0% encontró este documento útil (0 votos)
252 vistas17 páginas

Sennett, R. - La Compansión Que Hiere, en El Respeto, Pp. 134-156

Este documento compara las perspectivas y enfoques de Jane Addams y la madre Cabrini sobre la asistencia social. Mientras que Addams promovía un enfoque más profesional y reservado, la madre Cabrini adoptaba un estilo más abierto y sentimental en su trabajo con los pobres. El documento también discute los riesgos de la compasión cuando se utiliza para ejercer control sobre los demás.

Cargado por

AndresCruz
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
252 vistas17 páginas

Sennett, R. - La Compansión Que Hiere, en El Respeto, Pp. 134-156

Este documento compara las perspectivas y enfoques de Jane Addams y la madre Cabrini sobre la asistencia social. Mientras que Addams promovía un enfoque más profesional y reservado, la madre Cabrini adoptaba un estilo más abierto y sentimental en su trabajo con los pobres. El documento también discute los riesgos de la compasión cuando se utiliza para ejercer control sobre los demás.

Cargado por

AndresCruz
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
Está en la página 1/ 17

Richard Sennett

El respeto
Sobre la dignidad del hombre
en un mundo de desigualdad

Traducción dí' Mu«:» Aurelio Calmarini

EDITOmAJ~ ;\~ACKAMA
IHH<:EL()~"
Título de la edición original:
Respect in a World of Incquality
W. W. Norton
Nueva York, 2003

A Victoria y Keuin,
ya Niall
Diseño de la colección:
Julio Vivas
Ilustración: Todd Davídson/Getty Images

cultura Libre
© Richard Sennett, 2003
© EDITORIAL ANAGRAMA, S.A., 2003
Pedró de la Creu, 58
08034 Barcelona

ISBN: 84-339-6197-7
Depósito Legal: B. 34706-2003

Printed in Spain

Liberduplex, S.L., Constitució, 19,08014 Barcelona


5. LA COMPASIÓN QUE HIERE creía Addams, las mujeres de clase media tenían que acabar con
su organización mental de caridad sentimental.
La madre Cabrini también trató de reformar las visitas a
los pobres. Pero, para ella, la asistente social sólo servía a los
pobres con el fin de servir a Dios; en vísperas de su viaje a Esta-
dos Unidos, la madre Cabrini manifestó: «Dios mío ... , ¡si pu-
diera tan siquiera extender los brazos para abrazar y donarte el
mundo enterolv' Esto, en última instancia, podría parecer una
actitud sentimental, difícilmente una actitud profesional. Sin
embargo, en Chicago, antes de la Primera Guerra Mundial, la
versión de la asistencia social de la madre Cabrini demostró ser
práctica. Hablaba con toda franqueza de las carencias de sus
LA MONJA Y LA SOCIALISTA protegidos inmigrantes: escaso conocimiento de la lengua in-
glesa, ausencia de educación, rudimentarias ideas de higiene.
Jane Addams, la asistente social más notable de Chicago, Les suministró maestros, médicos ... y dinero. Fue su sostén;
era una heroína para la generación de mi madre. Contribuyó a hizo el bien de manera casi ostentosa.
convertir la asistencia social en una carrera profesional para las Las sospechas respecto de la bondad -la «compasión senti-
mujeres; activa en los movimientos socialistas internacionales, menta]", según Himmelfarb- rienen una larga historia en los
recibió en 1931 el Premio Nobel de la Paz. Estuvo enfrentada a anales de la caridad. El benefactor despierta sospechas por una
la mujer por quien se dio nombre a Cabrini Green. La cuasi razón que Nathaniel Hawthorne expuso brevemente en estas
santa Frances Xavier Cabrini era una monja italiana que emi- palabras: «La benevolencia es hermana gemela del orgullo.s" La
gró a Esrados Unidos en 1889, donde se convirtió en la cam- máxima de una influyente organización británica del siglo XIX,
peona de los inmigrantes pobres de Estados Unidos. Addams la Charity Organization Sociery, era «Nada de limosnas, sino
basó su política en la reserva, en aprender a no hablar de su amistad»; un miembro de la CO.S. explicó de la siguiente ma-
compasión. Para la madre Cabrini, ese silencio era anatema. nera el sentido de esa máxima:
En el siglo XIX, «la visita a los pobres» era a menudo un en-
tretenimiento para las mujeres de clase media y, en el peor de La principal necesidad del pobre no [es] hoy recibir limos-
los casos, un brusco descenso a los hogares de las mujeres po- nas, sino el sostén moral de la verdadera amistad, tener un au-
bres para ofrecer consejo sobre cómo criar a los hijos, confec- téntico amigo, cuya educación, experiencia e influencia, cuyo
cionar ropa o cocinar (tareas que en el hogar burgués realizaban conocimiento general de la vida, o conocimiento esencial de
por lo general sirvientas, no personalmente las visitadoras). La la economía doméstica, se pongan al servicio de quienes no
historiadora de la caridad victoriana Gertrude Himmelfarb tienen la inteligencia, la habilidad ni la oportunidad para ex-
distingue entre una forma sentimental y una forma no senti- traer el máximo bien de sus flacos recursos."
mental de la compasión, destinadas, respectivamente, a sentirse
bien y a hacer el bien. I Visitar a los pobres era compasión sen- Se hace aquí una comparación a favor del «amigo verdade-
timental. Para dar a la asistencia social una base profesional, ro» que ayuda a sus hermanos y hermanas más limitados que

134 135
él. .La comparación convierte los «flacos recursos» de quienes un artículo que escribió para Survey Magazine en el año 1912,
reciben la ayuda en una suerte de telón de fondo de donde Addams trataba de explicar la cólera de los trabajadores compa-
emerge al primer plano el verdadero amigo. rando al capitalista con el patriarcal Rey Lear de Shakespeare.
Addams sabía que lo primero que debía hacer era evitar De la relación de Lear con la rebelde Cordelia, observaba Ad-
que los actos de compasión se pusieran al servicio moral del ac- dams: «Para él es imposible observar con calma a esta criatura
tor. En Chicago creó una «colonia», la Hull House. La colonia que escapa a la fuerza de su propio pensamiento [... ] para él
er~ un invento británico, un centro comunal en el que los tra- era algo nuevo que su hija se moviera por un principio que a
bajadores podían proseguir su educación, comer y tratar pro- él se le escapaba ... » De la relación de Pullman con los traba-
blemas locales. La más famosa, la Toynbee Hall de Whitecha- jadores, observó que el industrial deseaba dominar incluso su
pel, fundada por Samuel Barnerr en 1884, prestó servicio a la pensamiento."
comunidad de Whitechapel en el East End londinense; entre Una membrana tan porosa entre el cuidado y el control se
1887 y 1889, Jane Addams la visitó anualmente. Tanto en disuelve al mínimo contacto: la percepción de este dilema no
América como en Europa, las colonias se unían entre ellas para hizo de Addams una analista menos ambivalente de los bene-
constituir sociedades de ayuda mutua, que operaban a modo factores socialistas que de los capitalistas. En 1900, Addams vi-
de sistema autodirigido de ayuda social para los pobres. Estas sitó la Gran Exposición de París, «en busca de las viviendas
SOCIedades otorgaban seguros y, en ciertos casos, concedían para la clase obrera que se exponían en la feria, con la esperanza
préstamos hipotecarios para vivienda.' de encontrar en ellas una manera de evitar las violentas pa-
El papel de los asistentes sociales en esros esfuerzos era el siones que todo se lo habían rragado [... ] en el Chicago de
de consejeros prácticos. En ningún caso aspiraban a prevalecer 1894»-' Sin embargo, le parecía que los programas socialistas, al
sobre las decisiones democráticas de los residentes. Addams glorificar la virtud política de los patrocinadores, encarnaban
t~vo en Chicago una dramática evidencia de la cólera que po- en mayor medida el problema de Lear. Análogamente, dudaba
día despertar un benevolente régimen autoritario: la huelga de de Bearrice Webb, la fabiana socialista británica; Webb, sober-
Pullman de 1894. bia en su confianza en sí misma, parecía cruzar la línea entre
Pullman era un magnate ferroviario que en la década de estar al servicio y que se la viera en esa función de estar al servi-
1880 fundó un ciudad para rrabajadores en la que proveía de vi- cio. Para Addams, esto presagiaba que Webb terminaría por ser
vienda, ~scuelas y parques. Pullman, Illinois, presentaba tajantes rechazada por las masas en cuyo nombre hablaba, exactamente
diferencias respecto de la comunidad de trabajadores que había como había ocurrido con George Pullman.
fundado Robert Owen en New Lanark. En efecto, Pullman era Por esas razones, en las colonias que creó, Addams insistió
personalmente dueño de todo. Pullman, Illinois, se distinguía de en que el trabajador social debía permanecer fuera del escena-
los falansterios que Fourier imaginara para París, pues no se redi- rio y no adelantarse al primer plano, actuar más al modo de un
señó el rrabajo mismo, sino sólo la comunidad que lo rodeaba. moderno consultor de empresas.
Pero esto le costó muy caro a Pullman; sus actos benéficos lo lle-
varon prácticamente a la ruina.
Los trabajadores y su ciudad modelo se levantaron contra Para Jane Addams, lo más provocador de la madre Cabrini
él y su benévolo despotismo durante una huelga en 1894, una era que parecía no necesitar de esa reserva.
de las más violentas de la historia obrera norteamericana. En Frances Cabrini comenzó como maestra laica en una pe-

136 137
queña ciudad italiana. Dos veces habían sido rechazadas sus pe- Jane Addams detestaba la conexión entre jerarquía y compa-
ticiones de hacerse monja: la Iglesia quería que trabajara fuera sión, era lo suficientemente honesta para reconocer que, al me-
del marco monástico. Poco había en ella del estereotipo de la nos en educación, el régimen de la Iglesia era funcional.
común buena monja. Cabrini padecía una depresión y una Más preocupante, aunque menos material, era para Ad-
duda religiosa ya largas; en 1883 confesó en una carta que «ni dams el lenguaje de compasión que empleaba la madre Cabri-
en Dios ni en mis superiores encuentro la confortación que ne- ni. Addams era una auténtica hija de Marx en su aversión al
cesito».' La acción fue el antídoto para su depresión. Sus habili- arrobamiento religioso, que le parecía una manera de pasar por
dades administrativas parecían capacitarla para organizar una alto una cantidad de males mundanos bajo el paraguas de la fe
nueva aventura en América, un ministerio para la gran canti- religiosa. En efecto, la madre Cabrini hablaba del amor de
dad de campesinos italianos inmigrantes y marginados. Final- Dios a la vez que defendía la necesidad de sumisión, pero con
mente, se la aceptó en una orden de monjas con este objetivo ello expresaba gran afecto a todos los inmigrantes a quienes sus
en mente. actos de caridad prestaban servicio, tanto a italianos como a
La madre Cabrini llegó a Chicago en 1889. Fueran cuales polacos o irlandeses. Esto quizá tenga una explicación teológica
fuesen sus dudas internas, en palabras de su biógrafa, la monja y una personal. El lenguaje religioso del pecado se aplica por
«fue siempre una hija fiel de la Iglesia»." Sus actividades en los igual a todos los seres humanos, no distingue ni estigmatiza a
centros de la iglesia local norteamericana y en las escuelas pa- los pobres.
rroquiales seguían estrictamente las reglas que dictaba Roma. Addams, que creía en la participación democrática, estaba
La obediencia a la autoridad central llevó a la madre Cabrini a condenada al silencio en torno a su cuidado de los otros. Al sa-
atacar, por intermedio del diario católico de Chicago The New car la compasión del reino de la sentirnentalidad, la había deja-
World, a la Hull House y a Jane Addams como destructivamen- do sin expresión, y ese silencio tuvo consecuencias políticas.
te permisivas. The New World también atacaba a los sindicatos Ella sabía que llamar simplemente «paternalista. al régimen ca-
como instrumentos peligrosos de subversión socialista con la tólico caería en saco roto, sobre todo en aquellos a quienes di-
afirmación de que las huelgas eran un desafío a la voluntad de cho régimen estaba haciendo un bien real. Pero la discreción
Dios. La Iglesia no admitiría la compasión como pura expe- no levanta las masas.
riencia vecinal, ni era la compasión una razón para la rebelión. Aunque con raíces en Chicago, Addams era una cosmopoli-
En poco tiempo, las realizaciones educativas de las escuelas ta secular; creía, como otros defensores de la colonia, que ésta
católicas aventajaron a las de las escuelas públicas de Chicago; proporcionaba un modelo de participación social que podía
las sociedades de ayuda mutua organizadas por la Iglesia de- aplicarse en diferentes naciones, razas o grupos étnicos. En cam-
mostraron ser mucho más fuertes que las organizadas por las bio, en sus organizaciones de caridad, la madre Cabrini se cen-
colonias. En mi infancia, en las viviendas sociales que llevaban traba en un problema particular de diferencia social: la doble
el nombre de la madre Cabrini aún quedaban huellas de ese ré- identidad del inmigrante. Como escribió más tarde en su vida,
gimen jerárquico y estricto. Muchos de mis vecinos, incluida deseaba formar a los inmigrantes jóvenes «de tal manera que no
Gloria Hayes, fueron a una escuela regida por monjas, conti- se sientan avergonzados de ser italianos), y que «demuestren a su
nuadoras de la insistencia de la madre Cabrini en que las bases país de adopción que la inmigración italiana no es peligrosa»."
esenciales de la educación eran la disciplina y el orden, no la Sin orientación jerárquica, el inmigrante pobre carecía de me-
participación cooperativa del modelo de Hull House. Y aunque dios para mantener en equilibrio estas dos fuerzas.

138 139
Tal vez la monja y la socialista nunca pudieron entenderse. dad perturba la solidaridad, es fácil que la declaración «quiero
A la madre Cabrini, la frialdad de Addams le parecía tan sólo ayudan. provoque una respuesta hostil; o bien que la persona
una suerte de arrogancia de clase media, así como Hull House que formula esta declaración oiga su eco sin respuesta, como si
le parecía un insrrumento de subversión socialisra. A Jane Ad- hablara dentro de un pozo.
dams, inmersa en el crudo capitalismo del Chicago indusrrial, Esta ambigüedad de la solidaridad entre desiguales era lo
los elementos carólicos de compasión -piedad, humildad y pe- que perturbaba a trabajadoras sociales como Jane Addams, o,
cado-- le parecían casi obscenos: sólo llevarían a más resigna- más tarde, como mi madre. Era frecuente que las morivaciones
ción y más pasividad del mismo esrilo que la pasividad que afli- de las trabajadoras sociales fueran objeto de malas interpretacio-
gía a los campesinos italianos en su país de origen. nes; Addams recibió muchos ataques en el movimiento obrero
The New Worfd representaba uno de los polos de un gran norteamericano por subversiva; si no lo era, ¿por qué pasaba tan-
conflicto en el seno de la Iglesia carólica: ¿es «socialismo cris- tas horas en los barrios obreros?
tiano) una expresión contradictoria en sí misma? Para la madre En Chicago, la relación problemática entre la compasión y
Cabrini y sus seguidores tenía que serlo, porque el socialismo la solidaridad precedió hisróricamente a las tensiones en el seno
se mostraba como enemigo del orden social. Para la generación de los movimientos por los derechos civiles y suministró un
siguiente de trabajadoras católicas del servicio social, como Do- marco a las perturbadas relaciones entre blancos y negros. Al
rorhy Day y otras del Movimiento de Trabajadores Católicos, el igual que la madre Cabrini, los que cooperaban en nombre de
socialismo casaba bien con los impulsos espirituales de la po- una religión compartida tenían el recurso de salvar esa ambigua
breza voluntaria, la identificación con los débiles y los oprimi- división entre el yo y el otro con el argumento de que el servi-
dos, que trascendía la jerarquía de la Iglesia. En esto reside un cio a un poder superior les permitía mezclarse. Pero entre ne-
problema muy difícil para la izquierda católica a lo largo del si- gros y judíos, entre individuos seglares, la aguda división social
glo xx, tanto en América Larina como en Estados Unidos. Los era más difícil de salvar.
sacerdores radicales trataron de ser pastores y al mismo tiempo Debido a la experiencia de que es más fácil cuidar de los
modestos consultores. otros en las organizaciones jerárquicas que en las democráticas,
El filósofo Naran Sznaider dice que no puede haber «com- los conservadores son proclives a sostener que cuando ese cui-
pasión ... sin solidaridad».ll Los origenes del rrabajo social mues- dado adopta formas jerárquicas es superior en contenido, por-
rran, por el contrario, la ambigüedad de las relaciones entre la que las reglas, los deberes y la conducra de todos son más cla-
compasión y la solidaridad. La sumisión de ripo carólico que ros. Esto equivale a decir que lo mejor es lo más fácil. Las
defendía la madre Cabrini daba lugar a una clase explícita de modalidades más informales de cuidado de los demás son en
solidaridad -vrodos somos súbdiros de Dios»>, y por tanto el verdad una lucha, precisamente porque en la sociedad moderna
cuidado podía expresarse sin ninguna traba. Las formas más la igualdad misma ha demostrado ser una fuerza desorganiza-
democráricas de solidaridad rienden a ser más dubitarivas, me- dora. A partir de la Revolución Francesa, los dogmas igualita-
nos espontáneas, pues se interponen las cuestiones de desigual- risras de solidaridad demostraron ser una de las principales pie-
dad. La solidaridad con los pobres, cuando no se es pobre, co- dras de toque de la represión social. Sería difícil apelar a este
rre el riesgo de convertirse en condescendencia o de dar paso al peligro para justificar la continuación del Ancien Régíme, pero
interrogante, más básico aún, sobre si uno tiene un lugar legíti- los que trataron de traducir en actos de compasión una ideolo-
mo entre los pobres o los desposeídos. Puesto que la desigual- gía de la igualdad han experimentado el máximo desafío de los

140 141
peligros políticos de la igualdad; se han visro forzados a afron- por qué implicar riquezas mundanas. A quienes se limitan a
tar el daño que podrían inferir a personas económica o social- cumplir con su deber de caridad con sus vecinos pobres, Word-
mente no iguales a ellos. sworth opone quien da libremente a un mendigo de Cumber-
Mi madre expresaba bien esra dificultad cuando explicaba land:
su deseo de practicar e! trabajo social con una «sensación de
que muy cerca, pero fuera de alcance, ocurrían cosas importan- ... aunque ella misma por sus necesidades
tes». La frase clave de este pasaje es «fuera de alcance», presionada, coge de su magra reserva
un pródigo puñado de comida para e! talego
de este viejo Mendigo ... ]4
PRODIGALIDAD Y "CARITAS"
En todos estos usos, «prodigalidad» equivale a «liberalidad»
Hay biólogos que opinan que e! altruismo está programado o «generosidad». Son impulsos positivos; prodigalidad de espí-
en los genes humanos. Como otros animales sociales, perecería- ritu es el impulso a dar, un acto simple, natural y altruista.
mos si no cooperáramos. si no diéramos tanto como recibimos. Sin embargo, la prodigalidad contiene la capacidad para
Pero e! acto de dar no tiene por qué llevar en sí mismo la carga manipular y corromper a los otros. Suetonio describe al empe-
positiva de un acto cooperativo. Dar a los orros puede ser una rador romano Nerón entregado a una orgía de prodigalidad:
manera de manipularlos o puede servir a la necesidad más per-
sonal de afirmar algo en nosotros mismos. En la historia de la Todos los días se arrojaba al pueblo todo tipo de regalos,
caridad occidental, e! dar como forma de manipulación cae en que iban desde un millar de pájaros de toda clase a diversos
la categoría de prodigalidad; la forma más personal y reflexiva tipos de comida, vales para trigo, vestimenta, oro, plata, pie-
de dar entra en la categoría cristiana de caritas. dras preciosas, perlas. pinturas. esclavos, bestias de carga e in-
[can Starobinski remonta la palabra anglo francesa laryesse" cluso animales salvajes domesticados ... 1')
a las raíces latinas !argitio y largus, esto es, un rebosante estado
de abundancia.F Georges Bataille considera la prodigalidad Artaud se imagina al emperador Heliogábalo «alimentando
como abundancia de la naturaleza, como la abrumadora y nu- gente castrada [... ] Esperma, vinos rosados, bálsamos y los per-
triente luz que describen los mitos mexicanos, y vuelve a imagi- fumes más caros acompañan de riego ilimitado la generosidad
nar la prodigalidad como una riqueza que los seres humanos de Heliogábalo"." Fue precisamente en estos ejemplos antiguos
no pueden controlar de manera posesiva y que, «como río que en los que se inspiró La Boétie para establecer la conexión entre
desemboca en e! mar, ha de escapársenos y perdérsenos»." Jean prodigalidad y sumisión servil: «Los tiranos distribuirían prodi-
Paul Sartre imprime a la imagen de Bataille un giro político, galidad ... y luego todo e! mundo gritaría sin vergüenza: "iLar-
para sostener que la buena sociedad es una sociedad de poses- ga vida al Rey!"»]?
casez. Para Wordsworth, la prodigalidad de espíritu no tiene Sin embargo, la imagen fundamental que organizó las re-
flexiones de Starobinski sobre la prodigalidad es un dibujo de
Correggio que se halla en e! Louvre, uno de los más sueltos de!
*Aunque con traición a la etimología, he preferido traducir largesse por
«prodigalidad» y no por «largueza», ranro por razones de estilo como de sig-
pintor, en e! que las líneas fluyen y se completan sin cálculo
nificado. (N del T.) aparente. El dibujo muestra a una mujer, cuyo rostro pleno de

142 143
amor sereno se sirúa en la parre superior derecha, que emrega en parricular. El filósofo crisriano creía que «amo algo en él que
un regalo a una figura fuera de la composición, por la izquier- [... ] aunque le es propio, no es él», como dice Arendt parafra-
da; es Eva que ofrece a Adán la manzana envenenada. seando un pasaje de las Confesiones. lB El prójimo es alguien a
Ambos aspectos de la prodigalidad encarnan los exrremos quien sólo debemos ver en relación con Dios, no como una
del acro que consriruye el corazón mismo de todo sistema de persona parricular. Una vez más, la elegante formulación de
protección social: el acto de donar. En un exrremo está el don Arendr: «El cristiano puede amar a todo el mundo porque cada
graruitameme emregado; en el otro, el regalo manipulador. El persona es sólo una ocasión (... ] el enemigo e incluso el peca-
primero representa el aspecto del carácter centrado sin más en dor [... ] son meras ocasiones de amor. No es realmente al pró-
el hecho de que los otros carecen de algo, que sufren necesi- jimo a quien se ama en este amor al prójimo, sino al amor mis-
dad; el otro acto de dar utiliza el regalo únicamente como medio mo.»'" La frase elocuente es aquí que los otros resultan «meras
de obtener poder sobre los demás, como en la versión que Co- ocasiones», La caritas implica más el conocimiento del amor
rreggio presema de Eva ofreciendo un presente seductor. que el del prójimo.
Los escritores cristianos concibieron de forma completa- Hay que decir que en la exposición de Arendt brilla por su
mente distinta el acto de dar. Caritas significa hacerse buena ausencia la modestia, tan importante para la ética cristiana. esa
persona mediante la donación; el acto de dar contrarresta la modestia que Jesús enseña en el Sermón de la Montaña:
disposición al pecado. No imporra el valor de lo que se da e in-
cluso, según ciertas versiones, tampoco importa que sea bueno Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hom-
para los otros. Este estado de ensirnismarnienro suele ser des- bres para ser vistos por ellos (... ] cuando hagas limosna, que
concertante para los que no son cristianos. no sepa tu mano izquierda 10 que hace tu derecha; así tu li-
Entre los no cristianos modernos desconcerrados por la ca- mosna quedará en secreto ... 20
ritas se destacó la filósofa política Hannah Arendr. Arendt es-
cribió por primera vez sobre la caridad en 1929, en un ensayo Pero el argumento de Arendt no es el crudo argumento de
de juventud sobre San Agustín. Difícilmeme se lo podría clasi- Nathaniel Hawthorne, quien sostiene que «la benevolencia es
ficar como trabajo de neutralidad académica. Como Jane Ad- hermana gemela del orgullo». Lo que ella quiere desafiar es el
dams, Arendt pensaba que la ética crisriana era un obstáculo en deseo cristiano de auto transformación a través del don.
el camino de la reforma social. Hay un estrecho paralelismo en- En el desierto del mundo tal como lo siente el cristiano
tre ambas mujeres. Arendr también fue asistente social duran- -ran estéril, tan vacío-, la compasión llena por sí misma una
te varios años, empleada por organizaciones sionistas para tra- ausencia. En este sentido, el convertirse en buena persona con-
tar los problemas de los refugiados que huían del régimen de lleva la reflexión y la autoimplicación; sin compasión, no so-
Hitler en los años treinta. Addams criricó la jerarquía social in- mos nada, estamos vacíos. El propio Agustín dice: «Me he con-
herente a la caridad católica; a Arendt le preocupaban los prin- vertido en un problema para mí rnismo.v" El desarrollo de la
cipios básicos del propio cristianismo. Ella abordaba el trabajo propia capacidad de dar contribuye a responder las preguntas
social con reservas mentales que se debían en parte a la idea acerca de qué hay en potencia dentro de nosotros. Por supues-
que se había hecho de San Agustín. to, en nuestro estado de pecado, el dar combate la codicia, pero
Para San Agustín, el amor por el prójimo era algo muy dis- en el Sermón de la Montaña, y en todo el Evangelio de Mateo,
rimo al hecho de albergar cálidos semi miemos por un prójimo el acto de dar se presenta como algo más, como el acto que

144 145
hace posible explorar cómo convertirse en otra clase de perso- propuestas más radicales que abogan por un verdadero soporte
na. Medir el valor que nuestro don tiene para los otros, a la vez al ingreso. Van Pariij, reformador holandés del sisrema de pro-
que una corrupción, es un acto ajeno a la cuestión. rección social, y Claus Offe, sociólogo alemán, sosrienen que el
Es clara la dirección práctica que adopta Arendt: ningún Estado debería proveer a todos los ciudadanos de un ingreso
Estado del bienestar moderno debería operar sobre la base de suficiente como para que puedan comprar educación y aten-
principios cristianos de este tipo. La finalidad de la protección ción médica si así lo desean; el ingreso básico continúa durante
social es hacer el bien al receptor: los sentimientos del donante toda la vida de una persona, con lo que sustituye a las pensio-
debieran quedar fuera de cuestión. Es una razón por la que nes del Estado. En la versión más radical de todas, cada perso-
Arendr, cuando la conocí, Filósofa ya anciana, habló con tanta na recibe una subvención básica, a modo de ingreso, lo necesite
amargura de su antigua profesión: pensaba que los asistentes o no; desaparece «la comprobación de medios económicos»."
sociales eran una tribu obsesionada por su terapia personal e Sin entrar en el aspecto económico de esta propuesta (los
incapaces, dejando de lado esa autoimplicación, de responder a números, al menos para Gran Bretaña y Alemania, resultan
la pregunta: «¿Por qué me ayudas?» El mejor sistema de protec- persuasivos, puesto que los presupuestos dedicados a la ayuda
ción social, imaginaba esta autora, sería una transacción conta- social, incluido el seguro de desempleo, disminuyen radical-
ble que no implicara relaciones subjetivas. mente), su lógica social es sorprendente. A diferencia de la re-
Sea o no una explicación rigurosa, la reacción de Arendt a forma liberal del bienestar social, estas propuestas prevén una
San Agustín debiera llevarnos a una pausa para definir un prin- gran dependencia del Estado en materia de asistencia financie-
cipio básico para cualquier Estado del bienestar secular: cuidar ra. Pero de la misma manera que la reforma liberal del sistema
de los demás al margen de la compasión. ¿Qué puede significar del bienestar, imaginan poner con ello fin a toda asistencia
esto? emocional al minimizar los aspectos subjetivos de la dependen-
cia en el sistema de asistencia social, pues la «asistencia» deja de
ser una interacción humana cara a cara. El don deja de ser un
CUIDAR DE LOS DEMÁS AL MARGEN DE LA COMPAS¡ÚN regalo personal; habrá que agradecérselo a los ordenadores del
Ministerio de Hacienda.
Hoy, la posición de Arendt ha sido adoptada por un vigo- ¿Qué significado social tendría que la compasión quedara
roso y variado conjunto de reformadores del sistema del bienes- al margen de las prestaciones? Las propuestas de Ackerman y
rar que suscriben diversas versiones de la «política de renta bá- de Offe no prevén la igualdad absoluta, sino la eliminación de
sica». Todos, pienso, responden a la creencia de que el Estado la necesidad material. Creen que esta garantía haría a todas las
debe dar a la gente el dinero que necesira para vivir y luego de- personas más iguales desde el punto de vista social, y de esa
jarla que haga de su vida lo que le parezca adecuado. manera fortalecería la posibilidad de auténtico respero mutuo.
La forma más simple en que tal cosa puede llevarse a cabo Las analogías del mundo real que más se aproximan a estas
es la de proporcionar a los jóvenes una suma de dinero para propuestas son las sociedades escandinavas de mediados del si-
que la utilicen en educación o en la compra de una casa, ? sim- glo xx, cuando sus respectivos Estados del bienestar estaban in-
plemente para que la ahorren para usarla más adelante. Esta es tactos.
la propuesra que ha hecho el jurista norteamericano Bruce Ac- Quisiera creer en ellas. pero mi experiencia de la lesión de
kerman y que en Gran Bretaña ha ramada forma de ley. Hay la mano no me lo permite. En la época en que sufrí la interven-

146 147
ción quirúrgica, mi deseo era que algún ser humano asumiera Para Arendt, el rechazo de la piedad tenía un marco específica-
la responsabilidad de ella, saber el nombre del médico, cono- mente judío. El sionismo que Arendt abrazó en su juventud
cerlo; mi vida no es una función. Y cuando la operación salió permaneció en ella el resto de su vida. Tenía la esperanza de
mal, deseaba que al médico le importara. El fracaso de su habi- que, si recuperaban Palestina, los judíos ya no necesitarían ser
lidad lo movería a un examen de conciencia, que es lo que en tratados como objetos de piedad, como víctimas, aun cuando
realidad ocurrió. finalmente fue crítica respecto del trato que el Estado judío dio
La prestación impersonal de cuidados es una visión muy a los palestinos.
pesimista de la condición humana; supone la probabilidad de Su crítica juvenil de las doctrinas agustinianas tiñó también
que, en la prestación personal de servicios de atención, unas las relaciones de Arendr con el feminismo; el feminismo pare-
personas hagan daño a otras, de tal manera que es preciso eli- cía no ser, otra vez, más que la misma autoimplicación y el
minar los elementos humanos de juicio y de respuesta a la ne- mismo examen de conciencia que percibía en los actos cristia-
cesidad. Peto, si el cirujano que me operó la mano no hubiera nos de compasión. El feminismo de su época en Estados Uni-
sabido mi nombre, no habría sabido que era músico, si yo sólo dos era en verdad de tipo confesional, un feminismo de plan-
hubiese sido una mano, ¿se habría sentido él compelido, en teamiento de conciencia, y esta actividad casaba mal con sus
esas condiciones, a reexaminar sus prácticas, su propia habili- gustos. Peto la relación de la compasión subjetiva y el género es
dad? demasiado importante para dejarla así.
La propia Arendr, me parece, no captó el tipo de examen
de conciencia y de autotransformación que Agusrín tenía en
mente. Es posible expresarlo en términos puramente seculares La crítica de Arendt es ciega a la presencia de María en el
si se piensa en el duelo. El duelo comienza con una sobrecoge- pensamiento de Agustín. En la Edad Media, los cultos maria-
dora sensación de pérdida personal. Sin embargo, con el paso nos estimularon los cuidados durante las pestes cuando el inte-
del tiempo, el sujeto que realiza el duelo sentirá que el amor a rés egoísta sólo habría dictado alejarse de los demás. Las pestes
una persona se puede transferir a otra; de la misma manera, la eran fenómenos principalmente urbanos y la gente, incluso en
persona que realiza el duelo advertirá lo que la pérdida de al- aquella era precientífica, sabía que, para ponerse a salvo, debía
guien deja dentro: el conocimiento del amor mismo. Esto es, el huir de las ciudades; los cultos marianos se celebraban en las
duelo como ptoceso que se despliega, como narración; el amor calles, atendiendo a los enfermos, retirando los cadáveres, es-
se separa del ser amado, peto permanece como amor. parciendo manojos de supuestas hierbas saludables en el exte-
El divorcio entre el suministto de cuidado y la compasión, rior de los edificios, actos de compasión con los que sólo conse-
alimentado por su lectura de San Agustín, fue decisivo para guían aumentar el tributo que se cobraba la muerte.
que Arendt fijara la orientación de sus convicciones políticas. La imagen de María era doble, dice la historiadora Caroli-
Una vez más como Jane Addams, llegó a abominar particular- ne Bynam: una, la madre que ofrece su cuidado sin contrapar-
mente de la caridad que se practica en nombre de la piedad. La tida; la otra, la madre atormentada por el dolor ante la muerte
piedad por los pobres, los débiles o los inválidos conlleva un de su hijo en la cruz. En los anales de la compasión, esta segun-
fondo de desprecio; Arendr se niega a dar crédito a la teología da imagen era tan importante como la primera. San Agustín y
que inspiraba a la madre Cabrini, la visión cristiana de que to- los otros Padres de la Iglesia habían predicado una doctrina del
dos los hombres y todas las mujeres son igualmente pecadores. «cuerpo místico de Cristo", el sufrimiento de Dios, insondable

148 149
para la gente común. Los movimientos populares de la Edad de la caritas fue el comienzo de una búsqueda de por vida de
Media fundados en la «imitación de Cristo» tomaron forma so- un espacio público libre de las cuestiones del yo; como muchos
bre la base del dolor de María, y suponían que la gente ordina- de sus herederos de la renta básica, creía que la psique humana
ria podía ernparizar con los sufrimientos físicos de Cristo, con era, en gran medida, fuente de descontrol colectivo. En Sobre la
lo que los individuos se acercarían a Él y, por extensión, unos a Revolución, sostiene que la política moderna está paralizada por
otros. El resultado, dice George Duby, es que el cristianismo la psicología; en cambio, lo que cuenta es la solidaridad entre
llegó a «tener todas las apariencias de ser una religión del pue- extraños. La imagen del «amor del mundo» llegó a aparecer con
blo» que daba cohesión a la comunidad;" frecuencia en sus escritos, pero lo que ella quería decir con ese
En estos movimientos cristianos populares, la compasión, «aman, era algo completamente opuesto a lo que querían decir
aunque incluía tanto a varones como a mujeres, era «genérica», San Agustín o Carol Gilligan. Como han señalado dos comen-
Mientras que el liberalismo clásico experimentó una suerte de taristas de su último ensayo, «La voluntad», amor al mundo sig-
horror ante la escena materna primitiva, las psicólogas feminis- nificaba «una fuerza vinculante interna sin aparente mediación
tas modernas han tratado de seguir algo del hilo mariano, pese externa», que no implica al yo ni a Dios."
a que a primera vista su lenguaje parece romper con él. Pues en Cuidar de los otros al margen de la compasión puede pare-
la experiencia de la compasión y bajo los ordenamientos actua- cer una versión tan fría e inhumana del respeto mutuo que tal
les, sostienen, las mujeres siguen un camino de desarrollo dis- vez no sea impropio mencionar un incidente del que informa
tinto del de los hombres. la escritora Mary McCarthy en su correspondencia con la filó-
Éste es el espíritu en el que Nancy Chodorow afirma que sofa. En 1970, tres semanas después de la muerte del marido
«las niñas salen [de la adolescencia] con una base más sólida para de Arendt, el poeta W H. Auden le propuso matrimonio re-
experimentar las necesidades o los sentimientos de los otros pentinamente. La vida de Auden había encallado en las drogas
como propios», de modo que lo que he llamado carácter parece- y la bebida y su amante de muchos años, Chester Kallman, lo
ría ser un carácter reservado a las mujeres. Chodorow afirma había abandonado. Arendt lo rechazó de inmediato. «Odio,
que, puesto que las niñas «son engendradas en el seno de una temo la piedad -escribió a McCarthy- y no creo haber conoci-
persona del mismo género, llegan a la experiencia menos dife- do nunca a nadie que me inspirara piedad a este extremo [... ]
renciadas que los niños, con más continuidad y relación con el Me negué a hacerme cargo de él cuando vino a pedir prorec-
mundo objetal extemo-.v'Carol Gilligan afirma que «las mujeres ción.»" No es que Arendt sea fría; se trata más bien de que no
no sólo se autodefinen en un contexto de relación humana, sino desea menospreciarlo. No quiere que su piedad dé paso a la
que también se juzgan a sí mismas en términos de su capacidad falta de respeto por él como hombre y como poeta. Ese respeto
para cuidar»." sin amor era precisamente el difícil problema que afrontaba
Como estereotipos, estas afirmaciones carecerían de sentido; Jane Addams.
muchas mujeres simplemente no son así. Pero las dos autoras di- Tal vez, como colofón al cuidado de los otros al margen de
cen que esa compasión femenina representa una posibilidad de la compasión, podamos considerar lo que comúnmente se lla-
desarrollo. Cuando, ya sea varón, ya sea mujer, una persona sur- ma «fatiga de la compasión».
ge de la infancia con gran sensibilidad hacia los otros, la sociedad
clasifica su carácter como femenino.
Arendt no habría aceptado esto, porque su crítica juvenil

150 151
FATIGA DE LA COMPASIÓN
por las dificultades de atta persona en un trabajo, así como en
La «fatiga de la compasión» representa el agotamiento de la magnitud de la simpatía pOt e! dolor físico. Decir que se
nuesrras simpatías ante realidades persisrentemenre dolorosas. debe a la gente la mayor atención posible no es en absoluto una
Son tantas las exigencias que las víctimas de la tortura, las ma- respuesta. En cierto momento todo e! mundo declara: «he lle-
sas aniquiladas por la peste o la terrible escalada de! Holocausto gado al límire», o «no tienes derecho a esperar más.»
plantean a nuestras emociones, que finalmente dejamos de sen- La respuesta a una famosa pintura de Brueghel plantea esta
tir. Como e! fuego, la compasi6n se extingue. cuestión de los límites; la pintura es Paisaje con la calda de Ícaro.
La fatiga de la compasi6n es citada también a menudo por Muestra al Joven Icaro cayendo de! cielo al mar, aunque, a pri-
los críticos de! Estado terapéutico del bienestar como motivo I?era vista, es difícil decir que se trate de una pintura acerca de
para buscar ordenamientos más impersonales. Hay en este Iearo. Brueghel no describe nada de la historia de Ícaro, el joven
punto de vista una lógica convincente, como puede comprobar que se pone alas de cera para poder volar, alas que se funden
cualquiera que haya trabajado en organizaciones de volunta- cuando Ícaro remonta el vuelo hacia el sol. S6lo se ven las dos
rios. Con el paso del tiempo, los voluntarios terminan extenua- piernas cuando se hunde en el agua, pequeño detalle de la tela.
dos por tanta tensi6n, por el exceso de demandas a sus emocio- Por el contrario, Brueghel ha diseñado con audacia y pintado
nes. Más adelante, en este mismo libro, presentaré algunas con colores vivos una escena pastoral de un labrador que ara su
estadísticas sobre la tasa de relevo entre voluntarios; aquí he- campo, un pastor que atiende su ganado, un pescador que arroja
mos de tomar nota de ciertas sospechas que despierta este fenó- el anzuelo; más allá, en la bahía, un barco navega hacia una ciu-
meno de fatiga de la compasi6n. dad que se e.xtiende a lo lejos. La gente se ocupa de sus quehace-
El soci6logo Stanley Cohen, por ejemplo, ha estudiado la res diarios, sm pensar en el drama que se despliega entre ellos.
fatiga de la compasi6n en respuestas públicas a víctimas de la Para e! poeta W. H. Auden, Brueghel ha dramatizado la to-
tortura. Observa que las víctimas de la tortura, antes que un tal indiferencia al sufrimiento real, que Stanley Cohen llama
extenuante exceso de respuesta de quienes les oyen u observan, «ver, pero no ven>. La interpretación que Auden ofrece de la
provocan en ellos el temor a la completa identificaci6n. Obser- pintura es ésta:
va que la gente contempla de manera rutinaria la aplicaci6n de
dolor físico en películas, y disfruta de ello, pero que no puede En e! Ícaro de Brueghel, por ejemplo: c6mo todo se aleja
soportar enfrentarse a la tortura real. Cohen los compara con del desastte con total indiferencia; el labrador
un médico que no puede permitirse quedar deshecho cuando tal vez ha oído el golpe en el agua, e! grito de desamparo,
muere un paciente: el médico se enfrenta a una realidad verda- pero para él no hay en ello nada grave; e! sol brilla
deramente abrumadora y necesita la reserva a modo de auto- como tiene que brillar en las blancas piernas que desaparecen
protección para mantenerse operativo." en el agua verde; y el costoso y delicado navío, que tuvo que
La expresi6n «fatiga de la compasión» incita a formularse haber visto
un interrogante tal vez más universal: ¿qué volumen de consi- algo asombroso, un muchacho que caía del cielo,
deraci6n es debida a los demás? Esta pregunta acecha en todos debe llegar a algún sitio y sigue navegando sin perturbarse."
los problemas que tienen que ver con el compromiso subjetivo,
esto es, en los límites de la preocupaci6n que experimentamos Pero otros han visto atta cosa; las figuras de la pintura de
Brueghel pueden haber sido simplemente realistas. Un prover-
152
153
bio holandés de la época declaraba: «No se detiene un arado en clase de premonición de este despertar que conduce a la pérdi-
honor a un moribundo.s" da de control.
Si el labrador hubiera dejado de roturar el suelo, si el barco Sociológicamente, los regímenes jerárquicos protegen de
hubiera interrumpido su curso, difícilmente habrían salvado al este peligro a la expresión de la compasión mediante la elimi-
muchacho que se ahogaba; no habrían hecho nada bueno. nación del elemento de libre descubrimiento e interpretación.
De modo que la aversión que se siente en general a recono- Sólo cuando las reglas, las órdenes y las obligaciones son repri-
cer el dolor podría ser objeto de una interpretación menos ne- midas en nombre de la libertad, la compasión corre el riesgo de
gativa. La sensibilidad a los sufrimientos de los otros impediría volverse inmanejable. Por esta razón los programas de socorro a
a la gente dedicarse a las tareas de la vida; ya bastante sufrí- las víctimas en situaciones de desastre que se basan en el volun-
miento hay con tratar de sobrevivir. Sólo los santos, tal vez, tariado suelen atascarse una vez pasado el primer impulso a
puedan responder tan gratuitamente al muchacho que trata de ayudar; los rrabajadores que han de llevar alivio se ven abruma-
volar. dos por sus propias reacciones.
Esta interpretación de sentido común de la pintura quizá Lo que es cierro de la compasión también lo es, yen mayor
deje de lado su elemento visual más sorprendente: la ausencia medida aún, de los actos de reconocimiento y consideración
de toda señal de sufrimiento. El pintor no exhibe el terror de que organizan la experiencia de respeto. Como acto gratuito,
fcaro; no hay en la pintura demanda alguna de piedad. El es- producido por interpretación subjetiva, el respeto a los otros
pectador tiene que intuir que hay algo radicalmente inapropia- podría hacerse fatigoso precisamente por la falta de límites, por
do a partir de detalles casi imperceptibles, que nada significa- la carencia de fronteras. Esta opresiva posibilidad es lo que con-
rían en sí mismos sin el conocimiento del relaro mitológico. Lo vierte en duradera parábola el conflicto entre la monja y la so-
que Brueghel ha presentado al espectador se parece un poco al cialista. Si la jerarquía, como pensaba jarre Addams, es el cami-
problema que plantean las personas que sufren y mantienen su no equivocado para dar forma social a las capacidades de
dolor en secreto; también ellas obligan a los otros a rellenar, a interpretación de una persona, ¿qué formas sociales alternativas
interpretar. podrían aliviar la carga subjetiva que acecha en la gratuita y
En la vida cotidiana, muchas veces la indiferencia se ve so- abierta respuesta a los otros?
cialmente sacudida por la misma experiencia que uno tiene al La prodigalidad complica cualquier respuesta, porque de-
contemplar la pintura: hay algo que en verdad no parece del muestra el poder manipulador del regalo. Incluso el don entre-
todo correcto y uno empieza a preguntarse por qué. En ese gado sin contraprestación puede herir el respeto por sí misma de
despertar hay cierta libertad, algo que San Agustín elaboró en la persona que lo recibe, pues «la caridad hiere», como dice la
el concepto de caritas; es un darse cuenta de que las cosas no antropóloga Mary Douglas; deja una carga pesada de gratitud en
son como deberían ser, y en esa mirada reside el germen de la el receptor, quien puede no tener nada para devolver, salvo la su-
compasión. Pero este acto interpretativo también plantea un misión. Cuando la compasión adopta la forma de piedad, tam-
peligro. Si se realiza sin preparación, libremente, no hay lími- bién puede humillar al receptor. «La compasión puede venir a
tes para lo que podríamos encontrar, para la corrupción y el sustituir la justicia», dice Arendt, pues la piedad «siempre signifi-
sufrimiento que podríamos descubrir, pero sí hay riesgo de ca desigualdad.»-" Éste es el argumento contra la prodigalidad.
perder el control de lo que se podría encontrar y, por tanto, Por estas razones, hay estrategas de la reforma del sistema
de lo que se podría sentir. La «fatiga de la compasión» es una de ayuda social que trataron de imaginar las prestaciones socia-

154 155
les completamente divorciadas del sentimiento de compasión. Tercera parte
No quieten que aquéllas sucumban cuando la compasión se
agote. Es posible en verdad que haya algo no natural-apto sólo Una discusión sobre el Estado del bienestar
pata santos- en la respuesta gtatuita al dolor por encima de lo
que la vida cotidiana obliga. Éste es el argumento contra la ca-
ritas.
Más aún. Como en el caso de mis relaciones con el ciruja-
no que me operó la mano, la mayor parte de la gente no puede
aceprar las prestaciones sociales como una función neutral.

156
NOTAS

5. LA COMPASIÓN QUE HIERE 19. Ibídem, pág. 97.


1. Véase Gemude Himmelfarb, Poverty and Compassion: The Mo­ 20. Mateo, 6 : 1, 3-4, Biblia de Jerusalén.
rallmagination ofthe Late Victorians, Nueva York, Knopf, 1991. 21. San Agustín, The Confassions, Nueva York, Oxford Augustine
Press, 1998, X, 33, 50.
2. Cita en Mary Louis Sullivan, Mother Cabrin i, Nueva York, 22. Véase Philippe Van Parijs, Real Freedom far Ali, Oxford, Ox­
Center for Migration Srudies, 1992, pág. 49. ford University Press, 1998.
3. Cita de Jane Addams en «A Modern Lean,, Survey Magazine, 23. Cita en Richard Sennet, Flesh and Stone, Nueva York, W W
2 de noviembre de 1912. Soy incapaz de remontarme más en Norton, 1994, pág. 158.
la fuente, pero la utilizo, como se verá, como p arte de los 24. Nancy Chodorow, The Reproduction of Mothering, Berkeley,
puntos de vista de la propia Addams. University ofCalifornia Press, 1978, pág. 167.
4. Cita en Michael Katz, In the Shadow of the Poorhouse, Nueva 25. Caro! Gilligan, In a Differente Voice, Cambridge, Massachu­
York, Basic Books, 1986, pág. 76. setts, Harvard University Press, pág. 17.
5. La mejor descripción de la obra de Addams se encontrará en 26. Scott an Stark, «Rediscovering Hannah Arendt>► , en Arendt,
Allen Davis, American Heroine: The Life and Legend ofJane Love and Saint Augnstine, pág. 137.
Addams, Nueva York, Oxford University Press, 1975. 27. Cita en Elizabeth Young-Bruehl, Hannah Arendt: For Love of
6. Addams, «A Modern Lear». the World, New Haven, Connecticut, Yale University Press,
7. Daniel Rodgers, Atlantic Crossings: Social Politics in a Progressive 1982, pág. 455.
Age, Cambridge, Massachusetts, Belknap Press, 1998, pág. 11. 28. Véase Stanley Cohen, States of Denial, Cambridge, Reino
8. Sullivan, pág. 143. Unido, Polity, 200 l. El mecanismo de defensa se rastrea en
9. Sullivan, pág. 45. págs. 52-58.
10. Sullivan. Apéndice C, pág. 261. 29. W H. Auden, «Musée des Beaux Arts», en Collected Poems,
11. Natan Sznaider, The Compassionate Temperament, Oxford: Nueva York, Random House, 1976, págs. 146-147.
Rowman & Littlefield, 2001, pág. 96. 30. Cita en Wolfgang Stechow, Brueghel, Nueva York, Abrams,
12. Jean Starobinski, Largesse, Chicago, University of Chicago 1990, pág. 51. Texto original: «In Brueghels lcarus, far instance:
Press, 1997, pág. 15. how everything turns away / Quite leisurely from the disaster; the
13. Georges Bataille, La part maudite: précédé de la notion de dé­ ploughman ma y / Have heard the splash, the farsaken cry I But far
pense, París, Éditions de Minuit, 1967, págs. 27-28. him it was notan importantfailure; the sun shone I As it had to on
14. William Wordsworth, «The Old Cumberland Beggar», en the legs disappearing into the green / Wiiter; and the expensive deli­
Poems, Londres, Penguin, 1977, estrofa 6. Texto original: cate ship that must have seen / Something amazing, a boy falling
though pressed herselfl By her own wants, she from her store
«. • • out ofthe sky, / Had somewhere to get to and sailed calmly on. »
of mea/ I Takes one unsparing handfol far the scrip I of this old 31. Hannah Arendt, On Revolution, Nueva York, Viking, 1963,
Mendicant... >> págs. 74-75.
15. Suetonio, «Nerón», en The Twelve Caesars, Londres, Penguin,
1991, pág. 247. Debo a Starobinski esta referencia y la si­
guiente.
16. Antonin Artaud, «Heliogabale ou l'anarchiste couronneé,>, en
CEuvres completes, París, Gallimard, 1970, 7, págs. 102-103.
17. ef
Étienne de la Boétie, The Politics Obedience: The Discourse
ofVoluntary Servitude, Black Rose, 1975, pág. 70.
18. Hannah Arendt, Love and Saint Augnstine, Chicago, Univer­
sity ofChicago Press, 1996, pág. 95.
272 y 273 274
fNDICE

Agradecimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
Primera pane
ESCASEZ DE RESPETO
1. Recuerdos de Cabrini 19
2. El significado del respero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 60
Segunda parte
UNA INDAGAC¡ÚN SOBRE EL RESPETO
3. Desigualdad de talento 75
4. La vergüenza de depender , 109
5. La compasión que hiere , 134
Tercera pane
UNA DISCUS¡ÚN SOBRE EL ESTADO DEL BIENESTAR
6. El respeto burocrárico .... . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 161
7. La asisrencia social liberada ..... . . . . . . . . . . . . .. 185
Cuarta pane
CARACTERYESTRUCTURASOC~
8. Lo mutuo en el respeto mutuo 215
9. El giro del carácter hacia afuera , 231
10. La política del respeto , 250
Notas 267
fndice analítico 285

También podría gustarte