VUÉLVEME EL GOZO DE TU SALVACIÓN
Salmo 51:7-12; Lucas 15:11-32.
Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “EL DIVINO
SALVADOR” de Mérida Yuc; el día domingo 11 de Diciembre del 2016, a las 11:00 horas,
como sermón del tercer domingo de adviento, domingo de gozo.
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INTRODUCCIÓN: En la epístola a los Hebreos, su autor, en el capítulo dos, al
hacerles la observación de que Dios por su justicia fue firme en castigar a pecadores
del pasado, les hace una interesante afirmación diciéndoles: “¿cómo escaparemos
nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:3a). Es muy apropiado
que nosotros observemos que en esta pregunta hay una descripción acerca de la
salvación de la condenación eterna que es considerada no algo de poca importancia
sino “una salvación tan grande”, pero a la vez tiene el sentido de animar a todo
pecador para que evite ser descuidado en cuanto a la salvación tan grande. Usted
tiene que escapar de la condenación eterna, pero solamente podrá hacerlo si usted no
es descuidado en cuanto a salvarse de la condenación eterna. Si usted se descuida,
también perecerá como muchos lo han sido en todos los tiempos. No hay dedicación
que más valga la pena, que una persona se ocupe en su salvación y se mantenga en
la salvación por medio de Cristo. Esta fue la encomienda que el apóstol Pablo le dio a
los Filipenses cuando les dijo: “…ocupaos en vuestra salvación con temor y
temblor” (Filipenses 2:12). ¿Está usted ocupado en su salvación, o está descuidando
su salvación? Además de lo grandioso de la salvación que consiste en ser librado por
Dios mismo nada menos que de las llamas del infierno donde todo pecador ha
merecido pasar toda la eternidad, la salvación también tiene sus efectos o beneficios
en la vida presente, uno de ellos es el sentirse gozoso por haber sido salvado por
Dios, un gozo especial que no pueden sentir los que no han sido salvados. Es un
gozo que aunque uno tenga fuertes y grandes problemas (no pecados), siempre va a
permanecer, a menos que uno intencionalmente se deje arrastrar por algún pecado.
Según nuestro texto bíblico, David, tras haber cometido intencional y deliberadamente
por lo menos un par de pecados: adulterio y homicidio, expresó a Dios palabras de
arrepentimiento, confesión, y búsqueda de restauración, en las que hace mención
de “la salvación”, diciendo: “vuélveme el gozo de tu salvación”. (Salmo 51:12a). Hoy,
como tercer domingo de adviento en el que corresponde enfatizar la importancia de
experimentar el gozo de Dios por haber enviado a su Hijo Jesucristo a este mundo y a
nuestra vida, voy a enfatizar basado en esta oración de David, que el gozo verdadero
que un hijo de Dios puede disfrutar, depende de diversos factores espirituales. / ¿De qué
factores espirituales depende el gozo verdadero que un hijo de Dios puede disfrutar?
/ En este mensaje les voy a compartir tres factores:
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El primer factor espiritual del cual depende que un hijo de Dios disfrute el verdadero
gozo, es:
I.- EL SER SALVADO DE LA CONDENACIÓN ETERNA.
Lo primero que quiero resaltar en este mensaje basado en esta oración de David en el
Salmo 51 es que David estaba entendiendo correctamente que Dios le había antes
salvado, no solamente de la muerte como en la ocasión que Dios le libró del gigante
Goliat, ni solamente de las otras muchas ocasiones como cuando Dios le libró de las
persecuciones de Saúl, luego hasta de su propio hijo Absalom, sino implícitamente
hacía referencia a la salvación que Dios desde la antigüedad aun antes de Cristo
hacía efectiva a sus escogidos para que fuesen salvados de la condenación eterna, y
esta salvación especial siempre había sido para él un motivo sublime y máximo de
gozo.
David, se había caracterizado por vivir lleno de gozo no solamente por las
satisfacciones legítimas temporales como el haber sido un buen pastor que sabía
defender a las ovejas que cuidaba desde su adolescencia, ni solamente por haber
vencido al gigante Goliat, ni solamente por haber sido privilegiado por Dios al ser
constituido rey de Israel siendo el menor de todos sus hermanos. Su principal razón
por sentirse gozoso en la vida es por haber sido antes salvado por Dios. En el Salmo
21, disfrutando con gozo la salvación que David ya había recibido de Dios, le dice a
Dios: “El rey se alegra en tu poder, oh Jehová; y en tu salvación, ¡cómo se goza!” (Salmo
21:1). Es interesante observar que la salvación a la que David se refiere, no proviene
de otra fuente más que de Dios, pues a Dios mismo le dice: “El rey se alegra… […] en
tu salvación”. Cómo no sentirse gozoso cuando no hay quien salve sino solo Dios, y
justo ahora cuando se tiene la experiencia de ser salvado por Él. El gozo por la
salvación que se recibe de Dios es inevitable. Cuando Dios salva tiene que haber
gozo.
Amados hermanos, solo de Dios pudo provenir la salvación que usted ya ha recibido
desde ahora con garantía de que seguirá salvo hasta la eternidad. Pero, ¿cómo pudo
usted ser salvo, si Dios en su justicia exigía que el ser humano pecador para ser
salvado de la condenación que había merecido por su desobediencia, tendría que
pagar con su propia vida, pero que su vida estuviese sin mancha alguna de pecado
para que el pago fuese satisfactorio para Dios? Sin duda que ningún ser humano
descendiente de Adán y Eva está en la condición de inmaculado para que pueda
cumplir con este requisito de Dios. Es por eso que Dios al enviar a su Hijo Jesucristo
no creó a un nuevo ser humano que comenzase una nueva raza humana santa que
fuese capaz de pagar por nuestra culpa, pues al ser de otra raza no estaría pagando
por nosotros; sino que al enviar a Jesucristo lo hizo por medio de encarnarse como un
ser humano “nacido de mujer” (Gálatas 4:4), que vivió en santidad perfecta delante de
Dios y los hombres, pues el apóstol Pedro dice de Jesús: “el cual no hizo pecado, ni se
halló engaño en su boca” (1 Pedro 2:22). Solamente así fue posible que la vida sin
pecado de Jesús un ser humano, que al mismo tiempo era también Dios procedente
de Dios, fuese aceptada como el pago por nuestros pecados. Pero tal solución no fue
un éxito humano, sino que solo pudo provenir de Dios quien quiso humillarse
encarnándose en nuestra naturaleza humana. De otra manera, seguiríamos
destinados a la condenación eterna. ¿No es esto para usted causa de gozo, porque
por medio de Jesucristo, Dios le ha salvado de no ir hacia la condenación eterna?
Siéntase siempre gozoso porque la salvación que usted ahora tiene solamente pudo
haber procedido de Dios mismo.
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El segundo factor espiritual del cual depende que un hijo de Dios disfrute el verdadero
gozo, es:
II.- EL ABANDONAR EL PLACER DEL PECADO DESTRUCTOR.
Quede claro que quien ha sido salvado no perderá su salvación, pero si alguien se
encuentra perdido o se perderá es porque en realidad nunca ha sido salvo. En el caso
de David, tras haber pecado contra Dios, al haber desenfrenado sus pasiones
humanas contra Urías y Betsabé, se dio cuenta que ya no podía experimentar el gozo
que antes tenía para servir a Dios, a pesar de que fue uno de los hombres salvados
por Dios de la condenación eterna. Es por eso que en su oración le dice a
Dios: “Vuélveme el gozo de tu salvación” (v. 12a). Esto no significa que David había
perdido la salvación, porque no dice: Vuélveme tu salvación, sino que solamente
había perdido la experiencia del gozo de ser salvo, por lo que su petición claramente
es: “Vuélveme el gozo”. Se debe sentir feo, saber que Dios te ama y ha hecho efectivo
en ti la salvación, pero el pecado no te deja disfrutar del esencial beneficio de la gracia
de Dios: la salvación. Aunque un verdadero creyente elegido por Dios no perderá
nunca la salvación, lo que uno puede perder es el gozo de ser salvo, gozo que se
pierde porque uno decide hacer lo que no es agradable a los ojos de Dios.
Afortunadamente se puede recuperar el gozo si uno procede con verdadero
arrepentimiento delante de Dios.
David, en el salmo 51 se ha dado cuenta que su falta de gozo es debido al poder
intenso del pecado sobre su vida, de tal manera que en su oración le dice a
Dios: “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido” (Salmo 51:8).
Sus palabras dejan ver la profundidad con la que uno sufre cuando uno toma la
decisión de pecar contra Dios, pues dice que hasta los huesos de uno padecen los
efectos del pecado. En el libro bíblico de los proverbios, a manera de ejemplo de lo
que un solo pecado puede causar como efecto profundo en una persona, salomón
dice: “Mas la envidia es carcoma de los huesos” (Proverbios 14:30b). Imagínese usted si
al mismo tiempo uno se entrega intencionalmente a practicar más de un pecado. El
efecto en la salud tanto física como espiritual será peor. El gozo puede desaparecer o
queda minimizado. Estas expresiones que tiene que ver con los huesos, dejan ver
que el pecado es terrible y horrible al grado de que hasta la persona muy amada,
elegida, y salvada por Dios puede perder el gozo de la salvación, y sentir
profundamente las consecuencias del pecado sufriendo depresiones, dolores de
cabeza, tristezas, y más consecuencias. El pecado genera sensaciones de placer
que muy pronto se convierten en la tristeza y decepción de quien lo comete, porque
no son la fuente del verdadero gozo. El hijo pródigo, luego de vivir los placeres que
tanto le atrajeron, su ruina fue mayor que el placer, pues no tenía otra opción de
sentirse como los cerdos, deseosos de alimentarse de algarrobos y desechos con los
cuales se alimentan esos animales (cf. Lucas 15:13-17). Por eso es necesario huir
del pecado que produce solo falsos placeres. Desde que el pecado llegó a la vida del
primer ser humano, juntamente con su esposa y sus hijos, el gozo fue
desapareciendo. El gozo de Adán y Eva se comenzó a esfumar cuando la vergüenza
por el pecado y el miedo a Dios invadió sus vidas, al grado que comenzaron a intentar
esconderse de Dios. Luego, perdieron el gozo entre ellos mismos tratando de
justificar su desobediencia a Dios comenzando a culparse el uno al otro.
Nehemías, cuando hizo leer la Ley de Dios por primera vez a los israelitas que
regresaron de la cautividad babilónica, se llenaron de gozo en saber que Dios les
había salvado de la cautividad y los tenía de regreso restaurados en su propio país,
en sus propios hogares, él les dijo: “…porque el gozo de Jehová es vuestra
fuerza” (Nehemías 8:10). Amados hermanos, el pecado condena, deprime, entristece,
enferma, daña tanto el cuerpo como el alma, daña las emociones, la voluntad, y hasta
las decisiones, por eso es importante anhelar el gozo de Dios, porque según
Nehemías trae fuerza para hacer lo que es bueno y agradable a Dios. Cuando uno se
goza por su salvación, uno tiene fuerzas para servir a Dios no de vez en cuando, no
con reservas, sino con todo el tiempo y con todas las fuerzas. Cuando a usted le ha
faltado gozo, ¿tiene usted fuerzas o deseos de ponerse a orar, de leer la palabra de
Dios, de acudir a los estudios bíblicos y cultos de la iglesia? Quizá es la indicación de
que usted necesita abandonar algún placer pecaminoso al que voluntariamente usted
se ha entregado una y otra vez, y en consecuencia ha perdido gozo por las cosas de
Dios, y fuerzas para comprometerse e involucrarse en la obra de Dios.
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El tercer factor espiritual del cual depende que un hijo de Dios disfrute el verdadero
gozo, es:
III.- EL RECIBIR LA SALVACIÓN POR MEDIO DE JESUCRISTO.
No está en uno mismo el recuperar el verdadero gozo que conlleva la salvación. Muy
acertadamente, David al decir “Vuélveme el gozo de tu salvación” (Salmo 51:12a), no
acudió a la religión judía, sino acudió a Dios mismo, la verdadera fuente de gozo,
quien está presto para obsequiarla al pecador arrepentido. Pero ahora, en pleno
conocimiento del evangelio, nos damos cuenta que el gozo es generado por
Jesucristo el autor de la eterna salvación.
A propósito de recordar las profecías de adviento, voy a recurrir a una de las últimas
profecías del Antiguo Testamento, que Dios hizo saber a los judíos e israelitas
amados y elegidos de Dios, por medio del profeta Malaquías. Dios les dio un mensaje
que anunciaba la entonces cercana primera venida de Jesucristo. El mensaje
fue: “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá
salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada” (Malaquías 4:2). El Sol de
justicia al que se refiere estas palabras no se refiere al sol de nuestro sistema solar, ni
a ningún otro sol de otros sistemas y galaxias del universo. Observe usted en su
biblia que está escrito con “S” mayúscula, indicando así que se trata de un Sol
extraordinario que bajo una correcta interpretación se refiere a Jesucristo. Luego de
usar figuradamente a Jesucristo como Sol, pasa a presentar en un lenguaje muy
conocido por los israelitas que conocían el comportamiento del ganado, un panorama
de gozo como consecuencia del nacimiento de Jesucristo. Las palabras finales del v.
2 con respecto al efecto del nacimiento de Jesucristo, dice: “saldréis, y saltaréis como
becerros de la manada”. Estas palabras proféticas son nada menos que una
descripción ilustrada de la intensidad del gozo que embarga a una persona cuando
recurre a Jesucristo para su salvación.
Amados hermanos, en el libro del santo evangelio según lo relata san Lucas,
podemos apreciar que Jesús es el gozo planeado por Dios para el ser humano. AL
principio de su libro relata que tras el nacimiento de Jesús, un ángel anunció a unos
pastores de ovejas cerca de Belén, que: “No temáis; porque he aquí os doy nuevas de
gran gozo, que será para todo el pueblo: / que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un
Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:10,11). Es claro que desde el corazón de
Dios, Jesús es la causa de gozo para los seres humanos. Su solo nacimiento fue
anunciado como “nuevas de gran gozo”. Relativamente en el centro de su libro, relata
que Jesús durante su ministerio, en una ocasión narró la parábola del hijo pródigo
quien tras su arrepentimiento después de haber vivido perdidamente en condiciones
infrahumanas, su padre (representando aquí la bondad de Dios) ordenó que se hiciera
una gran fiesta (Lucas 15:23). Jesús trajo a nosotros los pecadores un evangelio que
trae fiesta, gozo a nuestra vida siempre y cuando recurramos arrepentidos a Jesús el
autor del gozo de nuestra salvación. Y al final de su libro, luego de que Jesús hubo
pasado la crucifixión, muerte, resurrección, e incluso su ascensión de regreso al cielo,
san Lucas nos relata que los discípulos “después de haberle adorado, volvieron a
Jerusalén con gran gozo” (Lucas 24:52). Yo creo que tras haberse despedido Jesús de
ellos, aunque les haya bendecido, debieron quedarse muy tristes, pero no fue así,
sino que el gozo de Jesús quedó impreso en sus corazones como evidencia de
haberse apropiado de la salvación que Jesús trajo, siendo ellos los primeros
discípulos privilegiados de recibir la salvación que Jesús vino a entregar a los
pecadores arrepentidos. Tiene razón Isaac Watts, el autor del himno: Gozo del
mundo es el Señor.
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CONCLUSIÓN: Estimados hermanos, el pecado nos hace seguros merecedores de
la ira de Dios, así como de perecer en las llamas del infierno por toda la eternidad. No
hay nada fuera de Dios que pueda evitar que un pecador reciba este indeseable
merecimiento. Solamente Dios por medio de su Hijo Jesucristo puede salvar al
pecador de ese horrendo destino, por lo que si usted ha sido salvado de tal destino,
usted tiene el mejor motivo por el cual debe vivir lleno de gozo. Se trata de un gozo
que debe estar en primer plano en nuestras vidas. No importa si enfrentamos
adversidades en esta vida por más crueles que sean estas adversidades. El gozo de
la salvación eterna debe permanecer en nuestra experiencia porque no hay nada
mejor que el ser humano pueda recibir en esta vida y en la eternidad.
¿Alguno de ustedes está sintiendo que en su vida le hace falta gozo verdadero, que
no ha encontrado en ningún placer, en ninguna terapia, ni en ningún otro recurso?
Hoy es el día que en Jesús usted puede recibir el verdadero gozo que acompaña
hasta la eternidad al pecador arrepentido y salvado por Dios. Usted debe decirle a
Dios como dijera el hijo pródigo: “he pecado contra el cielo y contra ti” (Lucas 15:18-
21), y como David le dijera: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más
blanco que la nieve” (Salmo 51:7), y “Vuélveme el gozo de tu salvación” (Salmo 51:12a).
Dando este paso, usted recuperará el gozo de la salvación. El gozo de la salvación
como lo sugiere la expresión, depende de que uno haya previamente experimentado
la salvación, depende del mantenerse decididamente al margen de no entregarse ni
deliberada ni voluntariamente a la práctica del pecado, y depende de la aceptación del
gozo proveniente de Dios por medio de Jesucristo.
“Devuélveme el gozo de tu salvación…”
Salmos 51:12 Reina-Valera 1995 (RVR1995)
Si realmente eres una persona que ha tenido un encuentro genuino con Dios y naciste de nuevo
debes de sentir un dolor muy profundo cuando le fallas a Dios. Y es que no vamos a negar que
todos le fallamos a Dios, aun cuando en muchas ocasiones no lo quisiéramos hacer. Nuestra
naturaleza pecaminosa muchas veces nos arrastra a cometer pecados que un día prometimos no
cometer, pecados que nos avergüenzan y que nos hacen sentir inmerecedores del amor y
misericordia de Dios.
Cuando alguno de nosotros peca se produce en nuestro espíritu un dolor, ese dolor que me indica
que lo que hice no era lo correcto, ese dolor que me lleva a arrepentirme de lo que hice y hasta a
aborrecer eso que hicimos. Pero también junto con el dolor los ánimos bajan, nos sentimos mal por
haber defraudado a Dios, y es que un hijo de Dios nunca se sentirá tranquilo después de haber
fallado a Dios, si realmente eres un hijo de Dios siempre, pero siempre habrá un sentimiento de
intranquilidad por lo que hicimos y del cual no seremos libres hasta arrepentirnos y pedirle perdón
con sinceridad a Dios.
El rey David experimento todos esos sentimientos después de cometer adulterio con Bétsabe que
en ese entonces era mujer de Urías heteo. David sabía lo que había hecho, sabía que había
fallado a Dios, se sentía intranquilo, pero al mismo tiempo trato de disimular todo, trato de ocultarlo,
que nadie supiera lo que había hecho, sin embargo delante de los ojos de Dios nada puede
ocultarse y Dios envió al profeta Natán a David para hacerle ver el pecado que había cometido.
Luego de ese encuentro en donde Natán le hizo ver el pecado que David había cometido, el rey
tuvo un encuentro con Dios en donde abrió su corazón para expresar lo que sentía por haber
fallado.
David le dijo a Dios: “Dios mío, tú eres todo bondad, ten compasión de mí; tú eres muy compasivo, no
tomes en cuenta mis pecados. ¡Quítame toda mi maldad! ¡Quítame todo mi pecado! Sé muy bien que soy
pecador, y sé muy bien que he pecado. A ti, y sólo a ti te he ofendido; he hecho lo malo, en tu propia cara.
Tienes toda la razón al declararme culpable; no puedo alegar que soy inocente. Tengo que admitir que soy
malo de nacimiento, y que desde antes de nacer ya era un pecador. Tú quieres que yo sea sincero; por eso
me diste sabiduría.” Salmos 51:1-6 Traducción en lenguaje actual (TLA). En primer lugar notemos que
para llegar delante de Dios necesitamos sinceridad, pero también reconocimiento del problema.
David abrió su corazón delante de Dios y reconoció su pecado.
Luego escribió: “Quítame la mancha del pecado, y quedaré limpio. Lava todo mi ser, y quedaré más
blanco que la nieve. Ya me hiciste sufrir mucho; ¡devuélveme la felicidad! No te fijes en mi maldad ni
tomes en cuenta mis pecados. Dios mío, no me dejes tener malos pensamientos; cambia todo mi ser. No me
apartes de ti; ¡no me quites tu santo espíritu! Dame tu ayuda y tu apoyo; enséñame a ser obediente, y así
volveré a ser feliz. A los pecadores les diré que deben obedecerte y cambiar su manera de vivir.” Salmos
51:7-13 Traducción en lenguaje actual (TLA). En segundo lugar entendía que solo Dios podía librarlo
del dolor que sentía por haber pecado, reconocía que solo Dios podía limpiar su vida. En estas
palabras podemos notar como David no era feliz, y es que el pecado jamás te hará feliz, nunca
alguien que peca contra Dios después de haber experimentado su amor será feliz. No hay nada
comparado al gozo que Dios nos da, al gozo de salvación que experimentamos cuando Dios
perdona nuestros pecados, pero volver a revolcarnos al lugar de donde Dios nos saco nos da una
sensación de infelicidad pues después de haber estado en el banquete del rey disfrutando de sus
manjares es una pena disfrutar de la basura que el mundo y sus deseos nos ofrecen.
David terminaba escribiendo lo siguiente: “Señor y Dios mío, Dios de mi salvación, líbrame de la
muerte, y entre gritos de alegría te daré gracias por declararme inocente. Abre mis labios y te cantaré
alabanzas. Yo con gusto te ofrecería animales para ser sacrificados, pero eso no es lo que quieres; eso no
te complace. Para ti, la mejor ofrenda es la humildad. Tú, mi Dios, no desprecias a quien con sinceridad
se humilla y se arrepiente.” Salmos 51:14-17 Traducción en lenguaje actual (TLA). David quería volver a
sentir el gozo de la salvación lo cual lo llevaría a abrir su boca para cantarle a Dios, en pocas
palabras, quería volver a ser el mismo que un día fue pero entendía también en donde estaba la
clave para ello. La clave estaba en la humildad.
Cuando somos humildes nos es fácil reconocer que somos débiles y que necesitamos la ayuda de
Dios. Cuando somos humildes podemos avanzar más, pero cuando creemos que llegamos a un
nivel “superior” en donde ya lo conocemos todo y en donde “nada” puede contra mí es cuando nos
olvidamos que si somos lo que somos y estamos donde estamos es porque Dios así lo quiso y
porque Dios ha estado detrás de todo lo que hemos logrado. “En realidad, Dios nos trata con mucho
más amor, como dice la Biblia: «Dios se opone a los orgullosos, pero brinda su ayuda a los humildes.»”
Santiago 4:6 Traducción en lenguaje actual (TLA)
Posiblemente los últimos días has sentido como el gozo de la salvación de Dios no fluye con
libertad en tu vida. Quizá fallaste de manera descarada a Dios y hoy te encuentras en una
momento en donde te avergüenza hasta pedirle perdón por eso que en muchas ocasiones se lo
has pedido. Quizá en ocasiones piensas que no tiene remedio, que esa atadura que te hace
tropezar una y otra vez nunca desaparecerá de tu vida, sin embargo tienes que comprender que
Dios quiere y puede perdonarte, que Dios sigue amándote de la misma manera que el primer día
de tu existencia, que lo único que Él necesita para perdonarte y restaurarte es HUMILDAD de tu
parte.
Hoy quiero invitarte a ser humilde delante de Dios, que apartes un tiempo a solas con Dios y vete a
ese lugar, dobla tus rodillas y habla con sinceridad delante de Dios. Exprésale lo que sientes,
exprésale el dolor que sientes por haber pecado, exprésale cómo te hace falta su presencia en tu
vida y que por lo errores que has cometido sientes que has perdido. Abre tu boca, habla con
sinceridad, no tienes que ocultar nada porque Dios lo sabe todo. Dile lo que sientes y lo que
quieres, pídele perdón, muéstrate totalmente arrepentido, derrama las lágrimas que quieras y que
has retenido durante mucho tiempo. Deja que tu espíritu se exprese delante de la presencia de
Dios.
Dios con mucho amor fluirá libremente en ese lugar, sentirás como una hermosa presencia de su
Santo Espíritu comienza a abrazarte y a renovarte. Y es que cuando eres sincero algo en el ámbito
espiritual se activa, Dios tiene compasión de ti y te regala uno de esos momentos inolvidables, uno
de esos momentos que cambian el rumbo de nuestra vida y enderezan nuestros caminos.
¡Habla con Él!, Pero sobre todo hazlo con un corazón sincero, genuino y arrepentido, pídele perdón
y acepta también ese perdón que te ha de otorgar. Dios borrara tus pecados y todo será nuevo, no
tendrás porque recordar algo que en la mente de Dios desapareció. “Pero yo, que soy tu Dios,
borraré todos tus pecados y no me acordaré más de todas tus rebeldías.” Isaías 43:25 Traducción en
lenguaje actual (TLA).
¡Dios quiere perdonarte!
Por Enrique Monterroza