La Miliciana en La Guerra Civil, Realidad e Imagen MAR ÁVILA ESPADA. ADRIÁN HUICI MÓDENES
La Miliciana en La Guerra Civil, Realidad e Imagen MAR ÁVILA ESPADA. ADRIÁN HUICI MÓDENES
RESUMEN ............................................................................................................................ 2
1. INTRODUCCIÓN ............................................................................................................ 2
1.1 La mujer en la Segunda República ............................................................................ 2
1.1.1 Organizaciones femeninas antes de la Guerra Civil ........................................ 4
1.1.2 Las milicias ...................................................................................................... 5
2. MARCO Y OBJETIVOS.................................................................................................. 6
3. METODOLOGÍA ............................................................................................................. 6
7. CONCLUSIÓN .............................................................................................................. 52
8. BIBLIOGRAFÍA ............................................................................................................ 54
1
LA MILICIANA EN LA GUERRA CIVIL: REALIDAD E IMAGEN
Mar Ávila Espada
RESUMEN
Durante la Segunda República se dotó a la mujer española de nuevos derechos que las
llevó a ocupar lugares alejados de la tradicionalidad, ejemplo de ello fueron las
milicianas, mujeres pertenecientes al bando republicano que se alistaron en la milicia
para luchar contra el fascismo durante la Guerra Civil y que rompieron con la idea de
que la guerra era un espacio exclusivamente masculino.
El cine español las ha representado, en muchas ocasiones, como heroínas y como figura
romántica de los años de guerra pero, ¿es coincidente la imagen cinematográfica
transmitida de ellas con la realidad que vivieron?
PALABRAS CLAVE
Miliciana, mujer, milicias, Guerra Civil, retaguardia, igualdad, feminismo,
empoderamiento, cine.
1. INTRODUCCIÓN
1.1. La mujer en la Segunda República
Con el alzamiento de la Segunda República el 14 de abril de 1931, la mujer de la
sociedad española de la época ganó nuevos derechos que fomentaron la participación
activa de algunas de ellas en la Guerra Civil. Es por ello importante destacar cómo y en
qué sentido la figura femenina adquiere protagonismo en los años previos al conflicto
bélico.
Las mujeres, hasta entonces tratadas como menores de edad (Vadillo, 2016), vieron
como sus años de lucha desembocaron en una Segunda República que trató de cimentar
la igualdad de género.
El primer acercamiento a esta igualdad se dio a través del sufragio pasivo concedido en
las elecciones a Cortes Constituyentes en junio de 1931, este otorgaba el derecho a
presentarse como candidatas en el proceso electoral pero no a ser electoras. De un total
de 470 diputados solo tres fueron mujeres: Margarita Nelken (Partido Socialista Obrero
Español), Victoria Kent (Partido Republicano Radical Socialista) y Clara Campoamor
(Partido Radical) (Medialdea, 2015).
2
El 9 de diciembre del mismo año, con la promulgación de la Constitución, se reconoce
el derecho al sufragio femenino en España:
Artículo 36. Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán
los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.
Artículo 40. Todos los españoles, sin distinción de sexo, son admisibles a los empleos
y cargos públicos según su mérito y capacidad, salvo las incompatibilidades que las
leyes señalen.
Artículo 43. La familia está bajo la salvaguardia especial del Estado. El matrimonio se
funda en la igualdad de derechos para ambos sexos, y podrá disolverse por mutuo
disenso o a petición de cualquiera de los cónyuges, con alegación en este caso de justa
causa.
Otro de los grandes logros de la Segunda República fue el reconocimiento del derecho
de asociación recogido de la siguiente manera en la Constitución:
Artículo 39. Los españoles podrán asociarse o sindicarse libremente para los distintos
fines de la vida humana, conforme a las leyes del Estado.
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1.1.1. Organizaciones femeninas antes de la Guerra Civil
El deseo de ruptura para con una sociedad patriarcal dio lugar a destacadas
organizaciones femeninas que aunaron el esfuerzo de las mujeres para alcanzar una vida
más libre. Muchas organizaciones políticas, tanto partidos como sindicatos,
constituyeron en la Segunda República asociaciones femeninas.
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actividad de las ya existentes.
Las milicias implicadas en la Guerra Civil, a través de las columnas, nacieron para
combatir la rebelión fascista. Estaban caracterizadas principalmente por estar
conformadas, en su mayoría, por elementos civiles y fueron creadas por el patrocinio de
partidos y sindicatos. En particular, sindicatos como CNT y UGT tuvieron una labor de
peso en sus orígenes aportando medios técnicos, logísticos y militares (Alcalde, 2008).
5
(Lidón, 2013).
A través de la oficina de reclutamiento que se creó en París los voluntarios eran
enviados en barco o tren a tierras españolas (Alcalde, 2008), pero el Comité de no
Intervención, a finales del año 1937, prohibió la participación de extranjeros en la
Guerra Civil (Alcalde, 2008).
Las luchas sociales de los años previos dotaron a las milicias de un arraigado valor y
moral entre sus miembros, paliando así la ausencia de armas y la escasa instrucción
militar.
2. MARCO Y OBJETIVOS
El presente trabajo tiene como objetivo principal el conocimiento de la miliciana en la
Guerra Civil contextualizando su figura y, a su vez, esclarecer si la imagen que se
ofrece de ella en el cine producido o coproducido en España es coincidente con su
realidad o, por el contrario, recrea y perpetúa un mito.
3. METODOLOGÍA
Para alcanzar el objetivo establecido en el trabajo se utilizará una metodología
descriptivo interpretativa que ayudará a conocer el contexto y realidad donde se
desarrolla la figura de la miliciana en los años de guerra y a poder interpretar su reflejo
cinematográfico.
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La labor de las mujeres nacionales en los años de guerra se centraba en perpetuar los
roles asociados tradicionalmente con el género femenino, centrados en la mujer dadora
de vida y protectora, esposa, encargada del mantenimiento del hogar y que optaba y
velaba por el recato en su forma de vestir, maquillar y actuar (Guardo et al., 2012). En
definitiva, buscaban una vuelta a la sociedad patriarcal y renunciar a los nuevos
derechos que la Segunda República les había otorgado, siendo esto un preámbulo a lo
que el fin de la Guerra Civil trajo con el franquismo.
Otra de ellas, con una menor incidencia pero no por ello menos importante, es la
organización creada por las mujeres carlistas conocidas como “Las Margaritas”. Este
grupo femenino, considerado el primero conformado por mujeres que se vinculaba a un
partido político, fue constituido en 1919 y ejerció labores de auxilio en la tercera
Guerra Carlista (citado en Gil Gascón, y Gómez García, 2014).
Estas mujeres de corte tradicionalista llevaban por bandera sus tres pilares
fundamentales: Dios, Patria y Rey; tanto es así que solo estaban dispuestas a formar
parte de la esfera pública cuando uno de esos tres pilares lo requiriera (citado en Gil
Gascón, y Gómez García, 2014).
“Las Margaritas” durante la Guerra Civil, y como la mayoría de las mujeres del bando
nacional, ocuparon la retaguardia encargándose allí de labores asistenciales y del
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“hogar”, como el mantenimiento de los lavaderos y la confección de uniformes (Gil
Gascón, y Gómez García, 2014).
A medida que avanzaba la guerra sus competencias se iban extendiendo llegando así a
actuar como enfermeras, encargadas del cuidado de huérfanos de guerra, lavanderas y
costureras de las prendas de los soldados (Pérez Trompeta, 1996). El número de
afiliadas a la Sección Femenina pasó de unas 2000, al inicio de la guerra, a unas 60.000
al comienzo de 1937 (Pérez Trompeta, 1996).
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organización, os entregasteis por entero a la Patria; porque también a vosotras os
puso España unas armas en la mano, con las que teníais que ir rehaciendo todos
los destrozos en las almas y en los cuerpos de nuestros hombres y de nuestros
niños que producía la revolución. Y por eso os afanasteis en los talleres, en los
lavaderos, en los comedores; por eso la que faltó a esos trabajos, en donde hay
sitio para todas, se la consideró ausente de la Patria y de mala calidad.
(Primo de Rivera, P., 1938)
Auxilio Social, por su parte, fue creado en octubre de 1936 por Mercedes Sanz Bachiller
en un intento de recrear una organización parecida al Winterhilfe nazi (Guardo et al.,
2012).
Durante la guerra su labor se centró en el cuidado de niños y mujeres perjudicados por
la batalla abriendo centros infantiles, centros de maternidad y comedores. Su aportación
también se relacionaba con la formación, siempre separada por sexos para perpetuar los
roles de género que llevaban por bandera (Guardo et al., 2012).
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(Rebollo, 1999).
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Cartel 1: S. de Tejada, C. (1937) Por la Cartel 2: S. de Tejada, C. (1937) Ni un hogar sin lumbre,
madre y el hijo, por una España mejor ni un español sin pan. Franco. [Cartel]. Recuperado de:
[Cartel]. Recuperado de: http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServlet?cartel
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visor =2117&page=1&from=busqueda
Servlet?cartel=1997&page=1&from=busque
da
En el cartel 3 la mujer vuelve a aparecer como madre pero también como esposa, siendo
sujetada o arropada por el hombre, colocado en una posición superior.
Los llamamientos del bando nacional a la mujer son escasos pero claros con respecto a
la posición que estas deben tener en relación a la guerra. Siempre se las sitúa en una
posición maternal y ejerciendo su aportación en la guerra como un complemento a la
lucha de los hombres en el frente.
Si bien es cierto que, a pesar de esta ruptura en relación a los roles tradicionales e
intentar separar a la mujer del ámbito doméstico, estas no lo tuvieron fácil a la hora de
compaginar actividades en el frente con sus compañeros masculinos. El paso adelante
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que suponía la implicación de la mujer en aspectos políticos daba, a su vez, un paso
hacia atrás reproduciendo los roles de género en los frentes de combate.
Una vez más la mujer era desterrada a la retaguardia, aunque muchas de ellas no se
conformaron con este lugar y demostraron su valía en el combate armado a través de la
figura de la miliciana.
Era de orientación comunista y seguía las estrategias marcadas por el PCE, pero se
declaraba de carácter transpolítico y abierta a todas las tendencias políticas porque
consideraba que la mejor estrategia para acabar con los fascistas era crear una alianza
nacional de mujeres (Guardo et al., 2012).
Por su parte, la AMA descuidó los llamamientos a la mujer apolítica, aunque es cierto
que muchas de ellas participaron en actividades antifascistas concretas durante un
período corto de tiempo (Nash, 1999).
El objetivo perseguido por esta organización femenina era doble, por un lado, estaba
centrado en integrar a la mujer en la lucha antifascista y, por otro, trataba de promover
el PCE entre las féminas, tanto es así que con el estallido de la guerra el Partido
Comunista Español canalizó sus actividades relativas a la mujer a través de la AMA.
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La influencia de los partidos comunistas sobre organizaciones no acababan en la AMA,
también la Unió de Dones de Catalunya (UDC) y las organizaciones juveniles Unión de
Muchachas (UM) y Aliança Nacional de la Dona Jove (ANDJ) se vieron cubiertas bajo
el velo comunista.
Los inicios de la UDC estuvieron marcados por el papel del partido Esquerra
Republicana, pero los intereses del Partido Comunista Catalán en la creación de una
alianza femenina acabaron por absorber la organización (Nash, 1999). Sus objetivos,
además de incluir a la mujer en la lucha antifascista, contemplaban la igualdad laboral,
la protección de la salud, la educación y cultura, la formación y la defensa de la
retaguardia (Nash, 1999).
Las organizaciones juveniles, por su parte, tenían un perfil más radical en lo relativo a la
igualdad de género y buscaban una ruptura con el viejo régimen (Nash, 1999).
La AMA fue una de las organizaciones femeninas más importantes de su tiempo porque
era la única respaldada por el gobierno, encargándole este la creación de la Comisión de
Auxilio Femenino. La función de la Comisión de Auxilio Femenino se centraba en
organizar los suministros para el frente y la labor asistencial, esta propuesta fracasó por
la arraigada desconfianza de la capacidad de la mujer para encargarse de actividades de
guerra (Nash, 1999).
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La considerada en el segundo puesto según su importancia en la España republicana fue
la organización femenina Mujeres Libres, de orientación anarquista. Fue fundada meses
antes del levantamiento fascista de 1936 y se extendió por toda la España republicana
alcanzando entre 20000 y 60000 afiliadas (citado en Nash, 1999).
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de género:
Para el logro de estos objetivos actuará como una organización política identificada
con las finalidades generales de la CNT y la FAI, ya que su aspiración de
emancipación femenina tiene, como objetivo supremo, que la mujer pueda intervenir
en la emancipación humana coadyuvando con los conocimientos adquiridos
enriquecidos con sus características propias a la estructura del nuevo orden social.
(Estatutos de Mujeres Libres).
El Secretariado Femenino del Partido Obrero de Unificación Marxista (SF POUM), por
su parte, era un organismo oficial del POUM creado en septiembre de 1936 que, a pesar
de esta vinculación partidista, contaba con cierta autonomía.
Su objetivo fundamental era reclutar a mujeres al partido del que dependían, puesto que
las filas del POUM estaban bastante despobladas, y además educarlas en los principios
marxistas y revolucionarios, acercándolas a la incorporación al trabajo generando una
mayor producción (Nash, 1999).
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Sumándose a su labor de auxilio en la retaguardia, el Secretariado Femenino del
POUM, dio formación militar a mujeres con el objeto de crear un batallón femenino1.
La corta vida del Partido Obrero de Unificación Marxista (1935 a 1937) cohibió la
expansión de su sección femenina y, por tanto, las labores que esta pudiera tener en los
últimos meses de la guerra.
1
En Nash, M., (1999). Rojas: las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Madrid: Taurus. queda
reflejado que esta formación es descrita en Orwell, G. (2001). Homenaje a Cataluña. Bilbao: Virus
editorial. pero tan solo se hace referencia a ella de la siguiente manera: “Éramos unos mil hombres y una
veintena de mujeres, aparte de las esposas de milicianos que se encargaban de cocinar. Todavía quedaban
milicianas, pero no muchas. En las primeras batallas pareció natural que lucharan junto a los hombres;
siempre sucede eso en tiempos de revolución. Pero las ideas ya habían empezado a cambiar. A los
milicianos les estaba prohibido acercarse a la escuela de equitación mientras las mujeres se ejercitaban,
porque se reían y burlaban de ellas. Pocos meses antes nadie hubiera encontrado nada cómico en una
mujer con un fusil en la mano.”
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Cartel 6: Ortega, L. (1937) 2ª Conferencia
Nacional de Mujeres Antifascistas [Cartel].
Recuperado de:
http://pares.mcu.es/cartelesGC/servlets/visorServ
let?cartel=367&page=1&from=busqueda
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El cartel 9 muestra también a una mujer crecida ante la adversidad y que presta su vida
a defender a los suyos, siendo estos todos aquellos que defienden la libertad, como el
propio cartel indica.
La imagen que se transmite de ella queda lejos de la mujer madre o complemento del
hombre, como lo hacía el bando nacional, pero aun así su figura sigue estando en una
posición muy concreta y alejada de la figura masculina.
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5. LAS MILICIANAS
En los años en los que transcurre la Guerra Civil, el bando republicano hace que la
figura de la mujer adquiriera nuevas posiciones que la sacan del entorno hogareño al
que había sido relegada consiguiendo que adquiriera poder, confianza y, como no,
nuevos roles en la sociedad.
De entre todos ellos destaca la figura de la miliciana que, lejos de conformarse con
servir en la retaguardia, decidió incorporarse a las milicias, empuñar un arma y
participar de manera activa en los frentes de combate. Este hecho, además de estar
impulsado por las libertades que la mujer había adquirido durante la Segunda República
también fue una respuesta natural ante el levantamiento fascista, si los hombres
tomaban armas y afrontaban la lucha, ¿por qué no lo iban a hacer las mujeres?
La miliciana consiguió que su figura se hiciera mito, un mito que sigue teniendo eco en
la actualidad. Mujer valiente, fuerte e independiente, con un objetivo muy claro: la
lucha antifascista.
“Me siento en mi sitio como en ninguna parte, protegida y protectora, libre porque me
atan unos lazos que yo he querido”.
(Etchebéhère, 2014, p. 117).
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Pero el desprecio que había en lo alto hacia el género femenino era tan grande que, en
los primeros tiempos, no admitían a gran cantidad de mujeres voluntarias que
prestaban a la labor de enfermeras. Claro que entre esas mujeres no había muchas
enfermeras, pero tenían una gran voluntad para cuidar a los heridos.
(Jiménez de Aberasturi, 2012, p. 71-72).
Si hablamos de cantidad, la existencia de mujeres milicianas era escasa pero no por ello
fue menos importante su aportación en la Guerra Civil, de hecho, sus labores iban más
allá de disparar un arma contra el enemigo. Su versatilidad era tremendamente necesaria
en los frentes de combate.
Si nos remitimos a los datos recabados por Mary Nash (1999) podemos deducir que la
presencia de la miliciana no era numerosa:
La miliciana vasca Casilda Méndez era la única mujer en su unidad en el País Vasco;
posteriormente, cuando fue al frente de Aragón después de la caída del norte, sólo
había otra mujer en su unidad. Las catalanas del frente de Aragón, constaban de una
pequeña élite de mujeres, mientras que, al parecer, el grupo más grande había sido el
contingente de 30 milicianas que acompañó a uno de 400 hombres a las Islas Baleares
en agosto de 1936. El testimonio de Mika Etchebéhère también señala que en los
frentes del centro de España el número de milicianas era bajo, si bien el Quinto
Regimiento ya contaba con una presencia femenina en los primeros meses. Otras
crónicas registran la presencia de unas pocas milicianas asturianas, una de las cuales
era capitana de la compañía de artillería del Segundo Batallón Asturias.
Las razones que llevaron a estas mujeres a formar parte activa de la lucha armada a
través de las milicias fueron diversas. Estaban principalmente impulsadas por su
arraigada conciencia política ya que, muchas de ellas, formaban parte de organizaciones
con ideología marcada y que potenciaban y animaban a la inclusión de la mujer en la
esfera política. Como consecuencia a esto, la mujer sintió la necesidad y el deseo de
participar en la guerra porque también era su cometido, es decir, su conversión a
miliciana fue una respuesta natural.
El hecho de que existiera una presión que las obligara a realizar labores en la
retaguardia fue otra razón para que algunas quisieran acabar con este lastre y decidieran
empuñar las armas. En este caso, el motivo de impulso estaba más cerca de conseguir
un nuevo lugar en la sociedad que a razones políticas o ideológicas, aunque estas
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siempre estaban presentes.
Por otro lado, hubo mujeres que decidieron formar parte de la milicia porque familiares
directos formaban parte de ella, así fue como esposas, madres, novias y hermanas
acompañaron a sus milicianos al frente y lucharon codo con codo contra el fascismo.
Otro de los muchos motivos que llevó a la mujer a formar parte de la milicia fue el
ambiente veraniego y de aventura aparente que rodeó los primeros meses de la Guerra
Civil, esto llevó a muchas de ellas a dejarse llevar por el acontecimiento que suponía
salir de sus casas y rodearse de personas que estaban fuera de su círculo habitual. Así lo
refleja María García en su diario durante el desembarco de Bayo:
Hoy como cada día fuimos a los baños, en donde, en vista de los abusos que hacen los
milicianos, principalmente las chicas, que se creen que han venido de veraneo, hay
que llevar permiso para bañarse.
(Aguilera, 2014).
Pero la libertad de la que hacían gala estas milicianas no tardó en ser inhibida por parte
de sus propios compañeros. A pesar de ser hombres de corte no tradicional y que
presumían, henchidos de orgullo, de defender sus derechos y luchar contra el fascismo,
sus mentes no estaban preparadas para ver a una mujer empuñando un arma. Este
rechazo llevó, en muchas ocasiones, a la mujer de vuelta a las labores del hogar pero
dentro del propio frente. Esto queda patente, en numerosas ocasiones, en el libro “Mi
guerra de España” (Etchebéhère, 2014):
“El sargento de la Legión viene a decirme que los hombres se niegan a barrer y a
recoger sus camas porque es un trabajo de mujeres que pueden hacer nuestras cuatro
milicianas.”
(Etchebéhère, 2014, p. 65).
Muchos de los hombres que convivían con la miliciana consideraban que las tareas que
estas realizaban no era “trabajo de mujeres”. La debilidad de la mujer y su utilidad para
labores más relacionadas con el cuidado fue otro de los argumentos más utilizados para
retirarla de la línea de combate.
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“Parece que las mujeres tienen más frío que los hombres. Se lo he oído decir a
menudo a mi padre. (...) Tú no deberías hacer guardia por la noche.”
(Etchebéhère, 2014, p. 89).
Por lo tanto, las tareas que llevaron a cabo las milicianas como “mujeres de guerra”
estaban constantemente interrumpidas por los hombres que las preferían ejerciendo
labores de cocina, limpieza y/o sanitarias, siendo este uno de los motivos por los que las
aceptaban en el frente.
Yo explico que una novela interesante llega a hacer olvidar los piojos, que nada cuesta
probar. A los primeros que tienden la mano les pregunto qué clase de libro prefieren.
Las respuestas difieren poco: “nada que sea aburrido”.
Observo con atención a los que piden revistas que tengan muchas ilustraciones.
Deduzco que no saben leer, pero pongo cuidado, no les pregunto. Dirigiéndome al
grupo anuncio que dentro de dos días tendremos una escuela aquí mismo y que habrá
recompensas de permisos para quienes aprendan pronto las primeras letras.
Entretanto, los que saben leer deberían hacerlo en voz alta para los que todavía no
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saben, si es que a éstos les interesan las historias que cuentan los libros.
(Etchebéhère, 2014, p. 434-435).
Pero la mujer miliciana no se conformaba con participar en las labores auxiliares que
ofrecía el frente, muchas se rebelaron y reivindicaron su derecho a tomar las armas,
consiguiendo emprender acciones de combate o incluso alcanzar altos rangos dentro de
la milicia.
La mujer iba, poco a poco, alejándose de lo que había sido. “Se acabó la mujer
circunscrita a los quehaceres domésticos y a la cama para dar gusto al marido” (Jiménez
de Aberasturi, 2012, p. 66).
A pesar de esto, siempre le rondaba el rol de madre que, además de empuñar el arma y
disparar contra el enemigo, debía preocuparse del cuidado moral y físico de los hombres
en el frente:
“Una vez más me descubro capitana madre de familia que vela por sus niños
soldados”
(Etchebéhère, 2014, p. 316).
Por mayores que fueran los avances sociales conseguidos en la Segunda República, el
machismo quedaba patente en la sociedad y era así reproducido en los frentes de
combate. La incapacidad de separar el género de la persona provocaba, en numerosas
ocasiones, el malestar de la miliciana:
-Vamos, moza, deja de llorar. Llorando con lo valiente que eres. Claro, mujer al fin…
La frase me cruza como un latigazo. El dolor y la humillación me hacen apretar los
puños y arder la cara. Levanto despacio la cabeza buscando una respuesta que lave la
ofensa. Solo acierto a decir:
-Es verdad, mujer. Y tú, con todo tu anarquismo, hombre al fin, podrido de
prejuicios como un varón cualquiera.
(Etchebéhère, 2014, p. 483).
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aquella lucha.
Tanto partidos como sindicatos se pusieron de acuerdo para retirar a la mujer de los
frentes, incluso las organizaciones femeninas que, meses y años antes, se habían
encargado de formar ideológicamente a la mujer, ahora les pedían que se retiraran a la
retaguardia.
Francisco Largo Caballero, presidente del gobierno de la República y ministro de
Guerra, reguló esta situación aprobando decretos militares que ordenaban la retirada de
la mujer del frente de combate, además de avisar a voluntarios extranjeros para que las
mujeres no se alistaran en la milicia (Nash, 1999).
Ejemplo de este boicot a la mujer son las posiciones de partidos tan feministas como el
PSUC, que cambió su llamamiento de la mujer al frente por el llamamiento a la
retaguardia, y organizaciones femeninas como la Sección Femenina del POUM que, a
pesar de haber impulsado la formación militar de la mujer, declaró que su
responsabilidad en la guerra debía ser diferente a la del hombre (Nash, 1999).
Los motivos la retirada de la miliciana del frente, a pesar de ser dispares, siempre
estaban impulsados por el rechazo al género femenino. Durante los años de guerra
incluso se pudieron ver a niños empuñando armas en los frentes de combate, como
Clavelín, que luchó en Sigüenza junto a Mika Etchebéhère (Etchebéhère, 2014), y
ningún organismo oficial se preocupó de retirarlos a la retaguardia o devolverlos a
orfanatos o casas de acogida, por lo que la retirada de la mujer de la lucha armada
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chirriaba cuando se apelaba a razones “objetivas”.
Una de las razones que se daban para alejarlas de la contienda era que su utilidad era
mayor en la retaguardia llevando a cabo labores de auxilio, sanitarias, limpieza,
cocina… Esto no era más que el resultado del acomodamiento del hombre con respecto
a las labores del hogar. En muchas ocasiones, como se ha mencionado en el anterior
apartado, el hombre se negaba a llevar a cabo estas tareas porque “eran cosas de mujer”
y por eso apelaban a su buen hacer en este tipo de quehaceres. Sí es cierto que la
utilidad de la mujer en el frente, en la mayoría de los casos, cubría también labores de
retaguardia (entendiendo estas como las de auxilio, cocina y limpieza) además de las de
“soldado”, pero este no es un motivo firme para limitar su actividad de manera
exclusiva a uno de los dos ámbitos.
La falta de preparación militar fue utilizada como otro motivo de rechazo a la mujer.
Ninguna organización femenina, salvo la del POUM (Nash, 1999), se preocupó de dar
formación a la mujer en lo relativo a las armas, pero los hombres que tenían
conocimientos militares no se lo pusieron fácil a aquellas milicianas dispuestas a
aprender de ellos:
Vigila a la Abisinia porque es muy capaz de marear a los milicianos hasta que
alguno le preste el fusil.
¿De dónde venía esta Abisinia que encontré entre los nuestros a mi regreso del
hospital? Su apodo le sentaba de maravilla. Tenía la piel muy oscura, ojos de
azabache, la cabeza coronada por dos pesadas trenzas tan negras como sus ojos, y
dieciséis años que parecían veinte. Alta, de pecho enhiesto, su mono de miliciana no
conseguía ocultar su talle de maja ni quitarle el andar danzarín de muchacha de
Barrios Bajos. Se pasaba el día canturreando la misma tonada: «Ay Maricruz,
Maricruz, maravilla de mujer...»; apuntar un paso de baile, abordar un miliciano a
derecha, otro a izquierda con una petición invariable: «Enséñame a desmontar el fusil.
Sé cargarlo, pero desmontarlo todavía no, y un día yo también tendré un fusil».
(Etchebéhère, 2014, p. 61).
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Al igual que ocurrió con hombres excarcelados, durante los primeros tiempos de la
Guerra Civil formaron parte de la milicia algunas prostitutas que decidieron colaborar
llevando a cabo tareas de enfermería o como milicianas (Nash, 1999).
“Me entero de que entre ellas hay varias de un burdel vecino que vienen a
enrolarse en las milicias.”
(Etchebéhère, 2014, p. 42).
Este particular hecho llevó, a principios de 1937, a asociar la figura de la miliciana con
la de la prostituta, estando esto muy lejos de la realidad:
Y, cuando Clara Campoamor se atreve a escribir que las milicianas eran unas
prostitutas, se me revuelve la sangre. (...) Me rebelo contra las leyendas de los
nacionales y de los de nuestro propio campo, esas derechas malditas que se
disfrazaban de izquierdas -como ahora mismo- y que tendían a dar una visión
denigrante de la mujer que participaba en los combates. Me insurjo contra esas
patrañas.
(Jiménez de Aberasturi, 2012, p. 58).
Lo que sí, en este caso Casilda Hernáez, se defiende como inevitable, es el surgimiento
de vínculos entre hombres y mujeres en el frente, pero se contempla como algo natural
en entornos hostiles como la guerra:
Eso de que la mujer aquella iba al frente para acostarse con milicianos… todo eso es
mentira. Ahora bien, nadie podrá evitar que donde hay mujeres y hombres se creen
simpatías y afinidades; algunos lo llaman atracción química o atracción celular, y que
se formen lazos, sobre todo en lugares alejados de las zonas urbanas como el frente de
Aragón. Pueden existir contactos físicos, morales y espirituales, entre el hombre y la
mujer que se encuentran en los frentes. Lo contrario sería una aberración.
(Jiménez de Aberasturi, 2012, p. 66).
Esta acusación iba más allá, puesto que, de los problemas sanitarios surgidos durante la
contienda, las enfermedades venéreas fueron uno de los más graves. El detonante de
este problema no fue causado porque entre las milicianas hubiera prostitutas, sino por el
crecimiento del negocio de la prostitución, altamente frecuentado por milicianos de
permiso (Nash, 1999).
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La progresiva integración de las milicias al Ejército Popular, creado en octubre de 1936,
terminó de excluir a la mujer del frente de combate.
A partir de 1937 la miliciana como tal siguió existiendo, pero su presencia se redujo
notablemente.
Al igual que ocurrió con los hombres, es posible que la mujer obrera de clase baja se
pudiera sentir atraída por las milicias por el jornal de diez pesetas al día, cantidad lo
suficientemente golosa en ese momento como para que les compensase el sufrimiento
que trae la guerra:
No sé si tienes idea de lo que representaba esa suma para los obreros y campesinos
que nunca habían ganado semejante jornal. Ni siquiera en nuestra columna, que
contaba con muchos militantes políticos, conseguimos que los milicianos rechazaran
las diez pesetas.
(Etchebéhère, 2014, p. 406).
Orwell en “Homenaje a Cataluña” refleja el interés de muchos por las diez pesetas y que
esto provocaba que el frente se llenara de individuos completamente inútiles:
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Muchachos que con quince años eran traídos por sus padres para que fueran alistados,
evidentemente por las diez pesetas diarias que constituían la paga del miliciano y,
también, a causa del pan que, como tales, recibían en abundancia y podían llevar a sus
hogares.
(Orwell, 2001, p. 29).
La vestimenta que identificaba a la miliciana era diversa, cada partido utilizaba un estilo
diferente de uniforme, pero existía una prenda común a casi todos ellos: el mono azul.
“Pasa un camión repleto de muchachos y chicas vestidos con el mismo mono azul. La
milicia ha encontrado su primer uniforme.”
(Etchebéhère, 2014, p. 43).
Las clases de gorras eran casi tan numerosas como quienes las llevaban. Se
acostumbraba adornar la parte delantera de la gorra con una insignia partidista y,
además, casi todos llevaban un pañuelo rojo o rojinegro alrededor del cuello.
(Orwell, 2001, p. 25).
Compartir uniforme con los hombres supuso otro avance puesto que este hacía las veces
de unificador poniendo a milicianos y milicianas al mismo nivel. Pero como se indica
en “Homenaje a Cataluña”:
29
completo igual a la de nadie. Prácticamente todos los miembros del ejército usaban
pantalones de pana, y allí concluía la uniformidad. Algunos usaban polainas de cuero
o pana, y otros, botines de cuero o botas altas. Todos llevábamos chaquetas de
cremallera, de las cuales unas eran de cuero, otras de lana y ninguna de un mismo
color.
(Orwell, 2001, p. 25).
En las fotografías adjuntadas a continuación se puede ver el tipo de uniforme que vestía
la miliciana, siendo la fotografía 3 la que más detalles muestra.
31
Fotografía 8: Albero y Segovia (1936). Una miliciana, en primera
línea de avanzadilla de la Sierra de Guadarrama [Fotografía].
Recuperada de: http://www.abc.es//fotos-espana/20110713/guerra-
civil-madrid-80595.html
Su admirada popularidad las llevó, en alguna ocasión, a ser portada de periódicos afines
a la República como se muestra en las siguientes imágenes:
El cartel 12, por su parte, ensalza la figura de la mujer en relación a la de los hombres,
colocándola por encima de ellos y, de esta manera, la convierte en protagonista de la
escena.
33
Una vez pasada la primera etapa que posicionaba a la miliciana como heroína de guerra,
se pasó a rechazarlas por diversas razones. Las enfermedades venéreas fue uno de esos
motivos que las alejaron de los frentes.
En los carteles que aparecen a continuación se relaciona la enfermedad de manera
directa con la mujer, y por ende con la miliciana.
El cartel 17 hace una llamada directa a la mujer para que trabaje que en la retaguardia y
muestra las diferentes labores que pueden llevar a cabo: tareas sanitarias, de costura o
de mecanografía.
34
Cartel 17: Lozano, J. (1937) ¡¡Mujeres!! Trabajad en la Cartel 18: Penagos. (1937) Tú que diste la vida al
retaguardia [Cartel]. Recuperado de: niño, salva de la muerte al hombre [Cartel].
http://collections.vam.ac.uk/item/O100830/mujeres- Recuperado de:
trabajad-en-la-retaguardia-poster-lozano-jesus/ http://www.ugtextremadura.org/ugt/SitePages/nuestr
ahistoria/Carteles.aspx
Mica formó parte de las milicias del POUM y, tras el fallecimiento en combate de
Hipólito, jefe de la columna, ocupó su puesto asumiendo el mando de 150 hombres.
Participó como jefa de la columna del POUM en las batallas de Sigüenza, Moncloa,
Pineda de Húmera y Cerro del Águila (Constenla, 2012) y allí fue conocida como “La
capitana”.
Fue de esas pocas milicianas que formó parte del ejército popular en la 14ª División
hasta el final de la guerra, participando en las batallas de Guadalajara, Jarama, Brunete
y Levante (Etchebéhère, 2014, p.487).
En 1938 decide dejar el frente para centrarse en las tareas de alfabetización entre los
combatientes heridos (Etchebéhère, 2014, p.488).
Cuando, en 1939, Madrid fue ocupada por las tropas fascistas, Mica fue detenida por
dos falangistas pero logró salir indemne y volvió a París, desde donde volvió a su tierra
natal, Argentina. Pero en 1943, tras alcanzar el poder el peronismo, decide volver a
Francia donde establece su lugar de residencia y fallece en 1992 (Etchebéhère, 2014,
p.492-493).
Con el fin de la Guerra Civil, Casilda, que se ganó el sobrenombre de “la miliciana”, se
exilió en Francia estableciendo su domicilio en la ciudad de Lorient donde dio cobijo a
numerosas personas que, como ella, eran perseguidas por llevar a cabo actividades
revolucionarias y luchaban contra el fascismo (Jiménez de Aberasturi, 2012, p.8).
Casilda “la miliciana” falleció en Biarritz en 1992, lugar al que volvió después de su
exilio y en el que descansó junto a su compañero Félix.
37
heridas volvió al frente como telefonista en la 46ª División (Coleto, 2015). Allí conoció
a grandes poetas republicanos como Antonio Aparicio o Miguel Hernández, que dedicó
a Rosario un poema2 (Fonseca, 2006).
Finalizada la Guerra Civil, fue detenida y encarcelada bajo pena de muerte en Villarejo.
Fue trasladada a diversas prisiones hasta que en 1942, habiendo cumplido 3 años de su
pena, fue puesta en libertad debido a un beneficio penitenciario concedido por el
régimen franquista (Fonseca, 2006).
Rosario Sánchez continuó viviendo en Madrid ganándose la vida como estanquera hasta
que en 2008 falleció (Fonseca, 2006).
2
El poema extraído de la obra de Miguel Hernández “Viento del pueblo” y llamado “Rosario,
dinamitera” define a esta miliciana como “la nata de las mujeres, espuma de trinchera, digna como una
bandera de triunfos y resplandores”.
38
Casi finalizada la guerra escapó de Barcelona y permaneció en el campo de refugiados
de Argelès (EFE, 2014).
Tras su vuelta a Barcelona en 1942 sufre represalias, pero logra convivir con ellas y
llevar una doble vida en la que combina el trabajo como vendedora y los encuentros con
compañeros anarquistas (Moroni, 2008).
La lucha de Concha Pérez termina en el año 2014 cuando fallece en Barcelona a la edad
de 98 años.
Combatió en Pina de Ebro, cerca de Zaragoza, pero un accidente la alejó del frente
pocos días después de su llegada. Una vez recuperada de sus heridas volvió a Francia
(Bea Pérez, 2013).
39
Simone Weil, enferma de tuberculosis, falleció en Ashford (Inglaterra) en el año 1943 a
la edad de 34 años.
Este estudio se llevará a cabo analizando 3 películas en las que la mujer miliciana tiene
presencia, ya sea como protagonista o como secundaria, en una trama que se desarrolla
en la Guerra Civil, siendo los títulos a analizar los siguientes:
40
Libertarias (Aranda, 1996).
41
Una vez realizado el análisis, se concluirá si existen coincidencias entre lo reflejado en
el filme y la realidad estudiada de las milicianas en la Guerra Civil española.
Cuenta la historia de una monja, María, que, tras verse obligada a abandonar el
convento, conoce a un grupo de milicianas pertenecientes a la organización femenina
Mujeres Libres que la hacen consciente del sentido de la revolución. Junto a ellas y a
alguna prostituta a la que consiguen convencer, María se va al frente conociendo, así, el
verdadero sentido de la lucha en los frentes de combate.
La primera aparición de las milicianas se da dentro del prostíbulo, allí, ante el inicial
rechazo de las prostitutas que cuestionan la orientación sexual de estas, tratan de aportar
razones atractivas para que las mujeres que trabajan en este lugar dejen la “mala vida” y
ocupen otra posición dentro de la sociedad. Concha Liaño, una de las fundadoras de
Mujeres Libres, defiende ante las prostitutas que:
El amor debe ser libre, no comprado. No hay ninguna mujer decente mientras no lo
seamos todas. Pero esto debe acabar ahora mismo. Ha terminado ya. Estamos aquí
para ayudaros. Compañeras, hermanas, en nombre de todas las mujeres de España os
abrimos los brazos para ayudaros a recobrar vuestra dignidad de obreras, de
hermanas, de madres o de novias. ¡Alistaos en los liberatorios de prostitución! ¡Vivan
las mujeres libres! ¡Viva la revolución social y libertaria!
Ante esto, las prostitutas se levantan a favor de la revolución y se dan a la causa. Por lo
tanto, se representa el primer motivo para pertenecer a las milicias, la lucha por ocupar
un lugar diferente y revalorizar la figura de la mujer dentro de la sociedad.
42
Decididas a partir hacia Barcelona, las dificultades para llegar hasta allí se hacen cada
vez mayores debido al rechazo a la mujer, utilizando como principal excusa la falta de
transportes.
Tras insistir, y no sin descalificaciones de por medio como “¡a fregar platos!”,
consiguen viajar:
“Tú y tus putas vais a coger un tren que sale mañana para Barcelona, un regalo que yo
te hago.”
Otra de las negativas para partir al frente viene de la mano de la propia organización
femenina a la que pertenecen, Mujeres Libres. En la sede, tratan de convencer a las
milicianas para que “abandonen el fusil por la máquina industrial y la energía guerrera
por la dulzura que hay en toda alma de mujer”. Además, también se apela a la
sensibilidad de la psicología femenina y a los cuidados maternales como razones para
mantenerse en la retaguardia, lejos del frente.
Esta negativa provoca que broten las reacciones por parte de las milicianas. Pilar,
interpretada por Ana Belén, argumenta, de la siguiente manera, la importancia de que la
mujer esté presente en el frente de combate:
43
Pero también, y más adelante en la película, Floren, miliciana interpretada por Victoria
Abril, hace referencia a razones ideológicas para tratar de sosegar el disgusto de María
ante el asesinato de un obispo:
Floren aporta a María libros de autores como Kropotkin, pensador político ruso o
Bakunin, anarquista ruso. Además también se menciona a Lenin y a Mateo Morral,
anarquista español que atentó contra Alfonso XIII en 1906 (Pérez Abellán, 2015).
Llegadas a Zaragoza todas visten el uniforme de miliciana: mono azul combinado con
pañuelo y gorro rojinegros. Allí deben pasar una nueva criba, donde se les aconseja
entregar las armas porque pueden participar en el frente prestando una ayuda eficaz sin
luchar con las armas en la mano, es decir, llevando a cabo labores de retaguardia.
Finalmente son enviadas a Pina de Ebro por la tranquilidad de la zona. Una vez allí,
María es la única que no porta armas, pero sí hace uso del altavoz para lanzar mensajes
a los fascistas y propagar de esta manera los nuevos ideales que ha adquirido.
La relación con dichos milicianos con los que conviven es cordial, pero en alguna
ocasión las tratan como a objetos sexuales. Otros milicianos les dedican palabras de
rechazo como “¿No os molestan las tetas para pegar tiros?” o las someten a preguntas
incómodas de índole sexual como “¿Confraternizáis con los milicianos?”.
En este caso, tanto mujeres como hombres, se rebelan ante la nueva orden. Los hombres
que conviven con ellas defienden que:
44
“Si quisiéramos impedir que una mujer entregue su vida en la lucha contra el fascismo
seríamos unos revolucionarios de pacotilla.”
Ante lo que se rebate que Mujeres Libres ha puesto en marcha un centro de lavado y
planchado en el que las milicianas serán útiles, reiterando que es imprescindible su
retirada del frente. A lo que Pilar contesta lo siguiente:
“¿Lo veis? La canción de siempre, ¿es que los hombres no sirven para lavar y planchar?”
El siguiente cuadro aporta un resumen de los elementos que se han analizado sobre la
figura de la miliciana representada en la película:
45
Relaciones con compañeros y rechazo Relación cordial pero, en ocasiones, sobre
todo al principio, las ven como objetos
sexuales.
Las milicianas de “Libertarias”, en muchos casos, son coincidentes con las milicianas
reales, pero la película favorece a la mitificación de esta figura, frente a la cruda
46
realidad que les tocó vivir.
Durante esta instrucción Maite aparece vestida de calle, es decir, no viste el uniforme
característico de la milicia, pero una vez que aparece en el frente, viste mono azul y
porta un arma.
Uno de los milicianos, en su llegada al frente y tras ver a Blanca, que también viste el
mono azul y porta un arma, asocia su figura con la prostitución utilizando la malsonada
47
frase: “las putas también están en el frente”.
Aunque a modo de broma, más adelante, los milicianos vuelven a mencionar el vínculo
de esta miliciana con la prostitución, calificándola como “chica buena y barata”.
Esta acusación se retoma casi al final de la película, cuando, una vez configurado el
Ejército Popular, las milicianas empiezan a estar mal vistas.
En cuanto a las tareas que llevan a cabo, ambas milicianas participan de manera activa
en la lucha armada, pero además realizan labores en la retaguardia, ya que son las
encargadas de cocinar y, además, se preocupan del cuidado moral y físico (a través de
labores de auxilio) de sus compañeros.
48
Motivos Ideológicos y centrados en la lucha
antifascista.
Retirada del frente a la fuerza Sí, porque son miembros del POUM y
esta organización en 1937 se considera
ilegal siendo acusada de conspiración
fascista.
49
Mención a milicianas de renombre No se hace referencia.
La miliciana en “Las bicicletas son para el verano” aparece de manera fugaz pero
trazando de manera muy clara el perfil que se quiere transmitir de ella.
Otra de las apariciones que hace se da cuando, en un bar o café utilizado como lugar de
encuentro de miembros del bando republicano, aparece bailando encima de una barra,
dedicando a este momento 2 minutos de película. La mujer, que baila al son del cante de
50
los hombres que la jalean desde abajo, coquetea con ellos. Esta representación no se
vincula directamente con la prostitución, pero sí está muy cerca de ello, desvirtuando así
la figura de la miliciana. Además, esta escena representa la relación que la miliciana,
esta en concreto, tiene con sus compañeros, que está más cerca de lo sexual que de la
camaradería.
(Luis) -¡Pobres chicas! Sabe Dios dónde andarán en una situación como esta.
(Luisito) -Algunas van al Socorro Rojo.
(Luis) -¿Al Socorro Rojo?
(Luisito) -Sí, inscriben socios, hacen un periódico, se reúnen con los amigos…
(Luis) -¿Y bailan?
(Luisito) -No, papá, ¿por qué iban a bailar?
(Luis) -Pues hazte del Socorro Rojo, hombre, hazte del Socorro Rojo. Pero, ¿no se han
hecho tus amigos?
(Luisito) -Sí, pero es que me da no sé qué, como antes era de la Juventud Católica.
(Luis) -¿Y tus amigos no? Anda, anda, anda… Que tu madre se queja de que hace más
de un año que no vas a misa y antes de empezar esto…
Motivos No se representan.
51
Mitificación Sí como símbolo erótico, no como
heroína.
7. CONCLUSIÓN
En el imaginario colectivo, la figura de la miliciana se muestra magnificada y, en
algunas ocasiones, alejada de la realidad que vivieron. No son pocas las veces que, en el
cine, se representa a un elevado número de mujeres en los frentes de combate, se alarga
su estancia en ellos o se las relaciona de manera directa con la prostitución, siendo esto
último fruto de la propaganda de la época para acercarlas a las labores de retaguardia.
Además, no debemos olvidar que la estancia de la miliciana en los frentes de combate
fue algo anecdótico y no dilatado en el tiempo ya que, a finales de 1936, ya se estaba
lanzando contra ellas elementos propagandísticos con diversas razones que las alejaban
del frente.
52
Con el análisis realizado en este estudio, se puede concluir que el cine ha colaborado en
el engrandecimiento de su figura a lo largo de los años, convirtiendo su realidad en un
mito.
Otro aspecto a destacar es el motivo que alejó a la mujer del bando republicano de la
lucha armada: su sexo. En el recorrido realizado por la realidad de las milicianas, se
puede observar la manera en que los derechos otorgados a la mujer por la Segunda
República se desvirtuaron en el transcurso de la contienda, volviendo a considerarla un
estorbo en aquellos lugares alejados del entorno tradicional.
A pesar de los ideales defendidos por el bando más progresista, el machismo quedaba
patente, sobre todo cuando se esperaba que la mujer en el frente se dedicara al cuidado
del hombre, centrándose en tareas de cocina, limpieza y a mantenerse lejos de las armas.
Este aspecto puede llevar a una importante reflexión y es que, a pesar del esfuerzo de la
Segunda República por dotar a la mujer de derechos con los que ubicarlas en un lugar
adecuado en la sociedad, su interiorización no acabó de concluirse ya que el sexo
contrario, en la práctica, seguía rechazando a la mujer empoderada.
Las milicianas trataron de romper las barreras invisibles que fomentaban la desigualdad
de género mediante la lucha antifascista y, aunque en un primer momento fueran
consideradas heroínas de guerra y ejemplo a seguir, sus deseos por ocupar el lugar que
querían, y no el que se les imponía, se vieron truncados. La razón de que esto ocurriera
puede deberse, simplemente, a la novedad de la situación, es decir, los derechos
otorgados a la mujer eran relativamente nuevos y el hecho de que una mujer pudiera
ocupar un terreno tradicionalmente reservado a hombres, como la guerra, era algo que
podía impactar a la sociedad del momento.
Pero, aunque con el tiempo se haya magnificado su figura, no es de ley quitarles mérito.
La miliciana supuso en la sociedad española mucho más que una figura paramilitar
antifascista, fue, aunque por poco tiempo, un ejemplo de lucha por la igualdad de
género que con la llegada del fin de la guerra y la instauración de la dictadura
franquista, vio relegar sus derechos y libertades a un tercer plano, derechos que aún a
día de hoy siguen siendo motivo de lucha.
53
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