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La Miliciana en La Guerra Civil, Realidad e Imagen MAR ÁVILA ESPADA. ADRIÁN HUICI MÓDENES

Este documento analiza el papel de la mujer durante la Guerra Civil española, en particular de las milicianas que lucharon en el bando republicano. Explica que con la Segunda República se otorgaron nuevos derechos a la mujer española, incluyendo el sufragio y la igualdad de acceso a la educación y empleo. También surgió un movimiento feminista y organizaciones femeninas tanto de izquierda como de derecha. Cuando comenzó la guerra, algunas mujeres se unieron a las milicias republicanas para luchar contra el fascismo,
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La Miliciana en La Guerra Civil, Realidad e Imagen MAR ÁVILA ESPADA. ADRIÁN HUICI MÓDENES

Este documento analiza el papel de la mujer durante la Guerra Civil española, en particular de las milicianas que lucharon en el bando republicano. Explica que con la Segunda República se otorgaron nuevos derechos a la mujer española, incluyendo el sufragio y la igualdad de acceso a la educación y empleo. También surgió un movimiento feminista y organizaciones femeninas tanto de izquierda como de derecha. Cuando comenzó la guerra, algunas mujeres se unieron a las milicias republicanas para luchar contra el fascismo,
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ÍNDICE

RESUMEN ............................................................................................................................ 2

PALABRAS CLAVE ............................................................................................................. 2

1. INTRODUCCIÓN ............................................................................................................ 2
1.1 La mujer en la Segunda República ............................................................................ 2
1.1.1 Organizaciones femeninas antes de la Guerra Civil ........................................ 4
1.1.2 Las milicias ...................................................................................................... 5

2. MARCO Y OBJETIVOS.................................................................................................. 6

3. METODOLOGÍA ............................................................................................................. 6

4. LA MUJER EN EL BANDO NACIONAL vs. LA MUJER EN EL BANDO


REPUBLICANO ................................................................................................................... 6
4.1 La mujer en el bando nacional ................................................................................... 6
4.1.1 Organizaciones femeninas en el bando nacional ............................................. 7
4.1.2 Imagen de la mujer en la propaganda del bando nacional ............................. 10
4.2 La mujer en el bando republicano............................................................................ 12
4.2.1 Organizaciones femeninas en el bando republicano ...................................... 13
4.2.2 Imagen de la mujer en la propaganda del bando republicano ........................ 17

5. LAS MILICIANAS ........................................................................................................ 20


5.1 Inicios de la miliciana .............................................................................................. 20
5.2 Últimos tiempos de la miliciana .............................................................................. 25
5.3 Perfil de la miliciana y su reflejo en la propaganda ................................................. 28
5.4 Milicianas de renombre ........................................................................................... 35

6. REFLEJO DE LA MILICIANA EN EL CINE ESPAÑOL ............................................ 40


6.1 Libertarias (Aranda, 1996) ....................................................................................... 42
6.2 Tierra y libertad (Loach, 1995) ................................................................................ 47
6.3 Las bicicletas son para el verano (Chávarri, 1984) .................................................. 50

7. CONCLUSIÓN .............................................................................................................. 52

8. BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................ 54

1
LA MILICIANA EN LA GUERRA CIVIL: REALIDAD E IMAGEN
Mar Ávila Espada
RESUMEN
Durante la Segunda República se dotó a la mujer española de nuevos derechos que las
llevó a ocupar lugares alejados de la tradicionalidad, ejemplo de ello fueron las
milicianas, mujeres pertenecientes al bando republicano que se alistaron en la milicia
para luchar contra el fascismo durante la Guerra Civil y que rompieron con la idea de
que la guerra era un espacio exclusivamente masculino.
El cine español las ha representado, en muchas ocasiones, como heroínas y como figura
romántica de los años de guerra pero, ¿es coincidente la imagen cinematográfica
transmitida de ellas con la realidad que vivieron?

PALABRAS CLAVE
Miliciana, mujer, milicias, Guerra Civil, retaguardia, igualdad, feminismo,
empoderamiento, cine.

1. INTRODUCCIÓN
1.1. La mujer en la Segunda República
Con el alzamiento de la Segunda República el 14 de abril de 1931, la mujer de la
sociedad española de la época ganó nuevos derechos que fomentaron la participación
activa de algunas de ellas en la Guerra Civil. Es por ello importante destacar cómo y en
qué sentido la figura femenina adquiere protagonismo en los años previos al conflicto
bélico.

Las mujeres, hasta entonces tratadas como menores de edad (Vadillo, 2016), vieron
como sus años de lucha desembocaron en una Segunda República que trató de cimentar
la igualdad de género.
El primer acercamiento a esta igualdad se dio a través del sufragio pasivo concedido en
las elecciones a Cortes Constituyentes en junio de 1931, este otorgaba el derecho a
presentarse como candidatas en el proceso electoral pero no a ser electoras. De un total
de 470 diputados solo tres fueron mujeres: Margarita Nelken (Partido Socialista Obrero
Español), Victoria Kent (Partido Republicano Radical Socialista) y Clara Campoamor
(Partido Radical) (Medialdea, 2015).

2
El 9 de diciembre del mismo año, con la promulgación de la Constitución, se reconoce
el derecho al sufragio femenino en España:

Artículo 36. Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán
los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.

Además la Constitución recogía el acceso en igualdad a la vida pública:

Artículo 40. Todos los españoles, sin distinción de sexo, son admisibles a los empleos
y cargos públicos según su mérito y capacidad, salvo las incompatibilidades que las
leyes señalen.

Y a la educación, desarrollando posteriormente la legislación para crear una escuela


pública, obligatoria, laica y, lo más importante, mixta:

Artículo 48. El servicio de la cultura es atribución esencial del Estado, y lo prestará


mediante instituciones educativas enlazadas por el sistema de la escuela unificada.

Pero la libertad individual de la mujer se alcanzó con el reconocimiento del divorcio en


la Constitución, este derecho se consolidó en los siguientes meses con la promulgación
de la primera Ley de divorcio en España:

Artículo 43. La familia está bajo la salvaguardia especial del Estado. El matrimonio se
funda en la igualdad de derechos para ambos sexos, y podrá disolverse por mutuo
disenso o a petición de cualquiera de los cónyuges, con alegación en este caso de justa
causa.

Otro de los grandes logros de la Segunda República fue el reconocimiento del derecho
de asociación recogido de la siguiente manera en la Constitución:

Artículo 39. Los españoles podrán asociarse o sindicarse libremente para los distintos
fines de la vida humana, conforme a las leyes del Estado.

Todos estos nuevos derechos conformaron un respaldo a la figura femenina, alzando su


valor y otorgándole un nuevo estatus en la renovada sociedad incipiente de la Segunda
República.

3
1.1.1. Organizaciones femeninas antes de la Guerra Civil
El deseo de ruptura para con una sociedad patriarcal dio lugar a destacadas
organizaciones femeninas que aunaron el esfuerzo de las mujeres para alcanzar una vida
más libre. Muchas organizaciones políticas, tanto partidos como sindicatos,
constituyeron en la Segunda República asociaciones femeninas.

Una de ellas es la Asociación de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo, de orientación


comunista. Fue una entidad asociativa de carácter feminista creada por la Internacional
Comunista tras alcanzar Hitler el poder en 1933 e impulsada en España por Dolores
Ibárruri La Pasionaria (Martínez, 2013). Tenía como principal objetivo conseguir la
independencia de las mujeres para su total integración en la sociedad (Martínez, 2013),
siempre teniendo un contenido más político que social y educando a las mujeres una
actitud combatiente ante el fascismo.
Aunque su origen radica en el PCE estaba conformada por mujeres pertenecientes a
diferentes orientaciones políticas progresistas: socialistas, comunistas y republicanas en
su mayoría.
En 1934, tras la revolución de Asturias, la asociación se declaró ilegal y centró su
actividad en socorrer a niños de familias obreras represaliadas bajo el nombre de
Organización Pro Infancia Obrera (Martínez, 2013).
Con el estallido de la Guerra Civil la rebautizada como Agrupación de Mujeres
Antifascistas adquirió un papel muy destacado en el frente (Martínez, 2013).

La derecha femenina también ejerció su derecho al asociacionismo durante la Segunda


República, la Falange Española de las JONS tenía una Sección Femenina fundada en
1934 por José Antonio Primo de Rivera. Su objetivo residía en “la asistencia a los
presos del partido y a las familias de los caídos en las luchas callejeras” (Guardo,
Martínez, Rodríguez y Sanz, 2012).

Además, la organización de las Margaritas, conformada por mujeres carlistas, no cesó


su actividad durante la República y en febrero de 1936 formó a sus asociadas en materia
de enfermería y primeros auxilios de cara a la cercana Guerra Civil.

El desarrollo de la guerra provocó el surgimiento de gran cantidad de asociaciones de


mujeres cercanas tanto al bando nacional como al republicano y se potenció la

4
actividad de las ya existentes.

1.1.2. Las milicias


En los convulsos primeros meses del alzamiento fascista la República vio su ejército
intensamente debilitado, de modo que sindicatos y partidos afines a la izquierda
organizaron, al margen del gobierno, diversas unidades paramilitares con intención de
operativizarlas en los meses venideros.

Las milicias implicadas en la Guerra Civil, a través de las columnas, nacieron para
combatir la rebelión fascista. Estaban caracterizadas principalmente por estar
conformadas, en su mayoría, por elementos civiles y fueron creadas por el patrocinio de
partidos y sindicatos. En particular, sindicatos como CNT y UGT tuvieron una labor de
peso en sus orígenes aportando medios técnicos, logísticos y militares (Alcalde, 2008).

Conocidas organizaciones libertarias, como la Confederación Nacional del Trabajo


(CNT), la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL) y la Federación
Anarquista Ibérica (FAI); organizaciones obreras, mayoritariamente sindicales; y otras
organizaciones como PSOE, PCE, POUM, Izquierda republicana, Unión republicana,
Partido Sindicalista y nacionalistas catalanes y vascos movilizaron a personas que
conformaron la gran mayoría de las tropas republicanas (Alcalde, 2008). Entre estas
personas se podía encontrar a un número, no elevado pero sí notable, de mujeres que
vieron en las milicias una manera de servir a su ideología.

La mayor movilización tanto de hombres como de mujeres vino de la mano de las


organizaciones libertarias con las milicias confederales, que fueron el resultado de la
militancia de la CNT, FAI y FIJL. Al tener carácter libertario y carecer de estructura
militar, dieron cabida a diversas opciones políticas afines a ideas libertarias y leales a la
República lo que provocó la movilización de un gran número de personas (Alcalde,
2008).

También mujeres extranjeras formaron parte de las Brigadas Internacionales que


participaron en la Guerra Civil impulsadas por la Internacional Comunista. Renée
Lugschitz habla de la existencia de 400 mujeres documentadas que tuvieron
participación activa en las Brigadas Internacionales pero pudieron llegar a ser hasta 700

5
(Lidón, 2013).
A través de la oficina de reclutamiento que se creó en París los voluntarios eran
enviados en barco o tren a tierras españolas (Alcalde, 2008), pero el Comité de no
Intervención, a finales del año 1937, prohibió la participación de extranjeros en la
Guerra Civil (Alcalde, 2008).

Las luchas sociales de los años previos dotaron a las milicias de un arraigado valor y
moral entre sus miembros, paliando así la ausencia de armas y la escasa instrucción
militar.

Finalmente, en 1937, las milicias fueron militarizadas creando el Ejército Popular de la


República (Alcalde, 2008), esta regularización llevó a la exclusión de las mujeres que se
encontraban en el frente arrancándolas así de una lucha tan del género masculino como
del femenino.

2. MARCO Y OBJETIVOS
El presente trabajo tiene como objetivo principal el conocimiento de la miliciana en la
Guerra Civil contextualizando su figura y, a su vez, esclarecer si la imagen que se
ofrece de ella en el cine producido o coproducido en España es coincidente con su
realidad o, por el contrario, recrea y perpetúa un mito.

3. METODOLOGÍA
Para alcanzar el objetivo establecido en el trabajo se utilizará una metodología
descriptivo interpretativa que ayudará a conocer el contexto y realidad donde se
desarrolla la figura de la miliciana en los años de guerra y a poder interpretar su reflejo
cinematográfico.

4. LA MUJER EN EL BANDO NACIONAL vs. LA MUJER EN EL BANDO


REPUBLICANO
4.1 La mujer en el bando nacional
En contraposición a las mujeres del bando republicano, cuya labor en la guerra fue más
activa durante un tiempo, encontramos a las féminas del bando nacional que tenían una
actitud relativamente pasiva en relación al frente, pero una activa conciencia política.

6
La labor de las mujeres nacionales en los años de guerra se centraba en perpetuar los
roles asociados tradicionalmente con el género femenino, centrados en la mujer dadora
de vida y protectora, esposa, encargada del mantenimiento del hogar y que optaba y
velaba por el recato en su forma de vestir, maquillar y actuar (Guardo et al., 2012). En
definitiva, buscaban una vuelta a la sociedad patriarcal y renunciar a los nuevos
derechos que la Segunda República les había otorgado, siendo esto un preámbulo a lo
que el fin de la Guerra Civil trajo con el franquismo.

Las mujeres de la España sublevada llevaban a cabo actividades propias de la


retaguardia alejándose así del frente de combate. En el bando nacional la guerra era una
actividad reservada para los hombres, siendo la relación más directa de las mujeres con
el frente el cuidado de heridos, a través de actividades relacionadas con la enfermería, y
la confección de prendas y uniformes.
Este rechazo a la mujer en la contienda estaba propiciado, fundamentalmente, por la
sociedad patriarcal imperante en el momento y a la ideología tradicional que movía a
este bando.

4.1.1. Organizaciones femeninas del bando nacional


La labor de estas mujeres durante la Guerra Civil estaba canalizada a través de
diferentes organizaciones femeninas que controlaban su aportación a la Patria. De entre
ellas se pueden destacar las dos más importantes: Sección Femenina de la Falange
Española de las JONS y Auxilio Social.

Otra de ellas, con una menor incidencia pero no por ello menos importante, es la
organización creada por las mujeres carlistas conocidas como “Las Margaritas”. Este
grupo femenino, considerado el primero conformado por mujeres que se vinculaba a un
partido político, fue constituido en 1919 y ejerció labores de auxilio en la tercera
Guerra Carlista (citado en Gil Gascón, y Gómez García, 2014).
Estas mujeres de corte tradicionalista llevaban por bandera sus tres pilares
fundamentales: Dios, Patria y Rey; tanto es así que solo estaban dispuestas a formar
parte de la esfera pública cuando uno de esos tres pilares lo requiriera (citado en Gil
Gascón, y Gómez García, 2014).
“Las Margaritas” durante la Guerra Civil, y como la mayoría de las mujeres del bando
nacional, ocuparon la retaguardia encargándose allí de labores asistenciales y del

7
“hogar”, como el mantenimiento de los lavaderos y la confección de uniformes (Gil
Gascón, y Gómez García, 2014).

Como se ha destacado anteriormente, la Sección Femenina de la Falange Española de


las JONS fue una de las organizaciones femeninas más importantes en el bando de la
España sublevada.
La Sección Femenina fue creada en 1934 por José Antonio Primo de Rivera, pero fue
su hermana, Pilar Primo de Rivera, quien ejerció de Jefa Nacional de la Sección (Pérez
Trompeta, 1996).
Durante los primeros momentos de la guerra favorecieron la subsistencia de Falange
Española gracias a su labor propagandística. Ofrecieron su ayuda a través de la
beneficencia y el cuidado de niños y, además, trataron de inculcar sus ideales
agenciándose la formación de las mujeres (jóvenes y niñas) para que estas a su vez
sirvieran de altavoz propagando su ideología como madres y esposas (Pérez Trompeta,
1996):

Pero como nosotras no vamos al frente, como nosotras no morimos, nosotras


estamos obligadas a hacer conocer a España entera este modo de ser de la
Falange. Estamos obligadas a hacer llegar nuestras consignas a nuestros hijos y a
los hijos de nuestros hijos, para que España sea desde ahora y para siempre
nacionalsindicalista.
(Primo de Rivera, P., 1938)

A medida que avanzaba la guerra sus competencias se iban extendiendo llegando así a
actuar como enfermeras, encargadas del cuidado de huérfanos de guerra, lavanderas y
costureras de las prendas de los soldados (Pérez Trompeta, 1996). El número de
afiliadas a la Sección Femenina pasó de unas 2000, al inicio de la guerra, a unas 60.000
al comienzo de 1937 (Pérez Trompeta, 1996).

Como se ha podido ver, la posición de la mujer que formaba parte de la Sección


Femenina en período de guerra quedaba relegada a tareas consideradas puramente del
género femenino. Tan fuerte es la imposición de este rol que la propia Pilar Primo de
Rivera calificaba de esta manera a aquellas que eximían estos trabajos:

La segunda etapa es la de la guerra, en la que sin preocuparos de vosotras ni de la

8
organización, os entregasteis por entero a la Patria; porque también a vosotras os
puso España unas armas en la mano, con las que teníais que ir rehaciendo todos
los destrozos en las almas y en los cuerpos de nuestros hombres y de nuestros
niños que producía la revolución. Y por eso os afanasteis en los talleres, en los
lavaderos, en los comedores; por eso la que faltó a esos trabajos, en donde hay
sitio para todas, se la consideró ausente de la Patria y de mala calidad.
(Primo de Rivera, P., 1938)

Auxilio Social, por su parte, fue creado en octubre de 1936 por Mercedes Sanz Bachiller
en un intento de recrear una organización parecida al Winterhilfe nazi (Guardo et al.,
2012).
Durante la guerra su labor se centró en el cuidado de niños y mujeres perjudicados por
la batalla abriendo centros infantiles, centros de maternidad y comedores. Su aportación
también se relacionaba con la formación, siempre separada por sexos para perpetuar los
roles de género que llevaban por bandera (Guardo et al., 2012).

Un año después de la creación de Auxilio Social se creó, por el decreto nº 378 de 7 de


octubre de 1937 de la Jefatura del Estado e impulsado por Sanz Bachiller, un pseudo
servicio militar femenino denominado Servicio Social que todas las mujeres de entre 17
y 35 años debían “cursar” durante 6 meses divididos en dos períodos: el primero de
carácter teórico y el segundo de carácter práctico (Pérez Trompeta, 1996).
En la Guerra Civil el Servicio Social llevaba a cabo tareas clasificadas, una vez más,
como “propias de la mujer” siendo siempre desplazadas a la retaguardia.
Finalizada la contienda pasó a manos de la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera,
adquiriendo el absoluto control sobre la mujer y, adaptándose a los nuevos tiempos de
paz represiva, centrándose en la educación (Pérez Trompeta, 1996).

El adoctrinamiento de la mujer en estos tiempos de guerra se hacía complejo puesto que


el acceso a los entornos rurales era problemático. Para paliar este contratiempo en 1937
se creó la Hermandad de la Ciudad y del Campo a través de la que, mujeres de la
Sección Femenina, colaboraban con las mujeres del campo inculcándoles conocimientos
relacionados con las tierras de cultivo, el cuidado de los hogares y los hijos (Rebollo,
1999). En muchos casos las afiliadas falangistas no conectaban con las mujeres del
medio rural, pertenecientes a un mundo totalmente distinto, por este motivo se
reclutaron a mujeres para formarlas y que ejercieran de divulgadoras en sus pueblo

9
(Rebollo, 1999).

¡Campesinas de toda Andalucía! ¿Queréis que os ayudemos en la recolección de


la aceituna? Seremos una más entre vosotras, os ayudaremos también en el
cuidado de vuestros hogares y de vuestros hijos, mientras estéis en el campo, y
por las noches cuando regreséis a vuestras casas, cansadas de la faena, os
encontraréis todo limpio y en orden; la casa con mejoras que cada día os
haremos, y el hijo que en su media lengua os diga: “¡Madre, con qué cariño me
cuidan las muchachas de la Falange!” (...)
Y esto solo es el principio de la gran obra de la Hermandad; después vamos a
instalaros granjas y gallineros modernos; os enseñaremos cómo los tenéis que
cuidar, tendréis huertas y jardines, fomentaremos todas las industrias campesinas
(...)
Yo sé que algunas de vosotras, mientras me oís, estaréis un poco recelosas
pensando que cómo las señoritas de la ciudad van a poder hacer todo eso. Pero es
que las mujeres de la Falange no somos ya señoritas inútiles, sino verdaderas
mujeres nacional-sindicalistas, ¡mujeres españolas!, igual que vosotras, con fe de
Imperio en nuestro sentir y con una tarea sobre nosotras de hacer una España
mejor.
(ABC, 1937)

4.1.2. Imagen de la mujer en la propaganda del bando nacional


Haciendo un repaso superficial por los carteles propagandísticos del bando nacional se
puede observar que la presencia de la mujer no es notoria y que su imagen, en la gran
mayoría de los casos, se va a relacionar con roles maternales y de corte tradicional.
Se transmite una imagen de ellas como “complemento” del hombre y como máximas
responsables del cuidado de los hijos. En ningún caso aparece representada como mujer
activa en la lucha en el frente de manera directa (no empuña armas), pero sí de manera
indirecta en sus labores de auxilio en la retaguardia.

En el cartel 1 de Auxilio Social se representa a la mujer ejerciendo su rol de madre,


encargada de la educación y cuidado del hijo. El texto que acompaña a la imagen “Por
la madre y el hijo. Por una España mejor.” da a entender la importancia de la labor de
Auxilio Social que otorga ideales nacionalistas por el bien de las figuras representadas y
por el bien de España.
Por su parte, el cartel 2 muestra el puesto de la mujer en el hogar que es, como se ha
indicado antes, el de cuidadora de los niños y educadora de los mismos.

10
Cartel 1: S. de Tejada, C. (1937) Por la Cartel 2: S. de Tejada, C. (1937) Ni un hogar sin lumbre,
madre y el hijo, por una España mejor ni un español sin pan. Franco. [Cartel]. Recuperado de:
[Cartel]. Recuperado de: http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServlet?cartel
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visor =2117&page=1&from=busqueda
Servlet?cartel=1997&page=1&from=busque
da

En el cartel 3 la mujer vuelve a aparecer como madre pero también como esposa, siendo
sujetada o arropada por el hombre, colocado en una posición superior.

El cartel 4 muestra a una marcha encabezada por hombres en la que, en contraposición a


estos, que portan armas representando así su función en la guerra, aparece una mujer
portando a un bebé dejando clara, de esta forma, su cometido en la contienda.

Cartel 3: S. de Tejada, C. (1937) En nuestra Cartel 4: Anónimo (1939-1940) Arriba España


justicia está nuestra fuerza [Cartel]. Recuperado [Cartel]. Recuperado de:
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServ 11
de:
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServ let?cartel=2034&page=1&from=busqueda
let?cartel=1998&page=1&from=busqueda
El cartel 5 muestra a una mujer llevando a cabo labores asistenciales como parte de
Auxilio Social, representando, una vez más, su posición en la guerra: la retaguardia.

Cartel 5: Salinas. (1939) Ha entrado la España de


Franco. [Cartel]. Recuperado de:
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServl
et?cartel=1986&page=1&from=busqueda

Los llamamientos del bando nacional a la mujer son escasos pero claros con respecto a
la posición que estas deben tener en relación a la guerra. Siempre se las sitúa en una
posición maternal y ejerciendo su aportación en la guerra como un complemento a la
lucha de los hombres en el frente.

4.2. La mujer en el bando republicano


La labor de las mujeres en el bando republicano fue activa desde los movimientos
sociales previos al estallido de la Guerra Civil, dentro de este ámbito, es importante
destacar la función de canalización de las organizaciones femeninas que aglutinaba sus
energías convirtiendo a la mujer republicana en un elemento activo con respecto a la
guerra.

Si bien es cierto que, a pesar de esta ruptura en relación a los roles tradicionales e
intentar separar a la mujer del ámbito doméstico, estas no lo tuvieron fácil a la hora de
compaginar actividades en el frente con sus compañeros masculinos. El paso adelante

12
que suponía la implicación de la mujer en aspectos políticos daba, a su vez, un paso
hacia atrás reproduciendo los roles de género en los frentes de combate.

Una vez más la mujer era desterrada a la retaguardia, aunque muchas de ellas no se
conformaron con este lugar y demostraron su valía en el combate armado a través de la
figura de la miliciana.

4.2.1. Organizaciones femeninas del bando republicano


Al igual que en el bando nacional, la labor de las mujeres republicanas durante la
contienda estaba encauzada por organizaciones femeninas de diferente orientación
política, las más destacadas fueron la Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA),
Mujeres Libres y el Secretariado Femenino del POUM (SF del POUM).

La Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA), como se ha hablado anteriormente,


comenzó su labor antes del estallido de la Guerra Civil (1933), pero fue durante los años
de contienda cuando se potencia su actividad alcanzando, en el verano de 1936, las
50000 afiliadas (citado en Nash, 1999).

Era de orientación comunista y seguía las estrategias marcadas por el PCE, pero se
declaraba de carácter transpolítico y abierta a todas las tendencias políticas porque
consideraba que la mejor estrategia para acabar con los fascistas era crear una alianza
nacional de mujeres (Guardo et al., 2012).

Un ejemplo de su heterogeneidad es que se convirtió en la organización de cabecera de


las mujeres socialistas que habían sido descuidadas por su propio partido (Nash, 1999),
no sin discrepancias de por medio. Si bien es cierto que aunque en la práctica, sobre
todo en el ámbito local, la organización fuera multipartidista, la dirección de la AMA
estaba en manos comunistas, siendo la presidenta del Comité Nacional Dolores Ibárruri.

Por su parte, la AMA descuidó los llamamientos a la mujer apolítica, aunque es cierto
que muchas de ellas participaron en actividades antifascistas concretas durante un
período corto de tiempo (Nash, 1999).

El objetivo perseguido por esta organización femenina era doble, por un lado, estaba
centrado en integrar a la mujer en la lucha antifascista y, por otro, trataba de promover
el PCE entre las féminas, tanto es así que con el estallido de la guerra el Partido
Comunista Español canalizó sus actividades relativas a la mujer a través de la AMA.

13
La influencia de los partidos comunistas sobre organizaciones no acababan en la AMA,
también la Unió de Dones de Catalunya (UDC) y las organizaciones juveniles Unión de
Muchachas (UM) y Aliança Nacional de la Dona Jove (ANDJ) se vieron cubiertas bajo
el velo comunista.

Los inicios de la UDC estuvieron marcados por el papel del partido Esquerra
Republicana, pero los intereses del Partido Comunista Catalán en la creación de una
alianza femenina acabaron por absorber la organización (Nash, 1999). Sus objetivos,
además de incluir a la mujer en la lucha antifascista, contemplaban la igualdad laboral,
la protección de la salud, la educación y cultura, la formación y la defensa de la
retaguardia (Nash, 1999).

Las organizaciones juveniles, por su parte, tenían un perfil más radical en lo relativo a la
igualdad de género y buscaban una ruptura con el viejo régimen (Nash, 1999).

La AMA fue una de las organizaciones femeninas más importantes de su tiempo porque
era la única respaldada por el gobierno, encargándole este la creación de la Comisión de
Auxilio Femenino. La función de la Comisión de Auxilio Femenino se centraba en
organizar los suministros para el frente y la labor asistencial, esta propuesta fracasó por
la arraigada desconfianza de la capacidad de la mujer para encargarse de actividades de
guerra (Nash, 1999).

Durante la Guerra Civil los objetivos de la AMA se centraron en la lucha contra el


fascismo y la defensa de la república democrática a través de la ayuda asistencial, la
educación política, la formación y la movilización contra el enemigo en cualquiera de
sus formas. Cabe, además, destacar su papel en la educación y la formación a la mujer
lo que daba como resultado su empoderamiento y así su mayor implicación en la lucha
antifascista y la conciencia de su potencial.

Para decepción de muchas, y aunque su programa recogía la participación de la mujer


en el esfuerzo bélico, fueron marginadas del frente de combate, reivindicando alguna de
ellas la capacidad de la mujer:

No sirva la disculpa de la no preparación femenina para ciertos menesteres; la mujer;


como el hombre que es antifascista, no ve, no puede ver obstáculos de profesión,
cuando estos obstáculos sirven para abrir el paso a su enemigo común: el fascismo.
(Citado en Nash, 1999).

14
La considerada en el segundo puesto según su importancia en la España republicana fue
la organización femenina Mujeres Libres, de orientación anarquista. Fue fundada meses
antes del levantamiento fascista de 1936 y se extendió por toda la España republicana
alcanzando entre 20000 y 60000 afiliadas (citado en Nash, 1999).

Los objetivos fundamentales de la organización, según recogían sus estatutos eran:

a) Crear una fuerza femenina consciente y responsable que actúe como


vanguardia del progreso.
b) Establecer a este efecto escuelas, institutos, ciclos de conferencias, cursillos
especiales, etc. tendentes a capacitar a la mujer y a emanciparla de la triple
esclavitud a que ha estado y sigue estando sometida; esclavitud de ignorancia,
esclavitud de mujer y esclavitud de productora.
(Estatutos de Mujeres Libres).

Como resalta su estatuto, Mujeres Libres estaba dedicada fundamentalmente a potenciar


la figura de la mujer generando así su emancipación y no dependencia del hombre en
ninguna de sus maneras, ni física ni psicológicamente.
En definitiva, y como indica el contenido de un cartel de la propia organización,
trataban de:

“Llegar a una auténtica coincidencia entre compañeras y compañeros: convivir,


colaborar y no excluirse; sumar energías en la obra común.”
(Anónimo, entre 1936 y 1939).

A pesar de su incansable lucha con respecto a la ruptura de los roles tradicionales de


género, los hombres preferían mantenerlas alejadas de la causa, contradiciendo a los
principios de igualdad que defiende el anarquismo.

Su objetivo inmediato, era ofrecer a la mujer educación básica centrada en el ámbito


político pero también en el profesional para tener una mayor oportunidad de empleo,
alcanzando así la independencia económica y la ansiada emancipación (Nash, 1999).

La vinculación de esta organización de mujeres con CNT y FAI, recogida en el Artículo


2 de su Estatuto, no fue suficiente para considerar su labor de manera oficial por razones

15
de género:

Para el logro de estos objetivos actuará como una organización política identificada
con las finalidades generales de la CNT y la FAI, ya que su aspiración de
emancipación femenina tiene, como objetivo supremo, que la mujer pueda intervenir
en la emancipación humana coadyuvando con los conocimientos adquiridos
enriquecidos con sus características propias a la estructura del nuevo orden social.
(Estatutos de Mujeres Libres).

A través de la publicación de su revista homónima, además de atraer al género


femenino, adquirieron función educativa, tratando de crear conciencia de problemas
sociales (Nash, 1999).

Durante la guerra y en contraposición a la AMA, la organización femenina anarquista


vio la oportunidad de realizar la revolución, pero la crudeza de esos años acabó con el
sueño revolucionario que pretendían alcanzar, centrándose en la lucha antifascista y en
labores de auxilio.

El Secretariado Femenino del Partido Obrero de Unificación Marxista (SF POUM), por
su parte, era un organismo oficial del POUM creado en septiembre de 1936 que, a pesar
de esta vinculación partidista, contaba con cierta autonomía.

Su objetivo fundamental era reclutar a mujeres al partido del que dependían, puesto que
las filas del POUM estaban bastante despobladas, y además educarlas en los principios
marxistas y revolucionarios, acercándolas a la incorporación al trabajo generando una
mayor producción (Nash, 1999).

A través de su periódico “Emancipación”, que hacía las veces de elemento


propagandístico, transmitían ideales feministas y mostraban el sexismo patente en sus
filas (Nash, 1999).
Muy volcada con la lucha de la mujer, la organización femenina durante la guerra se
centró tanto en la lucha antifascista como en la lucha revolucionaria. Sus labores
durante la contienda eran similares a las de otras organizaciones, centrándose en labores
de auxilio, pero también trabajaron por la alfabetización y la formación política de la
mujer, haciendo especial hincapié, además, en la educación sexual (Nash, 1999).

16
Sumándose a su labor de auxilio en la retaguardia, el Secretariado Femenino del
POUM, dio formación militar a mujeres con el objeto de crear un batallón femenino1.
La corta vida del Partido Obrero de Unificación Marxista (1935 a 1937) cohibió la
expansión de su sección femenina y, por tanto, las labores que esta pudiera tener en los
últimos meses de la guerra.

4.2.2. Imagen de la mujer en la propaganda del bando republicano


Un repaso por la propaganda del bando republicano nos esclarece la imagen que se
transmitía de la mujer durante los años de guerra. Su figura se encuentra presente en una
cantidad relevante de carteles siendo esto motivo del estrecho vínculo de este bando con
la propaganda gráfica, además de la importante producción propagandística de las
organizaciones femeninas ya mencionadas.

La imagen de la mujer en estos carteles, aparece empoderada ya sea a través de su


incorporación al trabajo, la adquisición de nuevos conocimientos o su nuevo lugar en la
sociedad. Pero también se la representa como madre y como defensora de la familia. Por
lo tanto, esta propaganda aporta una imagen de la mujer que rompe con los roles
tradicionales aunque también los representa, de manera poco ortodoxa, pero
contribuyendo a su perpetuación.

El cartel 6 de la Conferencia Nacional de Mujeres Antifascistas de 1937 muestra la


figura de una mujer protagonista y empoderada a través de diferentes objetos como el
libro, fuente de conocimiento, y la hoz, símbolo del comunismo. Se transmite una
imagen de mujeres activas en la lucha e interesadas en su participación, de ahí sus
rostros.

1
En Nash, M., (1999). Rojas: las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Madrid: Taurus. queda
reflejado que esta formación es descrita en Orwell, G. (2001). Homenaje a Cataluña. Bilbao: Virus
editorial. pero tan solo se hace referencia a ella de la siguiente manera: “Éramos unos mil hombres y una
veintena de mujeres, aparte de las esposas de milicianos que se encargaban de cocinar. Todavía quedaban
milicianas, pero no muchas. En las primeras batallas pareció natural que lucharan junto a los hombres;
siempre sucede eso en tiempos de revolución. Pero las ideas ya habían empezado a cambiar. A los
milicianos les estaba prohibido acercarse a la escuela de equitación mientras las mujeres se ejercitaban,
porque se reían y burlaban de ellas. Pocos meses antes nadie hubiera encontrado nada cómico en una
mujer con un fusil en la mano.”

17
Cartel 6: Ortega, L. (1937) 2ª Conferencia
Nacional de Mujeres Antifascistas [Cartel].
Recuperado de:
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServ
let?cartel=367&page=1&from=busqueda

En los carteles 7 y 8 se representa a la mujer en la retaguardia pero no infravalorando su


labor, de hecho engrandece su incorporación al trabajo, ya sea en la industria o en el
campo. Pero no deja de ser una forma de discriminar a la mujer, separándola de la
guerra por motivos de género.

Cartel 7: Cervigón. (1936-39) La retaguardia no Cartel 8: Antonio, J. (1936-39) Mujeres,


quedará abandonada [Cartel]. Recuperado de: trabajad por los compañeros que lucha [Cartel].
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServ Recuperado de:
let?cartel=1688&page=1&from=busqueda http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServ
let?cartel=1435&page=1&from=busqueda

18
El cartel 9 muestra también a una mujer crecida ante la adversidad y que presta su vida
a defender a los suyos, siendo estos todos aquellos que defienden la libertad, como el
propio cartel indica.

El cartel 10 representa a la mujer en su rol de madre representando una situación


dramática en la que, como cualquier otro ser humano, se vuelve vulnerable y protectora.

Cartel 9: Anónimo. (1936-38) ¡Mujeres! Vuestra


familia la constituyen todos los luchadores de la Cartel 10: Ros. (1936) ¡Criminales! [Cartel].
libertad [Cartel]. Recuperado de: Recuperado de:
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServ http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServ
let?cartel=1775&page=1&from=busqueda let?cartel=1596&page=1&from=busqueda

La representación de la mujer en la propaganda del bando republicano engrandece su


figura pero también deja muy claro cuál es su lugar: la retaguardia. Pero, a diferencia de
la propaganda del bando nacional, podemos encontrar algunos carteles en los que se le
invita a participar en la milicia.

La imagen que se transmite de ella queda lejos de la mujer madre o complemento del
hombre, como lo hacía el bando nacional, pero aun así su figura sigue estando en una
posición muy concreta y alejada de la figura masculina.

19
5. LAS MILICIANAS
En los años en los que transcurre la Guerra Civil, el bando republicano hace que la
figura de la mujer adquiriera nuevas posiciones que la sacan del entorno hogareño al
que había sido relegada consiguiendo que adquiriera poder, confianza y, como no,
nuevos roles en la sociedad.

De entre todos ellos destaca la figura de la miliciana que, lejos de conformarse con
servir en la retaguardia, decidió incorporarse a las milicias, empuñar un arma y
participar de manera activa en los frentes de combate. Este hecho, además de estar
impulsado por las libertades que la mujer había adquirido durante la Segunda República
también fue una respuesta natural ante el levantamiento fascista, si los hombres
tomaban armas y afrontaban la lucha, ¿por qué no lo iban a hacer las mujeres?

En una contienda en la que el fuego empezaba al grito de “Hombres al frente, mujeres a


la retaguardia” ellas decidieron, por voluntad propia, dar un paso más allá rompiendo
con la segregación por sexos y haciendo oídos sordos a aquellas voces que las
consideraban estorbos.

La miliciana consiguió que su figura se hiciera mito, un mito que sigue teniendo eco en
la actualidad. Mujer valiente, fuerte e independiente, con un objetivo muy claro: la
lucha antifascista.

5.1. Inicios de la miliciana


En los primeros meses de guerra, la lucha armada dejó la puerta abierta tanto a hombres
como a mujeres, ya que los deseos de empuñar las armas eran compartidos por ambos
sexos. A diferencia de los hombres, que fueron reclutados y buscados de manera directa
para su inmediata incorporación en las milicias, la mujer eligió libremente su
participación en ellas.

“Me siento en mi sitio como en ninguna parte, protegida y protectora, libre porque me
atan unos lazos que yo he querido”.
(Etchebéhère, 2014, p. 117).

El rechazo por parte de los canales oficiales de alistamiento, debido a razones de


género, llevó a muchas mujeres a reivindicar su derecho en la participación en la
contienda, teniendo que demostrar constantemente su valía y utilidad en el frente.

20
Pero el desprecio que había en lo alto hacia el género femenino era tan grande que, en
los primeros tiempos, no admitían a gran cantidad de mujeres voluntarias que
prestaban a la labor de enfermeras. Claro que entre esas mujeres no había muchas
enfermeras, pero tenían una gran voluntad para cuidar a los heridos.
(Jiménez de Aberasturi, 2012, p. 71-72).

Si hablamos de cantidad, la existencia de mujeres milicianas era escasa pero no por ello
fue menos importante su aportación en la Guerra Civil, de hecho, sus labores iban más
allá de disparar un arma contra el enemigo. Su versatilidad era tremendamente necesaria
en los frentes de combate.
Si nos remitimos a los datos recabados por Mary Nash (1999) podemos deducir que la
presencia de la miliciana no era numerosa:

La miliciana vasca Casilda Méndez era la única mujer en su unidad en el País Vasco;
posteriormente, cuando fue al frente de Aragón después de la caída del norte, sólo
había otra mujer en su unidad. Las catalanas del frente de Aragón, constaban de una
pequeña élite de mujeres, mientras que, al parecer, el grupo más grande había sido el
contingente de 30 milicianas que acompañó a uno de 400 hombres a las Islas Baleares
en agosto de 1936. El testimonio de Mika Etchebéhère también señala que en los
frentes del centro de España el número de milicianas era bajo, si bien el Quinto
Regimiento ya contaba con una presencia femenina en los primeros meses. Otras
crónicas registran la presencia de unas pocas milicianas asturianas, una de las cuales
era capitana de la compañía de artillería del Segundo Batallón Asturias.

Las razones que llevaron a estas mujeres a formar parte activa de la lucha armada a
través de las milicias fueron diversas. Estaban principalmente impulsadas por su
arraigada conciencia política ya que, muchas de ellas, formaban parte de organizaciones
con ideología marcada y que potenciaban y animaban a la inclusión de la mujer en la
esfera política. Como consecuencia a esto, la mujer sintió la necesidad y el deseo de
participar en la guerra porque también era su cometido, es decir, su conversión a
miliciana fue una respuesta natural.

El hecho de que existiera una presión que las obligara a realizar labores en la
retaguardia fue otra razón para que algunas quisieran acabar con este lastre y decidieran
empuñar las armas. En este caso, el motivo de impulso estaba más cerca de conseguir
un nuevo lugar en la sociedad que a razones políticas o ideológicas, aunque estas

21
siempre estaban presentes.

Por otro lado, hubo mujeres que decidieron formar parte de la milicia porque familiares
directos formaban parte de ella, así fue como esposas, madres, novias y hermanas
acompañaron a sus milicianos al frente y lucharon codo con codo contra el fascismo.

Otro de los muchos motivos que llevó a la mujer a formar parte de la milicia fue el
ambiente veraniego y de aventura aparente que rodeó los primeros meses de la Guerra
Civil, esto llevó a muchas de ellas a dejarse llevar por el acontecimiento que suponía
salir de sus casas y rodearse de personas que estaban fuera de su círculo habitual. Así lo
refleja María García en su diario durante el desembarco de Bayo:

Hoy como cada día fuimos a los baños, en donde, en vista de los abusos que hacen los
milicianos, principalmente las chicas, que se creen que han venido de veraneo, hay
que llevar permiso para bañarse.
(Aguilera, 2014).

Pero la libertad de la que hacían gala estas milicianas no tardó en ser inhibida por parte
de sus propios compañeros. A pesar de ser hombres de corte no tradicional y que
presumían, henchidos de orgullo, de defender sus derechos y luchar contra el fascismo,
sus mentes no estaban preparadas para ver a una mujer empuñando un arma. Este
rechazo llevó, en muchas ocasiones, a la mujer de vuelta a las labores del hogar pero
dentro del propio frente. Esto queda patente, en numerosas ocasiones, en el libro “Mi
guerra de España” (Etchebéhère, 2014):

“El sargento de la Legión viene a decirme que los hombres se niegan a barrer y a
recoger sus camas porque es un trabajo de mujeres que pueden hacer nuestras cuatro
milicianas.”
(Etchebéhère, 2014, p. 65).

Muchos de los hombres que convivían con la miliciana consideraban que las tareas que
estas realizaban no era “trabajo de mujeres”. La debilidad de la mujer y su utilidad para
labores más relacionadas con el cuidado fue otro de los argumentos más utilizados para
retirarla de la línea de combate.

22
“Parece que las mujeres tienen más frío que los hombres. Se lo he oído decir a
menudo a mi padre. (...) Tú no deberías hacer guardia por la noche.”
(Etchebéhère, 2014, p. 89).

Por lo tanto, las tareas que llevaron a cabo las milicianas como “mujeres de guerra”
estaban constantemente interrumpidas por los hombres que las preferían ejerciendo
labores de cocina, limpieza y/o sanitarias, siendo este uno de los motivos por los que las
aceptaban en el frente.

“Soy de la columna “Pasionaria”, pero prefiero quedarme con vosotros. Aquéllos


nunca quisieron dar fusiles a las muchachas. Solo servíamos para lavar los platos y la
ropa.”
(Etchebéhère, 2014, p. 109).

Jiménez de Aberasturi (2012) recoge el testimonio de Casilda Hernáez Vargas, conocida


como Casilda “la miliciana”, en el que cuenta que las mujeres tenían adjudicada la
segunda categoría o la tercera y que, en ocasiones, se les permitía ayudar en las faenas
de la cocina y, en otras, intervenir en los combates.

Además de sus labores “hogareñas”, es importante reflejar, también, la existencia de la


miliciana de la cultura que educó a soldados y a niños, cuyos padres estaban en el
frente, contribuyendo, de esta manera, al nuevo mundo que se estaba preparando
(Jiménez de Aberasturi, 2012). Mika Etchebéhère fue una de esas milicianas y
consiguió llevar libros y revistas a las primeras líneas de guerra para entretener y
distraer a los soldados de las calamidades de las trincheras. Su proyecto cultural también
incluía enseñar a leer y a escribir a aquellos que no sabían, no eran pocos pues, el
porcentaje de analfabetismo existente, era bastante alto. Valiéndose de maestros de
escuela convertidos a milicianos consiguió llevar a cabo este plan con éxito:

Yo explico que una novela interesante llega a hacer olvidar los piojos, que nada cuesta
probar. A los primeros que tienden la mano les pregunto qué clase de libro prefieren.
Las respuestas difieren poco: “nada que sea aburrido”.
Observo con atención a los que piden revistas que tengan muchas ilustraciones.
Deduzco que no saben leer, pero pongo cuidado, no les pregunto. Dirigiéndome al
grupo anuncio que dentro de dos días tendremos una escuela aquí mismo y que habrá
recompensas de permisos para quienes aprendan pronto las primeras letras.
Entretanto, los que saben leer deberían hacerlo en voz alta para los que todavía no

23
saben, si es que a éstos les interesan las historias que cuentan los libros.
(Etchebéhère, 2014, p. 434-435).

Pero la mujer miliciana no se conformaba con participar en las labores auxiliares que
ofrecía el frente, muchas se rebelaron y reivindicaron su derecho a tomar las armas,
consiguiendo emprender acciones de combate o incluso alcanzar altos rangos dentro de
la milicia.
La mujer iba, poco a poco, alejándose de lo que había sido. “Se acabó la mujer
circunscrita a los quehaceres domésticos y a la cama para dar gusto al marido” (Jiménez
de Aberasturi, 2012, p. 66).

A pesar de esto, siempre le rondaba el rol de madre que, además de empuñar el arma y
disparar contra el enemigo, debía preocuparse del cuidado moral y físico de los hombres
en el frente:

“Una vez más me descubro capitana madre de familia que vela por sus niños
soldados”
(Etchebéhère, 2014, p. 316).

Por mayores que fueran los avances sociales conseguidos en la Segunda República, el
machismo quedaba patente en la sociedad y era así reproducido en los frentes de
combate. La incapacidad de separar el género de la persona provocaba, en numerosas
ocasiones, el malestar de la miliciana:

-Vamos, moza, deja de llorar. Llorando con lo valiente que eres. Claro, mujer al fin…
La frase me cruza como un latigazo. El dolor y la humillación me hacen apretar los
puños y arder la cara. Levanto despacio la cabeza buscando una respuesta que lave la
ofensa. Solo acierto a decir:
-Es verdad, mujer. Y tú, con todo tu anarquismo, hombre al fin, podrido de
prejuicios como un varón cualquiera.
(Etchebéhère, 2014, p. 483).

Durante las primeras semanas de la Guerra Civil se difundió la imagen de la miliciana


como la de heroína, las mujeres soldado fueron “elogiadas como símbolos de la
generosidad, el valor y la resistencia popular antifascista” (citado en Nash, 1999). Pero
también se les dejó muy claro, a través de la propaganda, cuál era su lugar en toda

24
aquella lucha.

La mujer pudo participar en el combate armado y sentirse parte activa de él a través de


las milicias, pero se podría decir que la lucha de la miliciana en los frentes de combate
fue doble, tuvo que enfrentar su propia condición de mujer ante sus compañeros, poco
preparados para lo que acontecía, y al fascismo, que hasta ese lugar la había llevado.

5.2. Últimos tiempos de la miliciana


Pasados los primeros meses de la guerra, entre finales de 1936 y principios de 1937, la
figura de la miliciana se fue diluyendo. Del fervor propagandístico que las jaleaba se
pasó a su rechazo absoluto en el frente apelando a justificaciones sexistas y
convenciéndolas de la valía de su participación lejos de las trincheras.

Tanto partidos como sindicatos se pusieron de acuerdo para retirar a la mujer de los
frentes, incluso las organizaciones femeninas que, meses y años antes, se habían
encargado de formar ideológicamente a la mujer, ahora les pedían que se retiraran a la
retaguardia.
Francisco Largo Caballero, presidente del gobierno de la República y ministro de
Guerra, reguló esta situación aprobando decretos militares que ordenaban la retirada de
la mujer del frente de combate, además de avisar a voluntarios extranjeros para que las
mujeres no se alistaran en la milicia (Nash, 1999).

Ejemplo de este boicot a la mujer son las posiciones de partidos tan feministas como el
PSUC, que cambió su llamamiento de la mujer al frente por el llamamiento a la
retaguardia, y organizaciones femeninas como la Sección Femenina del POUM que, a
pesar de haber impulsado la formación militar de la mujer, declaró que su
responsabilidad en la guerra debía ser diferente a la del hombre (Nash, 1999).

Los motivos la retirada de la miliciana del frente, a pesar de ser dispares, siempre
estaban impulsados por el rechazo al género femenino. Durante los años de guerra
incluso se pudieron ver a niños empuñando armas en los frentes de combate, como
Clavelín, que luchó en Sigüenza junto a Mika Etchebéhère (Etchebéhère, 2014), y
ningún organismo oficial se preocupó de retirarlos a la retaguardia o devolverlos a
orfanatos o casas de acogida, por lo que la retirada de la mujer de la lucha armada

25
chirriaba cuando se apelaba a razones “objetivas”.

Una de las razones que se daban para alejarlas de la contienda era que su utilidad era
mayor en la retaguardia llevando a cabo labores de auxilio, sanitarias, limpieza,
cocina… Esto no era más que el resultado del acomodamiento del hombre con respecto
a las labores del hogar. En muchas ocasiones, como se ha mencionado en el anterior
apartado, el hombre se negaba a llevar a cabo estas tareas porque “eran cosas de mujer”
y por eso apelaban a su buen hacer en este tipo de quehaceres. Sí es cierto que la
utilidad de la mujer en el frente, en la mayoría de los casos, cubría también labores de
retaguardia (entendiendo estas como las de auxilio, cocina y limpieza) además de las de
“soldado”, pero este no es un motivo firme para limitar su actividad de manera
exclusiva a uno de los dos ámbitos.

La falta de preparación militar fue utilizada como otro motivo de rechazo a la mujer.
Ninguna organización femenina, salvo la del POUM (Nash, 1999), se preocupó de dar
formación a la mujer en lo relativo a las armas, pero los hombres que tenían
conocimientos militares no se lo pusieron fácil a aquellas milicianas dispuestas a
aprender de ellos:

Vigila a la Abisinia porque es muy capaz de marear a los milicianos hasta que
alguno le preste el fusil.
¿De dónde venía esta Abisinia que encontré entre los nuestros a mi regreso del
hospital? Su apodo le sentaba de maravilla. Tenía la piel muy oscura, ojos de
azabache, la cabeza coronada por dos pesadas trenzas tan negras como sus ojos, y
dieciséis años que parecían veinte. Alta, de pecho enhiesto, su mono de miliciana no
conseguía ocultar su talle de maja ni quitarle el andar danzarín de muchacha de
Barrios Bajos. Se pasaba el día canturreando la misma tonada: «Ay Maricruz,
Maricruz, maravilla de mujer...»; apuntar un paso de baile, abordar un miliciano a
derecha, otro a izquierda con una petición invariable: «Enséñame a desmontar el fusil.
Sé cargarlo, pero desmontarlo todavía no, y un día yo también tendré un fusil».
(Etchebéhère, 2014, p. 61).

El argumento definitivo fue el de la prostitución. Se llevó a cabo una campaña


propagandística en la que se vinculaba a la miliciana con la prostitución acusándolas de
ejercer como tales en los frentes y ser propagadoras de enfermedades venéreas (Nash,
1999).

26
Al igual que ocurrió con hombres excarcelados, durante los primeros tiempos de la
Guerra Civil formaron parte de la milicia algunas prostitutas que decidieron colaborar
llevando a cabo tareas de enfermería o como milicianas (Nash, 1999).

“Me entero de que entre ellas hay varias de un burdel vecino que vienen a
enrolarse en las milicias.”
(Etchebéhère, 2014, p. 42).

Este particular hecho llevó, a principios de 1937, a asociar la figura de la miliciana con
la de la prostituta, estando esto muy lejos de la realidad:

Y, cuando Clara Campoamor se atreve a escribir que las milicianas eran unas
prostitutas, se me revuelve la sangre. (...) Me rebelo contra las leyendas de los
nacionales y de los de nuestro propio campo, esas derechas malditas que se
disfrazaban de izquierdas -como ahora mismo- y que tendían a dar una visión
denigrante de la mujer que participaba en los combates. Me insurjo contra esas
patrañas.
(Jiménez de Aberasturi, 2012, p. 58).

Lo que sí, en este caso Casilda Hernáez, se defiende como inevitable, es el surgimiento
de vínculos entre hombres y mujeres en el frente, pero se contempla como algo natural
en entornos hostiles como la guerra:

Eso de que la mujer aquella iba al frente para acostarse con milicianos… todo eso es
mentira. Ahora bien, nadie podrá evitar que donde hay mujeres y hombres se creen
simpatías y afinidades; algunos lo llaman atracción química o atracción celular, y que
se formen lazos, sobre todo en lugares alejados de las zonas urbanas como el frente de
Aragón. Pueden existir contactos físicos, morales y espirituales, entre el hombre y la
mujer que se encuentran en los frentes. Lo contrario sería una aberración.
(Jiménez de Aberasturi, 2012, p. 66).

Esta acusación iba más allá, puesto que, de los problemas sanitarios surgidos durante la
contienda, las enfermedades venéreas fueron uno de los más graves. El detonante de
este problema no fue causado porque entre las milicianas hubiera prostitutas, sino por el
crecimiento del negocio de la prostitución, altamente frecuentado por milicianos de
permiso (Nash, 1999).

27
La progresiva integración de las milicias al Ejército Popular, creado en octubre de 1936,
terminó de excluir a la mujer del frente de combate.

La miliciana pasó de ser una heroína de guerra, ejemplo de patriotismo y lucha


antifascista, a ser repudiada por los propios organismos (partidos, sindicatos u
organizaciones femeninas) que las habían respaldado durante las primeras semanas.

A pesar de esta sacudida a través de excusas débilmente justificadas, no todas las


mujeres abandonaron la lucha armada. Muchas hicieron oídos sordos a estas
acusaciones y continuaron su labor en el frente destacando, en muchos casos, entre los
compañeros que las rodeaban.

La pureza ideológica de la miliciana que permaneció en el frente dio lugar a múltiples


relatos que, con el tiempo, la mitificaron.

A partir de 1937 la miliciana como tal siguió existiendo, pero su presencia se redujo
notablemente.

5.3. Perfil de la miliciana y su reflejo en la propaganda


El perfil de mujer que decidía convertirse en miliciana estaba caracterizado por la
juventud y la libertad de responsabilidades del hogar, tales como el cuidado de los hijos.
Pero, además, se conoce la existencia de alguna mujer de edad madura que participó en
la guerra, sobre todo aquellas que decidían acompañar a sus hijos o maridos.

Al igual que ocurrió con los hombres, es posible que la mujer obrera de clase baja se
pudiera sentir atraída por las milicias por el jornal de diez pesetas al día, cantidad lo
suficientemente golosa en ese momento como para que les compensase el sufrimiento
que trae la guerra:

No sé si tienes idea de lo que representaba esa suma para los obreros y campesinos
que nunca habían ganado semejante jornal. Ni siquiera en nuestra columna, que
contaba con muchos militantes políticos, conseguimos que los milicianos rechazaran
las diez pesetas.
(Etchebéhère, 2014, p. 406).

Orwell en “Homenaje a Cataluña” refleja el interés de muchos por las diez pesetas y que
esto provocaba que el frente se llenara de individuos completamente inútiles:
28
Muchachos que con quince años eran traídos por sus padres para que fueran alistados,
evidentemente por las diez pesetas diarias que constituían la paga del miliciano y,
también, a causa del pan que, como tales, recibían en abundancia y podían llevar a sus
hogares.
(Orwell, 2001, p. 29).

Lo verdaderamente relevante para la decisión de enrolarse en las milicias es la


conciencia ideológica que las empujó a luchar contra el fascismo. Solían ser chicas que
frecuentaban sindicatos, partidos o sus organizaciones femeninas y que participaban en
ellos de manera activa, aunque, como se ha hablado anteriormente, existía todo tipo de
perfiles, incluso aquellas que buscaban ampliar sus redes de contacto, siempre con fines
matrimoniales, como ocurría con las “madrinas de guerra” que se carteaban con los
soldados en el frente (Nash, 1999).

La vestimenta que identificaba a la miliciana era diversa, cada partido utilizaba un estilo
diferente de uniforme, pero existía una prenda común a casi todos ellos: el mono azul.

“Pasa un camión repleto de muchachos y chicas vestidos con el mismo mono azul. La
milicia ha encontrado su primer uniforme.”
(Etchebéhère, 2014, p. 43).

Otro de los elementos comunes en el uniforme de la miliciana era el gorro rojinegro y su


pañuelo a juego, común, sobre todo, en la FAI y el POUM.

Las clases de gorras eran casi tan numerosas como quienes las llevaban. Se
acostumbraba adornar la parte delantera de la gorra con una insignia partidista y,
además, casi todos llevaban un pañuelo rojo o rojinegro alrededor del cuello.
(Orwell, 2001, p. 25).

Compartir uniforme con los hombres supuso otro avance puesto que este hacía las veces
de unificador poniendo a milicianos y milicianas al mismo nivel. Pero como se indica
en “Homenaje a Cataluña”:

No se trataba en verdad de un uniforme: quizá “multiforme” sería un término más


adecuado. La ropa de cada miliciano respondía a un plan general, pero nunca era por

29
completo igual a la de nadie. Prácticamente todos los miembros del ejército usaban
pantalones de pana, y allí concluía la uniformidad. Algunos usaban polainas de cuero
o pana, y otros, botines de cuero o botas altas. Todos llevábamos chaquetas de
cremallera, de las cuales unas eran de cuero, otras de lana y ninguna de un mismo
color.
(Orwell, 2001, p. 25).

Pero lo que, definitivamente, identificaba a la miliciana era el fusil al hombro, no


olvidemos que su labor en el frente era la de combatiente, por lo tanto, en la mayoría de
los casos, eran mujeres que portaban armas.

En las fotografías adjuntadas a continuación se puede ver el tipo de uniforme que vestía
la miliciana, siendo la fotografía 3 la que más detalles muestra.

En las fotografías 2 y 4 se muestra cómo la mujer se entrenaba en el manejo de las


armas, en las fotografías 6 y 8 su lucha armada contra el fascismo y las fotografías 1 y 5
muestran a milicianas interactuando con sus compañeros los milicianos.

Fotografía 1: Díaz Casariego, J. (1936). Milicianas madrileñas


equipadas [Fotografía]. Recuperada de:
http://abcfoto.abc.es/fotografias/temas/madrid-agosto-1936-
guerra-civil-79472.html

Fotografía 2: Marín, L. (1936). Dos milicianas disparando con


una ametralladora en la sierra [Fotografía]. Recuperada de: 30
http://abcfoto.abc.es/fotografias/temas/sierra-guadarrama-
septiembre-1936-guerra-12848.html
Fotografía 4: Albero y Segovia. Batallón de Acero: Sección de
ametralladoras en la que presta sus servicios esta miliciana [Fotografía].
Recuperada de:
http://pares.mcu.es/ArchFotograficoDelegacionPropaganda/lanzarVisor.d
o?idImagen=14204539

Fotografía 3: Albero y Segovia (1936). Miliciana


despidiéndose de su hijo [Fotografía]. Recuperada
de:
http://pares.mcu.es/ArchFotograficoDelegacionPro
paganda/lanzarVisor.do?idImagen=14206060

Fotografía 5: Taro, G. (1936). Charla miliciana [Fotografía]. Maestros de


la fotografía. Público.
Fotografía 6: Santos Yubero, M. (1936). Dos
mujeres disparando contra la Ermita de San Antonio
de la Florida [Fotografía]. Recuperada de:
http://www.abc.es//fotos-espana/20110713/guerra-
civil-madrid-80595.html

31
Fotografía 8: Albero y Segovia (1936). Una miliciana, en primera
línea de avanzadilla de la Sierra de Guadarrama [Fotografía].
Recuperada de: http://www.abc.es//fotos-espana/20110713/guerra-
civil-madrid-80595.html

Fotografía 7: Santos Yubero, M. (1936).


Milicianas leyendo las informaciones de ABC
[Fotografía]. Recuperada de:
http://abcfoto.abc.es/fotografias/temas/milicia
nas-leyendo-las-informaciones-abc-
12657.html

La figura de la miliciana convertida en heroína fue utilizada, en los primeros tiempos de


la Guerra Civil, como instrumento propagandístico por parte del gobierno republicano
para implicar a las democracias internacionales en el conflicto y para movilizar a los
hombres apelando a su deber viril (Borraz, 2016).

Su admirada popularidad las llevó, en alguna ocasión, a ser portada de periódicos afines
a la República como se muestra en las siguientes imágenes:

Portada 1: Milicianas de la República.


(30 de septiembre de 1936). La Portada 2: La mujer en las avanzadas.
Vanguardia, p. 1. Recuperado de: (25 de diciembre de 1936). La
32
http://cloud10.todocoleccion.online/colecc Vanguardia, p. 1. Recuperado de:
ionismo-revistas- http://hemeroteca.lavanguardia.com/previ
periodicos/tc/2009/02/03/11957917.jpg ew/1936/12/25/pagina-
1/33133919/pdf.html?search=miliciana
También su figura se vio representada en carteles de diversa índole.
El cartel 11 muestra a una mujer miliciana vestida con mono azul que empuña su arma e
insta, mediante su dedo índice, a que estas se enrolen en la milicia. Este puede ser uno
de esos ejemplos en los que se apela de forma indirecta a los hombres. Además el cartel
sigue la línea del creado por Alfred Leete en 1914 en el que aparece Lord Kitchener
llamando al alistamiento en la armada británica y en el que, en 1917, James
Montgomery Flagg se inspiró para crear el conocido cartel del Tío Sam.

El cartel 12, por su parte, ensalza la figura de la mujer en relación a la de los hombres,
colocándola por encima de ellos y, de esta manera, la convierte en protagonista de la
escena.

El cartel 13 muestra a la miliciana activa en la lucha armada y como una figura


integrada en el frente.

Cartel 11: Arteche, C. (1936) Les milicies us


necessiten! [Cartel]. Recuperado de: Cartel 12: Obiols, R. (1936-1938) Por las Cartel 13: Anónimo (1936) ¡No pasarán!
http://www.bne.es/es/Micrositios/Exposiciones/ milicias [Cartel]. Recuperado de: [Cartel]. Recuperado de:
BNE300/Exposicion/Seccion3/sub3/Obra54.htm http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorSer http://blogs.elpais.com/.a/6a00d8341bfb1653ef0
l?origen=galeria vlet?cartel=972&page=1&from=busqueda 1a73d9edff5970d-pi

33
Una vez pasada la primera etapa que posicionaba a la miliciana como heroína de guerra,
se pasó a rechazarlas por diversas razones. Las enfermedades venéreas fue uno de esos
motivos que las alejaron de los frentes.
En los carteles que aparecen a continuación se relaciona la enfermedad de manera
directa con la mujer, y por ende con la miliciana.

Cartel 15: Anónimo. (1937) Una baja por mal


venéreo es una deserción [Cartel]. Recuperado
de: Cartel 16: Carmona. (1937) Evita las
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorS enfermedades venéreas tan peligrosas como
Cartel 14: Rivero, G. (1936-1939) las balas enemigas [Cartel]. Recuperado de:
¡Atención! Las enfermedades venéreas ervlet?cartel=1718&page=1&from=busqueda
http://vrcultura.uv.es/cultura/colecciones/c/fic
amenazan tu salud: ¡Prevente contra ellas! haimp.asp?ID=UV002227
[Cartel]. Recuperado de:
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorS
ervlet?cartel=163&page=1&from=busqueda

En la última etapa activa de la miliciana y entrado ya el año 1937, se hacen diversos


llamamientos para convencer a la mujer de que abandone el frente y centre su labor en
la retaguardia.

El cartel 17 hace una llamada directa a la mujer para que trabaje que en la retaguardia y
muestra las diferentes labores que pueden llevar a cabo: tareas sanitarias, de costura o
de mecanografía.

En el cartel 18 se apela más al sentimiento maternal y coloca a la mujer como aquella


figura tradicional responsable del cuidado del hombre en todos los aspectos de su vida.

34
Cartel 17: Lozano, J. (1937) ¡¡Mujeres!! Trabajad en la Cartel 18: Penagos. (1937) Tú que diste la vida al
retaguardia [Cartel]. Recuperado de: niño, salva de la muerte al hombre [Cartel].
http://collections.vam.ac.uk/item/O100830/mujeres- Recuperado de:
trabajad-en-la-retaguardia-poster-lozano-jesus/ http://www.ugtextremadura.org/ugt/SitePages/nuestr
ahistoria/Carteles.aspx

5.4. Milicianas de renombre


Mica Feldman (1902-1992), también conocida como Mika
Etchebéhère, nació en Santa Fe (Argentina). Desde muy
joven tuvo contacto con organizaciones anarquistas que
despertaron en ella ideales libertarios. A la edad de 18 años
se trasladó a Buenos Aires donde comenzó sus estudios de
odontología y participó de manera activa en la revista
Insurexit de corte anarcocomunista y marxista libertario.
Junto a Hipólito, su marido, en 1924 entró a formar parte
del Partido Comunista argentino pero por poco tiempo, ya
que ambos fueron expulsados debido a las disputas
internas (Etchebéhère, 2014, p. 25-28). Mica Feldman. Archivo Centelles
(Centro documental de la memoria
histórica). Recuperada de:
El espíritu revolucionario de la pareja les llevó a buscar la http://cultura.elpais.com/cultura/2012/0
1/27/actualidad/1327697258_408988.ht
ml
35
lucha en Europa. Tras establecerse en ciudades como París, Berlín y viajar en 1934 a
Asturias donde se estaba desatando la revolución, en julio de 1936 Mica llegó a Madrid
donde le sorprendió el levantamiento fascista, alcanzando así la lucha que tanto habían
buscado.

Mica formó parte de las milicias del POUM y, tras el fallecimiento en combate de
Hipólito, jefe de la columna, ocupó su puesto asumiendo el mando de 150 hombres.
Participó como jefa de la columna del POUM en las batallas de Sigüenza, Moncloa,
Pineda de Húmera y Cerro del Águila (Constenla, 2012) y allí fue conocida como “La
capitana”.

Fue de esas pocas milicianas que formó parte del ejército popular en la 14ª División
hasta el final de la guerra, participando en las batallas de Guadalajara, Jarama, Brunete
y Levante (Etchebéhère, 2014, p.487).

En 1938 decide dejar el frente para centrarse en las tareas de alfabetización entre los
combatientes heridos (Etchebéhère, 2014, p.488).

Cuando, en 1939, Madrid fue ocupada por las tropas fascistas, Mica fue detenida por
dos falangistas pero logró salir indemne y volvió a París, desde donde volvió a su tierra
natal, Argentina. Pero en 1943, tras alcanzar el poder el peronismo, decide volver a
Francia donde establece su lugar de residencia y fallece en 1992 (Etchebéhère, 2014,
p.492-493).

Casilda Hernáez Vargas (1914-1992), hija de madre


soltera y, por ello, también conocida como Casilda
Méndez Hernáez, nació en Cizúrquil (Guipúzcoa).
Ingresó en las Juventudes Libertarias de la CNT y fue
condenada a 29 años de cárcel en 1934 por portar
material explosivo y por repartir pasquines
propagandísticos. Cumplió su condena en la prisión
militar del fuerte de Guadalupe (Hondarribia) y en la
cárcel de mujeres de Alcalá de Henares, pero solo
Casilda Hernáez Vargas. Recuperada
de Jiménez de Aberasturi, L. (2012),
Casilda miliciana, historia de un
sentimiento, San Sebastián (España), 36
Txertoa.
durante 2 años, ya que en febrero de 1936 salió en libertad debido al triunfo del Frente
Popular en las elecciones (Jiménez de Aberasturi, 2012, p.7).

Una vez fuera de prisión conoce a Félix Liquiniano, el cual se convirtió en su


compañero de vida, y vuelve a la CNT, combatiendo en las calles de San Sebastián,
cuarteles de Loyola, Peña de Aya y Frente San Marcial. Además formó parte de la
Columna Hilario Zamora, procedente de Lérida, con la que combatió en el frente de
Aragón alcanzando el rango de teniente (Jiménez de Aberasturi, 2012, p.8).

En 1937 se puso al frente de un taller confederal de confección pero, lejos de abandonar


la lucha, al poco tiempo se reintegró en el frente con la 153 Brigada Mixta con la que
combatió en la batalla del Ebro (Jiménez de Aberasturi, 2012, p.8).

Con el fin de la Guerra Civil, Casilda, que se ganó el sobrenombre de “la miliciana”, se
exilió en Francia estableciendo su domicilio en la ciudad de Lorient donde dio cobijo a
numerosas personas que, como ella, eran perseguidas por llevar a cabo actividades
revolucionarias y luchaban contra el fascismo (Jiménez de Aberasturi, 2012, p.8).

Casilda “la miliciana” falleció en Biarritz en 1992, lugar al que volvió después de su
exilio y en el que descansó junto a su compañero Félix.

Rosario Sánchez Mora (1919-2008) nació en Villarejo de


Salvanés (Madrid). A los 16 años se trasladó a vivir a Madrid
donde se hizo militante comunista.

Con el estallido de la Guerra Civil se alistó como voluntaria en el


frente de Buitrago del Lozoya y luchó contra las tropas del general
Mola en Somosierra, tras dos semanas de enfrentamiento fue
destinada a la sección de dinamiteros para fabricar bombas de
mano caseras, por este motivo desde entonces fue conocida como
“la Dinamitera” (Coleto, 2015).
Rosario Sánchez Mora.
Recuperada de:
En su labor como dinamitera sufrió un accidente causado por la http://elpais.com/elpais/2008/04/
17/actualidad/1208420247_8502
pólvora en el que perdió la mano derecha. Tras recuperarse de sus 15.html

37
heridas volvió al frente como telefonista en la 46ª División (Coleto, 2015). Allí conoció
a grandes poetas republicanos como Antonio Aparicio o Miguel Hernández, que dedicó
a Rosario un poema2 (Fonseca, 2006).

En 1937 “la Dinamitera” se convirtió en jefa de cartería de su división desempeñando


esta labor hasta la batalla de Brunete donde el lado republicano fue derrotado.

Finalizada la Guerra Civil, fue detenida y encarcelada bajo pena de muerte en Villarejo.
Fue trasladada a diversas prisiones hasta que en 1942, habiendo cumplido 3 años de su
pena, fue puesta en libertad debido a un beneficio penitenciario concedido por el
régimen franquista (Fonseca, 2006).

Rosario Sánchez continuó viviendo en Madrid ganándose la vida como estanquera hasta
que en 2008 falleció (Fonseca, 2006).

Concha Pérez Collado (1915-2014) nació en el barrio de


Les Corts (Barcelona). Su padre, que participó de manera
activa en el movimiento libertario, inculcó en ella los
valores anarquistas y, con tan solo 16 años (1931),
Concha se unió a la causa. Ese mismo año ingresa como
delegada en el comité de la CNT y en 1932 entra en la
FAI (Moroni, 2008).

Un año más tarde, tras ser detenida por portar un arma,


cumple 5 meses en la cárcel modelo (Moroni, 2008).

Concha Pérez Collado.


En 1936 ingresó en el Comité Revolucionario del barrio
Recuperada de:
https://libcom.org/history/perez- de Les Corts (EFE, 2014) donde vivió los primeros
concha-1915-2014
coletazos de la guerra. Además participó en el asalto
al cuartel de Pedralbes, formó parte del grupo armado Los Aguiluchos de Les Corts y
también luchó en los frentes de Caspe y Belchite (EFE, 2014).

2
El poema extraído de la obra de Miguel Hernández “Viento del pueblo” y llamado “Rosario,
dinamitera” define a esta miliciana como “la nata de las mujeres, espuma de trinchera, digna como una
bandera de triunfos y resplandores”.

38
Casi finalizada la guerra escapó de Barcelona y permaneció en el campo de refugiados
de Argelès (EFE, 2014).

Tras su vuelta a Barcelona en 1942 sufre represalias, pero logra convivir con ellas y
llevar una doble vida en la que combina el trabajo como vendedora y los encuentros con
compañeros anarquistas (Moroni, 2008).

Con la muerte de Franco, Concha constituye el sindicato de Comercio de la CNT y en


1997 forma parte de la asociación “Mujeres del 36” que se dedica a difundir las
vivencias de las militantes (Moroni, 2008).

La lucha de Concha Pérez termina en el año 2014 cuando fallece en Barcelona a la edad
de 98 años.

Simone Weil (1909-1943), filósofa francesa, nació en París.


Desde muy joven se vinculó a movimientos de extrema izquierda
de carácter anarquista y sindicalista-revolucionario. A pesar de
declararse pacifista y defensora de la neutralidad y de la no
intervención participó como miliciana en la Guerra Civil
española. Weil pensó que esta guerra era en defensa de la paz y
que, si se ganaba, se podrían frenar la Segunda Guerra Mundial
(Bea Pérez, 2013).

Cercana a ideas anarquistas y trotskistas, cuando se enteró de la


Simone Weil. Recuperado de:
sublevación militar viajó hasta Barcelona y se enroló en el Grupo
http://www.culturamas.es/blog/20
Internacional de la Columna de Buenaventura Durruti (Bea Pérez, 15/09/20/simone-weil-analisis-de-
la-opresion-y-el-poder/
2013).

Combatió en Pina de Ebro, cerca de Zaragoza, pero un accidente la alejó del frente
pocos días después de su llegada. Una vez recuperada de sus heridas volvió a Francia
(Bea Pérez, 2013).

Tras su corta estancia en España, Weil defendió encarecidamente la labor de los


anarquistas españoles y continuó su vinculación con grupos antifascistas.

39
Simone Weil, enferma de tuberculosis, falleció en Ashford (Inglaterra) en el año 1943 a
la edad de 34 años.

Paulina Odena García (1911-1936), conocida como Lina


Odena, nació en Barcelona. Desde muy joven se vinculó
con el PCE y, en 1931, fue enviada a la URSS para
estudiar en la Escuela Marxista-Leninista de Moscú
(Gascón s.f.).

En 1933, y ya de vuelta en España, fue nombrada


secretaria general de las Juventudes Comunistas de
Cataluña y candidata al Parlamento de la República
(Gascón s.f.).

Tras el fracaso de la sublevación de octubre del 34 en


Paulina Odena García. Recuperado
Cataluña, Lina pasó a la clandestinidad (Gascón s.f.).
de:
https://www.sbhac.net/Republica/Pe
rsonajes/Biografias/LinaOdena.htm El estallido de la guerra la sorprendió en Almería, donde
llevaba a cabo su trabajo en la unificación de las
juventudes marxistas. Allí participó en combates y fue nombrada delegada del comité
local, siendo su columna la encargada de tomar Guadix y Motril (Gascón s.f.).

En septiembre de 1936, cerca de Granada, un error garrafal la condujo hasta un control


falangista en el que se suicidó antes de que consiguieran detenerla (Nash, 1999).

6. REFLEJO DE LA MILICIANA EN EL CINE ESPAÑOL


Una vez definida la realidad de las milicianas en la Guerra Civil, se analizará si esta
coincide con la imagen que se ha transmitido de ellas en el cine producido o
coproducido en España.

Este estudio se llevará a cabo analizando 3 películas en las que la mujer miliciana tiene
presencia, ya sea como protagonista o como secundaria, en una trama que se desarrolla
en la Guerra Civil, siendo los títulos a analizar los siguientes:

40
Libertarias (Aranda, 1996).

Tierra y libertad (Loach, 1995).

Las bicicletas son para el verano (Chávarri, 1984).

Tras el visionado de las películas se estudiarán los siguientes elementos clave:

● Si la lucha antifascista es el principal motivo que lleva a las milicianas al frente


o existen otros motivos.
● Si se las vincula con alguna organización femenina como Mujeres Libres, AMA,
SF del POUM…
● Si se representan las trabas a la hora de alistarse en las milicias y, de ser así, si
ellas reivindican su derecho a participar en la guerra.
● Si el número de milicianas representadas en el frente esta sobreestimado o, por
el contrario, es algo anecdótico.
● Si participan de forma activa en el frente, en la retaguardia (ya sea llevando a
cabo tareas del hogar, enfermería o educativas) o en ambos lugares.
● Cómo es la relación con los compañeros milicianos y si existen indicios de
rechazo al género femenino en los frentes de combate representados.
● Si se mitifica, en algún momento, la figura de la miliciana convirtiéndola en
símbolo de la lucha antifascista durante la trama de la película.
● Si se dan órdenes a la mujer para que ocupe la retaguardia y abandone las armas.
● Si se apela a la falta de conocimiento por parte de la miliciana en el manejo de
las armas.
● Si se vincula a la figura de la miliciana con la prostitución o con las
enfermedades venéreas.
● Si, a pesar del rechazo de la miliciana en el frente, algunas continúan en la lucha
armada haciendo oídos sordos a las órdenes oficiales.
● Si son retiradas del frente a la fuerza.
● Si se representa la vestimenta típica de la miliciana, conformada por el mono
azul y el pañuelo y gorro rojinegros, así como si portan armas.
● Si se menciona a alguna de las milicianas de renombre y se toman como ejemplo
de lucha.

41
Una vez realizado el análisis, se concluirá si existen coincidencias entre lo reflejado en
el filme y la realidad estudiada de las milicianas en la Guerra Civil española.

6.1. Libertarias (Aranda, 1996)


La película “Libertarias” es una producción española del año 1996 dirigida por Vicente
Aranda.

Cuenta la historia de una monja, María, que, tras verse obligada a abandonar el
convento, conoce a un grupo de milicianas pertenecientes a la organización femenina
Mujeres Libres que la hacen consciente del sentido de la revolución. Junto a ellas y a
alguna prostituta a la que consiguen convencer, María se va al frente conociendo, así, el
verdadero sentido de la lucha en los frentes de combate.

Aunque parezca contradictorio, durante la Guerra Civil sí existieron monjas cercanas al


bando republicano. Queda constancia de ello en “Mi guerra de España” (Etchebéhère,
2014) cuando se habla de la existencia de unas monjas que se han declarado milicianas
en un convento que sirve de cuartel al POUM. Teniendo este dato en cuenta, la
presencia de María como protagonista de “Libertarias” no está fuera de lugar.

La primera aparición de las milicianas se da dentro del prostíbulo, allí, ante el inicial
rechazo de las prostitutas que cuestionan la orientación sexual de estas, tratan de aportar
razones atractivas para que las mujeres que trabajan en este lugar dejen la “mala vida” y
ocupen otra posición dentro de la sociedad. Concha Liaño, una de las fundadoras de
Mujeres Libres, defiende ante las prostitutas que:

El amor debe ser libre, no comprado. No hay ninguna mujer decente mientras no lo
seamos todas. Pero esto debe acabar ahora mismo. Ha terminado ya. Estamos aquí
para ayudaros. Compañeras, hermanas, en nombre de todas las mujeres de España os
abrimos los brazos para ayudaros a recobrar vuestra dignidad de obreras, de
hermanas, de madres o de novias. ¡Alistaos en los liberatorios de prostitución! ¡Vivan
las mujeres libres! ¡Viva la revolución social y libertaria!

Ante esto, las prostitutas se levantan a favor de la revolución y se dan a la causa. Por lo
tanto, se representa el primer motivo para pertenecer a las milicias, la lucha por ocupar
un lugar diferente y revalorizar la figura de la mujer dentro de la sociedad.

42
Decididas a partir hacia Barcelona, las dificultades para llegar hasta allí se hacen cada
vez mayores debido al rechazo a la mujer, utilizando como principal excusa la falta de
transportes.
Tras insistir, y no sin descalificaciones de por medio como “¡a fregar platos!”,
consiguen viajar:

“Tú y tus putas vais a coger un tren que sale mañana para Barcelona, un regalo que yo
te hago.”

Otra de las negativas para partir al frente viene de la mano de la propia organización
femenina a la que pertenecen, Mujeres Libres. En la sede, tratan de convencer a las
milicianas para que “abandonen el fusil por la máquina industrial y la energía guerrera
por la dulzura que hay en toda alma de mujer”. Además, también se apela a la
sensibilidad de la psicología femenina y a los cuidados maternales como razones para
mantenerse en la retaguardia, lejos del frente.

Esta negativa provoca que broten las reacciones por parte de las milicianas. Pilar,
interpretada por Ana Belén, argumenta, de la siguiente manera, la importancia de que la
mujer esté presente en el frente de combate:

No entendemos por qué la revolución tiene que correr a cargo de la mitad de la


población solamente. Somos anarquistas, somos libertarias, pero también somos
mujeres y queremos hacer nuestra revolución, no queremos que nos la hagan ellos. No
queremos que la lucha se organice a medida del elemento masculino porque si
dejamos que sea así estaremos como siempre, jodidas. Queremos pegar tiros para
poder exigir nuestra parte a la hora del reparto y, sobre todo, queremos dejar bien
claro que en estos momentos el corazón no nos cabe en el pecho y sería un desatino
quedarnos en casa haciendo calceta. Queremos morir, pero queremos morir como
hombres, no vivir como criadas.

Sus palabras no hacen referencia a la lucha antifascista ni a razones ideológicas, por lo


que la razón que lleva a estas mujeres a la guerra es similar a la de las prostitutas,
simplemente tratan de alterar el orden dentro de la sociedad encargándose ellas mismas
de su propia lucha, dando, de esta manera, valor a la figura de la mujer.

43
Pero también, y más adelante en la película, Floren, miliciana interpretada por Victoria
Abril, hace referencia a razones ideológicas para tratar de sosegar el disgusto de María
ante el asesinato de un obispo:

“Entérate de cuántas formas hay de matar.”

Floren aporta a María libros de autores como Kropotkin, pensador político ruso o
Bakunin, anarquista ruso. Además también se menciona a Lenin y a Mateo Morral,
anarquista español que atentó contra Alfonso XIII en 1906 (Pérez Abellán, 2015).

Llegadas a Zaragoza todas visten el uniforme de miliciana: mono azul combinado con
pañuelo y gorro rojinegros. Allí deben pasar una nueva criba, donde se les aconseja
entregar las armas porque pueden participar en el frente prestando una ayuda eficaz sin
luchar con las armas en la mano, es decir, llevando a cabo labores de retaguardia.
Finalmente son enviadas a Pina de Ebro por la tranquilidad de la zona. Una vez allí,
María es la única que no porta armas, pero sí hace uso del altavoz para lanzar mensajes
a los fascistas y propagar de esta manera los nuevos ideales que ha adquirido.

Establecidas en la posición de Río Hondo junto a otros compañeros, las mujeres


compaginan las tareas de retaguardia con la lucha armada, tanto cuerpo a cuerpo como
en las trincheras.

La relación con dichos milicianos con los que conviven es cordial, pero en alguna
ocasión las tratan como a objetos sexuales. Otros milicianos les dedican palabras de
rechazo como “¿No os molestan las tetas para pegar tiros?” o las someten a preguntas
incómodas de índole sexual como “¿Confraternizáis con los milicianos?”.

En relación a la asociación de las milicianas con las enfermedades venéreas, la película


muestra cómo se llevan a cabo análisis médicos para conocer su estado de salud. El
resultado de este examen es desfavorable para la mujer en general ya que, tras descubrir
en alguna de ellas enfermedades de transmisión sexual y algún embarazo, Buenaventura
Durruti las rechaza alejándolas del frente y pidiendo que las lleven de vuelta a
Barcelona.

En este caso, tanto mujeres como hombres, se rebelan ante la nueva orden. Los hombres
que conviven con ellas defienden que:

44
“Si quisiéramos impedir que una mujer entregue su vida en la lucha contra el fascismo
seríamos unos revolucionarios de pacotilla.”

Ante lo que se rebate que Mujeres Libres ha puesto en marcha un centro de lavado y
planchado en el que las milicianas serán útiles, reiterando que es imprescindible su
retirada del frente. A lo que Pilar contesta lo siguiente:

“¿Lo veis? La canción de siempre, ¿es que los hombres no sirven para lavar y planchar?”

“Libertarias” muestra la total integración de la mujer en el frente de combate, donde no


se le niegan las armas, aunque sí se hace un guiño a la falta de conocimiento militar de
algunas mujeres cuando Floren dispara un arma y, de manera aleatoria, mata a un
contrario.

Pero el filme sobreestima la cantidad de milicianas activas en los frentes, ya que de 11


personas en la posición inicial, 6 son mujeres, magnificando así su presencia.

El siguiente cuadro aporta un resumen de los elementos que se han analizado sobre la
figura de la miliciana representada en la película:

Motivos Liberación y revalorización de la mujer en


la sociedad y motivos ideológicos
antifascistas.

Organizaciones femeninas Mujeres Libres.

Trabas en el alistamiento Sí. Pasan al menos dos filtros, en los que


se les ponen trabas, hasta que llegan al
frente de combate.

Cantidad de milicianas Cantidad no representativa, se sobreestima


su presencia.

Participación en el frente, retaguardia o Participan tanto en el frente como en la


ambos. retaguardia.

45
Relaciones con compañeros y rechazo Relación cordial pero, en ocasiones, sobre
todo al principio, las ven como objetos
sexuales.

Mitificación No se representa esta mitificación como


trama en la película.

Órdenes para que ocupen la Sí, tras los exámenes médicos.


retaguardia

Falta de conocimiento militar de la Sí, se hace un guiño a esto a través de la


mujer figura de Floren que mata sin quererlo a
un contrario.

Vinculación con la prostitución o Sí, se muestra cómo una de las prostitutas,


enfermedades venéreas. Charo, interpretada por Loles León, les
acompaña al frente. Y además el motivo
que las pretende alejar de la lucha son las
enfermedades venéreas.

Desobediencia de órdenes oficiales que Sí, reivindican su derecho a estar allí y


las alejan de la lucha armada permanecen en el frente.

Retirada del frente a la fuerza No se representa.

Uniforme y armas Sí, todas las milicianas en el frente visten


mono azul o gorro y pañuelo rojinegros y
todas portan armas en algún momento,
menos María.

Mención a milicianas de renombre Sí, y no solo se menciona, sino que una de


las milicianas representadas es Concha
Liaño, impulsora de la organización
femenina Mujeres Libres.

Las milicianas de “Libertarias”, en muchos casos, son coincidentes con las milicianas
reales, pero la película favorece a la mitificación de esta figura, frente a la cruda

46
realidad que les tocó vivir.

6.2. Tierra y libertad (Loach, 1995)


“Tierra y libertad” es una película dirigida por Ken Loach y coproducida en el
año 1995 por España, Alemania y Gran Bretaña.

Muestra, a través de un flashback, cómo un personaje basado en la figura de George


Orwell llamado David Carr, militante del Communist Party y procedente de Liverpool,
marcha a la Guerra Civil española, primero como combatiente de las milicias del
POUM y después de las Brigadas Internacionales.
En el frente, David tiene contacto con otros compañeros procedentes de diferentes
lugares de Europa y también con dos milicianas Maite y Blanca, convirtiéndose esta
última, interpretada por Rosana Pastor, en un elemento central de la película.

La figura de la miliciana en el filme va adquiriendo progresivamente mayor


protagonismo. Su primera aparición es durante los entrenamientos que ofrece el POUM
a sus milicianos, que como Orwell define en “Homenaje a Cataluña”:

La llamada “instrucción” consistía simplemente en ejercicios de marcha del tipo más


anticuado y estúpido: giro a la derecha, giro a la izquierda, media vuelta,
marcha en columnas de a tres, y todas esas inútiles tonterías que aprendí cuando tenía
quince años.
(Orwell, 2001, p. 25).

Maite, interpretada por Icíar Bollaín, durante estos entrenamientos, reivindica la


necesidad de empuñar un arma en lugar de continuar con la inútil instrucción. Su
enrolamiento en las milicias, al igual que el de Blanca, está fundamentalmente
impulsado por su conciencia ideológica y por el deseo de luchar contra el fascismo.

Durante esta instrucción Maite aparece vestida de calle, es decir, no viste el uniforme
característico de la milicia, pero una vez que aparece en el frente, viste mono azul y
porta un arma.

Uno de los milicianos, en su llegada al frente y tras ver a Blanca, que también viste el
mono azul y porta un arma, asocia su figura con la prostitución utilizando la malsonada

47
frase: “las putas también están en el frente”.

Aunque a modo de broma, más adelante, los milicianos vuelven a mencionar el vínculo
de esta miliciana con la prostitución, calificándola como “chica buena y barata”.
Esta acusación se retoma casi al final de la película, cuando, una vez configurado el
Ejército Popular, las milicianas empiezan a estar mal vistas.

En cuanto a las tareas que llevan a cabo, ambas milicianas participan de manera activa
en la lucha armada, pero además realizan labores en la retaguardia, ya que son las
encargadas de cocinar y, además, se preocupan del cuidado moral y físico (a través de
labores de auxilio) de sus compañeros.

La cantidad de milicianas representadas en “Tierra y libertad”, en este caso dos, podría


considerarse representativa, puesto que, en relación a los hombres configuran una
minoría.

La cordialidad en la relación con sus compañeros milicianos se hace patente de manera


constante y en ningún momento se apela a razones de sexo para que no ocupen las
trincheras. Pero la cinta también representa el rechazo a las mujeres en el frente por
parte de los organismos superiores:

¿Sabes?, ahora ya no permiten que luchemos las mujeres. Reglas nuevas.


Puedo ser enfermera, conducir un camión, ser cocinera, pero no puedo disparar un
arma nunca más. Como mujer debo saber dónde está mi lugar.

Es a partir de este momento cuando Maite se encarga exclusivamente de la cocina y


Blanca se centra en las labores auxiliares. No abandonan el frente pero sí la lucha
armada, centrándose en dichas tareas de retaguardia.

“Tierra y libertad” no menciona a organizaciones femeninas, ni a los impedimentos que


se le pone a la mujer para acceder a la milicia, ni a su falta de conocimiento militar.
Tampoco se mitifica su figura ni se nombra a ninguna miliciana de renombre.

El siguiente cuadro aporta un resumen y esclarece la representación de la miliciana en


esta película:

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Motivos Ideológicos y centrados en la lucha
antifascista.

Organizaciones femeninas No se hace referencia.

Trabas en el alistamiento No se hace referencia.

Cantidad de milicianas Puede considerarse representativa, al ser


dos son una minoría frente a los hombres.

Participación en el frente, retaguardia o Las milicianas representadas participan


ambos. tanto en el frente como en la retaguardia.

Relaciones con compañeros y rechazo Cordial, no se apela a razones de género


ni se las rechaza.

Mitificación No se hace referencia.

Órdenes para que ocupen la Sí, se las retira a labores de retaguardia y


retaguardia se las aleja de las armas.

Falta de conocimiento militar de la No se hace referencia.


mujer

Vinculación con la prostitución o Sí, inicialmente a modo de broma, pero al


enfermedades venéreas. final de la cinta se hacen serias
acusaciones.

Desobediencia de órdenes oficiales que No, las milicianas continúan en el frente


las alejan de la lucha armada pero llevando a cabo tareas de retaguardia.

Retirada del frente a la fuerza Sí, porque son miembros del POUM y
esta organización en 1937 se considera
ilegal siendo acusada de conspiración
fascista.

Uniforme y armas Las milicianas aparecen uniformadas en el


frente de combate.

49
Mención a milicianas de renombre No se hace referencia.

La representación de la miliciana en “Tierra y libertad” se acerca a la realidad, pero hay


algunos factores importantes que no se abordan.

6.3. Las bicicletas son para el verano (Chávarri, 1984)


“Las bicicletas son para el verano” es una película española, estrenada en 1984 y
dirigida por Jaime Chávarri.

Basada en la obra teatral homónima de Fernando Fernán Gómez, cuenta la historia de


una familia cercana a los ideales republicanos. El más joven de los cuatro miembros,
Luis, interpretado por Gabino Diego, en el florecer de su adolescencia, quiere que su
padre le compre una bicicleta para disfrutar con su pandilla del verano de 1936. En este
contexto veraniego y lleno de vida estalla la Guerra Civil, y, lo que antes eran
prioridades, quedan relegadas a un tercer plano o, incluso, desaparecen, como el deseo
de tener una bicicleta para disfrutar con los amigos.

La miliciana en “Las bicicletas son para el verano” aparece de manera fugaz pero
trazando de manera muy clara el perfil que se quiere transmitir de ella.

En un primer momento, en un desfile de milicias, la mujer aparece integrada en sus


filas, vistiendo el uniforme y portando armas, pero no se la representa en el frente de
combate, por lo tanto, el filme omite el tema del sexismo durante la lucha armada y su
retirada a la retaguardia. Tampoco aborda los motivos que llevan a la mujer a enrolarse
en las milicias así como los impedimentos que se les ponen para que participen en la
guerra.

En cuanto al número de milicianas que se representan en la película, sobre todo en el


desfile mencionado, es notorio. Es cierto que el número de mujeres milicianas lejos de
los frentes era más elevado porque sus labores podrían estar más centradas en el auxilio,
pero no debemos olvidar que en los frentes de combate no configuraban una mayoría.

Otra de las apariciones que hace se da cuando, en un bar o café utilizado como lugar de
encuentro de miembros del bando republicano, aparece bailando encima de una barra,
dedicando a este momento 2 minutos de película. La mujer, que baila al son del cante de

50
los hombres que la jalean desde abajo, coquetea con ellos. Esta representación no se
vincula directamente con la prostitución, pero sí está muy cerca de ello, desvirtuando así
la figura de la miliciana. Además, esta escena representa la relación que la miliciana,
esta en concreto, tiene con sus compañeros, que está más cerca de lo sexual que de la
camaradería.

La cinta no mitifica en ningún momento la figura de la miliciana como heroína, pero sí


puede convertirla en un símbolo erótico, ya que también se habla del Socorro Rojo
como lugar al que van “chicas”:

(Luis) -¡Pobres chicas! Sabe Dios dónde andarán en una situación como esta.
(Luisito) -Algunas van al Socorro Rojo.
(Luis) -¿Al Socorro Rojo?
(Luisito) -Sí, inscriben socios, hacen un periódico, se reúnen con los amigos…
(Luis) -¿Y bailan?
(Luisito) -No, papá, ¿por qué iban a bailar?
(Luis) -Pues hazte del Socorro Rojo, hombre, hazte del Socorro Rojo. Pero, ¿no se han
hecho tus amigos?
(Luisito) -Sí, pero es que me da no sé qué, como antes era de la Juventud Católica.
(Luis) -¿Y tus amigos no? Anda, anda, anda… Que tu madre se queja de que hace más
de un año que no vas a misa y antes de empezar esto…

El siguiente cuadro aporta un resumen y esclarece la representación de la miliciana en


“Las bicicletas son para el verano”:

Motivos No se representan.

Organizaciones femeninas Socorro Rojo (con fuerte vinculación


femenina).

Trabas en el alistamiento No se representa.

Cantidad de milicianas No representativa, se sobreestima.

Participación en el frente, retaguardia o No se representa.


ambos

Relaciones con compañeros y rechazo Cerca de lo sexual y lejos de la


camaradería. No se representan indicios
de rechazo a la mujer miliciana.

51
Mitificación Sí como símbolo erótico, no como
heroína.

Órdenes para que ocupen la No se representa.


retaguardia

Falta de conocimiento militar de la No se representa.


mujer

Vinculación con la prostitución o Vinculación indirecta con la prostitución.


enfermedades venéreas.

Desobediencia de órdenes oficiales que No se representa.


las alejan del frente

Retirada del frente a la fuerza No se representa.

Uniforme y armas La miliciana aparece siempre uniformada


y armada.

Mención a milicianas de renombre No se hace referencia.

Se puede concluir que el papel secundario de la miliciana en esta película se aleja


bastante de la realidad y se acerca más a una representación como mito erótico.

7. CONCLUSIÓN
En el imaginario colectivo, la figura de la miliciana se muestra magnificada y, en
algunas ocasiones, alejada de la realidad que vivieron. No son pocas las veces que, en el
cine, se representa a un elevado número de mujeres en los frentes de combate, se alarga
su estancia en ellos o se las relaciona de manera directa con la prostitución, siendo esto
último fruto de la propaganda de la época para acercarlas a las labores de retaguardia.
Además, no debemos olvidar que la estancia de la miliciana en los frentes de combate
fue algo anecdótico y no dilatado en el tiempo ya que, a finales de 1936, ya se estaba
lanzando contra ellas elementos propagandísticos con diversas razones que las alejaban
del frente.

52
Con el análisis realizado en este estudio, se puede concluir que el cine ha colaborado en
el engrandecimiento de su figura a lo largo de los años, convirtiendo su realidad en un
mito.

Otro aspecto a destacar es el motivo que alejó a la mujer del bando republicano de la
lucha armada: su sexo. En el recorrido realizado por la realidad de las milicianas, se
puede observar la manera en que los derechos otorgados a la mujer por la Segunda
República se desvirtuaron en el transcurso de la contienda, volviendo a considerarla un
estorbo en aquellos lugares alejados del entorno tradicional.

A pesar de los ideales defendidos por el bando más progresista, el machismo quedaba
patente, sobre todo cuando se esperaba que la mujer en el frente se dedicara al cuidado
del hombre, centrándose en tareas de cocina, limpieza y a mantenerse lejos de las armas.
Este aspecto puede llevar a una importante reflexión y es que, a pesar del esfuerzo de la
Segunda República por dotar a la mujer de derechos con los que ubicarlas en un lugar
adecuado en la sociedad, su interiorización no acabó de concluirse ya que el sexo
contrario, en la práctica, seguía rechazando a la mujer empoderada.

Las milicianas trataron de romper las barreras invisibles que fomentaban la desigualdad
de género mediante la lucha antifascista y, aunque en un primer momento fueran
consideradas heroínas de guerra y ejemplo a seguir, sus deseos por ocupar el lugar que
querían, y no el que se les imponía, se vieron truncados. La razón de que esto ocurriera
puede deberse, simplemente, a la novedad de la situación, es decir, los derechos
otorgados a la mujer eran relativamente nuevos y el hecho de que una mujer pudiera
ocupar un terreno tradicionalmente reservado a hombres, como la guerra, era algo que
podía impactar a la sociedad del momento.

Pero, aunque con el tiempo se haya magnificado su figura, no es de ley quitarles mérito.
La miliciana supuso en la sociedad española mucho más que una figura paramilitar
antifascista, fue, aunque por poco tiempo, un ejemplo de lucha por la igualdad de
género que con la llegada del fin de la guerra y la instauración de la dictadura
franquista, vio relegar sus derechos y libertades a un tercer plano, derechos que aún a
día de hoy siguen siendo motivo de lucha.

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