El pensamiento antiimperialista en Augusto
C. Sandino y Carlos Fonseca Amador
Paula Fernández Hellmund 1
Fernando Romero Wimer 2
INTRODUCCIÓN
El advenimiento del capitalismo así como la implantación de su nueva fase,
el imperialismo3 (Lenin, [1916] 1970), ha afectado a poblaciones del mundo
entero, penetrando, subyugando y absorbiendo a un sinnúmero de pueblos.
Paralelamente, las sociedades oprimidas por este sistema han generado re-
acciones y procesos de resistencia que se expresaron tanto en el campo de la
praxis como de la teoría.
En el caso de América Latina y el Caribe, las consecuencias de este fenóme-
no se manifestaron en las condiciones de vida de la población, una estructura
económica predominantemente agraria y basada en la explotación de re-
cursos naturales, la participación de las clases dominantes locales aliadas a
capitales extranjeros en el esquema de dominación política, la eclosión de
movimientos político-militares impugnadores del orden vigente y el desarro-
llo de elaboraciones intelectuales que se posicionan a favor o en contra de los
intereses de las mayorías populares. Fenómenos similares, aunque con par-
ticularidades, acontecieron en América Central y Nicaragua específicamente,
país que ha gestado gran cantidad de pensadores y luchadores como Augusto
C. Sandino, Carlos Fonseca Amador, Jaime Wheelock Román, Orlando Nuñez
Soto, Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, entre muchos otros.
Dentro de estas producciones intelectuales nos interesa destacar la de dos
hombres que articularon la práctica con la teoría: Augusto C. Sandino (1895-1934)
y Carlos Fonseca Amador (1936-1976). El primero libró, junto con su ejército,
una lucha de liberación (1927-1932) contra las fuerzas militares de ocupación
1 Doctora en Antropología por la Universidad de Buenos Aires. Pertenencia institucional: CEISO/
GIEPTALC/OSACC/UNILA. Contacto:
[email protected]2 Doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Pertenencia institucional: CEISO/GIEPTALC/
OSACC/UNILA. Contacto:
[email protected]3 Sin perjuicio de los detractores de esta teoría, y de las innumerables discusiones, elaboraciones y
actualizaciones que naturalmente suscita una cuestión tan polémica, nosotros consideramos que el
imperialismo es una consecuencia directa de la dinámica y el desarrollo del sistema capitalista. Por lo
tanto, sostenemos que el imperialismo contemporáneo tendría como características principales: a) la
formación de monopolios (concentración de la producción, los medios de producción y distribución, los
conocimientos y la tecnología y centralización del capital); b) el predominio del capital financiero sobre
el conjunto de la economía; c) la preponderancia de la exportación de capitales por sobre la exportación
de productos; d) el reparto del mundo entre asociaciones capitalistas y potencias imperialistas; e) la
penetración ideológica en el ámbito educativo, las instituciones religiosas y medios de información de
masas; f) la supremacía económica, política y militar de los Estados Unidos; g) la formación de potencias
social-imperialistas; h) ascenso de países y burguesías rezagadas a condiciones imperialistas subal-
ternas; e i) extracción de plusvalía de los países dependientes y expropiación masiva (Romero, 2015).
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de los Estados Unidos (EEUU), y elaboró un pensamiento antimperialista y la-
tinoamericanista, más próximo al ideario del peruano Víctor Raúl Haya de la
Torre (1895-1975). El segundo fue fundador del Frente de Liberación Nacional
(1961), llamado más tarde de Frente Sandinista de Liberación Nacional (1963),
y luchó contra la dictadura somocista hasta ser asesinado por la Guardia Nacio-
nal en 1976. Si bien su pensamiento ha variado a lo largo de los años, Fonseca
adhirió al marxismo, mantuvo posiciones antimperialistas y se aproximó a
las ideas y experiencias de liberación no solo cubana, sino también asiáticas.
De este modo, y a partir de los escritos de estos dos líderes revolucionarios,
nos hemos trazado como objetivo principal analizar su pensamiento y sus
aportes fundamentales para la comprensión y discusión del fenómeno impe-
rialista. En este sentido, retomaremos para el caso bajo análisis algunas de las
fuentes filosóficas y políticas a las que apelan, la valoración que establecen de
la historia nicaragüense, centroamericana y del resto de América Latina y sus
apreciaciones sobre la formación económica-social en la que están inmersos.
Para concluir nos interesa mencionar que estudiar el pensamiento latinoame-
ricano y caribeño, y en nuestro caso nicaragüense, nos parece relevante porque
nos brinda herramientas para el análisis y la interpretación de Nicaragua, y
para reflexionar sobre las formas en que la caracterización de las formaciones
sociales locales y de las relaciones de dominación dentro de la dinámica global
del capital y el binomio dependencia-imperialismo influyen en la elabora-
ción de tácticas y estrategias de luchas y de políticas de transformación social.
EL ANTIIMPERIALISMO EN LOS ESCRITOS DE AUGUSTO C. SANDINO
El general Sandino (1895-1934), al frente del Ejército Defensor de la Soberanía
Nacional de Nicaragua, libró una lucha de liberación por espacio de seis años
(1927-1932) contra las fuerzas militares de ocupación de los Estados Unidos.
A través de sus cartas, manifiestos, proclamas, circulares a las autorida-
des, comunicados, partes de guerra, relatos autobiográficos y entrevistas de
prensa4 es posible rastrear su posición frente a diferentes hechos políticos y
procesos económicos y sociales, analizar las fuentes intelectuales a las que re-
curre y examinar sus posiciones táctico-estratégicas frente a la injerencia de
los intereses imperialistas (principalmente estadounidenses).
Las alusiones a la compresión personal del problema del imperialismo re-
fieren a las de su propia experiencia, antes de su entrada en los combates de la
4 Vale destacar que numerosos documentos producidos por Sandino no pueden ser consultados por
haber sido destruidos por la Guardia Nacional en 1934. Un lote de documentos fue llevado a México y
allí fue entregado al periodista Gustavo Alemán Bolaños quién publicó en 1933 la obra ¡Sandino! Esta
misma documentación fue analizada por Gregorio Selser para sus trabajos Sandino, general de hom-
bres libres ([1959] 1984) y El pequeño ejército loco ([1960] 1984). Otra parte de los documentos está en
posesión de los archivos de la Marina de Guerra y del Departamento de Estado de los Estados Unidos
y han sido publicados por distintos autores. Una compilación de la obra de Sandino fue realizada en
1973 en San José de Costa Rica y reeditada en Cuba, Italia, Suecia y Nicaragua.
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Guerra Constitucionalista5, rodeado de amigos con los que comenta “la sumi-
sión de nuestros pueblos de América Latina, ante el avance hipócrita, o por la
fuerza, del asesino imperio yanqui” (Sandino, [1926] 1984a:79). Eran los días
en que Sandino trabajaba en México en la Huasteca Petroleum Company.
Entre las principales referencias intelectuales de su ideario debemos
mencionar a los latinoamericanos Simón Bolívar y Francisco Morazán. Las
alusiones al primero se reiteran, “me llamo hijo de Bolívar” (Sandino, [1928]
1984a:269), “la vida de Bolívar me ha emocionado y me ha hecho llorar” (San-
dino, [1933] 1984b:290). Sin embargo, al calor de los combates en ningún caso
aparece algún análisis particular de estas ideas. Por el contrario, lo que sí
emerge es un “Plan de realización del supremo sueño de Bolívar” con el ob-
jetivo de establecer distintas formas de acercamiento, sean de Alianza o de
Federación con otras naciones latinoamericanas (Sandino, [1929] 1984:341).
Un tanto diferente resultan las alusiones a Morazán debido a que su nombre
es mentado en el intento de proclamar la Unión Centroamericana y recons-
truir la truncada federación. Al respecto, Sandino considera que: “Solamente
los obreros y campesinos centroamericanos podremos, de manera limpia,
restaurar nuestra federación, que había quedado interrumpida desde cuan-
do Rafael Carrera desalojó de Guatemala a nuestro invicto general Francisco
Morazán” (Sandino, [1931] 1984b:173)6.
Por otro lado, el enfoque político-militar de Sandino está fuertemente im-
pregnado de una perspectiva religiosa. Las alusiones a Dios se reiteran en la
mayoría de los documentos “rogamos a Dios de todo corazón, fortifique vuestro
espíritu y os dé resignación en tan acervo dolor” (Sandino, [1930] 1984a:172)7.
Esta adhesión se explica por el contacto que Sandino ha tenido en México
con la Escuela Magnético-Espiritualista de la Comuna Universal, “logré ro-
dearme de un grupo de amigos espiritualistas” (Sandino, [1926] 1984a:79). El
“Manifiesto de Luz y Verdad” y las “Conversaciones con Ramón de Belaustegui-
goitia” son los escritos donde más claramente se manifiesta esta pertenencia.
Así, se observa en todos sus documentos que Sandino brinda a los miembros
de su ejército el tratamiento de “hermanos”: “Todos vosotros presentís una
fuerza superior a sí mismos y a todas las otras fuerzas del Universo. Esa fuer-
za invisible tiene muchos nombres, pero nosotros lo hemos conocido con el
nombre de Dios” (Sandino, [1931] 1984b:159). Y en un pasaje de ese Manifiesto
mixtura, en una perspectiva apocalíptica, el “Juicio Final” con la derrota del
imperialismo en el siglo XX “Las trompetas que se oirán van a ser los clarines
5 La Guerra Constitucionalista se inició como consecuencia de la injerencia estadounidense en Nica-
ragua y tras la designación de Adolfo Díaz como presidente. A partir de este acontecimiento, varios
partidarios del liberal Juan Bautista Sacasa, y con apoyo del gobierno mexicano de Plutarco Elías Calles,
conformaron el Ejército Constitucionalista que desembarcó en la Costa Atlántica del país centroamerica-
no para derrocar a Díaz. Frente a ello, EEUU volvió a intervenir en Nicaragua y para dar fin al conflicto
buscó una salida negociada con el Ejército Constitucionalista llegándose a un acuerdo que implicó el
desarme de todos los jefes militares, excepto de Augusto Sandino que decidió no entregar las armas. Se
inició, así, la guerra de resistencia nacionalista que buscaba expulsar a los marines estadounidenses.
6 Sugerimos ver: “Suprema proclama de Unión Centroamericana” (Sandino [1933] 1984b:347-350).
7 Cfr. “Carta a Blanca de Sandino” (Sandino, [1927] 1984a:156) y “Carta al coronel Félix Pedro Zeledón”
(Sandino, [1927] 1984a:183).
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de guerra, entonando los himnos de la libertad de los pueblos oprimidos con-
tra la injusticia de los opresores” (Sandino, [1931] 1984b:159-160).
El reportaje con el periodista Ramón Belausteguigoitia es rico en desta-
car las fuentes ideológicas de Sandino. De esta manera, el periodista sostiene
que el General es “un cultivador de la ‘yoga’, un discípulo de Oriente” (Be-
lausteguigoitia en: Sandino, [1933] 1984b:289), pero al mismo tiempo denota
su pertenencia al espiritualismo “las religiones son cosas del pasado. Noso-
tros nos guiamos por la razón” (Sandino, [1933] 1984b:289). Además, mientras
Sandino explica a Belausteguigoitia su fe teosófica sostiene: “Como le digo, la
gran fuerza primera, esa voluntad, es el amor. Puede usted llamarle Jehová,
Dios, Alá, Creador” (Sandino, [1933] 1984b:289-290).
Esta corriente también influyó, conjuntamente con una serie de aconte-
cimientos particulares, en la crítica de Sandino al marxismo a la vez que
reivindicaba para sí y para los suyos el calificativo de “comunistas.”8 En una
de sus cartas, cuestiona las actitudes del Secretario General del Partido Co-
munista de México (PCM), Hernán Laborde:
No es cierto que Laborde, con su pequeña camarilla que le rodea, sean Comunis-
tas. Por la observación que yo hice de ellos, comprendí que son conservadores
furibundos y que parecen tener consignas del enemigo común de nuestros
pueblos para estorbar toda la labor patriótica que se desarrolle en pro de los
pueblos de nuestra América Indo-Hispana, porque sólo así se puede explicar
tanto insulto y tanta calumnia de esos individuos contra personas a quienes, por
su sacrificio en las luchas humanitarias, merecen el respeto y consideraciones
de las colectividades conscientes” (Sandino, [1930] 1984b:133).
Con respecto a la influencia del marxismo en su organización, Sandino sostiene:
En distintas ocasiones se ha tratado de torcer este movimiento de defensa nacio-
nal, convirtiéndolo en una lucha de carácter más bien social. Yo me he opuesto con
todas mis fuerzas. Este movimiento es nacional y antimperialista. Mantenemos la
bandera de libertad para Nicaragua y para toda Hispanoamérica. Por lo demás, en
el terreno social, este movimiento es popular y preconizamos un sentido de avance
en las aspiraciones sociales. (…) Martí [Farabundo], el propagandista del comunis-
mo, vio que no podía vencer en su programa y se retiró (Sandino, [1933] 1984b:293).
En referencia a la valoración de la historia, es recurrente la apreciación
positiva con que comprende a los pueblos originarios americanos “Soy nica-
ragüense y me siento orgulloso porque en mis venas circula, más que todo, la
sangre india” (Sandino, [1927] 1984a:117).
8 Cfr. “Carta a José Hilario Chavarría” (Sandino, [1931] 1984b:174) y “Carta a Humberto Barahona”
(Sandino, [1933] 1984b:338).
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No obstante, la adhesión a la doctrina espiritualista lo lleva a alabar la
grandeza de España y su conquista:
España tiene un pasado glorioso. Allí, según la leyenda, está enterrada María
y Santiago, hermano de Jesús. Además, está dando al mundo ejemplos admira-
bles. El advenimiento de la República ha sido algo notable. Lo mismo la actitud
del rey que la del pueblo, y en cuanto a la colonización… ¡Mire usted! Yo veía
antes, hace tiempo, con protesta la obra colonizadora de España; pero hoy la
veo con profunda admiración. No es que esté usted delante. España nos dio su
lengua, su civilización y su sangre. Nosotros, más bien nos consideramos como
españoles indios de América (Sandino, [1933] 1984b:300).
Por otra parte, están las alusiones a hechos del pasado inmediato que se en-
tremezclan con su propia historia familiar “Mi propio padre fue encarcelado
porque protestó contra el tratado Bryan-Chamorro y porque se concedieron a
los Estados Unidos derechos navales y militares” (Sandino, [1928] 1984a:247).
De la misma forma, establece paralelismos entre su lucha por la liberación
de Nicaragua y el proyecto emancipador de George Washington. Igualmente,
expresa los deseos de recuperación del espíritu que animó a los líderes inde-
pendentistas del siglo XIX: “Si los gobiernos de las naciones que van a la cabeza
de la América Latina estuvieran presididos por un Simón Bolívar, un Benito
Juárez o un San Martín, otro sería nuestro destino” (Sandino, [1928] 1984a:227-
279). En sus misivas, Sandino alude a episodios marcados para la agresión
norteamericana, a la sangre derramada en México en 1847 y 1914 y en Nicara-
gua de 1909 hasta sus días “por la piratería yanqui” (Sandino, [1929] 1984a:407).
En cuanto al análisis de la formación económico-social en la cual se en-
cuentra inserta Nicaragua, el General de Niquinohomo pone de relieve la
dirección política que ejercen los sectores oligárquicos en connivencia con los
Estados Unidos (Sandino, [1926] 1984a:79) y que: “todo gobernante que surja
impuesto por un poder extraño, sólo representará y defenderá los intereses
ajenos, y nunca los colectivos de la Patria. El gobernante que sienta verdadero
amor por su país, debe despreciar con altivez toda propuesta humillante que
afecte la soberanía de la Nación” (Sandino, [1927] 1984:159).
Asimismo, examina las condiciones de trabajo y de vida de la población
nicaragüense:
El americano Alexander recompensa a sus mineros pagándoles, no con dinero
efectivo, sino con vales, desde un centavo hasta cinco pesos, que sólo son válidos
en el comisariato de Chas Butters a cambio de mercaderías a precios exorbitan-
tes, y que por fuerza tienen que ser aceptadas por los trabajadores (…) ¿Cómo
convertirá Chas Butters la sagrada deuda que tiene con el obrero que miserable,
semidesnudo y minado por el paludismo, no tiene con qué regresar al seno de su
hogar, porque todas sus economías las tiene convertidas en papeles que no valen
un céntimo fuera del lugar en que ha trabajado? (Sandino, [1927] 1984a:124-125).
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Para los obreros de la ciudad y el campo, ese contubernio entre el impe-
rialismo y la burguesía nativa expresa “una doble explotación” (Sandino,
[1930] 1984b:69) y se manifiesta en los intentos cotidianos de “destrucción del
movimiento revolucionario, las persecuciones de sus dirigentes, los encarce-
lamientos y los destierros” (Sandino, [1930] 1984b:69). Además, considera que
esta labor imperialista cuenta también con “directores sindicales comprados
con migajones ensopados con la sangre de los pueblos coloniales” (Sandi-
no, [1930] 1984b:69). De igual modo, Sandino afirma el carácter clasista de
su ejército y la defección de los intelectuales, principalmente de composición
burguesa: “Se compone de trabajadores y campesinos que aman a su país. Los
intelectuales nos han traicionado” (Sandino, [1928] 1984a:243).
También dará cuenta de la complicidad de los comerciantes con el gobierno
nicaragüense pro-estadounidense y con las tropas de ocupación a los cuales im-
pondrá contribuciones forzosas de forma terminante: “Esta jefatura Suprema
no es tan babosa para dar crédito a las cartas de esos renegados pidiendo cacao
y llorando pobrezas que no existen, porque a los machos y a los perros de la
Guardia Nacional los atienden como a príncipes” (Sandino, [1932] 1984b:215)9.
En otros pasajes se refiere a la producción que realiza el país, su carácter
dependiente y la proyección de colonizar la zona del río Coco: “Nicaragua
importa una cantidad de productos que no debe: cereales, grasas, hasta car-
ne, por la costa del Atlántico. Todo esto se puede producir allí. Por de pronto
haremos navegable el río; después a abrir terrenos de cultivo. Pero hay una
exuberancia vegetal increíble. Sólo el cacao silvestre les pone por de pronto
en condiciones de explotación económica” (Sandino, [1933] 1984b:294).
En el mismo escrito también sostiene que la tierra debe ser del Estado y
propone el desarrollo de un régimen cooperativista. Con estas medidas in-
tentaba favorecer a las poblaciones indígenas y afrodescendientes de la Costa
Atlántica nicaragüense que se encontraban, según Sandino, “completamente
abandonados. Son unos cien mil sin comunicaciones, sin escuelas, sin nada
del Gobierno. Es donde yo quiero llegar, con la colonización, para levantarlos
y hacerlos verdaderos hombres” (Sandino, [1933] 1984b:298).
Otro eje de análisis es la estrategia antiimperialista de Sandino la cual
adoptó la búsqueda de expresiones de apoyo y solidaridad con su causa. Sus
relaciones con la Liga Mundial contra el Imperialismo, el Comité Manos afue-
ra de Nicaragua y el PCM se encuadran en dicha estrategia. El planteo de la
necesidad de unir fuerzas contra el imperialismo de los Estados Unidos se
conjuga con una visión latinoamericanista e internacionalista de esa lucha.
Entre las expresiones de solidaridad que recoge, encontramos la del Primer
Congreso Antiimperialista de 1928 reunido en Frankfurt, el cual respaldó
plenamente a la lucha nicaragüense desplegada en las montañas.
Esa solidaridad se extendió al interior de la potencia agresora. En distintas
ciudades estadounidenses (Nueva York, Los Ángeles, Chicago y Detroit) surgie-
ron comités de ayuda a la causa sandinista y se realizaron mítines para reunir
fondos. En otros países latinoamericanos (Venezuela, Argentina y Costa Rica)
9 Cfr. “Manifiesto” (Sandino, [1931] 1984b:202).
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aparecen también comités antiimperialistas que respaldaron la lucha del pue-
blo nicaragüense. Entre mayo de 1929 y mayo de 1930, Sandino buscó apoyo en
México, donde estaban los principales comités de ayuda, pero no consiguió nada
concreto por parte del gobierno mexicano de Emilio Portes Gil. El llamamiento de
solidaridad que hace el General de Hombres Libres tiene como destinatario pri-
vilegiado a América Latina “Bien conocido es del mundo civilizado mi ferviente
deseo de que no solamente Centro América se unifique moral y materialmente
para su defensa del imperialismo yankee, sino también la América Latina Con-
tinental y Antillana” (Sandino, [1929] 1984a:319; Sandino, [1930] 1984b:25-26).
La lucha de Sandino se inicia en la Guerra Constitucionalista bajo el man-
do del general José María Moncada pero va continuar posteriormente con la
táctica de guerra de guerrillas contra los marines de los Estados Unidos. Es un
ejército que tiene soldados que proceden de distintos puntos de América Lati-
na, en donde se destacan principalmente los centroamericanos.
Las derrotas militares en que los marines se ven involucrados derivaron en
un cambio táctico de las fuerzas de ocupación. Éstas pasan a desempeñarse, a
partir de diciembre de 1928, luego de la batalla de Cuje, como “asesores técnicos”
de la Guardia Nacional, a la cual Sandino denunció (Sandino, [1933] 1984b:336).
No obstante, valora aquellas acciones en las que los guardias se sublevan y
enfrentan a los imperialistas y pueden observarse sus deseos de contribuir al
resquebrajamiento de este instrumento al servicio del imperialismo y la cla-
se dominante local (Sandino, [1932] 1984b:220-221).
En contraposición, Sandino afirma el carácter popular de sus soldados y su
lucha. En este sentido, es constante su apelación principalmente a obreros, arte-
sanos, campesinos e indígenas, a quiénes están dirigidos los objetivos de la lucha
y muy secundariamente a la intelectualidad, los estudiantes y la juventud10.
Pero, sobre todo, debe destacarse que su lucha de liberación es una pelea a
muerte, en donde o se consigue la libertad efectiva de la patria o la lucha no
cesará: “Patria y Libertad. Estas palabras encarnan mi ideal de espiritualidad,
y no habrá oro en el mundo que me haga quebrantarlas” (Sandino, [1927]
1984a:205). Más adelante, sostiene: “Vencer o morir, es el lema de los Defenso-
res de la Soberanía Nacional. Nada de temores ni reflexiones; si sucumbimos en
la lucha por nuestra libertad, nuestros cuerpos caerán de cara al sol y nuestra
sangre mártir vivificará el corazón de los verdaderos patriotas nicaragüenses
que sigan nuestro ejemplo” (Sandino, [1927] 1984a:205). Esa pelea por la liber-
tad nicaragüense no se reduce al carácter estrictamente nacional, sino que es
“la gran Causa de la Libertad de Centro América” (Sandino, [1928] 1984a:232).
Pero no es solamente una ofensiva de carácter netamente militar la que
desarrolla contra las fuerzas que se le oponen; la confiscación de los bienes
norteamericanos y los de los comerciantes que los apoyan son acciones que
complementan los combates (Sandino, [1928] 1984a:221).
10 Sobre el llamamiento a los intelectuales, los estudiantes y a la juventud, véase: “Carta a Froylán
Turcios” (Sandino, [1927] 1984a:152); “Carta a Pedro José Zepeda” (Sandino, [1930] 1984b:14); “Víctor
Manuel Palomo” (Sandino, [1930] 1984b:80). Cfr. “Carta a Berta Munguía” (Sandino, [1927] 1984a:167-
168); “Carta al General Pedro Altamirano” (Sandino, [1931] 1984b:166); “Carta a José Idiáquez”
(Sandino, [1931] 1984b:173); “Carta a Gustavo Alemán Bolaños” (Sandino, [1931] 1984b:189).
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Dado que el enfrentamiento con el imperialismo se expresa en todos los
planos (político, militar y económico), Sandino no olvida que los militares esta-
dounidenses están en Centroamérica para defender los intereses económicos de
su país. Así, protesta contra la inversión de capitales que solamente siguen esos
objetivos (Sandino, [1929] 1984a:302). Al mismo tiempo, plantea la necesidad de
que “nuestros gobernantes no se presten a ser manejados como muñecos por los
banqueros de Norte América” (Sandino, [1929] 1984a:317) o sean “el instrumen-
to de los banqueros de Wall Street en Nicaragua” (Sandino, [1929] 1984a:325).
En cuanto a sus aspiraciones políticas, Sandino se coloca a sí mismo al
margen de las disputas. Su deseo de conquistar y consolidar la libertad de
Nicaragua lo lleva a mostrarse como un individuo que no ambiciona cargos
públicos (Sandino, [1928] 1984a:237).
Para posicionarse contra el enemigo común, promueve la conformación de
una unidad de fuerzas y clases sociales, manteniéndose a distancia de las orga-
nizaciones marxistas: “Ni extrema derecha ni extrema izquierda, sino Frente
Único, es nuestro lema. Siendo así, no resulta ilógico que en nuestra lucha pro-
curamos la cooperación de todas las clases sociales, sin clasificaciones “istas””
(Sandino, [1929] 1984a:389). Posición que puede ser matizada, en algún grado,
y que presentó variaciones con el propio devenir de la lucha antiimperialis-
ta, si se observa la constante apelación a los obreros, artesanos y campesinos
y su política de confiscación a la burguesía y las compañías estadounidenses.
Frente a las elecciones presidenciales organizadas a partir de varios acuer-
dos políticos entre conservadores y liberales en 1932 –con supervisión nor-
teamericana–, Sandino se propone impedir “por la fuerza del derecho y las
armas cualquier farsa eleccionaria que con supervigilancia extraña quiera
repetirse en Nicaragua” (Sandino, [1932] 1984b:223). Como las elecciones fi-
nalmente se realizaron, propone el desconocimiento del gobierno que de allí
surgió (Sandino, [1932] 1984b:260)11.
No obstante, con posterioridad a las elecciones comenzaron las tratativas
para un “entendimiento patriótico” (Sandino, [1932] 1984b:264) lográndose
firmar la paz el 2 de febrero de 1933 entre el gobierno de Juan Bautista Sacasa
y el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua.
Luego de los acuerdos de paz, Sandino correspondió las aspiraciones de
diversas agrupaciones “deseosas de organizarse en un nuevo partido denomi-
nado Autonomista” (Sandino, [1933] 1984b:335) y promovió la elaboración de
una Constitución (Sandino, [1933] 1984b:340). Sin embargo, este proyecto no se
concreta y Sandino se coloca a sí mismo y al sandinismo como reserva de “auto-
ridad moral, para ser factores decisivos en los destinos de la nación” (Sandino,
11 Ante el inminente retiro de las tropas estadounidenses de territorio nicaragüense, representantes
de los Partidos Liberal y Conservador negociaron a fin de buscar una salida al conflicto. De esta mane-
ra, “acordaron incluir en la Constitución Política el principio de representación política de la minoría,
lo que garantizaba una cuota de cargos gubernamentales al partido que resultara derrotado de las
elecciones. Asimismo, se estableció que el candidato presidencial perdedor pasaría a ocupar auto-
máticamente la presidencia del Senado” (Kinloch Tijerino, 2008:251). Los candidatos presidenciales
–Juan Bautista Sacasa, por el Partido Liberal, y Adolfo Díaz, por el Partido Conservador– acordaron
enviar una comitiva para que negociara la paz con Sandino después de las elecciones. Finalmente,
Sacasa fue electo presidente y asumió su cargo el 1 de enero de 1933.
40
[1933] 1984b:356). Una autoridad que el sandinismo mantendría luego de los
asesinatos del 21 de febrero de 1934, por orden de Anastasio Somoza, Jefe de
la Guardia Nacional, en los que fueron ultimados el coronel Sócrates Sandino
y los generales Francisco Estrada, Juan Pablo Umanzor y Augusto C. Sandino.
CARLOS FONSECA: SANDINISMO, SOCIALISMO Y ANTIIMPERIALISMO
Con posterioridad al triunfo de la Revolución Nicaragüense el 19 de julio de
1979, se compilaron una serie de documentos escritos por Carlos Fonseca
Amador12 así como numerosos artículos sobre quien era considerado el héroe
máximo de la revolución.
La biografía política e intelectual de Fonseca da cuenta de la búsqueda –a tra-
vés de la acción y el pensamiento– de la ligazón de las luchas antiimperialistas
y revolucionarias de las décadas de 1950, 1960 y 1970, con las luchas encabeza-
das por Sandino en los años veinte y treinta del siglo XX. En esa búsqueda, se
impone la necesidad de contar con una fuerza política que pueda derrotar la
dictadura somocista. Fonseca, entonces, se vincula a distintas organizaciones
antes de fundar el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)13. Estas
fuerzas a las que adhirió en cortos pasajes de su vida y que no satisficieron
sus inquietudes democráticas y revolucionarias fueron la Unión Nacional de
Acción Popular, el Partido Socialista Nicaragüense (PSN)14, el Partido Liberal
Independiente, el Partido Movilización Republicana, Juventud Democrática Ni-
caragüense, el Frente Interno de Resistencia (FIR) y el Frente Unido Nicaragüense.
Fonseca tuvo, ya en su vinculación a la vida universitaria, conocimiento del
pensamiento marxista y de las experiencias sociales, económicas, culturales y
políticas de los denominados países socialistas. No obstante, en sus distintos escri-
tos, su identificación con el marxismo tendrá un carácter oscilante. En ocasiones,
esto puede deberse al ocultamiento necesario que necesitaba una organización
revolucionaria conspirativa o a un posicionamiento táctico frente a la opinión
pública, pero también a diferentes grados de adhesión a lo largo de su vida.
En 1957, cuando contaba con veinte años, Carlos Fonseca viajó a la Unión
de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y participó del Sexto Festival
de la Juventud y los Estudiantes por la Paz y la Amistad en Moscú, el Cuar-
12 Dicha obra, recopilada por el Instituto de Estudios del Sandinismo, está dividida en dos tomos: el
tomo I recibe el título de “Bajo la Bandera del Sandinismo” y el tomo II “Viva Sandino” (Fonseca, 1985).
13 No obstante, hay que destacar que los orígenes del FSLN presentan controversias. Por ejemplo, el
investigador holandés Dirk Kruijt (2009) señala que Edén Pastora también fue fundador del Frente.
Al respecto, Edén Pastora dice que “el Frente Sandinista es fruto de un proceso de unidad y alianza
entre el Frente de Liberación Nacional y el Frente Revolucionario Sandino, entonces yo en el Fren-
te Revolucionario Sandino, como delegado, como negociador del Frente, impuse que se llevara el
sello sandinista y la bandera sandinista, en una conversación con Carlos Fonseca Amador, en la des-
embocadura del río Guineo, afluente del río Patuca de Honduras, y así fue como tres años después
Carlos organizó el Frente Sandinista de Liberación Nacional con el vestigio de todos los movimientos
armados que habíamos quedado. (...) Puedo decir desde el inicio que soy uno de los fundadores o co-fun-
dadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional” (Edén Pastora, 20 de julio de 2012, Managua).
14 El Partido Socialista Nicaragüense era el nombre que el Partido Comunista de Nicaragua recibía
en aquel país.
41
to Congreso Mundial de la Juventud en Kiev y del Cuarto Congreso Sindical
Mundial celebrado en Leipzig, Alemania Oriental. La experiencia le permi-
tió tener una panorámica de la situación política internacional y de distintos
pueblos, a la vez que adoptar en su obra un tono de admiración hacia la po-
lítica soviética. En “Un nicaragüense en Moscú” (1958), Fonseca deambula
entre una enorme cantidad de tópicos: reivindica que “la propiedad privada
tiene que desempeñar un papel de primera importancia en el progreso de
nuestro país” (Fonseca, [1958] 1985a:32), afirma que desea “contribuir a la co-
existencia pacífica de las grandes potencias con diferentes sistemas sociales”
(Fonseca, [1958] 1985a:32), observa el reconocimiento del pueblo ruso para las
figuras de Lenin y Stalin (Fonseca, [1958] 1985a:58), exalta la figura de Niki-
ta Jruschov (Fonseca, [1958] 1985a:57 y 65) y destaca el desarrollo tecnológico
y militar soviético expresado en los Sputniks (Fonseca, [1958] 1985a:45-48)15.
Un lugar destacado dedica a retratar la igualdad que han alcanzado las
mujeres con respecto a los hombres en la Unión Soviética “las mujeres pue-
den trabajar en las mismas profesiones de los hombres ganando igual salario
que ellos” (Fonseca, [1958] 1985a:51 y 54). Y agrega: “La prostitución está to-
talmente abolida. Ya la mujer en ese país desempeña un papel sumamente
importante. Ella tiene acceso a todas las profesiones tanto intelectuales como
manuales. Mujeres son el 80 por ciento de los médicos que hay en todo el país.
Y muchachas son el 52 por ciento de las personas que estudian en la universi-
dad” (Fonseca, [1958] 1985a:51 y 54).
Además, da cuenta del desarrollo económico de la URSS. Así, analiza la
combinación adoptada entre industria pesada e industria liviana y la propie-
dad agrícola de las cooperativas koljosianas y la de los sovjós (Fonseca, [1985]
1985a:53 y 64)
Luego del viaje a la URSS, Carlos Fonseca es arrestado e interrogado por la
Guardia Nacional. En esa ocasión, Fonseca relativiza su adhesión al comunis-
mo declarando, entre otras cosas que:
no odio las ideas comunistas, estoy de acuerdo con la filosofía marxista. No
creo que sea posible en las actuales condiciones históricas de Nicaragua la rea-
lización de una sociedad socialista o comunista (…) creo que los problemas
nacionales se podrían resolver mediante un régimen que facilite el desarrollo
económico y que permita que las condiciones económicas de Nicaragua ac-
tualmente semifeudales y semicoloniales, se transformen en un capitalismo
nacional, independiente, lo cual permitiría que la producción de Nicaragua se
oriente hacia las necesidades internas del país, y no como sucede actualmente
en que la producción de Nicaragua no tiene por objeto principal las satisfaccio-
nes de las necesidades nacionales (Fonseca, [1957] 1985a:242).
15 Una conversación que dotará a Fonseca de confianza en las intenciones soviéticas se transcribe
en la voz de un intérprete que le dice “Usted amigo, Carlos, puede ver claramente que el triunfo del
comunismo en todos los países del mundo no puede significar la dominación de la Unión Soviética”
(Fonseca, [1958] 1985a:46).
42
Nótese que Fonseca comulga en aquel momento con la idea de que en Nicara-
gua aún no están dadas las condiciones para la revolución socialista, lo cual
está próximo a las nociones de revolución por etapas y de frente único, tesis
proclamada por los partidos comunistas pro soviéticos, y temas de debate en
la izquierda marxista de aquellos años.
A partir de los documentos de 1960, y después de haber visitado Cuba, pue-
de observarse una referencia clara a la figura de Sandino, aunque también
aparecen mencionados Simón Bolívar, el independentista cubano Antonio
Maceo y Fidel Castro: “En estos momentos la juventud nicaragüense funde
sus anhelos en el lema glorioso de Augusto César Sandino: Libertad o muerte”
(Mayorga y Fonseca en: Fonseca, [1961] 1985a:114).16
En 1964, elabora la proclama “Desde la cárcel yo acuso a la dictadura”, en la
que vuelve a marcar distancias con el marxismo: “yo no soy marxista-leninis-
ta, y esto no es de ahora. La clandestinidad y la persecución me han impedido
salirle al paso a una serie de infundios” (Fonseca, [1964] 1985a:308-309).
A partir de 1968, sin olvidar la permanente referencia a Sandino, comien-
zan las referencias a Carlos Marx, al sacerdote colombiano Camilo Torres
“quien heroicamente expuso y entregó su vida empuñando el fusil guerrille-
ro al lado de los defensores de los explotados” (Fonseca, [1968] 1985a:141), a
Ernesto “Che” Guevara, del cual se destacan los aportes a la lucha revoluciona-
ria de su obra Guerra de guerrillas: Un método (Fonseca, [1968] 1985a:132-135
y 147)17, al revolucionario marxista salvadoreño Agustín Farabundo Martí
(Fonseca, [1968] 1985a:142) y al revolucionario socialista vietnamita Ho Chi
Minh (Fonseca, [1969] 1985a:331-332). De igual manera, se hacen menciones a
los guerrilleros latinoamericanos cuyas caídas precedieron a la de Guevara: el
peruano Luis de la Puente Uceda, el venezolano Fabricio Ojeda y el guatemal-
teco Luis Turcios Lima (Fonseca, [1981] 1985a:207). Asimismo, se mantienen
las referencias a líderes populares de diversa extracción ideológica, princi-
palmente latinoamericanos: los mexicanos Emiliano Zapata y Francisco Villa,
los cubanos Carlos Manuel Céspedes y José Martí, el hondureño Francisco
Morazán, los costarricenses Juan Rafael Mora y Juan Santamaría, y el nicara-
güense Andrés Castro (Fonseca, [1981] 1985a:203).18
La reivindicación de la Revolución Cubana y su carácter inspirador para
los pueblos latinoamericanos es aludida de forma permanente.19 En este sen-
tido, el triunfo de la revolución en Cuba va a marcar un antes y un después en
el pensamiento de Fonseca.
16 Cfr. “La lucha por la transformación de Nicaragua” (Fonseca, [1960] 1985a:119); “Notas sobre la
montaña y algunos otros temas” (Fonseca, [1981] 1985s:203); “Viva Sandino” (Fonseca, 1985b:21).
17 Véase: “Notas sobre la montaña y algunos otros temas” (Fonseca, [1981] 1985a:203); “Juramos co-
brar implacable venganza por la sangre de Julio Buitrago, Marcos Rivera, Aníbal Castrillo y Alesio
Blandón” (Fonseca, [1969] 1985a:329-330); “Viva Sandino” (Fonseca, 1985b:21).
18 Cfr. “Carta a los padres del Héroe Sandinista Francisco Moreno (1967)” (Fonseca, [1967] 1985a:226);
“Entrevista, 1970” (Fonseca, [1970] 1985a:274); “Yanqui Johnson: en Nicaragua nació y luchó Augusto
C. Sandino” (Fonseca, [1968] 1985a:323); “Viva Sandino”, (Fonseca, 1985a:28 y 31).
19 Véase: “Breve análisis de la lucha popular nicaragüense contra la dictadura de Somoza” (Mayorga
y Fonseca en: Fonseca, [1961] 1985a:106); “Nicaragua Hora Cero” (Fonseca, [1969] 1985a:159).
43
Otro proceso que será un punto de referencia será el Vietnam indomable20.
Este acontecimiento lleva a aumentar la confianza en las posibilidades de
triunfo de la lucha en la montaña, considerando “que pese a la convicción de
que algún día vencerían los vietnamitas, la victoria de 1975 no dejó de ser sor-
prendente” (Fonseca, [1981] 1985a:208).
La valoración histórica que se otorga a la historia nicaragüense, si bien tie-
ne puntos coincidentes con Augusto C. Sandino, posee al menos un aspecto
que contradice esta visión. Fonseca coloca a Nicaragua en un devenir his-
tórico signado por la agresión por parte de las potencias que se inicia con
la conquista española: “La tierra nicaragüense es presa, desde los primeros
tiempos de la conquista, de colonizadores españoles de la peor calaña” (Fonse-
ca, 1985b:24). Es decir, no matiza la conquista en términos de aporte cultural
y traza una continuidad histórica entre las intromisiones de España, Inglate-
rra y Estados Unidos (Fonseca, [1969] 1985a:152)21.
Precisamente, de estas intromisiones se deriva una abundante experiencia
de lucha antiimperialista con sus “ejemplos tanto en lo negativo como en lo po-
sitivo” (Fonseca, [1981] 1985a:177). En este sentido, Fonseca subraya la línea de
continuidad que existe entre la lucha de Sandino y la del FSLN y la necesidad de
estudiar las experiencias que los han precedido. Además, rastrea como ante-
cedente de la lucha de Sandino y la participación guerrillera de campesinos de
origen indígena a la llamada “guerra de los indios” de 1881 (Fonseca, 1985b:34).
El análisis de la formación económico-social nicaragüense que realiza
Fonseca se entronca predominantemente –aún con ciertas limitaciones y con
desigual intensidad a lo largo de su vida– con el plano conceptual y metodo-
lógico del marxismo. Para Fonseca, Nicaragua sufre “una de esas dictaduras
típicas de los países oprimidos de América Latina, con régimen económico
semifeudal y semicolonial. (…) El principal instrumento que sirve a la dicta-
dura para su sostenimiento es la Guardia Nacional, o sea las fuerzas armadas”
(Mayorga y Fonseca en: Fonseca, [1961] 1985a:99).
Vale señalar que, más allá de su alusión, no desarrolla extensamente y con
claridad cuáles son las condiciones que hacen de Nicaragua un país “semi-
feudal”; no obstante, las apreciaciones que realiza en sus escritos muestran,
a través de ejemplos, la esencia de esta situación (Fonseca, [1970] 1985a:340).
Esa dictadura ha servido a los Estados Unidos como centro de operaciones
en Centroamérica y el Caribe contribuyendo, entre otros procesos, a la caída
de Jacobo Árbenz, a las agresiones a la República de Cuba, a la invasión de San-
to Domingo en la década de 1960 y a amenazar a los gobiernos que reclaman
a los monopolios norteamericanos por lesiones a los intereses nacionales (Ma-
yorga y Fonseca en: Fonseca, [1961] 1985a:100; Fonseca, [1969] 1985a:154-155).
Pero también el carácter dependiente del imperialismo se expresa en Ni-
caragua en su estructura económica y en sus condiciones sociales (Mayorga
20 Véase: “Mensaje del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, a los estudiantes revoluciona-
rios” (Fonseca, [1968] 1985a:147); “Nicaragua Hora Cero” (Fonseca, [1969] 1985a:169).
21 Véase sobre la repetición de actos agresivos a los intereses nicaragüenses: “Mensaje al pueblo de
Nicaragua” (Fonseca, [1970] 1985a:337); “Viva Sandino” (Fonseca, 1985b:28-29).
44
y Fonseca en: Fonseca, [1961] 1985a:101)22. En ese marco, las propuestas de
reformas impulsadas por el régimen somocista no son más que maniobras
tendientes a desviar la atención y consolidar los intereses imperialistas en el
país. Así, Fonseca llama la atención sobre los distintos mecanismos que uti-
liza el imperialismo a través del sistema universitario y los intelectuales y
científicos que adhieren a ese tipo de propuestas (Fonseca, [1968] 1985a:136).
En cuanto al plano táctico-estratégico, reaparece en Fonseca la perspectiva
de constituir un Frente Único tal como proponía formar Augusto Sandino con-
tra los agentes del imperialismo que actúan en Nicaragua. En un documento,
cuya autoría Fonseca comparte con Mayorga, se evalúa el fracaso de las al-
ternativas electorales de recambio y se afirma la necesidad de instrumentar
este tipo de táctica bajo los métodos de lucha armada (Mayorga y Fonseca en:
Fonseca, [1961] 1985a:112-113).
Pero se prevé que la lucha contra la dictadura será prolongada “hasta lograr
el control político de todo el país” y la necesidad de complementar con la adap-
tación de otros métodos –como la huelga general– con el objetivo de liquidar
“toda maniobra tendente a mediatizar la revolución y permitirá que el poder
sea asumido por el Ejército Revolucionario” (Mayorga y Fonseca en: Fonseca,
1985a:112-113). Pueden aprovecharse, además, otras formas de lucha auxilia-
res a la lucha guerrillera en el campo: la utilización de mecanismos legales
“siendo leales a los principios revolucionarios, manteniendo la distancia con
los oportunistas y los traidores” (Fonseca, [1960] 1985a:119) y diversas activida-
des clandestinas (mítines relámpagos, pinta de paredes, volanteadas, radios).
Conjuntamente al llamamiento de obreros y campesinos a la lucha revolu-
cionaria (Fonseca, [1968] 1985a:327), Fonseca convoca a:
Los estudiantes revolucionarios, estudiantes de conciencia proletaria, deben
vincularse a la clase obrera y a la clase campesina. Esta vinculación debe incluir
la investigación minuciosa de los problemas que padecen estos sectores. Se
hace preciso que el estudiante revolucionario acuda a la fábrica y al barrio, a la
comarca y al latifundio. La investigación es primordial para proceder a la movili-
zación de las masas populares contra sus enemigos” (Fonseca, [1968] 1985a:135).
El llamado a los estudiantes se relaciona con la perspectiva de extender la
revolución a las ciudades y a lo largo y a lo ancho de todo el territorio nicara-
güense. De allí, la evaluación de que en el estudiantado de enseñanza media:
la procedencia de los sectores populares explotados es mucho mayor que entre los
estudiantes universitarios. Forman inmensa mayoría los estudiantes de secunda-
ria que se ven obligados por los obstáculos económicos a abandonar los estudios.
(…) los estudiantes de secundaria constituyen la vasta mayoría de los estudiantes
del país, lo que lógicamente les da una mayor importancia. (…) Estas condiciones
permiten que sus acciones tengan repercusión en una amplia proporción del te-
rritorio y de la población del país (Fonseca, [1968] 1985a:145).
22 Cfr. “La lucha por la transformación de Nicaragua” (Fonseca, [1960] 1985a:116); “Nicaragua Hora Cero”
(Fonseca, 1985a:150). Véase también las referencias a la minera Gold Mining Company, “Desde la cárcel yo
acuso a la dictadura” (Fonseca, [1969] 1985a:307); “Yanqui Johnson: en Nicaragua nació y luchó Augusto
C. Sandino” (Fonseca, [1968] 1985a:322); “Mensaje al pueblo de Nicaragua” (Fonseca [1970] 1985a:340).
45
El papel asignado a “la acción de las mayorías populares movilizadas” se
desprende, en parte, como lección obtenida luego del atentado realizado por Ri-
goberto López Pérez contra Anastasio Somoza García en 1956. Fonseca sostiene:
“se tiene que admitir que el heroísmo individual no logró extirpar la dictadura,
ya que se produjo una sustitución dinástica al ocupar la jefatura del estado Luis
Somoza, hijo mayor del ajusticiado” (Mayorga y Fonseca en: Fonseca, [1961]
1985a:105). No obstante, este atentado es valorado como un significativo antece-
dente del desarrollo revolucionario de una nueva generación de nicaragüenses.
Asimismo, ese protagonismo del pueblo, de la “masa mayoritaria”, es pues-
to en la perspectiva de una transformación social que, en principio, no se
define expresamente con el socialismo pero que puede ser intuida si se con-
sidera que el planteo realizado sostiene que: “se realice una revolución que,
por decirlo, invierta y vuelva al revés todos los órdenes de la vida de Nicara-
gua. De tal manera que los dominadores se conviertan en dominados y los
dominados en dominadores” (Fonseca, [1960] 1985a:116). Como parte de una
táctica de unidad de las fuerzas antisomocistas afirma también: “Hay que
estar claro de que no se precisa sustentar determinada ideología, filosofía o
creencia para ser partidario de la transformación radical del sistema econó-
mico y político que impera en Nicaragua” (Fonseca, [1960] 1985a:125).
Años después, en 1968, los términos de transformación de la sociedad
nicaragüense eran expresados “a favor de un cambio radical del sistema capi-
talista, sistema de explotación y opresión, que domina el suelo de Nicaragua
y de casi toda América Latina” (Fonseca, [1968] 1985a:129). También se apar-
ta de la adhesión a la coexistencia pacífica expresada once años atrás: “Tal
política oportunista, de renuncia a la lucha armada para conquistar el po-
der, acaparó la dirección del movimiento revolucionario durante decenios y
le imprimió métodos de trabajo pacifiqueros” (Fonseca, [1960] 1985a:130). Y
la adhesión al marxismo se hace expresa: “Ya es hora de que la mente de
los revolucionarios nicaragüenses comparta el ideal marxista de la libera-
ción proletaria” (Fonseca, [1968] 1985a:141). Pero, aclara, dentro del marco
del respeto a las creencias religiosas de la población nicaragüense. Esta evo-
lución del pensamiento marxista en Fonseca es también la del FSLN: “Esta
desviación de la táctica se expresó también en la ideología que adoptaba el
Frente Sandinista. Aunque se levantaba una bandera antimperialista y de
emancipación de las clases explotadas, se vaciló en presentar una ideología
claramente marxista-leninista. A esta vacilación contribuyó la actitud que el
sector marxista-leninista tradicional había sostenido en la lucha popular ni-
caragüense” (Fonseca, [1969] 1985a:161-162).
De este posicionamiento, se deriva la adopción del “centralismo democráti-
co” como principio organizativo (Fonseca, 1985a:184) y una identificación con
el socialismo no carente “de un enfoque crítico ante las experiencias socialis-
tas” (Fonseca, [1969] 1985a:333).
Para conformar el ejército de liberación, y dadas las condiciones socioe-
conómicas de Nicaragua, Fonseca afirma que la base popular principal “la
constituyen los campesinos, por lo cual en esencia nuestra guerra tiene que
46
ser una guerra agraria, una guerra por el rescate a favor de los campesinos
medios y pobres de las tierras que los grandes hacendados les han arrebatado
con maña y fuerza” (Fonseca, [1960] 1985a:118).
A su vez, se distinguen dos fases de la estrategia militar revolucionaria:
la fase defensiva estratégica y la ofensiva estratégica: “La primera fase es la
defensiva estratégica, esto quiere decir que, en la primera fase, dada la debi-
lidad material de las fuerzas revolucionarias, no puede existir el propósito de
lograr la victoria definitiva, sino solamente el de defender lo que se tiene y
alcanzar algún progreso limitado. (…) La segunda fase es la ofensiva estraté-
gica y se propone el tener la fuerza material y moral suficiente para derrotar
definitivamente a la dictadura” (Fonseca, [1960] 1985a:120-121).
Nuevamente, se alude a la necesidad de ganar a las masas populares para al-
canzar el triunfo revolucionario, apelando a la dialéctica para la comprensión
del desarrollo de los procesos: “las masas populares sin fusil son derrotadas, así
como derrotado es el fusil sin masas. El camino de la victoria tiene que ser un
fortalecimiento paralelo de lucha de masas y lucha de fusil. (…) lograr que lucha
de masas y lucha armada sigan un curso dialéctico” (Fonseca, [1968] 1985a:144).
Otra distinción que realiza Fonseca es entre guerrilla regular y guerrilla
irregular, las cuales deben ser organizadas paralelamente a fin de mejorar la
organización de los campesinos nicaragüenses. En este sentido, la observa-
ción parte de la propia experiencia de la guerrilla rural en el país:
se ha venido a saber que algunos de los campesinos que desertaron de la guerrilla,
una vez que llegaron a sus comarcas, tomaron parte en asaltos armados a comisa-
riatos o establecimientos comerciales rurales, lo mismo que en el ajusticiamiento
de algunos conocidos delatores. Esto indica que algunos de los campesinos que se
desmoralizaron, en buena medida sufrieron esa crisis porque no estaban orga-
nizados de la manera más apropiada, que probablemente hubiera sido la de una
guerrilla irregular en lugar de una guerrilla regular (Fonseca, [1969] 1985a:164).
Con el objetivo de obtener mayor información sobre el enemigo, Fonseca se
inclina hacia la toma de rehenes de los representantes máximos de grupos
económicos oligárquicos. “Se trataría de obtener información, con tales pri-
sioneros, acerca de las ganancias que obtienen bajo el sistema, acerca de sus
vínculos con el tirano y con el imperialismo, y poder hacer las denuncias del
caso” (Fonseca, [1981] 1985a:192).
En el plano de la solidaridad internacional, Fonseca plantea que “nuestra
organización puede sostener con discreción desde ya relaciones con los países
socialistas” (Fonseca, [1981] 1985a:194). Pero esas relaciones deben realizarse
en un marco de amplitud buscando ganar la mayor corriente de apoyo po-
sible en el combate antidictatorial: “es conveniente que no reduzcamos los
contactos a la relación con sólo determinado sector político, sino multiplicar
tales contactos, en la medida que lo permite la casi unanimidad en el repudio
a Somoza” (Fonseca, [1981] 1985a:194-195). Asimismo, la lucha antiimperialis-
47
ta y de liberación nacional permite manifestar la solidaridad con los pueblos
latinoamericanos y denunciar la falsa integración que promueven los gobier-
nos cómplices del imperialismo (Fonseca, [1969] 1985a:326).
Un tema importante a destacar es que, si bien Fonseca formó parte en sus
primeros años de militancia del Partido Socialista Nicaragüense y en los escri-
tos de su juventud manifiesta, como señaláramos, admiración hacia la URSS y
oscilación frente al marxismo y la lucha armada, progresivamente, ello va a ir
cambiando. Además, como hemos podido observar, la Revolución Cubana im-
pactó en las ideas y concepciones de Carlos Fonseca sintiendo gran admiración
por Ernesto Guevara. En este sentido, Fonseca va a ir alejándose del PSN –que
se oponía a la lucha armada y proponía la vía democrática para luchar contra
la dictadura sin remover las relaciones de clase– denunciando a este partido
de “politiqueros disfrazados de marxistas” (Fonseca, [1968] 1985a:141). Así,
es un escrito de 1968 dirigido a los estudiantes universitarios, Carlos Fonse-
ca se expresa de la siguiente manera: “El sacrificio de Ernesto Che Guevara,
identificado con los ideales marxistas, ha venido a enseñar que la época de
los conformistas que se disfrazaban de marxistas pertenece al pasado. El
marxismo ya es la ideología de los más ardientes defensores del hombre lati-
noamericano. Ya es hora de que la mente de los revolucionarios nicaragüenses
comparta el ideal marxista de liberación proletaria” (Fonseca, [1968] 1985a:141).
Al respecto, la investigadora Matilde Zimmermann señala que durante la
década de 1960 varios estudiantes centroamericanos –incluidos nicaragüen-
ses– estudiaban en la Universidad Patricio Lumumba de Moscú. Sin embargo,
dice Zimmermann, los jóvenes estaban divididos en dos facciones:
Aquellos que respaldaban las guerrillas de Nicaragua y Guatemala y criticaban
muchos de los aspectos de la política exterior soviética; y quienes continuaban
respaldando a los partidos comunistas pro-Moscú. En octubre de 1967 el grupo
pro-guerrilla trató de organizar una asamblea en la universidad para protes-
tar por el asesinato del Che Guevara, la cual fue dividida por los estudiantes
comunistas ortodoxos de Argentina y Venezuela. (…) Muy poco después, los estu-
diantes pro-FSLN, que aun no habían regresado a Nicaragua, fueron expulsados
de la Unión Soviética (Zimmermann, 2003:136-137).
Jacinto Suárez, diputado del FSLN y ex embajador nicaragüense en Moscú du-
rante la década de 1980, dice en una entrevista a Matilde Zimmermann que
entre los años 1970 y 1973 los cubanos se negaron a brindar entrenamiento
militar a los nicaragüenses. Fue el único momento en veinte años que eso
sucedió (Zimmermann, 2003:136-137). Estos hechos coinciden con uno de los
picos más altos de la influencia soviética sobre Cuba –que también se expresó
en la suspensión de cursos sobre Ernesto Guevara y el retiro de sus escritos
de las bibliotecas cubanas– y con el triunfo de Salvador Allende como presi-
dente de Chile, en 1970, que parecía venir probar que la vía al socialismo de
manera pacífica era posible (Zimmermann, 2003:194).
48
CONSIDERACIONES FINALES
En el presente escrito hemos realizado un recorrido por el pensamiento Au-
gusto C. Sandino y Carlos Fonseca Amador a partir de varios documentos
redactados por ambos revolucionarios. De este modo, hicimos un análisis que
enfatizó en sus reflexiones sobre el imperialismo pero que también incluyó
otros ejes temáticos. Así, de Sandino y Fonseca hemos analizado algunas de
las fuentes filosóficas y políticas a las que apelan, la valoración que establecen
de la historia nicaragüense, centroamericana y del resto de América Latina
y sus análisis sobre la formación económica-social en la que están inmersos.
De esta manera, observase que además de haber actuado en diferentes mo-
mentos, Sandino y Fonseca presentan pensamientos disímiles, aunque que
convergen en algunos puntos. En el caso de Sandino, este exhibe un ideario
antimperialista y de unidad latinoamericana (la idea de alianza o federación
con otras naciones); si bien valora positivamente a las poblaciones indígenas
del continente y a los líderes y luchas de independencia, admira a España
rescatando lo que considera sus aportes culturales. Además, presenta un en-
foque político-militar impregnado de una perspectiva religiosa.
Asimismo, y a diferencia del Fonseca de los avanzados años ‘60, Sandi-
no critica al marxismo, aunque para posicionarse contra el enemigo común,
promueve la conformación de una unidad de fuerzas y clases sociales, man-
teniéndose a distancia de las organizaciones marxistas. No obstante, Sandino
hace una constante apelación a obreros, artesanos, campesinos e indígenas, a
quiénes están dirigidos los objetivos de la lucha, y muy secundariamente a la
intelectualidad, los estudiantes y la juventud.
En términos de la formación económico-social en la cual se encuentra in-
serta Nicaragua, el General de Niquinohomo resalta la dirección política que
ejercen los sectores oligárquicos en connivencia con los Estados Unidos, la ex-
plotación que sufren obreros y campesinos y reconoce el valor productivo de
la Costa Atlántica, así como de sus habitantes.
En el caso de Fonseca apreciamos a lo largo de sus escritos una identifica-
ción con el marxismo de carácter oscilante, aproximándose, inclusive, a la
tesis de la revolución por etapas. Igualmente, después del triunfo de la revolu-
ción cubana y tras haber estado en Cuba comienza a percibirse que Fonseca
hace referencia a la figura de Sandino, y otros líderes revolucionarios: Simón
Bolívar, Antonio Maceo y Fidel Castro.
Ahora bien, la clara adopción del marxismo por parte de Carlos Fonseca se
da a partir de 1968, cuando comienza a citar a Carlos Marx, al sacerdote co-
lombiano Camilo Torres, a Ernesto “Che” Guevara, a Farabundo Martí, a Ho
Chi Minh. No obstante, no deja de rescatar a otros guerrilleros latinoameri-
canos o líderes populares de diversa extracción ideológica, principalmente
latinoamericanos. Igualmente, después de 1968, Fonseca también expresa
los términos de transformación de la sociedad nicaragüense a favor de un
cambio radical del sistema capitalista, la construcción del socialismo, apar-
tándose de la adhesión a la coexistencia pacífica expresada años atrás. De
49
este modo, observase que tanto la Revolución Cubana como Vietnam tuvieron
gran impacto en el pensamiento de Fonseca.
Por otra parte, Fonseca, a diferencia de Sandino, no admira a España y co-
loca a Nicaragua en un devenir histórico signado por la agresión por parte de
las potencias que se inicia con la conquista española. En relación con ello, Fon-
seca subraya la línea de continuidad que existe entre la lucha de Sandino y la
del FSLN y la necesidad de estudiar las experiencias que los han precedido.
En cuanto al plano táctico-estratégico, reaparece en Fonseca la perspectiva
de constituir un Frente Único tal como proponía formar Augusto Sandino con-
tra los agentes del imperialismo, pero se prevé que la lucha contra la dictadura
será prolongada y la necesidad de complementar con otros métodos. Al igual
que Sandino, Fonseca plantea la relevancia de un actor central en la lucha: los
trabajadores y campesinos. Sin embargo, también valora a los estudiantes revo-
lucionarios, estudiantes con conciencia proletaria. De todas maneras, el sujeto
revolucionario y el espacio principal de lucha son los campesinos y la montaña.
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ENTREVISTAS:
Entrevista realizada a Edén Pastora, 20 de julio de 2012, Managua, Nicaragua.
Entrevistadora: Paula Fernández Hellmund
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