Biocivilizacion para La Sustentabilidad Socio-Ambiental - Candido Grzybowski
Biocivilizacion para La Sustentabilidad Socio-Ambiental - Candido Grzybowski
Cândido Grzybowski
Sociólogo, director del Ibase
Introducción:
Este análisis se basa en mis investigaciones y reflexiones durante los últimos cinco años,
a partir de estudios y debates en el Ibase, en Rio de Janeiro, teniendo a Brasil como
referencia principal y el Fórum Social Mundial como inspiración. No fue posible realizar
nuevas investigaciones, sin embargo, al juntar y sintetizar análisis parciales fue surgiendo
algo integrador, cualitativamente nuevo y que apunta hacia un rumbo tanto de
investigación como, sobre todo, de propuestas para construir “otros mundos”.
En la primera parte, hago una breve caracterización de crisis del “desarrollo capitalista”
como modelo y proyecto de sociedad. En el contexto de globalización, el capitalismo
viene produciendo aún más desigualdad y exclusión social, combinada con una creciente
destrucción ambiental, comprometiendo a la propia integridad del Planeta, la gran crisis
en que estamos sumergidos desde 2008 muestra esto de forma dramática.
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Primera Parte
CONTEXTO DE CRISIS SISTÉMICA
Creo que ya es un lugar común hablar de una crisis que engloba y combina varias crisis:
económico-financiera global, de gobernanza global, del estado del bien estar social en las
economías desarrolladas, de perspectivas, crisis alimentaria, crisis ambiental, crisis de
valores... Mirando en la perspectiva de la naciente ciudadanía planetaria, estamos delante
de una profunda crisis sistémica y paradigmática del capitalismo industrial, productivista
y consumista, generador de riqueza y destrucción, concentrador e excluyente, todo a
escala global, pero no necesariamente la crisis va a gestar alternativas por si sola, lo que
si puede ser es el indicio de profundización de ella misma, que es incluso peor.
Como elementos de crisis sistémica destaco la lógica global de los negocios privados, que
desconocen las fronteras nacionales y no respetan la diversidad y especificidad de los
territorios como expresiones de condiciones naturales y condiciones creadas por la
humanidad. La disputa de tal lógica de exploración y dominio provoca y adquiere
inmediatamente una dimensión mundial. Las tecnologías de información y comunicación,
con difusión simultánea de lo que ocurre en escala planetaria, hacen que todos y todas
nos sintamos contemporáneos y de algún modo, participantes de las luchas. La vida se
mundializó y la ciudadanía también. Delante de las empresas globales y sus negocios,
que vuelven los Estados subordinados a sus intereses, se levanta una ciudadanía que dice
no a la privatización y mercantilización de todo. “Nuestro planeta no está en venta”
sintetiza bien el clamor en contexto de crisis.
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No está de más recordar cómo el mundo se volvió desigual, la cuestión de la justicia
social se globalizó. Hoy los emigrantes de todos los costados se cuentan en millones, en
general, son la expresión mayor y más evidente de dimensión de desigualdad e injusticia
reinante en el mundo, desigualdad de condiciones de vida, desigualdad de derechos, con
racismo, xenofobia e intolerancia creciente.
Siendo una crisis sistémica es fundamental ver su dimensión política, vemos que hay
una crisis de la política por su privatización o control del gran capital; La evaluación de
gobiernos y de sus capacidades de gestión por conglomerados financieros privados está
en el centro de la crisis política, esto se revela en cuanto la deuda pública funciona como
base para la especulación y acumulación privada sin límites; Los Estados Nacionales
pierden capacidad de gobernanza y de financiamiento de políticas públicas esenciales
para la ciudadanía en sus territorios; La propia democracia está enclaustrada y pierde
substancia debido a la predominancia de la lógica de lo privado por encima de lo público.
La crisis que nos ronda y que parece sin salida tiene en los mercados libres y des-
regularizados, particularmente financieros, su epicentro y su causa principal. Todo se
hizo para liberar al mercado y dar curso a la globalización, profundamente injusta y
ambientalmente devastadora, lo cual se tradujo en: Liberalización de las economías, des-
regulación y reducción del papel del Estado y de las políticas, flexibilización de derechos;
O sea, todas las barreras fueron derrumbadas para dejar al capital construir el mundo sin
ellas, todo un mundo a ser moldeado según sus demandas de acumulación de riquezas,
con desigualdad y destrucción sin precedentes en la historia. El resultado está ahí: todo el
mundo amenazado por la crisis financiera y todas las otras crisis que el mundo llamó y
las potencializo.
En este momento, como por un milagro, toda la prensa parece unánime en el pedido de
retomada de la intervención fuerte del Estado para que la crisis no sea mayor. Después
de abogar por la libertad para la economía delante de la política, los heraldos del
neoliberalismo claman por más política, solo que la política fue destruida,
particularmente la política constructiva, posible en los contextos históricos concretos de
disputa democrática. La política dejó de ser el necesario contrapunto de la economía.
Hoy, ciertos conglomerados económico-financieros que son mayores que los países.
¿Quién tiene poder para regularlos?
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Por otra parte, las finanzas dominan a la política, desde el 2008 para acá, lo que más
hicieron los Estados fue rescatar bancos que apostaron en la especulación, evitando que
su quiebra se llevara todo el sistema por delante. Billones y más billones fueron gastados
y el resultado más notable fue transferir el problema de los bancos a los propios Estados o
mejor, a la ciudadanía que los mantienen. Hoy, como el ejemplo de Europa muestra la
crisis es insolvente con las deudas de los estados, todo para salvar a los bancos, los
mismos bancos en problemas hasta ayer, y pasa que hoy son los árbitros de los propios
Estados.
Peor aún, algunos que ganan mucho con la especulación ven esta situación como el mejor
de los mundos. En reciente entrevista en la BBC, el 22 de septiembre de 2011, el
operador de mercados Alessio Rastani se mostró inflexible: "Voy a confesar, sueño todos
los días con una nueva recesión. Si usted tiene el plan correcto, puede hacer mucho
dinero con ella.” Y él dijo: "No nos importa mucho cómo van a arreglar la economía.
Nuestro trabajo es hacer dinero con él”. El consuelo es que los neoliberales asumidos
públicamente son muy pocos hoy en día. El grito dominante es por regulación mediante
los Estados. Pero, ¿cómo?
La crisis en la que estamos inmersos en este temprano siglo XXI, es una experiencia
histórica de la vida cotidiana, vivida y sentida, más que pensada. Certeza tenemos
solamente de su profundidad y radicalidad, pensar en ello es avanzar una pista
resbaladiza, un camino aún por hacer, pero es tarea urgente y necesaria. La humanidad se
enfrenta al reto de tomar decisiones fundamentales. La elección puede significar ir hacia
irreversibles en términos de destrucción de la vida y de la Tierra o la reconstrucción de
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las bases y las relaciones entre los seres humanos y de ellos con la biosfera, con aquellos
capaces de alimentar a un proceso virtuoso posible, con las correspondientes
consecuencias sociales, ambientales y ecológicas.
Los diagnósticos son muchos y alarmantes. Cada día, la radio, la televisión, Internet, en
los periódicos y revistas, surge la evidencia de una forma de vida que está en crisis.
Tenemos guerras y violencia de todo tipo, dentro y entre pueblos, algo intrínseco a
nuestra forma de vida y la forma de organizar las sociedades humanas de hoy. La
destrucción del medio ambiente también está presente en nuestra vida cotidiana. Quizás
antes faltaban medios para vivir la contemporaneidad de estas destrucciones sociales y
ambientales, que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Lo
que es seguro es que estamos invadidos por las noticias diarias y podemos sentir el estado
de ánimo y la naturaleza mostrando signos de alteración, con inundaciones y sequías
extremas, volcanes activos, tsunamis devastadores. Hablar de la desigualdad y la
exclusión social ya no es tabú, pero poco hacemos o nada para revertir esta situación,
simplemente convivimos con ello. Además ya no nos espantamos con tanta gente rica
que nos rodea, pues tomamos la anormalidad como algo normal, por así decirlo. Aquí y
allá, reaccionamos, pero la financiación de la vida es tal que sólo nos lamentamos porque
no sabemos cómo hacer frente a los dragones modernos, los gerentes del casino global en
el que se transformó el mundo, una máquina de chupar y concentrar el dinero de la
globalización neoliberal.
La abundancia de los bienes materiales de todo tipo, concentrada en manos de menos del
20% de la población mundial, no puede ocultar el enorme número de seres humanos que
van a dormir con hambre al final del día. El productivismo y el consumismo destructivo,
creadores de más y más lujo y basura, destruyendo la vida y la naturaleza se hizo cargo
de nuestro estilo de vida. Acumulamos activos individuales, pobreza colectiva e
infelicidad humana.
No en vano, surge desde dentro de las entrañas de las sociedades civiles una nueva forma
de protesta, que señala como inaceptable todo lo que hay. Tal vez el mejor ejemplo son
los "indignados" y diversos tipos de movimientos tipo occupy. Estos son movimientos
que contestan el dominio absoluto del capital financiero sobre nuestras vidas y también
contestan las instituciones políticas como poder capaz y legítimo para regularlo. Puede ir
desde un movimiento de los “black blocks” de Londres hasta el movimiento organizado
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de los estudiantes de Chile, la "primavera árabe" ... Más recientemente, lo que ocurrió en
Turquía y especialmente en el festejado Brasil emergente, que revela algo de rebeldía
dentro de las sociedades, ahí donde poca gente lo esperaba.
Para todas estas personas, nos enfrentamos a la pérdida de la capacidad de respuesta del
sistema, ante los desafíos que aparecen con dimensión que abarca todo el mundo, lo que
está pasando es una crisis de civilización. Aquí, los retos son globales, tanto para
preservar la integridad del planeta y de la vida para las generaciones presentes y futuras,
como para instaurar una injusticia social y ambiental a dentro de los pueblos y entre los
pueblos. Los fundamentos, la legitimidad y la dirección de este modelo industrial,
productivista y consumista, se están derritiendo y podrían terminar haciendo irreversible
el proceso de destrucción ecológica y social.
Hablar de crisis de la civilización puede ser una forma de reemplazar el análisis por un
concepto vacío, que oculta más de lo que revela, porque está cargado ideológicamente.
Necesitamos con urgencia sistemas de análisis fundados que diseccionen y demuestren el
concepto de crisis de la civilización, sobre todo porque se trata de una condición para que
las propuestas de superación tengan la consistencia y la inteligibilidad necesarias, además
de la capacidad de movilización y de transformación que ella lleva.
Segunda Parte
FUNDAMENTOS PARA UNA BIOCIVILIZACIÓN
Pensar las bases de una nueva civilización y al mismo tiempo, participar en el largo
proceso de desmontaje y reconstrucción de una cultura social, de la economía y del poder
que esto implica, es un imperativo para la humanidad. La idea de una Biocivilización va
hacia la búsqueda de un nuevo paradigma de civilización. Concepto embrionario aún, en
medio a muchos otros, también legítimos como búsqueda.
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Biocivilización puede ser señal de una dirección, pero en realidad todavía es un concepto
que también tiene que ser construido, en un largo proceso de diálogo con la realidad, con
los procesos que se están dando, con las luchas en los diferentes puntos del planeta, con
las prácticas de resistencia y emancipación en curso. Esta es una reflexión y una teoría
que debe ser producida. De lo contrario, puede ser el camino más corto para reemplazar
el esfuerzo de analizar y explicar un concepto, por un vacío que oculta. Pero esto, es sólo
parte de las contradicciones y desafíos, la necesidad imperiosa es pensar salidas de la
crisis de civilización que actualmente vivimos. Los valores y las ideas, la imaginación, la
comprensión y las propuestas son una condición necesaria pero insuficiente. Todo
necesita de los portadores, de los sujetos colectivos que se ven a si mismos reflejados, en
este conjunto de valores e ideas, y las valoren como una expresión del sentido a su
existencia y compromiso, y que los impulsan a anhelar un horizonte utópico de las
posibilidades de transformación de las condiciones, las relaciones y las estructuras
vividas. Es la coherencia entre el pensamiento y lo vivido, la manera como los análisis y
las propuestas movilizan y mueven las luchas sociales, fortaleciendo aquellos sujetos
colectivos que pueden cambiar el status quo.
No hay ningún cambio histórico sin sujetos sociales que lo promuevan en disputa con
otros sujetos sociales que no lo desean. Es decir, nuestra alternativa de pensar en el
sistema, la crisis de la civilización, que propone un nuevo paradigma, es factible sólo si,
por un lado, logra ser expresión de los sueños y deseos de los diferentes sujetos
colectivos, de la pluralidad de los pueblos y territorios del mundo, y por otro lado logra
llegar a alianzas y movimientos con fuerza y suficiente poder para hacer los cambios en
la sociedad, en sus relaciones internas y de la cultura dominante, en su relación con los
demás en todo el mundo, en el Estado y en la economía que los suportan, en las
relaciones de la humanidad con la naturaleza. Las alternativas serán alternativas en
realidad si van a ser cargadas por los que movilizan y luchan, con base en las situaciones
concretas contradictorias en las que viven y se construyen como sujetos de la identidad y
del proyecto, como la ciudadanía activa. Esta es una tarea posible, la historia de la
humanidad está repleta de ejemplos, pero la tarea es ardua y larga, incluso podría llegar a
ser de una o más generaciones.
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persisten tales males. El sueño y la ideología dominante de norte a sur y de este a oeste
del planeta Tierra es el desarrollo, entendido como tal, hacer crecer el PIB, el tener y
consumir más bienes materiales, sin importar el costo.
Sólo ahora, con el fantasma del cambio climático, se plantea alguna duda y la
construcción ideológica y cultural, los valores y la ética de esta productivista y
consumista civilización presentan grietas. Ha llegado el momento de levantar banderas,
pero no pasara nada por simple determinismo, la praxis transformadora tiene que ser
reinventada. La hercúlea tarea no puede ser intimidada por la gran capacidad de la
civilización dominante de reproducirse sin necesidad de cambiar los fundamentos. Para
la Biocivilización no basta solo con maquillar de verde lo que tenemos y seguir
creciendo, con exclusiones sociales y las destrucciones del bien común natural.
Necesitamos restaurar y reconstruir las bases de la civilización humana, que no sea en sí
misma una amenaza para la sostenibilidad de todos, sin exclusión, dentro y entre
generaciones, y de toda la vida, así como la integridad del planeta.
Es bueno tener claro que aquí estamos hablando de principios y valores éticos que tienen
en su centro la relación de la humanidad con la naturaleza y su rica biodiversidad, al igual
que las relaciones de la humanidad con su propia diversidad social y cultural. Los
principios y valores son la infraestructura tanto de los ideales y el imaginario social como
de las prácticas en todas las esferas de la vida, el poder y la economía para la vida
cotidiana, en comunidad y la vida familiar. La atención aquí es a los principios y valores
que ya están presentes en una posición subordinada dentro de la civilización en crisis,
principios y valores que pueden ser aprovechados como fuerzas emergentes de un nuevo
paradigma de pensamiento y acción, señalando la Biocivilización como posibilidad
histórica. Esto no es lo obvio, como algunos pueden pensar, pero la búsqueda del núcleo
de buen sentido, en este sentido común de las diferentes culturas, se ha de buscar como el
gran pensador del cambio histórico posible: Antonio Gramsci, nos lo enseñó.
Una pregunta central abordada en todas las visiones del mundo, se trata de nuestro lugar,
como seres naturales pero dotados de conciencia. ¿No voy ahora a examinar tales
tradiciones filosóficas y teológicas. Lo importante es reconocerlo en cuanto a la visión
que establece como presupuesto la separación entre los seres humanos y la biosfera, que
conduce a la centralidad y el dominio de los humanos sobre todas las demás formas de
vida y sobre la base natural común de toda la vida. Esta suposición filosófica
antropocentrica es uno de los pilares de la civilización dominante. La expansión científica
y tecnológica se alimenta de este presupuesto y es una condición de la industrialización.
Sin duda nosotros, los seres humanos, al considerarnos señores absolutos y distinguir en
nosotros la razón como la base de la objetividad frente a la subjetividad y la dominación
de la ética, la emoción, el afecto, la alegría, el miedo..., a lo largo de siglos, nos ha
llevado a producir un extraordinario desarrollo científico y técnico, pero en contra de la
naturaleza y de la vida.
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Hacemos de la ciencia y de la técnica los valores fundamentales y máxima expresión de
la racionalidad. Pero esta suposición – de la racionalidad - justificó nuevas formas de
dominación, esclavitud y explotación de los humanos sobre humanos. La separación
entre los humanos y la naturaleza es en última instancia el modelo que eligió la
racionalidad como fuerza motriz e ideológica legitimadora en la constitución de la
civilización industrial, productivista y consumista, con su riqueza y su pobreza, su
violencia y su dominio, su poder destructivo de la naturaleza de los grupos sociales y de
los pueblos que se oponían a ella y todavía se oponen. Ésta no terminó con la
subjetividad, la mantiene sometida, subordinando su propia ética a la racionalidad.
Desde una perspectiva socio-ambiental, los territorios son los espacios de la vida humana
donde se combinan las condiciones objetivas – sus características naturales y lo que fue
fijado por la ocupación humana pasada – con la acción humana y los proyectos del
presente. No son espacios físicos en sí, pero si son espacios geográficos dinámicos con
historia humana pasada e historia en construcción de la acción actual. El uso humano del
territorio califica su organización y le da sentido histórico. Estamos delante una manera
de ocupar y usar el espacio natural para organizarlo como un territorio humano, de vida
en movimiento.
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Volver a mirarnos como parte de los territorios, como quiera que sean nuestro lugar de
existencia, con sus posibilidades y limitaciones, puede ser la manera de rehacer y
reconstruir la relación sociedad - naturaleza, con respeto mutuo e intercambios vitales
que reproduzcan y regeneren, sin destruir. Esto implica en hacer una ruta mental y
práctica de relocalización y redescubrimiento de los lazos que nos unen con el mundo
natural y en base a ello a los lazos de la convivencia social en un planeta natural y
humanamente interdependiente, desde lo local a lo global. Hoy también sabemos que los
fenómenos naturales son interdependientes unos de otros en términos planetarios, aunque
su manifestación y la forma son específicos de cada territorio.
Esta es la enseñanza que se desprende en la crisis actual, del grito de los que no se
conciben independientes sus territorios, como los pueblos nativos, en especial los pueblos
indígenas y tribales, las comunidades cimarronas, grupos de recolectores de frutas del
bosque, las comunidades campesinas en todo el mundo. La humanidad debe a estos
pueblos la preservación de la biodiversidad que queda en el planeta, dada la simbiosis de
su estilo de vida con la naturaleza. En ellos también es posible redescubrir una cultura de
convivencia y respeto con la naturaleza, sin comprometer las distintas formas de vida y
su integridad, pero aprovechándose de ellos para vivir como seres humanos, como
creadores de cultura, de conocimiento, de sentidos y de comunicación.
Los pueblos indígenas de los Andes, en particular, nos traen hoy la idea de bien vivir, que
tiene como pilar el reconocerse a sí mismos como parte de la naturaleza y mirar en ella
un sujeto con quien relacionarse y respetar: la Madre Tierra. De hecho, en su visión y su
cultura se combinan los conceptos y las prácticas propias de una sociedad que interactúa
con todos los componentes de la naturaleza: aire, sol, luna, agua, lluvia, montañas,
animales, plantas… como sujetos al igual que nosotros, los humanos. Esta complejidad es
difícil de ser capturada y traducida a nuestra cultura euro céntrica, incapaces de captar la
radicalidad de su filosofía de vida. El hecho es que esa filosofía nos puede inspirar en la
reconstrucción práctica y ética de lo que hay que hacer como humanidad que camina
hacia una Biocivilización.
Pero no nos engañemos, el camino no está trazado y son muchos los desafíos. ¿Que es el
“buen vivir” en un barrio pobre, en un vertedero urbano, en un campo de refugiados, en
una comunidad de ocupantes ilegales y sin tierra? ¿Cómo redescubrir el buen vivir
rodeado de la caña de azúcar o el eucalipto fuera de la vista? ¿Cómo volver a soñar en
buen vivir en nuestras ciudades hechas para los autos fabricados para uso individual o en
edificios y condominios cerrados, donde la separación es más radical entre nosotros y el
"mundo exterior"? ¿Cuál es el sentido de comunidad que existe, desde dentro de la
civilización industrial productivista y consumista?
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La vida en todas sus formas de expresión, tiene el derecho fundamental de existir, así
como los sistemas ecológicos complejos que regulan el planeta Tierra. Este debe ser el
principio base, condición y límite de la intervención humana en relación con la naturaleza
y en la construcción de las sociedades, en su plena floración. La primera tarea que se
deduce de este principio es la tarea en desactivar la "máquina " de la producción y la
acumulación de riqueza material y financiera. Esta máquina, que es el motor del actual
modelo de desarrollo, combina el apropiarse y el usar sin límites a la naturaleza. Para
este tipo de maquina, la naturaleza no es más que la fuente de recursos naturales, con la
cual se relaciona desde una posición de dominación y la explotación del trabajo a través
de la privatización, la mercantilización y la industrialización, fomentando el
productivismo y el consumismo desenfrenado, todo en nombre de la acumulación
capitalista (Ver Spratt,S. et alii. The Great Transition. London, The New Economics
Foundation, 2010). Se debe también anotar que es una maquina orientada al crecimiento
y regulada por el mercado, donde la industrialización produce más basura que los bienes
y servicios útiles que propone. Es un sistema que funciona en una lógica de negocios que
plantean y planean la obsolescencia (duración y utilidad) de productos para vender más y
acumular más riqueza monetaria (Tasso Azevedo. “Feito para não durar”. O Globo, Rio
de Janeiro, 20/07/2011, p.7)
La cuestión ética central aquí es: ¿cómo abandonar los valores y el estilo de vida de tener
más, de producir cada vez más lujo y basura a costa de la destrucción del medio
ambiente, para dar lugar a otros valores como: ser más feliz, más solidario, más
consciente de las responsabilidades de tener que regenerar, reproducir y preservar la
integridad de la base natural, compartiéndolo, con todos los que vivimos hoy y de las
generaciones futuras, con una visión interdependencia planetaria, de cooperación y co-
responsabilidad?
Aquí estamos delante de los principios y valores que deberán organizar la infraestructura
humana de la economía y del poder para una Biocivilización. En la civilización industrial
productivista y consumista, organizada por el valor de mercantil, tales principios y
valores están excluidos o minimizados, están subordinados a lo cuanto contribuyen o no
al valor de mercado. Con esta exclusión, están prácticamente fuera todas las actividades
humanas que ellos implican. Pero son actividades vitales sin embargo, las actividades del
cuidado, de la convivencia y del compartir se refieren a los elementos esenciales de una
economía para la vida ("the core economy" como se define Spratt et al. Op. cit), porque
es en ellas que se basa la vida humana real. Por esta misma razón, para tener sentido,
debe crear el entorno social, cultural e institucional propicio para las acciones humanas
que inspiran esos principios y valores y para que sean la referencia de toda la economía y
la sociedad en su conjunto.
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a la vida natural, tanto en animales como en humanos. Nada más ejemplar que la defensa
de la madre de los recién nacidos, y nada más horroroso que el abandono. Como un hilo
continuo a través de las generaciones, la vida se reproduce y al mismo tiempo, los seres
vivos mueren, en un proceso contradictorio en el que la vida sigue en el nacimiento y en
la muerte de aquellos y aquellas que la disfrutan. Todos los seres vivos del planeta llevan
este maravilloso destino y el opera sobre el principio del cuidado.
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Cuidar es un imperativo para dentro de lo humano y nuestra relación con la biosfera. Sin
el cuidado, la atmósfera fue colonizada por las emisiones de carbono de las grandes
corporaciones empresariales, de las empresas, de los más ricos y más poderosos, por el
consumismo. Hoy la humanidad está amenazada por esta acción, como especie viviente,
al igual que toda forma de vida. Sin el cuidado, se hizo la colonización y la conquista de
pueblos y sus territorios y, en la actualidad sigue esta disputa por los recursos naturales
del planeta. En la búsqueda de una mayor productividad sin cuidado, estamos creando las
semillas transgénicas y destruyendo de la biodiversidad existente. Sin el cuidado, estamos
contaminando el agua, destruyendo la vida en los océanos, acabando con los bosques y
creando desiertos. El hecho es que es imposible pensar en la sostenibilidad sin el
principio ético y el valor del cuidado.
Nada es más agresor a estos principios como el estilo dominante de nuestras ciudades,
hecho para los automóviles, la cercanía extrema y kilómetros de distancia humana con
claves y planes de seguridad que bloquean y nos apartan, rodeados de edificios y
edificios vigilados día y noche por los guardias privados. Afortunadamente, también en
este caso, se puede ver focos de resistencia en el campo y en la ciudad, donde florecen el
cuidado, el vivir, la convivencia y el compartir, que apuntan a otras posibilidades de
organizar y vivir bien.
¿Hay algo de la humanidad que niegue más que la propiedad intelectual privada el hecho
de compartir? Después de todo, ¿Se puede imaginar el conocimiento como un bien
común creado, independientemente de la contribución anónima de una red de seres
humanos, las generaciones presentes y pasadas, que comparten sus dudas y búsquedas,
sus descubrimientos, sus errores y aciertos? La privatización de los conocimientos
científicos y técnicos puede ser buena para las corporaciones de negocios capitalistas,
pero va en contra de la ciencia y el conocimiento en sí, como producción cooperativa
humana a través del tiempo.
Los principios y valores éticos de los cuidados, la convivencia y el compartir deben estar
en el centro de la reconstrucción de nuestra relación con la naturaleza, como base
indispensable de la vida humana y de toda vida. Pero también debe estar en el centro de
la nueva economía y del nuevo poder. Una economía solo es posible si esta basada en
tales principios; Ellos niegan tanto la explotación y la dominación del trabajo, como la
dominación y la destrucción de la naturaleza, incrustados en la privatización y la
competencia sin límites de los mercados; Ellos traen como condición el respecto a otros
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seres humanos y a la integridad de la naturaleza, al uso que no destruye o crea basura,
renueva y regenera.
Tenemos donde inspirarnos para alimentar a una filosofía activa en el sentido de mover y
transformar el paradigma dominante de la civilización capitalista, con su desarrollo no
sostenible. Una tarea es el diálogo intra e inter movimientos, permitiendo nuevas síntesis
que combine todo lo que significa el bien vivir de los pueblos indígenas, con el cuidado
de las feministas, el conocimiento compartido del software libre y el copyleft, de la
agroecología y de la economía solidaria, de las redes de justicia social, de la ecología
profunda y la ética ecológica. Es una ardua y contradictoria tarea, aún sin grandes puentes
e iniciativas en este sentido encontrarse en medio de una pluralidad de resistencias y de
búsquedas mediante un buen censo emancipador y constructor de otros mundos. No se
trata de hacer síntesis reduccionistas, sino como un esfuerzo de la filosofía enfocada a
biocivilización la tarea es dar un paso hacia adelante, y ver maneras de establecer pautas
de pensamiento y acción, creando nuevas y dinámicas coaliciones de sujetos colectivos
para la sustentabilidad de la vida y del planeta .
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contexto que la cuestión de los bienes comunes se vuelve de importancia estrategia,
organizándonos en torno a los bienes comunes – “los comunes” – podemos crear una
nueva forma de ser y de vivir, tanto en la relación entre nosotros mismos, como en
relación con la naturaleza. Nos encontraremos ante la posibilidad de hacer emerger
modelos bio-céntricos de organización social y cultural, económica y política,
alternativas al desarrollo de hoy.
Pero al final, ¿Que son los bienes comunes? Ser común no es un a priori, sino un
resultado. Los bienes no son comunes, son socialmente hechos comunes. Común no es
una cualidad (natural o manufacturada) inherente o intrínseca a un bien, sino una cualidad
que le da una relación social. Generar bienes comunes es una forma especial de
organización de la vida social (Silke, 2009).
Los "comunes", más que bienes, son todo lo que las relaciones sociales identifican y
gestionan como comunes. La necesidad sentida, anhelada y confrontada colectivamente,
lleva a la creación de bienes comunes. Al mismo tiempo, la búsqueda desenfrenada de la
acumulación individual ha sido la forma más radical de la encarcelación y la destrucción
de los bienes comunes. Recuperar y regenerar bienes comunes es más que una
resistencia, es crear las condiciones para otra forma de vida.
La humanidad siempre ha convivido con los bienes considerados comunes, por ejemplo
el agua, los ríos y los océanos, el aire y la atmósfera, debido a que se identifican con las
propias vidas, y es inconcebible vivir sin ellas. Otros porque son tradiciones y
costumbres, siempre los trataban como de todos: allí están las montañas, los bosques, con
sus frutos, caminos y carreteras, espacios de encuentro y intercambio que dan lugar a las
plazas, los lugares sagrados como cementerios y lugares de la oración. Y otros porque
son una parte definitoria de la identidad social y cultural del grupo, tribu o pueblo, como
el lenguaje, la música, el baile y el canto, la religión. A estos también hay que añadir todo
el conocimiento en sus diversas y ricas formas, su comunicación y su aplicación práctica
en la interacción con la naturaleza y la organización del proceso de la vida. Los bienes
comunes son de características diferentes, algunos son dones de la naturaleza, otros son
bienes producidos y disfrutados colectivamente. El carácter de "común" se constituyó en
el tiempo, a la par de su gestión colectiva, ser parte de un grupo, comunidad o pueblo
también es tener el derecho de compartir esos bienes comunes.
Dicho esto sería una enorme limitación el considerar el bien común como una forma de
propiedad contraria a la propiedad privada. Sin dudas, si son bienes comunes no pueden
ser de propiedad privada, pero su carácter de común no esta definido por la propiedad en
sí. Esto es crucial para distinguir y no encerrar la centralidad de los bienes comunes de la
vida social en una forma de propiedad, colectiva o estatal. Su importancia, por encima y
más allá de la propiedad radica en la idea de sustrato común de la sociedad.
Pero la verdadera historia, sobre todo el proceso histórico que creó las condiciones para
el surgimiento y desarrollo de la civilización industrial capitalista, como sabemos,
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también es una historia de usurpación por la encarcelación y de apropiación privada de
lo común. Una forma de expansión del capitalismo es hacer que los bienes comunes sean
commodities y productos con valor de mercado, algo posible cuando se vuelven escasos
debido a su privatización. Incluso las diferentes formas de vida están siendo privatizadas
y mercantilizadas. La conquista, la ocupación y la colonización, las guerras y la
destrucción, el racismo y la aplicación de las normas y reglamentos para dominar pueblos
enteros y sus territorios han sido una constante del desarrollo capitalista. El radicalismo
de la resistencia social que el ha provocado tiene que ver con la usurpación de las bases
comunes de la sociedad que tal proceso genera.
Traer los bienes comunes al centro de debate es, en realidad, traer las condiciones de
vida, de toda vida, hacia el centro. Pero, ¿Cómo reeducar nuestro estilo de vida
priorizando los bienes comunes? Pensemos en nuestras ciudades, ¿estas son bien común?
¿Nuestra gestión de ciudades, como espacio humano construido, organizado, para todos,
se trata como bien común? El cáncer privado e individualista que impera en las
ciudades, priorizando lo individual, el coche, la seguridad de los patrimonios activos y no
de la ciudadanía, marginalizando y excluyendo, ¿puede ser extirpado para resaltar el bien
común de todos ? ¿Y en nuestra agricultura, los bosques pueden someterse a la lógica del
agro-negocio o deben ser redimidos como un bien común? ¿Hay una amenaza directa a
los bienes comunes el comercializar bosques permanentes a cambio de créditos de
carbono, alternativa que nos ofrece la economía verde? ¿Los biocombustibles satisfacen
la creciente demanda de cuidado y protección de la naturaleza pensando en el bien común
o son sólo otra nueva forma de mercantilización y la destrucción? Y ¿qué pasa con las
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semillas y la biodiversidad? ¿Son ellas nuevo frente de negocios o patrimonio natural
fundamental para la integridad del planeta y un bien colectivo para cuidar, intercambiar y
compartir entre toda la humanidad? ¿Cómo romper la lógica de la privatización y de los
negócios? Los conflictos que genera el extractivismo en todo el mundo (minerales y
petróleo, por ejemplo) están motivados, por la distribución del ingreso fantástico que gira
en su torno o por que en los territorios de extracción viven pueblos que resisten y que
tienen una relación con la naturaleza preservada como estilo de vida?
Para la biocivilización, los "comunes" son uno de los fundamentos, rescatar "comunes",
extenderlos, crear nuevos “comunes”, son todas tareas para la construcción de un nuevo
paradigma de la civilización en oposición al que está en crisis. Los "Comunes" no niegan
necesariamente la industrialización, pero la subordinadan a la lógica del bien común, de
los derechos colectivos a los "comunes". Tener "los comunes" en la base de la economía
no está en contra de los beneficios y utilidades que aportan, simplemente imponen y
refuerzan los principios del cuidado y el compartir. Fortalecer el carácter de los bienes
comunes es fortalecer el espíritu de comunidad, la vida colectiva, el vivir como una
experiencia que sólo se lleva a cabo en relación con otros seres humanos, otros seres
vivos y con la naturaleza en su contradictoria y fantástica plenitud.
Pero, ¿qué significa hoy luchar por la justicia social? Con el desmantelamiento del
socialismo y la hegemonía del capitalismo global la cuestión de la igualdad y la justicia
social se hizo aún más visible. Con una creciente desigualdad dentro y entre los países,
las luchas por la igualdad se intensificaron, pero ellas están fragmentadas. Utopías
emancipatorias y libertarias perdieron el encanto con la crisis de las teorías de
transformación basadas en el inevitable protagonismo, poco fundado, en el proceso real
de la historia, de ciertas clases sociales sobre otras clases subalternas. Pero el socialismo
real se presentó como una forma alternativa para maximizar la producción –
industrialización productivista (" fuerzas productivas "). En la práctica, las revoluciones
socialistas aceleraron e intensificaron la destrucción de la naturaleza. En el vacío dejado
crecieron los fundamentalismos religiosos y políticos, sus formas violentas o excluyentes.
17
De todos modos, la lucha contra las desigualdades de todo tipo sigue siendo la bandera
del potencial unificador de todos, como lo demuestran casos recientes , como el Foro
Social Mundial y las nuevas y sorprendentes erupciones ciudadanas en todo el mundo.
Esa lucha está estrechamente asociada con la aparición de diferentes identidades y sujetos
colectivos, una nueva forma de hacer política, en este mosaico dinámico y de múltiples
posibilidades de la naciente ciudadanía planetaria.
El problema de la desigualdad social son las relaciones de fuerza, las relaciones de poder.
Su complejidad no se puede reducir al tamaño de la renda monetaria, por más evidentes
que sean los indicadores de la renta per cápita. Las formas de desigualdad como las
formas de dominación social son una característica intrínseca de civilización industrial
productivista y consumista. Sociedad del tener y acumular, que necesariamente crea
explotados, dominados y excluidos para que el tener y el acumular se concretice en las
manos de pocos. Para eso esa “maquina” privatiza y mercantiliza, usurpa bienes, priva a
un gran número de la población de medios de organización y a ser autónomos, no
dejando otra manera de vivir que someterse a la explotación capitalista . La propia
ideología de la posesión y el consumo como una expresión de la felicidad humana
penetró profundamente en las mentes y en los corazones. En el proceso de producir y
acumular, esta forma de organización y modelo de desarrollo de la riqueza se traduce
tanto en la desigualdad social y la desigualdad ambiental, pero que impone su ideal de
consumo en toda la sociedad, convirtiéndolo en rehén del crecimiento de los negocios,
perpetuándose en el tiempo.
Así que, unir la justicia social con la lucha contra la destrucción del medio ambiente es
clave, porque una depende de la otra. Pensar que, por desgracia, será necesario consumir
y destruir un poco más de la naturaleza en nombre de la justicia social – avanzar con el
modelo de desarrollo y crecer económicamente para generar empleo y distribuir los
ingresos – es una forma de encubrir y continuar un modo de producción de la riqueza, no
sostenible ni social ni ambientalmente. Para hacer frente a la injusticia social es
fundamental enfrentar la destrucción ambiental y la injusticia que ella conlleva, las dos al
mismo tiempo. No se enfrenta la destrucción del medio ambiente sin hacer frente a la
injusticia social. Una no pasa sin la otra y esto recalifica radicalmente las luchas sociales
de nuestro tiempo teniendo la perspectiva de la bio-civilización.
De todas formas, por más importante que sea la afirmación anteriormente dicha y su
18
impacto en las luchas actuales, los retos que trae para la definición de alianzas y
coaliciones políticas posibles entre los sujetos sociales, en los proyectos y en las
plataformas de acción de movimientos políticos por un mundo más justo y sostenible, la
unificación de las luchas por la justicia social y el medio ambiente aún no es suficiente en
vistas de un nuevo paradigma. Todavía estamos en un mundo antropocéntrico, de justicia
entre los seres humanos de las generaciones actuales y futuras. ¿Como queda la
naturaleza, y su integridad? ¿Hasta qué punto esto afecta a la lucha por la justicia entre
nosotros, los seres humanos?
Somos parte de la naturaleza, pero tendemos a no vernos así . Una revisión de la relación
entre la sociedad y la naturaleza fue considerada aquí como condición de fundación de
una civilización de la vida, la biocivilización. Siendo así, la cuestión implica una
reflexión ética y de justicia en tres dimensiones: social, ambiental y ecológica. Después
de todo, existe o no una cuestión de ética ecológica, de derechos y de justicia de la propia
naturaleza? Esto no es lo que se concluye desde la visión cósmica del buen vivir y de la
ecología profunda, en que la naturaleza, sus diferentes elementos son sujetos titulares de
derechos. ¿Podemos estar en contra del derecho inherente de semillas y animales para
realizarse como seres vivos, de la cadena de la vida ser como es, de la atmósfera y el
clima no ser alternados ? ¿Cómo todo esto va a re conceptualizar la lucha fundamental
por la justicia social? Por más difíciles que estas preguntas sean, la búsqueda de
respuestas nos pone en el camino de la biocivilización, aunque, incluso muchas
generaciones todavía tengan que dedicarse a ellas.
Los derechos humanos no son privilegios. Para ser derechos, deben ser iguales para todos
y todas. Si solo sirven para una parte, para ciertos grupos, ciertas clases o ciertas
personas, son expresiones de privilegios sociales asociados con el poder. Por lo tanto, es
esencial tener en cuenta los derechos humanos como expresión de la calidad de las
relaciones sociales en una sociedad determinada. La lucha por la igualdad de derechos,
incluso si todavía no son reconocidos, califica las propias luchas, los sujetos colectivos,
sus promotores y transforma la sociedad, su modo de organización y gestión.
Y es con esta comprensión de los derechos - como bien común de una cultura de
derechos en construcción permanente y disputa, derechos iguales, de referencia para
todos - que se vuelven importantes en la ingeniería social para la sostenibilidad de la vida
19
y el planeta. Para ser palanca de transformación, la procura por derechos no debe
detenerse frente a los privilegios legalmente establecidos, definidos por los poderosos
como derechos y encubriendo su carácter de poder de clase. También los usos y
costumbres, la jurisprudencia, los tratados y acuerdos, terminan congelando situaciones
dadas de relaciones de fuerza expresándolos como derechos, aunque no necesariamente
todos lo sean.
Aquí surge una cuestión fundamental todavía no tan presente en la actual cultura política
de los derechos humanos, pero que debe ser incorporada: No hay derechos humanos sin
las responsabilidades humanas. Para verse como titular a tener derechos, la condición es
reconocer la misma titularidad en todos los otros. Son las dos caras de la relación política
de la igualdad a la que los derechos humanos como bienes comunes, se refieren. Es decir,
para tener derechos es necesario al mismo tiempo, ser responsable del derecho de todos
los demás. Esta es una responsabilidad compartida y, como tal, de corresponsabilidad. El
aumento de la toma de conciencia de los derechos y responsabilidades de la persona,
tanto infra como inter sociedades en relación con la biosfera, revela la cuestión
fundamental de la interdependencia de plan local y territorial al planetario. Los derechos
y las responsabilidades se apoyan en el reconocimiento de la interdependencia ecológica
y social como condición indispensable para la restauración de las bases de la
sostenibilidad de la vida y del planeta.
Ante la crisis de la civilización, ya hay iniciativas para contraponer a las definiciones del
catalogo de derechos humanos (Declaración, convenciones y tratados) en un nuevo
catalogo de las responsabilidades humanas. Esto puede servir como una referencia y la
base para la construcción de un nuevo paradigma. La trampa a evitar es encapsular esta
construcción como en las contradicciones actuales, de relaciones profundamente
desiguales. Para el status quo del poder de la civilización capitalista e imperialista
industrial existente, del privilegio de los mas ricos, desarrollados y fuertes, es fácil definir
responsabilidades y asignarlas a los que exactamente tienen los derechos negados por el
propio sistema.
Por otra parte, de acuerdo con los principios y fundamentos desarrollados aquí será
esencial revisar los derechos humanos y las responsabilidades de la persona en torno al
tema de la integración de la justicia ecológica, el derecho a la integridad de la biosfera y
la capacidad de regeneración natural del planeta. En este sentido, los derechos humanos y
las responsabilidades humanas son un pilar del nuevo paradigma. En este sentido va la
propuesta de la Carta de los Pueblos, ya siendo construida democráticamente. La Carta de
los Pueblos moviliza y motiva a muchos sujetos colectivos diversos en todas partes. Esta
comienza a ser una expresión de la diversidad de pueblos, culturas y voces, territorios de
lo que somos como la humanidad. Transformar las definiciones de los derechos humanos
20
y las responsabilidades humanas en una Carta de los Pueblos para una Biocivilización
puede ser una manera de conectar y fortalecer a las fuerzas de la ciudadanía en la
gigantesca tarea.
La igualdad como principio nos obliga hoy a pensar de manera más holística, planetaria,
tanto desde el punto de vista humano, dentro y entre generaciones, como desde el punto
de vista natural. ¿Cómo garantizar la igualdad del derecho a la vida de los seres humanos
y todos los seres vivos, sabiendo que la lucha entre los seres vivos por la vida es la
condición de la propia vida? Éticamente, no hay mejor ni peor, superior e inferior, pero
los seres vivos son igualmente interdependientes uno del otro.
La diversidad como principio es una afirmación relativamente reciente. Tiene que ver con
la identidad, o sea el hecho de ser diferente, pero al mismo tiempo tiene que ver con ser
igual. Esta trajo para el ágora de las luchas humanas las múltiples formas de creación de
identidades, de las culturas, de las opciones que no pueden ser sometidas a formas
aplastadoras de igualdad. En realidad, la igualdad para ser justa debe respetar la
diversidad, y la diversidad social y cultural no puede ser una razón para justificar la
desigualdad social. La diversidad de un punto de vista natural es la ley de la vida. Es en la
diversidad que ella se realiza. Es decir, la diversidad es parte de la ética social, de la ética
ambiental y la ética ecológica. Por esta razón, es un fundamento de la biocivilización:
Igualdad en la diversidad, diversidad como condición de vida y de la integridad del
planeta, la diversidad como un medio para lograr la igualdad social. Esto se aplica para
enfrentar el machismo, los racismos, la homofobia y cualquier forma de discriminación.
21
la colectividad y la interdependencia son elementos esenciales de la vida humana. Sin
embargo, para que no sean formas de dominación, es esencial que sean conscientemente
apropiados que las individualidades no desaparezcan en ellas y por ellas. Vivir es esta
transacción entre los deseos y opciones individuales con los deseos y opciones de los
otros, reconociendo y compartiendo valores y principios comunes, bienes comunes,
objetivos comunes. La independencia individual no es más que la afirmación ética y
política del ser único, que es la experiencia de vivir de cada uno como parte de la
colectividad. Es muy diferente del individualismo conservador, que niega la dimensión
de ser parte y depender de un colectivo, y en relación al construir su propia
individualidad. El individualismo es la afirmación del self made men que fundamenta la
civilización dominante capitalista, machista, homofóbica, racista, la ley del más fuerte,
más violento, más inteligente, más competitivo.
22
Aquí entramos en la cuestión de la estrategia para la biocivilización. Sin duda, el
desmantelamiento de la dominación actual de todas sus formas, y la transformación de las
relaciones y las culturas, las mentes y los corazones son obras de ingeniería política que
se definen en el hacer, en el mismo proceso, pero donde la búsqueda audaz, generosa,
motivada por grandes sueños y utopías, moviliza y crea fuerzas de empuje. No hay
procesos históricos sin fuerzas que se mueven en disputa. La cuestión ética en la
estrategia a adoptar es como hacer disputas en forma constructiva, renunciando a la
violencia armada de cualquier tipo y apostando en la paz. Desde un punto de vista ético,
la posible estrategia política para la biocivilización a la luz de los fundamentos expuestos
en el presente documento, pasa por los inciertos y tortuosos caminos de la democracia, a
través de la radicalización y la "democratización de la propia democracia", como se dijo
en el Foro Social Mundial. Esta es una tarea que tiene como protagonista la ciudadanía
activa.
Aquí cabe aclarar, en primer lugar, algunos supuestos y fundamentos de la reflexión que
hago sobre la ciudadanía y la cuestión democrática. La democratización, en su dimensión
más radical y sustantiva es la ecualización por la acción política de las asimetrías y
desigualdades en la sociedad. Ahí radica su potencial transformador. Es un método de
acción política, de disputa entre diferentes y hasta fuerzas opuestas, más que de su
resultado, O más bien, en la democracia, los fines se buscan, se consiguen y son
calificados por el método democrático de lucha, generador de un proceso de construcción
colectiva resultado de la lucha y la negociación permanente, de pérdidas y ganancias
relativas para todos, nunca definitivas. La democracia no es una cuestión de eficiencia y
resultados, pero de cuánto es legítimo el proceso de llegar a ellos.
23
inclusiva y participativa de la diversidad múltiple que llevamos. Siempre significa una
mayor participación, se mezcla con la participación ciudadana. La calidad de esta
participación se expresa en la gama de la diversidad de los sujetos participantes y en el
radicalismo constructivo de los conflictos entre ellos, en última instancia, la calidad de la
propia democracia.
Los cambios fundamentales en las sociedades siempre deben ocurrir en el Estado / poder
político o en la economía/ el mercado, o incluso en ambos al mismo tiempo como
Gramsci nos lo recuerda. Pero ni el Estado, ni la economía, per se, empujan la
democratización. En una democracia, la fuerza instituyente y constituyente de los
procesos que empujan y transforman el Estado y la economía proviene de la sociedad
civil, a través de la ciudadanía activa.
24
ciudadana como "trincheras sociales" de resistencia y acción, en palabras de Gramsci,
articulándose en redes, coaliciones, plataformas y foros, para incidir siempre en el
espacio público, sea en el debate, en el imaginario social y cultural, en el establecimiento
de agendas, como en las instancias de poder, en las políticas públicas y en la acción de las
empresas y el funcionamiento de los mercados, como condiciones socio-ambientales.
Esto se traduce en una visión del bien común y del interés público, las "olas" de la
opinión pública y de democratización, los proyectos de sociedad que alimentan los
movimientos ciudadanos en diferentes contextos históricos de las sociedades específicas.
Tercera Parte
Caminos y Descaminos de Brasil
25
ciudadanas, fuerzas políticas y locus de poder, organizaciones económicas, culturales,
religiosas, de lo local a lo global. Un proceso nada homogéneo, a pesar de la
interdependencia a que llegamos como humanidad a lo largo de la constitución y el
desarrollo de la civilización capitalista industrial, especialmente con la reciente
globalización. Las múltiples diversidades: condiciones naturales, formas de organización
social y económica, de gestión de políticas y de culturas, influirán necesariamente en el
proceso y en los resultados.
Todo esto es necesario, pero no suficiente. Sin voluntad política y determinación aplicada
en la búsqueda de un nuevo paradigma, lo más probable es prevalecer menos audaz y
transformador, adaptarse a lo dominante y mitigar su impacto, sin alterar su lógica. Es en
esta dirección que, por ejemplo, la propuesta más avanzada que brota de dentro del
sistema capitalista industrial, el new deal de la economía verde. Este es un nuevo frente
de los negocios capitalistas para seguir creciendo y acumulando y no una propuesta para
transformar la economía y el poder que sustenta los dictados de lo que yo defino aquí
como biocivilización para la sostenibilidad social y ambiental.
En esta tercera parte, tomo a Brasil como un caso emblemático y analizo porque la
transición es difícil. Mi hipótesis es que el cambio debe hacerse aquí y ahora, en este
momento, en el interior del sistema, explorando las contradicciones y potencializando la
aparición de nuevas posibilidades, sembrando las semillas y cuidando de la construcción
de un proceso virtuoso de transformación democrática, un proceso que busca la transición
para la biocivilización. Tenemos que cambiar las prácticas cotidianas de consumo y de
vida, de trabajo y convivencia, cómo tratar y cuidar de lo fundamental, a partir, de
nuestro contexto, nuestra comunidad, nuestro pueblo o ciudad. Un proceso virtuoso de
cambios no es tan fácil de iniciar, como demuestro en la situación en que estamos en
Brasil.
1 – Un País “Emergente”?
26
ecuación del poder y de la gobernabilidad global. Se hace énfasis en los altos y bajos del
propio capitalismo como modelo de desarrollo.
Como ya he dicho, no creo que sea un Brasil emergente de ese tipo que la ciudadanía
brasileña y planetaria necesitan y quieren cuando dicen, en el Foro Social Mundial, que
otro mundo es posible. Para esto, la emergencia debe ir acompañada de cambios en la
lógica de la competición para la cooperación, para el reconocimiento de la
interdependencia entre los pueblos, de la necesidad de compartir los recursos y de la co-
responsabilidad en la gestión del mundo, y sobre todo de construcción del modelo
alternativo y transformador del desarrollo capitalista injusto y depredador, estableciendo
una agenda en la dirección de la transición para la sostenibilidad social y ambiental.
¿Sera pedir mucho? ¿Sera que la crisis sistémica y cambios geopolíticos en curso abren
tal posibilidad? Como activista y líder de organización de ciudadanía activa, me junto con
muchos otros en Brasil, en la región y en el mundo que creen que lo que parece imposible
siempre puede llegar a ser posible gracias a la acción ciudadana consecuente.
Mi punto de partida es reconocer que estamos frente a un Brasil que ha cambiado y que
nuevas contradicciones se encuentran en funcionamiento. Más que entusiasmo y elogios
de los cambios, o frustración y desilusión con la esperanza de cambios que no sucedieron,
estoy principalmente preocupado en evaluar las condiciones políticas del país ante esta
nueva situación. Analizo con un objetivo de intervención en la realidad para
transformarla. Por lo tanto, mi principal compromiso es ver cómo radicalizar la
democracia entre nosotros, para que lo imposible se convierta en posible y seamos el país
de la ciudadanía plena, de la ampliación de los bienes comunes y del buen vivir, la
sostenibilidad social y ambiental, aunque sólo sea para los nietos y bisnietos. La clave es
tener claro que el futuro no es un punto de llegada, es el resultado de lo que hacemos a
partir de hoy.
Avanzar trayendo para la agenda pública el viejo patriarcado y el profundo racismo que
impregnan nuestra vida cotidiana, en la familia, la segmentación territorial, en el trabajo,
en las prácticas e instituciones públicas. El cambio real en este campo, sin embargo, es
trabajo de generaciones. Tenemos la Bolsa Familia y sus derivados, como política
centrada en el hambre y la pobreza. Después de todo, con Bolsa Familia, como política
pública, comenzó a enfrentarse lo que es inaceptable desde cualquier punto de vista y
valor ético, que hay personas que mueren de hambre en un país elogiado por ser uno de
27
los principales graneros del mundo. ¿Quién tiene hambre tiene prisa, ya que esta en el filo
de la navaja entre la vida y la muerte. Digo esto mirando a Brasil desde Ibase , con ojos
de Betinho.
Pero hay que reconocer, al mismo tiempo que las ganancias en justicia social se
realizaron sin cambiar sustancialmente la lógica del desarrollo capitalista, su estructura y
proceso de la exploración y la concentración de la plusvalía, transformado en activos y
riqueza de un pequeña clase social, minúscula, pero súper poderosa. El desarrollo para
nosotros sigue siendo el crecimiento a cualquier precio, con relaciones profundamente
desiguales en términos sociales y políticos, sobre la base de la operación de
contaminantes, mercantilista, industrialista, productivista y consumista, aún con sesgo
colonial y dependiente, con prioridad estratégica en la producción de mercancías, que
acentúa su carácter depredador del gran patrimonio natural del planeta Tierra que
necesitamos cuidar. Brasil puede ser visto hoy como un ejemplo tardío de la
socialdemocracia con el capitalismo, por ser en realidad de "baja intensidad”.
Siempre es importante reafirmar que Brasil sigue siendo un país profundamente injusto.
A pesar de ser la sexta economía capitalista mundial y de los enormes avances recientes,
inducidos por políticas distributivas de los gobiernos del PT. Tenemos más de 16
millones de personas que viven como miserables, con menos de medio dólar por día,
más de 30 millones, con un máximo de US $ 1 al día . Aproximadamente 20 % de la
población total son pobres y pobres extremos de acuerdo con los criterios del Banco
Mundial. Para no decir que el criterio del medio dólar criterio o de 1 dólar por día es
ridículo en un país que practica precios iguales a los de los países desarrollados. Podría
enumerar varias desigualdades sociales en todos los ámbitos, incluyendo el género y las
desigualdades raciales. Pero quizás el mayor contraste, revelando el tamaño de las
contradicciones, lo ha puesto de manifiesto un periódico conservador “O Globo” en la
edición del 15/10/12. Según el diario, 4.640 millonarios brasileños (los que tienen por lo
menos $ 30 millones en la cuenta bancaria) tiene riquezas que se suman a $ 865 millones
( en reales R $ 1,764 billón ) . "Es más que las reservas internacionales de todos los
países de la UE juntos", dijo el periódico. La renta per cápita día de cada miembro de
estas ricas familias es de millones de dólares! Este es Brasil, utilizando el criterio tan
conducente con un mundo dominado por los mercados y el dinero.
Voy a matizar mi punto de vista, desde una perspectiva política, tenemos que recordar
que la cuestión de la pobreza en Brasil funciona como un divisor político en el proceso
de democratización y en las opciones de desarrollo. El debate sobre el desarrollo entre
nosotros ha estado dominado por la visión y propuestas con respecto a la forma, como
modelo y estrategia, el es distributivo y si es capaz o no de hacer frente a la enorme
pobreza y desigualdad escandalosa. Este es el debate que se hace entre la derecha y la
izquierda en Brasil. Lo mismo no es cierto en los temas ambientales. La discusión de la
destrucción del medio ambiente, cuando existe en la arena política, tiende a ser
dominada por la cuestión de la justicia social. El partido político se hace en torno de la
justicia social, donde incluso grandes sectores tradicionalmente depredadores y
conservadores sociales se valen del argumento social para continuar sus actividades
destructivas de los bienes comunes. Considero todavía embrionario y hasta ahora con
28
poca capacidad para incidencia política las demandas por aliar la dimensión de la justicia
social y los beneficios ambientales, como caras de la misma cuestión. En Brasil, todavía
es muy marginal la discusión de alternativas al desarrollo, cambio de paradigma,
procesos de transformación. Fundamentalmente - y aún más en los gobiernos del PT, los
últimos 10 años - quiere ser más y más desarrollado, el mismo desarrollo productivista y
consumista, pero con inclusión social. Hoy nos enfrentamos a un "nuevo desarrollismo ",
en realidad el viejo modelo de desarrollo capitalista con el Estado como inductor, con
raíces en la CEPAL, junto con políticas sociales más activas en cuanto a la distribución
de los beneficios del crecimiento. La lógica de condicionar todo al desarrollo como una
prioridad no ha cambiado. Pero para llevar el tema de la inclusión social como un
calificador de crecimiento, aunque sea pequeña, está haciendo una gran diferencia. Aquí
estamos.
Creo que es a partir de tales premisas que tenemos que pensar en el papel de Brasil en la
región y en el mundo, con el BNDES como el principal financiador. Brasil tiene algunos
elementos de colonialismo, tanto internos como externos. El colonialismo interno en la
forma en que trata a la Amazonía y el tema de los pueblos indígenas, poblaciones
descendientes de esclavos y pueblos de la industria extractiva, donde el llamado "interés
nacional" - como el crecimiento económico a todo costo buscado por los grandes
empresarios desterritorializados, y hasta desnacionalizados - está por encima del respeto a
los derechos, las identidades y formas de ser pueblos tradicionales y los supuestos
territorios "enormes" que ellos controlan. Colonialismo externo en forma agresiva - como
cualquier multinacional del Norte o de China - para comprar activos, control de los
recursos naturales y la expansión industrial y comercial en otros países. Pregúntale a los
hermanos y hermanas latinoamericanos y a la gente de África, especialmente en Angola y
Mozambique.
Para ilustrar las contradicciones de la nueva urbanización de Brasil recuerdo aquí algunas
situaciones en las que mejor se vean ruptura entre la dimensión social y la dimensión
ambiental, crecimiento de una economía que destruye y concentra al mismo tiempo. Por
supuesto, el problema es más complejo y requeriría un análisis del conjunto. Sin
embargo, como un ejemplo de la difícil transición a lo que yo llamo aquí bio-civilización,
dejando el desarrollo productivista y consumista, el modo cómo Brasil se enfrenta a la
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cuestión energética, mineral y de la agroindustria es revelador.
La cuestión energética
Brasil se mueve en gran velocidad, como una verdadera potencia emergente, para
soluciones de energía que lo hará que sea mucho más contaminante que lo que es hoy. En
electricidad, debido a la energía hidroeléctrica, tiene la matriz relativamente "limpia", si
no tenemos en cuenta los pasivos ambientales y sociales que las grandes represas han
creado y siguen creando hasta hoy. Pensando en el futuro y la creciente demanda de
energía - porque, como nos dicen oficialmente, estamos lejos del estándar de consumo de
energía de los países desarrollados - nuevas presas deben hacerse. Hoy en día, el gran
potencial de este nuevo tipo de energía se concentra en los grandes ríos de la Amazonía.
¿Te imaginas lo que significa construir de 40-60 represas medianas y grandes en un
territorio como Amazonas? ¿Cuánta tierra inundada, bosques destruidos y el impacto
sobre el clima y la biodiversidad? ¿Cuántos territorios y pueblos indígenas devastados?
¿Cuántos de población ribereña, los ocupantes ilegales y los colectores de frutas del
bosque pierden su medio de vida? El drama actual en torno a Belo Monte es un indicativo
de lo que puede suceder. He dicho y lo repito aquí, con la energía y la minería, con la
madera y ganado seguido de la soja, el Amazonas es territorio brasileño de despojo y
colonización. Colonización interna, del poder y de la economía existente sobre el propio
pueblo brasileño, brasileños sobre brasileños, por sectores sociales dominantes de otras
áreas y grandes grupos de empresas, con un ojo en el mercado mundial, y sobre todo en
su propia economía, en su bolsillo.
30
sostenibilidad de los territorios. Sólo que no es exactamente lo que se busca a través del
desarrollo que tenemos. Los ríos son vistos como un recurso natural a ser explotado y no
como una cuenca integradora, un bien común compartido entre los que viven allí. Nunca
está de más recordar que la opción por las grandes represas hidroeléctricas en Brasil
nunca fue por ser una energía renovable, pero debido a que se estaba expandiendo
fronteras para grandes ofertas, el estado de desarrollo inducido en alianza con grupos
empresariales.
Pero el talón de Aquiles de la energía en el Brasil emergente son los campos de petróleo
del pre-sal. Al mismo tiempo que es cada vez mayor en el mundo el debate sobre cómo
salir de la dependencia de las fuentes de energía fósiles - la principal fuente de emisión
de gases que amenazan el clima - estamos haciendo progresos para hundir los dedos, las
manos y la cabeza en el petróleo. Es emblemático que el petróleo es visto y saludado
como nuestra carta de manumisión para unirse al selecto club de los países desarrollados.
Veo en la cuestión del petróleo nuestro gran desafío político para pensar en cómo salir de
esta trampa de desarrollo. Lo peor de esto es el sentido común que se forjó y apuntó el
petróleo como la base para el gran salto de Brasil a ese desarrollo, especialmente en el
medio de esta "clase batalladora", los más de 50 millones que dejaron la pobreza con
políticas distributivas recientes.
Las estimaciones actuales de las reservas de petróleo del pre-sal son desde 50 hasta 100
mil millones de barriles. Se encuentran dispersos a lo largo de 800 kilómetros, a unos 300
km de la costa brasileña y tienen entre 5 y 7.000 metros bajo el nivel del mar. Esto
demuestra que el desafío tecnológico de extraer este petróleo es enorme, sobre todo
después del gran accidente en el Golfo de México. Sin embargo, el gobierno brasileño
decidió enfrentar y una enorme estructura jurídica, institucional, financiero, industrial y
operativa está siendo construida. Todo esto es para pasar un poco más de 2 millones de
barriles de petróleo en el presente día a más de 6 millones en 2020. Claro, mayor parte
para la exportación. Brasil aportará más de 3 millones de Barriles por día para continuar
en el mismo mundo de la dependencia de las energías fósiles.
La pregunta es trágica pero no es sencilla. Hasta hace poco tiempo, menos de 10 años,
Brasil era un país en proceso de industrialización dependiente del petróleo. Todavía en
los años 50 del siglo pasado, una gran movilización en la campaña " El petróleo es
nuestro " tomó el entonces Presidente Vargas para crear Petrobras y el monopolio
petrolero. Han pasado muchas cosas desde entonces, pero aún hoy en día Petrobras es
considerada como un modelo de Estado emprendedor y facilitador del desarrollo, y un
símbolo de una ciudadanía que quiere controlar su futuro. Y es la Petrobras, que en el
arreglo institucional realizado por el gobierno del PT, está en el centro de funcionamiento
del pre-sal, invirtiendo la tendencia de las concesiones a las empresas privadas de un
montón de exploración adoptadas por el gobierno anterior. Además, dado que en el
gobierno de Lula, fue fijado un porcentaje "componente nacional" en la enorme demanda
de buques, plataformas y todo más de Petrobras, haciendo reavivar una industria de la
construcción naval agresiva. Sólo por el pre-sal son más de 60 grandes buques - dada la
distancia de la costa - y más de 60 sondas para el petróleo en alto mar. El movimiento
31
sindical, la cuna de la CUT y el PT, es hoy la principal fuerza de apoyo al proyecto
petrolero.
Pero hay más. El debate en Brasil no es se vale la pena explorar petróleo o dejarlo donde
está, por el contrario. El debate es acerca de cómo distribuir los ingresos del petróleo.
Hemos propuesto una nueva ley reguladora para toda la industria, que vuelve a poner
Petrobras en el centro de operaciones. La misma ley ha establecido un fondo de riqueza
soberana, la administración federal sobre las principales rentas del petróleo, algo en línea
con lo que se hizo en Noruega, para fines sociales. Pero hay los royalties. Hasta ahora,
sólo los estados y municipios en las áreas de extracción y refinación los recibían. Con el
pre-sal todos los estados del país quieren participar en el botín. La confusión en la disputa
de los huevos de oro a partir de un pollo petrolero, que aún no se está produciendo, esta
en la plaza. Río de Janeiro, el principal estado productor, tuvo en 2011 una movilización
masiva de más de 100 mil personas en defensa de las regalías del petróleo! Vale la pena
una señal de que de un punto de vista capitalista, Río de Janeiro, en particular la ciudad
de Río, se está transformando en una ciudad global por las inversiones directas de
grandes grupos, especialmente el petróleo. ¿Cómo hacer frente a esto? Existe amplia
coalición de fuerzas hoy, pro - petróleo.
En el debate sobre la energía y su relación con la cuestión del clima debe ser observado
de cerca el papel del etanol para los coches de pasajeros, un área donde Brasil ha sido
pionero. Antes que nada, se debe registrar aquí que la motivación inicial para desarrollar
la tecnología y la producción de etanol a partir de caña de azúcar no era del medio
ambiente, sino comercial. Debido al aumento del precio del petróleo en los años 70 del
siglo pasado, que afectó en gran medida el frágil equilibrio de las cuentas externas, la
crisis del régimen militar decidió invertir en una alternativa viable a la gasolina para
mover los coches y, con ella, la industria del automóvil instalada en Brasil, un importante
sector de la idea central y luego del " milagro económico brasileño".
El etanol fue importante en los años 80 y principios de los 90, pero sufrió con la
reducción relativa de los precios del petróleo, y especialmente con el descubrimiento de
petróleo en la costa de Brasil, lo que reduce la dependencia de las importaciones. Bueno,
en términos ambientales, ha sido el servicio de la mezcla de etanol a la gasolina - algo
alrededor de 20 % en media - que tiene efectos claramente positivos en las emisiones de
los automóviles, sobre todo en las ciudades. Pero la invención de los automóviles
híbridos en la década de 2000, impulsados por la gasolina o por el etanol o una mezcla de
los dos, permitió a la producción de etanol a dar un gran salto, al de inicio el gobierno de
Brasil se difundió que había encontrado la fórmula ideal para hacer frente a uno de los
villanos de las emisiones, la creciente flota de vehículos de pasajeros en el mundo. De
hecho, el etanol y el biodiesel, como su correlato, no pasan de una agroindustria, una de
las bases más importantes de la evolución del Brasil emergente. Su impacto ambiental,
desde el punto de vista de las emisiones, incluso puede ser positivo, pero su impacto
social es devastador. Esto me lleva a la siguiente pregunta.
32
El tema de la agroindustria
De hecho, estamos ante una devastadora bomba de vista social y ambiental. Son menos
de 70 000 grandes dueños de tierras, en un universo de casi 4 millones de propietarios
rurales, en control de cerca de 200 millones de acres, ¼ del territorio nacional, el
equivalente a más de 2.800 hectáreas cada uno, en promedio. Ante ellos, casi 2 millones
de familias sin tierra y otros 2 millones con poca tierra. No hay negocio más excluyente?
La agroindustria depende del control de la tierra y su explotación sin control social y
ambiental. El reciente debate y lucha sobre el nuevo Código Forestal en Brasil era
indicativo del poder político de los agros negocios.
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los logros con respecto a las tierras indígenas y su demarcación por la FUNAI.
El “neo extractivismo”
Como parte del neo desarrollismo es necesario tener en cuenta la grande inversión en la
extracción. Ya destaque arriba la cuestión del petróleo. Pero el tema es mucho más
amplio. El mineral de hierro ha sido el impulsador de las exportaciones brasileñas, en
especial a través de la Valle. El "éxito" de la Valle tiene la bendicioón oficial, pero no es
más que una de las explotaciones más depredadores en el corazón de la Amazonía. La
montaña de hierro de Carajás, en nombre del desarrollo, se está transfiriendo al exterior
por un capitalismo voraz por el mineral de hierro de buena calidad, especialmente en
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China. Esto tiene sentido? Si tiene, por supuesto que no tiene nada que ver con la justicia
social y la sostenibilidad de los pueblos de Amazonia!
Un aspecto que se habla poco en Brasil, pero relevante, se refiere a la expansión del
"modelo extractivista", exportador de materias primas, para toda la región de América del
Sur, a través del proyecto IIRSA - Infraestructuras de Integración de la Región de
América del Sur. A continuación, el BNDES, con generosa financiación de los
principales grupos brasileños, juega un papel sustantivo y muestra que la expansión para
la región de América del Sur es parte de una política gubernamental.
Muchos otros puntos podrían ser que figuren aquí. Después de todo, no es algo aleatorio
el " neo desarrollismo ", sino un proyecto nacional. Proyecto en marcha hacia un
crecimiento más capitalista para ser capaz de hacer la distribución del ingreso. Y el
crecimiento robusto, 5-7 % por año, como señalo la propia presidenta Dilma en el Foro
Social Temático en Porto Alegre, a principios de 2012. ¿Es esto sostenible? Cómo
deshabilitar este crecimiento en nombre del nuevo paradigma de la sostenibilidad social y
ambiental, al mismo tiempo, la prioridad de la vida, toda vida, y vivir bien?
Las grandes y sorprendentes manifestaciones que tuvieron lugar en junio de este año de
2013, en las principales ciudades del país, demuestran la fragilidad de la "emergencia "
de Brasil, a pesar de su gran avance celebrado en políticas distributivas. Después de todo,
a pesar de todos los cambios que están ocurriendo, lo que la ciudadanía activa se cobró en
las calles eran más que los derechos fundamentales en una sociedad democrática: el
transporte, a educación, la salud, la seguridad.
Hacer de las políticas sociales mera condicionalidades, que, con el fin de ser viable,
dependerán del crecimiento económico , que acaba por establecer su propio límite en el
cambio del desarrollo y la búsqueda de la sostenibilidad. Peor aún, las políticas sociales
dejan de ser la estrategia a servicio de la democratización sustantiva de las estructuras y
procesos tanto económicos como políticos, con inclusión en la ciudadanía plena - su
verdadera inspiración. No están la universalización de los derechos y la emancipación
social en juego, pero sólo una mitigación de los efectos adversos, sin transformar la
lógica de exclusión en la base de la miseria, la pobreza y la desigualdad. No tuvieron el
privilegio o fueron fortalecidas las políticas sociales universalistas con una vista de las
políticas de ciudadanía, que implican redistribuir los activos y la riqueza, creando otro
tipo de economía y de poder, haciendo que la sociedad haga frente de forma sostenible a
la lógica generadora de la desigualdad social. Las políticas sociales adoptadas minimizan
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los efectos, pero no cambian sus causas (Domingues, 2013).
Este punto debe quedar claro. Nada se ha hecho hasta el momento para cambiar la base
de la tributación brasileña, profundamente regresiva e injusta, lo que genera a sí misma la
desigualdad y la destrucción. El aumento del impuesto sobre la renta, con nuevas tarifas a
los maharajás, los rentistas y los capitalistas no está en la agenda. Las grandes fortunas
siguen creciendo y el tema de la tributación progresiva de las herencias no se puede tocar.
La tierra sigue estando muy concentrada. Hay activos simbólicos incluso altamente
concentrados, especialmente el conocimiento y la información. Las cuotas son un paso
importante en el caso de las universidades, ya que apuntan hacia la democratización del
acceso a las universidades públicas. Pero el PROUNI, que es un programa de becas para
los pobres en la universidad privada, no va en la misma dirección. La democratización
del acceso a la información entre nosotros no ha sido a través de la popularidad de los
teléfonos celulares de prepago y facilitada por la compra de televisores cada vez más
sofisticados para ver la red Globo (principal televisión de Brasil) y algo más de nuestros
medios de comunicación " empresa privada " altamente concentrados. La inclusión
digital masiva y la democratización de los grandes aparatos de hegemonía, sobre todo los
medios de comunicación, revelan el temor de enfrentarse a las fuerzas que confunden la
libertad de expresión con la libertad de los oligopolios de comunicación ciudadana. Por lo
tanto, como resultado de las políticas que eviten los activos de redistribución, reales y
simbólicos, el gran cáncer de la desigualdad social, con sus múltiples raíces y formas,
sigue erosionando la sociedad brasileña.
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Después de todo, en el campo político progresista de la sociedad brasileña, nos
contentamos con la precariedad más digna o nuestro objetivo es la meta de la dignidad en
la condición de ciudadanía para todos y todas? Esta es la cuestión fundamental en este
debate. Por supuesto la urgencia incrustada en la precaria situación de la pobreza, la falta
de empleo y de ingresos que condenan a millones de brasileños demanda acciones
emergentes. Pero el problema es hacer frente a la emergencia, de modo que no se repita
su causa generativa. O, en otras palabras, también es urgente y esencial para hacer frente
a la lógica de que la creación de riqueza y la abundancia para una parte necesita eliminar
y crear la precariedad de forma estructural al otro. Esto como dirección, como un
proyecto. Renunciar de antemano a un cambio de estrategia desde aquí, con políticas de
emergencia que se combinan con otras que las hagan desnecesarias mañana, es aceptar la
derrota frente la desigualdad social estructural. Peor aún, es hacer permanente una
emergencia inevitable, una enfermedad con la que tenemos que vivir con el fin de
desarrollar. ¿No es hora de preguntarnos lo que necesitamos y lo que se puede cambiar en
la economía y en el poder al tiempo que hacemos la ética correcta y políticamente
necesaria antes de la emergencia?
De acuerdo con André Singer, la calificación es un" reformismo débil" para el actual
momento en Brasil. Pero parece ya no estar de acuerdo tanto con su hipótesis del
"lulismo " como una especie de cesarismo. Sin duda, como Singer muestra bien en su
estudio, hubo un " realineamiento político" social (de clase) y geográfico (territorial) en
el Brasil de los gobiernos del PT (Singer, 2012) . Estamos frente a la historia en el
proceso, con la estructura de clases, las preocupaciones y luchas y, sobretodo, la
hegemonía política - que legitima y da sentido al desarrollo capitalista del país emergente
- con las direcciones y sentidos cambiantes. Los límites y posibilidades de sueños e ideas,
las decisiones tomadas y su transformación en políticas se configuran en un caldero de
relaciones de fuerzas y poder.
La pregunta que más me molesta en este análisis es cuanto el PT cedió y cómo eso
cambió su ADN como partido y la expresión de la alianza entre sindicalistas y
movimientos sociales y populares. El PT se formó en la lucha contra la dictadura y el
proceso de democratización, con una bandera clara de transformación de la estructura
social, la economía y el poder. La democracia y la sostenibilidad del medio ambiente
fueron banderas plantadas por el PT en los años 80 por figuras como el propio Lula,
Chico Mendes y muchos otros. ¿Qué pasó para llegar al poder?
Recuerdo aquí mis análisis de 2004, " Ciudadanía Atrapada “, tratando de entender el
gobierno del PT ahí en el origen ( Grzybowski , 2004 ) . Cito: " Para la conquista del
poder hegemónico en la sociedad civil brasileña, el PT se ha aliado con los sectores
empresariales globales y arrastró parte significativa de otros segmentos desarrollistas,
hasta ahí reticentes frente al petismo. A diferencia de los tucanos (miembros do partido
del Partido Social Democrático Brasilero), que tiene "globalistas" como parte de su ADN,
PT hacen un tipo de ingeniería genética para combinar estas fuerzas. Es esta Carta al
pueblo brasileño, para nuestra desgracia, parece que la venganza política transgénica se
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ha transformado al petismo".
Hoy estoy un poco más de fondo en este tema, pero yo no oculto mis dudas sobre las
conclusiones a las que llegan. Recuerdo aquí el concepto de "transformismo", utilizado
por Gramsci en el análisis del “Risorgimento italiano” (Gramsci, 1978a ). Manera muy
directa y simple, el "transformismo" ocurre cuando una fuerza política potencialmente
revolucionaria acaba "guiado" por intereses que se oponen a los suyos. No veo otro
concepto mejor que el " transformismo " para establecer la guiñada del PT, lo que le valió
la victoria y su permanencia en el poder, el apoyo y la adopción activa de proyectos de
desarrollo de gran capital nacional por el petismo - que no era el diseño original - con el
Estado inductor, incluso con condicionalidad social distributiva ( las políticas sociales
adoptadas ) .
Por supuesto todo esto es complejo, contradictorio, explicable. No sólo estamos frente a
decisiones y, en mi punto de vista, de renuncias fundamentales. Soy el primero en decir
que necesitamos ver la correlación de fuerzas, de hecho, el elemento central en el método
de análisis de Gramsci (ver Gramsci, 1978b ). Para él, la clave en cualquier situación es
la hegemonía, entendida como la dirección política, moral e intelectual. Ganar una
elección no significa ser la hegemonía. Es hegemónica la fuerza o correlación de fuerzas
capaces de ser el portador de sueño y el proyecto, imprimir hacia las políticas emitidas
por el poder conquistado y ser vistos con la legitimidad política, intelectual y ética para
ejercer el poder. Tenemos una hegemonía, sin duda. ¿PT? Sí y sólo si el petismo - o "
lulismo " como prefieren algunos – representar el apoyo al gran capital nacional con
políticas sociales distributivas con crecimiento de las ganancias. Creo que estamos en la
reanudación del proyecto de país emergente y grande de nuestra burguesía, el proyecto
diseñado y desarrollado en las entrañas de la dictadura militar - especialmente en el
gobierno del general Geisel - reanudó sin mucho éxito en los años 90 por los tucanes
basado en el neoliberalismo. Este proyecto había sido negado por su carácter salvaje y
autoritario, lo que genera la desigualdad social en gran escala y la destrucción del
patrimonio natural de Brasil. Este proyecto de Brasil vuelve a ser viable, pero con este
tipo de condicionalidades de justicia social petista ligadas a su crecimiento a todo costo,
con la distribución de la riqueza generada. Es difícil afirmar esto, pero es lo que mi
análisis de intelectual y activista de la sociedad civil me pone en mi regazo ( Grzybowski
, 2012).
No estoy tratando de juzgar a nadie. Si fuera así, yo debería ser uno de los juzgados ya
que he puesto mi vida en todo esto. Estoy con ganas de ver las luces por donde salir de
este callejón sin salida. Por eso vale recordar aquí dos elementos fundamentales. Uno se
expresa así por Fabio Konder Comparato, jurista y destacado analista de la democracia en
Brasil. El analiza el poder en dos niveles: uno oficial, con gran visibilidad, Ejecutivo,
Legislativo y Judicial, los partidos políticos y los órganos auxiliares, el otro está casi
siempre oculto, pero que brilla más que el primero, formado por un gran emprendedor
financiero, industrial, comercial, de servicios y agroindustria. Esta segunda tiene aliados
históricos en la institución militar y la clase media alta y tiene el aparato ideológico y
cultural controlado por el oligopolio de los medios corporativos. Sobre el papel
estratégico de los medios de comunicación es digno de ver sobre esto el artículo de
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Leandro Fortes, "Miss 1964 " (Fortes, 2012). Como estamos hablando de poder y
hegemonía, con un gobierno del PT en servicio y una derecha extremadamente activa,
esos análisis son fundamentales para entender las contradicciones de Brasil y lo que él
llama " transición difícil " en el curso de la biocivilización.
La otra característica importante a mencionar aquí está muy controlada por una especie
de federación de intereses privados, un tema que apareció con fuerza en lo que he
llamado " explosión de la ciudadanía ", hablando de las manifestaciones del propio
sistema político de Brasil en junio de 2013 en todo el país ( Grzybowski , 2013 ) .Uno de
los problemas no resueltos con la democracia es la forma de ganar la hegemonía electoral
y el poder para gobernar. Como bien se recuerda Fonseca, es necesario aceptar las reglas
del juego para gobernar. Para que el PT (Partido de los Trabajadores), se convierta en un
partido que tiene el poder, se somete a aceptar las siguientes reglas: " la financiación
privada de las campañas, coaliciones electorales y coaliciones gubernamentales amplios y
contradictorios, la negociación del programa de gobierno y un mensaje contundente,
simbolizado por la " Carta al Pueblo Brasileño”, partido de orden constituido (Fonseca,
2013 ) . Vale recordar aquí Singer, con base en las encuestas, señalando un reajuste de lo
que él llama "sub - proletariado " - mucho mejor que " nueva clase media, por ejemplo,
históricamente conservador, y al “petismo” y al " lulismo " debido exactamente a este
compromiso de no subvertir el orden.
De todos modos, creo que el PT y su gran líder Lula hacen una diferencia en el
panorama político brasileño, latinoamericano y mundial. Abren nuevas posibilidades y
muchas contradicciones y desafíos. El precio que el PT está pagando es tener que dejar de
ser la fuerza transformadora y permanecer en una posición de apoyo en un conjunto más
amplio de las relaciones de fuerzas, dada por aquellos que sostienen y pueden ampliar su
poder real en la economía, el estado y la sociedad, con un proyecto de Brasil emergente,
grande, miembro del pequeño club capitalista mundial. Para la ciudadanía, el precio es
saber reposicionarse para permitir la nueva y más radical ola de democratización que
emerge de las entrañas de nuestro país.
No es para mí entrar en las estadísticas, pero es algo que valoro, para reconocer que algo
ha cambiado en la base de la sociedad brasileña en el contexto del gobierno del PT. Lo
que cuestiono es la propiedad del fenómeno como " nueva clase media". En primer lugar,
desde mi punto de vista, esta clasificación es una descalificación de lo que está
sucediendo. No estamos ante un cambio de las clases sociales. Apenas ha cambiado, y un
poco, el consumo popular. Me alegro de que muchos sectores de la población, excluidos
de consumir muchos bienes divulgados con indicadores de disfrute de la civilización
industrial, productivista y consumista, tengan acceso a estos. Este es un cambio de vida?
Sí, hasta cierto punto. La canasta de consumo cambia, pero no cambia la condición de
clase.
Sería aburrido entrar aquí al debate teórico y político sobre las clases sociales.
Simplemente, sólo recuerda que las clases sociales no son una línea ascendente, pero una
estructura de relaciones que se oponen entre sí y las difieren. El esfuerzo para ver las
clases sociales por nivel de consumo es impulsado políticamente. Esto es para ocultar la
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lógica subyacente que opera en una sociedad donde para ser rico hay que tener un pobre,
jefe supone que hay empleado, dominante implica dominada. De hecho, tener un
proyecto para crear y expandir la clase media es enmascarar la hegemonía reinante con el
objetivo de ser capaz de mantener todo como está. Esto no cambia nada. Más bien, es
cambiar algo que no cambia lo esencial. El ideal de la creación de la clase media
ampliada es esencial en un proyecto de este tipo.
Vivimos en una época peligrosa en que, por una parte, la legalidad formal - o, peor aún,
la judicialización de la política por la interpretación de la ley por los tribunales - y, en
segundo lugar, el verdadero poder de las grandes corporaciones económico-financieras
sofocan la democracia y toman la prioridad sobre la legitimidad constituyente y
instituyente de lucha ciudadana, la ciudadanía activa, que fluye desde la sociedad civil.
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Estamos atrapados como ciudadanía. Celebramos las victorias, mirando hacia atrás, pero
tenemos que volver a movilizar y presionar. Sólo entonces, empujada por la ciudadanía,
la democracia puede ejercer su función. El desafío de tensionar la democracia para que
sea aún más democrática.
Yo soy de los que piensan que la ola democratizadora que nos llevó a los gobiernos del
PT se está reventando y agotándo en la playa. No dará mucho más que hasta ahora, estos
nuevos e importantes desafíos y contradicciones que intenté caracterizar. Definitivamente
no es el país así que sueño construir, ni creo que es un tal Brasil que la naciente
ciudadanía planetaria necesita. De esta coalición de fuerzas y de la hegemonía
constituida, que tiene el PT como el protagonista en el nivel oficial, no se puede esperar
otra cosa, sobre todo no se puede esperar cambios sustanciales. Pero sigo sin ver ninguna
fuerza política alternativa capaz de cambiar el curso. Sin embargo, Brasil tiene que gestar
desde aquí y ahora, una nueva ola democratizadora.
¿Cuál es la agenda, aquí y ahora? ¿Cómo actuar? ¿Qué métodos políticos y de lucha por
la hegemonía de pedagogía hay que inventar? ¿Qué papel deben desempeñar las
organizaciones de ciudadanía activa en este sentido? Lo que es seguro es que usted no
puede quedarse quieto, esperando. Estamos frente a hipótesis y apuestas políticas. ¿Hay
alternativas reales? ¿Son factibles? ¿Que condiciones políticas se deben crear? Lo bueno
es que está creciendo en Brasil una conciencia social y ambiental. Cuánto ella combina la
inevitable cuestión social, sin la cual no hay una solución viable, todavía no está claro,
por lo menos en el debate público, aquel que importa como cuestión ideológica
movilizadora para crear movimientos políticos capaces de lograr el cambio. Pero estamos
muy lejos de la agenda de cambios viables consistentes. Tenemos ideas, pero están
desarticuladas. La salida de la gente a las calles en junio de 2013, es algo auspicioso, pero
nada orgánico. Es más una explosión ciudadana en el espacio público que un movimiento
portador de proyectos para el Brasil.
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comprender y transformar las demandas de la ciudadanía. Nuestro mayor problema y
desafío es de un carácter cultural: decir para lo que la gente siente. La transformación
sólo es posible con la ciudadanía motivada y en acción.
Las luchas ambientales surgen de territorios específicos en los que vivimos, nuestra
dirección de ciudadanía. Los territorios no son en sí los espacios físicos, sino áreas
geográficas dinámicas con la historia humana en el pasado y la historia en construcción
por la acción actual. El uso humano de la tierra califica su organización y le da sentido
histórico. Estamos delante de la manera de ocupar y usar el espacio natural, de
organizarlo como un territorio humano, de la vida en movimiento. La relación con la
naturaleza, como una condición de la vida misma, es de dependencia e intercambio. Las
formas de esta relación son diferentes, tanto porque la biosfera y las condiciones
naturales varían de un lugar a otro, como porque nosotros mismos, los creadores de la
cultura, de las relaciones y estructuras, de las economías y del poder, somos muy diversos
en nuestra humanidad común y sujetos ciudadanos. Los territorios como territorios de
ciudadanía, expresan esta diversidad que resulta de la simbiosis del ser humano con la
naturaleza y con los demás, que se renueva en la historia.
Los impases de la democracia en Brasil son el otro lado del nuevo desarrollismo como
una prioridad, que transforma los territorios de la ciudadanía en los territorios para que
sean ocupados según una lógica de negocio y de acumulación de riquezas sin límites. El
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capital que se invierte en un territorio determinado, a menudo con el apoyo del poder
público, es parte de una estrategia de desarrollo que se determina, en última instancia, por
la tasa de recuperación. Con esto, debemos reconocer que, de un punto de vista
ciudadano, nos enfrentamos a una reinvención del colonialismo, donde la ocupación de
los territorios no es para producir bienes y servicios y servir a la población existente que
vive allí, respetando sus condiciones y sus derechos de ciudadanía. Para las grandes
corporaciones económicas y financieras, los territorios no son más que una diferencia
para su negocio, es una ventaja en la competición entre las empresas por los mercados y
el aumento de los beneficios. Para ellos, se está ocupando territorios con las estrategias
establecidas afuera y por fuera. La especificidad de los territorios no es un límite, es una
ventaja competitiva en el mercado nacional y mundial. Por lo tanto, los grandes proyectos
que colonizan los territorios ignoran las condicionalidades y los límites ambientales y de
los derechos de ciudadanía.
En este contexto, cambia el carácter de los conflictos en los territorios y para los
territorios. Tal disputa gana una dimensión que va más allá del propio territorio. Las
contradicciones en curso en los territorios forman parte de los procesos nacionales y
mundiales. La ciudadanía activa local, a desde la sociedad civil, con sus formas y
dinámicas, reacciona y lucha contra la lógica de mercantilización y exploración de los
grandes proyectos del desarrollismo que se imponen desde afuera. Esto incluye desde las
movilizaciones de resistencia indígena en la Amazonía contra los grandes proyectos y la
agroindustria a las movilizaciones recientes contra las remociones de favelas o obras
como estadios para la Copa del Mundo en lugar de las inversiones en las prioridades de la
urbanización y la movilidad urbana, teniendo en cuenta a las ciudades como un bien
común para la ciudadanía.
Las disputas territoriales en el sentido definido aquí, están en todas partes, en las ciudades
y el campo. Hacer un mapeo de las luchas ambientales en Brasil hoy en día, estamos
viendo el surgimiento de una especie geopolítica de la ciudadanía activa en movimiento,
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con características anti-sistémicos. Su potencial para la transformación está ahí. Las
diversas luchas territorializadas necesitan concebirse y se convencerse del potencial que
tienen, la conexión, la articulación, la formación de redes y coaliciones, criando foros y
plataformas, alimentando con eso una nueva ola de revitalización de la democracia en
Brasil.
Una nueva ola democratizadora tiene posibilidades a partir de los territorios en los que la
ciudadanía local se organiza y actúa contra las embestidas del nuevo desarrollismo, de
abajo hacia arriba y de adentro hacia afuera. Para transformar la economía y el poder, con
el fin de mantener la vida y la democracia sustantiva, es necesario tener en cuenta las
demandas y posibilidades locales y territoriales, la incorporación de las opiniones y
propuestas que emanan de la ciudadanía activa dentro de sus sociedades civiles. La
propia economía y la democracia tienen que reubicarse, reterritorializar, trabajando de
abajo hacia arriba , de manera subsidiaria. Fortalecer los conflictos socio-ambientales en
los territorios es el camino de la democratización en el Brasil de hoy, porque es allí donde
gestan los sujetos que reclaman su plena ciudadanía, la lucha por el derecho a tener
derechos reconocidos. Emerge en las sociedades civiles de los territorios de la
ciudadanía, tales como la “levadura” transformadora, ideas y proyectos para construir la
democracia radicalmente inclusiva, económica, social y culturalmente, sin desigualdades
o discriminación de ninguna especie. Esta es la sostenibilidad social y ambiental hacia la
bio-civilización, lo que importa fortalece.
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