 1913 [1912-1913]).
Calaprice, A. (2005). The New Quotable Einstein.
Princeton: Princeton University Press.