Aprendiendo de Los Lamas - Kathleen Mcdonald PDF
Aprendiendo de Los Lamas - Kathleen Mcdonald PDF
Portada
Créditos
Agradecimientos
I La mente y la meditación
1. ¿Por qué meditar?
2. ¿Qué es la meditación?
II Cómo establecer una práctica meditativa
1. Consejos para principiantes
2. La sesión de meditación
3. La postura
4. Problemas más comunes
III Meditaciones sobre la mente
1. Meditación en la respiración
2. Meditación sobre la claridad de la mente
3. Meditación sobre la continuidad de la mente
IV Meditaciones analíticas
Sobre la meditación analítica
1. Meditación sobre la vacuidad
2. Apreciar la vida humana
3. Meditación sobre la impermanencia
4. Meditación sobre la conciencia de la muerte
5. Meditación sobre el karma
6. Purificar el karma negativo
7. Meditación sobre el sufrimiento
8. Meditación sobre la ecuanimidad
9. Meditación sobre el amor
10. Meditación sobre la compasión y el “Tong-len” (dar y recibir)
11. Cómo tratar con la energía negativa
V Meditaciones con visualización
Sobre la visualización
1. Meditación del cuerpo de luz
2. Meditación sencilla de purificación
3. Meditación de Tara, el buda de la actividad
4. Meditación de Avalokitesvara,
5. Meditación sobre el calor interno
VI Oraciones y otras prácticas devocionales
Sobre la devoción
1. Oraciones
2. Explicación de las oraciones
3. Una meditación abreviada sobre el Camino Gradual a la Iluminación
4. Meditación sobre el Buda
5. Meditación sobre el Buda de la Medicina
6. Meditación sobre los “ocho versos para transformar el pensamiento”
7. Oración a Tara
8. Purificación de Vajrasatva
9. Los Ocho Preceptos Mahayana
10. Postraciones a los Treinta y Cinco Budas
Apéndice
Fonética de las oraciones en tibetano
Glosario
Autor
Notas
Título original: How to Meditate. A Practical Guide
ISBN: 978-84-15912-64-4
Todos los derechos reservados. No está permitida la reproducción total ni parcial de este libro, ni la recopilación en
un sistema informático, ni la transmisión por medios electrónicos, mecánicos, por fotocopias, por registro o por otros
métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor o el propietario del Copyright.
A mis padres
que me han ayudado tanto.
Que descubran la paz suprema
en ellos mismos.
uando se publicó el libro “How to Meditate” hace más de veinte años, la meditación no
C
se conocía ampliamente ni se practicaba en Occidente, y existían pocos libros al
respecto. Sorpresivamente, el libro fue un éxito: reimpreso diecisiete veces, y
traducido a nueve idiomas. Y aún hoy sigo encontrándome con personas que me
confiesan cómo les ha ayudado en su práctica y comprensión del budismo y la meditación.
Las cosas en la actualidad son bien distintas. Millones de personas practican la
meditación de manera regular; los médicos la prescriben a sus pacientes, como una técnica
para tratar el dolor, las enfermedades del corazón, el cáncer, la depresión y otros
problemas; y los científicos están estudiando sus efectos en el cerebro y en el sistema
inmunitario. Hay docenas de libros, cintas, discos compactos y páginas en la red sobre
meditación, y en muchas ciudades se ofrecen clases de meditación.
El propósito de este libro permanece inalterable con respecto a su primera aparición:
ofrecer a las personas que viven hoy en el mundo un puente que les conecte con el arte de
la meditación enseñado por el Buda y desarrollado en Asia durante los últimos 2.500 años.
A pesar de los avances modernos en el campo de la tecnología, las herramientas del Buda
para desplegar nuestras capacidades internas y obtener un bienestar genuino y duradero
aún conservan su poder y relevancia. La mayor parte de las técnicas descritas aquí
provienen de la tradición budista mahayana del Tíbet, algunas de la tradición teravada del
sudeste asiático y otras, las menos, constituyen improvisaciones propias sobre temas
budistas.
He intentado explicarlas de manera sencilla y clara, evitando el lenguaje técnico, ya
que me propongo mostrar que el budismo es algo práctico y realista, y no una filosofía
pasada ni un culto exótico. Se acentúa siempre la experiencia, utilizando la meditación para
proporcionar cambios reales en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.
En la primera parte: La mente y la meditación, se exponen los fundamentos, explicando
por qué se medita y qué beneficios se obtienen. En la segunda parte: Cómo establecer una
práctica meditativa, se ofrece una información básica y unos consejos para principiantes. Y
en lo que resta del libro, presento los métodos de meditación propiamente dichos. Los he
dividido en cuatro partes: Meditaciones sobre la mente, meditaciones analíticas,
meditaciones con visualización y prácticas devocionales. A cada técnica le precede un
preámbulo que proporciona los antecedentes de esa meditación, explica sus beneficios,
cómo utilizarla adecuadamente y su aplicación práctica.
Por último, se ha incluido la fonética de las oraciones tibetanas al final del libro, así
como un glosario de términos.
Para la presente edición, he revisado muchas de las meditaciones y he añadido otras
nuevas: las relacionadas con el karma, la purificación con los cuatro poderes, la compasión
y el tong-len, y la del Buda de la Medicina. Esto no quiere decir que las meditaciones
incluidas en la edición original fuesen erróneas; sencillamente pensé que se podían
mejorar, basándome en los veinte años más de práctica y enseñanza de la meditación que
han pasado desde aquel entonces.
Agradecimientos
T
compasivos maestros, especialmente de Lama Thubten Yeshe (1935-1984) y de Lama
Thubten Zopa Rimpoché, de Su Santidad el Dalai Lama, de Gueshe Ngawang
Dhargyey, de Gueshe Jampa Tegchog, y de Ribur Rimpoché.
Agradezco de todo corazón a estos preciados maestros que compartan con nosotros
su conocimiento y discernimiento, y elevo sinceras plegarias para que su obra tenga una
continuidad en el futuro.
Mucha gente ha trabajado para que este libro sea una realidad. Doy también las
gracias a Wendy Finster por su “Manual de prácticas mahayana”, de donde ha surgido este
libro; a Thubten Angmo, John Landaw y T. Yeshe por su trabajo de preparación y
traducción; a Nick Ribush, Yeshe Khadro, Thubten Pende, Steve Carlier, Lorraine Rees,
Peter Rees, James Payne, Tim Young, Jan Courtin, Marshall Harris, Sarah Thresher, Karin
Zeitvogel y a las otras monjas del Monasterio de Dorje Pamo por sus inestimables
sugerencias; a David Kittelstrom, Tim McNeill y a todos en Wisdom Publications; y por
último a mi editora, Robina Courtin, que ha trabajado conmigo de principio a fin para escribir
y dar forma de nuevo a este libro, en un intento de hacerlo tan claro y práctico como fuera
posible.
odo el mundo quiere ser feliz, pero muy pocos encuentran la felicidad. En nuestra
T
búsqueda de satisfacción, cambiamos de una amistad a otra, de un trabajo a otro, de
un país a otro. Estudiamos arte y medicina, intentamos ser jugadores de tenis,
aprendemos a escribir a máquina o a conducir coches, tenemos hijos, escribimos libros
y cultivamos flores. Nos gastamos el dinero en modernos lectores de DVD y equipos de alta
fidelidad, teléfonos móviles, reproductores de mp3, ordenadores portátiles, en muebles
cómodos y en vacaciones al sol. También intentamos regresar a la naturaleza, comer
alimentos integrales o practicar yoga y meditar. Casi todas las cosas que hacemos son un
intento para conseguir la felicidad y evitar el sufrimiento. No hay nada malo en querer ser
feliz; no hay nada reprochable en cualquiera de esos intentos por serlo. El problema en
tener amistades y posesiones es que consideramos que las cosas, las relaciones, las
posesiones y las aventuras tienen en sí mismas la capacidad de satisfacernos; creemos
que son la causa de la felicidad. Pero no pueden serlo porque, sencillamente, no son
duraderas. Todo lo que existe, debido a su propia naturaleza, cambia constantemente y
tarde o temprano desaparece: nuestro cuerpo, los amigos, todas nuestras pertenencias y
nuestro medio natural. Depender de cosas transitorias y aferrarse a una felicidad ilusoria
sólo conduce a la desilusión y a la tristeza, no a la satisfacción y al contento.
Experimentamos felicidad con las cosas externas, pero no nos satisface plenamente ni nos
libera de nuestros problemas. Esta felicidad es de escasa calidad, inestable y efímera. Esto
no quiere decir que debamos dejar a nuestros amigos y renunciar a nuestras posesiones
para ser felices; lo que debemos dejar son nuestras ideas equivocadas sobre ellos y
nuestras expectativas irrazonables sobre lo que nos pueden proporcionar.
No sólo imaginamos las cosas como permanentes y capaces de satisfacernos, sino
que, en la base de nuestros problemas, se encuentra nuestra opinión fundamentalmente
equivocada de la realidad (pág. 55). Instintivamente, creemos que las personas y las cosas
existen en y por sí mismas, por su propio lado; que tienen una naturaleza y una sustancia
inherentes. Esto significa que vemos que las cosas poseen ciertas cualidades que existen
de forma natural en ellas; que son por sí mismas buenas o malas, atractivas o repulsivas.
Esas cualidades parecen estar ahí, en los mismos objetos, con independencia de nuestras
opiniones y de las demás cosas.
Creemos por ejemplo, que el chocolate es delicioso inherentemente, o que el éxito es,
por sí mismo, satisfactorio; pero si esto fuera así, nunca dejarían de aportarnos placer o
satisfacción y todo el mundo obtendría la misma experiencia.
Esta idea errónea está profundamente arraigada en nosotros y se ha hecho habitual;
colorea todas nuestras relaciones personales y nuestra relación con el mundo.
Probablemente, muy pocas veces nos preguntamos si la forma en que vemos las cosas es
en la que existen verdaderamente. Sin embargo, cuando lo hacemos, observamos que
nuestra imagen de la realidad es exagerada y parcial; que las cualidades buenas y malas
que vemos en las cosas las crean y proyecta nuestra propia mente.
El budismo nos dice que existe una felicidad duradera y estable y que todo el mundo
tiene el potencial para experimentarla. Las causas de la felicidad están en nuestra propia
mente y los métodos para conseguirla pueden ser practicados por cualquier persona, en
cualquier lugar y con cualquier estilo de vida; viviendo en la ciudad, trabajando ocho horas,
manteniendo una familia o descansando los fines de semana.
Con la práctica de estos métodos –la meditación–, podemos aprender a ser felices en
cualquier instante, en cualquier situación, incluso en las más difíciles y dolorosas. Así
podremos liberarnos, tarde o temprano, de problemas como la insatisfacción, la ira y la
ansiedad.
Y al final, al comprender la forma verdadera en que existen las cosas, eliminaremos
completamente la fuente de todos los estados mentales que nos perturban, por lo que no
volverán a surgir nunca más.
¿Qué es la mente?
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Requiere un proceso lento y gradual de escuchar y leer explicaciones sobre la mente y
la naturaleza de las cosas; reflexionar sobre ellas y analizar cuidadosamente esta
información; y finalmente, transformar la mente por medio de la meditación. Podemos
dividir la mente en conciencia sensitiva (visual, auditiva, olfativa, gustativa y táctil) y
conciencia mental. Las conciencias mentales abarcan desde nuestras experiencias más
toscas de enfado o deseo, por ejemplo, hasta el nivel más sutil de completa quietud y
claridad. En dichas conciencias están incluidos también nuestros procesos intelectuales,
sentimientos y emociones, nuestra memoria y nuestros sueños. La meditación es una
actividad de la conciencia mental. En ella, una parte de la mente observa, analiza y trata
con el resto de la mente. La meditación puede tener muchas formas: la concentración en un
solo punto sobre un objeto interno, el intento de comprender algún problema personal,
despertar un amor gozoso por toda la humanidad, orar ante un objeto de devoción o la
comunicación con nuestra propia sabiduría interior. Su objetivo último es despertar un nivel
muy sutil de conciencia y usarlo para descubrir, de una manera directa e intuitiva, la
realidad.
Este conocimiento directo e intuitivo de cómo son las cosas es conocido como
iluminación y es el resultado final de la práctica budista mahayana. El propósito de alcanzar
este conocimiento, y la fuerza que impulsa toda la práctica, es ayudar también a los otros a
alcanzarlo.
El término tibetano sgom, que corresponde a meditación, significa literalmente
“familiarizarse”. Lo que surge en nuestra mente es aquello con lo que más estamos
familiarizados. Si cuando alguien nos trata de una manera no amable o irrespetuosa,
inmediatamente nos sentimos heridos o irritados, es porque tales reacciones son aquellas
con las que más familiarizados estamos. La meditación budista busca el lograr que la mente
se familiarice con estados positivos como el amor, la compasión, la paciencia, la serenidad
y la sabiduría, para que se vuelvan más naturales y espontáneos. Para que cuando nos
encontremos con una persona hostil o desagradable con nosotros, seamos capaces de
permanecer calmados y pacientes, y aun llegar a sentir compasión por ella.
Hay muchas técnicas diferentes de meditación y muchas con las que se puede
familiarizar la mente. Cada técnica tiene funciones y beneficios específicos, y cada una de
ellas es una parte del sistema que hace que nuestra mente tenga una visión más realista
del mundo.
Quizá sería mejor empezar diciendo lo que no es meditación, ya que hay muchas
interpretaciones erróneas sobre ella.
En primer lugar, con la meditación no tratamos de adoptar una determinada postura, ni
mucho menos respirar en tal o cual forma, ni tampoco lo hacemos con el propósito de
experimentar sensaciones corporales placenteras. Es una actividad de la mente, que se
realiza con el propósito de transformar la mente, haciéndola más positiva. Aunque, por lo
general, obtenemos mejores resultados cuando meditamos en un lugar tranquilo, podemos
meditar en un ambiente ruidoso, y también mientras trabajamos, paseamos, vamos en
autobús o cocinamos. Un meditador tibetano realizó la vacuidad mientras cortaba leña (pág.
61), y otro alcanzó la realización de la concentración en un solo punto cuando limpiaba la
habitación de su maestro.
Primero aprendemos a desarrollar el estado meditacional de la mente practicando
sentados de manera formal, pero una vez que somos hábiles en ello, podemos ser más
libres y creativos, y generar este estado mental en cualquier momento y en cualquier
situación. Cuando ocurre esto, la meditación se ha convertido en un estilo de vida.
La meditación no es algo ajeno e inadecuado para la mente occidental. Hay diferentes
métodos que se practican en diferentes culturas, pero todos comparten el principio de que
la mente se ha de familiarizar con varios aspectos de la misma. La mente de cada persona,
ya sea oriental u occidental, tiene los mismos elementos y experiencias básicas, los mismos
problemas fundamentales y el mismo potencial.
Meditar no es distraerse o evadirse. De hecho, es ser totalmente honestos con
nosotros mismos, observar bien lo que somos y trabajar con ello para volvernos más
positivos y provechosos en beneficio nuestro y de los demás. Hay aspectos positivos y
negativos en la mente. Los aspectos negativos, es decir, los desórdenes mentales o
engaños, incluyen, entre otros, los celos, la ira, el deseo y el orgullo. Surgen de nuestra
interpretación errónea de la realidad y de nuestra adhesión habitual a la forma en que
vemos las cosas. A través de la meditación podemos reconocer nuestros errores y adaptar
nuestra mente a pensar y reaccionar de un modo más realista y honesto.
La meta final, la iluminación, es algo a largo plazo, pero las meditaciones hechas con
este objetivo pueden reportar enormes beneficios inmediatos. A medida que se debilita
nuestra visión concreta de la realidad, desarrollamos una imagen más positiva y realista de
nosotros mismos y conseguimos estar más relajados y menos ansiosos. Aprendemos a
tener menos expectativas irreales de la gente y de las cosas que nos rodean y, por lo tanto,
experimentamos menos decepciones, las relaciones mejoran y la vida se vuelve más
estable y satisfactoria.
Recordemos que los hábitos de toda la vida son difíciles de erradicar. Ya es bastante
difícil reconocer simplemente nuestra ira y nuestros celos, y mucho más hacer un esfuerzo
para refrenar las tendencias de viejos sentimientos familiares o analizar sus causas y
resultados. Transformar la mente es un proceso lento y gradual. Se trata de apartar de
nosotros mismos, poco a poco, las habituales costumbres instintivas y perjudiciales, y
familiarizarnos con costumbres que necesariamente nos traen resultados positivos a
nosotros mismos y a los demás.
Hay muchas técnicas de meditación, pero todas pueden reducirse a dos tipos:
estabilizadora y analítica.
Meditación estabilizadora
En general, este tipo de meditación se usa para desarrollar lo que se conoce como
concentración en un solo punto, requisito indispensable para alcanzar aquella que reside en
la calma mental (samatha), que nos permite permanecer concentrados en cualquier objeto
que deseemos y tanto tiempo como queramos, mientras experimentamos gozo, claridad y
paz. La concentración y la calma mental son estados necesarios para experimentar una
visión profunda y duradera o cualquier transformación mental. Al estabilizar la meditación,
aprendemos a concentrarnos en un objeto, la respiración, la naturaleza de nuestra propia
mente, un concepto, o una visualización imaginada, sin interrupción.
La concentración ininterrumpida es lo exactamente opuesto al estado habitual de
nuestra mente. Si miras hacia dentro por unos instantes, observarás que tu mente salta de
una cosa a otra: un pensamiento sobre algo que ocurrió hace poco, una sensación física,
una taza de café. Nunca necesitamos decirle a la mente: “¡Piensa!” o “¡Siente!”. Está
siempre ocupada haciendo algo a gran velocidad y con su propia energía.
Con esta mente descontrolada y dispersa hay pocas posibilidades de éxito en cualquier
cosa que hagamos, ya sea recordar un número de teléfono, preparar una comida o llevar un
negocio. Sin concentración, el éxito en la meditación es imposible. La meditación
estabilizadora no es fácil, pero es esencial para someter la mente a un determinado control.
Aunque el desarrollo de la verdadera concentración en un solo punto es un trabajo para
meditadores con total dedicación, no necesitamos retirarnos a las montañas para
experimentar los beneficios de esta clase de meditación. Hasta en nuestra vida cotidiana en
la ciudad, podemos desarrollar una buena concentración haciendo regularmente diez o
quince minutos al día de meditación estabilizadora (como por ejemplo la Meditación en la
respiración, página 47). Esto nos producirá una sensación inmediata de espacio y nos
permitirá ver el funcionamiento de nuestra mente con más claridad durante la meditación y
durante el resto del día.
Meditación analítica
La práctica regular
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regularmente; como en cualquier actividad, no es posible tener éxito a menos que nos
dediquemos con energía y entusiasmo a ello. Trata de meditar cada día, o al menos
varias veces a la semana. Si dejas pasar semanas o meses sin meditar, dejarás de
estar en forma y te resultará más difícil cuando lo intentes de nuevo.
Inevitablemente habrá instantes en que meditar sea lo último que te apetezca, pero
medita de todos modos, aunque sólo sea unos pocos minutos; a menudo estas sesiones
son las más efectivas.
El lugar de meditación
Es bueno empezar con una de las meditaciones sobre la respiración (pág. 47). Éstas
son ideales para calmar la mente y comenzar a desarrollar la visión profunda sobre
nuestros pensamientos y sentimientos. Tanto la calma mental como la visión profunda son
ingredientes esenciales para el éxito en cualquier clase de meditación. Una vez estés
familiarizado con la meditación, escoge las prácticas que mejor se ajusten a tu
temperamento e inclinaciones naturales, recordando que cada técnica es un antídoto para
cada problema en particular. Si, por ejemplo, te dejas llevar por la ira con frecuencia, debes
meditar sobre la paciencia, la amabilidad y el amor (págs. 106 y 110); si te perturba un
fuerte deseo y apego, puedes meditar sobre la impermanencia (pág. 70), la muerte (pág.
73) o el sufrimiento (pág. 95). Si estás deprimido, puedes meditar sobre el potencial y lo
precioso de nuestra vida humana (pág. 65). Sin embargo, si tu mente está tranquila, puedes
practicar el desarrollo de la concentración, por ejemplo, con una técnica de visualización
que te atraiga (pág. 131), o agudizar tu visión profunda en la naturaleza de la realidad por
medio de la meditación sobre la vacuidad (pág. 61).
Si aprecias los beneficios de la práctica devocional, puedes incorporar postraciones y
oraciones (pág. 156) en tu práctica.
Todo esto se presenta tan sólo como una guía general, ya que con la práctica
aprenderás a saber qué hacer y cuándo. No obstante, la importancia de que te guíe un
meditador experimentado no puede dejar de subrayarse.
Sesiones breves
Al principio es mejor meditar por periodos cortos –de diez a treinta minutos– y terminar
cuando la mente y el cuerpo estén aún frescos y cómodos. Si te fuerzas meditando
demasiado tiempo, y te levantas del asiento con un cuerpo dolorido y una mente frustrada,
no tendrás mucho interés en sentarte a meditar de nuevo. La meditación debe ser una
experiencia satisfactoria y productiva, no una carga.
Deberías decidir con anterioridad un periodo de tiempo para la sesión y cumplirlo,
incluso si la meditación está yendo bien. A medida que tu habilidad se desarrolle, podrás
incrementar la duración de la sesión.
Sin expectativas
Puesto que queremos gozar de felicidad y paz mental y evitar los problemas, es natural
el deseo de tener buenas experiencias durante la meditación. Pero tales expectativas no
son necesariamente realistas y es probable que obstruyan tu progreso. La mente es
compleja y siempre cambiante. Un día puedes tener una meditación calmada y alegre y al
siguiente una meditación plagada de distracciones y alboroto. Esto es bastante normal y no
deberías preocuparte ni frustrarte por ello. Prepárate para cualquier cosa y no te inquietes;
suceda lo que suceda. La más molesta y dolorosa experiencia puede ser la más valiosa
para el crecimiento de la sabiduría.
Siéntete complacido con haber hecho el esfuerzo de meditar y transformar tu mente:
eso mismo ya es meditación. Es un error pensar que no puedes meditar, si ya lo estás
intentando. Los resultados llevan su tiempo.
No te desanimes si no has logrado una buena concentración en unas semanas; es
mejor pensar en términos de años. Los hábitos construidos durante una vida no se eliminan
instantáneamente, sino con el cultivo gradual de hábitos nuevos.
Por lo tanto, tómalo con calma. Reconoce tus capacidades y limitaciones, y evalúa tu
progreso de acuerdo con ellas.
La necesidad de un maestro
La forma más efectiva para aprender cualquier cosa es estudiar con alguien que la
domina, y la meditación no es una excepción. La mente se puede comparar a un
instrumento musical: para interpretar una bella música con él, necesitamos estudiar con un
maestro que conozca el instrumento por dentro y por fuera; y para desarrollar una mente
clara, entusiasta y amorosa, necesitamos la guía de alguien que comprenda completamente
cómo trabaja la mente y cómo se puede transformar.
No es fácil encontrar un maestro cualificado. Las cualidades que hay que buscar
incluyen la compasión, conocimiento y visión profunda, moralidad, sinceridad y habilidad
para explicar. Debes tener confianza en tu maestro y comunicarte bien con él. Por tanto,
puede llevarte años encontrar al maestro adecuado. ¡Pero no pienses que debes empezar
ahora mismo una caza frenética del guru! Tómalo con calma.
Cuando llegue el momento, encontrarás la persona que pueda guiarte adecuadamente.
Mientras tanto, puedes practicar meditaciones como las explicadas en este libro y pedir
consejo a cualquier practicante cuyas cualidades admires, aunque haya meditado poco
tiempo. Tu propia sabiduría innata, tu guru interno, te indicará si estás o no en el camino
correcto.
Cuando descubrimos algo nuevo e interesante, nos gusta contarlo a todo el mundo,
pero no es una buena idea hablar demasiado de tu meditación. A menos que alguien esté
sinceramente interesado y te pregunte sobre ello, es mejor mantenerse callado.
La difusión de tus experiencias disipará toda buena energía y visión profunda que
hayas conseguido. Es mejor hablar de tu práctica sólo con tu maestro y con los amigos más
cercanos.
Si practicas la meditación, no tienes necesidad de hacer grandes cambios en tu estilo
de vida, conducta o apariencia. Puedes mantener tu trabajo y amigos, continuar viviendo en
tu preciosa casa y disfrutar de la vida como siempre.
La meditación es una actividad interna, no externa. La práctica transformará tu mente a
un nivel sutil, haciéndote más sensible y claro, proporcionándote una fresca comprensión,
día a día, de la experiencia ordinaria. Los cambios superficiales no son naturales y es
improbable que impresiones a nadie, pero los cambios profundos y naturales creados por la
meditación son reales y beneficiosos para ti mismo y para los demás.
2. La sesión de meditación
Sentarse
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recomendada (pág. 36). Dedica unos cuantos minutos a asentar el cuerpo y la mente.
Decide qué meditación vas a realizar y cuánto tiempo va a durar, y toma la resolución
de no hacer otra cosa durante este tiempo.
Es tradicional el hacer tres postraciones antes de sentarse a meditar (pág. 156). La
postración contrarresta el orgullo. Expresa nuestra aceptación de que tenemos trabajo que
hacer, problemas que resolver y un largo camino por recorrer en nuestro desarrollo interior.
No es necesariamente un acto de sumisión hacia algo externo, sino un reconocimiento de
que el potencial de la “totalidad” y de la perfección reside dentro de nosotros. Nos
postramos ante nuestra verdadera naturaleza, a la que queremos despertar por medio de la
meditación. Si la postración se realiza desde esta perspectiva, ayuda a situar la mente en el
estado perfecto para meditar.
La motivación
Analiza tus pensamientos. ¿Por qué quieres meditar? ¿Qué esperas conseguir? Como
en cualquier actividad, cuanto más clara y firmemente fijemos nuestra meta, más fuerte
será nuestra motivación, y obtendremos resultados con más facilidad.
Una meta a corto plazo en meditación sería, sencillamente, tranquilizarse y relajarse. A
más largo plazo, el objetivo sería avanzar hasta el conocimiento completo de la naturaleza
de la realidad, que será un antídoto a la infelicidad e insatisfacción. Sin embargo, la meta
más altruista y, por consiguiente, la más elevada, es alcanzar la iluminación para ayudar a
que los otros también la consigan. Esta aspiración es conocida en sánscrito como bodichita.
Es el objetivo más trascendental –la motivación mahayana– e inevitablemente los otros
objetivos se alcanzarán en el camino. Si así lo deseas, puedes empezar tu meditación
pensando: “Voy a hacer esta meditación para alcanzar la iluminación, de forma que pueda
ayudar a todos los seres a que también la alcancen”.
Sin embargo, puede resultarte chocante pensar que la razón para meditar sea la de
alcanzar la iluminación –este logro puede parecer demasiado amplio o distante a la hora de
considerarlo–, pero es posible que tengas un deseo altruista de beneficiar a los demás. En
ese caso, puedes pensar algo como lo siguiente: “Quiero practicar la meditación para
reducir la energía negativa en mi mente –la ira, el egocentrismo, el apego, el orgullo y
demás– e incrementar mis cualidades positivas como el amor, la compasión, la paciencia, y
la sabiduría. De esta manera, tendré una energía más beneficiosa y positiva que aportar,
para cuando me relacione con otras personas y para enviársela al mundo”.
Cualquiera que sea tu motivación, analízala con claridad antes de proseguir con la
meditación.
Si crees que ayuda a tu práctica, puedes recitar todas las oraciones preliminares de la
página 156, o sólo la oración del refugio y la bodichita. Para algunas personas, recitar
oraciones, ya sea mental o verbalmente, crea un buen marco mental para la meditación al
recordar la sabiduría y otras cualidades que se quieren conseguir. Si rezas, reflexiona sobre
el significado de cada oración para que fluya de tu corazón con toda naturalidad.
La meditación
La dedicación
Cada vez que meditas, aunque sólo sea por unos pocos minutos, creas una energía
positiva y desarrollas cierto grado de visión profunda. Sus efectos vendrán determinados
por tus pensamientos y actitudes cuando pases de la meditación a la actividad ordinaria. Si
terminas la sesión en un estado mental de infelicidad o sales deprisa y corriendo, muy
probablemente la mayor parte de la energía se perderá.
Antes de levantarte del asiento de meditación, emplea unos minutos en recordar tus
razones y motivaciones para hacer la sesión, y dedica tu energía y visión profunda al logro
de esos objetivos. Una dedicación clara, realizada de esta forma, estabiliza la visión
profunda y asegura los resultados. (Ver página 159 para las oraciones de dedicación).
Y no te olvides de trasladar las buenas experiencias de la meditación a tus actividades
diarias. En vez de actuar y reaccionar impulsivamente, siguiendo tus pensamientos de aquí
para allá, vigila tu mente con cuidado; sé consciente e intenta enfrentarte hábilmente con
los problemas a medida que se presenten. Si consigues hacer esto cada día, tu meditación
habrá sido un éxito.
3. La postura
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segundo, en la meditación se enfatiza una postura correcta al sentarse. La postura de
los siete puntos, utilizada por expertos meditadores desde hace siglos, se recomienda
como la mejor manera de conseguir un estado mental claro y en calma.
Las piernas
Los brazos
Mantén las manos sueltas en el regazo, a unos cuatro centímetros por debajo del
ombligo, la mano derecha sobre la izquierda, las palmas vueltas hacia arriba, con los dedos
alineados. Las dos manos deben estar ligeramente curvadas para que las puntas de los
pulgares se unan formando un triángulo. Los hombros y brazos deben estar relajados. Tus
brazos no deben hacer presión contra el cuerpo, sino mantenerse unos centímetros
separados para permitir la circulación del aire; esto ayuda a prevenir el adormecimiento.
La espalda
La espalda es lo más importante. Deberá estar en línea recta, relajada y ligeramente
estirada como si las vértebras fueran un montón de monedas apiladas una sobre la otra. Tal
vez sea difícil al principio, pero con el tiempo se volverá natural y te darás cuenta de los
beneficios: tu energía fluirá más libremente (pág. 146), no sentirás pereza y podrás
permanecer cómodamente sentado para meditar por periodos de tiempo cada vez más
largos.
Los ojos
A menudo las personas que empiezan a meditar encuentran más fácil concentrarse
con los ojos completamente cerrados. Esto es aceptable. Sin embargo, se recomienda dejar
los ojos ligeramente abiertos para permitir la entrada de un poco de luz, y dirigir la mirada
hacia abajo. Cerrar los ojos puede ser una invitación a la pereza, al adormecimiento o a
soñar despierto, y todo ello es un obstáculo a la meditación.
La mandíbula
La lengua
La punta de la lengua debe tocar el paladar, justo detrás de los dientes superiores. Esto
reduce la segregación de saliva y, por tanto, la necesidad de tragarla, los cuales pueden
distraerte a medida que tu concentración aumenta y permaneces sentado en meditación
más tiempo.
La cabeza
La cabeza debe inclinarse ligeramente hacia abajo para que tu mirada quede dirigida
de forma natural hacia el suelo, frente a ti. Si tu cabeza está demasiado levantada, puede
que tengas problemas de dispersión y de agitación mental; si está demasiado inclinada
hacia delante, podrías experimentar pesadez mental o adormecimiento. Esta postura de los
siete puntos es la más favorable para una meditación clara y sin obstrucciones. Puede que
la encuentres difícil al principio, pero es una buena idea detenerse en cada punto, al
comienzo de cada sesión, e intentar mantener la postura correcta durante unos pocos
minutos. Con el hábito, se hará más natural y empezarás a notar sus beneficios.
La práctica de hatha yoga u otras disciplinas físicas puede ser de gran ayuda para
relajar músculos y articulaciones tensas, permitiéndote sentarte con más comodidad. No
obstante, si no te adaptas a sentarte con las piernas cruzadas, puedes llegar a un término
medio entre una postura perfecta y un estado relajado para, de ese modo, mantener tu
cuerpo y mente felices, cómodos y libres de tensión.
4. Problemas más comunes
Excitación mental
veces, durante una sesión de meditación, la mente está muy inquieta y nuestra atención
A se distrae continuamente por otras cosas. Por ejemplo, objetos externos como sonidos,
pero también distracciones internas, como recuerdos del pasado, fantasías sobre el futuro,
o un diálogo incesante acerca de lo que está ocurriendo en el presente.
Tales pensamientos a menudo vienen acompañados de emociones perturbadoras,
como el apego –aferramiento a las experiencias placenteras–, la ira o el odio –la obsesión
con respecto a algo que alguien nos hizo y por lo que nos sentimos heridos o irritados–, el
miedo, la duda, los celos o la depresión. Normalmente, dejamos que la mente vague sin
intentar controlarla, con lo cual la divagación mental se ha convertido en un hábito
profundamente enraizado.
No es fácil dejar los hábitos, pero debemos reconocer que esto es totalmente opuesto
a la meditación.
Mientras permanezcamos ocupados dando vueltas en la superficie de la mente, nunca
penetraremos en sus profundidades y nunca desarrollaremos la concentración que
necesitamos para percibir la realidad.
Hay un buen número de métodos para contrarrestar la excitación mental. Uno de ellos
consiste en enfocar la atención con firmeza en la respiración, dejar que la mente se vuelva
tan calma y suave como el ritmo natural de ésta (pág. 47). Cada vez que tu atención se
distraiga, condúcela de nuevo a la respiración. Observa todos los pensamientos y
sensaciones que surjan sin involucrarte en ellos; recuerda que sólo son olas de nuestra
mente, que vienen y se van.
Cuando hayas recobrado el control sobre tu mente, puedes regresar al objeto principal
de la sesión.
Un método eficaz para calmar la mente, proveniente de la tradición tibetana, se conoce
con el nombre de la práctica de la respiración en nueve rondas. Ésta puede emplearse al
comienzo de una sesión de meditación, para conducir a la mente a un mayor estado de
calma, o a mitad de sesión, si la mente se descontrola.
1) Durante las tres primeras respiraciones, inspira por la fosa nasal derecha y espira por
la izquierda. Si quieres, puedes emplear el dedo índice para bloquear la fosa izquierda
mientras inspiras, y para bloquear la fosa derecha cuando espiras.
2) En las tres siguientes respiraciones, inspira por la fosa izquierda y espira por la
derecha. De nuevo, puedes utilizar el dedo índice para bloquear la fosa que no estás
empleando para cada respiración.
3) Y en las tres últimas respiraciones, inspira y espira por ambas fosas nasales.
Somnolencia
Tus meditaciones transcurrirán con suavidad si tu cuerpo está relajado y cómodo, pero
a menudo es difícil conseguir ese estado. La mayor parte de nuestra tensión física está
relacionada con la mente y puede deberse a problemas no resueltos, temores,
preocupaciones o enfados. La solución más efectiva es reconocer estos problemas y
resolverlos en la meditación. Un método rápido para aliviar la tensión física que se puede
utilizar antes de una sesión de meditación o bien durante la misma, consiste en recorrer el
cuerpo con tu atención. Se empieza en la parte superior de la cabeza y se va hacia abajo
por todo el cuerpo. Concéntrate brevemente en cada parte y deja que se relaje
conscientemente. Imagina simplemente que la tensión se desvanece.
Otro método consiste en respirar profunda y lentamente, imaginando que la tensión o el
dolor abandonan tu cuerpo con cada espiración.
Si no funciona ninguno de estos métodos anteriores, puedes intentar otro más
elaborado. Visualiza tu cuerpo vacío. Empezando en el centro del pecho, imagina que todas
las partes internas y sólidas del cuerpo se disuelven en luz y después en espacio vacío.
Todo dentro de tu pecho, cabeza, brazos y piernas se disuelve gradualmente y se vuelve
vacío. Tu piel se transforma en una membrana muy fina de luz que delimita ese espacio
vacío. Concéntrate por un tiempo en esta experiencia de tu cuerpo vacío como un globo.
Si sentarte te causa incomodidad o dolor en las rodillas o en la espalda, puedes
cambiar a una posición más confortable. Como la meditación es una actividad de la mente,
no del cuerpo, lo más importante es tener una mente clara y cómoda. A veces es útil
quedarse observando simplemente el dolor, que es una experiencia consciente, una
percepción mental, y tratar de superar la acostumbrada reacción de pánico al mismo. En
vez de ponerle la etiqueta “dolor”, considéralo tan sólo como una sensación, como otro tipo
de energía. Este análisis nos proporcionará una mayor visión profunda del funcionamiento
de la mente y un mayor control sobre las reacciones físicas.
Una ampliación de este método para tratar el dolor físico consiste en incrementar su
nivel mentalmente, lo más que se pueda. Imagina que se vuelve cada vez peor. Al poco
tiempo vuelve al nivel original del dolor, y te parecerá mucho menos doloroso que antes.
En otro método se visualiza el sufrimiento de todos los seres del universo y, con gran
compasión, se atrae éste hacia el dolor que estás experimentando ahora. Medita
imaginando que has tomado el dolor de todos los seres, que ahora están libres de todos los
sufrimientos. Mantén este pensamiento y alégrate de él tanto como puedas. Es muy bueno
experimentar con estos métodos para tratar el dolor, pero procura no aplicarlos más de lo
necesario, pues podría dañarte.
Ruido
A veces los meditadores podemos tener experiencias poco comunes: imágenes que
aparecen en la mente, sensaciones de que el cuerpo se expande o se encoge, la mente
que flota fuera del cuerpo... Éstas son reacciones normales de la mente al ajustarse a una
nueva actividad; no hay que preocuparse por ellas.
Tampoco debes aferrarte a estas experiencias o tratar de repetirlas, ya que sólo te
distraerá del verdadero propósito de la meditación. Simplemente, observa cualquier imagen
o sensación que aparezca y, sin aferrarse a ella o rechazarla, deja que desaparezca por sí
misma.
Si una experiencia perturbadora tiene lugar con frecuencia y eres incapaz de librarte de
ella, deberás consultar a un maestro de meditación o a un practicante más experimentado.
En este caso lo mejor sería suspender tu práctica hasta recibir consejo.
Desaliento
A menudo se oye a la gente quejarse: “No puedo meditar”; “lo he intentado pero no
funciona”; “he estado meditando muchos meses, pero no ha sucedido nada”. En estos
casos, el problema es que generalmente se espera demasiado y muy rápidamente.
Debemos ser realistas. La mayoría de nosotros no hemos intentado nunca comprender
nuestra mente o controlar los pensamientos y sentimientos. Los viejos hábitos son difíciles
de romper. Aunque los resultados de la meditación diaria no aparezcan en dos o tres años,
lo que es muy improbable, ello no debería preocuparnos o desesperarnos.
Los cambios positivos no se producen de repente, de la nada, sino que ocurren
despacio, gradualmente, poco a poco, cada día; por tanto, sé paciente contigo mismo.
Recuerda que el hacer un esfuerzo para comprender y controlar la mente ya es meditación.
Si intentas hacer lo mejor para ti y para los demás, puedes estar seguro de que tu
meditación vale la pena.
A menudo, algunos nuevos meditadores piensan que sus mentes negativas empeoran
en vez de desaparecer y creen que se debe a la meditación. Observa, por ejemplo, lo que
sucede cuando lavas la ropa. Cuando la pones en remojo, se desprende parte de la
suciedad. Conforme vas restregándola, el agua se vuelve más y más sucia. Es
sorprendente la cantidad de suciedad que tenía. Sería estúpido acusar al jabón, al agua o al
restregado, de la suciedad que aparece. El lavado tan sólo revela lo que ya estaba allí y es
el método adecuado para eliminar completamente la suciedad. De modo similar, la
meditación es la forma de purificar la mente de lo que ya se encuentra allí: al principio
descubrimos las negatividades burdas y, a continuación, las más sutiles. Por tanto, ¡sé
paciente y no te preocupes!
III
Meditaciones sobre la mente
1. Meditación en la respiración
C
estabilizadora, que tiene como propósito desarrollar la concentración. La
concentración es una cualidad natural de nuestra mente –la empleamos cuando
estudiamos, trabajamos, vemos la televisión o leemos un libro–. Pero nuestra habilidad
de concentración es limitada, ya que nuestra mente se distrae fácilmente, y las cosas en las
que nos concentramos no son necesariamente beneficiosas para nosotros mismos o para
los demás. La concentración en sí no es positiva; depende de cómo la usemos. Por
ejemplo, un ladrón de banco necesita una concentración muy buena para llevar a cabo su
crimen. Como el objetivo de la práctica espiritual es liberar nuestras mentes de los
pensamientos negativos y las emociones, y alcanzar una perfecta claridad, paz y gozo,
necesitamos aprender a concentrar nuestra mente en objetos beneficiosos y positivos.
La meditación estabilizadora consiste en concentrar la mente en un objeto y atraerlo,
cada vez que aquélla divaga. Entre los muchos recursos recomendados por el Buda para
desarrollar la concentración, la respiración es uno de los mejores. Siempre estamos
respirando, por lo que no tenemos que evocar objeto alguno para concentrar nuestra mente
en ella.
Además, como nuestra respiración acontece en el aquí y ahora, concentrarnos en ella
también ayuda a la mente a permanecer en el presente, en el aquí y ahora, en lugar de
perdernos en recuerdos del pasado o fantasías acerca del futuro. Seguir la respiración con
nuestra atención tiene un efecto calmante sobre la mente, aquietando así nuestros
pensamientos normalmente ocupados. El maestro tibetano de meditación del siglo XIV, Je
Tsongkapa, en su obra El Gran Tratado de los Estadios en el Camino a la Iluminación, decía
que si divagamos mucho, definitivamente debemos meditar en la respiración.
Hay varias cualidades de la mente que son esenciales en el desarrollo de una buena
concentración. Una de ellas es la atención plena, o el recuerdo, que nos permite recordar
un objeto familiar (como nuestra respiración), sin olvidarlo o vernos atraídos por otros
objetos. El estar presente también nos permite recordar en todo momento lo que estamos
haciendo mientras estamos sentados ahí, y ¡no estar en las nubes!
Otra cualidad esencial es la alerta discriminativa, que como un centinela, vigila las
distracciones. La alerta nos permite conocer qué está pasando instante a instante –si
nuestra mente está prestando atención al objeto de meditación, o se ha visto atraída por
cualquier otra cosa–. También es capaz de reconocer los pensamientos negativos y
emociones como la ira y el deseo, que perturban nuestra mente y pueden acarrear
problemas para nosotros mismos y para los demás. Desarrollar la habilidad para reconocer
cuándo surgen y hacer algo al respecto, antes de que se intensifiquen, nos ayuda a evitar
una gran cantidad de sufrimiento.
La atención plena y la alerta son así esenciales para lograr el éxito en la meditación; y
en nuestras vidas cotidianas hacen que nos mantengamos centrados, alerta y conscientes,
ayudándonos a saber qué está pasando en nuestra mente tal y como sucede y así poder
tratar hábilmente con los problemas mientras surgen.
Puedes utilizar la meditación en la respiración como tu práctica principal o bien como
preliminar a otras meditaciones. Es una técnica de gran valor, ya que su práctica regular te
ayudará a ser más consciente de tu mundo interior y a obtener un mayor control sobre tu
mente. Te sentirás mucho más relajado y capaz de disfrutar de la vida, con mayor
sensibilidad hacia ti mismo, hacia los demás y hacia las cosas que te rodean. Si utilizas tu
atención plena ya mejorada en otras meditaciones, podrás mantener tu concentración por
periodos más largos.
La meditación en la respiración, y en general cualquier meditación estabilizadora, es
importante tanto para los principiantes como para los meditadores avanzados; tanto para
los que desean una técnica simple para relajar y calmar la mente, como para los
meditadores serios que dedican sus vidas al desarrollo espiritual.
La práctica
L
su vez, cada uno de ellos es una combinación de muchas partes, todas ellas en estado
de continuo cambio. Desafortunadamente, nuestro ego no se satisface con una
explicación tan simple como ésta. Complica esta cuestión fabricando la visión de un yo
o de uno mismo basado en nuestras concepciones, gustos o disgustos. Pensamos: “soy
atractivo”, “soy feo”, “soy un buen bailarín”, “no lo conseguiré”, “tengo un mal carácter”...
Creemos en estas proyecciones y damos por supuesto que son permanentes e
inamovibles.
Hacemos lo mismo con las personas y con los objetos del mundo que nos rodea.
Creemos que “él es feo” o que “ella es buena”. Construimos nuestra propia imagen de
la realidad, elaborada de una manera sólida, y nos asimos a ella sin cuestionarla.
La meditación sobre la claridad de la mente es un antídoto efectivo para nuestras
proyecciones concretas. Podemos conseguir una experiencia directa de la naturaleza clara,
inmaterial y transitoria de todos los pensamientos, sensaciones y percepciones, debilitando
así la tendencia a identificarnos con ellas. A la vez que el sujeto –la mente– se suaviza,
también lo harán sus objetos proyectados, que lentamente dejarán de ser tan concretos.
El sentimiento de disgusto hacia la “mala persona” puede surgir aún debido a la
costumbre, pero tendremos el espacio para recordar: “Esto es una proyección de mi
pensamiento, que es claro y transitorio. El objeto no existe de la forma en que lo veo”.
Esta meditación es especialmente efectiva para debilitar la visión de nuestra propia
entidad. Normalmente, tenemos una consideración pobre de nuestra personalidad, basada
en errores que cometimos en el pasado, rasgos de nuestra personalidad que no nos
agradan, malas costumbres y cosas parecidas; pero el enfado, la envidia, el egoísmo, la
depresión y los demás problemas que nos obsesionan son experiencias mentales, y por
tanto, claras y transitorias. La existencia de estos estados mentales depende de que
creamos en ellos. Al reconocer esto, en la meditación sobre la naturaleza de la mente
aprendemos a dejarlos pasar y a dejar de identificarnos con esas experiencias.
Nuestra naturaleza intrínseca es clara y pura, y permanece con nosotros las
veinticuatro horas del día. Las negatividades, que aparecen y rompen como las olas en el
océano de nuestra conciencia, son transitorias y pueden ser eliminadas. Una práctica
constante de esta meditación nos producirá finalmente la certidumbre de esta naturaleza
pura, hasta el punto de convertirse en nuestra realidad, en nuestra verdadera experiencia.
Éste es un paso natural en la comprensión de la naturaleza más sutil de uno mismo y de
todos los fenómenos: su vacuidad de existencia inherente (pág. 61).
La práctica
Comienza respirando profundamente por los dos orificios nasales, llevando el aire
hacia el estómago; retenlo por un instante y expúlsalo después lenta y suavemente por
entre los labios. Tras repetirlo dos veces, respira con normalidad; observa tu respiración sin
pensar, sin conceptualizar. Una vez que tu alerta se ha agudizado, dirige la atención hacia
la claridad de la conciencia.
Tu conciencia o mente es lo que estás experimentando en ese instante: sensaciones
en tu cuerpo, pensamientos, sentimientos, percepciones de sonidos, etc. La naturaleza de
cada una de esas experiencias es la claridad, sin forma ni color, como el espacio, pura
conciencia. Dirige tu atención hacia esa naturaleza pura y clara de la mente. Inicialmente,
puede resultar difícil encontrar el verdadero objeto, es decir, la claridad. Si ocurre esto,
medita en una imagen mental de claridad. Una forma de producir esta imagen es visualizar
el espacio. Imagínate recostado sobre una colina, observando el cielo completamente claro,
sin nubes. Concéntrate en esa vacuidad amplia y sin obstrucción. Imagina que fluye hasta
englobarte a ti mismo y a tu medio ambiente; todo se vuelve vacío como el espacio. Retén
esta experiencia; siente que la naturaleza de tu mente es como este espacio claro y vacío.
Podrán surgir distracciones pero no reacciones a ellas; no debes seguirlas ni
rechazarlas. Recuerda que por su naturaleza son claras, sin sustancia. Observa
simplemente cómo vienen y se van, y vuelve a ser consciente de la claridad mental.
No pienses en nada durante esta meditación. No hay necesidad de que te preguntes
qué es la mente; tan sólo obsérvala y fíjate en su naturaleza clara, que es como el espacio
vacío e infinito. Esto es suficiente. Sé natural. La meditación es algo sencillo y natural, no es
nada especial.
Concentración significa retener la mente de forma continuada sobre un objeto, sin
olvidarlo. El resultado automático de la concentración es un estado consciente, que está
libre de conceptos. Una luz no necesita pensar “estoy disipando la oscuridad”, simplemente
ilumina. Este estado consciente es una luz interna que nos permite ver las cosas con mayor
claridad. Disipa la densidad con la que se nos aparecen las cosas, debilitando nuestro
aferramiento o aversión hacia ellas.
Medita por periodos cortos, de diez a treinta minutos, hasta que mejores tu
concentración. Entonces, podrás sentarte una hora o tanto tiempo como puedas mantener
un estado consciente intenso. Si tu meditación se desarrolla bien, te sentirás ligero y
relajado.
Concluye la sesión de meditación dedicando, para la felicidad y el bien de todos, la
energía positiva creada en ella.
3. Meditación sobre la continuidad de la mente
L
emociones a las olas que surgen y rompen en su superficie. Esta analogía nos ayuda a
comprender las experiencias que nos ocurren en la meditación y en nuestras
actividades de cada día; pero para conseguir una experiencia de adónde va la mente y
de dónde viene, nos será de ayuda el pensar en ella como en un río que fluye con el
tiempo.
Cada instante de la mente conduce inevitablemente al siguiente. La mente fluye desde
el principio ininterrumpidamente, día y noche, como una corriente de innumerables
experiencias momentáneas en continuo cambio. Los pensamientos y las sensaciones
aparecen y desaparecen rápidamente, pero dejan impresiones que transporta la corriente
mental.
El budismo explica que la mente no tiene principio ni fin; a diferencia del cuerpo, que es
concebido, nace, muere y se desintegra. Nuestra personalidad y nuestras experiencias de
esta vida son modeladas por las impresiones que lleva la mente de vidas pasadas. Del
mismo modo, todo lo que hacemos y pensamos ahora determina nuestras experiencias
futuras (ver la meditación sobre el karma, página 81). Sólo depende de nosotros: podemos
ser lo que queramos si canalizamos nuestras energías en esa dirección.
Para conseguirlo, necesitamos comprender la mente y aprender a utilizarla con
habilidad.
Aceptar la existencia de otras vidas depende de si se entiende la mente de esta
manera. Si somos capaces de recordar experiencias de vidas pasadas, podremos
comprender que, de la misma forma que esta vida es el futuro de las vidas pasadas, deberá
haber también una vida pasada para las que van a venir. Cuando tu mente se haya vuelto lo
suficientemente calmada, podrás ver esto con profundidad en tu interior y percibirla como
un continuo que siempre fluye, que se remonta mucho en el tiempo. Cuando hayas
experimentado la realidad de las vidas pasadas por ti mismo, entonces te convencerás de
su existencia. Sin embargo, para muchas personas esta es una idea extraña. Aquí se
describen varios enfoques analíticos para considerar la validez de la continuidad mental.
En primer lugar, la mente es transitoria y cambia instante a instante. Por tanto es un
efecto, un resultado, el producto de causas y condiciones. Y la causa principal de una
mente es necesariamente la existencia de un instante anterior de mente. Las causas y sus
resultados deben ser el mismo tipo de fenómenos, por lo que no es posible para la mente,
un fenómeno no físico, surgir o ser producido por uno físico como pueda ser el cuerpo, de la
misma manera que el agua no puede producir fuego.
Además, si la mente es una serie de instantes siempre cambiantes, cada uno de los
cuales es a su vez el resultado de un instante previo, ¿cómo podría tener un principio en el
tiempo?
Algunos mantienen que la mente es el cerebro o una actividad cerebral. Pero tal y
como la definimos aquí, la mente es ese conjunto de experiencias, y ¿cómo pueden ser
físicos los pensamientos y las sensaciones? Si lo fueran, los científicos que estudian el
cerebro deberían ser capaces de verlos, pero no es así. Ellos pueden saber cuándo una
persona está pensando, pero no qué está pensando. La mente depende del cerebro y del
sistema nervioso, pero no puede ser el cerebro mismo.
Tampoco puede provenir de las mentes de otros, como las de nuestros padres. Nuestro
cuerpo existe gracias a partes de los cuerpos de nuestros padres, pero nuestra mente no es
un fenómeno físico, y surge de una forma completamente diferente. No es posible que una
parte de la mente se desgaje y se vuelva una nueva. Además, si nuestra mente procediera
de las mentes de nuestros padres, ¿no naceríamos nosotros con todos sus recuerdos y
conocimientos? Claramente este no es el caso. Nuestra personalidad actual, el
conocimiento y las experiencias del presente, son necesariamente el resultado de nuestras
propias acciones y experiencias pasadas. Por ello, nuestra mente proviene de su propia y
previa continuidad.
La presente meditación es de gran ayuda para experimentar nuestra propia mente
como una corriente de acontecimientos, siempre cambiante y en continuo movimiento.
La práctica
as meditaciones que se presentan aquí son soluciones para una gran variedad de
L
problemas y te ayudarán a desarrollar una visión más realista de tu mundo interior y
exterior. Se presenta primero una meditación sobre la vacuidad, ya que es el remedio
más efectivo para cualquier dificultad. Nos hace investigar nuestro sentido del “yo”
sólido, permanente e independiente, que se erige en la verdadera raíz de todos nuestros
problemas. Sin embargo, la vacuidad es un concepto muy difícil de aprehender y puede que
encuentres esta meditación demasiado desafiante para empezar a practicar, por lo que
limítate a leerla, y volver a ella poco después, tras haber acumulado mayor experiencia con
las restantes meditaciones. Pero sólo el empezar a cuestionarnos lo que siempre hemos
creído sobre nuestra propia existencia es algo valiosísimo.
Las otras meditaciones nos permiten observar nuestras suposiciones sobre la vida, el
sufrimiento, la muerte, el amor o las relaciones humanas, y ver que esas suposiciones son,
junto con las expectativas que las acompañan, la causa de nuestra infelicidad y frustración.
La sección relativa a cómo tratar con la energía negativa nos da consejos para manejar
los problemas, tal como ocurren en la vida diaria.
Empieza las meditaciones con unos pocos minutos, o tantos como quieras, de
meditación en la respiración para calmar la mente y observar su estado actual.
Después empieza con el análisis. No permitas que la mente divague sobre el tema que
estás analizando; cuanto más concentrado estés, mejor será tu meditación. Disuelve tu
mente en el tema, penetrándolo con el pensamiento intelectual, con preguntas, imágenes e
ilustraciones de tu propia experiencia. Tu meditación puede tener la forma de una
conferencia interna, como si te explicases algo a ti mismo, como un debate en el que tomas
ambas partes o como una aventura del pensamiento con un estilo libre.
Inevitablemente surgirán dudas, pero no las pases por alto. Las dudas son pregun-
tas y las preguntas necesitan respuestas; por tanto, sé claro en lo que piensas y en lo que
haces.
Llega a una conclusión sobre el punto en cuestión o déjalo, por un instante, para
abordarlo de nuevo más tarde.
Si eres incapaz de resolver tus dudas por ti mismo, es mejor consultar a un maestro o a
un estudiante más experto de esta tradición.
Si durante el análisis desarrollas una experiencia intuitiva del tema, deja de analizar y
mantén ese sentimiento con concentración en un solo punto durante tanto tiempo como te
sea posible. Cuando este sentimiento se desvanezca, reanuda la investigación o bien
concluye la sesión aquí. Esta unión de las meditaciones analítica y estabilizadora es
esencial para conseguir una verdadera transformación de la mente. Con la meditación
analítica pensamos y comprendemos intelectualmente un tema en particular; con la
meditación estabilizadora hacemos gradualmente de él una parte de nuestra experiencia de
vida.
1. Meditación sobre la vacuidad
E
realización de la vacuidad. Aquí vacuidad se refiere a la vacuidad de existencia
inherente y concreta; y la erradicación total en nuestra mente de esta forma
equivocada de ver las cosas marca la consecución de la iluminación o budeidad. ¿Qué
es “la vacuidad de existencia inherente”?, ¿qué significa en la práctica? La llamada
existencia inherente, de la que están vacías todas las cosas, es una cualidad que
proyectamos instintivamente en cada persona y cosa que experimentamos. Vemos las
cosas como si existieran total y sólidamente en y por sí mismas, poseyendo su propia
naturaleza, independientes completamente de toda causa y condición, y de nuestra mente
que las experimenta.
Tomemos una mesa como ejemplo. Veamos una mesa sólida e independiente que
permanece ahí, tan obviamente, que parece ridículo cuestionarla; pero, ¿dónde está la
mesa? Imaginemos que la consideramos en sus partes y que colocamos sus piezas sobre
el suelo. Ahora veamos si podemos encontrar la mesa: ¿Es una de sus patas? ¿O el
respaldo? ¿Es la cola o los clavos que la mantienen unida? ¿Tal vez alguno de sus
átomos?
Si lo investigas cuidadosamente, descubrirás que no puedes encontrar la mesa que
piensas que está ahí. Eso no significa que la mesa no exista en absoluto. Existe de manera
dependiente, una mesa que existe, y cambia de instante en instante –la “mesa” que
simplemente etiquetamos por sus partes–, pero esto no es lo que vemos. Ése es el quid de
la cuestión. No experimentamos la realidad pura de cada cosa y de cada persona, sino una
imagen de ellas exagerada y rellena, proyectada por nuestra mente.
Este error caracteriza todas nuestras experiencias mentales; es totalmente instintivo y
es la raíz última de todos nuestros problemas.
Este desorden mental, siempre presente, empieza con la mala interpretación de
nuestra propia entidad.
Somos un compuesto de cuerpo –una masa de carne, huesos y piel– y de mente –una
corriente de pensamientos, sentimientos y percepciones–. Este compuesto es
convenientemente conocido como “María”, “Héctor”, “mujer” u “hombre”. Es una unión
temporal que termina con la muerte del cuerpo y la continuidad de la mente en otras
experiencias.
Estos hechos desnudos, sin adorno, pueden ser bastante inquietantes. Una parte de
nosotros, el ego, codicia la seguridad y la inmortalidad, e inventa un yo permanente,
independiente e inherente. Esto no es un proceso consciente y deliberado, sino que ocurre
en el subconsciente.
Este yo fantaseado aparece especialmente intenso en el estrés, en la excitación o en el
miedo. Por ejemplo, cuando escapamos por poco de un accidente, tenemos una sensación
fuerte de un yo que casi ha padecido la muerte o el dolor y que necesita ser protegido. Este
yo no existe, es una alucinación.
Nuestra adherencia a este yo falso, que se conoce como la ignorancia que se aferra al
yo, mancha todas las relaciones con el mundo.
Nos sentimos atraídos por personas, lugares o situaciones que gratifican o sostienen
esa imagen propia, y reaccionamos con temor o animosidad ante cualquier cosa que la
haga peligrar. Consideramos a todas las personas y cosas en un lugar o en otro. De esta
forma, el aferramiento al yo, la raíz, se ramifica en el apego, la envidia, la ira, la arrogancia,
la depresión y en multitud de estados mentales turbulentos e infelices.
La solución final es eliminar esta ignorancia de raíz, por medio de la sabiduría que
realiza la vacuidad de las cualidades falsas que proyectamos en todo lo que
experimentamos. Ésta es la transformación definitiva de la mente.
Vacuidad suena a algo abstracto, pero en realidad es algo muy práctico y relevante en
nuestras vidas. El primer paso hacia su comprensión es tener una idea de qué es lo que
pensamos que existe. Localizamos, por ejemplo, al yo en el que creemos tan intensamente,
y entonces, por medio de un razonamiento claro en una meditación analítica, vemos que es
una mera fabricación, que es algo que nunca existió y que nunca podrá existir.
Pero no vayas demasiado lejos, ¡tú sí que existes! Existe un yo convencional,
interdependiente, que experimenta felicidad o sufrimiento, que trabaja, estudia, come,
duerme, medita y se ilumina.
La primera y la más difícil tarea es distinguir entre ese yo válido y el fabricado;
generalmente no podemos diferenciarlos. En la concentración de la meditación es posible
ver la diferencia, reconocer el yo ilusorio y erradicar nuestra vieja y habitual creencia en él.
La meditación que se presenta aquí es un paso práctico en esa dirección.
La práctica
Empieza con una meditación en la respiración para relajar y calmar la mente. Motívate
intensamente para que esta meditación te lleve finalmente a la iluminación en interés de
todos los seres.
Ahora, permaneciendo tan vigilante como un espía, toma conciencia lenta y
cuidadosamente del yo. ¿Quién o qué es lo que piensa, siente y medita? ¿Cómo se te
aparece? ¿Es una creación de tu propia mente, o es algo que existe concreta e
independientemente, por sí mismo?
El siguiente paso es tratar de localizarlo. ¿Dónde está ese yo?, ¿en tu cabeza?, ¿en
tus ojos?, ¿en tu corazón?, ¿en tus manos?, ¿en tu estómago?, ¿en tus pies? Considera
cuidadosamente todas y cada una de las partes de tu cuerpo, incluyendo los órganos,
venas y nervios. ¿Puedes encontrar el yo? Podría ser muy pequeño y sutil, así pues,
examina las células, los átomos y las partes de los átomos.
Si piensas que tu ‘yo’ es una parte del cuerpo, entonces ¿qué sucedería si te extirparan
esa parte en una operación, o se dañara en un accidente? Y ¿qué le ocurrirá al ‘yo’ cuando
tu cuerpo deje de funcionar en el instante de la muerte?
Quizá pienses que tu mente es el yo. La mente es una corriente de pensamientos,
sensaciones y otras experiencias en constante cambio, alternándose rápidamente. Nunca
es la misma. ¿Cuál de éstas es el yo?, ¿es un pensamiento de amor?, ¿o uno de enfado?,
¿es un sentimiento de felicidad?, ¿o uno de tristeza?
Si piensas que tu ‘yo’ es una de estas experiencias, entonces ¿qué le sucede cuando
esa clase de experiencia no está presente en tu mente? Si tu ‘yo’ es amor, por ejemplo,
entonces cuando tu mente sólo está llena de ira, ¿significa que el ego se ha ido a alguna
otra parte?, o ¿incluso que haya desaparecido? ¿No hay ‘yo’ en ese instante? O ¿podría
ser que tuvieras varios ‘yo’: uno enfadado, uno enamorado, uno temeroso, etc.?
Si no puedes encontrar el ‘yo’ en tu cuerpo ni en tu mente, entonces ¿podría ser alguna
otra cosa? ¿Hay otra parte de ti, aparte del cuerpo y la mente? Después de todo, decimos
“mi cuerpo” y “mi mente”, implicando con ello la existencia de algo más que es dueño de
estas dos... Si es así, ¿qué es?, ¿dónde se encuentra? ¿Qué tipo de fenómeno es?
Examina cualquier posibilidad que se te ocurra.
Observa de nuevo la forma en que aparece el yo, en cómo lo sientes. Tras esa
búsqueda del yo, ¿notas algún cambio?, ¿sigues creyéndolo tan sólido y real como lo
sentías antes?, ¿aún parece existir independientemente en él y por él mismo?
A continuación desintegra mentalmente tu cuerpo. Imagina que todos los átomos se
separan y flotan. Billones y billones de partículas se esparcen por el espacio. Imagina que
puedes verlo realmente.
Ahora desintegra tu mente. Deja que cada pensamiento, sentimiento, sensación y
percepción se aleje poco a poco. Revisa tu sensación de ‘yo’: ¿puedes ver dónde está?
¿Qué es?
No cometas el error de pensar: “Mi cuerpo no es el yo, mi mente tampoco lo es, por
tanto el yo no existe”. Tú sí existes, pero no de la forma en que lo sientes, independiente e
inherentemente. Hablando de un modo convencional, tu yo existe dependiendo de la mente
y del cuerpo, y esta combinación es la base sobre la que el pensamiento conceptual
atribuye un nombre: “yo” o “mi entidad” o “María” o “Héctor”. Éste es tu yo que está sentado
meditando y, sorprendido, piensa: “quizá yo no existo”.
Cualquier cosa que exista depende necesariamente para su existencia de causas y
condiciones, o de partes y nombres. Un coche, por ejemplo, es un conjunto de piezas de
acero, cristales, plástico, caucho, un motor, etc., ensambladas por las personas que
trabajan en una fábrica. Damos el nombre de “coche” a este conjunto ensamblado, pero si
buscamos un coche que exista realmente, de manera concreta e independiente, no lo
vamos a poder encontrar.
Así que de manera convencional las cosas existen dependientemente, y comprender la
dependencia es el requisito principal para comprender su naturaleza última, la vacuidad. La
naturaleza convencional de un objeto lo es con respecto a su dependencia de otras cosas,
y su naturaleza última está vacía de existencia inherente e independiente.
Piensa ahora cómo existe tu cuerpo convencionalmente; dependiendo de la piel, la
sangre, los huesos, las piernas, los brazos, los órganos, etc.
A su vez, cada uno de éstos existe dependiendo de sus propias partes: células, átomos
y partículas subatómicas.
Piensa cómo existe tu mente; dependiendo de pensamientos, sentimientos,
percepciones y sensaciones. Y, a su vez, cómo existe cada uno de éstos, dependiendo de
las experiencias conscientes previas de las que ha surgido.
Ahora vuelve a tu sensación del yo. Piensa cómo existes convencionalmente;
dependiendo de las partes del yo, es decir, de la mente, del cuerpo y del nombre.
Por ejemplo, cuando el cuerpo siente hambre o frío piensas: “Tengo hambre” o “tengo
frío”. Cuando la mente tiene una idea sobre algo dices: “Pienso”. Cuando sientes amor por
alguien dices: “Te quiero”. Cuando te presentas a alguien dices: “Me llamo...”.
¿Existe un yo sólido, inmutable e independiente, aparte de esta sensación de yo que
depende de los continuos del cuerpo y de la mente, siempre cambiantes y en movimiento?
La vacuidad del yo es la mera ausencia de ese yo que existe inherentemente.
Acaba la sesión con una conclusión sobre cómo existe tu yo. Conclúyela dedicando
sinceramente cualquier energía positiva y conocimiento que hayas adquirido para la
iluminación de todos los seres. Piensa que esta meditación es un paso en el camino que
conduce al conocimiento directo de la vacuidad y a cortar la raíz del sufrimiento y de la
insatisfacción.
2. Apreciar la vida humana
L
actividades erróneas y las ideas que nos causan infelicidad e insatisfacción.
Nuestras experiencias en la vida dependen de cómo pensamos y de cómo nos
sentimos con las cosas. Y debido a que la mayor parte del tiempo no percibimos las
cosas como son en realidad, nos encontramos una y otra vez con situaciones frustrantes.
Mientras culpemos a nuestros padres, a la sociedad o a otros factores externos, nunca
encontraremos soluciones satisfactorias a nuestros problemas. La causa principal reside en
nuestra propia mente; por ello necesitamos tomar la responsabilidad de cambiar nuestra
forma de pensar equivocada, es decir, la que nos trae infelicidad a nosotros y a los demás.
Esto puede lograrse por medio de la meditación, tomando consciencia gradualmente
de cómo pensamos y sentimos, y distinguiendo las actitudes correctas de las incorrectas
para contrarrestar, finalmente, estas últimas con los medios apropiados. Muchos problemas
tienen su origen en la forma de percibirnos a nosotros mismos y a nuestra vida. La
existencia humana es muy preciosa, pero normalmente no sabemos apreciarla. Tenemos
un gran potencial, sabiduría y bondad latentes, podemos ofrecer mucho al mundo y, sin
embargo, lo ignoramos y nos dejamos llevar por la depresión.
Por ejemplo, centrándonos en los defectos de nuestro carácter y en los errores de
nuestra relación con la gente y el trabajo, o el daño que hayamos hecho a los demás,
desarrollamos una pobre e injusta opinión de nosotros mismos.
Esta imagen de nosotros mismos se vuelve más y más concreta con el tiempo. Nos
vemos a nosotros mismos incapaces e inadecuados, sintiéndonos deprimidos y
desesperanzados. O nos centramos en los demás, en un intento de lograr felicidad y
satisfacción. De cualquier modo, como nuestros amigos sienten lo mismo por sí mismos,
estas relaciones a menudo sólo generan más frustración.
Podemos desatar el potencial de felicidad y satisfacción que descansa en todos
nosotros, haciéndonos conscientes de nuestros procesos mentales, y aplicando después la
sabiduría discriminativa en todas las acciones de cuerpo, palabra y mente; pero esperar
conseguirlo sin completar el trabajo necesario de base será como invitar a la frustración.
Debemos empezar construyendo una base firme, fundada en una visión realista de
nosotros mismos.
Tenemos que aceptar tanto nuestros rasgos positivos como los negativos, y decidirnos
a alimentar los buenos aspectos de nuestro carácter y a transformar o eliminar los malos.
Con el tiempo reconoceremos la fortuna de haber nacido humanos. Una vez que
comprendemos esto, empezamos a adiestrar nuestras mentes para alcanzar la iluminación.
Cuando nos observamos profunda y detenidamente, encontramos que la mayoría de
nuestros problemas cotidianos son bastante triviales. Son tan sólo nuestras proyecciones y
concepciones las que los complican y los hacen crecer desproporcionadamente.
Al caer atrapados en nuestros problemas, por condescender con ellos, parece que
crecen más y más, y así nos sumergimos en estados profundos de depresión y desespero.
Nadando en la autocompasión, somos incapaces de ver que, de hecho, somos nosotros
quienes hemos creado los problemas y, por tanto, nuestro estado depresivo. Esta
meditación es un antídoto para los estados negativos como la depresión y la
desesperación. Nos ayuda a reconocer y alegrarnos de nuestra buena fortuna, de nuestro
potencial extraordinario y único para lograr la verdadera felicidad y satisfacción. Una
comprensión de este potencial nos llena, de forma natural, de alegría y ganas de vivir.
¿Acaso puede haber alguien que no se sienta contento al comprender que tiene la llave de
su éxito?
Al mismo tiempo, reconocer nuestra buena fortuna nos ayuda a ver claramente que hay
muchos que son infinitamente menos afortunados que nosotros. Sentimos una verdadera
compasión por ellos y nos interesamos activamente por su condición.
La práctica
Siéntate cómodamente con la espalda recta. Relaja el cuerpo y permite que se disuelva
y fluya cualquier tensión… Emplea unos cuantos minutos calmando y asentando la mente,
practicando la meditación en la respiración o la de la respiración en nueve rondas.
Cuando tu mente esté calmada y asentada en el aquí y ahora, genera una motivación
positiva y altruista para realizar la meditación. Puedes pensar, por ejemplo: “Que esta
meditación aporte una gran paz y felicidad a mí mismo y a los demás, y al mundo entero”, o
“que esta meditación me acerque más a la iluminación, para que pueda ayudar a todos los
restantes seres a alcanzar también la iluminación”.
Comienza la meditación contemplando la idea de que la naturaleza de tu mente es
clara y pura, y que tiene la potencialidad de iluminarse: alcanzar el estado de pureza,
bondad y perfección absolutas. Esto es verdad para ti mismo y para todos los demás seres.
Por ejemplo, piensa: “La naturaleza de la mente de cada ser es clara como el espacio,
vasta e ilimitada. Nuestros pensamientos negativos y emociones no son partes
permanentes y fijas de nuestra mente, sino que son transitorias, como las nubes que
atraviesan el cielo. Y ya que se basan en la ignorancia y en conceptos erróneos, pueden
ser esclarecidas y la mente puede desarrollarse hasta un estado completamente puro y
positivo”.
Por otro lado, si encuentras difícil aceptar el hecho de que la mente tiene el potencial
para alcanzar la iluminación, puedes pensar en las cualidades positivas que tienes –
inteligencia, amabilidad, compasión, generosidad, coraje, etc.,– y recuérdate que éstas
pueden desarrollarse aún más y que puedes emplear tu vida en aportar beneficio y felicidad
a los demás.
Invierte algún tiempo en meditar esto, y siéntete feliz por el potencial que yace en tu
interior.
Aunque todos los seres tienen el potencial para transformar sus mentes y alcanzar la
iluminación, no todos los seres están en la situación ideal para que puedan reconocer y
desarrollar este potencial. En general, los seres humanos están en la mejor situación para
ello. Los seres no humanos, en cambio, o bien tienen demasiado sufrimiento, o bien son
incapaces de desarrollar su potencial debido a la ignorancia y otros engaños.
Imagina cómo sería nacer animal, por ejemplo. Los animales salvajes no tienen a nadie
que los cuide cuando experimentan hambre, sed, calor, frío, cualquier enfermedad o
heridas, y siempre están experimentando un miedo constante por sus vidas. Es cierto que
los animales domésticos están un poco mejor, pero les falta libertad y frecuentemente se les
mata para convertirlos en carne, abrigos y otros productos. Y todos los animales, aun los
más inteligentes, tienen unas capacidades mentales extremadamente limitadas y son
incapaces de desarrollarse por sí mismos intelectual o espiritualmente. Medita sobre esto
para obtener una sensación de cuán afortunado eres por disfrutar de una vida humana.
Sin embargo, no todos los seres humanos disfrutan de las correctas condiciones para
reconocer y desarrollar su potencial. Imagina, por ejemplo, que eres un mendigo indigente,
o que vives en una zona de guerra. La mayor parte de tu tiempo y energía lo emplearías
solamente en intentar mantenerte a ti y a tu familia a salvo; tendrías poco tiempo o ninguno
para pensar en cosas tales como la práctica espiritual.
Imagínate sufriendo un desequilibrio mental severo o una enfermedad que te haga muy
difícil comprender las enseñanzas del potencial de la mente y cómo desarrollarlo. O tener
una condición física que te cause una gran cantidad de dolor, molestias e inconvenientes, y
que entorpezca tu habilidad para aprender y practicar las enseñanzas espirituales.
Algunas personas no tienen acceso a las enseñanzas espirituales que explican el
potencial de la mente y cómo desarrollarlo. Imagina pasar toda tu vida en un pequeño y
remoto pueblo, donde nadie haya oído hablar nunca de la iluminación, por lo que no hay
oportunidad para aprender cómo alcanzarla.
Otras personas pueden ser conscientes de su potencial y desean practicar
sinceramente las enseñanzas que les ayudan a desarrollarlo, pero otras personas les
imposibilitan el hacerlo. Por ejemplo, hay personas en algunos países que no gozan de
libertad de religión; otras han de afrontar fuertes objeciones de sus padres, esposa o hijos.
Imagínate a ti mismo en tal situación, reconoce cuán difícil sería, y aprecia la libertad de la
que gozas.
Hay muchas personas que están física y psicológicamente sanas, que tienen todas las
necesidades cubiertas y gozan de la oportunidad de aprender enseñanzas espirituales,
pero sencillamente no están interesadas en ellas. Sus intereses son otros: acumular
riqueza, propiedades y posesiones, adquisición de conocimientos o habilidades mundanas,
o simplemente experimentar tanto placer como puedan. Nunca piensan que todas esas
cosas se quedarán atrás cuando mueran –como un sueño que se desvanece tan pronto
despertamos– y que sólo su mente continuará su viaje hasta la siguiente vida.
Algunas personas toman parte en actividades dañinas como matar, robar, abusar de
los demás o ser deshonestos, sin darse cuenta de que tales acciones causan sufrimiento a
los demás y a ellos mismos, y que son creadoras de futuros obstáculos para descubrir su
verdadero potencial. Reconoce cuán afortunado eres por estar interesado en la iluminación
y en emplear tu vida de manera significativa, a través de varias maneras beneficiosas, para
ti y para los demás.
Ahora centra tu atención en las cualidades positivas y ventajas que tienes. Eres un ser
humano con una mente inteligente, un corazón amable y un cuerpo al que puedes darle un
buen uso. Hay personas que cuidan de ti y te apoyan –familiares, amigos y un maestro
espiritual–. Tienes la oportunidad de dedicarte a tus intereses creativos, intelectuales y
sociales. Disfrutas de una buena calidad de vida –¡al menos tienes las necesidades básicas
cubiertas!–. Y sobre todo, tienes el potencial y la oportunidad –debido a todas las ventajas
anteriores–, de investigar, comprender y transformar tu mente.
Aun si tu vida no te proporciona tanta libertad y comodidad como quisieras, o incluso si
estás atravesando dificultades o cambios muy difíciles, no importa dónde vivas ni en qué
condiciones: siempre puedes trabajar tu mente.
Ahora piensa en las pocas personas o criaturas sobre la Tierra que gozan de estas
libertades y oportunidades además de ti. Cuando hayas reflexionado sobre esto
profundamente, te darás cuenta cuán rara y preciosa es una vida como la tuya. Aprecia,
pues, tu buena fortuna.
Una vez que hayas visto las desventajas de las que está libre tu vida y de las ventajas
que disfrutas, decide cuál es la mejor forma de emplear estas preciosas oportunidades.
Piensa en todas las posibilidades que se te abren –a nivel laboral, de viajes, de disfrute,
estudio–. Si quisieras ofrecer algún servicio a los demás, existen multitud de opciones para
ayudar a aquellos que son menos afortunados que tú.
Pero lo más beneficioso y significativo que puedes hacer por los demás, incluido tú
mismo, es crecer espiritualmente; superando los aspectos negativos de tu mente e
incrementando los positivos, y realizar tu potencial para la iluminación. Intenta observar y
contemplar las limitaciones de un estilo de vida dirigido únicamente hacia un objetivo
material. Piensa en la insignificancia de la fama, la riqueza, la reputación y el placer
sensual, cuando lo comparamos con el logro de la iluminación. ¿Por qué aspirar
únicamente a logros temporales cuando somos capaces de alcanzar algo mucho más
grande?
Comprueba si puedes sentir una sensación de gozo y aprecio por la maravillosa
situación en la que te encuentras. Decídete a emplear tu vida de una manera sabia,
haciendo todo lo que esté en tu mano para evitar dañar a los demás, ayudándolos tanto
como puedas y desarrollando tu amor, compasión, sabiduría y otras cualidades positivas
que te permitirán acceder a tu potencial más elevado.
Finalmente, dedica la energía e inspiración que has obtenido al realizar esta meditación
para la felicidad última de todos los seres.
3. Meditación sobre la impermanencia
odo en el mundo físico es transitorio, está cambiando todo el tiempo. Algunos cambios
T
son obvios: las personas crecen, envejecen y mueren; los edificios y los puentes se
desgastan y caen. El medio ambiente sufre una completa transformación de una
estación a otra; las flores se marchitan, la pintura se agrieta y desconcha y los coches
se averían.
El origen de esta transformación externa puede remontarse hasta la composición
celular y molecular de lo material, donde el cambio no es tan obvio. A este nivel invisible,
partículas diminutas surgen y desaparecen constantemente, se reúnen y dispersan, se
expanden y contraen, siempre en movimiento, siempre fluctuando.
Nuestro mundo consciente también está cambiando a cada momento. A veces
estamos felices, otras deprimidos; a veces nos sentimos henchidos de amor, otras llenos de
ira. Nuestra mente está bombardeada por recuerdos de conversaciones y sucesos, ideas
para el futuro o sobre esto y aquello, una tras otra. Sólo unos instantes de introspección nos
ayudarán a ver cuán rápido cambia la mente: ¡es como una estación de tren en hora punta!
Torrentes de pensamientos, sentimientos y percepciones pasan a toda velocidad, en
cualquier dirección, sin cesar.
Este cambio constante es la realidad de las cosas, pero nos resulta muy difícil
aceptarlo. Intelectualmente, no es un problema; pero la aceptación real de la
impermanencia raramente impregna nuestro comportamiento y experiencia cotidiana.
Instintivamente, nos aferramos a las personas y a las cosas como si fueran permanentes e
inmutables. No queremos que la persona amable o el objeto bello cambien y creemos
firmemente que la persona irritante nunca cambiará. Y cuando estamos deprimidos o
insatisfechos, pensamos que permaneceremos así para siempre.
Nos aferramos con especial intensidad a nuestra visión de la propia personalidad: “Soy
una persona deprimida”, “soy una persona colérica”, “no soy muy inteligente”. Podemos, de
hecho, ser esto o aquello, pero no es el retrato completo y tampoco será así siempre;
cambiará.
Al no reconocer la transitoriedad, experimentamos frustración, irritación, pena, soledad
e innumerables problemas.
Podemos evitarlos familiarizándonos con la naturaleza transitoria de las cosas,
reconociendo que están cambiando constantemente. Aprenderemos gradualmente a
esperar y a aceptar el cambio como algo natural en la vida.
Comprenderemos no solo que el cambio simplemente ocurre, sino también que
podemos cambiar. Tenemos la capacidad de cambiar lo que somos para desarrollar y
transformar nuestras mentes y nuestras vidas.
La práctica
uando nos enfrentamos con la idea de meditar sobre la muerte, quizá nuestra primera
C
reacción sea de sobresalto.
Puede que pensemos que la meditación tiene que ver con buenas experiencias,
mientras que la muerte y todo lo asociado a ella –lágrimas de dolor, luto, esqueletos y
cementerios– evocan sentimientos de aprensión y temor. Vemos la muerte como la
contradicción de la vida, de la belleza y de la felicidad; pertenece al reino de lo que no se
puede mencionar ni pensar.
Pero, ¿por qué tenemos esa actitud tan poco realista?, ¿por qué no podemos aceptar
la muerte con la misma calma que aceptamos que las flores de ayer se marchitan hoy? El
cambio, la desintegración y la muerte son algo natural, aspectos inevitables de la
existencia.
El budismo explica que la muerte es la separación de la mente y del cuerpo, tras la
cual, el cuerpo se desintegra y la conciencia continúa en otra vida. La entidad convencional
o yo, que depende de la presente combinación de cuerpo y mente, termina con la muerte,
pero con la nueva vida surge una imagen de uno mismo diferente. La muerte es, por tanto,
no una extinción, sino una transición, una transformación.
En la raíz de nuestra inquietud y rechazo está la ignorancia. Nos aferramos a nuestra
propia imagen como algo permanente e inmutable y queremos que viva siempre. Este
deseo puede no ser consciente, expresable en pensamientos o palabras, pero está
definitivamente ahí; esto explica por qué huimos, luchamos o nos protegemos
instintivamente cuando nuestra vida peligra.
Con esto no se quiere decir que sea malo tratar de permanecer vivo; la vida es, de
hecho, muy preciosa; pero nos será de ayuda examinar la naturaleza del yo que no quiere
morir. Lo malo no está en el deseo de prolongar la vida, sino en la idea que tenemos de
quién o qué somos realmente.
“¿Soy el cuerpo o cualquier parte del montón de huesos, sangre y carne?”, “¿soy mi
conciencia?”, “¿soy algo diferente de mi cuerpo y de mi mente?”.
La comprensión de la vacuidad o la ausencia de existencia de un yo inherente y
permanente nos libera del miedo a la muerte y de todos los temores y conceptos erróneos;
pero hasta que alcancemos este objetivo, es importante permanecer conscientes de la
transitoriedad y de la muerte.
El principal beneficio de esta meditación es que nos impulsa a decidir qué actitudes y
actividades merecen la pena de verdad. La vida humana es muy valiosa debido a las
oportunidades que proporciona para nuestro crecimiento espiritual, para el desarrollo del
amor, de la compasión, de la claridad y de la sabiduría, y finalmente, para el logro de la
iluminación. Todos y cada uno de nosotros tenemos ese potencial. La vida es corta. La
muerte puede venir en cualquier instante, y morir sin haber emprendido el único trabajo que
da un beneficio duradero, ya sea para nosotros o para los demás, sería lamentable. La vida
presente y todas sus experiencias son efímeras; aferrarse a algo en este mundo es como
tratar de perseguir el arco iris. Si tenemos esto presente constantemente, no
desperdiciaremos nuestro tiempo en afanes mundanos, sino que lo utilizaremos
sabiamente, evitando lo negativo y, por tanto, la causa de la infelicidad, y cultivando lo
positivo, y de este modo, las causas de la felicidad.
La forma en la que vivimos nuestra vida afectará inevitablemente a la forma en la que
moriremos. Si vivimos pacíficamente, moriremos en paz, pero si desconsideramos la
muerte y, por tanto, no nos preparamos para ella, probablemente tendremos que morir con
temor y pesar; estados mentales que sólo traen sufrimiento.
Con todo, no es necesario considerar la muerte con temor y pena. Puede ser, de
hecho, una experiencia iluminadora. Pero el que lo sea o no, dependerá de cómo vivamos
cada día, cada instante de nuestra vida. La conciencia de la muerte durante la vida nos
ayudará a permanecer en el presente, a ver el pasado como un sueño y las ilusiones del
futuro como fantasías. Estaremos más estables y satisfechos y sacaremos con entusiasmo
el máximo provecho de nuestra vida.
Hay varias formas de meditar en la muerte; la que se explica aquí consiste en
contemplar nueve puntos. Los nueve puntos se dividen en tres secciones: la inevitabilidad
de la muerte, la incertidumbre sobre el momento de la muerte y el hecho de que sólo
nuestra visión profunda espiritual podrá ayudarnos en la muerte.
Hay diferentes formas en las que podemos meditar sobre estos nueve puntos.
Una manera es meditar en los nueve puntos en una sesión; otra es hacerlo tomando un
punto por sesión, por lo que se necesitan nueve sesiones para completarlos todos. Una
tercera alternativa es emplear una sesión para cada uno de los tres puntos principales con
sus tres sub-puntos. Puedes escoger la manera que te resulte de más ayuda.
La práctica
Como preparación, siéntate en una posición cómoda, con la espalda erguida, y deja
que tu cuerpo se relaje. Emplea algún tiempo para permitir que tu mente se asiente en el
instante presente; deja ir los pensamientos del pasado y del futuro. Toma la decisión de
mantener la mente concentrada en el tema de la meditación durante la sesión.
Cuando tu mente esté en calma y asentada en el presente, genera una motivación
positiva para realizar la meditación. Por ejemplo, piensa: “Que esta meditación pueda
aportar la mayor de las felicidades y paz a todos los seres sensibles”, o: “Que esta
meditación pueda ser causa para que alcance la iluminación, de manera que pueda liberar
a todos los seres del sufrimiento y que también puedan alcanzar la iluminación”. Si lo
deseas, puedes recitar algunas de las oraciones de la página 156.
Después, con la mente relajada, pero absolutamente concentrada, medita en los
siguientes puntos, atrayendo tus propias experiencias y puntos de vista, así como historias
que hayas escuchado o leído. Intenta conseguir una sensación profunda de cada punto.
Recuerda que si en cualquier instante de la sesión logras una experiencia intensa e
intuitiva del punto que estás examinando, debes mantener la sensación con tu atención
tanto como te sea posible.
LA INEVITABILIDAD DE LA MUERTE
Planeamos demasiadas actividades y proyectos para los días, meses y años
venideros. Aunque la muerte es el único suceso que es cierto que va a acontecer,
normalmente no solemos pensar en ella ni planeamos nada al respecto. Aunque el
pensamiento de la muerte surge en nuestra mente, lo solemos apartar rápidamente; no
queremos pensar en la muerte. Pero es importante pensar en ella y prepararnos para la
misma. Medita en los siguientes tres puntos, para obtener una sensación de cómo la
muerte nos llegará tarde o temprano.
El tiempo nunca se detiene, avanza sin cesar. Los segundos se convierten en minutos,
los minutos en horas, las horas en días, los días en años, y así te vas acercando a la
muerte. Imagina un reloj de arena, observa cómo va cayendo ésta hacia el fondo. El tiempo
que tienes por vivir es como la arena, agotándose continuamente. Sé consciente durante un
rato de la experiencia de este flujo ininterrumpido de tiempo, que te transporta al final de tu
vida.
Si cayeras sin paracaídas de un avión, serías consciente de la proximidad de la
muerte. Imagina que es eso lo que te está pasando e investiga los pensamientos y
sensaciones de tu mente. Tu verdadera situación en la vida no es muy diferente: te estás
acercando constantemente hacia la muerte y no puedes hacer nada por evitarla o
posponerla.
Al meditar en estos tres puntos aceptamos el hecho de que vamos a morir. Pero puede
que pienses que la muerte tardará mucho tiempo en llegar. ¿Por qué piensas de tal
manera? ¿Hay algún modo de saber con seguridad cuándo acontecerá la muerte? Medita
en los tres siguientes puntos, para comprender que el instante de nuestra muerte es
absolutamente incierto y desconocido.
Si los seres humanos muriesen a una edad determinada, digamos a los ochenta y ocho
años, tendríamos el tiempo y el espacio suficientes para prepararnos para la muerte; pero
no hay tal certidumbre y la muerte nos atrapa a la mayoría por sorpresa. La vida puede
acabarse en cualquier momento: en el nacimiento, en la infancia, en la adolescencia, a la
edad de veintidós, treinta y cinco, cincuenta o noventa y cuatro años. Piensa en ejemplos
de personas que conozcas o de las que hayas oído hablar y que murieron antes de
alcanzar la edad que tienes ahora...
Ser joven y sano no es una garantía para que una persona viva mucho tiempo; algunas
veces los niños mueren antes que sus padres.
Una persona que esté sana puede morir antes que otra que sufre de una enfermedad
terminal como el cáncer.
Podemos tener la esperanza de vivir hasta los setenta o los ochenta, pero no podemos
estar seguros de ello. No podemos asegurar que no vayamos a morir hoy.
Es muy difícil convencerse de que la muerte puede suceder en cualquier instante.
Sentimos que, puesto que hemos sobrevivido hasta ahora, continuaremos haciéndolo con
seguridad. Miles de personas mueren cada día y pocas de ellas se lo esperaban. Genera
una sensación intensa de la completa incertidumbre del instante de tu muerte, de que no
hay garantía de que vayas a vivir durante mucho tiempo.
i todo está vacío de existencia inherente e independiente, entonces ¿por qué a veces
S
nos sentimos felices, otras deprimidos y miserables? ¿Por qué a las personas les
suceden cosas buenas y malas? Una explicación es que la ignorancia de la naturaleza
vacía de las cosas aún permanece en nuestras mentes, y hasta que liberemos
nuestras mentes de la ignorancia, continuaremos teniendo problemas. Pero otra explicación
es que, aunque todo está vacío en el nivel último de realidad, en el nivel convencional o
relativo las experiencias que tenemos están sujetas a la ley de causa y efecto, o karma.
Karma es un término sánscrito que significa “acción”; hace referencia al proceso por el
que las acciones que desarrollamos son la causa de los efectos o resultados que
experimentaremos en el futuro. Las acciones positivas devienen en resultados positivos,
como tener un buen renacer en vidas futuras, gozar de salud, obtener lo que necesitamos y
queremos, o ser tratados bien por los demás; las acciones negativas nos conducen a
resultados desafortunados como malos renacimientos, problemas de salud, no conseguir lo
que necesitamos y queremos, o sufrir abusos por parte de los demás.
La ley del karma también se conoce con el nombre de causa y efecto. Pero cuando
empleamos la palabra “ley”, debe entenderse como una ley natural, como la ley de la
gravedad, más que como una ley que fue inventada por alguien como el Buda.
A través de sus visiones profundas meditativas, el Buda fue consciente de la ley del
karma y nos la explicó para que pudiésemos tener un mayor control sobre nuestras vidas y
experiencias. Si comprendemos el funcionamiento del karma y hacemos todo lo que esté a
nuestro alcance por evitar cometer acciones negativas y realizar las positivas,
experimentaremos más felicidad y menos sufrimiento.
Los resultados de nuestras acciones nos siguen de manera natural, del mismo modo
que disfrutamos de buena salud al ingerir comida nutritiva, o enfermamos si tomamos
alimentos poco sanos o en mal estado. No hay nadie que nos recompense por las acciones
positivas o nos castigue por las negativas.
Algunas personas se preguntan si la ley del karma se aplica sólo a los que creen en
ella, pero no a aquellos que no la conocen o no creen en ella. Si ese fuera el caso, sería
mejor no saber nada sobre el karma, y ¡el Buda nos habría jugado una mala pasada al
hablar de ella! En realidad, el karma es una ley universal que se aplica a todos los seres,
tanto si creen en ella como si no. Es similar a la gravedad; todos los seres están sujetos a
ella, tanto si la conocen como si no. O al veneno, ya que cualquiera que lo ingiera
enfermará, tanto si piensa que es dañino como si no.
Otra pregunta común es si el karma significa que no tenemos libre albedrío. Para
aquellos que no conocen el karma, hay poco o ningún libre albedrío, porque desconocen las
causas de las buenas y malas experiencias. Aunque desean felicidad y éxito y no quieren
problemas, pueden no crear las causas de la felicidad –siendo honestos y generosos, por
ejemplo– y tal vez hagan las cosas que causan problemas –como mentir y hacer trampas–.
Por otro lado, aquellos que saben algo sobre el karma son libres de actuar en formas que
aportarán la felicidad que desean, y evitando los problemas que no quieren. Por tanto, el
karma significa que nosotros somos el creador: nosotros somos los responsables de
nuestras experiencias, más que un creador externo, u otras personas o circunstancias.
Algunas personas albergan la idea de que, como todo está vacío, no existe el bien ni el mal,
lo correcto ni lo incorrecto. Esta idea es absolutamente errónea, y también extremadamente
perjudicial para nuestro desarrollo espiritual. Los seres iluminados y aquellos que tienen
una directa y no conceptual realización de la vacuidad, ven que todas las cosas tienen la
misma naturaleza; están vacías de existencia inherente.
Pero la vacuidad no niega el nivel relativo o convencional de las cosas. Las cosas aún
existen en el nivel relativo, y su existencia está sujeta a la ley del surgimiento dependiente;
existen dependiendo de otras cosas, como causas y condiciones. En el nivel último, las
cosas están vacías de existencia inherente, pero a nivel relativo, hay sufrimiento y
confusión, que son el resultado de acciones negativas, y hay felicidad, que es el resultado
de acciones positivas. Por tanto el karma, la ley de causa y efecto, definitivamente existe, y
¡sería mucho mejor para nosotros vivir acorde con ella!
Algunas personas no tienen problemas en aceptar el karma; incluso puede que algunos
hayan tenido una comprensión intuitiva de ella durante toda su vida. Otros son escépticos y
piden pruebas. Pero es difícil poder demostrarlo debido a que el karma está en la mente, y
la mente es inmaterial.
Funciona del siguiente modo; cuando realizamos una acción con nuestro cuerpo, habla
o mente se almacena una huella sutil en nuestro continuo mental, similar a la impresión
dejada sobre una película cuando tomamos una fotografía. Después, cuando se dan las
causas y condiciones correctas, esa impresión o huella se manifestará en la forma de
experiencias que ocurren en nuestra mente, similar a las imágenes que se materializan
cuando se revela la película.
Lama Thubten Yeshe dijo que podemos comprobar el funcionamiento del karma en
nuestra propia vida. Cuando experimentamos un estado mental negativo –insatisfechos con
nosotros mismos y nuestra vida, o enfadados con el mundo– todo va a peor y atraemos
toda clase de problemas. Pero cuando estamos en un buen estado mental y tratamos a las
personas con respeto y consideración, tenemos muchas más posibilidades de gozar de
buenas experiencias. Así que nuestras propias experiencias son prueba de que nuestra
actitud y comportamiento afectan directamente a lo que acontece en nuestra vida cotidiana.
Si tienes dificultades para aceptar el karma, tal vez te resulte útil revisar tus razones, y
preguntarte si son razones sólidas y bien asentadas. Por ejemplo, puede que sea difícil
para ti aceptar el karma porque es un concepto extraño, algo de lo que nunca has oído
hablar en tu familia o en la escuela. ¿Es ésta una razón válida para rechazarlo?
Algunas personas consideran la idea del karma incómoda. Puede que piensen: “Si
tengo una gran cantidad de problemas en mi vida, eso significa que en el pasado realicé
muchas acciones malas, por lo que tuve que haber sido una mala persona”. Esta es una
conclusión incorrecta. No existe una “mala persona”. Las mentes de todos los seres no
iluminados se ven afectadas por la ignorancia y otros engaños, que nos llevan a actuar de
manera torpe, creando problemas para nosotros mismos y para los demás; pero ésta no es
nuestra verdadera manera de ser. Todos nosotros tenemos el potencial para liberarnos de
la ignorancia, de los engaños y del karma, y convertirnos en seres completamente
despiertos, en seres compasivos. No podemos borrar lo que hemos hecho en el pasado,
pero podemos cambiar nosotros mismos desde este mismo momento, y las enseñanzas
sobre el karma nos muestran cómo empezar a hacerlo.
A veces, las personas se centran más en el lado negativo del karma: “Si haces cosas
malas, te ocurrirán cosas malas”. Pero no debemos olvidar el lado positivo del karma. Es
importante recordar todas las cosas buenas de nuestra vida; el mero hecho de ser humano,
de tener buena salud, de conocer personas que son amables y nos ayudan, de tener la
oportunidad de aprender y practicar enseñanzas espirituales, etc. Y hemos de darnos
cuenta de que disfrutamos de estas cosas por haber acumulado grandes cantidades de
buen karma en el pasado, y que también podemos continuar creando buen karma en esta
vida.
El propósito de meditar sobre el karma es doble; desarrollar la conciencia de que
somos responsables –somos los creadores de nuestras propias experiencias– y de
aprender qué acciones reportan sufrimiento, para poder evitarlas, y qué acciones conducen
a la felicidad, para que podamos cultivarlas.
La práctica
Siéntate cómodamente y relaja tu cuerpo y mente. Deja que pasen los pensamientos
del pasado y del futuro, de otros lugares y personas; mantén la mente centrada en el
presente, en la meditación. Genera una motivación positiva para realizar la meditación,
como alcanzar una mayor comprensión del karma y poder evitar acciones que te acarreen
problemas a ti y a los demás, y para poder beneficiar a los demás y a ti mismo.
Existen cuatro aspectos o principios generales del karma. Si tienes tiempo, medita en
los cuatro en una sola sesión; si tienes poco tiempo, toma uno por día, durante cuatro días.
Mientras reflexionas sobre cada uno de ellos, busca ejemplos de tu propia vida o historias
que hayas escuchado para facilitar tu comprensión.
Y haz lo que puedas por llegar a una conclusión constructiva, tal y como se explica al
final de cada punto.
El karma es definitivo
Esto significa que hay una correlación definitiva entre las acciones que realizamos y las
experiencias que tenemos, de tal forma que las acciones negativas acarrean problemas, y
no felicidad, y las acciones positivas aportan felicidad, y no sufrimiento. No puede ser de
otra manera. Es similar a como sucede en la naturaleza; si plantamos semillas de calabaza,
obtenemos calabazas, no tomates, y si plantamos semillas de tomate, obtendremos
tomates y no cabalazas.
¿Cómo sabemos qué acciones son negativas y cuáles positivas? En los dos primeros
versos del Dhammapada, enseñanzas reunidas del Buda, éste explicó que depende de
nuestro estado mental, de nuestra motivación:
En otras palabras, las acciones negativas son las que están motivadas por “mentes
impuras” como la ira, el apego, los celos y la ignorancia, y las acciones positivas son las
que están motivadas por “mentes puras” como la compasión, el amor, el no apego y la
sabiduría.
Pero el Buda también explicó diez acciones que son negativas por naturaleza y que
conducen al sufrimiento: matar, robar, conducta sexual inadecuada (como la infidelidad y el
abuso sexual), mentir, el habla que provoca divisiones, las palabras hirientes, el habla
ociosa, la codicia, la intención dañina y las ideas incorrectas (como rechazar el karma o la
existencia de la iluminación).
A su vez, existe una lista de diez acciones positivas, que implican un esfuerzo
consciente por evitar las diez acciones negativas, reconociendo que conducen al
sufrimiento; esto es, abstenerse conscientemente de matar, robar y demás. Otros ejemplos
de acciones positivas son ayudar a los enfermos, a los pobres, los deprimidos o afligidos,
siendo generosos, éticos y pacientes y realizando prácticas espirituales con una motivación
pura.
Piensa en tu vida y trata de recordar si alguna vez realizaste una de las diez acciones
negativas, e intenta reconocer que aunque estas acciones puedan aportar algún beneficio a
corto plazo, a largo plazo solo traerán problemas.
Busca ejemplos de acciones positivas que hayas realizado, y alégrate de ellas,
comprendiendo que son la causa de la felicidad, para ti mismo y para los demás. Intenta
sentir: “Si realizo acciones negativas como matar o decir palabras hirientes a los demás,
planto semillas que darán el fruto amargo de las malas experiencias y del sufrimiento; pero
si realizo acciones positivas como proteger la vida y ser sincero, planto semillas que traerán
el dulce fruto de las buenas experiencias y la felicidad. Por ello, debería hacer todo lo que
esté en mi mano para evitar realizar acciones negativas, y crear tantas positivas como me
sea posible”.
El karma aumenta
Esto significa que si hacemos una acción negativa, aunque sea pequeña, y no
aplicamos una fuerza opuesta como la práctica de la purificación, el karma se incrementa
de manera continua y aportará una gran cantidad de resultados indeseables. Y por el
contrario, si a una acción positiva, por pequeña que sea, no se le opone una negativa,
aportará muchos resultados positivos.
Es similar a lo que sucede en la naturaleza; si plantamos una minúscula semilla de
manzana, al final obtendremos un gran árbol que dará muchas flores y frutos cada año, y si
dejamos que crezcan las malas hierbas en nuestro jardín, muy pronto acabarán
extendiéndose sin control.
El Buda explicó este principio en el Dhammapada:
En general, hay cuatro posibles resultados ante cualquier acción que realicemos:
Para ilustrar esto, tomemos la acción negativa de matar. El resultado que ha madurado
totalmente de matar es el renacimiento en una situación desafortunada, con continuos
problemas y sufrimientos.
Cuando realizamos una acción –física, verbal o mental–, se planta una impronta, a
modo de semilla, en nuestra mente. A menos que hagamos algo para contrarrestar esa
semilla kármica, permanecerá en la mente, aun durante muchas vidas, hasta que
encontremos las causas y condiciones adecuadas para que madure en forma de
experiencias, buenas o malas. El Buda dijo en el Dhammapada:
T
con respecto a las acciones negativas que hemos realizado y las consecuencias que
afrontaremos en el futuro. Pero hay una solución a todo esto; la práctica de la
purificación. El karma negativo no es algo fijo, permanente e irreparable. Las huellas
dejadas en nuestro continuo mental por nuestras acciones negativas se pueden purificar, de
forma que no tengamos que experimentar sus consiguientes resultados dolorosos, y así
podemos limpiar esta energía negativa y apartarla de nuestro desarrollo espiritual. Esta es
la razón por la cual desarrollamos la práctica de la purificación.
No hay negatividad que no pueda ser purificada. El proceso de purificación
básicamente es psicológico. Como decía Lama Yeshe, es nuestra mente (y en base a ella,
nuestras acciones) la que crea la negatividad, y es nuestra mente la que la transforma
creando energía positiva. Aunque en el budismo seguimos los métodos de purificación del
Buda, no es el Buda quien nos purifica; somos nosotros mismos, como recordaba Lama
Yeshe, quienes hacemos el trabajo. Nosotros creamos el karma, y sólo nosotros podemos
limpiarlo.
La práctica de la purificación consiste en meditar en los cuatro poderes oponentes; el
pesar, la confianza, el remedio y la resolución. Lo mejor es realizar una práctica de
purificación cada día –por ejemplo, al finalizar el día–, para limpiar cualquier karma negativo
que hayamos creado ese día, así como las negatividades del pasado.
El poder de la confianza
Cuando nos caemos al suelo, nos apoyamos en el suelo para volver a levantarnos. De
manera similar, cuando hacemos algo negativo, lo hacemos en relación a seres puros como
el Buda o nuestro maestro espiritual, o en relación a cualquier ser sensible; así que, para
purificar nuestro karma negativo, necesitamos recordar y confiar en esas dos figuras.
Primero, confiemos en el Buda, que es como el doctor cuya medicina tomamos para
purificar nuestras acciones incorrectas. No es que necesitemos al Buda para que nos
perdone (aunque lo hace igualmente); más bien, confiamos en él al tomar refugio en él (ver
página 156) y emplear los métodos que nos enseñó para purificarnos y cambiar nuestra
vida y comportamiento hacia una dirección más positiva.
Para alguien que no es budista, el primer paso podría consistir en renovar su
compromiso de seguir las enseñanzas o guía de quienquiera que sea su objeto de
devoción, o bien dedicarse con más intensidad a las metas positivas a las que aspire en
esta vida. También es muy efectivo confesar nuestras faltas a alguien en quien confiemos,
como por ejemplo a nuestro maestro espiritual.
En segundo lugar, confiamos en otros seres –los mismos seres a los que hemos hecho
daño, en esta vida y en el pasado– generando amor y compasión por ellos. Puedes pensar
cómo básicamente, ellos son como tú; no quieren experimentar el más mínimo sufrimiento o
problema, y sólo quieren ser felices y estar en paz. Después, genera la determinación de
hacer todo lo que esté en tu mano para evitar dañar a los demás, y en vez de eso, hacer lo
que puedas por ayudarlos.
Significa hacer algo positivo para contrarrestar la energía negativa que hemos creado.
En general, cualquier acción positiva puede usarse para purificar nuestro karma negativo,
pero ciertas prácticas son remedios especialmente poderosos. Por ejemplo, visualizar
figuras como el Buda Shakiamuni (página 174), Vajrasatva (página 201), o los Treinta y
Cinco Budas (página 215) y recitar sus nombres y/o mantras. También pueden usarse las
meditaciones sobre el amor (página 106), la compasión (página 110) y la vacuidad (página
61; esta última es considerada el mejor antídoto para la negatividad, aunque presenta cierto
grado de dificultad y puede no ser adecuada para principiantes. Un método más sencillo es
la meditación purificadora a través de la respiración, descrita en la página 47. Elige uno de
estos métodos cada vez que hagas una sesión de práctica de purificación.
También puedes realizar actividades más comprometidas como trabajos voluntarios o
hacer donaciones a causas caritativas. Salvar vidas –por ejemplo, rescatar animales que
estén en peligro de muerte o de ser asesinados, o cuidar de ellos– es particularmente
efectivo para contrarrestar el karma de matar. También es bueno pedir disculpas y
enmendar el mal que le hayas podido hacer a alguien, si esto es posible.
El poder de la resolución
La práctica
b) El poder de la confianza
Ahora necesitas hacer algo para contrarrestar la energía negativa que has creado. Si
prefieres visualizar a un ser iluminado, como mencionamos anteriormente, puedes hacerlo
visualizando una figura como el Buda o Vajrasatva sobre tu cabeza. Mientras recitas el
mantra apropiado, imagina una luz que desciende de la imagen visualizada, colmando todo
tu cuerpo y mente y purificando todo tu karma negativo y engaños.
Si no te sientes cómodo visualizando una figura así, puedes imaginar una esfera de luz
sobre tu cabeza, pensando que representa todas las cualidades y energías iluminadas, y
visualiza una luz descendiendo de ella y llenando todo tu ser (como explicamos
anteriormente). Si quieres, puedes recitar el mantra corto de Vajrasatva (om vajrasatva
hum) o el mantra de Avalokitesvara (om mani peme hum) mientras visualizas la luz que te
colma y purifica.
Otra opción es hacer una de las restantes meditaciones sugeridas anteriormente, como
la del amor; o decidir actuar de maneras más positivas en tu vida cotidiana, como ser más
útil o generoso para con los demás.
d) El poder de la resolución
e) Dedicación
Al final de la sesión de meditación, dedica toda la energía positiva que has creado al
hacer esta práctica de purificación a todos los seres sensibles, para que se vean libres de
todo su sufrimiento y sus causas: del karma negativo y sus engaños.
7. Meditación sobre el sufrimiento
L
hablemos de seres humanos normales y sufrientes como nosotros! ¿Por qué hay tantas
peleas en el mundo?, ¿por qué tanta hambre, enfermedad, desigualdad e injusticia?
¿Cuáles son las causas del sufrimiento? La visión budista puede resumirse en lo que se
conoce por las cuatro verdades nobles:
Primera: el sufrimiento existe. Cada ser sensible sufre en mayor o menor medida. El
“sufrimiento” no se refiere sólo al dolor severo o a los problemas; incluye cualquier
experiencia que sea desagradable o insatisfactoria.
Segunda: el sufrimiento siempre tiene una causa. Las causas principales del
sufrimiento y de todo lo que experimentamos, son necesariamente acciones previas de
nuestro cuerpo, habla o mente.
Tercera: existe un final para el sufrimiento. Todos tenemos el potencial para alcanzar un
estado de paz, claridad y compasión perfectas, en el que no experimentaremos más los
resultados del sufrimiento pasado ni crearemos las causas para un sufrimiento futuro.
Cuarta: hay un medio para acabar con el sufrimiento. Este medio consiste en
abandonar gradualmente sus causas –ira, egoísmo, apego y otros estados mentales
negativos– y cultivar las causas de la felicidad –paciencia, amor, desapego, generosidad– y
otros estados mentales positivos. Al final, desarrollando el conocimiento de la verdadera
naturaleza de todas las cosas, podremos cortar por completo la raíz del sufrimiento: la
ignorancia que todo lo percibe de una manera errónea.
“Sufrimiento” se refiere a todos los niveles de experiencia física o psicológica. Hay
muchas formas de meditar en el sufrimiento y todas tienen el propósito de provocar la
sensación de amplitud del mismo; de cómo, en diferentes grados, impregna nuestras vidas
y las de los demás.
La razón para desarrollar esta conciencia no es la de aumentar nuestro suplicio. Al
contrario, una correcta meditación sobre el sufrimiento nos aportará una visión más realista
de la vida. Y si comprendemos que las causas del sufrimiento yacen en nuestras actitudes y
acciones, poco a poco llegaremos a la conclusión de que es tanto deseable como posible
desenmarañar las complejidades de nuestra mente y desarrollar cierto control sobre
nuestros pensamientos y acciones.
Nuestra visión habitual de la vida no es realista. La mayoría de nuestras experiencias
placenteras dependen de objetos y situaciones externas cuya naturaleza es efímera.
Cuando estas cosas cambian o desaparecen, nos aferramos a ellas sin querer aceptar la
realidad de la situación. Queremos que el placer perdure y nos decepciona que no sea así.
De este modo, vamos de arriba abajo, del placer al dolor y de la felicidad a la infelicidad,
durante toda nuestra vida.
Tener conciencia de esta realidad es un paso hacia la eliminación del sufrimiento.
Dejaremos de esperar que la gente y las cosas nos hagan felices y, en cambio,
comprenderemos que es nuestra actitud hacia ellas la que determina la felicidad y la
satisfacción. Irónicamente, cuando dejamos de aferrarnos a las cosas de forma poco
realista, ¡las disfrutamos más!
Otro gran beneficio de esta meditación es que nos permite ver que los demás sufren de
la misma forma y, como resultado, podremos desarrollar la bondad y compasión hacia ellos.
El propósito principal de reconocer el sufrimiento en nuestra vida es desarrollar una
fuerte intención de hacer lo necesario para librarnos de él. Todas las experiencias infelices y
dolorosas radican en la ignorancia, que cree que todo existe inherentemente, en y por sí
mismo. Al percibir la vacuidad –la ausencia de esta forma de existencia– se acaba con toda
la confusión y con todos los problemas.
Pero no es fácil conseguir esa comprensión. Se requiere una tremenda energía para
concentrar la mente sobre la naturaleza de las cosas, con el fin de ir más allá de nuestra
percepción habitual y llegar a la pura realidad última. El carburante que nos impulsa en este
empeño es el deseo de librarnos a nosotros mismos y a los demás de todo sufrimiento.
La práctica
Incluye todas las formas evidentes de sufrimiento físico y mental, como los sufrimientos
severos que surgen de la guerra, el terrorismo, los desastres naturales, el hambre, los
crímenes violentos, las violaciones, el abuso, la prisión, la pobreza, la injusticia, el racismo,
la adicción, las heridas y la enfermedad.
Pero aquí también se incluyen todos los problemas normales que nuestro cuerpo
experimenta cotidianamente: dolores y males, frío y calor, hambre y sed, vista defectuosa,
dolores de oído, cortes y quemaduras, problemas de peso, tensión muscular, fatiga... La
lista sería interminable. Recuerda esas experiencias y cuán raramente estamos libres
siquiera de uno de estos sufrimientos.
Piensa ahora en los sufrimientos físicos más severos que hayas experimentado en el
pasado y en la posibilidad de que te ocurran de nuevo; no hay garantía de que no te vayan
a suceder.
Piensa en el sufrimiento físico que experimentarás en la vejez. Imagínate a la edad de
ochenta o noventa años, con tu cuerpo gastado, arrugado y deteriorado. Al final, llegará la
muerte. Piensa en las diferentes formas en que puedes morir y en el sufrimiento del cuerpo
en ese instante.
Contempla el hecho de que la naturaleza del cuerpo es el cambio, sentir dolor,
degenerar y finalmente morir. Por tanto, no es realista ni sabio apegarse a él ni considerarlo
“yo”.
Ahora observa el sufrimiento mental y emocional. Recuerda experiencias pasadas de
soledad, depresión, pena, frustración, celos, ira, temor, confusión, ansiedad... Ve hacia
atrás en tu vida y observa cómo raramente hubo momentos en los que no experimentaste al
menos una de estas emociones.
Ahora examina tu estado mental actual. ¿Estás ansioso?, ¿deprimido?, ¿enfadado?,
¿confuso?, ¿agitado? Piensa en el sufrimiento mental que probablemente tendrás en el
futuro, cuando las personas queridas mueran o te abandonen, cuando tú mismo mueras o
cuando ocurran multitud de cosas en tu vida que te hagan sufrir en mayor o menor medida.
Amplía tus pensamientos hasta incluir las experiencias de los demás. En este preciso
instante, todos los seres que existen, debido a que poseen una mente confusa y un cuerpo
que se deteriora, están sufriendo alguna forma de dolor físico o mental, desde la menor
incomodidad hasta el sufrimiento más grave. Empieza por la gente que conoces: tus
amigos, parientes y vecinos. Algunos están enfermos, otros son viejos o están deprimidos,
ansiosos, insatisfechos, solos... Después, piensa en la gente que no conoces y cuyas vidas
están marcadas por la guerra, la pobreza, el desempleo, el racismo, la enfermedad o la
opresión política.
También compartimos este mundo con los animales y otras criaturas. Contempla sus
sufrimientos cotidianos: hambre, dolor, frío, falta de libertad, temor a ser devorados, etc.
Hazte consciente de que todos esos incontables seres vivientes tienen un continuo de
conciencia no muy diferente del tuyo: todos reaccionamos con alegría ante la bondad y la
belleza, con temor ante el dolor y el mal, y con ira ante lo que amenaza nuestra paz y la de
los seres queridos. Todos tratamos de ser felices y de evitar problemas, pero mientras no
estemos iluminados nos encontraremos con una situación dolorosa tras otra.
Este nivel más sutil de sufrimiento se refiere a las experiencias que normalmente
consideramos como placer o felicidad. Se consideran “sufrimiento” porque no perduran.
Cualquier buena experiencia se acaba sin satisfacernos plenamente y, en cambio, nos lleva
a desear repetirla, con la esperanza de encontrar la satisfacción que creemos que nos debe
proporcionar.
Piensa en cualquier experiencia placentera: una buena comida, el sexo, un día en la
playa, esquiar, la música, el cine, un cigarrillo, un bello atardecer. ¿Cuánto dura ese placer?
¿Alguna de estas experiencias es absolutamente satisfactoria? Si crees que lo son, ¿por
qué las repites una y otra vez?
Otra razón por la que las experiencias placenteras son consideradas otra forma de
sufrimiento es porque no son un placer puro y verdadero. Si lo fueran, el placer continuaría,
incluso aumentaría, cuanto más las experimentáramos. ¿Es eso lo que ocurre? ¿O bien lo
que ocurre es que el placer disminuye, incluso se convierte en tristeza? Por ejemplo,
cuando tienes hambre y comes algo, al principio te sientes bien a medida que disminuye la
sensación de hambre, pero ¿qué ocurriría si siguieras comiendo más y más? Te sentirías
cada vez peor, ¡hasta enfermar! Incluso si comes sólo la cantidad de comida para saciarte,
esa sensación no dura demasiado: a las pocas horas el hambre regresa y debes comer de
nuevo.
Cuando nos reunimos con amigos o familiares, al principio nos sentimos muy felices,
hablando y riendo sin parar, disfrutando de la compañía del otro. Pero ¿qué ocurriría si
siguiéramos estando juntos, hora tras hora, día tras día, sin descanso? Probablemente nos
aburriríamos, incluso puede que nos enfadáramos entre nosotros. Incluso si te sientas
cómodamente en un sillón, tarde o temprano necesitarás cambiar de posición, ya que la
comodidad se transforma en incomodidad. Si te sientas cerca del fuego en un día frío, será
muy agradable al principio, pero pronto necesitarás apartarte porque sentirás demasiado
calor.
Examina cuidadosamente tu vida y comprueba si esto es verdad o no. Recuerda
algunas experiencias buenas: ¿Duraron mucho?, ¿te dejaron satisfecho de verdad? Si el
placer es verdadero placer, ¿por qué no lo sientes indefinidamente? ¿Puedes encontrar un
ejemplo de felicidad duradera, inmutable, en tu vida o en la de los demás? Contempla cómo
todo cambia; cómo las experiencias, no importa cuán placenteras sean, no perduran, sino
que conducen inevitablemente a la insatisfacción, a la irritabilidad, al aburrimiento o a la
soledad. Desde cierto punto de vista, comparado al sufrimiento del sufrimiento, estas
experiencias son placenteras. Pero desde otro punto de vista, en comparación al gozo puro
y duradero de la liberación y la iluminación, estas experiencias constituyen otra clase de
sufrimiento.
Es la propia naturaleza de todas las cosas; cambian y a la larga se acaban. Incluso una
relación feliz y dichosa tiene sus altibajos y, al final, acabará con la separación o la muerte.
Las personas bellas se hacen viejas y canosas y, al final, mueren. El poder no perdura y la
riqueza se pierde. Las flores se marchitan, los atardeceres se desvanecen y las fiestas se
acaban.
Concluye esta parte de la meditación decidiendo firmemente que no es razonable
apegarse a ninguna persona u objeto como medio de conseguir una satisfacción
perdurable; y que, en realidad, el apego trae el resultado opuesto.
Éste es incluso más sutil que el sufrimiento del cambio. Se refiere a nuestra propia
existencia como seres ordinarios, no iluminados, con nuestra mente atrapada
inextricablemente en los engaños y en el karma. Aunque la naturaleza de nuestro continuo
mental es clara y tiene el potencial de experimentar la paz duradera y pura así como el
gozo de la iluminación, somos incapaces de mantenerla libre de los pensamientos y
sentimientos perturbadores e infelices, ni siquiera durante una hora o siquiera unos pocos
minutos. Y aunque sólo queremos experiencias placenteras y felices, es imposible avanzar
en la vida, ni siquiera un sólo día, sin experimentar problemas. ¿Por qué sucede esto?
Como carecemos de la visión profunda intuitiva de la verdadera naturaleza de las
cosas, pensamos, hablamos y actuamos bajo el control de los engaños, nuestras habituales
tendencias negativas. De ese modo, estamos atados: por un lado, experimentamos a cada
instante los efectos del karma y los engaños previos; y por otro, estamos creando a cada
instante causas para futuros efectos. Este preciso instante de existencia es, a la vez, el
efecto del sufrimiento pasado y la causa del sufrimiento futuro.
La situación de estar atrapados en este ciclo, en esta compleja red de problemas, es
en sí mismo el sufrimiento que todo lo abarca. Puede compararse a estar en una prisión,
encerrados por nuestro propio karma y por los engaños. En la prisión puede haber
experiencias terribles como ser atacados por otros prisioneros o por sádicos vigilantes;
estos equivaldrían al sufrimiento del sufrimiento. Algunas veces disfrutamos de experiencias
placenteras, como ver una buena película, o recibir una visita de un ser querido –éstas
serían como el sufrimiento del cambio–. Pero no importa lo que experimentamos, estamos
atrapados en la prisión y no somos libres para ir adonde quisiéramos ir o hacer lo que nos
gustaría; éste es el sufrimiento que todo lo abarca.
Deja que tu mente asimile esta idea. Genera una fuerte sensación de este dilema que
se perpetúa a sí mismo y que es tu existencia. Después contempla cómo hay innumerables
seres vivientes que, como tú, están atrapados en este ciclo que parece no tener fin.
No te asustes. ¡Hay esperanza! Hay una salida de ese ciclo. Al existir una causa –
nuestra visión incorrecta de cómo existen las cosas–, hay necesariamente un remedio para
el fin de ese sufrimiento, un antídoto. El antídoto absoluto consiste en comprender
correctamente la naturaleza de la realidad y acabar con la confusión y con el hábito de
dejarse llevar por los caprichos del ego.
Mientras tanto, podemos utilizar nuestra vida y energía de una forma positiva:
ayudando a los demás con amor y generosidad, o aumentando los pensamientos y
actitudes positivas de nuestra mente. Y si además nos abstenemos de realizar acciones
negativas y contrarrestamos las actitudes negativas cuando surjan en nuestra mente,
conseguiremos evitar crear más causas de sufrimiento. Conforme vaya creciendo nuestra
comprensión de la realidad, también lo hará el desapego por las cosas ordinarias y
transitorias, y la maraña de nuestra red de confusión se desenredará gradualmente. Al final,
esta comprensión se convertirá en una percepción directa e intuitiva de la vacuidad, lo que
elimina, de una vez por todas, la propia raíz del sufrimiento.
Saca conclusiones de cualquier comprensión que hayas obtenido en la meditación.
Reconocer la naturaleza dolorosa e insatisfactoria de la vida es bastante difícil, pero es la
única salida. Mientras continuemos escapando de la realidad del sufrimiento y no
aprendamos a tratar honestamente con los aspectos burdos y descontrolados de la mente,
continuaremos dando vueltas en el círculo vicioso de la confusión. Ser consciente del
sufrimiento nos da la energía necesaria para penetrar en la naturaleza de la realidad.
Concluye tu sesión de modo optimista, con determinación de vivir tu vida
inteligentemente y de hacer lo que puedas para vencer el sufrimiento.
Dedica todas tus buenas intenciones y energía para que crezca el conocimiento en ti y
en los demás.
La práctica
En nuestra vida diaria tenemos muchas oportunidades para familiarizarnos con las
ideas que se presentan en esta meditación. Cada día experimentamos multitud de
contrariedades: hambre, cansancio, dolores y males, irritación, aburrimiento, frustración...
Nuestra reacción habitual es la de librarnos de ellas o esperar que pasen lo más rápido
posible. Será muy bueno si, antes de buscar un calmante, poner la tele, buscar en la nevera
o llamar a un amigo, dedicamos algunos minutos a experimentar simplemente el dolor:
“¡Esto es sufrimiento!”.
Debido a que normalmente evitamos afrontar y relacionarnos con el dolor, es difícil
investigar en la meditación la realidad del sufrimiento de una manera honesta. Por tanto,
debemos aprender a utilizar nuestras propias experiencias cuando ocurran, para
profundizar en nuestra comprensión del tema.
Esto no significa que debamos considerar nuestra vida como una gran tragedia o que
nos sintamos deprimidos o tensos. Podemos permanecer conscientes del sufrimiento y no
por ello perder el sentido del humor. Tanto la felicidad como el sufrimiento son
impermanentes, experiencias transitorias. No debemos resaltar una más que otra sino más
bien reconocer la naturaleza cambiante de ambas.
Cuando nos descubramos aferrándonos, por ejemplo, a una nueva persona, debemos
recordar que la felicidad que experimentamos es transitoria y que no puede acabar de
ninguna forma con todos nuestros problemas. Con esta actitud, más realista y menos
exagerada, probablemente disfrutaremos más de la experiencia.
Con los problemas, físicos o mentales, podemos pensar: “Es pasajero, en algún
instante desaparecerá. Pero los problemas y el sufrimiento me seguirán aquejando hasta
que transforme mi mente y elimine todas las causas de sufrimiento. Este problema me hace
recordar la necesidad que tengo de cuidar mis acciones –abstenerme de cometer karma
negativo y crear tanto karma positivo como pueda”. Actuando así, el problema se convierte
en una enseñanza.
Cuando la gente a nuestro alrededor sufra, debemos ser sensibles y compasivos,
ayudándoles como mejor podamos. No debemos involucrarnos de tal forma que sus
problemas se conviertan en nuestros y nos tengamos que preocupar también por ellos.
Podremos evitarlo recordando que tanto la causa como la solución de cualquier problema
se encuentran en la mente de la persona que lo sufre. De ella depende buscar la salida.
Mientras seamos cariñosos y amables y hagamos lo que podamos para aliviar su dolor, no
debemos sentirnos culpables o inútiles pensando que debemos hacer más.
En resumen, el sufrimiento y los problemas no son necesariamente malos; depende de
nuestra actitud. Si sentimos aversión hacia ellos y los vemos como algo completamente
inútil e indeseable, entonces sufriremos mucho más. Pero si tenemos una actitud más
realista, considerándolos como una parte natural de la vida, entonces podremos aceptarlos
de una manera más sosegada. Además, si aprendemos a usarlos en nuestro sendero de
crecimiento espiritual, podemos incluso alegrarnos cuando aparezcan.
8. Meditación sobre la ecuanimidad
E
para ayudar a los demás a que lo logren. La aspiración a conseguirlo se conoce como
“la mente de la iluminación” (en sánscrito: bodichita) y es la experiencia de abrir
nuestro corazón a todos los seres, permitiendo que el amor y la compasión fluyan
hacia todos sin limitaciones. Una persona que tiene bodichita se siente verdaderamente
responsable de aliviar el sufrimiento de todos los seres vivientes y conducirlos a la felicidad.
Podemos empezar a cultivar esta mente de iluminación ahora, en nuestra vida
cotidiana, siendo bondadosos y abiertos con la gente que nos encontramos, siendo
pacientes con ellos y conscientes de sus necesidades. No obstante, es fácil engañarnos y
jugar el papel de una persona abierta y amigable mientras ocultamos nuestros sentimientos
de irritación e intolerancia. Por ello, es importante contactar con nuestros sentimientos
mientras nos esforzamos por ofrecernos a los demás, y esto se hace más eficazmente
cuando nos concentramos en la meditación.
Normalmente discriminamos a las personas que encontramos: nos gustan unas, otras
nos desagradan y sentimos indiferencia por otras. Estas reacciones son generalmente
egocéntricas, basadas en si me resultan agradables, desagradables o no me interesan.
En la raíz de esta discriminación se encuentra nuestra mala interpretación instintiva de
la forma en que existen las cosas, especialmente nuestro yo. Este problema ha estado
siempre con nosotros y lo hemos ido haciendo más complejo en el transcurso de la vida,
pensando y creyendo: “Soy así y siempre lo seré; esto es bueno para mí y aquello me va
mal”.
Nuestra creencia en ese yo hace surgir el deseo de protegerlo y alimentarlo. Todo lo
que hacemos es por este yo. Tiene necesidades que han de ser satisfechas; debe
encontrar felicidad y evitar el dolor. El yo prefiere esa persona porque le hace feliz y le
disgusta tal otra porque le causa dolor. Todo se ve desde la perspectiva de las necesidades
del yo.
Nuestra equivocación básica del yo hace que nuestra percepción sea defectuosa. Si
analizamos y buscamos al yo permanente y fijo que parece estar ahí, no lo podremos
encontrar; es una ilusión. Es tan sólo una corriente que fluctúa entre la mente y el cuerpo,
que recorre la vida experimentando alegría, problemas, amor y frustración. Nos
encontramos con gente, nos relacionamos con ella brevemente de forma positiva o negativa
y nos separamos. Nada perdura, nada es estable.
Cuanto más nos aferramos a ese yo irreal y tratamos de satisfacer sus exigencias, más
profundamente nos enterramos en los problemas y en la confusión. La clasificación de la
gente en “amigos”, “enemigos” y “extraños” es, probablemente, el mejor ejemplo de esto.
Asumimos que la persona que nos gusta tiene buenas cualidades inherentes, mientras
que la persona que no nos gusta es inherentemente mala. Actuamos como si esas
cualidades fuesen permanentes e inmutables, para estar siempre cerca de la persona que
hemos denominado “amiga” y para estar siempre separados de la que no nos gusta.
Resulta difícil imaginar que una persona de la calle que no nos interesa pueda llegar a ser
amigo.
Estas suposiciones son erróneas, como lo demuestra nuestra experiencia. Las
relaciones pueden cambiar y, de hecho, así ocurre. Personas con las que tuvimos estrechas
relaciones, ahora nos resulta imposible comunicarnos con ellas, y otros a los que ni
podíamos ver, son ahora buenos amigos.
La gente cambia, al igual que las situaciones y nuestros pensamientos y sentimientos.
Los cambios que nos hacen ver a un amigo como enemigo pueden ocurrir de un minuto a
otro, de un año a otro o de una vida a la siguiente. Las razones para considerar a alguien
como amigo, enemigo o extraño no son sólidas ni incontrovertibles, pero aferrarse a ellas
como si lo fueran nos impide ver las cosas como son realmente y nos hace difícil aceptar el
cambio cuando éste se produce.
La siguiente meditación es para examinar nuestras actitudes y sentimientos hacia los
demás, para reconocer dónde son erróneas. Esto nos llevará gradualmente a un estado de
ecuanimidad, en el que nuestra mente está más equilibrada y menos bajo el control del
apego a los que amamos, del rechazo a los enemigos y de la indiferencia hacia los
extraños.
La práctica
l amor, también llamado “bondad”, es el deseo de que los demás sean felices. Es una
E
cualidad natural de la mente, pero se encuentra limitada a unas pocas personas –
normalmente a aquellas a las que estamos más ligados– hasta que la desarrollemos
por medio de la meditación y otras prácticas. El amor genuino es universal, se extiende
a todos sin excepción.
Aunque podamos aceptar esta idea como principio, probablemente nos resulte difícil
ponerla en práctica. ¿Nace el amor espontáneamente hacia las personas de la calle y del
supermercado? ¿Amamos a los políticos que no nos gustan, a los racistas o a los padres
que maltratan a sus hijos? Si no es así, ¡tenemos trabajo por delante!
Debemos empezar con la atención plena: observar nuestras reacciones cuando nos
encontramos con la gente, para descubrir los sentimientos de atracción, aversión e
indiferencia. Mientras continuemos discriminando entre los que nos gustan, los que no nos
gustan y los que no nos interesan, nunca podremos dar el primer paso.
Para contrarrestar esta discriminación errónea, podemos practicar la meditación de la
ecuanimidad (pág. 102) y los métodos para tratar el apego y la ira (pág. 117 y 124). La
siguiente meditación es un buen complemento para éstas: ayuda a utilizar nuestro potencial
natural de amor y a dirigirlo hacia todos los seres vivientes. Si la practicamos con
concentración y sinceridad, de corazón, nos daremos cuenta de que es posible desear de
verdad que los demás sean felices, sin considerar su relación con nosotros.
La meditación comienza visualizando a tus padres y parientes junto a ti y a todos los
restantes seres, alrededor tuyo. Este es un método tradicional tibetano para aumentar
nuestra motivación de la bodichita, y asume que los practicantes se llevan bien con su
familia. Sin embargo, esto no es siempre cierto para todo el mundo, y pensar en tu madre,
padre, o en otros miembros de la familia puede hacer surgir la ira o la ansiedad, más que el
amor y la compasión. Si este fuera el caso, no es necesario que pienses en estas personas
–o bien puedes dejarlos por ahora, o colocarlos frente a ti, entre tus “enemigos”–.
Sin embargo, sí que es importante que al final solucionemos cualquier problema que
tengamos con los demás, especialmente con nuestra familia inmediata, para progresar
adecuadamente en el sendero del desarrollo espiritual. De modo que, cuando sientas el
suficiente coraje y fuerza para trabajar con estos problemas, puedes hacerlo empleando
meditaciones tales como la de la ecuanimidad, la de la compasión y tratar con la energía
negativa.
Pero ten paciencia; a veces puede llevar varios años de práctica resolver tales
problemas, y si las emociones son muy profundas y dolorosas, también podrías necesitar
ayuda profesional.
Algunas meditaciones como aquellas basadas en la respiración y en la vacuidad,
consisten en meditar en un objeto. Otras meditaciones, como aquellas del amor y la
compasión, transforman la mente en el objeto en el que estamos meditando. Por lo que lo
ideal sería que, al hacer esta meditación, nuestra mente experimentara de verdad el amor.
Sin embargo, esto es algo que normalmente lleva tiempo y práctica, así que no te frustres si
al principio no sientes nada. Es suficiente con pensar y decir “Ojalá seas feliz, etc.”. Cuando
tu mente se familiarice con estas palabras, al cabo de un tiempo el sentimiento de amor
surgirá de manera natural.
La práctica
Siéntate cómodamente. Relaja el cuerpo y la mente y deja que todos los pensamientos
y preocupaciones se calmen. Observa con atención plena tu respiración hasta que estés
calmado y tu conciencia esté aquí y ahora.
Piensa que estás haciendo esta meditación para el beneficio tanto de ti mismo como de
los demás: para generar una energía más positiva y bondadosa en tu mente y para enviarla
a los demás, al mundo.
Empieza imaginando que todos los seres vivientes te rodean. Tu padre a tu derecha, tu
madre a tu izquierda y los demás parientes y amigos, detrás de ti. Visualiza frente a ti a los
que no te gustan o te hacen daño. En todas direcciones hasta el horizonte, se extienden
todos los demás seres. Siente que están todos ahí en forma humana, sentados
tranquilamente, como tú. Permanece relajado, no te sientas rodeado o tenso e imagina que
una sensación de armonía y paz les invade a todos.
Considera lo hermoso que sería para ti y para los demás, si pudieseis amar a todos
estos seres. Piensa que, como tú, todos desean ser felices y evitar el sufrimiento, y que
tratan de hacer de sus vidas lo mejor, incluso aquellos que son irascibles y violentos.
Genera un sentimiento de amor en tu corazón. Podrás hacerlo pensando en alguien a
quien amas y dejando que surjan tus buenos sentimientos naturales hacia esa persona.
Puede que te resulte agradable imaginar tu amor como una luz cálida y muy brillante,
no física, sino como una energía pura y positiva que brilla en tu corazón.
Antes de poder amar de verdad a los demás, necesitas amarte a ti mismo y esto
significa aceptarte tal como eres, con tus faltas y defectos, y reconocer que tienes el
potencial para liberarte de todos tus problemas. Por tanto, desea para ti toda la felicidad y
bondad que pueda existir. Imagina que esta energía afectuosa de tu corazón se extiende
hasta llenar completamente tu cuerpo y mente.
Si tienes el hábito de ser crítico o enfadarte contigo mismo, llevará tiempo cambiarlo,
por lo que probablemente no sentirás amor por ti mismo de una manera espontánea. Pero
si te dices: “Que pueda ser feliz; que pueda tener lo que necesito para ser feliz, sentirme
seguro, amado y satisfecho” y demás, entonces estos pensamientos y sentimientos
crecerán progresivamente y se volverán reales. Por ahora es suficiente pensar de esta
manera y decirte a ti mismo estas palabras…
Ahora medita en el amor hacia los demás. Empieza con tu familia y amigos más
cercanos sentados cerca de ti. Pronuncia mentalmente palabras como: “Que podáis ser
felices. Que podáis tener lo necesario para ser felices, sentiros seguros, amados y
satisfechos. Que todos vuestros pensamientos sean positivos y vuestras experiencias
buenas. Que os veáis libres de los problemas, la enfermedad y la tristeza. Que vuestras
vidas sean largas y pacíficas y alcancéis rápidamente la iluminación”. Imagina la cálida y
luminosa energía radiando de tu cuerpo, tocándolos y colmando sus cuerpos y mentes,
aportándoles la felicidad que desean. Insisto, no te preocupes si en realidad no sientes el
amor; es suficiente con decir estas palabras y pensar esta clase de pensamientos. Con el
tiempo, el sentimiento llegará.
A continuación piensa en algunas personas a las que no estás tan unido. Pueden ser
personas con las que trabajas, vecinos, vendedores del supermercado, conductores de la
carretera. Reflexiona sobre la idea de que ellos, al igual que tú, quieren ser felices, y
merecen ser felices. Intenta sentir que deseas para ellos la felicidad, pensando: “Que
puedan ser felices. Que puedan tener lo que necesitan para sentirse felices, seguros,
queridos y satisfechos. Que todos sus pensamientos sean positivos y todas sus
experiencias buenas. Que se vean libres de los problemas, la enfermedad y la tristeza. Que
sus vidas sean largas y pacíficas y que alcancen rápidamente la iluminación”. Después
envía la energía radiante de amor desde tu corazón hasta alcanzarlos e imagina que
experimentan la felicidad que desean.
Dirige tu atención hacia la gente que está frente a ti, con la que tienes dificultades.
Piensa que ellos también necesitan y merecen nuestro amor. Siente el deseo de que se
liberen de la confusión, la ira y el egoísmo que les lleva a actuar como lo hacen. Desea de
verdad que encuentren la paz interior, la felicidad y, al final, la iluminación. Piensa, e intenta
sentir sinceramente: “Que podáis ser felices. Que podáis tener todo lo necesario para ser
felices, sentiros seguros, queridos y satisfechos. Que todos vuestros pensamientos sean
positivos y todas vuestras experiencias buenas. Que os veáis libres de los problemas, la
enfermedad y la tristeza. Que vuestras vidas sean largas y pacíficas y que alcancéis
rápidamente la iluminación”. Imagina la energía radiante de amor fluyendo desde tu corazón
hasta ellos y que puedan experimentar la felicidad que desean.
Continúa enviando tus sentimientos positivos y afectuosos a toda la gente que te
rodea. El amor es una fuente ilimitada de buena energía, por tanto, ¡no te preocupes por si
puede agotarse! Abre totalmente tu corazón e imagina que tu amor se derrama en todas
direcciones, alcanzando a todos los seres que se sienten solos, enfermos, hambrientos,
confusos, oprimidos, frustrados y asustados. Su sufrimiento desaparece y sus mentes se
tornan apacibles, claras y plenas de felicidad pura. Deséales todas las buenas experiencias,
desde la satisfacción de sus necesidades inmediatas y deseos, hasta la misma iluminación.
Concéntrate en ese sentimiento de amor tanto como te sea posible.
Concluye la sesión pensando que definitivamente tienes el potencial para amar a
todos, incluso a los que te fastidian o hacen daño y a los que no conoces. Genera un deseo
intenso de trabajar con tu ira, tu impaciencia, tu egoísmo y otros obstáculos que te impiden
despertar ese amor. Mantener la mente abierta y tratar de superar las actitudes
perjudiciales del ego dejará un gran espacio en tu corazón para que se desarrolle el amor
puro y universal y, por tanto, tu felicidad y la de los demás.
Dedica, al final, la energía positiva de tu meditación a todos los seres, para que puedan
encontrar la felicidad y la iluminación.
10. Meditación sobre la compasión y el “Tong-len”
(dar y recibir)
ong-len significa dar y recibir. Es una meditación basada en una serie de enseñanzas y
T prácticas conocidas como transformación del pensamiento (en tibetano: lojong). La idea
subyacente es que podemos transformar nuestros pensamientos egoístas, engañosos, y
destructivos en pensamientos bondadosos, compasivos y beneficiosos para los demás.
Hacer esto naturalmente no sólo es bueno para los demás, sino también para nosotros
mismos –nos sentiremos más felices, satisfechos, positivos y en paz–. El objetivo último de
la práctica es alcanzar la iluminación, en cuyo estado podemos hacer que nuestra
existencia sea lo más beneficiosa posible para los demás.
Un aspecto de las enseñanzas que transforman el pensamiento es aprender a cómo
utilizar los problemas y las dificultades en el sendero espiritual. Normalmente nos disgustan
los problemas y hacemos todo lo posible para vernos libres de ellos rápidamente. Pero los
problemas no son problemáticos en sí mismos; depende de cómo los consideremos y
manejemos. Con la correcta comprensión y los métodos adecuados, podemos convertir los
problemas en algo útil, de la misma manera en la que reciclamos la basura o la convertimos
en fertilizante para nuestro jardín.
Por ejemplo, estar atrapados en un atasco de tráfico es un problema si nos permitimos
impacientarnos, pensando en todas las cosas que podríamos estar haciendo en vez de
estar inmersos en tal situación. Pero si reconocemos la futilidad de tales pensamientos, y
en vez de eso los empleamos para meditar en las cosas positivas, recitar mantras o
escuchar una enseñanza espiritual, entonces la situación se transforma en práctica
espiritual.
Tong-len es uno de esos métodos para transformar los problemas. La idea básica del
tong-len es que meditamos en el amor y la compasión, generando el deseo de que los
demás sean felices y se vean libres del sufrimiento, y después imaginamos tomar el
sufrimiento de los demás para darles nuestra felicidad. A veces las personas sienten esto
de manera natural; por ejemplo, los padres cuando ven que sus hijos sufren una
enfermedad, o las personas que trabajan rescatando a otros, que desean arriesgar sus
propias vidas para salvar a los demás. Pero todos nosotros podemos generar tales
sentimientos de coraje, al familiarizarnos con las meditaciones del amor y la compasión.
También puede ser útil familiarizarse con la meditación sobre la vacuidad, para debilitar
nuestro habitual aferramiento al ego que consideramos real, permanente y que existe de
manera independiente.
En la forma completa de esta meditación, imaginamos tomar el sufrimiento y las causas
del sufrimiento –engaños y karma– de todos los seres sensibles, y ofrecerles toda nuestra
felicidad, riqueza, buen karma, etc. Normalmente la práctica se lleva a cabo en combinación
estrecha con la respiración: mientras inspiramos, imaginamos tomar el sufrimiento y sus
causas, y éstas aniquilan nuestro egoísmo y otros engaños; y mientras espiramos,
imaginamos que damos nuestra felicidad y amabilidad, y éstas se convierten en todo lo que
los demás necesitan para ser felices y dichosos.
Al principio, no obstante, muchas personas pueden no sentirse preparadas o capaces
de tomar el sufrimiento de los demás. “Ni siquiera puedo lidiar con mis problemas; ¿cómo
podré tomar el de cualquier otro ser?”. Por ello, es aconsejable practicar primero con tomar
nuestro propio sufrimiento. Cuando nos familiaricemos más y nos sintamos más cómodos
con ello, podremos tomar los problemas y sufrimientos de los demás de una manera
gradual, empezando con los de las personas que amamos y de las que cuidamos, después
el de los extraños –personas que nos son más distantes– y al final el de nuestros
“enemigos”.
El propósito del tong-len no es centrarnos en el sentimiento de un ‘yo’ tomando el
sufrimiento, y un ‘yo’ dando felicidad. En vez de eso, debemos centrarnos en las otras
personas que se ven libres de su sufrimiento, que reciben toda la felicidad que necesitan y
que desean, y sentirnos dichosos y satisfechos al ser capaces de conseguir todo esto.
Además, la meditación consiste en imaginar llevarnos el sufrimiento de los demás y
aportarles felicidad; excepto en casos muy raros, no es posible que esto se lleve a cabo.
Por lo que el propósito de la meditación es entrenar nuestra mente en el amor, la
compasión y la bodichita, y crear las causas para alcanzar la iluminación, en cuyo estado
somos realmente capaces de ayudar a los demás para ayudarlos a liberarse del sufrimiento
y para que puedan alcanzar la paz y felicidad duraderas.
Aquí se presentan dos versiones sencillas del tong-len. La primera consiste en tomar
uno de tus propios problemas para beneficio de los demás, y es particularmente útil para
aquellos que no se sienten preparados para tomar el sufrimiento de los demás en primera
instancia. Esta meditación es muy eficaz porque, un error que normalmente solemos
cometer, es que cuando tenemos un problema, nos obsesionamos con él, como si
fuésemos la única persona en el planeta que tuviera tal problema; como si no hubiese nada
más en el mundo, nada positivo, más que nuestro problema. Ese pensamiento obsesivo
convierte en una montaña un grano de arena. Nuestro problema puede no ser tan malo,
pero es nuestra manera de contemplarlo la que hace que lo veamos inmenso, sólido y
permanente, como si fuera a estar ahí para siempre.
Al reconocer que los demás también tienen problemas, y que algunos los tienen mucho
peores, percibimos el nuestro como si fuera un grano de arena, mucho más fácil de
solucionar. Eso mismo ya nos da una sensación de alivio, y el problema hasta podría
desaparecer por completo. Pero ¡no lo esperes! Las expectativas son obstáculos para
lograr el éxito en la meditación. La meditación abrirá nuestro corazón e incrementará
nuestra compasión, nuestro amor y nuestra buena voluntad para ser más útiles a los
demás.
En la segunda versión del tong-len se toma el problema o sufrimiento de alguien más.
Tal vez prefieras acostumbrarte primero a la primera versión, antes de aventurarte con la
segunda; o puede que te sientas cómodo haciendo las dos, una detrás de la otra; a lo mejor
prefieres saltarte la primera e ir directamente a la segunda. No hay una regla escrita: haz lo
que mejor te funcione.
La práctica
Imagina frente a ti a alguien que conozcas y ames y que sepas que está sufriendo.
Ponte tú mismo en su situación, e intenta sentir realmente el sufrimiento que está
experimentando y cómo desea verse libre del mismo… Siente qué maravilloso sería si
pudiese verse libre de todos sus sufrimientos y problemas. Después genera el coraje para
tomar su sufrimiento sobre ti.
Visualiza que tus engaños como el egoísmo, la ira y los celos tienen la forma de una
sólida roca negra en tu corazón. Luego visualiza el sufrimiento de tu ser querido en la forma
de un humo denso y negro, flotando fuera de su cuerpo.
Mientras inspiras, imagina que tomas este humo denso, de sufrimiento, en ti mismo.
Llega a tu corazón, es absorbido por la piedra del egoísmo y los engaños, y ésta se
destruye. Tanto la roca como el sufrimiento, el tuyo y el de la otra persona, desaparecen.
Siente una sensación de gozo por el hecho de que esa persona está ahora libre de su
sufrimiento y de problemas...
Al espirar, expulsa tu felicidad, tus cualidades positivas y méritos en la forma de luz
brillante. Imagina que se transforma en aquello que aporte paz y gozo mental a esta
persona: cosas materiales, amor y amistad, cualidades internas como el amor, la
compasión, el coraje y la ecuanimidad. Imagina que todas sus necesidades y deseos se
ven colmados, que su mente se queda llena de paz, felicidad, y de todo el conocimiento y
cualidades del sendero espiritual.
Permite que tu mente descanse por algún tiempo en un sentimiento de alegría, por el
hecho de haber sido capaz de ayudar a tu ser querido de esta manera.
A medida que te vayas familiarizando más y más con esta meditación puedes
practicarla con tus amigos, con parientes, después con las personas que te son extrañas, y
al final incluso con aquellas que te disgustan.
Cuando quieras concluir la meditación, recuerda la motivación con la que la
empezaste, y dedica la energía positiva de realizar la meditación al logro de la felicidad y la
iluminación de todos los seres sensibles.
11. Cómo tratar con la energía negativa
onforme se desarrolla nuestra atención plena, nos vamos volviendo más sensibles a
C
los estados mentales negativos como la ira, la irritación, el orgullo, la depresión, etc.
¿Por qué se les considera “negativos”? No es que la ira o el deseo sean malos
inherentemente y debamos sentirnos avergonzados cuando surgen. Son negativos
porque constituyen engaños –concepciones distorsionadas que dibujan un cuadro falso de
la realidad– y debido a ello, conducen a la infelicidad, la confusión y a toda clase de
problemas. Pero con la correcta comprensión y las herramientas adecuadas, cada
experiencia que surge en nuestra mente, tanto negativa como positiva, puede ser un paso
constructivo en el sendero.
La causa principal de las emociones negativas es la falsa noción de existencia
inherente, asible y sólida que atribuimos a cualquier cosa. Esta concepción errónea da
origen al apego hacia todo aquello que aparece placentero, aversión o ira hacia lo que se
nos presenta como desagradable o doloroso, y una ignorancia indiferente con respecto a
todo lo demás. Así, nuestra mente divide todo el mundo en amigo, enemigo y extraño. Y
estas tres toxinas mentales se extienden y dan lugar a todos nuestros restantes estados
mentales negativos.
Sin embargo, como todas tus experiencias, las emociones negativas son transitorias,
no son fijas ni concretas. Son sencillamente energía mental, como el amor y la alegría, cuya
naturaleza es clara y pura. Algunas veces puedes sentirte dominado por ellas y dudar que
puedas controlar totalmente tu mente. No te preocupes. Los engaños vienen y se van de la
mente; los engaños no son tú. Normalmente o bien nos identificamos totalmente –por
ejemplo, con la ira– sin ninguna claridad o entendimiento, o bien lo reprimimos por
completo, rehusando reconocer lo que está pasando. Ambas posturas –estar atrapados en
la emoción, o suprimirla– son poco prácticas y lo único que hacen es empeorar las cosas.
Una postura más práctica es reconocer honestamente la presencia de la emoción, dar
un paso atrás y observarla de una manera desapegada, en el calmo y espacioso marco de
la meditación.
Con atención plena y la conciencia de su naturaleza –se trata tan sólo de una
experiencia momentánea en nuestra mente, no algo sólido ni fijo, y que ni mucho menos
constituye lo que yo soy– podremos ser capaces de dejarla ir y de que salga de nuestra
mente.
Pero “dejarla ir” no siempre es fácil, especialmente si la emoción es un hábito o es muy
intensa. Si ese es el caso, podemos usar uno o más de los métodos explicados más
adelante para analizar la emoción y ver cuán errónea es, y para transformar nuestro estado
mental en uno más realista y positivo. Tratar con la ira o con cualquier otra emoción
negativa de esta manera se convierte en una experiencia beneficiosa y de la cual podemos
aprender algo.
Pero para algunas personas, o para algunos problemas, puede resultar difícil “ser
nuestro propio terapeuta”. Analizar y transformar una emoción poderosa como la ira
requiere una ingente cantidad de habilidad y sabiduría. De modo que, si encuentras difícil
hacerlo por ti mismo, puedes buscar la ayuda de un maestro espiritual, un buen terapeuta, o
de un amigo sabio y bondadoso.
Nadie más puede cambiar tu mente –eso es algo que sólo tú puedes hacer– pero
hablar con los demás puede aportarte nuevas ideas útiles y perspectivas con las que
trabajar.
Los métodos explicados en este capítulo son formas prácticas para tratar con el apego,
la ira, la depresión y el miedo. Un primer paso importante al trabajar con las emociones es
reconocerlas e identificarlas. A veces nuestra mente es como una espesa jungla de
pensamientos y emociones perturbadoras; puede resultar difícil ver qué está pasando en
realidad.
Con atención plena, honestidad e inteligencia discriminativa, podemos empezar a
identificar qué es qué: “Esto es ira; eso es deseo; aquello es miedo”, etc. Una vez que
sabemos con lo que estamos lidiando, podremos elegir los métodos apropiados. El segundo
paso es tener una actitud saludable y equilibrada hacia las emociones negativas. Las
actitudes a evitar incluyen la culpa, el odiarnos o juzgarnos a nosotros mismos, e
identificarnos con la emoción, diciendo por ejemplo “Yo soy mi ira”, lo que nos vuelve
obsesivos y nos empuja a actuar con dicha emoción. Podemos evitarlas al recordar que los
engaños son impermanentes, que vienen y van en nuestra mente como las nubes en el
cielo, y que no constituyen nuestra verdadera naturaleza. La naturaleza real de la mente es
pura, libre de engaños, como un cielo claro y sin nubes.
El siguiente paso es trabajar sobre el engaño a través de la meditación, empleando
para ello uno o más antídotos. Si hay en tu mente unas cuantas emociones perturbadoras
al mismo tiempo, es mejor empezar con aquella que es más fuerte y problemática; ¡no
intentes trabajar con todas ellas a la vez! Cuando hayas controlado la mayor, entonces
podrás pasar a la siguiente.
Algunos de los métodos explicados aquí ofrecen nuevas formas de contemplar estas
emociones, otros presentan nuevas formas de observar el objeto o la situación emocional
en el que nos encontramos. No son soluciones mágicas para unos problemas muy difíciles,
al fin y al cabo. Tratar con la energía negativa es un trabajo arduo, pero con práctica y
paciencia es posible cambiar gradualmente nuestras actitudes, como un primer paso para
cambiar el modo en el que actualmente experimentamos a las personas y las situaciones.
Si nos familiarizamos con estos métodos en la meditación, será más fácil aplicarlos
espontáneamente cuando surja la necesidad.
Comienza cada sesión de meditación con una motivación altruista y positiva; después
emplea algún tiempo observando tu respiración, para llevar a tu mente a un estado de
calma en el que puedas reflexionar objetivamente sobre tus emociones negativas y los
antídotos a aplicar.
El apego
2. Recuerda que todas las cosas son impermanentes. Por naturaleza, todas las cosas
cambian de instante en instante e inevitablemente se deteriorarán.
El objeto de tu apego no será siempre atractivo y placentero; visualízalo como viejo,
descolorido y desgastado y comprueba que tus sentimientos permanecen intactos. ¿Y
cómo te sentirías si terminaras por perderlo completamente?
El placer que experimentas es también impermanente. ¿Por cuánto tiempo te sientes
realmente satisfecho y contento con cualquier objeto?
Cuando reconozcamos que las cosas externas no pueden aportarnos una felicidad y
satisfacción duraderas, nuestro apego a ellas también aprenderá, y probablemente las
disfrutaremos más.
3. Medita sobre la muerte. Recuerda la inevitabilidad de la muerte y que puede
acontecer en cualquier instante. Imagina cómo te sentirás al separarte para siempre de los
objetos de tu apego: tus seres queridos, placeres, posesiones... No solo son incapaces de
ayudarte en el instante de la muerte, sino que tu apego por ellos perturbará tu mente e
impedirá una muerte en paz.
La ira
Opuestamente al apego, que es el deseo de no separarse de alguien o de algo, la ira
es la actitud de desear separarse o desear dañar. La mayoría de las veces, la ira se dirige
hacia otras personas, pero también podemos enfadarnos con nosotros mismos o con
objetos inanimados. La ira abarca desde una sensación de irritación por la forma que
alguien tiene de beber té, por ejemplo, hasta el odio que conduce a la violencia física o al
asesinato. Normalmente está asociada al apego. Como señaló un maestro, la ira es la
respuesta que surge cuando el apego no obtiene lo que quiere.
La ira es lo opuesto a la paciencia, a la tolerancia y al amor. Es una idea deformada,
una forma equivocada de reaccionar frente a las cosas, un engaño que sólo proporciona
problemas e infelicidad y no los resultados que se desean. Perturba la mente y hace que
dañemos a los demás con nuestras acciones y palabras, y no es una forma inteligente ni
hábil de reaccionar en ninguna situación.
La paciencia, que es lo opuesto a la ira, es un estado mental muy beneficioso porque
nos permite aceptar las dificultades con el mínimo sufrimiento. La paciencia necesita ser
aprendida y la forma de desarrollarla es practicando los remedios para la ira.
Los inconvenientes de la ira son más fáciles de reconocer que los del apego; no
obstante, la ira es muy difícil de tratar. Parte del problema radica en que no queremos ni
siquiera reconocerlo o, si lo reconocemos, no admitimos que es un defecto. Quizá
queremos ser apacibles y amables, pero en nuestros esfuerzos por conseguirlo,
probablemente reprimimos los sentimientos de disgusto, enojo y resentimiento, los aspectos
más sutiles de la ira. Esto no es una solución. Las emociones aún están ahí, amenazando
desde debajo de la superficie de la mente, poniéndonos tensos y nerviosos y afectando a
los demás.
Otra equivocación consiste en considerar la ira como una energía natural que no debe
ser reprimida, sino expresada siempre que surja. Esto puede aliviarnos de la tensión
inmediata de las emociones y parecer así una forma hábil de manejar la ira; pero tampoco
es una solución. Sólo necesitamos observar los efectos a corto plazo –lo que nos perturba a
nosotros y a los demás– y a largo plazo –el enfadarnos habitualmente–, para ver que no es
ni útil ni inteligente dejarse llevar por la ira.
La forma hábil de tratar la ira es reconocerla cuando surge, mantenerla en la mente y
tratarla allí. Darse cuenta de ella en el instante en que aparece, es suficiente para mitigar su
energía en gran medida. Entonces deberemos examinar la emoción desde diferentes
ángulos: ¿Cuáles son sus causas?, ¿qué esperamos conseguir con ella?, ¿cómo veremos
la situación?
Una comprensión clara de la ira nos proporcionará un control sobre ella más firme,
porque cuando vemos cuán irrazonable es, nos sentimos menos dispuestos a dejarnos
llevar por ella.
La ira distorsiona la visión de las cosas. Así pues, tras examinarlo, deberemos aplicar
un antídoto, como los métodos que se explicarán, para llevar nuestra mente a una visión
más realista y correcta. Sin embargo, esto no es fácil. La energía de la ira es muy potente y
no tenemos el hábito de tratar de controlarla y transformarla. Nos será de ayuda utilizar
esos métodos una y otra vez en meditación, trabajando con experiencias anteriores de
enfado o con situaciones imaginadas; así, cuando aparezca la ira en las relaciones
cotidianas, podremos traer a la mente los conocimientos que hayamos desarrollado en las
sesiones de práctica, y evitaremos el dejarnos llevar por el viejo y familiar camino de
enfadarnos.
Por supuesto, no siempre lo conseguiremos. A veces pasan minutos, horas o días
antes de darnos cuenta de que nos hemos enfadado y hemos herido a alguien, pero nunca
es tarde para actuar.
Siéntate, recuerda la situación, reconoce lo que se hizo mal y descubre cómo evitar
que se repitan los mismos errores. También podemos hacer una práctica de purificación
para remediar el karma creado, y disculparnos ante la persona que herimos. Estas prácticas
también pueden ayudarnos para resolver problemas que sufrimos años antes. No hay razón
para desanimarse si la ira continúa surgiendo con fuerza; se tarda tiempo en romper los
fuertes hábitos. Lo más importante es querer y tratar de trabajar en ello.
4. Las enseñanzas budistas dicen que no veríamos las faltas en los demás si no las
tuviésemos en nosotros mismos. Las otras personas son de hecho como espejos,
mostrándonos lo que necesitamos trabajar en nosotros mismos.
Revisa exactamente qué es lo que te disgusta o lo que te enfada de la otra persona.
Después obsérvate y comprueba si puedes encontrar lo mismo, o algo semejante. Puede
que sea obvio: tal vez recuerdes haber hecho lo mismo anteriormente, o darte cuenta de
que tienes el mismo mal hábito.
Pero en algunos casos, necesitarás profundizar más –pudiera ser una cualidad que
hayas suprimido hace tiempo, al considerarla errónea o inaceptable–. Y es ahí donde yace
el problema: porque no aceptas esa parte de ti mismo, no puedes aceptarla en los demás y
te enfadas cuando la ves.
La solución es aprender a aceptar ese comportamiento o cualidad en ti mismo. Pero
“aceptar” no significa tolerar, y pensar que puedes ser de esa manera todo lo que quieras.
Significa ser honesto y reconocer la existencia de esa falta, pero al mismo tiempo saber que
puedes trabajar en su disminución, para al final vencerla. Aceptar y ser más compasivos
con nuestros propios defectos nos permitirá aceptar y mostrar más compasión por los
defectos de los demás.
5. Es más probable que la ira surja en nuestra mente cuando estamos infelices o
insatisfechos. Si te das cuenta de que te estás enfadando e irritando con demasiada
facilidad, siéntate y comprueba qué está pasando en los niveles más profundos de tu
mente.
¿Estás insatisfecho por algo? ¿Hay aspectos infelices o pensamientos críticos acerca
de ti mismo o de determinados aspectos de tu vida? ¿Te estás centrando más en los
aspectos negativos de las cosas que en los positivos? Si este es el caso, la meditación para
apreciar nuestra vida humana (página 65) constituye un buen remedio para ello. En verdad
existen buenas cosas en relación a ti mismo y a tu propia vida, y si prestas más atención a
las mismas, tu mente gozará de un estado más feliz y satisfecho, y será menos probable
que reacciones con ira, aun cuando acontezcan los problemas más graves.
6. Cuando surja la ira, vuelve la atención a tu interior e investiga el ego que está
experimentando la ira. Analiza dónde y cómo existe. Aplica cualquier comprensión de la
vacuidad que tengas. Investiga también el objeto de tu ira. ¿Existe en esa manera sólida y
definida como aparece ante ti? Si la persona con la que estás enfadado es realmente tan
mala y desagradable en sí misma, independientemente del modo en que la percibes,
entonces aparecería también así a cualquier persona. ¿Es eso cierto o hay personas que la
quieren y la admiran?
Intenta ver que la situación en la que te encuentras es como un sueño: aunque parezca
muy real en ese instante, mañana aparecerá distante y descolorida, un simple recuerdo.
7. Normalmente, las situaciones difíciles son las más productivas en términos del
desarrollo espiritual. Así, alguien que hace surgir en nosotros nuestra ira, nos está dando
una oportunidad para aprender que aún tenemos trabajo que hacer.
Puede que pensemos que hemos hecho un gran recorrido a la hora de comprender y
controlar nuestra mente y que estamos bastante en paz ahora mismo... Pero, de repente,
aparece de nuevo la ira.
Por tanto, cuando las personas hacen que nos enfademos, nos están dando una
oportunidad para ver dónde estamos, y para que empleemos todos nuestros conocimientos
para aumentar nuestra paciencia. Medita en esto y fortalece tu determinación para
comprender tu ira, controlarla y aprender a reaccionar ante ella con paciencia. Te
beneficiará a ti y a los demás.
9. Después de haber obtenido algún control sobre la ira a través de estos métodos,
puede que quieras trabajar sobre el desarrollo del amor. Una manera para hacerlo es
practicando la meditación sobre el amor, visualizando frente a ti a la persona que te ha
hecho enfadar y haciendo un esfuerzo especial para reconvertir tus sentimientos hacia ella.
10. Todos los métodos explicados arriba consisten en meditar para intentar tratar la ira
en nuestro interior; también es posible resolver un conflicto hablando con la otra persona.
Pero en esto hemos de andar con cuidado.
En primer lugar, tenemos que considerar si la otra persona querría o no abrirse a tal
conversación y si aportaría resultados positivos. En segundo lugar, deberíamos repasar
nuestra motivación muy cuidadosamente: ¿de veras queremos resolver nuestras
diferencias con esta persona y alcanzar una mayor comprensión? ¿O solo queremos
expresar cuán irritados estamos o conseguir una victoria?
Si empezamos discutiendo el problema con el deseo de hacer daño, o con expectativas
y demandas, la comunicación no tendrá lugar. Así que necesitamos ser muy claros en
relación a nuestras intenciones y muy sinceros y honestos al explicar nuestros sentimientos.
Esta clase de conversación abierta es muy poderosa y puede transformar enemigos en
amigos.
Es cierto que, algunas veces, la ira es tan fuerte que la última cosa que te apetece
hacer es meditar. Pero al menos, debes tratar de evitar que la emoción te domine, grites o
te pongas violento. Puedes intentar algún método para liberar tu energía sin hacer daño a la
otra persona, sin volverte completamente insensible, como una piedra o una madera, hasta
que tu ira se haya apaciguado. Después, cuando tu mente esté más tranquila, puedes
meditar en el problema y aplicar uno de los antídotos.
Un problema recurrente, como enfadarnos con alguien con quien vivimos o trabajamos,
puede tratarse de manera más efectiva si pensamos en la situación en el transcurso de la
meditación y planeamos qué decir y hacerlo la próxima vez que tenga lugar. De esa
manera, estamos mejor preparados y será menos probable que nos coja desprevenidos.
La depresión
3. Investiga el ‘yo’ (ver página 61), tu sensación de ego que se identifica fuertemente
con pensamientos y sentimientos infelices. Intenta encontrar este yo. ¿Cuál es su
naturaleza? ¿Es una parte de tu cuerpo o de tu mente, o está en cualquier otra parte? ¿Es
este yo deprimido algo permanente, sólido e inmutable?
5. Haz una de las meditaciones con visualización (página 131), por ejemplo, la del
cuerpo de luz, la de Tara o la de purificación. Éstas pueden ser vías rápidas para eliminar tu
visión deprimida de las cosas.
6. Un remedio muy efectivo para la depresión es salir fuera y ayudar a los demás;
hacer algún trabajo o servicio voluntario. Se ha descubierto que este tipo de actividad es un
factor causante de la liberación de endorfinas –las “hormonas felices”– en nuestro sistema
nervioso, por lo que de manera natural nos sentimos mejor. Hacer ejercicio físico tiene el
mismo efecto. ¡Estos métodos pueden ser útiles cuando estamos demasiado deprimidos
para meditar!
El miedo y la preocupación
4. El Dalai Lama a menudo explica que una manera eficaz de inculcar coraje y
confianza en ti mismo es generar una motivación altruista en todas aquellas cosas que
hagas. Por ejemplo, si te sientes nervioso por hablar ante mucha gente –¡o aunque sea
delante de una sola!–, emplea algún tiempo con antelación meditando en el amor, la
compasión y el sincero deseo de beneficiar a los demás. Si llenas tu mente de interés por
los demás, dejarás poco o ningún espacio para preocupaciones egoístas del tipo: “¿les
gustaré?” o “¿qué me ocurrirá?”, por lo que al final, con mucha probabilidad, la
comunicación obtendrá un resultado más exitoso y satisfactorio del esperado a priori. Y aun
si el resultado se asemejara en poco al esperado, al menos puedes sentirte bien por haber
actuado con una motivación altruista, en vez de una egoísta.
5. Como la raíz del miedo es nuestra concepción errónea del modo en que nosotros y
todo lo demás existe, resulta de gran utilidad meditar en la vacuidad. Cuando sientas
miedo, profundiza en tu interior y examina el ‘yo’ que está experimentando ese miedo. ¿Es
algo real? ¿Existe por sí mismo? Si es así, ¿dónde y cómo existe; en mi cuerpo? ¿En mi
mente?
También puedes hacer este razonamiento con respecto a la cosa que temes, y
comprobar si existe en la manera sólida y real en la que aparece ante tu mente.
6. Algunas personas encuentran útil evocar un objeto de refugio cuando sienten miedo.
Para los budistas, este puede ser el Buda, u otro ser iluminado como Avalokitesvara
(página 142) o Tara (página 139), a quien se recurre con frecuencia por liberar a las
personas de toda clase de miedos. Hay muchas historias de personas que han
experimentado resultados increíbles al rezar o recitar los mantras de estos seres sagrados.
Pero en el caso de que a nosotros no nos ocurriera nada increíble, sólo el hecho de tomar
refugio y rezar nos ayuda a que interiormente nos sintamos más sosegados y con más
valor, y por tanto más capaces de manejar la difícil situación por la que estemos pasando.
V
Meditaciones con visualización
Sobre la visualización
C
aparición de imágenes visuales entre las muchas cosas que distraen tu atención del
objeto de meditación: rostros de seres queridos, tu casa, otros lugares familiares,
comidas apetitosas o recuerdos de películas que has visto. Estas imágenes aparecen
espontáneamente durante todo el día, pero a menudo estamos tan absortos en las
sensaciones externas que no las advertimos. Cada noche, nuestra mente crea vívidas
escenas en las que nos relacionamos con personas y acontecimientos del sueño. Por ello,
la visualización o imaginación es una técnica mental con la que estamos familiarizados, –de
hecho, probablemente estemos visualizando todo el tiempo–, pero a menos que nuestro
trabajo se relacione, por ejemplo, con el arte, el dibujo o el cine, hacemos poco o nada por
desarrollarla y utilizarla.
Esta capacidad natural de pensar en imágenes se puede utilizar para profundizar en
nuestras experiencias meditativas. La visualización se utiliza de muchas formas en la
tradición tibetana del desarrollo espiritual. Incorpora una nueva dimensión a las
meditaciones analíticas; por ejemplo, visualizar que nos estamos muriendo agudiza la
conciencia de nuestra mortalidad, y visualizar personas reales mientras meditamos en el
amor y la compasión hace que cultivemos estas cualidades de manera más auténtica y
sentida. Se recomienda una imagen mental de un buda como foco de atención para el
desarrollo de la concentración en un punto. La visualización de seres iluminados mientras
se reza ayuda a aumentar la fe y la convicción.
El arte de la visualización se utiliza sobre todo en el vajrayana o tantra, el vehículo o
yana más profundo y rápido para lograr la iluminación. Las prácticas de este camino
suponen identificarse totalmente, en cuerpo y mente, con un ser iluminado y ver lo que te
rodea como un reino puro. De este modo, las percepciones ordinarias y engañosas de uno
mismo y de todos los fenómenos se abandonan gradualmente, conforme el potencial de
iluminación se va expresando.
Las deidades de meditación que se visualizan en la práctica vajrayana, como Tara o
Avalokitesvara, son símbolos del estado iluminado. Cada una de ellas es manifestación de
una cualidad específica –por ejemplo, Avalokitesvara es el buda de la compasión– pero
también cada una de ellas representa la experiencia total de la iluminación. Los detalles de
la visualización como los colores, atributos, gestos de la mano, la postura y demás,
simbolizan diferentes aspectos del camino que llevan al logro espiritual.
La meditación en esas deidades –o en imágenes de otras tradiciones con las que te
puedas sentir más cómodo, como Cristo o la Virgen María– ayuda a abrir nuestros
corazones a las energías puras de amor, compasión, sabiduría y fuerza que están siempre
presentes, rodeándonos dondequiera que estemos. Como el potencial de esas cualidades
iluminadas está en nosotros, debemos considerar las imágenes que contemplamos como
los reflejos de nuestra verdadera naturaleza. Aunque la realidad última es inexpresable, las
palabras nos conducen a descubrirla; del mismo modo, las imágenes nos recuerdan la
experiencia de iluminación hasta que ésta sea una realidad viva.
Las dos clases de meditación, analítica y estabilizadora, se utilizan juntas en las
técnicas de visualización. Necesitamos el pensamiento analítico para construir la imagen al
comienzo de la meditación y para recordarla cuando la perdemos durante la sesión. El
análisis se utiliza para tratar los problemas que puedan presentarse: la distracción o los
pensamientos negativos.
El desarrollo de una visualización clara depende, en primer lugar, de la meditación
estabilizadora. Una vez la imagen ha sido establecida y nos sentimos cómodos con ella,
debemos retenerla con una atención firme, sin permitir que nuestra mente se distraiga con
otros objetos. Inicialmente, nuestra concentración durará sólo unos pocos segundos, pero
con una práctica continuada seremos capaces de mantenerla por periodos de tiempo cada
vez más largos.
Cuando nuestra atención divague o perdamos el objeto, deberemos traerlo de nuevo a
la mente. Esta forma de meditación incrementa nuestra familiaridad con imágenes positivas
y fortalece nuestra habilidad para controlar y concentrar la mente.
Comúnmente la visualización resulta difícil. Si tienes problemas, quizá se deban a que
te fuerzas demasiado o a que tienes demasiadas expectativas. La mente necesita estar en
un estado adecuado, relajada, clara y abierta. Un esfuerzo excesivo crea tensión y, así, la
única visión que aparece es la oscuridad. Una concentración pobre indica que la mente está
llena de distracciones y no deja espacio para la imagen visualizada. Necesitamos aprender
a ajustar nuestra concentración como si afinásemos un instrumento musical, con
sensibilidad y paciencia, hasta que encontremos el estado mental apropiado para que el
objeto aparezca claramente.
Recuerda además, que la visualización utiliza sólo la facultad mental, no los ojos. Si te
das cuenta de que estás esforzándote por ver algo, eso quiere decir que no has
comprendido la técnica. Relájate y deja que la imagen aparezca en tu mente.
Es más, debemos sentirnos satisfechos con cualquier cosa que aparezca, incluso si es
sólo una imagen parcial, un color borroso o ¡nada en absoluto! Lo más importante es tener
la sensación de la presencia de un ser iluminado, más que preocuparse por tener una
visualización perfecta.
Por tanto, es muy importante estar relajado y sin expectativas, y convencerse de que la
deidad está ahí realmente. Si esperas una visualización perfecta y completa tras uno o dos
intentos, ello te producirá frustración; puede llevar años de práctica el ver realmente una
imagen. Como se ha dicho antes, se trata de ajustar la mente en el punto preciso y
aprender a trabajar con las energías y elementos de la mente para producir una experiencia
meditativa gozosa y positiva.
Te resultará útil practicar la visualización con objetos familiares. Siéntate
tranquilamente con los ojos cerrados y lleva a la mente, por ejemplo, la imagen de un
amigo. Intenta ver los detalles: el color y la forma de los ojos, la nariz y la boca, el tipo de
peinado, la forma del cuerpo, etc. Prueba con otros objetos: tu casa, la vista desde tu
ventana e incluso tu propio rostro.
Visualizar deidades será más fácil si te fijas en una foto o una estatua, después cierra
los ojos y trata de recordar la imagen con detalle. De todas formas, esto ayudará sólo en los
detalles: no pienses que la figura visualizada debe ser plana como un dibujo o fría y sin vida
como una estatua. Debe ser cálida, llena de vida y de sensaciones, tridimensional y hecha
de luz pura y radiante. Siente que estás realmente ante la presencia de un ser iluminado
gozoso y compasivo.
Por último, podrá serte útil practicar la visualización siguiente antes de probar otras
técnicas más complicadas.
1. Meditación del cuerpo de luz
iéntate cómodamente, con la espalda recta y respira con naturalidad. Cuando tu mente
S
esté calmada y clara, visualiza en el espacio, sobre tu cabeza, una esfera de luz
blanca, un poco más pequeña que tu cabeza, pura, transparente e inmaterial. Por
algunos minutos, concéntrate en la presencia de la luz. No te preocu-
pes si no aparece claramente; es suficiente con sentir que está ahí.
Contempla cómo la esfera de luz representa toda la bondad, el amor y la sabiduría
universales: la realización de tu potencial máximo. A continuación, visualiza que su tamaño
va disminuyendo hasta unos dos dedos de diámetro, y que desciende por tu cabeza hasta
el centro del corazón. Allí empieza a expandirse de nuevo hasta llenar poco a poco todo tu
cuerpo. Conforme lo va haciendo, todas las partes sólidas del cuerpo se disuelven y
transforman en luz; tus órganos, huesos, vasos sanguíneos, tejidos y piel se vuelven luz
blanca, translúcida, informe y pura.
Concéntrate en la experiencia de tu cuerpo como un cuerpo de luz. Piensa que todos
los problemas, negatividades e interferencias se han desvanecido por completo y que has
logrado un estado de plenitud y perfección. Siéntete sereno y gozoso.
Si aparece algún pensamiento u objeto que te distraiga, deja que se disuelva en la luz
blanca. Medita de esa forma tanto como puedas y al final dedica los méritos y la energía
positiva de la meditación al beneficio de todos los seres.
2. Meditación sencilla de purificación
uestra personalidad tiene tanto aspectos positivos como negativos. Por un lado
N
disfrutamos de amor, sabiduría, gozo y generosidad; pero por otro tenemos ira,
egoísmo, pereza y una larga lista de problemas. Todos esos rasgos no son más que
experiencias mentales, olas en el océano de nuestra conciencia; todos ellos tienen la
misma naturaleza clara y básica. No son ni estáticos ni permanentes, sino que están en un
constante fluir, yendo y viniendo.
Deben hacerse dos distinciones importantes: los estados mentales positivos nos
producen beneficios a nosotros y a los demás, mientras que los negativos son dañinos y
sólo traen confusión y dolor. La paz mental se consigue cultivando lo positivo y
abandonando lo negativo.
La segunda distinción es que la ira y los demás desórdenes mentales surgen de
nuestra interpretación errónea de cómo existen las cosas, mientras que los estados
mentales positivos son realistas y surgen de un entendimiento correcto.
Cuando reconocemos esto y desarrollamos una visión correcta de la realidad, nuestras
negatividades disminuyen gradualmente hasta desaparecer por completo. Conforme se
desarrolla nuestra sabiduría, crecen nuestros buenos sentimientos es-
pontáneos y nuestra personalidad se transforma progresivamente. Al final de ese camino
está la iluminación, la perfección de todas las cualidades beneficiosas, un estado de gran
claridad y compasión amorosa.
A menudo nos identificamos más con nuestro lado negativo que con el positivo y nos
sentimos culpables de los errores que hemos cometido. Creemos que no tenemos solución,
que no podemos dominar la ira, que no hacemos nada bien, que somos completamente
fríos y que no podemos amar a nadie. Aunque tengamos defectos y problemas, es erróneo
pensar que son permanentes. Podemos librarnos de la energía negativa y de la carga de
culpabilidad siempre que queramos trabajar. Una forma de hacerlo es por medio del
proceso de purificación.
La purificación es un tema frecuente en la meditación budista. Básicamente, se trata de
cambiar nuestra forma de pensar. Cuando pensamos que somos impuros y negativos, esto
hace que nos convirtamos en eso.
Una imagen de uno mismo inferior y deprimida impregnará gradualmente nuestra
conducta y nuestro punto de vista en la vida.
Nos sentimos limitados e incapaces y no nos damos ni la oportunidad de cambiar; pero
si reconocemos nuestro potencial de perfección y ponemos energía, con sinceridad, en su
desarrollo, podremos cultivar una imagen de nosotros mismos más positiva. El primer paso
para volvernos puros es creer que fundamentalmente somos puros. Por tanto, lo que
necesita ser purificado es la falta de confianza en nosotros mismos y la tendencia a
identificarnos con nuestra energía negativa, además de la energía negativa propiamente
dicha.
Esta meditación simplificada contiene la esencia de la purificación: desvincularse de los
problemas y errores, viéndolos como obscurecimientos temporales y no como parte
intrínseca de nuestra naturaleza. Ello nos ayudará a relacionarnos y a desarrollar nuestra
buena energía natural.
La práctica
Permanece cómodo y relajado. Dedica unos minutos a traer tu mente al aquí y ahora.
Genera una motivación para beneficiar a los otros seres, como el desear liberarte de la
energía negativa para que puedas ser más útil y menos dañino para los demás.
Dirige tu atención a la respiración. Respira con normalidad y observa la duración total
de cada inspiración y espiración.
Cuando tu mente esté en calma, imagina que cuando inspiras, toda la energía positiva
del universo entra en tu cuerpo con la respiración, en la forma de luz blanca pura, radiante y
gozosa.
Visualiza esta luz fluyendo a cada parte de tu cuerpo, llenando cada célula y cada
átomo, y relajándote, volviéndote luz y gozo. Haz esta visualización con cada inspiración.
Una vez que te familiarices y estés cómodo respirando la luz blanca, empieza a exhalar
un humo oscuro y denso cada vez que exhales. Imagina que toda tu energía negativa,
errores pasados, concepciones erróneas y emociones perturbadoras abandonan tu cuerpo
con cada espiración en la forma de un humo o niebla densos. Este humo sale hacia el
espacio, donde desaparece. No te preocupes por si estás contaminando el entorno; imagina
que el humo desaparece. Convéncete de que has expulsado cualquier rastro de
negatividad.
Concéntrate en la siguiente experiencia durante toda la sesión: exhala el humo negro
de tus problemas e inhala la luz blanca de tu buena energía, tanto como desees. Cuando te
distraigas con pensamientos, sensaciones u otras experiencias, simplemente obsérvalas sin
reaccionar e involucrarte en ellas; también puedes transformarlas en humo negro,
expulsándolas hacia el olvido.
Concluye la meditación dedicando tu energía positiva a todos los seres para que
encuentren la felicidad duradera y la paz mental.
3. Meditación de Tara, el buda de la actividad iluminada
ara –la liberadora– es un buda que representa las actividades hábiles de todos los
T
seres iluminados, o los medios por los cuales se comunican con nosotros y nos guían
según nuestra capacidad. Lama Zopa Rimpoché explicó: “Todas las acciones del Buda
se manifiestan bajo la forma femenina de Tara, para ayudar a los seres sensibles a
lograr con éxito el logro tanto de la felicidad temporal como última”. Ya que ella representa
la acción –la capacidad de acción, de superar los obstáculos y de lograr el éxito– también
representa el valor y el poder. Contemplar a Tara proporciona resultados rápidos en lo que
queremos y necesitamos.
La historia de Tara comenzó hace mucho tiempo, cuando nació como una princesa
llamada “La Luna de la Sabiduría”, quien era muy devota del Buda y sus seguidores.
Generó la bodichita, la aspiración por convertirse ella misma en buda para ayudar a todos
los seres sensibles, y también realizó el siguiente voto: “Hay muchos que desean la
iluminación en un cuerpo de hombre, pero no hay nadie que trabaje para el beneficio de los
seres sensibles en el cuerpo de una mujer. Por ello, hasta que el samsara se vacíe,
trabajaré por el beneficio de los seres sensibles en el cuerpo de una mujer”.
Desde aquel momento, la princesa se dedicó en cuerpo y alma a alcanzar la completa
iluminación, y cuando logró tal objetivo, llegó a conocerse con el nombre de Tara “La
Liberadora”.
A Tara también se la conoce como “La madre de todos los budas”, y Lama Thubten
Yeshe explicó esto del siguiente modo: “Esto se debe a que ella es la sabiduría de la
realidad, y todos los budas y bodisatvas nacen de esta sabiduría. Esta sabiduría es también
la causa fundamental de la felicidad y de nuestro desarrollo espiritual. Por ello a Tara se la
denomina “La Madre”, porque despierta y ayuda a realizar nuestro potencial para lograr la
iluminación.
La práctica
Relaja tu cuerpo y calma tus pensamientos. Piensa que vas a hacer esta meditación
para el beneficio de todos los seres vivientes.
Visualiza en el espacio frente a ti a Tara, manifestación de todo lo positivo. Su cuerpo
translúcido y resplandeciente es de luz esmeralda. Puedes visualizarla del tamaño que
quieras.
Su pierna izquierda está doblada –esto simboliza el control completo de la energía
sexual– y la derecha, extendida –simboliza que está presta a levantarse para ayudar a
todos los seres–. Su mano izquierda, en el corazón, muestra el gesto del refugio: la palma
hacia fuera, el pulgar y el anular se tocan y el resto de los dedos levantados. Su mano
derecha está sobre la rodilla derecha en el gesto de conceder las realizaciones sublimes: la
palma hacia fuera, el pulgar y el índice tocándose y el resto de los dedos apuntando hacia
abajo.
En cada mano sostiene el tallo de una flor azul, símbolo del canal central desbloqueado
(pág. 146). Tara es de una belleza exquisita y te sonríe amorosamente. Sus ropas son de
seda celestial y sus ornamentos de piedras preciosas.
Concéntrate por algún tiempo en la visualización, abriendo tu corazón a la energía del
amor bondadoso e inagotable de Tara.
Ahora piensa en tus problemas, necesidades y esperanzas y pide a Tara de corazón
que te ayude. Ella responde inmediatamente enviándote una corriente de luz: luz blanca de
su frente que viene hasta la tuya, eliminando todos los obstáculos y negatividades del
cuerpo; luz roja que viene desde su garganta hasta la tuya y elimina todos los obstáculos y
negatividades de la mente. Visualízalos por turnos; siente que ahora estás completamente
libre de todos los problemas y que has recibido la inspiración y la energía para alcanzar
todos los objetivos.
Si quieres, puedes recitar el mantra de Tara, mientras haces estas visualizaciones o
continuándolo después: om tare tuttare ture soha. Para una explicación del mantra, ver
página 192.
Ahora, Tara se coloca sobre tu cabeza, mirando en la misma dirección que tú. Se
disuelve en luz verde que desciende por tu coronilla hasta el centro de tu corazón, donde
reside tu conciencia. Tu mente se funde con la mente de Tara, y experimentas claridad,
tranquilidad y gozo.
Permanece en ese estado tanto como te sea posible. Cuando aparezcan
pensamientos, obsérvalos con desapego, sin juzgar los buenos ni los malos, y dirige de
nuevo la atención a la experiencia de la claridad y gozo.
Al final de la sesión, dedica la energía positiva que hayas generado a todos los seres
sensibles, para que puedan alcanzar el gran gozo de la liberación de la confusión y del
sufrimiento. (En la pág. 189 se describe otra meditación de Tara y su mantra).
4. Meditación de Avalokitesvara, el buda de la compasión
ientras que el amor es desear que los demás sean felices, la compasión es querer
M
que se liberen del sufrimiento, y hacer todo lo que esté en nuestra mano para que así
sea.
La compasión ha de distinguirse bien de la lástima, ese sentimiento de ansiedad y
tristeza que experimentamos con frecuencia cuando vemos o escuchamos algo sobre el
dolor de alguien. La lástima se basa en el miedo y en el ego, y busca mantener una
distancia con la persona que está sufriendo. La compasión, por el contrario, se basa en el
amor: empatiza o comparte el sufrimiento de los demás, y pretende acercarse al que sufre
para ayudarle.
La compasión no es tampoco esa necesidad por involucrarnos demasiado emo-
cionalmente en los problemas de los demás, haciéndonos sentir mal e inútiles –esa es una
“compasión idiota”–. La verdadera compasión posee la sabiduría de comprender cómo y
por qué tiene lugar el sufrimiento, y nos permite tratar con calma y de una manera mucho
más realista con las personas y sus problemas. Hacemos todo lo que esté en nuestras
manos para ayudar, pero también comprendemos nuestras limitaciones y no nos
desilusionamos por aquello que no podemos hacer.
Lo que realmente importa es tener una actitud de compasión; no es posible para nadie,
ni aun para un ser iluminado, eliminar completamente el sufrimiento de otro ser. Cada
persona ha de hacerlo por sí misma. Además, nuestra capacidad para ayudar a los demás
será siempre limitada mientras nuestra mente siga estando agitada por concepciones
erróneas y emociones confusas. Por tanto, debemos trabajar para desarrollar
simultáneamente la sabiduría que ve cómo son las cosas en realidad y el deseo compasivo
de aliviar el sufrimiento de los demás; así, nuestras acciones serán eficaces de verdad.
La compasión no sólo beneficia a los demás, también nos beneficia a nosotros mismos.
Como ha dicho el Dalai Lama: “Si quieres que los demás sean felices, practica la
compasión amorosa”.
Todos tenemos el potencial para tener una compasión ilimitada. Una forma muy
efectiva para despertar y desarrollar ese potencial es visualizar a Avalokitesvara (en
tibetano: Chenresig), personificación de la compasión, y recitar su mantra.
Un mantra es una serie de sílabas que se corresponden con ciertas vibraciones sutiles
dentro de nosotros. Un mantra ha acumulado su buena energía al haberlo usado millones
de personas durante miles de años. Su efectividad no proviene de nuestra comprensión de
su significado literal, sino de la concentración en su sonido cuando lo recitamos en voz alta
o en silencio.
El mantra de Avalokitesvara, Om mani peme hum, expresa la energía pura de la
compasión que existe en cada ser. Om simboliza el estado iluminado que deseamos
alcanzar. Mani significa joya, y simboliza la compasión, el amor y la bodichita. Peme
significa loto, símbolo de la sabiduría. Hum indica indivisibilidad. Así que todo junto, las
sílabas quieren decir que practicar la compasión y la sabiduría indivisiblemente puede
transformarnos en seres iluminados y beneficiar así a todos los seres.
Recitar om mani peme hum, bien en meditación o bien cuando realizamos nuestras
tareas cotidianas, no sólo despierta nuestra compasión, sino que unido a los millones de
personas que también lo recitan, ayuda al crecimiento de la energía de amor y de paz en el
mundo. Como mínimo, la concentración en el mantra de la compasión ayudará a que
nuestra mente esté alerta y positiva, en lugar de estar dispersa y negativa.
Esta práctica combina una meditación analítica para generar compasión con una
meditación estabilizadora en la imagen y el mantra de Avalokitesvara.
La práctica
E
utilizar hábilmente nuestra innata y gozosa energía mental.
Existe una estrecha relación entre nuestra mente y el sistema nervioso sutil. La energía
mental fluye por el cuerpo, dentro de un sistema nervioso psíquico compuesto por
miles de canales sutiles, finos y transparentes. Los principales, conocidos como canales
central, derecho e izquierdo, se sitúan paralelos a la columna vertebral y frente a ella. La
energía mental pura sólo funciona dentro del canal central, mientras que la energía ilusoria
fluye por todos los demás.
Actualmente, nuestro canal central está bloqueado por nudos de energía –ira, envidia,
deseo, orgullo y otros– en determinados puntos (chakras) en la base de la columna, en el
ombligo, en el corazón, en la garganta y en la coronilla. Mientras esa energía ilusoria esté
activa, la energía pura de la mente estará bloqueada y no podrá funcionar. Recordemos,
por ejemplo, la enorme tensión física y mental que produce un fuerte deseo o la ira; no deja
ningún espacio para la calma y la claridad.
La meditación del calor interno es un excelente método para transformar esa poderosa
energía y desarrollar un control espontáneo sobre todas nuestras acciones de cuerpo, habla
y mente. La mera represión del apego, de la ira o de otras emociones no consigue
eliminarlas, sino que las incrementa. La solución es transformar esta energía, que por su
naturaleza no es buena ni mala, en una energía gozosa que fluya libremente.
Una práctica hábil de meditación nos demostrará que somos capaces de lograr
felicidad y satisfacción sin necesidad de depender de los objetos externos; idea
inconcebible para la mayoría de nosotros.
Esta práctica también nos ayuda en el desarrollo de nuestra concentración en un
punto. Normalmente, nuestra mente insatisfecha divaga descontroladamente –llevada de
aquí para allá por la fuerza de la energía ilusoria– en los canales psíquicos; sin embargo, si
podemos tener una experiencia de gozo lo suficientemente placentera como para
concentrarnos en ella, sencillamente no querremos divagar más.
La práctica
L
ciega y a la sumisión ciega. Pero la correcta devoción no es esto, sino una actitud muy
positiva; tener devoción por nuestra familia, nuestros amigos o nuestro trabajo significa
cuidarlos, amarlos y ser responsables con ellos.
En ese sentido, significa ir más allá de nuestras preocupaciones y nuestros
pensamientos limitados y egocéntricos, y dedicar nuestra energía a los demás.
En un sentido religioso o espiritual, la devoción incluye la fe. En el budismo la fe es un
estado mental positivo, y es definido como claridad, convicción y aspiración con respecto a
alguien o algo que existe (en oposición a algo imaginario) y tiene excelentes cualidades y
habilidades. Hay tres clases de fe: una consiste en apreciar y reconocer las buenas
cualidades de una persona u objeto, otra es aspirar a emular esas cualidades, y la tercera
es la convicción basada en haber estudiado y meditado la enseñanza dada por alguien
como el Buda. La tercera clase de fe es la mejor, ya que es racional y estable, y se dice de
ella que es la fuente de toda felicidad y bienestar. Naturalmente, si nuestra devoción no
tiene una base sólida o si el objeto de ésta no es de confianza, sólo conseguiremos
decepción, duda y resentimiento. Pero si se basa en un entendimiento claro y correcto y su
objeto no nos va a decepcionar, la experiencia será rica y productiva.
En el budismo, la devoción se asocia con el refugio, primer paso en el camino a la
liberación y al despertar. Refugio es la actitud que confía o se dirige hacia algo en busca de
guía o ayuda.
Normalmente nos refugiamos en amigos buscando amor y seguridad, en la comida o
en las distracciones cuando estamos hambrientos o aburridos, y así sucesivamente. Pero
estas fuentes externas de refugio sólo pueden satisfacer nuestras necesidades
temporalmente, porque, tanto ellas como la felicidad que producen son impermanentes y
podemos confiar poco en ellas.
El refugio budista, por otro lado, supone descubrir y utilizar el potencial ilimitado que
tenemos cada uno de nosotros. El refugio tiene dos aspectos: uno externo y otro interno.
El externo consiste en apreciar y confiar en las Tres Joyas: buda, darma y sanga. Buda
se refiere tanto al propio estado iluminado –la eliminación de todas las cualidades negativas
y la perfección de todas las positivas– como a aquellos seres que han alcanzado la
iluminación. Refugiarse en buda significa abrir nuestro corazón al amor y a la sabiduría que
ofrecen estos seres y aceptar su guía en el camino espiritual.
Darma se refiere a la sabiduría, a las realizaciones de los estadios progresivos del
camino a la iluminación. El significado literal del término sánscrito darma (chö en tibetano),
es “guardar” e incluye cualquier método que nos guarde o nos proteja de los problemas.
Las enseñanzas del Buda son conocidas como darma, porque provienen de su experiencia
en eliminar cualquier indicio de confusión o energía negativa de su mente.
El refugio en el darma significa practicar los métodos prescritos, aspirando a despertar
en nosotros la sabiduría que todo ser iluminado ha descubierto.
La sanga se refiere a la comunidad espiritual, a aquellos que tienen sabiduría y que
nos inspiran y apoyan. El Buda y el darma nos proporcionan las bases de nuestra práctica y
la sanga nos da la ayuda necesaria para hacer que la práctica funcione de verdad. Por
ejemplo, hablar con amigos del mismo parecer puede proporcionar respuestas a nuestras
preguntas y soluciones a los problemas; meditar juntos nos dará fuerza y estímulo; una
comunidad de meditadores ofrece un refugio apacible de la locura de la vida ciudadana.
Refugio en la sanga significa respetar a ese tipo de amigos y aceptar su ayuda.
El refugio interno es un refugio en nosotros mismos, en nuestro potencial último. Los
tres objetos de refugio externos tienen sus correspondientes internos: el buda interno es la
semilla de la iluminación que se encuentra sin excepción en la mente de cada ser
consciente; el darma interno es nuestra sabiduría natural que distingue lo real de lo falso; la
sanga interna son los consejos e inspiración que podemos dar a otros. Como seres
humanos, tenemos el potencial para desarrollar un amor, una compasión y una sabiduría
ilimitados y podemos librarnos de toda energía negativa, en otras palabras, alcanzar el
mismo nivel que un buda.
Generalmente, nos resulta difícil sentirnos bien con nosotros mismos y confiar en
nuestro propio potencial. En lugar de esto, tomamos refugio en las cosas externas. ¡Imagina
el aburrimiento, la inquietud y los juegos de la mente, si estuviésemos completamente solos
durante un día, incluso una hora; separados de la gente, de los libros, de la televisión y de
todos los medios externos que nos mantienen ocupados! No concebimos la vida sin los
objetos percibidos por los sentidos, sin el mundo externo. No obstante, es posible estar
completamente satisfecho y feliz en cualquier situación, confiando sólo en nuestros
recursos internos. Los objetos de refugio externos existen para que descubramos estos
recursos internos, nuestro buda, darma y sanga internos. Cuando reconozcamos y
alimentemos ese potencial, habremos descubierto el verdadero significado del refugio.
El refugio es un paso fundamental en este camino espiritual y la devoción es un
componente esencial en él. No debe ser una actitud ignorante y emocional, sino firme e
inteligente, basada en una comprensión clara de lo que son buda, darma y sanga
verdaderamente y de lo que pueden hacer por nosotros. Necesitamos ayuda para andar el
camino del despertar interior, pero hace falta investigar cuidadosamente la aptitud de los
maestros que encontramos y la efectividad de sus métodos, y no sólo seguir el consejo de
alguien porque tenga una buena vibración o una personalidad carismática.
Se trata de conocer un maestro o un camino examinando, reflexionando,
experimentando y siendo honesto y sincero. Todo esto puede llevar algún tiempo, pero es
muy importante asegurarnos de que cualquier devoción que cultivemos sea apropiada y
productiva, y no una pérdida de energía.
Las prácticas que se presentan en esta sección se llaman “devocionales” porque
suponen una cierta dosis de fe en el camino budista. Si no sientes ese compromiso, puedes
simplemente leer esta sección o experimentar con estos métodos si lo deseas. El propósito
y los efectos psicológicos de cada práctica se explican aquí tan claramente como ha sido
posible, pero la verdadera experiencia sólo se obtendrá haciéndolas con entendimiento y
devoción.
1. Oraciones
l éxito en cualquier proyecto, ya sea escalar una montaña, escribir un libro o preparar
E
un pastel, depende del cuidado que pongamos en el trabajo preparatorio. Lo mismo
ocurre en la meditación. Una buena sesión de meditación depende, en primer lugar, de
nuestro estado mental. Un estado interno apropiado se puede crear a través de la
recitación verbal o mental de ciertas oraciones con entendimiento y sinceridad.
La oración no es una repetición mecánica de palabras, sino una apertura de corazón
para comunicar con nuestra verdadera naturaleza. Las palabras sirven para recordarnos lo
que tratamos de conseguir, y ayudan verdaderamente a crear la causa de aquello que
pedimos que ocurra en el futuro. (La fonética tibetana de estas oraciones se encuentra en el
apéndice.)
Refugio en el guru
Tras haberlo aceptado, a mí y a todos los seres sensibles, que han sido nuestras
madres, y que migran hasta los límites del espacio, colmados de vuestra gran
com-
pasión, por favor, ¡concedednos vuestra inspiración!
Mandala interno
Dedicación de méritos
Esta oración expresa la intención más positiva y beneficiosa que podemos tener al
dedicarnos al estudio o a la meditación en el camino a la iluminación.
La primera parte de la oración se refiere al refugio, la actitud de dirigirse al buda, al
darma y a la sanga (la “asamblea suprema”) en busca de guía y ayuda (pág. 156).
Recuerda los dos aspectos del refugio, externo e interno, y ten confianza en que la semilla
de la iluminación está en tu propia mente.
La segunda parte de la oración es la generación de la bodichita, la mente empeñada en
la iluminación. La bodichita, basada en el amor y compasión puros por todos los seres
vivientes, es la dedicación abnegada para convertirse en un buda, únicamente para ayudar
a los demás a lograrlo también.
El camino de una persona comprometida con la iluminación, un bodisatva, supone el
desarrollo de las seis perfecciones (en sánscrito: paramita): generosidad, disciplina moral,
paciencia, perseverancia entusiasta, concentración y sabiduría. Las seis, practicadas con la
motivación de ayudar a los demás a lograr la iluminación, alimentan la semilla de la
iluminación para que germine en nuestra propia mente. El desarrollo gradual de cada
perfección va erosionando progresivamente nuestros engaños, dejando espacio a la
sabiduría que comprende la realidad.
Cualquier cosa que hagamos –meditar, comer, dormir o trabajar–, si la hacemos con el
pensamiento de la bodichita, se convertirá automáticamente en causa de la iluminación.
El refugio y la bodichita dan vida y significado a nuestra meditación. Puedes recitar la
oración tres veces antes de cada sesión y lo mejor es visualizar al Buda frente a ti (pág.
174), viéndole como la encarnación de las cualidades que estás tratando de desarrollar en ti
mismo.
Refugio en el guru
Hay incontables seres que han alcanzado la iluminación y estos budas nos ayudan
activamente a todos los seres sensibles. La forma más efectiva de ayudarnos es
instruyéndonos en el conocimiento y las técnicas del camino a la iluminación. Debido a
nuestros obscurecimientos, somos incapaces de percibir directamente a los seres
iluminados; por ello contactan con nosotros por medio de los maestros espirituales (en
sánscrito: guru; en tibetano: lama). Si reconocemos que nuestros maestros son uno con los
budas, podemos tener un contacto directo con el estado iluminado y, algún día, realizarlo en
nosotros. Esta práctica, conocida como yoga del guru, es el método esencial para
completar el camino a la iluminación.
En esta oración, identificamos al guru con los tres objetos de refugio, reconociendo que
sin el guru no habría buda, ni darma, ni sanga y, por consiguiente, tampoco habría
verdadera felicidad.
II. Ofrecimiento. Nos complace hacer regalos a los amigos y compartir las experiencias
agradables con ellos. En el aspecto espiritual, ofrecemos objetos bellos, acciones y
pensamientos positivos y la experiencia pura del gozo, a nuestros objetos de refugio. Hacer
ofrecimientos es un poderoso antídoto al egoísmo y al apego, y un medio excelente para
acumular energía positiva, crucial para nuestro desarrollo de la sabiduría.
Los ofrecimientos reales, mencionados en la oración, son los que ofrecemos
físicamente –por ejemplo, en un altar– a los objetos de refugio, mientras que las ofrendas
mentales son aquellas que visualizamos.
La esencia de cualquier acción, y lo que determina su valor, es el estado de nuestra
mente cuando la hacemos. Objetos simples e insignificantes pueden ser visualizados y
ofrecidos como bellas visiones, sonidos, gustos, olores y cosas tangibles e imaginables. El
beneficio de estos ofrecimientos es enorme.
Se cuenta que un muchacho que ofreció con reverencia un puñado de arena al Buda,
visualizándolo como oro, más tarde renació como el gran rey indio Ashoka, en parte como
resultado del mérito de ese ofrecimiento.
Las ofrendas mentales pueden hacerse en el momento que queramos: cualquier objeto
bello y agradable que encontremos puede ser ofrecido de corazón a los objetos de refugio,
y dedicar el mérito del ofrecimiento a nuestro logro de la iluminación para el beneficio de
todos los seres.
De esta forma, podemos ir acumulando continuamente causas de la iluminación en la
vida cotidiana.
III. Confesión. Las acciones del cuerpo, del habla o de la mente que están motivadas
por engaños como el apego, la aversión, la confusión, la envidia, el orgullo y otros, son
acciones negativas o torpes porque desembocan en futuras desgracias y nos hacen
permanecer en la existencia cíclica. Sin embargo, éstas pueden ser rectificadas y las
impresiones resultantes en la mente, purificadas por medio de la práctica de la confesión.
Hay cuatro pasos en esta práctica básicamente interna –los cuatro poderes
oponentes–, y el éxito en la purificación se mide por la fuerza y la sinceridad al practicarlos.
El poder de la dependencia. Cuando caemos al suelo, éste nos hace daño, pero
también dependemos de él para poder levantarnos. De igual forma, como la mayoría de
nuestras acciones negativas las hemos creado hacia las Tres Joyas o hacia otros seres
sensibles, dependemos de esos objetos para prevenir el sufrimiento que traen tales
acciones. Por tanto, el poder de la dependencia consiste en tomar refugio en buda, darma y
sanga, y en generar de nuevo nuestra bodichita.
El poder de la fuerza oponente. El tercer paso en el proceso de purificación es la
práctica de acciones positivas, como ofrecimientos, postraciones, recitación de mantras y
meditación y, especialmente, meditar en la vacuidad, que contrarresta la fuerza de las
acciones negativas previas.
V. Pedir a los budas que no nos dejen. Aunque los budas existen siempre y actúan
constantemente para ayudar a los seres sensibles, sólo podemos conectar con ellos si
creamos las condiciones apropiadas. Pedirles que permanezcan en el mundo y nos guíen
nos beneficia, porque purifica nuestra mente de las acciones negativas del pasado
relacionadas con ellos y con nuestros gurus, y nos ayuda a abrir nuestra mente y apreciar
su ayuda e inspiración. Pedir a los budas que estén aquí también crea la causa de nuestra
longevidad.
VI. Pedir a los budas que hagan girar la rueda del darma. Pedir a los budas que
enseñen la forma de iluminarse hace aumentar nuestra apreciación del darma y
contrarresta las actitudes pasadas de falta de respeto hacia las enseñanzas espirituales.
Especialmente, establece las bases para no estar nunca separado de maestros que nos
guíen espiritualmente y para tener siempre acceso a las enseñanzas.
Dedicación de méritos
y
Oración de la bodichita
Gradual a la Iluminación
sta oración, compuesta por el yogui y erudito tibetano Tsongkapa, que vivió en el siglo
E
XIV, resume los estadios del camino gradual a la iluminación tal como fueron
enseñados por el Buda Shakiamuni y expuestos claramente por Atisha, pandita indio
del siglo XI.
uda” es una palabra sánscrita que significa “totalmente despierto”. No se refiere sólo
“B
a Shakiamuni, o Gautama, fundador de las enseñanzas conocidas como budismo,
sino también a cualquier persona que alcanza la iluminación.
Hay innumerables seres iluminados, seres que han transformado por completo
sus mentes eliminando toda la energía negativa y han alcanzado la plenitud y la perfección.
Están libres de la muerte y del renacimiento y no están limitados a un cuerpo físico y
transitorio como nosotros. Pueden permanecer en un estado de conciencia pura o aparecer
en diferentes formas –como un ocaso, como música, como mendigo o maestro– para
comunicar su sabiduría y amor a los seres normales. Son la esencia misma del amor y de la
sabiduría y su energía está siempre a nuestro alrededor.
Todo ser sensible, por tener una mente, es capaz de convertirse en buda.
La naturaleza fundamental de la mente es pura, clara y está libre de las nubes de
concepciones perturbadoras y de las emociones que ahora la nublan.
Mientras nos identifiquemos con estados mentales confusos y creamos: “Soy una
persona irascible; estoy deprimido; tengo muchos problemas”, ni siquiera nos
concederemos la oportunidad de cambiar.
Es cierto que nuestros problemas son profundos y complejos, pero no son tan reales ni
sólidos como pensamos. También tenemos la sabiduría –que puede reconocer nuestra
equivocada forma de pensar– y la capacidad de compartir y de amar. Se trata de
identificarnos con esas cualidades y desarrollarlas hasta que surjan espontáneamente y sin
esfuerzo. No es fácil iluminarse, pero es posible.
En esta meditación, visualizamos el cuerpo del Buda Shakiamuni y recitamos su
mantra. Shakiamuni nació como el príncipe Sidarta en una familia muy rica, en el norte de la
India, hace dos mil quinientos años. Vivió en su reino veintinueve años, protegido de la
realidad más desagradable de la existencia; sin embargo, más tarde se encontró con ella en
la forma de un enfermo, un viejo senil y un cadáver. Estas experiencias le afectaron
profundamente. Su siguiente encuentro relevante fue con un meditador mendicante que
había trascendido los intereses de la vida ordinaria y había logrado un estado de equilibrio y
serenidad.
Comprendiendo que esa forma de vida sólo conducía a la muerte y que no tenía valor
perdurable y verdadero, el príncipe Sidarta decidió dejar su hogar y su familia e irse al
bosque a meditar.
Tras muchos años de persistir en su empeño con firmeza, superando dificultad tras
dificultad, alcanzó la iluminación y se convirtió en buda. Habiéndose liberado de los
engaños y del sufrimiento, aspiraba a ayudar a los demás para que se iluminasen también.
Su compasión no tenía límites. Tenía entonces treinta y cinco años y dedicó los
cuarenta y cinco años del resto de su vida a explicar la forma de comprender la mente, de
tratar los problemas, de desarrollar el amor, la compasión y de cómo iluminarse. Sus
enseñanzas fueron notablemente elocuentes, variando de acuerdo con las necesidades,
capacidad y personalidad de sus oyentes.
Les condujo hábilmente hacia la comprensión de la naturaleza última de la realidad. Su
vida misma fue una enseñanza, un ejemplo de camino a la iluminación, y su
muerte una enseñanza sobre impermanencia.
Una forma efectiva para descubrir nuestra propia naturaleza de buda es abrirnos al
buda externo. Con la práctica continuada, nuestra propia imagen ordinaria desaparecerá
gradualmente y, en cambio, aprenderemos a identificarnos con nuestra sabiduría innata y
nuestra compasión: nuestra propia budeidad.
La práctica
Al guru, fundador,
Bhagavan, tathagata, arhat,
buda perfectamente realizado,
glorioso conquistador Buda Shakiamuni,
ante ti me postro, hago ofrendas y busco refugio.
Por favor, concédeme tus bendiciones.
Ahora recita el mantra de Buda Shakiamuni: Tayata om muni muni maha munaye soha.
Repítelo en voz alta o entónalo al menos siete veces; después dilo para ti silenciosamente
por algunos minutos.
Cuando hayas terminado de recitar, siente que toda tu energía negativa, problemas y
oscurecimientos sutiles han sido purificados por completo. Siente el cuerpo gozoso y ligero.
Concéntrate en esto durante un rato.
Recibir fuerza inspiradora: Visualiza que desde el corazón de Buda Shakiamuni viene
una corriente de luz dorada que se derrama en tu cuerpo por la coronilla. La esencia de esa
luz son las excelentes cualidades de su cuerpo, habla y mente puras.
Buda puede transformar su cuerpo en diferentes formas, animadas o inanimadas, para
ayudar a los seres vivientes de acuerdo con sus necesidades y estados mentales
particulares. Con su habla puede comunicar diferentes aspectos del darma, de forma
simultánea, a seres de distinto nivel de desarrollo, pudiendo éstos entenderlo en sus
respectivas lenguas. Su mente omnisciente ve claramente cada átomo de la existencia y
cada acontecimiento del pasado, del presente o del futuro y conoce los pensamientos de
cada ser sensible. Así es su conciencia en todo instante.
Todas estas cualidades infinitas se derraman en todas las partes de tu cuerpo.
Concéntrate en esa experiencia gozosa mientras repites de nuevo el mantra: Tayata om
muni muni maha munaye soha.
Cuando termines la recitación, siente que has recibido las excelsas cualidades infinitas
del cuerpo, de la palabra y de la mente de Buda Shakiamuni. Siente el cuerpo liviano y
gozoso. Concéntrate en esto por algún tiempo.
Absorción de la visualización: Ahora visualiza que los ocho leones de las nieves son
absorbidos por el trono, éste por el loto y el loto por el sol y la luna. Éstos, a su vez, se
absorben en Buda Shakiamuni, que viene sobre tu cabeza, se disuelve en luz y se absorbe
en tu cuerpo.
Tu sensación ordinaria del yo, indigna y cargada de faltas, y todas tus concepciones
erróneas desaparecen por completo.
En este instante te unificas con la mente gozosa y omnisciente de Buda Shakiamuni,
en el aspecto del espacio vasto y vacío. Concéntrate en esa experiencia tanto tiempo como
te sea posible, sin permitir que te distraigan otros pensamientos.
Ahora imagina que de este estado vacío, aparecen en el lugar donde te sientas el
trono, el loto, el sol y la luna, y sobre éstos, tú como Buda Shakiamuni. Todo es de la
naturaleza de la luz, exactamente como lo habías visualizado antes frente a ti. Siente que
eres Buda Shakiamuni. Identifícate con esa sabiduría y compasión iluminadas en vez de
hacerlo con tu habitual e incorrecta visión de ti mismo.
Todos los seres sensibles nos rodean en todas direcciones, llenando todo el espacio.
Despierta tu amor y compasión por ellos, recordando que también quieren conseguir la
felicidad, la paz mental y la liberación de todos los problemas. Ahora que estás iluminado,
puedes ayudarles.
En tu corazón hay un loto y una luna. Sobre la circunferencia de la luna, de pie y
leyéndose en el sentido de las manecillas del reloj, están las sílabas del mantra: Tayata om
muni muni maha munaye soha. En el centro de la luna está de pie la sílaba Mum, “semilla”.
Visualiza que desde cada letra emanan rayos de luz –que son en realidad tu sabiduría
y compasión– y se esparcen en todas direcciones.
Alcanzan a los incontables seres sensibles que te rodean y los purifican, llenándolos de
inspiración y de fuerza. Mientras imaginas esto, recita de nuevo el mantra Tayata om muni
muni maha munaye soha.
Cuando hayas acabado de recitar, piensa: “Ahora he conducido a todos los seres
sensibles a la iluminación, cumpliendo mi intención al hacer esta meditación”. Visualiza que
todos los que te rodean tienen ahora el cuerpo de Buda Shakiamuni y experimentan un
gozo completo y la sabiduría de la vacuidad.
No debes preocuparte de que tu meditación sea figurada y que no hayas ayudado ni
siquiera a una sola persona a iluminarse. Esta práctica se conoce como “traer el resultado
futuro al camino presente” y es una poderosa causa para nuestra propia iluminación.
Nos ayuda a desarrollar una firme convicción en nuestra perfección innata, nuestro
potencial de buda. Lo que hemos hecho en la meditación, lo llevaremos a cabo
definitivamente algún día.
Concluye la sesión dedicando toda la energía positiva y el conocimiento que hayas
logrado haciendo esta meditación, para conseguir tu iluminación en beneficio de todos los
seres.
Explicación del mantra
Tayata: Así
Om: El estado iluminado; las cualidades positivas del cuerpo, el habla y la mente de los
budas.
Maha munaye: Gran control sobre los sufrimientos de las ilusiones sutiles y el
pensamiento dualista.
Soha: Que pueda mi mente recibir, absorber y guardar las bendiciones del mantra, y
puedan ellas enraizarse en mi mente.
5. Meditación sobre el Buda de la Medicina
l budismo otorga un gran énfasis a la interrelación entre nuestra mente, nuestro cuerpo
E
y nuestra salud. El Buda explicó que los aspectos negativos de la mente conducen a la
enfermedad y la infelicidad, mientras que los aspectos positivos de la mente conducen
a la buena salud y la felicidad. Conforme al sistema médico tibetano, basado en las
enseñanzas del Buda, los tres estados “envenenados” de la mente, esto es, el apego, la ira
y la ignorancia, son la raíz de toda enfermedad. En épocas recientes, los médicos y
científicos han confirmado esto mismo. Los estudios demuestran que las personas que
sufren de estrés crónico emocional, caracterizado por cuadros de ansiedad, depresión, o ira
y hostilidad, tienen el doble de porcentaje de riesgo de volverse una enfermedad seria.
Además, muchos médicos y psicólogos creen que el origen del cáncer yace en actitudes
negativas y que puede ser sanado al generar actitudes positivas.
El budismo ofrece un número de métodos espirituales que se pueden emplear en
conjunción con la medicina y otros tratamientos para superar la enfermedad. Estos incluyen
vivir éticamente, la práctica de la meditación para reducir el estrés y trabajar con las
emociones perturbadoras como la ira, el miedo y la depresión.
También hay un buen número de prácticas sanadoras que conllevan la visualización de
imágenes del Buda y la recitación de sus mantras. Una de las más conocidas y efectivas es
la del Buda de la Medicina.
Mientras se encontraba en el sendero hacia la iluminación, el Buda de la Medicina
realizó una serie de votos para ayudar a los seres sensibles durante épocas difíciles como
la que estamos pasando, donde hay un aumento de engaños, problemas sociales, guerras,
desastres naturales y enfermedades mentales y físicas. La práctica del Buda de la Medicina
es particularmente beneficiosa para las personas que están enfermas, en coma o muriendo.
Pero la práctica también es efectiva para hacer desaparecer los obstáculos, y así
conducirnos hacia el éxito en cualquier esfuerzo en el que nos involucremos, ya sea
espiritual o mundano.
Esta práctica la puedes hacer para ti mismo, o para otra persona que esté enferma o
necesite ayuda, en cuyo caso, puedes visualizar al Buda de la Medicina encima de la
cabeza de esa persona.
La práctica
Siéntate cómodamente con la espalda erguida. Dedica unos minutos para conducir a tu
mente al instante presente, centrándote en tu respiración, y dejando que todos tus
pensamientos simplemente fluyan...
Luego, genera una motivación positiva para hacer la práctica. Lama Zopa Rimpoché
dice que la práctica de la sanación es más efectiva cuando la hacemos con una motivación
altruista.
Puedes generar tal motivación al pensar: “Voy a hacer esta práctica para ayudar a los
seres a verse libres de los sufrimientos como la enfermedad, así como de las causas de los
sufrimientos: los engaños y el karma”. Visualiza al Buda de la Medicina a unas cuantos
centímetros por encima de tu cabeza. Está sentado sobre un disco lunar, el cual a su vez
descansa en el centro de un loto abierto, con sus piernas cruzadas en la postura vajra o
posición del loto completo, y se te muestra con el mismo cuerpo que tú. Su cuerpo está
hecho de una luz brillante de un color azul espléndido, el color del lapislázuli. Cada aspecto
de la visualización está hecho de luz e irradia luz. Su mano derecha descansa sobre su
rodilla derecha, en el gesto de conceder las realizaciones sublimes y sostiene el tallo de
una planta arura (mirobálano) entre su pulgar y su primer dedo. Su mano izquierda, en su
regazo, está en el gesto de la concentración y sostiene un cuenco de lapislázuli lleno de
néctar. Lleva puesto los tres hábitos de azafrán de un monje, y tiene todas las señales y
marcas de un buda completamente iluminado. Su rostro está en paz y sonriente,
contemplando a todos los seres sensibles del universo con compasión, amabilidad y
bondad.
Emplea algún tiempo contemplando la visualización del Buda de la Medicina.
Comprende que él es la manifestación de todos los seres iluminados y sus sublimes
cualidades. Siente la paz y la compasión que emanan de él.
Si quieres, puedes recitar las siguientes oraciones para generar devoción hacia el Buda
de la Medicina y el deseo de convertirte tú mismo en un buda para beneficiar a todos los
seres:
Luego visualiza infinitos rayos de luz blanca brillante descendiendo del corazón y del
cuerpo del Buda de la Medicina. Esta luz colma tu cuerpo y purifica todas las
enfermedades, todas las aflicciones debidas a espíritus o magia negra, así como la causa
de todos los problemas: de tu karma negativo, los engaños y los oscurecimientos mentales.
Todas estas negatividades abandonan tu cuerpo en la forma de un líquido espeso negro,
como el aceite negro. Tu cuerpo se torna tan limpio y claro como un cristal. También puedes
imaginar que todos los demás seres se están purificando de la misma manera.
Haz esta visualización mientras recitas el mantra del Buda de la Medicina:
Después recita el mantra de nuevo, tantas veces como quieras, y visualiza que la luz
fluye del Buda de la Medicina y llena tu cuerpo de nuevo, aportando todas las realizaciones
del camino hacia la iluminación, y todas las cualidades de los budas y bodisatvas. Puedes
imaginar que lo mismo le sucede a todos los seres sensibles. Siente que tú y todos los otros
seres ya habéis recibido estas excelentes cualidades: que habéis recibido las bendiciones y
la inspiración del Buda de la Medicina.
Al final, visualiza que el Buda de la Medicina se hace luz y se funde en tu corazón. Tu
mente se torna una con la mente iluminada de todos los budas. Deja que tu mente
descanse un instante en un estado que es completamente claro, pacífico y libre de sus
pensamientos comunes y concepciones frenéticas. Siente que esta es tu verdadera
naturaleza…
Para concluir, dedica el mérito o energía positiva de la meditación, que aportará una
genuina salud mental y física, así como felicidad, a todos los seres sensibles, y que será la
causa para que alcancen el objetivo final de la iluminación. Si quieres, también puedes
recitar las siguientes oraciones a modo de dedicación:
A través de estos méritos, que pueda alcanzar rápidamente el estado del Buda de la
Medicina, y conducir a todos los seres vivos, sin excepción, a ese estado iluminado.
Tayata: Así
Om: significa el estado iluminado; las cualidades positivas del cuerpo, el habla y la
mente de los budas.
Bhekhandzye: Sanación.
El segundo bhekhandzye significa sanar el dolor de las causas del sufrimiento: los
engaños y el karma.
Maha bhekhandzye: Gran Sanación. Esto significa sanar aun las huellas sutiles de los
pensamientos y emociones perturbadoras.
Samudgate: Supremo
Soha: Que mi mente pueda recibir, absorber y guardar las bendiciones del mantra, y
puedan ellas enraizarse en mi mente.
6. Meditación sobre los “ocho versos para transformar el pensamiento”
“Lo más importante es tener una mente correcta, un buen corazón y unos sentimientos
afectuosos. Si no tienes un buen corazón, no puedes funcionar, no puedes ser feliz y, en
consecuencia, tu familia, tus hijos y vecinos tampoco serán felices. Lo mismo sucederá entre
naciones, entre continentes; la mente de todos se perturbará y la gente no será feliz.
Pero si tienes una buena actitud, una mente correcta y un buen corazón, sucederá lo contrario.
Por tanto, en la sociedad humana, el amor, la compasión y la bondad son lo más importante; son
algo verdaderamente precioso.
Vale la pena hacer un esfuerzo para desarrollar un buen corazón”.
Tener un buen corazón significa sentir amor –desear la felicidad a los demás– y
compasión –desear que se vean libres de sufrimiento–. Esta forma de pensar es el método
para conseguir nuestra propia felicidad y también la de los demás. Quizá sepamos esto,
pero ¿por qué es tan difícil?
El principal obstáculo es nuestro hábito de pensar primero en nosotros, nuestra actitud
egocéntrica.
La mayor parte del tiempo estamos preocupados en mantenernos felices y cómodos,
intentando satisfacer nuestros deseos. Estamos preocupados por nuestros problemas y
sólo ocasionalmente encontramos la energía y el espacio para abrir de verdad nuestros
corazones a las necesidades de otros.
El egocentrismo es lo que nos motiva a coger el trozo de pastel más grande o el sillón
más cómodo de la habitación, a colarnos en las colas, a conducir como si nuestro coche
fuese el único en la calzada, hacer lo que nos apetece sin considerar cómo afecta a los
demás. Esta actitud opera también a un nivel más sutil y está detrás de nuestra irritación,
orgullo, envidia, ansiedad o depresión. De hecho, casi siempre que nos sentimos infelices o
intranquilos se debe a que estamos demasiado preocupados por nosotros mismos.
Pensamos que si no cuidamos de nosotros mismos no seremos felices. En realidad, sucede
lo contrario. El apetito del ego es insaciable. No importa cuanto tengamos, el ego está
siempre inquieto y busca algo más.
Nunca llegamos al punto en que nos sentimos definitivamente satisfechos y podemos
decir: “ahora tengo suficiente”.
Si, por el contrario, podemos cambiar nuestra actitud y pensar en los demás,
anteponiendo sus necesidades y deseos a los nuestros, conseguiremos la paz. Estimando
de verdad a los demás, se consigue tranquilidad.
Al actuar siempre del modo que menos perturbe a los demás, el ego va siendo
dominado gradualmente y la vida y las relaciones toman una nueva dirección.
La actitud de estimar a los demás no se basa en el disgusto por uno mismo o en la
supresión de nuestros sentimientos. Se desarrolla llegando a reconocer poco a poco que
todos necesitan amor y desean la felicidad, igual que nosotros, que todos los seres en el
universo forman parte de una gran familia, que todos dependemos de todos y que no existe
el extraño, que el egocentrismo crea problemas y que estimar a los demás trae la paz
mental.
No es fácil desarrollar un amor y una compasión universales, pero tan pronto como
empecemos a intentarlo veremos los cambios que se producen en nuestra vida.
Necesitamos preservar y ser amables con nosotros mismos. A veces puede parecer que no
mejoramos, pero esto se debe únicamente a que, con más conciencia, nos damos más
cuenta de nuestra mente, de lo que ha habido siempre en ella.
Debemos recordar que cuesta tiempo y esfuerzo superar los hábitos que hemos
adquirido en toda una vida, ¡en muchas vidas, en realidad!
La tradición budista tibetana presenta muchas prácticas para mejorar nuestra actitud
hacia los demás. Esta meditación pertenece a un grupo de enseñanzas y prácticas
conocido como “transformación del pensamiento” que tratan de transformar la actitud
egocéntrica en la estima a los demás.
El objetivo final es el desarrollo de la bodichita, la mente que aspira a alcanzar la
iluminación por la causa de todos los seres.
Esta práctica, compuesta por Lama Zopa Rimpoché, combina una meditación de
Avalokitesvara, el buda de la compasión, con una oración de ocho versos que contiene la
esencia de la transformación del pensamiento y que fue escrita por el maestro de
meditación del siglo XI, Langri Tangpa Dorye Senge.
La práctica
Sentado cómodamente con la mente tranquila y relajada, genera una fuerte motivación
positiva para hacer esta meditación. Reflexiona sobre los puntos del camino gradual a la
iluminación (pág. 167) o sobre lo siguiente:
No es suficiente con asegurarse meramente la ausencia de sufrimiento en esta vida y
las futuras.
Debo liberarme completamente de la existencia cíclica, el círculo sin fin de muerte y
renacimiento. Pero esto aún es insuficiente. ¿Cómo puedo conseguir el gozo de la
liberación dejando atrás a todos los demás seres vivos? Cada ser consciente ha sido mi
madre, no sólo una vez, sino muchas, en mis vidas previas, y cada uno de ellos ha cuidado
de mí como mi madre actual. Piensa en la bondad de tu madre actual, en todo lo que ha
hecho por ti desde que naciste. Piensa que todos los seres han sido igualmente
bondadosos.
He dependido de ellos para toda la felicidad que he podido disfrutar siempre. Todos los
alimentos que como, las ropas que llevo, los libros que leo, la casa en que vivo; toda la
música, las películas y los demás placeres de que disfruto los tengo gracias a la bondad de
los demás.
En este instante, estos bondadosos seres sensibles están experimentando sufrimiento
y, por su ignorancia, están creando las causas de futuros sufrimientos.
Rememora las vidas de la gente que conoces, parientes, amigos y vecinos, los
problemas físicos y mentales que están padeciendo. Del mismo modo que no deseas el
sufrimiento ni el dolor, ellos tampoco lo desean.
Tú deseas la felicidad y la paz mental y ellos también la desean. ¿Tienen la solución?
¿Tienen a su alcance algún método para conseguir la felicidad a que aspiran y para evitar
el sufrimiento indeseado?
Llega a la determinación de tomar la responsabilidad de liberar a todos los seres
sensibles de su sufrimiento y de conducirles al gozo de la iluminación. Pero para
conseguirlo, tú mismo necesitas estar iluminado, y la iluminación tiene sus causas y
condiciones. La causa principal es la mente amorosa y compasiva de la bodichita. Para ello,
voy a practicar la profunda enseñanza del adiestramiento mental de la bodichita.
Oración de súplica
Que la vida del guru sea larga.
Que todos los seres diseminados por todo el espacio infinito
reciban felicidad y comodidad.
Que yo y todos los demás, sin excepción,
podamos acumular mérito, purificar todos los oscurecimientos
y alcanzar rápidamente la iluminación.
Amado guru, por favor, concédeme la bendición
para que mi mente se convierta en darma,
para que el darma se convierta en el sendero,
para que no puedan surgir obstáculos en el sendero,
para que yo pueda cesar todas mis concepciones erróneas
y recibir inmediatamente las dos preciosas bodichitas.
Avalokitesvara queda muy complacido con tu petición y desciende, sobre su
asiento de loto y luna, hasta posarse sobre tu coronilla.
Recita los versos concentrándote en su significado. Tómate el tiempo que desees con
cada verso.
En cada uno de ellos, visualiza que se derrama una corriente de néctar blanco y
gozoso desde la sílaba Hri en el corazón de Avalokitesvara y que entra en tu cuerpo por la
coronilla. Te llena completamente, purificando todas tus negatividades y obscurecimientos y
concediéndote las realizaciones mencionadas en el verso en que se medita.
Los seres vivos son algo preciado para nosotros porque sin ellos no tendríamos la
oportunidad de desarrollar la generosidad, el amor, la paciencia y el resto de las cualidades
altruistas, ni podríamos superar nuestro egoísmo.
El néctar de Avalokitesvara me purifica del sentimiento egocéntrico que me impide
estimar más a los demás, y me concede la realización de estimar a los demás más que a
mí mismo.
Cuando alguien nos critique, bien directamente o a nuestra espalda, no debemos tratar
de defendernos con ira o responder con ofensas. En lugar de hacer esto, debemos recordar
que cualquier mala experiencia es el resultado natural de nuestras propias acciones del
pasado –probablemente podremos recordar muchas ocasiones en las que criticamos a los
demás–.
Podemos intentar hablar con la persona que se queja –no con ira, sino con
compasión–, para calmarla y para que piense de forma más positiva; pero si se niega a ser
razonable, debemos dejarla estar y aceptar la situación. De cualquier forma, es bueno
escuchar las críticas con una mente abierta; a menudo son correctas y siempre pueden
enseñarnos algo sobre nosotros mismos.
El néctar purifica el pensamiento egocéntrico que me impide aceptar la derrota y dar la
victoria a los demás, y me proporciona las realizaciones que me permiten actuar así.
Cuando nuestra motivación para hacer algo tiene que ver con alguno de los ocho
intereses mundanos –apego al placer, al elogio, a la ganancia y a la fama, y aversión al
dolor, a la acusación, a la pérdida y a la mala fama– esta acción no es darma ni es
espiritual.
Al comprender la naturaleza ilusoria –como un sueño– de todas las cosas y
situaciones, aprendemos de forma natural a soltarnos y a no aferrarnos con tanta fuerza a
esos intereses.
El objetivo final de esta práctica es liberarnos de la ignorancia, del egoísmo y de toda
energía negativa, para así poder ayudar a los demás a que se liberen también.
El néctar purifica el pensamiento egoísta de autoestima y la ignorancia que se aferra al
yo y que me impide ver todas las cosas como ilusorias; trae la realización de la vacuidad
que me libera de la esclavitud de la mente descontrolada y del karma. Conclusión:
Oraciones de dedicación:
or qué algunas personas tienen éxito en casi todo lo que se proponen, mientras que
¿P otras fracasan constantemente? Decimos que los que tienen éxito son “afortunados”,
pero el budismo explica que en el pasado estas personas crearon las causas para poder
experimentar el éxito, pues de otro modo no lo experimentarían ahora.
Si deseamos encontrarnos con experiencias afortunadas y satisfactorias, necesitamos
crear las causas necesarias. Esto es aplicable a cualquier actividad: a un posible negocio,
al deporte o a la práctica espiritual.
Suele ocurrir que cuanto más difícil es el objetivo, más obstáculos encontramos. Un
método efectivo para superar esos problemas y tener éxito es hacer oraciones y peticiones
a Tara, la Liberadora.
Tara es una manifestación de la sabiduría, de la compasión, del amor y, en particular,
de la actividad sabia de todos los seres iluminados. Cada detalle de su imagen representa
un aspecto diferente del camino; por ejemplo, su color verde simboliza su habilidad para
actuar. Su mano derecha hace el gesto de conceder las realizaciones sublimes, y la
izquierda, el refugio. Su forma femenina denota que la iluminación es posible para todos,
hombres y mujeres.
En la práctica que se presenta aquí, se repite una oración de cinco versos que es la
esencia de la oración conocida como “Los veintiún versos de alabanza a Tara” y contiene su
mantra: om tare tuttare ture soha.
Hay una historia que cuenta cómo apareció esta oración de cinco versos. En el siglo X,
el traductor de Atisha –un gran maestro indio que vivió en Tíbet–, cayó enfermo.
Dromtompa, discípulo de Atisha, predijo que si el traductor recitaba diez mil veces “Los
veintiún versos de alabanza a Tara”, se recuperaría de su enfermedad. Pero el hombre
estaba demasiado enfermo para recitar esa larga oración; por ello, Atisha, que tenía una
comunicación directa con Tara, le pidió consejo a ésta y ella le dio la oración de cinco
versos, que equivale a la de los veintiuno.
El traductor completó las diez mil repeticiones y pronto se recuperó totalmente de su
enfermedad.
Esta práctica ha sido recopilada por Lama Thubten Zopa Rimpoché para que podamos
abrir nuestros corazones a la energía inspiradora e increíblemente bondadosa de Tara.
La práctica
Visualiza a Tara de color verde esmeralda en el espacio frente a ti, sentada sobre un
loto y una luna (pág. 141). Es una manifestación de la omnisciencia, el amor y la compasión
de todos los budas, y es de la naturaleza de la luz: ni sólida ni concreta. Su pierna izquierda
doblada simboliza su completo control sobre el deseo y la derecha extendida indica que
está presta a levantarse para ayudar a todos los seres. Tiene la mano izquierda sobre el
corazón en el gesto de refugio: la palma hacia fuera, el pulgar y el anular tocándose y los
otros tres dedos levantados. La mano derecha la tiene sobre la rodilla derecha mostrando el
gesto de conceder las realizaciones sublimes: la palma hacia fuera, el pulgar y el índice
tocándose y el resto apuntando hacia abajo. En cada mano sostiene el tallo de una flor
utpala azul, símbolo del canal central desbloqueado.
Está bellamente adornada con ropas de seda y ornamentos de joyas, y su rostro
sonriente irradia amor y compasión.
Todos los seres sensibles, en forma humana, te rodean: las personas allegadas están
detrás de ti, los que no te caen bien delante de ti, y el resto a ambos lados. Estás
totalmente rodeado por todos los seres sensibles hasta donde te alcanza la vista. Todos te
siguen al recitar las siguientes oraciones.
Refugio y bodichita
Oración a Tara
Ahora haz presente cualquier petición que desees hacer: el éxito en tus actividades
espirituales o mundanas, la salud o la longevidad para tus parientes, amigos o para ti
mismo, o cualquier otra cosa que desees. Teniendo presente estas necesidades, recita la
oración corta de Tara tantas veces como puedas, bien permaneciendo sentado o haciendo
postraciones.
Al recitar la oración, visualiza que desde el punto donde se tocan el pulgar y el anular
de la mano izquierda de Tara, emanan rayos de luz con néctar en ellos –como gotas de
lluvia que corren por un cable–. Los rayos de luz y el néctar fluyen continuamente, llegan
hasta ti y a todos los seres que te rodean y purifican todas tus interferencias en la práctica
del darma, y todos los obscurecimientos para la liberación y la iluminación.
Recuerda todos los problemas de la gente por la que rezas. Piensa también en los
sufrimientos y problemas que experimentan los seres sensibles que te rodean: luchando en
guerras, sintiéndose solos o enfermos, dominados por la ira, el orgullo o la envidia... Al
entrar los rayos y el néctar en sus cuerpos y mentes, sus sufrimientos y sus causas se
extinguen por completo. Todos los seres sensibles son totalmente liberados.
Siente con una convicción firme que Tara ha aceptado tus peticiones y ha respondido a
tus oraciones. Durante la primera parte de la recitación puedes visualizar la purificación
descrita, y durante la segunda parte puedes visualizar que tú y los demás seres os hacéis
uno con Tara: de cada oración emana una Tara idéntica a la Tara que está frente a ti y se
disuelve en ti y en todos los demás. Todos os volvéis totalmente uno con el cuerpo, el habla
y la mente de Tara.
Dedicación de méritos
Om: contiene tres sonidos: ah, oh y mm, y significa las cualidades inconmensurables
del cuerpo, habla y mente de los seres iluminados. Según las enseñanzas tántricas del
Buda, los caminos incluidos en el mantra om tare tuttare ture soha conducen al estado
omnisciente de la mente. Realizando estos caminos en nuestra mente, purificamos nuestro
cuerpo, habla y mente y los transformamos en el cuerpo, habla y mente de Tara.
Aquí, om es el objetivo, y tare tuttare ture el camino.
Tare: “La que libera”. Generalmente, “Tara” significa liberar de renacimientos
infortunados, de los sufrimientos de la existencia cíclica, y de la trampa sutil del nirvana.
Aunque uno consiga librarse de la existencia cíclica y alcanzar el nirvana, se requiere
mucho tiempo para despertarse de ese estado gozoso de paz y empezar a trabajar por los
seres sensibles. Comparado con la motivación de alcanzar la iluminación para trabajar por
los demás, el objetivo de lograr el nirvana sólo para uno mismo es muy limitado.
Por ello Tara nos libera, no sólo de la existencia cíclica, sino también del estado gozoso
de la paz, y nos conduce a la iluminación.
Este es el significado tradicional del primer tare del mantra. Representa todo aquello de
lo que debemos ser liberados, el camino que libera y el objetivo hacia el que nos conduce
Tara: el estado omnisciente de la iluminación.
No obstante, aquí se explica el significado de tare como la liberación de la existencia
cíclica –la primera de las cuatro verdades nobles–, la realidad del sufrimiento (pág. 95).
Tuttare: “Quien elimina todos los temores”. Se dice que Tara nos libera de ocho
“temores” o de los sufrimientos de ocho tipos de engaños, cada uno de los cuales se
compara con una causa externa de temor: el sufrimiento del apego, que es como una gran
inundación; el sufrimiento del enfado, que es como un fuego; el sufrimiento de la ignorancia,
que es como un elefante; el sufrimiento de la envidia, que es como una serpiente; el
sufrimiento del orgullo, que es como un león; el sufrimiento de la miseria, que es como las
cadenas de una prisión; el sufrimiento de las visiones erróneas, que es como un ladrón; y el
sufrimiento de la duda, que es como un fantasma. Si tomamos refugio en Tara, recitamos su
mantra y practicamos su método, nos liberará, no sólo de los sufrimientos internos de los
engaños, sino también de peligros externos como inundaciones, incendios y ladrones.
Por tanto, con tuttare, Tara nos libera de las verdaderas causas del sufrimiento –el
karma y los engaños que hacen surgir al karma–, la segunda de las cuatro verdades
nobles. Recitándolo, nuestros temores pueden disiparse, lo que indica que Tara nos
conduce por el verdadero camino, el darma absoluto, el verdadero remedio para las causas
del sufrimiento.
Ture: “Quien concede todo el éxito”. Aquí el éxito se refiere a los objetivos de los
practicantes de los tres niveles de motivación: un nacimiento afortunado, objetivo del primer
nivel de motivación; el nirvana, objetivo del nivel intermedio de motivación; y la iluminación,
objetivo del nivel superior de motivación. “Todo el éxito” también se refiere al éxito en todas
las aspiraciones de esta vida, ya sea en las relaciones, en los negocios, en lograr las
condiciones perfectas para nuestra práctica espiritual o en conseguir nuestros objetivos en
el darma.
Soha: Cada palabra del mantra, desde Om hasta soha, tiene una función particular,
como se ha explicado. Cada una proporciona un gran beneficio. Por tanto, “a soha y a las
demás ofrecemos el máximo homenaje”.
Soha, en sí misma, significa “Que las bendiciones de Tara, contenidas en el mantra om
tare tuttare ture echen raíces en nuestros corazones”.
Si deseamos cultivar manzanas en nuestro huerto, deberemos plantar la semilla de un
manzano. De igual forma, si deseamos alcanzar la iluminación, debemos plantar en
nuestros corazones la raíz de todo el camino, que se contiene en el mantra om tare tuttare
ture soha. Rezando a Tara y recitando su mantra recibimos sus bendiciones en nuestro
corazón y, así, podemos generar todo el camino a la iluminación. Al generar el camino, el
método y la sabiduría en nuestras mentes, nuestro cuerpo, habla y mente impuros se
purifican y se transforman en el santo cuerpo, habla y mente de Tara.
8. Purificación de Vajrasatva
or qué cuando nos sentamos a meditar, nuestra mente divaga de aquí para allá, sin
¿P que podamos hacer nada? ¿Por qué es tan difícil controlar la mente y obtener
realizaciones? ¡Quizás imaginábamos antes de empezar a meditar que las cosas iban a ser
más fáciles!
No es fácil transformar la mente, por ello no es sorprendente que tengamos obstáculos
y problemas. No es por carecer de sabiduría o de habilidad para meditar adecuadamente y
profundizar en nuestra mente, sino por la energía negativa de nuestros engaños, de
nuestras concepciones deformadas y emociones que hemos venido acumulando desde
tiempo sin principio.
Cuando nos sentamos a meditar, esta energía se manifiesta físicamente como
incomodidad o inquietud y mentalmente como sopor, agitación, tensión o duda. Nuestra
llama de sabiduría existe, pero no puede hacer frente a esa oscura tormenta de energía
negativa que nos impide realizar el camino a la iluminación.
Un método especialmente poderoso del vajrayana es la práctica asociada con el buda
Vajrasatva (en tibetano: Dorje Sempa). Se dice que es tan efectivo para destruir los
engaños y la energía negativa como lo es un gran incendio para quemar miles de hectáreas
de bosque.
Una de las características del resultado de cualquier acción o karma, ver página 81, es
que va incrementándose con el tiempo, del mismo modo en que la semilla de una fruta da
como resultado muchas frutas. Por tanto, es obvio que para prevenir el incremento de los
resultados de las acciones negativas, es necesario purificar nuestra mente de las
impresiones dejadas por las acciones negativas de cuerpo, habla y mente. Se dice que la
recitación del mantra de Vajrasatva, al menos veintiuna veces al finalizar la jornada, impide
que se incremente el poder de la energía negativa de ese día. La recitación del mantra cien
mil veces, en las condiciones propicias y con un estado mental adecuado, tiene el poder de
purificar completamente todas las impresiones negativas.
La completa purificación de la energía negativa –lo que asegura que nunca tendremos
que experimentar los resultados de nuestras acciones negativas–, depende de una
confesión firme y pura. Los cuatro pasos de esta práctica, sobre todo interna, se conocen
como los cuatro poderes oponentes (pág. 163). Las dos meditaciones que aquí se
presentan, preparadas por Lama Thubten Zopa Rimpoché, combinan la visualización de
Vajrasatva con los cuatro poderes. Una se hace permaneciendo sentado y la otra
postrándose.
La práctica sentada
El poder de la dependencia
Visualiza a diez centímetros sobre tu coronilla un loto blanco abierto, con un disco lunar
sobre el cual se sienta Vajrasatva. Es blanco, translúcido y está adornado con bellos
ornamentos y ropas de seda celestiales. Cualquier aspecto de la visualización es de la
naturaleza de la luz. Tiene dos manos, cruzadas sobre el corazón; en la derecha tiene un
vajra que simboliza el gran gozo; en la izquierda sostiene una campana, símbolo de la
sabiduría de la vacuidad. El vajra y la campana juntos significan el logro del estado
iluminado, la unidad inseparable de los cuerpos de la sabiduría y de la forma.
En su corazón hay un disco lunar con la sílaba semilla hum en su centro y las letras del
mantra de cien sílabas de Vajrasatva, de pie alrededor del borde del disco lunar, y en el
sentido de las manecillas del reloj.
Mantén esta visualización claramente mientras recitas la siguiente oración para tomar
refugio y generar la bodichita.
El karma negativo que he acumulado desde tiempo sin principio es tan grande como el
tesoro de un gran rey. Aunque cada acción negativa conduce a incontables eones de
sufrimiento, parece que esté esforzándome constantemente para no hacer otra cosa que
acciones negativas.
Aunque trato de evitar lo no virtuoso y practicar actos positivos, día y noche, sin
descanso, las negatividades y los quebrantamientos morales caen como la lluvia. Carezco
de la habilidad para purificar esas faltas de forma que no quede ni rastro de ellas; con esas
impresiones negativas en mi mente puedo morir repentinamente y encontrarme cayendo en
un renacimiento infortunado.
¿Qué puedo hacer? Por favor, Vajrasatva, ¡sácame de esta miseria con tu gran
compasión!
Visualiza que desde la hum en el corazón de Vajrasatva se irradia luz en todas las
direcciones pidiendo a los budas que concedan sus bendiciones. Ellos aceptan la petición y
envían rayos blancos de luz y de néctar cuya esencia es el conocimiento de sus cuerpos,
hablas y mentes. La luz y el néctar se derraman como una lluvia de leche y se absorben en
la hum y en el mantra en el corazón de Vajrasatva. Esto llena su santo cuerpo
completamente, realzando la magnificencia de su apariencia, y aumenta la brillantez del
mantra, haciéndolo resplandecer con la luz de cien mil lunas reflejadas en las montañas
nevadas.
Entonces, mientras recitas el mantra de cien sílabas, visualiza que desde la hum y el
mantra en el corazón de Vajrasatva se derraman continuamente rayos blancos de luz y
néctar que penetran por tu coronilla y llenan tu cuerpo y mente de un gozo infinito.
Om vajrasatva samaya manu palaya / vajrasatva deno pathita dido me bhawa / suto
kayo me bhawa / supo kayo me bhawa / anur rakto me bhawa / sarwa siddhi me par ya tse /
sarwa karma su tsa me / tsi tam shri yam kuru hum / ha ha ha ha ho / bhagawan / sarwa
tathagata / vajra ma me mu tsa / vajra bhawa maha samaya sattva / ah hum peh /
Purificación del habla. Tus engaños y las impresiones de las negatividades del habla
toman la forma de alquitrán líquido. La luz y el néctar llenan tu cuerpo como el agua llena
un vaso sucio; las negatividades, como la suciedad del vaso, son llevadas hacia arriba y se
derraman por las aperturas superiores de tu cuerpo. Te quedas totalmente vacío de esos
problemas; han dejado de existir por completo.
La práctica postrada
El poder de la dependencia
Recuerda con profundo arrepentimiento todas las negatividades que has creado con el
cuerpo, el habla y la mente.
El poder de la promesa
Om significa las cualidades del cuerpo, habla y mente de los budas. También se refiere
a lo que es favorable y de máximo valor.
Vajrasatva (en tibetano: Dorje Sempa). El valiente que posee la sabiduría trascendental
inseparable.
Samaya. Un compromiso que no puede ser transgredido.
Manu palaya. Condúceme por el camino que te llevó a la iluminación.
Vajrasatva deno pa. Acercarse a la santa mente vajra.
Thita. Por favor, hazme permanecer.
Dido. Firme, estable, debido a sus relaciones con la naturaleza absoluta.
Me. Yo
Bhawa. Por favor, concédeme la habilidad para realizar la naturaleza de los
fenómenos.
Suto kayo me bhawa. Por favor, toma la naturaleza de estar sumamente complacido
conmigo.
Supo kayo me bhawa. Que pueda permanecer en la naturaleza del gran gozo
altamente desarrollado.
Anurakto me bhawa. Por favor, permanece en la naturaleza del amor que me conduce
a tu estado.
Sarwa siddhi me par ya tse. Por favor, concédeme todos los logros verdaderos.
Sarwa karma su tsa me. Por favor, concédeme todas las acciones virtuosas.
Tsi tam shri yam kuru. Por favor, concédeme todas tus cualidades gloriosas.
Hum. Sílaba semilla que significa la santa mente vajra.
Ha ha ha ha ho. Significa las cinco sabidurías trascendentales.
Bhagawan. El que ha destruido cualquier oscurecimiento, alcanzado todas las
realizaciones y pasado más allá del sufrimiento.
Sarwa tathagata. Todos aquellos que se han ido al espacio de la vacuidad tal cual es.
Vajra. Inseparable.
Ma me mu tsa. No me abandones.
Vajra Bhawa. La naturaleza de la inseparabilidad.
Maha samaya sattva. El gran valiente de la promesa, la mente santa.
Ah. Sílaba semilla que significa el habla vajra y santa.
Hum. Significa la sabiduría trascendental del gran gozo.
Peh. Clarifica nuestra comprensión de la sabiduría trascendental del gozo y de
vacuidad inseparables. También destruye la mente dualista que se opone a esa sabiduría.
Resumiendo, el mantra significa: “Oh gran valiente cuya mente santa es la naturaleza
vajra de todos los budas, que has destruido todo oscurecimiento, que has logrado todas las
realizaciones y pasado más allá del sufrimiento, que has ido a lo que es; no me olvides,
libérame, por favor, de acuerdo con tu promesa”.
El mantra corto de Vajrasatva es: Om vajrasatva hum.
9. Los Ocho Preceptos Mahayana
uardar votos o preceptos morales es la forma más efectiva de erradicar los obstáculos
G
a las realizaciones espirituales. Los obstáculos son las impresiones que dejan en
nuestro continuo mental las acciones equivocadas de nuestro cuerpo, habla y mente.
Evitando conscientemente las acciones negativas dejamos, de forma natural, de crear
más obstáculos y purificamos las acciones del pasado, despejando así nuestra mente para
lograr realizaciones.
Hay varios niveles de votos en la tradición budista mahayana: los votos de la
ordenación completa, tomados para toda la vida por monjes y monjas, los votos de los
monjes y monjas novicios, y los votos tomados por los laicos.
El tomar votos en una ceremonia formal, delante de nuestros maestros o de budas
visualizados, se considera que tiene más poder y sentido para la mente que simplemente
evitar ciertas acciones de manera informal. Aún más, si los votos se toman con la
motivación mahayana de la bodichita, es decir, para el bienestar de todos los seres vivos,
los beneficios resultantes son infinitos.
Es importante estudiar los beneficios de guardar los votos y los inconvenientes de
romperlos –que se explican más adelante–, de forma que al tomarlos, se tenga una total
comprensión de lo que se está haciendo.
Los ocho preceptos mahayana son una serie de votos que cualquier persona puede
tomar por un periodo de veinticuatro horas. Pueden tomarse cualquier día, pero se
recomienda hacerlo los días de luna nueva, llena, cuarto creciente y menguante. La
ceremonia debe realizarse por la mañana temprano, antes del amanecer –cuando aún está
tan oscuro que no se pueden ver las líneas de la palma de la mano–, y los votos deberán
guardarse hasta la salida del sol del siguiente día.
La primera vez que tomes los preceptos deberás tomarlos de una persona que haya
recibido la transmisión oral de la práctica, considerando a esta persona como al Buda e
imaginando que diriges tus promesas a él. Después ya puedes realizar la ceremonia por ti
mismo, recitando las oraciones delante de una imagen de tu maestro o del Buda,
imaginando también que estás tomando los votos del mismo Buda.
Si rompes cualquiera de los votos durante el día, debes purificar la transgresión tan
pronto como te sea posible, con los cuatro poderes oponentes (véase página 163). Una
creciente familiaridad en guardar los preceptos hará que disminuya el peligro de las
transgresiones por inconsciencia o falta de cuidado.
El Buda dijo: “Guardar preceptos es mucho más beneficioso que hacer muchos
ofrecimientos a todos los budas durante tantos eones como granos de arena hay en el río
Ganges”. Y, según un pandita indio: “Guardar los ocho preceptos un sólo día proporciona
más beneficios que practicar la generosidad durante cien años”.
Guardando los votos desarrollaremos una mente clara y nos resultará más fácil
meditar, evitar renacimientos desafortunados y conseguir renacimientos humanos con todas
las condiciones necesarias para la práctica del darma; podremos encontrar maestros
perfectos en las vidas futuras, proporcionándonos, de esta forma, la oportunidad de recibir
posteriores enseñanzas y de conseguir realizaciones espirituales. Maitreya, el futuro buda,
dijo: “Cualquier seguidor de Buda Shakiamuni que guarde los ocho preceptos renacerá
entre aquéllos a mi alrededor”.
También lograremos la liberación de la existencia cíclica y, finalmente, el objetivo de la
iluminación, realizando el conocimiento y las perfecciones del santo cuerpo, habla y mente
de un buda.
Tras haber prometido no realizar una determinada acción negativa, el hacerla trae
como resultado un karma más negativo que hacerla en circunstancias ordinarias. Esto se
debe comprender claramente antes de comprometernos con cualquier voto. Tomar y
después romper los preceptos equivale a mentir a los budas; más aún, puesto que se
toman para beneficiar a todos los seres sensibles, romper los preceptos es como mentir a
todos los seres sensibles también. Tal negligencia deja profundas impresiones negativas en
el continuo mental que conducirán a un futuro infortunado. Si se rompen los preceptos, no
recibiremos los beneficios antes descritos. Además, permaneceremos por más tiempo en la
existencia cíclica y experimentaremos los sufrimientos de los renacimientos infortunados. Si
estamos cerca de conseguir realizaciones, el romper los preceptos nos llevará a perder la
intuición que ya hemos desarrollado. Por tanto, es esencial tomar los preceptos seriamente,
con un correcto entendimiento.
1. Evitar matar, es decir, causarle la muerte directa o indirectamente a otro ser vivo.
2. Evitar robar, es decir, tomar algo de valor que pertenece a otro sin su permiso.
Esto incluye tomar algo prestado con la clara intención de no devolverlo.
3. Evitar el acto sexual o cualquier otro tipo de contacto sexual, incluyendo la
masturbación.
4. Evitar mentir, es decir, engañar a otro con acciones de tu cuerpo, habla o mente, o
hacer que alguien mienta por ti. Incluye mentir de forma implícita, por ejemplo, no
respondiendo a una pregunta, permitiendo así que alguien saque una conclusión falsa.
5. Evitar intoxicantes, es decir, alcohol, tabaco, drogas, etc.
6. Evitar comer más de una comida en las veinticuatro horas. La comida deberá
tomarse antes del mediodía y, una vez que has dejado de comer durante más de treinta
minutos, la comida se considera acabada. Líquidos ligeros como té y café se pueden tomar,
pero no leche sola no diluida o jugos de frutas con pulpa. También debes evitar comer
ciertas comidas “negras”, como carne, huevos, cebollas, ajo y rábanos.
7. Evitar sentarse en una cama alta o lujosa motivado por el orgullo. También deben
evitarse asientos adornados y enjoyados y colchas o forros de piel animal.
8. Evitar llevar joyas, perfumes o adornos similares y evitar cantar, bailar o hacer
música por apego.
1. La motivación de la acción debe ser una actitud negativa como el apego, la aversión,
etc.
2. Debe haber un objeto en la acción; por ejemplo, un ser que ha sido matado, alguien
robado, etc.
3. Uno debe realizar la acción o encargar a otro que la haga.
4. La acción debe ser realizada; por ejemplo, el ser que matas debe morir antes que tú,
o debes tener el pensamiento “esto es mío” del objeto robado.
LA CEREMONIA
Refugio en el guru
Generación de la bodichita
Para completar mis propios objetivos y los de los demás, genero la mente que
busca la iluminación.
(3 veces)
Que la tierra se vuelva pura, sin asperezas ni espinas; lisa como la palma de la
mano,
y de naturaleza suave, como el lapislázuli.
Oración de ofrendas
Que las ofrendas humanas y divinas tanto las reales como las mentales,
nubes de ofrendas supremas del bodisatva Samantabadra llenen todo el espacio.
Invocación
A continuación, siéntate.
ofrezco este conjunto, sin sentimiento de pérdida. Por favor, aceptadlo con placer
y bendecidme con la liberación de los tres venenos.
Idam guru ratna mandalakam niryatayami Preciosos gurus, os envío este mandala
lleno de joyas.
Tomar la ordenación
Levántate y haz tres postraciones. Después, te arrodillas sobre tu rodilla derecha y con
las manos juntas, en postración, inclinas la cabeza. Visualiza al Guru Avalokitesvara frente
a ti, genera la motivación de la profunda bodichita para tomar los preceptos y repite tres
veces:
A todos los budas y bodisatvas que moran en las diez direcciones, por favor, prestadme atención.
Tal como los tathagatas previos, destructores de enemigos, budas perfectamente completos
quienes, como el sabio y divino caballo y el gran elefante, hicieron lo que había de hacerse,
desarrollaron acciones, dejaron a un lado la carga, posteriormente alcanzaron su propio beneficio,
completamente extinguidas las trabas a la existencia, y teniendo la palabra perfecta, las mentes y
sabidurías bien liberadas, para el beneficio de todos los seres sensibles, para beneficiar, para
liberar, para eliminar el hambre, para eliminar la guerra, para detener el daño de los cuatro
elementos1, para eliminar la enfermedad, para cumplimentar plenamente las treinta y siete prácticas
armoniosas con la iluminación, y para realizar definitivamente el insuperable resultado de la
completa y perfecta iluminación, realizada la ordenación restaurada y purificadora; de manera
similar, también yo, [aquí dices tu nombre], desde este instante hasta el amanecer de mañana, para
el bienestar de todos los seres sensibles, para beneficiar, para liberar, para eliminar el hambre, para
eliminar la guerra, para detener el daño de los cuatro elementos2, para eliminar la enfermedad, para
completar absolutamente las treinta y siete prácticas armoniosas con la iluminación, y para realizar
definitivamente el insuperable resultado de la perfecta y completa iluminación, emprenderé
perfectamente la ordenación restaurada y purificada.
Tras completar la tercera recitación, piensa que has recibido los votos en tu continuo
mental y alégrate. Después vuelve a generar el pensamiento de la bodichita, la altruista
aspiración de alcanzar la iluminación para el beneficio de todos los seres sensibles,
pensando:
Tal y como los destructores de enemigos del pasado han abandonado toda mala conducta a nivel
de cuerpo, habla y mente, como quitar la vida de los demás, así yo también, para el beneficio de
todos los seres sensibles, abandonaré por un día estas acciones erróneas y me dedicaré a la
práctica pura del entrenamiento.
Om ahmogha shila sambhara / bhara bhara / maha shuddha sattva padma bibhushita budza
/ dhara dhara / samanta / avalokite hum phat soha (21 veces)
Oraciones de dedicación
Que pueda mantener una moralidad sin faltas de las reglas y una inmaculada
moralidad.
Que pueda ser completada la perfección de la conducta moral manteniendo la
moralidad pura e inmaculada, libre de orgullo.
Que la suprema joya de la bodichita aún no aparecida, nazca y crezca;
y que aquélla que ha aparecido no disminuya, sino que aumente más y más.
Que en todas mis vidas, nunca alejado de perfectos gurus, pueda disfrutar del
magnífico darma.
Completando las cualidades de los estadios y senderos, pueda yo alcanzar
rápidamente el estado de Vajradara.
Dedico todas estas raíces de virtud con la dedicación alabada como la mejor
por los victoriosos así idos de los tres tiempos, para que así pueda realizar los
trabajos nobles.
a disciplina moral pura es esencial para la realización de los estadios graduales del
L
camino a la iluminación (ver página 167). La disciplina moral, una de las seis
perfecciones o prácticas de un bodisatva, implica la realización de acciones positivas y
la purificación de las negativas y de los votos rotos. Conocido también como “La oración
de confesión con los treinta y cinco budas”, éste es uno de los muchos métodos utilizados
para la purificación.
Las acciones negativas sólo pueden ser purificadas totalmente si se aplican los cuatro
poderes oponentes (véase pág. 163). Estos cuatro poderes están incluidos en la oración de
confesión: El poder de la confianza en la explícita expresión del refugio en los gurus, budas,
darma y sanga; el poder de la fuerza oponente en la recitación de los nombres de los treinta
y cinco budas; el poder del arrepentimiento al recordar las acciones negativas que
realizamos en el pasado; y el poder de la resolución en la frase: “...prometo evitar a partir de
ahora de tales acciones...”. Para que los cuatro poderes sean completos deberemos
empezar generando una motivación de bodichita pura para realizar la práctica.
Este método es especialmente poderoso si se practica como la primera cosa por la
mañana, para purificar cualquier negatividad creada durante la noche, y como la última
cosa por la noche, para purificar las negatividades creadas durante el día. La forma más
efectiva es recitar la oración mientras se visualizan mentalmente los treinta y cinco budas y
físicamente se hacen postraciones (véase pág. 162). De esa forma, tanto la mente como el
habla y el cuerpo participan en el proceso de purificación.
La práctica
Visualiza a los treinta y cinco budas. Buda Shakiamuni, el primer buda, se visualiza en
el espacio frente a ti y un poco más arriba de tu cabeza. Se sienta en un trono
confeccionado con perlas y sostenido por un elefante blanco. La perla, por su color blanco,
simboliza la purificación completa de las negatividades y el elefante, al ser un animal
poderoso, simboliza una purificación poderosa. El Buda se sienta en la postura vajra con
sus hábitos de monje; su mano derecha adopta el gesto de tocar la tierra, mientras que la
izquierda sostiene, sobre su regazo, un bol lleno de néctar.
De su corazón emanan treinta y cuatro rayos de luz, todos hacia abajo. En la punta de
cada rayo hay un trono de perlas sostenido por un elefante blanco. Estos tronos se
disponen en cinco filas por debajo de Buda Shakiamuni, y los treinta y cuatro budas
restantes están sentados sobre esos tronos en la postura del vajra. Todos ellos aparecen
con el aspecto de monjes, pero los colores y los gestos de sus manos en cada hilera son
diferentes. En la primera fila hay seis budas, de color azul oscuro (excepto el tercer buda,
Rey, Señor de los Nagas, que tiene un rostro blanco), y los gestos de sus manos son los
mismos que los del Buda Shakiamuni.
En la segunda fila hay siete budas, de color blanco, con sus manos cerradas una
encima de otra, formando un puño delante del corazón, con los dedos índices apuntando
hacia arriba, el puño de arriba agarrando el índice del puño inferior.
Los siete budas de la tercera fila son amarillos, con sus manos izquierdas en el regazo
en postura de meditación, y sus manos derechas en el gesto de conceder las sublimes
realizaciones (como el de Tara, página 141).
Los siete budas de la cuarta fila son de color rojo, con ambas manos en la postura de
meditación.
Los siete budas de la quinta fila son de color verde, con sus manos izquierdas en la
postura de meditación y sus manos derechas en el gesto de dar protección (delante de sus
corazones, las palmas abiertas y apuntando hacia afuera).
Si es difícil visualizar los diferentes colores y los gestos de las manos de todos los
budas, no te preocupes; imagina solamente que están ahí, sonriéndote compasivamente e
irradiando luz.
Recitar los nombres de los treinta y cinco budas purifica ingentes cantidades de karma
negativo y de oscurecimientos. Si no puedes recitar los nombres de memoria, mantén el
libro abierto sobre una mesa cercana a ti; lee el nombre de cada buda y póstrate ante él. Si
puedes, repite el nombre tantas veces como puedas mientras te inclines ante ese buda.
Puedes hacer tantas postraciones como quieras mientras recitas los nombres. Después,
cuando hayas terminado esa parte de la práctica, arrodíllate y lee el resto de la plegaria.
Mientras estás postrado, puedes visualizar a tu alrededor todos los cuerpos que has
tenido en vidas pasadas, al igual que el resto de los seres sensibles; todos están postrados
como tú. Conforme recitas la oración, emanan rayos de luz desde los budas, purificando
todas las negatividades de tu cuerpo, de tu habla y de tu mente, como también del resto de
los seres que están a tu lado. En ese instante desaparecen por completo tus impresiones
negativas, del mismo modo en que se desvanece la oscuridad en una habitación cuando se
enciende una luz. Siente que tu cuerpo y tu mente se vuelven de naturaleza vacía y pura.
Primero haz tres postraciones mientras recitas cada vez el mantra siguiente, que
aumenta el beneficio aportado por tus postraciones:
Continúa postrándote mientras recitas la siguiente oración de refugio tres veces, y los
nombres de los treinta y cinco budas una o tres veces cada uno:
Todos vosotros [treinta y cinco budas] y los demás, como tantos tathagatas, arhats,
budas perfectamente realizados que existen, sustentan, y residen en todos los sistemas de
mundos de las diez direcciones; a todos vosotros budas-bhagavan, por favor, prestadme
atención.
En esta vida y en todos los estados de renacimientos en los que he vagado a través del
samsara desde tiempo sin principio, cualesquiera acciones negativas que haya creado,
haya hecho que otros hicieran, o en la que me haya regocijado en la realización de las
mismas; cualquier posesión de estupas, posesión de la sanga de las diez direcciones que
me haya apropiado, o haya hecho que otros se apropiaran, o regocijado en la apropiación
de las mismas, cualquiera entre las cinco acciones de retribución inmediata que haya
hecho, que haya causado que otros hicieran, o me haya regocijado en hacerlas; cualquier
sendero de las diez acciones no virtuosas en el que me haya adentrado, haya hecho que
otros se hayan adentrado, o regocijado en que se hayan adentrado: cualquier cosa que
haya creado, al estar oscurecido por estos karmas, hace que tanto yo como los restantes
seres sensibles nazcamos en los reinos infernales, el reino animal y el reino de los preta; en
países no religiosos, habitados por bárbaros, o como dioses de larga vida; con las
facultades imperfectas, manteniendo puntos de vista erróneos, o no estando satisfechos
con el descenso del Buda.
En presencia de los budas-bhagavan, que son sabiduría trascendental, que son ojos,
que son testigos, que son válidos, y que ven con conciencia omnisciente, yo admito y
confieso todas estas negatividades, que no las ocultaré ni encubriré, y que desde ahora y
en el futuro me abstendré de cometerlas de nuevo.
Todos los budas-bhagavan, por favor, prestadme atención. En esta vida y en otros
estados de renacimiento por los que haya vagado en otras vidas en el samsara, desde
tiempo sin principio, cualquier raíz de virtud que haya creado por generosidad, aun tan
pequeña como ofrecer sólo un poco de comida a un ser nacido en el reino animal; cualquier
raíz de virtud que haya podido acumular al observar la moralidad; cualquier raíz de virtud
que haya creado al seguir la conducta pura; cualquier raíz de virtud que haya creado al
hacer madurar completamente a los seres sensibles; cualquier raíz de virtud que haya
creado al generar bodichita; y cualquier raíz de virtud que haya creado por mi sabiduría
trascendental: todas estas reunidas y juntadas, combinadas juntas, las dedico en su
totalidad al insuperable y sin igual, al más alto entre los altos, al superior entre los
superiores.
Así, yo las dedico completamente a la suprema y perfectamente realizada iluminación.
Tal como los anteriores budas-bhagavan las han dedicado completamente, tal y como
los futuros budas-bhagavan las dedicarán completamente, y tal y como los budas-bhagavan
que moran en el presente las están dedicando completamente, yo también como ellos, las
dedico completamente. Yo confieso todas las negatividades individualmente. Me regocijo en
todos los méritos. Abogo e imploro a todos los budas para que me concedan mi petición:
que pueda recibir la más alta y sublime sabiduría trascendental. A los conquistadores, los
mejores entre los humanos –aquellos que están viviendo en el presente, a aquellos que han
vivido en el pasado, y aquellos que vendrán igualmente en el futuro– a todos aquellos que
tienen cualidades tan vastas como el océano infinito, con las manos recogidas en señal de
humildad, me acerco a ellos en busca de refugio.
Para concluir la práctica, dedica la energía positiva que hayas creado para el logro de
la iluminación, para el beneficio de todos los seres sensibles. Si quieres, puedes recitar las
oraciones de dedicación que se encuentran en la página 159.
APÉNDICE
Fonética de las oraciones en tibetano
3 Refugio en el guru
Om vajra bhumi ah hum / Wang.chen ser.gyi sa.zhi / Om vajra rekhe ah hum/ Chi.chag
ri kor yug.gyi / kor.wä ü.su / ri gyäl.por ri.rab / Shar lu.pag.po / Lho dzam. bu.ling / Nub
ba.lang.chö / Jagn dra.mi.ñän / Lü.dang lü.pag / Nga.yab.dang nga. yab.zhän / Yo.dän.d’ang
lam.ch’og.dro / Dra.mi / ñän.dang dra.mi / ñäm gyi.da / Rin.po.che ri.wo / Pag.sam gy’i.shing
/ Dö.jö.ba / Ma.mö.pa.yi lo.tog / K’or.lo rin. po.che / Nor.bu rin.po.che / Tzün.mo rin.po.che/
Lön.po rin.po.che / Lang.po rin. po.che / Ta.chog rin.po.che / Mag.pön rin.po.che / Ter
ch’en.pö.yi bum pa / Geg.ma / Treng.wa.ma / Lu.ma / Gar.ma / Me.tog.ma / Dug.pö.ma /
Nang.säl.ma / Dri.chab. ma / Ñi.ma da.wa / Rin.po.che dug / chog.lä nam.par gyäl.wä
gyäl.tsän / Ü.su.lha. dang.mi / päl.jor pun.sum tsog.pa / Ma.tsang.wa me.pa / Tzang zhing
yid.du wong. wa / Di.dag drin.chen tza.wa / Kye.per du.yang ñe.me shak.ya / Dang gyü.par
chä. pä päl.dän / La.ma dam.pa nam.dang / Chen.por lha.tsog kor.dang chä.pä nam.la /
Zhing.gam ül.war.gyio / Tug.je dro.wä dön.du zhe.su.söl / Zhe.nä dag.sog dro.wa mar.gyur/
nam.kä ta.dang ñam.pä sem.chän tam.chä.la / Tug.tze.wa chen.pö go.nä jin.gyi lab.tu.söl
Mandala externo
Mandala interno
6 Dedicación de méritos
8 Oración a Tara
Oraciones preliminares
1 Refugio en el guru
2 Generación de la bodichita
Tam.chä du.ni.sa.zhi.dag
Seg.ma la.sog me.pa.dang
Lag.til tar.ñam be.dur.yä
Rang.zhin jam.por nä.gyur.chig
4 Oración de ofrendas
7 Invocación
9 Tomar la ordenación
12 Oraciones de dedicación
1. Las frases “para eliminar la guerra” y “para detener el daño de los cuatro elementos” fueron añadidas
al texto original por Lama Zopa Rimpoché.
2. Las frases “para eliminar la guerra” y “para detener el daño de los cuatro elementos” fueron añadidas
al texto original por Lama Zopa Rimpoché.