PDF Construir Puentes en Psicologia Juridicapdf - Compress
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psicología jurídica •
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REFLEXIONES ACERCA DEL QUEHACER PERICIAL
Edición actualizada, ampliada y digitalizada
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Psicóloga Graciela Gardiner
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AGRADECIMIENTOS
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A quienes dieron el puntapié inicial en mi formación.
A mis compañeros de la Asesoría Pericial de Lomas de Zamora, que en el juego de la
interdisciplina me dejaron crecer sin interferencias, respetando los lugares de cada uno.
A los Directivos del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires G
-Distrito X- que me hicieron un espacioespacio en su plantel docente,
docente, para que pudiera
seguir aprendiendo mientras enseñaba. Fundamentalmente a los licenciados Carlos
Guaglianone, Jorge Gianobi, Ana Euletche y Dolly Jolis.
A las colegas y amigas que colaboraron conmigo en los l os Seminarios de extensión
en la Universidad de Buenos Aires.
A todos mis alumnos de psicología
psicolo gía Jurídica, por sus inquietudes en el aprendizaje,
sus monografías y trabajos escritos, que significaron verdaderos hallazgos para mi.
Muy especialmente al grupo “seguidor” de Mar del Plata, entre ellos a las que me
acompañaron en la tarea de revisar y corregir los escritos del presente libro. A Clarita
y Lucía, que se portaron bienb ien mientras sus mamás y el grupo trabajábamos.
Un apartado especial para dos consecuentes, las Licenciadas en Psicología Laura Laura
Secondi y Cecilia Puime “la puimecita”, quienes siempre agradecen lo que aprendieron
pero no registran cuánto me permitieron aprender con sus inteligentes preguntas.
A todos los que lean y obtengan utilidad de este libro, porque completan así la
tarea que le da sentido al esfuerzo de llevarlo a cabo.
Graciela Gardiner
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“El grupo de trabajo de Mar del Plata, le agradece especialmente a la Psicóloga
Graciela Gardiner, tanto por su generosa convocatoria para la producción conjunta
de este libro, como por su estímulo permanente hacia nuevos recorridos teórico-
técnicos dentro de la especialidad.”
Marita Amilkar, Silvia Bernal, María de los Ángeles de la Vega, María Inés Depaoli, Liliana
Graciela Fortini, Alicia Beatriz Rodríguez, Liliana Waters, Analía Beatriz Yacobino.
2017
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Lo dedico especialmente a los noveles psicólogos forenses invitándolos a la
formación en esta apasionante especialidad.
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Psic. Graciela Gardiner
Especialista en Psicología Jurídica
Mt. en Criminología y Ciencias Forenses
Marzo 2017
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INDICE
Agradecimientos 3
Prefacio 7
Graciela Gardiner
Prólogo 8
Dr. Mario Daniel Laborde
Discurso psicológico
¿Discurso psicológico vs. discurso jurídico? Como la canción: ”A veces si, a veces no” 10
Graciela Gardiner
Entrevista
La importancia de la entrevista psicológica en la actividad pericial 16
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Silvia Bernal
Secreto Profesional
La ética, el secreto profesional y el perito forense 20
María Cristina Angós
Delitos sexuales
28
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Abuso deshonesto: un diagnóstico infalible 39
Graciela Gardiner
Vínculos
Relaciones de asimetría: un vínculo pasional 76
Graciela Gardiner
Daño psíquico 81
Graciela Gardiner
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PRÓLOGO
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conducta, comprensión, motivos determinantes, inconsciente, peligrosidad, etc. Lo
hago desde sus respectivos orígenes dogmáticos. Pero llevo a mi lado, como vieja
compañera, la incómoda sensación de no haber aprehendido integralmente la
esencia de tales términos, en caso de resultar aptos para lo que quiere ser expresado. G
El trance de crisis que hoy atraviesa tiene origen allí, donde mirar a la vida de frente
resulta más necesario y eficaz que conceptuar teorizaciones.
La compilación que sigue, nutrida de la realidad forense, acuerda en sintonía
y contribuye a paliar mi ignorancia. Dejo expresa mi esperanza de que las autoras
prosigan en el rumbo emprendido -pues la que ellas profesan es la especialización
que corresponde- sumadas a una incipiente bibliografía moderna. Seguramente
lograrán enseñarnos a preguntar
preguntar..
8
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DISCURSO PSICOLÓGICO
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¿Discurso psicológico versus discurso jurídico?
Como la canción: “A veces si, a veces no”
Graciela Gardiner
“El día que condenen los crímenes gramaticales, el mundo será mejor”
José E. Kameniecki
• RESUMEN
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¿Cuándo nos piden que colaboremos con la dilucidación de la verdad jurídica?
Cuando los hechos controvertidos, demanda, contestación de demanda, tenencia y
régimen de visitas, o exclusión, o algún delito, dejen huecos en el decir del acto del
sujeto, que no pueden ser completados, llenados o significados desde el discurso G
jurídico.
El saber jurídico no sabe del sentido del acto, sino de su relación con la norma
que lo significa jurídicamente.
El sistema simbólico particular del derecho, cumple con la función de construir
la verdad jurídica. La pericia psicológica debe producir un dictamen que diga
algo sobre la vedad subjetiva del sujeto de la pericia, que pueda poner palabras o
significados en el hueco del acto a veces incomprensible desde la verdad jurídica.
Se busca básicamente el entendimiento, lo que en este campo implica discriminar
nociones tales como daño moral y daño psíquico, causalidad y concausalidad,
incapacidad o discapacidad, o medir esta última y lo que es peor, cuando se trata del
mismo término: prueba, hijo, madre, padre, sujeto.
Algunas veces tenemos la oportunidad de decir algo.
Como primer punto introductorio diré que siempre me resultó extraño leer tanto
en las demandas como en las contestaciones de demandas, dos versiones exactamente
opuestas de los mismos hechos. Entiendo que esto constituye una de las reglas básicas
de este juego, donde los abogados son los jugadores titulares. Pero en el tiempo en
que los jugadores suplentes -los Peritos (versados en algún arte o ciencia) psicólogos
en nuestro caso- entran a jugar,
jugar, se produce una ruptura en este decir contundente
contundente
y se comienza a buscar la verdad o parte de ella,
ell a, en otro lugar.
Ya no es sobre el hecho, donde naturalmente sólo los magistrados tienen
la posibilidad de dictar sentencia sobre “la” verdad fáctica, sino que parte de la
búsqueda de esa verdad se desplaza sobre el psiquismo de los l os evaluados. Se solicita
una pericia y sabemos que una pericia no es sólo un psicodiagnóstico. Sin desmerecer
una de las herramientas de que aquella se vale, el informe pericial es un informe
diferente, que incluye a aquel, pero lo excede, teniendo particularidades especiales.
Se produce exclusivamente por encargo judicial y culmina en un dictamen que será,
junto con otros, uno de los elementos que el magistrado interviniente valorará en
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el momento de dictar sentencia. Si bien no es vinculante, constituye una prueba. Su
dictamen inicialmente se produce en el período de pruebas; es, entonces, una prueba
más de lo que se busca, constituye una prueba más de la verdad jurídica. ¿La pericia nos
lleva a pensar y trabajar sobre algo con relación a la verdad?
En principio constituye para un psicólogo el primer enfrentamiento con una
verdad. El discurso jurídico -positivista o no- busca intrínsecamente buscar la verdad
pero para la psicología y la concepción freudiana del inconsciente, “la” verdad no
existe: se podría decir que existen tantas verdades como psiquismos intervienen en
un hecho.
¿Cuándo nos piden que colaboremos con la dilucidación de esta verdad?
Cuando los hechos controvertidos, demanda o contestación de demanda, tenencia
y régimen de visitas, exclusión o algún delito, dejen huecos en el decir del acto
del sujeto, que no puede ser completado, llenado o significado desde el discurso
jurídico. ¿Qué sentido tiene la pregunta sobre ese psiquismo para el sujeto de la
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pericia? Muchas veces poco en relación a sí mismo (es muy ocasionalmente que el
sujeto de la pericia se hace pregunta sobre su accionar ante el hecho delictivo); pero
mucho con relación a la causa (si considera que de nuestra evaluación dependerá
un beneficio). G
Se juega entonces una severa complicación; se nos pide que demos una
respuesta que colabore en la dilucidación de “la” verdad (fáctica) pero….si “la verdad
no existe”…Al sujeto lo que generalmente le importa es el resultado de nuestro
informe para su causa judicial…” ¿Cómo me salió?” es la pregunta casi infaltable al
finalizar una entrevista o una técnica de exploración psicológica.
El saber jurídico no sabe del sentido del acto, sino de su relación con la norma
que lo significa jurídicamente.
El sistema simbólico particular del derecho cumple con la función de construir
la verdad jurídica.
La pericia psicológica debe producir un dictamen que diga algo sobre la verdad
subjetiva del sujeto, que pueda poner palabras o significados en el hueco del acto, a
veces incomprensible desde la verdad jurídica.
Aunque usemos los mismos significantes, los significados son distintos en cada
disciplina. ¿Cómo los articulamos? En el espacio privado de nuestra ciencia, casi
todos hablamos igual y nos entendemos; en la casa en que estamos (Corpus jurídico)
y nos aloja con sus particularidades, y en el juego que jugamos, el idioma es otro. Y al
dueño de casa no le sirve si no hablamos claro o comprensible a su discurso.
Para sumar a la complejidad de nuestra práctica. Agreguemos un par de
dificultades más- “Lo que no está escrito no existe” dijo hace muchos años el Dr.
Armando Gallo, cuando me ayudaba en el inicio de esta atrapante inserción. Pero
los psicólogos trabajamos con otros elementos, con la palabra; y para nosotros, la
palabra es hablada –con otros códigos agregados como el gestual y no se puede
escribir ni probar. Vuelvo al principio: los peritos (el psicólogo en este caso), no
jugamos de titulares, además de que jugamos en casa ajena, o sea como visitantes.
Por formación, nosotros hablamos, más que escribir. Nuestro discurso es psicológico
no jurídico.
¿Cuál es entonces el desafío? TODO. Por eso es que resulta claro y acertado, a
mi entender, expresar el entrecruzamiento que se provoca en el informe pericial,
como Discurso Psicológico vs. Discurso Jurídico. La tarea es en el campo de la
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Psicología Jurídica, que es un campo relativamente nuevo y con un discurso que no
nos es propio. Ahí intentamos redefinir los términos desde nuestra propia ciencia,
sin perder especificidad y buscando básicamente el objetivo de todo lenguaje:
entendernos. Lo que en este campo implica discriminar nociones tales como daño
moral y daño psíquico, causalidad y concausalidad, discapacidad o incapacidad, o
medir esta última, y, lo que es peor, o más complejo cuan, cuando se trata del mismo
término: prueba, hijo, madre, padre, sujeto, algo a lo que brevemente se referirá en
el próximo apartado y que da cuenta de esta circunstancia particular, dos ejemplos
de casos sobre los que tuve oportunidad de decir algo.
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del propio hijo en el momento del parto. Las particularidades de la forma y
las características del mismo no los consigno por varias razones, una de ellas y
fundamental, es el secreto profesional (otro difícil y extenso tema). Y básicamente
porque no hacen al presente texto. Pero sí se comentará brevemente, cual fue el nudo
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de la investigación pericial y el conflicto que se suscitara, no sólo en el momento de
presentar el dictamen, sino también durante el juicio oral.
Hijo versus hijo. Hijo en sentido jurídico versus hijo en sentido psicológico. La
evaluada en cuestión, sin ser psicótica, ni débil mental (tenía escolaridad primaria
completa), no se había constituido aun en hija de su madre. ¿Cómo? Todavía
no había sido ahijada o maternada y ya había perdido la posibilidad de serlo, al
menos para sus padres: había sido “dejada”, como otros muebles que no cabían
en la casa a la que se mudaron los padres cuando ella contaba con siete años de
edad. Desafectivizadamente decía, “la casa era chica, yo era traviesa...” A partir de
allí vivió en la casa de su abuela quien se encargaba de alimentarla y llevarla a la
escuela. Registremos en este instante que su abuela era quien había engendrado
a la madre (¿madre?) de la joven acusada en este caso. A los veintiún años de edad
y como producto de una relación sexual casual, (fuera de una pareja constituida)
engendra (no puedo decir un hijo) y ahí se suscita aquello que la trae finalmente al
estrado judicial y consecuentemente a la pericia psicológica. Para ser hijo en sentido
psicológico, debe ser significado como tal, se debe seguir una secuencia lógica pero
no tanto, en que el sujeto en cuestión debe constituirse en sujeto del deseo del
otro, tener un espacio prenatal en el deseo de los padres, tener un nombre que lo
cobijará, ser nominado, pre armado en el contexto del nombre elegido. Para así
poder significarse, “ser hijo”.
En sentido jurídico se puede ser hijo legítimo (los concebidos durante el
matrimonio válido o putativo de su padre o madre y también los legitimados por
subsiguientes matrimonio del padre y madre posterior a la concepción), natural,
adulterino, incestuoso o sacrílego, siguiendo otras concepciones. Cada uno de ellos
con la consecuente explicación de su significado.
En sentido psicológico, la sujeto no era hija y por lo tanto, no podía tener un
hijo. Lo engendró, lo parió, pero todo en sentido biológico y también en sentido
jurídico: era un sujeto de derecho jurídico que tuvo un hijo. En sentido psicológico,
no se había constituido en hija, y no tenía espació psíquico para engendrar un hijo
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psíquico. Se podría decir, siguiendo este modelo teórico que era psíquicamente
estéril. Las circunstancias de la presentación del informe pericial generó inquietudes.
Las explicaciones en el juicio oral resultaron, especialmente para la fiscalía, un dislate.
Pero continúo, después de muchos años, sosteniendo lo mismo. Alejandra que así
llamaré a esta imputada, nunca tuvo un hijo. Alejandra nunca fue madre. Alejandra
era estéril. De esterilidad psicológica. Creo que siempre lo será.
Fue el ejemplo planteado, un caso que recuerdo aún (siete años después) y no con
satisfacción. Ambos discursos (jurídico y psicológico) fueron versus , no coincidieron,
se enfrentaron. La imputada fue condenada a veinticinco años de prisión. Lo recibió
de la misma manera que todo en su vida, como algo más que le había tocado: sus
padres la abandonaron cuando se mudaron, le creció algo en el útero, le salió en el
inodoro, la condenaron. Lo tomó con la misma condición de casi no sujeto ligado a la
condición de aun no engendrada por sus padres. Siempre conservé estas dudas: ¿la
condena le habrá significado algo?. ¿Habrá podido comprender en algún momento
la trascendencia y significación de ese acto, de ese acto en particular? ¿Habrá podido
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encontrar en esa condena el castigo a su culpa original, la que hizo que sus padres
primero no la engendraran y consecuentemente la abandonaran por sus travesuras?
Este otro caso, marca los momentos en los cuales el “a veces no”, ayuda
al acercamiento de ambos discursos y constituye éste el lugar en el que nos
corresponde situarnos a los peritos, que es el lugar del complemento, de la suma
de conocimientos desde cada práctica; que da lugar a las posibilidades de mayor
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comprensión del acto delictivo, del espacio vacío en el decir que deja el sujeto y
llena con el hecho de autos; única forma que encuentra para expresar un algo que
no tolera más.
El caso que ejemplifica esta posición de complementariedad de ambos
discursos, es también un homicidio, pero en este caso el del esposo. La pareja tenía
establecida una relación vincular de tipo perverso. No estaba exento el juego
íntimo, del uso de armas blancas, lazos de sujeción, agresiones físicas donde el
color y la sangre tenían un espacio privilegiado de goce. La relación fue definida
como sadomasoquista, donde los lugares tanto sádicos como masoquistas estaban
definidos por cada una de las partes de modo rígido. En este caso el partenaire
masoquista tenía una organización psíquica con mecanismos de defensa neuróticos,
que le permitían una inserción en el medio, algo más ajustada. Una intervención
quirúrgica y un prolongado postoperatorio en otro medio, como elemento
detonante hizo de “corte”. Se encontraron muchos otros elementos que cristalizaron
en el “corte” final. La criminogénesis, el decir del acto del sujeto homicida, quedaba
sin comprensión desde el sentido jurídico. La sujeto en cuestión (Clara), ya repuesta
de aquella intervención quirúrgica (otro corte), había vuelto a buscar ropa a su casa,
con intención de mudarse de a poco a la casa de su familia que la alojara en su
recuperación. Se inicia una relación sexual y exige cambiar los roles, el atado fue el
otro, el herido, sangrado, “cortado” fue el otro. La muerte del marido fue el fin de
este encuentro diferente y para ella “el último, ese día pensaba cortar…con él”.
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En mi caso, al recibir el título de grado, debí efectuar el juramento universitario
sobre el buen desempeño de la profesión y al crearse la Institución Colegial tuve
que realizar un nuevo juramento que actualmente suple al universitario. En las dos
oportunidades, el juramento se efectuó sobre el desempeño profesional conforme
las leyes que lo regulan.
El texto del Juramento actual dice:
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El Código de ética en su artículo 12 dice: “La obligación de guardar secreto
profesional…
a) Implica también mantener siempre bajo reserva la información que en su
desempeño recibe directamente de quienes requieren sus servicios en todos los
ámbitos de la sociedad.
b) ...
c) Los informes escritos o verbales sobre personas, instituciones o grupos
deberán excluir aquellos antecedentes entregados al amparo del secreto profesional,
y se proporcionarán sólo en los casos necesarios, cuando, según estricto criterio del
profesional interviniente, constituyan elementos ineludibles para confeccionar el
informe. En el caso de que puedan trascender a organismos donde no sea posible
cautelar la privacidad, deben adoptar las precauciones necesarias para no generar
perjuicios a las personas involucradas.
d) Si el psicólogo considera que la declaración del diagnóstico perjudica al
interesado, debe negarlo para no violar el secreto profesional…
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e) ...
f) Todo lo relativo al secreto profesional debe cumplirse en todos los ámbitos y
en todo tipo de prestación….” G
La Ley Nacional 23.277 de Ejercicio de la Psicología establece en su artículo 8°:
Los profesionales que ejerzan la psicología están obligados a:…
4) Guardar el más riguroso secreto profesional sobre cualquier prescripción o
acto que realizare en cumplimiento de sus tareas específicas, así como los datos o
hechos que se les comunicare en razón de su actividad profesional, sobre aspectos
físicos, psicológicos o ideológicos de los personas”.
El Código Penal, establece en su artículo 156 -revelación del Secreto sin justa
causa. Responsabilidad: “Será reprimido con multa e inhabilitación especial en su
caso por seis meses a tres años el que, teniendo noticia por razón de su estado, oficio,
empleo, profesión o arte, de un secreto cuya divulgación pudiere ocasionar daño, lo
revelare sin justa causa”
El Código Procesal Penal de la Nación Art.177 Obligación de denunciar , dice:
“…
2) Los médicos, parteras, farmacéuticos y demás personas que ejerzan cualquier
rama del arte de curar, en cuanto a los delitos contra la vida y la integridad física
que conozcan al prestar los auxilios de su profesión, salvo que los hechos conocidos
estén bajo el amparo del secreto profesional.”
Toda esta legislación está marcando la obligatoriedad de guardar el secreto
profesional, tanto desde el lugar de la psicología como desde el derecho. Sin
embargo, en nuestra experiencia en algunos ámbitos de la justicia se considera
que el juez tiene la potestad de poder eximir a los profesionales de la psicología del
secreto profesional aferrándose al concepto de “justa causa” del art. 156 del CP
Y hago hincapié en que sólo desde algunos ámbitos. Y aquí es donde corresponde
a mi entender hacer un análisis.
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Cuando el Código establece justa causa, la pregunta es: ¿para quién: para el juez
que necesita asegurarse en su íntima convicción, o para el profesional que, tomando
conocimiento del hecho, debe evaluar si existe un motivo suficientemente grave
como para transgredir el secreto?
¿Qué conocimiento tiene un magistrado para determinar lo que un profesional
de otra especialidad debe o no decir?
Cuando se alega la necesidad para la causa, ¿esto es una “justa causa” para
romper el secreto profesional del perito?
Las necesidades de las causas ¿deben ser satisfechas con el incumplimiento de
normas éticas de otras profesiones?
¿Tiene autoridad legal el juez para ordenar el levantamiento del secreto
profesional, o está imponiendo su autoridad de manera intimidatoria?
De la legislación ya explicitada hay obligatoriedad de mantener el secreto
profesional. Violarlo está penado, y en los casos conocidos sólo se ha llevado a
denuncias que luego fueron desestimadas por la misma justicia en virtud de haberse
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tomado conocimiento de los hechos dentro del marco del ejercicio de su profesión.
Como ejemplo cito dos casos.
El primero lo tomo del manual de Psicología Forense de Mariana Travacio y paso G
a trascribirlo:
“Un fallo de la Cámara Nacional Criminal y Correccional Federal en el que, por
mayoría, se absuelve a una mujer denunciada por la médica que la atendió en un
hospital de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La mujer accede al nosocomio y
es internada en terapia intensiva, donde se le inicia un proceso de desintoxicación
que deriva en la expulsión oral y anal de 44 bombitas de látex conteniendo cocaína.
Frente al hecho, la mujer confiesa que a cambio de trescientos pesos, traía cocaína
desde Bolivia a Buenos Aires. La médica interviniente denuncia el suceso. En primera
instancia, la mujer es condenada a 4 años de prisión. La Cámara revoca el fallo por
mayoría y la absuelve, fundada “en el argumento de la ilegitimidad del proceso por
haberse iniciado mediante violación del secreto profesional” (de Héctor Fernández
en su comentario al fallo: “Discurso penal, garantismo y solidarismo. Breve estudio
de un caso judicial”. Rev. El Derecho. Año XXXIV N° 9038, 10///96). Por su parte, en el
fallo mismo, se sostiene que considerar que prevalece el deber de denunciar sobre
la reserva del secreto profesional, significa afirmar que el valor de persecución del
delito es antepuesto a los valores que se encuentran en el trasfondo de la prohibición
contenida en el Artículo 156 del Código Penal”. (47.254- CN Crim Y Correc. Fed. Sala I,
febrero 14, 1995 – ZD N: B s/inf. Ley 23737).”
El segundo caso fue extraído de Diario Judicial.com
Noticia del Día 18/4/2001 NO SE LO DIGAS A NADIE
“La justicia sobreseyó a una mujer que fue denunciada por su psicóloga, por entender
que la profesional incurrió en una violación del secreto profesional”.
La justicia sobreseyó a una mujer que había sido condenada por la “supresión de
estado civil” de una menor inscripta de modo irregular hace más de treinta años, debido a que
la denuncia en su contra la formuló su propia psicóloga, en violación del secreto profesional.
La denuncia por presunta “supresión de identidad” había sido formulada por la
Psicóloga XX y su paciente fue condenada por ese delito por el Juez federal JLB.
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La Sala II de la Cámara Federal en lo Criminal y Correccional, al analizar el fallo
apelado por la defensa puso énfasis en el origen de la causa, basada en la denuncia
que formuló xx a quien, durante una sesión terapéutica, su paciente le reveló que
quien se presumía su hija natural o biológica, no era tal, “sino adoptada, circunstancia
que junto a su esposo ya fallecido, habían decidido ocultarle”.
La Sala Segunda de la Cámara se preguntó en principio “si es legítima la
investigación llevada a cabo a partir de la denuncia de una psicóloga contra su
propia paciente (…) cuando éste le fue comunicado dentro del marco de la relación
terapéutica, y en particular, cuando las circunstancias del hecho constitutivas del
delito le fueron transmitidas por el paciente como dato coadyuvante para el éxito
del tratamiento profesional”.
En este sentido, el tribunal aclaró que si bien ese hecho no fue mencionado por
la defensa en su apelación, debía ser analizado de oficio “en razón de que podrían
encontrarse conculcados principios que comprometen el orden público y garantías
G
fundamentales del Estado de Derecho”.
Al ahondar en la cuestión, recordaron los camaristas que el Artículo 177 del
Código Procesal Penal impone en su inicio segundo a los médicos, parteras y todas
aquellas personas que ejerzan ramas del arte de curar, la obligación de denunciar G
los delitos que conozcan al prestar auxilio, exceptuando “los hechos conocidos bajo
el amparo del secreto profesional”, en tanto que el artículo 156 del Código Penal
“reprime penalmente al que teniendo noticia, por razón de estado, oficio, empleo,
profesión o arte, de un secreto cuya divulgación pueda causar daño, lo revelare sin
justa causa”.
Luego de sostenerse que no existió causa, los camaristas llegaron a la conclusión
de que “es improcedente la denuncia efectuada por xx y que constituye el germen
de las presentes actuaciones, ya que la información que puso en conocimiento de la
Justicia fue conocida por ella en el marco de su desempeño como psicóloga de la imputada”.
La Ley 23277 de Ejercicio de la Psicología dispone en su artículo 8 inciso 4 que
los profesionales de esa rama deben “guardar el más riguroso secreto profesional
sobre cualquier prescripción o acto que realizaren en cumplimiento de sus tareas
específicas, así como de los datos o hechos que se les comunicare en razón de su
actividad profesional.”.
Asimismo los antecedentes colectados, señalan que “la denuncia del acto ilícito,
que el médico ha conocido por revelaciones amparadas por el secreto profesional,
no pueden servir de base a proceso alguno porque es insanablemente nula desde
el comienzo, y su exteriorización implica una violación delictiva del secreto debido”.
El psicólogo en su condición de perito está incorporado a una institución
judicial, que tiene lenguaje, pautas de comportamiento y códigos propios, que
en ocasiones utilizan una misma palabra pero con significados muy diferentes.
Ambas interpretaciones son correctas, sólo que la significación que tienen para las
profesiones son muy diferentes. El psicólogo en su condición de perito pertenece a la
Institución Judicial en carácter de auxiliar del juez. No es un empleado del Juez, sino
que su función es la de asesorar a los magistrados para que cuenten con el mayor
número de elementos para poder arribar a un dictamen o sentencia de acuerdo a su
íntima convicción.
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Sanciones
El abuso deshonesto es un tema que acarrea per se una severa sanción social, y
actualmente, después de la modificación del Código Penal, también una pena más severa en
lo procesal. Recordemos en el Código Penal, a los artículos que tratan este tema.
En el Capítulo III, artículo 127 del C.P. previo a la reforma dice: “se impondrá
•
G
En el supuesto anterior…”la pena será de ocho a veinte años de reclusión o
prisión, si:
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Las nuevas corrientes -la globalización y la tecnología al servicio de las comunicaciones
influyen- anulan las diferencias, buscando un discurso único. Masificación que pierde la
particularidad del sujeto (Manuales diagnósticos y estadísticos).
Las listas de síntomas que dan cuenta de un tema u otro, a mi criterio, hacen
estragos sobre los individuos y también sobre el concepto de salud mental.
En la búsqueda de las simplificaciones, se corre el riesgo de dejar de pensar.
Los programas computarizados, que simplifican las evaluaciones de las técnicas,
o algunas escalas de simple aplicación, no pueden dar cuenta de los intrincados
espacios psíquicos. Ninguna técnica es suficiente por sí misma. Ningún programa
puede desplazar la labor
labo r del perito. Debe quedar clara la l a diferencia entre ejecutante
e intérprete.
El uso de la simplificación en tiempo y recursos que significa evaluar aspectos
cuantitativos a través de un programa computarizado es innegable; por ejemplo la
realización del presente texto y sus correcciones (y el modelo CD 2017), sus idas y
vueltas, dan cuenta de ello. Pero éstos son solamente instrumentos que facilitan, la
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interpretación es sólo humana. Los peritos somos intérpretes de los resultados de las
técnicas, no meros aplicadores, o cargadores de resultados (ejecutantes).
La pérdida de la posibilidad de analizar y particularizar, es caer en el riesgo de la G
clonación de diagnósticos, de la clonación de humanos y de informes.
En el supuesto anterior, desaparecerían los enfermos, las enfermedades, las
conflictivas vinculares y particulares, pasando a ser cada sujeto un código que se
tipifica en un programa computarizado o una lista de al menos cinco síntomas que
dan cuenta de lo que el sujeto en cuestión padece.
G
bien puede iniciar un movimiento de rebeldía. Considera que ya pagó lo suficiente
y se retira de su posición, por ejemplo de dador permanente y plenipoderoso…
pero…no de padre. Allí se gestó la denuncia, como último argumento posible y G
determinante de esta especie de extorsión emocional.
emocio nal. Por el carácter de la denuncia
y los riesgos enunciados
enunciado s que corre el menor, se logra la separación del menor y su padre.
Preventivamente ante esta denuncia lo que se hace es impedir las visitas del
padre al menor: parte
par te de la batalla está ganada. La madre “se
“se queda” con el menor y
“lo protege” de toda influencia paterna, incluyendo la de los familiares del supuesto
abusador. El menor escucha una sola campana – la materna- y declara lo que escucha.
“mi papá me tocó” dice y el padre…es detenido. El menor, por su parte percibe
que algo pasa y que es grave. No se le permite ver a su padre, pasa por distintas
entrevistas, en su presencia se habla a medias…y a veces no tanto. Duerme poco,
tiene conflictos escolares, o de conducta. Está agresivo o distraído, come menos, etc.
Todo está preparado y a punto.
Las distintas asociaciones que estudian estos temas, completan la tarea. Enuncian
una serie de síntomas de “indiscutible”
“indiscutible” rigurosidad que denotan con total certeza la
presencia de un menor abusado. Volvemos al principio: una lista de síntomas guían
nuestro diagnóstico.
A modo de ejemplo, se toma una de las más recientes publicaciones sobre este
tema; el Centro reina Sofía para el estudio de la violencia (Barcelona, España), hace
un resumen de los indicadores más utilizados para diagnosticar abuso sexual. Se
publica una tabla en el libro: Abuso sexual en la infancia; víctimas y agresores, de
Echeburúa y Guerricaecheverría, publicado por editorial Ariel Barcelona en el año 2000.
Los indicadores enunciados son: pérdida de apetito, llantos frecuentes, miedo
a estar solos, rechazo al padre o a la madre de forma repentina, cambios bruscos de
conducta, resistencia a desnudarse o bañarse, aislamiento y rechazo de las relaciones
sociales, problemas escolares o rechazo a la escuela, fantasías o conductas regresivas
(chuparse el dedo, orinarse en la cama, etc.), tendencia al secretismo, agresividad,
fugas o acciones delictivas, autolesiones o intentos de suicidio. Y agregan los autores
mencionados. “los indicadores deben tomarse en forma global y conjunta”.
conjunta”.
No se duda en lo absoluto de la seriedad del estudio investigativo, que
seguramente sostiene el listado, ni de las motivaciones que llevaron a su
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sistematización, pero la tendencia al uso de estas listas de síntomas lo tornan
extremadamente peligroso.
Retomando el ejemplo: hay una pareja en estado de deconstrucción o disolución.
Sus miembros se enfrentan de manera altamente conflictiva: El menor se ve obligado
a jugar esa pelea, puesto en el lugar de intermediario del vínculo y a tomar partido
por uno u otro padre…y la pregunta es: ¿no resulta en tales circunstancias, altamente
probable que presente aquellos indicadores? Y a su vez, la presencia de los mismos,
¿no denota su manera de traducir un conflicto? Y este conflicto ¿es necesariamente
de orden sexual?
Siguiendo con el uso de esta lista de indicadores o síntomas, luego de producida
la denuncia, en la que constan no sólo éstos, sino la indudable fuente de la que fue
extractada, se concluye en que, ”el menor tiene signos indiscutibles de abuso”. La
justicia hace el resto.
La experiencia obliga a hacer una lista diferente, al menos para repensar la otra,: la
pareja conyugal en disolución, un padre que quiere seguir siéndolo, algún conflicto
G
de “alimentos” u otro deseo insatisfecho, una madre con una familia endogámica
donde era imprescindible un genitor externo. Un conflicto edípico no resuelto, una
madre fálica y un padre débilmente estructurado, completan el cuadro. G
Se hace insoslayable una evaluación del grupo familiar. No alcanza con el pedido
de evaluar al supuesto abusador, ni deberíamos los peritos quedarnos con esto sólo.
En líneas generales siempre se puede decir que esta familia no se constituyó,
que conformaron un vínculo, que tuvieron un hijo, lo que fue un intento de salida
exogámica (frustrado), que cada uno vuelve a su grupo de origen, reordenando una
organización que no da lugar para otra salida, y varios otros aportes.
CONCLUSIÓN 1
Hay un diagnóstico infalible. Hay un menor abusado -no podría afirmarse que
sexualmente abusado- pero hay, sin duda alguna, un menor abusado o en serio
riesgo de ser abusado. Abusado de su condición de niño y del poder que podría
ostentar aquel que detente su tenencia.
Para ejemplificarlo, se presenta brevemente un caso que presenta las condiciones
de lo antedicho. Lo llamaré el caso Hada.
El caso Hada
43
Primera evaluación (detenido) 12/2000
G
dos nenas.
Su madre de 76 años, es sana, actualmente Mariano convive con ella.
Desconoce antecedentes de trastornos psicológicos o psiquiátricos en sus G
familiares. El no ha tenido nunca trastornos de este tipo y se considera una persona
sana. Es la primera vez que le hacen un psicodiagnóstico, pero le han efectuado
estudios psicotécnicos en algunas empresas. Padece de hipoacusia bilateral, pérdida
de decibeles en ambos oídos por otitis a repetición desde la infancia, causada por
infecciones.
Metodología: se realizan dos entrevistas y se administra Bender G.T., Test de los
Colores de Max Luscher. Se otorgaron 24hs. de plazo para realizar el informe pericial.
Entrevista 2
Refiere que estuvo casi tres años de novio con la denunciante Mariana, y que
posteriormente y por el embarazo de ésta, decidieron casarse. Se separaron de
hecho entre el 15 y el 17 de XX (“más o menos” SIC) a pesar de la separación dice:
“teníamos un vínculo bastante (duda) muy buena relación con ella, con intimidad no
excluida” SIC. Antes del embarazo no tenían idea de casarse pero posteriormente no
lo dudaron. Se casaron y se llevaban muy bien “a veces discutíamos por mi suegra
(Hada), porque quería decidirlo todo, desde la casa que alquilábamos hasta lo que
se tenía que comprar, pero yo me callaba para no tener problemas. “ Cuando nació
la nena, “todo fue un sol” pero, “… la madre se quejaba porque no le daba la misma
atención sexual y afectiva que antes…Yo trabajaba todo el día y cuando volvía a
casa, un rato antes de dormir, porque ni comía en casa, jugaba con la nena”.
La madre de su hija es artista plástica.
“Cuando nos separamos, ella retornó a vivir con los padres (es hija única). Nuestra
relación era mejor que antes. Yo siempre contaba lo bien que nos llevábamos y mis
compañeros decían que era envidiable esa relación y yo también lo creía. Yo me iba
44
de vacaciones con la nena y la llevaba a ella, porque Mariela es muy chiquita y temía
no saber manejarla. La pasábamos muy bien juntos…(¿?) sexualmente también
(¿?) No entiendo qué pasa o qué pasó” (se agudiza la angustia que estuvo presente
durante toda la entrevista, se ahoga, presenta dificultades para respirar).
“Yo siempre hice lo que ella quería, ella siempre tuvo una verdad parcializada,
negaba algo rotundamente o afirmaba algo rotundamente...en un momento yo no
podía pagar más la psicóloga que mi esposa quería. La nena tenía problemas en el
jardín, era muy tímida y no se relacionaba bien con los otros chicos. Así que ella me
dijo que la iba a llevar a la consulta de la psicóloga, y yo le di una cartilla de la obra
social, para que no pagáramos nada. Y ella no quiso que sea de mi parte, entonces
yo le dije que iba las veces que ella quisiera, y fui varias veces, pero que lo tenía que
pagar ella con el dinero que le daba por mes (era una suma importante de dinero
mensual) para alimentos de la nena. Además de eso siempre le compraba cosas y
por eso no me parecía justo seguir pagando más cosas por su capricho (¿?) Creo que
por orgullo de ella, por no hacer yo lo que ella quería, me denunció. Todavía hay
G
heridas sin cerrar y una batalla todavía… La primera vez que decidí algo, que tomé
una iniciativa yo solo fue después de separarme. (¿?) Lleve de vacaciones a mi mamá”.
Según Isidoro Berenstein, “las relaciones familiares representan a nivel de G
superficie los vínculos de parentesco, cuyo sentido y fundamento es inconsciente”.
Sigue el evaluado “Yo no estaba de acuerdo con muchas cosas, pero terminaba
cediendo. A la madre se le ocurrió llevar a la nena a la televisión y allá tuve que ir yo
a acompañarlas. Le hicieron un casting y la pusieron en una parte del programa de
cocina que hacían…se desenvolvió muy bien, es muy despierta y para mí es muy linda”.
Entrevista 3
45
“Mi señora me dijo que estaban haciendo un estudio en el Tribunal de Menores,
y que me iban a llamar. Yo no entendía, porque ella me dijo que ahí lo iban a hacer
gratis. Yo no creí que era en el tribunal, sino en otra dependencia y me quedé
tranquilo. Estaba trabajando mucho y la veía por la noche un ratito y nada más.
Después la nena me dijo (se angustia) que no iba a venir más a mi casa porque yo le
había puesto el pito en la cola cuando ella se bañaba en la bañadera de mami”. No
entendía nada, la miré a la madre y ella me dijo: ándate. Me fui como loco, no sabía
que hacer. Cuando llegué a mi casa estaba preocupado por lo que la nena podía
pensar -me había ido sin saludarla, desesperado- Llame por teléfono y la madre me
pasó con mi nena y ella me decía “Papi: te enojaste por lo que te dije y no me diste
un beso.” Me puse como loco. Fui a ver a un abogado y me dijo que me quedara
tranquilo y confié. Después me vino a buscar la policía y me detuvieron. Todavía no
lo puedo creer”.
“Todo empezó con unos dibujos de hombres desnudos que la nena hace y dice:
son como papá”, pero yo le había dicho a la madre que no era bueno que la nena
G
estuviera todo el tiempo con esos modelos o los libros de estatuas desnudas que la
madre tiene y ella dice que son objetos de arte. Yo no sé si es eso o qué, pero mí, mi
hija nunca me vio desnudo. Yo duermo con pantalón pijama. Lo que la nena dice de G
la bañera, es por la casa nuestra cuando vivíamos juntos; nunca tuvimos otra casa con
bañera, hace mucho tiempo de eso (¿Cuándo?) y no sé , no tenía todavía los tres añitos. ..”
Pruebas
Bender
A “No soy muy buen…hace mucho que…”
1.- Cuenta y recuenta varias veces, repite “son 12” Cuenta nuevamente ¿no se
puede borrar?
2.- Cuenta los puntos varias veces
3.- Sin particularidades
4.- ¿Puedo hacerlo a continuación o tiene que ser abajo?
5.- Recuenta los puntos varias veces
6.- Cuenta las ondas
7.- S/P
8.- S/P
Entrevistador: ¿Puede ponerle su nombre? Rta con pregunta: “¿en algún lado en
especial lo pongo?
46
CONCLUSIONES
G
Civil, para reclamar el resarcimiento económico por daño psíquico.
Asimismo, y más allá del dictamen
dic tamen pericial psicológico, se nos abren interrogantes:
i nterrogantes:
¿en qué posición subjetiva queda Laura Laura recibiendo un pago a cambio del delito G
sexual cometido por su padre? Es decir, que aquello que resultaría jurídicamente
correcto (incluyendo los procesos en ambos fueros, que concluirían en la eventual
prisión para su padre y el resarcimiento económico para la víctima) no siempre
resultaría de carácter compensatorio en términos psíquicos.
psí quicos.
Nos surge la pregunta acerca de qué inscripción psíquica o qué marca de
posibles efectos perjudiciales podrían dejar en una personalidad de características
vulnerables, ambos procesos jurídicos y los resarcimientos legales en juego,
determinando nuevas huellas psíquicas traumáticas.
¿El pago en dinero por el acceso a sexo con su padre, no enviará a Laura a un
lugar más vulnerable aun?
La legalización del acto, poniendo a Laura en un lugar de consentimiento
y asentimiento al cobrar por ese hecho, ¿no imprimirá al acto el carácter de
prostitutivo? ¿Consecuentemente en qué posición subjetiva quedará Laura?
BIBLIOGRAFÍA
• RESUMEN
G
de desamparo en que se encuentra el niño.
Visita al domicilio
•
Tribunal de Menores
• Pericia Psicológica y Social de las niñas María y Laura
• Pericia Médica
Asesoría Pericial
Pericia Psicológica al padre
•
Información complementaria
Se tuvo acceso a declaraciones originales de los implicados en el presente
conflicto, facilitadas por el Tribunal y la Fiscalía Interviniente.
Motivo de consulta
El presente caso se inicia con la consulta del padre de las niñas a la Defensoría
Municipal, manifestando sus preocupaciones por el “bienestar física y moral“ de sus
hijas, quienes a partir de la ruptura de su matrimonio se encuentran conviviendo con
su madre en el domicilio de los abuelos maternos.
La intervención de la defensoría se centra inicialmente en la conflictiva conyugal
motivada por la consulta manifiesta del padre, quien aduce que su ex esposa no le
55
permite ver a sus hijas. Del abordaje de esta problemática inicialmente planteada, y
con la negativa de la niña mayor a ir con su padre a las visitas correspondientes al
régimen de visitas pautado, se detecta la problemática del abuso
ab uso de ésta.
Esta forma de detección es lo que marca las particularidades del caso, esto es:
haberle brindado a la niña un espacio donde la escucha tiene valor de mensaje.
Donde la revelación al psicólogo tuvo valor de confidencia incluyendo un mensaje
que apuntó en la niña hacia la búsqueda de un soporte. Abrió una vía en la que pudo
expresar en palabras la situación real. De ahí, la posibilidad del Psicólogo de evaluar
el impacto emocional recibido por la situación de abuso planteada. Escuchar…
entrar en el juego de la niña, incluirnos con su “decir”, permitió que se entendiera
que su “no” a ver, a salir con su padre (incumplimiento del régimen de visitas) no
tenía sólo relación con un conflicto parental propio de separaciones conflictivas
y utilización del niño como objeto de uno u otro padre, sino una forma de hacer
visible la situación de abuso sexual a la que la niña estaba siendo sometida. Este
desciframiento de lo que la niña quiso comunicar, fue parte de un proceso en el que
G
el valor del vínculo terapéutico cumplió con una función primordial.
A partir de este conocimiento, se da intervención a la Unidad Fiscal de Instrucción
de Conflictos Familiares, poniéndose en marcha el proceso judicial correspondiente. G
Resultados
(Derivados de las entrevistas mantenidas y los datos obrantes de la IPP
-Instrucción Penal
Penal Preparatoria-
Preparatoria- y en el legajo de la Defensoría Municipal).
Características psicológicas
56
ha dificultado la posibilidad de registro de las necesidades de su hija, sumando a esto
la resignificación de su propio abuso, minimizado y que moviliza conductas evitativas.
De Marcos (padre de la niña):
Rendimiento intelectual encuadrado dentro de los parámetros de la normalidad.
Estilo cognitivo: rígido, con dificultades para reflexionar, con tendencia a
adherirse a esquemas estructurados, con dificultad para aceptar los cambios
y los puntos de vista del otro. Necesidad de tener todo bajo control. Vivencia los
desacuerdos como un ataque a su Yo.
Lenguaje: verborrágico, detallista, con dificultad para concretizar un tema.
Actitud: desinhibida y expansiva.
G
Conducta interpersonal: individualista, egocéntrico, dominante y autoritario.
Dificultad para expresar sentimientos cálidos. Preocupación por mantener una fachada
socialmente aceptable. Personalidad: Yo lábil, inmaduro, tendencia a la impulsividad.
Sexualidad: conflictos con las figuras femeninas. Imagen materna desvalorizada. G
Imagen patena idealizada. Angustia y perturbación ante la sexualidad.
57
ser perjudiciales para un menor aunque no impliquen contacto físico alguno, como
por ejemplo, el exhibicionismo genital, la masturbación frente al menor o tomarle
fotos sexualmente sugerentes o invadir su seguridad o privacidad (por ejemplo
espiarlos mientras se baña o viste, hacerle comentarios seductores explícitos, etc.)
Se produce abuso sexual entonces, cuando se somete a una menor como víctima a
la exposición de un estímulo sexual inapropiado para su edad y el nivel de desarrollo
psicológico e intelectual por parte de un adulto”.
Es cualquier clase de gratificación sexual, con un menor, realizada por un
adulto, desde una posición de autoridad o poder sobre él. Puede ser intra (incesto)
o extrafamiliar, siendo más frecuentes los primeros. Pueden ser ocasionales o
permanentes a lo largo de la vida infantil.
Se trata de una situación de alta emotividad o de terror, que facilita la retención
de información y el recuerdo de experiencias pasadas.
Una revelación resulta verosímil cuando las conductas, afectos y cogniciones del
menor son comprensibles y están en consonancia con la narración expuesta.
G
Un testimonio es válido o se lo toma como veraz, cuando el recuerdo es una
representación de lo ocurrido y se adecua a la realidad objetiva.
Consideraciones teóricas
58
hijos patrimonio de los padres, es un obstáculo añadido para la detección de cualquier
tipo de maltrato a niños y para la adopción de las medidas de protección necesarias.
Los abusadores de niños, al margen de las deficiencias personales y sociales que
presentan, son personas integradas a la sociedad, de hecho, no son delincuentes
habituales, son menos violetos, no cometen otros delitos y, salvo excepciones, no
tienen una carrera delictiva que los haya llevado a prisión.
La agresión sexual –ya sea con violencia física, coacción o simple prevalimiento
moral, como en el caso del abuso sexual en la infancia- es vivenciada por la víctima
como un atentado no contra su sexo, sino principalmente contra su integridad física
y psicológica.
Por ello el abuso sexual no es sino una forma más de victimización en la infancia.
Al margen de algunas alteraciones específicas en las respuestas sexuales, las secuelas
de este trauma son muy similares a las generadas por otro tipo de victimización
(maltrato físico, abandono emocional, etc.), que además pueden darse, en algunos
casos, simultáneamente. Por ello, los efectos psicológicos producidos en los niños
G
están referidos, como en los demás traumas, a la situación de desamparo que se
encuentra en el niño.
Estas consideraciones teóricas, dificultan la realización de un diagnóstico pericial,
G
por la ausencia de indicadores más específicos que remitan al abuso, tanto desde la
víctima como del victimario.
En relación al caso planteado, resulta particularmente llamativo que la víctima
de abuso haya podido verbalizar la situación vivenciada con un lenguaje, si bien
acorde a su edad, con claridad y riqueza expresiva, así como la utilización del especio
psicológico forense como marco de contención emocional y afectiva, donde expresó
la conflictiva atravesada.
Algunos conceptos teóricos que permitieron evaluar el relato de la niña son:
59
¿Un abuso de palabras?
Liliana Waters
Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona, como en la persona de cualquier
otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un medio.
Immanuel Kant
• RESUMEN
G
familiar, etcétera.)
Para tratar el tema es necesario esclarecer algunos conceptos. La lengua española
dice acerca del abuso: “ Abusar, acción de usar mal o indebidamente algunas cosas” y de
la honestidad: “Decencia y moderación en personas, acciones y palabras: recato, pudor G
o decoro”.
Las carátulas de los oficios de menores que llegan a tratamiento dicen: X
Presunto abuso deshonesto, o X Abuso Deshonesto: siendo X el nombre de la víctima.
Si entre X y el denunciado existe un vínculo previo, en muchos casos, éste ha sido
interrumpido a partir de este enunciado.
El denunciante pide así, que la justicia en tanto ley, sea ordenadora iniciando
una causa numerada y nominada, que en su carátula enuncia la consecuencia de
un conflicto. El ámbito judicial se abocará a la verdad comprobable. La psicología
deberá desde la escucha y los elementos de testificación, averiguar acerca de las
causas que originó esa consecuencia, que es la carátula.
¿La verdad de la carátula? ¿La verdad del inconsciente? Lo jurídico y lo psicológico
tienen un objetivo central: la conducta humana. Pero es la Psicología la que debe dar
cuenta de los conflictos humanos.
Comenzando con la tarea de despejar, en principio cabría pensar en eliminar
los vocablos “presunto” y “deshonesto”, ya que no hay correlato para sostener
calificativamente un abuso como deshonesto, ni mucho menos como “honesto”. Es
simplemente abuso. Y también cabría eliminar presunto ya que hay alguien que sí
produjo el abuso. Alguien fue abusado, en tanto objeto del uso del otro.
61
Establece el Artículo 127 del Código Penal, que: se impondrá prisión de seis
meses a cuatro años, al que abusare deshonestamente de personas de uno u otro
sexo, concurriendo algunas de las circunstancias del artículo 119°,sin que haya
acceso carnal.
(Nota de la revisión 2017: este artículo fue substituido por art. 23 de la Ley
N° 26.842 B.O. 27/12/2012, pero al no modificar el concepto que se trabaja en el
presente texto, se lo ha dejado como figuraba en su original del año 2003).
Las carátulas de los oficios de menores que llegan a tratamiento dicen: X
Presunto abuso deshonesto, o X Abuso Deshonesto: siendo X el nombre de la víctima.
Si entre X y el denunciado existe un vínculo previo, en muchos casos, éste ha sido
interrumpido a partir de este enunciado.
El denunciante pide así, que la justicia en tanto ley, sea ordenadora iniciando
una causa numerada y nominada, que en su carátula enuncia la consecuencia de
un conflicto. El ámbito judicial se abocará a la verdad comprobable. La psicología
deberá desde la escucha y los elementos de testificación, averiguar acerca de las
G
causas que originó esa consecuencia, que es la carátula.
¿La verdad de la carátula? ¿La verdad del inconsciente? Lo jurídico y lo psicológico
tienen un objetivo central: la conducta humana. Pero es la Psicología la que debe darG
cuenta de los conflictos humanos.
Comenzando con la tarea de despejar, en principio cabría pensar en eliminar
los vocablos “presunto” y “deshonesto”, ya que no hay correlato para sostener
calificativamente un abuso como deshonesto, ni mucho menos como “honesto”. Es
simplemente abuso. Y también cabría eliminar presunto ya que hay alguien que sí
produjo el abuso. Alguien fue abusado, en tanto objeto del uso del otro.
Carpio, A. (1979) haciendo referencia a Kant, dice “Se obra inmoralmente, cuando
a una persona se la considera nada más que como un medio o un instrumento para
obtener algún fin…”
Otro punto para pensar, es si lo que se describe a continuación corresponde a
situaciones victimizantes.
Una de ellas, se da cuando la víctima (con la connotación que ésta palabra ya
implica) es puesta -expuesta- a ser testigo de sí misma.
Un caso concreto es el de Paula, de trece años, para quien el Juez de menores
indicó tratamiento psicoterapéutico por haber resultado “víctima de abuso
deshonesto”. La menor denunció manoseos por parte de un vecino que la conocía
desde muy niña. Ella pudo en la oportunidad, evadir la situación, no hubo testigos.
El demandado por su parte tenía antecedentes por razones similares. Los padres
de Paula efectuaron la denuncia. El caso llegó a la instancia del juicio oral. La niña
para entonces ya había abandonado el tratamiento. Transcurrió aproximadamente
un año de aquel juicio. Paula llega un día angustiada al consultorio, asociando ésta
angustia presente con lo sucedido aquel día del juicio, que no podía olvidar…”Todos
me hacían preguntas…Tuve un careo con él (el denunciado)…yo tenía ganas de
llorar, eso era horrible. No quiero ir nunca más a ese lugar…El sigue suelto, ahora en
el barrio algunos creen que mentí…pero yo dije la verdad. Si a otra chica le pasara lo
que me pasó a mí, le aconsejaría que no diga nada…” obturación de la palabra que la
borra del lugar de sujeto, dejándola -expuesta- a que vehiculice en un acto.
Y cuando son mujeres que denuncian maltrato a su persona aun existiendo
lesiones constatadas, la ausencia de testigos no les da absoluta credibilidad a sus
62
dichos, ya que según algunos, “ella podría haberse provocado las lesiones, para que
de esa forma sacarse al hombre de encima” .
Durante la investigación, una de las cosas que se solicitan al denunciado es que
presente personas que testimonien “su buen nombre y honor”, testimonios que
habitualmente se consiguen sin dificultad. El violento aparece así como un sujeto
socialmente cordial, amable y hasta solidario. Sumado esto a la ausencia de testigos
del acto, provoca que las denuncias se desmoronen o archiven.
La postura policial se orienta muchas veces a desviar la denuncia, a que quede
sólo en una exposición civil, porque esos funcionarios creen en la trillada presunción
de que “…total después vuelven a estar juntos..” por lo que es de suponer falta de
lectura del círculo de la violencia y de sus impactos, del doble perfil del violento, de
la vergüenza de la baja autoestima, las depresiones y los miedos de la víctima.
Carmen de 40 años efectuó reiteradas exposiciones civiles y denuncias
penales por violencia y amenazas. No hubo testigos de los episodios expuestos y
G
denunciados. El violento iba a buscarla al trabajo y bajo amenaza la amedrentaba y
obligaba a caminar junto a él por la calle como si todo estuviera bien entre ambos.
Luego la asesinó y se suicidó. En este caso, la obturación de la palabra culminó en el
acto último de la existencia. G
Hay casos de niños que asisten a tratamiento psicológico derivados por la
justicia, por abuso físico en cualquiera de sus tipologías.
Los dos ejemplos que continúan están vinculados específicamente con
denuncias de abuso sexual, y permitirían observar el abuso del denunciante sobre
el menor. Este tipo de denuncias parecieran producirse cuando en el ámbito familiar
primario o más extenso, existe una conflictiva vincular severa; observándose que
cuando es uno de los progenitores el que denuncia, si aún cohabitan no están
diferenciados entre sí; están adheridos, indiscriminados como figuras parentales,
simbióticamente unidos, se complementan y sostienen en ese par ticular y patológico
vínculo. Y cuando ya no se cohabita, pareciera que aún no han logrado separarse,
divorciarse vincularmente, discriminarse. Se establecen en el lugar de la querella,
continuando aún unidos, al menos a través del expediente, por enojos, venganzas,
rencores, convirtiendo al hijo en el depositario de esos sentimientos y puntos de
descarga de la querella.
Así como en muchas oportunidades se pudo comprobar el abuso, cabe
considerar que algunas personalidades con componentes histéricos y con defensas
frágiles pueden acrecentar esta dinámica, imaginando y/o fabulando lo que el
menor hubiera dicho y que en realidad, lejos está del abuso. Y por determinadas
circunstancias acrecientan los sentimientos antes mencionados, se desestructuran,
y así lo sostiene y denuncia, por ejemplo uno de los progenitores.
CASO 1
Niño de cinco años enviado a tratamiento psicoterapéutico a partir de la denuncia
de su madre, (que previamente efectuó contra el padre del menor denuncias de otra
índole) y que culminó manifestando que la abuela manoseaba los genitales del
pequeño. No se detectaron indicadores de abuso sexual y sí se determinó que la
denunciada, lo que hacía era higienizarlo y enseñarle cómo hacerlo por él mismo.
63
Este Secreto, como precondición del abuso, es mantenido por temor a las
posibles consecuencias. Muchas veces más o menos claramente también es la
familia, donde los hechos se suscitan, la que oculta o disfraza el abuso.
Lo distintivo es, que es la víctima quien carga con la responsabilidad del
resguardo del secreto.
Las frases que siguen explicitan esta condición de depositario y guardián del
secreto, así como los beneficios que para la víctima traería esta condición.
“Tus hermanos no tienen esta suerte, vos mejor no cuentes porque te van a hacer
problemas…por celos digo”
G
El beneficio es que su silencio la preserva de tener problemas con sus hermanos.
“este secreto nuestro mejor guárdalo vos, que es a quien más le conviene que no se sepa”
G
El beneficio es que guardar el secreto la preserva de algo no dicho, pero de tono
claramente preocupante sino más grave aún para quien lo revele.
2) CONFUSION
En esta confusión se esconde: esto nos pasa a los dos, no está bien lo que
hacemos, pero si Dios quiere no nos volverá a pasar (a ambos)…ahora si nos pasa es
porque Dios lo ha permitido…
Esta caracterización de un modo de vincularse y de someter a la víctima, genera
o aumenta su estado de vulnerabilidad.
3) VIOLENCIA
70
La violencia también es psicológica, implica una agresión a la psiquis y a la
emocionalidad.
En este sentido puede herir mucho más profundo que la violencia física, ya que
dejan a la víctima débil y vulnerable frente al agresor (quien ejerce su poder de
jerarquía y debilita la figura del otro). La violencia psicológica corroe el psiquismo,
limitando el desarrollo y muchas veces termina desembocando en dramas fantásticos
y muy dolorosos cuando la persona que lo sufre entra en crisis.
La violencia psicológica, puede estar incluida en un discurso que va de la
seducción a la amenaza. En estas escenas de seducción, el menor no está preparado
para ser partenaire del adulto, queda entrampado en ellas, en estado pasivo, de
indefensión respecto de lo que le sobreviene. No podrá integrar adecuadamente
lo que adviene de esa escena por un lado amorosa, perturbadora pero francamente
violenta. En esta indefensión el niño accede a la voluntad de su agresor
“…sos tan linda que no puedo evitar tocarte…pero sos así linda sólo para mí porque
G
soy tu papi, que nadie intente mirarte como yo porque mueren los dos…”
4) AMENAZAS G
La amenaza forma parte del conjunto de elementos de sometimiento a la
víctima, siendo el contenido de ésta, de daño a la familia, encubierta o abiertamente
planteada. La intimidación puede llegar a ser amable, pseudo cariñosa o amenazante
En el texto del discurso abusador puede leerse una represalia oculta:
5) PROYECCION DE LA RESPONSABILIDAD
71
6) AISLAMIENTO
G
7) NORMALIZACION
Se trata del concepto de normalización como aquella vivencia que lleva a que
algo de lo siniestro o el espanto de la práctica sexual con el niño (incestuado o
víctima de abuso intrafamiliar) sea entendido como normal.
El énfasis está puesto en que la violencia sexual que ocurre dentro de un sistema
familiar, pasa a ser normal, negando la gravedad del hecho. Particularmente se
trata el tema en relación al concepto de la normalización en tanto habituación a la
experiencia. La normalización del abuso sexual es descrita como un efecto que se
produce cuando la situación abusiva no ha sido interrumpida por la intervención de
G
algún adulto cercano a la víctima que señale la prohibición que recae sobre estos actos.
Pasar a percibir como normales estos actos abusivos, genera o complementan la
dificultan en la víctima de crear relaciones sociales.
El agresor sexual alecciona al abusado sobre la normalidad del vínculo abusivo:
“Todos los padres y sus hijas lo hacen… así aprendes como hacer feliz a un hombre y
además no te van a lastimar, nadie te va a cuidar como yo”.
“Es para evitar males mayores”.
“Me duele más a mí”.
“A mí también me pegaron y tan mal no he salido” .
8) PREMIO A LA PREFERENCIA
72
formaba parte de ninguna legislación vigente en el país hasta el año 2015, así como
que tampoco comprende ningún cuadro psicopatológico encuadrable en entidad
nosográfica alguna. A pesar de ello se ha ido abriendo espacio en las demandas,
de modo tal que ya es prácticamente imposible encontrar demandas por Daños y
Perjuicios que no incluyan este concepto.
G
jurisprudencia al igual que en otras reparaciones.
En primer término, para que pueda hacerse referencia a la existencia de un daño
psicológico es indispensable que exista un daño jurídico. G
Es la violación del deber de no dañar a otro el que genera la obligación de
reparar el daño causado y que tal noción comprende todo perjuicio susceptible
de apreciación pecuniaria que afecte en forma cierta a otro, a su patrimonio, a su
persona, a sus derechos o facultades. A ello debe sumarse que el hecho generador
del daño puede también consistir en una omisión del deber de cuidar o preservar
un bien por ejemplo. Se puede decir que aquel daño jurídico se contempla
considerando aquellos valores que el estado valúa como tal: la salud, la libertad, el
honor, la intimidad, etc.
En consecuencia, debemos empezar por definir qué se entendió y que se
entiende por daño.
Antiguamente
Posteriormente
83
3) Imputable a alguien
4) Que exista daño patrimonial o vital
5) Que exista nexo de causalidad
6) Que el impacto emocional experimentado se deba a situaciones que revistan
cierta gravedad o irrecuperabilidad.
G
directos e indirectos) que debe complementarse, conforme las nuevas tendencias
en materia de derecho de daños a las personas, con la definición del daño
extrapatrimonial o moral, es decir, el daño se encuentra constituido no sólo por G
el menoscabo patrimonial sufrido por el individuo sino también por aquellas
afecciones de índole moral y/o espiritual.” (Satta, 2012)
Actualmente
¿Cómo se indemniza?
84
1- En forma de reparación natural o innatura, aportando el resarcimiento
económico que se requiera para volver las cosas al estado en que estaban
antes de sucedido el evento dañoso. En el caso de la aparición de un cuadro
psicopatológico a posteriori y a causa del hecho de litis, el responsable de
lo sucedido hará el aporte económico necesario para que el actor realice el
tratamiento psicológico que el perito indique. Esto se basa en el supuesto
de que el éxito del trabajo analítico deje sin secuelas sintomáticas al aparato
psíquico dañado.
G
Todo ello se resarce por medio del porcentaje o gradación de incapacidad fijada.
Si lo perdido a causa del evento es la salud psíquica, o la posibilidad de realizar una
vida dentro de los parámetros normales o iguales anteriores al hecho, de buscar G
o mantener un trabajo, de relacionarse con su familia o su grupo de pertenencia,
de llevar a cabo actividades recreativas del tenor y calidad de las que llevaba
anteriormente al hecho que da lugar al litigio.
La libertad
•
La honestidad
•
El honor
•
La intimidad
•
Debemos diferenciarlos claramente, debido a que estos dos conceptos muchas veces
se toman como sinónimos o al menos se desconocen acabadamente las diferencias
entre uno y otro, llevando esto a severos errores no sólo en los pedidos de puntos de
pericia, sino en las respuestas que los profesionales de la salud damos a éstos.
En principio y en líneas generales, los distintos autores psicólogos consideramos
que el daño psicológico y el daño moral son totalmente independientes. Ambas
clases de daños existen con total independencia uno del otro, ya que apuntan a
análisis diferentes de las consecuencias en el actor de la Litis, pero es interesante
considerar que a pesar de ello, no es posible la existencia de un daño psicológico sino
existe previamente, un daño moral en la persona del reclamante, cuyo padecimiento
(normal y esperable) no pudo ser asimilado por el psiquismo del sujeto provocando
una patología etiológicamente ligada con el hecho de autos.
85
Baremos y en veremos...
Algunas Conceptualizaciones
Graciela Gardiner
• RESUMEN
El tema baremos es uno de los de más difícil aplicación, para los profesionales que
no pertenecen a las ciencias exactas, o cuyo modelo de pensamiento está asociado
a la producción ideica más libre, en lugar de encontrarse en situaciones regladas,
métricas o tabuladas, como ocurre con otros profesionales.
Desde esta atalaya se dispone abordar uno de los temas más complejos que
se nos presentan a los psicólogos, cuando enfrentamos el punto álgido de dar
respuesta al requerimiento de fijar porcentaje a una incapacidad psíquica. Es una
G
dificultad común tanto para los profesionales de la salud mental, como para otras
disciplinas, incluidos los que abogan y a aquellos a quienes les compete impartir
justicia.
Se hará un distingo entre lo que es una tabla tarifada o tarifa de lo que es una
tabla de incapacidades o baremo.
Siendo éstas dos cuestiones diferentes, se acepta el concepto de que ningún
guarismo puede ser la expresión aritmética fiel de una incapacidad psíquica;
solamente es una estimación lo más cercana posible a la realidad.
Distintas terminologías ajenas al quehacer psicológico, dificultan la tarea al
momento de realizar precisiones sobre una enfermedad determinada y su etiología
o incidencia actual y futura; pero a su vez, impulsan a una dificultad aún mayor: al
G
requerimiento muchas veces con carácter de obligatoriedad a cuantificarlas. Y allí
es el verdadero desafío, especialmente teniendo en cuenta que no se dispone de
baremos psicológicos.
El tema baremos es uno de los de más difícil aplicación, para los profesionales que
no pertenecen a las ciencias exactas, o cuyo modelo de pensamiento está asociado
a la producción ideica más libre, en lugar de encontrarse en situaciones regladas,
métricas o tabuladas, como ocurre con otros profesionales.
Desde esta atalaya se dispone abordar uno de los temas más complejos que se
nos presentan a los psicólogos, cuando enfrentamos el punto álgido de dar respuesta
al requerimiento de fijar porcentaje a una incapacidad psíquica. Es una dificultad
común tanto para los profesionales de la salud mental, como para otras disciplinas,
incluidos los que abogan y a aquellos a quienes les compete impartir justicia.
Se hará un distingo entre lo que es una tabla tarifada o tarifa de lo que es una
tabla de incapacidades o baremo.
Siendo éstas dos cuestiones diferentes, se acepta el concepto de que ningún
guarismo puede ser la expresión aritmética fiel de una incapacidad psíquica;
solamente es una estimación lo más cercana posible a la realidad.
Tarifa es una palabra de origen árabe que significa lista de precios, impuestos
o derechos que deben pagarse por ciertos trabajos o cosas. Baremo es un término
97
acuñado en homenaje a François-Bertrand Barrême (1638 - 1703) fue un matemático
francés, considerado uno de los padres fundadores de la Contabilidad, autor de
varios libros de esta clase y significa “libro de cuentas ajustadas”. También bareme
es una tabla de cálculos para tantos por cientos o proporciones según el sistema
Barreme. Esta última expresión es estima como la más correcta para definir las tablas
de incapacidades.
En consecuencia, una cosa es el baremo, tabla o cuadro de valorización de
disminución de la capacidad psíquica y otro tema es el precio o tarifa que se debe
pagar de acuerdo a la disminución de la capacidad determinada por ese baremo.
La distinción entre la medición de la capacidad psíquica a posteriori de un
evento dañoso, o la determinación de la incapacidad psíquica proveniente de ese
evento, es precisamente la tarea a la que nos vemos compelidos; el precio o la tarifa
que se deba pagar de acuerdo a esa medida, no es de nuestra incumbencia. Nuestra
única función posible, en cuanto a estimar costos, es la de la cantidad de sesiones
psicológicas estimadas para la rehabilitación (como recuperación plena) o mejoría
G
(recuperación no plena) del sujeto afectado y valor actualizado de las mismas.
Este pronóstico , orientativo se realiza calculando cuántas sesiones semanales se
indicaría para el caso evaluado, y cuánto tiempo en meses se estima necesario para G
el mismo fin. La multiplicación de las sesione semanales (ejemplo: 2), por cuatro
semanas mensuales (8), multiplicado por los meses (12,18 o 24) darán el primer
número (ej. 24x8x12). Este primer número es la cantidad de sesiones necesarias para
el tratamiento psicoterapéutico del sujeto. El valor se multiplica a su vez por el costo
estimado de las sesiones en plaza, a la fecha de la pericia, (ej. $500 x 192: $96.000) El
costo del tratamiento indicado, en el ejemplo dado, ascendería a $ 96.000. - Este tema
de relativamente fácil instrumentación desde las matemáticas, y hasta superfluo de
colocarlo en este texto, nos lleva asimismo a un posicionamiento que también tiene
sus complicaciones aceptar. ¿Podemos con total firmeza estimar cuánto demorará
un sujeto en recuperar la salud perdida? Y si la recuperara, ¿podemos calcular cuánto
demorará en establecer transferencia e iniciar análisis? ¿Podrá? ¿Podremos?
Se presentan temas de todavía más difícil apreciación. ¿Cuáles son éstos? La
capacidad actual del sujeto y su complemento: su incapacidad actual. Pero más aún:
98
Capacidad laboral
Incapacidad laboral
G
observada. Se plantea que frecuentemente el factor causal (etiológico) no es el
único, aceptándose cada vez más, la multicausalidad de los estados de incapacidad.
Es importante siempre tener en cuenta que la respuesta psíquica a un evento
99
antes le resultaban placenteras, el embotamiento afectivo y la sintomatología física,
tendremos ante nosotros un sujeto con una patología altamente invalidante que, si
no es tratado adecuadamente, muchas veces va a terminar con la vida del sujeto -ya
sea por suicidio, por otra muerte violenta, tal como desarrollar
desarrollar actos violentos y ser
víctimas ellos mismo- o por enfermedad física asociada al cuadro psíquico.
El PTSD afecta seriamente las relaciones interpersonales del individuo. El
aislamiento y la evitación del contactos con otros, son sintomáticos.
La convivencia con estos sujetos, contamina los vínculos establecidos o a
establecer en sus grupos primarios, pudiendo afectar luego a las siguientes
generaciones. En este sentido el PTSD tiene carácter de “hereditario” e “invalidante”.
Constituye pues, un grave riesgo para las generaciones futuras, las que deben
preservarse de manera preventiva.
Se puede tomar como hechos traumáticos grupales en nuestro país: la guerra de
Malvinas, los atentados a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) y la Embajada
de Israel, la explosión de Fabricaciones Militares de Rio Tercero, las frecuentes
G
inundaciones de nuestros campos y ciudades. También han sucedido otros hechos
que sin constituir catástrofes de esta naturaleza, son altamente invalidantes: generan
depresión, angustia, impotencia, sentimientos de inutilidad, temores, dificultades en G
el sueño, embotamiento afectivo y diferentes sintomatologías físicas. Éstos son los
hechos de violencia diaria, de parte de los grupos transgresores a las normativas:
los que asaltan, violan, matan, secuestran y también los que incumpliendo con sus
deberes de protección y cuidado de la sociedad, transgreden las normas básicas, los
derechos de los otros, de todos y generan a su vez verdaderas catástrofes cotidianas.
Analicemos un severo conflicto: la escasez de trabajo en el mundo actual.
Conocido es en nuestra cultura el lugar del trabajo, no sólo como el proveedor del
sustento básico, sino por el papel que desarrolla
desarroll a en la constitución del psiquismo.
Las personas cuando se dicen a sí mismas, se definen como “Soy X” y da su nombre nombre
o “Soy X” y da su profesión u ocupación.
ocupaci ón. Puede decirse que se es en tanto identidad, entre
otros elementos constitutivos, en función de lo que hace y cómo se define.
El trabajo, el futuro, la seguridad social, constituye una garantía para el psiquismo.
La pérdida de estas garantías tienen un impacto demoledor para el sujeto y su
psiquismo.
El desocupado se desvaloriza y descalifica a sí mismo, la sociedad en general
hace lo propio. Si un sujeto dice “soy“soy x” seguido de su ocupación, esto tiene un valor
sociocultural; si lo cambia por “soy X” seguido del vocablo “desocupado”, tiene otra
connotación sociocultural muy distinta. Y si esto es una situación de larga data, se
carga de un estigma que lo afecta notoriamente.
En el caso de los sujetos de género masculino, una de las consecuencias en lo
intrafamiliar, es el cambio de roles. De salir a trabajar, proveer
proveer el sustento de la familia
famili a
junto con la pareja en muchos de los casos de nuestra modalidad familiar, trabaja
dentro de su casa, se ocupa de las tareas domésticas o escolares de los hijos, es
chofer de la familia o quien al menos los l os acompaña a sus actividades. Esta disrupción
en la dinámica familiar, genera preocupación, angustia, descalificación, merma de
la autoestima y una de las posibles consecuencias estadísticamente la de mayor
incidencia es la agresividad. Si ésta es puesta en acto (transformada en violencia
física o verbal), provoca catástrofes vinculares; si es reprimida, provoca catástrofes
en el psiquismo o su derivación a lo somático, generando severas somatizaciones.
105
Esta estigmatización posibilita esperar entonces, generaciones enteras con
riesgo de PTSD. Y como se ha dicho, éste es invalidante y genera a su vez, por
“herencia”,, invalidez en las
“herencia” l as generaciones futuras.
En las temáticas sociales analizadas, el daño psíquico consecuente con la
situación de estrés es: actual, presente y por lo antedicho futuro. Siguiendo esta
conceptualización, puede afirmarse muy lamentablemente que tiene una de las
cualidades que requiere el diagnóstico-pronóstico de daño futuro: precisión de
certeza (aunque no cumpla con los requisitos jurídicos para el mismo).
-Nota: Agradezco los conceptos aportados para el presente texto, por el Dr.
Camilo Matías Aurelio Cuenca.
BIBLIOGRAFÍA
G
Bonnet, E. (1975) Lecci
Lecciones
ones de Medicina Legal , Buenos Aires, edit. López
Gardiner, G. (1994) Sintomatología Recurrente en choferes de colectivos, revista
científica del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires , Año 1, N° 1. G
Lisi, F. (1992) Manual de Medicina del Trabajo, Buenos Aires, edit. Némesis, 2ª edición.
Silva, D. y De la Parra, J.(1992) Psicofisiología del trabajo. Stress psíquico, Buenos Aires,
Anales de la Academia Nacional de Ciencias.
106
Lo traumático:
traumático: una oportunidad no buscada
María Nicolasa Amilkar
• RESUMEN
En este trabajo se consideran a partir del análisis de una viñeta clínica, algunos
de los efectos e implicancias del trauma y su tramitación en el espacio intersubjetivo.
Al reflexionar sobre el encuentro entre la realidad material y la realidad psíquica
atravesadas por las perspectivas de género, ingresando al esquema de las Series
complementarias de S. Freud, surgen algunos interrogantes.
Éstos están vinculados al lugar que tiene lo radicalmente nuevo, lo indeterminado
en la disciplina psicológica.
G
Apuntalada en desarrollos pioneros sobre el tema (Badiu, Deleuze y otros)
y regresando al marco judicial desde el que emerge esta Demanda, se proponen
algunas líneas de abordaje desde un dispositivo vincular.
107
La realidad material y la realidad psíquica, remitiendo a diversos universos de
sentido, nos colocan ante Oscar, ex seminarista y religioso práctico, dando a la
muerte de su hija una significación particular, la que le permite su pertenencia a
un contexto religioso no compartido por su esposa Marta. Así desde el inicio, la
realidad material tiene para ambos una inscripción psíquica propia, siendo la muerte
para el padre, otra forma de existencia; mientras que la madre lo semantiza como
siniestra, quedando de este modo la capacidad de su aparato psíquico desbordada
para que pueda ser asimilada.
No debe dejarse de tener en cuenta el atravesamiento de las perspectivas de
género tradicionales que a través de las Normativas Hegemónicas de Género
(3) marcadas, como todo producto de la cultura patriarcal, por la dicotomía y la
desigualdad, organiza la producción y la reproducción de las identidades masculinas
y femeninas. Reservando para ambos mandatos imperativos, en función de los
cuales los varones, deben ser… ”independientes, fuertes, dominantes…” y las mujeres
“…frágiles, dependientes, depositarias de la locura…” sin diversidad posible.
G
S. Freud plantea que del encuentro entre estas dos realidades dependerá el
destino y el valor traumático del suceso acaecido. Siguiendo esta línea, ingresa al
esquema de las Series complementarias, donde la historia par ticular del sujeto tieneG
un peso decisivo en los acontecimientos actuales.
Pero hay casos como el planteado en el que lo vivido es condición necesaria pero
no suficiente para otorgarle sentido a lo acontecido. La significación del suceso actual
no está contenido en potencia en las historias vitales de las personas implicadas.
Surge así un interrogante: ¿Qué lugar tiene lo radicalmente nuevo, lo indeterminado,
en nuestra disciplina?
“La problemática de la novedad radical tiene que pensarse con el principio de la
razón suficiente” (8)
“Con radicalmente nuevo, no me refiero simplemente a lo novedoso, como
podría ser una combinación de elementos existentes que resulte más adaptada
pero homogénea con la existente, ni algún reacomodo de cosas o despliegue de
potencialidades existentes pero retenidas, como las de una semilla que espera la
oportunidad para germinar, sino a la adquisición de una nueva clave no homogénea
con las existentes, que hasta entonces era impensable para esa situación.” (2)
Desde la perspectiva teórica que desarrolla la noción de acontecimiento (Badiou,
Deleuze y otros), queda acentuado el grado de originalidad que el acontecimiento
introduce, a diferencia del trauma, donde lo que se enfatiza es su valor como
resignificador de situaciones vividas.
Para estos pensadores, los hechos anteriores son causa necesaria pero no
suficiente para significar los acontecimientos actuales.
Siguiendo ésta línea de pensamiento, las vidas de Oscar y Marta tienen la
oportunidad de ser suplementadas con una nueva organización de sentido, no
prevista en los tramos previos a los hechos que nos ocupan.
La concepción Deleuziana de devenir es opuesta a la de desarrollo, donde lo que
se acentúa es el despliegue de lo que está en potencia; permite la emergencia de lo
nuevo, lo diferente que caracteriza al acontecimiento.
Continuando con esta pareja de padres, a los que la calidad y magnitud de lo
sucedido rebasa los parámetros conocidos y las significaciones dadas, reclaman
algo más que no está contenido en potencia en el desarrollo anterior, estamos en
108
presencia de un acontecimiento que deja una marca en la estructura conmovida
desde sus cimientos. “Estamos desunidos, no tenemos proyectos juntos, intereses
distintos…¿para qué seguir así?...nos separamos, nos juntamos…no sabemos que hacer”
Aquello que para la justicia cierra a partir de la sentencia dictada por el Juez, abre
en nuestra disciplina hacia un campo de problemáticas al que desde nuestro lugar
de peritos debemos aportar indicaciones y reflexiones.
En el caso que nos ocupa, los actores fueron derivados a un tratamiento de
pareja que les permitiría la apertura a otros espacios simbólicos, posibilitándoles la
construcción de múltiples sentidos. “El acontecimiento se construye con el proceso
mismo de la intervención” (8). Una propuesta terapéutica alineada hacia una
apuesta reorganizada, nueva, donde ambos alternativamente puedan ser sostén
del otro, les facilitará la producción de sentidos suplementarios. “Deshacer algunos
anudamientos paralizantes a fin de descubrir nuevas tramas”. (9)
“Si bien al instante del acontecimiento es inaprensible, su dirección impredecible
y su transcurso inmanente, lo rodean dos tiempos esenciales a la práctica y tienen
G
gran relevancia clínica. Los tiempos del trabajo vincular incluyen: un tiempo de
trabajo sobre el vacío de la situación anterior y el tiempo de la posible fidelidad a la
ruptura que su suplementación implica” (J. Moreno, 1990) G
Trabajar con esta pareja en relación a su cotidianeidad, proyecto vital compartido,
así como en el despliegue de sus posibilidades vinculares e individuales; es apostar
a la potencialidad creativa de ambos, donde una oportunidad no buscada pueda
producir acontecimiento.
BIBLIOGRAFÍA
(1) Berenstein,I. (1981) Psicoanálisis de la estructura familiar , Buenos Aires, edit. Paidós.
(2) (compilador) (2000) Clínica familiar Psicoanalítica, Estructura y Acontecimiento,
Buenos Aires, edit. Paidós.
(3) Bonino, L. (1998) “Deconstruyendo la normalidad masculina. Apuntes para una
psicopatología de género masculino, actualidad psicológica, año XXIII, N° 253.
(4) Daray, H. (1995) Daño psicológico, Buenos Aires, Astrea.
(5) Fenichel, O. (1966) Teoría psicoanalítica de las neurosis, Buenos Aires, edit. Paidós.
(6) Freud, S. (1920) Más allá del principio del placer , Tomo XVIII Amorrortu.
(7) Laplanche, J. y Pontalis, J. (1971) Diccionario de Psicoanálisis, Barcelona, edit. Labor.
(8) Lewkowicz, I. (1997) La irrupción del acontecimiento, Badiou, Deleuze, Castoriadis,
Seminario AAPPG.
(9) Puget, J. (2001) (Compiladora) La Pareja y sus anudamientos. Erotismo placer-
poder-trauma, Buenos Aires, edit. Lugar.
109
Estrés post traumático
María Ines Depaoli / Liliana Graciela Fortini
• RESUMEN
El estrés postraumático ha sido durante los últimos años un tema de enorme interés.
Aunque la inclusión del Trastorno por Estrés Postraumático (TPE), como categoría
diagnóstica independiente e las clasificaciones psicológicas es relativamente
reciente, no aparece hasta 1980 en el DSMIII.
En la actualidad el TPE hace referencia a aquel trastorno de ansiedad que
aparece como consecuencia de una experiencia trágica o fuertemente traumática,
englobando un amplio conjunto de síntomas o estados psicológicos muy variados.
Los criterios diagnósticos para el TPE que aparecen en el DSMIV, contemplan una
G
sintomatología que se agrupa en las categorías de reexperimentación, evitación y
aumento de la activación, además de señalar un deterioro de la activación, además
de señalar un deterioro en el proceso emocional que da lugar a una experiencia de
terror e indefensión. G
Desarrollo
El estrés postraumático ha sido durante los últimos años un tema de enorme interés.
Las características del actual ambiente social, donde las guerras permanentes, las
catástrofes, los accidentes, los actos terroristas y agresiones de toda índole toman
una especial relevancia, de acuerdo a su frecuencia e intensidad, dan, si cabe, un
mayor interés a esta temática.
Aunque la inclusión del Trastorno por Estrés Postraumático (TPE), como categoría
diagnóstica independiente e las clasificaciones psicológicas es relativamente
reciente, no aparece hasta 1980 en el DSMIII, su estudio tiene una larga trayectoria
que abarca desde las formulaciones iniciales de Oppenheim (1892) o Janet (1925),
hasta los actuales modelos multifactoriales e integrados como el de Everly (1995)
o el de Bryan Harvey (2000) en que se funden aspectos cognitivos conductables y
psicobiológicos.
En la actualidad el TPE hace referencia a aquel trastorno de ansiedad que aparece
como consecuencia de una experiencia trágica o fuertemente traumática, englobando
un amplio conjunto de síntomas o estados psicológicos muy variados. Los criterios
diagnósticos para el TPE que aparecen en el DSMIV, contemplan una sintomatología
que se agrupa en las categorías de reexperimentación, evitación y aumento de
la activación, además de señalar un deterioro de la activación, además de señalar un
deterioro en el proceso emocional que da lugar a una experiencia de terror e indefensión.
El TPE es una condición debilitante que sigue a un evento de terror. Con
frecuencia, las personas que sufren el TPE tienen persistentemente memorias y
pensamientos espantosos de su experiencia.
El evento que desata ese trastorno puede ser algo que amenace la vida de esa
persona, o la vida de alguien cercano a ella. Cualquiera sea la razón del problema,
algunas personas con TPE vuelven reiteradamente a vivir el trauma en forma de
110
La gente que presenta este trastorno y que se vincula de esta manera con
niños según sus impulsos, puede limitar su actividad simplemente a desnudarlos, a
observarlos, a exponerse frente a ellos, a masturbarse en su presencia o acariciarlos
y tocarlos suavemente.
Otros sin embargo, efectúan relaciones o cunnilingus, o penetran la vagina, la
boca, el ano del niño con sus dedos, objetos extraños o el pene, utilizando diversos
grados de fuerza para conseguir estos fines.
Estas actividades se explican comúnmente con excusas o racionalizaciones de
que pueden tener “valor educativo” para el niño, que el niño obtiene “placer sexual”
o que el niño es “sexualmente provocador”, temas que por lo demás son frecuentes
en la pornografía pedofílica.
Los individuos pueden limitar sus actividades a sus propios hijos o a los familiares,
o pueden hacer víctimas a niños de otras familias.
Algunas personas con este trastorno amenazan a los niños para impedir que
hablen. Otros, particularmente quienes lo hacen con frecuencia, desarrollan técnicas
G
complicadas para tener acceso a los niños, como ganarse la confianza de la madre,
casarse con una mujer que tenga un niño atractivo, comerciar con otros que tengan
el mismo trastorno o incluso, en casos raros, adoptar a niños de países en vías de G
desarrollo o raptarlos.
Excepto los casos de asociación con el sadismo sexual, el individuo puede ser
muy atento con las necesidades del niño con el fin de ganarse su afecto, interés o
lealtad e impedir que lo cuente a los demás. El trastorno empieza por lo general
en la adolescencia, aunque algunos individuos manifiestan que no llegaron a
sentirse atraídos por los niños hasta la edad intermedia de la vida. La frecuencia
del comportamiento pedófilo fluctúa a menudo con el estrés psicosocial. El curso es
habitualmente crónico, en especial en quienes se sienten atraídos por los individuos
del mismo sexo. El índice de recidivas de los individuos con pedofilia que tienen
preferencia por el propio sexo, es aproximadamente el doble de los que prefieren
al otro sexo.
147
Especificar si:
Especificar si:
• Se limita al incesto
Especificar si:
G
F65.5 Masoquismo Sexual [302.83]
148
fetichismo transvestista o sadismo sexual. Las fantasías masoquistas probablemente
se dan desde la infancia. La edad en la que empiezan las actividades masoquistas con
la pareja es variable, pero con frecuencia es el principio de la edad adulta. El trastorno
tiene generalmente un curso crónico, y el individuo tiende a repetir una y otra vez el
mismo acto masoquista. Algunas personas con masoquismo sexual pueden llevar a
cabo actos masoquistas durante muchos años, sin aumentar su potencial lesivo. Sin
embargo, en otros casos aumenta la gravedad de los actos masoquistas con el paso
del tiempo o durante períodos de estrés, lo cual eventualmente puede producir
lesiones o incluso la muerte del individuo.
G
hecho (real, no simulado) de ser humillado, pegado, atado o cualquier otra
forma de sufrimiento.
B. Las fantasías, los impulsos sexuales o los comportamientos provocan
malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas G
importantes de la actividad del individuo.
149
trastorno es grave y se halla asociado con el trastorno antisocial de la personalidad,
los individuos pueden lesionar gravemente o matar a sus víctimas.
G
F65.1 Fetichismo Transvestista [302.3]
150
G
DESPUÉS DEL INFORME
G
161
Algunas consecuencias del Informe Pericial
Laura secondi
• RESUMEN
G
para el delincuente/loco: ¿cárcel o encierro manicomial? Y así siguiendo con la
escalada, siempre en un borde entre la punición y la exculpación, borde muchas
veces sin solución. Cabe aclarar que si bien corresponde a la incumbencia del
psiquiatra responder sobre la peligrosidad de un sujeto y sobre el Art. 34° del Código
G
Penal, (comprensión y dirección de los actos) el psicólogo queda implicado en ello
por el hecho de trabajar las dos disciplinas en forma conjunta y avalar o no con el
diagnóstico el dictamen psiquiátrico, ya que debe existir una coherencia interna
entre ambas pericias.
162
Se pone en juego la mayor complicación que atraviesa la pericia, la articulación
de dos discursos, el jurídico y el psicológico, soportados por nociones de sujeto muy
diferentes. Para el derecho el sujeto es una persona autoconciente y responsable
de sus actos, lo que supone una voluntad de la persona en cuanto a sus acciones
y una conciencia organizadora de las mismas. Para el Psicoanálisis, se trata de un
sujeto predeterminado por necesidades y funciones que le son ajenas y de las que
no es conciente, como tampoco elector voluntario de sus acciones. Ello no lo vuelve
irresponsable de sus actos. El sujeto sabe lo que hace; pero al mismo tiempo, no
sabe, en tanto y en cuanto desconoce las motivaciones inconcientes, siendo su
accionar el resultado de un juego de tensión entre el deseo y la represión.
Dije que la pericia ocurría por encargo judicial, pero en el fondo la pericia se debe
más a la iniciativa de las partes, que a requerimiento del juzgador, ya que cada una
de las personas aspira a que la realización pericial favorezca su posición o al menos
no la lesiones.
Como operador en la dimensión de la subjetividad, el perito intentará no quedar
G
sujeto a los determinantes del discurso jurídico, bajo la posibilidad de leer las
demandas judiciales desde una dimensión amplia y operar así con mayor grado de
eficacia en la dimensión de la verdad subjetiva en juego. G
La verdadera dificultad en la elaboración del dictamen está en el deber de informar
sobre lo procesalmente indicado (puntos de pericia) y la necesidad de informar sobre la
verdad subjetiva del sujeto de la pericia.
Un perito psicólogo es una persona física y su objeto de estudio es otra persona
física. Entre ambas personas debe producirse una relación tal que permita arribar a
un diagnóstico. Eso que debe producir, tiene que ver con un tipo de encuentro que
es un tipo de transferencia.
El diagnóstico es una transferencia posible que trae aparejados indicadores.
Diagnosticar no debe ser un acto cerrado que rotule y etiquete a alguien; por el
contrario, debe sostenerse la pasión por el enigma, aquello que permita ubicar
la pregunta acerca de la singularidad en el marco del motivo que demanda la
intervención pericial. Con lo cual, todo diagnóstico pone en acto el compromiso
ético de la posición del perito y de sus conceptos dentro de la operatoria judicial.
¿De qué puede dar cuenta nuestro saber? Se nos pide algo del orden de una definición
y toda definición supone el ejercicio de un poder.
La definición diagnóstica no es aleatoria para el sujeto, y tampoco la definición
de diagnóstico que cada uno de nosotros tengamos para operar. Por eso, no se
puede dejar de tener presente que se trata de un pronunciamiento psicológico en
las redes del discurso jurídico.
Se produce una clasificación del sujeto en la que puede quedar algo ordenado,
por la problemática de lo singular del síntoma y de su acto, quedarían excluidos. No
son inocuas estas clasificaciones para las personas que sufren. Existe una creencia
generalizada en los fueros, de que cada delito estaría tipificado en una patología
con lo cual la clasificación se va apoderando de la singularidad de ese sujeto y
los sistemas de regulación pueden estar muy distanciados de las necesidades
de quienes lo reciben. No podemos desconocer que se trata de problemáticas
subjetivas en parte coaguladas en papeles, que de algún modo al pasar por un
diagnóstico, éste genera consecuencias prácticas para esa persona. Suele tomarse
en la oposición significante: loco-no loco, imputable-inimputable, peligroso-
163
tantos intermediarios, la singularidad del sujeto queda incluida desde el
vamos. A su vez, de existir la posibilidad de un tratamiento éste podría ser
llevado a cabo por el profesional actuante. Vale decir que, si bien puede ser
que la demanda no esté madura para fines terapéuticos, desde el momento
en que el consultante “pide”, es porque hay una mínima pregunta de su parte.
10) La pericia suele generar un conflicto con la ética, ya que se impone la pregunta
de hasta dónde llega la obligación de hacer pública una información privada
por el uso que se hará de la misma. El informe privado no genera en sí mismo
conflicto ético.
11) El informe pericial implica el entrecruzamiento de dos discursos: el jurídico
y el psicológico.
12) En la pericia no hay devolución oral al cierre del proceso; sí la hay en cambio,
en la práctica privada.
G
consecuencias que en el Fuero de Familia, pueden llegar a determinar para un
Juez, qué sucederá con una tenencia, con un Régimen de Visitas, con una nulidad
de matrimonio, en el Fuero Civil con la existencia o no de daño psíquico, una G
inhabilitación, determinación de la capacidad jurídica, etc. En lo penal puede derivar
en la imputabilidad o no de un sujeto, con lo cual un sujeto puede resultar más o
menos punible de sus actos, lo que no es poco decir, ya que si la pericia psicológica
es un medio para medir la punilidad de los sujetos, eso nos lleva inmediatamente
al tema de la responsabilidad y al mejor destino posible para el delincuente/loco:
¿cárcel o encierro manicomial? Y así siguiendo con la escalada, siempre en un
borde entre la punición y la exculpación, borde muchas veces sin solución. Cabe
aclarar que si bien corresponde a la incumbencia del psiquiatra responder sobre
la peligrosidad de un sujeto y sobre el Art. 34° del Código Penal, (comprensión y
dirección de los actos) el psicólogo queda implicado en ello por el hecho de trabajar
las dos disciplinas en forma conjunta y avalar o no con el diagnóstico el dictamen
psiquiátrico, ya que debe existir una coherencia interna entre ambas pericias.
Para concluir ejemplificaré este tema con un caso que me ha tocado resolver
en forma conjunta con una de las peritos psiquiatras de la Asesoría Pericial. Un caso
muy conmovedor y en el que se puede ver bien cómo según sea interpretada una
conducta (y la lectura dependerá justamente del discurso de que se trate) alguien
puede ser tomado por criminal o por víctima de sus propios actos.
Se trata de una joven de 20 años, soltera, detenida por homicidio agravado exceso
acusatorio, ya que el delito real es “abandono de persona seguido de muerte”). El
hecho fue que tuvo un bebé al que abandonó en un predio lindero a una casa y que
el niño fue muerto por las mordidas de unos perros.
La joven se presenta en un fuerte estado de angustia e inhibida al diálogo en un
comienzo. Marca su discurso el sentimiento de culpabilidad y el intento de justificar
las conductas de terceros. Refiere una historia muy dura de maltrato y violencia
por parte de su madre, la cual fallece cuando la causante tenía 12 años. Recuerda
que su padre se encontraba muy deprimido y una vez que empezó a levantarse
(pasaba el día en cama) se dedicó a trabajar. Finalmente, unos años después se fue
“de vacaciones” al interior y no volvió más. Ella queda sola con sus cuatro hermanos,
dos menores que ella y dos mayores. Los mayores son los que sostienen la economía
165
familiar, mientras ella intenta justificar y reparar la falta de sus padres con torpes
explicaciones.
En estas condiciones y sin saberlo, la sujeto queda embarazada. Estaba saliendo
con un chico, pero al notar que podría tratarse de un embarazo dicha relación ya
había terminado. Transcurre así el embarazo desconociéndolo y llega al parto. Se
va al hospital acompañada de su hermana de 15 años porque se sentía mal y se
encuentra repentinamente con un bebe en sus brazos, al que de ninguna manera
podía significar como su hijo. En el hospital la presionan para que se conecte con él,
le dan unas ropitas y le otorgan el alta. Ella queda a la espera de su hermana que no
aparece y finalmente se va. Piensa que no puede aparecer ante sus hermanos con
un bebé, ya que le habían preguntado reiteradamente si estaba embarazada y ella
siempre lo había negado. No encontraba salida. Se subió a un tren, a otro y así fue
pasando el tiempo mientras sentía como un martillero en su cabeza la pregunta:
“Qué hacer?”. Describe una situación compatible con estado de perplejidad.
Va caminando sin saber qué hacer y finalmente deja al niño en un jardín.
G
Relata que en ese momento que lo miró y que el bebé la miró a ella. Pensó “Lo va a
encontrar alguien que lo va a cuidar bien. Tendrá una madre”. Después de alejarse
una cuadra se arrepiente, pero cree que ya es tarde porque “seguramente ya lo G
habrían encontrado” y se va a su casa (nótese lo bizarro del pensamiento). Llega a su
casa, le cuenta todo a su hermana y lloran.
Al otro día la policía la detiene. Ella sigue negando la situación frente a los
hermanos, hasta que finalmente confiesa. Cree que la detienen por el abandono, pero
mientras la está revisando una médica de policía, le pregunta: “¿Vos sos la que dejó
al bebé que se comieron los perros?”. Suficiente para la sujeto. Ésta es su sentencia:
necesitará toda su vida (y tal vez no le alcance) para quedar exculpada. A partir de
entonces, entra en un estado de culpabilidad que en derecho se conceptúa como
“pena natural”, ya que aunque no se la condene, la condena ya la tiene, impuesta
por ella misma. Esto es así, porque no estamos hablando de una psicopatía ni de una
perversión, sino de un estado particularmente melancólico (depresión puerperal con
síntomas psicóticos en una estructura endeble, de rasgos esquizoides pasivos) que la
lleva a un pasaje al acto restitutivo de una posible descompensación psicótica.
En lo que respecta a las consecuencias antes referidas, tenemos dos posiciones:
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BIBLIOGRAFÍA
G
G
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Sobre las autoras
Grupo Mar del Plata
G
Autoras de artículos publicados e integrantes del grupo de revisión y
corrección general de textos del compilado. G
Alicia Beatriz Rodríguez
Licenciada en Psicología Universidad Nacional de Mar del Plata (1992) Perito
Oficial de Tribunales de la Provincia de Buenos Aires. Actividad Clínica Privada
Analía Yacobino
Licenciada en Psicología Universidad Nacional de Mar del Plata (1992). Perito
Oficial de Tribunales de la Provincia de Buenos Aires. Actividad Clínica Privada
Liliana Waters
Licenciada en Psicología Universidad Argentina John F. Kennedy (1985).
Graduada como Especialista en Psicología Clínica en la misma universidad (1989).
Especialista en Psicología Forense UCES (2017) Referente del Servicio de Salud Mental
del Hospital Municipal de San Clemente del Tuyu. Perito de Oficio de Tribunales de
la Provincia de Buenos Aires. Actividad Clínica Privada
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María Nicolasa Amilkar
Licenciada en Psicología Universidad Nacional de Mar del Plata (1973) Perito
de Oficio de Tribunales de la Provincia de Buenos Aires. Docente Regular de las
Facultades de Psicología y Ciencias Económicas y Sociales UNM del P. Actividad
Clínica Privada.
Laura Secondi
G
Licenciada en Psicología Universidad de Buenos Aires (1987) Psicoanalista. Perito
Oficial de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Actividad
Clínica Privada. G
María Cristina Angós
Psicóloga Universidad Nacional de la Plata (1978) Perito Psicóloga de Tribunales
de Menores (1978-1987). Perito Psicóloga de la Asesoría Pericial de la Provincia de
Buenos Aires (1987-2001). Actividad Clínica Privada.
Nora Neüendam
Licenciada en Psicología Universidad Nacional de Buenos Aires (1990) Docente
de Grado en la misma Universidad. Docente de Posgrado en la Universidad Católica
Argentina “Santa María de los Buenos Aires”. Perito Psicóloga contratada de la
Asesoría Pericial de la Provincia de Buenos Aires. Actividad Clínica Privada.
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